Campamentos de verano: espacios clave de desarrollo infantil y juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

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Cada verano, miles de familias buscan una plaza en un campamento para sus hijos e hijas. En un contexto en el que la conciliación sigue siendo un desafío para numerosos hogares, estas actividades se han consolidado como una de las principales respuestas para organizar el tiempo infantil y juvenil durante las largas vacaciones escolares.

Durante las últimas décadas, la oferta se ha ampliado y diversificado de forma notable. A las propuestas impulsadas tradicionalmente por entidades de educación en el tiempo libre y movimientos asociativos se han sumado iniciativas promovidas por administraciones públicas y empresas privadas.

Más allá de su precio y su impacto en la economía familiar, conviene tener en cuenta que los campamentos no son solo una herramienta para conciliar o un lugar donde pasarlo bien: son espacios idóneos para aprender, a través de la experiencia, la participación y la convivencia. Aprendizajes no necesariamente concretos o con una utilidad académica inmediata, pero sí mucho más significativos e importantes para el desarrollo personal.




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La riqueza pedagógica de no estar en la escuela

A diferencia de lo que ocurre en la escuela, muchos de los aprendizajes que se producen en los campamentos no se enseñan de forma explícita. La convivencia cotidiana, la participación en la vida del grupo y la implicación en actividades compartidas generan situaciones en las que niños, niñas y adolescentes aprenden haciendo: toman decisiones, asumen responsabilidades, cooperan con otras personas, resuelven conflictos y afrontan retos que les permiten desarrollar capacidades personales y sociales difíciles de adquirir únicamente mediante la instrucción o la práctica académica

Son un espacio privilegiado para la formación integral de la persona, capaz de generar bienestar, participación, conciencia comunitaria y desarrollo personal.

Cuando disfrutar también educa

Muchas de las experiencias más valiosas para el desarrollo humano son aquellas que tienen sentido por sí mismas, con independencia de los beneficios que puedan generar en el futuro. Este tipo de “ocio autotélico” está basado en la libre elección, la implicación personal y la satisfacción que genera su práctica.

Así, puede ser más educativo a largo plazo ofrecer a niños, niñas y adolescentes oportunidades para explorar distintas experiencias y construir progresivamente un ocio propio y significativo, en lugar de centrarnos exclusivamente en que mejoren competencias, refuercen aprendizajes, enriquezcan su currículo o generen oportunidades futuras. De este modo, el ocio se reconoce como un espacio de autonomía, elección y desarrollo personal, evitando el riesgo de mercantilizar nuestras vidas y guiarlas exclusivamente por la lógica del consumo y del rendimiento.

Jugar, convivir, explorar la naturaleza, asumir pequeños retos cotidianos o participar en actividades colectivas son experiencias que favorecen el descubrimiento, la curiosidad y el disfrute compartido, y su valor no depende exclusivamente de una finalidad externa.

¿Cuál es mejor?

En este sentido, la calidad de un campamento no viene determinada únicamente por sus instalaciones o por la cantidad de actividades que ofrece. Cumplidas las condiciones mínimas de confort y seguridad, aspectos como la formación del equipo educativo, los valores que orientan la intervención o la coherencia pedagógica de la propuesta suelen tener una influencia mucho mayor en la experiencia de niños, niñas y adolescentes.

Por ello, resulta especialmente relevante que las actividades estén impulsadas por entidades o escuelas de animación y tiempo libre reconocidas, ya que estas deben cumplir los requisitos establecidos por la normativa autonómica en materia de educación en el tiempo libre, relativos al proyecto educativo, la formación del equipo docente y la organización de las actividades.

Contextos privilegiados frente a las pantallas

En nuestra sociedad el tiempo compartido con otras personas, la vida al aire libre y las experiencias comunitarias compiten con formas de ocio cada vez más individualizadas y mediadas por las pantallas. Los campamentos crean contextos privilegiados para relacionarse, participar y sentirse parte de un grupo, aspectos estrechamente vinculados al bienestar y al desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.

Son los recuerdos más intensos que se nos quedan en la vida adulta: no una competencia adquirida ni un resultado medible, sino una amistad, una aventura compartida, un reto superado o el descubrimiento de capacidades que hasta entonces desconocían.

El capital social y la equidad

Además, los campamentos generan otro tipo de beneficios que rara vez aparecen en los debates sobre precios o conciliación: producen capital social. Es decir, crean relaciones, redes de confianza y vínculos de pertenencia que amplían las oportunidades de quienes participan en ellos.

Durante unos días o unas semanas, niños, niñas y adolescentes conviven con personas procedentes de contextos distintos al suyo, construyendo relaciones de confianza y vínculos que, en muchos casos, perduran más allá de la propia experiencia.




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Junto a las relaciones entre iguales, los campamentos permiten establecer vínculos con referentes educativos diferentes de la familia y de la escuela. Monitores, monitoras y coordinadores se convierten con frecuencia en figuras de acompañamiento que ayudan a afrontar desafíos, descubrir capacidades y ampliar horizontes personales, enriqueciendo las redes de apoyo disponibles para niños, niñas y adolescentes.

Todo ello resulta especialmente relevante en un contexto marcado por el aumento de las experiencias de soledad no deseada y por el debilitamiento de algunos vínculos comunitarios. En una realidad donde la participación continúa condicionada por factores económicos, territoriales y organizativos, garantizar el acceso a estas experiencias y el bienestar que conllevan a todos los niños y adolescentes es una apuesta por la equidad educativa y la cohesión social.

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Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Campamentos de verano: espacios clave de desarrollo infantil y juvenil – https://theconversation.com/campamentos-de-verano-espacios-clave-de-desarrollo-infantil-y-juvenil-287393

Próspera y Starbase: las ciudades “sin ley” de las tecnológicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La ciudad de Starbase, en Texas, es un mini Estado dirigido por la empresa SpaceX de Elon Musk. Starbase., CC BY-SA

Cuando Próspera, una ciudad en la paradisiaca isla de Roatán (Honduras), fue calificada por el Gobierno hondureño como Zona de Empleo y Desarrollo Económico (“ZEDE”), en 2013, despertó mucho interés entre los inversores extranjeros. Esta figura jurídica relaja la supervisión del gobierno y la legislación para resultar más atractiva a las compañías que llegan de fuera.

Solo cuatro años después, en 2017, el magnate tecnológico Peter Thiel, fundador de PayPal y anterior CEO de la empresa de vigilancia digital masiva Palantir, firmó un acuerdo con el Gobierno hondureño para administrar allí un territorio bajo sus propias leyes. Estas estarían basadas en el common law y bajo la supervisión digital de jueces jubilados del estado de Arizona.

Así fue cómo se fundó Honduras Próspera Inc, que se anuncia en su página web como “un lugar para construir empresas, empleos y bitcoins, con leyes regulaciones e impuestos únicos”.

Una distopía hecha realidad

En su libro The Network State (2022), Balaji Srinivasan, exdirector de tecnología de la plataforma de compra venta de criptomonedas Coinbase, propone una suerte de manifiesto futurista que defiende la creación de entidades soberanas. Con su punto de partida en el ciberespacio, la idea es que que, de manera gradual, se materializarían en entornos físicos.

Este concepto del Estado-red supone la conversión de una comunidad digital en una acción colectiva con vocación política y moral. Mimetiza el proceso histórico de creación de naciones: conciencia nacional, líder-fundador, estructura enfocada en las finanzas y el deseo de una vida en común. No es el argumento de una distopía, sino el mayor anhelo de un grupo de tecnólogos de Silicon Valley.

Ética a la basura: los beneficios son primero

Existen actualmente 300 empresas y start-up operando en Próspera. Estas pueden elegir su propio marco regulatorio, en principio, de entre de las normas vigentes en cualquier país de la OCDE. La libre elección aminora el coste jurídico, no sin riesgos. Por ejemplo, la comercialización de pruebas médicas y los eventuales ensayos prescinden de la aprobación de agencias supervisoras internacionales.

El fenómeno se conoce como [ethics dumping](https://www.c3.unam.mx/noticias/noticia15.html), que puede traducirse como “ética a la basura”. Las compañías se instalan en el Estado-red para reducir sus responsabilidades o saltarse otras a las que estarían obligadas en su país de origen.

Destaca el caso de la firma de biotecnología estadounidense Minicircle, que ha probado en personas terapias genéticas para modificar el ADN y rejuvenecer o aumentar la masa muscular. En Estados Unidos, estas prácticas requerirían la aprobación y supervisión de la FDA, la agencia de vigilancia del medicamento estadounidense. Serían años de inversión en abogados, laboratorios y seguridad médica. Pero Próspera Inc. ofrece un atajo que genera una ventaja competitiva real y un abismo de incertidumbre bioética.

Difícil para Honduras dar marcha atrás

La segunda clave de Próspera es la política fiscal. Los impuestos son mínimos en el territorio, mucho menores que en Honduras o en EE. UU. El manejo de criptomoneda está generalizado y la trazabilidad tiende a cero.

