¿Puede una persona ciega disfrutar de la Alhambra o la Sagrada Familia? La ciencia dice que sí

Source: The Conversation – (in Spanish) – By R. Ignacio Madrid Lopez, Profesor del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Málaga

Sopotnicki/Shutterstock

“¡Las vistas desde el castillo son impresionantes! El recorrido es muy agradable y, si te lo tomas con calma, puedes disfrutar cada detalle de la arquitectura y los jardines. Destacaría las vidrieras, que al atardecer ofrecen un espectáculo de luces precioso”. (Juan)

“Ha sido increíble, te llevas la sensación de estar dentro de un lugar con mucha historia. El guía describió todos los espacios y pudimos tocar algunas maquetas, relieves y materiales: la piedra fría de los muros, la rugosidad de los sillares y los cambios entre madera, metal y cerámica. Así pudimos entender el uso de cada estancia y cómo se vivía allí”. (Leticia)

Las reseñas anteriores se refieren a la visita de dos viajeros al mismo monumento. Sin embargo, hay algo diferente en la perspectiva de quienes las escriben: Juan tiene 23 años y buena capacidad visual; Leticia, de edad parecida, es ciega.

Las limitaciones que experimentan las personas con discapacidad visual son muy diversas, pero podrían clasificarse en dos grupos: ceguera total y baja visión.

Las personas ciegas son aquellas que no pueden percibir la información visual o que solo tienen una percepción limitada de la luminosidad (por ejemplo, distinguen zonas iluminadas y oscuras sin percibir la forma de los objetos). Las personas con baja visión son aquellas que, incluso con la mejor corrección óptica posible, mantienen limitaciones que afectan a la agudeza, a la sensibilidad al contraste y al color o al tamaño y a la sensibilidad del campo central o la visión periférica.

Turismo sin limitaciones

Podría pensarse que estas limitaciones impiden disfrutar de experiencias turísticas centradas principalmente en la información visual. ¿Cómo podría Leticia percibir la belleza de los juegos de color y volúmenes de la Sagrada Familia o el paisaje de la Alhambra y Sierra Nevada desde el Albaycín?

Sin embargo, nuestra experiencia y el recuerdo que tenemos de ella no están tan directamente asociados al sistema visual como pensamos, sino que se generan en el cerebro como una mezcla sensorial.

Desde las ciencias cognitivas se explica que nuestra memoria no solo guarda imágenes visuales sino representaciones que combinan y conectan varios sentidos. Así, cuando localizamos un objeto dentro del bolso nos hacemos una imagen visual de lo que tocamos. Y cuando compramos un jersey online podemos imaginar su textura antes de que llegue a nuestras manos.

La mayoría de personas con discapacidad visual vieron en algún momento de su vida y aún pueden asociar cualquier información a su memoria visual. Además, incluso las personas ciegas de nacimiento pueden entender el significado de los colores: comprenden que un semáforo en rojo indica no cruzar y que una fruta verde seguramente no esté lista para consumir.

Por tanto, una experiencia puede ser igualmente rica –o incluso más– si se ofrece mediante información auditiva, táctil, olfativa y/o gustativa.

Barreras y oportunidades

El turismo accesible es aquel que fomenta la participación de las personas con discapacidad en las experiencias turísticas, eliminando barreras en entornos, servicios y productos.

Para superar estas barreras se están poniendo en marcha distintas iniciativas. Una de ellas es la formación: entidades como Fundación ONCE, CRUE y el Real Patronato de la Discapacidad editan manuales y estudios para que los futuros profesionales cuenten con formación básica en accesibilidad universal.

Por su parte, ONU Turismo fomenta políticas dirigidas a mejorar la accesibilidad de los destinos. Uno de los resultados es la norma UNE-ISO 21902, que define los requisitos y recomendaciones de los productos y servicios turísticos accesibles.

En España el Real Decreto 193/2023, de 21 de marzo, regula las condiciones básicas de accesibilidad y no discriminación en el acceso y utilización de los bienes y servicios a disposición del público, incluidos los servicios turísticos.

Para las personas con discapacidad visual, estas barreras aparecen cuando no se consideran sus necesidades. En el turismo, se centran en cuatro áreas clave: localización (¿dónde está el lugar u objeto que quiero alcanzar?), orientación (¿dónde estoy y cómo llego hasta allí?), seguridad (¿es seguro desplazarme o tocar ese objeto?) y comunicación (¿cómo accedo a la información?).

Las barreras de comunicación son especialmente relevantes en la discapacidad visual. Para facilitar el acceso a la información turística existen distintos sistemas y estrategias:

  • Señales táctiles y Braille: Los cambios de textura, marcas en paredes o pasamanos y signos en botoneras ayudan a orientarse. El Braille permite acceder al texto mediante el tacto.

  • Maquetas: Las reproducciones de esculturas, piezas históricas o elementos arquitectónicos (por ejemplo, reproducciones de la Sagrada Familia) ayudan a comprender el espacio mediante la exploración táctil.

  • Audiodescripciones: Tanto las audioguías como las visitas guiadas deben partir de la organización general del espacio y avanzar hacia los detalles, siempre desde la perspectiva de la persona.

  • Tecnologías accesibles: Las herramientas de asistencia, especialmente las basadas en IA, pueden describir entornos. También existen aplicaciones como BeMyEyes, que conectan con personas voluntarias cuando se requiere apoyo humano.

Hacer accesible el turismo no consiste únicamente en eliminar barreras físicas, sino en ampliar nuestra forma de entender la experiencia humana. Cuando un destino incorpora otros sentidos, no solo incluye a más personas, también enriquece la manera en que todos percibimos, recordamos y habitamos el patrimonio cultural.

The Conversation

R. Ignacio Madrid López ha recibido en el pasado fondos de Fundación ONCE para realizar estudios y proyectos sobre discapacidad y accesibilidad.

– ref. ¿Puede una persona ciega disfrutar de la Alhambra o la Sagrada Familia? La ciencia dice que sí – https://theconversation.com/puede-una-persona-ciega-disfrutar-de-la-alhambra-o-la-sagrada-familia-la-ciencia-dice-que-si-282087

La ilusión de ascender de clase: por qué la expectativa de ser rico reduce el apoyo a la redistribución

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Matamoros Lima, Profesor de Psicología Social, Universidad de Huelva

studiostoks/Shutterstock

Los tiempos que corren son extraños: (Existe amplia evidencia]) de las consecuencias psicológicas y sociales negativas de la desigualdad económica y, al mismo tiempo, seguimos sin generar consenso sobre las medidas para reducirla.

Los datos son claros: una pequeña parte de la población acumula cada vez más riqueza mientras millones de personas sienten que llegar a fin de mes cuesta más que hace unos años. Aun así, cuando aparecen propuestas para aumentar la recaudación mediante una subida de impuestos a las grandes fortunas o la aplicación de sistemas fiscales más progresivos, el apoyo social no siempre alcanza niveles de consenso amplio. La pregunta es: ¿por qué hay personas que perciben la desigualdad existente y, aun así, no respaldan –o incluso rechazan– políticas destinadas a reducirla?

La respuesta tiene menos que ver con la economía y más con la psicología social, y es la creencia de que, algún día, también nosotros podremos llegar a lo alto de la pirámide económica.

La falsa promesa de llegar a lo más alto

Existe una idea profundamente instalada en muchas sociedades: la del ascensor social. Hoy se está abajo, pero mañana se puede estar arriba. Sin importar la clase social de procedencia y la situación actual, se mantiene viva la creencia de que esto sigue funcionando para todas las personas.

