Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Hace unas semanas, entré por curiosidad en una tienda Pop Mart en un centro comercial de Kuala Lumpur. No sabía que estaba a punto de presenciar una escena sociológicamente fascinante: adultos y adolescentes agitando cajas cerradas, intentando adivinar qué personaje les tocaría por el peso o la forma. Miraban vitrinas, susurraban nombres, comparaban modelos con la emoción de quien está a punto de jugarse algo más que un simple juguete. Todos buscaban lo mismo: un Labubu. Pero nadie sabía si conseguiría el que deseaba.

Ese pequeño personaje con orejas puntiagudas y sonrisa afilada no era solo un juguete de vinilo. Era un símbolo. Un objeto de deseo. Y también, un caso perfecto para entender cómo funcionan las tendencias en el siglo XXI.

De monstruo de nicho a estrella viral

Labubu nació en 2015 de la mano del artista hongkonés Kasing Lung, como parte del universo The Monsters. Durante años fue una figura marginal, valorada por fans del art toy y el diseño asiático underground. Todo cambió cuando Pop Mart adquirió los derechos y lo transformó en fenómeno global: cientos de versiones, colaboraciones con marcas de lujo, ediciones limitadas y un sistema de venta en cajas cerradas (blind boxes) que no permiten ver cuál es su contenido, convirtió la compra de labubus en un pequeño ritual de azar y expectativas.

El boom definitivo llegó cuando, en abril de 2025, la cantante tailandesa Lisa, con más de 100 milones de seguidores en Instagram y miembro del grupo femenino de k-pop Blackpink, colgó su foto en la red con varios labubus colgando de su bolso. Le siguieron Rihanna, Dua Lipa, se viralizó en TikTok y surgieron millones de fans en todo el mundo. Labubu pasó de nicho a viral. De novedad a moda. De objeto a fenómeno.

Pero ¿cómo ocurre esto? ¿Cómo algo tan específico y raro se convierte en un objeto de deseo para millones de personas en todo el mundo?

Cuando la innovación se comporta como la materia

En mi tesis doctoral propuse una teoría interdisciplinar inspirada en la idea de modernidad líquida desarrollada por el filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman y en el comportamiento de líquidos y gases, tanto en reposo como en movimiento (física de fluidos). Sugiero que la innovación es la materia de la que está hecha la moda. Y como toda materia, puede encontrarse en tres estados: sólido, líquido y gaseoso.




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A su vez, la innovación puede encontrarse en tres fases: novedad, tendencia y moda. Este paralelismo no es metafórico, sino estructural. Igual que el agua cambia de estado en función de la temperatura y la presión, las innovaciones también se transforman dependiendo del contexto social, cultural y económico.

La novedad es el estado sólido: tiene forma, es densa, estática y circula entre pocos. De acuerdo a la teoría de difusión de las innovaciones –desarrollada a mediados de los sesenta del siglo pasado por el sociólogo estadounidense Everett Rogers–, esta etapa corresponde a los innovadores. Es una propuesta con gran valor simbólico pero sin difusión masiva.

Cuando comienza a expandirse, se vuelve tendencia y se hace líquida: fluye, se adapta, conecta comunidades. En esta fase aparecen los early adopters. Es el momento en que la idea empieza a convertirse en conversación.

Cuando alcanza el punto de fusión, traspasa un abismo (the chasm): la brecha crítica en el ciclo de adopción de un producto innovador. Sus primeros usuarios suelen ser visionarios, buscan las últimas innovaciones y asumen riesgos. En cambio, la mayoría temprana solo salta el abismo cuando ya la innovación ya ha sido probada y validada por otros.

En la viralidad de las modas o la adopción de nuevas innovaciones, pasado el abismo hay un punto clave (tipping point) en el que el contagio ya
es muy difícil de parar. Entra en el mainstream o mercado masivo y se transforma en moda: pasa al estado gaseoso, se masifica, pierde densidad, se vuelve omnipresente… hasta que se evapora.


Sandra Bravo

Este proceso es cíclico. Muchas innovaciones se quedan congeladas. Otras nunca se consolidan y no fluyen. Algunas se esfuman rápidamente, casi tan pronto como llegan. El deseo y la innovación, como la materia, necesitan condiciones para sostenerse.

Quién decide qué deseamos (y por cuánto tiempo)

Labubu ha pasado por todas esas fases. Empezó siendo una figura marginal (sólido), se volvió tendencia al cruzar nuevas audiencias (líquido) y alcanzó el estado gaseoso al viralizarse globalmente.

Los labubus están en TikTok, adornando bolsos de lujo y en reportajes de prensa. Lo que comenzó siendo un símbolo de distinción se va convirtiendo en ruido visual. Una señal de que el ciclo se agota. Y que quizá esté a punto de empezar de nuevo.

Pero las tendencias no cambian de estado por sí solas. Igual que el agua necesita temperatura y presión para transformarse, las modas también responden a estímulos externos. En este caso: marcas, algoritmos, consumidores e influencers.

La temperatura cultural la generan las campañas, los lanzamientos, el contenido visual. La presión simbólica proviene del deseo colectivo: la comunidad que replica gestos, los fans que buscan el objeto, la ansiedad por pertenecer.

Y además, existen fuerzas de empuje –como los influencers– que agitan el sistema desde dentro, validando tendencias y desplazando otras estéticas.

Yo soy así

Hoy, la visibilidad no depende tanto de lo que es, sino de cuántas veces puede ser compartido. Y así, emergen lo que yo llamo microidentidades líquidas: formas rápidas y flexibles de decir “yo soy así” en una cultura donde ese yo es mutable, compartido, estético y performativo.

Como explica el sociólogo británico Anthony Giddens, la sociedad actual en la modernidad tardía el yo se convierte en un proyecto reflexivo, construido a partir de las imágenes, elecciones y narrativas disponibles.

Y en un mundo que –en palabras del filósofo coreano y Premio Princesa de Asturias 2025 Byung-Chul Hanrecompensa la visibilidad y el rendimiento constante, cada tendencia se convierte en una máscara provisional. Un Labubu no es solo un objeto: representa pertenencia, afecto compartido, incluso un lenguaje generacional.

En este ecosistema volátil somos cuerpos flotando en un fluido simbólico: nos empujamos, nos chocamos, cambiamos de forma… al ritmo del mercado.

Del hype al vacío: flotar, saturarse, desaparecer

El formato blind box añade, además, una dimensión emocional: no solo compramos un objeto, sino también la experiencia misma de desear, esperar, probar suerte. En una cultura saturada de predicción algorítmica, el azar introduce una chispa de misterio. Para el filósofo francés Roland Barthes, la moda es lenguaje antes que indumentaria. Hoy podríamos decir que ese lenguaje habla, sobre todo, en clave emocional.

Las cajas cerradas no permiten ver qué labubu contienen, lo que añade emoción a la compra.
Sandra Bravo

Pero ese lenguaje también obedece a leyes físicas. El principio de Arquímedes dice que un cuerpo sumergido en un fluido desplaza un volumen equivalente. En moda ocurre lo mismo: cuando una tendencia entra con fuerza otra es empujada fuera. El mercado simbólico no es infinito. Solo flota lo que logra desplazar a otra estética. Los labubu, al popularizarse, reemplazaron a figuras kawaii anteriores como Molly o Sonny Angel.

Y como todo gas, el hype tiende a disolverse. La sobreexposición agota el deseo. Surgen copias, se pierde el misterio, aparece la saturación. Y entonces el ciclo se reinicia: nuevas versiones, más presión, más temperatura.

El misterio de lo que llega (y se va)

Wang Ning, fundador y director general de Pop Mart, supo leer el punto exacto de fusión de estos objetos. En 2025, tras sumar 20 mil millones de dólares a su patrimonio gracias a la viralidad de Labubu, apareció en las listas como el 79º hombre más rico del mundo. Porque entender el cuándo, más que el qué, sigue siendo el verdadero poder.

Este modelo de moda líquida no busca explicar caprichos estéticos, sino revelar el proceso por el que una innovación nace, se expande y termina por desvanecerse. Porque las tendencias, aunque parezcan imprevisibles, también tienen estructura. No flotan al azar: cambian de estado según la presión del deseo colectivo y la temperatura cultural que las rodea.

El verdadero reto para las marcas no es detectar lo nuevo, sino saber en qué punto del ciclo está. ¿Es aún salgo sólido y marginal, con alto riesgo de desvanecerse sin haber trascendido? ¿Está ya en fase líquida, ganando tracción? ¿O ya es gas, omnipresente pero a punto de evaporarse?

