Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arce Domingo Relloso, Profesora en Ciencia de Datos en Biotecnología, IE University

Rasel 1174/Shutterstock

En una colaboración sin precedentes, la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), el Colegio Americano de Cardiología (ACC), la Asociación Americana del Corazón (AHA) y la Federación Mundial del Corazón (WHF) han emitido una declaración conjunta exigiendo medidas inmediatas contra los estresores ambientales –contaminación, ruido, estrés climático…– para reducir la mortalidad cardiovascular.

El artículo, publicado simultáneamente en el European Heart Journal y otras revistas líderes en el área, advierte que es necesario abordar el cambio climático y la contaminación para luchar contra la que continúa siendo la primera causa de mortalidad a nivel mundial. El texto propone actuar localmente para lograr impacto global y llama a integrar contaminación, ruido, compuestos químicos y estrés climático en la prevención cardiovascular, del mismo modo que hoy integramos colesterol, hipertensión o tabaco.

Más de 13 millones de muertes al año

Durante décadas, la cardiología ha desarrollado tratamientos y medidas de prevención primaria y secundaria centradas únicamente en la persona: controlar la presión arterial, reducir el colesterol o dejar de fumar. Pero existe un punto ciego persistente: la exposición al entorno es un determinante clave del riesgo cardiovascular. Se estima que los factores de riesgo ambientales contribuyen a más de 13 millones de muertes anuales, superando la carga de muchos desencadenantes tradicionales.

Como apuntábamos más arriba, no se trata solo de contaminación del aire: el ruido crónico, la luz nocturna, los contaminantes químicos, la calidad del agua y del suelo y los impactos del cambio climático cada vez más frecuentes, como olas de calor o incendios, también juegan un papel fundamental.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi toda la población mundial (el 99 %) respira aire que supera los límites recomendados por sus guías de calidad. La combinación de diferentes factores ambientales se acumula con los años y va afectando a nuestra salud cardiovascular. El artículo conjunto de las sociedades de cardiología recalca que estos condicionantes no actúan aislados, sino que interactúan a través de vías biológicas compartidas como la inflamación y el estrés oxidativo.

Los datos de carga global de enfermedades nos muestran que no se trata de un impacto marginal. Ya en 2019, el análisis del estudio Global Burden of Disease situó la hipertensión como el principal factor de riesgo de mortalidad, seguida del tabaco, y ubicó a la contaminación del aire como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad (en el 4.º puesto). La temperatura no óptima es otro de los más relevantes (11.º).

Por eso, reducir la contaminación, el ruido o el calor urbano no es solo ecología: es prevención cardiovascular. Y también es prevención más justa, ya que estas exposiciones tienden a afectar de forma desproporcionada a poblaciones vulnerables, concentrándose en barrios con más tráfico, peor infraestructura de vivienda y menor capacidad de protección.

Plan de acción

Ante la previsión de que el 70 % de la población mundial vivirá en ciudades en 2050, el documento propone diseñar urbes cardiosaludables con transporte activo y espacios verdes. Las cuatro organizaciones presentan un plan de acción basado en:

  • 1. Abogacía política: alinear las políticas climáticas con la salud cardiovascular y buscar financiación para los países más afectados. Implementar normas urbanas más ambiciosas, ciudades con menos combustión y más transporte activo, así como zonas verdes.

  • 2. Educación: integrar la salud ambiental en los planes de estudio de medicina al mismo nivel que factores de riesgo tradicionales como el colesterol o el tabaquismo. Registrar esta información en consulta mediante herramientas simples, como preguntar por exposiciones (tráfico, calor, humo, ruido), enseñar medidas de protección realistas y usar alertas ambientales en la toma de decisiones en pacientes vulnerables.

  • 3. Investigación: crear observatorios globales para monitorizar la relación entre contaminación y enfermedades en tiempo real (calidad del aire, temperaturas, incendios, ruido…), permitiendo así cuantificar el impacto, identificar desigualdades y evaluar qué políticas funcionan.

  • 4. Nuevas guías: desarrollar recomendaciones armonizadas y aplicables para partículas en suspensión, calor extremo, ruido, ozono y exposiciones químicas. Además, convertirlas en indicadores operativos que permitan una actuación temprana, tanto en salud pública como en clínica.

Retroceso legislativo

El artículo pone de manifiesto la brecha existente entre el conocimiento científico sobre los riesgos ambientales y su traducción en herramientas comprensibles, personalizadas y operativas para la población y los profesionales sanitarios. A estas alturas, el principal freno no es la incertidumbre científica: es el choque entre proteger la salud y sostener determinados modelos de movilidad, producción y consumo. En ocasiones, no solo se trata de inacción, sino de retroceso.

Hace tan solo unos días, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) revocó el endangerment finding de 2009, la determinación que consideraba a los gases de efecto invernadero una amenaza para la salud pública, y que sustentaba la regulación de emisiones bajo la ley Clean Air Act. La consecuencia es clara: se debilita el soporte legal para normas sobre emisiones, empezando por las de vehículos, y se abre la puerta a un desmantelamiento regulatorio más amplio.

El hecho de que estas normas se reviertan y las emisiones aumenten en las próximas décadas tendrá impactos sobre el clima, la calidad del aire y la salud cardiovascular.

El papel de organizaciones científicas como la Sociedad Española de Epidemiología, a la que pertenecemos los autores de este artículo, no puede limitarse a generar consensos técnicos. La prevención cardiovascular del siglo XXI exige ampliar el foco desde el individuo al sistema, desde el paciente al entorno en el que vive. Reducir la contaminación no es solo una medida ambiental, es una intervención preventiva de primer orden, con beneficios rápidos, medibles y equitativos.

La epidemiología cardiovascular ha demostrado sobradamente su capacidad para cuantificar riesgos, muertes atribuibles y años de vida perdidos. El reto que tenemos por delante es convertir ese conocimiento en un relato comprensible, movilizador y políticamente relevante.

La pregunta ya no es si la contaminación causa enfermedades cardiovasculares, sino cuánto daño adicional estamos dispuestos a aceptar sabiendo que es, en gran medida, evitable.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Contaminación, ruido, estrés climático… Debemos actuar contra los factores ambientales que ponen en riesgo la salud cardiovascular – https://theconversation.com/contaminacion-ruido-estres-climatico-debemos-actuar-contra-los-factores-ambientales-que-ponen-en-riesgo-la-salud-cardiovascular-275596

¿Juega Dios a los dados? La respuesta cuántica a la frase más famosa de Einstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Aguilar Saavedra, Investigador científico del CSIC en física teórica de partículas elementales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Dados típicos en los juegos de rol. Wikimedia Commons., CC BY

“Dios no juega a los dados”, escribió Albert Einstein en 1926, en una carta a Max Born, para expresar su rechazo a la idea de que el azar fuera un rasgo fundamental de la naturaleza.

El matemático y físico Max Born (1882-1970).
Wikimedia Commons.

En este sentido, en el siglo XIX la visión científica del universo era completamente determinista. Pierre-Simon Laplace lo expresó de forma célebre en 1814: una inteligencia que conociera en cada instante la posición y la velocidad de todas las partículas podría ver el pasado y el futuro con total claridad. Desde el choque de bolas de billar hasta la trayectoria de un proyectil, todo estaría fijado por las condiciones iniciales.

Pierre Simon Marqués de Laplace (1745-1827), matemático y astrónomo francés.
CC BY

La revolución cuántica

La mecánica cuántica rompió con ese esquema. Max Born defendía que el azar es inherente a la mecánica cuántica.
Al observar un sistema, el resultado no está fijado: la teoría solo nos dice qué puede ocurrir y con qué probabilidad. Pero, para Einstein, limitarse a probabilidades indicaba que el formalismo cuántico estaba incompleto.

Einstein imaginaba que debían existir ciertas “variables ocultas” que, aunque inaccesibles, determinan el resultado de las mediciones. Y que, detrás de esa aparente aleatoriedad, debería existir una teoría más profunda (aún desconocida) completamente determinista.

Esta distinción permaneció en el plano filosófico hasta 1964, en que John S. Bell abordó el problema.

Lanzando monedas

Para ilustrar cómo se ponen a prueba estas ideas, imaginemos un experimento sencillo. Dos científicos, Cristina y Juan, han resuelto determinar si el azar existe en la naturaleza. Cada uno de ellos tiene una moneda cuántica que puede lanzar para obtener cara o cruz.

A diferencia de las monedas comunes, las monedas cuánticas tienen una característica muy peculiar: la probabilidad de obtener cara o cruz puede depender de la orientación del lanzador. Es decir, el resultado cambia si se lanza mirando al norte, al sur, al este o al oeste.

Ni Cristina ni Juan son capaces, por separado, de averiguar si el azar es real (es decir, si Born tiene razón) o aparente (si Einstein tiene razón). Lanzando una sola moneda en diferentes direcciones, es imposible saber si los resultados –aparentemente aleatorios– están determinados por alguna misteriosa variable oculta. Sin embargo, el panorama mejora cuando se juntan los dos.

Dos mejor que una

Cristina y Juan efectúan el siguiente experimento: lanzan repetidas veces sus monedas en diferentes direcciones, anotando el resultado. Ambos pueden elegir libremente si lanzan su moneda mirando al norte, suroeste, etc. Esto último se conoce como libre albedrío.

