Las lluvias han arrastrado millones de toneladas de suelo fértil del campo andaluz: así podemos evitar que se repita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Adolfo Peña Acevedo, Profesor de la ETSIAM, Universidad de Córdoba

Olivar tras un episodio de lluvias. Manolines/Shutterstock

Cuando se encadenan temporales, el daño más visible suele asociarse a inundaciones, infraestructuras y pérdidas personales. Sin embargo, uno de los impactos más persistentes tiene lugar donde nunca miramos: en nuestros pies, donde la erosión del suelo agrícola se dispara cuando coinciden una alta intensidad de lluvia con una baja capacidad de infiltración.

En los primeros momentos, el impacto violento de las gotas de lluvia sobre el suelo provoca el arranque de las partículas de la capa superficial. Posteriormente, cuando las borrascas se van sucediendo con cantidades importantes de precipitación, encuentran el suelo saturado y compactado, sin capacidad de infiltración. Entonces, toda el agua circula por la superficie, concentra energía y aumenta su capacidad de arrastre y transporte a lo largo de arroyos y cauces, acumulándose en embalses y lechos de ríos para llegar finalmente al mar.

Durante 22 días de lluvias continuadas en Andalucía durante los meses de enero y febrero de 2026, un tren de borrascas, desde Francis hasta Oriana, ha provocado precipitaciones acumuladas de más 400 litros por metro cuadrado en muchos puntos de la región. Como consecuencia, se han movilizado más de 55 millones de toneladas de suelo agrícola, equivalente a más de 17 estadios olímpicos como La Cartuja.

Del material arrastrado, en una estimación conservadora, 4 millones de toneladas habrían quedado retenidas por los embalses, colmatándolos, y casi 500 000 habrían llegado al mar, en este caso con beneficios para el ecosistema marino.




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Un recurso que tarda siglos en formarse y horas en perderse

El suelo fértil no es un simple “soporte” para las plantas. Es un sistema vivo con propiedades físicas, químicas y biológicas que determinan su productividad: estructura, porosidad, estabilidad de agregados, materia orgánica, nutrientes, biodiversidad y capacidad de retención de agua.

Muchas de esas propiedades se construyen lentamente. Por eso, perder suelo superficial no es solo perder “tierra”, es perder capacidad productiva y biodiversidad.

En acontecimientos como el tren de borrascas de las últimas semanas, podría haberse perdido en Andalucía hasta 1 centímetro de suelo agrícola de media, con picos de 5 cm en algunas localizaciones en unas pocas semanas. Formar un centímetro de suelo fértil requiere de entre 1 000 y 10 000 años de evolución.

De la erosión laminar a las cárcavas

No toda erosión se manifiesta igual. En muchos casos comienza como erosión laminar o pequeños arrastres uniformes en superficie muchas veces difíciles de detectar; o como pequeños regueros de apenas unos centímetros.

El salto cualitativo llega cuando el flujo se concentra y empieza a excavar con fuerza. Entonces aparece la erosión en forma de cárcavas, incisiones profundas excavadas por el agua que superan el umbral de 50 centímetros de anchura, a partir del cual el terreno ya no se recupera con prácticas agrícolas habituales.

Profundo surco en el terreno en un olivar
Cárcava en un olivar.
Proyecto Cárcava, CC BY-SA

Con cada temporal extraordinario, la cárcava puede profundizar, ensancharse y crecer ladera arriba, conectando rápidamente la parcela con la red de drenaje natural. El resultado es doble: por un lado, la pérdida de suelo fértil se acelera, superando la pérdida de más de 500 toneladas por hectárea y año. Por otro, se generan daños en caminos rurales, limitaciones al paso de maquinaria y degradación del paisaje agrícola.

En el marco del Proyecto Cárcava, de la Universidad de Córdoba, hemos analizado la susceptibilidad a la iniciación de cárcavas en olivares de la cuenca del Guadalquivir. Los patrones observados indican que su aparición y crecimiento se relacionan con combinaciones de pendiente, propiedades del suelo, uso y cobertura del suelo y conectividad hidrológica.

Los temporales intensos actúan como aceleradores: reactivan cárcavas existentes y pueden iniciar nuevas en puntos vulnerables donde el flujo se concentra.

Así podemos actuar antes del próximo temporal

La evidencia científica es clara: la erosión se reduce cuando el suelo mantiene cobertura y buena estructura, y cuando se pone límite a la concentración de la escorrentía.

En la agricultura mediterránea, como la de gran parte del tercio sureste español, las estrategias más eficaces suelen combinar varias líneas de actuación:




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  • Prácticas de conservación que favorezcan la materia orgánica y eviten degradar la estructura.

  • Planificación hidrológica para identificar líneas de concentración de flujo, cabeceras de vaguadas y puntos de inicio de regueros y cárcavas.

  • Intervención temprana controlando regueros incipientes antes de consolidarse hasta convertirse en barrancos irrecuperables.

Ese color marrón del agua que con tanto asombro observaban miles de ciudadanos en los momentos más delicados de las borrascas Leonardo y Marta, las más dañinas, no era una nota de color, era suelo fértil en suspensión que el agua transportaba en su camino al mar.

El suelo que se arranca en la parcela llega a arroyos y ríos, incrementa la turbidez, modifica la dinámica sedimentaria de los cauces y reduce la capacidad de embalses para controlar caudales en próximos eventos.

En un clima que alterna sequías prolongadas con lluvias extraordinarias, proteger el suelo no es una opción: es una condición obligatoria para sostener la productividad, reducir riesgos y mejorar la resiliencia del sistema agrario y el equilibrio de todo el sistema ecohidrológico.




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The Conversation

Adolfo Peña Acevedo recibe fondos de Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía.

Ana Jiménez Rey y Paula González Garrido no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Las lluvias han arrastrado millones de toneladas de suelo fértil del campo andaluz: así podemos evitar que se repita – https://theconversation.com/las-lluvias-han-arrastrado-millones-de-toneladas-de-suelo-fertil-del-campo-andaluz-asi-podemos-evitar-que-se-repita-276222

Human activity is making the Arctic’s waters louder

Source: The Conversation – Canada – By Philippe Blondel, Senior Lecturer, Department of Physics, University of Bath

As Arctic sea ice melts, human activity is making the ocean louder, impacting marine wildlife that rely on sound. (Unsplash/Hubert Neufeld)

Climate change is having a profound impact on the Arctic. We know that the region is warming significantly faster than the global average, resulting in the melting of sea ice and disrupted habitats.

But climate change is also affecting the Arctic in ways few people may consider. It is making the Arctic Ocean a noisier place. For the region’s wildlife, this increasingly noisy environment is having profound impacts on their lives.

Anyone who lives in an urban environment knows how tiring it can be. Living next to busy roads is exhausting, with constant noise, day in, day out. The same is true in the Arctic Ocean, where melting sea ice is making way for increasing human activity. This is even more important in water, where animals use sounds to communicate, to navigate and to find prey, or avoid becoming prey.

Recent research on fish sounds explains how sound can be used for marine conservation. We should avoid introducing loud sounds in the oceans because it changes the soundscapes the animals have evolved to live in, and because it affects them directly. And just like air pollution, sound pollution knows no borders.

Ocean observatories can record these sounds and tell us how loud they are, how long they last and how they affect their surroundings. This is important because the world is changing rapidly, especially in the Arctic, and human impacts are increasing.

Newly published research, conducted by colleagues and me, used 10 years of underwater observations from 2015 to 2024 to quantify the impacts of ships and other sources of loud sounds in Iqaluktuuttiaq (Cambridge Bay), Nvt., on the local environment and to examine the best ways to measure their effects on local soundscapes. We found some surprising facts, making us look (or rather, listen) to the Arctic in different ways.

Sound is essential underwater

Studies show that ambient sound levels in the Arctic seas are currently very low, and that marine life will therefore be more sensitive to any increase. Ships are the second loudest source of underwater sounds after seismic prospecting and pile-driving. As the Arctic opens up to human activities, ships are bound to be a big part of it.

But it is not only ships. We found that loud sounds include many other sources: snowmobiles, machinery, aircraft. These sounds vary with the season. In winter, when there is full ice cover and no ships, snowmobiles can affect sound below the ice.

In summer, when there is little to no ice cover, many of the loud sounds come from smaller vessels that are not legally required to carry GPS transponders. They are not picked up by satellites, but they are sizeable contributors to sounds underwater. Other sounds come from machinery, and even from aircraft flying nearby. Like shipping, these sounds should also be part of monitoring and regulating underwater noise in the region.

Because many smaller ships do not use satellite transponders, modelling sound impacts from satellite tracking is an insufficient way to gauge how much noise human activity is generating. That means assessments of underwater noise must be based on actual measurements in the field.

