Ocho cosas “gratis” que pagamos sin saberlo cuando usamos internet

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

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Vivimos en la era de la gratuidad. Redes sociales gratis, correo electrónico gratis, buscadores gratis, mapas gratis, noticias gratis, inteligencia artificial gratis. El capitalismo, ese sistema al que tantas veces acusamos de codicia, parece haberse vuelto generoso.

Pero hay un pequeño detalle incómodo: nada en este mundo se autoproduce. Como recordaba Karl Marx, todo valor requiere trabajo, energía y tiempo socialmente invertido. Ningún servidor funciona por altruismo. Ningún algoritmo trabaja por vocación social. Ningún paquete se transporta por inspiración poética. Si algo no lo pagamos con dinero, lo estamos pagando de otra manera.

La pregunta no es si pagamos, la pregunta es con qué.

Aquí van ocho cosas que creemos que son gratuitas.

1. Redes sociales: el precio de la atención

Publicar fotos, comentar, compartir memes, seguir debates políticos. Todo parece gratuito. Sin embargo, plataformas como Meta Platforms no viven del entusiasmo juvenil, sino de la publicidad segmentada.

La socióloga Shoshana Zuboff ha explicado cómo el capitalismo de vigilancia convierte nuestros comportamientos en materia prima económica. No pagamos con tarjeta: pagamos con tiempo, datos, comportamiento y patrones emocionales. Cada “me gusta” es información. Cada pausa frente a un vídeo es una señal comercial. Nuestro ocio es un recurso explotable.

Y lo más interesante es que no sentimos que estemos pagando. Sentimos que nos entretienen. Que nos dan un “placer” gratuito (cualquier comparación con Un mundo feliz, el libro de Aldous Huxley, es pura casualidad).

2. El buscador que todo lo sabe

Alphabet Inc. no nos cobra por buscar. Al contrario, nos facilita la vida. Nos encuentra restaurantes, médicos, vuelos, respuestas a preguntas existenciales.

Pero cada búsqueda revela intención, y la intención es oro. El sociólogo Pierre Bourdieu nos enseñó que incluso nuestras elecciones aparentemente libres están estructuradas por campos y capitales. Aquí, nuestras búsquedas alimentan un campo económico donde la información sobre deseos y necesidades tiene valor monetario.

Aunque no pagamos por la respuesta, pagamos al formular la pregunta.

3. Envío gratis (porque alguien lo paga)

El comercio electrónico ha perfeccionado el arte del “envío gratuito”. Sin embargo, el transporte tiene combustible, salarios, infraestructuras y logística.

Como subrayó David Harvey, el capitalismo reorganiza constantemente los costes para mantener la acumulación. El coste no desaparece. Se integra en el precio, se compensa con volumen o se sostiene sobre condiciones laborales ajustadas al milímetro.

La gratuidad es una redistribución estratégica del coste, no su evaporación.

4. Aplicaciones de entretenimiento

Series ilimitadas, vídeos infinitos, música al instante. A veces pagamos una suscripción; otras, ni siquiera eso. El modelo freemium nos ofrece una entrada sin barreras.

El filósofo Byung-Chul Han ha descrito cómo la sociedad contemporánea convierte la seducción en forma de control. Cuanto más tiempo pasamos dentro, más datos generamos, más afinado es el perfilado, más rentable resulta nuestra presencia. Nos integran a través de la comodidad.

5. Noticias digitales

Muchos medios ofrecen acceso gratuito a sus contenidos. ¿Filantropía informativa? No exactamente. La financiación proviene de publicidad, clics y tráfico.

El sociólogo Jürgen Habermas advirtió que la esfera pública depende de las condiciones materiales de comunicación. Cuando la atención se convierte en moneda, la información también entra en lógica de mercado. El lector no paga con dinero, paga con atención. Y la atención es monetizable.

6. WiFi público

Aeropuertos, cafeterías, hoteles: conexión gratuita. Basta con aceptar unas condiciones que rara vez leemos.

El filósofo Michel Foucault mostró cómo el poder moderno opera mediante dispositivos aparentemente neutrales que organizan conductas. El acceso “gratis” es también un dispositivo: a cambio, entregamos datos de navegación, ubicación y comportamiento. El coste está en la cesión silenciosa.

7. Inteligencia artificial conversacional

Las plataformas de IA permiten consultas de todo tipo. Resolver dudas, redactar textos, generar ideas. El usuario siente que accede a una herramienta avanzada sin pagar.

El sociólogo Antonio Gramsci habló de hegemonía como forma de dirección cultural que se normaliza. La IA gratuita puede entenderse así: parece servicio, pero cada interacción fortalece infraestructuras corporativas, modelos de negocio y acumulación de capital cognitivo.

La gratuidad aquí responde a una inversión a largo plazo.

8. El regalo más sofisticado: la sensación de que no debemos nada

Quizás el punto más interesante es que la gratuidad no solo redistribuye costes: transforma la experiencia del intercambio.

El filósofo Louis Althusser explicó que la ideología no funciona solo por discurso, sino por prácticas cotidianas que estructuran nuestra percepción. Cuando no pagamos dinero, no sentimos pérdida. Cuando no sentimos pérdida, no percibimos conflicto. Cuando no percibimos conflicto, el sistema parece neutral.

La gratuidad no elimina el intercambio, que sigue sucediendo sin que seamos conscientes de ello. Y eso tiene consecuencias sociales profundas.

La paradoja de la generosidad

El capitalismo digital no funciona ocultando información de forma burda, sino reorganizando la percepción. Si no vemos el coste, parece que no existe. Si no lo experimentamos como sacrificio, parece que no hay relación desigual.

Nada de esto implica conspiración: implica modelo de negocio. El sistema no necesita que creamos en su bondad, basta con que sintamos comodidad. Sin embargo, debemos tener en mente que en economía no existen milagros. Cuando algo parece gratis es porque el pago, simplemente, ha cambiado de lugar.

Y lo verdaderamente interesante no es que paguemos con datos, tiempo o atención, sino que, al no pagar con dinero, dejamos de sentir que estamos pagando. Ahí reside el regalo más perfecto de todos: la ilusión, cuidadosamente diseñada, de que alguien nos está dando algo sin pedir nada a cambio.

The Conversation

Víctor Hugo Pérez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El microbioma del océano: cuando un órgano invisible decide quién sobrevive

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

El Atlántico en las islas Canarias. Cristian Palmer / Unsplash., CC BY-SA

La mayor parte de la vida marina no nada, no tiene aletas ni conchas y nunca aparece en los documentales. Vive suspendida en el agua, enterrada en los sedimentos o adherida a la superficie de algas y animales. Es microscópica. Sin embargo, de ella depende el funcionamiento entero del mar.

Ese mundo oculto recibe un nombre cada vez más utilizado en biología: el microbioma oceánico. No se trata solo de microbios aislados, sino de comunidades completas de bacterias, virus, arqueas y protistas, junto con su información genética y los compuestos químicos que producen.

Diversos tipos de protistas, es decir, organismos cuyas células contienen un núcleo celular (eucariotas), y que no son animales, plantas u hongos.
CC BY

En conjunto, forman una red invisible que regula los ciclos de nutrientes, controla la proliferación de algas, modula las enfermedades marinas y, en último término, decide qué organismos prosperan y cuáles desaparecen.

