¿Qué convierte una diferencia corporal en discapacidad?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Joan Calvin Palomares, Ayudante Investigador en el departamento de Filosofía y humanidades, Universidad Pontificia Comillas

La discapacidad no supone una limitación cuando la tecnología está ahí para ayudar y no para dificultar el acceso a las actividades cotidianas. Romain Virtuel / Unsplash. , CC BY-SA

“Fuera de servicio”, reza un cartel en la puerta del ascensor. Mal asunto. Para algunos será una molestia; para quien no puede usar las escaleras puede significar la cancelación completa del trayecto. Al pulsar el botón –por si el cartel estuviera allí por error–, una persona usuaria de silla de ruedas puede descubrir que el ascensor ha adquirido el “poder soberano” de decidir quién llega y quién no. De pronto, esta máquina ocupa un lugar predominante en la pregunta ¿qué entendemos por discapacidad?

Aceras, puertas, pavimentos, ascensores: anchuras, pendientes, pesos y superficies; accesos amables u hostiles, posibles o imposibles. Esa misma persona descubre que la alternativa consiste en subir varios escalones. La silla de ruedas, que no es más que una tecnología de movilidad, queda convertida por el entramado técnico en signo de inmovilidad y hace que la diferencia se torne discapacidad.

No estamos ante una carencia individual de autonomía, sino ante una autonomía distribuida entre cuerpos, técnicas y espacios. La persona sigue siendo la misma: la misma parálisis, la misma silla, el mismo proyecto. Solo ha cambiado la disponibilidad del mundo.

Escaleras que exluyen: cuando el espacio no es neutral

¿Dónde se encuentra, entonces, la negatividad que asociamos a esa diferencia llamada discapacidad? ¿En una médula seccionada, en necesitar una silla de ruedas y un ascensor o en un mundo tecnológico cuyos fallos perjudican más a quienes dependen de esas infraestructuras?

La condición corporal es real y puede producir limitaciones, dolor, cansancio o necesidad de apoyos; no tendría sentido disolverla en el lenguaje. Pero la carga negativa asociada a la discapacidad se produce, en buena medida, en los desajustes tecnológicos que habilitan o deshabilitan la participación. Así, la lesión es real, aunque no explica por sí sola la imposibilidad de llegar a la planta superior. Una resonancia magnética puede describirla con precisión, pero no dice nada sobre los escalones, las puertas estrechas, los ascensores rotos o los transportes inaccesibles.

En la gramática cotidiana, decimos que alguien “tiene una discapacidad”. Pero rara vez decimos que un edificio solo admite un modo de moverse o que la falta de previsión tecnológica produce exclusión. Rara vez decimos que lo que está en juego es un espacio discapacitante, no una persona discapacitada. Esa gramática esconde una ontología individualista: imagina a cada persona como una unidad cerrada, definida por sus capacidades y déficits, como si el mundo fuese un escenario neutral. La carga negativa se atribuye a la condición corporal y no al entramado tecnológico. Así, la negatividad no recae sobre el ascensor averiado, las puertas estrechas o el espacio inaccesible, sino sobre el individuo considerado incapaz o “dis capaz”.

¿De quién es la responsabilidad?

Esta inversión naturaliza tecnologías excluyentes y desplaza la discapacidad hacia el individuo, obligado a cargar con la responsabilidad: rehabilitación, adaptación y una gramática de la superación que eleva hasta el heroísmo a quienes logran transitar nuestra ecología discapacitante. El problema no está en la rehabilitación ni en los apoyos, sino en convertirlos en obligaciones individuales.

Por mucho que hayamos avanzado en accesibilidad, la frase “la persona discapacitada no puede acceder” nos resulta más natural que decir “el edificio impide el acceso y necesita ser adaptado”. También parece más natural decir que una persona usuaria de silla de ruedas no pudo subir debido a su discapacidad que pensar en una realidad tecnológica diseñada para un solo modo de ser. Es la persona quien recibe un diagnóstico, no las escaleras, las aceras y las puertas.

Todos usamos tecnologías mediadoras

Todos actuamos mediante técnicas e infraestructuras. Caminamos con zapatos sobre aceras, atravesamos puertas, escribimos con teclados. Dependemos de un entramado tecnológico cuyos apoyos, por estar normalizados, parecen naturales. La dependencia tecnológica es universal. Sin embargo, la vulnerabilidad ante sus fallos se distribuye desigualmente.

Así, podemos considerar tecnologías de la discapacidad a las que permiten a determinados cuerpos moverse, comunicarse o participar, y tecnologías discapacitantes a las infraestructuras que convierten una diferencia en exclusión, al admitir un repertorio estrecho de cuerpos y movimientos. Percibimos las primeras como signos de una dependencia excepcional porque su desajuste con las tecnologías naturalizadas las vuelve visibles. No hay un exceso individual de dependencia, sino un desajuste entre tecnologías normalizadas y otras no integradas en nuestra visión del mundo. La escalera tuvo arquitecto, presupuesto y licencia de obra; no es un accidente geológico. También es una tecnología de acceso, pero se vuelve discapacitante cuando se impone como única vía y carece de alternativa para otros modos de moverse.

Escuchar la voz de los afectados

Pensar esto desde la experiencia de la discapacidad exige reconocer que quien usa una silla de ruedas no es solo una persona objeto de diagnóstico o intervención a la que se ofrecen soluciones para paliar sus carencias. Su experiencia produce conocimiento situado sobre el mundo construido: conoce de primera mano el desajuste entre las tecnologías discapacitantes y las tecnologías de la discapacidad.

La experiencia propia no concede una autoridad absoluta, pero sí una autoridad situada que no puede ser sustituida por el diagnóstico técnico ni por la mirada externa. Es quien reconoce las pendientes de una rampa, el peso de una puerta, la anchura de un pasillo, la distancia entre un aula y un baño, y la diferencia entre los ascensores que funcionan y aquellos que cortan en seco un destino.

Dotar de autoridad a quienes viven esa diferencia es una forma de cuestionar la idea de que de podemos colocar un cartel de “fuera de servicio” sin que la avería suponga una responsabilidad añadida. Por eso, es necesario incorporar a quienes usan estas infraestructuras en su diseño, evaluación y mantenimiento, y tratar cada fallo sin alternativa como una interrupción del derecho de acceso. Quizá no sea necesario declarar culpable al ascensor, pero sí retirarle a las infraestructuras la misma coartada de que goza la naturaleza.

The Conversation

Joan Calvin Palomares no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué convierte una diferencia corporal en discapacidad? – https://theconversation.com/que-convierte-una-diferencia-corporal-en-discapacidad-290359

El metano: ¿solución o problema en el siglo XXI?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Pujadas Cordero, Jefe de la Unidad de Caracterización y Control de la Contaminación Atmosférica, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

A lo largo del ciclo de vida de los combustibles fósiles, como el gas natural licuado, suelen producirse importantes liberaciones de metano a la atmósfera. GreenOak/Shutterstock

Desde hace tiempo, el hidrocarburo más simple de la naturaleza, el metano (CH₄), se encuentra en el punto de mira científico, económico y social por su notable relevancia a distintos niveles. Actualmente, sigue manteniendo una posición ciertamente paradójica. Por un lado, conserva su gran importancia estratégica como combustible y materia prima en la transición energética, y por otro, continúa generando mucha preocupación por su papel como gas de efecto invernadero, como avalan los últimos datos y conclusiones científicas que confirman su aumento en la atmósfera. ¿Es posible salir de este bucle?

Emisiones naturales y de origen humano

Aunque el metano puede producirse por vía sintética, la mayor parte del que se utiliza como combustible procede del gas natural (GN) de origen fósil (95 % del cual es metano), sin olvidar el biometano, obtenido a partir del biogás depurado.

En generación eléctrica su importancia es clara. Los rendimientos de conversión energética de las centrales de ciclo combinado alimentadas con gas natural suelen ser de un 50–60 %, es decir, bastante superiores a los de las centrales térmicas convencionales de carbón, fueloil y gasoil. Aunque, en última instancia, todo dependa de la tecnología, tamaño de la instalación y condiciones de operación.

