‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Cuevas Molano, Profesora e Investigadora: Estrategias de Comunicación, Marketing e Innovación Docente, Universidad Rey Juan Carlos

El marketing ha cambiado. Los profesionales ya no están interesados sólo en los beneficios y, más allá de la simple venta única, ahora también buscan establecer relaciones sólidas con sus clientes.

En este contexto, las redes sociales permiten a las organizaciones humanizar sus mensajes y centrarlos en los valores de la marca. Para alcanzar este objetivo una estrategia útil es el mindful marketing.

¿Qué es el ‘mindful marketing’?

El mindful marketing, o marketing consciente, se basa en la idea de que se pueden aplicar estrategias de marketing para conseguir buenos resultados económicos y, a la vez, generar una repercusión social positiva y alineada con los valores que importan a sus clientes.

El mindful marketing se refiere a la aplicación de una estrategia consciente cuyo objetivo es escuchar a los usuarios y empatizar con sus necesidades e intereses para generar acciones direccionadas y mejorar la comunicación (y la obtención de datos).

Las redes sociales son una herramienta esencial para desarrollar esta práctica porque facilitan la comunicación inmediata, personalizada y la escucha activa.

Clientes conectados a las redes

De los más de 5 500 millones de personas con acceso a internet en el mundo, unos 5 240 millones se conectan a las redes sociales. Esto es un 63,9 % de la población mundial. De ahí que los responsables de comunicación y marketing de las empresas hayan identificado el potencial de estos canales para:

Todas estas acciones tienen por finalidad propiciar una relación duradera y rentable entre la marca y su público.

El ‘mindful marketing’ y las redes sociales

Las organizaciones que aplican el marketing consciente en su estrategia de marca en redes sociales emplean intencionalmente una comunicación basada en la escucha activa y la respuesta a los intereses manifestados por el cliente en sus interacciones.

Así se fomenta su predisposición a compartir su información personal y sus opiniones con las marcas, reforzando su percepción de una relación más cercana y humana. Es casi como conversar con un buen amigo. Esta praxis se fundamenta en humanizar los mensajes recreando una comunicación personal que implica escuchar y mantener un diálogo abierto.

Los mensajes de marca van más allá de la mera promoción y venta de sus productos y servicios y buscan fortalecer la relación al enfocarse en los valores tanto de la marca como de los clientes.

Humanizar la marca para comprometer a la audiencia

Estudios recientes que analizan el impacto del mindful marketing en los contenidos de marca en redes sociales muestran que los contenidos de humanización son los que más influyen en la participación con la marca (el engagement) de los públicos en Instagram y LinkedIn.

Por ejemplo, en sus perfiles de marca en las redes, algunas instituciones sanitarias publican contenidos que ponen en valor relatos inspiradores del personal (biografías y trayectorias), testimonios de interacción entre los profesionales sanitarios y los pacientes o sus familiares, reconocimientos a los logros de los empleados, y proyectos innovadores dirigidos a optimizar la experiencia durante la estancia hospitalaria.

Otros ejemplos de estos contenidos en los sectores de telecomunicaciones, automoción, energía, distribución, tecnología y gobierno son aquellos que incluyen concursos, votaciones o preguntas al cliente. Estos contenidos son un recurso óptimo para iniciar el diálogo, porque solicitan de manera proactiva una respuesta u opinión directa de los seguidores de la marca. Su uso ayuda a que estos perciban que hay una persona detrás de los mensajes, como parte de la estrategia de mindful marketing.

Interacciones en las redes

Las interacciones en redes (el social media engagement) son claves en el éxito en la relación de las organizaciones con las personas. No solo fomentan la lealtad del cliente, sino que también proporcionan a la empresa información valiosa para la toma de decisiones.

Por tanto, lo que cuelgan las marcas en las redes es fundamental para conseguir el compromiso de sus seguidores: deben ser contenidos relevantes, útiles y atractivos para que haya interactividad entre los clientes y las empresas y se cree un vínculo de valor.




