De la Odisea a nuestros días: la huella de Homero en el español actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By M. Dolores Jiménez López, Doctora en Lingüística, Titular de Universidad, Universitat Rovira i Virgili

Estatua de Homero en Grecia Thirasia/Shutterstock

Una compañera comenta que llegar al trabajo “ha sido una odisea”. Al abrir el ordenador, el antivirus alerta de la presencia de un “troyano”. En una reunión alguien advierte de que cierta propuesta no son más que “cantos de sirena”, y unos minutos después otro vaticina que, cuando se conozcan los resultados, “va a arder Troya”. Ninguno de ellos está hablando de literatura griega. O quizá sí. Sin haber abierto la Ilíada ni la Odisea, todos acaban de invocar a Homero.

La influencia de Homero en nuestro lenguaje lleva casi tres mil años entrelazándose con la tradición griega, latina y europea. Muchas palabras y expresiones que usamos cada día tienen su origen directo o indirecto en la Ilíada, la Odisea o en la tradición literaria que generaron.




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Del nombre propio al uso común

Algunos de los personajes de la Ilíada y la Odisea han experimentado un proceso lingüístico singular: dejaron de ser nombres propios para convertirse en palabras de uso común. El caso más evidente es “odisea”. El título del poema que narra el accidentado regreso de Odiseo –Ulises, en la tradición latina– a Ítaca acabó designando cualquier viaje largo, difícil y lleno de contratiempos. La aventura del héroe homérico se convirtió así en una metáfora universal de las dificultades del camino.

Algo parecido ocurrió con “mentor”. En la Odisea, Mentor es el fiel amigo de Odiseo a quien este confía la educación y protección de su hijo Telémaco antes de partir hacia la guerra de Troya. No es extraño, por tanto, que hoy llamemos mentor a la persona experimentada que orienta, aconseja y acompaña a otra en su desarrollo personal o profesional.

Menos conocida es la historia de “estentóreo”. El adjetivo procede de Esténtor, un guerrero griego que participa en la guerra de Troya y del que Homero dice en la Ilíada que poseía una voz tan poderosa como la de cincuenta hombres juntos. De ahí que todavía hoy llamemos estentórea a una voz extraordinariamente fuerte y resonante.

Troya como símbolo de conflicto

Si las palabras muestran cómo algunos personajes homéricos terminaron incorporándose al léxico del español, las locuciones y expresiones revelan un fenómeno aún más llamativo: las imágenes creadas por Homero continúan siendo el recurso al que acudimos para explicar situaciones cotidianas. El engaño, el conflicto, el peligro, la vulnerabilidad o la reconciliación siguen expresándose mediante imágenes nacidas hace casi tres mil años.

Una de las más conocidas es la del “caballo de Troya”, convertido en símbolo universal del engaño. Igual que los guerreros griegos lograron introducirse en la ciudad ocultos en el enorme caballo de madera ideado por Odiseo, hoy llamamos caballo de Troya a cualquier persona, objeto o estrategia que se presenta bajo una apariencia inofensiva para infiltrarse y actuar desde el interior.

Derivado del caballo de Troya son también los troyanos informáticos, programas maliciosos que aparentan ser inofensivos para infiltrarse en un sistema y actuar desde su interior.

Cuando una situación termina en un gran escándalo o una discusión se descontrola, todavía decimos que “ardió Troya” o que “se armó la de Troya”, evocando la destrucción de la ciudad tras diez años de enfrentamientos.

Peligros y seducción engañosa

Las aventuras de Odiseo proporcionaron, por su parte, algunas de las imágenes más eficaces para hablar del peligro y de la seducción engañosa. “Estar entre Escila y Caribdis” significa hallarse atrapado entre dos riesgos igualmente graves, sin posibilidad de evitar uno sin exponerse al otro. Así le ocurrió a Odiseo cuando tuvo que atravesar el estrecho donde acechaban estos dos monstruos marinos.

Del mismo modo, los “cantos de sirena” representan todavía promesas tan seductoras como engañosas: discursos, ofertas o propuestas que atraen irresistiblemente, pero que pueden conducir al fracaso si uno se deja llevar por ellas.

El talón y la lanza de Aquiles

Otro conjunto de expresiones tiene como protagonista a Aquiles, el mayor héroe de la Ilíada. La más universal es el “talón de Aquiles”, ese punto débil o vulnerable de una persona, una institución o un proyecto. Aunque el episodio del talón pertenece al desarrollo posterior del mito y no aparece en los poemas homéricos, el personaje de Aquiles dio origen a una de las imágenes más extendidas del español.

Menos conocida es “la lanza de Aquiles”, que alude a aquello que hiere, pero también posee la capacidad de curar el daño causado, una idea que ha servido para describir remedios nacidos del propio mal. A ella se suma “la cólera de Aquiles”, expresión que remite al episodio con el que se abre la Ilíada y que todavía utilizamos para referirnos a una ira desmesurada y difícil de contener.

Pastores que dicen verdades

La tradición homérica también ha dejado expresiones relacionadas con la palabra y las relaciones humanas. “Las verdades del pastor” se aplica a las palabras dichas de forma sencilla, clara y sincera, aunque puedan resultar incómodas para quien las escucha.

La expresión evoca la sabiduría tradicionalmente atribuida a los pastores, de la que existen numerosos testimonios en la literatura. El propio Ulises, sin ir más lejos, se vale de un pastor para recuperar el poder a su llegada a Ítaca, según cuenta Homero en la Odisea.

Pelillos (o lana) a la mar

También “pelillos a la mar” invita a olvidar agravios y dejar atrás los conflictos. Su origen se relaciona con un episodio narrado por Homero en el tercer libro de la Ilíada, cuando griegos y troyanos, dejando a un lado las disputas que habían dado origen a la guerra, celebraron una ceremonia de confraternización. Antes de sacrificar unos corderos ofrecidos conjuntamente a los dioses, cortaron unos mechones de lana que, como símbolo de paz y olvido de las rencillas, arrojaron al mar.

Con el tiempo, aquel rito de reconciliación siguió celebrándose entre los griegos, sustituyendo en ocasiones la lana por algunos pelos de la barba. La expresión conserva hoy ese mismo sentido de perdón y nuevo comienzo.

Más allá de Homero: las huellas de la mitología

La influencia de Homero constituye solo una parte del inmenso legado lingüístico que el mundo griego ha dejado en el español. Nuestra lengua conserva decenas de expresiones nacidas de la mitología, la historia y la literatura clásicas que permanecen plenamente vigentes en el habla cotidiana.

Así, cuando una decisión “afecta a tirios y troyanos”, queremos decir que alcanza por igual a personas o grupos con intereses contrapuestos; y cuando “se arma la de tirios y troyanos” evocamos un enfrentamiento entre dos bandos irreconciliables.

El origen de ambas expresiones se remonta a las luchas que, en el siglo XI a. C., mantuvieron los habitantes de Tiro, la principal ciudad de Fenicia, y los de Troya por el control comercial del Mediterráneo oriental, especialmente del estrecho de los Dardanelos. Mientras los tirios dominaban los mercados occidentales, los troyanos controlaban el comercio con Oriente.

De aquella rivalidad nació la expresión que el español conserva para referirse tanto a dos bandos enfrentados como a aquello que afecta indistintamente a ambos.

Panaceas, ecos y otras cuestiones ‘draconianas’

Además de la famosa “espada de Damocles”, del “hilo de Ariadna”, del “trabajo de Sísifo”, de las “aves Fénix” o de las “cajas de Pandora”, el español conserva muchas otras palabras nacidas de la mitología griega.

