Cuando la tierra tiembla y la ciudad muestra sus grietas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Servicios de emergencia trabajan en un edificio derrumbado de Caracas la noche del 24 de junio. mytaj1/Shutterstock

La tarde del 24 de junio, en Caracas, muchos sentimos primero un sacudón fuerte y, menos de un minuto después, otro todavía más intenso. En segundos, las llamadas y los mensajes se llenaron de gritos y de noticias de derrumbes de edificaciones en La Guaira y en varios puntos de la capital. Según confirmó la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), dos terremotos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5 Mw, con epicentros en el estado Yaracuy y réplicas posteriores frente a las costas de La Guaira, sacudieron el norte del país y se convirtieron en el evento sísmico más fuerte en más de un siglo en Venezuela.

Doblete sísmico

Los sismólogos describen lo ocurrido como un “doblete sísmico”: dos terremotos grandes, con muy poca diferencia temporal y en el mismo sistema de fallas, algo distinto a la secuencia más habitual de un sismo principal seguido de réplicas menores.

El geólogo Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, ha señalado que este doblete recuerda, por la extensión de los daños, al sismo de 1812, del que las crónicas ya hablaban como un evento con “multifocos”. En sus declaraciones insiste en que se trata de una zona donde la falla es bastante lineal y “se produce una rotura en un tramo de la falla y de una vez se activa otro tramo de falla”, tal como en 1812.

Medios internacionales y el Servicio Geológico de Estados Unidos han señalado que entre ambos eventos transcurrieron apenas alrededor de 40 segundos, lo que los sitúa dentro de esa categoría de doblete y ayuda a explicar por qué el impacto fue tan severo en La Guaira y en el Área Metropolitana de Caracas.

Los balances oficiales y periodísticos coinciden en que el impacto del doble terremoto ha dejado un panorama grave, con pérdidas humanas, numerosos heridos y un conjunto amplio de edificaciones dañadas o colapsadas entre Caracas, La Guaira y otros estados de la franja central. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró el estado de emergencia a escala nacional y calificó a La Guaira como “zona de desastre”, con derrumbes de edificaciones residenciales y comerciales y afectaciones significativas en el aeropuerto de Maiquetía y en otras infraestructuras críticas.

Las zonas más afectadas

La Guaira, una franja costera encajonada entre el mar y la montaña, ya había sido escenario de los corrimientos de tierra e inundaciones que protagonizaron la llamada tragedia de Vargas (1999), ampliamente documentada como resultado de la combinación de amenazas naturales y vulnerabilidades acumuladas. Diversos trabajos han mostrado que buena parte de las condiciones de vulnerabilidad identificadas entonces siguieron presentes, de modo que el doble terremoto de 2026 actuó sobre un territorio cuyo riesgo ya había sido señalado en estudios técnicos y académicos.

En Caracas, los daños se concentran en sectores de alta densidad de construcciones, donde colapsaron o quedaron muy afectados edificios residenciales y comerciales, mientras otros con mejor diseño o mantenimiento resistieron mejor la sacudida. La ciudad es una mezcla de obras que incorporaron aprendizajes del terremoto de 1967 –con mejores diseños y detalles sismorresistentes– con otro segmento que, por falta de recursos o de control, no cumple plenamente las exigencias actuales, especialmente en sectores populares y en barrios autoconstruidos en laderas apoyadas en taludes ya inestables.




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La lección de 1967

El comportamiento de muchas estructuras refleja también la valía de varias generaciones de ingenieros que supieron aprender del sismo de 1967. De aquella experiencia –recogida en el libro de acceso abierto El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después– surgieron FUNVISIS y las primeras normativas sísmicas modernas del país. Aunque el parque construido es heterogéneo, buena parte de las obras diseñadas bajo esos criterios sigue en pie, lo que muestra que cuando se aplican estándares rigurosos la ciudad puede responder mejor ante eventos extremos.

Desde la ingeniería civil y urbana, este evento obliga a mirar más allá de la magnitud del sismo y preguntarse por la calidad real, el mantenimiento y las condiciones de uso de nuestras infraestructuras. Venezuela cuenta hoy con normas sismorresistentes actualizadas y con estudios de microzonificación sísmica, que identifican suelos con amplificación de ondas y efectos de sitio complejos. Sin embargo, en La Guaira y en Caracas, decisiones de construcción discutibles, ampliaciones informales y ausencia de programas sostenidos de mantenimiento han configurado un conjunto de edificios y una red vial que responden de manera muy desigual ante un sismo mayor.

Mapa de microzonificación sísmica de Caracas.
FUNVISIS

En el corto plazo, la prioridad es evaluar la seguridad de las edificaciones que siguen en pie y definir cuáles pueden ser reparadas, reforzadas o demolidas, empezando por hospitales, escuelas, puentes y otras infraestructuras críticas. A mediano plazo, el doble terremoto deja claro que reconstruir sin revisar a fondo las decisiones de construcción y de mantenimiento sería insistir en bases frágiles; alinear esas decisiones con la realidad sísmica del país es una condición mínima para reducir la vulnerabilidad futura.

The Conversation

Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando la tierra tiembla y la ciudad muestra sus grietas – https://theconversation.com/cuando-la-tierra-tiembla-y-la-ciudad-muestra-sus-grietas-286267

Provinciales 2026 : les paradoxes d’une élection censée sortir la Nouvelle-Calédonie de l’impasse

Source: The Conversation – France in French (3) – By Pierre-Christophe Pantz, Enseignant vacataire et chercheur associé à l’Université de la Nouvelle-Calédonie (UNC), Université de la Nouvelle-Calédonie

Deux ans après la date initialement prévue, les élections provinciales se tiennent enfin, ce dimanche 28 juin 2026, en Nouvelle-Calédonie. Reportées trois fois pour favoriser un accord sur l’avenir institutionnel, elles interviennent finalement après l’échec des négociations et l’abandon des accords de Bougival et d’Élysée-Oudinot. Ce scrutin met en lumière plusieurs paradoxes qui illustrent les blocages politiques actuels de l’Archipel océanien.


Le 28 juin 2026, les électeurs calédoniens renouvellent les assemblées des trois provinces ainsi que, indirectement, la composition du Congrès et du gouvernement collégial de la Nouvelle-Calédonie. Dans un territoire bipolarisé, elles constituent également un baromètre du rapport de force entre les camps indépendantiste et non indépendantiste.

Initialement prévues en mai 2024, ces élections ont été repoussées pour laisser du temps aux négociations sur l’avenir institutionnel du territoire, puis la mise en œuvre des accords de Bougival et d’Élysée-Oudinot (BEO). Inévitablement, ces reports exceptionnels ont progressivement nourri les débats sur la légitimité d’élus dont le mandat a finalement été prolongé de 40 %. Les détracteurs de ces accords ont d’ailleurs contesté la légitimité de leurs signataires, transformant ce rendez-vous électoral en séquence politique où se mêlent fatigue démocratique, incertitude institutionnelle et recomposition des rapports de force.

À première vue, ces élections pourraient apparaître comme une solution au blocage politique. Pourtant, elles révèlent surtout les difficultés qu’elles sont censées résoudre. L’élection apparaît moins comme l’aboutissement d’un compromis que comme la conséquence de l’impossibilité de faire émerger un accord suffisamment consensuel.

Le paradoxe d’élections reportées pour favoriser un accord… qui n’a jamais été trouvé

Les différents reports des provinciales ont été justifiés par la volonté de laisser du temps aux partenaires politiques pour parvenir à un compromis sur l’après-accord de Nouméa.

Or, les accords conclus à Bougival (12 juillet 2025) puis à l’Élysée-Oudinot (19 janvier 2026) n’ont finalement pas permis de faire émerger le consensus politique nécessaire à leur application. Malgré deux années de discussions après les émeutes de mai 2024, les Calédoniens votent dans un contexte d’incertitude institutionnelle largement inchangé.

