Diez factores que facilitan la veloz propagación actual del ébola

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

Un trabajador sanitario examina a un niño en busca de ébola durante un brote de 2019 en la República Democrática del Congo. Vincent Tremeau/UNICEF

El ébola ha vuelto a activar las alarmas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que ha declarado la situación como una emergencia de salud pública de importancia internacional.

La velocidad inusual con la que se está propagando el virus del Ébola Bundibugyo puede ser debida a una combinación crítica de factores biológicos, logísticos y sociales. Aquí explicamos algunos de ellos.

1. Detección tardía

Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de salud declararon la emergencia a mediados de mayo, las cifras de casos sospechosos y muertes ya eran alarmantes. De ahí la sospecha de que el virus estuvo circulando semanas antes de difundirse la confirmación oficial.

El patógeno pasó desapercibido por dos razones: porque los síntomas iniciales (fiebre, dolores musculares y debilidad) pueden ser confundidos con enfermedades locales comunes como la malaria, y porque los tests rápidos de detección dieron falsos negativos. Lo segundo se explica porque esas pruebas estaban dirigidas a detectar el virus del Ébola Zaire, el que origina brotes con más frecuencia, en lugar del Ébola Bundibugyo.

2. La actividad minera es determinante

Los yacimientos auríferos de Ituri o los de coltán en Kivu del Norte y Kivu del Sur atraen a miles de trabajadores locales, comerciantes y transportistas que se desplazan constantemente. Esta actividad minera acelera la propagación del Ébola debido a la alta movilidad de los mineros hacia otras regiones y países fronterizos.

Además, el hacinamiento en asentamientos informales y la falta casi total de infraestructura de agua y saneamiento empeora la situación, ya que los campamentos mineros artesanales, y en muchas ocasiones ilegales, suelen caracterizarse por un crecimiento urbano descontrolado y densamente poblado. La falta de infraestructura básica de vivienda obliga a las personas a vivir en espacios reducidos y poco higiénicos, lo que multiplica el riesgo de transmisión por contacto directo con fluidos corporales.

3. Deforestación

La deforestación causada por la minería destruye y fragmenta el hábitat de los animales reservorios naturales del virus del Ébola, obligándolos a desplazarse hacia los márgenes de los bosques o a los asentamientos humanos en busca de alimento. Este estrechamiento del espacio compartido aumenta drásticamente las probabilidades de que un humano interactúe con los fluidos de un animal infectado.

Al mismo tiempo, la apertura de caminos forestales y el establecimiento de campamentos mineros informales o ilegales introducen a miles de personas en zonas vírgenes de la selva, creando una zona de contacto directo que dispara el riesgo de transmisión zoonótica.

4. Inseguridad y guerra

La combinación de inseguridad crónica y conflicto armado en la provincia de Ituri y otras zonas de la República Democrática del Congo, como Kivu del Norte, actúa como un catalizador perfecto para la propagación del virus. Las milicias armadas, que se financian mediante la explotación y el contrabando de minerales como el oro o el coltán, exacerban la crisis impidiendo que los equipos médicos rastreen los contactos de los contagiados, bloqueando la llegada de ayuda humanitaria y forzando incluso a la retirada de las organizaciones sanitarias. Así, un recurso económico se convierte en el motor de una catástrofe epidemiológica y humanitaria.

5. Desplazamientos y movimientos transfronterizos

Como señalábamos en el punto anterior, la provincia de Ituri ha sido el escenario en los últimos años de una intensa violencia intercomunitaria y enfrentamientos armados, que han obligado a cientos de miles de personas a huir de sus hogares. Las familias que escapan de la violencia se ven obligadas a hacinarse en campos de desplazados internos o a refugiarse en comunidades de acogida, donde aislar a los enfermos es casi imposible.

Adicionalmente, localidades como Mongbwalu, una importante zona minera rica en oro y uno de los epicentros actuales de los casos de ébola, atraen a una enorme masa de trabajadores altamente móviles. Los mineros ilegales se desplazan sin cesar entre campamentos, zonas rurales y centros urbanos, transportando el virus sin saberlo. La proximidad con Uganda y Sudán del Sur, así como la permeabilidad de las fronteras, implica un flujo diario y constante de comerciantes, transportistas y familias.

6. Desconfianza social y prácticas funerarias tradicionales

Las milicias suelen difundir teorías de conspiración entre la población local, afirmando que el ébola es un invento del Gobierno o de Occidente para exterminarlos o robarles el oro. Esto origina desconfianza hacia las instituciones y retrasa el rastreo de contactos y el aislamiento. También propicia que las comunidades escondan a los enfermos en lugar de llevarlos a los centros de salud.

La sensación de desconfianza aumenta con la súbita llegada de misiones humanitarias, que lleva a la población a percibir la enfermedad como un negocio político o una invención extranjera. Como consecuencia, las familias suelen ocultar a los enfermos, enterrar a sus muertos en la clandestinidad y rechazar con hostilidad los protocolos médicos establecidos hace unos años, vistos como profanaciones insensibles que impedían el tránsito espiritual del difunto.

Por otra parte, los ritos funerarios ancestrales, que implican lavar, vestir y abrazar el cadáver, actúan como potentes focos de contagio debido a la altísima carga viral que presentan los cuerpos tras la muerte.

Para intentar cambiar esta situación, las autoridades sanitarias han implementado una estrategia de “Entierros Dignos y Seguros”, que permiten la observación del rostro y el acompañamiento religioso a distancia. Así se demuestra que la empatía cultural y la participación comunitaria son tan indispensables como las vacunas para contener una epidemia.

7. El papel de la orografía

La orografía accidentada y selvática de la provincia de Ituri es un factor determinante indirecto en la propagación del ébola, ya que aísla a las comunidades rurales y dificulta el acceso de los equipos médicos. Las carreteras, de tierra, son escasas y se vuelven intransitables con las lluvias.

Este aislamiento geográfico no frena la movilidad humana local, pero sí paraliza la respuesta médica al volver extremadamente lento y complejo el transporte de muestras biológicas, el rastreo diario de contactos y el traslado de pacientes hacia los centros de tratamiento. Es un escenario que además alimenta la desconfianza y la resistencia comunitaria ante la llegada tardía de los equipos sanitarios.

A esto hay que añadir que la especial orografía de la zona no dispersa el movimiento humano de forma homogénea en todas direcciones, sino que lo restringe y canaliza, porque obliga a las personas a transitar por pasillos geográficos y fluviales específicos. El relieve accidentado termina funcionando como una cinta transportadora que lleva el virus del Ébola directamente desde el aislamiento rural hasta las puertas de las grandes ciudades.

8. Ausencia de vacunas y tratamientos específicos

La vacuna Ervebo (rVSV-ZEBOV) ha sido el pilar fundamental para frenar los últimos brotes activos en África, mediante la “estrategia de vacunación en anillo” (administrándola a quien tiene más riesgo de infectarse). Por desgracia, esta inmunización y las terapias con anticuerpos monoclonales, mAb114 (Ansuvimab; Ebanga) y REGN-EB3 (Inmazeb), están diseñadas específicamente para el virus del Ébola Zaire; de momento, no existen vacunas y tratamientos específicos contra el Ébola Bundibugyo.

Esta circunstancia desvía el peso de la respuesta médica hacia la salud pública tradicional y el cuidado de soporte intensivo. La contención del brote pasa a depender del aislamiento temprano de los pacientes, un rastreo de contactos extremadamente riguroso, el uso estricto de equipos de protección para el personal sanitario y la implementación de entierros seguros.

9. Transmisión hospitalaria y deterioro de las infraestructuras sanitarias

Las infraestructuras sanitarias de las zonas afectadas sufren debilidades estructurales crónicas debido a la pobreza y al conflicto armado. La afluencia masiva de pacientes satura a los hospitales, que sufren una grave escasez de personal capacitado y de materiales básicos.

Han sido notificadas defunciones de trabajadores sanitarios, lo que apunta a que el virus se ha transmitido durante la atención a las personas infectadas. Al carecer de zonas de aislamiento reales, espacios para el triaje seguro y equipos de protección, los centros sanitarios pueden convertirse en focos de transmisión de la enfermedad, multiplicando los contagios entre los pacientes y el personal sanitario.

10. Ecoturismo

La recomendación de los principales organismos de salud y de los ministerios de exteriores es evitar por completo los viajes no esenciales a la región. La restricción y la drástica caída del ecoturismo –ligado, por ejemplo, a la observación de animales emblemáticos como el okapi o los gorilas de montaña– juegan un doble papel en la gestión de la crisis: la ausencia de turistas mitiga de forma inmediata los riesgos de una catástrofe epidemiológica global, pero eso priva también a la región de los recursos financieros clave para sostener la vigilancia sanitaria.

Menos personas transitando por áreas silvestres significa menos oportunidades de que ocurran nuevos eventos de zoonosis, o de que personas infectadas introduzcan el virus en poblaciones de simios no humanos, como los gorilas de montaña, algo que sería catastrófico para la supervivencia de los animales. Sin embargo, también provoca que las comunidades locales pierdan el empleo y los ingresos derivados del ecoturismo (guías, hospedaje, venta de artesanías, etc.), y que se vean obligadas a recurrir a economías de subsistencia como la minería ilegal o la caza furtiva de animales salvajes en la selva para la alimentación o comercialización local.

Dado que el manejo y consumo de carne infectada es una de las principales vías de inicio de brotes de ébola, la necesidad económica aumenta paradójicamente el riesgo de exposición al virus.

