Las brisas marinas del Mediterráneo ya no refrescan como antes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Shalenys Bedoya Valestt, Investigadora predoctoral, climatología, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Vista del mar Mediterráneo desde la catedral de Palma de Mallorca. Al Carrera/Shutterstock

Quienes viven a orillas del Mediterráneo conocen bien la sensación. Es mediodía en pleno mes de julio, el asfalto quema y el aire parece estancado. De repente, las hojas de los árboles empiezan a moverse. Se ha despertado la brisa. Ese viento fresco que llega del mar ha sido, durante siglos, nuestro aire acondicionado natural, un alivio indispensable para soportar los rigores del verano. Pero algo está cambiando. Cada vez lo sentimos menos.

No es solo una percepción. Los datos lo confirman: la ventilación natural del Mediterráneo se está debilitando.

En nuestro estudio, publicado recientemente en Scientific Reports, aportamos evidencias a escala regional de que, en un clima cada vez más cálido, las brisas marinas se están volviendo más débiles y más frecuentes en la cuenca del Mediterráneo occidental. Para ello, hemos analizado los datos correspondientes a 41 años (1981–2021) procedentes de 39 estaciones meteorológicas en Francia, Italia, España y el norte de África.

Cuatro décadas de cambios

En nuestro trabajo, hemos observado dos patrones claros:

  • Un debilitamiento en la intensidad: desde la década de 1980, la velocidad (intensidad) de la brisa marina ha disminuido casi un 11 % de media, especialmente durante los meses de primavera y verano.

  • Un probable cambio en su estacionalidad: por el contrario, la frecuencia de aparición de las brisas ha aumentado, sobre todo en invierno, con un incremento de aproximadamente un 10 % por década.

El calentamiento regional debilita la brisa del Mediterráneo

En España, la situación es aún más pronunciada. En las Islas Baleares y la costa mediterránea peninsular, este viento ha perdido en torno a un 17 % de su fuerza. Ciudades como Barcelona, Palma de Mallorca y Castellón presentan brisas marinas incluso un 25 % más débiles que en la década de los ochenta.

Podríamos pensar que lo lógico sería que ocurriese lo contrario. Sabemos que la región mediterránea ha experimentado un calentamiento sin precedentes y es considerada un “punto caliente” del cambio climático con cada vez más episodios extremos de calor. Actualmente, el mar y la tierra se calienta entre un 20 % y un 40 % más rápido que el resto del planeta.

Dado que la tierra se calienta más deprisa que el océano, se están produciendo cambios significativos en la dinámica atmosférica y oceánica. Como resultado, la diferencia de temperatura entre la tierra y el mar se está intensificando. Este contraste térmico es el principal desencadenante de las brisas marinas en todo el mundo.

Por tanto, cabría pensar que un mayor contraste térmico resultase en vientos más fuertes. Sin embargo, en el caso de la brisa, la respuesta no está en la superficie, sino en las capas altas de la atmósfera.

El efecto tapadera durante las olas de calor

El calentamiento global está alterando la distribución de las masas de aire a gran escala, como por ejemplo en la corriente en chorro (vientos que circulan a gran velocidad y altitud). Esto favorece que los sistemas de alta presión (dorsales anticiclónicas) se queden estacionarios sobre el Mediterráneo con mayor asiduidad. Estos sistemas no sólo aportan una gran estabilidad atmosférica, sino que, además, atraen masas de aire tropical continental muy cálido sobre la región, generando olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

Ese aire más cálido se sitúa en las capas medias de la atmósfera, creando una barrera atmosférica que suprime cualquier movimiento vertical del aire cerca del suelo. Como la brisa necesita que el aire caliente de la tierra ascienda libremente para que el aire fresco que viene del mar sea impulsado hacia la costa, al tener esa “tapadera” encima, la circulación se comprime verticalmente (se aplana), reduciendo la velocidad del viento a nivel del suelo.

Esquema ilustrativo del efecto tapadera durante las olas de calor
Esquema del efecto tapadera durante las olas de calor. La subsidencia (hundimiento) de masas de aire cálido sobre la capa límite planetaria (la zona inferior de la atmósfera más cercana al suelo) actúa como una barrera estable (tapadera) que achata y debilita la circulación de la brisa.
Shalenys Bedoya Valestt, CC BY-NC-SA

Los datos muestran que, durante las olas de calor atmosféricas, la brisa es un 8 % más débil en Baleares y cerca de un 5 % en la Península, en comparación al resto de días estivales. Estos hallazgos nos deben preocupar ahora más que nunca, ya que el debilitamiento de la brisa marina está impulsado precisamente por los mismos eventos extremos que debería aliviar: olas de calor cada vez más intensas, prolongadas y frecuentes.




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Veranos eternos en el Mediterráneo: ¿cómo prepararnos?


Gráfico de barras de la velocidad de la brisa marina en verano en situación de ola de calor y sin ola de calor en diferentes regiones
Velocidad de la brisa marina en verano y el debilitamiento que ejercen las olas de calor sobre su intensidad.
Shalenys Bedoya-Valestt, CC BY-SA

Cambio en la estacionalidad

Las brisas marinas son vientos locales generalmente asociados a los meses del verano. Sin embargo, en la región mediterránea también pueden ocurrir en invierno, aunque en menor frecuencia.

Nuestros resultados sugieren que la mayor ocurrencia invernal de brisa que estamos teniendo puede ser una respuesta en cascada a la dinámica atmosférica. Concretamente a la expansión del anticiclón de las Azores (un gran y persistente sistema de alta presión sobre el océano Atlántico) y a una tendencia hacia fases positivas de la Oscilación del Atlántico Norte o NAO+ (un patrón de presión atmosférica que favorece un tiempo seco y estable en el Mediterráneo). Esto se traduce en una mayor frecuencia de anticiclones invernales sobre el Mediterráneo occidental.

Los cielos despejados y los vientos de fondo débiles resultantes crean las condiciones adecuadas para desencadenar brisas marinas durante los meses más fríos. Por otro lado, algunas estaciones meteorológicas detectaron menos días de brisa en verano. Podríamos estar observando un posible desplazamiento en la estacionalidad de las brisas desde el pico del verano hacia el invierno.

Impactos en la sociedad

Los cambios en las brisas marinas conllevan riesgos significativos para los entornos costeros y de interior, así como para las sociedades que los habitan:

  • Mayores extremos térmicos: a medida que las brisas de verano se debilitan y se desplazan al invierno, su efecto de enfriamiento natural disminuye justo cuando más se necesita: durante las olas de calor severas. Estos vientos locales son ahora demasiado débiles para penetrar y enfriar las zonas de interior. Esto amenaza con exacerbar el estrés térmico urbano y aumentar los riesgos para la salud pública.

  • Peor calidad del aire: mientras que los vientos fuertes dispersan la contaminación atmosférica, unas brisas más débiles y frecuentes pueden atrapar y recircular los contaminantes a lo largo de la costa y el interior durante días, empeorando la exposición de ciudades densamente pobladas.

  • Efectos en las precipitaciones: los cambios en estos vientos pueden afectar el transporte de humedad, influyendo en la convección profunda de verano (la responsable de las tormentas severas). Además, otros estudios sugieren que los cambios antropogénicos en el uso del suelo han dejado a las brisas con menos agua disponible para transportar hacia el interior. Por lo tanto, unas brisas más débiles que transportan menos vapor de agua podrían fracasar a la hora de desencadenar las tormentas estivales, necesarias para mantener el ciclo hidrológico en regiones que ya de por sí son secas y áridas.

Nuestros hallazgos señalan las brisas marinas como un elemento crítico, pero históricamente poco explorado, del cambio climático regional. A medida que el Mediterráneo se sigue calentando, depender únicamente de modelos climáticos globales a gran escala (que a menudo tienen dificultades para capturar vientos costeros tan localizados) no es suficiente.

Al analizar las observaciones regionales a largo plazo, obtenemos una imagen mucho más clara de cómo están cambiando las brisas marinas. Esta comprensión es necesaria para evaluar correctamente los riesgos asociados al cambio climático y proporcionar una base realista para las estrategias de mitigación y adaptación en la costa mediterránea.

The Conversation

Shalenys Bedoya Valestt recibe fondos del programa Santiago Grisolía financiado por la Generalitat Valenciana para la realización de tesis doctorales (GVA-CIGRIS/2021/131).

César Azorín Molina dirige esta investigación financiada por la Generalitat Valenciana mediante el programa PROMETEO para Grupos de Investigación de Excelencia (GVA-CIPROM/2023/38). El trabajo también recibe fondos del programa ThinkInAzul apoyado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU) con financiación europea NextGenerationEU (PRTR-C17.I1) y de la Generalitat Valenciana (THINKINAZUL/2021/018); del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y la Comisión Europea (NextGenerationEU) a través de la Plataforma Temática Interdisciplinar Clima del CSIC (PTI-Clima); así como del proyecto RED-CLIMA 2 (LINCGLOBAL – CSIC, LINCG24042). Además, este estudio cuenta con el respaldo de la Unidad Asociada CSIC-Universidad de Vigo: Grupo de Física de la Atmósfera y del Océano.

ref. Las brisas marinas del Mediterráneo ya no refrescan como antes – https://theconversation.com/las-brisas-marinas-del-mediterraneo-ya-no-refrescan-como-antes-287795

El norte de África como frontera del mundo: los secretos de ‘lo maravilloso’ en el Magreb medieval

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristina Franco Vázquez, Doctora en Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca

Mapa del mundo cartografiado por Al-Idrisi en 1154. Wikimedia Commons

Entre los siglos IX y XIII, los geógrafos del imperio arabo-islámico describieron el norte de África como un territorio donde lo cotidiano convivía con lo extraordinario. Sus obras no solo hablaban de ciudades, montañas o rutas comerciales. También recogían historias sobre aguas milagrosas, animales imposibles, cuevas misteriosas y paisajes cargados de simbolismo.

Lejos de ser simples supersticiones, estos relatos cumplían una función muy concreta.

El Magreb, un territorio situado en los confines

Durante buena parte de la Edad Media, el Magreb –el territorio que se extendía aproximadamente desde el actual Marruecos hasta Libia– ocupó una posición periférica dentro del Dār al-Islām, el mundo islámico. Desde la perspectiva de los geógrafos que escribían en Bagdad, Damasco o El Cairo, se trataba del extremo occidental del Imperio, una región alejada de los principales centros políticos e intelectuales.

Mapa medieval de la península ibérica, representada como un círculo, y de la costa norte africana.
Mapa del Magreb según al-Istakhrī, alrededor del 934.
Bibliotheeck der Rijksuniversiteit/Wikimedia Commons

Esa condición de frontera marcó profundamente su imagen. Uno de los mejores ejemplos de la imagen marginal del Magreb se encuentra en el texto de Ibn ʿAbd al-Ḥakam del siglo IX Futūḥ Ifrīqīya wa-l-Andalus (“Conquista de Ifrīqīya y al-Andalus”). En él se compara el Imperio arabo-islámico con un pájaro: la cabeza sería La Meca, Medina y Yemen; el pecho, el Šām –actuales Siria, Líbano, Jordania, Palestina– y Miṣr –Egipto–; el ala derecha, Irak y las naciones que están detrás de él; el ala izquierda, Sind –aproximadamente, la actual Pakistán– y, detrás de él, el Hind –India, Pakistán y Bangladés–. La cola sería el Magreb.

El texto termina especificando que la cola es la peor parte del ave, lo que da a entender la poca importancia que se le daba a este territorio dentro del Imperio.

