¿Pueden los modelos cuánticos ayudarnos a entender el talento?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

En física cuántica, una partícula no tiene una posición definida hasta que se observa. Antes de la medición, existe en una superposición de múltiples estados posibles, descritos por lo que se llama función de onda. Solo al observarla la función de onda colapsa a un estado concreto.




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Aplicado al talento, esto significa que una persona no es líder, analista o experto técnico de forma absoluta. Más bien, tiene el potencial de manifestarse en cualquiera de estos estados, dependiendo del contexto, el estímulo y la oportunidad. Es lo que podemos llamar “talento latente”: un conjunto de posibilidades que aún no se han manifestado.

Cuando reclutamos o evaluamos a alguien, no estamos midiendo una realidad estática sino estimando una función de onda de probabilidades: ¿qué tan probable es que esta persona tenga éxito en este rol específico, con este equipo concreto, en este momento particular?

Un perfil versátil tiene una función de onda extendida (puede manifestarse exitosamente en múltiples contextos), mientras que un especialista tiene una función de onda puntiaguda (excelencia concentrada en un dominio estrecho). En abstracto, ninguno es mejor, todo depende del problema que necesitemos resolver.

El principio de incertidumbre aplicado a la gestión

El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que no podemos conocer con precisión infinita tanto la posición como el momento de una partícula simultáneamente. Si medimos una con exactitud, perdemos información sobre la otra.
En gestión del talento, esto se traduce en que no podemos conocer con total precisión y al mismo tiempo tanto el desempeño actual de un empleado como su potencial futuro. Si nos obsesionamos con medir el rendimiento presente con indicadores rígidos y evaluaciones milimetradas, perdemos de vista la capacidad de crecimiento y adaptación de las personas.

Las evaluaciones del desempeño tradicionales, que se centran únicamente en el “qué se logró”, pueden no capturar el cómo ni el hacia dónde se dirige el empleado. Para conocer el potencial, quizás necesitemos sacrificar algo de la precisión en la medición del rendimiento pasado y enfocarnos más en escenarios futuros.

Esto explica por qué muchas organizaciones fracasan cuando promueven a sus mejores ejecutores individuales a posiciones de liderazgo: estaban midiendo desempeño (posición actual) sin evaluar adecuadamente potencial (momento futuro).




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El entrelazamiento cuántico en los equipos

Uno de los fenómenos más contraintuitivos de la física cuántica es el entrelazamiento: dos partículas pueden estar tan conectadas que el estado de una afecta instantáneamente al estado de la otra, sin importar la distancia que las separe.

En las organizaciones, las personas y los equipos están profundamente entrelazados. El estado emocional, el compromiso y el desempeño de un miembro puede afectar directa e inmediatamente a todo el sistema, incluso si no trabajan físicamente juntos.

Si un miembro clave del equipo se siente desmotivado, el impacto puede ser casi instantáneo en la moral y productividad de sus compañeros. No ese trata solo de que haya mal ambiente, es que sus funciones de onda están entrelazadas. Esto explica por qué la rotación de una sola persona crítica puede desestabilizar completamente un equipo que funcionaba bien.

Este principio también opera entre líder y equipo. Un líder ansioso transmite ansiedad, un líder confiado, confianza. No es carisma ni habilidad de comunicación. Es entrelazamiento sistémico.

Para retener talento es crucial reconocer que no gestionamos individuos aislados sino redes de relaciones entrelazadas, donde el bienestar de uno afecta al sistema completo.




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De la máquina al sistema vivo

La forma en que concebimos la organización determina cómo gestionamos el talento.
Si vemos la organización como una máquina, el talento se convierte en una pieza reemplazable e intercambiable, optimizada para la eficiencia. Esto lleva a descripciones de puestos rígidas, evaluaciones de arriba hacia abajo y una búsqueda de “fit cultural” (“la alineación profunda entre los valores fundamentales, los comportamientos esperados y el propósito” del trabajador y los de la empresa) que en realidad significa uniformidad.

Si la vemos como un sistema vivo y en evolución, el talento se convierte en un componente integral, dinámico e interconectado con potencial inherente. Esto promueve la adaptabilidad, el aprendizaje continuo y la motivación intrínseca.
La diferencia no es semántica. Es operativa. En el modelo máquina contratamos para llenar vacantes. En el modelo sistema vivo contratamos para aumentar la complejidad y la capacidad adaptativa del sistema.




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Los cuantos del desarrollo profesional

En la física cuántica la energía no es continua sino que se presenta en paquetes discretos llamados cuantos. Un electrón no puede tener cualquier nivel de energía; solo están permitidos ciertos niveles específicos (a los que se llama niveles discretos).

Las habilidades y el conocimiento profesional funcionan de forma similar: no se desarrollan de manera continua y lineal sino a través de saltos cuánticos entre niveles discretos. No existe un punto medio entre saber programar con supervisión y ser un desarrollador informático autónomo. Hay un salto cualitativo, un cuanto de competencia que se adquiere o no.

Esto tiene implicaciones. En lugar de pensar en “mejorar un 10 % cada año” (visión continua), deberíamos estructurar el desarrollo como una serie de transiciones entre estados cualitativamente diferentes: de ejecutor a gestor, de especialista a experto, de técnico a estratega.

Cada salto requiere no solo más conocimiento, sino una reorganización fundamental de cómo la persona piensa, actúa y se relaciona. Es un cambio de estado, no una acumulación gradual.




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El efecto del observador en la evaluación

En física cuántica, el acto de medir una partícula cambia su estado. No es que descubramos cómo era, es que al observarla la forzamos a definirse.

En gestión del talento, el acto de evaluar el desempeño de una persona no es neutral. El hecho de que un empleado sepa que está siendo observado y medido cambia su comportamiento, su enfoque y, en última instancia, su desempeño. Es el equivalente organizacional del efecto Hawthorne: las personas se comportan diferente cuando saben que están siendo evaluadas.

Esto sugiere que la gestión del talento debe ser más participativa, donde líderes y empleados son parte activa del sistema y cocrean la realidad organizacional en lugar de ser observadores pasivos y sujetos de medición.

Las conversaciones de desarrollo deberían ser experimentos compartidos (“¿qué pasaría si probaras este rol?”) más que veredictos sobre capacidades fijas (“tu nivel de liderazgo es 3/5”).




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Abundancia latente, escasez manifiesta

La perspectiva cuántica resuelve la paradoja de la guerra por el talento. No hay escasez de talento potencial: hay un exceso de talento latente que no encuentra las condiciones para manifestarse.

El talento manifiesto (lo que llamamos alto desempeño) es escaso porque requiere una combinación única de dotación natural, esfuerzo sostenido y entorno de apoyo. Pero el talento latente es abundante: está en cada persona que no ha tenido la oportunidad, el contexto o el estímulo adecuado para que su función de onda colapse en excelencia observable.

La tarea de la gestión del talento no es encontrar a los pocos talentosos natos, sino crear las condiciones para que el vasto potencial latente se manifieste. No es caza de talentos. Es agricultura de excelencia.




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Más allá de la metáfora

Es importante aclarar que esto es una aplicación metafórica, no literal, de la física cuántica. No estamos aplicando ecuaciones de Schrödinger a evaluaciones de desempeño ni usando computación cuántica en recursos humanos.

Sin embargo, las metáforas no son decorativas. Son herramientas cognitivas que nos permiten pensar diferente. El interés en el liderazgo cuántico ha crecido significativamente: una revisión identificó alrededor de 55 publicaciones sobre el tema solo entre 2010 y 2020.

Lo valioso de esta perspectiva es que nos obliga a abandonar concepciones mecanicistas del talento (“tiene o no tiene”, “sirve o no sirve”) y adoptar una visión más dinámica, contextual y relacional. Nos recuerda que el talento no es una cosa que se posee sino un estado que emerge de la interacción entre capacidades, contextos y relaciones.

