¿De verdad ‘la primavera la sangre altera’? Lo que dicen la psicología y la biología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

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Con la llegada de la primavera reaparece la idea popular: que “la sangre se altera”. Se usa para explicar de todo: más energía, más deseo, más sociabilidad… y también más irritabilidad o impulsividad.

Desde la psicología, el interés no está en el refrán, sino en la evidencia científica: ¿hay algo real detrás de esa sensación colectiva de “aceleración” o se trata únicamente de un relato cultural que se repite cada año?

La respuesta matizada es clara: sí, existen mecanismos biológicos y psicológicos plausibles y respaldados por investigación, pero no implican que la primavera nos vuelva locos, ni afectan a todo el mundo por igual. La clave está en cómo cambian la luz, los ritmos circadianos, el sueño, ciertos sistemas neuroquímicos y el contexto social.

En este sentido, conviene matizar que la “alteración” primaveral no equivale necesariamente a bienestar. Resulta más preciso hablar de aumento de activación que de mejora emocional. Y activarse más no siempre significa sentirse mejor: para algunas personas se traduce en mayor iniciativa y energía, mientras que para otras puede manifestarse como inquietud, irritabilidad o dificultad para regular las emociones.

Comprender esta diferencia permite superar explicaciones simplistas y entender por qué una misma estación puede vivirse de forma muy distinta según el estado psicológico previo, los hábitos de sueño y el contexto vital de cada persona.

La luz como regulador psicológico invisible

El gran cambio ambiental en primavera no es que los campos se llenen de flores ni que podamos empezar a prescindir de la ropa de abrigo: es el incremento de horas de luz. La luz es el principal sincronizador del reloj biológico y regula procesos directamente vinculados al estado de ánimo, la activación y la motivación.

En humanos se han observado variaciones estacionales en el sistema que genera y determina la actividad del neurotransmisor serotonina, clave para la regulación emocional, la impulsividad y la conducta social. Estudios de neuroimagen han mostrado cambios estacionales en la disponibilidad del transportador de serotonina, asociados a la duración de la luz solar diaria, lo que sugiere una relación directa entre el llamado fotoperiodo (la cantidad de tiempo en que estamos expuestos a la luz diariamente) y la regulación afectiva.

Por otro lado, revisiones recientes sobre el llamado “cerebro estacional” explican cómo los cambios en la luz y los ritmos circadianos pueden modular la vulnerabilidad psicológica y la estabilidad emocional.

Traducido a experiencia cotidiana: más luz suele asociarse a más activación, más iniciativa y mayor energía subjetiva. Para muchas personas esto se vive como bienestar, pero otras, especialmente si ya existe estrés o desregulación previa, pueden experimentar hiperactivación, inquietud o irritabilidad.

El sueño se resiente

Aparte de cambiar la luz, la primavera también modifica el sueño. Estudios basados en grandes muestras poblacionales han mostrado que en esta estación se adelanta el despertar y se reduce ligeramente la duración del descanso nocturno, con modificaciones en los ritmos circadianos.

Dormir menos no solo implica cansancio. Desde la psicología se sabe que esa alteración se asocia a mayor reactividad emocional, menor control inhibitorio y más impulsividad. Además, revisiones sobre cambios estacionales y ajustes horarios describen alteraciones transitorias del sueño que afectan especialmente a determinados cronotipos y perfiles vulnerables.

Esto ayuda a entender por qué algunas personas viven la primavera con “más energía”, mientras otras experimentan una peor regulación emocional.

¿Y qué pasa con las hormonas?

Por si fuera poco, también existe evidencia de patrones estacionales en sistemas hormonales humanos. Un análisis masivo de registros médicos lo mostró en distintos ejes endocrinos, incluyendo hormonas sexuales como testosterona y estradiol, con oscilaciones a lo largo del año.

Esto no significa que la primavera active automáticamente el deseo sexual o la conducta social, pero sí indica que el organismo no funciona igual en todas las estaciones, y que pequeños cambios biológicos pueden amplificarse psicológicamente a través de expectativas culturales, aprendizaje social y contexto.

El lado menos romántico: cuando la primavera no es bienestar

Existe un dato consistente y poco conocido: los picos de suicidio se concentran en primavera en muchos países. Este fenómeno ha sido descrito tanto en estudios clásicos como en análisis contemporáneos.

No implica causalidad directa, pero sí interacción entre factores: mayor energía disponible para actuar, persistencia de desesperanza, comparación social y cambios biológicos en ritmos circadianos.

Algo similar ocurre con la manía (exaltación del estado de ánimo y menos necesidad de dormir): se han descrito picos estacionales en ingresos hospitalarios y descompensaciones afectivas en primavera-verano.

Revisiones más amplias confirman patrones estacionales en trastornos mentales graves y trabajos específicos vinculan específicamente la primavera con la manía y la conducta suicida.

Desde una perspectiva clínica, esto obliga a una lectura responsable: la primavera no es solo “época feliz”, también es una fase de transición biológica y psicológica que puede desestabilizar a personas vulnerables.

Entonces, ¿es cierto el refrán?

En esencia, sí… pero mal explicado. La primavera no “altera la sangre” de forma mística, pero sí modifica sistemas reales de activación:

  • Cambios en luz y ritmos circadianos: regulación neurobiológica del ánimo y la activación.

  • Cambios en el sueño: más reactividad e impulsividad en algunos perfiles.

  • Cambios sociales: más interacción, más comparación social, más estimulación.

  • En minorías vulnerables, mayor riesgo de descompensación afectiva y conductual.

Lo que el refrán llama “sangre alterada” se puede definir, científicamente, como un aumento de activación biopsicosocial.

Una lectura psicológica útil

Hay tres claves prácticas que brinda la psicología para afrontar de una manera más saludable la llegada de la primavera:

  • Cuidar el sueño: la regularidad horaria y la exposición a luz natural por la mañana son factores protectores reales.

  • Diferenciar energía de bienestar: más activación no siempre equivale a mejor regulación emocional.

  • No romantizar el malestar: no debemos atribuir el insomnio intenso, la impulsividad, las conductas de riesgo o la ideación suicida a “la estación”; son señales clínicas que requieren atención profesional.

En definitiva, la primavera no transforma a las personas por arte de magia, pero sí reorganiza el equilibrio entre biología, mente y contexto. Y como casi todo en psicología, no actúa de forma uniforme: depende de la historia personal, el estado emocional previo, el sueño, el estrés y la vulnerabilidad psicológica.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El polvo de nuestros hogares, un depósito de contaminantes: así varía su composición en diferentes ciudades españolas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Velázquez Gómez, Titulado Superior de Actividades Técnicas y Profesionales (Análisis de contaminantes en matrices ambientales), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

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No podemos evitar estar expuestos al polvo. Hoy día, las personas pasamos el 90 % del tiempo en ambientes de interior: viviendas, vehículos, escuelas, tiendas, oficinas, gimnasios… Entramos en contacto con él a través de la piel, lo inhalamos día y noche e incluso lo ingerimos, especialmente durante la infancia.

Su composición es tan compleja que resulta imposible hacer una lista cerrada de sus constituyentes. Entre ellos pueden encontrarse restos biológicos (células de la piel, pelo, insectos), inorgánicos (arena, hollín, ceniza) y microplásticos. Esta mezcla permite además que se peguen a él fracciones de partículas más pequeñas y moléculas de diferentes productos químicos liberados desde artículos de nuestro día a día.

Por todo ello, estudiar las sustancias presentes en el polvo nos permite vigilar la contaminación y evaluar los factores que influyen en la presencia de ciertos compuestos. Recientemente, hemos llevado a cabo una investigación para analizar cómo varía geográficamente su composición en seis ciudades españolas: Barcelona, Madrid, Granada, Valladolid, Salamanca y Algeciras.

Los productos químicos a los que nos exponemos

Los humos del tabaco, vehículos y fábricas; las pinturas y barnices; los aditivos plásticos y retardantes de llama aplicados en los muebles; los productos de higiene personal… Miles de productos químicos de nuestro entorno se consideran contaminantes.

