¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bárbara Polo Martín, Profesora Ayudante Doctora en Geografía, Universidad Autónoma de Madrid

Petrolero de la compañía estadounidense Chevron cerca de la Refinería Bajo Grande, en el lago Maracaibo, Venezuela. Jose Bula Urrutia/Shutterstock

Venezuela posee alrededor del 17–19 % de las reservas probadas de petróleo del planeta, más que otros países geoestratégicos como Arabia Saudí o Irán. Sin embargo, hoy en día produce cerca de un millón de barriles diarios, una cifra bastante marginal a escala global.

Este contraste explica por qué la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el anuncio de un control “indefinido” sobre sus ventas de petróleo ha despertado inquietud climática, especialmente porque coincide con la salida de EE. UU. de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

La pregunta clave es sencilla, pero incómoda: ¿qué implica para el clima que el mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero pase a controlar las mayores reservas de petróleo del mundo mientras se desentiende de la gobernanza climática internacional?

Un petróleo especialmente intensivo en emisiones

No todo el petróleo es igual desde el punto de vista climático. Gran parte del crudo venezolano, concentrado en la faja petrolífera del Orinoco –una extensa zona ubicada al norte del río Orinoco y su desembocadura– es pesado y extrapesado. Esto significa que su extracción y refinado requieren más energía que los crudos ligeros y generan mayores emisiones por barril. Además, este se procesaría en refinerías especializadas del Golfo de México, diseñadas para este tipo de petróleo.

Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo)
Mapa que muestra la faja petrolífera del Orinoco (en azul) y la cuenca oriental de Venezuela (en rojo), una importante cuenca sedimentaria que contiene abundantes reservas de petróleo.
Servicio Geológico de Estados Unidos

La ciencia explica por qué todo esto es preocupante desde el punto de vista climático. Diversos estudios muestran que las emisiones asociadas a la extracción de petróleo aumentan a medida que los yacimientos envejecen, puesto que se necesitan técnicas cada vez más intensivas en energía para mantener la producción.

Relanzar masivamente la producción venezolana, por tanto, no solo incrementaría el consumo de combustibles fósiles, sino que lo haría a través de uno de los tipos de crudo más contaminantes.




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Un giro político que choca con la ciencia climática

El contexto internacional amplifica estas implicaciones. En enero de 2026, la Administración estadounidense formalizó su retirada de la CMNUCC y del IPCC, rompiendo con el principal marco de coordinación científica y política frente al calentamiento global.

Esta decisión contrasta abiertamente con el consenso científico. Según el último Informe de Síntesis del IPCC, parte del Sexto Informe de Evaluación (AR6) publicado en marzo de 2023, limitar el calentamiento global a una subida de 1,5 °C exige una reducción rápida y sostenida del uso de combustibles fósiles.

En la misma línea, un estudio publicado recientemente en Nature Communications concluye que, en escenarios compatibles con ese objetivo, la producción mundial de petróleo debería reducirse entre un 62 % y un 70 % antes de 2050.

Apostar por reconstruir y expandir la industria petrolera venezolana va, por tanto, en dirección opuesta a lo que recomienda la evidencia científica.




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Geopolítica versus acción climática

Desde un punto de vista geopolítico, el control del petróleo venezolano refuerza la influencia de EE. UU. en América Latina y limita el margen de actuación de China y Rusia, aliados históricos de Caracas.

A corto plazo, el impacto sobre el mercado petrolero mundial es limitado, ya que reactivar la producción requerirá años de inversión y estabilidad política.

Sin embargo, a medio y largo plazo, el mensaje es claro: se refuerza un modelo energético fósil en un momento crítico. Los indicadores más recientes muestran que el calentamiento causado por el ser humano ya alcanza aproximadamente 1,22 °C y que el presupuesto de carbono –la cantidad de carbono que aún podemos quemar– compatible con mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C se agota rápidamente.

Implicaciones para la lucha contra el cambio climático

La combinación de ambos factores –control de grandes reservas de crudo pesado y retirada del multilateralismo climático– plantea tres riesgos principales:

  • Aumento potencial de emisiones, tanto directas como indirectas, si se impulsa la producción a gran escala.

  • Debilitamiento de la cooperación internacional en la lucha contra el calentamiento global, al quedar EE. UU. fuera de los principales foros climáticos.

  • Lanzamiento de señales contradictorias al resto del mundo, que pueden frenar la ambición climática de otros países.

El control estadounidense del petróleo venezolano es mucho más que un movimiento geopolítico. Representa un choque frontal entre la política energética fósil y la hoja de ruta que marca la ciencia climática. Cuando los informes científicos insisten en dejar gran parte de las reservas conocidas bajo tierra, poner en valor uno de los mayores yacimientos de crudo pesado del mundo supone un serio retroceso para los esfuerzos globales de mitigación.

La gran incógnita no es solo cuánto petróleo podrá extraerse en Venezuela, sino qué capacidad tendrá la comunidad internacional para mantener el rumbo climático en un escenario cada vez más fragmentado.

The Conversation

Bárbara Polo Martín recibe fondos de Ramón Areces. Proyecto CIHP25S21774 Modelando la geohistoria para predecir el futuro de la resiliencia urbana: una propuesta metodológica para abordar los cambios temporales.

Es voluntaria en la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico y en Think Tank AlterContacts

Carlos Sánchez-García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué significa que EE. UU. controle el petróleo de Venezuela para la lucha contra el cambio climático? – https://theconversation.com/que-significa-que-ee-uu-controle-el-petroleo-de-venezuela-para-la-lucha-contra-el-cambio-climatico-274224

El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Los embutidos son uno de los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. 8th.creator/Shutterstock

Las calorías, el azúcar añadido, la grasa saturada o los edulcorantes son componentes de los alimentos estrechamente relacionados con nuestra salud. Sin embargo, el que más vidas se lleva por delante es el sodio: varios millones en todo el mundo cada año. A pesar de su impacto, sigue siendo un gran desconocido más allá del salero. ¿Por qué ocurre esto?

El reto de la OMS

Es cierto que el sodio es un mineral que necesitamos para funciones vitales como el impulso nervioso o el latido del corazón. Sin embargo, adaptando el refranero, podríamos decir que “lo poco gusta y lo mucho… mata”. Tomado en exceso, es el nutriente que peor nos sienta, principalmente porque consumimos el doble de lo recomendado, poniendo en jaque nuestro corazón y nuestros vasos sanguíneos.

Habitualmente hablamos de sal (cloruro de sodio) porque es el componente con el que estamos más familiarizados y el que figura en el etiquetado de los alimentos procesados. Aunque hoy existe un gran movimiento social por la alimentación saludable, la sal sigue siendo la gran ignorada. Recibe poca atención y somos poco conscientes de su presencia, lo que tiene serias implicaciones para la salud.

Ante esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2013 un reto ambicioso: reducir el consumo de sal en un 30 % para el año 2025. Los 194 estados miembros se comprometieron a ello con un objetivo claro: evitar millones de muertes prematuras y de casos nuevos de enfermedades cardiovasculares. A día de hoy, las noticias no son buenas: ningún país ha cumplido el objetivo.

Alimentos muy salados

Debemos tener en cuenta que, aunque la sal más conocida es la que añadimos al cocinar, la mayoría de la que ingerimos (alrededor del 75 %) proviene de los alimentos procesados. Por esta razón, la medida más eficaz para reducir su consumo es disminuir el contenido de sal en este tipo de alimentos.

El pan, la carne procesada (charcutería, embutidos) y el queso son los alimentos que más sal aportan a nuestra dieta. También son una fuente importante de sal los aperitivos o snacks, las salsas y las conservas. Incluso productos dulces como galletas, bollería o barritas la contienen en cantidades significativas.

No ha habido reducción en España

A pesar de los compromisos internacionales, en España no existe una normativa amplia que limite la sal en los alimentos. La única regulación nacional, de 2019, afecta en exclusiva al “pan común” (el que se consume en 24 horas), dejando fuera al industrial. Solo un real decreto reciente restringe la sal en alimentos que se ofertan en máquinas expendedoras y cafeterías de centros escolares, pero no hay más legislación al respecto.

En 2017, el Gobierno puso en marcha un programa para disminuir la cantidad de sal, azúcar y grasa en alimentos procesados. El acuerdo era voluntario y a él se adhirieron 20 asociaciones sectoriales que representaban a casi 400 empresas.

Respecto a la sal, el objetivo era muy poco ambicioso (reducciones de apenas el 5-16 % en productos muy concretos) y dejaba fuera alimentos tan consumidos como el pan, el jamón o el queso. Además, al no utilizarse métodos estadísticos validados para su evaluación, no podemos saber con certeza si se cumplió.




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Para arrojar luz sobre esta evolución, desde el equipo BADALI de la Universidad Miguel Hernández hemos estudiado el contenido de sal en los alimentos procesados en España desde 2017 hasta la actualidad. Utilizando métodos estadísticos validados, nuestras conclusiones son claras: no ha habido una reducción global en el contenido de sal.

Los datos revelan contrastes llamativos: mientras que las galletas han bajado un 14 % su sal y los aperitivos un 10 %, la carne procesada tiene ahora hasta un 33 % más que hace unos años. Además, las conservas de verduras o legumbres, el queso, el pan blando industrial, los cereales de desayuno, las salsas, las tortitas, las tostadas y el pan tostado no han disminuido su contenido.

¿Qué podemos hacer cuando la voluntad escasea?

