Los grandes desafíos de la gestión forestal en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Díaz Balteiro, Catedrático de Ordenación de Montes y Valoración Agraria, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Monte del Pinar de Almorox (Toledo). Luis Díaz Balteiro

Las trágicas noticias sobre los incendios que han asolado España en este verano han traído multitud de reflexiones y comentarios. En muchos de ellos se señalaba a la gestión forestal sostenible como un potencial freno a esta lacra. Pero ¿se conocen realmente los fundamentos y el contexto de lo que constituye la gestión forestal?

Desde los albores de la humanidad, hemos gestionado los bosques de acuerdo con sus objetivos y necesidades. Y tras muchos siglos y civilizaciones, esto nos ha llevado a la situación actual, donde tenemos en España unos montes que, en su inmensa mayoría, han sufrido la constante acción del hombre.

Entender primero cómo funcionan los sistemas forestales

Los sistemas forestales se caracterizan por ser un medio complejo, frágil, con ciclos vegetativos amplios. Además, proporcionan un amplio número de servicios ecosistémicos a la sociedad (beneficios que los ecosistemas nos ofrecen de forma gratuita), aunque con una rentabilidad comercial escasa.

Por otro lado, con independencia del caso considerado, ya sea un bosque, un cambio de uso de la tierra o la situación después de un incendio, los sistemas forestales necesitan planificar las actuaciones a realizar tanto en el tiempo (los horizontes pueden superar fácilmente la vida humana) como en el espacio. Y, como cualquier proyecto de ingeniería, están sujetas a una componente económica.




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En España sólo el 23,6 % de la superficie forestal presenta un plan de gestión, con diferencias apreciables entre las distintas comunidades autónomas. Sin embargo, es preciso recordar que más del 70 % de dicha superficie es privada y que, en muchas ocasiones, estas extensiones no alcanzan unas dimensiones mínimas que justifiquen un documento de planificación.

¿Qué define y caracteriza a la gestión forestal?

Forest Management, un libro norteamericano que es referente sobre el tema, menciona que “la gestión forestal implica el uso de los bosques para cumplir los objetivos del propietario y de la sociedad”. Este uso debe cumplir una condición básica: la persistencia del sistema forestal. Es decir, la planificación debe asegurar que la superficie forestal que se está explotando en la actualidad permanezca cubierta de árboles en el futuro.

La definición anterior engloba el término “sostenible”, ya que, aunque mucha gente lo desconoce, este concepto fue definido por primera vez en 1713 en un contexto forestal. Es decir, la gestión se plantea siempre como sostenible, atendiendo a los tres pilares clásicos del concepto: ecológico, económico y social, así como a los distintos servicios ecosistémicos ofertados por cada monte.

Requisitos administrativos para la ordenación de montes

La gestión forestal u ordenación de montes se manifiesta en España a través de un documento técnico donde se plantean decisiones a corto, medio y plazo. Esta planificación a nivel monte la realizan los técnicos forestales según diferentes normativas autonómicas, y los requisitos de cada documento de gestión varían según ciertas características, como el tamaño de la propiedad.

Con el fin de lograr resultados, se debe asegurar que se implemente lo planificado y que exista una supervisión en el futuro, con ciertas revisiones periódicas que permitan corregir situaciones no previstas o, simplemente, cambios en los objetivos iniciales de la gestión.

En este plan se proponen los trabajos a seguir en los próximos años, como pueden ser las intervenciones que se van a ejecutar con el fin, por ejemplo, de repoblar alguna zona o definir el momento en que se va a cortar la masa, lo que se conoce como el turno forestal. También se incluye el método de ordenación propuesto, y todas estas decisiones deben estar justificadas desde el punto de vista técnico y sujetas a revisiones constantes.

Por otro lado, existe una figura específica que aborda la gestión a un nivel más agregado que el de la propiedad, que es el comarcal. Se trata de los Planes de Ordenación de Recursos Forestales, con un éxito dispar desde su implantación entre provincias, y que podrían marcar pautas para promover una gestión a nivel de paisaje.




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Factores que una buena gestión forestal no debe pasar por alto

Además de la importancia de la selvicultura, el arte del cuidado de los bosques
con el fin de obtener una diversidad de bienes y servicios, conviene resaltar la necesidad de disponer de valoraciones de los diferentes servicios ecosistémicos presentes en cada monte.

Estas valoraciones no se pueden ceñir sólo a la producción de madera, sino que disponer de estimaciones homogéneas de aspectos como el carbono, la conservación de la biodiversidad, recreo, etc. son de gran ayuda para una correcta toma de decisiones.

Existen muchos actores o grupos sociales que se van a ver influenciados por las medidas que se propongan, sobre todo en montes de titularidad pública. Por eso resulta muy recomendable que dichas medidas recojan, en la medida de lo posible, sus demandas. Sin embargo, conviene resaltar que no existe ningún método aceptado universalmente para agregar las preferencias de dichos grupos sociales.




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Grandes desafíos ante escenarios complejos

La planificación forestal se vuelve imprescindible si se piensa que la edad de los sistemas forestales puede exceder, con facilidad, la vida media humana. Y conlleva una visión multidisciplinar, desde abordar el mayor número de servicios ecosistémicos posibles hasta recopilar múltiples informaciones necesarias para una correcta toma de decisiones. Al mismo tiempo debe ser flexible para responder a escenarios cambiantes, como el cambio climático, plagas, etc.

Todo lo anterior acarrea grandes desafíos. Además de los ya mencionados, el técnico rara vez puede ver los resultados de las medidas propuestas, y, como resulta fácil suponer, los objetivos de la propiedad y de la sociedad se pueden modificar en el tiempo. Por eso, no existe un método universal de gestión forestal que se pueda aplicar a todos los montes de España.

Son los técnicos forestales quienes deben diseñar la planificación en cada caso, atendiendo, entre otras cuestiones, las características de cada monte en particular, tal como ejerce un médico su trabajo: no hay una praxis homogénea y universal para todos los pacientes.

The Conversation

Luis Díaz Balteiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los grandes desafíos de la gestión forestal en España – https://theconversation.com/los-grandes-desafios-de-la-gestion-forestal-en-espana-264099

Siete virus que pueden causar cáncer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

Ilustración 3D de células cancerosas Aunt Spray/Shutterstock

Uno de cada cinco cánceres malignos en humanos están directamente vinculados a infecciones microbianas provocadas por bacterias, parásitos y virus. ¿Por qué?, se preguntará. ¿Qué tienen que ver los microbios con el desarrollo de cáncer?

Para empezar, algunas bacterias pueden producir toxinas, enzimas y otras moléculas que alteran las funciones celulares normales, interfieren en el control del ciclo celular y alteran la respuesta inmunitaria del huésped, lo que contribuye a la aparición y progresión del cáncer. Por ejemplo, el 89 % de todos los cánceres gástricos se atribuyen a la infección por la bacteria Helicobacter pylori, y es sabido que la erradicación de esta infección reduce la incidencia del tumor.

En cuanto a los virus, son capaces de insertar su material genético en las células huésped, lo que puede provocar un crecimiento celular descontrolado y causar inflamación crónica que daña el ADN y promueve el desarrollo del cáncer. Es el caso de virus oncogénicos como el del herpes humano 8 (VHH-8), el poliomavirus de células de Merkel (MCPyV), el virus linfotrópico de células T humanas tipo 1 (HTLV-1), el virus de Epstein-Barr (VEB), los virus de la hepatitis B (VHB) y C (VHC) y el virus del papiloma Humano (VPH).

Sarcoma de Kaposi y herpes

El herpes humano 8 (VHH-8) es el principal responsable del sarcoma de Kaposi, que afecta a la piel, los ganglios linfáticos, el revestimiento de la boca, la nariz y la garganta y otros tejidos del cuerpo. La transmisión del HHV-8 a través de la saliva y secreciones genitales parecen ser la ruta principal de infección.

Las personas con un sistema inmunitario comprometido tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades asociadas al VHH-8. Realizar sexo sin protección aumenta las posibilidades de contraer el virus.

Cuando el cambio en la forma o color de un lunar es mala señal

En cuanto al poliomavirus de células de Merkel (MCPyV), se ha relacionado con el carcinoma de células de Merkel, un cáncer de piel poco común y agresivo.