En un mundo donde la IA puede asumir cada vez más tareas técnicas, la capacidad humana de adaptarse, cocrear y manifestar nuevas formas de valor en contextos inciertos se vuelve el diferencial crítico.

Entender el talento como función de onda, superposición y entrelazamiento no es física aplicada. Es una invitación a liderar con humildad, reconociendo que el potencial humano es más vasto, dinámico y contextual de lo que nuestros sistemas actuales de medición pueden capturar.


La versión original de este artículo se publicó en la revista Telos de la Fundación Telefónica.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Pueden los modelos cuánticos ayudarnos a entender el talento? – https://theconversation.com/pueden-los-modelos-cuanticos-ayudarnos-a-entender-el-talento-275470

‘El Mencho’ y la cortina de humo que oculta el norte: tráfico de armas, lavado de dinero y caso Epstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Karina G. García Reyes, Profesora Investigadora del departamento de Criminología de la UWE Bristol, University of the West of England

Me sumo a los análisis críticos de colegas mexicanos que nos recuerdan que la ola de violencia que se vivió en México el 22 de febrero 2026 en la captura de El Mencho no es novedad. Situaciones similares se han vivido recientemente en el país. En 2024, con El Mayo Zambada y, en 2016, con Joaquín el Chapo Guzmán. Y si nos vamos más atrás encontraríamos al menos tres casos más desde los 2000.

Desde la academia hemos repetido hasta el cansancio que la estrategia de “descabezar los cárteles” no sólo no funciona para detener el tráfico de drogas ilegales, sino que genera a corto y largo plazo consecuencias negativas para la sociedad. Especialmente para los grupos más vulnerables: los negocios y emprendedores locales, niños y jóvenes de escasos recursos en los estados más afectados por el narcotráfico.

La narrativa falaz de Estados Unidos de que unos cuantos narcos “poderosos” en México son los responsables y mentes maestras de negocios multimillonarios de alcances internacionales, sigue marcando el rumbo de la estrategia de seguridad en países como México.

El refrito de una película ya vista

El resultado es consistentemente negativo. Lo único que cambian son los nombres de los narcos caídos o encarcelados, los estados donde se dan los enfrentamientos y los nombres de quienes gobiernan el país. Fuera de estas variables, el arresto de El Mencho pareciera un refrito de una película ya muy vista.

El paso lógico para quienes nos ocupamos de temas de seguridad y violencia de narcotráfico en México es preguntarnos los posibles escenarios después del “triunfo”, al menos simbólico, del Gobierno de México al detener, aunque sin vida, a uno de los narcotraficantes más peligrosos en el país.

A pocos días de este evento repentino, la oferta de análisis crítico y sobre las consecuencias de la caída de El Mencho es abundante, precisamente porque lamentablemente es un patrón recurrente.

A través de mi investigación intento identificar la lógica de la violencia del narcotráfico desde diferentes ángulos, incluyendo diferentes voces. Desde esta trinchera analítica, he podido también identificar los mitos de la guerra contra el narcotráfico producidos en Estados Unidos, y reproducidos en México, que desde mi punto de vista son los que impiden que este país realmente avance en temas de seguridad.

Tres claves para el análisis crítico

En esta ocasión me gustaría reflexionar en tres temas que no podemos dejar fuera de un análisis crítico.

1. En México tenemos que dejar de reproducir el discurso del narco todopoderoso creado en Estados Unidos. Este mito tiene una función importante en nuestro país vecino. El narco mexicano, o colombiano o de cualquier país menos de Estados Unidos, es el “enemigo” necesario para justificar la guerra contra el narcotráfico.

Si bien es cierto que el crimen organizado en México, el cual sin duda incluye empresarios y figuras políticas, tiene un gran poder el país, también es cierto que su influencia termina en la frontera norte.

Los verdaderos líderes del narcotráfico no están en México o en países del Sur Global, están en el norte, en países como Estados Unidos y Reino Unido donde las ganancias del crimen organizado se pueden lavar y administrar fácilmente porque justo son estos países quienes ponen las reglas del juego. Y evidentemente las reglas están a su favor.

2. Ligado al punto anterior, hay que recordar que la guerra contra las drogas tiene objetivos económicos y políticos para Estados Unidos como gobierno, pero también para sus empresarios. Este es el caso de la industria armamentística. Desde la academia no podemos dejar de señalar la hipocresía y las contradicciones del Gobierno estadounidense. Por un lado, nos exigen controlar el crimen organizado, pero por el otro lado se niegan a legislar para que las armas que son producidas y vendidas de manera legal en su país no lleguen a manos de criminales en México.

La violencia de la lucha contra las drogas y los muertos los pone México, mientras que las armas las pone Estados Unidos. Frente a la constante negativa de Estados Unidos de diseñar leyes y políticas para combatir el lavado de dinero, y su negativa a implementar estrategias que prevengan el tráfico de armas hacia México, resulta problemático que desde la academia sigamos reproduciendo el discurso de que Estados Unidos realmente busca combatir el crimen organizado. Si hay algo que ha dejado bien en claro Estados Unidos en los últimos años es que su única prioridad es proteger los intereses del país y en particular el de sus ciudadanos más poderosos.

3. No podemos dejar de resaltar el hecho de que esta detención se da justo después de una noticia que sí podemos calificar como sin precedentes en la historia contemporánea: la detención del expríncipe Andrés bajo sospecha de mala conducta en un cargo público en Inglaterra. Los cuestionamientos hacia el Gobierno de Trump sobre la poca o nula rendición de cuentas por parte de los implicados en el caso de red de tráfico de menores de Jeffrey Epstein en Estados Unidos ponen de manifiesto, una vez más, la hipocresía y la falta de transparencia de la administración Trump.

¿Qué conexión tiene este tema con la detención de El Mencho en México? En apariencia ninguna, pero desde la reflexión académica sirve para cuestionar si esto fue orquestado como una cortina de humo para distraer la atención internacional del caso Epstein y su conexión con Trump y otros líderes políticos y empresariales en Estados Unidos.

Eduardo Guerrero, uno de los analistas más importantes en temas de seguridad en México, comentó que la detención de El Mencho le tomó por sorpresa. Y si tomamos en cuenta que la inteligencia necesaria para el operativo del fin de semana vino de Estados Unidos, no resulta descabellado hacer la correlación de eventos.

Más de lo mismo

Los siguientes meses se encargarán de confirmar las predicciones de mis colegas. Habrá enfrentamientos en algunas zonas del país. Lamentablemente, habrá más homicidios y violencia ligada al reajuste de poderes regionales. Sin embargo, como ya se ha visto, las drogas seguirán cruzando la frontera, El Mencho será sustituido, algunos grupos y células del crimen organizado desaparecerán y otros surgirán, pero al final, es más de lo mismo.

Termino con la reflexión con la que empiezo mi libro Morir es un alivio. ¿Cómo es posible que a nivel internacional tengamos una guerra contra las drogas? Ello cuando la evidencia científica y académica es apabullante en señalar que es una estrategia fallida y que genera mucha más violencia del potencial daño que nos busca proteger. ¿Cómo permitimos que una política fallida eclipse los titulares, mientras vemos en tiempo real como el Gobierno de Estados Unidos protege a pedófilos, verdaderos señores y amos del crimen organizado?

