Por qué la obesidad es, ante todo, una enfermedad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rosalia Rodriguez Rodriguez, Catedrática. Departamento de Ciencias Biomédicas, Universitat Internacional de Catalunya

La obesidad empieza en el cerebro y hoy sabemos que su desarrollo –y su tratamiento– no es igual en hombres y mujeres. Esta pandemia silenciosa, que avanza junto con la diabetes tipo 2 como una de sus complicaciones principales, afecta ya a más de mil millones de personas.

Mientras nuestro entorno se vuelve cada vez más obesogénico, el cerebro sigue funcionando con reglas ancestrales que dificultan mantener la pérdida de peso, incluso con fármacos tan revolucionarios como la semaglutida (Ozempic). Este cambio de mirada está transformando los tratamientos actuales y abriendo la puerta a nuevas terapias dirigidas directamente al cerebro.

Un cerebro ancestral en un entorno moderno

La obesidad y el sobrepeso suelen describirse como un exceso de grasa o un problema metabólico, pero su origen profundo reside en el sistema nervioso central, especialmente en el hipotálamo, la región que actúa como un “termostato energético”. Durante el 95 % de nuestra historia evolutiva hemos vivido en escasez: caminar, cazar y recolectar era imprescindible, y el cerebro desarrolló mecanismos muy eficaces para defender la masa grasa, porque perderla podía significar no sobrevivir.

Ese “cerebro ancestral” opera hoy en un entorno absolutamente opuesto: alimentos hipercalóricos disponibles 24 horas, sedentarismo, estrés crónico, alteraciones del sueño y dietas ultraprocesadas. El resultado es un desajuste entre nuestra biología y nuestro estilo de vida, amplificado en personas con predisposición genética. A ello se suma algo que la investigación empieza a explorar con claridad: el sistema que regula el peso no funciona igual en hombres y en mujeres.

Hipotálamo: donde empieza la obesidad

El hipotálamo integra señales hormonales (como leptina o insulina), metabólicas y sensoriales para equilibrar la energía ingerida y la gastada. Cuando perdemos peso, el cerebro interpreta la situación como una amenaza y activa potentes mecanismos de defensa: aumenta el apetito, reduce el gasto energético y refuerza una “memoria metabólica u obesogénica” que empuja a recuperar el peso previo.

Por eso, aunque la dieta y el ejercicio son esenciales para la salud y deben ser siempre la primera intervención, en muchas personas no bastan para revertir la obesidad cuando los circuitos cerebrales ya están alterados. Este punto no invalida el beneficio del estilo de vida: simplemente reconoce que, en ciertos casos, el cerebro necesita apoyo farmacológico para salir del bucle obesogénico.

Cuando el hipotálamo se inflama –por estrés, dietas hipercalóricas, falta de sueño, alteraciones hormonales o susceptibilidad genética– se altera la actividad de las neuronas que regulan el hambre y la saciedad. Algunas personas logran volver espontáneamente al peso inicial tras una sobrealimentación; otras, en cambio, muestran un “freno hipotalámico” menos eficaz y acumulan peso con más facilidad. La diferencia está en el cerebro.

Perspectiva de género: dos cerebros, dos respuestas

Las neuronas hipotalámicas AgRP (que estimulan el hambre) y POMC (que promueven la saciedad) regulan de forma precisa el comportamiento alimentario. Sin embargo, el hipotálamo no es solo un conjunto de neuronas: también incluye microglía, las células inmunitarias del cerebro, cuyo papel se ha revelado determinante.
En nuestro grupo hemos descrito tres fases de activación microglial en las primeras etapas de la sobrealimentación:

  1. Una activación temprana, rápida y reversible.

  2. Una fase inflamatoria sostenida, que altera los circuitos de saciedad.

  3. Una fase de desregulación final, en la que fallan los mecanismos que deberían limitar la ganancia de peso.

Estas fases no se comportan igual en hombres y mujeres. En modelos de roedores, las hembras muestran una respuesta neuroinmune más estable y protectora, lo que podría explicar por qué desarrollan obesidad más tarde. Este patrón recuerda a lo que se observa en mujeres premenopáusicas. Antes de la menopausia, las mujeres tienen menor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares que los hombres, gracias al efecto protector de los estrógenos. Pero la protección disminuye en la perimenopausia y la menopausia, un periodo todavía muy poco estudiado y crítico para el riesgo cardiometabólico.

Además, en modelos animales y cultivos celulares hemos detectado alteraciones muy tempranas –en microglía, en señales lipídicas como los endocannabinoides y en la sensibilidad neuronal a la insulina– incluso antes de que aparezcan cambios visibles en tejidos periféricos. Esto sugiere que el detonante inicial de la obesidad es cerebral. Integrar esta perspectiva de género resulta esencial para avanzar hacia tratamientos más precisos y efectivos.

Nuevas terapias contra la obesidad: incretinas y nanomedicina dirigida al cerebro

El tratamiento de la obesidad ha cambiado de manera drástica desde 2021 con los agonistas del receptor GLP-1. La semaglutida y otros fármacos de la familia de las incretinas, desarrollados inicialmente para la diabetes tipo 2, demostraron una notable capacidad de reducir peso mediante acciones tanto periféricas como centrales. Sin embargo, presentan limitaciones conocidas: efectos gastrointestinales, pérdida de masa magra, recuperación del peso tras suspenderlos o respuestas variables según el perfil biológico del paciente.

Estudios recientes muestran, además, diferencias por sexo: las mujeres premenopáusicas tienden a responder mejor a estos tratamientos que los hombres.

Esto plantea un desafío: necesitamos terapias que actúen directamente sobre el cerebro, con mayor precisión y menos efectos sistémicos. Aquí es donde la nanomedicina dirigida al cerebro abre un nuevo horizonte. En nuestro grupo desarrollamos nanoplataformas (micelas poliméricas, nanopartículas proteicas o formulaciones intranasales) capaces de transportar fármacos de forma selectiva al cerebro. Estas tecnologías permiten encapsular moléculas que, administradas sin protección, serían ineficaces o tóxicas, y dirigirlas a las células que controlan el apetito y la homeostasis energética.

Estas aproximaciones podrían complementar o potenciar las incretinas, reducir efectos secundarios, mejorar la adherencia y ampliar el número de pacientes que responden. Representan una vía para tratar la obesidad desde su origen cerebral, con intervenciones más personalizadas y sostenibles.

Una nueva mirada para un viejo problema

La obesidad no es un fallo de voluntad, como está estigmatizado a nivel social, ni un problema individual. Es una enfermedad compleja con raíces profundas en un cerebro adaptado para sobrevivir en la escasez. Abordarla requiere un doble enfoque: promover estilos de vida saludables y, cuando es necesario, utilizar terapias que actúen sobre los circuitos cerebrales que regulan el peso.

Comprender cómo funciona –y cómo falla– el hipotálamo será clave para frenar la pandemia silenciosa del siglo XXI. Y es ahí, en el cerebro, donde se está librando la batalla científica más prometedora.

The Conversation

Rosalia Rodriguez Rodriguez recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, de AGAUR-Generalitat de Catalunya (PRODUCTE, INNOVADORS), y del Centro de Investigación Biomédica en Red-Obesidad (CIBER-Obn)

ref. Por qué la obesidad es, ante todo, una enfermedad del cerebro – https://theconversation.com/por-que-la-obesidad-es-ante-todo-una-enfermedad-del-cerebro-270380

Lo que los dientes nos enseñan sobre la evolución de la vida acuática

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Figueras Huerta, Profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC)

A lo largo de su vida, un tiburón puede producir más de 30 000 dientes. Marcelo Cidrack / Unsplash., CC BY

Si hay un rasgo que refleja con claridad la enorme creatividad de la evolución en el mar, es la boca.

En los océanos y aguas dulces del planeta, los dientes han adoptado las formas más insospechadas: algunos animales carecen por completo de ellos, mientras que otros producen decenas de miles a lo largo de su vida. En el medio acuático, donde la comida puede escapar, flotar o resistirse, la boca se convierte en un laboratorio evolutivo: los dientes son herramientas, armas y, en muchos casos, auténticas piezas de ingeniería biológica.