En los últimos años, la incidencia de esta afección ha aumentado significativamente. Las zonas más frecuentes de aparición del tumor primario de carcinoma de células de Merkel son el rostro, la cabeza y el cuello, seguidas de los miembros superiores y los hombros.

Una de las medidas profilácticas más eficaces para prevenir la aparición del carcinoma de células de Merkel consiste en reducir la exposición al sol, evitar las horas de mayor radiación ultravioleta y utilizar protector solar.

La detección temprana es clave para un tratamiento exitoso, por lo que es aconsejable consultar a un médico si se manifiesta algún cambio en el tamaño, forma o color de un lunar o protuberancia.

Un virus que causa leucemias

El virus linfotrópico de células T humanas tipo 1 (HTLV-1) es el primer retrovirus humano descrito y el agente etiológico de la leucemia de células T adultas, una forma muy grave de cáncer. El linfoma/leucemia linfoblástico de células T, que puede ser considerado como un linfoma o un tipo de leucemia linfoblástica aguda, representa el 1 % de todos los linfomas y suele ser más común en adolescentes o adultos jóvenes.

Las personas diagnosticadas con infección por HTLV-1 deben saber que dura toda la vida y que no deben donar sangre, semen ni otros tejidos. La detección obligatoria de anticuerpos contra HTLV-1 para todas las donaciones de sangre ha sido implementada en 23 países.

Cáncer después de la mononucleosis

El virus de Epstein-Barr (VEB) causa mononucleosis infecciosa y está relacionado con varios tipos de cáncer, como el linfoma de Burkitt, el linfoma de Hodgkin y el carcinoma nasofaríngeo, entre otros. A pesar de que la mayoría de la población está infectada por el virus de Epstein-Barr (VEB), solo una pequeña fracción desarrolla tumores relacionados con él. Esto sugiere que se requieren factores adicionales para el desarrollo del cáncer.

Investigaciones recientes indican que la exposición a agentes como el tabaco, los contaminantes, los químicos en alimentos y los pesticidas, podrían estar involucrados en estos cánceres asociados al VEB.

De hepatitis a cáncer de hígado

Los virus de las hepatitis B (VHB) y C (VHC) causan hepatitis crónica, una inflamación del hígado que puede derivar en cirrosis y, eventualmente, en cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular).

La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) es el factor de riesgo más destacado para desarrollar carcinoma hepatocelular: origina el 50 % de los casos. La vacunación contra el VHB y el tratamiento de la hepatitis C son cruciales para prevenir este tipo de cáncer.

Los cálculos estiman que la vacuna contra la hepatitis B prevendrá 38 millones de muertes a lo largo de la vida de personas nacidas entre los años 2000 y 2030 en 98 países de ingresos bajos y medianos.

Si tiene hepatitis B, es crucial llevar un estilo de vida saludable para evitar que la enfermedad empeore. Esto incluye evitar el alcohol y las drogas, descansar lo suficiente, comer una dieta equilibrada rica en frutas y verduras, y hacer ejercicio regularmente.

Además, es importante someterse a chequeos médicos periódicos para vigilar el virus y la salud del hígado, seguir las indicaciones de los especialistas y consultar al médico antes de tomar cualquier medicamento de venta libre.

El virus del papiloma humano provoca el 5 % de los cánceres

El virus del papiloma humano (VPH) está asociado a casi todos los casos de cáncer de cuello uterino. También es responsable de la mayoría de los cánceres de ano, pene, vulva, vagina y una gran proporción de los cánceres de boca y garganta. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 5 % de los cánceres están provocados por infecciones del virus del papiloma humano.

La vacunación contra el VPH es una de las estrategias de prevención más importantes y efectivas para reducir la incidencia de varios tipos de cánceres y verrugas genitales. Por ejemplo, numerosos estudios han demostrado que esta inmunización tiene una eficacia de hasta el 95 % en la prevención de lesiones precancerosas del cuello uterino relacionadas con diversos tipos de VPH. La pauta de vacunación a partir de los 12 años es de 2 dosis con una separación de al menos 5-6 meses.

Por suerte, investigadores de Mass General Brigham (EE. UU.) han desarrollado HPV-DeepSeek, un análisis de sangre innovador y experimental que utiliza inteligencia artificial y secuenciación del genoma completo del VPH para detectar el cáncer de cabeza y cuello asociado al VPH hasta diez años antes de que aparezcan los síntomas. Esta prueba, aún en fase experimental, promete mejorar el pronóstico de los pacientes al permitir un tratamiento más temprano y menos intrusivo.

Comprender el papel, la forma de transmisión y el modo de acción de los virus cancerígenos es fundamental para establecer medidas de prevención que disminuyan el impacto social, económico y sanitario que causan estos agentes patógenos.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Siete virus que pueden causar cáncer – https://theconversation.com/siete-virus-que-pueden-causar-cancer-265207

La selección: ‘The September Issue’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Xeniia X/Shutterstock

No sé si ustedes lo han hecho en alguna ocasión, lo de acabar el verano rodeados de un verdadero zafarrancho de revistas de moda, en un momento en el que pasan de ser publicaciones normales a convertirse en enciclopedias de las colecciones de otoño e invierno. Yo sí, y desde luego no soy la única.

Que el primer mes de otoño es crucial para la industria textil lo demuestra el documental The September Issue, que relata la edición del número de Vogue más importante del año. Y no es porque todo el planeta se ponga a comprar las prendas que salen en las revistas –solo hay una minoría que se lo puede permitir–. La verdadera razón es que las tiendas asequibles que renuevan temporada beben de las tendencias que han marcado anteriormente quienes desfilan en las grandes pasarelas. Ya lo decía El diablo viste de Prada, que si Óscar de la Renta decide desfilar con ropa azul cerúleo, los grandes almacenes acabarán ofreciéndonos jerséis de ese color. El público compra Vogue para acabar yendo a Zara a adquirir algo parecido a lo que ha visto en sus páginas.

Porque no hace falta que Meryl Streep nos aleccione vestida de punta en blanco –aunque siempre es bienvenida– para que sepamos que la moda, esencial para definirnos en sociedad, es una industria multimillonaria. Que se lo digan al bolso Birkin por el que se han pagado recientemente ocho millones y medio de euros. No, ya sabemos que es un mundo que mueve millones. Precisamente por su poder de convocatoria es tan lamentable que la maquinaria textil siga siendo sexista desde la infancia.

Pero fijémonos en lo que sí conseguimos a través de la ropa. Porque a pesar de que, efectivamente, lo que vestimos no es una elección completamente libre, dentro del margen que tenemos utilizamos lo que llevamos para mostrar quiénes somos. Las camisetas con mensajes reivindicativos no se han hecho populares solo porque sí, sino porque nos dicen quién las lleva puestas.

Además, desde la prehistoria también queda patente que no solo la practicidad o la identidad influyen en las prendas y accesorios que utilizamos. Somos, después de todo, esclavos de la belleza. Y queremos algo que, además de fácil de poner y cómodo de llevar, nos quede bien. La moda es una capa que empleamos para vernos, entre otras cosas, mejor.

Por eso las lágrimas de respuesta a la noticia del fallecimiento del diseñador italiano Giorgio Armani la semana pasada no eran por su talento como hombre de negocios –aunque lo poseía–. Los lamentos hacían referencia a la desaparición de su pericia artística, de su forma de crear prendas elegantes, atemporales y bonitas y del impacto que su obra había tenido en todo el mundo.

Que sí, que se llevan ahora las camisetas de equipos de fútbol y bienvenida sea la moda que sea si hace feliz a quien la lleva.

Pero yo, si alguna vez pudiese llevar un diseño de alta costura, querría vestir un Armani. Aunque, ya puestos, tampoco me importaría llevar un Balenciaga.

The Conversation

ref. La selección: ‘The September Issue’ – https://theconversation.com/la-seleccion-the-september-issue-264925

La violenta explosión de rayos gamma que nadie puede explicar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar del Barco Novillo, Profesor asociado. Departamento de Física (área de Óptica)., Universidad de Murcia

Recreación artística de un estallido de rayos gamma (GRB en inglés) como resultado de la explosión de una estrella masiva moribunda. Créditos: NASA/Swift/Cruz deWilde NASA, CC BY

Ningún escenario conocido es capaz de explicar de forma satisfactoria la violenta explosión de rayos gamma detectada recientemente fuera de nuestra galaxia. Su verdadera naturaleza sigue siendo un misterio.

