Cómo Rusia llegó a considerarse a sí misma la salvadora ‘antifascista’ de Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xosé M. Núñez Seixas, Professor of Modern and Contemporary History, Universidade de Santiago de Compostela

_Izando la bandera sobre el Reichstag_, fotografía de Yevgeny Khaldei, tomada el 2 de mayo de 1945 y publicada en la revista Ogoniok (n.º 19, 1945). Mil.ru/TASS/Yevgeny Khaldei, CC BY

¿Cuándo terminó exactamente la Segunda Guerra Mundial? La respuesta depende de dónde miremos. La contienda terminó oficialmente en la madrugada del 7 de mayo de 1945, cuando el general Jodl firmó la rendición incondicional de Alemania en el cuartel general aliado en Reims, con efecto a partir del día siguiente. Miles de personas salieron a las calles de Londres, Nueva York y otras ciudades para celebrarlo.

Sin embargo, el 8 de mayo se repitió la ceremonia en Berlín en presencia del mariscal Zhukov de la Unión Soviética y representantes de los demás países aliados. La paz reinó a partir del día siguiente. El Ejército Rojo había conquistado la capital alemana y se suponía que mantendría una preeminencia simbólica.

Durante las décadas posteriores, la celebración de la victoria el 8 o el 9 de mayo encarnó la división entre Oriente y Occidente.

En Occidente, el 8 de mayo pasó a representar la victoria sobre el fascismo, lograda por los ejércitos aliados y la resistencia a los nazis. Esto simbolizaba el consenso antifascista de la posguerra, que se basaba en un olvido selectivo: por ejemplo, pasaba por alto convenientemente la colaboración generalizada con los invasores nazis desde Francia hasta Noruega.

Para Alemania, especialmente en la República Federal de Alemania desde 1949 (cuando el país se dividió en Este y Oeste), era una fecha triste. No fue hasta 1985 cuando su presidente, Richard von Weizsäcker, reconoció que Alemania había sido liberada del fascismo el 8 de mayo, en medio de la destrucción y el duelo causados por el Tercer Reich. A partir de entonces, se convirtió en una fecha para aprender del pasado.

La sociedad italiana, cómodamente instalada en la narrativa antifascista, consideró la victoria como propia. Tras la destitución de Mussolini en julio de 1943 y la posterior invasión alemana, el mito de la resistencia contra el invasor borró cualquier recuerdo incómodo.

Recuerdo soviético

Una gran estatua de un hombre sosteniendo un bebé en una mano y una espada en la otra
El Monumento a los Caídos Soviéticos en el Parque Treptower de Berlín cuenta con una estatua de 12 metros de altura de un soldado de pie sobre una esvástica rota.
Antoinevandermeer/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En la Unión Soviética, el 9 de mayo se celebraba en varios frentes. Era el día de la victoria sobre el fascismo, el día en que la URSS triunfó sobre un enemigo que buscaba aniquilarla y el día en que salvó a Europa. Sin embargo, Stalin temía que el recuerdo empoderara al pueblo soviético, que había sufrido muertes masivas a manos de sus invasores, así como graves errores de su comandante en jefe y una brutal represión en su propio país. A partir de 1947, la fecha dejó de ser festiva.

No fue hasta 1965 cuando el 9 de mayo volvió a considerarse fiesta nacional. Pero conmemoraba la victoria de una nueva nación soviética, no a las víctimas. Mayo de 1945 sustituyó a octubre de 1917 como la verdadera fecha de fundación de la nueva URSS, ya que marcó el final de la “Gran Guerra Patria”.

Al igual que la victoria de Occidente, esta narrativa se basaba en omisiones convenientes, como la colaboración de amplios sectores de la sociedad soviética con los invasores, las víctimas de la represión estalinista, el pacto germano-soviético de 1939 y la ocupación de los países bálticos y Carelia.

Antes de 1965, se habían construido grandes monumentos dedicados al Ejército Rojo en la Europa del Este liberada, pero después de ese año se extendieron por toda la Unión Soviética. Las diversas repúblicas populares de Europa Central y Oriental celebraban el 9 de mayo junto con las fechas en que sus países fueron liberados por esas tropas. Sin embargo, algunos elementos volvieron a quedar omitidos de la memoria: el Ejército Nacional y el levantamiento de agosto de 1944 en Polonia, y la participación de Eslovaquia, Hungría y Rumanía en la invasión de la URSS.

Escultura de bronce que representa a soldados en un parque.
El monumento Feat en Almaty, Kazajistán, conmemora a los 28 guardias kazajos de Panfilov que murieron en la batalla de Moscú.
Ken y Nyetta/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El antifascismo para justificar la guerra

Tras el fin de la Guerra Fría, los desacuerdos en torno al 9 de mayo eran solo la punta del iceberg en lo que respectaba a las disputas sobre la memoria. Para muchos, ese era un día de luto, en el que una fuerza de ocupación había sustituido a otra. Ucrania y otros países comenzaron a conmemorar el fin de la guerra el 8, marcando su inicio en septiembre de 1939. Esto vino acompañado de iniciativas inspiradas en las políticas de recuerdo occidentales, como la introducción de amapolas en Ucrania en 2015.

Desde mediados de la década de 1990, Rusia ha concedido una gran importancia histórica al 9 de mayo: muchos rusos consideran que la victoria sobre Hitler es el mayor logro histórico del país en el siglo XX. Además, desde el comienzo de la era Putin, el día se ha convertido en un símbolo central de la estrategia conmemorativa de su régimen en el que se realiza un gran desfile, durante el cual se ondea la bandera soviética como símbolo de la victoria.

Los discursos de Putin en estos eventos se asemejan a los de la era Brezhnev en su tono: la fecha ensalza la victoria del pueblo ruso/soviético –se recuerda a la URSS con nostalgia– cuyo sacrificio salvó a toda Europa del fascismo. Fue una hazaña heroica, vilipendiada por el ingrato Occidente y algunas antiguas repúblicas soviéticas.

Estos temas se han acentuado desde febrero de 2022, ya que el Kremlin explota estratégicamente la retórica antifascista para justificar su invasión de Ucrania.

La importancia de recordar

En tiempos de creciente autoritarismo, es importante rememorar el octogésimo aniversario de la derrota del nazismo y celebrar la restauración de la democracia y los derechos humanos en toda Europa. Los débiles gestos de la Unión Europea y las conmemoraciones nacionales de la caída del fascismo, como el 25 de abril en Italia, están siendo ahora cuestionados por la extrema derecha.

Sin embargo, recordar el alcance de la derrota del fascismo en todo el continente solo puede ser motivo de esperanza. Sirve como un poderoso recordatorio de que la democracia debe defenderse colectivamente y de que hay que aprender de los errores del pasado. Como dijo Mark Twain en su famosa frase, “la historia no se repite, pero a menudo rima”.

The Conversation

Xosé M. Núñez Seixas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo Rusia llegó a considerarse a sí misma la salvadora ‘antifascista’ de Europa – https://theconversation.com/como-rusia-llego-a-considerarse-a-si-misma-la-salvadora-antifascista-de-europa-271160

Maruja Mallo, una pintora… ¿surrealista?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Almudena Baeza Medina, Teórica del arte, profesora de Narrativa Audiovisual Interactiva en el Grado de Artes Digitales de la Facultad de Tecnología y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

_Canto de las espigas_, de Maruja Mallo (1939). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

En este 2025, la artista Maruja Mallo (Viveiro, 1902 – Madrid, 1995) ha sido protagonista de una concienzuda exposición antológica en España, Máscara y compás, que se ha podido ver en el Centro Botín de Santander y ahora en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. En ella se califica a Mallo de pintora surrealista pero… esta identidad está siendo cuestionada por la crítica especializada.

Por ejemplo, en el documental de Antón Reixa Maruja Mallo: mitad ángel, mitad marisco (2013), el crítico de arte Fernando Huici y la historiadora Estrella de Diego discrepan de otros expertos –Antonio Bonet Correa, Juan Manuel Bonet, Antón Castro, Isaac Díaz Pardo– y consideran a nuestra protagonista más geometrizante que surrealista. Igualmente, en la 59 Bienal de Venecia (2022), la comisaria Cecilia Alemani situó a la gallega como pionera entre creadoras dadaístas, surrealistas y geométricas, como si no fuese fácil ubicarla en un movimiento concreto.

_La verbena_, de Maruja Mallo (1927).
La verbena, de Maruja Mallo (1927).
VEGAP/Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

La mirada correcta

Se trata de dilucidar si la gafa “surrealista” es la más apropiada para disfrutar de la obra de Maruja o si existen otras más ajustadas.

