¿Qué es realmente un régimen político? Más allá de la democracia y el autoritarismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Zarina Kulaeva, Postdoctoral research fellow, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Fachada del Congreso de los Diputados de España. joserpizarro/Shutterstock

Desde la década de 1970, los estudios sobre regímenes políticos se han enfrentado a una pregunta que Aristóteles ya planteaba hace más de 2 000 años: ¿cómo comprender y clasificar las formas de gobierno? En 1975, la Comisión Trilateral encargó a los científicos Michael J. Crozier, Samuel P. Huntington y Joji Watanuki la elaboración de uno de los informes más controvertidos de la década, La crisis de la democracia. Informe sobre la gobernabilidad de las democracias.

En este reporte, los autores se preguntaban si la democracia atravesaba una crisis estructural, articulando su diagnóstico en torno al problema de la sobrecarga de demandas sobre el gobierno.

La noción de sobrecarga señalaba que la expansión del activismo, la creciente movilización social y la ampliación de derechos y expectativas ciudadanas estaba llevando a las democracias y a su capacidad para procesar todas las demandas de participación y redistribución hacia una crisis de gobernabilidad. Esto reflejaría la controvertida idea de que la democracia había llegado a ser, en cierta medida, ingobernable.

Esta preocupación práctica reveló un problema conceptual más profundo: ¿qué entendemos por régimen político y cómo lo definimos? Desde los años 1970, emergieron dos enfoques principales para clasificar a los regímenes políticos.

  • El primero, categórico, los concibe desde una lógica binaria: democracia versus autoritarismo.

  • El segundo enfoque, de naturaleza continua, parte de la premisa de que estos polos no son absolutos y que los regímenes políticos se distribuyen a lo largo de un espectro amplio de matices intermedios.

Las diferentes categorías de la democracia

A partir de esta concepción continua proliferaron innumerables categorías intermedias. Las democracias podían ser iliberales, electorales o delegativas; mientras que los autoritarismos adquirían las propiedades sultanísticas, competitivas o no competitivas. Algunos expertos denominaron a este fenómeno de expansión de calificativos cada vez más descriptivos como una auténtica “Babel terminológica” de los régimenes políticos, aludiendo a la creciente dispersión conceptual.

La evolución de estos tipos puede observarse en ejemplos contemporáneos. Según la clasificación Regimes of the World, España, en 2024, aparece como una “democracia liberal”, categoría que comparte con Australia, Japón o Sudáfrica. Sin embargo, si recurrimos al The Economist Democracy Index (EIU Report 2024, 2025), España figura como “democracia plena”, con una puntuación superior a 8 en 2023. La diferencia entre la democracia “plena” y la democracia “liberal” no constituye categorías equivalentes, pues responde a parámetros normativamente diferenciados.

Este entramado conceptual introduce un sesgo difícil de advertir: al clasificar los regímenes políticos, tendemos a evaluarlos según estándares normativos de democracia o autoritarismo, antes que atender a la lógica interna del propio concepto. Incluso las categorías más recientes, como “regímenes híbridos” repiten este patrón.

De allí surgen preguntas cruciales: ¿significa “democracia liberal” lo mismo en España que en Sudáfrica, pese a sus diferencias sociohistóricas y constitucionales? ¿Es comparable la autocracia de Chad con la de Indonesia, aun cuando sus estructuras de autoridad, bases culturales y prácticas estatales presentan profundas divergencias? La respuesta depende, en última instancia, del filtro conceptual utilizado. El problema se agudiza si consideramos que pocos estudios definen explícitamente qué es un régimen político.

Varios autores revisaron 196 trabajos publicados desde 1996 y hallaron que solo 18 ofrecían una definición clara, aun cuando este concepto debería preceder a cualquier taxonomía de democracia o autoritarismo. Sin un marco conceptual sólido se corre el riesgo de analizar democracias y autoritarismos sin comprender adecuadamente la categoría más amplia que los contiene.

Además, las variables históricamente privilegiadas para medir democracia y autoritarismo –la existencia de elecciones y su nivel de competitividad– han tendido a universalizarse como criterios evaluativos. Ello borra particularidades sociohistóricas de regímenes cuya lógica política se articula en torno a otros factores no captados por estas métricas.

¿Es Ruanda una autocracia electoral?

Por ejemplo, Singapur es clasificado como “democracia iliberal” o “autoritarismo competitivo”, según la tipología empleada. Ruanda, por su parte, aparece como “autocracia electoral” en la clasificación de Regimes of the World. Cabe preguntarse si dicha etiqueta refleja de manera adecuada la persistencia de la violencia estructural, el peso político del legado del genocidio de 1994 o su conocido enfoque “securitario” (securocratic approach), o sea, que prioriza la seguridad sobre la libertad y la igualdad.

De forma similar, Japón es categorizado como “democracia plena”, a pesar de que el Partido Liberal Democrático ha gobernado desde 1955 hasta 1993, casi siempre en un gobierno de mayoría absoluta con alternancias breves en décadas recientes. Estas dinámicas hegemónicas se captan solo parcialmente mediante indicadores centrados en la competitividad electoral.

No es de extrañar que esta “ineluctable modalidad de lo visible” subraye que nuestra percepción del mundo está inevitablemente condicionada por los sentidos, como ya anticiparon Aristóteles, Tomás de Aquino y David Hume.

De modo análogo, en la clasificación de los regímenes políticos, las categorías conceptuales que empleamos –lo que clasificamos como democracia o autoritarismo– funcionan como filtros que determinan qué aspectos consideramos relevantes y cuáles quedan fuera de nuestro campo analítico. Así, la ciencia política corre el riesgo de proyectar sobre la realidad categorías que, en ocasiones, más que describirla con precisión, la simplifican o incluso la distorsionan.

Necesitamos una definición más clara

En un contexto de crisis democrática global y creciente heterogeneidad entre las formas de gobierno, las limitaciones de nuestras categorías analíticas se vuelven aún más evidentes.

Se requiere, por tanto, un marco conceptual más matizado y multidimensional, capaz de captar la complejidad interna de los sistemas políticos, su historicidad y las lógicas que estructuran su funcionamiento.

Definir con claridad qué entendemos por “régimen político” constituye el primer paso para construir clasificaciones conceptualmente consistentes y empíricamente rigurosas.

La historia de los regímenes políticos desde 1970 no se reduce a una secuencia de transiciones entre democracia y autoritarismo; es, ante todo, la historia de una transformación conceptual: el esfuerzo de la ciencia política por elaborar categorías capaces de capturar la complejidad de la gobernanza contemporánea.

Reconocer el carácter histórico, normativo y contingente de estas categorías es indispensable para comprender con mayor precisión analítica y rigor teórico la política del mundo actual.

The Conversation

Zarina Kulaeva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué es realmente un régimen político? Más allá de la democracia y el autoritarismo – https://theconversation.com/que-es-realmente-un-regimen-politico-mas-alla-de-la-democracia-y-el-autoritarismo-270544

¿Está TikTok empeorando la ortografía de los adolescentes?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By África Presol Herrero, Director del Grado en Publicidad Creativa, Universidad Camilo José Cela

Juan Alejandro Bernal/Shutterstock

TikTok es la red social social preferida por los adolescentes, por delante de Instagram o YouTube. La generación Alfa (entre los 12 y los 17 años) la usan para informarse, entretenerse y seguir a sus creadores de referencia. La influencia que los contenidos consumidos tiene en sus creencias, gustos y costumbres es en ocasiones tan intensa que hasta puede cambiar la forma en la que algunos de ellos comen.