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El valor del contenido

El diseño y aplicación de una buena estrategia es lo que va a permitir a las organizaciones alcanzar sus objetivos de comunicación y marca. Pero también les va a proporcionar una gran cantidad de datos cuya analítica es fundamental para entender el comportamiento y los intereses de las personas.

Esto les permite evaluar el rendimiento de la marca y desarrollar nuevas estrategias de comunicación e imagen corporativa que mejoren la relación con sus clientes en particular y la sociedad en general.

Evolucionar hacia la humanizacion

El mindful marketing ayuda a las empresas a evolucionar su estrategia de contenidos en redes sociales hacia la humanización de la marca. Este cambio implica priorizar en sus publicaciones los valores de su audiencia y aplicar una comunicación consciente, abierta y cercana.

Este enfoque no solo fortalece el compromiso y el vínculo a largo plazo con los clientes, sino que también mejora la reputación corporativa y el rendimiento empresarial.

The Conversation

Elena Cuevas Molano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ‘Marketing’ consciente: una estrategia de escucha y empatía con el cliente para mejorar su compromiso con la marca – https://theconversation.com/marketing-consciente-una-estrategia-de-escucha-y-empatia-con-el-cliente-para-mejorar-su-compromiso-con-la-marca-252106

¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Javier Pedrazuela Idoeta, Profesor de Filosofía Política y de Economía Política, Universidad Camilo José Cela

Uno de los mítines de agradecimiento de Donald Trump a finales de 2016 después de haber ganado las elecciones estadounidenses, uno de los eventos del año que más llevaron a usar el término ‘posverdad’. Mark Reinstein/Shutterstock

La RAE define “posverdad” como la distorsión intencional de la realidad para influir en la opinión pública, manipulando creencias y emociones. Elegida “palabra del año” en 2016 por el Diccionario de Oxford, se hace difícil distinguirla de la propaganda tradicional.

Tal vez el uso de “verdad” en “posverdad” le dé un aire de autenticidad, haciendo que las distorsiones parezcan más creíbles. Quizás en 2016 la posverdad se independizó de la propaganda y empezó a presentarse como una verdad propia, con muchas narrativas compitiendo entre sí y debilitando cualquier consenso compartido sobre lo real. Esto parece definir nuestro siglo, donde los hechos históricos cuentan poco y mucho los relatos que se los apropian.

En el siglo XX, el filósofo Alexandre Kojève dijo algo parecido: que la historia había terminado y solo quedaban relatos que aparentaban ser nuevos, pero repetían un discurso final. También propuso una teoría de la propaganda en la que esta aparece primero como crítica del viejo orden y luego como la “verdad” de la nueva sociedad después del terror revolucionario, una sociedad global en la medida en que su imperio cubriría todo el mundo.

Propaganda y agenda imperial

Es útil comenzar por el final. En 1968, Kojève escribió un ensayo titulado El emperador Juliano y su arte de la escritura. En él presenta la escritura del emperador Juliano como un “arte del camuflaje”. Según esto, Juliano escribe en dos niveles: uno serio, destinado a los “iniciados” en los objetivos de la agenda política imperial –la defensa de la continuidad del Estado romano, amenazada por la expansión del cristianismo– y otro propagandístico, dirigido a que la “gran masa” acepte sin resistencia dicha agenda.

La teología sería, para el filósofo, el arte de construir relatos falsos de forma que a esta gran masa le parezcan creíbles. Para ello, dichos relatos deben basarse en el “testimonio de las ciudades”, es decir, en los mitos a través de los cuales la gente interpreta y reconoce su día a día. Que las personas se plieguen a cambiar este según los dictados revolucionarios del emperador demostraría que este es un buen teólogo.