Y, dado que lanzan las monedas al unísono, la probabilidad de que Cristina obtenga cara o cruz no depende de la orientación que Juan elija a la hora de tirar su moneda, y viceversa. Esto se conoce como localidad, y está relacionado con que la información no puede viajar más rápido que la velocidad de la luz.

Bajo estas condiciones, si el mundo es determinista como Einstein defendía, deben cumplirse ciertas desigualdades que involucran la correlación entre los resultados obtenidos por Cristina y Juan.

Desigualdades de Bell

Cuando Cristina y Juan lanzan sus monedas, puede ocurrir que ambos obtengan el mismo resultado (ambos cara o ambos cruz), en cuyo caso diremos que hay una coincidencia. También puede ocurrir que obtengan resultados diferentes, en cuyo caso diremos que hay una no coincidencia. Con lanzamientos sucesivos podrán calcular una cifra a la que llamamos correlación P.

P = ( n.º coincidencias – n.º no coincidencias ) / n.º total

Si los resultados obtenidos por Cristina y Juan son independientes entre sí, después de muchos lanzamientos, obtendrán P = 0 aproximadamente. A la inversa, un valor no nulo para P indica correlación entre resultados.

Naturalmente, esta correlación P podrá depender de las orientaciones con las que Cristina y Juan eligen lanzar sus monedas: tendremos correlaciones P(a,b), donde “a” indica la orientación de Cristina y “b” la de Juan.

Por ejemplo, podemos imaginar que, si Cristina mira al norte y Juan al sur, obtengan P(norte,sur) = 1, lo cual indicaría que siempre coinciden. O que si Cristina mira al norte y Juan al este, tengan P(norte,este) = 0, es decir, que en ese caso obtienen coincidencia y no coincidencia en igual proporción.

Según Bell demostró, si los resultados del lanzamiento de las monedas cuánticas están determinados por algún tipo de variables ocultas, se tiene que cumplir

|P(a,b) – P(a,c)| <= 1 + P(b,c)

donde a, b y c son tres orientaciones fijas cualesquiera.

La naturaleza decide

Hemos descrito el experimento de Cristina y Juan en términos de “monedas cuánticas”, sistemas cuánticos con dos estados posibles. Estos sistemas existen: por ejemplo, los espines de muchas partículas elementales, como el fotón.

En sistemas de dos partículas con espines entrelazados, es posible observar que no se cumplen las desigualdades de Bell, así como tampoco se cumplen las desigualdades formuladas por John Clauser, Michael Horne, Abner Shimony y Richard Holt.

En particular, no se cumple la desigualdad de Bell para fotones, tal y como comprobaron Clauser, Alain Aspect y Anton Zeilinger –lo que les valió el premio Nobel de Física 2022–. Por tanto, un determinismo bajo las teorías enunciadas por Bell –libre albedrío y localidad– queda experimentalmente excluido. Dios sí juega a los dados.

¿El futuro está escrito?

Curiosamente, la evolución temporal en mecánica cuántica es determinista. La aleatoriedad se introduce con la observación de un sistema. Y observar no significa necesariamente que haya una persona mirando: en esta categoría también entran procesos naturales como la desintegración de una partícula.

Más aún: sabemos que el comportamiento de sistemas complejos es caótico (el conocido como efecto mariposa). Por tanto, podemos imaginar que el resultado un proceso cuántico aleatorio puede llevar, millones de años después, a la formación de una estrella… o no. El futuro no está escrito.

Quedan, sin embargo, dos escapatorias posibles que restauran el determinismo. Una es abandonar la idea de localidad. Por ejemplo, la mecánica bohmiana es una alternativa a la mecánica cuántica, determinista y no local. No obstante, el desarrollo de esta idea es muy limitado y no está claro que pueda acomodar el increíble espectro de experimentos que la mecánica cuántica explica a la perfección. En este caso, podría decirse que Dios no juega a los dados, pero tampoco respeta las fronteras del espacio.

La otra escapatoria entra ya dentro de la filosofía: el superdeterminismo. Según este pensamiento, toda la evolución del universo, incluyendo las elecciones de Cristina y Juan en el lanzamiento de sus monedas, fueron determinadas al principio de los tiempos. En este caso, Dios no juega a los dados y tampoco permite que nadie lo haga.

The Conversation

Juan Antonio Aguilar Saavedra es IP1 del proyecto de investigación “Fenomenología de física de partículas en colisionadores y factorías de neutrinos, en el modelo estándar y sus extensiones” PID2022-142545NB-C21, del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

ref. ¿Juega Dios a los dados? La respuesta cuántica a la frase más famosa de Einstein – https://theconversation.com/juega-dios-a-los-dados-la-respuesta-cuantica-a-la-frase-mas-famosa-de-einstein-273260

La generación que tendrá que aprender a preguntar: ¿vamos hacia la generación ‘prompt’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ricardo Palomo-Zurdo, Catedrático de Economía Financiera y Decano, Universidad CEU San Pablo

IVAN SHERSTIUK / ISTOCK

Una de las curiosidades de nuestro tiempo es cómo se bautiza a generaciones enteras. Con variaciones en fechas exactas y centradas en el ámbito norteamericano y europeo, el pasado siglo XX comenzó con la llamada generación perdida (1900-1914), seguida por la generación grandiosa (1915-1925), la generación silenciosa (1926-1945), la enorme generación de los baby boomers(1946-1964), la generación X (1965-1980), los millennials o generación Y (1981-1996), la Z (1997-2012) y la generación alfa (desde 2013 hasta la actualidad), con especificidades concretas como los mileniales o los coroniales.

Esta secuencia, que tendrá que reiniciarse creativamente tras la generación Z, refleja, en el fondo, la necesidad humana de ordenar el tiempo y etiquetar identidades colectivas conforme a un amplio grupo de características o un fenómeno temporal muy destacado (el boom de nacimientos o la pandemia, el cambio de siglo o milenio o unas simples letras, cuando no parece haber consenso para un nombre adecuado).

Poner nombre a la generación criada en la era de la IA

Hoy podría abrirse paso un nuevo bautismo generacional para la generación criada en la nueva era de la inteligencia artificial. Y si hay que asignarle nombre no creo que “generación IA” suene bien, pues otorgaría el protagonismo a los algoritmos y no a las personas. Viendo que la IA generativa tiene especial valor como solucionadora de preguntas y tareas, quizá un nombre adecuado sea “generación prompt” pues esta generación va a fundamentar buena parte de su conocimiento en las respuestas a sus prompts.

Si en las décadas de uso de los buscadores de internet el mérito ha sido saber buscar y seleccionar y en la era de las redes sociales lo relevante es saber compartir información, en la era de la inteligencia artificial el verdadero valor va a radicar en saber preguntar a la máquina. Ahora, quien sabe diseñar prompts efectivos tiene poder en el ecosistema digital, pues el lenguaje actúa como interfaz con la inteligencia artificial.

El valor de la pregunta

Un prompt no es más que una instrucción, una pregunta o un contexto para situar una cuestión. Sin embargo, se ha convertido en el eje de una nueva relación entre humanos y máquinas. Quien domina el arte del prompting obtiene respuestas más útiles, creativas o ajustadas a su necesidad de información. Pero el prompting no es neutro: los resultados dependen de cómo se pregunta y de las bases de datos sobre las que se entrenan los modelos.

Quienes saben diseñar preguntas adecuadas para interactuar con la IA adquieren una ventaja en la vida

Podría hablarse de una auténtica “alfabetización en el prompt”, tan decisiva como la alfabetización lectoescritora en siglos pasados. Entonces, quienes sabían leer y escribir tenían ventaja en el acceso al conocimiento. Hoy, quienes saben diseñar las preguntas adecuadas para interactuar con la inteligencia artificial adquieren una ventaja en la vida académica, profesional y social. Siempre y cuando, por supuesto, sigan sabiendo leer, escribir, discernir y contrastar la información que reciben.

El ser humano comenzó transmitiendo saberes de manera oral. Más tarde aprendió a conservarlos por escrito en papiros, piedra, arcilla y otros soportes físicos. La invención de la imprenta por Johannes Gutenberg (Alemania, 1440) supuso la primera gran revolución en la difusión masiva del conocimiento, aunque la alfabetización tardó siglos en generalizarse.

Inventos como la máquina de escribir (Latham Sholes, Samuel Soule y Carlos Glidden, en torno a 1868) y las telecomunicaciones favorecieron la expansión del conocimiento y la transmisión de información de modo global, con las destacadas contribuciones del telégrafo (Samuel Morse, 1837), la radio (Marconi y Tesla, entre 1896 y 1901) o la propia televisión (Paul Nipkow, 1884).

La segunda gran revolución en la difusión del conocimiento a escala global llegó en los años noventa del siglo XX con internet, que multiplicó exponencialmente el acceso a la información. Sobre ella se han construido redes sociales, plataformas de búsqueda y, desde 2023, el propio acceso público a la inteligencia artificial generativa.

