Un año después del apagón: ¿por qué millones de personas se quedaron también sin agua corriente?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Molinos Senante, Investigadora Instituto de Procesos Sostenibles, Universidad de Valladolid

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El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, se produjo el mayor apagón eléctrico en Europa en más de dos décadas, que afectó a más de 58 millones de personas en España, Portugal y Andorra. Además de la ausencia de luz, muchos de estos ciudadanos se encontraron con otro problema que, en principio, podríamos no relacionar con el primero: al abrir el grifo, no salía agua.

Sin electricidad, el agua dejó de llegar a las viviendas. Esto revela una dependencia invisible que rara vez aparece en el debate público: el suministro de agua no puede existir sin electricidad.




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Cada gota consume kilovatios de energía

En España, el consumo energético medio del ciclo integral del agua (captación, potabilización, distribución, alcantarillado y depuración) se sitúa en torno a 1 kilovatio hora (kWh) por metro cúbico de agua. Para una familia de cuatro personas donde cada uno consume 150 litros de agua al día, eso representa un consumo energético mensual de 18 kWh. Esto equivale aproximadamente al consumo eléctrico mensual de un televisor encendido cuatro horas al día o a realizar una carga de lavadora al día durante todo el mes.

Sin generadores de respaldo o sistemas autónomos, un corte eléctrico paraliza todo el sistema urbano del agua en minutos. El apagón puso a prueba esta vulnerabilidad a escala peninsular. Afortunadamente, el sector superó el problema: los principales operadores urbanos activaron planes de contingencia que permitieron mantener el servicio mediante grupos electrógenos y operación manual cuando los sistemas digitales perdieron conectividad. Una lección doble: la resiliencia es posible, pero depende de haberla planificado antes del fallo.

Instalaciones de agua que también generan electricidad

Lejos de ser un problema sin solución, el sector del agua en España acumula experiencias que muestran el camino en el largo plazo. La clave está en transformar las instalaciones del ciclo urbano del agua de simples consumidoras de energía en productoras netas.

Dos líneas de actuación tienen ya evidencia sólida en este sentido:




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  • Digitalización y detección de pérdidas. El PERTE de Digitalización del Ciclo Urbano del Agua, financiado por la Unión Europea, ha movilizado más de 550 millones de euros en subvenciones para la digitalización de redes, implementación de sensores de detección de fugas y monitorización del ciclo del agua en tiempo real.

    Reducir las pérdidas en red no solo ahorra agua, sino también la energía que se consume para bombearla. Y esa energía ahorrada es exactamente la que hace falta cuando la red eléctrica falla.

Un apagón que para otros es cotidiano

El Día Mundial del Agua de este año, celebrado el 22 de marzo bajo el lema “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, puso sobre la mesa una cifra que conviene no perder de vista: 2 100 millones de personas siguen sin acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura. Para ellas, lo que en la península ibérica duró unas horas es una realidad permanente.




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El apagón ibérico demostró que incluso en países con infraestructura avanzada el agua puede dejar de fluir en minutos cuando falla la energía. Para más de una quinta parte de la humanidad, esa interrupción no es una emergencia puntual: es la norma. España tiene las herramientas y la experiencia para construir un ciclo urbano del agua más resiliente. Aplicarlas no es solo una cuestión de eficiencia técnica. Es una condición para garantizar un derecho humano básico, aquí y en cualquier parte del mundo.

The Conversation

María Molinos Senante recibe fondos de Agencia Española de Investigación y Unión Europea

ref. Un año después del apagón: ¿por qué millones de personas se quedaron también sin agua corriente? – https://theconversation.com/un-ano-despues-del-apagon-por-que-millones-de-personas-se-quedaron-tambien-sin-agua-corriente-280079

No es soledad, es el síntoma de vivir sin comunidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esteban Sánchez Moreno, Catedrático de Sociología (en excedencia), Universidad Complutense de Madrid

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Seamos sinceros: no encontrará usted consenso a la hora de definir la soledad. Una perspectiva bastante extendida señala que es la evaluación (por tanto, un juicio, un proceso subjetivo) que hacen las personas de la diferencia que existe entre las relaciones sociales que tiene y la que desearía tener. Cuando la persona siente que tiene menos relaciones sociales de las que le gustaría y esta percepción viene acompañada de sufrimiento y malestar, entonces aparece la soledad (a veces, etiquetada con un “no deseada”).

Ese elemento subjetivo significa que se puede mantener contacto y conexión con pocas personas, pero no sentir soledad. A la inversa, se puede estar solo en medio de una agenda pantagruélica de contactos. De hecho, solemos diferenciar soledad (sensación negativa y subjetiva) de aislamiento (una condición objetiva de escasez radical de relaciones sociales).

Algunos autores distinguen entre soledad social (la que se deriva de la insatisfacción con las relaciones sociales que se mantienen) y soledad emocional (la que ocurre al carecer de confidentes, de una relación de intimidad, de máxima confianza).

Por otro lado, la soledad puede ser deseada, buscada, reconfortante: es la solitud que permite el disfrute de la ausencia de otras personas. También puede identificar un sentido trágico del ser humano y, por tanto, definir nuestra existencia. Es, por tanto, compleja.

Y acecha a cualquiera, porque es muy probable que experimentemos la soledad en primera persona en algún momento de la vida. En efecto, sabemos que soledad y edad tienen una relación en forma de U, ya que es frecuente entre las personas jóvenes (incluyendo adolescentes) y entre las personas que superan los 75 años. Pero la forma de esa relación es imperfecta.

En el estudio Redes para la Vida, realizado por la plataforma de ayuda y asesoramiento a mayores Emancipatic y la Universidad Complutense de Madrid, se halló que el porcentaje de personas que experimentan soledad en la antesala de la jubilación era superior al de las personas que ya habían cumplido los 65. En estas últimas, el porcentaje era del 9 %, mientras que para las personas entre 60 y 64 años era de 16.6 % y para las personas entre 55 y 59 era de casi el 24 %.

No es algo nuevo ni una enfermedad

“La soledad es la nueva pandemia”. Seguro que usted ha escuchado y leído esa expresión (o su variante, en forma de epidemia) en numerosas ocasiones, en la televisión, en las noticias, en la radio, en las redes, en las conversaciones con sus amigos y vecinos. Sentimos ir a contracorriente: no es cierto.

Es verdad que la soledad se ha convertido en un problema de salud pública. Como indica la estimación de la Organización Mundial de la Salud (2025), una de cada seis personas en el mundo se ve afectada por ella. En España, el Observatorio de la Soledad no Deseada señala que afecta a una de cada cinco.

Además, la soledad se relaciona con una mayor probabilidad de sufrir diferentes enfermedades, incluidas por supuesto las enfermedades mentales. Por ejemplo, un informe del Joint Research Centre de la Unión Europea señala que las personas mayores que sufren carencias sociales enfrentan un incremento de los riesgos para su salud, incluyendo el riesgo de mortalidad prematura, equivalente a fumar o a la obesidad.

Pero, a pesar de todo ello, insistimos: la soledad no es una nueva pandemia. Y no lo es, al menos, por dos importantes motivos.