No obstante, casi 300 años después, a principios del siglo XIV, el Kitāb mafāḫr al-barbar (“Libro de las gestas de los bereberes”) recoge un texto muy similar en el que el Mašriq –actuales Irak, Siria, Líbano, Jordania, Palestina– sería la cabeza del ave; Yemen, un ala; Šām, la otra ala; Irak, el pecho; y el Magreb, la cola. Pero, aclara, se trata de la cola de un pavo real; es decir, lo mejor de este animal.

Nos encontramos, por tanto, ante un Magreb que ha dejado de ser un espacio que las obras mencionan de pasada para empezar a tener su propia historiografía y autores, enmarcados en un contexto arabo-islámico, que resitúan este territorio y su población.

Este cambio coincide con el desarrollo de textos geográficos escritos por autores del propio Occidente islámico. Gracias a ellos, el Magreb empieza a describirse con mucho más detalle y comienzan a incorporarse tradiciones locales que hasta entonces apenas habían aparecido en las obras geográficas.

Cuando la geografía también contaba maravillas

A diferencia de lo que entendemos hoy por textos o mapas geográficos, sus documentos no pretendían separar estrictamente los hechos comprobables de las creencias populares. El objetivo era reunir todo el conocimiento disponible sobre un territorio.

Por eso, junto a las descripciones de ciudades, montañas o ríos encontramos historias transmitidas por comerciantes, viajeros y habitantes locales. Estas narraciones recibían el nombre de ʿaǧāʾib, “maravillas”, y no se consideraban necesariamente falsas. Eran fenómenos que escapaban a la experiencia habitual y despertaban asombro.

El cosmógrafo persa al-Qazwīnī, uno de los grandes estudiosos de este tipo de relatos en el siglo XIII, explicaba que algo resultaba maravilloso cuando quien lo observaba no era capaz de comprender su causa. Lo extraordinario, por tanto, no dependía solo del fenómeno, sino también del conocimiento de quien lo contemplaba. Lo que hoy explicaríamos mediante la ciencia podía interpretarse entonces como una manifestación del orden creado por Dios.

Un mapa del mundo habitado, extraído de la obra de cosmografía Ajā’ib al-makhlūqāt wa-gharā’ib al-mawjūdāt (‘Maravillas de las cosas creadas y aspectos milagrosos de las cosas existentes’), de Zakariya al-Qazwīnī, en una copia del siglo XVI.
U.S. National Library of Medicine

Cuevas, montañas y mares donde todo parecía posible

No todos los lugares eran igualmente propicios para albergar estas historias. Las maravillas se concentraban sobre todo en espacios de frontera: montañas, cuevas, islas, desiertos y costas.

La cordillera del Atlas aparecía como un escenario donde podían esconderse serpientes gigantes o grutas con cadáveres incorruptos convertidos en talismanes protectores. Algunas fuentes poseían propiedades curativas y determinadas piedras se utilizaban para aliviar enfermedades.

El mar era otro gran escenario de lo oculto. El Mediterráneo se describía como un lugar peligroso, habitado por criaturas monstruosas que amenazaban a los navegantes. El Atlántico representaba prácticamente el final del mundo conocido en la época. Según algunos autores, solo era posible navegar con seguridad cerca de la costa; más allá se extendía un océano repleto de islas inexploradas cuyo número únicamente Dios sabía.

Resulta llamativo que muchos de estos relatos aparezcan precisamente en torno a ciudades, puertos y rutas comerciales. Lejos de surgir en lugares completamente aislados, las maravillas circulaban allí donde coincidían viajeros, mercaderes y peregrinos. Eran espacios privilegiados para el intercambio de noticias… y también de leyendas.

Mucho más que historias fantásticas

Podría pensarse que estos relatos solo buscaban entretener. Sin embargo, cumplían funciones mucho más complejas.

Algunos actuaban como advertencias. Las fuentes envenenadas, las islas malditas o las montañas infestadas de criaturas peligrosas servían para señalar los riesgos de determinados lugares. Otros transmitían conocimientos considerados útiles, como la existencia de aguas medicinales o minerales con propiedades curativas.

Mapa medieval del norte del continente africano.
Mapa de al-Maghrib al-Aqsa y al-Maghrib al-Awsat (Magreb lejano y Magreb central) en la copia manuscrita más antigua que se conserva de la Tabula Rogeriana del cartógrafo y geógrafo Al-Idrisi.
Gallica

Además, estas historias ayudaban a conservar un patrimonio oral que difícilmente habría llegado hasta nosotros por otros medios. Los geógrafos no solo cartografiaban el territorio; también recogían la memoria colectiva de quienes lo habitaban.

Lo que estos relatos nos cuentan hoy

Aunque hoy sepamos que aquellos dragones y monstruos marinos nunca existieron, las historias que los describen siguen siendo extraordinariamente valiosas. No porque nos informen sobre la fauna del Mediterráneo medieval, sino porque nos permiten comprender cómo las sociedades del pasado interpretaban el mundo que las rodeaba.

Para los geógrafos medievales, un mapa no era únicamente una representación física del territorio. También era una forma de ordenar lo desconocido. En ese sentido, las maravillas funcionaban como una herramienta para delimitar los márgenes del mundo y explicar aquello para lo que todavía no existía una respuesta.

Quizá esa sea la mayor enseñanza de estos relatos. Nos recuerdan que la necesidad de dar sentido a lo ignorado no ha desaparecido. Simplemente han cambiado las herramientas con las que intentamos hacerlo.


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The Conversation

Cristina Franco Vázquez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El norte de África como frontera del mundo: los secretos de ‘lo maravilloso’ en el Magreb medieval – https://theconversation.com/el-norte-de-africa-como-frontera-del-mundo-los-secretos-de-lo-maravilloso-en-el-magreb-medieval-285013

¿Cuál es el mayor reto científico que aún no hemos podido resolver?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M Rut Jiménez Liso, Catedrática de Universidad del área de Didáctica de las Ciencias Experimentales, Universidad de Almería

Saber de dónde surge la consciencia es uno de los grandes interrogantes por resolver. SvetaZi/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curios@s de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Rodrigo Alonso Martín, de 16 años, desde el IES José Martín Recuerda, Motril (Granada).


Podríamos irnos a las grandes preguntas de la ciencia, cuya respuesta todavía no tenemos del todo, como de dónde surge el universo, si hay o ha habido vida en otros planetas, qué es y qué caracteriza a la materia oscura, cómo surgió la vida a partir de materia inerte o cómo conseguir revertir el calentamiento global.

Sin embargo, si nos quedamos en estos grandes interrogantes, podríamos tener sensación de estar ante algo inalcanzable y utópico, mientras que la pregunta inicial y la actividad científica va de retos y de su equilibrio con la habilidad de quienes los resuelven.

El truco está en cómo plantear el problema

Como si se tratara de un videojuego, si el reto supera mucho a la habilidad de quien juega, sentirá ansiedad o frustración. Por el contrario, si la habilidad supera al reto aparece el aburrimiento. En ambos casos, existe el riesgo de abandonar el juego, que solo “engancha” cuando están equilibrados reto y habilidad. Es lo que se conoce como teoría del flujo, propuesta por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi.

Pues bien, con la actividad científica pasa igual: necesitamos simplificar los problemas que tratamos de resolver para equilibrar el reto con nuestras habilidades. Por tanto, el mayor reto no son las grandes preguntas sino cómo las abordamos y cómo nos vamos aproximando a la complejidad.

A veces, conocemos información sobre un agujero negro lejano, pero nos cuesta mucho trabajo entender qué le pasa a una molécula dentro de un cazo de agua hirviendo, porque nos falta comprender el proceso complejo y verlo en su conjunto con todas las variables que influyen.

Grandes revoluciones científicas

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, se produjo la gran revolución química con la superación de la teoría del flogisto –teoría científica obsoleta basada en una sustancia hipotética que representa la inflamabilidad– a favor de la conservación de la masa y el concepto de elemento químico.

De igual manera, podemos identificar el comienzo del siglo XX como la última gran revolución física, con la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica, o sus finales como la revolución del ADN y la biotecnología.

¿Y ahora? Todo apunta a que este siglo XXI ha inaugurado la era de la neurociencia y de la inteligencia artificial, con nuevos interrogantes: ¿cómo surge la conciencia? ¿Es posible lograr una inteligencia artificial general, como la humana?

Terreno abonado para los bulos

Esas revoluciones pueden producir mucha incertidumbre entre la ciudadanía. No es fácil vivir inmersos en la complejidad y, en vez de dividir el problema y convertirlo en algo alcanzable (equilibrio reto-habilidad), hay quienes se apartan y toman atajos rápidos y fáciles. Así ganan fuerza los bulos que inundan nuestras redes sociales y las conversaciones familiares.

Por ejemplo, ante la observación de que el suelo que se extiende a mi alrededor es plano, puedo sacar la conclusión de que la Tierra es plana. La actividad científica consiste, precisamente, en plantearse un reto: ¿cómo puedo demostrarlo –o desmentirlo–?

En este caso, quizá, podría abordarse respondiendo a un problema concreto, por ejemplo, un barco que sale del puerto de Almería ¿se hace cada vez más pequeño hasta que ningún teleobjetivo puede verlo? Ahora viene el juego de lo sencillo: ¿qué razonamiento puede explicar eso y otros fenómenos relacionados?

El juego de hacer ciencia

Este juego de investigar y hacer ciencia “engancha” a multitud de personas (investigadoras, docentes, estudiantes), no tanto por los grandes descubrimientos que vayamos a producir sino porque “el asombro está en el proceso” –como dice la investigadora Megan Powell Cuzzolino–.

Para ello, cuando enseñamos ciencia, quizá sea mejor no hacer espóiler ni empezar por el final de la película, sino vivir todo el proceso, con preguntas que encierran realidades cercanas para despertar el interés científico. Por ejemplo, si queremos estudiar las cualidades de la vida, podemos plantearnos preguntas como: ¿un garbanzo es un ser vivo?, ¿y una rama recién cortada?, ¿cómo podemos comprobarlo? Para enfrentarnos también nosotros al reto de querer investigarlo y explicarlo.

De esta manera, conocemos las reglas del juego para construir (y evaluar) el conocimiento científico. Y también es el antídoto para impedir que cada vez más personas generen y difundan bulos que ponen en peligro la salud de las personas, los ecosistemas y el planeta, así como los sistemas democráticos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

M Rut Jiménez Liso no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Après les Jeux olympiques de Paris 2024, quel héritage pour la sécurité des évènements sportifs ?

Source: The Conversation – in French – By Christophe Durand, Professeur des Universités, Université de Caen Normandie

*Deux ans après la tenue des Jeux olympiques de Paris 2024, il est temps de dresser le bilan sécuritaire de l’évènement : quels ont été les coûts ? Est-ce que les nouvelles technologies vont prendre de plus en plus de place ? *


En France, l’année 2024 a été marquée par l’organisation d’un évènement planétaire, les Jeux olympiques et Paralympiques de Paris. Le Comité d’Organisation (COJO) annonçait pour les 30 jours de compétitions (17 pour les JO et 12 pour les JOP) 15 000 athlètes venus de plus de 200 nations, plus de 40 000 volontaires, 26 000 journalistes accrédités. L’organisateur revendique également 15 millions de visiteurs (11,3 JO et 3,8 JOP) et 4 milliards de téléspectateurs.

La présence de telles foules et l’exposition médiatique de l’évènement ont soulevé une importante réflexion en termes de logistique d’organisation, mais surtout de sécurité. Le déploiement de structures temporaires – tribunes ou barnum, l’adaptation de sites existants – Grand Palais, Versailles ou Trocadéro aux épreuves sportives a posé un grand nombre de défis aux organisateurs et aux opérateurs-prestataires du secteur de l’évènementiel.

