Sobre el Nobel a María Corina Machado: la democracia es la paz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Beatriz Fernández, Profesora de Comunicación Política en la UNAV, el IESA y Pforzheim, Universidad de Navarra

Al conceder a María Corina Machado el Premio Nobel de la Paz 2025 no solo se reconoce su liderazgo y su coraje civil, también se rinde homenaje a la irreductible tozudez democrática del pueblo venezolano. En un país donde el autoritarismo ha intentado cerrar todas las puertas a la participación política, Machado ha demostrado que siempre existen ventanas por donde colar la democracia. Este reconocimiento –ha sido elegida entre 338 nominados al premio en 2025– celebra no solo su trayectoria, sino también la persistencia de millones de ciudadanos que se niegan a rendirse.

Kristian Berg Harpviken, director del Comité Noruego del Nobel, durante la llamada telefónica en la que anunció a Machado la concesión del premio. Fuente: The Nobel Prize, YouTube.

En 2002 fundó Súmate, una ONG dedicada a garantizar elecciones libres y transparentes. Desde entonces, Machado ha realizado una labor esencial en un contexto en el que los obstáculos ponen en duda la relevancia del voto. Pero justamente frente a ese desencanto, ha mantenido viva la idea de que el voto, cuando se defiende colectivamente, puede tener una fuerza transformadora.




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Transparencia y participación

Esa convicción se puso a prueba en las primarias opositoras de octubre de 2023, organizadas de forma independiente, sin apoyo del Consejo Nacional Electoral. Más de 2,25 millones de venezolanos participaron, dentro y fuera del país, y Machado obtuvo una victoria arrolladora: 93 % de los votos. Ese resultado consolidó su liderazgo y demostró que, pese a la represión, la sociedad civil aún podía organizar procesos transparentes y participativos. Fue una gesta cívica que marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela.

Sin embargo, el régimen respondió con su habitual recurso: la inhabilitación política, esperando tal vez que la frustración derivara en violencia. Pero ocurrió lo contrario: Machado optó por la serenidad y la estrategia. Impedida de competir en las elecciones presidenciales de 2024, impulsó una salida estratégica: apoyar a Edmundo González Urrutia como candidato de unidad. Fue, de nuevo, la muestra de su inteligencia política y su compromiso con una transición democrática.

Durante la campaña, miles de voluntarios, de todos los partidos políticos, se desplegaron en unidad como observadores ciudadanos para documentar las actas electorales y proteger el voto. En esa elección del 28 de julio de 2024, Venezuela entera fue testigo de un acto de resistencia democrática sin precedentes. A pesar de la represión, el miedo y la censura, los ciudadanos acudieron a las urnas con una determinación que asombró al mundo.




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Votaciones, ¿un sinsentido?

Según los resultados reales, verificados por múltiples observadores independientes a partir de más del 83 % de las actas electorales, Edmundo González Urrutia ganó con cerca del 67 % de los votos. Una ventaja de más de 35 puntos porcentuales, y más de cuatro millones de votos, que el régimen desconoció al manipular el conteo oficial. El Consejo Nacional Electoral no fue capaz de presentar resultados itemizados, como sí lo hizo el comando de campaña de González Urrutia, pero el resultado electoral había sido escrupulosamente documentado.

Con la proclamación fraudulenta de Nicolás Maduro como ganador, el mensaje quedó claro: el camino electoral, tal como se conocía, quedaba cerrado y votar dejó de tener sentido en Venezuela. El régimen convirtió el sufragio en una coreografía del poder para simular normalidad democrática y la abstención del 85 % en el proceso parlamentario de 2025 simbolizó ese vacío político.

Machado encarna, además, una transformación de género y liderazgo en América Latina. La presencia de mujeres en la política regional ha desafiado estructuras de poder históricamente masculinas. En ese sentido, su liderazgo se suma a una nueva generación de mujeres latinoamericanas que, más que ocupar espacios, han creado nuevos modos de hacer política, basados en la empatía, la organización ciudadana y la defensa ética del voto.

Pero el reconocimiento del Nobel trasciende la figura de Machado y es un premio a la resiliencia colectiva de millones de personas que explica por qué se rebelan democráticamente los venezolanos y siguen creyendo que la democracia vale la pena.

La esperanza de un futuro diferente

Hoy, cuando en buena parte del mundo se erosionan las instituciones liberales, en Venezuela está en juego no solo la libertad del país, sino la credibilidad del sistema democrático frente al autoritarismo del siglo XXI.

Por eso, del bonito e inspirador discurso que explica las razones por las que María Corina Machado se hizo merecedora del Premio, este párrafo es clave:

“Ha demostrado que las herramientas de la democracia son también herramientas de la paz. Encarnan la esperanza de un futuro diferente, uno en el que se protejan los derechos fundamentales de los ciudadanos y se escuchen sus voces. En este futuro, las personas finalmente serán libres para vivir en paz”.

María Corina Machado representa la certeza de que la libertad no se negocia, que la democracia no se improvisa y que el futuro no pertenece a quienes imponen silencio, sino a quienes persisten en hablar cuando todos callan. Este Nobel es una reivindicación histórica: la de un país que, contra todo pronóstico, sigue creyendo que su destino está en las urnas, no en las armas.

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Carmen Beatriz Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Sobre el Nobel a María Corina Machado: la democracia es la paz – https://theconversation.com/sobre-el-nobel-a-maria-corina-machado-la-democracia-es-la-paz-267267

¿Es buena idea recurrir a ChatGPT cuando estamos deprimidos o ansiosos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Felipe Soto-Pérez, Profesor en Psicopatología y Salud Mental del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos, Universidad de Salamanca

La salud mental es uno de los asuntos que más preocupan hoy en día. Se calcula que cuatro de cada diez personas tendrán un problema de este tipo a lo largo de su vida. De ahí la urgencia de encontrar soluciones validadas por la evidencia científica. Algunas de las soluciones que se barajan tienen que ver con el uso de ChatGPT y otras aplicaciones de inteligencia artificial, propuestas que pueden generar curiosidad pero también dudas y desconfianza.

No es nuevo: el desarrollo tecnológico siempre nos ha hecho sentir algo incómodos. Ya a comienzos del siglo XIX, en un pueblo de Inglaterra llamado Leicestershire, Ned Ludd destruyó algunas máquinas textiles. Entre otras razones, argumentaba que lo hacía porque se oponía a los cambios que traía la nueva maquinaria industrial. A partir de ahí nació el término ludita, que describe a personas que rechazan el desarrollo tecnológico.

En el campo de la salud también han existido “momentos luditas”. Por ejemplo, cuando aparecieron los contestadores automáticos o, más recientemente, cuando se comenzó a utilizar la videollamada para atender pacientes. Incluso los propios profesionales se resistían a las videollamadas hasta que la pandemia de la covid-19 les obligó a utilizarlas. ¡Y menos mal que contamos con esa opción!

¿Cómo utilizan las personas la IA para cuidar su salud mental?

Actualmente, el principal uso que se le da a la lA es con fines de acompañamiento, como un “compañero digital” que nos orienta, escucha nuestros pensamientos y angustias, nos aconseja y al que le contamos secretos. Nos lo pone fácil el hecho de que herramientas como ChatGPT estén disponibles en cualquier momento, parezcan empáticas y, por norma, no critiquen ni respondan negativamente.

Quienes utilizan este tipo de IA no suelen preocuparse por la privacidad o la profundidad emocional, pese a que plantea riesgos por el uso de datos personales y por los sesgos con los que se entrenan las herramientas de IA.

No obstante, debemos admitir también que la IA permite identificar señales de malestar antes de que se agraven. Esto se consigue mediante el análisis de los datos de móviles y weareables que informan de patrones de actividad, pasos, sueño, cantidad de mensajes o veces que se mira el móvil. Este tipo de proceso se llama fenotipado digital y ayuda a anticipar recaídas en depresión o episodios en trastornos graves mediante lo que se llama EMA (Ecological Momentary Assessment o Evaluación Ecológica Momentánea).