Teniendo en cuenta este escenario y la concurrencia de diversos elementos, variables o circunstancias, el riesgo para la región es elevado, y es muy probable que las cifras de casos sospechosos y fallecimientos sigan aumentando.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Diez factores que facilitan la veloz propagación actual del ébola – https://theconversation.com/diez-factores-que-facilitan-la-veloz-propagacion-actual-del-ebola-283507

¿Llegó la hora de ‘jubilar’ al test de Cooper en Educación Física?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aroa Otero Rodríguez, Investigadora en el departamento de Psicología Evolutiva y Comunicación, Universidade de Vigo

WoodysPhotos/Shutterstock

Es probable que muchos lectores recuerden haber tenido que realizar una prueba en sus clases de educación física en el instituto que era, para muchos de nosotros, temida y odiada a partes iguales: el llamado “test de Cooper”. Consiste en correr sin parar durante 12 minutos, y tomarse el pulso antes y después para compararlo.

Esta prueba, diseñada en EE UU para el ámbito militar, se usa desde 1968 para evaluar la condición física cardiorrespiratoria, es decir, la capacidad que tiene nuestro cuerpo para transportar y utilizar oxígeno mientras caminamos o corremos. Una persona con buena condición cardiorespiratoria puede correr o caminar largas distancias con menos fatiga, mientras que una persona con una baja condición puede quedarse sin aire fácilmente incluso con esfuerzos moderados.




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La condición física cardiorrespiratoria se considera un indicador clave tanto de la salud física y mental como del rendimiento académico en preadolescentes y adolescentes. Sin embargo, no está tan claro que el test de Cooper sea la mejor herramienta para predecir la condición física cardiorrespiratoria en preadolescentes y adolescentes.

En un metanálisis revisé, junto a mis colegas, veinte estudios al respecto de la idoneidad de esta prueba para adolescentes. Y he podido comprobar que las investigaciones no tienen bases sólidas: la mayoría están hechas con escasos participantes, falta preparación previa y los métodos están poco estandarizados.

Falta de precisión

Por ejemplo, casi no se ha estudiado el “error” de la prueba ni cuánto puede variar un resultado de forma natural. No se conoce con precisión cuánto puede cambiar el resultado del test de Cooper simplemente por factores normales del día a día, como el cansancio, la motivación, el clima o el estado físico momentáneo de la persona. Por ello, resulta difícil saber si una mejora en el resultado se debe realmente a un aumento de la condición física o simplemente a una variación normal de la prueba. Tampoco existen pautas claras sobre cómo puede una persona mejorar su rendimiento en la prueba.

Aunque medir pulsaciones antes y después de correr 12 minutos sí que nos da información sobre la capacidad aeróbica (la capacidad de nuestro cuerpo para usar oxígeno al hacer ejercicio), no permite hacer predicciones exactas de la condición física real como la medida en un laboratorio.




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Además, existen otros factores que tienen un impacto en sus resultados y que no están relacionados con la salud cardiorrespiratoria. Por ejemplo, algo muy determinante en adolescentes: la motivación. En el contexto de una clase de educación física y ante todo el resto de compañeros muchos adolescentes pueden no esforzarse al máximo. En cuanto a niños menores de 12 años, ni siquiera hay estudios que determinen su idoneidad.

Alternativas más eficientes

Existen otras alternativas al test de Cooper para evaluar la capacidad cardiorrespiratoria de forma más adecuada según la edad o el nivel de condición física. Por ejemplo, el test Course Navette: una prueba de carrera de ida y vuelta de 20 metros al ritmo de señales sonoras que aumentan progresivamente la velocidad.

O la batería de pruebas ALPHA-Fitness, validadas en el ámbito europeo y diseñadas para contextos escolares, que incluye el test de 20 metros y otros indicadores de salud física. Para personas con menor condición física o en etapas preadolescentes, el test de Rockport o test de la milla (caminar 1 609 km lo más rápido posible) representa una opción menos exigente y más segura, ya que no requiere esfuerzos máximos.

¿Cuál es su utilidad?

Pero ¿para qué sirve determinar el nivel de resistencia o la salud cardiorrespiratoria en la clase de Educación Física?

Los resultados de este tipo de pruebas no son, lógicamente, evaluables en el sentido tradicional. La resistencia y su mejora depende de factores como el descanso, la alimentación, el nivel de actividad física diaria, la genética o la motivación hacia el ejercicio.

La evaluación debería valorar otros aspectos igual o más importantes que la resistencia o la condición cardiorrespiratoria: la participación, la constancia, la actitud, el interés por mejorar o el progreso individual respecto al punto de partida. No se trata de premiar solo al alumnado con mejores capacidades físicas, sino de promover una relación positiva y saludable con la actividad física.

Impacto sobre la salud

Usar el nivel de resistencia como referencia de partida permite ajustar las actividades y la programación no solo según el curso, sino según el alumno o alumna en cuestión. Por ejemplo, si se organizan juegos de equipo, relevos o circuitos, se debería ajustar el nivel de exigencia según el resultado del test.

Poner a un grupo de adolescentes a correr durante 12 minutos sin preparación previa ni continuidad posterior tiene un impacto muy limitado sobre la salud. Una única prueba no mejora la resistencia ni crea hábitos saludables por sí sola.

Para que exista un beneficio real, este tipo de actividades debería formar parte de un trabajo continuado, adaptado a la edad y acompañado de una explicación sobre por qué el ejercicio físico es importante para la salud y el bienestar.

The Conversation

Aroa Otero Rodríguez es miembro de Partido Popular.

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Las toallitas: suaves para la piel, tóxicas para el ambiente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Rodríguez-Chueca, Profesor Titular de Universidad, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Marmar studio/Shutterstock

Cada día, se retiran toneladas de residuos sólidos de bombas, colectores y estaciones de tratamiento de aguas residuales. Una parte importante de esta basura está formada por toallitas húmedas. Lo que para millones de personas es un simple gesto cotidiano, tirarlas por el inodoro, se ha convertido en uno de los grandes problemas invisibles del saneamiento urbano.

En conjunto, el impacto económico de las toallitas húmedas en España supera los 230 millones de euros al año. Solo el Canal de Isabel II retira en la Comunidad de Madrid más de 30 000 toneladas anuales de residuos sólidos, con un coste cercano a los 13 millones de euros. Pero el problema no termina en las alcantarillas: muchas de estas toallitas acaban llegando a ríos y mares a través de vertidos y desbordamientos, dejando imágenes cada vez más frecuentes en riberas y playas, lo que genera un impacto considerable sobre la fauna.

Los hitos de la higiene personal

El papel higiénico es un producto tan cotidiano que apenas pensamos en él, salvo cuando escasea en situaciones excepcionales, como ocurrió durante la pandemia de covid-19. Sin embargo, su aparición supuso una auténtica revolución en la higiene personal y en la vida urbana moderna.

Antes de su expansión, la población utilizaba lo que tenía más a mano: hojas, paja, trapos, periódicos, esponjas o, simplemente, agua. El papel higiénico industrial comenzó a comercializarse a mediados del siglo XIX, popularizándose en el siglo XX con la llegada de los baños interiores y las redes modernas de alcantarillado. Este hecho transformó hábitos cotidianos, infraestructuras urbanas y estándares de higiene.

Su éxito no se debía únicamente a la comodidad. La verdadera innovación estaba en el comportamiento del material. El papel higiénico debía ser lo suficientemente resistente para usarse, pero también lo bastante frágil para deshacerse rápidamente al entrar en contacto con el agua. El saneamiento moderno se construyó, en parte, sobre esa fragilidad deliberada.

Aquella revolución también tuvo costes ambientales importantes asociados al consumo masivo de papel, agua y recursos forestales. Pero, a diferencia de otros productos higiénicos posteriores, el papel higiénico estaba diseñado para integrarse razonablemente bien en las infraestructuras de saneamiento.




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¿La segunda revolución higiénica?

Las toallitas húmedas aparecieron comercialmente a finales de los años cincuenta. En un primer momento se utilizaron para la limpieza de manos en restaurantes o durante viajes. Posteriormente, se popularizaron para la higiene infantil. Y ya en las primeras décadas del siglo XXI, comenzaron a comercializarse de forma masiva para uso adulto en el baño.

Las toallitas tomaron el relevo del papel higiénico por un dechado de virtudes: suavidad, limpieza, frescura y cuidado de la piel. La publicidad las presentó como una evolución más cómoda y sofisticada de la higiene cotidiana. Sin embargo, no heredaban el comportamiento material del papel higiénico, y ahí reside gran parte del problema.

Las toallitas no desaparecen

Aunque las primeras generaciones de toallitas húmedas incorporaban una proporción importante de fibras sintéticas, actualmente muchas están fabricadas con viscosa, pulpa de celulosa o algodón. Se trata de materiales potencialmente biodegradables, pero biodegradable no significa necesariamente “desintegrable” en condiciones reales del saneamiento urbano.

La clave está en el diseño. Mientras que el papel higiénico está pensado para perder resistencia rápidamente en contacto con el agua, las toallitas están diseñadas justo para lo contrario: mantener su integridad mientras se utilizan. Deben resistir humedad y fricción sin romperse.

En el hogar esto suele pasar desapercibido. La toallita desaparece aparentemente sin problemas al tirar de la cisterna. Pero durante su recorrido por tuberías y colectores, esa mayor resistencia mecánica favorece que se enreden con otras fibras y residuos, formando acumulaciones que terminan provocando averías y atascos.

Además, incluso cuando están fabricadas con fibras vegetales, su degradación ambiental puede prolongarse durante años. En condiciones secas, algunas pueden tardar décadas en descomponerse completamente, frente a los pocos meses que suele necesitar el papel higiénico.

El impacto económico es enorme. En España, el mantenimiento y limpieza asociados a este problema cuestan cientos de millones de euros cada año. Pero además, muchas toallitas terminan llegando a ríos y mares, donde pueden ser ingeridas por fauna acuática o acumularse en las riberas convirtiéndose en un residuo visible y persistente.

La paradoja dermatológica

La popularidad de las toallitas húmedas se apoya en una idea muy concreta: son más suaves y cuidadosas con la piel que el papel higiénico convencional. Y, en parte, es cierto. La humedad reduce la fricción y puede resultar beneficiosa en situaciones puntuales, como irritaciones o determinadas afecciones dermatológicas.