En todo caso, hay que decir que la combustión del GN no resulta ambientalmente inocua. Pese a que suele producir menos dióxido de carbono (CO₂) por unidad de energía y menores cantidades de dióxido de azufre (SO₂) y partículas que en los otros casos, se siguen generando cantidades significativas de óxidos de nitrógeno (NOₓ) y otros contaminantes.

El gran problema del metano no proviene de lo que se quema, sino de lo que se escapa al aire sin quemar. A lo largo del ciclo de vida de los combustibles fósiles, especialmente del GN, el carbón, el petróleo y derivados, así como durante la producción y utilización del biogás, suelen producirse liberaciones de metano a la atmósfera, por fugas no intencionadas, venteos operativos, fallos en las tuberías, etc.

Por otro lado, otros sectores económicos y actividades también generan emisiones incontroladas de metano, destacando por su importancia las del sector agrícola y ganadero (del cultivo del arroz, la fermentación entérica en rumiantes, la gestión de purines, etc.), así como las procedentes del tratamiento de residuos sólidos y aguas residuales urbanas.

Por último, también se producen emisiones de metano por actividad bacteriana en espacios naturales, especialmente en humedales y aguas continentales. Aunque algunas de estas emisiones puedan estar influidas o incluso originadas por modificaciones antropogénicas del territorio y del ciclo hidrológico.

Un gas de efecto invernadero

Todo el metano presente en el aire, con independencia de su origen, es activo climática y ambientalmente debido a sus propiedades radiativas y a su comportamiento fisicoquímico. El efecto climático deriva de la capacidad de este gas para absorber radiación infrarroja, de modo parecido y complementario al del CO₂ y el agua, contribuyendo a retener una parte de la radiación térmica que la Tierra emite.

Sabemos que su concentración atmosférica actual es unas 2,7 veces superior a la de la época preindustrial y que en los últimos años ese aumento ha alcanzado el 20 %. Por ejemplo, la concentración media anual de metano registrada en el Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife) se incrementó aproximadamente en un 19 % entre 1984 y 2024, pasando de unas 1 650 partes por mil millones (ppb) a unas 1 965 ppb. También sabemos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que, en términos globales, la contribución del metano al incremento de la temperatura media global en el periodo 2010-2019 respecto al periodo 1850–1900 ha sido aproximadamente de 0,5 °C.

Gráfica que muestra el aumento de la concentración media global de metano en la atmósfera.
Aumento de la concentración media global de metano en la atmósfera.
NOAA

Aunque las causas del aumento de la concentración del metano en la atmósfera siguen presentes en el debate científico, se ha estimado que aproximadamente el 85 % del crecimiento observado desde 2007 se podía atribuir a emisiones de origen microbiano. Este resultado no coincide plenamente con otras estimaciones del balance global; entre otras cosas, por la complejidad de separar cuantitativamente la contribución de las distintas fuentes emisoras naturales, y también porque para conseguirlo resulta fundamental disponer simultáneamente de observaciones atmosféricas, isotópicas y de inventarios de emisiones, algo muy complejo.

Pese a estas dificultades, el Global Methane Budget ha estimado recientemente que alrededor del 65 % de las emisiones directas globales de metano ya son antropogénicas, destacando el peso de las producidas por actividades agropecuarias y de gestión de residuos, seguidas por la producción y uso de combustibles fósiles y, en menor medida, por la quema de biomasa y biocombustibles. Estos resultados ponen de manifiesto el papel relevante de las actividades agrícolas y ganaderas, de los grandes vertederos y de las plantas de tratamiento de aguas residuales como fuentes emisoras extensas de metano. En España tenemos algunos ejemplos bien documentados, como los vertederos de Valdemingómez, Pinto y Colmenar Viejo, en la Comunidad de Madrid.

Basura acumulada en un vertedero
Los grandes vertederos y las plantas de tratamiento de aguas residuales constituyen fuentes emisoras de metano.
Ernest Rose/Shutterstock

Otros efectos en la atmósfera

Pero su papel en la atmósfera no se reduce a su influencia sobre el clima, sino que se extiende a otros aspectos de la química atmosférica con importantes implicaciones ambientales directas e indirectas. El CH₄ interviene en una compleja cadena de procesos químicos y fotoquímicos atmosféricos que, en presencia de óxidos de nitrógeno, contribuyen a la formación de ozono (O₃) y, por tanto, a incrementar su concentración troposférica.




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Aunque la magnitud de este efecto depende de las condiciones químicas y meteorológicas, se estima que las emisiones globales actuales de metano, naturales y antropogénicas, son responsables de aproximadamente el 37 % de los niveles de ozono de fondo en Europa. Este hecho resulta también preocupante, dados los efectos negativos del ozono troposférico sobre la salud humana, los agrosistemas y los ecosistemas.

Por último, una mayor abundancia de CH₄ podría alterar la capacidad oxidativa de la atmósfera al afectar a la disponibilidad de radicales oxidantes, que participan en su eliminación, lo que en determinadas condiciones contribuiría a prolongar la vida atmosférica del propio metano, generando así una retroalimentación positiva.




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Objetivo: reducir las emisiones de metano

En definitiva, siendo el metano un valioso recurso energético e industrial que forma parte de la solución en la transición energética actual, también es urgente que deje de ser un problema climático y ambiental de primer orden. La clave está en nuestra capacidad para reducir sustancialmente sus emisiones antrópicas porque esta acción constituye una de las medidas con mayor potencial para limitar el calentamiento global a corto plazo, además de ayudar a mejorar la calidad del aire.

Sin duda estamos ante un gran reto, pero resulta asumible porque existen tecnologías y estrategias para conseguirlo. En el sector de los combustibles fósiles, por ejemplo, las soluciones pasan generalmente por la mejora del equipamiento para evitar fugas, así como por la instalación de sistemas de recuperación de flujos de metano a baja presión, que posteriormente se podrían aprovechar o tratar.

El desafío real consiste en implementar estas medidas rápida y eficazmente sobre las fuentes y sectores con emisiones más importantes, manteniendo sistemas de vigilancia capaces de verificar los resultados.

A estos objetivos debemos dedicarle de manera urgente cuantos esfuerzos y recursos sean necesarios, si queremos preservar un clima habitable para las próximas generaciones.

The Conversation

Manuel Pujadas Cordero recibe fondos públicos (UE, Gobierno de España, C. Autónomas de España) para el desarrollo de sus actividades de I+D+i.

– ref. El metano: ¿solución o problema en el siglo XXI? – https://theconversation.com/el-metano-solucion-o-problema-en-el-siglo-xxi-291681

Nueva York-Valencia: la ciencia suma fuerzas para un traslado seguro de las obras de Sorolla

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antoni Colomina Subiela, Conservació i Restauració de Béns Culturals, Universitat Politècnica de València

_La playa de Valencia_ (1908), de Joaquín Sorolla. Rawpixel.com/Shutterstock

El anuncio del traslado a Valencia de más de doscientas obras de Joaquín Sorolla procedentes de la Hispanic Society of America de Nueva York representa un acontecimiento cultural de primera magnitud. Estas valiosas pinturas cruzarán el Atlántico para formar parte de una exposición de larga duración en el Museu de la Ciutat, hasta que quede acondicionado el Palacio de las Comunicaciones, destino final de las obras.

Tras la expectación por contemplar de nuevo el legado pictórico del maestro en su tierra natal, se despliega una fascinante ingeniería de conservación preventiva para garantizar que cada lienzo complete el viaje intacto.

Lecciones de la historia y la ayuda de plantas aromáticas

La protección del arte en viajes oceánicos cuenta con antecedentes remotos muy sugerentes. En el siglo XVI, los comerciantes de la Carrera de Indias idearon procedimientos para transportar pinturas y esculturas hasta los puertos americanos.

Para mitigar los riesgos de la navegación ultramarina, las obras se embalaban en cajas de madera protegidas interiormente con mantas de arpillera y estopa.

Además, en las húmedas bodegas de los galeones se empleaban plantas aromáticas biocidas como el orégano, el romero y el espliego para repeler insectos y microorganismos. Al mismo tiempo, los contenedores se sellaban exteriormente con telas enceradas o impregnadas de brea para resguardar las piezas del ambiente marino. Estos pioneros remedios sentaron las bases de la moderna conservación preventiva que aplicamos hoy.