Long-term measurements

Deploying instruments at sea, especially in the Arctic, is challenging and expensive, and therefore generally possible only for short periods. Ocean Networks Canada has been measuring sound in the oceans around Canada for 20 years.

They have installed ocean observatories around the country, in particular in Iqaluktuuttiaq. In partnership with local communities, they aim to provide the scientific measurements necessary for evidence-based actions and initiatives.

Their Ocean Data Portal is a dream come true for scientists: 64,000 sound measurements per second, for years on end, complemented in season with local ice profiling. We also used local weather data from Nav Canada, satellite charts of regional ice cover from the Canadian Ice Service and ship tracks from the Arctic Ship Traffic Database operated by the Arctic Council.

As there is so much data, and because we wanted to contrast two very different seasons, we focused our studies on the months of May, when there is full ice cover and no shipping, and August, when there is little to no ice and more shipping activity.

a ship docked at a port
Arrival of a cruise ship in an Arctic harbour. Ships are major contributors to underwater noise in the region.
(Philippe Blondel)

We did this for 10 years in a row and analyzed the sounds loud enough (more than 10 decibels louder than the weekly background) for long enough (over one minute), identifying where they came from and what frequencies they extended into. There were many surprising sounds.

For example, we could hear footsteps on the ice and snow, the unsuccessful revving up of an engine, followed by something that sounded like kicking, and walking back on snow and ice. These sounds were not loud enough to be an issue. More often, we could hear noise from machines, either on boats or on shore. This sometimes lasted for a long time.

What surprised us was hearing aircraft every now and then. The sounds of the propellers, presumably passing close to our hydrophone. There were many other sounds, including those of marine wildlife, but we focused on sounds loud enough to possibly impact these animals because they were too loud or lasted long enough to be a nuisance.

Our research shows that impactful sounds in this part of the Arctic vary between summer and winter. In summer, where the water is mostly open, this noise can extend to higher frequencies over one kilohertz. Conversely, in winter, when there is no shipping and ice cover isolates the waters below from a lot of sounds, these loud sounds show a span of frequencies lower than one kilohertz. These variations with ice cover and in the frequencies to monitor should be included in the future Arctic baselines.

Improving data collection

Regulations often focus on frequency bands associated with large ships in deep waters (third-octave bands centred on 63 hertz and 125 hertz, to be precise). The European Marine Strategy Framework Directive is often cited as a model, used in Canada and elsewhere. Using the right frequencies is important when considering baselines.

Canada and other Arctic countries are ideally placed to collect the evidence that can define an Arctic marine strategy framework directive. This becomes more urgent as the climate changes, the Arctic opens to human activities and pressures on Arctic resources grow.

Together, we can make a more sustainable ocean. There is much to do, and I am looking forward to working more with Canadian scientists and Arctic communities.

The Conversation

Philippe Blondel receives funding from UK Research and Innovation (UKRI), through the Engineering and Physical Sciences Research Council (EPSRC) and the UKRI Horizon Europe Guarantee. Access to the Arctic Ship Traffic Database used in the underlying study was funded by the Department for Science, Innovation and Technology, as part of the United Kingdom- Arctic Council Working Groups – Research and Engagement Scheme 2024/25, working with the Arctic Council Working Groups, Norwegian Ministry of Foreign Affairs and the NERC Arctic Office. Philippe is sometimes consulted by Ocean Networks Canada on technical matters related to passive acoustic monitoring.

ref. Human activity is making the Arctic’s waters louder – https://theconversation.com/human-activity-is-making-the-arctics-waters-louder-275197

De la conciliación a la corresponsabilidad en los cuidados: hacia una sociedad más justa y equilibrada

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro César Martínez Morán, Director del Master in Talent Management de Advantere School of Management / Profesor asociado de la Facultad de Ciencias Economicas y Empresariales, Universidad Pontificia Comillas

David Pereiras/Shutterstock

Seguro que más de una vez ha tenido que responder a un correo del trabajo mientras baña a sus hijos o cena en familia. O conectarse al correo de la empresa durante una escapada de fin de semana. Aunque la conciliación entre vida laboral y familiar se ha convertido en un concepto omnipresente, su aplicación genera el debate de si es un privilegio o un derecho.

La realidad pospandemia impulsó en España palancas tales como los avances legislativos, el derecho a la desconexión digital o el teletrabajo. Sin embargo, aunque la flexibilidad laboral se asume y se expande, la sensación de estar quemado sigue creciendo.




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Impulsos recientes y realidades persistentes

La Ley de conciliación de 1999 supuso el primer hito en la materia. Tras más de 25 años se ha pasado de la maternidad, vista como un elemento que afecta exclusivamente a las mujeres, a la corresponsabilidad familiar como enfoque central.

Los permisos de paternidad y maternidad igualitarios han sido un hito para romper la brecha en los cuidados. El artículo 34.8 del Estatuto de los Trabajadores permite adaptar la jornada sin pérdida salarial, y la tecnología ha demostrado que puede ser complementaria a la presencialidad laboral.

No obstante, el trabajo a tiempo parcial sigue teniendo protagonismo femenino: el 93 % de las personas a cargo de sus allegados son mujeres.

Los retos: hiperconectividad y erosión de fronteras

Estos avances han traído efectos secundarios (el “colapso de los contextos” o la “erosión de las fronteras”) al invadir los espacios personales y profesionales de las personas trabajadoras. Tres circunstancias explican esos efectos:

  1. El teletrabajo ha eliminado los costes de desplazamiento, que en las grandes ciudades son elevados, pero ha dificultado separar la oficina del salón de la casa.

  2. La brecha de género persiste, ahora invisibilizada. Quienes asumen la carga mental y las interrupciones domésticas durante esa jornada siguen siendo mujeres.

  3. La presencialidad, el “estar siempre ahí”, físicamente, en el puesto de trabajo, se ha sustituido por “estar siempre disponible” en las plataformas de comunicación habituales.

El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), señala que la hiperconectividad es un fenómeno emergente que genera consecuencias significativas sobre la salud mental, la carga cognitiva, el bienestar psicológico y la fatiga, y apareja riesgos psicológicos y sociales.

Para facilitar la comprensión de los derechos de conciliación en el ámbito laboral español, hemos considerado importante agrupar todas las medidas legales de conciliación dirigidas a trabajadores por cuenta ajena.

Una nueva narrativa

La soberanía sobre el tiempo personal significa recuperar, realmente, el control sobre la agenda individual. No se trata solo de organizar, sino de proteger los márgenes de descanso y cuidado frente a la lógica de “estar siempre activo”. Hay que cuidarse, también, a uno mismo.

Los datos muestran una paradoja. Aunque el informe internacional Global Life-Work Balance Index 2025 muestra la buena situación de España en el equilibrio vida-trabajo, otros estudios muestran que la percepción de la conciliación empeora y se cronifican las desigualdades de género en el uso del tiempo y en las trayectorias laborales.

El desafío ya no es solo tener más medidas de protección del derecho a la desconexión y la conciliación, sino cambiar las reglas informales de juego. La cuestión es vincular el bienestar de las personas trabajadoras con la sostenibilidad de los negocios, evitar la penalización que conlleva la conciliación para la vida profesional del trabajador y seguir apostando por la corresponsabilidad.

Las aspiraciones futuras de conciliar y corresponsabilizarse

La sociedad española envejece y, por tanto, ganan terreno los cuidados. La atención y cuidado de mayores, menores y dependientes se debe convertir en una función social protegida y no ser un problema privado.

En la medida en que las organizaciones logren integrar la conciliación en su modelo de liderazgo y en su estrategia de talento, dejará de ser una concesión para convertirse en una pieza central de la competitividad y de la cohesión social.

La conciliación no puede ser un malabarismo constante entre las tareas vespertinas del hogar y la atención de asuntos laborales en el móvil. Es necesario pasar de una cultura de la ocupación (donde estar muy ocupado es un símbolo de estatus) a una cultura de mayor eficiencia empresarial para generar más bienestar personal entre las personas trabajadoras.

En una sociedad justa y equilibrada, el trabajador no debe resolver solo su conciliación: ha de ser un compromiso compartido entre administraciones, empresas y sociedad. Pero, además, la corresponsabilidad de los cuidados involucra a todos los convivientes en el hogar.

Las personas deben de tener las mismas oportunidades, sin discriminación de ningún tipo, ni barreras que le impidan crecer personal y profesionalmente.