También se usan modelos de lenguaje para detectar cambios sutiles en el estado emocional de adolescentes y adultos. Por ejemplo, cuando en los mensajes se detecta un aumento de frases del tipo “estoy mal” o “culpa”, así como en la fluidez verbal o en incoherencias sintácticas. El objetivo es claro: actuar antes de que el problema se convierta en crisis, algo que la atención tradicional no siempre logra.

Asimismo se han publicado estudios iniciales donde chatbots de salud mental se muestran eficaces en reducir síntomas leves de ansiedad y depresión, además de fomentar la reflexión personal y el autocuidado. Su disponibilidad 24/7 los convierte en recursos accesibles y de bajo coste, especialmente útiles en contextos con escasez de servicios profesionales.

La IA se está usando para ampliar terapias como la cognitivo-conductual. Algoritmos inteligentes permiten adaptar ejercicios, monitorizar avances y reforzar aprendizajes. Al mismo tiempo, los modelos de lenguaje abren la puerta a diálogos más naturales y sensibles al contexto. Los resultados de estudios científicos muestran reducciones moderadas en síntomas depresivos, especialmente en jóvenes.

Los terapeutas son más empáticos y flexibles

A pesar de estos avances, los profesionales ofrecen una visión más matizada.Comparaciones entre humanos y chatbots revelan que los terapeutas superan claramente a la IA en dimensiones críticas como la empatía, la flexibilidad y la sintonía emocional. Esto refuerza una idea clave: la IA no sustituirá al profesional, sino que se perfila como una herramienta complementaria.

Por ejemplo, en ansiedad y depresión un bot parece ser efectivo al inicio, pero su efecto desaparece a los tres meses. En paralelo a esta extinción, las personas dejan de utilizarlo, de modo que la adherencia a los apoyos sustentados en IA se ha convertido en uno de los grandes desafíos actuales y futuros a la hora de usarla en salud mental.

Las investigaciones también advierten sobre carencias importantes. Un modelo propone imaginarlo como una pirámide con tres pasos. En la base están la seguridad y la privacidad; después, la fiabilidad y la transparencia; y, solo en la cúspide, la eficacia práctica. Sin embargo, la mayor parte de los estudios se concentran en los niveles superiores y dejan en segundo plano cuestiones básicas como la protección de datos o la gestión del sesgo algorítmico. De hecho, un análisis crítico advierte que la falta de supervisión ética y la escasa formación digital de pacientes y profesionales pueden convertir a estas herramientas más en un riesgo que en un apoyo.

La IA ya está diseñada y avanzando. Los profesionales necesitamos prepararnos para este cambio radical en la forma de abordar los problemas de salud mental.

¿Qué podemos esperar del futuro de la IA en salud mental?

La integración de la inteligencia artificial en nuestra vida cotidiana es ya un hecho. Hace apenas tres años, la mayoría de la gente utilizaba un buscador, mientras que hoy millones de usuarios formulan directamente sus preguntas a un asistente conversacional. La permeabilidad de nuestras actividades diarias a la IA es tan alta que cuesta imaginar un retroceso. Al igual que hace dos décadas los ordenadores ocupaban media mesa y hoy caben en el bolsillo, probablemente en pocos años miraremos atrás y nos parecerá rudimentario haber usado la IA solo a través de texto para hablar de nuestra salud mental.

En este campo, el proceso ya comenzó, pero las perspectivas son claras. Las revisiones recientes señalan que la IA no solo permitirá monitorizar síntomas en tiempo real a través de dispositivos cotidianos, sino que también contribuirá a diagnósticos más precisos y a una atención personalizada. Con sus limitaciones y riesgos, la IA ha llegado para quedarse y desarrollarse.


La versión original de este artículo ha sido publicada en la revista Telos, de Fundación Telefónica.


The Conversation

Felipe Soto-Pérez colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

Madalin Marian Deliu Dumitru colabora con Telos, la revista que edita Fundación Telefónica.

ref. ¿Es buena idea recurrir a ChatGPT cuando estamos deprimidos o ansiosos? – https://theconversation.com/es-buena-idea-recurrir-a-chatgpt-cuando-estamos-deprimidos-o-ansiosos-267243

¿Por qué el termómetro marca 25 º y la sensación térmica es de 27 º?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natalia Limones, Hidroclimatología y riesgos hidrometeorológicos, Universidad de Sevilla

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Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por María Elena, de 16 años. IES V Centenario (Sevilla)


No es un fallo de la app o del aparato: se trata de dos cosas distintas. Entender esa diferencia te ayuda a planificar mejor tu actividad, escoger la ropa que debes ponerte e hidratarte adecuadamente. Veamos qué mide cada indicador.

Lo que mide el termómetro y lo que percibe la piel

En primer lugar, un termómetro meteorológico registra la temperatura del aire en condiciones controladas: a la sombra, con ventilación y a una altura estándar. Es una referencia física estable y comparable entre lugares y días. En cambio, la sensación térmica, o temperatura aparente, es una estimación de lo que percibe el cuerpo.

El objetivo práctico de la segunda es claro: traducir condiciones meteorológicas en confort o estrés térmico. No sustituye al termómetro, sino que lo contextualiza desde la fisiología humana.

Para calcular esa sensación se combinan diversas variables que alteran nuestro intercambio de calor con el ambiente: la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar. Por eso, dos días con la misma temperatura pueden sentirse distintos; si cambian esas condiciones, cambia lo que siente nuestra piel.

Nuestro aire acondicionado biológico

El sudor es nuestro aire acondicionado biológico: al evaporarse, extrae calor de la piel y nos enfría. Pero esa evaporación depende de cuánta humedad (es decir, cuánto vapor de agua) hay flotando en el aire. Con humedad alta, el aire está “cargado” de vapor y cuesta más que el sudor se convierta en gas.

El resultado es que notamos el sudor líquido en la piel –no lo evacuamos–, con la consecuencia de que nos enfriamos peor y sentimos más calor a igual temperatura. Por eso, en días pegajosos, de mucha humedad, hablamos de “bochorno”.

Con humedad baja, ocurre lo contrario: el sudor se evapora con facilidad, la piel pierde calor con más eficacia y la sensación puede ser más fresca. Ahora bien, en esos días, y aunque no lo notemos, estaremos sudando mucho. De ahí la importancia de reponer líquidos para evitar deshidratarnos.

El “efecto ventilador”

La sensación térmica también depende del movimiento del aire. El viento acelera el intercambio y la renovación de aire junto a la piel y favorece la evaporación del sudor porque llega continuamente nuevo aire seco. Como ese “efecto ventilador” hace que puedas sudar –y, con ello, refrigerarte–, notarás una sensación térmica más baja que la que correspondería a la temperatura del aire. Una brisa ligera ya se nota, pero con viento sostenido puede haber realmente mucha diferencia.

Por otro lado, el sol directo actúa al revés: añade radiación que el cuerpo absorbe como calor. Lo mismo pasa con superficies calientes como el asfalto, el metal o las fachadas soleadas: irradian energía hacia nosotros, sin que realmente la temperatura del aire que nos rodea cambie mucho. Estar a pleno sol o junto a un pavimento recalentado eleva la sensación térmica, y por eso en las ciudades dicha percepción suele incrementarse.

A consecuencia de ello, la suma de sombra y brisa normalmente reduce la sensación térmica, mientras que la conjunción de sol y superficies calientes suelen aumentarla. Ponerse a la sombra, o desviarse a una calle ventilada, suponen una diferencia significativa sin que el termómetro necesariamente se modifique. De noche, si hay poca humedad y algo de viento, esa diferencia en la sensación térmica se hace muy evidente.

Por qué importa saberlo

Algunas aplicaciones del tiempo suelen mostrar un índice de calor corporal. Por ejemplo, puedes calcular uno de estos índices en la web del Instituto de Salud Global de Barcelona de forma muy simple, combinando temperatura y humedad. Este parámetro nos puede resultar especialmente útil cuando el aire supera los 27–30 °C y tenemos que planificar actividades exigentes como deporte intenso o trabajos al sol.