LA IA obliga a pensar bien lo que se quiere preguntar

El acceso generalizado a la inteligencia artificial generativa ha introducido una novedad radical: el conocimiento fluye desde las máquinas hacia las personas sin que éstas deban seleccionar entre opciones resultantes de búsquedas en internet (aunque la máquina haya sido “nutrida” con lo que han creado las personas). La IA generativa busca, procesa y selecciona el resultado que ofrece, pero obliga a pensar bien lo que se quiere preguntar si queremos asegurar respuestas de mejor calidad.

La sociedad del prompt rescata una condición humana esencial: preguntar. Durante décadas, los sistemas educativos han tendido a premiar la memorización de respuestas más que la formulación de interrogantes. Ahora, paradójicamente, una máquina nos obliga a reaprender la importancia de preguntar bien.

Para ello hacen falta dos ingredientes esenciales:

  1. Ideas previas y conocimiento general, que orientan hacia preguntas profundas y útiles.

  2. Curiosidad intelectual como motor de la innovación y del anhelo de conocimiento.

El estudiante que no se hace preguntas a sí mismo y que no tiene conocimientos previos y deseo de aprender sobre una materia, difícilmente desarrollará el pensamiento crítico. En este sentido, la IA puede actuar como estímulo para despertar la curiosidad, siempre que se gestione con cautela y con criterio. La curiosidad debería ser inherente a toda persona con inquietud por saber, más aún de un estudiante. La inquietud intelectual, el gusto por el conocimiento, el debate o la reflexión sobre múltiples materias podría verse favorecido con el apoyo de la IA generativa.

Esta tecnología, además de ofrecer respuestas –no siempre certeras o libres de sesgos o, a veces, simplemente alucinaciones computacionales– ayuda a descargar en la algoritmia tareas rutinarias y tediosas. Así, uno de los ámbitos donde la IA comienza a desplegar su enorme potencial es la burocracia. Desde cumplimentar formularios hasta verificar documentos o redactarlos, las máquinas prometen acelerar procesos que consumen una parte significativa del tiempo de ciudadanos y empresas que deberían liberar tiempo para un mayor conocimiento y reflexión.

Una promesa de aceleración burocrática

Esta promesa de aceleración burocrática lleva a una reflexión incómoda: ¿por qué los humanos hemos generado una burocracia tan densa que ahora necesitamos de las máquinas para sobrellevarla? Tal vez la verdadera oportunidad no sea digitalizar los trámites existentes, sino replantearlos. La inteligencia artificial puede contribuir a rediseñar los sistemas de verificación de identidad, control o suministro de información para, mediante el uso de nuevas tecnologías, como las basadas en la criptografía, hacerlos más ágiles, transparentes y seguros.

A medida que transferimos a la máquina el trabajo que no queremos hacer, vamos probando tareas más complejas. Simultáneamente, las máquinas también mejoran en su rendimiento y precisión.

Aprender sobre la marcha

Estos primeros años de uso de la IA hemos aprendido a refinar las preguntas que lanzamos. Es decir, a pedir, precisar y contextualizar los prompts. Sin embargo, el entusiasmo por la IA no debe ocultar sus riesgos:

  • Dependencia cognitiva: delegar demasiado en las máquinas puede atrofiar el esfuerzo intelectual de búsqueda y síntesis.

  • Pérdida de fuentes no digitalizadas: buena parte del conocimiento sigue en archivos, bibliotecas y manuscritos que no han sido procesados por sistemas digitales. Rebuscar entre libros “físicos” sigue siendo una experiencia personal insustituible.

  • Sesgos y opacidad: no debe olvidarse que lo que responden los modelos depende de cómo se pregunta y de los datos con los que se entrenan.

La sociedad del prompt puede caer en la comodidad de la respuesta inmediata y olvidar el placer de descubrir, de contrastar y de investigar por medios propios. Por ello, la generación prompt corre el riesgo de acomodarse y delegar el esfuerzo de búsqueda de información a la máquina. Hojear libros o bucear entre viejos archivadores con anotaciones manuales forma parte de la pasión y de la magia de la curiosidad y la investigación.

La generación prompt y el reto educativo

La generación prompt no es una cohorte de edad sino una condición cultural, social y de conocimiento. Formarán parte de ella quienes aprendan a convivir con sistemas inteligentes y formulen preguntas con criterio. Para que prospere, hace falta una educación que fomente la inquietud intelectual y el juicio crítico.

Las universidades y centros educativos no pueden limitarse a prohibir o denostar la IA. El reto será integrarla como herramienta pedagógica. Enseñar a los estudiantes a distinguir respuestas plausibles de respuestas válidas, a contrastar fuentes, a usar la máquina para profundizar y no para evadir el esfuerzo.

Puede parecer pretencioso, pero no es descabellado pensar que parte de la educación y del trabajo de la sociedad del futuro será, en buena medida, el correspondiente a la sociedad del prompt. No basta con tener acceso a la IA: lo decisivo es saber preguntar con creatividad, criterio y ética.

Como en toda alfabetización, el riesgo de exclusión existe: no todos tienen el mismo acceso, ni la misma formación, ni la misma curiosidad. Por ello, urge promover programas educativos que desarrollen competencias críticas y fomenten la inquietud intelectual desde edades tempranas.

La pregunta clave es si estamos preparados para educar a la generación prompt , o si dejamos que crezca sin guía en un mundo donde preguntar bien puede marcar la diferencia entre la emancipación y la dependencia.

Probablemente, la sociedad del futuro no será sólo la sociedad de la información, ni de la red, ni del conocimiento: también será la sociedad del prompt.


Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Ricardo Palomo-Zurdo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La generación que tendrá que aprender a preguntar: ¿vamos hacia la generación ‘prompt’? – https://theconversation.com/la-generacion-que-tendra-que-aprender-a-preguntar-vamos-hacia-la-generacion-prompt-276597

El carbono negro que respiramos: de la hoguera ancestral a la nueva ley europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Coz, Científica Titular en la Unidad de Caracterización y Control de la Contaminación Atmosférica, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

VVVproduct/Shutterstock

Por primera vez, se incorpora a la legislación europea el carbono negro como un contaminante de control obligatorio. Está en la atmósfera desde las primeras hogueras de la humanidad, es altamente lesivo para el organismo y un calefactor radical de la atmósfera. La buena noticia es que desaparecería rápido si dejásemos de emitirlo.

La fina piel de aire

Vivimos confinados en una burbuja de una delicadeza extrema. La vida en la Tierra depende de una capa de aire tan fina que, en proporción, se parece a la piel de una manzana. Esta envoltura invisible nos regala el oxígeno y nos separa del vacío. Hoy, sin embargo, este espacio vital está saturado de contaminantes que no vemos.

La fragilidad atmosférica es una emergencia sanitaria de primer orden. Según el informe State of Global Air 2024, la contaminación del aire es el segundo factor de riesgo de mortalidad global. Provoca 8,1 millones de muertes anuales, superando los estragos del tabaquismo.

Según la Organización Mundial de la Salud, casi toda la humanidad respira aire que supera los límites de seguridad. Aquí entra en juego un componente clave: el carbono negro.

Un enemigo con dos rostros

El carbono negro u hollín es un producto de la combustión incompleta de combustibles fósiles, biocombustibles y biomasa especialmente dañino. Actúa en dos frentes críticos de forma simultánea.

Desde el punto de vista de la salud, sus partículas son diminutas y penetran profundamente en el sistema respiratorio. Pero el daño va mucho más allá de los pulmones. Pueden entrar en la sangre, traspasando la barrera alveolar. Así, inflaman las arterias, dañan el corazón y aceleran los procesos de desarrollo y envejecimiento neuronales.

Desde la perspectiva climática, este contaminante es un calefactor atmosférico extraordinario. A diferencia del principal agente de calentamiento global, el dióxido de carbono (CO₂), que actúa de forma gradual, las partículas de carbono negro absorben la radiación solar con gran eficacia. Calientan el aire al instante y aceleran el deshielo cuando se depositan sobre los glaciares.

Sin embargo, este impacto inmediato ofrece una oportunidad única. A diferencia del CO₂, que permanece siglos en la atmósfera, el carbono negro desaparece en pocos días si dejamos de emitirlo. Esto se traduce en una mejora casi instantánea en la calidad del aire y el clima.

El fin de la invisibilidad legal

El ser humano convive con este hollín desde la aparición del fuego. Sin embargo, su impacto se volvió global y peligroso tras la Revolución Industrial. El uso masivo de combustibles fósiles y las quemas descontroladas de biomasa han saturado nuestra atmósfera. Paradójicamente, el carbono negro ha permanecido durante décadas en una sombra regulatoria.

Esta situación ha cambiado con una nueva Directiva de la Unión Europea aprobada a finales de 2024 —la Directiva (UE) 2024/2881—. Por primera vez, se incorpora el carbono negro como un contaminante de control obligatorio. La norma impulsa una infraestructura científica avanzada en casi todo el continente. Los países deben establecer los llamados “supersitios” de monitorización.

Estos centros irán más allá de medir el peso de las partículas en suspensión. Su tecnología permitirá identificar características específicas. Pasaremos de pesar la contaminación a entender qué estamos respirando realmente.