Los estallidos de rayos gamma (GRBs por sus siglas en inglés, Gamma Ray Bursts) ocupan el primer puesto de entre los eventos más energéticos del universo.

Durante unos segundos, el cielo se ilumina repentinamente en la luz más energética del espectro electromagnético, los rayos gamma, capaces de dañar los tejidos humanos y el ADN. Afortunadamente para la vida en la Tierra, estas explosiones tan violentas ocurren en galaxias muy distantes de la nuestra.

Alerta ante un estallido totalmente desconocido

El 2 de julio de 2025, el telescopio espacial de rayos gamma Fermi de la NASA alertó sobre un estallido que se repitió varias veces en el transcurso del día y que resultó ser totalmente desconocido hasta la fecha. Dada la magnitud del hallazgo hasta cuatro observatorios diferentes, incluido el Hubble, participaron en el estudio del recién bautizado GRB 250702B. Los resultados han sido publicados en la prestigiosa revista The Astrophysical Journal.

Además, se consiguió localizar la fuente de esta potente radiación en una galaxia alejada de la Vía Láctea.

El estallido de rayos gamma GRB 250702B a cámara rápida. Esta secuencia de imágenes muestra la evolución durante varios días de este inusual y energético evento. Créditos: ESO/A. Levan, A. Martin-Carrillo et al.

Pero ¿qué características generales tienen estos verdaderos cataclismos cósmicos, tan impredecibles para los astrónomos que observan el universo en su luz más energética?

Provienen de cualquier dirección del cosmos

Los GRBs no están localizados en una región determinada del universo y pueden ocurrir en cualquier dirección e instante. Al no poder predecir cuando y donde tendrá lugar el siguiente estallido, telescopios espaciales en activo como el Fermi de la NASA, y otros en diseño como el e-ASTROGRAM de la Agencia Europea, monitorizan constantemente el cosmos en busca de estos eventos tan energéticos.

De hecho, científicos del Laboratorio Nacional de los Álamos en EEUU estaban estudiando los datos recogidos el 2 de julio de 1967 por satélites norteamericanos especializados en rayos gamma (buscando una posible explosión nuclear soviética en el espacio) cuando encontraron algo que no encajaba. Los gráficos indicaban un pico de intensidad, una bajada drástica, otro pico de menor intensidad y una bajada final mucho más suave, hasta desvanecerse completamente. Y todo esto en unos pocos segundos.

Había sido descubierto el primer estallido de rayos gamma en el espacio, sin relación alguna con actividad humana, exactamente 58 años antes que el insólito GRB 250702B que ahora causa desconcierto entre los científicos.

Desde entonces, miles de GRBs han sido detectados por observatorios espaciales en todas las direcciones del cosmos, siendo el experimento BATSE de la NASA pionero en esta búsqueda de brotes repentinos de rayos gamma.

Localización en el cosmos de cada uno de los 2704 GRBs detectados hasta el año 2000 por el experimento BATSE durante su misión de 9 años. El plano de la Vía Láctea está dirigido sobre el eje horizontal y cada estallido se representa con una tonalidad característica: los largos e intensos coloreados en rojo, y los cortos y más débiles, en violeta. Créditos: NASA/MSFC.
NASA, CC BY

Liberan en pocos segundos una ingente cantidad de energía

Estamos hablando de los sucesos más energéticos del universo.

Para hacernos una idea de su magnitud, el estallido de rayos gamma más brillante hasta la fecha, denominado GRB 221009A, liberó durante sus 290 segundos de duración 1 000 veces más energía que el Sol en los últimos 4 500 millones de años.

Así, en los instantes iniciales, los GRBs emiten una gran cantidad de energía en el rango de los rayos gamma, la radiación más energética del espectro electromagnético. Posteriormente, la intensidad del estallido se va atenuando en otras longitudes de onda pasando progresivamente por rayos X, luz ultravioleta, luz visible, infrarrojo y ondas de radio.

Espectro electromagnético
Espectro electromagnético abarcando desde la radiación más energética (rayos gamma, menor longitud de onda) hasta las ondas de radio. Créditos: NASA.
NASA, CC BY

Esta parte final del estallido o posluminiscencia –afterglow, en inglés– puede durar hasta meses y es causada por la interacción del haz altamente energético con el gas interestelar circundante. Los afterglows ponen de manifiesto el origen extragaláctico de los GRBs, aunque se han identificado explosiones de rayos gamma sin este tramo final de intensidad decreciente.

No hay dos estallidos de rayos gamma idénticos

A partir de los datos recogidos por los observatorios astronómicos, los investigadores son capaces de estudiar los GRBs mediante unos gráficos característicos denominados ‘curvas de luz’. En ellos se representan la energía del estallido (eje vertical) en función del tiempo (eje horizontal).

No hay dos estallidos iguales, como se puede apreciar en esta sucesión de curvas de luz. Algunos son de corta duración, otros más largos, algunos débiles, otros más intensos, unos tienen más picos de intensidad, otros no presentan ninguno, cada uno diferente del otro.

Curvas de luz de GRBs.
Curvas de luz asociadas a una docena de GRBs registrados por observatorios astronómicos. No hay dos estallidos de rayos gamma iguales. Créditos: J.T. Bonnell (NASA/GSFC).
NASA, CC BY

Asociados a los eventos más catastróficos del universo

Es difícil conocer con detalle las causas de estas explosiones tan violentas, principalmente debido a la enorme distancia que nos separa. Sin embargo, dependiendo de la duración del GRB, existen diferentes explicaciones bastantes aceptadas en la actualidad.

Mientras que los de larga duración (mayores de 2 segundos) estarían asociados a los instantes finales de una estrella masiva moribunda o supernovas, los de menor duración o short-GRBs tendrían su origen en la fusión de dos objetos compactos como dos estrellas de neutrones o un agujero negro y una estrella de neutrones.

En este sentido, una hipotética interacción entre un agujero negro primordial de tamaño atómico y una estrella de neutrones generaría un GRB único de muy corta duración y sin posluminiscencia, según una publicación propia al respecto.

Entonces, ¿qué tiene de inédito el recién descubierto estallido de rayos gamma?

Lo excepcional de GRB 250702B

En un principio, el observatorio de rayos gamma Fermi dio la voz de alarma el 2 de julio de 2025, para posteriormente incorporarse al estudio de este peculiar evento la sonda de rayos X Einstein de la Academia de Ciencias China y la Agencia Espacial Europea (ESA).

Después de estas primeras observaciones, el equipo investigador de la ESA utilizó el conjunto del Telescopio Muy Grande (Very Large Telescope, VLT) en Chile, en colaboración con el telescopio espacial Hubble, para localizar la posición exacta de GRB 250702B y monitorear durante varios días su afterglow.

Evolución temporal del GRB 250702B
Evolución del estallido de rayos gamma GRB 250702B desde el 3 hasta el 15 de julio de 2025. Las capturas fueron tomadas por el Very Large Telescope en Chile (VLT, en amarillo) y el telescopio espacial Hubble (HST, en azul). Créditos: ESO/A. Levan, A. Martin-Carrillo et al./NASA/ESA.
ESA, CC BY

Lo realmente sorprendente de este fenómeno fue la detección de varios estallidos de rayos gamma en el transcurso de un día, algo que jamás se había observado antes en ningún GRB. Es decir, su duración fue excepcionalmente larga y la curva de luz asociada no tiene una explicación clara por parte de los investigadores.

Curva de luz del estallido de rayos gamma GRB 250702B
Curva de luz del estallido de rayos gamma GRB 250702B. En tres tonalidades distintas, los tres picos de intensidad detectados en un intervalo temporal de más de tres horas, algo totalmente inusual en GRBs de larga duración. Créditos: arxiv.org/pdf/2507.14286.
arxiv.org, CC BY

Las posibles causas de este inusual evento

En vista de lo anterior, el origen de GRB 250702B es totalmente desconocido.

