Lo que la medicina tradicional china puede enseñarnos sobre la “consciencia sana”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Martín, Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón, Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón IiSGM ; Universidad Nebrija

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Hoy en día, la neurociencia considera la conciencia como un mecanismo que está encerrado en el cerebro, como algo que nos permite ser conscientes de información que, de otro modo, sería inconsciente. Esta visión se sustenta en una suposición: que la conciencia es un mecanismo autónomo y autosuficiente, una entidad oculta a la espera de ser localizada y explicada.

Mi propia investigación siguió inicialmente esta línea de pensamiento, considerando la conciencia como un programa cognitivo creado por áreas concretas del cerebro humano. Sin embargo, el problema de concebir la conciencia como algo tangible es que, en realidad, no podemos “ubicarla”.

Los investigadores han bautizado esto como el “problema difícil de la conciencia”: ¿cómo es posible que los mecanismos cerebrales físicos se experimenten subjetivamente en lugar de ser meramente inconscientes?

La medicina tradicional china concibe la conciencia de una forma totalmente diferente. No la ve como un mecanismo o una entidad, sino como una “luz” que brilla cuando nuestro universo interior está en armonía.

Según esta visión, la conciencia no puede localizarse, extraerse ni estudiarse de forma aislada, ya sea un cerebro en un laboratorio o un programa en un ordenador. En cambio, se asemeja más a una cualidad que una persona puede poseer, similar a conceptos como la salud o la belleza. Al igual que la salud y la belleza, la conciencia puede aparecer y desaparecer, pero su luz brilla con mayor intensidad cuando todo el conjunto cuerpo-mente está en equilibrio.

La conciencia en la China antigua

Las primeras referencias al concepto de conciencia en China se remontan a hace aproximadamente 2 200 años, en el Canon Interno del Emperador Amarillo (黃帝內經; HuangDi NeiJing), que explica el concepto de lo sagrado que se manifiesta, conocido como luz espiritual (神; Shen).

A diferencia de la palabra china contemporánea para “conciencia” (意識; YiShi) –que está influenciada por el concepto de “atención” de la psicología cognitiva occidental–, el concepto tradicional se refiere a una fuerza misteriosa del universo presente en los seres vivos.

Aunque se considera que la conciencia está coordinada por el corazón, esta surge de la armonía y la conexión de todos los órganos. No puede localizarse ni separarse de los procesos corporales. Por lo tanto, cuando la conciencia brilla con intensidad (神明; ShenMing), una persona encarna un estado óptimo de salud y sabiduría.

En términos físicos, una conciencia sana se manifiesta no solo como vigilia, estado de alerta y capacidad de respuesta, sino también como ojos brillantes, claridad mental y una presencia consciente.

Cinco personas haciendo ejercicio en un parque
Actividades como el tai chi pueden ayudar a desarrollar una conciencia sana.
Cheng Shi Song/Unsplash

Por el contrario, cuando se rompe el equilibrio, la conciencia ilumina un campo más reducido y surgen perturbaciones. En la medicina tradicional china, las perturbaciones y la falta de armonía se producen cuando se pierde el equilibrio natural entre los órganos, como el corazón y el hígado.

Las consecuencias son la falta de atención o la indiferencia hacia el entorno, trastornos del sueño, falta de creatividad o de sentido en la vida, sensación de irrealidad, ansiedad, impulsividad, aislamiento social, dolor de cabeza y fatiga.

Esto conduce, en última instancia, a la “enfermedad del espíritu y la mente” (神志病; ShenZhiBing), un estado que se corresponde con el concepto occidental de mala salud mental o enfermedad mental.




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Conciencia y salud mental

Tanto en la tradición occidental como en la tradicional china, la salud mental puede definirse, en términos generales, como un “estado de bienestar que permite a las personas hacer frente al estrés normal de la vida y desenvolverse de forma productiva”. La gran diferencia radica en dónde se sitúa ese “bienestar”. En las tradiciones occidentales, la salud mental está regida principalmente por la mente. En la medicina tradicional china, una conciencia sana surge de la armonía entre el cuerpo y la mente en su conjunto.

Las tradiciones chinas pueden, por lo tanto, enseñarnos cómo proteger la salud de nuestra conciencia a través de una serie de enfoques holísticos diferentes. Muchas de estas prácticas ya le resultarán familiares. Pueden adoptar la forma de actividades como la meditación, la atención plena o el yoga, o de hábitos cotidianos como la alimentación y el sueño.

Cualquiera que haya viajado a China y haya paseado por un parque se habrá sorprendido al ver a tanta gente, sobre todo personas mayores, practicando tai chi en grupo. El tai chi es un arte marcial antiguo que combina movimientos lentos y fluidos con respiración profunda y concentración mental. Su práctica ha demostrado ser muy prometedora para mejorar el equilibrio, reducir el estrés y fortalecer el cuerpo sin impactos.

En lo que respecta al sueño, las sociedades modernas chinas y occidentales tienen problemas similares, especialmente en nuestra era actual de teléfonos inteligentes e hiperconectividad. Sin embargo, China está recurriendo a su antigua visión tradicional de la salud mente-cuerpo y se está esforzando por desarrollar políticas que promuevan activamente la salud del sueño.

Dar prioridad al sueño mediante prácticas como una adecuada higiene del sueño protege directamente tanto nuestra salud física como mental. En concreto, protege contra las enfermedades cardíacas y potencia nuestras capacidades cognitivas.




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Todos podemos aprender mucho de la antigua concepción china de la conciencia, que considera la mente y el cuerpo como un todo inseparable y creó actividades que reflejan esta idea.

Aunque muchos de nosotros practicamos habitualmente actividades de atención plena –ya sea tai chi, meditación, yoga u otras–, es importante recordar por qué existen estas prácticas en primer lugar. Lejos de limitarse a ejercitar o relajar el cuerpo o la mente, ofrecen una forma de unificar y armonizar todo nuestro ser, con el objetivo de fomentar una conciencia brillante y saludable.

The Conversation

Antonio Martín es miembro de la Asociación para el Estudio Científico de la Conciencia (ASSC). Dirigió proyectos de investigación en el Instituto de Posgrado de la Mente, el Cerebro y la Conciencia (GIMBC) de la Universidad Médica de Taipéi (Taiwán) y en el Centro de Investigación Avanzada en Medicina del Sueño (CARSM) de Santé Québec Nord-de-l’Île-de-Montréal (Canadá). Actualmente es miembro de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón (FIBHGM) y del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón (IiSGM) del Hospital General Universitario Gregorio Marañón (España).

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¿Debería España limitar el uso de la IA en las aulas? Lo que podemos aprender de otros países

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Josefina Ginesta-Martínez, Doctoranda en Ciencias de la Educación, Universidad Católica de Valencia

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En noviembre de 2022 apareció ChatGPT. Entonces casi nadie hablaba de inteligencia artificial generativa y pocos se la imaginaban entrando en las aulas. Casi cuatro años después, la pregunta ya no es si el alumnado la usa, sino si debemos ponerle límites, y cómo hacerlo.

La inteligencia artificial llegó a las aulas mucho más rápido de lo que han avanzado las normas para regular su uso. Hoy resulta difícil encontrar un instituto o una universidad donde algún estudiante no la haya utilizado.

Por eso muchos docentes y familias se hacen la misma pregunta: ¿debemos poner límites a la IA o aprender a convivir con ella?

No existe una única respuesta. Basta con mirar qué hacen otros países. Cada uno ha elegido un camino distinto, pero todos intentan responder a la misma pregunta: cómo aprovechar la IA sin poner en riesgo el aprendizaje.

Enseñar a usarla desde primaria

Algunos países, en lugar de poner límites, prefieren enseñar a usar la inteligencia artificial desde la escuela. China es el mejor ejemplo. A través de su plan AI+ Education, se introducirá poco a poco en el currículo, desde primaria hasta la universidad. En los primeros cursos se trabajarán el pensamiento crítico y la resolución de problemas, y más adelante, el aprendizaje será más técnico. Pero esta estrategia no responde a la duda de cómo saber qué ha aprendido un alumno si la inteligencia artificial le ayuda a hacer la tarea.

Algo parecido ocurre en Singapur, donde se considera que saber usar la IA será una habilidad básica. Por eso se forma al profesorado y se anima a los estudiantes a emplearla con sentido crítico. Los responsables educativos introducen la IA desde infantil y recomiendan un uso supervisado según la edad. Los exámenes se realizan en el centro para comprobar qué sabe el alumnado sin ayuda de la herramienta, pero en los trabajos se da más importancia a comprender los contenidos y a desarrollar el pensamiento crítico.




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Chile también apuesta por integrar la IA en la educación básica y media. Este país prepara a futuros docentes para enseñar a los alumnos a usarla de forma crítica y responsable. Además, se fomenta su empleo para crear actividades, evaluar y mejorar la retroalimentación.

Los Emiratos Árabes Unidos han ido un paso más allá de su uso transversal. Allí la IA forma parte obligatoria del currículo desde primaria y se enseña en todas las etapas. Los contenidos se adaptan a la edad del alumnado.