En interiores también cambia lo que sentimos aunque el termómetro marque la misma temperatura. Un gimnasio cerrado, una cocina industrial o un taller con hornos pueden acumular radiación procedente de superficies calientes. Si además de esto la ventilación es pobre, la humedad sube y el sudor se evapora peor. Resultado: con 25 °C “oficiales” puedes notar más calor que en el exterior a la sombra.

Por eso, cuando realizamos una actividad intensa o prolongada, no basta con mirar la temperatura: hay que valorar el estrés térmico real. En el mundo laboral, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo usa otro indicador, el Wet Bulb Globe Temperature, que integra la temperatura del aire, la humedad, el efecto del sol o de superficies radiantes y la ventilación. Este cálculo se recomienda para evaluar condiciones tanto en interiores como en exteriores, y sirve decidir las pausas, el ritmo o qué equipos de protección llevar en los trabajos.

¿Y por qué importa todo esto? Importa porque de esa sensación térmica dependen nuestro confort y nuestra salud. Entenderlo ayuda a cuidarnos mejor, ya que planificar la actividad según el sol y la humedad, hidratarse bien y usar ropa transpirable marcan la diferencia. En olas de calor, por ejemplo, nos sirve de referencia para tomar decisiones prudentes.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


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Natalia Limones no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué el termómetro marca 25 º y la sensación térmica es de 27 º? – https://theconversation.com/por-que-el-termometro-marca-25-y-la-sensacion-termica-es-de-27-252140

La ciencia del café de especialidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel Rufián Henares, Catedrático del departamento de Nutrición y Bromatología, Universidad de Granada

Narong Khueankaew/Shutterstock

El café de especialidad es, como bien dice su nombre, un café “especial”, singular. Pero ¿por qué? ¿Qué lo hace diferente al resto?

Pues el secreto está en su procesamiento. En el fruto del café existen varias capas que se deben tener en cuenta para poder comprender los pretratamientos a los que se ve sometido. La capa más externa es la cáscara, seguida de una capa de pectina, también llamada pulpa y, finalmente, en el centro, se encuentra la semilla (el café verde), que se conoce como almendra.

Los cafés de especialidad, tras ser recolectados, sufren tres tipos de pretratamientos que modifican el sabor y aroma del café final: lavado, honey y natural.

  • Para obtener el café lavado, se separa la cáscara de la almendra con su cubierta de pectina. Posteriormente se lava con agua para eliminar la pulpa y se lleva a cabo un proceso de fermentación.

  • En el café honey solo se realiza el proceso de descascarillado para eliminar la cáscara, llevándose a cabo posteriormente la fermentación y el secado de la almendra recubierta de la capa de pectina.

  • Por último, en el café natural todo el fruto (con todas sus capas) se ve expuesto al proceso fermentativo y de secado.

Cada uno de estos pretratamientos otorga al café de especialidad características de sabor y aroma diferentes antes de su tostado.

El proceso de tostado

El grano de café verde, aunque se haya sometido a los pretratamientos comentados anteriormente, carece de los matices del tostado. Es en este proceso, al aplicar temperaturas den 170 °C y 220 °C , cuando se permite llegar al grano al punto de ruptura para conseguir unas propiedades organolépticas óptimas.

En el caso de que el tostado sea demasiado ligero, tendremos notas más similares al café verde, con mayor acidez y menor amargor; sin embargo, cuando el tostado es más intenso, el café adquiere un perfil mucho más amargo y menos ácido.

Un ejemplo de café muy tostado es el café torrefacto, que se consume bastante en España (aunque está prohibido en varios países de la Unión Europea). Se tuesta junto con azúcar a altas temperaturas, dando como resultado un café con notas a quemado, caramelo, tierra y carbón.

Café de especialidad vs comercial

El café de especialidad se diferencia del comercial en dos aspectos fundamentales.

En primer lugar, en el primero se conocen todas las características que modifican los aromas y el sabor del café: procedencia, variedad, especie…

En segundo lugar, el café de especialidad es avalado por la Speciality Coffee Association (SCA) mediante la realización de una cata, donde se valora el café con un número comprendido entre el 0 y el 100. Así, el café solo será considerado de especialidad si este valor se encuentra por encima de 80.

Esto implica que la etiqueta “de especialidad” otorga importancia a la calidad, trazabilidad y sostenibilidad de toda la cadena productiva y de distribución, mientras que el café comercial busca un precio más bajo en detrimento de la calidad.

Beneficios nutricionales

El café de especialidad presenta grandes beneficios nutricionales frente al café comercial estándar. Se debe a que su riguroso proceso de fabricación garantiza la presencia de compuestos bioactivos.

Algunas de las propiedades saludables son:

  • Capacidad antioxidante: una taza de café puede aportar entre 200 y 550 miligramos de compuestos antioxidantes, lo que en algunos países puede llegar a suponer el 60 % de la ingesta total de antioxidantes diaria.

  • Cambios en la expresión de los genes: ciertos estudios demuestran que el café, gracias a sus compuestos bioactivos, puede modificar la activación de genes en patologías como el cáncer de colon, la leucemia y el cáncer de mama, entre otros.

  • Cambios en la microbiota intestinal: su consumo puede favorecer una microbiota intestinal más diversa, con una mayor capacidad antiinflamatoria.

En conclusión, el café de especialidad no solo es una bebida con unas características sensoriales superiores a la del café comercial, sino que también posee unos beneficios nutricionales que hacen de este alimento un potenciador de la salud humana.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La ciencia del café de especialidad – https://theconversation.com/la-ciencia-del-cafe-de-especialidad-263565

Rusia obliga a Europa a prepararse frente a la amenaza de los drones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Michele Testoni, Professor of International Relations, IE University

Anelo/Shutterstock

Mientras la ofensiva militar de Moscú continúa en el extremo oriental de Europa, las tensiones se disparan en el continente debido a las repetidas y descaradas violaciones del espacio aéreo europeo orquestadas deliberadamente por Rusia. La Unión Europea ha anunciado contramedidas, en forma de un “muro antidrones”, para combatir esta nueva amenaza.

Entre el 9 y el 10 de septiembre, se avistaron 19 drones entrando en el espacio aéreo polaco. Se activó inmediatamente una respuesta de defensa aérea liderada por la OTAN, con F-16 polacos y F-35 holandeses despegando en una misión de alerta de reacción rápida. Tres de los drones fueron derribados, mientras que al menos otros ocho se estrellaron en territorio polaco. Otro dron penetró hasta 260 km en Polonia, más allá de la capital, Varsovia, lo que obligó al cierre temporal de cuatro aeropuertos.

Un incidente aún más grave se produjo el 13 de septiembre, cuando tres cazas rusos MiG-31 violaron el espacio aéreo de Estonia durante más de 10 minutos. Los aviones volaron en paralelo a la frontera, penetrando menos de 10 km en territorio estonio antes de ser escoltados de vuelta por cazas de la OTAN.

Polonia y Estonia invocaron el artículo 4 del Tratado de Washington, un mecanismo de consulta colectiva que se activa cuando “la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las Partes se ve amenazada”. La OTAN respondió condenando “las acciones imprudentes de Rusia” y prometiendo reforzar la “postura de disuasión y defensa de la Alianza, incluso mediante una defensa aérea eficaz”.

Se han producido otras presuntas violaciones en Dinamarca (que acababa de anunciar la compra de “armas de precisión de largo alcance”), Finlandia, Francia, Alemania, Letonia, Noruega y Rumanía. El 3 de octubre, los avistamientos de drones provocaron el cierre del aeropuerto de Múnich durante unas horas y la cancelación de casi 20 vuelos.

¿Qué pretende Rusia?

A través de estas intrusiones, Rusia quiere poner a prueba la preparación de los mecanismos de defensa colectiva de la OTAN. Putin quiere saber hasta dónde está dispuesta a llegar Europa para defender a Ucrania ante la ambivalente política exterior de Estados Unidos. En otras palabras: ¿sigue siendo el artículo 5 de la OTAN un elemento disuasorio creíble contra los planes imperialistas del Kremlin?

La estrategia de Rusia ha tomado claramente esa dirección tras el fracaso de la Cumbre de Alaska entre Trump y Putin el 15 de agosto de 2025. La reunión no dio lugar a medidas concretas y, para empeorar las cosas, Trump reconoció abiertamente la imposibilidad de alcanzar un alto el fuego entre Rusia y Ucrania.