Según De Diego, “no hay nada dejado al azar en el caso de Mallo”, lo que la separa de los surrealistas, siempre tan interesados en hacerlo surgir mediante toda clase de juegos. Igualmente, para Huici las estructuras geométricas que resplandecen en su obra expresan un rigor constructivo muy alejado de ensoñaciones y ocurrencias espontáneas características del movimiento al que se la quiere circunscribir.

Por otro lado, no se puede negar que la artista utiliza estrategias surrealistas, si entendemos el surrealismo como esa corriente de pensamiento que se burla de la gazmoñería del burgués oponiéndole la vida sin tabúes del inconsciente. Pensemos, por ejemplo, en su serie “Cloacas y campanarios” (1929-32). Esta trata, en palabras de Mallo, de “muerto, esqueleto, andrajo y huella” y muestra todo eso además de excrementos “abandonados en la tierra baldía”.

Podemos detenernos también en la estética personal de la artista, siempre muy pintada y vestida con colores fuertes que hacían las delicias de los creadores de la Movida. O revisar su forma grandilocuente de expresarse, con afirmaciones como “estoy en conexión con la Vía Láctea, con la astrología, la astronomía, la ciencia, el arte y con todo”, que nos recuerdan al histriónico Dalí.

Para dilucidar el peculiar “surrealismo” de la gallega hemos empezado por analizar una de las obras de la serie “Cloacas y Campanarios”, la más onírica, según Patricia Molins, comisaria de la muestra actual: Antro de fósiles (1930). Detrás de la fachada surrealista de este cuadro, los esqueletos, las ruinas, la sequedad, los reptiles… hay unos trazados geométricos rectores de la composición basados en la proporción áurea.

_Antro de fósiles_ en una imagen de la exposición _Máscara y compás_ del MNCARS.
Antro de fósiles en una imagen de la exposición Máscara y compás del MNCARS.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

En este cuadro, pero también en otros muchos de la artista –como las Verbenas (1926-28)–, se establecen zonas y puntos de intersección donde se coloca a los personajes y objetos clave para que la pintura resulte más equilibrada y se ordene de una manera clásica. Esto no tiene nada que ver con la imagen de la surrealista que pinta guiada por la inspiración y siguiendo los dictados del subconsciente que rechazan Huici y De Diego.

De la geometría a la cibernética

Lo interesante es que esta estrategia formal permite a Mallo crear una distancia con el tema, porque la geometría no marca una lectura jerárquica o autoritaria, tan propia de la perspectiva cónica: nada se impone, todo se despliega a la misma distancia. Las figuras pasan las unas a las otras y se amoldan, como si la geometría fuera un medio para generar un espacio igualitario y confortable a la visión.

_Naturaleza viva III_ de Maruja Mallo, 1942.
Naturaleza viva III de Maruja Mallo, 1942.
VEGAP/Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo

En este sentido, podríamos considerar que la llamativa simetría de las series de los 40 “Las naturalezas vivas” y “Las cabezas” son la verdadera excentricidad de Mallo y no el tema o el aire onírico de las piezas. Por ejemplo, hay una Naturaleza viva de 1943 en la que dos rosas rojas se encuentran a igual distancia de un eje de simetría que pasara por el centro de la composición en vertical y que dividirá ambas figuras en dos mitades extrañamente iguales. Sucede lo mismo en La cierva humana (frente), de 1948, con los moñetes de la joven. Pero una simetría tan acusada parece más propia de formas mecánicas que de los seres vivos.

Bajo esta perspectiva, Mallo sería una artista cibernética. Es decir, está interesada en esa forma de comunicación entre lo animado y lo inanimado que entiende la naturaleza como un gran mecanismo.

Pero también podríamos calificarla de creadora pop. Después de todo, en su serie de los atletas tanto los hombres como las mujeres son tan perfectos, estereotipados y graciosos como los Li’l Abner y Daisy Mae del cómic de los 50 de Al Capp. ¿O mejor consideramos que las series de las máscaras y los bañistas son más bien naif, dado que no hay perspectiva y es el afecto el que guía la composición, como sucede en las representaciones infantiles donde las figuras queridas son tan grandes como las casas o las montañas?

Fotografía en blanco y negro de una mujer cubierta de algas.
Maruja Mallo, Autorretrato con manto de algas, 1945.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Incluso podríamos circunscribir las fotografías de Maruja Mallo con manto de algas realizadas en Chile junto a Pablo Neruda en los años 40 en el Land Art, movimiento artístico que crea obras efímeras en la naturaleza con elementos encontrados y que se documenta por medio de la fotografía. ¿O deberíamos incluirlas en el terreno de la performance?

Como se ve, es complicado encontrar solo una corriente artística para definir las creaciones de la gallega. De las numerosas gafas que podríamos usar para revisar la obra de Maruja Mallo, mi favorita es la de “cibernética”.

Su curiosidad por la geometría guía su percepción desprejuiciada y le permite expresar un entramado de relaciones afectivas, culturales, ecológicas, feministas, políticas… con lo que se ponga por delante, sea corpóreo o incorpóreo, vivo o inanimado. Sus obras comunican cibernéticamente porque son propuestas liberadoras lanzadas al espacio para que surjan comunicaciones inesperadas con minerales, vegetales, animales o humanos. Estas imágenes activan la atención, no la capturan, y logran así hacer un vacío para que surja algo no programado.

The Conversation

Almudena Baeza Medina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Maruja Mallo, una pintora… ¿surrealista? – https://theconversation.com/maruja-mallo-una-pintora-surrealista-270825

¿Quién mató al gato de Schrödinger?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Aguilar Saavedra, Investigador científico del CSIC en física teórica de partículas elementales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Gatos de ciudad, 1927 Library of congress EE UU, CC BY

Ni vivo, ni muerto, sino todo lo contrario. El gato de Schrödinger es la paradoja icónica de la mecánica cuántica, propuesta en 1935 como experimento mental por el físico Erwin Schrödinger. Según los principios cuánticos, un gato encerrado en una caja podría estar simultáneamente vivo y muerto – en superposición de estados – hasta que se abre la caja y se observa.

La superposición no se observa cotidianamente en sistemas macroscópicos. Pero ha sido verificada en partículas elementales y moléculas, y nos sirve para introducir uno de los principales aspectos sin resolver de la mecánica cuántica.

El problema de la medida

La interpretación ortodoxa de la mecánica cuántica, llamada interpretación de Copenhague, introduce una separación entre sistema y observador. El observador, cuando mide una propiedad del sistema, provoca que esa propiedad pase a tener un valor definido, lo que en cuántica se denomina “colapso del estado”.

Este tema ha sido tratado extensamente tanto en literatura especializada como en divulgación. Pero aquí nos vamos a centrar en otro aspecto diferente, y para ilustrarlo, nada mejor que renovar un ejemplo clásico.

El gato de Schrödinger 2.0

Consideremos ahora una versión más sofisticada del experimento hipotético del gato de Schrödinger utilizando cúbits. Los cúbits son las unidades de información básicas de los computadores cuánticos. Pueden encontrarse en un estado |0>, |1>, o en una superposición de ambos.

Dos científicos, Alice y Bob, tienen cada uno un cúbit, “A” y “B” respectivamente. Instalan una caja con otro cúbit “C” y un dispositivo tal que, si C está en estado |0>, libera un veneno mortal, mientras que si está en estado |1>, abre la caja y deja escapar al gato.

Alice y Bob preparan el sistema de tres cúbits en un estado entrelazado |ABC> = |000> + |111> y encierran al pobre gato en la caja. Y se marchan cada uno con sus respectivos cúbits a sus laboratorios, situados en extremos opuestos de la ciudad.

Mientras Alice o Bob no observen el estado de sus cúbits, nada malo puede pasar: el cúbit C del que depende la vida del gato no se encuentra en un estado definido. Pero, tan pronto uno de ellos observe su cúbit, lo forzará a definirse: bien |0>, bien |1>. Y con ello arrastrará a todo el estado entrelazado de los tres cúbits a colapsar, en |000> o en |111>. En el primer caso el gato morirá, mientras que en el segundo caso podrá escapar de la caja.

Inevitablemente, Alice acaba por observar el estado de su cúbit A, con tan mala fortuna que obtiene el resultado |0> y su medida hace colapsar el estado entrelazado a |000>. De forma que el gato muere. Un instante después, Bob también observa su cúbit B, que tras la medida de Alice ya ha colapsado a un estado definido |0>.