Tiene sentido que nos planteemos, por tanto, en qué medida el uso del lenguaje y la ortografía en esta red social puede también estar influyendo en cómo los chicos y chicas de estas edades escriben. Es lo que hemos querido investigar en nuestro reciente estudio.

Tras analizar los 700 vídeos más vistos en TikTok España durante cinco meses desde el punto de vista gramatical, hemos descubierto uno de cada cuatro tiene faltas de ortografía o gramaticales en sus textos superpuestos (subtítulos o rótulos sobre la imagen) o en sus textos descriptivos (el equivalente al pie de foto).

Los errores más comunes

En los 167 vídeos con faltas encontramos un total de 312 errores, la mayor parte de ellos de tipo ortográfico (tildes) en el texto descriptivo. También se detectaron faltas en los rótulos en el 19,2 % de los casos.

Las faltas ortográficas repetidas con más frecuencia fueron “mas” o “que” sin tildes, mientras que los errores gramaticales respondieron más a fallos de concordancia como “tú quiere”, “es para tu” o “me gustan mucho”.

En cuanto al lenguaje urbano digital (expresiones o términos no reconocidos por la RAE), destacó el uso de “tkm” en lugar de “te quiero mucho” o “darle mg” (en lugar de “dadle me gusta”).




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También observamos que algunos usuarios modifican de manera intencionada las palabras relacionadas con violencia o sexo para evitar que los vídeos sean penalizados por la normativa de la red social (como, por ejemplo, el uso de “s3xo” por “sexo”, “p3dof1lo” en lugar de “pedófilo” o “c4chetadas” por “cachetadas”).

Sin corrector automático y en pantalla

TikTok es una aplicación nacida para ser usada a través de dispositivos móviles, por lo que los usuarios escriben con el teclado táctil (esto puede invitar a relajar el rigor del uso de la lengua o confiar en exceso del autocorrector). Además, no ofrece la posibilidad, por el momento, de generar o supervisar el texto escrito con inteligencia artificial (algo que sí hace X con su IA Grok para mejorar la calidad de los posts).

Además, una de las características de TikTok es que su algoritmo viraliza contenidos sin que sea determinante el número de seguidores de la persona que los publica. Esta democratización supone que, al contrario que en los medios de comunicación, los contenidos de personas sin una formación especial y sin filtros de calidad puedan ser vistos por miles de usuarios.

La relajación del uso en redes sociales

¿Qué importancia tiene esto? Mucha si tenemos en cuenta que la corrección ortográfica y gramatical es importante para un desempeño eficaz en la vida, especialmente en el ámbito profesional. Además, las normas gramaticales y ortográficas quedan fijadas en nuestros cerebros a través de la reproducción de lo que estamos acostumbrados a ver escrito, ya que cuanto más vemos una palabra escrita de una determinada forma, más probabilidades hay de que la interioricemos y la reproduzcamos, aunque sea incorrecta.

Las redes sociales, y especialmente TikTok, son hoy uno de los principales canales de comunicación entre jóvenes. Si se relaja el uso de la lengua en entornos en los que cada vez pasan más tiempo, estos errores se trasladan al rendimiento y ámbito académico.




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Pese a los datos optimistas sobre el hábito lector entre los jóvenes (el 75,3 % de la población entre 14 y 24 años lee libros en su tiempo libre), cabe preguntarse si en cuestión de tiempo de exposición las redes sociales superan con mucho a los libros.

El reto, además, no pasa únicamente por fomentar la lectura, sino por integrar en la educación formal una formación lingüística adaptada al ecosistema digital en el que se comunican los jóvenes. Por ejemplo, integrando el uso de redes sociales y de internet en el aula con las mismas exigencias ortográficas y gramaticales de cualquier trabajo académico.

The Conversation

Jorge Gallardo-Camacho trabaja en Atresmedia

África Presol Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Está TikTok empeorando la ortografía de los adolescentes? – https://theconversation.com/esta-tiktok-empeorando-la-ortografia-de-los-adolescentes-281068

Por qué el hantavirus Andes puede transmitirse entre personas (y otros no)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isidoro Martínez González, Científico Titular de OPIs, Instituto de Salud Carlos III

Pereslavtseva Katerina/Shutterstock

Imagínese limpiando una casa de campo cerrada durante meses. Barre el polvo, respira profundamente y, sin saberlo, inhala partículas virales microscópicas provenientes de excrementos de ratón (heces, orina, saliva). Semanas después, desarrolla una fiebre elevada y sus pulmones comienzan a llenarse de líquido.

Este es el escenario clásico del síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una enfermedad grave y a menudo letal. La regla de oro en virología durante décadas fue que el ser humano era un “hospedador terminal” (un callejón sin salida) para los hantavirus: el ratón infecta al humano, pero este no puede transmitir el virus a otro humano.

Pero hay una excepción capaz de transmitirse entre personas: el hantavirus Andes, presente en Chile y Argentina, y recientemente responsable del brote detectado en el crucero MV Hondius. Aunque esta transmisión es poco frecuente y requiere un contacto estrecho, su existencia plantea una pregunta clave: ¿qué hace diferente al virus Andes?

La historia de un descubrimiento inquietante

El virus Andes es endémico de la Patagonia, una región repartida entre Argentina y Chile. Su portador natural es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus).

La comunidad científica descubrió la inusual capacidad de este virus en 1996 durante un brote en Epuyén, Argentina. Los epidemiólogos notaron algo preocupante: los médicos que atendían a los pacientes y los familiares que los cuidaban estaban enfermando. No habían estado en contacto con ratones ni limpiando cobertizos. El virus estaba pasando de persona a persona. Esto se confirmó de manera trágica en otro gran brote en la misma localidad entre 2018 y 2019, que dejó decenas de contagiados y una alta tasa de mortalidad (cercana al 30 %).

Investigaciones publicadas en el New England Journal of Medicine demostraron que varios pacientes estaban infectados con virus genéticamente idénticos, lo que solo se explica por transmisión directa entre humanos. Incluso se identificaron “supercontagiadores”: personas que infectaron a varios contactos cercanos, un fenómeno muy inusual en los hantavirus.

Tras años de investigación en laboratorios de alta bioseguridad, por fin estamos empezando a comprender los mecanismos biológicos que hacen al virus Andes tan excepcionalmente peligroso.




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Un virus que circula por la sangre… y más allá

La mayoría de los hantavirus apenas alcanzan niveles detectables de virus en la sangre (viremia). En cambio, estudios clínicos recientes han demostrado que el virus Andes provoca una viremia intensa y prolongada durante la fase aguda de la enfermedad.

Esto significa que el virus está presente en grandes cantidades en la sangre del paciente, lo que facilita que llegue a otros fluidos corporales.

Un estudio publicado en The Lancet Infectious Diseases analizó muestras de pacientes infectados y encontró ARN viral y partículas infecciosas en la saliva, las secreciones respiratorias y el fluido gingival. En algunos casos, estas muestras fueron capaces de infectar células en el laboratorio.

Andes, además, tiene la capacidad de infectar células del tracto respiratorio. Esto significa que las nuevas partículas virales que se producen se liberan directamente hacia el interior de los pulmones y la garganta del paciente, listas para viajar en microgotas a través de la tos, los estornudos o la saliva hacia un nuevo huésped.




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Retraso de la respuesta inmunitaria inicial

El hantavirus Andes es especialmente eficaz bloqueando la respuesta antiviral temprana, en particular el sistema del interferón tipo I, que normalmente frena la replicación viral.

Este “silencio inmunológico” permite que el virus se replique más tiempo sin ser detectado.

