Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elene Igoa Iraola, Profesora e Investigadora Universitaria, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Deusto

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Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos tomamos miles de decisiones, en muchas ocasiones de manera inconsciente. Algunas son del día a día y no tienen mayores consecuencias (por ejemplo, qué ropa ponernos o qué camino elegir para ir al trabajo), pero hay otras que impactan directamente en nuestra vida profesional.

Muchas de estas decisiones no pasan por un análisis personal consciente, simplemente suceden. Y, sin embargo, tienen implicaciones mucho más relevantes de lo que solemos imaginar. En ellas influyen nuestros hábitos, nuestras creencias, el contexto en el que nos movemos e incluso el estado emocional del momento.

¿Cuántas de las decisiones que tomamos cada día son realmente conscientes?
¿Hasta que punto nuestras elecciones profesionales responden a un análisis racional o, simplemente, a intuiciones que apenas percibimos?

Dos maneras de pensar y decidir

Nuestra mente opera a través de dos sistemas de toma de decisiones. El primero, el tipo 1, es automático, rápido e intuitivo. Funciona casi sin esfuerzo consciente y nos permite reaccionar con agilidad ante estímulos cotidianos. El segundo, o tipo 2, es más reflexivo, analítico y deliberado; requiere mayor atención y energía cognitiva.

Este modelo fue popularizado por Daniel Kahneman, quien mostró que ambos sistemas no son opuestos, sino complementarios:

  • El pensamiento Tipo 1 es extraordinariamente eficiente. Gracias a él podemos reconocer patrones, interpretar emociones y tomar decisiones rápidas cuando el tiempo lo premia. Sin embargo, precisamente por su rapidez, también es más vulnerable a los atajos mentales. Cuando estos atajos generan errores de manera sistemática y predecible, hablamos de sesgos cognitivos.

  • El pensamiento Tipo 2, más lento y exigente, permite contrastar información, cuestionar supuestos y evaluar alternativas. Pero no puede estar activado permanentemente porque consume muchos recursos cognitivos y energía. Por eso, en entornos de presión, incertidumbre o sobrecarga informativa –es decir, en la mayoría de las organizaciones actuales– tendemos a apoyarnos más de lo que creemos en el sistema automático.

Cómo influyen los sesgos en la empresa

Los sesgos cognitivos no son rarezas psicológicas ni errores de personas poco competentes. Son patrones universales de toma de decisiones y afectan a directivos, mandos intermedios y profesionales técnicos por igual.

En la selección de personal, por ejemplo, puede aparecer el sesgo de afinidad: tendemos a valorar mejor a quienes se parecen a nosotros en trayectoria, estilo o forma de comunicarse.

En la evaluación del desempeño, el efecto halo puede llevarnos a extrapolar una cualidad positiva concreta a la valoración global del profesional.

En la gestión del cambio, el sesgo de statu quo nos inclina a preferir mantener lo conocido antes que asumir la incertidumbre de lo nuevo.

Cuando estos mecanismos se repiten, generan decisiones que parecen razonables en el momento, pero que pueden afectar a la diversidad, la innovación o la competitividad a medio plazo.

En la actualidad se pueden identificar más de 200 sesgos cognitivos que influyen en nuestra manera de interpretar y tomar decisiones.

El mito de la objetividad organizacional

Muchas organizaciones invierten grandes cantidades de recursos en datos, indicadores y herramientas tecnológicas. Sin embargo, con frecuencia se descuida un elemento esencial: el proceso psicológico mediante el cual interpretamos esa información.

Cuando interpretamos datos o la conducta de un compañero, la información pasa inevitablemente por nuestras expectativas previas, experiencias acumuladas y marcos mentales. Dos directivos pueden analizar el mismo informe y llegar a conclusiones distintas no por falta de rigor, sino porque sus sistemas de pensamiento activan distintos supuestos.

Creer que la incorporación de más datos elimina los sesgos es, en gran medida, una ilusión. Sin conciencia psicológica, incluso el análisis más sofisticado puede estar guiado por intuiciones no examinadas.

En este punto resulta pertinente recordar la reflexión del filósofo y científico Michael Polanyi, quien afirmó: “We know more than we can tell” (“Sabemos más de lo que podemos expresar”). Una parte importante de nuestro conocimiento es tácito, implícito y difícil de formalizar. Precisamente por ello, muchas decisiones se apoyan en intuiciones que no siempre somos capaces de explicar, pero que influyen de forma decisiva en nuestras elecciones.

Los campos de actuación de los sesgos

Se pueden distinguir tres niveles de actuación de los sesgos:

  1. Individual (personal). Tiene que ver con cómo cada persona percibe e interpreta la realidad. Nuestras experiencias previas, emociones o creencias influyen en qué información atendemos y cómo la interpretamos.

  2. Instrumental. Los sesgos también pueden introducirse a través de las herramientas que utilizamos para analizar la información: indicadores, métricas o sistemas de evaluación que orientan nuestra atención hacia determinados resultados y no hacia otros.

  3. Organizacional (de contexto). Factores como la cultura de las organizaciones, las normas informales, las jerarquías o las presiones del contexto pueden reforzar ciertas interpretaciones y decisiones, consolidando determinados sesgos colectivos.

Los sesgos cognitivos no son simples fallos individuales, sino mecanismos profundamente arraigados en la manera en que pensamos y decidimos. Comprender la interacción entre intuición y análisis permite mejorar la calidad de las decisiones y reducir errores.

Las organizaciones que comprendan estos procesos estarán mejor preparadas para diseñar entornos que favorezcan decisiones más conscientes, equilibradas y estratégicas. Porque en última instancia, la calidad de una organización depende también de la calidad de las decisiones que toman quienes la dirigen.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Por qué, incluso con buenos datos, a veces las organizaciones se equivocan – https://theconversation.com/por-que-incluso-con-buenos-datos-a-veces-las-organizaciones-se-equivocan-276349

La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

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¿Cómo se mide la calidad de un investigador? Imaginemos la siguiente situación: dos investigadores presentan su candidatura a una promoción universitaria. El primero ha publicado doce artículos en tres años. La mayoría aparece en revistas indexadas en bases de datos internacionales que seleccionan publicaciones según criterios de calidad editorial. El segundo ha dedicado cinco años a un proyecto complejo y ha obtenido una estancia de investigación. Ha producido menos artículos, pero ha generado datos reutilizados por otros grupos y ha formado a varios doctorandos. Parte de su trabajo ha tenido una influencia directa en políticas públicas.

Cuando una comisión debe decidir quién tiene mejor trayectoria científica, ¿qué pesa más? En muchos sistemas universitarios la respuesta depende del número de publicaciones, el factor de impacto (índice que calcula cuántas veces se citan, de media, los artículos de una revista durante un periodo concreto), la posición de la firma del autor (en el orden de firmas de un artículo científico) o las citas acumuladas (el número de veces que se citan sus artículos).




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Estas métricas permiten ordenar candidatos con rapidez. Sin embargo, fueron concebidas para describir patrones agregados de producción científica, es decir, tendencias generales sobre cómo, cuánto y dónde publica la comunidad científica en su conjunto: volumen de artículos, ritmos de crecimiento, colaboración entre países o campos y circulación de citas.

No se diseñaron para sustituir el juicio cualitativo sobre trayectorias individuales, que exige valorar la originalidad, la solidez metodológica, la capacidad de liderazgo y la contribución real al avance del conocimiento.

Evaluar no es contar

Durante las últimas décadas, en la universidad se ha consolidado un principio: la calidad científica de un investigador depende del número de publicaciones en revistas consideradas de alto impacto y en el volumen de citas recibidas. Resumido en un principio que ha marcado generaciones de investigadores, “publicar o perecer”, este enfoque cuantitativo suponía que a mayor número de artículos o papers en poco tiempo, mayor posibilidad de conseguir reconocimiento académico en la universidad.

Al no ser tan fácilmente cuantificables, la trayectoria profesional a largo plazo, el impacto social del conocimiento y la integridad científica quedaban relegados, mientras que se fomentaron dinámicas encaminadas a maximizar la presencia “cuantificable” en revistas académicas, como la fragmentación de una misma investigación en varios artículos (salami slicing), la duplicación de contenidos o la traducción de un mismo trabajo con el objetivo de aumentar el número de publicaciones.




