‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elisa Brey, Profesora en sociología y opinión pública, experta en migraciones y vida urbana, Universidad Complutense de Madrid

Bilal y Toni en _Ciudad sin sueño_, de Guillermo Galoe. BTEAM Pictures

Nominada a cinco Premios Goya de la Academia de Cine española, la película Ciudad sin sueño, dirigida por Guillermo Galoe, tiene la Cañada Real Galiana como principal escenario.

La Cañada Real es un gran asentamiento informal y lineal situado en un tramo de una antigua vía pecuaria a su paso por la Comunidad de Madrid, con unos 15 kilómetros de longitud. Nació como ocupación progresiva de terrenos públicos destinados originalmente al paso de ganado trashumante, donde familias de bajos recursos fueron (auto)construyendo sus propias viviendas.

El argumento central de Ciudad sin sueño gira en torno a la amistad de dos chicos adolescentes, uno de etnia gitana y el otro marroquí. Sus vidas están a punto de separarse, porque ambos van a abandonar el lugar donde crecieron y con el que están familiarizados. Mientras que el primero, Toni, se irá con sus padres y sus hermanos a un piso de realojo en Madrid, Bilal se marchará con su familia a vivir a Francia.

Si bien se trata de una ficción, la película proyecta un tono de documental y cuenta con actores naturales cuyas relaciones son anteriores a la película. La obra se rodó a lo largo de seis años de inmersión comunitaria, durante los cuales se llevaron a cabo talleres con vecinos y vecinas. Fruto de este trabajo nació Ciudad sin sueño, que expande el universo del corto rodado en 2023 Aunque es de noche. Este último había recibido el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción, entre otros reconocimientos.

Además de poder considerarse un proyecto social, la película se puede leer en clave política.

El retrato de los barrios vulnerables

Ciudad sin sueño es un ejemplo más de una larga trayectoria de filmes localizados en zonas urbanas desfavorecidas. En España, encontramos un caso reciente en El 47, multipremiado en los Goya de 2025. Narra la historia real de un conductor de autobuses que, en 1978, secuestró su propio vehículo de la línea 47 para demostrar que este podía subir a Torre Baró, un barrio humilde de Barcelona. Su objetivo era mejorar la conexión de este con el centro de la ciudad.

Otro ejemplo es el documental Palmeras en positivo, de 2025, que relata un proceso de participación ciudadana en el barrio cordobés de Palmeras. Fue realizado para el proyecto europeo IN-HABIT, cuyo objetivo es promover la salud y el bienestar en ciudades pequeñas y medianas.

El punto común con Ciudad sin sueño es que todas ellas le dan la voz a vecinos y vecinas de los barrios, por muy vulnerables que sean sus condiciones de vida, y estos se convierten en los protagonistas. Observamos esta misma tendencia en las películas de Ken Loach o de los hermanos Dardenne, centrados en los grupos sociales más excluidos del Reino Unido o de Bélgica, respectivamente.

El acto de darles voz y protagonismo

En Ciudad sin sueño se retratan los sectores 5 y 6 de la Cañada Real Galiana, afectados por cortes de luz desde el 2 octubre de 2020. La decisión fue entonces ejecutada por la empresa Naturgy. Poco después, el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid archivó la denuncia contra la decisión de la empresa.

Por contra, el Defensor del Pueblo ha criticado repetidamente los cortes de luz. El Gobierno de España, a través del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, cuenta con un grupo interministerial desde 2021 para coordinar soluciones y, tras la recriminación del Consejo de Europa en 2025, el ministro Pablo Bustinduy ha impulsado acciones conjuntas con el Defensor del Pueblo para restablecer la electricidad y avanzar en realojos.

Desde hace más de cinco años –que incluyen seis inviernos–, 4 500 adultos y niños se ven afectados por esta carencia, como denuncia la Plataforma Cívica Luz Ya para Cañada Real.

Pero la batalla venía de antes. En 2008, el documental La ciudad invisible. Voces de la Cañada Real, dirigido por Lucía Mbomío, ya denunciaba la vulnerabilidad en la que se encontraban la Cañada Real y sus habitantes, en los límites de la ciudad de Madrid.

Guillermo Galoe dirige una escena de _Ciudad sin sueño_ en la Cañada Real.
Guillermo Galoe dirige una escena de Ciudad sin sueño en la Cañada Real.
BTEAM Pictures

Escoger este escenario como localización de una película es, en sí, una decisión de carácter político. Da visibilidad a un lugar y un sector de la población que hacen frente a una larga batalla y que sufren el estigma de ver el barrio asociado a la droga en el imaginario urbano colectivo.

Frente a ello, Galoe propone una mirada honesta: no niega la existencia del tráfico de droga, pero sí vemos cómo los personajes envueltos en ello sufren sus consecuencias. Habla de la señora anclada a su casa por asegurar un servicio continuo de venta, o de los niños y niñas que conviven con drogadictos. Aunque los cortes de luz no sean la temática principal, la película muestra cómo dificultan la vida cotidiana de todos, sea cual sea la actividad a la que se dedican vecinos y vecinas.

Comunidad e infancia

A pesar de la vulnerabilidad, los cortes de luz o la expulsión de la población, Ciudad sin sueño transmite dignidad y esperanza.

La película pone el foco en relaciones de convivencia –intercultural e intergeneracional–, redes de apoyo y arraigos territoriales. Esto se retrata tanto en la relación de Toni con Bilal como en la de Toni con su abuelo.

Fotografía de un adolescente de perfil y otro de frente.
Imagen de Ciudad sin sueño.
BTEAM Pictures

La historia de amistad entre los adolescentes va más allá del tiempo que pasan juntos en pantalla, ya que ellos mismos participan en la creación de contenidos, como se ve en las imágenes que graban con sus móviles, cambiando los filtros de color. Al volverse multitonal, el ambiente adquiere un carácter mágico y bello.

Esta visión es diametralmente opuesta a la imagen construida socialmente de la Cañada Real como espacio excluido. Además, la película le da el protagonismo a la adolescencia y la infancia, cuestionando el punto de vista adultocéntrico que domina la realidad social.

El cine como herramienta de reivindicación política

Así, estos tres elementos hacen que Ciudad sin sueño pueda considerarse una herramienta de reivindicación política: la atención a las redes locales y los arraigos; la mirada de los protagonistas y el retrato de la convivencia intercultural entre dos chicos, gitano y marroquí, que pertenecen a dos grupos sociales especialmente discriminados en España, en un contexto actual marcado por el auge de discursos antimigratorios.

La apuesta de Guillermo Galoe ofrece luz, visibilidad, dignidad y esperanza a un espacio muy vulnerable como es la Cañada Real Galiana y, especialmente, a los vecinos y vecinas de sus sectores 5 y 6.


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The Conversation

Elisa Brey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Ciudad sin sueño’ en la Cañada Real: el cine como acto de reivindicación política – https://theconversation.com/ciudad-sin-sueno-en-la-canada-real-el-cine-como-acto-de-reivindicacion-politica-273983

La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Olías, Catedrático de Hidrología Superficial e Hidrogeología, Universidad de Huelva

Colonia agrícola Monte Algaida, en el entorno de Doñana, en Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz, España Joserpizarro/Shutterstock

Hasta la década de los 60 del siglo pasado, antes de que existiera el Parque Nacional de Doñana, no se sabía que en esta zona existía una gran acuífero. Fue entonces cuando la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), junto con el Gobierno español, impulsaron estudios hidrogeológicos que permitieron comprobar la existencia de este importante acuífero, denominado Almonte-Marismas.

A raíz de aquel descubrimiento, se desarrolló un proyecto público de transformación agraria, gracias al cual se perforaron cientos de sondeos profundos en zonas muy próximas al Parque Nacional de Doñana (creado en 1969). También se inició simultáneamente la perforación desordenada de sondeos por la iniciativa privada para el riego de fresas, muchos de ellos ilegalmente.

¿A dónde va el agua del acuífero?

El acuífero Almonte-Marismas se extiende desde las provincias de Sevilla y Cádiz, al este, hasta el estuario del río Tinto, junto a Huelva, al oeste. Es mucho más extenso que los ecosistemas de Doñana, que incluyen el parque nacional y el parque natural (este último creado en 1989).

Los materiales que forman el acuífero son en su mayor parte arenas y gravas permeables, que en la zona de marismas están cubiertos por materiales arcillosos impermeables.

El agua del acuífero proviene de la infiltración de parte del agua de la lluvia caída en la zona. Tras circular lentamente a través de los materiales permeables, las salidas del acuífero se producen por:

  • Aportes de aguas subterráneas hacia los principales arroyos de la zona, especialmente al arroyo de La Rocina, sustentando un frondoso bosque en galería y zonas encharcadas permanentemente, incluso durante el verano.

  • Surgencias de agua en el contacto entre las arcillas de la marisma y los materiales arenosos del entorno. Esta zona constituye un ecotono, es decir, un ecosistema de transición entre la marisma y las arenas, que mantiene una humedad permanente, muy importante para la fauna, gracias a los aportes de agua subterránea.

