¿Tienen base científica las recientes medidas impuestas a Meta para proteger las salud mental de los menores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ingrid Mosquera Gende, Profesora Titular de Universidad en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades. Investigadora Principal del Grupo TEKINDI, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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El histórico litigio contra Meta en Estados Unidos, que comenzó en 2023 y llegó a juicio en agosto de 2026, surgió a raíz de una ola masiva de demandas impulsadas por casi medio centenar de fiscales generales, distritos escolares y familias que denunciaban sus riesgos para la salud mental. El caso sorteó la inmunidad proporcionada por la Sección 230 de la Ley de Telecomunicaciones estadounidense, que libera de responsabilidad a los proveedores y usuarios de un “servicio informático interactivo” en relación con la divulgación de información proporcionada por usuarios de terceros.

Finalmente, el procedimiento concluyó con un acuerdo multimillonario y con la imposición de transformaciones estructurales directas que afectan a Instagram y Facebook y que podrían llegar a extenderse a otras plataformas y redes sociales, según ha declarado el Fiscal General William Tong.

¿Están basadas estas medidas en evidencias científicas o son únicamente cambios “estéticos”?

Bloqueos automáticos temporales

En primer lugar, el acuerdo establece dos horas diarias de uso para menores de 18 años, junto con avisos periódicos para fomentar pausas y un uso más autorregulado. La evidencia científica respalda la idea general de limitar el tiempo de exposición a las redes sociales y favorecer pausas durante su utilización, aunque no permite considerar las dos horas como un umbral médico universal ni los avisos periódicos como intervalos científicamente establecidos. Algunos ensayos experimentales sugieren que reducir temporalmente el uso puede mejorar determinados indicadores de bienestar, en parte, a través de una mejoría del sueño. Sin embargo, los efectos dependen también de cómo y para qué se utilizan las redes.

En segundo lugar, se establecerán bloqueos automáticos durante la noche, en línea con la evidencia que relaciona el insomnio con una mayor presencia de síntomas de problemas de salud mental. Esta medida podría complementarse o sustituirse por otras más sencillas en el hogar, como evitar que los adolescentes utilicen el móvil en el dormitorio o dejarlo fuera de la habitación durante la noche.

En tercer lugar, se suprimirán las notificaciones emergentes –push notifications– en horario escolar. Aunque esta medida puede evitar el “efecto llamada”, debemos recordar que la revisión frecuente de las redes sociales ha sido relacionada con el fenómeno denominado Fear of Missing Out o FOMO –inquietud de estar perdiéndose experiencias que otras personas sí están viviendo, en este caso en las redes sociales–, el cual no desaparece eliminando las notificaciones.

Sin filtros estéticos ni recompensas

Por otra parte, la propuesta de eliminar los filtros estéticos evitaría que los menores se comparasen con una imagen de sí mismos modificada e inalcanzable, circunstancia que puede provocar problemas de autoestima o de imagen corporal. No obstante, si se siguen usando este tipo de filtros en las plataformas de sus referentes adultos, que suelen hacer vídeos conjuntos o salir en sus publicaciones, podrán seguir viéndose reflejados de manera irreal.

Además, también desaparecerá el botón de “Me gusta” en cuentas adolescentes, un gran reforzador de la publicación de contenido en redes. Aun así, ocultar el número de “me gusta” no elimina las interacciones sociales: los comentarios, seguidores, elementos compartidos o mensajes continúan proporcionando señales de aprobación y reconocimiento. Por tanto, es razonable pensar que la búsqueda de aprobación podría desplazarse hacia otras formas de interacción.

Verificación de la edad y control parental

Por último, debemos destacar dos medidas relacionadas con la privacidad y la seguridad.

La primera disposición es llevar a cabo un refuerzo de la verificación de edad. De hecho, ya se están desarrollando sistemas que no impliquen revelar a la plataforma la identidad, la fecha exacta de nacimiento u otros datos personales. No obstante, estas tecnologías todavía presentan retos relacionados con su precisión, los falsos positivos y negativos, la representatividad de los algoritmos y el equilibro entre seguridad y privacidad.

El objetivo es, por tanto, encontrar un punto medio entre una verificación suficientemente fiable para proteger a los menores y el principio de minimización de datos que exige la protección de la privacidad.

La otra medida implica desarrollar mejoras en los controles parentales, para que sean más accesibles y los tutores puedan desactivar tanto el feed algorítmico como la reproducción automática. En este caso, el empleo de cortafuegos automatizados puede ser muy útil, pero tampoco debemos olvidar la importante función presencial que deben tener padres y madres en la crianza.

Más allá de las redes

Las redes sociales ofrecen grandes oportunidades, tanto para personas adultas como para las más jóvenes, aunque también han demostrado su potencial para generar complicaciones. En el caso concreto de los adolescentes, estos retos se multiplican por tratarse de una población más vulnerable, que requiere, por tanto, una mayor protección.

Por supuesto, existen maneras de frenar los riesgos inherentes de las redes. Eso sí, su eficacia real tendrá que comprobarse después de su implantación, mediante datos sobre el comportamiento de los usuarios y evaluaciones independientes. Para ello, será muy importante la implicación de los progenitores, pero también la de los propios adolescentes, dado que la mayoría de las medidas pueden ser sorteadas o sustituidas por otras estrategias de uso. Por eso, por ejemplo, habrá que desarrollar mecanismos para identificar cuentas múltiples, pertenecientes al mismo menor, con las que se tratan de burlar los límites de edad.

Ante todo, debemos asumir que la relación conflictiva entre las redes sociales y la adolescencia va más allá de las medidas corporativas que puedan tomarse (las cuales, sin duda, juegan un papel fundamental). Continúa siendo crucial priorizar la alfabetización digital, tanto de los jóvenes como de sus progenitores y educadores.

Y, en este contexto, no podemos olvidar la importancia del ejemplo de los adultos: no solo importa cuánto tiempo pasamos frente a las pantallas, sino también cómo las utilizamos y qué comportamiento mostramos en ellas.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Tienen base científica las recientes medidas impuestas a Meta para proteger las salud mental de los menores? – https://theconversation.com/tienen-base-cientifica-las-recientes-medidas-impuestas-a-meta-para-proteger-las-salud-mental-de-los-menores-291178

Nuestros próximos compañeros de trabajo, ¿serán personas o agentes de IA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Atela, Profesor Doctor Deusto Business School y Facultad de Ingeniería, Universidad de Deusto

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Desde los inicios de la Revolución Industrial, la relación entre el ser humano y la tecnología ha sido de dominio y operación. Durante décadas, la arquitectura empresarial se basó en equipos de personas que manejaban máquinas pasivas: herramientas que sin la instrucción directa y constante del ser humano carecían de propósito.

Ahora nos encontramos en un punto de inflexión: el nacimiento de las empresas frontera (frontier firms), organizaciones que no usan la IA operada de forma directa por humanos, sino que la han adoptado como una fuerza laboral central.

De la ‘era máquina’ a la ‘era agéntica’

La diferencia fundamental entre la automatización en las empresas tradicionales y en las empresas frontera está en la autonomía de decisión. En las primeras, el humano le dice a la tecnología exactamente qué hacer. En las frontera, la IA opera como un compañero de trabajo digital, con capacidad para interpretar contextos y ejecutar procesos de extremo a extremo.

Esto supone un cambio radical: ya no son máquinas tontas a la espera de que les pidan cosas, sino que actúan de forma totalmente independiente. Un ejemplo: los sistemas de búsqueda de la financiera Wells Fargo, que reducen los tiempos de 10 minutos a 30 segundos haciendo el flujo de valor productivo más rápido y eficiente.

En esta etapa avanzada el humano establece la dirección estratégica, pero es el agente de IA quien orquesta, ejecuta y optimiza el camino hacia los resultados.

Un nuevo liderazgo

Este cambio redefine el concepto de trabajo en equipo y, por ende, el liderazgo. Surge la figura del líder de agentes (agent leader), un rol centrado en la orquestación de equipos híbridos humano-agente IA. El desafío de coordinación es enorme: el líder debe decidir qué inteligencia (humana o artificial) es aplicable a cada problema, diseñando la interacción entre ambos y gestionando los conflictos que surjan en esta red de trabajo.

En este contexto, los líderes deben evaluar el ratio de colaboración humano-agente y la efectividad de esa sinergia. Liderar en la era agéntica implica orquestar recursos cognitivos humanos y artificiales, donde los agentes de IA tienen identidad propia, correos electrónicos corporativos e incluso convocan y participan en reuniones de equipo.

Consecuencias éticas: motivación, empleo y el valor humano

La integración de agentes autónomos trae consigo dilemas morales profundos. Uno de los puntos más críticos es la sustitución laboral. Se prevé que la IA asuma las funciones de aquellos trabajadores cuyas tareas no aporten un valor añadido creativo o crítico. Desde el año 2023 las estimaciones de la OCDE ya reflejaban esta tensión: en sectores como el financiero y la manufactura, dos de cada cinco trabajadores podrían ver reducidos sus salarios o perder sus empleos por la automatización.

Además, existe el riesgo de la “deshumanización del trabajo” y el aumento de la presión por la monitorización constante. Además de la preocupación por la privacidad, está la posibilidad de que los algoritmos tomen decisiones sesgadas, por ejemplo, en procesos de contratación o despido. En este contexto, la IA explicable (que permite entender por qué un agente toma una decisión determinada) se vuelve una herramienta imprescindible y un pilar ético para mantener la confianza y la efectividad en los equipos híbridos.

La adaptación humana: el profesional del Renacimiento

Ante la autonomía de las máquinas, el ser humano puede aportar lo que la IA no puede replicar: el juicio ético, la empatía, el pensamiento crítico y el pensamiento sistémico, que permite tener una visión general de los procesos.

En la mayoría de las profesiones ya no será suficiente ser un “bárbaro especialista” (hipercapacitado en su área e ignorante en el resto de asuntos, tal y como lo describía el filósofo español José Ortega y Gasset). Los profesionales del futuro se asemejarán a “personas del Renacimiento”, capaces de conectar campos de especialización diversos guiados por un propósito ético y humano.

La formación constante es la herramienta principal para esta transición. Aquellos trabajadores que reciben capacitación específica en IA no solo mejoran sus condiciones laborales, sino que se sienten más empoderados para actuar como los “pilotos” de la tecnología y no como sus pasajeros. Una empresa frontera exitosa es aquella que entiende que la IA no elimina el juicio humano, sino que lo acelera y lo hace más informado.

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Pablo Atela, Ph.D. ha recibido fondos para investigación y consultoría de varios organismos públicos y privados de España, México, Chile, Colombia, Guatemala y Panamá y es consultor en Shackleton Innovation.