En primer lugar, tenga en cuenta que la soledad no es algo nuevo. De hecho, se puede mencionar la obra de Robert S. Weiss titulada Loneliness, publicada en 1973, como el inicio del estudio sistemático de la soledad. Por cierto, ni siquiera tenemos evidencia empírica concluyente de que afecte hoy a más población que hace veinte o treinta años, aunque sospechamos que va a más.

En segundo lugar, le sugerimos que no piense en la soledad como una enfermedad, tampoco como una enfermedad mental. No lo es. No se trata solo de una cuestión de precisión terminológica, sino de evitar desenfocar el análisis, ya que medicalizar el lenguaje de la soledad supone perder de vista su origen y naturaleza: lo social.

Hablamos de un problema social, y entre sus efectos encontramos importantes consecuencias en la salud de las personas que lo experimentan. Buena prueba de ello es que el boom de la soledad es impulsado por una pandemia, esta sí, la de la covid-19. Recuerde que cuando comenzó la pandemia, la única forma de controlarla no fue un fármaco o una tecnología: fueron medidas sociales. Mejor dicho, el fomento de la (a)socialidad, del distanciamiento, de la contención (incluso negación) de las relaciones con los demás. El encierro, la distancia de seguridad, la máscara, el grupo burbuja.

Y fue entonces cuando quebró nuestra sociabilidad, cuando nos percatamos –como individuos y como sociedades– de lo importante que es la soledad en nuestras vidas. Una conclusión se deriva de ello, y no es otra que la convicción de que el reciente descubrimiento de la soledad pone de manifiesto su naturaleza patentemente social.

Un proceso social colectivo

Entonces, la soledad no es una enfermedad, no es una pandemia. Entonces, ¿qué es?
Defendemos que se trata de un proceso social, colectivo. Emerge de las grietas que se están extendiendo en el edificio de la comunidad. Consiste en el truncamiento de las interacciones sociales, el debilitamiento de la conexión social. Es la erosión de lo cotidiano y la dificultad para encontrar a quién recurrir en momentos inesperados.

La soledad se deriva de las dificultades crecientes que encontramos para incorporarnos a actividades que cohesionan en torno a un propósito compartido. Este propósito no es necesariamente una empresa de gran vigor, sino que puede ser sencillamente el sentido del día a día.

Si entendemos así la soledad, cobra sentido el debate en torno a si las redes sociales vinculan o aislan, a la perplejidad ante la creciente desaparición de las relaciones en torno al pequeño comercio en los barrios de las ciudades o la participación en entidades vecinales, ONG, asociaciones, etc.

En el estudio Redes para la Vida, antes mencionado, preguntamos si las personas participaban en alguna entidad vecinal, cultural, social (a través de voluntariado, por ejemplo), de gente mayor o parroquial, y analizamos la asociación de esta participación con la soledad: el 12.7 % de las personas que participaban sentía soledad, significativamente por debajo del 17.1 % de individuos que no participaban en ninguna entidad. Compartir espacios y actividades con un significado común nos aleja de la soledad.

La importancia de los amigos

Solo podemos comprender la experiencia subjetiva de la soledad de manera plena si pensamos en las condiciones sociales en las que vivimos. En nuestra línea de investigación en la Universidad Complutense tratamos de identificar los marcadores sociales de la soledad.

Hemos encontrado que el apoyo que los hijos y las hijas dan a sus progenitores que han superado los 65 años puede estar en el origen de la soledad porque las diferencias generacionales incluyen diferentes visiones sobre lo que deben ser las relaciones sociales. Por ello, las relaciones de amistad pueden llegar a ser más importantes que las relaciones paternofiliales durante el proceso de envejecimiento.

También parece bastante claro que el estatus socioeconómico modela la experiencia de la soledad, incrementándola entre aquellas personas con menores ingresos y nivel educativo. Lo mismo cabe decir de las personas con discapacidad y de las personas LGBTIQ+. Un último ejemplo: las personas migrantes, sobre todo las extranjeras, se ven afectadas en mayor proporción por la soledad.

Por todo ello, le invitamos a pensar la soledad como la expresión de la fragmentación social. Por necesidad, la experiencia de las personas nos indica su existencia, pero lo cierto es que su origen está íntimamente ligado al modelo de sociedad en el que nos encontramos y su incapacidad para ofrecer experiencias compartidas.

The Conversation

Esteban Sánchez Moreno recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, a través del proyecto de investigación TÍTULO: Envejecimiento, soledad(es) y diversidad sociocultural en España: redes de apoyo, recursos psicosociales y bienestar en personas mayores de origen latinoamericano (EnDiversidad60+), con referencia PID2023-151042OB-I00
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Lorena Patricia Gallardo Peralta recibe fondos de el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, a través del proyecto de investigación TÍTULO: Envejecimiento, soledad(es) y diversidad sociocultural en España: redes de apoyo, recursos psicosociales y bienestar en personas mayores de origen latinoamericano (EnDiversidad60+), con referencia PID2023-151042OB-I00 .

ref. No es soledad, es el síntoma de vivir sin comunidad – https://theconversation.com/no-es-soledad-es-el-sintoma-de-vivir-sin-comunidad-270542

Los músculos ‘hablan’ con todo el cuerpo: la revolución científica que cambia la visión del ejercicio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Carpallo Porcar, Fisioterapeuta. Personal docente e investigador en el grado de Fisioterapia en la Universidad San Jorge. Miembro del grupo de investigación iPhysio., Universidad San Jorge

La idea de que el músculo es un simple motor mecánico ha quedado obsoleta gracias a un hallazgo que ha cambiado la fisiología moderna: en realidad, funciona como un órgano endocrino capaz de influir en prácticamente todos los sistemas de nuestro cuerpo.

Durante la contracción muscular se liberan cientos de moléculas llamadas mioquinas, sustancias imprescindibles para que el organismo funcione de forma correcta. De ahí nació la idea de que “el ejercicio es medicina”. Sin embargo, este concepto también ha pasado de moda. En realidad, habría que ir más allá y decir que es tan necesario para nuestra salud como respirar o comer, mientras que el sedentarismo y la falta de movimiento constituyen una fuente de enfermedad.

Qué son las mioquinas

Las mioquinas actúan como hormonas que se comunican a través del torrente sanguíneo con distintos órganos como el cerebro, el tejido adiposo, el hígado, el hueso o el sistema inmune. Según una revisión de 2024, son la razón por la que el ejercicio sea beneficioso para el sistema inmunitario.

La mioquina más estudiada hasta el momento es la interleucina‑6 (IL‑6), que se libera durante ejercicios de alta intensidad o de resistencia aeróbica hasta 100 veces más que en reposo. También tienen importancia la irisina, clave para mantener el equilibrio de la grasa corporal, y el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), implicado en la neuroplasticidad y la función cognitiva.




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Y antes de centrarnos en los efectos de esta familia de moléculas, hay que tener en cuenta que el movimiento también estimula que otros órganos liberen las no menos importantes exerquinas. Por ejemplo, una revisión de 2022 revela su participación en la mejora cardiovascular, metabólica, inmune y neurológica. Si nos movemos poco y circulan pocas exerquinas por nuestro organismo, aumenta el riesgo de enfermedad y mortalidad por todas las causas.