Un océano que funciona desde lo invisible

El microbioma marino es, con diferencia, la mayor biomasa viva del planeta. Se estima que los océanos albergan del orden de 10²⁹ células microbianas. Son ellas las que fijan una parte esencial del carbono atmosférico, reciclan la materia orgánica y mantienen activo el ciclo del nitrógeno. Sin este engranaje microscópico, el océano sería químicamente inerte en poco tiempo.

Por eso, cada vez más científicos hablan del microbioma como de un órgano. No porque tenga forma definida, sino porque cumple funciones esenciales, está organizado en el espacio y el tiempo y mantiene una cierta estabilidad, incluso, cuando cambian sus componentes. Como ocurre con el hígado o el intestino, lo importante no es cada célula por separado, sino el conjunto y su equilibrio.

El pacto silencioso entre algas, bacterias y virus

En la base de la red trófica marina está el fitoplancton, las microalgas que realizan la mitad de la fotosíntesis del planeta. Pero estas algas no viven solas. A su alrededor se agrupan bacterias que consumen los compuestos orgánicos que liberan y, a cambio, devuelven al agua nutrientes reutilizables. Es un intercambio constante y silencioso que mantiene el sistema en marcha.

Los virus añaden una capa más a esta compleja negociación. Al infectar y destruir bacterias y algas, liberan de nuevo carbono, nitrógeno y fósforo al medio. Lejos de ser simples agentes destructivos, los virus regulan poblaciones, evitan que unas pocas especies dominen el ecosistema y aceleran la evolución microbiana. En el océano, matar también es una forma de sostener la vida.

Cuando el equilibrio se rompe

El problema surge cuando este órgano invisible entra en disbiosis, es decir, cuando pierde su equilibrio funcional. El calentamiento del agua, la acidificación, el exceso de nutrientes o ciertos contaminantes alteran selectivamente las comunidades microbianas.

El resultado no siempre es inmediato ni visible, pero suele manifestarse en forma de proliferaciones algales tóxicas, zonas sin oxígeno o brotes de enfermedades en organismos marinos.

Muchas crisis ecológicas comienzan así: a escala microscópica. Cuando las consecuencias llegan a la superficie –cierres de bancos marisqueros, mortalidades en acuicultura o colapsos locales de biodiversidad–, el proceso llevaba ya tiempo en marcha.

Algunos casos documentados

La idea de que el microbioma oceánico actúa como un órgano puede parecer abstracta. Sin embargo, en organismos muy distintos, se muestra un patrón común: el desequilibrio microbiano precede al colapso y, en muchos casos, decide el desenlace.

En los corales, el aumento de la temperatura del agua no conduce siempre a la muerte. Estudios recientes muestran que el proceso ocurre por etapas. En una primera fase, el estrés térmico altera el equilibrio del microbioma, pero el coral aún puede sobrevivir si su comunidad microbiana logra reorganizarse y mantener funciones esenciales. En estos casos, se ha hablado de disbiosis adaptativa.

Cuando esa capacidad se pierde, proliferan bacterias oportunistas, se rompen las simbiosis con las algas fotosintéticas y el coral blanquea. En la fase final, la disbiosis se vuelve irreversible: el coral pierde sus simbiontes, es invadido por patógenos y muere. Lo más soprendente es que corales de la misma especie, expuestos a la misma temperatura, pueden sobrevivir o morir según cómo responda su microbioma.

Un patrón similar se observa en las primeras fases de vida de los peces. En acuicultura, la mortalidad larvaria durante el primer mes tras la eclosión puede alcanzar el 80–100 %. Durante años, se atribuyó este fracaso a causas nutricionales o genéticas. Hoy, se sabe que el microbioma del agua desempeña un papel decisivo.

Las larvas recién eclosionadas incorporan microorganismos, en un momento en el que su sistema inmune aún es inmaduro. Cuando el agua está dominada por bacterias oportunistas de rápido crecimiento, las mortalidades se disparan. En cambio, comunidades microbianas más diversas y estables reducen la proliferación de patógenos y aumentan drásticamente la supervivencia.

Ostras del Pacífico.
Guido / Wikimedia Commons., CC BY

Moluscos, filtros vivos del microbioma

El caso de las ostras del Pacífico también es interesante. El llamado síndrome de mortalidad de la ostra (POMS, por sus siglas en inglés) no está causado por un único patógeno, sino por una secuencia de eventos. Un virus debilita primero al animal, pero es la disbiosis posterior la que precipita el desenlace: las bacterias oportunistas invaden los tejidos y provocan la muerte.

Experimentos recientes han demostrado que la composición del microbioma previa a la infección permite predecir con bastante precisión la supervivencia, incluso antes de que aparezcan síntomas. Algunas comunidades bacterianas parecen proteger a la ostra; otras, cuando se vuelven dominantes, casi garantizan su muerte.

Corales, peces y moluscos pertenecen a linajes evolutivos muy distintos, pero muestran el mismo patrón: la disbiosis aparece antes que los síntomas, y el microbioma actúa como un sistema de decisión distribuido.

Así, los moluscos son un buen ejemplo de hasta qué punto el microbioma condiciona la supervivencia. Al filtrar grandes volúmenes de agua, acumulan microorganismos y reflejan lo que ocurre en su entorno. Su microbioma influye en su inmunidad, en su crecimiento y en su resistencia frente a patógenos.

Además, muchos moluscos albergan virus sin mostrar síntomas evidentes. Esto los convierte, al mismo tiempo, en centinelas del ecosistema y en posibles reservorios de patógenos que pueden afectar a otras especies. Entender esta dinámica es clave para anticipar problemas en acuicultura y para interpretar por qué algunas poblaciones colapsan mientras otras resisten.

Leer el océano a través de su ADN

Durante décadas, gran parte de esta vida pasó desapercibida porque no podía cultivarse en el laboratorio. Hoy, eso ha cambiado. Las nuevas técnicas de secuenciación masiva han hecho posible analizar el ADN y el ARN presentes en el agua, los sedimentos y los tejidos de los organismos.

Gracias a estas herramientas, es posible identificar miles de microorganismos a la vez, detectar virus desconocidos y saber qué funciones metabólicas están activas en un momento dado. No se trata solo de saber “quién está ahí”, sino de entender qué está haciendo esa comunidad microscópica y cómo responde a los cambios ambientales.

Estas técnicas también tienen límites: detectar ADN no siempre significa que el organismo esté vivo o activo. Pero, combinadas con observaciones ecológicas, ofrecen una ventana sin precedentes al funcionamiento interno del océano.

Un órgano que conecta clima, biodiversidad y economía

Pensar en el microbioma oceánico como un órgano cambia la forma de mirar el mar. La salud de los peces, de los moluscos, de los arrecifes y, en última instancia, de las actividades humanas que dependen del océano, está ligada a procesos invisibles que ocurren a escala microscópica.

Proteger el océano no consiste solo en contar especies ni en delimitar áreas protegidas. Implica mantener los procesos que lo hacen funcionar. Muchos de esos procesos están en manos, o mejor dicho, en los genomas de organismos que nunca veremos a simple vista.