Y cuando se piensa que el sistema está diseñado para que las personas puedan cambiar de clase social, entonces la riqueza de quienes están arriba deja de verse necesariamente como un problema. Esta idea cambia la manera en la que se interpreta la desigualdad, que incluso puede llegar a considerarse una demostración de que el sistema funciona. El problema es que los datos sobre movilidad social muestran que esa promesa se cumple cada vez menos.

La clave, entonces, no está solo en cómo interpretamos la desigualdad, sino también en cuánto creemos que podemos movernos dentro de ella. En esta línea, nuestra
investigación muestra que quienes perciben más posibilidades de ascender socialmente tienden a apoyar menos la redistribución, mientras que quienes perciben más riesgo de descender socialmente muestran más apoyo a las políticas redistributivas.

El sueño de hacerse rico y la tolerancia a la desigualdad

Analizamos datos de casi 45 000 personas de 29 países y, además, realizamos un estudio específico en España con 1 543 personas. El resultado principal parece lógico: cuanta más desigualdad social percibe una persona, más apoyo muestra hacia los impuestos progresivos. Es decir, piensa que quienes más tienen deberían pagar proporcionalmente más al Estado.

Sin embargo, también encontramos que quienes creían que en un futuro podrían ascender socialmente, mostraban mayor rechazo a subir los impuestos a los más ricos. Pese a percibir la desigualdad económica, sentían que algún día podrían beneficiarse del sistema tal y como está diseñado, aunque, en términos objetivos esa posibilidad de movilidad sea muy pequeña.

El poder de las historias sobre el éxito

Las sociedades modernas están llenas de relatos sobre ascenso social:

  • “El emprendedor que empezó desde abajo y ahora es millonario”.

  • “La famosa empresaria que pasó de no tener nada a tenerlo todo”.

Son historias potentes porque refuerzan la idea de un mundo justo en el que no importa la clase social a la que se pertenezca para llegar a lo más alto, únicamente trabajo y esfuerzo, aunque los datos apunten a lo contrario.

Estas historias alimentan la esperanza de llegar a la cima. Sin embargo, también tienen un efecto secundario menos visible: ayudan a justificar las enormes diferencias económicas. Creemos que llegar arriba depende sobre todo del esfuerzo individual: hace que quienes no avanzan parezcan responsables de su propia situación y que quienes acumulan riqueza parezcan merecerla. De este modo, la desigualdad deja de interpretarse como un problema social y pasa a verse como el resultado natural de las decisiones individuales.

La expectativas de ascender como freno a la redistribución

Uno de los hallazgos más interesantes de nuestro estudio es precisamente ese: las creencias sobre la movilidad social ascendente pueden tener el efecto de mantener estable la desigualdad económica, aunque los datos indiquen que la movilidad social real es mucho menor de lo que la gente cree.

La discusión sobre impuestos y redistribución suele plantearse como un debate
puramente económico, pero también es un debate psicosocial. No basta con mostrar
estadísticas sobre desigualdad, también importa cómo las personas
entienden las clases sociales y las expectativas existentes sobre la movilidad entre clases.

The Conversation

Juan Antonio Matamoros Lima recibe fondos de proyectos I+D Generación de conocimiento: 1) Ref. PID2023-147675NB-I00 concedida por el MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033; 2) Ref: PID2022-140252NB-I00 concedida por MICIU/AEI/10.1309/501100011033 and by FEDER, EU.

Guillermo B. Willis Sánchez recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dentro del programa de proyectos de generación del conocimiento.

Miguel Moya Morales recibe fondos del proyecto “Identidad de clase social: consecuencias sobre la movilidad social y las acciones colectivas” (Ref. PID2023-147675NB-I00) concedida por el MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033

– ref. La ilusión de ascender de clase: por qué la expectativa de ser rico reduce el apoyo a la redistribución – https://theconversation.com/la-ilusion-de-ascender-de-clase-por-que-la-expectativa-de-ser-rico-reduce-el-apoyo-a-la-redistribucion-283926

A nuestros antepasados neolíticos les encantaba el queso

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Cláudia F. Lopes Gomes, Assistant Professor at Faculty of Medicine, Universidad Complutense de Madrid

En el mundo, hay una enorme variedad de quesos. Azzedine Rouichi / Unsplash., CC BY-SA

*FALTA AÑADIR A COAUTORA Eulàlia Subirà Y Gerard Remolins QUE SE TIENE QUE REGISTRAR TODAVÍA
*

Entrar hoy en un mercado de la cuenca mediterránea es observar una gran diversidad de quesos: desde el manchego curado, al limiano, el feta o el pecorino. Esta riqueza gastronómica es el resultado de una paradoja evolutiva fascinante. Si viajáramos al inicio del Neolítico, descubriríamos que aquellos primeros pastores que comenzaron a ordeñar cabras y ovejas podían haber sufrido fuertes dolores de estómago si bebían leche. Eran, genéticamente, intolerantes a la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche y otros productos lácteos.

Para desentrañar esta aparente contradicción, nuestro estudio multidisciplinar, una colaboración entre la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Peruana Cayetano Heredia, ha cruzado los datos de la arqueología tradicional con los últimos avances en genética de poblaciones antiguas.

Nos propusimos medir con precisión el mapa de la tolerancia a la lactosa en la prehistoria europea y entender qué impulsó a la humanidad a abrazar el pastoreo antes de que nuestros cuerpos estuvieran preparados para ello.

El archivo genético: ¿qué sabíamos hasta hoy?

La capacidad de digerir la leche depende de la enzima lactasa, cuya actividad prorrogada en la edad adulta –llamada “persistencia de la lactasa”– es regulada por una mutación en el gen LCT. En las últimas décadas, la ciencia ha analizado muestras de ADN antiguo de cientos de individuos repartidos por todo el continente y los datos acumulados hasta la fecha muestran un panorama muy claro.

Durante el Neolítico temprano y medio, la información genética que permite seguir procesando la lactosa tras el destete era prácticamente inexistente. En las grandes bases de datos arqueogenéticas, que abarcan desde el norte de Europa hasta el sur peninsular, la inmensa mayoría de los individuos analizados presentan el genotipo ancestral de intolerancia a la lactosa o hipolactasia.

La mutación genética que permitía que la lactasa degradara la lactosa era una rareza extrema. Se estimaba que la presión selectiva a favor de este gen no comenzó a generalizarse hasta la Edad del Bronce, miles de años después de que las vacas y las ovejas formaran parte de la vida cotidiana.

Entonces, ¿por qué insistir en una fuente de alimento que provocaba malestar? La respuesta no está en nuestros genes de entonces, sino en las vasijas de barro.

La tecnología prehistórica que salvó vidas

Las conclusiones de nuestro estudio refuerzan una hipótesis clave: la cultura y la tecnología avanzaron mucho más rápido que la evolución biológica. Mediante el análisis de residuos en fragmentos de cerámica prehistórica, se ha demostrado que estas comunidades procesaban la leche de forma sistemática.

Al transformar la leche cruda en queso o yogur a través de la fermentación, conseguían eliminar la mayor parte del suero, que es donde se concentra la lactosa.

El producto resultante no solo era perfectamente digerible para un individuo con hipolactasia, sino que además se convertía en un alimento imperecedero, rico en grasas y proteínas, que podía almacenarse para los meses de invierno. El pastoreo no se abandonó porque el queso funcionó como una barrera tecnológica que neutralizaba el problema digestivo.

Sin embargo, nuestra investigación en la región de los Pirineos aporta una pieza inesperada al puzle. Al estudiar los restos óseos de una necrópolis de montaña, detectamos la presencia de la información genética responsable por la persistencia de la lactasa en un individuo en una época mucho más temprana de lo habitual para estas latitudes.