Así ocurre con “panacea”, que designa el remedio capaz de resolver todos los males y toma su nombre de Panacea, hija de Asclepio, dios de la medicina, cuyo propio nombre significa “la que todo lo cura”.

O con “draconiano”, adjetivo que aplicamos a leyes o medidas de extrema dureza y que recuerda a Dracón, el legislador ateniense del siglo VII a. C., autor de un código tan severo que, según la tradición, se decía que estaba escrito con sangre.




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Incluso expresiones tan cotidianas como “tener vista de lince”, “quedarse de piedra” o “hacerse eco” hunden sus raíces en la mitología griega. La primera alude a Linceo, héroe dotado de una vista extraordinaria; la segunda evoca a Medusa, capaz de petrificar con la mirada a quien la contemplaba; y la tercera toma su nombre de la ninfa Eco que, por un castigo de Hera, no podía hablar, sino solo repetir el final de las palabras que otros pronunciaban.

La lengua es, en el fondo, una forma de memoria colectiva. En el caso del español, pocas tradiciones han dejado una impronta tan profunda como la griega.

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M. Dolores Jiménez López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Campamentos de verano: espacios clave de desarrollo infantil y juvenil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mª Pilar Rodrigo Moriche, Prof. Ayudante Doctor del departamento de Pedagogía – Directora Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid

Roman Samborskyi/Shutterstock

Cada verano, miles de familias buscan una plaza en un campamento para sus hijos e hijas. En un contexto en el que la conciliación sigue siendo un desafío para numerosos hogares, estas actividades se han consolidado como una de las principales respuestas para organizar el tiempo infantil y juvenil durante las largas vacaciones escolares.

Durante las últimas décadas, la oferta se ha ampliado y diversificado de forma notable. A las propuestas impulsadas tradicionalmente por entidades de educación en el tiempo libre y movimientos asociativos se han sumado iniciativas promovidas por administraciones públicas y empresas privadas.

Más allá de su precio y su impacto en la economía familiar, conviene tener en cuenta que los campamentos no son solo una herramienta para conciliar o un lugar donde pasarlo bien: son espacios idóneos para aprender, a través de la experiencia, la participación y la convivencia. Aprendizajes no necesariamente concretos o con una utilidad académica inmediata, pero sí mucho más significativos e importantes para el desarrollo personal.




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La riqueza pedagógica de no estar en la escuela

A diferencia de lo que ocurre en la escuela, muchos de los aprendizajes que se producen en los campamentos no se enseñan de forma explícita. La convivencia cotidiana, la participación en la vida del grupo y la implicación en actividades compartidas generan situaciones en las que niños, niñas y adolescentes aprenden haciendo: toman decisiones, asumen responsabilidades, cooperan con otras personas, resuelven conflictos y afrontan retos que les permiten desarrollar capacidades personales y sociales difíciles de adquirir únicamente mediante la instrucción o la práctica académica

Son un espacio privilegiado para la formación integral de la persona, capaz de generar bienestar, participación, conciencia comunitaria y desarrollo personal.

Cuando disfrutar también educa

Muchas de las experiencias más valiosas para el desarrollo humano son aquellas que tienen sentido por sí mismas, con independencia de los beneficios que puedan generar en el futuro. Este tipo de “ocio autotélico” está basado en la libre elección, la implicación personal y la satisfacción que genera su práctica.

Así, puede ser más educativo a largo plazo ofrecer a niños, niñas y adolescentes oportunidades para explorar distintas experiencias y construir progresivamente un ocio propio y significativo, en lugar de centrarnos exclusivamente en que mejoren competencias, refuercen aprendizajes, enriquezcan su currículo o generen oportunidades futuras. De este modo, el ocio se reconoce como un espacio de autonomía, elección y desarrollo personal, evitando el riesgo de mercantilizar nuestras vidas y guiarlas exclusivamente por la lógica del consumo y del rendimiento.

Jugar, convivir, explorar la naturaleza, asumir pequeños retos cotidianos o participar en actividades colectivas son experiencias que favorecen el descubrimiento, la curiosidad y el disfrute compartido, y su valor no depende exclusivamente de una finalidad externa.

¿Cuál es mejor?

En este sentido, la calidad de un campamento no viene determinada únicamente por sus instalaciones o por la cantidad de actividades que ofrece. Cumplidas las condiciones mínimas de confort y seguridad, aspectos como la formación del equipo educativo, los valores que orientan la intervención o la coherencia pedagógica de la propuesta suelen tener una influencia mucho mayor en la experiencia de niños, niñas y adolescentes.

Por ello, resulta especialmente relevante que las actividades estén impulsadas por entidades o escuelas de animación y tiempo libre reconocidas, ya que estas deben cumplir los requisitos establecidos por la normativa autonómica en materia de educación en el tiempo libre, relativos al proyecto educativo, la formación del equipo docente y la organización de las actividades.

Contextos privilegiados frente a las pantallas

En nuestra sociedad el tiempo compartido con otras personas, la vida al aire libre y las experiencias comunitarias compiten con formas de ocio cada vez más individualizadas y mediadas por las pantallas. Los campamentos crean contextos privilegiados para relacionarse, participar y sentirse parte de un grupo, aspectos estrechamente vinculados al bienestar y al desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.

Son los recuerdos más intensos que se nos quedan en la vida adulta: no una competencia adquirida ni un resultado medible, sino una amistad, una aventura compartida, un reto superado o el descubrimiento de capacidades que hasta entonces desconocían.

El capital social y la equidad

Además, los campamentos generan otro tipo de beneficios que rara vez aparecen en los debates sobre precios o conciliación: producen capital social. Es decir, crean relaciones, redes de confianza y vínculos de pertenencia que amplían las oportunidades de quienes participan en ellos.

Durante unos días o unas semanas, niños, niñas y adolescentes conviven con personas procedentes de contextos distintos al suyo, construyendo relaciones de confianza y vínculos que, en muchos casos, perduran más allá de la propia experiencia.




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Junto a las relaciones entre iguales, los campamentos permiten establecer vínculos con referentes educativos diferentes de la familia y de la escuela. Monitores, monitoras y coordinadores se convierten con frecuencia en figuras de acompañamiento que ayudan a afrontar desafíos, descubrir capacidades y ampliar horizontes personales, enriqueciendo las redes de apoyo disponibles para niños, niñas y adolescentes.

Todo ello resulta especialmente relevante en un contexto marcado por el aumento de las experiencias de soledad no deseada y por el debilitamiento de algunos vínculos comunitarios. En una realidad donde la participación continúa condicionada por factores económicos, territoriales y organizativos, garantizar el acceso a estas experiencias y el bienestar que conllevan a todos los niños y adolescentes es una apuesta por la equidad educativa y la cohesión social.

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Mª Pilar Rodrigo Moriche no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Próspera y Starbase: las ciudades “sin ley” de las tecnológicas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pavel Sidorenko Bautista, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La ciudad de Starbase, en Texas, es un mini Estado dirigido por la empresa SpaceX de Elon Musk. Starbase., CC BY-SA

Cuando Próspera, una ciudad en la paradisiaca isla de Roatán (Honduras), fue calificada por el Gobierno hondureño como Zona de Empleo y Desarrollo Económico (“ZEDE”), en 2013, despertó mucho interés entre los inversores extranjeros. Esta figura jurídica relaja la supervisión del gobierno y la legislación para resultar más atractiva a las compañías que llegan de fuera.

Solo cuatro años después, en 2017, el magnate tecnológico Peter Thiel, fundador de PayPal y anterior CEO de la empresa de vigilancia digital masiva Palantir, firmó un acuerdo con el Gobierno hondureño para administrar allí un territorio bajo sus propias leyes. Estas estarían basadas en el common law y bajo la supervisión digital de jueces jubilados del estado de Arizona.