Sin embargo, eso no significa que su uso intensivo esté exento de riesgos. Muchas toallitas contienen conservantes, fragancias, tensoactivos, lociones o compuestos antibacterianos que pueden alterar la barrera cutánea o provocar dermatitis y alergias en personas sensibles.

Por ello, numerosos dermatólogos recomiendan moderación, especialmente con productos perfumados o destinados a un uso muy frecuente. La sensación de frescura o limpieza absoluta no siempre equivale a una mejora real para la salud de la piel.




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La lógica del usar y tirar

Las toallitas húmedas no son una anomalía. Son el resultado lógico de una sociedad acostumbrada a la comodidad del usar y tirar. Del mismo modo que ocurre con pañales, compresas, cápsulas monodosis o numerosos productos desechables, la comodidad inmediata suele ocultar costes ambientales e infraestructurales que permanecen fuera de la vista del consumidos.

En España, la normativa prohíbe arrojar estos productos al inodoro, incluso cuando algunos se comercializan como “desechables por el váter”. Su destino correcto es el contenedor de la fracción resto. Además, en los últimos años se han endurecido las obligaciones de etiquetado y se han multiplicado las campañas de concienciación impulsadas por administraciones públicas y empresas gestoras del agua.

Sin embargo, el problema persiste. En parte, porque existe una contradicción difícil de resolver: el valor comercial de las toallitas reside precisamente en aquello que las hace problemáticas para el saneamiento. Son resistentes, duraderas y eficaces mientras están mojadas.

Quizá el futuro de la higiene pase por soluciones distintas, desde productos realmente desintegrables hasta tecnologías ya habituales en otros países como los inodoros con agua integrados en muchos hogares japoneses. Tal vez, esa sea la tercera revolución higiénica.

Mientras tanto, el reto sigue siendo el mismo: entender que incluso los gestos más cotidianos tienen consecuencias materiales. Y que aquello que desaparece de nuestra vista no desaparece necesariamente del entorno.

The Conversation

Jorge Rodríguez-Chueca recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades para la financiación de proyectos de investigación relacionados con el tratamiento de las aguas.

ref. Las toallitas: suaves para la piel, tóxicas para el ambiente – https://theconversation.com/las-toallitas-suaves-para-la-piel-toxicas-para-el-ambiente-282679

¿Estamos a las puertas de un fenómeno El Niño muy intenso? Estos podrían ser sus efectos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Martín Vide, Catedrático de Geografía Física, Universitat de Barcelona

El desbordamiento de un río causado por las fuertes lluvias del fenómeno de El Niño destruyó hogares y vías ferroviarias en el distrito de Chaclacayo, Lima, Perú, el 19 de marzo de 2017. Joseph Moreno M/Shutterstock

El Niño es un fenómeno climático recurrente con efectos en todo el planeta, con una fase fría (denominada La Niña), una neutra y una cálida (El Niño, propiamente). En la primavera boreal de 2026 estamos en una fase neutra, tras una Niña no muy pronunciada, pero los modelos de predicción a unos meses vista nos anuncian, con alta probabilidad, que a mediados de año entraremos en una fase Niño. Este Niño podría convertirse hacia finales de año en uno muy intenso. Se ha llegado a hablar, expresivamente, de un super-El Niño. Pero ¿qué efectos podría tener? ¿Se ha producido algún evento similar en el pasado?

Un gif que muestra colores rojos, naranjas y amarillos que indican altas temperaturas en el océano Pacífico
Variación de la temperatura superficial del océano Pacífico tropical entre febrero y mayo de 2026.
NOAA

Una corriente “anómala” en el Pacífico

A partir de la vivencia de los pescadores peruanos del siglo XIX se difundió la existencia de una corriente marina cálida “anómala” que, de vez en cuando, bañaba sus costas. La llamaban El Niño, por su llegada en fechas próximas a las de la Navidad.

Estas aguas cálidas procedentes del Pacífico ecuatorial sustituían de vez en cuando a las habituales aguas frías de las costas de Ecuador al sur de Guayaquil, Perú y el norte de Chile. Aguas normalmente con una temperatura bastante baja debido a la corriente fría de Humboldt, que, de sur a norte, recorre esta fachada sudamericana, y al afloramiento de aguas frías profundas.

Como ejemplo, Antofagasta (Chile), junto al Pacífico, y Río de Janeiro (Brasil), en el Atlántico, se sitúan prácticamente en el mismo paralelo, el trópico de Capricornio. Sin embargo, las temperaturas medias de sus aguas marinas son muy diferentes: unos 18 ºC en la ciudad chilena y 24 ºC en la carioca. Para aquellos pescadores peruanos, la llegada de la corriente cálida de El Niño suponía la desaparición de los peces más abundantes y apreciados; en particular, la anchoveta, que necesita aguas frías ricas en plancton.




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¿Un fenómeno oceánico o atmosférico?

En la década de los años 20 del siglo pasado, Gilbert Walker, un físico y climatólogo británico, hizo un descubrimiento atmosférico sorprendente. Sin disponer de satélites artificiales, ordenadores, internet, etc., al analizar muchos datos de presión atmosférica, se dio cuenta de que cuando aumentaba en el Pacífico suramericano, disminuía en el norte de Australia e Indonesia, y al revés. Es decir, ambas regiones planetarias, separadas por miles de kilómetros, estaban “conectadas” en cuanto al comportamiento de la presión atmosférica. Eso es lo que hoy llamamos una teleconexión, una conexión a distancia.

Posteriormente, en honor a Walker, este fenómeno de “balanceo” coordinado de la presión atmosférica en el Pacifico sur se denominó Oscilación del Sur. Pero ¿qué tiene que ver El Niño, como corriente marina, con la Oscilación del Sur, un fenómeno atmosférico?

El Niño, además de producir un impacto negativo en la industria pesquera peruana, da lugar a precipitaciones, a veces torrenciales, en las tierras áridas peruanas y del norte de Chile. Precisamente, en esta región chilena se localiza el desierto más extremo del mundo en cuanto a ausencia de lluvia: el desierto de Atacama. En 1957-1958 ocurrió un Niño muy intenso, con precipitaciones torrenciales en Perú y otros países, y una grave sequía en la India y el sureste asiático, lo que impulsó la investigación sobre el fenómeno.




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En la década de los 60, Jacob Bjerknes, de una familia de meteorólogos nórdicos, explicó que el calentamiento del Pacífico sudamericano por El Niño estaba vinculado a la Oscilación del Sur, relacionando así íntimamente el océano y la atmósfera. Cuando el anticiclón tropical del Pacífico sur, con su régimen de vientos alisios asociado, que circulan de Suramérica hacia Australia e Indonesia, se debilitan, las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan y comienzan a desplazarse hacia Centroamérica. Allí se bifurcan, sobre todo hacia el sur, por la costa de parte de Ecuador, Perú y Chile: así se genera El Niño.

Bjerknes demostró que la atmósfera y el océano están acoplados, que lo que ocurre en una de las componentes del sistema climático tiene repercusión en la otra. Al juntar las denominaciones de la componente oceánica y la atmosférica surge la expresión El Niño-Oscilación del Sur (ENOS o ENSO, por sus siglas en inglés).

Un mapa global de 2016 que muestra las zonas de temperatura superficial del mar que son más altas (rojo) o más bajas (azul) de lo normal.
Este mapa muestra las zonas de temperatura superficial del mar que son más altas (rojo) o más bajas (azul) de lo normal. La gran ‘lengua’ roja que se extiende al oeste de Sudamérica forma parte del patrón característico de calentamiento asociado a El Niño. Este mapa concreto de la NOAA, de 2016, muestra uno de los El Niño más fuertes de los que se tiene constancia.
NOAA

El episodio más grave del siglo XX

En 1982-83 se produjo El Niño más intenso del siglo XX, con episodios meteorológicos extremos en bastantes regiones del mundo. Entre ellos cabe citar inundaciones en los países del Pacífico americano citados y en el sur de Estados Unidos, sequías en el nordeste del Brasil y en Indonesia, y un invierno muy suave en las latitudes medias de Europa, Asia y Norteamérica.

A partir de ese momento se observó que, de vez en cuando, las temperaturas del Pacífico ecuatorial mostraban una anomalía negativa, es decir, eran más bajas de lo normal. Al tiempo, el anticiclón del Pacífico sur se reforzaba, junto con los vientos alisios. Tal situación era la opuesta a la de El Niño y se denominó La Niña.

En resumen, El Niño comporta aguas cálidas e inestabilidad y La Niña, más frías de lo normal y una estabilidad reforzada, en los países andinos citados. Se vio que conformaban en el tiempo ciclos recurrentes, pero sin periodicidad fija.

El último Niño intenso del siglo XX ocurrió en 1997-98, con graves inundaciones en California, lo que, por tratarse de una región estadounidense, tuvo de inmediato un gran eco en los medios de comunicación.

Inundación
El fenómeno El Niño puede causar graves sequías en algunas zonas del planeta y fuertes precipitaciones en otras.
NOAA

¿Qué podría comportar un El Niño muy intenso?

Un super-El Niño produciría sin duda, si no en 2026, sí en 2027, una temperatura media global elevada, unas décimas de grado adicionales a la temperatura que le correspondería en el momento actual de calentamiento global. También se darían precipitaciones abundantes en los países andinos citados, el área argentina del Mar del Plata, el este de África y parte del sur de Estados Unidos, y sequías graves en el sudeste asiático, parte de Australia y el nordeste de Brasil.

En la cuenca del Mediterráneo, la señal de El Niño o de La Niña es débil, por la singularidad geográfica de la región, pero, aun así, durante un El Niño muy intenso cabría esperar temperaturas más altas de lo normal y, quizá, una mayor probabilidad de episodios pluviométricos extremos.