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Los mercados financieros europeos castigan a las empresas contaminantes, aunque a unas más que a otras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gema del C. Fleitas Castillo, Personal investigador en formación en economía financiera y contabilidad, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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Cada año, grandes empresas europeas reciben sanciones por incumplir la normativa ambiental: vertidos, emisiones ilegales o fallos en la gestión de residuos acaban en multas.

Estas sanciones buscan castigar y disuadir, de ahí que la Unión Europea haya endurecido su regulación ambiental: el Pacto Verde Europeo, los objetivos de neutralidad climática para 2050 y mayores exigencias de información han cambiado las reglas del juego.

El coste reputacional del incumplimiento es hoy más alto para las empresas. Ya no basta con declarar compromisos sostenibles. Los mercados financieros observan, comparan y reaccionan. Pero surge una pregunta clave: ¿realmente se está castigando a aquellas que incumplen? Y aun más importante, ¿todas reciben el mismo castigo?

Cuando contaminar sale caro

La protección al inversor, la libertad de prensa y la presión social hacen que en Europa la reputación empresarial pese mucho. De ahí que las sanciones ambientales no sean solo un problema de imagen: también tienen efectos económicos.

Cuando una empresa recibe una sanción paga una cantidad como multa. Pero, además, envía una señal negativa al mercado. Esa señal refleja mayor riesgo (por fallos en el control interno o decisiones de corto plazo) y tiene una consecuencia clara: sube el coste de su deuda y la empresa paga intereses más altos para financiarse.

El papel invisible de las conexiones políticas

En muchas grandes empresas europeas hay consejeros que antes ocuparon cargos políticos. Estas conexiones, las puertas giratorias, facilitan acceso a información, redes e interlocución institucional. Desde el punto de vista financiero, estas empresas suelen obtener mejores condiciones de financiación. Los prestamistas pueden percibir cierto respaldo implícito o menor riesgo.

La cuestión es ¿qué ocurre cuando una empresa con conexiones políticas recibe una multa ambiental? Los estudios muestran que, en general, las sanciones aumentan el coste de la deuda.

Pero ese aumento es menor cuando existen consejeros con vínculos políticos. El mercado penaliza, pero penaliza menos a las empresas políticamente conectadas.

¿Se debilita el efecto disuasorio?

Las multas buscan disuadir comportamientos dañinos. Si a la sanción se suma un encarecimiento de la financiación, el coste total del incumplimiento aumenta. Eso refuerza el objetivo a cumplir.

Si algunas empresas amortiguan parte de ese impacto gracias a sus conexiones, el incentivo ya no es el mismo. Esto no implica necesariamente corrupción ni trato de favor. A veces se trata de percepciones de menor riesgo por parte de los prestamistas. El resultado, sin embargo, es claro: la penalización financiera es menos severa.

Y esto plantea una pregunta para los reguladores europeos: ¿está enviando el mercado señales distintas según la cercanía al poder político?

Transparencia y credibilidad institucional

Europa cuenta con un entorno institucional sólido, protección legal, sistemas judiciales independientes y medios que amplifican las controversias ambientales. Por eso, que las conexiones políticas moderen el impacto financiero de las multas es especialmente relevante.

Si Europa quiere liderar la transición ecológica, la credibilidad es clave. De ahí la necesidad de que las reglas se apliquen en igualdad de condiciones para todos. También es importante que el mercado no perciba redes de seguridad implícitas. Reforzar la transparencia sobre los vínculos políticos en los consejos y mejorar la supervisión puede ayudar a preservar esa credibilidad.

El mensaje para empresas e inversores

Para las empresas, el mensaje es claro: el desempeño ambiental tiene consecuencias financieras reales. Una multa puede encarecer la financiación y afectar al largo plazo.

Para inversores y prestamistas, el reto es valorar correctamente el riesgo ambiental. Si las conexiones políticas hacen que algunas empresas parezcan menos arriesgadas pese a haber sido sancionadas, el mercado puede terminar castigando menos ciertos incumplimientos ambientales.

La cuestión es más delicada para los responsables públicos. Si la política climática quiere ser eficaz, las sanciones deben generar señales claras y homogéneas. No puede haber consecuencias distintas ante incumplimientos similares.

The Conversation

Gema del Carmen Fleitas Castillo recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Devora Esther Peña Martel recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Domingo Javier Santana Martín recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

– ref. Los mercados financieros europeos castigan a las empresas contaminantes, aunque a unas más que a otras – https://theconversation.com/los-mercados-financieros-europeos-castigan-a-las-empresas-contaminantes-aunque-a-unas-mas-que-a-otras-277142

¿Por qué el estrés puede incrementar los síntomas del déficit de atención?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicolás Garzón Rodríguez, Profesor Asistente, Universidad de La Sabana

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Imaginemos que estamos en un restaurante y ordenamos un vaso de limonada. Su sabor ya está definido, lo hemos probado antes y su receta no cambia. No obstante, la cantidad de hielo que le agreguemos sí modificará la experiencia: puede hacer que el sabor se perciba más suave o menos intenso. Algo parecido ocurre en nuestro cuerpo en el caso del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

La “receta” de base está en el ADN, pero otros factores pueden modular cómo se expresa. Uno de ellos es el cortisol, la hormona que regula la respuesta al estrés. No cambia esas instrucciones iniciales, pero sí puede influir en la intensidad con la que se manifiestan ciertos rasgos.

Esta relación no es igual para todas las personas

Siguiendo la analogía de la limonada, no todos los vasos son iguales: algunos son más grandes, otros más estrechos, y eso hace que la misma cantidad de hielo produzca efectos distintos. En términos biológicos, esas diferencias están en las variaciones genéticas que cada persona tiene.

En una investigación reciente con adultos jóvenes, nuestro equipo analizó cómo interactúan estos factores. Para ello, se estudiaron 120 personas entre los 18 y 24 años. Se midieron sus niveles de cortisol en dos momentos de la mañana, un periodo especialmente sensible para evaluar la respuesta del organismo al estrés, porque esta hormona experimenta un aumento natural tras despertar y después fluctúa a lo largo del día.

Además, se analizaron variantes genéticas previamente asociadas con el TDAH y se evaluaron sus niveles de impulsividad.

Los resultados muestran que el cortisol no actúa de manera aislada. Su efecto depende, en parte, del perfil genético de cada individuo y de características conductuales como la impulsividad. Es decir, no basta con tener una predisposición genética: la forma en que el cuerpo responde al estrés puede amplificar o atenuar la expresión de los síntomas.

Este hallazgo ayuda a entender por qué el TDAH no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Mientras algunos presentan mayores dificultades para mantener la atención, otros pueden experimentar niveles más altos de impulsividad o hiperactividad, incluso teniendo perfiles genéticos similares.




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¿Por qué importa esto en la vida diaria?

Para muchas personas con TDAH, las dificultades no se limitan a “prestar atención”. Se reflejan en situaciones cotidianas: seguir una conversación, organizar tareas, cumplir plazos o mantener la concentración durante una jornada académica o laboral.

Si el cortisol modula la intensidad de estos síntomas, la respuesta al estrés deja de ser un factor secundario. Momentos de alta exigencia, como exámenes, sobrecarga laboral o cambios en la rutina, podrían acentuar la impulsividad o la distracción en algunas personas más que en otras. Esto también ayuda a explicar por qué hay días “mejores” y “peores”. No siempre se trata de falta de esfuerzo o de motivación, sino de cómo interactúan factores biológicos que no son evidentes a simple vista.

Además, el cortisol no solo está relacionado con el estrés psicológico. También influye en el sueño, la energía y la regulación emocional. Cuando sus niveles no están en equilibrio, pueden aparecer dificultades para descansar bien, fatiga durante el día o mayor reactividad emocional, elementos que a su vez pueden agravar los desafíos asociados al TDAH.

Entender estas interacciones no implica reducir el TDAH al estrés, pero sí ampliar la perspectiva: no es solo una cuestión de atención o conducta, sino un fenómeno en el que intervienen procesos biológicos, psicológicos y contextuales.




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¿Qué podemos hacer con esta información?

Aunque los hallazgos no cambian por sí solos la forma en que se diagnostica o se trata el TDAH, sí invitan a ampliar su abordaje. Si la respuesta al estrés influye en la intensidad de los síntomas, entender y gestionar ese componente puede ser parte del enfoque. En la práctica, esto refuerza la importancia de estrategias que ya se utilizan en muchos contextos clínicos y educativos: mejorar la calidad del sueño, establecer rutinas estables y desarrollar herramientas para manejar el estrés cotidiano. No como soluciones únicas, sino como elementos que pueden ayudar a reducir el impacto de los síntomas.

También abre la puerta a enfoques más personalizados. Dos personas con características genéticas similares pueden experimentar el TDAH de forma distinta dependiendo de cómo responde su organismo al estrés. Integrar información biológica, conductual y contextual podría permitir intervenciones más ajustadas a cada caso. Es lo que conocemos como la medicina de precisión, y debería guiar los tratamientos futuros en general, no sólo para esta condición.

Más que ofrecer respuestas definitivas, este tipo de estudios contribuye a formular mejores preguntas: no solo debemos plantearnos qué causa el TDAH, sino cómo y en qué condiciones se expresa. Sin duda, la relación entre el estrés y el TDAH apunta a la necesidad de estudiarlo como un fenómeno complejo, donde distintos sistemas interactúan. Entender mejor estas relaciones no solo ayuda a explicar la diversidad de manifestaciones del trastorno, sino que puede orientar futuras estrategias de prevención y tratamiento.

La experiencia de una persona con TDAH es mucho más compleja que sólo algunas dificultades para prestar atención, lo que nos invita a ser más empáticos y comprensivos en su abordaje.

The Conversation

Nicolás Garzón Rodríguez recibió fondos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia.

– ref. ¿Por qué el estrés puede incrementar los síntomas del déficit de atención? – https://theconversation.com/por-que-el-estres-puede-incrementar-los-sintomas-del-deficit-de-atencion-290030

La mayoría de las galaxias nunca mueren, como los viejos rockeros

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yago Ascasibar, Profesor investigador / Astrofísica, Universidad Autónoma de Madrid

42 galaxias aleatoriamente escogidas del Siena Galaxy Atlas. Las imágenes ilustran la diversidad de colores y morfologías. CTIO/NOIRLab/DOE/NSF/AURA/J. Moustakas, CC BY

A los humanos nos gusta asignar etiquetas. Muy a menudo nos facilitan la vida, pero en otras tantas ocasiones causan problemas. Por ejemplo, cuando presuponemos determinadas características a todos los miembros de un grupo o cuando aparecen individuos que no terminan de encajar en el esquema. Esto también ocurre cuando hablamos de galaxias “vivas” o “muertas”.