La liberación de productos químicos desde los tratamientos retardantes de llama, los aditivos plásticos y procesos de combustión, entre otros, contribuye a la contaminación del polvo en los ambientes de interior.
Carlos Velázquez Iglesias (@carlosvelazqueziglesias)

Pese a haber sido aprobados para su uso, algunos de estos compuestos han demostrado ser tóxicos para el ser humano y el medioambiente. Por ejemplo, los hidrocarburos (los humos), los metales pesados y algunos pesticidas pueden provocar cáncer y los aditivos plásticos (bisfenoles, ftalatos, alquilfenoles) pueden alterar el funcionamiento normal de las hormonas (disrupción endocrina), generando problemas de fertilidad. Por eso, deben ser retirados y sustituidos por una alternativa segura. Si esto no es posible, su uso debe reducirse al máximo.

Todos estos compuestos pueden acabar en el polvo, de manera que podemos considerarlo como un libro de visitas en el que se va registrando la presencia de productos químicos. Analizándolo, se puede obtener información sobre su origen y la antigüedad de su emisión, así como de los hábitos que los producen.




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El polvo en los hogares de España

En nuestro estudio, en todas las áreas identificamos compuestos relacionados con actividades económicas y materiales, como la nicotina y los aditivos plásticos. Por otro lado, hay también compuestos vinculados con productos o procesos, y estos pueden ser de dos tipos: no persistentes o persistentes en el medioambiente.

Un ejemplo de los primeros pueden ser los hidrocarburos producidos por la quema de combustibles (vehículos, industrias, calefacciones, cocinas) y se caracterizan por desaparecer en un tiempo determinado, pese a poder ser tóxicos. Los segundos, como el pesticida DDT, aparecen en las casas aunque lleven prohibidos más de 40 años.

Los niveles más altos se encontraron para los hidrocarburos de vehículos e industria petroquímica y del acero inoxidable; el pesticida DDT, asociado a su utilización en el pasado; la nicotina del tabaco; algún ftalato y retardante de llama, como aditivos plásticos y tratamientos de muebles.




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Diferencias entre regiones

Es posible especular sobre qué factores influyen en la contaminación del polvo. En zonas como Salamanca, Valladolid y Granada, el uso mayoritario del suelo para la agricultura se relaciona con la aparición de pesticidas. En zonas urbanas con alta densidad de población como Madrid y Barcelona, los humos del tráfico y aditivos plásticos se relacionan con una alta densidad de vehículos y un elevado consumo de plástico. En Algeciras, la aparición de hidrocarburos del petróleo en el polvo señala a la industria petroquímica como el origen más probable.

Al clasificar las muestras en base a su parecido químico, pueden distinguirse aquellas que tienen más cantidad de los contaminantes más tóxicos y, por tanto, las que presentan mayor riesgo para la salud humana. Esta relación permite identificar qué casas presentan mayor contaminación dentro de una misma zona de estudio y así delimitar zonas de riesgo.

Se puede ejemplificar bien con el caso de Algeciras. Allí las muestras se separan en dos grupos: las que tienen niveles elevados de hidrocarburos, a favor del viento de poniente que arrastra la contaminación, y las que están en contra, con niveles menores.

También la presencia de hidrocarburos en ciudades como Barcelona y Madrid puede achacarse a diferencias climáticas: algunas muestras provenían de zonas en las que los inviernos son más secos y fríos. Esto hace posible pensar que un mayor uso de calefacción o mejores condiciones de aislamiento condicionan los niveles de estos contaminantes en el interior de las casas.

Por su lado, el DDT solo aparece de forma reseñable y generalizada en las muestras de Granada, lo cual lleva a pensar que su presencia se debe a un uso pasado o incluso a su transporte unido al polvo proveniente del continente africano, donde su utilización aún está permitida. Del mismo modo, otras zonas agrícolas como Valladolid o Salamanca muestran restos del pesticida malatión.

Otros grupos de contaminantes, como los ftalatos, aparecen en grandes cantidades muy parecidas, sin distinción del área que se estudie. Su uso generalizado en materiales plásticos corrobora esta contaminación extendida por todas las casas incluidas en el trabajo.

Una herramienta para vigilar la contaminación

La aparición del polvo en los ambientes de interior es inevitable y su contaminación, difícil de impedir. Sin embargo, podemos intentar minimizar su acumulación y, con ello, reducir el riesgo asociado a la exposición.

La gran utilidad que tiene el polvo como indicador de la contaminación lo convierte en una buena herramienta para vigilar los niveles de compuestos químicos y cómo se dispersan en diferentes áreas. Esta información sirve para vigilar las emisiones (quién, cómo, cuándo y dónde se generan) y controlar la contaminación.

Por todo esto, estudiar el polvo es una herramienta útil para evaluar los riesgos y pedir a las autoridades leyes más seguras y justas. Por ejemplo, la pobreza es un marcador de riesgo por ser las zonas contaminadas aquellas donde el precio del alquiler y la vivienda suele ser más bajo.

Además, detectar los contaminantes presentes en los hogares permite equiparar lo que la legislación considera teóricamente una cantidad segura y el riesgo real. De esta forma, es posible definir políticas de calidad del aire más ajustadas a la evidencia científica que velen por la salud de las personas.

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Miguel Velázquez Gómez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Matellanes Lazo, PhD. Full Professor at the University in Communication and Advertising. Department of Social Sciences, Universidad Europea Miguel de Cervantes

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Algo está cambiando en la universidad española. Más allá de las aulas y los laboratorios, surgen proyectos diversos. Contra la soledad en municipios rurales, iniciativas de envejecimiento activo, programas de innovación para mejorar la calidad de vida y nuevas narrativas sobre el bien común. No se trata de declaraciones de intenciones. Son experiencias ya en marcha, que muestran cómo la educación superior está ampliando su papel en la sociedad.

En este sentido, la universidad se posiciona como un agente de valor social, capaz de generar impacto real en su entorno y contribuir activamente al bien común.

¿Está la universidad ocupando el lugar que durante siglos desempeñaron las instituciones religiosas en la formación moral de las nuevas generaciones? En un artículo publicado en The New Yorker, Jay Caspian Kang plantea que, al menos en determinados contextos occidentales, el campus se ha convertido en el nuevo espacio de socialización ética para muchos jóvenes.

La reflexión apunta a un fenómeno significativo: la universidad no solo transmite conocimiento, sino que también moldea valores, discursos públicos y formas de entender el bien común.

La universidad como ecosistema

Organismos internacionales como la UNESCO han subrayado que la educación superior debe desempeñar un papel clave en la promoción de la justicia social, la sostenibilidad y la cohesión comunitaria.

Esta visión implica entender la universidad no solo como un espacio de aprendizaje académico, sino como un ecosistema. En él se cultivan valores éticos, pensamiento crítico y compromiso cívico. La pregunta ya no es si la universidad debe implicarse en los problemas sociales, sino cómo hacerlo de manera estructural y coherente.

En España, numerosas universidades han comenzado a materializar este enfoque a través de programas de implicación con la sociedad, voluntariado universitario e innovación social. Estas iniciativas permiten que el conocimiento teórico adquirido en las aulas se transforme en acción. Así, los estudiantes se conectan con realidades sociales concretas, lo que fomenta una experiencia educativa más significativa.

Motores del cambio social

Un ejemplo destacado lleva el sello de la Universidad de Barcelona (UB), pionera en la implantación de proyectos sociales integrados en los planes de estudio. Desde la Cátedra de Aprendizaje Servicio, los estudiantes aplican sus conocimientos en colaboración con entidades sociales. El trabajo se desarrolla en ámbitos como la inclusión social, la educación comunitaria o la atención a colectivos vulnerables.

El proyecto community, que promueve encuentros sociodeportivos, reúne a la UB junto a organizaciones como Cruz Roja o CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Esta apuesta por la inclusión social de refugiados a través de actividades físicas muestra cómo la docencia universitaria puede vincularse directamente con necesidades sociales reales. Esta conexión genera un aprendizaje más profundo y mayor conciencia del impacto social de la futura profesión.

También la Universidad de Deusto ha consolidado un modelo educativo centrado en la formación integral de la persona. El compromiso social forma parte del proyecto institucional. A través del programa Deusto Campus Solidaridad, la universidad promueve el voluntariado, la cooperación al desarrollo y la participación en causas sociales, tanto en el ámbito local como internacional.

Las iniciativas no se limitan a la acción directa, sino que incorporan espacios de reflexión crítica y formación ética. Esto permite desarrollar competencias como la empatía, la responsabilidad social y la conciencia ciudadana.

Tecnología para el bien común

Por su parte, la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) ofrece un ejemplo significativo de innovación tecnológica orientada al bien común. Desde su área de UPV Innovación y los programas de “aprendizaje servicio”, la universidad impulsa proyectos de emprendimiento e innovación social. Estos abordan retos como la accesibilidad, la sostenibilidad urbana o la mejora de la calidad de vida de colectivos vulnerables.

