Y usted, ¿qué se lleva a casa al terminar su jornada de trabajo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Díez Ruiz, Associate professor, Universidad de Deusto

Branislav Nenin/Shutterstock

Cada tarde, millones de personas regresan a casa después de trabajar. Algunas llegan con energía para salir a pasear, hacer deporte o jugar con sus hijos. Otras, sólo desean tumbarse en el sofá y que nadie les hable.

¿Qué ha ocurrido durante esas ocho horas?

La explicación habitual suele ser sencilla: “Ha sido un día duro”. Pero la ciencia lleva tiempo sugiriendo que ocurre algo más profundo.

Las empresas no solo producen bienes y servicios. También generan experiencias. Y esas experiencias influyen en cómo pensamos, cómo nos relacionamos, cómo afrontamos los problemas y cómo responde nuestro organismo ante todo ello.

Mucho más que un sueldo

Al principio existía una creencia generalizada de que el compromiso de un empleado dependía principalmente del salario.

La psicología organizacional ha demostrado que, una vez cubiertas las necesidades económicas básicas, otros factores adquieren una importancia decisiva: sentirse respetado, disponer de autonomía, confiar en los compañeros, recibir reconocimiento y percibir que el propio trabajo tiene sentido.

Por eso dos personas con el mismo sueldo pueden vivir experiencias laborales completamente distintas. Una termina la jornada satisfecha y la otra cuenta los minutos para marcharse.

La diferencia muchas veces no está en el trabajo que realizan, sino en la organización para la que trabajan.

Las empresas también nos transforma

Ninguna organización deja a sus profesionales exactamente igual que cuando llegaron. Después de meses o años compartiendo una misma cultura, las personas cambian. Algunas ganan confianza para expresar sus ideas, asumen nuevos retos y desarrollan relaciones de colaboración que potencian su crecimiento. Otras, por el contrario, dejan de participar en las reuniones, evitan asumir riesgos y acaban limitándose a cumplir lo imprescindible. La experiencia laboral contribuye a moldear su identidad profesional.

Muchas veces es el contexto el que marca la diferencia.

Las investigaciones en el área de psicología organizacional muestran que la forma en que una organización lidera, reconoce el trabajo, gestiona los errores o resuelve los conflictos influye directamente sobre la motivación, el compromiso, el aprendizaje y el bienestar de quienes la integran.

La cultura organizativa no es un concepto abstracto: se manifiesta cada día en miles de pequeñas interacciones que terminan moldeando la experiencia de trabajar en un lugar.

La huella invisible, y no tanto, de las organizaciones

Cuando hablamos del impacto de una empresa solemos fijarnos en indicadores como la rentabilidad, la productividad, la innovación o la cuota de mercado. Todos ellos son esenciales para conocer la salud de una organización.

Sin embargo, existe otro conjunto de indicadores que también habla de su desempeño y que no ocupa el mismo lugar en los informes de gestión.

La investigación ha estudiado por separado fenómenos como el compromiso (engagement), el desgaste profesional (burnout), la seguridad psicológica, la identificación organizacional o el bienestar laboral. Todos ellos responden, en realidad a una misma pregunta: ¿qué efecto produce una organización en las personas que trabajan en ella?

La respuesta deja una huella que, en ocasiones, resulta muy visible. Cuestiones como el absentismo, la rotación no deseada, las bajas por motivos de salud mental, el burnout o la dificultad para atraer y fidelizar talento constituyen, en realidad, una radiografía bastante precisa del tipo de organización que una empresa ha construido.

A veces la diferencia tiene nombre propio

Existe, además, un matiz que suele pasar desapercibido. Cuando preguntamos a alguien por qué disfruta de su trabajo o por qué decidió permanecer en una empresa, la respuesta no siempre hace referencia a la organización. Muchas veces tiene nombre y apellidos.

Aunque solemos hablar de las organizaciones como si fueran entidades abstractas, la experiencia laboral muchas veces se construye a través de personas concretas. Hay personas que consiguen que la experiencia laboral sea mejor para quienes trabajan a su alrededor. Un responsable que inspira confianza, una compañera que siempre ayuda o un mentor que acompaña en los momentos difíciles pueden hacer que un empleado se sienta vinculado a su trabajo, incluso cuando no desarrolla un fuerte compromiso con la organización conjunta.

Lo que ocurre en nuestro cerebro cuando vamos a trabajar

Nuestro cerebro evalúa constantemente el entorno en el que nos encontramos. Sin que apenas seamos conscientes, interpreta señales de confianza, reconocimiento, incertidumbre o amenaza y adapta nuestras respuestas psicológicas y fisiológicas a esas condiciones.

En las organizaciones se producen experiencias que aumentan o disminuyen la probabilidad de que se activen determinados sistemas biológicos, relacionados con el estrés, la motivación, la cooperación o la recompensa. En otras palabras, el cerebro responde menos al organigrama de la empresa que a la forma en que vivimos nuestro día a día dentro de ella.

Cuando predominan la confianza, el apoyo mutuo y el reconocimiento, resulta más fácil colaborar, aprender y comprometerse con los objetivos comunes. Por el contrario, cuando el miedo, la incertidumbre o el control excesivo forman parte de la rutina, el organismo permanece en un estado de alerta que termina afectando al bienestar, la creatividad y la capacidad para tomar buenas decisiones.

No es casualidad que las organizaciones más innovadoras del mundo dediquen grandes esfuerzos a construir culturas donde las personas se sienten seguras para preguntar, discrepar o reconocer un error. La profesora Amy Edmondson, de la Harvard Business School, denominó a este fenómeno seguridad psicológica y demostró que constituye uno de los mejores predictores del aprendizaje colectivo y del rendimiento de los equipos.

Del mismo modo, las investigaciones del neuroeconomista Paul Zak muestran que la confianza no es únicamente un valor ético, sino también un activo organizativo capaz de mejorar la cooperación, el compromiso y los resultados.

Una nueva forma de medir en las empresas

Es posible que haya llegado el momento de incorporar una nueva pregunta cuando evaluamos una organización. Una pregunta que no esté relacionada con cuánto factura, cuánto crece o cuánto innova nuestra organización, sino qué tipo de personas ayuda a construir.

Quizá la verdadera medida del éxito de una organización no sea únicamente lo que consigue, sino lo que deja. Porque todas las empresas producen resultados. Las mejores, además, producen personas que salen de ellas siendo mejores de lo que entraron.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Y usted, ¿qué se lleva a casa al terminar su jornada de trabajo? – https://theconversation.com/y-usted-que-se-lleva-a-casa-al-terminar-su-jornada-de-trabajo-286539

Cómo rediseñar nuestro ‘piloto automático’ para construir hábitos saludables

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Bermejo Cantarero, Profesor Ayudante Doctor. Enfermería. , Universidad de Castilla-La Mancha

Zoran Jesic/Shutterstock

A menudo planteamos el cuidado de la salud como una sucesión de decisiones correctas: desayunar bien, caminar, usar menos el móvil, comprar mejor y acostarnos a una hora razonable. El problema es que decidir bien exige atención y energía.

Pero ¿y si el objetivo no fuera vigilar nuestra conducta sino conseguir que algunas acciones beneficiosas aparezcan casi solas? Igual que nos lavamos los dientes sin plantearnos si merece la pena o tener siquiera que recordarlo, otras conductas saludables pueden interiorizarse hasta formar parte de nuestra rutina.

La salud también se construye en automático

Un hábito no es simplemente una actividad frecuente, sino una asociación aprendida. Ante una señal (una hora, un lugar, un objeto o una acción anterior) surge el impulso de responder de determinada manera. Por eso desbloqueamos el móvil sin recordar para qué lo hemos cogido o abrimos el armario de los aperitivos al entrar en la cocina.

Actuar de forma automática no es un defecto, puesto que nos permite realizar tareas sin analizarlas desde el principio. Lo perjudicial no es tener el “piloto automático” sino haber entrenado uno que nos lleva hacia conductas poco saludables.

Cambiar ese automatismo no significa borrarlo como si elimináramos un archivo. La respuesta antigua puede reaparecer ante el cansancio o el estrés. La estrategia consiste en practicar otra respuesta ante la misma señal y facilitar su repetición hasta convertirla en la opción habitual. Podemos favorecer el cambio si actuamos sobre las señales, las recompensas y haciendo una respuesta más fácil que otra.

La decisión importante se toma antes

Imaginemos el comienzo del día. Si el móvil duerme sobre la mesilla, apagar la alarma puede llevarnos directamente a abrir una red social. Si se carga fuera del dormitorio y utilizamos un despertador, la mañana empieza por otro camino. No demostramos más voluntad al despertarnos: habíamos preparado el escenario la noche anterior.

Consultamos el teléfono de forma breve y repetida durante cualquier espera o mientras hacemos otras cosas. Desactivar notificaciones, retirar accesos directos o dejarlo fuera del dormitorio reduce las señales que activan esa respuesta. Esto puede ayudarnos a reducir su uso antes de acostarnos, asociado con horarios más tardíos y peor calidad del sueño.

En la cocina ocurre algo parecido. Dejar la fruta lavada y visible o guardar algunos productos fuera de la vista no obliga a elegir una opción, pero modifica cuál aparece primero. La disponibilidad y proximidad de los alimentos influyen en lo que seleccionamos y consumimos.

Ese entrenamiento continúa en el supermercado. Llevar una lista y dejar de comprar aquello que solemos comer por aburrimiento evita tomar malas decisiones luego en casa, al abrir la despensa. La conducta saludable empieza antes del momento en que creemos estar eligiendo.

Utilizar una rutina para construir otra

Las rutinas pueden servir como anclajes. En lugar de proponernos movernos más podemos caminar después de comer o levantarnos al terminar una reunión. Una acción sirve de señal para la siguiente.