Aunque se han propuesto dos escenarios distintos para explicar su larga duración y periodicidad, tales como un nuevo tipo de colapso de una estrella masiva moribunda o el resultado del desgarro de una estrella por un agujero negro (fenómeno de disrupción de marea, TDE en inglés), ninguno de ellos puede proporcionar una explicación completa del mismo.

En palabras de Antonio Martín-Carrillo, coautor del estudio y astrónomo del University College Dublin (Irlanda), para explicar las propiedades de esta explosión se requeriría que una estrella inusual fuera destruida por un agujero negro aún más inusual, probablemente uno de masa intermedia.

¿Quiere ésto decir que el hallazgo de GRB 250702B implicaría la existencia de nuevas especies de estrellas y agujeros negros? No es posible afirmar con rotundidad lo anterior. Lo que sí está claro es que el origen del insólito GRB 250702B permanece aún incierto casi seis décadas después de que la humanidad empezara a estudiar el universo en su rango más energético.

The Conversation

Óscar del Barco Novillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La violenta explosión de rayos gamma que nadie puede explicar – https://theconversation.com/la-violenta-explosion-de-rayos-gamma-que-nadie-puede-explicar-265010

Andersen en Cádiz: entre el asombro y la decepción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Yolanda Romero-Vallejo, Investigadora Predoctoral FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Cádiz

Vista de Cádiz desde la torre Tavira captada por Juan Laurent en el siglo XIX. Wikimedia Commons

Cuando el escritor Hans Christian Andersen llegó a Cádiz en noviembre de 1862, lo hizo con una maleta cargada de ilusiones y con el convencimiento de que, por fin, conocería el país de sus sueños. Durante décadas, España había sido para él un territorio mítico, escenario de lecturas románticas y recuerdos de infancia.

Portada del libro Viaje por España.

Alianza Editorial

Pero la realidad no siempre se parece a la fantasía. Tras pasear por las calles blancas y soleadas de la ciudad, el autor de La sirenita y El patito feo dejó escrito en su Viaje por España que “Cádiz no iba a agradarnos”. Un comentario breve, casi seco, que encierra toda una decepción: la distancia entre la Andalucía romántica de los libros y una ciudad portuaria elegante, sí, pero a sus ojos bastante anodina.

España, el destino soñado de los románticos

A mediados del siglo XIX, España era el gran destino exótico para viajeros europeos. Las ruinas de Al-Ándalus, las leyendas moriscas, la cercanía de Gibraltar y el atractivo de gitanos y bandoleros alimentaban el imaginario romántico. Andalucía, en particular, combinaba misterio, monumentalidad y un aire orientalista irresistible.

Por ella pasaron figuras de renombre que contribuyeron a fijar una Andalucía literaria, mezcla de realidad y fantasía. Entre ellos, el poeta británico Lord Byron, los escritores galos Théophile Gautier –con su Viaje por España (1840)–, Prosper Mérimée y Alejandro Dumas –con De París a Cádiz (1847)–, el autor estadounidense Washington Irving y sus Cuentos de la Alhambra, y el artista francés Gustave Doré, que ilustró su propio periplo por el país.

Andersen y su obsesión con España

El caso de Andersen fue especial. De niño convivió en su ciudad natal, Odense, con soldados españoles que habían luchado contra Napoleón. Aquellos hombres valientes de carácter bondadoso le dejaron un recuerdo imborrable: uno de ellos llegó a regalarle una medalla de plata. Décadas después, Andersen confesaba que ese momento marcó su infancia y de ahí nació su famoso cuento titulado El soldadito de plomo.

Esa huella se mezcló con años de lecturas románticas hasta convertir a España en su gran obsesión. Antes de poner un pie en la península ya había escrito sobre ella, con más entusiasmo que rigor. No pudo cumplir su sueño hasta 1862, cuando, a los 58 años y tras haber publicado cuentos tan célebres como La sirenita, El traje nuevo del emperador o La reina de las nieves, se lanzó a recorrer el país.

Un viaje lleno de desencantos

Fotografía virada a sepia de un hombre con abrigo, chistera y bastón.
Fotografía de Hans Christian Andersen hecha por Theodor Collin en 1862.
Wikimedia Commons

El itinerario de Andersen siguió la estela de tantos viajeros románticos. En Barcelona se entusiasmó con la vitalidad de los cafés, “más lujosos que los parisinos”. En Málaga declaró que le gustaría ser enterrado allí, si fallecía durante el viaje. En Granada pasó tres semanas, fascinado por la Alhambra pero sumido en una extraña melancolía.

Sevilla le pareció encantadora por su aire de “ciudad mora” y la belleza de sus mujeres. Madrid, en cambio, le resultó indigna como capital, y Toledo lo recibió en pleno invierno con un frío que lo empujó al desánimo. Tras recorrer San Sebastián, cerró un viaje que no cumplió las expectativas de toda una vida.

Cádiz: limpia, blanca… y aburrida

El 11 de noviembre de 1862, Andersen llegó a Cádiz desde Tánger y se alojó en La Fonda de París, hoy Hotel Las Cortes, que conserva una placa en su memoria. Se encontró con una ciudad con fachadas relucientes, banderas ondeando en los balcones y el bullicio del puerto. La Alameda, con sus palmeras y vistas al mar, le pareció hermosa.

Sin embargo, su entusiasmo se desinfló pronto. Se quejó de la ausencia de museos o ruinas que alimentaran su imaginación romántica. Tampoco le inspiraron los alrededores: describió los llanos interminables de salinas y las pirámides de sal que se alzaban sobre la costa como un paisaje monótono, sin el dramatismo montañoso que tanto entusiasmaba a los viajeros románticos en otros puntos de Andalucía. Cádiz, concluyó, parecía más una ciudad de comerciantes que un escenario de aventuras. Comparó la ciudad con una urbe “vestida de domingo, ¡pero aburrida, Dios mío!”. Y concluyó, con cierta ironía: “Bueno, no pienso tan mal de Cádiz como he dicho”.

No todo fueron críticas. Andersen disfrutó del casino, elegante y lleno de prensa extranjera, y anotó la vitalidad de las mujeres gaditanas. Pero sentenció que “el forastero no la ve” como materia de novela.

Fotografía de un paseo arbolado al lado del malecón.
La Alameda de Cádiz, en una fotografía hecha por Juan Laurent en el siglo XIX.
Wikimedia Commons

Un hombre triste en la tierra de la alegría

Hoy, de aquel paso breve por Cádiz quedan algunos ecos: el recuerdo en el Hotel Las Cortes, un concurso literario que lo homenajea y, sobre todo, las páginas de su Viaje por España. Allí se percibe a un Andersen que, pese a ser uno de los grandes renovadores de la literatura infantil y juvenil, fue incapaz de encontrar inspiración en la ciudad blanca del mar abierto.

En Cádiz, Andersen confesó con desencanto: “España, hasta el momento, no me había inspirado un solo cuento”. Quizá el contraste entre sus expectativas románticas y la realidad cotidiana de una ciudad mercantil explique esa decepción. O quizá, como él mismo escribió, “la culpa fuese mía, o puede que de la ciudad en sí”.

Sea como fuere, el breve paso de Andersen por Cádiz nos recuerda algo esencial: los lugares que habitan en la imaginación rara vez coinciden con los que encontramos al recorrer sus calles. Y a veces, incluso los grandes cuentistas descubren que no siempre hay un relato que contar.

The Conversation

Yolanda Romero-Vallejo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Andersen en Cádiz: entre el asombro y la decepción – https://theconversation.com/andersen-en-cadiz-entre-el-asombro-y-la-decepcion-264316

Psicogeografía: los mapas de nuestras emociones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Ferrás Sexto, Catedrático de Geografía Humana, Universidade de Santiago de Compostela

Mapa de una vista aérea de la ciudad de Nueva York con determinados lugares destacados. Rawpixel.com/Shutterstock

¿Alguna vez ha cartografiado mentalmente las calles que hay entre su hogar y su trabajo, haciendo énfasis en estos dos lugares sin visualizar todo lo que existe en medio? ¿O entre su piso y su cafetería favorita? Parece que, en nuestra cabeza, entre las localizaciones que nos interesan no existe la distancia… o al menos no tanta como realmente hay.