En todo caso, lo que parecía una circunstancia exclusiva de las aguas donde faenaban los pescadores peruanos, hoy sabemos que es un fenómeno de acoplamiento de la atmósfera y el océano de alcance global, con repercusiones que pueden llegar a ser catastróficas en regiones alejadas de su origen.

The Conversation

Javier Martín Vide no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Estamos a las puertas de un fenómeno El Niño muy intenso? Estos podrían ser sus efectos – https://theconversation.com/estamos-a-las-puertas-de-un-fenomeno-el-nino-muy-intenso-estos-podrian-ser-sus-efectos-283408

¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Baños Saldaña, Profesor de Literatura Española, Universidad de Castilla-La Mancha

Jacob Elordi y Margot Robbie protagonizan la última adaptación de _Cumbres borrascosas_. Warner Bros

A lo largo del último año hemos sido testigos del estreno de algunas adaptaciones literarias al cine que están dando mucho que hablar. Nos referimos a películas como Hamnet, Los miserables. El origen o Cumbres borrascosas. También a series como La casa de los espíritus.

Cuando se produce una adaptación, la polémica está servida. Antes de que aparezca, algunos lectores ya difunden su veredicto: “El libro es mejor”. Los rituales comparativos también pertenecen al bando contrario, aunque son menos frecuentes: “La película supera el libro”.

Y esto seguirá pasando a lo largo de 2026. Nos encontramos a la espera de lanzamientos como La Odisea, Sentido y sensibilidad o, una vez más, otra versión de Los miserables.

¿Por qué nos atraen y, a la vez, nos generan tanta desconfianza las adaptaciones? Muchas veces estamos predispuestos a la negación, pero, aun así, vamos al cine. La respuesta tiene menos que ver con la calidad objetiva de las películas y más con nuestras expectativas como lectores-espectadores (“lectoespectadores”).

El mito de la fidelidad

Debemos admitir que existe una obsesión por la fidelidad. El público evalúa las películas a partir del “respeto” hacia el libro. Así, una adaptación funciona bien si reproduce escenas, mantiene diálogos intactos o configura a los personajes igual.

Este punto de partida, también adoptado por la crítica normalmente, se apoya en una idea implícita de dependencia. El libro es un producto valioso y el cine una versión empobrecida.

Pensemos en las discusiones en torno a la figura de Heathcliff en Cumbres borrascosas. Estas proceden de la elección de un actor blanco, Jacob Elordi, para interpretar a un personaje etnizado (“un gitano de piel oscura” en el libro). Pero… ¿acaso trata la película de incidir en la marginación racial? ¿O pretende alcanzar otro objetivo?

Es cierto que a las adaptaciones, teóricamente, las denominamos “objetos semióticos secundarios”. Sin embargo, la palabra secundario no significa “menos importante” ni “condicionado”.




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Si la película Cumbres borrascosas ha generado malestar por sus transformaciones, sucede lo contrario con Hamnet, donde la técnica del guion y de la dirección han recibido elogios. Se han valorado favorablemente la incorporación de una trama lineal, la concesión de mayor protagonismo a Shakespeare o el manejo de la intensidad emocional.

En cualquiera de los dos casos, las comparaciones se vuelven injustas: literatura y cine son artes diferentes que, además, emplean lenguajes y técnicas distintos. Pretender una fidelidad absoluta no solo es imposible, sino conceptualmente erróneo. Una adaptación “literal” sería, paradójicamente, una mala película.

El cine como relectura cultural

Las adaptaciones cinematográficas escogen una obra, reinterpretan su contenido y lo adecuan al público receptor. Por lo tanto, no solo se recupera la historia del libro, sino que esta se recontextualiza culturalmente.

La creatividad humana es hija de su tiempo. Se hace casi imposible realizar una película sobre un clásico sin incorporar, más o menos intencionalmente, los valores y el estilo de vida del presente. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, escribió Italo Calvino.

Cartel de una mujer de piel oscura presentada como la protagonista de La sirenita.
El aspecto físico de la protagonista de la última versión de La sirenita fue origen de críticas para quienes defendían que la protagonista del cuento era caucásica.
Disney

Más que no gustarnos, algunas adaptaciones nos incomodan. No se trata de que traicionen el libro, sino de que lo hacen hablar en otro registro. Las adaptaciones pueden funcionar como un instrumento político que deconstruye los discursos que configuran nuestra manera de pensar.

A este respecto, recordemos las tensiones en torno a la versión de La Sirenita protagonizada por Halle Bailey. Cuando se publicó el tráiler, los espectadores más puristas no simpatizaron con la transformación racial de la figura nórdica del cuento de Andersen. ¿Hubiesen cambiado de opinión sobre el resultado si no se hubiera modificado el color de piel del personaje?

También son las adaptaciones un espejo de la realidad y un termómetro cultural. Volvamos a Cumbres borrascosas y a la elección de Jacob Elordi para Heathcliff. La adaptación se desentiende del trauma social y racial decimonónico. Su reinterpretación del contenido discurre por el camino de una atracción sexual tóxica, fatalista e incompatible a largo plazo. De ahí la elección de dos iconos atractivos, Elordi (Nate Jacobs en Euphoria) y Robbie (Barbie en la película homónima de 2023).

Tampoco deben dejarse de mencionar otros temas que se refuerzan en la película, como las imposiciones de la gestación, la falta de decisión autónoma o las rivalidades estructurales que impiden la sororidad.

La difusión y nuestro horizonte de expectativas

Decíamos que las adaptaciones son “objetos semióticos secundarios” porque implican la difusión de un patrimonio pretérito. En nuestro caso, además, exigen un cambio de medio: pasamos del libro a la pantalla.

Esta transformación motiva la competición entre nuestro imaginario como lectores y las propias imágenes de la película. Afecta, por tanto, a nuestro horizonte de expectativas.

¿Pueden encarnar los actores hollywoodienses a los protagonistas griegos de La Odisea? Esta es la pregunta que se hacen muchos espectadores que dudan de los roles de Matt Damon como Odiseo o Zendaya como Atenea.

Otro tipo de expectativas participan del conservadurismo ideológico. La posibilidad de que el actor trans Elliot Page interprete a Aquiles ha armado revuelo. Hay quienes bautizan a la película como La Wokisea, es decir, La Odisea woke.

Tanto nos condiciona el horizonte de expectativas que, en muchos casos, para que una adaptación funcione necesita que el espectador no reconozca el libro de partida. Basta como ejemplo el éxito de Blade Runner (1982), que viene del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

¿Qué hacer ante las adaptaciones?

La respuesta es sencilla: aprender a dialogar con ellas. Hemos comprobado que las miramos con un criterio equivocado. No se trata de pedirles que sustituyan el libro; cuando les exijamos una lectura propia, las disfrutaremos de verdad.

Las adaptaciones no borran las novelas. Al contrario, las releen y nos las acercan. Nos invitan a explorar nuevas perspectivas y a razonar de otro modo. Y sirven, sobre todo, para explicar el pasado a través de las transformaciones del presente.

Ese es su logro: hacer pensar, incomodar, decirnos que la historia se repite pero siempre con nuevos matices.


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The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Por qué (no) nos gustan las adaptaciones literarias al cine? – https://theconversation.com/por-que-no-nos-gustan-las-adaptaciones-literarias-al-cine-278172

Alzheimer, Parkinson, dépression… La santé du cerveau, en tête de nos préoccupations

Source: The Conversation – in French – By Laurent Bainier, Directeur de la rédaction The Conversation France, The Conversation

Les Académiciens Stéphanie Debette, directrice de l’Institut du Cerveau et Yves Agid, cofondateur de l’Institut, étaient les invités de la Grande Conversation le 20 mai 2026. The Conversation, Fourni par l’auteur

Longtemps négligée, la santé cérébrale s’impose désormais comme un enjeu scientifique, médical et politique majeur. Elle était au cœur du S7, la réunion des académies des sciences des pays du G7 qui se tenait les 18 et 19 mai à Paris. La Grande conversation donne la parole aux porteurs de ce projet, Stéphanie Debette et Yves Agid.

Enjeu majeur de nos sociétés, la santé cérébrale était au programme du S7, un sommet qui réunit les académies des sciences des pays du G7 afin de formuler des recommandations destinées aux dirigeants des grandes puissances économiques mondiales.

À cette occasion, la Grande Conversation, l’émission de The Conversation France et CanalChat Grandialogue, en partenariat avec l’Académie des sciences, réunit deux grandes figures des neurosciences françaises, tous deux Académiciens : Stéphanie Debette, neurologue et directrice générale de l’Institut du cerveau, et Yves Agid, neuropsychiatre et cofondateur de l’Institut du cerveau. Ensemble, ils reviennent sur l’explosion des maladies neurologiques et psychiatriques, les avancées récentes de la recherche et les défis immenses que représente la santé cérébrale pour nos sociétés.

Une personne sur trois sera touchée au cours de sa vie par une maladie du cerveau. Accidents vasculaires cérébraux, maladies neurodégénératives comme Alzheimer ou Parkinson, dépression, troubles psychiatriques : ces pathologies représentent déjà l’une des premières causes de handicap et de mortalité dans le monde. Face à l’augmentation du vieillissement, mais aussi à la progression de certaines atteintes chez les plus jeunes, les chercheurs alertent sur l’urgence d’accélérer la recherche, la prévention et la coopération internationale.

The Conversation

ref. Alzheimer, Parkinson, dépression… La santé du cerveau, en tête de nos préoccupations – https://theconversation.com/alzheimer-parkinson-depression-la-sante-du-cerveau-en-tete-de-nos-preoccupations-283533

Face aux entreprises privées qui se ruent vers les étoiles, une gouvernance internationale de l’espace devient indispensable

Source: The Conversation – France in French (2) – By Peter Brown, Professor in Physics and Astronomy, Western University

Un satellite se consume en traversant l’atmosphère terrestre. Plusieurs de ces retours de grands satellites se produisent désormais chaque jour. ( Agence spatiale européenne/David Ducross), CC BY-SA

Il y a dix ans, l’orbite basse comptait 2 000 satellites actifs. Aujourd’hui, ils sont près de 20 000 et jusqu’à un million pourraient suivre. Une explosion du trafic spatial qui pousse les chercheurs à réclamer des règles internationales plus strictes.