Un tiempo prolongado de incubación

El periodo entre la infección y la aparición de los síntomas (incubación) suele ser de dos a tres semanas, aunque puede superar incluso los 40 días. Esto permite que una persona infectada alcance picos muy altos de carga viral en sus vías respiratorias antes de que comiencen los síntomas respiratorios graves. En esta fase, la persona solo siente un malestar similar a una gripe leve.

Dado que el paciente aún no se siente gravemente enfermo, sigue haciendo su vida normal: besa a su pareja, abraza a sus hijos o, en el contexto cultural sudamericano, comparte el mate. Es en estos momentos de intimidad y contacto estrecho donde el virus Andes aprovecha para transmitirse a nuevos individuos.

Esquema sobre las particularidades del hantavirus Andes.
Esquema sobre las particularidades del hantavirus Andes.
Isidoro Martínez

¿Debemos preocuparnos?

La respuesta corta es que no, pero con matices.

El virus Andes no se transmite por aerosoles a larga distancia con la facilidad de la gripe o el SARS‑CoV‑2. Para que ocurra el contagio suele ser necesario un contacto estrecho y prolongado, exposición a saliva o secreciones respiratorias, convivencia en espacios cerrados o cuidados directos a un paciente en fase aguda.

Por eso, aunque la transmisión entre personas es real, el riesgo para la población general sigue siendo bajo.

Las medidas de salud pública (aislamiento de casos, rastreo de contactos y protección del personal sanitario) han demostrado ser muy eficaces para cortar las cadenas de transmisión.




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Brote de hantavirus en un crucero: impacto y reflexión desde la salud pública


La importancia de vigilar los virus emergentes

El virus Andes ofrece una oportunidad única para entender cómo un virus transmitido por roedores puede adaptarse parcialmente a la transmisión humana. Comprender sus mecanismos podría ayudar a anticipar riesgos futuros, mejorar la vigilancia epidemiológica y desarrollar mejores herramientas diagnósticas y terapéuticas.

En un mundo donde los virus zoonóticos emergentes son cada vez más frecuentes, el hantavirus Andes es un recordatorio de que la frontera entre animales y humanos es más permeable de lo que parece.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué el hantavirus Andes puede transmitirse entre personas (y otros no) – https://theconversation.com/por-que-el-hantavirus-andes-puede-transmitirse-entre-personas-y-otros-no-282596

¿Talento oculto en la empresa? La IA puede ayudar a descubrirlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

khunkornStudio/Shutterstock

Las organizaciones llevan años obsesionadas con identificar talento. Sin embargo, siguen tropezando con una pregunta incómoda: ¿qué entienden exactamente por “talento”? En la práctica, muchas veces se confunde lo que una persona ya demuestra hoy con lo que podría llegar a hacer mañana, si se le dieran las condiciones adecuadas. Una cosa es el rendimiento ya observable y otra el potencial todavía no desplegado.

El caso de las 30 personas invisibles

Para ilustrar esta diferencia analizamos los datos de 98 empleados de una multinacional, recabados durante un trabajo de consultoría. Se evaluaban desempeño, movilidad funcional, movilidad internacional, nivel de inglés y varias competencias clave.

Primero se aplicó una lógica habitual: predecir la movilidad internacional con un modelo estadístico clásico. El resultado fue revelador. El nivel de inglés era el único predictor estadísticamente significativo. Si uno se quedara solo con esa lectura, podría concluir que el talento internacional depende, sobre todo, del inglés. Es una conclusión cómoda, rápida y, precisamente por eso, peligrosa.

Cuando pasamos de esa lectura unidimensional a un análisis de conglomerados multidimensionales (a grandes rasgos, una técnica estadística de clasificación basada en características similares), la foto cambió radicalmente y aparecieron cuatro perfiles distintos:

  1. Grupo en desarrollo (contribución local, competencias en construcción).

  2. Talento internacional consolidado (alta movilidad, inglés fluido, experiencia global).

  3. Movilidad observada sin base sólida (han viajado, pero tienen competencias medias).

  4. Talento oculto de alto potencial. Es el hallazgo clave.

Este cuarto grupo sumaba 30 personas con un desempeño medio de 4,12 sobre 5 y competencias de 4,04, pero con movilidad internacional baja y nivel de inglés insuficiente. Con la lectura simplista del modelo lineal habrían pasado completamente desapercibidas. Con una lectura más rica, se muestran como una de las mejores apuestas de desarrollo de la organización.

Visibilidad no es preparación.

Esta es una de las lecciones más útiles para las empresas, que a veces no promocionan a quienes tienen más capacidad de aportar en el futuro, sino a quienes hoy resultan más visibles. La visibilidad no siempre equivale a preparación estratégica.

Un empleado puede parecer “internacional” porque ha tenido más exposición, más oportunidades o, simplemente, más escaparate. Otro puede estar rindiendo muy bien, mostrar competencias sólidas y, sin embargo, quedar fuera del radar porque todavía no domina el idioma o no ha tenido ocasión de participar en proyectos globales.

La IA, bien usada, puede ayudar a detectar esa diferencia. Mal usada, puede convertirla en una nueva forma de ceguera automática.

Tres niveles de uso inteligente

La propuesta es aplicar la inteligencia artificial en el área de recursos humanos en tres niveles de mejora:

  1. Detectar mejor: encontrar señales que antes se escapaban. No solo clasificar personas en categorías obvias, sino identificar patrones ocultos que revelan potencial no desplegado.

  2. Decidir mejor: no solo clasificar, sino recomendar intervenciones adaptadas al perfil. En el caso anterior, el grupo con alto potencial bloqueado por el desconocimiento del idioma o la falta de exposición no debería ser descartado del proceso de internacionalización. Más bien debería entrar en itinerarios acelerados de inglés y mentoría global, o integrarse en proyectos transversales que involucran a diferentes áreas (marketing, finanzas, operaciones, recursos humanos).

  3. Rediseñar el sistema: esta es la intención más ambiciosa. Si una organización descubre que está premiando sobre todo la movilidad visible y no la capacidad real de aportar en contextos complejos, entonces el problema ya no es individual. Es del sistema. La IA puede ayudar a detectar estos sesgos sistémicos y rediseñar los criterios de talento.

No se trata de física cuántica (aunque en algo se parece)

Los empleados son, a la vez, “partícula” y “onda”. Partícula porque ocupan un puesto concreto y dejan un rastro observable de resultados. Onda porque también contienen un espacio de posibilidades futuras que depende del contexto, de las oportunidades y de cómo los lee la organización.

No estamos haciendo física cuántica en recursos humanos, pero esta imagen ayuda a entender algo importante: reducir una persona únicamente a los indicadores visibles es una forma muy sofisticada de simplificarla, para mal. El potencial no es un rasgo fijo e inmutable, sino un espacio contextual de posibilidades.

Explicabilidad o legitimidad perdida

Ahora bien, también existe el riesgo de que una IA opaca, injusta o mal explicada deteriore la confianza y neutralice buena parte de sus ventajas.

Si los empleados perciben que el sistema decide sobre ellos como una caja negra, la herramienta deja de ser una ayuda y pasa a convertirse en un problema de legitimidad. Por eso hace falta supervisión humana, auditorías de sesgo, criterios transparentes que hagan explicable el modelo de IA (o sea, que sus decisiones y resultados sean entendibles, transparentes y justificables). La cuestión no es solo si el algoritmo acierta, sino también si la organización puede defender razonablemente por qué decide como decide.

De calculadora vistosa a capacidad estratégica

El reto no es usar más la IA en la gestión de recursos humanos: es dejar de usarla como una calculadora vistosa y empezar a integrarla como una capacidad estratégica para detectar, desarrollar y transformar talento con más inteligencia humana y artificial, en ese orden.

