El petróleo sigue mandando: la guerra en Irán y la vulnerabilidad energética de España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Enrique Parra Iglesias, Profesor Titular de Universidad, Universidad de Alcalá

EQRoy/Shutterstock

Que el precio del petróleo se dispare no es solo una noticia económica. Es un recordatorio de que, en pleno siglo XXI, el mundo sigue funcionando con combustibles del siglo pasado. La guerra entre Estados Unidos-Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, no ha creado esta dependencia, pero la ha puesto al descubierto de manera brutal. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz –por donde transita aproximadamente el 20 % del crudo mundial– ha provocado la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia, según la Agencia Internacional de la Energía.

En cuestión de semanas, el Brent se disparó desde los 73 dólares el barril hasta superar los 112 dólares, reavivando la inflación, encareciendo los vuelos y recordando que el modelo energético español sigue profundamente ligado a los fósiles.

El acuerdo de alto el fuego anunciado hoy, 8 de abril, ha provocado una reducción del precio del petróleo del orden del 10 % cuando escribo esto, pero las consecuencias de la guerra van a permanecer durante mucho tiempo.

Más renovables… pero todavía un mundo fósil

Durante la última década, España ha invertido con fuerza en energías renovables. Según Red Eléctrica, las fuentes renovables generaron el 55,5 % de la electricidad en 2025, con la eólica liderando (21,6 %), seguida de la nuclear (19,1 %) y la solar fotovoltaica (18,4 %).

Los fósiles representaron apenas una quinta parte de la generación eléctrica. Son cifras impresionantes: España supera ampliamente la media europea y el Gobierno apunta a un 81 % renovable en 2030.

Sin embargo, esta revolución eléctrica convive con una realidad muy distinta: a nivel mundial, los combustibles fósiles aún representan aproximadamente el 80 % del consumo energético total. Y España no es excepción cuando se mira más allá del enchufe.

Éxito eléctrico, vulnerabilidad estructural

La paradoja española se entiende con un dato clave: la electricidad supone apenas un 22 y un 26 % del consumo energético final del país. El 75 % restante corresponde al transporte, la industria y la calefacción, sectores donde el petróleo y el gas siguen siendo predominantes. En el consumo primario de energía, el petróleo representa el 42 % y el gas natural el 20 %, según datos del INE.

Además, España importa prácticamente el 100 % del petróleo que consume: 1,3 millones de barriles diarios en 2024, según la OPEC, lo que la convierte en uno de los países europeos más expuestos a shocks de suministro.

Turismo y aviación: el eslabón oculto

La vulnerabilidad de España se amplifica por su principal motor económico: el turismo. En 2025, España recibió 96,8 millones de turistas internacionales –un récord histórico– que generaron 134 700 millones de euros en gasto, según el INE. El sector representó el 12,6 % del PIB y el 12,3 % del empleo.

El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés) estima que el impacto total (directo, indirecto e inducido) alcanzó los 260 000 millones de euros, equivalente al 16 % de la economía.

Más del 80 % de esos turistas llegan en avión, y cada vuelo requiere queroseno, cuyo precio se liga directamente al crudo. El combustible supone entre el 25 y el 35 % de los costes operativos de una aerolínea.

Por otra parte, la Asociación Mundial de Transporte por Carretera (IRU) señala que, desde el inicio del conflicto, el precio del diésel ha subido en España un 27 % y el queroseno que compran las aerolíneas casi se ha duplicado. Además, el cierre de espacios aéreos sobre Oriente Medio obliga a las compañías a desviar rutas, añadiendo horas de vuelo y gasto extra de combustible.

Cómo se transmite el shock: el efecto cascada

El mecanismo de transmisión es directo y medible. Primero, sube el precio del crudo y del queroseno. Luego, las aerolíneas trasladan el incremento a los billetes y la demanda reacciona, especialmente los viajeros sensibles al precio: familias, jubilados y turistas de mercados con monedas débiles. Finalmente, el shock energético se traduce en menos noches en el lugar de destino, menos gasto en hostelería y menos actividad económica.

En otras palabras, España no solo importa energía: importa turistas que dependen de esa energía. El petróleo se convierte así en un riesgo macroeconómico concreto y tangible, que conecta la geopolítica del Golfo Pérsico con los bares de la costa mediterránea.

La paradoja de la transición energética

La guerra en Irán demuestra una realidad incómoda: aunque España lidere la transición eléctrica europea, todavía no ha logrado reducir significativamente su exposición a los combustibles fósiles en sectores estratégicos. El país ha conseguido avances extraordinarios en electricidad renovable, pero sigue siendo vulnerable en transporte, logística y turismo, los sectores donde el petróleo sigue siendo irremplazable a corto plazo.

Esta paradoja explica por qué un país con alta penetración de renovables puede sentir de manera intensa los efectos de un shock petrolero. La electrificación del parque automovilístico apenas alcanza el 5 % y la aviación comercial con combustibles sintéticos o hidrógeno está todavía en fase experimental. El objetivo del Gobierno para 2050 –97 % de renovables en el mix total– exige transformar sectores que hoy consumen el grueso de los hidrocarburos.

Conclusión: la prueba de estrés

La transición energética no consiste únicamente en generar electricidad limpia. Para que España reduzca su exposición a los shocks internacionales es necesario transformar los sectores donde el petróleo sigue siendo crucial: transporte, aviación, logística y turismo.

El conflicto en Irán no es un shock aislado: es una prueba de estrés que revela que el turismo, principal motor económico de España, sigue funcionando en gran medida con queroseno. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca cerrado y el Brent por encima de los 100 dólares, la factura la pagará una economía cuyo talón de Aquiles sigue siendo, paradójicamente, invisible desde el enchufe de casa.

The Conversation

Enrique Parra Iglesias no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Une spoliation oubliée : les rescapés de la Shoah et les difficultés pour récupérer leurs biens et leur logement

Source: The Conversation – in French – By Shannon Fogg, Professor of History, Missouri University of Science and Technology

Du mobilier confisqué à des juifs dans leurs logements est livré à d’autres habitants à Boulogne-Billancourt, près de Paris, en avril 1942, après un bombardement allié. Art Media/Print Collector/Getty Images

Des dizaines de milliers d’appartements de juifs parisiens ont été pillés et réattribués pendant l’Occupation. Après la guerre, les survivants de la Shoah doivent affronter une nouvelle épreuve : récupérer leur logement et leurs biens au milieu d’obstacles juridiques et administratifs.


En 1945, une foule en colère se retrouve face à Aba Mizreh et à quatre de ses fils devant leur ancien domicile parisien. La famille juive s’était réfugiée à Lyon pendant la Seconde Guerre mondiale, pour découvrir à son retour que son appartement avait été pillé puis reloué en son absence. Malgré un avis d’expulsion, les nouveaux occupants refusaient de partir, et l’affaire dégénéra en bagarre. Après cet affrontement violent, Mizreh écrivit au gouvernement français :

« Ne suis-je pas en droit, après avoir tant souffert, de retrouver mon bien ? N’ai-je donc vraiment pas assez payé pour cette guerre ? »

Aba Mizreh, alors âgé de 68 ans, était un des 160 000 survivants de la Shoah à Paris qui tentaient de reconstruire leur vie après les ravages de l’occupation nazie. De ses 11 enfants, cinq fils avaient combattu pour la France et six avaient été déportés ; au moins deux ont été assassinés à Auschwitz.

Il souhaitait alors simplement retrouver l’appartement de trois pièces qui lui servait à la fois de logement et d’atelier de fourreur, afin de subvenir aux besoins de sa femme et de ses petits-enfants devenus orphelins.

Dans mes recherches sur la spoliation et la restitution des logements juifs à Paris, j’ai constaté que les questions de propriété sont souvent négligées dans les études sur la Shoah. Pourtant, pour les juifs en France, récupérer leur logement et leur mobilier était essentiel pour reconstruire leur vie. Ces questions sont également cruciales pour comprendre l’impact financier et émotionnel durable de la Shoah.

Ces situations révèlent également les limites des tentatives de l’État pour réparer le passé. Les lois françaises concernant la récupération des appartements, des biens pillés et l’indemnisation des dommages liés à la guerre promettaient l’égalité entre toutes les victimes du conflit. En réalité, elles ont créé des obstacles bureaucratiques et favorisé les victimes non juives de la guerre. Pour beaucoup de ceux qui ont tenté de récupérer leurs biens, la réponse à la question d’Aba Mizreh était négative : ils continueraient à « payer » la guerre pendant des années encore.

Pillage et restitution

Paris était la plus grande ville sous occupation allemande et abritait la plus importante population juive d’Europe occidentale. Tragiquement, environ 75 000 juifs vivant en France ont été assassinés pendant la Shoah. Pour les 75 % de la population juive de France qui ont survécu, reconstruire leur vie fut un processus long et difficile.

Avec la collaboration de citoyens français, les nazis ont pillé plus de 38 000 appartements privés dans la capitale, et jusqu’à 25 000 appartements laissés vides après le départ de familles juives ont été loués à des locataires non juifs. Des assistants sociaux ont estimé que près de 100 000 Parisiens de confession juive avaient été expulsés de leur logement pendant la guerre. Or, pour de nombreux juifs survivants, rentrer chez eux constituait la priorité absolue.

Les mémoires et les témoignages oraux racontent ces premiers moments du retour. Enfant, Rachel Jedinak survécut à la guerre en vivant cachée sous une fausse identité après l’arrestation de ses parents. Elle se souvenait de son retour dans le foyer familial :

« Nous avons arraché les scellés de la porte et nous sommes entrés. Il ne restait plus rien – rien du tout. Cet appartement vide – sans meubles, sans affaires, sans photos qui nous auraient permis de nous souvenir de ceux qui avaient disparu, de nous relier à nos parents – nous a fait pleurer. La perte de nos souvenirs était encore plus douloureuse que celle de nos biens matériels. »

Des survivants de l’Holocauste, comme Rachel Jedinak, qui était enfant pendant la guerre et témoigne ici pour France 24, ont dû lutter pour reconstruire leur vie à leur retour.

Récupérer puis réaménager ces appartements était à la fois une nécessité pratique et une démarche profondément émotionnelle. Leur logement offrait un lit où dormir, mais constituait aussi l’un des derniers liens avec les membres de la famille disparus pendant la Shoah. L’ampleur des pertes signifiait que la reconstruction ne pouvait se faire sans un effort coordonné du gouvernement français.

Restitution et réparations

Deux ordonnances publiées le 14 novembre 1944 traitaient du droit des locataires à réintégrer leur logement. Une autre ordonnance, publiée le 11 avril 1945, visait à restituer à leurs propriétaires d’origine les meubles retrouvés.