Les académies des sciences des pays membres du G7 ont fait de la gouvernance internationale de l’espace un enjeu majeur en vue du sommet des dirigeants du G7, qui se tiendra du 15 au 17 juin à Évian, en France.

L’essor fulgurant des grandes constellations de satellites au cours de la dernière décennie ouvre la perspective d’un accès quasi universel à l’internet haut débit. Mais cette croissance s’accompagne de risques encore mal compris.

Parmi ces risques figurent la pollution du ciel nocturne, les perturbations de la recherche astronomique, l’augmentation du risque de collisions entre satellites ainsi que les dangers liés au retour sur Terre d’un grand nombre de satellites.

Notre compréhension de l’impact humain sur l’environnement spatial proche de la Terre en est aujourd’hui à un stade comparable à celui des connaissances sur le changement climatique dans les années 1990. Nous savons que l’intensification des activités humaines provoque d’importantes perturbations dans l’environnement spatial, mais nous ignorons encore si un point de bascule est sur le point d’être atteint.

Dans ce contexte, l’une des recommandations les plus importantes adressées aux États membres du G7 consiste à créer un groupe intergouvernemental sur la durabilité spatiale (IPSS).

Des impacts sur la chimie de l’atmosphère

La recherche et les connaissances sur les impacts des activités humaines dans l’espace en sont encore à un stade très précoce. Ainsi, nous ne savons pas vraiment à partir de quel moment certaines altitudes orbitales deviendront tellement encombrées de débris spatiaux qu’elles atteindront leur capacité opérationnelle maximale.

Les scientifiques ont également récemment constaté que l’augmentation du nombre de lancements de fusées à l’échelle mondiale — avec plus d’une fusée lancée chaque jour désormais — pourrait entraîner une remise en cause de la reconstitution de la couche d’ozone.

De la même manière, nous savons que les satellites qui se consument lors de leur rentrée dans l’atmosphère terrestre auront des effets importants sur la chimie de la haute atmosphère. Nous savons également que plusieurs de ces retours de satellites se produisent désormais chaque jour, mais les conséquences exactes de ce phénomène restent encore mal comprises.

Une gouvernance spatiale fragmentée

Plusieurs organismes scientifiques conseillent aujourd’hui les pouvoirs publics sur les différents enjeux liés à la durabilité de l’espace. Parmi eux figure le Comité de coordination interagences sur les débris spatiaux, chargé des questions liées à la pollution de l’environnement spatial par les débris.

Autre acteur important : le Centre pour la protection d’un ciel sombre et silencieux de l’Union astronomique internationale, qui coordonne les initiatives destinées à limiter l’impact des satellites sur l’astronomie optique et radio.

Un ciel nocturne sombre constellé d’étoiles, traversé par la « nébuleuse du Papillon », aux teintes roses et bleues et à la forme évoquant un papillon.
Image de NGC 6302, connue sous le nom de « nébuleuse du Papillon », prise par le télescope spatial Hubble. Le télescope est de plus en plus perturbé par les constellations de satellites en orbite basse autour de la Terre.
(NASA)

Mais il n’existe aujourd’hui aucun organisme unique capable de fournir aux gouvernements une expertise globale pour éclairer les décisions politiques et réglementaires. La situation rappelle celle de la recherche sur le changement climatique, lorsque le Groupe consultatif sur les gaz à effet de serre (AGGG), créé dans les années 1980, a progressivement laissé place au Groupe d’experts intergouvernemental sur l’évolution du climat (GIEC).

Nous avons aujourd’hui un besoin urgent d’un groupe intergouvernemental sur la durabilité spatiale (IPSS).

Il y a dix ans, l’orbite basse terrestre comptait près de 2 000 satellites actifs ; aujourd’hui, leur nombre approche les 20 000. Ces dernières années, des gouvernements et des entreprises ont annoncé des projets pouvant conduire au lancement de jusqu’à un million de satellites supplémentaires.

Définir des seuils mondiaux

Comment cet IPSS pourrait-il être structuré pour aborder la gouvernance spatiale d’une manière comparable à celle dont le GIEC a abordé le problème du changement climatique ?

L’un de ses premiers objectifs devrait être de définir des seuils mondiaux de durabilité. À l’image de la limite de 1,5 °C dans les sciences du climat, ce groupe devrait identifier les seuils au-delà desquels certaines altitudes orbitales atteignent leur capacité de charge.

Comme le GIEC, un IPSS devrait s’appuyer sur plusieurs groupes de travail chargés de fournir aux décideurs des synthèses scientifiques transparentes et accessibles. L’un d’eux devrait se consacrer aux sciences physiques de l’environnement orbital. Il s’agirait notamment d’étudier l’état de l’orbite basse terrestre en tant que ressource limitée : évolution des débris spatiaux et des risques de collision, effets de la météorologie spatiale, ou encore modélisation d’un trafic spatial soutenable à l’avenir.

Un satellite se désintègre en orbite.
Un satellite se désintègrant en orbite.
(ESA/ID&Sense/ONiRiXEL), CC BY-SA

Un autre groupe de travail devrait se concentrer sur les impacts environnementaux et sociétaux des grandes constellations de satellites. Il pourrait évaluer l’appauvrissement de la couche d’ozone stratosphérique causé par les émissions des lancements de fusées, les effets de l’augmentation des retours de satellites dans l’atmosphère, les modifications de la chimie atmosphérique ainsi que les risques accrus d’accidents pour les populations. Il aurait également pour mission de mesurer l’impact de ces constellations sur l’astronomie au sol.

Enfin, un groupe de travail consacré aux politiques publiques et aux mesures d’atténuation pourrait jeter les bases de normes internationales claires concernant la désorbitation des satellites en fin de mission, le retrait actif des débris spatiaux et de nouvelles exigences en matière de licences prenant en compte le risque « systémique » d’une constellation, plutôt que le risque posé par chaque satellite pris individuellement.

L’empreinte du trafic spatial

L’IPSS pourrait aussi être complété par un groupe de travail consacré à l’empreinte du trafic spatial. Inspiré de la Task Force du GIEC sur les inventaires nationaux de gaz à effet de serre, cet organisme aurait pour mission de développer des méthodologies standardisées permettant aux États de mesurer et déclarer leur « empreinte de trafic spatial » — c’est-à-dire la pression exercée par leurs objets spatiaux sur la sécurité et la durabilité de l’orbite basse terrestre.

À l’instar du rôle joué par le GIEC dans l’évaluation des modèles climatiques, l’IPSS devrait également fournir une expertise indépendante sur les affirmations concernant la désintégration contrôlée des satellites — autrement dit la manière dont les satellites sont retirés du service puis désorbités en toute sécurité. Cela impliquerait d’évaluer l’efficacité réelle des technologies de désorbitation, mais aussi notre capacité à suivre les satellites et à estimer précisément leur position.

En mettant en place dès aujourd’hui une approche internationale coordonnée, l’IPSS contribuerait à concilier les immenses promesses des activités commerciales spatiales avec les risques environnementaux qu’elles engendrent — de la même manière que le GIEC pour le climat terrestre face aux activités humaines.

The Conversation

Peter Brown a reçu des financements du Conseil de recherches en sciences naturelles et en génie du Canada, de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) des États-Unis, de l’Agence spatiale européenne, de Ressources naturelles Canada et de Recherche et développement pour la défense Canada.

ref. Face aux entreprises privées qui se ruent vers les étoiles, une gouvernance internationale de l’espace devient indispensable – https://theconversation.com/face-aux-entreprises-privees-qui-se-ruent-vers-les-etoiles-une-gouvernance-internationale-de-lespace-devient-indispensable-283525

« L’immigration est une composante centrale de la société française »

Source: The Conversation – France in French (3) – By Cris Beauchemin, Chercheur, Directeur délégué à la valorisation, Ined (Institut national d’études démographiques)

Quelle sont les parcours des personnes immigrées et de leurs descendants en France ? Quelles discriminations ressenties ? Plus largement, quelle est la place de l’immigration dans la société française ? Pour répondre à quelques-unes de ces questions, l’Institut national d’études démographique (Ined) et l’Insee ont mené l’enquête « Trajectoires et Origines 2 »), inédite par son ampleur. Un ouvrage collectif issu de cette enquête menée en 2019-2021, à rebours de certaines idées reçues sur l’immigration, vient de sortir aux Éditions de l’Ined. Entretien avec Cris Beauchemin, qui a codirigé l’ouvrage.


The Conversation : Quels sont les objectifs de cette enquête « Trajectoires et Origines 2 » (TeO2) et quelle méthodologie avez-vous mise en place pour les atteindre ?

Cris Beauchemin : Le but était de dresser un tableau aussi complet que possible de la position des immigrés et de leurs descendants dans la société française. Notre principal instrument : la réalisation d’une nouvelle enquête avec l’Insee, qui renouvelle celle réalisée dix ans après TeO1, sur un nouvel échantillon. C’est une enquête unique par son ampleur, portant sur plus de 27 000 personnes, âgées de 18 à 59 ans, qui ont répondu aux enquêteurs de l’Insee lors d’entretiens durant souvent plus d’une heure.

La collecte, longue, a duré de juillet 2019 à janvier 2021. Cette enquête comporte deux particularités par rapport aux enquêtes classiques de statistique publique. La première est d’être multi-thématique – portant sur l’emploi, le logement, la famille, la santé, les discriminations, les pratiques culturelles, politiques, et religieuses, etc. ce qui fait sa grande richesse. La deuxième est que les immigrés et leurs descendants sont surreprésentés dans l’échantillon afin d’offrir des effectifs suffisants pour pouvoir faire des analyses en fonction des différentes origines.