Esto nos indica que la mutación ya circulaba de forma minoritaria por las rutas migratorias europeas, mucho antes de que se produjera el gran boom demográfico de la tolerancia.

Del Neolítico a la cultura del queso mediterránea

Todo este proceso evolutivo tiene un reflejo directo en la geografía médica y cultural de la Europa actual. La persistencia de la lactasa no se distribuye de forma homogénea: mientras que, en los países escandinavos, más del 90 % de la población adulta puede beber leche sin problemas, en la cuenca mediterránea los niveles de intolerancia son notablemente más altos, situándose en muchas zonas entre el 30 % y el 50 %.

Esta diferencia no es casual. En el norte de Europa, donde las condiciones climáticas dificultaban la agricultura estacional, la presión de la selección natural fue feroz: la leche cruda era un salvavidas líquido en periodos de hambruna, lo que puede haber acelerado la propagación del gen de la tolerancia.

En cambio, en el Mediterráneo, la abundancia de otros recursos alimentarios y, sobre todo, el desarrollo temprano de una maestría insuperable en la elaboración de quesos y derivados lácteos fermentados hicieron que tener el gen de la tolerancia no fuera una cuestión de “vida o muerte”.

Por eso, la fuerte tradición quesera del sur de Europa no es una simple preferencia culinaria moderna. Es la herencia directa de una estrategia de adaptación prehistórica, el testimonio vivo de cómo nuestros antepasados modificaron su entorno y sus recetas para sobrevivir cuando sus cuerpos aún no estaban listos para digerir la leche.

Eulàlia Subirà y Gerard Remolins han colaborado en la investigación y en la elaboración del presente artículo.

The Conversation

Cláudia Gomes recibió financiación para su actividad investigadora a través del proyecto de investigación G/6401400/8000 (Banco Santander-Universidad Complutense de Madrid). Asimismo, este trabajo fue respaldado por el proyecto HAR2015-67323-C2-2-P, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España (MICINN), y por el proyecto de investigación SANTANDER-UCM 2017 (PR41/17-21018). No se declararon otros posibles conflictos de interés con entidades o empresas que pudieran beneficiarse de la publicación de este artículo.

César López Matayoshi, Juan F. Gibaja y Sara Palomo Díez no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. A nuestros antepasados neolíticos les encantaba el queso – https://theconversation.com/a-nuestros-antepasados-neoliticos-les-encantaba-el-queso-252545

A mi hijo le han diagnosticado a la vez autismo y epilepsia: ¿cómo gestionar el estrés que genera?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María J. García-Rubio, Profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia – Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social – Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia

Zoteva/Shutterstock

Son las tres de la madrugada y el niño duerme a ratos. Su madre, no. No es insomnio, es anticipación: la posibilidad de una crisis epiléptica, la incertidumbre sobre cómo será el día siguiente en el colegio, la sensación constante de tener que estar disponible para lo que pueda pasar. Mientras tanto, intenta sostener algo que no aparece en ningún informe clínico: el equilibrio emocional de toda la familia.

Llevamos años hablando de diagnósticos, síntomas y la urgencia de una intervención temprana. Sin embargo, no suele contarse con la misma claridad qué ocurre cuando los diagnósticos no llegan solos. Porque a veces se acumulan, y cuando lo hacen, no solo cambia la vida del niño, cambia la de toda la familia.

Cuando los diagnósticos no llegan solos

El autismo y la epilepsia, por separado, ya implican retos importantes. El primero afecta a la comunicación social y a la forma de interactuar con el entorno, mientras que la epilepsia introduce la imprevisibilidad de las crisis y la necesidad de supervisión constante. Cuando ambas condiciones coinciden, la vida cotidiana deja de ser simplemente exigente y se vuelve incierta: hay que atender lo educativo, lo conductual y lo médico al mismo tiempo, en un equilibrio difícil de sostener.




Leer más:
¿Qué es el ‘masking’ en el autismo?


Además, esta combinación no es excepcional. La evidencia muestra que autismo y epilepsia co-ocurren con más frecuencia de lo esperado, con estimaciones en torno al 9-12 %. Y cuando las demandas se superponen, el desgaste aparece. Las investigaciones llevan años señalando niveles elevados de estrés en las familias afectadas, en las que la incertidumbre es un facor clave de la carga emocional.

Esto se traduce en una sensación persistente de vivir en “modo alerta”. No se trata solo de estar ocupados, sino de mantenerse disponibles de forma continua, con un nivel de activación que rara vez desciende del todo. Con el tiempo, ese estado sostenido termina pasando factura, tanto en la salud mental de los cuidadores como en el propio funcionamiento familiar.

Más allá del diagnóstico: el impacto en el bienestar

El bienestar infantil tampoco queda al margen. En los trastornos del neurodesarrollo, la calidad de vida suele verse afectada en múltiples áreas, como el estado emocional, las relaciones sociales o la autonomía, algo que también se ha descrito en población con epilepsia. Estos datos indican que en contextos de mayor complejidad clínica, los efectos tienden a intensificarse.

Además, distintos estudios han encontrado que el estrés parental se relaciona con la adaptación del niño y su calidad de vida. En esta línea, una investigación reciente que hemos llevado a cabo aporta datos concretos a una realidad que muchas familias ya reconocen en su día a día.

Al comparar niños con autismo, con epilepsia y con ambos diagnósticos, observamos un patrón claro: cuando las dos condiciones coexisten, el estrés parental aumenta significativamente mayor y la calidad de vida infantil tiende a ser más baja en distintos ámbitos. Este resultado no solo refuerza lo que ya apuntaban estudios previos, sino que introduce un matiz relevante: no estamos ante la suma de dos dificultades independientes, sino ante un escenario en el que las demandas se intensifican y se retroalimentan dentro del sistema familiar.

Mirar más allá del niño

¿Y qué podemos hacer los investigadores y profesionales ante esta circunstancia? Ampliar el foco. Durante años, la intervención se ha centrado principalmente en el menor, pero actuar únicamente sobre el niño puede resultar insuficiente si el contexto familiar está desbordado.

Esto implica algo tan sencillo como poco habitual: incorporar de forma sistemática el bienestar de los cuidadores en la evaluación clínica. En las entrevistas debe preguntarse por el cansancio, la sobrecarga, la red de apoyo disponible. No como un añadido, sino como parte del propio proceso de atención. ¿Por qué? Pues porque está demostrado que lo que ocurre en el entorno inmediato del niño influye directamente en su día a día, aunque no siempre quede reflejado en los informes.

Estos hallazgos también suponen valorar cómo se organizan los servicios. Al menos en España, la fragmentación entre los ámbitos sanitario, educativo y social obliga a muchas familias a convertirse en coordinadoras improvisadas de su propia realidad. Y en contextos de comorbilidad, esta carga se multiplica. Por tanto, avanzar hacia modelos más integrados no solo facilitaría la intervención, sino que reduciría una parte importante del estrés que actualmente asumen las familias.

El reto no solo es mejorar las intervenciones clínicas o educativas, sino empezar a cuidar también –de forma sistemática– a quienes sostienen el día a día.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. A mi hijo le han diagnosticado a la vez autismo y epilepsia: ¿cómo gestionar el estrés que genera? – https://theconversation.com/a-mi-hijo-le-han-diagnosticado-a-la-vez-autismo-y-epilepsia-como-gestionar-el-estres-que-genera-280176

La conservación del 30% del planeta solo tendrá éxito si las personas forman parte del plan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Chris Sandbrook, Professor of Conservation and Society, University of Cambridge

Pastores masái en Kenia. JWCohen/Shutterstock

¿Qué imagina cuando piensa en un espacio natural protegido? Quizá una selva tropical remota, una imponente cordillera o un arrecife de coral rebosante de vida. Pero además de plantas y animales, ¿incluye su visión alguna persona?

