Dieta macrobiótica: recomendaciones en parte razonables sustentadas en una doctrina sin base científica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Alfonso Revenga Frauca, Director experto, Grado de Nutrición Humana y Dietética, Universidad Internacional de Valencia; Universidad San Jorge

Jelena Zelen/Shutterstock

¿Se pueden formular recomendaciones dietéticas adecuadas partiendo de ideas carentes de respaldo científico? Por supuesto. Hasta un reloj parado marca la hora correcta dos veces al día. Y eso no lo convierte en un instrumento fiable.

Con la dieta macrobiótica sucede algo parecido. Algunas de sus indicaciones pueden coincidir con las de una alimentación saludable, pero también incluye otras potencialmente perjudiciales y promesas terapéuticas peligrosas.

La cara y la cruz de la macrobiótica

Es verdad que, en sus versiones menos restrictivas, la macrobiótica concede protagonismo a los cereales integrales, las legumbres y las verduras, prioriza los alimentos frescos y limita el consumo de alcohol y productos ultraprocesados. Todo ello puede favorecer una mayor ingesta de fibra y mejorar la calidad global de la alimentación.

No obstante, junto a esas indicaciones aparecen restricciones carentes de respaldo científico. Es el caso de la exclusión de las solanáceas, como el tomate, el pimiento, la berenjena o la patata, por sus supuestos efectos “desequilibrantes”.

En sus modalidades más estrictas, limita drásticamente las frutas, los lácteos y los alimentos de origen animal. Las formulaciones más extremas llegan incluso a recomendar la restricción de agua. Esas prácticas pueden incrementar el riesgo de déficits nutricionales graves. De hecho, históricamente se han asociado con hospitalizaciones, escorbuto, insuficiencia renal y algunas muertes por desnutrición y deshidratación, aunque no existe un registro sistemático que permita cuantificar esos fallecimientos con precisión.

El malentendido con Hipócrates

Pero ¿cuál es el origen de la dieta macrobiótica?

En primer lugar, conviene aclarar que, aunque se afirme con frecuencia, no se remonta a Hipócrates. La relación con el médico griego es meramente lingüística.

El término griego del que deriva “macrobiótica” (makrobios) aparece en los Tratados hipocráticos con el significado de “longevo”, nada más. Por tanto, sería correcto sostener que en esos textos se utilizó un término relacionado con la longevidad. Afirmar que Hipócrates creó, inició o sentó las bases de la dieta macrobiótica es una reconstrucción anacrónica. Se ha combinado una coincidencia etimológica con la importancia concedida a la díaita (“régimen de vida”) en la medicina hipocrática para fabricar una continuidad histórica que las fuentes no respaldan.

Después, a finales del siglo XVIII, el médico alemán Christoph Wilhelm Hufeland publicó El arte de prolongar la vida humana. Desde la tercera edición, de 1805, el libro pasó a titularse Makrobiotik oder die Kunst, das menschliche Leben zu verlängern. El término designaba un programa general de higiene, conducta y prolongación de la vida, no la dieta que conocemos actualmente.

Basada en el yin y el yang

En realidad, la macrobiótica moderna procede principalmente del movimiento dietético japonés shokuyō, desarrollado por Sagen Ishizuka a finales del siglo XIX. El filósofo nipón George Ohsawa retomó esas ideas, las integró con su interpretación del yin y el yang y sistematizó la doctrina desde la década de 1930. Uno de sus discípulos, Michio Kushi, fue clave en su difusión y reformulación en Occidente durante las décadas de 1950 y 1960.

Como apuntábamos más arriba, la dieta macrobiótica clasifica los alimentos según los principios del yin y el yang, entendidos como cualidades opuestas que deben mantenerse en equilibrio. Unos productos serían expansivos o fríos y otros, contractivos o cálidos. A partir de esta interpretación se decide cuáles deben priorizarse, limitarse o excluirse.

Tales categorías, a menudo descritas mediante el término “energía”, pertenecen a una concepción filosófica de la salud. No se refieren a una magnitud física o nutricional y nada tienen que ver con los nutrientes o las kilocalorías.

Claros posicionamientos científicos

Diversos organismos, sociedades científicas y publicaciones especializadas se han pronunciado sobre la dieta macrobiótica y, en particular, sobre su uso en el cáncer y otras situaciones de salud.

  • Cancer Research UK afirma de forma explícita que no apoya el uso de dietas macrobióticas en personas con cáncer.

  • El Instituto Nacional del Cáncer, de Estados Unidos señala que no se han publicado ensayos clínicos, estudios observacionales ni estudios piloto que la evalúen adecuadamente como tratamiento complementario del cáncer. Añade que dos revisiones concluyeron que no existe evidencia científica para promoverla con esa finalidad.

  • En un pronunciamiento de 1984, la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer recomendó firmemente que los pacientes no recurrieran a dietas macrobióticas y advirtió de que sus versiones más restrictivas podían representar un grave peligro para la salud.

  • En España, la Asociación Española Contra el Cáncer incluye la macrobiótica entre las falsas dietas anticáncer y recuerda que no cura ni modifica la evolución de la enfermedad.

  • La guía de nutrición clínica en el cáncer de la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN) no menciona específicamente la macrobiótica, pero formula una recomendación directamente aplicable: no utilizar dietas sin fundamento clínico, sin eficacia demostrada y potencialmente perjudiciales.

En la diabetes tipo 2, el panorama es algo distinto. Un pequeño ensayo clínico de 21 días y su seguimiento a seis meses observaron mejoras del control glucémico con una modalidad concreta: la dieta Ma-Pi. Sin embargo, estos resultados evalúan un patrón muy rico en fibra, cereales integrales y alimentos vegetales, no validan los principios del yin y el yang y requieren confirmación mediante estudios más amplios y prolongados. Una revisión de ensayos clínicos calificó sus resultados como prometedores, pero consideró necesaria una investigación más concluyente.

En lo que se refiere a la población infantil, una cohorte neerlandesa de niños alimentados con dietas macrobióticas registró deficiencias generalizadas de energía, proteínas, calcio y vitaminas B12, B2 y D, acompañadas de retraso del crecimiento, pérdida de grasa y masa muscular y un desarrollo psicomotor más lento. La leche de las madres macrobióticas contenía menores concentraciones de vitamina B12, calcio y magnesio.

En otro estudio, el 15 % de los lactantes macrobióticos presentaba deficiencia de hierro, frente a ninguno de los controles, y sus concentraciones de vitamina B12 eran marcadamente inferiores.

Y, por último, una revisión publicada en 2023 concluyó que este tipo de dietas deberían evitarse durante el embarazo y la infancia debido a, entre otros, el riesgo de deficiencias de vitaminas B12 y D, hierro, zinc y yodo. Los propios autores reconocen que la magnitud real del riesgo es difícil de determinar por la escasez de estudios bien diseñados.

En definitiva, la historia, la ciencia y los datos no permiten validar la doctrina ni las pretensiones terapéuticas de la dieta macrobiótica a partir de unas pocas recomendaciones acertadas.

The Conversation

Juan Alfonso Revenga Frauca no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Dieta macrobiótica: recomendaciones en parte razonables sustentadas en una doctrina sin base científica – https://theconversation.com/dieta-macrobiotica-recomendaciones-en-parte-razonables-sustentadas-en-una-doctrina-sin-base-cientifica-288308

Lanzamiento del telescopio Nancy Grace Roman: relato de un testigo en primera fila

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eduardo Lorenzo Martin Guerrero de Escalante, Research professor, Centro de Astrobiología (INTA-CSIC); Instituto de Astrofísica de Canarias

Lanzamiento del telescopio Nancy Grace Roman, a su paso frente el Sol. Wikimedia Commons.

Ante la expectante mirada de casi 3 000 astrofísicos de todas partes del mundo, el telescopio espacial Nancy Grace Roman despegó puntualmente a las 7:26 de la mañana, hora local en Florida, el pasado domingo 30 de agosto. Se cumplió con precisión el objetivo de lanzarlo dentro de una ventana de solo 30 segundos, necesaria para alcanzar su órbita final en el “olimpo” de las misiones espaciales, visitada hasta ahora solo por los telescopios espaciales operativos James Webb y Euclid, así como los ya retirados Gaia, Planck y WMAP.

Esta región privilegiada, situada a unos 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta, es el segundo punto de Lagrange, donde se equilibran las atracciones gravitacionales del Sol y la Tierra.

Un telescopio abierto para todos

Tras una espera de más de 20 años y después de haber conseguido superar varias crisis presupuestarias que llegaron a amenazar seriamente su supervivencia (se le impuso un estricto límite de coste que, finalmente, ha cumplido con amplio margen), Roman ha llegado para reinar en el espacio. No es el telescopio más grande, ni el más caro, pero tal vez sea el más revolucionario: a diferencia de misiones anteriores como los telescopios espaciales Hubble o James Webb, donde los científicos disfrutan de derechos exclusivos de visualización de los datos durante el primer año, el Nancy Grace Roman no tiene tiempo exclusivo para nadie.

Todos los datos científicos que recopile estarán disponibles inmediatamente y de forma gratuita para el público general y la comunidad científica global a través de la nube, mediante el sistema Roman Nexus. Según la NASA, este observatorio se diseñó para que cualquier persona en el planeta pueda explorarlo y colaborar en la búsqueda de descubrimientos. Así, proporcionará acceso público inmediato a una cantidad de datos sin precedentes.

Recreación artística del telescopio Nancy Grace Roman.
NASA

Reunión internacional de astrofísicos

Cuatro días antes del lanzamiento, una reunión científica pasó revista a la historia de la misión y a la perspectiva de lo que se aspira conseguir en los próximos cinco años. En la audiencia, éramos más de un centenar de científicos e ingenieros de todo el mundo, la mayoría muy jóvenes, pero también ilustres veteranos como Saul Perlmutter, uno de los descubridores de la energía oscura –recibió por ello el premio Nobel en 2011– e infatigable impulsor del Roman.

En esta reunión se recordó varias veces la figura de Neil Gehrers, director del laboratorio de astropartículas del centro espacial NASA Goddard, fallecido en 2017, que fue otro de los paladines inquebrantables de esta misión. Precisamente, las instalaciones del Goddard han sido el núcleo del desarrollo de Roman. Además, han participado más de un centenar de laboratorios y empresas de América, Europa, Japón y Australia, así como la Agencia Espacial Europea.

Con la confianza del trabajo bien hecho, el día antes del lanzamiento, la NASA convocó una reunión informal y festiva en la playa de los Cocos, muy cerca de las icónicas instalaciones de Cabo Cañaveral, que también es una reserva de la naturaleza donde abundan las águilas calvas, símbolo oficial de Estados Unidos.

Muchos de los miles de personas que han trabajado en el proyecto asistieron con sus familias. Era palpable un entusiasmo contagioso, ya que esta misión espacial ha llegado para abordar las preguntas más grandes que la humanidad se ha hecho desde siempre: ¿estamos solos en el Universo? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde iremos?

Vítores y grandes esperanzas

Al día siguiente, los invitados de la NASA que acudimos a presenciar el lanzamiento fuimos más de 2 800, a pesar de la hora temprana y la amenaza de tormenta eléctrica. La multitud se acomodó pacientemente en el reducido espacio junto al arroyo Banana y vitoreó el éxito del lanzamiento del telescopio y de la recuperación de los cohetes que lo impulsaron.