The Conversation

Pedro César Martínez Morán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. De la conciliación a la corresponsabilidad en los cuidados: hacia una sociedad más justa y equilibrada – https://theconversation.com/de-la-conciliacion-a-la-corresponsabilidad-en-los-cuidados-hacia-una-sociedad-mas-justa-y-equilibrada-276682

Cómo aprender a escribir académicamente y a entender lecturas complejas con la ayuda de la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Santamarina Sancho, Investigadora y Profesora en el Departamento Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Granada, Universidad de Granada

My July/Shutterstock

La lectura y la escritura académicas son habilidades clave en la universidad. Nos permiten acceder a los diferentes contenidos, desarrollar un pensamiento más complejo y participar activamente en la vida académica. No se trata solo de entender textos o escribir trabajos, sino también de saber argumentar, sintetizar ideas y comunicarlas de forma clara y eficaz.

Sin embargo, los universitarios tienen dificultades con este tipo de prácticas académicas en parte porque tanto las lecturas como las tareas suelen ser significativamente más complejas que en bachillerato o secundaria, pero también porque no tienen una formación específica en lectura y escritura académicas. Por eso, la alfabetización académica es un proceso gradual, que debe trabajarse de manera intencionada dentro en todas las etapas educativas.

En este contexto, la incorporación de tecnologías digitales en la educación superior ha abierto nuevas posibilidades para enseñar y aprender. La inteligencia artificial, sobre todo, no solo ayuda a procesar y generar textos, sino también está cambiando la forma en que el alumnado lee, interpreta y produce conocimiento académico.

La IA para “salir del paso”, no para mejorar

Hemos investigado recientemente cómo la IA está afectando a la lectura y escritura en el ámbito universitario y nos hemos encontrado con una paradoja significativa. Aunque la mayoría de los estudiantes afirman utilizar herramientas de inteligencia artificial de forma habitual (en muchos casos, a diario), reconocen que no aprovecha todo su potencial formativo.

Los estudiantes perciben esta herramienta como un atajo para ahorrar tiempo, un corrector lingüístico de trabajos ya elaborados o, directamente, como un generador de textos. Esta visión centrada en el resultado final y no en el proceso limita su valor educativo y plantea importantes retos para la enseñanza universitaria. Más que favorecer una mejora de la escritura académica, estos usos no permiten llevar a cabo una relación más profunda con los textos y con el propio aprendizaje.

El potencial formativo de la IA

El verdadero potencial formativo de la inteligencia artificial lo encontramos cuando se integra como apoyo a los procesos cognitivos implicados en la lectura y la escritura, y no como sustituto del esfuerzo intelectual. En este sentido, algunas herramientas ampliamente conocidas pueden desempeñar un papel relevante si se utilizan con un propósito educativo claro.

A diferencia del uso de la IA como simple corrector lingüístico, en este caso orientado a eliminar errores gramaticales o mejorar la fluidez superficial del texto ya terminado, su potencial formativo aparece cuando se utiliza para analizar y reflexionar sobre el propio proceso de escritura. Y es precisamente aquí donde debemos incidir.

Por ejemplo, pedir a la herramienta que señale errores de coherencia argumentativa, que describa cómo progresa una idea a lo largo del texto o que identifique supuestos implícitos obliga al estudiante a interpretar esas observaciones y decidir qué cambios realizar, en lugar de aceptar correcciones automáticas sin reflexión.




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Apoyar la comprensión de textos complejos

En el ámbito de la lectura académica, la IA también puede apoyar la comprensión de textos complejos, ayudar a identificar ideas clave, establecer relaciones entre conceptos o formular preguntas que orienten una lectura más crítica. Utilizada de este modo, no reemplaza la lectura, sino que actúa como un mediador que facilita la construcción de significado, una especie de herramienta de comprensión lectora.

Por ejemplo, un uso poco formativo de la IA consistiría en pedir un resumen de un artículo académico para evitar su lectura completa y utilizarlo directamente como base de un trabajo. En este caso, la herramienta sustituye la interacción con el texto y limita la comprensión profunda.




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En cambio, un uso formativo consistiría en pedir a la IA que ayude a identificar las ideas principales del texto, que formule preguntas sobre los conceptos más complejos o que explique la relación entre distintos apartados del artículo. Si tenemos varios artículos, incluso podemos pedirle los resúmenes de cada uno solamente para seleccionar aquellos que realmente sirvan en el trabajo final. Estas acciones no reemplazan la lectura, sino que la orientan y la profundizan, favoreciendo una comprensión más activa y crítica. Y aquí es donde reside el quid de la cuestión.

El reto está en desplazar el foco desde la simple generación de productos hacia el acompañamiento del proceso: leer mejor para escribir mejor, revisar para comprender, reformular para pensar con mayor profundidad. Esto exige tanto al alumnado como al profesorado desarrollar nuevas estrategias de uso.

Un uso ético y crítico para la alfabetización académica

La inteligencia artificial puede convertirse en un recurso valioso si se incorpora desde una perspectiva ética, crítica y formativa. Esto implica reconocer sus límites, cuestionar sus respuestas y asumir que no puede sustituir la lectura crítica ni la escritura reflexiva, pilares fundamentales de la formación universitaria.

Para avanzar hacia este uso formativo, es necesario ofrecer orientaciones claras tanto al alumnado como al profesorado. Algunas estrategias útiles para los estudiantes pueden ser:

  • Pedir explicaciones alternativas de conceptos complejos y compararlas con el texto original para detectar matices o discrepancias. Debatir y argumentar con la propia IA.

  • Solicitar que formule preguntas críticas sobre un texto leído, como punto de partida para el análisis.

  • Utilizar la herramienta para reformular ideas propias y comprobar si mantienen el mismo significado.

Desde el punto de vista del docente, el reto consiste en integrar la IA de manera explícita en las prácticas de aula:

  • Diseñar actividades que valoren el proceso (borradores, revisiones, reflexiones sobre el uso de la IA) y no solo el producto final.

  • Guiar en clase para aprender usos concretos de la IA para analizar textos, revisar escritos o construir argumentos.

  • Plantear tareas que requieran justificar las decisiones tomadas a partir de las sugerencias de la herramienta. ¡Hay que pensar!

  • Crear y fomentar espacios de discusión sobre los límites, sesgos y riesgos de estas tecnologías en la producción de conocimiento académico.

En suma, la escritura y la lectura académicas siguen siendo tareas profundamente humanas, ligadas al desarrollo del pensamiento y a la construcción de conocimiento. Docentes y estudiantes necesitan pensar no en lo que la inteligencia artificial puede hacer por ellos, sino lo que pueden aprender haciendo un uso crítico y reflexivo de ella.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo aprender a escribir académicamente y a entender lecturas complejas con la ayuda de la IA – https://theconversation.com/como-aprender-a-escribir-academicamente-y-a-entender-lecturas-complejas-con-la-ayuda-de-la-ia-271417

‘Funcional’, ‘metabólico’… Los apellidos que el entrenamiento no necesita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Puch Garduño, Colaborador en actividades de docencia e investigación, Universidad Complutense de Madrid

Cuando hablamos de entrenamiento, conviene recordar que aludimos a una práctica profundamente arraigada en la historia de la humanidad. Desde tiempos remotos, el ejercicio físico ha sido compañero constante del ser humano.

Susruta.
Grabado de Susruta.
Wellcome Collection/Wikimedia Commons, CC BY

Ejemplo de ello es el caso de Susruta, un médico indio que, ya en el siglo VI a. e. c., prescribía ejercicio físico como herramienta terapéutica. Sus recomendaciones, sorprendentemente cercanas a los principios que hoy respalda la ciencia, abogaban por una práctica regular sin alcanzar el umbral medio de agotamiento.

De modo similar, en la antigua Grecia, Aristóteles, fiel a su doctrina del término medio, sugería un entrenamiento moderado: ni en exceso ni en carencia, sino en la justa medida para fortificar el cuerpo sin quebrantar su vigor.

A la luz de lo expuesto, puede afirmarse que el entrenamiento no es, en absoluto, una novedad; todo lo contrario. Y es precisamente ahí donde se revela el verdadero dilema. En nuestra sociedad, dominada por la urgencia de vender, lo nuevo se convierte en sinónimo de valor.

Por ello, a lo de siempre –al entrenamiento– se le imponen constantemente apellidos. Porque, claro, llamar simplemente “entrenamiento” al “entrenamiento” ya no conquista oídos hambrientos de novedad.

Todo es lo mismo

Estos apellidos no responden a una necesidad conceptual, sino al marketing. En otras palabras, lo que Susruta y Aristóteles ya prescribían hace siglos hoy vuelve recalentado para un mercado que nuca está a dieta de clientes confundidos.

Así pues, en la actualidad pueden hallarse tantos apellidos innecesarios para el “entrenamiento” como empeño se ponga. Todo sea por (re)llenar el concepto. Tómese como ejemplo el famosísimo “entrenamiento funcional”, esa joya del pleonasmo donde cabe preguntarse: ¿existe un entrenamiento no funcional? ¿Uno diseñado para no servir? ¿El antientrenamiento?