¿En qué punto del ciclo nos encontramos? ¿La fiebre de los labubus ha alcanzado ya el punto de saturación y tiende hacia la evaporación?
Sandra Bravo

Para los consumidores, su posición en esa curva depende de cuánto riesgo están dispuestos a asumir. Hay quienes adoptan lo que luego será moda incluso antes de que tenga nombre. Otros esperan a que sea seguro, validado, casi obligatorio. Y, en medio, fluyen millones de microidentidades que se encienden y se apagan como una llama.

Labubu no es la excepción. Es un caso perfecto: nació como rareza, fluyó como tendencia y explotó como moda. Hoy flota por todas partes. Pero también puede que pronto empiece a disiparse.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Labubu, el peluche viral que explica cómo nacen (y se evaporan) las tendencias – https://theconversation.com/labubu-el-peluche-viral-que-explica-como-nacen-y-se-evaporan-las-tendencias-264413

Al sistema inmune también le salen ‘arrugas’: ¿qué ocurre cuando nuestras defensas envejecen?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Miranda Prieto, Investigador Predoctoral de Inmunología, Universidad de Oviedo

El envejecimiento supone un gran desafío económico y sanitario para las sociedades occidentales. En España, por ejemplo, un tercio de la población será mayor de 65 años en 2055. Estas cifras apuntan a un incremento de casos de patologías asociadas a la edad como las enfermedades cardiovasculares o el cáncer, sin olvidar el aumento de las personas susceptibles a enfermedades infecciosas y autoinmunes.

Para prevenir o ralentizar esas consecuencias, resulta esencial comprender los cambios que experimenta nuestro cuerpo con el paso del tiempo. Es fácil entender qué ocurre en los huesos, el cerebro o las hormonas, pero ¿de qué manera afecta el envejecimiento a nuestras defensas?

Como veremos más adelante, nuevos hallazgos sobre la naturaleza de las enfermedades autoinmunes (cuando el sistema inmune ataca por error a nuestro propio cuerpo) nos están proporcionando pistas valiosas al respecto.

Los achaques del sistema inmunitario

El sistema inmunitario se puede dividir en dos ramas: la innata y la adaptativa. La primera responde rápidamente ante cualquier amenaza y avisa a la adaptativa. En ella participan, entre otros, dos tipos de glóbulos blancos: los monocitos y los neutrófilos. Estas células inician la inflamación, que nos ayuda a luchar contra las amenazas a las que nos enfrentamos. Sin embargo, las respuestas inflamatorias deben ser cortas y precisas, ya que si no el sistema inmunitario se agota manteniendo la inflamación y disminuye su capacidad para protegernos.




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La inmunidad adaptativa tarda varios días en desarrollarse porque actúa específicamente contra el microorganismo o célula cancerígena que nos amenaza. Está constituida por otro tipo de glóbulos blancos: los linfocitos T y B. Los primeros interaccionan con la inmunidad innata, eliminan células infectadas y activan a los segundos, que producen anticuerpos. Ambos generan células de memoria que recuerdan a los enemigos a los que nos hemos enfrentado para que, si vuelven a atacarnos, actuemos de forma más rápida y efectiva.

Lo que ocurre es que, con el paso del tiempo, nuestras células del sistema inmunitario también envejecen en un proceso llamado inmunosenescencia o immunoaging. En primer lugar, los neutrófilos y monocitos experimentan una reducción en su capacidad de moverse y de eliminar patógenos eficazmente. Y en lo que se refiere a la inmunidad adaptativa, la generación de nuevos linfocitos disminuye, lo que dificulta hacer frente a nuevos patógenos. Aunque se acumulan las células de memoria, su activación se ve limitada.

Esta nueva composición del sistema inmunitario favorece una inflamación constante y respuestas más débiles y desordenadas ante las amenazas. Nuestras defensas envejecidas se vuelven torpes y un poco más lentas. Todo ello contribuye a una mayor desprotección frente a infecciones, un mayor daño en nuestro organismo y, en consecuencia, al desarrollo de patologías asociadas a la edad.

Autoinmunidad: un envejecimiento prematuro

Pero, a veces, el envejecimiento del sistema inmune no se corresponde con la fecha de nacimiento. Es lo que ocurre con los pacientes de algunas enfermedades autoinmunes como la artritis o el lupus.

Recientemente, se ha descubierto un nuevo tipo de linfocitos B –las llamadas células B asociadas a edad o células ABC– cuyo número aumenta de manera natural al cumplir años. No obstante, su abundancia puede dispararse en otras situaciones.

Aunque inicialmente se pensaba que su función era únicamente producir anticuerpos frente a la presencia de patógenos, se ha comprobado que también juegan un papel central en la autoinmunidad. Es decir, estas células producen anticuerpos contra partes de nuestro propio organismo y activan a otros linfocitos, lo que contribuye a generar inflamación sostenida en el tiempo.

En esta situación, la inflamación agrava la enfermedad, afectando a diferentes tejidos; entre ellos, los vasos sanguíneos. Y es aquí donde encontramos una conexión entre las dolencias autoinmunes y ciertos achaques propios de la tercera edad.

Enfermedades cardiovasculares: el enemigo número uno

La primera causa de muerte en el mundo son las enfermedades cardiovasculares, y la edad es uno de los principales factores de riesgo. Pero además, muchos pacientes con enfermedades autoinmunes tienen una mayor probabilidad de padecer patologías del corazón respecto a la población sana de su misma edad y sexo.

Un evento clave que precede a muchas enfermedades cardiovasculares es la formación de placas de colesterol. Este proceso se ve favorecido por la inflamación, que daña las células de los vasos sanguíneos, favorece los depósitos de ese lípido e impide su eliminación por los macrófagos, aumentando así el tamaño de las placas. De ese modo, los cambios que alteran el funcionamiento de nuestras defensas pueden favorecer el crecimiento de las placas de colesterol y, con ello, el riesgo de enfermedades cardiovasculares.




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Ya que todos estos cambios se van acumulando, es fácil comprender que el riesgo se incrementará con el paso de los años, aunque no siempre es así. En ocasiones, nuestro sistema inmunitario sufre un envejecimiento prematuro, lo que explica que aparezcan dolencias asociadas a la edad en personas jóvenes, mucho antes de lo esperable. De hecho, se ha visto que las células ABC tienen un papel en las enfermedades cardiovasculares que no se puede explicar por la fecha de nacimiento de los individuos. En este caso, es más importante la edad de las defensas que la que figura en el DNI.

Este tipo de descubrimientos podrían abrir nuevos horizontes para ralentizar el envejecimiento del sistema inmunitario, mejorar la calidad de vida de los mayores y ayudar a encontrar soluciones a diversas patologías. La relación entre las dolencias autoinmunes y las enfermedades cardiovasculares podría ser una clave para aumentar nuestra longevidad. Quizá el sistema inmunitario albergue la fuente de la eterna juventud.

The Conversation

Daniel Miranda Prieto recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III como investigador predoctoral con un Contrato Predoctoral de Formación en Investigación en Salud (PFIS) (ISCIII:FI22/00148, convocatoria en concurrencia competitiva).

Javier Rodríguez-Carrio recibe fondos en convocatorias competitivas como Investigador Principal del Instituto de Salud Carlos III para sus líneas de investigación en artritis reumatoide.

ref. Al sistema inmune también le salen ‘arrugas’: ¿qué ocurre cuando nuestras defensas envejecen? – https://theconversation.com/al-sistema-inmune-tambien-le-salen-arrugas-que-ocurre-cuando-nuestras-defensas-envejecen-261816

La revolución silenciosa de Giorgio Armani

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Giorgio Armani, retratado tras un desfile en Milán en 2015. FFFILMS.IT/Shutterstock

El mundo de la moda acaba de perder a una de sus figuras más silenciosamente influyentes. Giorgio Armani nos acaba de dejar a los 91 años, dejando tras de sí no solo una firma, sino un universo. En las últimas horas, los medios han recopilado biografías, líneas del tiempo y homenajes visuales.

Pero más allá de las cifras, las pasarelas y las celebridades, lo que queda es una pregunta más compleja: ¿qué hizo Armani con la sociedad? ¿Qué cambió, realmente, en nuestro modo de vestir, de ver y de estar en el mundo?

Decía la experta en industrias culturales Joanne Entwistle que el vestido ha sido siempre una frontera entre el cuerpo individual y el cuerpo social. Armani transformó esa frontera en un puente. Lo hizo con trazo limpio, sin levantar la voz. Convirtió la discreción en lenguaje, la sobriedad en estatus y la comodidad en poder. Armani no fue solo un diseñador: fue un editor de silencios, un arquitecto de códigos simbólicos.