La comunidad científica lleva tiempo frotándose las manos por el aluvión de datos que se avecina cuando Roman comience a escudriñar el universo profundo dentro de unos tres meses. Solo en la región del centro de la Vía Láctea, esta misión va a detectar 20 000 millones de estrellas con una nitidez y profundidad asombrosa. Por si fuera poco, obtendrá mapeos de regiones emblemáticas del cielo, como la galaxia de Andrómeda, de manera mucho más eficiente que su precursor el telescopio espacial Hubble. También revisitará los campos observados por el telescopio Kepler para encontrar exoplanetas similares a la Tierra que estén ocultando estrellas lejanas.

Simulación que muestra la región de la galaxia de Andrómeda que podrá observar el telescopio.
NASA

Asimismo, este proyecto será un banco de ensayo en el espacio para probar la tecnología que en el futuro puede darnos las primeras imágenes de un planeta gemelo a la Tierra en orbita alrededor de una estrella similar al Sol. Provisto de un coronógrafo de última generación acoplado a sistemas de estabilización de imagen, Roman seguirá a un puñado de estrellas brillantes durante miles de horas para anular su brillo 10 millones de veces y permitir la detección de planetas en zonas de habitabilidad. Este experimento es esencial para el desarrollo de un futuro observatorio espacial de mundos habitables. Curiosamente, combina la capacidad de observaciones profundas de grandes campos con la de alto contraste en campos pequeños.

Pero todavía hay que tener un poco más de paciencia con Roman. Durante los próximos 12 días, se realizarán operaciones de secado de hielo acumulado, así como distintos ajustes para el seguimiento de estrellas. Se estima que las operaciones de alineado, enfoque y calibración de los instrumentos tarden 43 días, y la verificación de la calidad científica de los datos, 90. Así que, a partir del año 2027, estará listo para ofrecernos un flujo continuo de datos que nos permitirá avanzar en la compresión de algunos de los misterios más profundos del cosmos.

The Conversation

Eduardo Lorenzo Martin Guerrero de Escalante no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Lanzamiento del telescopio Nancy Grace Roman: relato de un testigo en primera fila – https://theconversation.com/lanzamiento-del-telescopio-nancy-grace-roman-relato-de-un-testigo-en-primera-fila-290736

Petróleo pesado venezolano para las refinerías estadounidenses

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

Refinería en Nueva Orleans (Estados Unidos). Dr. Victor Wong/Shutterstock

Estados Unidos, que produce más petróleo que ningún otro país del mundo, acaba de cerrar con Venezuela un acuerdo de largo alcance para desarrollar algunos de sus principales campos petroleros. ¿Por qué?

La respuesta habitual apunta a la geopolítica, a las enormes reservas venezolanas o al deseo de Washington de aumentar su influencia sobre el suministro mundial de crudo. Todo eso importa. Pero hay una explicación menos espectacular que ayuda a entender mejor el acuerdo: EE. UU. produce mucho petróleo, pero no necesariamente el tipo de petróleo para el que fueron diseñadas algunas de sus refinerías más importantes.




Leer más:
El gobierno de Delcy Rodríguez entrega a Estados Unidos el control de la quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela


No todos los barriles son iguales

El problema no es de cantidad. Es de compatibilidad. Durante las últimas dos décadas, la revolución del tight oil o shale oil transformó radicalmente el mercado energético estadounidense. La combinación de técnicas de fracturación hidráulica (fracking) y perforación horizontal permitió producir de manera rentable petróleo contenido en formaciones rocosas muy poco permeables, convirtiendo a Estados Unidos en el mayor productor mundial de crudo.

Pero el shale oil es predominantemente ligero y con bajo contenido de azufre. Eso parece una ventaja, y en muchos sentidos lo es, pero una parte considerable de la industria de refino estadounidense se construyó pensando en un petróleo diferente.

Durante décadas, especialmente en la costa del golfo de México, las empresas invirtieron miles de millones de dólares en refinerías complejas, capaces de procesar crudos pesados y con mayor contenido de azufre. La magnitud de esa infraestructura puede verse en los datos de la Administración de Información Energética de EE. UU. (EIA) para 2026: la costa del golfo de México (PAD District 3), el corazón de la industria estadounidense del petróleo y el gas, dispone de una capacidad de unos 9,88 millones de barriles diarios de destilación (la separación del crudo mediante calor en diferentes partes o fracciones), además de 1,62 millones de barriles diarios de capacidad de coquización (un proceso de conversión térmica que transforma fracciones muy pesadas en productos más ligeros y genera coque de petróleo como subproducto) y 1,43 millones de hidrocraqueo (un proceso químico de refino que descompone hidrocarburos pesados en productos más ligeros).

Esas infraestructuras permiten transformar un petróleo difícil de procesar en gasolina, diésel, combustible para aviones y otros productos de alto valor. La inversión tiene, pues, una lógica económica clara: si los crudos pesados y azufrados suelen venderse más barato que los más ligeros, una refinería preparada para procesarlos obtiene el valor añadido de esa transformación.




Leer más:
El precio del petróleo que muestran los mercados financieros no es el que pagan las refinerías


La paradoja del ‘shale oil’

La revolución del shale oil resolvió un problema de volumen, pero no cambió las infraestructuras. Las refinerías no pueden modificar su configuración física simplemente porque haya cambiado el tipo de petróleo que se produce dentro del país. Reconstruir una gran instalación para adaptarla a otra dieta de crudos puede costar miles de millones de dólares y requerir años de preparación.

Por eso no existe contradicción alguna en que Estados Unidos exporte parte de su petróleo ligero y, simultáneamente, importe crudo pesado. No es un síntoma de escasez. Es una consecuencia de la especialización industrial.

Esta distinción resulta especialmente importante cuando se habla de independencia energética. La seguridad energética depende no solo del volumen de petróleo disponible, sino también de su calidad, de dónde se produce, de cómo puede transportarse y de la infraestructura capaz de procesarlo.

El barril venezolano

Aquí es donde entra Venezuela. La EIA estima en unos 303 000 millones de barriles sus reservas probadas, la mayor parte de crudos extrapesados de la Faja Petrolífera del Orinoco. Precisamente el tipo de materia prima que algunas de las refinerías más sofisticadas de Estados Unidos están preparadas para procesar.




Leer más:
¿Por qué a Donald Trump le fascina el petróleo venezolano?


Aunque Canadá siga siendo el gran proveedor estable de crudo pesado de Estados Unidos, Venezuela añade otra característica económicamente relevante: su proximidad. Un cargamento procedente del Caribe tiene que recorrer una distancia relativamente corta hasta las refinerías de Texas y Luisiana. Eso se traduce en menores costes de transporte, menos tiempo de tránsito y menor capital inmovilizado en inventarios. Por eso, en una industria que mueve enormes volúmenes con márgenes relativamente estrechos, la geografía sigue teniendo valor.

De necesidad industrial a estrategia económica

El acuerdo anunciado el 30 de agosto introduce una novedad importante. Según Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, el proyecto bilateral tendrá una duración de 25 años, abarcará 17 campos petroleros considerados estratégicos y aspira a que la producción de esos campos esté por encima de 1,5 millones de barriles diarios. El plan incluye además ocho nuevos bloques greenfield (sin desarrollo previo) para exploración y desarrollo.

Quedan muchas incógnitas. Las condiciones contractuales completas no son públicas, Venezuela necesita inversiones muy elevadas para recuperar las deterioradas infraestructuras petroleras, y continúan existiendo importantes riesgos jurídicos, políticos y operativos. Los barriles que existen bajo tierra no aparecen automáticamente en una refinería.




Leer más:
Gobernar entre escombros: legitimidad ausente y negociación bajo tutela en Venezuela


Pero la dirección estratégica es significativa: el capital, la tecnología y la capacidad operativa de la industria petrolera estadounidense vuelve a orientarse hacia la producción venezolana.

Chevron ofrece un ejemplo especialmente revelador. En abril, la compañía anunció que Petropiar recibió derechos para desarrollar el área Ayacucho 8 en la Faja del Orinoco. Chevron describió expresamente Petropiar y Petroindependencia como operaciones de crudo extrapesado. Ese detalle quizá diga más sobre la lógica industrial del acercamiento que las enormes cifras de reservas que aparecen en los titulares.

Se está intentando desarrollar precisamente un tipo de petróleo que complementa la producción ligera del shale oil estadounidense. En ese sentido, el acuerdo convierte una vieja necesidad de las refinerías en una cuestión de estrategia energética.

La química cambia más despacio que la política

La paradoja final es quizá la más interesante. La revolución del shale oil fue uno de los grandes éxitos tecnológicos y económicos de Estados Unidos. Le proporcionó una abundancia de petróleo que parecía impensable hace veinte años y cambió profundamente el equilibrio energético mundial.

Pero ni siquiera ese éxito eliminó las restricciones físicas de un sistema industrial construido durante décadas. Estados Unidos dispone de enormes cantidades de petróleo ligero, mientras que Venezuela dispone de enormes recursos de petróleo pesado. Y la costa del Golfo concentra algunas de las instalaciones más sofisticadas del mundo para convertir crudos difíciles en combustibles de alto valor.

Por eso el nuevo acercamiento petrolero entre Washington y Caracas no debe entenderse únicamente como una búsqueda de más barriles. Representa algo más profundo: el reconocimiento de que la seguridad energética no depende solo de cuánto petróleo se produce, sino de disponer del barril adecuado para la infraestructura adecuada.

La política puede cambiar con rapidez. La química de una refinería, no.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Petróleo pesado venezolano para las refinerías estadounidenses – https://theconversation.com/petroleo-pesado-venezolano-para-las-refinerias-estadounidenses-290954

Por qué Carmen Sevilla fue una estrella: Edgar Morin y el imaginario de la España de los cincuenta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emeterio Diez Puertas, Profesor Doctor, Universidad Camilo José Cela

La actriz española Carmen Sevilla en el Festival de San Sebastián de 1956. Paco Marí / Kutxa Fototeka, CC BY-SA

La muerte del sociólogo y filósofo francés Edgar Morin invita a recuperar una de sus aportaciones más sugerentes al estudio de la cultura contemporánea: su análisis del estrellato cinematográfico como expresión del imaginario colectivo. Convencido de que las comunidades modernas se construyen también a través de relatos simbólicos, encontró en el cine un observatorio privilegiado para comprender los sueños y preocupaciones de su tiempo.

En Las Stars. Servidumbres y mitos (1957), Morin rechazó la idea de que las estrellas fueran simples constructos fabricados por la industria cultural para manipular a unas masas pasivas. A su juicio, las estrellas triunfan porque encarnan valores, aspiraciones y conflictos que una sociedad reconoce como propios.

Si Edgar Morin se interesó por los casos de James Dean, Charlot o Ava Gardner, aquí nos proponemos hacerlo con Carmen Sevilla. Su figura constituye también un ejemplo revelador de la teoría de Morin justo en el momento en que Las Stars salió en su primera edición.

