Latidos al límite: cómo prevenir la parada cardiaca y la muerte súbita en el deporte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Jiménez Herranz, PDI, Medicina de la Educación Física y el Deporte, Universidad Complutense de Madrid

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La práctica de ejercicio físico constituye una de las estrategias básicas para mantener un estilo de vida saludable. Sus beneficios para la salud son múltiples cuando se realiza de forma estructurada y planificada, siguiendo las recomendaciones de profesionales especializados.

Además, constituye una herramienta clave de salud pública dada su asociación con una menor mortalidad por todas las causas. Por ello, los casos de parada cardiaca súbita (PCS: interrupción brusca de la actividad cardiaca potencialmente reversible) o de muerte súbita cardiaca (MSC: fallecimiento secundario a una PCS no recuperada) en deportistas aparentemente sanos generan un gran impacto social cuando aparecen en los medios de comunicación.

Estas situaciones pueden producirse tanto en deportistas profesionales como en personas que practican deporte de forma recreativa. En ambos casos, el ejercicio físico puede actuar como desencadenante de una enfermedad cardiovascular previamente no diagnosticada, que puede manifestarse con una PCS o una MSC.

Múltiples factores de riesgo

Son acontecimientos poco frecuentes, pero con una gran repercusión y que obligan a establecer unas medidas preventivas por parte de los organismos responsables de la salud. Esta prevención se fundamenta en las posibles causas que desencadenan los episodios, que son variadas y complejas. Una de las mayores dificultades es identificar con precisión qué deportistas presentan un mayor riesgo, al ser colectivos tan amplios y heterogéneos.

Entre los factores de riesgo asociados a la PCS y la MSC están la edad, el sexo, el origen étnico, el tipo de deporte que se practica, la intensidad del ejercicio físico o la existencia de enfermedades cardiovasculares previas. La evidencia científica muestra que, en mayores de 35 años, la principal causa es la enfermedad coronaria aterosclerótica, mientras que en menores de 35 años predominan las dolencias hereditarias o estructurales del corazón, aunque en algunos casos no llega a identificarse una causa concreta.

No podemos olvidar otros factores relacionados como son las condiciones medioambientales extremas, la commotio cordis –traumatismo directo sobre el tórax que desencadena una arritmia potencialmente mortal– o el dopaje. El conocimiento de estos factores es clave para determinar de forma más específica en qué grupos de población hay que intervenir de forma preventiva y qué medidas son las más adecuadas en cada situación y colectivo.

Además, la práctica deportiva habitual no elimina por completo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares –algunas de ellas hereditarias o previamente desconocidas–, por lo que la prevención y el reconocimiento precoz de los síntomas siguen siendo fundamentales.

Evaluaciones previas y pruebas adicionales

Entre las medidas de prevención está el reconocimiento médico previo a la práctica deportiva, que, aunque no elimina por completo el riesgo de sufrir una PCS o una MSC, desempeña un papel decisivo. Este tipo de evaluaciones deben ser realizadas preferentemente por profesionales con formación específica en medicina del deporte o cardiología del deporte.

No existe un modelo único estandarizado de reconocimiento y sus características deben estar adaptadas principalmente al riesgo del deportista. Una evaluación básica se debe componer al menos de un historial clínico personal, familiar y deportivo conciso, una exploración física detallada y, en muchos programas de cribado, un electrocardiograma de 12 derivaciones.

La realización de más pruebas vendrá determinada bien por esta valoración inicial, bien por el riesgo inherente del atleta o del deporte que practica. Además, la aparición de síntomas como dolor torácico durante el ejercicio, mareos, pérdida de conocimiento, síncopes inexplicados, palpitaciones intensas o dificultad respiratoria desproporcionada, así como antecedentes familiares de muerte súbita o enfermedades cardiacas hereditarias, debe motivar una valoración médica especializada antes de continuar con la práctica deportiva.

Otras de las medidas preventivas esenciales para mejorar la supervivencia tras una PCS son su reconocimiento precoz, la realización inmediata de maniobras de reanimación cardiopulmonar y la desfibrilación temprana mediante desfibriladores externos automáticos (DEA). Por tanto, la formación en reanimación en la población general, la accesibilidad a un DEA y la implementación de un plan de acción de emergencia deben formar parte de las políticas de salud pública y educación de cualquier administración.

Asimismo, es necesaria una intervención en el ámbito del registro de datos para conocer con precisión las cifras reales de prevalencia e incidencia de PCS y MSC, reforzando los sistemas de notificación obligatoria, creando registros nacionales (que incluyan supervivientes de PCS y no solo de fallecimientos) y estandarizando protocolos de autopsia y diagnóstico molecular.

Finalmente, es importante recordar que, a pesar de estos episodios poco frecuentes, los beneficios del ejercicio físico para la salud superan ampliamente los riesgos asociados a su práctica en la mayoría de la población.


Este artículo fue publicado previamente por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).


The Conversation

Elena Jiménez Herranz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Latidos al límite: cómo prevenir la parada cardiaca y la muerte súbita en el deporte – https://theconversation.com/latidos-al-limite-como-prevenir-la-parada-cardiaca-y-la-muerte-subita-en-el-deporte-293007

Una nueva aleación metálica reduce las pérdidas de energía en motores eléctricos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Pérez Prado, Profesora y Científica Senior, Metalurgía Sostenible, IMDEA MATERIALES

Los motores eléctricos accionan vehículos, industria, dispositivos doméstico, etc. UKRID/Shutterstock

Más de la mitad de la electricidad de la UE alimenta motores eléctricos. Según estimaciones de la Comisión Europea, representaron alrededor del 53 % del consumo de electricidad de la UE en 2020. Según la Comisión Europea, los 380 millones de motores de entre 0,12 y 1 000 kilovatios (kW) cubiertos por la normativa europea de ecodiseño consumieron en 2020 (últimos datos disponibles) unos 1 326 teravatios-hora (TWh), equivalentes al 53 % del consumo total de electricidad de la Unión Europea. Y el parque se ha multiplicado exponencialmente desde entonces.

Estos motores accionan la maquinaria industrial y también las bombas de cualquier electrodoméstico en una cocina doméstica. Los propios sistemas de energías renovables requieren de motores eléctricos, y los vehículos eléctricos están ya en todos los escenarios. Reducir su consumo significa reducir mucho.

Con magnitudes así, incluso mejoras modestas de eficiencia pueden tener un efecto importante. Si se generalizaran ganancias de unos pocos puntos porcentuales, el ahorro podría situarse en decenas de TWh al año.

La conferencia COP28 pidió duplicar para 2030 la tasa media anual mundial de mejora de la eficiencia energética. El objetivo implica pasar de aproximadamente un 2 % a más de un 4 % de mejora anual. ¿Cómo lo hacemos?

Los puntos de pérdida de energía

Elevar la eficiencia de los motores modernos no es sencillo, porque ya alcanzan rendimientos elevados. Así que hay que fijarse en los puntos donde se producen pérdidas de energía, y tratar de mejorarlos.

Esas pérdidas proceden de varios mecanismos

  • El calentamiento de los materiales que conforman los circuitos (Resistencia de los devanados)

  • Pérdidas magnéticas en el núcleo de los motores.

  • Corrientes de Foucault (pequeños remolinos de corriente eléctrica que se generan por sí solos dentro del propio núcleo metálico cuando el campo magnético cambia).

  • Pérdidas mecánicas y otras adicionales.

Así, trabajamos en mejores diseños de todo el sistema electromagnético y térmico del motor, buscando materiales que nos permitan nuevas geometrías y reducir al mínimo esas pérdidas.

Un tipo diferente de metal

Investigamos una familia poco común de materiales: los vidrios metálicos (ENLACE).

La mayoría de los metales, incluidos los aceros eléctricos al silicio utilizados habitualmente en los motores actuales, tienen una estructura cristalina. Esto significa que el orden atómico se repite de forma periódica con un largo alcance. Sin embargo, los vidrios metálicos presentan una característica singular: se solidifican de un modo muy rápido, y esto les da una estructura amorfa. Sus átomos tienen un orden local, entre vecinos, pero no ofrecen ese patrón periódico de los cristales. Y eso ha resultado ser una ventaja.

Esta diferencia estructural tiene consecuencias importantes. En un motor eléctrico, el campo magnético de su núcleo cambia continuamente a medida que la energía eléctrica se convierte en movimiento. Cada vez que el motor cambia el sentido de la corriente, el material magnético tiene que “reordenarse” una y otra vez, como una goma elástica que se estira y se encoge sin parar. Cuanto más “cueste” reordenar ese material (o sea, más coercitividad tenga), más energía se pierde en forma de calor en cada ciclo. Es, literalmente, el esfuerzo que hace el material para cambiar de sentido.

Los componentes del núcleo deben reorganizarse repetidamente a frecuencias que pueden alcanzar miles de ciclos por segundo en determinadas aplicaciones. En este proceso, si tenemos materiales cristalinos, su estructura dificulta el movimiento y aumenta las pérdidas de energía. Además, los campos variables inducen corrientes de Foucault (remolinos) que se disipan en forma de calor.

Aunque la pérdida en un solo motor pueda parecer pequeña, su efecto agregado es considerable cuando se multiplica por los miles de millones de motores eléctricos en uso en la UE.

Los vidrios metálicos pueden reducir parte de esas pérdidas y los basados en hierro son candidatos atractivos para máquinas eléctricas avanzadas, especialmente en diseños de alta velocidad o alta densidad de potencia.

Componentes de motores impresos en 3D

Si los vidrios metálicos se conocen desde hace décadas, ¿por qué todavía no se utilizan de forma generalizada en los motores eléctricos?

Fabricarlos es un desafío. Para evitar que se formen cristales durante la solidificación, necesitamos enfriarlo a velocidades muy elevadas. Esto nos limita a fabricar cintas o láminas, y el reto es conseguir que conserve esa estructura amorfa que buscamos pero en geometrías tridimensionales que nos permitan, finalmente, usarlo para los motores de vehículos eléctricos.

