Medicamentos biológicos y biosimilares: los nuevos aliados de la medicina moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Zuriñe Eraña Pérez, Doctoranda en Tecnología Farmacéutica, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

New Africa/Shutterstock

Durante años, la medicina se ha basado principalmente en fármacos sintéticos. Sin embargo, en la actualidad, los llamados medicamentos biológicos han ganado terreno, especialmente en el tratamiento de enfermedades complejas que no responden bien a las terapias convencionales. ¿En qué se diferencian de los tradicionales?

Construir con Lego o plantar un árbol

Imagine que le mandan construir una casa de Lego. Con instrucciones claras y piezas idénticas, puede reproducirla fácilmente una y otra vez sin errores. Así funcionan los medicamentos tradicionales o sintéticos: son moléculas pequeñas creadas en un laboratorio mediante reacciones químicas precisas, como el paracetamol o la aspirina.

Ahora, imagine que tiene que plantar un árbol. En este caso, no basta con seguir un manual: necesita una semilla viva, condiciones climáticas adecuadas y mucha paciencia. Y por mucho que se esfuerce, no conseguirá cultivar dos árboles exactamente iguales. Pues así son los medicamentos biológicos: moléculas grandes y complejas, fabricadas por organismos vivos, como células animales, bacterias o levaduras. No se sintetizan en tubos de ensayo, sino que se producen dentro de seres vivos.

Como francotiradores en nuestro cuerpo

Estas diferencias hacen que la fabricación y comercialización de los medicamentos biológicos sea muy distinta. Estos fármacos contienen principios activos, como proteínas complejas, anticuerpos o incluso hormonas, derivados de fuentes biológicas. Algunos ejemplos conocidos son la insulina para la diabetes –que fue el primer medicamento biológico aprobado en España, en 1982–, la eritropoyetina para tratar la anemia o los anticuerpos monoclonales usados en ciertos tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes.

Estos tratamientos actúan como francotiradores en nuestro cuerpo: reconocen una diana concreta –una proteína alterada, una célula enferma, un proceso inflamatorio– y actúan sobre ella con mucha precisión, minimizando efectos secundarios.

Por eso, suponen un hito en la medicina personalizada. Han revolucionado el tratamiento de enfermedades graves y crónicas como la diabetes, la esclerosis múltiple, la enfermedad inflamatoria intestinal, el cáncer y muchas otras patologías, algunas de ellas con pocos tratamientos eficaces disponibles. Según el Ministerio de Sanidad de España, más del 20 % de la población sufre alguna enfermedad crónica que puede requerir un medicamento biológico en algún momento de su vida, especialmente en patologías donde son la única opción eficaz.

Garantizar el acceso a estos tratamientos es crucial, no solo para mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también para la sostenibilidad de los sistemas de salud. Actualmente, más del 40 % de los nuevos medicamentos aprobados por la EMA (Asociación Europea del
Medicamento) son biológicos, y esto está impulsando una mejora en el tratamiento de muchas enfermedades.

Biosimilares: una alternativa más asequible

Sin embargo, producirlos es costoso y complejo. Hay que modificar mediante ingeniería genética células vivas para que fabriquen proteínas específicas, purificarlas, validar su estructura y función… Cualquier pequeño cambio en el proceso puede afectar al producto final. Por eso, un solo tratamiento biológico puede superar los 20 000 € anuales por paciente, lo que ejerce una gran presión sobre los presupuestos públicos y limita el acceso para muchos pacientes.

Aquí es donde entran los biosimilares: versiones más asequibles de los medicamentos biológicos que no comprometen su eficacia. Habitualmente se comparan con los medicamentos genéricos, ya que pueden producirse y venderse una vez expira la patente del medicamento original, lo cual reduce significativamente los costos asociados a la investigación y el desarrollo.

Diferencias con los genéricos

Sin embargo, aunque persiguen un objetivo similar –reducir el gasto farmacéutico y democratizar el acceso a los tratamientos–, los biosimilares son mucho más complejos.

Un genérico es una copia exacta del principio activo del fármaco original. Como las moléculas sintéticas son simples y fácilmente replicables, el medicamento genérico se aprueba rápidamente. En cambio, los medicamentos biológicos no se pueden copiar de forma idéntica. Si bien los biosimilares se fabrican con altísima precisión, puede haber pequeñas variaciones derivadas del propio proceso biotecnológico, igual que no hay dos árboles idénticos, aunque provengan de la misma semilla.




Leer más:
Cronofarmacología: por qué es tan importante la hora a la que tomamos los medicamentos


Un biosimilar es, por tanto, una versión altamente similar a su biológico de referencia en calidad, eficacia y seguridad, pero no es una copia exacta. Por eso, para su aprobación, se debe demostrar, mediante estudios comparativos rigurosos, que no existen diferencias clínicamente relevantes. Esto los hace más caros que los medicamentos genéricos, pero más baratos que los biológicos.

El uso de biosimilares sale a cuenta. En España, por ejemplo, se estima que ha supuesto un ahorro de más de 5 162 millones de euros entre 2009 y 2022, según datos de la Asociación Española de Biosimilares (BioSim), lo que ha permitido reinvertir en innovación, financiar nuevos tratamientos y reducir listas de espera. El primer biosimilar aprobado en Europa fue en 2006, con la hormona de crecimiento humana recombinante, y desde entonces, su adopción no ha parado de crecer.

Obstáculos para su plena implantación

A pesar de sus beneficios, los biosimilares afrontan desafíos. La desconfianza de algunos profesionales y pacientes, que los perciben como “copias de segunda”, es uno de los mayores obstáculos. Sin embargo, pasan por los mismos controles de calidad rigurosos que cualquier medicamento autorizado por la EMA.

Otro reto es la intercambiabilidad, es decir, la sustitución del biológico original por su biosimilar. En España, esto no es automático y depende del criterio médico, pero cada vez hay más evidencia científica que respalda la seguridad de estos intercambios.

También resulta clave la educación sanitaria: cuanto más informados estén los profesionales y los pacientes, mayor será la confianza en su uso.

Un ejemplo de ciencia justa

En definitiva, los medicamentos biológicos y biosimilares representan un cambio de paradigma, pasando de tratamientos generalistas a soluciones personalizadas, dirigidas a las causas moleculares de las enfermedades. Su expansión permite que más pacientes accedan a terapias innovadoras, mientras se preservan los recursos del sistema sanitario.

En un mundo donde el coste de la innovación amenaza con aumentar la brecha en el acceso a la salud, los biosimilares actúan como un puente, conectando el progreso científico con la equidad. Son un ejemplo de cómo la ciencia puede ser no solo eficaz, sino también justa.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. Medicamentos biológicos y biosimilares: los nuevos aliados de la medicina moderna – https://theconversation.com/medicamentos-biologicos-y-biosimilares-los-nuevos-aliados-de-la-medicina-moderna-261503

Así eligen los partidos a sus líderes y candidatos en España: ¿debería replantearse?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carles Pamies, Investigador posdoctoral, Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Los últimos plenos del Congreso en España y sus acalorados debates ponen de manifiesto que los procedimientos y criterios de selección interna de los líderes y representantes políticos merecen una revisión. Estos, además, volverán al candelero cuando los partidos se preparen para las elecciones varias previstas para 2026 y 2027.

