Que sea frecuente no significa que sea normal: cuándo debe preocupar el dolor menstrual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Victoria Mazoteras Pardo, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Castilla-La Mancha

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Ibuprofeno en el bolso y una bolsa de agua caliente para intentar aliviar un dolor que, a veces, obliga a cancelar planes, faltar a clase o afrontar una jornada de trabajo intentando disimular el malestar. Para muchas mujeres, este escenario se repite cada mes y se acepta como una parte inevitable de la menstruación.

El dolor menstrual, o dismenorrea, es muy frecuente. Una revisión reciente que incluyó 336 investigaciones de 70 países estimó que afecta al 71,3 % de las mujeres, aunque los resultados variaron mucho entre estudios.

Que algo sea frecuente no significa, sin embargo, que debamos normalizarlo, especialmente cuando condiciona la vida cotidiana.

¿Por qué puede doler la menstruación?

Durante la menstruación, el útero se contrae para favorecer la expulsión del endometrio, el tejido que recubre su interior y que se desprende cuando no se ha producido un embarazo.

En este proceso intervienen unas sustancias similares a hormonas llamadas prostaglandinas. Su aumento favorece contracciones uterinas más intensas que pueden restringir temporalmente el flujo sanguíneo y activar mecanismos relacionados con el dolor.

Esto explica buena parte de la dismenorrea primaria, el dolor menstrual que aparece sin que exista una enfermedad pélvica identificable que lo justifique. Suele comenzar en la adolescencia y aparecer poco antes o al inicio de la menstruación. Además de las molestias en la parte baja del abdomen, puede acompañarse de náuseas, diarrea, dolor de cabeza o mareo.

Entonces, ¿cuánto dolor es “normal”?

No existe una frontera universal definida únicamente por una puntuación en una escala. La intensidad importa, pero también lo que ese dolor nos impide hacer. Una molestia manejable que permite mantener las actividades habituales no tiene el mismo significado que un sufrimiento que obliga a faltar a clase o al trabajo, impide hacer ejercicio, altera el sueño o lleva a cancelar actividades de forma repetida.

Su repercusión está bien documentada. Un metaanálisis encontró que aproximadamente una de cada cinco mujeres faltaba a clase o a la universidad debido a la dismenorrea y que alrededor de cuatro de cada diez referían una peor concentración o rendimiento académico.

Cuando el dolor puede avisarnos de algo más

Pero no todo dolor menstrual es dismenorrea primaria. Nos enfrentamos a una dismenorrea secundaria cuando existe una causa subyacente.

Conviene solicitar valoración sanitaria si el dolor es intenso o incapacitante, empeora progresivamente o persiste pese al tratamiento habitual. También cuando aparece un patrón diferente al previo o se acompaña de otros síntomas, como dolor pélvico fuera de la menstruación, dolor durante las relaciones sexuales, sangrado abundante o irregular, molestias al defecar o al orinar relacionadas con el ciclo o dificultades para conseguir un embarazo.




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Entre las posibles causas se encuentran la endometriosis (presencia de tejido similar al endometrio fuera del útero), la adenomiosis (presencia de tejido endometrial en la pared muscular del útero) o los miomas uterinos. Esto no significa que una mujer con reglas dolorosas tenga necesariamente alguna de estas enfermedades, sino que determinados síntomas y patrones de dolor justifican investigar qué puede haber detrás.

La endometriosis es uno de los ejemplos más habituales y conocidos. La guía de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología recomienda que los profesionales consideren este diagnóstico ante síntomas como dolor menstrual, dolor profundo durante las relaciones sexuales, molestias al orinar o defecar, fatiga e infertilidad, entre otros.

Estas manifestaciones pueden orientar la evaluación, pero no permiten por sí solas establecer el diagnóstico. Para avanzar en él se combinan la historia clínica y la exploración con técnicas de imagen, principalmente ecografía y, en determinados casos, resonancia magnética. La laparoscopia puede estar indicada cuando las pruebas de imagen son negativas y persiste la sospecha o si el tratamiento empírico no resulta adecuado o eficaz.

El problema de acostumbrarnos al dolor

La normalización del dolor puede contribuir a retrasar la búsqueda de ayuda. En la endometriosis, además, el retraso diagnóstico sigue siendo un problema. Una revisión de 17 estudios encontró demoras hasta el diagnóstico de entre 0,3 y 12 años, con importantes diferencias según cómo se definía ese intervalo, el país y las características de las pacientes.

Este retraso no depende únicamente de quien experimenta los síntomas. La propia revisión señala dificultades relacionadas con el reconocimiento de la enfermedad por los profesionales y la necesidad de mejorar las estrategias diagnósticas.

El mensaje, por tanto, no debería ser que cualquier molestia menstrual es patológica ni que toda regla dolorosa esconde una enfermedad, porque eso supondría medicalizar un proceso fisiológico. Pero tampoco deberíamos asumir como inevitable un dolor que limita de manera repetida la vida cotidiana.

Si cada mes la menstruación obliga a reorganizar los estudios, el trabajo, el descanso, el deporte o la vida social alrededor del dolor, quizá la pregunta ya no sea cuánto podemos soportar, sino por qué está ocurriendo.

The Conversation

Victoria Mazoteras Pardo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Que sea frecuente no significa que sea normal: cuándo debe preocupar el dolor menstrual – https://theconversation.com/que-sea-frecuente-no-significa-que-sea-normal-cuando-debe-preocupar-el-dolor-menstrual-291894

Cantes de ida y vuelta: el hilo irrompible entre el flamenco y América

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Perujo Serrano, Profesor de Comunicación, Doctor en Periodismo, investigador en Flamenco e impulsor del Máster Interuniversitario en Investigación y Análisis del Flamenco, Universidad de Cádiz

Paco de Lucía, uno de los grandes ejemplos de la adopción de la rumba en su pieza ‘Entre dos aguas’, en Gibralfaro, Málaga, en septiembre 2007. montuno/Wikimedia Commons, CC BY-SA

¿Hubo flamenco antes del flamenco?

La pregunta, en sí misma, parece contradictoria pero nos pone en la senda de la llamada música preflamenca. Todo arte emerge desde un sustrato previo del que se nutre y, en este caso, tiene orígenes diversos tanto en lo musical como en lo territorial.

Las primeras evidencias documentales fechan el nacimiento social del flamenco en torno a la mitad del siglo XIX. Así lo atestiguan los archivos y, principalmente, las hemerotecas a partir de las investigaciones de autores como José Blas Vega, José Luis Ortiz Nuevo o H. Rossy.

Sin embargo, hay una parte del flamenco que ya existía en América. Hablamos de las habaneras o del punto cubano, del zapateado o de la petenera mexicana, de los ascendentes de la milonga argentina, etc. Es decir, una tradición musical, dancística y folclórica que atraviesa Hispanoamérica de norte a sur y que influirá notablemente en la configuración y enriquecimiento del repertorio flamenco.

Mujer pintada con un vestido elegante naranja y flamenco.
La Carmencita, pintura de John Singer Sargent.
Musée d’Orsay/Wikimedia Commons

Al otro lado del Atlántico

Mucho antes de que Hollywood impusiera su canon cultural al mundo, había constancia de la existencia de artistas flamencos triunfando en América. Cuando la bailaora Carmen Dauset Moreno se convirtió en la primera mujer protagonista de un cortometraje mudo (1894), Carmencita, producido por los laboratorios de Thomas Alva Edison, ya triunfaba en la Gran Manzana. No en vano era conocida como la “reina de Broadway”.

La existencia de una tradición popular, musical y folclórica en América de fuerte arraigo y la evidencia de una proyección internacional del flamenco al otro lado del Atlántico a finales del XIX nos resitúan en un escenario de interconexiones que marca el crecimiento y evolución musical del flamenco.

De esta conexión trasatlántica nacen los cantes de ida y vuelta, una influencia en dos direcciones que tiene también evidentes ramificaciones en el toque y el baile.

Lazos entre Cuba y España

El término fue acuñado por el escritor y poeta gaditano Fernando Quiñones para poner nombre a los estilos flamencos cuya cristalización definitiva se debió a la larga tradición de lazos culturales y musicales entre América y España.

Muchos autores (Blas Vega, Miguel Espín, Romualdo Molina, José Miguel Jaramillo, Javier Osuna o Faustino Núñez, entre otros) han estudiado estas conexiones para profundizar en unos moldes de interpretación que han enriquecido el repertorio flamenco.

Por su protagonismo central en la configuración de la música y del repertorio flamenco, en primer lugar nos encontramos con el tango. Este género musical de origen cubano desembarcó, casi con toda seguridad, en el puerto de Cádiz, y tenía una clara influencia de las habaneras o las contradanzas cubanas. Fue, también, el germen primitivo de la milonga y el tango argentino. Como asegura el musicólogo Faustino Núñez, la transición al flamenco se produjo en la primera mitad del siglo XIX a partir de un proceso de binarización de un compás ternario de origen africano (es decir, tras cambiar una estructura métrica musical en tres tiempos a dos).