Plus encore, les futurs élus auront probablement pour principale mission de participer à de nouvelles négociations dont les contours restent largement à définir. Cette situation entretient l’idée d’un processus suspendu, où l’élection ne clôt pas une phase politique, mais vient combler l’absence d’accord.

Le paradoxe d’une collectivité autonome dont l’issue dépend encore de Paris

Depuis l’accord de Nouméa signée en 1998, la Nouvelle-Calédonie est engagée dans un processus de décolonisation original au sein de la République française. Si les trois référendums (en 2018, en 2020 et en 2021 ; le troisième est contesté par le camp indépendantiste) n’ont pas réussi à refermer cette séquence, l’accord trouvé entre les partenaires à Bougival laissait entrevoir un consensus entre les acteurs locaux pour une sortie de crise. Mais c’est finalement à Paris que l’avenir institutionnel du territoire s’est joué, au gré des équilibres politiques nationaux. Les débats autour des accords proposés ces derniers mois ont montré à quel point les rapports de force à l’Assemblée nationale pesaient sur le dossier calédonien, limitant l’autonomie effective du processus local.

Dans cette configuration, le scrutin provincial agit aussi comme un signal adressé au niveau national, à l’approche des échéances électorales de 2027. Pendant la campagne, certains candidats semblent privilégier une stratégie d’attente, pariant sur les échéances nationales plutôt que sur un compromis immédiat. Cette forme de « présidentialisation » tend à suspendre les arbitrages locaux dans l’attente de l’élection présidentielle, replaçant une partie du destin institutionnel calédonien dans le calendrier politique national.

Le paradoxe d’un besoin de renouvellement… sans garantie de renouvellement

Ces élections étaient attendues comme un moyen de restaurer une légitimité politique fragilisée par l’allongement exceptionnel de la mandature (sept ans au lieu de cinq ans).

Pour autant, rien ne garantit un renouvellement significatif de la représentation politique. Le mode de scrutin provincial – scrutin de liste proportionnelle à la plus forte moyenne, combiné au seuil de 5 % des inscrits nécessaire pour obtenir des élus – favorise les formations historiques les plus unies, tout en pénalisant l’éparpillement des voix et l’émergence d’une troisième voie.

Dans ce cadre, le renouvellement politique attendu par une partie des électeurs se heurte à des mécanismes institutionnels qui tendent à reproduire les équilibres existants.

Le paradoxe d’une offre politique plus diversifiée que jamais mais une fragmentation à l’issue incertaine

À l’instar de 2019, la campagne de 2026 se caractérise par une fragmentation, particulièrement en province Sud, qui cristallise les principaux enjeux de ce scrutin.

Quatre listes se réclament d’un espace central cherchant à dépasser l’opposition traditionnelle entre indépendantistes et non-indépendantistes. Elles privilégient les enjeux économiques, sociaux et de gouvernance, reléguant souvent la question institutionnelle au second plan.

Cette diversification traduit des attentes nouvelles, mais elle se heurte à un risque structurel : voir plusieurs de ces listes échouer à franchir le seuil d’éligibilité et transformer une part des suffrages en voix non représentées.

Dans le même temps, le camp indépendantiste connaît une division inédite en province Sud. Après plus de vingt ans de listes communes, l’UNI-Palika et le FLNKS se présentent séparément, accentuant une fragmentation qui ravive le souvenir de 2004, lorsque, en l’absence d’unité, aucun élu indépendantiste n’avait été désigné en province Sud. En face, le camp non indépendantiste, malgré une union majoritaire autour des loyalistes et du Rassemblement, doit composer avec l’émergence de deux listes concurrentes situées à sa droite.

Le paradoxe d’un scrutin local aux conséquences institutionnelles majeures

Enfin, ces élections illustrent une singularité calédonienne : bien que juridiquement provinciales, leurs effets dépassent le cadre local.

Pourtant, ce sont les équilibres issus du scrutin qui détermineront la composition du Congrès, la formation du gouvernement et le rapport de force dans les futures négociations avec l’État. Le scrutin agit ainsi moins comme une élection de gestion locale que comme un baromètre institutionnel.

De manière asymétrique, la bataille décisive se joue donc en province Sud, où se concentre l’essentiel du poids électoral du territoire.

Une participation sous surveillance

Alors que les provinciales pourraient constituer un moment de clarification démocratique, une abstention élevée prolongerait en réalité une tendance déjà ancienne. Depuis 2004, la baisse de la participation se vérifie scrutin après scrutin, s’inscrit dans la durée et ne se limite ni aux contextes de crise ni aux seules séquences électorales récentes. Elle traduit une forme de rejet progressif de la population vis-à-vis des partis, des élus et, plus largement, du fonctionnement institutionnel.

Ce phénomène s’accompagne d’un brouillage des repères politiques et d’un éloignement des enjeux institutionnels du quotidien. Des initiatives de démocratie participative ont émergé au Congrès, traduisant une recherche de nouvelles formes de légitimité. Mais cette dynamique reste fragile face à une tendance de fond plus large de défiance politique, désormais installée dans la durée.

« Le pari de la confiance »

Au fond, même si le nouveau rapport de force politique issu des urnes aura une importance capitale pour la reprise des négociations, l’enjeu du 28 juin ne se limite pas à la désignation des vainqueurs. Dans un paysage politique particulièrement fragmenté, marqué par l’émergence d’un espace central susceptible de jouer un rôle d’arbitre, la question est aussi celle de la capacité des institutions à dégager une majorité politique suffisamment légitime pour relancer le dialogue sur l’avenir du pays.

Le principal enseignement ne résidera peut-être pas dans la seule configuration des assemblées provinciales, du Congrès et du gouvernement, mais dans la capacité des nouveaux élus à restaurer une confiance effritée. Ce n’est sans doute pas un hasard si l’accord de Bougival avait été sous-titré « Le pari de la confiance ».

Car le dernier paradoxe de ces provinciales est peut-être le plus déterminant : une élection organisée pour contribuer à sortir d’une impasse politique pourrait aussi en révéler toute la profondeur.

The Conversation

Pierre-Christophe Pantz ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Provinciales 2026 : les paradoxes d’une élection censée sortir la Nouvelle-Calédonie de l’impasse – https://theconversation.com/provinciales-2026-les-paradoxes-dune-election-censee-sortir-la-nouvelle-caledonie-de-limpasse-286272

Las ondas sísmicas del terremoto de Venezuela han dado tres vueltas y media a la Tierra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jordi Díaz Cusí, Investigador Científico. Sismologia experimental, Instituto de Geociencias de Barcelona (Geo3Bcn – CSIC)

Destrozos causados por los sismos en La Guaira, Venezuela. Mytaj1/Shutterstock

Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 han afectado este 24 de junio a Venezuela. Los sismos están relacionados con el desplazamiento lateral entre la placa tectónica el Caribe y la placa suramericana en lo que se denomina una falla de de cizalla: una fractura en la corteza terrestre donde dos bloques de roca se desplazan horizontalmente uno respecto al otro, en direcciones opuestas. Se estima que el movimiento relativo entre las placas es de unos 2 cm por año.

El doblete sísmico

Aunque es poco frecuente que se produzcan dos terremotos de gran magnitud con muy poco tiempo de diferencia, este fenómeno tiene una explicación geológica conocida.

Las fallas tectónicas no son superficies perfectamente lisas, sino que presentan zonas más resistentes llamadas asperidades, donde las rocas permanecen fuertemente bloqueadas y acumulan una gran cantidad de tensión. Cuando la falla comienza a romperse, una parte de esa energía se libera y genera un primer terremoto.

Sin embargo, si alguna asperidad importante resiste inicialmente la ruptura, la tensión puede seguir concentrándose en ella hasta que finalmente cede, provocando un segundo terremoto de gran magnitud. De este modo, la liberación de energía no ocurre en un único evento, sino en dos etapas sucesivas, separadas por un breve intervalo de tiempo.