Cuando comprendemos quién toma realmente las decisiones en un ecosistema, también entendemos mejor por qué algunos sobreviven… y otros no.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El microbioma del océano: cuando un órgano invisible decide quién sobrevive – https://theconversation.com/el-microbioma-del-oceano-cuando-un-organo-invisible-decide-quien-sobrevive-274872

Adolescentes y móviles en Colombia: cuando la conexión genera desconexión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandra Barreiro Collazo, Doctora en Psicología y Educación , UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

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Mirar el dispositivo móvil antes de dormir, sentir inquietud cuando la batería se agota o consultar notificaciones constantemente es habitual en la adolescencia. Estas conductas están normalizadas en la vida diaria. Sin embargo, pueden generar malestar cuando el uso del móvil deja de estar bajo control.

La vida de muchos adolescentes transcurre entre pantallas. En este contexto también se sitúan los adolescentes colombianos. Diversas investigaciones realizadas en el país han analizado su relación con el teléfono móvil, las redes sociales y otras pantallas, y su impacto en el bienestar emocional.

Los resultados muestran un patrón claro. Coinciden con la tendencia internacional. La hiperconectividad forma parte de la vida cotidiana, pero no siempre se acompaña de herramientas para gestionarla de forma saludable.

Recientemente hemos investigado cuál es la situación de los niños y adolescentes en Colombia ante la hiperconexión y la vida digital. En este país, el teléfono móvil está presente desde edades tempranas, pero en la adolescencia, el acceso es mayoritario: el 81 % dispone de teléfono propio (parecido por ejemplo al 92,8 % en España).

Sin embargo, existen diferencias en las condiciones sociales, económicas, políticas y educativas en las que se integra su uso. Analizar la situación de Colombia resulta especialmente interesante porque sigue estando menos representada en la investigación internacional sobre bienestar digital adolescente.

Nomofobia: cuando el móvil genera ansiedad

La nomofobia es el miedo extremo a quedarse sin acceso al teléfono móvil. Es un miedo que genera ansiedad y altera la vida diaria.

Algunos adolescentes sienten inquietud cuando el móvil se queda sin batería o sin cobertura. Otros evitan situaciones en las que no pueden mirar sus dispositivos, como reuniones familiares, clases o actividades sociales.

En Colombia, este problema silencioso afecta a nueve de cada diez estudiantes y es más frecuente en mujeres.

Más de la mitad de los adolescentes presenta niveles moderados de nomofobia y uno de cada cinco alcanza niveles graves.

En estos casos, el móvil deja de ser solo una herramienta. Se convierte en recurso central para regular el estado emocional. Esto refuerza la necesidad de promover un uso más responsable y atender sus implicaciones psicológicas.

FoMO: el miedo a quedarse fuera

El uso intensivo de redes sociales se asocia con otro fenómeno frecuente en la adolescencia: el Fear of Missing Out (FoMO) o miedo a quedarse fuera de lo que otros están viviendo. Genera inquietud constante.

Este miedo impulsa a revisar las redes de forma repetida. El objetivo es no perder mensajes, eventos o novedades.

En jóvenes colombianos, el FoMO se vincula con mayor tiempo de conexión diaria y con dificultades para limitar el uso del móvil.

Los adolescentes con niveles altos de FoMO muestran más malestar cuando no acceden a las redes. También presentan mayor dependencia de la interacción digital.




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‘Infoxicación’ y ‘scroll’ infinito

Las plataformas digitales están diseñadas para mantener la atención durante largos periodos. El scroll infinito permite consumir contenidos sin un final claro, lo cual dificulta que los adolescentes regulen su tiempo de uso.

En Colombia, la hiperconectividad se intensificó tras la pandemia. El acceso constante a información y uso continuado de redes sociales se han convertido en una fuente habitual de “infoxicación”. Afecta a casi tres de cada cuatro adolescentes.

En muchos casos, el tiempo de conexión supera las nueve horas diarias. Este uso prolongado genera saturación, cansancio mental y dificultades de concentración. También complica distinguir información verdadera de la falsa. Esto afecta al bienestar psicológico.

Redes sociales, autoimagen y autoestima

Las redes sociales no solo conectan a los adolescentes con sus iguales. También fomentan la comparación social. La exposición a fotografías retocadas y vidas idealizadas genera presión e inseguridad.

En Colombia, la evidencia no permite afirmar que un mayor uso de redes sociales reduzca automáticamente la autoestima. Algunos estudios no encuentran una relación directa con la autoimagen negativa.

En cambio, otros trabajos indican que patrones de uso vinculados a la comparación corporal y búsqueda de validación aumentan la vulnerabilidad en algunos jóvenes.

Cuando la agresión también ocurre en línea

La hiperconectividad facilita ciberagresiones como insultos, humillaciones o exclusión digital. A diferencia del acoso tradicional, estos contenidos se difunden con rapidez. Permanecen en el tiempo y llegan a un público más amplio.

En Colombia, casi dos de cada diez adolescentes reconoce haber sufrido o ejercido algún tipo de agresión en línea.

Este fenómeno preocupa especialmente al profesorado, que señala una elevada presencia de casos en los centros educativos y dificultades para abordarlos eficazmente .




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Retos emergentes

La evidencia colombiana muestra que muchos adolescentes afrontan riesgos asociados al uso intensivo de tecnología. Estos riesgos afectan al bienestar emocional, al descanso y a la concentración. Aunque el móvil forme parte de su vida cotidiana, su uso no siempre incorpora estrategias saludables.

Junto a estos problemas emergen nuevas formas de consumo digital, como el speedwatching (ver vídeos o series a mayor velocidad para consumir más contenido en menos tiempo) o el second screen (usar el móvil simultáneamente a otro dispositivo principal). Aunque estudios realizados en otros contextos sugieren efectos sobre la comprensión y el procesamiento de la información, en Colombia todavía no existen investigaciones sistemáticas sobre su impacto en la adolescencia.

Identificar su frecuencia y sus efectos es un reto pendiente. En un entorno que invita a no parar nunca, saber desconectar se consolida como una habilidad clave para el bienestar emocional.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Adolescentes y móviles en Colombia: cuando la conexión genera desconexión – https://theconversation.com/adolescentes-y-moviles-en-colombia-cuando-la-conexion-genera-desconexion-267494

Monográfico de Bienestar Digital: Retos y soluciones en la era de la hiperconexión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By The Conversation España, Editor, The Conversation

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Descargue nuestro monográfico de 170 páginas dedicado al Bienestar digital

¿Por qué las chicas adolescentes se sienten peor que los chicos? Uno de cada tres niños usa el móvil en los restaurantes de comida rápida: ¿qué consecuencias tiene? Niños y grupos de WhatsApp: ¿cuándo y cómo?

Son algunos de los temas que hemos abordado a lo largo de los últimos 15 meses en torno a una temática que preocupa especialmente a la sociedad: el bienestar digital de los menores. A través de más de sesenta textos hemos funcionado como agregadores de conocimiento multidisciplinar sobre bienestar digital aportado por sociólogos, educadores, psicólogos, pediatras, legisladores, expertos en ciberseguridad, psiquiatras, lingüistas… Y como colofón, los hemos reunido en un monográfico que no tiene desperdicio.

Pasen y lean este compendio actualizado que esperamos que, como sociedad, nos ayude a optimizar nuestra relación con la tecnología de una manera crítica y responsable, aprovechando todo su potencial sin que eso implique una pérdida de nuestro bienestar.