La selección de líderes y candidatos no es un tema menor en democracia, ya que afecta directamente a la calidad de la representación de la ciudadanía (corrupción incluida), las decisiones sobre cuestiones del bien común, la legitimidad de los políticos y los partidos y, en último término, la erosión de la democracia vía desafección y desapego hacia las instituciones.

Existen diferentes tipos de selección que van desde métodos más cerrados (eligen las élites del partido) y centralizados (desde las ejecutivas centrales) a más inclusivos (eligen los militantes o, incluso, los votantes o simpatizantes) y descentralizados (desde los territorios, por ejemplo). En España, la situación es heterogénea, como muestra un vistazo a las normas de selección y configuración de candidaturas.

Primarias, compromisarios y delegados

El PP prima la votación a compromisarios que se adhieren a las distintas listas que compiten. El PSOE usa un abanico de sistemas que van desde las primarias a los delegados para elegir las candidaturas electorales.

Prácticamente desde un inicio, partidos nuevos como Podemos o Ciudadanos hicieron de las primarias un estandarte diferencial, aunque derivaron hacia mecanismos controlados por las elites del partido. Sin embargo, otros partidos también relativamente recientes como Vox, utilizan métodos incluso más cerrados que los de los partidos tradicionales.

Más allá de las normas internas, los partidos tienen una vida social intensa que facilita y condiciona su funcionamiento. Esto explica que los parlamentarios tengan percepciones diferentes acerca de cómo han sido elegidos para ir en las listas.

Desde 2009 les preguntamos sobre esto. Los resultados indican que las formas inclusivas de selección están en retroceso, como muestra el gráfico siguiente.

A la espera de los resultados de la cuarta encuesta a representantes –cuyo trabajo de campo estamos terminando–, parece que la apertura de la selección en los partidos está en declive. No obstante, la selección no suele tener una sola etapa, y no todas las fases son igual de importantes.

Que un candidato sea elegido en última instancia por primarias no significa que estas sean el factor más determinante. A menudo, los líderes salientes nombran públicamente un sucesor, quien tendrá, casi con seguridad, la ventaja comparativa que le otorga el espaldarazo de su mentor. Otras veces, para ajustar los resultados de las primarias a la normativa (a veces por cuestiones de género) intervienen los órganos de los partidos.

¿Por qué los partidos eligen unos métodos de selección u otros? Hay elementos de peso que suelen ponderarse antes de tomar decisiones, así como razones a favor y en contra.

Quienes prefieren las primarias suelen insistir en que estas legitiman la selección al trasladar la decisión al conjunto de militantes, simpatizantes o votantes. Esta ganancia en “legitimidad democrática” puede mejorar la imagen del partido y/o reforzar la implicación de la militancia en la organización.

También se suele argumentar que ese sistema genera efervescencia colectiva entre militantes y simpatizantes de la que se puede derivar un aumento (más o menos temporal) de la expectativa de voto y de la afiliación.

Las primarias se suelen considerar como un instrumento de transparencia en la selección. Los candidatos en liza tienen que exponer ideas y medidas sobre las que en el futuro se les puede pedir que rindan cuentas. Son vistas también como un instrumento de renovación interna y, en este sentido, configuran un supuesto dique a la Ley de Hierro de la Oligarquía, formulada por Robert Michels, la cual establece que todas las organizaciones, incluso aquellas que buscan la democracia o son sus actores principales, inevitablemente desarrollan una estructura oligárquica. La renovación puede facilitar que una facción no se perpetúe en el puesto.

Finalmente, el recurso a las primarias parece encajar bien con el artículo 6 de la Constitución española, que prevé que la estructura y el funcionamiento de los partidos deben ser democráticos.

Fraudes y posibles pucherazos

Aquellos que, por el contrario, se oponen a las primarias, suelen insistir en distintos tipos posibles de fraude que afectan a las nuevas afiliaciones patrocinadas o motivadas por un candidato, a la potencial manipulación de las reglas y a posibles pucherazos. Se suele argumentar que, cuando hay varias candidaturas, se generan divisiones internas difíciles de restañar y que puede haber desequilibrios en la disposición de recursos materiales y financieros de los candidatos.

El posicionamiento del “aparato” del partido puede también afectar el resultado de las primarias que, además, pueden generar desequilibrios en términos de representación. A veces, durante las primarias se favorecen determinados perfiles respecto a otros (por ejemplo, a los varones en detrimento de las mujeres), requiriendo ajustes para encajar las listas con las exigencias legales o las cuotas que menoscaban parte de determinadas visiones de lo que deberían ser las primarias.

A su vez, con este sistema se facilita la intervención de grupos externos con intereses espurios que pretendan hacer avanzar su agenda o potenciar discursos populistas difíciles de adaptar a políticas públicas. Además, queda sin resolver el interrogante de a quién se rinden cuentas cuando se ha sido elegido por un sistema inclusivo y descentralizado.

Los partidos son los guardarraíles de la democracia y responsables últimos de a quién ubican en las instituciones de representación. Como tales, ponderan qué estrategias de selección resultan más útiles para maximizar los retornos en términos tanto electorales, de representación y de manejo de las expectativas e intereses de sus miembros, simpatizantes y potenciales votantes.

Si, además, prestan atención de forma honesta y transparente al tipo de políticos que entran en las instituciones y qué comportamiento promueven con los rivales y con la ciudadanía, podrían evitarse espectáculos como los habituales en la política en España, entre los que se encuentran los recientes debates sobre el currículum de los políticos y las actuaciones posteriores .

The Conversation

Carles Pamies recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación a través del proyecto “Polarización afectiva en democracias avanzadas: el impacto de las élites políticas en la ciudadanía en España (PID2023-151795NB-I00) dirigido por Leonardo Sánchez Ferrer (UBU) y Xavier Coller (UNED).

Xavier Coller recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación a través del proyecto “Polarización afectiva en democracias avanzadas: el impacto de las élites políticas en la ciudadanía en España (PID2023-151795NB-I00) codirigido con Leonardo Sánchez Ferrer (UBU).

ref. Así eligen los partidos a sus líderes y candidatos en España: ¿debería replantearse? – https://theconversation.com/asi-eligen-los-partidos-a-sus-lideres-y-candidatos-en-espana-deberia-replantearse-261312

Literatura gastronómica: somos lo que comemos (y leemos)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

Fotograma de la serie inspirada en la novela ‘Como agua para chocolate’, de Laura Esquivel. IMDB

“El mole se preparó con la receta que Tita había heredado de Nacha… una receta antiquísima que se pasaba de generación en generación, siempre en manos de la mujer encargada de la cocina”.

Esta cita proviene de la obra romántica, exponente del realismo mágico, Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, ejemplo de cómo una novela puede narrar historias, transmitir afectos y preservar identidades a través de la comida.

En este libro, cada capítulo incluye una receta tradicional mexicana. Ingredientes como el chocolate, el chile o el mole no solo sazonan la trama, sino que reflejan la riqueza agrícola y cultural de México. A través de la cocina (y en la cocina) Tita, la protagonista, expresa sus emociones, mostrando cómo la gastronomía puede ser un lenguaje universal y haciendo que el lector pueda saborear sus lágrimas y pasiones.

Gastronomía literaria

Pero el de Como agua para chocolate no es el único caso. Porque la comida en la literatura va más allá de simples descripciones culinarias. Es un puente entre culturas, emociones y tradiciones.