Útiles “raspadores”

Lampetra fluviatilis o lamprea, un pez ‘sin mandíbulas’.
Wikimedia Commons., CC BY

La historia comienza con los vertebrados más primitivos, los agnatos, un grupo sin mandíbulas que incluye a las lampreas. Estos animales, que recuerdan a una mezcla de anguila y vampiro, no poseen dientes verdaderos, sino un disco oral cubierto de estructuras córneas en forma de pequeños ganchos o raspas. Con ellos, se adhieren a otros peces y se alimentan de su sangre o de los fluidos de sus tejidos.

Aunque su aspecto es inquietante, sus “dientes” no son dientes en sentido estricto. Están formados por queratina, como nuestras uñas o el pelo, y no por esmalte. Son un invento distinto de la naturaleza para resolver el mismo problema: cómo agarrar y desgarrar.

Durante siglos, los zoólogos intentaron clasificar las especies de lamprea por la forma y número de estos “raspadores”. Sin embargo, estudios genéticos recientes han demostrado que esa clasificación era engañosa: especies que parecían diferentes resultaron ser genéticamente iguales, y viceversa.

Tiburones: fábricas dentales

Si las lampreas representan el origen más humilde de la dentición, los tiburones encarnan el extremo opuesto. En ellos, la naturaleza se desató. Estos peces cartilaginosos, que llevan dominando los mares desde antes de los dinosaurios, han convertido su dentadura en una fábrica perpetua de dientes.

Un gran tiburón blanco puede tener entre 120 y 130 dientes funcionales, organizados en varias hileras. Cada vez que uno se cae, algo que puede ocurrir al atrapar presas, otro ya está listo para reemplazarlo. A lo largo de su vida, un tiburón puede producir más de 30 000 dientes. Algunos incluso almacenan varios miles a la vez en una especie de cinta transportadora viva que garantiza que nunca les falte filo.

Tiburón tigre fotografiado en Las Bahamas.
Wikimedia Commons., CC BY

El tiburón tigre (Galeocerdo cuvier) lleva la variación a otro nivel. A medida que crece, cambia el diseño de sus dientes: los jóvenes tienen piezas estrechas, perfectas para atrapar peces, mientras que los adultos desarrollan cuchillas afiladas, capaces de desgarrar tortugas o mamíferos marinos. Este fenómeno, conocido como cambio ontogenético, muestra cómo la dentición refleja las necesidades del animal en cada etapa de su vida.

Detrás de esta maquinaria de recambio hay un secreto celular: en la lámina dental del tiburón existen poblaciones de células madre que regeneran continuamente los dientes.

Curiosamente, las mismas bases moleculares que controlan este proceso se parecen a las que intervienen en el desarrollo dental humano. Estudiar a los tiburones, por tanto, no solo nos dice cómo cazan, sino también cómo podrían, algún día, regenerarse los dientes en medicina humana.

Peces óseos: los más curiosos

En los peces óseos o teleósteos la diversidad es aún mayor. Este grupo, que incluye desde caballitos de mar hasta meros y salmones, ha experimentado con todas las posibles soluciones dentales.

Dibujos de teleósteos realizados por Francis de Laporte de Castelnau en su expedición desde Rio de Janeiro a Lima, 1856.
Francis de Laporte de Castelnau.

Algunos, como el tambor de agua dulce (Aplodinotus grunniens), poseen más de mil diminutos dientes faríngeos situados en el fondo de la garganta, donde trituran moluscos y crustáceos. Otros, como el sargo (Archosargus probatocephalus), sorprenden por su dentición casi “humana”: incisivos al frente, molares detrás y una disposición perfectamente adaptada para romper conchas o triturar algas.

Pero no todos poseen dientes. Muchas especies carecen de ellos y se alimentan por succión, como los caballitos de mar, o mediante estructuras de filtrado situadas en las branquias.

Y, en el extremo de la rareza, algunos teleósteos los desarrollan fuera de la boca: en la piel, en las aletas o incluso en los opérculos. Estos “dientes externos”, llamados odontoides, se sitúan en la frontera entre escamas y los dientes y nos dan pistas sobre cómo los primeros vertebrados transformaron escudos dérmicos en auténticos trituradores hace cientos de millones de años.

Un ejemplo de pez con dientes externos es el pez rata manchado Hydrolagus colliei, que posee un apéndice en la frente cubierto de dientes que utiliza para la reproducción.
Wikimedia Commons., CC BY

Ballenas, cuestión de barbas

Los mamíferos marinos siguieron un camino evolutivo completamente diferente. Aunque la forma de su cuerpo sea similar, todos sabemos que las ballenas y los delfines son mamíferos que descienden de antepasados terrestres.

Entre ellos, encontramos dos estrategias opuestas. Los odontocetos, el grupo de los delfines, cachalotes y marsopas, conservan los dientes, aunque con una sorprendente variedad de formas.

El narval solo tiene una función, que se alarga y retuerce hasta formar su famoso colmillo, mientras que algunos delfines pueden superar los 160 dientes. El cachalote, en cambio, los concentra todos en la mandíbula inferior: de 36 a 50 piezas cónicas que encajan en los huecos del maxilar superior.

Ballena jorobada, en el santuario marino Stellwagen Bank, océano Atlántico.
Wikimedia Commons., CC BY

En el otro extremo, están los misticetos o ballenas barbadas. Durante su desarrollo embrionario, forman dientes que nunca llegan a salir. En su lugar, la naturaleza inventó una solución nueva: las barbas, unas láminas de queratina dispuestas como un peine que les permiten filtrar toneladas de krill y plancton. Este cambio –de morder a filtrar– es uno de los saltos evolutivos más radicales del reino animal.

Una ventana a la evolución

Más allá de la mera curiosidad, estudiar la diversidad dental nos revela cómo la evolución resuelve un mismo problema de distintas maneras. Los dientes son una huella de la dieta, del comportamiento y del entorno de cada especie.

Diente rostral de un pez sierra extinto, Onchorpristis numidus, con 80 millones de años de antigüedad.
Wikimedia Commons., CC BY

En los tiburones, la sustitución continua refleja un equilibrio entre fuerza y fragilidad: las presas resbalan, los dientes se rompen, pero siempre hay repuestos. En las ballenas barbadas, la pérdida total de dientes simboliza la transición a una nueva forma de alimentarse. Y en los peces óseos, la variedad extrema muestra cómo una mandíbula puede convertirse en un laboratorio evolutivo de adaptaciones infinitas.

Incluso la forma microscópica del esmalte o la disposición de los dientes en el cráneo puede revelar estrategias ecológicas: peces con dientes puntiagudos suelen ser cazadores de presas móviles, mientras que los de dientes planos y fuertes son trituradores de conchas o raspadores de algas.

En cada diente, se esconde una historia de millones de años. Desde la lamprea que se aferra como un vampiro en la oscuridad de un río, hasta el delfín que atrapa peces con precisión milimétrica o la ballena que filtra océanos enteros, todas ellas muestran que la evolución, cuando se trata de bocas, nunca deja de sonreír.

The Conversation

Antonio Figueras Huerta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Lo que los dientes nos enseñan sobre la evolución de la vida acuática – https://theconversation.com/lo-que-los-dientes-nos-ensenan-sobre-la-evolucion-de-la-vida-acuatica-271217

¿Qué órganos pueden regenerarse en el cuerpo humano?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olatz Crende Arruabarrena, Profesora en el Departamento de Biología Celular e Histología de la UPV/EHU, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Representación de una célula duplicándose mediante mitosis. Anusorn Nakdee/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 2º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Miguel de Unamuno, en Gasteiz (Álava)


Cada día, millones de células de tu cuerpo mueren. Pero no te preocupes, es parte ciclo biológico normal: el proceso que llamamos regeneración garantiza un suministro continuo de células de repuesto para mantener todos tus tejidos y órganos en óptimas condiciones. Además, si un tejido sufre una herida, una enfermedad o una lesión, ese mismo mecanismo acude al rescate para “reparar” los desperfectos.

Aunque suena sencillo, se trata de algo extraordinariamente complejo.

Dos formas de regeneración

Cuando un tejido es reemplazado por células nuevas idénticas a las originales, entonces hablamos de regeneración, que puede producirse de dos formas:

  • Mediante la división por mitosis y citocinesis de células diferenciadas –es decir, especializadas, como puede ser una célula del hígado– que sustituyen a sus compañeras viejas o dañadas.

  • Gracias a la acción de células madre adultas, una especie de células “comodín” que no están completamente especializadas y mantienen la capacidad de dividirse durante toda la vida del organismo. Mientras que algunas de sus células “hijas” acaban convirtiéndose en distintos tipos celulares, otras se dedican a autorrenovarse.