Ces mesures ont toutefois largement échoué à répondre aux besoins des juifs rescapés. Les lois sur le logement comportaient des exceptions qui favorisaient les nouveaux locataires non juifs, comme les victimes des bombardements alliés ou les anciens prisonniers de guerre. De plus, seuls quelque 2 000 meubles ont été restitués aux survivants ou à leurs héritiers.

En conséquence, de nombreux survivants ont dû compter sur une indemnisation pour compenser leurs pertes. Les juifs dont les appartements avaient été pillés pouvaient déposer une demande au titre de la loi du 28 octobre 1946 sur les dommages de guerre. Mais cette loi tant attendue s’est révélée être une nouvelle déception.

Le magasin Lévitan, au 85 faubourg Saint Martin à Paris
Le site du grand magasin Lévitan à Paris, où les responsables nazis entreposaient les biens volés aux juifs de Paris dans leurs appartements, avant de les revendre.
Chabe01/Wikimedia, CC BY-SA

Adoptée deux ans après la libération de Paris, la loi sur les dommages de guerre ne prévoyait que des indemnités limitées pour les biens personnels. Les victimes éligibles pouvaient recevoir 90 000 (anciens) francs – soit moins de 9 000 euros aujourd’hui – par foyer en cas de perte totale du mobilier, ou la moitié de la valeur assurée des biens volés.

Les demandeurs devaient remplir un formulaire de quatre pages et fournir des documents prouvant leur nationalité, leur situation familiale, leur qualité juridique et leurs droits de propriété ainsi que des témoignages attestant des pertes subies.

Si le ministère de la reconstruction et de l’urbanisme approuvait la demande d’un survivant, le versement n’était pas immédiat. Un échantillon des 2 750 dossiers conservés aux Archives de Paris révèle que plus de 85 % des demandeurs ont écrit au gouvernement pour réclamer un paiement plus rapide.

Un survivant écrivant aux autorités en 1948 résumait le sentiment de nombreuses victimes des pillages :

« Je crois que nous avons assez payé notre tribut et assez souffert pour que vous nous remboursiez au moins une partie de ce que les Allemands nous ont volé il y a bientôt six ans. »

Mais pour beaucoup, le processus d’indemnisation lié à la loi sur les dommages de guerre s’est prolongé jusqu’aux années 1960, soulignant l’impact économique durable des pillages commis pendant la guerre.

Une exclusion persistante

Seuls les citoyens français ou les étrangers ayant combattu pour la France pouvaient bénéficier d’une indemnisation au titre de la loi sur les dommages de guerre. Or plus de la moitié des juifs vivant en France pendant la Shoah étaient des étrangers – parmi lesquels près de 100 000 réfugiés ayant récemment fui les violences nazies.

Pendant l’Occupation, les juifs devaient porter une étoile jaune.
Archives fédérales allemandes, Wikimedia, CC BY-SA

Arthur Deutsch est né à Vienne de parents polonais et s’est installé à Paris en 1922, où il s’est marié et a eu cinq enfants. En 1938, il a déposé une demande de naturalisation, mais celle-ci n’a pas été finalisée avant le déclenchement de la guerre. Il a tenté de se porter volontaire pour le service militaire, mais n’a pas été mobilisé.

Sa famille a fui Paris pendant l’Exode et s’est retrouvée à Limoges (Haute-Vienne), où elle a été arrêtée en décembre 1940. Elle a ensuite été transférée au camp d’internement de Rivesaltes (Pyrénées-Orientales), où Arthur Deutsch a été affecté dans un Groupement de travailleurs étrangers à des travaux forcés. Lorsque la famille est revenue à Paris après la Libération, elle a découvert son appartement entièrement vide.

Arthur Deutsch a déposé une demande d’indemnisation pour dommages de guerre, qui a été rejetée en 1952 en raison de sa nationalité. Il a contesté cette exclusion en écrivant :

« Si je ne suis pas français par les papiers je le suis quand même par mes pensées, car on ne passe pas trente ans à Paris sans être assimilé, et ce ne sont pas les quatre années d’internement ni l’éventuel refus de ma demande d’indemnité mobilière qui me feront changer d’idées. »

Comme le souligne l’anthropologue Damiana Oțoiu, « les dommages psychologiques causés par les déplacements forcés, la confiscation des biens et la perte de capital social et culturel ne peuvent être compensés par la simple restitution de biens des années ou des décennies après les crimes ».

Mais pour les survivants de la Shoah à Paris, récupérer ou remplacer les biens volés représentait la possibilité de vivre avec dignité et sécurité. La lutte pour l’indemnisation et pour la reconnaissance des persécutions qu’ils avaient subies s’est poursuivie pendant des décennies après la fin de la guerre et, dans certains cas, se poursuit encore aujourd’hui.

The Conversation

Le financement de cette recherche a été assuré par une Seed Grant destinée aux sciences humaines et sociales, accordée par l’Office of the Vice Chancellor for Research and Innovation de la Missouri University of Science and Technology.

ref. Une spoliation oubliée : les rescapés de la Shoah et les difficultés pour récupérer leurs biens et leur logement – https://theconversation.com/une-spoliation-oubliee-les-rescapes-de-la-shoah-et-les-difficultes-pour-recuperer-leurs-biens-et-leur-logement-279778

Musées commerciaux : une histoire oubliée du capitalisme

Source: The Conversation – France in French (3) – By Sophie Cras, Maîtresse de conférences en histoire des mondes modernes, histoire du monde contemporain, de l’art et de la musique, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Fresque de la coupole et de la partie supérieure de la Bourse de commerce, à Paris, réaménagée par l’architecte japonais Tadao Ando à la demande de François Pinault.
Jean-Pierre Dalbéra/Flickr, CC BY-NC

À la fin du XIXᵉ siècle, alors que le commerce se mondialise, une nouvelle forme d’institution fait son apparition : le musée commercial. À Paris, la Bourse de commerce – aujourd’hui transformée en musée d’art contemporain – exposait autrefois des matières premières et des produits manufacturés. Dans son ouvrage, l’Œil capitaliste, qui vient de paraître aux éditions Flammarion, Sophie Cras, maîtresse de conférences en histoire de l’art contemporain à l’Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, revient sur le rôle du musée comme instrument de politique commerciale et coloniale.


Tel un immense œil de fonte et de verre, le dôme filtre la lumière qui baigne le hall circulaire de la Bourse de commerce de Paris. Il anime d’un faisceau d’ombres la grande peinture murale qui orne la partie inférieure de la coupole, et d’un jeu de reflets les vitrines, elles aussi d’origine, qui scandent le pourtour du hall.

Depuis que l’entrepreneur François Pinault a repris et restauré l’édifice des XVIIIᵉ et XIXᵉ siècles pour y exposer sa collection d’art contemporain, un cylindre en béton dessiné par Tadao Ando redouble la rotondité de l’espace, soulignant d’un geste contemporain la coupole vitrée historique. Cet œil architectural nous rappelle que, bien avant que ces lieux ne deviennent un musée, bien avant que le commerce de gros et les ventes aux enchères de produits agricoles ne les désertent pour laisser place à des œuvres d’art, la Bourse de commerce était, déjà, consacrée au regard. Elle hébergeait même un musée. Un musée comme il n’en existe plus : un musée commercial.

Un musée commercial. L’expression sonne presque comme un oxymore aux oreilles d’aujourd’hui. Il n’en était pourtant pas ainsi à la fin du XIXᵉ siècle : le musée commercial était alors, dans la terminologie muséographique, une catégorie bien établie – et très en vogue. Dans ses Principles of Museum Administration, parus en 1885, le muséologue George Brown Goode distinguait ainsi six types de musées : « A. les musées d’art ; B. les musées historiques ; C. les musées anthropologiques ; D. les musées d’histoire naturelle ; E. les musées technologiques ; F. les musées commerciaux. » Il poursuivait avec une définition pour le moins intrigante :

« Le musée commercial se consacre aux matières premières et aux articles manufacturés susceptibles d’être vendus ; aux marchés, aux modes de distribution commerciale, aux prix, ainsi qu’à l’offre et la demande de marchandises. »

Que pouvaient bien avoir à faire au musée des phénomènes économiques tels que les prix, l’offre et la demande ou la distribution commerciale ? Répondre à cette question suppose de remonter dans le temps, de renouer avec une époque où ni le « musée » ni l’« économie » n’avaient exactement le sens qu’on leur prête aujourd’hui. Alors, l’économie n’était pas encore synonyme d’abstraction et de formalisation mathématique, mais pouvait être conçue comme une science « à collection », dont les savoirs, fondés sur l’observation des objets, trouvaient au musée le lieu idéal d’élaboration, de diffusion, voire de mise en pratique. Alors, le musée n’était pas nécessairement compris sous un prisme esthétique et patrimonial, mais apparaissait volontiers comme une technologie économique, un instrument de politique commerciale. Les pratiques productives, marchandes et financières du capitalisme s’adossaient à des pratiques particulières du regard, exercées au musée et cultivées dans la vie professionnelle quotidienne. C’est ce que j’appelle l’« œil capitaliste ».

Une manière de voir

Parler d’« œil capitaliste », c’est s’exposer à trois malentendus que j’aimerais d’emblée lever. Le premier serait de réduire à la vue un processus qui mobilisait en réalité bien d’autres sens, en particulier le toucher et le goût, mais aussi une pluralité d’actions réalisées au musée : non seulement voir, mais lire et discuter, manipuler, expérimenter, calculer. Le deuxième serait de comprendre cette expression comme une personnification du capitalisme, qui, tel un être tout-puissant, serait susceptible de « voir ».

Mon intention est à l’opposé : dans les termes de l’historien Pierre Rosanvallon, je considère que « le capitalisme n’est que la résultante de pratiques économiques et sociales concrètes ». Empruntant au period eye cher à Michael Baxandall, l’œil capitaliste désigne en réalité l’œil des capitalistes, les compétences et habitudes visuelles des acteurs qui furent au cœur du système socio-économique capitaliste.

Le troisième malentendu serait d’essentialiser et de déshistoriciser le capitalisme et la forme de regard qui l’accompagne. Or, bien au contraire, l’œil que je décris correspond à une phase relativement restreinte et historiquement bien déterminée du capitalisme, qui a commencé avant lui et se poursuit après sa disparition. Cette phase s’inscrit à la toute fin de ce que Pierre François et Claire Lemercier, dans leur périodisation du capitalisme, appellent l’« âge du commerce », qui selon eux s’étend de la fin du XVIIᵉ siècle aux années 1880 environ. Loin des conceptions aujourd’hui dépassées d’une « révolution industrielle » fondée sur la production mécanisée en usine, ce premier âge du capitalisme s’incarne, jusqu’à la fin du XIXᵉ siècle, dans la figure puissante du négociant, qui tire profit de l’organisation du commerce au loin, fait crédit et passe commande aux fabricants à travers des chaînes complexes de sous-traitance.