Chocolat de Joanne Harris, ambientada en un pequeño pueblo francés, muestra cómo el cacao –gracias a la tienda de bombones que abre una forastera en un pueblo– puede romper prejuicios y unir comunidades.

Una mujer tras un mostrador habla con una señora mayor frente a ella.
La chocolatería de Chocolat (en la foto, su adaptación cinematográfica) se convierte en un punto de reunión de diferentes personas del pueblo.
FilmAffinity

Muchas novelas gastronómicas también destacan el uso de ingredientes locales y de temporada, un principio clave de la cocina sostenible. Por ejemplo, Entre pólvora y canela, de Eli Brown, rescata sabores afrocaribeños basados en especias como la canela y la pimienta. Estos ingredientes no solo dan identidad a los platos, sino que promueven el comercio justo y la agricultura local.

Otro ejemplo fascinante donde lo culinario se entremezcla con la narrativa se encuentra en la trilogía de novelas históricas Azteca, de Gary Jennings. En estas recreaciones del México prehispánico, se describe detalladamente cómo los personajes preparan platillos con maíz, frijol y chile, los ingredientes básicos e inseparables de la dieta mesoamericana. A través de la elaboración de tortillas, tamales, salsas y diversos guisos, el lector se sumerge en la vida cotidiana y ritual de esta civilización, donde la comida funge como pilar cultural y social.

La novela Un viaje de diez metros, de Richard C. Morais, ofrece un rico tapiz de enseñanzas culturales y psicológicas. El relato sigue al joven chef indio Hassan Haji y su familia, quienes inauguran un pequeño restaurante en Francia justo enfrente de un establecimiento Michelin. La historia se convierte en una profunda exploración de la asimilación cultural frente a la preservación de la identidad. Más allá de ser una deliciosa inmersión en el mundo de la alta cocina, la novela aborda las diferencias dimensiones que puede tener la gastronomía en aspectos como el duelo, la resiliencia y la búsqueda de la excelencia.

Rescate de técnicas ancestrales

Las novelas también preservan conocimientos culinarios en riesgo de desaparecer. Como agua para chocolate detalla métodos como la nixtamalización del maíz –para transformar el grano en masa– o el uso del metate como utensilio de cocina. Estos procesos, aunque laboriosos, son más sostenibles que las alternativas industriales.

Portada del libro Delirio de Laura Restrepo
Delirio, de Laura Restrepo, recibió el Premio Alfaguara de Novela en 2004.
Penguin Libros

Delirio, de Laura Restrepo, desarrolla platos tradicionales andinos como el ajiaco –un tipo de sopa– con papas nativas, cuya elaboración depende de la biodiversidad local.

Y El último chef chino, de Nicole Mones, se distingue por su profunda exploración de la cocina tradicional como un tesoro cultural y filosófico. A través de la mirada de Maggie McElroy, una periodista estadounidense que viaja a Pekín para cubrir la muerte de un afamado chef, la novela revela la lucha por preservar estas prácticas milenarias frente a las presiones de la modernidad y la globalización.

Literatura en la educación culinaria

La literatura que abarca temas gastronómicos puede ser una herramienta educativa que vincula comida, cultura y sostenibilidad. Escuelas líderes ya la usan para formar chefs, conscientes de su impacto social y ambiental.

Estos textos enriquecen la formación culinaria y combaten la homogenización alimentaria. Además, al revivir recetas olvidadas, promueven la diversidad biocultural.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


Por ejemplo, el Culinary Institute of America (CIA) incluye análisis de textos literarios en sus cursos de cultura alimentaria. A través de ellos, los estudiantes exploran cómo las descripciones reflejan contextos históricos y geográficos, además de los cambios en la alimentación, técnicas e ingredientes que se han realizado a lo largo de décadas e, incluso, siglos.

En Italia, la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo (fundada por Slow Food) utiliza obras literarias para discutir el valor simbólico de los alimentos. En Colombia, la Escuela Taller de Bogotá emplea obras de Laura Restrepo para enseñar gastronomía local.

Y en Perú, las escuelas culinarias usan La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, para analizar cómo la comida refleja desigualdades sociales. Esto fomenta una visión más ética de la gastronomía.

Más allá del recetario

A través de novelas y cuentos donde la alimentación es un pilar en la narrativa, es posible entender historias, respetar temporadas y valorar a quienes cultivan los alimentos. Incluso, reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo alimenticio y el impacto que tienen, como sucede con Cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica. Ahí la autora, con una prosa cruda y directa, despoja al acto de comer de cualquier romanticismo, exponiendo la deshumanización inherente a la producción industrializada de alimentos.

La obra de Bazterrica nos obliga a mirar críticamente la indiferencia con la que a menudo tratamos el origen de lo que comemos, y nos confronta con la idea de que el capitalismo y la comercialización excesiva de la vida pueden desdibujar peligrosamente los límites de la moralidad.

En un mundo donde domina la comida rápida, estos textos son un recordatorio: la buena gastronomía nace de raíces profundas, nos acompaña a lo largo de nuestra vida e impacta significativamente en la producción cultural y artística de cada país y región del mundo.

Así, una novela puede convertirse en un recetario, hacernos viajar a través de la comida o convertirse en una nueva influencia para experimentar la vida a través de la alimentación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Literatura gastronómica: somos lo que comemos (y leemos) – https://theconversation.com/literatura-gastronomica-somos-lo-que-comemos-y-leemos-260041

Les incendies de forêt récents sont-ils pires que ceux des deux derniers siècles ?

Source: The Conversation – in French – By Victor Danneyrolles, Professeur-chercheur en écologie forestière, Université du Québec à Chicoutimi (UQAC)

La saison des feux de forêt de 2023 au Canada a été exceptionnelle, avec plus de 15 millions d’hectares brûlés – un sommet jamais atteint depuis le début des relevés nationaux dans les années 1970. Les saisons 2024 et 2025 ont également été très actives dans l’Ouest canadien, avec plus de 13 millions d’hectares brûlés depuis janvier 2024 au moment de rédiger ce texte.

Cette augmentation soulève une question cruciale : les superficies brûlées sont-elles en train de dépasser les seuils de variabilité historique observés au cours des derniers siècles ? Avec 21 spécialistes de la géographie des feux de l’Est et de l’Ouest canadien, nous avons voulu répondre à cette question dans une étude récemment publiée dans le Journal Canadien de Recherche Forestière.

Une approche méthodologique robuste malgré des données historiques limitées

Il existe malheureusement peu de données pour remonter loin dans le temps et documenter les changements dans l’activité des feux de forêt. Les systèmes cartographiques modernes de suivi des feux ne couvrent au mieux que les 50 à 60 dernières années.




À lire aussi :
Feux de forêt : voici pourquoi il faut une structure nationale pour mieux les gérer


Pour la période couvrant les deux derniers siècles, les reconstructions peuvent notamment s’appuyer sur l’échantillonnage systématique de l’âge des arbres ainsi que sur l’analyse des cicatrices de feu observées sur les arbres vivants ou morts. Ce type d’étude a été mené au cours des 30 dernières années dans plusieurs secteurs de la forêt boréale canadienne, et permet d’estimer l’évolution des taux de brûlage depuis le XIXe siècle, soit la proportion moyenne de territoire brûlé sur une période donnée.