Una mujer mira hacia un lado apoyada en una balaustrada en una foto de hace un siglo.
Un retrato de la Niña de los Peines de alrededor de 1920.
Wikimedia Commons

A partir de ahí experimentó un proceso de aflamencamiento, incorporando las características y matices musicales, estéticos, rítmicos y expresivos de este género. También creció exponencialmente en formas y estilos, con una capacidad ilimitada para ramificarse. Generó así versiones locales (Cádiz, Sevilla, Málaga, Granada o Extremadura) o personales (tangos de la Niña de los Peines, del Piyayo, La Repompa, etc.) y se convirtió, a la postre, en un pilar fundamental de la música flamenca.

Cubano es también el origen de la guajira. Se trata de una conversión al flamenco del punto cubano, presente en el repertorio español desde mucho antes y que han ejecutado buena parte de los mejores artistas del cante. Como la seguiriya o la soleá, se estructura rítmicamente a partir de un compás amalgama, es decir, un compás de doce tiempos que fusiona el ritmo ternario (dos grupos de tres pulsos) con el binario (tres grupos de dos pulsos), que se invierte y pasa de binario a ternario.

Desde Argentina al Caribe

Dentro de estos cantes se incluyen también la milonga y la vidalita, ambas de origen argentino. Como recogen los estudios de Miguel Espín, Ríos Ruiz o Blas Vega, la milonga es una copla preflamenca de compás binario, cuyo origen se encuentra en los trovos e improvisaciones de La Pampa (Argentina). Fue la cantaora y bailaora Pepa de Oro quien la trajo a España a finales del XIX. Gracias a creadores como Antonio Chacón, experimentó un proceso de aflamencamiento definitivo y se incorporó al repertorio de cantes.

La vidalita, creada ya iniciado el siglo XX, está emparentada melódicamente con la milonga, y su existencia se debe a los cantaores Manuel Escacena y el propio Chacón.


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Tampoco podemos olvidar el que es, probablemente, el cante más popular de todos: la rumba. Se trata de un estilo esquivo para la ortodoxia flamenca que, en ocasiones, ha eludido su inclusión entre los cantes por la simplicidad de su estructura y facilidad de ejecución.

Su origen es afrocubano (como el guaguancó, la guaracha, etc.) y fue importada desde el Caribe. Constituye un género muy popular en España desde principios del siglo XX y ha originado composiciones célebres para la guitarra flamenca como “Agua Marina” (Paco Cepero), “Entre dos aguas” (Paco de Lucía) y “Caballo Negro” (Manolo Sanlúcar).

La colombiana que no fue y el zapateado internacional

Un caso singular es la colombiana, porque su origen no es directamente americano.

Se trata de una creación propia del sevillano José Tejada Martín, Pepe Marchena, que interpreta con una evidente influencia del compás binario del tango. La colombiana se popularizó rápidamente, sobre todo en el contexto de los espectáculos de Ópera Flamenca que proliferaron por teatros y plazas de toros de España entre las décadas de los veinte y cincuenta del siglo pasado.

Fotografía de tres hombres sonrientes mirando a cámara.
Juanito Valderrama, Juan el de la Vara y Pepe Marchena.
Cachava/Wikimedia Commons

El recorrido finaliza con el zapateado flamenco, heredero en gran medida del americano, que sostiene una rica tradición de “feet dance” con reverberaciones en toda Hispanoamérica, desde México hasta Argentina. Ambos pertenecen al tronco común de los bailes de tierra e influyen en el marcado carácter percusivo del baile flamenco.

Como vemos, el vínculo entre el flamenco en España y sus influencias americanas es profundo. Por ello, podríamos mejor hablar de cantes, toques y bailes de idas y vueltas. Un viaje inacabado que empezó antes del flamenco.

The Conversation

Francisco Perujo Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cantes de ida y vuelta: el hilo irrompible entre el flamenco y América – https://theconversation.com/cantes-de-ida-y-vuelta-el-hilo-irrompible-entre-el-flamenco-y-america-280412

¿Por qué los barcos siguen chocando, a pesar de la tecnología y de conocer sus respectivas posiciones?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Veyadira/Shutterstock

El 2 de septiembre de 2026, a las tres y cuarto de la madrugada, el carguero Tuğberk İmamoğlu y el petrolero Alsu chocaron en el mar de Mármara, a 18 millas (unos 29 kilómetros) de la costa de Estambul. El carguero, de 90 metros de eslora, se hundió 11 minutos después, con 10 tripulantes a bordo.

¿Cómo fue posible la colisión, si los dos barcos sabían dónde estaba el otro? A bordo, tenían operativo el radar, el sistema de navegación por satélite y las comunicaciones. De hecho, sus capitanes habían hablado por radio poco antes del impacto.

Pero, aunque parezca raro, este accidente no es una excepción. Las colisiones siguen apareciendo en las estadísticas de accidentes marítimos, pese a que un puente de mando moderno cuenta con más información que nunca.

Saber dónde está no es saber adónde va

Un buque conoce su posición mediante sistemas de navegación por satélite. El sistema de identificación automática (AIS) permite, además, que los barcos intercambien información como su identidad, posición, rumbo y velocidad.

El radar es otra fuente de información independiente. Emite ondas de radio y analiza los ecos que regresan de los objetos situados alrededor. Los sistemas de ayuda automática para el punteo radar (ARPA) utilizan esos ecos para seguir otros buques y calcular dos datos especialmente útiles: a qué distancia mínima pasarán si mantienen sus trayectorias y cuánto tiempo falta para que lleguen a ese punto. Si la distancia prevista es demasiado pequeña, existe riesgo de colisión. Pero el cálculo contiene una condición importante: supone que los dos barcos seguirán navegando como hasta ese momento. Con que uno de ellos cambie de rumbo o velocidad, el resultado se modifica.

Y es que los sensores permiten saber con bastante precisión dónde está otro barco y cómo se está moviendo. Lo que no pueden medir es qué piensa hacer su capitán en los próximos dos minutos.

Un barco no frena

A esa incertidumbre se añade un problema de escala. Un coche que circula a 50 kilómetros por hora puede detenerse en unas decenas de metros, mientras que un buque necesita mucho más espacio.

Las normas de maniobrabilidad de la Organización Marítima Internacional (OMI) establecen que, en determinadas condiciones, la distancia recorrida durante una parada de emergencia no debe superar quince veces la eslora del barco. En los grandes buques, esto implica que detenerse puede requerir kilómetros.

Tampoco pueden cambiar de dirección de forma instantánea. Aunque el timón empiece a modificar la trayectoria, el casco continúa avanzando mientras gira.

Por eso, las colisiones se deben evitar mucho antes de que los barcos estén cerca. Además, la maniobra debe ser suficientemente clara para que pueda ser detectada desde el otro puente de mando. De lo contrario, una corrección pequeña de rumbo puede no ser evidente y hacer que el otro barco continúe tomando decisiones como si nada hubiera cambiado.

Es decir, el problema no consiste solo en detectar el peligro. Hay que detectarlo con tiempo suficiente.

Quién se aparta

Para evitar que dos capitanes tengan que adivinar qué hará el otro existe el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes (COLREG), que establece cómo deben actuar los buques cuando sus trayectorias pueden entrar en conflicto.

Estas reglas dictan de qué manera deben comportarse los barcos en situaciones frecuentes. Por ejemplo, si dos buques se aproximan de frente, ambos modifican su rumbo. Si sus trayectorias se cruzan, uno debe ceder el paso. En un adelantamiento, el barco que alcanza al otro debe mantenerse apartado.

La finalidad es decidir quién tiene prioridad y hacer que el comportamiento de ambos sea previsible. Si uno debe maniobrar y el otro mantener rumbo y velocidad, el primero puede calcular su movimiento suponiendo que el segundo seguirá haciendo lo esperado. Sin embargo, el problema aparece cuando alguien no lo hace.

Cuando hablar tampoco basta

Los barcos también pueden comunicarse por radio de muy alta frecuencia (VHF). Si dos capitanes tienen dudas sobre sus intenciones, pueden hablar y acordar cómo cruzarse. En principio, eso debería reducir la incertidumbre, pero no siempre ocurre.

En seguridad marítima, se utiliza la expresión “colisión asistida por VHF” para describir accidentes en los que la conversación entre dos barcos contribuye a crear una interpretación equivocada de la maniobra. Puede haber dudas sobre cuál de los varios barcos visibles está hablando, dificultades con el idioma o instrucciones ambiguas.

Esto fue lo que pasó, en 2017, cuando el Huayang Endeavour y el Seafrontier chocaron en el estrecho de Dover después de haberse comunicado por radio. La investigación británica posterior concluyó que las conversaciones contribuyeron a que los dos equipos de puente desarrollaran interpretaciones distintas de cómo iban a pasar uno respecto al otro. Hablar había añadido información y, también, una posibilidad nueva de equivocarse.

Por su parte, el accidente en el mar de Mármara continúa bajo investigación para determinar qué sucedió antes del impacto. Pero el hecho de que ocurriera después de haber hablado los capitanes de ambos buques es un buen ejemplo de por qué disponer de un canal de comunicación tampoco elimina por sí solo una colisión.

Más sensores no eliminan el problema

En 1956, el Andrea Doria y el Stockholm colisionaron frente a Nantucket, en Estados Unidos. Los dos barcos contaban con radar y ambos habían detectado al otro antes del accidente. Setenta años después, los instrumentos son mucho mejores. Al radar se han añadido el GPS, el AIS, las cartas de navegación electrónicas y sistemas capaces de seguir automáticamente numerosos objetivos y calcular en todo momento el riesgo de colisión.

