Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Alrededor del 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado mundial circulan por el estrecho de Ormuz. Somkanae sawatdinak/Shutterstock

El 14 de junio de 2026, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento que promete despejar el estrecho de Ormuz. Los mercados lo celebraron de inmediato: el precio del petróleo cayó, el gas licuado se abarató y los titulares anunciaron alivio para las facturas. Todo parecen buenas noticias. El problema es que, en política energética, las buenas noticias a corto plazo son con frecuencia malas noticias a largo plazo.

Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial y alrededor del 20 % del comercio global de gas natural licuado (GNL). Cuando las tensiones con Irán escalaron a partir de marzo de 2026 y el tráfico se contrajo de forma severa, ese dato dejó de ser una abstracción estadística y se convirtió en precios de la energía disparados, y, por ende, en costes industriales más altos y en facturas domésticas que apretaron los presupuestos familiares de Cádiz a Tallin.

Las consecuencias para España fueron relativamente limitadas: apenas el 2 % de su gas transita por ese estrecho, y su suministro descansa sobre Argelia –que sostuvo el 33 % del total en 2026– y sobre Estados Unidos, por vía marítima.

En el suministro físico, España hizo los deberes; en la transición estructural, queda trabajo pendiente: el gas y el petróleo cotizan en mercados globales: cuando Ormuz tose, el recibo de la luz estornuda en Parla, en Sevilla y en Bruselas por igual.

La UE sigue recurriendo al gas natural licuado

Durante los meses de tensión, la Unión Europea reaccionó con una velocidad sorprendente. Las aprobaciones de parques solares se aceleraron, las licitaciones eólicas aumentaron y varios Estados miembros adelantaron compromisos de electrificación industrial. Eso es real y merece reconocimiento.

Sin embargo, si se mira dónde fue la mayor parte del gasto energético de emergencia, la foto es menos alentadora. El paquete AccelerateEU – Energy Union, presentado por la Comisión Europea en abril de este año, reconoció un gasto adicional de 24 000 millones de euros en combustibles fósiles desde el inicio de la crisis.

Según estimaciones derivadas del informe, la gran mayoría de ese gasto se destinó a sustituir el GNL del golfo Pérsico por GNL de otros orígenes –Estados Unidos, Catar, Australia– y no a electrificación estructural. Europa pagó una enorme cantidad de dinero para seguir dependiendo del gas, solo que de otros vendedores y a precios de mercado elevados por la escasez global. Cambiar de proveedor no es lo mismo que cambiar de modelo.




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Si el petróleo es barato, la transición energética se ralentiza

La presión política para acelerar la transición energética no viene de los discursos climáticos ni de los acuerdos internacionales. Viene, principalmente, del precio de la energía en el momento en que el ciudadano paga su factura. Cuando la energía duele en el bolsillo, los gobiernos actúan. Cuando resulta barata, la urgencia se evapora.

Los incentivos políticos para invertir en renovables, reformar los mercados eléctricos o aislar térmicamente los edificios son mucho más débiles cuando el barril cotiza a 70 dólares que cuando lo hace a 110. La reapertura de Ormuz no elimina el riesgo geopolítico estructural –Irán seguirá siendo Irán, el estrecho seguirá existiendo–, pero sí elimina la percepción inmediata de ese riesgo, que es exactamente lo que mueve las decisiones presupuestarias y legislativas.

La historia respalda esta lógica. Tras el shock petrolero de 1973, los países industrializados lanzaron ambiciosos programas de eficiencia energética y diversificación. Cuando los precios cayeron en los años ochenta, la mayor parte de esos programas se abandonó silenciosamente. Europa llegó a 2022 con una dependencia del gas ruso que ningún análisis de riesgo serio habría aceptado.




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La literatura académica documenta este patrón de forma sistemática: las políticas energéticas se desmantelan más fácilmente cuando desaparece la relevancia del problema para el ciudadano. El ciclo amenaza con repetirse.

La ventana de oportunidad no se abre cuando la energía es cara. Se abre cuando todavía duele el recuerdo de que lo fue y la presión política sigue activa. Ese es exactamente el momento en que nos encontramos hoy.

El destino está claro, pero la velocidad es variable

Hay un punto de partida jurídico sólido: en diciembre de 2025, el Parlamento Europeo y el Consejo alcanzaron un acuerdo sobre la Ley Europea del Clima, que fija legalmente el objetivo de reducir las emisiones netas en un 90 % para 2040.

Ese objetivo final es vinculante y no está en discusión. Lo que sí depende de la voluntad política de cada ciclo presupuestario es todo lo que hay entre hoy y ese horizonte: la velocidad de transposición de la Directiva de Energías Renovables, los fondos asignados cada año a electrificación industrial, la agilidad en la concesión de permisos para renovables, el ritmo de reforma de las redes de distribución. Son instrumentos de ejecución discrecionales, y es precisamente ahí donde la caída del precio del petróleo hace daño: no borra el objetivo, pero sí enfría la urgencia de los pasos intermedios que permiten alcanzarlo.




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Tres medidas concretas podrían reforzar ese blindaje:

  • La primera medida es respetar y ejecutar los plazos legales de la Ley Europea del Clima y la Directiva de Energías Renovables (RED III), cuya transposición completa sigue pendiente en varios Estados miembros, entre ellos España: un objetivo legalmente vinculante no puede quedar supeditado a la voluntad política del momento.

  • La segunda es crear mecanismos de financiación anticíclicos –fondos que se nutren cuando los precios fósiles son altos e invierten en transición precisamente cuando bajan–, un papel que el Pacto de Industria Limpia podría asumir si se eleva de comunicación política a reglamento vinculante.

  • La tercera es anclar la narrativa pública de la transición energética al riesgo estructural de largo plazo –no al precio del barril de cada temporada–, de modo que la visibilidad política del problema no desaparezca con cada alivio coyuntural.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la reapertura del estrecho de Ormuz amenaza la transición energética europea – https://theconversation.com/por-que-la-reapertura-del-estrecho-de-ormuz-amenaza-la-transicion-energetica-europea-285386

La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Acuarela de unas sardinas. Joan Rieradevall

El refranero gallego es muy prolífico para con la sardina y, de forma específica, con la sardina pequeña (denominada “xouba” o “parrocha” en gallego). Uno de los refranes más populares en Galicia ya apela a la calidad gastronómica de este pescado azul, señalando que las piezas de menor tamaño son más sabrosas y apreciadas: “A sardiña e a xouba, canto máis pequena, máis louba” (“la sardina y la sardinilla, cuanto más pequeña, más se alaba”.

No es casualidad que estas sardinas, tanto en fresco como en conserva, hayan sido ensalzadas por escritores (Julio Camba, Álvaro Cunqueiro, Emilia Pardo Bazán o Camilo José Cela), periodistas (Carlos Herrera o Pepe Domingo Castaño) y cocineros (Gordon Ramsay, José Andrés o Lucía Freitas).

Portada del cómic Asterix en lusitania.
Portada del cómic Asterix en Lusitania.
Asterix.com

Ya en el Imperio romano la captura de sardina fue una actividad pesquera fundamental, orientada principalmente a la elaboración del garum, una salsa de pescado fermentada muy apreciada por los patricios romanos.

A nivel divulgativo este hecho quedó bien reflejado en el cómic de Astérix en Lusitania, publicado en 2025. Para la captura de la sardina se utilizaban redes de enmalle, redes de cerco y nasas de mimbre en zonas costeras. Las sardinas saladas y las salsas derivadas se almacenaban y transportaban en ánforas selladas por todo el Mediterráneo.

La sardina pequeña: nutritiva y funcional

Existe actualmente una gran tendencia a buscar alimentos funcionales para su incorporación a las dietas; esto es, aquellos alimentos que además de su valor nutricional tradicional contienen componentes biológicamente activos que ofrecen beneficios específicos para la salud.

La sardina cumple todas estas características para entrar en el pódium
de los alimentos funcionales. Así, es una fuente portentosa del ácido graso omega-3, un compuesto clave por su actividad biológica, por ejemplo, a nivel estructural (es un componente de las membranas celulares), metabólica (reduce la formación de triglicéridos en el hígado) y cardiovascular (mejora la función de los vasos sanguíneos y disminuye la formación de coágulos). También es una fuente de minerales como el yodo y el hierro (actúan en la formación de hemoglobina y la regulación tiroidea), el calcio (es clave en la estructura ósea, o en su forma iónica, Ca⁺², participa en múltiples reacciones metabólicas como mensajero intracelular) y el selenio (con actividad antioxidante).




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Un esquema con la composición nutricional de la sardina y su nombre en diferentes idiomas
La sardina es uno de los pescados azules claves en las dietas atlántica y mediterránea.
Gumersindo Feijoo a partir de datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, CC BY

El arte de pesca “xeito

El xeito es un arte de pesca tradicional gallego que consiste en un enmalle de deriva que está constituido por una red rectangular (dividida en “paños”) extendida entre dos cabos o trallas: uno superior, con boyas, que permite regular la profundidad de la red; y otro inferior, con plomos, que permite que los paños estén completamente extendidos.

Un elemento característico de este arte de pesca es que la red debe permanecer siempre atada al barco. La captura se produce cuando el pescado trata de cruzar la red, quedando atrapado en la malla.

Se trata de un método utilizado por los barcos pequeños –de entre 5 y 10 metros de eslora– que, en Galicia, trabajan fundamentalmente dentro de las rías. Es una técnica muy selectiva, tanto por la malla como por la baja resistencia mecánica de la red, por lo que solamente quedan atrapadas la sardina, el boquerón y el jurel. El resto escapa fácilmente atravesando la malla o rompiendo la red.

Hay que aclarar que se trata de sardinas pequeñas, pero que entran dentro del tamaño mínimo legal de este pescado (Sardina pilchardus) en España y el resto de la Unión Europea, que se sitúa en 11 centímetros. La pesca con el xeito es muy selectiva, por el tamaño de la malla, y no se coge nada de menor tamaño.

Además, la sardina pequeña capturada con el arte de xeito en Galicia tiene un límite de cuota que la Xunta revisa para garantizar el control del stock y evitar el agotamiento prematuro del caladero. Este 2026 está en un tope de 80 kilogramos por tripulante a bordo y 80 kilogramos adicionales por embarcación y día.




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Esquema que muestra un barco al que está unido una red que cae hasta el fondo del mar
Esquema del arte de pesca xeito.
Gumersindo Feijoo

Impacto ambiental

La técnica artesanal del xeito es tremendamente respetuosa con el medio ambiente: no tiene descartes, esto es, no se captura nada que se devuelva al mar, vivo o muerto, por no ser comercialmente viable o por regulaciones normativas.