The Conversation

Karina G. García Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘El Mencho’ y la cortina de humo que oculta el norte: tráfico de armas, lavado de dinero y caso Epstein – https://theconversation.com/el-mencho-y-la-cortina-de-humo-que-oculta-el-norte-trafico-de-armas-lavado-de-dinero-y-caso-epstein-276889

De Caracas a Teherán: la diplomacia de Trump y su impacto en los mercados de hidrocarburos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas

Clare Louise Jackson/Shutterstock

A principios de 2026 el petróleo cotizaba a 60 dólares por barril, su nivel más bajo en los últimos cuatro años, en medio de expectativas de precios a la baja y un aparente exceso de oferta mundial. Las expectativas de que la intervención estadounidense en Venezuela impulsara la extracción contuvieron los precios, que ni siquiera los esfuerzos de la OPEP+ lograron elevar. Sin embargo, en las últimas semanas el barril ha alcanzado los 70 dólares, reflejando las nuevas tensiones en Oriente Medio.

¿’Déjà vu’ de enero?

La amenaza de Donald Trump de escalar el conflicto militar con Irán ha adquirido en las últimas semanas un tono cada vez más agresivo. Los despliegues navales y aéreos en Oriente Medio recuerdan a las movilizaciones de Washington en Venezuela del pasado enero y al despliegue ruso en la frontera ucraniana hace cuatro años. Una vez que están movilizados equipos y buques, retirarlos sin entrar en combate resulta políticamente costoso, con el riesgo de que la amenaza pierda credibilidad si no desemboca en acciones.

Mientras tanto, las negociaciones entre las autoridades estadounidenses e iraníes en Ginebra sobre el enriquecimiento de uranio siguen estancadas. Los dirigentes iraníes se mantienen firmes y rechazan concesiones significativas, posponiendo cualquier avance.

Queda la incógnita de cómo se desarrollaría una posible intervención estadounidense. La retórica de Trump y el intenso despliegue militar sugieren que su estrategia sería derrocar al régimen de Teherán y ejercer una presión máxima similar a la observada en Venezuela, sustituyendo al líder supremo Ali Khamenei por una figura que esté dispuesta a seguir las órdenes de la Casa Blanca.

El estrecho de Ormuz, epicentro del riesgo… otra vez

Las tensiones entre Trump e Irán se han trasladado inmediatamente a los mercados energéticos a través de la “prima de riesgo geopolítico”, el sobrecoste financiero generado por la inestabilidad y las tensiones.

Un elemento clave es el estrecho de Ormuz: cualquier riesgo de conflicto en la región genera una prima de riesgo porque por ese paso transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, proveniente de los grandes exportadores del Golfo –Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos– y una cuarta parte del gas natural licuado (GNL), mayormente procedente de Catar.

Aunque un conflicto armado podría interrumpir el comercio en el estrecho de forma parcial –de hecho, Irán anunció la semana pasada su cierre temporal para la realización de ejercicios militares–, un cierre total y prolongado de Ormuz es poco probable, tanto por razones militares como económicas. Geográficamente, el estrecho es relativamente ancho y sus rutas de navegación se encuentran en aguas de Irán y Omán, no es un cuello de botella estrechísimo que se pueda bloquear con un par de barcos.

Además, el bloqueo prolongado significaría un suicidio económico para Irán. Su economía depende en gran medida del tránsito libre de mercancías, hidrocarburíferas y no hidrocarburíferas, a través del estrecho. Aunque el país envía al exterior cerca de 23 millones de toneladas de trigo al año, también necesita importar grandes volúmenes de productos agrícolas para abastecer su mercado interno. En caso de cierre, se dispararía el precio del petróleo, pero también devastaría sus ingresos y podría arrastrar a más países vecinos.

En el mercado de gas natural el impacto es más indirecto, pero igualmente relevante. Irán es un productor importante y comparte con Catar el mayor yacimiento del mundo. Las sanciones o posibles daños en sus infraestructuras podrían tensionar el mercado regional y reducir la oferta de GNL, afectando a Europa y Asia. Además, al ser el petróleo y el gas bienes sustitutivos, un repunte del petróleo suele incrementar también la cotización del gas.

El precio del gas natural de referencia en Estados Unidos (Henry Hub) ha registrado gran volatilidad en 2026, en parte debido a la ola de frío que azota al país. En el TTF neerlandés, el mercado gasista de referencia para Europa, el gas subió esta semana de los 29 € por megavatio hora a 33,5 €.

¿Estará Trump tensando la cuerda más de lo que le conviene?

Un bloqueo del estrecho, aunque fuera breve, encarecería el petróleo y crearía una espiral inflacionista global, incluida la de EE. UU. Dicho escenario sería incompatible con la prioridad de Trump de aliviar el alza de precios antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato para retener el máximo de escaños para los republicanos.

Sin embargo, la lógica política puede ser más compleja: la Casa Blanca podría confiar en que el shock fuese breve, liberando reservas estratégicas o pidiendo aumentos de producción a países aliados. Trump incluso podría confiar en que el coste económico fuese compensado por una política exterior exitosa. El problema es que los mercados hidrocarburíferos tienden a reaccionar con rapidez y a corregirse con lentitud, de modo que incluso una interrupción corta puede dejar efectos persistentes en las expectativas y precios.

The Conversation

Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De Caracas a Teherán: la diplomacia de Trump y su impacto en los mercados de hidrocarburos – https://theconversation.com/de-caracas-a-teheran-la-diplomacia-de-trump-y-su-impacto-en-los-mercados-de-hidrocarburos-276683

De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Acosta Rico, Doctor en Antropología Social , Universidad de Guadalajara

El término completo en inglés para therians es therianthropic, que en su desglose etimológico significa animal salvaje (therion) y hombre (anthrōpos). El hombre animal o bestial, así sería su definición literal.

No es tan nuevo. Nos recuerda a Mowgli, el niño lobezno de El libro de la selva, o a Tarzán, el hombre mono. Personajes de la literatura, las historietas anglosajonas y el cine. Y he aquí, en los therians, a sus nuevos y contemporáneos reinventores.

Esta idea persistió en el mito de los licántropos u hombres lobos. Más que seres malignos, estos fungían como guardianes de los bosques.

En tiempos más arcaicos y culturas animistas se creía en la igualdad espiritual entre bestias, plantas, hombres y cualquier otra manifestación de la naturaleza. El nahual, conectado con el animal totémico de la tribu, podía, simbólicamente, romper su forma humana y transformarse chamánicamente en el oso, el cuervo, el lobo o el ciervo. Todo ello envuelto en la sacralidad.

Sobre el tema se puede revisar la obra clásica de Mircea Eliade: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.

Mito y envidia del animal

El movimiento therian no se remonta directamente a estas épocas. Pero si es una reminiscencia de esa ancestral conexión, mezclada con algo de la envidia que ha sentido el hombre por el animal.

Lo vemos en el mito de Epimeteo, el titán que, por encomienda de Zeus, repartió todos los dones a los animales de la creación. El último en la fila, el hombre, no recibió nada. Ni garras afiladas, ni alas, ni colmillos. Un ser indefenso al que rescata otro titán, Prometeo, con el fuego y la razón robados a los dioses.

Esta envida ancestral es superada gracias al imperio de la fe cristiana y sus dos caras. Por un lado, la teocéntrica: Dios, el dispensador de vida, el referente y dador de sentido. Y, por otro, la antropocéntrica, con el hombre Dios encarnado en el Cristo Jesús.

Antes de los therians fue el carnaval

Como dato curioso, cabe recordar que en el Medievo existían precedentes de therians, con permisos acotados para ejercer su vinculación con las bestias. Con la máscara de la bestia que mejor simbolizaba su proclividad pecadora, desfilaban en el carnaval hombres y mujeres disfrazados de cabras lujuriosas, cerdos glotones o urracas chismosas. Se puede consultar el capítulo sobre el significado de las fiestas carnavalescas del libro Símbolos fundamentales de las ciencias sagradas, de René Guénon.

Tuvo que morir Dios, por el imperio de la razón, la ciencia y la tecnología, para que el ser humano, ahora hijo de “natura” y esculpido por la evolución, fuera plenamente libre. Libre moral y ontológicamente. Libre de todo esencialismo creacionista, dispuesto a soñar con toda licencia en ser, deconstruidamente, lo que le viniera en gana.