Dans notre étude, les changements dans les taux de brûlage de cinq grandes zones de la forêt boréale canadienne ont été reconstitués à partir de données issues de 12 études indépendantes. Une résolution temporelle de 10 ans a été utilisée, ce qui signifie que les taux estimés correspondent à des moyennes décennales plutôt qu’à des événements annuels. Cette résolution temporelle de 10 ans est rendue nécessaire par le manque de précision des données dendrochronologiques, qui permettent rarement de dater un incendie à l’année près, mais fournissent des estimations fiables à l’échelle de la décennie.

Une année 2023 hors norme, mais une décennie toujours dans la variabilité historique

Nos résultats montrent que, dans quatre des cinq zones étudiées, la superficie brûlée en 2023 dépasse tout ce qui avait été observé depuis 1970, date depuis laquelle les feux de forêt sont systématiquement répertoriés et cartographiés à l’échelle nationale.

En revanche, lorsque l’on compare les taux de brûlage moyens de la décennie se terminant en 2023 (2014–2023) aux reconstitutions historiques disponibles, une tout autre perspective se dessine. Dans l’ensemble, ces taux demeurent généralement à l’intérieur des limites naturelles observées depuis les années 1800.

Toutefois, dans deux zones, les taux de brûlage décennaux moyens s’approchent des niveaux les plus élevés enregistrés au cours de ces deux derniers siècles et dépassent la variabilité historique dans une seule zone : le parc National de Wood Buffalo de l’Ouest canadien.

Des épisodes de feux au 19ᵉ et début du XXᵉ siècle comparables à aujourd’hui ?

En d’autres termes, ces résultats signifient qu’il a existé au cours des derniers siècles des périodes durant lesquelles les feux de forêt étaient autant actifs qu’aujourd’hui. C’est notamment le cas de la fin du 19e et du début du XXe siècle, qui, paradoxalement, correspondent à des périodes plus froides qu’aujourd’hui.

Plusieurs hypothèses peuvent expliquer ce paradoxe.

Premièrement, bien que les températures annuelles aient généralement été plus froides qu’aujourd’hui durant ces périodes de forte activité des feux, des précipitations plus faibles combinées à des épisodes ponctuels de chaleur durant la saison des feux pourraient avoir entraîné des conditions de sécheresse propices aux incendies.




À lire aussi :
Les forêts boréales nord-américaines brûlent beaucoup, mais moins qu’il y a 150 ans


Deuxièmement, les populations humaines auraient aussi pu influencer l’évolution des feux de forêt, que ce soit par des allumages volontaires, comme l’usage du feu par les populations autochtones, ou par des départs accidentels liés à la colonisation européenne (par ex., construction des chemins de fer, brûlis pour défrichement agricole).


Déjà des milliers d’abonnés à l’infolettre de La Conversation. Et vous ? Abonnez-vous gratuitement à notre infolettre pour mieux comprendre les grands enjeux contemporains.


Entre 1950 et les années 2000, l’activité des feux dans la forêt boréale a connu un creux historique, notamment en raison d’une diminution des sécheresses à l’échelle continentale. Pendant cette seconde moitié du XXe siècle, le développement des moyens de lutte contre les incendies a aussi pu contribuer à la réduction des feux. De nouvelles recherches devront être menées afin de mieux comprendre le rôle du climat et des activités humaines sur les changements dans les régimes des feux.

Le « retour des feux » avec les changements climatiques modernes

La période de creux historique de l’activité des feux entre 1950 et 2000 permet d’interpréter les récentes hausses des superficies brûlées – bien qu’indéniablement liées aux changements climatiques actuels – non pas comme une rupture inédite, mais plutôt comme un retour à des niveaux d’activité déjà observés par le passé.

Cette période de creux historique durant la seconde moitié du XXe siècle a également coïncidé avec une phase d’essor important de la foresterie et du développement des infrastructures en forêt boréale. On peut ainsi avancer que ce contexte a engendré un certain retard d’adaptation : les modes de gestion ont été élaborés en fonction d’un niveau d’activité des feux exceptionnellement bas, rendant aujourd’hui les infrastructures et les pratiques forestières particulièrement vulnérables face à la recrudescence des incendies.

L’importance des combustibles pour prédire les tendances futures

Nous osons ici quelques prédictions sur ce que nous réserve l’avenir.

Si les changements climatiques entraînent une augmentation des feux, il n’est pas garanti que l’augmentation des superficies brûlées se poursuive indéfiniment. En effet, l’augmentation de l’activité des feux peut être freinée par un élément clé : la quantité de combustible disponible pour les alimenter. Lorsqu’une forêt brûle, une grande partie de la biomasse est consumée.

Même si les jeunes forêts en régénération peuvent brûler, il faut généralement entre 30 et 50 ans avant que la végétation ait accumulé suffisamment de biomasse, que le sous-bois et le bois mort soient suffisamment abondants, et que la structure végétale permette une continuité du combustible, conditions qui favorisent la propagation maximale des feux.

Les feux peuvent aussi modifier la structure et la composition des forêts sur le long terme. Par exemple, des peuplements de conifères très inflammables peuvent être remplacés par des forêts mixtes ou feuillues, qui sont moins propices aux feux de forte intensité. Dans certains cas, la régénération échoue complètement après un incendie, laissant place à des milieux ouverts, comme des landes ou des prairies, également moins propices aux grands feux intenses.

Malheureusement, les conditions météorologiques extrêmes, de plus en plus fréquentes avec les changements climatiques, peuvent annuler cet effet atténuant lié aux combustibles, permettant aux feux de brûler toute forme de végétation sur leur passage. Il demeure essentiel de suivre de près l’évolution des incendies afin de mieux comprendre ces interactions complexes.

La Conversation Canada

Victor Danneyrolles a reçu des financements de Mitacs & MRNFQ.

Martin P. Girardin est membre du Centre d’étude de la forêt. Il a reçu des financements du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada et de Ressources Naturelles Canada.

Yves Bergeron a reçu des financements de CRSNG,FRQNT, MRNFQ.

ref. Les incendies de forêt récents sont-ils pires que ceux des deux derniers siècles ? – https://theconversation.com/les-incendies-de-foret-recents-sont-ils-pires-que-ceux-des-deux-derniers-siecles-262395

El medio rural no necesita más subvenciones, sino pagos justos por los servicios que proporciona

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor J. Colino Rabanal, Profesor Ayudante Doctor en el Departamento de Biología Animal, Ecología, Parasitología, Edafología y Química Agrícola. Secretario del Centro de Estudios Ambientales y Dinamización Rural., Universidad de Salamanca

El ganado puede ayudar a reducir la vegetación para disminuir el riesgo de incendios. Emimili/Shutterstock

Los incendios que arrasan España este verano de 2025 no son solo una catástrofe ambiental. Son también la señal más clara de que la relación con el medio rural está agotada. Durante décadas, la despoblación, la pérdida de usos tradicionales y el abandono institucional se han intentado frenar con subvenciones y ayudas. Pero esas políticas no han resuelto los problemas de fondo.

Al contrario, dichas medidas han reforzado la idea de que el campo es un territorio débil al que hay que “ayudar”. El resultado es un medio rural vulnerable y marginado, aunque absolutamente esencial para la sociedad. La respuesta para garantizar su subsistencia y desarrollo no puede seguir siendo la misma: necesitamos un nuevo contrato social, basado en pagos –no en subvenciones– que reconozcan las muchas contribuciones del medio rural a la sociedad.

