Qué es y qué no es desertificación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

El regadío se identifica tanto como un problema de desertificación como una barrera contra el mismo. Esta doble concepción puede integrarse en uno de los clásicos síndromes de desertificación. Se trata de un caso de desarrollo socioeconómico que deriva en la sobreexplotación de los recursos hídricos. Julia Martínez, CC BY-SA

En 2027 se cumplirán cien años desde que se empleó por primera vez el término desertificación. Durante este siglo se han logrado diversos avances conceptuales y de concienciación sobre ese grave problema socioambiental, además de algunas propuestas solventes. Sin embargo, prevalecen diversas confusiones que impiden el desarrollo de soluciones verdaderamente efectivas. Una de ellas es la identificación de lo qué es desertificación, cuestión que ha obstaculizado, por ejemplo, la localización del problema.

El proyecto Atlas de la Desertificación de España, financiado por la Fundación Biodiversidad, aborda de lleno este reto, presentando mapas de desertificación y una batería de casos de estudio que ahondan en diversas situaciones, algunas habitualmente identificadas con este problema y otras muy alejadas de ella.

Paisaje agrícola de regadío
Regadío agroindustrial en Campo de Cartagena (Región de Murcia).
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Ni la aridez, ni los desiertos, ni las calimas son desertificación

Como imagen de la desertificación se suelen presentar casos que nada tienen que ver con el problema. Así, es habitual mostrar las típicas formaciones acarcavadas bajo un titular que sugiere que el desierto avanza. Son varios los errores acumulados en estas noticias. Esas geoformas –como las que encontramos en las Bardenas Reales (Navarra y Aragón) o el Campo de Tabernas (Almería)– se denominan malpaís por el hecho de que su incómoda orografía ha imposibilitado históricamente su aprovechamiento, con lo que no han podido ser degradadas por la actividad humana (uno de los requisitos para que haya desertificación).

Además, la desertificación es un problema in situ, no una amenaza externa a modo de meteorito que arrasa un territorio. Del mismo modo, el polvo sahariano que nos visita en forma de calimas cada vez con más frecuencia se asocia con la desertificación, pero se trata de un problema de otra índole. Las sequías y las zonas áridas son otras de las erróneas equiparaciones a este complejo fenómeno socioambiental.

Paisaje con montículos característico de las Bardenas Reales
Situado entre Navarra y Aragón, las Bardenas Reales (418 km²) son el área más extensa con formaciones de tierras baldías en la península ibérica. La actividad erosiva está ligada a las fases de incisión cuaternarias de los ríos Aragón y Ebro.
Estela Nadal-Romero, CC BY-SA

Los sospechosos habituales

Una segunda familia de casos, habitualmente presentes en las listas de paisajes o síndromes de desertificación, tienen que ver con la agricultura. Se trata de cultivos que debido a su intensificación y malas prácticas desencadenan procesos de erosión, contaminación de suelos y aguas, o degradación de masas de agua, con las consecuentes repercusiones en la biodiversidad.

Ejemplos de ellos son diversos cultivos leñosos (olivar, almendro y vid) o las frutas y hortalizas (cultivos tropicales, invernaderos, cítricos, etc.). Estos “paisajes de la desertificación”, tal como se denominan en la Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación (ENLD), representan al mismo tiempo soluciones económicas para muchas regiones, lo que dificulta enormemente su reconversión.

No resulta sencillo reconducir la agricultura intensiva en los alrededores del Parque Nacional de Doñana cuando constituye la principal vía de ingresos de muchas personas. Comprender en profundidad los mecanismos implicados –tanto socioeconómicos como biofísicos– es fundamental para que el desarrollo económico no sea efímero, sino verdaderamente sostenible.




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Donde reina la ambigüedad

En España, como en otros países de su entorno, se ha producido un éxodo rural que ha desencadenado unas dinámicas y apaciguado otras. Lo que vemos desde las ciudades es un paisaje más verde, consecuencia de que ya no utilizamos leña para calentarnos y cocinar, de que gran parte de la ganadería ha sido estabulada y muchos cultivos, abandonados.

Muchas zonas, previamente degradadas, tan solo son capaces de albergar matorrales; en otras se producen incendios debido a la acumulación de material inflamable. Por otra parte, pese al aumento de la superficie forestal, pocas masas boscosas se parecen a las originales. Hay especies invasoras y bosques que se secan.




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El abandono del territorio es un paisaje de desertificación llamativo: contraviene la norma de que la degradación ocurre por sobreexplotación de los recursos, no por subexplotación.

Por otra parte, los incendios forman parte de la regeneración y evolución del paisaje natural, y apagarlos precipitadamente causa más daños que beneficios.

Los matorrales se siguen considerando como hábitats degradados, cuando en muchas zonas áridas son la única posibilidad real del territorio para albergar vegetación. Sus funciones ecológicas no son nada desdeñables.
Jaime Martínez Valderrama, CC BY-SA

Considerar que una densa masa de matorrales sea degradación no encaja con su papel protector frente a la erosión, su fijación de carbono o la facilitación de fases más avanzadas de ocupación.

Quizás no sea tan buena idea que el ganado desaparezca por completo. Si lo gestionamos adecuadamente y lo movemos puede ayudar a mejorar el entorno y crear fuentes de riqueza alternativas. En el fondo, puede ser una pieza más de la gestión forestal, que a su vez es un engranaje de la planificación territorial.

Todas estas afirmaciones son ciertas según el contexto, por lo que cuesta mucho decir si son o no desertificación. La cuestión es bastante más compleja, y depende de sus sinergias y condicionantes.

Jugando al despiste

Para complicar el panorama entran en juego otros dos casos que distorsionan nuestra percepción de la desertificación. En muchas ocasiones la degradación ocurrió hace demasiado tiempo como para considerar que un paisaje que observamos era otro mucho más brioso.

La tala de árboles y los posteriores episodios de erosión han convertido hermosas sierras cubiertas de bosques en estériles pendientes polvorientas. Los dispersos matorrales que las cubren pasan, a ojos de las generaciones que las conocen por primera vez, por áridas sierras que siempre fueron así.

Por último, tenemos el caso en el que el desplazamiento es espacial. El comercio global mueve mercancías de una punta del planeta a otra y, a rebufo, la degradación salta de un continente a otro. Así, la mencionada estabulación del ganado reduce la presión sobre el territorio, pero ha supuesto que se talen miles de hectáreas de bosques primarios para cultivar soja, la base de los piensos que alimentan a esa ganadería. Esa exportación de degradación elimina paisajes de desertificación en unos territorios, pero crea profundas heridas en otros.




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Paisajes de desertificación, una herramienta esencial

Las situaciones analizadas permiten actualizar los paisajes de desertificación identificados inicialmente en el proyecto SURMODES, posteriormente incorporados al Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación (PAND) y a la ENLD.

Los paisajes resultan especialmente útiles por su escala espacial, que coincide con la de los procesos de desertificación. Además, facilitan la comprensión del problema al sintetizar, de forma cualitativa, las interacciones entre los factores socioeconómicos y biofísicos. Esta descripción –y, sobre todo, la reflexión sobre las verdaderas causas de su desarrollo, los motores del fenómeno y sus efectos– puede contribuir a establecer las bases para diseñar soluciones eficaces y sostenibles.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Javier Martí Talavera recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Jorge Olcina Cantos recibe fondos de Fundación Biodiversidad.

Juanma Cintas recibe fondos de CSIC.

ref. Qué es y qué no es desertificación – https://theconversation.com/que-es-y-que-no-es-desertificacion-261197

Experiencias inmersivas de entretenimiento: disfrutar del ‘streaming’ más allá de las películas y las series

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Enrique Guerrero Pérez, Profesor Titular de Universidad, especializado en producción y gestión de contenidos audiovisuales de entretenimiento, Universidad de Navarra

Fotograma de _Las guerreras K-pop_. Cortesía de Netflix

Netflix, Prime Video o Movistar+ se han convertido en protagonistas de nuestro día a día y, también, en gastos fijos mensuales. Hace unos años, el boom de las plataformas de streaming inauguró una época que nos prometía un paraíso de entretenimiento audiovisual casi ilimitado. Desde entonces, la pregunta “¿Qué vemos esta noche?” se ha replicado por todos los hogares con una viralidad sorprendente.