Este reto ha sido uno de los focos del proyecto europeo AM2SoftMag, financiado por el programa de la UE Horizon Europe, que reúne a especialistas en ciencia de materiales, fabricación y diseño de máquinas eléctricas para estudiar si los vidrios metálicos pueden transformarse en componentes funcionales.

Partir del polvo

En el Instituto IMDEA Materiales hemos trabajado con fusión láser de polvo de vidrios cerámicos. El resultado nos ha permitido un entorno inerte para evitar la oxidación y crear geometrías complejas con un mínimo desperdicio de material.

En un trabajo reciente, el consorcio desarrolló y estudió un nuevo vidrio metálico basado en hierro, silicio, boro, niobio y níquel, con una capacidad de formación vítrea mejorada. La composición alcanza un espesor de aproximadamente 1 mm sin añadir fósforo, cobalto ni tierras raras, lo que evita la dependencia del cobalto y de elementos de tierras raras.

Hemos conseguido densidades relativas superiores al 92 % en todas las condiciones estudiadas y fracciones amorfas superiores al 87 %.

La coercitividad del nuevo material llegó a valores tan bajos como 44 A/m (amperios por metro). Esto significa que se “deja convencer” con muy poca resistencia: apenas hace falta empujar para reordenarlo. Es como comparar una goma elástica muy blandita (fácil de estirar y encoger sin esfuerzo) frente a un muelle rígido (que exige mucha fuerza en cada ciclo). Por eso a estos materiales se les llama magnéticamente blandos: no es que sean blandos al tacto, es que responden con facilidad al cambio de campo magnético, y esa facilidad se traduce directamente en menos calor perdido (es decir, menos pérdidas por histéresis).

Todavía queda trabajo por hacer. Entre otras cosas, reducir la porosidad del nuevo material, y escalarlo para poder producir grandes cantidades que permitan comercializarlo.

Aún no podemos demostrar una mejora de eficiencia a escala de motor, pero sí tenemos una vía técnicamente prometedora para combinar diseño de aleaciones y fabricación aditiva que permitan reducir pérdidas energéticas en las máquinas eléctricas. Es un camino abierto, y prometedor.

The Conversation

María Teresa Pérez Prado recibió fondos de la Comisión Europea, Proyecto AM2SoftMag, Grant agreement number 101046870.

– ref. Una nueva aleación metálica reduce las pérdidas de energía en motores eléctricos – https://theconversation.com/una-nueva-aleacion-metalica-reduce-las-perdidas-de-energia-en-motores-electricos-292313

Ya se venden ordenadores con neuronas humanas: ¿dónde termina la máquina y empieza lo vivo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

AntonKhrupinArt/Shutterstock

Desde 2025, se puede comprar un ordenador cuyo componente más extraño no es un nuevo procesador, sino un cultivo de neuronas humanas vivas. El CL1, desarrollado por la empresa australiana Cortical Labs, se comercializa como un sistema de computación biológica e integra células neuronales sobre una matriz de electrodos. Esta permite estimularlas y registrar su actividad, mientras las mantiene en condiciones adecuadas mediante un sistema interno de soporte vital.

Eso no significa que haya un pequeño cerebro pensando dentro del ordenador. Hay células vivas, electrodos, electrónica y software formando un único sistema. Y el CL1 no es el único ejemplo.

En abril de 2026, investigadores de Princeton hicieron público su propio diseño de un dispositivo tridimensional que integra aproximadamente 70 000 neuronas con una matriz de microelectrodos. El sistema, que puede estimular y registrar la actividad neuronal de sus componentes, consiguió distinguir patrones espaciales y temporales después de un proceso de entrenamiento. Los investigadores mantuvieron los cultivos funcionando durante más de seis meses.

Ordenador CL1, que incorpora neuronas vivas en su electrónica.
Cortical Labs.

Cuando una neurona se convierte en componente

Una neurona puede recibir estímulos eléctricos, producir una respuesta y modificar las conexiones con otras neuronas en función de la actividad previa. Desde el punto de vista de un sistema de ingeniería, esto permite cerrar un ciclo relativamente sencillo: estimular, registrar la respuesta, evaluar el resultado y volver a estimular.

La computación biohíbrida intenta aprovechar estas características que comparten células y electrónica. Un trabajo publicado en Nature Computational Science en 2026 sitúa estos sistemas dentro de una evolución que va desde los algoritmos inspirados en el cerebro y las redes neuronales artificiales hasta el hardware neuromórfico –circuitos inspirados en las neuronas– y los sistemas que incorporan directamente estructuras neuronales vivas.

No significa que una neurona se comporte como un transistor, ni que un cultivo neuronal sea equivalente a un procesador. Significa algo más interesante desde el punto de vista de la ingeniería: el tejido biológico deja de ser aquello que medimos y pasa a formar parte funcional del dispositivo. Y eso obliga a replantearse, incluso, cómo construimos la electrónica.

Electrónica que crece con el tejido

Uno de los problemas clásicos de las interfaces bioelectrónicas es bastante elemental: la electrónica y los tejidos vivos no están hechos del mismo material.

Un electrodo convencional es prácticamente rígido. El tejido cerebral es blando, cambia de forma y crece. Mantener una interfaz estable que intermedie entre ambos durante largos periodos de tiempo es un problema de materiales, mecánica y biología.

Una solución especialmente llamativa se publicó en Nature en 2025. Los investigadores incorporaron electrónica flexible durante las primeras fases del desarrollo del tejido neural. A medida que este crecía y se plegaba, la electrónica lo hacía con él hasta quedar integrada tridimensionalmente en la estructura resultante.

El cambio conceptual es enorme. No se implanta el sensor en el órgano: se deja que el órgano crezca alrededor del sensor.

Y electrónica diseñada para desaparecer

Existe también el problema contrario: ¿qué hacer con un dispositivo cuando ya ha terminado su trabajo? La respuesta tradicional de la ingeniería era retirarlo o diseñarlo para que dure el máximo tiempo posible. La electrónica bioabsorbible introduce una tercera posibilidad: que desaparezca.

Estos dispositivos utilizan materiales diseñados para degradarse dentro del organismo una vez terminada su función. Pueden medir durante un periodo determinado variables como presión, temperatura o actividad eléctrica y, después, ser reabsorbidos. Esto evitaría una segunda intervención para retirarlos.

Ya no se trata de fabricar algo para que dure –uno de los principios tradicionales de la ingeniería–. Se trata de conseguir que dure exactamente lo necesario.

Cuando lo vivo deja de ser solo el usuario

El fenómeno tampoco termina en las neuronas. Como los microorganismos electroactivos pueden intercambiar electrones con su entorno, se investigan para construir biosensores, materiales funcionales y sistemas capaces de responder a cambios ambientales. Incluso, se ha analizado su posible utilización en materiales de construcción vivos, capaces de incorporar funciones de detección, respuesta o reparación del propio material. Aquí empieza a dibujarse algo más amplio que un ordenador hecho con neuronas.

Durante décadas, la bioelectrónica ha colocado sensores sobre los seres vivos para observarlos. Ahora empiezan a aparecer sistemas en los que células, microorganismos y tejidos forman parte de la propia arquitectura funcional. Y, cuando el componente está vivo, aparecen preguntas que un ingeniero electrónico tradicional rara vez tenía que formularse.

¿Qué normativa se aplica a un componente vivo?

No existe un vacío regulatorio absoluto. Los dispositivos médicos, la investigación biomédica, la utilización de células humanas y los productos que incorporan componentes biológicos ya están sujetos a distintos marcos regulatorios y éticos. El problema es que los sistemas biohíbridos empiezan a combinar categorías que históricamente se han regulado por separado. ¿Estamos ante un dispositivo electrónico, un producto sanitario, un cultivo celular, un sistema computacional o varias cosas simultáneamente?

La cuestión se vuelve especialmente delicada cuando interviene tejido neuronal humano. En 2021, las Academias Nacionales estadounidenses analizaron las implicaciones científicas, éticas y regulatorias de los organoides neurales humanos, los trasplantes y las quimeras –organismo que contiene células o tejidos de dos o más individuos diferentes de la misma o de diferentes especies–. Su informe propuso diferentes niveles de supervisión dependiendo de las características del experimento y del grado de preocupación ética que planteara.

En 2026, un grupo internacional volvió a reclamar en Science una coordinación global para abordar la investigación con organoides y ensamblajes neurales humanos.

Pero la computación biohíbrida introduce preguntas adicionales: ¿qué consiente exactamente la persona cuyas células terminaron convertidas en neuronas de un dispositivo? ¿Durante cuánto tiempo puede mantenerse ese tejido? ¿Qué obligaciones aparecen si el componente vivo cambia con el aprendizaje o con el tiempo? ¿Y qué criterios deberían utilizarse si estos sistemas pasan del laboratorio a productos comerciales?

No es Black Mirror y, precisamente, por eso importa

Un cultivo de decenas de miles de neuronas que aprende a distinguir determinados patrones no equivale a un cerebro humano reducido, y mucho menos demuestra conciencia, intención o comprensión. Pero, quizá, ésa sea precisamente la razón por la que este es un buen momento para discutir sus límites.

Los sistemas biohíbridos empiezan a borrar la frontera entre máquina y organismo vivo. Tal vez no deberíamos esperar a que resulte inquietante para decidir qué queremos hacer con ella.

The Conversation

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI.

– ref. Ya se venden ordenadores con neuronas humanas: ¿dónde termina la máquina y empieza lo vivo? – https://theconversation.com/ya-se-venden-ordenadores-con-neuronas-humanas-donde-termina-la-maquina-y-empieza-lo-vivo-290036

¿Cómo suena la música con un implante coclear?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Carabias Galindo, Profesor Titular de Universidad. Área de Didáctica de la Expresión Musical., Universidad de Valladolid

La pérdida auditiva no es algo que ocurre solo cuando nos hacemos mayores. En los últimos años, gracias a la detección temprana y a la mejora en los diagnósticos, conocemos cada vez más casos de personas de todas las edades que tienen pérdida auditiva. Para hacernos una idea, se estima que entre 2 y 3 de cada 1 000 niños nacen ya con algún grado de pérdida auditiva, lo cual probablemente condicionará de alguna manera su vida.

