Salud 2025: somos lo que nos cuidamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Colado, Redactor jefe / Editor de Salud y Medicina, The Conversation

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A aquel célebre dicho atribuido al filósofo alemán Ludwig Feuerbach de que “somos lo que comemos” habría que añadir “somos lo que nos movemos” y, ampliando más el foco, “somos lo que nos cuidamos”. Hasta cierto punto, claro, porque gozar de buena salud no depende en exclusiva de nuestros hábitos y cautelas –factores como la predisposición genética o el mero azar también entran en el bombo–, pero la ciencia no deja de aportar ingredientes para que aumentemos las papeletas de vivir más años y más sanos.

Menús con fundamento (científico)

Ataquemos, sin más demora, el primer plato: la nutrición. Como nos recordaban Ana Belén Ropero y Marta Beltrá García-Calvo, de la Universidad Miguel Hernández, los resultados acumulados durante décadas de investigación no han hecho sino acrecentar el prestigio de nuestra querida dieta mediterránea, que además de disminuir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o diversos tipos de cáncer, es un antídoto contra la soledad. Y a pesar de todas las evidencias, nuestros menús actuales se parecen poco o nada a ese patrón alimentario, advierten las expertas, quienes hacían en su artículo una lista de los productos que suman puntos y de otros –como el jamón, el vino o el queso, tradicionalmente asociados a la gastronomía mediterránea– que más bien restan.

También hemos aprendido este año un concepto muy interesante: el de biodiversidad alimentaria. Es decir, que aparte de comer alimentos beneficiosos para la salud, importa que haya una considerable variedad de ellos en nuestros platos. Así lo ha demostrado un grupo de investigadores de la Universitat Rovira i Virgilli, que sometieron la dieta de 7 200 personas de entre 60 y 80 años al escutrinio de un indicador llamado Riqueza de Especies Dietéticas. Los resultados fueron sorprendentes: cada tipo de alimento adicional consumido regularmente reducía en un 9 % el riesgo de mortalidad. Salir del “sota, caballo y rey” culinario sale a cuenta.

Otro estudio que levantó cierto revuelo –no es para menos– fue el que sugería que comer torreznos podría ser saludable. O así lo anunciaron los medios de comunicación. Edwin Fernández Cruz, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), hizo una “cata” de los detalles del trabajo –realizado con monjas clarisas de Soria– y puso en cuarentena sus conclusiones: entre otros pormenores, la panceta de cerdo curada y posteriormente frita era consumida por las religiosas siempre con verdura, a lo que hay que añadir que la muestra de personas analizadas no podía extrapolarse a la totalidad de la población.

Lo que sí desafía en cierto modo el consenso científico es una investigación publicada a finales de este año que asociaba el consumo habitual de zumos de naranja a una mejora de la salud cardiaca a largo plazo. Hasta ahora, los expertos desaconsejaban categóricamente tomarlos por su aporte de azúcares libres, si bien conviene no olvidar que la fruta entera sigue siendo la mejor opción debido a su contenido en fibra.

Hora de moverse

La segunda herramienta que más tenemos a mano para encontrarnos bien y retrasar los estragos del paso del tiempo es la actividad física. Mikel Izquierdo, cátedrático y director del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra, se mostraba así de rotundo al resumir las conclusiones de un informe consensuado por expertos de 40 países: “los programas de ejercicio personalizado deben ser tan esenciales como un tratamiento farmacológico a todas las edades, pero especialmente en la atención de los adultos mayores”. De hecho, los expertos de The Conversation han glosado sus virtudes para recuperarse tras la anorexia, prevenir las enfermedades mentales en los adolescentes, despertar el sistema inmune contra el cáncer…

Y si eso aún no le convence, otra excelente razón para no quedarnos quietos es que la actividad física, además de mejorar la memoria, la atención y el estado de ánimo, favorece la creación de nuevas neuronas en nuestro cerebro (algo fundamental, por ejemplo, para borrar los malos recuerdos). Según revela un reciente estudio, este importantísimo proceso de renovación de células nerviosas se potencia mediante la liberación de unas partículas diminutas, llamadas vesículas extracelulares, que viajan por el torrente sanguíneo desde los músculos hasta el cerebro.

Es verdad que la vida moderna no lo pone fácil y que a veces cuesta encontrar tiempo –o fuerza de voluntad– para calzarse las zapatillas de running o sacar partido a la cuota del gimnasio. Beatriz Carpallo y Rita Galán, de la Universidad San Jorge, nos presentaban una alternativa asequible: aligerar la jornada realizando pequeñas “pausas activas” o “snacks de ejercicio” en casa o en la oficina. Por ejemplo, hacer 10 sentadillas o caminar durante tres minutos cada 45 minutos se ha revelado más eficaz que andar media hora seguida para mejorar el control del azúcar en sangre.

En definitiva, acostumbrarnos a practicar hábitos saludables puede marcar la diferencia, y no siempre en la dirección que imaginamos. ¿Sabía, por ejemplo, que dedicarle diez minutos diarios a cepillarnos bien los dientes reduce nuestras posibilidades de sufrir un ictus o alzhéimer? ¿O que la lectura nos cambia incluso la forma física del cerebro?

Y en estas fechas de intensas reuniones familiares y votos de concordia, no podemos subestimar el poder del perdón (a nosotros mismos y a los demás). Klara Gabriela Gallo y Clara Molinero, psicólogas de la Universidad Francisco de Vitoria, nos desvelaban que se trata de una actitud profundamente terapéutica: “cuando perdonamos, nuestro cuerpo responde, la presión arterial desciende, la frecuencia cardíaca se estabiliza y los niveles de estrés se reducen. Dormimos mejor, respiramos con más calma y nuestro sistema inmune se fortalece”. Otro buen hábito para apuntar en la lista de propósitos del año nuevo.

The Conversation

– ref. Salud 2025: somos lo que nos cuidamos – https://theconversation.com/salud-2025-somos-lo-que-nos-cuidamos-272506

Educación 2025: de las necesidades a las soluciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

¿Sabía que entre un 7 y un 10 % de los escolares en una clase cualquiera puede tener un trastorno de desarrollo de lenguaje que no tiene nada que ver con la dislexia? ¿Que lo que nos hace engancharnos a un videojuego no es lo mismo que lo que nos hace engancharnos a una sustancia, como el alcohol? ¿Que las personas con TDAH o altas capacidades pueden llegar a concentrarse tanto en algo que les impide controlar su atención? ¿O que el TDAH y el TOC pueden ocurrir a la vez?

¿Y si le digo que para aprender la pronunciación de un idioma es mejor no ver cómo se escriben las palabras? ¿Que existe el pensamiento computacional “desenchufado”? ¿Que durante la adolescencia las chicas lo pasan peor que los chicos? ¿O que la confianza es fundamental para ser bueno en matemáticas?

¿Ha oído hablar de la “vigilancia de la masculinidad”? ¿Sabe que puede llegar a influir en nuestros gustos literarios? ¿Le sorprende saber que la ratio docente/alumno es menos importante que el tamaño de los grupos, sobre todo cuando aprendemos a hablar? ¿O que crecer sin normas ni dificultades puede llegar a ser igual de malo que hacerlo bajo la disciplina férrea?

La lista sigue y sigue: intentar resumir en un artículo todo lo que nos han enseñado los más de 400 autores y autoras que han publicado este año es todo un desafío. Allá vamos.

‘Neurodiversidad’ no es una palabra mágica

No hay dos cerebros iguales, pero algunos son más distintos que otros. La palabra “neurodiversidad” nació con la intención de dar poder y autonomía a aquellos cuya diferencia, sin ser mejor ni peor, ni menos ni más normal que la del resto, hace más difícil el aprendizaje o la socialización en clase. Desde la psicología clínica nos recuerdan: los diagnósticos específicos son necesarios para poder atender a cada perfil como merece. En otras palabras: considerarse “neurodiverso” no basta para entender bien qué sucede en ese cerebro y cómo se le puede enseñar mejor.

Que todos los niños tengan derecho a una educación pública de calidad y sin sentirse marginados o señalados es el objetivo. No se está cumpliendo. Faltan recursos, formación, y en ocasiones, pensar que para incluir es suficiente con que estén en el mismo aula les hace sentirse peor, más incomprendidos y más frustrados.

La neuroeducación y las emociones

La neuroeducación, que se ocupa de la neurociencia aplicada al aprendizaje y el bienestar en la infancia y la adolescencia, abre caminos muy prometedores para mejoras estructurales. En este área, cuanto más sabemos, cuánto más se descubre y avanza, más conscientes somos de lo mucho que podemos mejorar.