The Conversation

ref. Monográfico de Bienestar Digital: Retos y soluciones en la era de la hiperconexión – https://theconversation.com/monografico-de-bienestar-digital-retos-y-soluciones-en-la-era-de-la-hiperconexion-278828

El estrés, personalizado y con control, puede ser un aliado para ciertas tareas en el aprendizaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Andrés García Castro, Profesor de Psicología, Universidad Villanueva

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El estrés forma parte de la vida diaria, especialmente en la universidad. Exámenes, trabajos y exposiciones ponen a prueba la capacidad de los estudiantes para concentrarse y tomar decisiones. Todo ello en un contexto global en el que la salud mental juvenil preocupa cada vez más.

Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertan del aumento del estrés motivado por las condiciones de vida de las sociedades industrializadas y su relación con problemas de salud mental. Pero la ciencia no lo tiene claro en relación con el rendimiento cognitivo: ¿el estrés empeora nuestras funciones mentales o puede mejorarlas?

Una reciente investigación analizó cómo influyen dos tipos de estrés, el objetivo y el subjetivo, en las llamadas funciones ejecutivas. Un rol que condiciona las habilidades mentales que usamos para planificar, concentrarnos, controlar impulsos y adaptarnos a situaciones nuevas.

Resultados contradictorios

En efecto, la relación entre estrés y funciones ejecutivas está lejos de ser clara. Algunos estudios señalan que el estrés, sobre todo cuando es intenso o prolongado, empeora habilidades como la memoria de trabajo, la atención o la flexibilidad mental, al alterar el funcionamiento del córtex prefrontal.

Sin embargo, otras investigaciones han encontrado justo lo contrario. En situaciones de estrés moderado, ciertas personas rinden mejor en tareas que exigen concentración y control cognitivo. Y un tercer grupo de trabajo no detecta ningún efecto significativo.

Estas conclusiones tan dispares sugieren que no basta con preguntar si el estrés es “bueno o malo”, sino que es necesario tener en cuenta factores como la intensidad, la duración, el tipo de tarea y, sobre todo, cómo cada persona percibe y maneja la situación. Solo así se puede interpretar adecuadamente el efecto del estrés sobre la cognición.

Dos formas de experimentar el estrés

La manera en la que percibimos el estrés podría ser clave, más allá del estrés objetivo que estemos experimentando en un momento determinado.

En este sentido, podemos distinguir dos tipos de estrés. El estrés objetivo es el que experimentamos en relación a una situación vital concreta. Por ejemplo, cuando nos subimos a un avión si nos da miedo, cuando tenemos muchas tareas que hacer en poco tiempo o cuando nos sentimos evaluados. Por otro lado, el estrés subjetivo depende de la evaluación que cada persona haga de esas situaciones objetivas.

El estrés subjetivo es más determinante que el objetivo

Al realizar el estudio sobre las dos clases de estrés, objetivo y subjetivo, apareció un dato llamativo. La situación creada para generar presión –hacer las pruebas frente a una cámara generando una situación de evaluación– no cambió apenas el rendimiento de los estudiantes.

En cambio, el rendimiento cognitivo, especialmente el de muy alto nivel, estuvo claramente influenciado por la experiencia subjetiva de estrés de las personas. Quienes reportaron una mayor percepción subjetiva de estrés tendieron a rendir mejor en una tarea que exigía agilidad mental y flexibilidad cognitiva para encontrar palabras con rapidez.

Cuando estos estudiantes ya estresados se enfrentaban a la situación de estrés objetivo (la evaluación mediante una cámara), su rendimiento fue incluso mayor. En conjunto, esto sugiere que no es solo la situación externa lo que influye, sino sobre todo cómo cada persona evalúa y percibe el estrés. El acento recae en la importancia de la vivencia que cada uno hace de la situación vital que está atravesando, más allá de las circunstancias objetivas.

Una posible explicación

¿Cómo se explica que más estrés pueda asociarse a un mejor rendimiento en algunos casos? Una posible respuesta se encuentra en la ley de Yerkes-Dodson, formulada en 1908 por los psicólogos Robert M. Yerkes y John D. Dodson. Según esta propuesta, el rendimiento mejora a medida que aumenta la activación o el nivel de alerta, pero solo hasta cierto punto. Si la activación es demasiado baja –apatía, aburrimiento– o demasiado alta –bloqueo, ansiedad intensa–, el rendimiento empeora.

Implicaciones para la vida académica

Estos resultados cuestionan la idea de que el estrés siempre produce un efecto perjudicial sobre el rendimiento cognitivo. En algunos casos, puede tener un efecto positivo, especialmente en tareas que requieren coordinación de varias habilidades mentales.

Esto no significa que el estrés crónico sea bueno. Sabemos que, mantenido en el tiempo, puede afectar a la salud física y mental. Pero sí sugiere que aprender a gestionar el estrés mediante estrategias psicológicas adecuadas puede ayudar a potenciar nuestro rendimiento cuando se alcanza el punto óptimo de activación.

Estrategias como la planificación, el entrenamiento en control de la atención o el mindfulness podrían ayudar a situar ese nivel de activación en la zona óptima.
Por tanto, el mensaje es claro: no todo el estrés es igual, y nuestra forma de vivirlo puede ser determinante. Entender mejor esa relación podría ayudar a diseñar entornos educativos que no eliminen el estrés por completo, sino que lo conviertan, cuando sea posible, en un aliado del aprendizaje.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El estrés, personalizado y con control, puede ser un aliado para ciertas tareas en el aprendizaje – https://theconversation.com/el-estres-personalizado-y-con-control-puede-ser-un-aliado-para-ciertas-tareas-en-el-aprendizaje-277341

¿De verdad ‘la primavera la sangre altera’? Lo que dicen la psicología y la biología

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

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Con la llegada de la primavera reaparece la idea popular: que “la sangre se altera”. Se usa para explicar de todo: más energía, más deseo, más sociabilidad… y también más irritabilidad o impulsividad.

Desde la psicología, el interés no está en el refrán, sino en la evidencia científica: ¿hay algo real detrás de esa sensación colectiva de “aceleración” o se trata únicamente de un relato cultural que se repite cada año?

La respuesta matizada es clara: sí, existen mecanismos biológicos y psicológicos plausibles y respaldados por investigación, pero no implican que la primavera nos vuelva locos, ni afectan a todo el mundo por igual. La clave está en cómo cambian la luz, los ritmos circadianos, el sueño, ciertos sistemas neuroquímicos y el contexto social.

En este sentido, conviene matizar que la “alteración” primaveral no equivale necesariamente a bienestar. Resulta más preciso hablar de aumento de activación que de mejora emocional. Y activarse más no siempre significa sentirse mejor: para algunas personas se traduce en mayor iniciativa y energía, mientras que para otras puede manifestarse como inquietud, irritabilidad o dificultad para regular las emociones.

Comprender esta diferencia permite superar explicaciones simplistas y entender por qué una misma estación puede vivirse de forma muy distinta según el estado psicológico previo, los hábitos de sueño y el contexto vital de cada persona.

La luz como regulador psicológico invisible

El gran cambio ambiental en primavera no es que los campos se llenen de flores ni que podamos empezar a prescindir de la ropa de abrigo: es el incremento de horas de luz. La luz es el principal sincronizador del reloj biológico y regula procesos directamente vinculados al estado de ánimo, la activación y la motivación.