Sin embargo, esa edad de oro vivida tras la pandemia ha dado paso a una jungla competitiva. Existe un abrumador exceso de oferta de contenidos que ha generado auténticos estragos y dificultades en el sector. La verdadera batalla ya no se libra por tener el catálogo más amplio, sino por conquistar el bien más escaso y preciado: el tiempo y la atención de la audiencia (que se traducen en ingresos).

Este espejismo de abundancia infinita ha colisionado con dos realidades infranqueables: nuestras limitadas horas de ocio y el ajustado presupuesto de los hogares. Las plataformas lo saben y su reacción ha marcado el fin de una era. Las subidas de precios, las restricciones a las cuentas compartidas y la normalización de la publicidad son síntomas de un modelo que necesitaba reinventarse.

No obstante, a pesar de las dificultades, según el Barómetro OTT de GECA (2025), más del 70 % de los usuarios mantiene suscripciones a varios servicios y su consumo se incrementa en los periodos de vacaciones, cuando se dispone de más tiempo libre. El hogar y el televisor destacan como el lugar y el dispositivo de visionado preferentes.

Pantalla en la que se ven los logotipos de diferentes plataformas de streaming.
¿Cuántas plataformas tenemos en casa?
Ivan Marc/Shutterstock

Un presente marcado por las alianzas estratégicas

En este nuevo entorno, la estrategia más habitual consiste en dejar de mirar a los competidores como rivales y considerarlos aliados. Las plataformas han entendido que no vivimos tiempos para llaneros solitarios y han comenzado a forjar alianzas. La exclusividad de los contenidos ya no parece ser suficiente para alcanzar la sostenibilidad. Por ejemplo, el acuerdo comercial de Disney+ con Atresmedia (Atresplayer) demuestra que se ha pasado de la guerra del streaming a la supervivencia colaborativa. De este modo, se están creando ecosistemas donde diferentes marcas coexisten y se integran para ofrecer paquetes más atractivos y variados.

En el contexto global, estas alianzas estratégicas han servido para que empresas de diferentes industrias, como la audiovisual y la musical, colaboren de forma transversal. Así lo demuestra el acuerdo entre Netflix y Spotify, que lleva los videopódcasts más exitosos de la segunda al catálogo de la primera. Este caso materializa la colaboración entre dos gigantes del streaming y demuestra la compleja posición competitiva en la que quedan las marcas locales.

De modo paralelo al fenómeno que viven los operadores de televisión tradicionales, que ahora ofrecen sus contenidos también bajo demanda, las firmas de streaming cada vez se parecen más a la televisión lineal.

Algunos elementos que parecían obsoletos han regresado con fuerza: proliferan los canales lineales online –muchos de ellos gratuitos y financiados con anuncios (FAST TV: Free Ad-Supported Television)–, se generaliza el estreno semanal de capítulos siguiendo las pautas de la serialidad televisiva, se apuesta por la publicidad y, sobre todo, por la magia del directo. Tal es la relevancia de este último en el futuro inmediato del streaming que Netflix está desarrollando una herramienta para permitir el voto en tiempo real, potenciando la interactividad.

El fenómeno de los eventos deportivos en streaming o la emisión en directo de Operación Triunfo en Prime Video reflejan esta nueva realidad. La primera temporada del talent show musical en la plataforma, en 2023, se convirtió en el estreno más visto de su historia.

La segunda edición de 2025 también ha demostrado que la televisión-evento es el arma perfecta para generar conversación social y atraer a las generaciones más jóvenes, como la Z. Su éxito radica en una fórmula híbrida: la emoción del directo amplificada por un canal gratuito en YouTube y una conversación constante en redes como TikTok. Así se crea un puente perfecto entre la televisión de siempre y el lenguaje audiovisual de los nuevos públicos y medios interactivos.

Historias que escapan de la pantalla

La reconversión de las marcas de streaming en empresas sostenibles no se consigue únicamente desde los parámetros clásicos del negocio de la televisión, sino que es necesario trascenderlo. El objetivo es conseguir que las historias escapen de la pantalla y se integren en nuestras vidas a través de experiencias inmersivas que fidelicen (engagement). Aquí es donde la diversificación se convierte en una herramienta increíblemente poderosa.

Diseño en el que se dibujan muchos de los personajes de Stranger Things.
Stranger Things es más que una serie para Netflix, es una propiedad intelectual.
Netflix

Por ejemplo, Netflix ha expandido sus universos de ficción a los videojuegos para móviles. Ahora es posible jugar en los mundos de series populares como Stranger Things o Black Mirror, y que interactuemos con el televisor en pasatiempos grupales al estilo de los juegos de toda la vida.

Esta expansión va aún más lejos cuando los protagonistas de títulos de ficción se convierten en iconos, como es el caso de Las guerreras K-pop. Se han transformado en un fenómeno de éxito global y han dado el salto a la industria musical y a la del videojuego. Así, las cantantes coreanas son, ahora, personajes del famoso Fortnite.

Además, la banda sonora de la película también ha protagonizado esta expansión transmedia. Las canciones del grupo de animación lideran las principales listas de éxitos musicales, como el Billboard o Los 40 Principales. Una banda musical ficticia se ha encarnado en un grupo de verdaderas cantantes (HUNTR/X) que acude a los shows televisivos de más audiencia, como The Tonight Show de Jimmy Fallon (NBC) en Estados Unidos. Aún está por ver cómo se materializa su gira mundial y si coexisten en los escenarios las protagonistas virtuales y las humanas, originando un fenómeno absolutamente novedoso.

HUNTR/X actúa en The Tonight Show with Jimmy Fallon.

Debido al éxito, estas cantantes guerreras cuentan con réplicas que causan furor por todo el mundo. Gracias a HUNTR/X, el k-pop (pop coreano) ya no es solo un fenómeno de adolescentes y jóvenes. También se ha popularizado entre las audiencias infantiles, ampliando su público potencial y el potencial comercial del merchandising.

En resumen, la estrategia no consiste en comercializar una única película, un juego o una suscripción. La clave está en construir marcas globales, generar ingresos recurrentes por royalties y alimentar un fenómeno fan que mantenga vivo el éxito con su fidelidad. Todo ello potenciado por una inteligencia artificial cada vez más presente e invisible en todos los ámbitos de la industria del entretenimiento. La IA trae la promesa de servicios audiovisuales hiperpersonalizados que no solo se ven, sino que se viven. Pasaremos de preguntarnos “¿qué vemos esta noche? a “¿qué experimentamos esta noche?”.

The Conversation

Enrique Guerrero recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España para el proyecto de investigación “La calidad como factor esencial para un modelo de negocio sostenible en las plataformas de streaming” (PID2023-150258NB-I00).

ref. Experiencias inmersivas de entretenimiento: disfrutar del ‘streaming’ más allá de las películas y las series – https://theconversation.com/experiencias-inmersivas-de-entretenimiento-disfrutar-del-streaming-mas-alla-de-las-peliculas-y-las-series-268159

La gastronomía local fortalece la singularidad de lugares y regiones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ester Noguer-Juncà, Lector Profesor. Department of Economics and Business, Universitat de Lleida

Si el paisaje, la historia o la cultura ayudan a generar vínculos de apego y pertenencia con un determinado espacio geográfico (un país, una región o una ciudad), también los productos y las tradiciones gastronómicas aportan “sentido de lugar”.

Además, para los visitantes, la gastronomía supone un valor añadido a la experiencia de viaje y, dependiendo de su atractivo, puede jugar un papel crucial tanto en el desarrollo turístico y económico como en el ambiental y social del lugar.

El uso de cadenas cortas de suministro de alimentos (cooperativas agrícolas de la zona, agrotiendas) valorizan la singularidad local. Además, promueve un impacto ambiental y socioeconómico positivo para el desarrollo por la relación directa entre productores y consumidores.

Así pues, la gastronomía ha emergido como una herramienta para proteger y promover la singularidad de los lugares, las personas y sus prácticas. Además, puede ser un elemento clave en la experiencia turística y en la competitividad de los destinos.

En este contexto, hay diferentes casos de valorización regional a través de la gastronomía gracias a la participación de agentes públicos y privados.

Patatas de altura

Un caso de éxito es el de la trumfa, una patata de alta montaña; concretamente, del Valle de Camprodon, una pequeña región del norte de Cataluña de unos 5 000 habitantes.