Reescribir el traje: diseñar el poder sin gritarlo

En 1975, fundó su firma junto a Sergio Galeotti. Desde entonces, reescribió los códigos del poder. Lo hizo no a través del exceso, como Versace o Mugler, sino a través de la eliminación. Quitó forros, hombreras, rigidez. Desarmó el traje masculino desde dentro y propuso una nueva masculinidad que no necesitaba blindaje. En pleno auge del neoliberalismo y la cultura corporativa, Armani ofreció un uniforme para el poder tranquilo. Su propuesta no era disruptiva desde el grito, sino desde la pausa. Frente al maximalismo estridente, eligió el susurro. Y ese susurro transformó la estética ejecutiva en Hollywood, Wall Street y hasta en los gobiernos.

Una mujer con un vestido dorado en una alfombra roja.
Demi Moore vestida de Armani en la última ceremonia de los Globos de Oro.
Tilnseltown/Shutterstock

Uno de sus gestos más potentes fue también el menos comentado: su forma de tratar el cuerpo femenino sin erotizarlo ni infantilizarlo. Armani no diseñaba para agradar al deseo masculino, sino para empoderar al sujeto que lo llevaba. En los años 80, cuando el power dressing femenino llenaba las oficinas de hombreras afiladas y faldas tubo, Armani ofreció pantalones fluidos, blazers suaves, tejidos que abrazaban sin marcar.

No era una moda feminista en el sentido militante, pero sí profundamente política: daba herramientas para habitar el espacio público con autoridad no agresiva. En vez de simular al hombre, las mujeres Armani ocupaban su lugar con elegancia autónoma.

Más estilo que moda, más emoción que tendencia

El estallido global llegó en 1980 con American Gigolo. Richard Gere, prácticamente vestido de Armani en cada escena, se convirtió en el símbolo del nuevo hombre: elegante, sensual, seguro, pero también relajado. La película hizo por Armani lo que Sexo en Nueva York hizo por Manolo Blahnik. Desde entonces, el armanismo se expandió: no como una tendencia, sino como una estética emocional. Armani no vendía ropa; vendía actitud, luz tamizada, deseo contenido.

Un hombre con abrigo beis y cigarro en la boca.
Richard Gere en un fotograma de American Gigolo.
CinemaPhoto/Corbis

Lo mismo ocurrió con sus musas: Michelle Pfeiffer, Cate Blanchett, Julia Roberts… Ninguna respondía al estereotipo ruidoso de la diva sexualizada. Eran mujeres inteligentes, sofisticadas, con siluetas suaves y presencia hipnótica. Como si la ropa no las cubriera, sino que simplemente estuviera ahí, flotando en el aire.

El arte de construir sin logotipo

Mucho antes de que la industria hablara de lifestyle brands o universos de marca, Giorgio Armani ya había trazado una forma de expansión estética que no dependía de un logotipo visible. Su fuerza no residía en un símbolo gráfico, sino en un tono visual, un gesto compartido, una atmósfera. La marca Armani se reconocía por cómo caía un pantalón, por cómo iluminaba una pasarela, por el silencio elegante de un escaparate.

Una tienda blanca con una A gigante y una X gigante en su fachada.
Tienda de Armani Exchange, la marca juvenil de Armani, en Florida (Estados Unidos).
DowntownMiami/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Desde los años noventa, diversificó sin fragmentarse: Armani Jeans, Emporio Armani, Armani Casa, Armani Beauty, Armani Hotels… Pero lo hizo sin sacrificar su narrativa. Cada extensión era una pieza más del mismo relato: sobriedad, calma, precisión. Fue uno de los primeros diseñadores en entender que la moda podía diseñar no solo prendas, sino experiencias. Su legado anticipó la lógica actual del branding emocional y la coherencia multisensorial que hoy persiguen las grandes casas de lujo.

Armani construyó un mundo reconocible sin necesidad de gritar su nombre. Y eso, en una industria obsesionada con el logo, sigue siendo una de sus mayores revoluciones.

La arquitectura invisible del estilo

Desde la sociología de la moda, el legado de Giorgio Armani puede leerse a través de varios ejes que explican su sofisticación estructural. Como sostenía el sociólogo Pierre Bourdieu, los objetos de moda son dispositivos simbólicos que nos ayudan a navegar las tensiones entre pertenencia y diferenciación. Armani transformó ese equilibrio en una forma de arte: construyó un capital simbólico basado en la contención, no en la ostentación. Sus prendas no buscaban deslumbrar, sino insinuar. No gritaban, susurraban. Su cliente no necesitaba exhibirse, sino habitar una elegancia sin fricción.

Una mujer desfila con un pantalón negro y una chaqueta colorida.
Imagen de un desfile de Giorgio Armani para la colección Primavera/Verano 2016.
Fashionstock/Shutterstock

Incluso desde la mirada del también sociólogo Zygmunt Bauman, Armani podría considerarse un maestro de la coherencia en un entorno líquido: fluyó con los tiempos, sí, pero sin diluirse jamás. Supo mantenerse en la parte alta del mercado sin necesidad de viralidad, sin coreografías ni ruidos. Él mismo lo dijo en una de sus últimas entrevistas: “Prefiero dejar intuir antes que exhibir”. Esa frase no es solo una declaración estética; es un manifiesto de poder simbólico.

Hay diseñadores que imponen, y otros que persuaden. Armani persuadía. No por casualidad comenzó como escaparatista y dibujante: siempre pensó como un arquitecto. Por eso sus colecciones parecían edificios invisibles: no se veían las estructuras, pero sostenían al cuerpo con precisión silenciosa. Su ropa era una forma de habitar el mundo con firmeza liviana.

Solía decir que el negro no es ausencia de color, sino la síntesis de todos ellos. Esa idea resume su visión: no se trataba de quitar para vaciar, sino para concentrar. Su moda era esencialista, no minimalista. Cada prenda tenía algo de haiku, de ceremonia japonesa, de exactitud sin alarde. Armani no diseñó para llamar la atención: diseñó para que el cuerpo habitara el estilo como se habita una verdad que no necesita ser dicha.

El verdadero lujo silencioso

Un hombre vestido de negro saluda.
Giorgio Armani saluda al público tras el desfile de Emporio Armani en la Semana de la Moda de Milán Otoño/Invierno 2019/20.
FashionStock/Shutterstock

La muerte de Giorgio Armani marca el fin de una era en la moda. Pero su legado no es un archivo cerrado: es un estilo de pensamiento. Quedan sus tejidos, sus cortes, sus desfiles. Pero sobre todo queda una forma de mirar el cuerpo, el género, el trabajo y el poder con delicadeza y profundidad.

En un momento en que la moda se ha vuelto algoritmo, meme, logotipo y viralidad, Armani sigue siendo ese susurro que atraviesa la sala. Una marca sin escándalo que entendió que el verdadero lujo no es hacerse ver, sino saber estar.

Ese quiet luxury del que ahora todos hablan, el que se ha convertido en tendencia, él lo practicó durante cinco décadas. Cuando aún no tenía nombre, Armani ya lo había convertido en código y lenguaje. Porque el auténtico lujo silencioso… era él.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La revolución silenciosa de Giorgio Armani – https://theconversation.com/la-revolucion-silenciosa-de-giorgio-armani-264635

Giorgio Armani: adiós al arquitecto de la elegancia moderna

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Mir, Profesor de Marketing – Comportamiento del Consumidor, Universidad de Navarra

Con el fallecimiento, a los 91 años, de Giorgio Armani, se cierra un capítulo dorado de la alta costura y se consolida el legado de un visionario que redefinió para siempre los códigos de la elegancia contemporánea. La muerte del diseñador constituye un momento crucial para un imperio que genera ingresos anuales de 2 300 millones de euros.

El revolucionario silencioso

Armani transformó la moda con sus siluetas no estructuradas, desafiando décadas de tradición sartorial. En una época en la que las hombreras dominaban las pasarelas y los trajes masculinos seguían códigos rígidos victorianos, el maestro milanés propuso algo radicalmente diferente: la sofisticación a través de la simplicidad.

Su genio residió en comprender que el verdadero lujo no gritaba, sino que susurraba. Las chaquetas Armani, con su estructura relajada y sus líneas fluidas, liberaron tanto al hombre como a la mujer del corsé de la formalidad extrema. Era, en esencia, el concepto de elegancia discreta convertido en un imperio multimillonario.