La production est encore peu standardisée ; la connaissance des marchandises et des débouchés est alors clé : ce sont précisément ces compétences visuelles du négociant que les musées commerciaux entendent rationaliser. Parce qu’ils sont créés au moment où le monde bascule progressivement dans l’« âge de l’usine », une nouvelle phase du capitalisme marquée par la standardisation et la massification de la production dans de grosses unités fondées sur des canaux de distribution différents, ces musées se trouveront rapidement obsolètes. L’intitulé de ce livre, l’Œil capitaliste, doit donc être compris comme la version abrégée de ce qu’on pourrait appeler, pour paraphraser Fredric Jameson, « la logique sensorielle des capitalistes à l’âge du commerce tardif ».

Le musée me semble, comme l’écrit Benoît de L’Estoile, un observatoire privilégié pour comprendre « la façon dont nous voyons le monde où nous vivons », car, en son sein, l’ordonnancement du rapport visuel aux objets est délibérément et explicitement épistémique. En mobilisant des sources textuelles et iconographiques lacunaires et dispersées, ce livre s’efforce de restituer une pratique du regard liée à une manière de vivre le monde – un regard, je l’ai dit, intimement mêlé au toucher, au goût, à l’expérimentation en laboratoire, à la lecture de textes et de chiffres, au calcul.

C’est dans l’épaisseur matérielle des dispositifs d’exposition, à l’intersection de considérations scientifiques, esthétiques et pratiques, que se loge la capacité du musée à produire et transmettre des savoirs pour les visiteurs et visiteuses, dans une rencontre qui n’est pas seulement visuelle, mais qui mobilise tous les sens d’un corps en mouvement. Le musée, écrit Charlotte Klonk, est un « espace d’expérience ». Cette enquête, menée au plus près des objets et de leurs modes d’apparition, cherche ainsi à offrir une histoire plus située et concrète du capitalisme.

En écrivant ce livre, j’espère réinscrire cette bizarrerie – les musées commerciaux – dans l’histoire des musées, de l’économie et de la colonisation, dont ils sont triplement absents. J’aimerais montrer qu’à l’époque qui m’occupe, le musée était volontiers conçu comme un instrument politique et économique à part entière ; qu’il pouvait être tourné vers le futur et l’action, plutôt que vers la contemplation du passé ; que les collections muséales ne tiraient pas nécessairement leur valeur de la beauté, de la préciosité, de la rareté ou du témoignage historique, mais plutôt du potentiel commercial qu’elles représentaient ; qu’elles étaient parfois constituées non pour être conservées, mais pour être manipulées, détruites et constamment renouvelées.

Je souhaiterais aussi nuancer une histoire de la pensée économique souvent écrite comme le triomphe d’une économie néo-classique abstraite et mathématiquement formalisée. Mon approche s’inscrit dans la lignée des chercheuses et chercheurs qui, comme Marion Fourcade, refusent de prendre pour acquises a priori les catégories d’« économie » et « économistes », et se donnent au contraire pour objectif d’« examiner les conditions historiques qui ont contribué à cristalliser l’idée même de ce qu’est l’économie », en prêtant attention aux pratiques autant qu’aux textes, aux praticiens aussi bien qu’aux universitaires.

Les musées commerciaux étaient en effet, à l’instar des chambres de commerce auxquels ils étaient souvent associés, des espaces de rencontre entre savants et publicistes, négociants et manufacturiers, élus et administrateurs. À cette intersection, ils permettent de cerner des courants de pensée alternatifs à la discipline économique dominante, et diversement articulés avec elle, esquissant un panorama des savoirs économiques plus complexe et hétérogène, moins téléologique aussi.

Les sciences commerciales pratiquées au musée s’offrent comme un chaînon manquant entre la « science du commerce » du XVIIIe siècle redécouverte par Arnaud Orain, et les « sciences coloniales » dont Pierre Singaravélou a étudié le développement et l’institutionnalisation à partir de la fin du XIXᵉ siècle. Elles aident à comprendre la centralité des économistes dans la constitution et la promotion des savoirs de l’impérialisme et de la colonisation, à rebours de la conception longtemps soutenue selon laquelle le libéralisme des économistes aurait fait d’eux des anti-colonialistes.

De fait, les musées commerciaux ont leur place dans l’histoire de l’impérialisme et de la colonisation, dont ils ont été des outils. Les historiens économiques ont relevé le faible poids des importations et exportations coloniales dans la balance commerciale des nations métropolitaines jusqu’à la Première Guerre mondiale au moins. C’est fort conscients de ces statistiques (qu’ils étaient souvent chargés eux-mêmes de produire) et dans l’espoir de les inverser que les responsables des musées commerciaux œuvraient. Le caractère inabouti et en partie illusoire de l’entreprise d’exploitation commerciale des colonies n’entame pas la réalité des instruments qui furent concrètement mis en œuvre pour la servir – les musées commerciaux coloniaux furent de ceux-là.

Leur muséographie économique expose, sans fard, le programme implacable de domination économique que s’étaient donné les métropoles impériales. Les musées commerciaux s’inscrivent sans rupture à l’intersection de l’histoire de la colonisation, puisqu’ils concouraient très concrètement à l’entreprise économique coloniale, et du colonialisme, au sens où ils promouvaient et légitimaient l’idéologie coloniale. Ce livre suggère qu’ils ont progressivement glissé de l’une vers l’autre, de l’économique vers le symbolique, sans présumer, du reste, qu’ils aient été plus efficaces comme outils de propagande coloniale qu’en tant qu’instruments de développement du commerce.

L’histoire des musées commerciaux s’écrit sous un double horizon d’échec : l’échec d’un projet muséal qui, en dépit des ambitions et des moyens déployés, déçoit systématiquement les attentes et finit par être totalement abandonné ; l’échec d’un projet économique, celui de la « mise en valeur » des colonies, qui se traduit par un profond décalage entre des discours tapageurs et les faits, et s’appuie sur des pratiques de la science devenues rapidement obsolètes. Pour autant, il s’agit de ne pas laisser notre conscience de l’échec décrédibiliser par avance le phénomène historique, ou en faire une erreur à démystifier.

Efforçons-nous au contraire de prendre au sérieux les projets et les savoirs qui animaient les acteurs, aussi absurdes, vains et néfastes nous semblent-ils. Oublions que nous connaissons la fin de l’histoire, et plongeons dans la pratique de ce que furent les musées de l’œil capitaliste.

The Conversation

Sophie Cras a reçu des financements de la politique scientifique de l’Université Paris 1 et de la Humboldt Stiftung.

ref. Musées commerciaux : une histoire oubliée du capitalisme – https://theconversation.com/musees-commerciaux-une-histoire-oubliee-du-capitalisme-279393

Les Alsaciens évacués de 1939 : les conséquences d’une rencontre forcée entre deux France

Source: The Conversation – France in French (3) – By Jean Lacroix, Associate Professor, Université Paris-Saclay

Photo de classe de l’année 1939-1940 d’une école privée de la ville d’Isle (Haute-Vienne), précisant : « Quelques élèves alsaciens. »
Site officiel de la ville d’Isle

Pendant un peu moins d’un an, entre l’automne 1939 et l’été 1940, de très nombreux Alsaciens du Bas-Rhin, ont vécu en Haute-Vienne après avoir quitté leur région devenue zone de guerre. Une étude récente s’intéresse à cette cohabitation forcée et à l’effet qu’elle a pu avoir sur le comportement électoral des hôtes après le conflit.


À l’automne 1939, la France entre en guerre contre l’Allemagne, mais le conflit ne se déclenche pas seulement sur le front. Il débute aussi dans les gares, les mairies et les villages de l’intérieur du pays. En effet, dès 1933, l’État avait préparé l’évacuation des populations frontalières en cas de conflit avec l’Allemagne. Des centaines de milliers de civils quittent alors le nord-est de la France dès le début du conflit.

Cette évacuation repose sur une organisation rigoureuse. Les civils sont autorisés à emporter 30 kg de bagages et doivent laisser derrière eux les biens non essentiels. Le plan d’évacuation prévoit depuis plusieurs années un itinéraire précis, guidant les évacués du nord-est de la France de leurs municipalités d’origine vers leur municipalité d’accueil. Dans les départements évacués, l’évacuation de la « zone avant », zone située entre la ligne Maginot et la frontière allemande, doit précéder celle de la « zone arrière », située juste après la ligne Maginot.

Des habitants du Bas-Rhin sont envoyés à plus de 700 kilomètres de chez eux, en Haute-Vienne. Les services de la préfecture de Haute-Vienne avait prévu de répartir de manière équitable les réfugiés alsaciens dans son département, afin que chacune des municipalités le composant accueille une quantité de réfugiés équivalant à environ un tiers de sa population. Cependant, certaines municipalités doivent accueillir des réfugiés de la zone avant, tandis que d’autres doivent accueillir des réfugiés de la zone arrière. Or, la seule évacuation de la zone avant amène déjà environ 60 000 réfugiés en Haute-Vienne.

Dès lors, le préfet haut-viennois proteste et le vice-président du Conseil des ministres Camille Chautemps consent à arrêter l’évacuation vers la Haute-Vienne. Cette modification du plan initial contredit la volonté du préfet haut-viennois de répartir équitablement les réfugiés entre les municipalités de son administration.

Notre étude montre que les communes désignées pour accueillir des réfugiés issus de la zone avant ont finalement reçu, en moyenne, une population supplémentaire équivalant à 22,8 % de leur population initiale par rapport aux autres communes. Certaines communes haut-viennoises ont même accueilli plus de 85 % de leur population en réfugiés. Dans ce contexte, la répartition inégale de l’afflux de réfugiés entre les municipalités n’était que le fruit du hasard et n’était pas due, comme dans d’autres cas, aux caractéristiques des communes hôtes.

Cette différence importante de flux de réfugiés, et ces différences de flux aléatoires, permettent d’étudier précisément l’impact de ces réfugiés sur leurs hôtes.

Rencontre entre deux France

Comment analyser ce contact entre les hôtes et les réfugiés bas-rhinois ? La théorie du contact élaborée par le psychologue américain Gordon W. Allport (1954) mentionne quatre dimensions favorisant un contact positif entre groupes. Les contacts entre groupes sont facilités si les deux groupes (1) partagent un statut social équivalent ; (2) partagent un objectif commun ; (3) coopèrent sur différentes tâches ; et (4) le contact est validé par les autorités. Le contact entre réfugiés alsaciens et leurs hôtes haut-viennois semble répondre à l’ensemble de ces critères.