La tecnología deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta al servicio de la sociedad. Un enfoque que integra formación técnica y compromiso social.

Otro caso relevante es el de la Universidad de Salamanca. A través de su Servicio de Asuntos Sociales y sus programas de voluntariado universitario, ha impulsado iniciativas vinculadas al envejecimiento activo, la participación comunitaria y la cooperación social.

Lucha contra la soledad en zonas rurales

Algunos de estos proyectos, como el Campus Rural de la Universidad de Alcalá (UAH), tienen un impacto directo en entornos no urbanos. Su contribución se orienta a combatir la soledad no deseada y favorecer relaciones intergeneracionales. Estas experiencias no solo benefician a la comunidad, sino que sensibilizan a los estudiantes sobre uno de los grandes desafíos sociales contemporáneos.

La Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid (UEMC) también trabaja sobre zonas rurales e impulsa acciones de concienciación e intervención sobre soledad no deseada. El abordaje implica a la propia comunidad universitaria desde su entorno más cercano.

El proyecto reúne a estudiantes los grados de Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas. La metodología aplicada se basa en el aprendizaje activo, la interdisciplinariedad y la participación del alumnado en contextos reales. A través de asignaturas como periodismo radiofónico o crítica y análisis de campañas, los alumnos diseñaron entrevistas, reportajes y campañas de sensibilización.

La UEMC consigue así desarrollar eventos de impacto académico y social desde sus espacios universitarios, involucrando a profesores, alumnos y asociaciones sin ánimo de lucro.

Desde hace varios años esta misma universidad cuenta con una unidad llamada Laboratorio Social. En ella se trabajan temáticas y proyectos de índole social que implica a profesorado y alumnado de la comunidad universitaria UEMC.

Estos ejemplos evidencian una tendencia creciente: la universidad como espacio de innovación social y laboratorio de ciudadanía responsable.

Una narrativa del bien común

Desde el ámbito de la comunicación y la publicidad, este enfoque resulta especialmente relevante porque la universidad tiene la capacidad de generar nuevos relatos sociales, alejados del individualismo y orientados al bien común. Formar en una comunicación ética y socialmente responsable implica dotar a los estudiantes de herramientas para influir positivamente en la opinión pública y contribuir a una sociedad más justa y cohesionada.

Este papel activo requiere una apuesta institucional clara y sostenida, en la que se den a conocer y alienten colaboraciones conjuntas entre universidades y agentes institucionales.

Integrar el compromiso social en los planes de estudio, reconocer académicamente estas experiencias y fomentar la colaboración con el tejido social son pasos fundamentales para consolidar este modelo educativo y evitar que estas iniciativas se conviertan en acciones puntuales.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales – https://theconversation.com/universitarios-con-mision-bien-comun-innovacion-social-y-lucha-contra-la-soledad-en-zonas-rurales-273714

Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

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Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos tomamos miles de decisiones, en muchas ocasiones de manera inconsciente. Algunas son del día a día y no tienen mayores consecuencias (por ejemplo, qué ropa ponernos o qué camino elegir para ir al trabajo), pero hay otras que impactan directamente en nuestra vida profesional.

Muchas de estas decisiones no pasan por un análisis personal consciente, simplemente suceden. Y, sin embargo, tienen implicaciones mucho más relevantes de lo que solemos imaginar. En ellas influyen nuestros hábitos, nuestras creencias, el contexto en el que nos movemos e incluso el estado emocional del momento.

¿Cuántas de las decisiones que tomamos cada día son realmente conscientes?
¿Hasta que punto nuestras elecciones profesionales responden a un análisis racional o, simplemente, a intuiciones que apenas percibimos?

Dos maneras de pensar y decidir

Nuestra mente opera a través de dos sistemas de toma de decisiones. El primero, el tipo 1, es automático, rápido e intuitivo. Funciona casi sin esfuerzo consciente y nos permite reaccionar con agilidad ante estímulos cotidianos. El segundo, o tipo 2, es más reflexivo, analítico y deliberado; requiere mayor atención y energía cognitiva.

Este modelo fue popularizado por Daniel Kahneman, quien mostró que ambos sistemas no son opuestos, sino complementarios:

  • El pensamiento Tipo 1 es extraordinariamente eficiente. Gracias a él podemos reconocer patrones, interpretar emociones y tomar decisiones rápidas cuando el tiempo lo premia. Sin embargo, precisamente por su rapidez, también es más vulnerable a los atajos mentales. Cuando estos atajos generan errores de manera sistemática y predecible, hablamos de sesgos cognitivos.

  • El pensamiento Tipo 2, más lento y exigente, permite contrastar información, cuestionar supuestos y evaluar alternativas. Pero no puede estar activado permanentemente porque consume muchos recursos cognitivos y energía. Por eso, en entornos de presión, incertidumbre o sobrecarga informativa –es decir, en la mayoría de las organizaciones actuales– tendemos a apoyarnos más de lo que creemos en el sistema automático.

Cómo influyen los sesgos en la empresa

Los sesgos cognitivos no son rarezas psicológicas ni errores de personas poco competentes. Son patrones universales de toma de decisiones y afectan a directivos, mandos intermedios y profesionales técnicos por igual.

En la selección de personal, por ejemplo, puede aparecer el sesgo de afinidad: tendemos a valorar mejor a quienes se parecen a nosotros en trayectoria, estilo o forma de comunicarse.

En la evaluación del desempeño, el efecto halo puede llevarnos a extrapolar una cualidad positiva concreta a la valoración global del profesional.

En la gestión del cambio, el sesgo de statu quo nos inclina a preferir mantener lo conocido antes que asumir la incertidumbre de lo nuevo.

Cuando estos mecanismos se repiten, generan decisiones que parecen razonables en el momento, pero que pueden afectar a la diversidad, la innovación o la competitividad a medio plazo.

En la actualidad se pueden identificar más de 200 sesgos cognitivos que influyen en nuestra manera de interpretar y tomar decisiones.

El mito de la objetividad organizacional

Muchas organizaciones invierten grandes cantidades de recursos en datos, indicadores y herramientas tecnológicas. Sin embargo, con frecuencia se descuida un elemento esencial: el proceso psicológico mediante el cual interpretamos esa información.

Cuando interpretamos datos o la conducta de un compañero, la información pasa inevitablemente por nuestras expectativas previas, experiencias acumuladas y marcos mentales. Dos directivos pueden analizar el mismo informe y llegar a conclusiones distintas no por falta de rigor, sino porque sus sistemas de pensamiento activan distintos supuestos.

Creer que la incorporación de más datos elimina los sesgos es, en gran medida, una ilusión. Sin conciencia psicológica, incluso el análisis más sofisticado puede estar guiado por intuiciones no examinadas.

En este punto resulta pertinente recordar la reflexión del filósofo y científico Michael Polanyi, quien afirmó: “We know more than we can tell” (“Sabemos más de lo que podemos expresar”). Una parte importante de nuestro conocimiento es tácito, implícito y difícil de formalizar. Precisamente por ello, muchas decisiones se apoyan en intuiciones que no siempre somos capaces de explicar, pero que influyen de forma decisiva en nuestras elecciones.

Los campos de actuación de los sesgos

Se pueden distinguir tres niveles de actuación de los sesgos:

  1. Individual (personal). Tiene que ver con cómo cada persona percibe e interpreta la realidad. Nuestras experiencias previas, emociones o creencias influyen en qué información atendemos y cómo la interpretamos.

  2. Instrumental. Los sesgos también pueden introducirse a través de las herramientas que utilizamos para analizar la información: indicadores, métricas o sistemas de evaluación que orientan nuestra atención hacia determinados resultados y no hacia otros.

  3. Organizacional (de contexto). Factores como la cultura de las organizaciones, las normas informales, las jerarquías o las presiones del contexto pueden reforzar ciertas interpretaciones y decisiones, consolidando determinados sesgos colectivos.

Los sesgos cognitivos no son simples fallos individuales, sino mecanismos profundamente arraigados en la manera en que pensamos y decidimos. Comprender la interacción entre intuición y análisis permite mejorar la calidad de las decisiones y reducir errores.