Las personas tendemos a representar el espacio de forma topológica, es decir, buscando cómo se organizan y se relacionan los lugares que conocemos y habitamos. Llamamos mapas mentales (o mapas psicogeográficos) a esas representaciones gráficas subjetivas del espacio vivido, que permiten una interpretación libre del paisaje en relación con las emociones.

Cómo nos vemos en el espacio

Ejemplo de mapa psicogeográfico dibujado por una chica de 12 años.
Ejemplo de mapa psicogeográfico dibujado por una chica de 12 años.
‘Mapas Divertidos. Achegando a Xeografía aos máis novos’, proyecto de I+D+i financiado por el Consello Social de la Universidad de Santiago de Compostela.

Estos mapas son resultado de nuestra percepción subjetiva del espacio vital en el que se insertan.

Por ejemplo, podemos hacer un mapa de los lugares en los que hemos quedado con nuestros amigos de la universidad, o un mapa del barrio con los lugares que visitamos rutinariamente. Sobre ellos identificaremos sentimientos y percepciones más o menos positivas o negativas: lugares agradables y desagradables, relajados o estresantes, seguros o inseguros, lugares del miedo, alegres o tristes…

También hacen posible observar el pensamiento espacial de las personas. Gracias a los mapas sabemos cómo nos orientamos, cómo estructuramos el espacio y cómo identificamos hitos, bordes, barrios, sendas y nodos, al representar gráficamente el entorno en el que nos desplazamos, vivimos y nos desarrollamos habitualmente. Se consideran recursos cognitivos útiles en la geografía de la percepción.

El nivel de madurez cognitiva de la persona, junto con su capacidad de pensamiento abstracto espacial, determinan su habilidad para crear una composición cartográfica estructurada, más o menos compleja en detalles, independientemente de su calidad cartesiana. Asimismo nos ayudan a analizar cómo cada uno percibe el espacio vital, y qué hábitos, valores, creencias y sentimientos tiene.

Además, permiten reconocer los “fondos de conocimiento”, es decir, todo lo que sabemos y aprendemos –cultural, institucional, social y geográficamente– a lo largo de la vida.

Conocer los movimientos para conocer a la persona

Debido a esta relación entre los espacios y la mente, se han comenzado a formular subdisciplinas geográficas como la geografía de las emociones, la psicogeografía o la geografía psicoanalítica.

En ellas, se estudian los estados de ánimo de enfermos crónicos o de grupos sociales, buscando la interrelación entre las emociones y el comportamiento humano y de estos con los lugares, el hábitat y el ambiente social, cultural y económico. Se puede constatar, por ejemplo, cómo la prevalencia de la depresión desciende a medida que aumenta la movilidad espacial de las personas y se multiplican las interacciones sociales, las experiencias y las percepciones de los lugares.

Portada de Guía psicogeográfica de París, de Guy Debord.
Guía psicogeográfica de París. Discurso sobre las pasiones del amor, de Guy Debord.
MACBA

La tecnología, de hecho, ofrece nuevas posibilidades en el estudio de este campo. Los datos georreferenciados a través de las comunicaciones móviles, las ubicaciones compartidas en internet o las operaciones de pago digital dan información sobre la vida cotidiana de las personas. Eso permite elaborar mapas de estados de ánimo personalizados que localizan lugares de mayor o menor estrés en la vida diaria. Se cartografían así las emociones de los lugares a los que accedemos físicamente o a través de internet, y también de nuestros sentimientos y experiencias.

Con estos mapas se pueden ofrecer terapias psicológicas que inciden en el análisis de los lugares cotidianos de la persona, atendiendo a la salud mental como una prioridad en la sociedad actual. Por ejemplo, en el caso de trastornos de ansiedad podemos identificar los lugares tóxicos, los lugares del miedo, y analizar los factores desencadenantes en esos lugares en esos momentos.

El censo como herramienta para el cuidado

También se pueden realizar investigaciones transdisciplinares entre geógrafos, psicoterapeutas e ingenieros informáticos.

Veamos como ejemplo el caso de Estados Unidos. Existe aquí el precedente de los denominados “Mapas de la Desesperación”, elaborados a partir de una encuesta telefónica sobre el estado de ánimo a más de 2,4 millones de personas. El objetivo era evaluar la salud mental a nivel territorial y obtener información para planificar y organizar los servicios de salud, tratando de orientar los recursos hacia aquellos lugares donde fuesen más necesarios.

Además de esa evaluación, con una combinación de datos podríamos producir informes psicogeográficos que fuesen más allá. ¿Cómo lo haríamos? A partir del censo. En EE. UU., para recoger datos demográficos en los centros de población, la unidad de medida más pequeña que utilizan es la sección censal. Por tanto, si analizásemos sus secciones censales, podríamos combinar los datos estadísticos con el entorno de las personas y su comportamiento y ser más precisos.


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En Europa también existen desafíos que puede abordar la investigación psicogeográfica. Por ejemplo, analizar las conexiones entre trastornos como la ansiedad o la depresión y su relación con el hogar de los afectados. Se mirarían indicadores estadísticos como la densidad residencial, la superficie disponible por vivienda, los espacios verdes, los equipamientos culturales, el desempleo, el consumo de medicamentos, el envejecimiento, la violencia contra la mujer, etc.

De hecho, en España los datos censales a nivel inframunicipal podrían ser objeto de comparación con las secciones censales de los Estados Unidos. Así, en investigaciones futuras podríamos llegar a identificar las áreas de especial incidencia para seleccionar comunidades objeto de investigación experimental. El próximo desafío sería establecer terapias psicosociales comunitarias en espacios vulnerables que se basasen en los datos psicogeográficos obtenidos.

Así, nuestra capacidad para dibujar el espacio que ocupamos podría ofrecernos ayuda a la hora de gestionar cómo sentirnos al habitarlo.

The Conversation

Carlos Ferrás Sexto no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Psicogeografía: los mapas de nuestras emociones – https://theconversation.com/psicogeografia-los-mapas-de-nuestras-emociones-255650

Vacunas para peces: ¿riesgo en el plato o salvavidas del mar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

Pargos rojos a la venta en un mercado de Chennai (India). ManojMk Brucelee/Pexels, CC BY

Durante años, la conversación en torno a las vacunas ha estado marcada por episodios de desinformación que han causado daño real. Por eso, no sorprende que, al hablar de vacunas aplicadas en contextos menos conocidos, como la acuicultura, surjan dudas parecidas. ¿Es necesario vacunar a los peces que criamos para alimentarnos? ¿Puede eso afectar la seguridad del pescado que consumimos?

Una alternativa a los antibióticos

La acuicultura es hoy una de las principales fuentes de alimento para la población mundial. Su crecimiento ha permitido garantizar proteína de calidad a precios asequibles, pero no sin riesgos sanitarios. En los entornos de cultivo acuático, las enfermedades infecciosas tienen un impacto considerable. Virus, bacterias y parásitos se propagan con rapidez entre animales mantenidos en sistemas intensivos: provoca pérdidas que se estiman en más de 10 000 millones de dólares al año y afecta a cerca del 10 % de la producción global.

Durante mucho tiempo, la respuesta habitual fue recurrir a antibióticos. El problema es que su uso intensivo y, en ocasiones, poco regulado ha traído consecuencias indeseadas. No solo ha favorecido la aparición de bacterias resistentes, sino que ha generado residuos en los productos, ha alterado los ecosistemas acuáticos y ha encendido alarmas en salud pública. Por ello, en muchos países, especialmente aquellos con acuicultura tecnificada como Noruega, se ha apostado por otro camino: la vacunación.

Vacunación por inmersión

Las vacunas aplicadas a peces funcionan de forma similar a las utilizadas en humanos. Su objetivo es preparar al sistema inmunológico para responder eficazmente ante un patógeno, sin que el animal llegue a enfermar. Algunas utilizan microorganismos muertos que no pueden causar infección. Otras recurren a versiones debilitadas de los agentes patógenos que inducen una defensa sólida.

También se emplean vacunas que solo incorporan partes del agente infeccioso, como proteínas específicas, y otras más recientes utilizan secuencias de ADN o ARN que instruyen al propio organismo del pez para producir una proteína y entrenar así sus defensas.