Torrente de moléculas benefactoras

A continuación desglosamos cómo actúan las mioquinas en distintas partes de nuestro organismo:

  • Sistema inmune. Publicaciones recientes identifican al menos nueve mioquinas que influyen en el funcionamiento adecuado del sistema inmune. Entre ellas destacan la irisina, la decorina y las interleucinas IL-6, IL-7 o IL-15. Su liberación durante el ejercicio favorece la proliferación y diferenciación de las células de nuestras defensas, lo que potencia la “vigilancia inmunitaria”.

    Además, reducen la inflamación sistémica crónica, factor clave en la prevención de muchas enfermedades metabólicas y cardiovasculares. La IL‑6, por ejemplo, actúa como una señal antiinflamatoria capaz de modular la actividad de los linfocitos, los macrófagos y las células NK.

  • Sistema nervioso y neurocognitivo. El músculo ejerce una influencia directa sobre el cerebro a través de lo que se ha llamado “eje músculo‑cerebro”. La evidencia muestra que moléculas como BDNF, la irisina o la cathepsina B pueden estimular la formación de nuevas neuronas. También tienen efecto en la mejora del aprendizaje y la memoria y se asocian con la protección frente al deterioro cognitivo de enfermedades neurodegenerativas.

    Por ejemplo, la irisina se ha vinculado con un incremento de BDNF en el hipocampo, una región crucial para la memoria. A su vez, la cathepsina B contribuye a procesos de regeneración neuronal y mejora de la cognición.

    Este conjunto de señales químicas explica por qué las personas activas muestran menor riesgo de deterioro cognitivo y mejor salud emocional: el cerebro “escucha” lo que los músculos dicen cuando se contraen, y responde adaptándose y fortaleciéndose.

  • Metabolismo de la glucosa y las grasas. Durante el ejercicio, la IL‑6 desempeña un papel esencial al movilizar ácidos grasos desde el tejido adiposo, principalmente del visceral (el que se acumula en la cavidad abdominal y presenta mayor riesgo). Así favorece la quema de las grasas y contribuye al mantenimiento de los niveles de glucosa en sangre.

    También modula la sensibilidad a la insulina, facilitando que el músculo capte glucosa de manera más eficiente. Este mecanismo explica parte de los beneficios del ejercicio en la prevención de la diabetes tipo 2. En conjunto, el músculo actúa como un “termostato metabólico” que ajusta el gasto energético y establece cuándo movilizar, almacenar o utilizar energía en función de la actividad física.

  • Sistema cardiovascular. Aunque el ejercicio en pacientes cardíacos debe ser prescrito por un profesional sanitario como el cardiólogo o el fisioterapeuta, puede ser muy beneficioso para prevenir enfermedades cardiovasculares. La actividad física induce la liberación de exerquinas que favorecen la vasodilatación, mejoran la función vascular y reducen la rigidez arterial. Esto explica por qué las personas físicamente activas presentan menor riesgo de hipertensión, enfermedades coronarias y fallos cardíacos.

  • Huesos y osteoporosis. El músculo dialoga también con nuestro esqueleto. Varias mioquinas favorecen la formación y remodelación de los huesos, estimulando la actividad de los osteoblastos (células constructoras de hueso) y modulando la densidad mineral ósea. Es un complemento necesario a las cargas mecánicas del ejercicio para prevenir y combatir la osteoporosis.

  • Control tumoral y reducción del riesgo de cáncer. Un artículo publicado en The Lancet Oncology relaciona el sedentarismo como factor de riesgo en más de 10 tipos de cáncer. En parte se explica porque durante el ejercicio se liberan mioquinas que inhiben la proliferación de células cancerosas y reducen el daño en el ADN de las células potencialmente malignas.

    A esto se suma su capacidad de movilizar células del sistema inmune capaces de reconocer y destruir células tumorales en fases tempranas. Una sola sesión de ejercicio aumenta significativamente los niveles de mioquinas con potencial de suprimir el crecimiento de células cancerosas.

En conjunto, toda esta evidencia demuestra que el músculo funciona como un verdadero centro endocrino: cada contracción muscular envía señales que ajustan el equilibrio interno del organismo, lo que confirma que moverse es una necesidad biológica para que nuestros sistemas del cuerpo funcionen correctamente.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los músculos ‘hablan’ con todo el cuerpo: la revolución científica que cambia la visión del ejercicio – https://theconversation.com/los-musculos-hablan-con-todo-el-cuerpo-la-revolucion-cientifica-que-cambia-la-vision-del-ejercicio-277572

Por qué sí tiene sentido enseñar Geografía e Historia en inglés

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Nieto Moreno de Diezmas, Catedrática y Directora del Departamento de Filología Moderna, Universidad de Castilla-La Mancha

En las últimas décadas, la enseñanza bilingüe se ha expandido con rapidez y ha alcanzado un notable reconocimiento internacional. En España, el modelo está ampliamente implantado: el 41,4 % del alumnado de primaria y el 32,2 % de secundaria participa en programas bilingües cursando materias como Ciencias Sociales, Matemáticas, Educación Plástica, Historia o Física y Química en lengua extranjera.

Este crecimiento ha sido impulsado por las políticas de la Unión Europea que buscan aumentar la exposición a lenguas extranjeras, fomentar el plurilingüismo y favorecer la movilidad, la empleabilidad y la inclusión en todo el territorio europeo.

El caso de Historia

No obstante, su rápida expansión también ha generado debate, especialmente en el ámbito de las Ciencias Sociales. Muchos pueden preguntarse si tiene sentido hablar de The Catholic Monarchs en contextos de habla hispana.

En esta línea, en la Comunidad de Madrid, desde el curso 2024-2025, parte de las asignaturas de Ciencias Sociales y Geografía e Historia ha dejado de impartirse en lengua extranjera en primaria y en secundaria, para enseñarse obligatoriamente en español.

Este cambio plantea un debate interesante: ¿Resulta pedagógicamente beneficioso o limitador impartir contenidos históricos –en especial de la historia del propio país– en una lengua extranjera?

¿Por qué Historia en inglés?

Frente a otras asignaturas, la elección de las Ciencias Sociales para ser impartidas en una lengua extranjera es ideal para el aprendizaje del idioma. En esta materia, el lenguaje es una herramienta central del aprendizaje y se maneja una gran cantidad de vocabulario, expresiones y formas gramaticales.

El alumnado aprende a describir, definir, explicar, evaluar, comparar, justificar y narrar, con lo que hace uso de las funciones cognitivas del discurso. Es así como se contribuye a desarrollar el pensamiento crítico y el lenguaje académico.

Además, a través de estas materias se fomenta un aprendizaje real, significativo y natural del idioma y se promueve la competencia intercultural. Por ello, en la mayoría de los programas bilingües europeos, Ciencias Sociales y Geografía e Historia son las materias más habitualmente impartidas en una segunda lengua.




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Adquisición de los contenidos

La mayoría de las investigaciones indican que la enseñanza bilingüe no perjudica el aprendizaje de las Ciencias Sociales. Por ejemplo, estudios publicados en Finlandia, Chipre y Holanda muestran resultados similares o superiores del alumnado bilingüe.

En España, varias investigaciones identifican rendimientos equivalentes o mejores del alumnado en programas bilingües. Aunque algunos estudios detectan desventajas puntuales para alumnado bilingüe de primaria, investigaciones con muestras muy amplias y controladas concluyen que no existen diferencias significativas y que, al finalizar la secundaria, el alumnado bilingüe puede incluso superar al no bilingüe.