Su huella de carbono es muy baja, con valores aproximados de 105 g de CO₂ equivalente para una ración de 125 g de xouba. Es aproximadamente lo que emite un solo coche de gasolina o diésel de bajas emisiones al recorrer 1 km. El impacto se debe fundamentalmente al consumo de combustible del barco en el trayecto puerto-caladero-puerto.

Por otro lado, su huella hídrica es insignificante: el consumo directo o indirecto de agua es prácticamente nulo.

La xouba capturada mediante el xeito es un manjar sostenible al alcance de todos, que ayuda a una armonía saludable entre el hombre y el océano, fruto de una tradición y soberanía alimentaria de los pueblos costeros.

The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La sardinilla capturada de forma artesanal, un manjar tan saludable como sostenible – https://theconversation.com/la-sardinilla-capturada-de-forma-artesanal-un-manjar-tan-saludable-como-sostenible-285390

El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Marina Moreno, Chair professor, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

Virus bacteriófagos (en azul) infectando a una bacteria. Lightspring/Shutterstock

Durante mucho tiempo, los virus han sido vistos como entes simples y egoístas: partículas inertes que solo “despiertan” al invadir una célula, a la que convierten en una fábrica de copias de sí mismos antes de destruirla. Esta visión es tan influyente que, a día de hoy, el consenso mayoritario es que los virus no pueden considerarse realmente seres vivos. Sin embargo, ciertas observaciones sobre el comportamiento de bacteriófagos o fagos, los virus que infectan bacterias, hacen que esa imagen pueda quedarse obsoleta.

Investigaciones recientes han demostrado que estos virus no actúan siempre de forma individual ni automática, sino que pueden comunicarse entre sí y tomar decisiones colectivas. Lo más sorprendente es que, en algunos casos, esa comunicación ocurre incluso entre virus que infectan bacterias de especies distintas.

Este hallazgo no solo tiene profundas implicaciones para la ecología microbiana, la evolución de los virus y el desarrollo de nuevas estrategias para combatir bacterias resistentes a antibióticos, sino que confiere capacidades “sociales” a estos entes biológicos.

Grupo de bacteriófagos de cola infectando una bacteria.
Graham Beards / Wikimedia Commons., CC BY-SA

Los organismos más abundantes del planeta

Aunque suelen pasar desapercibidos, los bacteriófagos son los organismos más abundantes de la Tierra. Se estima que existen alrededor de 10³¹ partículas virales en la biosfera, una cifra que supera en diez veces el número total de bacterias.

Cada día, infectan y destruyen enormes cantidades de bacterias en los océanos, los suelos y también en nuestro propio cuerpo. Cuando un fago infecta uno de estos microorganismos, puede seguir dos rutas principales: el ciclo lítico y el ciclo lisogénico.

En el ciclo lítico, el virus se replica rápidamente y acaba destruyendo la célula bacteriana, mientras libera nuevas partículas virales. En el ciclo lisogénico, en cambio, el genoma del fago se integra en el de la bacteria y permanece latente, replicándose discretamente junto con ella durante generaciones.

Durante décadas, se pensó que esta “elección” dependía únicamente del estado interno de la bacteria o del azar. Hoy sabemos que, al menos en algunos fagos, esa decisión puede ser influida por señales producidas por otros virus.

Un lenguaje químico entre virus

En 2017, un estudio mostró que algunos bacteriófagos utilizan un sistema de comunicación molecular para evaluar su entorno. Este sistema, denominado arbitrium (que en latín significa “decisión”), les permite saber cuántas infecciones han ocurrido recientemente en una población bacteriana.

El mecanismo es sorprendentemente sencillo. Cuando un fago infecta una bacteria, induce la producción de un pequeño péptido (proteína de entre 5 y 10 aminoácidos) que se libera al medio. A medida que más bacterias son infectadas, la concentración de ese péptido aumenta. Los fagos que llegan después “leen” esa señal química y, en función de su nivel, deciden si conviene seguir destruyendo bacterias o pasar a un estado latente.

En otras palabras, los fagos no actúan a ciegas: recogen información del entorno (más péptido implica que ha habido más infecciones y, por lo tanto, menos posibilidades de encontrar bacterias receptoras) y ajustan su comportamiento en consecuencia.

Virus con comportamientos colectivos

Lo que hace este fenómeno aún más fascinante es que la comunicación no siempre se limita a fagos idénticos como se propuso inicialmente. Investigaciones posteriores desarrolladas en nuestros laboratorios han mostrado que algunos péptidos de arbitrium pueden ser reconocidos por fagos emparentados, pero que infectan especies bacterianas distintas. Ello permite una forma de comunicación entre virus diferentes que comparten el mismo nicho ecológico.

Esto significa que un fago puede tomar decisiones basándose no solo en la presencia de sus propios “parientes”, sino también en la actividad de otros virus competidores o cooperadores. Así, en lugar de actuar como entidades aisladas, parecen formar parte de redes de comunicación viral que reflejan la presión global sobre una comunidad bacteriana.

Desde un punto de vista evolutivo, esta capacidad tiene todo el sentido. Si muchos virus (aunque no sean idénticos) están infectando bacterias cercanas, seguir destruyendo indiscriminadamente al huésped puede agotar el recurso disponible. Optar por la latencia puede ser, en ese contexto, una estrategia más eficiente de supervivencia a largo plazo.

Este tipo de comportamiento es idéntico a los sistemas de quorum sensing o –percepción de cuórum– que utilizan muchas bacterias y otros organismos para coordinar acciones en función de la densidad poblacional. Sin embargo, encontrar algo similar en virus resulta especialmente llamativo, ya que tradicionalmente se pensaba que carecían de la capacidad para “tomar decisiones”.

Una nueva mirada sobre los virus

Que los fagos intercambien información, incluso entre especies distintas, desafía la idea de los virus como simples programas genéticos que se ejecutan sin control. En su lugar, empezamos a verlos como agentes capaces de percibir su entorno, integrar señales y modular su estrategia replicativa más allá del individuo.

Es decir, lejos de ser meros actores pasivos, los bacteriófagos emergen como entidades con sorprendentes capacidades sociales que les permiten comunicarse, coordinarse y adaptarse colectivamente. Que puedan hacerlo incluso cruzando las fronteras entre especies añade una complejidad inesperada a nuestro entendimiento del mundo viral.

Este cambio de perspectiva nos recuerda algo fundamental: hasta en los sistemas aparentemente más simples de la biosfera, la comunicación importa. A veces, los organismos más silenciosos tienen las conversaciones más interesantes (y a veces, quienes menos esperamos que “hablen” tienen mucho que decir).

Implicaciones más allá del laboratorio

Estos descubrimientos no son solo una curiosidad científica. La comunicación entre fagos influye en la dinámica de las poblaciones bacterianas y, por tanto, en procesos ecológicos clave como los ciclos del carbono y del nitrógeno.

Además, tiene implicaciones importantes para la terapia con fagos, una alternativa prometedora frente a las bacterias resistentes a antibióticos. Comprender cómo y cuándo esos virus deciden destruir bacterias o permanecer latentes podría ayudar a diseñar tratamientos médicos o procesos biotecnológicos más predecibles y seguros.

Mientras, a los científicos nos obliga a replantearnos cómo entendemos la “inteligencia” y la toma de decisiones en sistemas biológicos aparentemente simples.

The Conversation

Alberto marina Moreno recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2022-137201NB-I00), Generalitat Valencia (CIPROM/2023/30) y Comunidad Económica Europea (TalkingPhages-101118890) a través de convocatorias publicas competitivas. El es miembro de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, de la Sociedad Española de Microbiología, la Red FAGOMA e INPEC.

ref. El idioma “virus” existe: cómo se comunican entre sí para infectar bacterias – https://theconversation.com/el-idioma-virus-existe-como-se-comunican-entre-si-para-infectar-bacterias-284885

El efecto mariposa o por qué la geopolítica puede encarecer su cesta de la compra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nadia Natasha Reus González, Docente universitaria de matemáticas-estadística, Universidad de Guadalajara

FOTOGRIN/Shutterstock

Las tensiones geopolíticas globales no solo llenan los titulares de prensa: también determinan cuánto se paga por la leche o la gasolina. Entender cómo funciona esta conexión es el primer paso para proteger los ahorros.

Cuando escuchamos noticias sobre conflictos geopolíticos solemos pensar en términos de diplomacia o estrategia militar y consideramos que este tipo de eventos no nos afectan por su lejanía. Sin embargo, tienen un efecto mariposa que termina golpeando directamente la economía de los hogares.

No se trata solo de política, también se trata del valor real del dinero.

El peligro silencioso: La pérdida de poder adquisitivo

En tiempos de conflicto, el mayor riesgo para las familias no suelen ser las caídas en los mercados financieros o la volatilidad en el precio del oro, sino la inflación.

Imagine que tiene 50 euros guardados en una alcancía (hucha). Si el precio de las cosas sube, esos mismos 50 euros comprarán menos productos el mes que viene que hoy. Esto es lo que llamamos pérdida de poder adquisitivo, o inflación.

En entornos de guerra o inestabilidad, dejar el dinero quieto (es decir, sin que genere ningún interés) puede ser un error, ya que su valor real se reduce a medida que los precios suben.




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¿Por qué el petróleo es la pieza clave?

Gran parte de este fenómeno tiene que ver con el suministro energético. Oriente Medio concentra una gran parte de la producción mundial de petróleo y gas. Además, cuenta con rutas estratégicas como la del estrecho de Ormuz, por donde pasa gran parte del combustible que mueve al mundo.

Ante la inestabilidad en el suministro de energía provocada por la guerra de Estados Unidos-Israel contra Irán, los mercados han reaccionado con miedo, disparando los precios del petróleo y el gas.

Como casi todo lo que consumimos necesita energía para ser fabricado y luego ser transportado (por camiones, barcos o aviones), el aumento del petróleo acaba generando una reacción en cadena: si el combustible sube, el transporte se encarece y ese costo extra se traslada al precio final de los alimentos, la ropa o la tecnología. Y las familias tienen que asumir ese aumento en los precios.




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Cae la oferta y las estanterías sufren

En economía, esta situación se denomina shock de oferta. Es un cambio repentino e inesperado que reduce la cantidad de bienes o servicios que las empresas pueden ofrecer.

Si hay menos fuentes de energía disponibles, o es mucho más caro conseguirlas, las fábricas producen menos o a mayor costo. Al haber menos oferta para la misma demanda, los precios tienden a subir de forma generalizada. Este es el inicio de la inflación que vemos en el supermercado y al que nos enfrentamos al realizar las compras.

Resiliencia financiera: ¿Qué podemos hacer?