Alice y Bob, ¿quién miró primero?

Naturalmente, la muerte de su gato enfurece a Schrödinger, quien denuncia a Alice y Bob por el experimento. En el juicio, la acusación particular afirma que fue Alice quien observó su cúbit en primer lugar, haciendo colapsar el estado a |000>, y por tanto conduciendo al fatal desenlace. Sin embargo, la abogada de Alice tiene un as en la manga, y ha solicitado un informe pericial a Albert Einstein.

Einstein admite que, para cualquier testigo en el sistema de referencia de la ciudad, Alice observó su cúbit antes de que Bob lo hiciera. Pero también hace notar la gran distancia entre los laboratorios de Alice y Bob, y el minúsculo instante de tiempo transcurrido entre que Alice observó su cúbit A y Bob hizo lo propio con B.

Einstein señala que la diferencia de tiempo entre ambas observaciones es menor que el tiempo que tardaría la luz en desplazarse entre ambos laboratorios, llamando al intervalo entre ambas observaciones “de tipo espacio” en su jerga. Y manifiesta que, de acuerdo con su teoría de la relatividad, en estos casos el orden temporal es relativo: depende del sistema de referencia.

Einstein afirma bajo juramento que para otro testigo viajando a suficiente velocidad, fue Bob quien en primer lugar observó su cúbit B y obtuvo |0>, colapsando así el sistema. Y por tanto, fue Bob quien provocó el trágico desenlace. Ante estos argumentos el juez no puede determinar la culpabilidad de Alice o de Bob, y se ve obligado a declarar a ambos no culpables de la muerte del gato. No sin antes reconvenirlos por la realización del experimento.

Experimentos con muones

La interpretación de Copenhague de la medida (colapso del estado) se lleva mal con la relatividad especial. De acuerdo con esta interpretación, para un sistema A-B entrelazado en el que se realizan medidas en ambos subsistemas, es la primera medida la que colapsa el estado común. Pero, ¿cuál es la primera? ¿Miró primero Alice, o fue Bob quien activó el veneno?

En determinadas situaciones (intervalos de tipo espacio entre las medidas), el orden temporal es relativo según quien lo describa.

Y las paradojas relativas al entrelazamiento cuántico y el tiempo no se limitan a “determinar la culpabilidad” como en el caso de Alice y Bob. Recientemente se ha descrito otro experimento, hipotético pero realizable (sin necesidad de gatos), que presenta una paradoja aún más intrigante.

Supongamos una pareja de dos muones A y B (partículas inestables de espín ½) en un estado entrelazado. El estado análogo para cúbits sería |AB> = |01> – |10>. Sobre el muón A efectuamos medidas de espín casi simultáneas a la desintegración del muón B.

Aquí el orden temporal también es relativo, como en el caso de Alice y Bob. Pero hay más: la naturaleza misma de la correlación entre la medida realizada en el muón A y la desintegración del muón B varía de forma radical dependiendo de quién lo describa. Lo cual resulta cuando menos inquietante.

¿Es la mecánica cuántica la teoría definitiva?

Estas paradojas nos sugieren que la interpretación de Copenhague de la medida no es más que una herramienta de cálculo. Aunque minoritaria, esta corriente de pensamiento no es nueva. En palabras de N. Mermin:

“Si me viera obligado a resumir en una sola frase lo que dice la interpretación de Copenhague, sería: “¡Cállate y calcula!”.

¿Hay una teoría subyacente a la mecánica cuántica que explique estas paradojas? Tal vez, cuando consigamos unificar la mecánica cuántica con la relatividad general, sepamos la respuesta.

Nota: ningún gato fue dañado durante la escritura de este artículo.

The Conversation

Juan Antonio Aguilar Saavedra es IP1 del proyecto de investigación “Fenomenología de física de partículas en colisionadores y factorías de neutrinos, en el modelo estándar y sus extensiones” PID2022-142545NB-C21, del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023.

ref. ¿Quién mató al gato de Schrödinger? – https://theconversation.com/quien-mato-al-gato-de-schrodinger-269969

Emergencia universitaria en ciencias de la salud: faltan profesores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Quintana Alonso, Vicedecano de Ordenación Académica. Profesor de Enfermería, Universidad Pontificia de Salamanca

PeopleImages.com/Shutterstock

En la universidad española las plantillas docentes envejecen, las jubilaciones se acercan y la llegada de nuevo profesorado se produce tarde y con dificultades. Este problema de relevo generacional también sucede fuera de España, y es especialmente acusado en las titulaciones de Ciencias de la Salud.

Las titulaciones sanitarias avanzan con lentitud: los docentes universitarios pasan una parte importante de su vida laboral encadenando contratos temporales con escasa remuneración y con poco margen para investigar o formarse, lo que retrasa su progreso y su consolidación profesional.

Pero que las carreras se desarrollen de manera tan lenta es un problema cuando vemos que casi el 40 % del profesorado europeo supera los 50 años. Sustituir a estos perfiles requiere profesionales con doctorado, experiencia investigadora y formación pedagógica.

El déficit en España

En España la tendencia es aún más acusada. Solo las universidades públicas necesitarían 2 600 profesores más para desarrollar adecuadamente la docencia en Medicina. Este déficit se agrava con la previsión de jubilaciones en los próximos años, dado que buena parte del profesorado que sostiene la estructura docente pertenece a las cohortes de mayor edad. Esto afectará a la capacidad de las universidades para mantener asignaturas complejas, supervisar prácticas clínicas y liderar la innovación curricular.




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Por qué el desgaste laboral en la universidad afecta sobre todo a los docentes más jóvenes


La precariedad en la universidad tampoco favorece la incorporación de nuevos perfiles. La actual temporalidad, la rotación contractual y los salarios poco competitivos actúan como frenos para que profesionales clínicos con alta cualificación se planteen una carrera académica estable. Esta situación dificulta tanto el acceso como la permanencia del profesorado novel.

Enfermería confirma la tendencia

Las disciplinas sanitarias comparten problemas estructurales, aunque Enfermería ofrece una radiografía especialmente clara. Estudios recientes indican que la consolidación académica plena, con doctorado y formación pedagógica avanzada, se alcanza en torno a los 54 años. Esta edad tan tardía es consecuencia de etapas prolongadas en la práctica clínica y falta de estructuras para una transición más temprana hacia la docencia y la investigación.

En la práctica esto significa que, cuando un profesor consigue finalmente la estabilidad y la formación necesarias para ejercer plenamente como docente universitario, está más cerca de la jubilación que del momento en que inició su carrera profesional. Como consecuencia, sus años efectivos de contribución académica son relativamente pocos, lo que limita la capacidad de las instituciones para renovar equipos docentes y consolidar proyectos a largo plazo.

Un problema que atraviesa fronteras

La situación española encaja en un panorama internacional que avanza en la misma dirección. En Estados Unidos, la American Association of Colleges of Nursing (Asociación de Facultades de Enfermería) alerta cada año de la escasez de profesorado con doctorado, un problema que lleva a muchas facultades a limitar la admisión de estudiantes por falta de docentes cualificados.

En Medicina, la Association of American Medical Colleges describe un envejecimiento progresivo del profesorado, sin apreciarse planes claros para encontrar un relevo adecuadamente preparado para los profesores que se jubilan.

En esta misma línea, en el Reino Unido el Medical Schools Council observa un descenso continuo de académicos clínicos y una creciente dificultad para atraer profesionales que combinen experiencia asistencial y carrera académica, un equilibrio fundamental en las titulaciones sanitarias.

Acreditación, exigencias y acceso difícil

¿Por qué no llegan estos profesionales a ser docentes universitarios en edades más tempranas? España cuenta con un sistema de acreditación exigente que busca garantizar la calidad del profesorado universitario. Este marco es esencial, pero puede resultar difícil de alcanzar para quienes han desarrollado la mayor parte de su trayectoria en la asistencia sanitaria.

Un ejemplo habitual es el de una enfermera, un médico o un fisioterapeuta con años de experiencia clínica que, cuando decide dar el salto a la universidad, se encuentra con que se valoran de forma central indicadores como haber publicado múltiples artículos en revistas científicas de impacto, haber participado en proyectos de investigación competitivos y haber realizado actividades académicas en el extranjero, como estancias prolongadas o colaboraciones formales.

Reunir ese conjunto de méritos rara vez está al alcance de quien sigue trabajando a turnos en un centro sanitario mientras intenta iniciar su recorrido académico. El resultado es una entrada lenta y complicada para profesionales altamente cualificados que podrían aportar un gran valor a la docencia universitaria.