Allí se produce esta variedad de patata kennebec, que estaba a punto de desaparecer. Sin embargo, con la implicación de los productores, los restauradores, y la administración pública se consiguió revalorizar la trumfa.

Los productores acordaron un precio de venta único, los restauradores la celebración (cada año) de la Campaña Gastrónomica de la Trumfa, y, en el colegio público de la zona, se lanzó el proyecto educativo “Ens Mengem Les Valls” (“Nos comemos el valle”), para promocionar una alimentación sana, de calidad y de proximidad.

Todas estas acciones fomentan los vínculos sociales y culturales entre productores, consumidores y restaurantes de la zona.

Avellana y chocolate

Otro caso interesante es el de la avellana de Brunyola, una región del noreste de Cataluña, en la provincia de Girona. En 2016, con el objetivo de proteger el conocimiento de la avellana local y promover su comercialización, varios productores crearon la Associació Avellana de Brunyola i Comarques Gironines.

Dos años más tarde, cinco de ellos decidieron crear una empresa para consolidar la producción y comercialización de avellanas de la zona. Inicialmente, alquilaron un espacio en un centro de innovación gastronómica industrial, pero en 2022 abrieron su propio taller.

A partir de su propia cosecha, elaboran avellanas tostadas, avellanas con chocolate y crema de avellana con cacao, entre otros productos, que venden directamente al consumidor final a través de su tienda virtual y a diferentes establecimientos de proximidad de la región.

Sin relevo generacional

Sin embargo, también hay casos en los que el futuro no es tan prometedor. Es el caso de Orís (Barcelona), un municipio de 27,33 km² y 355 habitantes del centro de Cataluña, que cada año celebra el Mercat de la Patata del Bufet d’Orís, un producto local que peligra puesto que no está asegurado el relevo generacional de sus productores.

Ante esta realidad, los agentes públicos y la sociedad civil han diversificado el mercado con actividades lúdicas (concursos de pintura rápida, de cocina, etc.) pero alejadas del objetivo principal del evento, que es la promoción y venta de las patatas autóctonas.

Restaurantes, embajadores de la cultura local

Los restaurantes pueden tener un papel estratégico para visibilizar la riqueza culinaria de un lugar. Para ello, deben diseñar sus menús usando productos e ingredientes locales, y conectarlos con la cultura, la historia, la naturaleza y las personas del lugar.

Al emplear productos locales, también ayudan a fortalecer las economías regionales e influir en los hábitos de consumo de sus clientes, haciéndolos más sostenibles.

Redes colaborativas

De los casos analizados podemos extraer dos conclusiones:

  1. La relevancia de las redes de participación y de la colaboración entre todos los agentes públicos y privados para el éxito de las iniciativas de empoderamiento y emprendimiento local.

  2. La pérdida de productos agropecuarios autóctonos como consecuencia de la despoblación, la falta de relevo generacional y el cambio climático, entre otros factores, conlleva consecuencias para el propio sector primario, pero también para el sector turístico.

Para concluir

Quiero acabar este artículo con un par de sugerencias para evitar la desaparición del sector primario. En primer lugar, más allá de las ayudas económicas y las subvenciones, se podría plantear la aprobación de un acuerdo marco de precios justos que garantice la competitividad de los productos locales frente a los productos importados. Y en segundo lugar, la realización de programas de educación alimentaria para establecer conexiones entre las personas y los ciclos naturales de los alimentos y evitar así que se demanden productos fuera de temporada.

The Conversation

Ester Noguer-Juncà no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La gastronomía local fortalece la singularidad de lugares y regiones – https://theconversation.com/la-gastronomia-local-fortalece-la-singularidad-de-lugares-y-regiones-262278

José Capilla, rector de la Universitat Politècnica de Valencia: “La IA nos obliga a revisar cómo enseñamos y cómo evaluamos”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

José Capilla, rector de la UPV. Vicente Lara-ACOM UPV

La inteligencia artificial generativa llegó al mundo académico con grandes promesas de transformación (personalización de itinerarios de aprendizaje, retroalimentación en tiempo real, tutores virtuales) pero hoy, tres años después de su aparición, todavía no está claro si su impacto está siendo positivo. Lo que sabemos hasta la fecha es que su gran potencial solamente puede desarrollarse con un conocimiento profundo de su funcionamiento y que su aplicación depende casi exclusivamente de la ética personal de cada usuario.

Hablamos con José Capilla, rector de la Universitat Politècnica de València y presidente de la Sectorial de Digitalización de la Crue (Conferencia de rectores y rectoras de la universidad española), de esta herramienta tecnológica tan disruptiva en el mundo universitario, de la posibilidad de imponer ciertas normas comunes y de regular su uso, y de cómo pueden las instituciones de educación superior aprovechar la oportunidad y responder al desafío.

¿Qué está suponiendo la inteligencia artificial para el funcionamiento de las universidades?

Parece que la inteligencia artificial lleva diez años con nosotros, porque nos hemos acostumbrado muy rápido, pero en realidad Open AI salió hace menos de tres años. Sin embargo, ha irrumpido en la vida académica de una manera espectacular. Uno de los grandes retos que tenemos es actualizar tanto las estructuras como el personal de la universidad para entenderlas y conocerlas también nosotros, porque los estudiantes ya las están usando, y no necesariamente bien. Y eso plantea ciertos peligros.

Su postura hacia la IA es positiva, la considera una “aliada estratégica”.

No soy partidario de limitar el uso ni de prohibir. Creo que lo que hay que hacer es instruir y buscar la manera de utilizarla lo mejor posible. Todas las nuevas tecnologías, cuando llegan, necesitan de un periodo de análisis. Tenemos que entender cómo nos va a transformar y cómo podemos aprovecharla. Y estamos reflexionando sobre cómo cambiar las metodologías de enseñanza y aprendizaje y de evaluación, porque no pueden seguir siendo las mismas. Quizás podamos evaluar y enseñar centrándonos más en competencias blandas. Y al mismo tiempo, dedicarnos a conocer a fondo esas herramientas de IA que evolucionan a una velocidad impresionante. Hay que incorporar estas tecnologías, aprender a usarlas, aprender qué sesgos pueden tener y, desde luego, incidir mucho en los aspectos éticos sobre su uso.

El gran peligro es la brecha que se puede crear. Antes se hablaba de brecha digital, ahora yo creo que podemos hablar de brecha de IA.

No se trataría tanto de incluir nuevas asignaturas de inteligencia artificial, sino de introducir competencias en IA dentro de las materias de manera transversal. Probablemente sí que puedan ser útiles algún tipo de microcredenciales, con instrucciones de corta duración, orientadas a todo tipo de disciplinas. Pero la revisión de los métodos de enseñanza tiene que ser transversal.

¿Es algo fácil de llevar a cabo?

Esta tecnología evoluciona mucho más deprisa que la capacidad que tenemos de modificar nuestros planes de estudios. Ese es otro gran reto: la rigidez de las normas universitarias, el marco legal, para poder actualizar los contenidos de los planes de estudios o los propios planes. A lo mejor hay algunos que tienen que desaparecer y crearse otros nuevos.

¿Existe un desfase entre lo que ofrecen los planes de estudio de las universidades y lo que necesita la sociedad?

A veces va la universidad por delante y es la propia industria la que tiene que recurrir a los grandes especialistas que están moviendo la frontera del conocimiento. Pero hay desfases, claro. Seguimos con un sistema para aprobar planes de estudios que desde que se hace una propuesta para un grado hasta que se pone en marcha y salen los primeros titulados pueden haber pasado 7 años. Y hay campos donde en siete años todo cambia radicalmente. En el ámbito de las tecnologías, necesitamos más agilidad.

Creo que la regulación es excesiva. Establecida con muy buena intención para controlar la calidad, sin duda, pero no tenemos más que compararnos con lo que pasa en el mundo anglosajón, ver la agilidad que tienen sus universidades porque no se les han impuesto estos corsés. Desde luego tiene que haber entidades independientes que puedan evaluar la calidad y hay que ser transparentes. Pero aquí hemos querido poner unas reglas que garanticen que todos lo hacemos muy bien y al final no está muy claro que lo estemos garantizando, y sin embargo, añadimos trabas para progresar.