Cómo vestir los sueños de millones de personas

Armani es reconocido por haber inventado la moda de alfombra roja, un logro que trasciende la industria textil para adentrarse en el territorio de la cultura popular. Desde Richard Gere en American Gigolo hasta las estrellas de hoy, el diseñador italiano entendió que vestir a Hollywood significaba vestir los sueños de millones de personas.

Sus creaciones no solo adornaban cuerpos; construían personajes, definían épocas y establecían estándares de aspiración global. Cada traje de Armani en pantalla se convertía en un manifiesto silencioso sobre qué significaba ser elegante, poderoso y deseable.

Armani ayudó a definir el eslogan made in Italy como sinónimo de calidad para los consumidores, elevando la manufactura italiana a niveles de prestigio mundial. Su contribución trasciende la moda: fue un embajador cultural que exportó la sofisticación mediterránea a mercados globales, desde Tokio hasta Nueva York.

El imperio Armani no es solo un testimonio de éxito comercial, sino de la capacidad de una visión artística coherente para transformarse en un fenómeno cultural duradero.

El minimalista máximo

En una industria obsesionada con la ostentación, Armani abrazó la sobriedad como filosofía creativa. Sus paletas neutras, sus texturas exquisitas y sus cortes impecables demostraron que se podía ser revolucionario siendo sutil. Cada prenda era un ejercicio de sustracción: eliminar lo innecesario hasta alcanzar la esencia pura del diseño.

Esta aproximación minimalista no era frialdad, sino calidez destilada. Sus prendas envolvían al usuario en una segunda piel de confianza, transformando la vestimenta de mero atuendo a armadura psicológica.

Durante más de cinco décadas, Armani moldeó la elegancia moderna con una claridad de visión que se expandió mucho más allá de la moda.

Su influencia se extiende desde la arquitectura de sus boutiques hasta la filosofía de vida que representaba: la belleza encontrada en la simplicidad, el poder expresado con moderación. Hoy, mientras el mundo de la moda procesa esta pérdida irreparable, queda claro que Giorgio Armani no solo vistió cuerpos: vistió una época.

Su legado perdurará en cada silueta que celebre la elegancia por encima de la exhibición, en cada prenda que prefiera la sutileza al grito, en cada diseñador que entienda que la verdadera revolución, a veces, llega susurrando.

Il Signore Armani, como era conocido cariñosamente, nos deja no solo un imperio comercial, sino una lección maestra sobre cómo la visión artística auténtica puede transformar industrias enteras. En un mundo cada vez más ruidoso, su voz silenciosa resuena ahora con más fuerza que nunca.

CEO y único accionista de su empresa

El imperio Armani no era solo una marca, sino un ecosistema financiero meticulosamente estructurado. La arquitectura del negocio refleja la visión estratégica de su fundador: Giorgio Armani como la marca insignia de alta costura, Emporio Armani posicionada en el segmento accesible de lujo, y Armani Exchange capturando el mercado joven. Esta segmentación permitió al grupo penetrar múltiples demografías sin canibalizar sus propias marcas.

En una industria dominada por conglomerados como LVMH y Kering, Armani representaba la excepción: era tanto CEO como único accionista de la empresa, manteniendo un control absoluto sobre su visión creativa y estrategia comercial.

Esta independencia no fue solo ideológica, sino financieramente astuta. Sin presiones de accionistas externos, el grupo pudo mantener márgenes sanos y reinvertir consistentemente en su infraestructura global.

La empresa podría tener un valor actual de entre 6 000 y 7 000 millones de euros. Independientemente de la cifra exacta, Armani se consolidó como uno de los empresarios más exitosos de la historia de la moda.

Expansión estratégica más allá del textil

El genio financiero de Armani se manifestó en su capacidad de diversificación. La compañía opera una gama de cafés en todo el mundo, además de planear junto con Emaar Properties lanzar una cadena hotelera y resorts de lujo en grandes ciudades como Nueva York y Tokio. Esta expansión es la extensión lógica de una marca que había logrado trascender la moda para convertirse en sinónimo de un estilo de vida aspiracional.

El negocio Armani se había expandido hacia la música, el deporte y la gastronomía italiana, creando un ecosistema de marcas que se reforzaba mutuamente y maximizaba el valor de la propiedad intelectual.

Mientras otros grupos de lujo sufrían las fluctuaciones del mercado, Armani demostró una resistencia excepcional. El grupo de lujo italiano creció sus ingresos un 16,5 % en 2022 a pesar de la volatilidad del mercado. La estrategia conservadora del grupo, manteniendo una reserva de efectivo de más de mil millones, le permitió navegar crisis económicas sin depender de financiación externa o socios estratégicos. Esta liquidez no solo proporcionaba estabilidad, sino poder de negociación y capacidad de inversión contracíclica.

Un modelo de negocio que otros intentaron copiar

El éxito financiero de Armani no fue casualidad. Su modelo combinaba control vertical de la producción, expansión geográfica estratégica y una gestión de marca que maximizaba el precio de calidad superior.

Hoy, mientras el mundo de la moda procesa esta pérdida, los analistas financieros reconocen en Armani no solo a un diseñador, sino a un estratega que construyó una de las empresas más rentables y estables del sector de lujo.

Su capacidad para mantener márgenes superiores al 20 % durante décadas, expandirse globalmente sin perder identidad de marca y resistir las presiones de consolidación sectorial convierte su legado en un caso de estudio obligatorio para cualquier escuela de negocios.

El imperio que deja Armani no es solo un conjunto de activos, sino la materialización de una visión que entendió que el verdadero lujo no se compra, se construye. Marca por marca, tienda por tienda, temporada tras temporada.

The Conversation

Pedro Mir no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Giorgio Armani: adiós al arquitecto de la elegancia moderna – https://theconversation.com/giorgio-armani-adios-al-arquitecto-de-la-elegancia-moderna-264659

Respirar aire limpio, un derecho universal que se sigue vulnerando en todo el mundo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Pujadas Cordero, Jefe de la Unidad de Caracterización y Control de la Contaminación Atmosférica, Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT)

Saurav022/Shutterstock

Tras la Segunda Guerra Mundial no resultó demasiado difícil consensuar a nivel internacional que el mantenimiento de la paz y la seguridad entre las naciones, el fomento del desarrollo económico y social y la promoción de la cooperación debían ser objetivos prioritarios y permanentes. La redacción y firma por representantes de 50 países de la Carta de las Naciones Unidas, en vigor desde el 24 de octubre de 1945, supuso la base fundacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuya Asamblea General consensuó y adoptó, tres años después, la famosa Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH).

Analizar los treinta artículos que constituyen ese imponente listado de derechos (políticos, sociales, económicos y culturales), capitales para todos los seres humanos, quizás nos permitiera identificar algunos otros que, dadas las circunstancias, no fueron considerados entonces prioritarios, aunque sin duda lo son.

Me refiero, por ejemplo, al derecho a respirar aire saludable o al derecho a beber agua realmente potable. Se podría decir que, por su naturaleza, ambos estarían implícitamente recogidos en el derecho a la vida, que lógicamente encabeza el listado de la DUDH. Pero lo cierto es que, casi 80 años después de aquella firma, para muchos millones de personas en todo el mundo se trata de aspiraciones tan básicas como inalcanzables.

Llegados a este punto y puestos a defender con decisión estos derechos tan primarios, antes resulta imprescindible definirlos y acotarlos técnicamente. Y para ello hay que responder a la siguiente cuestión: ¿en qué condiciones el aire o el agua dejan de ser aptos para el consumo? En una primera reacción podríamos pensar que se trata de una pregunta retórica porque su respuesta ya se conoce, sin embargo, nada más lejos de la realidad.

¿Qué es el aire?

Centrándonos en la primera parte de esa cuestión, conseguir establecer los límites físico-químicos mínimos que debe cumplir el aire respirable es un reto científico de primer orden.

El aire ambiente es una mezcla compleja de constituyentes, gaseosos y no gaseosos, que ha ido evolucionando a lo largo de la historia de nuestro planeta y que sigue en plena transformación.

La intuición llevó a Hipócrates (siglo IV a. e. c.) a relacionar ciertos problemas de salud con respirar aire “sucio”, pero no fue hasta el siglo XIX pasado cuando se comenzó a entender realmente qué era el aire y sus implicaciones.