De hecho, en la misma zona hubo un doblete de menor magnitud en 2025 con magnitud 6,2 y 6,3, respectivamente, y otro en 1812, similar al actual, con magnitudes estimadas de 7,1 y 7,4.

Siete terremotos de similar magnitud en 2025

La zona tiene una actividad sísmica continuada, aunque inferior a otras áreas, como la costa del Pacifico. Desde el 1900 se tiene noticia de un centenar de terremotos de magnitud igual o superior a 6 en la zona. El terremoto de mayor intensidad del que se tiene noticia ocurrió el 2 de octubre de 1900 frente a la costa de Caracas.

La magnitud del terremoto principal es alta, pero no excepcional. En 2025 hubo siete terremotos de magnitud igual o superior a 7.5 y en lo que llevamos de 2026, tres más.

Ambos eventos recuerdan al terremoto de Haití de 2010, ya que ambos se sitúan en los límites de la placa del Caribe; Haití al norte, Venezuela al Sur.

Detección en tiempo real

Como es habitual para eventos de esta magnitud, este terremoto se ha registrado en los sismómetros de todo el mundo.

En los equipos de banda ancha, capaces de registrar las ondas de superficie de periodo alto, detectamos movimiento durante más de una hora.

Las primeras ondas llegaron a nuestros sismógrafos, en Barcelona, a las 22:15:36 (UTC), unos quince minutos después de la ruptura. Posteriormente las ondas de superficie, de mayor amplitud, se registran durante más de dos horas.

La imagen muestra el registro en el sismómetro horizontal instalado en el GEO3BCN-CSIC
Registro sísmico del terremoto de Venezuela en el sismómetro analógico del GEO3BCN-CSIC.
Jordi Díaz

Una vuelta a la Tierra cada tres horas

Después de terremotos de gran magnitud, los sismómetros suelen registrar las ondas superficiales que circunvalan a la Tierra cada tres horas aproximadamente.

En esta figura que sigue a este párrafo vemos estas ondas tal y como se han registrado en algunas de las estaciones de la red sísmica de Cataluña, mantenida por el Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña.

Ondas sísmicas registradas en intervalos de unas tres horas
Las ondas de superficie que van dando vueltas a la Tierra y se registran a cada paso, en intervalos de unas tres horas.
Jordi Díaz

En la gráfica, R1 es la onda que viaja desde Venezuela a España por el Atlántico, R2 es la onda que viaja por el lado opuesto (pasando por el Pacífico) y R3 es la misma onda que R1 después de dar una vuelta completa al planeta y sucesivamente.

Así pues, la fase R7 es una onda que ha dado tres vueltas y media a la Tierra, viajando más de 125 000 km.

25 minutos después, un terremoto en Japón

25 minutos más tarde de los terremotos de Venezuela ocurrió otro terremoto con epicentro cerca de la costa norte de Japón, de magnitud 6,9, que no ha producido daños significativos.

En la imagen que sigue a este párrafo se observa la llegada de las ondas procedentes de Venezuela (línea roja) y de Japón (línea azul) en los sismómetros de la red sísmica educativa del GEO3BCN-CSIC, con equipos instalados mayoritariamente por centros de educación media de Barcelona y Girona.

Registros de de las ondas sísmicas de los terremotos de Venezuela y de Japón
Registro de las ondas de los terremotos de Venezuela y de Japón en los sismómetros de la red sísmica educativa del Geo3Bcn-CSIC en la zona de Barcelona y Girona.
Geo3Bcn-CSIC

Aunque la profundidad del evento de Venezuela ha sido mayor, y el mecanismo de ruptura es diferente, la diferencia en la destrucción producida por los dos terremotos se puede relacionar probablemente con el nivel de preparación de cada país ante eventos sísmicos.

The Conversation

Jordi Díaz Cusí no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las ondas sísmicas del terremoto de Venezuela han dado tres vueltas y media a la Tierra – https://theconversation.com/las-ondas-sismicas-del-terremoto-de-venezuela-han-dado-tres-vueltas-y-media-a-la-tierra-286162

El misterio del covid persistente: nuevas pistas para entender por qué no desaparecen los síntomas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Narcisa Martínez Quiles, Catedrática de Inmunología (UCM) y Especialista en Inmunología (Ministerio de Sanidad), Universidad Complutense de Madrid

Daisy Daisy/Shutterstock

Todos experimentamos un gran alivio cuando en mayo de 2023 la OMS declaró que la covid-19 dejaba de constituir una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional. Sin embargo, tres años después, un porcentaje de pacientes, que oscila entre un 10-20 %, continúan con síntomas: padecen el llamado covid persistente (long covid en inglés).

Aunque todavía no existe un biomarcador único ni una explicación universal para todos los pacientes, las investigaciones enfocadas en el sistema inmunitario están comenzando a revelar mecanismos que podrían contribuir a la persistencia de los síntomas. Pero antes aclaremos algunos aspectos.

¿Cuánto pueden durar los síntomas?

Actualmente se distinguen tres periodos de la enfermedad:

  • Covid agudo: se produce desde el diagnóstico de infección por el coronavirus SARS-CoV-2 hasta las cuatro semanas posteriores.

  • Periodo sintomático prolongado, que llegaría hasta los tres meses.

  • Síndrome post-covid: implica que los síntomas se prolongan más de tres meses, pudiendo durar hasta años. Esto es lo que llamamos covid persistente.

Afortunadamente, algunos pacientes en el último caso experimentan cierta mejoría transcurridos dos años desde la infección desencadenante, mientras que para otros la enfermedad continúa e incluso se agrava.

A pesar del creciente reconocimiento clínico, los mecanismos biológicos responsables de la persistencia de síntomas siguen siendo objeto de intenso escrutinio científico. Durante los últimos años, numerosos estudios han identificado alteraciones inmunológicas, lo que ha impulsado diversas hipótesis a cerca de los mecanismos subyacentes.

Entre ellas destacan la persistencia de antígenos virales (partes del virus que son identificadas como extrañas o peligrosas por el sistema imnune), activación inmunitaria crónica, autoinmunidad (cuando las defensas atacan por error a nuestras propias células, tejidos u órganos), disfunción vascular y, más recientemente, la llamada impronta inmunológica (immune imprinting en inglés), que explicaremos en detalle más adelante. Nuestro equipo ha investigado estos mecanismos, con los resultados que explicaremos a continuación.

Respuesta inmunitaria alterada

En primer lugar, diversos estudios indican que la respuesta productora de anticuerpos en personas con síndrome post-covid puede estar alterada. Concretamente, nuestras indagaciones han revelado que los pacientes presentan niveles más bajos de anticuerpos frente a la proteína Spike completa del coronavirus SARS-CoV-2 que individuos recuperados sin secuelas, mientras que los primeros responden bien a la región de unión al receptor (RBD). Recordemos que la proteína Spike es responsable de la entrada del patógeno a nuestras células mediante la interacción de RBD con la proteína ACE2.

Estos descubrimientos, lejos de constituir una explicación definitiva, encajan con algunas de las hipótesis más interesantes que actualmente se investigan para comprender la enfermedad.

Haber sufrido un resfriado común puede empeorar la respuesta al SARS-CoV-2

El término “impronta inmunológica” describe cómo las primeras exposiciones a determinados patógenos pueden influir en la respuesta frente a infecciones posteriores. Antes de la aparición del SARS-CoV-2, la mayoría de las personas ya había estado expuesta repetidamente a coronavirus estacionales responsables de resfriados comunes, tales como el HKU1. Estas infecciones generan memoria inmunológica que puede resultar beneficiosa porque proporciona cierto grado de inmunidad cruzada.

Sin embargo, también podría tener consecuencias menos favorables. Algunos investigadores proponen que, en determinadas circunstancias, el sistema inmunitario tiende a reutilizar respuestas previamente establecidas frente a esos coronavirus estacionales en lugar de generar una reacción óptima frente a nuevas regiones específicas del SARS-CoV-2.