Tráfico e incendios: el color de la combustión

La peligrosidad del carbono atmosférico depende de cómo se queme la materia. En el tráfico rodado, los motores generan un carbono negro muy puro. Sus partículas forman racimos microscópicos que atrapan la luz solar con fuerza y entran con facilidad en nuestro organismo. Esto contribuye directamente a elevar la temperatura de la atmósfera urbana.

En los grandes incendios forestales, la dinámica es diferente. Cuando el fuego es intenso, el carbono emitido es similar al de los coches. Pero cuando el incendio pierde energía y solo quedan rescoldos, la forma de las partículas cambia. Aparece entonces el denominado “carbono marrón”.

Estas partículas marronáceas también calientan el planeta, pero absorben preferentemente la luz ultravioleta. Visualmente, este componente crea una huella óptica distinta al hollín de las ciudades. La tecnología de los supersitios permitirá vigilar ambas variantes para proteger mejor a la población.

Cuidar la vida

Esta nueva ley europea supone una victoria de la ciencia sobre la invisibilidad. Al vigilar este contaminante, Europa reconoce que el carbono negro es un enemigo de doble filo. Es un riesgo para nuestros pulmones y un acelerador del cambio climático.

Entender que el humo de un escape o de un incendio altera todo el ecosistema es vital. Ese conocimiento nos permite valorar la importancia de la atmósfera que nos rodea. Es el primer paso para sanar esa fina piel de aire que nos regala la vida.

Proteger este espacio es protegernos a nosotros mismos. Cada medida para limpiar el aire refuerza el escudo que nos separa del vacío. Es nuestra responsabilidad cuidar la burbuja que garantiza nuestra existencia.

The Conversation

Esther Coz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El carbono negro que respiramos: de la hoguera ancestral a la nueva ley europea – https://theconversation.com/el-carbono-negro-que-respiramos-de-la-hoguera-ancestral-a-la-nueva-ley-europea-275273

En lugar de una pantalla, una ‘cesta de los tesoros’: Elinor Goldschmied y su propuesta para el desarrollo infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gabriel Díaz Cobos, Profesor del departamento de didácticas aplicadas, sección Educación Física: movimiento, motricidad, actividad física, cognición y aprendizaje, Universitat de Barcelona

Un niño de once meses explora los objetos de una ‘cesta de los tesoros’. Gabriel Díaz Cobos.

Un bebé de entre seis y doce meses se sienta, se inclina, alcanza un objeto, lo gira, lo golpea, lo sacude, lo observa, lo lleva a la boca y, sin que nadie se lo pida, vuelve a empezar. A simple vista, podría parecer que “solo juega”. En realidad, está haciendo algo mucho más relevante: está construyendo las bases neuromotoras y cognitivas sobre las que se sostendrá su aprendizaje futuro.

La pregunta no es menor: ¿de qué es capaz un niño en esta etapa… y qué le estamos ofreciendo para que pueda desplegarlo?

Foto en blanco y negro de una mujer y un niño.
Elinor Goldschmied con su hijo Marco.
Dariopadovani/Wikimedia Commons, CC BY

Un principio básico del desarrollo infantil es que el cerebro temprano no se organiza a partir de información abstracta, sino a partir de la experiencia corporal. El esquema sería: experiencia → sinapsis → pensamiento → aprendizaje.

Este encadenamiento es especialmente sensible en la primera infancia, entre los 0 y los 3 años. Y es aquí donde la obra de la pedagoga británica Elinor Goldschmied (1910-2009) resulta hoy más actual que nunca.

Qué hace un niño pequeño cuando nadie le “enseña” a jugar

Para entender por qué Goldschmied sigue siendo relevante, basta con observar con atención al niño pequeño. Un bebé no “consume” estímulos: actúa. Explora, prueba, toca, sacude, golpea… y decide. Decide qué objeto tomar, cuánto tiempo sostenerlo, qué ocurre si lo deja caer, si pesa, si suena, si es frío o cálido.

En el fondo, se activa una pregunta tan simple como estructurante: ¿qué es esto? Y, de manera implícita, otras igual de importantes: ¿qué hace?, ¿qué busca?, ¿qué le interesa?, ¿qué aprende?, ¿qué piensa?

Objetos con peso, textura y volumen

El desarrollo no avanza por instrucciones externas, sino por una exploración interna sostenida. Y esa exploración necesita un mundo que responda: objetos con resistencia, con peso, con textura, con volumen y con variaciones reales. Cuando la experiencia se empobrece, cuando el niño pasa demasiado tiempo inmóvil frente a estímulos visuales rápidos, no solo se pierde movimiento. Se pierden oportunidades de atención profunda, de coordinación y de autorregulación.

La investigación reciente respalda esta idea. Se ha mostrado cómo una mayor exposición temprana a pantallas se asocia con peores resultados en funciones ejecutivas como la atención sostenida y el control inhibitorio, procesos estrechamente vinculados al aprendizaje posterior. Desde una perspectiva neuroeducativa, no se trata de un efecto directo de la tecnología, sino del desplazamiento de experiencias corporales activas necesarias para el desarrollo cognitivo.




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Una propuesta pedagógica simple y precisa

Goldschmied formuló una idea que, leída hoy, parece pensada para la era digital: si queremos proteger el desarrollo temprano, debemos ofrecer situaciones en las que el niño pueda explorar con el cuerpo entero, con libertad y con materiales bien elegidos. Su propuesta más conocida, la cesta de los tesoros, responde exactamente a este principio.

No es una actividad vistosa ni una manualidad. Es una situación pedagógica cuidadosamente preparada. Un cesto bajo, estable y sin asas, presentado como propuesta única, sin competir con otros estímulos, sin interferencias constantes.

En su interior, una selección deliberada de objetos, no juguetes cerrados ni electrónicos, que ofrecen múltiples posibilidades de acción. Goldschmied fue especialmente precisa en la selección de materiales. La cesta funciona si los objetos han sido elegidos con criterio. No vale cualquier cosa.

Materiales cuidadosamente elegidos

El adulto no dirige el juego, pero sí diseña las condiciones: escoge materiales y cualidades que permitan una exploración rica, segura y variada. Los materiales cotidianos y naturales (madera, metal, tela, cuero, vidrio, cerámica o papel) ofrecen lo que una pantalla no puede ofrecer: peso, temperatura, rugosidad, elasticidad, olor y sonidos reales. Esta diversidad no es decorativa; es el mecanismo que obliga al sistema sensorial y motor a ajustarse, a afinar y a comparar.

Los objetos no están ahí para entretener, sino para responder. Para abrir experiencias. Para permitir que el niño descubra, por sí mismo, qué puede hacer con el mundo. Esta propuesta se inscribe dentro del enfoque conocido como juego heurístico, centrado en la exploración autónoma de materiales cotidianos y naturales en la primera infancia.

Experiencias motrices y funciones ejecutivas

Desde el punto de vista cognitivo, estas experiencias activan procesos de resolución de problemas, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. Estudios recientes indican que las experiencias motrices ricas y variadas en edades tempranas se asocian con un mejor desarrollo de las funciones ejecutivas, especialmente cuando implican toma de decisiones y variabilidad motriz.




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Experimentar vs ‘entretener’

Cuando para que un niño no se “aburra” le ofrecemos un vídeo en una pantalla, este estímulo intenso no le exige ajuste postural, coordinación corporal o regulación del propio movimiento. Por esta razón organizaciones como la Organización Mundial de la Salud insisten en limitar estrictamente el uso de pantallas en los primeros años de vida y priorizar el juego activo, el sueño y la interacción con el entorno físico.

La propuesta de Goldschmied no se sostiene solo por los objetos, sino por el rol del adulto. Este selecciona materiales, prepara el entorno y garantiza seguridad, pero no dirige la acción. Observa, registra e interpreta.

Esta presencia estable y poco intrusiva favorece la autonomía y la autorregulación. Cuando el adulto interviene constantemente, el niño depende de la regulación externa. Por eso, si el adulto de pronto no está accesible, el niño lo reclama y se “aburre” solo. Pero cuando el entorno es rico y la intervención es ajustada, el niño sostiene la atención, explora con mayor profundidad y construye conocimiento propio.

La arquitectura corporal del pensamiento

Un niño que pasa largos periodos inmóvil frente a un dispositivo no solo pierde movimiento. Pierde contacto con aquello que estructura el pensamiento temprano: la exploración manual y oral, la coordinación corporal, la gravedad, el desequilibrio, la repetición y la creación. En términos funcionales, pierde parte de la arquitectura corporal del pensamiento.

Por eso, la pedagogía de Elinor Goldschmied no es una mirada al pasado, sino una respuesta profundamente contemporánea. La primera infancia no se construye con píxeles. Se construye con manos ocupadas, objetos reales, movimiento libre y vínculos humanos estables.

Goldschmied lo formuló con claridad. La ciencia actual lo demuestra. La decisión, ahora, es educativa.