A diferencia de las vacunas humanas, que se administran mayoritariamente por inyección, en peces existen métodos adicionales. Algunas se aplican por inmersión, sumergiendo al animal en una solución durante unos minutos. Otras se integran directamente en el alimento, lo que permite vacunar a grandes cantidades de animales sin necesidad de manipulación individual ni generación de estrés.

¿Y si luego nos comemos?

Una de las preguntas más frecuentes es si todo esto tiene alguna implicación para quienes comen pescado. La respuesta es clara: no. Las vacunas utilizadas en acuicultura no dejan residuos nocivos, no permanecen activas en la carne del pez, no contienen microorganismos viables capaces de infectar a seres humanos y son diseñadas específicamente para estimular el sistema inmunitario del pez, no el nuestro.

Además, antes de llegar al mercado, cada vacuna debe pasar por procesos de aprobación que incluyen rigurosos ensayos de seguridad, eficacia y control de residuos. Existen incluso periodos de espera entre la última vacunación y la cosecha que aseguran que el producto final sea completamente seguro para el consumo.

Al igual que ocurre con otros animales destinados al consumo humano, como pollos, cerdos o vacas, la vacunación es una práctica habitual para prevenir enfermedades y garantizar la seguridad alimentaria. En este sentido, los peces vacunados no son una excepción, sino parte de un enfoque coherente para proteger la salud pública desde la producción primaria.

Desde el punto de vista sanitario, vacunar peces es una medida que beneficia a todos. Disminuye de forma considerable el uso de antibióticos, lo que ayuda a frenar la amenaza global de la resistencia antimicrobiana. También mejora el bienestar animal, ya que los peces enferman menos, crecen mejor y viven en condiciones más estables.

Retos presentes

Aunque la tecnología ha avanzado mucho, todavía existen áreas por desarrollar. No todas las especies de cultivo cuentan con vacunas eficaces, y algunas enfermedades, en especial las parasitarias, siguen sin una solución preventiva clara.

También se estudian nuevas formas de administración, como las vacunas producidas en plantas comestibles que podrían mezclarse directamente con el alimento. Estas alternativas no solo facilitarían la inmunización masiva, sino que reducirían aún más los costes y el impacto ambiental.

Vacunar peces no es un capricho biotecnológico ni una estrategia de laboratorio desconectada de la realidad. Es una herramienta concreta, basada en décadas de ciencia, que permite mantener la producción de pescado en condiciones sanas, seguras y sostenibles.

Quien hoy coma pescado procedente de sistemas de cultivo puede tener la certeza de que ese alimento ha sido producido bajo normas sanitarias estrictas, que ha pasado controles y que, si ha sido vacunado, está mejor protegido frente a enfermedades y no representa ningún riesgo para quien lo consume. Muy al contrario: los beneficios son múltiples. Para los peces, para los productores, para el medioambiente y para todos nosotros.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Vacunas para peces: ¿riesgo en el plato o salvavidas del mar? – https://theconversation.com/vacunas-para-peces-riesgo-en-el-plato-o-salvavidas-del-mar-263098

Así ayudamos a los maestros a detectar precozmente problemas de adquisición del lenguaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolón Poza, Doctoranda en Ingeniería de Sistemas y Servicios para la Sociedad de la Información (DISSSI) y Profesora Ayudante en Ingeniería Telemática, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Fh Photo/Shutterstock

Casi todos los padres recuerdan, por muchos años que hayan pasado, aquel momento en el que su bebé pronunció sus primeras palabras. La adquisición del lenguaje es uno de los hitos más importantes de nuestras vidas: abre las puertas al aprendizaje, la socialización y la imaginación. Pero también es uno de los más variables, ya que en los primeros cuatro años cada niño avanza a su propio ritmo.

Algunos signos de un posible atraso en su desarrollo lingüístico pueden ser una mayor lentitud en el proceso sin consecuencias o algo más serio. A partir de los cuatro años se puede determinar con seguridad si se trata de un retraso coyuntural o si es un trastorno del neurodesarrollo. Y para ello, se requiere una evaluación en profundidad del lenguaje (semántica, pragmática, fonología y morfosintaxis) por un experto clínico.

Un desarrollo del lenguaje atípico

El trastorno del desarrollo del lenguaje (TDL o TEL) es uno de los trastornos que tiene origen en la infancia y persiste en la edad adulta, lo que llamamos “trastornos del neurodesarrollo”. Es el tercero más frecuente, después del déficit de atención e hiperactividad y del autismo.

Los últimos estudios estiman una prevalencia del 7,58 % en niños de entre 4 y 5 años.

Dicho de otra forma, en una clase de preescolar de 30 niños, aproximadamente dos de ellos pueden presentar manifestaciones de este trastorno. En total, alrededor del 10 % de los niños en edad preescolar tienen dificultades en la adquisición del lenguaje, y entre un 5 % y un 7 % reciben finalmente el diagnóstico de TDL a partir de los 4 años.

¿Cómo afecta este trastorno?

Los niños con este trastorno suelen tener un vocabulario más limitado del esperado para su edad, utilizan frases más cortas y presentan alteraciones al narrar historias, entre otras dificultades. Pero no afecta únicamente al habla: también puede influir en procesos cognitivos y socioculturales.

Como señalábamos, a los 4 años, las diferencias individuales en el desarrollo de las habilidades comunicativas ya se han estabilizado y es el momento de diagnosticar. Pero es posible detectar señales de alerta antes, y es en lo que nuestro equipo de investigadores hemos estado trabajando.

Las dificultades de diagnóstico e intervención

Este trastorno se detecta principalmente por profesionales clínicos que cuentan con la formación, la experiencia y las herramientas necesarias para evaluar a los niños. En el caso de España, cada comunidad cuenta con asociaciones que dan soporte a las familias que tienen niños con sospecha de TDL, como ATELMA en Madrid.

En los centros públicos de infantil y primaria existen las figuras de maestro especialista en audición y lenguaje y maestro de pedagogía terapéutica que trabajan en coordinación con expertos de la sanidad pública, como los equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica de Atención Temprana.

El acceso a estos profesionales a veces es limitado. En muchos colegios las horas de apoyo de maestro de audición y lenguaje son escasas y tienen que rentabilizar su tiempo agrupando a sus alumnos según sus dificultades y nivel. Con la incorporación de las nuevas tecnologías, se abre la puerta a dar apoyo en los procesos de detección en entornos como las escuelas infantiles.

Detectar el TDL en la escuela infantil

En la escuela infantil, las dificultades de los niños con este trastorno se observan pronto: tienden a buscar a adultos en vez de a otros niños y pueden ser más solitarios (no atreviéndose a participar en el juego con sus compañeros) o, por el contrario, incluirse sin pedir permiso para jugar (es decir, ser más impulsivos).

En los últimos años, se han diseñado aplicaciones que ayudan al desarrollo del lenguaje en esta etapa infantil y que además pueden servir a los maestros para detectar posibles problemas. Entre estas herramientas se encuentra Gades, una plataforma web que hemos desarrollado para apoyar a los maestros en sus observaciones. Las evaluaciones consisten en cuestionarios breves, de no más de 6 preguntas, que deben responder los maestros periódicamente para seguir la evolución.




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Lo más interesante es que para poder responder a estas cuestiones no es necesario que estimulen ni interrumpan las rutinas de los niños. Se deben basar en la observación directa. Algunas preguntas, dependiendo de las edades, pueden ser: ¿Dice “mamá” o “papá”? ¿Juega con otros niños? ¿Sabe identificar colores? ¿Busca un objeto con la mirada?

El resultado final de estas evaluaciones funciona como un semáforo del lenguaje. En verde, todo va bien. En ámbar, se debe repetir la evaluación en los próximos meses. En rojo, se debe consultar para una evaluación más exhaustiva con el orientador asignado al centro.

Un 20 % de ‘semáforos rojos’

En un estudio reciente realizado en Madrid con 218 niños de entre 6 y 36 meses, Gades mostró que casi el 20 % presentaba dificultades en el desarrollo del lenguaje. La mayoría de los casos sospechosos aparecen entre los dos y tres años.

¿Desarrollarán todos estos niños un trastorno? No necesariamente: Gades es una herramienta de cribado, y no de diagnóstico, especialmente sensible, por lo que es lógico que identifique a más niños en riesgo de los que luego confirmen ese diagnóstico. Por esta razón, para establecer un diagnóstico definitivo es imprescindible una evaluación completa en los centros de atención temprana.