Por ejemplo: un experto en salud y bienestar escolar como Daniel Gabaldón, de la Universitat de València, escribe un excelente artículo sobre por qué retrasar la hora de entrada en el instituto puede ser una gran idea. Ya nos ha abierto un camino: ahora buscamos a los investigadores que nos puedan explicar cómo sería posible aplicar este cambio de horario y conciliarlo con la jornada laboral de docentes y administrativos. También merece la pena pararse a pensar si el calendario escolar es el ideal para afianzar conocimientos: entender por qué surge el olvido académico y cómo se pueden limitar sus efectos.

Otros temas que sobre los que hemos publicado en este ámbito abarcan desde cómo hacer el aprendizaje musical más creativo hasta la importancia de entender la frustración como algo necesario para aprender, pasando por explicaciones sobre el papel de la sorpresa en la motivación para aprender o el papel que pueden tener los juegos en el desarrollo temprano del control inhibitorio, ese que nos permite elegir de manera deliberada en qué centrar nuestra atención.

¿Ser el tipo de padres que nos gustaría?

La neuroeducación y la psicología moderna nos abren grandes líneas de investigación en el ámbito de la crianza y la convivencia en casa. Por ejemplo, nos ayuda a entender cómo desarrollamos el apego; el papel que la autorregulación emocional tiene en nuestra capacidad de madurar como personas; de qué manera las dificultades nos ayudan a sentirnos capaces y autónomos; y cómo, cuando protegemos en exceso, podemos estar haciendo una faena a nuestros hijos. Los expertos nos animan: aunque no todo está en nuestra mano, sí podemos romper esquemas heredados y educar a los hijos de una manera más acorde con nuestros ideales.

En particular, para esa etapa de la vida tan fascinante que se llama adolescencia, cada vez tenemos más instrumentos y más datos que nos ayudan a acompañar mejor.

Docentes felices, docentes competentes

En la sección de Educación tenemos un compromiso especial con los docentes, de todas las etapas y de todas las materias. Queremos ser útiles a aquellos que en primer línea dedican su energía y entusiasmo a formar a las nueva generaciones.

Gracias a los avances que nos han contado investigadores e investigadoras en todos los ámbitos imaginables, hemos publicado indagado en las nuevas metodologías para enseñar matemáticas y a leer, así como para impartir ortografía o historia.

Desde temas que afectan a todo el sistema educativo, como la necesidad de mejorar la orientación académica o las nuevas necesidades de la enseñanza universitaria, a temas muy concretos como trucos para aplicar el pensamiento crítico, introducir tablas de ejercicios breves para mejorar el estado físico (y mental) de los estudiantes o entender el papel fundamental del movimiento en los primeros años de vida.

Somos conscientes sobre todo de las exigencias crecientes de esta profesión y de lo importante que es el bienestar mental y psicológico de los docentes, por eso hemos publicado artículos sobre cómo crear redes de apoyo, cómo mejorar su desempeño diario o cómo liberarlos de tareas administrativas que se comen el día a día y terminan quemando.

Lo cierto es que la realidad de escuelas e institutos apunta a necesidades nuevas como el manejo de las emociones, la educación sexual, los procesos metacognitivos o la importancia de relacionar unas asignaturas con otras. Y, muy especialmente, esa alfabetización no solo digital, sino mediática e informacional que ayudará a los futuros ciudadanos de este mundo tan tecnologizado e hiperconectado a mantener su criterio y su salud mental, y a liberarse lo más posible de los algoritmos y mandatos externos que condicionan nuestras vidas. Esto hay que enseñarlo en casa y en la escuela.

En nuestra campaña de Bienestar Digital y Menores hemos trabajado intensamente con expertos desde los campos de la psiquiatría, la pediatría, la psicología, la educación, la tecnología y el derecho no solo para publicar artículos, sino para abrir espacios físicos de diálogo y conocimiento compartido, donde los jóvenes han escuchado a los expertos, pero también, y sobre todo, los expertos han podido escuchar a los jóvenes.

Hola, IA: no me sustituyas, ayúdame

Preguntar a ChatGPT el resumen de la lectura obligatoria de lengua, pedirle que nos reescriba un trabajo de fin de grado, incluso consultarle problemas personales con los amigos y compartir sentimientos y preocupaciones con una máquina. Forma parte del día a día de cualquier estudiante. Las nuevas generaciones son siempre más rápidas que sus responsables adultos. Docentes y familias observan cómo esta herramienta tecnológica ha ido avanzando posiciones, y cómo los más jóvenes se acercan a ella con total naturalidad.

Los expertos investigan cómo son estos usos, qué consecuencias están teniendo, si se pueden regular y de qué manera y, sobre todo, cómo, una vez más, la tecnología nos obliga a modificar mensajes y metodologías en las aulas para transmitir una idea básica a escolares y universitarios. Está muy bien si aprendemos a usarla de apoyo, si nos ayuda a aprender más o mejor; pero si sustituye nuestro esfuerzo intelectual las consecuencias pueden ser nefastas. ¿Está llegando el mensaje?

The Conversation

– ref. Educación 2025: de las necesidades a las soluciones – https://theconversation.com/educacion-2025-de-las-necesidades-a-las-soluciones-272466

Economía 2025: Trump, apagón, IA, labubu, innovación y emprendimiento, las palabras del año

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elba Astorga, Editora de Economía, The Conversation

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La Fundéu acaba de elegir la palabra del año en español: aranceles. Que, casualmente, es también la palabra favorita del presidente estadounidense Donald Trump. ¡Y tanto! De hecho, ha sido él quien la ha puesto en el debate luego de décadas de libre comercio.

Nosotros, para nuestro resumen anual de contenidos económicos de alcance global quizás prefiramos partir, más que de una palabra, de un nombre: el del citado Trump, el 47.º presidente de los Estados Unidos que, durante el primer año de su segundo mandato, ha alterado el orden económico mundial con la imposición de aranceles universales.

Cuando Trump fue reelegido presidente, en noviembre de 2024, ya flotaba en el aire el tema de los aranceles. Se sabía que los utilizaría para atacar a China y México, su vecino del sur y compañero comercial junto a Canadá en el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), esperaba más gravámenes, controles e intervencionismo.

El 2 de abril se celebró en los jardines de la Casa Blanca el “Día de la Liberación”: Trump presentó los aranceles a aplicar a “todos los socios desleales” que, en sus palabras, durante décadas causaron el gigantesco déficit comercial estadounidense y “robaron un sinfín de puestos de trabajo americanos”.

Con esta medida, el presidente estadounidense ponía fin a la política de libre comercio que desde finales de la Segunda Guerra Mundial había sido bandera del liderazgo estadounidense.

Un repaso histórico de los efectos del proteccionismo y la imposición de aranceles muestra que su aplicación provoca un incremento en los precios para los consumidores, la destrucción de empleo y la reducción del crecimiento económico global por la caída del comercio internacional.

Apagón ibérico: el evento económico del año en España

El lunes 28 de abril cerca de las 12.30 se produjo un apagón generalizado en el territorio español. Esta caída energética mantuvo en vilo a ciudadanos e instituciones e hizo que nos interesáramos en el diseño del sistema eléctrico del país.

Inician la cadena las empresas generadoras de energía, de allí pasan a las transportistas, que las llevan a través de redes de alta tensión a las distribuidoras, que la transmiten desde las subestaciones eléctricas hasta el punto de consumo, y, finalmente, participan las empresas comercializadoras, que venden y facturan al consumidor final la electricidad comprada en el mercado mayorista.

En este mercado confluye la electricidad generada a partir de distintas fuentes de energía y con distintas tecnologías y costes de producción: nuclear, renovables, combustibles fósiles.

De este evento se aprendió la lección de que mantener el equilibrio en todas las fases del sistema eléctrico es un asunto complejo y delicado, y que la digitalización y tecnologización de la sociedad no para de generar una mayor demanda de energía y obliga a garantizar la seguridad del suministro eléctrico.

Esta necesidad puede vuelve a poner sobre la mesa el uso de la energía nuclear, que es estable y continua. Aunque también, no lo olvidemos, implica riesgos de contaminación de largo plazo.

Sociedad tecnológica: IA, chips y burbujas

A principios de 2025 China ganó a EE. UU. una importante batalla en su particular guerra tecnológica: sin el acceso a los chips de Nvidia, la empresa china DeepSeek fue capaz de desarrollar una IA veloz y potente con menos recursos que sus competidores.

Más allá de la euforia tecnológica, vale recordar que las grandes disrupciones tienen dos grandes fases: instalación y despliegue. La primera, rápida y frenética, suele generar una burbuja (como la de las compañías “puntocom” en los primeros 2000) que acaba estallando. A principios de este año, ya los analistas se preguntaban si la de los microchips sería una posible nueva burbuja tecnológica.