Analizar la imagen pública de Carmen Sevilla equivale, en cierta medida, a analizar la España que la convirtió en estrella. Permite observar qué entendían los españoles por belleza femenina, qué modelos de comportamiento consideraban admirables, qué sueños de felicidad alimentaban.

La liturgia estelar

La estrella, decía Morin, no existe únicamente en la pantalla. Además de las películas, existe toda una liturgia que prolonga su presencia en la vida cotidiana del público. Las revistas de cine actúan como textos doctrinales; las fotografías firmadas, como reliquias; los admiradores, como congregaciones; y los festivales cinematográficos, como ceremonias colectivas.

Retrato de una mujer de perfil en la portada de una revista.
Carmen Sevilla, en la portada del número 1 000 de Primer Plano, revista cinematográfica de creación falangista.
Filmoteca de Catalunya

Para descubrir la liturgia que rodeaba a Carmen Sevilla basta rastrear su presencia pública a mediados de los años cincuenta. Ya adelantamos que, en su caso, el escándalo no desempeñó ningún papel importante en la consolidación de su estrellato. Su liturgia era más bien hacer el saque de honor en un partido de fútbol, posar estudiando francés por correspondencia, asistir a festivales, recepciones y ruedas de prensa o firmar autógrafos.

Un ideal de belleza

Una encuesta a los españoles de 1956 situaba a Carmen Sevilla junto a Marilyn Monroe y Gina Lollobrigida entre las mujeres más atractivas de aquel momento. La prensa, por su parte, se refería a Carmen como “bellísima”, “guapísima”, “bella estrella” o “actriz más atractiva”.

Sin embargo, lo más significativo de los textos de la época es que hablan mucho más de la gracia, la frescura y el encanto de Carmen Sevilla que de atributos corporales concretos. Su personalidad artística consistía en trasladar esos rasgos a sus personajes. Carmen era una pícara o una fierecilla, pero evitó la carga sexual transgresora que caracterizaba a otras estrellas de la época.

En realidad, trató de conciliar la creciente valorización del atractivo físico con las exigencias tradicionales de decoro y buena conducta. Es más, era una belleza nacional. Los artículos destacaban que había convertido “su gracia netamente española” en un valor universal. Era más que una actriz: era una imagen de España exportable al extranjero.

Un ideal de feminidad

Artículo en un periódico de la época en el que se lee 'Carmen Sevilla, La Violetera y Sara Montiel: no existe rivalidad ni enfado entre ambas estrellas'.
Tanto Carmen Sevilla como Sara Montiel se prestaron a escenificar, en broma, su pelea y después su reconciliación para disipar los rumores de enfado entre ambas por el papel protagonista de La Violetera.
Pueblo: Diario del Trabajo Nacional/Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, CC BY

En cuanto a los roles, Carmen Sevilla representaba muy bien las tensiones y contradicciones de las mujeres jóvenes de su época. Por un lado, encarnaba una mujer que trabajaba, ganaba dinero, viajaba internacionalmente y alcanzaba prestigio profesional y celebridad. Su mayor ambición, declaraba en una entrevista, era “hacer una película de gran éxito, que se hiciera famosa en todo el mundo”. Y, en buena medida, ya lo estaba consiguiendo.

Dentro de la profesión se valoraban además su compañerismo y generosidad. Cuando Sara Montiel le “robó” el papel protagonista de La violetera, Sevilla no dudó en posar junto a ella para demostrar que no estaba dispuesta a participar en el juego mediático de la rivalidad entre estrellas.

En definitiva, en una sociedad donde las posibilidades de promoción de una mujer eran limitadas, la estrella representaba la fantasía no sólo de tener éxito, sino de ser alguien.

Un ideal de masculinidad

Al mismo tiempo, las declaraciones de Carmen Sevilla mostraban una preocupación constante por encontrar al hombre correcto. Esperaba la llegada del “hombre soñado” y enumeraba sus características: debía ser español, económicamente solvente, respetuoso, cariñoso y capaz de ejercer autoridad. “Que me domine. Porque yo no admito a un hombre que se deje dominar”, afirmaba.

Fotografía en blanco y negro de una mujer joven, sonriente, que apoya la mano en la cara mientras mira a cámara.
Carmen Sevilla retratada para una postal publicitaria de los estudios Paramount hecha alrededor de 1955.
Paramount/Wikimedia Commons

Las declaraciones de Carmen permiten observar que la masculinidad ideal seguía asociándose a la madurez, la autoridad, la estabilidad económica y la capacidad protectora. No resulta extraño que afirmara también: “El día que me enamore de verdad dejaré el cine si mi esposo me lo pide”. En otras palabras, el matrimonio seguía apareciendo como la culminación de la vida femenina y el respeto a la autoridad masculina como un valor legítimo.

Naturalmente, con estas decisiones, Carmen Sevilla marcaba la dirección que debían seguir otras mujeres. En su vida todo parecía posible: ser bella, graciosa, alcanzar prestigio profesional, obtener popularidad, encontrar el amor verdadero, construir un matrimonio feliz, fundar una familia y viajar por todo el mundo. Ella misma era un perfecto amortiguador de una tensión histórica: la necesidad de una España que buscaba la modernización económica y la simpatía internacional, pero que seguía exigiendo a sus mujeres la subordinación al orden patriarcal tradicional.

Una estrella para una España en transformación

En fin, si la hipótesis de Morin de que las estrellas triunfan porque encarnan deseos colectivos es correcta, Carmen Sevilla sería el símbolo de una España que admiraba en la mujer la juventud, la gracia, la respetabilidad y el éxito profesional… siempre que este no cuestionara el ideal familiar. Una España que aspiraba a la promoción social y al reconocimiento público, que soñaba con abrirse al mundo sin dejar de ser ella misma y que seguía considerando el amor, el matrimonio y la familia como la medida última de la felicidad.

Ahora bien, una estrella no es una entidad fija. Según Morin, depende de las necesidades simbólicas de cada generación. Después de esta Carmen Sevilla de los años cincuenta, hubo otras: la chica yeyé de los sesenta y la reina del Telecupón de los noventa, por ejemplo.

Hasta hubo una Carmen Sevilla que, en los setenta, coqueteó con el destape.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Arte + Humanidades Claudia Lorenzo.


The Conversation

Emeterio Diez Puertas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué Carmen Sevilla fue una estrella: Edgar Morin y el imaginario de la España de los cincuenta – https://theconversation.com/por-que-carmen-sevilla-fue-una-estrella-edgar-morin-y-el-imaginario-de-la-espana-de-los-cincuenta-285983

Le musée sur ordonnance : comment nos pratiques culturelles deviennent un enjeu de santé publique

Source: The Conversation – in French – By Maria Elena Buslacchi, socio-anthropologue, chercheuse post-doc à L’Observatoire des publics et pratiques de la culture, MESOPOLHIS UMR 7064, Sciences Po / CNRS / Aix-Marseille Université, Aix-Marseille Université (AMU)

Loic Manegarium/Pexels, CC BY

L’ESSENTIEL

  • Le 18 juin dernier, les instances européennes ont déclaré la culture priorité stratégique de l’Union européenne.

  • Il est désormais admis que les pratiques culturelles produisent des réponses psychologiques, physiologiques, sociales et comportementales concrètes et positives pour la santé.

  • La « muséothérapie » se développe, et les premières prescriptions muséales ont déjà vu le jour.


Le 18 juin 2026, en marge du Conseil européen à Bruxelles, pour la première fois, le Parlement européen, la Commission européenne et le Conseil de l’Union européenne ont signé une déclaration commune faisant de la culture une priorité stratégique.

Ce texte, « L’Europe pour la culture – La culture pour l’Europe », affirme douze principes clés qui sont censés inspirer, sinon orienter, les politiques culturelles des pays membres. Parmi ces principes, celui de la culture comme enjeu de santé. La Commission reprend explicitement les conclusions d’un rapport d’experts des États membres, Culture for Health, qui met en avant les effets bénéfiques de la culture pour la santé et le bien-être.

La culture n’y est plus seulement défendue comme patrimoine, soit source d’attachement et d’appartenance pour les individus, ou comme levier économique, dans le secteur de l’industrie créative. Elle devient une ressource pour la santé publique et la cohésion sociale.

La culture comme soin

Ce déplacement s’inscrit dans un mouvement plus large, qui inspire des initiatives pilotes et des orientations politiques à plusieurs niveaux, en attribuant une nouvelle priorité à la recherche en neurosciences sur les effets des pratiques culturelles sur le cerveau et le bien-être. Le réseau européen Culture Next vient d’ailleurs de publier un rapport, « Culture as Care: Participation, Health and Collective Well-Being in European Cities », qui prolonge directement les termes de la déclaration.

La culture y est décrite non comme un substitut aux politiques sociales, sanitaires ou éducatives, mais comme ce qui crée du soin par la participation elle-même – à travers les espaces de rencontre, de reconnaissance mutuelle et d’action collective qu’elle rend possibles.

Le rapport insiste en particulier sur la jeunesse, appelant à dépasser une approche de l’accès (faire venir les jeunes vers les institutions culturelles, comme le veut le cadre théorico-politique français de la démocratisation culturelle) pour reconnaître le rôle déjà actif de créateurs et d’organisateurs, souvent en dehors des cadres institutionnels (selon une perspective qui se rapproche davantage à celle des droits culturels).

Un écosystème de santé

Le rapport de la Commission européenne Culture and Health – Time to Act (2025) préconise le développement d’un ecosystème de santé pour faire face à une série de phénomènes sociosanitaires qui caractérisent le continent européen aujourd’hui et qui contribuent à une détérioration progressive des conditions générales de santé tant physique que mentale des individus : le burn out post-pandémique, le vieillissement de la population, l’augmentation de l’isolement social, les conflits armés et la croissance des inégalités.

La notion d’écosystème de santé avait été initialement proposée dans le rapport de l’Organisation mondiale de la santé (OMS) paru en 2019, intitulé « What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being ? » (« Quels sont les effets bénéfiques réels de la pratique des arts sur la santé et le bien-être ? ». Selon ce rapport, les activités artistiques mobilisent simultanément l’engagement esthétique, l’imagination, l’activation sensorielle, l’évocation émotionnelle et la stimulation cognitive qui déclenchent des réponses psychologiques, physiologiques, sociales et comportementales concrètes et positives pour la santé.

Des initiatives pionnières

Ces rapports, en réalité, ne font qu’institutionnaliser un mouvement déjà amorcé à l’échelle de quelques institutions culturelles pionnières. Le Museum of Modern Art à New York (MoMa) est l’un des premiers musées à avoir formalisé, avec le concours de professionnels de santé, une offre culturelle adaptée à un public cliniquement défini : celui des personnes atteintes de la maladie d’Alzheimer.

Dès 2006, le programme Meet Me at MoMA propose tous les mois des visites interactives et commentées des collections pendant les heures de fermeture au public. L’objectif est de ménager un espace d’expression et d’échange pour des personnes aux stades précoce et intermédiaire de la maladie, en s’appuyant sur des œuvres emblématiques de l’art moderne. C’est un premier pas vers la reconnaissance du rôle que l’espace muséal peut jouer en matière de bien-être.