Así fue cómo se fundó Honduras Próspera Inc, que se anuncia en su página web como “un lugar para construir empresas, empleos y bitcoins, con leyes regulaciones e impuestos únicos”.

Una distopía hecha realidad

En su libro The Network State (2022), Balaji Srinivasan, exdirector de tecnología de la plataforma de compra venta de criptomonedas Coinbase, propone una suerte de manifiesto futurista que defiende la creación de entidades soberanas. Con su punto de partida en el ciberespacio, la idea es que que, de manera gradual, se materializarían en entornos físicos.

Este concepto del Estado-red supone la conversión de una comunidad digital en una acción colectiva con vocación política y moral. Mimetiza el proceso histórico de creación de naciones: conciencia nacional, líder-fundador, estructura enfocada en las finanzas y el deseo de una vida en común. No es el argumento de una distopía, sino el mayor anhelo de un grupo de tecnólogos de Silicon Valley.

Ética a la basura: los beneficios son primero

Existen actualmente 300 empresas y start-up operando en Próspera. Estas pueden elegir su propio marco regulatorio, en principio, de entre de las normas vigentes en cualquier país de la OCDE. La libre elección aminora el coste jurídico, no sin riesgos. Por ejemplo, la comercialización de pruebas médicas y los eventuales ensayos prescinden de la aprobación de agencias supervisoras internacionales.

El fenómeno se conoce como [ethics dumping](https://www.c3.unam.mx/noticias/noticia15.html), que puede traducirse como “ética a la basura”. Las compañías se instalan en el Estado-red para reducir sus responsabilidades o saltarse otras a las que estarían obligadas en su país de origen.

Destaca el caso de la firma de biotecnología estadounidense Minicircle, que ha probado en personas terapias genéticas para modificar el ADN y rejuvenecer o aumentar la masa muscular. En Estados Unidos, estas prácticas requerirían la aprobación y supervisión de la FDA, la agencia de vigilancia del medicamento estadounidense. Serían años de inversión en abogados, laboratorios y seguridad médica. Pero Próspera Inc. ofrece un atajo que genera una ventaja competitiva real y un abismo de incertidumbre bioética.

Difícil para Honduras dar marcha atrás

La segunda clave de Próspera es la política fiscal. Los impuestos son mínimos en el territorio, mucho menores que en Honduras o en EE. UU. El manejo de criptomoneda está generalizado y la trazabilidad tiende a cero.

Quizá por eso, en 2022, la presidencia de Xiomara Castro intentó revertir este proyecto mediante la derogación de la ley de ZEDEs. Sin embargo, el aspirante a Estado-red hizo valer la regulación y la mediación ante la CIADI, Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, una institución global del Banco Mundial centrada en la conciliación y el arbitraje de conflictos legales internacionales. El proceso fijaba un coste de 1 630 millones de dólares, una cifra inalcanzable para el gobierno hondureño, que se vio obligado a posponer la derogación sine die.

Groenlandia, Starbase y el reto democrático

Otro caso de disputa por la territorio es Groenlandia, objeto de deseo para ciertas empresas tecnológicas estadounidenses. La compañía Praxis, con más de 525 millones de dólares de inversores basados en criptomonedas y capital de riesgo, ha puesto sus ojos firmemente en esta isla para fundar allí lo que denomina su “primera Ciudad Digital”. Praxis ambiciona la gran isla como un laboratorio para construir sus soluciones de habitabilidad para la colonización espacial de la Luna y Marte.

Dentro de Estados Unidos, un ejemplo más es Starbase, una ciudad fundada en Texas por Elon Musk en torno a la industria de SpaceX. Por el momento, es un municipio oficial incorporado bajo la legislación estatal, por lo que debe cumplir con el marco constitucional de EE. UU. Sin embargo, aspira a ser una ciudad-Estado-red con soberanía y acción al margen de las reglas del modelo federal. Cuenta con un gobierno local electo por sus residentes registrados, bajo la figura de un alcalde y dos comisionados, todos de la empresa SpaceX. Las transacciones se realizan con dólares estadounidenses y en criptomonedas, y aplican impuestos sobre la propiedad (hasta 1,5 % bajo las leyes de Texas).

¿Dónde queda la soberanía popular?

El ascenso de la “globalización corporativa” se ha vinculado con la erosión de la democracia liberal. Los network states eluden el principio de soberanía popular y el bien común, en aras de objetivos corporativos estratégicos. Se podría decir que estamos ante el ascenso de un nuevo modelo de estatificación feudal, empaquetado bajo la retórica y estética de las empresas tecnológicas.

Próspera y Starbase son enclaves amurallados, propensos al lujo y de gran atractivo para nómadas digitales entusiasmados con la hiperproductividad. Esta amalgama de liberalismo económico y feudalismo, impulsada por el marketing y la falsa sensación de éxito e innovación, avanza en detrimento de la ética universal e, incluso, los derechos humanos. El reto institucional en el mundo democrático actual es enorme. ¿Estamos preparados?

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¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Pérez Caballero, Profesor de Parasitología y Enfermedades Parasitarias, Universidad de León


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Cada verano, corremos a las terrazas para disfrutar de un cóctel o unos aperitivos. De repente, sentimos una sensación de frescor caído del cielo en forma de pequeñas gotitas de agua, que también llegan a nuestra comida y bebida. Es el sistema de nebulización al que recurren los establecimientos de hostelería para refrescar el ambiente. Y cada año reaparece una pregunta: ¿pueden estos dispositivos transmitir legionela?

La duda es comprensible. La bacteria Legionella se transmite por la inhalación de pequeñas gotas de agua, precisamente el tipo de aerosol que generan estos sistemas. Sin embargo, la respuesta no depende de la mera presencia (o ausencia) de un nebulizador. El riesgo está relacionado con las condiciones de la instalación, su mantenimiento y la posibilidad de que el microorganismo se multiplique y llegue a las personas.

Comprender cómo se produce la transmisión permite valorar este riesgo sin caer en alarmismos innecesarios.

¿Qué es la legionela?

Legionella es una bacteria que vive de forma natural en ríos, lagos y otros ambientes acuáticos. Su presencia no supone, por sí sola, un problema para la salud. De hecho, las personas estamos expuestas a ella de forma habitual sin que esto cause una infección.

El riesgo aparece cuando la bacteria encuentra condiciones favorables para multiplicarse en sistemas artificiales de agua. Las temperaturas templadas, el estancamiento y la acumulación de sedimentos o biopelículas pueden favorecer su crecimiento si la instalación no se mantiene correctamente.

Aun así, la presencia de Legionella no implica automáticamente que vaya a producirse una infección. Para que exista un riesgo real deben coincidir varios factores relacionados con la multiplicación de la bacteria y su llegada hasta las personas.

¿Cómo se transmite realmente?

A diferencia de otras enfermedades transmitidas por el agua o los alimentos, la legionelosis no suele contraerse al beber agua. La principal vía de transmisión es la inhalación de pequeñas gotas de agua, conocidas como aerosoles, que contienen la bacteria.

Por eso no basta con que haya agua ni con que Legionella esté presente: también deben generarse aerosoles que puedan inhalarse y proceder de una instalación donde la bacteria haya podido multiplicarse.

Esta forma de transmisión explica por qué la prevención se centra en determinadas instalaciones que pulverizan o dispersan agua. Torres de refrigeración, fuentes ornamentales y algunos sistemas de agua sanitaria o nebulización tienen algo en común: pueden generar aerosoles si no se diseñan y mantienen correctamente.

¿Por qué los nebulizadores llaman la atención?