Una zona con gran vegetación junto a un área de dunas de arena clara
Las surgencias de agua subterránea en el ecotono mantienen una humedad y abundante vegetación permanente durante el verano. En la imagen se muestra el contacto de arenas de dunas con las arcillas de marismas.
Manuel Olías, CC BY-SA
  • El acuífero también alimenta multitud de lagunas con una gran variedad de condiciones y biodiversidad. Se estima que sólo en el parque nacional existen más de 3 000 en años húmedos.

  • Donde el agua subterránea se encuentra a menos de 1 m de profundidad, las plantas producen su evapotranspiración, es decir, su paso a la atmósfera. En estas zonas se desarrolla una vegetación muy densa constituida por plantas higrófitas, muy sensibles a cambios del nivel freático –nivel que alcanza el agua en el subsuelo–.

  • Por último, también se producen salidas hacia el mar en la zona costera.

Una laguna de agua en un paisaje con plantas secas y árboles
La laguna del Charco del Toro, situada a menos de 1 kilómetro de Matalascañas, está profundamente afectada por las extracciones de aguas subterráneas.
Pepe Prenda, CC BY-SA

La división del acuífero

A efectos de gestión, el acuífero Almonte-Marismas está dividido en seis masas de aguas subterráneas: cinco (La Rocina, Almonte, Marismas, Marisma de Doñana y Manto Eólico Litoral de Doñana) pertenecen a la Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir, que depende del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, y una (Condado) a la Demarcación del Tinto, Odiel y Piedras, gestionada por la Junta de Andalucía.

Mapa donde aparecen delimitados el acuífero Almonte-Marismas, las zonas protegidas de Doñana y la división del acuífero
El acuífero Almonte-Marismas, con las zonas protegidas de Doñana y las masas de agua subterránea en las que está dividido.
Manuel Olías, CC BY-SA

Algunos de los límites entre estas masas de aguas subterráneas tienen un criterio hidrogeológico. Por ejemplo, la masa Marismas de Doñana corresponde a la zona de marismas del parque nacional donde afloran arcillas impermeables.

Sin embargo, otros límites se deben a criterios administrativos. Así, el contacto entre las masas Manto Eólico Litoral y La Rocina corresponde al antiguo límite del Parque Natural de Doñana. Sin embargo, el parque natural se amplió hacia el norte en el año 2015, por lo que este límite ya no tiene ningún sentido.

Tres de estas masas se consideran actualmente en mal estado cuantitativo por los importantes descensos causados por los bombeos, y otras dos están en mal estado químico por la contaminación del agua causada por los nitratos y pesticidas utilizadas en la agricultura.




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Tabla con el estado de las seis masas de agua en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas. Cuatro están en mal estado
Estado de las masas de agua subterránea en las que se divide el acuífero Almonte-Marismas según el actual plan hidrológico.
Manuel Olías, CC BY-SA

Impactos de las extracciones de agua

Los bombeos de aguas subterráneas en la zona de Doñana se destinan principalmente al riego de cultivos, aunque también existen extracciones menores, pero significativas, para el abastecimiento de agua potable a Matalascañas.

Los descensos más importantes de los niveles freáticos se han producido en torno a las localidades de El Rocío y Villamanrique de la Condesa, donde se ha formado dos grandes conos de bombeo con descensos de hasta 20 m; en las cercanías de Matalascañas; y en la zona próxima a Mazagón.

Gráfico que muestra un descenso del nivel de las aguas subterráneas
Evolución de la profundidad del agua subterránea en un sondeo situado al sur de Villamanrique de la Condesa (Sevilla); en los años 70 el agua estaba a 5-6 m de profundidad y en la actualidad se encuentra a más de 25 m.
Manuel Olías, CC BY-SA

Las consecuencias ecológicas más graves de los descensos de las aguas subterráneas son los siguientes:

  • La disminución de los aportes hacia los arroyos de la zona, que transportan menos agua hacia la marisma y se secan cada vez más frecuentemente. Esto provoca la desaparición de zonas encharcadas muy importantes para las aves acuáticas durante el verano.

  • La disminución de salidas de agua subterránea a los ecotonos, que afecta especialmente al ecotono norte, entre Villamanrique y El Rocío.

  • La afección a lagunas. Algunas de las más próximas a Matalascañas y los puntos de bombeo se han secado permanentemente mientras que otras cada vez tienen menos agua, afectando a su flora y fauna.

  • La disminución de la vegetación higrófita en extensas zonas del parque.

Además, se han producido importantes cambios en los flujos de aguas subterráneas. En un estudio publicado el pasado año, detectamos que parte de la zona de la cabecera de La Rocina donde el agua
fluía naturalmente hacia el este, es decir, hacia el parque nacional, actualmente se dirige hacia el oeste debido a las extracciones en la masa de agua subterránea Condado. Es decir, los bombeos en la zona gestionada por la Junta de Andalucía están afectando a los recursos hídricos y ecosistemas de las masas de aguas gestionadas por la Confederación del Guadalquivir. Esto pone de manifiesto que las aguas subterráneas no “saben” de límites y es necesario mejorar la coordinación entre las instituciones implicadas para realizar una gestión global del conjunto del acuífero.

Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado
Esquema simplificado del cambio de la divisoria de aguas subterráneas debido a los bombeos en la masa de agua subterránea Condado.
Manuel Olías, CC BY-SA

Cambio climático y desafíos futuros

El cambio climático está produciendo que cada vez llueva menos y de una forma más torrencial, junto con un aumento progresivo de la temperatura. Como consecuencia, todo apunta a que se producirá una importante disminución de la recarga al acuífero y descensos adicionales de los niveles de aguas subterráneas. Ello está agravando la situación de los ecosistemas de Doñana que dependen del agua.

Ante esta complicada situación, a finales de 2023 la Junta de Andalucía y el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (del que depende la Confederación del Guadalquivir) firmaron un pacto de inversión conjunta de 1 400 millones que busca conciliar la protección ambiental con el progreso socioeconómico, y en el que se incluyen diferentes medidas para reducir las extracciones de aguas subterráneas en el entorno de Doñana. Es necesario implementar rápidamente esas medidas para mejorar la salud de los ecosistemas de Doñana.

The Conversation

Manuel Olías recibe fondos de proyectos y contratos de investigación europeos, nacionales y regionales.

ref. La actual división del acuífero de Doñana está desfasada y agrava los problemas de gestión del agua – https://theconversation.com/la-actual-division-del-acuifero-de-donana-esta-desfasada-y-agrava-los-problemas-de-gestion-del-agua-272962

¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Polo Martín, Profesora Ayudante Doctora en Geografía, Universidad Autónoma de Madrid

Petrolero de la compañía estadounidense Chevron cerca de la Refinería Bajo Grande, en el lago Maracaibo, Venezuela. Jose Bula Urrutia/Shutterstock

Venezuela posee alrededor del 17–19 % de las reservas probadas de petróleo del planeta, más que otros países geoestratégicos como Arabia Saudí o Irán. Sin embargo, hoy en día produce cerca de un millón de barriles diarios, una cifra bastante marginal a escala global.

Este contraste explica por qué la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el anuncio de un control “indefinido” sobre sus ventas de petróleo ha despertado inquietud climática, especialmente porque coincide con la salida de EE. UU. de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La pregunta clave es sencilla, pero incómoda: ¿qué implica para el clima que el mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero pase a controlar las mayores reservas de petróleo del mundo mientras se desentiende de la gobernanza climática internacional?

Un petróleo especialmente intensivo en emisiones

No todo el petróleo es igual desde el punto de vista climático. Gran parte del crudo venezolano, concentrado en la faja petrolífera del Orinoco –una extensa zona ubicada al norte del río Orinoco y su desembocadura– es pesado y extrapesado. Esto significa que su extracción y refinado requieren más energía que los crudos ligeros y generan mayores emisiones por barril. Además, este se procesaría en refinerías especializadas del Golfo de México, diseñadas para este tipo de petróleo.

Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo)
Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo), una importante cuenca sedimentaria que contiene abundantes reservas de petróleo.
Servicio Geológico de Estados Unidos

La ciencia explica por qué todo esto es preocupante desde el punto de vista climático. Diversos estudios muestran que las emisiones asociadas a la extracción de petróleo aumentan a medida que los yacimientos envejecen, puesto que se necesitan técnicas cada vez más intensivas en energía para mantener la producción.

Relanzar masivamente la producción venezolana, por tanto, no solo incrementaría el consumo de combustibles fósiles, sino que lo haría a través de uno de los tipos de crudo más contaminantes.




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Un giro político que choca con la ciencia climática

El contexto internacional amplifica estas implicaciones. En enero de 2026, la Administración estadounidense formalizó su retirada de la CMNUCC y del IPCC, rompiendo con el principal marco de coordinación científica y política frente al calentamiento global.