La experiencia nos dice que los acuerdos voluntarios no son efectivos. El ejemplo lo tenemos en el Reino Unido: a principios de los años 2000, un programa obligatorio logró reducir un 19 % la ingesta de sal, logrando un descenso real en la presión arterial y la mortalidad cardiovascular. Sin embargo, cuando el programa pasó a ser voluntario, el consumo volvió a subir.

Como consumidores, tenemos mucho que decir. Es posible acostumbrar el paladar a menos sal en apenas unas semanas. La mejor opción siempre es centrar nuestra alimentación en alimentos naturales preparados en casa y añadir poca o ninguna cantidad de ese ingrediente en el cocinado.

Si optamos por procesados, la clave estriba en revisar la etiqueta y elegir los que tengan menos sal. Como referencia, es recomendable buscar productos que no superen los 0,5 g de sal por cada 100 g o 100 ml. Y si no es posible, intentar que al menos no supere 1 g.

En definitiva, el camino hacia una dieta con menos sal es un reto compartido que nace en nuestra mesa y se completa en el supermercado. Si bien reeducar nuestro paladar es un paso esencial, resulta fundamental un compromiso sólido de las instituciones y la industria para alcanzar las metas de salud. El fin último es sencillo pero vital: cuidar nuestro corazón.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El exceso de sal sigue llenando nuestras mesas: los alimentos procesados suspenden ante la OMS – https://theconversation.com/el-exceso-de-sal-sigue-llenando-nuestras-mesas-los-alimentos-procesados-suspenden-ante-la-oms-272472

Does the exodus to UpScrolled signify the end of TikTok?

Source: The Conversation – Canada – By Jaigris Hodson, Associate Professor of Interdisciplinary Studies, Royal Roads University

Soon after American investors took control of TikTok’s U.S. operations, users started complaining that content on certain topics was being suppressed. (Unsplash/Appshunter.io)

Until recently, you might have never heard of the TikTok competitor UpScrolled. But as of Jan. 29, the app reached No. 1 one in Apple’s app store as disgruntled TikTok users in the United States rushed to sign up.

The exodus to UpScrolled comes after a group of American investors, including Oracle founder Larry Ellison, acquired a majority stake in TikTok’s U.S. operations on Jan. 22, a day before the deadline set by President Donald Trump for the app’s U.S operations to be separated from Chinese parent company ByteDance.

Trump and other American officials have long pushed for acquiring TikTok’s U.S. operations, citing concerns over China accessing the data of U.S. citizens. However, soon after the acquisition, TikTok users started complaining of shadow banning, a disputed tactic whereby people suggest social media sites will allow you to post, but will not allow anyone else to see what you post.

The acquisition comes amid civil unrest in the U.S. as Immigration and Customs Enforcement officers (ICE) conduct raids in cities like Minneapolis that have resulted in multiple deaths and hospitalizations. Concerned users have been uploading video documenting ICE’s actions, but began to notice their videos were not garnering any attention on TikTok, or sometimes, not uploading at all following the acquisition.




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Users posting about other topics such as Palestine have also expressed concerns about censorship. Palestinian journalist Bisan Owda’s account was banned shortly after the acquisition. It was restored following an outcry from users.

TikTok says anyone experiencing a disruption over the last couple of weeks has not been shadow banned; it was result of technical problems following a polar vortex and associated weather-related issues. But this statement from U.S. TikTok came after one million downloads of UpScrolled and reports of concerned users deleting TikTok.

Controlling the algorithm

It may indeed be a coincidence that people had trouble uploading videos critical of ICE at a time of changing ownership, but the whole incident had users talking.

As part of the acquisition, TikTok has been programmed with a new U.S.-specific content moderation algorithm that influences what people do and don’t see. Like with every other social network, the algorithm is considered proprietary information, meaning no academic nor policymaker can independently audit it.

Trump has expressed interest in controlling social media algorithms, so it’s no wonder people are connecting the outage with possible censorship. Looking at Reddit posts about the TikTok sale reveals how upset some users are.

It’s well known that China engages in censorship on the Chinese version of TikTok, Douyin. In fact, this practice was commented on by France’s President Emmanuel Macron, who stated that children on TikTok in China receive more educational content than children in France do.

Knowing this, it’s not surprising that American users would connect the dots and suggest that any TikTok outage would be a result of government censorship.

The truth is, there’s no way to know for sure whether censorship did occur in the first week of the takeover, or whether it’s still occurring in less obvious ways now. Regardless of whether direct government interference is an issue, the algorithm still filters content in ways that often lead to misinformation spreading among a global user base.

Is time up for TikTok?

Does the rush of users from TikTok to apps like UpScrolled spell hard times ahead for TikTok U.S.? We’ve been here before, and the apps that take a temporary hit usually bounce back. After Elon Musk took over Twitter and rebranded it X in 2022, many users, including high-profile celebrities and corporations, left the platform. However, engagement is still strong among people who identify as right wing and MAGA.

Every couple of years, it seems, news outlets publish articles about reasons to leave Facebook. But Facebook and X are still going strong. The fact that these sites survive the exodus of both high-profile and regular users is likely due to network effects.

Social media platforms become more valuable the more people are on them. Not only do they become more interesting when there are more people posting content, but people also want to be on platforms where their friends, family and favourite celebrities already are.

Network effects mean that unless UpScrolled continues its explosive growth, people are unlikely to continue to choose it over the more established TikTok. At best, we might see a Twitter/X effect, which is where TikTok will host more pro-U.S. government content creators and those people who want to follow them, and UpScrolled will host more critical content creators and their followers. This is basically what happened when many left-leaning users moved to BlueSky as an alternative to X.

Because each social network engages in or facilitates different types of content filtering, each provides a different kind of echo chamber that people self-select into or out of.

These echo chambers are a problem because they reinforce beliefs, even ones grounded in mis- and disinformation, and in turn create deeper more polarized divisions between people that are hard to escape from. Since young people report getting most of their news from social media sites, people concerned about algorithms have more than just government censorship to worry about.

The Conversation

Jaigris Hodson receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC)

ref. Does the exodus to UpScrolled signify the end of TikTok? – https://theconversation.com/does-the-exodus-to-upscrolled-signify-the-end-of-tiktok-274813

Surmonter la rumination mentale : quand la méditation aide les proches aidants

Source: The Conversation – in French – By Anna Andrianova, Candidate au Ph.D. et chargée de cours, Université Laval

La méditation n’efface pas les contraintes objectives associées au rôle de la personne proche aidante, mais elle offre un espace mental de répit et des outils concrets pour y faire face. (Andrea Piacquadio/Pexels), CC BY

Un adulte québécois sur trois soutient un proche en perte d’autonomie, souvent sans même savoir qu’il joue ce rôle. Alors que le Canada amorce un virage démographique majeur, il devient urgent de reconnaître la détresse des proches aidants et de leur offrir des solutions concrètes. Parmi elles, la méditation émerge comme une piste prometteuse.


Québec a lancé la semaine dernière une nouvelle Politique nationale de soutien à domicile qui va bonifier de 107 millions de dollars au budget existant des services de soutien à domicile. Certains personnes proches aidantes (PPA) pourront ainsi toucher un revenu.

En prenant soin au quotidien d’un parent âgé, d’un conjoint malade ou d’un enfant handicapé, ces personnes proches aidantes (PPA) accumulent souvent fatigue, anxiété et pensées négatives répétitives (PNR), c’est-à-dire des ruminations ou des inquiétudes récurrentes.

Notre groupe de chercheurs faisons partie de l’équipe de recherche de l’étude Mind‑AID, qui vise à vérifier de façon scientifique comment la pratique de la méditation peut aider à soulager les proches aidants accompagnant un proche vivant avec la maladie d’Alzheimer ou un autre trouble neurocognitif. Mind-AID invite des volontaires à suivre un programme de méditation guidée, sur huit semaines, tout en participant à des évaluations de leur bien-être psychologique.


Cet article fait partie de notre série La Révolution grise. La Conversation vous propose d’analyser sous toutes ses facettes l’impact du vieillissement de l’imposante cohorte des boomers sur notre société, qu’ils transforment depuis leur venue au monde. Manières de se loger, de travailler, de consommer la culture, de s’alimenter, de voyager, de se soigner, de vivre… découvrez avec nous les bouleversements en cours, et à venir.


Le fardeau caché des PPA

Au Québec, on appelle PPA les gens qui, sans en faire une profession ni une activité de bénévolat encadré, prennent soin d’un proche en raison d’une maladie, d’un handicap ou du grand âge. La loi 56, adoptée en 2020, entérine d’ailleurs cette appellation et vise à mieux les reconnaître et les soutenir.

Souvent, il s’agit d’un rôle assumé dans l’ombre du quotidien.

Plus la PPA consacre d’heures à aider, plus sa qualité de vie se dégrade : irritabilité, troubles du sommeil, culpabilité et symptômes dépressifs apparaissent. Le stress chronique déclenche une cascade menant à l’usure physique et mentale, à l’anxiété, voire à un risque accru de maladies cardiovasculaires ou de dépression clinique.

Prendre soin d’autrui peut donc gravement nuire à sa propre santé – un paradoxe auquel le Québec répond désormais par une politique et un plan d’action dédiés.

Prisonniers des pensées : la spirale de la rumination

Au-delà des contraintes pratiques, beaucoup des personnes proches aidantes sont piégées par leurs pensées : elles ressassent la journée passée ou anticipent les problèmes à venir.

Ces pensées négatives répétitives – rumination sur le passé ou inquiétudes tournées vers l’avenir – constituent un processus impliqué dans la dépression, l’anxiété et le stress post-traumatique.