Evaluar sin incomodar

La herramienta también ha demostrado ser un gran apoyo para los maestros, incluso para aquellos que no están especializados en trastornos del lenguaje. Nos han contado que no les quita demasiado tiempo, y que es muy sencilla de usar. Es gratuita y únicamente requiere acceso a internet. Pero sí es necesario entrenar a los maestros sobre lo que es el TDL y cómo usarla. Recomendamos su utilización a partir del segundo semestre escolar, momento en el que los maestros tienen mayor conocimiento sobre sus alumnos para poder empezar las evaluaciones.

Esta tecnología, como otras que se están desarrollando en este campo, permite evaluar el lenguaje en contextos naturales de los niños, evitando que se sientan incómodos por la sensación de estar siendo examinados. Al contrario, logran motivarlos y mantenerlos activos en su propio aprendizaje y facilitan el diseño de estrategias educativas más personalizadas.




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Como ocurre con otros trastornos del neurodesarrollo, cuanto antes se detecte el TDL y antes comiencen las intervenciones, mayores son las probabilidades de limitar sus consecuencias más negativas. Así, estaremos dando a los niños y niñas que lo sufren más opciones de aprendizaje, socialización e imaginación.

The Conversation

María Dolón Poza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Así ayudamos a los maestros a detectar precozmente problemas de adquisición del lenguaje – https://theconversation.com/asi-ayudamos-a-los-maestros-a-detectar-precozmente-problemas-de-adquisicion-del-lenguaje-260667

Productividad laboral: lo que la ley exige al trabajador (y lo que no)

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Trujillo Pons, Profesor e Investigador de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universitat Jaume I

Vanz Studio/Shutterstock

Los empleados tienen la obligación de “contribuir a la mejora de la productividad de la empresa”. Así lo establece el artículo 5 del Estatuto de los Trabajadores. Este mandato no aparece como una recomendación ni como una cláusula simbólica, sino como parte del conjunto de deberes que conforman el vínculo laboral.

El deber de productividad, junto a otros como la diligencia, la buena fe o el cumplimiento de órdenes (en el marco de lo pactado), marca la línea entre la mera prestación del servicio y la cooperación activa con la organización. Al introducir este punto en la norma, el legislador buscaba dejar claro que el trabajo asalariado no puede concebirse solo como el cumplimiento mínimo de tareas, sino como una colaboración destinada a sostener y mejorar el rendimiento del sistema productivo.

Significado en términos reales

En la práctica, la obligación de contribuir a la productividad no exige al trabajador rendir como una máquina ni batir récords diarios. Lo que persigue la norma es que se cumpla de manera seria y diligente con las funciones encomendadas y evitar conductas que frenen intencionadamente la actividad.

Un trabajador que ralentiza de forma consciente el proceso estará incumpliendo este deber aunque cumpla su jornada completa. En cambio, si rinde menos porque atraviesa una fase de cansancio, carece de medios adecuados o simplemente su ritmo natural es diferente, no se puede considerar que esté infringiendo la norma.

La clave está, pues, en distinguir entre la buena fe en el cumplimiento y la deslealtad manifiesta.

¿Supone alcanzar objetivos concretos?

Concretamente, el deber de productividad no obliga, por ejemplo, a cumplir cuotas de ventas, fabricar X productos al día o cerrar determinado número de expedientes. Esos estándares solo pueden derivarse de lo pactado en el contrato de trabajo o en el convenio colectivo aplicable (de la empresa o del sector).

Por ejemplo, los objetivos de venta de un comercial van a depender de lo que se estipule en su contrato y no de forma automática del deber de productividad. En ausencia de un pacto expreso, exigir resultados cuantificables por esta vía sería una interpretación abusiva de la norma.

La productividad no será una excusa para sobrecargar

Así pues, la empresa no puede recurrir al deber de productividad del trabajador para obligarlo a asumir ritmos de trabajo imposibles o justificar una carga de trabajo desproporcionada. Dicho deber no ampara la explotación laboral ni puede utilizarse como excusa para forzar horas extra no pactadas o intensidades de trabajo que comprometen la salud.

Ejemplo real: en determinados sectores logísticos se han producido conflictos laborales porque las empresas establecían “tiempos de entrega imposibles”, que derivaban en sanciones o presiones sobre los trabajadores (ENLACE). Varios tribunales han recordado que el deber de productividad no significa aceptar exigencias que vayan más allá de lo previsto en la relación laboral.(ENLACE)

Deberes del trabajador marcados por ley

Desde el punto de vista legislativo, el deber de productividad se integra, como señalábamos antes, dentro de un conjunto de principios generales contemplados en el artículo 5 del Estatuto de los Trabajadores. Los trabajadores tienen como deberes básicos:

a) Cumplir con las obligaciones concretas de su puesto de trabajo, de conformidad con las reglas de la buena fe y diligencia.

b) Observar las medidas de prevención de riesgos laborales que se adopten.

c) Cumplir las órdenes e instrucciones del empresario en el ejercicio regular de sus facultades directivas.

d) No concurrir con la actividad de la empresa, en los términos fijados en esta ley.

e) Contribuir a la mejora de la productividad.

f) Los deberes que se deriven, en su caso, de los respectivos contratos de trabajo.

También conviene recordar que el artículo 54 del Estatuto, relativo al despido disciplinario, permite extinguir el contrato cuando se produce un incumplimiento grave y culpable, incluyendo la transgresión de la buena fe contractual o el abuso de confianza.

Buena fe y confianza

La jurisprudencia del Tribunal Supremo exige que los hechos revelen un comportamiento malicioso o negligente grave que rompa la fidelidad exigida al trabajador. No es imprescindible la intención de dañar: basta un incumplimiento grave y culpable. Además, hay distinción entre la transgresión de buena fe (actuar contra los deberes de conducta) y el abuso de confianza (uso desviado de facultades con riesgo para la empresa).

En resumen: la deslealtad, la falta de probidad o el abuso de confianza son expresiones de un mismo núcleo normativo, que sitúa la buena fe como columna vertebral de la relación laboral. Así pues, no se puede exigir al trabajador que asuma funciones que excedan claramente lo pactado. Lo que sí se espera es que el trabajo se realice evitando sabotajes, negligencias o actitudes que perjudiquen el normal funcionamiento del proceso productivo.

Seguridad laboral antes que productividad

Además, el deber de productividad nunca puede anteponerse a la seguridad y salud de los empleados.

Por ejemplo, no sería aceptable que una empresa obligara a un trabajador a manipular cargas por encima de los límites legales o que se descuidara la formación en seguridad para acelerar los procesos.

La propia Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece que la seguridad prevalece sobre la producción. Ningún mandato de productividad puede justificar la vulneración de estas normas.

¿Qué ocurre si se incumple?

El Estatuto de los Trabajadores no define con precisión en qué consiste “no contribuir a la productividad”. Sin embargo, en la práctica, conductas de desidia manifiesta, sabotaje o absentismo encubierto pueden dar lugar a sanciones disciplinarias, siempre dentro de lo que marquen la ley y los convenios colectivos.

Lo que no es aceptable es despedir a alguien argumentando baja productividad si cumple de manera razonable con su trabajo. Esa deficiente productividad solo es sancionable si se demuestra que existe una voluntad de incumplimiento o negligencia grave.

Cooperación y responsabilidad

En definitiva, el deber de productividad contemplado en la ley no legitima abusos. Más bien refuerza la idea de que el trabajador forma parte de un engranaje colectivo y debe cooperar para que este funcione.

El deber de contribuir a la productividad es, en esencia, una cláusula de cooperación y responsabilidad dentro del contrato laboral. La norma obliga a cumplir con el trabajo de manera diligente, pero no autoriza a la empresa a imponer exigencias desmedidas.

En un contexto donde el debate sobre el rendimiento laboral se mezcla con la digitalización, la precariedad y la necesidad de conciliar, conviene recordar que la productividad no es sinónimo de sobrecarga, y que trabajar más duro no siempre significa trabajar mejor.


Una versión de este artículo se publicó en la revista jurídica Colex.