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Estudios longitudinales también detectan progresos más rápidos en Ciencias en programas bilingües. En definitiva, la evidencia sugiere que la educación bilingüe garantiza la adquisición de contenidos con niveles de rendimiento iguales o superiores a los de la enseñanza ordinaria.

Beneficios cognitivos y competencias globales

La enseñanza bilingüe se basa en el Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas extranjeras (AICLE/ CLIL). El aprendizaje integrado genera ventajas cognitivas en el alumnado bilingüe. Esto es así debido al doble esfuerzo que se requiere para procesar información en otra lengua, algo que activa y ejercita el cerebro, como muestran diversos estudios.

Así pues, el alumnado bilingüe utiliza más estrategias de aprendizaje, mejora su capacidad para procesar información y muestra niveles superiores en pensamiento crítico y en la competencia de aprender a aprender.

Además, estudiar Ciencias Sociales y Geografía e Historia en otra lengua, permite acceder a fuentes internacionales, mapas, datos comparados y perspectivas históricas diversas. De este modo, promueve la competencia global.




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Guías pedagógicas y de mejora

En cualquier caso, los programas bilingües están en continua evolución y es preciso seguir velando por su calidad. Resulta imprescindible invertir en una formación docente especializada, tanto inicial (en la universidad) como permanente. Es fundamental garantizar la mejora del nivel lingüístico del profesorado, y el dominio de las estrategias pedagógicas y los principios metodológicos del AICLE.

También es necesario contar con un diseño institucional adecuado del programa. El porcentaje de horas de exposición curricular a la lengua extranjera, la provisión docente y la exigencia en el acceso de niveles lingüísticos y de capacitación metodológica del profesorado son factores clave. Proporcionar guías pedagógicas claras, dotar con los recursos necesarios, así como inspeccionar y evaluar estos programas periódicamente es fundamental. Solo así podrá asegurarse que la enseñanza bilingüe cumpla su potencial educativo y equitativo.

The Conversation

Esther Nieto Moreno de Diezmas recibe fondos de la Universidad de Castilla-La Mancha y ha participado en proyectos de investigación financiados por el Ministerio (MICIN)

ref. Por qué sí tiene sentido enseñar Geografía e Historia en inglés – https://theconversation.com/por-que-si-tiene-sentido-ensenar-geografia-e-historia-en-ingles-276460

Cuando el transhumanismo se convierte en eugenesia: el caso de Jeffrey Epstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Leandro Gaitán Mántaras, Doctor en Filosofía, Universidad de Navarra

La investigación científica en la mejora de la raza humana puede conllevar grandes dilemas éticos. Bhautik Patel / Unsplash., CC BY

El pasado 30 de enero de 2026, el Departamento de Justicia de EE. UU. autorizó la publicación de un archivo masivo: 3,5 millones de páginas, 180 000 fotos y 2 000 vídeos que, según la ONU (2026), “contienen evidencia inquietante y creíble de tráfico y esclavitud sexual de mujeres y niñas a gran escala, tortura, desaparición forzada, tratos inhumanos y degradantes, y asesinato”.

Estos delitos, añade el organismo, se cometieron en un contexto de supremacismo, misoginia extrema, mercantilización y deshumanización sistemática. Los archivos mencionan a figuras de alto perfil de la élite occidental –políticos, empresarios, científicos, celebridades– y sugieren la existencia de una red de complicidades que acentúa el carácter estructural y la gravedad institucional de los hechos.

Fascinado por el transhumanismo

Sin embargo, más allá de los titulares escandalosos, emerge un componente ideológico menos explorado pero decisivo: el profundo compromiso de Epstein con el pensamiento transhumanista y la investigación científica orientada a la “mejora humana” (human enhancement).

Foto policial de Jeffrey Epstein (2006).
Foto policial de Jeffrey Epstein (2006).
Wikimedia Commons, CC BY

Este escenario nos sitúa ante un interrogante ineludible: ¿puede una determinada forma de entender al ser humano contribuir a erosionar o eliminar los límites morales que lo protegen? Más concretamente, ¿hasta qué punto la cosmovisión transhumanista de Epstein pudo haber funcionado como marco legitimador de su conducta?

Según un artículo del New York Times publicado en 2019, Epstein mostró durante años una recurrente fascinación por el transhumanismo, entendido como el intento de mejorar la especie humana “mediante tecnologías como la ingeniería genética o la inteligencia artificial”. No se trataba de una curiosidad superficial: invirtió millones de dólares en investigación sobre la dinámica evolutiva, la cognición como computación, el moldeamiento de la conducta, las tecnologías de rejuvenecimiento y superlongevidad, y las interfaces hombre-máquina.

Entre 1998 y 2008, el magnate pederasta donó más de 9 millones de dólares a la Universidad de Harvard, incluyendo financiación clave para el Programa de Dinámica Evolutiva, según explica un informe reciente publicado en Nature. También donó, entre 2002 y 2017, más de 7,5 millones de dólares al MIT Media Lab –que investiga en muchas áreas muy distintas, una de ellas, cómo alargar la vida humana– y apoyó a organizaciones como Humanity+ (antes Asociación Transhumanista Mundial) y a investigadores vinculados al movimiento transhumanista.

A diferencia de la filantropía orientada a la búsqueda de estatus, reconocimiento social o expansión del prestigio personal, Epstein hacía sus donaciones muy discretamente y, en ocasiones, de manera completamente anónima.

Sus contribuciones, lejos de dispersarse, se concentraban en áreas científicas convergentes y con un perfil inequívocamente transhumanista. A esta estrategia de financiación se suman algunos proyectos personales que permiten vislumbrar con mayor claridad su visión del ser humano.

Una raza humana superior

En efecto, Epstein expresó su intención de utilizar su rancho de Nuevo México (una mansión de 3 000 hectáreas) como base para experimentos genéticos, incluyendo un plan para inseminar simultáneamente a veinte mujeres y “sembrar la raza humana” con su ADN. Se creía poseedor de una genética privilegiada y superior, según revelaba el citado artículo del New York Times.

También se interesó por la creación de un repositorio de material genético (Repository for Germinal Choice) de premios Nobel y por la criónica (congelación de cuerpos o cerebros humanos a temperaturas extremadamente bajas inmediatamente después de la muerte legal, con la esperanza de que la tecnología futura pueda reanimarlos), como modo de recuperar y prolongar la vida tras la muerte.

Asimismo, según relata el psicólogo Steven Pinker, Epstein criticó los esfuerzos por combatir el hambre y mejorar la asistencia sanitaria a los pobres argumentando que ello incrementaba el riesgo de superpoblación. Esa visión delata una transición peligrosa hacia la subordinación de la vida humana a criterios de eficiencia técnico-instrumental.

El ser humano como objeto

La cuestión no es, por supuesto, que el transhumanismo conduzca necesariamente a comportamientos criminales. Se trata de una corriente heterogénea con propuestas que van desde posiciones moderadas hasta planteamientos muy radicalizados. Sin embargo, en sus versiones más extremas, introduce la idea potencialmente problemática de que el ser humano, entendido como objeto de mejora, es susceptible de ser diseñado, modificado y, por tanto, manipulado.