Las organizaciones que comprendan estos procesos estarán mejor preparadas para diseñar entornos que favorezcan decisiones más conscientes, equilibradas y estratégicas. Porque en última instancia, la calidad de una organización depende también de la calidad de las decisiones que toman quienes la dirigen.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan – https://theconversation.com/por-que-incluso-con-buenos-datos-a-veces-las-organizaciones-se-equivocan-276349

La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

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¿Cómo se mide la calidad de un investigador? Imaginemos la siguiente situación: dos investigadores presentan su candidatura a una promoción universitaria. El primero ha publicado doce artículos en tres años. La mayoría aparece en revistas indexadas en bases de datos internacionales que seleccionan publicaciones según criterios de calidad editorial. El segundo ha dedicado cinco años a un proyecto complejo y ha obtenido una estancia de investigación. Ha producido menos artículos, pero ha generado datos reutilizados por otros grupos y ha formado a varios doctorandos. Parte de su trabajo ha tenido una influencia directa en políticas públicas.

Cuando una comisión debe decidir quién tiene mejor trayectoria científica, ¿qué pesa más? En muchos sistemas universitarios la respuesta depende del número de publicaciones, el factor de impacto (índice que calcula cuántas veces se citan, de media, los artículos de una revista durante un periodo concreto), la posición de la firma del autor (en el orden de firmas de un artículo científico) o las citas acumuladas (el número de veces que se citan sus artículos).




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Estas métricas permiten ordenar candidatos con rapidez. Sin embargo, fueron concebidas para describir patrones agregados de producción científica, es decir, tendencias generales sobre cómo, cuánto y dónde publica la comunidad científica en su conjunto: volumen de artículos, ritmos de crecimiento, colaboración entre países o campos y circulación de citas.

No se diseñaron para sustituir el juicio cualitativo sobre trayectorias individuales, que exige valorar la originalidad, la solidez metodológica, la capacidad de liderazgo y la contribución real al avance del conocimiento.

Evaluar no es contar

Durante las últimas décadas, en la universidad se ha consolidado un principio: la calidad científica de un investigador depende del número de publicaciones en revistas consideradas de alto impacto y en el volumen de citas recibidas. Resumido en un principio que ha marcado generaciones de investigadores, “publicar o perecer”, este enfoque cuantitativo suponía que a mayor número de artículos o papers en poco tiempo, mayor posibilidad de conseguir reconocimiento académico en la universidad.

Al no ser tan fácilmente cuantificables, la trayectoria profesional a largo plazo, el impacto social del conocimiento y la integridad científica quedaban relegados, mientras que se fomentaron dinámicas encaminadas a maximizar la presencia “cuantificable” en revistas académicas, como la fragmentación de una misma investigación en varios artículos (salami slicing), la duplicación de contenidos o la traducción de un mismo trabajo con el objetivo de aumentar el número de publicaciones.




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Desde la propia comunidad científica surgieron, desde comienzos de la década de 2010, críticas a este modelo de evaluación. En 2012 se publicó la San Francisco Declaration on Research Assessment (DORA), que cuestionó el uso del factor de impacto como criterio para evaluar investigadores. En 2015 se difundió el Leiden Manifesto, con diez principios para un uso responsable de los indicadores. Más tarde, en 2022, se creó la Coalition for Advancing Research Assessment, que promueve reformas estructurales en los sistemas de evaluación.

A estas iniciativas se suman los Hong Kong Principles y la Singapore Statement on Research Integrity. Todas han señalado las limitaciones de este sistema y la necesidad de prestar mayor atención al contenido, la integridad y la aportación cualitativa de la investigación.

La burocratización de la promoción universitaria

En España se ha avanzado por parte de los organismos oficiales de acreditación y evaluación, alineados con la normativa europea de reforma de la investigación. Sin embargo, a nivel interno, en muchas universidades a la hora de aspirar a una promoción, gana quien más puntos acumula, y los méritos se fragmentan en apartados independientes que no permiten evaluar una trayectoria de manera cualitativa. La calidad de la investigación tiende a identificarse con aquello que resulta más sencillo de contabilizar, y la evaluación se vuelve un proceso burocrático en el que, por ejemplo, el uso de plantillas fijas impide reconocer méritos relevantes porque no encajan en una casilla concreta.

Esto tiene un efecto en cómo los propios investigadores definen sus prioridades, condicionando los ritmos de trabajo y generando una presión estructural. También aumenta el riesgo de incurrir en malas prácticas. Algunos investigadores recurren a revistas depredadoras que prometen publicaciones rápidas a cambio de elevadas tarifas (APC), sin procesos reales de revisión externa.

Falta de transparencia

La falta de transparencia agrava este escenario. Los criterios no siempre se conocen con antelación ni se explicitan con claridad. La comunidad universitaria apenas participa en su definición o revisión. En términos de gobernanza interna no existen garantías suficientes frente a conflictos de interés, dinámicas endogámicas o evaluaciones difíciles de verificar.

Cuando se presentan reclamaciones,
es frecuente que aparezca el silencio administrativo con carácter negativo. También en casos de impugnaciones tras una resolución definitiva.
Esta situación genera indefensión jurídica y debilita la confianza en el sistema de evaluación.

Currículum narrativo y evaluación responsable

Una alternativa a este sistema cuantitativo es el currículum narrativo, una herramienta de evaluación más contextualizada.
Su finalidad es permitir una lectura cualitativa de la trayectoria investigadora y situar los méritos en su contexto real.

El currículum narrativo se articula a partir de perfiles académicos definidos y de un número limitado de aportaciones relevantes. Este formato permite valorar dimensiones que rara vez encajan en plantillas rígidas: liderazgo científico, formación de equipos, ciencia abierta, colaboración interdisciplinar, impacto social, responsabilidad en la gestión de datos o promoción de buenas prácticas.

La experiencia de los Países Bajos muestra que este enfoque puede aplicarse con coherencia cuando se definen los perfiles académicos, se limita el número de aportaciones evaluables y se invierte en la formación de las comisiones. Esta práctica, integrada de manera efectiva, previene los conflictos de interés y se refuerza con mecanismos de auditoría externa.

Cómo la evaluación define el modelo universitario

El sistema de evaluación influye en qué temas reciben atención, qué proyectos se consideran viables y qué riesgos intelectuales se asumen. Si se premia la productividad inmediata, se favorecen resultados rápidos y fragmentados. Si se reconoce la coherencia a largo plazo y la integridad científica, se incentivan investigaciones más sólidas y socialmente relevantes.

Muchas universidades europeas han asumido compromisos formales con la Comisión Europea a través del sello Human Resources Strategy for Researchers, que exige el cumplimiento de los principios del European Charter for Researchers: evaluación transparente, criterios claros, ausencia de conflictos de interés y procedimientos verificables. Además, requiere auditorías, planes de acción y seguimiento periódico.

Impacto en la calidad del conocimiento

La forma de evaluar a los investigadores no es un detalle administrativo. Cada criterio de evaluación envía un mensaje claro por parte de la institución: esto es lo que valoramos, esto es lo que cuenta.

En ese gesto se define qué tipo de universidad se quiere construir y qué modelo de ciencia se considera valioso. Y de esa elección depende, además de la credibilidad de una institución, la calidad del conocimiento que se transmite a la sociedad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así? – https://theconversation.com/la-buena-investigacion-no-depende-del-numero-de-publicaciones-por-que-la-medimos-asi-275028

Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Bengoechea Ruiz, Catedrático de Universidad del área de Ingeniería Química (Químico), Universidad de Sevilla

El cangrejo rojo americano, empleado por los investigadores en su estudio, tiene en su cáscara quitina. De ella se obtiene quitosano, un compuesto con propiedades muy interesantes para la conservación de sustancias que palían los síntomas de la menopausia o síntomas indeseables de la menstruación. Wikimedia Commons., CC BY

Durante mucho tiempo, no se ha prestado la suficiente atención a etapas esenciales en la vida de las mujeres que afectan de manera diversa a su salud. Los efectos de la menstruación o la menopausia han sido, en muchas ocasiones, acallados por motivos culturales o sociales, aun cuando afectan a la mitad de la población mundial. Por suerte, existe un interés creciente en paliar esta carencia y en apostar por recursos que faciliten el bienestar de la población femenina.

Las mujeres suelen experimentar la menstruación durante aproximadamente cuarenta años de su vida, observándose diversos efectos englobados en lo que se conoce como síndrome premenstrual. Además de cambios de humor y alteraciones emocionales, se presentan una serie de síntomas físicos, como hinchazón abdominal, aumento de peso transitorio, sensibilidad en los senos (mastalgia), cefaleas, dolor articular o muscular y acné, que podrían paliarse en cierta medida si se tratan de manera adecuada.