Panel monumental correspondiente a la colección ‘Visión de España’ de la Hispanic Society de Nueva York.
Ritu Manoj Jethani/Shutterstock

En la actualidad, la ciencia de la conservación se rige por criterios mucho más exigentes. Precedentes críticos como el del Guernica de Picasso demostraron los severos peligros de las itinerancias continuas, donde el repetido desclavado del bastidor y enrollado del lienzo acabó generando una densa red de craquelados y pérdidas de estrato pictórico. Los informes técnicos del Museo Reina Sofía concluyeron que someter el lienzo a nuevos desplazamientos implicaría un riesgo inaceptable de nuevos daños que desaconseja rotundamente su movilidad. La lección fue clara: la integridad física del bien cultural debe prevalecer siempre sobre el interés expositivo.

Este mismo principio de prudencia explicaría por qué en el actual traslado de la colección Sorolla se han excluido los catorce monumentales paneles de Visión de España. Aunque estas enormes telas ya viajaron por nuestro país entre 2007 y 2010 para su restauración y exposición, la física de materiales enseña que el gran formato sufre un estrés mecánico extraordinario durante su desmontaje, manipulación y transporte.

Microclimas portátiles

Para las doscientas obras de formato transportable que sí viajarán a Valencia, el método de embalaje sigue estándares técnicos internacionales ampliamente consensuados. Estas exigencias coinciden de manera exacta con las prescripciones fijadas en los pliegos de condiciones de la licitación. De acuerdo con esta normativa, las obras viajarán dentro de cajas construidas con madera certificada y revestidas con espumas sintéticas aislantes.

‘Las grupas’, de Joaquín Sorolla.
Hispanic Society of America, Public Domain., CC BY

Todos los materiales o coberturas en contacto directo con las pinturas deben ser neutros, químicamente estables, no abrasivos y resistentes a la rotura. El objetivo prioritario consiste en garantizar una absoluta estabilidad de las condiciones ambientales durante todo el recorrido. Para ello, la temperatura debe situarse entre 18 y 22 °C, mientras que la humedad relativa debe mantenerse entre el 45 % y el 55 %, con variaciones mínimas, especialmente durante las estancias en los almacenes aeroportuarios y las bodegas de carga.

También es esencial respetar un periodo de aclimatación de entre 12 y 24 horas antes de abrir las cajas en el museo de destino. Este tiempo permite que las obras se adapten gradualmente a las condiciones del nuevo entorno y evita la formación de condensación sobre las pinturas.

Cómo se atenúa el movimiento durante el transporte

Más allá de los cambios ambientales, el mayor peligro mecánico durante el trayecto son las vibraciones continuas de los vehículos. La oscilación constante del transporte por carretera puede hacer que la tela del cuadro entre en balanceo repetido. Este esfuerzo mecánico continuado sobre la estructura del lienzo termina provocando microfisuras en las delicadas capas de pintura.

Para neutralizar este fenómeno, el transporte terrestre se realiza exclusivamente en camiones especializados con suspensión neumática y control climático. Desde hace varias décadas, los especialistas aconsejan instalar un panel trasero que genera una pequeña cámara de aire tras la tela. Esta sencilla pero eficaz solución amortigua el movimiento del lienzo y frena su desgaste mecánico durante el viaje.

La custodia experta: ¿quién es el ‘correo de arte’?

A pesar de la alta tecnología empleada, la máxima seguridad del traslado descansa en la vigilancia presencial del correo de arte. Este especialista en conservación y restauración viaja en representación de la institución prestamista con plena potestad técnica, de modo que su autoridad le permite supervisar cada maniobra e incluso detener la operación si detecta el menor indicio de riesgo.

La labor del correo de arte abarca la inspección directa del embalaje, el seguimiento en las terminales de carga, la logística terrestre y el montaje final. Para llevar a cabo este control con la máxima precisión, la herramienta documental clave es el informe de condición (condition report). Este documento técnico, apoyado en mapas de daños y fotografías de alta resolución, registrará el estado exacto de cada Sorolla antes de ser embalado.

‘Ayamonte, la pesca del atún’, de Joaquín Sorolla.
Hispanic Society of America, Public Domain., CC BY

Tras el desembalaje en Valencia, el correo y los técnicos locales examinarán minuciosamente cada lienzo y firmarán conjuntamente el informe, que certifica formalmente que la obra no ha sufrido la menor alteración durante su travesía. La vigilancia técnica no termina con el montaje, sino que se mantiene activa mediante inspecciones periódicas durante toda la exposición.

Con todo, los preparativos para el regreso de Sorolla a Valencia muestran la madurez de la conservación preventiva contemporánea, que integra la investigación histórica, la regulación del patrimonio público y la avanzada ingeniería de materiales. Y gracias a esta alianza científica, la luz del maestro mediterráneo volverá a disfrutarse en su tierra con las máximas garantías de seguridad.


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Antoni Colomina Subiela no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Nueva York-Valencia: la ciencia suma fuerzas para un traslado seguro de las obras de Sorolla – https://theconversation.com/nueva-york-valencia-la-ciencia-suma-fuerzas-para-un-traslado-seguro-de-las-obras-de-sorolla-292276

El impacto del nuevo atajo por el Polo Norte en el comercio marítimo mundial y los puertos mediterráneos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén López Tárraga, Profesora sustituta en el Departamento de Geografía, Universidad Complutense de Madrid

El acelerado deshielo del Polo Norte ha dejado de ser únicamente un problema medioambiental para convertirse en un cambio profundo en el mapa del comercio mundial. Al derretirse las capas de hielo, se está abriendo una especie de carretera de peaje por el extremo norte de Rusia que permite a los grandes cargueros asiáticos llegar mucho antes a Europa.

Este cambio de rumbo amenaza con reducir el tráfico por la ruta tradicional del Mediterráneo, poniendo en riesgo la posición estratégica, la actividad económica y los empleos que generan los puertos españoles.




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Un atajo de hielo que ahorra hasta 12 días

Todo lo que consumimos en nuestro día a día, desde la ropa, los electrodomésticos y los teléfonos móviles hasta el combustible o la maquinaria industrial, viaja a bordo de grandes barcos cargueros.

Tradicionalmente, las embarcaciones que parten de potencias industriales como China, Corea del Sur o Japón para traer sus productos a Europa deben completar una travesía muy larga. Tienen que cruzar todo el océano Índico, remontar el mar Rojo, atravesar el canal de Suez, en Egipto, y, finalmente, adentrarse en el mar Mediterráneo para repartir la carga.

Sin embargo, el calentamiento global está afectando al Polo Norte a un ritmo cuatro veces superior al de la media del resto del planeta. Como consecuencia directa de esta fusión del hielo, se ha abierto de manera estacional una vía alternativa: la llamada ruta del mar del Norte, que discurre bordeando toda la costa septentrional de Rusia.

Para las grandes empresas de transporte marítimo, utilizar esta travesía del norte supone reducir el tiempo de viaje entre 10 y 12 días completos. En el competitivo sector del transporte internacional, recortar casi dos semanas de navegación se traduce en un ahorro muy importante de combustible, salarios y costes operativos.

Para aprovechar esta vía, países como China y Corea del Sur ya construyen buques con cascos de acero reforzado diseñados para la navegación polar. Gracias a esta tecnología, empresas chinas y coreanas han comenzado a operar de forma experimental los primeros servicios regulares de contenedores hacia Europa, programando salidas semanales durante los meses de verano mientras las condiciones del hielo lo permiten.

Rusia pone las normas y cobra el peaje

Aunque esta vía recortada resulta muy atractiva en términos económicos, presenta un inconveniente político de gran calado: no es un espacio marítimo de libre tránsito. Casi todo el trazado de la ruta del mar del Norte discurre por aguas bajo control directo de Rusia.

El gobierno ruso cuenta con la mayor flota mundial de barcos rompehielos de propulsión nuclear. Si un carguero de cualquier otro país desea utilizar este atajo, debe solicitar permiso previo a las autoridades de Moscú, abonar peajes y contratar, obligatoriamente, la escolta de los rompehielos rusos. De este modo, un solo país pasa a tener la llave de paso y el control absoluto sobre una de las arterias comerciales más importantes del futuro.