La diferencia entre una subvención y un pago no es un simple matiz. Marca un cambio profundo en la relación entre la sociedad y el medio rural. La subvención se percibe como una ayuda externa, que coloca a quien la recibe en una posición pasiva de dependencia. El pago, en cambio, establece una relación de igual a igual. Mientras la subvención alimenta la narrativa de un espacio deficitario, el pago refuerza el reconocimiento del papel estratégico de estos territorios y sus habitantes.

Servicios que presta el medio rural

Uso el término “contribuciones del medio rural a la sociedad” como paralelismo con el de contribuciones de la naturaleza a los seres humanos de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Como en países como España el medio rural ejerce de custodio del territorio, buena parte de las contribuciones de la naturaleza a las personas proceden del medio rural.




Leer más:
Por qué poner un valor monetario a los recursos naturales


Las contribuciones del medio rural a la sociedad son múltiples y valiosas. Con una gestión adecuada, estos territorios proporcionan importantes servicios ecosistémicos: protegen suelos, regulan caudales hídricos, depuran aguas, aseguran la polinización y conservan biodiversidad y recursos genéticos.

También desempeñan funciones sociales y culturales de enorme valor, como la transmisión de saberes tradicionales, la pervivencia de paisajes culturales, la generación de identidad colectiva y la fijación de la población.

Y en este año de incendios se muestra otra función vital: reducir riesgos naturales y evitar daños económicos y sociales muy notables.




Leer más:
¿Cuánto hemos perdido en el incendio forestal de la sierra de la Culebra?


Un nuevo contrato social

El pago por todos estos servicios debe ser uno de los pilares del nuevo contrato social. Actualmente, la sociedad se beneficia de ellos sin reconocer su coste ni hacerse corresponsable de su cuidado. No obstante, debería pagar, y hacerlo mediante mecanismos que reflejen el verdadero valor de lo que recibe.

Este contrato social también implica cambios dentro del propio medio rural. Agricultores, ganaderos y propietarios forestales deben reconocerse no solo como productores de alimentos y materias primas. Deben ser, al mismo tiempo, proveedores de bienes públicos esenciales: naturaleza, paisajes, biodiversidad y cultura.

Asumir este rol significa reclamar pagos justos, pero también integrar objetivos de multifuncionalidad y gestión responsable en la actividad diaria. Se trata de pasar de una lógica de supervivencia a una de liderazgo en la transición hacia un modelo territorial más justo.

Ya existen iniciativas que muestran cómo los pagos por estas contribuciones pueden aplicarse, por ejemplo, a la reducción del riesgo de incendios. En distintas regiones de España, programas de pastoreo remuneran a ganaderos por mantener rebaños que reducen la vegetación seca, actuando como cortafuegos vivos más sostenibles que la limpieza mecánica. También hay iniciativas que promueven paisajes en mosaico. Estos paisajes producen alimentos, pero además frenan la propagación del fuego.

En otros países hay iniciativas similares. En Portugal se han puesto en marcha planes que pagan a pequeños propietarios por mantener áreas abiertas mediante ganadería extensiva. En Francia se han promovido acuerdos para que el ganado se alimente en espacios naturales protegidos, reduciendo la carga inflamable y reforzando la biodiversidad.

Y en América Latina, países como México han explorado esquemas de pago por servicios ambientales que incluyen la protección contra incendios en bosques comunitarios.

Hay muchas otras iniciativas similares en otros ámbitos como la absorción de carbono en terrenos forestales o agrícolas , o el mantenimiento y restauración de biodiversidad. De hecho, los ecoesquemas de la PAC intentar ir en esa dirección.




Leer más:
Explicando la nueva PAC para no especialistas


Oportunidades de innovación y nuevos nichos laborales

El nuevo contrato social abre también un horizonte de oportunidades. Puede convertirse en motor de innovación y modernización de las zonas rurales, con búsqueda de nuevas formas de gestión integrada del paisaje, impulsando el uso de tecnologías como la teledetección, los drones y la inteligencia artificial para gestionar la complejidad del territorio. Genera además nuevos nichos laborales en ámbitos como la bioeconomía, la restauración ecológica y el turismo de naturaleza.

Además, este enfoque resulta especialmente apropiado para las zonas rurales periféricas y despobladas. En ellas, la rentabilidad agrícola es baja y las opciones económicas limitadas. Pero los servicios ecosistémicos que prestan son paradójicamente más valiosos. Así, los esquemas de pago pueden ser esenciales para complementar y diversificar las rentas y contribuir a fijar población en estas zonas.

Toda esta visión enlaza de forma natural con las políticas de reto demográfico y con estrategias de conservación como la de infraestructura verde, situando al medio rural en el centro de la transición social que la sociedad necesita.

En resumen, los incendios de 2025 muestran el precio de seguir ignorando al medio rural. Abandonar el asistencialismo y poner en marcha un sistema de pagos que reconozca su valor real es la mejor forma de devolver protagonismo a sus habitantes. Solo así estos territorios podrán consolidarse como espacios dinámicos, multifuncionales y abiertos a la innovación. Porque sin un medio rural vivo y reconocido, no habrá futuro para la sociedad en su conjunto.

The Conversation

Víctor J. Colino Rabanal no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El medio rural no necesita más subvenciones, sino pagos justos por los servicios que proporciona – https://theconversation.com/el-medio-rural-no-necesita-mas-subvenciones-sino-pagos-justos-por-los-servicios-que-proporciona-263377

Por qué la programación debería ser tan importante como las matemáticas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Daniel Lozano Flores, Profesor investigador en Educación, Universidad de Guadalajara

Concurso de robótica y programación para alumnos de 6 a 11 años de una escuela primaria. Luis Daniel Lozano Torres.

Cada día, casi cada hora, estamos usando códigos de diversos lenguajes de programación. Lo hacemos cuando utilizamos aplicaciones en nuestro dispositivo móvil para cocinar, entretenernos, escuchar música, incluso ir de un lugar a otro a través de un mapa u obtener referencias de algún restaurante. Dependemos de ellas para las actividades más básicas de nuestra existencia, pero desconocemos su funcionamiento interno.

En ocasiones, depender tanto de la tecnología sin saber cómo funciona trae como resultado problemas más grandes y en algunos casos menos manejables. Por ejemplo, el caso de la privacidad y seguridad: aceptamos los términos y condiciones de alguna aplicación o página web sin leerlos cedemos nuestra información personal, como la ubicación, fotos o contactos.

Estudiantes y tecnología

En el mundo académico, los estudiantes de diversos niveles educativos utilizan inteligencia artificial para potenciar estrategias de aprendizaje. No sólo para generar texto, sino para analizar grandes bases de datos, texto, y posteriormente convertirlos en podcasts o mapas mentales, entre otros productos que faciliten su comprensión y reflexión.

El uso que hacen es a menudo automático e irreflexivo, dejando de lado la parte crítica y los procesos cognitivos y metacognitivos necesarios para que su realización suponga realmente un aprendizaje.

Conocer la tecnología por dentro

Una de las mejores maneras de evitar este uso automático y acrítico es aprender programación en las primeras etapas educativas. Entender cómo funciona la tecnología permite desarrollar un pensamiento crítico ante ella y discernir cuál se adaptan mejor a nuestras necesidades, tanto académicas como cotidianas.