El entorno también cuenta: si las escaleras están visibles y señalizadas será más probable que las utilicemos que si permanecen escondidas junto a un ascensor fácil de localizar.

También ayudan los planes “si-entonces”: “Si termino de comer, caminaré diez minutos” o “si empiezo a trabajar, activaré el modo no molestar del móvil”. Así, un propósito abstracto se convierte en una respuesta preparada para una situación concreta. Las investigaciones indican que estos planes pueden ayudarnos a comer mejor y movernos más.

Conviene empezar con una conducta pequeña y repetible. Preparar la ropa deportiva no equivale a hacer ejercicio, pero puede facilitar que lo iniciemos. Leer unas páginas no garantiza un sueño perfecto, pero ofrece una alternativa a seguir mirando el móvil.

Invertir la comodidad

El entorno está lleno de pequeños obstáculos y facilidades. La fruta preparada, las zapatillas junto a la puerta y el modo “no molestar” reducen los pasos necesarios para actuar de forma saludable. Retirar una aplicación de la pantalla principal, cerrar la sesión y dejar el teléfono en otra habitación añade una pausa a la conducta que queremos reducir.

No se trata de llenar la vida de prohibiciones, sino de invertir la comodidad. Que lo beneficioso quede cerca, preparado y visible. Que lo perjudicial deje de ser la respuesta inmediata. Así la voluntad no necesita librar la misma batalla cada día.

Repetir, pero sin contar hasta 21

La repetición en un contexto estable permite que una conducta se vuelva automática, pero no existe una duración universal. Un estudio de 2009 situó la mediana en 66 días (la mitad de los participantes necesitó menos tiempo y la otra mitad, más) y comprobó además que saltarse la conducta una vez no echaba por tierra el proceso.

Una revisión de 2024 confirma que existen grandes diferencias según la persona, la acción y las circunstancias. Por tanto, los famosos 21 días supuestamente necesarios para formar un nuevo hábito no son una regla científica.

Más que contar días o perseguir una cadena sin fallos importa recuperar la asociación entre la señal y la nueva respuesta y continuar practicándola.

No todos podemos diseñar el mismo entorno

Horarios laborales, ingresos, vivienda, cuidados familiares, oferta alimentaria o características del barrio determinan qué conductas resultan posibles. Estos determinantes sociales de la salud limitan el margen de elección. Rediseñar la rutina personal no sustituye la responsabilidad de instituciones, empresas y administraciones de crear entornos saludables.

Dentro del margen disponible podemos hacernos una pregunta: ¿qué acción realiza hoy mi entorno por mí y cuál me gustaría que facilitara mañana? La mejor rutina saludable no es la que nos obliga a pensar continuamente en cuidarnos, sino la que, después de diseñarla y practicarla, empieza a cuidarnos casi sin pensar.

The Conversation

Alberto Bermejo Cantarero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo rediseñar nuestro ‘piloto automático’ para construir hábitos saludables – https://theconversation.com/como-redisenar-nuestro-piloto-automatico-para-construir-habitos-saludables-289915

Cuidar lo invisible y lo cotidiano: ¿cuál es el papel de las psicoenfermeras?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Aguilera-Serrano, Profesor Asociado, Departamento de Enfermería y Podología. Facultad de Ciencias de la Salud., Universidad de Málaga

pics five/Shutterstock

Durante años, la atención en salud mental se centró en los síntomas. Pero ese enfoque resulta insuficiente: la ansiedad que no se expresa, la soledad que no se nombra, el cansancio emocional que se normaliza… ¿Quién cuida todo eso?

La enfermería especializada en salud mental es la respuesta a un fenómeno creciente: el sufrimiento psicoemocional ligado a la vida contemporánea. Por eso, su desempeño ha evolucionado hacia un modelo más integrador que aborda también el descanso, la alimentación, las relaciones personales o el sentido de vida, entre otros.

Este cambio permite acompañar procesos, no solo tratar problemas.

Profesionales puente en un sistema fragmentado

Denominadas “psicoenfermeras” por la Asociación Española de Enfermería de Salud Mental (AEESME), las profesionales especialistas en este ámbito cumplen, en este sentido, un papel clave.

Su trabajo incluye valorar de forma integral, educar en salud, coordinar y liderar equipos y acompañar a lo largo del tiempo, así como defender los derechos de las personas y las familias en contextos donde a menudo se ven vulnerados. Con este fin, se desarrollan programas educativos, intervenciones grupales y apoyo comunitario. Además, la enfermería de salud mental incorpora atención a distancia y estrategias para mejorar la resiliencia.

En España, la especialidad requiere una formación específica de posgrado, con una duración de dos años. Durante este periodo, las futuras especialistas combinan formación teórica y práctica en distintos dispositivos asistenciales, como unidades de hospitalización, centros comunitarios, hospitales de día, programas de rehabilitación y atención a la infancia y la adolescencia.

Y aunque la especialidad fue regulada oficialmente en 1998 y su programa formativo actual se aprobó en 2011, sigue siendo una de las áreas menos conocidas de la profesión fuera del ámbito sociosanitario.

La importancia de la psicoterapia

La psicoterapia enfermera es una de las principales competencias de estas profesionales. Incluye intervenciones estructuradas basadas en la relación terapéutica, junto a la evaluación clínica y la planificación de cuidados.

Un ejemplo puede ayudar a entenderlo. Pensemos en una persona que vive con ansiedad tras una enfermedad grave. La psicoenfermera le ayudará a identificar qué situaciones aumentan su malestar y a trabajar hábitos como el sueño, la actividad física y las relaciones sociales. El objetivo es que recupere bienestar y autonomía en su vida diaria.

Aunque esta competencia comparte herramientas con otras formas de psicoterapia, se distingue por su mirada integral. No solo atiende el malestar emocional: también tiene en cuenta la salud física, la medicación, los hábitos cotidianos y el entorno familiar y social.

Es una visión especialmente útil en individuos con enfermedades crónicas o problemas complejos y en situaciones de vulnerabilidad social, como la de una persona mayor que vive sola, tiene pocos apoyos y comienza a aislarse tras la pérdida de un ser querido. El cuidado se adapta a la realidad de cada individuo y a los cambios que se producen con el tiempo.

Además, las psicoenfermeras suelen acompañar a las personas durante largos periodos. Esa continuidad favorece la confianza y permite ajustar las intervenciones cuando las necesidades cambian.

Potencial infrautilizado

Según los datos oficiales del Registro Estatal de Profesionales Sanitarios del Ministerio de Sanidad, hay 2 063 enfermeras especialistas en salud mental inscritas en España. Esta cifra no es representativa de la situación real, ya que no recoge necesariamente a la totalidad de profesionales en activo. Así, de acuerdo con diversas fuentes, el número de psicoenfermeras podría situarse entre 6 500 y 9 000. Sin embargo, muchas no ocupan plazas específicas de la especialidad y, en algunas comunidades autónomas, esos puestos siguen sin estar plenamente implantados, lo que apunta a una infrautilización de las competencias especializadas.

La situación es distinta en algunos países de nuestro entorno, como Reino Unido. Allí, las enfermeras de salud mental cuentan con mayor presencia en los servicios comunitarios y con un reconocimiento más amplio de funciones avanzadas, incluidas las intervenciones psicoterapéuticas.

Retos claros, oportunidades reales

Hoy, la enfermería especializada en salud mental sigue afrontando desafíos importantes: falta de recursos, fragmentación del sistema, reconocimiento insuficiente de sus capacidades o la persistencia del estigma, ya que muchas personas continúan asociando ese tipo de problemas a estereotipos negativos. Esto puede retrasar la búsqueda de ayuda y reducir el reconocimiento social de los cuidados que proporcionan las psicoenfermeras.

Paradójicamente, la evidencia indica que la enfermería de salud mental es una de las profesiones con mayor capacidad de adaptación y amplitud de roles dentro del sistema sanitario.

En definitiva, el desarrollo de competencias avanzadas –como la citada psicoterapia enfermera–, la integración en la comunidad y el enfoque basado en derechos humanos no solo mejoran la atención a los pacientes: también pueden transformar el modelo sanitario.

The Conversation

Carlos Aguilera-Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuidar lo invisible y lo cotidiano: ¿cuál es el papel de las psicoenfermeras? – https://theconversation.com/cuidar-lo-invisible-y-lo-cotidiano-cual-es-el-papel-de-las-psicoenfermeras-283822

Gdynia: de puerto de la Polonia renacida a Patrimonio Mundial de la UNESCO

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna K. Dulska, Historiadora, investigadora en el Instituto Cultura y Sociedad, Universidad de Navarra

Puerto de Gdynia al atardecer. Patryk Kosmider/Shutterstock

Hay ciudades que nacen lentamente y otras que son el resultado de una decisión (geo)política. Gdynia pertenece a estas últimas. En apenas unas décadas pasó de ser una pequeña aldea pesquera del Báltico a convertirse en el principal símbolo de la Polonia renacida. Un siglo después, la UNESCO ha inscrito su Centro Modernista en la Lista del Patrimonio Mundial.

Imagen en blanco y negro de una calle con edificios modernistas a los lados.
Calle Świętojańska en Gdynia, la primera calle de la ciudad, aparte de las que conducían al mar, que se empedró y se acondicionó de acuerdo con el nuevo plan urbanístico de la época.
National Library of Poland

La inscripción responde al criterio IV, reservado a bienes que constituyen ejemplos sobresalientes de una etapa significativa de la historia humana. En Gdynia se ha reconocido un conjunto urbano modernista excepcionalmente conservado, concebido como un todo en el que planificación, la arquitectura y el puerto forman un sistema inseparable. Pocas ciudades ilustran con tanta claridad cómo el urbanismo y la arquitectura fueron utilizados para construir la identidad y la economía de un Estado recién recuperado.