La política arriesgada de Putin –la práctica de llevar una negociación al borde del conflicto abierto para lograr el resultado deseado– debe interpretarse como una señal hostil. El Kremlin está diciendo que no quiere detener los combates (todavía), ya que percibe una ventaja en prolongar la guerra. Es más, están pisando el acelerador.




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Drones ficticios y la “zona gris”

El objetivo de esta escalada calculada se ve confirmado por el arma elegida por el Kremlin. La mayoría de los dispositivos derribados o recuperados han resultado ser drones kamikaze de fabricación rusa Geran-2 (Geranium-2), una versión simplificada y más barata del Shahed-136 iraní, ampliamente utilizado en Ucrania.

Estos drones se emplean principalmente como señuelos para saturar y distraer a las defensas aéreas, aunque también pueden realizar reconocimientos y ataques oportunistas con pequeñas cargas explosivas.

Un dron negro yace en el suelo mientras dos soldados lo inspeccionan
Un dron ruso Geran-2, encontrado en la región de Vinnytsia, en Ucrania, en marzo de 2024.
Policía Nacional de Ucrania / Wikimedia Commons, CC BY

Las imprudentes acciones de Rusia también tienen un segundo objetivo en mente: evaluar la cohesión general de la opinión pública occidental, y de los europeos en particular. Las dimensiones informativas y psicológicas de la guerra son fundamentales en este tipo de operaciones y están profundamente arraigadas en el pensamiento estratégico de Rusia, especialmente en sus últimas iteraciones.

Esto incluye la difusión de información errónea a través de las redes sociales o el empoderamiento de partidos políticos antieuropeístas y prorrusos, pero ahora ha ido más allá: Rusia está operando deliberadamente en la “zona gris”. Se trata del espacio entre la guerra y la paz en el que se llevan a cabo acciones coercitivas no militares con el fin de alcanzar objetivos estratégicos por debajo del umbral de los conflictos armados convencionales.

Sin embargo, sus recientes provocaciones pueden correr el riesgo de escalar a una guerra abierta que, al menos oficialmente, nadie desea y que sería devastadora para todas las partes.




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¿Un frente unido?

Rusia está poniendo a prueba la determinación colectiva de Europa mediante un peligroso juego de “divide y vencerás” con las diferentes percepciones de amenaza del continente. Puede que esté funcionando. El canciller alemán Friedrich Merz ha afirmado que “Europa ya no está en paz con Rusia”, y la primera ministra danesa Mette Fredriksen ha argumentado que “Europa se encuentra en la situación más peligrosa desde la Segunda Guerra Mundial”, pero otros responsables políticos europeos parecen reacios a adoptar una postura tan firme.

Además, las protestas propalestinas generalizadas que estallaron a raíz de la interceptación por parte de Israel de la flotilla de ayuda a Gaza han puesto de relieve las persistentes diferencias en la percepción de la amenaza dentro de las sociedades europeas.

Estas divisiones no solo están determinadas por factores geográficos o físicos, sino también por alineamientos ideológicos: las posiciones pro-Palestina se asocian en gran medida con los sentimientos de izquierda, mientras que las actitudes pro-Ucrania se vinculan con opiniones centristas o de derecha. La debilidad de Europa, reforzada por las inconsistencias de la política exterior estadounidense, explica en gran medida la fortaleza de Rusia.

A pesar de estas diferencias, la reciente reunión de la Comunidad Política Europea (EPC) en Copenhague vio a los líderes europeos proyectar una imagen de unidad, cohesión y resiliencia al aprobar una nueva iniciativa emblemática denominada “muro antidrones”.

No se trataría de una barrera física, sino de una red por capas de sistemas de detección e interceptación. Se basaría en las capacidades antidrones existentes en cada uno de los países europeos.

A día de hoy, se sabe poco sobre cómo será realmente este “muro” y cuánto tiempo llevará ejecutarlo (el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, dijo que podría ser cuestión de tres o cuatro años), y quién se encargará de su implementación: ¿la Comisión Europea o los Estados miembros?

La guerra está evolucionando

Lo que está totalmente claro es que los países de la UE y la OTAN tienen que adaptar sus sistemas de defensa aérea a un panorama estratégico cambiante. La amenaza que representa Rusia ya no proviene únicamente de dispositivos de movimiento rápido –aviones, misiles balísticos, de crucero o incluso hipersónicos–, sino también de la tecnología en rápida evolución de los drones no tripulados. Esta nueva amenaza debe contrarrestarse incorporando métodos de guerra electrónica más baratos, como el bloqueo, la suplantación o la interrupción de las señales electrónicas de las que dependen los drones.

La guerra en Ucrania ya ha demostrado que los drones son un elemento revolucionario en la estrategia militar del siglo XXI. Son baratos, pequeños (lo que significa que son difíciles de detectar con la tecnología existente), capaces de infligir daños importantes y, en general, capaces de suponer una amenaza desproporcionada. Los drones están haciendo que la seguridad internacional se enfrente a nuevos peligros y sea más inestable, ya que desplazan el equilibrio militar de la defensa hacia el ataque.

Por esta razón, la racionalización de los sistemas de defensa contra los drones es una necesidad estratégica para Europa. La respuesta de los Estados miembros de la UE y la OTAN debe ser decisiva, rápida y eficaz, ya que en este momento no se puede descartar una acción mucho más agresiva por parte de Rusia, como una invasión terrestre de los Estados bálticos.

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Michele Testoni no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Rusia obliga a Europa a prepararse frente a la amenaza de los drones – https://theconversation.com/rusia-obliga-a-europa-a-prepararse-frente-a-la-amenaza-de-los-drones-266962

¿Está España preparada para liderar la diplomacia de datos en la era digital?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Carlos andre Santos/Shutterstock

La diplomacia clásica encontró en los salones recién pintados de las cancillerías y en las mesas de negociación su espacio natural. Hoy esa escena se ha trasladado al ciberespacio, un ámbito en el que la soberanía de los Estados se mide por su capacidad para gestionar, proteger y compartir datos.

Bajo el paraguas de la diplomacia cibernética –o diplomacia de datos– los gobiernos y las instituciones internacionales debaten la regulación de flujos de información, la defensa frente a ciberataques y el establecimiento de protocolos comunes para el cifrado y la certificación de identidades. El impulso por colocar la información en el centro de la acción exterior revela un cambio profundo: los datos se han convertido en un recurso estratégico equivalente al petróleo o al acero.

Oportunidades y obstáculos para liderar el sector

En este contexto, España cuenta con ventajas singulares. Su red de centros de datos se alinea con cables submarinos que la vinculan directamente con América Latina, que le otorga una posición geoestratégica única. La implementación temprana del Reglamento General de Protección de Datos y el prestigio de la Agencia Española de Protección de Datos consolidan una reputación de rigor que resulta atractiva para socios europeos y latinoamericanos.

No obstante, la fragmentación competencial entre el Estado y las comunidades autónomas dificulta la convergencia en una sola voz. El artículo 149.1.29 de la Constitución reserva al Estado la competencia exclusiva en materia de seguridad pública –que abarca la ciberseguridad–, mientras que las comunidades autónomas gestionan de forma independiente sus propios sistemas de respuesta, el SOC de la Comunidad de Madrid o el CERT de la Generalitat de Cataluña), lo que obliga a sincronizar procedimientos entre múltiples instituciones antes de hablar con la UE.

Para minimizar este problema, movimientos como el Foro Nacional de Ciberseguridad –impulsado en julio de 2020 por el Centro Criptológico Nacional y el Departamento de Seguridad Nacional y que integra a ministerios, INCIBE, CCN-CERT, universidades y empresas– están comenzando a sentar las bases de una estrategia nacional coordinada.