Sin embargo, hay una parte del problema que sigue siendo la misma. Los instrumentos describen la situación, pero después alguien tiene que decidir. ¿Y si ese “alguien” fuera una máquina?

El siguiente capitán puede estar en tierra

En julio de 2026 entró en vigor el primer código internacional de seguridad para buques autónomos de la Organización Marítima Internacional. Por ahora, su aplicación es voluntaria y abarca distintos grados de automatización, desde barcos con tripulación asistida por sistemas automáticos hasta buques controlados desde tierra. Evitar colisiones es uno de los problemas que tendrán que resolver.

Un sistema automático tiene algunas ventajas: puede vigilar simultáneamente numerosos objetivos y recalcular sus trayectorias de forma continua, y además no sufre fatiga durante una guardia nocturna. Las situaciones regladas también son relativamente sencillas de traducir a un algoritmo: detectar el riesgo, determinar qué regla se aplica y ejecutar la maniobra correspondiente.

El gran reto son las excepciones. Un pesquero pequeño puede no transmitir AIS. Otro barco puede realizar una maniobra inesperada. Un capitán puede no cumplir la regla prevista. El radar puede ofrecer información incompleta y una situación inicialmente clara puede cambiar mientras se ejecuta la maniobra. En este contexto, la capacidad que tiene un sistema autónomo para reaccionar a imprevistos es limitada.

Durante décadas, la tecnología ha permitido saber cada vez mejor dónde están los barcos. La siguiente etapa consiste en automatizar qué hacer con esa información. Porque conocer la posición es un problema de medida, pero evitar una colisión es un problema de predicción.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Por qué los barcos siguen chocando, a pesar de la tecnología y de conocer sus respectivas posiciones? – https://theconversation.com/por-que-los-barcos-siguen-chocando-a-pesar-de-la-tecnologia-y-de-conocer-sus-respectivas-posiciones-291302

La IA ya puede diseñar genomas de virus que funcionan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), Universidad de Navarra

El estudio se realizó con ADN de virus bacteriófagos, es decir, que infectan bacterias. Teacherx555/Shutterstock

El pasado mes de agosto, investigadores de la Universidad de Stanford y el Arc Institute anunciaron en Science una nueva y sorprendente aplicación de la IA: gracias ella, lograron diseñar genomas completos de bacteriófagos, es decir, virus que infectan bacterias. Algunos de esos genomas fueron sintetizados en el laboratorio y dieron lugar a virus funcionales capaces de infectar y reproducirse en la bacteria Escherichia coli.

Esto no significa que una IA pueda diseñar seres vivos a la carta. Estamos muy lejos de eso (o no, quién sabe). Pero sí demuestra algo importante: un modelo entrenado con enormes cantidades de secuencias de ADN puede aprender algunas de las reglas que organizan un genoma y utilizarlas para proponer secuencias nuevas que funcionan en el mundo real.

Del lenguaje humano al lenguaje del ADN

Los investigadores utilizaron Evo 1 y Evo 2, dos grandes modelos de lenguaje genómico. Su modo de funcionamiento es similar al de ChatGPT, con la diferencia que, en lugar de aprender de palabras y textos, Evo lo hace de secuencias de ADN.

Así, su alfabeto tiene solo cuatro letras (A, G, C y T, los cuatro nucleótidos o moléculas que conforman la estructura del ADN), y durante el entrenamiento intenta predecir qué nucleótido debería aparecer a continuación. Después de analizar millones de genomas, el modelo acaba identificando regiones asociadas a genes, secuencias reguladoras y secuencias que codifican proteínas, además de entender cómo es la organización genómica.

De la misma manera que ChatGPT comprende el lenguaje humano y es capaz de escribir textos con sentido, Evo entiende el lenguaje del ADN y escribe genomas con sentido.

En 2024, Evo 1 fue entrenado con 2,7 millones de genomas de bacterias, arqueas y virus bacteriófagos. En 2026, la nueva versión Evo 2 ha ampliado enormemente la cantidad y diversidad de secuencias analizadas y la longitud de ADN que puede analizar: contiene más de 40 000 millones de parámetros y ha sido entrenada con billones de nucleótidos de genomas no solo de procariotas (arqueas y bacterias) y virus, sino también de eucariotas (las células que forman los animales, plantas, hongos y protistas).

Aparte de reconocer genes y las regiones o señales relacionadas con la traducción de la información genética, lo interesante es que estos modelos también pueden generar nuevas secuencias de ADN siguiendo las reglas que han aprendido. No solo lo leen, sino que lo escriben. La pregunta es: ¿podrían llegar a escribir un genoma completo que funcionara?

Un pequeño virus como banco de pruebas

Para comprobarlo, los investigadores escogieron al bacteriófago ΦX174, un virus muy conocido que infecta Escherichia coli. Tiene un diminuto genoma circular de ADN de tan solo 5 386 nucleótidos y ocupa un lugar histórico en la biología molecular: fue el primer genoma completo de ADN que se consiguió secuenciar, allá por los años setenta.

Diseñar un genoma viral no consiste simplemente en colocar genes uno detrás de otro: todo el sistema debe funcionar coordinadamente. El ADN tiene que replicarse, los genes deben expresarse correctamente y en un orden determinado, sus proteínas tienen que interaccionar, el genoma debe empaquetarse dentro de una cápside proteica y, finalmente, la nueva partícula viral tiene que reconocer una bacteria, infectarla y completar su ciclo de reproducción.

No basta, por tanto, con escribir palabras que tengan sentido: hay que conseguir que funcione toda la historia.

Los investigadores especializaron Evo 1 y Evo 2 utilizando unas 15 000 secuencias de virus pertenecientes a la familia Microviridae, a la que pertenece ΦX174. A partir de esa información, los modelos generaron miles de posibles genomas nuevos.

De una secuencia informática a un virus real

Tras aplicar diferentes filtros computacionales, se seleccionaron cerca de 300 genomas para comprobarlos experimentalmente. Solo 16 de ellos produjeron bacteriófagos viables capaces de infectar E. coli y reproducirse. Es decir, de miles de genomas generados por IA, 300 fueron seleccionados y poco más del 5 % funcionaron. En suma, la tasa de éxito fue muy baja: la IA todavía falla mucho y no sabe escribir de forma fiable un genoma funcional. Pero que 16 de esos genomas diseñados por inteligencia artificial funcionaran demuestra que los modelos habían captado suficientes relaciones entre las distintas partes del genoma como para generar combinaciones biológicamente compatibles. Los autores llamron “Evo-Φ” a estos nuevos fagos generados por IA.




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Otro resultado muy interesante fue que los nuevos bacteriófagos no eran simples copias de ΦX174 con unas pocas mutaciones. Algunas de sus proteínas eran muy diferentes de las del virus de referencia, pero seguían funcionando integradas dentro del conjunto. La IA no parecía estar aprendiendo únicamente cómo debía ser cada pieza, sino también algunas de las reglas que permiten que esas nuevas piezas funcionen juntas. Es como si hubiera aprendido las reglas de la evolución.

Y esto, ¿para qué sirve?

Igual que se vuelven inmunes a los antibióticos, las bacterias también pueden hacerse resistentes a la infección por bacteriófagos. Esto representa uno de los problemas de la fagoterapia, como se denomina la utilización de virus bacterianos para combatir determinadas infecciones.

Los investigadores obtuvieron cepas de E. coli resistentes al ΦX174 original y después las enfrentaron a diferentes combinaciones de los nuevos fagos Evo-Φ diseñados mediante IA. Pues bien, un cóctel determinado de fagos Evo-Φ consiguió superar rápidamente la resistencia a ΦX174 en tres cepas bacterianas.

Esto no significa que dispongamos de una nueva terapia. El experimento se realizó en el laboratorio y no demuestra que estos bacteriófagos sean eficaces o seguros para tratar infecciones humanas. Pero es una “prueba de concepto” muy interesante. Quizás, en el futuro, ante una bacteria resistente, podamos utilizar modelos de IA para explorar rápidamente miles de posibles variantes de fagos y seleccionar después experimentalmente aquellas que tengan las propiedades que buscamos.

Una nueva etapa de la biología sintética

La importancia de este trabajo va más allá de los bacteriófagos. Lo que ha demostrado es que una IA puede proponer desde cero secuencias de genomas virales que, después de ser sintetizadas, producen fagos funcionales.

Esta capacidad de diseñar genomas completos funcionales abre muchas posibilidades en biología sintética y biotecnología. En el caso concreto de los fagos, podría ayudar a modificar su especificidad, ampliar el rango de bacterias que pueden infectar o generar nuevas combinaciones útiles frente a bacterias resistentes.

Sin embargo, también plantea cuestiones de bioseguridad. Quienes desarrollaron el sistema Evo 2 excluyeron deliberadamente de su entrenamiento los virus que infectan eucariotas; entre ellos, los que infectan humanos y animales. El objetivo era reducir la capacidad del modelo para generar este tipo de virus que podrían ser nuevos patógenos.