Aunque cada país lo hace a su manera, todos comparten una idea: la IA debe ayudar a aprender, no sustituir el aprendizaje. China y Chile fomentan un uso responsable y el pensamiento crítico; Singapur adapta su utilización a la edad y anima a los alumnos a resolver problemas por sí mismos; y Emiratos Árabes Unidos la enseña dentro del currículo.

Estrategias más cautelosas

Hace unos meses, el Gobierno noruego anunció que el alumnado de primaria no podrá emplear herramientas como ChatGPT en clase. La idea es sencilla: primero hay que aprender a leer, escribir y hacer matemáticas. Después llegará el momento de recurrir a la IA.

Eso no quiere decir que el país esté en contra de la inteligencia artificial. En secundaria podrá usarse con ayuda del profesorado. En bachillerato, además, los estudiantes aprenderán a utilizarla con sentido crítico para la universidad y el trabajo.




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Pero Noruega es una excepción. La mayoría de los países han optado por no limitar estas herramientas; lo que se está haciendo es fijar normas para usarlas bien. Italia es uno de esos casos: sus recomendaciones ayudan a adaptar la enseñanza y la evaluación.

La opinión de los expertos

Organismos transnacionales como la UNESCO y la OCDE lanzan un mensaje muy parecido: ninguno de los dos apuesta por prohibirla, pero tampoco dejarla sin normas.

Por eso insisten en formar a los docentes y adaptar la IA a la edad del alumnado. En las primeras etapas se usan herramientas y tareas sencillas. En cursos superiores, las actividades pueden ser mas complejas. También se enseña a los alumnos a comprobar la información, detectar errores y entender que la IA también puede equivocarse.

La situación en España

España, por ahora, sigue un camino parecido al de la mayoría de los países europeos. No ha prohibido la inteligencia artificial en las aulas. En lugar de eso, varias comunidades autónomas y el Ministerio de Educación ya publican recomendaciones y ofrecen formación a través del INTEF. Estas pautas buscan un uso seguro y responsable de la IA. También incluyen la supervisión del profesorado, la protección de la privacidad y el pensamiento crítico del alumnado.

Además, el nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) marca unas reglas comunes para todos los países de la Unión Europea. Por ejemplo, algunos sistemas de IA usados en educación deben cumplir requisitos de seguridad y contar con supervisión humana. Estas normas también afectarán al uso de la IA en las aulas.

No dejar de pensar

La IA ya está en la escuela y ha llegado para quedarse. Ignorarla no hará que desaparezca, pero usarla sin criterio tampoco parece la mejor opción.

Al comparar las decisiones adoptadas por los distintos países, podemos ver que ninguno de ellos ha optado realmente por prohibirla. Más bien, las diferencias están en cómo y cuándo introducirla.




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La historia demuestra que cada nueva tecnología provoca el mismo debate. Ocurrió no solo con internet, sino también con las calculadoras y los teléfonos móviles. La diferencia es que ahora la tecnología avanza mucho más deprisa.

El reto es enseñar a usar la IA sin dejar de pensar. Porque aprender nunca ha consistido solo en encontrar respuestas: también consiste en comprenderlas, cuestionarlas y saber que hacer con ellas. Y esa sigue siendo una tarea que ninguna inteligencia artificial puede hacer por nosotros.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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La química del helado perfecto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Mora Pastor, Catedrático de Química Analítica, Universidad de Alicante

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El origen del helado en España está íntimamente ligado a las poblaciones alicantinas de Ibi y Jijona y a los denominados pous de neu (“pozos de nieve”), donde se almacenaba el hielo que en verano se usaba para preparar aiguaneu (“aguanieve”) o neu amb sucre y taronja (“nieve con azúcar y naranja”). Desde allí, se extendieron a todo el territorio nacional para convertirse en el postre frío por excelencia.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces. En la actualidad, la heladería artesana requiere profesionales formados en disciplinas muy diversas. Esto es así porque, a pesar de su aparente simplicidad, el helado artesanal es en realidad un sistema coloidal muy complejo donde convergen una emulsión, espuma y cristales de hielo. De cómo se origine y se mantenga este sistema dependerán su textura, su sabor y su estabilidad.

El artesanal, nada que ver con el industrial

A diferencia del industrial, la versión artesanal del helado prioriza el uso de ingredientes frescos, de proximidad y de temporada. Además, trabaja con una menor incorporación de aire, una técnica que se conoce como overrun y es imprescindible para dar su textura a este producto.

Por otro lado, presenta una propuesta de sabores más variada y menos estandarizada, con mayor margen para experimentar. Esto ofrece una mayor capacidad de adaptación a la demanda y gustos de la clientela de la zona concreta en la que se comercializa el helado. Algunos ejemplos son el helado de gofio en Canarias, el de horchata en la Comunidad Valenciana o el de gazpacho en Andalucía.

Emulsión de agua, grasa, azúcar, proteínas y aire

Desde el punto de vista químico, el helado es una emulsión aireada y parcialmente congelada. Su fase continua es una solución acuosa de azúcares, sales y proteínas, mientras que la fase dispersa en esa matriz incluye glóbulos de grasa, cristales de hielo y burbujas de aire. Ambas fases son los dos componentes principales de una mezcla de dos o más sustancias que no reaccionan químicamente entre sí. Sus ingredientes más importantes son:

  • Agua: es el componente mayoritario, que cristalizará parcialmente, formando cristales de hielo cuyo tamaño y cantidad deben controlarse para evitar texturas arenosas. Su nivel oscila entre el 40 % en las cremas y el 80 % en los granizados.

  • Grasa: aporta cuerpo, calidez, suavidad y estabilidad a la emulsión. Suele ocupar entre el 8–12 % de los helados artesanales, siendo mayor el porcentaje en los productos considerados de mayor calidad (aunque, por otra parte, cuanta más grasa tengan, más pesado nos resultarán al comerlos).

  • Azúcares: aportan dulzor y permiten regular el punto de congelación. Sus niveles son muy variables, oscilan entre prácticamente el 0 % en los helados sin azúcares añadidos y el 20-22 %.

  • Proteínas: las proteínas en el helado desempeñan funciones clave en la textura, el sabor y la calidad del producto final. Son buenos agentes emulsionantes –ayudan a mezclar dos sustancias que normalmente no se mezclarían entre sí, como el aceite y el agua– y colaboran en lograr una textura suave y cremosa. Las proteínas lácteas contribuyen al sabor característico y al perfil aromático del helado, además de darle valor nutritivo. Sus niveles suelen estar en el intervalo entre el 0 % y el 5 %, aproximadamente.

  • Aire: en helados artesanales, su proporción se limita a alrededor de 30–40 % del volumen, lo que explica su mayor densidad y cremosidad frente a los industriales. A mayor proporción de aire, se obtendrá un helado más ligero.

Diferentes helados en la vitrina de una heladería con sus paletas para echarlos
Vitrina de helado artesano.
Alferubi/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Manos a la obra

El proceso artesanal típico de elaboración va desde la formulación y el mezclado a la pasteurización, la homogeneización, la maduración (4–12 h a 4 °C), la mantecación y el abatimiento.

La pasteurización es un tratamiento térmico que consiste en calentar la mezcla líquida a una temperatura específica (entre 65 °C y 85 °C) durante un tiempo determinado –para eliminar posibles bacterias patógenas– y luego enfriarla. A continuación, durante la homogeneización, se reduce el tamaño de los glóbulos de grasa para lograr una emulsión estable y una textura más uniforme en el producto final.

La maduración consiste en dejar reposar la mezcla líquida a temperaturas de refrigeración durante un mínimo de 4 a 12 horas para hidratar proteínas y estabilizantes.

Después, durante la mantecación, la mezcla se enfría y se bate a entre 4 °C y −4 °C, mientras se incorpora aire y se forman microcristales de hielo. Por último, en el abatimiento, debe enfriarse y congelarse nada más salir de la mantecadora.

Para su conservación, se recomienda alcanzar −18 °C rápidamente para evitar el crecimiento de cristales y mantener la textura cremosa. Un enfriamiento demasiado lento o fluctuaciones de temperatura provocan recristalización, lo que da lugar a helados granulados.

Listo para chuparnos los dedos

La temperatura de servicio ideal está entre −12 °C y −14 °C, donde el helado es suficientemente blando para que podamos percibir su sabor, sin perder su estructura.

Por su parte, la textura perfecta resulta del equilibrio entre diferentes factores. Uno de ellos es el tamaño de los cristales de hielo: cristales pequeños implican una textura más suave; cristales grandes reducen la sensación de suavidad. También es clave la presencia de grasa, que aporta una sensación cremosa.

¿Y de qué sabor es mejor?

Prácticamente cualquier ingrediente puede incorporarse al helado, si se ajusta la formulación para lograr el equilibrio fisicoquímico adecuado. Sin embargo, existen algunas consideraciones importantes a tener en cuenta si queremos conseguir un producto artesanal de calidad:

  • Contenido de agua del ingrediente: los ingredientes muy acuosos (como algunas frutas) requieren ajuste de sólidos (azúcares, fibra, sólidos lácteos) para evitar la aparición de cristales grandes.