Elles perturbent le sommeil, diminuent l’attention et, à long terme, peuvent altérer le cerveau et accroître le risque de maladie d’Alzheimer. Chez les proches aidants, ces pensées négatives agissent comme un mécanisme clé transformant le stress en détresse psychologique; apprendre à les réguler est donc essentiel.

La méditation pleine conscience à la rescousse

La méditation pleine conscience consiste à porter une attention sans jugement à l’instant présent, souvent via l’observation de la respiration. Des centaines d’études montrent qu’elle réduit la rumination : la méditation désactive partiellement le «mode par défaut» du cerveau, réseau activé lorsque l’esprit vagabonde.


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Le programme MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) de Jon Kabat-Zinn a popularisé cette approche dès les années 1980. Depuis, les interventions basées sur la méditation pleine conscience ont prouvé leur efficacité pour diminuer stress, anxiété et symptômes dépressifs. Chez les personnes proches aidantes, des essais pilotes révèlent une baisse de la détresse psychologique, une meilleure régulation émotionnelle et même des améliorations physiologiques (p. ex. marqueurs d’inflammation).

La méditation n’efface pas les contraintes objectives du rôle de PPA, mais elle offre un espace mental de répit et des outils concrets pour y faire face.

Mind-AID : la recherche au service de ceux qui aident

L’objectif de notre recherche est double : d’une part, offrir aux personnes proches aidantes une occasion de prendre soin d’elles-mêmes grâce à la méditation pleine conscience; d’autre part, générer des connaissances pour mieux les soutenir. Mind-AID s’inscrit ainsi dans les efforts plus larges déployés au Québec pour reconnaître et appuyer les PPA, en innovant du côté des interventions psychosociales.

Les résultats de l’étude permettront de déterminer si la méditation pleine conscience peut effectivement réduire les PNR et améliorer des indicateurs clés comme l’anxiété, la dépression ou la qualité de vie. En cas de succès, cette approche pourrait être déployée à plus grande échelle via le réseau de la santé et des services sociaux et des organismes communautaires.

Le programme comporte trois volets: de courtes vidéos éducatives, des séances de méditation et des exercices informels conçus pour s’intégrer facilement au quotidien exigeant des PPA.

Des ressources existent

La méditation pleine conscience pourrait être une piste à explorer pour apprivoiser ce tourbillon mental et prévenir l’épuisement psychologique.

Bien sûr, ce n’est pas une baguette magique. Il faut du temps et de la pratique pour en ressentir les effets. Mais les témoignages comme les études scientifiques suggèrent qu’apprendre à «lâcher prise» sur ses pensées est possible – et porteur d’espoir.

Le projet Mind-AID se donne pour mission d’apporter des solutions concrètes à ces enjeux. En introduisant la méditation pleine conscience dans la boîte à outils des PPA, il mise sur un levier d’action interne encore sous-exploité : la capacité de chacun à entraîner son esprit pour mieux résister au stress.

Et si prendre soin de soi devenait la première étape pour mieux prendre soin des autres ? Pas d’obligation de performance : juste l’invitation à faire une pause et redécouvrir le soin de soi – une respiration à la fois.

La Conversation Canada

Anna Andrianova est travailleuse sociale, membre de l’Ordre professionnel des travailleurs sociaux et des thérapeutes conjugaux et familiaux du Québec. Elle a obtenu plusieurs bourses de recherche prestigieuses, dont la Bourse d’études supérieures du Canada au niveau doctoral (BESC D) des Instituts de recherche en santé du Canada (IRSC), une bourse doctorale du Fonds de recherche du Québec – Société et culture (FRQSC), la bourse de formation du Partenariat AGE-WELL–EPIC-AT, remise en collaboration avec le Réseau québécois de recherche sur le vieillissement (RQRV), une bourse du Réseau de recherche en santé des populations du Québec, la bourse d’excellence Nicolas-et-Suzanne-Zay et la bourse doctorale François-et-Rachel-Routhier de la Faculté des sciences sociales de l’Université Laval, ainsi que des bourses du Centre de recherche et d’expertise en gérontologie sociale (CREGÉS) et du Centre de recherche VITAM – Centre de recherche en santé durable.

Sophie Ethier est chercheure et professeure titulaire à l’École de travail social et de criminologie de l’Université Laval. Elle reçu un financement du ministère de l’Économie, de l’Innovation et de l’Énergie du Québec pour financer cette étude.

Julie Bernier-Carbonneau, Mathieu Boisvert et Olga Babina ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur poste universitaire.

ref. Surmonter la rumination mentale : quand la méditation aide les proches aidants – https://theconversation.com/surmonter-la-rumination-mentale-quand-la-meditation-aide-les-proches-aidants-255702

Pourrait-on faire fonctionner des data centers dans l’espace ?

Source: The Conversation – in French – By David Monniaux, Chercheur en informatique, Centre national de la recherche scientifique (CNRS), Université Grenoble Alpes (UGA)

Différents acteurs de la tech envisagent d’utiliser des satellites pour faire des calculs. En d’autres termes, il s’agit d’envoyer des data centers dans l’espace. Est-ce réaliste ? Un informaticien fait le point.


On parle de l’idée d’installer dans l’espace, en orbite, des data centers destinés à l’intelligence artificielle. Par exemple, en novembre 2025, Google annonçait son projet Suncatcher.

Quel crédit accorder à cette proposition ? Je vais d’abord expliquer les difficultés techniques qui font que cela semble très compliqué et coûteux pour un avantage peu clair, avant de formuler des hypothèses sur les raisons qui motivent ces annonces.

L’intelligence artificielle, c’est beaucoup de calcul

L’apprentissage automatique à grande échelle est au cœur des applications d’intelligences artificielles (IA) génératives (ChatGPT et consorts). Pour cela, il faut beaucoup de processeurs de calcul, qui consomment de l’électricité et rejettent sous forme de chaleur l’énergie ainsi consommée. Sur Terre, un grand data center de calculs d’intelligence artificielle peut consommer 100 mégawatts (MW) et au-delà ; on a même projeté la construction de data centers à 1 000 MW.

Dans l’espace, du point de vue technique, se posent alors quatre problèmes :

  • les composants électroniques sont irradiés par les rayons cosmiques, ce qui peut causer des pannes ;

  • il faut produire de l’électricité ;

  • il faut évacuer la chaleur produite ;

  • les installations ne sont pas aisément accessibles pour intervenir.

Les radiations perturbent les composants électroniques

Récemment, un Airbus A320 a fait une embardée dans le ciel, car son informatique de commande avait été touchée par des rayons cosmiques. En effet, dans l’espace et, dans une moindre mesure, en altitude (les avions de ligne volent à une dizaine de kilomètres d’altitude), l’électronique est soumise à un rude régime.

Les rayonnements cosmiques peuvent au pire détruire certains composants, au mieux perturber temporairement leur fonctionnement. Pour cette raison, les fournisseurs conçoivent pour équiper les engins spatiaux des processeurs spéciaux résistant aux rayonnements, par exemple le LEON et le NOEL-V, mais ceux-ci ont des performances de calcul modestes (par exemple, le NOEL-V, pourtant moderne, est environ dix fois plus lent qu’un seul cœur de mon ordinateur portable, qui en comporte 12). Si l’on utilise dans l’espace des composants destinés à des applications terrestres conventionnelles, les radiations peuvent provoquer des pannes qui nécessitent des redémarrages de chaque processeur, allant d’une fois toutes les quelques semaines à plusieurs fois par jour, suivant les conditions d’utilisation, d’autant plus fréquemment que le processeur est gravé finement (haute performance).

Produire suffisamment d’électricité

Les géants de la tech parlent actuellement de construire des data centers terrestres consommant de l’ordre de 1 000 MW. À titre de comparaison, les réacteurs de centrales nucléaires françaises ont des puissances électriques nominales (ce qu’elles peuvent produire à 100 % de leur puissance normale d’utilisation) entre 890 MW et 1 600 MW. En d’autres termes, un tel data center consommerait complètement la puissance d’un des petits réacteurs français.

Or, dans l’espace, pour produire de l’électricité, il faut utiliser des panneaux solaires ou des procédés plus exotiques et peu utilisés – microréacteur nucléaire ou générateur à radioéléments, ces derniers étant utilisés pour des sondes partant vers des régions éloignées du Soleil et où il serait donc difficile d’utiliser des panneaux solaires.

Aujourd’hui, les panneaux solaires de la Station spatiale internationale produisent environ 100 kilowatt (kW) de puissance, autrement dit 1 000 fois moins que ce que consomme un data center de 100 MW. Suivant l’orbite, il peut être nécessaire de gérer les périodes où le satellite passe dans l’ombre de la Terre avec des batteries (qui ont une durée de vie limitée), ou accepter que chaque satellite ne fonctionne qu’une partie du temps, ce qui pose d’autres problèmes.

Évacuer la chaleur

Il peut paraître surprenant, vu le froid de l’espace, qu’il soit difficile d’y évacuer de la chaleur. Sur Terre, nous évacuons la chaleur des data centers directement dans l’air, ou encore via des liquides pour ensuite restituer cette chaleur à l’air via une tour de refroidissement. Dans l’espace, il n’y a pas d’air à qui transférer de la chaleur, que ce soit par conduction ou par convection.