A esta situación se suma la creciente tensión internacional. Tras los conflictos geopolíticos de los últimos años y el distanciamiento de Rusia con el resto de Europa, el Polo Norte ha dejado de ser una zona pacífica enfocada en la investigación científica para convertirse en un escenario de rivalidad militar y control económico.

¿Por qué esta noticia no es buena para España?

Hasta la fecha, España ha gozado de una posición privilegiada en el mapa del comercio marítimo gracias a su geografía. Al situarse en la puerta de entrada al Mediterráneo y en el cruce de caminos con el Atlántico, instalaciones como los puertos de Algeciras, Valencia o Barcelona han funcionado como grandes centros logísticos. A ellos llegan los megabarcos procedentes de Asia para descargar mercancías y redistribuirlas hacia el centro y norte de Europa o hacia el continente africano.

El borrador de la Estrategia Polar Española 2026-2035, que ha estado en exposición pública hasta el mes de agosto, da una clara señal de alerta sobre esta nueva realidad.

El documento avisa de un desafío claro: si los barcos de Asia usan el Polo Norte, irán directos a Europa Central. Por lo tanto, miles de buques dejarán de pasar por el Mediterráneo. Si pasan menos barcos por el sur, los puertos españoles recibirán muchos menos contenedores. Esta caída dañaría la economía y amenazaría miles de empleos en el sector logístico. Además, España perdería peso estratégico en el comercio mundial.

Europa busca una respuesta rápida

La preocupación por el impacto del deshielo ha llegado a las más altas instancias de la UE. En la Cumbre Polar Europea que acaba de celebrarse en Finlandia, doce países de la Unión Europea exigieron actualizar de forma urgente las políticas regionales para adaptarse a estos cambios geopolíticos y defender los intereses del continente.

Los líderes comunitarios coinciden en que la transformación del Polo Norte no es un simple fenómeno meteorológico, sino un reto estratégico que afecta a las cadenas de suministros, a la protección de los cables de internet submarinos y a la seguridad energética.

Para España, el reto es claro. No basta con estudiar el clima solo desde el punto de vista científico. Es necesario planificar y adaptar las infraestructuras portuarias y las redes de transporte para mantener su competitividad antes de que el atajo del norte se convierta en la ruta habitual del comercio mundial.

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Ana Belén López Tárraga no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El impacto del nuevo atajo por el Polo Norte en el comercio marítimo mundial y los puertos mediterráneos – https://theconversation.com/el-impacto-del-nuevo-atajo-por-el-polo-norte-en-el-comercio-maritimo-mundial-y-los-puertos-mediterraneos-290997

Pedimos a dieciséis modelos de IA generativa que valoraran los mismos casos clínicos y esto fue lo que pasó

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mario Vega Barbas, Associate professor, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Cada semana, un nuevo modelo de IA generativa supera al anterior en algún ranking. Las grandes tecnológicas compiten por décimas y anuncian récords. Esa competencia es real: los modelos difieren en velocidad, en precio y en qué examen aprueban con mejor nota.

La pregunta que casi nadie se hace es otra: ante una misma instrucción –sobre todo, cuando les pedimos algo que no tiene una respuesta clara–, ¿piensan distinto? Después de haberlo medido en un estudio, la respuesta corta es que no, o muy poco.

Dieciséis modelos, un mismo caso

Reunimos dieciséis grandes modelos de lenguaje de diez empresas distintas: OpenAI, Anthropic, Google, xAI, Meta, DeepSeek, Mistral, Alibaba y otras dos compañías chinas, Z.ai y MiniMax Group. A todos les dimos los mismos quince casos clínicos de salud mental, descritos por una psicoterapeuta específicamente para este estudio.

Cada modelo, a solas y sin ver lo que hacía el resto, redactó la valoración propia de un supervisor clínico experimentado: desde qué enfoque interpretaban el caso y qué habría que explorar.

Elegimos la psicología a propósito, ya que formular un caso en psicoterapia no tiene una respuesta única. La misma historia admite varias interpretaciones defendibles y elegir entre ellas es cuestión de criterio, no de acierto. Si dieciséis modelos iban a discrepar en algún sitio, tenía que ser ahí.

A continuación, recogimos más de 7 000 respuestas generadas por los modelos y las comparamos por su significado, no por sus palabras, con un índice que respondía a una pregunta sencilla: ¿a cuántas opiniones realmente distintas equivale este conjunto de textos? Dieciséis textos idénticos valen una, y dieciséis sin nada en común, dieciséis. El estudio quedó registrado públicamente antes de generar un solo dato, y el código y los resultados son abiertos.

Menos de dos voces

El promedio fue de 1,69 opiniones distintas. Es decir, las respuestas de dieciséis modelos distintos equivalían a menos de dos opiniones. Esta cifra resulta más llamativa todavía si tenemos en cuenta que un solo modelo, leyendo el mismo caso dieciséis veces, ya produce por su cuenta el equivalente a 1,43 opiniones.

La explicación no es misteriosa ni compleja. Estos modelos compiten con ingredientes muy similares: se entrenan con textos que se solapan y se ajustan con objetivos parecidos. No decimos que todos sean igual de buenos ni que escriban lo mismo, sino que, aunque cada uno lo cuente a su manera, las conclusiones que sacan son las mismas.

El comité que no es comité

Esto importa porque ya funcionan sistemas construidos sobre esa idea. Microsoft presentó, en 2025, un orquestador diagnóstico que describe como un panel virtual de médicos con enfoques diversos, mientras que otros proveedores venden esa misma arquitectura como una plantilla lista para cualquier aplicación. No hemos evaluado esos productos, ni los hemos probado en tareas con una única respuesta correcta, cuya coincidencia puede medirse contra el acierto. Cuando no hay contestación acertada, la única garantía que ofrece el panel es que sus miembros piensen distinto. Y eso es lo que no ocurrió.

El Reglamento de Inteligencia Artificial europeo exige que, en los sistemas de alto riesgo, como los de salud, una persona supervise de verdad sus decisiones. Pero nadie puede revisar miles de decisiones a la hora, así que necesita una regla para saber cuándo mirar: la más natural es hacerlo si los modelos no se ponen de acuerdo.

Esa regla casi nunca se activa. No porque el sistema acierte, sino porque los modelos casi siempre coinciden. Y no lo hacen como expertos llegando por separado a la misma conclusión, sino como expertos formados en la misma escuela, con los mismos libros. La calma que transmiten al supervisor no está ganada.

Cuando la herramienta confirma en lugar de contrastar

Queda por saber cómo influyen las respuestas de ese coro de expertos cantando al unísono en la persona que las recibe. En 2025, la revista The Lancet Gastroenterology and Hepatology publicó el seguimiento de diecinueve endoscopistas veteranos que llevaban meses trabajando con ayuda de la IA. Cuando la apagaban, su tasa de detección de lesiones bajaba del 28,4 % al 22,4 %. La herramienta no les quitó el trabajo; les quitó la vigilancia.

Con la IA generativa, el patrón se repite. Una encuesta de Microsoft y la Universidad Carnegie Mellon a 300 profesionales encontró que, cuanto más confiaban en la herramienta, menos pensamiento crítico decían ejercer.

Nuestro resultado añade una razón más para preocuparse. Una segunda opinión es útil porque puede llevarnos la contraria, plantear retos y mantenernos activo mentalmente. Dieciséis opiniones que coinciden no llevan a la autocrítica, al pensamiento lateral, ni a la duda; solo confirman. Y quien solo recibe confirmación deja de ejercitar justo lo que pide el citado reglamento europeo: tener criterio para decir que no. De todos modos, lo hemos comprobado en un solo dominio –salud mental– y en español, lo cual obliga a tomar los resultados con prudencia.

Preguntar a muchos modelos solo sirve si alguno puede decir que no. Y cuando la segunda opinión es la primera repetida, lo que está en juego no es lo que saben las máquinas, sino lo que dejamos de saber nosotros. Los modelos seguirán peleando por llegar a ser distintos. Nosotros, mientras tanto, debemos pelear por seguir siéndolo.