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Desde la propia comunidad científica surgieron, desde comienzos de la década de 2010, críticas a este modelo de evaluación. En 2012 se publicó la San Francisco Declaration on Research Assessment (DORA), que cuestionó el uso del factor de impacto como criterio para evaluar investigadores. En 2015 se difundió el Leiden Manifesto, con diez principios para un uso responsable de los indicadores. Más tarde, en 2022, se creó la Coalition for Advancing Research Assessment, que promueve reformas estructurales en los sistemas de evaluación.

A estas iniciativas se suman los Hong Kong Principles y la Singapore Statement on Research Integrity. Todas han señalado las limitaciones de este sistema y la necesidad de prestar mayor atención al contenido, la integridad y la aportación cualitativa de la investigación.

La burocratización de la promoción universitaria

En España se ha avanzado por parte de los organismos oficiales de acreditación y evaluación, alineados con la normativa europea de reforma de la investigación. Sin embargo, a nivel interno, en muchas universidades a la hora de aspirar a una promoción, gana quien más puntos acumula, y los méritos se fragmentan en apartados independientes que no permiten evaluar una trayectoria de manera cualitativa. La calidad de la investigación tiende a identificarse con aquello que resulta más sencillo de contabilizar, y la evaluación se vuelve un proceso burocrático en el que, por ejemplo, el uso de plantillas fijas impide reconocer méritos relevantes porque no encajan en una casilla concreta.

Esto tiene un efecto en cómo los propios investigadores definen sus prioridades, condicionando los ritmos de trabajo y generando una presión estructural. También aumenta el riesgo de incurrir en malas prácticas. Algunos investigadores recurren a revistas depredadoras que prometen publicaciones rápidas a cambio de elevadas tarifas (APC), sin procesos reales de revisión externa.

Falta de transparencia

La falta de transparencia agrava este escenario. Los criterios no siempre se conocen con antelación ni se explicitan con claridad. La comunidad universitaria apenas participa en su definición o revisión. En términos de gobernanza interna no existen garantías suficientes frente a conflictos de interés, dinámicas endogámicas o evaluaciones difíciles de verificar.

Cuando se presentan reclamaciones,
es frecuente que aparezca el silencio administrativo con carácter negativo. También en casos de impugnaciones tras una resolución definitiva.
Esta situación genera indefensión jurídica y debilita la confianza en el sistema de evaluación.

Currículum narrativo y evaluación responsable

Una alternativa a este sistema cuantitativo es el currículum narrativo, una herramienta de evaluación más contextualizada.
Su finalidad es permitir una lectura cualitativa de la trayectoria investigadora y situar los méritos en su contexto real.

El currículum narrativo se articula a partir de perfiles académicos definidos y de un número limitado de aportaciones relevantes. Este formato permite valorar dimensiones que rara vez encajan en plantillas rígidas: liderazgo científico, formación de equipos, ciencia abierta, colaboración interdisciplinar, impacto social, responsabilidad en la gestión de datos o promoción de buenas prácticas.

La experiencia de los Países Bajos muestra que este enfoque puede aplicarse con coherencia cuando se definen los perfiles académicos, se limita el número de aportaciones evaluables y se invierte en la formación de las comisiones. Esta práctica, integrada de manera efectiva, previene los conflictos de interés y se refuerza con mecanismos de auditoría externa.

Cómo la evaluación define el modelo universitario

El sistema de evaluación influye en qué temas reciben atención, qué proyectos se consideran viables y qué riesgos intelectuales se asumen. Si se premia la productividad inmediata, se favorecen resultados rápidos y fragmentados. Si se reconoce la coherencia a largo plazo y la integridad científica, se incentivan investigaciones más sólidas y socialmente relevantes.

Muchas universidades europeas han asumido compromisos formales con la Comisión Europea a través del sello Human Resources Strategy for Researchers, que exige el cumplimiento de los principios del European Charter for Researchers: evaluación transparente, criterios claros, ausencia de conflictos de interés y procedimientos verificables. Además, requiere auditorías, planes de acción y seguimiento periódico.

Impacto en la calidad del conocimiento

La forma de evaluar a los investigadores no es un detalle administrativo. Cada criterio de evaluación envía un mensaje claro por parte de la institución: esto es lo que valoramos, esto es lo que cuenta.

En ese gesto se define qué tipo de universidad se quiere construir y qué modelo de ciencia se considera valioso. Y de esa elección depende, además de la credibilidad de una institución, la calidad del conocimiento que se transmite a la sociedad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La buena investigación no depende del número de publicaciones. ¿Por qué la medimos así? – https://theconversation.com/la-buena-investigacion-no-depende-del-numero-de-publicaciones-por-que-la-medimos-asi-275028

Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Bengoechea Ruiz, Catedrático de Universidad del área de Ingeniería Química (Químico), Universidad de Sevilla

El cangrejo rojo americano, empleado por los investigadores en su estudio, tiene en su cáscara quitina. De ella se obtiene quitosano, un compuesto con propiedades muy interesantes para la conservación de sustancias que palían los síntomas de la menopausia o síntomas indeseables de la menstruación. Wikimedia Commons., CC BY

Durante mucho tiempo, no se ha prestado la suficiente atención a etapas esenciales en la vida de las mujeres que afectan de manera diversa a su salud. Los efectos de la menstruación o la menopausia han sido, en muchas ocasiones, acallados por motivos culturales o sociales, aun cuando afectan a la mitad de la población mundial. Por suerte, existe un interés creciente en paliar esta carencia y en apostar por recursos que faciliten el bienestar de la población femenina.

Las mujeres suelen experimentar la menstruación durante aproximadamente cuarenta años de su vida, observándose diversos efectos englobados en lo que se conoce como síndrome premenstrual. Además de cambios de humor y alteraciones emocionales, se presentan una serie de síntomas físicos, como hinchazón abdominal, aumento de peso transitorio, sensibilidad en los senos (mastalgia), cefaleas, dolor articular o muscular y acné, que podrían paliarse en cierta medida si se tratan de manera adecuada.

Asimismo, la perimenopausia (transición natural hacia la menopausia) y la menopausia provocan sofocos, sudores nocturnos, irregularidades menstruales, insomnio, sequedad vaginal, cambios de humor y/o disminución de la libido. Si nos centramos en los efectos sobre la piel, la drástica caída de estrógenos y colágeno asociada a la menopausia provoca un aumento de la sequedad, flacidez, la aparición de arrugas y una epidermis más fina.

Bioactivos para la salud de la mujer

En la naturaleza, existen sustancias bioactivas que han demostrado su eficacia en la formulación de productos destinados a combatir algunos de estos efectos.

Así, el ácido g-linolénico, un ácido omega-6 presente principalmente en aceites de semillas concentrados, como la borraja, posee propiedades antiinflamatorias y estrogénicas, con lo que contribuye al alivio de los sofocos, las alteraciones del sueño, la irritabilidad y la sequedad vaginal.

Por su parte, el bakuchiol es un compuesto extraído principalmente de las semillas y hojas de la planta asiática Psoralea corylifolia. Se conoce como la “alternativa vegana” al retinol, y presenta efectos similares a los estrógenos, además de propiedades antifúngicas, antibacterianas, antioxidantes, antiinflamatorias, antienvejecimiento, despigmentantes y anticancerígenas.

Otro candidato es la clorofilina, un derivado de la clorofila de las plantas con actividad antioxidante, antiinflamatoria, desodorante, aceleradora de la cicatrización de heridas, antimutagénica y anticancerígena.

Asimismo, hongos como el reishi (Ganoderma Lucidum) ayudan al organismo a gestionar el estrés físico, mental y emocional. Además, mejora los síntomas asociados a la fibromialgia, como la depresión y el dolor.

El problema de los bioactivos

Muchas de estas sustancias bioactivas tienen una estabilidad limitada, es decir, pierden propiedades a causa de su mala conservación. Por ello, el desarrollo de productos que permitan su encapsulación y protección resulta esencial para garantizar su aprovechamiento, tanto en cosméticos como en complementos alimentarios.

En la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) estamos trabajando precisamente en esto. Planteamos el uso de subproductos de la industria alimentaria para extraer polímeros que sirvan de vehículo para esos compuestos bioactivos y que ayuden a su conservación.