Ainsi, la seule façon d’évacuer de la chaleur dans l’espace est le rayonnement lumineux qu’émet tout objet. Quand un objet est très chaud, comme du fer chauffé à blanc, ce rayonnement est intense (et en lumière visible). En revanche, pour des objets tels qu’un ordinateur en fonctionnement ou un corps humain, ce rayonnement (en lumière infrarouge, invisible aux yeux humains mais visible à l’aide de caméras spéciales), est peu intense. Il faut donc de grandes surfaces de radiateurs pour disperser de la chaleur dans l’espace. Organiser l’évacuation de chaleur n’a rien d’évident dans un satellite…

Des problèmes très terre-à-terre

Venons-en à des problèmes plus pratiques. Quand on a un problème dans un data center sur Terre, on envoie un·e technicien·ne. Dans l’espace, cela impliquerait une mission spatiale. Certes, certaines tâches pourraient être accomplies par des robots, mais on est à des ordres de grandeur de complications par rapport à une maintenance dans un bâtiment terrestre. Or, les panneaux solaires et les autres composants ont une durée de vie limitée. Enfin, communiquer avec un satellite est plus compliqué et offre un moindre débit que d’installer un raccordement fibre optique dans une zone bien desservie sur Terre.

Bien entendu, il y aurait également la question de la masse considérable de matériel à transférer en orbite, celle du coût des lancements et de l’assemblage.

On peut également évoquer la pollution, pour l’observation astronomique, du ciel par le passage de constellations de satellites, ainsi que la pollution des orbites par les débris des satellites détruits.

En résumé, même s’il était éventuellement possible techniquement de faire des calculs d’intelligence artificielle dans un satellite en orbite (ou sur une base lunaire), cela serait à un coût considérable et au prix de grandes difficultés. Dans les propos de ceux qui annoncent des data centers spatiaux, on peine à trouver une bonne raison à tant de complications. Parmi certaines justifications avancées, celle d’échapper dans l’espace aux législations des États.

Pourquoi donc parler de mettre des data centers en orbite ?

La question intéressante, plutôt que de savoir s’il serait possible de faire un centre de calcul IA dans l’espace, est donc de savoir à qui cela profite de parler dans les médias de projets relevant plus de la science-fiction que du développement industriel réaliste. Il est bien entendu périlleux de prétendre identifier les objectifs derrière les actes de communication, mais nous pouvons fournir quelques hypothèses.

L’industrie spatiale états-unienne, notamment SpaceX, nourrit l’idée de l’espace comme dernière frontière, avec en ligne de mire l’installation sur Mars, voire la colonisation de cette planète – qu’importe qu’elle soit froide (- 63 °C en moyenne à l’équateur), à l’atmosphère très ténue, et sans protection contre le rayonnement cosmique, autrement dit très hostile à la vie.

L’industrie de l’intelligence artificielle, quant à elle, nourrit l’idée du dépassement du cerveau humain.

Ces deux industries ont un besoin intense de capitaux – par exemple, OpenAI a une dette de 96 milliards de dollars (81,2 milliards d’euros). Pour les attirer, elles ont besoin de récits qui font rêver. Toutes deux créent la « fear of missing out » (ou FOMO), la peur de passer à côté d’une évolution importante et de devenir obsolètes.

D’ailleurs, cette communication fonctionne. La preuve, j’ai rédigé cet article qui, même si c’est pour expliquer à quel point ces projets sont irréalistes, leur accorde une publicité supplémentaire…

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David Monniaux ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourrait-on faire fonctionner des data centers dans l’espace ? – https://theconversation.com/pourrait-on-faire-fonctionner-des-data-centers-dans-lespace-274582

Fissures, sols instables… comment les aléas climatiques redessinent la carte du risque immobilier

Source: The Conversation – in French – By Miia Chabot, Associate Dean Pedagogy and Learning Innovation, Excelia

Acheter un logement, c’est parier sur l’avenir. Or, à l’horizon 2050, le changement climatique redessine la carte du risque immobilier : risque de submersion par exemple, mais également de retrait-gonflement des argiles, phénomène par lequel une sécheresse peut occasionner des dégâts parfois graves sur le bâti. On parle aussi de « maisons fissurées ». Dans ce contexte, comment évaluer la vulnérabilité d’un bien face aux enjeux climatiques ?


Lorsque l’on achète une maison, ce n’est pas seulement sur la solidité du bâti que l’on mise : c’est aussi sur la stabilité d’un sol. En France, près d’un logement sur deux – soit 48 % du territoire métropolitain – repose aujourd’hui sur un terrain vulnérable au retrait-gonflement des argiles, un phénomène silencieux, amplifié par les sécheresses, qui fissure les murs quand la terre se contracte.

Plus de 10 millions de maisons individuelles sont déjà exposées. Entre 1995 et 2019, les sécheresses géotechniques ont entraîné plus de 18 milliards d’euros d’indemnisations (en euros 2023) et en moyenne, près de 700 millions d’euros sont versés chaque année. En 2022, le coût des sinistres a dépassé 3 milliards d’euros, et il pourrait atteindre 43 milliards d’ici à 2050. Les dommages observés sur les bâtiments traduisent un déséquilibre économique à part entière : la déformation du sol devient un facteur de perte de valeur immobilière.

Ce risque n’est pas isolé. Il s’inscrit dans un ensemble plus large d’impacts climatiques physiques qui, partout en Europe, créent des effets économiques différenciés selon les territoires et les activités. La sécheresse, la chaleur ou les pluies extrêmes n’affectent pas de la même manière l’agriculture, l’industrie ou le logement.

Carte d’exposition des formations argileuses au phénomène de mouvement de terrain différentiel consécutif à la sécheresse et à la réhydratation des sols.
BRGM, Fourni par l’auteur

Relier le climat aux conditions du bâti et aux dynamiques locales permet de passer du constat au chiffrage. En combinant les données climatiques, géologiques et structurelles, il devient possible d’évaluer le coût réel d’un aléa, de passer des cartes d’exposition aux cartes de dommages, et d’estimer, à l’horizon 2050, l’ampleur potentielle des pertes liées à la sécheresse des sols. Les fissures de nos maisons traduisent la manière dont le climat pèse désormais sur la valeur du patrimoine et sur la continuité des activités qu’il abrite.




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Un risque silencieux

Concrètement, le retrait-gonflement des argiles est provoqué par la « respiration » de la terre sous nos pieds : elle se gorge d’eau, puis se rétracte quand elle s’assèche. Dans les sols argileux, ce cycle naturel de gonflement et de retrait est amplifié par les sécheresses successives. Au fil du temps, ces mouvements différentiels déforment les fondations, engendrant fissures et désordres structurels. Le phénomène reste invisible jusqu’à ce qu’il soit trop tard : les murs se fendent, les seuils se déforment, les ouvrants ne ferment plus.

Des recherches récentes montrent que la structure des sols argileux, faite de pores de tailles différentes, explique leur forte sensibilité au manque d’eau. Lorsqu’ils se dessèchent, l’eau s’échappe d’abord des grands pores, provoquant un retrait rapide, puis des plus petits, ce qui accentue la contraction du sol. D’autres travaux relient directement la dynamique hydrique à la déformation mécanique : plus la perte d’eau est brutale, plus le sol se rétracte et la contrainte sur les structures augmente.

Ce risque n’est donc pas seulement une affaire de nature de sol : il dépend aussi de la variabilité climatique, de la profondeur des fondations et de la capacité du sol à retenir l’eau. Chaque été sec accentue la mémoire du précédent, laissant les terrains un peu plus fragiles.




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Des cartes incomplètes, un risque qui grandit

Les cartes nationales, comme Géorisques ou celles du BRGM, constituent aujourd’hui la base de l’information publique sur le retrait-gonflement des argiles. Elles ont le mérite d’exister, mais restent pensées pour une lecture d’ensemble du territoire. Leur échelle, souvent kilométrique, ne permet pas d’évaluer la vulnérabilité réelle d’une maison ni la dynamique du sol à l’échelle de la parcelle. Entre deux terrains voisins, la composition du sous-sol, la présence d’argiles gonflantes ou la profondeur des fondations peuvent pourtant tout changer.

Certaines bases de données internationales offrent un éclairage complémentaire. La Digital Soil Map of the World (FAO – Unesco) décrit la nature des sols à l’échelle planétaire, tandis que les indices satellitaires comme le Soil Water Index (SWI) permettent de suivre l’humidité des sols au fil du temps. Ces approches sont précieuses pour la recherche, mais leur résolution (souvent de l’ordre du kilomètre) reste trop faible pour évaluer le comportement réel d’un terrain face à la sécheresse.

De nouveaux outils plus opérationnels cherchent à combler ce vide. L’application Risque Maison Climat RGA propose, à partir d’une simple adresse, une première estimation du niveau d’exposition d’un logement. En combinant la nature du sol, la fréquence des sécheresses et la vulnérabilité du bâti, elle offre une lecture claire et personnalisée du risque. Mais ses calculs reposent encore sur des données moyennes et n’intègrent pas la variabilité fine du sous-sol.

Les dispositifs publics existants se complètent sans se recouper : Climadiag projette les évolutions climatiques locales, Bat-ADAPT identifie les fragilités du bâti, et Géorisques recense les aléas connus sans les relier à la structure du logement. Ensemble, ils informent mais ne permettent pas d’anticiper les dommages.

Les initiatives privées, de leur côté, peinent à dépasser la logique assurantielle. Les simulateurs proposés par certains assureurs, comme la MAIF, intègrent des indicateurs climatiques, mais sans transparence sur leurs modèles ni accès aux données. Ces outils sensibilisent, sans permettre d’agir.