Quizá por eso, en 2022, la presidencia de Xiomara Castro intentó revertir este proyecto mediante la derogación de la ley de ZEDEs. Sin embargo, el aspirante a Estado-red hizo valer la regulación y la mediación ante la CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, una institución global del Banco Mundial centrada en la conciliación y el arbitraje de conflictos legales internacionales. El proceso fijaba un coste de 1 630 millones de dólares, una cifra inalcanzable para el gobierno hondureño, que se vio obligado a posponer la derogación sine die.

Groenlandia, Starbase y el reto democrático

Otro caso de disputa por la territorio es Groenlandia, objeto de deseo para ciertas empresas tecnológicas estadounidenses. La compañía Praxis, con más de 525 millones de dólares de inversores basados en criptomonedas y capital de riesgo, ha puesto sus ojos firmemente en esta isla para fundar allí lo que denomina su “primera Ciudad Digital”. Praxis ambiciona la gran isla como un laboratorio para construir sus soluciones de habitabilidad para la colonización espacial de la Luna y Marte.

Dentro de Estados Unidos, un ejemplo más es Starbase, una ciudad fundada en Texas por Elon Musk en torno a la industria de SpaceX. Por el momento, es un municipio oficial incorporado bajo la legislación estatal, por lo que debe cumplir con el marco constitucional de EE. UU. Sin embargo, aspira a ser una ciudad-Estado-red con soberanía y acción al margen de las reglas del modelo federal. Cuenta con un gobierno local electo por sus residentes registrados, bajo la figura de un alcalde y dos comisionados, todos de la empresa SpaceX. Las transacciones se realizan con dólares estadounidenses y en criptomonedas, y aplican impuestos sobre la propiedad (hasta 1,5 % bajo las leyes de Texas).

¿Dónde queda la soberanía popular?

El ascenso de la “globalización corporativa” se ha vinculado con la erosión de la democracia liberal. Los network states eluden el principio de soberanía popular y el bien común, en aras de objetivos corporativos estratégicos. Se podría decir que estamos ante el ascenso de un nuevo modelo de estatificación feudal, empaquetado bajo la retórica y estética de las empresas tecnológicas.

Próspera y Starbase son enclaves amurallados, propensos al lujo y de gran atractivo para nómadas digitales entusiasmados con la hiperproductividad. Esta amalgama de liberalismo económico y feudalismo, impulsada por el marketing y la falsa sensación de éxito e innovación, avanza en detrimento de la ética universal e, incluso, los derechos humanos. El reto institucional en el mundo democrático actual es enorme. ¿Estamos preparados?

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Próspera y Starbase: las ciudades “sin ley” de las tecnológicas – https://theconversation.com/prospera-y-starbase-las-ciudades-sin-ley-de-las-tecnologicas-287798

¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León


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Cada verano, corremos a las terrazas para disfrutar de un cóctel o unos aperitivos. De repente, sentimos una sensación de frescor caído del cielo en forma de pequeñas gotitas de agua, que también llegan a nuestra comida y bebida. Es el sistema de nebulización al que recurren los establecimientos de hostelería para refrescar el ambiente. Y cada año reaparece una pregunta: ¿pueden estos dispositivos transmitir legionela?

La duda es comprensible. La bacteria Legionella se transmite por la inhalación de pequeñas gotas de agua, precisamente el tipo de aerosol que generan estos sistemas. Sin embargo, la respuesta no depende de la mera presencia (o ausencia) de un nebulizador. El riesgo está relacionado con las condiciones de la instalación, su mantenimiento y la posibilidad de que el microorganismo se multiplique y llegue a las personas.

Comprender cómo se produce la transmisión permite valorar este riesgo sin caer en alarmismos innecesarios.

¿Qué es la legionela?

Legionella es una bacteria que vive de forma natural en ríos, lagos y otros ambientes acuáticos. Su presencia no supone, por sí sola, un problema para la salud. De hecho, las personas estamos expuestas a ella de forma habitual sin que esto cause una infección.

El riesgo aparece cuando la bacteria encuentra condiciones favorables para multiplicarse en sistemas artificiales de agua. Las temperaturas templadas, el estancamiento y la acumulación de sedimentos o biopelículas pueden favorecer su crecimiento si la instalación no se mantiene correctamente.

Aun así, la presencia de Legionella no implica automáticamente que vaya a producirse una infección. Para que exista un riesgo real deben coincidir varios factores relacionados con la multiplicación de la bacteria y su llegada hasta las personas.

¿Cómo se transmite realmente?

A diferencia de otras enfermedades transmitidas por el agua o los alimentos, la legionelosis no suele contraerse al beber agua. La principal vía de transmisión es la inhalación de pequeñas gotas de agua, conocidas como aerosoles, que contienen la bacteria.

Por eso no basta con que haya agua ni con que Legionella esté presente: también deben generarse aerosoles que puedan inhalarse y proceder de una instalación donde la bacteria haya podido multiplicarse.

Esta forma de transmisión explica por qué la prevención se centra en determinadas instalaciones que pulverizan o dispersan agua. Torres de refrigeración, fuentes ornamentales y algunos sistemas de agua sanitaria o nebulización tienen algo en común: pueden generar aerosoles si no se diseñan y mantienen correctamente.

¿Por qué los nebulizadores llaman la atención?

Los sistemas de nebulización utilizados en terrazas, patios o espacios abiertos pulverizan agua en gotas muy pequeñas. Al evaporarse, estas gotas ayudan a reducir la temperatura del aire y producen una sensación de frescor.

Precisamente porque generan aerosoles, estos sistemas deben cumplir determinadas medidas de diseño, mantenimiento y control, al igual que sucede con otras instalaciones que emplean agua.

Legionella puede multiplicarse cuando el agua permanece estancada y alcanza temperaturas de entre 20 y 45 °C. Los sedimentos y las biopelículas que se forman en las tuberías también pueden favorecer su supervivencia.

Por este motivo, los sistemas de nebulización deben diseñarse para evitar el estancamiento del agua y facilitar su limpieza. También necesitan revisiones periódicas y, cuando corresponde, procedimientos de limpieza y desinfección, que en España están reguladas por una normativa específica.

El objetivo es evitar que la bacteria encuentre las condiciones necesarias para multiplicarse y dispersarse. Y así reducir el riesgo y evitar que crezcan bacterias.

¿Por qué existen normas tan estrictas?

La legionela recuerda que muchos riesgos para la salud no solo están ligados a la presencia de un microorganismo: también dependen de las condiciones que permiten su multiplicación y transmisión. Los nebulizadores de las terrazas son un buen ejemplo.

Cumplir a rajatabla regulación reduce al mínimo la probabilidad de que Legionella pueda proliferar y llegar hasta las personas. Por eso la mayoría de las personas utiliza cada verano este tipo de instalaciones sin sufrir infecciones. Cuando funcionan correctamente y reciben el mantenimiento adecuado, el riesgo de transmisión disminuye de forma considerable.

La existencia de estas normas no debería interpretarse como una señal de peligro. Al contrario, refleja el conocimiento acumulado sobre la enfermedad y la capacidad de la salud pública para anticiparse a los riesgos.

En salud pública, la prevención suele pasar desapercibida. Cuando funciona, apenas se nota.

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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas? – https://theconversation.com/pueden-transmitir-legionela-los-nebulizadores-de-las-terrazas-287132

El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

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¿Cuándo dejamos de elegir la comida por su sabor, su historia o sus nutrientes y empezamos a seleccionarla por su paleta de colores? En la era de TikTok e Instagram, el acto milenario de alimentarse ha sufrido una mutación drástica. Hoy, la comida entra primero por la pantalla, pasa por los ojos y, finalmente, si acaso queda espacio para la autenticidad, llega a la boca.

Este fenómeno ha dado paso a lo que podemos denominar el “algoritmo gastronómico”: una estandarización visual de la dieta globalizada, donde el valor de un plato no reside en su herencia culinaria ni en su arraigo territorial, sino en su capacidad para acumular interacciones en redes sociales. Para la Generación Z –los nativos digitales nacidos entre 1997 y 2012–, el consumo de alimentos se ha convertido en un acto de construcción de identidad estética. Sin embargo, detrás de cada café con capas de colores perfectas o de cada bol de ingredientes exóticos se esconde una profunda crisis cultural, agrícola y ambiental.

Secuestro de la atención y hambre visual

El cerebro humano evolucionó para buscar alimentos de manera eficiente mediante la vista. No obstante, la exposición constante a imágenes hiperestilizadas de comida en redes sociales, un fenómeno conocido en la neurociencia cognitiva como hambre visual (visual hunger), ha jaqueado este mecanismo biológico.

Investigaciones sobre el comportamiento del consumidor demuestran que las plataformas digitales estimulan respuestas neuronales y fisiológicas asociadas al apetito incluso en ausencia de hambre física. Los restaurantes diseñados para ser “instagrameables” (con luces de neón, vajillas minimalistas y paredes florales) no venden comida: venden escenarios para la autorrepresentación digital.