Nuestros entornos cotidianos —especialmente los escolares— suelen ser ruidosos, lo que puede incrementar la fatiga y el esfuerzo para oír, dificultar la concentración y limitar el acceso al lenguaje y a otros estímulos sonoros, con todo lo que esto conlleva en el día a día.

Ayudas técnicas auditivas

Son muchas las personas que se benefician del uso de ayudas técnicas auditivas. Si bien los audífonos (para pérdida leve o moderada) y los implantes cocleares (para pérdida severa o profunda) mejoran la audición, presentan ciertas limitaciones técnicas por resolver. Estos obstáculos se hacen mayores en ambientes en los que hay ruido de fondo o reverberación, y cuando existe distancia entre la fuente sonora y el oyente.

A pesar de ello, las ayudas técnicas auditivas resultan fundamentales para que estas personas puedan llevar una vida lo más similar posible a la de una persona con oído sano.

En el caso de las pérdidas auditivas severas, el citado implante coclear se ha consolidado como una herramienta fundamental para el acceso al sonido y al lenguaje oral. Se trata de un dispositivo electrónico que se instala quirúrgicamente en la cabeza y que transforma los sonidos en señales eléctricas que nuestro cerebro es capaz de interpretar como sonido después de la rehabilitación.

A diferencia de un audífono tradicional, que amplifica el sonido, el implante coclear crea una señal auditiva a partir de los electrodos insertados en la cóclea, funcionando como un “oído biónico”.

Pero ¿cómo suena realmente? Los estudios sobre el tema se han enfocado en simular cómo se percibe el habla —que es para lo que están diseñados principalmente los implantes—, pero en nuestro día a día nos rodean multitud de sonidos que no son lenguaje hablado.




Leer más:
La pérdida de audición, una epidemia silenciosa


¿Y qué pasa con la música?

Así, habitualmente, las personas con implante coclear manifiestan un menor grado de disfrute al escuchar música, debido, entre otros factores, a las dificultades para discriminar la altura y el timbre de los instrumentos. Estas limitaciones influyen directamente en la percepción de melodías complejas, siendo las composiciones simples y rítmicas las que suelen resultar más accesibles.

Nuestro equipo del Laboratorio de Audición, Lenguaje, y Exploración Sonora (ALES Lab) de la Universidad de Valladolid ha llevado a cabo una investigación centrada en analizar cómo perciben la música las personas usuarias de implante coclear y en explorar estrategias y procedimientos que permitan mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje musical en este colectivo.

Para ello nos basamos en trabajos previos centrados en la percepción del lenguaje en sujetos con implante coclear unilateral desarrollados por el equipo del Laboratorio de Investigación de Implantes Cocleares (CIRL) de la Universidad Estatal de Arizona. Este grupo científico comparó la percepción de un estímulo base escuchado a través del dispositivo —una frase corta con sentido— con versiones modificadas percibidas con el oído sano. El objetivo era establecer el grado de semejanza entre ambos estímulos y aproximarse a cómo “suena” el implante para el sujeto.

La capacidad de diferenciar una melodía modificada de la original

Partiendo de esta metodología, nuestro laboratorio se propuso trasladar dicho procedimiento al ámbito musical. Primero se compuso una melodía que compartiera características con los estímulos verbales utilizados en los estudios del CIRL: simple, de piano, con sentido musical (estructura de antecedente y consecuente), de corta duración y situada en un registro central equiparable al de la voz humana. La melodía se presentó en formato monofónico (que se reproduce a través de un único canal de sonido) para que el sujeto solo la escuchara a través del implante unilateral conectado por cable a la fuente sonora, evitando así la percepción residual a través del oído no estimulado.

Posteriormente, se aplicaron diversas modificaciones a la melodía original, como desafinación, ruido y efectos de modulación, entre otros. Estas modificaciones se utilizaron de forma aislada o combinada, procurando mantener siempre una intensidad sonora equivalente entre los estímulos originales y los modificados.

Con el fin de recoger datos con la mayor objetividad, se solicitó a los participantes que describieran verbalmente los estímulos modificados comparándolos con el original, lo que nos ofrecía aspectos que podían ser traducidos a cambios en parámetros concretos del sonido. Asimismo, se incorporó una valoración cuantitativa del grado de semejanza entre las versiones modificadas y la melodía original, de 0 (ninguna semejanza) a 10 (ninguna diferencia).

En las sesiones, los participantes tenían que valorar, comparándolas con la melodía original, hasta 55 melodías modificadas. Uno de los participantes, por ejemplo, puntuó 26 de las 55 melodías con una puntuación igual o superior a 5. En el siguiente vídeo se puede escuchar la melodía original y una melodía filtrada que un participante evaluó con un 8 sobre 10, y que describió con gran entusiasmo:

Aquí pueden consultarse los resultados completos de este estudio.

Ayudemos a que disfruten de la música

Los resultados de este estudio mostraron que, mientras que el habla puede percibirse bastante bien con un implante, la música sigue siendo mucho más difícil de percibir, pues se trata de sonidos mucho más complejos. Aunque una persona con implante puede entender palabras, eso no significa que escuche una canción y disfrute de ella como quienes tienen audición típica.

Esto tiene más importancia de lo que parece, ya que la calidad del sonido es una puerta de entrada a cómo percibimos el mundo y puede influir en el uso del implante, en el bienestar cotidiano y en la forma en que una persona se relaciona con su entorno. El avance de la tecnología, el uso diario del dispositivo y la rehabilitación de calidad son factores claves para que la percepción sea cada día mejor y el cerebro aprenda a interpretar los sonidos.

La simulación desarrollada en este proyecto pone de manifiesto las dificultades a las que se enfrentan las personas usuarias de implante coclear al escuchar música y trabajar con ella de manera activa. La percepción musical a través de este dispositivo depende de múltiples factores, tanto tecnológicos como individuales, lo que exige una aproximación empática y fundamentada por parte de los profesionales de la educación y de la música.

Desde una perspectiva aplicada, es fundamental generar entornos acústicos favorables, con bajo nivel de ruido y reverberación, utilizar equipos de sonido de calidad y reproducir la música a volúmenes moderados. Estas condiciones pueden contribuir de manera significativa a mejorar la percepción y el disfrute musical en los usuarios de implante coclear.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Cómo suena la música con un implante coclear? – https://theconversation.com/como-suena-la-musica-con-un-implante-coclear-287833

Una novela superventas ha sido retirada del Premio Goncourt tras las acusaciones sobre el uso de la IA: ¿y ahora qué?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anthony Cordingley, Senior Lecturer in English Literature, University of Sydney

El mundo literario francés se ha visto sacudido por un escándalo relacionado con la inteligencia artificial. El autor haitiano-canadiense Thélyson Orélien ha visto cómo su novela era retirada de la lista de finalistas del Premio Goncourt, el galardón literario más prestigioso de Francia, el pasado viernes, poco después de que una cuenta anónima en X afirmara que había sido escrita “casi en su totalidad por inteligencia artificial”.

C’était ça ou mourir (que se podría traducir como “Era eso o morir”) narra el peligroso viaje de un haitiano hacia Canadá pasando por Brasil, México y Estados Unidos. La novela encabezó la lista de bestsellers en Francia a principios de septiembre tras su publicación en agosto y ha vendido unas 35 000 copias. El lunes pasado ganó otro premio francés, el Premio Fnac de Novela, y ha recibido críticas muy favorables.

Orélien, de 38 años, emigró a Canadá en 2010 tras el devastador terremoto de Haití que arrasó su hogar. Él niega haber utilizado IA para escribir su obra.

Pangram, que se utilizó para plantear las acusaciones, ha sido calificado como el “estándar de referencia” de los detectores de IA. La Academia Goncourt, que supervisa el premio homónimo, retiró el libro de su lista de finalistas debido a los “resultados sistemáticos de los análisis realizados por investigadores y periodistas de prestigio” que sugerían que la obra era, “con toda probabilidad, en gran parte producto de la inteligencia artificial”.

La editorial francesa de Orélien afirmó que este comenzó a escribir la novela en 2017 y terminó un borrador en 2019, mucho antes de que la IA generativa estuviera disponible en el mercado. En un comunicado de la semana pasada, Orélien, que es de raza negra, afirmó que había sido víctima de “numerosos ataques racistas” y que “actualmente está recopilando un expediente junto con [sus] editoriales en Francia y Quebec para demostrar [sus] afirmaciones”.

Samuel Fitoussi, columnista del periódico conservador Le Figaro que se ha autodefinido como “bastante de derechas”, ha admitido formar parte del “proyecto colectivo” que hay detrás de la cuenta de X. Sin embargo, el autor de Woke Fiction niega cualquier motivación política y afirma que defiende “el pacto moral que une a un autor con sus lectores” y que “sensibiliza sobre la escritura generada por IA”.

portada del libro: C'est air ca ou mourir

A raíz de las acusaciones sobre la IA, el periódico quebequés La Presse publicó denuncias de plagio en artículos y columnas de opinión escritos por Orélien entre 2012 y 2013. A estas les siguió una investigación de Radio-Canada, que reveló que “al menos cinco” de las columnas y artículos de opinión de Orélien habían sido copiados parcialmente de textos de otros autores.

La Presse también descubrió, mediante Pangram, que el relato corto de Orélien Où va le monde, galardonado en 2012, contenía “al menos cuatro frases idénticas” a las del libro de Louis Pauwels de 1960, Le matin des magiciens (1960). La Presse se puso en contacto con Orélien, pero este no respondió.

El escándalo no solo pone de relieve la fiabilidad de este tipo de detectores, sino que también cuestiona nuestras expectativas respecto a los escritores. Algunos autores franceses sostienen que la IA forma ya parte de nuestras vidas y que la autoría está evolucionando.