Mesurer les dommages

Identifier un sol argileux, c’est décrire une vulnérabilité. Ce qui compte aujourd’hui, c’est de savoir ce que cette vulnérabilité coûte quand la sécheresse s’installe. Le passage des cartes d’exposition aux cartes de dommages marque la frontière entre savoir et agir.

Des approches que nous avons développées avec des collègues dans des recherches récentes montrent qu’il est désormais possible d’estimer le coût réel des aléas climatiques, qu’il s’agisse d’inondations, de vagues de chaleur ou de sécheresses géotechniques. En reliant les anomalies climatiques, la nature des sols et les caractéristiques du bâti, les modèles de dommages permettent d’évaluer les pertes économiques attendues.

Cette démarche, déjà utilisée pour les inondations dans des modèles comme Hazus ou JRC, peut être transposée au retrait-gonflement des argiles. Elle consiste à traduire les paramètres physiques d’un site, tels que l’humidité, la profondeur des fondations ou la résistance du sol, en impact financier mesurable.




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Croiser les données

Pour y parvenir, la clé réside dans l’intégration des données. Les informations existent mais demeurent dispersées entre bases publiques, assureurs et bureaux d’études. Croiser les données climatiques, géologiques et structurelles permet de simuler le coût probable d’un sinistre, incluant les fissurations, les reprises en sous-œuvre et, pour les bâtiments tertiaires, les pertes d’exploitation liées à une interruption d’activité.

C’est ainsi que les modèles de gestion des risques climatiques évoluent : du diagnostic de vulnérabilité à une véritable estimation de dommage qui relie les conditions physiques du sol aux conséquences économiques tangibles. Cette démarche n’a rien d’abstrait. Elle ouvre la voie à une gestion prospective des risques capable d’anticiper les coûts à l’horizon 2050. Les estimations réalisées pour d’autres aléas montrent déjà que les pertes associées aux sécheresses pourraient être multipliées par dix dans certaines régions.

Mesurer les dommages, c’est transformer une information environnementale en outil de décision. Pour un propriétaire, cela revient à évaluer la perte potentielle de valeur d’un bien dans un climat plus chaud et plus sec. Pour une entreprise, c’est la possibilité d’intégrer le coût du risque dans la gestion du bâti, les contrats d’assurance ou la planification des travaux. Pour les pouvoirs publics, c’est un levier pour orienter les politiques de prévention et d’aménagement.

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Miia Chabot ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Fissures, sols instables… comment les aléas climatiques redessinent la carte du risque immobilier – https://theconversation.com/fissures-sols-instables-comment-les-aleas-climatiques-redessinent-la-carte-du-risque-immobilier-270506

Près de 800 ans après sa mort, le message de François d’Assise connaît une riche postérité

Source: The Conversation – in French – By Vanessa Corcoran, Adjunct Professor of History, Georgetown University

Comment un jeune marchand italien du XIIIᵉ siècle est-il devenu saint ? Les sources écrites et fresques médiévales retracent la vie de François d’Assise et montrent de quelle manière ses exploits et les miracles qui lui sont attribués ont nourri sa réputation à travers les siècles.


À l’occasion du 800e anniversaire de la mort de saint François d’Assise, fondateur de l’ordre franciscain, son corps sera exposé pour la toute première fois en février 2026, à la basilique Saint-François, à Assise (Toscane). Des millions de visiteurs sont attendus dans la petite ville d’Italie pour rendre hommage au saint du XIIIᵉ siècle.

François, mort le 4 octobre 1226, prônait le soin apporté aux plus pauvres et le respect du monde naturel. Ces valeurs ont trouvé un écho, des siècles plus tard, dans l’action du pape François. Le souverain pontife défunt avait choisi son nom de pape en référence à l’attachement du saint médiéval aux pauvres et à son enseignement sur la responsabilité morale de prendre soin de toutes les créatures de la Terre.

En tant que spécialiste de l’histoire religieuse médiévale, je sais que plusieurs épisodes dramatiques survenus à la fin de la vie de François ont joué un rôle décisif dans la construction de son héritage en tant que fondateur de l’ordre franciscain. Ces événements expliquent aussi pourquoi ses messages radicaux sur la pauvreté et l’environnement continuent de résonner aujourd’hui.

Né riche, il choisit une vie de pauvreté

Né vers 1181 dans une famille de marchands de la ville ombrienne d’Assise, dans l’Italie actuelle, François renonce très tôt à la richesse familiale. Un récit rapporte qu’il se serait dépouillé de ses vêtements sur la place publique, au grand embarras de son père. Ses premiers biographes le surnomment « Il Poverello », ou « le petit pauvre ».

En 1209, il fonde l’ordre mendiant des Franciscains, un ordre religieux consacré aux œuvres de charité.

Ce que les historiens et les théologiens savent de François provient principalement de ses propres écrits et de textes hagiographiques. L’hagiographie est une forme de biographie religieuse qui célèbre la vie vertueuse des saints, en relatant souvent les miracles qui leur sont attribués, de leur vivant comme après leur mort. Les fidèles se rendent fréquemment sur leurs tombes pour solliciter une intervention miraculeuse. Certaines des hagiographies consacrées à François ont été rédigées peu après sa mort, en 1226.

Thomas de Celano, frère franciscain qui a connu François personnellement, a rédigé la Vie de François, publiée seulement deux ans après sa disparition. Cette hagiographie a joué un rôle central dans sa canonisation rapide. Elle offrait un récit détaillé de sa vie, sur lequel le pape Grégoire IX s’est appuyé pour juger que les actes de François justifiaient son élévation au rang de saint.

Le théologien et philosophe du XIIIe siècle, saint Bonaventure, a rédigé la Vie de saint François, aujourd’hui considérée comme le récit le plus complet. Cette seconde biographie religieuse ne se limite pas aux événements clés de l’existence de François : elle expose également son héritage durable en tant que fondateur des franciscains. On compte actuellement environ 650 000 franciscains dans le monde. Les membres de l’ordre sont actifs dans plus de 100 pays, avec des missions centrées sur la pauvreté, l’évangélisation et l’éducation.

Les deux récits décrivent les moments clés de la jeunesse de François : après avoir prononcé ses vœux de pauvreté, il mendie et travaille également dans des colonies de lépreux autour d’Assise. C’est à cette époque qu’il fonde l’ordre franciscain.

En 1210, il se rend à Rome et obtient l’approbation pontificale de son ordre de la part du pape Innocent III.

Neuf ans plus tard, il voyage en Égypte pour rencontrer le sultan al-Malik al-Kamil pendant la Cinquième Croisade. Il tente d’abord de le convertir au christianisme par la prédication. Selon les textes chrétiens, cette rencontre aurait finalement contribué à améliorer le sort des prisonniers de guerre pendant les croisades.

Miracles et légendes

La fin de la vie de François est considérée comme marquée par des rencontres spirituelles que de nombreux catholiques interprètent comme des signes de sa sainteté.

Racontées en détail dans les hagiographies du XIIIe siècle, ces histoires expliquent pourquoi il est ensuite étroitement associé aux animaux et à la protection de la nature. Ces épisodes ont également été reproduits à de nombreuses reprises dans des représentations artistiques de François.

En tant que prédicateur itinérant, François parcourt régulièrement l’Italie pour répandre l’Évangile. Mais à une occasion, il s’arrête pour prêcher à un groupe d’oiseaux. Selon la légende, ils l’écoutent avec une attention captivée.

Thomas de Celano souligne qu’à partir de ce jour, les sermons de François ne se sont plus seulement adressés aux hommes mais à « tous les oiseaux, tous les animaux, tous les reptiles et aussi aux créatures insensibles, pour louer et aimer le Créateur ».

L’idée que les animaux étaient captivés par les prêches de François est reprise dans d’autres textes dévotionnels. Dans le récit du XIVᵉ siècle, les Petites Fleurs de saint François, une légende raconte que ses sermons ont même empêché un loup de terroriser la ville toscane de Gubbio.

François parle au loup et lui tendit la main. Le loup étend alors sa patte comme pour lui serrer la main. De telles histoires sont devenues centrales pour façonner l’image de François comme saint patron des animaux et, plus tard, de la nature.

En 1224, une maladie grave le laisse presque aveugle. Incapable d’écrire, il dicte le Cantique de Frère Soleil, ou Cantique des Créatures, souvent considéré comme la première œuvre majeure en langue vernaculaire italienne.

Malgré la vue défaillante de son auteur, ce texte célèbre poétiquement la beauté des créations de Dieu, évoquant les animaux comme ses « frères et sœurs ». Il loue la manière dont la Terre « nous porte et nous nourrit […], produit la diversité des fruits, avec les fleurs diaprées et les herbes. ».

Fait notable, François devint la première personne à recevoir ce que l’on croit être les stigmates – des blessures censées reproduire celles de la crucifixion du Christ. Des témoins du 17 septembre 1224, rapportés plus tard par Thomas de Celano, ont noté :

« Peu avant sa mort, notre frère et père (François) apparut comme crucifié, portant dans son corps les cinq blessures qui sont véritablement les stigmates du Christ. En effet, ses mains et ses pieds présentaient des sortes de perforations faites par les clous, à l’avant et à l’arrière, qui laissaient des cicatrices et montraient la noirceur des clous. Et à son côté, il semblait percé et du sang s’écoulait fréquemment. »

L’artiste de la Renaissance italienne Giotto di Bondone représenta ces scènes dans un cycle de fresques élaboré à la basilique Santa Croce de Florence. Ces blessures renforcèrent l’image de François comme figure christique, un motif largement exploré dans l’écriture dévotionnelle.