Cáscaras de cangrejo y plumas de calamar

En concreto, proponemos aprovechar las cáscaras de cangrejo procedentes de las marismas del Guadalquivir (Sevilla) y la pluma del calamar (País Vasco). Actualmente, el cangrejo rojo americano es la base de una industria relevante en Isla Mayor (Sevilla), con una facturación que ha llegado a los 20 millones de euros anuales. Solo una pequeña parte del cangrejo es comestible (entre el 10 y el 30 %); el resto se emplea actualmente como pienso animal debido a su valor nutritivo. Sin embargo, su elevado contenido en quitina abre la puerta a su uso en productos de mayor valor añadido.

Algo similar ocurre con los calamares, una de las especies comerciales más importantes de cefalópodos, con un alto valor de mercado. Las llamadas plumas de calamar (estructura de soporte, con forma de pluma, ubicada internamente en la línea media dorsal de los calamares), un subproducto de la industria de procesado de este cefalópodo, están compuestas principalmente por proteínas y quitina.

El empleo de esta quitina para promover el curado de heridas crónicas ha sido previamente analizado por investigadores e investigadoras de la EHU. Además, la transformación de la quitina en quitosano mediante modificación química controlada permite potenciar propiedades como su actividad antimicrobiana, biocompatibilidad y biodegradabilidad. Esto lo convierte en un candidato muy interesante para encapsular y proteger las sustancias bioactivas antes descritas.

Podemos emplear el quitosano en la formulación de emulsiones, tanto alimentarias como cosméticas, diseñadas para conservar el bioactivo de interés. En este sentido, hemos demostrado que el control del proceso de conversión de quitina a quitosano permite modular su papel en la estabilización.

Estos avances constituyen un primer paso no solo para el desarrollo de emulsiones, sino también para productos destinados a promover la salud femenina –como parches transdérmicos o snacks saludables– que empleen el quitosano en la encapsulación de bioactivos como el g-linolénico, el bakuchiol, la clorofilina o el hongo adaptógeno reishi.

The Conversation

Carlos Bengoechea Ruiz recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (PID2024-155507OB-C21).

Koro de la Caba Ciriza recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Nuria Calero Romero recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades

ref. Pluma de calamar y cáscara de cangrejo para mejorar la salud femenina – https://theconversation.com/pluma-de-calamar-y-cascara-de-cangrejo-para-mejorar-la-salud-femenina-273829

Los ataques contra hospitales están aumentando en las zonas de guerra: ¿los protege lo suficiente la ley?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Shannon Bosch, Associate Professor (Law), Edith Cowan University

Afganistán afirma que al menos 400 personas han muerto en un ataque aéreo pakistaní contra un hospital de rehabilitación de drogadictos en Kabul el lunes por la noche, con posiblemente cientos más de heridos.

Pakistán ha negado haber atacado deliberadamente el centro sanitario. En un comunicado en la red social X, el Ministerio de Información y Radiodifusión de Pakistán afirmó que los ataques “se dirigieron específicamente contra instalaciones militares e infraestructuras de apoyo a los terroristas, incluidos los almacenes de equipo técnico y municiones de los talibanes afganos”.

Sea como fuere, los ataques contra centros sanitarios están aumentando en todo el mundo.

El 14 de marzo, un ataque aéreo israelí alcanzó un centro sanitario en el Líbano, matando a 12 médicos, enfermeros y paramédicos. El ataque elevó a 31 el número de trabajadores sanitarios muertos en el Líbano en los últimos días.

Veintisiete ataques contra centros sanitarios en menos de tres semanas

Desde principios de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha verificado 27 ataques contra centros sanitarios solo en el Líbano, a medida que los ataques israelíes en el Líbano y las operaciones conjuntas de EE. UU. e Israel en Irán se han intensificado.

La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) y la OMS condenaron estos ataques como violaciones del derecho internacional.

Exactamente, ¿qué leyes protegen a las instalaciones médicas, al personal y a los pacientes durante los conflictos? ¿Y pierden esta protección si las instalaciones se utilizan para dar refugio a combatientes?

Lo que dicen las “leyes de la guerra” sobre la protección de los hospitales

El derecho internacional humanitario contiene normas detalladas para proteger al personal médico, las instalaciones sanitarias y a los enfermos y heridos durante los conflictos armados.

Según estas “leyes de la guerra”:

  • El personal médico, incluidos médicos, enfermeros y paramédicos, debe ser respetado y protegido mientras desempeña sus funciones

  • Existen protecciones especiales para las ambulancias y los medios de transporte utilizados exclusivamente con fines médicos

  • Estas protecciones se extienden a los heridos y enfermos a su cargo. Esto incluye a los combatientes enemigos que requieran tratamiento y ya no participen en las hostilidades

  • Se debe permitir a las organizaciones humanitarias imparciales prestar asistencia médica. No se puede denegar arbitrariamente el consentimiento para su labor

  • Las instalaciones médicas deben exhibir los emblemas distintivos de protección de la Cruz Roja, la Media Luna Roja o el Cristal Rojo. El personal médico debe llevar identificaciones y brazaletes que muestren estos emblemas

  • El uso indebido de estos símbolos para proteger operaciones militares está prohibido. Hacerlo puede constituir “perfidia”, un tipo de engaño deliberado que constituye un crimen de guerra según el derecho internacional

  • Atacar deliberadamente al personal médico o a las instalaciones que exhiban estos emblemas también puede constituir un crimen de guerra.

Vidrios rotos rodean una sala de hospital dañada.
Daños causados por los ataques estadounidenses e israelíes al Hospital Shahid Motahhari de Teherán.
Anadolu/Getty

¿De dónde provienen estas normas?

Las leyes que protegen los servicios médicos en la guerra surgieron como respuesta al enorme sufrimiento presenciado en los conflictos de los siglos XIX y XX. El primer tratado que protegía a los soldados heridos y al personal médico se remonta a 1864, cuando los Estados adoptaron el Convenio de Ginebra original.

Hoy en día, los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales, junto con un conjunto de normas de derecho internacional consuetudinario, conforman un marco jurídico casi universal que vincula a todas las partes en conflicto. Esto incluye a los grupos armados no estatales.

Estas normas exigen a las partes beligerantes que respeten y protejan al personal médico, las instalaciones sanitarias y los heridos y enfermos en todas las circunstancias.

¿Por qué están aumentando los ataques contra la asistencia sanitaria?

En enero, Médicos Sin Fronteras (MSF) informó de que los ataques contra instalaciones y personal médico habían alcanzado niveles sin precedentes en todo el mundo. Solo en 2025 se produjeron 1348 ataques contra instalaciones sanitarias, el doble de los registrados en 2024.

La ley en sí no ha cambiado, pero la guerra sí. Los recientes conflictos en Sudán del Sur, Ucrania, Gaza, Irán y el Líbano se están produciendo en entornos urbanos densamente poblados. Los grupos armados operan en entornos civiles complejos, a menudo cerca de hospitales y clínicas.

Esto ha cambiado el discurso utilizado por algunas de las partes beligerantes. Lo que antes se describía como “ataques erróneos” ahora se justifica con frecuencia por motivos de necesidad militar. Los Estados suelen alegar que los insurgentes están utilizando hospitales o ambulancias para obtener ventaja militar.

Israel, por ejemplo, ha acusado a Hezbolá y Hamás de utilizar la infraestructura médica con fines militares.

¿Pueden los hospitales perder su protección si hay combatientes escondidos en su interior?

En efecto, los hospitales pueden perder su protección especial si se utilizan, al margen de su función humanitaria, para causar daño al enemigo. Sin embargo, la ley establece un umbral muy alto para ello.

El personal médico puede llevar armas ligeras para su defensa propia. También puede haber guardias armados presentes para proteger las instalaciones. Y la presencia de combatientes heridos que reciben tratamiento no cambia esto: las protecciones siguen siendo aplicables.

La protección solo puede perderse si los hospitales se utilizan para actividades tales como:

  • Lanzar ataques.

  • Servir como puesto de observación.

  • Almacenar armas.

  • Actuar como centro de mando o de enlace.

  • Dar refugio a combatientes sanos.

Incluso en esas situaciones, en caso de duda, se debe presumir que los hospitales están protegidos.