Lo mismo ocurre con las versiones de “entrenamiento metabólico o mitocondrial”. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Acaso existe algún entrenamiento capaz de aislar al metabolismo y las mitocondrias?

Y, por supuesto, no podía faltar una de las últimas ofertas del mercado: el “neuroentrenamiento”, una supuesta revolución que estimula el sistema nervioso. Como si antes de su llegada todos los entrenamientos ocurrieran con el cerebro apagado y los nervios en stand-by. O sea, como si mover el cuerpo no fuera ya, desde siempre, una sinfonía neurológica en acción.

Queremos creer

Estos apellidos que se le imponen de forma constante al “entrenamiento” proliferan por diversos motivos. Entre ellos, quizás uno de los más importantes sea que, por naturaleza, los seres humanos no somos escépticos; el hecho de no creer nos exige un esfuerzo mental considerable.

A ello se suma otra gran dificultad: la dependencia del ámbito. Nuestra capacidad para ser escépticos está limitada al ámbito de conocimiento que dominamos. Es decir, no solo es complejo ser escéptico, sino que solo podemos serlo cuando sabemos lo suficiente como para dudar con sentido. Nadie puede dudar sobre lo que se desconoce por completo.

Así que, si un gurú musculoso dice que hace neurotraining cuántico con activación mitocondrial hipermetabólica, y nosotros no tenemos ni idea de qué hace una mitocondria, es difícil contradecirle. ¿Qué otra opción tenemos?

Visto lo anterior, nos enfrentamos a un contratiempo con el lenguaje, uno que surge precisamente de su capacidad para ejercer poder. El científico estadounidense Alan Sokal lo evidenció en un célebre fraude en el que consiguió publicar un artículo académico gracias a su apariencia ideológica y estilo discursivo, pero carente de rigor, lógica y fundamento. Un magnífico ejemplo de cómo el lenguaje puede simular decir algo sin realmente decir nada.

Falsas dicotomías

No obstante, el verdadero problema emerge cuando entendemos que hablar es, en sí mismo, una forma de actuar. Las palabras no se limitan a definir la realidad; la moldean. Así, cuando alguien afirma “esto es un entrenamiento X”, no lo describe, sino que lo legitima, lo instituye y lo hace existir como categoría.

Con el tiempo, estos apellidos terminan configurando aquello que llamamos ciencia. No olvidemos que el lenguaje empleado en un área del conocimiento es lo que construye su propia realidad (“El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”, que diría el filósofo Ludwig Wittgenstein). Cada disciplina fabrica así su propia jerga. El problema es que, cuando el lenguaje científico empieza a inflarse con términos vagos, el juego se vuelve confuso.


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Un ejemplo de confusión lingüística en el ámbito del entrenamiento surge cuando, partiendo de un concepto unitario –“entrenamiento” en este caso–, se generan categorías artificialmente separadas. Así, es habitual oír hablar de “entrenamiento para la salud” y “entrenamiento para el rendimiento” como si se tratara de esferas independientes. Sin embargo, esta distinción carece de lógica, pues mejorar la salud implica mejorar el rendimiento. Tanto es así que, si una persona pierde musculatura y, por ende, la capacidad de caminar, lo que necesita para recuperar su salud es aumentar la fuerza de sus piernas, o sea, mejorar su rendimiento.

Algo similar ocurre al fragmentar el concepto de entrenamiento en fuerza y resistencia. La paradoja es evidente: la maratón, la prueba de resistencia por excelencia, no la gana el más resistente, sino el más rápido, el que aplica más fuerza en menos tiempo; esto es, el más fuerte.

Esta tendencia a retorcer el lenguaje confirma lo ya advertido por Wittgenstein: la necesidad de esclarecer el uso de las palabras para evitar confusiones conceptuales. Porque, no lo olvidemos, cuando el lenguaje pierde precisión, da lugar a malentendidos. Las soluciones a ello pueden ser múltiples, pero quizás la más sencilla sea mirar al pasado, observar a Susruta y Aristóteles y comprender el entrenamiento como lo hicieron ellos: en una sola palabra.

The Conversation

Miguel Ángel Puch Garduño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Funcional’, ‘metabólico’… Los apellidos que el entrenamiento no necesita – https://theconversation.com/funcional-metabolico-los-apellidos-que-el-entrenamiento-no-necesita-274597

La distopía de ‘Civil War’ frente a Estados Unidos hoy: una historia de violencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Carlos Pérez García, Profesor Titular de Universidad – Área de Dibujo, Universidad de Málaga

Wagner Moura en una escena de _Civil War_. A24 Films

Tras un breve prólogo, la película Civil War (2024) se abre con la canción “Lovefingers” (1968), del dúo neoyorquino pionero del rock electrónico Silver Apples.

Su ritmo preciso, “matemático”, contrasta con el caos de violencia urbana de la escena. La elección de la canción establece un hilo invisible que parece unir esas imágenes distópicas del futuro cercano de Estados Unidos con la contracultura de los sesenta, la cuna ideológica de la New Age y de líderes emprendedores que se harían ricos y famosos durante la era neoliberal. Como ha argumentado Stuart Jeffries, sin el elemento vital de esa contracultura el capitalismo no gozaría de tan buena salud.

Inicio de la película Civil War, de Alex Garland.

Con unos 50 millones de dólares de presupuesto, es una de las películas más caras de la productora independiente A24. Civil War es paradójica, ambigua y perturbadora, un thriller bélico que alegoriza con precisión el zeitgeist de “fin de los tiempos” en los Estados Unidos de la era Trump, o el declive de un país-imperio en crisis.

Estas semanas se han comentado mucho las “coincidencias” entre su argumento y la realidad reciente de clima prebélico en Estados Unidos: enfrentamientos verbales entre agentes federales del ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la policía local de ciudades como Minneapolis, oposición ciudadana contra las detenciones del ICE, el asesinato de dos civiles, etc.

El británico Alex Garland, director y guionista del filme y responsable de películas como Ex Machina (2014) o Men (2022), comenzó a escribir el guion de Civil War en 2018, durante la primera presidencia de Trump. Lo retomó en 2020, cuando percibió que el clima de polarización había empeorado. Había contraído el covid-19 y, tras recuperarse, se encontró con una verdadera agitación, un mundo en el que se habían multiplicado las fracturas y la polarización social. Trump no consiguió su reelección en las presidenciales de 2020, lo que desembocó en disturbios que él mismo alentó de manera más o menos directa y que teminaron con el asalto al Capitolio estadounidense en enero de 2021 por parte de sus partidarios.

Civil War se estrenó en abril de 2024, poco antes de las elecciones presidenciales de noviembre de ese mismo año. Y, esta vez, Trump sí las ganó en las urnas.

Parecidos razonables

En el futuro cercano de Civil War, los parecidos con una realidad verosímil en Estados Unidos son ciertamente inquietantes.

La película comienza in medias res y no explica nunca las causas de la guerra civil que asola el país. Hay un presidente encarnado por Nick Offerman, sin parecido físico con Trump, que, no obstante, está ocupando un “tercer mandato”. Esto en realidad está prohibido, tras la limitación a dos mandatos presidenciales que se hizo en una enmienda a la Constitución estadounidense ratificada en 1951. En octubre de 2025, Trump reconoció que no puede presentarse otra vez… pero su entorno cercano no ha dejado de aludir a esa posibilidad.

Un helicóptero estrellado en el suelo al que miran dos mujeres.
Escena de Civil War.
A24

En la ficción de Civil War se sugiere que las actuaciones autoritarias del presidente han provocado varias secesiones. Mientras, diversas milicias actúan sin control por el país y el ejército de unas denominadas “Western Forces”, alianza de California y Texas, avanza hacia Washington D. C. para acabar por la fuerza con el gobierno federal del presidente del tercer mandato.

El papel de la prensa

El punto de vista de la película se sitúa en un grupo de corresponsales de guerra que intenta llegar a la capital para entrevistar al presidente antes de la entrada de las Western Forces.

Kirsten Dunst interpreta a una fotógrafa llamada Lee, un guiño a la legendaria Lee Miller, fotoperiodista real durante la Segunda Guerra Mundial. Este personaje es quien pone rostro a la amargura por la desintegración del país. La acompañan los periodistas Joel (Wagner Moura) y el veterano Sammy (Stephen McKinley Henderson), y la joven y ambiciosa Jessie (Cailee Spaeny), también fotoperiodista. Por el camino se les unirán dos reporteros asiáticos que han viajado a cubrir la guerra civil. Juntos afrontarán un peligroso trayecto en el que serán testigos de diversos episodios violentos.