Influence sur la papauté contemporaine

François d’Assise, déjà figure historique majeure, a retrouvé une visibilité mondiale le 13 mars 2013, lorsque le cardinal Jorge Mario Bergoglio, élu pape, choisit de rompre avec la tradition et de ne pas prendre le nom d’un prédécesseur pontifical. Il se fit appeler François.

Un choix symbolique : le pape expliqua rapidement que son homonyme représentait « l’homme de pauvreté, l’homme de paix, l’homme qui aime et protège la création », rappelant ainsi l’engagement social et écologique qui marque son pontificat.

Une cathédrale de style gothique se dresse sous un ciel nuageux, tandis qu’une file de personnes se dirige vers son entrée
Basilique Saint-François, à Assise, en Toscane (Italie).
Rosmarie Wirz/Moment Open/Getty Images

Le Cantique du Frère Soleil a ensuite inspiré l’encyclique phare du pape en 2015, Laudato Si’* – « Sur la sauvegarde de la maison commune ». Première encyclique pontificale entièrement consacrée à l’environnement, le texte appelait à un dialogue mondial et à des actions pour protéger la planète. Le pape y écrivait que François d’Assise « nous montre à quel point le lien est indissociable entre le souci de la nature, la justice envers les pauvres, l’engagement envers la société et la paix intérieure ». Depuis la mort du pape Laudato Si’ est saluée comme l’un des héritages durables du premier pape jésuite et né en Amérique latine.

Alors que des pèlerins se rendent à Assise pour ce Jubilé exceptionnel consacré à saint François, l’Église insiste sur le fait qu’il ne s’agit pas seulement de contempler les restes du visionnaire médiéval, mais de se souvenir de ce « modèle de sainteté de vie et témoin constant de paix ».

Bien que ce saint du Moyen Âge, surtout connu à travers des fresques et des textes fragmentaires, puisse paraître une figure lointaine, les enseignements de François sur le soin des pauvres et la responsabilité envers l’environnement délivrent un message toujours pertinent au XXIᵉ siècle.

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Vanessa Corcoran ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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Laïcité à la française : un grand malentendu ?

Source: The Conversation – in French – By Alain Policar, Chercheur associé en science politique (Cevipof), Sciences Po

Principe juridique de neutralité de l’État, la laïcité a initialement été pensée pour protéger la liberté de conscience. Elle est aujourd’hui fréquemment mobilisée d’une manière qui contredit sa vocation première. Cette transformation n’est ni anodine ni sans effets sociaux et politiques. Comment un outil destiné à garantir la coexistence des libertés est-il devenu un levier de normalisation, ciblant certaines populations plus que d’autres ?


Alors qu’elle devait servir à la promotion de valeurs universelles, la laïcité apparaît désormais largement comme une expression nostalgique d’une identité majoritaire. Depuis l’affaire des foulards à Creil (Oise) en 1989, de principe organisant la coexistence des libertés, elle est devenue une valeur censée incarner la civilisation française.

Ce changement, dont les causes sont multiples, a transformé un outil de paix civile en instrument de contrôle des conduites. En témoignent les votes de nombreuses loi restrictives. Parmi celles-ci, celle du 15 mars 2004 sur l’interdiction des signes religieux ostensibles à l’école, qui rompt avec la recommandation du Conseil d’État, lequel, saisi en 1989 par le ministre de l’éducation nationale, Lionel Jospin, conditionnait l’interdiction à un comportement perturbateur. Ou encore celle d’août 2021, qui met l’accent sur le soupçon de séparatisme d’une partie de la population désignée par sa foi religieuse, réelle ou supposée.

Cette évolution est congruente avec le fait qu’un parti d’extrême droite, qui se pose en héraut de la laïcité, et dont le programme repose sur la préférence nationale, occupe désormais une place majeure dans notre vie politique. Pour le Rassemblement national, les bienfaits de l’État-providence ne doivent être destinés qu’au « vrai peuple », le populisme procédant d’une révolte contre le partage des acquis sociaux durement obtenus sur le long terme avec de nouveaux venus, lesquels ne les mériteraient pas.

La tolérance : une vertu politique

Dans sa conception moderne, la tolérance est une vertu politique fondamentale : la divergence de la norme est possible au nom de la liberté. C’est ce que souligne l’article XI de la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen (1789) selon lequel « la libre communication des pensées et des opinions est un des droits les plus précieux de l’homme ». Ce droit sera affirmé plus nettement encore dans la Déclaration universelle de 1948, son exercice n’étant soumis qu’aux limitations légales destinées à assurer la reconnaissance et le respect des droits et libertés d’autrui.

La tolérance n’exige évidemment pas que nous renoncions à nos désaccords, mais que nous considérions comme des égaux celles et ceux qui ont des convictions différentes des nôtres.

Dès lors, l’intolérance consiste à revendiquer une place spécifique pour mes propres valeurs ou pour mon mode de vie et, pour cette raison, à vouloir les protéger jusqu’à limiter, voire supprimer, d’autres valeurs que les miennes, ce qui revient à refuser à celles et ceux qui les défendent le statut de membre à part entière de la société. C’est ce dont rend compte l’ouvrage d’Olivier Esteves, Alice Picard et Julien Talpin, à propos des musulmans français diplômés, lesquels se trouvent contraints, faute de reconnaissance de leurs compétences, de quitter la France pour des pays plus ouverts à la diversité.

À l’inverse, la tolérance consistera à insister sur notre appartenance commune à un ensemble social et à reconnaître que les autres ont tout autant que moi le droit de contribuer à en définir les normes.

Laïcité et islam

La France est-elle aussi laïque qu’elle le prétend, s’interrogeait déjà le sociologue François Dubet en 1996, « en refusant aux musulmans les droits qu’elle accorde aux autres, en idéalisant son passé républicain, comme si celui-ci ne procédait pas d’une longue tradition chrétienne » ? Et il concluait par cette mise en garde : « La laïcité ne peut être vécue par les musulmans que sous une forme antireligieuse. »

Ce diagnostic semble confirmé par le rapport 2025 sur les discriminations fondées sur la religion, du défenseur des droits :

« La très grande majorité des réclamations reçues par le défenseur des droits en matière de discriminations fondées sur la religion concerne la religion musulmane et, en particulier, les femmes musulmanes portant un voile […] Cette surreprésentation traduit la spécificité française du débat sur la religion et la laïcité, qui se focalise sur l’islam et, plus encore, sur ses expressions vestimentaires féminines : voile et abaya à l’école, voile porté par les accompagnatrices scolaires, voile dans le sport, burkini dans les piscines, voire, plus récemment, voile porté par les mineures dans l’espace public. Ainsi, malgré des formulations générales, les lois encadrant le port de signes religieux ont entendu viser les femmes musulmanes. »

Le rapport précise que, parmi les personnes se déclarant de religion musulmane ou perçues comme telles, 20 % déclarent avoir été « parfois » discriminées en raison de leur religion au cours des cinq dernières années et 14 % avoir « souvent » été discriminées pour ce motif. Notons que, parmi les personnes se déclarant chrétiennes ou perçues comme telles, 3 % déclarent avoir été « parfois » discriminées en raison de leur religion et 1 % l’avoir souvent été.

État laïc ou société laïque ?

La tentation de faire de la France non pas un État laïc mais un pays, une société qui serait laïque par nature, c’est-à-dire où l’application de ses règles ne serait plus limitée aux agents des services publics, est surreprésentée dans les médias et sur la scène politique. Jean-Michel Blanquer, alors ministre de l’éducation nationale, par exemple, n’hésitait pas à déclarer que « le voile n’est pas souhaitable dans la société tout entière ». Gabriel Attal, ancien premier ministre, veut interdire le port du voile aux moins de 15 ans dans l’espace public et Laurent Wauquiez, chef du groupe Les Républicains à l’Assemblée nationale, a déposé en novembre 2025 une proposition de loi allant dans ce sens, en élargissant l’interdiction à toutes les mineures dans l’espace public.

Certains partisans d’une laïcité impliquant des restrictions étendues considèrent sans doute l’interdiction du foulard islamique comme une manière de lutter contre les croyances incompatibles avec la pensée libre et la citoyenneté éclairée. Au-delà du caractère vraisemblablement inconstitutionnel de la chose, il serait infiniment improbable qu’ils parviennent ainsi à atteindre les objectifs invoqués. On peut même craindre un effet contre-productif, en raison de la récupération de ces interdictions par l’islamisme radical, chez des adolescents en quête d’identité.

Désormais, l’invocation de la laïcité, si l’on en juge par sa fréquence, semblerait en mesure de répondre à tout type de mise en cause des principes républicains, qu’il s’agisse des tenues vestimentaires de nos élèves ou des attaques terroristes dont la France a été victime. Pourtant, de 1982 (attentat de la rue des Rosiers, à Paris) jusqu’en 2012 (assassinat de quatre Juifs, dont trois enfants, par Mohammed Merah à Toulouse, en Haute-Garonne), nul n’avait songé à invoquer solennellement la laïcité, alors que l’on ne cesse désormais de le faire depuis 2015 ? S’agit-il d’une négligence malheureuse, aujourd’hui réparée ? Ou, plus vraisemblablement, d’une instrumentalisation dont on voit bien le profit que l’on pense en retirer ?