Cuando esta lógica es llevada hasta sus últimas consecuencias, el riesgo no es solo técnico, sino antropológico y ético. El mejoramiento biotecnológico puede acabar funcionando como un criterio dominante que condiciona la manera de percibir y tratar a los demás.

Desde esta óptica, el otro ya no es considerado como un fin en sí mismo –dotado de una dignidad que le es inherente–, sino como herramienta u objeto técnico-artificial maleable y, eventualmente, descartable.

Este tipo de racionalidad centrada en el cálculo, la eficiencia y el control, fue analizada críticamente por pensadores como Aldous Huxley, Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, y Herbert Marcuse. Dichos autores sostienen que, cuando ese modelo de racionalidad instrumental o técnica se absolutiza, puede terminar legitimando la subordinación de unas personas a los intereses de otras y desembocar en una ideología tecnocrática y totalitaria que no mira costos humanos.

Peligros de la eugenesia

Con todo, situar los hechos en este contexto ideológico no excluye la necesidad de cautela. Resulta fundamental no incurrir en reduccionismos, pues un caso como el de Epstein difícilmente puede explicarse mediante una sola causa. Factores de orden político, psicológico, social o biográfico pudieron haber desempeñado un papel decisivo en la configuración de su conducta.

Sin embargo, reconocer esta complejidad no impide señalar que determinados marcos de pensamiento pueden contribuir a imaginar –e, incluso, justificar– ciertas prácticas. Las denuncias contra Epstein y sus adláteres no describen únicamente delitos aislados de carácter sexual, sino la existencia de una estructura organizada en la que mujeres y niñas eran tratadas como recursos intercambiables, sometidas a una lógica de uso, selección y descarte.

Sin establecer una relación causal directa, la inquietante convergencia entre esta praxis y una concepción del ser humano como objeto de “mejora” invita, al menos, a una reflexión crítica.

El fenómeno Epstein deja, en este sentido, una advertencia: cuando la racionalidad instrumental se impone como criterio dominante para determinar el valor y el destino de las personas, se abre paso a su cosificación y, en consecuencia, a la legitimación de prácticas que atentan contra su dignidad.

The Conversation

Leandro Gaitán Mántaras no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el transhumanismo se convierte en eugenesia: el caso de Jeffrey Epstein – https://theconversation.com/cuando-el-transhumanismo-se-convierte-en-eugenesia-el-caso-de-jeffrey-epstein-281035

Enseñar la medicina a través del arte: la escultura anatómica en la universidad española

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Chloe Sharpe, Profesora e investigadora en Historia del Arte., UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Modelo que pertenece a una serie de cuatro piezas que muestran un parto. Escayola policromada, c.1863-78, de Juan Samsó. Museo de la Historia de la Medicina de Cataluña.

Imagine una persona que siente que le ha salido un bulto en el costado. Va al médico, angustiada, y este, al palpar, dice: “Eso no es un bulto, es una costilla flotante”. La anécdota es simpática para contar en la sobremesa (y bromear sobre la posible hipocondría del aludido) porque ha sido fácil para el especialista detectar el problema y tranquilizar al paciente. Sin embargo, esta sabiduría, que damos por hecha, se ha adquirido con el tiempo. Después de todo, esperamos que los médicos que nos diagnostican, tratan y operan hayan adquirido un profundo conocimiento del cuerpo humano y sus enfermedades.

Pero no siempre ha sido fácil acceder a ese aprendizaje. Antes de internet, del vídeo e incluso de la fotografía en color, ¿cómo se formaba esa experiencia? En cierto sentido… con arte.

Escultores para formar a médicos

Junto a las disecciones, los modelos anatómicos desempeñaron un papel fundamental en la enseñanza de la medicina: reproducían con gran fidelidad –en tres dimensiones, en color y a escala natural– el cuerpo humano y sus patologías.

Anfiteatro y colección de modelos anatómicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid
Anfiteatro y colección de modelos anatómicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, postal, fotografía de Hauser y Menet, c. 1916.
Fundación Joaquín Díaz/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Durante los siglos XVIII y XIX fue habitual que las instituciones médicas reunieran colecciones anatómicas destinadas a museos didácticos. En España, esta práctica se formalizó mediante un Real Decreto de 1862, que obligó a las siete universidades –ocho a partir de 1876– a crear plazas públicas de escultores anatómicos y sus asistentes, encargados de producir estas piezas.

Sin embargo, pese a ser durante más de un siglo los únicos escultores con puesto estable en la universidad, su trabajo fue poco valorado y hoy permanece casi olvidado.

Los museos anatómicos creados en España en el siglo XVIII, vinculados a los reales colegios de cirugía, se inspiraron en modelos italianos como La Specola de Florencia, con sus célebres figuras en cera de Clemente Susini. Estas piezas privilegiaban la anatomía de un cuerpo a menudo idealizado y, en el caso de las venus anatómicas, con una dimensión erótica dirigida al espectador masculino.

Venus anatómica.
Venus anatómica hecha por Clemente Susini, cera, 1780-1782.
Museo di Palazzo Poggi, Bologna/Wikimedia Commons, CC BY

Con el fortalecimiento de las facultades de Medicina y sus museos, este enfoque cambió ligeramente. A mediados del siglo XIX, se consolidaron los conceptos binarios de subjetividad y objetividad y este último se convirtió en el ideal de la práctica médica; el realismo pasó a ser su principal aliado. En ese contexto, la escultura anatómica se orientó hacia la representación directa de la enfermedad, abarcando desde las patologías más comunes hasta las más excepcionales. Paralelamente, la cera fue sustituida progresivamente por la escayola, más económica y resistente.

Profesionales entre arte y medicina

El acceso a una plaza de escultor anatómico exigía una doble formación, artística y anatómica, y tribunales mixtos de Bellas Artes y Medicina. Era un perfil difícil de sostener en un puesto poco reconocido y mal remunerado. Como lamentaba el doctor Ángel Pulido en 1883, quien lo ocupaba “renuncia a ser pintor, escultor y médico, para convertirse en un ser híbrido, mezcla de todo a la vez” sin el prestigio ni de unos ni de otros.

Aun así, la precariedad del mundo artístico llevó a numerosos escultores a trabajar en facultades de Medicina. Muchos de ellos llegaron a destacar en el ámbito artístico, con premios en las exposiciones nacionales de Bellas Artes, obra adquirida por el Estado y presencia en museos como el Prado o el Museo Nacional de Arte de Cataluña, además de encargos para monumentos públicos. Sus nombres aparecen en archivos universitarios y, ocasionalmente, en las firmas de las piezas conservadas.

Así, el archivo de la Universidad Complutense de Madrid revela la presencia en la facultad madrileña de reconocidos escultores como Maximino Sala, Miguel de la Cruz, José Ortells o José Pérez (“Peresejo”). A ellos se suman artistas vinculados a Santiago de Compostela, como Juan Sanmartín y Francisco Asorey, o a Granada, con Francisco Morales. El caso más destacado es Barcelona, donde trabajaron Juan Samsó, Rosendo Nobas, Torquato Tasso, Dionisio Renart y Enric Monjo.