Esta decisión contrasta abiertamente con el consenso científico. Según el último Informe de Síntesis del IPCC, parte del Sexto Informe de Evaluación (AR6) publicado en marzo de 2023, limitar el calentamiento global a una subida de 1,5 °C exige una reducción rápida y sostenida del uso de combustibles fósiles.

En la misma línea, un estudio publicado recientemente en Nature Communications concluye que, en escenarios compatibles con ese objetivo, la producción mundial de petróleo debería reducirse entre un 62 % y un 70 % antes de 2050.

Apostar por reconstruir y expandir la industria petrolera venezolana va, por tanto, en dirección opuesta a lo que recomienda la evidencia científica.




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Geopolítica versus acción climática

Desde un punto de vista geopolítico, el control del petróleo venezolano refuerza la influencia de EE. UU. en América Latina y limita el margen de actuación de China y Rusia, aliados históricos de Caracas.

A corto plazo, el impacto sobre el mercado petrolero mundial es limitado, ya que reactivar la producción requerirá años de inversión y estabilidad política.

Sin embargo, a medio y largo plazo, el mensaje es claro: se refuerza un modelo energético fósil en un momento crítico. Los indicadores más recientes muestran que el calentamiento causado por el ser humano ya alcanza aproximadamente 1,22 °C y que el presupuesto de carbono –la cantidad de carbono que aún podemos quemar– compatible con mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C se agota rápidamente.

Implicaciones para la lucha contra el cambio climático

La combinación de ambos factores –control de grandes reservas de crudo pesado y retirada del multilateralismo climático– plantea tres riesgos principales:

  • Aumento potencial de emisiones, tanto directas como indirectas, si se impulsa la producción a gran escala.

  • Debilitamiento de la cooperación internacional en la lucha contra el calentamiento global, al quedar EE. UU. fuera de los principales foros climáticos.

  • Lanzamiento de señales contradictorias al resto del mundo, que pueden frenar la ambición climática de otros países.

El control estadounidense del petróleo venezolano es mucho más que un movimiento geopolítico. Representa un choque frontal entre la política energética fósil y la hoja de ruta que marca la ciencia climática. Cuando los informes científicos insisten en dejar gran parte de las reservas conocidas bajo tierra, poner en valor uno de los mayores yacimientos de crudo pesado del mundo supone un serio retroceso para los esfuerzos globales de mitigación.

La gran incógnita no es solo cuánto petróleo podrá extraerse en Venezuela, sino qué capacidad tendrá la comunidad internacional para mantener el rumbo climático en un escenario cada vez más fragmentado.

The Conversation

Bárbara Polo Martín recibe fondos de Ramón Areces. Proyecto CIHP25S21774 Modelando la geohistoria para predecir el futuro de la resiliencia urbana: una propuesta metodológica para abordar los cambios temporales.

Es voluntaria en la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico y en Think Tank AlterContacts

Carlos Sánchez-García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático? – https://theconversation.com/que-significa-que-ee-uu-controle-el-petroleo-de-venezuela-para-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-274224

Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Hilmar Petur Sigurdsson, Postdoctoral research associate in neuroimaging and neurodegeneration, Universidad Miguel Hernández

La respiración profunda podría ser una manera indirecta de estimular el reino vago. DexonDee/Shutterstock

¿Alguna vez se ha rascado el interior de la oreja y de repente ha sentido la necesidad de toser? Eso es que le ha dado a su nervio vago, el más largo de los nervios craneales, un pequeño empujón involuntario. En los últimos tiempos, los investigadores han estado explorando formas de estimularlo para influir en el sistema nervioso central. No es un interés infundado, ya que interviene en una amplia gama de funciones cerebrales y corporales.

Al mismo tiempo, se ha convertido en una estrella de las redes sociales, donde abundan los consejos para mejorar su función mediante métodos como el yoga, la atención plena o mindfulness, la exposición al agua fría y la técnica del humming (emitir una especie de zumbido al exhalar el aire), que supuestamente alivian el estrés y la ansiedad.

Pero para comprender lo que la estimulación del nervio vago puede y no puede hacer, primero debemos entender de qué estamos hablando.

Un maravilloso vagabundo

El nervio vago recorre ambos lados del cuerpo desde el tronco cerebral hasta el tórax y el abdomen, donde se ramifica como un viejo roble hacia las vías respiratorias (de ahí la posible necesidad de toser cuando es estimulado), el corazón, los pulmones y el estómago. Su nombre proviene del latín vagus, que significa “errante”, porque, de forma literal, vaga por el cuerpo.

Representación anatómica del nervio vago
Representación del nervio vago, que parte del cerebro y se ramifica por distintos órganos del cuerpo.
Axel_Kock/Shutterstock

Como parte importante del sistema nervioso parasimpático, ayuda a calmar el cuerpo después de una situación de estrés: cuando se activa, ralentiza el ritmo cardíaco, reduce la presión arterial y señala que es seguro dejar de pisar el acelerador (respuesta de “lucha o huida”) y pasar a una velocidad de crucero más tranquila (descanso y digestión).

Aunque parte de la información circula a través del nervio vago desde el cerebro al cuerpo, la mayoría del tráfico se dirige hacia arriba, transmitiendo al cerebro datos sobre la inflamación, la digestión y el estrés persistente. Esta comunicación bidireccional es importante y sirve principalmente para mantener la homeostasis, el proceso de autorregulación que mantiene la estabilidad en el interior de nuestro organismo.

Pero si el nervio vago es en su mayor parte automático y trabaja intensamente entre bastidores, ¿por qué necesitaríamos “estimularlo” para corregir el estrés u otras dolencias psicológicas?

¿Cómo se puede estimular el nervio vago?

Mucho antes de que el nervio vago se convirtiera en objeto candente de estudio y suscitara debates online, los investigadores ya estaban explorando formas de estimularlo.

Uno de los primeros intentos documentados se remonta a la década de 1880. En aquella época, se creía que la epilepsia se debía a un flujo sanguíneo excesivo al cerebro. Guiado por esta creencia, el neurólogo estadounidense Leornard J. Corning intentó reducir la actividad convulsiva mediante la estimulación eléctrica del nervio vago. Corning pretendía ralentizar el corazón y limitar el flujo sanguíneo cerebral aplicando breves pulsos en el cuello del paciente con una horquilla en forma de Y.

Hoy en día, el nervio vago se puede estimular de dos maneras. La más directa es usar un dispositivo implantado, similar a un marcapasos, que se coloca bajo la piel con pequeños cables envueltos alrededor del nervio. Dado que requiere cirugía, suele reservarse para casos de epilepsia grave o depresión clínica que no han respondido a los tratamientos convencionales.

La mayoría de las investigaciones en curso se centran, en cambio, en técnicas no invasivas mediante dispositivos externos. Indoloras y fáciles de usar, estas herramientas han despertado un gran interés en el ámbito de la salud mental y otros trastornos neurológicos. Incluso se ha aprobado en Europa un tratamiento basado en ellas para tratar la cefalea en racimos y la migraña.

Los resultados iniciales son prometedores, pero dispares: algunos metaanálisis informan de beneficios, como la reducción de la intensidad de la migraña, mientras que otros encuentran efectos más limitados o inconsistentes.

Es importante destacar que, aunque se sigue trabajando para comprender quiénes pueden beneficiarse de dicha estimulación, las investigaciones han demostrado que los dispositivos externos tienen un alto perfil de seguridad, una de las razones por las que se han convertido en un área de investigación tan activa.

En busca del equilibrio

Además de sus aplicaciones consolidadas en epilepsia y depresión resistente, la estimulación del nervio vago se está investigando como una herramienta complementaria para tratar síntomas relacionados con el estrés y la regulación del sistema nervioso autónomo.

El estrés es una parte inevitable de la vida cotidiana, pero cuando se vuelve crónico acarrea costes fisiológicos. Su activación prolongada puede contribuir a una amplia gama de problemas de salud mental y física, como la ansiedad, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, el debilitamiento del sistema inmunitario y un deterioro general del bienestar mental.

Esta es una de las razones por las que el nervio vago ha atraído tanta atención tanto en la medicina como en la cultura del bienestar: desempeña un papel fundamental en el restablecimiento del equilibrio autonómo. Al ralentizar el corazón y atenuar la respuesta de lucha o huida, ayuda a que el cuerpo vuelva a un estado más tranquilo y regulado.

El interés está doblemente justificado. En primer lugar, la estimulación de nuestro protagonista afecta a la actividad de las regiones del cerebro fundamentales para la regulación emocional, como la corteza prefrontal y las estructuras límbicas. En segundo lugar, puede influir en la liberación de sustancias químicas como la noradrenalina, la serotonina y la acetilcolina, esenciales para el estado de ánimo, la atención, la estabilidad emocional y el control muscular.

Aunque las pruebas de la reducción directa del estrés parecen positivas, hay que tener en cuenta que el estrés en sí mismo es difícil de cuantificar de forma fiable.

Estimulación del nervio vago y función cardiovascular

Otro aspecto a tener en cuenta es que el nervio vago actúa como el freno principal del corazón, contrarrestando la excitación simpática después del estrés.