El color de las galaxias

En este sentido, es habitual clasificar las galaxias como “rojas” o “azules” en función de la cantidad de luz que emiten en el rango visible.

Las estrellas más masivas emiten fotones de mayor energía. A pesar de su escaso número, son tan luminosas que confieren a las galaxias un color azulado. Viven durante muy poco tiempo, y en menos de cien millones de años desaparecen en hermosas explosiones de supernova.

Por el contrario, la inmensa mayoría de las estrellas tiene una masa más modesta, como nuestro Sol. Queman su combustible más despacio y son amarillentas o rojizas. No explotan y su vida es considerablemente más larga.

Una galaxia es “azul” cuando contiene un número apreciable de estrellas masivas. Estas se extinguen rápidamente, pero la galaxia las va reponiendo a medida que nacen nuevas generaciones. Si por alguna razón se interrumpe este proceso, la galaxia “muere” y su color se torna rojizo.

Envejecimiento cósmico

Es indudable que las galaxias “azules” forman estrellas. ¿Y las “rojas”? La mayoría de los estudios se refiere a ellas como “pasivas” o incluso red and dead (“rojas y muertas”), dando a entender que forman muy pocas estrellas o ninguna en absoluto.

Los firmantes de este artículo estamos firmemente convencidos de que la distinción no es baladí. Desde hace años defendemos que en realidad no existen dos tipos de galaxias. Unas forman más estrellas que otras, pero probablemente ninguna está completamente extinguida. Simplemente, el color cambia rápidamente cuando la fracción de estrellas jóvenes (de menos de cien millones de años) cae por debajo del uno por mil.

Irónicamente, la categoría intermedia “verde” es bastante “normal” (la moda estadística). Sin embargo, contiene muy pocas galaxias porque la franja de edades estelares que comprende es muy estrecha.

Por poner una comparación, la “pirámide” de población europea alcanza su máximo en torno a los cincuenta años. Si clasificamos a las personas más jóvenes de 49 como “azules” y a las más viejas de 51 como “rojas”, quedan muy pocos individuos en la categoría intermedia. Eso no implica que uno sea igual de joven hasta los cincuenta, y el día de su cumpleaños se levante viejo y achacoso (que, con todo, sigue siendo mucho mejor que muerto).

Nosotros creemos que con las galaxias ocurre exactamente lo mismo que en esta analogía: la mayoría envejece de manera gradual, y son únicamente las etiquetas que les asignamos las que cambian bruscamente. La población de las galaxias “rojas” es muy vieja, dominada por estrellas poco masivas, pero eso no significa que ya no nazca ninguna en absoluto.

Perder gas

Las galaxias obtienen el gas para formar nuevas estrellas del medio circundante. Para que mueran del todo, alguien debe robarles este combustible.

El culpable de tamaña fechoría puede estar escondido en su interior. Por ejemplo, la energía inyectada por un agujero negro supermasivo activo puede calentar el gas galáctico, impidiendo que se condense, o expulsarlo de vuelta al medio intergaláctico a gran velocidad.

Otra posibilidad es que a la pobre galaxia le haya tocado vivir en un entorno hostil. Si la temperatura del medio es muy alta, las galaxias más pequeñas no ejercen suficiente gravedad para atraer el gas y mueren por “inanición”. Al moverse a través del medio, el viento en contra puede ser tan intenso como para arrancarles el que traían consigo y convertirlas en galaxias “medusa”. Otros efectos, como las fuerzas de marea, pueden contribuir también a la pérdida de gas.

una galaxia y su cola de gas
Imagen de la galaxia medusa ESO 137-001. El gas que deja atrás forma pequeños tentáculos observables en luz visible, así como una gran cola (azul en la imagen) de gas caliente que brilla en rayos X.
NASA, ESA, CXC/Wikimedia commons, CC BY

El resultado es siempre el mismo: cuando se agota el gas, ya no pueden formarse nuevas estrellas. La galaxia ha muerto.

Nacidas hace 100 millones de años

A partir de los colores observados por el satélite Euclid y telescopios terrestres en una muestra de decenas de miles de galaxias, hemos reconstruido la cantidad de estrellas nacidas entre los últimos cien y los últimos mil millones de años.

De nuestro estudio se infiere que la mayoría de las galaxias (en torno al 70 %) está “envejeciendo” tranquilamente. El ritmo al que estos objetos han formado sus estrellas no ha variado gran cosa entre ambas escalas de tiempo. Entre un 15 % y un 20 % llevan mucho tiempo “retiradas” y no podemos discernir si han formado pocas estrellas o ninguna. El 10 o el 15 % restante muestra indicios de “truncamiento”: se detectan estrellas más jóvenes de mil millones de años, pero en los últimos cien millones de años no ha nacido prácticamente ninguna. Algo ha tenido que ocurrir para que hayan pisado el freno.

diagrama
Diagrama de envejecimiento de las estrellas, con dos caminos evolutivos.
Elaboración del autor, CC BY

Como muestra el diagrama, cuando una galaxia envejece gradualmente forma sus estrellas a ritmo más o menos constante. El porcentaje que ha nacido en los últimos mil millones de años es aproximadamente diez veces superior a los últimos cien. Cuando sufre truncamiento, en los últimos cien millones de años ha formado muchas menos de lo esperado.

En estos momentos estamos analizando una muestra mucho mayor (casi cincuenta millones de galaxias) extraída de los nuevos datos que se harán públicos en unos meses. Gracias a la mejor estadística, podremos determinar la fracción de galaxias de cada tipo con mayor precisión y estudiar en mucho más detalle cómo evoluciona con el tiempo y con la masa individual de la galaxia.

Sobre todo, será posible estimar a qué ritmo aumenta el número de galaxias retiradas debido al envejecimiento gradual y al truncamiento. Al relacionar ambos caminos evolutivos con otras propiedades físicas, como el diámetro de la galaxia o su composición química, obtendremos nuevas pistas sobre los malhechores que acaban con la formación estelar.

¿Seguirá siendo útil la distinción entre “envejecimiento” y “truncamiento”, o habrá que buscar nuevas etiquetas?

The Conversation

Yago Ascasibar recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (MICIU/AEI/10.13039/501100011033) a través de la ayuda PID2025-174697NB-I00.

Pablo Corcho Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La mayoría de las galaxias nunca mueren, como los viejos rockeros – https://theconversation.com/la-mayoria-de-las-galaxias-nunca-mueren-como-los-viejos-rockeros-287318

À quoi sert la Banque de France ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Adriano do Vale, Maître de Conférences à l’Université de Poitiers et chercheur affilié au Laboratoire d’économie de Poitiers (LEP), Université de Poitiers


L’ESSENTIEL

  • Créée le 18 janvier 1800 par Napoléon Bonaparte, la Banque de France a pour rôle la stabilité monétaire, macroéconomique, bancaire et financière.

  • Avec la création de l’euro, la Banque de France rejoint l’Eurosystème et siège au Conseil des gouverneurs de la Banque centrale européenne.

  • La nomination d’Emmanuel Moulin, ancien secrétaire général de l’Élysée, au poste de gouverneur de la Banque de France vient questionner l’indépendance de cette institution.


Dans la vie des banques centrales indépendantes, le moment politique par excellence est celui de la nomination du gouverneur. La prise de fonction d’Emmanuel Moulin le 2 juin 2026, jusqu’alors secrétaire général de l’Élysée, en tant que gouverneur de la Banque de France a une nouvelle fois soulevé les débats sur l’indépendance d’une telle institution, sur fond d’un départ anticipé de François Villeroy de Galhau.

Partant de cet épisode, cet article revient sur l’histoire et le rôle de la banque centrale française, son insertion dans l’Eurosystème et la question de son indépendance par rapport aux autorités politiques et au secteur privé. Il le fait dans la lignée de mes travaux sur l’indépendance des banques centrales, notamment dans une perspective historique, et sur leur responsabilisation devant les autorités politiques.

Qu’est-ce qu’une banque centrale ?

En 2016, le regretté économiste Edwin Le Héron commettait un ouvrage intitulé À quoi sert la Banque centrale européenne ? L’usage d’une telle interrogation, en l’occurrence pour la Banque de France, renvoie non seulement à la question des finalités et de l’utilité d’une institution, mais elle appelle aussi à décrire son rôle. À l’instar de la monnaie, on définit souvent une banque centrale en décrivant ses fonctions, « ce qu’elle fait ».

Banque des banques et banque d’État, les banques centrales sont à la fois au cœur du système bancaire et impliquées dans les affaires d’État, à travers la formulation et la conduite de la politique monétaire, en assurant des services bancaires à l’État, voire en intervenant dans la gestion de l’endettement public.

Les banques centrales modernes ont deux missions principales aux fonctions correspondantes :

  • la stabilité monétaire et macroéconomique : émission de monnaie au cours légal, conduite de la politique monétaire et régulation du crédit ;

  • la stabilité bancaire et financière : prêteur en dernier ressort, régulation et supervision bancaires et gestion du système des paiements.

« Créatures de l’État »

Les premières banques centrales, ou plutôt les banques d’émission comme on les appelait alors, ont, en règle générale, obtenu un monopole sur l’émission de la monnaie au cours légal contre des prêts et de l’assistance financière à l’État, souvent en période de guerre (Banque de France, en 1800).

En tant que « créatures de l’État », elles ont toujours été, en quelque sorte, « publiques ». Pourtant, elles étaient des sociétés privées anonymes censées ne pas être trop entre les mains du gouvernement, comme Napoléon l’aurait dit devant le Conseil d’État en 1806 :

« La Banque n’appartient pas seulement aux actionnaires, elle appartient aussi à l’État puisqu’il lui donne le privilège de battre monnaie. […]. Je veux que la Banque soit assez dans la main du gouvernement et n’y soit pas trop. »

Le caractère juridique privé, avec d’autres dispositions légales, servait à accroître la crédibilité de l’État, surtout aux yeux de ses créanciers, étant donné la contradiction potentielle entre le rôle historique des banques centrales de gestionnaire de la dette publique/banquier de l’État et leur mission de stabilité monétaire.

Indépendance des banques centrales

Les banques centrales ont, et d’un point historique et d’un point de vue logique, deux principaux « clients » et relations, avec l’État, à travers les autorités politiques, et avec les banques commerciales. Cette ambivalence ou dualité est le trait caractéristique des banques centrales qui se situent entre le public et le privé, entre l’État et le marché et le milieu bancaire.

La notion d’indépendance des banques centrales renvoie à l’idée d’une politique monétaire déléguée à des banquiers centraux, des fonctionnaires non élus, et d’une influence politique limitée sur la politique monétaire. Or, compte tenu de la relation duale intrinsèque aux banques centrales, il est nécessaire de penser leur indépendance de façon également duale et de poser la question de l’indépendance par rapport au secteur bancaire et financier.