Textos en idiomas distintos del inglés y detección mediante IA

Orélien ha declarado: “Las imágenes, las repeticiones, los ritmos son lenguaje vivo, son míos. Mis tradiciones son haitianas y caribeñas”.

¿Podría un francés no estándar y muy oral llevar a Pangram a cometer un error?

Para comprobar esta posibilidad, el experto francés en IA Benoît Raphaël presentó dos capítulos de dos, y posteriormente cuatro, novelas haitianas en Pangram. Ambas fueron identificadas correctamente como creadas por humanos.

A continuación, Raphaël introdujo una muestra de la poesía, la prosa breve y los escritos críticos de Orélien publicados antes de 2023, cuando la IA generativa aún no estaba lo suficientemente desarrollada como para producir ese tipo de texto. Estos también fueron identificados como creados por humanos.

Raphaël afirmó que, antes de que estallara este escándalo, había escrito a otro experto en IA para expresarle sus sospechas de que la novela de Orélien se había escrito con la ayuda de la inteligencia artificial. Había detectado los signos reveladores de la prosa generada por IA, incluida la dependencia excesiva de ciertas construcciones retóricas.

¿Hasta qué punto son fiables los detectores de IA?

Los estudios han demostrado que Pangram es muy preciso a la hora de detectar el uso de la IA, con una tasa de detección exitosa superior al 95 % y prácticamente sin falsos positivos. Aun así, sí que se dan.

Se ha utilizado para plantear acusaciones sobre otras obras literarias recientes, incluidas las de Jamir Nazir, que fue absuelto oficialmente. Nazir, un escritor trinitense de ascendencia india, explicó al jurado que su proceso de escritura consistía en utilizar herramientas de conversión de voz a texto, seguidas de una edición exhaustiva, debido a sus problemas de salud crónicos.

¿Es aceptable que los autores utilicen la IA?

En la televisión francesa, la autora Virginie Despentes, entre cuyas novelas se encuentra Vernon Subutex 1, rechazó la semana pasada la idea de que los autores deban rendir cuentas por el uso de la IA. “Thélyson Orélien no tiene por qué justificarse […] No tiene nada que ver con nosotros. Escribe como le da la gana. Que le den a Pangram”.

Una mujer con el pelo rubio, una chaqueta negra y una camiseta
Virginie Despentes dijo: ‘Thélyson Orélien no tiene por qué justificarse’.
Penguin Livros

A Despentes le gustaron las frases cortas de la obra, sus poderosas metáforas y su carácter episódico, que considera rasgos típicos de la escritura contemporánea. Raphaël Doan, cocreador de una historia alternativa de 2023 que escribió abiertamente con ChatGPT, compartió pantalla con Despentes. A pesar de la negación de Orélien, Doan afirmó que creía que el autor había utilizado inteligencia artificial, citando el estilo formulista propio de la IA de su novela, las imágenes trilladas y una trama carente de continuidad, que saltaba de una escena a otra (la IA tiene dificultades para mantener una narrativa en prosa convincente a lo largo de cientos de páginas).

Alexandre Gefen, editor de la Historia cultural de la IA, comparó a Orélien con un artista del Renacimiento que llenaba su taller con otros artistas que trabajaban a sus órdenes. La autoría, dijo, siempre ha evolucionado con las tecnologías de escritura.

El éxito comercial de la novela de Orélien demuestra que ha logrado crear una voz auténtica que resulta cautivadora para los lectores. Si utilizó la IA para ello, es imposible pensar que sucediera sin una intensa serie de indicaciones y reajustes.

Quizá, en esta era de la IA, la forma en que los escritores la utilicen se convierta en una habilidad que se pueda emplear bien o mal. La literatura de alta calidad incluirá el uso ingenioso de esta nueva tecnología de escritura, mientras que la mala literatura se caracterizará por un uso perezoso o poco original.

Sin embargo, muchos lectores atesoran un pacto implícito con el autor, en busca de un encuentro íntimo con una subjetividad humana diferente. La crítica literaria lleva mucho tiempo cuestionando esto, sobre todo desde la clásica revelación sobre las numerosas manos que contribuyeron a la escritura de las obras de algunos de nuestros autores románticos más venerados, como la esposa de William Wordsworth, Dorothy Wordsworth.

Del mismo modo que cabría pensar que esos autores también deberían reconocer la aportación de otras personas a su obra, es razonable pedir a los autores que utilizan la IA que lo revelen. Así, los lectores tendrán la opción de participar en este nuevo juego o de optar por no hacerlo.


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Anthony Cordingley no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Una novela superventas ha sido retirada del Premio Goncourt tras las acusaciones sobre el uso de la IA: ¿y ahora qué? – https://theconversation.com/una-novela-superventas-ha-sido-retirada-del-premio-goncourt-tras-las-acusaciones-sobre-el-uso-de-la-ia-y-ahora-que-293016

35 años de ‘Nevermind’ y ‘Blood Sugar Sex Magik’: dos discos para entender a la generación X

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Portada del _Nevermind_ de Nirvana en una tienda de CDs. Hadrian / Shutterstock.com

El 24 de septiembre de 1991 alguien podía entrar en una tienda de discos y encontrarse con dos álbumes muy diferentes. Uno comenzaba con cuatro acordes destinados a convertirse en uno de los riffs más reconocibles del rock. El otro mezclaba funk, punk, sexo, vulnerabilidad y una energía física desbordante.

Aquel día se publicaron Nevermind, de Nirvana, y Blood Sugar Sex Magik, de Red Hot Chili Peppers. También llegaron The Low End Theory, de A Tribe Called Quest, y Trompe le Monde, de Pixies: una coincidencia excepcional en la música popular.

Treinta y cinco años después, aquellos discos permiten observar cómo la música ayuda a construir identidades, expresar el malestar de una época y conservar una parte de quienes fuimos.

¿Puede un disco representar a una generación?

Hablar de “generación X” no significa asumir que millones de personas compartan una personalidad determinada. Una reciente revisión advierte de que muchas supuestas diferencias psicológicas entre generaciones tienen poco respaldo empírico y pueden confundirse con efectos de la edad o del momento histórico. Estas etiquetas funcionan mejor como categorías culturales que como diagnósticos colectivos.

Pero las generaciones sí pueden compartir experiencias y productos culturales. Y ahí la música ocupa un lugar privilegiado.

Quienes atravesaron la adolescencia o primera juventud a comienzos de los noventa vivieron transformaciones económicas y culturales aceleradas. En ese contexto, Nirvana se convirtió en uno de los símbolos de una juventud asociada al desencanto, la ironía y la desconfianza hacia las grandes promesas.

Nirvana y el derecho a no parecer un ganador

Nevermind no parecía diseñado para representar el éxito. Precisamente por eso terminó alcanzándolo.

La investigación sobre la historia cultural del grunge ha señalado cómo su estética descuidada y su reivindicación de la autenticidad marcaban distancia respecto a la cultura dominante. The Oxford Handbook of Punk Rock analiza esa relación entre grunge, alienación, autenticidad y generación X.

Frente al rock espectacular de los ochenta, Kurt Cobain, líder de Nirvana, ofrecía otra figura: incómoda, contradictoria y poco interesada en representar al triunfador.

La canción “Smells Like Teen Spirit” convirtió ese malestar en un fenómeno mundial y, en enero de 1992, Nevermind alcanzó el número 1 del Billboard 200. Ahí apareció una paradoja decisiva: el rechazo del mainstream se convirtió en mainstream.

Red Hot Chili Peppers: el cuerpo también podía estar triste

El mismo día llegó un álbum que aparentemente proponía lo contrario.

Si Cobain parecía replegarse sobre sí mismo, Red Hot Chili Peppers explotaban hacia fuera. Blood Sugar Sex Magik estaba lleno de funk, sexualidad, movimiento y exhibición corporal. El tema “Give It Away” parecía celebrar justamente aquello que Nirvana evitaba: el espectáculo.

Pero basta llegar a “Under the Bridge” para que esa lectura se derrumbe. Anthony Kiedis, líder de la banda, escribió sobre aislamiento, adicción y la sensación de no pertenecer a ningún sitio. La historia del álbum relaciona la canción con sus experiencias de consumo de drogas y con determinados lugares de Los Ángeles.

Así, dos discos aparentemente opuestos terminaron hablando de preocupaciones no tan diferentes: soledad, identidad, relaciones, adicciones y necesidad de pertenencia.

La música también dice quiénes somos

Desde la psicología del desarrollo sabemos que la construcción de una identidad coherente constituye una de las grandes tareas de la adolescencia. Experiencias, relaciones y contextos sociales ayudan a responder a una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién soy? La música participa de esa construcción.

No elegimos únicamente canciones. Elegimos también estéticas, grupos de referencia y formas de presentarnos ante los demás. Decir que alguien escuchaba Nirvana, Pearl Jam, Metallica, Public Enemy o Madonna podía comunicar algo sobre cómo quería ser percibido.

Las investigaciones muestran que los gustos musicales se relacionan con los grupos de iguales y que compartir preferencias puede favorecer la percepción de valores comunes y los vínculos interpersonales.

Por eso un disco puede terminar convertido en algo parecido a una cápsula cultural. Al volver a escucharlo no regresan solo las canciones, sino también una forma de consumir música que hoy casi ha desaparecido: comprar un CD o un casete, grabar cintas para los amigos, esperar un videoclip en el canal televisivo MTV, descubrir grupos en revistas musicales o reconocer afinidades por una camiseta.

Los discos no acompañaban únicamente una etapa vital; también ayudaban a construir códigos compartidos, tribus y maneras de estar en el mundo.

Por qué seguimos volviendo a la música de nuestra adolescencia

Aquí aparece uno de los fenómenos más interesantes de la psicología de la memoria: el reminiscence bump o pico de reminiscencia.

Cuando se pide a adultos que recuperen recuerdos autobiográficos, existe una representación especialmente elevada de experiencias procedentes de la adolescencia y la primera edad adulta.