The Conversation

Gabriel Díaz Cobos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En lugar de una pantalla, una ‘cesta de los tesoros’: Elinor Goldschmied y su propuesta para el desarrollo infantil – https://theconversation.com/en-lugar-de-una-pantalla-una-cesta-de-los-tesoros-elinor-goldschmied-y-su-propuesta-para-el-desarrollo-infantil-275859

Crece el talento sénior en un país envejecido, pero las empresas españolas siguen sin saber utilizarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Puyol, Catedrático de Geografía Humana. Presidente de UNIR, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Hananeko_Studio/Shutterstock

En los últimos cinco años, la situación laboral de los trabajadores sénior en España ha experimentado una mejora clara y sostenida. Hay más personas mayores de 55 años activas, más empleo y, en términos relativos, menos desempleo. Sin embargo, estos avances conviven con una realidad menos alentadora: España continúa desaprovechando una parte relevante de su talento más experimentado, justo cuando el envejecimiento demográfico convierte esta cuestión en un reto económico y social de primer orden.

Los datos más recientes sobre este sector del mercado laboral, analizados en el V Mapa de Talento Senior del centro de investigación Ageingnomics de la Fundación Mapfre, permiten observar ese cambio con perspectiva. Entre 2019 y 2024, la evolución ha sido positiva en la mayoría de los indicadores, pero el análisis agregado revela una paradoja persistente: el sistema mejora, aunque no lo suficiente para responder a la magnitud del desafío demográfico que afronta el país. Esta paradoja ya había sido identificada en ediciones anteriores y en otros informes institucionales sobre la situación de los trabajadores de más edad en España y Europa.

El sénior quiere alargar su vida laboral

La población sénior –de entre 55 y 69 años– ha crecido en más de un millón de personas en los últimos cinco años. Lo relevante no es solo ese incremento, sino que también han aumentado en más de un millón los séniores en activo. Esto indica que si antes una parte importante de la población dejaba de estar en activo al alcanzar esas edades, quienes ahora superan los 55 años siguen dispuestos a trabajar.

Evolución de la actividad de los séniores entre 2019 y 2024 (población en miles y % sobre el total de población activa).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Las tasas de actividad y de empleo han aumentado en todos los subgrupos del colectivo hasta superar, por primera vez, el 50 % de actividad total de este sector demográfico. Recordemos que la tasa de actividad se refiere a la población activa –aquella en edad de trabajar (estadísticamente, los mayores de 16 años) que puede estar empleada o en paro, pero buscando trabajo activamente– sobre el total de la población. No es lo mismo que la tasa de empleo, que se refiere a las personas empleadas sobre el total de la población activa.

Tasas de actividad de los séniores entre 2019 y 2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

También se ha incrementado de forma significativa el número de ocupados sénior, con avances especialmente intensos en los tramos de 60 a 64 y de 65 a 69 años.

Evolución del empleo de los séniores entre 2019 y 2024 (en miles).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Trabajar más allá de los 55 años se ha convertido en una realidad estructural del mercado laboral español, como muestran de forma consistente los sucesivos mapas de talento sénior, publicados entre 2019 y 2025.

España envejece y trabaja más años

Este cambio se produce en un contexto demográfico muy concreto. España envejece con rapidez y lo hace, además, de manera progresivamente feminizada. El crecimiento de la actividad se produce en todas las cohortes sénior, pero especialmente en el colectivo de las mujeres.

Hombres y mujeres sénior activos entre 2019 y 2024 (en miles).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.
Hombres y mujeres sénior ocupados entre 2019 y 2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Este proceso obliga a replantear la relación entre edad y trabajo. No se trata únicamente de alargar la vida laboral, sino de adaptar organizaciones, puestos y trayectorias profesionales a carreras más largas y menos lineales. El envejecimiento no es una anomalía del sistema productivo, sino el nuevo marco en el que este tiene que operar.

Más séniores ocupados que jóvenes

Uno de los datos más llamativos del panorama actual es que hoy hay más séniores ocupados que jóvenes ocupados. La diferencia supera ampliamente el medio millón de personas y se ha ampliado de forma notable en apenas un lustro.

Activos jóvenes y séniores (en miles). Análisis comparativo 2019-2024.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Este hecho suele alimentar interpretaciones simplistas basadas en una supuesta competencia entre generaciones. Sin embargo, el problema no es que trabajen más los mayores, sino que el mercado laboral español sigue mostrando dificultades estructurales para integrar a los jóvenes.

El reto no es redistribuir un número fijo de empleos por edad, sino mejorar la eficiencia del sistema para incorporar talento a lo largo de todo el ciclo vital.

España avanza, pero sigue lejos de los líderes europeos

Aunque España ha reducido la brecha en tasas de actividad sénior con algunos países de su entorno, continúa lejos de las cifras de economías como Suecia o Alemania, donde la participación laboral en edades avanzadas es claramente superior.

El principal punto débil sigue siendo el desempleo sénior. En términos absolutos, España presenta uno de los mayores volúmenes de personas mayores de 55 años en paro a pesar de contar con una población activa menor que otros países europeos.

Tasas de desempleo de los séniores europeos (2019-2023).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.
Población de 65 años y más en diferentes países europeos (2019-2023).
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Perder el empleo a edades avanzadas continúa siendo una antesala de la exclusión prolongada, y muchas veces sin vuelta atrás, del mercado de trabajo, una situación identificada como uno de los principales riesgos sociales asociados al envejecimiento laboral.

El autoempleo sénior: refugio y oportunidad

Otra de las grandes transformaciones del periodo analizado es el trabajo autónomo de los séniores. Más de un tercio de los autónomos en España ya están en ese grupo demográfico y existen casi cinco veces más autónomos mayores que jóvenes.

Peso de las modalidades de trabajadores sénior en función de diferentes tramos de edad.
Fuente: V Mapa del Talento Sénior, Fundación Mapfre.

Para muchos profesionales, el autoempleo se ha convertido en una vía de continuidad laboral cuando el empleo asalariado deja de ser una opción viable. Además, el emprendimiento sénior presenta tasas de supervivencia superiores a las de otros tramos de edad gracias al valor acumulado de la experiencia, las redes profesionales y el conocimiento del mercado. En este sentido, la idea de tener una “segunda carrera” resulta clave para entender el potencial económico y social de estas trayectorias profesionales más largas.

Sin embargo, esta solución tiene límites evidentes. La mayoría de los autónomos sénior son autoempleados sin asalariados, lo que reduce su impacto en términos de productividad, crecimiento empresarial y generación de empleo. El autoempleo sénior es, al mismo tiempo, una oportunidad de inclusión y un síntoma de las carencias del mercado laboral. En esta línea, se deberían establecer políticas públicas que incentiven este emprendimiento.

Adaptación y planificación

El discurso empresarial en torno al talento sénior ha evolucionado de forma notable. Una amplia mayoría de responsables de recursos humanos afirma que la edad ya no es un impedimento para contratar. Sin embargo, una proporción significativa de empresas reconoce que no se plantea incorporar profesionales séniores en sus procesos de selección.

Las proyecciones para los próximos cinco años anticipan un nuevo aumento de la población mayor de 55 años. De ahí la paradoja de disponer de un volumen creciente de talento experimentado y, al mismo tiempo, no integrarlo plenamente en el sistema productivo. Este escenario plantea retos claros en tres niveles:

  1. Para las propias personas, que deben asumir que una vida más larga exige, en muchos casos, trayectorias laborales también más extensas para garantizarse los recursos que sostengan su bienestar a lo largo de todo el ciclo vital.

  2. Para las empresas, que están llamadas a replantear sus políticas de gestión de personas y a adaptar los modelos de carrera, la formación y la organización del trabajo a plantillas cada vez más diversas en edad.

  3. Para las administraciones públicas, que deben ajustar sus políticas públicas a esta nueva realidad demográfica y laboral, dificultando la salida anticipada del mercado de trabajo, alineando los incentivos con la prolongación de la vida activa y avanzando en marcos regulatorios coherentes con los que ya aplican otros países europeos con mayores tasas de participación laboral en edades avanzadas.

Un reto menos demográfico de lo que parece

El principal mensaje que deja este análisis es claro. El problema del talento sénior en España no es solo demográfico, sino empresarial, social y político. No faltan personas con capacidad y experiencia, faltan estructuras que sepan mantener a ese capital humano de forma eficaz y sostenible.

Pasar de la aceptación retórica del talento sénior a su incorporación real en el mercado de trabajo es una de las claves para la competitividad y la sostenibilidad del Estado del bienestar, y la cohesión social en los próximos años.

The Conversation

Iñaki Ortega Cachón es consejero asesor del centro de investigación ageingnomics de la Fundación Mapfre

Alfonso Jiménez y Rafael Puyol no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Crece el talento sénior en un país envejecido, pero las empresas españolas siguen sin saber utilizarlo – https://theconversation.com/crece-el-talento-senior-en-un-pais-envejecido-pero-las-empresas-espanolas-siguen-sin-saber-utilizarlo-273888

El regreso del asesinato elegante: ¿por qué el ‘cozy crime’ nos seduce en la era del ‘true crime’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alicia Nila Martínez Díaz, Profesor Acreditado Contratado Doctor Filología Hispánica, Universidad Villanueva

Imagen promocional de la serie _Solo asesinatos en el edificio_- The Walt Disney Company

Hubo un tiempo en que los crímenes se resolvían en el salón de una mansión inglesa o en un lujoso tren con destino a Oriente. Una conversación afilada, un detalle aparentemente inocente y la despierta inteligencia de un detective elegante bastaban para resolver el asesinato.