Soy lo que dicta mi autopercepción. ¿Y si me percibo como un animal desafiando todo humanismo antropocéntrico? ¿Qué me lo impide? Es así como surge, en plena modernidad, allá por los años 90 del siglo pasado, el movimiento therian, en el marco del temprano internet.

La postmodernidad arrastra cierto pesimismo a manera de desencanto de las promesas de la modernidad. El hombre, emancipado de Dios, tomó posesión de “natura” cual tierra de conquista. La misma que, fiel al credo del progreso, expolió hasta el límite. En el afán de crear su propio paraíso terrenal empleando el musculo tecno-científico, conjuró la distopía del cambio climático, del desastre ecológico. Es el antropocentrismo de la modernidad, depredando el mundo sin conciencia.

Generaciones como los milenial y los centenial han reaccionado avergonzándose de su humanidad. Renegaron del piramidal especismo, que colocaba al ser humano en la cumbre de la cadena alimenticia.

Esta misantropía con causa animó al movimiento therian, todavía marginal. Abjurar de mi propia humanidad, comprendiendo que podemos aprender de la sencillez instintiva del animal. En esa admiración moral, algunos vieron viable mimetizarse con las bestias.

Hijos del poshumanismo

Aunque los therians no tienen de momento un credo oficial, podemos atribuirles, uno por uno, los rasgos antropológicos y culturales de su movimiento, que sería el poshumanismo.

Carente de una esencia o forma arquetípica, el poshumanismo dice que el ser humano es un ser arrojado, por naturaleza, al mundo sin un plan o destino. Inexorablemente, está en constante transformación evolutiva. Carente de definición, puede convertirse en cualquier cosa, accidental o deliberadamente.

El therian decide parcialmente identificarse con un animal y las circunstancias culturales lo facultan para hacerlo. Le dan la justificación para montar su postmoderno carnaval, pero no como oda al pecado. Su mascarada es más un juego de niños menores que aman y admiran, no chamánicamente, un animal.

Antes que los therians, los furros, quienes muy probablemente sean sus antecesores en el mundo friki, surgido en este caso entre la comunidad otaku (seguidores y admiradores de la cultura pop japonesa), figuraban en ese mundo cultural como los más repudiados.

“El “furro”, más estético y lúdico

El “furro”, por un asunto estético y lúdico, gusta de disfrazarse de personajes de animales antropomórficos de anime o manga, como los populares Beastar o Retsuko.

Rechazados dentro de la subcultura del cosplay (afición por disfrazarse de personajes de ficción), el furro no lanza manifiestos ni desnuda su alma hablando de su identidad animal. Gusta de ir a convenciones de cómic, vistiendo sus botargas de tiernos personajes de animación.

En contraste con la discrecionalidad del furro, el therian busca escaparate y micrófono sobre todo en las redes sociales e intenta formar manada con otros iguales, que portan máscaras de zorro, perro, gato, etc.

El repudio a los therians los ha puesto en el disparadero como parte del catálogo de neurodivergentes de esta postmodernidad. Pero, sin exageraciones ni alarmismos, no pasan de ser una tribu urbana. Una de muchas, generada por las condiciones culturales, sociales, antropológicas y hasta religiosas de esta modernidad liquida.

No son la joven vanguardia del galopante transhumanismo. Lo suyo no pasa de ser un pasatiempo pueril que hace reminiscencia con el ancestral animismo. Una fusión del primitivo chamanismo con el moderno poshumanismo.

Dando un vaticinio, es muy probable que los therians, igual que ocurrió con los emos, sean sólo una moda pasajera que se magnificó como movimiento de tribu urbana gracias a las redes sociales y a internet. La red siempre esta ávida de sensacionalismo y exotismo y los therians calificaron para ser la noticia del momento, hasta que otra excentricidad de la postmodernidad los destrone.

The Conversation

Fabian Acosta Rico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal – https://theconversation.com/de-licantropos-y-nahuales-a-furros-y-therians-la-identidad-humana-siempre-fue-un-poco-animal-276608

Más allá de la mirada: ‘Sorda’, ‘Sirāt’ y el poder del sonido cinematográfico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Nicolás Meseguer, Profesor titular del Departamento de Comunicación y Director del Aula de Cine, Universidad de Murcia

Imagen de la película _Sorda_. Distinto Films

Dos de las películas españolas más relevantes de 2025, Sorda, de Eva Libertad, y Sirāt, de Oliver Laxe, han situado el sonido en el centro de su desarrollo, hasta el punto de que esta última también ha sido nominada al Óscar a Mejor Sonido. Son obras muy distintas, pero en ambas el tratamiento sonoro ocupa un lugar estructural.

La dimensión sonora es consustancial al lenguaje cinematográfico y su relevancia narrativa, expresiva y sensorial resulta incuestionable. Cuanto más sólido es un proyecto y más riguroso es el trabajo de puesta en escena, mayor atención se concede al diseño sonoro y a su potencial expresivo.

Sin embargo, la atención consciente del espectador al plano sonoro sigue siendo menor que la que presta al plano visual. Se suele decir que la audiencia solo se da cuenta del sonido cuando es malo. Conviene recordar también que solo en una sala de cine, con las condiciones acústicas y técnicas para las que fue concebida la película, puede apreciarse plenamente su experiencia sonora. El minucioso y costoso trabajo de diseño, edición y mezcla está pensado para ese entorno. En el ámbito doméstico, lo que escuchamos es necesariamente una versión reducida de ese trabajo.

¿Seguro que una imagen vale más que mil palabras?

Pocas frases están tan gastadas como esa que asegura que “una imagen vale más que mil palabras”. Una palabra, un silencio, una melodía o una atmósfera sonora pueden poseer la misma potencia estética que cualquier imagen. El valor narrativo o expresivo de un elemento visual o sonoro no depende de la cantidad de estímulos ni de su espectacularidad, sino de su pertinencia dentro del proceso comunicativo.

Nuestra experiencia cotidiana lo confirma: el oído es esencial en la percepción del mundo. El oído construye espacio, anticipa presencias, genera memoria y activa emociones.

Cuando el sonido tomó la palabra

La irrupción del sonido sincronizado en 1927 transformó radicalmente la historia del cine. El cambio afectó a las profesiones creativas –guionistas, intérpretes, directores, músicos– y a los oficios técnicos y de producción. A partir de entonces no bastaba con controlar la luz: también había que dominar el registro y el montaje del sonido. Cambiaron las infraestructuras y se transformó la experiencia del espectador.

Con la banda sonora –conformada por palabras, efectos, atmósferas, música y silencio– el control emocional adquirió una precisión inédita. El montaje incorporó un nuevo instrumental expresivo que ampliaba las posibilidades de significación. No hubo vuelta atrás. Incluso cineastas que han optado por películas prácticamente “no habladas”, como Jacques Tati, Michel Hazanavicius o Pablo Berger, han hecho un uso extraordinariamente creativo del sonido.

Desde entonces, la cuestión no ha sido si el sonido es importante, sino cómo se integra en la construcción del sentido.

‘Sorda’ y la quiebra del punto de escucha

Sorda, escrita y dirigida por Eva Libertad y protagonizada por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, se estrenó en la sección Panorama de la Berlinale en febrero de 2025. La protagonista del film es Ángela, una mujer sorda que afronta la conmoción vital de la maternidad junto a su pareja oyente, Héctor. Con este punto de partida, la percepción sonora se sitúa en el centro de la experiencia.