À partir de l’entre-deux-guerres et avec l’effritement de l’étalon-or, les banques centrales assument une politique monétaire active insérée dans les politiques macroéconomiques de stabilisation des prix et de production.

La Banque de France, historiquement peu indépendante

Il en va sans dire que le degré d’intervention étatique a toujours été scruté et discuté depuis la naissance des banques centrales. Nationalisée dans l’immédiat second après-guerre (1945) comme sa congénère anglaise, « la vieille dame de la rue La Vrillière », surnom renvoyant à son rôle historique et à son premier siège, a toujours été un exemple paradigmatique de banque centrale peu indépendante.

En 1873, Walter Bagehot mettait en garde, dans Lombard Street, contre l’ingérence du gouvernement dans la gestion d’une banque centrale ; il l’illustrait avec l’exemple de la Banque de France dont le gouverneur et le vice-gouverneur étaient nommés par les autorités politiques.

Dans le second après-guerre, la norme était une faible indépendance voire la subordination des banques centrales aux gouvernements dans le cadre d’un régime de politique monétaire keynésien. La Banque de France se caractérisait tout de même par un modèle que l’économiste Michel Aglietta a pu qualifier d’« autocratique », dans lequel le ministère des finances avait la mainmise sur la banque centrale.

Rôle de la Banque de France dans l’Eurosystème

La création de l’euro conduit la Banque de France à adopter en 1993 le modèle d’indépendance forte, caractéristique de l’Allemagne. Les banques centrales nationales, dont douze fondatrices, et la Banque centrale européenne (BCE), créée en 1998, composent l’Eurosystème qui définit la politique monétaire de la zone euro. Son objectif principal : la stabilité des prix.

La Banque de France contribue à définir cette politique. Son gouverneur siège au Conseil des gouverneurs de la Banque centrale européenne, et la met en œuvre en France. Toutes les six semaines, le Conseil détermine les taux d’intérêt directeurs, aspect le plus conventionnel de la politique monétaire, mais aussi les éventuels achats de dette publique et privée sur les marchés secondaires, aspect moins conventionnel.




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La Banque de France conduit à l’échelle nationale les opérations de politique monétaire. Elle fabrique et s’assure de la qualité des billets mis en circulation, détient et gère les réserves de change de la France et produit des statistiques, des prévisions et des études économiques. Elle joue également un rôle de supervision des banques et assurances, à travers l’Autorité de contrôle prudentiel et de résolution (ACPR), et ce, dans le cadre de l’Union bancaire européenne.

Responsabilité devant les autorités politiques

La contrepartie de l’indépendance des banques centrales, ou de toute agence, est logiquement la responsabilisation (accountability) devant les autorités politiques qui leur ont délégué des pouvoirs. Cela passe par la reddition de comptes – expliquer et justifier ses actions, souvent dans le cadre d’une audition parlementaire – et par l’éventuelle évaluation de la performance.

Le caractère supranational de l’Eurosystème n’a pas d’équivalent politique ; ce qui engendre un problème de légitimité démocratique. La responsabilisation de la Banque centrale européenne se trouve alors limitée par l’absence d’un souverain en face : il n’y a pas de véritable exécutif au niveau fédéral avec lequel se coordonner ni de véritable Parlement auquel rendre des comptes – pas de pouvoir de sanction ni de modification des statuts.

Retrait anticipé de François Villeroy de Galhau

Dans la vie des banques centrales indépendantes, la nomination d’un gouverneur de banque centrale est le moment politique par excellence. Dans les démocraties, elles impliquent un jeu politique pour l’obtention du soutien nécessaire à la validation d’un profil qui sera toujours scruté par les marchés et les acteurs économiques, la presse et l’opinion publique.

Dans l’Hexagone, le retrait anticipé du gouverneur de la Banque de France François Villeroy de Galhau a interrogé au vu du caractère quasi inamovible des banquiers centraux indépendants en France et dans l’Eurosystème.

L’insistance sur le caractère personnel de la décision n’a pas empêché des spéculations sur un agenda politique derrière sa démission, car celle-ci enclenchait une nomination clé avant la présidentielle de 2027.

Nomination d’Emmanuel Moulin : l’importance des trajectoires de carrière

Vu l’article 13 de la Constitution française et l’article L142-8 du Code monétaire et financier, le pouvoir de nomination revient au président de la République. Ayant reçu des propositions de la part du premier ministre et du ministre de l’économie et des finances, le président de la République propose un nom, ensuite le Parlement auditionne le candidat indiqué et se prononce, en validant ou pas, par le biais des commissions de finances de l’Assemblée nationale et du Sénat.

Emmanuel Macron a proposé Emmanuel Moulin, jusqu’alors secrétaire général de l’Élysée. À la suite de l’audition et du vote des commissions des finances de l’Assemblée nationale et du Sénat, le 20 mai, le Conseil des ministres du 27 mai 2026 a officiellement entériné sa nomination pour un mandat de six ans. Les parlementaires n’ont pas empêché sa nomination malgré plus de voix « contre » que « pour », car, pour rejeter la proposition de nomination, les votes « contre » auraient dû atteindre ou dépasser les trois cinquièmes du total des suffrages exprimés dans les deux commissions).

Lors de son audition, Emmanuel Moulin s’engage à exercer en « toute impartialité, tant à l’égard du pouvoir exécutif que des intérêts privés », revendiquant son indépendance duale, dirait-on. Si pour son prédécesseur, c’était la proximité avec le secteur bancaire qui suscitait le débat du fait d’éventuels conflits d’intérêts et risques de capture, le principal défi pour Emmanuel Moulin a été de se poser en homme libre de l’influence politique.

La trajectoire de carrière est d’importance dans le choix des gouverneurs de banque centrale. L’épisode du changement de celui de la Banque de France aura, dans tous les cas, révélé le caractère intrinsèquement politique des banques centrales.

The Conversation

Adriano do Vale a reçu des financements de l’Etat français via l’Université de Poitiers.
Il est lauréat de l’appel à projets Émergences de Recherches Interdisciplinaires» (ERI) de l’Université de Poitiers 2025 avec le projet “QUI? – Dis-moi QUI tu fréquentes, je te dirais qui tu es ? Une analyse des agendas des banquiers centraux européens à l’aune des enjeux climatiques et d’égalité”.
Il a été lauréat de l’appel à projets Impulsions Interdisciplinaires – Recherche / 2IR de l’Université de Poitiers 2024 avec le projet “Dis-moi qui tu fréquentes, je te dirais qui tu es ? Une analyse des agendas des banquiers centraux européens”.
Ces projets s’inscivent le programme UP-SQUARED, financé par le Programme d’Investissement d’Avenir (PIA 4) « ExcellencES sous toutes ses formes » de France 2030, suivi par l’ANR.

– ref. À quoi sert la Banque de France ? – https://theconversation.com/a-quoi-sert-la-banque-de-france-279391

« Pourquoi n’as-tu rien dit ? » : Ce que la recherche nous apprend sur le silence des victimes de violences sexuelles dans l’enfance

Source: The Conversation – France in French (3) – By Théo Mouhoud, Pédopsychiatre, Université Sorbonne Paris Nord; AP-HP


L’ESSENTIEL

  • Les victimes de violences sexuelles dans l’enfance peuvent mettre de longues années avant de dévoiler ce qu’elles ont vécu, ce qui retarde leur prise en charge et constitue un enjeu de santé publique majeur.

  • Les mécanismes qui empêchent les victimes de s’exprimer sont particulièrement puissants dans les situations d’inceste, mais ils peuvent exister dans tous les contextes où un adulte détient une autorité et un pouvoir sur un enfant.

  • L’analyse de témoignages de victimes recueillis par la Commission indépendante sur les abus sexuels dans l’Église, ou Ciase, permet de mettre en lumière quatre domaines d’obstacles étroitement liés : les obstacles institutionnels et culturels, les obstacles psychologiques, la mémoire et le silence, et les obstacles familiaux.


Des travaux publiés en 2025 dans la revue médicale The Lancet estimaient que, sur la période 1990-2023, 18,9 % des filles et 14,8 % des garçons dans le monde avaient été victimes de violences sexuelles avant l’âge de 18 ans. En France, selon une étude de 2022, cette situation concernerait 14,5 % des femmes et 6,4 % des hommes.

D’autres travaux académiques révèlent quant à eux que les délais moyens avant un premier dévoilement varient entre 3 ans et 18 ans, et que plus de la moitié des victimes se confient pour la première fois à l’âge adulte.

Il ne s’agit donc plus de savoir si le dévoilement est retardé – il l’est, massivement –; mais de comprendre pourquoi la plupart des victimes de violences sexuelles ne parlent pas, ou pas avant un certain temps.

Le dévoilement n’est pas un acte ponctuel, mais un processus complexe

Avant tout, précisons que si l’expression « abus sexuel », traduction de child sexual abuse (CSA), capture bien la dimension de confiance trahie et de pouvoir exercé, il n’exprime pas, en français, la notion de maltraitance – aujourd’hui, un abus désigne surtout un usage excessif ou détourné.

Pour cette raison, nous lui préférons ici le terme de « violences sexuelles sur enfant », qui intègre la notion d’atteinte à l’intégrité physique et psychologique. Cela permet de souligner que, dans les contextes étudiés (familiaux et parafamiliaux), ces violences impliquent systématiquement un abus de confiance et d’autorité.

Qu’est-ce que le contexte parafamilial ?
Les violences sexuelles sur enfant surviennent le plus souvent au sein de la famille et aussi très fréquemment dans ce que la recherche appelle les contextes parafamiliaux. Il s’agit de situations impliquant des personnes connues de la famille, qui ont souvent une relation de proximité, de confiance et d’autorité avec l’enfant. Ces contextes sont particulièrement propices au silence : l’agresseur y bénéficie souvent d’une légitimité sociale et institutionnelle ainsi que d’une proximité affective qui floutent les frontières entre protection et agression. Ce contexte rend la reconnaissance des violences sexuelles plus difficile et complique le dévoilement.

Selon la littérature scientifique, le dévoilement des violences sexuelles n’est pas un acte ou un évènement isolé, mais un processus progressif, complexe, relationnel, non linéaire, qui dépend simultanément de plusieurs facteurs psychologiques, familiaux, sociaux, culturels et institutionnels. Il peut être partiel, différé, rétracté, puis repris des années plus tard.

Le disclosure process, processus par lequel une victime révèle des violences sexuelles qu’elle a subies, est un champ de recherche à part entière depuis les années 1980 dans la littérature scientifique anglo-saxonne.