La inteligencia artificial puede hacer que las empresas sean más rápidas, pero su valor más interesante es que ayuda a ver mejor el talento oculto, las trayectorias bloqueadas, las falsas señales de preparación y los errores sistemáticos de clasificación.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Talento oculto en la empresa? La IA puede ayudar a descubrirlo – https://theconversation.com/talento-oculto-en-la-empresa-la-ia-puede-ayudar-a-descubrirlo-279639

370 billion crickets are farmed for food every year. Scientists have discovered they may feel pain

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Thomas White, Associate Professor, School of Life and Environmental Sciences, University of Sydney

House Cricket (_Acheta domesticus_). mani_raab/iNaturalist, CC BY-NC

You’re cooking dinner, distracted, and your hand brushes a hot pan. Nerve signals race to your spinal cord and back to yank your arm away in a fraction of a second, with no thought required.

Then comes the pain. A sharp, spreading sting gives way to a pulsing ache, and you cradle your hand and run it under cold water until it subsides. That felt experience is distinct from the reflex that preceded it. While the reflex moved your body out of danger, pain drives you to protect the wound, recover, and learn to avoid similar mistakes in the future.

We readily accept that other people feel pain by reading cues in their behaviour, like the inspection and nursing of an injury. We extend this to some animals too – a dog licking its paw or a cat favouring a limb rightly stir our sympathies. But what happens when we turn that lens on animals far less like us?

In our new study, published in Proceedings of the Royal Society B, we searched for behavioural signs of pain in house crickets, one of the most widely farmed insects. After applying heat to an antenna, we found that crickets didn’t just reflexively flinch and recover. They nursed the harm, returning again and again to groom the affected site, much as we rub a burned hand.

The frontiers of feeling

French philosopher René Descartes considered animals unfeeling biological machines, and for centuries the circle of moral concern barely extended beyond our own species.

But the boundaries have steadily crept outward. Recognition that mammals experience pain came first, followed by birds. Fish too, once assumed to lack the necessary brain structures, are now widely accepted as capable of pain-like states.

The leap into invertebrates has been greater and more contentious. Their nervous systems bear little resemblance to our own, so arguments from brain anatomy alone don’t carry us far. Instead, we look to behaviour. Does the animal respond to harm in ways that go beyond reflex, ways that are flexible, persistent, and sensitive to context?

Over the past decade, testable indicators for pain in non-humans have been developed and are increasingly accepted. These include learning from unpleasant events, trading off harms against rewards, and actively protecting the site of injury. Evidence meeting these criteria helped crabs and lobsters gain legal recognition as sentient under United Kingdom law in 2022.

Among insects, the evidence has been accumulating fast. Yet most of this evidence comes from bees. Bumblebees weigh the risk of harm against the richness of a food reward, and groom the site of an injury. Honeybees learn to associate particular smells with harmful stimuli and avoid them.

Far less attention has been paid to Orthoptera, the group that includes grasshoppers, locusts and crickets. That gap matters, because the house cricket (Acheta domesticus) is the world’s most widely farmed insect, with more than 370 billion reared annually.

A large warehouse, divided into separate pens, each filled with thousands of crickets.
A cricket farm in Thailand.
Afton Halloran

Do crickets feel pain?

We tested 40 male and 40 female crickets, each experiencing three conditions in random order: a hot probe to a single antenna (65°C, to activate damage receptors but not cause lasting injury), the same probe unheated, or no contact at all.

We filmed their behaviour for ten minutes. Observers scoring the footage did not know which treatment any animal had received.

The results were clear. After the hot probe, crickets were more than twice as likely to groom the affected antenna compared to controls, and spent roughly four times longer doing so.

Could this simply reflect general disturbance rather than targeted care? Unlikely: grooming was directed specifically at the heated side, not spread evenly across both antennae as it was after gentle touch or no contact.

And the behaviour wasn’t a brief, reflexive reaction. It was elevated from the outset and tapered gradually over minutes, much like rubbing a burned hand as the felt sting slowly fades.

Small minds, big feelings

Subjective experience cannot be directly observed in any animal, not even humans.

But we have shown crickets respond to harm in a way that satisfies a key criterion many scientists and philosophers use to infer pain: flexible, directed self-protection. Combined with the knowledge that crickets possess damage receptors, can learn to avoid harms, and respond less to injury under morphine, the weight of evidence for an inner life is growing.

The practical stakes are real. Hundreds of billions of farmed insects are slaughtered each year by freezing, boiling and baking. Pesticides kill trillions more, optimised for lethality with no consideration of potential suffering.

If we take a precautionary approach, credible evidence of suffering should motivate proportionate protections well before we are certain.

Insects have been around for more than 400 million years and are far more behaviourally and cognitively sophisticated than once assumed. The question, then, may not be whether some insects feel, but why we ever assumed they couldn’t.

The Conversation

Thomas White receives funding from The Australian Research Council, the Arthropoda Foundation, and The Australia and Pacific Science Foundation. He is a scientific advisor for the registered charity Invertebrates Australia.

Kate Lynch receives funding from the Australian Research Council, the Arthropoda Foundation, and the Australia & Pacific Science Foundatio. She has previously received funding fromand the John Templeton Foundation.

ref. 370 billion crickets are farmed for food every year. Scientists have discovered they may feel pain – https://theconversation.com/370-billion-crickets-are-farmed-for-food-every-year-scientists-have-discovered-they-may-feel-pain-279855

‘Poverty porn’: the moral dilemma behind MrBeast’s billion-dollar empire

Source: The Conversation – Global Perspectives – By Paul Formosa, Professor and Head of the Department of Philosophy, and Co-Director of the Macquire University Ethics & Agency Research Centre, Macquarie University

YouTube/MrBeast

Jimmy Donaldson, better known as MrBeast, runs the most subscribed-to YouTube channel in the world (with 484 million subscribers) and has an estimated net worth of US$2.6 billion.

He is also a prominent philanthropist. Beyond his involvement in fundraising initiatives such as #TeamTrees, which claims to have planted more than 24 million trees worldwide, Donaldson runs a dedicated Beast Philanthropy YouTube channel.

He claims 100% of profits from this channel’s ad revenue, merch sales and sponsorships go towards helping others. This has included paying for 1,000 cataract surgeries, constructing a medical clinic for children rescued from slavery, and building 100 wells to provide clean water in Africa.

These impressive philanthropic endeavours have dramatically improved the lives of their recipients. How could any of this be controversial?

The murky ethics of ‘stunt philanthropy’

Many of Donaldson’s videos involve subjecting people to what might be seen as degrading or exploitative situations, in exchange for money.

In Donaldson’s “Ages 1 – 100 Decide Who Wins $250,000” video, contestants (including young children) are put in an intense competitive structure and forced to eliminate one another. We see a grown man help to intentionally eliminate an 11-year-old girl, which leads to her sobbing on camera.

In another video, he tells a random group of shoppers they will win US$250,000 if they are the last to leave the store. Under pressure to stay, they are kept from their families and forced to endure poor living conditions, with some experiencing emotional breakdowns.

These videos have been labelled by various critics as “poverty porn”, as they could be seen as exploiting the desperation of vulnerable people to generate clicks and ad revenue.

The Beast Games reality series, which airs on Prime Video, is also built around challenges designed to provoke contestants into backstabbing one another, experiencing emotional distress, and revealing depressing stories about how badly they need the money.

Allegations against Donaldson also extend to behind the scenes, particularly in regards to the culture of work in his companies.

In 2024, several contestants who took part in Beast Games filed a lawsuit against Donaldson’s MrB2024 and other companies involved in the production. They allege they were subject to “chronic mistreatment”, including the infliction of emotional distress, inadequate food and rest breaks, delays in receiving medication, exposure to dangerous conditions, and a failure to prevent sexual harassment.