Ángela nos coloca en la posición de quien debe “escuchar con la mirada”. En su rostro percibimos la dificultad de seguir el ritmo comunicativo de las personas oyentes. La secuencia del parto, con mucha gente hablando a la vez incluso con mascarilla, adquiere una intensidad particular. Igualmente, la de la sobremesa con los compañeros de trabajo de Héctor resulta exasperante. La lectura labial no basta; los audífonos le generan malestar. En los entornos oyentes, el personaje encarna una fricción constante, bien por sobreprotección o bien por una inconsciente falta de consideración.

A lo largo de la primera mitad, la película apela a la empatía del espectador, dirigiendo su mirada hacia situaciones que evidencian la entrañable complicidad de los protagonistas y las actitudes de empoderamiento de Ángela.

Sin embargo, las sensaciones de seguridad de la protagonista se van deteriorando y en el tramo final se produce una ruptura decisiva: se quiebra el “punto de escucha”, utilizando el término del teórico Michel Chion. El espectador es situado abruptamente en la perspectiva auditiva de Ángela. La operación desestabiliza la narración y convierte el silencio en experiencia física. No se trata de una mera ausencia de sonido, sino de un desplazamiento perceptivo que conduce al espectador oyente a una experiencia sensorial que lo vuelve a conectar con Ángela.

La decisión es arriesgada porque altera la comodidad del relato y expone al espectador a una percepción que le es extraña. El sonido –o su supresión– se convierte así en herramienta ética además de estética.

‘Sirāt’: un (alta)voz clama en el desierto

Sirāt, dirigida por Oliver Laxe a partir de un guion coescrito con Santiago Fillol, se estrenó en la Selección Oficial del Festival de Cannes en mayo de 2025. En su recorrido por el desierto, la película reúne a un grupo de raveros y a un padre que, acompañado por su hijo pequeño, busca a su hija. El destino común es una rave perdida entre Marruecos y Argelia. A medida que avanzan, los vehículos, con sus pasajeros, van quedando a la deriva.

En este trayecto exterior e interior, el sonido construye el espacio y la historia tanto como la imagen. En puntos decisivos de la trama, como el momento en el que un grupo de vehículos decide escapar de la escolta militar, la realidad suena en su crudeza y simplicidad. Los ruidos de motores, las bocinas y la fricción de los neumáticos sobre los caminos pedregosos ofrecen un espectáculo épico junto a las imágenes de los camiones a la carrera envueltos por una nube de arena.

Además, el minucioso diseño de sonido de la película entrelaza de forma orgánica esos sonidos ásperos de un entorno hostil con la música trance y drone creada por Kangding Ray. En el inicio del film, los altavoces abren la puerta a la música techno y nos hacen compartir de forma explícita el trance de los que participan en la rave. Desde ese momento, los altavoces acompañan a los protagonistas en su viaje y contribuyen a que la presencia de la música fluya entre lo diegético (que sucede dentro de la película) y lo extradiegético (que solo ocurre para los espectadores) hasta el desenlace.

Es lo que sucede en momentos tan fascinantes como el que nos hace transitar entre las sensaciones místicas de los fieles musulmanes que giran alrededor de la Kaaba (en La Meca) y los camiones rodando por el desierto mientras aparece sobreimpreso el título de la película alrededor del minuto 29.

La experiencia sonora de Sirat, por tanto, articula intensas sensaciones físicas, con emociones viscerales y momentos de conmoción, contribuyendo decisivamente a convertir el viaje en experiencia mística y trascendental.

El cine desde la escucha

Sorda y Sirāt colocan la sensibilidad auditiva en el centro de la experiencia cinematográfica. En ambos casos, el dispositivo sonoro forma parte del relato y se manifiesta de manera explícita, convirtiéndose en una herramienta esencial para que cada película alcance sus objetivos.

En Sorda, se trata de que el espectador reconozca otras formas de conocer el mundo y contribuya a ampliar –y hacer más inclusivo– nuestro ecosistema comunicativo.

En Sirāt, el sonido nos hace participar sensorial y espiritualmente del viaje de los personajes. Los ritmos repetitivos de la música se funden con la realidad y generan una atmósfera envolvente que, como respuesta al impacto emocional de los sucesos, invita a una calmada introspección.


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The Conversation

Manuel Nicolás Meseguer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá de la mirada: ‘Sorda’, ‘Sirāt’ y el poder del sonido cinematográfico – https://theconversation.com/mas-alla-de-la-mirada-sorda-sirat-y-el-poder-del-sonido-cinematografico-275985

Self-control is a strength, but being too good at discipline can backfire

Source: The Conversation – Canada – By Christy Zhou Koval, Professor, Smith School of Business, Queen’s University, Ontario

Self-control has long been regarded as one of the strongest predictors of success. Most of us can picture that colleague who never misses a deadline, volunteers for extra projects and keeps everything running smoothly.

Research shows individuals who can resist short-term temptations in pursuit of long-term goals tend to fare better across nearly every aspect of life.

As a researcher who has spent years studying workplace dynamics, I set out to examine what happens to these highly disciplined individuals. What I found was surprising: the very trait that makes them valuable — their high levels of self-control — can also come with hidden costs.

Self-control as a social signal

My colleagues and I conducted six studies examining how people treat others based on their perceived self-control. We defined perceived self-control as a person’s beliefs about someone else’s level of self-control, such as resisting temptations, staying focused and persisting in the pursuit of goals.

Across our studies, self-control functioned as a powerful social signal.

In one study, participants read about a student who either resisted the temptation to purchase music online (demonstrating self-control) or gave in to it, then imagined working with this student on a group project. Participants expected substantially higher performance from the student who had demonstrated self-control, even though resisting an impulse to buy music had nothing to do with academic ability.

We replicated this pattern in a workplace context. Participants read about an employee who either stuck to a savings goal or struggled with it. Even though saving money has nothing to do with job performance, participants expected the self-controlled employee to have an accuracy rate roughly 15 per cent higher than the employee who showed less self-control.

In another experiment, we asked people to delegate proofreading work among student volunteers. Participants consistently assigned about 30 per cent more essays to volunteers they believed had high self-control, compared to those with moderate or low self-control, even when all volunteers were described as academically qualified.

The hidden costs of high self-control

A particularly revealing set of findings suggests that observers typically underestimate the cost of self-control.

In one study, we asked participants to complete a demanding typing task requiring a high degree of self-control. Observers who were told that someone had high self-control estimated the task required less effort. But those actually doing the work found it equally draining regardless of their self-control levels. This perceptual gap is problematic because it demonstrates that exerting self-control is physically costly.

Recent research shows people will pay money to avoid having to exercise self-control. In experiments where dieters could pay to remove tempting food from their presence, most did; and they paid more when stressed or when temptation was stronger.

High self-control individuals are doing more cognitively demanding work than their peers. They are exercising self-control more frequently. And because they do it well, observers don’t see the effort required. Research suggests that people with high self-control are perceived as more robot-like, as if their discipline means they don’t struggle like everyone else.

In one of our studies using 360-degree feedback data, we analyzed archival survey data collected from MBA students and their coworkers and supervisors.

Employees who were higher in self-control reported making more personal sacrifices and feeling more burdened by coworkers’ reliance. Their colleagues, however, did not recognize this burden. While they acknowledged the sacrifices these individuals made, they did not perceive the strain they were under.

The spillover into home life

The more capable you seem, the more you’re asked to carry. For high self-control individuals, that reputation can become a fast track to burnout in the office and at home.

In an experiment with romantic couples, participants with high self-control reported feeling more burdened by their partners’ reliance on them. This sense of burden reduced their overall relationship satisfaction.

When people high in self-control are overwhelmed at home because partners assume they can handle everything, that exhaustion can carry over into work. Similarly, when high self-control individuals are overburdened at work, it can diminish their energy and presence in their personal relationships.

This creates a vicious cycle in which highly self-controlled individuals are asked to do more at both work and at home, and the cumulative demands can result in burnout.