La resiliencia financiera es la capacidad de afrontar estos cambios económicos. Para un hogar promedio, esto implica entender dos lecciones básicas:

  1. La planificación es un factor clave. Las crisis geopolíticas nos recuerdan que la economía es global y lo que sucede a miles de kilómetros afecta a nuestra capacidad de compra diaria.

  2. En contextos de una alta inflación provocada por crisis externas, el dinero quieto pierde valor y el ahorro tradicional, bajo el colchón o en cuentas sin rendimientos, se vuelve muy vulnerable.

¿Qué podemos hacer para que el aumento de los precios no afecte nuestros ahorros? No existen fórmulas mágicas, sino dos conceptos clave: diversificación y educación financiera.

¿Cómo protegernos?: Estrategias para fortalecer su economía

Una regla de oro es la creación de un fondo de emergencia. Se trata de una reserva de dinero destinada exclusivamente a imprevistos. Esto evita tener que recurrir a préstamos con intereses altos cuando los productos básicos se encarecen. Además, en momentos de incertidumbre internacional, el consumo responsable se vuelve nuestra mejor defensa. Debemos aprender a distinguir entre necesidades reales y deseos momentáneos para a proteger el presupuesto familiar.

Otra estrategia recomendable es no dejar todo el dinero en una alcancía o en una cuenta bancaria que no genera beneficios. Cuando suben los precios, la tendencia de los bancos centrales es a subir los tipos de interés. De este modo el ahorro se vuelve más atractivo. Lo mejor es buscar opciones sencillas y relativamente seguras (como los depósitos bancarios a plazo fijo, las cuentas de ahorro remuneradas y la deuda pública) que ayuden a que el dinero conserve su valor real.

Paz y estabilidad

Las crisis internacionales no son solo eventos lejanos, sino fenómenos que pueden redefinir nuestra realidad cotidiana. En momentos de incertidumbre, la mejor herramienta de resiliencia económica no es hacer inversiones complejas o arriesgadas, sino estar informados sobre los acontecimientos que hacen subir los precios. Así pueden tomarse mejores decisiones financieras.




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En un mundo globalizado, además de un ideal humano, la paz es la base de la estabilidad económica.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El efecto mariposa o por qué la geopolítica puede encarecer su cesta de la compra – https://theconversation.com/el-efecto-mariposa-o-por-que-la-geopolitica-puede-encarecer-su-cesta-de-la-compra-278643

¿Tiene sentido pedirle a la ‘Odisea’ de Nolan que sea históricamente rigurosa?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oskar Aguado-Cantabrana, Profesor Ayudante Doctor en el área de Historia Antigua del Departamento de Estudios Clásicos, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Fotograma de la próxima adaptación de la _Odisea_, de Christopher Nolan. Universal Pictures

“En la ‘Odisea’, Ulises habla con acento de Boston, a pesar de ser de Ítaca, que está en Nueva York”.

Este comentario, entiendo que sarcástico, hace referencia al origen bostoniano de Matt Damon y al hecho de que en el estado de Nueva York hay, efectivamente, una ciudad llamada Ithaca. Me parece una de las reacciones más sagaces de la plétora de críticas y bromas que han asolado la esfera digital desde el 5 de mayo, día del lanzamiento del segundo tráiler de la Odisea de Christopher Nolan.

Es una reacción recurrente cada vez que se anuncia el estreno de una película ambientada en el pasado, ya sea histórica o mitológica. Pero una superproducción sobre el texto homérico, de la mano de un director tan reconocido, son palabras mayores.

Así que durante mayo y junio sí que ha ardido Troya.

La Antigüedad (mítica) en pantalla

Ciertamente sería difícil recoger en pocas palabras la diversidad de reacciones que ha suscitado el tráiler. Algunas de las líneas maestras han sido las siguiente: es un escándalo que Helena de Troya esté interpretada por una actriz negra; cómo va a ser Menelao calvo; Aquiles no puede ser un actor trans; la ambientación es de todo menos clásico/mediterránea, el atrezzo y la vestimenta no se ajustan al contexto histórico; el acento de los actores no se parece mucho a cómo sonaría el de los héroes míticos; los diálogos son presentistas; etc.

Ninguna de las críticas expuestas es novedosa. Cuestiones similares se plantean cada vez que se estrenan películas situadas en períodos como la Antigüedad o la Edad Media. Aunque de base hay una diferencia importante en este caso: estamos ante la adaptación de un poema épico. Una epopeya con contenido mitológico que difícilmente se presta a una crítica en los términos en los que se suele aplicar al cine de ambientación histórica.

Ciertamente, sería de agradecer que los directores admitiesen sin complejos que sus adaptaciones son creaciones artísticas localizadas en un pasado remoto, pero sin ninguna pretensión de veracidad histórica. Asumamos que no son historiadores, filólogos, arqueólogos, ni divulgadores, son artistas tratando de promocionar y defender sus decisiones.

El cine difícilmente puede ajustarse a las exigencias metodológicas y teóricas de un ensayo historiográfico. No es necesario, tiene otros objetivos y condicionantes, económicos, lúdicos, técnicos e ideológicos; el análisis de la recepción audiovisual de la Antigüedad ayuda a resituar toda esta polémica.

El ‘espíritu homérico’

Papiro con un fragmento de la _Odisea_ (cantos IX y X), del siglo III a.e.c. hallado en Ghurab (Egipto). Es el manuscrito más antiguo conservado de la _Odisea_.
Papiro con un fragmento de la Odisea (cantos IX y X), del siglo III a.e.c. hallado en Ghurab (Egipto). Es el manuscrito más antiguo conservado de la obra.
Zunkir/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En este sentido, se podría decir mucho sobre la denominada “cuestión homérica”. La Odisea fusiona en su narración diversos periodos históricos (época micénica, Edad oscura e inicios de la época arcaica), con toda una serie de elementos mitológicos y ficciones literarias que, por otro lado, son una fuente histórica fundamental para conocer la sociedad del siglo VIII a.e.c. y, en menor medida, los siglos previos.

Hasta algún traductor reciente de la Odisea, filólogo de profesión, se ha preguntado, respecto a la fidelidad al texto original, “a qué debemos jurar dicha fidelidad: ¿a un supuesto ‘espíritu homérico’ acaso? Estaríamos de enhorabuena si lográsemos saber en qué consiste tal espíritu”.

La realidad es que la obra de Homero se reescribe y actualiza de forma ininterrumpida desde la propia Antigüedad. Ahí reside precisamente su naturaleza de obra clásica. Nolan solo ha elegido su propio estilo.

El cine de Nolan y otras referencias visuales

El despliegue de medios técnicos, la elección del reparto, la gama de colores, las referencias al género de superhéroes, Batman incluido, y muchos elementos más que el tráiler no permite adelantar, llevan la firma de Nolan. Es su Odisea, suya y de su equipo de producción, y, faltaría más, disponen de toda la libertad artística para que sea única y novedosa.

Por supuesto, somos libres de denostarla cuanto queramos, pero pienso que es más interesante analizarla críticamente. Está rodada, entre otros lugares, en diferentes enclaves del Mediterráneo, pero si no luce igual que unas vacaciones en una playa de Mykonos, quizá se deba a que los juegos cromáticos de la película también pretenden representar algo sobre la historia que cuenta: un hombre traumatizado por la guerra y obsesionado con regresar al hogar.

Un grupo de soldados con armaduras en medio de un bosque.
Fotograma de la nueva adaptación de la Odisea de Christopher Nolan.
Universal Pictures

Tampoco podemos olvidar que esta estética puede responder a una tendencia muy familiar en el cine histórico/fantástico más reciente. Algo que con cierta ironía se ha llamado “filtro medieval”, pero que buena parte de las producciones recientes sobre la Antigüedad también aplican y que podría resumirse en un pasado sucio, oscuro y con mucho cuero.

La fórmula visual y la estética “neomedieval” se ha popularizado a través de producciones como Vikingos, Juego de tronos y sus precuelas. Y funciona. A mi parecer, la caracterización de los lestrigones o de los barcos (vikingos) no es casual.

Homero y la cultura universal

La de Nolan es hija de su tiempo, como todas las odiseas. Claro que destila ideología; la de Homero también: la de las élites aristocráticas griegas del siglo VIII a.e.c. La Odisea es una obra inmortal precisamente porque ha sido reinventada de forma ininterrumpida en todo tipo de formatos artísticos y también por culturas diversas a las occidentales, desde el islam medieval, al manga japonés de los 80.

Por supuesto, las culturas europea y estadounidense han sido las más prolijas en este sentido. Más allá de toda la pintura –desde la cerámica ateniense y los frescos romanos hasta la Nausicaa del pintor William McGregor Paxton– o la escultura, hay obras cumbre que no presentan precisamente una adaptación apegada al relato clásico, como el poema de Kostantínos Kafavis, Ulises de James Joyce, la Odisea de Nikos Kazantzakis u O Brother, Where Art Thou?, la película de los hermanos Coen.

Retrato de una mujer desnuda rodeada de otras mujeres desnudas en un paisaje costero bajo un cielo azul.
Nausicaa, personaje de la Odisea visto por William McGregor Paxton.
Wikimedia Commons

La obra homérica se ha llevado a la pantalla en diversas ocasiones, si bien el personaje de Ulises está presente en otras tantas adaptaciones de la Ilíada o el ciclo troyano. Troya (2004) es sin duda la que más ha marcado el imaginario colectivo del siglo XXI. Una película también muy criticada en su momento, que ahora ciertos sectores de las extremas derechas han recuperada como supuesto emblema de la masculinidad y la épica perdida. Ahí sí que estarían bien representados Aquiles y Helena de Troya, dicen, no mediante un actor trans y una actriz negra.

Si lo que buscan son antecedentes culturales, la primera actriz negra, que sepamos, que interpretó a Helena, lo hizo junto a Orson Welles en el París de 1950 y el muy recomendable cómic La Cólera (2020) presenta un Aquiles que experimenta una transición de género.

¿A quién pertenece la Odisea? A la humanidad, yo diría.

¿Qué Antigüedad para el siglo XXI?

De la diversidad de reacciones al tráiler podemos extraer una conclusión incuestionable: la importancia que aún damos a las figuras históricas y míticas de la Antigüedad para conformar nuestros propios imaginarios e identidades en el siglo XXI.

Tweets de Elon Musk en los que alega que Nolan
Tweets de Elon Musk quejándose de la nueva adaptación de Nolan.
X.com

No es un tema baladí. Elon Musk y las ultraderechas internacionales lo entienden como un elemento más de su “guerra cultural”, en su defensa de una “civilización occidentalinventada y supremacista blanca.

Por su parte, una Helena negra apela a la identidad cultural afroamericana, aferrándose a una supuesta verosimilitud racial con argumentos historiográficos que fueron un revulsivo importante en su momento, pero que se han superado.