En 2018, l’historienne de l’art Nathalie Bondil, alors directrice du Musée des beaux-arts de Montréal, lance, avec le concours de médecins francophones canadiens, le dispositif de « prescription muséale » : un médecin partenaire peut orienter un patient vers une visite au musée lorsqu’il en anticipe un bénéfice pour sa santé.

Devenue depuis directrice du musée et des expositions de l’Institut du monde arabe à Paris, Nathalie Bondil a contribué à diffuser ce modèle en Europe, notamment à travers le concept de « muséothérapie », désormais admis et transmis par des institutions publiques en France, telles que l’Institut national du patrimoine (INP) ou l’École du Louvre, lors de leurs formations aux professionnel·les et futur·es professionnel·les des musées.

En France, le programme « Culture à l’hôpital » avait été formalisé dès 1999 par une première convention nationale interministérielle. Régulièrement renouvelé (en 2010, puis en juillet 2025), ce cadre partenarial entre les ministères de la culture et de la santé explicite l’intention de dépasser la logique de présence artistique en milieu hospitalier pour embrasser une ambition plus large de promotion de la santé et de prévention par la culture.

Prescriptions muséales

Les expérimentations au musée se multiplient. Le MoCo Montpellier Contemporain se lie au service d’urgences et de post-urgences psychiatriques du CHU dans le dispositif L’art sur ordonnance, ancrant le dispositif dans une logique de soin psychiatrique ; à Rennes, depuis 2022, une prescription médicale permet d’accéder gratuitement à des lieux culturels, tels que La Criée, 40mcube, le Musée des beaux-arts de Rennes, le Musée de Bretagne, Les Champs Libres ou encore l’Écomusée de la Bintinais ; le Louvre-Lens a inscrit la lutte contre les inégalités de santé parmi les engagements qu’il mentionne dans son projet scientifique et culturel et, en 2023, le musée a lancé un programme de séances gratuites de « Louvre-Lens-Thérapie » sur ordonnance médicale.

Dans les Yvelines, un programme départemental permet aux soignants et aux travailleurs sociaux de prescrire des visites muséales à travers un carnet de chèques pour des pathologies liées au stress, des troubles de la personnalité, ou comme alternative non médicamenteuse à la douleur.

Cette circulation de pratiques s’accompagne aussi d’une tentative de légitimation par la formation. Depuis 2024, l’Université Claude-Bernard Lyon 1 propose un diplôme universitaire, Prescriptions culturelles : arts et santé, coordonné par Nathalie Bondil elle-même aux côtés de Pierre Lemarquis, neurologue, et de Laure Mayoud, psychologue clinicienne.

Cette étape marque le passage d’une phase expérimentale de la prescription muséale à l’étape où l’on cherche désormais à l’inscrire dans un cadre théorique et pédagogique transmissible, à la croisée de la muséologie, des neurosciences et des sciences sociales. Mais, pour ce faire, des évidences scientifiques sur les effets doivent encore être produites, au-delà des études pionnières.

Des résultats concluants mais nuancés

À Caen, une étude de l’Inserm visant à mesurer les bienfaits de la fréquentation muséale sur différentes catégories de personnes est l’un des rendez-vous du Millénaire de la ville de Caen 2025. Une étude similaire en contexte européen a été portée par le projet ASBA (Anxiety, Stress, Brain-friendly museum Approach) sous la direction d’Annalisa Banzi, chercheuse au Centre d’études sur l’histoire de la pensée biomédicale de l’Université de Milano-Bicocca, en collaboration avec l’Università Statale di Milano.

Les niveaux d’anxiété et de stress de 350 citoyens et des dizaines d’agents d’accueil et de médiation des musées ont été mesurés par l’enregistrement de l’activité électro-corticale et par questionnaire avant et après leur participation à différentes activités culturelles au musée. Les résultats quantifient la réduction des niveaux d’anxiété et de stress perçus, qui peuvent diminuer d’un quart, et l’amélioration du bien-être psychophysique des participants.

La densification des moments de réflexion collective sur le sujet – par exemple, la conférence Who Cares ? Museums, Wellbeing and Resilience, organisée par le Network of European Museum Organisations (NEMO) à Horsens, au Danemark, en octobre 2025 – atteste à la fois son actualité et le besoin de prendre du recul face à un phénomène en plein essor, mais sans gommer les frontières et les tensions entre champ artistique et champ thérapeutique. Du point de vue des sciences sociales, le cadre de socialisation est, par exemple, un aspect saillant encore peu exploré dans les études.

Des enquêtes récentes montrent que l’influence des représentations et des pratiques du musée transmises dans le cadre familial dès le plus jeune âge ont aussi un impact majeur sur la conversion de l’expérience de visite en bien-être, conversion qui varie sensiblement selon les profils sociodémographiques.

La rencontre avec l’institution muséale, mais aussi avec les professionnel·les et les autres publics ainsi que tout ce qu’il y a « autour » de la visite mérite aussi d’être étudié. Le trajet, les pauses, le goûter pris au café du musée, l’achat d’un marque-page dans la boutique du musée, tout ce qui accompagne l’expérience esthétique de l’œuvre ne peut pas être oublié dans l’analyse. Ce qui n’invalide pas le rôle social de l’espace du musée et, bien au contraire, invite à poursuivre la réflexion pour le repenser dans ces termes.


Cet article a été rédigé en collaboration avec Andrea Esposito, expert en neuroesthétique, titulaire d’un M2 en Histoire de l’art à l’Université Ca’ Foscari Venezia et visiting researcher à l’Université degli studi Milano-Bicocca (projet ASBA) et à la Faculty of Behavioural and Social Sciences de l’Université de Groeningen.

The Conversation

Maria Elena Buslacchi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le musée sur ordonnance : comment nos pratiques culturelles deviennent un enjeu de santé publique – https://theconversation.com/le-musee-sur-ordonnance-comment-nos-pratiques-culturelles-deviennent-un-enjeu-de-sante-publique-287007

Prendre plus de protéines au petit-déjeuner sans faire d’exercice ne vous fera pas gagner en masse musculaire – il faut distinguer la science du marketing

Source: The Conversation – in French – By Linda M. Boland, Professor of Biology, University of Richmond


L’ESSENTIEL

  • Aux États-Unis comme en France, les aliments enrichis en protéines ont envahi les rayons des supermarchés.

  • Les protéines sont essentielles à l’organisme. Mais leur apport est généralement suffisant avec des aliments classiques.

  • Les industriels tirent bénéfice de l’engouement pour leurs aliments, poudres et compléments alimentaires « surprotéinés ». Et les consommateurs ?


Quand nous étions enfants, mes frères étaient fascinés par le premier film « Rocky ». Ils cherchaient à devenir plus forts et à exceller dans le sport, et une scène les marquait presque autant que celle de Rocky en train de monter les marches du musée en sprintant. C’est celle pendant laquelle, avant le lever du soleil, Rocky cassait des œufs crus dans un verre et les buvait.

Pour un adolescent, cela soulevait un certain nombre de questions. Pourquoi des œufs crus ? Était-ce vraiment ce dont on a besoin pour se muscler et devenir plus fort ? La curiosité a fini par l’emporter, mais une gorgée a suffi. La boisson était aussi dégoûtante qu’elle en avait l’air. Cette scène visait autant à montrer la ténacité de Rocky qu’à préparer une boisson riche en protéines qui permettrait de devenir plus fort.

Aujourd’hui, les œufs crus de Rocky ont cédé la place aux boissons et barres protéinées ainsi qu’à toute une gamme de produits enrichis en protéines. Les rayons des supermarchés regorgent de céréales, de pâtes, de chips, de café, de pain et même de Pop-Tarts enrichies en protéines (les Pop-Tarts, ou grillardises au Québec, sont des pâtisseries plates de forme rectangulaire, prisées en Amérique du Nord, ndlr).

Lorsqu’une viennoiserie du petit-déjeuner, principalement connue pour son goût sucré et son côté pratique est commercialisée comme source de protéines, il est évident que les entreprises agroalimentaires capitalisent sur l’intérêt croissant des consommateurs pour les protéines.

En tant que chercheuse spécialisée dans l’étude des protéines essentielles au fonctionnement des cellules nerveuses et musculaires, j’ai l’habitude de m’interroger sur ce que démontrent réellement les données scientifiques. Une grande partie de l’engouement actuel pour les protéines repose sur des données scientifiques solides. Cependant, de nombreuses personnes consomment déjà des quantités suffisantes de protéines dans leur alimentation.

En France, l’Agence nationale de sécurité sanitaire – Anses – fait le point sur le rôle des protéines, les aliments qui en contiennent ainsi que les apports recommandés dans la population, ndlr.

En tant que personne qui aborde elle aussi cet engouement pour les protéines comme une consommatrice soucieuse de sa santé, je pense qu’il est également important de faire la distinction entre le marketing qui pousse à ajouter des protéines dans tout, et ce qui est réellement nécessaire pour être en bonne santé.

Quelle définition des protéines ?

Avec les glucides et les lipides, les protéines font partie des trois macronutriments que vous devez consommer en quantités suffisantes pour assurer le bon fonctionnement de votre organisme. Les glucides et les lipides constituent vos principales sources d’énergie. Si les protéines peuvent également servir de source d’énergie, leur rôle principal est de construire et de réparer l’organisme.

Les protéines sont indispensables à la formation et au maintien des muscles. Cela inclut les muscles squelettiques que Rocky utilise pour sprinter et boxer, les muscles qui permettent à votre cœur de battre, ceux qui font passer les aliments dans votre estomac et vos intestins, ainsi que ceux qui ouvrent vos voies respiratoires pour vous permettre de respirer.

Mais les muscles ne sont pas la seule partie du corps qui a besoin de protéines. Les protéines sont également essentielles au bon fonctionnement de votre système nerveux, de votre système immunitaire, de votre peau, de vos hormones et d’autres éléments essentiels.

Les protéines ne sont donc pas seulement « la nourriture des muscles ». Elles sont nécessaires à l’ensemble de votre organisme, même si le marketing autour des aliments riches en protéines met l’accent sur les muscles.

Quelle définition des acides aminés

Les protéines sont constituées d’acides aminés, dont il existe 20 types. C’est la combinaison et le nombre d’acides aminés, ainsi que les formes que prennent les protéines qui se créent, qui leur confèrent leurs différents rôles dans l’organisme.

Votre organisme obtient des acides aminés en digérant les protéines que vous consommez et en les décomposant en ces éléments constitutifs individuels. La capacité de votre organisme à absorber les acides aminés et à les rendre disponibles pour être utilisés dépend de nombreux facteurs, notamment la source des protéines et le mode de cuisson.

Les protéines animales sont généralement plus digestes que les protéines végétales, et la cuisson améliore généralement la digestibilité des protéines. Ainsi, même si les œufs crus de Rocky constituaient une source de protéines, il faut savoir que les œufs brouillés sont plus faciles à digérer et auraient peut-être constitué un meilleur choix.

UN GUIDE DES 20 ACIDES AMINÉS COMMUNS

Les acides aminés sont les éléments de base des protéines des organismes vivants. Il existe plus de 500 acides aminés dans la nature. Cependant, seulement 20 d’entre eux sont utilisés pour la fabrication des protéines chez l’humain. Les acides aminés essentiels (que l’organisme humain ne peut pas produire) doivent être apportés par l’alimentation ; les acides aminés non essentiels peuvent être synthétisés par l’organisme, ndlt.