La capacidad técnica para generar secuencias biológicas debe avanzar acompañada de mecanismos de evaluación y control. Cuanto más potentes sean estos modelos, más importante será decidir con qué objetivo se hacen, con qué datos se entrenan, qué capacidades se liberan, cómo se evalúan sus posibles riesgos y quién es el responsable. El mayor problema de la IA es la falta de transparencia y que está en manos de unos pocos: ¿quién vigila al vigilante?


Una versión de este articulo ha sido publicada en el blog microBIO del autor.


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Ignacio López-Goñi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Estamos solos en el universo? El telescopio Nancy Grace Roman buscará respuesta entre 100 000 exoplanetas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

¿Hasta qué punto es especial nuestro sistema solar?

Desde que en los años noventa se confirmó la existencia de los primeros planetas fuera del Sistema Solar, los astrónomos han descubierto ya más de 6 000 exoplanetas. Pero esta colección está lejos de ser representativa de la población planetaria de la Vía Láctea: nuestros métodos de detección favorecen determinados tipos de mundos y, sobre todo, las estrellas relativamente próximas al Sol.

El telescopio espacial Nancy Grace Roman, lanzado por la NASA el pasado 30 de agosto, puede cambiar esa situación. Durante su misión principal, prevista para cinco años, observará enormes cantidades de estrellas y podría descubrir alrededor de 100 000 nuevos exoplanetas.

No se trata simplemente de aumentar un catálogo: Roman pretende realizar un auténtico censo de los mundos que habitan nuestra galaxia.

Un telescopio construido para mirar a lo grande

Roman tiene un espejo principal de 2,4 metros de diámetro, prácticamente idéntico al del telescopio espacial Hubble. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: su instrumento principal, el Wide Field Instrument, posee un campo de visión al menos 100 veces mayor que el de Hubble.

Espejo primario del Telescopio Nancy Grace Roman.
Wikimedia Commons, CC BY

Esto permite observar enormes regiones del cielo de una sola vez. El telescopio espacial trabajará principalmente en el infrarrojo cercano, una característica especialmente importante para observar el interior de la Vía Láctea, donde las estrellas están mucho más concentradas y el polvo interestelar dificulta las observaciones en luz visible. A lo largo de su misión, el telescopio podrá medir la luz de alrededor de mil millones de galaxias, además de estudiar cientos de millones de estrellas de nuestra propia galaxia.

Para encontrar planetas, esta capacidad resulta especialmente valiosa. No basta con tener un telescopio sensible: hay que observar muchas estrellas durante mucho tiempo y detectar cambios diminutos en su brillo.

Una población de planetas que apenas conocemos

La gran novedad del Nancy Grace Roman será su capacidad para encontrar mundos que han quedado fuera del alcance de las principales campañas de búsqueda de exoplanetas.

Una de sus técnicas será el tránsito, mediante el que se detecta el pequeño descenso de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella. Roman podría encontrar unos 100 000 planetas mediante este método, incluidos mundos situados a miles de años luz y, potencialmente, al otro lado de la galaxia.




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Pero el verdadero salto cualitativo llegará con la microlente gravitacional.

Cuando dos estrellas se alinean casi exactamente desde nuestra perspectiva, la gravedad de la estrella más cercana curva y amplifica la luz de la más distante. Si la estrella que actúa como lente tiene planetas, estos producen pequeñas alteraciones adicionales en el patrón de luz. El fenómeno puede durar apenas horas, por lo que es necesario observar millones de estrellas con una cadencia muy alta.

Cuando un exoplaneta pasa por delante de una estrella más distante, su gravedad hace que la trayectoria de la luz de la estrella se desvíe y, en algunos casos, provoca un breve aumento del brillo de la estrella de fondo tal como lo observa un telescopio.

Ilustración del efecto conocido como lente gravitacional.
Wikimedia Commons, CC BY-SA

El telescopio espacial Nancy Roman dedicará aproximadamente 15 meses de su misión a un programa de observación del bulbo galáctico, realizando exposiciones repetidas con intervalos de unos 12 minutos durante determinadas campañas. El objetivo es detectar miles de eventos de microlente y extraer de ellos información sobre la población planetaria.

La ventaja es que esta técnica es sensible a mundos muy diferentes de los que predominan en los catálogos actuales. Puede encontrar planetas situados lejos de sus estrellas, incluidos gigantes de hielo similares a Urano y Neptuno y planetas rocosos con masas comparables a la Tierra o incluso Marte. También puede detectar planetas errantes, cuerpos que han perdido su estrella y vagan solos por la galaxia.

¿Cuántos sistemas como el nuestro existen?

Esta es posiblemente la pregunta más importante que El telescopio espacial ayudará a responder.

Los planetas que conocemos actualmente no constituyen una muestra aleatoria. Es mucho más sencillo encontrar un gigante gaseoso que orbita muy cerca de su estrella que un planeta pequeño situado a una distancia comparable a la de la Tierra respecto al Sol.

Roman permitirá comparar poblaciones planetarias en distintas regiones de la Vía Láctea. Su sondeo penetrará hasta el bulbo galáctico y las regiones del otro lado de la galaxia, mucho más lejos que la mayoría de los exoplanetas conocidos actualmente. Así podremos comprobar si los sistemas planetarios tienen características similares independientemente de dónde se formen o si nuestro vecindario cósmico es una excepción.

El resultado será una distribución estadística de tamaños, masas y distancias orbitales. En lugar de preguntarnos únicamente «¿hemos encontrado otra Tierra?», podremos plantearnos una cuestión mucho más poderosa: ¿con qué frecuencia aparece un planeta parecido a la Tierra?

Un primer paso hacia la búsqueda de vida

Roman no está diseñado para detectar directamente vida extraterrestre. Su contribución será anterior: identificar una enorme población de mundos y determinar cuáles merecen ser estudiados con instrumentos más especializados.

Además del gran sondeo planetario, probará una tecnología especialmente interesante: un coronógrafo capaz de bloquear la luz de una estrella para obtener imágenes directas de planetas cercanos. Su objetivo será estudiar mundos gigantes y discos de material alrededor de otras estrellas, demostrando técnicas que podrían ser utilizadas por futuros telescopios para fotografiar planetas rocosos potencialmente habitables.

Imagen de TWA 7 b a través de un coronógrafo de alto contraste.
Wikimedia Commons, CC BY

El telescopio también estudiará la materia y energía oscuras, la evolución de las galaxias, las supernovas y otros fenómenos astrofísicos. Pero su legado en el campo de los exoplanetas puede ser especialmente profundo.

Porque quizá la respuesta a «¿estamos solos?» no comience encontrando una civilización extraterrestre ni detectando una señal procedente de otro mundo. Puede comenzar con una estadística.

Si Roman descubre que los planetas pequeños y las órbitas similares a las de nuestro sistema son habituales, la Tierra dejará de parecer un caso excepcional. Si, por el contrario, nuestro tipo de sistema resulta extraordinariamente raro, habremos descubierto algo igualmente fascinante.

Roman no buscará directamente vida. Buscará algo que necesitamos conocer antes: cuántas oportunidades ha tenido el universo para crearla.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Estamos solos en el universo? El telescopio Nancy Grace Roman buscará respuesta entre 100 000 exoplanetas – https://theconversation.com/estamos-solos-en-el-universo-el-telescopio-nancy-grace-roman-buscara-respuesta-entre-100-000-exoplanetas-291172

Luis Martínez Zoroa, el español clave en el hito del Problema del Milenio: “Sigo haciendo matemáticas con lápiz y papel”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Sánchez, Responsable de Eventos. Editora de Ciencia y Tecnología, The Conversation

El profesor Luis Martínez Zoroa y las ecuaciones de Navier-Stokes en la pizarra. CUNEF, CC BY

Mientras OpenAI conmocionaba a la comunidad científica al anunciar la resolución de las ecuaciones de Navier-Stokes –uno de los célebres Problemas del Milenio–, saltaba la agridulce noticia de que la arquitectura conceptual del trabajo utilizaba desarrollos (sin citarlos) de dos matemáticos españoles: Diego Córdoba (ICMAT-CSIC) y Luis Martínez Zoroa, profesor en CUNEF.

Bullían las ollas mediáticas de medio mundo, y las científicas, con acusaciones de plagio (que OpenAI ha desmentido), cuando Martínez Zoroa, al despertar aquella mañana, comprobaba aún aturdido que en su vida había tenido tantos mensajes de WhatsApp antes de desayunar. Hemos hablado con él.

¿Haces matemáticas con papel y lápiz, sin usar la IA?

Sí. Bueno, hace no tanto trabajaba así todo el mundo. Me va a tocar adaptarme, pero es verdad que hasta ahora yo no he usado inteligencia artificial.

Entonces, los desarrollos que has llevado a cabo junto con el profesor Diego Córdoba, que han sido fundamentales en la resolución del problema del milenio, ¿los has hecho con lápiz y papel?

Sí, pero no es raro, ¿no?

En la publicación de OpenAI con la resolución al Problema del Milenio, ¿puedes identificar que los 80 000 agentes de IA empleados para ello han usado vuestros desarrollos?

Mirando el artículo, es verdad que hay varias ideas que creo que podrían tener origen en nuestra investigación. También es evidente que ha usado un montón de resultados de este cuerpo de investigación, las matemáticas, que se han ido desarrollando en las últimas décadas.