Con la música ocurre algo parecido. Diversos estudios han encontrado que las canciones asociadas a esa etapa poseen una capacidad especialmente intensa para activar recuerdos personales. Una estudio sobre el pico de reminiscencia musical sitúa también en la adolescencia una ventana especialmente relevante para que determinadas canciones adquieran significado autobiográfico.

Esto ayuda a entender por qué unas pocas notas pueden producir, décadas después, una reacción tan intensa. La música puede evocar recuerdos vívidos y provocar nostalgia cuando una canción resulta familiar y posee significado personal.

No estamos escuchando únicamente un disco antiguo. Estamos recuperando contexto.

Cuando la rebeldía terminó en el centro comercial

El éxito de Nirvana y Red Hot Chili Peppers contribuyó a borrar la frontera entre cultura alternativa y cultura de masas.

El grunge pasó rápidamente de escenas locales y circuitos alternativos a MTV, las grandes discográficas y los centros comerciales. La industria descubrió que también podía vender autenticidad y rebeldía.

La generación X no fue psicológicamente homogénea ni tuvo una única banda sonora. Pero Nevermind y Blood Sugar Sex Magik capturaron dos maneras distintas de enfrentarse a inseguridades propias de la juventud: esconderse o exhibirse, mirar hacia dentro o saltar sobre un escenario.

Treinta y cinco años después seguimos escuchándolos. Quizá porque fueron grandes discos. Pero también porque volver a ellos significa reencontrarse durante unos minutos con habitaciones, amigos, primeras relaciones, cintas grabadas y versiones anteriores de uno mismo.

Hay discos que pertenecen a la historia de la música. Y otros que, además, terminan formando parte de nuestra propia historia.


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The Conversation

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. 35 años de ‘Nevermind’ y ‘Blood Sugar Sex Magik’: dos discos para entender a la generación X – https://theconversation.com/35-anos-de-nevermind-y-blood-sugar-sex-magik-dos-discos-para-entender-a-la-generacion-x-292938

Présidentielle : le moment de vérité pour Les Écologistes ?

Source: The Conversation – in French – By Daniel Boy, Directeur de recherches émérite, Sciences Po


L’ESSENTIEL

  • Les militants écologistes voteront en décembre pour acter leur stratégie présidentielle.

  • Le parti écologiste est fracturé : certains souhaitent une alliance avec La France insoumise (LFI), d’autres avec le Parti socialiste (PS). Le sénateur Yannick Jadot a été suspendu pour avoir soutenu Raphaël Gluksmann.

  • Quelles seraient les conséquences de ces différents choix (maintien d’une candidature verte, ou effacement au profit d’un autre parti) ?


Depuis quelques mois, la perspective des élections présidentielle et législatives plonge Les Écologistes dans une réflexion douloureuse sur la meilleure stratégie électorale à adopter. Malgré les efforts de leur secrétaire nationale Marine Tondelier, la solution d’une candidature unique de la gauche, issue d’une bien problématique primaire interpartis, semble définitivement écartée. Restent alors en théorie trois stratégies possibles : une alliance dès le premier tour de la présidentielle avec La France insoumise (LFI), le maintien d’une candidature indépendante des Écologistes, ou une alliance avec le Parti socialiste (PS).

On sait que la première solution est prônée par Sandrine Rousseau, la troisième sans doute souhaitée par le PS. Raphaël Glucksmann s’est du reste adjoint le concours de Yannick Jadot, sénateur écologiste et candidat lors de l’élection présidentielle de 2022. Ce dernier a finalement été suspendu pour trois mois par la direction des Écologistes qui lui reproche son soutien au candidat Place publique.

Dans ce contexte de tensions, le maintien d’une candidature écologiste indépendante demeure une possible solution de repli. Le mouvement des Écologistes est sans aucun doute divisé sur ce choix sans que l’on puisse évaluer quelle solution l’emporterait si les adhérents étaient consultés.

Histoire d’un dilemme ancien

Pour mieux comprendre cette situation, il faut revenir sur les raisons pour lesquelles Les Écologistes se trouvent confrontés à ce dilemme. Depuis leur fondation (1984) Les Écologistes ont obtenu leurs meilleurs résultats électoraux à la fois à l’élection européenne et aux élections locales (régionales, municipales).

Les modes de scrutins, proportionnels ou mixtes, de ces élections leur ont toujours permis de garder une certaine indépendance tout en négociant des accords bénéfiques avec des partenaires. Mais en raison de leur mode de scrutin de type majoritaire à deux tours, les élections présidentielle et législatives, posent aux Écologistes des problèmes difficiles à gérer.

Pour la présidentielle, le verdict des urnes a toujours été sévère puisqu’à l’exception de Noël Mamère en 2002, aucun candidat écologiste n’a dépassé le seuil de 5 % des suffrages exprimés. Le cas des législatives est pour eux particulièrement complexe : en règle générale, les Écologistes ont toujours plafonné en moyenne nationale aux environs de 3 % à 5 % des suffrages exprimés. Pour échapper à cette borne, ils ont choisi à deux reprises de passer des accords électoraux et programmatiques avec le PS. Ces accords procuraient aux Écologistes un certain nombre de circonscriptions (29 en 1997, 63 en 2012) au sein desquelles un candidat écologiste était le seul représentant de la gauche unie. C’est à la seule condition de cette stratégie d’union que les Écologistes ont pu accéder à l’Assemblée nationale.

Dans les années récentes, la mutation progressive d’un système partisan bipolaire (gauche/droite) à un mode tripolaire (gauche/droite/extrême droite) et la montée continue de l’abstention impliquant un risque d’élimination au second tour des candidats n’ayant pas recueilli au moins 12,5 % des inscrits ont contraint les partis de gauche à choisir une stratégie d’union dès le premier tour (et non comme autre fois quand le premier tour avait désigné le meilleur candidat au sein de la gauche).

Pour maximiser leur présence au second tour, les formations de gauche ont donc adopté depuis 2022 une stratégie de partage des circonscriptions destinée à ce qu’un seul candidat représentant l’une des composantes de la coalition de gauche soit présent dans un nombre donné de circonscriptions. Restait donc à déterminer le quota de circonscriptions accordé à chacun des quatre partenaires de la gauche et le critère de ces attributions. De fait, il apparaît que le critère majeur de cette distribution a été la force électorale de chacun des partis estimée à son score lors de l’élection la plus récente, c’est-à-dire en 2022, lors de la présidentielle.

À ce jeu, le score de Jean-Luc Mélenchon en 2022 (21,9 %) assurait à LFI la grande majorité des circonscriptions (320) tandis que les 4,63 % engrangés par Yannick Jadot apportaient aux Écologistes le monopole de candidature de gauche dans seulement 97 circonscriptions. Concrétisé par la création de la Nouvelle Union populaire écologique et sociale (Nupes) cette méthode fut reprise pour une nouvelle répartition de circonscriptions dans le cadre du Nouveau Front populaire (NFP). La prise en compte des bons résultats de Raphaël Glucksmann à l’élection européenne qui venait de se dérouler se traduisit pas un meilleur quota de circonscriptions pour le PS (169) tout en maintenant une domination pour LFI (227) et une petite diminution pour les Écologistes (88) (cf. Daniel Boy, Jean Chiche « Rapports de force à gauche révélateurs de tensions » dans Le Vote sans issues : chroniques électorales 2024). Retenons donc que si cette même méthode est appliquée lors des élections législatives qui suivront la présidentielle de 2027, le résultat obtenu par Jean-Luc Mélenchon et par le candidat social-démocrate, comparé à celui de Marine Tondelier fournira la clé de répartition des circonscriptions.

Revenons alors au dilemme des Écologistes : un accord des Écologistes avec LFI (un renoncement à présenter un candidat écologiste à la présidentielle pour faciliter l’accès de Jean-Luc Mélenchon au second tour) vaudrait sans doute promesse d’être récompensé par un très bon accord électoral pour les législatives suivantes. À l’inverse un accord avec le PS limiterait sûrement le bénéfice électoral attendu (le PS à moins de circonscriptions à offrir, car il partage souvent ses zones de force dans les grands centres urbains avec les Écologistes) et il entraînerait sans doute de la part de LFI une punition électorale. Maintenir un candidat écologiste serait une stratégie prudente puisque les Écologistes pourraient espérer une répartition au moins équivalente à celles de 2O22 et de 2024.

Quelles affinités idéologiques avec LFI et le PS ?

À ces considérations de stratégie électorale, il faut maintenant ajouter la question des affinités idéologiques. Le PS se présente aujourd’hui dans une configuration idéologique clairement orientée à gauche ne se revendiquant jamais d’une social-démocratie, mais luttant contre un capitalisme « autoritaire, débridé, ou prédateur ». Sur cette base, rien ici qui puisse choquer des adhérents et sans doute une majorité d’électeurs écologistes. Sur les questions environnementales, une série de mesures techniques sont proposées, sans rien de très spectaculaire, mais en intégrant l’essentiel des exigences écologistes.

Un point particulier concerne la question du nucléaire qui a longtemps empoisonné les relations entre socialistes et écologistes. Dans le projet socialiste actuel, la formule « Le nucléaire autant que nécessaire, les énergies renouvelables autant que possible » ne lève pas toutes les ambiguïtés, car elle ne dit rien d’un point crucial : peut-on admettre (comme les formations du centre, de la droite et de l’extrême droite) de mettre en chantier de nouvelles centrales nucléaires (type EPR2) « si nécessaire » ? Le point est d’autant plus crucial que Raphaël Glucksmann s’est déclaré partisan de cette solution (contrairement à son référent écologiste, Yannick Jadot).