Tableau présentant les structures chimiques des 20 acides aminés
Les 20 acides aminés constituent les éléments de base des protéines.
Andy Brunning/Compound Interest, CC BY-NC-ND

Sur les 20 acides aminés différents présents dans les protéines, neuf sont considérés comme essentiels, car l’organisme humain ne peut pas les synthétiser directement et doit les puiser dans l’alimentation. La plupart des aliments riches en protéines contiennent la majorité de ces acides aminés essentiels, mais certains sont pauvres en un ou plusieurs d’entre eux. Les protéines d’origine animale, telles que les œufs, les produits laitiers, le poisson, la volaille et les viandes maigres, constituent de bonnes sources d’acides aminés essentiels.

La plupart des aliments végétaux riches en protéines, tels que la plupart des légumineuses, des fruits à coque et du riz, sont pauvres en un ou plusieurs acides aminés essentiels. Le soja fait exception, car il apporte une composition complète d’acides aminés essentiels.




À lire aussi :
Soja : comment bien le préparer pour préserver sa santé


Les professionnels de santé recommandent de consommer des sources de protéines variées, notamment des protéines complètes, afin de s’assurer d’absorber tous les acides aminés essentiels. La consommation d’un mélange d’aliments végétaux riches en protéines permet de pallier les carences d’un aliment végétal en particulier. (À lire aussi : les principaux repères alimentaires pour les végétariens adultes de l’Agence française de sécurité sanitaire, ndlr).

Les protéines en poudre, souvent utilisées comme compléments alimentaires, varient en termes de teneur en acides aminés essentiels et de composition. Par rapport aux poudres d’origine animale, les poudres d’origine végétale ont généralement des teneurs plus faibles en un ou plusieurs acides aminés essentiels et une teneur totale en protéines plus faible.

De quelle quantité de protéines avez-vous besoin ?

Il ne fait pratiquement aucun doute, d’un point de vue scientifique, que les protéines alimentaires sont essentielles à une bonne santé. Ce qui est plus difficile à déterminer, c’est la quantité de protéines dont vous avez besoin.

Une norme souvent citée est l’[apport nutritionnel recommandé (ANR)] fédéral des États-Unis. En janvier 2026, le gouvernement états-unien a relevé l’apport journalier recommandé (AJR) en protéines alimentaires pour les adultes, en le faisant passer de 0,8 gramme par kilogramme de poids corporel à 1,2 à 1,6 gramme par kilogramme. Pour une personne de 150 livres (75 kg, ndlr), cela revient presque à doubler la recommandation, qui passe de 54 grammes à une fourchette comprise entre 80 et 110 grammes par jour.

En France, l’apport journalier recommandé en protéines pour un adulte en bonne santé est de 0,83 g/kg/j, précise l’Anses, ndlr.

Certains experts ont interprété cette mise à jour comme une volonté de mettre l’accent sur l’optimisation de la santé plutôt que sur la garantie d’un apport protéique adéquat pour éviter toute carence.

Ces nouvelles recommandations fédérales ne sont toutefois pas sans susciter la controverse. La quantité de protéines dont une personne a besoin est une question complexe qui dépend des objectifs de santé individuels, de l’âge, du sexe, du niveau d’activité physique, des antécédents médicaux et d’autres facteurs. Consulter un professionnel de santé ou un nutritionniste agréé peut aider à définir des objectifs alimentaires personnalisés en matière de protéines.

De nombreux experts s’accordent à dire qu’aux États-Unis, en moyenne, un adulte en bonne santé consomme déjà une quantité suffisante de protéines. Si la plupart des adultes en bonne santé peuvent tolérer un apport modérément élevé en protéines, une surconsommation de protéines pourrait entraîner des problèmes de santé, tels que des lésions rénales et des troubles digestifs.

Des entreprises commercialisent des régimes riches en protéines pour favoriser la perte de poids, car une consommation accrue de protéines tend à augmenter la sensation de satiété). Une étude publiée en 2026 a ainsi mis en évidence un lien entre la leucine, un acide aminé, et la suppression de l’appétit, via une connexion entre l’intestin et le cerveau.

Cela dit, si la réduction de l’appétit peut favoriser la perte de poids, elle peut également diminuer l’apport calorique provenant des fruits, des légumes, des légumineuses et des céréales complètes qui apportent des fibres, des vitamines et d’autres nutriments essentiels.

Qu’en est-il des protéines en poudre et des compléments alimentaires ?

Les protéines en poudre représentent un secteur d’activité de 20 milliards de dollars US (soit 17,2 milliards d’euros, ndlr) , et leur popularité reflète à la fois l’idée selon laquelle les protéines alimentaires peuvent favoriser la croissance musculaire et réduire la perte musculaire, mais aussi à quel point les compléments protéinés peuvent être lucratifs.

Pour les personnes ayant peu d’appétit, ou pour celles qui rencontrent des difficultés pour respecter les apports protéiques recommandés, les aliments enrichis en protéines peuvent constituer un moyen utile d’augmenter l’apport en protéines. Cela pourrait concerner les personnes prenant des médicaments amaigrissants à base de GLP-1 (appelés aussi médicaments antiobésité par injections, ndlr), car ces spécialités pharmaceutiques peuvent réduire l’appétit et rendre plus difficile la consommation d’une quantité suffisante de protéines et d’autres nutriments.




À lire aussi :
Nouveaux médicaments antiobésité : l’arrêt des injections entraîne une reprise de poids beaucoup plus rapide que prévu


Mais si une boisson protéinée peut apporter des acides aminés essentiels, elle n’offre pas la valeur nutritionnelle globale des aliments riches en protéines, tels que le poisson, les légumineuses, les fruits à coque, le yaourt et les produits à base de soja. De plus, les aliments industriels enrichis en protéines peuvent contenir davantage de sucre, de sel ou de graisses saturées. Une barre protéinée peut davantage s’apparenter à une barre chocolatée à laquelle est adossée une meilleure image de marque.

Pour ces raisons, des organisations liées à la santé recommandent de consommer des associations de sources de protéines qui proviennent d’aliments non industriels.

Pour développer sa masse musculaire, consommer des protéines ne suffit pas

Au-delà du culturisme, la science a permis à la société de mieux comprendre l’importance des protéines alimentaires dans la lutte contre la perte musculaire liée au vieillissement, à la perte de poids ou à une blessure.

Certains experts estiment que doubler son apport en protéines n’est pas aussi important pour développer la masse musculaire que l’entraînement en résistance, un type d’exercice qui exerce une force et une contrainte sur les muscles afin de signaler à l’organisme de les réparer et d’en développer davantage. Cela diffère de l’entraînement d’endurance, qui améliore la capacité aérobie.

Un essai clinique publié en 2021 a montré que ce n’est que lorsque l’apport en protéines alimentaires était associé à un entraînement intensif de musculation que les personnes âgées constataient une amélioration de leur masse musculaire, de leur force et de leurs capacités fonctionnelles.

Le simple fait de consommer davantage de protéines ne suffit pas à développer la masse musculaire, car les voies moléculaires essentielles à la croissance et à la force musculaires nécessitent d’exercer de manière répétée des forces importantes sur le muscle. Solliciter vos muscles par un entraînement répété et des charges rendues progressivement de plus en plus lourdes stimule leur adaptation : ils gagnent en volume et deviennent plus aptes à produire de la force. Le système nerveux s’adapte lui aussi, en devenant plus apte à activer et coordonner les mouvements musculaires.

La musculation est également essentielle pour prévenir la perte musculaire qui accompagne la perte de poids liée aux médicaments à base de GLP-1, au vieillissement et à la récupération après une blessure. Le point essentiel à retenir est que les protéines alimentaires et la musculation agissent en synergie pour favoriser la croissance musculaire et maintenir la force.

Rocky savait que boire des œufs ne suffisait pas : il devait également solliciter ses muscles pour gagner en masse musculaire et en force.

Des protéines partout : science ou argumentaire commercial ?

Alors, cet engouement pour les protéines repose-t-il sur des données scientifiques réelles, ou s’agit-il d’une mode passagère ?

Les deux. Les données scientifiques sont claires : les protéines alimentaires favorisent le maintien et la croissance musculaires, la réparation et la récupération après une blessure, la sensation de satiété et la régulation du poids, ainsi qu’un vieillissement en bonne santé. La mode, quant à elle, réside dans l’idée que tout aliment enrichi en protéines est automatiquement meilleur – et qu’on a toujours intérêt à consommer davantage de protéines.

Les protéines méritent qu’on s’y intéresse. Mais la commercialisation de produits alimentaires enrichis en protéines ne facilite pas l’accès à une alimentation de qualité, qui apporte une source complète d’acides aminés issus d’aliments nutritifs.

The Conversation

Linda M. Boland ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Prendre plus de protéines au petit-déjeuner sans faire d’exercice ne vous fera pas gagner en masse musculaire – il faut distinguer la science du marketing – https://theconversation.com/prendre-plus-de-proteines-au-petit-dejeuner-sans-faire-dexercice-ne-vous-fera-pas-gagner-en-masse-musculaire-il-faut-distinguer-la-science-du-marketing-290645

« Et clic, l’argent est là » : les usages du crédit digital en Côte d’Ivoire

Source: The Conversation – in French – By Hélène Ducourant, Sociologue, Laboratoire Territoires Techniques et Sociétés, CNRS, Ecole des ponts, Université Gustave Eiffel


L’ESSENTIEL

  • Accessible en quelques clics, le crédit digital connaît un essor rapide en Afrique, et notamment en Côte d’Ivoire.

  • Ces petits crédits servent surtout à répondre aux situations urgentes.

  • Loin de discipliner ou de transformer profondément les budgets, le crédit digital apparaît surtout comme un outil supplémentaire pour gérer des situations financières fragiles.


Paiements fractionnés et mini-crédits font partie des nouvelles pratiques financières des consommateurs dans les pays du Nord. Ils sont souvent décrits comme brouillant les frontières entre paiement et crédit, en raison de modalités d’octroi rapides, automatisées et fondées sur un contrôle limité de la solvabilité.

Dans les pays du Sud, une forme proche connaît également un succès important : le crédit digital. Comment fonctionne-t-il ? Et quels effets cette facilité d’endettement produit-elle sur les pratiques budgétaires des ménages dans les Suds ?

Un univers bancaire alternatif

Le crédit digital désigne une offre de crédit automatisée, accessible directement depuis un téléphone mobile. Il s’est développé dans le prolongement du mobile money, c’est-à-dire des services de paiement, de transfert et de dépôt d’argent associés à un numéro de téléphone, largement diffusés en Afrique subsaharienne comme alternative à la bancarisation. Environ 40 % de la population dispose de tels comptes de mobile money associés à leur téléphone en 2025.