Los investigadores suelen utilizar la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) –la fluctuación natural en el tiempo entre los latidos del corazón– para indexar esta capacidad reguladora. Una VFC más alta suele reflejar un sistema autónomo más resistente y adaptable. Dado que el nervio vago contribuye a esta variación, la VFC se toma a veces como un indicador del “tono vagal”.

Sin embargo, este parámetro está determinado por muchos factores, como el patrón respiratorio, la edad, la forma física y el estado emocional, por lo que su interpretación requiere precaución. Aun así, algunos hallazgos son prometedores. Un estudio reciente informó de que la estimulación del nervio vago mejoraba la regulación cardiovascular en personas con trastorno de estrés postraumático, aunque muchos otros ensayos solo muestran efectos modestos o incluso nulos.

Estimulación en casa, ¿funciona?

En cuanto a las prácticas citadas al principio del artículo, muchas no estimulan directa ni específicamente el nervio vago, pero sí activan de forma más general el sistema nervioso parasimpático. Por ello suelen describirse como formas de “reiniciar” el nervio vago y promover estados de calma.

Este creciente interés público ha sido destacado en artículos recientes que explican cómo esos comportamientos pueden influir indirectamente en la actividad vagal, sin constituir una estimulación dirigida del nervio. Sin embargo, aún se desconoce si los efectos son equivalentes a los de la estimulación clínica del nervio vago.

Dicho esto, prácticas cotidianas como la respiración lenta y profunda, el yoga y las técnicas de relajación son indudablemente eficaces para ayudar al cuerpo a desconectar, promover estados de calma y ofrecer un respiro frente a las exigencias constantes de la vida diaria.

Un director de orquesta

En definitiva, el nervio vago desempeña un papel central en el mantenimiento del equilibrio del cuerpo, vinculando el bienestar físico y emocional. Al igual que un director que guía una orquesta, ayuda a que los diferentes sistemas trabajen juntos en un ritmo compartido.

La estimulación del nervio vago puede ser beneficiosa en determinados contextos clínicos. Al mismo tiempo, actividades cotidianas como la respiración controlada, la atención plena, el yoga y el sueño constante suelen tener una gran influencia en la regulación del estrés, ya que favorecen estas mismas vías de relajación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Estimulación del nervio vago para reducir el estrés: ¿de verdad funciona? – https://theconversation.com/estimulacion-del-nervio-vago-para-reducir-el-estres-de-verdad-funciona-270587

El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Los embutidos son uno de los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. 8th.creator/Shutterstock

Las calorías, el azúcar añadido, la grasa saturada o los edulcorantes son componentes de los alimentos estrechamente relacionados con nuestra salud. Sin embargo, el que más vidas se lleva por delante es el sodio: varios millones en todo el mundo cada año. A pesar de su impacto, sigue siendo un gran desconocido más allá del salero. ¿Por qué ocurre esto?

El reto de la OMS

Es cierto que el sodio es un mineral que necesitamos para funciones vitales como el impulso nervioso o el latido del corazón. Sin embargo, adaptando el refranero, podríamos decir que “lo poco gusta y lo mucho… mata”. Tomado en exceso, es el nutriente que peor nos sienta, principalmente porque consumimos el doble de lo recomendado, poniendo en jaque nuestro corazón y nuestros vasos sanguíneos.

Habitualmente hablamos de sal (cloruro de sodio) porque es el componente con el que estamos más familiarizados y el que figura en el etiquetado de los alimentos procesados. Aunque hoy existe un gran movimiento social por la alimentación saludable, la sal sigue siendo la gran ignorada. Recibe poca atención y somos poco conscientes de su presencia, lo que tiene serias implicaciones para la salud.

Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2013 un reto ambicioso: reducir el consumo de sal en un 30 % para el año 2025. Los 194 estados miembros se comprometieron a ello con un objetivo claro: evitar millones de muertes prematuras y de casos nuevos de enfermedades cardiovasculares. A día de hoy, las noticias no son buenas: ningún país ha cumplido el objetivo.

Alimentos muy salados

Debemos tener en cuenta que, aunque la sal más conocida es la que añadimos al cocinar, la mayoría de la que ingerimos (alrededor del 75 %) proviene de los alimentos procesados. Por esta razón, la medida más eficaz para reducir su consumo es disminuir el contenido de sal en este tipo de alimentos.

El pan, la carne procesada (charcutería, embutidos) y el queso son los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. También son una fuente importante de sal los aperitivos o snacks, las salsas y las conservas. Incluso productos dulces como galletas, bollería o barritas la contienen en cantidades significativas.

No ha habido reducción en España

A pesar de los compromisos internacionales, en España no existe una normativa amplia que limite la sal en los alimentos. La única regulación nacional, de 2019, afecta en exclusiva al “pan común” (el que se consume en 24 horas), dejando fuera al industrial. Solo un real decreto reciente restringe la sal en alimentos que se ofertan en máquinas expendedoras y cafeterías de centros escolares, pero no hay más legislación al respecto.

En 2017, el Gobierno puso en marcha un programa para disminuir la cantidad de sal, azúcar y grasa en alimentos procesados. El acuerdo era voluntario y a él se adhirieron 20 asociaciones sectoriales que representaban a casi 400 empresas.

Respecto a la sal, el objetivo era muy poco ambicioso (reducciones de apenas el 5-16 % en productos muy concretos) y dejaba fuera alimentos tan consumidos como el pan, el jamón o el queso. Además, al no utilizarse métodos estadísticos validados para su evaluación, no podemos saber con certeza si se cumplió.




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Para arrojar luz sobre esta evolución, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández hemos estudiado el contenido de sal en los alimentos procesados en España desde 2017 hasta la actualidad. Utilizando métodos estadísticos validados, nuestras conclusiones son claras: no ha habido una reducción global en el contenido de sal.

Los datos revelan contrastes llamativos: mientras que las galletas han bajado un 14 % su sal y los aperitivos un 10 %, la carne procesada tiene ahora hasta un 33 % más que hace unos años. Además, las conservas de verduras o legumbres, el queso, el pan blando industrial, los cereales de desayuno, las salsas, las tortitas, las tostadas y el pan tostado no han disminuido su contenido.

¿Qué podemos hacer cuando la voluntad escasea?

La experiencia nos dice que los acuerdos voluntarios no son efectivos. El ejemplo lo tenemos en el Reino Unido: a principios de los años 2000, un programa obligatorio logró reducir un 19 % la ingesta de sal, logrando un descenso real en la presión arterial y la mortalidad cardiovascular. Sin embargo, cuando el programa pasó a ser voluntario, el consumo volvió a subir.

Como consumidores, tenemos mucho que decir. Es posible acostumbrar el paladar a menos sal en apenas unas semanas. La mejor opción siempre es centrar nuestra alimentación en alimentos naturales preparados en casa y añadir poca o ninguna cantidad de ese ingrediente en el cocinado.

Si optamos por procesados, la clave estriba en revisar la etiqueta y elegir los que tengan menos sal. Como referencia, es recomendable buscar productos que no superen los 0,5 g de sal por cada 100 g o 100 ml. Y si no es posible, intentar que al menos no supere 1 g.

En definitiva, el camino hacia una dieta con menos sal es un reto compartido que nace en nuestra mesa y se completa en el supermercado. Si bien reeducar nuestro paladar es un paso esencial, resulta fundamental un compromiso sólido de las instituciones y la industria para alcanzar las metas de salud. El fin último es sencillo pero vital: cuidar nuestro corazón.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS – https://theconversation.com/el-exceso-de-sal-sigue-llenando-nuestras-mesas-los-alimentos-procesados-suspenden-ante-la-oms-272472

Does the exodus to UpScrolled signify the end of TikTok?

Source: The Conversation – Canada – By Jaigris Hodson, Associate Professor of Interdisciplinary Studies, Royal Roads University

Soon after American investors took control of TikTok’s U.S. operations, users started complaining that content on certain topics was being suppressed. (Unsplash/Appshunter.io)

Until recently, you might have never heard of the TikTok competitor UpScrolled. But as of Jan. 29, the app reached No. 1 one in Apple’s app store as disgruntled TikTok users in the United States rushed to sign up.

The exodus to UpScrolled comes after a group of American investors, including Oracle founder Larry Ellison, acquired a majority stake in TikTok’s U.S. operations on Jan. 22, a day before the deadline set by President Donald Trump for the app’s U.S operations to be separated from Chinese parent company ByteDance.

Trump and other American officials have long pushed for acquiring TikTok’s U.S. operations, citing concerns over China accessing the data of U.S. citizens. However, soon after the acquisition, TikTok users started complaining of shadow banning, a disputed tactic whereby people suggest social media sites will allow you to post, but will not allow anyone else to see what you post.

The acquisition comes amid civil unrest in the U.S. as Immigration and Customs Enforcement officers (ICE) conduct raids in cities like Minneapolis that have resulted in multiple deaths and hospitalizations. Concerned users have been uploading video documenting ICE’s actions, but began to notice their videos were not garnering any attention on TikTok, or sometimes, not uploading at all following the acquisition.