Es importante destacar que el hecho de verificar que un hospital está siendo utilizado indebidamente no da carta blanca a las partes para atacar. Antes de lanzar un ataque contra un centro médico comprometido, el derecho internacional humanitario exige que se emita una advertencia y que se conceda un tiempo razonable para que cese el uso indebido.

Si se ignora la advertencia, la parte atacante debe seguir cumpliendo los principios fundamentales del derecho internacional humanitario:

  1. Proporcionalidad: La ventaja militar esperada debe sopesarse frente a las consecuencias humanitarias del ataque. Esto incluye los impactos a largo plazo en los servicios de atención sanitaria. Si el daño civil esperado fuera excesivo, el ataque debe cancelarse.

  2. Precaución: Deben tomarse todas las precauciones posibles para minimizar el daño a los pacientes y al personal médico. Esto puede incluir facilitar las evacuaciones, planificar ante la interrupción de los servicios médicos y ayudar a restablecer la capacidad sanitaria tras el ataque.

Incluso cuando un centro pierda su protección, los heridos y los enfermos deben seguir siendo respetados y protegidos.

¿Se están normalizando los ataques contra la asistencia sanitaria?

El Consejo de Seguridad de la ONU, la OMS, MSF y el ACNUDH han expresado su preocupación por el hecho de que los ataques contra el personal y las instalaciones médicas —y la falta de rendición de cuentas por ellos— se están normalizando de forma peligrosa.

El marco jurídico que protege a los hospitales y al personal sanitario ya existe. Los Estados y los grupos armados deben difundir la ley y formar a sus fuerzas militares.

Se espera que los sistemas jurídicos nacionales investiguen y enjuicien a quienes cometan crímenes de guerra contra heridos y enfermos, personal médico y sus instalaciones, o hagan un uso indebido de los emblemas de protección para obtener ventaja militar.

En la práctica, sin embargo, investigar los ataques durante un conflicto activo es extremadamente difícil. Los Estados territoriales a menudo no están dispuestos o no pueden llevar a cabo los enjuiciamientos.

¿Podemos revertir esta tendencia?

Grupos de investigación de código abierto como Forensic Architecture, Bellingcat, Mnemonics y Airwars desempeñan ahora un papel cada vez más importante en la conservación de imágenes satelitales, datos de geolocalización y vídeos subidos a las redes sociales. Esto permite que las misiones independientes de verificación de hechos lleven a cabo investigaciones fiables. Pueden exigir responsabilidades incluso cuando los Estados territoriales no están dispuestos a hacerlo o no pueden hacerlo.

Sin esa rendición de cuentas, los lugares destinados a salvar vidas durante los conflictos pueden convertirse en objetivos cada vez más.

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Shannon Bosch no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Bryce Echenique: un limeño entre París, Madrid y Perugia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Márquez Montes, Profesora Titular de Literatura española, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Conferencia del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (a la izquierda), en 2007. Universidad Internacional de Andalucía, CC BY-NC

La muerte de Alfredo Bryce Echenique hace unos días ha devuelto a muchos lectores a una evidencia que nunca desapareció del todo: su literatura hizo de la memoria una forma de inteligencia sentimental. El autor fue uno de los narradores hispanoamericanos más reconocibles de su tiempo, no solo por su humor y su melancolía, sino por su capacidad para convertir la experiencia vivida en materia literaria. Su fallecimiento ha sido señalado como la pérdida de una de las grandes voces de la narrativa peruana e hispana contemporánea.

Leer a Bryce Echenique únicamente desde sus títulos más célebres sería insuficiente. Conviene atender también a las ciudades que modelaron su sensibilidad y que terminaron incorporándose a su obra no como decorados, sino como formas de vida recordada. Entre ellas destacan tres ciudades europeas a las que volvió una y otra vez, en su trayectoria y en su escritura: París, Madrid y Perugia. Son tres ciudades que ayudan a entender no solo dónde vivió sino cómo llegó a ser.

París o aprender a mirar desde lejos

París ocupa un lugar central en su geografía sentimental. Allí completó su formación universitaria y vivió una experiencia decisiva de distancia con respecto a Lima. La capital francesa no fue para él una simple escala académica ni un escenario prestigioso al que acogerse, sino un espacio de transformación vital.

Portada de Guía triste de París.

Agencia literaria Carmen Balcells

Ese matiz es importante. El París de Bryce no coincide con la imagen monumental que tantas veces ha circulado en la tradición literaria hispanoamericana. Es, más bien, una ciudad de aprendizaje duro, de lecturas, sí, pero también de amores contrariados, de fragilidad, de precariedad y de observación de uno mismo lejos del mundo de origen. Por eso reaparece con tanta densidad en títulos como Guía triste de París (1999), donde la propia formulación del título deshace cualquier tentación de mirada grandilocuente.

París fue, además, la ciudad de su amistad con Julio Ramón Ribeyro, un lugar de conversación entre escritores peruanos que compartían exilio, observación irónica del mundo y una relación compleja con el reconocimiento.

La distancia nunca implica ruptura total con Lima. París le permite mirar el origen desde fuera, entenderlo mejor y convertirlo en literatura. De ahí que su novela Un mundo para Julius (1970), aunque profundamente limeña en su materia, no pueda desligarse del todo de esa experiencia europea que enseñó al autor a recordar con mayor lucidez.

Madrid: la conversación como patria

Madrid parece haber representado para Bryce otra forma de arraigo: la de la amistad y la interlocución. En sus declaraciones públicas más tardías insistió en la importancia que la ciudad tuvo para él como espacio de convivencia, trato y continuidad afectiva. No se trata de una observación menor. Toda la obra de Bryce está atravesada por una fe muy particular en la conversación.

Madrid era un lugar especialmente propicio para esa sociabilidad. No solo por la lengua común, sino por la textura misma de su vida literaria y urbana. Frente a la extranjería más marcada de París, Madrid ofrecía un espacio de pertenencia menos desgarrado, más inmediato, donde el escritor podía sostener amistades, circular por el campo cultural y seguir alimentando esa oralidad tan característica de su estilo. La relevancia madrileña no fue únicamente privada, porque la ciudad fue también un lugar de consagración en el espacio cultural en español.

Ese Madrid dialoga muy bien con novelas como La vida exagerada de Martín Romaña (1981) y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), donde la experiencia europea aparece atravesada por la errancia, el humor, la afectividad y una continua necesidad de interlocutores. Las ciudades no se definen solo por lo que se ve de ellas, sino por las voces que contienen. Madrid pertenece, en ese sentido, a la gran tradición de sus lugares conversados, ciudades donde el yo no se afirma aislándose, sino hablando con los otros.

Perugia: el retiro donde nace una voz

Perugia suele quedar en un segundo plano cuando se resume la biografía de Bryce Echenique, pero su importancia es muy considerable. No se trata de una gran capital cultural ni de un enclave habitual en los relatos sobre la literatura hispanoamericana del siglo XX. En Perugia escribió, con apenas veintinueve años, los cuentos de Huerto cerrado (1968), el libro con el que inició su carrera y que obtuvo una mención en el Premio Casa de las Américas.

Portada del libro Huerto cerrado de Bryce Echenique.

Agencia literaria de Carmen Balcells

Ese dato cambia por completo la posición de la ciudad italiana en su itinerario. Perugia no es una simple ciudad evocada al pasar, sino el lugar donde empieza a consolidarse una voz narrativa propia. Si París había sido el aprendizaje de la distancia y Madrid llegaría a ser la ciudad de la amistad sostenida, Perugia aparece como el espacio de concentración, de comienzo y de decantación. Allí se perfila el primer Bryce Echenique, todavía no el novelista de consagración internacional, pero sí el narrador que descubre que puede transformar materiales dispersos de la vida en una prosa con cadencia propia.

Perugia permite, además, corregir una imagen demasiado lineal del escritor hispanoamericano en Europa. No se formó solo en grandes metrópolis ni en los espacios visibles del prestigio; necesitó también ciudades menos estridentes, lugares de retirada donde la experiencia pudiera asentarse y adquirir forma. Esa necesidad armoniza con algo muy profundo de su obra: la tensión constante entre el flujo oral de la memoria y el trabajo silencioso que lo convierte en literatura.