  • Grasa y sólidos: formulaciones muy bajas en grasa o sólidos pueden resultar en helados duros o sin cuerpo.

  • pH: ingredientes ácidos pueden desestabilizar proteínas lácteas, provocar coagulación de las mismas y estropear la mezcla.

  • Compuestos volátiles: algunos sabores reducen su intensidad o se modifican con el frío o la pasteurización, por eso requieren ajustes en el momento de adición.

  • El alcohol: es anticongelante, por lo que su presencia ha de ser cuidadosamente controlada y obligará a ajustar el punto de congelación de la mezcla cuidadosamente.

En definitiva, el helado artesanal perfecto es el resultado de combinar un cierto dominio de la fisicoquímica coloidal, el uso de ingredientes de calidad y el control de los procesos de elaboración. Su menor contenido de aire, las materias primas frescas y la flexibilidad en cuanto a la adaptación a las demandas del consumidor lo distinguen del industrial y hacen las delicias de grandes y pequeños, sobre todo, en un pesado día de calor.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La química del helado perfecto – https://theconversation.com/la-quimica-del-helado-perfecto-290652

A la manera de Taylor Swift o J. K. Rowling: cómo adaptarse e innovar en el mundo empresarial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Bocoya Maline, Personal docente e investigador del área de Organización de Empresas (Gestión Estratégica y Negocios Internacionales, Gestión del Conocimiento y Sistemas de Información), Universidad de Cádiz

La cantante estadounidense Taylor Swift. A.PAES/Shutterstock

Robert Galbraith es un conocido escritor cuya saga de novelas policíacas, protagonizadas por el detective Cormoran Strike, ha sido tan exitosa que, desde 2017, la BBC emite la serie de televisión Strike.

La cuestión es que Robert Galbraith no es Robert Galbraith: es el seudónimo que utiliza la conocidísima escritora británica J. K. Rowling, creadora del mundo mágico de Harry Potter. Cerrada la historia del mago, la autora readaptó sus capacidades a un nuevo género. Para ello, investigó en nuevos campos y se documentó profundamente.




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La cantante estadounidense Taylor Swift ha pasado por una reconfiguración de capacidades similar. La artista comenzó su carrera en 2006 con un estilo country. Después incorporó progresivamente nuevos sonidos y colaboraciones, hasta que, en 2014, cambió de dirección musical –pese a las dudas de su propio equipo– con el álbum 1989.

Este cambio consolidó a la artista como estrella mundial del pop. En 2020, con trabajos como Folklore y Evermore, exploró registros más próximos al folk y a sonidos alternativos. Posteriormente, volvió a reconfigurar su propuesta en The Life of a Showgirl (2025) con un pop más directo y bailable. En 2026, dos décadas después de su debut, Swift continúa siendo una de las artistas internacionales más célebres.




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También esta el caso del director de cine Guillermo del Toro. El director ha sabido incorporar nuevas tecnologías y conocimientos alrededor de su predilección por los monstruos. El laberinto del fauno, La forma del agua, Pinocho o Frankenstein muestran cómo ha permanecido su identidad creativa pese a la reconfiguración de técnicas, recursos y equipos.

A diferencia de Rowling y Swift, el mexicano ha logrado mantener un universo creativo reconocible, pero moldeado mediante efectos artesanales, maquillaje, robótica, efectos digitales o animación stop-motion, según sus necesidades creativas.




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Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿qué tienen en común estas tres famosas personalidades artísticas con carreras tan dispares?

Pues que han sabido aprovechar oportunidades, incorporar nuevos conocimientos, detectar cambios, adaptar sus recursos a los nuevos escenarios. En el contexto empresarial, y concretamente en el de la gestión estratégica, esto se explica a través del concepto de capacidades dinámicas, que están estrechamente ligadas con el de innovación.

Capacidades para afrontar entornos cambiantes

En 1998, los investigadores David J. Teece, Gary Pisano y Amy Shuen definieron las capacidades dinámicas como “la capacidad de una organización para integrar, construir y reconfigurar competencias internas y externas ante entornos rápidamente cambiantes”.

La capacidad dinámica invita a revisar los conocimientos, a actualizar los recursos y los modos de trabajar. Y esto es porque el entorno pone a la organización a prueba. Podría llegar el momento en el que repetir aquello que se domina de forma ordinaria comience a no tener los mismos resultados.

Los investigadores Paul Pavlou y Omar El Sawy definieron en 2011 cuatro capacidades dinámicas: detección, aprendizaje, integración y coordinación.

  1. Detección: observar lo que sucede alrededor y descubrir cambios u oportunidades.

  2. Aprendizaje: adquirir conocimientos nuevos.

  3. Integración: combinar esos conocimientos nuevos con los que ya se poseen.

  4. Coordinación: reorganizar recursos, personas y actividades para conseguir que esa combinación pueda llevarse realmente a la práctica.

Así, J. K. Rowling adaptó su capacidad narrativa a un nuevo género en el que se documentó previamente.

Taylor Swift integró nuevos sonidos, colaboraciones y tecnologías diferentes en sus proyectos.

Guillermo del Toro combinó artísticamente literatura, cine, técnicas visuales y nuevas tecnologías, expandiendo su capacidad creativa.

Aplicando estas capacidades, estas tres personalidades artísticas se han adaptado a nuevos entornos sin perder su esencia y siguen siendo referentes en sus respectivos campos.

La fuerza de la inmediatez

Sin embargo, los mercados son cada vez más competitivos y operan bajo la amenaza de lo inmediato. Esta situación obliga a los creativos a producir, innovar y sorprender continuamente y en menor tiempo. Paradójicamente, los artistas necesitan tiempo para descubrir conexiones, experimentar, rediseñar, aprender de los errores. El tiempo necesario para crear no tendría que acortarse para satisfacer antes al mercado.

Pero la dinámica es difícil de parar. En lugar de ralentizar los procesos, se apuesta por nuevas tecnologías que permiten reducir los tiempos de elaboración. Generadores de contenidos a la carta que sustituyen de forma inmediata un proceso que necesita tiempo.

En este sentido, una obra que se consume en minutos puede haber necesitado un tiempo considerable para ser elaborada. En este contexto, el escritor George R. R. Martin ha dado continuas evasivas a sus seguidores, quienes insisten en saber cuándo concluirá la siguiente entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego. Es la lucha de la inmediatez contra el proceso creativo.

En estos casos, las capacidades dinámicas de detección, aprendizaje, integración y coordinación juegan un papel relevante, pues adaptarse no siempre implica producir más y más rápido. El creativo debe detectar qué está cambiando, aprender de esos cambios e incorporar nuevos conocimientos.

Todos poseemos capacidades dinámicas

La investigación sobre las capacidades dinámicas ha puesto el foco en las organizaciones, pero su lógica también puede trasladarse al ámbito profesional. Las capacidades de detección, aprendizaje, integración y coordinación ofrecen una forma de reflexionar sobre cómo adaptarse e innovar.

En el mundo en que vivimos es cada vez más útil captar y analizar información del entorno en tiempo real, lo que ayuda a tomar decisiones más acertadas. Interpretar qué cambios, tendencias o factores nos van a influir positiva o negativamente aporta una ventaja competitiva.

Igualmente, acceder a nuevas fuentes de aprendizaje que nos proporcionen nuevos conocimientos puede ayudarnos a ampliar nuestras posibilidades. Integrar esos nuevos conocimientos con los que ya poseemos, y coordinar los recursos disponibles para convertirlos en algo novedoso, puede ayudarnos a atravesar mejor las turbulencias del entorno.

Quizá, mantenerse creativo durante décadas, como han logrado J. K. Rowling, Taylor Swift o Guillermo del Toro, dependa precisamente de conservar la curiosidad para detectar lo que cambia. También de la voluntad para seguir aprendiendo. Cuestiones tan importantes como la capacidad para transformarnos sin perder nuestra esencia.

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José Bocoya Maline no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. A la manera de Taylor Swift o J. K. Rowling: cómo adaptarse e innovar en el mundo empresarial – https://theconversation.com/a-la-manera-de-taylor-swift-o-j-k-rowling-como-adaptarse-e-innovar-en-el-mundo-empresarial-289292

La vuelta a la rutina tras el verano también cuesta a las personas mayores: así puede hacerse más llevadera

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Camacho Ortega, Psicóloga experta en envejecimiento, UNIE Universidad

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El verano rompe la rutina de muchas personas mayores: cambian los horarios, las actividades y los lugares. Aunque este parón suele beneficiar a muchas personas y no tanto a otras, para ambos grupos la vuelta no siempre es sencilla. Recuperar el día a día de forma progresiva, teniendo en cuenta los ritmos, y contar con apoyo es clave para evitar desorientación, malestar o sobrecarga.

Durante el año, la rutina cumple una función importante. No es solo “hacer lo mismo cada día”: también da seguridad, organiza el tiempo y facilita el bienestar emocional. La investigación ha mostrado que mantener una cierta estabilidad en las actividades diarias se asocia con mejor sueño en personas mayores y con menos insomnio.