Los sistemas de nebulización utilizados en terrazas, patios o espacios abiertos pulverizan agua en gotas muy pequeñas. Al evaporarse, estas gotas ayudan a reducir la temperatura del aire y producen una sensación de frescor.

Precisamente porque generan aerosoles, estos sistemas deben cumplir determinadas medidas de diseño, mantenimiento y control, al igual que sucede con otras instalaciones que emplean agua.

Legionella puede multiplicarse cuando el agua permanece estancada y alcanza temperaturas de entre 20 y 45 °C. Los sedimentos y las biopelículas que se forman en las tuberías también pueden favorecer su supervivencia.

Por este motivo, los sistemas de nebulización deben diseñarse para evitar el estancamiento del agua y facilitar su limpieza. También necesitan revisiones periódicas y, cuando corresponde, procedimientos de limpieza y desinfección, que en España están reguladas por una normativa específica.

El objetivo es evitar que la bacteria encuentre las condiciones necesarias para multiplicarse y dispersarse. Y así reducir el riesgo y evitar que crezcan bacterias.

¿Por qué existen normas tan estrictas?

La legionela recuerda que muchos riesgos para la salud no solo están ligados a la presencia de un microorganismo: también dependen de las condiciones que permiten su multiplicación y transmisión. Los nebulizadores de las terrazas son un buen ejemplo.

Cumplir a rajatabla regulación reduce al mínimo la probabilidad de que Legionella pueda proliferar y llegar hasta las personas. Por eso la mayoría de las personas utiliza cada verano este tipo de instalaciones sin sufrir infecciones. Cuando funcionan correctamente y reciben el mantenimiento adecuado, el riesgo de transmisión disminuye de forma considerable.

La existencia de estas normas no debería interpretarse como una señal de peligro. Al contrario, refleja el conocimiento acumulado sobre la enfermedad y la capacidad de la salud pública para anticiparse a los riesgos.

En salud pública, la prevención suele pasar desapercibida. Cuando funciona, apenas se nota.

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Raúl Pérez Caballero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Pueden transmitir legionela los nebulizadores de las terrazas? – https://theconversation.com/pueden-transmitir-legionela-los-nebulizadores-de-las-terrazas-287132

El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate professor, Universidad de Guadalajara

shutterstock GaudiLab/Shutterstock

¿Cuándo dejamos de elegir la comida por su sabor, su historia o sus nutrientes y empezamos a seleccionarla por su paleta de colores? En la era de TikTok e Instagram, el acto milenario de alimentarse ha sufrido una mutación drástica. Hoy, la comida entra primero por la pantalla, pasa por los ojos y, finalmente, si acaso queda espacio para la autenticidad, llega a la boca.

Este fenómeno ha dado paso a lo que podemos denominar el “algoritmo gastronómico”: una estandarización visual de la dieta globalizada, donde el valor de un plato no reside en su herencia culinaria ni en su arraigo territorial, sino en su capacidad para acumular interacciones en redes sociales. Para la Generación Z –los nativos digitales nacidos entre 1997 y 2012–, el consumo de alimentos se ha convertido en un acto de construcción de identidad estética. Sin embargo, detrás de cada café con capas de colores perfectas o de cada bol de ingredientes exóticos se esconde una profunda crisis cultural, agrícola y ambiental.

Secuestro de la atención y hambre visual

El cerebro humano evolucionó para buscar alimentos de manera eficiente mediante la vista. No obstante, la exposición constante a imágenes hiperestilizadas de comida en redes sociales, un fenómeno conocido en la neurociencia cognitiva como hambre visual (visual hunger), ha jaqueado este mecanismo biológico.

Investigaciones sobre el comportamiento del consumidor demuestran que las plataformas digitales estimulan respuestas neuronales y fisiológicas asociadas al apetito incluso en ausencia de hambre física. Los restaurantes diseñados para ser “instagrameables” (con luces de neón, vajillas minimalistas y paredes florales) no venden comida: venden escenarios para la autorrepresentación digital.

Tomando como ejemplo la gastronomía mexicana, los alimentos tradicionales, que tienen tonos pardos o texturas complejas (como un mole negro, un guiso de frijoles de olla o un té de hierbas local), pierden la batalla por la atención frente a la saturación cromática de un polvo de té verde japonés (matcha) o un jarabe industrial de caramelo brillante. El criterio de lo aesthetic o estetizado, que incluye colores pasteles, capas definidas y simetría perfecta, desplaza la imperfección orgánica de la comida real.

Del té de limón al matcha: la comida más fotogénica arrasa

Este cambio de preferencias tiene un costo identitario devastador, particularmente en países con una vasta riqueza culinaria. En México, cuya cocina tradicional fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se vive una silenciosa desconexión intergeneracional.

Cocineras tradicionales y defensores de los saberes agrícolas advierten sobre una pérdida acelerada de ingredientes y recetas ancestrales debido al desinterés de las nuevas generaciones. El traspaso oral de conocimientos, ese aprendizaje familiar donde las abuelas enseñaban a “curar” el café de olla con piloncillo y canela, o a hervir las hojas frescas del té de limón del huerto familiar, está siendo reemplazado por tutoriales de 15 segundos en formato vertical. Estos mensajes virales promueven recetas estandarizadas globalmente, como el “caramel mocha” (bebida de café que mezcla espresso, jarabe de chocolate y sirope de caramelo) helado o los “smoothie bowls” de açaí (fruto en forma de baya oscura de origen amazónico).

Al sustituir el té de limón (una planta de fácil cultivo doméstico y local) por el matcha importado, o el chocolate de mesa artesanal por jarabes transnacionales de alta fructosa, no solo se altera el paladar. Se rompe la cadena de transmisión cultural que ha sostenido la soberanía alimentaria de comunidades enteras durante siglos.

Desconexión con el territorio y el consumo local

El auge de la comida visual ataca directamente los cimientos de movimientos como el slow food (en español, comida lenta), que defiende una alimentación buena, limpia y justa. Este concepto propone la paciencia, el respeto por los ciclos de la naturaleza y el consumo de proximidad (kilómetro cero). En contraste, el algoritmo gastronómico exige inmediatez, novedad constante y uniformidad.

El reemplazo promovido por la lógica del algortimo y la atención destruye cadenas de producción locales y acentúa el desperdicio de alimentos,. Esto debido a que se descartan aquellos insumos que no cumplen con los parámetros fotogénicos del mercado.

Frente a esta homogeneización, las redes y el mundo digital ofrecen también contenidos que transitan en dirección opuesta, ofreciendo soluciones y alternativas que promueven la conciencia alimentaria y el consumo responsable. Es el caso de la miniserie de podcasts “Somos lo que comemos”, creada por Andrés Cota Hiriart y Claudio Martínez en el espacio Masaje Cerebral, donde se ofrece una visión diversa y anclada en la cultura del territorio. Hongos y micófagos, insectos comestibles, el rol central del maíz o la biotransformación de desperdicios son algunos de los temas abordados en estos programas divulgativos, con destacado nivel de audiencia y difusión en México.

A través de voces científicas e investigadoras, estas iniciativas nos recuerdan que la reconexión con el origen de lo que comemos no es una utopía, sino un compromiso social sustentado en la evidencia.

La mesa como espacio de resistencia

Para contrarrestar el impacto de las tendencias digitales, resulta fundamental abrazar la cocina del aprovechamiento, revalorizar la belleza rústica del producto local y convertir la sostenibilidad en el verdadero centro de nuestra cultura alimentaria.

Solo cuando volvamos a comer con ojos que, más allá de las pantallas, reconocen la historia, la biodiversidad y el respeto ecológico, el algoritmo dejará de dictar nuestra dieta y la mesa se convertirá en un espacio de resistencia sustentable.