Enfin, nouveauté de TeO2 par rapport à TeO1, cette enquête permet d’identifier et d’étudier la troisième génération, celle qui a au moins un grand-parent immigré. En raison de l’histoire de l’immigration, cette troisième génération est essentiellement composée de personnes d’origine européenne : nos enquêtés sont des adultes et leurs grands-parents immigrés sont nécessairement arrivés il y a plusieurs décennies, à une époque où la migration était essentiellement européenne.

Quelle contribution de l’immigration au peuplement de la France et quelle « photographie » TeO2 donne-t-elle des origines des Français ?

C. B. : Le principal résultat à retenir est que si l’on additionne les immigrés, les descendants de deuxième génération (ayant au moins un parent immigré) et la troisème génération (ayant au moins un grand-parent immigré), un tiers des Français a un lien direct avec l’immigration. Plus précisément, parmi les 18-59 ans, 13 % sont immigrés et, respectivement, 11 % et 10 % ont au moins un parent ou un grand-parent qui a immigré.


Fourni par l’auteur

Si on ajoute les personnes en couple avec une personne immigrée ou un enfant d’immigré(s), 41 % des individus ont un lien familial fort à l’immigration, soit par ascendance, soit par alliance. L’immigration est donc une composante centrale de la société française. Elle s’y fond au fil des générations par le biais des unions. Parmi les enfants d’immigrés, un sur deux a un parent de la population majoritaire (c’est-à-dire ni immigré ni enfant d’immigré). Quant aux petits-enfants d’immigrés, 95 % ont au moins un grand-parent qui n’est pas immigré.

Dans une perspective historique, quelle évolution est observée dans la composition de l’immigration en France ?

C. B. : La part des immigrés dans la population a augmenté – ce sont les recensements qui nous renseignent sur le sujet –, notamment depuis le début des années 2000.


Fourni par l’auteur

Mais ce qui a surtout évolué, c’est la composition de la population immigrée. L’immigration procède par « vagues », ce que montre très bien un graphique de notre premier chapitre (voir ci-contre).

Principalement non européenne avant 1960, l’immigration s’est peu à peu diversifiée. Les « vagues » se succèdent : le haut de la « vague » d’arrivée des Belges se situe avant 1900, ils ont été suivis par les Italiens et les Polonais au milieu du XXᵉ siècle, puis par les Espagnols et les Portugais dans les années 1970. L’immigration européenne s’est développée seulement à partir des années 1960, d’abord avec les Algériens. Sont ensuite venus les Marocains, les Tunisiens, les Turcs, les Subsahariens et les Asiatiques, surtout depuis les années 2000.

L’inquiétude de certains discours actuels qui relaient l’idée que l’immigration non européenne suivrait une progression inédite dans l’histoire de l’immigration n’est pas fondée. Certes, le graphique montre bien que l’immigration en provenance d’Afrique subsaharienne est en augmentation, mais – alors que la courbe cumule les originaires de tout le continent – elle n’atteint pas le niveau des seuls Italiens au milieu du XXᵉ siècle.

Reste que, aujourd’hui, l’immigration est très diversifiée. Parmi les 18-59 ans, d’après les résultats de TeO2, les immigrés européens sont minoritaires (28 %). Le Maghreb représente un tiers des immigrés, les Subsahariens, environ 20 %, l’Asie, 16 %.

Que dit TeO2 des positions sociales et des pratiques culturelles des personnes immigrées et de leurs descendants ? Observe-t-on une égalisation progressive, une homogénéisation des positions sociales et des pratiques culturelles entre les descendants d’immigrés et ce que vous appelez la « population majoritaire » c’est-à-dire les personnes ni immigrées ni enfants d’au moins un immigré ?

C. B. : Le grand résultat de l’enquête est précisément qu’il y a un hiatus entre l’intégration socioéconomique et l’intégration socioculturelle. Alors que des difficultés d’accès à l’emploi notamment persistent d’une génération à l’autre, on observe une nette convergence vers la population majoritaire sur une grande variété d’indicateurs socioculturels, comme les pratiques linguistiques (le fait de parler le français à la maison avec ses enfants), les pratiques de fécondité ou les normes sociales (par exemple sur le travail des femmes ou la tolérance vis-à-vis de l’homosexualité ou de l’avortement).


Fourni par l’auteur

Ainsi, en génération deux et trois, on arrive à des positions qui sont très similaires à celles de la population majoritaire. On l’observe bien avec les réponses données à la question « En pensant à votre histoire, votre culture familiale et votre identité, de quelle(s) origine(s) vous considérez-vous ? ». Les secondes générations qui ne s’identifient pas à la France ne sont pas plus nombreuses que les personnes de la population majoritaire.

Vous évoquez une « identité à traits d’union », qu’entendez-vous par là ?

C. B. : C’est l’idée que les immigrés et que leurs enfants n’abandonnent pas leur bagage socioculturel, mais qu’ils le combinent à de nouvelles pratiques et de nouveaux sentiments d’appartenance qu’ils adoptent dans l’environnement français qui, lui-même, est divers. On retrouve cette « identité à traits d’union » dans le fait que les immigrés et leurs descendants s’identifient souvent à la fois à leur pays et à la France. C’est le cas de 17 % des immigrés (en plus des 15 % qui ne s’identifient qu’à la France) et de 33 % de leurs enfants (en plus des 39 % pour la France seule).

Et cette homogénéisation observée en matière de valeurs ne se retrouve donc pas au plan socioéconomique ?

C. B. : Les résultats sont nuancés. Ils sont positifs quand on compare les positions sociales des immigrés et de leurs enfants. Les mobilités sociales ascendantes sont plus fréquentes dans les familles immigrées que dans la population majoritaire, parce que les parents sont souvent de position sociale assez modeste.

Du point de vue de l’éducation, le tableau est aussi assez positif. Les personnes de la deuxième génération, dans leur ensemble, parviennent à des niveaux d’éducation très proches de la population majoritaire (la proportion des femmes ayant au moins un bac + 3 est de 26 % pour les majoritaires et de 27 % pour les filles d’immigrés), même s’il existe des inégalités selon l’origine. Selon le stéréotype bien connu, les Asiatiques, par exemple, performent et sont hyperdiplômés par rapport à la moyenne (48 % des femmes ont un au moins un bac + 3). Mais ce qu’on dit beaucoup moins et qui est nouveau par rapport à Teo1, c’est que les personnes de deuxième génération d’origine subsaharienne sont aussi plus souvent titulaires d’une licence ou équivalent que la population majoritaire. C’est davantage qu’en population majoritaire, aussi bien chez les femmes (32 % contre 26 %) que chez les hommes (27 % contre 23 %).

D’ailleurs, sur l’éducation, un autre élément que l’on retrouve dans l’enquête, qui va sans doute à l’encontre des idées reçues, est que les primo-arrivants sont beaucoup plus diplômés que par le passé. Pouvez-vous nous détailler ce résultat ?

C. B. : En effet. Parmi les immigrés arrivés avant 1989, seuls 29 % avaient atteint l’enseignement supérieur avant d’entrer en France. Pour ceux arrivés après 2009, la proportion est à 53 % ! Cela ne veut pas dire que tous les immigrés sont extrêmement diplômés : par rapport à la population majoritaire, ils sont à la fois plus fréquemment sans diplôme et aussi plus souvent plus diplômés. Typiquement, les hommes subsahariens de première génération sont plus souvent titulaires d’une licence ou équivalent que les hommes de la population majoritaire (35 % contre 23 %).

Et donc, pour revenir aux inégalités observées au plan socioéconomique ?

C. B. : Elles sont flagrantes sur le marché de l’emploi. Toutes choses égales par ailleurs, on observe un surchômage très important chez les minorités visibles, notamment les originaires du Maghreb et d’Afrique subsaharienne, aussi bien chez les hommes que chez les femmes. Par exemple, les immigrés d’origine maghrébine ont un risque de chômage augmenté de + 6,2 points de pourcentage par rapport aux hommes de la population majoritaire qui ont des profils comparables. Et l’écart est de +11,7 points pour les femmes. Chez les descendants, qui ont pourtant grandi en France, les écarts persistent. Et des pénalités salariales sont aussi observées. Ces écarts étaient déjà observés dans TeO1. La situation ne s’est pas améliorée.

Cela s’explique essentiellement par la persistances des discriminations. Le chapitre 11 montre qu’il y a une corrélation très forte entre les situations de désavantage sur le marché de l’emploi et les déclarations de discrimination des enquêtés. Cela corrobore les études fondées sur d’autres méthodes de mesure des discrimination, comme des testings (méthode utilisée pour détecter et prouver des discriminations, NDLR) par exemple, mis en place sur le marché de l’emploi ou sur le marché du logement.

Vos résultats montrent globalement une augmentation des discriminations. Comment l’expliquer ?

C. B. : L’ouvrage comporte un chapitre sur les expériences de discrimination et de racisme. Tous motifs confondus (origine, sexe, handicap et autres motifs officiels de discrimination qui peuvent justifier un recours auprès de la défenseure des droits), les discriminations ont en effet nettement progressé entre TeO1 et TeO2. C’est un résultat qui s’explique essentiellement par le surcroît de déclarations de sexisme dans un contexte post #MeToo.

Dans l’enquête figurent aussi des questions sur l’expérience du racisme. Il n’a pas augmenté parmi les minorités les plus visibles, parce qu’il a déjà atteint depuis longtemps des niveaux très élevés : dans TeO2, 36 % parmi les immigrés d’Afrique subsaharienne et 50 % parmi leurs descendants. Chez les ultramarins, la proportion est de 39 % en première génération, 47 % en deuxième génération.

Il y a une augmentation des déclarations de racisme et de discrimination entre la première et la deuxième génération. C’est un phénomène bien connu qu’on appelle le paradoxe de l’intégration. Les personnes de deuxième génération sont nées en France, ont été socialisés en France, sont allées à l’école en France ; elles ont en conséquence plus d’exigences à l’égard du modèle républicain que les premières générations et une plus grande sensibilité qui les conduit à déclarer des faits racistes ou discriminatoires quand elles les subissent.