¿Y qué ocurre si un tejido no puede regenerarse por completo? Entonces el cuerpo forma una cicatriz, compuesta principalmente por fibras de colágeno, la proteína más abundante del organismo. Esto sucede cuando la lesión es demasiado extensa o el tejido posee una capacidad regenerativa limitada. La cicatriz cierra y protege la zona dañada, aunque la estructura original no llega a recuperarse del todo.

Cada órgano, a su estilo

Varios órganos y tejidos del cuerpo humano pueden regenerarse, pero cada uno lo hace a ritmos y con eficacias distintas, según si sus células diferenciadas pueden dividirse, dependen de células madre o combinan ambas estrategias.

Por ejemplo, las células hepáticas del hígado tienen la capacidad de duplicarse por sí mismas. Gracias a ello, este órgano puede renovarse completamente incluso si extirpamos… ¡hasta dos tercios de su masa! Algo parecido ocurre en el páncreas, donde la población de células productoras de insulina (la hormona encargada de regular nuestros niveles de azúcar en la sangre) puede ampliarse y renovarse mediante simple división.

En otros tejidos, la capacidad de autorrenovación depende de la presencia de células madre adultas que proliferan y se diferencian. Es el caso de la piel, cuya capa externa, la epidermis, se renueva aproximadamente cada mes gracias a células madre situadas en la capa más profunda. Sus descendientes suben hacia la superficie, diferenciándose a medida que avanzan y permitiendo que las heridas cicatricen rápidamente sin dejar rastro.

Y un caso curioso es el de la nariz, el oído y el ojo, órganos complejos donde las células sensoriales se encargan de captar señales del exterior y transferirlas al sistema nervioso, pero que no comparten la capacidad de regeneración.

Así, las células sensoriales olfatorias, auténticas neuronas, solo sobreviven uno o dos meses y se renuevan continuamente gracias a células madre. En cambio, las células ciliadas auditivas y las células fotorreceptoras de los ojos deben durar toda la vida. Si se destruyen por una enfermedad, exposición a sustancias tóxicas, ruido excesivo o, por ejemplo, un rayo láser mal dirigido, no se regeneran. Entonces, la pérdida de audición o de visión es irreversible.

Una célula madre que da lugar a todas las demás

La sangre es otro caso interesante de regeneración impulsada por células madre. De hecho, todos los tipos de células sanguíneas –eritrocitos o glóbulos rojos, linfocitos, granulocitos y macrófagos– derivan de una única célula madre común. En el adulto, esas progenitoras, llamadas hematopoyéticas, se localizan principalmente en la médula ósea roja. Los glóbulos rojos, por ejemplo, se reemplazan cada 120 días.

En un lugar destacado se sitúa también el revestimiento o epitelio del intestino delgado. Sus células madre proliferan y se diferencian en los cuatro tipos de células epiteliales existentes a una velocidad mayor que la de cualquier otro tejido del organismo: es capaz de regenerar el epitelio dañado por ácidos y enzimas digestivas en apenas unos días.

Y aunque durante mucho tiempo se creyó que el sistema nervioso central de los mamíferos adultos carecía de células madre y tenía una capacidad de autorreparación muy limitada, hoy sabemos que sí existen células madre capaces de generar neuronas y células gliales. En determinadas regiones del cerebro se producen continuamente nuevas neuronas que reemplazan a las que mueren.

¿Qué ocurre en otros tejidos y órganos?

Ahora nos fijaremos en cómo funciona la regeneración del músculo, que tiene sus peculiaridades. Cada fibra de músculo esquelético (el que permite moverte) está formada por la unión de muchas células, lo que se llama “sincitio”. Durante el desarrollo, los mioblastos –las células precursoras del músculo– se multiplican y se fusionan para formar esas fibras. Y una vez que lo hacen, ya no pueden dividirse.

¿Y qué pasa si el músculo sufre un daño? Entonces, entra en acción un pequeño grupo de mioblastos “dormidos”: las células satélite. Cuando el músculo se lesiona, esas células se activan, vuelven a dividirse y se fusionan para reemplazar las fibras dañadas. Sin embargo, su cantidad es limitada, lo que marca también el límite de la capacidad regenerativa del músculo.

Hay una excepción a esa capacidad de restauración: el músculo cardíaco, que no tiene células satélite. Por eso, después de un infarto no se regenera; solo puede repararse formando una cicatriz.

Por último, cabe destacar el papel de los fibroblastos. Cuando un tejido se lesiona, estas células se multiplican, viajan hacia la herida y producen grandes cantidades de colágeno, contribuyendo al aislamiento y la reparación del área dañada. Son células muy versátiles, con una increíble capacidad para convertirse en condrocitos (las que forman el cartílago), osteocitos (componentes de los huesos), adipocitos (células grasas) y células musculares lisas. Todavía no sabemos muy bien cómo pueden hacerlo.

Regeneración: el arte oculto con el que el cuerpo se reconstruye

Aunque todas las células comparten el mismo genoma, pueden ser muy diferentes entre sí: en el cuerpo humano existen más de 200 tipos. Estas células se organizan para formar tejidos y órganos que, en conjunto, llevan a cabo las funciones que nos mantienen vivos.

La regeneración es un proceso biológico fascinante, esencial, que permite a los organismos sanar, renovarse y seguir funcionando al desgaste diario, las lesiones y las enfermedades. Comprender estos mecanismos no solo revela la extraordinaria capacidad del cuerpo humano, sino que también abre la puerta a imaginar nuevas formas de reparar, curar y transformar nuestros tejidos.

La naturaleza ha creado este poder de renovación, pero tal vez nuevos descubrimientos nos permitirán potenciarlo en el futuro.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Olatz Crende Arruabarrena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué órganos pueden regenerarse en el cuerpo humano? – https://theconversation.com/que-organos-pueden-regenerarse-en-el-cuerpo-humano-270307

El eco de ‘La voz de Hind’: cuando el relato resuena más que los hechos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isadora García Avis, Profesora de Narrativa Audiovisual, Universitat Internacional de Catalunya

Fotograma de _La voz de Hind_ con los trabajadores de la Media Luna Roja hablando por teléfono con Hind. La Zona

Una ovación en pie que se prolongó durante 23 minutos. Esa fue la acogida que tuvo la película La voz de Hind (Kaouther Ben Hania, 2025) en la última edición de la Bienal de Venecia, festival donde también recibió el Gran Premio del Jurado. Después llegaron el Premio del Público en el Zinemaldia de San Sebastián (con una puntuación histórica de 9.52) y el Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Chicago. El último hito logrado por este filme ha sido una nominación a los Globos de Oro, en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa.

Un grupo de personas serias delante de un photocall.
El equipo de La voz de Hind presentó la película en el Festival Internacional de Cine de Venecia 2025.
La Zona

La voz de Hind cuenta la historia real de Hind Rajab Hamada, una niña palestina de 5 años que fue asesinada por el ejército israelí en Gaza. El 29 de enero de 2024, el coche en el que Hind viajaba con su tío, su tía y cuatro primos recibió 335 impactos de bala. Escondida entre los escombros del vehículo, y rodeada por los cadáveres de sus familiares, Hind pasó las últimas horas de su vida hablando por teléfono con voluntarios de la Media Luna Roja (Omar, Rana, Nisreen, Mahdi), que hicieron todo lo posible por intentar rescatarla.

A principios de 2024, este suceso fue cubierto por numerosos medios internacionales y tuvo un impacto notable en la opinión pública. Sin embargo, a medida que pasaron las semanas y los meses, quedó diluido entre las nuevas noticias que se publicaban diariamente sobre el genocidio en Gaza.

Ahora, en forma de película, avalada por su trayectoria en festivales y por el aclamo de la crítica, la historia de Hind está logrando conectar con espectadores de todo el mundo. ¿Por qué los relatos audiovisuales que dramatizan hechos reales pueden, en ocasiones, interpelar al público más que los datos y las estadísticas?

La era de la sobreinformación

Nunca antes los seres humanos habíamos podido acceder a tanta cantidad de información, y de manera tan inmediata, como ahora. Estamos rodeados de noticias, 24 horas al día, 7 días a la semana. En nuestros bolsos y bolsillos llevamos un aparato móvil que nos permite acceder instantáneamente a todo lo que está ocurriendo en cualquier lugar del mundo. En tan sólo unos segundos, y con un único clic, podemos encontrar infinidad de datos sobre cualquier tema.