En humanos se han observado variaciones estacionales en el sistema que genera y determina la actividad del neurotransmisor serotonina, clave para la regulación emocional, la impulsividad y la conducta social. Estudios de neuroimagen han mostrado cambios estacionales en la disponibilidad del transportador de serotonina, asociados a la duración de la luz solar diaria, lo que sugiere una relación directa entre el llamado fotoperiodo (la cantidad de tiempo en que estamos expuestos a la luz diariamente) y la regulación afectiva.

Por otro lado, revisiones recientes sobre el llamado “cerebro estacional” explican cómo los cambios en la luz y los ritmos circadianos pueden modular la vulnerabilidad psicológica y la estabilidad emocional.

Traducido a experiencia cotidiana: más luz suele asociarse a más activación, más iniciativa y mayor energía subjetiva. Para muchas personas esto se vive como bienestar, pero otras, especialmente si ya existe estrés o desregulación previa, pueden experimentar hiperactivación, inquietud o irritabilidad.

El sueño se resiente

Aparte de cambiar la luz, la primavera también modifica el sueño. Estudios basados en grandes muestras poblacionales han mostrado que en esta estación se adelanta el despertar y se reduce ligeramente la duración del descanso nocturno, con modificaciones en los ritmos circadianos.

Dormir menos no solo implica cansancio. Desde la psicología se sabe que esa alteración se asocia a mayor reactividad emocional, menor control inhibitorio y más impulsividad. Además, revisiones sobre cambios estacionales y ajustes horarios describen alteraciones transitorias del sueño que afectan especialmente a determinados cronotipos y perfiles vulnerables.

Esto ayuda a entender por qué algunas personas viven la primavera con “más energía”, mientras otras experimentan una peor regulación emocional.

¿Y qué pasa con las hormonas?

Por si fuera poco, también existe evidencia de patrones estacionales en sistemas hormonales humanos. Un análisis masivo de registros médicos lo mostró en distintos ejes endocrinos, incluyendo hormonas sexuales como testosterona y estradiol, con oscilaciones a lo largo del año.

Esto no significa que la primavera active automáticamente el deseo sexual o la conducta social, pero sí indica que el organismo no funciona igual en todas las estaciones, y que pequeños cambios biológicos pueden amplificarse psicológicamente a través de expectativas culturales, aprendizaje social y contexto.

El lado menos romántico: cuando la primavera no es bienestar

Existe un dato consistente y poco conocido: los picos de suicidio se concentran en primavera en muchos países. Este fenómeno ha sido descrito tanto en estudios clásicos como en análisis contemporáneos.

No implica causalidad directa, pero sí interacción entre factores: mayor energía disponible para actuar, persistencia de desesperanza, comparación social y cambios biológicos en ritmos circadianos.

Algo similar ocurre con la manía (exaltación del estado de ánimo y menos necesidad de dormir): se han descrito picos estacionales en ingresos hospitalarios y descompensaciones afectivas en primavera-verano.

Revisiones más amplias confirman patrones estacionales en trastornos mentales graves y trabajos específicos vinculan específicamente la primavera con la manía y la conducta suicida.

Desde una perspectiva clínica, esto obliga a una lectura responsable: la primavera no es solo “época feliz”, también es una fase de transición biológica y psicológica que puede desestabilizar a personas vulnerables.

Entonces, ¿es cierto el refrán?

En esencia, sí… pero mal explicado. La primavera no “altera la sangre” de forma mística, pero sí modifica sistemas reales de activación:

  • Cambios en luz y ritmos circadianos: regulación neurobiológica del ánimo y la activación.

  • Cambios en el sueño: más reactividad e impulsividad en algunos perfiles.

  • Cambios sociales: más interacción, más comparación social, más estimulación.

  • En minorías vulnerables, mayor riesgo de descompensación afectiva y conductual.

Lo que el refrán llama “sangre alterada” se puede definir, científicamente, como un aumento de activación biopsicosocial.

Una lectura psicológica útil

Hay tres claves prácticas que brinda la psicología para afrontar de una manera más saludable la llegada de la primavera:

  • Cuidar el sueño: la regularidad horaria y la exposición a luz natural por la mañana son factores protectores reales.

  • Diferenciar energía de bienestar: más activación no siempre equivale a mejor regulación emocional.

  • No romantizar el malestar: no debemos atribuir el insomnio intenso, la impulsividad, las conductas de riesgo o la ideación suicida a “la estación”; son señales clínicas que requieren atención profesional.

En definitiva, la primavera no transforma a las personas por arte de magia, pero sí reorganiza el equilibrio entre biología, mente y contexto. Y como casi todo en psicología, no actúa de forma uniforme: depende de la historia personal, el estado emocional previo, el sueño, el estrés y la vulnerabilidad psicológica.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿De verdad ‘la primavera la sangre altera’? Lo que dicen la psicología y la biología – https://theconversation.com/de-verdad-la-primavera-la-sangre-altera-lo-que-dicen-la-psicologia-y-la-biologia-274643

El polvo de nuestros hogares, un depósito de contaminantes: así varía su composición en diferentes ciudades españolas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Velázquez Gómez, Titulado Superior de Actividades Técnicas y Profesionales (Análisis de contaminantes en matrices ambientales), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

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No podemos evitar estar expuestos al polvo. Hoy día, las personas pasamos el 90 % del tiempo en ambientes de interior: viviendas, vehículos, escuelas, tiendas, oficinas, gimnasios… Entramos en contacto con él a través de la piel, lo inhalamos día y noche e incluso lo ingerimos, especialmente durante la infancia.

Su composición es tan compleja que resulta imposible hacer una lista cerrada de sus constituyentes. Entre ellos pueden encontrarse restos biológicos (células de la piel, pelo, insectos), inorgánicos (arena, hollín, ceniza) y microplásticos. Esta mezcla permite además que se peguen a él fracciones de partículas más pequeñas y moléculas de diferentes productos químicos liberados desde artículos de nuestro día a día.

Por todo ello, estudiar las sustancias presentes en el polvo nos permite vigilar la contaminación y evaluar los factores que influyen en la presencia de ciertos compuestos. Recientemente, hemos llevado a cabo una investigación para analizar cómo varía geográficamente su composición en seis ciudades españolas: Barcelona, Madrid, Granada, Valladolid, Salamanca y Algeciras.

Los productos químicos a los que nos exponemos

Los humos del tabaco, vehículos y fábricas; las pinturas y barnices; los aditivos plásticos y retardantes de llama aplicados en los muebles; los productos de higiene personal… Miles de productos químicos de nuestro entorno se consideran contaminantes.

La liberación de productos químicos desde los tratamientos retardantes de llama, los aditivos plásticos y procesos de combustión, entre otros, contribuye a la contaminación del polvo en los ambientes de interior.
Carlos Velázquez Iglesias (@carlosvelazqueziglesias)

Pese a haber sido aprobados para su uso, algunos de estos compuestos han demostrado ser tóxicos para el ser humano y el medioambiente. Por ejemplo, los hidrocarburos (los humos), los metales pesados y algunos pesticidas pueden provocar cáncer y los aditivos plásticos (bisfenoles, ftalatos, alquilfenoles) pueden alterar el funcionamiento normal de las hormonas (disrupción endocrina), generando problemas de fertilidad. Por eso, deben ser retirados y sustituidos por una alternativa segura. Si esto no es posible, su uso debe reducirse al máximo.