Carte de l’évacuation depuis l’Alsace vers la Dordogne et la Haute-Vienne.
Et si Nexon m’était conté

Les autorités s’empressent de demander aux populations locales de réserver le meilleur accueil possible aux réfugiés alsaciens. Le contexte, et l’unité nationale qu’il requiert, offrent toutes les garanties pour que les hôtes accueillent les réfugiés alsaciens à bras ouverts. La logistique de l’accueil mobilise les populations locales. Plusieurs témoignages attestent d’échanges positifs entre les hôtes et les réfugiés alsaciens. C’est le cas lors de la fête de Noël 1939, quand les Haut-Viennois invitent les réfugiés alsaciens à partager un moment avec eux.

Malgré ces signes de contacts positifs, l’arrivée des Alsaciens met en exergue les différences entre les hôtes, « Français de l’intérieur » et leurs invités. Les réfugiés alsaciens, majoritairement, parlent un dialecte local proche de l’allemand, ce qui leur vaut le surnom de « ya-ya ».

Les différences entre réfugiés et hôtes vont bien au-delà de la seule barrière de la langue. Historiquement, le Limousin est séculaire, tandis que le Bas-Rhin est plutôt religieux, en particulier protestant. La Haute-Vienne est également un territoire rural, ce qui tranche avec le développement urbain du Bas-Rhin. Toutes ces différences se manifestent dans les comportements électoraux d’avant-guerre : selon les statistiques électorales, la Haute-Vienne se situe, entre 1928 et 1936, parmi les territoires les plus à gauche du pays. Ce n’est pas le cas du Bas-Rhin, qui se situe plutôt en milieu de tableau.

Au final, le contact entre Haut-Viennois et Bas-Rhinois sera de courte durée. À la suite de la défaite militaire française, l’armistice de Rethondes signé le 22 juin 1940 exige le rapatriement des populations évacuées. Une grande majorité des Alsaciens évacués effectue donc, dès l’été 1940, le chemin inverse de celui de l’automne 1939. Même si le contact entre ces deux France a été court, il a été une expérience poignante pour les réfugiés comme pour les hôtes.

Les conséquences d’une rencontre : le vote en Haute-Vienne dans l’après-guerre

Afin de mieux comprendre comment l’hébergement de réfugiés alsaciens a marqué leurs hôtes, notre étude s’intéresse à une spécificité locale : le vote de gauche. Si le contact avec les réfugiés a marqué les habitants, cela peut influencer le vote de trois manières. Premièrement, le contact peut influer sur le vote des hôtes directement exposés aux conséquences de la guerre, notamment sur le plan économique. Deuxièmement, le contact peut permettre un échange de valeurs entre les hôtes et les réfugiés, en moyenne plus à droite ; la part de vote de la gauche peut donc diminuer dans les municipalités ayant accueilli le plus de réfugiés. Troisièmement, le contact, en révélant les différences avec les électeurs alsaciens plus à droite, peut avoir accru le succès de la gauche localement.

Il semble que ce troisième mécanisme ait prévalu après-guerre. Les municipalités qui ont reçu le plus de réfugiés ont voté plus à gauche que les autres après le conflit. Une hausse de 10 points de pourcentage de la part des évacués a accru, en moyenne, la part du vote en faveur de la gauche à la fin des années 1940 de 2 points. L’effet culmine dans l’immédiat après-guerre, puis s’atténue dans les années 1950. Cette redistribution des votes à gauche provient en partie d’un désaveu du Mouvement républicain populaire (MRP), un parti souvent associé à ses dirigeants d’origine alsacienne. Ces résultats ne suggèrent pas un déplacement électoral diffus, mais une reconfiguration du rapport au local et au national dans les urnes.

Nous observons également que les municipalités qui ont accueilli le plus de réfugiés alsaciens se sont, après la guerre, concentrées sur le tissu social local, notamment en créant des associations à cet effet. Finalement, nous observons que ce renforcement de la gauche a eu lieu là où les réfugiés alsaciens différaient le plus de leurs hôtes. Ce fut le cas lorsque des réfugiés venaient de municipalités où la part des protestants était plus importante, ou lorsque des Haut-Viennois ruraux accueillaient des Bas-Rhinois urbains, ou au contraire lorsque des Haut-Viennois urbains accueillaient des Bas-Rhinois ruraux.

Le contact entre ces deux France pendant la guerre a donc renforcé les particularismes régionaux en matière de comportements électoraux. Le contact entre différents groupes n’homogénéise pas forcément les comportements. Dans des sociétés post-conflit, ces particularismes constituent l’un des défis à relever pour rebâtir le pays. L’hébergement des réfugiés alsaciens et mosellans est désormais souvent célébré dans les anciennes communes d’accueil. Il semble donc que cette histoire commune, qui a pu autrefois accentuer les différences politiques, constitue désormais un pont entre des municipalités éloignées de plus de 700 kilomètres l’une de l’autre.

The Conversation

Jean Lacroix a reçu des financements de l’Agence Nationale de la Recherche (ANR).

Ricardo Pique ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les Alsaciens évacués de 1939 : les conséquences d’une rencontre forcée entre deux France – https://theconversation.com/les-alsaciens-evacues-de-1939-les-consequences-dune-rencontre-forcee-entre-deux-france-279228

Sur les pas des sœurs Mirabal

Source: The Conversation – France in French (3) – By Catherine Pélage, Professeure de littératures et cultures d’Amérique latine, Directrice de la Chaire d’études culturelles dominicaines Sœurs Mirabal, Université d’Orléans

La journée internationale pour l’élimination de la violence à l’égard des femmes, le 25 novembre de chaque année, commémore le martyre de trois sœurs en République dominicaine en 1960. Laollietopia/Wikimédia, CC BY

En 1930, Rafael Leónidas Trujillo s’empare du pouvoir en République dominicaine. Il y instaure un régime brutal qui durera plus de trente ans. Face à cette violence, des mouvements d’opposition se forment. Parmi ces figures, on trouve les sœurs Mirabal : Patria, Minerva et María Teresa. Le 25 novembre 1960, alors qu’elles reviennent de Puerto Plata où elles avaient rendu visite à leurs maris emprisonnés, les trois sœurs sont assassinées. Les Sœurs Mirabal, l’éternel envol des papillons, de Catherine Pélage, professeure de littératures et cultures d’Amérique latine à l’Université d’Orléans et directrice de la Chaire d’études culturelles dominicaines Sœurs Mirabal, qui vient de paraître aux éditions Regain de lecture, est la première biographie en français qui leur est consacrée. Extraits.


Concerts, spectacles, conférences, débats, projections de films, colloques : tous les ans, en France, le 25 novembre est marqué avec conviction. La Journée est placée sous le signe de la lutte contre les violences sexistes et sexuelles. La date est solidement ancrée, les établissements scolaires, les villes, les régions, se mobilisent, s’inscrivant dans une dynamique impulsée par l’Organisation des Nations unies qui a proclamé en 1999 le 25 novembre comme Journée internationale pour l’élimination de la violence à l’égard des femmes. Si le jour est bien identifié, son origine l’est beaucoup moins. Sur les sites officiels, il est parfois mentionné que la date a été choisie en l’honneur des sœurs Mirabal. Mais qui sont-elles ?

Une rapide consultation sur Internet nous conduit dans les Caraïbes, en République dominicaine, et fait apparaître trois magnifiques visages : Patria, Minerva et María Teresa nous regardent avec détermination. Quelques lignes précisent parfois qu’elles ont été assassinées le 25 novembre 1960 sur ordre du dictateur Rafael Leónidas Trujillo. Si l’on continue les recherches, de nombreuses photos apparaissent, tirées des albums de leur famille : Patria, vêtue d’une robe blanche, sourit, elle se trouve dans un très beau jardin. Minerva, au volant d’une voiture et accompagnée d’une amie, salue joyeusement le photographe. La toute jeune María Teresa fixe d’un air radieux l’objectif, son visage est orné de deux très longues nattes.

Les photos se succèdent ; elles sont rétrospectivement bouleversantes. Des clichés de leur mariage : Patria épouse Pedrito, la petite fille accroupie devant eux n’est autre que María Teresa, leur demoiselle d’honneur. Minerva et Manolo se regardent avec amour. María Teresa et Leandro échangent leurs coupes de champagne. D’autres photos révèlent la fierté de Minerva recevant son diplôme d’avocate ou la solennité de María Teresa qui vient d’obtenir son baccalauréat. Nous découvrons aussi les sœurs avec leurs enfants, leurs parents, leurs amis. Toutes ces images sont d’une rare intensité. Les trois sœurs incarnent la beauté, la jeunesse, l’élégance, l’amour, l’union familiale.

Le contraste est frappant entre ces portraits qui marquent des événements heureux de vies apparemment sans problème et ce que l’on déduit : un engagement politique, une persécution, un assassinat d’une brutalité indicible. Dès lors, la question devient plus pressante : qui étaient les sœurs Mirabal ?

L’étude plus attentive de l’album de famille qui s’offre à nous révèle la présence d’une quatrième sœur, Adela, dite Dedé. Nous l’observons avec ses sœurs, heureuse aux côtés de son fils aîné. Puis nous la voyons prendre de l’âge : c’est la seule des sœurs qui ait survécu à l’atrocité de la dictature de Trujillo. Sur d’autres photos plus tardives, elle se tient fermement au milieu de nombreux jeunes gens : ses trois enfants et les six enfants de ses sœurs. Grâce à elle, nous gardons de ses trois sœurs une mémoire vive à travers les portraits qu’elle esquissait. Grâce à ses paroles, nous entrevoyons les parcours engagés de ses trois sœurs assassinées.

En poursuivant l’investigation, arrivent jusqu’à nous, depuis la République dominicaine ou, dans une moindre mesure, les États-Unis, des tableaux, des fresques, des poèmes, des chansons, des films, des reportages, des témoignages : un foisonnement de représentations, de mots, d’écrits qui traduisent une volonté collective de leur rendre hommage. En revanche, les livres consacrés à la dictature de Trujillo ont tendance à évoquer les trois sœurs en quelques lignes qui rappellent : qu’elles étaient des opposantes politiques, qu’elles ont été assassinées sur ordre du dictateur, que ce crime a précipité la chute de Trujillo.

Les grandes idées sont là, en revanche on peine à trouver les informations permettant de déterminer leur importance historique et ce qui fait qu’elles sont considérées actuellement comme des héroïnes nationales. D’autres ouvrages, pour beaucoup des témoignages de leurs proches, sont très riches et porteurs d’une charge émotionnelle extrêmement forte si bien qu’on ressort des lectures avec l’impression troublante de connaître les trois sœurs. On trouve paradoxalement très peu de travaux universitaires.

En dehors de la République dominicaine il est difficile de se procurer des ouvrages les concernant. Pourtant, dès qu’on a l’occasion en France de raconter leur histoire, elle suscite l’admiration, une profonde empathie et toujours la même question : comment est-il possible que nous ne connaissions pas ici l’Histoire des sœurs Mirabal ? C’est cette question, que je me suis moi-même posée la première fois que j’ai entendu parler des sœurs, qui est à l’origine du livre que nous proposons.