Leer más:
Por qué enseñar a los niños a pensar como las máquinas


Se puede aprender a programar desde los primeros años, con actividades y robots especializados para estudiantes de preescolar, con los que niños y niñas pueden aprender jugando, ya sea por medio de dinámicas, videojuegos o interfaces muy amigables para los más pequeños. Por ejemplo Scratch, que les permite programar animaciones y robots virtuales solo con un navegador de internet.

¿Cuándo y por qué aprender programación?

Pensadores constructivistas desde Seymour Papert (ya en 1980) han defendido que toda persona debía desarrollar habilidades específicas de un pensamiento computacional. Pensar computacionalmente implica automatizar, evaluar, descomponer, pensar abstracta y algorítmicamente.

De hecho, el pensamiento computacional puede ser desarrollado con o sin el uso de tecnología. Cualquier juego en el patio, incluso de los tradicionales, en el que se van resolviendo problemas y sorteando obstáculos de manera estructurada, diagramas de flujo o laberintos contribuye a desarrollarlo.

La gamificación es una buena manera de desarrollar este tipo de pensamiento computacional “desenchufado”, que busca cultivar un enfoque crítico y reflexivo.

El fenómeno QWERTY

Para entender el efecto que la dependencia de la tecnología puede tener en nuestra mente si no sabemos cómo funciona utilizaremos la metáfora del fenómeno QWERTY. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué es ese el orden de las letras que aparecen en la línea superior del teclado, a partir de la izquierda? Antiguamente, el orden de las teclas de una máquina de escribir debía de ser calculado minuciosamente, debido a que, si dos teclas se presionaban una después de otra, podían atascarse, por lo que se decidió que el orden de las letras fuera poco común, como “Q-W-E-R-T-Y”.




Leer más:
Tecnologías sencillas que permiten fabricar y programar robots en clase


Con el paso del tiempo, se decidió dejarlo así en los teclados de computadoras, dispositivos móviles, entre otros. Llamamos “fenómeno querty” al uso de la tecnología sin conocer el origen ni la lógica con la que funciona.

QWERTY en la educación

El fenómeno QWERTY puede ser aplicado a las formas de pensar. Por ejemplo, la educación tradicional solía dar mayor importancia a la memorización y a seguir procedimientos paso a paso para resolver problemas. Estos métodos son comparables al diseño del teclado QWERTY: una solución del pasado que persiste por costumbre, a pesar de que hoy en día sabemos que hay formas más eficientes de aprender y pensar.

Actualmente, se le da mayor importancia a la comprensión, la lógica y la resolución de problemas de forma innovadora. Abandonar la inercia de los métodos antiguos para adoptar un enfoque de pensamiento más dinámico es un ejemplo claro de cómo superar esa actitud pasiva de aceptación de lo que hay porque es lo que había.

Cuando los niños aprenden desde pequeños que pueden desarrollar habilidades de programación sin tecnología, con simples juegos, prevenimos que sean víctimas del fenómeno QWERTY.

Lo que aporta la programación

Las razones por las que los estudiantes se benefician de estudiar programación en la etapa primaria son las siguientes:

  1. Permite desarrollar habilidades cognitivas que permitan darle un uso crítico, ético y responsable a la inteligencia artificial. Al darse cuenta de cómo funciona la tecnología, conocen también los riesgos que implican sus diferentes usos, por ello los estudiantes terminan desarrollando sensibilidad ética ante la tecnología.

  2. Entender y utilizar la automatización: al programar, los estudiantes aprenden a agilizar órdenes que se les dan a los robots (como en matemáticas utilizamos fórmulas para agilizar sumas, restas, promedios, etc., en una hoja de cálculo). La automatización es una habilidad clave para que nuestras actividades sean más sencillas y rápidas.

  3. Entender el procesamiento de datos. Por ejemplo, al programar un robot, los estudiantes le enseñan a usar la información de sus sensores para tomar decisiones, como girar cuando detecta un obstáculo. Aprender a organizar y usar esta información de forma lógica les ayuda a desarrollar una forma de pensar que después aplican en otras clases, facilitándoles la creación de gráficas, tablas o diagramas, ya que ahora comprenden cómo se estructura la información.

  4. Potenciar el pensamiento crítico, abstracto y algorítmico. Un estudiante que programa es un estudiante crítico, ya que comprende que existen muchas soluciones para un mismo problema. La programación nos invita a encontrar diferentes procedimientos para resolver una misma situación.




Leer más:
Educación e innovación: cinco tecnologías que mejoran la enseñanza


Lo que dice la evidencia

Algunos estudios demuestran que el desarrollo del pensamiento computacional es un elemento esencial de los programas de estudio, ya que ayuda a desarrollar habilidades clave para pensar creativamente en cualquier etapa educativa.

Incluso programando robots educativos sencillos se adquieren conocimientos y aprendizajes útiles como identificar patrones, resolver problemas y trabajar en equipo.

The Conversation

Luis Daniel Lozano Flores no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la programación debería ser tan importante como las matemáticas – https://theconversation.com/por-que-la-programacion-deberia-ser-tan-importante-como-las-matematicas-260011

As back-to-school season approaches, Canadian employers are making a mistake by mandating workers back to the office

Source: The Conversation – Canada – By Andrea DeKeseredy, PhD student, Sociology, University of Alberta

Canadian employers have been mandating workers back to in-person work through blanket return-to-office policies. On top of harming workplace equity, these policies have broader repercussions for the public as children head back to school and respiratory illness season looms.

On Aug. 14, Doug Ford’s Ontario Progressive Conservative government announced that all public workers were being ordered back to the office full-time. This followed the federal government’s controversial mandate that requires federal workers to be in the office at least three days a week, despite mass union pushback.

The private sector is also rescinding workplace flexibility, with both Toronto-Dominion (TD) and the Royal Bank of Canada mandating their employees back in the office.

While employers may be rushing to undo COVID-19 era changes, viral illnesses have other plans.

Respiratory illness season

Since the outbreak of COVID-19, the state of public health in Canada remains bleak. Alberta has broken the record for the deadliest flu season three years in row, with a staggering 239 deaths in the 2024-25 season. At the same time, Ontario has seen its influenza numbers spike to levels not seen in over a decade.

Illustration of three respiratory viruses: RSV, influenza and SARS-CoV-2, which causes COVID-19.
Respiratory illness season means higher risks for RSV, flu and COVID-19.
(NIAID), CC BY

The “tripledemic” of respiratory infections — COVID-19, influenza and respiratory syncytial virus (RSV) — can wreak havoc on health-care systems. Thousands are hospitalized every year, overloading our hospitals, while many more more ride out acute sickness at home, burdening family members and other unpaid caregivers.

As fewer people get seasonal flu vaccinations and viral illness spreads, Canadian employers continue to dismantle the few pandemic-induced policies that helped families manage their workplace responsibilities during viral illness season.

Work structure and COVID-19

One of the few benefits of the COVID-19 pandemic was how workplaces amended their day-to-day structure. Arrangements that did not seem possible before, like holding meetings over Zoom, became commonplace.

These changes had the unintended consequences of reducing workplace inequality, especially among women with care-giving responsibilities. In Canada, women’s employment recovery after the acute stages of the pandemic was rapid, with core-aged women achieving the highest employment rates ever recorded. The changes made it so they could better manage conflicts between work demands and the uncertainty of family life and childhood illness.

Our research in Alberta — a province that has been grappling with especially difficult viral illness outbreaks, deaths and waning vaccinations — overwhelmingly shows that flexible, remote work options benefit workers.