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Mario Vega Barbas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Pedimos a dieciséis modelos de IA generativa que valoraran los mismos casos clínicos y esto fue lo que pasó – https://theconversation.com/pedimos-a-dieciseis-modelos-de-ia-generativa-que-valoraran-los-mismos-casos-clinicos-y-esto-fue-lo-que-paso-291387

¿Qué son los cristales de tiempo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Ramón Muñoz de Nova, Investigador en Teoría Cuántica Interdisciplinar, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Un copo de nieve repite su patrón en el espacio. Un cristal de tiempo hace lo mismo, pero en el tiempo. Wikimedia commons, CC BY

Todos conocemos, y usamos, los cristales espaciales, la sal común, por ejemplo, lo es. Si miramos la sal en su estructura atómica, veremos que los átomos no están distribuidos de forma homogénea, sino en un patrón geométrico rígido que se repite en el espacio. Esta estructura cristalina también se observa en los copos de nieve, los diamantes, los metales, etc.

Pero recordemos que Einstein y su Teoría de la Relatividad tratan de manera equitativa al espacio y al tiempo. Entonces, si existen cristales espaciales… ¿existirán cristales temporales?

De la teoría a la demostración

Fue en 2012 cuando el premio Nobel de física Frank Wilczek propuso el concepto revolucionario de cristal temporal. Estos corresponderían a una fase de la materia que se repetiría periódicamente en el tiempo, oscilando indefinidamente.

Un cristal temporal sería entonces algo parecido a un reloj que se mueve espontáneamente sin necesidad de darle cuerda: un sistema de partículas que, sin que alguien lo esté perturbando continuamente, desarrolla una oscilación autosostenida periódica en el tiempo. Técnicamente, en física se dice que se ha producido una ruptura espontánea de la simetría: un sistema que a priori se comportaría igual en todos los instantes del tiempo (una simetría continua) pasa a exhibir un comportamiento periódico, donde se manifiesta igual solo a intervalos fijos de tiempo (una simetría discreta).

Hay algo más: igual que un material cristalino tiende a mantener su estructura periódica aunque se intente deformarlo, un cristal de tiempo tiende a mantener su ritmo aunque este sea perturbado.

Contra la intuición

Intuitivamente, uno esperaría que dichos cristales no existieran, pues suenan peligrosamente como un móvil perpetuo, algo prohibido por las leyes de la Termodinámica. De hecho, muy pronto se demostró que el ejemplo concreto originalmente propuesto por el propio Wilczek era incorrecto e incluso los físicos Haruki Watanabe y Masaki Oshikawa probaron un célebre teorema de imposibilidad de la existencia de cristales temporales. Caso cerrado… ¿o no?

La idea seguía siendo demasiado atractiva como para abandonarla así como así. Además, como bien sabemos, hecha la ley, hecha la trampa: el teorema de imposibilidad demostraba que no podían existir cristales temporales en equilibrio. Pero, ¿y si considerásemos sistemas fuera del equilibrio?

Ha sido a través de esta rendija por dónde se ha colado todo el zoo de cristales temporales del cual disponemos hoy en día.

El primer ejemplo vino dado por los llamados cristales temporales discretos, en los que un sistema sometido a una pulsación periódica externa oscila también periódicamente, solo que con un período mayor al de la pulsación.

Esta respuesta subarmónica rompe la simetría temporal discreta que imponía la pulsación externa.

Llegaron más

En 2017, se produjeron cristales temporales discretos utilizando centros de nitrógeno-vacante en diamante y cadenas de iones, en lo que constituyó la primera evidencia experimental de un cristal temporal. De hecho, recientemente se han realizado cristales temporales discretos utilizando láseres ópticos, un trabajo en el que participaron investigadores de la Universidad de las Islas Baleares.

Posteriormente, se identificaron variantes como los cristales temporales pretérmicos, producidos en el régimen de calentamiento extremadamente lento propio de los sistemas pulsados periódicamente a alta frecuencia, o los cristales temporales disipativos, donde el sistema oscila periódicamente al acoplarse a otro externo con el que intercambia energía.

Otra posibilidad son los cristales temporales excitados, que parten de estados cuánticos iniciales con una energía muy alta que utilizan para oscilar periódicamente de manera espontánea.

Sensores y computación cuántica

Debido a su naturaleza única, los cristales temporales poseen un gran potencial para aplicaciones en tecnologías cuánticas. Una de las más obvias es como relojes, estables y robustos frente a perturbaciones externas y, aunque probablemente no tan precisos, potencialmente más fáciles de construir y transportar que los relojes atómicos.

Dicha robustez también promete aplicaciones dentro de la sensórica cuántica, la cual utiliza sistemas cuánticos para medir ciertas señales con una precisión y sensibilidad mayor que la alcanzable por sistemas clásicos.

En general, los cristales temporales representan un nuevo paradigma para la ingeniería cuántica; de hecho, una de las realizaciones más sonadas de un cristal temporal se produjo utilizando Sycamore, el procesador cuántico de Google.

Sin embargo, quizás la aplicación más interesante de los cristales temporales sea a nivel meramente conceptual, estimulando el estudio de la física fuera del equilibrio y de fenómenos temporales en general.

Todos estos cristales temporales, aunque no sean exactamente los estados de equilibrio que concibió Wilczek originalmente, ponen sobre la mesa una idea revolucionaria: el tiempo puede ser una nueva herramienta con la que se puede jugar para crear fases de la materia completamente novedosas, lejos del paradigma tradicional de los sistemas en equilibrio independientes del tiempo.

La naturaleza cuántica del tiempo

En particular, una línea de investigación especialmente fascinante es el estudio de la naturaleza cuántica del tiempo mismo utilizando cristales temporales, un problema fundamental que sigue abierto y que podría tener implicaciones muy profundas de cara a formular la ansiada Teoría del Todo.

La provocadora propuesta de Wilczek, aunque inicialmente errada, ha pasado en poco más de una década de ser una idea teórica exótica e imposible a una realidad experimental en el laboratorio, representando ya todo un campo de investigación por sí mismo que involucra multitud de sistemas físicos: desde átomos fríos a láseres ópticos, pasando por helio-3 líquido, diamantes o computadores cuánticos.

Y ahí seguirá la ciencia, esperando que una nueva equivocación nos guíe hacia cotas desconocidas.

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Juan Ramón Muñoz de Nova no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué son los cristales de tiempo? – https://theconversation.com/que-son-los-cristales-de-tiempo-287440

Actividades extraescolares: más no es mejor, según la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel Flores Buils, Profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación, especializada en orientación educativa y desarrollo vocacional, Universitat Jaume I, Universitat Jaume I

Aviavlad/Shutterstock

Cuando empieza el curso, muchas familias vuelven a toparse con el mismo rompecabezas: fútbol, inglés, música, robótica, danza, refuerzo escolar… La oferta es enorme, pero el tiempo y el presupuesto son limitados. ¿Resultan realmente imprescindibles las actividades extraescolares? Y, si hemos de elegir, ¿qué conviene priorizar?

Las investigaciones las relacionan con beneficios académicos, sociales, emocionales y de salud, pero simplemente “hacer alguna extraescolar” no garantiza un mejor desarrollo. Quizá convenga pensarlas no como más escuela después de la escuela, sino como una oportunidad para ampliar experiencias: movimiento, juego, creatividad, intereses, relaciones, autonomía o, cuando sea necesario, apoyo académico.

En infantil: jugar, moverse y descubrir

En los primeros años, el juego, el movimiento, la exploración y la interacción también son formas de aprender. Si hay una actividad organizada, conviene que sea lúdica, flexible y adaptada al ritmo del niño.

La OMS recomienda, al menos, 180 minutos de actividad física al día a los 3 y 4 años, y una media de como mínimo 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa entre los 5 y los 17. Antes de añadir una actividad sedentaria, conviene preguntarse cuánto se ha movido el niño.




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Por otra parte, a estas edades, una actividad no necesita parecerse a una clase para ser educativa. Incluso la tecnología puede plantearse desde el juego: en un programa de robótica con niños y niñas de 4 y 5 años se observó cooperación, autorregulación, toma de decisiones y resolución compartida de problemas.