More recently, a former Beast Industries employee sued two of Donaldson’s production companies after suffering alleged sexual harassment and gender bias at work.

You can’t morally offset exploitation of people

When it comes to assessing the ethics of Donaldson’s work, one option is to take a simple “consequentialist” perspective. Act consequentialism is the view that the right action is the one which leads to the most amount of good.

If a few people suffer exploitative conditions so many more people can enjoy life-saving surgery, then the moral calculus is likely to come out in favour of this situation. Of course, there are longstanding philosophical worries with such a view.

The 18th century philosopher Immanuel Kant argued it is wrong to use others as tools to achieve our own ends, even if our ends are morally admirable. Treating some people as mere means right now can’t be morally justified by promising to help others later on.

According to Kant, one’s motives for helping others are also important, and the moral worth of an action is determined by these motives. So helping others out of a sense of duty has a moral worth that doing the same act out of self-interest does not.

Is Donaldson’s philanthropy motivated by duty and care for others, or by clicks, esteem and ad-revenue? Or perhaps both?

We can’t know the answer. Although, Kant himself did believe all humans are likely to be morally corrupt at the very root of their character.

Consent and power

Irrespective of Donaldson’s motives, a broader point remains: his philanthropic videos are an integral part of his overall brand. The philanthropy helps to make the other, more exploitative videos (and the significant revenues they generate) more “morally palatable”.

After all, Donaldson could simply give his money away. He doesn’t need to make people compete, scheme and suffer for it.

One might counter that the participants have consented to being involved. But when you offer people in economically vulnerable situations potentially life-changing amounts of money to endure degrading conditions, the “voluntariness” becomes contestable.

This is not what ethicists consider “informed consent”. The offer can be so large that it clouds judgement. And for people without genuine alternatives, saying “no” may not be a realistic option.

The fact that Donaldson sometimes subjects himself to similar treatment, such as when he buried himself alive for seven days, deepens rather than lessens the worry, given the power asymmetries at play. He owns the production company, controls the conditions, and profits from the content in ways other participants do not.

The underlying structural concerns

When political problems, such as poverty, or a lack of access to healthcare or clean water, are reduced to entertainment, they undergo a form of what scholars call “depoliticisation”. Political failures that demand collective action, institutional reform and democratic deliberation instead become fodder for entertainment.

If we think we can help solve these problems just by watching viral videos, then we can avoid facing the structural issues that underpin them.

The Conversation

Paul Formosa has received funding from the Australian Research Council, and Meta (Facebook)

ref. ‘Poverty porn’: the moral dilemma behind MrBeast’s billion-dollar empire – https://theconversation.com/poverty-porn-the-moral-dilemma-behind-mrbeasts-billion-dollar-empire-282050

Your local storm forecast is likely based on weather miles away – mesonets can help bridge that gap

Source: The Conversation – USA (2) – By Chris Vagasky, Meteorologist and Research Program Manager, University of Wisconsin-Madison

Weather apps might see that a storm is coming, but mesonets capture what’s happening as it arrives with local real-time data. Patrick Emerson/Flickr, CC BY-SA

Whether you’re planning a weekend hike, deciding what to wear to work or preparing your home for severe storms, the weather forecast is essential. You might instinctively grab your smartphone and check an app for an instant weather update.

But how many times have you looked at your app, only to step outside and see the sky painting a different picture than what’s on your screen?

As a meteorologist who operates a weather station network in Wisconsin, I’ve heard many of the same cliches time and again: “The weatherman is always wrong!” “Just wait five minutes and the weather will be different!”

Before you blame the local forecasters, let’s talk about where the data in your weather app comes from, and why it might not always show what you expect. It’s why my colleagues and I are working to bring forecast data closer to home.

The nuts and bolts of weather forecasting

Earth is huge. It has a diameter of 7,926 miles (12,756 kilometers) at the equator and has 62 miles (100 kilometers) of atmosphere overhead.

If you want a perfect weather forecast, you will have to precisely measure every molecule of the atmosphere, land and water, and perfectly predict how they will interact with each other for the next minute, day or week. This is, of course, physically impossible.

Instead, scientists run computer models. These models take the observations we do have and simulate the weather on a large scale to a remarkable degree of accuracy. In fact, storm track forecasts from the National Hurricane Center were among its best ever in 2025, and forecasts using machine learning are starting to improve those forecasts even further.

These models are hungry for data. Supercomputers ingest measurements from satellites, weather balloons, Doppler radar, lightning detection networks, buoys, surface weather stations and other measurement platforms to solve the equations that provide weather predictions.

When you open your phone, your weather app isn’t doing the meteorology – it’s just showing the output of the model’s calculations. Even though they generally aren’t tailored by a local meteorologist, these short-term forecasts are usually pretty good. But they could be better.

All weather is local

You’ve probably seen it before: It’s raining on one side of the street and not on the other. You flip on the news to see the nearest airport received an inch of rain, but your garden is dry.

There are more than 2,500 airports in the United States with weather stations, which is where much of the weather data shared on TV and online is collected. But for many people, the closest airport is more than 20 miles (32 kilometers) away. This is especially true in rural areas.

A map shows large gaps in many states, particularly across the West but also in large parts of Mississippi, Alabama, Missouri and Arkansas, as well as regions of the Northeast.
All of the areas in green are more than 20 miles from an airport weather station. In many cases, that means they’re 20 miles or farther from the weather observations feeding their local forecasts.
Chris Vagasky

Because of the chaotic nature of weather, the only way to truly know what’s happening in your yard is to measure the weather in your yard. But not everyone is interested in installing a rain gauge or personal weather station.

Filling the gaps

To bridge this gap, many states and universities have established local weather station networks called mesonets – short for mesoscale networks, meaning intermediate scale. These weather stations are installed in locations to ensure everyone in the state is within 20 miles of the nearest station.

Nationally, there are nearly 3,000 mesonet stations installed in 38 states, with more networks planned.

Like the weather stations at airports, mesonets measure things like air temperature and relative humidity, air pressure, rainfall or melted snow, and wind speed and direction – often every five minutes.

Many mesonets collect additional data such as soil moisture levels to help farmers. Some even have camera images updated every five minutes to show current weather conditions. Mesonet data is then shared through websites or direct data transmission so that the public, weather forecasters and researchers can easily access it.

I lead the team at Wisconet, a new mesonet that just finished installing 78 weather stations across Wisconsin. Our stations are installed on 10-foot-tall (3-meter) tripods in open areas near orchards and cranberry marshes, farms and airfields, schools and other educational centers, and on city, state and federally owned lands.

A tall tripod with various weather equipment and a solar panel for power.
Wisconet weather stations, like this one in Amery, Wisc., provide local weather data for areas where forecasts used to be based on what was happening many miles away.
Caitlin Wienkes, Wisconet

These added weather stations are already proving useful. On Aug. 18, 2025, slow-moving thunderstorms moved over a Wisconet station, with more than 3 inches of rain falling in just a couple of hours. The National Weather Service was able to issue a flash flood warning for the area because of the data provided by that station.

In addition to providing a near-real-time snapshot of the local weather, mesonets help farmers decide when to run irrigation systems, spray pesticides or plant crops. They also help provide better weather warnings, particularly when tornadoes and other storms intensify over small areas that farther-away weather stations would miss.

A nationwide network of networks

Because of the immense value of high-frequency weather and soil measurements, the National Oceanic and Atmospheric Administration leads a National Mesonet Program. The program collects weather data from public, private and academic sources, validates the quality of the data, and ensures it flows to users, including the National Weather Service. National Weather Service forecasters use that data to make more timely and accurate severe weather warnings.