¿Cómo lo estamos supliendo las universidades? En la UPV, y sé que otras universidades lo hacen, con los títulos propios y la formación permanente. Ahí podemos dar respuesta a lo que determinadas industrias y sectores necesitan y rompemos el desfase. Por nuestra universidad, por ejemplo, pasan cada año 35 000 estudiantes en formación continua, que son distintos de los de enseñanzas regladas. Esto fomenta y enriquece la relación entre universidad y empresa.

De todas maneras, hay que tener cuidado con un utilitarismo excesivo de la formación superior: también hay que dar formación básica que no está orientada a la empleabilidad. La empleabilidad es fundamental, pero no toda la formación tiene que estar ahí. Y lo mismo pasa con la investigación: debe haber investigación básica en paralelo a la investigación aplicada. Se trata de encontrar un equilibrio. En España a nivel de investigación realmente con respecto al tamaño que tenemos somos una potencia, por la cantidad de publicaciones científicas y de calidad que aportamos. Pero si miramos la parte de patentes, ahí ya cojeamos. Eso lo tenemos que trabajar.

¿Cuáles son ahora mismo las grandes preocupaciones en la universidad española en relación con las nuevas tecnologías?

Estamos viviendo un momento crucial en cuanto a la digitalización de las universidades. La digitalización no es algo nuevo, empezó hace muchos años y las universidades estuvimos ahí desde el primer momento, lo cual no quiere decir que estemos siempre a la cabeza, porque esto es una carrera acelerada. Curiosamente, las universidades que empezaron a digitalizarse antes se encuentran con que ahora pueden estar por detrás de algunas que han empezado después pero se han incorporado con una tecnología más madura. Claramente, es preciso planificar e invertir.

En el tema de la administración electrónica y la contabilidad analítica, en Crue estamos haciendo un diagnóstico de cómo lo están poniendo en marcha las universidades, y antes del verano ya más de la mitad tenían estrategias elaboradas, seguramente ahora sean casi las dos terceras partes. Somos un grupo muy heterogéneo: universidades de distinto tamaño, distintas especializaciones, públicas y privadas.

Las universidades somos estructuras muy complejas, con muchísimos servicios comunes, transversales, y una contabilidad analítica permite mayor transparencia y rendición de cuentas. También hemos ido desarrollando a lo largo de los años herramientas para que el investigador o profesor gestione directamente por la intranet, portales para la investigación. Todo esto es digitalización.

Y también la seguridad…

Sin duda: la ciberseguridad es una preocupación importante. Somos entidades especialmente abiertas, por fuera y por dentro, y no es fácil contar con unas estructuras suficientemente blindadas.

Tenemos cortafuegos, pero eso no evita pequeños incidentes. Estamos siempre pendientes para que no sean graves, con sistemas estructurados en función de la sensibilidad de la información, con partes más blindadas, partes más accesibles… pero en este momento es una gran preocupación. Tenemos que actualizar continuamente servidores y servicios operativos, desechar ordenadores útiles porque ya no están al día de las necesidades de seguridad que se nos plantean.

Una de las inquietudes que plantea el uso de la IA por parte del alumnado tiene que ver con la evaluación… Ahora es más complicado distinguir qué ha hecho el alumno y qué la máquina.

Así es. Existe una preocupación generalizada en las universidades con lo que ocurre con la redacción de trabajos fin de grado y fin de máster, por ejemplo. Tenemos que buscar mecanismos que garanticen la originalidad de esos trabajos. No se trata de impedir que se utilicen las herramientas de inteligencia artificial, pero debemos asegurar que hay un trabajo original del estudiante y un aprendizaje. Y cambiar cómo se les evalúa.

Hemos visto que hasta las revistas científicas han publicado artículos elaborados totalmente con una herramienta de inteligencia artificial: esto demuestra lo difícil que es de detectar, es un reto enorme.

¿En qué áreas dentro de la educación superior puede ser más ventajosa la IA?

Las herramientas de inteligencia artificial nos han permitido automatizar tareas de gestión tediosas. También hay herramientas que se están desarrollando para que complementen y enriquezcan la tarea de tutorización del profesorado, y que el estudiante pueda incluso ir autoevaluándose. Bien empleada, es una herramienta utilísima.

Cuando empezó a hablarse de la enseñanza online, hace muchos años, mucha gente predecía que toda la enseñanza acabaría siendo online. Yo creo que no. La enseñanza presencial es fundamental porque tiene muchas cosas que lo online no puede suplir de ninguna manera. La IA puede ayudar, pero no sustituir. Puede mejorar la experiencia en los campus, potenciar y amplificar el rendimiento, pero habrá que ir al laboratorio, habrá que tener el contacto humano dentro del campus con el profesorado, con los investigadores, con los compañeros. El periodo de enseñanza presencial en la universidad es básico: construyen redes de relaciones humanas que luego en lo personal y en lo profesional se mantienen toda la vida. Todo eso es irreemplazable.

Peter Thiel, empresario tecnológico fundador de Paypal y Palantir, recomienda a los jóvenes que no vayan a la universidad. Ha puesto en marcha un programa para financiar a los que dejen los estudios universitarios y pongan en marcha empresas. ¿Qué opina?

El otro día, en una reunión con funcionarios de la UNESCO, nos hablaron del fenómeno de la desconfianza hacia las instituciones de educación superior. Me parece muy preocupante. En muchos aspectos nos tenemos que reinventar para estar siempre pegados a la realidad de la sociedad y las necesidades de la economía. Es verdad que las oportunidades de aprendizaje que hay ahora son innumerables, pero eso no significa que no sean necesarias las universidades. Sí creo que tenemos la obligación de trabajar muy pegados a la realidad, no se nos puede ir de la cabeza, de nuestras estrategias. Los doctorados industriales, las prácticas en empresas, la formación dual, cada vez van a ser elementos más importantes en la educación universitaria.

The Conversation

ref. José Capilla, rector de la Universitat Politècnica de Valencia: “La IA nos obliga a revisar cómo enseñamos y cómo evaluamos” – https://theconversation.com/jose-capilla-rector-de-la-universitat-politecnica-de-valencia-la-ia-nos-obliga-a-revisar-como-ensenamos-y-como-evaluamos-269149

La mujer que Marx nunca quiso conocer: Flora Tristán y el socialismo que pudo cambiar la historia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Begoña Pérez Calle, Professor of Economics, Universidad de Zaragoza

Para Flora Tristán (París, 1803-Burdeos, 1844) la transformación debía ser integral y la comunicación con las masas asalariadas era tan importante como la difusión literaria de su modelo. Por ello no se limitó a escribir para quien pudiera pagar un libro y leerlo, sino que buscó sensibilizar directamente a las clases trabajadoras.

Su propuesta novedosa conllevaba un vínculo inseparable de la cuestión obrera con la cuestión femenina: no habría liberación proletaria sin liberación de las mujeres.

La emancipación era, pues, la condición necesaria para la justicia universal. Flora Tristán se adelantó así a debates que muchos años después ocuparían un lugar central en discursos feministas.

A pesar de nacer en un ambiente aristócrata, la escritora, pensadora socialista y feminista franco-peruana, considerada una de las pioneras del feminismo moderno y una precursora del movimiento obrero internacional, no se formó con institutrices. A los cuatro años, la desgracia aterrizó en su familia al morir el padre, Mariano Tristán y Moscoso, sin haber arreglado jurídicamente el matrimonio con su madre, Thérèse Laisnay. El derecho francés no consideraba legítimo un matrimonio solo religioso.

La joven viuda, esperando otro hijo y desprovista de patrimonio, marchó con Flora durante varios años al campo, y la pequeña familia acusó un importante descenso en su estatus social.

Su vida como una proscrita

Nuevamente en París, siendo una obrera adolescente, Flora Tristán se casó con su joven jefe, André Chazal, en 1821. Cuatro años más tarde, tras muchas desavenencias conyugales y esperando su tercer bebé, huyó de casa abandonando a su marido.

El divorcio no existía. La separación de los Chazal no era legal. Durante varios años, Flora vivió como una proscrita en Francia e Inglaterra. En 1833 cruzó el océano para reclamar su herencia en Perú ante los Tristán. En un principio, la familia la acogió bien y su tío le asignó algunas rentas, pero no le reconoció derecho a heredar.

Volvió a Europa dos años después, uniendo la experiencia personal adquirida con un gran trabajo de campo. Había desarrollado una metodología pionera para describir y denunciar las injusticias de raza, clase y género: viajar, dialogar, recoger datos utilizando el modelo de encuesta y construir modelos y propuestas.