En français, le terme disclosure se traduit par « dévoilement », « révélation » ou « divulgation ». Ces trois mots ont en commun de placer la charge de l’action sur la victime : c’est elle qui doit lever le secret, rompre le silence et parler.

Dans la littérature francophone spécialisée, c’est le premier terme de cette liste, « dévoilement », qui s’est imposé (notamment au Québec, où ce champ est étudié depuis plusieurs décennies). C’est également celui retenu par la Commission indépendante sur les abus sexuels dans l’Église (Ciase) et la Commission indépendante sur l’inceste et les violences sexuelles faites aux enfants (Ciivise).

Dans ce contexte, le dévoilement désigne « un processus complexe, interactif et graduel qui se déroule tout au long de la vie », et non une série de moments de révélation isolés.

Aider au dévoilement, un enjeu de santé publique

Les conséquences psychiatriques et psychologiques des violences sexuelles dans l’enfance sont bien documentées. Chez les personnes qui en ont subi, les taux de dépression, d’anxiété, de trouble de stress post-traumatique (TSPT), de trouble de stress post-traumatique complexe (TSPTc), d’addiction, de trouble du comportement alimentaire, de trouble de la personnalité borderline et le risque suicidaire sont significativement plus élevés que dans la population générale.

Les victimes de violences sexuelles dans l’enfance présentent, par exemple, un risque de trouble psychiatrique de 2,2 à 2,9 fois plus élevé que les autres.

Les violences sexuelles dans l’enfance conduisent également tout au long de la vie à davantage de difficultés dans la vie sexuelle, la vie relationnelle et sociale (couple, parentalité, niveau académique, vie professionnelle) et la santé physique (maladies cardio-vasculaires, pulmonaires, hépatiques).

De ce fait, le dévoilement constitue un enjeu clinique majeur. En effet, lorsqu’il est accueilli de manière adaptée, avec croyance, écoute et validation, il permet la mise en place d’une prise en charge précoce. Il est alors associé à des trajectoires plus favorables pour les victimes. Comprendre ce qui empêche le dévoilement est donc une priorité de santé publique.

L’Église catholique romaine : un exemple systémique très documenté

Le rapport de la Commission indépendante sur les abus sexuels dans l’Église (Ciase), rendu public en 2021, a mis en évidence le caractère systémique du phénomène, confirmé par l’enquête indépendante menée par l’Inserm.

La sociologue Nathalie Bajos et ses collaborateurs estiment que, au sein de l’Église catholique romaine française, environ 220 000 enfants auraient été agressés sexuellement entre 1950 et 2020.

Dans notre étude publiée en 2026 dans la revue Child Abuse & Neglect, nous avons analysé 23 témoignages oraux de victimes rendus publics par la Ciase afin d’identifier les obstacles au dévoilement dans ce contexte spécifique. Pour cela, nous avons utilisé une méthode qualitative d’analyse thématique.

Ces travaux révèlent que 87 % des survivants ont dévoilé les faits pour la première fois à l’âge adulte, et 39 % ont attendu plus de quarante ans.

Le corpus utilisé est constitué de personnes ayant finalement décidé de témoigner devant la Ciase et de rendre leur témoignage public ; celles qui n’ont jamais rien dévoilé en étant, par définition, absentes. Les obstacles que nous décrivons sont donc probablement sous-estimés.

En outre, ces résultats s’inscrivent dans un contexte national, institutionnel et historique particulier et leur transférabilité à d’autres contextes doit être envisagée avec prudence. Ils mettent néanmoins en lumière quatre domaines d’obstacles étroitement liés.

Les obstacles institutionnels et culturels

Les agresseurs détenaient une double autorité sur les victimes, l’autorité de l’adulte sur l’enfant et l’autorité spirituelle.

Cette configuration relationnelle fondée sur une asymétrie majeure du pouvoir rendait difficile toute remise en question de l’autorité. De plus, lorsque certaines victimes tentaient de signaler les faits, les réponses institutionnelles n’apportaient pas de reconnaissance explicite, de qualification juridique des faits ou de sanctions. Cela avait pour conséquence de prolonger et de renforcer le silence des victimes, en décourageant toute tentative ultérieure de dévoilement, phénomène qualifié de « silenciation secondaire ».

À cela s’ajoutaient les normes sociales restrictives : dans ces environnements, la sexualité était souvent un tabou, ce qui privait l’enfant des mots pour nommer ce qu’il avait subi. La confusion entre le registre moral (le péché) et le registre juridique (le crime) brouillait la gravité des actes et maintenait le silence.

Les obstacles psychologiques

La culpabilité et la honte étaient activement induites par l’agresseur grâce à un mécanisme de renversement de la responsabilité et de la faute. Dans un contexte religieux, cette culpabilité opérait sur deux niveaux simultanément : la transgression sexuelle et la violation de l’ordre moral et spirituel, ce dernier point rendant encore plus difficile la parole.

À cela s’ajoute la confusion de rôles, un obstacle majeur au dévoilement : l’agresseur était à la fois le prêtre, l’éducateur, la figure parentale (étant souvent appelé « mon père »), l’ami, le mentor… Il devenait presque impossible pour l’enfant de différencier ce qui relevait de l’autorité, de l’affection ou de la sexualisation.

Ainsi, un témoin décrivait son agresseur comme une figure si sacralisée que la violence sexuelle en devenait littéralement impensable. Une ambivalence affective envers l’agresseur était souvent rapportée, mêlant affection, admiration et dégoût.

Cette ambivalence émotionnelle et spirituelle rendait le dévoilement coûteux et incitait à maintenir le silence, ledit dévoilement étant perçu comme mettant en danger une relation parfois idéalisée par le sujet.

La mémoire et le silence

Contrairement à une idée reçue, l’absence de dévoilement n’est pas synonyme d’amnésie totale, dite « dissociative ». Cette dernière peut certes se rencontrer. Cependant, plutôt qu’à une perte mémorielle complète, le dévoilement tardif est le plus souvent lié à des mécanismes psychologiques protecteurs.

Parmi ceux-ci, on peut citer, par exemple, le déni fonctionnel (mécanisme psychologique qui permet à la victime de maintenir à l’écart de sa conscience ce qu’elle a subi, non par oubli, mais pour préserver un équilibre psychologique et des liens relationnels essentiels), la fragmentation (les souvenirs des violences ne sont pas stockés de manière cohérente et linéaire, mais sous forme de traces parcellaires et éparses, sans récit organisé pour les relier), la mise à distance (processus actif par lequel la victime s’éloigne psychiquement de ses souvenirs pour continuer à vivre, parfois même en contact avec l’agresseur).

Les victimes interrogées par la Ciase décrivaient des traces mémorielles et sensorielles fragmentées, une odeur, un son, une image, parfois sans un récit pour les organiser. Or, sans ce récit, le dévoilement reste impossible.




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En effet, on ne peut se souvenir que de ce que l’on a pu reconnaître, lorsque l’agresseur est une figure de confiance, d’affection et d’autorité, la violence reste longtemps inaccessible à la conscience, non par oubli, mais par impossibilité psychologique de la nommer, car paradoxale.

L’absence prolongée de dévoilement ne peut donc pas être réduite à un manque mémoriel, elle reflète souvent un processus actif, de compromis psychologique et relationnel, permettant de maintenir des liens affectifs essentiels et un équilibre fragile.

Les obstacles familiaux

Les parents accordaient aux figures religieuses une confiance importante, quasi totale, souvent liée à la foi ou à la renommée, donnant aux agresseurs un accès répété à l’enfant, parfois même au sein du domicile familial.

Les agresseurs ne ciblaient pas seulement l’enfant, mais séduisaient et manipulaient également les parents et la famille. Ce type de « mise en condition » est appelé « grooming » (du verbe anglais to groom, signifiant « panser » – pour un cheval – ou « préparer »).

Les mécanismes classiquement décrits dans les cas d’inceste, comme les conflits de loyauté, la confusion des rôles, la dépendance émotionnelle et l’ambivalence envers l’agresseur, se retrouvent également dans le contexte parafamilial religieux.

Enfin, pour certaines victimes, parler revenait à accuser leurs propres parents de complicité involontaire, à les confronter à leur aveuglement, à leur manque de protection ainsi qu’à la trahison de leur foi et de leur confiance. Les implications psychologiques supposées rendaient, pour beaucoup de victimes, la parole impossible.

Au-delà de l’Église : un modèle pour comprendre d’autres contextes

Soulignons que les effets de ces quatre domaines ne s’additionnent pas : ils interagissent.

Les obstacles au dévoilement s’inscrivent dans un système où les facteurs individuels, relationnels, familiaux, contextuels et institutionnels s’alimentent mutuellement. Ensemble, ils constituent un environnement relationnel et symbolique où la parole devient structurellement difficile ou même impossible, bien au-delà de la seule relation agresseur-victime. Le silence n’est pas un échec de la victime, ni sa responsabilité, mais une réponse adaptative à ce même système.

Le cas de l’Église catholique est le contexte parafamilial le mieux documenté empiriquement. Mais les mécanismes identifiés, tels que l’autorité institutionnelle, le grooming familial, la confusion des rôles, la silenciation secondaire, ne sont pas propres à l’Église.

Ils opèrent, selon des configurations spécifiques, partout où un adulte détient une autorité et un pouvoir sur un enfant. Et notamment, en premier lieu, au sein de la famille, le contexte le plus fréquent des violences sexuelles sur enfant.

Ces mécanismes sont susceptibles d’exister également dans tous les espaces où une figure extérieure à la famille détient une autorité morale forte sur l’enfant et son entourage : milieu sportif, milieu périscolaire, secteur médical, secteur éducatif, etc.

Ces contextes ne sont pas suffisamment étudiés et explorés dans la recherche sur le dévoilement des violences sexuelles, alors que l’enjeu est majeur. En effet, en l’absence de dévoilement et de parole, les violences sexuelles se poursuivent, les victimes ne reçoivent pas l’aide et la prise en charge adaptée et le risque de revictimisation augmente. In fine, c’est toute la trajectoire développementale de l’enfant qui peut être lourdement impactée, avec des conséquences à long terme sur la santé mentale et physique, la scolarité, la vie affective (et, plus tard, sexuelle), ainsi que sur la socialisation.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. « Pourquoi n’as-tu rien dit ? » : Ce que la recherche nous apprend sur le silence des victimes de violences sexuelles dans l’enfance – https://theconversation.com/pourquoi-nas-tu-rien-dit-ce-que-la-recherche-nous-apprend-sur-le-silence-des-victimes-de-violences-sexuelles-dans-lenfance-286995

États-Unis et Europe : deux conceptions irréconciliables de la liberté d’expression ?