Sin embargo, esto también tiene consecuencias negativas: además de la rápida propagación de bulos y desinformaciones, tal sobrecarga puede generar hastío e incluso desensibilización en los ciudadanos.

A esto se le añade que la propia naturaleza de los ciclos informativos, tan acelerados y saturados de contenido, facilita que las noticias tengan una vida muy corta. Un suceso trágico nos puede conmocionar en un momento determinado, para caer en el olvido pocos días después. Eso ocurrió, por ejemplo, con la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio que falleció intentando cruzar el mar Egeo para llegar a Grecia. Su imagen dio la vuelta al mundo y se convirtió en el símbolo de una crisis migratoria que, desde entonces, se ha agravado aún más.

Ahora bien, cuando convertimos un hecho real en un relato audiovisual, dramatizando lo ocurrido con herramientas propias de la ficción, el impacto emocional de esas historias llega a los espectadores de una manera diferente.

El poder de las historias (y de sus personajes)

Los relatos audiovisuales (sean de ficción o estén basados en hechos reales) son recreaciones de la realidad humana. Como tales, pueden ayudarnos a comprender cuestiones profundas sobre nuestra naturaleza, a viajar a otras realidades y conocer otras culturas, a entendernos a nosotros mismos y a entender mejor a otros.

Esta es una de las razones por las que, para el escritor Paul Auster, los seres humanos necesitamos las historias “casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten, en la página impresa o en la pantalla de televisión, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas”.

Generalmente, las obras que más recordamos son aquellas que nos han hecho sentir emociones de manera más intensa. Y esa conexión emocional que establecemos con las historias proviene, en gran medida, de la empatía que nos generan sus personajes. El guionista y analista Karl Iglesias afirma que, al escribir el guion de una película, es imprescindible emplear técnicas narrativas que potencien ese impacto emocional.

En una escena de La voz de Hind, Nisreen le explica a Omar que, tras perder a alguien en una llamada de emergencia, es bueno pedir una foto de esa persona. Es decir, ponerle una cara. Lo mismo ocurre con los relatos: cuando contamos una historia con nombre y apellidos, situamos el foco en un personaje concreto. En el caso de las películas basadas en hechos reales, ponerle cara a una persona puede lograr que deje de ser un mero número en una estadística. Así, su historia será más difícil de olvidar.

Una fotografía de una niña enfocada delante del rostro desenfocado de un hombre.
Durante la noche en la que intentan activar el protocolo de ayuda, Omar cuelga imágenes de Hind en la oficina para que no se les olvide a quién están intentando salvar.
La Zona

Técnicas narrativas para recrear hechos reales

La voz de Hind es un claro ejemplo de cómo la forma en la que se cuenta una historia puede reforzar el mensaje que se quiere transmitir. El suceso narrado se prolongó durante varias horas, pero la película lo condensa en 89 minutos.

No sólo se han seleccionado los momentos clave de lo ocurrido; también se les ha dotado de una estructura de relato cinematográfico, con su conflicto ascendente, su midpoint, sus puntos de giro y un clímax final desolador: cuando la ambulancia que por fin ha sido autorizada para rescatar a Hind está a tan sólo unos metros de la niña, se escucha el impacto de un proyectil. La comunicación con los rescatistas, Yusuf Zeino y Ahmed al-Madhoun, se corta inmediatamente. En ese preciso instante, la desesperanza que invade las oficinas de la Media Luna Roja atraviesa también a los espectadores.

Más allá de las técnicas tradicionales de guion, el equipo creativo de esta película tomó una decisión radical: mezclar el relato ficcionado con la voz real de Hind. Desde el primer momento la audiencia sabe que, aunque está viendo a actores interpretar a los voluntarios de la Media Luna Roja, las grabaciones con la voz de Hind son auténticas.

Un fotograma de la película en el que se reproducen los audios de Hind indica que las voces en el teléfono son reales.
Un fotograma de la película en el que se reproducen los audios de Hind indica que las voces en el teléfono son reales.
La Zona

Fragmentos de esas grabaciones fueron compartidos por la organización en redes sociales en 2024, con el objetivo de concienciar sobre lo que estaba ocurriendo en Gaza. Sin embargo, un reel es breve y se pierde rápido en las profundidades de internet. Cuando las grabaciones se integran en un relato audiovisual como La voz de Hind, se puede generar un impacto emocional de manera más certera.

La dramatización se entrelaza con lo real

Saber que estamos escuchando a la verdadera Hind pedir ayuda, en los últimos momentos de su vida, lo cambia todo. Esta decisión creativa hace que el espectador establezca un vínculo inmediato con la niña y con su historia. Se trata de la clave narrativa del relato y, para la directora de la película, la tunecina Kaouther Ben Hania, contarlo de otra manera no habría tenido sentido.

Así lo explica la propia cineasta: “Cuando escuché la grabación, lo primero que hice fue llamar a su madre. Estaba de luto, y lo primero que me dijo fue: ‘Quiero que se escuche la voz de mi hija’. Así que, para mí, era una obligación moral honrar su voz”.

La hibridación entre realidad y ficción se expande en algunos puntos concretos de la película, cuando también se escuchan las voces de los voluntarios reales, entrelazadas con las voces de los actores que les dan vida. En una de las últimas escenas, además, vemos sus rostros. Omar y Nisreen están siendo grabados con un teléfono móvil mientras hablan con Hind. En un momento dado, la lente de la cámara desenfoca a los actores, y en la pantalla del móvil aparecen los rostros de los verdaderos voluntarios. Esta decisión formal, en un momento de máxima tensión dramática, nos vuelve a recordar que esto es una historia real, incrementando aún más el impacto emocional de lo narrado.

Dos voluntarios hablan con una niña por unos cascos y un micro.
Omar y Rana hablando con la niña por teléfono.
La Zona

El eco de la voz de Hind

Hind Rajab Hamada era una niña de 5 años. En la escuela estaba en la clase de las mariposas. Le daba miedo la oscuridad y le encantaba ir a la playa de Gaza. De hecho, quería que pararan las bombas y los disparos para poder volver a jugar en la arena con su familia. Tanto al inicio como al final de la película podemos escuchar el sonido de esas olas del mar que tanto añoraba.

Cuando nos cuentan esta historia en forma de relato cinematográfico, con técnicas de narrativa audiovisual y utilizando la voz de la propia Hind, los espectadores podemos establecer una conexión emocional mucho más profunda con ella. Así, Hind deja de ser una mera cifra en las estadísticas, una niña más entre las decenas de miles de personas asesinadas en Gaza. Y, gracias al alcance que está teniendo la película, el eco de su voz continúa resonando por todo el mundo.

The Conversation

Isadora García Avis no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El eco de ‘La voz de Hind’: cuando el relato resuena más que los hechos – https://theconversation.com/el-eco-de-la-voz-de-hind-cuando-el-relato-resuena-mas-que-los-hechos-271151

La nueva guerra rusa se libra dentro de los modelos de IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Miembro del Grupo de Investigación Paz y Seguridad Internacional de la UCM (UCM-971010-GR96/20). Investigador del proyecto Radicalización política en entornos lúdicos digitales: producción, mediación y diseminación de ideologías extremistas -Rage Game- (PID2024-158794OB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades), Universidad Complutense de Madrid

La desinformación, como herramienta de influencia geopolítica, ha sido una constante histórica, pero su naturaleza y alcance han sido transformados radicalmente por la emergencia de la inteligencia artificial (IA) generativa.

La irrupción de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), como ChatGPT o Gemini, ha redefinido el campo de batalla informativo, desplazando el foco de la manipulación de las audiencias humanas a la contaminación de los propios sistemas algorítmicos.

Inundación de contenido pro-Kremlin

Este texto aborda esta mutación a través del análisis del fenómeno conocido como LLM grooming, una estrategia de influencia atribuida a actores estatales, notablemente la Federación Rusa, que busca infiltrar narrativas sesgadas directamente en los conjuntos de datos de entrenamiento de la IA.

Esta maniobra consiste en la inundación deliberada de la web con volúmenes masivos de contenido de baja calidad o narrativas manipuladas, diseñados específicamente para ser capturados por los rastreadores (crawlers) de los modelos de IA.