Así, Flora Tristán, autodidacta, hizo verdadera ciencia social a partir de la observación de la realidad, desarrollando trabajos innovadores que fusionaron reflexión teórica y experiencia práctica.

En obras como Peregrinaciones de una paria (1838) o Paseos en Londres (1840) denunció la miseria y falta de instrucción en las clases trabajadoras, la miseria infantil, la prostitución y la discriminación femenina. Señaló las desigualdades estructurales de la sociedad capitalista como raíz de los problemas.

Frente a la situación existente, propuso su modelo de organización social, cuyo elemento central era un proletariado consolidado en la Unión Obrera. Este proletariado contaría con formación y protección social. No solo tenía que configurarse como fuerza productiva, sino que también debía transformar la historia.

Militante de un socialismo en ciernes

A partir de 1835 comenzó a gozar de éxito literario y fue respetada por círculos intelectuales. Precisamente con la Unión Obrera eligió ser militante de un socialismo naciente con estilo propio, ejerciendo cómo apóstol de sus ideas, modelos y teorías.

Comenzó así su Tour de France, un incansable ejercicio de comunicación de masas. Esta forma de vida era inusual en una mujer de su época. Pero Flora Tristán fusionó su talento intelectual con una misión redentora en la que creyó firmemente.

Su visión se caracterizó también por el rechazo a la violencia revolucionaria como único camino. Reconocía el antagonismo entre trabajo y capital, pero sus estrategias reformistas sociales se basaban en la fraternidad. Su fin era alcanzar la justicia y el amor universal.

Su vocación de mujer mesías le dio fuerza para liderar y comunicarse con miles de obreros y obreras en sus giras por Francia. Tenía la salud delicada, con un posible proceso tumoral, y tantos viajes la llevaron a exponerse al desgaste físico y al agotamiento.

Finalmente, los esfuerzos y un posible tifus aceleraron su muerte prematura en 1844, cuatro años antes de publicarse El manifiesto comunista.
Una vez fallecida, su voz no se incorporó al socialismo de Karl Marx y Friedrich Engels, señalado por este último como científico, que otorgaba prioridad casi exclusiva a la lucha de clases. Engels etiquetó las versiones anteriores como utópicas.

Sin embargo, basta recorrer las biografías de Robert Owen, Charles Fourier, los sansimonianos y la propia Tristán, para comprobar que “utopía” no es una calificación que describa lo que sus pensamientos y acciones significaron.

A finales de 1843, el filósofo alemán Arnolk Rüge aconsejó en París al joven Marx que fuera a conocer a Flora Tristán, pero este no lo hizo. Engels sí que dejó constancia de conocer su obra, pero el tono fue indiferente.

Siempre quedó en segundo plano

Tristán quedó en un segundo plano en la historia oficial del socialismo, a pesar de haber anticipado muchos de los debates que más tarde cobrarían importancia.

Más de un siglo después, la puesta en valor –importante y necesaria– del componente feminista de su discurso se apoderó de todos los demás elementos.
En la actualidad, resulta imprescindible reconocer plenamente a Flora Tristán, la pequeña aristócrata empobrecida que no pudo tener institutrices pero acabó aprendiendo de Owen y Fourier.

Y hay que reconocerla como una socialista del Romanticismo, como una pionera en las ciencias sociales, comunicadora de extraordinario talento y creadora de un modelo alternativo de sociedad, producción y trabajo: la Unión Obrera.

Cabe preguntarse qué habría ocurrido si hubiera vivido más. Sin duda jamás habría aceptado que su modelo de socialismo fuese calificado como “utópico”.
De haber llegado a 1864, con toda seguridad habría participado en la Primera Internacional y, por qué no, pese a ser mujer, su presencia arrolladora habría influido de algún modo en el rumbo del socialismo.

The Conversation

María Begoña Pérez Calle no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La mujer que Marx nunca quiso conocer: Flora Tristán y el socialismo que pudo cambiar la historia – https://theconversation.com/la-mujer-que-marx-nunca-quiso-conocer-flora-tristan-y-el-socialismo-que-pudo-cambiar-la-historia-264214

Terapia con células madre: ¿una nueva era en la regeneración cerebral después de un ictus?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Tornero Prieto, Profesor de Biología Celular y Director del Laboratorio de Células Madre Neurales y Daño Cerebral, Universitat de Barcelona

create jobs 51/Shutterstock

Cada año, millones de personas ven cómo su vida cambia en cuestión de minutos. Un vaso sanguíneo que viaja hacia el cerebro se obstruye, las neuronas empiezan a morir y el tiempo corre. Es un ictus, una de las principales causas de discapacidad en adultos. Se calcula que una de cada seis personas lo sufrirá a lo largo de su vida.

El cerebro humano es, con diferencia, el órgano más complejo de nuestro cuerpo. Su arquitectura celular y su organización en redes neuronales permiten funciones tan sofisticadas como el lenguaje, la memoria o la toma de decisiones abstractas. Pero esa misma complejidad tiene un coste: el tejido cerebral posee una capacidad de regeneración muy limitada. A diferencia de la piel o el hígado, las neuronas que mueren rara vez se reemplazan.

Por eso, las lesiones cerebrales están en el origen de muchas patologías asociadas al envejecimiento, y una de las más graves y frecuentes es el ictus isquémico, causado por la interrupción del riego sanguíneo en una zona del cerebro. Aunque los avances en los tratamientos de urgencia han mejorado las tasas de supervivencia, no existe actualmente una terapia capaz de reparar el daño neuronal derivado de un ictus.

Incidencia internacional del ictus y su cobertura sanitaria. Cada gráfico representa una «planta», donde los pétalos muestran la incidencia del ictus por cada 100 000 personas, y las raíces, el ‘estrés’ del sistema sanitario de cada país (medido en el número de personas que depende de cada unidad ictus). Datos obtenidos del World Data Bank (2023), la Stroke Association for Europe (2017) y The Stroke Foundation (2024). Elaborado por:
Santiago Ramos.

La rehabilitación ayuda a recuperar parte de la función, pero en numerosos casos los pacientes conviven con limitaciones motoras y cognitivas permanentes. Además, tras un ictus aumenta el riesgo de sufrir depresión, demencia y otras enfermedades neurodegenerativas. Pero esto podría cambiar pronto gracias al desarrollo de las terapias basadas en células madre.

Un nuevo horizonte terapéutico

Durante las últimas décadas, las terapias celulares están abriendo la puerta a una nueva generación de tratamientos en medicina regenerativa. Estas terapias buscan reemplazar o reparar tejidos dañados introduciendo células nuevas capaces de sobrevivir, madurar y terminar llevando a cabo las funciones que se han perdido.

Como ya se ha comentado, esto es especialmente importante en las patologías que afectan al cerebro. A pesar de su alto potencial, su desarrollo es lento porque debe ajustarse a la legislación vigente en cada territorio y depende de grandes inversiones económicas.

Un precedente crucial tuvo lugar a finales de los años 80 en el Hospital Universitario de Lund, en Suecia. El equipo encabezado por Anders Björklund y Olle Lindvall logró trasplantar células madre neurales en el cerebro de pacientes con la enfermedad de Parkinson. Esta dolencia neurodegenerativa se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas, fundamentales para el control del movimiento corporal.

Los resultados fueron extraordinarios: al sustituir las neuronas dañadas, muchos pacientes recuperaron la función motora durante más de una década. Estos experimentos supusieron la primera demostración sólida de que el cerebro humano puede ser reparado utilizando células vivas.

Médicos y enfermeros vestidos con batas y mascarilla preparan a un paciente en quirófano.
El equipo de Anders Björklund y Olle Lindvall se dispone a trasplantar células fetales en uno de los pacientes de Parkinson que participaron en el primer estudio. Esta intervención pionera marcó un antes y un después en el uso de terapias celulares aplicadas en neurología.
Olle Lindvall.

Desde entonces, la investigación ha avanzado, las técnicas se han refinado y la regulación europea ha establecido marcos estrictos para garantizar la seguridad y la calidad de estos tratamientos, ahora englobados bajo la categoría de medicamentos de terapia avanzada (ATMP por sus siglas en inglés). Actualmente, se están llevando a cabo alrededor del mundo diferentes ensayos clínicos que continúan en la línea de los trabajos de Björklund y Lindvall y que llenan de esperanza a los pacientes de Parkinson y muchas otras enfermedades que afectan a nuestro cerebro.