Primero se identificaron los componentes gaseosos mayoritarios (nitrógeno, oxígeno y argón) y ya en el siglo XX se descubrió que estos se mantienen en proporciones bastante estables en la troposfera desde hace al menos 100 millones de años. Se identificó el papel del oxígeno como sostén de la vida aeróbica y, poco a poco, se fueron descubriendo otros muchos constituyentes minoritarios y sus diferentes papeles y efectos (sobre la salud humana, la biodiversidad, el clima, etc.).

Establecer este tipo de relaciones causales es una tarea muy compleja y en continua evolución que se viene desarrollando desde mediados del siglo XX, momento en el que nació el concepto de “calidad del aire”.

El Día Internacional del Aire Limpio

Gracias al trabajo de físicos y químicos atmosféricos, biólogos, médicos, ambientalistas, etc., se ha avanzado muchísimo en el conocimiento de la atmósfera, en general, y del aire ambiente y sus interacciones con la biosfera en particular. Esto ha permitido ir acotando los límites que deben establecerse para las concentraciones ambientales de aquellos constituyentes que por sus efectos negativos sobre la salud y el medio ambiente identificamos como contaminantes atmosféricos más peligrosos, como las partículas, el monóxido de carbono y el dióxido de nitrógeno.

Tras el inmenso golpe de la covid-19 en 2020, la ONU declaró el 7 de septiembre como el Día Internacional del Aire Limpio (“para un cielo azul”, según reza el eslogan). Seguramente, volver a constatar las terribles consecuencias de respirar en todo el mundo aire contaminado (en este caso biológicamente), contribuyó a esa decisión que, desde mi punto de vista, viene a reconocer implícitamente, por fin, la universalidad del derecho a respirar aire limpio y saludable.

Posteriormente, en 2022, la Asamblea General de las Naciones Unidas tomó una decisión histórica al reconocer que todos los humanos tenemos el derecho a acceder a un medio ambiente saludable. Esta vez el reconocimiento fue explícito y amplio, pero era “solo el principio”, como advirtió el secretario general de la ONU António Guterres, ya que requiere que todos los países apliquen medidas para “hacerlo una realidad para todo el mundo, en todas partes”.

Diferencias entre países

Décadas antes de este reconocimiento de la ONU, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de muchas agencias medioambientales de distintos países evidenciaron la necesidad imperiosa de controlar la presencia en el aire ambiente de ciertos contaminantes (actualmente: partículas PM10 y PM2.5, ozono, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, monóxido de carbono, etc.).




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Todo esto se fue implementando principalmente en zonas del mundo altamente desarrolladas, como EE. UU., Europa, Canadá, Japón, etc., a través de la adopción de estrictos marcos regulatorios y de fuertes mecanismos de control, tanto para las emisiones atmosféricas contaminantes de origen antrópico como para vigilar la calidad del aire, en un esfuerzo progresivo y permanente. Baste recordar, por ejemplo, que la última Directiva europea de Calidad del Aire es de octubre de 2024.

Fruto de estas iniciativas, la calidad del aire en esas áreas ha mejorado significativamente respecto a la existente hace cuatro o cinco décadas, y con ello la vida de muchísimas personas. No obstante, a estas alturas del siglo XXI, la experiencia cotidiana de otros muchos millones de personas, generalmente en países desfavorecidos y casi olvidados, es radicalmente distinta.

En esos entornos la calidad del aire, sencillamente, no es una prioridad y la población no puede ejercer su derecho básico a respirar con seguridad. En consecuencia, sus cifras de morbilidad y mortalidad prematura debidas a la contaminación del aire son escandalosas y periódicamente denunciadas por la OMS en informes oficiales demoledores.

Ante este panorama, no podemos resignarnos a que una gran parte de la población mundial siga sin poder ejercer el derecho básico a respirar un aire “razonablemente” limpio. Es inaceptable que desde su nacimiento muchísimas personas vean incrementar de manera continua e inexorable el riesgo de contraer enfermedades muy graves o de morir muy prematuramente por respirar sistemáticamente aire contaminado.

Por ello, los científicos e ingenieros tenemos que seguir trabajando sin descanso para mejorar la base de conocimiento en todos los aspectos relacionados con este problema y para encontrar soluciones urgentes. Como sociedad del siglo XXI, globalizada para tantas cosas, no deberíamos ignorar ni permitir este tremendo drama global.

The Conversation

Manuel Pujadas Cordero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Respirar aire limpio, un derecho universal que se sigue vulnerando en todo el mundo – https://theconversation.com/respirar-aire-limpio-un-derecho-universal-que-se-sigue-vulnerando-en-todo-el-mundo-264287

Hablar dos idiomas desde pequeños: un entrenamiento cerebral para toda la vida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Martínez, Personal de investigación en el grupo Neuro-colab, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Tolikoff Photography/Shutterstock

Cuando niñas y niños crecen escuchando dos idiomas, su familia y docentes a veces se preocupan: ¿se confundirá? ¿Tardará más en hablar? ¿Afectará a su rendimiento escolar?

Estas dudas son comprensibles: efectivamente, los niños y niñas bilingües pueden tardar un poco más en pronunciar sus primeras palabras o mezclar ambos idiomas al inicio. Sin embargo, esto no es un retraso patológico, sino parte natural de su aprendizaje. En realidad, están procesando el doble de información lingüística, lo que supone un entrenamiento adicional para el cerebro, que se fortalece de manera muy beneficiosa para toda la vida.

Qué significa ser bilingüe

Ser bilingüe no es simplemente hablar dos idiomas con fluidez: una persona bilingüe es quien usa regularmente ambos idiomas en su vida
. Esto incluye a quienes aprenden uno en casa y otro en el colegio, a los niños que hablan un idioma con un progenitor y otro con el otro, o a quienes viven en comunidades donde se alternan dos lenguas de manera habitual.




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Ahora bien, ¿se es bilingüe para siempre? La respuesta es matizada. Una persona puede dejar de usar uno de sus idiomas y con el tiempo experimentar atrición lingüística: perder vocabulario, fluidez o precisión. No obstante, aunque la competencia práctica disminuya, el cerebro conserva las huellas de ese aprendizaje temprano. Estudios recientes muestran que los beneficios cognitivos —como la flexibilidad mental o la reserva cognitiva— persisten incluso en quienes han dejado de usar de manera activa sus dos lenguas.

El cerebro bilingüe en desarrollo

Durante la infancia, el cerebro es muy plástico. La hipótesis del período crítico sugiere que aprender idiomas temprano favorece una organización cerebral más integrada: las redes neuronales de los distintos idiomas se solapan y cooperan, en lugar de funcionar de manera separada como suele suceder en adultos.

Por ejemplo, un niño que aprende inglés y castellano desde pequeño puede alternar entre idiomas de forma rápida y natural, mientras que un adulto necesitará más esfuerzo y energía para cambiar de lengua. Hay diversos estudios de neuroimagen que muestran que cuanto antes se adquiere un segundo idioma, más se solapan sus redes neuronales con las del primero, reduciendo el esfuerzo para cambiar de lengua.

Un aprendizaje doble, no ralentizado

En la práctica, aunque parezca que los niños bilingües empiezan a hablar más tarde, lo que ocurre es que están distribuyendo su vocabulario entre dos idiomas. Si un niño monolingüe conoce 60 palabras en castellano, un bilingüe puede saber 30 en inglés y 30 en castellano: el total es el mismo. Es decir, progresan más despacio en cada lengua por separado, pero no en su desarrollo lingüístico global.

Más allá del vocabulario, gestionar dos idiomas desde temprano entrena el control ejecutivo, que incluye la capacidad de concentrarse, alternar tareas y filtrar distracciones. Por ejemplo, un niño bilingüe puede cambiar rápidamente entre instrucciones en castellano e inglés en clase, o seleccionar el idioma adecuado según con quién habla. Estas situaciones refuerzan la memoria de trabajo y la atención sostenida.




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El cerebro bilingüe, además, suprime temporalmente la lengua que no necesita en cada contexto. Este proceso, conocido como [“control inhibitorio”], no significa “borrar” un idioma, sino apagarlo momentáneamente para que el otro fluya sin interferencias. Esa gimnasia cerebral fortalece redes vinculadas a la toma de decisiones, la planificación y la resolución de problemas.

Beneficios a lo largo de la vida

El bilingüismo no solo aporta ventajas durante la infancia: sus efectos positivos pueden mantenerse incluso si con los años se deja de usar uno de los idiomas de manera habitual. Aunque pueda perderse esta segunda lengua, el entrenamiento cognitivo temprano permanece latente.

Por ejemplo, adultos mayores que crecieron hablando dos idiomas muestran más materia gris en áreas clave del cerebro y se puede retrasar en ellos la aparición de síntomas de alzhéimer.