Quelles pistes de recherche sont à explorer à la suite de l’enquête TeO2 ?

C. B. : La question majeure va de nouveau tourner autour du hiatus entre l’intégration socioculturelle et l’intégration socioéconomique. Idéalement, si on croit au modèle républicain, on voudrait ne plus relever d’inégalités et de discriminations selon l’origine ou l’apparence. La question pour TeO3 sera de déterminer si la société a progressé de ce point de vue-là ou bien si les pénalités socioéconomiques continuent à se transmettre d’une génération à l’autre.


Propos recueillis par Françoise Marmouyet.


L’enquête TeO2 a été rendue possible par le soutien financier de nombreuses institutions, outre l’Insee et l’Ined : le commissariat général à l’égalité des territoires (CGET), la CNAF, la Défenseure des droits, la Dilcrah, le département des statistiques, des études et de la documentation (DSED) du ministère de l’intérieur, le DEPS du ministère de la culture, la Dares du ministère du travail, l’Injep, le secrétariat d’État à l’égalité entre les femmes et les hommes, France Stratégie et Progedo.

The Conversation

Cris Beauchemin ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. « L’immigration est une composante centrale de la société française » – https://theconversation.com/limmigration-est-une-composante-centrale-de-la-societe-francaise-283466

Le contreterrorisme selon Trump : une vision plus idéologique que sécuritaire

Source: The Conversation – in French – By Elizabeth Sheppard Sellam, Responsable du programme « Politiques et relations internationales » à la faculté de langues étrangères, Université de Tours

La stratégie antiterroriste 2026 des États-Unis qui vient d’être officialisée par l’administration Trump instrumentalise la lutte contre le terrorisme pour servir une vision idéologique. S’attaquant aux « extrémistes d’ultragauche », elle n’évoque pratiquement pas les mouvements d’extrême droite, qui commettent pourtant plus de crimes violents.


Les États-Unis publient régulièrement des stratégies nationales de contreterrorisme afin de définir les principales menaces et les priorités de l’administration en matière de sécurité. Ces documents existaient avant le 11 septembre 2001, mais ce jour-là a profondément transformé leur importance, la lutte antiterroriste devenant alors l’axe central de la sécurité nationale américaine.

La première National Strategy for Combating Terrorism de l’ère post 9-Septembre est publiée par l’administration Bush en 2003 dans le cadre de la « Global War on Terror ». Depuis, chaque administration a adapté ses priorités selon le contexte stratégique et les menaces perçues.

Ces stratégies ne sont pas juridiquement contraignantes, mais elles jouent un rôle important d’orientation politique et bureaucratique. Elles influencent les priorités des agences fédérales, les budgets, les doctrines de sécurité et les relations avec les alliés. Surtout, elles révèlent la perception que Washington se fait des principales menaces pesant sur les États-Unis et des réponses à y apporter.

Le document officiel publié par la Maison-Blanche mi-mai, intitulé « 2026 Counterterrorism Strategy », place désormais dans une même catégorie – celles des sources de menaces majeures pour les États-Unis – les cartels, les réseaux djihadistes et les « extrémistes violents d’ultragauche ». Le blocage de l’immigration, le renforcement du contrôle des frontières, la lutte contre « l’ennemi intérieur » et la défense du « mode de vie américain » y sont présentés comme des thèmes centraux du contreterrorisme.

Ce qui est absent du document est toutefois tout aussi révélateur. Derrière les menaces mises en avant se dessinent plusieurs angles morts majeurs, dans un contexte de politisation croissante des questions de sécurité nationale.

Quand le contreterrorisme devient politique

La Stratégie insiste fortement sur la supposée « instrumentalisation » des outils sécuritaires sous l’administration Biden et l’accuse à plusieurs reprises d’avoir employé les services de renseignement et de lutte antiterroriste pour s’en prendre aux Américains conservateurs, notamment en adoptant des mesures visant à protéger contre l’intervention de ceux-ci la tenue dans les écoles de réunions sur les questions de genre ou les restrictions sanitaires. Le document inscrit ainsi une partie des fractures politiques et culturelles américaines dans la problématique du contreterrorisme, obéissant à une logique explicitement politique et idéologique.

La stratégie reprend plusieurs thèmes centraux de l’idéologie « America First » et du mouvement MAGA. La frontière sud devient un front sécuritaire majeur. Les cartels mexicains et certains réseaux criminels vénézuéliens récemment désignés comme organisations terroristes, à l’instar du Tren de Aragua, sont présentés comme des acteurs capables de déstabiliser directement les États-Unis, tandis que l’immigration clandestine est régulièrement associée au terrorisme et au crime organisé.

Cette approche s’inscrit dans un discours plus large porté par plusieurs figures de l’administration Trump. Des propos du vice-président J. D. Vance à la conférence de Munich pour la sécurité en 2025 à la récente National Security Strategy, les références au déclin de l’Occident et à la nécessité de fermer les frontières et de procéder à une forme de « restauration civilisationnelle » occupent désormais une place croissante dans les priorités stratégiques américaines.

Mais cette focalisation sur certains risques, réels ou supposés, pose une question essentielle : y a-t-il des formes de terrorisme que cette stratégie choisit d’ignorer aujourd’hui, au risque d’affaiblir demain la capacité des États-Unis à anticiper, prévenir et contrer ces menaces ?

Les formes de terrorisme reléguées dans l’angle mort

Alors que la stratégie insiste fortement sur les « extrémistes violents d’ultragauche », elle accorde une place beaucoup plus marginale aux violences provenant de l’extrême droite, qu’elles soient le fait de suprémacistes blancs prenant pour cible des communautés jugées étrangères ou d’extrémistes déterminés à s’attaquer à des représentants du gouvernement.

Pourtant, voilà plusieurs années que les experts alertent sur la montée des formes de radicalisation liées aux milices armées, aux mouvances accélérationnistes ou aux réseaux complotistes violents.

Ces dernières années, de nombreuses attaques liées à ces milieux se sont produites aux États-Unis, si bien que les spécialistes considèrent désormais les mouvances d’extrême droite comme l’une des principales menaces terroristes intérieures du pays.

L’attaque contre une synagogue de Pittsburgh en 2018, motivée par des théories complotistes antisémites, ou encore la fusillade raciste de Buffalo en 2022, dont l’auteur s’était inspiré de contenus suprémacistes et de la théorie du « grand remplacement », constituent deux exemples très connus parmi de nombreuses violences liées à l’extrémisme d’extrême droite recensées ces dernières années aux États-Unis. Selon les données de l’Anti-Defamation League (ADL), la totalité des meurtres commis pour des motivations extrémistes recensés dans le pays en 2024 étaient liés à des mouvances d’extrême droite. Ajoutons que depuis des années durant, des agences fédérales américaines comme le FBI et le Department of Homeland Security (DHS) considéraient ces mouvances comme l’une des principales menaces terroristes intérieures du pays – une analyse que la nouvelle stratégie de contreterrorisme de l’administration Trump ignore absolument.

Il ne s’agit évidemment pas de nier la réalité des dangers évoqués dans la Stratégie. Mais la question centrale reste celle de la hiérarchie des menaces retenue par un document censé préparer les États-Unis aux formes de terrorisme les plus dangereuses de demain.

Cette hiérarchisation soulève également des questions dans le contexte actuel de tensions avec l’Iran et ses réseaux affiliés. Si la stratégie mentionne explicitement les proxies soutenus par Téhéran, les opérations hybrides ou encore certains projets d’attaques visant des Américains, des dissidents iraniens ou des Israéliens sur le sol américain, ces enjeux apparaissent néanmoins beaucoup moins structurants dans le document que d’autres priorités – et cela, malgré le contexte de confrontation ouverte avec l’Iran, les multiples arrestations liées à des projets d’attaques attribués à des réseaux pro-iraniens ces dernières années, ainsi que l’intensification des tensions régionales.

L’autre grand angle mort du document concerne la dimension numérique du terrorisme contemporain. Les groupes djihadistes, mais aussi les mouvances violentes d’extrême droite et d’extrême gauche, utilisent désormais les réseaux sociaux, les messageries chiffrées et des plates-formes comme Telegram, Discord ou 4chan pour diffuser propagande, récits de victimisation et pousser au passage à l’acte. L’attentat de Christchurch (Nouvelle-Zélande) en 2019 avait marqué un tournant majeur : le terroriste avait diffusé son manifeste en ligne avant de retransmettre l’attaque en direct sur Facebook, dans une logique de propagande virale et d’imitation. On a retrouvé plusieurs de ces mécanismes lors de la tuerie de Buffalo citée plus haut et, tout récemment, durant l’attaque contre une mosquée de San Diego en mai 2026, dont les auteurs ont eux aussi diffusé des contenus en ligne et fait référence à l’attaque de Christchurch (Nouvelle-Zélande) et à son auteur. Cette logique rappelle certaines méthodes utilisées auparavant par Al-Qaida ou l’État islamique, qui avaient largement utilisé les réseaux sociaux et les contenus viraux pour recruter et encourager des passages à l’acte isolés.

La Stratégie évoque bien les nouvelles technologies et l’intelligence artificielle, mais principalement sous l’angle des armes de destruction massive. Elle s’attarde beaucoup moins sur les écosystèmes numériques dans lesquels se construisent aujourd’hui certaines formes de radicalisation. Cette absence est d’autant plus notable que l’administration Trump a parallèlement réduit ou supprimé plusieurs structures fédérales chargées de surveiller les campagnes de désinformation et les ingérences étrangères, comme le Global Engagement Center du Département d’État ou certaines capacités de l’Agence de cybersécurité et de sécurité des infrastructures (CISA) liées aux menaces informationnelles.