De aldea pesquera a símbolo de la Segunda República

Hasta comienzos del siglo XX, Gdynia era una pequeña aldea pesquera mayoritariamente de etnia casubia. Todo cambió tras la recuperación de la independencia de Polonia en 1918, después de 123 años de particiones. El principal puerto de la región, Gdansk, quedó constituido como Ciudad Libre bajo la protección de la Sociedad de Naciones. Habitada en un 95 % por población alemana, mantuvo una actitud crecientemente hostil hacia el nuevo Estado polaco.

Aunque el Tratado de Versalles garantizaba a Polonia el libre uso del puerto, estas obligaciones fueron incumpliéndose progresivamente y las tensiones desembocaron en la guerra aduanera germano-polaca iniciada en 1925. Para un Estado recién renacido, disponer de un puerto propio dejó de ser una aspiración económica para convertirse en una cuestión de supervivencia. La respuesta fue construir uno nuevo.

En 1922 el ingeniero Tadeusz Wenda eligió el emplazamiento y dirigió las primeras obras, mientras que Eugeniusz Kwiatkowski, ministro de Industria y Comercio y después viceprimer ministro, convirtió Gdynia en uno de los grandes proyectos nacionales de la Segunda República de Polonia. Convencido de que la independencia política exigía independencia económica, impulsó el desarrollo simultáneo del puerto y de la villa.

A la izquierda, obra en construcción del futuro puerto, probablemente a principios de 1921. A la derecha, el lujoso transatlántico de la marina mercante polaca MS Piłsudski en la terminal transatlántica de Gdynia. En la actualidad, la terminal es el Museo
A la izquierda, obra en construcción del futuro puerto, probablemente a principios de 1921. A la derecha, el lujoso transatlántico de la marina mercante polaca MS Piłsudski en la terminal transatlántica de Gdynia. En la actualidad, la terminal es el Museo de la Emigración.
Gdynia Moje Miasto-Henryk Poddębski /Wikimedia Commons

El urbanismo modernista respondía tanto a criterios funcionales como simbólicos. Edificios de líneas depuradas, fachadas blancas y formas inspiradas en los transatlánticos proyectaban la imagen de una Polonia moderna, abierta al comercio y orientada hacia el mar. Navigare necesse est (“Navegar es necesario”) decía el decreto por el cual Gdynia fue declarada ciudad en 1926.

El crecimiento fue extraordinario. En dos décadas la población pasó de unos 1 200 habitantes a más de 120 000 y el puerto alcanzó en 1938 un tráfico superior a nueve millones de toneladas, superando a Gdansk y reduciendo decisivamente la dependencia polaca de otros puertos bálticos y alemanes. Gdynia se convirtió en la principal puerta marítima del país y en uno de los ejemplos más notables de planificación urbana y económica de la Europa del siglo XX.

Guerra, reconstrucción y una ciudad que siguió mirando al mar

La Segunda Guerra Mundial interrumpió este desarrollo. Tras la invasión alemana de 1939, la ciudad fue anexionada al Tercer Reich con el nombre de Gotenhafen. Decenas de miles de polacos fueron expulsados y el puerto se transformó en una importante base de la Kriegsmarine (la Armada naval nazi). Pese a los daños sufridos, el conjunto modernista sobrevivió en gran medida, lo que explica su excelente estado de conservación.

Imagen de un edificio con la esquina curvada que desemboca en una parte lisa y otra que se retrae.
Complejo de edificios de la Seguridad Social (ZUS).
Sebastian Gora Photo/Shutterstock

Después de 1945, Gdynia recuperó rápidamente su papel como uno de los principales puertos de Polonia. Durante el periodo socialista se desarrollaron la industria naval, electrónica y de telecomunicaciones. Empresas como RADMOR, especializada en radiocomunicaciones marítimas y militares, simbolizan esa continuidad tecnológica. La firma de marroquinería Batycki ofrecía, a través de sus elegantes bolsos, una ilusión de lujo y sofisticación en medio de la gris realidad cotidiana de la Polonia comunista.

Una ciudad vinculada a la lucha por la libertad

La historia de Gdynia no puede entenderse solo a través de su puerto y su arquitectura. También ocupa un lugar destacado en la memoria de la oposición al régimen comunista. No es casualidad que fuera en las ciudades industriales del Báltico donde se produjera uno de los episodios decisivos de la historia contemporánea de Polonia. Al ordenar al ejército abrir fuego contra los trabajadores en diciembre de 1970, el régimen comunista socavó la principal fuente de su legitimidad: gobernar en nombre de la clase obrera.

Uno de los episodios más emblemáticos de esa época fue el traslado del cuerpo de un joven trabajador abatido por los disparos sobre una puerta arrancada de un edificio. Aunque después se supo que se llamaba Zbigniew Godlewski, la canción “Ballada o Janku Wiśniewskim” lo inmortalizó como Janek Wiśniewski. Interpretada por Krystyna Janda en la escena final de El hombre de hierro (1981), de Andrzej Wajda, la balada se convirtió en un símbolo de las protestas obreras y del posterior movimiento Solidaridad. Sus últimos versos –“El mundo se enteró, pero no dijo nada”– evocan el sentimiento de abandono que acompañó aquellos acontecimientos.

Fotografía en blanco y negro de un grupo de manifestantes que siguen a un grupo que lleva el cadáver de un hombre sobre una puerta.
Los manifestantes transportan el cadáver de Zbyszek Godlewski en las manifestaciones en Gdynia en 1970.
Edmund Pelpliński/Wikimedia Commons

Quizá la reciente inscripción de Gdynia en la Lista del Patrimonio Mundial contribuya también a que esta parte de la historia de Polonia sea hoy mejor conocida fuera de sus fronteras.

Un patrimonio del siglo XX

La inscripción del Centro Modernista de Gdynia trasciende el reconocimiento de un excelente conjunto de arquitectura funcionalista. Reconoce una ciudad que concentra algunas de las grandes experiencias europeas del siglo XX: la reconstrucción de un Estado independiente, la fe en la planificación, la ocupación, la industrialización, la resistencia al autoritarismo y la capacidad de reinventarse sin perder su identidad marítima.

Gdynia demuestra que el patrimonio mundial no protege solo los vestigios del pasado remoto. También conserva los lugares donde tomó forma la historia contemporánea y cuyos valores siguen ayudándonos a comprender el mundo en el que vivimos.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.


The Conversation

Durante sus estudios en Ciencias Empresariales, en el año 2006 la autora realizó prácticas extracurriculares y no remuneradas en la empresa Radmor S.A. Gracias a ellas, pudo conocer tanto la ciudad de Gdynia, como su industria.

– ref. Gdynia: de puerto de la Polonia renacida a Patrimonio Mundial de la UNESCO – https://theconversation.com/gdynia-de-puerto-de-la-polonia-renacida-a-patrimonio-mundial-de-la-unesco-288845

Télétravail : les pour, les contre, et pourquoi les gens y tiennent tant

Source: The Conversation – in French – By Samuel Leduc-Frenette, Doctorant en sciences de la Terre, Institut national de la recherche scientifique (INRS)

Qu’est-ce qui explique la si grande popularité du télétravail auprès des employés ? Une étude qualitative a fouillé la question.


Le 6 juillet 2026, la présence minimale obligatoire de quatre jours au bureau des fonctionnaires fédéraux canadiens admissibles au travail hybride est entrée en vigueur. Pour comprendre la grogne entourant cette annonce, il est nécessaire d’aborder les avantages et les désavantages perçus du télétravail par ceux qui le pratiquent.

Les syndicats fourbissent d’ores et déjà leurs armes : ils reprochent au gouvernement fédéral un retour précipité dans des lieux exigus, et ce, alors que les négociations entourant les conditions de travail n’ont toujours pas abouti. Rappelons que leurs membres étaient astreints à une présence minimale de trois jours depuis le 9 septembre 2024.




À lire aussi :
Le télétravail, facteur clé dans la prévention de l’épuisement professionnel


Plus fondamentalement, les syndicats craignent que leurs membres perdent des avantages, comme ceux en lien avec « l’équilibre travail-vie personnelle, l’inclusion et l’environnement ». Ces avantages, inclus de façon explicite dans la directive sur le télétravail en 2020 pendant la pandémie de Covid-19, ont disparu de la version du 1ᵉʳ avril 2025 du même document fédéral.

Doctorant en sciences de la Terre à l’Institut national de la recherche scientifique (INRS), je mène actuellement un projet de recherche sur l’empreinte carbone du télétravail. Avec une collègue à la maîtrise, Najoua El Abbadi, j’ai été amené à réaliser des entrevues semi-dirigées avec 21 membres de la communauté de l’établissement au sujet notamment de leurs comportements de déplacements et de consommation de biens en contexte de travail à distance.

Dans ce texte, je me penche sur une première tranche de données issues de ces entrevues. Cette analyse qualitative portera sur les avantages et désavantages perçus du télétravail, avec un accent particulier sur les apports moins médiatisés de ce régime de travail. Une partie des personnes répondantes ayant requis l’anonymat, je me limiterai à mentionner que ces dernières (20 sur 21) résident dans les régions de Montréal et de Québec, autour de l’un des quatre centres de l’INRS. Affiliées à une institution universitaire, elles sont donc soit étudiantes, soit travailleuses (recherche et enseignement, administration, services techniques, etc.).

Flexibilité tous azimuts

Les principaux thèmes qui ressortent de nos entrevues ne sont pas nouveaux. Dans une étude quantitative publiée en 2025, le CIRANO brosse le portrait des perceptions, positives et négatives, suivant l’application de la politique-cadre en matière de télétravail du gouvernement du Québec. On y apprend ainsi que 62 % des personnes répondantes se jugent plus efficaces en télétravail qu’au bureau. De même, 68 % voient en cette pratique une amélioration de l’équilibre travail-famille ou travail-vie personnelle.