Flexibilidad cognitiva

Además, manejar dos idiomas fomenta la flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de adaptarse a situaciones cambiantes. Cuando un niño o un adolescente cambia de idioma según con quién habla, lee un texto en un idioma y luego explica la misma idea en otro, está practicando la capacidad de concentración y atención focalizada en otros contextos: en juegos, conversaciones en entornos ruidosos, cambios inesperados en clase o en actividades extracurriculares. Esta flexibilidad le permite aprender nuevas habilidades de manera más fluida.

La clave no es que las personas bilingües sean “mejores” que otras personas, sino que su cerebro aprende a gestionar la información de manera diferente, lo que les permite enfrentarse a desafíos variados con mayor facilidad.

Estas experiencias contribuyen a lo que los científicos llaman “reserva cognitiva”, un recurso mental que protege el cerebro y ayuda a mantener capacidades cognitivas durante décadas, incluso en la vejez.

Cómo aprovechar las ventajas del bilingüismo

Fomentar el bilingüismo no significa presionar ni forzar resultados, sino crear contextos naturales de exposición a ambos idiomas. Leer cuentos en dos lenguas, ver películas en versión original con subtítulos, cantar canciones, jugar a juegos de roles o mantener conversaciones en la lengua familiar son maneras informales de practicar sin convertirlo en una obligación.

Esto es importante porque, aunque los programas académicos como el método AICLE (Aprendizaje Integrado de Contenidos y Lenguas Extranjeras) tienen un papel, el bilingüismo cotidiano se enriquece en situaciones más espontáneas: cocinar siguiendo recetas en francés, jugar a videojuegos en inglés o compartir historias familiares en la lengua materna. Estas experiencias refuerzan el vínculo emocional con el idioma y lo convierten en una herramienta viva, más allá de la escuela.

Lejos de ser un reto, la exposición a dos idiomas es una oportunidad para que los niños desarrollen un cerebro flexible, bien conectado y capaz de organizar el conocimiento de manera eficiente. Crecer en contextos que valoren ambos idiomas permite aprovechar estas ventajas cognitivas y culturales, apoyando tanto su aprendizaje académico como su desarrollo personal.

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Alejandro Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Hablar dos idiomas desde pequeños: un entrenamiento cerebral para toda la vida – https://theconversation.com/hablar-dos-idiomas-desde-pequenos-un-entrenamiento-cerebral-para-toda-la-vida-262576

Los Juegos del dopaje libre: Las Vegas acogerá en 2026 la cita más peligrosa de la historia del deporte

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Millán Aguilar Navarro, Profesor de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFyD) y Coordinador del Grupo Estable de Investigación "Dopaje en el Deporte", Universidad Francisco de Vitoria

World Aquatics ha prohibido a los nadadores competir en los Juegos Mejorados + Enhanced, CC BY

En mayo de 2026, se celebrarán en Las Vegas los Enhanced Games o Juegos Mejorados. Los atletas competirán en las modalidades de natación (50 m libres, 100 m libres, 50 m mariposa y 100 m mariposa); atletismo (100 m lisos y 110 m vallas) y halterofilia (arrancada y dos tiempos). Lo llamativo de esta cita deportiva es que, desde la organización, se incentiva el uso de sustancias dopantes, amparándose en que los atletas estarán sujetos a un exhaustivo control médico para asegurar su estado de salud y minimizar los riesgos asociados a la utilización de esas sustancias.

Posición de instituciones como AMA y COI

Instituciones como la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y el Comité Olímpico Internacional (COI) se han posicionado claramente en contra. La AMA condena los Juegos Mejorados como una acción peligrosa e irresponsable. Además, advierte a deportistas y personal de apoyo (médicos, entrenadores, fisioterapeutas y nutricionistas) sobre las consecuencias que tiene participar en este evento, incluyendo el riesgo para la salud y el daño a la reputación. Así, establece que quien participe cometerá una violación de las normas antidopaje, y, por tanto, quedará vinculado con el dopaje para siempre.

La comisión atlética del COI (formada únicamente por deportistas) también condena estos juegos, estableciendo que “traicionan todo lo que defienden”.

Los riesgos físcios del uso de sustancias dopantes

El dopaje con esteroides anabólicos androgénicos (EAA) conlleva múltiples riesgos para la salud física y mental. Entre los efectos adversos más relevantes se encuentran los problemas cardiovasculares y hepáticos, como hipertrofia ventricular, infartos, muerte súbita y daño hepático.

A nivel psicológico, se han documentado cambios de humor, agresividad, depresión y dependencia. Los EAA también alteran el eje hormonal, lo que puede provocar infertilidad y ginecomastia (agrandamiento de los pechos en hombres), además de efectos dermatológicos como acné severo y alopecia. Asimismo, su uso se asocia con conductas de riesgo, como el consumo de múltiples drogas. Y por si fuera poco, se ha observado una mayor prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad y síntomas depresivos entre personas que han consumido estas sustancias.

Pero ¿puede la supervisión médica hacer el uso de sustancias dopantes “seguro”?

Los estudios no avalan el dopaje supervisado

A raíz de la aparición de estos juegos, han surgido diferentes investigaciones científicas. Una de las más recientes ha analizado si un modelo de dopaje bajo supervisión médica es efectivo para que el uso de las sustancias dopantes sea “seguro” (como proponen los Juegos Mejorados).

Las principales conclusiones del estudio muestran que no hay evidencia suficiente como para asegurar que el dopaje supervisado no tenga consecuencias a largo plazo. Además, los riesgos físicos y psicológicos siguen siendo significativos incluso en protocolos que siguen supervisión médica.

Aunque la idea de reducir los daños gracias a este control puede parecer atractiva, no se justifica científica ni éticamente en ningún contexto deportivo. Normalizar el uso de sustancias dopantes puede aumentar su prevalencia en contextos recreativos, generando un problema grave para la salud pública.

¿Se puede reducir a cero el dopaje en el deporte?

El último informe de la AMA sobre la práctica del dopaje arroja un 0,96 % de resultados positivos en los controles realizados en 2023. Esta cifra puede parecer baja, y es que, aunque se trata de menos de un 1 %, estamos hablando del 1 % de unos 290 000 controles realizados, lo que supone 2 697 resultados positivos. Por lo tanto, todo parece indicar que reducir el dopaje al 0 % es prácticamente imposible.

¿Qué está haciendo la AMA para reducir la prevalencia de dopaje?

La AMA continúa con sus esfuerzos para reducir el dopaje a través de dos vías principales: la prevención y la mejora de los métodos de detección. Y una de las principales estrategias de prevención es la educación.

La AMA trata de educar y asesorar a los deportistas constantemente. Las organizaciones nacionales antidopaje forman a los deportistas de las diferentes federaciones en normativa, procedimientos, riesgos y responsabilidades. Además, la AMA ha introducido recientemente la figura del Athlete Antidoping Ombud o “Agente antidopaje”, que ofrece asesoramiento de forma gratis, neutral y confidencial para los atletas.

Los influyentes

Otro punto que aborda la AMA es la formación del futuro personal de apoyo al deportista (estudiantes universitarios de carreras como Medicina, Ciencias del Deporte, Nutrición o Fisioterapia), quienes en un futuro jugarán un papel fundamental en la prevención del dopaje debido a su capacidad de influir en las actitudes y creencias de los deportistas.

Sin embargo, recientes investigaciones han demostrado que este futuro personal de apoyo no tiene las herramientas ni la formación necesarias para cumplir con sus responsabilidades debidamente.

El pasaporte biológico

Casos de dopaje muy mediáticos han ocurrido de esta forma, como el del tenista Jannik Sinner o el del jugador del Athletic Club de Bilbao Yeray Álvarez, ambos mal asesorados por su personal de apoyo.

Por último, las agencias de control de dopaje siguen mejorando sus métodos de detección de sustancias prohibidas con el paso del tiempo, volviéndolos más sensibles y menos invasivos. Entre estos métodos se encuentran los análisis de orina y sangre y el análisis del pasaporte biológico.

El pasaporte biológico monitoriza diferentes variables biológicas que pueden detectar la utilización de sustancias prohibidas por variaciones a lo largo del tiempo. Sin embargo, la AMA sigue investigando en nuevos biomarcadores y formas de análisis que sean capaces de detectar el uso de estas sustancias de forma más precisa. Una de las próximas mejoras será la inclusión de variables hormonales en dicho pasaporte.