Le risque est alors qu’en lisant de plus en plus le terrorisme à travers une grille idéologique, cette Stratégie finisse par sous-estimer des menaces pourtant déjà identifiées depuis des années par les propres agences sécuritaires américaines.

Quand le terrorisme devient une catégorie politique

Ce débat ne concerne pas uniquement les États-Unis. La France et les autres pays européens sont eux aussi confrontés à des formes de radicalisation de plus en plus hybrides, où terrorisme, propagande numérique et polarisation politique tendent à se confondre.

L’assassinat de Samuel Paty en 2020 illustre particulièrement cette évolution. Avant l’attentat, une campagne virale sur les réseaux sociaux avait contribué à désigner publiquement l’enseignant comme une cible, mêlant désinformation, mobilisation communautaire et haine en ligne. Le sujet reste profondément présent dans le débat public français, comme le montre encore la sortie récente du film l’Abandon, consacré aux derniers jours du professeur assassiné.

Mais le djihadisme n’est pas la seule menace à laquelle les démocraties européennes sont confrontées. La plupart d’entre elles font également face à la montée de mouvances d’extrême droite radicalisées, de réseaux complotistes violents et à des campagnes d’ingérence étrangères exploitant les fractures politiques et culturelles occidentales. Ignorer certaines violences d’ultragauche par réflexe politique constituerait une erreur similaire.

La difficulté, pour les pays démocratiques, reste donc toujours la même : comment protéger la société sans transformer progressivement le terrorisme en catégorie politique variable selon les gouvernements et les idéologies du moment ?

Une stratégie antiterroriste révèle toujours la manière dont un État définit ses priorités, mais aussi ses peurs. Le danger n’est pas seulement de sous-estimer certaines menaces émergentes. Il réside aussi dans la tentation de politiser durablement la définition même du terrorisme et de la sécurité nationale. Lorsqu’un État commence à lire les menaces avant tout à travers une grille idéologique, il devient progressivement moins capable d’identifier lucidement les dangers de demain, précisément au moment où ceux-ci évoluent plus vite que jamais.

The Conversation

Elizabeth Sheppard Sellam ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le contreterrorisme selon Trump : une vision plus idéologique que sécuritaire – https://theconversation.com/le-contreterrorisme-selon-trump-une-vision-plus-ideologique-que-securitaire-283127

Comment les communautés d’arbres façonnent le fonctionnement souterrain des forêts européennes

Source: The Conversation – in French – By Ludovic Henneron, Maître de Conférences en écologie, Université de Rouen Normandie

Mieux comprendre comment l’énergie circule à travers le réseau trophique souterrain des écosystèmes forestiers en fonction des espèces d’arbres alentour. Stephan Hattenschwiler, Fourni par l’auteur

Les écosystèmes du monde entier évoluent rapidement sous la pression des changements globaux tels que le réchauffement du climat, les changements d’usage des terres ou les invasions biologiques, mais ce qui se passe sous terre reste encore mal compris. On sait, par exemple, que les plantes jouent un rôle central dans les « réseaux trophiques », ces ensembles d’interactions d’ordre alimentaire entre les êtres vivants d’un écosystème. Cependant, nous connaissons encore mal la manière dont les communautés végétales, les essences d’arbres d’une forêt par exemple, influencent la circulation de la matière et de l’énergie par les interactions trophiques entre organismes du sol, tels que les microbes (champignons et bactéries) et la faune détritivore, herbivore et carnivore.

Dans notre étude récente, publiée le 6 avril dans Nature, nous nous sommes penchés sur 64 forêts européennes, sur les espèces d’arbres qui s’y trouvent et sur le problème de savoir comment celles-ci influencent l’activité du réseau trophique du sol en matière de flux d’énergie au sein de celui-ci.

Nous avons découvert que les forêts dominées par des espèces d’arbres priorisant l’acquisition des ressources (eau, nutriments et lumière) et étant ainsi capables d’une croissance rapide, comme le charme commun (Carpinus betulus) ou le bouleau verruqueux (Betula pendula), présentent une activité du réseau trophique du sol plus élevée. Ces arbres fournissent, en effet, davantage de matière organique fraîche de bonne qualité nutritive et créent des microclimats plus chauds, stimulant le métabolisme des organismes du sol et accélérant des processus comme la décomposition des matières organiques et le recyclage des nutriments du sol.

À l’inverse, les forêts dominées par des espèces d’arbres priorisant la conservation des ressources, comme le pin sylvestre (Pinus sylvestris) ou l’épicéa commun (Picea abies), et dont la capacité de croissance est ainsi plus lente, présentaient une activité du réseau trophique du sol plus faible.

En d’autres termes, l’identité des espèces et leurs « traits fonctionnels » liés à leur stratégie d’allocation des ressources au sein d’une communauté d’arbres sont plus importants qu’on ne le pensait auparavant.

Étonnamment, le simple mélange de différentes espèces d’arbres n’a pas amélioré le fonctionnement du sol – et l’a même souvent légèrement réduit – malgré l’augmentation de la croissance aérienne des arbres induit par cette diversification. Ce décalage met en lumière un point essentiel : ce qui profite aux arbres en surface ne profite pas toujours au réseau trophique souterrain.

Pourquoi c’est important ?

Ces résultats ont des implications importantes pour la gestion forestière. Promouvoir la diversité des arbres à elle seule pourrait ne pas suffire à maintenir des sols sains, c’est-à-dire capables de fonctionner afin d’assurer la fourniture de multiples services bénéficiant à l’humanité. En revanche, sélectionner les espèces d’arbres en fonction de leurs traits fonctionnels, tels que leur activité métabolique ou leur capacité de croissance, pourrait s’avérer plus efficace pour préserver la vitalité des écosystèmes forestiers.

À l’avenir, le changement climatique devrait accroître la fréquence et l’intensité des sécheresses et ainsi favoriser des espèces d’arbres priorisant la conservation des ressources, car ils sont plus résistants à la mortalité par cavitation induite par le stress hydrique. Nos découvertes suggèrent que ce changement dans la composition en espèces des communautés d’arbres pourrait ralentir le fonctionnement du sol, avec des répercussions importantes pour le recyclage de la matière organique du sol, la disponibilité des nutriments et la régénération forestière. Globalement, l’étude souligne la nécessité de prendre en compte les dynamiques aériennes et souterraines dans la gestion des forêts face aux changements climatiques.

schéma des interactions d’ordre alimentaire entre les organismes du sol
Représentation du réseau trophique du sol. Les flèches représentent les flux d’énergie entre les groupes trophiques, leur épaisseur étant proportionnelle à l’intensité des interactions trophiques. La couleur des flèches montre comment les flux d’énergie peuvent être agrégés par type de ressource et de consommateur afin de quantifier les fonctions du réseau trophique du sol. Le niveau trophique correspond à la position qu’occupent les organismes d’un groupe trophique dans le réseau, mesurant sa distance par rapport à la production primaire autotrophe.
Ludovic Henneron, adapté d’après Henneron et al. (2026). Les silhouettes utilisées sont libres de droit (licence Creative Commons Attribution « CC BY ») et proviennent des sites Phylopic.org et Thenounproject.com, Fourni par l’auteur

Quelles sont les suites ?

Cette recherche ouvre la voie à de multiples perspectives de recherche.

Il serait ainsi intéressant d’étudier de nouveau ces communautés d’arbres et le fonctionnement du réseau trophique du sol de ces forêts de manière répétée dans le temps, afin de suivre la dynamique temporelle conjointe des comportements aérien et souterrain en lien avec les changements globaux en cours. Ceci permettrait de mieux comprendre les liens de causalité en jeu.

Ce travail de recherche pose également des questions concernant l’importance relative pour la nutrition des organismes du sol de différentes sources d’aliments fournis à la base du réseau trophique par les plantes. Parmi celles-ci, on compte les litières, qui constituent l’apport dominant de matière végétale sous forme de feuilles, racines et tiges mortes nécessitant une décomposition pour s’en nourrir. On compte aussi les racines vivantes, qui peuvent être consommées directement par les herbivores ou les pathogènes mais apportent aussi au sol des matières organiques fraîches sous forme soluble directement accessible pour les organismes du sol par un phénomène appelé « rhizodéposition ».


Le projet SoilForEUROPE (ANR-16-EBI3-0009) est soutenu par l’Agence nationale de la recherche (ANR), qui finance en France la recherche sur projets. L’ANR a pour mission de soutenir et de promouvoir le développement de recherches fondamentales et finalisées dans toutes les disciplines, et de renforcer le dialogue entre science et société. Pour en savoir plus, consultez le site de l’ANR.

The Conversation

Ludovic Henneron a reçu des financements de l’ANR (Appel à projets générique 2024, projet Jeunes Chercheuses et Jeunes Chercheurs) pour le projet PLASTRAIT (Plasticité de la qualité des litières foliaires d’arbres : conséquences pour le recyclage de l’azote du sol et les interactions plantes-plantes).

Paul Kardol a reçu des financements de BiodivERsA COFUND call for research proposals, with the national funders Agence Nationale de la Recherche (ANR, France), the Belgian Science Policy Office (BELSPO, Belgium), Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG, Germany), the Research Foundation Flanders (FWO, Belgium), the Swedish Research Council (FORMAS, Sweden).

Stephan Hattenschwiler a reçu des financements de BiodivERsA COFUND call for research proposals, with the national funders Agence Nationale de la Recherche (ANR, France), the Belgian Science Policy Office (BELSPO, Belgium), Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG, Germany), the Research Foundation Flanders (FWO, Belgium), the Swedish Research Council (FORMAS, Sweden) et du programme exploratoire français (France 2030) FairCarboN (ANR-22-PEXF-0001).

David Wardle ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Comment les communautés d’arbres façonnent le fonctionnement souterrain des forêts européennes – https://theconversation.com/comment-les-communautes-darbres-faconnent-le-fonctionnement-souterrain-des-forets-europeennes-282772