¿Como es posible que puedan identificarse vuestras ideas y no la de otros miles de matemáticos que están trabajando en modelos similares?

Básicamente porque nuestra idea no era la más prometedora, y es llamativo que la utilizaran. Solo nosotros estábamos trabajando en esa línea de aproximación, y a partir de nuestro trabajo, Tristan Buckmaster, que ha sido quien reconoció el trabajo y dio la voz de alarma. Es posible identificar que son nuestras ideas porque solo nosotros las habíamos planteado. Aparte de la de Tristan, ha habido muy poca investigación en la dirección que nosotros proponíamos.

En cualquier caso, nosotros estamos contentísimos porque demuestra en cierto modo que teníamos razón y que habíamos dado con herramientas muy poderosas que tenían capacidad para abrir nuevas puertas.

¿Hasta dónde habíais llegado? ¿Dónde está vuestro logro?

El objetivo era demostrar la formación de singularidades, situaciones donde la velocidad de un fluido se vuelve infinita en algún punto, lo cual no es físicamente observable en la realidad y suele indicar que el modelo es incorrecto o requiere variaciones. Habíamos conseguido demostrar esta singularidad en otros modelos. Decíamos que, con las herramientas que nosotros habíamos descubierto o desarrollado, uno podía potencialmente intentar atacar problemas más difíciles, como la formación de singularidades en Navier-Stokes. Pero nosotros no habíamos trabajado directamente en estas ecuaciones.

¿Estaba en vuestra cabeza hacerlo?

Sí, nuestra intención era hacerlo, digamos, a medio plazo. Pero un equipo humano habría necesitado ocho años de trabajo.

Ha sido OpenAI quien lo ha hecho…

Correcto, sí. Con agentes de IA han sido capaces de combinar las distintas líneas de investigación que había para atacar este problema. Y dar una respuesta.

El conflicto estalla cuando es una inteligencia artificial quien recoge esa información y se alimenta de todo ello sin dar el crédito correspondiente. ¿Por qué esto es tan relevante en ciencia?

Tal y como está montado el sistema de investigación, los desarrollos son abiertos a la comunidad científica, pero es fundamental que se referencie a aquellos en los que está basado cada trabajo. Esta falta de reconocimiento afecta a los investigadores más jóvenes en la búsqueda de empleo y a los más experimentados en la obtención de financiación para proyectos. Aquí hay una problemática fundamental: la IA se ha alimentado de todo lo que se ha hecho hasta ahora y muchas de las ideas que utiliza no se sabe necesariamente de dónde han salido.

¿Crees que en algún momento OpenAI, y cualquiera que use IA, se va a plantear referenciar el trabajo de los investigadores humanos? ¿Es un momento fundamental para la investigación y las matemáticas?

Hicieron correcciones al artículo donde ya se nos mencionaba, pero carece de bastantes citas de otros, cuando en un artículo de investigación típico estarían presentes. Esto no ha sentado muy bien en general. Espero que hagan un esfuerzo por dar más reconocimiento a toda la investigación previa en el campo que sea. Sí, estamos ante un momento decisivo para trazar como van a referenciarse los desarrollos de IA.

También es verdad que es un tema un poco difícil cuando tu artículo lo ha escrito una inteligencia artificial y en tu empresa no hay necesariamente ni siquiera expertos en el tema. No sería de extrañar que publicaran un artículo en un campo donde no tienen a ningún especialista, lo cual también dificulta hacer un buen trabajo. Dicho esto, creo que deberían hacer un esfuerzo más grande en esa dirección.

¿Y qué va a ser del millón de dólares que el Clay Mathematics Institute ofrece a quien resuelva el problema?.

¡Ay, el millón de dólares! De eso no vamos a ver ni un euro. Ya te lo digo.

The Conversation

– ref. Luis Martínez Zoroa, el español clave en el hito del Problema del Milenio: “Sigo haciendo matemáticas con lápiz y papel” – https://theconversation.com/luis-martinez-zoroa-el-espanol-clave-en-el-hito-del-problema-del-milenio-sigo-haciendo-matematicas-con-lapiz-y-papel-292327

Filles ou garçons : le prestige des études n’influence pas leurs choix d’orientation de la même manière

Source: The Conversation – in French – By Magali Jaoul-Grammare, Chargée de Recherche CNRS en Economie, Université de Strasbourg

Pourquoi choisit-on une filière universitaire plutôt qu’une autre ? Est-ce avant tout une question de débouchés professionnels et d’attentes salariales ?

La recherche que nous publions dans la revue Formation et emploi montre qu’un autre facteur joue un rôle central : le prestige social associé aux professions. Mais ce prestige n’agit pas de la même façon auprès des filles et des garçons.

À partir de plus de 120 ans de données sur les inscriptions universitaires en France (1899-2022), nous mettons en évidence une dissymétrie marquée entre les trajectoires masculines et féminines dans deux filières historiquement prestigieuses : le droit et la médecine.

Chez les garçons, ces deux formations fonctionnent comme des filières concurrentes. Chez les filles, au contraire, elles apparaissent complémentaires. Autrement dit, les choix d’orientation ne relèvent pas des mêmes arbitrages selon le genre, même lorsque les filières offrent un prestige social comparable.

Pourquoi ce résultat est-il important ?

Médecin et avocat figurent depuis le XIXe siècle parmi les professions les plus valorisées socialement. Cette proximité symbolique fait que les études de droit et de médecine peuvent, dans certains cas, apparaître comme des alternatives lorsque l’accès à l’un des cursus devient plus incertain.

C’est précisément ce que l’on observe chez les étudiants : lorsque les effectifs masculins en médecine diminuent, ceux du droit augmentent. Le prestige nourrit alors une logique de concurrence et de gestion du risque social, le droit jouant le rôle de filière de repli permettant de préserver un haut niveau de statut et de reconnaissance sociale.

Les trajectoires des étudiantes racontent une autre histoire. L’augmentation du nombre de femmes en médecine s’accompagne d’une progression de leur présence en droit. Loin d’une substitution, on observe un effet d’entraînement. La réussite féminine dans une filière prestigieuse agit comme un signal collectif, qui légitime et diffuse les ambitions scolaires vers d’autres carrières longues et socialement valorisées. Le prestige fonctionne ici moins comme un instrument de concurrence que comme un levier d’émancipation progressive, contribuant à la féminisation globale de l’enseignement supérieur.

Comment avons-nous procédé ?

Notre analyse repose sur une base de données originale retraçant, sur longue période, les effectifs d’étudiants et d’étudiantes en droit et en médecine en France. Pour identifier les interactions entre filières, nous avons mobilisé des modèles statistiques permettant d’analyser les relations dynamiques et causales entre séries temporelles, sans imposer a priori leur sens.

Cette approche s’inscrit dans une analyse plus large des phénomènes d’engorgement dans l’enseignement supérieur. Lorsqu’une filière prestigieuse devient saturée ou fortement régulée, les étudiants ajustent, historiquement selon leur origine sociale, leurs choix avec retard, en fonction des signaux perçus sur les débouchés et le prestige. Ces décalages produisent des mouvements cycliques comparables à un effet « cobweb », ou « modèle de la toile d’araignée », bien connu en sciences sociales : les décisions prises aujourd’hui en réaction à une situation passée contribuent à créer les déséquilibres de demain.

Nous avons également isolé la période 1971-2020 afin d’analyser le rôle du numerus clausus en médecine. Cette contrainte institutionnelle apparaît comme un instrument majeur de régulation indirecte du système universitaire, modifiant l’équilibre des filières d’élite, mais de manière différenciée selon le genre.

Quelles perspectives ?

Nos résultats montrent que les dispositifs de sélection, même lorsqu’ils se veulent neutres, produisent des effets genrés durables. Chez les hommes, le numerus clausus agit principalement comme une contrainte directe, entraînant des réorientations vers d’autres filières prestigieuses.

Chez les femmes, il s’inscrit dans une dynamique plus circulaire, où la montée des ambitions féminines s’articule, avec un certain décalage, à des mécanismes de régulation institutionnelle.

Cette mise en perspective historique adresse un message essentiel aux responsables des politiques éducatives : en l’absence d’un pilotage anticipatif, les systèmes de formation tendent à reproduire, cycle après cycle et génération après génération, des phénomènes d’engorgement et de désajustement, étroitement liés aux contextes historiques et institutionnels dans lesquels ils s’inscrivent.

Intégrer les effets du prestige, du genre et des anticipations dans la régulation de l’offre de formation apparaît dès lors comme une condition clé pour éviter la répétition des déséquilibres passés et concevoir un enseignement supérieur à la fois performant et plus équitable.


Tout savoir en trois minutes sur des résultats récents de recherches, commentés et contextualisés par les chercheuses et les chercheurs qui les ont menées, c’est le principe de nos « Research Briefs ». Un format à retrouver ici.

The Conversation

Les auteurs ne travaillent pas, ne conseillent pas, ne possèdent pas de parts, ne reçoivent pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’ont déclaré aucune autre affiliation que leur organisme de recherche.