Lors de mon premier voyage à Saint-Domingue, je me trouvais dans la librairie La Trinitaria, située dans le quartier historique de la ville. Alors que je demandais des conseils de lecture en précisant que j’avais un intérêt particulier pour les écrivaines et les femmes dans l’Histoire, Virtudes Uribe, spécialiste des livres dominicains, m’a offert un café, m’a invitée à m’asseoir dans l’un des rocking chairs où prennent place les visiteurs puis m’a parlé des sœurs Mirabal et du roman Au temps des papillons que l’écrivaine dominicano-étatsunienne Julia Álvarez leur avait consacré. La libraire évoquait avec émotion ces résistantes au régime sanglant de Rafael Leónidas Trujillo. J’ai été bouleversée par les grandes lignes de l’histoire que je découvrais. Je me suis immédiatement demandé pourquoi, alors que je travaillais depuis longtemps sur les femmes en Amérique Latine, je n’avais jamais entendu parler de Minerva, Patria et María Teresa.

Pourquoi, alors qu’en 1999 l’ONU avait fixé en leur honneur la date du 25 novembre comme Journée internationale pour l’élimination de la violence à l’égard des femmes, ces héroïnes de l’histoire récente de République dominicaine n’étaient-elles pas plus connues par-delà des frontières ? Comment était-il possible qu’on leur rende hommage tous les 25 novembre sans le savoir ? Dès cet instant est née la volonté de reconstituer leur trajectoire, de comprendre leur dimension politique et historique, de savoir comment leur histoire a circulé depuis la demi-île d’où elles sont originaires jusqu’à l’ONU.

S’est imposée, comme une évidence et une nécessité, l’écriture d’un livre qui reconstituerait leur histoire dans sa dimension historique et humaine, faisant émerger ce que je découvrais au fil de mes recherches : leur résistance et l’héroïsme au féminin qui caractérise, de façon différente, chacune des quatre sœurs. Adela n’a pas été assassinée, ne s’est pas engagée politiquement certes, mais elle a survécu à l’atrocité, consacré sa vie aux enfants et à la mémoire de ses sœurs. C’est en grande partie grâce à elle que la mémoire de Minerva, Patria et María Teresa est si forte. Nous ne parlerons donc pas, comme c’est souvent le cas, des trois mais des quatre sœurs Mirabal unies par une indestructible sororité.




À lire aussi :
L’assassinat des sœurs Mirabal : aux origines de la Journée internationale contre les violences faites aux femmes


Ce livre est le fruit de relations très fortes tissées durant des séjours de recherche en République dominicaine qui m’ont permis de nouer des collaborations fructueuses avec des chercheurs, artistes, médiateurs culturels, de recueillir des témoignages, de découvrir les lieux de mémoire consacrés aux sœurs Mirabal, de consulter des documents et ouvrages introuvables en Europe. L’un des plus beaux cadeaux que m’a offerts cette recherche a été le privilège de nouer des liens avec les descendants des sœurs Mirabal. Leur accueil, leur transmission, leur philosophie de la vie directement inspirée des luttes de leurs mères, tantes et grands-mères, m’ont permis de comprendre l’immensité de l’héritage qu’ont laissé, que nous ont laissé, celles qui étaient si justement surnommées, dans la clandestinité, les Papillons.

Ce livre s’est également nourri du dynamisme de la Chaire d’études culturelles dominicaines Sœurs Mirabal que je dirige à l’Université d’Orléans. Cette Chaire a vu le jour grâce au soutien de l’Université d’Orléans et de l’ambassade de République dominicaine en France que je remercie chaleureusement. Un nouveau pont entre nos deux pays s’est ainsi créé au cœur duquel se trouvent les sœurs Mirabal.

Cette réflexion s’est aussi construite dans les interactions avec mes étudiants du département d’études hispanophones de l’Université d’Orléans. Durant les cours ou séminaires consacrés aux sœurs, leur émotion, leurs interrogations, leurs observations ont été précieuses.

Cet ouvrage a été composé avec une participation à la recherche documentaire de Sandrine Lucas qui a elle-même été mon étudiante. Elle est passionnée par la République dominicaine et a été la première, dans notre département d’espagnol, à rédiger un mémoire de master consacré aux sœurs Mirabal. Son écrit, très novateur, portait sur leurs représentations littéraires. Devenue enseignante d’espagnol, elle n’a jamais cessé de faire des recherches sur ce sujet, qui l’ont menée en République dominicaine sur les pas des héroïnes. Chaque année elle réalise des projets ambitieux avec ses élèves. Associer Sandrine à ce travail était une évidence tant elle est animée, tout comme moi, d’un désir de transmission de l’histoire des sœurs Mirabal.

Julia Álvarez a accepté d’écrire le prologue de notre livre. C’est un grand honneur et une immense joie. Nous admirons autant son talent de romancière que sa volonté de faire connaître la culture de son pays d’origine et sa détermination à porter avec force l’histoire des sœurs Mirabal. Son roman In the Time of the Butterflies (Au temps des papillons) publié en 1994 a eu un rôle fondamental dans la diffusion, sur le plan international, de l’Histoire des sœurs Mirabal. C’est bien souvent le premier conseil de lecture que l’on reçoit dès qu’il est question de Minerva, Patria, María Teresa et Adela. Comme Julia Álvarez l’écrit si bien, dans notre ouvrage, « las Mariposas » deviennent les Papillons.

Avec ce beau « marrainage », nous vous invitons à suivre les pas des sœurs Mirabal. L’hypothèse que nous formulons ici est que leur Histoire est à penser en croisant deux types de violence propres à la société dans laquelle elles vivaient : celle que subissaient les femmes et celle qui s’abattait sur les opposants politiques. Tant dans leur trajectoire que dans la réception de leur histoire, les questions de genre et de politique sont indissolublement liées. Notre cheminement se centrera d’abord sur ces « Quatre femmes puissantes ». Cette formulation, inspirée par le roman de Marie Ndiaye dans son hymne au courage et à la résilience, nous conduira à nous plonger dans l’horreur de la dictature de Trujillo pour comprendre la destinée des sœurs qui s’inscrit tragiquement dans l’Histoire de leur pays.

Nous verrons ensuite comment leurs qualités humaines rendaient inévitable une confrontation avec le dictateur, d’où leur lutte et une affirmation croissante de leur opposition face à la tyrannie. Leur assassinat a été lourd de conséquences : son impact national et la circulation de leur histoire en Amérique fait que, comme l’écrit la poétesse Carmen Natalia, « elles sont tombées pour devenir éternelles. ». C’est donc la naissance, l’envol et la persistance des Papillons que nous allons repenser ici.

The Conversation

Catherine Pélage ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Sur les pas des sœurs Mirabal – https://theconversation.com/sur-les-pas-des-soeurs-mirabal-278340

Palimpseste d’Archimède : comment une page perdue a refait surface à Blois

Source: The Conversation – France in French (2) – By Victor Gysembergh, Directeur de recherches au CNRS, Sorbonne Université

Le prophète Daniel entouré de deux lions, enluminure sur le recto de la page retrouvée à Blois. Musée des beaux-arts de Blois, Inv. 73.7.52/IRHT-CNRS

On la pensait perdue à jamais : une page du palimpseste d’Archimède vient d’être retrouvée au Musée des beaux-arts de Blois, dans le Loir-et-Cher. Le chercheur qui a identifié ce feuillet issu du manuscrit du Xᵉ siècle rassemblant les traités du géomètre raconte sa découverte par un hasard fécond (mâtiné d’une bonne mémoire) et propose des pistes pour retrouver deux autres feuillets encore manquants.


Le 9 mars 2026, le CNRS a annoncé que j’avais identifié, dans les réserves du Musée des beaux-arts de Blois, un feuillet du palimpseste d’Archimède considéré comme perdu. Je voudrais revenir ici sur cette histoire et sur ce qu’elle révèle : dans le silence des collections publiques et privées, avec la numérisation massive, combien de trésors restent encore invisibles, faute d’avoir été cherchés ?

Le palimpseste d’Archimède est un manuscrit du Xᵉ siècle qui rassemble sept traités du géomètre de Syracuse – dont la Méthode des théorèmes mécaniques, seul texte où il explique comment il a trouvé ses résultats avant de les démontrer. Héritier, comme beaucoup de textes antiques, d’une chaîne inconnue de recopies remontant aux originaux perdus d’Archimède (IIIᵉ siècle avant notre ère), il est le plus ancien exemplaire conservé de ses textes et, pour certains, le seul témoin. En 1229, des moines ont effacé ce trésor – probablement à l’aide d’une pierre ponce – pour y réécrire un livre de prières. Le parchemin, fabriqué dans ce cas à partir de peau de chèvre ou de mouton, valait cher (ce seul codex contenait l’équivalent d’une cinquantaine de bêtes). C’est ainsi que naissent les palimpsestes, du grec palimpsêstos (« gratté de nouveau »).

La palimpseste d’Archimède
La palimpseste d’Archimède.
Archimedespalimpsest.org

1906 : la première redécouverte

C’est le philologue danois Johan Ludvig Heiberg qui redécouvrit le texte d’Archimède à Constantinople en 1906 en déchiffrant à l’œil nu le texte effacé, puis qui fit photographier le manuscrit à la lumière blanche et ultraviolette. La découverte fit la première page du New York Times. Ses photographies, conservées aujourd’hui à la Bibliothèque royale du Danemark, ainsi que leur déchiffrement par Heiberg, restèrent longtemps la seule trace documentaire du codex, car le palimpseste disparut peu de temps après.

Il ne refit surface que plusieurs décennies plus tard, dans une collection privée française, avant d’être vendu aux enchères chez Christie’s en 1998 pour deux millions de dollars.

Une page du palimpseste d’Archimède
Une page du palimpseste d’Archimède.
Archimedespalimpsest.net

Le nouveau propriétaire le confia au Walters Art Museum de Baltimore, aux États-Unis, où, au début des années 2000, des expériences d’imagerie multispectrale – consistant à photographier le manuscrit sous différentes longueurs d’onde de lumière (visible, ultraviolette, infrarouge, puis rayons X) pour en tirer des informations complémentaires invisibles à l’œil nu – permirent de lire beaucoup mieux les traités d’Archimède, et de découvrir des textes qu’aucun œil humain n’avait lus depuis des siècles – dont un commentaire aux Catégories d’Aristote et un discours de l’orateur Hypéride. Mais trois feuillets parmi les 177 recensés par Heiberg avaient disparu entre-temps. Depuis lors, ils étaient considérés comme perdus à jamais.