Hoy, el relato criminal aparece dominado por guantes de látex y sangre impúdica. El true crime coloniza pantallas y auriculares con su eterna promesa de verdad descarnada. Sin embargo, el denominado cozy crime (que en español significaría “misterio acogedor”) vive una inesperada y desconcertante resurrección.

Portada del libro El asesinato de Roger Ackroyd de Agatha Christie

Planeta de Libros

Cuando se cumplen cincuenta años de la muerte de Agatha Christie y cien de la publicación de su primera novela, El asesinato de Roger Ackroyd, el regreso de este subgénero invita a preguntarse ¿por qué volvemos a elegir el enigma frente al espectáculo?

Cuando el crimen llama a tu puerta

El cozy crime regresa para plantar una semilla de controlada inquietud en la domesticidad de sus lectores. Con él vuelven las historias situadas en espacios acotados: pueblos pequeños, comunidades de vecinos, entornos domésticos… Lugares reconocibles donde el crimen irrumpe como una anomalía que quiebra el equilibrio natural del mundo.

Ese desajuste exige ser comprendido y solucionado, aunque la violencia rara vez ocupe el primer plano. En lugar de vísceras y sangre, el cozy crime privilegia la sagacidad, el razonamiento astuto y la conversación mesurada. El detective –a menudo amateur– investiga dejándose guiar por su intuición y conocimiento del entorno más que por la criminalística.

El placer de estos relatos no reside en el impacto, sino en la resolución del enigma; un reto que el autor plantea a un lector activo, llamado a participar en una solución que restaure el ordo naturalis del relato.

No es casual que este modelo reaparezca hoy en novelas como El club del crimen de los jueves o La primera agencia de mujeres detectives y en las series Los asesinatos de Midsomer o Solo asesinatos en el edificio. Aquí el predominio del dato científico es sustituido por “el factor humano”, motor imprescindible para la comprensión del crimen.

Una nueva pedagogía del mal

Desde sus orígenes, la novela policíaca ha funcionado como un género de regulación social: pone en escena la transgresión, la nombra y la devuelve al lector convertida en relato comprensible.

Esa necesidad de encauzar el horror sin negarlo entronca con una vieja tradición estética formulada por el teatro neoclásico: el decoro. El cozy crime se inscribe con naturalidad en esa genealogía.

Imagen de la adaptación cinematográfica de la novela _El club del crimen de los jueves_.
Imagen de la adaptación cinematográfica de la novela El club del crimen de los jueves.
Netflix

No se trata de suavizar el mal, sino de someterlo a una forma. De ahí el patetismo contenido, bien alejado del sentimentalismo exacerbado que explota el dolor como impacto inmediato. Lo policíaco saja nuestra podredumbre moral y la pone sobre el tapete, pero lo hace regulando el horror y ofreciendo al mal un marco de sentido.

Como escribió Stendhal, la literatura es un espejo que se pasea a lo largo del camino. La novela policíaca –especialmente el cozy crime– ha sido siempre ese espejo incómodo que devuelve a la comunidad el reflejo de sus grietas e hipocresías al transformar el crimen en un retrato de la sociedad que lo produce.

Cuando el crimen se vestía de gala para cenar

Este revival del cozy crime se inserta con soltura dentro de una tradición literaria forjada en el tiempo. El policiaco es un género literario hecho a sí mismo –como otros también populares–, que afiló sus armas en el fragor de la batalla.

Edgar Allan Poe lo inauguraba poniendo a trabajar a la razón con monsieur Dupin; Arthur Conan Doyle le cedió método, pipa y capa con Sherlock Holmes y Chesterton introdujo la paradoja moral con el personaje del padre Brown, demostrando que para resolver asesinatos hacía falta conocer bien las entretelas de la condición humana.

Ilustración de un hombre mirando montaña abajo.
Sherlock Holmes en las cataratas de Reichenbach, por Frederick Dorr Steele, portada de Collier’s Weekly.
Wikimedia Commons

La novela policíaca iba paulatinamente aquilatando su maquinaria: menos puñetazo y más deducción, menos persecución y más conversación. Una tradición que convertiría el delito en un rompecabezas intelectual y al detective en una figura casi doméstica, invitado habitual en nuestras bibliotecas y pantallas.

Pero entonces apareció en la escena literaria miss Agatha Christie. Encarnación de los mundos de la imaginación que publicaba, Christie reformuló para siempre las consignas del género. Junto a ella, delinquir se transformó en una actividad casi glamurosa.

Los asesinatos ya no ocurrirían en callejones miserables, sino en mansiones exquisitas o lujosos hoteles. Gracias a su pluma, la novela policíaca se trasladó al territorio de la elegancia y la sofisticación. En sus novelas, el lector desea formar parte de ese “cluedo” refinado mientras sostiene una copa de jerez y escucha cómodamente quién se ha cargado al mayordomo.

Entre la grieta y el oro

El éxito del cozy crime tiene que ver con una pulsión lectora muy arraigada que los géneros populares han sabido manejar con astucia. La repetición y la promesa de un equilibrio restaurado activan lo que Umberto Eco llamó “estructuras de consolación”. Hoy, el cozy crime encarna con nitidez esa lógica de reparación moral.

Por eso, se parece al kintsugi –el arte japonés de recomponer con oro los objetos rotos–, porque no borra la grieta, la hace visible y significativa. El daño existe, pero la forma lo dignifica convirtiéndolo en relato. Quizá seguimos leyendo estas historias porque nos permiten mirar la fractura y aceptar que ese algo podría volver a encajar.

The Conversation

Alicia Nila Martínez Díaz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El regreso del asesinato elegante: ¿por qué el ‘cozy crime’ nos seduce en la era del ‘true crime’? – https://theconversation.com/el-regreso-del-asesinato-elegante-por-que-el-cozy-crime-nos-seduce-en-la-era-del-true-crime-274601

Un mono viral, su peluche y un experimento de hace 70 años: lo que Punch nos enseña sobre la teoría del apego

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mark Nielsen, Associate Professor, School of Psychology, The University of Queensland

David Mareuil/Anadolu via Getty Images

Un pequeño macaco llamado Punch se ha convertido en un fenómeno viral por su conmovedora búsqueda de compañía.

Después de ser abandonado por su madre y rechazado por el resto de su manada, los cuidadores del zoológico de Ichikawa City, en Japón, le dieron a Punch un peluche de orangután para que le hiciera las veces de madre. Los vídeos del mono aferrado al peluche han circulado por todo el mundo.

Pero el apego de Punch a su compañero inanimado no vale solo para contextualizar un vídeo emocionante. También nos recuerda la historia de una serie de experimentos psicológicos realizados en la década de 1950 por el investigador estadounidense Harry Harlow.

Los resultados de sus experimentos sustentan muchos de los principios fundamentales de la teoría del apego, que considera que el vínculo entre padres e hijos es crucial para el desarrollo infantil.

¿En qué consistían los experimentos de Harlow?

Harlow tomó monos rhesus recién nacidos y los separó de sus madres. A cambio, fueron criados en un recinto en el que tenían acceso a dos “madres” sustitutas. Una era una jaula de alambre con forma de mono “madre”, que podía proporcionar comida y bebida a través de un pequeño comedero. La otra era una muñeca con forma de mono envuelta en felpa. Esta muñeca era suave y cómoda, pero no proporcionaba comida ni bebida; era poco más que una figura peluda a la que el bebé mono podía aferrarse.

Un mono descansa acurrucado contra su madre sustituta de tela.
La ‘madre’ de alambre y la ‘madre’ blanda en el experimento de Harlow.
Harlow, H. F. (1958). The nature of love. American Psychologist, 13(12), 673–685.

Así pues, tenemos una opción que proporciona comodidad, pero no comida ni bebida, y otra que es fría, dura y áspera, pero que brinda sustento alimenticio.

Estos experimentos fueron una respuesta al conductismo, que era la teoría predominante en aquella época. Los conductistas sugerían que los bebés establecen vínculos afectivos con quienes satisfacen sus necesidades biológicas, como la alimentación y el refugio.

Harlow cuestionó esta hipótesis al sugerir que los bebés necesitan cuidados, amor y amabilidad para crear vínculos afectivos, y no solo alimento físico. Un conductista habría esperado que los monos bebés pasaran todo el tiempo con la “madre” de alambre que les alimentaba. Pero eso no fue lo que ocurrió: pasaban mucho más tiempo cada día aferrados a la “madre” de felpa.

Los experimentos de Harlow en la década de 1950 establecieron la importancia de la suavidad, el cuidado y la amabilidad como base del apego. Harlow demostró que, dada la oportunidad, los bebés prefieren el alimento emocional al físico.

¿Cómo influyó esto en la teoría moderna del apego?

El descubrimiento de Harlow fue significativo porque reorientó por completo la visión conductista dominante de la época. Esta sugería que los primates, incluidos los humanos, funcionan en ciclos de recompensa y castigo, y forman vínculos afectivos con quienquiera que satisfaga sus necesidades físicas, como el hambre y la sed.