Libre expression des différences

Il serait utile de rappeler l’esprit de la Déclaration universelle sur la laïcité au XXIᵉ siècle : la laïcité, qui n’est pas une spécificité française, est la condition de la libre expression des différences. Peut-être aurions-nous alors accès à l’essentiel : si rien ne nous contraint à renoncer à nos fidélités singulières, la laïcité nous invite à les suspendre. Ce qui fait communauté, c’est précisément la suspension, évidemment provisoire, du sentiment d’appartenance. C’est encore la supposition qu’il y a, en tout autre être humain, la capacité à éprouver le même sentiment que moi.


Alain Policar est l’auteur de Laïcité : le grand malentendu, Flammarion, octobre 2025.

The Conversation

Alain Policar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Laïcité à la française : un grand malentendu ? – https://theconversation.com/la-cite-a-la-francaise-un-grand-malentendu-274158

Sensibiliser les enfants au tri des déchets : enquête dans les coulisses d’une politique éducative à revoir

Source: The Conversation – France (in French) – By Camille Dormoy, Docteure en sociologie, spécialiste des politiques publiques de gestion des déchets/économie circulaire, Le Mans Université; Université de Picardie Jules Verne (UPJV)

Les ateliers pour sensibiliser les enfants au tri des déchets suscitent un véritable engouement. Pourtant, leurs effets à long terme sont limités. À quoi cela tient-il ? Misent-ils trop sur le pouvoir de répétition du geste ? Ou ne prennent-ils pas assez au sérieux la relation des enfants aux objets ? Retour sur quelques observations de terrain.


À mesure que les enjeux climatiques s’imposent dans l’espace public, l’éducation à l’environnement est devenue un axe majeur des politiques éducatives. La sensibilisation au tri des déchets en constitue l’un des piliers les plus visibles.

Entre jeux, ateliers, mallettes, interventions, cette sensibilisation s’est installée depuis une dizaine d’années dans les écoles et les quartiers, comme une évidence, avec l’idée que répéter quelques gestes finirait par changer les comportements.

Pourtant, les enquêtes que nous avons menées à Amiens et notre recherche actuelle au Mans réalisée dans le cadre du programme PEPR Recyclage Déchets ménagers montrent que ces dispositifs produisent surtout des gestes exécutés sous surveillance, sans transformer durablement la manière dont les enfants traitent ou pensent les déchets.

Comment expliquer un tel écart entre l’ambition affichée et les effets réels ?

Le tri à l’école : un rituel d’ordre plus qu’un apprentissage

L’observation, menée en 2019 dans une école d’Amiens (Somme), d’une scène de goûter, permet de saisir concrètement la manière dont la sensibilisation est supposée opérer. Emballages à la main, les enfants se lèvent et se dirigent vers les bacs de tri. Un bref flottement, un doigt qui hésite, et un camarade intervient aussitôt pour rectifier. Le geste s’enchaîne sans effort, quasi mécanique. L’enseignante n’a pas besoin d’intervenir.

Mais rien dans la scène ne suggère que la matière ait été réellement questionnée ou même regardée. Le tri se fait comme on range ses affaires. C’est un comportement attendu bien plus qu’une manière de se saisir de ce que l’on jette.

En sortant de l’école, quelques rues plus loin, les mêmes outils de sensibilisation réapparaissent lors d’une fête de quartier durant laquelle une association locale profite de l’événement pour installer un dispositif dédié à la prévention des déchets : un stand du tri, un atelier de papier recyclé, quelques panneaux.

Si l’intention demeure similaire à celle du cadre scolaire, le déplacement dans l’espace festif en transforme les effets : le dispositif tient mal. Les enfants manipulent la matière avec une liberté que la classe contenait tant bien que mal. Rien n’y fait, ni les rappels ni les explications. Les objets distribués pour enseigner un « bon geste » deviennent des supports de jeu ou de chahut. L’animatrice s’agace.

Le président de l’association explique la scène autrement, persuadé que le jeu est la condition pour qu’un message circule. Mais le message disparaît dès qu’on essaie de l’imposer. La matière, laissée aux enfants, ne soutient pas la pédagogie ; elle la renverse. En attirant l’attention sur ses qualités ludiques et sensorielles, elle devient un objet de manipulation autonome qui détourne l’activité de l’objectif prescrit et fait passer au second plan le contenu normatif du « bon geste ».

Des catégories en décalage avec les usages des enfants

Au Mans (Sarthe), les ateliers philo menés durant l’année scolaire 2024-2025 avec cinq classes d’élèves de CM2 et de 6ᵉ révèlent un autre pan du problème. Les enfants ne parlent pas du déchet comme d’un « résidu » ou d’une « matière à trier » mais comme d’un objet qu’on aime. Une canette vide devient un élément décoratif, un jouet abîmé ou un objet qu’on devrait jeter continuent de valoir par le souvenir qu’il porte.

Les catégories que les dispositifs voudraient stabiliser – recyclable, non recyclable, à jeter, à conserver – n’opèrent pas. Elles ne correspondent tout simplement pas à l’usage que les enfants font des choses ni à la manière dont ils les investissent.

De plus, le doute est permanent : « Mais après, ça va où ? » ou encore : « Et si le camion mélangeait tout ? » Rien, dans les dispositifs, ne vient l’éclairer. On suppose que le geste a du sens alors que tout ce qui se passe après reste invisible.

Cette opacité n’est pas un détail. Elle empêche tout apprentissage réel. Il est difficile de comprendre un geste et de l’adopter, quand on ne sait pas ce qu’il produit, ni même s’il sert à quelque chose.

Des gestes quotidiens

Rien, dans ces scènes, ne suggère une transformation durable : les dispositifs produisent une gestuelle fragile. Dès que la surveillance tombe ou que la matière circule librement, elle disparaît.

Ces observations de terrain révèlent une manière particulière de concevoir l’éducation au tri : celle-ci repose sur un monde où la matière reste tranquille et où les enfants se contentent d’appliquer ce qu’on leur montre. Or, ni l’un ni l’autre ne correspond à ce qui se passe réellement.

Dans la classe d’Amiens, le tri fonctionne surtout parce qu’il est ritualisé et inséré dans un climat d’obligation mutuelle. Le geste n’est pas interrogé. Il est répété parce qu’il faut le faire. L’idée qu’un comportement contraint puisse se maintenir hors du regard des adultes tient davantage d’un espoir institutionnel que d’un constat étayé par l’observation empirique.

Dès que les dispositifs sortent du cadre scolaire, leur cohérence se fissure. La matière déborde : les canettes roulent, les cartons volent, la pâte à papier se transforme. Pensé comme un objet stable et maîtrisable, le déchet est assigné à une fonction pédagogique. Mais sur le terrain, il devient un support de jeu et de transformation, qui échappe au cadrage prescrit.

La conception des dispositifs repose sur une mauvaise compréhension des situations. Les ateliers philo au Mans révèlent quelque chose de plus discret mais tout aussi décisif : les enfants ne pensent pas le déchet dans les catégories que la sensibilisation cherche à imposer. Ils y projettent des souvenirs, un attachement, parfois un regard esthétique. Ils questionnent ce qu’on leur demande de jeter.

L’écart est net entre l’objet simplifié des supports pédagogiques et l’objet vécu, chargé, parfois mystérieux, dont parlent les enfants. Cet écart explique pourquoi les gestes inculqués ne se transforment pas en pratiques durables. Alors que le dispositif oublie la dimension sensible de la matière, les enfants la remettent au centre.

Prendre au sérieux la relation à l’objet

La juxtaposition de ces scènes permet de comprendre pourquoi les investissements publics dans la sensibilisation produisent des effets limités. Le dispositif n’échoue pas faute d’effort, mais parce qu’il ne prend pas au sérieux la relation sensible à l’objet déchu. Dans ces conditions, penser que la multiplication des ateliers ou la sophistication des supports suffiraient à améliorer les pratiques de tri relève d’une forme de croyance.

Or, les enquêtes menées à Amiens et au Mans mettent en lumière une contradiction nette entre la rhétorique de l’éducation au tri et ses effets réels. Les dispositifs produisent de la conformité sous surveillance mais n’améliorent pas la pensée du tri.

En ne clarifiant pas la chaîne de traitement, ils ne modifient pas les représentations. Ces observations conduisent ainsi à interroger une politique éducative fondée moins sur l’apprentissage de la pensée des déchets que sur l’hypothèse selon laquelle la répétition d’un geste garantirait sa reproduction hors du cadre prescriptif.

Prendre au sérieux la relation à l’objet, c’est alors admettre que, pour les enfants comme pour les adultes, le déchet est d’abord manipulé, détourné et investi de souvenirs, bien avant d’être mobilisé comme support d’un geste attendu.

The Conversation

Nathalie Buchot est membre de Les écologistes 72, le Groupe Philo Sarthe et les Carrefours de la Pensée.

Camille Dormoy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Sensibiliser les enfants au tri des déchets : enquête dans les coulisses d’une politique éducative à revoir – https://theconversation.com/sensibiliser-les-enfants-au-tri-des-dechets-enquete-dans-les-coulisses-dune-politique-educative-a-revoir-271902

Après la liquidation d’Ynsect, l’élevage d’insectes a-t-il un avenir en Europe ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Tom Bry-Chevalier, Doctorant en économie de l’environnement, Université de Lorraine

Le 2 décembre 2025, le tribunal de commerce d’Évry, dans l’Essonne, a prononcé la liquidation judiciaire d’Ynsect. Après avoir levé plus de 600 millions d’euros, cette ancienne pépite de la French Tech laisse derrière elle une méga-usine vide et 350 salariés licenciés en deux ans. Au-delà du cas particulier, cet échec interroge la viabilité même du secteur de l’élevage d’insectes en Europe et l’aveuglement de certaines visions de l’innovation.