Retraso en cumplir la normativa

Estas nuevas dinámicas buscan consolidar una coordinación indispensable. La Directiva (UE) 2022/2555, conocida como NIS 2, obliga a las entidades de 18 sectores críticos a implantar un sólido sistema de gestión de riesgos, notificar incidentes en un plazo de 24–72 horas, reforzar la cooperación transfronteriza y exigir la rendición de cuentas de sus máximos responsables. Esta norma ha intensificado la presión de Bruselas sobre España, que aún no ha completado su transposición y se expone a posibles sanciones por parte de la Comisión Europea.

La mayoría de los Estados miembros de la UE ya han incorporado la Directiva NIS2 a su ordenamiento, pero España sigue pendiente de culminar el proceso legal y no notificó a la Comisión Europea la aprobación definitiva de su Ley de Coordinación y Gobernanza de la Ciberseguridad dentro del plazo previsto (principios de julio de 2025). Como resultado, sigue abierto el procedimiento de infracción y el país podría ser condenado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que supondría sanciones y, sobre todo, comprometería la eficiencia del escudo cibernético europeo, dificultando la plena integración de España en el sistema europeo de respuesta y alerta mientras empresas y administraciones continúan sujetas a las normativas previas de ciberseguridad, en un momento crítico de creciente sofisticación de los ciberataques.




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El talento investigador español contribuye en el fortalecimiento de esta iniciativa. Equipos de la Universidad Politécnica de Madrid, de la UPV/EHU y de la Universidad de Málaga lideran proyectos en ciberseguridad y análisis masivo de datos. Sus publicaciones y colaboraciones con organismos internacionales demuestran que España participa activamente en el Internet Governance Forum de la ONU, en comités de la OCDE y en grupos de trabajo de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Cada una de estas plataformas sirve como escenario para exponer propuestas, intercambiar mejores prácticas y forjar alianzas que trascienden fronteras.

Alianzas necesarias para lograr un objetivo

La diplomacia de datos demanda vínculos con el sector privado y con la sociedad civil. Google, Microsoft, Amazon, Meta y Apple actúan como interlocutores influyentes, capaces de impulsar inversiones en infraestructuras estratégicas y de negociar criterios de cumplimiento normativo. En España, las conversaciones con proveedores de hardware, con empresas de servicios en la nube y con operadores de telecomunicaciones han permitido diseñar una hoja de ruta que no sacrifica la protección de datos personales a cambio de potenciar la innovación. Resulta necesario afianzar esas relaciones, fomentando alianzas público-privadas que permitan convertir las políticas de datos abiertos en un motor de desarrollo económico responsable.




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Una oportunidad única que aprovechar

La propuesta de conectar Europa con América Latina y el Caribe mediante un corredor digital seguro capitaliza el valor geográfico y cultural de España. Madrid, Lisboa y Santos (Brasil) podrían constituir nodos fundamentales de intercambio de información respetando normativas homogéneas. Un proyecto de este tipo serviría para impulsar la investigación, facilitar la movilidad académica y fortalecer la cooperación en áreas como la salud pública, el cambio climático y la seguridad alimentaria. La diplomacia académica tendría un papel decisivo en este planteamiento, convocando foros internacionales en Barcelona y Madrid que reúnan a diplomáticos, técnicos y representantes del sector tecnológico.

El ámbito de la ciberseguridad cooperativa exige también una respuesta coordinada. Prevenir ataques a infraestructuras críticas, como redes eléctricas o sistemas hospitalarios, requiere mecanismos de alerta temprana y canales confidenciales de intercambio de información. España dispone de propuestas de colaboración con países vecinos para la creación de un centro europeo de excelencia en ciberinteligencia que agrupe a Portugal, Italia y Grecia en un esfuerzo conjunto. Esa iniciativa reflejaría una visión compartida y reforzaría la capacidad de respuesta frente a amenazas que traspasan cualquier frontera.

Grandes retos para España

La formación de profesionales en diplomacia digital constituye otro pilar esencial. Instituir cátedras especializadas en universidades nacionales y desarrollar programas de posgrado orientados a la gestión de datos en el ámbito internacional incrementaría la masa crítica de expertos. Eventos organizados en sedes universitarias y centros de congresos permitirían articular un diálogo permanente entre la academia, la Administración y la industria. Esta diplomacia académica alimentaría la práctica diplomática con análisis rigurosos y casos de estudio aplicables en cada negociación.




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España ha avanzado en la regulación de la localización de datos y en la adopción de estándares internacionales de cifrado, pero mantiene dependencia de proveedores extraeuropeos de hardware. Cubrir esa debilidad exige impulsar la industria nacional de servidores y componentes de red, fomentando un ecosistema de startups capaz de competir con polos tecnológicos de Berlín, Londres o Estocolmo. El respaldo institucional a través de ayudas a la innovación y a fondos de capital riesgo especializados en ciberseguridad resultaría determinante para consolidar un tejido emprendedor robusto.

Horizontes de la diplomacia de datos española

La diplomacia de los datos no puede entenderse sin una participación activa de la ciudadanía. Generar conciencia sobre la importancia de la protección de datos, la soberanía digital y la ética en el uso de la información es condición previa para que los acuerdos internacionales cuenten con un respaldo social sólido. Iniciativas de formación en centros educativos y campañas de divulgación contribuirían a cerrar brechas de conocimiento y consolidar un entorno en el que las estrategias de ciberdiplomacia cuenten con legitimidad democrática.

Su construcción con sello español requiere combinar la fortaleza en protección de datos, la infraestructura de conectividad y el talento académico con una estrategia coordinada entre administraciones y con la sociedad civil. Transformar a España en referente de esta nueva frontera de la influencia global depende de alcanzar un equilibrio entre la innovación tecnológica y la protección de derechos, consolidar corredores digitales con América Latina y articular un ecosistema público-privado vibrante. De prosperar este planteamiento, España hablará con autoridad en el idioma universal de los datos.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Está España preparada para liderar la diplomacia de datos en la era digital? – https://theconversation.com/esta-espana-preparada-para-liderar-la-diplomacia-de-datos-en-la-era-digital-259622

Nobel de Física 2025: el despegue de los bits cuánticos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ramon Aguado, Doctor en Física Teórica que trabaja en materiales cuánticos en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM) como Investigador Científico, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

GarryKillian/Shutterstock

¿Puede un objeto que cabe en la palma de la mano exhibir comportamiento cuántico? Aunque parecía imposible hace unas décadas, hoy sabemos que sí. El Premio Nobel de Física de 2025 ha reconocido a John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis por demostrar de forma inequívoca que un circuito eléctrico basado en superconductores –materiales que conducen electricidad sin resistencia eléctrica ni pérdida de energía cuando se enfrían por debajo de su temperatura crítica– puede exhibir dos fenómenos cuánticos fundamentales: el efecto túnel cuántico macroscópico y la cuantización de la energía.

El premio Nobel de Física 2025 ha recaído en John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis.
Niklas Elmehed / Nobel Prize Outreach.

Huevos y péndulos cuánticos en un chip

Para entender la magnitud de su logro, es útil recurrir a una analogía “casera”. Imaginemos un cartón de huevos con un huevo en uno de los huecos. Si inclinamos ligeramente el cartón, con mucho cuidado, el huevo sigue en su hueco, en una posición bien definida. Algo similar ocurre si empujamos ligeramente un péndulo: oscilará levemente alrededor de su posición estable antes de que la gravedad le haga regresar a su punto de equilibrio. En ambos ejemplos, el huevo y el péndulo están en su estado de mínima energía, estable y predecible, como dicta la física clásica.

Ahora, imaginemos lo imposible: que el huevo, al inclinar levemente el cartón, apareciese mágicamente en el hueco contiguo, como si hubiera atravesado la pequeña protuberancia de dicho cartón, la “barrera de potencial”, que los separa. Este fenómeno, impensable en nuestra experiencia cotidiana, es el efecto túnel en física cuántica.

El efecto túnel gobierna algunos de los procesos fundamentales del universo. Es el responsable de la desintegración radiactiva de núcleos atómicos pesados y hace posible la fusión nuclear que alimenta a las estrellas.

Pero su influencia va mucho más allá: el efecto túnel y la superconductividad, el fenómeno que permite a los materiales conducir electricidad sin resistencia, han estado extraordinariamente presentes en la historia de los Premios Nobel.