Congress is considering expanding that program, with legislation proposed in the House and the Senate. The bills aim to authorize $50 million to $70 million annually to the National Mesonet Program between 2026 and 2030 to improve and expand mesonets across the country. An expansion would mean more weather stations and new capabilities, like real-time snowfall, fire weather and air quality measurements, closer to the people who rely on them.

So the next time you check your smartphone and grumble because the app doesn’t match the weather in your backyard, remember that all weather is local. If you don’t have a nearby mesonet station, the nearest measurements may be many miles away.

The Conversation

This work is supported by the Institute for Rural Partnerships, project award no. 2023-70500-38915, from the U.S. Department of Agriculture’s National Institute of Food and Agriculture. Any opinions, findings, conclusions, or recommendations expressed in this publication are those of the author and should not be construed to represent any official USDA or U.S. Government determination or policy.

Wisconet receives monthly payments for their data from the National Mesonet Program.

ref. Your local storm forecast is likely based on weather miles away – mesonets can help bridge that gap – https://theconversation.com/your-local-storm-forecast-is-likely-based-on-weather-miles-away-mesonets-can-help-bridge-that-gap-280985

École à trois vitesses : les garçons issus de milieux défavorisés en paient le prix fort

Source: The Conversation – in French – By Simon Bilodeau-Carrier, Étudiant au doctorat en sciences de l’éducation, Université de Montréal

Le système scolaire québécois nourrit les inégalités. Avec ses trois filières distinctes, il répartit les élèves, notamment en fonction de leur réalité socioéconomique. Ce sont les garçons des milieux défavorisés qui en paient le prix le plus fort.


Dans son récent livre blanc « Ceux qu’on échappe », Gabriel Nadeau-Dubois détaille les effets de ce système selon plusieurs angles, soit le retard scolaire, le décrochage, la maîtrise du français et l’accès aux études supérieures.

Pour pallier ces problèmes, le député met de l’avant une réforme ambitieuse, visant à rassembler toutes les filières de l’école. Est-ce que cette réforme peut réellement réduire à la fois les inégalités scolaires et atténuer les tensions sociales émergentes ?

Je suis doctorant en sociologie de l’éducation, spécialisé dans l’étude des parcours scolaires et des inégalités qui les traversent. À ce titre, les débats entourant la ségrégation scolaire au Québec et les solutions proposées pour y remédier s’inscrivent directement dans mon champ d’expertise.

La ségrégation scolaire au Québec

Les écoles secondaires québécoises sont divisées en différentes filières. On les rassemble souvent en trois catégories, qui sont parfois appelées les « trois vitesses » du système : 1) les programmes « réguliers » des écoles publiques, 2) les programmes pédagogiques particuliers des écoles publiques (ex. sports-études) et 3) tous les programmes dispensés dans les écoles privées.

Seule la première catégorie accueille tous les types d’élèves, alors que les deux autres mobilisent des processus de sélection. En outre, plusieurs programmes particuliers et l’ensemble des écoles privées exigent que les parents paient certains frais pour que leurs enfants puissent s’inscrire. C’est ce qu’on appelle un quasi-marché scolaire.




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En théorie, tous les élèves peuvent s’inscrire dans toutes les filières, alors qu’en pratique, les opportunités réelles varient fortement. Par exemple, les critères de sélection comme les résultats scolaires et les examens d’entrée excluent un bon nombre d’élèves, y compris plusieurs vivant des situations de handicap. D’autre part, certains programmes de sports-études demandent aux parents de payer du matériel supplémentaire, ce qui exclut d’emblée plusieurs élèves provenant de familles moins bien nanties.

Ainsi, les diverses filières d’enseignement sélectives sont souvent inaccessibles pour les élèves provenant de milieux socioéconomiques défavorisés. Il s’agit donc d’un système inéquitable et ségrégatif, notamment sur le plan socioéconomique.

En outre, bien que la reproduction des inégalités sociales dépende également de facteurs externes au système scolaire, comme le quartier ou le niveau d’éducation des parents, ce système contribue à les prolonger à long terme, dans la mesure où les élèves issus des programmes réguliers du secondaire s’inscrivent moins souvent au cégep et à l’université que les autres

Le livre blanc

L’ouvrage de Nadeau-Dubois explore l’effet de l’exclusion des filières sélectives sur les garçons provenant de milieux socioéconomiques défavorisés. L’auteur explique s’y intéresser afin d’éviter que ces frustrations n’alimentent la polarisation, la haine et l’exclusion envers les femmes.

En s’appuyant sur de nombreuses recherches et statistiques, le député solidaire met en lumière les inégalités vécues par les garçons de milieux plus modestes dans le programme « général » du système public. En moyenne, selon les données consultées, les garçons sont moins performants à l’école que les filles.




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Toutefois, les écarts observés entre les genres, par exemple dans les résultats scolaires ou par rapport à la littératie, sont systématiquement plus grands dans les milieux moins sélectifs. La conclusion est donc que la ségrégation scolaire est particulièrement nocive pour la réussite scolaire des garçons.

Devant ce constat, l’auteur met de l’avant la solution du mouvement citoyen École ensemble, voulant que le système scolaire soit unifié en une seule voie. L’idée est d’offrir à l’ensemble des élèves des programmes particuliers en lien avec leurs intérêts, sans frais et sans sélection. On abolirait ainsi le cheminement « régulier » et les écoles privées subventionnées telles qu’elles existent aujourd’hui. L’initiative prévoit que les établissements privés qui souhaiteraient maintenir leur financement gouvernemental devraient se joindre au réseau commun et donc cesser de faire de la sélection d’élèves.

Pour la suite de cet article, j’explorerai la portée de la solution proposée sous deux angles. Je détaillerai d’abord son effet sur les inégalités dans les parcours scolaires et ensuite sur les préjugés et la polarisation entre les genres.

Une solution aux opportunités d’études inégalitaires

Le chercheur en administration publique Étienne-Alexandre Beauregard critique l’approche proposée par Nadeau-Dubois. Selon lui, retirer le financement aux écoles privées refusant de se joindre au réseau réduirait la liberté de choix des élèves, tant en ce qui concerne les programmes que les établissements.

À l’opposé, certains soutiennent que la perte d’accessibilité dans quelques écoles privées serait largement compensée par un accès accru pour la majorité des élèves québécois, grâce à un réseau scolaire plus équitable.

Au-delà de ce débat de fond, comme le décrit la chercheuse en sociologie de l’éducation Véronique Grenier, la réforme proposée pourrait être contournée. Par exemple, si une école privée intègre le réseau public tout en conservant des infrastructures et des équipements supérieurs, des parents mieux nantis pourraient choisir de déménager à proximité afin d’y inscrire leurs enfants.

Ainsi, la suppression des mécanismes officiels de sélection ne constitue pas une solution complète. Des mécanismes informels risquent d’émerger et de produire des effets similaires.


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Favoriser la mixité socioéconomique des élèves

Pour éviter que la réforme ne soit contournée, elle devrait s’accompagner d’investissements importants dans les infrastructures publiques afin de les rendre aussi attrayantes que celles du secteur privé.

Cette limite renvoie plus largement au caractère structurel des inégalités scolaires. Comme le montrent plusieurs travaux en sociologie de l’éducation, celles-ci ne découlent pas uniquement des ressources matérielles des établissements, mais aussi des politiques publiques encadrant les parcours scolaires.