Tres ciudades para una autobiografía sentimental

París, Madrid y Perugia forman así una secuencia muy reveladora. Cada ciudad aporta una experiencia específica y todas juntas componen una auténtica autobiografía sentimental.

El centro, en último término, siguió siendo Lima. Las ciudades europeas no borraron su condición de escritor limeño y peruano. Más bien la hicieron más compleja y consciente. Tantas veces Pedro (1977), No me esperen en abril (1995) o sus antimemorias muestran hasta qué punto su mundo narrativo se construye en esa oscilación entre la cercanía del origen y la lejanía que permite releerlo.
Quizá por eso resulte adecuado pensarlo no como un escritor que acumuló ciudades en su currículo, sino que convirtió ciertos lugares en formas de conciencia.


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Carmen Márquez Montes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Bryce Echenique: un limeño entre París, Madrid y Perugia – https://theconversation.com/bryce-echenique-un-limeno-entre-paris-madrid-y-perugia-278451

¿Podrá Europa llegar a frenar la desinformación? Estos son sus 5 retos más urgentes

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Susana Sanz Caballero, Catedrática de Derecho Internacional Público y Cátedra Jean Monnet de la UE, Universidad CEU Cardenal Herrera

Alexander56891/Shutterstock

El fenómeno de las fake news en la era digital no es nuevo. La desinformación ha existido siempre, desde el Imperio romano y en etapas posteriores como forma de condicionar e influir en conflictos sociales, rivalidades políticas y tensiones por el poder. Sin embargo, desde la irrupción de internet y, más recientemente, de los sistemas de inteligencia artificial (IA), ha crecido exponencialmente.

El contexto geoestratégico actual constituye un caldo de cultivo perfecto para que la desinformación en el entorno digital se reproduzca con mayor facilidad e impacto, convirtiéndola en un arma de doble filo.

La libertad de expresión es un derecho fundamental en democracia, pero su uso indebido puede convertirse en una herramienta para desestabilizar sistemas políticos y sociedades democráticas, dificultando la existencia de un ecosistema informativo veraz y fiable.

La respuesta legislativa de la Unión Europea

La desinformación se ha convertido en uno de los principales problemas regulatorios para la Unión Europea en su labor de protección de las garantías democráticas. Hoy, la desinformación se considera un tipo de “amenaza híbrida”, un concepto de difícil definición que remite a la idea de un uso combinado de instrumentos de naturaleza diversa (políticos, económicos, informáticos, etc.) con el objetivo de desestabilizar un Estado empleando métodos que a menudo pasan desapercibidos.

Frente a este problema, la búsqueda del equilibrio entre libertad de expresión y lucha contra la desinformación es una necesidad cada vez más acuciante. La Unión ha desplegado su maquinaria legislativa para desarrollar un marco normativo amplio que permite abordar este escenario con estas tres leyes principales:

  • Ley de Servicios Digitales (DSA): establece criterios de selección de contenidos y obligaciones de transparencia para las plataformas digitales.

  • Ley de Mercados Digitales (DMA): busca garantizar un sector digital competitivo y justo, así como la seguridad de los usuarios en línea.

  • Ley de Medios (EMFA): establece el marco común comunitario para proteger la libertad, el pluralismo y la independencia editorial de los medios.

Contenidos manipulados o dependencia tecnológica

Aunque el esfuerzo de la Unión por regular esta cuestión es muy bien recibido, su aplicación práctica no está exenta de desafíos como estos cinco:

  1. Crecimiento masivo de contenidos manipulados: la facilidad para crear y difundir información ha degradado la integridad del ecosistema informativo, destacando el auge de deepfakes e información en zonas grises que requieren de la asistencia de verificadores para comprobar su veracidad.

  2. Falta de neutralidad y captura informativa: los algoritmos no son neutrales, priorizan el sensacionalismo para maximizar beneficios, generando una “captura informativa” donde las plataformas deciden qué contenidos llegan a los usuarios (la “prohibición en la sombra” o shadowbanning).

  3. Privatización de moderación de contenidos: actualmente, el 99 % de las decisiones de eliminación de contenidos las toman empresas privadas bajo sus propios términos, mientras que la intervención judicial es mínima (0,001 %).

  4. Desinformación como guerra híbrida: actores extranjeros utilizan la manipulación informativa como herramienta de desestabilización geopolítica y polarización social.

  5. Vulnerabilidad ciudadana y dependencia tecnológica: la exposición repetida a narrativas falsas aumenta la probabilidad de creer en ellas, especialmente ante la falta de infraestructuras digitales propias de la UE.

Una buena noticia: hay luz al final del túnel

Pero no todo son malas noticias. Aunque este fenómeno se ha instaurado con fuerza, existen vías de solución que invitan a cierto optimismo:

  • Trazabilidad de contenidos generados por IA. De conformidad con análisis especializados sobre ecosistema mediático híbrido, es vital fomentar contenidos basados en evidencias y mejorar técnicamente el etiquetado de contenidos generados por IA para proteger el discurso cívico.

  • Imposición de obligaciones estrictas de transparencia que exijan a las empresas explicar cómo funcionan sus sistemas de recomendaciones (feeds) y el diseño transparente de estructuras digitales.

  • Reforzar el derecho del usuario a la información sobre los motivos de restricciones de contenido y asegurar la independencia de los reguladores nacionales para evitar el riesgo de autocensura (chilling effect).

  • Aplicar sanciones contra entidades responsables, suspender licencias de medios de propaganda estatal, fortalecer la cooperación estratégica entre instituciones, actores privados y la ciudadanía. Las plataformas digitales, especialmente durante periodos electorales, deberían indicar expresamente si el contenido ha sido patrocinado por Estados terceros.

  • Implementar planes de alfabetización mediática en la formación reglada, siguiendo modelos de éxito (Finlandia, Estonia) e invertir en soberanía tecnológica europea con la creación de centros de datos a escala europea.

Combatir la desinformación no depende solo de contar con un marco normativo estable. Reforzar la transparencia, limitar las injerencias políticas y combatir la manipulación informativa requiere voluntad política y una estrecha coordinación entre actores estatales y no estatales: operadores económicos, plataformas digitales, medios de comunicación, organismos reguladores, la comunidad académica y la sociedad civil.

Restaurar la confianza e integridad de los sistemas de información es esencial para frenar la desinformación en Europa.

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El equipo de investigación Rule of Law Crisis in the EU de la UCHCEU recibe financiación del Proyecto I+D+i Nacional del MICINN: PID2021-126765NB-I00 y el proyecto GVA: CIAICO/2024/191

Almudena Del Castillo Santamaría recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a través de la convocatoria FPU del año 2023 para la realización de su tesis doctoral que se inscribe en el proyecto I+D+i nacional del MICINN: PID2021-126765NB-I00 y el proyecto financiado por la GVA: CIAICO/2024/191

Enrique Roger Belloch y Zitan Peng Hao no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. ¿Podrá Europa llegar a frenar la desinformación? Estos son sus 5 retos más urgentes – https://theconversation.com/podra-europa-llegar-a-frenar-la-desinformacion-estos-son-sus-5-retos-mas-urgentes-277433

Crear empresas desde la universidad, la mejor manera de fomentar el emprendimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Xavier Lorenzo/Shutterstock

Cada semestre recibo decenas de estudiantes en mi facultad con ideas que podrían transformarse en empresas reales. Cuatro años después, la mayoría gradúa con un título y esas mismas ideas archivadas en carpetas que nadie volverá a abrir.

Como profesor en la Universidad de Guadalajara, he visto esta paradoja repetirse durante años. No es falta de talento. Es que seguimos enseñando emprendimiento como si fuera historia medieval: datos para memorizar, teorías para el examen, cero aplicación real.

Mientras debatimos en academias si actualizar el temario, algunas instituciones llevan décadas logrando que sus estudiantes combinen la teoría y la práctica, creando empresas al tiempo que estudian cómo funcionan: los estadounidenses MIT (Massachussets Institute of Technology), cuyo ecosistema de emprendimiento académico se articula desde el Martin Trust Center for MIT Entrepreneurship; Babson College, líder global en educación emprendedora con su enfoque de Entrepreneurial Thought & Action; UC Berkeley, a través de Berkeley SkyDeck, donde los proyectos académicos se convierten en startups; y Harvard, mediante el Harvard Innovation Labs, que integra cursos, mentorías y creación de empresas. En Finlandia, la Aalto University es reconocida por su modelo universidad–startup y el ecosistema Aalto Ventures Program.