Sin embargo, esta faceta anatómica apenas figura en sus biografías, al considerarse marginal respecto al “verdadero” arte. Es el caso de Samsó, activo en la Facultad de Barcelona entre 1863 y 1878, que compaginó la producción de modelos anatómicos –tumores, malformaciones y partos– con una exitosa participación en exposiciones nacionales.

Nobas, su sucesor, creó La Cuádriga de la Aurora, un gran monumento publico bañado en oro, mientras fabricaba series en yeso pintado que mostraban el antes, durante y después de operaciones quirúrgicas. También dejó un singular testimonio del cruce entre arte y medicina en la sepultura de mármol del anatomista Jaime Farreras Framis. En ella, un esqueleto envuelto en un sudario aparece con un realismo sobrecogedor.

Escultura de un esqueleto cubierto con una tela.
Escultura de la tumba del doctor Jaime Farreras Framis realizada por Rosendo Nobas en mármol en torno a 1887.
Cementerio de Montjuïc, Barcelona/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Patrimonio olvidado

Basta con ojear los inventarios de los museos anatómicos del siglo XIX para comprobar que la mayor parte de las piezas se ha perdido, por extravío, deterioro o destrucción. Aunque el patrimonio conservado ha quedado, en general, en manos de las universidades, la mayoría de estos museos han sido desmantelados. Entre todos ellos, destaca el Museo de Anatomía Javier Puerta como un caso excepcional de supervivencia.

En Barcelona, las piezas conservadas acabaron en el Museo de la Historia de la Medicina de Cataluña, donde permanecen casi inaccesibles al público. El cierre inminente del Museo Olavide de modelos dermatológicos pone de manifiesto la fragilidad de este patrimonio.

Se trata, sin embargo, de un legado esencial para comprender cómo se concebían el cuerpo y la enfermedad en el siglo XIX. Y también, y no es menos importante, para completar la historia de la escultura en España.


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The Conversation

Chloe Sharpe no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Enseñar la medicina a través del arte: la escultura anatómica en la universidad española – https://theconversation.com/ensenar-la-medicina-a-traves-del-arte-la-escultura-anatomica-en-la-universidad-espanola-277109

Global supply chains cause environmental harm, but they can help repair it too

Source: The Conversation – Canada – By Minelle Silva, Professor in Supply Chain Sustainability, University of Manitoba

The COVID-19 pandemic drew attention to how central supply chains are to the global economy. It also exposed the human rights abuses that can occur up and down supply chains before goods arrive in our hands.

By contrast, the environmental impacts of supply chains and the disproportionate burdens they place on the world’s most vulnerable people have been overshadowed in public debate.

Some observers assert these impacts rise to the level of environmental injustice – situations in which supply chains actively harm people, communities and the environment. They argue that the companies managing supply chains should be held responsible for reversing these effects.

When supply chains move beyond traditional markers of performance — efficiency, flexibility and responsiveness — to consider the benefits and harms of their activities, they can become environmentally just. Such supply chains distribute environmental benefits (such as clean air, water or access to land) more fairly while ensuring all stakeholders are included in decision-making.

In our recent research study, my colleagues and I argue that environmental justice should be treated as a core concept of sustainable supply chain management. We identify three pathways that offer practical entry points for businesses and other organizations seeking to address environmental injustice within supply chains.

Expanding due diligence

The first pathway involves incorporating environmental justice into human rights due diligence, the process businesses use to identify and address harms. Due diligence includes identifying and assessing potential harms, taking action, monitoring outcomes and being transparent about how harms are addressed.

While some businesses typically focus on their human rights impacts, they can go further. Environmental justice is closely linked to violence against environmental rights defenders, such as Indigenous land defenders or community activists, who face disproportionate environmental harms and risks and organize to resist them.

Businesses should therefore make public commitments to respect environmental rights defenders, disclose how they assess and act on those commitments, and implement mechanisms for redress if violations occur.

At the global level, the United Nations Environment Programme has recently developed guidelines for conducting human rights due diligence with an environmental perspective to aid businesses in these efforts.

In Europe, the European Union’s Corporate Sustainability Due Diligence Directive now requires companies to conduct human rights and environmental due diligence across their operations and supply chains. While due diligence has been seen as a way to target international human rights, its effectiveness still relies on how well it’s implemented across different types of supply chains.

Some companies have begun to move in this direction. Coca-Cola, for example, has adopted a zero-tolerance policy on traditional and Indigenous land grabs — a major driver of environmental injustice — within their supply chains, with third-party monitoring.

Similarly, Shell, Kellogg’s and Rio Tinto have all incorporated respect for environmental rights defenders in their human rights policies. Canadian firms, too, have faced growing pressure to adopt similar approaches, though such measures are not yet mandatory.

Building resilient supply chains

The second approach is to incorporate resilience thinking into supply chain strategies to restore and regenerate the communities and environments damaged by supply chain activities.

Resilience thinking suggests that small-scale changes can lead to larger-scale transformations. This perspective is particularly important in the context of climate change.

Greenhouse gas emissions generated along supply chains can remain in the atmosphere for hundreds, if not thousands, of years. Simply reducing emissions is not enough. To achieve climate justice, carbon dioxide must be removed from the atmosphere.

Resilience-focused supply chains can contribute by integrating technologies that remove carbon dioxide from the atmosphere into their operations, such as capturing carbon and storing it within soil or carbonate minerals like limestone in oceans.

Firms in industrialized nations, which are responsible for a disproportionate share of emissions, should be the first to implement these strategies in their supply chains and to finance their adoption in poorer countries.

Such measures can help reduce environmental harms, more equitably distribute environmental benefits and increase the resilience of people and the environments they depend on.

Working with affected communities

The third pathway is to work directly with stakeholders to build fairer supply chains. Environmental harm is rarely caused by just one step in a supply chain, so fixing it requires people working together.

Collaborative initiatives can help by bringing together businesses (sometimes competitors), community representatives, policymakers and civil society organizations.

These collaborations pool resources to tackle issues like human rights abuses, deforestation, climate change and biodiversity loss. However, they are only effective if they place community and environmental concerns ahead of short-term business interests and embrace diverse forms of knowledge, as some mining companies in Australia have begun to do.

It’s only when the communities affected by environmental injustice participate in redress that environmentally just supply chains can have lasting, positive effects.

From sustainability to justice

Business responses to the environmental crisis will remain limited until environmental justice is fully incorporated into supply chain sustainability strategies.

Without this shift, efforts to improve sustainability risk overlooking how environmental harms and benefits are unevenly distributed across communities.

To meaningfully transform supply chains into mechanisms of lasting environmental justice, managers must adopt these three pathways.

When those responsible for the greatest harms to the world’s most vulnerable communities take meaningful action to address them, then they can start to reshape communities, businesses and the world for the better.

Marina Dantas de Figueiredo, academic co-ordinator at CESAR School, co-authored this article.

The Conversation

The authors do not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and have disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Global supply chains cause environmental harm, but they can help repair it too – https://theconversation.com/global-supply-chains-cause-environmental-harm-but-they-can-help-repair-it-too-278157

Asha Bhosle: the bad sister whose singing opened up a world of queer possibility for me

Source: The Conversation – UK – By Priyal Chitale, CHASE AHRC Doctoral Researcher and PhD student in the Department of Music, SOAS, University of London

Asha Bhosle, the last surviving singing legend of the golden era of Hindi cinema, has died at 92. She debuted in the industry shortly after Indian independence in the late 1940s and is now widely considered the best-known singer in India, with more than 12,000 songs to her name. Over the course of a long and prolific career, she demonstrated extraordinary enthusiasm for reinvention, and a range and versatility that still remain unmatched.