Publicité diffusée par Orange Money sur Facebook, 29 juin 2026. Cliquer pour zoomer.
Orange Bank/Facebook

Les premières offres de crédit digital sont apparues au Kenya au début des années 2010 avant de se diffuser dans d’autres pays africains faiblement bancarisés. Ces crédits portent sur de petits montants et sur des durées courtes, généralement comprises entre un et trois mois. Les frais et intérêts sont extrêmement variables d’un pays à l’autre. EN 2026, l’une des offres en Côte d’Ivoire affiche un taux de 1,15 % par mois, auquel s’ajoutent des frais de fonctionnement. Au Kenya, en 2021, les taux annuels étaient compris entre 49 % pour KCB M-Pesa, et 442 % pour KopaCash.

La décision d’octroi est impersonnelle, sans vendeur ni guichet. Elle repose sur un algorithme qui s’appuie sur deux types de données : les usages du compte de mobile money du client et son historique éventuel de remboursement de crédits antérieurs.

Le succès de ces offres s’accompagne de niveaux élevés de défauts ou de retards de paiement (par exemple en Côte d’Ivoire, au Kenya, au Nigeria, au Malawi, ou encore au Mexique). Cette ambivalence en fait un objet particulièrement intéressant pour comprendre les transformations contemporaines du crédit : le caractère automatisé et l’accès permanent au service poussent-ils à la surconsommation de crédit et à l’endettement ?

Pour le savoir, nous avons mené en mai 2025 une étude qualitative auprès d’usagers de ces crédits en Côte d’Ivoire, à Abidjan, où deux offres coexistent : Tik Tak d’Orange et MoMo Kash de la compagnie sud-africaine Mobile Telephone Networks (MTN).

Recours au crédit digital et ordinaire budgétaire

Notre enquête montre en premier lieu que le recours au crédit digital s’inscrit le plus souvent dans des quotidiens budgétaires marqués par l’irrégularité des revenus, la pluriactivité et une forte exposition aux aléas.

« Quand je suis coincée, j’ai les factures à payer. Je n’ai pas d’argent. Je prends, je règle les factures. Quand c’est bon, je travaille, je les rembourse. »

– H., 21 ans, stagiaire en centre d’appels

Les montants empruntés s’accordent avec cet usage de dépannage (transport, factures, achats alimentaires), visant moins à transformer les situations économiques qu’à en contenir la fragilité.

Publicité pour MTN Côte d’Ivoire, juillet 2023.

Autre résultat de l’enquête, le recours au crédit digital ne signifie pas que les usagers n’épargnent pas ni qu’ils seraient incapables d’anticiper leurs dépenses. Au contraire, le crédit digital, le crédit entre proches et l’épargne coexistent souvent dans les mêmes budgets. Les personnes interrogées composent avec deux horizons : les besoins immédiats du quotidien et des situations plus lointaines qui supposent de mettre de l’argent de côté. Pour cela, elles mobilisent différents supports d’épargne : associations, tontines, épargne bancaire, « coffres-forts » de mobile money, argent confié à un proche, ou liquide mis de côté.

Comprendre les règles d’octroi des crédits

L’enquête visait également à comprendre comment les personnes interrogées se représentent les mécanismes d’octroi du crédit digital. Cette question est d’autant plus importante que la plupart d’entre elles n’ont jamais eu accès au crédit bancaire classique ni aux prêts proposés par les institutions de microfinance.

Le principe général de l’octroi est relativement simple : bien rembourser permet d’augmenter progressivement le montant empruntable ; à l’inverse, un retard entraîne une baisse du plafond et une suspension temporaire de l’accès au crédit.

« Pour moi, si tu rembourses vite, peut-être qu’ils te donneront plus encore. »

– H, 21 ans, petit commerçant

Le corollaire de cette « justice comportementale » — la fermeture temporaire de l’accès au crédit ou sa restriction en cas de mauvais remboursement — est peu contesté. Il est même souvent interprété comme une sanction d’autant plus compréhensible qu’elle apparaît réversible :

« Pour me punir un peu parce que je suis un mauvais payeur, je suis obligé de redescendre, de redescendre et puis, bon, peut-être après, si je fais un peu les paiements réguliers, il n’y a pas de souci. »

– H, 35 ans, agent commercial indépendant

Aux États-Unis, le modèle du credit score universel, qui évalue la solvabilité de tous les consommateurs à partir de l’ensemble des données financières et de consommation connues, est très critiqué, car il tend à renforcer l’exclusion sociale, contraignant par exemple l’accès au logement, à l’assurance et à l’emploi. Le crédit digital, lui, demeure un produit financier clos sur lui-même. Ses effets sont circonscrits à l’accès futur au crédit, sans s’étendre plus largement aux autres dimensions de la vie économique et sociale des emprunteurs.

En cas de défaut ou retard de paiement

Les retards et défauts de paiement sont fréquents. Bien des enquêtés énoncent que, face à des urgences budgétaires, ils ne priorisent pas le remboursement du crédit. Dans ces situations, l’opérateur engage des actions de recouvrement, d’abord par SMS, puis par téléphone. Mais il dispose aussi d’un autre levier : prélever directement les sommes disponibles, ou celles qui transitent ensuite par le compte de mobile money associé à la ligne du débiteur.

Il revient alors à ce dernier d’éviter de recevoir de l’argent sur ce compte s’il ne souhaite pas qu’il soit ponctionné. Le multi-équipement en téléphones, puces et comptes de mobile money auprès de différents opérateurs permet alors, au prix d’une certaine charge mentale, de maîtriser le remboursement : alimenter le compte de mobile money Orange/MTN au moment où l’on est prêt à payer le crédit, et utiliser un autre compte le reste du temps.

« Par exemple, si moi je dois à Orange 10 000 et que vous devez me donner 5 000, je ne vous donnerai pas mon numéro Orange. Je dis “Laisse ça sur MTN, pour que je puisse récupérer”. »

– H, 42, chauffeur de VTC

Financiarisation de la vie quotidienne ?

En sociologie de la finance, la notion de « financiarisation de la vie quotidienne » rend compte de la place croissante prise par les produits financiers dans la vie ordinaire des ménages. Elle décrit comment les façons de gérer son argent, de prévoir, d’arbitrer ou de prendre des risques sont de plus en plus façonnées par l’offre bancaire et financière, par les règles qui l’encadrent, mais aussi par les outils numériques, qui enregistrent les traces des usagers et individualisent les services.

Notre enquête sur le crédit digital menée à Abidjan ne va pas dans ce sens. Certes, les enquêtés sont généralement soucieux d’adopter des pratiques budgétaires qui leur permettent de maintenir leur accès au crédit. Mais ce crédit digital ne discipline pas complètement les budgets, ni ne transforme en profondeur leurs pratiques budgétaires.


Cet article a été co-écrit avec Thomas Beauvisage et Fabienne Gire (Orange Research, laboratoire Sociology and Economics of Networks and Services, SENSE).

The Conversation

Hélène Ducourant a reçu des financements de Orange Innovation.

– ref. « Et clic, l’argent est là » : les usages du crédit digital en Côte d’Ivoire – https://theconversation.com/et-clic-largent-est-la-les-usages-du-credit-digital-en-cote-divoire-290006

Vagues de chaleur à l’école : pourquoi rénover les murs ne suffira pas

Source: The Conversation – France (in French) – By Sonia Vermeulen Steyaert, Senior researcher, Université de Lausanne; Université Libre de Bruxelles (ULB)


L’ESSENTIEL

  • Fin mai 2026, le ministère de l’éducation nationale publiait son premier plan « vagues de chaleur » pour les écoles, qui charge les collectivités de repérer les bâtiments les plus exposés et de lancer les chantiers prioritaires.

  • Mais la fraîcheur d’une classe ne dépend pas seulement de la rénovation thermique des bâtiments : elle dépend aussi de la matière dont ils sont faits et de la façon dont on les habite.

  • Ces deux points constituent les angles morts du plan de l’éducation nationale. Leur prise en compte conditionne pourtant l’efficacité des vastes budgets annoncés, tant en matière de rénovation que de climatisation.


Lors de la canicule de juin 2026, de nombreux élèves ont passé les épreuves du brevet et du baccalauréat dans des salles de classe où les températures relevées franchissaient les seuils au-delà desquels l’attention et les fonctions cognitives déclinent. Quelques jours plus tôt, l’éducation nationale avait publié son premier plan de gestion des vagues de chaleur.

La circulaire du 27 mai 2026 demande ainsi aux communes de cartographier la vulnérabilité thermique du bâti scolaire, étape préalable aux travaux de rénovation, soutenus par ÉduRénov et le Fonds vert. La facture s’annonce lourde. Un rapport remis au gouvernement en 2020, repris par le Sénat, chiffre à environ 40 milliards d’euros sur dix ans la rénovation énergétique du parc scolaire, très au-delà des financements engagés.

Mais un diagnostic conduit bâtiment par bâtiment présente des limites. En effet, au sein d’une même école et d’un même bâtiment, deux classes peuvent connaître des températures très différentes selon leur étage et l’orientation de leurs fenêtres. Une salle sous les toits restera plus chaude qu’une salle de plain-pied, que le bâtiment soit neuf, rénové ou ancien.

La position de la classe dans l’édifice pèse ainsi autant que sa construction, ce qui invite à se demander quelles pièces méritent de devenir des salles de classe.

Or, la circulaire de l’éducation nationale ne répond pas entièrement à cette question. Elle élude deux réalités d’ordre matériel et social : ce que la matière des bâtiments fait de la chaleur et ce que leurs occupants en font.




À lire aussi :
Écoles en surchauffe : un problème qui se joue avant tout à l’échelle des salles de classe


Les deux angles morts du diagnostic thermique

Le plan invite à mesurer l’orientation, l’année de construction, l’état de la ventilation et la présence de protections solaires. Ces indicateurs saisissent le bâtiment tel que l’ont dessiné les concepteurs et livré les maîtres d’ouvrage. Il en découle une première limite : ces indicateurs portent sur l’édifice livré davantage que sur l’édifice habité, une fois investi par les élèves et les routines scolaires.

La sociologie de l’espace donne un nom à cet écart. À la suite du chercheur Henri Lefebvre, on distingue l’espace conçu par les décideurs, l’espace perçu par celles et ceux qui l’habitent et l’espace vécu dans les gestes ordinaires. La psychologie environnementale a repris cette distinction pour étudier les écoles comme les lieux de travail.

Or, le confort d’été se fabrique dans le passage du plan à la réalité, quand le diagnostic ministériel s’arrête au premier.

Deux zones d’ombre pèsent particulièrement lourd.

  • La seconde zone d’ombre concerne les usages. La circulaire accorde peu de place à la marge de manœuvre des équipes. Peuvent-elles ouvrir la nuit, occulter au bon moment, déplacer le mobilier, changer une classe de salle, décaler les activités intenses vers les heures fraîches… ? La formation à ces gestes mériterait, elle aussi, de figurer dans le diagnostic. Ce sont pourtant ces pratiques qui activent (ou neutralisent) la performance thermique du bâti.



À lire aussi :
Protéger les écoles des prochaines canicules : des solutions low-tech à expérimenter dès maintenant


Quand la matière et les usages travaillent ensemble

Quelques réalisations récentes donnent à voir ce que la matière permet. À Paris, par exemple, la médiathèque James-Baldwin, livrée au printemps 2025 par l’atelier de Philippe Madec, occupe l’ancienne école hôtelière Jean-Quarré.