Nos données révèlent la même chose. Les gens sont plus concentrés à la maison parce que, comme le souligne un des répondants, « il n’y a pas de collègues qui passent dire bonjour ou discuter de la vie en général ». En conséquence, ils sont plus efficaces et plus productifs par rapport à certaines tâches requérant un maximum de présence d’esprit. Une personne a même mentionné qu’elle est « mieux installée à la maison qu’au bureau au point de vue des équipements et de l’ergonomie du poste de travail », ce qui contribue à ce sentiment de mieux travailler.




À lire aussi :
Voici pourquoi il est plus difficile de communiquer sur les plates-formes de vidéoconférence


Un meilleur équilibre travail-famille est aussi mis de l’avant. « Je vais porter ma fille à l’école le matin à pied », donne en exemple un autre répondant. Dans une autre portion de notre projet de recherche, nous avons constaté que les employeurs, dans leurs politiques organisationnelles de télétravail, vantent cette flexibilité, mais que celle-ci ne doit pas profiter aux personnes au détriment de leur productivité.

Cette flexibilité, qui englobe plusieurs choses, va au-delà de la stricte conciliation travail-famille. En tête de liste se trouve la diminution du transport, qui a la cote auprès de la moitié des cas interviewés. Le temps ainsi récupéré permet de commencer le travail plus tôt ou de s’avancer dans des obligations personnelles et domestiques. « L’été, je passe la tondeuse. L’hiver, je peux déneiger la voiture », nous a-t-on confié. Ou encore : « C’est sûr qu’on peut partir une recette ou partir une brassée ou ramasser le courrier ou tout ça. » La nourriture n’est manifestement pas à négliger, alors que quatre personnes chérissent le fait de ne pas avoir à se faire de lunch et de pouvoir diversifier leurs options de repas pour dîner.

Enfin, la flexibilité facilite aussi les activités extérieures de proximité pendant les heures ouvrables. Dans notre échantillon, trois types d’activités ressortent. Premièrement, les courses, comme aller au supermarché sur l’heure du dîner. Deuxièmement, les loisirs, comme pratiquer un sport. Et troisièmement, prendre des rendez-vous personnels, comme le proverbial rendez-vous médical, et ce, sans formellement demander un congé à l’employeur. Dans tous ces cas, la flexibilité du télétravail autorise la personne à étaler différemment ses heures de travail afin de rendre possible cette activité extérieure.

Le revers de la médaille

Dans le rapport du CIRANO, la « socialisation avec les collègues », avec un taux de réponse de 80 %, est l’un des deux principaux avantages du travail du bureau. En contrepartie, « l’isolement social », à 44 %, est un problème qui peut survenir à cause du télétravail. Conformément à ces résultats, le délitement des interactions sociales est le principal inconvénient rapporté dans notre étude.

Le sentiment général est illustré par ce propos : « Des fois, on croise quelqu’un dans une journée, ça nous permet de régler une petite affaire sur le bord de la porte. Mais au lieu de ça, si on ne se croise pas, bien on va être obligé de s’écrire un courriel, puis là, tu sais, on se comprend moins bien par courriel […]. Tout devient comme un peu plus formel, plus complexe. »


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


En conséquence, l’information circule moins bien. La santé mentale peut aussi en souffrir, alors que la frontière entre la vie privée et la vie professionnelle devient poreuse, si elle ne disparaît pas tout simplement. Les sources de distraction, comme la présence d’autrui à la maison ou la présence visuelle des tâches domestiques qui resteront encore à faire après le travail, nuisent à la concentration.

Certaines personnes répondantes admettent elles-mêmes, ironiquement, que tous ces inconvénients (le manque d’interactions, l’isolement ou les diverses distractions) peuvent finir par nuire à l’efficacité du travail, objectif pourtant cardinal pour l’employeur.

La Conversation Canada

Samuel Leduc-Frenette a reçu des financements de l’Institut national de la recherche scientifique (INRS), du Partenariat Climat Montréal (PCM), de Mitacs (Mitacs Accélération) et de Loto-Québec.

– ref. Télétravail : les pour, les contre, et pourquoi les gens y tiennent tant – https://theconversation.com/teletravail-les-pour-les-contre-et-pourquoi-les-gens-y-tiennent-tant-288059

Quand les incendies s’éteignent, les sols se transforment

Source: The Conversation – France (in French) – By Murilo Veloso, Enseignant-chercheur en Science du Sol, Unité AGHYLE, Campus de Rouen, UniLaSalle


L’ESSENTIEL

  • Les feux de forêt n’endommagent pas que les arbres. Les flammes impactent aussi le sol, la vie qu’il abrite tout comme le stock de carbone qu’il détient.

  • L’ampleur des impacts varie selon les températures atteintes et de la capacité de récupération du sol.

  • Le feu a également tendance à diminuer le stock de carbone des sols.


Impossible d’être passé à côté : cet été 2026, une surface inédite de la forêt française a brûlé. Mais derrière les images spectaculaires de paysages calcinés, une autre histoire moins documentée se joue sous nos pieds. Au-delà de la végétation brûlée, le feu transforme en profondeur le sol et la vie qu’il abrite.

Surface brûlée en France. Données consultées le 21 août 2026
Surface brûlée en France. Données consultées le 21 août 2026.
Copernicus, Fourni par l’auteur

Il impacte également un patrimoine invisible : les réserves de carbone du sol, que le grand public a souvent tendance à sous-estimer. Pourtant, les sols forestiers français stockent bien souvent plus de carbone que la partie aérienne de la forêt.

Pour comprendre ces bouleversements, commençons par voir ce qu’il se passe dans le sol après un incendie.

Comment le feu impacte-t-il le sol ?

Contrairement à l’image que l’on peut avoir d’un incendie qui consumerait tout sur son passage, la chaleur pénètre généralement assez peu dans le sol. En raison de sa faible conductivité thermique, ses effets directs restent le plus souvent limités aux premiers centimètres sous la surface. Or, c’est précisément dans cette fine couche que se concentre la majorité des racines, des microorganismes et de la matière organique qui assurent la fertilité, le stockage du carbone et le fonctionnement du sol.

Une fois les flammes éteintes, le sol garde ainsi la mémoire de l’incendie, avec des conséquences qui peuvent durer des années, voire des décennies, pour la régénération des écosystèmes et pour le climat.

Des transformations de la composition chimique

Cet impact est d’abord lié à la composition chimique du sol qui va changer sous l’effet de la chaleur.

La combustion de la végétation et de l’amas de feuilles et débris végétaux morts sur le sol de la forêt (la litière forestière) laisse à la surface du sol des cendres riches en éléments minéraux, notamment en calcium, magnésium et potassium. Ces nutriments cruciaux, notamment pour la structure cellulaire, la photosynthèse et la régulation hydrique des plantes, vont dès lors être plus disponibles. À l’inverse, certains nutriments indispensables à la croissance des plantes, notamment l’azote et le soufre, peuvent être perdus par volatilisation dès 200 °C.

Les cendres, généralement alcalines, peuvent également augmenter temporairement le pH du sol.

En altérant la matière organique qui contribue à maintenir les particules du sol assemblées, l’incendie peut également fragiliser sa structure et modifier sa porosité. L’eau s’infiltre alors plus difficilement, ce qui accroît le risque de ruissellement et d’érosion.

Des variations en fonction de la température

Ces effets peuvent parfois être amplifiés par certains phénomènes. Avec la chaleur, des composés organiques issus de la végétation qui brûle peuvent se volatiliser, puis migrer dans le sol avant de se condenser sur des particules plus froides. Ils créent alors une couche hydrophobe qui repousse l’eau. Cela peut alors avoir des conséquences négatives sur la capacité de rétention de l’eau par le sol, et, en conséquence, pour le développement des végétaux.

Cette répulsion à l’eau apparaît surtout dans certaines gammes de température, entre environ 200 °C et 280 °C, tandis qu’à des températures plus élevées, les composés organiques à l’origine de cet effet peuvent à leur tour être détruits.

Des différences entre sol sableux et sol argileux

Outre la température, d’autres paramètres peuvent également modifier grandement les effets d’un incendie sur le sol : intensité, durée, quantité et nature du combustible mais aussi les propriétés du sol.

Dans un sol sableux, comme en forêt de Fontainebleau (Seine-et-Marne), par exemple, il aura une réduction plus importante de la matière organique du sol comparé à un sol argileux, comme certains sols du département de l’Aude. Cela est dû au fait que dans les sols sableux, la matière organique du sol est principalement présente sous forme de débris végétaux peu protégés, contrairement à un sol argileux où la matière organique est plus susceptible d’être présente en association avec les particules d’argiles. Cette association entre la matière organique du sol et les particules d’argiles est tellement forte qu’elle fonctionne comme une protection.

Ces sols argileux sont donc, eux, capables de stabiliser une part importante de la matière organique au contact des minéraux. Ils offrent ainsi une meilleure protection du carbone que les sols sableux.

Illustration de l’effet du feu sur un sol sableux (enrichi en matière organique particulaire) et un sol argileux (enrichi en matière organique associée aux minéraux et donc plus stable). Dans la figure, l’élément carbone est représenté par la lettre C
Illustration de l’effet du feu sur un sol sableux (enrichi en matière organique particulaire) et un sol argileux (enrichi en matière organique associée aux minéraux, et donc plus stable). Dans la figure, l’élément carbone est représenté par la lettre C.
Fourni par l’auteur

Une vie souterraine bouleversée

Les effets du feu sur les sols forestiers ne s’arrêtent pas là, car le feu ne transforme pas seulement la chimie et la structure du sol : il bouleverse également les organismes qui y vivent. Un sol abrite une communauté extrêmement diversifiée de bactéries, de champignons et d’animaux qui participent notamment à la décomposition de la matière organique et aux cycles du carbone et des nutriments. La chaleur peut provoquer très rapidement la mortalité directe d’une partie de ces organismes.