Une sécurité exemplaire pour un évènement médiatique international

La sécurité de la manifestation a été très précocement mise en avant dans un contexte de tensions terroristes et géopolitiques. L’État français, payeur de dernier ressort et garant de l’organisation devant le CIO, a ainsi mis en place une législation spécifique aux JO dite « Lois olympiques », dont certains aspects concernaient des adaptations qui « serviront, en héritage, à l’ensemble des grands événements accueillis sur le territoire national ». Sur les aspects sécurité, le législateur renforçait « les outils à la disposition des pouvoirs publics, d’abord en matière de vidéoprotection, en facilitant l’identification de situations dangereuses pour la sécurité des personnes par les forces de sécurité au moyen de traitements par algorithme assortis de nombreuses garanties pour les droits des personnes concernées ». La coordination se voyait améliorée « en faisant du préfet de police le responsable unique de l’ordre public en Île-de-France pendant la période des Jeux ».

Enfin, la validation des accréditations faisait l’objet d’un criblage massif : plus d’un million de demandes traitées via « plusieurs dispositifs de contrôle […] renforcés, qu’il s’agisse des enquêtes de sécurité portant sur les délégations et prestataires accédant aux sites de compétition et de célébration ou des palpations réalisées à l’entrée des enceintes sportives, qui seront facilitées grâce au recours possible à des scanners corporels, à l’instar des contrôles réalisés dans les aéroports ». Parallèlement, les pouvoirs publics ont validé et financé la formation d’agent de sécurité privée sous forme réduite (105h au lieu de 175h) pour pallier le manque de main-d’œuvre attendu. Ce dispositif et la forte mobilisation des acteurs du secteur de la sécurité privée ont permis le déploiement de 17 000 agents professionnels pendant les Jeux, chiffre porté à 22 000 sur les trois journées les plus importantes.

Deux ans après, l’heure du bilan et des choix

Comme l’avait noté le Conseil d’État, ces mesures se voulaient pour la plupart temporaires et expérimentales. Presque deux ans après les Jeux, le temps des enseignements est arrivé. Et celui des décisions aussi. Diffusé dans le monde entier, l’évènement ne pouvait être entaché du moindre incident sécuritaire. Et cela a été le cas. Outre les commentaires multiples effectués à chaud, les pouvoirs publics ont sollicité des retours d’expérience détaillés à travers trois rapports : le Sénat, le ministère de l’Intérieur et la Commission Nationale Consultative des Droits de l’Homme ont ainsi livré leurs conclusions. Par la suite, la Cour des comptes a elle aussi publié un rapport sur les JO et JOP 2024. L’analyse de ces rapports se scinde en deux versants.

  • Le premier concerne le coût public de la sécurisation de l’évènement qui sur la période 2022-2025 s’établit à 1 163 M€ (517 M€ de surcoût de masse salariale lié aux primes des forces de l’ordre + 646 M€ pour les dépenses de fonctionnement des personnels). Pour sa part la Cour des comptes indique un montant supérieur -1700 M€- en imputant les dépenses de sécurité privée payées sur le budget des Jeux (220 M€) et certaines dépenses indirectes pouvant être imputées à l’évènement selon la rue Cambon comme le coût des formations d’agent de sécurité « évènementiel ».

Ces dépenses n’ont pas été facturées au Comité d’Organisation selon la convention État-Cojop-CIO – alors qu’il est possible depuis 2012 pour les pouvoirs publics français de facturer à l’Organisateur privé à logique commerciale les dépenses liées à la sécurité renforcée sur l’espace public du fait d’un évènement.

Ce surcoût élevé est toutefois un bon indicateur de dispositifs pensés selon une approche « zéro risque » que l’État souhaitait compte tenu des enjeux d’image pour le pays. Cette doctrine a généré un déploiement de forces de l’ordre – épaulés marginalement par l’armée – rarement vu sur le territoire français sur une période aussi longue et hors crise, le Gouvernement appelant les organisateurs d’autres évènements nécessitant le recours aux forces de l’ordre à annuler ou reporter leurs manifestations de l’été 2024.

  • Le second versant des rapports fait le bilan des mesures temporaires mises en place et envisage leur avenir. Quatre éléments de doctrine pour l’avenir nous semblent pouvoir émerger :

Vers un élargissement du rôle de la sécurité privée

Outre la création d’un carte professionnelle allégée pour les agents de sécurité privée, la facilitation des criblages pour les personnels et les volontaires travaillant sur les sites a été considérée comme validée. Les mesures immédiates d’éloignement ou de non-accréditation des personnes identifiées comme « à risques » (fiché S, étranger en situation irrégulière, poursuivies ou condamnées pour troubles à l’ordre public) ne seront pas maintenues hors JO confirmant une doctrine française constante. Elles sont toutefois un précédent dont une remise en place éventuelle peut-être à nouveau envisagée, avec l’accord du Parlement. L’usage massif des portiques de détection – déployés uniquement à Paris et sur quelques sites – qui visaient à fluidifier les contrôles d’accès sans palpation a largement fonctionné mais dans un mode de réglage peu sensible en termes de détection du fait d’une injonction du législateur et pour éviter des déclenchements trop fréquents.

La vidéosurveillance algorithmique va continuer

Le point majeur de l’usage des outils d’aide à la décision – dits algorithmiques – à partir des images vidéos captées en temps réel était expérimental sur 485 caméras dont a priori aucune aéroportés ou mobiles. Techniquement, leur apport a été considéré comme minime compte tenu de problèmes techniques multipliant les pannes ou les faux positifs. Sur ce point le Sénat note que « l’expérimentation ne permet pas de porter un jugement définitif sur l’opportunité du recours à la vidéoprotection algorithmique ». D’où une recommandation pour un maintien de l’expérimentation, le Comité d’Évaluation indiquant que rien « ne heurtait les libertés publiques ni dans sa conception ni dans sa mise en œuvre » dans cette VSA. On notera toutefois que La Commission nationale consultative des droits de l’Homme (CNCDH) est dans son rapport beaucoup plus critique sur ces technologies par rapport aux libertés fondamentales.

Pas d’utilsation des données biométriques et reconnaissance faciale

Un temps envisagé, l’utilisation exceptionnelle de données biométriques a été écartée illustrant en France une grande réticence du législateur quant aux conditions d’application du règlement général sur la protection des données (RGPD). La reconnaissance faciale notamment n’a pas été autorisée, contrairement aux JO de Tokyo 2020 et Pékin 2022. Si en Europe, seul le Royaume-Uni utilise la reconnaissance faciale massivement. Dans le reste du monde, de nombreux pays d’Asie ou du Moyen-Orient organisant des grands évènements sportifs, festifs, culturels ou politiques y ont aujourd’hui recours comme pour la Coupe du Monde au Qatar en 2022. Le législateur français et le juge restent très réticents à des usages de ce type, sauf dans le cadre d’enquête judiciaire s’appuyant sur des captations vidéos.

Ainsi alors même que les systèmes implantés aussi bien en vidéosurveillance (espace public) que vidéoprotection (espace privé) disposent de la possibilité technique d’activer des outils croisant des fichiers de référence et des images en direct, cette couche logicielle n’est pas autorisée en France. Depuis 2016, les gouvernements et Parlements successifs ont donc toujours refusé de franchir le Rubicon de la question sensible de la reconnaissance faciale, même à titre expérimental, même pour les JO.

Dans le difficile équilibre de la balance libertés vs sécurité, les JOP ont toutefois ouvert la porte vers l’usage de certains outils technologiques et le transfert de prérogatives d’ordre public vers la sécurité privée, tendance déjà observée avant les Jeux : usage de drones, criblage massif et systématique, vidéo algorithmique, portiques express en contrôle d’accès (à seuil de détection réglé au minima). On notera aussi un recours massif à la modélisation des sites via le concept de jumeaux numériques dans le cadre des postes de commandement sur la plupart des sites.

La question très sensible des données biométriques en temps réel est restée en attente. Qu’il s’agisse de périmétrie (contrôle d’accès) ou de périphérie des manifestations (présence à proximité), la France maintient, jusqu’ici, un véto formel à un usage automatique des outils de reconnaissance faciale, dans la ligne actuelle de la doctrine européenne actuelle.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

ref. Après les Jeux olympiques de Paris 2024, quel héritage pour la sécurité des évènements sportifs ? – https://theconversation.com/apres-les-jeux-olympiques-de-paris-2024-quel-heritage-pour-la-securite-des-evenements-sportifs-280863

Le découpage technologique, la tactique vaine d’Apple pour esquiver la régulation

Source: The Conversation – in French – By Charles Cuvelliez, Ecole Polytechnique de Bruxelles, Université Libre de Bruxelles, Université Libre de Bruxelles (ULB)

Pour la justice européenne, Apple est bien un contrôleur d’accès. Bangyu Wang/Unsplash, CC BY

Apple a contesté tomber sous le coup du Digital Market Act (DMA) en faisant valoir que sa boutique d’application n’en était pas une, mais cinq plus petites dédiées à leurs différents produits. Cet argument n’a pas convaincu le Tribunal de l’Union européenne. Quant à son iOS, il ne connaît pas un meilleur sort et est aussi désigné comme tombant sous la régulation du DMA.


Le Digital Market Act (DMA) ou Législation sur les marchés numériques est un règlement européen qui impose des règles aux grandes plates-formes numériques afin de garantir des marchés plus équitables et plus ouverts. Il vise à désigner les « contrôleurs d’accès » : des acteurs qui fournissent un ou plusieurs services de plates-formes essentiels servant d’intermédiaire majeur entre les entreprises et les consommateurs.

C’est dans le cadre du DMA que la Commission a considéré Apple comme un point de passage incontournable entre les utilisateurs et les développeurs d’applications pour l’App Store et pour le système d’exploitation iOS. Ce monopole n’est pas indolore : en effet, les commissions qu’Apple prélève sur les apps payantes sont très importantes (30 % pour les développeurs classiques, la moitié pour les développeurs de mini-applications et les PME).

Le DMA pourra permettre un allègement des conditions imposées aux développeurs (qui ne sont pas que pécuniaires, avec davantage d’options pour les boutiques alternatives et des moyens de paiement diversifiés pour les utilisateurs. Concernant le système iOS, l’objectif est d’avoir accès à plus de fonctionnalités des iPhones et autres produits de la marque. Mais, il ne s’agit ni de démanteler l’App Store ni de transformer iOS en open source comme Linux. C’est là toute la subtilité du DMA, perçue comme une menace par les sociétés américaines.

Et justement, le Tribunal de l’Union européenne (UE) a de nouveau recalé ce mercredi 8 juillet Apple dans sa tentative d’échapper à la régulation DMA de son Apple Store, de son iOS et de Safari.

Une boutique ou cinq ?

Apple avait contesté tomber sous le DMA pour sa boutique d’application Apple Store car, pour elle, on ne parle pas d’une boutique d’application mais de cinq – iOS App Store (iPhone), iPadOS App Store (iPad), watchOS App Store (Apple Watch), macOS App Store (Mac) et tvOS App Store (Apple TV). Il s’agirait donc de cinq services distincts. Dans cette configuration, seule la boutique iOS App Store franchirait les seuils quantitatifs d’utilisateurs selon l’article 3 §2 du DMA (45 millions d’utilisateurs mensuels actifs, 7,5 milliards de CA) et serait soumise, comme service de plate-forme essentiel à des obligations d’ouverture à la concurrence.

Chaque boutique, pour Apple, a sa finalité propre, parce que liée à l’appareil concerné et à son système d’exploitation. En d’autres termes, ne mettez pas dans un même panier iOS, iPadOS, watchOS, macOS et tvOS.