La universidad como embudo del sistema sanitario

El debate público se centra con frecuencia en la falta de profesionales sanitarios, las listas de espera o las dificultades de los hospitales para cubrir vacantes. Sin embargo, la capacidad de formar a esos profesionales depende de algo previo y esencial: la universidad.

Una universidad sin suficientes docentes no solo tendrá dificultades para ampliar plazas en titulaciones sanitarias, también corre el riesgo de no poder mantener su oferta actual.

La Organización Mundial de la Salud advierte de un déficit global de profesionales de la salud para 2030. ¿Cómo podrá responder el sistema sanitario a la demanda creciente de profesionales si la universidad pierde capacidad para formarlos?

Actuar ahora para proteger el futuro

La respuesta no pasa por abrir más facultades, sino garantizar que existe un cuerpo docente suficiente, preparado y estable.

Facilitar la transición desde la clínica hacia la academia, promover el doctorado temprano, ofrecer estabilidad laboral al profesorado novel y revisar los sistemas de acreditación para que reflejen de forma más ajustada la realidad de las trayectorias profesionales en las titulaciones sanitarias son medidas urgentes. Europa y Estados Unidos ya discuten estrategias para afrontar este reto. España necesita incorporarse a este debate con decisión.

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Raúl Quintana Alonso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Emergencia universitaria en ciencias de la salud: faltan profesores – https://theconversation.com/emergencia-universitaria-en-ciencias-de-la-salud-faltan-profesores-271240

¿Por qué es tan letal el virus de la peste porcina africana?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Franco Serrano, Profesor de Ciencias de la Salud, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Tras la detección del virus de la peste porcina africana en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), se decretó el confinamiento de 39 granjas de cerdos en las inmediaciones del foco de la infección. elmar gubisch/Shutterstock

La inquietud desatada por el regreso a España del virus de la peste porcina africana (PPA) tiene justificación: arroja unas cifras de mortalidad altísimas, cercanas al 100 %, y todos los cerdos y jabalíes contagiados suelen morir en una o dos semanas tras la infección. Además, por si fuera poco, los animales enfermos pueden ser asintomáticos durante algunos días, transmitiendo más fácilmente la enfermedad.

Ataque directo al sistema inmune

Tal poder devastador se debe a una estrategia ofensiva muy específica: el virus ataca directamente al sistema defensivo del animal. En concreto, infecta y destruye macrófagos y monocitos. Estas células habitualmente son la primera línea de defensa, y su drástica reducción deja al animal completamente desprotegido.

Además, la PPA causa también la destrucción de los linfocitos, células del sistema inmune encargadas de producir anticuerpos. Pese a que el virus no es capaz de penetrar en esos linfocitos, puede inducirlos a entrar en apoptosis (muerte celular programada). ¿Cómo lo consigue?

Cuando son infectados, los macrófagos liberan ciertas sustancias proinflamatorias, llamadas citocinas, como el TNF-alpha. Estas sustancias sirven como señal para que el organismo active las defensas específicas, es decir, los linfocitos. Sin embargo, la activación excesiva del sistema inmunológico provoca el efecto contrario: una inducción a la muerte de linfocitos. Esto es así porque el cuerpo interpreta que la reacción puede resultar dañina y pone en marcha un mecanismo de seguridad denominado AICD (Muerte Celular Inducida por Activación, por sus siglas en inglés).

Una vez que las defensas del animal están gravemente dañadas, el virus ataca a las células endoteliales, las que recubren los vasos sanguíneos. Esto causa hemorragias internas y edemas pulmonares. Adicionalmente, en un intento de reparar los daños, el propio organismo intenta tapar las fugas creando coágulos generalizados. Esos tres procesos llevan inevitablemente a un fallo multiorgánico que causa la muerte del animal.

Sin vacuna ni tratamiento

El virus de la peste porcina africana es el único miembro conocido de la familia Asfarviridae. Se trata de un virus gigante y con un ADN complejo que tiene la capacidad de replicarse en el citoplasma de la célula sin necesidad de entrar al núcleo. Los únicos virus conocidos que utilizan el mismo mecanismo son los de la viruela o de la viruela del mono, aunque evolutivamente no están relacionados.

Estrategias de infección similares desarrollan los virus hemorrágicos como el del ébola o el de Marburgo, que también atacan a los macrófagos y producen además un síndrome hemorrágico.

Ese carácter único, así como el hecho de que no tenga equivalentes evolutivos en humanos, explica que no dispongamos a día de hoy de ninguna vacuna preventiva ni tratamientos aprobados y disponibles a nivel europeo. Aunque actualmente se utiliza una inmunización en Vietnam, no está autorizada para administrarse en Europa. La razón es que, al tratarse de una vacuna de virus vivo atenuado, no permitiría distinguir en un laboratorio animales infectados de vacunados. Además, ha habido polémica por la muerte de muchos cerdos inmunizados con ese fármaco en algunas provincias del país asiático.

Un virus ultrarresistente

Otro aspecto preocupante del patógeno es su extremada resistencia y persistencia en el ambiente. Mientras que muchos virus solo duran minutos en contacto con el aire y sin fluidos corporales, el de la peste porcina africana puede aguantar incluso meses en suelos de corrales, especialmente en épocas frías. Se inactiva fácilmente con temperaturas superiores a 60 grados, pero es muy resistente a la congelación y a cambios en el pH. Esta característica le permite sobrevivir durante mucho tiempo en cualquier superficie, haciendo que el contagio entre animales estabulados resulte muy fácil.

El origen del brote podría estar en un laboratorio

Recientemente, las autoridades han abierto una investigación para determinar si el origen del brote podría estar vinculado a las instalaciones del IRTA-CReSA, un centro de investigación animal situado a apenas un kilómetro de la zona afectada, tras confirmarse que el virus hallado en los jabalíes es una cepa inusual en el medio natural y coincide con la utilizada habitualmente en el complejo científico.

La clave del caso reside en la genética del virus. Las variantes que circulan actualmente por Europa provienen de un brote inicial en Georgia en el año 2007; sin embargo, durante su expansión por el continente a lo largo de casi dos décadas, ha ido mutando y diferenciándose del original. Sorprendentemente, la secuenciación de las muestras recogidas en España ha revelado que el virus detectado es genéticamente idéntico a la cepa primigenia de “Georgia 2007”.

No se contagia a las personas

Pese a que podemos actuar como transmisores indirectos –con nuestras ropas, residuos, ruedas del coche, etc.–, la infección de las personas es actualmente imposible. Los virus son muy específicos y requieren entrar dentro de las células y producir interacciones moleculares muy concretas que únicamente pueden darse en la especie para la que están especializados. Nunca se ha registrado un salto de este virus porcino al humano, como sí ocurre, por ejemplo, en los virus de la gripe porcina o aviar.

Por lo tanto, la preocupación de las autoridades se centra en que el virus infecte masivamente a los cerdos de las instalaciones de producción alimentaria y que esto provoque una grave crisis económica en el sector.

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Luis Franco Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué es tan letal el virus de la peste porcina africana? – https://theconversation.com/por-que-es-tan-letal-el-virus-de-la-peste-porcina-africana-271638

The price of belonging is inconvenience. Are we still willing to pay it?

Source: The Conversation – Canada – By Andrea Carter, Adjunct Faculty in Industrial and Organizational Psychology, Adler University

“Inconvenience is the cost of community” has become somewhat of a social media mantra for people looking to rediscover what belonging and community actually require.

For years, many have embraced the idea that people can have connections without co-ordination, community without commitment and relationships without the friction of difference. But belonging doesn’t work that way because human interdependence has never been without friction.

It asks us to show up when we’d rather stay home, stay in conversations we’d rather leave and to rely on people whose presence and beliefs grow our capacity to care beyond ourselves.

This inconvenience is part of the social infrastructure that holds communities together. My recent research suggests that when five core “productive frictions” are eliminated from that infrastructure, we strip away the very forces that keep communities strong, productive and together.

Three overlapping epidemics

Three converging epidemics now demand our attention, each pointing to the collapse of community infrastructure.

The first is loneliness. A World Health Organization report released in June found one in six people are affected by loneliness, with recent data from Canada and the United States showing increases since 2024.

Loneliness is linked to roughly 100 deaths every hour — about 871,000 a year — rivalling smoking in its mortality risk.