En modifiant le pH, la disponibilité des nutriments, la matière organique ou encore les propriétés physiques du sol, le feu transforme aussi dans la durée les conditions de vie et les ressources disponibles pour les organismes. Cette perturbation se traduit alors par une diminution de l’activité des champignons et microorganismes qui, par l’intermédiaire de leurs enzymes, décomposent la matière organique et rendent disponibles des nutriments précieux à la fertilité de la forêt tout entière.

Le fonctionnement biologique du sol peut ainsi rester perturbé bien après que les cendres ont disparu, avec des temps de récupération pouvant atteindre plusieurs années, voire plusieurs décennies selon la sévérité du feu et les caractéristiques de l’écosystème.

Tout le carbone part-il en fumée ?

Regardons maintenant ce qu’il se passe au niveau du stock de carbone des sols.

On pourrait penser qu’un incendie transforme une majorité du carbone du sol en CO2 qui partira dans l’atmosphère. La réalité est plus complexe. Une partie des substances carbonée de la matière organique du sol est, effectivement, consommée par les flammes. Mais une autre partie du carbone des sols n’est pas détruite : elle est transformée.

Pour comprendre cette transformation, il faut distinguer plusieurs formes de carbone présentes dans la matière organique du sol. Les formes dites « O-alkyles » correspondent principalement aux glucides, comme ceux de la cellulose et de l’hémicellulose des végétaux. Elles constituent une source d’énergie facilement accessible pour les microorganismes.

Les formes alkyles regroupent des molécules plus riches en chaînes carbonées, comme les cires ou certains lipides des plantes. Enfin, le carbone aromatique est constitué de molécules organisées en cycles carbonés, généralement plus résistantes à la décomposition biologique.

Sous l’effet de la chaleur, les formes O-alkyles et alkyles diminuent progressivement, tandis que la proportion de carbone aromatique augmente. À mesure que la température s’élève, certaines fonctions chimiques disparaissent à leur tour et les molécules se condensent, laissant un résidu de plus en plus riche en structures aromatiques : le carbone pyrogénique. Le charbon de bois en est la forme la plus visible, mais des composés similaires se forment également dans le sol après un incendie.

Du végétal au carbone pyrogénique : comment le feu transforme la matière organique.
adapté de Knicker et coll., (2007), Fourni par l’auteur

Le feu produit donc une nouvelle forme de matière organique, structurellement plus fermée et chimiquement différente de celle qui existait avant l’incendie. Ce carbone peut alors interagir avec les minéraux du sol et persister plus longtemps que la matière organique dont il est issu. On pourrait donc penser que les incendies favorisent le stockage d’une forme de carbone plus stable dans les sols. La réalité est toutefois plus nuancée.

Des scénarios différents en fonction de l’intensité

Selon l’intensité des situations, l’incendie peut entraîner une perte importante de matière organique, une simple transformation des composés les plus facilement dégradables ou encore une augmentation temporaire du carbone du sol liée à l’accumulation de résidus carbonés issus de la combustion. Ce phénomène est notamment observé dans certains systèmes de brûlis traditionnels.

Ce résultat surprenant est dû au fait que le feu consomme une partie de la matière organique, mais il génère aussi de résidus riches en carbone, comme le carbone pyrogénique, qui peuvent, dans certains systèmes, contrebalancer les pertes.

Cependant, une synthèse scientifique récente regroupant 471 études et plus de 5 000 observations à travers le monde montre que le feu tend globalement à diminuer les stocks de carbone du sol, avec des effets particulièrement marqués lorsque les incendies sont sévères ou répétés.

Après le feu, le sol continue d’évoluer

Lorsque les flammes s’éteignent, le sol n’est pas figé dans son nouvel état. Même si les sols gardent la mémoire des incendies, la végétation recommence à pousser, les microorganismes recolonisent progressivement le milieu et les cendres peuvent fournir temporairement des éléments nutritifs aux plantes. Commence alors une phase de récupération dont la vitesse et l’ampleur dépendent à la fois de la sévérité de l’incendie, des propriétés du sol et des caractéristiques de l’écosystème.

Dans certains écosystèmes, comme les savanes, les formations méditerranéennes ou les forêts sèches, le feu fait partie du fonctionnement naturel et peut contribuer au recyclage des nutriments ou au maintien de certaines espèces. Ces milieux ont évolué avec des incendies réguliers, généralement de faible intensité, qui favorise la libération de nutriments de la végétation morte et l’ouverture des espaces favorables à la germination ou à la repousse de nouvelles espèces. Certaines espèces méditerranéennes, comme le pin d’Alep ou plusieurs cistes, profitent même du passage du feu pour se régénérer. La chaleur intense des flammes fait fondre la résine qui maintenait leurs cônes fermés, libérant des milliers de graines sur un sol enrichi par les cendres.

Le problème survient lorsque le régime des feux se modifie. Un feu modéré suivi d’une recolonisation rapide n’a pas les mêmes conséquences à long terme que des incendies sévères ou répétés, qui peuvent survenir avant que le sol et la végétation aient eu le temps de récupérer. Les perturbations peuvent alors s’accumuler, entraînant des pertes de carbone et, plus largement, une altération durable du fonctionnement du sol.

Après l’incendie, faut-il intervenir ?

Puisque les sols et les écosystèmes disposent d’une capacité naturelle de récupération, faut-il intervenir après un incendie pour accélérer leur restauration ? Dans de nombreux cas, laisser le milieu récupérer naturellement peut constituer la meilleure option.

Une intervention se justifie surtout lorsque le feu a rendu le sol particulièrement vulnérable à l’érosion, aux coulées de boue ou au transfert de sédiments vers les cours d’eau et les infrastructures. Dans ces secteurs, couvrir le sol avec de la paille, des copeaux de bois ou d’autres matériaux peut protéger sa surface de l’impact des gouttes de pluie et limiter le ruissellement et l’érosion.

À l’inverse, certaines interventions menées rapidement après l’incendie peuvent aggraver les dommages. Le passage d’engins lourds, notamment lors de l’exploitation des arbres brûlés, peut compacter un sol déjà fragilisé, dégrader sa structure et accroître l’érosion.

À l’heure du changement climatique, avec des incendies plus fréquents et plus intenses, une question cruciale demeure cependant : jusqu’où les sols peuvent-ils absorber ces perturbations sans voir leur fonctionnement durablement altéré ? Pour y répondre, l’étude des mécanismes favorisant ou limitant cette résilience demeure plus que jamais cruciale.


Cet article a bénéficié de l’appui de Quentin Bordier, rédacteur scientifique. Nous le remercions pour son aide dans la vulgarisation de cette réflexion.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Quand les incendies s’éteignent, les sols se transforment – https://theconversation.com/quand-les-incendies-seteignent-les-sols-se-transforment-290544

Comment l’école maternelle s’est mise à évaluer les enfants : retour sur un siècle de transformations

Source: The Conversation – France (in French) – By Fabienne Montmasson Michel, Maîtresse de conférences en sociologie, Université de Poitiers


L’ESSENTIEL

  • En cette rentrée 2026, un nouveau programme scolaire entre en vigueur en maternelle.

  • Depuis 1977, c’est la huitième fois que les objectifs de cette école sont réécrits : que penser de cette inflation de textes officiels ?

  • Au-delà de ce qu’on apprend à l’école maternelle, ne faut-il pas s’interroger sur le projet politique qu’elle porte ?


Le 7 mai 2026, un nouveau programme d’enseignement de l’école maternelle a été publié au Bulletin officiel. C’est le huitième texte de ce type et le plus copieux qui soit sorti depuis 1977. Organisé autour d’objectifs d’apprentissage déclinés par âge, il s’inscrit dans une longue série de réécritures qui se succèdent à une cadence croissante depuis près d’un demi-siècle.

Or, entre 1921 et 1977, l’école maternelle s’est profondément transformée sans qu’aucun programme ne soit réécrit. D’autres acteurs et actrices ont alors joué un rôle décisif pour façonner ses normes : une association professionnelle, des inspectrices, des éditeurs. Comment comprendre le passage d’un âge où l’institution évoluait depuis ses forces vives à un autre où les programmes prennent une place centrale ?

Retracer cette histoire, c’est comprendre comment changent les façons de scolariser les jeunes enfants et comment se reconfigurent les inégalités sociales auxquelles l’école maternelle prétend répondre.

Un modèle scolaire qui se stabilise dans les années 1920

Quand on pense à l’école maternelle, on visualise aussitôt de petites tables, du matériel à manipuler, des activités de groupe… C’est à la fin du XIXᵉ siècle que s’est construit ce modèle pédagogique, qui s’est stabilisé dans les années 1920.

Le décret du 15 juillet 1921 fixe un cadre qui restera inchangé jusqu’en 1977 et améliore les conditions de travail des institutrices : il limite les effectifs entre 25 et 50 élèves par classe et aligne horaires et congés sur ceux des institutrices du primaire. La même année est fondée l’Association générale des institutrices d’école maternelle (Agiem), qui élabore, diffuse et légitime les normes de la « bonne » pédagogie maternelle à travers congrès, publications et expositions : activités avec du matériel pédagogique qualitatif, distinction avec l’enseignement élémentaire.

Des enfants dansent dans une salle de récréation, dans une école de Brest, dans les années 1920
Des enfants dansent dans une salle de récréation, dans une école de Brest (Finistère), dans les années 1920.
Alphonse Bocoyran, via Wikimédia

Ces normes sont portées par les inspectrices, souvent des femmes d’origines modestes en forte ascension sociale grâce aux filières d’élite de l’ordre primaire féminin (écoles normales, École normale supérieure de Fontenay). Leur vision de l’enfant s’inspire des modes d’éducation valorisés dans les milieux bourgeois.