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Concrètement, lorsque certains établissements et programmes regroupent majoritairement des élèves de milieux favorisés tandis que d’autres accueillent majoritairement des élèves de milieux défavorisés, les écarts de réussite ont tendance à se creuser. À l’inverse, des structures plus intégrées, où des élèves de différents milieux sociaux fréquentent les mêmes écoles et les mêmes classes, favorisent davantage la mixité et contribuent à atténuer ces disparités.

Dans cette perspective, investir dans les infrastructures publiques demeure nécessaire, mais insuffisant. Sans transformation des mécanismes de répartition des élèves, les dynamiques de ségrégation risquent de se maintenir.

Une solution pour éviter la polarisation

Comme le souligne la professeure de sociologie Maryse Potvin, le fonctionnement même des systèmes scolaires et des écoles peut avoir des impacts sur la polarisation, l’exclusion et même parfois la radicalisation.

Les marchés scolaires, incluant les quasi-marchés scolaires comme le système québécois, sont notamment identifiés comme des vecteurs d’inégalité et de discrimination. Dans cette perspective, la solution proposée par Nadeau-Dubois paraît pertinente pour réduire la polarisation, mais il est possible d’aller plus loin.

En effet, d’autres pratiques scolaires peuvent également favoriser l’exclusion. Par exemple, certaines normes implicites, comme les façons de s’exprimer ou de participer en classe, avantagent les élèves pour qui les habitudes correspondent aux attentes de l’école. Tel que cela est présenté dans le livre blanc de Nadeau-Dubois, la socialisation des filles est souvent plus en phase avec le monde scolaire que celle des garçons. À l’inverse, les garçons peuvent être perçus comme moins engagés, ce qui peut alimenter des incompréhensions et des sentiments d’injustice. Ces attentes implicites participent donc à l’exclusion et aux problèmes scolaires des garçons.

Dans cette optique, la mise en place de l’enseignement inclusif constitue une autre piste pertinente. En valorisant la diversité des expériences, en reconnaissant différentes formes de réussites et en adaptant les pratiques pédagogiques aux besoins de l’ensemble des élèves, cet enseignement vise à réduire ces décalages et à favoriser des interactions plus équitables, contribuant à limiter les dynamiques d’exclusion.

Un bon point de départ

En somme, le livre blanc de Nadeau-Dubois produit un discours pertinent par rapport aux enjeux liés à la ségrégation scolaire dans le système québécois, particulièrement par rapport aux garçons issus de milieux défavorisés. La proposition d’un réseau unifié apparaît comme une piste prometteuse pour réduire ces écarts et limiter la ségrégation scolaire.

Toutefois, ses effets dépendront fortement des moyens qui l’accompagnent et des pratiques pédagogiques mises en place. Sans investissements et sans transformation plus large du système, les inégalités risquent simplement de se déplacer plutôt que de disparaître.

La Conversation Canada

Simon Bilodeau-Carrier est doctorant en sciences de l’éducation à l’Université de Montréal. Il est récipiendaire d’une bourse de recherche octroyée par les Fonds de recherche du Québec. Enfin, il possède une carte de membre pour le parti politique Québec Solidaire, sans toutefois y occuper un poste.

ref. École à trois vitesses : les garçons issus de milieux défavorisés en paient le prix fort – https://theconversation.com/ecole-a-trois-vitesses-les-garcons-issus-de-milieux-defavorises-en-paient-le-prix-fort-281693

Bilingualism and sex hormones may provide a new link to brain resilience and dementia risk

Source: The Conversation – Canada – By Noelia Calvo, Research Associate, Neuroscience, University of Toronto

Why do some people maintain good memories and have healthy brains even as they age?

Research that my colleagues and I recently published in Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring, explored the effects and interactions of social, linguistic and endocrinological factors on cognitive health.

With Canada’s aging population, the question of brain health is a relevant one. The most recent census in 2021 indicated that one in eight Canadians is aged 70 or over, and there are 1.7 million who are age 80 or older. These numbers show a growing population of older adults at increased risk of cognitive decline, highlighting the need to examine protective factors.

Previous research indicates that bilingualism may be a possible protective factor. Notably, the 2021 census indicated that bilingualism is also increasing among Canadians, with four in 10 (41 per cent) speaking more than one language.

While bilingualism may be one piece of the puzzle, other cognitive or biological factors also influence brain health. Verbal memory — the ability to remember words — has been linked to cognitive resilience. The presence of sex hormones such as estrogen and testosterone, which are present in both men and women, may also influence how the brain ages.

Studying a trio of factors

The relationship between these three factors — bilingualism, verbal memory and sex hormones — has not been studied before. To address this gap, my colleagues and I conducted a new study in Canada. We found that bilingualism may interact with verbal memory and sex hormones to influence dementia risk in unexpected ways.

Our study included data from 335 older adults with mild cognitive impairment and 170 patients with Alzheimer’s disease drawn from the Comprehensive Assessment of Neurodegeneration and Dementia (COMPASS-ND) cohort, which is part of the Canadian Consortium on Neurodegeneration and Aging.

COMPASS-ND includes more than 1,200 Canadian adults aged 50–90 years recruited across more than 30 sites nationwide. Using this rich and current database, we examined how sex hormones, verbal memory and bilingualism jointly influence cognitive resilience, brain structure and blood-based markers of Alzheimer’s disease.


This article is part of our ongoing series The Grey Revolution. The Conversation Canada and La Conversation are exploring the impact of the aging boomer generation on Canadian society, including housing, working, culture, nutrition, travelling and health care. The series explores the upheavals already underway and those looming ahead.


We created a resilience index for each participant that incorporated sex hormones, verbal memory, bilingual proficiency, education, age and immigration status. Age, education, and immigration status were included as covariates because they may influence cognitive resilience through differences in language experiences, educational opportunities and sociocultural adaptation across the lifespan.

Each unit increase in the resilience index was associated with a significant reduction in the odds of dementia-related pathology. Higher resilience index scores were also linked to better performance on clinical diagnostic tools such as the Montreal Cognitive Assessment (MoCA), as well as lower levels of key markers associated with neurodegeneration and glial activation, a process in which the brain’s support cells become reactive in response to injury or disease.

Overall, bilingual participants showed the highest resilience index scores, but with notable differences in how these effects manifested across biological sex.

Our findings challenge the idea that risk and resilience can be understood by looking at biological or social factors in isolation. By studying bilingualism and sex hormones together, we reveal how these factors may interact to shape brain resilience.

Bilingualism and verbal memory

Another important finding of our study was related to verbal memory. Consistent with previous research, women showed better performance in verbal memory. This sex difference is clinically important because verbal memory is often used as a proxy for general cognitive function, meaning it can influence how dementia is diagnosed in women.

One might expect that bilingual women would be especially protected, since they have both the bilingualism benefit and strong verbal memory.

Surprisingly, our study found the opposite: bilingual men showed greater brain protection. Our findings suggested that a combination of two factors may be a mechanism behind enhanced verbal memory and cognitive resilience in aging men: aromatization — the conversion of testosterone into estradiol — and bilingual language experience.

In people with mild cognitive impairment, higher estradiol levels produced through aromatization, together with bilingualism, may work synergistically to protect verbal memory, making older bilingual men more resilient to cognitive decline and neurodegenerative pathology.

Overall, our study suggests that bilingual men may have greater resilience to neuropathology and that sex hormones could influence dementia risk in aging women. These findings underscore the need for more research on how sex hormones affect brain health, as well as the importance of using measures beyond verbal memory to improve the accuracy of cognitive decline diagnoses in Canada.