En primaria: explorar antes de especializarse

Durante la primaria, las extraescolares pueden funcionar como pequeños laboratorios de competencias. En un equipo deportivo, una coral, un grupo de teatro o un taller de ciencia también se aprende a cooperar, perseverar, gestionar la frustración y descubrir intereses.

Una síntesis reciente de revisiones de estudios en niños de 4 a 12 años muestra beneficios en el aprendizaje social y emocional. También destaca la importancia de la calidad del programa, el aprendizaje activo y las buenas relaciones con adultos e iguales.

Es, por tanto, un buen momento para explorar antes de especializarse: descubrir “qué me gusta”, “qué se me da bien” o “en qué disfruto esforzándome”.




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En secundaria: más voz al adolescente

En la adolescencia, la decisión debería incorporar cada vez más su propia voz. Continuar una actividad porque “siempre la ha hecho” tiene poco sentido si ya no encuentra interés, relaciones significativas o satisfacción en ella.

La implicación aumenta cuando los adolescentes pueden participar en la decisión y encuentran sentido en lo que hacen. También ayuda que se sientan competentes, parte del grupo y en un entorno seguro. Escucharlos no significa dejar toda la decisión en sus manos, sino incorporar sus intereses, preferencias y necesidades.

También conviene desconfiar de la idea de que cualquier extraescolar mejorará las notas. Cuando se controlan las diferencias previas entre quienes participan y quienes no, las ventajas académicas se reducen. En cambio, se mantienen algunos beneficios modestos en salud mental vinculados al deporte.




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Si solo podemos elegir una: ¿académica o recreativa?

Cuando el presupuesto es limitado, quizá la pregunta no sea “¿qué actividad es mejor?”, sino “¿qué necesidad importante no está suficientemente cubierta?”.

Si hay una dificultad académica concreta, como problemas persistentes de lectura o matemáticas, un refuerzo bien dirigido puede ser adecuado: las tutorías muestran efectos positivos en el aprendizaje, especialmente cuando son frecuentes y las imparten docentes o personal de apoyo.

Pero, si esa necesidad no existe, más horas académicas no son automáticamente una mejor inversión. Una actividad deportiva, artística o social puede aportar movimiento, creatividad, autonomía, relaciones o sentimiento de competencia. Y no solo importa el tipo de actividad, sino también la calidad: que permita participar, conecte con los intereses, plantee retos asumibles y facilite buenas relaciones.

Más no siempre es mejor

No existe un número mágico de extraescolares. Una hora más de actividad puede ser una hora menos de descanso, juego, tiempo con los amigos o tiempo libre. Añadir más actividades no implica necesariamente más beneficios cognitivos. Especialmente en secundaria, dedicarles demasiado tiempo puede incluso perjudicar otras habilidades personales y sociales. En un estudio con alumnado de secundaria, participar en un abanico más amplio de actividades se asoció con una mejor asistencia a clase, pero no con mejores puntuaciones en lengua o matemáticas.

Además, una buena actividad puede no encajar bien en la vida cotidiana: el cansancio, los horarios, el transporte u otras responsabilidades pueden convertirla en una carga. Más que contar actividades, conviene observar: ¿duerme lo suficiente?, ¿conserva tiempo libre?, ¿va con ganas?, ¿tiene espacio para estar con la familia y los amigos?, ¿o toda la semana se ha convertido en una carrera?




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Y no todas las familias pueden elegir en las mismas condiciones. Hay desigualdades socioeconómicas en el acceso al deporte organizado y, en España, el coste puede impedir el acceso a actividades extraescolares en familias vulnerables. También influyen el transporte, los horarios, la seguridad o la ubicación.

En definitiva, las extraescolares no son imprescindibles por sí mismas. Lo importante es que niños y adolescentes tengan oportunidades para moverse, relacionarse, descubrir intereses, descansar, sentirse competentes y recibir apoyo cuando lo necesiten. Quizá la mejor extraescolar sea la que aporta algo esencial que, en ese momento, falta.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Actividades extraescolares: más no es mejor, según la ciencia – https://theconversation.com/actividades-extraescolares-mas-no-es-mejor-segun-la-ciencia-292810

El cuerpo femenino en vaqueros: polémica y sexualización

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Vicens Poveda, Doctora en Comunicación Audiovisual y docente en UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología), UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Centro comercial en Lima, Perú, en el que se ve el anuncio de Sydney Sweeney para American Eagle en el que declara que tiene buenos ‘genes’ (que fonéticamente en inglés puede sonar a ‘jeans’, vaqueros). DJSully / Shutterstock.com

No cabe duda de que, en plena era de las redes sociales, la publicidad se cuela en cada rincón de nuestra vida, confundiéndose en ocasiones con contenido o entretenimiento. Por ello, muchos estudios tratan sus estereotipos y mensajes, y cómo estos afectan a nuestro comportamiento.

Tras años de narrativas body positive y estudios que hablan del auge de TCAs en adolescentes, cabría esperar una evolución hacia ejemplos más saludables y positivos para las jóvenes. En este sentido, la publicidad dirigida a adolescentes cobra especial interés, por tratarse de un púbico más influenciable. La de moda vaquera resulta especialmente interesante porque suele estar específicamente enfocada a esas edades, por lo que nos preguntamos si ha cambiado en algo la figura femenina en sus anuncios.

De ‘cowboys’ a adolescentes

Los jeans siempre se han ligado al american way of life y los cowboys. De ahí el nombre que en España damos a esta prenda: vaqueros. Las primeras publicidades mostraban su comodidad, siempre relacionada con el campo, el trabajo y la cultura americana, eminentemente masculina.

Sin embargo, a mediados del siglo XX Hollywood cambió las cosas. Las películas protagonizadas por jóvenes rebeldes e incomprendidos –como la propia Rebelde sin causa– comenzaron a tener éxito entre los adolescentes. En el estilismo de estos personajes predominaban los jeans y el cuero, lo que hizo a las marcas de moda vaquera darse cuenta de que tenían un nuevo público objetivo dispuesto a dejarse su dinero para parecerse a sus estrellas favoritas.

En el momento en el que todos podían ser potenciales clientes, la publicidad se alejó del mundo rural y trabajador para adentrarse en las ciudades y los consumidores jóvenes. Además, la mujer pasó a ser la protagonista y consumidora habitual. Pero ya no se publicitaba la comodidad de las prendas. De repente, que el pantalón “hiciese un buen culo” se transformó en algo esencial para elegir un buen vaquero.

En los 60, Wrangler Jeans cosió una letra W bordada a los bolsillos traseros, un elemento de branding que ayudó a promover el discurso sexual, centrando la mirada y la narrativa en las nalgas. Las campañas mostraban a las modelos de espaldas, invitando al espectador a prestar atención a su trasero mientras ellas hacían lo mismo. Efectivamente, la mujeres ocupaban los anuncios, pero la mirada masculina se convertía en el eje central y el cuerpo femenino solo era un objeto sexual para ensalzar la prenda.

También firmas como Jesus Jeans y Guess se valieron de la sexualidad para sus campañas más famosas, con frases polémicas o cuerpos semidesnudos para llamar la atención de los adolescentes.

La mujer y la polémica

Calvin Klein era una marca de moda poco conocida hasta que contrató a Brooke Shields en 1980. La campaña de sus vaqueros protagonizada por la actriz, que tenía 15 años, dio la vuelta al mundo y se convirtió en el emblema de la firma.

En aquel momento, la figura de Shields ya estaba fuertemente sexualizada. Había encarnado a una prostituta con tan solo 13 años en La pequeña y, el mismo año del rodaje del anuncio de Calvin Klein, estrenó El lago azul, que incluía varias escenas de desnudos y contenido sensual. Calvin Klein presentó a Shields como imagen de marca en una campaña que la erotizaba con varias posiciones controvertidas y comentarios subidos de tono. Especialmente polémico es el spot en el que asegura que nada se interpone entre ella y sus jeans, implicando que no lleva ropa interior mientras está sentada con las piernas abiertas. La campaña fue un éxito para la marca, que apeló al adolescente rebelde que veía en Shields un referente.