Las versiones (eco)feministas, pacifistas, o proLGTBIQ+ del mito proliferan, frente a lecturas reaccionarias que nunca dejan de resurgir. Se trata de un eterno diálogo con un pasado mítico que no pierde utilidad para repensar el presente.

Las y los profesionales de las Ciencias de la Antigüedad bien lo saben. El inminente estreno ya estimula la divulgación y la investigación sobre Homero y su recepción. Los ecos y viajes de la Odisea siempre resuenan. Estamos, sin duda, ante el regreso de Ulises. Buen momento, por tanto, para unirse al evento de nuestro proyecto y reflexionar sobre qué Antigüedad queremos para el siglo XXI.


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Oskar Aguado-Cantabrana es miembro del proyecto de Investigación ANIHO (PID2023-150635NB-I00), financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033/ y FEDER/UE. Se trata de un proyecto de investigación internacional, con sede en la EHU, dedicado a analizar la recepción de la Antigüedad en el mundo contemporáneo.

ref. ¿Tiene sentido pedirle a la ‘Odisea’ de Nolan que sea históricamente rigurosa? – https://theconversation.com/tiene-sentido-pedirle-a-la-odisea-de-nolan-que-sea-historicamente-rigurosa-283103

¿Por qué nos crecen las orejas cuando nos hacemos mayores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Usue Ariz López de Castro, Profesora de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Krakenimages.com/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por estudiantes de 3º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Berriz. Berriz (Bizkaia).


¿Es verdad que las orejas se van haciendo más grandes según cumplimos años? ¿O es uno de esos mitos que circulan por las redes? Para responder, primero tendríamos que comprobar si hay artículos científicos que hayan estudiado el tema. Y sí, en efecto, algunos expertos se han dedicado a investigarlo.

Tras medírselas a muchas personas adultas de distintas edades, han llegado a la misma conclusión: aunque poquito, las orejas aumentan de tamaño a lo largo de nuestra vida. Según sus resultados, pueden ser hasta un centímetro más grandes en personas mayores que en adultos jóvenes; sobre todo, debido al aumento del lóbulo de la oreja.

A pesar de ello, el que sean más grandes no nos sirve para mucho, ya que sabemos que con la edad vamos perdiendo audición. ¿Por qué crecen entonces? Comprendiendo su estructura interna y lo que le sucede a ese tejido con el paso del tiempo quizá encontremos la respuesta que buscamos.

Los secretos del cartílago

Si nos tocamos las orejas podemos sentir que no son tan duras como si fuera hueso, pero notamos que hay “algo” dentro. Las podemos doblar y luego recuperan la forma original.

Ese “algo” es el cartílago, un tejido parecido al hueso, pero más blandito y del que existen distintos tipos en nuestro cuerpo. En concreto, el pabellón auricular contiene cartílago elástico, que está compuesto principalmente por cuatro elementos clave: unas células llamadas condrocitos, que a su vez secretan las proteínas colágeno y elastina, y otras moléculas que conocemos como proteoglicanos.

La característica principal del colágeno, una proteína que se encuentra en muchos tejidos, es la rigidez y la resistencia, lo que le permite mantener la estructura. En cambio, la elastina es flexible y elástica, por lo que puede estirarse y recuperar su forma sin sufrir daños. Por último, los proteoglicanos se encargan de atrapar agua, formando una especie de gelatina que permite que el tejido esté hidratado.

En conjunto, gracias a las dos proteínas con propiedades opuestas y a los proteoglicanos, si nos doblamos las orejas o si reciben un golpe, pueden recuperar su forma original.

Como un calcetín gastado

Una vez conocida la estructura del cartílago de la oreja, ahora nos queda entender cómo aumenta de tamaño.

La mayoría de los tejidos del organismo solo crecen durante la infancia y la pubertad, aunque eso no impide que sigan renovándose. Es decir, el tejido envejecido se va sustituyendo por otro nuevo. Al cartílago de la oreja le sucede lo mismo: su crecimiento se detiene en la edad adulta. Pero además, como está poco vascularizado –o sea, le llega poca sangre– se renueva escasamente a largo de la vida. Entonces, si no crecen, ¿por qué las orejas son cada vez más grandes?

La clave está en qué le sucede a su cartílago con el paso del tiempo. Según cumplimos años, todos los tejidos pierden elasticidad. Esto quiere decir que o bien se estiran menos, o bien, si se estiran, no recuperan tan fácilmente su tamaño original. De jóvenes somos como un calcetín nuevo: si lo estiramos para ponérnoslo, rápidamente se ajusta a nuestro tobillo y se mantiene en esa posición. Pero con el tiempo, el elástico va cediendo: ya no ajusta y, finalmente, el calcetín se cae.

Y no solo empeora la función de la elastina, sino que en muchos casos la producción del colágeno también disminuye y se debilita, por lo que no es capaz de mantener la estructura de los tejidos como antes.

Alargadas por la fuerza de la gravedad

Concretamente, lo que le ocurre al cartílago –sobre todo por la disminución de elastina– es que no consigue contrarrestar la fuerza de gravedad por completo. Poco a poco, las orejas van “cediendo” y cayendo, por lo que visualmente aumentan de tamaño. Además, la exposición al sol, el frío, el viento, los golpes, etc. las hace todavía más sensibles a este fenómeno.

El “efecto caída” también afecta a otros tejidos ricos en colágeno y elastina. En mujeres es más patente en el pecho y los antebrazos, que cuando cuelgan incluso reciben el nombre de “alas de murciélago”. Los hombres sufren una consecuencia menos visible: los testículos se les descuelgan con la edad. Y de la papada no se libra nadie.

Resumiendo, con la edad las orejas no crecen en sentido estricto, sino que sufren unas modificaciones en su estructura interna que le impiden mantener la forma como antes y provoca que, debido a la gravedad, se vayan alargando poco a poco. Aunque estéticamente no nos guste mucho, no nos queda más que asumirlo, ya que poco podemos hacer para evitarlo.

La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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Usue Ariz López de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué nos crecen las orejas cuando nos hacemos mayores? – https://theconversation.com/por-que-nos-crecen-las-orejas-cuando-nos-hacemos-mayores-283185

Détroit d’Ormuz : quand les flux mondialisés deviennent des armes contre les démocraties

Source: The Conversation – in French – By Antony Dabila, Relations internationales, Sciences Po

La fermeture du détroit d’Ormuz par l’Iran, dans le golfe Arabo-Persique, a paralysé en quelques heures une fraction significative des approvisionnements mondiaux en hydrocarbures et en engrais phosphatés. Ce choc est le produit d’une vulnérabilité structurelle. Les points de fragilité accumulés en trois décennies de mondialisation offrent des prises importantes aux acteurs qui souhaitent perturber, contraindre ou rançonner les économies ouvertes.


Il n’a fallu que quelques jours aux marchés mondiaux pour répercuter le blocage du détroit d’Ormuz instauré par la marine iranienne, le 28 février 2026. Les cours des matières premières se sont emballés et les prix du gaz et du pétrole ont bondi de plus de 40 dollars (34,8 euros) en une semaine, sans que la mobilisation des réserves stratégiques des pays importateurs suffise à enrayer la hausse.

La centralité du détroit d’Ormuz ne constitue pas une nouveauté géopolitique. Il concentre à lui seul environ un cinquième des hydrocarbures échangés dans le monde, et sa vulnérabilité à une action hostile était connue, théorisée, intégrée aux doctrines de sécurité énergétique. Pourtant, lorsque l’interruption s’est concrétisée, aucun mécanisme de substitution n’a fonctionné à pleine capacité. Rares sont ceux qui auraient pu dresser la longue liste des matières critiques qui y transitent – et dont le monde se découvre désormais tributaire.

Cette rupture met en lumière ce que nous proposons d’appeler des « dilemmes de flux » : lorsqu’un État fait reposer sa capacité de production sur des flux externes qu’il ne contrôle pas, son intégration aux circuits mondiaux devient une source potentielle de vulnérabilité. Plus il tire profit de cette ouverture, plus il s’expose à ce qu’elle soit retournée contre lui. Le piège est d’autant plus redoutable que les bénéfices immédiats nourrissent des intérêts économiques puissants et des compromis politiques durablement institutionnalisés, tandis que les risques – lointains, diffus et longtemps jugés improbables – demeurent systématiquement sous-estimés jusqu’au jour où ils se matérialisent.

Les politologues Henry Farrell et Abraham Newman ont mis en évidence un mécanisme voisin sous le nom d’« interdépendance instrumentalisée » (weaponized interdependence). Selon eux, à rebours des illusions du « doux commerce », les réseaux globaux ne sont pas garants d’une pacification des relations interétatiques, car leurs nœuds dominants peuvent être transformés en « goulets d’étranglement » (chokepoints) à des fins de rétorsion.

Toutefois, leur analyse reste essentiellement topologique : elle identifie des ressorts de pouvoir au sein des réseaux matériels de la mondialisation, sans rendre compte des impasses internes qui empêchent les États dépendants de s’en extraire.

Ce que nous appelons ici « dilemmes de flux » désigne des mécanismes sociopolitiques plus profonds, par lesquels les bénéfices de l’ouverture consolident les intérêts et les compromis institutionnels qui la perpétuent – rendant la sortie politiquement plus coûteuse que le maintien d’une dépendance pourtant dangereuse.

Tant que le système international a paru propice à l’échange généralisé comme mode d’enrichissement le plus accessible, ces impasses domestiques sont demeurées invisibles aussi bien aux autocraties qu’aux démocraties. La modification des rapports de force aux niveaux global et régional les révèle brutalement. Elle impose de nouvelles précautions sécuritaires, sous peine de voir l’interruption des flux détruire une prospérité patiemment acquise par chaque régime politique partie prenante d’une même constellation internationale.

C’est particulièrement vrai pour les démocraties libérales, dont le centre de gravité social et la légitimité reposent sur la capacité à garantir simultanément la sécurité, la prospérité matérielle et les libertés individuelles de leurs citoyens.

Immunité des agresseurs, vulnérabilité des démocraties

Il existe une asymétrie fondamentale du système international contemporain : d’un côté, l’immunité stratégique des agresseurs, c’est-à-dire leur capacité à modifier le statu quo territorial tout en restant à l’abri de toute rétorsion militaire directe ; de l’autre, la possibilité de perturber les principaux flux d’échanges dont dépendent les sociétés ouvertes – occidentales au premier chef, mais pas seulement. Nous désignons ce dernier aspect comme la « punissabilité » structurelle des démocraties : leur dépendance extrême aux flux mondiaux contraint leur liberté de réaction et offre aux agresseurs un levier de coercition complémentaire à la force militaire.