Avec LFI, les relations sont plus complexes. Sur les questions environnementales, les prises de position vont souvent au-delà de ce que préconise le programme écologiste. Une mesure emblématique est proposée : il s’agit de constitutionaliser la « Règle verte » c’est-à-dire l’obligation de « ne pas prélever sur la nature plus de ressources renouvelables que ce qu’elle peut reconstituer, ni de produire plus de déchets que ce qu’elle peut supporter ». Mais on compte des divergences notables sur l’Europe, violemment mise en question par LFI, alors que les Écologistes ne s’inquiètent qu’avec retenue de ses politiques néo-libérales. Restent les doutes sur la poursuite de l’aide à l’Ukraine en guerre et, plus grave encore, le soupçon d’une bienveillance à l’égard de Poutine. Deux points qui renforcent la possibilité d’une crise majeure au sein des Écologistes si le choix était fait de soutenir Jean-Luc Mélechon dès le premier tour.

Le maintien de la candidature de Marine Tondelier aurait finalement une dernière vertu : celle d’affirmer que les Écologistes, bien que gravement mis en question par la concurrence des insoumis, présentent une offre politique plus ouverte, plus tolérante, peut-être moins violente. Car faute de se distinguer de ses dangereux concurrents, le parti des Écologistes, qui a subi bien des échecs ces derniers mois, pourrait bien être une espèce en voie de disparition.

The Conversation

Daniel Boy ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Présidentielle : le moment de vérité pour Les Écologistes ? – https://theconversation.com/presidentielle-le-moment-de-verite-pour-les-ecologistes-292307

Du Web à Netflix : les multiples voyages du « Visiteur du futur »

Source: The Conversation – in French – By Delphine Le Nozach, Maître de conférences en Sciences de l’information et de la communication, Université de Lorraine

Websérie diffusée sur le Net en 2009, *le Visiteur du futur* n’en finit pas de visiter différents supports. Allociné, Fourni par l’auteur

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L’ESSENTIEL

  • Le Visiteur du futur est une comédie de science-fiction, réalisée sous forme de websérie par François Descraques, diffusée sur le Net en 2009.

  • Déjà adapté à la télévision et au cinéma, en roman, en manga, en bande dessinée et en jeu de plateau, il a débarqué sur Netflix France le 5 septembre 2026 et se plaçant rapidement dans le Top 10 des films.

  • L’exemple du Visiteur du futur montre comment un univers peut circuler, rencontrer de nouveaux publics et se prolonger dans le temps grâce à son développement transmédiatique.

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Lorsque le Visiteur du futur apparaît sur Internet en 2009, rien ne laisse présager une telle longévité. François Descraques réalise d’abord de courtes vidéos destinées au Web, avec des moyens limités et une équipe de proches. Le principe narratif est simple : un homme venu du futur surgit dans la vie de Raph pour l’empêcher d’accomplir des gestes apparemment anodins susceptibles d’entraîner, plusieurs siècles plus tard, des conséquences catastrophiques.

Derrière l’humour et la science-fiction se dessinent des préoccupations environnementales : les actions du présent ont des conséquences sur le monde dont hériteront les générations futures. Des questions qui, près de deux décennies plus tard, résonnent particulièrement avec les inquiétudes face au changement climatique. La fiction se complexifie rapidement. Des personnages deviennent récurrents, les intrigues s’allongent et une véritable mythologie se construit autour des voyages temporels.

Le succès rencontré en ligne permet alors à la série de changer d’échelle. Elle est diffusée sur France 4 en 2014 et compte finalement quatre saisons et 57 épisodes. Ce passage du Web à la télévision marque une première transformation importante : une production indépendante née sur Internet accède aux circuits traditionnels de l’audiovisuel tout en conservant la communauté constituée autour d’elle. La diffusion sur le Web constitue la première étape d’un projet qui se développera ensuite sur d’autres supports.

Quand l’histoire se poursuit au-delà de l’écran

Multiplier les supports ne suffit pas à faire du transmédia. Une même histoire peut être adaptée au cinéma, en roman ou en bande dessinée sans que son cadre narratif s’en trouve nécessairement enrichi. Dans la logique définie notamment par le chercheur américain Henry Jenkins, le récit transmédiatique repose sur le déploiement d’un univers à travers plusieurs médias, chacun apportant une contribution spécifique à l’ensemble.

C’est ce qu’il advient avec le Visiteur du futur. Lorsque la production de la série s’interrompt, son monde ne disparaît pas avec elle. Des prolongements éditoriaux prennent le relais. Les romans (Berhoun et Descraques, 2015), réunis autour de la Meute, poursuivent l’histoire après la série. Le manga la Brigade temporelle (Descraques et Lapeyre, 2026-2018) développe une autre partie de cet univers, tandis que la bande dessinée l’Élu des dieux (Descraques et Gosh, 2013) revient notamment sur les aventures du Visiteur et de son acolyte Castafolte dans le futur.

À ces productions s’ajoutent d’autres objets, notamment un jeu de société (Nawak et Pasquéoz, 2013). L’histoire s’enrichit ainsi de nouveaux récits qui prolongent la série sur d’autres supports.

Un transmédia qui n’était pas écrit à l’avance

La trajectoire du Visiteur du futur est d’autant plus intéressante qu’elle permet de nuancer une conception très stratégique du transmédia. Les grandes franchises peuvent être pensées dès leur conception pour circuler entre cinéma, séries, jeux vidéo, édition ou réseaux sociaux. Ici, rien de tel au départ. En 2009, les premiers épisodes ne s’inscrivent pas dans un vaste dispositif médiatique programmé plusieurs années à l’avance. Le transmédia se construit par étapes.

Le succès de la websérie ouvre de nouvelles possibilités de production et de diffusion ; les rencontres avec des producteurs et des éditeurs permettent ensuite à l’univers d’investir d’autres supports. Chacun contribue à inscrire ce monde fictionnel dans la durée.

Cette dimension temporelle est essentielle. Le transmédia ne sert pas seulement à étendre spatialement un univers sur plusieurs médias : il permet aussi de faire vivre la série pendant les longues périodes d’attente entre deux productions audiovisuelles. Romans, mangas, bandes dessinées ou jeu maintiennent un lien avec la diégèse et ses personnages. Ils occupent les intervalles, entretiennent la visibilité de la franchise et donnent aux publics de nouvelles occasions d’y entrer ou d’y revenir. Le transmédia apparaît autant comme une stratégie d’expansion que comme un instrument de pérennisation.

Une communauté qui fait vivre l’univers

Les publics jouent également un rôle essentiel dans cette longévité. Né sur Internet, le Visiteur du futur s’est développé dans un environnement marqué par une forte proximité entre créateurs et spectateurs. Commentaires, échanges sur les réseaux sociaux, rencontres, conventions, fanarts ou discussions autour de la fiction accompagnent son développement.

Sans devenir auteurs des récits officiels, les fans participent à une forme de coconstruction symbolique de l’univers : ils le commentent, se l’approprient, produisent leurs propres représentations et maintiennent l’intérêt pour la fiction entre deux productions. François Descraques souligne lui-même l’influence de cette communauté sur son travail :

« Les retours des fans sont tellement inspirants, généreux et créatifs que, forcément, ça m’inspire »

– Entretien mené par Violaine Appel et Delphine Le Nozach, 27 août 2022.

Cette influence témoigne des interactions qui accompagnent sa construction et son évolution.

Cette communauté accompagne également Le Visiteur du Futur dans ses changements de supports. Les personnages se retrouvent dans les romans, le manga, la bande dessinée, puis au cinéma, favorisant la continuité de l’ensemble et la fidélité d’une partie du public.

Le cinéma, treize ans après les débuts

Le passage au cinéma marque le changement d’échelle le plus spectaculaire. Sorti le 7 septembre 2022, le long-métrage réalisé par François Descraques arrive treize ans après les premiers épisodes. Plutôt qu’une adaptation de la websérie, il en propose un prolongement via une nouvelle histoire.

Le film doit dès lors relever un défi caractéristique des productions transmédiatiques : satisfaire les spectateurs qui connaissent déjà les protagonistes et leur histoire tout en restant accessible à ceux qui les découvrent. Les fans peuvent reconnaître des personnages, des références et différents éléments construits au cours des productions antérieures. Mais leur connaissance n’est pas indispensable à la compréhension du récit. Le cinéma offre une autre porte d’entrée dans l’univers.

Dès son premier jour d’exploitation, le film réalise 45 247 entrées, avant-premières comprises, et prend la tête des nouveautés sorties ce mercredi-là. Il rassemble 147 188 spectateurs lors de sa première semaine et se classe deuxième du box-office hebdomadaire français. Au terme de son exploitation, il atteint 332 370 entrées. Un succès qui confirme la capacité de cette fiction née sur le Web à trouver son public sur grand écran.

Un univers reconnaissable et partagé

Au fil de ces prolongements, le Visiteur du futur s’affirme comme un univers à part entière, avec ses personnages et ses codes propres. Cette cohérence se retrouve d’un support à l’autre, notamment grâce au rôle de François Descraques dans les différentes productions. Sa présence régulière sur les réseaux sociaux contribue également à entretenir le lien avec les publics qui suivent la websérie et ses différentes évolutions. L’œuvre conserve ainsi une identité auctoriale très marquée tout en empruntant à la logique des franchises culturelles : multiplicité des créations, circulation entre médias, diversité des partenaires éditoriaux et capacité à fédérer durablement une communauté.

Le Visiteur du futur peut aussi être lu comme une forme de marque culturelle et communautaire, construite autour de personnages, de références, de valeurs et d’expériences partagées par ses publics. Le titre relie des productions différentes au sein d’un même univers et fédère un cercle de fans qui s’y reconnaît.

Netflix, et après ?

L’arrivée du film sur Netflix France, le 5 septembre 2026, prolonge cette trajectoire. Né sur Internet avant de passer par la télévision, l’édition et le cinéma, Le Visiteur du futur retrouve avec Netflix la diffusion en ligne, dans un paysage profondément transformé par les grandes plateformes internationales.

Netflix peut désormais exposer l’œuvre à des spectateurs qui n’ont connu ni la websérie originale ni sa diffusion télévisée. Pour eux, l’entrée dans l’univers se fera par le film, sa production audiovisuelle la plus récente. Certains publics ont découvert Le Visiteur du futur avec la websérie et suivi ses différentes extensions jusqu’au cinéma ; d’autres peuvent aujourd’hui commencer par le film avant de remonter vers les récits qui l’ont précédé. La chronologie de production ne correspond donc pas nécessairement à celle de la découverte.