Une blague de bureau qui permet de retrouver un trésor

En octobre 2025, je discutais avec des collègues du fait que Blois avait longtemps abrité une partie des bibliothèques royales de France. Par jeu, je lançai : « Tiens, cherchons s’il y a un palimpseste à Blois. » Je saisis les mots dans Arca, la bibliothèque numérique de l’Institut de recherche et d’histoire des textes. Une notice apparut : un parchemin au Musée des beaux-arts de Blois, inventaire 73.7.52.

En regardant les images numérisées, quelque chose dans l’écriture me frappa. C’est une déformation professionnelle : les années passées à fréquenter les manuscrits anciens développent une sorte de mémoire visuelle involontaire, comme on peut reconnaître une chanson à partir des premières secondes. De surcroît, l’une des faces portait une figure géométrique. Je déchiffrai le texte lisible : un passage du De la sphère et du cylindre. Je sortis les photographies de Heiberg. La comparaison fut sans appel. L’écriture, les figures, le texte lui-même : tout concordait. J’avais devant moi le feuillet 123 du palimpseste d’Archimède.

Ce que dit la page – et ce qu’elle cache

Le feuillet contient les propositions 39 à 41 du premier livre du traité. Une face est lisible ; l’autre est recouverte d’une enluminure représentant le prophète Daniel entre deux lions. Celle-ci fut vraisemblablement exécutée vers 1942 à l’instigation de son propriétaire Salomon Guerson, dans une tentative désespérée d’en augmenter la valeur pour la vendre afin d’échapper aux persécutions antisémites.

Blois, Musée des beaux-arts, Inv. 73.7.52 (Photograph IRHT-CNRS) = Archimedes palimpsest (olim Constantinople, Metochion tou Panagiou Taphou, shelfmark 355), p. 123r
Le recto de la page retrouvée.
Musée des beaux-arts de Blois, Inv. 73.7.52/IRHT-CNRS
Le verso de la page du palimpseste d’Archimède retrouvée par hasard à Blois
Le verso de la page du palimpseste d’Archimède retrouvée par hasard.
Musée des beaux-arts de Blois, Inv. 73.7.52/IRHT-CNRS

La science moderne sait regarder à travers ces obstacles. Dans les prochains mois, j’espère mener une campagne d’imagerie multispectrale puis de cartographie par fluorescence de rayons X – une technique qui détecte les résidus métalliques de l’encre ancienne sous des couches opaques, sans endommager le parchemin. Ces méthodes, bien plus performantes qu’au début des années 2000, pourraient aussi permettre de relire des passages du palimpseste restés illisibles lors de la campagne de Baltimore.

Deux feuillets manquent encore

Les trois feuillets disparus ont probablement été découpés en France vers 1942. Si l’un d’eux a survécu dans les réserves d’un musée et a pu être identifié en quelques secondes de recherche numérique, les deux autres peuvent très bien avoir suivi des trajectoires comparables.

Le feuillet que j’ai reconnu avait été légué au musée en 1973 par le collectionneur André Frank (on ignore comment il l’avait acquis) et n’avait pas été identifié pour ce qu’il était. Les deux autres feuillets se trouvent peut-être dans une bibliothèque, un musée, une collection privée – en France ou dans les pays voisins. Des parchemins grecs avec, d’un côté, plusieurs couches de texte et peut-être aussi des figures géométriques et des enluminures, de l’autre. Peut-être exactement ce que vous possédez ?

L’aide possible des collectionneurs

Les manuscrits anciens, en particulier les palimpsestes, sont rares et précieux. Mais la numérisation ne les endommage pas, et augmente au contraire leur valeur en révélant leurs contenus. Elle permet qu’une reproduction soit déposée dans une base de données accessible.

Le feuillet de Blois a été retrouvé parce qu’André Frank l’avait légué au musée, et parce que l’institution l’avait catalogué et numérisé – sans même savoir ce qu’elle possédait. Sans cette infrastructure de partage, ma recherche dans Arca n’aurait rien donné.

Les parchemins sont aussi fragiles : humidité, variations de température, matériaux acides peuvent en quelques décennies effacer ce que vingt siècles ont préservé. L’IRHT-CNRS, la BNF, les Archives nationales ou l’équipe du projet ERC PALAI, dont je suis responsable, peuvent conseiller gratuitement tout collectionneur souhaitant protéger ses biens.

L’appui indispensable des chercheurs

Il serait injuste de faire reposer sur les seuls collectionneurs la responsabilité des trésors qui dorment. Des milliers d’établissements (bibliothèques municipales, musées de province, fonds d’archives ecclésiastiques, collections universitaires) conservent des manuscrits que personne n’a regardés depuis trop longtemps. Les raisons de cette sous-exploration sont compréhensibles : pression à la publication, spécialisation croissante, difficulté à financer des recherches exploratoires. On ne dépose pas un projet ANR sur une recherche d’aiguille dans une botte de foin.

Et pourtant, c’est précisément ce type de recherche – patiente, buissonnière, fondée sur une curiosité sans objet défini – qui produit les découvertes les plus inattendues. Consacrer quelques heures par semaine à explorer des catalogues numériques et à écrire aux conservateurs de fonds peu consultés n’est pas du temps perdu.

Nous ne savons pas ce que nous avons. La numérisation des collections publiques est une révolution silencieuse (mais elle s’arrête aux portes des collections privées). L’œuvre d’Archimède a survécu par une série d’accidents heureux : des copistes minutieux, un philologue danois attentif, un musée qui a conservé sans le savoir un fragment de génie. À chaque maillon, quelqu’un a fait le bon choix – ou le hasard a bien fait les choses. Aujourd’hui, nous n’avons plus besoin du hasard. Il ne manque que la volonté. Et parfois, un coup de fil.


Pour signaler un palimpseste ou demander un conseil en conservation, écrire à : cnrs-palai@cnrs.fr.

The Conversation

Victor Gysembergh a reçu des financements de Sorbonne Université, la Mairie de Paris et l’Union européenne (ERC grant PALAI, n° 101170952).

ref. Palimpseste d’Archimède : comment une page perdue a refait surface à Blois – https://theconversation.com/palimpseste-darchimede-comment-une-page-perdue-a-refait-surface-a-blois-279261

El alto el fuego acordado por Estados Unidos e Israel con Irán pone fin temporalmente a una guerra costosa, pero ¿podrá durar la paz?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amin Saikal, Emeritus Professor of Middle Eastern Studies, Australian National University; The University of Western Australia; Victoria University

La aceptación por parte del presidente Donald Trump de una propuesta pakistaní para un alto el fuego de dos semanas en la guerra con Irán ha supuesto un suspiro de alivio para la comunidad internacional.

Apenas unas horas antes, muchos se habían alarmado ante las amenazas de Trump de bombardear a Irán hasta devolverlo a “la edad de piedra” y destruir su “civilización”.

El alto el fuego ofrece un respiro para negociar un “acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Medio”, según Trump. Sin embargo, el camino hacia un acuerdo definitivo será complejo y accidentado, aunque no insuperable.

Subestimar al enemigo

Tras seis semanas de escalada bélica y retórica, que comenzaron con los ataques conjuntos de EE. UU. e Israel contra Irán y la contundente respuesta de este último, los tres combatientes no solo se han infligido graves golpes mutuamente. La región y el mundo también han sufrido una crisis masiva del petróleo, el gas licuado y la inflación, ya que Teherán cerró el estrecho de Ormuz.

Esto no entraba en las previsiones de Trump. Inicialmente, anticipó que el poderío militar combinado de EE. UU. e Israel se impondría rápidamente. Esto obligaría a Teherán, que había reprimido las protestas públicas generalizadas a principios de año, a capitular y, de este modo, abriría el camino a un cambio de régimen favorable.

Pero el Gobierno iraní demostró ser más resistente y capaz de lo previsto. Actuó de forma estratégica al atacar activos estadounidenses en todo el golfo Pérsico e Israel, además de cerrar el estrecho.

Mientras tanto, Trump no pudo solicitar el apoyo activo de los aliados de EE. UU. para sus esfuerzos bélicos conjuntos con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Netanyahu está acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra en Gaza.

No se consultó a los aliados, y estos no consideraron que participar en una guerra contraria al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas redundara en beneficio de sus intereses nacionales.

Un coste de miles de millones

Además, los adversarios globales de Estados Unidos, Rusia y China –ambos con acuerdos de cooperación estratégica con Irán–, se opusieron vehementemente a la guerra. Se unieron a decenas de otros países de todo el mundo para pedir una desescalada y medidas para evitar más repercusiones económicas.

El conflicto se amplió. Israel desató una campaña para ocupar el sur del Líbano en respuesta a los ataques del grupo paramilitar libanés Hezbolá, alineado con Irán.

Los costes de la guerra se dispararon entonces para todas las partes. Solo para EE.  UU., ascendió a al menos 1 000 millones de dólares cada día. Esto aumentó sustancialmente la deuda federal, que se acercaba a los 40 billones de dólares.

La situación se convirtió en una carrera entre misiles ofensivos y misiles interceptores; solo sería cuestión de quién se quedara sin munición primero.

Recientemente, los medios informaron de que a Israel se le estaban agotando los interceptores y que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se enfrentaban a una escasez de efectivos.

Impopular en EE. UU.

Por otro lado, a pesar de la decapitación de su liderazgo por parte de EE. UU. e Israel, la supremacía aérea y el bombardeo de miles de objetivos militares y no militares, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica mantuvo una capacidad de represalia sostenida. Consiguió lanzar docenas de misiles y drones a diario contra objetivos en el Golfo e Israel.

Y lo que es más importante, la guerra resultó cada vez más impopular en Estados Unidos. A medida que la población sentía sus efectos en el aumento del coste de la vida y en las gasolineras, alrededor del 61 % de los ciudadanos se opuso al conflicto. La popularidad de Trump se desplomó en las encuestas de opinión.

En vista de estas variables, Trump no podía cumplir su promesa de intensificar la Operación Furia Épica hasta el punto de borrar del mapa un país tan grande como Irán.

Las características culturales y patrióticas iraníes, así como la devoción de muchos ciudadanos del país por el rama chií del islam, actuaron como un freno frente a la agresión exterior, al igual que en ocasiones anteriores de su historia.

Un largo camino por delante

Esto no quiere decir que negociar y alcanzar un acuerdo integral para una paz duradera entre EE. UU. e Irán vaya a ser fácil.

Pero una parte crucial de la aceptación del alto el fuego por parte de Trump, que nos da una idea de su forma de pensar, es la siguiente:

Hemos recibido una propuesta de 10 puntos de Irán (en respuesta a la propuesta de 15 puntos de EE. UU.), y creemos que es una base viable sobre la que negociar. Casi todos los diversos puntos de desacuerdo del pasado han sido acordados entre Estados Unidos e Irán, pero un periodo de dos semanas permitirá que el acuerdo se finalice y se consuma.