La punissabilité d’un flux d’interdépendance désigne le fait qu’il puisse être exploité par l’acteur qui en contrôle un segment critique afin de contraindre, pénaliser ou faire chanter l’unité politique dépendante. Elle n’est pas une propriété intrinsèque du flux lui-même : elle est le produit de la rencontre entre une structure de dépendance – sa criticité, sa concentration, sa faible substituabilité –, les capacités et les intentions de l’acteur en mesure de la contrôler. Lorsque l’Iran ferme Ormuz, il n’invente pas une arme nouvelle : il active une punissabilité qui existait à l’état latent, inscrite dans la géographie des flux depuis des décennies.

Le détroit d’Ormuz illustre ce que nous appelons un « dilemme de sortie régional » : les hydrocarbures sont produits dans le Golfe, mais ne peuvent rejoindre le marché mondial que par un passage unique. Quiconque le verrouille ne frappe pas un acheteur en particulier, mais tous à la fois – d’où une pression diffuse que les importateurs peinent à convertir en riposte coordonnée.

« Détroit d’Ormuz : quels blocages ? », Le Dessous des cartes (Arte).

Six types de vulnérabilités circulatoires

Tous les dilemmes de flux ne se ressemblent pas. On peut en distinguer six sous-types, selon la position de la vulnérabilité le long de la chaîne circulatoire (de la zone d’extraction au point de réception), auxquels s’ajoute un type transversal qui en cumule plusieurs.

  • Le dilemme d’accès à la source concerne l’entrée même dans la zone de production. La vulnérabilité est ici politique et territoriale avant d’être logistique.

  • Le dilemme de sortie régional, dont Ormuz est l’exemple le plus net, porte sur le goulet par lequel une ressource quitte sa région de production. Sa punissabilité est indifférenciée : bloquer le passage affecte l’ensemble du marché mondial, puisque tous les acheteurs de la zone de production empruntent le même verrou. La puissance coercitive qui en résulte est donc massive mais aveugle : elle frappe aussi bien les alliés que les adversaires de celui qui contrôle le passage.

  • Le dilemme de transit interocéanique, dont le détroit de Malacca (Asie du Sud-Est) offre l’illustration classique, concerne un point de passage situé non plus à la sortie de la zone de production, mais sur l’itinéraire reliant cette zone à un acheteur déterminé. Sa punissabilité est sélective : la puissance qui contrôle le détroit peut cibler les navires d’un État particulier (par inspection, ralentissement ou interdiction) sans interrompre le flux global. Il confère donc une valeur coercitive potentiellement plus élevée dans une relation bilatérale asymétrique.

  • Le dilemme d’acheminement concerne les corridors de circulation terrestres ou sous-marins et leurs infrastructures névralgiques (pipelines, interconnexions électriques). La destruction des gazoducs Nord Stream, en mer Baltique, en 2022 en a fourni la démonstration la plus dramatique.

  • Le dilemme de réception terminale porte sur les points d’entrée dans l’économie dépendante : ports, terminaux de gaz naturel liquéfié, câbles sous-marins.

  • Enfin, le dilemme cumulatif, sans doute le plus grave, présente deux caractéristiques conjointes : une même chaîne d’approvisionnement est successivement exposée à plusieurs types de vulnérabilités circulatoires, parmi les cinq dilemmes énoncés ci-dessus ; et chacun d’eux est suspendu au bon vouloir d’un acteur distinct, de sorte que la sécurisation d’un seul segment ne saurait suffire à réduire le degré d’exposition agrégé de l’ensemble. La vulnérabilité de flux est ainsi sérielle, et non localisée en un seul point stratégique. La situation énergétique chinoise en offre l’exemple quasi canonique. L’accès aux hydrocarbures du Golfe enchaîne un dilemme de sortie régional (Ormuz, sous influence iranienne), un dilemme de transit interocéanique (Malacca, sous contrôle naval américain) et un dilemme de réception terminale (les ports du littoral, exposés en cas de blocus). Aucune parade isolée ne suffit à protéger l’ensemble de la séquence. C’est précisément pour desserrer cet étau que Pékin investit massivement dans une stratégie de non-punissabilité par diversification des routes, grâce aux corridors terrestres centrasiatiques et pakistanais – les fameuses « routes de la soie » (Belt and Road Initiative).

La non-punissabilité comme horizon stratégique

Dans quelle mesure les démocraties libérales peuvent-elles faire face à ces vulnérabilités circulatoires ? La notion de non-punissabilité désigne l’ensemble des stratégies visant non à supprimer les chaînes de dépendances (objectif souvent irréaliste à court terme), mais à en empêcher l’instrumentalisation coercitive : faire en sorte que l’acteur contrôlant un segment critique ne puisse pas, ou ne veuille pas, s’en servir comme levier de pression. Il ne s’agit plus de rétablir un équilibre de puissance classique entre États, mais de restructurer l’architecture même des flux pour en neutraliser le potentiel punitif.

Cinq leviers complémentaires peuvent être mobilisés à cet effet :

  • la diversification des sources et des routes réduit la concentration des passages obligés et multiplie les alternatives en cas d’interruption ;

  • le stockage stratégique introduit une inertie temporelle qui amortit les effets immédiats d’une coupure ;

  • la réciprocité de la dépendance (rendre la rupture mutuellement coûteuse) diminue l’incitation à punir ;

  • la projection de puissance sur les segments critiques (présence navale dans un détroit, capacité de riposte sur un corridor terrestre) dissuade l’acteur qui contrôle le passage d’en exploiter le potentiel coercitif, ce qui équivaut à de la non-punissabilité par dissuasion ;

  • la substitution technologique, enfin, désamorce la vulnérabilité à sa racine : en remplaçant une ressource par une autre de moindre criticité d’approvisionnement, on se soustrait peu à peu à la vulnérabilité potentielle d’un flux menacé, ce qui rend tel ou tel point de passage stratégiquement indifférent. Le développement du nucléaire civil ou des énergies renouvelables produites sur le sol national, en réduisant la dépendance aux hydrocarbures importés, illustre ce levier.

Ces cinq instruments ne sont pas alternatifs mais complémentaires. Leur combinaison forme ce que l’on pourrait appeler une « architecture de résilience circulatoire ».

Le paradoxe de l’opération « Epic Fury »

En frappant les capacités balistiques et le programme nucléaire iranien, Washington cherchait à résoudre l’un des foyers de tension les plus anciens du système international et à démontrer que la puissance prédominante, à l’échelle globale, pouvait encore imposer un ordre régional spécifique. Mais les conséquences circulatoires de l’opération ont, jusqu’ici, produit l’effet inverse : la fermeture d’Ormuz a transformé la punissabilité latente du détroit en instrument de rétorsion massive, déstabilisant des marchés bien au-delà du théâtre d’opérations.

Ce paradoxe révèle une tension structurelle : réduire un foyer de violence ne suffit pas si l’opération elle-même active d’autres vulnérabilités circulatoires. La non-punissabilité n’est donc pas seulement un objectif à atteindre en temps de paix ; elle doit être intégrée comme contrainte opérationnelle dans la planification des interventions militaires comme dans la conduite de la politique économique. Car toute stratégie économique ignorant la dimension circulatoire risque de déplacer la vulnérabilité plutôt que de la réduire.

Rien ne garantit, en outre, que les segments contrôlés par des acteurs provisoirement neutres ou amicaux le demeurent : comme l’a montré le retournement russe sur le gaz à partir de 2021, qui a ruiné en quelques mois la stratégie allemande du « changement par le commerce » (Wandel durch Handel), une crise peut suffire à les faire basculer vers l’hostilité ou, plus simplement, vers la poursuite exclusive de leurs propres intérêts (en l’occurrence géostratégiques, en Ukraine).

Résilience polycentrique : repenser l’architecture des flux

La nouvelle configuration du système international impose désormais aux États de se doter d’une architecture de non-punissabilité : en diversifiant les sources d’approvisionnement en énergie, en matières premières critiques, en composants technologiques ; en créant des redondances dans les chaînes logistiques de sorte qu’aucun point de strangulation unique ne puisse être instrumentalisé ; et en développant avec les grands opérateurs logistiques privés (armateurs, opérateurs portuaires, gestionnaires de plateformes) des partenariats de sécurisation des flux qui ne dépendent pas exclusivement des alliances entre États. Présents sur plusieurs chaînes circulatoires à la fois, ces opérateurs disposent de canaux logistiques de substitution considérablement renforcés depuis les ruptures de la pandémie de Covid-19. Lorsqu’un point de passage est bloqué, le flux bascule entre acteurs privés, avant même que la diplomatie et la géostratégie modifient le jeu en termes de puissance coercitive.

Le conflit iranien rend cette exigence particulièrement visible. Durant la guerre froide, les crises demeuraient davantage compartimentées : à la manière des cloisons étanches d’un paquebot, des disjoncteurs stratégiques limitaient leur propagation d’un théâtre d’opérations à l’autre. Cette relative étanchéité ne tenait pas seulement à la discipline des grandes puissances ; elle résultait aussi d’interdépendances moins profondes, moins concentrées et moins mondialisées.

La mondialisation des chaînes d’approvisionnement a rebranché les conflits « en série » plutôt qu’en dérivation : un choc en un point du réseau se propage désormais à l’ensemble du circuit. Restaurer des « disjoncteurs stratégiques » entre les crises ne relève donc pas seulement de la diplomatie ou de la puissance militaire. Cela passe aussi, et peut-être d’abord, par l’architecture des flux dont dépend la capacité même des démocraties à réagir.

Le conflit en cours en Iran est donc bien davantage qu’un épisode de plus dans la longue série de crises survenues depuis 1945. Il constitue le test grandeur nature d’une réalité qui engage l’avenir de la sécurité collective : l’asymétrie entre des acteurs déstabilisateurs (comme l’Iran), que leur position dans les réseaux protège des représailles, et des démocraties structurellement vulnérables à la coercition circulatoire, de par leurs dépendances d’approvisionnement. Apprendre à la gérer suppose d’anticiper, en amont de toute crise régionale, les dilemmes de flux qu’elle est susceptible d’activer – selon les six types que nous avons ici distingués.