Tomando como ejemplo la gastronomía mexicana, los alimentos tradicionales, que tienen tonos pardos o texturas complejas (como un mole negro, un guiso de frijoles de olla o un té de hierbas local), pierden la batalla por la atención frente a la saturación cromática de un polvo de té verde japonés (matcha) o un jarabe industrial de caramelo brillante. El criterio de lo aesthetic o estetizado, que incluye colores pasteles, capas definidas y simetría perfecta, desplaza la imperfección orgánica de la comida real.

Del té de limón al matcha: la comida más fotogénica arrasa

Este cambio de preferencias tiene un costo identitario devastador, particularmente en países con una vasta riqueza culinaria. En México, cuya cocina tradicional fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se vive una silenciosa desconexión intergeneracional.

Cocineras tradicionales y defensores de los saberes agrícolas advierten sobre una pérdida acelerada de ingredientes y recetas ancestrales debido al desinterés de las nuevas generaciones. El traspaso oral de conocimientos, ese aprendizaje familiar donde las abuelas enseñaban a “curar” el café de olla con piloncillo y canela, o a hervir las hojas frescas del té de limón del huerto familiar, está siendo reemplazado por tutoriales de 15 segundos en formato vertical. Estos mensajes virales promueven recetas estandarizadas globalmente, como el “caramel mocha” (bebida de café que mezcla espresso, jarabe de chocolate y sirope de caramelo) helado o los “smoothie bowls” de açaí (fruto en forma de baya oscura de origen amazónico).

Al sustituir el té de limón (una planta de fácil cultivo doméstico y local) por el matcha importado, o el chocolate de mesa artesanal por jarabes transnacionales de alta fructosa, no solo se altera el paladar. Se rompe la cadena de transmisión cultural que ha sostenido la soberanía alimentaria de comunidades enteras durante siglos.

Desconexión con el territorio y el consumo local

El auge de la comida visual ataca directamente los cimientos de movimientos como el slow food (en español, comida lenta), que defiende una alimentación buena, limpia y justa. Este concepto propone la paciencia, el respeto por los ciclos de la naturaleza y el consumo de proximidad (kilómetro cero). En contraste, el algoritmo gastronómico exige inmediatez, novedad constante y uniformidad.

El reemplazo promovido por la lógica del algortimo y la atención destruye cadenas de producción locales y acentúa el desperdicio de alimentos,. Esto debido a que se descartan aquellos insumos que no cumplen con los parámetros fotogénicos del mercado.

Frente a esta homogeneización, las redes y el mundo digital ofrecen también contenidos que transitan en dirección opuesta, ofreciendo soluciones y alternativas que promueven la conciencia alimentaria y el consumo responsable. Es el caso de la miniserie de podcasts “Somos lo que comemos”, creada por Andrés Cota Hiriart y Claudio Martínez en el espacio Masaje Cerebral, donde se ofrece una visión diversa y anclada en la cultura del territorio. Hongos y micófagos, insectos comestibles, el rol central del maíz o la biotransformación de desperdicios son algunos de los temas abordados en estos programas divulgativos, con destacado nivel de audiencia y difusión en México.

A través de voces científicas e investigadoras, estas iniciativas nos recuerdan que la reconexión con el origen de lo que comemos no es una utopía, sino un compromiso social sustentado en la evidencia.

La mesa como espacio de resistencia

Para contrarrestar el impacto de las tendencias digitales, resulta fundamental abrazar la cocina del aprovechamiento, revalorizar la belleza rústica del producto local y convertir la sostenibilidad en el verdadero centro de nuestra cultura alimentaria.

Solo cuando volvamos a comer con ojos que, más allá de las pantallas, reconocen la historia, la biodiversidad y el respeto ecológico, el algoritmo dejará de dictar nuestra dieta y la mesa se convertirá en un espacio de resistencia sustentable.

The Conversation

Alejandra del Carmen Meza Servín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario – https://theconversation.com/el-caramel-mocha-desplaza-al-cafe-de-olla-cuando-el-algoritmo-gastronomico-devora-al-patrimonio-alimentario-288339

¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Melián González, Catedrático de Universidad, Recursos Humanos, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Cada temporada alta reaparece la misma preocupación en el sector turístico español: hoteles y restaurantes no encuentran suficiente personal. Una de las cifras que más se utiliza para sostener esta idea es el número de puestos vacantes. Tanto el INE como Eurostat publican sus estadísticas y el razonamiento parece sencillo: si hay vacantes es que faltan trabajadores.

Pero una vacante solo indica que una empresa busca a alguien para ocupar un puesto. No explica por qué ese puesto está abierto ni demuestra que la falta de personal esté impidiendo atender clientes, vender habitaciones o aumentar la facturación.

Para indagar sobre esta cuestión nos hemos planteado una pregunta muy concreta: ¿las vacantes reflejan una escasez de trabajadores que limita realmente la actividad empresarial? De ser así, los aumentos en las vacantes deberían ir acompañados de una menor facturación.

Una misma cifra, tres historias distintas

Las vacantes pueden responder, al menos, a tres situaciones:

  1. La primera posibilidad es que se trate de una verdadera restricción laboral. La empresa necesita personal para funcionar a la capacidad deseada, pero no consigue contratarlo. En este caso, el hostelero puede cerrar mesas, reducir horarios, dejar habitaciones sin vender o rechazar demanda. Si este problema se extiende por el sector, cabría esperar que una tasa más alta de vacantes estuviera relacionada con una facturación menor.

  2. La segunda posibilidad es mucho más cotidiana. En un sector con elevada rotación, estacionalidad y contratación frecuente, siempre habrá empresas buscando personal. Las vacantes pueden reflejar el tiempo normal que transcurre entre la salida de un trabajador y la incorporación de otro, sin que ello paralice la actividad.

  3. La tercera posibilidad es casi la contraria a la escasez. Cuando aumenta la demanda, las empresas necesitan ampliar sus plantillas y publican más ofertas. En ese caso, las vacantes pueden crecer al mismo tiempo que la facturación.

Así, contar con puestos sin cubrir, sin más, no basta para saber cuál de estas tres historias está ocurriendo.

Qué hemos analizado

Utilizamos datos del INE sobre vacantes, empleo, facturación y resultados empresariales de 11 sectores de la economía española entre 2014 y 2023.
Estudiamos cómo evolucionaron las vacantes y la facturación dentro de cada sector a lo largo del tiempo. Tuvimos en cuenta el volumen de empleo, las diferencias estables entre sectores y los cambios generales que afectaron a toda la economía cada año.

El objetivo de este análisis no era demostrar que las vacantes causen un determinado resultado, sino comprobar si los datos mostraban, al menos, el patrón que cabría esperar si las vacantes fueran un buen indicador de una restricción laboral: más vacantes acompañadas de peores resultados empresariales.

No encontramos ese patrón

En el análisis inicial, una tasa más alta de vacantes en hostelería aparecía asociada con una facturación mayor, no menor. La relación seguía siendo positiva cuando utilizamos las vacantes existentes el año anterior. Sin embargo, esa asociación desaparecía al excluir 2020 y 2021. Esto indica que el resultado positivo estaba muy condicionado por la excepcional caída de la actividad durante la pandemia y la posterior recuperación.

Cuando utilizamos el excedente bruto de explotación (el dinero que le queda a una empresa tras pagar a sus trabajadores, pero antes de cubrir impuestos, intereses y depreciaciones), en lugar del dato de facturación, tampoco apareció una relación negativa entre vacantes y resultados empresariales. Pero el resultado positivo era débil y apenas significativo, por lo que no puede considerarse una prueba sólida de que las vacantes vayan asociadas a un mejor rendimiento económico.

La conclusión más prudente es otra: en estos datos sectoriales no encontramos un patrón consistente según el cual una mayor tasa de vacantes vaya acompañada de una menor facturación en la hostelería.

Esto no significa que no falten trabajadores

También sería un error interpretar este resultado pensando que la hostelería no tiene problemas de contratación. La suma de datos de un sector (los datos agregados) no permiten conocer lo que ocurre en cada hotel, restaurante o territorio. Algunas empresas pueden sufrir graves dificultades para cubrir determinados puestos, reducir servicios o perder ventas, aunque ese efecto no sea visible en la facturación total del sector.

Además, nuestro análisis identifica asociaciones, no relaciones causales. Su aportación es más modesta, pero también relevante: cuestiona que la tasa de vacantes, por sí sola, pueda utilizarse como prueba de que la escasez de trabajadores está frenando la actividad hostelera.

Se necesitan mejores indicadores

Para diagnosticar una restricción laboral real convendría saber cuánto tiempo permanecen abiertos los puestos, qué vacantes son especialmente difíciles de cubrir, qué salarios y condiciones se ofrecen y si la falta de personal obliga, efectivamente, a reducir horarios de la actividad, cerrar servicios o renunciar a ingresos.

También sería útil distinguir entre vacantes destinadas a sustituir trabajadores, cubrir picos estacionales o ampliar la actividad. Esas situaciones pueden producir la misma cifra, pero tienen significados económicos muy distintos.

Las vacantes son una señal útil, pero incompleta. Para concluir que un sector no puede crecer por falta de trabajadores no basta con preguntar cuántos puestos están abiertos. También hay que averiguar por qué lo están y si realmente están limitando la actividad.