Asimismo, la perimenopausia (transición natural hacia la menopausia) y la menopausia provocan sofocos, sudores nocturnos, irregularidades menstruales, insomnio, sequedad vaginal, cambios de humor y/o disminución de la libido. Si nos centramos en los efectos sobre la piel, la drástica caída de estrógenos y colágeno asociada a la menopausia provoca un aumento de la sequedad, flacidez, la aparición de arrugas y una epidermis más fina.

Bioactivos para la salud de la mujer

En la naturaleza, existen sustancias bioactivas que han demostrado su eficacia en la formulación de productos destinados a combatir algunos de estos efectos.

Así, el ácido g-linolénico, un ácido omega-6 presente principalmente en aceites de semillas concentrados, como la borraja, posee propiedades antiinflamatorias y estrogénicas, con lo que contribuye al alivio de los sofocos, las alteraciones del sueño, la irritabilidad y la sequedad vaginal.

Por su parte, el bakuchiol es un compuesto extraído principalmente de las semillas y hojas de la planta asiática Psoralea corylifolia. Se conoce como la “alternativa vegana” al retinol, y presenta efectos similares a los estrógenos, además de propiedades antifúngicas, antibacterianas, antioxidantes, antiinflamatorias, antienvejecimiento, despigmentantes y anticancerígenas.

Otro candidato es la clorofilina, un derivado de la clorofila de las plantas con actividad antioxidante, antiinflamatoria, desodorante, aceleradora de la cicatrización de heridas, antimutagénica y anticancerígena.

Asimismo, hongos como el reishi (Ganoderma Lucidum) ayudan al organismo a gestionar el estrés físico, mental y emocional. Además, mejora los síntomas asociados a la fibromialgia, como la depresión y el dolor.

El problema de los bioactivos

Muchas de estas sustancias bioactivas tienen una estabilidad limitada, es decir, pierden propiedades a causa de su mala conservación. Por ello, el desarrollo de productos que permitan su encapsulación y protección resulta esencial para garantizar su aprovechamiento, tanto en cosméticos como en complementos alimentarios.

En la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) estamos trabajando precisamente en esto. Planteamos el uso de subproductos de la industria alimentaria para extraer polímeros que sirvan de vehículo para esos compuestos bioactivos y que ayuden a su conservación.

Cáscaras de cangrejo y plumas de calamar

En concreto, proponemos aprovechar las cáscaras de cangrejo procedentes de las marismas del Guadalquivir (Sevilla) y la pluma del calamar (País Vasco). Actualmente, el cangrejo rojo americano es la base de una industria relevante en Isla Mayor (Sevilla), con una facturación que ha llegado a los 20 millones de euros anuales. Solo una pequeña parte del cangrejo es comestible (entre el 10 y el 30 %); el resto se emplea actualmente como pienso animal debido a su valor nutritivo. Sin embargo, su elevado contenido en quitina abre la puerta a su uso en productos de mayor valor añadido.

Algo similar ocurre con los calamares, una de las especies comerciales más importantes de cefalópodos, con un alto valor de mercado. Las llamadas plumas de calamar (estructura de soporte, con forma de pluma, ubicada internamente en la línea media dorsal de los calamares), un subproducto de la industria de procesado de este cefalópodo, están compuestas principalmente por proteínas y quitina.

El empleo de esta quitina para promover el curado de heridas crónicas ha sido previamente analizado por investigadores e investigadoras de la EHU. Además, la transformación de la quitina en quitosano mediante modificación química controlada permite potenciar propiedades como su actividad antimicrobiana, biocompatibilidad y biodegradabilidad. Esto lo convierte en un candidato muy interesante para encapsular y proteger las sustancias bioactivas antes descritas.

Podemos emplear el quitosano en la formulación de emulsiones, tanto alimentarias como cosméticas, diseñadas para conservar el bioactivo de interés. En este sentido, hemos demostrado que el control del proceso de conversión de quitina a quitosano permite modular su papel en la estabilización.

Estos avances constituyen un primer paso no solo para el desarrollo de emulsiones, sino también para productos destinados a promover la salud femenina –como parches transdérmicos o snacks saludables– que empleen el quitosano en la encapsulación de bioactivos como el g-linolénico, el bakuchiol, la clorofilina o el hongo adaptógeno reishi.

The Conversation

Carlos Bengoechea Ruiz recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-155507OB-C21).

Koro de la Caba Ciriza recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Nuria Calero Romero recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

ref. Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina – https://theconversation.com/pluma-de-calamar-y-cascara-de-cangrejo-para-mejorar-la-salud-femenina-273829

The case for combined events: How decathlon and heptathlon training could solve a crisis in youth sport

Source: The Conversation – Canada – By Kurt Michael Downes, PhD Candidate, Kinesiology, University of Windsor

When the World Athletics Indoor Championships get underway in Kujawy Pomorze, Poland, on March 20, be sure to tune in to the men’s seven-event heptathlon and the women’s five-event pentathlon.

The move indoors means there are fewer events compared to the men’s decathlon (10 events) and women’s heptathlon held at outdoor events like the World Athletics Championships in Tokyo last fall and the Olympics, but these events deserve the spotlight — and not just for the incredible athleticism.

The real lessons these events offer have less to do with medals and extend far beyond winning and losing. Instead, this sport setting provides an opportunity to reimagine how we develop athletes. What if the blueprint for building better athletes isn’t about doing multiple sports, but instead about doing multiple events?

Each year, North American sport is confronted with the same problem: Growing numbers of children are pressured by parents, coaches and leagues to commit to a single sport. Before they even reach their teens, kids are “encouraged” (and by encouraged we mean pressured) to spend more time specializing in their sport to gain a competitive edge. Yet, research suggests the opposite is true: Studies consistently link early specializaton to burnout, higher rates of overuse injuries and sport dropout.

Interestingly, this paradox suggests the very pathway thought to build champions often pushes promising athletes out of sport. An alternative may be found in track and field’s combined events. The decathlon and heptathlon require athletes to run, jump and throw across a slate of events, unlike single-sport specialists.

The advantage is that the combined events allow athletes to develop every major athletic quality: speed, power, endurance, agility and strength. When you add both linear and rotational movements, you get one of the most complete athlete-development systems in sport.

In essence, the combined events represent a more updated and advanced version of the Long-Term Athlete Development Plan, a program designed to outline appropriate stages of athletic growth, build on fundamental movement skills and develop sport-specific competency while reducing injury and burnout.

As such, we ask whether a run-jump-throw system based on the combined events model could be the answer to early specialization in youth sport.

The problem of early specialization

Early sport specialization often refers to year-round participation in a single sport, a trend now common across youth athletics. Examples include young hockey, basketball and soccer players who are pushed toward club or academy teams with daily programs to stay competitive and ensure the “right” people can see them play.

These clubs and academies come with hefty tuition, major travel expenses and logistics, and they may even require kids to leave home and find room and board.

But even outside these commitments, young athletes and their families often feel the need to hire extra personal skills trainers, find additional practice time, compete on multiple teams and more throughout the year in order to keep up with their peers and squeeze every ounce of performance out of their young bodies in and out of season. Once involved in a youth sport at a competitive level, there is no time (or money) for other sports.

At first glance, practice and competition in a single sport seems like a surefire plan for success; with a “more hours equals better” mindset, how could it not? Unfortunately, research tells a different story. Studies consistently show that early specialization is not the most effective pathway to high performance, and a singular focus on one sport instead becomes a risky gamble in long-term athlete development.

Kids who focus on one sport routinely face repetitive overuse injuries, ranging from stress fractures to tendinitis and the loss of motivation to participate in sport.

What’s most concerning is that youth sport dropout rates average roughly 35 per cent per year, and early specialization is consistently linked with even higher dropout risk driven by less play, more pressure and an unbalanced developmental path.

Enter the combined events

Since reports suggest early specialization limits an athlete’s growth, we suggest looking to one of sport’s most multifaceted disciplines as the remedy. In track and field, the decathlon and heptathlon demand a broad skill set that spans the full range of athletic abilities.

Over the course of two demanding days, combined-event athletes sprint, hurdle, jump, throw and run. Scaled-down developmental versions also exist, offering age- and skill-appropriate movements instead of early mastery of a single sport.