Es decir, los niveles reducidos de anticuerpos anti-Spike observados en pacientes con covid persistente podrían reflejar una reacción inmunitaria condicionada por contactos previos con otros coronavirus humanos. Aunque esta hipótesis todavía requiere una mayor confirmación experimental, constituye un marco conceptual interesante para explicar por qué algunos individuos desarrollan respuestas de anticuerpos diferentes tras la infección o la vacunación.

Fragmentos del virus que se quedan a vivir en el organismo

Otra observación relevante de nuestro estudio es que los anticuerpos dirigidos a la proteína nucleocápside (N) del virus son fácilmente detectables en los pacientes con covid persistente. A diferencia de la proteína Spike, que es el principal objetivo de las vacunas actuales, la nucleocápside se expresa únicamente durante la infección. La presencia mantenida de anticuerpos frente a esa proteína ha sido interpretada por algunos autores como una posible señal indirecta de persistencia antigénica, es decir, de la existencia prolongada de proteínas o fragmentos virales en determinados tejidos de los pacientes.

De hecho, durante los últimos años se han acumulado evidencias de que componentes del SARS-CoV-2 pueden permanecer durante meses en órganos como el intestino, los ganglios linfáticos o determinados tejidos del sistema nervioso. Aunque esto no implica necesariamente la existencia de una infección activa, sí podría mantener una estimulación continua del sistema inmunitario. En consecuencia, la producción sostenida de anticuerpos frente a proteínas virales, como la citada nucleocápside, podría ser una manifestación de esa exposición antigénica prolongada.

Además, nuestra investigación detectó un aumento de los anticuerpos anti-nucleocápside cuando los pacientes experimentaban una reinfección en los últimos seis meses previos a la recogida de la muestra. Mientras tanto, los anticuerpos frente a la Spike completa no variaban, indicando un posible bloqueo selectivo.

Distintas respuestas defensivas

El estudio también destaca por describir diferencias en los niveles de la subclase de inmunoglobulinas –anticuerpos– del tipo G (IgG4) entre pacientes y personas sanas. Cada subclase de IgG (de IgG1 a IgG4) posee funciones biológicas diferentes. Mientras que IgG1 e IgG3 son especialmente eficaces para neutralizar patógenos y activar las funciones adecuadas de las células del sistema inmunitario, IgG4 se considera más reguladora, asociada a respuestas inflamatorias menos intensas y a fenómenos de tolerancia inmunológica.

Por ello, una respuesta dominada por IgG4 podría ser menos eficiente en la neutralización del virus, aunque potencialmente más adecuada para limitar procesos inflamatorios excesivos. En la actualidad no existe evidencia de que la elevación de IgG4 sea perjudicial ni de que cause covid persistente. Sin embargo, su aparición tras exposiciones repetidas al antígeno Spike ha despertado un gran interés porque podría reflejar mecanismos de adaptación del sistema inmunitario frente a una estimulación reiterada, como ocurre en la vacunación.

De hecho, el estudio de la producción de anticuerpos IgG4 constituye una de las áreas activas de investigación en el desarrollo de vacunas de nueva generación. Comprender qué tipos de anticuerpos proporcionan una protección más duradera y eficaz y cómo evitar respuestas excesivamente reguladoras cuando no son deseables representa uno de los desafíos de la vacunología actual.

En conjunto, los resultados de nuestro estudio refuerzan la idea de que el covid persistente no responde a un único mecanismo biológico. La interacción entre impronta inmunológica, persistencia antigénica y cambios cualitativos en la respuesta de anticuerpos podría contribuir a explicar parte de la heterogeneidad observada entre los pacientes.

Aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas, la investigación comienza a dibujar un panorama complejo del estado del sistema inmunitario mucho tiempo después de la infección inicial por el SARS-CoV-2.

The Conversation

Narcisa Martínez Quiles no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Más allá del hantavirus: las zoonosis que sí están presentes en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León

El mosquito común (_Culex pipiens_) es el principal transmisor del virus del Nilo Oriental. asadykov/Shutterstock

El pasado fin de semana, el Ministerio de Sanidad de España daba por cerrado el brote de hantavirus, detectado en un crucero en mayo, después de que todos los afectados finalizaran la cuarentena o recibieran el alta hospitalaria. Terminaba por lo bajini una crisis que durante una semana recibió una enorme atención mediática. Esta historia nos muestra el creciente interés que existe alrededor de las enfermedades transmitidas por animales (zoonosis), pero también nos recuerda que no se les hace el mismo caso a todas. De hecho, hay ejemplos de zoonosis ya presentes en España que pasan desapercibidas pese a su mayor impacto.

Comprender cómo se producen ayuda a valorar mejor los riesgos reales y evita interpretaciones alarmistas.

El riesgo y la atención mediática no siempre coinciden

En la transmisión de zoonosis intervienen distintos animales. Mosquitos, garrapatas y roedores forman parte de nuestro entorno urbano y, en determinadas circunstancias, pueden contagiar enfermedades.

Sin embargo, la presencia de un animal no implica necesariamente un riesgo directo de infección. Mientras que los llamados “reservorios” permiten que el microorganismo causante de la enfermedad se mantenga en la naturaleza, son los “vectores” los que transportan al patógeno hasta las personas.

Las zoonosis no son un fenómeno nuevo: el 60 % de las patologías humanas tienen un origen animal. Esto ocurre porque compartimos una parte importante de nuestra biología con otras especies y porque convivimos con ellas desde hace miles de años. En determinadas circunstancias, algunos microorganismos son capaces de superar las barreras entre especies y adaptarse a nuevos hospedadores (nosotros).

La atención mediática que reciben estas enfermedades no siempre refleja su impacto real sobre la salud pública. Algunas zoonosis poco frecuentes generan una gran repercusión porque aparecen en contextos llamativos o inesperados, y el reciente interés por el hantavirus es un ejemplo de ello.

Mientras tanto, otras enfermedades transmitidas por mosquitos, flebótomos o garrapatas reciben menos atención pese a estar presentes en España desde hace años.

Esta diferencia puede distorsionar la percepción del riesgo. En muchos casos, el miedo se centra en determinados animales, cuando la transmisión depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales.

Comprender esta complejidad permite interpretar mejor este tipo de amenazas sin caer en alarmismos innecesarios.

Las zoonosis urbanas que sí preocupan en España

Normalmente, las zoonosis se asocian a entornos exóticos o lejanos. Sin embargo, algunas de las que más preocupan en España están relacionadas con animales y vectores presentes en nuestro entorno cotidiano.

Uno de los ejemplos más conocidos es el virus del Nilo Occidental. Este patógeno circula principalmente entre aves y mosquitos, pero en determinadas circunstancias también puede infectar a humanos y otros mamíferos.

En los últimos años se han detectado brotes y casos esporádicos en distintas zonas de España. La mayoría de las infecciones pasan desapercibidas o producen síntomas leves, pero en una pequeña proporción de casos pueden aparecer complicaciones neurológicas que requieren atención médica.

Las garrapatas representan otro ejemplo relevante. Algunas especies pueden transmitir bacterias responsables de patologías como la enfermedad de Lyme, y otras participan en la transmisión del virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.

Aunque los casos humanos son poco frecuentes, la gravedad que puede alcanzar la enfermedad ha convertido su vigilancia en una prioridad sanitaria. Su expansión se relaciona con el aumento de temperaturas y con cambios en los ecosistemas.

La leishmaniasis también forma parte de las zoonosis presentes en áreas urbanas y periurbanas españolas. Transmitida por flebótomos (un diminuto insecto parecido a un mosquito), encuentra en el perro uno de sus principales reservorios. Aunque se conoce sobre todo por su importancia veterinaria, también puede afectar a humanos y forma parte de la vigilancia sanitaria.

Los roedores urbanos constituyen otro ejemplo de convivencia cotidiana con animales capaces de mantener y diseminar algunos patógenos. En general, el riesgo de transmisión es bajo en contextos con buenas condiciones sanitarias.