La diferencia no es, o no únicamente, presupuesto ni ubicación. Es arquitectura.

Cuando la teoría se encuentra con la realidad

El Centro Universitario de los Altos (CUAltos) de la Universidad de Guadalajara implementó desde 2021 algo que debería ser obvio pero resulta revolucionario: convertir cada asignatura en una herramienta para construir proyectos reales.

En lugar de estudiar contabilidad con ejercicios inventados, los estudiantes registran transacciones de sus propios emprendimientos. En vez de memorizar las 4 P del marketing (producto, precio, punto de venta y promoción), diseñan estrategias para adquirir sus primeros cien clientes reales. Cuando estudian derecho empresarial, redactan los contratos que necesitarán para constituir legalmente sus empresas.

El CUAltos creó un repositorio de difusión del emprendimiento que documenta estos proyectos. No son simulaciones académicas. Son empresas operando en mercados reales, con clientes pagando y estudiantes aprendiendo más en un semestre que en cuatro años de clases tradicionales.




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¿Estamos enseñando suficiente emprendimiento digital?


Tres ingredientes que cambian todo

Después de observar casos exitosos en México, España y otros países, identifiqué tres elementos que separan el teatro académico de la transformación real:

  1. La integración curricular total. Cuando Juan de Antonio fundó Cabify mientras estudiaba un MBA en Stanford, cada asignatura contribuía directamente a su proyecto. Hoy Cabify opera en más de noventa ciudades y factura 800 millones de euros. No esperó a graduarse. Construyó desde el primer día.

    El Tecnológico de Monterrey lleva esto al extremo con su modelo Tec21, donde todo el programa se estructura alrededor de retos empresariales reales. Los estudiantes no estudian disciplinas aisladas, resuelven problemas complejos que exigen conocimiento de finanzas, marketing, operaciones y tecnología simultáneamente.

  2. Mentoría con cicatrices. Las mejores universidades no contratan solo profesores con doctorados. Buscan emprendedores que fracasaron y reconstruyeron. Alguien que perdió una empresa te enseña más en una conversación que diez papers académicos.

    Por ejemplo, Alicia Asín y David Gascón fundaron Libelium con apenas 3 000 euros nada más licenciarse en la Universidad de Zaragoza. Fracasaron repetidamente. Pivotaron tres veces. Casi se quedan sin dinero dos veces. Hoy lideran mercados globales del Internet de las Cosas en 120 países. David fue reconocido como Innovador del Año por la revista MIT Technology Review en 2012, y la Real Academia de Ingeniería lo distinguió como investigador destacado en 2018. Alicia fue la primera mujer en recibir el premio Joven Emprendedor Nacional de CEAJE en 2014. Su conocimiento sobre qué hacer cuando todo falla no viene de libros. Viene de sobrevivir.

  3. Consecuencias reales. El Tecnológico de Monterrey conecta estudiantes con capital genuino desde primer semestre mediante colaboraciones con fondos como FEMSA Ventures. Cuando uno presenta ante inversores que controlan dinero real, la investigación de mercado no puede ser superficial.

    ESADE estructura competiciones con financiamiento real que los equipos pueden usar inmediatamente. Esta inyección de consecuencias transforma comportamientos. Los estudiantes dejan de optimizar para aprobar exámenes y empiezan a optimizar para resultados reales.




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Lo que realmente están aprendiendo

Incluso cuando los proyectos fracasan comercialmente, estos estudiantes desarrollan competencias que graduados tradicionales tardan años en adquirir.

Por ejemplo, Juan Urdiales y Felipe Navío fundaron Jobandtalen mientras estudiaban en la Universidad Politécnica de Madrid. La empresa creció hasta convertirse en líder de empleo temporal en Europa y Latinoamérica, recaudó más de 500 millones de dólares y alcanzó una valoración superior a 2 000 millones. Opera en más de diez países.

No tenían experiencia corporativa previa, tenían algo mejor: capacidad de tomar decisiones bajo incertidumbre, construir equipos funcionales, gestionar conflictos cuando los intereses no están alineados y pivotar rápidamente cuando los datos contradicen sus hipótesis.

El mercado laboral refleja esto. Las empresas tecnológicas priorizan candidatos con proyectos demostrables sobre aquellos con credenciales impecables pero sin experiencia ejecutiva real.

La oportunidad que estamos perdiendo

Cada año, miles de estudiantes talentosos entran a nuestras facultades en México. La mayoría los procesamos mediante el mismo sistema que lleva décadas produciendo resultados mediocres: clases magistrales, exámenes memorísticos, proyectos simulados.

Cuatro años después salen con títulos, deudas y sus ideas archivadas. Buscarán empleos en empresas creadas por gente que nunca perdió tiempo en aulas desconectadas de la realidad.

En el CUAltos estamos intentando cambiar esto. Los catorce programas académicos, que se imparten llevan contenidos de emprendimiento, de manera que cualquier médico, dentista o abogado que egresa sabe cómo comenzar un negocio, cuánto cobrar, cómo vender y cómo posicionarse en el mercado. No con más teoría sino con más práctica. No con simulaciones sino con consecuencias reales. No preparando empleados sino formando creadores.

Esta transformación no requiere presupuestos millonarios. Requiere valentía para demoler lo que “siempre hemos hecho así” y reconstruir desde cimientos completamente nuevos.

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Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Crear empresas desde la universidad, la mejor manera de fomentar el emprendimiento – https://theconversation.com/crear-empresas-desde-la-universidad-la-mejor-manera-de-fomentar-el-emprendimiento-235024

Con la gasolina disparada, correr sale mucho más caro de lo que parece

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Antonio Aguilar Saavedra, Investigador científico del CSIC en física teórica de partículas elementales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

Coches circulando por una carretera nocturna sinuosa en Malta Goinyk Production/Shutterstock

Intentar emular a Fernando Alonso en los desplazamientos diarios de casa al trabajo no es una buena idea. Porque aparte de generar más estrés y más situaciones de riesgo, afecta a nuestro bolsillo más de lo que podríamos pensar.

Es evidente que conduciendo más rápido se llega antes, aunque la diferencia puede ser pequeña cuando el tráfico está condicionado por atascos, semáforos, etc. Sin embargo, conduciendo más rápido visitamos la gasolinera más a menudo. Entonces, ¿cuánto tiempo se gana en realidad? ¿Cuánto sube el consumo? ¿Merece realmente la pena apostar por la velocidad?

Consumo frente a velocidad

El consumo de combustible depende de la velocidad de una forma bastante simple de entender. Por un lado, el funcionamiento de los motores de combustión, incluso con el coche completamente parado, consume. Así, si nos desplazamos a una velocidad muy baja, del orden de 20 km/h, el gasto será grande en relación al espacio recorrido.

Por otro lado, la fricción con el aire crece con el cuadrado de la velocidad, por lo que conducir por encima de los 100 km/h también implica un consumo considerable. Además, están las pérdidas por rodadura, prácticamente independientes de la velocidad y sujetas a la distancia recorrida.

Combinando todos los factores, el consumo óptimo se obtiene a una velocidad que, en función del coche, está entre los 60-90 km/h.

La Agencia Europea de Medio Ambiente usa el modelo matemático COPERT para calcular las curvas de consumo de coches típicos, tanto de gasolina como híbridos y otros combustibles. En nuestro estudio, realizado específicamente para este artículo, hemos hecho los cálculos para un coche híbrido de tamaño medio/grande.

Consumo en función de la velocidad para un coche híbrido medio/grande según COPERT.
J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Cuestión de física

Los valores de referencia son representativos de una gran variedad de coches, tanto berlinas como SUV. En cualquier caso, aquí el dato de interés no es el valor absoluto del consumo, que para nuestro coche particular puede ser menor. El factor clave es cómo aumenta el consumo a grandes velocidades. Este es un comportamiento universal, basado en leyes físicas.

Por otro lado, está el sobreconsumo asociado a un estilo de conducción más agresivo, con aceleraciones y frenadas. Esta componente penaliza el consumo a mayor velocidad, sin disminuir significativamente el tiempo de desplazamiento. Por eso, ignoraremos en nuestros cálculos ese efecto, que por otra parte es imposible de modelar.