Todos estos compuestos pueden acabar en el polvo, de manera que podemos considerarlo como un libro de visitas en el que se va registrando la presencia de productos químicos. Analizándolo, se puede obtener información sobre su origen y la antigüedad de su emisión, así como de los hábitos que los producen.




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¿Qué peligros tienen los microplásticos y el bisfenol A para la salud humana?


El polvo en los hogares de España

En nuestro estudio, en todas las áreas identificamos compuestos relacionados con actividades económicas y materiales, como la nicotina y los aditivos plásticos. Por otro lado, hay también compuestos vinculados con productos o procesos, y estos pueden ser de dos tipos: no persistentes o persistentes en el medioambiente.

Un ejemplo de los primeros pueden ser los hidrocarburos producidos por la quema de combustibles (vehículos, industrias, calefacciones, cocinas) y se caracterizan por desaparecer en un tiempo determinado, pese a poder ser tóxicos. Los segundos, como el pesticida DDT, aparecen en las casas aunque lleven prohibidos más de 40 años.

Los niveles más altos se encontraron para los hidrocarburos de vehículos e industria petroquímica y del acero inoxidable; el pesticida DDT, asociado a su utilización en el pasado; la nicotina del tabaco; algún ftalato y retardante de llama, como aditivos plásticos y tratamientos de muebles.




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Diferencias entre regiones

Es posible especular sobre qué factores influyen en la contaminación del polvo. En zonas como Salamanca, Valladolid y Granada, el uso mayoritario del suelo para la agricultura se relaciona con la aparición de pesticidas. En zonas urbanas con alta densidad de población como Madrid y Barcelona, los humos del tráfico y aditivos plásticos se relacionan con una alta densidad de vehículos y un elevado consumo de plástico. En Algeciras, la aparición de hidrocarburos del petróleo en el polvo señala a la industria petroquímica como el origen más probable.

Al clasificar las muestras en base a su parecido químico, pueden distinguirse aquellas que tienen más cantidad de los contaminantes más tóxicos y, por tanto, las que presentan mayor riesgo para la salud humana. Esta relación permite identificar qué casas presentan mayor contaminación dentro de una misma zona de estudio y así delimitar zonas de riesgo.

Se puede ejemplificar bien con el caso de Algeciras. Allí las muestras se separan en dos grupos: las que tienen niveles elevados de hidrocarburos, a favor del viento de poniente que arrastra la contaminación, y las que están en contra, con niveles menores.

También la presencia de hidrocarburos en ciudades como Barcelona y Madrid puede achacarse a diferencias climáticas: algunas muestras provenían de zonas en las que los inviernos son más secos y fríos. Esto hace posible pensar que un mayor uso de calefacción o mejores condiciones de aislamiento condicionan los niveles de estos contaminantes en el interior de las casas.

Por su lado, el DDT solo aparece de forma reseñable y generalizada en las muestras de Granada, lo cual lleva a pensar que su presencia se debe a un uso pasado o incluso a su transporte unido al polvo proveniente del continente africano, donde su utilización aún está permitida. Del mismo modo, otras zonas agrícolas como Valladolid o Salamanca muestran restos del pesticida malatión.

Otros grupos de contaminantes, como los ftalatos, aparecen en grandes cantidades muy parecidas, sin distinción del área que se estudie. Su uso generalizado en materiales plásticos corrobora esta contaminación extendida por todas las casas incluidas en el trabajo.

Una herramienta para vigilar la contaminación

La aparición del polvo en los ambientes de interior es inevitable y su contaminación, difícil de impedir. Sin embargo, podemos intentar minimizar su acumulación y, con ello, reducir el riesgo asociado a la exposición.

La gran utilidad que tiene el polvo como indicador de la contaminación lo convierte en una buena herramienta para vigilar los niveles de compuestos químicos y cómo se dispersan en diferentes áreas. Esta información sirve para vigilar las emisiones (quién, cómo, cuándo y dónde se generan) y controlar la contaminación.

Por todo esto, estudiar el polvo es una herramienta útil para evaluar los riesgos y pedir a las autoridades leyes más seguras y justas. Por ejemplo, la pobreza es un marcador de riesgo por ser las zonas contaminadas aquellas donde el precio del alquiler y la vivienda suele ser más bajo.

Además, detectar los contaminantes presentes en los hogares permite equiparar lo que la legislación considera teóricamente una cantidad segura y el riesgo real. De esta forma, es posible definir políticas de calidad del aire más ajustadas a la evidencia científica que velen por la salud de las personas.

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Miguel Velázquez Gómez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El polvo de nuestros hogares, un depósito de contaminantes: así varía su composición en diferentes ciudades españolas – https://theconversation.com/el-polvo-de-nuestros-hogares-un-deposito-de-contaminantes-asi-varia-su-composicion-en-diferentes-ciudades-espanolas-276461

No todas las dietas basadas en plantas son saludables para el cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bruno Bizzozero Peroni, Investigador postdoctoral, Universidad de Castilla-La Mancha; Universidad de la República Uruguay

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En los últimos años, las dietas basadas en plantas han ganado popularidad por sus beneficios para la salud y el medioambiente. Cada vez más personas reducen el consumo de alimentos de origen animal convencidas de que comer más vegetales es sinónimo de comer mejor. Sin embargo, cuando hablamos de salud mental, la realidad es más compleja, y no todas las dietas basadas en plantas son igual de saludables para nuestro bienestar psicológico.

Uno de los errores más comunes que cometemos es asumir que eliminar o reducir los alimentos de origen animal garantiza una alimentación equilibrada. Sin embargo, una dieta puede estar técnicamente basada en plantas y, al mismo tiempo, estar dominada por productos ultraprocesados como bollería, refrescos, snacks salados, cereales refinados y sustitutos vegetales altamente procesados.

Las dietas vegetales saludables están caracterizadas por un alto consumo en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, cereales integrales y té, entre otros alimentos de origen vegetal mínimamente procesados. Al mismo tiempo, presentan un bajo consumo de productos de origen animal –como grasas animales, lácteos, carnes rojas y procesadas, aves u otros derivados– y de alimentos vegetales poco saludables o ultraprocesados.

Las dietas vegetales no saludables también limitan la ingesta de productos de origen animal. Pero, a diferencia de las anteriores, se asocian con un mayor consumo de bebidas azucaradas, dulces, harinas refinadas, patatas fritas y otros ultraprocesados de origen vegetal. También con un menor consumo de alimentos vegetales saludables.

Esta diferenciación resulta crucial, dado que la calidad de los alimentos importa tanto o más que el hecho de que sean de origen vegetal.

Qué dice la evidencia científica más reciente

Para analizar cómo distintos tipos de dietas basadas en plantas se asocian con la salud mental y neurocognitiva, realizamos una revisión sistemática y un metaanálisis que incluyó datos de más de 700 000 adultos procedentes de distintos países.

Los resultados fueron claros: las dietas basadas en plantas saludables se asocian con una menor probabilidad de ansiedad, depresión y malestar (distrés) psicológico en estudios transversales. También con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia en estudios de seguimiento a largo plazo.