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Users posting about other topics such as Palestine have also expressed concerns about censorship. Palestinian journalist Bisan Owda’s account was banned shortly after the acquisition. It was restored following an outcry from users.

TikTok says anyone experiencing a disruption over the last couple of weeks has not been shadow banned; it was result of technical problems following a polar vortex and associated weather-related issues. But this statement from U.S. TikTok came after one million downloads of UpScrolled and reports of concerned users deleting TikTok.

Controlling the algorithm

It may indeed be a coincidence that people had trouble uploading videos critical of ICE at a time of changing ownership, but the whole incident had users talking.

As part of the acquisition, TikTok has been programmed with a new U.S.-specific content moderation algorithm that influences what people do and don’t see. Like with every other social network, the algorithm is considered proprietary information, meaning no academic nor policymaker can independently audit it.

Trump has expressed interest in controlling social media algorithms, so it’s no wonder people are connecting the outage with possible censorship. Looking at Reddit posts about the TikTok sale reveals how upset some users are.

It’s well known that China engages in censorship on the Chinese version of TikTok, Douyin. In fact, this practice was commented on by France’s President Emmanuel Macron, who stated that children on TikTok in China receive more educational content than children in France do.

Knowing this, it’s not surprising that American users would connect the dots and suggest that any TikTok outage would be a result of government censorship.

The truth is, there’s no way to know for sure whether censorship did occur in the first week of the takeover, or whether it’s still occurring in less obvious ways now. Regardless of whether direct government interference is an issue, the algorithm still filters content in ways that often lead to misinformation spreading among a global user base.

Is time up for TikTok?

Does the rush of users from TikTok to apps like UpScrolled spell hard times ahead for TikTok U.S.? We’ve been here before, and the apps that take a temporary hit usually bounce back. After Elon Musk took over Twitter and rebranded it X in 2022, many users, including high-profile celebrities and corporations, left the platform. However, engagement is still strong among people who identify as right wing and MAGA.

Every couple of years, it seems, news outlets publish articles about reasons to leave Facebook. But Facebook and X are still going strong. The fact that these sites survive the exodus of both high-profile and regular users is likely due to network effects.

Social media platforms become more valuable the more people are on them. Not only do they become more interesting when there are more people posting content, but people also want to be on platforms where their friends, family and favourite celebrities already are.

Network effects mean that unless UpScrolled continues its explosive growth, people are unlikely to continue to choose it over the more established TikTok. At best, we might see a Twitter/X effect, which is where TikTok will host more pro-U.S. government content creators and those people who want to follow them, and UpScrolled will host more critical content creators and their followers. This is basically what happened when many left-leaning users moved to BlueSky as an alternative to X.

Because each social network engages in or facilitates different types of content filtering, each provides a different kind of echo chamber that people self-select into or out of.

These echo chambers are a problem because they reinforce beliefs, even ones grounded in mis- and disinformation, and in turn create deeper more polarized divisions between people that are hard to escape from. Since young people report getting most of their news from social media sites, people concerned about algorithms have more than just government censorship to worry about.

The Conversation

Jaigris Hodson receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC)

ref. Does the exodus to UpScrolled signify the end of TikTok? – https://theconversation.com/does-the-exodus-to-upscrolled-signify-the-end-of-tiktok-274813

Surmonter la rumination mentale : quand la méditation aide les proches aidants

Source: The Conversation – in French – By Anna Andrianova, Candidate au Ph.D. et chargée de cours, Université Laval

La méditation n’efface pas les contraintes objectives associées au rôle de la personne proche aidante, mais elle offre un espace mental de répit et des outils concrets pour y faire face. (Andrea Piacquadio/Pexels), CC BY

Un adulte québécois sur trois soutient un proche en perte d’autonomie, souvent sans même savoir qu’il joue ce rôle. Alors que le Canada amorce un virage démographique majeur, il devient urgent de reconnaître la détresse des proches aidants et de leur offrir des solutions concrètes. Parmi elles, la méditation émerge comme une piste prometteuse.


Québec a lancé la semaine dernière une nouvelle Politique nationale de soutien à domicile qui va bonifier de 107 millions de dollars au budget existant des services de soutien à domicile. Certains personnes proches aidantes (PPA) pourront ainsi toucher un revenu.

En prenant soin au quotidien d’un parent âgé, d’un conjoint malade ou d’un enfant handicapé, ces personnes proches aidantes (PPA) accumulent souvent fatigue, anxiété et pensées négatives répétitives (PNR), c’est-à-dire des ruminations ou des inquiétudes récurrentes.

Notre groupe de chercheurs faisons partie de l’équipe de recherche de l’étude Mind‑AID, qui vise à vérifier de façon scientifique comment la pratique de la méditation peut aider à soulager les proches aidants accompagnant un proche vivant avec la maladie d’Alzheimer ou un autre trouble neurocognitif. Mind-AID invite des volontaires à suivre un programme de méditation guidée, sur huit semaines, tout en participant à des évaluations de leur bien-être psychologique.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Le fardeau caché des PPA

Au Québec, on appelle PPA les gens qui, sans en faire une profession ni une activité de bénévolat encadré, prennent soin d’un proche en raison d’une maladie, d’un handicap ou du grand âge. La loi 56, adoptée en 2020, entérine d’ailleurs cette appellation et vise à mieux les reconnaître et les soutenir.

Souvent, il s’agit d’un rôle assumé dans l’ombre du quotidien.

Plus la PPA consacre d’heures à aider, plus sa qualité de vie se dégrade : irritabilité, troubles du sommeil, culpabilité et symptômes dépressifs apparaissent. Le stress chronique déclenche une cascade menant à l’usure physique et mentale, à l’anxiété, voire à un risque accru de maladies cardiovasculaires ou de dépression clinique.

Prendre soin d’autrui peut donc gravement nuire à sa propre santé – un paradoxe auquel le Québec répond désormais par une politique et un plan d’action dédiés.

Prisonniers des pensées : la spirale de la rumination

Au-delà des contraintes pratiques, beaucoup des personnes proches aidantes sont piégées par leurs pensées : elles ressassent la journée passée ou anticipent les problèmes à venir.

Ces pensées négatives répétitives – rumination sur le passé ou inquiétudes tournées vers l’avenir – constituent un processus impliqué dans la dépression, l’anxiété et le stress post-traumatique.

Elles perturbent le sommeil, diminuent l’attention et, à long terme, peuvent altérer le cerveau et accroître le risque de maladie d’Alzheimer. Chez les proches aidants, ces pensées négatives agissent comme un mécanisme clé transformant le stress en détresse psychologique; apprendre à les réguler est donc essentiel.

La méditation pleine conscience à la rescousse

La méditation pleine conscience consiste à porter une attention sans jugement à l’instant présent, souvent via l’observation de la respiration. Des centaines d’études montrent qu’elle réduit la rumination : la méditation désactive partiellement le «mode par défaut» du cerveau, réseau activé lorsque l’esprit vagabonde.


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Le programme MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) de Jon Kabat-Zinn a popularisé cette approche dès les années 1980. Depuis, les interventions basées sur la méditation pleine conscience ont prouvé leur efficacité pour diminuer stress, anxiété et symptômes dépressifs. Chez les personnes proches aidantes, des essais pilotes révèlent une baisse de la détresse psychologique, une meilleure régulation émotionnelle et même des améliorations physiologiques (p. ex. marqueurs d’inflammation).

La méditation n’efface pas les contraintes objectives du rôle de PPA, mais elle offre un espace mental de répit et des outils concrets pour y faire face.

Mind-AID : la recherche au service de ceux qui aident

L’objectif de notre recherche est double : d’une part, offrir aux personnes proches aidantes une occasion de prendre soin d’elles-mêmes grâce à la méditation pleine conscience; d’autre part, générer des connaissances pour mieux les soutenir. Mind-AID s’inscrit ainsi dans les efforts plus larges déployés au Québec pour reconnaître et appuyer les PPA, en innovant du côté des interventions psychosociales.

Les résultats de l’étude permettront de déterminer si la méditation pleine conscience peut effectivement réduire les PNR et améliorer des indicateurs clés comme l’anxiété, la dépression ou la qualité de vie. En cas de succès, cette approche pourrait être déployée à plus grande échelle via le réseau de la santé et des services sociaux et des organismes communautaires.

Le programme comporte trois volets: de courtes vidéos éducatives, des séances de méditation et des exercices informels conçus pour s’intégrer facilement au quotidien exigeant des PPA.

Des ressources existent

La méditation pleine conscience pourrait être une piste à explorer pour apprivoiser ce tourbillon mental et prévenir l’épuisement psychologique.

Bien sûr, ce n’est pas une baguette magique. Il faut du temps et de la pratique pour en ressentir les effets. Mais les témoignages comme les études scientifiques suggèrent qu’apprendre à «lâcher prise» sur ses pensées est possible – et porteur d’espoir.