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Loneliness could kill you


Contributing to this issue is the widespread uptick in familial estrangement. Up to 130 million North Americans are estranged from a close relative, with 35 per cent involving immediate family members. Families often estrange members who are “inconvenient”: those who are different or who challenge repetitive traumatic family dysfunction.

The U.S. has approximately twice the rate of parent-child estrangement as Europe, a pattern researchers tie to a cultural emphasis on individual autonomy over family obligation.

The second epidemic is workplace toxicity. This year, 80 per cent of U.S. workers described their workplaces as toxic, up from 67 per cent in 2024, and cited it as the primary driver of poor mental health. Gallup’s global data also shows that stalled employee engagement has cost the global economy US$438 billion in lost productivity.

This is happening despite employers investing billions in wellness apps, engagement programs and other strategies. Many organizations are pouring money into individual coping tools while systematically removing the very infrastructure needed for community.

The third epidemic is an unprecedented global decline in civic and employer trust. These are not separate problems. They are all interconnected by a single root cause: the dismantling of social infrastructure that builds cohesion and belonging.

The cost of convenience

A recent study examined emotional intelligence scores from 28,000 adults across 166 countries and uncovered an alarming trend: global emotional intelligence has dropped nearly six per cent between 2019 and 2024.

Researchers call this an “emotional recession” because our shared emotional resources are shrinking in a pattern similar to an economy in a downturn. The steepest declines occurred in intrinsic motivation, optimism and a sense of purpose; three capabilities that help us to keep moving forward, hopeful and willing to invest in relationships.

Many blame “convenience culture.” Convenience culture prioritizes comfort and efficiency over collective responsibility. It often reduces human interaction to what’s easiest rather than what’s meaningful.

Digital platforms promise connection without commitment, comfort without consideration and belonging without mutual accountability. Algorithms reduce exposure to difference by curating belief-aligned feeds and allowing people to retreat from the discomfort that growth requires.

The messy, time-consuming interactions that build trust and interdependency — like the tense moments when colleagues work through conflict rather than agree or look away — are disappearing. We have optimized away the inconveniences that create interdependence, then wonder why people feel so alone, emotionally raw and incapable of handling difference.

As such, a fundamental distinction has been lost: belonging is not the same as fitting in. Fitting in is passive; it accommodates what meets the requirements, provides minimal access and enables you to stay as long as you comply. Fitting in is both conditional and transactional.

Belonging, on the other hand, is active and reciprocal. It asks something of you and the community that receives you. Both parties must adjust, accommodate and be changed by the relationship. That mutual obligation is exactly what convenience culture does not tolerate and precisely what builds trust, respect, commitment and the emotional resilience we are losing.

Five productive inconveniences

My research on workplace belonging identifies five “productive inconveniences” that make real community possible. Here’s how you can bring them into your own life:

1. Costly commitment: Real community is a two-way street. Be willing to put the group’s needs ahead of what’s easiest for you, but make sure this burden doesn’t fall on the same people every time. When only some people have to invest, being part of the community doesn’t mean much.

2. Co-ordinated time: Strong relationships need time to form. When calendars are full, try to make the effort to see people in person. Texts and emails are helpful, but they cannot replace real presence.

3. Navigating difference: Try to maintain relationships with people who see the world differently from you rather than retreating when your views are challenged. Learning to listen, respectfully disagree and stay curious in moments of conflict are what stretches you and makes your community stronger.

4. Conflict repair: Healthy relationships mean taking responsibility and accountability to work through conflict rather than just discounting or disengaging. Instead of unfollowing or walking away, have the hard conversations that allow relationships to survive and grow.

5. Mutual need: Belonging demands interdependence. Ask for help when you need it, and be willing to be needed in return. Doing everything alone is another form of isolation. Mutual reliance is what turns a group of people into a real community.

Choosing people over convenience

Leaders, whether in families, workplaces or communities, must learn to distinguish harmful barriers such as discrimination, exclusion and bureaucratic waste from essential inconveniences that build the muscle of belonging within a community.

The “emotional recession” study emphasizes this: people with higher emotional intelligence were more than 10 times more likely to have strong relationships, be effective in what they do and experience well-being in their lives.

The data suggests that investing in building emotional capacity and the productive inconveniences that develop it pays measurable dividends for individuals and organizations alike.

Community is not built solely through connection. It is built through interdependence, and interdependence is a human infrastructure that is deliberately inconvenient.

Every time we choose people over convenience, we invest in community. The real question in our homes, workplaces and democracies is whether we’re willing to pay that price.

The Conversation

Andrea Carter is an Adjunct professor at Adler University. She is also the CEO of Andrea Carter Consulting and the founder of Belonging First Methodology™.

ref. The price of belonging is inconvenience. Are we still willing to pay it? – https://theconversation.com/the-price-of-belonging-is-inconvenience-are-we-still-willing-to-pay-it-270778

Sabrina Carpenter’s and Chappell Roan’s sexy pop hits have roots in the bedroom ballads of Teddy Pendergrass and Philly soul

Source: The Conversation – USA (2) – By Jared Bahir Browsh, Assistant Teaching Professor of Critical Sports Studies, University of Colorado Boulder

Teddy Pendergrass was known for romantic R&B ballads like the 1978 hit “Close the Door.” Michael Putland via Getty Images

When Sabrina Carpenter’s provocative 2024 pop single “Bed Chem” plays on the radio, and I hear the lyrics

But I bet we’d have really good bed chem / How you pick me up, pull ‘em down, turn me ’round / Oh, it just makes sense / How you talk so sweet when you’re doing bad things

it reminds me of a song released 45 years earlier:

Let’s take a shower, said a shower together, yes / I’ll wash your body and you’ll wash mine, yeah / Rub me down in some, some hot oils, baby / And I’ll do the same thing to you
—“Turn Off the Lights” by Teddy Pendergrass

Growing up in Philadelphia in the 1990s, I listened to soul singer-turned-R&B sex symbol Teddy Pendergrass and other artists who defined the Sound of Philadelphia. Now, as a professor of ethnic studies, I teach students about the influence of Black artists on modern pop culture.

Pendergrass would have turned 75 this year. Although he died in 2010, he helped usher in an era of music that brought both disco and more mature, sensual music to the mainstream – and I see his influence in a number of pop and R&B hits today.

“Turn Off the Lights” by Teddy Pendergrass.

The Philadelphia sound

Theodore DeReese Pendergrass was born in South Carolina in 1950, but he grew up in North Philadelphia, where he sang and played drums in church and became an ordained minister at age 10.

He dropped out of Thomas Edison High School in the 11th grade to pursue a music career, and he recorded “Angel With Muddy Feet” in 1967. The song was not a commercial success, so he focused on playing drums for a number of local bands.

In 1970, Pendergrass was invited by Philly soul and R&B singer Harold Melvin to play drums with his group, the Blue Notes. During a performance, Pendergrass sang along, leading Melvin to invite him to take over as lead vocalist after John Atkins left the group. The following year, Harold Melvin and the Blue Notes signed a record deal with the newly created Philadelphia International Records, forging a partnership between Pendergrass and label founders and legendary producers Kenny Gamble and Leon Huff that would last over a decade.

Five male musicians dressed in dark suits perform on stage in front of microphones
Teddy Pendergrass (second from right) performs with Harold Melvin and the Blue Notes at the Greek Theatre in 1973 in Los Angeles.
Sherry Rayn Barnett /Michael Ochs Archives via Getty Images

Philadelphia International’s influence was felt throughout the music industry, with Gamble and Huff producing many of the hits performed by the label’s artists. Gamble and Huff blended soul and funk with complex horn and string arrangements to create the Philly soul sound.

This sound became key in the development of disco, smooth jazz and neo-soul. Slower, more intimate R&B and smooth jazz also formed the foundation for the “quiet storm” radio format that Pendergrass helped foster as a solo artist on stations like WDAS in Philadelphia.

Marvin Gaye’s 1973 album “Let’s Get It On” was Motown’s response to the emergence of Philly Soul, and helped popularize more explicitly sensual R&B and soul.

Harold Melvin and the Blue Notes had their first No. 1 hit with 1972’s “If You Don’t Know Me by Now.” While on the Philadelphia International label, the group recorded four gold records between 1972 and 1976. One of their biggest hits, “Don’t Leave Me This Way” in 1975, was not released until November 1976. It charted after R&B and disco singer Thelma Houston’s cover of the song hit No. 1 on the Billboard Hot 100 chart in 1977.