La rutina ofrece la posibilidad de participar en actividades culturales, formativas y de desarrollo como talleres, cursos de idiomas y de habilidades o voluntariado, así como en actividades de ocio beneficiosas, como paseos a horas concretas, comidas más regulares, ejercicio físico y actividades grupales.

Estas actividades ayudan a mantener la mente activa y el contacto social, y distintos estudios han relacionado la participación en actividades físicas, sociales e intelectuales con un mejor rendimiento cognitivo y una mayor calidad de vida.

Cambios estivales

Sin embargo, el verano introduce cambios. Muchas de estas actividades se suspenden. Se viaja al pueblo, se visitan familiares o los familiares vienen a casa. Los horarios, las cantidades de comida y sueño y la organización del día se alteran. En algunos casos, hay más tiempo libre y descanso; en otros, ocurre lo contrario y aumentan las responsabilidades.

Este cambio no es necesariamente negativo. Salir del entorno habitual puede ser estimulante y, en algunos casos, también favorecer el bienestar. Reencontrarse con lugares conocidos, como la casa del pueblo, aporta sensación de continuidad y puede funcionar como una experiencia emocionalmente reconfortante.

Pero no todas las experiencias estivales son iguales. Para algunas personas mayores, el verano implica perder espacios de autocuidado. El cierre de talleres o centros puede suponer dejar de ver a amistades, reducir la actividad física o perder estímulos cognitivos. Además, cuando disminuyen los contactos habituales, puede aumentar la sensación de aislamiento. La evidencia es clara: la soledad y el aislamiento social en personas mayores se asocian con peor salud física y mental.

En otros casos, el verano añade carga. Hay personas mayores que asumen más tareas: cuidar de nietos, encargarse de la casa familiar o atender a otra persona dependiente. Incluso pueden convivir temporalmente con familiares con los que la relación no es fácil. Todo esto puede generar cansancio físico y emocional.

El esfuerzo de adaptación

Después de semanas o meses con horarios más flexibles, el regreso a la rutina exige un esfuerzo de adaptación. A nivel cognitivo, puede aparecer cierta desorientación, sobre todo si ha habido cambios de entorno prolongados. Estudios sobre la organización de la vida diaria en personas mayores sugieren que una mayor rigidez o necesidad de rutina puede asociarse con más vulnerabilidad cognitiva y psicológica.

Además, el contraste puede ser brusco. Se pasa de un periodo con más compañía a otro con más soledad, o al revés: de la tranquilidad a una agenda llena de tareas. También influye el estado emocional con el que se vuelve. No es lo mismo regresar descansado y con ilusión por retomar, que hacerlo agotado o con sensación de sobrecarga.

Claves para una vuelta más fácil

La adaptación no debe ser inmediata ni exigente. Hay algunas pautas que pueden ayudar:

  • Planificar la vuelta antes del verano: plazos de inscripción a talleres, horarios a tener en cuenta a la vuelta… Todo en la medida de lo posible y sin agobios.

  • Recuperar la rutina poco a poco: no es necesario retomar todas las actividades de golpe. Es mejor empezar por aquellas que resultan más significativas, como un dar un paseo diario o leer el periódico.

  • Restablecer horarios estables de sueño y comidas: la regularidad en los horarios de sueño se ha vinculado con mejor descanso y salud en personas mayores.

  • Incorporar un buen hábito: hacer más caminatas, comer más fruta o leer más.

  • Favorecer la socialización: retomar el contacto con amistades o participar en actividades grupales reduce la desconexión y ayuda a combatir la soledad.

  • Hablar sobre la experiencia del verano: compartir y escuchar a otras personas sobre lo vivido facilita integrar el cambio y dar continuidad a la propia historia.

  • Evitar la sobrecarga: intentar “recuperar el tiempo perdido” puede generar fatiga. Es importante alternar actividad y descanso.

  • Contar con el apoyo del entorno: familiares, amistades y personas que ofrecen cuidados deben respetar el ritmo de la persona mayor, sin imponer tiempos ni expectativas.

Una oportunidad para revisar actividades

No hay que olvidar que la rutina no siempre es positiva. Para algunas personas, volver significa retomar obligaciones exigentes: cuidar de otros, encargarse del hogar o asumir responsabilidades sin suficiente apoyo. En estos casos, el malestar no tiene que ver con la adaptación, sino con las condiciones de vida.

Por eso, la vuelta a la rutina también constituye una oportunidad para revisar qué actividades aportan bienestar y cuáles generan carga. Es fundamental mantener lo que cuida (como los espacios sociales o las actividades significativas, que se han relacionado con mejor funcionamiento cognitivo y mayor reserva cognitiva) y buscar apoyo en lo que desgasta.

La clave está en entender que cada persona vive este proceso de forma distinta. Acompañar, respetar los tiempos y recuperar poco a poco aquello que da sentido al día a día facilita una vuelta más amable y saludable, algo coherente con lo que muestran los estudios sobre actividades de ocio, participación social y salud cognitiva en mayores.

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Esther Camacho Ortega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La vuelta a la rutina tras el verano también cuesta a las personas mayores: así puede hacerse más llevadera – https://theconversation.com/la-vuelta-a-la-rutina-tras-el-verano-tambien-cuesta-a-las-personas-mayores-asi-puede-hacerse-mas-llevadera-286421

Patrones oscuros que nos sacan el dinero (y el tiempo) en internet

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Conde Melguizo, Investigador en el grupo ECSiT, Tecnología e Innovación para la Sociedad, la Cultura y la Educación, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

La “experiencia de usuario” (UX, por sus siglas en inglés) se ha convertido en uno de los elementos fundamentales del diseño digital. Los creadores del concepto –o, al menos, sus mayores divulgadores–, Don Norman y Jakob Nielsen, lo definen como conocer las necesidades del usuario para ofrecerle un producto o servicio sin complicaciones ni molestias, de la manera más simple para que pueda disfrutar de su uso.

Cuando el diseño digital parte de la psicología

Aunque el concepto de UX se popularizó y profesionalizó ampliamente en la década de los 2010 con la expansión del mercado de las app, académicamente es una rama del conocimiento con raíces profundas en la psicología cognitiva, la sociología o la antropología.

Comenzó con modelos técnicos como el Technology Acceptance Model (TAM), que solo tenía en cuenta aceptación o rechazo a una nueva tecnología por parte de las personas mediante indicadores funcionales, como la utilidad o la facilidad de uso. Luego, avanzó hacia modelos que integran variables sociales como las claves culturales de la percepción, la influencia del contexto social, la naturaleza del lenguaje, etc.

Podemos afirmar que este cambio ha mejorado el entendimiento de la tecnología cuando opera en el contexto para el que ha sido diseñada, pasando el usuario de ser un elemento de interacción en una ecuación a ser considerado una persona, con toda su riqueza psicológica, social y cultural. El problema surge cuando se aprovecha este campo de conocimiento para pervertir el trabajo del diseñador UX, como ocurre con los patrones oscuros.

Trampas para engañar al internauta

Se denominan patrones oscuros o dark patterns a aquellas estrategias de diseño concebidas para influir, presionar o engañar a los usuarios, con el fin de que adopten decisiones que probablemente no tomarían si dispusieran de una información clara y de una capacidad de elección plenamente libre.

Se suele atribuir la autoría de este término al diseñador UX Harry Brignull, quien creó en 2010 la plataforma darkpatterns.org –rebautizada luego como deceptive.design– para documentar y denunciar este tipo de prácticas.

Actualmente, se han extendido por otras áreas del diseño, como los videojuegos, donde en los últimos años se ha denunciado su uso para incrementar los pagos por parte de los jugadores, incluso en títulos destinados a menores de edad.

Algunos ejemplos de patrones oscuros son la falsa urgencia (“solo quedan dos habitaciones disponibles”), la culpabilización (“no suscribirme, prefiero seguir desinformado”) o el pay2fast (pagar para acelerar un proceso que se ralentiza innecesariamente). Otros tienen que ver estrictamente con el diseño web, como ocultar el botón para darse de baja en un servicio o como esconder en un complicado laberinto de menús la opción de proteger más nuestra privacidad.

¿Es el objetivo aumentar los ingresos de las plataformas digitales?

En el mundo profesional y académico, solemos afirmar que los patrones oscuros son diseños opuestos a la UX, que está centrada en el beneficio del usuario. Sin embargo, beben de la misma fuente que los estándares de usabilidad: las ciencias sociales. El mismo corpus de conocimiento psicológico puede inducir un diseño sencillo y minimalista o, por el contrario, un comportamiento compulsivo.

Por ejemplo, la usabilidad –facilidad de uso– en una web de apuestas puede ir dirigida a prestar un mejor servicio al cliente o a inducir un mayor número de apuestas por una mayor cantidad.

De igual manera, el embudo de conversión hacia una suscripción –estrategia de marketing digital que guía a los visitantes de un sitio web a lo largo de varias etapas (conciencia, interés, decisión y acción) con el objetivo de convertirlos en clientes reales– puede diseñarse para mejorar la relación con el cliente o para aprovechar el fenómeno de la aversión a la pérdida . Así se retienen jugadores o usuarios con el único fin de mejorar los beneficios trimestrales de la compañía.