Sería comprensible que respondiera que no. La mayor parte de la cobertura mediática de la naturaleza ignora a las personas. De hecho, muchas áreas protegidas y conservadas hasta ahora, además de contar con una gran biodiversidad, están en lugares remotos y con poca población. Algunas de estas áreas incluso excluyen activamente la presencia humana.

Sin embargo, las personas son centrales para la conservación. Los seres humanos
conviven con la biodiversidad y la utilizan y manejan en casi todo el planeta. Y esta relación será cada vez más importante, como demostramos en un nuevo estudio.

Objetivo para 2030: conservar el 30 % del planeta

En 2022, 196 países acordaron bajo el paraguas de la Organización de las
Naciones Unidas la ambiciosa meta de conservar el 30 % del planeta antes de 2030. Conocida como “la meta 30×30”, su implementación supondrá casi duplicar la superficie mundial bajo áreas protegidas y conservadas. Y esto implica que la conservación se expandirá hacia zonas terrestres y marinas habitadas donde las personas utilizan la naturaleza.

Esto plantea cuestiones importantes sobre el contexto social de las futuras áreas de conservación: cuántas personas viven allí, cuál es su nivel de vida y cómo se ganan la vida gracias a la tierra. Esta información es crucial para comprender en qué medida esas personas podrían verse afectadas, sea para bien o para mal, por la expansión de la conservación asociada a la meta 30×30. También es clave para que la conservación funcione sobre el terreno. Y, sin embargo, hasta ahora sabíamos muy poco sobre estas dimensiones sociales de la meta 30×30.

En nuevo estudio, publicado en Nature Communications, analizamos tres formas diferentes de alcanzar la cobertura del 30 % a nivel mundial, reflejando distintas prioridades de conservación. Junto con un grupo internacional diverso de profesionales e investigadores de múltiples disciplinas (incluidas la ciencia de la conservación y la ecología política), encontramos grandes diferencias en las condiciones sociales entre los distintos escenarios de implementación de la meta 30×30.

Las personas en las nuevas áreas protegidas

En términos de población, un enfoque que priorice proteger las zonas con mayor
biodiversidad no protegida involucraría directamente a más de 3 500 millones de
personas que viven dentro de las nuevas áreas de conservación o a menos de 10
kilómetros de ellas. Esto representa el 46 % de la población mundial.

En contraste, un enfoque centrado en territorios biodiversos gestionados por pueblos indígenas y comunidades locales involucraría directamente a unos 300 millones de personas. Eso podría parecer preferible. Sin embargo, muchas de estas personas viven en zonas con menores niveles de desarrollo y dependen de la naturaleza para su subsistencia, lo que las hace especialmente vulnerables a los cambios en el acceso a los recursos de la naturaleza.




Leer más:
Involucrar a las comunidades locales es clave para proteger la Amazonia


La meta 30×30 también tiene implicaciones para la producción mundial de alimentos. En algunos de los escenarios que analizamos, alrededor de la mitad de las áreas identificadas para la conservación se superponen con tierras de cultivo utilizadas para la producción agrícola. En otros casos, las áreas coinciden con grandes extensiones usadas para el pastoreo, incluyendo zonas donde se practica el pastoreo tradicional. Esto plantea interrogantes sobre cómo equilibrar la conservación con la creciente demanda de alimentos.

Campos verdes y montañas con nubes
Agricultura a pequeña escala en el cráter del volcán Pululahua, en la reserva geobotánica de Pululahua, Ecuador.
Javier Fajardo, CC BY-NC-ND

Implicaciones sociales del objetivo 30×30

Nuestros resultados demuestran que, independientemente de dónde se aplique, la meta 30×30 tendrá profundas implicaciones tanto sociales como ecológicas. Por este
motivo, la forma en que se implemente será clave para determinar cuáles serán sus
efectos sobre las personas y la naturaleza.

Existe una amplia variedad de opciones de gestión y gobernanza de espacios naturales protegidos, desde parques nacionales estrictamente gestionados por el gobierno (como los emblemáticos Serengeti o Yellowstone) hasta áreas de propiedad y gestión local donde las personas viven y utilizan la naturaleza de forma sostenible. La meta 30×30 también incluye lugares que no son áreas protegidas formalmente, pero en los que las formas existentes de gestionar la tierra y el mar favorecen la conservación.

Las decisiones tomadas en cada lugar influirán en cómo la conservación afecta
a las personas
, de forma positiva, negativa o una mezcla de ambas. A nivel local, las áreas protegidas y conservadas proporcionan sustento, recursos y oportunidades económicas, mientras que entre sus beneficios globales están el apoyo a los sistemas alimentarios o la regulación del clima.

Pero a veces también pueden suponer costes sociales, como los derivados de
restricciones en el acceso a la tierra y los recursos, el aumento de los conflictos con fauna silvestre o, en casos extremos, la expulsión de comunidades de sus territorios ancestrales. Uno de los grandes desafíos de conservar el 30 % del planeta será asegurar que el modelo de conservación elegido para cada lugar sea adecuado para su contexto social. Los resultados de nuestro estudio pueden ayudar a orientar esas decisiones.

pequeña piragua tradicional en un lago en calma, cielo gris
Niños en canoa en la laguna de Limoncocha, Reserva Biológica de Limoncocha, Ecuador.
Javier Fajardo, CC BY-NC-ND

También una meta de desarrollo social

La redacción de la meta 30×30 no se centra únicamente en el porcentaje del planeta que debemos conservar. También incluye importantes elementos sociales. Establece que su implementación debe respetar los derechos y territorios de los pueblos indígenas y las comunidades locales, y apoya el uso sostenible de la biodiversidad cuando sea compatible con los objetivos de conservación. Así, si se implementa plenamente, la meta debería traducirse en beneficios tanto para las personas como para la naturaleza.

En definitiva, la meta 30×30 no se limita a la conservación de la biodiversidad. Nuestros resultados sugieren que también debería reconocerse como una meta de desarrollo social muy ambiciosa. Esto requiere un cambio de enfoque y nuevas e importantes inversiones en programas sociales junto a las tradicionales actividades de conservación.

Esta meta podría representar un gran avance tanto para la conservación como
para la sociedad, pero sólo si las personas forman parte del plan.

The Conversation

Chris Sandbrook recibió financiación para la investigación en la que se basa este artículo por parte de la iniciativa Science for Nature and People Partnership.

Javier recibió financiación para la investigación en la que se basa este artículo a través de la iniciativa Science for Nature and People Partnership y del proyecto ERC CONDJUST.

– ref. La conservación del 30% del planeta solo tendrá éxito si las personas forman parte del plan – https://theconversation.com/la-conservacion-del-30-del-planeta-solo-tendra-exito-si-las-personas-forman-parte-del-plan-283900

La nube, nuevo objetivo de guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro García López, Catedrático de Universidad, investigador principal del Grupo CloudLab. Experto en Computación en la nube., Universitat Rovira i Virgili

Computadores en un centro de datos Pxhere, CC BY

Durante décadas, cuando pensábamos en infraestructuras estratégicas en una guerra, imaginábamos aeropuertos, puertos, centrales eléctricas, refinerías, satélites, redes ferroviarias o cables de telecomunicaciones. Sin embargo, en una sociedad digitalizada hay otra infraestructura que se ha vuelto igual de crítica, aunque sea menos visible: los centros de datos.