Para seguir fortaleciendo la prevención, en diciembre de 2025 se celebrará en Corea del Sur la Conferencia Mundial sobre Dopaje en el Deporte, organizada por la AMA. Uno de los principales objetivos del encuentro será presentar y detallar el próximo Código Mundial Antidopaje, que entrará en vigor en 2027. Asimismo, la conferencia servirá como espacio para debatir y proponer nuevas estrategias que permitan mejorar la prevención y la detección del dopaje a nivel global.

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ref. Los Juegos del dopaje libre: Las Vegas acogerá en 2026 la cita más peligrosa de la historia del deporte – https://theconversation.com/los-juegos-del-dopaje-libre-las-vegas-acogera-en-2026-la-cita-mas-peligrosa-de-la-historia-del-deporte-261696

Vuelta a las aulas con el cine francés

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Soto, Profesora de Filología Francesa, Universidad Autónoma de Madrid

Fotograma de la película ‘Una razón brillante’. FilmAffinity

Agosto se termina y otra vez resuena en el aire esa emotiva canción del Dúo Dinámico que marcó “el final del verano” a más de una generación. Y es que, si bien las vacaciones han cambiado y podemos disfrutarlas en diferentes momentos del año, existe un hito anual que marca los tiempos: la vuelta al cole.

Este fenómeno social moviliza a millones de personas cada mes de septiembre. En España, en el curso 2024-2025 el Ministerio de Educación contaba con más de 8 000 000 alumnos matriculados en enseñanzas no universitarias, y se estimaba que habría más de 1 400 000 estudiantes universitarios de grado. Y no podemos olvidar a sus familias, a los docentes y a otros profesionales que trabajan en el sector. Así, el calendario académico pauta el ritmo de nuestra sociedad.

Y ¿qué mejor manera de preparar este nuevo curso que disfrutando de una buena película? Porque sí, el ámbito educativo está representado en el cine desde sus orígenes.

Pensemos que en 1933 Jean Vigo estrenaba Cero en conducta, un mediometraje centrado en cuatro muchachos que se rebelan en un internado contra las férreas medidas disciplinarias. Se trata de una obra clave en la historia del cine francés que fue, por cierto, censurada hasta 1945 por sus valores libertarios y subversivos, considerados antipatrióticos en un contexto político conservador y nacionalista.

Un niño se levanta de un pupitre mientras sus compañeros le observan.
Imagen de Los cuatrocientos golpes.
FilmAffinity

Desde entonces, muchos son los títulos estrenados en la gran pantalla que reflejan el entorno educativo desde una multiplicidad de perspectivas y de géneros.

En la cinematografía francesa el tema educativo siempre ha estado bastante presente. Así, los galos nos han legado desde clásicos como Los cuatrocientos golpes (1959) o La piel dura (1976) de François Truffaut, a títulos más recientes como Los chicos del coro (2004). Volver a ver ese drama musical centrado en la vida de un internado permite reflexionar sobre la importancia de la empatía y la música como herramientas educativas y de cohesión social.

El colegio como lugar de superación

La música como vehículo de autoexpresión y crecimiento individual también supone el epicentro de la acción en La familia Bélier (2014). El filme pone el foco en las vicisitudes del día a día de las personas con discapacidad y sus allegados a partir de Paula, una adolescente oyente en una familia con sordera.

Enmarcada en la estela de Intocable (2011), esta comedia dramática celebra la diversidad, el colegio como espacio clave para el crecimiento personal y enarbola la figura del profesor como elemento catalizador para el desarrollo de quienes se forman en las aulas. Descubrir que tiene un don para cantar pone a la protagonista en una tesitura psicológica de calado: decidir entre irse a vivir a París para seguir formándose o quedarse para ejercer de intérprete en lenguaje de signos para su familia. El colegio se convierte así en el motor narrativo de una historia de superación que promueve el diálogo, la aceptación y la comprensión mutua.

El compromiso social en la cinematografía francesa también implica evocar Hoy empieza todo (1999) y Ser y tener (2002). Centradas en las escuelas rurales, en la primera su director, Betrand Tavernier, vehicula la lectura social desde la doble perspectiva docente (hacia los alumnos y sus familias, pero también hacia las instituciones). En la segunda, contada en formato documental, Nicolas Philibert se centra en las escuelas unitarias en las que una misma clase comparte varios grados.

De la periferia al centro

Las zonas periféricas a las grandes urbes también están representadas en las proyecciones francesas. Los profesores de Saint-Denis (2019), Madame Hyde (2017) o El buen maestro (2017) son tres de los ejemplos más representativos de los últimos años.

Los suburbios parisinos se muestran aquí desde su marginalidad y también desde su multiculturalidad. El sistema educativo en estas películas se convierte en el motor de cambio para una población vulnerable. Así, con distintos matices, se escenifican cuestiones de calado en materia de integración y promoción sociocultural y se abre una reflexión en torno al poder transformador del sistema educativo en el contexto francés.

Este debate existe igualmente en el París intramuros, tal y como lo retrata François Bégaudeau en La clase (2008). El acceso a la educación superior también es objeto de reflexión, como podemos ver en Una razón brillante (2017). En esta comedia dramática se escenifican los prejuicios, los estereotipos socio-raciales y el choque de clases bajo la mirada de una joven procedente del extrarradio parisino que se inscribe en una prestigiosa universidad para cursar Derecho.

Estamos ante películas que plantean, además, las consecuencias humanas de la precariedad familiar, que cuestionan la promoción social y exponen la resiliencia de aquellos que rompen con las barreras del determinismo social.

La cultura y la educación francesas

Existen otros títulos como Club de padres (2020) o Una casa de locos (2002), más ligeros, que abordan la paternidad y los vínculos afectivos en la comunidad escolar o la identidad europea desde el prisma de la juventud en intercambios universitarios.

Por ello, podemos decir que la filmografía francesa considera al mundo educativo un escenario privilegiado para explorar las tensiones socioculturales y promover espacios inclusivos, tolerantes y solidarios. Y esto no es baladí, porque la educación pública es uno de los pilares de un sistema que confía en la formación como medio de transmisión de los valores de la República Francesa y de transformación social.

Así, muchos son los cineastas que se adscriben a la tradición de ese cine comprometido y reflexivo que ha cultivado una mirada crítica hacia la vida diaria con el objetivo de visibilizar y sensibilizar sobre la capacidad del cine como agente de cambio sociocultural.


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Ana Belén Soto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vuelta a las aulas con el cine francés – https://theconversation.com/vuelta-a-las-aulas-con-el-cine-frances-264308

Quiénes mienten en internet y por qué: el perfil de los usuarios que falsean sus datos online

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Saéz Ortuño, Profesora Dept. Empresa, Universitat de Barcelona, Universitat de Barcelona

Song_about_summer/Shutterstock

Hoy en día, cada clic en internet genera datos. Y esos datos pueden tener valor. Por eso, muchas personas deciden no decir la verdad al registrarse en sorteos, encuestas o concursos. Un estudio de la Universitat de Barcelona encontró que casi un 6 % de los usuarios en España ha dado datos falsos en este tipo de formularios. Este comportamiento es más común en hombres mayores y mujeres jóvenes, pero las razones son más complejas de lo que parece.

Pero ¿qué lleva a alguien a registrarse como “Leo Messi” o a usar el correo de otra persona para participar más de una vez en un sorteo? En nuestro estudio, combinamos inteligencia artificial con entrevistas personales para averiguarlo. Los motivos más comunes son la desconfianza en las empresas, la diversión o el deseo de proteger la privacidad.

¿Qué tan común es?

Una empresa española que recopila datos online nos permitió utilizar su base de datos para nuestra investigación. Este fichero contiene la información proporcionada por más de siete millones de residentes en España al participar, entre 2010 y 2023, en sorteos y concursos en línea.

De dicha muestra, el 5,86 % falsificó sus datos. Para detectarlo, usamos herramientas automáticas que revisaban nombres, códigos postales, correos y teléfonos. También verificamos desde qué dispositivo o red se conectaban. Lo interesante es que, cuando varias personas usan la misma conexión a internet, es cinco veces más probable que alguna de ellas mienta.

¿Quién miente más?

Encontramos diferencias según el grupo de personas analizadas. Por ejemplo, los hombres mayores tienden a falsificar nombres, apellidos y teléfonos. En cambio, las mujeres jóvenes suelen dar correos falsos o teléfonos inventados. Esto sugiere que no todos mienten de la misma forma, y que los formularios deberían adaptarse para detectar mejor estos engaños.

¿Qué motiva estas mentiras?