This diversity can also align with what sport scientists describe as windows of trainability: periods when young athletes are especially primed to develop speed, agility, co-ordination and endurance. Training across multiple disciplines ensures these important windows of development are not missed.

The difference with early specialization is undeniable. While a young soccer player may log thousands of contacts with the ball by age 12, an athlete in youth combined events is learning to hurdle, jump, throw and pace distance runs. This variety builds broad physical literacy, spreads stress across the body and reduces the overuse injuries common in single-sport pathways. It provides the range, balance and adaptability youth athletes need in order to avoid the pitfalls of early specialization.

An outdoor sports events with a young woman landing a long jump in the foreground
Scaled-down developmental versions of combined events exist, offering age and skill-appropriate movements instead of early mastery of a single sport.
(Pexels/Chris I)

Why it matters for kids in sport

Ultimately, the combined events are the antidote for early specialization. Training across the sprints, jumps, throws and distance events keeps kids moving in different ways and across different planes. It avoids the monotony and repetitive stress that pushes so many away from sport.

Long-term athlete development models, which are the gold standard of athlete development across sports, promote broad skill development. Here’s why there’s such a strong case for the combined events:

For parents, coaches, schools, clubs and policymakers, the combined events have a format that can be easily delivered and easily integrated into youth sport. As an example, a youth athlete playing soccer (the most highly participated sport in Canada for ages five to 17), can become more athletically proficient during the off-season.

The goal is not to replace soccer. Instead, introducing the principles of combined events can enhance performance and enjoyment. First-step acceleration helps with breakaway speed, jumping develops power for change of direction and throwing builds muscular co-ordination and trunk strength. The combined events’ weekly rotation through sprints, jumps, throws and endurance work is supported by science.

Burnout to balance

Early specialization can look like a shortcut, but it often leads to injuries, burnout and kids leaving sport. The path meant to create champions can end careers before they start.

Combined events offer a better way, blending power, endurance, technical skill and adaptability.

The science is clear: broad experiences in childhood lay the best foundation for long-term success. Most kids won’t become decathletes or heptathletes, but the message is simple: variety matters, but only when it’s balanced, intentional and developmentally appropriate. The right mix of skills develops better young athletes and keeps them engaged.

The Conversation

Kurt Michael Downes receives funding from the Coaching Association of Ontario (CAO). He is the President and Head Coach of the Border City Athletics Club (a not-for-profit organization) and serves on the boards of Family Fuse and Resilient Kids Canada (both not-for-profit organizations).

Kevin Milne does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. The case for combined events: How decathlon and heptathlon training could solve a crisis in youth sport – https://theconversation.com/the-case-for-combined-events-how-decathlon-and-heptathlon-training-could-solve-a-crisis-in-youth-sport-270263

OpenAI’s safety pledges in the wake of Tumbler Ridge aren’t AI regulation — they’re surveillance

Source: The Conversation – Canada – By Jean-Christophe Bélisle-Pipon, Assistant Professor in Health Ethics, Simon Fraser University

In a span of two days following news that the Tumbler Ridge perpetrator’s ChatGPT account had been flagged prior to the shooting, OpenAI CEO Sam Altman met with Federal AI Minister Evan Solomon and British Colombia Premier David Eby.

He secured commitments on both sides: reporting threats directly to the RCMP, retroactive review of previously flagged accounts, distress-redirect protocols, access to the company’s safety office for Canadian experts and an agreement to work with B.C. on regulatory recommendations to Ottawa.

He also agreed to apologize to the community of Tumbler Ridge, where 18-year-old Jesse Van Rootselaar killed eight people and wounded many others before dying of a self-inflicted wound. Months prior to the shooting, Van Rootselaar’s ChatGPT account had been flagged for scenarios involving gun violence. The account was banned, but not reported to law enforcement.

OpenAI’s new commitments are significant gestures. But they resolve a narrower question than the one Tumbler Ridge actually raised. As I argued earlier, the core problem was not a reporting failure. It was a governance vacuum.

What’s changed since? OpenAI has agreed to make the same type of unilateral determination it made before, but to act on it more aggressively, routing the result directly to the RCMP. That is not a fix. It is the same unaccountable architecture with a faster trigger.

The human-in-the-loop fallacy

Consider what we now know about the internal process. The shooter’s account was flagged. Human moderators reviewed the interactions. Some advocated escalating to law enforcement. Other humans, guided by the company’s own opaque thresholds, decided against it. The breakdown was not mechanical. It was institutional.

“Human in the loop” is one of the most repeated reassurances in AI safety discourse. The Tumbler Ridge case exposes its limits. Humans in the loop are only as accountable as the institutional structure around them. When that structure is a private corporation with no legally binding reporting obligations, no transparency requirements and no external oversight, the human in the loop is simply a more sympathetic face on an unaccountable system.

OpenAI has since announced that its thresholds have been updated. But updated by whom, according to what criteria, subject to what review? These remain internal decisions, invisible to the public and unreachable by Parliament.

The surveillance substitution

There is a deeper problem that receives almost no attention. The proposed settlement does not regulate AI. It regulates users.

The entire apparatus being constructed (internal threat identification, flagging, direct RCMP referral) is oriented toward monitoring what people say to AI, not toward how AI systems are designed, trained or constrained in their responses.

True AI regulation asks whether a model might facilitate or amplify harmful ideation through its interaction patterns. It asks how the system is built, what it’s tested for and what obligations attach to its deployment.

The current arrangement asks none of these questions. Instead, it builds a pipeline from private AI interactions to law enforcement, administered by a corporation, governed by proprietary policy.

I call this the surveillance substitution: a governance vacuum gets filled not with democratic regulation, but with corporate surveillance of users. It is not regulation of AI. It is regulation of the people who use AI, conducted by the AI company itself, with the police as the endpoint.

The civil liberties implications are substantial. Research on compassion-sensitive AI, including my own work on how AI systems should respond to users in vulnerable states, consistently shows that people disclose distress to chatbots precisely because the interaction feels private and non-judgmental.

If that space becomes a monitored channel where concerning disclosures trigger law enforcement referrals based on opaque corporate criteria, the most vulnerable users may stop disclosing. The chilling effect on help-seeking behaviour has not been studied, and it has not been discussed in any of the public negotiations following Tumbler Ridge.

Rational strategy, absent framework

It’s important to be precise about what OpenAI is doing. The company is not acting in bad faith. It is behaving as a rational private entity in the absence of a regulatory framework, offering the minimum viable response to political pressure while preserving as much operational autonomy as possible.

Look south and the logic becomes clearer. In the United States, the relationship between AI companies and government power is being forcibly renegotiated. The Pentagon has sought AI models with safety guardrails removed for military applications. When Anthropic resisted, OpenAI moved to fill the gap. In that context, the U.S. government commands and AI companies comply.

In Canada, the dynamic is inverted: OpenAI is not being commanded. It is volunteering concessions designed to pre-empt the kind of binding legislation that would actually constrain its operations. Support broad norms with no immediate legal force; resist specific domestic obligations that carry real consequences. This is how regulatory capture begins: not with corruption, but with convenience.

Canada has genuine leverage here: an unusual cross-party consensus that something must change, public attention that has given AI governance a human face, and a provincial government that understands the stakes.

But leverage evaporates. If the federal government accepts OpenAI’s pledges as a sufficient response, it normalizes corporate self-regulation as the baseline. Future companies will cite this arrangement as precedent. The window for legislation narrows.

What durable governance requires

The response that Tumbler Ridge demands is not more efficient surveillance of users. It is a regulatory architecture that addresses the systems themselves.

That means binding legislation with legally defined thresholds for when AI companies must refer flagged interactions to authorities: thresholds defined by Parliament, developed with mental health professionals, privacy experts and law enforcement, not inherited from a company’s terms of service.

It means an independent triage body so that flagged interactions are assessed by professionals equipped to distinguish ideation from intent, accountable to public law rather than corporate liability. And it means model-level accountability: regulatory attention that moves upstream from users to systems. How are these models designed to respond to escalating disclosures of violent ideation? What testing obligations apply? What auditing requirements exist?

These questions are absent from the current political negotiations, and their absence defines the limits of what the current pledges can achieve.

OpenAI’s commitments following Tumbler Ridge are the beginning of a conversation, not the end of one. Canada holds good cards. The question is whether it plays them, or lets the other side set the rules while the table is still being built.