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Alejandra del Carmen Meza Servín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El “caramel mocha” desplaza al café de olla: cuando el algoritmo gastronómico devora al patrimonio alimentario – https://theconversation.com/el-caramel-mocha-desplaza-al-cafe-de-olla-cuando-el-algoritmo-gastronomico-devora-al-patrimonio-alimentario-288339

¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Melián González, Catedrático de Universidad, Recursos Humanos, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Alex Segre/Shutterstock

Cada temporada alta reaparece la misma preocupación en el sector turístico español: hoteles y restaurantes no encuentran suficiente personal. Una de las cifras que más se utiliza para sostener esta idea es el número de puestos vacantes. Tanto el INE como Eurostat publican sus estadísticas y el razonamiento parece sencillo: si hay vacantes es que faltan trabajadores.

Pero una vacante solo indica que una empresa busca a alguien para ocupar un puesto. No explica por qué ese puesto está abierto ni demuestra que la falta de personal esté impidiendo atender clientes, vender habitaciones o aumentar la facturación.

Para indagar sobre esta cuestión nos hemos planteado una pregunta muy concreta: ¿las vacantes reflejan una escasez de trabajadores que limita realmente la actividad empresarial? De ser así, los aumentos en las vacantes deberían ir acompañados de una menor facturación.

Una misma cifra, tres historias distintas

Las vacantes pueden responder, al menos, a tres situaciones:

  1. La primera posibilidad es que se trate de una verdadera restricción laboral. La empresa necesita personal para funcionar a la capacidad deseada, pero no consigue contratarlo. En este caso, el hostelero puede cerrar mesas, reducir horarios, dejar habitaciones sin vender o rechazar demanda. Si este problema se extiende por el sector, cabría esperar que una tasa más alta de vacantes estuviera relacionada con una facturación menor.

  2. La segunda posibilidad es mucho más cotidiana. En un sector con elevada rotación, estacionalidad y contratación frecuente, siempre habrá empresas buscando personal. Las vacantes pueden reflejar el tiempo normal que transcurre entre la salida de un trabajador y la incorporación de otro, sin que ello paralice la actividad.

  3. La tercera posibilidad es casi la contraria a la escasez. Cuando aumenta la demanda, las empresas necesitan ampliar sus plantillas y publican más ofertas. En ese caso, las vacantes pueden crecer al mismo tiempo que la facturación.

Así, contar con puestos sin cubrir, sin más, no basta para saber cuál de estas tres historias está ocurriendo.

Qué hemos analizado

Utilizamos datos del INE sobre vacantes, empleo, facturación y resultados empresariales de 11 sectores de la economía española entre 2014 y 2023.
Estudiamos cómo evolucionaron las vacantes y la facturación dentro de cada sector a lo largo del tiempo. Tuvimos en cuenta el volumen de empleo, las diferencias estables entre sectores y los cambios generales que afectaron a toda la economía cada año.

El objetivo de este análisis no era demostrar que las vacantes causen un determinado resultado, sino comprobar si los datos mostraban, al menos, el patrón que cabría esperar si las vacantes fueran un buen indicador de una restricción laboral: más vacantes acompañadas de peores resultados empresariales.

No encontramos ese patrón

En el análisis inicial, una tasa más alta de vacantes en hostelería aparecía asociada con una facturación mayor, no menor. La relación seguía siendo positiva cuando utilizamos las vacantes existentes el año anterior. Sin embargo, esa asociación desaparecía al excluir 2020 y 2021. Esto indica que el resultado positivo estaba muy condicionado por la excepcional caída de la actividad durante la pandemia y la posterior recuperación.

Cuando utilizamos el excedente bruto de explotación (el dinero que le queda a una empresa tras pagar a sus trabajadores, pero antes de cubrir impuestos, intereses y depreciaciones), en lugar del dato de facturación, tampoco apareció una relación negativa entre vacantes y resultados empresariales. Pero el resultado positivo era débil y apenas significativo, por lo que no puede considerarse una prueba sólida de que las vacantes vayan asociadas a un mejor rendimiento económico.

La conclusión más prudente es otra: en estos datos sectoriales no encontramos un patrón consistente según el cual una mayor tasa de vacantes vaya acompañada de una menor facturación en la hostelería.

Esto no significa que no falten trabajadores

También sería un error interpretar este resultado pensando que la hostelería no tiene problemas de contratación. La suma de datos de un sector (los datos agregados) no permiten conocer lo que ocurre en cada hotel, restaurante o territorio. Algunas empresas pueden sufrir graves dificultades para cubrir determinados puestos, reducir servicios o perder ventas, aunque ese efecto no sea visible en la facturación total del sector.

Además, nuestro análisis identifica asociaciones, no relaciones causales. Su aportación es más modesta, pero también relevante: cuestiona que la tasa de vacantes, por sí sola, pueda utilizarse como prueba de que la escasez de trabajadores está frenando la actividad hostelera.

Se necesitan mejores indicadores

Para diagnosticar una restricción laboral real convendría saber cuánto tiempo permanecen abiertos los puestos, qué vacantes son especialmente difíciles de cubrir, qué salarios y condiciones se ofrecen y si la falta de personal obliga, efectivamente, a reducir horarios de la actividad, cerrar servicios o renunciar a ingresos.

También sería útil distinguir entre vacantes destinadas a sustituir trabajadores, cubrir picos estacionales o ampliar la actividad. Esas situaciones pueden producir la misma cifra, pero tienen significados económicos muy distintos.

Las vacantes son una señal útil, pero incompleta. Para concluir que un sector no puede crecer por falta de trabajadores no basta con preguntar cuántos puestos están abiertos. También hay que averiguar por qué lo están y si realmente están limitando la actividad.

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Santiago Melián González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Que haya más vacantes significa que faltan trabajadores en la hostelería? – https://theconversation.com/que-haya-mas-vacantes-significa-que-faltan-trabajadores-en-la-hosteleria-286733

Cómo el incidente en el paso fronterizo de Ceuta ha beneficiado a la extrema derecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Deniz Torcu, Adjunct Professor of Globalization, Business and Media, IE University

Se calcula que más de 50 000 migrantes cruzaron y entraron en la ciudad autónoma de Ceuta el 30 de julio en el transcurso de un solo día, tras el colapso efectivo de la frontera. El Gobierno español ha afirmado que casi todos los migrantes han regresado desde entonces a Marruecos, y al menos 88 han fallecido.

Tras el suceso, ante las dudas sobre cómo y por qué pudo suceder, a la opinión pública solo le quedaron las imágenes y las fotografías: personas nadando y trepando por la playa del Tarajal, en Ceuta; decenas de miles en un solo día y una sola noche; decenas de muertos.

Sin datos ni explicaciones que las respalden, escenas como estas calan primero en la imaginación. Y es en la imaginación donde se forja la actitud de un país ante la migración.

El paso fronterizo de Ceuta socava una de las ideas más halagadoras que España tiene de sí misma. Tras los largos años de dictadura fascista, el país ha dedicado los últimos años a reinventarse como un lugar que acoge la migración y la diversidad, mientras gran parte de Europa habla de muros y defensa.

Esta es una historia que España cuenta con verdadera convicción: una nación en la encrucijada entre Europa y África, forjada por siglos de mestizaje cultural. Y a menudo pone en práctica estos ideales: hace solo seis meses, abrió una vía para la residencia legal a cientos de miles de inmigrantes que ya vivían y trabajaban en el país.

Pero la imagen que el país tiene de sí mismo y la opinión pública son un logro cultural más que jurídico. Se basan en las emociones, lo que las hace mucho más delicadas –y mucho más vulnerables a la desinformación y la explotación– que cualquier ley.