Fans of Bhosle found joy in her singing and intrigue in her tumultuous love life. She was often associated with the trope of the fallen woman in the public imagination and pitted against her singing elder sister, Lata Mangeshkar, who famously did her best to steer clear of “vulgar” songs and was seen to embody piety, modesty, and self-sacrifice.

The painting of Mangeshkar’s good sister to Bhosle’s bad reflected the distinct categorisation of female characters as either submissive women of virtue or self-serving women of vice, which prevailed in Hindi cinema well into the 1980s. This was mapped onto the singing voices of the sisters by music directors. For instance, Anil Biswas, the pioneer of playback singing, quipped that “Asha has body while Lata has soul”.

However, it was precisely this penchant for breaking the rigid bonds and boundaries of acceptable femininity that always drew me, as it did many other queer south Asian misfits, to Bhosle’s songs.

Possibility and Plenitude

Bhosle belonged to the first generation of star playback singers. These were singers who record songs for actors to lip synch over in films – a common practice in south Asian cinema. Although she was behind the scenes, the quality of her singing made her, in many cases, more famous than the actors who mimed along to her voice.

The hundreds of songs Bhosle sang in the voice of “the other woman” moved sapphic (women and non-binary people who are attracted to women) listeners like me not because they were literally addressed to women, but because they gave voice to women whom Hindi cinema often treated as excessive, dangerous or disposable.

The actors who lip-synched her pre-recorded vocals on screen were frequently women who stood just outside the moral centre of the film: cabaret dancers, courtesans, mistresses, club performers and women whose desire was too intense to be easily domesticated. In their films, such women were often punished, abandoned or contained. In Bhosle’s voice, however, they became vivid, thinking, feeling subjects.

This is why Aao Huzoor Tumko from romantic thriller Kismat (1968) is so revealing. Sung by Bhosle, composed by O.P. Nayyar and written by Noor Devasi, the song is an invitation into intoxicated romance during a seduction scene in the film. Its refrain may be translated as: “Come, my lord, let me take you among the stars; let me take you into such springtime that your heart begins to sway.”

The actor Babita Kapoor performs the song on screen for her beloved, who is played by the debonair Biswajit Chatterjee. But what I hear in Bhosle’s performance is not simply a woman offering herself to a man. I hear a woman luxuriating in the textures of her own desire.

Bhosle laughs, hiccups, sighs and croons languorously through the song. These are not merely ornamental flourishes, but also small acts of vocal acting: ways of turning a film song into a miniature performance of mood, body and selfhood.

When she lingers on the word “mein” (“in” or “into” ) in phrases such as “sitaron mein le chalun” (“let me take you among the stars”), “baharon mein le chalun” (“let me take you into springtime”) and “hazaaron mein le chalun” (“let me take you among thousands”), she makes each repetition feel slightly different. She carefully infuses each “mein” with a distinctive flavour of longing, turning an intoxicated declaration of desire into an intoxicating invitation into female interiority.

For me, the space of this song was never only straight. The song invited me into an elsewhere: into stars, springtime, crowds, intoxication, laughter and the strange privacy of a woman’s pleasure. It allowed me to imagine desire not as shame, sin, or plot device, but as atmosphere. This is what Bhosle so often made possible: the reimagining of a spectacle of seduction as a scene of emotional complexity.

Poster for Kismat 1968.
Asha Bhosle recorded songs for Kismat (1968)
Wikimedia, CC BY

Bhosle herself seemed to understand the power of such performances. In later years, when asked to name her favourite actor to sing for, she chose Helen, who appeared in countless films as a dancer. She remembered Helen as so beautiful that she would stop singing when she entered the room, and joked that, had she been a man, she would have eloped with her.

To me, this felt like a gift to queer women: not because the remark makes Bhosle queer in any simple biographical sense, but because it acknowledged the force of female beauty, female performance and female fascination without embarrassment.

Bhosle did not merely sing women who desired men. She made female desire itself sound artful and alive: playful, pensive, hungry, theatrical, contradictory. In her voice, levity became a mode of serious identity construction, melancholy a means of knowing, and seduction something more than a narrative device designed to punish the woman who performed it. Time and again, she made room for coyness, brazenness, restlessness, satisfaction, anger and hunger to coexist within the same sonic space.

If the pure and pious heroines of Hindi cinema were often permitted only dignity and devotion, Bhosle’s women were granted appetite, ambivalence and ambition. Her singing offered us possibility and plenitude: complex ways of feeling, sensing and relating to love and life that the moral world of Hindi cinema could neither name nor contain.

Her singing was often sinuous and sensuous, and deliberately so, but it was also playful, pensive and passionate in equal measure. She embraced and enlivened the full spectrum of femininity, and rendered women profoundly, excitingly and almost achingly human in ways that were often unthinkable in the narratives that her songs animated. For me, she will always be the greater sister.

The Conversation

Priyal Chitale does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Asha Bhosle: the bad sister whose singing opened up a world of queer possibility for me – https://theconversation.com/asha-bhosle-the-bad-sister-whose-singing-opened-up-a-world-of-queer-possibility-for-me-281215

Romeo and Juliet: a ‘Sliding Doors’ production that plays with time to explore what might have been

Source: The Conversation – UK – By Will Shüler, Vice-Dean of Education and Senior Lecturer, School of Performing and Digital Arts, Royal Holloway, University of London

Structurally, Romeo and Juliet is almost a Shakespearean comedy. The Bard’s comic plays tend to turn the world upside down and then neatly restore the social order, usually by means of marriage.

The world of Romeo and Juliet is turned upside down when two adolescents from warring families fall in love, and the world is set right when the families are united in marriage. But then there are three more acts and the plot veers towards tragedy, tallying six deaths by its end.

Robert Icke’s new production of Romeo and Juliet at the Harold Pinter Theatre thoughtfully interrogates the play’s structure by introducing moments of might-have-been throughout. Starring Noah Jupe (Hamnet) and Sadie Sink (Stranger Things) in the respective titular roles, Icke offers glimpses of how the story might have unfolded differently, in a kind of Sliding Doors version of the play.

Early in the production, Lord Capulet (Clark Gregg) gives the invitation list for his party to the Nurse (Clare Perkins). Then time freezes, we move backwards, and Capulet hands the note instead to an illiterate servant, who bumps into Romeo on the street and asks for his help reading it. Romeo learns of the party and decides to attend in order to see his current crush, Rosaline. Had the Nurse been given the task, she would never have needed help reading the list and Romeo would never have met Juliet.

In this way, the production is riddled with tiny moments that could have altered the plot’s trajectory away from tragedy. In doing so, we get to see alternate universes that make up a multiverse. The multiverse has been a regular device in recent popular storytelling, from the Marvel Cinematic Universe to the adult cartoon Rick and Morty.

Plays like Nick Payne’s Constellations, which had a West End revival in 2021, stage a multiverse by showing how the same scene between two characters might have happened in several different ways, across an infinite number of timelines.