Los diez puntos incluyen el cese de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, si bien Israel ha afirmado desde entonces que el Líbano no está incluido en el alto el fuego.

Algunos de los otros elementos clave son:

  • Estados Unidos debe comprometerse fundamentalmente a garantizar la no agresión.

  • Irán seguirá controlando el estrecho de Ormuz.

  • Se retirarán las sanciones primarias y secundarias contra Irán.

  • Y se aceptará derecho de Irán a enriquecer uranio para su programa nuclear (con fines pacíficos).

Ahora le corresponde a Trump meter en vereda a Netanyahu, quien ha trabajado arduamente durante mucho tiempo no solo para destruir al Gobierno iraní, sino también para reducir el papel del Teherán como actor regional.

Si esto ocurre y todas las partes negocian de buena fe, hay motivos para el optimismo. Podríamos asistir al amanecer de un orden regional de posguerra basado más en un acuerdo de seguridad colectiva que en la supremacía regional de un actor sobre otro.

The Conversation

Amin Saikal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El alto el fuego acordado por Estados Unidos e Israel con Irán pone fin temporalmente a una guerra costosa, pero ¿podrá durar la paz? – https://theconversation.com/el-alto-el-fuego-acordado-por-estados-unidos-e-israel-con-iran-pone-fin-temporalmente-a-una-guerra-costosa-pero-podra-durar-la-paz-280168

Pourquoi le prix de l’essence à la pompe ne baisse pas aussi vite qu’il monte

Source: The Conversation – in French – By Salomée Ruel, Professeur, Pôle Léonard de Vinci

Pour un litre d’essence à 2,03 euros, le droit d’accise (ex-TICPE) représente 40,4 %, le pétrole brut 28,6 %, la distribution 14,4 %, la TVA 8,6 %. Gautier Normand/Shutterstock

Les prix à la pompe montent comme une fusée, mais descendent comme une plume. Un paradoxe en apparence mystérieux. En réalité, un litre de carburant est la somme de trois paramètres : le produit, à savoir le pétrole brut qui est ensuite raffiné, le couple logistique et distribution, et surtout les taxes. Comprendre cette décomposition clarifie les éventuelles marges de manœuvre de l’État, des producteurs et des distributeurs.


Au début était le produit, l’« or noir ». Le carburant vient du pétrole brut, souvent indexé sur le prix du Brent, converti du dollar vers l’euro, puis transformé dans des raffineries. À l’ouverture de la bourse, le 15 février 2026, le prix d’un baril de Brent était de 68,54 dollars (59,77 euros), de 100,88 dollars (87,98 euros) le 24 mars 2026 et de 106,6 dollars (92,97 euros) le 30 mars 2026.

Décomposition du prix de SP95 en France en 2026.
Roole

Logiquement, lorsque le prix d’un baril de Brent augmente (ou quand l’euro baisse), le coût de matières premières dans le prix final du carburant augmente lui aussi. À l’inverse, si le prix du pétrole brut diminue, mécaniquement le coût de matière première baisse, mais pas toujours instantanément ! En effet, il existe des délais liés aux stocks ou aux circuits d’approvisionnement.

Un ordre de grandeur aide à se repérer : un baril de Brent contient 159 litres. Une variation de dix dollars supplémentaires par baril (8,69 euros) fait monter le prix d’un litre d’essence de 6 cents de dollars (0,052 euro) « avant taxes », auxquels s’ajoutent les effets du taux de change et du raffinage.

Prix d’un baril de Brent au 31 mars 2025, 73,76 dollars ; au 31 mars 2026, 115,04 dollars.
Boursorama

Du dépôt pétrolier vers la station-service

Une autre partie du prix concerne le transport, le stockage et la vente de carburant depuis les dépôts pétroliers vers les stations-service.

Ces coûts logistiques augmentent année après année du fait de l’inflation – 5,2 % en 2022 et 0,9 % en 2025. Des salaires plus hauts ou une mise aux normes auront des conséquences sur le prix du carburant. D’après l’Insee, depuis 2022, les coûts de transport-distribution ont augmenté « plus modérément » que le pétrole brut et le raffinage, mais tout de même d’environ + 9 centimes d’euros par litre sur la période étudiée.

Avant même la marge des stations-service, une part du prix reflète des marges en amont, notamment la marge de raffinage et les conditions du marché de gros. Elles peuvent varier rapidement, notamment en cas de tensions logistiques.

Autre point important : malgré les débats, la marge nette d’une station-service reste généralement faible. De 2 centimes d’euros par litre pour les stations en grande distribution à environ 8 centimes d’euros par litre pour des stations plus onéreuses du réseau des indépendants.

Les consommateurs peuvent suivre en temps réel les prix des carburants dans les stations-service de l’Hexagone.
Gouv.fr

Taxes de l’État

Les taxes, fixées par l’État et complétées par les régions, sont la part la plus visible du prix d’un litre de carburant. Elles représentent entre 50 % et 60 % du prix final, selon le type de carburant et le niveau du baril. Résultat : quand le prix du brut varie, seule une partie du prix à la pompe peut s’ajuster, le reste étant fiscal et donc relativement rigide.

Deux éléments sont à prendre en compte :

  • L’accise (ex-taxe intérieure de consommation sur les produits énergétiques, ou TICPE), qui représente 36 % du prix à la pompe du gazole et 39 % de celui du sans-plomb (SP95). Le montant fixe par litre (en 2026, hors majorations régionales, est de 68,29 centimes d’euros par litre pour l’essence et 59,40 centimesd’euros par litre pour le gazole. L’accise nationale est stable depuis 2018.

  • La taxe sur la valeur ajoutée (TVA), à 20 % depuis 2006, qui s’applique sur le prix hors taxe, mais aussi sur l’accise. Quand le prix du produit monte, la TVA augmente mécaniquement.

En 2025, toutes les régions, sauf la Corse, ont adopté la majoration maximale du taux de l’accise.

Effets contre-intuitifs d’une baisse de taxe

Du côté de l’État, le principale marge de manœuvre est fiscale. Par exemple, modifier l’accise temporairement ou durablement, et jouer sur des dispositifs de compensation comme les « remises » universelles ou ciblées.

En 2026, le gouvernement de Sébastien Lecornu privilégie un plan de soutien de 70 millions d’euros avec des « aides ciblées ».




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Toute baisse de taxe a un coût budgétaire très significatif, car l’accise sur les carburants reste une recette majeure. En 2022, les remises sur les prix à la pompe avaient coûté plus de huit milliards d’euros à l’État ; en 2023, les chèques carburants près d’un milliard.

À noter un élément essentiel contre-intuitif : quand les prix augmentent, les automobilistes finissent souvent par réduire leur consommation. Or, l’accise est perçue par litre. Par conséquent, si les volumes baissent, les recettes d’accise baissent aussi, ce qui peut annuler (voire inverser) le gain de TVA lié à un prix plus élevé.

Marges (faibles) des distributeurs

Affiche de l’« opération transparence » carburant.
40 millions d’automobilistes, CC BY-NC

Côté distributeurs, les stations-service, comme celles Shell, Avia, TotalEnergies, Carrefour, Leclerc ou Esso, peuvent ajuster leurs marges. Sur un produit très concurrentiel comme le carburant, il n’est question que de quelques centimes seulement.

C’est pourquoi la Fédération nationale de l’automobile et l’association 40 millions d’automobilistes (opposée aux radars urbains et aux pistes cyclables à Paris après le confinement) ont lancé le 19 mars 2026 « l’opération transparence ». L’enjeu : afficher à leur caisse le détail précis du prix d’un litre de carburant.

« Rockets and Feathers »

« Les prix montent comme une fusée, mais descendent comme une plume. » En économie, ce phénomène est connu sous le nom de Rockets and Feathers. Une étude sur le marché britannique souligne que les prix de détail s’ajustent plus rapidement quand les coûts augmentent que lorsqu’ils baissent. Une autre étude, aux États-Unis, confirme cette contradiction.

Évolution des prix des carburants en France de 2007 à 2026.
Roole, CC BY-NC

Cette asymétrie apparaît pour plusieurs raisons.

Délais et stocks

Une station vend « aujourd’hui » du carburant acheté « hier ». Si le brut baisse, le prix « théorique » baisse tout de suite, mais le carburant en cuve a été payé à l’ancien coût.

À l’inverse, quand les coûts montent, le risque de vendre à perte rend l’ajustement plus rapide. Car, la vente à perte est une pratique commerciale interdite.




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Coûts d’ajustement et de coordination

Dans beaucoup de réseaux de distribution, les prix sont modifiés « par salves » plutôt qu’en continu. Les stations ne révisent pas leur affichage à chaque microvariation du marché, mais à des moments précis (par exemple, une ou deux fois par jour), souvent en regardant les prix des stations voisines. Ce mode d’ajustement peut rendre les baisses plus lentes, parce que la station attend davantage d’informations (confirmation de la baisse) ou le « bon moment » pour s’aligner.

Comportement des automobilistes

Quand les prix flambent, les consommateurs comparent plus, changent de station, et la concurrence « s’active » : d’où les mises à jour de prix plus régulières. Quand les prix baissent, la pression concurrentielle est généralement moins intense. La baisse se diffuse alors plus lentement.

Taxes « rigides »

La présence d’une accise fixe, ou « rigidifie », le prix. Quand le produit baisse, la part fiscale reste la même. Logiquement, la baisse totale à la pompe est mécaniquement moins spectaculaire que la variation du pétrole (et donc, parfois moins visible).

Coûts à long-terme

Quand l’actualité géopolitique se tend, notamment dans le détroit d’Ormuz, c’est surtout le « paramètre produit » qui s’emballe, puis qui se transmet implacablement vers les pompes des stations-service. Par conséquent, les automobilistes voient leur facture en carburant augmenter inexorablement.

Pour pallier ces hausses tarifaires, l’État dispose d’un levier réel via les taxes (TVA et droit d’accise), mais il est politiquement sensible et coûteux pour les finances publiques.

Les producteurs de pétrole, comme le Canada, l’Arabie saoudite ou le Kazakhstan, influencent l’amont via le niveau de production et le prix d’un baril de pétrole brut (Brent). Les distributeurs jouent surtout sur la vitesse de répercussion des prix, avec des bénéfices limités.

Ces marges de manœuvre existent, mais elles sont rarement immédiates, et presque toujours assorties d’un coût à moyen terme et long terme.