Lo cierto es que el mercado ha mantenido su senda imparable durante todo 2025: las acciones de Nvidia han multiplicado su valor por 13 desde principios de 2023 (y en Wall Street creen que todavía puede seguir subiendo). Este crecimiento ha venido dado por factores como el propio crecimiento de las nuevas tecnologías y los bajos tipos de interés, que hacen que los inversores busquen opciones más rentables que los mercados.

La cuestión es que, tras un crecimiento desmesurado del mercado suele venir una corrección de los precios (que puede ser suave o violenta) cuando un número suficiente de inversores se da cuenta de que muchos activos están sobrevalorados.

De modas, labubus y lujo

Un proceso similar al de los microchips se ha vivido en el sector de la moda, el lujo y las tendencias con los muñecos labubus que, de productos para frikis, se han convertido objeto de deseo para fashionistas. Nacidos como rareza en 2015, en 2025 explotaron como moda. El gran ganador de esta jugada es Wang Ning, dueño de Pop Mart, la empresa creadora de estos muñecos de dientes afilados, que ha visto crecer su patrimonio en 20 mil millones de dólares.

En el sector del lujo, el año comenzó con cierta preocupación: se observaba cierto desgaste luego de las subidas fulgurantes en los últimos años. Por una parte, se habló del debilitamiento de las economías asiáticas, grandes motores del sector. Pero también del efecto TikTok ante la proliferación de vídeos en los que se ponía en entredicho la relación entre calidad y precio en el sector del lujo.

Entra aquí en juego, tanto al hablar de lujo como de muñecos estrafalarios, la importancia del valor intangible, que no se ve pero que sí se siente, y en el que entran en juego cuestiones como la marca, su historia, su origen, sus valores o su estética. Este valor puede hacer que un producto sea deseado aunque sus atributos tangibles (estética o calidad, por ejemplo) no sean extraordinarios.

Nobel 2025: desarrollo económico y creatividad

El 13 de octubre, el Banco de Suecia anunció la concesión del premio Nobel de Economía a Joel Mokyr y a Philippe Aghion y Peter Howitt por explicar el crecimiento económico impulsado por la innovación.

Por una parte, Mokyr es un profesor de historia económica que durante años ha estudiado las circunstancias que hicieron posible la Revolución Industrial: qué ocurrió, por qué en Inglaterra y por qué en ese momento. Él sostiene que el verdadero motor del desarrollo no fueron las máquinas sino la curiosidad, las ideas y la confianza en el progreso.

Por la otra, Aghion y Howitt han descrito en sus trabajos cómo la innovación abre espacio al progreso. Ambos son discípulos de J. A. Schumpeter (impulsor de la idea de destrucción creativa, en la que no se trata de destruir sino de dejar morir lo que ya no sirve para que surja algo nuevo y mejor). Aghion defiende que las economías que premian la innovación y sus riesgos son las más dinámicas, mientras que Howitt ha mostrado cómo ese apoyo a la innovación se transforma en bienestar a largo plazo.

Este Nobel refuerza la idea de que se debe apoyar e impulsar el emprendimiento.

Para emprender hacen falta creatividad, experiencia y riesgo

El emprendimiento necesita de un equilibrio óptimo (que a veces viene marcado por la edad) entre creatividad (para generar ideas innovadoras), experiencia considerable (para tomar decisiones fudamentadas) y tolerancia al riesgo (para asumir los desafíos de emprender).

También juegan un papel los estereotipos sociales y el género: en la mayoría de las sociedades, el emprendimiento se asocia con la expresión de características tipificadas como masculinas (competitividad, agresividad, riesgo). Esto influye en la predisposición inicial a emprender pero luego, más allá del interés inicial, los hombres tienen una probabilidad significativamente mayor que las mujeres de actuar para crear la empresa.

Las ideas de negocio de los emprendedores suelen necesitar financiación externa. Y un factor esencial para conseguirla es saber vender sus ideas a los potenciales inversores. Las emociones mostradas por los emprendedores al comunicar sus proyectos influyen en la decisión de los inversores.

Cuando se trata de micromecenazgo (crowdfunding) son dos los factores que entran en juego: además de lo que cuenta el emprendedor de su proyecto (y cómo lo cuenta), los microinversores están atentos a las señales de los inversores más experimentados y copian su comportamiento de inversión.

Esperemos que en el nuevo año las noticias en torno a aranceles y guerras comerciales sean más tranquilizadoras de lo que han sido en 2025. Y que campen la creatividad y la innovación como factores de impulso del desarrollo económico de los países.

¡Feliz 2026!

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– ref. Economía 2025: Trump, apagón, IA, labubu, innovación y emprendimiento, las palabras del año – https://theconversation.com/economia-2025-trump-apagon-ia-labubu-innovacion-y-emprendimiento-las-palabras-del-ano-272508

Ciencia 2025: six seven o el estado de digital de la cuestión

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura G. de Rivera, Ciencia + Tecnología, The Conversation

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Si no lo entiende, es normal. Es un título en clave que solo podrían descifrar los adolescentes de la casa, si no fuera porque aquí les traigo el spoiler. “6 7” (six seven) ha sido elegido el vocablo del año 2025 por Dyctionary.com, en encarnizada competencia con “rage bait” –ganadora según Diccionario Cambridge de inglés– y “parasocial” –la seleccionada por Diccionario Oxford–. Las tres nos interesan mucho, pero vayamos por partes.

6 7 es eso que no es nada y, a la vez, tiene el poderío suficiente para servir de respuesta para todo. Sirve como sustituto perfecto a “no sé”, “quizá”, “y a mí qué”, “quién sabe”, “me da igual”, “como quieras”, “paso de todo” o “vaya novedad”, por ejemplo. Pertenece, como escriben los autores de este interesante artículo, a la “jerga brainrot”, es decir, “términos intencionalmente absurdos y sin sentido diseñados para ser remezclados infinitamente y utilizados, incluso, como elemento de burla o incordio hacia adultos o profesores”. Por cierto, eso de “brainrot” significa “cerebro podrido” en inglés, que es como se nos queda la sesera cuando sucumbimos a los algoritmos adictivos de internet: dejamos de pensar, de ser, de saber… y nos convertimos en un pedazo de carne con un dedo que hace scroll.

¿Y qué tiene que ver con el resumen de 2025? 6 7 es la cara que ponemos cuando nos enteramos de que todos esos superpoderes que prometía tener la inteligencia artificial son, en lo que nos toca como ciudadanos de a pie, un jardín lleno de cacas de vaca. Porque, aparte de su papel estrella en la automatización de la industria y la investigación, en su uso doméstico está siendo algo que beneficia sobre todo a las plataformas digitales que usamos –o nos usan–.

Hora de analizar los efectos secundarios

Si 2024 destacó por ser el año en que todos, hasta el jurado de los Nobel, quedamos deslumbrados por la maravillosa promesa que el aprendizaje automático podía suponer para el avance de la humanidad, su hermano pequeño, 2025, es la revancha del sentido crítico.

Hemos sabido cómo, con analizar solo una foto nuestra, existen programas de inteligencia artificial que pueden hacer un retrato robot detallado de cómo somos, hasta de cuánto ganamos. No es que los algoritmos nos lean la mente, es que están diseñados para satisfacer los intereses económicos de las plataformas que hay detrás.

Hay quienes definen la tecnología mediática moderna como “técnicas que nos sumergen en una realidad constantemente retocada, filtrada y cada vez más distante de la experiencia directa”. A esa fabricación de lo real que sustituye lo vivido, Gunter Anders la llamó “fantasmas”“. Un riesgo que encaja con otra de las palabras del año, “parasocial”, entendida como aquello que finge el contacto entre personas, pero no es más que puro aislamiento: exactamente lo que hacen las redes sociales, cuando nos comunicamos con cientos de personas a base de corazoncitos… pero lo hacemos desde la inmensa soledad de nuestra pantalla rectangular. Y eso sin hablar de esos chatbots que se convierten en compañeros y confidentes, haciéndonos olvidar que son solo programas de ordenador.

Otra cosa que debemos recordar es que, al ser pura estadística, la IA se puede equivocar y no es fácil saber quién pagaría por esos errores, sean grandes o pequeños. Todo apunta a que es hora de adaptar las normas para prevenir los riesgos de la inteligencia artificial, de verdad y en la práctica.