Médiathèque James-Baldwin, place des Fêtes, Paris XIXᵉ.
Clément Dorval/Ville de Paris

Les volumes existants ont été isolés par l’extérieur en fibre de bois et reliés par une construction neuve à ossature bois, dont un mur intérieur en terre crue coulée, façonné avec les terres excavées du Grand Paris Express, régule l’humidité. Grâce aux toitures végétalisées, à la ventilation naturelle et aux protections solaires, ce lieu très fréquenté traverse l’été sans recourir systématiquement à la climatisation.




À lire aussi :
Quelles sont les limites de la clim ?


Le monde scolaire offre aussi ses propres exemples. En Wallonie, l’école communale d’Outre-Meuse à Huy se construit avec 300 mètres cubes (m3) de blocs de terre crue compressée produits localement, un matériau qui tempère l’air intérieur et amortit le bruit sans consommer d’énergie.

Plan 3D de la nouvelle école communale d’Outre-Meuse, en Belgique.
Ville de Huy

En Suisse, plusieurs agrandissements d’écoles associent ossature bois et murs de terre crue pour stabiliser température et hygrométrie. Ces cas restent minoritaires, mais ils prouvent qu’un établissement scolaire peut rester frais l’été avec des moyens sobres.

L’efficacité de ces dispositifs matériels dépend toutefois de ceux qui les habitent. La médiathèque parisienne doit ainsi son confort à un personnel qui connaît le comportement du bâtiment et l’ajuste au fil des heures. Le même principe vaut à l’école.

Une étude menée auprès de 230 enseignants du primaire montre que la configuration des salles et leur adaptabilité figurent parmi les caractéristiques les plus liées au sentiment d’efficacité et au bien-être au travail. Là où les équipes disposent d’une réelle latitude pour transformer leur espace, elles s’en saisissent, y compris pour affronter la chaleur. Là où tout est verrouillé, fenêtres bloquées pour raisons de sécurité ou consignes imposées par une gestion technique centralisée, cette intelligence pratique s’éteint.

La conception ouvre un potentiel de fraîcheur, que l’appropriation quotidienne transforme en climat réellement vécu. Le confort d’été naît de leur rencontre.




À lire aussi :
Comment faire face aux vagues de chaleur à Paris ? La piste du refroidissement passif hybride


Trois leviers que le plan laisse de côté

Si l’on prend au sérieux ce couplage entre matière et usages, trois leviers mériteraient de rejoindre le diagnostic thermique dans les plans d’adaptation.

  • Le premier est la connaissance des usages réels, dans toute l’école et pas seulement dans les salles de classe. En cas de forte chaleur, les couloirs, la cantine, la salle des maîtres, la cour ou le préau pourraient se transformer en refuges improvisés, alors que le plan de l’établissement les destinait à d’autres fonctions. Les travaux des chercheurs en psychologie scolaire Zoe Moody, Frédéric Darbellay et leurs collègues sur les espaces que les enfants investissent en marge des lieux d’enseignement rappellent que l’usage réel s’éloigne souvent de l’usage prévu. Le rapport du Centre national d’étude des systèmes scolaires (Cnesco) sur la qualité de vie à l’école confirme que la qualité d’ensemble de ces environnements pèse sur le bien-être et la réussite.

  • Le deuxième levier est la marge d’appropriation, indissociable du choix des matériaux. Un mur à forte inertie se rafraîchit pleinement lorsqu’une main ouvre la fenêtre qu’il supporte la nuit et le referme le jour. Une salle pilotée par une gestion centralisée retire ce geste aux occupants, quand bien même le bâtiment s’y prêtait. Matériaux et manières de faire relèvent d’un seul et même levier. La politique du bâti gagnerait à s’appuyer sur le réemploi. Des chercheurs comme Michaël Ghyoot et ses collaborateurs ont déjà documenté les pratiques, qui existent depuis longtemps et qui permettent d’abaisser le coût des matériaux à faible impact et préserver, lors des rénovations, les composants qui rendaient déjà performants certains bâtiments anciens, comme les menuiseries épaisses, les briques pleines ou les planchers massifs.

  • Le troisième levier est la compétence d’habiter, autrement dit ce que les enseignants, les agents et les élèves savent faire de leur bâtiment. Or, cette compétence se forme, mais la formation initiale des enseignants s’en préoccupe encore peu, voire pas du tout. À propos de la végétalisation des cours, l’historien de l’éducation Sylvain Wagnon met en garde contre la tentation de « repeindre l’école en vert » sans toucher aux structures profondes. Le confort d’été appelle la même vigilance. La transformation effective des usages suppose formation et latitude d’action ; à ce prix, une rénovation modifie réellement les manières d’habiter le bâtiment.

Ce qui se joue pendant les vagues de chaleur dépasse la seule question du thermomètre. L’articulation entre ce qu’un bâtiment permet et ce que ses occupants peuvent en faire gouverne aussi la qualité de l’air, le niveau sonore, l’accueil des élèves à besoins particuliers ou l’arrivée du numérique. Elle éclaire la lenteur avec laquelle l’école transforme ses murs quand ses missions, elles, évoluent vite.

La rénovation d’un bâtiment prend tout son sens lorsqu’on réapprend, dans le même mouvement, à l’habiter. La rentrée 2026 offre l’occasion d’adresser enfin la question à celles et ceux qui vivent l’école, et pas seulement à ses façades.




À lire aussi :
Quelles sont les limites de la clim ?


The Conversation

Sonia Vermeulen Steyaert a reçu des financements du Fonds National Suisse.

– ref. Vagues de chaleur à l’école : pourquoi rénover les murs ne suffira pas – https://theconversation.com/vagues-de-chaleur-a-lecole-pourquoi-renover-les-murs-ne-suffira-pas-289415

Pourquoi est-ce que nous nous envoyons des messages à nous-même ? Ou comment nous nous approprions les technologies

Source: The Conversation – France in French (2) – By Pierre Tchounikine, Professeur en informatique, Université Grenoble Alpes (UGA)

S’envoyer un message permet de mieux éclairer sa journée. Rui Silvestre/Unsplash, CC BY

Détourner la fonction première d’une technologie pour mieux se l’approprier révèle que nous la percevons comme un moyen de répondre à certains de nos besoins – que ces derniers soient ou non ceux que ses concepteurs ont anticipés.


Les travaux qui étudient comment et pourquoi nous utilisons les outils de communication numérique ont mis à jour un phénomène surprenant mais extrêmement fréquent : l’envoi de messages à soi-même. Cette pratique est apparue avec les e-mails, notamment dans un contexte professionnel. On la retrouve maintenant avec les outils de messagerie instantanée, au point que des plateformes comme WhatsApp ont introduit une fonctionnalité qui facilite l’envoi et la visualisation de ces messages.

La raison pour laquelle nous nous envoyons des messages à nous-même relève d’un mécanisme général : l’appropriation des technologies. Comprendre ce phénomène peut nous aider, tant individuellement que collectivement, à mieux contrôler notre vie numérique.

Comment nous nous approprions les technologies

L’appropriation est le processus par lequel nous transformons un moyen en un support de nos activités que nous mobilisons et utilisons sans vraiment y penser. Depuis notre enfance, nous nous sommes approprié de nombreux objets ou technologies : lorsque nous voulons enfoncer un clou, nous attrapons un marteau, et lorsque nous voulons connaître l’heure nous jetons un œil sur notre montre.

La généralisation des ordinateurs et des smartphones nous conduit maintenant à nous approprier différentes applications informatiques. Ainsi, lorsque nous cherchons une information, le premier réflexe de bon nombre d’entre nous est maintenant de lancer une recherche Google (avant, c’était d’ouvrir le dictionnaire). Partager un événement avec ses amis est souvent devenu synonyme d’attraper le smartphone, d’appuyer sur l’icône de Facebook ou de WhatsApp et d’envoyer un message ou une photo. Nous faisons cela sans vraiment y réfléchir, la technologie est en quelque sorte devenue transparente : notre attention est focalisée sur ce que nous cherchons ou ce que nous voulons dire, pas sur les moyens que nous utilisons.

Mais que veut dire « utiliser une technologie sans y penser » ? Quels sont les phénomènes qui nous permettent de réaliser des tâches complexes (trouver une information, parler à un ami, consulter son compte en banque…) de façon aussi fluide ?

Une partie de l’explication tient à notre capacité à automatiser certaines séquences d’actions. La première fois que nous utilisons une application (par exemple, un outil de messagerie) nous sommes obligés de réfléchir à ce que nous devons faire puis à la façon de le faire : indiquer à qui nous voulons envoyer un message et donc trouver comment taper un numéro de téléphone ou accéder à la liste de nos contacts ; identifier la zone de l’écran où il faut taper le message ; etc. Si nous utilisons régulièrement cette application, nous allons cependant internaliser cette combinaison d’actions récurrentes et être capables de l’effectuer machinalement, comme c’est le cas lorsque nous changeons les vitesses de notre voiture.

Associer un besoin à une technologie

Le phénomène clé de l’appropriation est cependant que nous avons associé un besoin (connaître la réponse à une question, contacter un ami) à une technologie (un moteur de recherche, un réseau social ou un outil de messagerie). C’est cette association qui nous fait lancer telle ou telle application sans y penser puis, de façon plus ou moins automatisée, l’utiliser.

Le développement des constructions psychologiques que sont ces associations besoin/moyen et ces séquences d’actions automatisées vient du fait que l’activité humaine est à la fois productive (nous réalisons des tâches, dans notre vie personnelle et professionnelle) et constructive (nous développons des moyens – matériels, organisationnels, psychologiques – de réaliser ces tâches). Lorsque nous découvrons une nouvelle façon de réaliser une tâche et qu’elle nous semble efficace, nous lui donnons de l’importance et elle tend à remplacer ou modifier notre ancienne façon de faire. C’est ce qui nous permet de nous développer, tant individuellement que collectivement.

Si nous nous approprions généralement les objets et les technologies d’une façon cohérente avec ce qui était prévu par leurs concepteurs, ce n’est pas toujours le cas. Lorsque nous devons enfoncer un clou et n’avons pas de marteau, nous allons généralement fouiller la caisse à outils pour trouver une alternative et, par exemple, attraper une clé anglaise. C’est une appropriation ponctuelle, et nous utiliserons le marteau dès que nous l’aurons retrouvé. Mais une appropriation ponctuelle peut se révéler productive et devenir récurrente. C’est le cas de ce pot de confiture posé sur notre bureau pour rassembler nos stylos, de ce crayon devenu une façon habituelle de tenir un chignon ou de cette caméra de smartphone devenu miroir de poche.

Détournement de technologies

La façon dont fonctionne l’appropriation des technologies met en évidence que pour comprendre les usages réels d’une technologie il faut se focaliser sur les gens et leurs besoins. Une technologie est une proposition technique. Ce qui définit l’usage, c’est la façon dont nous percevons cette technologie comme un moyen de répondre à certains de nos besoins, que ces derniers soient ceux anticipés par les concepteurs de cette technologie ou pas. Ainsi, le succès des plateformes dites « réseaux sociaux » ne s’explique pas par le fait qu’elles permettent d’échanger des textes, des images et des vidéos. Leur succès tient à ce que, pour beaucoup d’entre nous, elles sont des moyens conscients ou inconscients de répondre à des besoins cruciaux comme le fait d’être en contact avec les autres (un besoin fondamental des humains), de partager sa vision du monde (une façon de se rassurer) ou encore, malheureusement, d’assouvir son narcissisme ou sa violence.