Kirsten Dunst y Cailee Spaeny en _Civil War_.
Kirsten Dunst y Cailee Spaeny en Civil War.
Murray Close/A24

La idea de colocar a periodistas en el centro de su historia tiene que ver con el hecho de que el padre de Alex Garland fue durante mucho tiempo caricaturista de prensa, y gracias a ello pudo conocer en Londres a corresponsales extranjeros a los que llegó a admirar. El cineasta considera que el periodismo serio necesita protegerse hoy día porque está siendo atacado.

Polarización racista

El enfrentamiento crucial tiene lugar cuando los reporteros se topan con una milicia armada que está enterrando a un grupo de civiles en una fosa común. El líder (un aterrador Jesse Plemons, cuyo físico le asocia al supremacismo blanco) confronta al grupo a punta de rifle y pronto revela su ideología xenófoba cuando les interroga por su procedencia y nacionalidad. La escena es pavorosa pero ofrece un reflejo de la polarización racista que asola los Estados Unidos de la era Trump, un tema que también ha aflorado en dos películas de 2025, aunque rodadas antes del acceso de Trump a su segundo mandato: Eddington y Una batalla tras otra.

Aunque el grupo de blancos no hispanos sigue superando aún el 50 % de la población, el país es cada vez más multicultural, con proyecciones que calculaban hace unos años que hacia 2050 las minorías combinadas podrían constituir la mayoría de los ciudadanos estadounidenses. Esto puede explicar tanto el endurecimiento reciente de las políticas de deportación como su tratamiento en la ficción de las películas mencionadas. Una batalla tras otra, de hecho, se inicia con el ataque de un grupo revolucionario de extrema izquierda a un centro de detención de inmigrantes.

Un montón de coches detenidos en una autovía.
Escena de Civil War.
A24 Films

Por otro lado, la tasa de crecimiento de la población estadounidense se ha reducido a 0,5 % entre 2024 y 2025, según estimaciones de la Oficina del Censo del país, uno los registros más bajos desde comienzos del siglo XX. Hay dos razones principales para ello: menos llegada de inmigrantes y más deportaciones.

¿Equidistancia o polarización?

Volviendo a Civil War, la película no explicita la ideología detrás del enfrentamiento entre las “Western Forces” y el gobierno federal, algo que provocó críticas que acusaban a Garland de “equidistante”. El autor lo negó, pero reconoció que esto podría ser una interpretación errónea de una película que plantea la “polarización” como causa –y no como síntoma– de nuestro malestar actual. Por eso aporta escasos datos de los bandos enfrentados. Su intención es dejar abierta la conversación pública, y eso implica abrir asimismo las posibles lecturas de la película.

“Necesito una declaración”, grita Joel (Wagner Moura) en la impactante escena final, alejada de los convencionalismos de Hollywood y que entronca con una peculiar tradición de violencia “presidencial” en Estados Unidos. Tras el último plano, suena en los créditos una nana perversa: “Dream Baby Dream” (1979). Del dúo electro-punk Suicide, en efecto.

The Conversation

Juan Carlos Pérez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La distopía de ‘Civil War’ frente a Estados Unidos hoy: una historia de violencia – https://theconversation.com/la-distopia-de-civil-war-frente-a-estados-unidos-hoy-una-historia-de-violencia-275370

Fonction publique : ces doctorants qui aident les collectivités territoriales à innover

Source: The Conversation – in French – By Christine Gautier Chovelon, Enseignante chercheure en sciences de l’éducation et de la formation – Affiliée au laboratoire de recherche LINE, Université Côte d’Azur

Alors que communes, départements et régions sont sommés d’innover, comment leur permettre de se nourrir d’expertise scientifique pour renouveler leurs modes de gouvernance ? L’accueil de doctorants en thèse Cifre introduit dans les administrations une autre culture de l’innovation et de l’évaluation. Mais cela redessine-t-il vraiment les profils des élites locales ?


Face à la complexité croissante des politiques publiques, et à des enjeux comme la transition écologique, l’inclusion sociale ou la participation citoyenne, les collectivités sont sommées d’innover. Mais avec quelles expertises ?

Depuis 2011, afin de produire justement des connaissances scientifiques directement utiles à la décision publique, les administrations territoriales sollicitent des doctorants en sciences humaines et sociales. Pour ce faire, elles s’appuient sur le dispositif Cifre (Convention industrielle de formation par la recherche), porté par l’Association nationale de la recherche et de la technologie (ANRT) et initialement conçu pour rapprocher recherche et entreprise.

Cette alliance est-elle fructueuse sur le plan de l’action publique ? Le recours à ces compétences fait-il évoluer la place du doctorat dans la société française ? Les résultats d’une enquête inédite présentée par l’ANRT en 2025 mettent en lumière une réalité contrastée : une contribution réelle à la transformation des pratiques, mais une reconnaissance encore fragile.

Une expertise stratégique mais inégalement valorisée

Les doctorants Cifre travaillent aujourd’hui sur des enjeux très concrets : adaptation au changement climatique, politiques éducatives, inclusion sociale, participation citoyenne, transformation organisationnelle. La production de savoirs n’est plus seulement universitaire : elle devient une ressource intégrée à la fabrique des politiques publiques.

Dans de nombreuses collectivités, la recherche se mue ainsi en levier d’aide à la décision. Elle introduit du recul dans des environnements dominés par l’urgence, structure les diagnostics et nourrit les stratégies à long terme. Elle contribue aussi à diffuser une culture de l’évaluation, en cohérence avec les recommandations de France Stratégie ou les travaux de l’OCDE sur l’innovation publique.

Face à des problèmes publics complexes, cette fonction analytique est précieuse. Les doctorants apportent méthodes d’enquête, analyses comparatives et capacité à documenter les décisions. Ils introduisent aussi du recul et de la rigueur pour nourrir les stratégies à long terme dans un environnement où l’urgence et les logiques politiques dominent.

Pourtant, la reconnaissance de ces compétences reste inégale. Dans certaines collectivités, la recherche est perçue comme un appui ponctuel plutôt qu’un levier structurant. L’intégration durable des docteurs après la thèse demeure incertaine, et leur contribution est parfois minimisée face aux contraintes politiques ou bureaucratiques.

À l’interface de la science et de l’administration

La singularité des doctorants Cifre réside dans leur position hybride, à la fois chercheurs et salariés de la collectivité. Ils participent aux projets opérationnels tout en produisant des connaissances scientifiques. Concrètement, ils organisent des ateliers participatifs, élaborent des diagnostics territoriaux, conçoivent des outils d’aide à la décision ou accompagnent des réorganisations internes.

Cette double appartenance leur permet de naviguer entre services, directions générales, élus et partenaires. Ils décloisonnent des espaces fragmentés et favorisent des approches intégrées, croisant dimensions sociales, environnementales et organisationnelles. Dans certains cas, ils deviennent de véritables médiateurs entre savoir scientifique et décision politique, légitimant les stratégies de la collectivité tout en influençant les choix.

Mais cette hybridité crée aussi des tensions. Les doctorants se trouvent à l’interface de deux mondes historiquement distincts : élites administratives et élites scientifiques. Leur présence interroge les hiérarchies établies et les modes de reconnaissance professionnelle. Elle soulève également des enjeux politiques : quel poids donner à l’expertise scientifique face à la décision politique ?




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L’impact des doctorants se manifeste souvent sous la forme d’« innovations ordinaires » : amélioration des coopérations internes, structuration de démarches participatives, diffusion d’une culture scientifique. Mais derrière cette modestie apparente se joue une recomposition subtile des rapports de pouvoir. En structurant l’information et en introduisant des méthodes d’analyse rigoureuse, les doctorants influencent la manière dont les décisions sont prises, même dans un cadre politique contraint.

Lorsque ces profils sont rattachés à des directions générales ou stratégiques, leur légitimité est renforcée et leur contribution devient plus visible. Ils participent à la montée en compétence des collectivités, introduisant une culture de l’évaluation et de la documentation. Pourtant, leur rôle est souvent perçu comme temporaire, et la reconnaissance institutionnelle et politique demeure fragile.

Vers une recomposition des élites locales

L’arrivée des doctorants dans les collectivités révèle une transformation plus profonde : l’émergence progressive d’une élite scientifique intégrée à l’action publique locale. Ces profils développent des compétences rares : analyse des politiques publiques, compréhension fine des territoires, capacité de médiation entre savoir et décision. Ils incarnent une figure professionnelle nouvelle, à la croisée de la recherche et de l’administration, capable de renouveler les pratiques et les modes de gouvernance. Ils deviennent des acteurs politiques à part entière, orientant les priorités et modifiant subtilement la distribution du pouvoir au sein des administrations.