Estudiando trayectos reales

Queremos estudiar el impacto de la velocidad en situaciones como las de miles de personas que diariamente se desplazan en coche. Para ello, hemos tomado como ejemplo cinco trayectos reales desde casa hasta el trabajo en la Comunidad de Madrid. Los trayectos comprenden tramos urbanos –en Alcobendas, Madrid, Móstoles, Las Rozas, Tres Cantos y Vallecas– y tramos en las carreteras A3, A5, A6, M30, M40, y M607 de distinta consideración. Como ejemplo, la fracción de recorrido en carretera con límite de velocidad superior a 90 km/h varía entre el 73 % y el 43 %.

Trayectos considerados en este estudio.
Juan A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Hemos calculado las rutas usando Google Maps y hemos obtenido información de los límites de velocidad a través de OpenStreetMap. Como resultado, para cada una de las cinco rutas, preparamos una tabla que agrupa tramos por límite máximo de velocidad.

Ejemplo de rutas consideradas.
J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Estos límites nos proporcionarán valores de referencia para la velocidad en cada tramo. Así, conocida la longitud de cada tramo y su velocidad de referencia, un cálculo simple nos permite calcular el tiempo total empleado en el desplazamiento –suponiendo el caso ideal de ausencia de atascos y semáforos–.

Además, usando los datos de consumo típico, podemos calcular también el consumo de gasolina, suponiendo que existe una velocidad constante.

¿Más rápido es mejor?

A continuación, investigamos cuánto tiempo se ahorra desplazándose más rápido y cuánto más se consume. Aquí, hacemos una suposición razonable:

  • Para los tramos urbanos con límite hasta 50 km/h, siempre consideraremos velocidad igual al límite legalmente establecido. Esta simplificación es necesaria porque, al aumentar la velocidad, también aumentan las pérdidas por frenada (algo frecuente en entorno urbano) y, como se ha mencionado, es imposible modelar adecuadamente estas variaciones.

  • Para los tramos en carretera, consideraremos dos casos: velocidades 20 % mayores al límite y velocidades 40 % mayores. Es decir, si el límite está en 100 km/h, supondremos velocidades de 120 km/h y 140 km/h, respectivamente. Lo cual está bastante en línea con lo observado diariamente.

Ahorro de tiempo frente a consumo extra a mayor velocidad.
J. A. Aguilar y Cristina Álvarez.

Los resultados no dejan lugar a dudas: pisar el acelerador sale muy caro. Para ahorrar un 10 % de tiempo gastamos ¡30 % más de combustible! Y esto es similar para todos los trayectos. Con una velocidad 20 % mayor al límite, el gasto de combustible triplica al ahorro de tiempo en los trayectos 1, 2, 3 y 5 y casi lo quintuplica en el trayecto 4. Y, para una velocidad 40 % mayor, las cifras de consumo se disparan.

Por otro lado, si no apuramos el límite de velocidad, el ahorro relativo de combustible es bastante comparable al incremento relativo del tiempo de viaje. La gran disparidad entre ambos solo aparece a velocidades elevadas.


Rui Lourenco / Unsplash., CC BY-SA

Pisar el acelerador hace daño al bolsillo y al planeta

Naturalmente, los detalles de consumo varían de un modelo de automóvil a otro, dependiendo del motor, la aerodinámica, el combustible y otras características. No obstante, los resultados cualitativos obtenidos aquí son extrapolables a coches de gasolina o diésel de diversos tamaños. Como hemos señalado, el incremento de consumo a gran velocidad es exponencial y está basado en leyes físicas. Por tanto, la conclusión de que el gasto adicional excede con creces el ahorro de tiempo tiene un carácter bastante general.

Asimismo, pisar el acelerador también sale muy caro para el planeta. Las emisiones de CO₂ y otros gases son proporcionales al consumo. Por lo que ahorrar unos pocos minutos se traduce en una contaminación bastante mayor.

En términos generales, como sabemos, la huella de emisiones por viajero es inferior en transporte público que en coche privado, y más aún en áreas urbanas. Encima, cuando el vehículo viaja con un solo ocupante, este consumo y esas emisiones recaen íntegramente sobre un único viajero, empeorando aún más el balance.

Para esos casos en que el uso del coche es inevitable, no deberíamos olvidar que la velocidad no compensa, ni para el bolsillo ni para el planeta.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Con la gasolina disparada, correr sale mucho más caro de lo que parece – https://theconversation.com/con-la-gasolina-disparada-correr-sale-mucho-mas-caro-de-lo-que-parece-275334

Por qué un aula sin conflictos no siempre es mejor para el bienestar docente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Magdalena Holgado Herrero, Psicología Social, del Trabajo y de las Organizaciones, Universidad de Cádiz

Fotograma de la película _Mentes peligrosas_ (1995), donde Michelle Pfeiffer encarnaba a una profesora en una clase conflictiva. Filmafinnity

Trabajar en un entorno conflictivo es uno de los factores más frecuentemente citados como causante de estrés laboral o síndrome de estar quemado. En el caso de los docentes, que el entorno escolar no sea armonioso y existan tensiones supone, comprensiblemente, una dificultad añadida al desarrollo de la docencia.

Por eso es tan sorprendente el resultado de nuestro reciente estudio: el profesorado con una gran capacidad de resiliencia no solo consigue relegar la tensión interpersonal a un segundo plano, sino que la convierte en un catalizador de satisfacción al transformar los obstáculos en retos significativos.

Basándonos en una muestra de 220 profesionales de la enseñanza de la comarca del Campo de Gibraltar en diferentes etapas (de infantil a formación profesional) hemos podido determinar que, aunque el conflicto suele reducir el bienestar, la resiliencia actúa como un factor determinante que transforma esta relación.

La paradoja de la calma

Estos resultados indican que un lugar de trabajo sin conflictos no siempre es el paraíso para el bienestar de los docentes. Para una persona altamente resiliente, un entorno de conformidad total puede resultar desmotivador. No proporciona el debate saludable y el crecimiento a través de los retos que estos profesionales anhelan para sentirse verdaderamente comprometidos.

Sorprendentemente, los niveles más altos de felicidad se registraron entre el personal docente con alta resiliencia que desarrollaba su labor en contextos donde los conflictos iban en aumento. Para estos profesionales de la educación, la tensión actúa como combustible, activa su sentido de la autoeficacia y la competencia, demostrando que cuentan con las herramientas necesarias para navegar por aguas difíciles.




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Bienestar y resiliencia

Tener una resiliencia extraordinaria en un entorno sin retos significativos, en lugar de aumentar la felicidad puede hacer que el bienestar se estanque, pues la fortaleza permanece infrautilizada.

El hallazgo más relevante de nuestro estudio es que el camino hacia la felicidad no es una línea recta impulsada por la resiliencia. Al aplicar las teorías de “demasiado de algo bueno” (too much of a good thing: TMGT) y “muy poco de algo malo” (too little of a bad thing: TLBT), observamos fenómenos que matizan las premisas habituales sobre la gestión de centros educativos.

La primera de ellas sugiere que factores psicológicos positivos como la propia resiliencia pueden volverse contraproducentes o perder su eficacia cuando alcanzan niveles extremos. Por el contrario, la teoría TLBT plantea que ciertos elementos tradicionalmente negativos, como el conflicto funcional, pueden empezar a generar efectos perjudiciales precisamente cuando su nivel es demasiado bajo.

En ambos casos, esta correlación sigue una trayectoria en forma de ‘U’: existe un punto de inflexión donde el exceso de una virtud o la ausencia total de un desafío (como un entorno de conformidad absoluta) dejan de sumar bienestar para empezar a restarlo.

¿Cómo lo medimos?

Para descubrir estos patrones en el contexto de la labora docente, nuestro estudio utilizó una serie de evaluaciones psicológicas validadas, diseñadas para captar la realidad diaria del aula más allá de los planes de estudio. Nos centramos en tres pilares:

  • Conflicto relacional: utilizando la escala de Jehn, identificamos esos momentos específicos de fricción, los choques de personalidad y las tensiones emocionales que pueden hacer que el ambiente en la sala de profesores sea tenso.