Aun así, estos animales pueden participar en la diseminación de bacterias como Leptospira y Salmonella en zonas con problemas de saneamiento o acumulación de residuos.

En todos estos casos, el riesgo depende de múltiples factores ambientales, ecológicos y sociales. La simple presencia de estos animales no implica necesariamente un peligro inmediato.

Por qué están aumentando estas enfermedades

En los últimos años algunos factores ambientales y sociales han favorecido la expansión de ciertos vectores y zoonosis.

Uno de los factores más importantes es el cambio climático. El aumento de temperaturas y las modificaciones en las precipitaciones favorecen la expansión de mosquitos, garrapatas y otros vectores hacia zonas donde antes eran menos frecuentes. Los inviernos más suaves también facilitan su supervivencia durante más tiempo.

La urbanización desempeña otro papel importante. La expansión de áreas urbanas y periurbanas aumenta las zonas de contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.

Al mismo tiempo, algunos vectores se adaptan con facilidad a estos entornos. Pueden encontrar en las ciudades condiciones favorables para completar su ciclo de vida. La disponibilidad de refugios, agua y alimento facilita su presencia cerca de las personas y aumenta las oportunidades de contacto entre vectores, animales y humanos.

A esto se suma la movilidad humana y animal. Los viajes y el transporte de mercancías pueden facilitar la llegada de vectores y patógenos a nuevas regiones. Algunos de estos organismos encuentran después condiciones favorables para establecerse y expandirse en los nuevos territorios.

Sin embargo, el aumento del riesgo no significa que exista una amenaza constante: los sistemas de vigilancia epidemiológica y control vectorial permiten detectar cambios en la circulación de estos patógenos y reducir su impacto sobre la población.

Las zoonosis recuerdan que la salud humana, la salud animal y el medioambiente están estrechamente conectados. En un contexto marcado por cambios climáticos, urbanos y ecológicos, comprender cómo circulan los patógenos procedentes de animales resulta cada vez más importante.

Más que centrar la atención en amenazas puntuales, conocer cómo se transmiten estas enfermedades permite interpretar mejor los riesgos reales y reforzar las estrategias de vigilancia y prevención que protegen la salud pública.

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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Más allá del hantavirus: las zoonosis que sí están presentes en España – https://theconversation.com/mas-alla-del-hantavirus-las-zoonosis-que-si-estan-presentes-en-espana-283924

La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis López de Lizaga, Profesor titular de Filosofía, Universidad de Zaragoza

Una actuación en directo de _The Dark Side of the Moon_ en Earls Court (Londres), poco después de su lanzamiento en 1973: (de izquierda a derecha) Gilmour, Mason, Dick Parry, Waters TimDuncan/Wikimedia Commons, CC BY

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.

Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.

La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.

No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.

En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

El origen de una fusión

Imagen en la calle de la portada de un álbum en la que se ve un dibujo de la cara de un hombre con la boca abierta, gritando.
Imagen en la calle de la portada del Álbum In The Court Of The Crimson King de King Crimson.
Ceescamel/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.

Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.

Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis,Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.

Cinco fotos en blanco y negro de cinco músicos de una banda tocando sus instrumentos y colocados en una especie de collage.
Foto de prensa de la banda Yes de 1973. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Chris Squire, Jon Anderson, Rick Wakeman, Alan White y Steve Howe.
Atlantic Records

Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.

Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Auge y final del género

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.

Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).

Un hombre disfrazado de una especie de hombre con furúnculos actúa en un escenario.
Genesis (con Peter Gabriel disfrazado) actuando en noviembre de 1974.
tony morelli/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.

Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.

Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.

Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.

Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.


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José Luis López de Lizaga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte – https://theconversation.com/la-vida-efimera-del-rock-progresivo-la-cultura-de-masas-con-voluntad-de-gran-arte-282656

Cambio climático: los incendios y las inundaciones están creando zonas no asegurables en toda Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Clotilde Cerdan Amiard, Profesora Asociada en Finanzas Sostenibles, IE University

En septiembre de 2024, graves inundaciones azotaron la localidad de Czechowice-Dziedzice, en el sur de Polonia. Ela73/Shutterstock

A medida que el cambio climático hace que los fenómenos meteorológicos extremos sean más intensos y frecuentes, las “zonas no asegurables” se están volviendo cada vez más comunes. Son una clara demostración de que los seguros –el mecanismo mediante el cual las sociedades modernas hacen frente a todo tipo de riesgos– no están estructuralmente preparados para esta nueva era climática.

Las zonas no asegurables se refieren a lugares en los que se ha vuelto imposible obtener un seguro de propiedad o costearlo. Esto puede suceder porque las aseguradoras no ofrecen cobertura en una zona de alto riesgo climático (debido a límites de cobertura o a la retirada del mercado), o porque ofrecen seguros con primas tan elevadas que la mayoría de los residentes simplemente no pueden pagarlas.

Uno de los ejemplos más claros de zona no asegurable hasta la fecha proviene de California. En 2024, State Farm, una de las mayores aseguradoras de viviendas de Estados Unidos, decidió no renovar 72 000 pólizas de seguro de hogar en todo el estado debido, en parte, al riesgo insostenible de incendios forestales.

No fue la única, ya que seis de las doce aseguradoras más grandes de California ya habían suspendido o restringido en gran medida la contratación de nuevas pólizas. Los propietarios que ya no pueden encontrar cobertura privada son derivados a la aseguradora de último recurso de California, el Plan FAIR, que pasó de tener alrededor de 271 000 pólizas en vigor en 2022 a más de 684 000 en marzo de 2026, lo que supone un aumento del 152 %.

Dado que ofrece menos cobertura que las pólizas de seguro privadas, el Plan FAIR nunca tuvo la intención de convertirse en un asegurador principal. Estuvo a punto de colapsar bajo el peso de las reclamaciones derivadas de los incendios forestales de Los Ángeles de enero de 2025, y solo sobrevivió gracias a un rescate de emergencia de 1 000 millones de dólares.

En Europa, crece la preocupación por la brecha de protección, es decir, la parte de las pérdidas por catástrofes que los seguros no cubren. Según la EIOPA, el regulador de seguros de la UE, el 75 % de las pérdidas económicas derivadas de catástrofes naturales en Europa históricamente no han estado aseguradas.

En Alemania, la asociación nacional de seguros ha advertido de que las primas podrían duplicarse en una década debido a las reclamaciones relacionadas con el clima.

En Francia, el plan nacional de catástrofes naturales, conocido como CatNat, lleva registrando déficit desde 2016, lo que ha llevado al Gobierno a aumentar el recargo obligatorio en todas las pólizas de seguro de propiedad del 12 % al 20 % en enero de 2025.

En resumen, los seguros tradicionales no están preparados para hacer frente a la realidad del cambio climático. Sin embargo, existen modelos alternativos que podrían ofrecer cobertura a las personas más expuestas al riesgo.




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¿De qué mecanismos disponemos?

Más allá de los seguros convencionales, han surgido dos instrumentos como herramientas para gestionar el riesgo climático a gran escala. El primero recurre a los mercados financieros para garantizar fondos antes de que se produzca el desastre. El segundo elimina por completo la necesidad de evaluar los daños.

  1. Bonos catástrofe: cuando las aseguradoras asumen riesgos demasiado grandes o impredecibles, los transfieren a las reaseguradoras, empresas que, en esencia, aseguran a las aseguradoras. Las reaseguradoras, a su vez, pueden transferir parte de ese riesgo a los mercados financieros a través de instrumentos como los bonos catástrofe, o “CAT bonds” en inglés.

    Introducidos a finales de la década de 1990, tras la devastación causada por el huracán Andrew en el estado estadounidense de Florida, los bonos CAT permiten a las reaseguradoras recaudar fondos de los inversores por adelantado. Esto garantiza que los fondos ya estén disponibles cuando se produzca un desastre de gran magnitud y fija los precios durante varios años.