El alimento emocional no formaba parte del paradigma conductista. Así que cuando Harlow realizó sus experimentos, dio un giro radical a la teoría imperante. La preferencia de los monos por el alimento emocional, en forma de abrazos a la “madre” sustituta cubierta de una manta de felpa, sentó las bases para el desarrollo de la teoría del apego.

La teoría del apego postula que el desarrollo saludable del niño se produce cuando este tiene un “apego seguro” a su cuidador. Esto se consigue cuando los padres o cuidadores proporcionan nutrición emocional, cuidados, amabilidad y atención al niño. El apego inseguro se produce cuando los padres o cuidadores son fríos, distantes, abusivos o negligentes.

Al igual que con los monos rhesus, se puede alimentar a un bebé humano con todo lo que necesita, darle toda la nutrición dietética que requiere, pero si no se le proporciona calor y amor, no va a formar un apego.

¿Qué podemos aprender de Punch?

El zoológico no estaba llevando a cabo un experimento, pero la situación de Punch refleja el experimento controlado que realizó Harlow. El montaje se imitó en un entorno más natural, pero los resultados son muy similares.

Al igual que los monos de Harlow preferían a su madre de felpa, Punch ha creado un vínculo afectivo con su compañero de peluche. Lo que no ofrece el episodio del zoológico es la comparación con una opción más “dura” que proporcionara alimento físico.

Sin embargo, está claro que eso no era lo que buscaba el mono. Quería un lugar reconfortante, suave y seguro, y eso es lo que le brindaba el muñeco.

¿Fueron éticos los experimentos de Harlow?

La mayor parte del mundo reconoce ahora que los primates tienen derechos que, en algunos casos, son equivalentes a los derechos humanos. Hoy en día, consideraríamos los experimentos de Harlow como algo cruel y despiadado. No se le quitaría un bebé humano a su madre para observar sus reacciones, por lo que no deberíamos hacerlo con los primates.

Es interesante ver cómo la gente se siente tan fascinada por este paralelismo con un experimento realizado hace más de 70 años. Punch, el mono, no es solo la última celebridad animal de internet, sino que nos recuerda la importancia del alimento emocional.

Todos necesitamos espacios acogedores. Todos necesitamos espacios seguros. El amor y la calidez son mucho más importantes para nuestro bienestar y nuestro funcionamiento que la mera nutrición.

The Conversation

Mark Nielsen recibe financiación del Consejo Australiano de Investigación.

ref. Un mono viral, su peluche y un experimento de hace 70 años: lo que Punch nos enseña sobre la teoría del apego – https://theconversation.com/un-mono-viral-su-peluche-y-un-experimento-de-hace-70-anos-lo-que-punch-nos-ensena-sobre-la-teoria-del-apego-276673

Aliments : le changement climatique modifie la biodisponibilité des (micro)nutriments

Source: The Conversation – France in French (3) – By Emmanuelle Reboul, Directrice de recherche, Inrae; Inserm; Aix-Marseille Université (AMU)

Les transformations profondes dues au changement climatique en cours affectent directement les systèmes de production alimentaire. Outre les problèmes de rendement, la biodisponibilité des nutriments présents dans les aliments est également modifiée, ce qui pourrait avoir des conséquences sur la nutrition humaine.


Parmi les impacts les plus marquants du changement climatique figurent la diminution des rendements agricoles due à des événements climatiques extrêmes tels que les sécheresses, les inondations ou l’exposition à l’ozone troposphérique.

De ce fait, l’accès aux aliments de base (blé, maïs, riz) pourrait devenir plus difficile, particulièrement pour les populations les plus vulnérables d’un point de vue socio-économique.

Favorisée par des températures plus élevées, la prolifération de bactéries et de champignons, qui accroît les risques de maladies d’origine alimentaire, pourrait encore aggraver cette situation.

Mais ce n’est pas tout, car au-delà de ces questions de sécurité alimentaire se pose un autre problème, moins visible : celui de la biodisponibilité des nutriments présents dans les aliments. Ce paramètre, qui désigne la fraction d’un composé alimentaire absorbée par l’organisme et acheminée vers les tissus après digestion, est également perturbé par ces bouleversements.

Pour la première fois, nous avons analysé les liens, à la fois directs et indirects, entre le changement climatique et la biodisponibilité de composés alimentaires clés : protéines, micronutriments liposolubles, minéraux, composés phénoliques et glucosinolates. Voici ce que nous a appris l’analyse de la littérature.

Le changement climatique menace les approvisionnements en protéines

Le changement climatique remet en question les sources traditionnelles de protéines animales (viande rouge notamment, dont il faudrait réduire la consommation pour améliorer la durabilité de notre alimentation, mais aussi certaines sources de protéines végétales (blé, maïs, riz) au profit de sources plus résilientes au changement climatique (millet, sorgho).

Cependant, il faut souligner que la qualité, la digestibilité et la biodisponibilité des protéines végétales peuvent être inférieures à celles des protéines animales. Ceci s’explique notamment par un manque en certains acides aminés essentiels comme la lysine, ou la présence de composés dits « antinutritionnels » tels que les phytates ou les tannins, qui interfèrent avec les enzymes durant la digestion.

En outre, l’augmentation des concentrations de CO₂ pourrait réduire la teneur en protéines des végétaux, jusqu’à 15 % pour le blé, le riz et l’orge, en faveur d’une production accrue de glucides. En revanche, les pics de chaleurs pourraient augmenter la teneur en protéines.

Micronutriments liposolubles : une vulnérabilité accrue

Les micronutriments liposolubles, comme les vitamines A, D, E, K, sont des molécules indispensables pour se maintenir en bonne santé. Or, les sources naturelles de nutriments vont probablement subir dans les années à venir les effets du changement climatique. Ce dernier menace notamment déjà certaines populations de poissons gras riches en vitamine D.

Dans le même temps, la vitamine D présente dans la viande, le lait ou les œufs pourrait être amenée à augmenter selon les régions, car sa teneur dépend de l’exposition des animaux au soleil.

Autre exemple : le changement climatique pourrait induire une baisse drastique des populations de pollinisateurs, ce qui impacterait directement la production de fruits et légumes riches en caroténoïdes provitaminiques A. Actuellement, environ 70 % de la vitamine A des aliments vient de cultures dépendantes de l’action de pollinisateurs.

Bien que l’exposition aux UV stimule la synthèse de caroténoïdes dans certaines plantes, leur teneur diminue sous des taux élevés de CO₂. Sécheresse et chaleur augmentent également les teneurs en phytates et en fibres, qui réduisent la biodisponibilité des micronutriments liposolubles en interférant avec le fonctionnement des enzymes digestives ou en ralentissant la digestion.

Les insectes comestibles pourraient offrir une solution innovante pour recycler ces composés dans la chaîne alimentaire.

Les minéraux : une disponibilité en déclin

Les carences en minéraux essentiels, tels que le fer, le zinc et le calcium, devraient s’aggraver d’ici 2050, avec une réduction estimée de 14 à 20 % de leur disponibilité globale.

Les cultures céréalières, les légumineuses, les poissons et les fruits de mer, sources majeures de minéraux, sont particulièrement vulnérables aux stress climatiques. Sous l’effet d’un CO₂ élevé, les teneurs en fer, zinc, calcium et magnésium diminuent, pouvant atteindre jusqu’à 30 % pour le fer dans les légumes-feuilles.

Cependant, l’association du CO₂ et de températures plus chaudes peut atténuer cette baisse pour certains minéraux, comme le zinc dans le blé. Comme pour les micronutriments liposolubles, la biodisponibilité des minéraux est directement affectée par la présence de phytates et de fibres.

Les composés phénoliques et glucosinolates : des réponses contrastées

Les polyphénols, abondants dans les fruits, légumes, céréales et légumineuses, jouent un rôle clé dans la prévention des maladies chroniques grâce à leurs propriétés antioxydantes et anti-inflammatoires.

Les glucosinolates, présents dans les crucifères comme le brocoli et le chou, sont quant à eux reconnus pour leurs effets anticancéreux.

Les réponses des plantes aux stress climatiques sont variables : sécheresse et chaleur peuvent soit augmenter, soit réduire les teneurs en polyphénols et en glucosinolates, selon les espèces. Leur biodisponibilité dépend également de la présence de composés antinutritionnels et de fibres.

Pour atténuer les impacts délétères du changement climatique sur la biodisponibilité des (micro)nutriments et des bioactifs d’intérêt, plusieurs pistes sont envisagées.

Enrichir et préserver les micronutriments

L’enrichissement des cultures en micronutriments, par le biais de la biofortification constitue une stratégie clé pour lutter contre les carences nutritionnelles.

Par ailleurs, l’optimisation des procédés de transformation alimentaire (haute pressionLe traitement à haute pression est une technique non thermique de conservation des aliments qui tue les micro-organismes susceptibles de provoquer des maladies ou d’altérer les aliments.
Basé sur l’application d’une pression très élevée pendant un certain temps, il a des effets minimes sur le goût, la texture, l’aspect ou la valeur nutritive.
, champs électriques pulsésL’emploi de champs électriques pulsés de haute intensité est un processus non thermique utilisé pour traiter différents types de nourriture.
Il est utilisé depuis des décennies, notamment pour pasteuriser des aliments liquides (jus de fruits, lait, œufs liquides, smoothies); extraire du jus, de l’eau et des composés bioactifs des plantes; déshydrater des tissus.
, microfluidisationApparue dans les années 80, la microfluidisation est une technique qui permet la formation de microémulsions, améliorant notamment la stabilité d’un produit.) permet de préserver la biodisponibilité des nutriments, notamment en éliminant les composés antinutritionnels, tout ayant un impact environnemental réduit par rapport aux procédés traditionnels.