Reste à savoir si cette nouvelle exposition conduira ces spectateurs vers les autres composantes de l’univers. Regarderont-ils la websérie, toujours accessible en ligne ?

Chercheront-ils à découvrir les romans, le manga ou la bande dessinée ? Ou leur expérience du Visiteur du futur se limitera-t-elle au film ? Des questions se posent aussi du côté de la création. Quelle pourrait être la prochaine étape pour Le Visiteur du futur ? Une nouvelle production audiovisuelle, un jeu vidéo, une expérience immersive ? Le Visiteur n’a peut-être pas fini de voyager.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Du Web à Netflix : les multiples voyages du « Visiteur du futur » – https://theconversation.com/du-web-a-netflix-les-multiples-voyages-du-visiteur-du-futur-292380

Comment impliquer les personnes vivant à proximité des installations nucléaires dans la surveillance de la radioactivité ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Vanessa Durand, Cheffe du Laboratoire de Surveillance de l’Environnement par échantillonnage, ASNR

Une étude participative menée près du site de retraitement de combustibles nucléaires usagés à La Hague, dans la Manche, montre comment impliquer davantage les populations, résidant à proximité, dans la surveillance de la radioactivité. Truzguiladh/WikiCommons, CC BY-SA

L’ESSENTIEL

  • Les zones qui jouxtent les installations nucléaires font l’objet, en France, d’une surveillance régulière par les exploitants et l’Autorité de sûreté nucléaire et de radioprotection (ASNR). Cela concerne l’air, les eaux, les sols, la faune, la flore, mais aussi les aliments.

  • Comment s’assurer que les prélèvements effectués reflètent, en particulier pour les denrées alimentaires, les pratiques de consommation et d’autoconsommation (potagers, chasse…) d’un territoire donné ? L’ASNR a mis en place une étude participative pour répondre à cette question.

  • À La Hague, dans la Manche, à proximité de l’usine de traitement du combustible nucléaire et du centre de stockage des déchets radioactifs, cette étude participative a pu être menée avec succès.


En France, la radioactivité de l’environnement à proximité des installations nucléaires fait l’objet d’une surveillance régulière. Des prélèvements sont ainsi réalisés dans l’air, les eaux, les sols, la faune, la flore et les aliments. Cette surveillance, qui incombe d’abord aux exploitants nucléaires, mobilise également des scientifiques de l’Autorité de sûreté nucléaire et de radioprotection (ASNR). Cette surveillance peut également être complétée par l’action d’associations de défense de l’environnement.

En plus de réglementer et de contrôler les installations nucléaires, l’ASNR effectue ses propres mesures pour assurer la surveillance régulière de la radioactivité dans l’environnement et mène également des études complémentaires si besoin. Ceci permet de suivre l’influence des rejets autorisés dans l’environnement, d’estimer l’exposition de la population et de repérer une situation inhabituelle.

Or, identifier les lieux de prélèvement et les aliments à analyser suppose de connaître les spécificités de chaque territoire, afin de les choisir judicieusement. Ces éléments sont déterminants et conditionnent ce que l’étude pourra mettre en évidence. À cette étape, la connaissance locale du terrain est indispensable.

À La Hague (Manche), où se trouvent un centre de stockage de déchets radioactifs et une usine de traitement du combustible nucléaire usé exploitée par Orano (ex-Areva), une campagne de prélèvements et de mesures consacrée aux productions alimentaires locales a fait l’objet d’une construction participative entre l’ASNR et des acteurs de terrain : membres des commissions locales d’information sur le nucléaire, producteurs agricoles et autres acteurs de la société civile habitant le Cotentin.

Une expérience réussie qui montre comment de telles approches permettent de répondre plus directement – et de façon moins institutionnelle – à des questions que se posent souvent les riverains de ces installations.

La Hague, un site nucléaire unique dans le paysage français

Entre 2018 et 2024, l’Institut de radioprotection et de sûreté nucléaire (IRSN)
– qui a depuis fusionné avec l’Autorité de sûreté nucléaire (ASN) pour devenir l’Autorité de sûreté nucléaire et de radioprotection (ASNR) – a mené plusieurs campagnes autour du site Orano de La Hague, dans le cadre de ses activités d’expertise et de recherche.

Vue aérienne de l’usine de retraitement de La Hague. On distingue à gauche, jouxtant l’usine, les couvertures herbeuses du Centre de stockage de la Manche.
Jean-Marie Taillat/Orano (ex-Areva), La Hague (Manche)., CC BY-SA

Ce choix ne doit rien au hasard. La Hague occupe une place particulière dans le cycle nucléaire français. Depuis plusieurs décennies, les combustibles usés du parc français, composé de plusieurs dizaines de réacteurs nucléaires, convergent vers ce site pour y être traités. Cette activité conduit notamment au rejet autorisé – mais strictement encadré – de krypton 85 (un gaz rare et donc inerte chimiquement, qui interagit peu avec l’environnement), de tritium, de carbone 14 et d’iode 129.

Au regard des quantités de combustibles nucléaires traitées, l’installation représente un enjeu majeur de la surveillance. Un bilan de l’état des connaissances en 2018 a mis en évidence que la précision des données de la surveillance variait en fonction des milieux.

Pour l’alimentation, les données disponibles concernaient principalement les poissons et les mollusques. Les mesures récentes étaient moins nombreuses pour la viande, les légumes et toute autre denrée pouvant être produite ou transformée localement, telles que le fromage.

Une question précise se posait alors : que retrouve-t-on vraiment dans les aliments produits ou collectés autour du site de La Hague ?




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Une campagne construite avec les acteurs locaux

Pour y répondre, un groupe de travail a réuni l’ASNR, des membres des commissions locales d’information et des représentants des exploitants nucléaires, Orano La Hague, et du centre de stockage de la Manche (CSM) de l’Agence nationale de gestion des déchets radioactifs (Andra).

Les participants ont échangé autour du plan de prélèvements, notamment au sujet des lieux et des modes de collecte. Ils ont également identifié les producteurs locaux, parmi lesquels des maraîchers et des éleveurs et ont contribué au choix et à la collecte des échantillons.

La campagne a porté sur des productions végétales et animales ainsi que sur le gibier chassé. Chaque type d’aliment renseigne sur une voie de transfert différente : une plante capte ce qui provient de l’air et du sol et un animal intègre ce qu’il respire, boit et mange.

Le lieu des prélèvements est, lui aussi, un élément déterminant. Pour comprendre l’origine d’un marquage radioactif, la localisation compte autant que la valeur mesurée. Ce choix a donc été décidé en tenant compte des vents dominants sur le territoire.

Les échantillons collectés ont ensuite pu être transférés vers les laboratoires de l’ASNR, qui ont procédé aux mesures et à l’interprétation des résultats.

Ce que racontent les mesures

Les aliments contiennent naturellement des radionucléides, qui les composent, comme le potassium 40. S’y ajoutent des traces de radionucléides artificiels issus des essais atmosphériques d’armes nucléaires et des accidents passés. L’ensemble forme ce qu’on appelle un « bruit de fond radiologique », dont l’ASNR a publié une synthèse nationale en 2022.

Les analyses des échantillons prélevés autour du site d’Orano La Hague témoignent de l’influence actuelle du site : le tritium et le carbone 14, présents dans ses rejets autorisés, ont été mesurés au-dessus de leur bruit de fond dans plusieurs végétaux et denrées alimentaires.

Les ajoncs (ici, Ulex parviflorus) sont un ensemble de petits arbustes à fleurs jaunes que l’on retrouve notamment sur le littoral.
Jeantosti/WikiCommons, CC BY-SA

Les niveaux de radioactivité les plus élevés se trouvent surtout près de l’installation et dans l’axe des vents dominants, puis diminuent avec la distance.

Sur le littoral, certaines mesures sont plus élevées qu’à proximité du site, ce qui peut s’expliquer par le transport des embruns vers la végétation d’une partie du tritium rejeté en mer. Les ajoncs, utilisés comme bio-indicateurs – organismes vivants ou groupe d’organismes dont l’état, le comportement ou la présence permet d’évaluer la santé et la qualité de leur environnement – font apparaître ce gradient plus nettement que les aliments.

Dans les denrées alimentaires, enfin, le niveau de radioactivité d’une à cinq fois le bruit de fond, ce qui est faible. Les estimations dosimétriques associées, qui intègrent chaque radionucléide étudié, la quantité consommée et le comportement de celui-ci dans l’organisme, concluent à une exposition très faible pour les consommateurs.




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Des chiffres publics, mais surtout expliqués

Les résultats des mesures de la radioactivité, effectuées notamment par les exploitants nucléaires et par l’ASNR, sont centralisés par le Réseau national de mesures de la radioactivité de l’environnement. Or, la loi relative à la transparence et à la sécurité en matière nucléaire, adoptée en 2006, consacre le droit du public à une information fiable et accessible sur les risques et les rejets. L’ouverture des données de ce réseau répond donc à cette exigence.

Mais publier des chiffres ne suffit pas : les unités sont techniques, les résultats comportent des incertitudes et une détection ne renseigne pas directement sur la dose reçue. L’expérience participative menée autour du site Orano de La Hague, qui a associé des acteurs locaux, a permis d’identifier et de prendre en compte des productions alimentaires spécifiques et des pratiques d’autoconsommation que le dispositif habituel n’aurait pas intégrées.

Cette démarche participative est bienvenue, mais elle ne peut produire ses effets que dans un cadre transparent. En effet, un groupe de travail ne représente jamais la totalité des parties prenantes. La transparence est donc essentielle pour que chacun puisse avoir accès au protocole retenu, aux responsabilités des différents acteurs et aux éventuelles questions qui restent encore ouvertes.