The Conversation

Santiago Melián González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería? – https://theconversation.com/que-haya-mas-vacantes-significa-que-faltan-trabajadores-en-la-hosteleria-286733

Pour protéger les oiseaux, les vitres anti-collision doivent devenir la norme

Source: The Conversation – in French – By Brendon Samuels, Research associate, Western University; Toronto Metropolitan University

Les oiseaux font face à une crise : près de trois milliards d’entre eux ont disparu en Amérique du Nord depuis 1970, en raison des activités humaines qui les affectent, tant eux que leurs habitats.

Chaque année, des milliards d’oiseaux migrent à travers de vastes étendues couvrant les Amériques. Un périple qui s’avère fatal pour bon nombre d’entre eux. Au Canada, des dizaines de millions d’oiseaux meurent chaque année en se heurtant aux vitres des bâtiments, pour la plupart des immeubles de faible hauteur ou des résidences. Cela fait des collisions avec les vitres l’une des principales causes directes de mortalité chez les oiseaux.

Pourtant, les gouvernements sont peu enclins à s’attaquer aux causes du problème. Près de deux décennies après que Toronto soit devenue la première ville au monde à prendre en compte la sécurité des oiseaux dans son processus d’urbanisme, les villes canadiennes sont aujourd’hui à la traîne par rapport à leurs homologues mondiales en matière de protection des oiseaux contre les collisions avec les bâtiments.

Le gouvernement de l’Ontario a récemment adopté une loi qui interdit aux municipalités d’appliquer les normes de construction écologique, y compris les mesures de protection des oiseaux, dans le cadre de leur processus d’urbanisme local.

Cette modification semble aller à l’encontre des lois fédérales protégeant les oiseaux qui s’appliquent aux propriétaires d’immeubles. Le Règlement sur les oiseaux migrateurs et la Loi sur les espèces en péril du Canada interdisent de tuer des oiseaux en provoquant des collisions, même involontairement. Les amendes peuvent aller jusqu’à 1 million de dollars par animal pour la mise à mort d’une espèce en péril inscrite sur la liste.

Notre nouvelle étude explore des stratégies visant à concevoir des villes sans danger pour les oiseaux. En prenant Toronto comme étude de cas, nous avons examiné comment une planification collaborative peut concilier développement et durabilité écologique, tout en réduisant les collisions d’oiseaux contre les bâtiments.

Les leçons des professionnels de la construction

Pour réduire les collisions d’oiseaux contre les bâtiments, il faut commencer par respecter les lignes directrices de conception dès la phase de planification. Les oiseaux, attirés par les espaces verts urbains, ne perçoivent pas les reflets sur le verre et ne voient pas le verre qui leur semble transparent.




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Dans certaines villes canadiennes, on applique des motifs en pointillés sur les fenêtres et les garde-corps en verre des immeubles. Il a été démontré que ces repères visuels — inventés à Toronto — aident les oiseaux à repérer le verre et à éviter de s’y heurter.

Concevoir des villes sûres pour les oiseaux implique également de tenir compte de la manière dont ceux-ci se déplacent d’un habitat à l’autre et font face aux dangers présents dans l’environnement bâti.

Dans le cadre de notre étude, nous avons réuni des experts et des professionnels issus de domaines aussi variés que l’architecture, l’architecture paysagère, l’ingénierie et la gestion des installations, afin d’intégrer les différents points de vue sur la sécurité des oiseaux dans une approche interdisciplinaire.

Dans le cadre d’un atelier de co-conception, nous avons cerné les principaux obstacles, de même que les occasions à saisir, pour favoriser une adoption plus généralisée de pratiques de construction urbaine sécuritaires pour les oiseaux. Notre article présente à un public international les leçons tirées de l’expérience de Toronto, et met en lumière les besoins et les progrès réalisés aux échelles institutionnelle, locale et régionale.

Nos résultats fournissent des indications sur la manière dont nos collaborateurs de FLAP Canada — un organisme de bienfaisance voué à la sensibilisation à la sécurité des oiseaux en milieu urbain — peuvent former les professionnels.

Certains promoteurs immobiliers affirment que la conception de bâtiments respectueux des oiseaux est trop coûteuse, « trop contraignante » et constitue un obstacle à la construction de logements.




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Mais les chercheurs et les architectes soulignent que le verre sans danger pour les oiseaux n’entraîne qu’une augmentation négligeable des coûts de construction pour les bâtiments classiques, et que les solutions reposent sur des techniques de fabrication déjà couramment utilisées, comme les vitres anti-regards et les pellicules anti-chaleur.

Le succès de l’approche adoptée par Toronto démontre que la collaboration interdisciplinaire permet d’être plus efficace dans la conception d’environnements plus sûrs pour les oiseaux. Notre recherche propose un modèle visant à briser les cloisonnements disciplinaires afin de développer de tels outils.

Des villes favorables aux oiseaux

Alors que le Canada prend du recul, d’autres pays passent à la vitesse supérieure. Ailleurs, les villes s’adaptent en recourant à l’aménagement et aux mesures politiques pour créer des environnements où les oiseaux et les humains peuvent cohabiter en toute sécurité.

Aux États-Unis, des stratégies initialement mises au point à Toronto sont désormais appliquées à plus grande échelle qu’au Canada. La conception respectueuse des oiseaux est exigée par la réglementation dans des villes comme New York et Washington, D.C, et d’autres pays emboîtent le pas.

Cette croissance s’accompagne d’une coordination accrue entre les pays et les secteurs, notamment par le biais de l’Alliance internationale pour la prévention des collisions d’oiseaux.

Le gouvernement canadien a récemment adopté une Stratégie pour la nature à l’horizon 2030 qui s’inscrit dans le cadre du Cadre mondial de Kunming-Montréal pour la biodiversité.


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De nombreux objectifs de cette stratégie s’inscrivent dans la lignée des principes qui sous-tendent les « villes sans danger pour les oiseaux ». Bien que les engagements fédéraux soient encourageants, le pouvoir de réglementer la construction des bâtiments relève des codes du bâtiment provinciaux et territoriaux. Il reste à voir comment les gouvernements coordonneront la mise en œuvre de la stratégie entre les différentes administrations et les différents domaines politiques.

Alors que les gouvernements élaborent leurs plans de construction, le moment est venu pour les organismes de réglementation et les industries canadiennes de revoir les pratiques de construction désuètes, d’en atténuer les répercussions et de favoriser l’émergence de villes écologiquement résilientes, plus sécuritaires tant pour les gens que pour la faune.

La Conversation Canada

Brendon Samuels est membre de FLAP Canada et occupe le poste de coordonnateur du programme « Bâtiments sans danger pour les oiseaux » au sein de cet organisme de bienfaisance.

Nina-Marie Lister bénéficie d’un financement du CRSH et d’ARC-Solutions pour ses travaux sur les déplacements des animaux et la connectivité écologique. La professeure Lister est affiliée au FLAP à titre bénévole et a cofondé Bird Safe TMU, un groupe communautaire qui surveille le campus de l’Université métropolitaine de Toronto afin de repérer les collisions d’oiseaux contre les vitres.

Sabrina Careri ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pour protéger les oiseaux, les vitres anti-collision doivent devenir la norme – https://theconversation.com/pour-proteger-les-oiseaux-les-vitres-anti-collision-doivent-devenir-la-norme-288763

Pourquoi les singes gèrent mieux les conflits que nous

Source: The Conversation – in French – By Jean Poitras, Professeur titulaire en gestion de conflits, HEC Montréal

Léa propose de reporter le lancement d’une semaine. Les données parlent d’elles-mêmes et la recommandation s’avère raisonnable. Mais Marc a défendu la date initiale devant de la dernière réunion d’équipe : accepter aujourd’hui, c’est reconnaître qu’il s’est trompé. Le problème est réglé quand la direction tranche en faveur de Léa. Mais Marc se sent désavoué et leur collaboration s’en trouve fragilisée.


Les conflits avec nos collègues, nos proches ou les membres de notre équipe peuvent rapidement bloquer la communication, faire monter les tensions et fragiliser les relations. Or, une décision ou un compromis ne suffit pas toujours à rétablir la coopération : pour qu’une solution tienne, il faut aussi réparer le lien qui permettra aux personnes de continuer à avancer ensemble.

Les primates nous offrent ici un miroir utile. Chez eux, la réparation du lien apparaît en général plus directe – ils rétablissent le contact, s’apaisent mutuellement et restaurent leurs relations. Des études en primatologie ont documenté ces comportements de réconciliation, montrant qu’ils revêtent une grande importance : chez des espèces qui dépendent étroitement de la coopération pour survivre, le maintien de la cohésion du groupe s’avère vital.

Ce miroir a ses limites. Les singes ne composent pas avec des enjeux bureaucratiques, idéologiques ou juridiques, et ils connaissent eux aussi la domination, la rivalité et l’agression. Mais précisément parce que leurs affrontements sont moins chargés symboliquement, ils font ressortir les aspects que nous avons tendance à obscurcir : la réparation des liens sociaux occupe une place centrale.