Un enfoque ético marcaría la diferencia

Por este motivo, es necesario introducir en los modelos de diseño UX la variable de la ética. Si no, corremos el riesgo de que, en un mundo donde prima la competencia por la atención del usuario, este se convierta en un mero proveedor de tiempo y transacciones. El avance de los patrones oscuros por todos los servicios digitales está detrás de esta perversión.

El cambio no puede producirse únicamente confiando en el buen hacer del diseñador, sino que debe estar sustentado en un nuevo modelo que sustituya al usuario por el humano.

Humanos, antes que usuarios

La historia de la UX relata la progresiva humanización de la tecnología. En primer lugar, se cambió el lugar del usuario, del final del proceso de diseño al centro. Posteriormente, se incorporaron a su análisis los factores psicológicos, sociales y culturales.

Sin embargo, este conocimiento, explotado en un contexto de alta competencia, nos lleva a la contradicción: cuanto mejor conocemos el comportamiento humano, mayor es también nuestra capacidad para manipularlo.

Por eso, el próximo paso en la humanización del diseño no debería centrarse únicamente en mejorar la experiencia del usuario, sino en proteger la experiencia humana. Pasar de la UX a la HX –Human Experience– es asumir que, detrás de cada cada métrica, hay una persona con suficientes problemas, dudas y necesidades como para centrar nuestros esfuerzos en crearle otros nuevos.

The Conversation

Rafael Conde Melguizo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Patrones oscuros que nos sacan el dinero (y el tiempo) en internet – https://theconversation.com/patrones-oscuros-que-nos-sacan-el-dinero-y-el-tiempo-en-internet-286323

Réseaux sociaux : quand l’État contraint les jeunes plutôt que les plateformes

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jean-François Cerisier, Professeur de sciences de l’information et de la communication, Université de Poitiers


L’ESSENTIEL

  • Sous l’impulsion d’Emmanuel Macron, l’État a multiplié les contraintes sur les jeunes utilisateurs de réseaux mais la régulation des plateformes reste faible.

  • En censurant la loi sur l’interdiction des réseaux aux moins de 15 ans, le Conseil constitutionnel a reconnu une contrainte excessive sur les usagers.

  • La recherche scientifique a montré les dangers des réseaux mais également leurs bénéfices en matière d’apprentissage ou de liberté d’expression.


Depuis dix ans, l’État français a systématiquement choisi de répondre aux risques auxquels les réseaux sociaux exposent les jeunes par une politique normative fondée sur des interdictions d’usages. L’élaboration laborieuse et aujourd’hui infructueuse d’une loi sur l’interdiction des réseaux sociaux aux moins de 15 ans n’en est que l’avatar le plus récent.

Vivre et apprendre à vivre dans un monde numérique

Les enquêtes se suivent et montrent l’ampleur des équipements et des pratiques numériques des jeunes. Les adolescents sont très majoritairement équipés d’un smartphone dès leur entrée au collège et le « baromètre numérique » 2025 du CREDOC montre que 96 % des 12-17 ans en sont équipés. Les plateformes de réseaux socionumériques, en particulier Instagram, Snapchat et TikTok, représentent en moyenne plus de trois des quatre heures quotidiennes de leurs usages.

D’une part, ces applications représentent en elles-mêmes les moyens numériques d’information, de communication et d’expression qu’ils privilégient. D’autre part, elles fonctionnent à la façon de portails et tendent ainsi à devenir des interfaces privilégiées d’accès au web, substituant les recommandations algorithmiques des plateformes aux logiques de requêtes des moteurs de recherche.

Si la recherche scientifique a bien documenté la dangerosité des usages des réseaux sociaux juvéniles, elle a aussi montré qu’ils n’induisent pas nécessairement les comportements néfastes qui leurs sont attribués. En effet, ils permettent aussi de nombreux apprentissages informels, participent d’une éducation expérientielle à la citoyenneté et constituent un moyen d’expression et d’expérimentation de soi qui revêt une importance cruciale dans un environnement familial et sociétal qui peine à reconnaître la légitimité des identités juvéniles.

C’est avant tout cette dangerosité des réseaux sociaux qui occupe très largement l’espace médiatique, soulignée par des évènements extrêmes comme le suicide d’adolescents cyberharcelés par exemple. Certains, comme l’Observatoire de la Parentalité et de l’Éducation au Numérique (OPEN), dénoncent à cet égard une forme de panique morale qui témoigne de l’incompréhension et l’impuissance des adultes, à commencer par celles des parents. Pourtant, tout l’enjeu consiste à protéger efficacement les jeunes tout en les préparant à vivre dans un monde où les réseaux sociaux jouent un rôle majeur.

La stratégie de l’État français face à celle de la « Big Tech »

Pour comprendre ce qui se joue en France depuis quelques années, on peut schématiquement opposer les stratégies des grandes plates-formes internationales, essentiellement américaines et chinoises, à celles de l’État. Pour les premières, il s’agit de capter l’attention et de susciter l’engagement des adolescents (comme ceux des adultes) au service de finalités mercantiles et idéologiques ne répondant à aucune finalité éducative.

Cela se concrétise notamment par le déploiement d’algorithmes de recommandation clivants, la quasi-absence de modération et l’implémentation de mécanismes de rétention attentionnelle addictifs comme le scrolling infini. L’État français, quant à lui, cherche manifestement à concilier des finalités parfois inconciliables.

La politique du président de la République à cet égard semble prise dans une tension entre trois rationalités : une rationalité économique qui fait de l’innovation technologique l’un des moteurs de la croissance et de la compétitivité ; une rationalité géopolitique qui érige la souveraineté technologique en condition de la puissance française et européenne ; et une rationalité éducative et humaniste, héritière des Lumières, qui assigne à l’État la responsabilité de former des individus autonomes, libres et capables d’exercer leur jugement critique.

Les relations du président de la République avec les géants de la tech, qui alternent entre séduction et critique sévère, illustrent bien cette valse-hésitation. Si Emmanuel Macron n’a pas été avare d’initiatives en faveur de l’investissement des Big Tech en France (VivaTech, Choose France, Sommet pour l’action sur l’IA…), il a également joué un rôle moteur dans la régulation européenne du numérique en portant l’idée de « souveraineté numérique » et en contribuant à faire aboutir des lois majeures comme le Digital Services Act (DSA) et le Digital Markets Act (DMA). Force est de constater que ces tentatives de régulation ne produisent pas les effets escomptés. Toutes les plateformes de réseaux sociaux continuent à diffuser des contenus sans modération ou presque, aucune n’a renoncé à ce jour à ses algorithmes de captation de l’attention.

Dix ans de politiques normatives

La responsabilité éducative de l’État intègre les obligations constitutionnelles de « protection de l’intérêt supérieur de l’enfant » et la défense d’une vision de l’éducation, en partie transcrite dans le Code de l’éducation, reposant sur les principes d’une éducation émancipatrice et citoyenne associée à l’exercice de la rationalité critique.

Pour exercer cette responsabilité, l’État dispose de différents leviers dont les deux principaux sont la régulation et l’action éducative. Comme le montre la chronologie des initiatives prises à l’échelle nationale depuis une dizaine d’années, la stratégie de l’État privilégie pourtant une régulation coercitive qui fait bien davantage peser les responsabilités d’usage sur les jeunes qu’elle ne contraint l’offre des plateformes. La plupart des grandes mesures adoptées depuis une dizaine d’années ont été impulsées, voire portées par le président de la République Emmanuel Macron lui-même.

Parmi elles :

  • la loi d’interdiction des smartphones votée et promulguée en 2018 dont il avait fait une promesse de campagne en 2017

  • le dispositif « Portables en pause » déployé en 2024, destiné à rendre effective la loi de 2018 qui n’était ni appliquée ni applicable

  • la loi sur la majorité numérique de 2023 qui prévoyait déjà l’interdiction de l’inscription des moins de 15 ans aux réseaux socionumériques sauf autorisation explicite de l’un des titulaires de l’autorité parentale mais qui n’a pu être appliquée en raison d’une incompatibilité avec le droit communautaire.

  • La proposition parlementaire déposée dans le cadre d’une procédure accélérée par la députée du groupe Ensemble pour la République Laure Miller, prévoyant à la fois l’interdiction des réseaux sociaux aux moins de 15 ans et celle des smartphones au lycée. Après l’examen en commission, différentes navettes parlementaires et le travail d’une commission mixte paritaire, le texte a été approuvé par l’Assemblée nationale et le Sénat le 26 juillet 2026 mais censuré le 14 août par le Conseil constitutionnel.

La liberté d’expression au cœur de la constitution

La décision du Conseil constitutionnel repose sur l’inconstitutionnalité du principe d’interdiction des réseaux sociaux aux moins de 15 ans, tel qu’énoncé dans le premier article de la loi, parce qu’il porte « une atteinte disproportionnée » à la liberté d’expression.