Bien conduite, une démarche participative permet de prendre en compte efficacement les questions des habitants et permet aux scientifiques d’expliquer leurs résultats, mais aussi le choix de la méthode et le chemin qui ont permis de les obtenir.




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Cet article est publié dans le cadre de la Fête de la science (qui a lieu du 2 au 12 octobre 2026), dont The Conversation France est partenaire. Cette nouvelle édition porte sur la thématique « Saveurs savantes ». Retrouvez tous les événements de votre région sur le site Fetedelascience.fr.

The Conversation

Vanessa Durand ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Comment impliquer les personnes vivant à proximité des installations nucléaires dans la surveillance de la radioactivité ? – https://theconversation.com/comment-impliquer-les-personnes-vivant-a-proximite-des-installations-nucleaires-dans-la-surveillance-de-la-radioactivite-291389

Décarbonation des transports : comment éviter la compétition entre biocarburants et cultures alimentaires ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Jean-Philippe Héraud, Responsable de programmes biocarburants au Centre de Résultats Produits Energétiques à IFPEN, IFP Énergies nouvelles


L’ESSENTIEL

  • Les biocarburants sont essentiels pour réduire la consommation de carburants fossiles dans le secteur des transports en complément d’autres solutions, telles que l’électrification et le recours aux électrocarburants.

  • La première génération de biocarburants utilisée mobilise des ressources agricoles pouvant entrer en compétition avec l’alimentation humaine ou animale.

  • Une nouvelle génération de biocarburants dits avancés, produits à partir de déchets, notamment des résidus agricoles et sylvicoles, a été développée, mais doit désormais passer à l’échelle industrielle.


SP95-E10, E85, B7, B10 : vous avez sûrement aperçu ces sigles lors de votre dernier plein à la station-service. Ces acronymes décrivent des mélanges de carburants qui incluent une part de biocarburants, ainsi nommés car ils sont produits à partir de ressources issues de la biomasse.

Actuellement, une large part de ces biocarburants est produite à part de cultures spécifiques : maïs, blé, betteraves ou canne à sucre, par exemple. De nouveaux types de biocarburants, dits « avancés », produits à partir de déchets (résidus agricoles notamment), se développent peu à peu.

L’enjeu ? Limiter le risque de compétition entre cultures énergétiques et alimentaires. État des lieux.

Les biocarburants déjà présents en France

Commençons par un rapide panorama des biocarburants déjà disponibles à la pompe.

Les carburants SP95-E10 et E85 sont destinés aux moteurs essence. Ils sont composés d’une part d’hydrocarbures produits à partir de pétrole (carburant traditionnel), mais également d’une part d’un biocarburant – l’éthanol – à hauteur de 10 % en volume pour le SP95-E10 et de 85 % pour le E85. L’éthanol est incorporé principalement pur (molécule d’éthanol), mais peut aussi l’être sous forme d’éther éthyle tertiobutyle (ETBE).

En 2025, sur les 1,6 million de tonnes de biocarburants incorporés dans l’essence distribué en France, l’éthanol représentait 94 % du volume, dont 72 % sous forme d’éthanol pur et 22 % sous forme d’ETBE. Sur la même période, la quantité totale d’essence vendue (SP95-E5, SP98-E5, SP95-E10 et E85 confondus) était de 11,7 millions de tonnes.

En France, au cours de l’année 2025, l’éthanol a été produit essentiellement à partir de maïs (40 %), de blé (18 %), de betteraves (8 %) et de canne à sucre (4 %). Environ 50 % de ces ressources ont été cultivées en France.

Les carburants B7 et B10 sont, quant à eux, des carburants « gazole » destinés aux moteurs diesel. Aux hydrocarbures d’origine fossile sont principalement mélangés des biocarburants de type esters méthyliques d’acide gras (EMAG), à une teneur maximale de 7 % ou 10 % en volume, selon le carburant. En France, 2,3 millions de tonnes d’EMAG ont été incorporés, en 2025, dans les 2,7 millions de tonnes de biocarburants intégrés au gazole, dont la consommation totale s’élève à 27 millions de tonnes.

Ces esters méthyliques d’acide gras proviennent à environ 75 % d’huile de colza, dont un tiers issu de la production française.




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Les nouveaux biocarburants produits à partir de déchets

Or, toutes ces ressources sont issues de cultures destinées également à l’alimentation humaine ou animale. Pour limiter le risque de compétition avec ces usages, l’Union européenne, par l’intrmédiaire de sa directive sur les énergies renouvelables (RED III), a limité leur taux d’incorporation à 7 % de la consommation totale d’énergie finale du secteur des transports.

L’incorporation de ces biocarburants de première génération a engagé une première étape de la transition vers des énergies non fossiles. Mais cela reste insuffisant pour atteindre la neutralité carbone que l’Union européenne s’est fixée pour 2050. Les États membres doivent encore réduire davantage leurs émissions de gaz à effet de serre, notamment dans le secteur des transports, qui représente en France environ 34 % des émissions nationales.

Pour y parvenir, les États membres peuvent soit imposer un taux plancher d’incorporation d’énergie renouvelable dans les carburants, soit imposer une réduction de l’intensité des gaz à effet de serre par rapport à une valeur de référence. La France a choisi la seconde option, avec une cible de réduction des émissions de gaz à effet de serre de 14,5 % en 2030 par rapport à 1990. Pour atteindre cet objectif, la France doit donc incorporer des carburants moins carbonés, et dont la production n’entre pas en compétition avec les cultures destinées à l’alimentation.

Les biocarburants dits avancés, ou de deuxième génération, produits à partir de déchets et de résidus agricoles et sylvicoles, répondent à ces enjeux. Ils contribueront en partie à cet objectif en complément d’autres solutions, telles que l’électrification des transports et le recours aux électrocarburants (carburants de synthèse produits à partir d’électricité).

Les déchets de bois de faible valeur peuvent être utilisés pour produire des biocarburants « avancés ».
USDA Forest Service/Deborah Page-Dumroese

La directive européenne RED III liste, dans son annexe IX, partie A, les ressources éligibles. Sans être exhaustive, cette liste de matières premières comprend les fractions de la biomasse correspondant :

  • aux déchets municipaux en mélange,

  • aux déchets industriels impropres à un usage dans la chaîne alimentaire humaine ou animale,

  • à la paille et aux coques,

  • à la biomasse issue des déchets et résidus de la sylviculture et de la filière bois : écorces, branches, produits des éclaircies précommerciales, etc.

Au-delà de la disponibilité de ces ressources, qui fait souvent débat, l’un des enjeux est leur approvisionnement. Ces nouvelles filières doivent être structurées pour collecter la biomasse disponible et alimenter les futures unités industrielles, qui nécessiteront chacune plusieurs centaines de milliers de tonnes de matières premières par an.

Pour renforcer cette trajectoire de décarbonation, la directive RED III fixe par ailleurs, dès 2030, une cible d’utilisation de ces biocarburants avancés. Ils devront constituer au moins 5,5 % de l’énergie fournie au secteur des transports – dont au moins 1 % de carburants renouvelables d’origine non biologique (des carburants synthétiques, essentiellement dérivés de l’électricité.)




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Ces biocarburants avancés ont une empreinte carbone réduite de 85 % à 90 % par rapport à un carburant fossile traditionnel, contre une réduction d’environ 70 % pour les biocarburants de première génération.

Ces chiffres reposent sur des analyses de cycle de vie, réalisées de la ressource jusqu’à l’usage pour chaque filière : elles permettent de quantifier les émissions de CO₂, mais aussi d’autres impacts (consommation d’eau, d’engrais, etc.).

Quel véhicule et quel carburant émettent le moins de gaz à effet de serre ?
IFPEN, Fourni par l’auteur

Les technologies nécessaires

Mais la transformation de ces déchets et résidus, sous forme solide, en carburants liquides constitue un véritable défi technologique. L’expertise de l’IFPEN dans le développement des technologies de production de carburants conventionnels a été mise à profit pour développer ces nouvelles filières de biocarburants avancés.

Après dix ans de recherche et d’innovation, l’IFPEN a ainsi validé les technologies Futurol pour la production d’éthanol avancé, BioTfueL pour la production de kérosène et/ou de gazole et Jetanol, également vouée à la production de kérosène.

Après un développement à l’échelle du laboratoire, ces technologies ont fait l’objet d’unités préindustrielles, qui ont permis d’en valider les performances et d’acquérir un savoir-faire opérationnel. Elles sont aujourd’hui commercialisées dans le monde entier par Axens, filiale de l’IFPEN.

Malgré l’évolution de la réglementation, et la disponibilité de technologies éprouvées, ces solutions ne sont pas encore massivement déployées à l’échelle industrielle.

Plusieurs freins l’expliquent :

  • la réticence des financeurs à investir dans de premières unités à l’échelle industrielle,

  • le montant élevé des investissements requis (souvent entre 500 millions et 1,5 milliard d’euros par unité),

  • et la difficulté à trouver des acheteurs acceptant de s’engager sur le long terme et sur des volumes élevés pour des produits dont le coût de production reste encore plus élevé que les biocarburants conventionnels.

Deux projets industriels sont en cours de réalisation en France : NACRE, basé sur la technologie Futurol, et BioTJet, basé sur la technologie BioTfueL.

Pour autant, l’amélioration de ces technologies reste une préoccupation quotidienne pour l’IFPEN : mieux valoriser le carbone biogénique (c’est-à-dire le potentiel énergétique stockée par les plantes) disponible, réduire la consommation énergétique des procédés, améliorer la qualité des produits finis et développer des catalyseurs plus performants sont autant d’axes de travail pour réduire le coût des investissements et le coût de production.

La mise en production d’unités industrielles fondées sur ces technologies françaises représente, pour la France, une réelle opportunité de réindustrialisation et de souveraineté énergétique.




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The Conversation

Jean-Philippe Héraud ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Décarbonation des transports : comment éviter la compétition entre biocarburants et cultures alimentaires ? – https://theconversation.com/decarbonation-des-transports-comment-eviter-la-competition-entre-biocarburants-et-cultures-alimentaires-291484