IOS, open-bar ?

Le système iOS, parce qu’il équipe tous les iPhone d’Apple, franchit aussi les seuils pour tomber sous la régulation DMA mais selon Apple, il occupe un rôle tellement important dans son écosystème que lui imposer des obligations serait disproportionné et reviendrait à s’attaquer au droit même de propriété intellectuelle de la marque. C’est l’article 6, §7, du DMA, qui impose à Apple d’ouvrir son système d’exploitation iOS à la concurrence. Une disposition inapplicable selon Apple.

Que recouvriront ces obligations ? On ne le sait pas encore et c’est que le Tribunal de l’UE retient : la décision de reconnaître iOS comme service de plate-forme essentielle n’a rien à voir, pour le moment, avec les obligations à venir. Ce sera pour plus tard et ce sera contestable.

Mais donc,de là à dire qu’iOS deviendra open source ou que des parties de code devront être publiées, il n’y qu’un pas qu’Apple voudrait franchir mais ce n’est pas ainsi que cela fonctionnera. On verra sans doute la publication et la mise au point d’interface (des API) pour permettre aux développeurs d’accéder à des fonctionnalités d’iOS qu’Apple se réservait.

La Commission, pas d’accord avec Apple

Dans sa réponse, que le Tribunal avait à trancher, la Commission met en avant les points suivants :

  • Une boutique d’applications met en contact des utilisateurs et des entreprises/développeurs pour des applications logicielles que les deuxièmes mettent au point. Ces applications sont les mêmes, quels que soient la plate-forme et le système d’exploitation sur lequel les applications fonctionnent.

  • Les développeurs et les utilisateurs sont soumis aux mêmes conditions générales d’accès, peu importe l’appareil concerné (iPhone, AppleWatch, Mac,iPad et la variante d’iOS qui l’équipe : iOS lui-même, watchOS, iPadOS)

  • C’est avec un même compte Apple qu’on accède à ces cinq boutiques soi-disant différenciées.

  • Apple présente et commercialise l’App Store comme un service unique, sous une marque unique.

Les boutiques App Store ont le même objectif : mettre en contact développeurs et utilisateurs pour des applications logicielles. S’il fallait ajouter un critère technologique selon la plate-forme ou le système d’exploitation, Apple aurait beau jeu de modifier à sa guise le périmètre de la régulation par de simples choix d’architecture technique. Pourquoi pas un App Store par modèle d’iPhone ?

Le juge entérine la lecture de la Commission

Le Tribunal suit la Commission : ces boutiques, prises ensemble, poursuivent une même finalité économique et fonctionnelle. Quant à l’argument de propriété d’iOS mise à mal s’il doit être régulé, le Tribunal explique que ce n’est pas l’endroit pour plaider cet argument : on ne parle que de déterminer les critères pour tomber sous la régulation DMA et ces critères sont atteints.

C’est au moment de déterminer les obligations concrètes imposées à Apple qu’on pourra revenir sur ce point et argumenter qu’elles sont disproportionnées.

Ce qui est décidé aujourd’hui n’a pas d’impact sur le futur : c’était un autre argument d’Apple selon lequel la décision de la Commission « couvrirait » automatiquement toutes les futures boutiques d’applications d’Apple. Le Tribunal explique que rien n’empêchera jamais Apple de contester toute décision future de la Commission pour le DMA.

Mais les obligations d’interopérabilité (qui obligent les grandes plates-formes à permettre à des services tiers de se connecter à certaines fonctions de leurs écosystèmes afin que les utilisateurs puissent échanger plus facilement entre services concurrents, pas uniquement ceux d’Apple) et d’ouverture à la concurrence (les plates-formes ne peuvent plus verrouiller les utilisateurs ou favoriser systématiquement leurs propres services ; elles doivent offrir un accès non discriminatoire, documenté et effectif aux fonctionnalités essentielles, pour faciliter l’entrée de nouveaux acteurs) se heurteront toujours aux implications concrètes sur les exigences de sécurité et de confidentialité, qu’Apple met en avant pour justifier le caractère très fermé de son écosystème. Même si c’est devenu un argument tardif fort à propos, Apple n’a pas tout à fait tort. C’est un vrai avantage. En cela l’article 6 §7 du DMA s’avèrera utile.

C’est un arrêt du Tribunal pas de la Cour européenne de Justice. Apple peut toujours faire appel sous les deux mois (avec un délai forfaitaire de 10 jours) à La Cour européenne de Justice. En tout cas, découper technologiquement ses produits pour échapper au DMA a pris un serieux coup sauf coup de théâtre d’un éventuel appel de Apple devant la Cour européenne de Justice.

The Conversation

Charles Cuvelliez ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Le découpage technologique, la tactique vaine d’Apple pour esquiver la régulation – https://theconversation.com/le-decoupage-technologique-la-tactique-vaine-dapple-pour-esquiver-la-regulation-287739

Pourquoi masculinisme et antisémitisme sont profondément liés

Source: The Conversation – France in French (3) – By Miriam Eve Mora, Managing Director of the Raoul Wallenberg Institute, University of Michigan

Fitness content is big in the ‘manosphere,’ but extreme ideologies make appearances, too. ljubaphoto/E+ via Getty Images

Les idées antisémites sont aujourd’hui présentes au sein des courants masculinistes. Or l’histoire nous montre que masculinité dominante et antisémitisme sont associés depuis des siècles. Les hommes juifs ont souvent été décrits comme féminins et fragiles, et fondamentalement différents.


Vers la fin de « Into the Manosphere » de Netflix, le documentariste Louis Theroux échange avec l’influenceur britannique Ed Matthews à Marbella, en Espagn.

« Les gens qui dirigent le monde n’ont pas les meilleures intentions », affirme Matthews, reprenant le langage de la manosphère — un univers où certains influenceurs et spectateurs estiment avoir accédé à une vérité plus profonde sur la réalité et le pouvoir. Lorsque Theroux lui demande qui contrôle tout cela, Matthews hausse les épaules et répond très simplement à cette question complexe : « Les Juifs. »

Il s’agit d’une digression de trois minutes dans le film, dont le sujet principal est la masculinité, au cours de laquelle plusieurs influenceurs accusent les juifs de participer à des conspirations mondiales.

La manosphère est un terme fourre-tout désignant des sites web, forums, blogs et influenceurs promouvant une forme particulière d’hypermasculinité, allant de la conviction que les femmes et le féminisme sont la cause des problèmes des hommes jusqu’à des appels à légaliser le viol. Les groupes qui la composent — notamment les «artistes de la drague», les mouvements pour les droits masculins et les communautés de célibataires involontaires (« incels ») — se présentent comme des victimes de la modernité. À leurs yeux, l’économie mondiale est responsable de leurs perspectives professionnelles décevantes, le féminisme est responsable de leurs échecs avec les femmes, et les droits des minorités les contraignent à renoncer à leurs privilèges d’hommes hétérosexuels, et ainsi de suite.

Or ces espaces numériques sont traversés par l’antisémitisme. Certains influenceurs connus nient ouvertement la Shoah, appellent à la violence contre les Juifs et diffusent des théories du complot globales.

Le documentaire de Louis Theroux, diffusé en mars 2026 sur Netflix, suit des personnalités en ligne qui façonnent les idées de jeunes hommes sur la masculinité.

En tant qu’historienne des questions de genre chez les juif et de l’antisémitisme, je sais que les liens entre misogynie et antisémitisme ont des racines profondes. Pendant des siècles, une stratégie fréquente de l’antisémitisme a consisté à attaquer les hommes juifs en dénigrant leur masculinité.

Stéréotypes séculaires

Tout au long du Moyen Âge et jusqu’au XXe siècle, les empires et nations d’Europe ont mis en place des lois et des pratiques qui maintenaient les hommes juifs à l’écart, sans leur accorder un accès complet à la citoyenneté. Dans de nombreuses régions, les Juifs n’avaient pas le droit de voter, de posséder des terres, d’occuper des fonctions publiques, de servir dans l’armée avec un grade ou de se battre en duel avec leurs pairs.

Une photo en noir et blanc montrant quatre hommes vêtus de manteaux, de pantalons et de chapeaux sombres, assis sur le perron devant un immeuble.
History & Art Images via Getty Images

Les discours antisémites dépeignaient souvent les hommes juifs comme féminins ou fragiles, et fondamentalement différents. Ces représentations ont nourri certains des stéréotypes antisémites les plus extrêmes. Par exemple, l’accusation de crime rituel, qui prétend faussement que les Juifs auraient besoin du sang d’enfants non juifs pour fabriquer le pain azyme de Pessa’h, était fréquemment associée à une autre croyance antisémite moins connue : celle selon laquelle les hommes juifs menstrueraient et auraient donc besoin du sang des non-Juifs pour se régénérer. D’autres idées antisémites affirmaient que les Juifs étaient trop faibles et trop lâches pour combattre dans l’armée, qu’ils étaient dominés par les femmes juives, ou encore que la circoncision les rendait plus proches des femmes elles-mêmes.

Le philosophe autrichien Otto Weininger aurait parfaitement trouvé sa place dans un podcast de la manosphère. Il dénonçait violemment la masculinité juive, tout en développant des vues misogynes sur les femmes dans son ouvrage de 1903 « Sexe et caractère ». « Tout comme il n’existe en réalité pas de “dignité des femmes”, il est tout aussi impossible d’imaginer un “gentleman” juif », écrivait-il, allant jusqu’à affirmer que même « la femme la plus supérieure reste infiniment inférieure à l’homme le plus inférieur ».

Sol américain

Les immigrés arrivés aux États-Unis, juifs comme non juifs, ont été façonnés par ces idées et ces expériences.

Les Juifs européens qui se sont installés en Amérique aux XIXe et XXe siècles ont principalement évolué dans le commerce et le négoce, et se sont surtout établis dans les villes. À l’époque, cependant, c’est la frontière — avec ses rudes cow-boys, mineurs et ouvriers du rail — qui définissait la masculinité américaine.

Les nouveaux arrivants juifs, venant de pays européens où la participation des hommes juifs à de nombreux domaines était limitée, avaient développé une masculinité alternative, centrée sur le savoir et sur l’« eydlkayt » — un mot yiddish désignant la douceur et la sensibilité. Après leur arrivée aux États-Unis, certains Juifs sont restés attachés à cette forme de masculinité, tandis que d’autres ont cherché à s’acculturer et à accéder aux formes de masculinité dominante, dont ils avaient été exclus dans leur pays d’origine ou celui de leurs parents.

L’un des premiers « influenceurs » de la masculinité américaine fut le président Theodore Roosevelt, qui mettait en avant sa propre transformation d’un homme timide et jugé efféminé — la presse locale se moquait de lui au début de sa carrière — en un aventurier robuste et amateur de plein air. « La grande majorité de la population juive… a une constitution physique faible », écrivait-il en 1901 dans une lettre. Bien qu’il attribuait cela à des siècles d’oppression, il concevait une différence notable des corps et de l’esprit juifs. Roosevelt défendait un modèle de masculinité rédemptrice fondé sur la vie en plein air et sur la « vie exigeante », et considérait la masculinité comme un moyen de dominer et de contrôler les races qu’il jugeait inférieures.

Les Juifs bénéficiaient sans doute de davantage de droits aux États-Unis que partout ailleurs à l’époque moderne, mais ils étaient encore exclus de certaines institutions de sociabilité masculine. Jusqu’au milieu du XXe siècle, ils furent écartés de nombreux clubs sportifs prestigieux, sociétés fraternelles, hauts grades militaires et country clubs, même si certains ont réagi en créant leurs propres cercles, comme le City Athletic Club de New York. La plupart de ces restrictions ont pris fin avec la disparition des quotas universitaires visant les Juifs dans l’enseignement supérieur américain dans les années 1960 et 1970.