Reste une question décisive : les collectivités sont-elles prêtes à faire de la recherche un levier durable de formation et de renouvellement de leurs élites ? Car si ces doctorants contribuent déjà à transformer les pratiques publiques, il s’agit de dépasser la logique ponctuelle du contrat Cifre, où l’expertise scientifique devient un élément reconnu de l’architecture politique locale.

Les doctorants en collectivités représentent une innovation à la fois organisationnelle et politique. Leur intégration durable pourrait renforcer la légitimité des décisions, recomposer les rapports de pouvoir et faire de la recherche un levier de professionnalisation et de renouvellement des administrations territoriales.

The Conversation

Christine Gautier Chovelon ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Fonction publique : ces doctorants qui aident les collectivités territoriales à innover – https://theconversation.com/fonction-publique-ces-doctorants-qui-aident-les-collectivites-territoriales-a-innover-274707

L’affaire Epstein révèle une classe au-dessus des lois

Source: The Conversation – in French – By Dahlia Namian, Sociologue et professeure à l’École de service social de l’Université d’Ottawa, L’Université d’Ottawa/University of Ottawa

L’affaire Epstein ne relève pas de l’exception. À l’instar du mouvement #MeToo, elle s’inscrit dans un continuum de violences exercées par des hommes de pouvoir, rendues possibles par une culture durable de l’impunité. Les dossiers Epstein ne documentent pas seulement des crimes sexuels : ils exposent un monde social solidement interconnecté, où circulent capitaux, prestige, influence et relations de dépendance.


Si la notion de « classe Epstein » permet de rendre visible cette configuration, elle tend néanmoins à en personnaliser les mécanismes, en les ramenant à la figure de ce manipulateur d’exception. Un tel déplacement comporte un risque analytique majeur : celui d’occulter les dimensions structurelles du pouvoir de classe. L’affaire Epstein ne renvoie pas à une déviance individuelle exceptionnelle, mais à la normalisation d’un ordre social où l’accumulation extrême du capital s’imbrique étroitement avec la domination masculine.

Dans La société de provocation, je montrais que cet ordre social repose sur une alliance durable entre élites économiques et politiques, dont les intérêts convergent vers la reproduction de leurs privilèges. Cette alliance se manifeste à travers une économie de l’excès et de la surabondance — la pornopulence — orientée vers la jouissance ostentatoire d’une minorité d’hommes riches et protégés. L’affaire Epstein en constitue la surface visible : elle révèle une logique globale d’accumulation prédatrice, qui transforme corps, territoires et ressources en matières consommables et jetables.

C’est donc cette classe, socialement organisée et institutionnellement protégée, qu’il convient d’interroger à partir des révélations de l’affaire Epstein. Son pouvoir, au-delà du registre de l’anomalie, repose principalement sur trois mécanismes sociaux interdépendants : la cooptation, l’insularisation et la neutralisation.




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La cooptation ou l’entre-soi masculin

La cooptation désigne un mode organisé d’entre-soi masculin au sommet des structures de pouvoir. Cet entre-soi fonctionne comme un boys club pour reprendre le propos de la professeure et écrivaine Martine Delvaux : un monde clos, régi par des règles tacites de loyauté, de discrétion et de protection mutuelle. Les dossiers Epstein montrent que ce boys club regroupe des individus occupant des positions stratégiques et variées : responsables politiques, héritiers, membres de la royauté, traders, entrepreneurs de la tech, scientifiques reconnus ou figures médiatiques.

La collection de noms, qui comptent parmi les plus riches et puissants de la planète, en dit long sur l’étendue du boys club. Mais son pouvoir repose moins sur la richesse seule de ses membres, que sur la convertibilité de leur statut en capital social.

Certains membres, moins fortunés, n’en sont pas moins « richement connectés » : ils monnayent leurs carnets d’adresses, leurs expertises, leur accès privilégié aux cercles décisionnels. Les réseaux qu’ils entretiennent constituent un patrimoine social transnational hautement convertible, susceptible d’être activé selon les circonstances : des informations stratégiques, des dispositifs d’optimisation ou d’évitement fiscal, des accès privilégiés à des professionnels influents (médecins, juristes, magistrats) et à des formes de sociabilité sélectives (clubs privés, événements exclusifs, yachts, résidences fermées).

Dans cet univers, les femmes y sont réduites à des objets de transaction, de distinction et de jouissance. La cooptation est donc un mode de socialisation politique et sexuelle du privilège.

L’insularisation des riches

À cette infrastructure relationnelle s’ajoute une dynamique d’insularisation de classe, par laquelle une fraction dominante se retire progressivement du monde commun pour vivre selon ses propres règles. La concentration extrême des richesses ne renforce pas seulement les inégalités : elle permet à ses bénéficiaires de s’installer dans des « zones de sécession » ; des espaces soustraits aux règles communes et aux contraintes ordinaires de la société.

Les dossiers Epstein révèlent l’existence d’une overclass mobile et transnationale, retranchée au sein d’enclaves d’exception, où les obligations sociales, fiscales et politiques sont fortement atténuées : îles privées, quartiers sécurisés, régimes fiscaux offshore, villes privées, résidences multiples.

Little St. James, désormais connue sous le nom « l’Isle Eptein », incarne cette logique. Cette île privée de 75 acres, cachée dans les îles Vierges américaines, abritait une aire d’atterrissage pour hélicoptères et plusieurs villas dissimulées aux regards. Selon les nombreux témoignages, c’est aussi là qu’Epstein aurait livré ses victimes à certains des hommes les plus riches et les plus puissants du monde, à des fins d’exploitation sexuelle.

Cette classe pornopulente, ne se contente pas, en outre, de se retrancher dans des espaces privatisés. Elle accapare aussi, au besoin, des espaces communs, historiquement partagés, qu’elle transforme en vitrines de son pouvoir, comme l’a illustré le mariage ostentatoire de Jeff Bezos à Venise.

Mais l’insularisation des riches ne se résume pas à une ségrégation spatiale et fiscale : elle s’accompagne d’un retrait social et politique des élites

de l’espace démocratique. Le soutien de plusieurs figures associées aux dossiers Epstein à des courants autoritaires, libertariens et réactionnaires — telles que Donald Trump, Elon Musk et Peter Thiel — s’inscrit dans cette logique, récemment dénoncée par Oxfam.




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La neutralisation de la contestation

Enfin, l’affaire Epstein offre un exemple révélateur d’un processus de neutralisation des plaintes et des autres formes de contestation, qui renforce le pouvoir de classe.

Malgré des signalements répétés et des enquêtes documentées, les institutions chargées de protéger les victimes ont été contournées, affaiblies ou instrumentalisées, tandis que seuls quelques acteurs ont été sanctionnés. Cette situation révèle une asymétrie connue : plus les sociétés sont inégalitaires, plus les dispositifs censés garantir la justice fonctionnent comme des mécanismes de protection des élites.

Cette neutralisation repose d’abord sur l’inégalité d’accès aux ressources
institutionnelles. Cabinets d’avocats spécialisés, réseaux d’influence, firmes de relations publiques et industries de la réputation favorisent les règlements confidentiels, retardent les procédures et épuisent les victimes.

Elle s’appuie aussi sur la proximité étroite entre pouvoir politique et pouvoir médiatique. Aux États-Unis, des figures comme Elon Musk, Larry Ellison, Mark Zuckerberg ou Jeff Bezos contrôlent des médias de plus en plus alignés sur l’ordre promu par Donald Trump, en échange d’avantages économiques et réglementaires. Par le financement, l’acquisition ou l’influence sur les médias et les plates-formes numériques, l’élite au pouvoir restreint les marges du débat public et de la critique.

Ces trois mécanismes (cooptation, insularisation, neutralisation) soutiennent donc une anatomie d’un pouvoir de classe qui déborde largement la figure d’un manipulateur hors pair. Ils soutiennent un régime d’accumulation prédatorial, où la violence économique et sexuelle se renforcent mutuellement au profit d’une minorité qui jouit, transgresse et s’exhibe en toute impunité.

Pendant ce temps, les victimes sont réduites au silence, contenues par un réseau dense de protections juridiques, médiatiques et politiques — même lorsque certaines ont parlé publiquement, comme Virginia Giuffre, sans être réellement entendues. L’affaire Epstein met ainsi au jour une classe dangereuse. Son pouvoir ne menace pas seulement les femmes, mais les conditions mêmes de toute vie démocratique.