Certains travaux en psychologie sociale et en primatologie suggèrent que ces deux groupes se distinguent par le poids de l’ego. Chez les singes, la réconciliation contribue surtout à préserver des relations sociales précieuses, dont dépendent l’accès aux ressources, les alliances et la protection du groupe. L’être humain ajoute une couche symbolique – une conception de soi favorable mais fragile, dont la remise en question peut nourrir l’agressivité.

Les trois mécanismes qui suivent ont un point commun : ils relèguent au second plan la dimension relationnelle du conflit, sous l’effet du besoin de protéger l’ego.

  • La menace identitaire, qui transforme le désaccord en jugement de notre valeur personnelle.

  • L’invisibilisation des conflits, qui prive le groupe d’occasions d’apprentissage collectif.

  • La priorité accordée à la solution sur la relation, qui fragilise le lien même quand le problème semble réglé.




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Quand le désaccord devient un jugement

Chez l’être humain, lorsque l’ego se sent attaqué, on ne s’efforce plus seulement de régler le problème – on s’assure de ne pas avoir tort. On considère les opinions de l’autre comme des attaques personnelles, et la discussion porte davantage sur la protection de l’identité que sur la compréhension.

Dans ces conditions, le lien se fragilise, la confiance s’érode, et même une bonne solution peut être rejetée si elle fait perdre la face. Ce n’est donc pas le conflit en soi qui menace la relation, mais bien le fait que l’ego s’en mêle. Tant que chacun cherche surtout à protéger son image, la recherche d’une solution demeure fragile.

On doit cependant nuancer : l’importance accordée à la défense de sa propre image varie selon les orientations culturelles. Dans les contextes plus collectivistes, la gestion des conflits tend à accorder davantage de poids à la préservation de la face de l’autre et de la relation. Dans les contextes plus individualistes, la préoccupation pour sa propre face est généralement plus marquée. Le conflit peut alors plus facilement se déplacer du désaccord initial vers la défense de sa position, de son autonomie ou de son image personnelle.

Il importe ainsi, lorsque la tension monte, de se demander si l’interaction ressemble à une conversation ou à un jugement implicite au lieu d’argumenter davantage. Si nécessaire, on désamorce la menace à l’identité avant de revenir au fond.

Cacher les conflits empêche d’apprendre

Chez les primates, les conflits et les rapprochements sont généralement visibles par le groupe. Comme les protagonistes ont moins à protéger une image symbolique d’eux-mêmes, la réparation peut se faire ouvertement. Les autres membres observent alors ces comportements sociaux et apprennent, par exposition répétée, les façons d’interagir au sein du groupe – y compris comment les relations se réparent.

Chez les humains, la peur de perdre la face pousse plutôt à éviter les désaccords ou à les régler en coulisse. Le groupe voit donc rarement comment un conflit peut être abordé de manière constructive. Il est ainsi privé de modèles communs et d’occasions d’apprentissage, alors qu’une discussion franche et encadrée des points de vue opposés peut justement favoriser une gestion plus constructive des conflits.


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Cette idée concerne surtout les conflits qui touchent l’ensemble du groupe – les rôles, les règles ou les façons de travailler. Les différends strictement interpersonnels gagnent généralement à être abordés d’abord en privé, puisque la présence de témoins peut accentuer la défense de l’image. L’enjeu n’est donc pas de rendre les querelles publiques, mais de rendre visibles les démarches collectives qui peuvent servir de modèle.

Quand la solution vient avant la relation

Chez les singes, les comportements de réconciliation contribuent directement au maintien de la cohésion du groupe, dont leur survie dépend étroitement. À l’inverse, l’être humain moderne, surtout en Occident, met souvent l’accent sur les issues au détriment des relations – pourtant, il reste, lui aussi, avant tout un être social.

Quand les tensions relationnelles ne sont pas réparées, elles n’empêchent pas nécessairement le groupe de fonctionner, mais cette performance de façade est trompeuse. La cohésion sociale agit comme un mécanisme de protection qui, une fois absent, prive le groupe de sa capacité à absorber les chocs et à limiter le chacun-pour-soi.




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C’est un angle mort fréquent : les indicateurs de performance mesurent les résultats, mais pas la qualité des rapports qui les rendent possibles. Une équipe peut atteindre ses objectifs tout en s’affaiblissant si elle néglige les rapports. La dégradation des relations peut passer inaperçue si les résultats demeurent élevés, mais le succès finit par s’éroder à cause des tensions résiduelles.

Traiter le conflit comme une menace aux liens relationnels plutôt que comme un simple problème à résoudre change la nature de l’intervention. La question se révèle plus profonde que « avons-nous trouvé la bonne réponse ? » – elle se résume à « avons-nous réparé assez le lien pour que cette solution soit vraiment pérenne ? »

Remettre le groupe au centre de l’équation

On peut trancher un débat en une décision. On ne répare un lien qu’en y consacrant du temps – et c’est précisément ce qui, dans un conflit, se règle le plus rarement.

Notre intelligence nous permet d’analyser les conflits avec finesse, mais elle nous donne aussi les moyens de les compliquer : nous interprétons les intentions, défendons notre place et protégeons notre image, souvent au détriment de la relation. Or, une solution ne suffit pas à restaurer le lien ; c’est le lien restauré qui permet à la solution de tenir.

Il aurait suffi de peu pour Marc et Léa : reconnaître que la date initiale avait pu être défendue de bonne foi, mais que de nouvelles données justifiaient maintenant de la revoir. Permettre à quelqu’un de changer de position sans perdre la face, c’est préserver le lien – et, avec lui, la collaboration qui doit se poursuivre.

La Conversation Canada

Jean Poitras ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi les singes gèrent mieux les conflits que nous – https://theconversation.com/pourquoi-les-singes-gerent-mieux-les-conflits-que-nous-285410

Canicules : le rôle de l’isolation et de l’inertie thermique des bâtiments pour se protéger contre la chaleur

Source: The Conversation – in French – By Simon Rouchier, Maître de conférence en performance énergétique des bâtiments, Université Savoie Mont Blanc


L’essentielCliquez pour lire les trois points à retenir
L’isolation est le premier facteur pour améliorer le confort thermique en été et limiter les besoins en climatisation. Une « bouilloire thermique » n’est autre qu’une « passoire thermique » (c’est-à-dire un logement peu ou pas isolé)…
… ou un logement isolé mais sans protections solaires. La deuxième priorité est donc d’installer des protections solaires : volets, masques adaptés, vitrages sélectifs, etc.
L’inertie thermique est un plus qui permet de retarder le besoin de climatisation, voire de s’en passer, mais à la condition qu’il y ait une alternance de périodes de fraîcheur relative (la nuit).
Replier


Les canicules successives de l’été 2026 et leurs victimes nous rappellent le manque d’adaptation du parc immobilier français au réchauffement climatique. Dans ce contexte, on voit souvent circuler l’idée qu’un bâtiment isolé, et donc bien protégé du froid hivernal, risque de piéger la chaleur en été. Les mesures de rénovation pour diminuer le besoin de chauffage sont pourtant largement compatibles avec la protection contre la chaleur.

Tout comme il est coûteux l’hiver de chauffer une passoire thermique – c’est-à-dire un logement mal isolé –, il est coûteux de climatiser un logement mal adapté aux fortes chaleurs estivales. Le recours à la climatisation ne doit y arriver qu’après les mesures élémentaires de rénovation – l’isolation et les protections solaires, sous peine de consommer trop de climatisation, et d’aggraver l’effet d’îlot de chaleur urbain (ICU).

Pour prioriser la lutte contre la surchauffe des bâtiments, il est utile de comprendre comment ils réagissent à une vague de chaleur, avec ou sans climatisation.

Le rôle de l’isolation

L’isolation thermique est la première mesure préconisée pour réduire les consommations de chauffage en hiver. Pour un écart de température donné de part et d’autre d’un mur, l’isolation diminue la quantité de chaleur le traversant, et donc le coût du chauffage pour maintenir votre intérieur au chaud.

Elle a le même effet en été. Tout comme votre frigo est isolé pour consommer moins d’énergie, un bâtiment isolé consommera moins de climatisation, ou restera frais plus longtemps s’il n’est pas climatisé. Dans ce dernier cas, la chaleur s’accumulera jusqu’à ce que la température intérieure soit égale à l’extérieure.

On peut ici faire le parallèle avec un réservoir d’eau dont le niveau est la température de votre intérieur. Il se remplit lorsque la température extérieure dépasse celle intérieure, et se vide dans le cas contraire. L’isolation (ou « résistance thermique ») établit le débit de remplissage et de vidange : une meilleure isolation ralentit les variations de niveau d’eau dans les deux sens.

La masse thermique et l’inertie

Comme, en pratique, une isolation ne peut pas être parfaite, le réservoir de chaleur se remplit pendant une canicule. Avec un même débit (combien de chaleur entre ou sort), un grand réservoir mettra plus de temps à se remplir ou se vider : on parle de « capacité thermique » ou de « masse thermique » du bâtiment. Une construction lourde (béton, pierre, briques) sera plus « capacitive » qu’une construction légère (ossature bois).