El objetivo primordial es que estos textos, que replican la visión pro-Kremlin, se integren en los conjuntos de datos de entrenamiento de los LLM o en las fuentes de información en tiempo real que estos modelos utilizan para generar respuestas.

El mecanismo de LLM grooming busca alterar la base cognitiva de los sistemas automatizados. Cuando un usuario interactúa con un LLM para obtener información sobre temas sensibles –como la guerra en Ucrania, la expansión de la OTAN o procesos electorales occidentales–, el modelo ofrece respuestas que ya incorporan sutilmente las narrativas diseñadas por Moscú.

Este proceso no solo busca influir en la opinión pública humana, sino que sesga el resultado generado por los sistemas de IA, convirtiéndolos en vectores involuntarios de propaganda.

La efectividad de esta táctica reside en la propia arquitectura de los LLM, que dependen de la abundancia y diversidad de datos para su funcionamiento, haciendo que la saturación intencionada de fuentes sesgadas sea un método de contaminación altamente escalable.

Portal Kombat en África

Un ejemplo paradigmático de esta estrategia es la operación Portal Kombat, documentada en febrero de 2024 por la agencia francesa VIGI-NUM/SGDSN.

Este informe reveló una red coordinada de al menos 193 portales web. La característica distintiva de esta red es que no produce contenido original, sino que se dedica a la replicación masiva y automatizada de publicaciones de medios rusos y figuras influyentes favorables al Kremlin. El propósito es claro: influir en países occidentales mediante la amplificación artificial de contenido.

La red Portal Kombat utiliza técnicas avanzadas de optimización para motores de búsqueda (SEO) y difusión multilingüe para asegurar que sus dominios sean indexados por motores de búsqueda, rastreadores y agregadores de noticias que, a su vez, son las fuentes primarias de los LLM.

Esta integración automática convierte a los modelos de IA en un vector de influencia invisible para la mayoría de los usuarios. Además, esta táctica se exporta a regiones geopolíticamente sensibles, como el continente africano, donde las campañas de Manipulación e Interferencia de Información Extranjera (FIMI) de Rusia encuentran ecosistemas informativos con menor resistencia institucional.

En estos contextos, la guerra informativa muta: el objetivo ya no es solo desbordar las redes sociales, sino infectar las infraestructuras algorítmicas que son percibidas erróneamente como neutrales.

Este patrón se extiende al ámbito electoral. Estudios recientes, como el del Center for International Governance Innovation (CIGI) sobre la injerencia rusa en las elecciones de EE. UU., indican un desplazamiento del foco: la manipulación se dirige a “contaminar” los LLM en lugar de centrarse exclusivamente en los electores humanos.

En la práctica, cuando un sistema de IA genera resúmenes, predicciones o análisis, la narrativa manipulada ya está integrada, permitiendo que los modelos actúen como generadores de propaganda sin que el usuario final detecte la fuente del sesgo.

¿Qué está en juego?

La amenaza del LLM grooming presenta una doble dimensión crítica. En primer lugar, el volumen de información: la necesidad insaciable de los LLM por datos de entrenamiento hace que la inyección de contenido prorruso desplace la base del modelo hacia un sesgo estructural.

En segundo lugar, la escalabilidad y automatización: al desplegar redes de replicación optimizadas para crawlers (un programa informático que navega por internet de forma automática, siguiendo enlaces para recopilar y analizar el contenido de las páginas web), Rusia reduce drásticamente los costos de producción de propaganda, multiplicando el alcance de su “fábrica de ruido” informativo y dirigiéndola al algoritmo, no al consumidor final.

Para las democracias y los medios de comunicación, esto plantea desafíos inéditos:

  • Fragmentación de la autoridad cognitiva: el debate sobre la verdad se desplaza de lo que el humano consume a lo que la IA ofrece como referencia. Si los sistemas generativos legitiman narrativas manipuladas, se erosiona la capacidad de la sociedad para señalar la propaganda.

  • Opacidad y trazabilidad de la influencia: rastrear la contaminación exige auditar las complejas y a menudo opacas cadenas de entrenamiento de los LLM, incluyendo rastreadores, agregadores de datos e indexación web.

  • Erosión ético y política y de la memoria social: la dependencia de “cajas negras” de IA que replican manipulación socava la confianza fundamental en la información digital y, al igual que en el concepto orwelliano de la manipulación de la memoria social, debilita la capacidad de resistencia política al fragmentar la realidad compartida.

Frente a esta realidad, las líneas de acción deben combinar estrategias clásicas (verificación, alfabetización mediática) con una adaptación regulatoria urgente.

En conclusión, la guerra informativa de Rusia no esperó a que la IA madurara para atacarla: la está moldeando desde su base de datos. La estrategia de LLM grooming abre un frente silencioso pero decisivo, donde el adversario busca contaminar el algoritmo que define lo que la sociedad percibe como verdad.

The Conversation

Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La nueva guerra rusa se libra dentro de los modelos de IA – https://theconversation.com/la-nueva-guerra-rusa-se-libra-dentro-de-los-modelos-de-ia-270554

No es ‘cafeteria’, sino cafetería: la importancia de las tildes en el paisaje urbano

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Inmaculada Sanz Mateos, Profesora Ayudante doctora, Universidad de Salamanca

Pocas veces nos paramos a leer con detenimiento los carteles o letreros de un comercio o de un edificio público. Estamos tan acostumbrados a la información escrita que nos rodea, y a menudo nos satura, que hemos aprendido a “desconectar”. Como señala el filósofo Byung-Chul Han en su libro En el enjambre, “El exceso de información atrofia el pensamiento, la capacidad de distinguir lo esencial de lo no esencial”.

Si vemos el nombre de una calle, no pensamos en por qué se llamará así; si vemos una pintada o un grafiti solo pensamos en el acto vandálico, pero no en el mensaje poético o social; si entendemos una señal de tráfico, no nos preguntamos si será igual en todas partes; o si vemos el póster de un concierto, una procesión, una obra de teatro o una exposición, no solemos tener tiempo para pensar en cómo está escrito para persuadirnos.

El paisaje lingüístico

Todos los mensajes escritos que nos rodean forman ese paisaje lingüístico que hay en todos los espacios públicos de una ciudad o de un pueblo. Y nos está contando algo: con él recogemos, aunque a menudo de manera inconsciente, no solo el pulso social y cultural de una ciudad, sino su evolución temporal.

Por ejemplo: la elección en el nombre de los establecimientos (bares, tiendas de moda, de accesorios, talleres, etc.) puede centrarse en juegos semánticos o fonéticos: “Arte Un Tatoo”; en el uso de caracteres alfanuméricos: “A2Caras” (una copistería), para que el transeúnte interprete rápidamente el significado; y, en algunas ocasiones, el chiste o el guiño: “8 apellidos castellanos” (un bar) o “La última”, si eso fuera posible en un bar.

De Casa Paco a Paco’s

En los 70 y en los 80 la moda llegó con el uso (y abuso) del inglés o el francés para rotular los comercios. Todas las tiendas de moda eran boutiques y, por supuesto, eran muy chic; de ahí que, con la proliferación los pubs gracias al turismo, “Casa Paco” se convirtiera en “Paco’s”.

En la actualidad, el inglés prolifera en los nombres de empresas y marcas y en la publicidad, por la omnipresencia de este idioma en el ámbito cultural, político y económico. Aún así, el idioma materno suele generar confianza y cercanía. Así encontraremos “La antigua Botica” para un alojamiento en un pueblo frente al “apellido” Park o Beach en un hotel de costa.

En los últimos años se han ampliado mucho las investigaciones sobre este y otros comportamientos lingüísticos dado su impacto sociocultural. Es reflejo en vivo de la sociedad multicultural y multilingüe actual.




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El uso correcto de la lengua

Hay un aspecto del paisaje lingüístico menos descriptivo y más prescriptivo que también es importante: el papel que tienen los letreros y mensajes escritos que nos rodean como elemento didáctico para el ciudadano.

La información pública, tanto en lo que se refiere a mensajes públicos oficiales (en el transporte público, en los edificios institucionales…) como a letreros y carteles de negocios privados, debe cuidarse por higiene cultural y lingüística.

Leer, por ejemplo, “cafeteria” o “peluqueria” en lugar de “cafetería” o “peluquería” puede afectar a cómo acabamos pensando que se escriben estas palabras. El paisaje lingüístico debería ayudarnos a dejar fijada en nuestras retinas la manera correcta de escribir.