Dès l’entre-deux-guerres, l’école maternelle se construit autour d’une tension durable : accueillir les enfants du peuple au nom d’un enfant pensé comme universel, mais selon une conception fondée sur des conceptions pédagogiques bourgeoises.

Un embourgeoisement de l’institution

Entre 1945 et les années 1970, c’est l’âge d’or de la maternelle. Aucun nouveau programme n’est publié et, pourtant, elle se transforme profondément. Le nombre d’écoles maternelles passe de 3 870 en 1948 à 18 486 en 1978 tandis que les effectifs par classe diminuent de 43 élèves en 1960 à 30 en 1980.

La préscolarisation se généralise jusqu’à atteindre la totalité des enfants de trois ans à six ans en 1994-1995. Cette expansion repose sur un investissement conjoint de l’État et des communes, finançant constructions, équipements et recrutements. Le modèle pédagogique promu depuis les années 1920 trouve alors les conditions de son déploiement.

L’Agiem, les inspectrices et les éditeurs spécialisés continuent de diffuser les normes professionnelles à travers sections locales, congrès, revues et publications. Pour ces institutrices en voie d’émancipation, l’association est aussi un espace de développement professionnel et intellectuel non mixte, à l’écart de la domination masculine qui structure l’institution scolaire.

Mais cet âge d’or est de même celui d’un embourgeoisement de l’institution. Historiquement destinée aux enfants des classes populaires, l’école maternelle attire désormais les classes moyennes et supérieures. Le profil social des enseignantes se modifie : contrairement à leurs prédécesseures souvent célibataires, elles sont nombreuses à contracter des mariages dans des milieux sociaux supérieurs et à fonder une famille.

Elles se rapprochent ainsi d’un nouveau public en attente d’une éducation culturelle plutôt que de produits scolaires tangibles. Elles valorisent un modèle inspiré par la psychologie, la psychanalyse, les arts et l’expression orale, qui fait la part belle à la créativité et aux formes d’expression personnelle. En s’ouvrant à tous et à toutes, l’institution généralise un idéal pédagogique forgé sous la IIIᵉ République, qui met à distance son public historique, les enfants des classes populaires.

L’âge de l’intégration scolaire

À partir des années 1970, l’école maternelle entre dans l’âge de l’intégration scolaire. La massification de l’enseignement secondaire et la généralisation du collège unique font émerger une préoccupation centrale : l’échec scolaire. L’école maternelle se voit assigner une mission nouvelle, inscrite dans la loi Haby de 1975 : prévenir les difficultés scolaires.

Cette réorientation s’accompagne d’une perte progressive d’autonomie. Les inspections maternelles sont fondues dans l’inspection primaire, le monopole féminin pour y enseigner disparaît. L’espace professionnel féminin autonome s’efface, même si le travail de la classe reste aujourd’hui très majoritairement féminin. La loi Jospin de 1989 rattache plus étroitement la maternelle à l’élémentaire en rapprochant la grande section du CP. Les programmes se succèdent à un rythme soutenu : 1977, 1986, 1995, 2002, 2008, 2015, 2021 puis 2026.

Dans ce nouveau cadre, le langage devient l’objet privilégié de l’intervention pédagogique. À partir des années 1970 se constitue un champ d’expertise sur la littératie précoce. Linguistes, psychologues et spécialistes de l’écrit élaborent des normes qui circulent par la recherche, la formation et l’édition pédagogique. À partir de 2002, le langage occupe la première place dans les programmes, tandis que les mathématiques s’affirment plus récemment comme seconde discipline prioritaire.




À lire aussi :
Enfance : comment les inégalités de langage se construisent


À mesure que se multiplient supports écrits, évaluations et activités préparatoires aux apprentissages scolaires, les agents territoriaux spécialisés des écoles maternelles (Atsem) entrent en classe pour seconder des enseignantes dont le travail s’intensifie. Leur rôle pédagogique est progressivement reconnu, sans véritable revalorisation statutaire ou salariale.

La rentrée des classes en maternelle en 2005 (Archive INA).

De fait, la promesse de prévenir l’échec scolaire repose sur des normes pédagogiques socialement distinctives : on attend de l’enfant qu’il réfléchisse sur le langage, entre dans l’écrit par la littérature et l’échange verbal, apprenne de manière autonome avant même de maîtriser les techniques de l’écrit. Ce sont davantage les dispositions et les idéaux éducatifs des classes moyennes et supérieures que ceux des classes populaires. Les inégalités ne disparaissent donc pas : elles changent de forme.

La pression des évaluations

Depuis les années 1990, l’école maternelle est de plus en plus gouvernée par ses résultats. Les évaluations nationales et internationales, peu favorables à l’école française, nourrissent une succession de réformes qui renforcent les prescriptions.

Le programme de 2026 s’inscrit dans cette logique : plus long et plus détaillé que les précédents, il prolonge un demi-siècle d’inflation programmatique.

En faisant des programmes l’instrument privilégié du changement, l’institution renforce depuis cinquante ans le contrôle du travail pédagogique et les attentes adressées aux enfants, tandis que la formation continue s’est profondément transformée, privilégiant des dispositifs étroitement articulés aux prescriptions institutionnelles, au détriment des temps longs de réflexion collective sur les pratiques.

Finalement, la question est peut-être moins de savoir comment l’école maternelle doit éduquer les enfants et ce qu’elle doit enseigner que de comprendre quel projet politique elle porte, au service de quels groupes sociaux, quelles conceptions de l’enfance elle érige en normes, avec quels effets sociaux et à quel coût pour le travail de celles et ceux qui la font vivre au quotidien.

The Conversation

Fabienne Montmasson Michel ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Comment l’école maternelle s’est mise à évaluer les enfants : retour sur un siècle de transformations – https://theconversation.com/comment-lecole-maternelle-sest-mise-a-evaluer-les-enfants-retour-sur-un-siecle-de-transformations-285793

Quand être trop riche devient un handicap pour une entreprise, ou les revers de l’excès de trésorerie

Source: The Conversation – France (in French) – By Charbel Cordahi, Professeur de Finance & Economie, GEM

On ne prête qu’aux riches, dit-on. Il n’est pas certain que l’adage qui s’applique aux particuliers concerne aussi les entreprises. Une trésorerie trop importante peut être mal interprétée par les actionnaires. Et si l’accumulation d’argent dormant révélait une sorte d’impasse stratégique…


« Cash is King. » Cette formule, omniprésente dans le monde de la finance, rappelle qu’une entreprise disposant de liquidités abondantes inspire généralement confiance. Ainsi, une trésorerie solide permet de faire face aux imprévus, de financer l’activité quotidienne et de traverser sereinement les périodes de ralentissement économique. Pourtant, lorsqu’elle devient durablement excessive, la trésorerie cesse d’être un atout et risque d’être perçue comme le symptôme d’une mauvaise allocation des ressources.

La trésorerie représente les liquidités immédiatement disponibles après le financement de l’actif économique, c’est-à-dire des immobilisations et des besoins liés au cycle d’exploitation. Elle regroupe les soldes bancaires créditeurs ainsi que les placements de court terme rapidement mobilisables, comme les actions échangeables en bourse ou les bons du Trésor. Elle constitue ainsi un indicateur essentiel de la santé financière d’une entreprise.

Une trésorerie suffisante traduit une capacité à honorer ses engagements et offre une marge de sécurité appréciable face aux aléas économiques.

Un rôle stratégique

Cette réserve financière joue également un rôle stratégique. Elle permet de saisir rapidement une opportunité, de financer un investissement sans recourir à l’endettement ou encore de faire face à une baisse temporaire d’activité. Dans un environnement économique incertain, cette flexibilité représente une véritable assurance.




À lire aussi :
Importés des États-Unis, les rachats d’actions sont devenus une drogue dure pour les entreprises françaises cotées


Mais la prudence peut se transformer en excès. Lorsqu’une entreprise accumule des liquidités importantes pendant plusieurs années sans projet clairement identifié, les investisseurs, surtout dans les entreprises cotées, commencent à s’interroger.
Pourquoi ces ressources restent-elles inutilisées ? L’entreprise manque-t-elle de perspectives de développement ? Ses dirigeants hésitent-ils à investir ? Ou bien ne parviennent-ils pas à identifier des projets suffisamment rentables ?

Autant de questions qui peuvent progressivement altérer la confiance du marché.

Le rôle de l’inflation

Le premier coût d’un excès de trésorerie est souvent invisible. Il résulte de l’inflation. Des liquidités placées sur des supports solides, comme les obligations d’État et d’entreprises de haute qualité, les dépôts bancaires à terme ou les fonds monétaires, offrent généralement un rendement limité. Si ce rendement reste inférieur à la hausse générale des prix, la valeur réelle de cette trésorerie diminue progressivement. L’entreprise conserve certes son capital en valeur nominale, mais son pouvoir d’achat financier s’érode année après année.

À cette perte s’ajoute le coût du capital. Les ressources financières d’une entreprise ne sont jamais gratuites : qu’elles proviennent des actionnaires ou des créanciers, ceux-ci attendent une rémunération en contrepartie du risque qu’ils supportent. Les créanciers perçoivent des intérêts, tandis que les actionnaires, exposés à un risque plus élevé, exigent généralement un rendement supérieur.

Le coût du capital

De cette combinaison entre fonds propres et dette naît le coût moyen pondéré du capital, c’est-à-dire le niveau minimal de rentabilité que doivent atteindre les investissements réalisés par l’entreprise. Or, ce coût est généralement supérieur au rendement obtenu sur des placements monétaires de court terme. Autrement dit, lorsque des liquidités importantes restent durablement placées sur des supports peu rémunérateurs, elles rapportent moins que ce qu’elles coûtent à l’entreprise. Dans cette situation, conserver cet excédent de trésorerie n’est plus économiquement optimal.