Le projet Mind-AID se donne pour mission d’apporter des solutions concrètes à ces enjeux. En introduisant la méditation pleine conscience dans la boîte à outils des PPA, il mise sur un levier d’action interne encore sous-exploité : la capacité de chacun à entraîner son esprit pour mieux résister au stress.

Et si prendre soin de soi devenait la première étape pour mieux prendre soin des autres ? Pas d’obligation de performance : juste l’invitation à faire une pause et redécouvrir le soin de soi – une respiration à la fois.

La Conversation Canada

Anna Andrianova est travailleuse sociale, membre de l’Ordre professionnel des travailleurs sociaux et des thérapeutes conjugaux et familiaux du Québec. Elle a obtenu plusieurs bourses de recherche prestigieuses, dont la Bourse d’études supérieures du Canada au niveau doctoral (BESC D) des Instituts de recherche en santé du Canada (IRSC), une bourse doctorale du Fonds de recherche du Québec – Société et culture (FRQSC), la bourse de formation du Partenariat AGE-WELL–EPIC-AT, remise en collaboration avec le Réseau québécois de recherche sur le vieillissement (RQRV), une bourse du Réseau de recherche en santé des populations du Québec, la bourse d’excellence Nicolas-et-Suzanne-Zay et la bourse doctorale François-et-Rachel-Routhier de la Faculté des sciences sociales de l’Université Laval, ainsi que des bourses du Centre de recherche et d’expertise en gérontologie sociale (CREGÉS) et du Centre de recherche VITAM – Centre de recherche en santé durable.

Sophie Ethier est chercheure et professeure titulaire à l’École de travail social et de criminologie de l’Université Laval. Elle reçu un financement du ministère de l’Économie, de l’Innovation et de l’Énergie du Québec pour financer cette étude.

Julie Bernier-Carbonneau, Mathieu Boisvert et Olga Babina ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Surmonter la rumination mentale : quand la méditation aide les proches aidants – https://theconversation.com/surmonter-la-rumination-mentale-quand-la-meditation-aide-les-proches-aidants-255702

Pourrait-on faire fonctionner des data centers dans l’espace ?

Source: The Conversation – in French – By David Monniaux, Chercheur en informatique, Centre national de la recherche scientifique (CNRS), Université Grenoble Alpes (UGA)

Différents acteurs de la tech envisagent d’utiliser des satellites pour faire des calculs. En d’autres termes, il s’agit d’envoyer des data centers dans l’espace. Est-ce réaliste ? Un informaticien fait le point.


On parle de l’idée d’installer dans l’espace, en orbite, des data centers destinés à l’intelligence artificielle. Par exemple, en novembre 2025, Google annonçait son projet Suncatcher.

Quel crédit accorder à cette proposition ? Je vais d’abord expliquer les difficultés techniques qui font que cela semble très compliqué et coûteux pour un avantage peu clair, avant de formuler des hypothèses sur les raisons qui motivent ces annonces.

L’intelligence artificielle, c’est beaucoup de calcul

L’apprentissage automatique à grande échelle est au cœur des applications d’intelligences artificielles (IA) génératives (ChatGPT et consorts). Pour cela, il faut beaucoup de processeurs de calcul, qui consomment de l’électricité et rejettent sous forme de chaleur l’énergie ainsi consommée. Sur Terre, un grand data center de calculs d’intelligence artificielle peut consommer 100 mégawatts (MW) et au-delà ; on a même projeté la construction de data centers à 1 000 MW.

Dans l’espace, du point de vue technique, se posent alors quatre problèmes :

  • les composants électroniques sont irradiés par les rayons cosmiques, ce qui peut causer des pannes ;

  • il faut produire de l’électricité ;

  • il faut évacuer la chaleur produite ;

  • les installations ne sont pas aisément accessibles pour intervenir.

Les radiations perturbent les composants électroniques

Récemment, un Airbus A320 a fait une embardée dans le ciel, car son informatique de commande avait été touchée par des rayons cosmiques. En effet, dans l’espace et, dans une moindre mesure, en altitude (les avions de ligne volent à une dizaine de kilomètres d’altitude), l’électronique est soumise à un rude régime.

Les rayonnements cosmiques peuvent au pire détruire certains composants, au mieux perturber temporairement leur fonctionnement. Pour cette raison, les fournisseurs conçoivent pour équiper les engins spatiaux des processeurs spéciaux résistant aux rayonnements, par exemple le LEON et le NOEL-V, mais ceux-ci ont des performances de calcul modestes (par exemple, le NOEL-V, pourtant moderne, est environ dix fois plus lent qu’un seul cœur de mon ordinateur portable, qui en comporte 12). Si l’on utilise dans l’espace des composants destinés à des applications terrestres conventionnelles, les radiations peuvent provoquer des pannes qui nécessitent des redémarrages de chaque processeur, allant d’une fois toutes les quelques semaines à plusieurs fois par jour, suivant les conditions d’utilisation, d’autant plus fréquemment que le processeur est gravé finement (haute performance).

Produire suffisamment d’électricité

Les géants de la tech parlent actuellement de construire des data centers terrestres consommant de l’ordre de 1 000 MW. À titre de comparaison, les réacteurs de centrales nucléaires françaises ont des puissances électriques nominales (ce qu’elles peuvent produire à 100 % de leur puissance normale d’utilisation) entre 890 MW et 1 600 MW. En d’autres termes, un tel data center consommerait complètement la puissance d’un des petits réacteurs français.

Or, dans l’espace, pour produire de l’électricité, il faut utiliser des panneaux solaires ou des procédés plus exotiques et peu utilisés – microréacteur nucléaire ou générateur à radioéléments, ces derniers étant utilisés pour des sondes partant vers des régions éloignées du Soleil et où il serait donc difficile d’utiliser des panneaux solaires.

Aujourd’hui, les panneaux solaires de la Station spatiale internationale produisent environ 100 kilowatt (kW) de puissance, autrement dit 1 000 fois moins que ce que consomme un data center de 100 MW. Suivant l’orbite, il peut être nécessaire de gérer les périodes où le satellite passe dans l’ombre de la Terre avec des batteries (qui ont une durée de vie limitée), ou accepter que chaque satellite ne fonctionne qu’une partie du temps, ce qui pose d’autres problèmes.

Évacuer la chaleur

Il peut paraître surprenant, vu le froid de l’espace, qu’il soit difficile d’y évacuer de la chaleur. Sur Terre, nous évacuons la chaleur des data centers directement dans l’air, ou encore via des liquides pour ensuite restituer cette chaleur à l’air via une tour de refroidissement. Dans l’espace, il n’y a pas d’air à qui transférer de la chaleur, que ce soit par conduction ou par convection.

Ainsi, la seule façon d’évacuer de la chaleur dans l’espace est le rayonnement lumineux qu’émet tout objet. Quand un objet est très chaud, comme du fer chauffé à blanc, ce rayonnement est intense (et en lumière visible). En revanche, pour des objets tels qu’un ordinateur en fonctionnement ou un corps humain, ce rayonnement (en lumière infrarouge, invisible aux yeux humains mais visible à l’aide de caméras spéciales), est peu intense. Il faut donc de grandes surfaces de radiateurs pour disperser de la chaleur dans l’espace. Organiser l’évacuation de chaleur n’a rien d’évident dans un satellite…

Des problèmes très terre-à-terre

Venons-en à des problèmes plus pratiques. Quand on a un problème dans un data center sur Terre, on envoie un·e technicien·ne. Dans l’espace, cela impliquerait une mission spatiale. Certes, certaines tâches pourraient être accomplies par des robots, mais on est à des ordres de grandeur de complications par rapport à une maintenance dans un bâtiment terrestre. Or, les panneaux solaires et les autres composants ont une durée de vie limitée. Enfin, communiquer avec un satellite est plus compliqué et offre un moindre débit que d’installer un raccordement fibre optique dans une zone bien desservie sur Terre.

Bien entendu, il y aurait également la question de la masse considérable de matériel à transférer en orbite, celle du coût des lancements et de l’assemblage.

On peut également évoquer la pollution, pour l’observation astronomique, du ciel par le passage de constellations de satellites, ainsi que la pollution des orbites par les débris des satellites détruits.

En résumé, même s’il était éventuellement possible techniquement de faire des calculs d’intelligence artificielle dans un satellite en orbite (ou sur une base lunaire), cela serait à un coût considérable et au prix de grandes difficultés. Dans les propos de ceux qui annoncent des data centers spatiaux, on peine à trouver une bonne raison à tant de complications. Parmi certaines justifications avancées, celle d’échapper dans l’espace aux législations des États.

Pourquoi donc parler de mettre des data centers en orbite ?

La question intéressante, plutôt que de savoir s’il serait possible de faire un centre de calcul IA dans l’espace, est donc de savoir à qui cela profite de parler dans les médias de projets relevant plus de la science-fiction que du développement industriel réaliste. Il est bien entendu périlleux de prétendre identifier les objectifs derrière les actes de communication, mais nous pouvons fournir quelques hypothèses.