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Imágenes, palabras, opiniones

Podemos observar cómo cambian las opiniones en tiempo real fijándonos en las palabras que utiliza la gente. Un día antes, el discurso público sobre la migración era corriente y neutro. Se centraba principalmente en la integración, los permisos de trabajo y los trámites habituales de una vida establecida.

Las imágenes que llegan desde Ceuta han dejado todo eso de lado, imponiendo un tono más duro. Palabras como invasión, guerra, avalancha y control predominan ahora en las declaraciones públicas y en las redes sociales.

Para la gente corriente, esto significa que el migrante que podría ser un vecino, un compañero de trabajo o el padre de un compañero de clase se convierte en una figura sin rostro, un número que cruza una playa. Es mucho más difícil lamentar la pérdida de un número que la de una persona, y el lenguaje que se expresa en números puede ser tan frío como quiera sin parecer cruel.

Mientras tanto, una imagen –como las que ahora se repiten sin cesar en las pantallas de televisión y en las redes sociales– argumenta sin necesidad de argumentar. La retórica tiene que persuadir, decir algo a lo que el oyente pueda responder, pero las imágenes ofrecen un atajo hacia el sentimiento que hay detrás. Desplazan el punto de partida de cualquier conversación sobre el tema.

Las imágenes que circulan desde Ceuta obligan al Gobierno español a dar explicaciones, mientras que las ideas punitivas se presentan como sentido común. Frases que el miércoles habrían sonado desagradables, el viernes sonaban casi como una descripción sobria. El moderado acaba pareciendo ingenuo, y la carga de la prueba cambia de manos sin que nadie lo anuncie.

Las imágenes son un regalo para la extrema derecha europea, y saben perfectamente qué hacer con ellas. Pueden perder todos los argumentos sobre las cifras reales y aun así salir ganando, porque su objetivo es hacer que la imagen de una España acogedora parezca ridícula. A falta de cualquier otra información, los vídeos y las imágenes hacen gran parte de ese trabajo de forma gratuita.




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Normalización del lenguaje extremo

El secretario general del partido de la oposición de derecha en España, el Partido Popular (PP), relacionó rápidamente el cruce de la frontera con la política de regularización masiva del Gobierno español, introducida en febrero, y ha formulado la afirmación infundada de que esto creaba un “factor de atracción”.

El líder del partido español de extrema derecha Vox fue más allá y calificó inmediatamente las llegadas como una “invasión” de hombres en edad de alistamiento. El empresario estadounidense Elon Musk ha esgrimido el mismo argumento y ha comparado las imágenes con una escena de la película de zombis de 2013 Guerra Mundial Z.

Pero para la extrema derecha, esto va más allá de un simple ciclo informativo. En el momento en que su vocabulario deja de sonar extremo, la derecha mayoritaria tiene que responder en los mismos términos o se arriesga a parecer débil. Una vez que el debate cambia de rumbo, cualquiera que defienda la imagen que España tiene de sí misma como país abierto y acogedor ya se encuentra a la defensiva, disculpándose antes incluso de haber dicho una sola palabra.

Tras el incidente de Ceuta, esto es lo que España se juega: la capacidad de contar su historia de acogida a la inmigración y de aceptación de la diversidad sin tener que disculparse primero por ello.

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Deniz Torcu no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cómo el incidente en el paso fronterizo de Ceuta ha beneficiado a la extrema derecha – https://theconversation.com/como-el-incidente-en-el-paso-fronterizo-de-ceuta-ha-beneficiado-a-la-extrema-derecha-288965

La aplicación que nos agota la batería: por qué el ruido es el contaminante invisible de nuestro cuerpo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julia Almazán Catalán, Investigadora predoctoral en nutrición y salud metabólica, Universidad CEU San Pablo

Kazantseva Olga/Shutterstock

¿Cuántas veces ha sentido que su teléfono móvil se descarga demasiado rápido sin saber por qué? A veces, la explicación es sencilla: decenas de aplicaciones abiertas en segundo plano consumen energía de forma constante. Con nuestro cuerpo ocurre algo bastante similar. Vivimos con una “aplicación” instalada por defecto que nunca se cierra: el ruido.

Este agresor invisible no es solo un fenómeno físico medible en decibelios. Se trata de una experiencia subjetiva y cultural. Esa ambigüedad lo convierte en un problema difícil de acotar, pues lo que empieza como un estímulo sensorial acaba alimentando una crisis de atención y de descanso biológico. Como señala el filósofo Byung-Chul Han, nuestra sociedad ha desplazado el silencio hacia los márgenes, sustituyéndolo por una hiperatención constante que mantiene al organismo en un estado de alerta difusa.

Un desajuste evolutivo

Desde una perspectiva evolutiva, esto no es un tema menor. El ser humano está diseñado para interpretar los sonidos como señales de peligro o información relevante. Durante milenios, el crujido de una rama podía marcar la diferencia entre la supervivencia y la muerte. Sin embargo, nuestro entorno sonoro ha cambiado radicalmente en apenas unas décadas. El tráfico, las obras, las notificaciones constantes y el murmullo urbano han creado un paisaje acústico perpetuo. El problema es que nuestro organismo, sencillamente, no ha tenido tiempo evolutivo para adaptarse a este bombardeo.




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Durante años, la investigación se centró en la salud auditiva. Con razón: el ruido es la segunda causa de pérdida de audición a nivel mundial. No obstante, en las últimas décadas ha cobrado relevancia la exposición “recreativa”, especialmente el uso prolongado de auriculares en jóvenes, cuyas consecuencias acumulativas empiezan a preocupar seriamente a la comunidad científica.

La onda que atraviesa el organismo

El cambio más importante en la ciencia actual no es solo cuantitativo, sino conceptual. El ruido ha dejado de entenderse únicamente como un problema del oído para ser reconocido como un contaminante ambiental sistémico. De hecho, el ruido del transporte es ya la segunda causa ambiental de enfermedad en Europa, solo por detrás de la contaminación del aire.

El cuerpo humano no procesa todos los sonidos igual. Existe un umbral fisiológico en torno a los 60 decibelios (una conversación normal). Por debajo, el organismo mantiene su equilibrio. Pero al superar ese límite, el sistema nervioso autónomo interpreta el estímulo sonoro como una amenaza y activa la respuesta ancestral de “lucha o huida”. No importa si es una motocicleta o una sirena lejana: el cerebro no evalúa la intención del sonido, sino su potencial peligro.

En ese instante, se activa el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, desencadenando una liberación sostenida de cortisol y adrenalina, las hormonas del estrés que nos ponen en “modo supervivencia”.

Del corazón al intestino: el impacto sistémico

Cuando este mecanismo de supervivencia se mantiene de forma crónica, la salud se resiente. La exposición continuada al ruido eleva la frecuencia cardíaca y la presión arterial, incrementando el riesgo de hipertensión, infarto de miocardio e ictus.

Pero los efectos de esta “onda invisible” llegan a territorios inesperados: la microbiota intestinal. De hecho, las investigaciones más recientes sugieren que el vasto ecosistema de bacterias que habita en nuestro interior es especialmente sensible a nuestro entorno y comportamiento. El estrés crónico inducido por el ruido podría alterar la paz de este ecosistema, provocando lo que los científicos llaman “disbiosis”: una especie de motín bacteriano donde las poblaciones beneficiosas disminuyen y las perjudiciales toman el control.

Incluso durante el sueño, el cerebro no se desconecta. Sigue procesando sonidos y manteniendo al organismo en un estado de microalerta que fragmenta el descanso. Esta falta de reparación nocturna es el caldo de cultivo ideal para procesos de estrés oxidativo e inflamación sistémica, vinculados incluso con enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2.