Entrevistamos a 37 personas que habían dado datos falsos. Sus respuestas muestran que muchas veces no lo hacen con mala intención. Algunas personas lo hacen por venganza, porque sienten que ellas han sido engañadas antes por las empresas. Otras lo hacen por diversión, como un juego. También hay quienes creen que si se registran varias veces, tienen más posibilidades de ganar. Algunos incluso lo ven como un reto y se sienten más inteligentes y ven reforzada su autoestima si el sistema no los detecta.

¿Por qué no ocultan su dirección IP?

A pesar de que mentir está mal visto, muchas personas no se preocupan por ocultar su dirección IP (algo así como el número de identidad de su dispositivo). Algunas dicen que cambiarla es incómodo. Otras no saben cómo hacerlo. Y muchas no lo ven necesario, porque nunca han sufrido consecuencias. Esto muestra que muchas personas creen que es difícil detectar el engaño y que no les pasará nada por mentir en internet.

¿Por qué es importante?

En la era digital, muchas decisiones se basan en los datos que damos en internet. Si esos datos son falsos, las empresas y organizaciones pueden tomar decisiones equivocadas. Esto afecta desde campañas de publicidad hasta estudios sobre salud o educación. También plantea una pregunta importante: ¿cómo detectar a los que mienten sin perjudicar a quienes se equivocan sin querer?

¿Qué podemos hacer?

Este estudio nos recuerda que detrás de cada dato hay una persona. Y que no siempre se miente por maldad. A veces se hace por miedo, otras por diversión o simplemente por costumbre. Si queremos una sociedad digital más honesta no solo necesitamos mejorar el sistemas: también necesitamos entender mejor el comportamiento humano.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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De dos días a 19 semanas: el salto histórico de los permisos de paternidad en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Teresa Torres Coronas, Profesor de gestión de empresas, Universitat Rovira i Virgili

Imagine un salto en el tiempo hacia el año 2015. En un piso de la Rambla de Tarragona, una pareja comparte los primeros días con su hijo recién nacido. Ella, ingeniera, dispone de 16 semanas de permiso de maternidad. Él, consultor, disfruta de 13 días de permiso de paternidad, una mejora notable frente a los dos días laborables reconocidos hasta que se promulgó la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Como ocurría en la mayoría de hogares, el reparto de cuidados era desigual.

Ocho años después, con su segundo hijo, la escena fue distinta. En 2023 ya ambos disfrutaron de 16 semanas de permiso retribuido e intransferible. Este cambio no fue repentino, sino el resultado de sucesivas reformas que culminaron con el Real Decreto Ley 6/2019, que otorgó la plena equiparación de los progenitores en 2021, incluida la obligatoriedad de acogerse al permiso las seis primeras semanas tras el nacimiento o adopción.

En julio de 2025, el Gobierno español anunció la aprobación del Real Decreto Ley 9/2025, que amplía el permiso por nacimiento y cuidado del menor a 19 semanas retribuidas para cada progenitor. De estas, siguen siendo obligatorias las seis primeras, 11 pueden disfrutarse libremente durante los primeros 12 meses, y dos (cuatro en familias monoparentales) pueden usarse hasta que el menor cumpla 8 años. En familias monoparentales, la duración total asciende a 32 semanas y, en casos de parto múltiple o hijos con discapacidad, se añaden dos semanas más por progenitor.

Este permiso convive con el permiso parental adicional de ocho semanas no retribuidas introducido en el Real Decreto Ley 5/2023 mediante el nuevo artículo 48 bis del Estatuto de los Trabajadores. Este derecho, individual e intransferible para cada progenitor, les permite suspender su contrato laboral para cuidar, de manera flexible, a hijos menores de ocho años.

El RDL 5/2023 también introdujo el permiso por fuerza mayor para cuidados urgentes de cuatro días retribuibles, pero dejó sin resolver la cuestión más importante: la retribución exigida por la Directiva europea 2019/1158 para el permiso parental –que no es lo mismo que el permiso por nacimiento y cuidado del menor– que permite ausentarse del trabajo para el cuidado de hijos menores de ocho años.

La Comisión Europea advirtió a España de este retraso y, en 2025, el TJUE sancionó al Estado por incumplir los plazos de transposición. En consecuencia, España aún debe garantizar la financiación plena del permiso parental para cumplir con la normativa comunitaria.

España en el contexto europeo e internacional

Con la reforma de 2025, España se sitúa entre los países más avanzados en el permiso por nacimiento y cuidado del menor, que es retribuido al 100 %, igualitario e intransferible, con medidas específicas para familias monoparentales y en casos de discapacidad.

Suecia encabeza el ranking europeo con un permiso parental de 480 días remunerados por hijo, de los cuales 390 días se pagan al 80 % del salario y los 90 restantes con una cuantía fija. Además, al menos 90 días son intransferibles para cada progenitor, lo que fomenta la corresponsabilidad y sitúa al país como referente mundial en conciliación.

En el caso de Estados Unidos, a nivel federal no existe un permiso parental retribuido. Solo se garantizan 12 semanas de ausencia laboral sin sueldo aplicable en empresas de más de 50 empleados. En los últimos años, varios estados han creado programas propios de permiso parental retribuido, como California, Nueva York o Nueva Jersey. A diferencia de España, el acceso depende del estado, la empresa y el contrato, lo que genera fuertes desigualdades.

Más allá de la norma: uso real e impacto económico

El marco legal español no garantiza por sí solo un uso igualitario entre progenitores. Según el Ministerio de Igualdad, más del 90 % de las madres utilizan todo su permiso frente al 85 % de los padres. La diferencia es pequeña, pero suficiente para mostrar que persisten barreras culturales y laborales.

Según la OCDE, muchos hombres creen que tomar todo el permiso puede frenar su carrera, con menos promoción, proyección o salario. Este temor convive con estereotipos de género que siguen asociando el cuidado a las madres y la ausencia de una cultura empresarial que normalice al padre cuidador.

Además, las desigualdades socioeconómicas también condicionan el uso de los permisos. Las mujeres con empleos precarios o bajos salarios son las que más dificultades tienen para usar esos permisos. La paradoja es que quienes más lo necesitan son quienes más obstáculos encuentran, una brecha de clase que refuerza el riesgo de desigualdad. La ley impulsa la corresponsabilidad, pero la práctica avanza con mayor lentitud.

A estas barreras individuales se añade también el desafío empresarial. En particular, las pymes suelen expresar su preocupación por la reorganización interna que implican las ausencias prolongadas. Sin embargo, la evidencia apunta en otra dirección. Las empresas que implementan políticas sólidas de conciliación entre vida laboral y personal no solo logran retener mejor al talento, sino que también reducen significativamente la rotación de personal.

A nivel global, las contribución económica de las mujeres todavía no alcanza su verdadero potencial y parte de la responsabilidad está en que sobre ellas recae mayoritariamente el trabajo de los cuidados. La evidencia internacional muestra que los permisos parentales igualitarios no son solo una medida de conciliación, sino también una apuesta económica.

Estas políticas favorecen la participación femenina en el empleo, redistribuyen los cuidados y aumentan la productividad. Un informe reciente de la OIT revela una brecha global de más de cinco meses entre las semanas de permiso parental remunerado de mujeres (24,7) y hombres (2,2).

Además, la OIT estima que garantizar permisos remunerados de al menos 14 semanas para ambos progenitores requeriría una inversión equivalente al 0,13 % del PIB mundial, pero podría generar más de cuatro millones de empleos formales para 2035. En suma, la igualdad no es solo justicia social, también es crecimiento económico.

Entre los países con permisos más equitativos del mundo

En menos de dos décadas, España ha pasado de conceder apenas dos días a los padres a situarse entre los países con permisos parentales más amplios y equitativos del mundo. Esta evolución la coloca en la vanguardia europea.

La comparación internacional revela un panorama desigual. Mientras Europa avanza a distintas velocidades y Estados Unidos sigue dependiendo de legislaciones estatales fragmentadas, España ha optado por un sistema universal y garantizado. El desafío de la próxima década será transformar este derecho en práctica cotidiana, superar las barreras culturales que frenan a muchos padres y fomentar políticas empresariales que normalicen la conciliación.

El permiso parental no es solo un beneficio laboral. Es una palanca de igualdad, bienestar. El reto ahora es consolidarlo para que la corresponsabilidad deje de ser aspiración y se convierta en norma social y motor de prosperidad compartida.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Teresa Torres Coronas colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. De dos días a 19 semanas: el salto histórico de los permisos de paternidad en España – https://theconversation.com/de-dos-dias-a-19-semanas-el-salto-historico-de-los-permisos-de-paternidad-en-espana-264501