Letrero de una gestoría.
Inmaculada Sanz Mateos.

Errores ¿sin importancia?

Si iniciamos nuestro paseo y nos fijamos con atención en todo lo escrito, podremos darnos cuenta de cuántas faltas de ortografía se cometen en las rotulaciones de calles y establecimientos, así como en la información, institucional o privada, al usuario o cliente.

En muchas ciudades se cuida el mobiliario urbano, la estética de los edificios e, incluso, existe una normativa en el diseño de los rótulos y de las señales. Entonces, ¿por qué hay nombres de calles o señales mal escritos en las carreteras?

¿El descubridor de América o una parte de nuestro aparato digestivo?
Inmaculada Sanz Mateos.

¿Cómo saber si una calle rotulada como “Colon” está dedicada al conocido almirante o a una parte de nuestra anatomía?

Más allá de lo curiosos o graciosos que pueden resultar ciertos errores, existe el riesgo de crear confusión real, y no deberían ser ciudadanos comprometidos con la ortografía los que tuvieran que subsanarlos.

Una calle de Valladolid, en algunas zonas corregida espontáneamente por un vecino.
Inmaculada Sanz Mateos.

¿Y qué ocurre cuando es la inteligencia artificial de los sistemas de navegación la que decide nombres y ortografías? Durante mucho tiempo, el “Paseo de Isabel la Católica” de Valladolid fue para Google Maps el “Paseo de la Isabel la Catolica” (pronunciado catolíca, puesto que la rotulación de la calle no lleva tilde). Hoy, aunque el audio del navegador se ha corregido, la placa de la calle y el mapa siguen sin tilde.

Un cartel sin ninguna tilde.
Inmaculada Sanz Mateos.

Ahora que nos apoyamos tanto en la inteligencia artificial tendríamos que pensar que ella también aprende ortografía del contenido escrito, por lo que puede cometer las mismas faltas que ya existen en internet.

Con o sin máquinas, las instituciones públicas y privadas deberían cuidar no solo el qué se dice sino el cómo se escribe. Habría que contar con un control normativo más exhaustivo, igual que ocurre con el color o el tamaño de otros elementos urbanísticos. ¿No tendría la ortografía que ser igual de importante?

The Conversation

Inmaculada Sanz Mateos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No es ‘cafeteria’, sino cafetería: la importancia de las tildes en el paisaje urbano – https://theconversation.com/no-es-cafeteria-sino-cafeteria-la-importancia-de-las-tildes-en-el-paisaje-urbano-267699

Cuidar al que enseña: la naturaleza como medicina contra el estrés docente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabela García Senent, Pedagoga, Profesora y Coordinadora de Innovación Pedagógica. Facultad de Educación UCJC, Universidad Camilo José Cela

Tatiana Beschastnova/Shutterstock

En las aulas españolas, cada vez más profesores llegan al final del trimestre con un desgaste que va mucho más allá del cansancio normal. Ansiedad, estrés, insomnio, sensación de agotamiento extremo… son síntomas frecuentes entre quienes dedican su vida a educar. Los datos lo confirman: el 63 % de los docentes en comunidades como Murcia sufren problemas de ansiedad, y en otras regiones como Madrid o Castilla-La Mancha la cifra alcanza el 80 %.

Un estudio piloto realizado en España mediante smartwatch muestra que el 84,4 % de los profesores manifestaron sentir estrés, y el 30,6 % lo considera “muy alto”. Otros informes recientes indican que dos de cada cinco docentes presentan síntomas compatibles con el síndrome de estar quemado, la ansiedad o la depresión.

A ello se suman las bajas laborales por depresión o sentirse quemado, que en los últimos años no han dejado de crecer. En otros países existen datos similares. Por ejemplo, en Australia el 90 % de los profesores reportan niveles de estrés entre moderado y extremadamente severo; y más de dos tercios muestran síntomas moderados o severos de depresión y ansiedad.

¿Por qué se queman los docentes?

La raíz de este malestar está en la burocracia excesiva, las clases con demasiados estudiantes por docente, la falta de recursos y, en muchos casos, la sensación de estar siempre “corriendo detrás” de demandas tecnológicas y sociales que cambian a un ritmo imposible de seguir.

En un mundo hiperconectado, donde la vida cotidiana ya acumula estrés por el uso constante de pantallas y redes sociales, la escuela se convierte en otro foco de tensión para el adulto que enseña.

Diversos estudios muestran que la tecnología puede contribuir significativamente al estrés y agotamiento docente, al aumentar las demandas laborales, como la preparación de clases digitales, la gestión de plataformas educativas o la disponibilidad fuera del horario laboral. Su impacto varía según el contexto y puede mitigarse cuando existe apoyo institucional, formación adecuada y recursos suficientes.

Volver a lo básico: tierra, plantas, aire libre

En este contexto, mirar hacia la naturaleza puede parecer una respuesta demasiado sencilla. Y sin embargo, los huertos y jardines han demostrado un poder terapéutico que la ciencia respalda desde hace décadas. En hospitales, centros de salud mental y programas de desintoxicación, la horticultura y la jardinería se usan como herramientas para reducir la ansiedad, mejorar el ánimo y favorecer la recuperación de pacientes).

Si la naturaleza ayuda a quienes atraviesan enfermedades o procesos de rehabilitación, ¿por qué no ofrecerla también a los docentes, cuya salud mental se resiente en silencio dentro de las aulas?




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Huertos escolares

Los huertos escolares ya han mostrado beneficios para los estudiantes: mejoran la alimentación, fomentan la concentración y fortalecen la relación con el entorno.

Pero hay un aspecto menos explorado: cuando el profesorado participa de manera activa en estos espacios, también obtiene un respiro. Cuidar plantas, ensuciarse las manos de tierra, respirar aire fresco o, simplemente, tener un espacio verde dentro del colegio son gestos sencillos que actúan como contrapeso al ritmo acelerado del día a día.

Del claustro a la tierra: propuestas concretas

Integrar la naturaleza en la vida docente no significa añadir más carga de trabajo, sino diseñar espacios y tiempos que humanicen la rutina. Algunas ideas que ya se aplican en escuelas pioneras:

  • Formación con raíces verdes: talleres de horticultura, jardinería urbana o ecoterapia, pensados no solo para aprender nuevas metodologías, sino para que los docentes se beneficien personalmente del contacto con la naturaleza.

  • Paseos terapéuticos: reuniones de claustro o sesiones de desarrollo profesional que se trasladan a paseos al aire libre, fomentando la reflexión y reduciendo la tensión.

  • Espacios reservados para el profesorado: huertos o terrazas verdes que no sean sólo para el alumnado, sino lugares de descanso y desconexión para los adultos. En algunos colegios de Estados Unidos y Australia, por ejemplo, se está reemplazando el pavimento por plantas nativas, además de instalar jardines de polinizadores y árboles resistentes al clima. Estos espacios no solo benefician a los estudiantes, sino que también proporcionan a los docentes áreas sombreadas para relajarse y celebrar reuniones informales, contribuyendo a su bienestar.

  • Proyectos comunitarios: abrir los huertos escolares a familias y vecinos, de modo que los docentes no se sientan solos en la carga, sino acompañados por una red de colaboración.




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Humanizar la escuela

Hablar de jardines y huertos no es hablar de moda, sino de salud pública y de educación sostenible. En un momento en el que cada vez más docentes solicitan la baja por ansiedad o depresión, cualquier inversión en su bienestar tiene un retorno inmediato en la calidad del aprendizaje de los estudiantes.

Cuidar a quien enseña es cuidar a toda la comunidad educativa. Y la medicina más accesible que tenemos a mano es también la más olvidada: volver a lo básico, a la tierra, a lo verde, al aire libre. Humanizar las escuelas significa reconocer que el bienestar del profesorado no es un lujo, sino la condición mínima para que pueda sostener el de sus alumnos.

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Isabela García Senent no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Recio Menéndez, PROFESOR TITULAR UNIVERSIDAD DEL DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y EMPRESA, Universidad de Almería

PRIYA2025/Shutterstock

En las cafeterías y en los parlamentos, el debate sobre la sanidad suele simplificarse en una dicotomía casi futbolística: si la gestión privada es sinónimo de eficiencia y agilidad, la sanidad pública garantiza la equidad pero se ahoga en burocracia.