Contenir l’enchaînement des conflits suppose de réduire cette punissabilité structurelle en construisant une architecture de résilience géoéconomique qui rende les démocraties moins vulnérables au chantage. C’est à cette condition que les flux cesseront d’être des armes qu’un acteur hostile finira tôt ou tard par retourner contre nous, et redeviendront ce qu’ils sont dans leur principe : des vecteurs de circulation, et non des instruments de coercition.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Détroit d’Ormuz : quand les flux mondialisés deviennent des armes contre les démocraties – https://theconversation.com/detroit-dormuz-quand-les-flux-mondialises-deviennent-des-armes-contre-les-democraties-283937

Visite à la pharmacie, dans une structure sociale, chez le généraliste… profiter des interactions du quotidien pour faire de la prévention en santé

Source: The Conversation – in French – By Remi Valter, Médecin de santé publique et addictologue, Inserm; Nantes Université

Profiter des situations de la vie courante pour faire de la prévention en santé  – quand on se rend dans une structure sociale, à la pharmacie, chez son médecin généraliste – plutôt que de ne la faire reposer que sur de grandes campagnes d’information qui alertent sur les risques de cancers, maladies cardiovasculaires, maladies infectieuses… C’est ce que prône la démarche « Making Every Contact Count » (que l’on pourrait traduire par « Profiter de chaque interaction »), développée au Royaume-Uni.


À certains moments de l’année ou de la vie – un anniversaire, un retour de vacances, un 1er janvier –, les bonnes résolutions fusent : arrêter de fumer, perdre du poids, se remettre au sport. Des moments où l’on se dit : « il faudrait peut-être changer quelque chose ». Mais souvent, la motivation initiale s’érode en quelques semaines, jusqu’à ce que ces bonnes intentions rejoignent le cimetière des résolutions oubliées.

Ce décalage entre nos intentions et nos comportements révèle une vérité inconfortable : changer nos modes de vie ne relève pas que de la simple volonté individuelle. Et si la solution ne résidait pas dans ces grands moments de décision, mais dans des milliers de micro-interactions du quotidien ?

Une prévention en santé encore trop limitée

En France, quand on parle de prévention, on pense spontanément vaccination et dépistage. Ces actions sont essentielles, mais elles ne représentent qu’une partie de ce qui détermine notre santé. Ce ne sont pas seulement les maladies qui nous rendent malades, mais aussi notre environnement et nos habitudes du quotidien : ce que nous mangeons, notre niveau d’activité physique, nos consommations.

Les données du Global Burden of Disease sont sans appel : les facteurs comportementaux – alimentation, activité physique, tabac, alcool – représentent une part majeure du fardeau mondial de morbidité. En France, leur poids est aussi économique : le coût social du tabac est estimé à environ 156 milliards d’euros par an, et celui de l’alcool à près de 100 milliards.

Pourtant, la prévention reste encore largement présentée comme une affaire de responsabilité individuelle, alors que nos comportements sont profondément façonnés par nos environnements. Les lieux où nous vivons, travaillons, faisons nos courses, nous déplaçons influencent nos choix bien plus que notre seule volonté : offre alimentaire, aménagement urbain, politiques de prix, régulation de la publicité.

En pratique, la prévention est régulièrement affichée comme une priorité. Mais les rapports récents de l’Inspection générale des affaires sociales (IGAS), de la Cour des comptes ou encore du Haut Conseil pour l’avenir de l’assurance maladie dressent un constat récurrent : elle reste sous-financée, fragmentée et insuffisamment intégrée aux pratiques. Autrement dit, une ambition largement partagée… mais encore peu transformante.

Faire de chaque contact une opportunité

Dès 1986, la Charte d’Ottawa rappelait une évidence souvent oubliée : la santé ne dépend pas uniquement des choix individuels. Elle est aussi le produit des environnements dans lesquels nous vivons, des politiques publiques qui structurent nos sociétés. Parmi ses cinq axes d’action, l’un invite à réorienter les services de santé vers la prévention – c’est précisément là que s’inscrit la démarche MECC, « Making Every Contact Count » (que l’on pourrait traduire par « Profiter de chaque interaction »), développée au Royaume-Uni.

Concrètement, cette démarche repose sur la formation de professionnels déjà en contact avec la population afin qu’ils puissent engager, lorsque cela est pertinent, des conversations brèves autour de la santé et orienter vers des ressources adaptées.

Elle cible un large éventail de déterminants : tabac, alimentation, activité physique, alcool, santé mentale et bien-être. Elle concerne aujourd’hui un large éventail d’acteurs tels que – agents des collectivités territoriales, infirmiers, intervenants associatifs, kinésithérapeutes, médecins, pharmaciens et travailleurs sociaux – et s’applique dans des structures variées, telles que les associations, les hôpitaux, les pharmacies, les services sociaux ou les structures de soins primaires.

En pratique, elle se traduit par des formations aux interventions brèves, des outils d’aide à la conversation, des annuaires de ressources locales et parfois l’intégration de questions de prévention dans les logiciels métiers. Si les professionnels reconnaissent largement la valeur de l’approche, la mise en œuvre reste variable selon les organisations et une standardisation de la formation est souvent identifiée comme un levier essentiel.

L’objectif n’est pas de transformer chaque professionnel en expert de la prévention, mais de lui permettre de repérer les occasions favorables et d’engager un dialogue adapté à la situation de chacun, dans une logique également promue par les travaux de l’Organisation mondiale de la santé sur les interventions brèves.

L’idée est simple : faire de chaque interaction un levier potentiel de santé. Concrètement, cela peut prendre des formes multiples comme :

– à la pharmacie : « Est-ce que vous arrivez à marcher un peu dans la semaine ? » ;

– en consultation : « Et le tabac, vous en êtes où en ce moment ? » ;

– à l’accueil d’une structure sociale : « Vous arrivez à dormir correctement ces temps-ci ? ».

Il ne s’agit pas d’ajouter du temps, mais de changer de posture. Une question bienveillante, une remarque adaptée peuvent suffire à ouvrir un dialogue, à amorcer une réflexion, voire une orientation.

Les synthèses de la littérature scientifique suggèrent que ces interventions brèves peuvent augmenter l’activité physique, améliorer certains comportements alimentaires et contribuer à réduire les consommations d’alcool ou de tabac.

Parler bénéfices plutôt que risques

Longtemps, la prévention a parlé le langage du risque : risque cardiovasculaire, risque de cancer, risque d’infection. Mais cette approche atteint vite ses limites. Nous ne sommes pas des décideurs parfaitement rationnels : nous privilégions le présent, avons du mal à modifier nos routines, et sommes fortement influencés par notre entourage.

Mettre en avant des bénéfices immédiats s’avère souvent bien plus efficace que d’évoquer des risques lointains. Mais plus encore, l’enjeu est de partir de ce qui compte pour la personne : mieux dormir, avoir plus d’énergie, être plus disponible pour ses proches. Ce sont ces ressorts-là – propres à chacun – qu’une conversation bien conduite peut faire émerger, bien plus qu’un message de prévention standardisé.

Certains moments – un anniversaire, un symptôme, un changement de traitement – sont particulièrement propices à ces conversations : les Anglo-Saxons parlent de teachable moments (que l’on pourrait traduire par des « moments propices à l’apprentissage »), ces instants où la personne est plus réceptive qu’à l’ordinaire.

Le paradoxe de Rose : petits changements, grand impact

Dans les années 1980, l’épidémiologiste Geoffrey Rose formulait une idée puissante : dans une population, ce ne sont pas forcément les personnes les plus à risque qui contribuent le plus au nombre total de malades. Ce sont souvent les personnes à risque modéré – moins exposées individuellement, mais bien plus nombreuses – qui, collectivement, représentent la part la plus importante des cas. Autrement dit, de petits changements chez beaucoup de gens ont un impact bien plus important que de grands changements chez quelques individus à haut risque.

C’est la logique même de MECC « Making Every Contact Count » (« Profiter de chaque interaction ») : des micro-interventions, répétées et diffusées largement, qui déplacent progressivement le niveau de santé d’une population tout entière. L’effet des interventions brèves sur chaque individu peut sembler modeste – mais multiplié par des milliers de contacts quotidiens, l’impact devient massif.

Et si la prévention devenait l’affaire de tous ?

Cette approche invite aussi à repenser qui fait de la prévention. Les opportunités de contact avec la population dépassent largement le cadre des consultations médicales. À l’image des gestes de premiers secours ou des formations aux premiers secours en santé mentale, on peut imaginer une prévention portée par un ensemble large : professionnels de la santé bien sûr, mais aussi acteurs du social, de l’éducation, du sport, du monde du travail.

Dans un système de santé sous tension, cette approche peut sembler difficile à mettre en œuvre. Mais elle ne repose pas sur du temps supplémentaire – elle repose sur une posture différente. Des outils simples, comme les 5A pour « Ask, Advise, Assess, Assist, Arrange » (que l’on pourrait traduire par « Poser des questions, conseiller, évaluer, aider/soutenir, organiser »), proposent un cadre pour engager ces conversations : interroger sur les habitudes de santé, informer sans imposer, évaluer la motivation de la personne, l’accompagner dans ses premiers pas et orienter, si besoin, vers des ressources adaptées. Ces étapes ne supposent pas une consultation spécifique – elles peuvent s’inscrire dans quelques échanges d’un rendez-vous ordinaire.

Du système aux pratiques : le défi français

Cette vision interroge profondément notre manière de penser la prévention. D’un côté, une approche centrée sur des programmes, des campagnes, des dispositifs. De l’autre, une approche intégrée, diffuse, ancrée dans les interactions quotidiennes. Les deux ne s’opposent pas. Elles se complètent.

La démarche MECC « Making Every Contact Count » (« Profiter de chaque interaction ») ne dispense pas d’agir sur les déterminants structurels – environnement, alimentation, aménagement urbain, conditions de travail, politiques fiscales… Elle permet d’agir maintenant, à l’échelle de chaque rencontre.

La prévention ne se décrète pas, elle se pratique. Et si plutôt que d’attendre la prochaine bonne résolution ou le prochain 1er janvier, nous apprenions à la voir aussi dans les moments ordinaires où chaque interaction devient une opportunité ?

The Conversation

Remi Valter est membre de la Société francophone de tabacologie.

ref. Visite à la pharmacie, dans une structure sociale, chez le généraliste… profiter des interactions du quotidien pour faire de la prévention en santé – https://theconversation.com/visite-a-la-pharmacie-dans-une-structure-sociale-chez-le-generaliste-profiter-des-interactions-du-quotidien-pour-faire-de-la-prevention-en-sante-283326

Les contestations anti‑LGBTQIA2S+ bousculent la mission démocratique des lieux culturels

Source: The Conversation – in French – By Lucile Dartois, Doctorante en cotutelle à l’Université du Québec à Montréal (département de sociologie) et à l’Université de Lorraine en France (psychologie), Université du Québec à Montréal (UQAM)

Alors que bibliothèques et musées multiplient les initiatives pour mieux représenter les communautés LGBTQIA2S+, ces institutions font l’objet de contestations qui bousculent leur mission démocratique.


Les bibliothèques, musées et autres espaces culturels occupent une place particulière dans la vie démocratique. Au-delà de la diffusion des savoirs et des activités culturelles, ils favorisent l’accès à l’information, la participation citoyenne et la représentation de la diversité sociale et culturelle.