Les marchés financiers ne s’arrêtent pas à cette seule analyse. Ils interprètent également le niveau de trésorerie comme un signal. Une réserve de liquidités importante peut naturellement traduire une politique financière prudente ou la préparation d’investissements futurs. Mais lorsqu’aucune stratégie n’est clairement affichée, cette accumulation peut être comprise comme le signe d’un manque d’opportunités de croissance ou d’une difficulté à utiliser efficacement les ressources disponibles.

Une question théorique d’importance

La littérature financière s’est largement intéressée à cette question. La théorie du « cash-flow libre » (Free Cash Flow Theory, 1986), développée par Michael Jensen, montre qu’un excès de trésorerie accroît la marge de manœuvre des dirigeants. Ceux-ci peuvent alors être tentés de financer des projets dont la rentabilité est insuffisante plutôt que de restituer les fonds aux actionnaires. Cette situation favorise les comportements de « construction d’empire », où la croissance de la taille de l’entreprise prime sur la création de valeur.




À lire aussi :
Pourquoi Meta emprunte sur les marchés financiers plutôt qu’à sa banque


Cette analyse rejoint celle de la théorie de l’agence selon laquelle les intérêts des dirigeants ne coïncident pas toujours parfaitement avec ceux des actionnaires. Une trésorerie abondante offre davantage de liberté aux managers pour multiplier les acquisitions, retarder les restructurations ou engager des dépenses qui ne bénéficient pas aux propriétaires de l’entreprise. Lorsque les mécanismes de gouvernance sont insuffisants, ces comportements peuvent accroître les coûts d’agence, qui apparaissent lorsque les dirigeants d’une entreprise prennent des décisions qui servent davantage leurs propres intérêts que ceux des actionnaires, et réduire la création de valeur actionnariale.

L’influence de la gouvernance

La qualité de la gouvernance joue d’ailleurs un rôle déterminant dans la manière dont le marché apprécie les liquidités détenues par une entreprise. Lorsque les investisseurs font confiance aux dirigeants, ils considèrent que cette trésorerie sera utilisée de façon disciplinée et au service de la stratégie. À l’inverse, une gouvernance jugée faible conduit souvent les marchés à appliquer une décote à cette trésorerie, estimant qu’elle risque d’être investie dans des projets peu rentables.

D’autres approches apportent un éclairage complémentaire. La théorie du Pecking Order rappelle que les entreprises privilégient naturellement le financement interne avant de recourir à la dette ou à une augmentation de capital. Détenir des liquidités permet donc de limiter les coûts liés au financement externe et aux asymétries d’information. Mais cet avantage disparaît lorsque les réserves deviennent excessives. Les bénéfices de la flexibilité financière diminuent alors au profit des coûts d’opportunité et d’agence.

Fnege Médias, 2023.

Cette idée conduit à la notion de niveau optimal de trésorerie. L’entreprise doit trouver un équilibre entre les avantages procurés par des liquidités suffisantes (sécurité, flexibilité et réduction des coûts de financement) et les inconvénients liés à une accumulation excessive. Au-delà d’un certain seuil, chaque euro supplémentaire détenu en trésorerie crée moins de valeur que s’il était investi dans un projet rentable ou redistribué aux investisseurs.

Impact sur le prix de cession

Cette problématique apparaît avec une acuité particulière lors des opérations de cession d’entreprise. Contrairement à une idée largement répandue, une trésorerie abondante ne se traduit pas par une meilleure valorisation. Les acquéreurs évaluent d’abord la performance économique de l’activité indépendamment de sa structure financière. La trésorerie nette n’intervient qu’ensuite dans le calcul de la valeur des titres.

Une trésorerie excédentaire peut même compliquer les négociations. Elle tend à brouiller l’analyse de la performance réelle en dégradant certains indicateurs de rentabilité, comme le retour sur fonds propres, en raison du faible rendement des liquidités. Les acquéreurs demandent alors des retraitements financiers afin d’isoler la performance opérationnelle. Ils peuvent également considérer que cet excès de cash masque des besoins futurs, des risques non identifiés ou une absence de stratégie clairement définie, conduisant parfois à appliquer une décote.

L’image d’une entreprise riche en liquidités mérite donc d’être nuancée. La trésorerie demeure un élément indispensable de la solidité financière, mais elle ne crée de valeur que lorsqu’elle répond à un objectif économique précis. Lorsqu’aucun projet rentable ne justifie sa conservation, la théorie financière considère qu’il est préférable de restituer ce capital aux actionnaires, notamment sous forme de dividendes ou de rachats d’actions. L’enjeu n’est donc pas d’accumuler le plus de liquidités possible, mais de maintenir un niveau cohérent avec les besoins de l’entreprise et sa stratégie de développement. En finance, comme souvent, ce n’est pas la quantité qui importe, mais l’utilisation qui est faite des ressources disponibles.

The Conversation

Charbel Cordahi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Quand être trop riche devient un handicap pour une entreprise, ou les revers de l’excès de trésorerie – https://theconversation.com/quand-etre-trop-riche-devient-un-handicap-pour-une-entreprise-ou-les-revers-de-lexces-de-tresorerie-288732

Un algorithme aide les entreprises à définir la stratégie optimale pour recycler et remettre un produit usagé à neuf

Source: The Conversation – France (in French) – By Maud Van den Broeke, Associate Professor in Operations and Supply Chain Management, IÉSEG School of Management

Dans le secteur des batteries de véhicules électriques, le coût du *remanufacturing* est d’environ 50 % d’une batterie neuve contre 20 % pour le recyclage. Karepastock/Shutterstock (no reuse)

La hausse des préoccupations environnementales, des réglementations plus strictes et la pression concurrentielle poussent les entreprises à adopter des stratégies de récupération des produits. Ces dernières incluent le remanufacturing – remettre un produit usagé à neuf – et le recyclage – transformer d’anciens produits en nouvelles matières premières.

Les entreprises font régulièrement évoluer la part accordée au recyclage et au remanufacturing dans leurs stratégies de récupération. Par exemple, le spécialiste de l’impression Xerox privilégie le recyclage des déchets solides, mais a augmenté la part du remanufacturing de 11 % à 15 % de 2020 à 2021, tandis que le recyclage reculait de 74 % à 69 %, avant de revenir à 6 % de remanufacturing et 81 % de recyclage en 2024.

Le groupe automobile Stellantis, qui privilégiait la remise d’un produit usagé à neuf, a réorienté sa stratégie en faveur du recyclage : la part du recyclage de ses batteries en fin de vie est passée de 28,9 % à 43,4 % entre 2022 et 2023, tandis que celle du remanufacturing reculait de 45,6 % à 38,1 %.

L’ambition de notre recherche est d’aider les entreprises à bâtir une stratégie de récupération des produits cohérente et résiliente dans le temps, afin d’éviter une alternance entre remanufacturing et recyclage dictée par les contraintes du moment.

Comment avons-nous mis en évidence cette stratégie optimale ?

Notre étude propose un modèle d’optimisation pour trouver les stratégies de récupération les plus rentables pour les fabricants d’équipements d’origine, ces derniers étant en concurrence avec des remanufacturiers indépendants. Cette économie est encore peu étudiée malgré son importance industrielle. Pour ce faire, nous avons identifié dix stratégies possibles, allant de l’absence totale de récupération à la récupération complète.

La figure illustre les dix stratégies de récupération des produits (recyclage et remanufacturing) pour un ensemble donné de valeurs des paramètres.

Une telle concurrence existe déjà dans le secteur automobile, où plusieurs acteurs remanufacturiers indépendants sont présents sur le marché, tels que Terrepower et Borg Automotive, face à des équipementiers comme Valeo.

Les équipementiers et les remanufacturiers indépendants décident chacun de la quantité de produits usagés à récupérer. Les remanufacturiers indépendants consacrent les produits récupérés pour les remettre à neuf (remanufacturing), tandis que les fabricants d’origine peuvent opter soit pour le remanufacturing, soit pour le recyclage ou encore pour une combinaison des deux. Le choix optimal dépend de la concurrence, des coûts et de la demande.

Par exemple, les remanufacturiers indépendants n’entrent sur le marché que si le coût de la remise à neuf d’un produit usagé est inférieur à un seuil critique. Les entreprises peuvent identifier la stratégie la plus adaptée en faisant varier :

  • les coûts de production, de collecte, de recyclage et de remise à neuf d’un produit usagé ;

  • l’efficacité des matériaux recyclés ;

  • la disposition des consommateurs à payer et leur acceptation des produits remanufacturés.

Dans le secteur des batteries de véhicules électriques, le coût du remanufacturing est d’environ 50 % d’une batterie neuve, contre 20 % pour le recyclage.

Dans ces conditions, notre modèle montre qu’une stratégie hybride est la plus rentable, ce qui correspond aux pratiques observées chez Stellantis. Quand les coûts de collecte sont élevés (produits lourds et dispersés), la remise d’un produit usagé à neuf reste élevé chez les fabricants d’équipements d’origine et les remanufacturiers indépendants, comme chez Caterpillar.

Pourquoi est-ce important ?

Alors que l’Union européenne veut doubler la circularité à 24 % d’ici 2030, les marchés du recyclage et du remanufacturing devraient croître. Tandis que le recyclage est déjà courant dans l’industrie, le remanufacturing reste faible (environ 2 % du marché manufacturier), malgré son fort potentiel pour la durabilité.

Notre recherche montre que les politiques favorisant la concurrence comme la responsabilité élargie du producteur, ou les objectifs de collecte de 65 % du Parlement européen, n’augmentent pas toujours la circularité ou modifient les stratégies de récupération.

Nous constatons que la concurrence des remanufacturiers indépendants peut accroître le recyclage des fabricants d’équipements d’origine et réduire leurs activités de remise à neuf de produits usagés. Cela peut expliquer la baisse du remanufacturing et la hausse du recyclage observé chez Stellantis, comme mentionné précédemment.