Ces deux facteurs, isolation et capacité thermique, se combinent pour former l’« inertie thermique » du bâtiment. Elle est en réalité difficilement quantifiable, mais résulte grosso modo de la résistance thermique totale des matériaux de construction, et de leur masse thermique. D’autres facteurs entrent en compte dans l’inertie, comme le fait qu’une construction isolée par l’extérieur est beaucoup plus « inertielle », car l’essentiel de sa masse thermique (les matériaux lourds, surtout les murs porteurs, les sols et les niveaux intermédiaires) se trouve à l’intérieur de sa résistance thermique (les matériaux isolants). C’est pourquoi on recommande d’isoler par l’extérieur quand les contraintes architecturales le permettent.

Ce qu’il faut retenir, c’est que l’inertie thermique du bâtiment influence la vitesse de variation de la température dans des conditions climatiques données.

Une forte inertie thermique : quand est-ce un avantage ? Et un inconvénient ?

Représentons très schématiquement comment un logement non climatisé réagit à une vague de chaleur. Lorsque la température extérieure oscille entre une minimale (au lever du jour) et une maximale (en fin de journée), la température intérieure suit, avec un certain retard (on parle de « déphasage »), et une amplitude réduite.

L’inertie augmente ce déphasage et cet amortissement : le pic de chaleur de l’après-midi est d’autant plus réduit et repoussé que le bâtiment est soit mieux isolé, soit plus lourd, soit les deux.

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L’isolation et la masse thermique du bâtiment influence son « inertie thermique », qui va permettre de réduire l’amplitude des variations de température (on parle d’« amortissement ») et de les retarder (on parle de « déphasage »). Plus l’inertie est importante, plus cet effet d’amortissement et déphasage est grand.
Simon Rouchier, Fourni par l’auteur

L’inertie thermique apparaît donc à double tranchant, puisqu’elle retarde aussi bien la montée en température que sa descente, d’où le sentiment de chaleur « piégée ».

On peut cependant l’exploiter pour en tirer plus d’avantages que d’inconvénients. Par exemple, elle permet de retarder l’arrivée du pic de chaleur jusqu’à la nuit, où la ventilation naturelle par l’ouverture des fenêtres « décharge » la chaleur plus rapidement qu’elle ne s’est accumulée en journée.

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Cas favorable : la montée de température est lente en journée, et le rafraîchissement efficace grâce à une bonne ventilation nocturne. La température intérieure reste toujours en dessous de la température extérieure.
Simon Rouchier, Fourni par l’auteur

Dans ce cas un peu idéal, l’inertie est un avantage. Elle peut même retarder la chaleur pendant plusieurs jours et, couplée au rafraîchissement naturel, permettre de se passer de climatisation.

Si la canicule persiste et si les températures restent élevées la nuit, comme c’est souvent le cas dans les centres-villes à cause de l’effet d’îlot de chaleur, l’inertie ne fera en revanche pas de miracle : pour qu’elle contribue à réduire les consommations d’énergie, le bâtiment doit connaître une alternance entre des périodes d’apports et de perte de chaleur

Elle peut même devenir un inconvénient si la chaleur s’est installée dans votre logement. Une bonne isolation peut se retourner contre vous si de grandes fenêtres sans volets laissent rentrer le soleil. C’est pourquoi les protections solaires ont une importance prépondérante dans la prévention de la surchauffe : volets et stores, bien sûr, vitrages sélectifs, mais aussi brise-soleil de type « casquette », laissant passer le soleil en hiver quand il est bas, et le masquant en été quand il est haut.

graphe
Cas défavorable : une montée rapide de température en journée à cause de l’ensoleillement sans protections solaires, et une descente de la température trop lente la nuit, par manque de ventilation nocturne.
Simon Rouchier, Fourni par l’auteur

La sensation de « bouilloire thermique » apparaît donc principalement dans deux cas de figure :

  • un bâtiment mal isolé, dans lequel le pic de chaleur extérieur se propage rapidement ;

  • un bâtiment, isolé ou non, laissant entrer le soleil. Sans protections, fenêtres de toit et vastes baies vitrées plein sud changeront vite votre bâtiment en serre.

L’isolation est prépondérante dans les dépenses de climatisation

Dans un bâtiment climatisé, les enjeux sont plus simples. Revenons à notre analogie du réservoir : un système de climatisation (ou de chauffage) maintient le niveau à une certaine valeur, votre température de consigne.

Pour faire des économies d’énergie, seul importe le débit de chaleur qui entre ou sort de votre réservoir, et donc son isolation, pas sa capacité.

L’isolation qui réduit votre besoin de chauffage aura le même effet sur votre besoin de froid. La masse thermique aura également un impact positif, en particulier en périodes tempérées, où exploiter la fraîcheur nocturne permet de moins (ou ne pas) climatiser le lendemain.

Quel choix de matériaux ?

L’inertie est la combinaison de l’isolation, et de la masse thermique, apportée surtout par les murs porteurs et dalles. C’est la première qui est prépondérante : à isolation égale, et à protections solaires équivalentes, il y a peu de différence de besoin de refroidissement entre des parois très lourdes (béton isolé par l’extérieur) et des constructions légères (ossature bois).

Quant à l’idée que certains matériaux isolants offrent un meilleur « déphasage » que d’autres, c’est-à-dire qu’ils jouent aussi le rôle de masses thermiques qui retardent donc encore l’accumulation de chaleur, elle est largement exagérée. Le surplus de masse thermique apporté par les isolants « lourds », comme le béton de chanvre ou les panneaux rigides de fibre de bois, a un effet marginal sur le confort d’été, par rapport aux autres mesures de prévention de la chaleur, comme les protections solaires.

Le critère principal du choix des matériaux biosourcés est leur bilan environnemental, pas le confort d’été.

The Conversation

Simon Rouchier est membre de l’Université Savoie Mont-Blanc et de plusieurs associations de chercheurs et de professionnels: SFT, AICVF, IBPSA. Il a reçu des financements d’organismes publics : ANR, région Auvergne Rhône-Alpes, ADEME.

ref. Canicules : le rôle de l’isolation et de l’inertie thermique des bâtiments pour se protéger contre la chaleur – https://theconversation.com/canicules-le-role-de-lisolation-et-de-linertie-thermique-des-batiments-pour-se-proteger-contre-la-chaleur-287925

La défaite de la Seleção peut-elle coûter une élection présidentielle au Brésil ?

Source: The Conversation – in French – By Jorge Jacob, Professor of Behavioral Sciences, IÉSEG School of Management


L’ESSENTIEL

  • Certaines études tendent à établir un lien entre les performances d’équipes sportives et les scores obtenus par les pouvoirs en place lorsque les élections se tiennent peu après.

  • Le fiasco de la sélection nationale brésilienne à la Coupe du monde 2026 de football masculin pourrait, dans cette logique, avoir un effet négatif sur le résultat du président Lula, candidat à sa réélection en octobre prochain, d’autant plus que ce sport génère d’intenses passions au Brésil.

  • En réalité, les recherches les plus détaillées, mais aussi les précédents historiques au Brésil, montrent qu’il n’existe pas de lien démontré entre les résultats de la Seleção et l’issue des élections.


Le 5 juillet 2026, le Brésil quittait la Coupe du monde dès les huitièmes de finale, battu par la Norvège – une sortie de route que la presse a immédiatement décrite comme la fin d’un mythe.

Au Brésil, les médias s’en sont d’abord pris au sélectionneur Carlo Ancelotti, mais la discussion a vite débordé du terrain, car l’élimination est survenue à quelques semaines seulement de l’ouverture officielle de la campagne présidentielle.

Aussitôt, une vieille question est revenue dans le débat public brésilien, comme à chaque Mondial : une victoire de la Seleção profite-t-elle au gouvernement en place, et une défaite lui coûte-t-elle des voix ?

Le football, un enjeu politique ancien au Brésil

Comme à chaque Coupe du monde, les candidats à la présidentielle ont tenté de prendre le train en marche.

Le président sortant et candidat à sa réélection Luiz Inácio Lula da Silva, qui avait publié, avant la compétition, une vidéo d’encouragement à « son cher Ancelotti », a réagi après l’élimination en rappelant que « l’on ne gagne pas toujours » et en appelant les Brésiliens à garder confiance dans l’avenir.

À l’autre bout de l’échiquier politique, le sénateur Flávio Bolsonaro, fils de l’ancien président Jair Bolsonaro et candidat déclaré de l’extrême droite, a publié sur Instagram une vidéo générée par IA qui décalque un montage devenu viral après l’élimination de la Seleção. Dans l’original, Neymar demande à son « moi enfant » s’il doit « continuer d’essayer » ; à la fin, un Neymar « de 2030 » soulève enfin le trophée. Flávio Bolsonaro a repris le procédé à l’identique, en remplaçant la Coupe du monde par l’écharpe présidentielle.