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Dahlia Namian ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. L’affaire Epstein révèle une classe au-dessus des lois – https://theconversation.com/laffaire-epstein-revele-une-classe-au-dessus-des-lois-276554

Les raisons de la mobilisation agricole en Europe expliquées par les agriculteurs eux-mêmes

Source: The Conversation – in French – By Sophie Thoyer, Directrice de département Scientifique, Inrae

Depuis l’hiver 2024, les mobilisations agricoles ont été largement interprétées, au plan médiatique, comme un rejet massif des normes environnementales. Mais est-ce vraiment le cas ? Qu’en disent eux-mêmes les agriculteurs mobilisés ? Une vaste étude a recensé leurs réponses en France, en Allemagne, en Belgique et aux Pays-Bas. Elle livre une image bien plus nuancée en fonction des États, où le poids des normes environnementales n’est finalement qu’un enjeu secondaire. Celui-ci a pourtant été au cœur de la réponse politique.


Blocages d’autoroutes, convois de tracteurs vers les capitales, déversements de fumier devant les bâtiments publics… depuis l’hiver 2024, les agriculteurs européens se mobilisent de façon spectaculaire. Très visibles, ces mouvements restent pourtant mal compris. Entre cadrages médiatiques hâtifs et récupérations politiques, leurs revendications ont souvent été résumées à un rejet des normes environnementales. Mais est-ce réellement ce que disent les agriculteurs eux-mêmes ?

Pour répondre à cette question, nous avons récemment publié une étude qui s’est appuyée sur une vase enquête en ligne, menée entre avril et juillet 2024, auprès de plus de 2 200 agriculteurs ayant participé aux mobilisations en France, en Allemagne, en Belgique et aux Pays-Bas.

Plutôt qu’une liste fermée de griefs, nous avons préféré leur poser une question simple et surtout ouverte : « Pourquoi vous mobilisez-vous ? » Les agriculteurs ont ainsi pu répondre de façon anonyme et sous une forme libre : parfois en quelques mots, parfois en plusieurs paragraphes.




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Une pluralité de motivations

Cette méthode a permis d’éviter d’orienter les réponses et de saisir les motivations telles que formulées spontanément par les intéressés eux-mêmes. Les textes ont ensuite été analysés, dans leur langue d’origine, grâce à un grand modèle de langage (LLM), type d’outil relevant de l’intelligence artificielle (IA), pour identifier les principales revendications. Un codage manuel a ensuite permis, pour la France, de vérifier la cohérence de l’analyse faite par l’IA.

Nous avons ainsi pu identifier les grands thèmes récurrents, et ceci en limitant les biais d’interprétation. À la clé, une dizaine de catégories de motivations, que nous avons résumées dans le tableau ci-dessous :

Principales motivations de la colère des agriculteurs identifiées par l’étude.
Fourni par l’auteur

En termes de codage, une réponse peut entrer dans plusieurs catégories de motivations à la fois. Par exemple, un exploitant français cultivant 175 hectares (ha) a indiqué en réponse à l’enquête :

« On nous fait marcher à la baguette, on nous pond des interdictions de partout qui nous compliquent [le] travail, alors que l’on travaille beaucoup à un tarif horaire de misère. »

Cette réponse a pu ainsi être classée à la fois dans les catégories « réglementation », « difficultés financières », « politiques publiques » et « conditions de travail ».

Des revendications différenciées en Europe

Contrairement à l’idée d’un mouvement unifié partout en Europe autour du rejet des normes environnementales et des insatisfactions liées au revenu, les motivations sont apparues comme fortement différenciées selon les pays.

Les raisons de mobilisation déclarées par les agriculteurs varient en fonction des pays.
Fourni par l’auteur
  • En France et en Belgique, les difficultés financières dominent largement : plus d’un agriculteur sur deux évoque la faiblesse des revenus, la hausse des coûts des intrants et des prix jugés insuffisamment rémunérateurs.

  • En Allemagne, la première préoccupation concerne la charge administrative, citée dans plus de la moitié des réponses.

  • Aux Pays-Bas, les critiques visent plus directement l’inadéquation des réponses en terme de politiques publiques aux besoins et contraintes du monde agricole.

La dénonciation explicite des règles environnementales arrive loin derrière, sauf dans le cas de la Belgique. En France, elle n’est mentionnée que dans une faible proportion des réponses, bien en deçà des enjeux de revenu, de reconnaissance ou de concurrence.

Le mouvement de 2024 apparaît ainsi loin d’être homogène à l’échelle européenne, malgré les tentatives de certains acteurs syndicaux de porter un message unitaire.




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Un décalage entre les revendications et les réponses politiques

Nous avons ensuite comparé ces motivations aux mesures politiques adoptées entre fin 2023 et septembre 2024 aux niveaux national et européen.

Dans certains cas, les réponses publiques ont été en phase avec les préoccupations exprimées. En Allemagne, l’accent a été mis sur la simplification administrative, qui correspond à la principale revendication identifiée dans notre enquête. En France et en Belgique, plusieurs mesures ont visé à atténuer les difficultés de revenu, mais les moyens mis en œuvre sont restés limités.

En revanche, certaines thématiques ont reçu une attention politique disproportionnée au regard de leur poids réel dans les déclarations des agriculteurs. C’est notamment le cas des régulations environnementales.

Cela s’est traduit notamment dans le paquet simplification de la politique agricole commune (PAC) de mai 2024, qui a accordé des dérogations et des flexibilités supplémentaires à l’application des règles de conditionnalité dans les États membres.

Alors qu’elle n’arrivait qu’en septième position des préoccupations déclarées par les agriculteurs, la réduction des contraintes environnementales a été le troisième chantier législatif en Allemagne, en terme de nombre de mesures prises. Aux Pays-Bas, ce fut même le premier.

De la même manière en France, seuls 7 % des agriculteurs se sont exprimés explicitement pour critiquer le poids des normes environnementales. Pourtant, le gouvernement français a répondu par une suspension du plan Écophyto (destiné à réduire l’usage des pesticides) et par l’allègement des contrôles liés aux obligations environnementales.

Plus tard, une grande partie des débats sur le contenu de la loi d’orientation pour la souveraineté alimentaire et le renouvellement des générations en agriculture, finalement promulguée en mars 2025, et de la proposition de loi sur les contraintes à l’exercice du métier d’agriculteur (dite « loi Duplomb »), ont été extrêmement concentrés sur l’allègement des normes environnementales.




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Entre expression sociale et cadrage stratégique

Cette focalisation sur les normes environnementales interroge. Elle suggère que certaines revendications ont été amplifiées dans l’espace public, au croisement d’intérêts syndicaux, économiques et politiques. Comme dans tout mouvement social, les mots d’ordre qui circulent ne reflètent pas toujours l’ensemble des préoccupations individuelles.

Donner directement la parole aux agriculteurs ne permet pas seulement de nuancer le récit dominant : cela met en lumière la profondeur du malaise. Au-delà des normes ou des aides, beaucoup expriment un sentiment de déclassement, de perte de sens et d’absence de perspectives pour les générations futures.

Comprendre ces mobilisations suppose donc d’aller au-delà des slogans et de reconnaître leur diversité interne. Faute de quoi, les réponses politiques risquent de traiter seulement les symptômes stratégiquement mis en visibilité par les groupes d’influence plutôt que les causes structurelles du malaise agricole européen.


Solal Courtois-Thobois a participé à la réalisation de cet article.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Les raisons de la mobilisation agricole en Europe expliquées par les agriculteurs eux-mêmes – https://theconversation.com/les-raisons-de-la-mobilisation-agricole-en-europe-expliquees-par-les-agriculteurs-eux-memes-276656

Les capitales européennes de la culture : un outil de diplomatie culturelle dans un monde instable ?

Source: The Conversation – in French – By Maria Elena Buslacchi, socio-anthropologue, chercheuse post-doc à L’Observatoire des publics et pratiques de la culture, MESOPOLHIS UMR 7064, Sciences Po / CNRS / Aix-Marseille Université, Aix-Marseille Université (AMU)

Le château de Trenčín, en Slovaquie. La ville est capitale européenne de la culture en 2026, au même titre qu’Oulu, en Finlande. CC BY

En 2026, les villes de Trenčín en Slovaquie et d’Oulu en Finlande ont été sélectionnées pour promouvoir la culture en Europe. Alors que le Vieux Continent doit redéfinir son rôle sur l’échiquier géopolitique mondial, le programme des capitales européennes de la culture (CEC) est à un tournant. Tout récemment, la Commission européenne a ouvert aux citoyens une consultation pour repenser collectivement l’avenir du dispositif après 2033. Son rôle d’outil de diplomatie culturelle en ressort plus important que jamais.


Né en 1985 dans un contexte de distension de la guerre froide et de construction politique du projet de l’Union européenne, le titre de « Capitale européenne de la culture » a été initialement conçu pour célébrer la diversité culturelle du continent. Depuis, il est devenu un laboratoire des politiques contemporaines, mais aussi un thermomètre des espoirs, des contradictions et des défis de l’Europe elle-même.