Pour atténuer les effets de la concurrence, les fabricants d’équipements d’origine peuvent agir via la conception des produits, ce qui limite le remanufacturing par les remanufacturiers indépendants. Ils peuvent aussi renforcer leur image de marque, comme Volvo, ou choisir la collaboration ou l’acquisition de remanufacturiers indépendants, comme Caterpillar.

Cette intégration augmente la rentabilité de la chaîne d’approvisionnement (+ 7,1 % en moyenne), mais n’est pas toujours meilleure pour l’environnement (25 % des cas).

Quelle suite donner à cette recherche ?

Ce travail fait partie d’un programme sur la durabilité. Afin de mieux éclairer les choix de stratégies de récupération, nous avons déjà mené un projet complémentaire sur le rôle de l’écoconception, l’incertitude de l’offre, de la greeness des consommateurs et les réglementations dans ces décisions.

Nous préparons des propositions de financement national pour un projet sur la collaboration dans les chaînes d’approvisionnement circulaires, en étudiant les réseaux multiacteurs et la résilience face à l’incertitude.

Les recherches futures combineront études cas multiacteurs, workshops, entreprises-chercheurs et outils d’analytique, avec une ouverture aux entreprises intéressées.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui ont menées ces dernières, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Maud Van den Broeke a reçu des financements de ANR (ANR-22-CE10-0006).

Song Liu, Stefan Creemers et Tanja Mlinar ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

– ref. Un algorithme aide les entreprises à définir la stratégie optimale pour recycler et remettre un produit usagé à neuf – https://theconversation.com/un-algorithme-aide-les-entreprises-a-definir-la-strategie-optimale-pour-recycler-et-remettre-un-produit-usage-a-neuf-279825

L’univers magnétique, et la plus grande carte des champs magnétiques cosmiques réalisée à ce jour

Source: The Conversation – France in French (2) – By Alec Thomson, SKA-Low Commissioning Scientist, Square Kilometre Array Observatory; and Affiliate, Space and Astronomy, CSIRO

La nouvelle carte des champs magnétiques qui baignent l’Univers. CSIRO/Alec Thomson et al. (magnetic fields)/Alex Cherney (photo)/Sam Moorfield (composite)

Une carte des champs magnétiques cosmiques a été réalisée avec un télescope radio australien, le plus puissant du monde.


On ne les voit pas, alors il est parfois difficile de s’en rendre compte, mais les champs magnétiques sont un ingrédient fondamental de l’Univers. Ils régissent la manière dont les petites particules – qui constituent les planètes, les étoiles et les galaxies – se déplacent dans l’espace.

Si nous ne savons toujours pas comment les champs magnétiques sont apparus dans l’univers, nous savons qu’ils sont omniprésents. La Terre elle-même possède un champ magnétique auquel réagissent les boussoles et les oiseaux migrateurs.

Dans notre étude publiée récemment dans les Publications of the Astronomical Society of Australia, nous avons utilisé le radiotélescope le plus puissant d’Australie pour créer la carte la plus grande et la plus détaillée des champs magnétiques cosmiques jamais réalisée.

En effet, grâce aux radiotélescopes, les astronomes peuvent détecter la lumière dans le domaine des ondes radio, provenant de galaxies lointaines, et ainsi imager ces zones de l’espace qui seraient autrement invisibles.

La nouvelle carte des champs magnétiques cosmiques. Quelques caractéristiques du ciel visible sont indiquées.
Alec Thomson et al.

Des batteries géantes qui contrôlent les galaxies

Les champs magnétiques varient considérablement à travers l’univers. Les objets extrêmement denses, tels que les étoiles à neutrons et les trous noirs, possèdent des champs magnétiques des milliers de milliards de fois plus puissants que celui de la Terre.

Dans l’espace interstellaire, nous avons également mesuré des champs magnétiques un million de fois plus faibles que celui de la Terre. Malgré leur faiblesse, nous savons que ces champs jouent un rôle crucial dans l’évolution des galaxies. Ils agissent comme des batteries géantes et stockent d’énormes quantités d’énergie, ralentissant, voire empêchant, la formation de nouvelles étoiles.

Comme, pour nous, les champs magnétiques sont invisibles, les astronomes n’ont d’autre choix que d’utiliser la lumière provenant d’étoiles et de galaxies lointaines afin de détecter les champs magnétiques cosmiques. En effet, la lumière est une onde composée de champs électriques et magnétiques (d’où le nom de « spectre électromagnétique »).

Lorsque la lumière traverse l’univers, elle interagit avec tous les champs magnétiques qu’elle traverse. Cela modifie la direction dans laquelle la lumière oscille – c’est ce que l’on appelle la « polarisation ». Ainsi, une lumière oscillant de haut en bas présente une polarisation différente de celle d’une lumière oscillant d’un côté à l’autre.

Les astronomes peuvent détecter cette polarisation, en particulier lorsqu’ils observent le ciel dans le domaine des ondes radio – ondes qui font partie du spectre électromagnétique.

La torsion de la polarisation de la lumière provenant de sources lointaines lorsqu’elle traverse des champs magnétiques.
Emma Alexander, CC BY

Voir l’invisible

Les télescopes australiens sont à la pointe de la radioastronomie et de la détection des champs magnétiques depuis leur toute première détection. Murriyang, le radiotélescope de Parkes du Commonwealth Scientific and Industrial Research Organisation (CSIRO), c’est-à-dire l’organisme gouvernemental australien pour la recherche scientifique, a été le premier à détecter la torsion de la polarisation de la lumière provenant de champs magnétiques situés au-delà de la Terre… en 1962.

Depuis lors, les astronomes s’efforcent de trouver de plus en plus de sources qui nous révèlent cette lumière torsadée. Avec suffisamment de mesures, nous pouvons créer une carte des champs magnétiques de l’univers.

Chaque point de la carte correspond à un objet détecté par notre télescope, et la lumière de cet objet a mis en évidence les champs magnétiques situés entre nous et cette source lointaine. Plus nous détectons de sources, plus notre carte devient détaillée.

La dernière grande carte des champs magnétiques a été réalisée en 2009. Elle n’a pas eu de véritable successeur au cours des 17 années qui se sont écoulées depuis, ce qui a limité la profondeur et la portée des recherches menées par les astronomes.

Dans différentes régions de l’univers, y compris notre propre Voie lactée, nous ne comprenons pas encore pleinement l’intensité et la structure des champs magnétiques cosmiques. Non seulement nous ignorons comment ils sont apparus, mais nous ne savons pas non plus comment ils ont évolué depuis le Big Bang.

Pour commencer à résoudre ces problèmes, nous aurons besoin d’une nouvelle génération de radiotélescopes.

Un télescope conçu pour la vitesse

Et justement, la radioastronomie connaît actuellement une véritable révolution avec la construction de l’observatoire SKA en Afrique du Sud et en Australie. Toute une génération de télescopes, appelés « précurseurs » et « pionniers », est déjà opérationnelle à travers le monde et prépare l’arrivée de SKA.

Le radiotélescope ASKAP fait partie de ces précurseurs. Situé à Inyarrimanha Ilgari Bundara, au sein de l’observatoire de radioastronomie Murchison du CSIRO sur le territoire Wajarri Yamaji en Australie de l’Ouest, il est composé de 36 antennes paraboliques de 12 mètres chacune. Chacune de ces antennes peut observer simultanément une vaste portion du ciel, offrant ainsi aux astronomes une vue très large de l’univers.

Le projet phare visant à cartographier les champs magnétiques de l’univers est connu sous le nom de Polarisation Sky Survey of the Universe’s Magnetism (POSSUM).

En préparation de ce projet, l’équipe du télescope a réalisé les « Rapid ASKAP Continuum Surveys » (RACS). Il s’agit en quelque sorte de réaliser un atlas de l’univers. Les versions les plus récentes de ces relevés ont permis d’identifier près de quatre millions de galaxies lointaines, dont environ deux millions qui n’avaient jamais été observées auparavant.

Le ciel magnétique

Notre nouvelle carte, baptisée SPICE-RACS, est le fruit d’une collaboration entre les deux équipes chargées de ces relevés.

Notre objectif était d’observer chaque galaxie repérée par RACS et de détecter les signes de variation de polarisation provoqués par les champs magnétiques. En utilisant la dernière version de l’atlas RACS, nous avons sélectionné 350 000 galaxies parmi les quatre millions pouvant être utilisées à cette fin.

Notre ensemble de sources est près de dix fois plus grand que le plus grand ensemble précédent, et cinq fois plus grand que l’ensemble de toutes les observations antérieures combinées.

Sur la carte, les couleurs rouges indiquent les champs magnétiques orientés vers nous, et les bleues ceux orientés dans la direction opposée, à l’instar du nord et du sud d’une boussole. La plupart des structures tourbillonnantes et bouillonnantes que l’on peut observer proviennent de notre propre galaxie, la Voie lactée. Les détails les plus fins de la carte révèlent les signatures de régions encore plus lointaines de l’univers.

Cette nouvelle carte ouvre déjà la voie à de nouvelles découvertes scientifiques à travers le monde, et les données sont en ligne, à la disposition de la communauté scientifique. À l’avenir, nous prévoyons de combiner toutes les versions du RACS afin de créer une carte encore plus vaste et plus détaillée.

Parallèlement, le projet POSSUM devrait achever ses observations d’ici 2030. La carte magnétique encore plus précise issue de ce relevé ouvrira une nouvelle fenêtre sur les champs magnétiques cosmiques lointains, et elle nous permettra de remonter encore plus loin dans l’histoire de l’Univers.

The Conversation

Alec Thomson ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. L’univers magnétique, et la plus grande carte des champs magnétiques cosmiques réalisée à ce jour – https://theconversation.com/lunivers-magnetique-et-la-plus-grande-carte-des-champs-magnetiques-cosmiques-realisee-a-ce-jour-284571