– ref. Filles ou garçons : le prestige des études n’influence pas leurs choix d’orientation de la même manière – https://theconversation.com/filles-ou-garcons-le-prestige-des-etudes-ninfluence-pas-leurs-choix-dorientation-de-la-meme-maniere-275697

Pourquoi est-il si difficile de rénover les copropriétés ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Emilie Moncaut, Ingénieure d’études en sociologie urbaine, Université de Strasbourg


L’ESSENTIEL

  • Rénover une copropriété en France ne consiste pas seulement à isoler des façades ou à remplacer une chaudière.

  • Il faut parfois convaincre jusqu’à des dizaines de copropriétaires, organiser la prise de décision, coordonner une multitude d’acteurs et accompagner de nouveaux usages.

  • Derrière chaque rénovation se cache un travail collectif indispensable à la transition énergétique, comme le montre notre enquête.


Les vagues de chaleur en été et les vagues de froid en hiver rappellent une évidence : les logements doivent être adaptés afin de rester vivables, face à la problématique des « passoires » et « bouilloires » thermiques. Rénover les bâtiments est l’un des principaux leviers.

Avec 43 % de la consommation d’énergie, le secteur du bâtiment résidentiel tertiaire est le plus gourmand en énergie en France, et les copropriétés représentent près d’un tiers du parc de logements.




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Pourtant, malgré des aides publiques, des techniques désormais maîtrisées et des bénéfices sociaux et environnementaux avérés (économies d’énergie, moins de gaz à effet de serre, amélioration du confort et de la santé des occupants, réduction de la précarité énergétique…), les rénovations globales restent compliquées à enclencher. On sait qu’il y a un décalage entre la « rentabilité sociale » des rénovations et le temps de retour sur investissement, en moyenne autour de 50 ans.

Dans le cadre du projet Mérite, nous avons mené entre janvier et mars 2026 une enquête auprès d’une douzaine d’acteurs de la rénovation énergétique en région Grand Est, que nous avons complétée par une revue de littérature académique et experte. Ses résultats conduisent à déplacer le regard et mettent en évidence qu’une copropriété est, avant même de pouvoir rénover son immeuble, un collectif d’habitants confronté au fait de construire une décision commune ou de trouver un compromis acceptable.

La décision se construit bien avant le vote

Si l’Assemblée générale (AG) entérine ou non des travaux, auparavant il faut expliquer les scénarios, clarifier les financements, entendre les réticences et convaincre une majorité de copropriétaires. Ce long processus se déroule au fil de réunions préparatoires, d’échanges avec le conseil syndical, mais aussi dans des discussions plus informelles au téléphone ou dans les cages d’escalier.

La rénovation énergétique en copropriété en France : un état de l’art vu des sciences sociales.
Philippe Hamman, Émilie Moncaut, Fourni par l’auteur

Comme le résume une gestionnaire de copropriété à Saint-Avold, il faut lever les points bloquants avant de présenter un projet en AG :

« Ça va être justement toute cette première partie en amont, toute l’information et tout ce qui va faire que le jour de la décision, les copropriétaires généralement ont déjà fait leur choix. C’est plus tout ce qui va être fait en amont, les informations, les échanges et qu’ils puissent avoir en main tous les éléments pour eux pour pouvoir dire s’ils sont d’accord ou pas. »

Autrement dit, la rénovation énergétique suppose d’abord de fabriquer un accord collectif. Ceci rejoint plusieurs travaux en sciences sociales, qui montrent que les décisions de rénovation résultent d’un cheminement de conviction plutôt que d’un simple vote.

Des « leaders énergétiques »

Au cœur de cette dynamique apparaissent quelques copropriétaires investis plus que d’autres. Ces « leaders énergétiques » deviennent les moteurs d’un projet.

Ils traduisent les informations techniques, relaient les inquiétudes de voisins, entretiennent la mobilisation lorsque le projet s’enlise et servent d’intermédiaires entre les habitants et le syndic, comme le rapporte un gestionnaire de copropriété du Ban-Saint-Martin :

« Mme X, elle a pris quand même un rôle à cœur et elle a pris un bon fonctionnement, c’est-à-dire les gens ne téléphonent pas à moi, ils téléphonent à Mme X. En fait, elle a fait le véritable travail de relais, d’assistance. »

Derrière une rénovation se cache ainsi un travail de médiation largement invisible, mais pourtant décisif.

Une multitude d’intermédiaires

Mobiliser un collectif n’est pas tout ; encore faut-il faire avancer le projet. Le syndic occupe ici une position centrale, afin de coordonner les entreprises, suivre les études, répondre aux copropriétaires, dialoguer avec les banques, monter les dossiers de financement et accompagner un chantier qui peut durer plusieurs années.

Les entretiens montrent que cette fonction dépasse largement le métier traditionnel de syndic. Plusieurs professionnels décrivent une charge de travail massive. L’un d’eux estime par exemple qu’un seul projet de rénovation représente déjà près d’un quart de son activité :

« C’est un sujet qui arrive régulièrement sur la table. La rénovation énergétique qui touche les copropriétés. C’est hyper dur pour nous, les gestionnaires. Vous mettez trois rénovations énergétiques et vous faites un burn out. »

Cette complexité explique l’émergence d’un véritable système d’acteurs d’accompagnement : assistants à maîtrise d’ouvrage (AMO), agences locales de l’énergie, opérateurs spécialisés ou encore nouveaux opérateurs « ensembliers » proposant une offre intégrée. Leur rôle dépasse largement l’expertise technique. Ils visent à coordonner les intervenants, hiérarchiser les priorités et sécuriser le montage financier.

Cette multiplication des intermédiaires révèle une transformation plus profonde : la réussite d’une rénovation dépend aujourd’hui moins d’un acteur isolé que de la capacité de plusieurs structures à coopérer autour d’un même projet.




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Transformer les façons d’habiter

Les interventions sur le bâtiment visent aussi à changer la manière d’habiter un logement.

Les recherches en sciences sociales soulignent que les économies d’énergie ne dépendent pas uniquement de la qualité des travaux réalisés, mais aussi de la manière dont les habitants utilisent leur logement : réglage du chauffage, ventilation, nouvelles habitudes… Les écarts de performance entre les consommations attendues après les travaux et les consommations réellement observées l’illustrent.

Ces pratiques sont façonnées par les conditions de vie, les trajectoires de socialisation et les normes de confort. Ainsi, des logements techniquement comparables peuvent-ils présenter des consommations très différentes : une étude observe un écart pouvant aller jusqu’à un facteur 3,5 entre des logements similaires, les usages des occupants jouant un rôle déterminant. La rénovation énergétique implique donc aussi une évolution des façons d’habiter.

Or, l’essentiel des efforts est consacré à faire émerger le projet, à obtenir les financements et à conduire les travaux, tandis que l’accompagnement après la rénovation demeure encore limité.

La rénovation énergétique, un contexte incertain

La dernière contrainte qui pèse sur la rénovation des copropriétés tient à la fluctuation des dispositifs d’aide qui changent régulièrement, au coût des matériaux qui évoluent à la hausse et aux financements qui restent difficiles à mobiliser si l’on ne réalise pas de rénovation ambitieuse.

Face à cette incertitude, toutes les copropriétés ne sont pas égales : les petites et celles en difficulté disposent souvent de moins de ressources humaines et organisationnelles, comme l’explique le responsable du pôle copropriétés chez Oktave :

« Peut-être qu’il y a un modèle qui reste à inventer ou adapter pour les toutes petites copropriétés de cinq logements ou moins. On voit là que le modèle touche ses limites sur le coût des travaux à supporter et les subventions obtenues. […] Et on a aussi les acteurs bancaires qui ont du mal à aller sur ces petites copropriétés. Donc en plus de payer un reste à charge plus important pour des travaux équivalents, ils perdent le bénéfice des prêts bancaires auxquels les autres ont accès. »

En cela, la rénovation énergétique repose aussi sur la capacité des politiques publiques à créer des conditions stables permettant aux copropriétés d’apprendre, ensemble, à agir.




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Le projet Mérite (Modèle économique de rénovation innovant pour la transition énergétique) est lauréat de l’appel à projets Oreno – Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’Ademe pour le compte de l’État dans le cadre de France 2030, et regroupe Demathieu Bard Énergie, le Crédit agricole de Lorraine, le groupe d’assurances Roederer et, pour le volet de sciences sociales, l’Université de Strasbourg (UMR 7363 SAGE – Sociétés, Acteurs, Gouvernement en Europe/SATT Conectus).

The Conversation

Emilie Moncaut a reçu des financements de l’appel ORENO — Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’ADEME pour le compte de l’État (France 2030), dans le cadre du projet MERITE qui regroupe également Demathieu Bard Énergie, le Crédit Agricole de Lorraine et le groupe d’assurances Roederer.

Philippe Hamman a reçu des financements de l’appel ORENO — Opérateurs ensembliers de la rénovation, opéré par l’ADEME pour le compte de l’État (France 2030), dans le cadre du projet MERITE qui regroupe également Demathieu Bard Énergie, le Crédit Agricole de Lorraine et le groupe d’assurances Roederer.

– ref. Pourquoi est-il si difficile de rénover les copropriétés ? – https://theconversation.com/pourquoi-est-il-si-difficile-de-renover-les-coproprietes-287698

Et si les débats sur l’héritage rataient l’essentiel : supprimer la réserve héréditaire ?