Source: The Conversation – France in French (3) – By Déborah Thebault, Maître de conférences en droit, Université Paris Nanterre


L’ESSENTIEL

  • Selon l’administration Trump, l’Europe serait devenue un espace de censure et une « menace civilisationnelle » pour la liberté d’expression.

  • Les pressions exercées aux États-Unis sur des journalistes, des universitaires ou des manifestants rendent ce diagnostic quelque peu ironique, voire pure bullshit selon le mot du président Macron.

  • Cependant, cette tension révèle bien deux traditions différentes de la liberté d’expression. Retour sur les conceptions états-unienne et européenne, leurs racines et leurs limites, pour explorer les contours d’une autre voie.


Originellement, le modèle américain s’est établi sur une méfiance envers l’État, puisqu’il a été forgé dans une lutte pour l’indépendance des colonies américaines contre la Grande-Bretagne. Aussi le premier amendement, « le Congrès ne fera aucune loi restreignant la liberté d’expression », consacre-t-il une liberté maximale, se prémunissant explicitement contre toute ingérence des pouvoirs publics dans le débat d’idées.

À l’inverse, la tradition française et européenne exprime une méfiance non envers l’État, sédimenté par les siècles, mais envers la foule et ses emballements. L’article 11 de la Déclaration de 1789 garantit la liberté de « parler, écrire et imprimer librement », mais précise aussitôt « sauf à répondre de l’abus de cette liberté ».

Dans son discours à Munich le 14 février 2025, J. D. Vance, vice-président des États-Unis, a vivement critiqué la conception européenne de la liberté d’expression.

Le modèle américain parie sur l’affrontement des discours, le « libre commerce des idées » selon la formule du juge Holmes (Abrams contre USA, 1919). Cette approche est héritière d’une tradition philosophique libérale allant de l’Aeropagitica de John Milton au célèbre De la Liberté de John Stuart Mill.

À l’inverse, la tradition européenne repose sur une liberté instituée, c’est-à-dire permise et garantie par les institutions. Cette tradition puise ses racines dans la philosophie classique aristotélicienne et sa descendance romano-canonique : la liberté de l’homme « animal politique » n’est pas pure spontanéité individuelle mais bien liberté civique, au point que les Lumières feront de la liberté « l’obéissance à la loi que le peuple s’est prescrite ».

Les limites structurelles des deux modèles

Les limites au modèle américain semblent d’abord tenir de sa permissivité. Le Premier amendement protège les propos blessants, y compris lorsqu’ils attentent à l’intérêt public, à l’instar de manifestations haineuses lors de funérailles militaires. L’appel à la violence lui-même ne peut faire l’objet d’une poursuite que s’il vise à provoquer une action illégale imminente, comme le précise l’arrêt Brandenburg contre Ohio, 1969. Le mensonge ne suffit pas à perdre cette protection (États-Unis contre Alvarez, 2012), disant combien le modèle américain assume au nom de la liberté une conflictualité verbale qu’un regard français jugerait trop coûteuse pour la cohésion civique.

Côté européen, ces potentiels excès sont prévenus par un encadrement institutionnel assumé, qui confie à la loi et au juge la détermination des abus de la parole, mais qui soulève alors deux difficultés.

La première tient au biais de toute autorité : de l’affaire Dreyfus à la crise du Covid, ou à une porte-parole du gouvernement déclarant « assumer de mentir pour protéger le président », l’État lui-même n’est en fait jamais neutre, de même que les institutions publiques dans leur ensemble. L’arbitrage des pouvoirs publics en la matière peut dépendre d’une certaine conception de l’ordre public, mais aussi d’intérêts et de choix politiques contingents.

La seconde difficulté tient à la réduction de l’indétermination du débat qu’on peut tenir pour constitutive du débat public. Sauf à faire du débat une procédure d’homologation d’opinions admises, on ne débat que de ce dont le sens, la vérité ou la légitimité ne sont pas déjà arrêtés. « Vous étiez parti des abus de la liberté, et je vous retrouve sous les pieds d’un despote », déplorait déjà Tocqueville dans De la démocratie en Amérique : sous l’égide de l’ordre public, l’expression admissible peut progressivement se réduire, voire rendre suspecte la discussion elle-même. Or fussent-elles enflammées ou dissidentes, les controverses ne sauraient être mises au rang d’infractions qu’au risque d’éteindre des pans entiers de la liberté d’expression.

Cela étant, l’essor de la désinformation fait peser une menace réelle sur le sens même du débat public démocratique. Face à l’essor préoccupant des manipulations de l’information par des puissances étrangères, la Commission européenne entend mettre en place un « bouclier européen de la démocratie », s’appuyant notamment sur le travail effectué en France par le service Viginum. Les menaces ne viennent cependant pas uniquement de l’extérieur des démocraties européennes, comme a voulu le montrer le sénateur Laurent Lafon en employant la formule inédite et discutée « d’ingérence intérieure », à l’occasion de la présentation d’un rapport transpartisan sur la régulation de l’information dans l’espace numérique. La proposition sénatoriale de créer un « observatoire indépendant de la désinformation », faisant appel à la société civile et au monde de la recherche en dehors de tout contrôle gouvernemental, ravive néanmoins pour certains le spectre orwellien d’une « police de la pensée » et pose quoi qu’il en soit la question de l’efficacité pratique comme de la légitimité démocratique d’un contrôle institutionnel.

Une dissymétrie apparaîtrait donc entre les modèles. Quand les dérives procèdent d’un excès de liberté, elles seraient visibles, soumises au juge et remédiables a posteriori. Mais lorsque les limites sont posées a priori, par la norme, la sémantique ou l’autocensure, elles deviendraient diffuses, c’est-à-dire moins identifiables, moins imputables, et finalement moins contestables.

Renouveler le modèle européen : un cadre ferme au contenu souple

Conformément à l’enseignement du philosophe Jurgen Habermas, une démocratie délibérative ne repose pas sur l’addition d’opinions individuelles mais sur des procédures de discussion. C’est là que l’Europe pourrait recouvrer un modèle de liberté d’expression concret : non pas en disant quoi penser, mais en garantissant comment en discuter, pour éviter à la fois la brutalité de la confrontation et le déterminisme de la conformation.

Le premier principe à observer serait celui de la valeur intrinsèque du discours. La discussion n’est pas seulement un moyen de faire émerger la vérité : elle éprouve les idées, reconnaît l’autre comme interlocuteur et fait du désaccord, non une pathologie démocratique, mais la forme ordinaire de la liberté.

Ici retrouverait-on quelque chose du réflexe américain : la vérité n’est jamais détenue par un seul, elle ne préexiste pas entièrement au discours, et la maturation collective a une valeur civique propre. De Mill à Tocqueville, la liberté d’expression ne se justifie pas seulement par les contenus qu’elle autorise, mais par l’épreuve publique qu’elle impose aux idées : chez le premier, la vérité se fortifie au contact de l’erreur, chez le second, la démocratie doit résister au conformisme majoritaire.

Cela suppose de former les citoyens. L’exercice de cette liberté exige une maîtrise minimale de la logique, de la langue, de la culture générale et historique. C’est à la condition de ces ressources partagées qu’on parvient à admettre l’examen des opinions choquantes ou erronées, celles dont l’exclusion est infinie, et dont l’admission aiguise les esprits, conformément à l’arrêt Handyside du CEDH qui rappelle que la liberté vaut aussi pour « les idées qui heurtent, choquent ou inquiètent ».

Le deuxième levier réside dans le principe d’altérité. La maxime scolaire « ma liberté s’arrête là où commence celle des autres » entretient une conception faussée. Loin d’un droit de propriété borné par celui d’autrui, la liberté est interdépendance : « la liberté d’autrui m’est nécessaire », comme le souligne l’écrivain Georges Bernanos. Une parole libre n’existe pleinement que si elle peut rencontrer une autre parole libre, qui la contredit, l’éprouve et l’engage à répondre.

Il faut donc désidentifier les positions, en dissociant les énoncés des identités qui les portent : passer de la tribu à la tribune. À défaut, les positions se figent en appartenances et le conflit se déplace des arguments vers les personnes.

Le troisième levier enfin réside dans le principe de la forme. La rigueur des procédures, le respect du contradictoire, et même une certaine courtoisie, ne constituent pas des contraintes extérieures au débat libre, mais ses conditions. À l’image du prétoire, la forme, « sœur jumelle de la liberté » selon le juriste Rudolf von Jhering, autorise la liberté des propos précisément parce qu’elle impose une discipline de la discussion. D’où l’importance de renforcer les espaces institutionnels de débat, universités, juridictions, parlements, médias, organisations. Ces lieux doivent cultiver une grande liberté de parole interne, enchâssée dans un formalisme fort.

Le discours de J.D. Vance, critiquant la conception européenne de la liberté d’expression a ainsi le mérite de rappeler que le sujet est d’ordre culturel, qu’il conditionne la démocratie, mais aussi l’innovation économique voire la stabilité des sociétés. Il démontre, peut-être malgré lui, la pertinence de faire coexister deux modèles concurrents de liberté d’expression. Enfin, il traduit la nature intranquille de cette liberté qui exige un équilibre toujours précaire, une tension vive entre plusieurs aspirations.


Jean Chuilon-Croll, docteur en droit privé et sciences criminelles, a contribué à cet article.

The Conversation

Déborah Thebault a reçu des financements du Centre Maurice Hauriou (Université Paris Cité) et du CEJEC (Université Paris Nanterre) pour la publication de sa thèse.
Par ailleurs, Déborah Thebault est membre de l’Observatoire de la liberté d’expression.

Jean-Baptiste Juillard est membre de l’Observatoire de la liberté d’expression.

– ref. États-Unis et Europe : deux conceptions irréconciliables de la liberté d’expression ? – https://theconversation.com/etats-unis-et-europe-deux-conceptions-irreconciliables-de-la-liberte-dexpression-282647

Le D-Day économique au Moyen-Orient : gagnants et perdants

Source: The Conversation – France in French (3) – By Kambiz Zare, Professor of International Business and Geostrategy, Kedge Business School


L’ESSENTIEL

  • Depuis 1979, les sanctions américaines contre l’Iran sont passées de restrictions commerciales à un dispositif financier mondial.

  • Avec l’opération Epic Fury, Washington franchit un nouveau cap : sanctions directes, sanctions secondaires et pression sur le pétrole, le transport maritime, la finance et les réseaux de contournement visent désormais aussi les pays qui continuent de commercer avec Téhéran.

  • La bataille décisive se joue donc hors d’Iran. Si les principaux partenaires de Téhéran, au premier rang desquels la Chine, cèdent à la pression américaine, l’Iran risque un isolement accru ; s’ils résistent, Washington devra choisir jusqu’où étendre ses sanctions.