El reto del ictus

Aunque esta historia inspiró numerosos estudios, el ictus cerebral representa un desafío distinto al de la enfermedad de Parkinson. La lesión isquémica suele ser más extensa y heterogénea: no afecta únicamente a un tipo celular, sino a múltiples poblaciones de neuronas, células gliales y también a los vasos sanguíneos.

Además, tras un trasplante no basta con que las células sobrevivan en el cerebro del paciente. Estas deben integrarse funcionalmente, es decir, enviar sus axones (las prolongaciones que transmiten los impulsos nerviosos) y establecer sinapsis o conexiones adecuadas con las neuronas supervivientes, entrando a formar parte de los circuitos cerebrales.

Es como intentar reconstruir no solo la estructura de un puente, sino también su tráfico: las conexiones deben establecerse de la manera correcta para que la información fluya. Por tanto, además de añadir células nuevas, el desafío del ictus consiste en reconectar el cerebro.

La ingeniería genética como punto de inflexión

Aquí es donde entra en juego la ingeniería genética, una de las tecnologías más transformadoras de la biología moderna. Esta disciplina permite modificar las células para hacerlas más eficaces, más resistentes o más capaces de integrarse en el tejido dañado.

En nuestro caso, hemos incorporado a las células trasplantadas el gen que codifica para la proteína BDNF (del inglés Brain-Derived Neurotrophic Factor), un factor neurotrófico que participa en el desarrollo del cerebro y que favorece el crecimiento de los axones y la formación de sinapsis. Con ello, buscamos facilitar la integración funcional de las nuevas neuronas en el cerebro lesionado, un paso clave para que el trasplante no solo rellene un hueco, sino que restaure la comunicación neuronal.

Imagen de cultivos neuronales derivados de células madre creciendo en un dispositivo microfluídico con dos compartimentos conectados por microcanales (400 μm). La sobreexpresión de BDNF en el compartimento inferior favorece el crecimiento y proyección de axones desde el compartimento opuesto, mostrando el papel de este factor en la integración y conectividad neuronal.
Adaptado de IJMS.

Un debate necesario

Sin embargo, esta capacidad de manipulación genética también plantea dilemas éticos, especialmente en torno a los límites de su aplicación y sus posibles efectos a largo plazo. Por ejemplo, los primeros trasplantes en pacientes de Parkinson, anteriormente citados, se realizaron con células procedentes de tejido fetal.

Hoy en día, gracias a los trabajos del investigador japonés Shinya Yamanaka, Premio Nobel de Medicina en 2012, y su descubrimiento de las células madre pluripotentes inducidas humanas (iPS), es posible generar células madre a partir de las adultas del propio paciente. Por ejemplo, es muy frecuente la generación en el laboratorio de estas células iPS a partir de biopsias de la piel.

Así, se evitan gran parte de los conflictos éticos relacionados con el uso de embriones y se disminuye el riesgo de rechazo inmunológico. Por tanto, la pregunta ya no es si podemos modificar células para reparar el cerebro, sino con qué criterios, bajo qué regulación y con qué responsabilidad.

La historia de la medicina está hecha de pequeñas victorias frente a lo imposible. Hace apenas unas décadas, la idea de curar un cerebro dañado parecía un sueño inalcanzable. Hoy, gracias a la combinación de biología, ingeniería genética y medicina regenerativa, ese sueño comienza a tomar forma en los laboratorios. Aún quedan muchos retos por resolver, pero cada nuevo avance nos recuerda algo esencial: el cerebro no solo puede aprender, sino que también se puede reparar.

The Conversation

Daniel Tornero Prieto recibe fondos para financiar su investigación por parte de instituciones públicas como el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Unión Europea. También pertenece a la red europea ALBA que trabaja por la diversidad y la equidad en la investigación cientifica sobre el cerebro.

Santiago Ramos Bartolomé es miembro de la Asociación Universitaria de Biología Sintética de Cataluña.

Alba Ortega Gascó no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Terapia con células madre: ¿una nueva era en la regeneración cerebral después de un ictus? – https://theconversation.com/terapia-con-celulas-madre-una-nueva-era-en-la-regeneracion-cerebral-despues-de-un-ictus-268219

Climate disasters will send many countries into a debt spiral – but there’s a way out

Source: The Conversation – UK – By Courtney Lindsay, Senior Research Officer, Global Risks and Resilience, ODI Global

Kristian Muthugalage/Shutterstock

After years of disciplined reform and painful sacrifice, Jamaica had done what few global debt specialists thought possible. Through tough and sometimes controversial spending cuts and fiscal discipline, it slashed its debt from a staggering 150% of GDP in 2013 to just 62% by 2024.

By 2025, Jamaica was hitting its stride. One internationally recognised credit rating agency upgraded the country’s credit ratings from category BB- to BB (slightly less vulnerable in the near term to adverse economic conditions).

This gives the country more leeway to borrow on the international market. Unemployment and crime rates were falling. Jamaica’s economy was on track for one of its best years in decades.

However, in late October Hurricane Melissa, a Category 5 storm, tore across the island, leaving catastrophic destruction in its wake. The island nation was prepared, but not protected.

Preliminary estimates put the damage at a staggering US$7 billion (£5.3 billion) – equivalent to 28-32% of last year’s GDP. Jamaica has a multi-layered financial safety net: a contingency fund, catastrophe insurance through the Caribbean Catastrophe Risk Insurance Facility – which will pay out US$91.9 million, its largest ever payout – and a US$150 million catastrophe bond.

But these buffers barely make a dent in the US$7 billion recovery bill. There is a shortfall of more than US$6 billion. Given the scale of the destruction, Jamaica will likely have to borrow to fund its recovery – deepening its debt, just as it had emerged from a debt crisis.

This loop of disaster, debt, recovery and the another disaster does not just affect Jamaica. Increasingly frequent climate disasters wipe out years of progress in small island developing states, forcing them into increasingly costly borrowing to fund their recovery.

One study shows that climate destruction is becoming more expensive for small island developing states such as Fiji, Guyana and the Dominican Republic, because these nations typically rely on expensive private external debt to cover their disaster recovery costs.

Our team at the thinktank ODI Global estimates that between 2000 to 2022, extreme weather events in small island developing states may have caused an estimated total of US$141 billion in economic loss and damage, of which US$53 billion (38%) could be attributed to climate change.




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The Moana effect: how small island developing states are bringing their struggle against climate change to the world


For severe tropical cyclones and hurricanes, the estimated total economic loss and damage during the same period could be as high as US$122 billion. Climate change may have been responsible for US$52 billion of that. This translates to a total loss of US$5.3 billion from hurricanes, with US$2 billion attributable to climate change each year.

For countries with fragile economies and limited fiscal space, these shocks are existential. Each dollar spent on rebuilding is a dollar not spent on healthcare, education or infrastructure. To meet their development goals, small island developing states would need to raise social spending by 6.6% of GDP by 2030.

Yet disaster recovery and debt repayments continue to consume their limited budgets. The ODI global study found that among 23 small island developing states, external debt service payments are now growing faster than spending on education, health and capital investment combined.

What is loss and damage? An expert explains.

A wake-up call

Jamaica’s story is a preview of what’s to come if the world doesn’t change course.

As global leaders gather for the UN climate summit, Cop30, Jamaica’s devastation should be a wake-up call. The promise of the fund for responding to loss and damage, launched in 2023 to help developing countries pay for the damage from climate-related events caused by global warming, remains largely unfulfilled, woefully undercapitalised, and a low priority for developed countries.

Indeed, loss and damage issues are being currently sidelined at Cop30, with the overall 2035 climate finance goal, national pledges known as nationally determined contributions, and adaptation indicators being top of the agenda. Small islands such as Jamaica, represented by the Alliance of Small Island States (a coalition of leaders of these most vulnerable nations), flagged concerns before the conference had even begun that loss and damage finance has fallen off the radar completely.

red cross white building with sign 'disaster preparedness'
Fiji Red Cross has provided thousands of people with emergency relief since Cyclone Winston made landfall in Fiji on Feb 2016.
ChameleonsEye/Shutterstock

Developed countries can help ensure the viability of small island developing states in a harsh climate context by offering predictable and accessible grant finance for loss and damage to support recovery and reconstruction. By providing debt relief for climate-vulnerable countries after disasters, they can also ensure that rebuilding does not result in deeper debt.