Unos y ceros sin emociones

Por otra parte, cuando hablamos con ChatGPT como si fuera una persona y, peor aún, nos responde de la misma manera que lo haría una persona, podemos entrar un bucle pantanoso. Y es que otorgar cualidades humanas a la tecnología no nos ayuda a comprenderla, eso está claro. “El imaginario en torno a una tecnología determina el modo en que el público la entiende y, por lo tanto, guía su uso, su diseño y su impacto social”. Para empezar, la IA que tenemos hoy no siente ni padece: “no es una mente no biológica: es un proceso de optimización estadística”.

Somos nosotros, los usuarios humanos, los que sí tenemos emociones: descubrir cómo las plataformas digitales las explotan para engancharnos está detrás de otra de las palabras estrella de este año. “Rage bait” hace alusión a eso, a cómo hacemos clic, compartimos o comentamos un post o noticia solo porque ha encendido el botón de nuestra ira.

Pepitos Grillo imprescindibles

Los investigadores que firman nuestros artículos nos ayudan a aclarar confusiones. Hemos aprendido, por ejemplo, que Alphafold, el programa de IA para predecir la estructura de las proteínas por el que sus creadores recibieron el Nobel de Química, no es código abierto. No es ciencia abierta, como se nos dio a entender, sino un producto que la empresa privada DeepMind (Google-Alphabet) deja usar a los científicos, sin dejarles conocer sus entrañas ni modificarlo.

Otras voces denuncian que el lado oscuro de la tecnología está dando pie a una nueva especie de trabajadores, los neoesclavos digitales.

Científicos comprometidos

No es cuestión de ponernos sombríos, solo de ser conscientes de la realidad poliédrica. El avance tecnológico está bien, sí, de acuerdo. Pero también debemos exponer su lado no tan amable –o directamente oscuro–, esa otra cara de la moneda. Es necesario para avanzar de forma limpia y ética… y para que los tomadores de decisiones no tengan que sonrojarse a la hora de rendir cuentas a la ciudadanía.

Porque cada innovación debe ir acompañada de la evaluación de sus riesgos y de sus consecuencias no deseadas o no imaginadas. “La ciencia no puede desligarse de la sociedad, pues siempre está impregnada de valores, visiones del mundo y consecuencias prácticas”, tal y como señala otro de nuestros autores. Hoy, más que nunca, necesitamos científicos comprometidos, que hagan estudios independientes y ayuden a los gobernantes a emprender acciones mejor informadas, en beneficio de la gente.

La transición digital contamina

También hemos dado voz a interesantes estudios sobre los efectos secundarios del progreso informático: el impacto medioambiental de la inteligencia artificial. Por ejemplo, las consultas a ChatGPT consumen 1000 MWh cada día en el mundo, hasta el punto de que Microsoft, Alphabet (Google) y Amazon han firmado acuerdos para comprar energía de plantas nucleares, asegurando el flujo de vatios para sus centros de dato. En este contexto, varias investigaciones confían en la fotónica y en la nanotecnología para que la IA sostenible no quede en utopía.

Al mismo tiempo, hemos aprendido que solo una de cada díez baterías de litio (las que usan nuestros smartphones y portátiles) se recicla y que existen científicos devanándose los sesos para encontrar la manera en que el binomio “transición verde” e “impacto medioambiental de los minerales críticos” (como litio o silicio) no nos cree disonancia cognitiva.

Otra vertiente del progreso mal entendido son los tóxicos que llegan a la gente desde muy diversas fuentes, incluso juguetes con plomo, retardantes de llama y ftalatos, ropa con formaldehído y disruptores endocrinos o esos microplásticos persistentes que podrían invadir el perfecto y bello ecosistema que late en una gota del océano. Pero lo interesante no es quejarse, sino buscar soluciones: ya hay tecnologías que permiten descomponer plásticos usando bacterias o crear biomateriales de verdad biodegradables. Solo falta invertir en ellas e implementarlas.

La vida en cúbits

En el resumen de este año tampoco pueden faltar la mención al entrelazamiento entre luz y materia, con esos maravillosos artículos que nos ayudan a entender quién mató al pobre gato de Schrödinger o cómo la física cuántica entra de lleno en nuestras vidas. Este tema ha sido el protagonista del Nobel de Física 2025, otorgado a los experimentos pioneros que allanaron el camino para las computadoras cuánticas.

Forman parte de esos misterios apasionantes que nuestros autores se aventuran a explicarnos, como el origen de la primera superkilonova observada en el cosmos, las claves de la vida halladas en el asteroide Bennu o la materia oscura observada por primera vez. Porque el cielo siempre ha fascinado al ser humano y lo sigue haciendo. Si no que se lo digan a todos los amantes de contemplar eclipses, que el año que se avecina disfrutarán de lo lindo.

Nosotros seguiremos aquí, al pie del cañón, tratando de ofrecerles un fiel rompecabezas de la realidad científica y tecnológica para que puedan formarse una idea lo más completa e informada posible del lugar que quieren ocupar en el mundo.

The Conversation

– ref. Ciencia 2025: six seven o el estado de digital de la cuestión – https://theconversation.com/ciencia-2025-six-seven-o-el-estado-de-digital-de-la-cuestion-272619

La gramática de la convivencia en el discurso de Navidad del rey

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Mancera Rueda, Profesora Titular de Lengua Española (Facultad de Filología), Universidad de Sevilla

En El discurso del rey, el monarca inglés Jorge VI tiene que aprender a controlar su voz para ser capaz de dirigirse a la nación en un momento de crisis. La película no solo trata de cómo afrontar un problema de dicción, sino de algo mucho más profundo: cómo el lenguaje y la manera de utilizarlo construyen autoridad, confianza y vínculo con la ciudadanía.

Salvando las distancias históricas y personales, algunos discursos institucionales actuales siguen cumpliendo esa misma función: articular una determinada idea de comunidad política. El mensaje de Navidad del rey Felipe VI es un buen ejemplo de ello.

En los días posteriores al discurso, gran parte de la atención mediática se ha centrado en la puesta en escena: el hecho de que el rey lo pronunciara de pie, el tono sereno del mensaje o su éxito de audiencia. Estos aspectos son relevantes, sin duda. Pero, más allá de cómo se dijo y de cuánta gente lo vio, resulta interesante analizar qué imagen de país se dibuja a través de sus palabras.

Convivencia y confianza

Una primera pista la ofrecen los términos que más se repiten a lo largo del texto. Si dejamos a un lado las preposiciones, conjunciones y artículos más habituales (como de, y, la, etc.), destacan algunas palabras clave que no aparecen por casualidad: nuestra, convivencia, confianza, España, todos o futuro. Se trata, en su mayoría, de sustantivos y adjetivos vinculados a la idea de comunidad y de proyecto compartido, lo que apunta ya a un discurso construido desde el “nosotros” y orientado a fortalecer los lazos colectivos.

Ese “nosotros” se refuerza, además, por la abundancia de posesivos en primera persona del plural. Por ejemplo, el uso de nuestra no es meramente gramatical: acompaña a conceptos clave como convivencia, democracia o capacidad de trabajo. De esta forma contribuye a presentar tales valores como principios comunes, que conciernen al conjunto de la ciudadanía, y cuya preservación es responsabilidad de todos. El propio rey no se sitúa por encima de los ciudadanos, sino dentro de ese “nosotros”, lo que atenúa la distancia institucional y subraya la idea de la convivencia democrática como una responsabilidad compartida.

Precisamente, entre esas palabras recurrentes, convivencia ocupa un lugar central. No aparece sola: a su alrededor se repiten verbos como preservar, fortalecer o construir. De este modo, la convivencia no se muestra como un ideal abstracto, ni como una fórmula retórica, sino como una realidad frágil, que exige cuidado y atención. Algo parecido ocurre con confianza. No se presenta como una promesa grandilocuente, sino como algo delicado, que puede romperse si no se cuida. De ahí la insistencia en el respeto, la escucha y el diálogo: pequeñas prácticas que, sumadas, sostienen la convivencia diaria.

Ese cuidado de la convivencia y de la confianza se apoya también en el uso reiterado de expresiones temporales. Las referencias a la firma del tratado de adhesión a las Comunidades Europeas “hace 40 años”, o al hecho de que “se han cumplido 50 años” del inicio de la Transición no funcionan como evocaciones nostálgicas, sino como marcos desde los que leer el presente. El pasado se dibuja así como una experiencia compartida, como un camino recorrido que ayuda a entender mejor dónde estamos y por qué merece la pena seguir avanzando juntos.

‘Avanzar’ y ‘futuro’

Desde esa perspectiva, el discurso insiste en que ese camino solo puede recorrerse entre todos. Palabras como futuro o avanzar aparecen ligadas a una idea sencilla: lo que viene no se construye en solitario ni a corto plazo, sino como un proyecto compartido. Avanzar, en este marco, no significa imponerse ni ir más rápido que los demás, sino hacerlo juntos, con acuerdos y renuncias, manteniendo el cuidado de la convivencia como horizonte común.