A hombros de gigantes

El camino a este Nobel de 2025 está cimentado sobre otros galardones anteriores. La teoría BCS de la superconductividad –llamada así por las iniciales de John Bardeen, Leon Cooper y Robert Schrieffer, que recibieron el Nobel en 1972– fue revolucionaria.

Esta teoría explica que la clave para entender la superconductividad es la formación de pares de Cooper, parejas de electrones que, a temperaturas extremadamente bajas, se acoplan en vez de repelerse.

Estos pares se comportan como una sola entidad cuántica, con una función de onda macroscópica con una fase coherente bien definida. Y dan lugar a un maravilloso ejemplo de fenómeno emergente en física de la materia condensada: de la interacción de billones de electrones surge un estado colectivo con propiedades que no existen a nivel individual.

Inspirándose en estas ideas rompedoras de la teoría BCS y en los experimentos de Ivar Giaever sobre el efecto túnel, el físico Brian Josephson realizó una predicción audaz en 1962. Postuló que una corriente eléctrica, compuesta por estos pares de Cooper, podría atravesar por efecto túnel una barrera aislante que separase dos superconductores (una configuración hoy en día conocida como “unión Josephson”). Esta “supercorriente” podría fluir eternamente, sin resistencia y sin necesidad de aplicar un voltaje, desafiando la comprensión clásica de la electricidad. Ambos compartirían el premio Nobel de Física en 1973.

Por último, Anthony Leggett (Nobel en 2003) desarrolló las bases teóricas para entender la coherencia cuántica a escala macroscópica.

Los primeros pasos de un Nobel

Alrededor de 1985, John Clarke, profesor en la Universidad de California en Berkeley, propuso a Michel Devoret (investigador postdoctoral) y a John Martinis (investigador predoctoral) un experimento crucial que fusionaba conceptos fundamentales de superconductividad y mecánica cuántica. El objetivo era demostrar experimentalmente que la fase cuántica colectiva de los pares de Cooper en una unión Josephson –una variable electromagnética macroscópica– exhibía efectos cuánticos observables.

Su configuración experimental permitió detectar el efecto túnel macroscópico de la fase superconductora entre dos estados de energía potencial, equivalente al salto cuántico de un sistema colectivo formado por millones de pares de Cooper.

Volviendo a nuestra analogía del huevo: el estado de supercorriente sin voltaje es como el huevo en reposo en su hueco. Pero, cuánticamente, existe una probabilidad de que el huevo “cambie” de hueco. Esta imagen es físicamente muy poderosa porque el potencial energético que describe el efecto Josephson puede visualizarse precisamente como el cartón de huevos, donde la fase cuántica del estado superconductor representa la posición efectiva en ese cartón.

Igual que nuestro huevo cuántico puede cambiar de hueco mediante efecto túnel, la fase del estado superconductor puede realizar saltos cuánticos entre diferentes estados. Este fenómeno, traducido al circuito eléctrico, se manifiesta como un voltaje medible donde antes el voltaje era nulo.

En busca del “átomo artificial”

Esta medición directa del efecto túnel coherente de una variable macroscópica representó un avance fundamental, pues demostraba de manera incontrovertible que las leyes cuánticas gobiernan no solo a las partículas subatómicas, sino también estados colectivos en sistemas superconductores macroscópicos.

Pero Clarke, Devoret y Martinis fueron más allá. Así como los átomos absorben y emiten luz de colores (frecuencias) muy específicas, lo que revela sus niveles de energía cuantizados, sus experimentos demostraron que su circuito superconductor solo respondía a frecuencias de microondas muy concretas, con transiciones precisas, cuya vida media dependía del nivel energético.

Esto probó de manera espectacular que el chip no solo presentaba efecto túnel, sino que se comportaba como un “átomo artificial”. De nuevo, podemos usar nuestra imagen del cartón de huevos, esta vez como un conjunto de pozos de potencial: un sistema cuántico diseñado a medida con estados energéticos discretos y cuantizados.

Del laboratorio a la revolución cuántica

El legado de este experimento, sin embargo, resultó ser mucho más trascendental. Aquel “átomo artificial” creado en Berkeley se convirtió en el primer ladrillo para demostrar un cúbit –unidad básica de información en la computación cuántica– superconductor. La conexión no es meramente conceptual: el dispositivo superconductor phase qubit, uno de los primeros diseños, utilizaba precisamente el efecto túnel macroscópico para leer el estado cuántico, del mismo modo que lo hicieron los galardonados en 1985.

La carrera práctica comenzó en 1999, cuando Y. Nakamura, Yu. A. Pashkin y J. S. Tsai observaron por primera vez en la compañía NEC en Japón oscilaciones cuánticas coherentes en una pequeña isla superconductora, un electrodo microscópico donde los pares de Cooper quedan confinados. Aunque estas primeras oscilaciones solo duraban 3 nanosegundos, este frágil primer paso inspiró diseños más robustos. Poco después, a principios de la década de 2000, se demostraron oscilaciones coherentes en phase qubits.

Computación con cúbits, una realidad

Desde aquellas primeras demostraciones hasta los cúbits modernos, la tecnología de circuitos superconductores –que es la base de los procesadores cuánticos con cientos de cúbits que desarrollan compañías como Google e IBM– ha tenido unos avances espectaculares en apenas 25 años. En la actualidad se han observado cúbits que mantienen su coherencia cuántica hasta varios milisegundos, ¡un millón de veces más que aquellos primeros 3 nanosegundos!

Los mismos fenómenos que han merecido el premio Nobel de este año ahora se replican y controlan a escala para ejecutar algoritmos que prometen revolucionar la criptografía, el descubrimiento de fármacos y la ciencia de materiales.

Sin embargo, para alcanzar estas promesas, aún debemos resolver un desafío tecnológico de enormes proporciones: escalar masivamente el número de cúbits –de cientos a millones– y combatir la decoherencia –proceso cuántico en el que un sistema pierde sus características cuánticas (como la superposición o el entrelazamiento) al interactuar con su entorno–.

Precisamente, esta búsqueda colectiva de soluciones subraya el valor de la investigación fundamental: el trabajo de Clarke, Devoret y Martinis muestra que la ciencia guiada por la curiosidad es, con frecuencia, la que acaba marcando la dirección de las futuras revoluciones tecnológicas.

The Conversation

Ramon Aguado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Nobel de Física 2025: el despegue de los bits cuánticos – https://theconversation.com/nobel-de-fisica-2025-el-despegue-de-los-bits-cuanticos-267022

Simone Weil y el arte de prestar atención ‘suspendiendo el pensamiento’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Esteban Moreno, Investigadora Predoctoral Teoría de la Literatura , Universidad de Valladolid

Elona Agug/Pexels

En tiempos de notificaciones constantes, mensajes que reclaman una respuesta inmediata y un flujo incesante de información, la atención se ha convertido en un recurso escaso. No solo es difícil concentrarse, también lo es sostener la concentración el tiempo suficiente para profundizar en una idea, un problema o un texto.

La filósofa francesa Simone Weil (1909-1943) propuso hace casi un siglo una concepción de la atención que, lejos de quedar obsoleta, sigue hoy más vigente que nunca. En 1942 escribió el ensayo Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares como medio de cultivar el amor a Dios. Lo dirigió al dominico Joseph-Marie Perrin, como guía para acompañar a jóvenes cristianos. Aunque el texto tiene un trasfondo religioso, sus ideas pueden leerse en clave universal.

‘Aquel que pasa sus años de estudio sin desarrollar la atención pierde un gran tesoro’

En la vida académica y profesional solemos asociar prestar atención con hacer un esfuerzo sostenido. Weil rompe con esta visión. Para ella, atender no consiste en contraer la mente como un músculo, sino en abrirla. Es un acto de receptividad, no de tensión.

Imagen en blanco y negro de una mujer joven de melena corta.
Retrato de Simone Weil de joven.
Wikimedia Commons

“La atención consiste en suspender el pensamiento, en dejarlo disponible, vacío y penetrable al objeto”, escribe. No se trata de forzar la solución, sino más bien de crear el espacio interior donde pueda aparecer lo que buscamos. Atender es, en gran medida, una manera de esperar.