Alors, pourquoi est-ce que nous nous envoyons des messages à nous-même ? La raison la plus fréquente est liée à un besoin basique, mais important, de nos vies professionnelles et personnelles : nous souvenir de ce que nous devons faire. Ce besoin a toujours existé, et nous l’avions auparavant associé à différents moyens conçus pour y répondre (agendas papiers, post-it) ou qui se sont révélés efficaces (pour les plus anciens, faire un nœud à son mouchoir).

La généralisation des smartphones a conduit de nombreuses personnes à adopter un nouveau moyen explicitement conçu pour répondre à ce besoin : les agendas électroniques. Comme beaucoup de nos activités professionnelles ou privées passent par le mail ou les messageries instantanées et que nous avons toujours un œil sur notre boîte de réception, garder ces mails et ces messages est cependant un bon moyen de ne pas oublier les tâches qui y sont associées. Si ce comportement s’avère fructueux, il tend à s’autorenforcer et la boîte de réception devient, petit à petit, une « to-do list » (en d’autres termes : nous nous approprions la boîte de réception comme un pense-bête). Lorsque nous voulons nous souvenir de quelque chose qui n’est pas lié à un message, il est alors assez logique et, en fait, nécessaire de créer un message ad hoc et de nous l’envoyer à nous-même.

N.B. technique : Plutôt que de s’envoyer le mail via un serveur distant, il suffit de le copier du dossier brouillon au dossier boîte de réception : cela économisera un peu de CO₂.

The Conversation

Pierre Tchounikine ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Pourquoi est-ce que nous nous envoyons des messages à nous-même ? Ou comment nous nous approprions les technologies – https://theconversation.com/pourquoi-est-ce-que-nous-nous-envoyons-des-messages-a-nous-meme-ou-comment-nous-nous-approprions-les-technologies-272404

Pourquoi nous préférons parfois nous taire sur les sujets politiques

Source: The Conversation – France in French (3) – By Lee-Ann d’Alexandry, doctorante, Aix-Marseille Université (AMU)

La démocratie se nourrit du débat et de l’expression des désaccords. Mais quand la crainte du conflit domine, les majorités silencieuses s’effacent et les minorités bruyantes s’imposent. Kues/Shutterstock (no reuse)

L’ESSENTIEL

  • Par crainte du jugement, pour éviter le conflit ou par simple appréhension, nous nous autocensurons fréquemment sur les sujets politiques.

  • Lorsque la peur du débat domine, les majorités silencieuses disparaissent et les minorités bruyantes prennent toute la place.

  • Lorsque les conditions sont réunies (information, modération, représentativité, sécurité), l’autocensure diminue et une plus grande diversité s’exprime.


Pause-café au bureau. Les élections approchent. Un collègue affirme que le Rassemblement national « change la donne ». Un autre évoque le potentiel retour de François Hollande. Vous avez un avis. Peut-être même un désaccord. Vous pesez vos mots. Vous évaluez les regards. Vous imaginez les conséquences. Et finalement, vous ne dites rien.

Cette scène banale révèle un mécanisme profondément humain : dès qu’il est question de politique, nous préférons souvent nous taire. Pourquoi ? Dans les régimes autoritaires, où la censure est explicite, ce silence s’explique aisément. Mais même au sein des démocraties libérales, prendre la parole peut être intimidant.

Aux États-Unis, la sénatrice Lisa Murkowski (membre du Parti républicain, ndlr) l’a reconnu lors d’un sommet à Anchorage en avril 2025 :

« Nous avons tous peur… Moi-même, je suis souvent très anxieuse à l’idée de prendre la parole, car les représailles sont réelles, et ce n’est pas bien. »

Lorsqu’une élue exprime publiquement une telle crainte, cela interroge le climat politique. Si cette déclaration surprend dans ce que l’on considère comme la plus grande démocratie du monde, elle rappelle surtout une réalité : la peur de s’exprimer n’a pas besoin de censure institutionnelle pour s’installer.

Par crainte du jugement, pour éviter le conflit ou par simple appréhension, nous nous autocensurons. La psychologie sociale montre que ce silence n’est pas anodin : il constitue un mécanisme de protection sociale, profondément enraciné dans nos interactions quotidiennes.

Liberté d’expression et autocensure : deux phénomènes distincts

Il importe de distinguer deux niveaux souvent confondus.

La liberté d’expression est un principe juridique : le droit, garanti par la loi, d’exprimer ses opinions sans intervention arbitraire de l’État. Dans la plupart des démocraties, ce cadre demeure formellement protecteur. Pourtant, les indicateurs internationaux signalent un recul mesurable : l’Unesco relève une baisse d’environ 10 % des indicateurs mondiaux liés à la liberté d’expression depuis 2012, accompagnée d’une progression de l’autocensure chez les journalistes.

Ces dynamiques institutionnelles ne doivent toutefois pas masquer un phénomène distinct : l’autocensure volontaire dans des régimes où la liberté reste juridiquement protégée.

Aux États-Unis, 77 % des personnes interrogées déclarent se retenir régulièrement d’aborder la politique dans certaines situations. Il ne s’agit pas d’une interdiction formelle, mais d’une inhibition sociale. En France, 78 % des citoyens déclarent ne pas avoir confiance en la politique, signe d’un climat peu propice à la prise de parole. Lorsque le bénéfice perçu de l’expression s’effondre, le silence devient rationnel.

L’autocensure face à la peur du jugement et de l’isolement

Comment expliquer ce paradoxe : une liberté formelle intacte, mais une parole retenue ?

La théorie de la « spirale du silence », formulée par Elisabeth Noelle-Neumann en 1974, propose un premier cadre. Lorsque nous percevons notre opinion comme minoritaire ou socialement risquée, la peur de l’isolement nous incite à la taire. Ce silence agit comme un effet boule de neige : le mutisme de chacun alourdit la masse, donnant l’impression que cette idée est encore plus rare qu’elle ne l’est réellement.

Une méta-analyse récente montre que la perception du climat d’opinion influence effectivement l’expression politique. L’effet est particulièrement fort dans les discussions avec des proches sur des sujets moralement sensibles. Autrement dit, la pause-café ou le dîner entre amis constituent des contextes où la spirale opère avec le plus d’intensité.

Contrairement à une idée répandue, cet effet n’est pas plus faible en ligne qu’hors ligne : la dynamique du silence fonctionne aussi sur les réseaux sociaux.

Les travaux de Pew Research Center autour des révélations d’Edward Snowden l’ont montré : 86 % des Américains se disaient prêts à discuter du sujet en face à face, mais seulement 42 % des utilisateurs de Facebook ou de Twitter étaient disposés à en parler en ligne. Plus frappant encore : les individus percevant un désaccord dans leur réseau numérique étaient également moins enclins à en parler hors ligne. Le silence observé en ligne peut ainsi contaminer les conversations physiques.

À ces mécanismes s’ajoutent les cascades informationnelles décrites par les trois économistes et chercheurs en finance Bikhchandani, Hirshleifer et Welch : face à l’incertitude, nous avons tendance à imiter les choix déjà visibles, en supposant que les premiers à s’exprimer disposent de meilleures informations. Peu à peu, une opinion paraît dominante simplement parce qu’elle a été exprimée en premier ou plus fortement.

Quand le consensus se fissure : l’action corrective

Le silence n’est toutefois pas un destin inéluctable.

Des travaux récents, montrent qu’un consensus perçu comme biaisé ou injuste peut au contraire susciter une prise de parole corrective. Ce n’est pas la simple perception d’une majorité qui compte, mais le jugement porté sur sa légitimité. Si un individu estime que l’opinion dominante est erronée ou moralement problématique, et s’il se sent suffisamment légitime pour intervenir, il peut choisir de s’exprimer malgré le risque social.

La spirale du silence et l’action corrective ne s’opposent pas : elles coexistent. L’une domine lorsque le coût social perçu excède le bénéfice attendu. L’autre s’active lorsque l’enjeu moral ou identitaire rend le silence plus coûteux que la prise de parole.

Cette logique s’observe aujourd’hui dans des phénomènes tels que la cancel culture _ (boycott ou sanction publique pour des propos jugés inacceptables), ou le _call out (qui consiste à dénoncer publiquement ces propos). Selon le Pew Research Center, ces pratiques divisent profondément : pour certains, elles renforcent la responsabilité, pour d’autres, elles relèvent d’une forme de censure sociale. Dans ce contexte, la prudence devient rationnelle.

Aux Jeux olympiques d’hiver 2026, la patineuse Amber Glenn a ainsi réduit sa présence en ligne après des menaces liées à ses prises de position en faveur de la communauté LGBTQIA+. En Australie, l’annulation de l’Adelaide Writers’ Week a conduit plusieurs auteurs à organiser un événement alternatif pour défendre la pluralité des voix. Pour rappel : l’événement a été annulé à la suite d’un boycott massif (logique de cancel culture) provoqué par la déprogrammation d’une autrice palestino-australienne. Cette déprogrammation avait elle-même suscité de vives dénonciations publiques (logique de call out).

Le danger des majorités silencieuses

La démocratie se nourrit du débat et de l’expression des désaccords. Mais que se passe-t-il si tout le monde se tait ? Le miroir de l’opinion publique se fissure : les majorités silencieuses disparaissent tandis que les minorités bruyantes prennent toute la place. Le résultat est un débat public faussé, qui ne reflète plus la diversité réelle des points de vue.

Toutes les pressions sociales ne sont pas illégitimes : certaines critiques doivent pouvoir exister, surtout lorsqu’elles visent à prévenir discriminations ou agressions. Le vrai défi est de trouver l’équilibre : comment protéger la liberté d’expression tout en garantissant responsabilité et respect ?

Les recherches sur la délibération publique offrent des pistes concrètes. Les Deliberative Polls, développés par le professeur en sciences politiques James Fishkin, montrent qu’en conditions structurées – information équilibrée, modération, représentativité – les participants expriment des positions plus nuancées et moins conformistes. Lorsque le cadre sécurise l’expression et rend visible la diversité réelle des points de vue, l’autocensure diminue.

Mais au-delà de l’architecture institutionnelle, une autre voie consiste à renforcer les compétences individuelles. Plutôt que d’aménager l’environnement informationnel pour orienter subtilement les comportements, il s’agit de développer la capacité des citoyens à résister eux-mêmes à la pression conformiste : esprit critique, tolérance à la dissonance, capacité à distinguer désaccord et rejet social.

Autrement dit, la question n’est pas seulement de créer plus d’espaces de parole, mais de renforcer la souveraineté cognitive de ceux qui les habitent.


Lee-Ann d’Alexandry est l’autrice du Manuel pour ne plus être manipulé par les politiques, (De Boeck supérieur, 2026).

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Pourquoi nous préférons parfois nous taire sur les sujets politiques – https://theconversation.com/pourquoi-nous-preferons-parfois-nous-taire-sur-les-sujets-politiques-275750