Le conseil estime que la radicalité d’une interdiction systématique et totale des réseaux sociaux par une simple mesure d’âge ne permet pas de prendre en compte les fonctionnalités et contenus réels de chacune des plateformes, dépossède les parents de leurs responsabilités et interdit l’utilisation de plateformes permettant aux jeunes cette « liberté d’expression et de communication [qui] est d’autant plus précieuse que son exercice est une condition de la démocratie et l’une des garanties du respect des autres droits et libertés ». Finalement, bien que le Conseil constitutionnel rappelle la légitimité de l’intention du législateur, dont le texte se présente comme une mesure de protection de l’enfance, il en conteste la nature.

En creux, l’invitation constitutionnelle à changer de stratégie.

Plusieurs lectures peuvent être faites de cette décision. Le président de la République qui a immédiatement chargé le Premier ministre de préparer un nouveau texte plus « robuste » et la rapporteure du projet de loi qui a annoncé sans attendre la relance du processus législatif en font manifestement une lecture technique. Pour eux, il semble s’agir de trouver un nouveau compromis rédactionnel qui satisfera, sans changement de cap, les exigences des deux assemblées parlementaires, des institutions européennes et du Conseil constitutionnel.

Il est aussi possible d’avoir une autre lecture de la décision du Conseil constitutionnel, davantage centrée sur le fond de la question. L’obligation de garantir la liberté d’expression et de communication des jeunes est un appel à résister à la perspective d’une société de la surveillance et du contrôle, notamment parce que la vérification de l’âge s’imposerait à tous les utilisateurs.

Elle est aussi une invitation à reconnaître la légitimité des pratiques numériques juvéniles, à mettre en place les moyens d’une éducation adaptée à l’ère du numérique, des réseaux sociaux et des intelligences artificielles. Elle est enfin une incitation à légiférer sur les abus qui dévoient la liberté constitutionnelle, abus des utilisateurs des plateformes mais aussi et d’abord ceux des concepteurs des plateformes elles-mêmes.

The Conversation

Jean-François Cerisier ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Réseaux sociaux : quand l’État contraint les jeunes plutôt que les plateformes – https://theconversation.com/reseaux-sociaux-quand-letat-contraint-les-jeunes-plutot-que-les-plateformes-290383

Voici comment nous avons découvert des barbottes atteintes d’un cancer transmissible dans le lac Memphrémagog

Source: The Conversation – in French – By Julie Dragon, Associate Professor, Larner College of Medicine, University of Vermont

Depuis plus d’une décennie, les pêcheurs du lac Memphrémagog, qui se situe à cheval sur la frontière entre le Québec et le Vermont, capturent des barbottes brunes présentant des lésions noires caractéristiques.

En 2019, des scientifiques de l’Institut d’études géologiques des États-Unis (USGS) et du Département de la Pêche et de la Faune du Vermont ont confirmé que ces lésions étaient des mélanomes malins. Cependant, jusqu’à récemment, aucune explication n’avait été trouvée quant à l’origine de cette maladie.

Lorsque mes collègues de l’Université du Vermont et moi-même avons entrepris le séquençage du génome, nous pensions trouver une explication génétique au fait que certaines barbottes étaient atteintes et d’autres non. Au lieu de cela, nous avons découvert des indices d’un phénomène extrêmement rare dans le règne animal : un cancer transmissible.

Nous étions loin de nous imaginer que nos recherches nous conduiraient sur cette voie.

Diverses théories

Lorsque les scientifiques ont recensé les premiers cas en 2012, l’explication la plus plausible concernait des facteurs environnementaux. L’année précédente, l’ouragan Irene avait provoqué des inondations dévastatrices dans tout l’État du Vermont.

L’habitat de la barbotte brune aurait-il pu être contaminé par des polluants remués par l’ouragan ? Cette hypothèse semblait plus probable qu’une exposition aux rayons ultraviolets, qui est la principale cause du mélanome chez l’humain. La barbotte est un poisson benthique (vivant au fond de l’eau) qui se nourrit la nuit.

Une autre hypothèse était la présence de microbes cancérigènes dans les cours d’eau. Mais une décennie de recherche n’a fourni aucune preuve à l’appui de cette théorie. Après des années d’impasses, l’ADN a permis d’aborder la question sous un angle fondamentalement différent.

Des scientifiques de l’USGS et du Département de la pêche et de la faune du Vermont ont communiqué avec l’Université du Vermont, où je suis chercheuse en génomique et en science des données, ainsi que membre du centre de cancérologie. Mon équipe et moi avons séquencé l’ADN de plus de 80 barbottes brunes, malades ou en bonne santé, capturées en 2023, ainsi que celui de quelques spécimens capturés par le département en 2019.

Nous avons également séquencé les tumeurs et les tissus sains des poissons atteints. Mon hypothèse était que chaque tumeur serait étroitement apparentée au génome du poisson dont elle provenait. Cela placerait tous les poissons malades sur une « branche » évolutive reliée par certaines variantes communes, présentes potentiellement dans des gènes contribuant au mélanome.

Ce n’est pas ce que nous avons constaté.

Découverte d’un cancer transmissible

Les tumeurs provenant de poissons différents semblaient plus étroitement apparentées entre elles qu’aux poissons qui les portaient. Dans certains cas, les tumeurs présentaient une plus grande similitude génétique avec des poissons en bonne santé provenant d’autres plans d’eau qu’avec leur hôte.

Ces données nous ont déconcertés. Nous avons vérifié et revérifié notre analyse à plusieurs reprises, espérant trouver une erreur. Pourtant, les résultats étaient clairs : les tumeurs ne s’étaient pas formées indépendamment les unes des autres. Elles partageaient plutôt un nombre impressionnant de variants absents du génome des poissons-hôtes et seulement lointainement apparentés à ces derniers.

Nos données indiquaient clairement que nous étions en présence d’un cancer transmissible jusqu’alors inconnu, qui peut se transmettre d’un poisson à l’autre. Il s’agit ainsi du quatrième cancer transmissible connu à ce jour. Les trois autres ont été décrits chez les chiens, les diables de Tasmanie et les bivalves.

Une fois que nous avons compris que ce cancer pouvait se transmettre, nous avons trouvé d’autres preuves de la présence de barbottes brunes atteintes de la maladie dans des sources historiques. En 1852, l’essayiste Henry David Thoreau a écrit avoir vu des barbottes présentant des taches noires veloutées dans une rivière du Massachusetts.

Soixante ans plus tard, le zoologiste Raymond Osburn s’est penché sur la description de Thoreau ainsi que d’autres cas relevés en Nouvelle-Angleterre. Il a même cultivé des cellules tumorales de barbotte en laboratoire et a réussi à les transférer à un spécimen en bonne santé.

Il nous est impossible de confirmer si ces exemples correspondent à la maladie que nous avons identifiée (désormais connue sous le nom de « mélanome transmissible de la barbotte brune » ou BBTM pour brown bullhead transmissible melanoma) ni s’ils ont été transmis d’un poisson à un autre, comme ce fut le cas pour ceux que nous avons étudiés.

Ces sources historiques suggèrent toutefois que cette maladie pourrait être bien plus ancienne et plus répandue qu’on ne le croyait. Elle existe peut-être depuis longtemps, mais serait passée largement inaperçue. Comme me l’a dit un pêcheur de Cape Cod : « Personne ne s’intéresse à ces poissons. »

Percer les plus grands mystères du cancer

En tant que chercheuse en cancérologie, je m’intéresse particulièrement à la façon dont les cellules cancéreuses parviennent à échapper aux défenses immunitaires de leurs hôtes. Les mutations génétiques qui affaiblissent le système immunitaire de l’hôte favoriseraient-elles le développement et la propagation du mélanome ? Que peut-on apprendre de cette découverte sur le mélanome humain et le dysfonctionnement immunitaire ?

Ce modèle naturel pourrait nous aider à mieux comprendre non seulement comment les cancers évoluent, mais aussi comment ils échappent à la surveillance du système immunitaire, une question fondamentale en biologie du cancer.


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La collaboration est essentielle pour avancer dans la compréhension des cancers transmissibles. Mes collègues et moi-même travaillons avec plusieurs autres scientifiques qui étudient ce type de maladies, notamment Elizabeth Murchison, professeure d’oncologie et de génétique spécialisée dans les tumeurs faciales du diable de Tasmanie et les tumeurs vénériennes transmissibles chez le chien, ainsi que Michael Metzger, chercheur en cancérologie qui a découvert la néoplasie transmissible des bivalves.

Nous espérons parvenir ensemble à comprendre comment ces maladies apparaissent, se propagent et évoluent. Il ne fait aucun doute que les résultats de nos recherches dépasseront largement les rives du lac Memphrémagog pour nous plonger au cœur de certains des plus grands mystères du cancer.

Ce qui n’était au départ qu’une tentative d’explication des lésions noires observées chez les barbottes pourrait au final apporter un nouvel éclairage sur le cancer, l’évolution et les maladies infectieuses dans tout le règne animal, y compris chez les humains.

La Conversation Canada

Julie Dragon bénéficie d’un financement du NIH et de la Commission des pêches des Grands Lacs.