Sin embargo, cuando analizamos la economía de la salud con el bisturí de los datos, descubrimos que esa premisa de “lo privado gestiona mejor los recursos” vemos que no estamos ante una ley universal. La realidad es mucho más matizada: la titularidad del hospital importa menos que las reglas del juego, los incentivos y, sobre todo, el tipo de paciente que se atiende.

¿Qué dice la evidencia científica internacional y la experiencia reciente en España sobre quién lo hace mejor?

El mito de la eficiencia económica pura

El argumento principal a favor de la gestión privada (especialmente en el modelo de concesión administrativa o modelo Alzira) es el ahorro. Y es cierto: diversos informes de la Sindicatura de Comptes han mostrado en el pasado que el coste per cápita en hospitales de gestión privada puede ser inferior al de los centros de gestión directa, cifrando ahorros de entre el 20 y el 25 %.

No obstante, en economía sanitaria, comparar costes sin ajustar por riesgo es hacerse trampas al solitario. Aquí entra en juego el concepto de selección de riesgos (o cream skimming, por su acepción en inglés), es decir, quedarse_ con los pacientes con menor riesgo o menos costosos de tratar, mientras se evitan los pacientes de alto coste o con enfermedades crónicas.

La sanidad privada tiende a ser muy eficiente en procesos estandarizables y de riesgo moderado (partos, operaciones de cataratas, prótesis de cadera). Pero la sanidad pública asume el grueso de la “no rentabilidad”: pacientes crónicos pluripatológicos, ancianos con largas estancias y urgencias de alta complejidad.

Estudios sobre la derivación de pacientes y selección de riesgos sugieren que si un hospital privado deriva los casos más costosos a la red pública, sus balances parecerán más eficientes artificialmente. Sobre todo si, como ocurre en España, no tiene que pagar por ello. La eficiencia técnica real solo se puede comparar cuando ambos modelos tratan exactamente a los mismos pacientes.

¿El ánimo de lucro afecta a la calidad asistencial?

La pregunta incómoda es: ¿se traduce el ahorro de costes en peores resultados de salud?

La evidencia académica más reciente ha endurecido sus conclusiones. En febrero de 2024, una revisión sistemática publicada en The Lancet Public Health por investigadores de la Universidad de Oxford analizó décadas de estudios internacionales sobre externalización sanitaria. Su conclusión fue contundente: la conversión de hospitales públicos a gestión privada no generó los ahorros prometidos y, en la mayoría de los casos analizados, se asoció con una peor calidad asistencial.

Los autores del estudio señalan que el afán de lucro genera incentivos para reducir personal o limitar servicios poco rentables. Eso explicaría por qué la privatización a menudo se correlaciona con peores resultados de salud que en la gestión pública directa.

La hipótesis económica detrás de estos datos es la asimetría de información. El paciente no sabe exactamente qué necesita pero el médico/gestor sí. En un entorno de gestión privada enfocado al beneficio, existe el incentivo perverso de recortar en aquellas cosas que el paciente no ve (ratio de enfermería por cama, cualificación del personal de guardia) pero que son determinantes para la supervivencia en situaciones críticas.

En España, la calidad de la red privada es indudable en términos de confort y tecnología diagnóstica, pero la red pública sigue ostentando la superioridad técnica en alta complejidad y formación de especialistas (MIR), aglutinando el 97 % de las plazas de formación médica.

La lección española: del auge a la reversión

España ha sido un laboratorio europeo de la colaboración público-privada. El “Modelo Alzira” (hospitales públicos de gestión privada) prometió traer lo mejor de los dos mundos.

Durante años, este modelo logró reducir listas de espera. Sin embargo, la Generalitat Valenciana revirtió estas concesiones (Alzira en 2018, Torrevieja en 2021) volviendo a la gestión directa. ¿Por qué?

Más allá de la ideología política, surgieron problemas de gestión económica estructural reflejados en auditorías públicas:

  1. Falta de transparencia: La dificultad para auditar realmente los costes y la facturación cruzada entre la concesionaria y la administración (la llamada “liquidación”).

  2. Rigidez contractual: La sanidad cambia rápido. Un contrato a 15 años difícilmente prevé una pandemia o una revolución tecnológica, lo que obligaba a renegociaciones constantes.

La lección económica es que externalizar no exime a la administración de controlar. Y controlar una concesión sanitaria es tan costoso y complejo que, a veces, elimina el ahorro que se pretendía conseguir.

¿Qué preferimos: hotelería o seguridad?

Para el ciudadano, la percepción de calidad varía según su necesidad.

La gestión privada ha demostrado ser superior en logística y hotelería hospitalaria: habitaciones individuales, menores tiempos de espera y agilidad administrativa, según reflejan los datos comparativos de satisfacción de 2024. Si usted necesita una operación de menisco, la privada probablemente le ofrezca una experiencia de usuario superior en términos de rapidez.

Sin embargo, la gestión pública es imbatible en equidad y seguridad ante catástrofes. La eficiencia de lo público no se mide en el dividendo, sino en la capacidad de mantener una red de seguridad que cubra el 100 % de las eventualidades. Informes de la Sociedad Española de Salud Pública (SESPAS) recuerdan recurrentemente que la equidad es el mayor activo del Sistema Nacional de Salud.

Eficiencia no es gastar menos sino tener más salud

El debate “Sanidad pública vs. Sanidad privada” es, en muchos sentidos, un falso dilema. La titularidad pública con herramientas de gestión empresarial (profesionalización de gerentes, incentivos por productividad) sería el modelo más robusto. Los sistemas sanitarios más exitosos no son los que eligen uno u otro, sino los que integran ambos con reglas claras.

La gestión privada tiene un rol fundamental como complemento para aliviar la presión asistencial en la sanidad pública. Pero, para abordar situaciones sanitarias de alta complejidad y garantizar la equidad, se sigue necesitando el músculo y la lógica del servicio público.

La eficiencia no es solo gastar menos. Eficiencia es obtener la mayor cantidad de salud posible con los recursos disponibles. Y en esa métrica, cuando la enfermedad se pone seria, el modelo público sigue siendo el refugio más seguro

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Manuel Recio Menéndez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es realmente más eficiente la gestión privada de los hospitales? Lo que dicen los datos – https://theconversation.com/es-realmente-mas-eficiente-la-gestion-privada-de-los-hospitales-lo-que-dicen-los-datos-271651

Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mihaela Enache Zegheru, Profesora, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Imagine a dos profesionales que atraviesan una misma situación laboral complicada: hay reorganizaciones internas, presión por cumplir objetivos y un clima de incertidumbre. Mientras uno se desmotiva y acaba agotado, el otro consigue mantener la calma y aprovechar la experiencia como aprendizaje. ¿Qué marca la diferencia? La psicología tiene una respuesta: la personalidad resistente (cognitive hardiness), un recurso que permite transformar la presión en oportunidades de crecimiento.

La psicóloga Suzanne Kobasa acuñó este concepto a finales de los años setenta tras estudiar a directivos sometidos a altos niveles de estrés. Observó que algunos, pese a estar expuestos a las mismas dificultades que sus colegas, presentaban menos problemas de salud. La clave no estaba en la ausencia de obstáculos, sino en la forma de interpretarlos.

Junto con el profesor e investigador Salvatore Maddi, Kobasa definió un modelo basado en tres dimensiones:

  1. El compromiso, que supone implicarse activamente en la vida personal y profesional y encontrar un propósito vital.

  2. El control, entendido como la convicción de que nuestras acciones influyen en los resultados y reducen la sensación de indefensión.

  3. El reto, que se refiere a la disposición a ver los cambios como oportunidades de aprendizaje en lugar de amenazas.

El estilo resistente no elimina el estrés pero cambia su impacto: lo convierte en motor de crecimiento personal y profesional.

Un protector frente al estrés crónico

Numerosas investigaciones han mostrado que la personalidad resistente actúa como un factor protector frente al estrés crónico. Quienes la desarrollan recurren con más frecuencia a estrategias activas, como resolver problemas o buscar apoyo social, en lugar de evadir la situación. Esto se traduce en una mayor capacidad de adaptación a reorganizaciones, en la posibilidad de mantener el rendimiento en entornos inciertos y en una menor probabilidad de sufrir ansiedad, depresión o burnout.