Photo en noir et blanc montrant deux jeunes hommes accroupis de part et d’autre d’un ballon de football surdimensionné, tandis qu’un troisième se tient debout entre eux.
Des membres d’une fraternité juive, dont l’arrière-grand-père de l’autrice, Ezra Sensibar (à droite), posent pour une célébration de rentrée universitaire à Northwestern, à Evanston (Illinois), en 1923.
Sensibar Family Collection/Miriam Mora

Les conspirations d’aujourd’hui

La manosphère actuelle ne se contente pas de prolonger cet héritage : elle propose aussi quelque chose de nouveau. Son adhésion aux théories complotistes antisémites permet à des hommes qui se perçoivent comme des victimes d’expliquer simultanément de multiples frustrations sans avoir à reconnaître leurs propres failles.

Il y a plus de vingt ans, le Southern Poverty Law Center a identifié une théorie du complot émergente au sein de la droite américaine : l’idée que des « marxistes culturels » chercheraient à détruire la culture américaine. En particulier, certains partisans ont accusé les Juifs d’avoir introduit des idées et des mouvements progressistes — notamment le féminisme et les questions de genre — dans le cadre d’un effort visant à affaiblir la domination des hommes blancs.

Cela apparaît clairement dans les discours de la manosphère, lorsque des figures comme Myron Gainesattribuent aux Juifs ce qu’ils perçoivent comme des forces destructrices pour la civilisation occidentale, allant du féminisme et du communisme à la pornographie.

Le chercheur Michael Broschowitz explique le glissement de la manosphère vers l’antisémitisme par trois dynamiques principales. Premièrement, l’antisémitisme fonctionne comme une explication universelle, capable de rendre compte de nombreux problèmes à la fois. Deuxièmement, les algorithmes conçus pour maximiser l’engagement amplifient les contenus les plus extrêmes. Troisièmement, les communautés en ligne peuvent rapidement remixer des idées antisémites pour les adapter à différents contextes culturels.

Ces trois explications sont importantes. Mais j’avancerais un dernier élément crucial : la masculinité et l’antisémitisme ont traversé les siècles main dans la main. La pensée conspirationniste qui se développe dans la manosphère attribue aux hommes juifs la responsabilité de l’affaiblissement de la masculinité. Dans la manosphère, les échecs de la virilité ne sont jamais les vôtres.

The Conversation

Miriam Eve Mora ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Pourquoi masculinisme et antisémitisme sont profondément liés – https://theconversation.com/pourquoi-masculinisme-et-antisemitisme-sont-profondement-lies-280529

Dans le camp de Tsoundzou, à Mayotte, les oubliés de la route migratoire de l’océan Indien

Source: The Conversation – France in French (3) – By Anthony Goreau-Ponceaud, Géographe, enseignant-chercheur, UMR 5115 LAM, Université de Bordeaux

Dans la mangrove de Tsoundzou, au sud de Mamoudzou, plusieurs centaines de demandeurs d’asile, dont beaucoup venus de République démocratique du Congo, de Somalie ou du Yémen, vivent dans des abris de fortune. Au-delà de la crise politique et humanitaire, actuellement sous le feu de l’actualité avec l’évacuation d’une partie des habitants, ce camp éclaire les transformations des migrations vers Mayotte et les mécanismes par lesquels se construisent de nouvelles figures de l’altérité, observent les chercheurs Alice Corbet et Anthony Goreau-Ponceaud, qui se sont rendus sur place en mai et juin.


Lorsque l’on évoque les migrations à Mayotte, 101e département français situé dans l’Océan Indien, les regards se tournent généralement vers les Comores voisines. La question migratoire dans l’archipel est en effet largement associée aux débats récurrents sur l’immigration comorienne, illustrés par les traversées depuis l’île d’Anjouan, la plus peuplée de l’archipel et la plus proche de Mayotte, en kwassa-kwassa, des embarcations légères à moteur.




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Pourtant, depuis plusieurs années, une autre réalité migratoire s’impose progressivement. Des hommes, des femmes et des familles originaires de République démocratique du Congo, du Burundi, de Somalie, de Tanzanie ou encore du Yémen rejoignent désormais Mayotte après des parcours parfois longs de plusieurs milliers de kilomètres à travers l’Afrique orientale et l’océan Indien. Alors qu’en 2021 les Comoriens représentaient encore 78 % des nouvelles inscriptions au sein de la Structure de Premier Accueil des Demandeurs d’Asile (SPADA), leur part recule rapidement sous l’effet de la progression des arrivées des demandeurs d’asile en provenance de ces divers pays, dessinant les contours d’une nouvelle route migratoire.

En 2022, les Comoriens ne représentent plus que 54 % des primo-arrivants, tandis que les ressortissants de RDC sont déjà 566. La tendance se confirme ensuite : 922 Congolais sont enregistrés en 2023 puis 1 104 en 2024, année où ils deviennent le premier groupe national accueilli par le SPADA, devant les Comoriens.

Le camp de migrants de Tsoundzou, situé au sud de Mamoudzou – le chef-lieu du département-région mahorais –, offre un observatoire privilégié de ces transformations. Cet article s’appuie sur une enquête de terrain conduite à Mayotte en mai et juin 2026 dans le cadre d’une bourse de recherche de la Fondation Croix-Rouge française. Plusieurs visites du camp, des échanges répétés avec des associations de solidarité ainsi qu’un travail plus approfondi mené auprès de deux leaders communautaires (un homme vivant en dehors du camp et une femme y habitant) ont permis de documenter les trajectoires résidentielles, les parcours migratoires et les modes d’organisation sociale qui y sont en œuvre.

Un camp issu des nouvelles routes migratoires

Le camp de Tsoundzou est apparu en 2025 à la suite du démantèlement de plusieurs campements précaires, notamment celui du stade de Cavani. Si une petite partie du camp a été évacuée le 17 juillet, il accueille toujours plusieurs centaines de personnes, principalement demandeurs d’asile ou en attente d’une solution d’hébergement.

En juin 2026, le camp était en cours d’agrandissement, avec la construction de nouveaux abris destinés à accueillir des migrants dont l’arrivée était attendue à brève échéance. Cette anticipation des flux met en évidence le caractère désormais structuré des routes migratoires en provenance de la région des Grands Lacs, de la Corne de l’Afrique et du Yémen.

Ces évolutions ne signifient pas l’apparition soudaine de nouvelles routes migratoires. Elles révèlent plutôt leur consolidation. Mayotte apparaît aujourd’hui comme l’un des points d’ancrage d’une route reliant les Grands Lacs aux Comores via la Tanzanie et, pour certains exilés, l’espoir d’une poursuite du parcours vers l’Hexagone.

Derrière les bâches, une véritable organisation sociale

Depuis la route nationale, le camp de Tsoundzou est presque invisible. Il suffit pourtant de s’en éloigner de quelques mètres pour découvrir un dédale d’allées bordées d’abris construits à partir de bâches, de bambous, de tôles et de matériaux de récupération. Faute d’eau courante, d’électricité ou d’assainissement, les habitants ont progressivement organisé leur environnement.

On y trouve des commerces (pour certains alimentés en électricité par des groupes électrogènes), des restaurants, une église, une mosquée, des espaces de coiffure, un cabaret, des lieux de projection vidéo et différents services permettant de recharger les téléphones ou de traduire des documents administratifs. Malgré l’absence des infrastructures de base, le camp a été progressivement aménagé dans le but de répondre aux besoins élémentaires de sa population. Il est donc structuré et organisé : on est donc loin de l’idée d’un espace informel.

Des enfants jouent sur les bords du camp de migrants de Tsoundzou en juin 2026. Quand la marée est haute, l’eau remonte jusqu’aux tentes.
Alice Corbet/Author provided, Fourni par l’auteur

Si la scolarisation est ouverte à tous en France, peu d’enfants vont à l’école pour de multiples raisons : parce que les parents ne savent pas effectuer les démarches, parce qu’ils ont peur d’être repérés par la police, parce que l’école est chroniquement saturée sur le territoire.

Les habitants ont également développé leur propre géographie et toponymie : certains secteurs du camp portent les noms de quartiers de Mamoudzou. Les espaces les plus précaires, régulièrement inondés par les marées, sont appelés « Kawéni » pour faire référence à un quartier très défavorisé de Mamoudzou, souvent qualifié de plus grand bidonville de France.

D’autres zones, plus recherchées parce que mieux aménagées et moins soumises aux soubresauts des marées, sont désignées sous le nom de « Petite-Terre », renvoyant dans leurs représentations au Rocher, cette presqu’île où sont installés la préfecture, l’armée, la Légion étrangère et des habitants privilégiés. Le centre commerçant est quant à lui nommé « Majicavo-Dubaï », en référence à l’un des principaux quartiers commerçants de la commune de Mamoudzou. À travers ces pratiques de nomination, les habitants reproduisent et réinterprètent certaines hiérarchies spatiales présentes dans la société mahoraise.

Vivre dans l’attente

La principale expérience partagée par les habitants du camp reste toutefois celle de l’attente : attente d’un rendez-vous administratif, d’un enregistrement de demande d’asile, d’une décision de l’administration ou d’une place d’hébergement. Les délais ont considérablement augmenté, notamment suite au passage du cyclone Chido, qui a frappé en décembre 2024 et endommagé 80 % du territoire, a causé des milliers de blessés et fait officiellement 40 morts.




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Pour certains, plusieurs mois peuvent s’écouler avant même l’enregistrement de leur dossier. Cette immobilisation forcée transforme profondément le quotidien. Nombre d’hommes rencontrés décrivent le sentiment de ne plus pouvoir travailler ni soutenir financièrement leurs proches restés au pays.

La plage à côté du camp est accessible à marée basse. C’est un lieu de détente, de conversation, de jeu (notamment du football) : un sas entre la densité du camp et l’extérieur. Photo prise en juin 2026.
Alice Corbet/Author provided, Fourni par l’auteur

Les journées s’organisent autour de discussions, de matchs de football improvisés ou de l’espoir d’avoir des nouvelles susceptibles de débloquer leur situation. L’attente devient ainsi bien davantage qu’une simple conséquence administrative : elle structure les relations sociales et les perspectives d’avenir.

Les femmes leadeuses

En dehors des démarches administratives, les femmes sont elles aussi confrontées à de longues périodes d’attente. Si la prise en charge quotidienne des enfants structure leur temps, elle ne les soustrait ni à l’inactivité imposée ni à une forte précarité. Dépourvues de statut administratif et exposées à des vulnérabilités spécifiques liées à leur genre, notamment aux risques d’exploitation sexuelle et de prostitution, certaines d’entre elles, identifiées comme particulièrement vulnérables par des associations de solidarité, bénéficient d’une aide sous forme de bons alimentaires.

Par ailleurs, dans un contexte mahorais où les femmes ont toujours eu un rôle important, les leaders du camp sont surtout des « leadeuses » : elles créent des associations, souvent en fonction de l’origine et de la langue, et les représentent au sein du camp comme à l’extérieur. Ainsi, « mère-boss » telle qu’elle est appelée par de multiples résidents du camp, est responsable de la coordination du « forum des femmes ». Congolaise, récemment arrivée, ses compétences, son charisme et son niveau d’étude lui ont assuré une reconnaissance et un rôle à la fois de représentation, de médiatrice avec les associations ou les journalistes, et de chargée de plaidoyer.