  2. Seguro paramétrico: se trata de una cobertura que se abona automáticamente una vez que se supera un umbral predefinido (por ejemplo, cuando las precipitaciones superan un determinado nivel en una región concreta). Dado que no requiere una inspección física de los daños, el seguro paramétrico resulta especialmente útil en zonas remotas o en países en desarrollo donde la penetración de los seguros tradicionales es baja.

A pesar de estas innovaciones, sigue existiendo una brecha persistente entre los costes de las catástrofes relacionadas con el clima y lo que los seguros cubren realmente. Según un informe de la compañía de reaseguros Swiss Re, el 57 % de las pérdidas por catástrofes naturales a nivel mundial en 2024 no estaban aseguradas.

Dado que tanto las aseguradoras como las reaseguradoras tienen dificultades para ofrecer una cobertura suficiente para los eventos relacionados con el clima, los gobiernos se han visto sometidos a una presión cada vez mayor para cubrir esa brecha.




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El papel creciente del Estado

Mientras los mercados privados luchan por mantener el ritmo, los gobiernos están interviniendo, ya sea subvencionando directamente los seguros o creando planes público-privados que distribuyen el riesgo entre distintas zonas geográficas.

En 2016, el Gobierno del Reino Unido, en colaboración con el sector asegurador privado, creó Flood Re, un consorcio de reaseguro. Al compartir el riesgo en todo el mercado asegurador del Reino Unido, el programa pretende mantener los seguros contra inundaciones asequibles y disponibles en las zonas de alto riesgo.

Sin embargo, el plan está previsto que expire en 2039. Esto se basa en la premisa de que los años intermedios se utilizarán para invertir en defensas contra inundaciones y en la reducción de riesgos. Para cuando el programa finalice, el mercado privado será capaz de valorar el riesgo de inundaciones con precisión sin que la cobertura resulte inasequible. Pero existen crecientes dudas sobre si esa transición será factible.

El sistema CatNat de Francia funciona según un principio similar de solidaridad nacional, pero va un paso más allá: la cobertura contra desastres naturales es obligatoria y se incluye automáticamente en todas las pólizas de seguro de propiedad del país. Todos los asegurados franceses contribuyen al programa mediante un recargo obligatorio, independientemente de dónde vivan. El sistema ha cubierto más de 50 000 millones de euros en indemnizaciones desde 1982, pero a medida que se aceleran las pérdidas climáticas, el sistema está mostrando signos de tensión.

De manera similar, el plan de reaseguro público-privado de la UE propuesto tiene como objetivo agrupar los riesgos relacionados con el clima en toda la Unión Europea, aprovechando las economías de escala en una gama diversificada de riesgos y áreas geográficas. Los modelos sugieren que podría reducir la brecha de protección de Europa del 75 % a alrededor del 10 %, pero requeriría hasta 65 000 millones de euros en capacidad de respaldo procedente de fondos públicos para hacer frente a los fenómenos más extremos.

A medida que surgen estas soluciones innovadoras, una cosa está clara: las zonas no asegurables ya no son una perspectiva de un futuro lejano. Los daños relacionados con el clima siempre han existido, pero los mecanismos que creamos para absorber el riesgo climático se diseñaron para un clima más estable. A medida que esa estabilidad se erosiona, la cuestión ya no es si el sector público tendrá que desempeñar un papel más importante, sino con qué rapidez puede rediseñarse para hacerlo.

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Además de su cargo académico, Clotilde Cerdan Amiard trabaja como consultora de estrategia e impacto en Neture, una consultora de impacto con sede en Madrid.

ref. Cambio climático: los incendios y las inundaciones están creando zonas no asegurables en toda Europa – https://theconversation.com/cambio-climatico-los-incendios-y-las-inundaciones-estan-creando-zonas-no-asegurables-en-toda-europa-284263

Terremotos en Venezuela: así se produjo el “doblete sísmico” que puede causar réplicas durante semanas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Belén Benito Oterino, Catedrática en el área de Mecánica de los Medios Continuos y Teoría de Estructuras de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Consecuencias de los dos terremotos del 24 de junio en Caracas. Mytaj1/Shutterstock

Este miércoles, 24 de julio, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron Venezuela con una diferencia de apenas 39 segundos. Primero se produjo un sismo de magnitud 7,2 y, poco después, otro de 7,5. Más que dos terremotos independientes, los registros indican que se trató de un fenómeno poco frecuente denominado doblete sísmico: dos grandes terremotos muy próximos en el tiempo y el espacio. Esta secuencia constituye un excelente ejemplo de cómo pueden interactuar las fallas activas.

Diferentes secuencias sísmicas

En la mayoría de las secuencias sísmicas, un terremoto principal libera gran parte de la energía acumulada durante décadas o siglos en una falla geológica, una fractura en la corteza terrestre a lo largo de la cual se desplazan dos bloques de roca.

Después se producen réplicas de menor magnitud mientras la corteza terrestre alcanza un nuevo equilibrio. Pero en un doblete sísmico ocurre algo diferente: dos terremotos de magnitud similar rompen casi consecutivamente en segmentos distintos de un sistema de fallas.

Las fallas no funcionan necesariamente como estructuras aisladas, sino que forman sistemas capaces de interactuar. Cuando una falla rompe no solo libera energía, sino que también modifica el estado de esfuerzos en las fallas vecinas. Si una de ellas ya estaba próxima a romper, ese cambio de esfuerzos puede ser suficiente para desencadenar un nuevo terremoto.

Este proceso se conoce como transferencia de esfuerzos de Coulomb. Aunque no permite predecir terremotos, sí ayuda a identificar qué fallas o qué zonas han experimentado un aumento de esfuerzos y, por tanto, presentan una mayor probabilidad de ruptura.

Un límite de placas activo

El origen de estos terremotos se encuentra en la interacción entre la placa tectónica del Caribe y la placa Sudamericana. A diferencia de Chile o Perú, donde predomina la subducción (una placa se introduce bajo la otra), el norte de Venezuela está dominado por un movimiento lateral entre ambas placas. La placa del Caribe se desplaza hacia el este respecto a Sudamérica a unos 20 milímetros por año.

Ese movimiento acumula deformación durante décadas o siglos hasta que la resistencia de las rocas se supera y se produce la ruptura de una falla. La energía liberada se propaga en forma de ondas sísmicas y cuando estas alcanzan la superficie terrestre provocan la sacudida que percibimos como un terremoto.

Los análisis preliminares indican que el sismo de magnitud 7,5 se produjo al sureste de Yumare y presentó un mecanismo de deslizamiento lateral derecho. Este era coherente con una ruptura en el sistema de fallas de Boconó, una de las principales estructuras tectónicas del norte de Venezuela.

Mapa que muestra la intensidad sísmica de uno de los terremotos ocurridos en Venezuela con colores azules y naranjas
Mapa de intensidad sísmica del terremoto de 7,5 grados de magnitud ocurrido el 24 de julio en Venezuela. La estrella representa el epicentro del terremoto. La zona de mayor magnitud sísmica tiene colores anaranjados.
USGS

Aunque los terremotos se representan como un punto en los mapas, un evento de magnitud 7,5 puede romper una superficie de unos 150 kilómetros de longitud y alrededor de 20 kilómetros de anchura, por lo que sus efectos se perciben a grandes distancias.

La profundidad también es determinante. Cuanto más superficial es el hipocentro, menor es la atenuación de las ondas sísmicas antes de alcanzar la superficie y más intensa suele ser la sacudida. En este caso, las estimaciones sitúan ambos hipocentros entre 10 y 20 kilómetros de profundidad, por lo que se consideran terremotos superficiales.

¿Cuál es el riesgo en la zona?

El norte de Venezuela es una de las regiones con mayor actividad sísmica del norte de Sudamérica. Desde comienzos del siglo XX se han registrado varios terremotos de magnitud igual o superior a 7. Uno de los más destructivos fue el terremoto de Caracas de 1967, de magnitud 6,6, que causó unos 240 fallecidos y el colapso de numerosos edificios.