Burnout is a widespread issue in the workplace. A Deloitte survey found that 77 per cent of professionals have experienced burnout at their current job.

Breaking the cycle

Our findings revealed a problematic cycle: the more self-control individuals were perceived to have, the more others expected of them and the more responsibility they were assigned.

For people with high self-control, our findings underscore the importance of setting boundaries in the workplace. Saying yes to everything is unsustainable. Because disciplined employees often make demanding tasks appear effortless, colleagues and loved ones may underestimate how much they are asking of them.

For managers, our findings suggest the importance of distributing responsibilities fairly and checking in with employees about workload. Managers should ask explicitly about their employees’ capacity rather than inferring it from past performance.

Self-control remains one of the most valuable traits a person can have. But when we assume it comes effortlessly to those who demonstrate it, we risk burning out the people we depend on most. Acknowledging the hidden burden is necessary if we want capable people to thrive.

The Conversation

Christy Zhou Koval does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Self-control is a strength, but being too good at discipline can backfire – https://theconversation.com/self-control-is-a-strength-but-being-too-good-at-discipline-can-backfire-275634

How Canada-Cuba relations must navigate the dangers of the U.S. embargo

Source: The Conversation – Canada – By Luiz Leomil, PhD candidate, Political Science, Carleton University

The United States government recently announced it will allow companies to resell Venezuelan oil to Cuba amid a severe fuel shortage on the island. Earlier this year, the U.S. cut off oil shipments to Cuba from its main supplier, Venezuela, after American forces abducted that country’s president.

Cuba’s ambassador to Canada, Rodrigo Malmierca Diaz, recently told Canadian MPs on the House foreign affairs committee that the U.S. was “suffocating an entire people.” He was referring to the decades-long American embargo against Cuba, which has become even more severe in recent weeks.

In his remarks, Diaz also urged Canada to follow through on a promised aid package to Cuba. Canadian officials have committed to sending an additional $8 million, which will be channelled through international aid organizations operating in Cuba.

This represents a modest and indirect commitment, especially in comparison with the initiatives undertaken by other countries. Mexico has sent more than 2,000 tons of direct humanitarian aid while continuing diplomatic talks on resuming oil supplies, and other countries in the Global South are reportedly preparing similar, more tangible responses.

In January, Canadian Prime Minister Mark Carney delivered a widely praised address in Davos, Switzerland, that many saw as an apt diagnosis of the failings of the U.S.-led “rules-based international order.” In it, he urged middle powers such as Canada to act with greater honesty and consistency, applying the same standards to allies and rivals so that states can co-exist in an international order that actually functions as advertised.

The Davos speech set high expectations. These are now, however, fading as Carney’s government wavers in sending robust aid to the people of Cuba and in denouncing the most recent unlawful coercive measures imposed by the U.S.

Explaining restraint

Canada has crafted a longstanding image as one of the largest humanitarian contributors in the world. It also has historical and economic ties with Cuba. Canada was one of the few American allies to maintain diplomatic relations with Cuba following the 1959 revolution that overthrew the U.S.-backed regime.

Cuba is Canada’s top market in the Caribbean, and Canada is the Cuba’s largest source of tourists as well as its second-largest source of direct investment. Canada is also among the overwhelming majority of United Nations member states that regularly vote in support of resolutions condemning the U.S. blockade.

However, three factors help explain the gap between the Canadian government’s rhetoric and its actions.

First, geopolitical constraints are significant. Like other middle powers, Canada’s freedom to act in open defiance of the U.S. is tightly limited. Canada’s fundamental economic and security interests are reliant on the U.S., and this is unlikely to change anytime soon.

Canada is open to a high risk of American retaliation if it chooses to aid Cuba. Such risk is even more heightened under the Trump government, which has demonstrated a willingness to use coercive measures against Canada.




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Second, domestic politics shape foreign-policy choices. Contrary to simplified assumptions in classical international relations theory, state behaviour is not determined only by systemic incentives but also by domestic constituencies and how important particular issues are to segments of the population.

In Canada today, there is no broad public movement demanding robust government aid to Cuba. By contrast, there are vocal constituencies mobilized in support of Ukraine that keep assistance to that country politically salient and prioritized.

Third, officials in Global Affairs Canada have long favoured taking what they regard as a pragmatic approach toward Cuba. That posture helps explain Canada’s reluctance to provide direct, high-profile assistance during acute shortages or crises.

Canada did not intervene during Cuba’s 2024 blackout crisis, for example. On the other hand, the same approach has also led Canada to be less critical of political issues in Cuba, unlike its firmer stance toward the Venezuelan or Nicaraguan governments.

This approach has generally allowed Canada to preserve a baseline level of diplomatic engagement and safeguard economic and strategic interests. In recent years, this posture has become partly institutionalized within Global Affairs Canada and is regarded as the most workable and sustainable policy line.

Aid by proxy, unfulfilled commitments

In recent years, Canada has preferred to send assistance to Cuba through international aid organizations, but these efforts are unlikely to be sustainable given the scale of the humanitarian needs the country may face.

It remains unclear whether Canada will adopt a more robust strategy, departing from this established approach, to support Cubans. While facing their own constraints, it’s more likely that leadership in countries from the Global South, including Mexico, China and Brazil, will take action.

The outcome is twofold. Not only is the Canadian government failing to live up to a humanitarian image it has promoted on the world stage, but the international community also applauded a Davos speech that was both conflicting and somewhat disingenuous.

At times in his speech, Carney was realistic and incisive, exposing the weaknesses in the United States-led rules-based order. At key moments, however, Carney suggested that Canada still supported those rules and was willing to defend them through a more honest and equitable approach. Here, the tension between diagnosis and prescription was never resolved.

When it comes to the U.S. blockade of Cuba, Canada’s options are widely perceived as limited, and the country is seen as being forced to “go along to get along,” as Carney said in Davos. However, the blockade also presents Canada with an opportunity to showcase how middle powers can chart their own course.

Carney also said middle powers have the “the capacity to stop pretending, to name reality, to build our strength at home and to act together.” If Canada continues to equivocate on Cuba, Carney’s speech will come to reflect a familiar pattern in Canadian foreign policy: rhetorical candour about global inequities combined with reluctance to challenge them.

The Conversation

Luiz Leomil does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. How Canada-Cuba relations must navigate the dangers of the U.S. embargo – https://theconversation.com/how-canada-cuba-relations-must-navigate-the-dangers-of-the-u-s-embargo-276875

What the Jeffrey Epstein files reveal about how elites trade toxic gifts and favours

Source: The Conversation – Canada – By Hugh Gusterson, Professor of Anthropology & Public Policy, University of British Columbia

Following horrifying revelations about Jeffrey Epstein’s systematic sexual assaults and trafficking of underage girls, the United States Department of Justice has been forced to publicly release millions of the late sex offender’s emails and texts.

I am an anthropologist of elites who conducted field work among the secretive community of nuclear weapons scientists. The Epstein files opens a window into the even more closely guarded world of capitalism’s 0.1 per cent.

Anthropologists study people through what renowned American anthropologist Clifford Geertz called “deep hanging out” — mingling informally and taking notes on what we see. We call this “participant observation.”

People like Bill Gates and Elon Musk do not welcome anthropologists bearing notebooks. But the Epstein files, where the global elite are talking to each other in private — or so they thought — open a peephole into their world.




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And what do we find there?

On a mundane level, we can see how they spend sums of money most of us can only dream about.

For example, we learn that in 2011, billionaire Mortimer Zuckerman, owner of the New York Post and U.S. News and World Report, spent US$219,000 on his collection of horses, $50,000 on skiing and $86,000 to insure his private art collection.

But the Epstein files are most interesting for what they reveal about a web of gifts, favours and financial transactions that knit together what would otherwise be a disparate sprawl of bankers, developers, tech bros, media personalities and high-profile academics.