Using survey data] from the 2023 Alberta Viewpoint Survey from more than 1,000 people, we found that since September 2022, over half missed work due to their child or other family member being sick. Nearly one-third missed one to six days and near 20 per cent missed one to four weeks. Women were more likely than men to miss extended periods away from work, and many participants worried about how their bosses viewed their absences to care for sick children.

The spread of viral illness throughout the 2022-2023 season clearly affected the workforce, but the larger consequences of illness depended on workplace remote options and flexibility.

Parents who had access to remote, flexible options were able to manage the ongoing unpredictability of illness far better than those who were mandated to be in the workplace. Crucially, these parents were also less likely to send their children to school or daycare sick, thereby reducing the circulation of illness.

Parents who did not have this option, especially those with jobs that required in-person interactions with the public, felt immense pressure to be at work while limited sick days were being used up quickly. Many were left with no choice but to send their children to child care even though they were sick.

Parents who feared losing a day’s pay, their boss’s good will or even their job tried to mask children’s symptoms with medications. Even so, while they were at work, they were anxious about getting “the call” from school or child care telling them that their child needed to be picked up immediately.

Remote work does not just benefit parents, either. It saves workers’ time in commuting, improves well-being and can increase workplace productivity and performance. It has been especially beneficial for people with disabilities and chronic health conditions who often face a range of barriers for accessing employment.

During the pandemic, people with disabilities employed in jobs with flexible and remote work options had lower levels of economic insecurity and were often protected from illness. Since the pandemic, greater access to jobs that provide the ability to work from home has been a key driver in increasing labour force participation among people with disabilities.

Despite all of the evidence that work-from-home options are a public health and equity win, and in the face of worker and union protest, Canadian employers continue to choose policies that disrupt families and add to multiple public health crises.

Risks of ending remote work

While it’s too early to see the effect these mass policies will have on the Canadian labour market, early data from the United States shows a mass exodus of women from the workplace after the implementation of return-to-office policies. Based on federal labour force statistics, the proportion of women who have young children in the workforce has reached its lowest level in more than three years.




Read more:
Combatting the measles threat means examining the reasons for declining vaccination rates


Canadian employers turned to work-from-home and remote work to meet the unprecedented risks of the COVID-19 pandemic. More than five years on from the start of the pandemic, it’s clear that these policies have other benefits for both workplaces and for Canadian society as a whole.

Work-from-home and remote-work flexibility has driven gains in workplace equity. It also limits outbreaks of respiratory infections by enabling parents to keep their kids home from school or child care when they’re sick. Removing remote work policies during the back-to-school season is a dangerous game to play, especially with declining vaccination rates.

As illness spreads again this fall, this game may very well lead to productivity losses and more expenses for governments and businesses across Canada.

The Conversation

Andrea DeKeseredy receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

Amy Kaler receives funding from the University of Alberta’s Support for the Advancement of Scholarship fund.

Michelle Maroto receives funding from the Social Sciences and Humanities Research Council of Canada (SSHRC).

ref. As back-to-school season approaches, Canadian employers are making a mistake by mandating workers back to the office – https://theconversation.com/as-back-to-school-season-approaches-canadian-employers-are-making-a-mistake-by-mandating-workers-back-to-the-office-263251

Why preventive mastectomy isn’t offered to everyone at risk

Source: The Conversation – UK – By Ahmed Elbediwy, Senior Lecturer in Clinical Biochemistry / Cancer Biology, Kingston University

salajean/Shutterstock

When Jesse J, Christina Applegate and Katie Thurston spoke openly about their mastectomies, their candour did more than share private struggles. It highlighted a procedure that, while often life saving, is unevenly available depending on the genetic lottery into which someone is born.

A mastectomy – the surgical removal of breast tissue – is usually offered after a breast cancer diagnosis or when doctors consider a person’s inherited genetic risk so high that prevention becomes the safest option. For many, it can mean the difference between life and death. Yet who qualifies is dictated less by need than by which specific genes are affected. This disparity reveals deeper questions about genetics, prevention and medical equity.

The human body contains trillions of cells carrying out processes essential for survival. These processes are not flawless – billions of cells die each day as part of a system designed to limit damage. Central to this system is the copying and expression of DNA, the genetic script from which our bodies are built. Mistakes in this process sometimes lead to mutations.

Most are harmless, but some affect critical genes that control cell division. Tumour suppressor genes are particularly important: they are the brakes that keep cell division under control, guarding the integrity of our DNA. When they fail, cells can multiply unchecked, laying the groundwork for cancer.

Few gene families are as well known in this context as BRCA. Mutations in BRCA1 and BRCA2 are linked to particularly aggressive forms of breast and ovarian cancer.

These mutations can be inherited from either parent and confer a lifetime breast cancer risk of more than 60%. This knowledge has transformed cancer prevention over the past three decades, especially after the highly publicised decision by actress Angelina Jolie to undergo preventive surgery.

Jolie’s mother, Marcheline Bertrand, died of ovarian cancer, and genetic testing revealed Jolie carried a faulty BRCA1 gene. She chose a double mastectomy and later removal of her ovaries. Her openness about the decision is credited with an 80% increase in women undergoing BRCA testing.

British actress Kara Tointon also had a double mastectomy after genetic screening.

When the wrong mutation means fewer options

The ripple effect of these cases was profound: awareness of BRCA mutations soared, genetic testing became more common, and mastectomies became framed not only as treatment but also as a preventive strategy. Yet the focus on BRCA has obscured the broader picture.

Researchers now know that breast cancer can arise from mutations in a range of other moderate-risk genes, each of which raises risk two to fourfold. For patients carrying these mutations, however, mastectomy is rarely an option.

The barriers are both scientific and economic. Evidence remains limited on whether preventive surgery benefits people with moderate-risk mutations.

Clinical guidelines in the UK, developed primarily around BRCA and other high risk genes, do not include them. And cost is a powerful constraint.

Expanding mastectomy access would mean more operations, more reconstruction, more follow-up – a strain on health systems already under pressure. But the potential benefits are substantial.

One recent study suggested that if mastectomies were offered more widely, beyond the BRCA population, up to 11% of additional breast cancer cases could be prevented. The long-term savings, both in human suffering and in healthcare expenditure, could be significant.

This disparity exposes a fundamental inequity in cancer prevention. While people with BRCA mutations benefit from decades of research and the inclusion of their risks in clinical guidelines, others with equally worrying family histories but different genetic profiles are excluded. The result is a two-tier system: one group with access to the most aggressive preventive care, another left with surveillance and uncertainty.

The problem is only set to grow. As genetic testing becomes cheaper and more widely available, more people will learn that they carry moderate-risk mutations. Without updated research and revised guidelines, thousands will confront elevated cancer risks without the option of the same preventive measures as others. It is a dilemma that stretches beyond oncology – a test of whether medicine can deliver on the promise of personalised care.

For now, preventive mastectomy remains both a triumph of modern medicine and a reminder of its limits. It saves lives, but not equally. As one analysis concluded, true personalised care means ensuring all patients, regardless of which mutation they carry, can access the full range of preventive options. Until then, access to this life-saving surgery will depend not just on medical need, but on genetic chance.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Why preventive mastectomy isn’t offered to everyone at risk – https://theconversation.com/why-preventive-mastectomy-isnt-offered-to-everyone-at-risk-262249

Extreme weather alerts can move markets – here’s what investors can learn from our new research

Source: The Conversation – UK – By Styliani Panetsidou, Assistant Professor of Finance, Coventry University

mick wass photography

Many of us check the weather forecast to plan our day – to decide whether to carry an umbrella, postpone a trip or work from home when snow is on the horizon. But weather alerts can influence more than just our personal routines. They can also move financial markets.