Depuis plusieurs années, ces institutions proposent ainsi différentes initiatives visant à mieux faire connaître les réalités des communautés LGBTQIA2S+, qu’il s’agisse d’expositions artistiques, d’activités éducatives ou de la mise en valeur d’ouvrages portant sur la diversité des modèles familiaux par exemple.

Or, ces initiatives font l’objet de contestations récurrentes.

Quand bibliothèques et musées deviennent des terrains de contestation

Au Québec comme ailleurs en Amérique du Nord et en Europe, des bibliothèques et autres lieux culturels ont été visés par des plaintes, des campagnes de pression ou des manifestations contre la place accordée aux réalités LGBTQIA2S+.

Au Québec, les mobilisations contre l’Heure du conte animée par une drag queen en 2022 et 2023, et contre l’exposition Unique en son genre au musée de la Civilisation à Québec constituent des moments charnières de ces controverses. Elles illustrent à la fois des tentatives de censure d’objets culturels et la réactivation de discours hostiles envers les minorités sexuelles et de genre.




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Les contestations prennent aussi des formes variées, plus ordinaires et moins médiatisées : demandes de retrait de livres, critiques d’expositions ou d’activités, plaintes adressées aux institutions, mais aussi, comme en témoignent des personnes professionnelles rencontrées dans le cadre de cette étude, remarques hostiles, actes d’intimidation ou gestes symboliques visant les signes de soutien aux communautés LGBTQIA2S+.

Les mouvements « anti-genre »

Plus largement, ces contestations s’inscrivent dans un contexte marqué par la montée de mouvements dits « anti-genre », opposés aux avancées féministes et aux droits des communautés LGBTQIA2S+. Les argumentaires (« stop grooming children », « pour les droits des parents », « au nom de la protection des enfants ») s’inscrivent dans des répertoires discursifs anciens et transnationaux. Ils instrumentalisent la figure de l’enfant pour légitimer des argumentaires d’exclusion.

Une drag queen lit un conte à des enfants
À l’occasion de l’« Heure du conte avec une drag Queen », Barbada lit un conte à des enfants à la Grande Bibliothèque.
(Courtoisie de Jennifer Ricard), CC BY

Les contestations anti-LGBTQIA2S+ dans les espaces culturels remettent en cause deux de leurs composantes démocratiques importantes : celle d’inclure et de représenter une pluralité de voix, dont les voix marginalisées, et celle de constituer des espaces exempts de toute forme de « censure idéologique, politique ou religieuse ».




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Une recherche pour éclairer la situation

C’est pour documenter cette situation préoccupante qu’en 2024-2025, le Centre de Prévention de la Radicalisation menant à la violence (nouvellement renommé Villes sans violence) a mené une recherche en partenariat avec l’UQAM. Elle a notamment pris la forme d’entrevues menées auprès de 15 personnes professionnelles au sein d’institutions culturelles au Québec : bibliothèques, musées et organismes culturels LGBTQIA2S+. Il s’agissait de mieux comprendre les répercussions de la haine anti-LGBTQIA2S+ sur le fonctionnement des institutions culturelles et sur celles et ceux qui y travaillent.

L’analyse issue des entrevues permet de comprendre comment les personnes qui travaillent au sein d’institutions culturelles perçoivent et comprennent les contestations anti-LGBTQIA2S+ des dernières années. Trois registres d’interprétation de ces contestations se dégagent.

Ces trois registres s’entrecroisent dans les discours et les pratiques, à la fois des personnes professionnelles et des institutions elles-mêmes. Ils constituent des cadres de référence multiples à partir desquels se construisent les réponses apportées aux contestations. Leur articulation génère des arbitrages et des dilemmes éthiques récurrents autour de la liberté d’expression, de l’inclusion et, plus largement, du rôle des institutions culturelles en démocratie.

1. Le registre pluraliste

Dans ce premier registre, les personnes professionnelles rappellent que la mission première des espaces culturels est de permettre la coexistence de points de vue divergents au sein de l’espace public. Une professionnelle dira par exemple : « c’est correct là, ça suscite des… des échanges, des discussions ».

Les contestations anti-LGBTQIA2S+ sont alors susceptibles d’être interprétées comme l’expression d’un désaccord dans une démocratie pluraliste. Ici, les contestations ne sont pas seulement perçues par les personnes professionnelles comme des perturbations, mais aussi comme des « tests » de la capacité de l’institution à maintenir un espace de dialogue ouvert, où « toutes les voix doivent pouvoir s’exprimer », comme le précise une bibliothécaire dans le cadre des entretiens.




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Cependant, cette posture de neutralité peut conduire à traiter certaines contestations comme de simples désaccords entre points de vue, au titre de la liberté d’expression. Dans ce cadre, les espaces culturels risquent de banaliser des propos pouvant relever de discours discriminatoires ou haineux, comme s’ils relevaient d’une « opinion comme une autre ». Il en résulte, pour les personnes professionnelles, un questionnement sur leur posture pédagogique : comment favoriser le dialogue, la réflexion et l’expression des points de vue, sans banaliser des propos discriminatoires ou haineux ?

2. Le registre inclusif

Dans le deuxième registre, les contestations sont interprétées comme l’expression de dynamiques d’exclusion et de haine envers les communautés LGBTQIA2S+. Elles ne relèvent pas d’un simple désaccord, mais de rapports de pouvoir structurels qui mettent en cause les principes d’équité et d’inclusion.

Dans cette perspective, l’enjeu, selon les personnes professionnelles, consiste à réaffirmer des valeurs d’ouverture et de diversité, à préserver des conditions d’accès équitables à l’espace culturel et à lutter contre les mécanismes d’exclusion. Bref, elles ne se perçoivent plus seulement comme les garantes d’un espace culturel pluraliste, mais aussi comme des actrices engagées dans la défense de l’inclusion des communautés marginalisées. Pour l’une d’elles, les bibliothèques devraient ainsi constituer des « oasis de sécurité pour tous les laissés pour compte ».


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3. Le registre de la prudence institutionnelle

Dans le troisième registre, les contestations anti-LGBTQIA2S+ sont appréhendées comme des situations à risque, susceptibles de générer des tensions internes et des controverses publiques. Ce registre relève davantage des logiques institutionnelles que des discours explicites des personnes rencontrées.

Ici, les contestations sont moins interprétées en termes de dissensus démocratique (registre pluraliste) ou de discrimination (registre inclusif) que comme des problèmes de gestion de crise. Les réponses privilégiées peuvent alors consister à atténuer les situations controversées ou à limiter la visibilité de certains sujets afin de prévenir l’escalade des conflits.

Ce registre fait l’objet de critiques importantes de la part des personnes interviewées. Plusieurs d’entre elles soulignent l’écart entre les valeurs d’inclusion affichées par les institutions et certaines pratiques d’évitement, notamment face à des sujets jugés sensibles. Cette logique d’évitement (annuler une activité par anticipation d’une potentielle controverse, par exemple) est alors vécue comme une forme d’autocensure institutionnelle, voire de désengagement.

Débats fondamentaux sur la démocratie

En fait, les contestations observées dans les espaces culturels renvoient à des dynamiques plus larges qui traversent aujourd’hui nos démocraties.

On se situe à l’intersection de deux impératifs démocratiques susceptibles d’entrer en contradiction : le pluralisme, qui suppose d’accueillir la diversité des points de vue et de garantir le débat public, et l’inclusion, qui vise à reconnaître et protéger la participation de groupes historiquement marginalisés et à lutter contre les formes de discrimination et de haine qui les vise.

Dans un contexte marqué par la circulation et la normalisation de discours conservateurs et réactionnaires, ces rapports se reconfigurent. Certains registres contestataires se réapproprient le langage même du pluralisme – au premier rang duquel la liberté d’expression – pour disqualifier des initiatives inclusives. Ces prises de position passent fréquemment par des formes discursives euphémisées, empruntant les codes du plaidoyer, ce qui contribue à atténuer leur charge haineuse tout en réactivant des logiques de stigmatisation. Ce déplacement contribue à brouiller les frontières entre critique légitime et discours discriminatoire, voire haineux.

Dans ce contexte, les espaces culturels sont amenés à arbitrer en permanence entre ces différentes conceptions de la démocratie, sans qu’aucune ne s’impose de manière stable ou univoque. Ils apparaissent alors comme de véritables laboratoires démocratiques, où se négocient concrètement les frontières entre pluralisme, inclusion et régulation institutionnelle.

La Conversation Canada

La recherche a été menée au sein du Centre de Prévention de la Radicalisation menant à la violence (nouvellement renommé Villes sans violence), un organisme québécois engagé dans la prévention de l’extrémisme violent et des actes à caractère haineux. L’analyse se base sur des entrevues auprès de 15 personnes travaillant au sein d’institutions culturelles au Québec. La recherche a été financée par l’équipe Recherche et Action sur les Polarisations Sociales (RAPS), en partenariat avec Stéphanie Tremblay, professeure titulaire au Département de sciences des religions à l’UQAM.

ref. Les contestations anti‑LGBTQIA2S+ bousculent la mission démocratique des lieux culturels – https://theconversation.com/les-contestations-anti-lgbtqia2s-bousculent-la-mission-democratique-des-lieux-culturels-284392

Vague de chaleur : les poules pondent moins d’œufs et des œufs plus petits

Source: The Conversation – in French – By Anne Collin-Chenot, Chercheuse à l’Inrae au sein du laboratoire en Biologie des oiseaux et aviculture, Inrae

C’est une des nombreuses conséquences des vagues de chaleur plus fréquentes et plus intenses liées au changement climatique : les poules pondent moins d’œufs, des œufs plus petits et plus fragiles. Mais alors que les épisodes caniculaires se généralisent, de nombreux chercheurs à travers le monde tâchent de trouver comment rendre les poules et les poulets plus résilients à la chaleur, car leur viande et leurs œufs demeurent parmi les sources de protéines animales les plus populaires et les moins gourmandes en ressources.


Les humains ne sont pas les seuls à tâcher bon gré mal gré de s’adapter aux fortes chaleurs. Les poules modifient également leur comportement et leur métabolisme pour faire face à la hausse des températures, dont le ressenti dépend aussi de l’humidité et de la vitesse de l’air.

Comment les poules essaient-elles de s’adapter à la chaleur ?

Contrairement à nous, les poules n’ont pas de glandes sudoripares fonctionnelles facilitant leur thermorégulation par la transpiration, et leur plumage est isolant. Pour se rafraîchir, elles vont donc généralement s’étaler sur le sol et mettre en place une hyperventilation respiratoire qui leur permet d’évacuer de l’eau et, par cette évaporation, de la chaleur.