A web of gifts and favours

A century ago, French anthropologist Marcel Mauss argued in The Gift that, across cultures, gifts are a way to create relationships of solidarity and obligation.

“No gift is given but in the expectation of a return,” he wrote.

This is evident in Epstein’s relationship with Leon Black, at the time the billionaire CEO of Apollo Global Management and chairman of the Museum of Modern Art in New York.

Epstein claimed his advice on Black’s finances saved the billionaire as much as $2 billion. In exchange, Black steered at least $158 million to Epstein and gave $10 million to one of Epstein’s charities, Gratitude America.

Black then made Epstein a trustee of the Debra and Leon Black Foundation, and Epstein invested in a startup where two of Black’s sons were on the board.

Epstein also helped Black manage his $2.8 billion art collection. He advised on selling individual works at a profit, getting paid by museums for loaning artworks and using art as collateral for bank loans.

Incidentally, one of the lessons I take from this is that billionaires do not look at art the way I do. I may buy (modestly priced) artworks because I like to look at them. Billionaires like Black and Zuckerman see them as investments.

Favours could also be exchanged, zig-zag style, among several people to create network solidarity. Epstein asked Leon Botstein, president of Bard College, to make sure Woody Allen’s daughter was admitted, while also gifting Allen $10,000 worth of shirts and luxury underwear.

Brad Karp, head of the Paul Weiss law firm, asked Epstein if he could intercede with Allen to get a job on his movie set for his son. In turn, Epstein asked Karp for help with a woman’s visa, and Karp steered $158 million from his client, the aforementioned Leon Black, to Epstein.

Collecting academics

When there is an asymmetry among the resources of two people, gifts lead to subordination, not reciprocity. Mauss referred to this as the “poison in the gift.”

We see this in Epstein’s transactions with academics whose research he bankrolled. He collected academics the way his billionaire friends collected artwork — Botstein, president of Bard; Larry Summers, president of Harvard; Lawrence Krauss, celebrity physicist; Dan Ariely, organizational psychologist; and the evolutionary psychologists and biologists Steven Pinker, Robert Trivers, Stephen Kosslyn, Martin Nowak, Joscha Bach and Nathan Wolfe to name a few.

Epstein was drawn to these academics because of his interest in eugenics, which he needed them to legitimize. He thought Black people were intellectually inferior and wondered if they could be improved through genetic modification. In a typo-ridden message, he texted German cognitive scientist Bach:

“Maybe climate change is a good way of dealing with overpopulation.. The earths forest fire… too many people, so many mass executions of the elderly and infirm make sense… if the brain discards unused neurons, why shold society keep their equivalent.”

And he talked about creating new superhumans by seeding batches of women with his own sperm.

After spending days reading Epstein’s messages to his associates, it reveals something essential about the contemptuous way they view the rest of the world.

One of them, lawyer Kathryn Ruemmler, texted Epstein that she would “get gas at a rest stop on the New Jersey Turnpike, will observe all of the people there who are at least 100 pounds overweight … and will then decide that I am not eating another bite of food for the rest of my life out of fear that I will end up like one of these people.”

Hopefully, most of the world is not like them.

The Conversation

Hugh Gusterson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. What the Jeffrey Epstein files reveal about how elites trade toxic gifts and favours – https://theconversation.com/what-the-jeffrey-epstein-files-reveal-about-how-elites-trade-toxic-gifts-and-favours-275727

Dance scenes in South African rock art: a closer look at ritual, music and movement

Source: The Conversation – Africa – By Joshua Kumbani, Postdoctoral fellow, University of Tübingen

Rock art is widespread across southern Africa and includes a wide range of depictions such as human figures, animals, dots, handprints, and other painted or engraved imagery on rock surfaces. The rock art tradition of paintings was made by San hunter gatherers over thousands of years.

The first dance scenes in southern African rock art were documented 100 years ago. But there’s been some confusion as to whether certain scenes could indeed be interpreted as a dance.

Dance can be simply defined as intentional and organised bodily movement. It also functions as an expression of mood and a form of nonverbal communication. In southern African cultures, dance is also performed during moments of celebration and in ritual contexts. Sometimes dancers go into a trance.

Scholars in the past have interpreted the dances in San rock art as ritual dances, mainly trance dances. But ethnography (the study of living people) points to the fact that San communities also danced for leisure and entertainment. Hence the need to systematically examine and categorise dancing scenes in the rock art.

We are archaeologists with a special interest in sound and music in rock art. In a recent study, we examined selected dancing scenes in rock art from four of South Africa’s provinces: the Free State, KwaZulu-Natal, the Eastern Cape and the Western Cape. The aim was to categorise the different types of dances depicted and to explore whether all dancing scenes represent ritual performances or whether some might reflect entertainment or leisure activities.

We concluded that some of the performances depicted were likely undertaken for leisure and enjoyment rather than ritual purposes.

We hope that our study provides a way to categorise dancing scenes in San rock art. This framework can be refined and expanded by future researchers working in music archaeology, the study of sound and its effects, or the iconographic analysis of musical instruments and dance imagery (working out what the images mean). This kind of research also helps people appreciate their music heritage from the past.

Sources and categories

Our article examined selected dancing scenes through a literature review and by consulting the African Rock Art Digital Archive database curated by the Rock Art Research Institute at the University of the Witwatersrand.

We consulted foundational works on rock art by pioneers George Stow and Dorothea Bleek (1930), and by more recent scholars such as Patricia Vinnicombe and David Lewis-Williams. Ethnographic accounts by Lorna Marshall (1969, 1976), Richard Katz (1982) and Megan Biesele (1993) of dance among San communities in the Kalahari (Botswana) and Nyae Nyae (Namibia) regions further informed our analysis.




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We identified three broad categories of dances in the ethnographic records: ritual dances, circumstantial dances, and entertainment dances. Some circumstantial dances were performed to celebrate a successful hunt, while entertainment dances included those celebrating a newlywed couple, as well as dances done simply for fun and games by boys and girls.

We therefore argue that dancing scenes in the archaeological record should be examined critically: not all of them depict rituals.




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Six points of identification

To systematically identify dancing scenes, we applied six analytical attributes:

  • body postures, including bent figures, outstretched arms and flexed legs

  • paraphernalia held by dancers, such as sticks, rattles or headgear

  • interaction between dancers

  • evidence of synchrony (moving in unison)

  • direction of movement

  • the gender of the figures represented.

In the following section, we provide examples of different kinds of dances in rock art and suggest how they may be interpreted on the basis of ethnographic information.

Ritual dances

Our study identified several ritual dances depicted in the rock art, including the trance or medicine dance. (An example is the Attakwas Kloof dance image above, from a site in the Klein Karoo in the Western Cape.) This is one of the most widespread dances among San communities. It is a communal healing practice in which medicine men, believed to possess healing powers, treat the sick through touch and dispel harmful spirits or misfortune.

During the trance dance, men dance while women sing and clap in accompaniment. Some of the male dancers serve as healers. The dancers move in a circular pattern, stamping their feet until a shallow furrow forms on the ground. Prolonged dancing induces an altered state of consciousness, during which healers may fall or collapse as they enter trance.

In South Africa, several forms of trance dance are depicted in the rock art. These scenes typically show clapping female figures accompanying male dancers, who are often shown bending forward. In some images, however, the clapping figures are absent, and only the dancers are represented.

Ethnographic accounts (for example, Wilhelm Bleek and Lucy Lloyd, 1911: 190) note that leg rattles are commonly used during trance dances to produce a sharp, rhythmic vibration, yet these rattles are not frequently depicted in the rock art. A notable exception comes from the Halstone site in the Eastern Cape (above), where several dancers are shown wearing leg rattles. Some figures balance on dancing sticks and appear to be in an altered state of consciousness, or in a trance.