The Conversation

The research discussed in this article was supported by external funding from the Synapse Challenge award, Canadian Consortium on Neurodegeneration (CCNA). The funding period has now concluded.

ref. Bilingualism and sex hormones may provide a new link to brain resilience and dementia risk – https://theconversation.com/bilingualism-and-sex-hormones-may-provide-a-new-link-to-brain-resilience-and-dementia-risk-279490

Conflit Inde-Pakistan : la médiation impromptue de Trump embarrasse New Delhi

Source: The Conversation – in French – By Amélie Chalivet, Candidate au doctorat et chargée de cours en Relations internationales, Université du Québec à Montréal (UQAM)

En mai 2025, une brève flambée de violence entre l’Inde et le Pakistan ramène le Cachemire au centre de l’attention internationale.

Le président américain Donald Trump s’en saisit pour annoncer un cessez-le-feu qu’il présente comme « médié » par Washington. Pour New Delhi, c’est un revers diplomatique.

Pour comprendre cette réaction, il importe de tenir compte à la fois de l’histoire du conflit indo-pakistanais et des spécificités de l’approche américaine sous Donald Trump.

Le Cachemire et l’enjeu de l’internationalisation

Depuis la Partition des Indes britanniques en 1947, qui a créé deux États autonomes, l’Inde et le Pakistan, le Cachemire (région himalayenne à la jonction des deux pays) est un enjeu central source de tensions. Les deux pays se sont livré une guerre à ce sujet dès 1947. Une médiation de l’ONU, à la demande de l’Inde, avait alors permis d’aboutir à un cessez-le-feu en 1948.

En 1972, les accords de Simla marquent une rupture avec cette politique de médiation externe, en précisant que les différends seront désormais résolus par des négociations bilatérales directes. Le gouvernement indien a donc cherché, à partir de cette date, et encore davantage depuis 2019, à rejeter l’idée qu’un acteur tiers, qu’il s’agisse d’un État ou des Nations unies, puisse intervenir dans les négociations autour du Cachemire. Les accords de Simla ont depuis été utilisés comme un bouclier contre l’ingérence des grandes puissances.

Le 5 août 2019, le gouvernement indien de Narendra Modi abroge néanmoins l’Article 370 de la Constitution. Cet Article conférait à l’ancien État du Jammu-et-Cachemire un statut spécial et un certain niveau d’autonomie, ancrés dans la Constitution depuis son adhésion à l’Inde en 1947. L’abrogation de l’Article a pour conséquence de transformer le Jammu-et-Cachemire en deux territoires (Jammu-et-Cachemire d’un côté, et Ladakh de l’autre) directement administrés par le pouvoir central, dans un contexte de durcissement du contrôle étatique.

Le Cachemire a longtemps été traité comme un conflit international, ce qui légitimait par exemple l’implication de l’ONU. En supprimant le statut spécial du Jammu-et-Cachemire, New Delhi souhaitait le recadrer comme une affaire relevant strictement de l’autorité indienne.

Le Pakistan a opéré le mouvement inverse et a cherché à internationaliser encore davantage cet enjeu en faisant régulièrement référence au Cachemire dans ses discours aux Nations unies et en menaçant de suspendre les accords de Simla. C’est dans ce contexte d’opposition fondamentale sur la question de la médiation extérieure qu’entrent en jeu les événements de mai 2025.




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La guerre des quatre jours et la médiation américaine

À la suite d’un violent conflit de quatre jours qui s’est déroulé dans un épais brouillard médiatique, les hostilités entre les deux États prennent fin le 10 mai 2025 avec l’annonce d’un cessez-le-feu par le président américain. Celui-ci attribue cette réussite à sa propre intervention et à son talent diplomatique.

Au-delà de cette annonce, Donald Trump se propose d’agir en tant que médiateur entre les deux pays dans le cadre de négociations sur le sujet précis du Cachemire, en invoquant un conflit « vieux d’un millier d’années » qu’il serait capable de résoudre. Or, dans la perspective indienne, cette mention de négociations internationales au sujet du Cachemire brise un tabou complet et remet en cause sa souveraineté sur ce territoire.

La médiation a fréquemment servi de voie de sortie pour des gouvernants qui ne parvenaient pas à désescalader un conflit. L’attitude du président américain, qui insiste sur son rôle personnel et multiplie les déclarations publiques, a néanmoins contribué à créer un important sentiment de malaise à New Delhi. En effet, cette médiation a été particulièrement mal reçue en Inde, perçue comme imposée et comme relevant d’une tentative d’internationalisation.

Dans les discours officiels, New Delhi a insisté sur le fait que la désescalade avait été décidée bilatéralement, que « la date, l’heure et la formulation précises de l’accord » avaient été déterminées par les directeurs généraux des opérations militaires des deux pays. Les dirigeants indiens ont continué à nier l’implication américaine tout au long de l’année, tandis que Trump aurait mentionné son rôle de « faiseur de paix » en Asie du Sud plus de soixante fois. De son côté, le premier ministre pakistanais, Shehbaz Sharif, a ouvertement remercié le président américain pour son implication et son « rôle proactif » dans la région.


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Parallèlement à cette divergence complète des narratifs, un rapprochement entre les États-Unis et le Pakistan s’est opéré, comme l’a illustré l’invitation du chef d’État-major pakistanais, Asim Munir, à la Maison-Blanche en juin 2025. Cette visite s’est accompagnée d’un soutien pakistanais à la candidature de Trump au prix Nobel de la paix, puis, plus récemment, de la mise en avant du rôle du Pakistan dans les négociations relatives au conflit au Moyen-Orient.




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La question de la médiation remise en perspective

La comparaison historique révèle une constante : la médiation internationale n’est jamais neutre. En 1966 (avant les accords de Simla), la médiation soviétique à Tachkent a permis de rétablir le statu quo ante bellum à la suite de la guerre indopakistanaise de 1965 et a donné l’opportunité à l’URSS « d’affirmer son rôle de leader dans la région ».

À la suite de la guerre de Kargil en 1999, les États-Unis ont exigé le retrait pakistanais sans se positionner en tant que médiateurs officiels, une posture alors perçue positivement par New Delhi.

Depuis, la conception qu’a l’Inde de son propre statut sur la scène internationale a évolué. Pour New Delhi, la médiation de 2025 implique une « rehyphenation » (rassemblement par un trait d’union) qui la place sur un pied d’égalité avec Islamabad. Cette évolution est ainsi perçue par l’Inde comme une remise en question de son statut, qui se perçoit plutôt comme la rivale à l’échelle de la Chine dans la région.

Par ailleurs, la forme de la médiation a compté : une médiation discrète peut permettre aux parties de « sauver la face », mais une médiation performative et médiatisée, comme celle que l’administration Trump s’est félicitée d’avoir menée en 2025, réduit l’Inde à un acteur passif. En proposant une négociation autour d’un conflit « de mille ans » et en revendiquant le prix Nobel de la paix pour ce rôle de médiateur, les États-Unis, par la voix de Trump, ont été perçus par New Delhi comme niant la capacité du pays à gérer ses propres crises.

Cette médiation n’est donc pas neutre et révèle une asymétrie structurelle ainsi qu’une compréhension mutuelle limitée entre les deux partenaires. Si le partenariat indo-américain est loin d’être rompu, cet inconfort lié à la médiation de 2025 pèse sur les relations entre les deux États, alors qu’ils tentent de conclure un accord commercial dans la foulée des tarifs imposés par Washington. Cela incite l’Inde à poursuivre la diversification de ses partenariats, aux premiers rangs desquels figurent l’Union européenne et le Canada.

La Conversation Canada

Amélie Chalivet ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

ref. Conflit Inde-Pakistan : la médiation impromptue de Trump embarrasse New Delhi – https://theconversation.com/conflit-inde-pakistan-la-mediation-impromptue-de-trump-embarrasse-new-delhi-278286