Desde entonces, CK mantiene ese tono sexual, irreverente y coqueto. Pero no es la única marca que sigue este estilo. Utilizar figuras famosas y controvertidas ha sido un constante en la publicidad de jeans. En 1993, Anna Nicole Smith, famosa conejita de Playboy y ganadora del premio Playmate, participó en una campaña para Guess en la que anunciaba vaqueros en entornos y posturas marcadamente sensuales.

Más turbia fue la campaña de Calvin Klein en 1995, en la que varios modelos de aspecto aniñado, entre los que se encontraba Kate Moss, parecían estar en un casting, grabados con una cámara casera, mientras una voz adulta y masculina les hacía preguntas y les intentaba dar órdenes. Tras acusaciones de pornografía infantil, la marca retiró la campaña.

No obstante, la sexualización de las menores y las mujeres sigue siendo un reclamo claro para este sector.

Recientemente, los anuncios de American Eagle protagonizados por Sydney Sweeney han utilizado todas estas estrategias para causar polémica. La actriz, declarando que tiene buenos genes (en un juego de palabras entre genes y jeans en inglés), se convirtió en objeto de admiración y crítica en una América polarizada en pleno apogeo de Trump. Paradójicamente, era un juego de palabras que ya Calvin Klein había utilizado en un spot de los 80 en la campaña de Brooke Shields.

De nuevo, el escándalo sirvió de excusa narrativa para situar a una celebridad en un entorno erótico.

Desnudas para anunciar prendas

Una de las ironías de la publicidad de moda es que en ocasiones se muestran cuerpos desnudos para vender prendas de vestir, especialmente en los anuncios protagonizados por mujeres.

La acción de abrocharse y desabrocharse el pantalón es una excusa narrativa repetida para mostrar el trasero, la ropa interior o los pechos de las modelos. No importa cuál sea la marca, en todos los anuncios analizados se repiten planos y patrones en los que las protagonistas se agarran o golpean las nalgas, se tapan el torso desnudo mientras lucen los vaqueros o simplemente se tumban en la cama mientras se suben lentamente la cremallera.

Así se ha visto en la última campaña de Calvin Klein con Sadie Sink, actriz de Stranger Things o La ballena. En ella vemos a la intérprete, que ha crecido ante nuestros ojos, vistiéndose, palpándose el culo, mojándose una camiseta que deja entrever que no lleva sujetador o bailando en una habitación con luz roja mientras se toca el cuerpo. Esta campaña podría servir, de hecho, para abrir de nuevo el debate de la sexualización como única vía de las mujeres para salir de sus roles infantiles.

El comentarista británico Michael Deacon dio gracias a Dios por esta campaña en una columna de opinión en The Telegraph. Sin embargo, a pesar de la celebración de Deacon y otros críticos sobre la vuelta a la sexualización y al arquetipo de la chica joven y delgada en los anuncios, después de mi estudio puedo afirmar que no ha vuelto nada. Y no lo ha hecho porque nunca se había ido.

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Ana Vicens Poveda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El cuerpo femenino en vaqueros: polémica y sexualización – https://theconversation.com/el-cuerpo-femenino-en-vaqueros-polemica-y-sexualizacion-292302

Cuando una demencia hace aflorar un artista oculto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sergio Molina Rodríguez, Profesor e investigador en Psicobiología, Neurociencia cognitiva y neuropsicología, Universidad Miguel Hernández

Durante gran parte de su vida, el paciente número 5 fue un empresario de éxito. Nunca había pintado ni había mostrado un interés especial por el arte. Pero alrededor de los 56 años, algo empezó a cambiar. Los colores y los sonidos parecían cobrar una intensidad nueva e incluso, en ciertos momentos, sentía que su mente funcionaba de otra manera, que era más creativa. Fue entonces cuando comenzó a pintar.

Y no se trató de una afición pasajera, no. Con el paso de los años, sus pinturas se hicieron cada vez más precisas y detalladas. Podía pasar horas trabajando en una sola línea. Su habilidad siguió creciendo hasta el punto de que sus obras llegaron a ganar varios premios en exposiciones de arte.

Pero mientras aquel artista inesperado parecía despertar, otras capacidades comenzaban a apagarse. Su capacidad para comunicarse se deterioraba y su comportamiento social empezó a cambiar. Padecía una demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente a los lóbulos frontales y temporales del cerebro. Quienes la padecen pueden perder el filtro social y decir cosas inapropiadas, repetir una misma conducta una y otra vez o tener cada vez más dificultades para encontrar las palabras y comunicarse.

La historia parece contradictoria. ¿Puede una demencia, paradójicamente, revelar al artista que permanecía oculto?

Un fenómeno excepcional, pero real

Por extraordinaria que parezca, esta historia no es un caso aislado. Durante las últimas décadas, se han descrito personas que, coincidiendo con el desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa, comenzaron a pintar, dibujar, esculpir, componer música o realizar otras actividades creativas que hasta entonces apenas habían formado parte de sus vidas. Algunas de sus sorprendentes obras pueden verse aquí.

La cuestion es: ¿hasta qué punto es realmente frecuente este fenómeno? Un estudio publicado en JAMA Neurology en 2023 buscó la respuesta en 689 pacientes con demencia frontotemporal. Solo el 2,5 % desarrollaron nuevas capacidades artísticas. Se trata, por tanto, de un fenómeno infrecuente, aunque va más allá de que una simple anécdota clínica.

Meo / Pexels.

Perder para ganar: una paradoja del cerebro

¿Qué ocurre en el cerebro para que una capacidad artística aparezca justo cuando otras empiezan a desaparecer? Una primera pista podría estar en la pérdida de algunos de nuestros “frenos” cerebrales. La demencia frontotemporal puede alterar nuestra capacidad de inhibir y favorecer comportamientos repetitivos. Algunos pacientes pueden pasar horas pintando, repetir una misma obra o concentrarse extraordinariamente en pequeños detalles. Esta mayor dedicación y práctica podría contribuir, al menos en parte, al desarrollo de sus habilidades artísticas.

Pero podría estar ocurriendo algo más. Otra posible explicación tiene un nombre tan extraño como el fenómeno que intenta explicar: facilitación funcional paradójica. El cerebro no se comporta como una colección de piezas independientes, sino como una red de regiones que se comunican, se regulan y se influyen mutuamente.

Por eso, cuando una enfermedad deteriora una parte de esa red, sus efectos pueden ir más allá y modificar la actividad de las regiones que permanecen preservadas. En la demencia frontotemporal se ha propuesto que el deterioro de regiones frontales y temporales podría reducir la influencia de estas sobre los sistemas visuales relativamente intactos, permitiendo que estos adquieran un mayor protagonismo y favoreciendo así la aparición o mejora de determinadas habilidades artísticas.

La enfermedad, por tanto, no crearía un artista desde cero, sino que alteraría el equilibrio entre las redes, permitiendo que capacidades hasta entonces poco visibles adquirieran un mayor protagonismo. Pero esta ventana tiene fecha de caducidad: a medida que la neurodegeneración avanza y alcanza otras regiones cerebrales, la producción artística también acaba deteriorándose.

¿Y si pudiéramos liberar esas capacidades?

La idea de que algunas capacidades podrían permanecer ocultas o inaccesibles llevó a un grupo de investigadores a realizar un experimento sorprendente. Mediante estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que permite modificar temporalmente la actividad cerebral, redujeron la actividad de la región frontotemporal izquierda en voluntarios sanos. Algunos participantes cambiaron su manera de dibujar, sugiriendo que disminuir la influencia de ciertos procesos podría facilitar el acceso a detalles que normalmente nuestro cerebro filtra. Esto plantea una pregunta fascinante: ¿podríamos algún día acceder temporalmente a capacidades que permanecen fuera de nuestro alcance?

Imaginemos potenciar nuestras capacidades para un examen o entrevista de trabajo. Hoy estamos lejos de poder hacerlo, pero la posibilidad resulta tan seductora como inquietante.

Magnific.
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Una ventana inesperada al cerebro

Estos casos excepcionales nos recuerdan que el cerebro no funciona como una suma de piezas independientes, cada una responsable de una capacidad concreta. Nuestras habilidades emergen de un delicado equilibrio entre redes que cooperan, compiten y se regulan entre sí. Cuando una enfermedad neurodegenerativa altera ese equilibrio, algunas funciones se pierden, pero también pueden cambiar la forma en que se expresan aquellas que permanecen preservadas.