The Conversation

Jean-Christophe Bélisle-Pipon does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. OpenAI’s safety pledges in the wake of Tumbler Ridge aren’t AI regulation — they’re surveillance – https://theconversation.com/openais-safety-pledges-in-the-wake-of-tumbler-ridge-arent-ai-regulation-theyre-surveillance-278364

Lorsque la guerre prend des allures de prophétie : comment les récits apocalyptiques américains façonnent la guerre contre l’Iran

Source: The Conversation – in French – By André Gagné, Full Professor, Department of Theological Studies, Concordia University

Après que les États-Unis et Israël ont commencé à bombarder l’Iran, tuant certains des plus hauts dirigeants du gouvernement, dont le Guide suprême Ali Khamenei, ainsi que plus de 1 000 civils, certains des partisans évangéliques les plus fidèles de Trump ont rapidement présenté le conflit en termes de guerre religieuse.

Le matin des attaques, le prédicateur américain Franklin Graham, président de la Billy Graham Evangelistic Association et fondateur de Samaritan’s Purse, a publié sur X : « Priez pour nos militaires engagés dans l’opération contre l’Iran, pour le président @realDonaldTrump, et pour que le peuple iranien soit libéré de l’asservissement de l’islam. »

Dans mon livre, Ces évangéliques derrière Trump : hégémonie, démonologie et fin du monde, j’explique comment le dispensationalisme prémillénariste, une des grilles d’interprétation contemporaines de la fin des temps, demeure largement influente parmi les évangéliques américains. Le dispensationalisme fonctionne pour certains évangéliques à la fois comme une méthode d’interprétation biblique et comme un cadre pour en comprendre l’histoire. Les « dispensations » désignent des périodes distinctes de l’histoire, chacune instituée par Dieu pour régir et structurer l’ordre du monde.

Le dispensationalisme enseigne que le Christ reviendra avant la fin des temps afin d’établir sur Terre un règne de paix et de justice d’une durée de mille ans, communément appelé le Millénium.

Une feuille de route méthodique

Depuis l’attaque américaine contre l’Iran, Greg Laurie, fondateur et pasteur de la Harvest Christian Fellowship en Californie, a réalisé une série de vidéos promouvant sa lecture dispensationaliste de l’actualité. Pour Laurie, le prochain événement sur « le calendrier de Dieu » est l’enlèvement de l’Église (Rapture), moment où les croyants « nés de nouveau » sont ravis au ciel. Dans certaines interprétations des prophéties bibliques, l’enlèvement est suivi de la Grande Tribulation, une période de tourmente de sept ans. Certains croient que durant cette période, le peuple juif reconstruira son temple à Jérusalem, que des jugements divins frapperont la Terre et qu’une figure politique connue sous le nom d’Antéchrist accédera au pouvoir.

Cette période culmine dans une confrontation finale entre Jésus et les nations rassemblées par l’Antéchrist contre Israël appelée Armageddon. Après ce conflit, le Christ doit établir son règne millénaire depuis Jérusalem, où les nations du monde seront placées sous son autorité.

Certains évangéliques interprètent la lutte entre l’Iran et Israël à travers ce même prisme eschatologique.

Selon leur lecture, l’Iran, connu dans l’Antiquité sous le nom de Perse, serait identifié dans certains textes prophétiques comme l’une des nations destinées à jouer un rôle dans un conflit décrit dans Ézéchiel 38–39, souvent appelé la bataille de Gog et Magog.

L’influenceuse évangélique Traci Coston a également utilisé un argument numérologique pour renforcer la caractérisation de Trump comme un nouveau roi Cyrus, une idée popularisée par Lance Wallnau, un entrepreneur pentecôtiste influent. Coston écrit que l’Iran « vit sous un régime islamique oppressif depuis 47 ans » et souligne que Donald Trump est le 47e président des États-Unis. Elle le compare à « un dirigeant politique païen » que Dieu aurait oint « pour briser des verrous et infléchir le cours de l’histoire au profit de Son peuple ».

Trump a tiré parti de telles caractérisations à son égard et a repartagé sur son compte Truth Social, le 9 mars, une prophétie de 2007 faite par Kim Clement, un musicien, pasteur et figure prophétique populaire décédé en 2016.




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Combat spirituel et réveil de la fin des temps

Parmi certains dirigeants pro-Trump des milieux néo-pentecôtistes et néo-charismatiques, le conflit avec l’Iran est interprété comme un combat spirituel. Ils lisent les événements mondiaux comme les manifestations d’un affrontement continu entre forces divines et démoniaques, et estiment que la prière des chrétiens contribue à contenir, voire à repousser, ce qu’ils perçoivent comme des puissances maléfiques.

La veille de l’attaque, Lou Engle, prophète néo-charismatique américain, rappelle qu’en 2006, un groupe de soixante-dix croyants s’était rassemblé à Boston pour une période de prière continue de quarante jours et quarante nuits. Il cite la prophétie de Jérémie 49,34-38, qui annonce le jugement contre Élam – une région antique correspondant au sud de l’Iran actuel. S’appuyant sur ce passage, il affirme que les fidèles avaient prié pour que « Dieu brise l’arc de l’islam et établisse Son trône en Iran ».


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La fête juive de Pourim, célébrée les 2 et 3 mars, a aussi été instrumentalisée pour présenter le conflit actuel comme un combat spirituel.

Ce paradigme du combat spirituel puise ses racines dans la lecture que font certains dirigeants pentecôtistes pro-Trump des textes bibliques, où ils voient des affrontements cosmiques. C’est notamment le cas de Daniel 10,12-21, où des forces surnaturelles interviennent et influencent les conflits entre nations. En s’appuyant sur ces passages bibliques, des partisans influents de ce paradigme, comme Wallnau, affirment que c’est un « esprit territorial » qui alimente les conflits. Selon eux, seul le combat spirituel peut déloger cette influence : l’objectif est de briser le pouvoir des forces démoniaques qui entravent la diffusion de l’Évangile dans les régions réfractaires au christianisme.

De nombreux dirigeants néo-pentecôtistes pro-Trump adhèrent à une eschatologie victorieuse, selon laquelle le Royaume de Dieu s’étendra visiblement à travers le monde et l’Église connaîtra puissance, unité, maturité et gloire avant le retour du Christ.

Ce cadre offre une autre vision de la fin des temps, dans laquelle certains anticipent un grand réveil spirituel entraînant des conversions massives au christianisme.




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Une vision qui ne date pas d’hier

L’idée d’un réveil spirituel mondial à la fin des temps n’est pas nouvelle. Les premiers pentecôtistes étaient convaincus de vivre dans les derniers jours et considéraient le parler en langues comme un outil missionnaire. Grâce à cette capacité surnaturelle de parler des langues qu’ils n’avaient pas apprises, ils croyaient pouvoir parcourir le monde et proclamer l’Évangile avant le retour du Christ.

Plus tard, dans les années 1940, le mouvement connu sous le nom du Nouvel ordre de la pluie de l’arrière-saison (New Order of the Latter Rain) – qui connaît un réveil en 1948 à North Battleford, en Saskatchewan – adopte une vision similaire. Ses idées exerceront finalement une influence majeure sur le mouvement charismatique et sur les églises charismatiques indépendantes dans le monde entier. Le Nouvel ordre s’est séparé du pentecôtisme classique au Canada, dénonçant la « sécheresse spirituelle » qu’il y perçoit et cherchant à vivre une expérience spirituelle renouvelée.

Des « décisions fondées sur la théologie »

Lorsque le secrétaire d’État américain, Marco Rubio, affirme que le régime iranien prend des « décisions fondées sur la théologie, leur vision de la théologie qui est apocalyptique », et que le secrétaire à la Défense, Pete Hegseth, déclare que des « régimes fous, comme l’Iran, obsédés par des délires islamistes prophétiques, ne peuvent pas posséder d’armes nucléaires ; ce n’est que bon sens », cette rhétorique tend à présenter Téhéran comme étant uniquement mue par l’extrémisme religieux.

Pourtant, des dirigeants chrétiens alliés à Donald Trump ont été accueillis au Bureau ovale pour prier et lui imposer les mains. Trump a lui-même relayé des messages prophétiques sur son ascension politique, suggérant ainsi à ses partisans que sa présidence relevait de la volonté divine.

Le contraste est saisissant. Lorsque la croyance religieuse façonne la politique de rivaux, elle est qualifiée de théologie dangereuse, mais lorsqu’elle apparaît à Washington, elle est présentée comme une manifestation de la Providence divine.