Trois ministres à l’inauguration de son site à Poulainville (Somme), Robert Downey Jr en ambassadeur médiatique, une méga-usine de 45 000 mètres carrés présentée comme la plus grande ferme verticale d’insectes au monde. En 2021, Ynsect incarnait le futur radieux de l’alimentation durable à la française. Quatre ans plus tard, l’entreprise n’est plus qu’un cas d’école de ce que la recherche académique documente depuis un moment : les promesses économiques et environnementales de l’élevage d’insectes se heurtent à des réalités structurelles bien plus complexes que les discours enthousiastes ne le laissaient supposer.

À l’échelle mondiale, le secteur de l’élevage d’insectes a attiré environ 2 milliards de dollars (environ 1,7 milliard d’euros) d’investissements au cours de la dernière décennie. Pourtant, la liste d’entreprises en difficulté s’allonge : Agronutris en France (100 millions d’euros levés), Enorm Biofactory au Danemark, ancien leader scandinave du secteur (55 millions d’euros), Aspire Food Group au Canada (42 millions de dollars US, soit 35,5 millions d’euros), Inseco en Afrique du Sud, Beta Hatch aux États-Unis… toutes ont connu des difficultés financières majeures, voire fait faillite, en 2025. Ce phénomène suggère que les difficultés ne relèvent pas de cas isolés, mais d’obstacles structurels propres au secteur.




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Mirages de l’économie circulaire

L’un des arguments majeurs avancés pour justifier les investissements dans l’élevage d’insectes reposait sur leur capacité à valoriser les déchets alimentaires. Une promesse d’économie circulaire séduisante sur le papier, mais qui s’est révélée largement illusoire en pratique.

Les réglementations sanitaires européennes interdisent l’utilisation de nombreux déchets comme substrat pour les insectes destinés à l’alimentation animale ou humaine. Le règlement (UE) 2017/893 prohibe notamment les déchets de restauration et de cuisine contenant de la viande ou du poisson. Il en est de même pour les déchets ménagers, qui représentent pourtant jusqu’à 70 % des déchets alimentaires dans les pays européens.

Face à ces contraintes, la plupart des fermes d’insectes industrielles se sont tournées vers des coproduits agricoles de haute qualité, comme le son de blé, entrant ainsi en concurrence directe avec l’alimentation animale conventionnelle.

Hausse du coût de production

Le recours aux coproduits agricoles plutôt qu’aux déchets a une conséquence directe : la hausse des coûts de production. Alors que de nombreuses entreprises d’élevage d’insectes comptaient être rémunérées pour traiter des déchets, elles se retrouvent au contraire à payer pour se procurer les matières premières nécessaires à l’alimentation de leurs insectes.

Une étude publiée dans Food and Humanity établit que la farine d’insectes coûte deux à dix fois plus cher que les alternatives conventionnelles, comme la farine de poisson ou de soja.

L’exemple d’Agriprotein en Afrique du Sud (100 millions de dollars, soit 84,6 millions d’euros, d’investissements) montre cependant que l’usage de déchets n’est pas non plus une solution miracle, l’entreprise ayant depuis fait faillite. Parmi les facteurs de cet échec figure la variabilité des déchets, dont la composition instable complique la standardisation des processus industriels et compromet la qualité constante du produit.

Les insectes, une option plus coûteuse que l’alimentation animale classique


Fourni par l’auteur

Le coût approximatif de la farine d’insectes (en haut) comparé à celui de la farine de poisson (au milieu) et de la farine de soja (en bas) en 2023. Données : (de Jong & Nikolik, 2021 ; IndexMundi, 2023a ; IndexMundi, 2023b ; OCDE/FAO, 2022 ; Banque mondiale, 2023).

Des atouts surestimés ?

L’argument environnemental constituait un pilier central du discours promotionnel de l’industrie. Or, les études scientifiques récentes nuancent considérablement ce tableau. Une étude commandée par le gouvernement britannique, passant en revue 50 articles scientifiques, conclut que la farine d’insectes émet de 5 à 13 fois plus de gaz à effet de serre que la farine de soja, même lorsque les insectes sont nourris de déchets alimentaires. Sur 16 indicateurs environnementaux analysés, la farine d’insectes obtient de moins bons résultats que le soja sur 13 d’entre eux.

Ces résultats décevants s’expliquent en partie par l’utilisation de coproduits plutôt que de déchets pour nourrir les insectes, mais aussi par les besoins énergétiques du secteur. Les insectes nécessitent des températures de 25 à 30 °C pour croître efficacement. En climat tempéré européen, maintenir ces conditions implique, au-delà de l’impact environnemental, des coûts de chauffage considérables. Plusieurs entreprises du secteur ont d’ailleurs en partie justifié leur échec par la hausse importante du coût de l’énergie ces dernières années.

Cette dépendance énergétique pose une question rarement abordée : l’Europe est-elle le bon endroit pour développer cette industrie ? Les régions tropicales comme l’Asie du Sud-Est disposent d’un avantage comparatif naturel. Combiné à des coûts de main-d’œuvre plus élevés et à une réglementation plus stricte sur le plan sanitaire, il est peu probable que l’élevage d’insectes contribue significativement à l’autonomie protéique européenne.

Mais où est le marché annoncé ?

Au-delà des difficultés techniques et environnementales, c’est peut-être l’absence de débouchés commerciaux viables qui explique le mieux l’échec du secteur. Contrairement à une idée répandue, seulement 5 % du financement de l’industrie de l’élevage d’insectes est consacré à l’alimentation humaine, le reste étant voué à la nutrition animale (environ à parts égales entre petfood et animaux d’élevage, notamment en aquaculture). L’industrie elle-même a reconnu que le « facteur dégoût » avait été largement sous-estimé. Plusieurs entreprises qui avaient initialement pour ambition de révolutionner l’alimentation humaine se sont ainsi redirigées vers l’alimentation animale.

Le marché principal visé, l’aquaculture, n’a pas non plus tenu ses promesses. Une revue scientifique publiée dans Reviews in Aquaculture conclut que les insectes ont un impact « énorme » sur le réchauffement climatique, la consommation d’énergie et d’eau dans ce secteur. Le réseau d’investisseurs FAIRR estime désormais que les insectes « ne sont pas la solution » pour l’alimentation en aquaculture.

Conscientes des difficultés à pouvoir concurrencer le coût de la farine de soja ou de poisson, de nombreuses entreprises d’élevage d’insectes se sont rabattues par dépit sur le marché des aliments pour animaux de compagnie, sur un segment premium justifié par des prétentions environnementales et nutritionnelles. Si ce pivot permet certes plus facilement d’atteindre la rentabilité économique, il concerne cependant un marché beaucoup plus faible, ne pouvant accueillir qu’un nombre très restreint d’acteurs.

Près de 170 millions d’euros d’argent public

L’échec d’Ynsect soulève des questions plus larges sur le financement public de l’innovation. Selon Mediapart, près de 170 millions d’euros sur les 650 millions mobilisés provenaient de l’argent public (Bpifrance, Union européenne, Ademe, collectivités locales). Le ministère de l’économie a indiqué que le financement public atteignait 146 millions d’euros, rapporte le Figaro. Selon Antoine Hubert, cofondateur emblématique d’Ynsect, la nouveauté du domaine nécessitait énormément d’innovation et d’avancées réglementaires, et donc des investissements massifs. À l’écouter, un projet de petite envergure n’aurait pas intéressé les investisseurs, car pénétrer le marché de l’aquaculture exigeait d’emblée une capacité de production importante.

Les Échos, 2025.

Ce soutien public s’inscrivait dans une logique louable de réindustrialisation et de transition écologique. Mais il interroge sur les mécanismes d’évaluation des projets innovants. Certes, affirmer que le secteur était voué à l’échec serait un jugement trop facile avec le recul. Il n’empêche : dès la seconde moitié des années 2010, la littérature scientifique exprimait des doutes sérieux sur la viabilité économique de l’élevage d’insectes, bien loin de l’enthousiasme suscité par le rapport de l’Organisation des Nations unies pour l’alimentation et l’agriculture (FAO) en 2013.

Quelle réallocation des ressources ?

Faut-il conclure de cet échec qu’il faut arrêter d’investir dans de nouvelles formes de protéines ? Certainement pas, et d’autres protéines alternatives laissent présager des jours plus radieux. Les alternatives végétales, déjà disponibles commercialement, affichent des bilans environnementaux nettement plus favorables et une acceptation des consommateurs bien supérieure à leur acceptation de protéines provenant d’insectes. D’autres pistes, comme les protéines issues de la fermentation de précision ou les mycoprotéines, présentent des perspectives plus prometteuses malgré des incertitudes persistantes.

L’aventure Ynsect aura au moins eu le mérite de mettre en lumière un écueil récurrent des politiques d’innovation : la tentation de confondre promesses technologiques et solutions éprouvées. Elle rappelle aussi que l’urgence climatique ne dispense pas de rigueur dans l’évaluation des alternatives. À défaut, le risque est double, gaspiller des ressources précieuses et, peut-être plus grave encore, alimenter le scepticisme du public envers les solutions véritablement prometteuses.

The Conversation

Tom Bry-Chevalier est conseiller scientifique non rémunéré de l’Observatoire National de l’Elevage d’Insectes (ONEI).

ref. Après la liquidation d’Ynsect, l’élevage d’insectes a-t-il un avenir en Europe ? – https://theconversation.com/apres-la-liquidation-dynsect-lelevage-dinsectes-a-t-il-un-avenir-en-europe-274586