Quand la question sanitaire devient un enjeu politique

Les débats autour du camp ne portent pas uniquement sur l’accueil des exilés. À mesure que Tsoundzou gagne en visibilité, il devient également un objet de controverse politique. Les associations alertent sur les risques sanitaires liés à la promiscuité, à l’absence d’équipements et aux difficultés d’accès à l’eau.

Il est vrai que les conditions de vie à l’intérieur sont déplorables : au rythme de la marée, les habitants vont faire leurs besoins dans la mangrove, et la saison des pluies inonde le lieu, faisant notamment remonter tous les déchets. Les personnes malades craignent souvent d’être arrêtées par la police et « pafées » – selon le terme employé par nos interlocuteurs, dérivé du sigle PAF (Police aux Frontières) – vers le centre de rétention administrative alors qu’elles se rendent à l’hôpital. Les difficultés à financer le trajet en taxi contribuent également à retarder leur prise en charge.

Or, certains responsables politiques dénoncent l’installation durable d’un camp de migrants africains sur le territoire mahorais : les inquiétudes sanitaires occupent une place particulière dans ces débats et font l’objet d’instrumentalisations.

Comme souvent dans l’histoire des migrations, les épidémies réelles ou supposées contribuent à alimenter des mécanismes de stigmatisation. Les rumeurs circulant autour de maladies telles qu’Ebola ou le mpox tendent parfois à associer certains groupes de migrants à un danger sanitaire. Ces discours participent à la construction d’une figure du « migrant africain » qui tend à homogénéiser des populations pourtant très diverses par leurs parcours, leurs statuts et leurs histoires.

Une transformation du regard porté sur les migrations

L’intérêt du cas de Tsoundzou dépasse largement le seul cadre du camp. Alors que les débats sur l’immigration à Mayotte se sont longtemps construits autour de la figure du migrant comorien, les habitants du camp sont aujourd’hui majoritairement originaires d’autres régions. Pour autant, les mécanismes d’exclusion observés restent souvent similaires.

Les différences de nationalité ou de trajectoire tendent à s’effacer derrière une catégorie unique : celle du « migrant ». Le camp de Tsoundzou apparaît ainsi comme le révélateur d’une transformation plus profonde. Il montre comment Mayotte s’inscrit désormais dans une géographie migratoire qui dépasse largement l’archipel des Comores et s’étend à l’ensemble de l’océan Indien occidental.

À travers ce camp se lisent également les tensions qui traversent aujourd’hui l’île  : entre contrôle des frontières et droit d’asile, entre impératifs humanitaires et préoccupations sécuritaires (le ministre de l’intérieur ayant réagit à l’Assemblée nationale, avant qu’une partie du camp ne soit évacuée le 17 juillet), entre héritages postcoloniaux et nouvelles formes de mobilité. Autant de questions qui dépassent largement le cas mahorais et concernent les transformations contemporaines des migrations à l’échelle mondiale.

The Conversation

Anthony Goreau-Ponceaud a reçu des financements de la fondation croix rouge française dans le cadre du projet “intervention humanitaire à Mayotte (Chido): entre continuité et particularismes locaux”, https://www.fondation-croix-rouge.fr/recherches-soutenues/intervention-humanitaire-mayotte-chido-alice-corbet/

Alice Corbet a reçu des financements de la Fondation Croix Rouge française dans le cadre du projet “Intervention humanitaire à Mayotte (Chido): entre continuité et particularismes locaux”, https://www.fondation-croix-rouge.fr/recherches-soutenues/intervention-humanitaire-mayotte-chido-alice-corbet/

ref. Dans le camp de Tsoundzou, à Mayotte, les oubliés de la route migratoire de l’océan Indien – https://theconversation.com/dans-le-camp-de-tsoundzou-a-mayotte-les-oublies-de-la-route-migratoire-de-locean-indien-285951

¿Cómo cuidar de un cúbit? Guía para mantener vivo al bebé más frágil del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ramón Aguado, Doctor en Física Teórica que trabaja en materiales cuánticos en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM) como Investigador Científico, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Javier Arias/Telos

“Cuida bien al niño / Cuida bien su mente / Dale el sol de Enero / Dale un vientre blanco / Dale tibia leche de tu cuerpo / Todas las hojas son del viento / ya que él las mueve hasta en la muerte / Todas las hojas son del viento / menos la luz del sol”

Cuando Luis Alberto Spinetta, poeta y figura emblemática del rock argentino, interpretaba estos versos en 1973, dedicados a la Muchacha de ojos de papel de otro de sus grandes himnos, probablemente no anticipaba que había escrito, de manera inadvertida, una bella metáfora sobre el desafío central de la computación cuántica al que nos enfrentamos medio siglo después.

Hoja quieta en la rama. Hoja en el viento. Dos formas de estar en el mundo, separadas por un soplo. Un haiku de dos estados: una anclada al árbol, otra danzando en la incertidumbre. Así son los cúbits, la unidad básica de información en computación cuántica. Así es la coherencia cuántica.

La fragilidad del cúbit

El bebé de la canción no es común. Puede ocupar dos habitaciones simultáneamente, manifestar emociones opuestas a la vez y existir en un estado de posibilidades hasta que se observa. Es tan sensible que una mínima variación de temperatura, un rayo de luz o incluso la observación pueden provocar su colapso.

Este bebé es un cúbit. La historia de la computación cuántica es, en esencia, la de quienes buscan preservar estos sistemas el tiempo suficiente para que desplieguen su potencial. Técnicamente, esta propiedad se denomina coherencia cuántica: el intervalo durante el cual el cúbit mantiene su naturaleza cuántica antes de que la decoherencia lo transforme en un bit clásico. Es el momento previo a que la hoja caiga y toque definitivamente el suelo.

Cada laboratorio ha desarrollado su propia guardería altamente tecnológica donde cuidar de estos frágiles bebés: un entorno de protección para los cúbits, con logros y desafíos propios.

Las guarderías de los cúbits son de muchos tipos. Desde el frío extremo de los superconductores hasta el silencio del silicio. Desde los susurros láser de los iones hasta la danza reconfigurable de los átomos neutros. Y por supuesto los cúbits topológicos, casi imposibles de destruir a modo de horrocruxes.

Los bebés nacidos del frío: cúbits superconductores

En Google e IBM, las guarderías adoptan una forma singular: refrigeradores de dilución que descienden del techo como suntuosas lámparas de araña en antiguos palacios. Dentro, a 20 milikelvin, más frío que el espacio interestelar y cercano al cero absoluto, reposan bebés en cunas muy especiales.

Estas cunas superconductoras, basadas en circuitos de aluminio, niobio o tántalo, funcionan como átomos artificiales, con niveles de energía cuantizados bien definidos.

Gracias a pioneros como John Clarke, Michel Devoret y John Martinis (galardonados con el Premio Nobel de Física 2025), quienes en los años 80 demostraron que un circuito puede comportarse como un átomo, somos capaces de desdibujar la frontera entre el mundo cuántico microscópico y el mundo clásico macroscópico.

Estos cúbits superconductores son los más veloces. Realizan operaciones lógicas en decenas de nanosegundos. Sin embargo, presentan un inconveniente: son susceptibles al ruido. Al estar compuestos por miles de millones de átomos, cualquier defecto en el material, cualquier fluctuación del campo electromagnético o vibración puede inducir la pérdida de coherencia cuántica. Incluso la radiación infrarroja, las pequeñas trazas radiactivas en los materiales del edificio o los rayos cósmicos que nos atraviesan constantemente impactan contra los cúbits, generando cascadas de partículas que degradan el estado superconductor y hacen que pierdan su coherencia en milisegundos.

En 2019, el procesador Sycamore de Google mantuvo la coherencia de 53 cúbits el tiempo suficiente para lograr la denominada supremacía (o ventaja) cuántica: completar en 200 segundos una tarea que requeriría 10 000 años en los superordenadores más avanzados. Aunque estos resultados fueron cuestionados posteriormente, ejemplifican la intensa competencia en computación cuántica y su potencial. Actualmente, laboratorios de todo el mundo investigan nuevos materiales, perfeccionan técnicas de nanofabricación y desarrollan filtros más eficaces. Por ahora, la decoherencia sigue siendo el principal obstáculo.

Recientemente, Amazon Web Services (AWS) ha introducido una variante fascinante: los cat qubits (“cúbits gato”), bautizados así por el famoso gato de Schrödinger, ese felino imaginario que está vivo y muerto a la vez. Estos cúbits están diseñados para suprimir ciertos tipos de errores de forma natural, actuando como si el gato cuántico tuviera una doble vida protegida. Integrados en su nuevo chip Ocelot, los cat qubits reducen hasta en un 90 % los recursos necesarios para corregir errores, y por tanto las necesidades de escalado masivo, allanando el camino hacia ordenadores cuánticos tolerantes a fallos que podrían llegar años antes de lo previsto.

La guardería del susurro: iones atrapados

Cambiemos de escenario. En laboratorios repletos de espejos y láseres, los bebés son iones de iterbio, calcio o berilio, suspendidos en el vacío mediante trampas de Paul, campos eléctricos que los mantienen sin contacto con superficies sólidas y que crean lo que denominamos como redes de iones atrapados.

Si los superconductores son velocistas, los iones atrapados son fondistas: mantienen la coherencia durante segundos o incluso minutos. Sin embargo, requieren manipulación extremadamente delicada mediante láseres, con pulsos precisos que alteran su estado sin perturbarlos. Estas técnicas son lentas, operando en escalas de microsegundos, lo que limita ciertas operaciones. El calor puede excitar sus vibraciones colectivas (fonones), destruyendo la coherencia, por lo que se emplea enfriamiento láser en un equilibrio delicado. Además, la alineación de los láseres es compleja y se requieren condiciones de ultraalto vacío.

Estos sistemas presentan fidelidades superiores al 99,9 %, lo que los convierte en algunos de los cúbits mejor controlados. Sin embargo, el número de cúbits en los sistemas más avanzados apenas supera la treintena.

El santuario de silicio: cúbits de espín

En salas blancas de Intel o de Delft, donde los técnicos visten a modo de astronautas, los bebés son de silicio. Son electrones atrapados en puntos cuánticos, pequeñas islas semiconductoras en las que electrodos diminutos los controlan. La idea es tan bella como simple: si manipulamos su espín, esa propiedad intrínseca del electrón que actúa como un pequeño imán, tendremos un cúbit.

La ventaja del silicio es su silencio. Purificándolo para eliminar el isótopo ²⁹Si, cuyos núcleos son pequeños imanes aleatorios que generan ruido magnético, obtenemos un entorno casi perfecto. Y lo extraordinario: estos bebés se fabrican con las mismas técnicas que los microchips de nuestros ordenadores, con lo cual podríamos aprovechar décadas de desarrollo de la industria CMOS para imprimir cúbits de espín en grandes obleas de silicio, con la misma tecnología con la que se fabrican los microprocesadores con billones de transistores que tenemos en nuestros dispositivos.

Esta promesa de escalabilidad comienza a cosechar sus primeros frutos: recientemente se han demostrado fidelidades superiores al 99% en cúbits fabricados en obleas industriales.

Sin embargo, operar cúbits de silicio presenta desafíos: pequeñas variaciones en el material provocan que cada espín electrónico responda de manera ligeramente distinta, lo que exige calibraciones individuales. Además, el ruido de carga en las interfaces entre el silicio y sus óxidos puede afectar negativamente la coherencia.

La guardería que se reconfigura: átomos neutros

Cambiemos una vez más de escenario. Dejemos las salas blancas del silicio y viajemos a Boston, a los laboratorios de QuEra, o a California, donde Atom Computing y Microsoft están construyendo una nueva guardería.