Esta forma de entender la atención tiene implicaciones profundas en la educación. Para Weil aprender no es solo una cuestión de memoria, técnica o voluntad. Así, cuestiona la idea de que trabajar mucho deba equivaler a fatigarse. Propone, en cambio, un ritmo natural, como la respiración: se inspira y se espira. En sus palabras: “Veinte minutos de atención intensa y sin fatiga valen infinitamente más que tres horas de esa dedicación de cejas fruncidas”.

Aprender como fin en sí mismo, no como medio

La pensadora llega a afirmar que “la facultad de atención es el objetivo verdadero y casi el único interés de los estudios –escolares–”; lo que significa que, aunque olvidemos fechas, datos o fórmulas, el hábito de prestar atención permanece. Por eso considera que todas las materias, incluso las que parecen alejadas de nuestras afinidades, son valiosas como campo de práctica.

Imaginemos que un estudiante de letras se enfrenta a un problema de geometría que no logra resolver. Según la lógica habitual, ese tiempo podría considerarse “perdido” porque no ha encontrado la solución. Para la filósofa, en cambio, el esfuerzo atento servirá después para leer un poema, escuchar a un amigo o tomar una decisión importante. También Leonardo Da Vinci recomendaba a sus discípulos que contemplaran una pared blanca durante horas hasta hallar inspiración. Lo esencial no es el contenido puntual, sino la disposición interior que florece en la atención sostenida.

Portada del libro en francés de Simone Weil en el que habla de la atención, Attente de Dieu.
Portada del libro en francés de Simone Weil en el que habla de la atención, Attente de Dieu.
Wikimedia Commons

Además, la inteligencia se mueve únicamente por el deseo, y ese deseo necesita de la alegría para mantenerse vivo. “La alegría de aprender –escribe– es tan indispensable para el estudio como la respiración para el atleta”. Sin placer, el esfuerzo se convierte en una tensión dolorosa.

¿Prestar atención nos hace mejores?

Weil insiste en que la atención verdadera exige humildad. Reconocer que no sabemos, que quizás nos hemos equivocado, que necesitamos volver atrás y mirar de otro modo. Este reconocimiento no es una derrota, es parte del proceso. Al vaciar la mente de certezas apresuradas, la dejamos libre para percibir conexiones y matices que antes no veíamos.

La leyenda del Grial sirve como ejemplo. En Perceval o el cuento del Grial (siglo XII), Chrétien de Troyes narra la historia del joven caballero Perceval y su llegada al castillo del Rey Pescador, guardián del Grial. El monarca sufre una herida misteriosa que vuelve estériles sus tierras.

Una de las pruebas del relato nos muestra que la consecución del propósito no depende de la fuerza. Perceval presencia una procesión en la que aparece el Grial, una copa sagrada y legendaria. Sin embargo, no pregunta: “¿Qué es el Grial? ¿A quién sirve?”. Versiones posteriores relacionarán ese silencio con el incumplimiento de su destino caballeresco: el héroe que podía restaurar la fertilidad del reino no logra cumplir su misión por falta de atención y compasión.

Weil retoma este gesto sencillo para señalar la repercusión de la atención fecunda en nuestra relación con el mundo, con nuestro presente, y con los otros. La humildad también está en mirar al otro y reconocerlo como único e irrepetible.

Contra la dispersión contemporánea

Aunque el ensayo de Reflexiones tiene un trasfondo espiritual explícito –ella concibe la atención como la forma más pura de oración–, su propuesta puede entenderse fuera de un marco religioso. En el contexto contemporáneo, se acerca a lo que llamamos atención plena. Pero Weil no escribe sobre una estrategia para mejorar el rendimiento o la productividad, sino como un camino para dejar de imponer al mundo nuestros prejuicios y ampliar así nuestra capacidad de encuentro con lo real.

En el fondo, lo que está en juego es nuestra presencia. Cultivar la atención es aprender a mirar y a escuchar de tal modo que dejemos un espacio para que la verdad pueda aparecer, en cualquier ámbito de la vida. Si estamos atentos, estamos presentes.


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The Conversation

Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

ref. Simone Weil y el arte de prestar atención ‘suspendiendo el pensamiento’ – https://theconversation.com/simone-weil-y-el-arte-de-prestar-atencion-suspendiendo-el-pensamiento-264083

La paz según Trump: el acuerdo contempla pocas garantías para el futuro del pueblo palestino

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aritz Obregón Fernández, Investigador y profesor de Derecho internacional, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Panorama de la ciudad gazatí de Rafah en enero de 2025. Anas-Mohammed/Shutterstock

Israel y Hamás han anunciado que han alcanzado un alto al fuego, que constituiría una primera fase de un acuerdo mayor inspirado en el plan del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Por el momento, no se ha publicado ningún texto del acuerdo, por lo que todas las informaciones se basan en declaraciones de las partes, en algunos puntos contradictorias.

A grandes rasgos, en esta primera fase de duración indeterminada, se daría un cese a las hostilidades, se permitiría la entrada de ayuda humanitaria, se realizaría un intercambio de personas retenidas y se produciría una retirada parcial de Israel a la zona de amortiguación dentro de la Franja de Gaza.

Hamás liberaría a las 20 personas que llevan en su poder desde el 7 de octubre de 2023, entregando de forma gradual los cuerpos de los fallecidos. Israel, por su parte, liberaría a 2 000 detenidos, 250 de ellos condenados a cadena perpetua, excluyendo a los implicados en el ataque del 7 de octubre.

Asimismo, hay informaciones que apuntan a que la retirada del ejército israelí solo se produciría después de la liberación de todos los rehenes retenidos y estaría condicionada al desarme de Hamás.

Primera fase de un plan en el aire

Lo cierto es que el alto al fuego anunciado no es el acuerdo de “paz fuerte, duradera y eterna” que buscaba el presidente estadounidense. En este sentido, es similar a la primera fase del acuerdo alcanzado en enero de 2025 que, sin lugar a dudas, supuso un respiro momentáneo para la población gazatí.

A partir de aquí, queda pendiente negociar el resto de los aspectos fundamentales: retirada de la Franja de Gaza, desarme y futuro papel de Hamás, creación y despliegue de la fuerza internacional y forma de gobierno de la Franja. El propio marco de acuerdo establecido por la propuesta de Trump y la experiencia reciente no invitan al optimismo.

Aunque los 20 puntos del plan de Trump tienen aspectos indudablemente positivos, como la liberación de personas retenidas ilegalmente, el restablecimiento de la ayuda humanitaria bajo la supervisión de Naciones Unidas, la renuncia al desplazamiento forzado y el fin de las hostilidades, adolece de unos elementos que en su origen socavan una resolución definitiva.

Por ejemplo, prevé la anexión ilegal de un “perímetro de seguridad” en Gaza, la creación de una fuerza internacional que podría constituir una nueva fuerza de ocupación o el establecimiento de un gobierno que excluye a la Autoridad Nacional Palestina, que quedaría supeditada a un organismo de naturaleza colonial.

La coacción estadounidense resumible en “genocidio u ocupación” no es ninguna solución, si bien es comprensible que para las víctimas este plan sea preferible a la continuación del genocidio.

El comportamiento de Israel durante el acuerdo de enero es otro aspecto que desalienta la posibilidad de que se alcance una paz definitiva. El ejecutivo israelí cumplió únicamente con la primera fase para tratar de recuperar al mayor número posible de rehenes, mientras saboteaba cualquier posibilidad de acuerdo y preparaba la Operación Poder y Espada.

En la medida en la que la correlación de fuerzas en el interior de Israel no cambie y, sobre todo, no renuncie a sus aspiraciones coloniales, la continuidad de estas negociaciones se fía a la voluntad de Trump.

Trump: un hombre en busca del Nobel de la Paz y del negocio

Es de dominio público que el presidente estadounidense ansía el premio Nobel de la Paz, galardón que está previsto que se anuncia este 10 de octubre. No en vano, en su peculiar campaña como candidato, durante su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, afirmó que había puesto fin a siete guerras. Un somero repaso evidencia que no estuvo implicado en la resolución de estos conflictos o, en su caso, se trató de acuerdos de marketing sin relevancia práctica.