Si les candidats eux-mêmes croient qu’endosser le maillot jaune et vert rapporte des voix, c’est que cette intuition reste bien vivante. Cette instrumentalisation politique du football n’a rien de nouveau. De Getúlio Vargas (au pouvoir de 1930-1945, puis président de 1951 à 1954) à la dictature militaire (1964-1985), puis tout au long de la période démocratique, les gouvernements brésiliens ont régulièrement mobilisé la Seleção comme symbole d’unité nationale, de patriotisme et d’identité collective.

Sous l’Estado Novo (1937-1945), le régime de Vargas subventionne les clubs et fait du football un instrument de « brésilianité », c’est-à-dire un élément central de l’identité brésilienne. En 1970, la dictature militaire accompagne le titre mondial de la campagne de propagande « Noventa Milhões em Ação » (« Quatre-vingt-dix millions en action », c’est-à-dire 90 millions de Brésiliens unis derrière la Seleção) et associe méthodiquement le succès de la Seleção à celui du régime.

Plusieurs recherches en histoire et en science politique ont montré que le football occupe au Brésil une place singulière dans la construction du récit national.

Quand l’histoire électorale répond aux idées reçues

Pour autant, une victoire ou une défaite de la Seleção peut-elle influencer le comportement électoral des Brésiliens ? Longtemps, une partie de la littérature en économie politique et en psychologie sociale a défendu l’idée qu’une victoire sportive pouvait procurer un « bonus électoral » aux dirigeants en exercice.

L’étude la plus influente sur cette question est celle d’Andrew J. Healy, Neil Malhotra et Cecilia Hyunjung Mo, publiée en 2010 dans les Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). À partir de l’examen des résultats de plusieurs équipes universitaires de football américain aux États-Unis, les auteurs montrent qu’une victoire obtenue dans les dix jours précédant un scrutin augmentait le nombre de voix obtenues par le parti au pouvoir lors des élections présidentielles, sénatoriales et de gouverneurs subséquentes. L’effet était plus marqué dans les régions où l’attachement à l’équipe était particulièrement fort, ce qui suggère que les émotions positives suscitées par le sport pouvaient influencer, de manière inconsciente, l’évaluation des gouvernements en place. Encore fallait-il, pour que l’émotion soit toujours vive au moment du vote, que la victoire survienne juste avant le scrutin.

Le mécanisme suppose un transfert d’émotion : des citoyens momentanément plus heureux porteraient un regard plus favorable sur leurs dirigeants, qui n’y sont pourtant pour rien. Mais, plus tard, les chercheurs Anthony Fowler et Pablo Montagnes ont réexaminé ces mêmes données avec des tests de robustesse plus exigeants. Ils montrent que l’effet observé dans l’étude originale disparaît largement lorsque l’on modifie les spécifications économétriques, que l’on réalise des tests placebo ou que l’on compare des élections dans lesquelles le parti au pouvoir ne se représente pas.

Les auteurs soulignent également que l’effet apparaît parfois dans des contextes où il ne devrait pas exister (par exemple, dans des régions moins attachées au football universitaire), ce qui est incompatible avec le mécanisme théorique proposé. Ils concluent ainsi que le résultat initial correspond vraisemblablement à un faux positif statistique, c’est-à-dire une corrélation due au hasard ou aux choix de modélisation, et non un effet causal des victoires sportives sur le vote.

Aujourd’hui, le consensus scientifique est que les grands événements sportifs peuvent influencer temporairement l’humeur collective, mais les preuves de leur capacité à modifier durablement les préférences politiques restent faibles. Cette prudence est particulièrement nécessaire dans des sociétés fortement polarisées comme le Brésil, où la polarisation déborde largement le champ électoral : au printemps 2026, le retrait sanitaire de produits d’une marque par ailleurs donatrice de la campagne présidentielle de Jair Bolsonaro a suffi à transformer un simple détergent en étendard partisan. Le phénomène n’est pas nouveau : pendant la pandémie de Covid-19, nous avions montré que le soutien des Brésiliens aux mesures de distanciation sociale dépendait bien davantage de leur orientation politique déclarée que de leur vulnérabilité économique.

L’intuition est séduisante parce que sa logique est simple : la Seleção gagne, le gouvernement gagne ; la Seleção perd, le gouvernement perd. Or la série historique brésilienne dément cette équation avec une régularité presque scolaire. En 1998, le Brésil s’incline 3-0 devant la France en finale ; trois mois plus tard, Fernando Henrique Cardoso est réélu dès le premier tour. En 2002, le Brésil décroche son cinquième titre, et c’est l’opposition, non le gouvernement sortant, qui gagne le Planalto avec Lula. En 2006 et en 2010, la Seleção sort en quarts de finale : Lula est réélu en 2006, puis Dilma Rousseff, sa dauphine, élue en 2010.

En 2014, le Brésil, pays hôte, encaisse un 7-1 contre l’Allemagne en demi-finale. J’étais dans le stade ce soir-là. Le souvenir qui me revient est celui d’une humiliation historique, subie à domicile, devant son propre public, et en pleine année électorale. En sortant du stade du Mineirão, à Belo Horizonte, j’ai surtout entendu ce que scandait la foule. Et la cible n’était ni l’équipe battue ni ses joueurs : c’était la présidente Dilma Rousseff. Cette humiliation à domicile lui a-t-elle coûté des voix ? Trois mois plus tard, les électeurs la réélisaient.

Alors, pourquoi ces cris ? Pedro Santos Mundim et Gleice Meire Almeida da Silva ont montré que la popularité de Dilma Rousseff était déjà dégradée à la veille du Mondial. Le football n’a ni anesthésié ni créé la frustration d’une partie de la population : il lui a seulement offert une scène. Les effets politiques de la Coupe du monde avaient commencé bien avant le coup d’envoi de la compétition.

J’ajoute un élément, pour l’avoir observé de l’intérieur ce soir-là : les supporters qui pouvaient s’offrir le billet et le déplacement jusqu’à une demi-finale ne comptaient déjà pas, avant même la défaite, parmi les principaux soutiens de Dilma Rousseff, dont la base électorale se concentrait dans les catégories les plus pauvres et les régions les plus défavorisées, tandis que son adversaire Aécio Neves dominait chez les électeurs aisés. Ce soir-là, la colère dans le stade cherchait une cible collective. Elle l’a trouvée.

Un lien affaibli entre le peuple brésilien et sa sélection

L’analyste politique brésilien Bernardo Mello Franco avance une autre hypothèse : le problème est peut-être devenu identitaire. Il s’appuie sur les travaux de Marco Bettine, sociologue du sport à l’Université de São Paulo, qui soutient que les performances de la Seleção en Coupe du monde ne déterminent pas les résultats électoraux, mais peuvent peser sur l’humeur collective.

Bettine souligne toutefois qu’un élément contextuel distingue le Brésil contemporain : le lien affectif entre la population et la sélection nationale s’est progressivement affaibli. Parmi les facteurs avancés figurent l’appropriation du maillot de la Seleção comme symbole politique par l’extrême droite brésilienne, les scandales de gouvernance au sein de la Confederação Brasileira de Futebol (CBF) ainsi que l’internationalisation croissante du football brésilien, marquée par le départ précoce des meilleurs joueurs vers les championnats européens, ce qui a contribué à vider les compétitions nationales de leurs principales vedettes.

Rien n’indique donc que l’élimination coûtera des voix à Lula, pour l’instant donné nettement en tête dans les sondages. Ni 1998 ni 2014 n’ont empêché le sortant de l’emporter et, en 2026, la Seleção aura surtout servi de matière à vidéos de campagne et d’exutoire à des émotions et à des opinions déjà présentes, auxquelles un parcours plus réussi des coéquipiers de Neymar n’aurait sans doute rien changé.

The Conversation

Jorge Jacob ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. La défaite de la Seleção peut-elle coûter une élection présidentielle au Brésil ? – https://theconversation.com/la-defaite-de-la-selecao-peut-elle-couter-une-election-presidentielle-au-bresil-288655

L’administration Trump veut priver les citoyens d’un puissant levier pour protéger l’environnement

Source: The Conversation – in French – By Sarah J. Morath, Professor of Law and Associate Dean for International Affairs, Wake Forest University


L’ESSENTIEL

  • Les citoyens états-uniens peuvent saisir la justice pour faire appliquer les lois environnementales lorsque les autorités n’agissent pas.

  • Dans une affaire visant l’entreprise xAI d’Elon Musk, l’administration Trump soutient aujourd’hui que ces recours ne devraient plus être possibles.

  • Si cette position était validée par les tribunaux, elle renforcerait le pouvoir de l’exécutif et limiterait la capacité d’action des citoyens.


La réduction de la pollution massive aux États-Unis était une priorité telle que, lorsqu’il a adopté plusieurs grandes lois de protection de l’environnement, notamment le Clean Air Act, le Clean Water Act et le Safe Drinking Water Act, le Congrès états-unien n’a pas voulu confier leur application au seul pouvoir exécutif.