Going solo

Pendergrass left the Blue Notes in 1976 after disputes with Melvin over money, but he stayed on with Philadelphia International and began a solo career. His self-titled album was released in 1977, and the first single, “I Don’t Love You Anymore,” reached No. 5 on the R&B charts, helping to push the album into the top 20.

The following year, his “Life Is a Song Worth Singing” hit No. 1 on the Soul LP chart behind the sensual single “Close the Door.”

Black-and-white photo of singer wearing white undershirt singing in front of microphone, with steam coming off his body
R&B heartthrob Teddy Pendergrass performs on stage circa 1977.
Gilles Petard/Redferns via Getty Images

Pendergrass, with his stylish good looks, quickly became not just a heartthrob, but a top R&B artist with five consecutive platinum albums between 1977 and 1981. He was selling out concerts, and legendary producer Shep Gordon recognized that the vast majority of the attendees were women. This led to Pendergrass’ “Ladies Only” tour in 1978, which became a template for future soul and R&B tours by contemporaries like Luther Vandross and later artists like Ginuwine, whose tours were also marketed specifically to women.

The 1979 erotic hit “Turn Off the Lights” strengthened Pendergrass’ reputation as a sex symbol. While Marvin Gaye was dealing with both financial and personal issues, Pendergrass became the top performer of soul “bedroom ballads.”

Pendergrass and Gaye, along with other contemporaries like Barry White, Minnie Riperton and Donna Summer, included more explicitly erotic themes and lyrics than earlier artists.

For example, in Gaye’s “Let’s Get it On,” he implores to his lover:

“There’s nothin’ wrong with me / Lovin’ you, baby love, love / And givin’ yourself to me can never be wrong / If the love is true, oh baby.”

In “Close the Door,” Pendergrass similarly tells his lover:

“Close the door / Let me give you what you’ve been waiting for / Baby I got so much love to give / And I wanna give it all … to you …”

One challenge for the songwriters like Gamble and Huff was to balance the sensuality that fans loved with Federal Communication Commission rules regarding profane language. Songs like “Turn Down the Lights,” written by Gamble and Huff for Pendergrass, describe a detailed night of romance without language that would be considered obscene by the FCC.

Slow jams and sex positivity

R&B and soul slow jams by artists like Freddie Jackson and Vandross dominated bedroom music through the 1980s, although derivative genres like neo-soul and quiet storm continued to produce bedroom ballads like Gaye’s “Sexual Healing” in 1982.

Madonna and Cyndi Lauper helped bring a female perspective to more sex-positive pop music with songs including “Like a Virgin” and “She Bop.” Janet Jackson and Salt-N-Pepa did the same in R&B and hip-hop. Other groups embraced their sex symbol status through the 1990s, exemplified by TLC’s “Ain’t 2 Proud 2 Beg” and “Creep,” and Next’s “Too Close.” The artists of the 1980s and 1990s were also boosted by MTV, bringing a visual element to their sensual lyrics.

The emergence of new jack swing, a term coined in 1987 to define a new style that combined dance, hip-hop and R&B, ushered in higher-tempo erotic songs like “Do Me!” by Bel Biv Devoe along with slower bedroom ballads like “I’ll Make Love to You” by Philadelphia’s Boyz II Men.

Philly’s Boyz II Men carried the bedroom ballad tradition into the 1990s with “I’ll Make Love to You.”

Bedroom ballads with disco-synth makeover

Philadelphia International’s sound and sensual lyrics have reemerged in recent years through artists Sabrina Carpenter and Chappell Roan, whose synth-pop and disco sound can be traced back to Gamble and Huff, and the label’s stable of artists.

Proto-disco songs like “The Love I Lost” and “Don’t Leave Me This Way” by Harold Melvin and the Blue Notes, and Pendergrass’ disco hit “Get Up, Get Down, Get Funky, Get Loose” – or his later synthesizer-heavy album “Joy” – would influence current synth-pop hits like Roan’s disco-influenced “Pink Pony Club” and Carpenter’s synth-pop “Manchild.”

Chappell Roan’s campy, disco-influenced hit “Pink Pony Club.”

Carpenter in particular has seemingly struck that balance between mainstream success and sensual lyrics. Her past three albums have been certified platinum and embrace increasingly mature themes such as female arousal.

“Man’s Best Friend,” released in August 2025, sparked controversy with a sexually suggestive album cover that further cemented her Carpenter’s symbol image. This image is reinforced by her stage presence, like dancing in her underwear on “Saturday Night Live” and mature songs like “Tears,”

“Tears” by Sabrina Carpenter.

Pendergrass’ career was derailed when he lost control of his car on Lincoln Drive in the East Falls neighborhood of Philadelphia in 1982. The accident left him a tetraplegic. He later continued his music career, but the “Black Elvis” moved away from bedroom ballads.

Although Pendergrass’ meteoric rise was cut short, his influence is still seen and heard across music genres today, especially as empowered female artists utilize disco and synth-pop sounds while embracing their sexuality through their songs and performances.

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The Conversation

Jared Bahir Browsh does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organization that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Sabrina Carpenter’s and Chappell Roan’s sexy pop hits have roots in the bedroom ballads of Teddy Pendergrass and Philly soul – https://theconversation.com/sabrina-carpenters-and-chappell-roans-sexy-pop-hits-have-roots-in-the-bedroom-ballads-of-teddy-pendergrass-and-philly-soul-270035

Sí a Dios, pero no a la Iglesia: así es el cambio religioso para muchos latinoamericanos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matthew Blanton, PhD Candidate, Sociology and Demography, The University of Texas at Austin

Una mujer participa en una procesión del Cristo de Mayo en Santiago de Chile, llevando en procesión por la ciudad una reliquia del crucifijo de una iglesia destruida. AP Photo/Esteban Felix

En una región conocida por sus cambios tumultuosos, algo se ha mantenido notablemente constante durante siglos: América Latina se considera católica.

La transformación de 500 años de la región en un bastión católico pareció culminar en 2013, cuando el argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido como el primer papa latinoamericano. América Latina es, desde entonces, el corazón de la Iglesia católica: alberga a más de 575 millones de fieles, más del 40 % de todos los católicos del mundo. Las siguientes regiones más grandes son Europa y África, cada una de las cuales alberga al 20 % de los católicos del mundo.

Aún así, el panorama religioso de la región está cambiando. En primer lugar, los grupos protestantes y pentecostales han experimentado un crecimiento espectacular. En 1970, solo el 4 % de los latinoamericanos se identificaban como protestantes; en 2014, la proporción había aumentado hasta casi el 20 %.

Pero, incluso mientras aumentaba el número de protestantes, otra tendencia ganaba terreno silenciosamente: una proporción cada vez mayor de latinoamericanos abandonaba por completo la fe institucional. Y, como muestra mi investigación, este declive religioso presenta una diferencia sorprendente con respecto a los patrones de otros lugares: aunque cada vez son menos los latinoamericanos que se identifican con una religión o asisten a los servicios religiosos, la fe personal sigue siendo fuerte.

Tres mujeres con túnicas blancas y gorros de noche junto a una gran cruz de madera.
Mujeres conocidas como ‘animeras’, que rezan por las almas de los difuntos, caminan hacia una iglesia para las festividades del Día de los Muertos en Telembi, Ecuador.
AP Photo/Carlos Noriega

Declive religioso

En 2014, el 8 % de los latinoamericanos afirmaba no profesar ninguna religión. Esta cifra es el doble del porcentaje de personas que se criaron sin religión, lo que indica que el crecimiento es reciente y proviene de personas que abandonaron la iglesia ya en la edad adulta.

Sin embargo, desde entonces no se había realizado ningún estudio exhaustivo sobre el cambio religioso en América Latina. Mi nueva investigación, publicada en septiembre de 2025, se basa en dos décadas de datos de encuestas realizadas a más de 220 000 personas en 17 países latinoamericanos. Estos datos proceden del Americas Barometer, una gran encuesta regional realizada cada dos años por la Universidad de Vanderbilt (EE. UU.) que se centra en la democracia, la gobernanza y otras cuestiones sociales. Dado que plantea las mismas preguntas sobre religión en todos los países y a lo largo del tiempo, ofrece una visión inusualmente clara de los patrones cambiantes.

En general, el número de latinoamericanos que declaran no tener afiliación religiosa aumentó del 7 % en 2004 a más del 18 % en 2023. La proporción de personas que dicen no tener afiliación religiosa creció en 15 de los 17 países, y se duplicó con creces en siete.