Junto con esta aspiración personalísima se encuentra la necesaria reconstrucción de la Franja de Gaza, percibida como una oportunidad de negocio. Jared Kushner, el yerno de Trump y miembro de la delegación negociadora, animó a Israel a expulsar a la población local gazatí señalando que las propiedades costeras de la Franja podrían ser muy valiosas. Podríamos encontrarnos ante una explotación ilegal de los recursos palestinos sin su consentimiento, una práctica que violaría la soberanía permanente del pueblo palestino a sus recursos.

El resto de actores

La mayor parte de Estados, con los matices que se quieran hacer, han respaldado el plan de Trump. Destacan los países de la zona, que han presionado a Hamás para que acepte los términos del acuerdo. Su voluntad por recomponer cierto equilibrio en la región, que desde 2023 se ha ido inclinando en favor de Israel, y garantizar que los palestinos de Gaza no son expulsados a sus países, son garantía de que continuarán presionando a Hamás.

Quien destaca, por su inacción, es la Unión Europea y sus Estados miembros. Tradicionalmente implicados en los intentos de procesos de paz de Oriente Próximo, en esta ocasión no han jugado ningún papel. En este sentido, es remarcable la pasividad de la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, quien se ha limitado a aplaudir con seguidismo la labor estadounidense calificando el acuerdo de un “gran logro diplomático”.

Por el bien de la población gazatí, esperemos que se negocie una segunda fase, si es posible, en línea con la Declaración de Nueva York de septiembre, más acorde con el derecho internacional vigente.

The Conversation

Aritz Obregón Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La paz según Trump: el acuerdo contempla pocas garantías para el futuro del pueblo palestino – https://theconversation.com/la-paz-segun-trump-el-acuerdo-contempla-pocas-garantias-para-el-futuro-del-pueblo-palestino-267179

László Krasznahorkai: vida, obra literaria y el camino hacia el Premio Nobel

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dra. Emőke Jámbor, Hungarian Language Reader, Teacher, Universitat de Barcelona

Fotografía de László Krasznahorkai en 1990. Lenke Szilágyi/Wikimedia Commons, CC BY-SA

La Academia Sueca acaba de otorgarle al escritor húngaro László Krasznahorkai el Premio Nobel de Literatura, destacando su “obra visionaria y sin concesiones que explora las ruinas espirituales de la modernidad”. Aunque muchas de sus obras se han traducido al español, ¿qué se puede decir de él a quien todavía no haya leído nada de su literatura?

László Krasznahorkai nació el 5 de enero de 1954 en Gyula, una pequeña ciudad del sureste de Hungría, cerca de la frontera con Rumanía. Este entorno periférico, marcado por la historia y el aislamiento, influyó profundamente en su sensibilidad literaria.

Cursó la escuela primaria y secundaria en su ciudad natal, en el Instituto Erkel Ferenc, donde estudió en la sección de latín entre 1968 y 1972. Más tarde, estudió Derecho en la Universidad de Szeged y en la Universidad Eötvös Loránd (ELTE) de Budapest, pero pronto abandonó los estudios jurídicos para dedicarse a la literatura y la filología húngara. Durante sus años universitarios comenzó a publicar sus primeros textos, entre ellos Tebenned hittem (“Creí en ti”, 1977), que llamó la atención por su estilo oscuro y filosófico.

Trayectoria literaria y estilo

Krasznahorkai es uno de los escritores húngaros más singulares y complejos de su generación. Su obra se caracteriza por una prosa densa, hipnótica y desafiante, con frases extremadamente largas y una estructura narrativa ininterrumpida. Su estilo combina la melancolía centroeuropea con una visión apocalíptica del mundo moderno, y en ocasiones incorpora influencias filosóficas orientales derivadas de sus viajes a China y Japón.

Sus textos abordan con frecuencia la desesperanza, la decadencia social, el colapso moral y la búsqueda de sentido en un universo desintegrado. El tono sombrío de su narrativa no excluye una profunda espiritualidad ni una sutil ironía.

Entre sus obras más destacadas se encuentran:

Portada del libro Tango satánico de László Krasznahorkai.
Edición en español de Tango satánico.
Acantilado
  • Sátántangó (Tango satánico, 1985): su primera gran novela, ambientada en un pueblo abandonado tras la caída del comunismo. Es una alegoría sobre la corrupción, la fe y la manipulación colectiva. La versión cinematográfica de Béla Tarr (de más de siete horas de duración) consolidó la fama internacional de ambos artistas.

  • Az ellenállás melankóliája (Melancolía de la resistencia, 1989): explora la irrupción del caos en una comunidad provincial y el enfrentamiento entre el orden y el colapso moral.

  • Herscht 07769 (2021): esta narración está compuesta por una sola frase de cientos de páginas, ejemplo extremo de su dominio formal y su experimentación lingüística.

Además, ha publicado colecciones de relatos y ensayos que profundizan en los mismos temas: la soledad, la violencia y la imposibilidad de redención. Sus textos se han traducido a numerosos idiomas, y varios de ellos han sido adaptados al cine por directores como el ya citado Béla Tarr y György Fehér.

El Premio Nobel de Literatura 2025

A la hora de otorgarle el Nobel de Literatura, la Academia Sueca se ha basado en varios aspectos esenciales:

Ilustración de un hombre de barba y pelo largo.
Ilustración de László Krasznahorkai en los Premios Nobel.
Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach
  1. Una visión apocalíptica profundamente humana: Krasznahorkai describe un mundo en descomposición –social, moral y espiritual–, pero su escritura conserva una fe radical en el poder del arte. La Academia subrayó que su literatura “busca redención en medio del derrumbe”, un gesto que conecta con la tradición de autores como Franz Kafka o Samuel Beckett.

  2. La herencia centroeuropea y la innovación formal: aunque se inscribe en la tradición centroeuropea, Krasznahorkai no la repite: la transforma. Su prosa recuerda la intensidad de Thomas Bernhard o la lucidez de Kafka, pero su tono es propio, casi musical. En sus frases interminables se refleja la obsesión por el tiempo, la percepción y el pensamiento continuo.

  3. El riesgo estilístico y la experimentación: su uso del lenguaje es radical. Al rechazar la estructura tradicional de la novela, propone un flujo narrativo sin pausas que desafía al lector. Obras como Herscht 07769 son prueba de su voluntad de llevar la literatura al límite, donde la forma se convierte en una experiencia existencial.

  4. Reconocimiento internacional: antes del Nobel, Krasznahorkai ya había recibido el Man Booker International Prize en 2015 por el conjunto de su obra. Críticos y escritores de todo el mundo lo han considerado una de las voces más originales de la literatura contemporánea.

  5. El arte como resistencia: su literatura no ofrece consuelo, sino conciencia. En un tiempo marcado por la saturación de información y la pérdida de sentido, Krasznahorkai propone un acto de resistencia: la lentitud, la atención al lenguaje, la exploración interior. Esa ética de la escritura –exigente, profunda, sin adornos– es precisamente lo que la Academia quiso reconocer.


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Conciencia de nuestro tiempo

László Krasznahorkai es hoy una figura central de la literatura universal. Desde su infancia en Gyula hasta su consagración con el Premio Nobel, su trayectoria representa la fidelidad absoluta a una visión artística propia. En un mundo que busca la inmediatez, él reivindica la complejidad; frente a la superficialidad, ofrece profundidad; ante el caos, una forma literaria que lo contiene y lo trasciende.

Sus novelas, difíciles pero luminosas, recuerdan que el lenguaje puede ser un espejo de la desesperación y, al mismo tiempo, un instrumento de redención. Por ello, Krasznahorkai no solo es un escritor húngaro galardonado: es una de las conciencias más agudas de nuestro tiempo.

The Conversation

Dra. Emőke Jámbor no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. László Krasznahorkai: vida, obra literaria y el camino hacia el Premio Nobel – https://theconversation.com/laszlo-krasznahorkai-vida-obra-literaria-y-el-camino-hacia-el-premio-nobel-267166