La Conversation Canada

André Gagné ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Lorsque la guerre prend des allures de prophétie : comment les récits apocalyptiques américains façonnent la guerre contre l’Iran – https://theconversation.com/lorsque-la-guerre-prend-des-allures-de-prophetie-comment-les-recits-apocalyptiques-americains-faconnent-la-guerre-contre-liran-278747

Hundreds of hungry mosquitoes, a student volunteer and a mesh suit helped us figure out how these deadly insects reach their targets

Source: The Conversation – USA – By David Hu, Professor of Mechanical Engineering and Biology, Adjunct Professor of Physics, Georgia Institute of Technology

Trajectories of mosquitoes flying around a human target. David L. Hu, Georgia Tech

“Four minutes is too long.”

Man's arm with multiple pink raised welts
Some of Chris Zuo’s itchy results after his session with the mosquitoes.
David L. Hu

That’s the note undergraduate Chris Zuo sent me along with photos of countless mosquito bites on his bare skin. This full-body massacre wasn’t the result of a camping trip gone awry. He’d spent that limited amount of time in a room with 100 hungry mosquitoes while wearing nothing but a mesh suit we thought would have protected him.

Thus began our three-year journey trying to understand the behavior of a deceivingly simple insect, the mosquito. It may sound like a professor’s sadistic plan, but, really, we did everything by the book. Our university’s institutional review board approved our procedures, making sure Chris was safe and not coerced in any way. The mosquitoes were disease-free and native to our home state of Georgia. And this session resulted in the first and last bites anyone received during the study.

Besides my role as torturer of students, I am an author and professor at Georgia Tech with over 20 years of experience studying the movement of animals.

Mosquitoes are the world’s most dangerous animal. The diseases they carry, from malaria to dengue, cause over 700,000 deaths per year. More people have died from mosquitoes than wars.

The world spends US$22 billion per year on billions of liters of insecticides, millions of pounds of larvicides, and millions of insecticide-treated bed nets – all to fight a tiny insect that weighs 10 times less than a grain of rice and has only 200,000 neurons.

Yet, people are losing the war on mosquitoes. These insects are evolving to thrive in cities and spreading disease more rapidly with climate change. How can such simple animals find us so easily?

Scientists know mosquitoes have terrible eyesight and depend on chemical cues to make up for it. Knowing what attracts a mosquito, though, isn’t enough to predict its behavior. You can know a heat-seeking missile is drawn to heat, but you still won’t know how a missile works.

Enter Chris and his self-sacrifice in the mosquito room. By tracking the flight of many mosquitoes around him, we hoped to determine how they made decisions in response to his presence. Understanding how mosquitoes respond to humans is a first step to controlling them.

How mosquitoes zero in on their meal

Out of 3,500 species of mosquitoes, over 100 species are classified as anthropophilic, meaning they prefer humans for lunch. Certain species of mosquitoes will find the one person among a whole herd of cattle in order to suck human blood.

This is quite a feat considering mosquitoes are weak flyers. They stop flying in a slight 2-3 mph breeze, the same air speed generated by a horse’s swinging tail. In calmer conditions, mosquitoes use their minuscule brains to follow human heat, moisture and odors that are carried downwind.

Carbon dioxide, the byproduct of respiration of all living animals, is particularly attractive. Mosquitoes notice carbon dioxide as well as you notice the stink of a full dumpster, detecting it up to 30 feet (9 meters) away from a host, where concentrations dip to a few parts per million, like a few cups of dye in an Olympic-size pool.

Black outline of a G and T in left panel, in right panel black squiggles showing flight paths of mosquitoes around the letters
Like superfans, mosquitoes are drawn to the dark outline of the Georgia Tech logo.
David L. Hu, Georgia Tech

Mosquitoes’ vision isn’t much help as they hunt for their next blood meal. Their two compound eyes have several hundred individual lenses called ommatidia, each about the width of a human hair. They produce a somewhat blurry mosaic or pixelated image. Due to the laws of optics, mosquitoes can discern an adult-size human only at a few meters away. With their vision alone, they cannot distinguish a human from a small tree. They inspect every dark object.

Gathering the flight-path data

The challenge with studying mosquito flight is that, like trash-talking teenagers, most of what they do is meaningless noise. Mosquitoes flying in an empty room are largely making random changes in flight speed and direction. We needed many flight trajectories to cut through the noise.

A man lying on the ground, and shown in two images on a laptop screen in the foreground
In a mesh suit, Chris Zuo awaits the mosquitoes while questioning his life choices.
David L. Hu, Georgia Tech

One of our collaborators, University of California, Riverside, biologist Ring Cardé, told us that back in the 1980s, scientists conducted “bite studies” by stripping down to their underwear and slapping the mosquitoes that landed on their naked bodies. He said nudity prevented confounding variables, such as the color of a shirt’s fabric.

Chris and I looked at each other. Sit naked and wait to become mosquito prey? Instead, we designed the mesh suit that Chris originally wore into the mosquito room. But after seeing Chris’ bites, we needed a better way.

Instead, Chris washed long-sleeved clothes in unscented detergent and wore gloves and a face mask. Fully protected, Chris only had to stand and wait, while a cloud of mosquitoes swarmed him.

The U.S. Centers for Disease Control and Prevention introduced us to the Photonic Sentry, a camera that simultaneously tracks hundreds of flying insects in a room. It records 100 frames per second at 5 mm resolution for a space like a large studio apartment. In just a few hours, Chris and another graduate student, Soohwan Kim, generated more mosquito flight data than had previously been measured in human history.

100 mosquitoes flying around Chris Zuo for 10 minutes. Only a fraction of tracks are shown.

Jörn Dunkel, Chenyi Fei and Alex Cohen, our mathematician collaborators at MIT, told us that the geometry of Chris’ body was still too complicated to study the mosquitoes’ reactions. Mathematicians excel at simplifying complex problems to their essence. Chenyi suggested we go easy on Chris – why not replace him with a simple dummy: a black Styrofoam ball on a stick combined with a canister of carbon dioxide.

Over the next two years, Chris filmed the mosquitoes circling the Styrofoam dummies mercilessly. Then he vacuumed up the mosquitoes, trying not to get bitten.

Deciphering the trajectories

A mosquito flies like you would an airplane: it turns left or right, accelerates or hits the brakes. We determined a mosquito’s flight behavior as a function of its speed, location and direction with respect to the target as the first step in creating our model of their behavior.

Our confidence in our behavioral rules increased as we read more trajectories, ultimately using 20 million mosquito positions and speeds. This idea of incorporating observations to support a mathematical hypothesis is a 200-year-old idea called Bayesian inference. We illustrated the mosquito behavior we’d observed in a web application.

4 panels showing trajectory of a mosquito in the presence of no target, visual target, CO2 target or both.
A mosquito’s flight changes with the kind of target presented.
David L. Hu

Using our model, we showed how different targets cause mosquitoes to fly differently. Visual targets cause fly-bys, where mosquitoes fly past the target. Carbon dioxide causes double takes, where mosquitoes slow down near the target. The combination of a visual cue and carbon dioxide creates high-speed orbiting patterns.

Up until now, we had used only experiments with Styrofoam spheres to train our model. The true test was whether it could predict mosquito flights around a human. Chris returned to the chamber, this time wearing all white clothes and a black hat, turning himself into a bull’s-eye. Our model successfully predicted the distribution of mosquitoes around him. We identified zones of danger, where there was a high chance of a mosquito circling around him.

Predicting mosquito behavior is a first step toward outsmarting them. In mosquito-prone areas, people design houses with features to prevent mosquitoes from following human cues and entering. Similarly, mosquito traps suck in mosquitoes when they get too close but still allow between 50% and 90% of mosquitoes to escape. Many of these designs are based on trial and error. We hope that our study provides a more precise tool for designing methods for mosquito capture or deterrence.

When Chris’ mother attended his master’s degree defense, I asked her how she felt about her son using himself as bait for mosquitoes. She said she was very proud. So am I – and not just because I’m relieved Chris didn’t ask me to take his place in the mosquito chamber.

The Conversation

David Hu does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Hundreds of hungry mosquitoes, a student volunteer and a mesh suit helped us figure out how these deadly insects reach their targets – https://theconversation.com/hundreds-of-hungry-mosquitoes-a-student-volunteer-and-a-mesh-suit-helped-us-figure-out-how-these-deadly-insects-reach-their-targets-278486