Aquí los bebés son átomos neutros de rubidio, cesio, iterbio o estroncio, atrapados con pinzas ópticas: láseres tan enfocados que pueden sostener un solo átomo en su punto focal. Como los átomos no tienen carga eléctrica, son aún más tranquilos que los iones. Pueden mantener la coherencia durante segundos.

Pero lo realmente especial es que se pueden reordenar. Usando matrices de pinzas ópticas generadas con moduladores espaciales de luz, es posible mover los átomos como piezas de ajedrez, acercando a los que necesitan interactuar entre sí. Es la única plataforma en la que la conectividad no está dictada por un cableado fijo, sino que puede reprogramarse sobre la marcha. ¿Cómo se logra que interactúen? Los átomos se excitan a estados de Rydberg: estados en los que el electrón se aleja tanto del núcleo que el átomo se hincha como un globo, hasta hacerse mil veces más grande. En ese estado, los átomos se ven y pueden hablar entre sí.

Estos cúbits enfrentan un desafío fundamental: pueden desaparecer debido a colisiones con gas residual, calentamiento o durante la medición, lo cual provoca que un átomo abandone su pinza óptica. Mientras que en otras plataformas la pérdida de un cúbit detendría el cálculo, en la guardería de átomos neutros han aprendido a hacer algo asombroso: reponer los bebés perdidos sin despertar a los demás. En 2025, un equipo de Atom Computing y Microsoft demostró un sistema que detecta qué átomos faltan y los repone desde un reservorio cercano: una especie de cinta transportadora óptica que repone bebés, a modo de escena de dibujos animados, manteniendo la coherencia por encima del 95 %.

La guardería de luz: cúbits fotónicos

Existe una guardería radicalmente diferente, donde los bebés son de luz. Fotones que viajan por fibras ópticas a temperatura ambiente, sin necesidad de frío extremo ni de vacío. Son las hojas que el viento no puede tumbar: viajan ligeras, imperturbables y pueden recorrer kilómetros sin perder su coherencia. Pero tienen un problema: los fotones apenas interactúan entre sí. Es como tener hojas que nunca se rozan. ¿Cómo hacer que se comuniquen?

La solución tradicional ha sido la interferencia probabilística, pero recientemente se ha dado un paso de gigante con la demostración, por parte de la compañía canadiense Xanadu, de la generación, en un chip fotónico integrado de nitruro de silicio, de estados que distribuyen la información cuántica entre múltiples fotones, con una estructura que permite detectar y corregir errores de forma natural, sin necesidad de agrupar muchos cúbits físicos. Es como si cada bebé de luz llevara incorporado su propio sistema de protección.

Estos estados, denominados GKP, permiten operaciones lógicas deterministas a temperatura ambiente y son ideales para la interconexión de múltiples chips mediante fibra óptica. Aunque es necesario reducir las pérdidas ópticas para lograr tolerancia a fallos completa, este avance señala un camino claro hacia ordenadores cuánticos fotónicos escalables, modulares y aptos para centros de datos.

La guardería soñada: cúbits topológicos

Y luego está la guardería que algunos llevamos años tratando de entender, incluyendo grandes laboratorios como los de Microsoft: la guardería de los cúbits topológicos. Una idea que parece de novela.

Recordemos a Voldemort, el villano de la saga de Harry Potter. Para volverse inmortal, esconde su alma en varios objetos, los horrocruxes, y los dispersa por el mundo. Mientras esos objetos permanezcan intactos, Voldemort no puede morir. Para destruirlo, habría que encontrar y destruir todos y cada uno de ellos.

Los cúbits topológicos funcionan igual. La información no se guarda en un solo lugar, sino troceando un electrón en dos mitades, los modos de Majorana, y separándolas. Cada mitad, por separado, no tiene la información completa; es la relación entre ambas la que codifica el cúbit. Para destruirla, el entorno tendría que afectar ambas mitades simultáneamente. Cualquier perturbación local solo ve una mitad y no puede dañarla.

Pero estos modos no aparecen en un único material. Nacen en la frontera, en la región de contacto entre un semiconductor, como el arseniuro de indio, y un superconductor. Es en esa delgada línea donde el semiconductor se encuentra con el superconductor, donde la física permite que un electrón se parta en dos mitades separadas. Por eso estos cúbits son híbridos por naturaleza, criaturas que no serían posibles sin la combinación de ambos mundos.

Paradójicamente, esta imposibilidad de acceder a la información de forma local ha generado una de las controversias más intensas de la física moderna. Durante años, múltiples experimentos han mostrado señales que podrían interpretarse como modos de Majorana, pero también podrían explicarse por otros fenómenos más mundanos. La comunidad científica ha debatido acaloradamente si esas señales eran los primeros pasos de un bebé topológico o si eran simplemente sombras proyectadas en las paredes de la guardería.

Posiblemente hayamos contribuido a cerrar esta controversia para siempre. En colaboración con QuTech Delft hemos demostrado recientemente que es posible observar el estado de una cuna con Majoranas durante más de un milisegundo. Utilizando una técnica llamada capacitancia cuántica, logramos mecerla y detectar en tiempo real si está “llena” o “vacía”, sin destruir la información.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


The Conversation

Ramón Aguado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Cómo cuidar de un cúbit? Guía para mantener vivo al bebé más frágil del universo – https://theconversation.com/como-cuidar-de-un-cubit-guia-para-mantener-vivo-al-bebe-mas-fragil-del-universo-288138

Osos, hienas, neandertales y 25 nuevos fósiles de ‘Homo antecessor’: últimas noticias desde Atapuerca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Lozano Ruiz, Profesora del grado de antropología, Universitat Rovira i Virgili; Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES)

Investigadores recuperando un resto humano de _Homo antecessor_ en la campaña de 2026. Marina Lozano/IPHES-CERCA

Excelentes noticias para la paleontología: la campaña de excavación número 48 en los yacimientos de la sierra de Atapuerca (Burgos), llevada a cabo entre el 21 de junio y el 22 de julio, ha deparado hallazgos muy interesantes que nos ayudarán a conocer mejor a nuestros antepasados.

Más de 200 investigadores, investigadoras y estudiantes han participado excavando en diez yacimientos diferentes: Penal, Gran Dolina, Galería, Cueva Fantasma, Sima del Elefante, Galería de las Estatuas, Portalón, Sima de los Huesos y Cueva de El Mirador.

Y no hay que olvidar al equipo que lava los sedimentos que extraemos de esos yacimientos en el río Arlanzón. Allí recuperan los huesos de los animales más pequeños, como roedores, reptiles y anfibios.

Restos de fauna y neandertales

En primer lugar, en el yacimiento de Penal se han encontrado herramientas líticas que se corresponderían con las halladas en el nivel TD6 de Gran Dolina, lo que implicaría que dicho nivel es mucho más extenso de lo que se había pensado hasta el momento. En los niveles TD3 y TD4, la base de Gran Dolina, han aparecido marcas de zarpazos de dos especies de osos que vivieron hace aproximadamente un millón de años.

En la Sima del Elefante hemos recuperado las herramientas líticas –hechas con sílex, cuarcita y cuarzo– más antiguas. Así podremos saber algo más sobre la vida de los grupos humanos en la sierra hace más de 1,3 millones de años. Además, hay que destacar el hallazgo del esqueleto prácticamente completo de un lince.

El yacimiento de Galería ha proporcionado también abundantes restos de fauna, principalmente bisontes y caballos, y de útiles de piedra, entre las que destaca un bifaz de cuarcita. Todo esto confirma que esta cueva habría funcionado como lugar de aprovisionamiento de carne hace unos 300 000 años.

En cuanto a la Cueva Fantasma, el hallazgo de varios útiles de piedra indican que los neandertales habrían ocupado parte de este yacimiento. Otra zona habría sido un cubil de hienas, como prueban los numerosos coprolitos (excrementos fósiles) de dichos carnívoros que hemos encontrado.

Pero la presencia de neandertales en la sierra de Atapuerca no es exclusiva de la Cueva Fantasma, ya que tanto en el exterior como en el interior de Galería de las Estatuas hemos podido identificar evidencias de que también estuvieron en este emplazamiento.

Por lo que respecta a los yacimientos más modernos, en una zona de la Cueva de El Mirador se ha llegado por primera vez a niveles del Paleolítico superior (entre hace unos 35 000 y 10 000 años), aunque no se ha podido precisar, de momento, su antigüedad exacta. Este período está muy poco representado en la sierra de Atapuerca, lo que abrirá nuevas líneas de investigación.

Los tesoros de Gran Dolina

De manera deliberada he dejado para el final los hallazgos del nivel TD6 de Gran Dolina. En parte porque es el yacimiento en el que trabajo desde hace treinta años, y en parte porque ha proporcionado los hallazgos más destacados de esta campaña.

Desde 2023 hemos vuelto a excavar el citado nivel, conocido por proporcionar restos humanos de Homo antecessor, especie que vivió en Atapuerca hace unos 850 000 años y se caracteriza por tener rasgos únicos, como una dentición muy primitiva y una cara muy moderna. En campañas anteriores estuvimos excavando el primer subnivel, TD6-1, que era una letrina de hienas donde encontramos ¡más de 1 600 coprolitos! También aparecieron herramientas líticas, restos de herbívoros e, incluso, algunos restos de Homo antecessor.

Sin embargo, no ha sido hasta esta campaña cuando hemos empezado a destapar el subnivel TD6-2. Como ya se había excavado en otras zonas, sabíamos que alberga un campamento con presencia de restos de la fauna que cazaban aquellos humanos, como ciervos, caballos, bisontes y rinocerontes. Además, hemos encontrado las herramientas líticas de sílex, cuarcita, caliza y arenisca con las que descuartizaban las presas.

Un metacarpo de Homo antecessor recuperado en el nivel TD6 de Gran Dolina.
Marina Lozano/IPHES-CERCA

Aunque, sin duda, lo más destacado es que hemos recuperado 25 nuevos restos óseos y dentales pertenecientes a Homo antecessor. Entre esos vestigios destacan tres dientes, vértebras, huesos de pies y manos, un cúbito bastante completo y fragmentos de otros huesos largos, como húmero y tibia. Con estos nuevos fósiles la cantidad de restos de esta especie ya supera los 200.

Nuevos indicios de canibalismo

A pesar de que acaban de aparecer y en los próximos meses vamos a estudiarlos y analizarlos con todo detalle, ya podemos adelantar alguna información. En primer lugar, sigue confirmándose que los restos de esta especie presentan evidencias de canibalismo. Los huesos están fracturados de manera intencionada, tienen marcas de corte y están mordidos por otros humanos.

Hasta fechas recientes, otra de las peculiaridades de este conjunto de Homo antecessor era que estaba formado por individuos infantiles y juveniles. El más joven tendría unos 2 o 3 años y el mayor, 17.

Un incisivo inferior de Homo antecessor en el nivel TD6-2 de Gran Dolina.
Marina Lozano/IPHES-CERCA

La ausencia de adultos era sorprendente, y en base a esto se formuló la hipótesis de que el canibalismo era el resultado de un conflicto entre dos grupos rivales. Uno de ellos habría atacado a los individuos más jóvenes del otro grupo.

No obstante, los dientes que hemos sacado a la luz desde la campaña de 2024 nos indican la presencia de varias personas adultas, de 20 a 26 años. El número de estos individuos se eleva de 8 a entre 12 y 15.

Basándonos en estas evidencias preliminares, tenemos que afrontar el reto de replantearnos algunas de nuestras hipótesis anteriores. Y mientras analizamos estos nuevos restos, ya empezamos a pensar en qué vamos a encontrar en la campaña de 2027.