En la película El discurso del rey, el momento clave no es aquel en el que el monarca logra pronunciar su mensaje sin titubeos, sino aquel en el que su voz consigue convertirse en un punto de referencia compartido, justo en un momento de incertidumbre marcado por la Segunda Guerra Mundial. Salvando las distancias, el discurso de Navidad de Felipe VI cumple una función similar: no busca deslumbrar, sino ofrecer un marco común desde el que pensarnos como sociedad.

The Conversation

Ana Mancera Rueda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La gramática de la convivencia en el discurso de Navidad del rey – https://theconversation.com/la-gramatica-de-la-convivencia-en-el-discurso-de-navidad-del-rey-272621

El deporte no solo aleja a los adolescentes del móvil: les fortalece para usarlo mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejo García-Naveira, Profesor del Grado de psicología en la Universidad Villanueva, Universidad Villanueva

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Sabemos que el uso excesivo del móvil distrae y puede perjudicar la salud mental, fomentar el sedentarismo, aumentar la distancia social y deteriorar funciones cognitivas como la reflexión, la concentración o la toma de decisiones. Pero las pantallas forman parte de la vida académica, social y emocional de los adolescentes: la pregunta relevante ya no es solo cómo conseguir que los adolescentes usen menos el móvil, sino qué factores les ayudan a usarlo mejor.

Más allá de prohibir determinados dispositivos a determinadas edades, establecer límites o dar ejemplo como adultos, podemos ayudarles a desarrollar recursos psicológicos que los protejan frente al uso compulsivo y la hiperconectividad.

La práctica de deporte o ejercicio físico es uno de estos recursos. Los adolescentes que hacen deporte no solo pasan menos tiempo con el móvil: muchos también consiguen gestionarlo de manera más saludable y equilibrada, pues el deporte les ayuda a desarrollar recursos psicológicos clave.

De la emoción a la conducta

Nuestro estudio reciente sobre el uso del móvil que realizan adolescentes de alto rendimiento deportivo y otros anteriores con adolescentes chinos muestran que aquellos que entrenan de forma regular muestran mayores niveles de responsabilidad, estabilidad emocional y resiliencia, además de estrategias de afrontamiento adaptativas centradas en la tarea o en la resolución de problemas.

Estos rasgos y habilidades –fortalecidos por la actividad física– permiten manejar mejor la frustración, el estrés y el aburrimiento, tres de los desencadenantes más frecuentes del uso excesivo del móvil.

Que el deporte pueda ayudar a mejorar la capacidad de autogestión emocional y conductual de los jóvenes nos ofrece una herramienta extra ante la prevención del uso excesivo. Ya no se trata solo del control externo (normas, límites, restricciones), sino de desarrollar una protección interna que puede llegar a ser más sólida: ayudar a los adolescentes a tolerar emociones, frustraciones y presiones sin depender del móvil para calmarlas.

Sedentarismo y hábitos saludables

Además, la práctica deportiva favorece hábitos de vida saludables que también se ven afectados por el mal uso de los dispositivos digitales, como un buen descanso y una alimentación equilibrada.

Existe una correlación entre la inactividad y la adicción al teléfono móvil en niños, adolescentes y adultos jóvenes que además tiende a retroalimentarse: el sedentarismo aumenta el uso del móvil, y el uso compulsivo del móvil aumenta el sedentarismo.

El deporte interrumpe ese círculo vicioso porque ofrece una alternativa emocional y social real: diversión, pertenencia, logros, conexión con iguales y apoyo del grupo.




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¿Cuánto deporte es necesario para notar los beneficios?

Las revisiones más recientes apuntan hacia tres conclusiones claras:

  • No se necesita deporte de alto rendimiento para obtener beneficios.

  • La regularidad es más importante que la intensidad.

  • El componente social del deporte es un factor especialmente protector: practicar un deporte de equipo, a diferencia de hacerlo solo, fomenta la comunicación, la cooperación y el apoyo mutuo, fortaleciendo habilidades sociales, la autoestima y creando redes de apoyo que protegen frente al estrés y la soledad.

Entrenar dos o tres veces por semana en un entorno estructurado –un equipo, una escuela deportiva o un club– ya es suficiente para mejorar la estabilidad emocional y reducir la probabilidad de desarrollar dependencia digital.




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Si el adolescente ya usa el móvil de forma problemática, incorporar deporte puede ayudar, pero no como castigo ni sustitución obligatoria (“menos móvil, más deporte”), sino como una actividad significativa que genere motivación, placer y conexión social real.

Por ejemplo, para motivar a un adolescente que abusa del móvil a probar el baloncesto, los padres pueden invitarlo sin presionar, elegir un buen club cercano y acompañarlo al principio, destacando la diversión y la amistad y celebrando pequeños logros para generar motivación real, incluso si no tiene hábito deportivo o no se siente muy hábil.

De esta manera, cuando el deporte se convierte en una fuente de bienestar y vínculo, compite con la recompensa inmediata del móvil… y la supera.

Construyendo la resiliencia digital

La investigación actual señala que la mejor protección frente al uso problemático del móvil no es solo controlar el acceso, sino fortalecer a la persona. El deporte ofrece algo que ninguna aplicación de control parental puede proporcionar: autoconocimiento, gestión emocional, resiliencia y sentido de pertenencia.

Si queremos que los adolescentes usen la tecnología de manera equilibrada, el mensaje no debería ser solo “Mira menos el móvil”, sino “Encuentra experiencias en la vida real que te hagan sentir bien contigo mismo… haz deporte”.

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Alejo García-Naveira no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El deporte no solo aleja a los adolescentes del móvil: les fortalece para usarlo mejor – https://theconversation.com/el-deporte-no-solo-aleja-a-los-adolescentes-del-movil-les-fortalece-para-usarlo-mejor-270236

La amenaza cuántica que se avecina: preparativos para el ‘Día Q’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Arroyo Guardeño, Científico Titular. Ciberseguridad y protección de la Privacidad. Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información "Leonardo Torres Quevedo" (ITEFI), Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información Leonardo Torres Quevedo (ITEFI -CSIC)

Pingingz/Shutterstock

En algún momento del futuro –no sabemos si dentro de décadas o antes de lo esperado– podría llegar el llamado ‘Día Q’ (Q-Day): el día en que un ordenador cuántico lo bastante potente sea capaz de romper la criptografía que hoy protege prácticamente toda nuestra vida digital.

Para entender la magnitud del problema, basta imaginar que, de repente, todas las cerraduras digitales dejan de funcionar: la banca online, el correo electrónico, las aplicaciones de mensajería, los sistemas de los gobiernos o el comercio electrónico quedarían expuestos. Nada estaría protegido. Nada.

Qué es lo amenazado

La amenaza cuántica no afecta a los datos en sí, sino a las matemáticas que usamos para protegerlos. Cada vez que enviamos un mensaje por WhatsApp, accedemos a nuestra cuenta bancaria o compramos algo por internet, el texto legible (“texto en claro”) se transforma en un galimatías incomprensible (“texto cifrado”). Solo quien tiene la clave adecuada puede revertir el proceso. Es una versión moderna del trabajo de los espías de antaño, pero automatizada y basada en algoritmos matemáticos.

Los principios que hacen que estos sistemas sean seguros se establecieron ya a mediados del siglo XX, por ejemplo en los trabajos de la obra seminal de Claude Shannon sobre el secreto perfecto.

La criptografía: tipos y seguridad

Existen dos grandes tipos de criptografía. En la criptografía simétrica, emisor y receptor comparten una misma clave, como si ambos tuvieran una copia idéntica de la llave de una caja fuerte. El problema es evidente: ¿cómo se entrega esa llave sin que nadie más la copie? Aquí entra en juego la criptografía asimétrica o de clave pública, que usa un par de claves: una pública (que se puede compartir) y otra privada (que se guarda en secreto).

Algoritmos como Diffie-Hellman permiten que dos personas acuerden una clave secreta aunque estén hablando por un canal público, apoyándose en problemas matemáticos muy difíciles de resolver para los ordenadores actuales, como el logaritmo discreto.

Otro sistema para intercambiar claves secretas y cifrar mensajes, RSA, basa su seguridad en la dificultad de descomponer números enormes en sus factores primos, algo trivial para números pequeños pero casi imposible para los grandes.

Gracias a estas técnicas, además de cifrar, podemos firmar digitalmente documentos, del mismo modo que una firma manuscrita identifica al autor, pero con garantías matemáticas. Para saber quién hay detrás de una clave pública se usan los certificados digitales, emitidos por autoridades de confianza, algo parecido a un DNI digital.