En promedio, el 21 % de las personas en Sudamérica dicen no tener afiliación religiosa, en comparación con el 13 % en México y Centroamérica. Guatemala, Perú y Paraguay son los países tradicionalmente más religiosos, con menos del 9 % que se identifica como sin afiliación, mientras que Uruguay, Chile y Argentina son los tres países menos religiosos de la región.

Otra pregunta que suelen utilizar los estudiosos para medir el declive religioso es la frecuencia con la que las personas acuden a la iglesia. Entre 2008 y 2023, la proporción de latinoamericanos que acuden a la iglesia al menos una vez al mes disminuyó del 67 % al 60 %. Por su parte, el porcentaje de personas que nunca acuden a la iglesia aumentó del 18 % al 25 %.

El patrón generacional es evidente. Entre las personas nacidas hasta la década de 1940, algo más de la mitad afirma acudir a la iglesia con regularidad. Cada generación posterior muestra un descenso más pronunciado, hasta llegar a solo el 35 % en el caso de los nacidos en la década de 1990. La afiliación religiosa muestra una trayectoria similar: cada generación está menos afiliada que la anterior.

Religiosidad personal

Sin embargo, en mi estudio, también examiné una medida de religiosidad menos utilizada, que cuenta una historia diferente.

Esa medida es la “importancia religiosa”: la importancia que las personas otorgan a la religión en su vida cotidiana. Podríamos considerarla como religiosidad “personal”, en contraposición a la religiosidad “institucional”, vinculada a congregaciones y denominaciones formales.

Un foco ilumina una fila en zigzag de personas que llevan chaquetas, mientras que el resto de la multitud permanece oculta en la oscuridad.
Personas asisten a una misa con motivo del Día Internacional contra el Abuso y el Tráfico Ilícito de Drogas en Buenos Aires, Argentina, el 26 de junio de 2024.
AP Photo/Rodrigo Abd

Al igual que la asistencia a la iglesia, la importancia religiosa general es alta en América Latina. En 2010, aproximadamente el 85 % de los latinoamericanos de los 17 países cuyos datos analicé dijeron que la religión era importante en su vida cotidiana. El 60 % dijo “muy importante” y el 25 % dijo “algo importante”.

En 2023, el grupo que la consideraba “algo importante” se redujo al 19 %, mientras que el grupo que la consideraba “muy importante” aumentó al 64 %. La importancia personal de la religión estaba creciendo, incluso cuando la afiliación y la asistencia a la iglesia estaban disminuyendo.

La importancia de la religión muestra el mismo patrón generacional que la afiliación y la asistencia: las personas mayores tienden a reportar niveles más altos que los jóvenes. En 2023, el 68 % de las personas nacidas en la década de 1970 afirmaron que la religión era “muy importante”, en comparación con el 60 % de las personas nacidas en la década de 1990.

Sin embargo, cuando se compara a personas de la misma edad, el patrón se invierte. A los 30 años, el 55 % de las personas nacidas en la década de 1970 calificaron la religión como muy importante. Compárese eso con el 59 % de los latinoamericanos nacidos en la década de 1980 y el 62 % de los nacidos en la década de 1990. Si esta tendencia continúa, las generaciones más jóvenes podrían acabar mostrando un mayor compromiso religioso personal que sus mayores.

Afiliación frente a creencia

Lo que estamos viendo en América Latina, en mi opinión, es un patrón fragmentado de declive religioso. La autoridad de las instituciones religiosas está disminuyendo: cada vez menos personas profesan una fe y menos asisten a los servicios religiosos. Pero las creencias personales no se están erosionando. La importancia de la religión se mantiene estable, e incluso está creciendo.

Este patrón es muy diferente al de Europa y Estados Unidos, donde el declive institucional y las creencias personales tienden a ir de la mano.

El 86 % de las personas no afiliadas en América Latina dicen creer en Dios o en un poder superior. Esto contrasta con solo el 30 % en Europa y un 69 % en Estados Unidos.

Una proporción considerable de latinoamericanos no afiliados también cree en los ángeles, los milagros e incluso están convencidos de que Jesús volverá a la Tierra durante su vida.

En otras palabras, para muchos latinoamericanos, dejar atrás una etiqueta religiosa o dejar de ir a la iglesia no significa dejar atrás la fe.

Un hombre con un colorido gorro de punto y un jersey o chaqueta brillante sostiene una pequeña muñeca con una túnica blanca rodeada de volutas de humo.
Un guía espiritual indígena aimara bendice una estatua del niño Jesús con incienso después de una misa de Epifanía en una iglesia católica de La Paz, Bolivia, el 6 de enero de 2025.
«AP

Este patrón distintivo refleja la historia y la cultura únicas de América Latina. Desde la época colonial, la región ha estado marcada por una mezcla de tradiciones religiosas. A menudo, la gente combina elementos de las creencias indígenas, las prácticas católicas y los nuevos movimientos protestantes, creando formas personales de fe que no siempre encajan perfectamente en una iglesia o institución concreta.

Debido a que los sacerdotes solían ser escasos en las zonas rurales, el catolicismo se desarrolló en muchas comunidades con poca supervisión directa de la iglesia. Los rituales domésticos, las fiestas de los santos locales y los líderes laicos contribuyeron a configurar la vida religiosa de forma más independiente.

Esta realidad pone en tela de juicio la forma en que los estudiosos suelen medir el cambio religioso. Los marcos tradicionales para medir el declive religioso, desarrollados a partir de datos de Europa occidental, se basan en gran medida en la afiliación religiosa y la asistencia a la iglesia. Pero este enfoque pasa por alto la vibrante religiosidad fuera de las estructuras formales y puede llevar a los estudiosos a conclusiones erróneas.

En resumen, América Latina nos recuerda que la fe puede prosperar incluso cuando las instituciones se desvanecen.

The Conversation

Matthew Blanton recibe fondos del Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano. El contenido es responsabilidad exclusiva de los autores y no representa necesariamente las opiniones oficiales de los Institutos Nacionales de Salud.

ref. Sí a Dios, pero no a la Iglesia: así es el cambio religioso para muchos latinoamericanos – https://theconversation.com/si-a-dios-pero-no-a-la-iglesia-asi-es-el-cambio-religioso-para-muchos-latinoamericanos-271645

Coups in Africa: how democratic failings help shape military takeovers – study

Source: The Conversation – Africa (2) – By Ernest Harsch, Researcher, Institute of African Studies, Columbia University

Mali, Burkina Faso, Niger, Guinea and Gabon have all suffered regime change in the last five years, led by men in military uniform.

Madagascar and Guinea-Bissau experienced the same fate in 2025. Benin looked to join the list in early December, but the civilian government held onto power – just.

The academic literature on coups in Africa has highlighted a wide range of influences and triggers. These include:

  • personal and institutional rifts within the armed forces

  • susceptibility to both elite manipulation and popular pressure

  • instigation by foreign powers against governments deemed hostile to their interests.

In a recent paper I added a further question: to what extent were democratic failings an element in the coups of the past six years?

I am a journalist and academic who has focused on African political and development issues since the 1970s. Among my most recently published books is Burkina Faso: A History of Power, Protest and Revolution.

In the paper I explored underlying shortcomings of Africa’s democracies as one major factor leading to military seizures. I focused on the recent coups in Mali, Guinea, Burkina Faso, Niger and Gabon.

I selected those cases because each of their takeovers was mounted against an elected civilian government. In some instances, I found, factors other than poor elections were also at play. The juntas in both Burkina Faso and Niger cited political defects of their elected, if somewhat ineffective, governments. But they mainly blamed their predecessors’ failure to put down growing jihadist insurgencies.

Insecurity was also a factor in Mali. But Mali, Guinea and Gabon all had elections commonly perceived to have been rigged or in violation of constitutional term limits. They provoked popular opposition which prompted officers to step in.

My main finding was thus that popular disappointment in elected governments was a prominent element. It established a more favourable context enabling officers to seize power with a measure of popular support.

That finding suggests that in order to better protect democracy in Africa, it is not sufficient to simply condemn military coups (as Africa’s regional institutions, such as the African Union and Economic Community of West African States, are quick to do). African activists, and some policymakers, have urged a step further: denouncing elected leaders who violate democratic rights or rig their systems to hang onto power.

If elected leaders were better held to account, then potential coup makers would lose one of their central justifications.

Problems are bigger than rigged polls

The problems, however, go beyond rigged polls, errant elected leaders, and violated constitutions. Many African governments, whether they are democratic or not, have great difficulty meeting citizens’ expectations, especially for improvements in their daily lives.