Le lancement des capitales (d’abord « villes ») européennes de la culture (CEC) ne peut se comprendre sans le replacer dans son contexte historique : l’horizon de la fin de la guerre froide, dans une Europe divisée où le rideau de fer commence à s’effriter et la Communauté économique européenne (CEE) s’élargit progressivement. Le programme verrait alors le jour, pour l’anecdote, grâce à une discussion fortuite, à l’aéroport, entre deux figures politiques emblématiques de l’époque : Jack Lang, alors ministre français de la culture, et Melina Mercouri, actrice engagée et ministre grecque de la culture.

Les deux portent une vision ambitieuse : utiliser la culture comme un vecteur d’unité, alors qu’elle paraît demeurer un impensé du projet politique européen, comme l’indique Monica Sassatelli, sociologue à l’Université de Bologne, dans son analyse de la place de la culture dans l’historiographie des politiques européennes. Le choix des premières villes – Athènes, Florence, Amsterdam, puis Paris – traduit cette aspiration à donner une légitimation symbolique à la future Union européenne. Ces capitales historiques, porteuses d’un patrimoine artistique et intellectuel emblématique, incarnent une Europe des arts, de la création, des traditions qui est censée dépasser les clivages politiques et économiques.

La culture comme instrument de régénération urbaine

Et puis vint Glasgow (Écosse, Royaume-Uni). Ville industrielle en déclin, marquée par la désindustrialisation et un chômage endémique, dès la fin des années 1980, Glasgow avait vu son administration élaborer une stratégie de relance du centre-ville visant à marquer un tournant symbolique et à préparer le terrain de la CEC 1990.

La campagne de promotion « Glasgow’s Miles Better » associait de manière pionnière les anciens espaces industriels et la culture, dans le but de revitaliser certaines institutions culturelles centrales (Scottish Opera, Ballet and Orchestra, BBC Symphony Orchestra, Citizen Theatre) et de créer un nouveau centre d’exposition capable d’accueillir des artistes et des événements, locaux et internationaux. Le directeur artistique de la capitale Robert Palmer, futur auteur du premier rapport sur les CEC en 2004, considérait l’événement de 1990 comme le point de départ d’un processus participatif de redéfinition « par le bas » de la culture locale, qui pouvait inclure tant l’excellence artistique que la tradition historique, rurale et industrielle et renouer avec une tradition déjà affirmée de culture populaire et de loisirs.

À côté des grands concerts de Luciano Pavarotti et de Frank Sinatra était alors montée en scène toute une série d’associations et de petits collectifs locaux. À Glasgow, l’année 1990 a redéfini les limites du mot « culture », en finissant par y inclure l’histoire industrielle de la ville et par permettre à sa population de s’y reconnaître. Selon la sociologue Beatriz Garcia, cet effet de régénération sur les images et les identités locales est l’héritage le plus fort et le plus durable de la CEC, au-delà des impacts économiques et matériels.

Ce cas pionnier, à côté d’autres cas emblématiques contemporains, comme Bilbao ou Barcelone en Espagne, fait office de modèle. Dans d’autres villes européennes, les espaces industriels se transforment en théâtres, en musées, ou accueillent des festivals : la « ville créative » attire des millions de visiteurs et stimule l’économie locale. Lille (Nord), CEC 2004, ouvre une douzaine de « maisons folie » entre la métropole lilloise et la Belgique, « fabriques culturelles » de proximité installées pour la plupart sur des sites abandonnés ou d’anciennes friches industrielles.

La Maison folie de Wazemmes, à Lille.
Wikimédia, Karlsupart, CC BY

Liverpool (Angleterre, R.-U.), en 2008, utilise les CEC pour réhabiliter son front de mer et attirer des investissements. Au tournant du siècle, le programme des CEC ne se limite plus à mettre en valeur des villes déjà rayonnantes sur la scène culturelle internationale, mais devient un vrai outil de transformation urbaine, utilisé par des territoires en difficulté économique ou sociale pour se réinventer et se repositionner.

Ce changement marque une évolution dans les politiques urbaines, où la culture est de plus en plus perçue comme un levier de développement économique, au même titre que les infrastructures ou les politiques d’attractivité. Les CEC deviennent un instrument de cette politique, capable d’attirer des financements publics et privés, de créer des emplois dans les secteurs culturels et touristiques, et d’améliorer l’image de villes souvent stigmatisées.

Les CEC, laboratoire des transitions contemporaines

Cependant, cette approche reçoit des critiques. Les premières études réflexives menées sur les CEC, au début des années 2010, soulignent comment elles peuvent aussi exacerber les inégalités sociales et spatiales si elles ne sont pas accompagnées de politiques publiques inclusives. À Marseille (Bouches-du-Rhône), en 2013, la question se fait publique, avec l’organisation d’une vraie programmation off – c’est-à-dire d’événements parallèles et alternatifs dénonçant les effets secondaires et indésirables de la programmation officielle. Si la CEC marseillaise était encore l’expression de la logique de régénération à l’œuvre observée dans les années précédentes, elle représente aussi le moment où l’inclusion sociale émerge comme un enjeu central de ces méga-événements.

Le programme des CEC a toujours su intégrer la critique, entre autres grâce à la mécanique même du projet, qui permet de retrouver souvent dans les jurys de sélection des nouvelles CEC des personnes ayant joué un rôle clé dans les CEC antérieures. La participation, qui avait été questionnée à l’occasion de Marseille-Provence 2013, devient ainsi un incontournable des CEC successives – à Matera-Basilicata (Italie) 2019, l’implication des citoyens sera l’un des axes porteurs du projet.

À la fin des années 2010, les capitales européennes de la culture deviennent aussi une tribune pour les grands enjeux du XXIᵉ siècle et un espace d’expérimentation des transitions écologiques, sociales et numériques. Rijeka, en Croatie, capitale européenne de la culture en 2020, illustre cette évolution. La ville, marquée par un passé industriel et des flux migratoires importants, centre son programme sur les questions de migrations et de minorités, en écho aux crises humanitaires qui traversent l’Europe. Les projets culturels mis en place – expositions, résidences d’artistes, débats publics réunis sous le slogan « Port de la diversité » – visent à favoriser le dialogue interculturel et à interroger les identités multiples de l’Europe contemporaine. De même en France, Bourges (Cher), future CEC en 2028, construit sa candidature autour de la transition écologique. Le projet « Bourges, territoire d’avenir » lance le défi de la neutralité carbone de la visite, se servant de la CEC comme d’un catalyseur de l’action climatique au niveau local.

2033 et au-delà : les CEC face aux défis géopolitiques et environnementaux

Alors que les CEC sont pour l’instant programmées jusqu’en 2033, l’avenir du titre fait l’objet de débats. La Commission européenne a lancé une consultation publique pour imaginer les CEC de demain, dans un contexte marqué par des crises géopolitiques et environnementales. Les CEC 2025, Chemnitz (Allemagne) et Nova Gorica/Gorizia (Slovénie), ont élaboré un « Livre blanc pour le futur des CEC », en s’appuyant sur les observations de 64 CEC passées et à venir. Quarante recommandations sont proposées pour influencer le processus de réforme du programme dans le cycle après 2034.

Parmi ses thèmes clés, le livre blanc insiste sur la volonté de renforcer la dimension européenne. Cela pourrait se faire en introduisant un critère de sélection fondamental fondé sur l’identité européenne, en mettant l’accent sur les valeurs européennes dans la programmation, en développant une stratégie de marque unifiée et en renforçant la coopération transfrontalière.

Le processus de sélection et de suivi, jugé trop bureaucratique, est également remis en question, la recommandation principale étant de privilégier un suivi encourageant plutôt que punitif. L’héritage de l’événement est remis en question : les villes devraient être tenues responsables de la réalisation des promesses faites dans leurs dossiers de candidature et les gouvernements nationaux devraient s’impliquer davantage dans le soutien aux villes pendant et après leur année capitale. La diffusion des bonnes pratiques, l’évaluation par les pairs et le mentorat entre les anciennes et les futures CEC, qui existent déjà de manière informelle, devraient être reconnus et institutionnalisés, notamment par la création éventuelle d’une plateforme centrale soutenue par les institutions européennes.

Le défi consiste désormais à concilier son rôle symbolique et stratégique, en veillant à ce que les prochaines éditions ne se contentent pas de célébrer, mais visent à renforcer la participation démocratique et la solidarité transnationale dans un paysage géopolitique de plus en plus fragmenté.

The Conversation

Maria Elena Buslacchi ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Les capitales européennes de la culture : un outil de diplomatie culturelle dans un monde instable ? – https://theconversation.com/les-capitales-europeennes-de-la-culture-un-outil-de-diplomatie-culturelle-dans-un-monde-instable-273293