Primeras grietas en la criptografía de clave pública

Durante años, estos sistemas han sufrido mejoras y correcciones, pero su base teórica parecía sólida… hasta que apareció el algoritmo de Shor. En 1997, el matemático estadounidense Peter Shor demostró que un ordenador cuántico suficientemente potente podría resolver con facilidad los problemas matemáticos en los que se basan Diffie-Hellman y RSA. Dicho de otro modo: las cerraduras actuales están diseñadas para ladrones clásicos, no para ladrones cuánticos.

Si ese ordenador existiera hoy, las comunicaciones bancarias y las que involucran secretos empresariales o datos gubernamentales podrían ser descifradas. Ese sería el temido Día Q.

¿Qué pasa tras Shor?

Del mismo modo que el ordenador cuántico presenta problemas, también depara soluciones. Así, es posible aprovechar propiedades de la mecánica cuántica, como el principio de no clonación de estados cuánticos, para establecer protocolos de distribución cuántica de claves (QKD, por sus siglas en inglés) simétricas. También es factible aprovechar la capacidad de cómputo paralelo derivada de propiedades como la superposición de estados cuánticos.

Por otro lado, la denominada criptografía post-cuántica haría viable implementar criptografía de clave pública mediante problemas matemáticos que son de elevada complejidad para los ordenadores actuales. Entre tales problemas se encontraría el aprendizaje con errores o LWE (Learning With Errors), teoría de códigos, resolución de sistemas de ecuaciones no lineales en varias variables sobre cuerpos finitos, la inversión de funciones hash, etc.

No basta con remplazar un algoritmo por otro

No basta con sustituir una pieza. Cambiar la criptografía implica actualizar protocolos de comunicación (como los que protegen las webs seguras), aplicaciones (correo cifrado, mensajería instantánea) y también dispositivos físicos: routers, servidores, tarjetas inteligentes o sistemas industriales antiguos que no se pueden renovar fácilmente. Es como cambiar todas las cerraduras de una ciudad sin detener su actividad diaria.

Por eso, organismos como la Comisión Europea o el NIST en Estados Unidos están definiendo hojas de ruta y estándares para una transición gradual y flexible. La posibilidad de estar a merced de una ventaja estratégica por parte de actores o países externos ha hecho que a nivel europeo se esté promoviendo el desarrollo de tecnología y de procedimientos para empezar a desplegar criptografía resistente a ataques cuánticos.

También asegurar las máquinas

Y no solo hay que preparar los productos software: también hay que adaptar los dispositivos hardware de comunicaciones, almacenamiento y cómputo de información. El reto es aún mayor en sectores industriales con maquinaria, sistemas y productos antiguos (legacy), donde una actualización puede ser costosa o arriesgada. Además, los cambios en seguridad suelen tener efectos inesperados, lo que hace que muchas organizaciones retrasen decisiones críticas, aun sabiendo que el riesgo crece con el tiempo.

En general, los sectores productivos tienen cierta inercia frente a cambios de consecuencias no anticipables. Los cambios en arquitectura y productos de seguridad, sobre todo en lo relativo a la criptografía, suelen tener consecuencias no esperadas, y esto hace que se paralicen cambios necesarios.

Autonomía estratégica y capitalización del talento

No sabemos cuándo llegará realmente el ordenador cuántico capaz de romper la criptografía actual, pero esperar sin prepararse no es una opción. Mientras ello ocurre es preciso invertir de forma adecuada tiempo y recursos para desarrollar competencias criptográficas y de desarrollo de hardware que nos permitan estar preparados frente a la irrupción de amenazas asociadas a la nueva computación.

La seguridad de un país o de una región depende de contar con talento, recursos y capacidad tecnológica propia. En el caso europeo, la fuerte dependencia de terceros en hardware y software de seguridad hace que invertir en conocimiento y autonomía estratégica sea clave para afrontar, con garantías, la llegada del Día Q.

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David Arroyo Guardeño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La amenaza cuántica que se avecina: preparativos para el ‘Día Q’ – https://theconversation.com/la-amenaza-cuantica-que-se-avecina-preparativos-para-el-dia-q-222778

Recursos humanos e IA: la cuestión no es la tecnología, sino quién la supervisa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By David Aguado García, Profesor de Psicología Social, Universidad Autónoma de Madrid

Son las ocho y media de la mañana y empieza la jornada de trabajo. Desde hace apenas unos meses, en el departamento de Recursos Humanos (RRHH) ha dejado de arrancar con bandejas de correo saturadas y hojas de Excel. Ahora, el equipo se reúne alrededor de un café frente al cuadro de mando corporativo, donde un asistente de IA despliega los indicadores críticos del día: vacantes abiertas, rotación prevista, necesidades de formación y alertas de desempeño. Este asistente no solo muestra números: predice riesgos y sugiere acciones, como lanzar una encuesta de clima laboral o acelerar un proceso de mentoring en un equipo con riesgo de rotación.

Esto, que hace apenas unos años sonaba a ciencia ficción, se ha convertido en una tendencia creciente. Los expertos advierten de que los departamentos de RRHH están adoptando herramientas de IA con gran rapidez, aunque muchos todavía no tienen un camino claro para pasar de pruebas aisladas a una integración madura. También se apunta a que la automatización y la IA están dejando de ser “novedad” para convertirse en la norma en la gestión de recursos humanos.

Buscando al empleado adecuado

A las nueve y media el café se enfría: llega una petición urgente del área comercial. Se necesitan dos técnicos de gestión preventa. Antes, redactar la oferta de trabajo requería varias idas y venidas entre departamentos; hoy, la responsable de selección pide al asistente de IA generativa una propuesta inclusiva y optimizada con palabras clave para buscadores. Después, el sistema de matching tomará el relevo: revisará solicitudes, perfiles laborales y experiencias previas para pronosticar quién, además de encajar técnicamente, tiene mayor probabilidad de permanecer en la organización.

El equipo de selección revisará esos resultados (porque, siguiendo las buenas prácticas, la IA no decide: propone y el equipo valida) y a los candidatos mejor posicionados se les enviará un enlace para realizar una videoentrevista asíncrona. Es decir, los candidatos grabarán sus respuestas cuando quieran. Después, un modelo de IA analizará su comunicación verbal, paraverbal y no verbal para inferir rasgos relevantes para el puesto, y elaborar un informe para el técnico de selección.

Nada de esto es excepcional: más del 44 % de las organizaciones ya utiliza IA para atraer y seleccionar talento, y diferentes estudios apuntan a que el porcentaje puede superar el 80 % si incluimos herramientas como filtros automatizados, chatbots o pruebas en vídeo. No sorprende: la IA puede reducir hasta un 30 % los costes de contratación.

Enseñar e integrar a los nuevos empleados

A pesar del ritmo acelerado, hoy es un día especial: se incorporan tres nuevas personas en Finanzas y en Marketing. Paradójicamente, su proceso de integración comenzó antes de que pisaran la oficina.

Durante los últimos tres días, cada uno de ellos recibió un itinerario personalizado según su puesto, experiencia y estilo de aprendizaje: un vídeo de bienvenida personalizado, módulos de e-learning adaptativos, contenidos sobre la cultura de la organización y una sesión de mentoría guiada por IA para resolver dudas.

Antes incluso de recibir su correo corporativo, la IA ya ha generado un mensaje de bienvenida con enlaces al portal formativo, un bot de preguntas y una encuesta de clima inicial programada para dentro de 15 días.

Una tecnología potente necesitada de gobernanza humana y ética

Pero la tecnología no solo selecciona e incorpora: también obliga a pensar y vigilar. A las cinco de la tarde la directora de Recursos Humanos se reúne con el área legal, con el responsable de tecnología y con el comité de ética.

Se revisan los resultados de una auditoría de sesgo: se analizaron 1 234 candidaturas rechazadas el mes pasado y no se detectó discriminación sistemática hacia ningún grupo. Se debate el “derecho a explicación” de los candidatos, la transparencia del algoritmo y las condiciones del consentimiento de datos.

Quedan decisiones importantes en el acta: lanzar un programa interno de alfabetización en IA para el personal de RRHH y una encuesta sobre confianza en los sistemas automatizados dirigida a toda la plantilla.

La directora resume el estado de la cuestión con una frase que ya es un mantra en los departamentos modernos: “La tecnología es potente, pero sin gobernanza humana y ética, convierte Recursos Humanos en una caja negra”. Y tiene razón.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que un mal diseño de IA puede socavar la gestión del talento en lugar de potenciarla. Además, investigaciones recientes señalan que los equipos de recursos humanos están adoptando la IA más rápido de lo que se están formando para usarla correctamente, lo que genera brechas de preparación y resistencia cultural.