Los ataques con drones contra tres centros de datos de Amazon Web Services (AWS) ubicados en los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, atribuidos a Irán, mostraron que la nube ha entrado en la lógica de la geopolítica. La nube es física. Tiene edificios, cables, energía y jurisdicción. Y, en tiempos de guerra, todo eso puede convertirse en objetivo.

Ataque con drones a centros de datos

Los ataques iraníes contra AWS muestran este cambio de época. Según Reuters, fueron una represalia iraní tras ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Los centros de datos en Emiratos Árabes Unidos y Baréin sufrieron daños físicos, problemas de energía y disrupciones de conectividad. Estos afectaron a servicios de computación en la nube (cloud) usados por bancos, empresas financieras y otros clientes de la zona. “Servicios cloud” se refiere a sistemas y datos alojados en servidores remotos, como los de Amazon Web Services.

Como consecuencia, AWS aconsejó a algunos clientes mover sus cargas de trabajo (aplicaciones, procesos o servicios) a otras regiones/centros de datos que no estuvieran afectados. O, en su defecto, hacer copias de seguridad (respaldar datos) en lugares seguros fuera de la zona.

El mensaje estratégico es claro: atacar un centro de datos no equivale solo a dañar un edificio tecnológico. Puede significar presionar a una empresa estadounidense y generar un dominó de daños que afecte a economías aliadas, interrumpa servicios civiles y cuestione la confianza en la infraestructura digital.

Centros de datos estratégicos en España

Los centros de datos son la columna vertebral de nuestra sociedad digitalizada, de la que dependen innumerables servicios online que necesitamos en nuestro día a día. Son infraestructuras sobre las que descansan bancos, hospitales, administraciones públicas, universidades, logística, comercio electrónico, medios de comunicación y servicios esenciales. Así, por ejemplo, en el gran apagón que vivimos en la península ibérica, la gente echaba más de menos no poder comunicarse o pagar con tarjeta que la luz en sí misma.

En España, las regiones con más centros de datos son Madrid, Aragón y Barcelona. Si Madrid y Aragón representan el músculo del procesamiento, Cataluña es el sistema circulatorio. Sant Adrià de Besòs alberga la Barcelona Cable Landing Station, (Barcelona CLS) , un puerto digital neutral que sirve de punto de amarre para cables submarinos de fibra óptica de última generación, como el sistema 2Africa (que circunnavega todo el continente africano conectándolo con Europa), o el cable Medusa, un sistema de cable submarino de fibra óptica que conecta Europa con el norte de África y Oriente Medio, abarcando más de 8700 kilómetros a lo largo de la región del Mediterráneo.

Estos cables discurren por el fondo del mar y transportan alrededor del 99% del tráfico intercontinental. La estación de Besòs y las infraestructuras de interconexión asociadas en el área metropolitana de Barcelona no son solo infraestructuras locales: son el cordón umbilical que une a la Unión Europea con el norte de África, Oriente Medio y Asia. Si este nodo se interrumpe, el impacto de conectividad reverbera en todo el continente. Por eso, la sociedad está empezando a plantearse la importancia estratégica de estas infraestructuras y a tomar medidas para protegerlas.

Duplicar para asegurar

Es importante distinguir claramente entre tolerancia a fallos y seguridad.

La tolerancia a fallos se resuelve principalmente con redundancia de servicios. Un centro de datos certificado de tipo Tier III o Tier IV (infraestructuras de misión crítica altamente confiable) puede tener redundancia eléctrica, refrigeración duplicada, generadores autónomos y varias rutas posibles en las vías de comunicación. Estas prevenciones lo hacen muy robusto frente a fallos técnicos. Pero no lo convierten automáticamente en una instalación preparada para guerra híbrida, sabotaje coordinado, ataques a la red eléctrica, cortes de fibra o crisis prolongadas de suministro.

Por eso, administraciones y empresas deberían conocer mejor sus dependencias digitales. ¿Dónde están sus datos? ¿En qué nube o región cloud? ¿Qué servicios son críticos? ¿Existen copias fuera de línea? ¿Se ha probado la recuperación? ¿Puede operar una administración si fallan durante horas su proveedor_ cloud_ o centro de proceso de datos, su sistema de identidad o su red corporativa?

Protección en España

España dispone de un marco legal de protección de infraestructuras críticas. La Ley 8/2011 y el Real Decreto 704/2011
regulan la protección de aquellas infraestructuras cuya interrupción tendría un impacto grave sobre servicios esenciales. El sistema está coordinado por el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas, dependiente del Ministerio del Interior. La lista concreta de operadores e instalaciones críticas no es pública, precisamente por razones de seguridad.

Esto significa que no podemos afirmar alegremente que un determinado centro de datos esté protegido por defensa, policía o medidas especiales. Algunos podrían estar incluidos en planes de protección si soportan servicios esenciales; otros no. Además, proteger una infraestructura crítica no significa necesariamente poner soldados en la puerta. Puede implicar planes de seguridad, coordinación con autoridades, análisis de riesgos, protocolos de respuesta, ciberseguridad, control de accesos, redundancia y controles periódicos.

La defensa civil del siglo XXI no consiste solo en proteger carreteras, hospitales, puertos o centrales eléctricas. También requiere garantizar que los servicios digitales esenciales puedan seguir funcionando ante la amenaza posible a infraestructura que los sostienen. La nube también es un objetivo de guerra.

The Conversation

Pedro García López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La nube, nuevo objetivo de guerra – https://theconversation.com/la-nube-nuevo-objetivo-de-guerra-283535

El valor de la amabilidad o por qué los lobos tienen problemas de extinción y los perros, no

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jonathan Benito Sipos, Profesor Titular Fisiología Animal. Neurociencia, Universidad Autónoma de Madrid

In Green/Shutterstock

¿Es la amabilidad una estrategia evolutiva? ¿Tiene ventajas tangibles ser amable en la sociedad en la que vivimos?

La primera respuesta nos la van a dar ni más ni menos que los perros y los lobos. Ambos comparten el 99,9 % de su genoma, pueden procrear entre ellos y obtener descendencia fértil. Desde el punto de vista de la biología, muchos los consideran la misma especie (Canis lupus).

Sin embargo, los lobos llevan miles de años jugando con la extinción, mientras que se estima que existen 900 millones de perros en el planeta. ¿Cómo es esto posible? ¿Cuál es esa pequeña y sutil diferencia entre ellos que es tan determinante?

Resulta que ambos provienen de un ancestro común, el lobo de la Edad de Hielo (Aenocyon dirus). Estos animales eran un tanto impredecibles, desconfiados y también agresivos cuando tenían hambre. Pero, entre esos lobos, surgían algunos individuos más sociales, más predecibles, más confiables y menos agresivos.

Ejemplar de lobo gris Canis lupus.
Wikimedia Commons., CC BY

Los primeros perros

Los primeros Homo sapiens dejaban que estos animales se acercasen a la periferia de los poblados a comer los restos de su comida, siempre y cuando no fueran una amenaza. Y claro, se veía venir lo que terminaría por ocurrir: los individuos más sociales comían más y mejor que los menos sociales.

Al reproducirse entre sí esos individuos más sociales, en unas pocas generaciones (no más de seis) surgieron animales ultrasociales, a los que hoy llamamos perros y de los que ya nunca se desprenderían los sapiens.

Por tanto, la diferencia entre el perro y el lobo es lo que llamamos en neurobiología la prosociabilidad, es decir, la amigabilidad o la amabilidad, que en este caso demostró ser una estrategia evolutiva ganadora. El proceso que experimentaron los perros se denomina autodomesticación.