Female initiation rituals that are accompanied by eland dances, performed during the first menstruation rite, also appear in the rock art.

The women mimic the moves of the female eland, a spiritually important animal. These dances are performed only by women, usually in a secluded space. The dancers move in a circle while bending forward, and the ceremony celebrates a girl’s first menstruation. This interpretation is supported by ethnographic research conducted among San communities in Botswana and Namibia by anthropologists such as Marshall and Biesele.

Other ritual dances depicted in the rock art include boys’ initiation ceremonies, commonly known as the Tshoma. This dance marks the transition from boyhood to manhood and is performed exclusively by males. The ethnographic accounts mentioned above indicate that these ceremonies take place in secluded areas away from the main camp.

We identified some other dance scenes at G3 Site II (Vinnicombe 1976) (below) as possibly circumstantial or leisure dances and we suggested that this could have well been the case for the performance depicted at Witsieshoek (bottom).

It is likely that, because of their non-ritual nature, circumstantial or leisure dances – which ethnographic literature suggests were very common – were only rarely depicted in paintings.

The Conversation

This article is part of the ERC Artsoundscapes project (Grant Agreement No. 787842) that has received funding from the European Research Council (ERC) under the European Union’s Horizon 2020 research and innovation programme. PI: Margarita Díaz-Andreu.

Joshua Kumbani does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Dance scenes in South African rock art: a closer look at ritual, music and movement – https://theconversation.com/dance-scenes-in-south-african-rock-art-a-closer-look-at-ritual-music-and-movement-275489

Prophets and profits: the art of the sell in Shepherd Bushiri’s YouTube sermons

Source: The Conversation – Africa – By Ambrose Kolawole Dada, Research Assistant, Media and Communication, Nelson Mandela University

In a widely viewed YouTube sermon called 3 Types of Keys, a preacher, dressed in a sky blue Italian suit, holds a microphone and speaks with great assurance about spiritual matters. Prophet Shepherd Bushiri is telling his audience that their financial struggles are not accidental.

He warns that business, marriage or social standing can easily crumble if believers don’t pay their tithes to the church every month – 10% of their earnings. This message is not presented as advice, but as divine instruction.

Bushiri is one of the most influential and controversial Pentecostal prophets to emerge from southern Africa in the digital age. As journalist Pumza Fihlani writes:

This is a man who says he has cured people of HIV, made the blind see, changed the fortunes of the impoverished and, on at least one occasion, appeared to walk on air.

The growth of African evangelical movements has often been associated with self-styled pastors taking advantage of Africans who are already vulnerable. Their lives are characterised by socioeconomic failures of government, inadequate healthcare systems, beliefs in supernatural forces, and corruption-driven inequalities.

In recent years, Bushiri has been involved in a series of legal battles – including charges of financial crimes and sexual assault – leading to his exit from South Africa to Malawi, where he was born.

His sermons continue to reach masses of worshippers online, with 794,000 subscribers on YouTube alone at the time of writing. He says he has two million registered congregants today.

As media and communication scholars who are interested in religious communication, we analysed what his sermons can tell us about why his online presence is so successful.

We found that, like other rhetoric (persuasive language, for example by politicians or advertisers), his YouTube sermons are carefully framed narratives that promote ideas about faith, authority and prosperity. They strengthen the pastor’s personal influence over his audience and, at the same time, build his brand.

Who is Shepherd Bushiri?

Bushiri – called Major 1 by his followers – is the founder of the Enlightened Christian Gathering Church. He rose to prominence in the 2010s through TV broadcasts and social media (he has 5.8 million followers on Facebook alone), presenting himself as a prophet with supernatural insight.




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His ministry expanded rapidly across Africa and among Africans living overseas. Reports claim that Bushiri is one of the richest pastors in Africa. His ministry reflects what has been described as “prophetpreneurship” – the strategic blending of prophecy, charisma and business.

These descriptions raise interesting questions. How are prophetic authority and prosperity communicated to followers? And what role does digital media play in sustaining this influence?

Sermons as communication

To answer these questions, we turned to Bushiri’s YouTube sermons. Video-sharing platforms play a central role in African Christianity today. YouTube has the capacity to boost religious audiences. Sermons are watched on mobile devices, replayed repeatedly and shared across borders, often outside formal church spaces.

Rather than evaluating Bushiri’s teachings as “true” or “false”, our study focused on how his sermons communicate meaning. Sermons function as public communication. Like political speeches or advertising, they’re designed to persuade, inspire and guide behaviour.

We used Critical Discourse Analysis, a research method that examines language to uncover underlying messages about power, authority and values. This was supported by framing theory, which explains how speakers present issues through storylines. A frame is simply the angle through which a message is communicated.

Four dominant themes

The analysis identified four recurring frames in a selection of 10 of Bushiri’s YouTube sermons.

1. Paying to pray

It’s a human aspiration to want to prosper. In Bushiri’s 3 Types of Keys sermon, human prosperity is closely tied to financial giving, emphasising that God requires the “whole tithe”.

South African theologian Mookgo Solomon Kgatle argues this emphasis resembles a money cult. While the Bible has references to tithing, interpretation and context are crucial. When money is a condition for divine favour, faith risks becoming about moneymaking rather than spirituality.

2. Self-positioning

In the sermon Exposure to the Spiritual World, Bushiri claims:

The spirit of God is in your nostrils; if I can breathe on you, you will see the power of God.

This teaching seems rather simplistic, and shifts focus to the self-positioning of Bushiri as a super prophet whose very breath has spiritual power.

Scholars have noted that such practices, common among new prophetic churches, can oversimplify or misrepresent spiritual truths. Despite their emotional appeal, these teachings risk misleading followers by elevating a prophet’s opinion over the scripture and established Christian tradition.

3. Building the brand

Self-branding is common in business, but in religious contexts it can be intensified. Bushiri repeatedly presents himself as a channel of divine blessings, with what he calls his “contract-winning touch”.

He recounts testimonies from international visitors who said, “Papa touched me and the contract came.” He claims that when he touches someone, he leaves a spiritual “substance” on them.

This framing encourages dependency on him. Personal contact is a drawcard for those seeking jobs or “healing” from illness.

4. Media strategy

Digital media has allowed more people to have access to more religious content, but it also raises ethical concerns. Scholars have argued that media-mediated spiritual encounters can blur the line between what’s real and what’s a performance.

In The Perfect Will of God, Bushiri claims that physical distance does not limit spiritual connection. He claims he can anoint people through the screen.

Televised images of new prophet church leaders are often carefully constructed to project success and extraordinary spiritual power, reinforcing their authority. Bushiri, for example, once made headlines for apparently raising a man from the dead.

The role of YouTube

Digital platforms intensify these frames. On YouTube, sermons can be consumed privately, without immediate discussion or challenge from a physical faith community. Emotional moments – prophecies, miracles and dramatic testimonies – are rewarded by likes and comments, and can be enhanced by controversies.




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Followers affirm their faith and loyalty in a video’s comments. Over time, this creates a sense of a global spiritual community centred on a single individual.

Digital religion is not only about spreading faith. It is also about expanding influence and, in some cases, monetising belief.

Why this matters

Religion plays a vital role in African societies, offering hope, identity and belonging. But religion, like all forms of communication, is not neutral. It is designed to achieve particular aims. Recognising this does not mean dismissing faith; it means engaging with it critically and responsibly.




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For audiences navigating online spaces, learning to recognise persuasive strategies, religious or otherwise, is increasingly important.

Understanding how religious messages are framed can help believers make informed choices and encourage healthier forms of accountability in religious leadership.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Prophets and profits: the art of the sell in Shepherd Bushiri’s YouTube sermons – https://theconversation.com/prophets-and-profits-the-art-of-the-sell-in-shepherd-bushiris-youtube-sermons-276277