El reto es usar la IA con criterio

Son las siete de la tarde y la jornada termina. Aunque las luces se apagan, el panel de IA sigue en funcionamiento: calcula riesgos de fuga, organiza entrevistas, ajusta rutas de formación. La tecnología no descansa, y ahí está la paradoja: cuanto más automático se vuelve el trabajo, más imprescindible es el juicio humano. No estamos frente a un futuro lejano ni a una utopía tecnificada; nos hallamos ante un presente que todavía avanza a distintas velocidades. La IA ya trabaja en Recursos Humanos, pero muchas organizaciones aún están aprendiendo a gobernarla.

La promesa es enorme: más eficiencia, más precisión, más capacidad para anticipar problemas. Pero también lo es la responsabilidad que trae consigo. Si los algoritmos no son explicables, si nadie los supervisa, si olvidamos la ética detrás de cada decisión, la gestión del talento podría convertirse en una caja negra opaca y difícil de explicar. Quizá el verdadero riesgo no sea que la IA reemplace a RRHH, sino que RRHH renuncie a cuestionarla.

Porque los algoritmos no tienen valores. No saben qué es la justicia, ni el respeto, ni la diversidad. Por eso necesitan profesionales que sí los tengan. El reto del sector no es aprender a usar IA, sino aprender a usarla con criterio, sin perder de vista lo esencial: seguimos gestionando personas, no datos. El futuro de los Recursos Humanos no depende de la tecnología. Depende de quién la supervise.

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David Aguado García es miembro del ThinkTank de Psicología del Trabajo y las Organizaciones; y Colaborador de Investigación en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento.

– ref. Recursos humanos e IA: la cuestión no es la tecnología, sino quién la supervisa – https://theconversation.com/recursos-humanos-e-ia-la-cuestion-no-es-la-tecnologia-sino-quien-la-supervisa-269845

¿Cómo reparar algo que la justicia ha roto? El caso de ‘los cinco de Central Park’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Mora-Ramírez, Doctorando y Profesor Sustituto Interino, Universidad de Huelva

Yusef Salaam (izquierda), Raymond Santana (segundo por la derecha) y Kevin Richardson (extremo derecho), tres de los Cinco de Central Park, inauguran la nueva entrada ‘Gate of the Exonerated’ (Puerta de los Exonerados) en Central Park el 19 de diciembre de 2022, en el vigésimo aniversario de su exoneración. Jeenah Moon/Innocence Project, CC BY-NC

Este mes se cumplen tres años, pero también una vida, desde que quedó grabado en piedra el perdón que la sociedad neoyorquina le pedía a cinco de sus habitantes. Fue en diciembre de 2022 cuando se erigió, en una esquina de Central Park, una entrada al parque con una placa muy especial: la Puerta de los Eximidos (Gate of the Exonerated). A primera vista, puede parecer un acceso más, pero su significado es profundo.

Representa una historia dolorosa y, al mismo tiempo, una lección de justicia, racismo y, sobre todo, esperanza. La entrada honra a Korey Wise, Yusef Salaam, Antron McCray, Raymond Santana Jr. y Kevin Richardson, cinco adolescentes condenados injustamente por un crimen que no cometieron.

El caso

La madrugada del 19 de abril de 1989, la joven corredora Trisha Meili fue brutalmente asaltada, violenta y sexualmente en Central Park. Al mismo tiempo, se produjeron incidentes y peleas entre varios adolescentes que también estaban en el parque. La policía detuvo a algunos de estos jóvenes afroamericanos y latinos como sospechosos del ataque y entre ellos se encontraban los protagonistas de esta historia, conocidos durante años como los “Cinco de Central Park” (“Central Park Five”).

Donald Trump publicó anuncios a toda página en cuatro periódicos de la ciudad de Nueva York en 1989 en los que pedía al estado que adoptara la pena de muerte.
Donald Trump publicó anuncios a toda página en cuatro periódicos de la ciudad de Nueva York en 1989 en los que pedía al estado que adoptara la pena de muerte.
Daily News

Después de que los detuvieran, comenzaron una sucederse una serie de errores y abusos que cambiarían sus vidas para siempre. Los menores, que tenían entre 14 y 16 años en el momento del arresto, fueron interrogados durante horas sin la presencia de abogados ni de sus familias. Bajo mucha presión, terminaron firmando confesiones falsas e incluso grabaron declaraciones que no coincidían con lo que había pasado. No había pruebas físicas que los relacionaran con la violación, pero aun así fueron juzgados y condenados.

Pasaron entre 6 y 13 años en prisión. Ellos y sus familias tuvieron que vivir con el estigma, la violencia y la injusticia del sistema carcelario.

Sin embargo, en 2002, Matias Reyes, un preso que ya cumplía condena por delitos parecidos, confesó que había sido el responsable del ataque. Las pruebas de ADN confirmaron la declaración y los hombres fueron exonerados.

Racismo, mito y realidad

Esta exoneración no solo cerró un caso, sino que abrió un debate en el país: ¿cómo pudo fallar tanto el sistema policial y judicial? Y, con esta pregunta, aparece otra cuestión igual de importante: Estados Unidos se presenta como “la tierra de los libres” donde todas las personas tienen oportunidades, pero ¿por qué no todas las personas reciben el mismo trato? ¿Quién se beneficia del famoso “sueño americano” y quién queda fuera?

La historiadora Dawn A. Dennis dice que esta idea es en gran parte un mito que ignora la discriminación racial.

Los datos lo confirman: los hombres afroamericanos son el grupo más encarcelado del país. Aunque representan una parte pequeña de la población, son detenidos y condenados mucho más que de otros grupos.

Gráfico que indica cuántas personas estaban encarceladas en Estados Unidos en 2023 en comparación con 2003: aunque en esos 20 años ha disminuido el número total, más de un 45% de los jóvenes encarcelados son afroamericanos y solo un 29% son blancos..
Gráfico que indica cuántas personas estaban encarceladas en Estados Unidos en 2023 en comparación con 2003: aunque en esos 20 años ha disminuido el número total, más de un 45% de los jóvenes encarcelados son afroamericanos y solo un 29% son blancos.
Puzzanchera, C., Sladky, TJ., and Kang, W. (2025). Easy Access to the Census of Juveniles in Residential Placement https://www.ojjdp.gov/ojstatbb/ezacjp. (Graph: Emily Widra, 2025). Prison Policy Iniciative

El caso que sufrieron estos adolescentes muestra claramente cómo el racismo puede influir en las decisiones policiales, en los medios de comunicación, en los juicios e incluso en lo que la gente piensa.

La enorme atención mediática hizo que muchos vieran a estos jóvenes como culpables antes de que el juicio empezara y de hubiera pruebas reales. Sus caras aparecieron en portadas y algunos políticos incluso pidieron la pena de muerte.

Con el paso de los años se han tomado algunas medidas para reparar el daño causado y transformar el sistema de la justicia, pero las consecuencias siguen presentes.

La inauguración de la Puerta de los Eximidos en 2022 fue un gesto simbólico pero importante. No solo honra a Korey Wise, Yusef Salaam, Antron McCray, Raymond Santana Jr. y Kevin Richardson, sino también a todas las personas que han sido acusadas, condenadas o encarceladas injustamente en Estados Unidos.

Esta entrada, ubicada en la parte noroeste de Central Park, invita a reflexionar sobre cómo el sistema judicial puede fallar, especialmente cuando el racismo y las desigualdades económicas siguen existiendo. También nos recuerda que la reparación –aunque llegue tarde– puede ser posible, y que la sociedad debe aprender de sus errores.

El cine como denuncia: When They See Us (2019)

Esta historia volvió a cobrar fuerza en 2019 cuando la directora Ava DuVernay estrenó la miniserie When They See Us (Así nos ven) en Netflix. Fue un gran éxito y permitió que muchas personas, especialmente jóvenes, conocieran el testimonio desde la perspectiva de los detenidos. La serie muestra, de forma dura y emotiva, cómo estos adolescentes fueron presionados y condenados injustamente.

Además de contar los hechos reales, When They See Us representa cómo la cárcel afectó sus vidas, sus relaciones familiares y las oportunidades que perdieron incluso después de alcanzar la libertad. Los espectadores entonces pueden entender que una condena injusta no termina cuando alguien sale de prisión, sino que las secuelas perviven durante años.

Ava DuVernay quiso usar el entretenimiento para crear una reflexión que nos mueva como sociedad a la acción, al mismo tiempo que nos hace cuestionar lo que creemos.