Por qué los sapiens sobrevivieron a los neandertales

Y no es el único ejemplo, ni siquiera el más cercano a los humanos. Nosotros mismos también sufrimos un proceso de autodomesticación. Hace unos 46 000 años, el espíritu aventurero del sapiens nos trajo a Europa. Provenientes de África, aquellos primeros colonos se encontraron con varias adversidades con las que, probablemente, no contaban.

Por un lado, Europa les recibió con el frío gélido propio de un periodo glacial. Por otro, se toparon con que ya había otros humanos viviendo en esta latitudes. Que sepamos, como poco, ya estaban por aquí los neandertales.

Y los neandertales no eran poca cosa. Para empezar, eran insultantemente más fuertes que nosotros: en una lucha cuerpo a cuerpo nos podrían despedazar como a una muñeca de trapo. Para seguir, eran, al menos, igual de inteligentes que nosotros. Entonces, ¿por qué la historia la escribimos los sapiens y no los neandertales?

Inteligencia y fuerza no son suficientes

Llegó un momento en la evolución donde la fuerza bruta ya no era suficiente: los osos eran más fuertes que los humanos, pero no eran los osos los que se estaban disputando el mundo. También llegó un momento en que la inteligencia bruta no era suficiente. Hacía falta algo más. Y ese más era una diferencia sutil, como en el caso del perro y el lobo.

Los neandertales eran seres humanos en toda su expresión, con una cultura muchísimo mayor de lo que sospechábamos hace unas décadas, que cuidaban a sus enfermos y despedían con ritos funerarios a sus muertos.

Sin embargo, todos los indicios apuntan a que vivían en pequeños grupos de convivencia (de no más de una docena de individuos) y que las interacciones con otros grupos eran más limitadas que las que tenían los sapiens. Estos últimos vivían en grupos mayores y, además, estaban más conectados con los otros grupos.

Es decir, los neandertales eran prosociales, pero parece que los sapiens lo éramos más. Y esta sutil diferencia puede explicar que hubiera mayor intercambio de información entre los sapiens y que, por tanto, su tecnología se desarrollase a mayor velocidad.

Con toda probabilidad, la extinción de los neandertales fue multifactorial. Pero parece que la mayor prosociabilidad de los sapiens pudo jugar un papel fundamental en aquella batalla evolutiva.

Factor de protección de la salud

Lejos de ser un atributo “blando”, la amabilidad es una estrategia evolutiva de primera magnitud. Entre otras cosas porque las personas que la practican la generan muchas interacciones positivas a lo largo de su día a día. Y cada vez tenemos más evidencia científica de que estas interacciones positivas redundan en una mayor felicidad , tanto para el que las practica como para el que las recibe.

Conseguir ser más feliz ya es de por sí todo un logro. Pero es que, además, las personas felices tienen menor riesgo de sufrir enfermedades y viven más años.

The Conversation

Jonathan Benito Sipos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El valor de la amabilidad o por qué los lobos tienen problemas de extinción y los perros, no – https://theconversation.com/el-valor-de-la-amabilidad-o-por-que-los-lobos-tienen-problemas-de-extincion-y-los-perros-no-283612

Las fuerzas israelíes toman el castillo de Beaufort en el Líbano, un yacimiento de la época de las Cruzadas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beth Spacey, Lecturer in Medieval History, The University of Queensland

Ruinas del castillo de Beaufort. Getty Images/Monik-a

Un castillo del siglo XII construido durante las Cruzadas en el Líbano ha sido ocupado por las fuerzas israelíes en lo que se ha descrito como la incursión más profunda en ese país en más de 25 años.

Este lugar histórico, conocido como el castillo de Beaufort o Qalʿat al-Shaqīf, se alza sobre un impresionante afloramiento rocoso en una posición dominante al borde del desfiladero del Litani, desde donde se disfruta de unas vistas espectaculares del sur del Líbano. Históricamente ha sido un lugar muy estratégico, especialmente durante las Cruzadas.

¿Qué fueron las Cruzadas?

Las Cruzadas es el nombre que se da a una serie de expediciones militares, que comenzaron a finales del siglo XI, de cristianos latinos de toda Europa hacia diversos destinos, siendo el más famoso Tierra Santa. Eran peregrinaciones armadas, que representaban una fusión de ideas sobre la guerra y la espiritualidad.

El papa era quien las convocaba, y prometía a los participantes recompensas espirituales si hacían el voto de cruzado y emprendían estas campañas.

Los objetivos y metas de las Cruzadas cambiaron con el tiempo a medida que se fue transformando el panorama geopolítico. La Primera Cruzada –convocada en 1095– tenía el objetivo general de “liberar” los lugares sagrados de Jerusalén de los turcos selyúcidas, un grupo musulmán suní que gobernaba en Asia Menor en aquella época. Los cruzados también querían prestar ayuda militar a los cristianos orientales de la región. La Primera Cruzada también estableció los Estados cruzados, y en su centro se encontraba lo que se conoció como el Reino de Jerusalén.

Lo que distingue a las cruzadas de otras campañas militares es que estas eran consideradas una forma de guerra espiritualmente meritoria.

¿Quién construyó el castillo de Beaufort y por qué?

La etapa de este lugar como castillo cruzado comenzó con los francos –término utilizado en aquella época para referirse a los colonos de Europa occidental en Oriente–. El Reino de Jerusalén llevaba existiendo 40 años y su rey de entonces, Fulk, pertenecía a ese pueblo. Cuando los francos llegaron al lugar, probablemente este ya se estaba utilizando de alguna manera significativa debido a su posición estratégica.

La construcción del castillo de Beaufort (en francés antiguo, “hermosa fortaleza”) comenzó hacia el año 1139. Con el tiempo, se convirtió en un gran castillo de dos niveles, de forma aproximadamente triangular. Como suele ocurrir con los edificios de esta época, a lo largo del tiempo se le han añadido partes y otras han sido destruidas. Lo que nos queda es una mezcla de obra franca y ampliaciones que diversos gobernantes musulmanes fueron haciendo a lo largo de los siglos.

Los cristianos latinos lo consideraban parte de una red de castillos fortificados que esperaban que ayudara a consolidar el asentamiento franco en la zona.

Entra Saladino

El siguiente personaje clave en la historia del castillo de Beaufort es Saladino, una de las figuras más famosas de las Cruzadas, la región y la historia islámica en general.

Rey (Saladino de Egipto), de
Saladino fue una figura clave en los esfuerzos militares musulmanes contra los cristianos latinos.
The Metropolitan Museum of Art

De origen kurdo, cuando el castillo de Beaufort pasó a manos de los cristianos latinos era sultán de Egipto y Siria. Según todas las fuentes, Saladino parece haber sido un líder carismático y astuto, además de un experto militar. Fue una figura clave en los esfuerzos bélicos musulmanes contra los cristianos latinos.

Saladino conquistó el castillo de Beaufort en 1190 como parte de una larga racha de éxitos en lo que se ha denominado la “contracruzada”. Unos años antes, había obtenido algunas victorias significativas, incluida la famosa batalla de Hattin (representada en la película de Ridley Scott de 2005, El reino de los cielos). También conquistó la ciudad de Jerusalén en 1187, lo que supuso una enorme pérdida para los cruzados.

Así pues, la toma de Beaufort formaba parte del panorama general de la espectacular campaña de conquista de Saladino en esta región por aquella época. Murió poco después, en 1193, y el castillo permaneció en manos musulmanas hasta 1240.