Por el contrario, las dietas vegetales poco saludables podrían resultar perjudiciales para la salud mental y neurocognitiva.

Es importante subrayar que no se analizaron dietas vegetales estrictas (como las vegetarianas o veganas), sino patrones dietéticos basados en plantas. Es decir, se consideraron dietas vegetales saludables aquellas que implicaban un mayor consumo de alimentos vegetales de alta calidad nutricional y una menor ingesta tanto de alimentos vegetales no saludables como de productos de origen animal.

¿Por qué la calidad de la dieta afecta a la salud mental?

Existen varias explicaciones biológicas plausibles. Las dietas vegetales saludables aportan fibra, antioxidantes, polifenoles y grasas insaturadas. Se trata de nutrientes con efectos antiinflamatorios y antioxidantes que favorecen la salud cerebral.

Además, estos componentes podrían influir positivamente en otros mecanismos como la microbiota intestinal, un actor clave en el eje intestino-cerebro y en la regulación del estado de ánimo.

En cambio, las dietas ricas en azúcares añadidos y productos ultraprocesados pueden provocar picos de glucosa, inflamación de bajo grado y alteraciones metabólicas. Todo ello se han relacionado con síntomas depresivos y deterioro cognitivo. Aunque sean de origen vegetal, este tipo de alimentos no dejan de ser opciones poco favorables para la salud mental.

Qué implicaciones tiene todo esto para la vida diaria

Nuestros resultados no cuestionan los beneficios de reducir el consumo de alimentos de origen animal, pero sí invitan a ir un paso más allá. No se trata solo de comer menos carne o más vegetales, sino de elegir bien qué alimentos vegetales ponemos en el plato.

Priorizar frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, a la vez que limitamos los ultraprocesados –aunque lleven etiquetas verdes o veganas–, puede ser una estrategia acertada. No solo para la salud física, sino también para prevenir problemas de salud mental y deterioro cognitivo a largo plazo.

Un mensaje clave en un momento crucial

En un contexto de creciente interés por el vegetarianismo, el veganismo y la sostenibilidad, este mensaje resulta especialmente pertinente. La transición hacia dietas más basadas en plantas es una oportunidad para mejorar la salud poblacional y ambiental, pero solo si se acompaña de criterios de calidad nutricional.

Nuestro estudio sugiere que una dieta basada en plantas, saludable y no restrictiva podría desempeñar un papel en la reducción del riesgo de síntomas asociados a trastornos mentales y neurocognitivos. Sin embargo, es importante interpretar estos resultados con prudencia. Aunque los hallazgos son prometedores, la evidencia disponible todavía presenta limitaciones y es necesario contar con más estudios longitudinales que confirmen estas asociaciones.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. No todas las dietas basadas en plantas son saludables para el cerebro – https://theconversation.com/no-todas-las-dietas-basadas-en-plantas-son-saludables-para-el-cerebro-275040

Kast devuelve a Chile a la derecha y arranca su mandato con muros fronterizos y medidas contra la inmigración

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Cvitanic, Docente de Relaciones Internacionales, Universidad de La Sabana

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La reciente victoria de José Antonio Kast y su llegada a la presidencia de Chile no han supuesto ninguna sorpresa. Se divisaba tras el escrutinio en primera vuelta. La candidata Jeannette Jara había obtenido el 26.8 % de los votos y Kast el 23.9 %. Había ocho candidatos más en la contienda, pero las cartas estaban echadas. Mientras la centro izquierda de Gabriel Boric entró a apoyar a Jara, los otros dos candidatos de la derecha tradicional, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser, se encargaron de juntar fuerzas por el candidato ultraconservador, que logró salir triunfador con un 58 % de los votos.

Lo anterior marca una derrota tajante de la izquierda en el país austral que, con un pasado anti-Pinochet, acaba de elegir un presidente que se ha declarado admirador de la dictadura (1973-1990) y que además es hijo de un padre que algunas fuentes señalan como un partidario del movimiento nazi.

En ese orden de ideas, surge un cambio drástico de la política en Chile. Este nace en respuesta a los vacíos del gobierno de Gabriel Boric y los desafíos en cuanto a seguridad y migración. Dos de las mayores preocupaciones de la sociedad chilena, que se convirtieron en ejes de la campaña de Kast.

Un escudo fronterizo con ecos de Trump

La llegada al poder de Kast el pasado 11 de marzo marca su inicio con la puesta en marcha del Plan Escudo Fronterizo, que inundará de muros, alambres de púas y zanjas la zona norte del país.

Siguiendo con el estilo de Donald Trump, el presidente electo pondrá en marcha su política antiinmigración y ha anunciado que se reunirá en los próximos días con los ministros de seguridad, defensa, interior y justicia para comenzar a hacer realidad sus promesas de campaña.

Esta nueva agenda diluye la memoria sobre los tiempos de Pinochet, y la izquierda de Boric se convierte en la gran perdedora. El gobierno de éste se inició en 2021, cuando contaba solo con 35 años. Emergía su liderazgo con una fuerza contundente, avalada por un estallido social sin precedentes, que se posesionó de la narrativa del cambio de la constitución. Más de cuatro años después, el presidente Boric sale de la Casa de la Moneda con un legado que al interior es fútil, pero que en el extranjero se ve con otros ojos.

Las razones internas y externas

Al interior del país, la imagen de Boric no es percibida del mismo modo que la proyectada en el plano internacional. Dentro de Chile, el incremento de los delitos y la inseguridad ofrecieron una imagen negativa lo suficientemente poderosa para que los ciudadanos, una vez más, decidieran saltar de la izquierda a la derecha, como ha ocurrido en los últimos años en otros países de la región.

Las cifras del Indicador Nacional de Crimen Organizado (2022-2024), un informe de la Universidad de San Sebastián, lo refieren. “En 2024 se ingresaron al Ministerio Público 86.323 hechos delictivos relacionados con crimen organizado, un 21,6 % más que en 2023. Al comparar con 2022, el incremento asciende a 31,8 %, lo que equivale a 20.825 más en solo dos años”.

Pero esta respuesta va acompañada también de los pocos resultados del gobierno. El plebiscito constitucional de diciembre de 2023 recibió una negativa contundente en las urnas. La iniciativa, que buscaba reemplazar la constitución, obtuvo casi un millón y medio de votos menos que el “no”, lo que dejo al Gobierno sin base para sacar a flote el plan propuesto en campaña.

En el ámbito internacional, la imagen de Boric es más favorable. Representa a la izquierda latinoamericana y es moderado. En su momento fue crítico con las elecciones atípicas de Venezuela, en las cuales nunca se presentaron las actas de votación. Tampoco dejó a un lado la oportunidad de reprobar el rol de Nayinb Bukele, presidente de El Salvador.

Actualmente, Boric tiene 40 años y, aunque es producto de una coyuntura, con seguridad seguirá en la carrera política. La izquierda que representa cede terreno a Jose Antonio Kast, un dirigente de trayectoria amplia, tres veces candidato, que detenta un 57 % de popularidad. Su éxito se suma a la tendencia regional de hacer un viraje a la derecha, constatado en países como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay.