L’industrie spatiale états-unienne, notamment SpaceX, nourrit l’idée de l’espace comme dernière frontière, avec en ligne de mire l’installation sur Mars, voire la colonisation de cette planète – qu’importe qu’elle soit froide (- 63 °C en moyenne à l’équateur), à l’atmosphère très ténue, et sans protection contre le rayonnement cosmique, autrement dit très hostile à la vie.

L’industrie de l’intelligence artificielle, quant à elle, nourrit l’idée du dépassement du cerveau humain.

Ces deux industries ont un besoin intense de capitaux – par exemple, OpenAI a une dette de 96 milliards de dollars (81,2 milliards d’euros). Pour les attirer, elles ont besoin de récits qui font rêver. Toutes deux créent la « fear of missing out » (ou FOMO), la peur de passer à côté d’une évolution importante et de devenir obsolètes.

D’ailleurs, cette communication fonctionne. La preuve, j’ai rédigé cet article qui, même si c’est pour expliquer à quel point ces projets sont irréalistes, leur accorde une publicité supplémentaire…

The Conversation

David Monniaux ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourrait-on faire fonctionner des data centers dans l’espace ? – https://theconversation.com/pourrait-on-faire-fonctionner-des-data-centers-dans-lespace-274582

Laïcité à la française : un grand malentendu ?

Source: The Conversation – in French – By Alain Policar, Chercheur associé en science politique (Cevipof), Sciences Po

Principe juridique de neutralité de l’État, la laïcité a initialement été pensée pour protéger la liberté de conscience. Elle est aujourd’hui fréquemment mobilisée d’une manière qui contredit sa vocation première. Cette transformation n’est ni anodine ni sans effets sociaux et politiques. Comment un outil destiné à garantir la coexistence des libertés est-il devenu un levier de normalisation, ciblant certaines populations plus que d’autres ?


Alors qu’elle devait servir à la promotion de valeurs universelles, la laïcité apparaît désormais largement comme une expression nostalgique d’une identité majoritaire. Depuis l’affaire des foulards à Creil (Oise) en 1989, de principe organisant la coexistence des libertés, elle est devenue une valeur censée incarner la civilisation française.

Ce changement, dont les causes sont multiples, a transformé un outil de paix civile en instrument de contrôle des conduites. En témoignent les votes de nombreuses loi restrictives. Parmi celles-ci, celle du 15 mars 2004 sur l’interdiction des signes religieux ostensibles à l’école, qui rompt avec la recommandation du Conseil d’État, lequel, saisi en 1989 par le ministre de l’éducation nationale, Lionel Jospin, conditionnait l’interdiction à un comportement perturbateur. Ou encore celle d’août 2021, qui met l’accent sur le soupçon de séparatisme d’une partie de la population désignée par sa foi religieuse, réelle ou supposée.

Cette évolution est congruente avec le fait qu’un parti d’extrême droite, qui se pose en héraut de la laïcité, et dont le programme repose sur la préférence nationale, occupe désormais une place majeure dans notre vie politique. Pour le Rassemblement national, les bienfaits de l’État-providence ne doivent être destinés qu’au « vrai peuple », le populisme procédant d’une révolte contre le partage des acquis sociaux durement obtenus sur le long terme avec de nouveaux venus, lesquels ne les mériteraient pas.

La tolérance : une vertu politique

Dans sa conception moderne, la tolérance est une vertu politique fondamentale : la divergence de la norme est possible au nom de la liberté. C’est ce que souligne l’article XI de la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen (1789) selon lequel « la libre communication des pensées et des opinions est un des droits les plus précieux de l’homme ». Ce droit sera affirmé plus nettement encore dans la Déclaration universelle de 1948, son exercice n’étant soumis qu’aux limitations légales destinées à assurer la reconnaissance et le respect des droits et libertés d’autrui.

La tolérance n’exige évidemment pas que nous renoncions à nos désaccords, mais que nous considérions comme des égaux celles et ceux qui ont des convictions différentes des nôtres.

Dès lors, l’intolérance consiste à revendiquer une place spécifique pour mes propres valeurs ou pour mon mode de vie et, pour cette raison, à vouloir les protéger jusqu’à limiter, voire supprimer, d’autres valeurs que les miennes, ce qui revient à refuser à celles et ceux qui les défendent le statut de membre à part entière de la société. C’est ce dont rend compte l’ouvrage d’Olivier Esteves, Alice Picard et Julien Talpin, à propos des musulmans français diplômés, lesquels se trouvent contraints, faute de reconnaissance de leurs compétences, de quitter la France pour des pays plus ouverts à la diversité.

À l’inverse, la tolérance consistera à insister sur notre appartenance commune à un ensemble social et à reconnaître que les autres ont tout autant que moi le droit de contribuer à en définir les normes.

Laïcité et islam

La France est-elle aussi laïque qu’elle le prétend, s’interrogeait déjà le sociologue François Dubet en 1996, « en refusant aux musulmans les droits qu’elle accorde aux autres, en idéalisant son passé républicain, comme si celui-ci ne procédait pas d’une longue tradition chrétienne » ? Et il concluait par cette mise en garde : « La laïcité ne peut être vécue par les musulmans que sous une forme antireligieuse. »

Ce diagnostic semble confirmé par le rapport 2025 sur les discriminations fondées sur la religion, du défenseur des droits :

« La très grande majorité des réclamations reçues par le défenseur des droits en matière de discriminations fondées sur la religion concerne la religion musulmane et, en particulier, les femmes musulmanes portant un voile […] Cette surreprésentation traduit la spécificité française du débat sur la religion et la laïcité, qui se focalise sur l’islam et, plus encore, sur ses expressions vestimentaires féminines : voile et abaya à l’école, voile porté par les accompagnatrices scolaires, voile dans le sport, burkini dans les piscines, voire, plus récemment, voile porté par les mineures dans l’espace public. Ainsi, malgré des formulations générales, les lois encadrant le port de signes religieux ont entendu viser les femmes musulmanes. »

Le rapport précise que, parmi les personnes se déclarant de religion musulmane ou perçues comme telles, 20 % déclarent avoir été « parfois » discriminées en raison de leur religion au cours des cinq dernières années et 14 % avoir « souvent » été discriminées pour ce motif. Notons que, parmi les personnes se déclarant chrétiennes ou perçues comme telles, 3 % déclarent avoir été « parfois » discriminées en raison de leur religion et 1 % l’avoir souvent été.

État laïc ou société laïque ?

La tentation de faire de la France non pas un État laïc mais un pays, une société qui serait laïque par nature, c’est-à-dire où l’application de ses règles ne serait plus limitée aux agents des services publics, est surreprésentée dans les médias et sur la scène politique. Jean-Michel Blanquer, alors ministre de l’éducation nationale, par exemple, n’hésitait pas à déclarer que « le voile n’est pas souhaitable dans la société tout entière ». Gabriel Attal, ancien premier ministre, veut interdire le port du voile aux moins de 15 ans dans l’espace public et Laurent Wauquiez, chef du groupe Les Républicains à l’Assemblée nationale, a déposé en novembre 2025 une proposition de loi allant dans ce sens, en élargissant l’interdiction à toutes les mineures dans l’espace public.

Certains partisans d’une laïcité impliquant des restrictions étendues considèrent sans doute l’interdiction du foulard islamique comme une manière de lutter contre les croyances incompatibles avec la pensée libre et la citoyenneté éclairée. Au-delà du caractère vraisemblablement inconstitutionnel de la chose, il serait infiniment improbable qu’ils parviennent ainsi à atteindre les objectifs invoqués. On peut même craindre un effet contre-productif, en raison de la récupération de ces interdictions par l’islamisme radical, chez des adolescents en quête d’identité.

Désormais, l’invocation de la laïcité, si l’on en juge par sa fréquence, semblerait en mesure de répondre à tout type de mise en cause des principes républicains, qu’il s’agisse des tenues vestimentaires de nos élèves ou des attaques terroristes dont la France a été victime. Pourtant, de 1982 (attentat de la rue des Rosiers, à Paris) jusqu’en 2012 (assassinat de quatre Juifs, dont trois enfants, par Mohammed Merah à Toulouse, en Haute-Garonne), nul n’avait songé à invoquer solennellement la laïcité, alors que l’on ne cesse désormais de le faire depuis 2015 ? S’agit-il d’une négligence malheureuse, aujourd’hui réparée ? Ou, plus vraisemblablement, d’une instrumentalisation dont on voit bien le profit que l’on pense en retirer ?

Libre expression des différences

Il serait utile de rappeler l’esprit de la Déclaration universelle sur la laïcité au XXIᵉ siècle : la laïcité, qui n’est pas une spécificité française, est la condition de la libre expression des différences. Peut-être aurions-nous alors accès à l’essentiel : si rien ne nous contraint à renoncer à nos fidélités singulières, la laïcité nous invite à les suspendre. Ce qui fait communauté, c’est précisément la suspension, évidemment provisoire, du sentiment d’appartenance. C’est encore la supposition qu’il y a, en tout autre être humain, la capacité à éprouver le même sentiment que moi.