Elles limitent ainsi l’augmentation de leur température interne. Elles vont également rechercher la fraîcheur (par exemple, l’ombre en plein air et les courants d’air) et augmenter leur consommation d’eau.

En parallèle, elles vont aussi tenter de limiter la production de chaleur en diminuant leur consommation d’aliments. Elles vont de plus allouer moins d’énergie et de nutriments à la formation d’œufs afin de préserver leurs fonctions vitales quand elles sont soumises aux fortes chaleurs et au stress oxydant induit.

Ces modifications comportementales et métaboliques auront cependant lieu à des degrés divers, en fonction de la durée et de l’intensité du coup de chaleur et de la possibilité d’avoir des phases de récupération plus fraîches la nuit.

Moins d’œufs et des œufs plus petits

La capacité des poules à produire des œufs peut également être affectée différemment en fonction des conditions d’ambiance. Avec 32 °C en continu au lieu de 22 °C habituellement, nous notons, en conditions expérimentales, une baisse de production d’œufs de 15 à 30 %. Cependant, en cas de chaleur cyclique mimant des variations jour-nuit et laissant des périodes de récupération assez fraîches, la production globale n’est pas modifiée.

Mais lors de cette exposition non continue, le poids total des œufs et celui de ses différents composants sont quand même affectés. La coquille de l’œuf risque d’être rapidement fragilisée, car la quantité de calcium ingérée par l’animal à travers sa consommation d’aliments est diminuée, et son utilisation altérée.

Nous notons de fait une diminution de la disponibilité du calcium sanguin due à l’augmentation de l’expiration de CO₂ liée à l’hyperventilation respiratoire. C’est pourquoi une supplémentation en calcium au-delà de celui apporté par l’aliment est nécessaire pour préserver le capital calcique de la poule et la qualité de la coquille d’œuf. Cette altération du poids de coquille a lieu dès les premiers jours d’exposition à la chaleur en cas d’exposition continue. On note également une diminution de la quantité de blanc d’œuf (albumen) riche en protéines et en eau.

En ce qui concerne le jaune d’œuf, une diminution de poids s’opère également, mais de manière moins abrupte, en raison de modifications métaboliques de plus long terme : c’est le foie qui synthétise les composants lipidiques du jaune d’œuf avant leur stockage au niveau de l’appareil reproducteur dans l’ovaire de la poule en amont de la ponte.

Au final, le poids moyen de l’œuf sera altéré. On note ainsi des diminutions de poids d’œuf de 0,4 à 1 gramme par degré Celsius, au-dessus de 25 °C de température ambiante.

D’autres impacts de la chaleur

La forte augmentation des températures ambiantes provoque aussi d’autres impacts délétères pour la santé des poules en élevage. Une exposition prolongée à des températures très élevées (42 °C) se révèle létale pour les poules dont la température interne se stabilise normalement autour de 41 °C. C’est également le cas lorsque la température s’élève au-delà de 44 °C.

Dans des situations moins extrêmes, la consommation d’eau par abreuvement plus importante peut conduire à des fientes plus humides. Cette humidité au niveau du sol doit être surveillée pour éviter le développement de pathogènes et le risque de pododermatite qui abîme les pattes de l’animal.

La mise en place de brume (diffusion de très fines gouttelettes d’eau dans l’air du bâtiment d’élevage) peut également accentuer le phénomène d’humidité au sol si la ventilation n’est pas correctement gérée. En effet, les micro-gouttelettes contribuent à abaisser la température ressentie par les volailles en absorbant de la chaleur, mais elles doivent être évacuées du bâtiment par la ventilation en même temps que l’air chargé.

Chez le poulet de chair, destiné à la consommation de viande, il a également été montré que l’intégrité du tube digestif pouvait être altérée par de fortes chaleurs. Cela peut donc avoir une incidence sur les diarrhées, l’état de la litière, la prolifération de pathogènes…

Nous savons également que le changement climatique risque d’augmenter la fréquence d’exposition à certains pathogènes (parasites, virus, bactéries…), avec une possible expansion de leurs zones de présence.

Des protéines animales toujours plus populaires

Malgré ces menaces qui pèsent sur l’élevage de poules pondeuses et de poulets de chair, les œufs comme la viande de poulet restent des protéines éminemment populaires à travers le monde, à commencer par la France. La viande de volaille y est désormais la viande la plus consommée.

Cela s’explique notamment par son prix abordable, ses qualités nutritionnelles, la diversité des formes de produits de grande consommation proposés, l’absence d’interdit religieux pesant sur ces aliments. Nous pouvons également citer leur empreinte carbone faible ainsi que la rapidité de la croissance des poulets, le peu de terre, d’eau et d’énergie nécessaires à son élevage, comparés aux systèmes d’élevage produisant des viandes rouges.

La production de poulet de chair est cependant, elle aussi, largement affectée par les périodes de forte chaleur, avec une baisse de croissance de ces animaux liée à la diminution de leur consommation d’aliments ainsi qu’à des modifications de leur comportement et de leur métabolisme. Cette réalité engendre donc une durée d’élevage potentiellement plus longue et une augmentation des coûts de production.

L’adaptation de ces élevages au changement climatique est donc l’objet de beaucoup d’attention de la part des éleveurs eux-mêmes, mais également des scientifiques, qui proposent des solutions en collaboration avec les filières.

Travailler sur les conditions d’élevage et les systèmes d’alerte des éleveurs

Pour cela, un premier axe de recherches vise à optimiser les conditions de l’élevage afin de minimiser les risques. Cela concerne notamment le transport des animaux pour les poulets de chair. Plus globalement sont à l’étude de nouvelles stratégies de ventilation des bâtiments, afin de favoriser les pertes de chaleur des animaux par convection, tout comme la brumisation, où un savant équilibre est à trouver pour ne pas trop humidifier la litière, ce qui générerait la prolifération de pathogènes.

Nourrir les poules pendant les périodes les plus fraîches de la journée ou de la nuit en inversant le programme lumineux demeurent d’autres leviers d’actions. Ce sont des pratiques anciennes qui ont fait leurs preuves pour limiter l’impact du coup de chaleur sur les animaux.

Pour les élevages en plein air, favoriser les zones d’ombre et un microclimat autour du bâtiment avec la plantation d’arbres est une autre piste.

Du côté des éleveurs, l’amélioration des systèmes d’alerte est une autre voie de progrès, d’une part, avec des systèmes audio et vidéo permettant de déceler très précocement des modifications de comportement des animaux et, d’autre part, grâce à des alertes météo pour anticiper les vagues de chaleur et prendre les mesures appropriées sur l’élevage.

Les recherches sur les différentes races

L’espèce Gallus gallus est élevée pour la production d’œufs et/ou de viande partout dans le monde. Une autre piste pour adapter les élevages aux fortes chaleurs est donc de se pencher sur les races qui, à travers le monde, sont susceptibles de mieux tolérer la chaleur. Il s’agit de réaliser des croisements d’animaux qui sont plus performants dans des conditions d’élevages plus difficiles, notamment en matière de température.

Ces thématiques sont travaillées par certains collaborateurs de l’Institut national de recherche pour l’agriculture, l’alimentation et l’environnement (Inrae), notamment au Centre d’excellence régionale sur les sciences aviaires (Cersa) (Université de Lomé, Togo). Une piste concerne les animaux qui ont des caractéristiques de plumage favorables aux pertes de chaleur par la peau, comme les races à cou nu ou les races à gène frisé ou, encore, les races dont les caractéristiques en matière de dissipation de la chaleur sont intéressantes.

Des recherches ont également été menées à l’Inrae sur des races qui ont des propriétés d’immunité et de résistance à la chaleur intéressantes, comme la race égyptienne Fayoumi. Mais une limite apparaît souvent dans ces études : si ces races sont plus résilientes face aux fortes chaleurs, elles ont souvent des performances de ponte moindres, et leurs capacités d’adaptation à des variations de température liées aux aléas climatiques (et non uniquement à la chaleur) restent à évaluer.

Les scientifiques travaillent également sur les aliments qui pourraient être intéressants en cas de fortes chaleurs, notamment avec l’utilisation de plantes riches en antioxydants.

Les recherches sur l’embryogenèse

De nombreuses recherches réalisées en conditions expérimentales contrôlées ont en outre été réalisées pendant l’incubation des œufs afin de modifier l’expression des gènes impliqués dans la tolérance à la chaleur à moyen terme. C’est l’enjeu du projet SOLEIL, qui étudie comment la température d’incubation à des périodes précises du développement de l’embryon peut favoriser cette résilience, en collaboration avec l’Institut technique des filières avicole, cunicole et piscicole (Itavi) et des coopératives agricoles. Ces travaux sont pour l’instant principalement réalisés sur des poulets de chair, car la mortalité y est plus marquée en cas de forte chaleur.

Étudier la manière dont les poulets peuvent mieux s’adapter à la chaleur reste néanmoins quelque chose de complexe, notamment parce qu’il faut tenir compte d’un panel de facteurs. Il faut que les poulets continuent d’être résistants également à des baisses de température, notamment l’hiver si les animaux ont accès au plein air.

Il faut aussi avoir en tête que la tolérance thermique du poulet n’est pas la même en fonction de son âge. Il va être sensible au froid au début de sa croissance, c’est pour cela que l’on chauffe les bâtiments accueillant des poussins. En fin d’élevage, en revanche, le poulet de chair est plus vulnérable à la chaleur. Certaines études évaluent donc la possibilité d’acclimater précocement les poulets de chair à des variations de température et de faire le lien avec la multiperformance des animaux (croissance et efficacité alimentaire, santé, bien-être, impacts environnementaux et pour l’éleveur et pour les filières en général).

La recherche travaille ainsi sur de nombreux leviers qui sont aussi divers que complémentaires. C’est nécessaire, car, pour les poules et les poulets comme pour les humains, aucune solution miracle n’existe face au changement climatique. Une seule certitude demeure : les canicules sont vouées à être de plus en plus nombreuses, et il est donc primordial d’étudier et de mettre en pratique différentes façons d’atténuer leurs effets.


Angélique Travel, cheffe de projet santé et hygiène en production avicole et cunicole à l’Institut technique des filières avicole, cunicole et piscicole (Itavi, Paris) a participé à la rédaction de cet article.

The Conversation

Anne Collin-Chenot a reçu des financements de l’ANR, de l’Union Européenne, d’Adisseo, de DSM et de l’ANSES.

Sonia Metayer-Coustard ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Vague de chaleur : les poules pondent moins d’œufs et des œufs plus petits – https://theconversation.com/vague-de-chaleur-les-poules-pondent-moins-doeufs-et-des-ufs-plus-petits-284846