Posteriormente, volvió a manos de los cristianos latinos como parte de un tratado con Teobaldo I de Navarra en la Cruzada de los Barones. Finalmente, pasó a pertenecer a los Caballeros Templarios en 1260.

¿Quiénes eran los Templarios?

Los Caballeros Templarios eran una orden militar religiosa formada por monjes-guerreros, fundada en 1118 en el Reino de Jerusalén. Su misión inicial era defender a los peregrinos cristianos que visitaban los lugares sagrados, pero su papel cambió con el tiempo.

Un rey medieval consulta con los templarios.
Un rey medieval consulta con los templarios.
Autor desconocido – ‘Chronique d’Outremer’, hacia 1280. Manuscrit Français 770, fol. 313, Gallica/BNF/Wikimedia Commons

Seguían la Regla Templaria, y hacían votos de castidad, pobreza y obediencia para vivir en comunidades de acuerdo con sus votos. Lo que resultaba inusual de estos monjes era que también eran guerreros altamente entrenados, especialmente hábiles a caballo, tanto en la caballería pesada como en la ligera. Los reyes de Jerusalén pronto llegaron a confiar en ellos para recibir asesoramiento militar y como un ejército permanente altamente entrenado.

Se les consideraba capaces de luchar tanto en el campo de batalla espiritual como en el terrenal, una especie de supersoldados sagrados. Según su patrón, Bernardo de Claraval, el “alma del templario está protegida por la armadura de la fe, al igual que su cuerpo está protegido por la armadura de acero”.

Los reyes y los nobles comenzaron a donar cada vez más tierras y riquezas a los templarios. Con el tiempo se convirtieron en una organización internacional con una riqueza considerable en toda Europa y el Mediterráneo oriental, aunque finalmente fueron juzgados por herejía.

Los Templarios mantuvieron el control del castillo de Beaufort durante solo ocho años, antes de que volviera a manos musulmanas durante siglos. En la época moderna, ha estado bajo control libanés hasta su captura por las fuerzas israelíes esta semana.

Como se ve, ha sido una región con una historia increíblemente matizada y compleja, y así sigue siendo hoy en día.

The Conversation

Beth Spacey recibió una beca del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades (Reino Unido) para su doctorado sobre historia medieval.

– ref. Las fuerzas israelíes toman el castillo de Beaufort en el Líbano, un yacimiento de la época de las Cruzadas – https://theconversation.com/las-fuerzas-israelies-toman-el-castillo-de-beaufort-en-el-libano-un-yacimiento-de-la-epoca-de-las-cruzadas-284219

¿Sabe usted interpretar los datos que ve cada día? Si le abruman las estadísticas necesita alfabetización digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Manuel Cerdá Suárez, Profesor Titular de Universidad (UNIR). Investigador en Marketing e Investigación de Mercados, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

sasirin pamai/Shutterstock

Desde el precio de la luz o los datos sobre sequía, hasta las alertas sanitarias, cada vez convivimos con más cifras y gráficos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, tener acceso a los datos no significa necesariamente comprenderlos. La falta de alfabetización digital y estadística se ha convertido en un problema clave para interpretar la realidad y confiar en las instituciones.

Cuando las cifras generan desinformación y desconfianza

Los datos abiertos se conciben como la “materia prima” para una democracia de calidad. El propio portal datos.gob.es insiste en que el acceso a la información y su correcta comprensión son esenciales para tomar decisiones informadas y ejercer plenamente los derechos digitales.

El problema es que interpretar una tabla de datos o un gráfico no es trivial. La literatura sobre alfabetización estadística –statistical literacy, en inglés– señala que para participar en debates sobre empleo, salud o medioambiente, no basta con acceder a las cifras, hay que comprender cómo se construyen, qué comparan y qué límites tienen.

España ha avanzado en gobierno abierto y administración digital, pero la experiencia cotidiana de muchos ciudadanos es distinta: formularios complejos, paneles que presuponen conocimientos técnicos y gráficos pensados más para especialistas que para la ciudadanía. Resultado: más datos, pero no siempre más capacidad para entenderlos.

Además, distintos informes muestran importantes diferencias en competencias digitales y de alfabetización de datos según edad, nivel educativo y uso de internet. Esto genera una ciudadanía a dos velocidades: quienes dominan las herramientas estadísticas pueden aprovechar mejor los portales públicos; el resto queda, en la práctica, fuera de la conversación basada en cifras.

Muchos datos en un ecosistema saturado

Los datos públicos no circulan en el vacío, sino en un entorno saturado de titulares simplificados, mensajes interesados y desinformación. Parte de la población española percibe este fenómeno como un problema serio y, en consecuencia, aumenta su desconfianza hacia la política y hacia cualquier cifra “oficial”.

Un ejemplo muy cercano es el del precio de la electricidad: con frecuencia leemos que “baja el precio de la luz”, pero se trata del mercado mayorista. Mientras tanto, el consumidor paga una factura que incluye impuestos, peajes y distintos tipos de contrato.

Algo parecido ocurre con los embalses: escuchar que están “al 50 %” puede parecer alarmante o tranquilizador según el titular, aunque ese dato solo tenga sentido si se compara con la media histórica y con el mismo periodo de otros años.

También sucede así en el ámbito sanitario. Conceptos como “falso positivo”, “falso negativo” o “riesgo relativo” suelen aparecer en medios y redes sociales sin suficiente contexto estadístico, lo que puede generar percepciones distorsionadas del riesgo y aumentar la confusión pública.

A ello se suma la expansión de herramientas de inteligencia artificial capaces de generar gráficos, imágenes y estadísticas aparentemente verosímiles en pocos segundos, dificultando todavía más la identificación de información fiable.

En este contexto, muchas personas recurren a atajos: creer lo que dice su grupo de referencia ideológico, desconfiar sistemáticamente de cualquier dato oficial o, simplemente, desconectar. Abrimos los portales, sí, pero no siempre ofrecemos herramientas para leerlos.

Interpretar datos es una habilidad básica

La buena noticia es que esta brecha se puede reducir. Los documentos estratégicos sobre datos abiertos reconocen la necesidad de fomentar la alfabetización de datos y de implicar a la ciudadanía en el uso de la información pública. Investigaciones recientes subrayan que interpretar datos es ya una competencia básica del siglo XXI, tan esencial como la lectura de textos convencionales.

La investigación en este ámbito apunta varias líneas de acción. La primera consiste en diseñar gráficos y paneles pensando en las personas, no solo en especialistas: menos indicadores por pantalla, escalas claras y comparaciones sencillas (por hogar, por municipio, en el tiempo) facilitan la comprensión.

La segunda pasa por explicar los datos como historias. Acompañar las cifras con contexto, como en la Estadística Cívica –qué significan, de dónde proceden y qué nos pueden decir– favorece la lectura crítica y reduce el espacio para la manipulación.

Y la tercera tiene que ver con la educación y formación. La alfabetización de datos no puede limitarse a talleres puntuales: requiere trabajar de forma sistemática la interpretación de información cuantitativa en escuelas, universidades y programas de formación continua. También resulta importante involucrar a organizaciones sociales, periodistas de datos y colectivos ciudadanos para detectar dónde aparecen las principales dificultades de comprensión y qué tipo de capacitación resulta más necesaria.

Hacia una competencia democrática

Publicar datos es solo el primer paso para avanzar en participación y gobernanza. Si queremos que los indicadores sobre inflación, presupuestos, sanidad o medioambiente sirvan para algo más que adornar informes, necesitamos una ciudadanía capaz de leerlos, cuestionarlos y utilizarlos.

La alfabetización de datos ya no es un lujo técnico: se ha convertido en una competencia democrática esencial para desenvolverse en entornos digitales cada vez más complejos y saturados de información.