We have explored this phenomenon in our new research and our findings were both surprising and increasingly relevant in a world of climate change. It seems severe weather alerts can indeed move stock prices. This was unexpected, as alerts are simply warnings, not actual disasters. Yet they are enough to shift market values.

Using detailed UK data on weather alerts from 2015 to 2023 alongside the stock prices of firms with headquarters in affected areas, we showed that investors react negatively to severe weather warnings. On average, firms with headquarters in regions covered by severe weather alerts see their share prices drop by about 1%. It’s a seemingly small drop but it can actually wipe out millions in value for large companies.

This suggests that weather alerts, once considered mainly for their practical and safety implications, are now treated as market-moving information. Notably, the severity of the warning matters. Red alerts – the highest level issued by the UK Met Office, signalling real danger to life and infrastructure – trigger sharper market declines than amber alerts.

The market’s response isn’t spread evenly across all companies. Firms in weather-sensitive industries, such as energy and transport, tend to see sharper declines. For example, when heavy rain or snow threatens to halt trains or disrupt energy supply, it appears that investors quickly factor in the potential costs.

Smaller, high-risk businesses listed on the UK’s growth stock exchange – the Alternative Investment Market (AIM) – also face steeper selloffs. This could be because investors doubt their resilience to sudden shocks.

What’s striking is that these reactions are not just emotional selloffs. Investors appear to be making deliberate, strategic pricing decisions based on exposure to weather risks. Markets are, in effect, treating severe weather alerts as early warnings, not just for public safety but also for financial vulnerability.

Interestingly, one detail stood out to us – updates from the Met Office helped to calm investor nerves. When initial warnings are updated with more information, such as revised timings or affected areas for severe weather, the negative market reaction is smaller. It’s a lesson familiar to anyone who follows stock markets. Uncertainty can be more damaging than bad news, and timely information helps reduce it.

Why this matters

Over the past decades, extreme weather has become more frequent, more severe and more costly. The UN’s Intergovernmental Panel on Climate Change reports that the number of weather-related disasters has increased fivefold since 1970, leaving millions dead and causing trillions of dollars in economic damage.

Traditionally, financial research has focused on the aftermath of disasters – the wreckage from floods, hurricanes or wildfires. Our findings reveal something subtler but no less important. Markets are already adjusting when severe weather warnings are issued. That makes the alerts themselves a kind of financial signal.

mobile phone screen showing red weather warning for high winds.
Extreme weather alerts warn of more than just danger to life and property.
Josie Elias/Shutterstock

For investors, this adds a new dimension of information to monitor. A weather alert may no longer be just a headline, it may contain material information that shapes market moves.

For firms, especially in sectors directly exposed to weather disruption, the research highlights the importance of building climate resilience and being transparent about weather-related risks. A company whose operations can grind to a halt at the first sign of heavy snow or extreme heat may find itself increasingly punished by the markets.

And this isn’t only about catastrophic storms or once-in-a-century floods. Our study shows that even amber alerts – for snowstorms, heatwaves or icy conditions – can ripple through markets. That should serve as a warning of its own. Climate volatility is becoming a day-to-day economic factor, not just a distant environmental concern.

Weather has always shaped how people live. Now it’s starting to shape how they invest. A storm warning, it turns out, can matter almost as much to the markets as the storm itself.

The Conversation

Styliani Panetsidou receives funding from the British Academy and the Leverhulme Trust.
.

Angelos Synapis receives funding from the British Academy and the Leverhulme Trust.

ref. Extreme weather alerts can move markets – here’s what investors can learn from our new research – https://theconversation.com/extreme-weather-alerts-can-move-markets-heres-what-investors-can-learn-from-our-new-research-263400

With over 17,000 shops in the UK expected to close this year, city centres must move on from retail

Source: The Conversation – UK – By Lyndon Simkin, Professor of Strategic Marketing, Manchester Metropolitan University

Claire’s has gone into administration. nrqemi/Shutterstock

British businesses are under such strain that around 50,000 are on the brink of collapse according to a recent report. Retail is an especially vulnerable sector, with predictions that over 17,300 shops will close this year, costing 200,000 jobs.

Last year, the equivalent of 38 shops closed every day. A few re-opened, but most did not, fuelling a sense of economic decay on high streets across the UK where 15% of shops are now empty. In some particularly badly hit places, more shops are closed than open.

These include some still empty former premises of brands like BHS and Woolworths, which have been out of action for almost a decade. Every week, more closures are announced, with many driven by rising tax rates and operating costs.

Fashion retailer River Island recently announced 33 store closures, with more under threat. Now the fashion accessories chain Claire’s has gone into administration, putting 278 shops at risk of closure.

This is a far cry from the halcyon days of the 1980s, when an empty retail unit was rare, soon to be snaffled up by Dixons or Burton Group or a host of other expansion-hungry chains. But those days will not return. Online shopping has seen to that.

So if shopping habits have changed, so surely, must high streets. They need to be used differently – given a different purpose.

There is research which suggests that one good option is for city centres to develop an “experience economy”, where entertainment and leisure are the focus. Another viable path is to embrace more mixed use, where tourism, recreation, housing and education have a more prominent role, instead of everything being aimed at attracting shoppers.

Some towns and cities are already doing this. Former department stores are being redeveloped into a mixture of flats and offices, and retail space is being demolished to be replaced with hotels and housing.

In Cardiff for example, a new square is being planned with a former department store being demolished to be replaced with green space.

Over in Coventry, where retail footfall is down 55% from pre-pandemic levels, a large area of the city centre is being demolished and re-imagined with new street layouts and more open space. Buildings are being designed to offer leisure facilities, along with housing, offices, healthcare – and just a little retail – to breath much needed life into a struggling city centre.

Cardiff skyline beyond the waterfront.
Cardiff is building new open spaces.
muratart/Shutterstock

Such mixed use re-developments and re-purposing are challenging. They require agreement from landlords, tenants, planners, local authorities and residents. And they demand considerable investment in new infrastructure and transport links.

Shopping around

They also require a fundamental economic and philosophical shift – to relinquish retail’s grip on the high street and city centre and let new ideas emerge and flourish. The UK needs more housing, and it needs more green open space. These were once banished from the heart of many towns, but there’s no reason for them not to return.

Unfortunately though, too few cities are acting like Cardiff or Coventry. The demoralising demise continues in many towns. One unwelcome consequence is that criminals have moved into cheap shop units to sell counterfeit goods and launder money.

The main challenge will be to achieve agreement around a vision for change. As various solutions emerge for repurposing retail space and buildings, there will be work to do that will be different in every town and city. After all, it is unlikely that only one model of land re-use will be the preferred solution everywhere.

But what is certain is that city centres must change their shape and purpose. The people who use them have already changed their behaviour. It’s time for high streets – and those who own and administer them – to catch up.

The Conversation

Lyndon Simkin does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. With over 17,000 shops in the UK expected to close this year, city centres must move on from retail – https://theconversation.com/with-over-17-000-shops-in-the-uk-expected-to-close-this-year-city-centres-must-move-on-from-retail-262736