Without these commitments, the loss and damage fund risks drifting into obscurity as a symbolic gesture rather than the lifeline small island developing states desperately need.

Hurricane Melissa’s impact on Jamaica, Hurricane Maria’s devastation in Dominica in 2017 and several other climate disasters demonstrate that even with fiscal discipline, prudent planning, strong institutions and improved governance, these small island nations remain just one storm away from fiscal collapse and unsustainable debt – the repayment of which diverts critical resources from health, education, and sustainable development.

Without decisive action, Cop30 will fail the world’s most climate-vulnerable nations. Small island developing states need real systemic change, not unfulfilled pledges.


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The Conversation

Courtney Lindsay is affiliated with ODI Global

Emily Wilkinson is affiliated with ODI Global, and receives funding from the UK Foreign, Commonwealth and Development Office

Vikrant Panwar is affiliated with ODI Global.

ref. Climate disasters will send many countries into a debt spiral – but there’s a way out – https://theconversation.com/climate-disasters-will-send-many-countries-into-a-debt-spiral-but-theres-a-way-out-269318

The political meddling that led to BBC crisis – and how to stop it in the future

Source: The Conversation – UK – By Steven Barnett, Professor of Communications, University of Westminster

The resignations of the BBC’s director general and director of news were shocking. Perhaps just as shocking is the US$1 billion legal threat the broadcaster now faces from US president Donald Trump.

The full story of what has happened at the BBC may take months (or years) to emerge. But it’s become evident that a combination of poor editorial judgement and political meddling by longstanding BBC critics contributed to Tim Davie and Deborah Turness’s departures.

That there were editorial mistakes is not in question. The BBC Panorama documentary on Trump spliced together two different parts of Trump’s notorious January 6 2021 speech on Capitol Hill, without making the edit clear.

The programme itself, which was broadcast a few days before the 2024 US presidential election, was arguably carefully balanced, containing an equal number of Trump supporters and detractors. Notably, it did not receive a single complaint at the time of transmission.

It was broadcast a week before the 2024 US presidential election – nearly four years after the speech itself. It wasn’t a programme that was likely to sway anyone’s views of the president, who was impeached for “incitement of insurrection” after January 6. He was later acquitted.




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Why has the BBC’s director general resigned and what could happen next?


Nevertheless, it was wrong to edit the speech in this way. That error was one of many allegations of institutional bias included in a dossier by Michael Prescott. Until June, Prescott – a former political editor for Rupert Murdoch’s Sunday Times and longtime PR professional – was an external adviser to the BBC’s editorial guidelines and standards committee.

The report was leaked to the Telegraph, which splashed with selected excerpts alleging that the programme had been “doctored”, and listing other editorial problems that he claimed the BBC had failed to put right.

Political influence

The Telegraph, like much of the British press, has for decades waged an editorial war against the BBC. As a publicly funded, free-to-air broadcaster, which is by some distance the most trusted news provider in the UK, the BBC is a serious challenge to news publishers’ commercial interests. It also offends the political sensibilities of those opposed to public funding interventions more generally.

It was therefore only a matter of time before the Telegraph “exclusive” on BBC bias and the Panorama programme escalated, especially once noticed by the White House. As the crisis gathered steam, one of the many burning questions was: why on earth is the BBC not responding?

It has now been reported – including by the BBC’s media editor Katie Razzall and BBC presenter Nick Robinson – that an apology was drafted by the BBC news team and was ready to be signed off a week ago.

Unfortunately, the BBC board reportedly prevented Turness from putting out the apology, instead opting for a letter to MPs on the media select committee. What followed was a damaging vacuum, with the BBC unable to defend itself or acknowledge its error. As internal arguments raged, it simply issued a bland statement that it would respond in writing to the select committee.

Key to this institutional paralysis and the fallout that followed were the political appointees to the BBC board. When the BBC charter was renewed in 2016, the then Conservative government introduced a new governance structure. The BBC would be governed by a unitary board of 14, including a chair, and four part-time members, each representing one of the UK’s nations. These five were all government appointees.

That boardroom dissent was, it now appears, led by those political appointees, in particular Sir Robbie Gibb. Following time as a BBC executive in charge of political programmes, Gibb was Conservative prime minister Theresa May’s director of communications. He was subsequently involved in the founding of GB News, an avowedly right-wing news channel.

In the words of Prospect magazine and former Guardian editor Alan Rusbridger, Gibb “does not pretend to be impartial on issues related to British politics or Israel”.

Gibb was appointed to the BBC board by Boris Johnson, reappointed by Rishi Sunak, and his term runs until 2028. It is therefore unsurprising that Liberal Democrat leader Ed Davey has called for Gibb’s immediate removal from the board and for an end to the practice of political appointments.

The Conversation has reached out to Gibb for comment.

In his letter to the chair of the media select committee on Monday, BBC chairman Samir Shah acknowledged the Panorama mistake and apologised for the news team’s “error of judgement”. He made it clear, however, that Prescott’s report “does not present a full picture of the discussions, decisions and actions that were taken”.

Changes for the future

This peculiar arrangement of political appointments appears to have effectively given partisan appointees a veto over a crucial senior management decision, resulting in the forced departure of the BBC’s two most senior news executives.

While Davey is right that this anomaly needs to be rectified, the whole BBC governance structure is in need of an overhaul. At a time of increasing polarisation and social media misinformation, it is more important than ever that the BBC is protected from political interference.

The next BBC charter, starting from January 2028, offers a perfect opportunity to provide the kind of protective structure that the BBC requires. As part of a campaign to support public service broadcasting in the UK, the British Broadcasting Challenge – a group of academics and media professionals that includes myself and The Conversation’s CEO Chris Waiting – published a report last month calling for a “genuinely independent public appointments process for the chair and trustees, insulated from covert and overt government influence”.

This could be done through a dedicated body set up under the same terms as the wholly independent Press Recognition Panel, with no links to any political party or partisan campaigning group. Such a body could be responsible not just for non-executive BBC appointments (including its chair) but also for the chair of regulator Ofcom and the chair of Channel 4 – both currently in the gift of government.

The Labour government is about to kickstart a debate on the next BBC charter. Lisa Nandy, as the responsible secretary of state, has it in her hands to rectify some of the egregious damage inflicted on the BBC’s reputation by the political meddling of the last few days. Let’s hope that she rises to the challenge.

The Conversation

Steven Barnett is on the management and editorial boards of the British Journalism Review. He is a member of the British Broadcasting Challenge which campaigns for Public Service Broadcasting. He is on the Advisory Board of the Charitable Journalism Project which campaigns for public interest journalism and on the board of Hacked Off which campaigns for a free and accountable press.

ref. The political meddling that led to BBC crisis – and how to stop it in the future – https://theconversation.com/the-political-meddling-that-led-to-bbc-crisis-and-how-to-stop-it-in-the-future-269453

How ‘campus climate’ affects students’ attitudes to people of different religions

Source: The Conversation – UK – By Kristin Aune, Professor of Sociology of Religion, Coventry University

pikselstock/Shutterstock

This year’s new university students are settling into life on campuses often notable for their diversity – and that includes in religion. Over 33,000 Buddhist students started university in the UK in 2023-24, for instance, alongside 769,220 Christian and 37,520 Sikh students.

Universities have a role to play in helping their students relate to others of different religious backgrounds, especially at a time of concern over antisemitism and Islamophobia on campus.

Our research has pinpointed some key things universities can do that make a positive difference. We can also highlight the things they shouldn’t do.

We surveyed 1,000 students twice, one year apart. We wanted to investigate how the university environment, or campus climate, influences how students engage with other religions and worldviews. To assess this we asked students how far they agreed with statements such as “there are people of other faiths or beliefs whom I admire”, “I try to build relationships with people who hold religious or non-religious beliefs that I disagree with”, and “my faith or beliefs are strengthened by relationships with those of diverse religious and non-religious backgrounds”.

We call students’ positive engagement with differences in religion and worldview their “pluralism orientation”.

Diversity, discussion and safety

We found that three key features of the campus climate affect how positively students feel about difference in religion and worldview.