Source: The Conversation – France (in French) – By Thierry Aimar, Maître de conférences en sciences économiques, Université de Lorraine

La réserve héréditaire institue-t-elle un « communisme familial », comme l’écrivait Émile Durkheim ? Le débat sur l’héritage ne devrait pas esquiver la question de son maintien. Logan Weaver/Unsplash, CC BY

L’ESSENTIEL

  • À l’approche de la présidentielle et sur fond de budget difficile à boucler, la question de la taxation de l’héritage revient.

  • Les débats se concentrent trop sur les taux et l’assiette de la fiscalité liée à la transmission d’un patrimoine.

  • Le débat omet la question de la réserve héréditaire. Et si, autant qu’un problème philosophique, cela constituait aussi un facteur d’inefficience économique majeure.


La question de l’héritage est revenue en force dans le débat public. À gauche, les propositions vont d’une taxation accrue des successions (Place publique) à leur interdiction au-dessus d’un plafond de 12 millions d’euros (LFI). À droite, certains réclament au contraire la suppression pure et simple des droits de transmission. Sur le plan syndical, certains préconisent un prélèvement de 1 % sur tous les héritages (CFDT). Regarde-t-on du bon côté ?

Si défendre la liberté de disposer d’un patrimoine légitimement acquis est un principe libéral promu par Frédéric Bastiat, la liberté de permettre à un individu de s’enrichir par un privilège de naissance, sans rapport à sa propre création de valeur l’est beaucoup moins.

Les libéraux contre la rente

La question mérite d’autant plus d’être posée que, selon le Conseil d’analyse économique (CAE), la part du patrimoine des ménages provenant des successions (héritage et donations) est passée de 35 % en 1970 à plus de 60 % aujourd’hui. La richesse dépend de moins en moins de l’effort et de l’épargne personnelle, mais de plus en plus de la famille. En d’autres termes, l’héritier capte une rente, c’est-à-dire qu’il bénéficie d’un niveau de richesse supérieur à sa propre contribution à la production. Or, le libéralisme combat les rentes, d’où qu’elles proviennent.




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Par ailleurs, et c’est peut-être la conséquence la plus importante de l’héritage, il produit selon la naissance des inégalités d’accès au territoire des opportunités. Logement, études, mobilité géographique, stages, premiers emplois… La dotation familiale conditionne de plus en plus la capacité à entrer et à évoluer positivement dans le jeu économique. Ainsi, sur le marché immobilier, 25 % des jeunes ménages (la part la plus modeste de la population) n’a que 3 % de chances de devenir propriétaire sans aide familiale.

Cumul des inconvénients

Ceux qui sont condamnés à rester locataires consacrent alors une part majeure de leurs revenus au logement sans pouvoir dégager un surplus transmissible à leurs enfants, qui resteront eux aussi locataires. Les avantages comme les handicaps issus de la famille d’appartenance se cumulent et se renforcent d’une génération à la suivante.

La même logique s’exerce pour l’éducation. Le coût pour les étudiants de résider dans les grandes villes universitaires constitue pour les plus défavorisés une véritable barrière à l’entrée vers les formations prestigieuses, comme vers les bassins d’emplois les plus attractifs. Les héritages familiaux ne produisent donc pas seulement chez les jeunes une inégalité dans leur capacité de jouir de leur présent ; ils créent une discrimination sociale et géographique dans leur possibilité de se construire un avenir. En mai 2023, 17 % des jeunes de 18 et 24 ans déclarent avoir renoncé à leurs études, à cause du prix du logement

L’héritage, une incitation à l’oisiveté ?

Les effets négatifs ne s’arrêtent pas aux non-héritiers. Comme le remarquait déjà au début du XXᵉ siècle Andrew Carnegie, le célèbre milliardaire américain philanthrope, le bénéficiaire d’une succession peut se voir désincité à travailler, entreprendre et épargner. L’héritage familial, au-delà d’un certain seuil, réduit le taux d’effort des privilégiés. Mais si une part des bénéficiaires produit moins, l’assiette fiscale basée sur la création de valeur se réduit également.

Pour financer des dépenses publiques croissantes, la pression fiscale se reporte sur le travail et le capital. Un cercle vicieux se développe alors : la rente décourage d’abord l’effort de ceux qui la reçoivent. Puis, l’accroissement nécessaire de la fiscalité pour en compenser les effets délétères décourage l’effort des entreprises et salariés qui créent la richesse. Par ce jeu d’externalités négatives, l’oisiveté rentière débouche sur un véritable coût macroéconomique.

La taxation sur les héritages aurait une cohérence, si, comme le propose Raphaël Glucksmann, elle devait s’accompagner d’une baisse significative des prélèvements sur le travail ou le capital productif. Elle frapperait alors la rente plutôt que la création de valeur. Mais personne n’y croit. L’État n’a guère l’habitude de respecter ses promesses en matière d’impôt, comme on l’a vu récemment avec la [contribution exceptionnelle sur les grandes entreprises]. Alors qu’elle ne devait s’appliquer qu’à l’année 2025, elle a été reconduite en 2026 et le sera encore très probablement en 2027. L’argent récupéré par l’autorité publique est souvent mal géré ou détourné du projet initial.

Faut-il alors réduire les taxes sur les successions, voire les supprimer ? Mais cela revient à légitimer des rentes privées, lesquelles nourrissent inévitablement, sous forme de compensation, la demande de rentes publiques de la part des défavorisés de naissance.

Une erreur d’appréciation

On regrette que ce débat entre gauche et droite se limite à la question de l’impôt. L’erreur consiste à demander à la fiscalité de réparer ce que le droit successoral a d’abord institué. L’impôt prélève sur des droits jugés légitimes ; le droit, lui, décide qui peut légitimement recevoir quoi. Il est normal qu’une taxe soit perçue comme une spoliation si elle frappe un bien dont le droit reconnaît par ailleurs l’acquisition comme légitime.

La réflexion doit donc se déplacer de la question de la fiscalité vers les fondements mêmes du droit de propriété individuel et de son rôle dans l’économie de marché. La première étape devrait alors conduire vers la suppression de la réserve héréditaire, qui oblige un individu à transmettre la majeure partie de son patrimoine à ses descendants biologiques. Du point de vue du propriétaire, la réserve héréditaire supprime sa liberté de choisir ses légataires, en contradiction avec les principes défendus au XIXᵉ siècle par les libéraux Courcelle-Seneuil ou Dunoyer.

Du point de vue des enfants, elle consacre un droit sur la richesse de leurs parents fondé sur leur seule naissance, et non sur les rapports avec eux, leurs comportements ou leurs mérites. Mais pourquoi un enfant aurait naturellement droit au patrimoine de ses parents ? Pourquoi pas celui du voisin, plus méritant au regard du légataire ? Et pourquoi tous les enfants d’un même sang auraient-ils un droit à l’héritage, sans parler des injustices à l’égard de ceux qui font partie de familles recomposées ?

Arte 2026.

Archaïque communisme familial

Dans les deux cas, la réserve héréditaire traite le patrimoine comme un bien communautaire et non comme une propriété individuelle. Ce « communisme familial », pour reprendre une expression de Durkheim, qui attribue le pouvoir économique selon un critère biologique, est un véritable archaïsme.

C’est une fausse note dans la symphonie moderne du marché. Comme l’a démontré une étude du think tank Génération libre), elle favorise la concentration du capital, ralentit sa circulation et augmente les inégalités intergénérationnelles. On doit séparer statut et patrimoine. En d’autres termes, il s’agit de rétablir la liberté de tester, telle qu’elle existe dans de nombreux pays de culture anglo-saxonne, aux États-Unis, au Canada, au Royaume-Uni, en Irlande, en Australie, en Nouvelle-Zélande. Autant de pays marqués par leur souplesse, leur capacité d’adaptation et leur dynamisme économique.

On est bien obligé de relever un savoureux paradoxe. Ceux qui, à droite (Bruno Retailleau, Sarah Knafo) dénoncent avec le plus de vigueur l’existence de droits de succession (subis de fait par moins de 15 % des héritiers, selon le CAE), ne critiquent jamais la réserve héréditaire qui viole pourtant la liberté de 100 % des propriétaires. Une parfaite traduction politique de la schizophrénie de la société française, toujours prompte à dénoncer l’inégalité sociale, mais à défendre parallèlement bec et ongles le principe héréditaire de l’héritage, alors qu’il est à la source même de cette inégalité.

Après redistribution, l’inégalité de revenus en France entre les ménages les plus pauvres et les plus riches passe d’un rapport de 18 à 3. À l’inverse, l’inégalité de patrimoine demeure immense : les 5 % les plus riches possèdent 34 % du patrimoine total alors que les 50 % les plus pauvres n’en bénéficient qu’à hauteur de 7 %. À la différence des politiques, le rôle de l’analyse économique n’est pas de flatter une opinion publique culturellement dominée par le modèle familialiste, mais d’éclairer ses contradictions. Sur l’héritage, la première réforme nécessaire n’est pas donc de taxer davantage ou non. Elle est de rompre avec le privilège de naissance.