Il a donc inscrit dans ces textes des mécanismes permettant aux citoyens de faire respecter la loi devant les tribunaux lorsque les autorités n’agissent pas contre les infractions. Ces dispositions, appelées citizen suit provisions (« clauses d’action citoyenne en justice »), autorisent les particuliers et les associations à poursuivre en justice les entreprises qu’ils estiment en infraction. Elles permettent également d’engager des poursuites contre les agences fédérales lorsqu’elles n’appliquent pas ces lois.

Depuis les années 1970, ces dispositions ont été invoquées dans plus de 2 000 actions en justice. En réalité, la majorité des contentieux environnementaux aux États-Unis reposent sur ces recours intentés par des citoyens. Ils ont notamment permis de stopper la construction de barrages afin de protéger des espèces menacées, de mettre fin à l’injection d’eaux usées dans les nappes phréatiques ou encore d’obtenir 14,2 millions de dollars de sanctions civiles pour des émissions illégales provenant d’un complexe pétrochimique. En bref, ces recours ont profondément façonné le droit de l’environnement américain.

Aujourd’hui, dans un mémoire déposé devant la justice, l’administration Trump soutient que les citoyens ne devraient plus être autorisés à faire respecter les lois environnementales. Bien que ces lois prévoient explicitement le contraire, le ministère états-unien de la justice affirme, dans une affaire impliquant l’entreprise xAI d’Elon Musk, que leur application devrait relever exclusivement du pouvoir exécutif, même lorsque celui-ci choisit de ne pas intervenir.

Une usine en Pennsylvanie
L’usine Clairton Coke Works, à Clairton (Pennsylvanie), a été contrainte de réduire ses émissions polluantes et de mettre en place un contrôle plus efficace de la pollution dans le cadre d’un accord conclu à la suite d’une action en justice intentée par des citoyens en vertu du Clean Air Act.
Rebecca Droke/AFP

Plus de cinquante ans d’efficacité

Depuis plus de cinquante ans, les actions en justice intentées par des citoyens constituent un outil efficace de protection de l’environnement aux États-Unis. Le mécanisme est relativement simple : une personne ou une organisation doit d’abord adresser une notification officielle à la personne, à l’entreprise ou à l’administration qu’elle soupçonne d’enfreindre la loi, avec copie à l’Agence américaine de protection de l’environnement (EPA). Si, au bout de soixante jours, la situation n’a pas été corrigée, elle peut saisir la justice.

Ces recours visent souvent à obtenir des tribunaux qu’ils ordonnent la cessation de l’activité polluante, le versement de sommes destinées à réparer ou réduire les dommages causés à l’environnement, ainsi que des sanctions civiles versées à l’État. En revanche, si les autorités ont déjà engagé une procédure d’application de la loi ou poursuivent activement le contrevenant, une action intentée par des citoyens ne peut pas être engagée.

Le succès de ces recours dépend de la capacité des plaignants à démontrer qu’une infraction à la loi a bien été commise. Les violations du Clean Water Act sont généralement plus faciles à établir que celles d’autres lois environnementales, car le simple fait de rejeter un polluant sans autorisation constitue en lui-même une infraction. C’est pourquoi davantage d’actions en justice engagées par des citoyens ont été intentées en vertu du Clean Water Act que de toute autre loi environnementale américaine.

Dans mon domaine de recherche, celui de la pollution plastique, ces actions en justice ont notamment permis de tenir les fabricants de granulés plastiques responsables de leurs pollutions. Ainsi, grâce à la disposition du Clean Water Act autorisant les recours citoyens, Diane Wilson, une pêcheuse de crevettes de la côte texane du golfe du Mexique, a poursuivi en 2017 l’entreprise Formosa Plastics pour les rejets répétés de granulés plastiques dans la baie de Lavaca, où elle pêchait, et qui est reliée au golfe du Mexique.

En 2019, Formosa Plastics a finalement accepté un accord de 50 millions de dollars (43,44 millions d’euros), destiné à financer des projets de réduction des impacts et de restauration de la baie, notamment le nettoyage des déchets plastiques et d’autres pollutions. L’entreprise a également accepté de prendre en charge les frais de justice et les honoraires des avocats.

Dans une autre affaire, les organisations de défense de l’environnement PennEnvironment et Three Rivers Waterkeeper ont poursuivi en 2023 l’entreprise Styropek USA, qui fabrique du polystyrène expansé utilisé pour les emballages, en raison de rejets de granulés plastiques dans un cours d’eau de l’ouest de la Pennsylvanie. Ces granulés attiraient et concentraient d’autres substances toxiques, ce qui portait atteinte aux plantes aquatiques et aux poissons.

En 2025, Styropek a conclu un accord transactionnel de 2,5 millions de dollars (2,1 millions d’euros). Dans ce cadre, l’entreprise s’est engagée à installer des systèmes de filtration sur ses réseaux d’eaux usées et d’eaux pluviales afin de retenir les granulés plastiques avant qu’ils n’atteignent Raccoon Creek ou la rivière Ohio. Elle a également dû mettre fin à tout rejet non autorisé de granulés plastiques par les évacuations d’eaux pluviales de son site industriel.

Les dispositions autorisant les actions en justice des citoyens ne figurent pas dans toutes les lois. Mais ce mécanisme a été repris dans d’autres domaines. Ainsi, une loi texane de 2025 visant à restreindre le droit à l’avortement autorise tout citoyen à poursuivre en justice des médecins ou d’autres professionnels de santé qui pratiquent des avortements ou y apportent leur concours.

L’affaire NAACP contre xAI

En avril 2026, la NAACP, une organisation nationale de défense des droits civiques, a assigné en justice xAI, l’entreprise d’intelligence artificielle fondée par Elon Musk, devant un tribunal fédéral, en s’appuyant sur les dispositions du Clean Air Act autorisant les actions en justice des citoyens.

La NAACP affirme que xAI et l’une de ses filiales ont construit et exploité 27 turbines à gaz naturel à Southaven, dans le Mississippi, sans obtenir les autorisations exigées par le Clean Air Act. Ces turbines produisaient l’électricité nécessaire au fonctionnement du centre de données Colossus 2 de xAI, situé à proximité. Selon la plainte, cette centrale au gaz a rejeté des polluants nocifs, notamment des oxydes d’azote et du formaldéhyde, susceptibles d’augmenter les risques d’asthme, de maladies respiratoires, de problèmes cardiaques et de certains cancers.

Si xAI avait demandé l’autorisation d’exploiter ces turbines, l’Agence états-unienne de protection de l’environnement (EPA) lui aurait imposé d’utiliser les meilleures technologies disponibles afin de limiter ces émissions. Or, xAI n’a jamais sollicité cette autorisation auprès de l’EPA.

Une demande du gouvernement fédéral

En juin 2026, le ministère de la justice a demandé au juge de classer l’affaire, faisant notamment valoir que les actions en justice intentées par des citoyens ne peuvent pas être engagées lorsque le gouvernement fédéral ne s’oppose pas au comportement polluant en cause.

Pour étayer sa position, le ministère s’est appuyé sur deux décrets présidentiels signés par Donald Trump dans les premiers jours de son second mandat : l’un proclamant une « urgence énergétique nationale », l’autre visant à renforcer le « leadership américain dans le domaine de l’intelligence artificielle ».

Selon le ministère de la justice, l’action en justice de la NAACP menace « l’innovation dans le domaine de l’intelligence artificielle » ainsi que la sécurité nationale. Dans son mémoire, le gouvernement soutient également que les actions intentées par des citoyens n’ont pas été conçues pour permettre à des particuliers de faire appliquer les lois d’une manière contraire à ce que le gouvernement fédéral estime être l’intérêt général.

Le ministère affirme ainsi que ces recours ne devraient être autorisés par les tribunaux que lorsque le gouvernement omet de faire appliquer la loi, et non lorsqu’il a délibérément décidé, au nom de la politique menée par le pouvoir exécutif, qu’une telle application serait contraire à l’intérêt général.

Un conflit entre le gouvernement et les citoyens

C’est la première fois que le ministère états-unien de la justice défend une telle position devant les tribunaux. Par le passé, toutefois, des défendeurs et certains juges ont déjà mis en doute la constitutionnalité des actions en justice intentées par des citoyens.

Pour leurs détracteurs, parmi lesquels figure l’administration Trump, ces recours permettent aux citoyens de s’arroger un pouvoir de poursuite relevant normalement de l’exécutif. Leurs défenseurs estiment au contraire qu’ils permettent aux citoyens d’exercer les droits que leur confère la loi pour défendre un environnement sain et faire respecter la législation environnementale lorsque l’action des pouvoirs publics est insuffisante.

Quelle que soit l’issue de la procédure opposant la NAACP à xAI, je considère que le mémoire déposé par l’administration Trump constitue une étape supplémentaire dans une entreprise plus large visant à concentrer davantage de pouvoirs entre les mains de l’exécutif.

The Conversation

Sarah J. Morath est affiliée au Global Council for Science and the Environment.

ref. L’administration Trump veut priver les citoyens d’un puissant levier pour protéger l’environnement – https://theconversation.com/ladministration-trump-veut-priver-les-citoyens-dun-puissant-levier-pour-proteger-lenvironnement-289055