El silencio como “lujo”

Nuestros sentidos son auténticos interruptores de salud, pero el acceso a la calma no se distribuye de forma equitativa. Teniendo en cuenta que el 83,9 % de los españoles reside en zonas urbanas, el código postal condiciona nuestra exposición al ruido. Las zonas urbanas más densas soportan un bombardeo acústico que las convierte en epicentros de vulnerabilidad, transformando el ruido en un factor de desigualdad social: las poblaciones con menos recursos no solo respiran un aire peor, sino que viven en una atmósfera sonora que impide que su organismo se repare.

Frente a este “incendio silencioso”, la solución no es solo externa. Un organismo ya sometido a estrés (por factores emocionales o mala alimentación) es más vulnerable al impacto acústico. Aquí, la nutrición emerge como una aliada estratégica. Aunque una dieta no apaga el ruido, los compuestos antioxidantes y nutrientes esenciales pueden modular nuestra tolerancia, protegiendo tejidos sensibles y reforzando la resiliencia del ecosistema intestinal.

Recuperar el control del volumen

La lucha contra la contaminación acústica requiere políticas públicas: reducir el tráfico, mejorar el aislamiento y promover zonas verdes que funcionen como refugios fisiológicos. Se requiere un cambio cultural. Revalorizar el silencio implica reconocerlo como un recurso biológico de primera necesidad.

Cuidar nuestra “dieta sonora” puede empezar con gestos mínimos: silenciar notificaciones innecesarias o buscar momentos de desconexión total. En una sociedad que tiende al exceso y a la velocidad, el silencio se vuelve un acto subversivo. No se trata de eliminar el sonido, sino de recuperar el equilibrio. Quizá la pregunta más importante no sea cuánto ruido somos capaces de soportar, sino cuánto silencio necesitamos para estar realmente sanos.

En un mundo que nos empuja a estar siempre conectados, recuperar el silencio es el mejor cargador posible. Debemos aprender a cerrar, de forma consciente, esa aplicación que drena nuestra energía en segundo plano. Porque, al final, para que nuestra batería biológica no se agote, debemos recordar que el silencio no es un fallo del sistema, sino el único estado en el que nuestro sistema operativo puede, por fin, actualizarse.

Si el silencio es hoy un privilegio al que acceden solo unos pocos, ¿no será que la calma ha dejado de ser una opción personal para convertirse en un derecho de salud pública?


Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. La aplicación que nos agota la batería: por qué el ruido es el contaminante invisible de nuestro cuerpo – https://theconversation.com/la-aplicacion-que-nos-agota-la-bateria-por-que-el-ruido-es-el-contaminante-invisible-de-nuestro-cuerpo-288220

Élfico, klingon, alto valyrio… ¿Por qué inventamos idiomas y qué nos enseñan sobre el cerebro?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inka Romero-Ortells Labrada, Investigadora del Centro de Investigación Nebrija en Cognición, Universidad Nebrija

Un manuscrito en élfico escrito en pergamino de seda; el idioma élfico fue creado por Tolkien para _El señor de los anillos_. Luca Lorenzelli/Shutterstock

Cuando pensamos en lenguas inventadas, solemos imaginar mundos de fantasía o ciencia ficción. Pero… ¿alguna vez ha jugado a hablar en el llamado “idioma de la pe”?

Muchos niños han utilizado este código secreto en diferentes épocas. Se llama el jeringozo y consiste en añadir una nueva sílaba con el sonido /p/ y la primera vocal de la sílaba anterior. Por ejemplo, juego se convierte en jue-pu-go-po. Con un poco de práctica, se pueden mantener conversaciones completas.

Sin embargo, la creación de formas de comunicación va más allá de la infancia o el entretenimiento. A lo largo de la historia, hemos inventado o adaptado recursos lingüísticos por necesidad, creatividad o interés científico. Fabricar idiomas también puede ser una ventana para entender cómo funciona el cerebro. Desde los códigos de juego infantiles hasta las lenguas creadas en el laboratorio, todos revelan algo clave sobre nuestra capacidad para aprender nuevas reglas.

Cuando la necesidad obliga: los pidgins

En muchas ocasiones, estos códigos nacen de situaciones de contacto entre culturas, no de un despacho. Cuando dos comunidades que no comparten un idioma necesitan comunicarse para comerciar o convivir, surge una variedad lingüística simplificada llamada pidgin.

El origen del término pidgin suele atribuirse a la pronunciación en chino de la palabra business (negocio). Estas lenguas de contacto toman gran parte de su vocabulario de la lengua socioeconómicamente dominante, pero reducen y reorganizan su gramática para facilitar la comunicación. Por lo tanto, ante una necesidad comunicativa, encontramos reglas compartidas.

Lenguas planificadas: cuando la estructura importa

No todas las lenguas artificiales surgen de la improvisación. Algunas se diseñan con una arquitectura completa, como si fueran obras de ingeniería. Para funcionar como lengua no bastan palabras nuevas, hacen falta reglas para combinarlas y una comunidad de hablantes.

Un ejemplo es el de las lenguas élficas creadas por J. R. R. Tolkien. Antes de escribir sus novelas y poner a los personajes a hablar, Tolkien, que era filólogo, ya había desarrollado la gramática, la evolución histórica y los sonidos de los idiomas. Quería que estos fueran tan consistentes como las lenguas naturales.

Algo parecido ocurrió con el esperanto, creado en 1887 por L. L. Zamenhof. Su intención era diseñar una lengua auxiliar internacional fácil de aprender, con reglas claras y sin excepciones. Hoy en día cuenta con una comunidad de hablantes en todo el mundo.

Un caso distinto es el klingon, creado en los años 80 del siglo pasado para la serie de televisión Star Trek. El lingüista Marc Okrand diseñó sonidos inusuales y un orden de palabras poco común (objeto–verbo–sujeto) para que sonara como un idioma extraterrestre.

El klingon resulta interesante porque, a diferencia del esperanto, nació para una ficción concreta, y a partir de las necesidades del guion. Esto muestra que una lengua inventada puede tener objetivos muy distintos, desde facilitar la comunicación internacional hasta construir un mundo imaginario creíble.

¿Qué dice la neurociencia sobre las lenguas inventadas?

Durante años no estaba claro cómo reaccionaba el cerebro ante lenguas artificiales. Para contestar esta pregunta, un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts examinó, mediante resonancia magnética funcional, la actividad cerebral de personas que dominaban varias de ellas.

Los resultados fueron claros. Si las personas hablan con fluidez una lengua artificial (como el esperanto, el klingon, el na’vi de Avatar y el alto valyrio o el dothraki de Juego de tronos), el cerebro la procesa como una lengua natural. Es decir, activa con ella las mismas redes neuronales.

Pero para que el cerebro la considere lengua, esta debe permitir expresar significados sobre el mundo, sobre otras personas o sobre nuestros propios estados mentales. Por eso, los lenguajes de programación, aunque tienen reglas estrictas, activan redes neuronales distintas.

Lenguas artificiales en el laboratorio

Esta capacidad para aprender lenguas nuevas no es solo curiosidad. También es una herramienta científica muy útil. En psicolingüística, es relativamente habitual crear minilenguas artificiales para estudiar cómo aprende la mente humana.

Estas minilenguas tienen reglas simples y un vocabulario inventado. Gracias a ello, los investigadores pueden observar cómo las personas detectan patrones y aprenden estructuras nuevas sin la influencia ni el “ruido” de su lengua materna. Sorprendentemente, la facilidad con la que se aprenden estas lenguas artificiales predice con bastante exactitud la capacidad de aprender idiomas reales.

Un espejo de nuestra arquitectura mental

Todos estos escenarios revelan algo común: el cerebro busca constantemente patrones, significado e intención comunicativa.