First, students feel more positive about difference when they see a diversity of worldviews around them. When students think of their campus as a place inhabited by students of a wide range of religious and non-religious worldviews, this correlates with growth in pluralism orientation. Interestingly, this is less about actual diversity than perceived diversity. We tested an analysis of actual diversity, and it wasn’t significant. It’s what students perceive that makes a difference.

Second, students’ pluralism orientation grows when they have spaces to express their religion or worldview. Having spaces where students feel safe to be themselves, with like-minded others, leads them to have a more positive attitude to those who are different from them.

It might seem paradoxical. But feeling safe on campus, such as through having a chaplaincy space to pray at lunchtime, a student society for others of the same worldview, or a religious diet that’s catered for by the university cafeteria, gives students the resilience they need to engage well with different religions and worldviews.

Third, it’s important that students have critical conversations that help them challenge their own and others’ worldviews.

Man and woman talking over coffee
Provocative encounters help students examine their own views.
Drazen Zigic/Shutterstock

We call these “provocative encounters”. They are conversations that provoke students to question the stereotypes they hold about others, as well as their unexamined assumptions about their own beliefs. These happen both in the classroom and outside it, as students socialise or live in student accommodation. A Sikh student we interviewed talked about the dinners she cooked for her white Christian and non-religious flatmates. Eating together sparked conversations about their different faiths and cultures.

Striking a balance

We also found that aspects of the campus climate led to students’ pluralism orientation declining. One example is when they heard insensitive comments about their worldview. These might be from friends, peers or staff.

This is a tricky area, as one person’s insensitive comment is another person’s provocative encounter. The key point is that when students feel their worldviews are under significant threat, they’re less likely to engage with religiously different others in a positive way. Instead, they will close down, compartmentalise life and study, and miss out on the value university provides.

Healthy debate is vital to ensuring freedom of speech and helping students grow intellectually. But if students feel under threat, or that their religious views are seen as incompatible with student life, they’ll stop discussing their views, stop sharing their lives with anyone who thinks differently, and interfaith relations will be impaired.

It can help student relations when universities demonstrate that the campus is religiously diverse and represents a wide range of worldviews. This can be done through communications from universities to students, such as by posting “Happy Vaisakhi” or “Eid Mubarak” on social media to acknowledge religious festivals, or by advertising events, such as World Humanist Day.

Creating opportunities for students to have the provocative encounters they need to mature in their own views should be central to what universities do. Students are good at doing this in their own social spaces. But sometimes staff shy away from classroom discussions of students’ worldviews, perhaps out of fear of causing offence.

Some students we spoke to talked about feeling their views were “shut down” by lecturers who didn’t want to discuss religion. This needs to change. Provocative encounters should not turn into coercive or hate-filled shouting matches, but universities should nurture robust debate and dialogue about religion, politics and social relations.

Religion is global and ubiquitous. So it’s something universities should highlight – not avoid. Our findings show the need for institutional practices that promote pluralism. This can be done through providing supportive spaces for students to engage with worldview differences in ways that ensure safety and exploration, creating climates where students learn about religion.

The Conversation

Kristin Aune receives funding from Porticus.

Mathew Guest receives funding from Porticus and the Spalding Trust.

Matthew J. Mayhew receives funding from the Templeton Religions Trust, the Arthur Vining Davis Foundations, the Pew Charitable Trusts, the Educational Credit Management Corporation (ECMC) Foundation, the National Science Foundation, the Alfred P. Sloan Foundation, the Merrifield Family Trust, the Andrew W. Mellon Foundation, the Fetzer Institute, the Ewing Marion Kauffman Foundation, the Merrifield Family Trust, Porticus, and the United States Department of Education.

ref. How ‘campus climate’ affects students’ attitudes to people of different religions – https://theconversation.com/how-campus-climate-affects-students-attitudes-to-people-of-different-religions-266947

Voters in Hamburg have rejected universal basic income. Many economists would agree with them

Source: The Conversation – UK – By Ansgar Wohlschlegel, Associate Professor in Economics, Swansea University

Alex Segre/Shutterstock

Universal basic income (UBI) has supporters across the political spectrum. The idea is that if every citizen received a payment from the state to cover their living costs, it this will allow them the freedom to live as they choose.

UBI could, for example, let people decide whether to work and let them live in dignity after AI has made their labour redundant. Everyone gets the transfer, so the bureaucratic costs of monitoring who is eligible are removed. At the same time, it seems like a just arrangement as taxpayers also receive their fair share. What’s not to like?

But voters who turned down a UBI pilot in a recent referendum in the German city of Hamburg apparently found something to dislike. A frequent argument against UBI is that recipients will decide to work less. This in turn will make labour (and consequently labour-intensive products) more expensive.

Indeed, a recent study on a UBI experiment has found that recipients of an unconditional monthly transfer of US$1,000 (£760) were significantly less likely to work. And if they did work, they put in fewer hours than a control group who received only US$50 per month.

Supporters of UBI may still argue that the increase in recipients’ wellbeing reported by research is worth these mild economic costs. However, the most striking costs of implementing UBI in practice are often overlooked. If a country implemented a UBI on a large scale, the money to be distributed would have to be raised via new taxes.

The Hamburg pilot would have required public funds to the tune of €50 million (£44 million). Paying out the monthly US$1,000 from the US study to all 55 million adults in the UK would require the government to raise an extra £500 billion per year to fund this scheme.

cityscape of Hamburg in Germany
Hamburg residents weren’t sold on the idea of a city-wide UBI.
Sina Ettmer Photography/Shutterstock

But why should we care about the public funds needed to finance a UBI scheme? After all, the whole point of UBI is that these funds are going to be equally distributed among everyone. So isn’t this just some rearranging of money from some rich people to the less well-off?

The simple answer is no. In practice, taxes are always based on some economic activity. If I earn more labour income, I will pay more income tax. If I spend more money at the grocer’s, I will pay more VAT. Income tax reduces my compensation for the leisure time I sacrificed and makes leisure artificially more attractive as compared to working.

All this will affect my decision on how much to work, and means that decision will differ from what I would do if there were no taxes. Economists call this a distortion.

Counting the costs

Due to the distortion that most taxes create, raising public funds imposes costs on society over and above the amount of the money to be raised. One could think of this as if the tax was water that the taxman taps through a leaking hose – some of it will be lost before it is collected.

For instance, economists estimate for the UK that this distortion imposes costs between a tenth and a quarter of an additional pound raised in a proportional increase in labour income tax.

To imagine what this means, suppose the UK wanted to replace the current universal credit system of welfare benefits with a UBI that pays every adult citizen the standard universal credit allowance of £400 per month.

Imagine you are a middle-income taxpayer whose monthly income tax bill would rise by £400 to finance this scheme. Although it might seem fair that you also receive the same transfer as everyone else, you are no better off than you were under the old system due to the tax increase.

Even worse, this extra tax makes working less attractive for you, as explained above. This distortion makes your labour supply choices less efficient. It implies that this imposes further costs of £40-£100 on society.

The total funds needed to pay £400 per month to every adult in the UK is £22 billion, compared to the £7.3 billion that the government currently spends on universal credit. This means (based on the example above) that the extra funds needed for a UBI of that size would impose a loss between £1.5 billion and £3.7 billion per month purely due to the distortion that raising these funds creates.

Pilots on UBI typically distribute money that was gained through a windfall such as a donation. Consequently, studies based on these events focus on the effect on the people receiving the UBI transfer. However, governments cannot rely on windfalls – and the costs of raising the funds needed to implement a large-scale UBI system cannot be ignored.

Economists aren’t all naysayers against redistribution. Redistribution is an important feature of a fair society. However, there’s a strong arugment that UBI is a bad way of achieving this.

Instead, governments should aim to avoid taxes that distort behaviour. A carefully designed means-tested benefits system can have the same redistributive effect as UBI – at less cost to the state.

The Conversation

Ansgar Wohlschlegel thanks Benjamin Anthony, MSc candidate at Swansea University, for research support and discussions during supervision meetings for his dissertation on universal basic income. Dr Wohlschlegel is on the Research Advisory Committee of the Vegan Society.

ref. Voters in Hamburg have rejected universal basic income. Many economists would agree with them – https://theconversation.com/voters-in-hamburg-have-rejected-universal-basic-income-many-economists-would-agree-with-them-269327