Alain Policar est l’auteur de Laïcité : le grand malentendu, Flammarion, octobre 2025.

The Conversation

Alain Policar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Laïcité à la française : un grand malentendu ? – https://theconversation.com/la-cite-a-la-francaise-un-grand-malentendu-274158

Fissures, sols instables… comment les aléas climatiques redessinent la carte du risque immobilier

Source: The Conversation – in French – By Miia Chabot, Associate Dean Pedagogy and Learning Innovation, Excelia

Acheter un logement, c’est parier sur l’avenir. Or, à l’horizon 2050, le changement climatique redessine la carte du risque immobilier : risque de submersion par exemple, mais également de retrait-gonflement des argiles, phénomène par lequel une sécheresse peut occasionner des dégâts parfois graves sur le bâti. On parle aussi de « maisons fissurées ». Dans ce contexte, comment évaluer la vulnérabilité d’un bien face aux enjeux climatiques ?


Lorsque l’on achète une maison, ce n’est pas seulement sur la solidité du bâti que l’on mise : c’est aussi sur la stabilité d’un sol. En France, près d’un logement sur deux – soit 48 % du territoire métropolitain – repose aujourd’hui sur un terrain vulnérable au retrait-gonflement des argiles, un phénomène silencieux, amplifié par les sécheresses, qui fissure les murs quand la terre se contracte.

Plus de 10 millions de maisons individuelles sont déjà exposées. Entre 1995 et 2019, les sécheresses géotechniques ont entraîné plus de 18 milliards d’euros d’indemnisations (en euros 2023) et en moyenne, près de 700 millions d’euros sont versés chaque année. En 2022, le coût des sinistres a dépassé 3 milliards d’euros, et il pourrait atteindre 43 milliards d’ici à 2050. Les dommages observés sur les bâtiments traduisent un déséquilibre économique à part entière : la déformation du sol devient un facteur de perte de valeur immobilière.

Ce risque n’est pas isolé. Il s’inscrit dans un ensemble plus large d’impacts climatiques physiques qui, partout en Europe, créent des effets économiques différenciés selon les territoires et les activités. La sécheresse, la chaleur ou les pluies extrêmes n’affectent pas de la même manière l’agriculture, l’industrie ou le logement.

Carte d’exposition des formations argileuses au phénomène de mouvement de terrain différentiel consécutif à la sécheresse et à la réhydratation des sols.
BRGM, Fourni par l’auteur

Relier le climat aux conditions du bâti et aux dynamiques locales permet de passer du constat au chiffrage. En combinant les données climatiques, géologiques et structurelles, il devient possible d’évaluer le coût réel d’un aléa, de passer des cartes d’exposition aux cartes de dommages, et d’estimer, à l’horizon 2050, l’ampleur potentielle des pertes liées à la sécheresse des sols. Les fissures de nos maisons traduisent la manière dont le climat pèse désormais sur la valeur du patrimoine et sur la continuité des activités qu’il abrite.




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Un risque silencieux

Concrètement, le retrait-gonflement des argiles est provoqué par la « respiration » de la terre sous nos pieds : elle se gorge d’eau, puis se rétracte quand elle s’assèche. Dans les sols argileux, ce cycle naturel de gonflement et de retrait est amplifié par les sécheresses successives. Au fil du temps, ces mouvements différentiels déforment les fondations, engendrant fissures et désordres structurels. Le phénomène reste invisible jusqu’à ce qu’il soit trop tard : les murs se fendent, les seuils se déforment, les ouvrants ne ferment plus.

Des recherches récentes montrent que la structure des sols argileux, faite de pores de tailles différentes, explique leur forte sensibilité au manque d’eau. Lorsqu’ils se dessèchent, l’eau s’échappe d’abord des grands pores, provoquant un retrait rapide, puis des plus petits, ce qui accentue la contraction du sol. D’autres travaux relient directement la dynamique hydrique à la déformation mécanique : plus la perte d’eau est brutale, plus le sol se rétracte et la contrainte sur les structures augmente.

Ce risque n’est donc pas seulement une affaire de nature de sol : il dépend aussi de la variabilité climatique, de la profondeur des fondations et de la capacité du sol à retenir l’eau. Chaque été sec accentue la mémoire du précédent, laissant les terrains un peu plus fragiles.




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Des cartes incomplètes, un risque qui grandit

Les cartes nationales, comme Géorisques ou celles du BRGM, constituent aujourd’hui la base de l’information publique sur le retrait-gonflement des argiles. Elles ont le mérite d’exister, mais restent pensées pour une lecture d’ensemble du territoire. Leur échelle, souvent kilométrique, ne permet pas d’évaluer la vulnérabilité réelle d’une maison ni la dynamique du sol à l’échelle de la parcelle. Entre deux terrains voisins, la composition du sous-sol, la présence d’argiles gonflantes ou la profondeur des fondations peuvent pourtant tout changer.

Certaines bases de données internationales offrent un éclairage complémentaire. La Digital Soil Map of the World (FAO – Unesco) décrit la nature des sols à l’échelle planétaire, tandis que les indices satellitaires comme le Soil Water Index (SWI) permettent de suivre l’humidité des sols au fil du temps. Ces approches sont précieuses pour la recherche, mais leur résolution (souvent de l’ordre du kilomètre) reste trop faible pour évaluer le comportement réel d’un terrain face à la sécheresse.

De nouveaux outils plus opérationnels cherchent à combler ce vide. L’application Risque Maison Climat RGA propose, à partir d’une simple adresse, une première estimation du niveau d’exposition d’un logement. En combinant la nature du sol, la fréquence des sécheresses et la vulnérabilité du bâti, elle offre une lecture claire et personnalisée du risque. Mais ses calculs reposent encore sur des données moyennes et n’intègrent pas la variabilité fine du sous-sol.

Les dispositifs publics existants se complètent sans se recouper : Climadiag projette les évolutions climatiques locales, Bat-ADAPT identifie les fragilités du bâti, et Géorisques recense les aléas connus sans les relier à la structure du logement. Ensemble, ils informent mais ne permettent pas d’anticiper les dommages.

Les initiatives privées, de leur côté, peinent à dépasser la logique assurantielle. Les simulateurs proposés par certains assureurs, comme la MAIF, intègrent des indicateurs climatiques, mais sans transparence sur leurs modèles ni accès aux données. Ces outils sensibilisent, sans permettre d’agir.

Mesurer les dommages

Identifier un sol argileux, c’est décrire une vulnérabilité. Ce qui compte aujourd’hui, c’est de savoir ce que cette vulnérabilité coûte quand la sécheresse s’installe. Le passage des cartes d’exposition aux cartes de dommages marque la frontière entre savoir et agir.

Des approches que nous avons développées avec des collègues dans des recherches récentes montrent qu’il est désormais possible d’estimer le coût réel des aléas climatiques, qu’il s’agisse d’inondations, de vagues de chaleur ou de sécheresses géotechniques. En reliant les anomalies climatiques, la nature des sols et les caractéristiques du bâti, les modèles de dommages permettent d’évaluer les pertes économiques attendues.

Cette démarche, déjà utilisée pour les inondations dans des modèles comme Hazus ou JRC, peut être transposée au retrait-gonflement des argiles. Elle consiste à traduire les paramètres physiques d’un site, tels que l’humidité, la profondeur des fondations ou la résistance du sol, en impact financier mesurable.




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Croiser les données

Pour y parvenir, la clé réside dans l’intégration des données. Les informations existent mais demeurent dispersées entre bases publiques, assureurs et bureaux d’études. Croiser les données climatiques, géologiques et structurelles permet de simuler le coût probable d’un sinistre, incluant les fissurations, les reprises en sous-œuvre et, pour les bâtiments tertiaires, les pertes d’exploitation liées à une interruption d’activité.

C’est ainsi que les modèles de gestion des risques climatiques évoluent : du diagnostic de vulnérabilité à une véritable estimation de dommage qui relie les conditions physiques du sol aux conséquences économiques tangibles. Cette démarche n’a rien d’abstrait. Elle ouvre la voie à une gestion prospective des risques capable d’anticiper les coûts à l’horizon 2050. Les estimations réalisées pour d’autres aléas montrent déjà que les pertes associées aux sécheresses pourraient être multipliées par dix dans certaines régions.

Mesurer les dommages, c’est transformer une information environnementale en outil de décision. Pour un propriétaire, cela revient à évaluer la perte potentielle de valeur d’un bien dans un climat plus chaud et plus sec. Pour une entreprise, c’est la possibilité d’intégrer le coût du risque dans la gestion du bâti, les contrats d’assurance ou la planification des travaux. Pour les pouvoirs publics, c’est un levier pour orienter les politiques de prévention et d’aménagement.

The Conversation

Miia Chabot ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Fissures, sols instables… comment les aléas climatiques redessinent la carte du risque immobilier – https://theconversation.com/fissures-sols-instables-comment-les-aleas-climatiques-redessinent-la-carte-du-risque-immobilier-270506