I have written about theatrical multiverses, demonstrating that they offer the audience space to reflect upon how things might have gone differently in their own worlds. In 2021, just after the third UK Covid lockdown, the audience of Constellations was likely attuned to contemplating a world in which they did not expect to find themselves.

With the tumultuous state of the world, it can sometimes feel like we are living in the wrong timeline. The popularity of multiverse stories may seen as ways of reconciling living in our own world, that often feels as if it has been turned upside down.

Romeo and Juliet’s multiverse

As Daniel Swift’s programme note attests, Romeo and Juliet is very much about time. The plot is compressed into five days and it includes more references to days of the week, hours and minutes than any of Shakespeare’s other works. This preoccupation with time is emphasised by Hildegard Bechtler’s set design, which includes two moving panels with illuminated clocks, presenting the precise time and date in fair Verona.

Along with helping the audience understand when we see alternate timelines, the constant reminder of time allows us to reflect on just how quickly things escalate for Romeo and Juliet.

The lovers marry within hours of meeting each other and Romeo is already banished in Mantua before they’ve been wedded for a full day. In this way, the clock points to the youthful haste which creates so much waste. This theme is developed in the emphasis on how quickly Lady Capulet (Eden Epstein) was was made a wife and mother (younger than Juliet, and based on the text she could be as young as 26). This comes through in her subtle portrayal of depression at the thought of lost youth and cowardice in the face of her much older husband.

Jupe’s performance is standout. He is able to capture a contemporary take on the lines without losing any of their rhythm and poetry. This is in contrast to Sink, whose staccato delivery and frequent line breaks (perhaps emphasised by the American accent) jar against the poetry.

Kasper Hilton-Hille’s Mercutio – Romeo’s closest confidant – is a convincingly arrogant scamp. Throughout the production he is an active agent of chaos, always looking for trouble, mooning the Nurse and shaking his crotch at the fiery Tybalt (Aruna Jalloh). In fact he has been so relentlessly seeking out trouble across every timeline explored, that it is curious when in his death throes he calls down a plague on both the houses of Montague and Capulet. Surely he himself is to blame for his own demise?

My one criticism of the use of the multiverse in this production relates to the parts of the plot in which it is deployed. Often, Icke’s alternate timelines relate to chance, rather than the decisions made by the characters. For example, a drink is accidentally spilled, preventing Tybalt from attacking Romeo before he meets Juliet at the party. Or a messenger evades quarantine and delivers a letter informing Romeo that Juliet is actually still alive.

But what if it was the decisions of the characters that played out instead? For example, it would have been interesting to see Romeo not take revenge on Tybalt because he values his duty to Juliet over Mercutio. This would elevate the importance of the actions we take over the randomness of external factors. By emphasising happenstance over agency, Icke’s multiverses situate humans as flotsam on the waves of fate.

A more powerful call to action in our turbulent times would be to emphasise that it is the choices we make that can shape whether our story is a comedy or a tragedy.

Romeo and Juliet is at the Harold Pinter Theatre, London until June 20.

The Conversation

Will Shüler does not work for, consult, own shares in or receive funding from any company or organisation that would benefit from this article, and has disclosed no relevant affiliations beyond their academic appointment.

ref. Romeo and Juliet: a ‘Sliding Doors’ production that plays with time to explore what might have been – https://theconversation.com/romeo-and-juliet-a-sliding-doors-production-that-plays-with-time-to-explore-what-might-have-been-281156

A new Welsh electoral landscape puts Plaid Cymru within reach of power

Source: The Conversation – UK – By Anwen Elias, Reader in Politics, Aberystwyth University

Plaid Cymru’s electoral hopes for May’s Senedd election are high. Polls suggest the party is competing with Reform UK to emerge as the largest group in the next Welsh parliament, putting it, for the first time, within reach of leading a government in Wales.

This marks a striking shift in Plaid’s electoral fortunes. At the first election to what was then the National Assembly for Wales in 1999, the party won 28.4% of the vote. That remains its strongest performance to date in what was widely described at the time as a “quiet earthquake” in Welsh politics.

Since then, Plaid has struggled to match that breakthrough in devolved elections. From 2011 onwards it has consistently been the third-largest party in the Senedd, behind Welsh Labour – which has led every government since devolution – and the Conservatives.

Even so, the arithmetic of Welsh politics has occasionally worked in Plaid’s favour. The party entered government in coalition with Labour between 2007 and 2011, and more recently struck a co-operation agreement from 2021 to 2024. But if Plaid ends up leading a government outright after May 7, it would truly set this election apart.

Positioning itself for power

Plaid Cymru’s strategy is to present itself as a credible government-in-waiting. Its focus is less about being a party of protest and more about delivery. In other words, what it would do in office, how it would tackle Wales’s major policy challenges, and how it would represent Welsh interests at Westminster after nearly three decades of Labour dominance.

In February, the party set out its plan for its first 100 days in government. This focused on improving healthcare, raising education standards, boosting the economy and reforming government.

Alongside these priorities, its manifesto calls for further powers to be devolved to the Senedd. These include greater tax powers, justice and policing, rail services and infrastructure, and the Crown Estate, which oversees things like the sea bed and mineral rights in much of the countryside.




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Yet there has also been a noticeable change in tone on the party’s long-term constitutional aims. Our research examined how Plaid Cymru covered these issues in the 2021 Senedd election. Compared with five years ago, Welsh independence is significantly less prominent in both its current manifesto and campaign.

The timetable has softened too. There’s no longer a commitment to holding a referendum on independence in its first term of government. Instead, Plaid describes Wales as being “on a journey” to independence. It has committed to producing a policy on Welsh independence but with no referendum timeframe.

By downplaying its long-term constitutional ambitions in this way, and focusing on the more immediate policy challenges facing Wales, Plaid Cymru is approaching this Senedd election as many other pro-independence parties have done across Europe. A similar strategy helped the Scottish National Party win power in 2007 and remain in government for the next 19 years.

A ‘degradation in belief that Labour stood for Wales,’ says Plaid Cymru leader – Sky News.

From polling strength to political power

Strong polling does not guarantee power, however, and Plaid faces several obstacles. Opponents continue to highlight its commitment to independence.

Support for independence among the Welsh public remains relatively low – only 26% of respondents in a recent YouGov poll agreed that Wales should be an independent country. Plaid’s challenge is to persuade sceptical voters that this isn’t the most important issue in Wales for the next four years.




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The new electoral system also presents fresh uncertainties. This election will use a fully proportional model, with 96 members elected across 16 constituencies. Success will now depend on broad support across Wales. That’s a test for a party whose organisational strength has traditionally been concentrated in the north and west.

The new system is also likely to produce a more fragmented Senedd, with a wider range of parties represented. That could make post-election negotiations decisive, shaping who is able to lead a government and how stable it is.

The Conversation

Anwen Elias receives funding from the Economic and Social Research Council.

Elin Royles has received funding from the Economic and Social Research Council and the broader research underpinning this publication formed part of an EU Horizon2020 project

ref. A new Welsh electoral landscape puts Plaid Cymru within reach of power – https://theconversation.com/a-new-welsh-electoral-landscape-puts-plaid-cymru-within-reach-of-power-279628