The Conversation

Salomée Ruel ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi le prix de l’essence à la pompe ne baisse pas aussi vite qu’il monte – https://theconversation.com/pourquoi-le-prix-de-lessence-a-la-pompe-ne-baisse-pas-aussi-vite-quil-monte-279632

When a president is unfit for office, here’s what the Constitution says can happen

Source: The Conversation – USA – By Kirsten Matoy Carlson, Professor of Law and Adjunct Professor of Political Science, Wayne State University

President Donald Trump mimics an Iranian protester being shot while holding a news conference in the White House on April 6, 2026. Tom Williams/CQ-Roll Call, Inc via Getty Images

Bipartisan calls for President Donald Trump’s removal from office increased on April 7, 2026, after he issued threats to destroy “a whole civilization” if Iran refuses to reopen the Strait of Hormuz.

These calls have come from across the political spectrum, from Democratic Reps. Alexandria Ocasio-Cortez of New York and Melanie Stansbury of New Mexico to former Rep. Marjorie Taylor Greene and right-wing pundit Alex Jones. Unlikely allies seem to agree that the president has gone too far and needs to be reined in.

Their concerns have emerged as Iran has walked away from talks to end the war and Trump’s language suggests that he plans to escalate it by destroying the country’s power plants and bridges.

Concerns over Trump’s fitness for office have grown in recent weeks as his commentary has become more erratic.

If lawmakers do attempt to remove Trump from office, here’s what would happen:

A scene of the Senate voting in Trump's impeachment trial in 2020
Donald Trump has been impeached twice, but has not convicted.
Senate Television via AP

25th Amendment

The Constitution’s 25th Amendment provides a way for high-level officials to remove a president from office. It was ratified in 1967 in the wake of the 1963 assassination of John F. Kennedy – who was succeeded by Lyndon Johnson, who had already had one heart attack – as well as delayed disclosure of health problems experienced by Kennedy’s predecessor, Dwight Eisenhower.

The 25th Amendment provides detailed procedures on what happens if a president resigns, dies in office, has a temporary disability or is no longer fit for office.

It has never been invoked against a president’s will, and has been used only to temporarily transfer power, such as when a president is undergoing a medical procedure requiring anesthesia.

Section 4 of the 25th Amendment authorizes high-level officials – either the vice president and a majority of the Cabinet or another body designated by Congress – to remove a president from office without his consent when he is “unable to discharge the powers and duties of his office.” Congress has yet to designate an alternative body, and scholars disagree over the role, if any, of acting Cabinet officials.

The high-level officials simply send a written declaration to the president pro tempore of the Senate – the longest-serving senator from the majority party – and the speaker of the House of Representatives, stating that the president is unable to discharge the powers and duties of his office. The vice president immediately assumes the powers and duties of the president.

The president, however, can fight back. He or she can seek to resume their powers by informing congressional leadership in writing that they are fit for office and no disability exists. But the president doesn’t get the presidency back just by saying this.

The high-level officials originally questioning the president’s fitness then have four days to decide whether they disagree with the president. If they notify congressional leadership that they disagree, the vice president retains control and Congress has 48 hours to convene to discuss the issue. Congress has 21 days to debate and vote on whether the president is unfit or unable to resume his powers.

The vice president remains the acting president until Congress votes or the 21-day period lapses. A two-thirds majority vote by members of both houses of Congress is required to remove the president from office. If that vote fails or does not happen within the 21-day period, the president resumes his powers immediately.

The 25th Amendment
The 25th Amendment to the U.S. Constitution.
National Archives via AP

The case for impeachment

Article II of the Constitution authorizes Congress to impeach and remove the president – and other federal officials – from office for “Treason, Bribery, or other high Crimes and Misdemeanors.” The founders included this provision as a tool to punish a president for misconduct and abuses of power. It’s one of the many ways that Congress could keep the president in check, if it chose to.

Impeachment proceedings begin in the House of Representatives. A member of the House files a resolution for impeachment. The resolution goes to the House Judiciary Committee, which usually holds a hearing to evaluate the resolution. If the House Judiciary Committee thinks impeachment is proper, its members draft and vote on articles of impeachment. Once the House Judiciary Committee approves articles of impeachment, they go to the full House for a vote.

If the House of Representatives impeaches a president or another official, the action then moves to the Senate. Under the Constitution’s Article I, the Senate has the responsibility for determining whether to remove the person from office. Normally, the Senate holds a trial, but it controls its procedures and can limit the process if it wants.

Ultimately, the Senate votes on whether to remove the president – which requires a two-thirds majority, or 67 senators. To date, the Senate has never voted to remove a president from office, although it almost did in 1868, when President Andrew Johnson escaped removal from office by one vote.

The Senate also has the power to disqualify a public official from holding public office in the future. If the person is convicted and removed from office, only then can senators vote on whether to permanently disqualify that person from ever again holding federal office. Members of Congress proposing the impeachment of Trump have promised to include a provision to do so. A simple majority vote is all that’s required then.

This is an updated version of an article originally published on Jan. 9, 2021.

The Conversation

Kirsten Matoy Carlson does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. When a president is unfit for office, here’s what the Constitution says can happen – https://theconversation.com/when-a-president-is-unfit-for-office-heres-what-the-constitution-says-can-happen-280120

Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lourdes Casas Cardoso, Catedrática de Universidad, Universidad de Cádiz

Nito/Shutterstock

¿Sabía que casi un tercio de la comida termina en la basura? Muchos productos se estropean antes de llegar a nuestras manos. Este desperdicio impacta gravemente al planeta y a la economía por la pérdida de recursos que conlleva.

No basta con cultivar más frutas y verduras cada año. Debemos aprender a utilizar mejor los recursos que ya tenemos. Una solución innovadora consiste en utilizar los desechos del campo para crear envases activos. Estos ayudan a que los alimentos duren más tiempo, reduciendo así el desperdicio de comida.

El gran reto de conservar los recursos

El plástico derivado del petróleo todavía domina el mercado del envasado. Entre sus ventajas destaca que es un material muy barato y fácil de fabricar en masa. Sin embargo, da lugar a gran cantidad de residuos que dañan la naturaleza.

Tirar comida también supone desperdiciar el agua usada en el riego, la energía empleada en el transporte y el esfuerzo de los agricultores. El coste ambiental de producir alimentos que nadie consume es altísimo y reducir estas pérdidas es ahora una prioridad mundial. Además, necesitamos alternativas al plástico que no contaminen los océanos ni los suelos. Ante este gran reto, los materiales naturales aparecen como la mejor respuesta.




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De las hojas del olivo al hogar

Los restos de la poda del olivo suelen considerarse simples desechos. Tras la cosecha, miles de toneladas de hojas quedan sin reutilizar. En una investigación reciente hemos propuesto dar una segunda vida a este material vegetal.

Las hojas del olivo albergan sustancias antioxidantes y antimicrobianas que evitan que los alimentos se alteren. Es por ello que estos componentes son ideales para proteger la carne, las frutas y las verduras. Mediante técnicas específicas, es posible extraerlos e incluirlos en los materiales de envasado, dotando al nuevo material de sus beneficios.

Un escudo activo y natural

Una vez obtenidos, los extractos se incorporan a una película biodegradable hecha con fuentes naturales, como el almidón de maíz o ácido poliláctico, para dar lugar a un envase. La lámina libera gradualmente los compuestos activos, que retrasan los cambios que dañan los alimentos y prolongan su frescura.

Así, los envases activos no solo protegen físicamente los alimentos sino que, además, los mantienen en buen estado mientras permanecen envasados.

Al ser biodegradable, el material se descompone de forma natural una vez lo desechamos. Así se reduce el impacto ambiental y se aprovechan mejor los residuos agrícolas.

Un método seguro y sin necesidad de disolventes

Para introducir los extractos en el envase se usa una técnica limpia: dióxido de carbono sometido a una presión muy alta. En este estado especial, el fluido se comporta como si fuera un líquido y un gas a la vez.

Este fluido penetra en el material natural y lo impregna de los compuestos activos. No hace falta usar disolventes químicos que puedan ser peligrosos o tóxicos, por lo que es un método muy seguro para la salud de las personas.

Al terminar el proceso, el gas recupera su forma original sin dejar ningún tipo de residuo extraño en el envase final. Esta tecnología permite controlar con exactitud la calidad de cada pieza fabricada.

Una tecnología viable para producción industrial

Demostrar que el envase funciona en laboratorio no basta. Por eso utilizamos una planta piloto para fabricar láminas más grandes, similares a las que requiere la industria para producir envases a gran escala. Esto permite comprobar que la distribución del extracto es uniforme y que la calidad se mantiene.

El color verde del extracto sirve como indicador visual. Así, podemos detectar zonas con menor concentración y ajustamos el proceso, logrando una distribución homogénea de las sustancias activas. Esto asegura que cada parte del envase cumpla su función protectora.

De esta forma, la tecnología pasa de ser experimental a viable para producción industrial.

El camino hacia la economía circular

Este avance impulsa un modelo de economía circular donde nada se pierde y todo se transforma: los restos de una cosecha ayudan a proteger la cosecha siguiente. Así se cierra un ciclo que imita a la propia naturaleza.

De esta forma, se reduce la necesidad de utilizar nuevas materias primas y se genera menos basura en las ciudades y en los campos. Es un ejemplo claro de cómo la ciencia mejora nuestra vida diaria.

Las empresas que adopten estos envases serán mucho más competitivas y modernas. Estas generarán menos impactos negativos en el medio ambiente y responderán a clientes que valoran cada vez más los productos sostenibles. Es una inversión con beneficios para la sociedad y para el futuro.




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Beneficios para todos

El consumidor final es el gran beneficiado de esta tecnología verde. Al comprar los productos en envases activos, los alimentos durarán mucho más tiempo frescos. Esto ayuda a organizar mejor las compras y a ahorrar dinero.

También ganamos en salud al consumir alimentos con menos aditivos químicos. La protección viene de la propia naturaleza, en este caso de las hojas de olivo.




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El futuro de la alimentación empieza con estos pequeños cambios en el campo. Cada envase biodegradable es un paso hacia un mundo mucho más limpio y que genera menos basura.

The Conversation

Lourdes Casas Cardoso recibe fondos de MCIN/AEI/10.13039/501100011033 and European Union NextGenerationEU/PRTR, Proyecto: “TED2021–131822B-I00”; Los resultados también forman parte del PROYEX CEL_00920 (Convocatoria 2021) financiado por el Programa de Ayudas a Proyectos de Investigación de Excelencia, en régimen de concurrencia competitiva, dirigido a Entidades Calificadas como Agentes del Sistema Andaluz del Conocimiento, en el ámbito del Plan Andaluz de Investigación, Desarrollo e Innovación (PAIDI, 2020).

Cristina Cejudo Bastante recibe fondos del Programa Operativo del FEDER para Andalucía 2021-2027 y la Consejería de Universidades, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía (FEDER-UCA-2024-A1-07).

Lidia Verano Naranjo y Noelia Daiana Machado no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos – https://theconversation.com/los-olivares-guardan-el-secreto-para-fabricar-envases-biodegradables-activos-que-mantienen-frescos-los-alimentos-278920