The deeper structural weaknesses of African states further contribute to hampering effective governance. As Ugandan anthropologist Mahmood Mamdani, Kenyan political scholar Ken Ochieng’ Opalo, and other African scholars have pointed out, those shortcomings include the externally oriented and fragmentary nature of the states inherited from colonial rule. These exclude many citizens from active political engagement and ensure government by unaccountable elites.

In particular, a neoliberal model of democracy has been widely adopted in Africa since the 1990s. That model insists that democracy be tethered to pro-market economic policies and greatly limit the size and activities of African states. That in turn hinders the ability of even well-elected governments to provide their citizens with security and services.




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Conducting elections while continuing to subject African economies to the economic policy direction of the International Monetary Fund and World Bank has left them with a “choiceless democracy,” as Malawian economist Thandika Mkandawire termed it. That is, while voters may sometimes be able to change top leaders, they cannot alter basic economic policies. Such policies generally favour austerity and cutbacks over delivering jobs, education and healthcare.

So in addition to improving the quality of democratic systems on the continent, “coup proofing” African states will also require giving greater scope to popular input into real decision making, in both the political and economic spheres.

That will depend primarily on Africans themselves fighting for the democracies they want. Clearing the way for them means ending the all-too-common repression of street mobilisations and alternative views that displease the ruling elites.

Support for democracy

There may be general unhappiness with the flaws of Africa’s electoral systems. Surveys nevertheless demonstrate continued strong support for the ideals of democracy. Many ordinary Africans, moreover, are mobilising in various ways to advance their own conceptions of democratic practice.

For example, when the Macky Sall government in Senegal used repression and unconstitutional manoeuvres to try to prolong his tenure, tens of thousands mobilised in the streets in 2023-24 to block him and force an election that brought radical young oppositionists to power.

In Sudan, the community resistance committees that mobilised massively against the country’s military elites outlined an alternative vision of a people’s democracy encompassing national elections, decentralised local assemblies, and participatory citizen engagement.




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Africans want consensual democracy – why is that reality so hard to accept?


Findings by the Afrobarometer research network, which has repeatedly polled tens of thousands of African citizens, provide solid grounds for hope. Surveys in 39 countries between 2021 and 2023 show that 66% of respondents still strongly preferred democracy to any alternative form of government.

For anyone committed to a democratic future for Africa, that is something to build on.

The Conversation

Ernest Harsch does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Coups in Africa: how democratic failings help shape military takeovers – study – https://theconversation.com/coups-in-africa-how-democratic-failings-help-shape-military-takeovers-study-271565

Roger Lumbala is accused of horrific war crimes in DRC: can his trial in France bring justice?

Source: The Conversation – Africa (2) – By Kerstin Bree Carlson, Associate Professor International Law, Roskilde University

The Democratic Republic of Congo (DRC) has been called “the worst place on earth to be a woman” and “the rape capital of the world”. A 2014 survey estimated that 22% of women and 10% of men had experienced sexual violence during the conflict in the country’s east. After years of impunity, Roger Lumbala, a 67-year-old former member of parliament who once led a rebel group in eastern DRC, is facing trial for these crimes. He is charged in a French court with complicity in crimes against humanity, including summary executions, torture, rape, pillage and enslavement. Kerstin Bree Carlson, a scholar of international criminal law and transitional justice, explains the significance of this trial and the controversies it has sparked.

What is the special war crimes chamber in Paris? And what is ‘universal jurisdiction’?

Lumbala is being tried before a special war crimes tribunal in Paris because France exercises “universal jurisdiction” over international atrocity crimes like genocide, crimes against humanity and war crimes. These are the crimes that are the remit of the International Criminal Court (ICC). Because the ICC is designed to be a court of last resort, hearing international atrocity crimes only when states cannot or will not, all ICC member states must criminalise international atrocity crimes in their domestic criminal codes.

Although courts usually only try cases against their own citizens or which occur on their own territory, France’s “universal jurisdiction” law allows it to hear cases regarding atrocity crimes committed outside France by non-French nationals. The law restricts the application of universal jurisdiction to individuals residing in France who are citizens of countries that are ICC members. Prosecutors in France’s special war crimes unit (“OCLCH”) furthermore enjoy discretion over which cases they pursue.

Prosecutions unfold as they do for any criminal case in France: a claim made by the prosecutor is sent to an investigative judge. The judge examines the claim neutrally, weighing evidence of guilt and innocence, to determine whether to issue an indictment. These findings can be appealed. When the appeals are finalised, if the indictment stands, the indicted individuals are put on trial before a panel of judges and a jury who will determine guilt (and an eventual sentence).

In addition to prosecution and defence, victims can participate in the proceedings as “civil parties”. Civil parties are full participants; they may call witnesses, address the court through argumentation, and question witnesses brought by prosecution and defence.

Lumbala’s path to the Paris court

Lumbala’s trial opened on 12 November 2025. The indictment alleges that Lumbala conspired to and was complicit in the commission of crimes against humanity in relation to Operation “Effacer le tableau” (Wipe the Slate Clean). This was a military campaign that terrorised eastern Congo in 2002-3.

The civil parties in Lumbala’s case played a central role in bringing Lumbala before the court. These include international NGOs such as TRIAL International, the Clooney Foundation for Justice, the Minority Rights Group, Amnesty International, We are not Weapons of War and others. These groups have recorded atrocity crimes in the DRC for decades, and some assisted in the 2010 Mapping report by the UN, a seminal document which detailed the extent of the violence between 1993 and 2003.

Lumbala has resided in France on and off since 2013. It was his application for asylum that put him on French authorities’ radar, and they opened an investigation into his alleged crimes in connection with his role as leader of a rebel group turned political party, Rally of Congolese Democrats and Nationalists (RCD-N). In late 2020, French authorities arrested him. Investigative judges issued an indictment against him in November 2023; that indictment was upheld by the appeals court in March 2024, leading to the opening of the trial. If convicted, Lumbala could face life imprisonment.

What is at stake in this trial?

Although a few low-level soldiers in the DRC have been tried, no high-ranking leader has been convicted for the pervasive practice of using rape as a weapon of war. A decade ago, one of Lumbala’s allies, Jean-Pierre Bemba, was prosecuted by the ICC for war crimes, including sexual violence committed in Central African Republic. Bemba’s 2016 conviction was widely celebrated as a victory for victims. His 2018 acquittal on appeal for procedural reasons was a bitter pill.

Victims wanting to address Lumbala directly have been served their own bitter pill. At the end of the first day of the trial, Lumbala announced that he did not recognise the court’s jurisdiction and would not participate in the trial. He told the court:

This is reminiscent of past centuries. The jury is French; the prosecutor is French. This court does not even know where DRC is.

Lumbala left the court and has not attended the trial since then. Every morning he is brought from jail, and sits in the basement of the court house instead of in the courtroom. He also fired his lawyers, who in turn refused to assist the court in providing a defence in absentia.

Technically, there is no problem; the trial may continue.

Symbolically, Lumbala’s absence deprives civil parties of the chance to address the defendant personally. For a victim, being able to face the alleged perpetrator as a rebalance of power is one of the purposes of trial, and contributes to justice; Lumbala’s absence may make the trial less fair for victims.

Without the participation of the defence, will the trial seem fair to others? For Lumbala and his team, who have been fighting France’s jurisdiction over this case for years, the move is in keeping with their general defence strategy of sowing doubt.

What this means for the court, and for the prosecution of universal jurisdiction cases more generally, is the larger question. If defendants can endanger judicial legitimacy by refusing to participate, it will not be the last time we see this strategy. Universal jurisdiction has been challenged in other countries: Belgium’s wide-reaching 1993 universal jurisdiction law was repealed in 2003 after a decade of practice. France’s more limited practice, akin to extraterritorial jurisdiction, is a test case for how individual countries can help support the work of the ICC. Although the ICC can investigate any case in or involving its member states, the unfulfilled arrest warrants against Russia’s Vladimir Putin and Israel’s Benjamin Netanyahu are a reminder of how difficult it can be for the ICC to take custody over defendants.

The greater significance of the Lumbala case is therefore what it may mean for France, or any country or institution, to prosecute atrocity crimes outside its borders, which will in turn have an impact on impunity for international atrocity crimes.

The Conversation

Kerstin Bree Carlson receives funding from Independent Research Fund Denmark (DFF)

ref. Roger Lumbala is accused of horrific war crimes in DRC: can his trial in France bring justice? – https://theconversation.com/roger-lumbala-is-accused-of-horrific-war-crimes-in-drc-can-his-trial-in-france-bring-justice-270482