Más recientemente, en septiembre de 2025, otro doblete sísmico de magnitudes 6,2 y 6,3 provocó una víctima mortal, más de un centenar de heridos y daños importantes en los estados de Zulia y Lara.

La magnitud y la profundidad influyen en los efectos de un terremoto, pero no son las únicas variables que determinan sus consecuencias. El riesgo sísmico, asociado a las pérdidas, se resume mediante una ecuación sencilla:

Riesgo = Peligro × Exposición × Vulnerabilidad

El peligro sísmico es elevado en el norte de Venezuela por la actividad del límite entre las placas del Caribe y Sudamérica. La exposición depende de la población y de las infraestructuras situadas en las zonas afectadas: un gran terremoto en un área poco poblada puede causar menos daño que otro menor bajo una ciudad.

La vulnerabilidad está relacionada con la capacidad de las construcciones para resistir el movimiento del terreno. En la región conviven edificios modernos con viviendas tradicionales, construcciones informales y edificaciones antiguas. Las más vulnerables son las viviendas de mampostería sin refuerzo, las autoconstruidas y los edificios anteriores a las normas modernas de diseño sismorresistente.

Además, muchas estructuras presentan deficiencias como escaso confinamiento de la mampostería, columnas cortas o ampliaciones realizadas sin un adecuado diseño estructural.

La combinación de un elevado peligro sísmico, una importante exposición y una vulnerabilidad todavía significativa explica el elevado riesgo de esta región.




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¿Qué cabe esperar ahora?

Tras un doblete sísmico es normal que continúen produciéndose réplicas durante días, semanas o incluso meses, algunas con magnitud superior a 5. Aunque la probabilidad de otro gran terremoto disminuye con el tiempo, no desaparece de forma inmediata.

Las réplicas son especialmente peligrosas porque pueden provocar el colapso de edificios ya dañados. Por ello, resulta prioritario inspeccionar las estructuras afectadas y restringir el acceso a aquellas que hayan perdido capacidad resistente.

La ciencia aún no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí identificar las zonas de mayor peligrosidad, evaluar la vulnerabilidad de las construcciones y analizar cómo un gran sismo modifica el estado de esfuerzos en las fallas vecinas.

El doblete de Venezuela recuerda que los terremotos forman parte de un sistema dinámico en el que las fallas interactúan continuamente. No podemos detener el movimiento de las placas tectónicas, ni evitar la ruptura en fallas geológicas, pero sí reducir sus consecuencias mediante una adecuada planificación territorial, normas de construcción sismorresistentes y una gestión del riesgo basada en el conocimiento científico.

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María Belén Benito Oterino es socia fundadora de la empresa Geolyder S.L, consultoría en temas de riesgo sísmico.

ref. Terremotos en Venezuela: así se produjo el “doblete sísmico” que puede causar réplicas durante semanas – https://theconversation.com/terremotos-en-venezuela-asi-se-produjo-el-doblete-sismico-que-puede-causar-replicas-durante-semanas-286213

Los desastres naturales desestabilizan las finanzas públicas, sobre todo en las economías en desarrollo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Ferrer Zubiate, Profesora Titular de Universidad. Departamento de Gestión de Empresas, Universidad Pública de Navarra, Universidad Pública de Navarra

Desbordamiento del río Po en el municipio italiano de Castelvetro Piacentino, en el norte de Italia. columbo.photog/Shutterstock

Cuando un desastre natural irrumpe en una región, la atención se centra, lógicamente, en las víctimas y los daños materiales. Pero hay otra dimensión menos visible y que cada vez gana más importancia: la financiera.

Desde el mundo académico se ha comenzado a explorar si los desastres naturales también influyen en el riesgo crediticio de los estados. Es decir, en su capacidad para endeudarse y en las condiciones en que lo hacen. Veamos qué nos dicen hasta ahora esos estudios y qué preguntas quedan aún abiertas.




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Por qué un desastre puede complicar las finanzas públicas

Tras una catástrofe, los gobiernos suelen aumentar el gasto en rescate, reconstrucción y ayudas a los afectados. Esto puede elevar el déficit y con él, el nivel de deuda pública. Si los mercados financieros perciben que esa deuda es menos sostenible, el coste de financiación del estado tiende a subir.

Este mecanismo depende de muchos factores: la magnitud del desastre, la situación previa de las finanzas públicas, la capacidad institucional del país o el acceso a seguros y ayuda internacional. Según el informe global para 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), la factura global de esos eventos podría acercarse a los 2,3 billones de dólares anuales (aunque estas estimaciones deben interpretarse con cautela por la cantidad de variables incluidas).

Qué dice la investigación: primeras evidencias

Los estudios pioneros apuntan a que la conexión existe, aunque los efectos varían según el tipo de catástrofe y el contexto económico del país. Algunas investigaciones sugieren que los desastres geofísicos (terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, avalanchas) y meteorológicos (olas de calor, huracanes, tornados) tienden a elevar la prima de riesgo de los países (la tasa a la que se financian en los mercados internacionales) tanto a corto como a largo plazo. En cambio, los eventos hidrológicos (sequías, inundaciones) muestran efectos más transitorios.

En el caso de los países del Caribe, la exposición recurrente a huracanes puede limitar la capacidad de los gobiernos para emitir deuda en condiciones favorables. En Europa, un análisis de 92 desastres en 17 países entre 2007 y 2021 generó reacciones distintas en los mercados de deuda soberana: el impacto varía según la región y el tipo de calamidad.

El impacto sobre el riesgo soberano es mayor en los países de Europa del Sur y Europa del Este, mientras que Europa Occidental muestra efectos más moderados y Europa del Norte los menores. Los desastres geofísicos y climatológicos (terremotos, incendios, corrimientos de tierra, erupciones volcánicas) generan los mayores aumentos del riesgo soberano, superando a los hidrológicos y meteorológicos (sequías, lluvias extremas, inundaciones).

Se trata de un tipo de investigación joven y con matices. Ni todos los desastres tienen el mismo impacto, ni todos los países reaccionan igual.




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Un riesgo global, no solo local

Una de las conclusiones más relevantes de este estudio es que los desastres naturales no son eventos aislados. Sus consecuencias financieras se contagian. Cuando un país sufre una catástrofe, los inversores que tienen deuda de países vecinos o con economías similares también se ponen en alerta.

Un estudio reciente del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) sobre 52 economías entre los años 2000 y 2023 confirma que los riesgos físicos (daños directos a personas e infraestructuras) y los riesgos de transición (impactos económicos derivados de la transición ecológica) provocados por el cambio climático se trasladan a los rendimientos de los bonos soberanos, con efectos más pronunciados en economías en desarrollo y en países con altas emisiones.

Más expuestos y con menos recursos

Las investigaciones sugieren que las economías en desarrollo podrían ser más vulnerables a estos efectos al tener:

  • Menor margen fiscal para absorber daños imprevistos (menos fondos disponibles, capacidad para endeudarse o flexibilidad en sus presupuestos).

  • Acceso más limitado a instrumentos y mecanismos para identificar, evaluar, controlar y mitigar amenazas, proteger sus recursos, anticipar impactos negativos y tomar decisiones informadas frente a la incertidumbre.

  • Infraestructuras más frágiles.

Un análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre 164 países estima que una sequía puede reducir el crecimiento del PIB en economías emergentes alrededor de 1,4 puntos porcentuales y deteriorar el saldo primario (la diferencia entre los ingresos tributarios de un Estado y lo que gasta en sus políticas públicas y en pagar a sus funcionarios). En cambio, en economías avanzadas el efecto fiscal es menos pronunciado.

En una línea similar, otro trabajo con datos de 98 países observa que los más vulnerables al cambio climático tienden a pagar más por financiarse en los mercados, aunque la causalidad es compleja y difícil de aislar.