Depuis la crise des otages de 1979, les sanctions promulguées par les États-Unis à l’encontre de l’Iran sont passées de restrictions commerciales à un système de mesures financières et secondaires obligeant de plus en plus les entreprises étrangères à choisir entre le commerce avec l’Iran et l’accès au marché états-unien.

Washington a progressivement durci ces mesures, jusqu’à la mise en place d’un embargo commercial en 1995. Le programme nucléaire iranien a ensuite internationalisé la pression, avec des sanctions de l’ONU entre 2006 et 2010. Cette pression a contribué à l’élaboration du Joint Comprehensive Plan of Action, ou JCPOA, de 2015, qui a suspendu l’essentiel des sanctions secondaires américaines liées au nucléaire.

Dès l’arrivée de la première administration Trump, Washington a toutefois jugé le JCPOA insuffisant, estimant qu’il ne traitait ni du programme balistique iranien ni du soutien de Téhéran à ses alliés et groupes armés régionaux, tandis que l’allègement des sanctions était perçu comme donnant à l’Iran davantage de ressources pour renforcer ces activités. L’administration américaine considérait également que certaines limitations prévues par l’accord sur le programme nucléaire étaient temporaires et ne permettaient pas d’en garantir durablement l’endiguement. C’est dans ce contexte que Donald Trump annonça, le 8 mai 2018, le retrait des États-Unis du JCPOA et le rétablissement progressif des sanctions.

Du levier de négociation à la guerre économique

Depuis le début de l’opération Epic Fury en février 2026, une pression économique accrue accompagne les mesures militaires et maritimes. Tout récemment, fin août, Donald Trump a promis de « frapper durement » l’Iran sur le plan économique, tandis que le secrétaire au Trésor Scott Bessent a évoqué « un assaut économique » contre Téhéran.

La stratégie combine sanctions directes et menace de sanctions secondaires. La nouvelle campagne vise explicitement les pays tiers, afin de les pousser à réduire leurs relations économiques avec Téhéran sous peine de perdre leur accès au système financier fondé sur le dollar.

Washington élargit également le champ des activités exposées : pétrole, transport maritime, aviation, technologie, métaux précieux, cryptomonnaies, approvisionnement et réseaux de contournement. L’enjeu réside désormais moins dans le nombre d’entités sanctionnées que dans la capacité du Trésor à cibler les infrastructures commerciales et financières reliant l’Iran aux marchés internationaux.

La Chine, test décisif

Environ 92 % des exportations pétrolières iraniennes entre juillet 2025 et juin 2026, soit environ 1,42 million de barils par jour, ont été destinées à la Chine.

Une grande partie est absorbée par des raffineurs indépendants, les « teapots », qui profitent du brut iranien à prix réduit. Pékin a développé un système relativement isolé : pétrole réétiqueté via des pays tiers, paiements en monnaie chinoise et recours à des intermédiaires peu exposés aux États-Unis.

Une nouvelle enquête exclusive de Reuters révèle que ce dispositif repose notamment sur un mécanisme proche du troc : le pétrole iranien vendu à la Chine est converti en crédits permettant à Téhéran d’acheter des marchandises chinoises, y compris du matériel militaire. Ce circuit offre ainsi une bouée financière à l’Iran tout en limitant l’exposition des banques et des entreprises chinoises aux sanctions. Jusqu’à présent, Washington a principalement ciblé de petites entités chinoises, évitant les mesures les plus sévères, qui pourraient avoir des répercussions plus larges sur l’économie mondiale.

La Chine constitue ainsi la principale bouée économique de l’Iran, mais aussi la cible la plus difficile pour Washington. Une offensive contre les grandes institutions financières chinoises ferait passer la confrontation à une tout autre échelle.

Les voisins de l’Iran sous pression

En 2024, l’Iran a importé 21 milliards de dollars (18 milliards d’euros) de biens des Émirats arabes unis, soit 30,6 % de ses importations, selon les données de l’OMC. Mais les Émirats ont dernièrement suspendu les échanges commerciaux et les transactions financières avec l’Iran, selon une annonce officielle, réduisant leur exposition aux sanctions tout en fermant l’un des principaux canaux commerciaux de Téhéran.

Avec le voisin turc, le commerce bilatéral a atteint 5,5 milliards de dollars en 2025, dont 3 milliards d’exportations turques et 2,5 milliards d’importations en provenance d’Iran, laissant à Ankara un excédent commercial de 500 millions de dollars. Bien que les échanges aient reculé, l’Iran reste un fournisseur important d’énergie et de produits industriels, ce qui expose la Turquie à un durcissement des mesures américaines.

L’Irak pourrait être encore plus vulnérable. L’Iran y a exporté pour environ 11,7 milliards de dollars de biens en 2024, tandis que son gaz reste essentiel à la production électrique. Des responsables du pays ont déjà averti depuis 2025 qu’une interruption de ces approvisionnements pourrait réduire de plus de 30 % la capacité électrique du pays.

Médiateur très engagé ces derniers mois pour rapprocher les États-Unis et l’Iran, le Pakistan est également exposé. Les exportations iraniennes vers le Pakistan ont atteint environ 2,27 milliards de dollars en 2024, les combustibles minéraux représentant près de la moitié de ce total. Un durcissement des sanctions pourrait donc perturber les approvisionnements énergétiques et, plus largement, les échanges entre Islamabad et Téhéran.

L’autre médiateur, Oman, est moins exposé économiquement, avec environ 2,35 milliards de dollars d’échanges de biens avec l’Iran en 2024, mais son importance est aussi diplomatique. Mascate a joué un rôle d’intermédiaire entre Washington et Téhéran, notamment lors des négociations irano-américaines médiées par Oman.

Vers la mer Caspienne, l’Arménie a échangé 768 millions de dollars avec l’Iran en 2025, soit 3,6 % de son commerce extérieur, selon son Comité statistique. Les deux pays maintiennent également un accord gaz contre électricité, prolongé jusqu’en 2030. Les produits iraniens représentaient par ailleurs 3,56 % des importations azerbaïdjanaises au premier semestre 2026, soit environ 297 millions de dollars.

Enfin, soulignons que, en 2025, l’Inde a exporté 1,21 milliard de dollars vers l’Iran mais n’en a importé que 408,6 millions, dégageant un excédent commercial de 798,3 millions. L’Iran ne représentait que 0,27 % des exportations indiennes et 0,05 % de ses importations, ce qui montre une exposition limitée et principalement tournée vers les exportations.

Qui perd ?

L’Iran est le perdant le plus évident si Washington renforce l’application des sanctions. La stratégie frappe simultanément les recettes pétrolières, la finance, le transport maritime, les achats, l’accès aux devises et le commerce régional. Dans le cadre de l’Operation Economic Outcast, le Trésor a également élargi les catégories d’activités susceptibles d’exposer les entreprises étrangères à des sanctions secondaires.

Mais le coût ne s’arrête pas aux frontières iraniennes. Plus Washington durcit son dispositif, plus les conséquences se transmettent aux économies dépendantes du commerce ou de l’énergie iraniens.

La Chine dispose toutefois d’une capacité de résistance supérieure à celle de la plupart des autres partenaires de Téhéran. Elle a reçu presque toutes les exportations iraniennes de brut et de condensats en 2025, tandis que ses structures commerciales relativement protégées lui permettent d’absorber davantage de pression, selon le rapport 2026 de l’EIA sur les exportations pétrolières iraniennes.

Et qui gagne ?

Il y a peu de gagnants nets si l’on considère que, dans tous les cas, le transport maritime dans le détroit d’Ormuz et le golfe Persique s’est aussi assez réduit. Des pays comme le Qatar, l’Arabie saoudite, le Koweït qui pourraient, en théorie, prendre la place de l’Iran dans les exportations gazières et pétrolières n’ont pas la possibilité de le faire.

La difficulté tient surtout à la logistique et au coût des assurances. Ces dernières semaines, les échanges de coups de force entre les États-Unis et les Gardiens de la révolution iraniens ont visé plusieurs pétroliers, accentuant les risques liés au transport maritime. Le nombre de navires transitant par le détroit d’Ormuz s’est ainsi réduit à un seul chiffre. Or, le pétrole koweïtien et le gaz naturel liquéfié qatari doivent eux aussi emprunter ce passage : les perturbations du trafic limitent donc leur capacité à remplacer les exportations iraniennes. L’Arabie saoudite dispose d’un oléoduc vers la mer Rouge, mais cette voie de contournement reste de capacité limitée. Produire davantage ne suffit pas si les hydrocarbures ne peuvent être acheminés vers les acheteurs.

Par ailleurs les raffineurs indépendants chinois ont profité du brut iranien à prix réduit, mais cet avantage peut rapidement devenir un risque si Washington intensifie la pression sur les réseaux financiers, commerciaux et maritimes qui rendent ces achats possibles.

Washington, en revanche, peut accroître sa capacité à peser sur les décisions des gouvernements et des entreprises, si ceux-ci préfèrent réduire leurs relations avec Téhéran plutôt que risquer de perdre leur accès au marché et au système financier américains. C’est précisément la force des sanctions secondaires. Le Trésor a explicitement averti que les entités facilitant le contournement des sanctions iraniennes risquaient d’être coupées de ce système.

Cette stratégie comporte cependant un risque à plus long terme : plus Washington transforme l’accès à son système financier en instrument de pression, plus il incite la Chine et d’autres pays à développer des mécanismes de paiement et des réseaux commerciaux échappant à son contrôle.

La vraie bataille porte sur l’application

La prochaine phase dépendra moins du nombre des nouvelles sanctions annoncées que de la capacité des États-Unis à persuader ou contraindre la Chine, la Turquie, l’Irak, le Pakistan, les Émirats et d’autres partenaires à réduire leurs relations avec Téhéran.

S’ils obtempèrent, l’Iran pourrait se retrouver davantage isolé des marchés pétroliers, de la finance, du transport maritime et du commerce régional, renforçant la pression sur le régime pour qu’il accepte les demandes américaines.

S’ils résistent, Washington devra choisir entre tolérer la poursuite de certains échanges ou étendre ses sanctions à des banques, entreprises et réseaux commerciaux dont l’importance dépasse largement l’Iran.

Il ne s’agit donc plus simplement d’un nouvel épisode de « pression maximale », mais d’un test de la capacité des États-Unis à projeter leur puissance économique au-delà de l’Iran. Les gagnants et les perdants dépendront de la capacité de Téhéran à résister, et de la détermination de Washington et de la volonté des partenaires de l’Iran de supporter le coût d’une confrontation avec les États-Unis.