The Conversation

Francisco Trujillo Pons no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Productividad laboral: lo que la ley exige al trabajador (y lo que no) – https://theconversation.com/productividad-laboral-lo-que-la-ley-exige-al-trabajador-y-lo-que-no-265054

50 años sin aplicar la pena de muerte en España: los oscuros métodos de ejecución que nos marcaron durante siglos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cristian Sánchez Benítez, Profesor ayudante doctor de Derecho penal, Universidad de Jaén

Fusilamiento del general José María de Torrijos, ministro de la Guerra durante el Trienio Liberal (1820-1823), y sus compañeros en las playas de Málaga el 2 de diciembre de 1831, según el famoso lienzo de Antonio Gisbert Pérez. Museo del Prado/Wikimedia Commons, CC BY

El 25 de septiembre de 1975 se llevaron a cabo las últimas ejecuciones de pena capital en España con el fusilamiento de tres militantes del FRAP –Frente Revolucionario Antifascista y Patriota– y dos de ETA.

Poco después moría Franco y se iniciaba un proceso de transición democrática que culminó con la prohibición en la Constitución de aplicar la pena de muerte. Se añadía en el texto constitucional la salvedad de lo que pudieran disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra. Fue en 1995 cuando una Ley Orgánica abolió la pena capital también para estos casos.

Hasta entonces, el Estado mató siempre, o casi siempre, pues la sanción se contempló en todos los códigos penales españoles, excepto en el de 1932. Además, con anterioridad a la codificación penal iniciada en 1822, fueron numerosas las normas que contenían la pena de muerte en su articulado: el Liber Iudiciorum visigótico, las Partidas de Alfonso X, muchos Fueros municipales como los de Salamanca o Madrid, la Nueva y la Novísima Recopilación o varias Pragmáticas, entre otras.

En la península ibérica se crucificó, despeñó y lapidó en época de íberos y celtíberos. En la Edad Media y en épocas posteriores se mató de hambre, sed o frío y a pedradas, se decapitó, se asaetó, se enterró con vida, se desmembró, se despeñó, se arrojó a las bestias, se quemó en la hoguera a los herejes y a los monederos falsos y se coció en calderas a los rebeldes. La pena solía ejecutarse acompañada de tormentos.

De la horca al culleum

Durante los siglos XVI, XVII y hasta finales del XVIII, la horca fue el método más utilizado en España para poner fin a la vida de los condenados. También se aplicó el fuego para los herejes y el culleum o poena cullei (de origen romano) para los parricidas. Esta pena consistía en introducir a una persona en un saco junto con varios animales, coserlo y tirarlo al mar.

Sin embargo, el método “más español” de ejecución fue el garrote, sin apenas trascendencia fuera de nuestras fronteras. Este instrumento consistía en sentar al condenado en un taburete y colocarle alrededor del cuello una argolla de hierro sujeta a un poste, atravesada en la parte trasera por un tornillo. Para la ejecución se giraba el tornillo hasta provocar la muerte del reo por la rotura del cuello.

El garrote ya se conocía en Castilla en el siglo XIII, pero fue imponiéndose fundamentalmente durante el siglo XVIII en detrimento de la horca, abolida definitivamente en 1832. Desde entonces, fue el medio empleado para ejecutar la pena en la justicia ordinaria, mientras que el fusilamiento (y con anterioridad el arcabuceamiento) fue la modalidad propia de la militar.

Garrote vil (1894), cuadro de Ramón Casas.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Hasta 1990, las ejecuciones fueron públicas, y desde esa fecha se trasladaron al interior de las prisiones. Con la publicidad se perseguían objetivos intimidatorios y ejemplarizantes sobre los asistentes. Las ejecuciones congregaban a numerosos curiosos. Acudían a ver el “espectáculo” familias con sus hijos, vecinos de todos los puntos de la ciudad y de localidades cercanas e incluso vendedores ambulantes. Se sabe que los moradores de las viviendas con buenas vistas al patíbulo alquilaban sus balcones a interesados en presenciar las ejecuciones.

El ceremonial del garrote

El Código Penal de 1822 reguló detalladamente el ceremonial de la ejecución por garrote. El rito comenzaba con el traslado del condenado de la cárcel al cadalso en mula o asno, dependiendo del delito. Generalmente vestía túnica y gorro negros aunque, dependiendo del crimen, la vestimenta cambiaba. Este portaba en el pecho un cartel en el que se anunciaba su delito de traidor, homicida…

Durante el trayecto era acompañado por el verdugo –que dirigía al equino–, el pregonero público, dos sacerdotes, un escribano y los alguaciles enlutados, así como la escolta correspondiente.

Cada pocos pasos el pregonero anunciaba en voz alta el nombre del delincuente, el delito por el que hubiera sido condenado y la pena impuesta. Se exigía que durante el tránsito y la ejecución reinase el mayor orden, bajo amenaza de sanciones.

No se permitía manifestar nada ni al reo ni al público, sino tan solo rezar. Tras la ejecución, el cadáver permanecía expuesto al público hasta la puesta de sol. Los códigos penales siguientes simplificaron y humanizaron, en cierto modo, la ejecución.

Litografía de Mariana Pineda en el patíbulo (26 de mayo de 1831).
Wikimedia Commons, CC BY

El garrote también se aplicó a mujeres, aunque en mucha menor medida que a hombres, y se prohibía desde antiguo (Roma) notificarles y ejecutar la sentencia si estaban embarazadas.

Así, entre las ejecutadas más célebres figuran la liberal Mariana Pineda, en 1831; Higinia Balaguer, en 1890, condenada por el famoso crimen de la Calle Fuencarral, y Josefa Merino (La Perla) en 1896, última mujer ejecutada en público.

Ejecutadas durante el franquismo

Durante el franquismo fueron agarrotadas tres asesinas: María Domínguez Martínez, en 1949; Teresa Gómez Rubio, en 1954 y Pilar Prades Expósito, en 1959.

En este periodo el garrote se empleó en decenas de casos, pero mucho menos que el fusilamiento tras las condenas en Consejos de Guerra sumarísimos a los declarados como rebeldes por la hipertrofiada justicia militar. Así se ejecutó a las Trece Rosas, a Julián Grimau y a miles de personas por los responsables del nuevo Estado, sobre todo durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo.

No obstante, la justicia castrense también contemplaba el garrote para cuando el reo fuera civil. De hecho, el militante antifranquista Salvador Puig Antich y el alemán Georg Michael Welzel, últimos agarrotados en España, en 1974, habían sido condenados a muerte por la jurisdicción militar.

Uno de los argumentos principales que se han empleado contra la pena de muerte es que el error judicial resulta irreparable. En 1897 se produjo una de las últimas ejecuciones públicas en España, la de Silvestre Lluís, condenado por el asesinato de su mujer y sus dos hijas, y que siempre defendió su inocencia. Justo antes de morir expresó: “¡Pueblo de Barcelona, muero inocente!”. Unos años después, se encontró una nota en la que su cuñado afirmaba ser el verdadero asesino.

En 1956 fueron agarrotados tres delincuentes sevillanos que resultaron ser inocentes del robo con homicidio de dos hermanas que regentaban un estanco. Años después, el verdadero homicida confesó su crimen a un religioso.

Como ya sostuviera en el siglo XVIII el jurista italiano Cesare Beccaria, “no es, pues, la pena de muerte derecho”, sino “solo una guerra de la nación contra un ciudadano”. La pena capital es una sanción propia de las sociedades totalitarias, un peligroso recurso de tiranías, aunque persista en algunos estados formalmente democráticos como los de Estados Unidos.

Resulta, por ello, incompatible con un modelo de organización social como el español por cuanto se cimentó sobre el reconocimiento de los derechos humanos. Afortunadamente, España lleva cincuenta años sin ejecutar a sus ciudadanos. Sería deseable que nunca más se mate en nombre de la justicia en España y que el abolicionismo, como movimiento de lucha por el reconocimiento pleno del derecho a la vida, se extienda a todos los rincones del mundo.

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Cristian Sánchez Benítez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. 50 años sin aplicar la pena de muerte en España: los oscuros métodos de ejecución que nos marcaron durante siglos – https://theconversation.com/50-anos-sin-aplicar-la-pena-de-muerte-en-espana-los-oscuros-metodos-de-ejecucion-que-nos-marcaron-durante-siglos-255929