– ref. Voici comment nous avons découvert des barbottes atteintes d’un cancer transmissible dans le lac Memphrémagog – https://theconversation.com/voici-comment-nous-avons-decouvert-des-barbottes-atteintes-dun-cancer-transmissible-dans-le-lac-memphremagog-290132

Ratko Mladić sigue siendo considerado un héroe por muchos serbios de Bosnia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olivera Simic, Professor in Law, Griffith University

Tenía 19 años y vivía en Banja Luka, la segunda ciudad más grande de Bosnia, cuando Yugoslavia empezó a desmoronarse. Lo que más recuerdo es la conmoción y la rapidez con la que mi vida normal y la de mis amigos se acabaron de repente.

Por aquel entonces, no seguía mucho la política ni veía las noticias, así que no tenía ni idea de lo que se avecinaba: una guerra en toda regla y un genocidio contra los bosnios (la población musulmana de Bosnia), liderado por el general serbobosnio y criminal de guerra condenado Ratko Mladić, que ha fallecido esta semana en una prisión de La Haya.

La etnia no era algo de lo que mis amigos y yo habláramos nunca cuando éramos niños. Dos de mis mejores amigos no eran serbios, algo de lo que solo me di cuenta cuando se marcharon repentinamente de Bosnia en abril y mayo de 1992.

Poco después, me enteré de que iba a ser reclutada para la defensa territorial serbia, sin saber siquiera qué era eso. Fui a recoger mi uniforme y mis botas, y mis padres me subieron al autobús para que saliera del país. No sabía adónde iba.

Así fue como abandoné mi país, por mi cuenta, por primera vez en mi vida: a toda prisa, sin despedidas, sin saber si volvería a ver a mi familia ni cuándo. No fui la única. Casi dos millones de bosnios se vieron desplazados durante la guerra.

Ahora, con la muerte de Mladić, estos recuerdos del conflicto vuelven a aflorar, yuxtapuestos a las escenas desalentadoras en las que los serbios de Bosnia celebran a Mladić como un héroe.

No era un héroe; tampoco sirve de nada referirse a él simplemente como un “loco” o un “carnicero”. Mladić es un recordatorio simbólico de los legados sin resolver de la guerra: las continuas divisiones entre los bosnios y los recuerdos selectivos que muchos tienen sobre las atrocidades que se cometieron.

Rápido ascenso en el escalafón

Mladić era un oficial de carrera del ejército yugoslavo. Su ascenso en el escalafón se aceleró al comienzo de la guerra de Bosnia, cuando fue nombrado comandante en jefe del ejército serbobosnio.

Es importante comprender que este ejército de reciente creación heredó todo su material blindado del antiguo ejército yugoslavo. Contaba con todas las armas y la infraestructura militar de Bosnia, y estaba liderado por un oficial profesional y experimentado como Mladić.

El ejército de Mladić se hizo rápidamente con el control del 70 % del país y sitió la capital, Sarajevo. Más de 100 000 personas murieron en la guerra entre 1992 y 1995. Al menos 8 000 hombres y niños bosnios fueron asesinados por el ejército serbobosnio en el genocidio de Srebrenica, en julio de 1995. Mladić fue el rostro de esta despiadada campaña militar y del auge del nacionalismo serbio de la época.

En mi investigación, he revisado los testimonios de soldados serbios y líderes de la época de la guerra, y he hablado extensamente con Biljana Plavšić, la expresidenta de la República Serbia de Bosnia y la única mujer procesada por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Plavšić trabajó en estrecha colaboración con Mladić y lo conocía muy bien.

Los soldados y líderes serbios –y, por desgracia, muchos serbios también– lo admiraban por su aparente valentía, su extraordinaria confianza en sí mismo y sus muestras de poder. Por eso, a día de hoy, muchos serbios siguen viéndolo como su protector, como un santo que defendió a los serbios durante la guerra. Ocupa un lugar especial en la mitología del país, debido a la forma en que generaciones de jóvenes serbios han sido adoctrinados con los relatos de su heroísmo durante la guerra.

Cuando el conflicto terminó en 1996, Mladić pasó a la clandestinidad durante casi 16 años, viviendo en la Serbia rural hasta que fue detenido. Fue juzgado en La Haya, declarado culpable de crímenes de guerra y condenado a cadena perpetua en 2017.

Entender a Mladić, el hombre y el criminal de guerra

Como especialista en atrocidades masivas, creo que debemos tener cuidado con la forma en que intentamos comprender o explicar las acciones de los autores de estos crímenes. Los medios de comunicación retratan a Mladić como un monstruo, un loco y el “carnicero de Bosnia”. Pero creo que es importante señalar que no era un psicópata.

Caracterizarlo de esa manera minimiza su responsabilidad penal, así como las estructuras que hicieron posibles sus crímenes. Lo presenta como alguien ajeno a la humanidad.

Mladić fue considerado “extraordinario” por los crímenes que cometió, pero, al mismo tiempo, también era un hombre de familia “corriente”. Su única hija se suicidó en Belgrado, Serbia, en 1994, utilizando su pistola. Algunos afirmaron que se quitó la vida tras descubrir el papel que había desempeñado su padre en la guerra.

Es importante ver a Mladić no como un monstruo que cometió crímenes masivos, sino como un ser humano que lo hizo. Humanizar a alguien condenado por crímenes de guerra y genocidio resulta incómodo para muchos, ya que se corre el riesgo de restar gravedad a sus crímenes y a su culpabilidad. Estas preocupaciones deben tomarse en serio.

Aun así, comprender cómo personas como Mladić pudieron cometer estos crímenes es clave si queremos aprender a evitar que vuelvan a ocurrir en el futuro. Un aspecto importante de todo ello fue la enorme infraestructura militar que lo rodeaba. Él solo no podría haber cometido todas las atrocidades de la guerra. Contaba con un ejército de personas que respaldaban sus decisiones y actuaban siguiendo sus órdenes.

Su complicado legado perdura

La detención y condena de Mladić tuvieron una importancia histórica, pero esta justicia ha sido incompleta. Ninguna sentencia ni condena puede devolver las miles de vidas que se extinguieron, ni puede hacer que las personas desplazadas regresen a sus hogares.

Y lo que es más importante, puede que los bosnios hayan conseguido justicia jurídica con la condena de Mladić, pero muchos siguen sintiendo que no han recibido justicia moral. Ni Mladić ni ningún otro criminal de guerra condenado ha expresado jamás remordimiento ni ha admitido sus crímenes ante las familias de las víctimas. Aún más devastador es el hecho de que muchos los celebren como héroes, en lugar de considerarlos criminales de guerra.

La condena de Mladić tampoco trajo la reconciliación a la Bosnia y Herzegovina actual. El Tribunal Penal Internacional para la desaparecida Yugoslavia esperaba lograrlo mediante su labor, pero nunca sucedió. Las sentencias históricas del tribunal y los testimonios de los testigos no eliminaron la negación que aún existe entre muchos respecto a los crímenes cometidos durante la guerra.

Los procesos judiciales generaron millones de páginas de pruebas, que confirmaron de manera indiscutible que el genocidio de Srebrenica tuvo lugar y fue cometido por determinadas personas. Tanto los tribunales de la ONU como los nacionales también dictaminaron que se trataba de un genocidio.

Sin embargo, muchos serbios siguen sin creer que esto sea cierto. En 2024, miles de serbios bosnios salieron a las calles de mi ciudad natal, Banja Luka, para manifestarse en contra de una propuesta de resolución de la ONU que conmemoraba el genocidio de Srebrenica. El Parlamento serbobosnio también aprobó un informe en el que se niega que el genocidio haya tenido lugar.

Y tras conocer la noticia de la muerte de Mladić esta semana, muchos jóvenes serbobosnios salieron a la calle para celebrar su vida y su legado. Llevaban banderas y carteles con el rostro de Mladić, cantando y coreando su nombre. La mayoría de estos jóvenes nacieron después de la guerra, pero se criaron escuchando narrativas que presentaban a Mladić como el salvador de los serbios.

Hay algo profundamente erróneo en el legado de los juicios de posguerra –concretamente, en cómo el Gobierno no ha logrado reconstruir la sociedad– si no somos capaces de eliminar esta negación o borrar esta percepción sobre las supuestas hazañas heroicas de Mladić. En mi opinión, la culpa de esto recae en los dirigentes serbios que llegaron al poder tras la guerra.

Mladić y los demás líderes de la época de la guerra no aparecen retratados en los libros de texto de historia de los serbios de Bosnia como criminales de guerra. Más bien, se les describe como héroes que fundaron la Republika Srpska, la parte separada de Bosnia y Herzegovina, de mayoría serbia, que surgió tras el conflicto.

Por eso la guerra nunca terminó realmente. Hoy en día sigue librándose de otras formas, a través de narrativas oficiales, símbolos y objetos conmemorativos.

Como investigadora que ha dedicado su carrera a documentar los crímenes de guerra de esta época, resulta devastador comprobar que apenas hay hechos sobre la guerra que sean aceptados por todos los bosnios. Hasta que no lo consigamos, Bosnia seguirá dividida.