The Conversation

Luis Manuel Cerdá Suárez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Sabe usted interpretar los datos que ve cada día? Si le abruman las estadísticas necesita alfabetización digital – https://theconversation.com/sabe-usted-interpretar-los-datos-que-ve-cada-dia-si-le-abruman-las-estadisticas-necesita-alfabetizacion-digital-272550

¿Cómo ha cambiado la manera de estudiar de las generaciones hiperconectadas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laia Lluch Molins, Profesora e Investigadora en los Estudios de Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Gigi Delgado/Shutterstock

Mientras debatimos sobre si la tecnología ayuda o entorpece el aprendizaje y la concentración, conviene constatar que la manera de estudiar ha cambiado profundamente, y la generación Z (nacida entre 1997 y 2012) ha incorporado prácticas que ninguna generación anterior tuvo a su alcance. Entenderlas es condición previa para juzgarlas.

Hoy se preparan los exámenes en un entorno en el que acceder al conocimiento está al alcance de todos y de manera inmediata. La lectura coexiste con vídeos, documentos colaborativos, grupos de mensajería e inteligencia artificial generativa. Esto no es necesariamente dispersión: puede ser aprendizaje multimodal. Por ejemplo, el informe PISA 2022 indicaba que el alumnado que utilizaba dispositivos digitales hasta una hora diaria con fines de aprendizaje obtenía hasta catorce puntos más en matemáticas que quienes no los usaban.

Cómo se aprende en red hoy

Los jóvenes se mueven con soltura entre formatos, plataformas y lenguajes: desde explicaciones en vídeos de quince minutos que localizan en YouTube a revisión de apuntes compartidos en un documento colaborativo, pasando por grupos de WhatsApp donde resolver dudas propias o de otros compañeros o mandarles explicaciones en un mensaje de audio. También usan la inteligencia artificial generativa, por ejemplo, para afianzar la comprensión de un concepto o para que reformular una idea de tres maneras distintas hasta encontrar la que mejor encaja. Estas prácticas son ya rutina.

Aprenden, como hemos aprendido siempre los humanos, también por imitación, viendo cómo otra persona resuelve algo en pantalla. Y probablemente distribuyen el estudio en sesiones más cortas e intercaladas.

¿Distraídos o asimilando de otra manera?

Enfrentarse de esta manera a los contenidos académicos tiene sus riesgos, pero también enormes ventajas.

Como explicaba Lev Vygotsky en los años treinta del siglo pasado, el desarrollo cognitivo se produce en la zona de desarrollo próximo, ese espacio en el que alguien más avanzado –o, simplemente, diferente– nos ayuda a llegar más lejos de lo que llegaríamos solos. El grupo de WhatsApp donde una compañera mejor preparada explica un ejercicio, el vídeo del youtuber especializado en química orgánica o la conversación con una herramienta de IA generativa que reformula un concepto desempeñan, en versiones distintas, esa función mediadora.

Los expertos Jean Lave y Etienne Wenger añadieron el concepto de comunidades de práctica: aprendemos participando, compartiendo, siendo reconocidas como miembros de un grupo que construye conocimiento. Y cuando cualquier estudiante le explica un concepto a otro, no solo le ayuda: reorganiza su propio conocimiento, detecta lo que no había entendido bien y lo verbaliza de una forma nueva.

La investigación lo llama efecto protégé: enseñar es una de las mejores maneras de aprender. El ecosistema digital ha multiplicado las oportunidades de hacerlo y ha bajado radicalmente sus barreras de entrada.

El matiz necesario: aprender sigue exigiendo esfuerzo

Esto no significa que todo lo que la tecnología facilita sea automáticamente aprendizaje. Aquí aparece la asimetría incómoda: el mismo recurso digital amplifica a la estudiante autorregulada y empobrece a la consumidora pasiva. La tecnología no es un objeto, es una relación cognitiva.

Dos hallazgos recientes lo confirman. En un estudio con 666 participantes se encontró una correlación negativa significativa entre uso frecuente de inteligencia artificial generativa y pensamiento crítico, especialmente en jóvenes, mediada por la delegación sistemática de tareas mentales en sistemas externos (cognitive offloading). En paralelo, otro estudio estadounidense midió mediante ondas eléctricas la actividad cerebral de estudiantado redactando ensayos con o sin asistencia de un modelo de lenguaje. Pues bien, quienes usaron IA mostraron menor conectividad neural, menor sentido de autoría y peor recuerdo posterior del propio texto. Los autores lo llamaron “deuda cognitiva”.




Leer más:
Cómo preservar el esfuerzo en la era de la inteligencia artificial


La lectura útil –no apocalíptica, pero tampoco complaciente– es esta: cuando una herramienta elimina el esfuerzo, también elimina el aprendizaje. La psicología cognitiva lo formalizó con el concepto de “dificultades deseables”: las condiciones que ralentizan el rendimiento aparente son las que consolidan la memoria a largo plazo.

El aprendizaje profundo es incómodo por diseño. Por eso, las prácticas digitales que mejor funcionan son las que mantienen viva esa fricción productiva: explicar a otros, decidir, equivocarse, debatir, contrastar, reformular, comparar fuentes, crear, reflexionar, transferir y recibir feedback.




Leer más:
La IA no mejora las notas y aumenta la brecha entre buenos y malos estudiantes


Las condiciones que hacen que la red enseñe

Aquí entran en juego las otras dos variables: el papel de la familia y el del profesorado. La teoría de la autodeterminación muestra que un estudiante con motivación intrínseca usa la inteligencia artificial para preguntar mejor; uno con motivación extrínseca, para no pensar.

Las familias modulan a menudo sin saberlo ese tipo de motivación, fragilizándola cuando el mensaje gira exclusivamente en torno al resultado y sosteniéndola cuando validan el proceso.

El profesorado hace lo equivalente desde el aula: las estrategias y criterios con que se evalúa configuran la imagen que el estudiantado construye de sus propias capacidades, y una evaluación formativa –que ajusta la docencia y acompaña el proceso de aprendizaje– es la mejor preparación para cualquier prueba sumativa posterior.




Leer más:
No es lo mismo “si estudias, sentirás orgullo” que “si no estudias, fracasarás”


Estudiar diferente, no peor

Por eso, no debemos equiparar estudiar de manera diferente con estudiar peor. De hecho, podríamos decir que la generación Z estudia en muchos aspectos de forma más sofisticada. Donde antes había un libro de texto cerrado, hoy hay una conversación abierta en la que apuntes, vídeos, mensajes, documentos colaborativos e inteligencia artificial circulan entre iguales.

Esa diversidad de apoyos enriquece el aprendizaje, pero también introduce una exigencia mayor: saber discriminar, organizar y convertir todo ese caudal de información en comprensión real, en aprendizaje profundo. Ante este panorama, un punto de inflexión es claro: debemos empezar a evaluar de diferente manera.

Aprender en red no es un atajo, ni una versión empobrecida de aprender. Es una forma sofisticada de construir conocimiento que combina lo individual con lo colectivo, lo síncrono con lo asíncrono, lo textual con lo audiovisual. Y, bien acompañada, prepara para algo más exigente que un examen concreto: para una vida profesional en la que aprender, desaprender y volver a aprender con otros y con tecnologías cambiantes será, probablemente, la competencia más valiosa que esta generación habrá necesitado adquirir.

The Conversation

Laia Lluch Molins no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo ha cambiado la manera de estudiar de las generaciones hiperconectadas? – https://theconversation.com/como-ha-cambiado-la-manera-de-estudiar-de-las-generaciones-hiperconectadas-283503