Enfin, des méthodes traditionnelles comme la germination et la fermentation permettent aussi de maintenir la biodisponibilité des nutriments (comme dans le cas du quinoa).

Diversifier les sources

Il est essentiel non seulement de promouvoir des cultures résilientes, mais aussi de développer des sources de protéines alternatives.

En ce qui concerne les protéines d’origine végétale, les scientifiques travaillent à identifier des céréales qui sont non seulement résistantes aux stress climatiques, mais qui présentent également des profils nutritionnels intéressants.
C’est par exemple le cas du millet et du sorgho, cultivés en Afrique et en Asie, ainsi que des légumineuses comme les pois chiches.

Soulignons que la complémentarité entre les protéines de céréales et de légumineuses, dans un ratio de 2 :1, reste essentielle pour équilibrer les apports en acides aminés essentiels et optimiser la qualité protéique des régimes végétaux. L’emploi des protéines de pomme de terre est également envisagé.

Ces céréales pourraient remplacer les céréales actuelles dans leurs principaux usages (farines pour le pain, les pâtes, etc.), et pour circonvenir les problèmes techniques ou d’acceptation par les consommateurs, il pourrait être envisageable de ne remplacer que partiellement la céréale utilisée traditionnellement, ou d’adapter les recettes.

Par ailleurs, les protéines alternatives, comme celles issues d’insectes, de microalgues (spiruline, chlorella) ou d’organismes unicellulaires (levures), suscitent un intérêt croissant. Elles offrent un double avantage : elles présentent des profils nutritionnels favorables et leur empreinte écologique est faible.

En définitive, seule une approche globale, combinant innovation agricole, transformation durable et politiques publiques adaptées, permettra d’adapter les systèmes alimentaires aux défis posés par le changement climatique.

The Conversation

Emmanuelle Reboul ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Aliments : le changement climatique modifie la biodisponibilité des (micro)nutriments – https://theconversation.com/aliments-le-changement-climatique-modifie-la-biodisponibilite-des-micro-nutriments-273991

Moins de déchets mais un tri encore imparfait : plongée dans les poubelles des Français

Source: The Conversation – France (in French) – By Romuald Caumont, Chef adjoint du service bâtiment de l’Ademe, Ademe (Agence de la transition écologique)

Que contiennent vraiment nos poubelles et comment leur composition a-t-elle évolué au cours des dernières années ? Une vaste étude de l’Ademe révèle les progrès du tri en France : la poubelle grise s’allège et les nouvelles filières de collecte s’inscrivent peu à peu dans les habitudes. Pourtant, un peu moins de 70 % du contenu de nos poubelles grises ne devrait pas s’y trouver : des axes de progression restent donc à développer.


Nos déchets constituent, sans doute, l’objet le plus tangible qui nous lie aux enjeux écologiques. Nous utilisons une poubelle plusieurs fois par jour et c’est, pour beaucoup d’entre nous, le premier sujet par lequel nous avons été sensibilisés à l’environnement. Au cours des dernières décennies, le tri et ses évolutions se sont peu à peu inscrits dans nos habitudes, même s’il reste une marge de progression pour qu’il soit parfaitement mis en œuvre.

Afin de comprendre comment la composition des déchets a évolué dans le temps, l’Agence de la transition écologique (Ademe) a fait l’exercice de se plonger dans le contenu de nos poubelles. L’enjeu était de connaître leur composition détaillée dans un certain nombre de communes, selon des protocoles et des plans d’échantillonnage bien précis afin de s’assurer que ces chiffres soient représentatifs. Ces résultats, publiés fin 2025, ont porté sur les chiffres de 2024.

De telles études avaient déjà été menées par le passé : en 1993, en 2007 puis en 2017. L’objectif, désormais, est d’annualiser cette enquête afin de mieux évaluer l’efficacité des politiques publiques de gestion des déchets. Une démarche qui permet d’identifier les gisements de déchets d’emballages plastiques, autrement dit les potentiels de valorisation à développer. En se penchant sur chaque type de déchets, ce premier travail livre déjà un certain nombre d’enseignements.

La poubelle grise au régime : 44 % moins lourde qu’il y a trente ans

Débutons par la fameuse poubelle grise vouée aux ordures ménagères résiduelles. Entre 1993 et 2024, son poids moyen a diminué de 44 %, passant de 396 kg à 223 kg. Un résultat encourageant, qui s’explique en partie par l’accroissement au cours de cette période de la mise en place du tri, qui n’était pas généralisé il y a trente ans.

Depuis 2017 en particulier, des progrès notables ont eu lieu : 30 kg en moins, là aussi, sans doute, grâce à l’amélioration du tri à la source et la mise en place de la collecte des biodéchets, qui ont chuté de 10 % sur cette période dans les poubelles grises.


Ademe

Ce bilan appelle toutefois quelques nuances. Certes, le poids de nos poubelles grises diminue, mais, aujourd’hui encore, 69 % des déchets présents dans les poubelles grises ne devraient pas s’y trouver. Une proportion qui n’évolue pas. Leur composition se répartit comme suit :

  • un tiers correspond à des biodéchets ;

  • près d’un autre tiers, à des emballages et des papiers destinés à la poubelle jaune ;

  • 5 %, à du verre ;

  • et 6 %, à des déchets qui devraient faire l’objet d’autres collectes, en particulier textiles et électroniques.

Par ailleurs, si la part des biodéchets et certains emballages et papiers recyclables ont diminué (respectivement, de 10 et 17 % en moins), la quantité de textiles sanitaires (couches, lingettes, essuie-tout, etc.), en revanche, connaît une forte hausse.




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Dans les poubelles jaunes : moins de papiers mais plus d’erreurs

Du côté des déchets de la poubelle jaune, vouée aux emballages et au papier, la tendance est inverse. Leur poids, qui s’élève aujourd’hui à 52,8 kg par an et par habitant, a légèrement augmenté. Ils représentaient 49,4 kg en 2017, contre 45,8 en 2007. Cette hausse de 15 % en plus de quinze ans est logique, le tri étant depuis entré dans les mœurs et ses consignes ayant été élargies. Ce chiffre est une bonne nouvelle : les Français trient davantage.

Toutefois, on observe en même temps une augmentation des erreurs de tri, avec une part de déchets non conformes en progression depuis 2017. Ainsi, en 2024, ces erreurs concernent 19 % des déchets qui se retrouvent dans les bacs jaunes, contre 12,4 % en 2017. Dans la grande majorité, elles concernent des déchets résiduels qui devraient être dans la poubelle grise.

On y observe par ailleurs une forte diminution des papiers entre 2017 et 2024, probablement liée à la numérisation des usages, et au contraire une hausse des cartons – sans doute causée par la progression des livraisons du fait du commerce en ligne – et des emballages plastiques. Cela se rattache à l’extension des consignes de tri en 2023 à l’ensemble des emballages plastiques, qui semble produire des effets.

Une appropriation progressive du tri des biodéchets

Depuis la généralisation du tri à la source des biodéchets au 1er janvier 2024, les collectivités territoriales se sont massivement mobilisées. Aujourd’hui, la quasi-totalité d’entre elles propose une solution de proximité (compostage individuel ou partagé) tandis qu’environ 30 % ont également déployé un service de collecte spécifique.

En moyenne, 13 % des déchets déposés dans les bacs de biodéchets sont des erreurs de tri. Le contenu de ces bacs se compose majoritairement de biodéchets alimentaires (69 %), dont 12,5 % relèvent encore du gaspillage alimentaire, et de déchets verts (5,5 %).

Le bilan est donc plutôt positif. Des disparités territoriales subsistent toutefois, notamment entre les collectivités ayant installé une collecte séparée et celles qui privilégient uniquement des solutions de compostage de proximité. Les études annuelles permettront de voir à quelle vitesse la pratique se généralise, à la fois par la mise en place de solutions par les communes et l’appropriation par les citoyens.

Un dernier aspect pointé par l’étude concerne les déchetteries, où la composition des bennes de tout-venant présente une grande diversité, avec 75 % de déchets qui devraient être traités en amont par une filière responsabilité élargie du producteur, dite filière REP, particulière – notamment pour les produits de matériaux de construction du bâtiment, qui occupent un quart des bennes. Cela témoigne d’une forte marge de manœuvre existante sur la structuration des filières REP, et sans doute d’une amélioration de l’information vis-à-vis des usagers.

De manière générale, l’étude menée ici se concentre sur une caractérisation des déchets ménagers et apporte des résultats encourageants sur l’impact des politiques publiques. Elle mériterait toutefois d’être complétée par une approche comportementale auprès des ménages afin de mieux comprendre les freins et les obstacles qui expliquent, notamment, que 69 % du contenu des poubelles grises n’y ait pas sa place.

The Conversation

Romuald Caumont ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

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