The Conversation

Thierry Aimar ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Et si les débats sur l’héritage rataient l’essentiel : supprimer la réserve héréditaire ? – https://theconversation.com/et-si-les-debats-sur-lheritage-rataient-lessentiel-supprimer-la-reserve-hereditaire-291880

Le changement climatique, un défi narratif de taille pour le cinéma hollywoodien

Source: The Conversation – France (in French) – By Tom van Laer, Professor of Persuasive Language and Storytelling, SKEMA Business School


L’ESSENTIEL

  • Les films, produits par les studios d’Hollywood, qui évoquent le changement climatique doivent relever un défi délicat : captiver sans simplifier à outrance, émouvoir sans manipuler.

  • Une équipe de chercheurs en sciences sociales a analysé 35 longs-métrages sortis depuis 1980 pour mieux comprendre leurs ressorts narratifs.

  • Pour qu’une fiction entraîne une prise de conscience, elle doit présenter un savant dosage de rigueur sur le fond et de séduction sur la forme.


Dans le film Don’t Look Up (2021), deux astronomes découvrent qu’une comète va détruire la Terre. Ils préviennent les autorités, s’expriment dans les médias, présentent les faits. Rien à faire. Le danger devient successivement objet de communication politique, divertissement télévisé et bataille idéologique. Jusqu’au moment où l’un des scientifiques, joué par Leonardo DiCaprio, craque en direct à la télévision.

Difficile de ne pas y voir une parabole du changement climatique. Cependant, une question demeure : ce type de récits nous aide-t-il réellement à comprendre la crise en cours ? Ou le spectacle de la catastrophe finit-il au contraire par occulter le problème qu’il prétend raconter ?

Avec Shirin Yazgulieva et Inna Lyubareva, d’IMT Atlantique, et Allègre Hadida, de l’Université de Cambridge, nous avons analysé cette tension dans une étude récemment publiée dans le Journal of Business Ethics. Nous avons étudié 35 films de fiction climatique, de Blade Runner (1982) à Interstellar (2014), en passant par le Jour d’après (The Day After Tomorrow, 2004), Avatar (2009) et Don’t Look Up (2021). Nous y avons identifié des ressorts de persuasion qui se combinent selon quatre grandes stratégies narratives.

Les films climatiques sont plus rationnels qu’on ne le croit

Quand on évoque les grands films consacrés aux catastrophes environnementales, on pense volontiers tsunamis, villes englouties, incendies, tempêtes ou planète désertique. Du grand spectacle et de l’émotion. Or, dans notre corpus, l’appel à la raison est le ressort persuasif le plus fréquent.

Les références aux données, aux explications scientifiques, aux experts ou à la résolution rationnelle de problèmes représentent environ 15 % de l’ensemble des ressorts persuasifs. L’émotion, elle, arrive loin derrière, autour de 8 %. Le cinéma hollywoodien ne se contente donc pas de nous faire peur, il cherche aussi à nous expliquer.

Pourtant, raison et émotion ne fonctionnent jamais seules. C’est leur combinaison qui distingue les quatre grandes manières de raconter le climat, que nous avons observées.

La première, que nous appelons « immersion éco-sociale », met en avant la nature, l’expérience sensorielle et les valeurs sociales. Elle cherche à nous faire ressentir notre appartenance à un monde naturel et collectif, comme dans Bo Burnham: Inside (2021), qui mise fortement sur l’expérience sensorielle et de la nature.

La deuxième repose davantage sur le pouvoir et l’action : des personnages dotés d’autorité prennent des décisions, combattent la menace et entraînent les autres, comme dans Avengers: Endgame (2019), où des héros tentent d’organiser la réponse à une catastrophe planétaire brutale. C’est cette stratégie qui présente la recette médiane au box-office la plus élevée. Une action spectaculaire et la mise en avant de figures d’autorité semblent donc particulièrement compatibles avec les impératifs commerciaux du cinéma grand public.

Une troisième stratégie place l’émotion et l’esthétique au centre du récit, notamment dans certains drames comme Le garçon qui dompta le vent (The Boy Who Harnessed the Wind, 2019).

Enfin, la stratégie la plus fréquente dans notre corpus (16 films, pour la plupart dystopiques, comme le Jour d’après) combine plus largement raison, émotion et valeurs sociales. Dans notre article scientifique, nous la qualifions de « narration inclusive » : non pas au sens politique ou social habituel du terme, mais parce qu’elle inclut plusieurs modes de persuasion au lieu de tout miser sur un seul. C’est peut-être là que se trouve la piste la plus intéressante pour raconter le climat.

La tortue et le paon

La chercheuse Martine Bouman a proposé, il y a plus de vingt ans, une jolie métaphore pour décrire une tension récurrente dans l’entertainment-education : celle de la tortue et du paon.

Le paon attire le regard. Il déploie ses plumes. Il provoque l’émotion, crée le spectacle et donne envie de regarder. La tortue avance de façon moins spectaculaire, mais elle est solide. Elle porte l’information, la cohérence et l’exactitude du message.

Tout le problème de la communication climatique pourrait presque se résumer à cette question : comment être à la fois tortue et paon ? Trop de tortue, et le risque est grand de produire un cours magistral que personne ne va apprécier. Trop de paon, et la catastrophe devient un spectacle fascinant mais simplificateur : on l’assimile à un cataclysme soudain plutôt qu’à un phénomène systémique, on l’identifie à un personnage de méchant plutôt que d’évoquer un réseau complexe de responsabilités, ou bien on se concentre sur un héros providentiel plutôt que de raconter une transformation collective.

Or, le climat se prête particulièrement mal à ces simplifications. Ses causes sont multiples, ses conséquences s’étendent sur plusieurs siècles et continents, les responsabilités sont inégalement réparties et personne n’est en mesure de « vaincre » seul le changement climatique à la fin du troisième acte. C’est précisément ce qui en fait un défi narratif.

Le danger de la fascination

Le cinéma peut ainsi contribuer à définir ce que nous imaginons possible, inquiétant, normal ou désirable. C’est une forme de pouvoir qui crée aussi une responsabilité.

Pour intéresser plusieurs millions de spectateurs à un problème lent, complexe et souvent invisible, la tentation est forte d’augmenter la température dramatique. Une crise devient apocalypse. Les responsabilités se concentrent sur quelques personnages. La science devient certitude instantanée. Surtout, il faut que quelque chose explose. Le procédé est compréhensible : le paon a pour objectif de nous ouvrir les yeux.

Pourtant, ce système narratif peut produire du fatalisme ou simplement une distance confortable : ce qui se déroule devant nous paraît tellement gigantesque que le changement climatique redevient, paradoxalement, de la science-fiction. Le spectateur admire la catastrophe, fasciné, plutôt que de se demander comment agir sur ses causes.

Le problème n’est donc pas de susciter une émotion, mais de parvenir à la mobiliser sans l’exploiter, à créer de l’urgence sans déformer une représentation plausible de la réalité et à faire appel à l’autorité sans fermer le débat. C’est précisément cet équilibre entre capacité d’attention et exactitude que notre étude place au cœur d’une forme d’éthique de la « persuasion climatique ».

Hollywood peut-il vraiment être écologiste ?

Un dernier paradoxe complique encore le tableau : ces récits critiques du changement climatique sont eux-mêmes produits par une industrie fortement consommatrice en déplacements, décors, énergie et ressources. Un blockbuster peut dénoncer notre rapport destructeur à la planète tout en mobilisant une énorme machine industrielle pour fabriquer les images de cette destruction. Cela n’annule évidemment pas son message. Mais cela rend le mot « efficacité » encore plus difficile à manier.

Qu’attend-on vraiment d’un film climatique ? Qu’il transforme les comportements ? Qu’il crée une conversation ? Qu’il rende visible une injustice ? Qu’il permette d’imaginer un autre avenir ? Selon la réponse, on ne jugera pas son succès de la même manière.

Nos résultats invitent donc moins à chercher la seule bonne recette pour faire du « cinéma climatique » qu’à examiner les compromis incorporés dans chaque récit. Les films qui rencontrent le plus grand public semblent privilégier davantage l’action et l’autorité, tandis que des formes plus réflexives parviennent mieux à préserver la complexité morale du problème.

L’enjeu n’est probablement pas de choisir entre les deux. Le climat a besoin du paon : sans attention, même le message le plus rigoureux reste invisible. Il a aussi besoin de la tortue : sans exactitude, responsabilité et possibilité d’action, le spectacle risque de ne laisser derrière lui que les images potentiellement fascinantes de la fin du monde.

Le défi pour Hollywood est donc peut-être moins de nous montrer la catastrophe avec toujours plus de réalisme que d’accomplir quelque chose de beaucoup plus difficile : nous captiver sans nous tromper sur ce qui nous arrive et nous émouvoir sans nous faire croire que nous sommes impuissants.

The Conversation

Tom van Laer ne travaille pas, ne conseille pas, ne possède pas de parts, ne reçoit pas de fonds d’une organisation qui pourrait tirer profit de cet article, et n’a déclaré aucune autre affiliation que son organisme de recherche.

– ref. Le changement climatique, un défi narratif de taille pour le cinéma hollywoodien – https://theconversation.com/le-changement-climatique-un-defi-narratif-de-taille-pour-le-cinema-hollywoodien-291604