El cambio climático como factor de riesgo financiero

Si los desastres naturales pueden afectar al riesgo soberano hoy, el cambio climático plantea preguntas sobre lo que podría ocurrir a largo plazo. Una simulación reciente sobre las calificaciones crediticias de 109 países sugiere que, bajo escenarios de altas emisiones, podrían producirse rebajas de calificación en varias decenas de países hacia 2030, con incrementos potenciales en el coste de la deuda soberana.

Estas proyecciones, que se basan en modelos matemáticos (con su correspondiente incertidumbre), muestran una tendencia que los gestores de riesgo y los responsables de diseñar las políticas económicas tienen cada vez más en cuenta.

Investigación en curso, preguntas abiertas

Los estudios sobre la conexión entre desastres naturales y riesgo soberano son relativamente recientes y requieren más evidencias, pero apuntan en una dirección clara: las consecuencias de una catástrofe natural no se limitan a los daños inmediatos, sino que pueden extenderse a la capacidad de un país para financiarse, lo que va a influir en su desarrollo a largo plazo. Entender mejor esa relación es, en sí mismo, una forma de prepararse para el día después.

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Elena Ferrer Zubiate recibe fondos del proyecto de investigación de Fundación Ramón Areces – XXIII Concurso Nacional para la Adjudicación de Ayudas a la Investigación en Ciencias Sociales

Francisco J. López Arceiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los desastres naturales desestabilizan las finanzas públicas, sobre todo en las economías en desarrollo – https://theconversation.com/los-desastres-naturales-desestabilizan-las-finanzas-publicas-sobre-todo-en-las-economias-en-desarrollo-264209

Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paola Alexandria Pinto de Magalhães, Investigador – Facultad de Enfermería – Desarrollo Positivo de Niños y Adolescentes, Universidad de Navarra

oneinchpunch/Shutterstock

Pocos acontecimientos generan tanta expectación en la adolescencia como los viajes de fin de curso. Estar lejos de casa, compartir tiempo con amigos y disfrutar de una sensación inédita de libertad convierte estos viajes en experiencias especialmente intensas. Para muchos jóvenes representan una de las primeras oportunidades de desenvolverse con mayor autonomía, tomar decisiones propias y relacionarse con sus iguales fuera de los contextos habituales de supervisión.

Precisamente por ello, los viajes de fin de curso constituyen un escenario privilegiado para el desarrollo de la identidad, la autonomía y la responsabilidad. Sin embargo, no todos ofrecen las mismas oportunidades ni generan los mismos resultados. La clave no está únicamente en viajar, sino en cómo se organiza el tiempo durante esos viajes.

Tiempo libre, con y sin estructura

El tiempo libre desempeña un papel crucial en el desarrollo psicosocial de los adolescentes. Las actividades de ocio pueden clasificarse como estructuradas o no estructuradas.

Al primer grupo pertenecen los deportes de equipo o deportes individuales, el voluntariado, la participación en grupos juveniles de música, teatro u otras actividades culturales y religiosas, que se caracterizan por ser organizadas, supervisadas y orientadas a objetivos.

Por el contrario, las actividades no estructuradas incluyen tiempo sin supervisión y actividades menos organizadas, como pasar el rato con amigos o dedicar largas horas a actividades sin una finalidad concreta.

Estructura no es falta de libertad

La diferencia entre ambos tipos de ocio no radica en la cantidad de libertad que ofrecen, sino en el contexto en el que los adolescentes ejercen esa libertad. La estructura no implica controlar cada movimiento, sino proporcionar oportunidades para desarrollar progresivamente la autonomía y asumir responsabilidades en un entorno seguro.

En este contexto, los viajes de fin de curso concentran largos periodos de tiempo libre compartido entre iguales, frecuentemente con menor supervisión y menor estructura que en otros contextos cotidianos. Estas características los convierten en un escenario interesante para analizar cómo la organización del tiempo libre puede influir en el comportamiento adolescente.

Factores de riesgo y toma de decisiones

Cuando el tiempo libre carece de estructura, aumentan determinados factores de riesgo. Estar fuera de casa reduce las normas percibidas: aquello que los adolescentes no harían en su entorno habitual puede percibirse como más aceptable durante el viaje. Además, el incremento de horas de convivencia entre iguales intensifica la influencia del grupo, que se convierte en referencia constante para la toma de decisiones.

El viaje crea un contexto psicológico donde determinadas conductas pueden ser más aceptadas y esperadas. Aunque no todos los adolescentes participan en ellas, tanto la probabilidad como la intensidad de ciertos comportamientos de riesgo aumentan.

Convivencia con iguales y con redes sociales

A esta dinámica grupal se suma el papel de las redes sociales. Durante los viajes, los adolescentes suelen compartir imágenes, vídeos y experiencias, lo que puede incrementar la presión social, la necesidad de aprobación y fenómenos como el miedo a perderse algo (FOMO).




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La búsqueda de validación social, junto con la exposición constante a contenidos compartidos por los pares, puede favorecer conductas impulsivas o de mayor riesgo. Además, un mayor tiempo de pantalla durante estos periodos se ha asociado con consumo de sustancias, conductas sexuales de riesgo y comportamientos problemáticos en línea, como el sexting o el ciberacoso.

La evidencia muestra además que esas conductas rara vez aparecen de forma aislada. El consumo de alcohol y drogas, los comportamientos sexuales de riesgo y las actividades problemáticas en entornos digitales suelen agruparse y formar parte de un mismo patrón favorecido por la desinhibición, la influencia del grupo y una menor percepción del peligro.

Una oportunidad para crecer

Sin embargo, concluir que los viajes son negativos sería un error. De hecho, pueden constituir una extraordinaria oportunidad educativa. Permiten interactuar con nuevos entornos, favorecen la apertura a la diversidad, fomentan actitudes interculturales y contribuyen al desarrollo personal del adolescentes.

Algunos modelos, como el turismo educativo, suelen combinar experiencias atractivas para los jóvenes con actividades estructuradas y objetivos formativos. Este tipo de propuestas se asocia con oportunidades para desarrollar la autonomía, fortalecer la identidad y el bienestar y adquirir competencias personales y sociales. Sin embargo, este enfoque no es habitual en muchos de los viajes de adolescentes.

Cómo equilibrar diversión y aprendizaje

Es, pues, posible organizar la experiencia de un viaje de fin de curso de manera que, además de pasarlo bien, los jóvenes maduren y aprendan, incorporando actividades estructuradas, espacios de participación y responsabilidades adaptadas a la edad, y evitando los periodos excesivamente de ocio no estructurado, ya que aumentan la probabilidad de que aparezcan conductas impulsivas y dinámicas grupales negativas.




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Desde los centros educativos resulta importante planificar actividades significativas, reducir tiempos vacíos críticos y establecer normas claras; también que los propios interesados participen en el diseño de las actividades, para que respondan a sus intereses y necesidades: senderismo, acampada, debates guiados para reflexionar sobre las experiencias, además de los mencionados deportes y juegos de equipo, voluntariado o actividades culturales.

Desde la familia, es esencial educar en la toma de decisiones, fomentar fortalezas personales y preparar a los adolescentes para gestionar la presión del grupo y los riesgos asociados al entorno digital.

Intensificadores de lo bueno

Los viajes de fin de curso son contextos donde se intensifican muchas de las dinámicas propias de la adolescencia: la búsqueda de independencia, la construcción de la identidad, la influencia de los iguales y la toma de decisiones. Entender cómo funcionan estos entornos no busca alarmar, sino orientar y mejorar su diseño.

Porque los adolescentes no necesitan menos autonomía; necesitan contextos mejor pensados para aprender a ejercerla. Y cuando la libertad se acompaña de estructura, los viajes pueden convertirse en una auténtica oportunidad educativa.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Viajes de fin de curso: ¿experiencia educativa o solo fiesta? – https://theconversation.com/viajes-de-fin-de-curso-experiencia-educativa-o-solo-fiesta-284974