Comprender estas paradojas no solo nos ayuda a entender mejor la demencia: nos ofrece una ventana privilegiada para descubrir cómo un cerebro sano construye algo tan complejo y profundamente humano como el arte.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando una demencia hace aflorar un artista oculto – https://theconversation.com/cuando-una-demencia-hace-aflorar-un-artista-oculto-289648

De la science qui fait rire ? Des ingénieurs canadiens remportent un prix Ig Nobel pour avoir fait de la « nécro-impression 3D » à l’aide de moustiques

Source: The Conversation – in French – By Changhong Cao, Canada Research Chair and Associate Professor, Mechanical Engineering, McGill University

Parmi les lauréats des prix Ig-Nobel 2026, on trouve une étude sur l’aérodynamique du mouchage de nez et une autre qui a démontré que les personnes des classes supérieures sont plus enclines à piquer des bonbons destinés aux enfants. (Unsplash/Zyanya Citlalli)

Nos recherches menées à l’Université McGill ont remporté le prix Ig Nobel 2026 en technologie pour avoir démontré qu’on peut utiliser des moustiques pour l’impression 3D haute résolution.

Notre étude a consisté à recycler des moustiques morts en extrayant soigneusement leur pièce buccale, ou « proboscis », pour la fixer ensuite à un système d’impression 3D.

Ils font office de buses de distribution de fluide dans un procédé que nous avons baptisé « nécro-impression 3D ». Nous pouvons les utiliser pour imprimer des structures très petites et précises, dont la production serait autrement particulièrement difficile et coûteuse.

Des prix pour rire

Les prix Ig Nobel récompensent des travaux de recherche menés partout dans le monde qui font d’abord rire, puis réfléchir.

Fondés par Marc Abrahams en 1991, ces prix ont pour mission de montrer que les recherches scientifiques issues des recoins les plus improbables de l’esprit humain peuvent engendrer des découvertes intéressantes.

Chaque année, environ 9 000 projets sont proposés et un prix est décerné dans chacune des dix catégories. Cette année, les catégories étaient les suivantes : biomécanique, économie, chimie, médecine, biologie, physique, technologie, olfaction, paix et science des sols.

Les prix sont généralement remis par des lauréats du prix Nobel lors d’une cérémonie de gala organisée à l’Université Harvard, au Massachusetts Institute of Technology (MIT) ou à l’Université de Boston. Cette année, rompant avec la tradition, les prix ont été remis à Zurich, en Suisse, sous les avions de papier lancés par le public.




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Les moustiques sont naturels, bon marché et uniformes

Comment en sommes-nous venus à démanteler des cadavres de moustiques à des fins industrielles ? La réponse est simple : pourquoi se creuser la tête pour inventer et fabriquer quelque chose alors que Mère Nature nous offre une solution toute faite, perfectionnée au fil de millions de générations ?

La trompe du moustique est une microaiguille issue de l’évolution naturelle, dont la largeur correspond environ à la moitié de celle d’un cheveu humain. Du point de vue de la fabrication, produire des aiguilles aussi petites pour en faire des buses d’impression 3D représente un important défi. Les microbuses commerciales dont la taille est inférieure à 100 microns (un micron équivaut à 0,001 millimètre) coûtent environ 80 $ chacune.

Les aiguilles en verre, bien qu’elles puissent atteindre de tels diamètres, sont difficiles à fabriquer de manière uniforme et extrêmement fragiles.

Un autre problème lié aux buses conçues de manière traditionnelle est qu’elles sont fabriquées à partir de matériaux non organiques et non biodégradables. La trompe du maringouin, en revanche, est composée à 100 % de matière organique. Elle est également moins coûteuse et présente une taille constante.

D’autres tubes provenant d’insectes ou de plantes pourraient-ils convenir ? Peut-être. Nous n’avons exploré qu’une infime partie de ce que Mère Nature nous offre pour ce genre d’usage.

Une structure alvéolaire et une feuille d’érable imprimées en 3D

Pour mettre au point cette technologie de nécro-impression 3D, nous avons étudié en détail les différents éléments de la trompe du moustique.

Une structure striée en forme de nid d’abeilles
Structure alvéolée imprimée en 3D à l’aide d’une buse à base de trompe de moustique.
(Justin Puma)

Nous avons déterminé la pression maximale que la trompe de moustique peut supporter avant de céder et avons appris à ajuster correctement les paramètres d’impression et les pressions afin de fabriquer des éléments dont la taille peut atteindre un tiers du diamètre d’un cheveu humain.

Nous avons également imprimé quelques échantillons de divers éléments : une structure alvéolaire, un échafaudage intégrant des cellules (l’encre contient des cellules vivantes à des fins d’ingénierie tissulaire) et, bien sûr, une feuille d’érable canadienne.

Chacune de ces structures avait à peu près la taille d’un grain de sable.

Cette technologie d’impression 3D haute définition pourrait aussi servir à produire des pièces fonctionnelles de petite taille et très détaillées, telles que des puces microfluidiques pour les tests diagnostiques ou encore des prototypes miniatures de dispositifs biomédicaux ou de robotique molle.

Les origines de notre idée

Avec le recul, l’utilisation de la trompe de moustique s’avère être une solution tout à fait sensée pour la micro-impression 3D. Cette idée n’est toutefois pas le fruit d’un raisonnement logique découlant d’études antérieures.

Une structure striée en forme de feuille d’érable
Feuille d’érable imprimée en 3D à l’aide d’une buse à base de trompe de moustique.
(Justin Puma)

Elle est issue d’un autre projet de notre groupe, baptisé « Skinbarrix », dans le cadre duquel nous élaborons une barrière cutanée destinée à prévenir les piqûres d’insectes.

Pendant que j’y travaillais et que je m’interrogeais sur les moyens de renforcer l’efficacité de la barrière cutanée contre les piqûres d’insectes, je me suis retrouvé entouré de moustiques. Au même moment, un étudiant parlait d’impression 3D.

C’est alors que m’est apparue l’idée d’utiliser des tubes organiques présents dans la nature, et plus particulièrement une trompe de moustique, pour créer des buses à l’échelle microscopique. Après des mois d’essais et d’erreurs, Justin, le héros de notre équipe, a finalement réussi à faire fonctionner le système.

La science peut être un jeu

Parmi les autres lauréats du prix Ig Nobel de cette année figurent une étude visant à établir une définition précise du baiser et une autre sur l’aérodynamique du mouchage du nez.

La 36ecérémonie annuelle des prix Ig Nobel à Zurich, en Suisse (2026).

Nos projets de recherche préférés commencent généralement par des questions qui peuvent sembler stupides ou inutiles, mais qui mènent à des études sérieuses avec un résultat épatant.


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Par exemple, dans une étude sur la mécanique de séparation des biscuits Oreo, des chercheurs ont découvert que la crème reste habituellement presque en totalité sur une des galettes, car l’interface entre la galette et la crème cède avant que la crème elle-même ne se sépare.

Chaque fois que nous lisons des travaux comme celui-ci, nous ne pouvons nous empêcher de penser : « Quel genre de personne, soucieuse du détail, remarque un problème aussi intéressant et a également la capacité de le résoudre avec une telle rigueur scientifique ? C’est incroyable ! »

Plus on lit ce genre de recherches, plus la créativité semble se développer naturellement. Sortir des sentiers battus devient alors moins un effort délibéré qu’une habitude.

Un autre rôle important des prix Ig Nobel est peut-être justement de nous rappeler que la science peut naître du jeu, de la curiosité et de questions qui ne s’arrêtent pas aux frontières conventionnelles.

La Conversation Canada

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. De la science qui fait rire ? Des ingénieurs canadiens remportent un prix Ig Nobel pour avoir fait de la « nécro-impression 3D » à l’aide de moustiques – https://theconversation.com/de-la-science-qui-fait-rire-des-ingenieurs-canadiens-remportent-un-prix-ig-nobel-pour-avoir-fait-de-la-necro-impression-3d-a-laide-de-moustiques-292830