Pero ese péndulo, que se ha hecho una constante en Chile desde que Michelle Bachelet recibió el poder de Ricardo Lagos, no solo es un reflejo de un país con una dicotomía entre la derecha y la izquierda, sino de una región que se vuelca para encontrar cambios. Algo que es producto de un ejercicio democrático, en el que la gente vota con el corazón en la primera vuelta y con la razón en la segunda.

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Fernando Cvitanic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Kast devuelve a Chile a la derecha y arranca su mandato con muros fronterizos y medidas contra la inmigración – https://theconversation.com/kast-devuelve-a-chile-a-la-derecha-y-arranca-su-mandato-con-muros-fronterizos-y-medidas-contra-la-inmigracion-272207

Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Matellanes Lazo, PhD. Full Professor at the University in Communication and Advertising. Department of Social Sciences, Universidad Europea Miguel de Cervantes

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Algo está cambiando en la universidad española. Más allá de las aulas y los laboratorios, surgen proyectos diversos. Contra la soledad en municipios rurales, iniciativas de envejecimiento activo, programas de innovación para mejorar la calidad de vida y nuevas narrativas sobre el bien común. No se trata de declaraciones de intenciones. Son experiencias ya en marcha, que muestran cómo la educación superior está ampliando su papel en la sociedad.

En este sentido, la universidad se posiciona como un agente de valor social, capaz de generar impacto real en su entorno y contribuir activamente al bien común.

¿Está la universidad ocupando el lugar que durante siglos desempeñaron las instituciones religiosas en la formación moral de las nuevas generaciones? En un artículo publicado en The New Yorker, Jay Caspian Kang plantea que, al menos en determinados contextos occidentales, el campus se ha convertido en el nuevo espacio de socialización ética para muchos jóvenes.

La reflexión apunta a un fenómeno significativo: la universidad no solo transmite conocimiento, sino que también moldea valores, discursos públicos y formas de entender el bien común.

La universidad como ecosistema

Organismos internacionales como la UNESCO han subrayado que la educación superior debe desempeñar un papel clave en la promoción de la justicia social, la sostenibilidad y la cohesión comunitaria.

Esta visión implica entender la universidad no solo como un espacio de aprendizaje académico, sino como un ecosistema. En él se cultivan valores éticos, pensamiento crítico y compromiso cívico. La pregunta ya no es si la universidad debe implicarse en los problemas sociales, sino cómo hacerlo de manera estructural y coherente.

En España, numerosas universidades han comenzado a materializar este enfoque a través de programas de implicación con la sociedad, voluntariado universitario e innovación social. Estas iniciativas permiten que el conocimiento teórico adquirido en las aulas se transforme en acción. Así, los estudiantes se conectan con realidades sociales concretas, lo que fomenta una experiencia educativa más significativa.

Motores del cambio social

Un ejemplo destacado lleva el sello de la Universidad de Barcelona (UB), pionera en la implantación de proyectos sociales integrados en los planes de estudio. Desde la Cátedra de Aprendizaje Servicio, los estudiantes aplican sus conocimientos en colaboración con entidades sociales. El trabajo se desarrolla en ámbitos como la inclusión social, la educación comunitaria o la atención a colectivos vulnerables.

El proyecto community, que promueve encuentros sociodeportivos, reúne a la UB junto a organizaciones como Cruz Roja o CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado). Esta apuesta por la inclusión social de refugiados a través de actividades físicas muestra cómo la docencia universitaria puede vincularse directamente con necesidades sociales reales. Esta conexión genera un aprendizaje más profundo y mayor conciencia del impacto social de la futura profesión.

También la Universidad de Deusto ha consolidado un modelo educativo centrado en la formación integral de la persona. El compromiso social forma parte del proyecto institucional. A través del programa Deusto Campus Solidaridad, la universidad promueve el voluntariado, la cooperación al desarrollo y la participación en causas sociales, tanto en el ámbito local como internacional.

Las iniciativas no se limitan a la acción directa, sino que incorporan espacios de reflexión crítica y formación ética. Esto permite desarrollar competencias como la empatía, la responsabilidad social y la conciencia ciudadana.

Tecnología para el bien común

Por su parte, la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) ofrece un ejemplo significativo de innovación tecnológica orientada al bien común. Desde su área de UPV Innovación y los programas de “aprendizaje servicio”, la universidad impulsa proyectos de emprendimiento e innovación social. Estos abordan retos como la accesibilidad, la sostenibilidad urbana o la mejora de la calidad de vida de colectivos vulnerables.

La tecnología deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta al servicio de la sociedad. Un enfoque que integra formación técnica y compromiso social.

Otro caso relevante es el de la Universidad de Salamanca. A través de su Servicio de Asuntos Sociales y sus programas de voluntariado universitario, ha impulsado iniciativas vinculadas al envejecimiento activo, la participación comunitaria y la cooperación social.

Lucha contra la soledad en zonas rurales

Algunos de estos proyectos, como el Campus Rural de la Universidad de Alcalá (UAH), tienen un impacto directo en entornos no urbanos. Su contribución se orienta a combatir la soledad no deseada y favorecer relaciones intergeneracionales. Estas experiencias no solo benefician a la comunidad, sino que sensibilizan a los estudiantes sobre uno de los grandes desafíos sociales contemporáneos.

La Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid (UEMC) también trabaja sobre zonas rurales e impulsa acciones de concienciación e intervención sobre soledad no deseada. El abordaje implica a la propia comunidad universitaria desde su entorno más cercano.

El proyecto reúne a estudiantes los grados de Periodismo, Publicidad y Relaciones Públicas. La metodología aplicada se basa en el aprendizaje activo, la interdisciplinariedad y la participación del alumnado en contextos reales. A través de asignaturas como periodismo radiofónico o crítica y análisis de campañas, los alumnos diseñaron entrevistas, reportajes y campañas de sensibilización.

La UEMC consigue así desarrollar eventos de impacto académico y social desde sus espacios universitarios, involucrando a profesores, alumnos y asociaciones sin ánimo de lucro.

Desde hace varios años esta misma universidad cuenta con una unidad llamada Laboratorio Social. En ella se trabajan temáticas y proyectos de índole social que implica a profesorado y alumnado de la comunidad universitaria UEMC.

Estos ejemplos evidencian una tendencia creciente: la universidad como espacio de innovación social y laboratorio de ciudadanía responsable.

Una narrativa del bien común

Desde el ámbito de la comunicación y la publicidad, este enfoque resulta especialmente relevante porque la universidad tiene la capacidad de generar nuevos relatos sociales, alejados del individualismo y orientados al bien común. Formar en una comunicación ética y socialmente responsable implica dotar a los estudiantes de herramientas para influir positivamente en la opinión pública y contribuir a una sociedad más justa y cohesionada.

Este papel activo requiere una apuesta institucional clara y sostenida, en la que se den a conocer y alienten colaboraciones conjuntas entre universidades y agentes institucionales.

Integrar el compromiso social en los planes de estudio, reconocer académicamente estas experiencias y fomentar la colaboración con el tejido social son pasos fundamentales para consolidar este modelo educativo y evitar que estas iniciativas se conviertan en acciones puntuales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Universitarios con misión: bien común, innovación social y lucha contra la soledad en zonas rurales – https://theconversation.com/universitarios-con-mision-bien-comun-innovacion-social-y-lucha-contra-la-soledad-en-zonas-rurales-273714