  • Felicidad personal en el trabajo: no nos limitamos a preguntar si los profesores estaban contentos. Consideramos la felicidad como un motor multidimensional alimentado por cuatro componentes: disfrute genuino, compromiso profundo, estado de flujo durante las tareas y afecto positivo general dentro de la escuela.

  • Resiliencia: se midió como el factor de recuperación, la elasticidad psicológica que permite a un educador recuperarse de los reveses y adaptarse a los cambios repentinos.

Los datos revelaron una historia convincente: mientras que el conflicto en ausencia de resiliencia es innegablemente devastador, la fusión de una alta resiliencia y un entorno dinámico (incluso tenso) crea un estado de florecimiento. Esto sugiere que, para una mente preparada, un entorno desafiante no es una barrera para el crecimiento, sino el terreno en el que este echa raíces.




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Eliminar conflicto o mejorar resiliencia

Así, el objetivo de responsables políticos y juntas escolares no debe ser eliminar cualquier atisbo de tensión de nuestras escuelas. Un entorno estéril y libre de conflictos podría, de hecho, frenar el crecimiento de nuestros educadores más capaces.

En cambio, la clave está en dotar a los profesores de las herramientas psicológicas que necesitan. Cuando la tormenta llegue inevitablemente, un profesor resiliente no solo sabrá cómo sobrevivir a las olas, sino que encontrará una profunda sensación de satisfacción y propósito al navegar con éxito a través de ellas.

Desarrollar la resiliencia

Estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de estrategias matizadas, que permitan cultivar la resiliencia más allá de la gestión del estrés. Dado que es una habilidad adaptable y no un rasgo innato, las instituciones educativas deberían integrarla en el desarrollo profesional continuo de todo el personal docente.

Entender los conflictos interpersonales como “retos colaborativos” y crear entornos propicios para el diálogo constructivo puede ayudar a impulsar la innovación y la cohesión del equipo.

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Magdalena Holgado Herrero recibe fondos de la Fundación Campus Tecnológico de Algeciras, cofinanciada mediante la subvención concedida por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía.

Dara Hernández Roque recibe fondos de de Fundación Campus Tecnológico de Algeciras, como investigadora académica del Campus Universitario de la Bahía de Algeciras (Universidad de Cádiz).

María José Foncubierta Rodríguez ha recibido fondos de Fundación Campus Tecnológico de Algeciras, como investigadora académica del Campus Universitario de la Bahía de Algeciras (Universidad de Cádiz).

ref. Por qué un aula sin conflictos no siempre es mejor para el bienestar docente – https://theconversation.com/por-que-un-aula-sin-conflictos-no-siempre-es-mejor-para-el-bienestar-docente-273848

Cómo ha cambiado la bahía de Cádiz desde el siglo XVIII: lo que revela una carta náutica de 1789

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bismarck Jigena Antelo, Profesor Titular de Unversidad, Area de Ciencias y Técnicas de la Navegación y Ciencias Marinas, Universidad de Cádiz

Carta náutica de la bahía de Cádiz (1798). Brigadier de la Real Armada Vicente Tofiño de San Miguel Director de las Academias de Guardias Marinas / Instituto Geográfico Nacional. , CC BY

Acostumbrados a consultar mapas digitales en el móvil o en el coche, puede parecer que los mapas antiguos ya no tienen utilidad práctica. A menudo, se consideran piezas de archivo, valiosas desde el punto de vista histórico, pero poco relevantes para el análisis científico actual. Sin embargo, esta percepción es engañosa. Algunos mapas históricos siguen siendo una fuente fundamental de información para entender cómo ha cambiado el territorio a lo largo del tiempo.

La carta náutica de Tofiño de 1789

Vicente de Tofiño de San Miguel, jefe de escuadra de la real Armada. Anónimo.
Wikimedia Commons.

Un buen ejemplo es la carta náutica de la bahía de Cádiz elaborada en 1789 por Vicente Tofiño de San Miguel. A pesar de haber sido realizada hace más de tres siglos, esta cartografía permite reconstruir con notable detalle la configuración del litoral en el siglo XVIII y compararla con la bahía que conocemos hoy.

Vicente Tofiño fue una figura clave de la Ilustración española. Marino y científico, dirigió el proyecto del Atlas Marítimo de España, concebido para mejorar la navegación y el conocimiento de las costas mediante observaciones sistemáticas. La carta de la bahía de Cádiz no fue un dibujo aproximado ni una representación artística, sino un documento técnico elaborado con los métodos más avanzados disponibles en su época.

Combinando la historia con las nuevas tecnologías

Trabajar hoy con este tipo de cartografía plantea, no obstante, algunas dificultades. El mapa de 1789 no incluye coordenadas geográficas modernas, ni especifica su proyección cartográfica. Además, su orientación difiere de la habitual en los mapas actuales. Durante mucho tiempo, estas limitaciones llevaron a considerar los mapas históricos como poco útiles para el análisis espacial riguroso.

Esta situación ha cambiado gracias al desarrollo de nuevas tecnologías. Actualmente, los mapas antiguos pueden integrarse con herramientas como los sistemas de información geográfica (GIS), el posicionamiento por satélite (GNSS), la teledetección y técnicas modernas de cartografía digital. Mediante procesos
de georreferenciación, es posible ajustar la cartografía histórica a los sistemas de referencia actuales, utilizando elementos del territorio que se mantienen reconocibles con el paso del tiempo.

Primera página del Atlas Marítimo de España, obra de Vicente Tofiño en el siglo XVIII.
Biblioteca Nacional de España.

El valor actual de la cartografía antigua

Un ejemplo concreto ayuda a entender el valor de este enfoque. Al superponer el mapa de 1789 con la cartografía actual, se observa que amplias zonas que hoy forman parte del frente urbano y portuario de la bahía eran entonces espacios intermareales o marismas.

La carta de Tofiño, ajustada utilizando metodologías de GNSS y GIS, utilizando 9 puntos de control y la técnica del ajuste elástico (rubbersheeting).
Bismarck Jigena Antelo et al.

En algunos sectores del interior de la bahía, la línea de costa histórica aparece desplazada varios cientos de metros respecto a la actual, lo que permite visualizar con claridad la magnitud de las transformaciones experimentadas por el litoral. Estos cambios no son solo historia: siguen influyendo en el comportamiento actual de la bahía.

Así, la comparación entre ambos momentos históricos pone de manifiesto transformaciones profundas en la bahía de Cádiz. La línea de costa ha sido modificada de forma significativa, especialmente en las áreas más urbanizadas. Zonas que en el siglo XVIII estaban poco alteradas muestran hoy una intensa ocupación y una morfología claramente distinta, fruto de la interacción entre procesos naturales y la acción humana.

Saber cómo era la bahía antes de las grandes obras ayuda a explicar por qué hoy algunas zonas son más vulnerables que otras.

Un testigo de cómo afectan los cambios a la costa

De esta manera, más allá de la simple descripción visual, el mapa de 1789 actúa como una referencia histórica que ayuda a contextualizar las transformaciones del litoral y a comprender mejor su evolución a lo largo de casi tres siglos. Disponer de esta perspectiva temporal amplia resulta especialmente valioso en un entorno costero tan dinámico y sensible como la bahía de Cádiz.

El interés de este enfoque no se limita a este caso concreto. La combinación de cartografía histórica y tecnologías actuales se está utilizando en numerosas zonas costeras para estudiar la evolución de la costa, los cambios en estuarios y puertos históricos y la transformación de frentes urbanos.

Cambios morfológicos en la línea de costa y áreas urbanas de la Bahía de Cádiz.
Bismarck Jigena Antelo et al.

A menudo, los mapas antiguos son la única fuente disponible para conocer el estado del territorio antes de las grandes intervenciones del siglo XX.

En un momento de creciente presión sobre las costas, mirar al pasado con herramientas del presente puede ser una de las mejores formas de tomar decisiones más informadas de cara al futuro.

Imagen satelital de la Bahía de Cádiz.
Google Earth Pro 2026.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo ha cambiado la bahía de Cádiz desde el siglo XVIII: lo que revela una carta náutica de 1789 – https://theconversation.com/como-ha-cambiado-la-bahia-de-cadiz-desde-el-siglo-xviii-lo-que-revela-una-carta-nautica-de-1789-273491