Un estudio con bomberos españoles demostró que aquellos con mayor nivel de personalidad resistente presentaban menos riesgo de agotamiento profesional, a pesar de trabajar en las mismas condiciones extremas que sus compañeros.




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Beneficios no solo en la salud individual

En el ámbito organizacional, los trabajadores con personalidad resistente suelen mostrar mayor perseverancia y capacidad para resolver tareas complejas, lo que favorece el rendimiento global. En los líderes, esta disposición se traduce en la transmisión de confianza y en la capacidad de guiar a los equipos con serenidad frente a la incertidumbre. Cuando las empresas fomentan actitudes de compromiso, control y percepción del cambio como reto, generan climas laborales más resilientes, caracterizados por la cooperación y la orientación a soluciones.

La relevancia de la personalidad resistente en el ámbito laboral es tal que el interés académico por el tema ha seguido creciendo y se proyecta como una línea de estudio clave en los próximos años. Algunos ejemplos actuales:

  • La transformación digital suele generar ansiedad en los equipos debido a la rapidez con la que se incorporan nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando este proceso se interpreta como una oportunidad de aprendizaje, la adaptación se acelera y los resultados son más positivos.

  • En los equipos globales y virtuales, cada vez más frecuentes, la personalidad resistente facilita la cohesión y ayuda a gestionar malentendidos derivados de la comunicación a distancia o de las diferencias culturales.

  • En el mundo del emprendimiento, quienes trabajan en contextos de incertidumbre y riesgo constante dependen de esta resistencia para mantener la motivación y transformar los fracasos en aprendizajes valiosos.




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Entrenar la resistencia

Una buena noticia es que, a diferencia de otros rasgos más estables de la personalidad, la resistencia psicológica puede entrenarse. Existen programas de formación e intervenciones psicoeducativas que han demostrado su eficacia.

Entre las estrategias más habituales se encuentran el entrenamiento en resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión, el diseño de programas que conectan metas personales con objetivos organizacionales, la promoción de la autonomía para reforzar la percepción de control y la construcción de una cultura de aprendizaje continuo. Muchas empresas han incorporado prácticas de mindfulness, programas de mentoring y talleres de gestión del cambio que fortalecen la confianza y el compromiso en entornos laborales exigentes.




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Y en el futuro, ¿qué?

El futuro del trabajo seguirá marcado por transformaciones rápidas e impredecibles. La pandemia, la digitalización y la globalización de los equipos muestran que la incertidumbre no es una excepción.

En este contexto, la personalidad resistente se convierte en un recurso imprescindible tanto para los propios individuos como para sus organizaciones. Invertir en su desarrollo no solo protege la salud mental de los trabajadores, sino que también impulsa la innovación, la productividad y la sostenibilidad empresarial.

La evidencia científica demuestra que esta capacidad puede entrenarse y potenciarse. Hacerlo será, sin duda, una de las claves para afrontar con éxito los desafíos del mundo laboral en los próximos años.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal – https://theconversation.com/personalidad-resistente-como-hacer-del-estres-laboral-un-motor-de-crecimiento-personal-268309

El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Nájera López, Profesor de Radiología y Medicina Física en la Facultad de Medicina de Albacete. Coordinador de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación (UCLMdivulga), Universidad de Castilla-La Mancha

Calle de Barcelona. malgosia janicka/Shutterstock

Si alguna vez se ha parado a pensar en por qué sufrimos determinadas enfermedades, en particular aquellas relacionadas con la salud mental, seguramente se le hayan venido a la cabeza factores como la genética, las experiencias personales o el consumo de ciertas sustancias.

Pero ¿y si el lugar donde vivimos también jugara un papel clave? Nos referimos al barrio, a la calle, a la zona de la ciudad en la que desarrollamos nuestra vida y que, seguramente, está muy condicionada por factores socioeconómicos.

Una de las patologías mentales más impactantes son los primeros episodios psicóticos. Se trata de alucinaciones, delirios, conductas desorganizadas e, incluso, ideaciones suicidas asociadas a la angustia que suelen manifestarse entre el final de la adolescencia y los 30 años y afectan a todas las áreas de la vida. Por eso, su detección precoz implicaría contener las consecuencias sobre el futuro laboral, la formación y, en definitiva, el proyecto vital de la persona afectada.

Mapeando la salud mental de una ciudad

Un grupo de investigadores e investigadoras nos hicimos la siguiente pregunta: ¿podría la dirección de nuestra casa condicionar el hecho de sufrir, por ejemplo, un primer episodio psicótico? Para averiguarlo, analizamos 106 casos de pacientes que lo experimentaron entre 2016 y 2022 en la ciudad de Albacete. Todos los casos se recogieron a través de un programa especializado del Hospital Perpetuo Socorro de esta localidad.

Primero se ubicaron en el mapa y se compararon con 383 controles aleatorios. Tales controles permiten, entre otras cosas, determinar las zonas con una mayor densidad de población y filtrar ese efecto sobre el número de episodios psicóticos: de no hacerlo así, tendríamos más casos allá donde vive más gente y no podríamos determinar si el factor que queríamos estudiar era el culpable o no. Esta metodología permitió identificar zonas donde el riesgo real era significativamente más alto.

El análisis no solo se centró en la situación geográfica del domicilio del paciente, sino que se tuvieron en cuenta otros factores de riesgo individuales ya conocidos como el consumo de sustancias. Pero lo novedoso aquí fue el análisis de cómo factores socioeconómicos y geográficos pueden contribuir a la aparición de un primer episodio psicótico.

Desigualdades económicas y género

Los resultados revelaron que las áreas con menores ingresos registraban tasas significativamente más altas de incidencia de ese primer episodio. Así se pone de manifiesto que las desigualdades económicas, lejos de ser un factor aislado, ejercen una influencia importante en la vulnerabilidad a trastornos mentales graves, amplificando las brechas ya existentes en la salud mental.

Además, las mujeres de esas áreas se perfilaron como un grupo especialmente vulnerable, no solo por las adversidades económicas, sino también por enfrentarse a una intersección de factores que agravan su situación.

Este escenario evidencia la urgente necesidad de diseñar e implementar enfoques de intervención que sean profundamente sensibles al sexo, reconociendo las realidades diferenciadas que afronta la población femenina. Abordar dicha vulnerabilidad con estrategias específicas es clave para romper el círculo de desigualdad y garantizar una atención en salud mental más equitativa y efectiva, con especial atención a las zonas de la ciudad más desfavorecidas.

La precisión espacial como herramienta de salud pública

El uso de herramientas de estadística espacial permitió ajustar los datos por densidad poblacional, asegurando que los resultados reflejaran riesgos reales y no simples concentraciones de población. Esto hace posible dirigir recursos hacia las áreas más vulnerables con intervenciones específicas, como programas de detección temprana o mejora en el acceso a servicios de salud mental.

Por otra parte, integrar herramientas como la cartografía catastral en futuros estudios podría aportar un nivel de precisión sin precedentes al análisis espacial. La cartografía catastral, con su capacidad para proporcionar datos detallados sobre el uso del suelo, la densidad y características de las edificaciones, la distribución de recursos y las características demográficas, ofrece una base sólida para identificar con exactitud las áreas de mayor riesgo. Este enfoque representa un cambio de paradigma, aportando evidencias relevantes de la importancia de considerar el entorno como un elemento crucial en la salud mental.

Hacia un modelo inclusivo y sostenible

Nuestro estudio no solo representa un avance académico, sino que puede constituir una hoja de ruta para diseñar políticas públicas más equitativas y centradas en las necesidades reales de las comunidades. Al conectar los puntos entre salud mental, desigualdades económicas y planificación urbana, se resalta el papel fundamental del entorno en la prevención y tratamiento de trastornos psicóticos.

Porque, como demuestra este trabajo, el lugar donde vivimos importa, pero también importa quiénes somos y las desigualdades que afrontamos. Abordar esas disparidades estructurales no es solo una cuestión de justicia, sino una necesidad para construir un futuro más saludable, equitativo y sostenible.

Prevenir trastornos como el primer episodio psicótico no debe ser visto como una tarea individual, sino como un esfuerzo colectivo que coloque a las mujeres y a las comunidades más vulnerables en el centro de las estrategias de salud pública.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El peso de las desigualdades: así influye el lugar donde vivimos en la salud mental – https://theconversation.com/el-peso-de-las-desigualdades-asi-influye-el-lugar-donde-vivimos-en-la-salud-mental-271440