The Conversation

Kambiz Zare est membre du conseil scientifique de Spirales Institute.

– ref. Le D-Day économique au Moyen-Orient : gagnants et perdants – https://theconversation.com/le-d-day-economique-au-moyen-orient-gagnants-et-perdants-290600

Crimes sous l’eau : les robots, une nouvelle compétence pour les enquêteurs subaquatiques

Source: The Conversation – in French – By Franck Guarnieri, Directeur du Centre de recherche sur les risques et les crises et chercheur au sein du Collège des Sciences Navales, Mines Paris – PSL

Le ROV Victor 300 utilisé lors de l’expérimentation de Saint-Cassien. Gendarmerie nationale, Fourni par l’auteur

L’ESSENTIEL

  • Les techniciens en investigations subaquatiques interviennent sur des scènes de crime sous-marines.

  • Les engins téléopérés (ROV), dont l’autonomie sous l’eau est cinq à dix fois supérieure à celle d’un plongeur, permettent d’observer durablement la scène et de multiplier les prises de vue.

  • Un exercice d’envergure a été effectué pour tester les capacités du ROV Victor 300 en conditions réelles.


Dans les eaux sombres du lac de Saint-Cassien (Var), la silhouette d’un avion apparaît sur les caméras des enquêteurs par fragments. D’abord une aile, puis le fuselage, enfin des objets dispersés autour de l’appareil. Quelle est sa localisation précise ? Y a-t-il des traces d’incendie ou d’explosion ? Des objets ont-ils été dispersés aux alentours de l’épave par la violence de l’impact ? Faut-il envoyer immédiatement des plongeurs ?

La scène paraît réelle. Elle mobilise les mêmes modes d’action que ceux d’une enquête judiciaire : localiser, observer, préserver et documenter. Pourtant, il ne s’agit ni d’une affaire en cours ni d’un dossier déjà jugé, mais d’un scénario expérimental.

Notre travail s’est appuyé sur l’immersion volontaire, en septembre 2022, d’un ancien avion Cessna 152 destiné à la casse. Réalisée par la Gendarmerie nationale à des fins de formation et d’entraînement de ses plongeurs, cette opération nous a permis, en juillet 2026, d’évaluer l’apport d’un drone sous-marin téléopéré à l’investigation judiciaire subaquatique.

Intervention du ROV Victor 300 sur l’épave de l’avion. Collège des sciences navales (Mines Paris – PSL/EDEIA).

Victor 300, un prototype de drone sous-marin pour l’enquête subaquatique

Il existe deux grandes catégories de drones sous-marins : les véhicules autonomes ou AUV (Autonomous Underwater Vehicles), et les engins téléopérés ou ROV (Remotely Operated Vehicles). Ces derniers, reliés à la surface par un câble ombilical, reçoivent ainsi les commandes de pilotage, tout en transmettant les données recueillies en temps réel.

Le nôtre appartient à la seconde catégorie, il a été baptisé Victor 300, en hommage au Victor 6 000 de l’Ifremer, capable, comme son nom l’indique, d’atteindre une profondeur de 6 000 mètres. Avec ses 15 kilogrammes, notre Victor 300 ne saurait rivaliser avec les quelque cinq tonnes de son illustre homonyme. De la taille d’une valise cabine, il n’est certes pas conçu pour explorer les abysses, mais peut néanmoins descendre jusqu’à 300 mètres de profondeur, ce qui est largement suffisant pour la plupart des enquêtes.

Il embarque une caméra haute définition, un dispositif de vision stéréoscopique destiné à produire des images en trois dimensions, un sonar multifaisceaux, ses batteries ainsi qu’un éclairage adapté aux conditions de visibilité rencontrées.

Victor 300 a été conçu à partir de composants logiciels et technologiques libres, issus de l’écosystème développé par la société américaine Blue Robotics. Pensée à l’origine pour des usages généralistes, il a fait l’objet d’adaptations approfondies, notamment en ce qui concerne la disposition des moteurs. Ce point est déterminant dans un environnement aussi turbide que le fond d’un lac, où les mouvements du ROV peuvent remettre les sédiments en suspension et dégrader fortement la visibilité.

Le télépilotage, une nouvelle compétence de l’enquêteur

En France, la Gendarmerie nationale forme depuis 1962 les techniciens en investigations subaquatiques. Ils apprennent à rechercher et à préserver les indices, à procéder aux constatations, à prélever des indices immergés et à garantir l’intégrité de la chaîne de conservation des preuves.

Installé à Antibes, le Centre national d’instruction nautique de la Gendarmerie nationale (CNING) occupe une place centrale dans leur formation. En collaboration avec l’Institut de recherche criminelle de la Gendarmerie nationale (IRCGN), il participe à l’élaboration de méthodes d’enquête adaptées aux spécificités des milieux aquatiques.

Dans ce cadre, le pilotage d’un ROV n’est pas envisagé comme une spécialité distincte, ni comme un service assuré par un tiers, mais comme une compétence supplémentaire de l’enquêteur subaquatique. Celui qui en assure la conduite ne se contente pas de manœuvrer un engin : il analyse une scène, élabore une stratégie de recherche, examine les points d’intérêt et prépare, lorsque cela s’avère nécessaire, l’intervention des plongeurs.

Ce que l’expérimentation de Saint-Cassien a montré

L’expérimentation menée à Saint-Cassien a permis d’aborder une difficulté très concrète : comment explorer une scène immergée sans l’altérer ? Autour de l’avion, Victor 300 devait progresser lentement, maintenir une distance suffisante, éclairer la zone sans saturer l’image et éviter de remettre la vase en suspension. Ses propulseurs pouvaient troubler l’eau, son câble ombilical s’accrocher au relief ou à un élément de l’appareil, et le moindre contact involontaire risquait de déplacer un indice avant qu’il ne soit repéré.

Cette exigence de précaution impose une méthode rigoureuse. Avant tout prélèvement, chaque objet doit être précisément localisé et décrit : à quelle profondeur se trouve-t-il ? Est-il posé, coincé ou partiellement enfoui ? Quelle est son orientation ? Se situe-t-il à proximité d’un autre élément ? Dans le scénario de l’avion, un fragment de structure, un câble, un sac ou un objet métallique ne revêtent pas la même signification selon leur position par rapport au fuselage.

L’emploi du ROV prolonge et améliore les capacités d’exploration. Son autonomie sous l’eau, cinq à dix fois supérieure, selon la profondeur, au temps d’immersion d’un plongeur, permet d’observer durablement la scène, de multiplier les prises de vue et de vérifier les points d’intérêt sans exposer inutilement les personnels. Les plongeurs peuvent ainsi consacrer leur temps d’intervention, nécessairement limité, aux opérations qui exigent leur présence : constatations rapprochées, prélèvements et manipulations délicates. En permettant l’observation avant le toucher, le ROV contribue à préserver les indices, à mieux préparer l’intervention humaine et, en définitive, à gagner un temps précieux pour l’enquête.

Observer, enregistrer, prouver

Vue depuis la surface, une vidéo sous-marine peut donner l’impression que l’invisible devient enfin maîtrisable. Pourtant, dans une enquête judiciaire, voir ne suffit pas. La turbidité altère la perception des distances, les projecteurs provoquent des reflets, les particules masquent les contours et même une caméra performante peut se révéler peu efficace dans une eau chargée.

La photogrammétrie sous-marine permet, à partir de prises de vue réalisées sous plusieurs angles, de reconstituer en trois dimensions une scène ou un objet. Elle peut ainsi restituer la position relative des éléments observés autour d’une épave ou d’un véhicule immergé, sous réserve de maîtriser l’éclairage, la distance et la qualité des images.

Images 3D de l’avion immergé dans le lac de Saint-Cassien.
Gendarmerie nationale, Fourni par l’auteur

Déjà employée par les plongeurs-enquêteurs, cette technique est embarquée sur Victor 300. Pour autant, à qualité optique équivalente, le plongeur reste toutefois plus performant : sa perception directe de l’environnement, sa mobilité et sa capacité à ajuster immédiatement son cadrage et son éclairage lui permettent d’obtenir des images plus précises. Le télé-pilote demeure, quant à lui, limité par le champ de vision des caméras, la traction du câble et les mouvements des propulseurs, susceptibles de remettre les sédiments en suspension. En l’absence de plongeur humain, notamment lorsque les conditions rendent son engagement impossible ou trop dangereux, les images acquises par le drone sous-marin n’en demeurent pas moins précieuses : correctement contextualisées et documentées, elles fournissent à l’enquête des éléments d’observation et d’analyse essentiels.

Le sonar multifaisceaux permet quant à lui de dépasser certaines limites de l’imagerie vidéo. En utilisant les ondes acoustiques plutôt que la lumière, il se révèle extrêmement efficace dans une eau très turbide, voire en l’absence totale de visibilité. Il permet de repérer des formes, de mesurer des distances, de restituer le relief du fond et de cartographier l’environnement immédiat de l’épave. Sans remplacer l’image optique, il la complète en révélant des structures ou des anomalies invisibles à la caméra et en guidant le télé-pilote ROV vers les zones qui nécessitent une observation plus approfondie.

Un outil au service de la méthode

L’expérimentation de Saint-Cassien l’a rappelé : la technologie n’est utile que si elle respecte la scène. Sous l’eau, tout est plus lent, plus fragile, plus incertain. Le ROV ne décide pas ce qui constitue une preuve. Il donne à l’enquêteur un regard supplémentaire, un temps d’observation et une capacité de documentation renforcée.

C’est à cette condition que les drones sous-marins pourront réellement faire progresser l’investigation sous l’eau : non comme des machines autonomes, mais comme des outils au service d’une expertise humaine, d’une méthode d’enquête et d’une chaîne de preuve.


Cet article a été rédigé en collaboration avec le capitaine Julien Fabrini et l’adjudant Pierre Vadam du CNING. Il s’inscrit dans le cadre du projet de recherche « DIVER, Conception et développement d’un ROV (Remotely Operated Vehicle) pour assister les enquêteurs judiciaires subaquatiques lors des plongées profondes », soutenu par l’Agence de l’innovation de défense (AID). Les auteurs tiennent à remercier le lieutenant colonel Philippe Baron, commandant du CNING, le colonel Alexis Bourges, commandant du Centre de recherche de la Gendarmerie nationale (CRGN), ainsi que le colonel David Bièvre, ancien directeur-adjoint du CRGN et directeur du programme de recherche interdisciplinaire PRISMES, pour leur relecture attentive.


The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Crimes sous l’eau : les robots, une nouvelle compétence pour les enquêteurs subaquatiques – https://theconversation.com/crimes-sous-leau-les-robots-une-nouvelle-competence-pour-les-enqueteurs-subaquatiques-286604