La ciencia nos recuerda, así, un poderoso mensaje. Más allá de la diversidad de idiomas del mundo, compartimos una misma arquitectura mental para aprender y usar el lenguaje. Si una forma de comunicación tiene reglas y sirve para compartir ideas, nuestro cerebro puede adoptarla y convertirla en una herramienta para pensar, relacionarnos y construir conocimiento.


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– ref. Élfico, klingon, alto valyrio… ¿Por qué inventamos idiomas y qué nos enseñan sobre el cerebro? – https://theconversation.com/elfico-klingon-alto-valyrio-por-que-inventamos-idiomas-y-que-nos-ensenan-sobre-el-cerebro-285004

¿Cómo podemos evitar la salmonelosis este verano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología, Universidad de Salamanca

El huevo de mesa es la proteína animal más barata, además de un alimento completo y bajo en calorías, que aporta 75 kilocalorías por unidad. La proteína que proporciona es de excelente calidad para los humanos, sobre todo debido a su alta digestibilidad y a una composición en aminoácidos bien equilibrada. Y como no sufre las prohibiciones de la mayoría de las religiones, es un producto alimenticio básico para el ser humano, ampliamente consumido en todo el mundo.

Las cifras de producción lo corroboran: 90 millones de toneladas métricas anuales, lo que equivale a entre 1,3 y 1,6 billones de huevos con cáscara producidos cada año en todo el planeta. Esta asombrosa producción depende de una población mundial de aproximadamente 7 900 millones de gallinas ponedoras. Asia domina la oferta mundial, produciendo entre el 60 % y el 70 % de todos los huevos a nivel mundial.

Por desgracia, los huevos pueden ser una fuente de infecciones por bacterias del género Salmonella en humanos. Y con el verano y las altas temperaturas, este problema se acrecienta. De hecho, Salmonella es una de las cuatro causas principales de enfermedades diarreicas a nivel mundial. Y este escenario lleva años planteando un desafío para las autoridades de salud pública y las industrias avícolas de todo el mundo.

No solo en las tortillas de patatas

En junio de 2025, un importante brote de salmonelosis enfermó al menos a 162 asistentes al festival Trasan Fest en Oza Cesuras, en A Coruña. Veintidós personas requirieron hospitalización. Las autoridades sanitarias vincularon el brote a tortillas de patatas manipuladas y almacenadas incorrectamente, servidas en uno de los puestos de comida del evento.

Todos somos conscientes de que consumir tortillas poco hechas o mayonesa casera en verano supone un riesgo significativo de contraer salmonelosis, ya que los huevos crudos o poco cocidos pueden albergar la bacteria. Sin embargo, solemos obviar el riesgo de consumir untables hechos con huevos crudos (como la mantequilla de huevo), postres preparados sin un paso de cocción efectivo como el tiramisú y bebidas que contienen huevos crudos, como el ponche de huevo o los batidos de alto contenido proteico con huevo crudo.

Por otro lado, y aunque el huevo crudo plantea riesgos importantes, la carne y las aves de corral son responsables de la mayoría de los brotes de salmonelosis, seguidas de las frutas y verduras, los huevos y los productos lácteos.

En la actualidad, en Europa se está produciendo un brote multicéntrico, es decir que la infección se ha detectado en múltiples países europeos al mismo tiempo, de Salmonella Stanley ST2045, vinculado al consumo de fideos aromatizados, con un total de 106 casos confirmados notificados por 13 países y el Reino Unido. Este brote afecta principalmente a niños y adultos jóvenes, y ha provocado al menos 49 hospitalizaciones.

Por qué no debemos lavar los huevos

Anualmente se registran entre 200 millones y 1 000 millones de casos de infecciones por Salmonella, con 93 millones de casos de gastroenteritis y 155 000 muertes. Las personas con mayor probabilidad de desarrollar una infección grave son los ancianos, los niños pequeños y los individuos con sistemas inmunitarios debilitados.

La cáscara representa una barrera para el contenido del huevo contra el ambiente exterior, preservando su calidad y seguridad. La cáscara del huevo es muy porosa, lo que permite el intercambio de humedad y gases con el exterior, pero los microorganismos también pueden penetrar esta barrera.

En la industria avícola, la presencia de Salmonella en los huevos se origina principalmente a través de dos vías de transmisión: vertical y horizontal. La diferencia fundamental radica en el momento y el mecanismo por el cual el patógeno entra en contacto con el producto.

Mientras que la transmisión vertical ocurre antes de la puesta en gallinas infectadas, la horizontal tiene lugar después de la puesta y está relacionada con la contaminación cruzada, cuando la superficie externa de la cáscara entra en contacto con el patógeno presente en el entorno (guantes, nidales, equipos de procesamiento, materiales de empaque, etc.).

No es recomendable lavar los huevos, porque el lavado puede facilitar la transferencia de bacterias dañinas, como la propia Salmonella, desde el exterior de la cáscara al interior.

Serotipos de Salmonella

Los huevos contaminados son una fuente principal de Salmonella enterica, el agente etiológico de la salmonelosis en los humanos, que posee más de 2 500 serotipos. Determinar el serotipo de _Salmonella_ es crucial para la salud pública y el manejo clínico, ya que los diferentes serotipos varían drásticamente en su patogenicidad, fuente de origen y resistencia a los antibióticos.

En Europa, Salmonella enterica serotipo Enteritidis y Salmonella enterica serotipo Typhimurium son dos de los serotipos más comunes asociados con los huevos y los ovoproductos. Ambos provocan salmonelosis, que generalmente se caracteriza por la aparición brusca de fiebre, dolor abdominal, diarrea, náusea y, a veces, vómitos, después de 6 a 48 horas de la ingestión de alimentos contaminados. La duración de la enfermedad puede ser de 4 a 7 días, y alrededor del 5 % de los pacientes pueden desarrollar otros efectos secundarios.

Medidas de precaución

Prevenir la intoxicación por Salmonella requiere pautas rigurosas y es fundamental seguir cuatro reglas básicas que consisten en limpiar, separar, cocinar y enfriar.

Respecto a los huevos, deben ser comprados siempre con la cáscara intacta, conservarse en la nevera sin lavarlos previamente y evitar prácticas de riesgo como cascar el huevo en el borde del plato o usar la cáscara para separar las yemas. A la hora de cocinar, especialmente en verano o si se preparan platos sin tratamiento térmico como mayonesas, alioli o tiramisú, se recomienda cuajar bien el producto o sustituir el huevo crudo por huevo pasteurizado, prestando especial atención a no servir huevo crudo a colectivos vulnerables (embarazadas, niños o ancianos).

Debemos prevenir la contaminación cruzada evitando servir la tortilla con el plato usado para darle la vuelta mientras se elabora. Es prudente consumir las preparaciones de inmediato o refrigerarlas un máximo de dos días.

En el sector de la hostelería, la normativa es aún más estricta, obligando al uso exclusivo de ovoproductos pasteurizados para platos sin cocinar, y limitando el uso de huevo crudo solo a cocinados que alcancen el centro del producto a temperaturas seguras (como 70 °C durante 2 segundos para conservación de 24 horas, o 63 °C durante 20 segundos para consumo inmediato). Además, se exige el registro de la fecha y hora de elaboración. Estas recomendaciones se aplican a diferentes preparaciones a base de huevo, como las tortillas.

En caso de sospecha de un brote, es imperativo acudir a un centro sanitario e informar si los acompañantes presentan los mismos síntomas.

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Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo podemos evitar la salmonelosis este verano? – https://theconversation.com/como-podemos-evitar-la-salmonelosis-este-verano-286868