The Conversation

Olivera Simic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ratko Mladić sigue siendo considerado un héroe por muchos serbios de Bosnia – https://theconversation.com/ratko-mladic-sigue-siendo-considerado-un-heroe-por-muchos-serbios-de-bosnia-290742

Un jet privé peut-il être « vert » ? Ce que dit la justice européenne

Source: The Conversation – in French – By Pascal Simon-Doutreluingne, Docteur en Droit public (droit de la concurrence) et professeur agrégé d’économie-gestion, Université de Strasbourg


L’ESSENTIEL

  • Depuis 2020, l’Union européenne dresse une liste des activités économiques considérées comme durables, vers lesquelles elle tâche de diriger les capitaux. C’est la taxonomie verte.

  • Les jets privés ont d’abord été exclus d’office de cette liste. Avant que cette exclusion soit annulée en juin dernier.

  • Ce dernier rebondissement pose la question suivante : qui décide de ce qui est « vert » – et selon quelles règles ?


Cinq ans après la pandémie, les avions n’ont jamais été aussi nombreux : le 23 juillet 2026, la plate-forme Flightradar24 a suivi 153 359 vols commerciaux en vingt-quatre heures, un record absolu, près de 12 % au-dessus du précédent pic de juillet 2023. Le même été, le mercure grimpait également à des niveaux records et plusieurs régions européennes brûlaient.

Le lien entre ces vols et ces incendies est réel, mais il est diffus : plus de trafic aérien, c’est plus d’émissions, un réchauffement aggravé, des étés plus propices aux feux. Pour autant, aucun incendie ne peut être directement imputé au transport aérien – pas plus qu’à l’automobile ou au chauffage.

C’est toute la difficulté : une responsabilité partagée par des milliards d’actes ne se juge pas, elle se régule. On aurait pu compter sur la seule prise de conscience des voyageurs – mais elle atteint vite ses limites : la « honte de voler » ne concerne que 15 % des Français, et ne les empêche même pas de voler. L’Union européenne a donc parié sur un autre levier que les prises de consciences individuelles : notre portefeuille.

Pourquoi les jets privés ont été exclus

Depuis 2020, une « taxonomie verte » dresse la liste des activités économiques considérées comme durables, vers lesquelles la finance est invitée à diriger les capitaux.

Cette liste, la Commission européenne a le pouvoir de la compléter secteur par secteur, par des textes techniques appelés « actes délégués ». C’est ainsi qu’en 2023 elle s’est penchée sur l’aviation. La Commission a alors opté pour des conditions strictes : seuls les appareils les plus sobres de leur génération, alimentés en carburants durables, peuvent prétendre au label.

Elle en exclut d’office l’aviation d’affaires, ces vols de jets privés à la demande, sans horaire ni ligne régulière, qu’affrètent entreprises et grandes fortunes pour gagner du temps et éviter les correspondances. Ces quelques milliers d’appareils dans le monde, concentrés sur une poignée de terrains – Paris-Le Bourget, Genève, Nice, Londres-Luton rassemblent à eux seuls plus de 40 % des mouvements européens du secteur.

Le symbole de cette exclusion est limpide : le jet privé incarne le voyageur ultra-émetteur, dans un secteur où, selon les chercheurs en tourisme durable Stefan Gössling et Andreas Humpe (2020), 1 % de la population mondiale génère près de la moitié des émissions du transport aérien. Un utilisateur régulier de vol privé peut ainsi émettre jusqu’à 7 500 tonnes de CO2 par an, quand un Français en émet environ neuf.

Ce que le juge a reproché à la Commission

Dassault Aviation, premier constructeur européen de jets d’affaires avec sa gamme Falcon, attaque alors la décision. Son argument : la Commission a écarté l’aviation d’affaires sans lui appliquer les critères qu’elle retenait pour le reste du secteur, en se fondant sur la nature des appareils plutôt que sur leurs performances réelles.

Le 24 juin 2026, le tribunal de l’Union européenne lui donne raison et annule l’exclusion pour « erreur manifeste d’appréciation » : la Commission a comparé les modes de transport de façon biaisée, appliqué un critère qui ne figurait pas dans les textes, et ignoré les carburants d’aviation durables. C’est le point décisif. Les jets privés, comme tous les avions, volent au kérosène.

Mais depuis 2025, le droit européen impose aux fournisseurs d’y incorporer une part croissante de carburants dits durables, produits notamment à partir d’huiles de cuisson usagées et de graisses animales. Cette part est de 2 % aujourd’hui, passera à 6 % en 2030, 20 % en 2035, et doit atteindre 70 % en 2050. Or cette obligation porte sur le carburant livré dans les aéroports européens : elle s’applique donc aussi aux jets qui s’y ravitaillent. En les excluant d’office, la Commission a raisonné comme si cette trajectoire ne les concernait pas.

En clair : elle a jugé l’avion d’affaires sur sa fabrication quand les textes visaient son exploitation, et comparé des choses incomparables.

La leçon vaut au-delà du dossier : l’intuition – « le jet privé pollue » – ne dispense pas de la démonstration. Même une cause populaire doit, en droit, être correctement motivée. Le juge ne dit pas que la Commission avait tort de vouloir des critères exigeants ; il dit qu’elle a mal travaillé.

Concrètement, l’arrêt ne change rien pour le passager d’un jet privé. Il rouvre en revanche à leurs constructeurs et à leurs exploitants l’accès aux financements estampillés verts – à condition de satisfaire les critères applicables au reste de l’aviation. Pour un industriel comme Dassault, l’enjeu n’est pas symbolique : c’est la possibilité de financer ses programmes sur le même marché que ses concurrents.

Un dictionnaire de la finance verte

Revenons un instant sur cette fameuse liste. Cet enjeu vous concerne indirectement également, si vous êtes client, même sans le savoir ; de mécanismes de la finance verte. Assurance-vie « verte », fonds « responsables », épargne « climat » : tous s’appuient, de près ou de loin, sur cette liste de la Commission.

Le règlement de 2020 fonctionne comme un dictionnaire de la finance durable : il définit, secteur par secteur, ce qui a le droit de se dire « vert ». Six objectifs environnementaux, sont pour cela mobilisés, du climat à la biodiversité, avec pour chaque activité des critères techniques chiffrés : la liste ne décrète pas, elle mesure. L’objectif affiché : en finir avec l’écologie de façade – le greenwashing – en remplaçant les promesses des vendeurs par des définitions communes pour orienter l’épargne vers la transition.

Une activité inscrite au dictionnaire accède plus facilement aux financements verts. Une activité exclue s’en voit privée – et doit l’afficher : les grandes entreprises publient désormais la part « verte » de leurs activités, que les gérants de fonds répercutent jusque dans la documentation remise à l’épargnant.

Ce dictionnaire n’a rien d’académique : chaque mot y vaut des milliards d’euros et peut engendrer des batailles politiques et juridiques mémorables.

Ce fut le cas par exemple du gaz et du nucléaire, que la Commission a fait entrer dans la liste en 2022 malgré l’opposition de plusieurs États et d’une partie du Parlement européen. L’Autriche avait alors porté l’affaire devant le juge, qui a rejeté son recours en 2025, ultime preuve que ce dictionnaire est un objet politique autant que scientifique – et c’est précisément pour cela que le contrôle du juge compte.

Ni label moral ni permis de polluer

La nuance paraît technique ; ses effets sont très concrets, en obligations d’affichage pour les entreprises et en accès aux financements. Pour l’épargnant, rien ne change du jour au lendemain : la liste vit, se corrige, se conteste ; c’est même le signe qu’elle compte. La Commission devra elle réécrire sa copie, avec des critères scientifiques, généraux et cohérents, sous le contrôle du juge. Elle peut aussi former un pourvoi devant la Cour de justice : l’histoire n’est peut-être pas terminée.

C’est le sens profond de la taxonomie : ce n’est ni un label moral, ni un permis de polluer, mais un instrument juridique d’orientation des capitaux. La transition s’y joue dans des règles vérifiables – quotas de carburants durables, marché carbone – qui font peu à peu de l’écologie une condition d’accès au marché.

C’est ce que j’appelle une « concurrence durable » : un marché qui n’est plus jugé au seul prix du billet, mais aussi à sa compatibilité avec la protection du climat et des territoires.

Et dans la soute ?

Cette concurrence durable se niche parfois dans des détails invisibles aux consommateurs. Si l’on sait tous que le secteur de l’aviation pollue, on ne le lie pas toujours les 800 millions de petits colis qui entrent en France, souvent par avion en provenance d’Asie. La France a bien tenté d’agir, seule, avec une taxe de 2 euros par article appliquée en mars 2026, mais pour des motifs commerciaux et non climatiques.

La conséquence a été immédiate : neuf dixièmes des volumes de ces colis ont alors atterri en Belgique et aux Pays-Bas, d’où ils gagnaient la France par la route. Dans un marché unique, une frontière fiscale nationale ne retient pas un avion qui peut atterrir ailleurs.

C’est donc un droit de douane européen de trois euros par colis qui a pris le relais en juillet 2026 – une réponse douanière, et non environnementale. Le regard collectif s’arrête pour l’instant au passager ; il n’est pas encore descendu dans la soute.

The Conversation

Pascal Simon-Doutreluingne ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Un jet privé peut-il être « vert » ? Ce que dit la justice européenne – https://theconversation.com/un-jet-prive-peut-il-etre-vert-ce-que-dit-la-justice-europeenne-290211