The Conversation

Marina Lozano Ruiz recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades por el proyecto PID2024-156477NB-C31

ref. Osos, hienas, neandertales y 25 nuevos fósiles de ‘Homo antecessor’: últimas noticias desde Atapuerca – https://theconversation.com/osos-hienas-neandertales-y-25-nuevos-fosiles-de-homo-antecessor-ultimas-noticias-desde-atapuerca-287240

Comprendre l’effet des canicules sur la biodiversité du littoral avec les sciences participatives

Source: The Conversation – France (in French) – By Boris Leroy, Maître de conférences en écologie et biogéographie, Muséum national d’histoire naturelle (MNHN)

Notre espèce n’est pas la seule à souffrir des vagues de chaleur : c’est le cas de toute la biodiversité, et en particulier de la biodiversité marine. Un projet de recherche participative en cours s’intéresse à celle des estrans, sur les littoraux. L’enjeu ? Mieux détecter les changements globaux en cours, y compris ceux que la science n’avait pas nécessairement anticipés.


En l’espace de quelques semaines, la France a traversé pas moins de trois canicules entre fin mai et la mi-juillet. De nombreux records ont été battus en juin : mois de juin le plus chaud jamais enregistré en Europe de l’Ouest et dans les océans à l’échelle mondiale.

Nous avons collectivement souffert de la canicule, mais l’espèce humaine n’est pas seule : la biodiversité aussi, au sens large, souffre de ces événements. Comment la biodiversité les vit-elle ? La science a des éléments de réponses, mais ils demeurent encore souvent incomplets.

La « science en train de se faire » recherche activement des réponses. Mais le processus de la recherche traditionnelle est long et limité par le manque de moyens. C’est là un intérêt majeur des sciences participatives : combiner « savoirs académiques » et « savoirs citoyens » pour repérer ce que la recherche seule ne verrait pas.

Ainsi, le projet ESPOIRS, qui s’inscrit dans le cadre du programme de sciences participatives BioLit, auquel nous participons, vise à comprendre comment certaines facettes méconnues bien qu’essentielles de la biodiversité des littoraux sont affectées par les vagues de chaleur.

L’enjeu est de détecter les changements attendus (ceux mesurables par les protocoles basés sur des hypothèses déjà formulées), mais également de détecter les signaux faibles de changements inattendus, qui restent actuellement dans l’angle mort de la science.

Ce que la science sait déjà… et ce qu’elle ne sait pas encore

Les canicules sont un type parmi d’autres (inondations, tempêtes…) d’événements climatiques extrêmes. Ils sont définis par leur nature exceptionnelle au plan statistique : il s’agit de conditions climatiques rarissimes ou jamais observées dans les données historiques.

Malheureusement, du fait du changement climatique, ces événements sont désormais plus fréquents qu’auparavant (par exemple, les canicules marines sont deux fois plus fréquentes), mais aussi beaucoup plus intenses. Leur multiplication et leur intensification sont anticipées par les projections du GIEC pour les prochaines décennies.




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Au plan biologique, la science a déjà établi de nombreux effets négatifs des événements climatiques extrêmes sur les individus, causant du stress physiologique pouvant être mortel, avec des conséquences en cascade sur les écosystèmes.

Les organismes mobiles tentent d’éviter le stress physiologique. Les poissons marins peuvent par exemple parcourir des centaines de kilomètres à la recherche d’eaux plus fraiches. Quand ils ne peuvent pas fuir, les animaux se nourrissent davantage pour compenser les pertes d’énergie, ce qui les rend plus vulnérables aux prédateurs, à la chasse, ou à la pêche.

Les extrêmes du climat semblent être la principale cause dans les extinctions liées aux changements climatiques. Par exemple, la canicule marine extrême de 2013 à 2016 dans le Pacifique a causé des mortalités massives chez les mammifères et oiseaux, ainsi que des famines et des épidémies chez les étoiles de mer.

Trois « blobs » (bulles de chaleur marines) survenues conjointement sur les côtes américaines entre l’Alaska et le Mexique ici représentés tels que mesurés le 1ᵉʳ septembre 2014, particulièrement intense en mer de Béring.
NOAA, NCDC

Lors d’un événement climatique extrême, tous les organismes en subissent les effets. Il leur faut ensuite un temps de récupération pour survivre. Cependant, quand les vagues s’accumulent, comme les canicules cette année, les organismes n’ont pas le temps de récupérer et le risque d’extinction est multiplié, d’autant plus quand l’intensité atteint des niveaux records.

Ce risque dépend ainsi de la résistance (capacité à résister à un événement extrême) et la résilience (capacité à recouvrer l’état pré-événement extrême) des écosystèmes. Les écosystèmes diversifiés sont plus résistants et résilients que les écosystèmes appauvris, ce qui a été établi sur les forêts : plus il y a d’espèces différentes, mieux la forêt résiste. A l’inverse, les écosystèmes déjà perturbés sont moins résistants et résilients, ce qui souligne l’importance de limiter les perturbations locales pour permettre à la biodiversité de survivre aux événements extrêmes.




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Pour autant, si la science documente de plus en plus de faits établis, toutes les synthèses scientifiques sur la question sont unanimes : les connaissances sont très parcellaires, les mécanismes et les conséquences sont encore mal compris. En outre, elles concernent généralement les organismes qui sont déjà les mieux connus – et souvent les plus charismatiques – tandis que les effets sur la plupart de la biodiversité restent méconnus. C’est particulièrement le cas pour la biodiversité marine.

La science cherche à comprendre les changements de biodiversité liés au climat, mais ces changements sont si complexes et diffus que la science, qui fonctionne par hypothèses et protocoles définis à l’avance, peine à les saisir dans leur globalité. L’une des raisons tient au manque d’observatoires déjà en place pour les détecter et les comparer à une mesure de référence dans le passé.

C’est là tout l’enjeu des savoirs citoyens qui peuvent être révélés par les sciences participatives : ils permettent de faire émerger des signaux faibles que la recherche n’a pas anticipés, ou n’a pas encore pu mesurer. C’est ce que nous proposons de faire à l’échelle des littoraux.




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Quand la mémoire du terrain s’allie à la recherche scientifique

Les sciences participatives englobent toutes les initiatives où scientifiques professionnels et non professionnels collaborent pour produire des connaissances scientifiques. Les sciences participatives répondent à une double problématique dans le cadre des changements globaux : aider la science à documenter des changements très complexes et légitimer l’envie d’agir des acteurs de la société.

C’est dans ce cadre que s’insère le projet de recherche ESPOIRS. À son origine, on trouve des scientifiques et des participants au programme BioLit, qui se sont mis autour de la table pour trouver des solutions pour adapter le programme existant pour mieux détecter les changements en cours. BioLit est porté par l’association Planète Mer et se décline en plusieurs thématiques, dont la première, “Algues brunes et bigorneaux”, a été créée en 2010 avec le Muséum national d’histoire naturelle (MNHN) face au constat de la régression des algues brunes sur les côtes européennes. Le protocole consiste à caractériser les algues brunes et recenser la macrofaune de l’estran (la zone comprise entre l’amplitude minimale et maximale des marées).

Présentation du programme BioLit.

Ces discussions étaient initialement centrées sur l’organisation du suivi dans le temps pour cibler les zones où les effets du changement climatique seront le plus visibles. Cependant, au cours des échanges, nous nous sommes rendu compte que nous avions toutes et tous une anecdote, des observations personnelles, voire des dires rapportés de nos proches, sur l’estran et ses changements.

Éric Feunteun, professeur au MNHN et responsable scientifique du programme BioLit, illustre, lors d’un atelier de co-construction :

« C’est au travers de ma grand-mère qu’on a imaginé BioLit. Parce qu’elle m’emmenait sur les estrans et elle m’expliquait : ça c’est des bigorneaux, ça c’est pas bon à manger […] Déjà elle disait “les choses changent”. »

Un constat partagé, comme en témoigne ce participant à BioLit lors d’un entretien sociologique :

« Je sais qu’y’avait des lieux, sur les plages quand j’étais gamin, y’avait des lieux iconiques que les gamins avaient dû nommer par le passé puis qui s’propageaient. La mare aux cochons, des trucs dans l’genre, et qu’t’allais voir. […] La mare aux cochons elle a changé par contre. Elle a plus sa jolie coloration rose, mais… voilà. Est-ce que c’est bon signe, est-ce que c’est pas bon signe ? J’en sais rien moi. »

Ce constat nous a amenés à ajouter au protocole deux cases blanches permettant aux bénévoles de partager librement toute observation relative à l’état et aux changements de l’estran échantillonné.

Autrement dit : les participants ne sont plus seulement guidés par un questionnaire fermé, celui-ci est désormais ouvert à des observations que nous n’aurions pas anticipées.

Une approche fertile qui permet l’hybridation des savoirs

Cette approche expérimentale permet de pallier deux limites des suivis scientifiques classiques, à savoir :

  • une réactivité et une portée restreintes par des contraintes financières, administratives et logistiques ;

  • des protocoles standardisés qui limitent d’avance ce qui peut être observé.

Ainsi, grâce à un réseau de bénévoles investis, il devient possible de réagir rapidement et d’observer les conséquences immédiates d’un événement climatique extrême, en permettant également de recueillir perceptions et savoirs locaux.

Le principe est d’hybrider deux types de savoirs : les savoirs académiques et les savoirs citoyens. Les savoirs académiques se basent sur des relevés qui sont cadrés par un protocole standardisé, validé par des scientifiques. Les savoirs citoyens se basent sur l’expérience et la connaissance locale des participants de la société civile, qui sont premiers témoins des changements de leurs territoires. La fréquentation régulière d’un site, parfois depuis des générations, leur permet de développer une familiarité du territoire et un œil averti aux phénomènes inhabituels.

Ainsi, suite à une canicule, les bénévoles peuvent apporter deux types d’informations immédiates.

  • D’abord, les informations précises ciblées par le protocole, comme des mesures standardisées sur des espèces particulières, qui pourront être comparées avec le reste des données collectées dans ce programme et faire l’objet d’analyses statistiques.

  • Mais ils peuvent aussi faire remonter ce que l’on pourrait qualifier de premiers signaux d’alerte permettant de mettre le projecteur scientifique sur des changements potentiellement inattendus déjà en cours. L’accumulation de ces signaux permet aux scientifiques d’établir de nouvelles hypothèses sur la complexité des effets des changements climatiques.

Alors que les canicules sont amenées à devenir de plus en plus intenses et fréquentes, cet engagement conjoint entre science et société est un puissant levier qui donne voix aux citoyens pour mieux comprendre, ensemble, les effets des changements climatiques sur la biodiversité.

The Conversation

Boris Leroy a reçu des financements de l’ANR au titre du projet ANR-23-SSRP-0011. Ce travail a également été réalisé dans le cadre du PPR Océan & Climat conjointement animé par le CNRS et l’Ifremer, et a bénéficié d’une aide de l’État gérée par l’ANR au titre de France 2030 portant la référence ANR-22-POCE-0001.

Cam Ly Rintz a reçu des financements de l’ANR au titre du projet ANR-23-SSRP-0011. Ce travail a également été réalisé dans le cadre du PPR Océan & Climat conjointement animé par le CNRS et l’Ifremer, et a bénéficié d’une aide de l’État gérée par l’ANR au titre de France 2030 portant la référence ANR-22-POCE-0001.

ref. Comprendre l’effet des canicules sur la biodiversité du littoral avec les sciences participatives – https://theconversation.com/comprendre-leffet-des-canicules-sur-la-biodiversite-du-littoral-avec-les-sciences-participatives-287890