When They See Us no solo cuenta lo que pasó, sino que nos invita a pensar en el impacto de los prejuicios y en la importancia de un sistema judicial justo. Gracias a la serie se abrieron conversaciones sobre racismo, responsabilidad policial y la necesidad de pensar alternativas al sistema penal en Estados Unidos. Por tanto, las narrativas audiovisuales pueden convertirse herramientas esenciales para la denuncia de injusticias sociales.

De hecho, DuVernay pertenece también al equipo de ARRAY 101, una iniciativa educativa en línea que ha desarrollado unos recursos de aprendizaje sobre el caso. Así, el cine u otros medios audiovisuales, como explica la idea del “hermanamiento de palabra e imagen”, pueden convertirse en herramienta para la educación y denuncia social.

Una lección de esperanza

Esta historia no es solo algo del pasado; puede repetirse. Nos recuerda que la justicia no siempre funciona como debería y que la sociedad tiene la responsabilidad exigir cambios. Este caso muestra por qué es importante escuchar a quienes han sido silenciados.

La Puerta de los Eximidos simboliza, por tanto, la esperanza: una entrada hacia un futuro más justo. Cruzarla significa recordar, pero también comprometerse con una justicia que no discrimine por raza, género, sexualidad o nivel social. Y vosotros, queridos lectores, ¿se atreven a cruzar estos espacios?

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Pedro Mora-Ramírez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Cómo reparar algo que la justicia ha roto? El caso de ‘los cinco de Central Park’ – https://theconversation.com/como-reparar-algo-que-la-justicia-ha-roto-el-caso-de-los-cinco-de-central-park-267077

Año nuevo, hábitos viejos: por qué empezar es fácil y mantener es lo difícil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

El 1 de enero tiene algo de “interruptor psicológico”. De repente, parece más fácil imaginarse y comprometerse con una versión mejorada de uno mismo: más activo, más ordenado, más saludable. Es como si el calendario ofreciera una línea de salida nítida y, con ella, una sensación de control: “empiezo de cero”, “ahora sí toca”, “este año lo hago bien”.

No es solo una sensación. El llamado fresh start effect (“efecto reinicio”) muestra que los hitos temporales –año nuevo, cumpleaños, comienzo de mes o incluso de semana– actúan como “marcadores” que nos empujan a perseguir metas, porque facilitan que dejemos mentalmente atrás errores pasados y miremos hacia adelante. Dicho de otra forma: esos cortes en el tiempo hacen más fácil activar la intención de cambio, porque aumentan la saliencia de nuestros ideales (cómo nos gustaría ser) y reducen, momentáneamente, el peso de la inercia.

El problema es que iniciar es la parte sencilla. Mantener, por el contrario, cuesta. El impulso del “reinicio” suele durar lo que dura la novedad: unos días, quizá unas semanas. Después regresan la rutina, el cansancio, las prisas y los mismos estímulos de siempre. Y cuando fallamos, solemos explicarlo con una palabra que lo tapa todo: la falta de “fuerza de voluntad”.

Desde la psicología, sin embargo, lo habitual es que no falle la voluntad: falla el diseño del cambio. Si el propósito no se traduce en conductas concretas, si no hay un plan para los obstáculos y si el entorno sigue empujando hacia el hábito antiguo, la intención se queda sola frente a un sistema (tu día a día) que está optimizado para “lo de siempre”.

Convertimos un deseo en un eslogan, no en una conducta

“Este año me cuido” suena bien, pero el cerebro no se mueve con titulares. Se mueve con conductas concretas: qué hago, cuándo, dónde y durante cuánto tiempo. La investigación sobre metas lleva décadas señalando que las metas específicas (y con cierto grado de desafío realista) funcionan mejor que las vagas, porque guían la atención y permiten medir progreso.

Hay una regla útil: si no puedes escribir tu propósito como una acción observable, todavía no es un plan. “Hacer ejercicio” no compite contra el sofá. “Caminar 25 minutos lunes, miércoles y viernes al salir del trabajo” sí compite, porque ya tiene forma.

Subestimamos el poder del hábito y del entorno

Nos gusta pensar que decidimos en frío, pero buena parte de lo que hacemos es automático. Los hábitos se disparan por señales del contexto (lugares, horarios, rutinas, personas). Y, cuando están muy asentados, pueden activarse incluso aunque la intención consciente sea otra.

Por eso el cambio fracasa cuando pretende ocurrir “en el aire”, sin tocar el entorno. Si tu propósito es comer mejor, pero tu despensa sigue igual y la compra del supermercado la haces con hambre a última hora, el guión de siempre gana. No por falta de valores, sino por exceso de fricción.

Pedimos al autocontrol que haga un trabajo que no le corresponde

El autocontrol existe, claro. Pero es más fiable como “empuje ocasional” que como sistema de vida. La conclusión práctica es simple: cuanto más dependas de “aguantar”, más vulnerable será tu propósito en semanas de estrés, sueño irregular o carga laboral.

En cambio, cuando el cambio se apoya en decisiones previas (por ejemplo, dejar preparada la ropa deportiva para salir a correr, planificar cenas sencillas, desinstalar una app, pactar con alguien un plan), reduces la necesidad de negociar contigo mismo cada día.

Formulamos propósitos en negativo: “dejar” y “evitar”

Muchos propósitos son prohibiciones: “no comer dulce”, “no fumar”, “no procrastinar”. El problema es que “no” no dice qué hacer cuando llegue el disparador. ¿Qué harás cuando te ofrezcan postre? ¿Qué harás cuando tengas ansiedad? ¿Qué harás cuando aparezca el impulso de posponer?

Un detallado experimento sobre los propósitos de año nuevo encontró que las metas de aproximación (añadir una conducta deseada) se sostienen mejor que las metas de evitación (dejar o evitar algo).

No significa que “dejar” sea imposible; significa que conviene traducir el “dejar” a un “hacer”. Por ejemplo: no “dejar el azúcar”, sino “tomar fruta después de comer” o “tomar yogur natural con canela” (alternativas concretas).

Queremos resultados rápidos, pero el hábito es lento (y no lineal)

Aquí aparece otra trampa: expectativas. Un estudio clásico sobre formación de hábitos observó que la automaticidad crece con el tiempo, pero a ritmos muy distintos según la persona y la conducta. En promedio, no hablamos de “una semana de motivación”, sino de varias semanas o meses de repetición.

Y hay un detalle tranquilizador: un tropiezo puntual no “rompe” el hábito en construcción. Lo que lo rompe es abandonar la repetición durante demasiado tiempo. Dicho en lenguaje cotidiano: no te hunde un día malo; te hunde convertir ese día malo en “ya da igual”.

Intención no es acción: falta el puente

En consulta se ve a menudo: la persona sabe lo que quiere, pero no logra hacerlo en el momento clave. Para construir ese puente hay una herramienta sorprendentemente simple y con evidencia sólida: las implementation intentions, planes del tipo “si pasa X, entonces haré Y”.

Por ejemplo, “Si es martes y salgo tarde, entonces pediré una cena ‘plan A’ (ensalada + proteína)” o “Si me descubro abriendo redes por inercia, entonces las cierro y pongo un temporizador de 10 minutos para empezar la tarea” o bien “Si me ofrecen una segunda copa, entonces pediré agua con gas”.

Un complemento útil es el mental contrasting: imaginar el beneficio deseado, pero también el obstáculo realista que probablemente aparecerá, y planificar la respuesta. En estudios educativos, combinar este enfoque con planes “si–entonces” ha mostrado mejoras en desempeño y persistencia.

Propósitos “prestados”: cuando el cambio no es tuyo

Por último, hay propósitos que nacen de presión externa (“debería”, “para no sentirme culpable”, “para encajar”). La teoría de la autodeterminación distingue entre motivación autónoma (alineada con valores propios) y motivación controlada (por presión o recompensa externa). La primera sostiene mejor el esfuerzo a largo plazo.

Hay una pregunta útil, sencilla y reveladora: “Si nadie me viera, ¿seguiría queriendo este cambio?” Si la respuesta es “no”, quizá el propósito necesita reformularse para que conecte con algo personal.

Probemos a escribir los propósitos en tres líneas:

  • Conducta: “Voy a ___ (acción concreta)”.

  • Contexto: “Lo haré ___ (día/hora/lugar)”.

  • Plan si–entonces: “Si aparece ___ (obstáculo), entonces haré ___ (alternativa)”.

Este enfoque no promete perfección. Promete algo más realista: menos negociación diaria y más consistencia. Y, al final, los cambios duraderos suelen parecerse menos a un gran gesto de enero y más a una suma de decisiones pequeñas bien diseñadas.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Año nuevo, hábitos viejos: por qué empezar es fácil y mantener es lo difícil – https://theconversation.com/ano-nuevo-habitos-viejos-por-que-empezar-es-facil-y-mantener-es-lo-dificil-272616