Juliano invierte la teología tradicional. Para Kojève, esta inversión rechaza la idea de un “más allá” divino y eleva el deseo de reconocimiento a fuerza motriz del mundo. Juliano supo ver que al deseo humano lo mueve sobre todo la vanidad. Lo que al emperador se le escapó fue que, para ser realmente operativo, este esquema ateo precisa del individualismo e igualitarismo cristianos.

Kojève alude, así, al origen cristiano del “sistema moderno de propaganda”, e introduce a San Pablo como creador de un activismo basado en la fe, capaz de suplir las carencias emocionales del universalismo racional griego –que afirmaba la existencia de una verdad universal, objetiva y eterna, común para todos los seres vivos–, deudor de una visión pagana del mundo sin recorrido histórico.

Revolución y simulacro

En Juliano, propaganda y acción política buscan “restaurar el paganismo en el Imperio romano” como vía hacia un ateísmo en el que los individuos se vean reconocidos. Pero Juliano fracasa por ser el suyo un ateísmo sin el filtro cristiano.

Su fracaso no es el único.

Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Retrato de Alexandre Kojève de joven.
Wikimedia Commons

Kojève entiende que la propaganda ilustrada –libelos, panfletos, enciclopedias– actuó como una pseudoacción: no transformaba directamente la realidad, pero preparaba el terreno ideológico para la revolución. Para que tuviera eficacia real, debía completarse con el Terror, que abolió las viejas estructuras y creencias.

Sin embargo, muchos ilustrados no asumieron esa violencia fundacional como parte de su proyecto racionalista, escamoteando así la experiencia que habría permitido la instauración del Estado posrevolucionario. A ojos de Kojève, este Estado realiza en el mundo la noción de individuo que el cristianismo proyectaba en el más allá.

Desde el extremo opuesto, los revolucionarios profesionales –como los trotskistas– también obstaculizan esa realización al negarse a clausurar la revolución. Mientras los ilustrados renuncian al terror, ellos siguen dirigiéndose contra unos supuestos enemigos de clase. Y lo hacen aun cuando el conflicto ya ha sido resuelto mediante la nivelación impuesta por la violencia revolucionaria. En el Estado posrevolucionario, donde todos se reconocen como iguales, la propaganda deja de ser un instrumento de lucha para convertirse en una herramienta de perfeccionamiento del orden instaurado. Pero al mantener una lógica de confrontación, los revolucionarios perpetúan una falsa tensión entre discurso y realidad que ya no se sostiene.

Kojève plasma la superación de esta tensión en su concepto de “simulacro de idea revolucionaria”: un relato cuyo eventual contenido contrarrevolucionario no compromete la autoridad revolucionaria de la élite dirigente.

Con esta forma de posverdad, Stalin pudo justificar tanto sus virajes políticos como las purgas de revolucionarios profesionales, ya obsoletos en un Estado sin clases. Los giros del régimen –del pacto con Hitler a la guerra, de la colectivización a la Nueva Política Económica (NEP), de las hambrunas a las campañas agrícolas triunfalistas– muestran cómo la doctrina revolucionaria se vacía de contenido y queda subordinada a la estabilidad del Estado. El caso de Lysenko, cuyas teorías pseudocientíficas fueron impuestas como verdad oficial y agravaron las hambrunas, ilustra que, en el Estado posrevolucionario, la propaganda ya no disfraza la verdad, la sustituye.

El estudio de estos tres momentos clave de Kojève como propagandista –contra-teología, propaganda como verdad posrevolucionaria y simulacro revolucionario– quizá ayude a entender por qué la palabra “posverdad” fue designada “palabra del año” en su momento y por qué costará despojarla de semejante corona en el mundo globalizado de hoy, hecho de relatos que se presentan como verdades y de sujetos que fían a ellos sus identidades.

The Conversation

Luis Javier Pedrazuela Idoeta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿En qué se diferencia la posverdad de la propaganda tradicional? El filósofo Alexandre Kojève lo explica – https://theconversation.com/en-que-se-diferencia-la-posverdad-de-la-propaganda-tradicional-el-filosofo-alexandre-kojeve-lo-explica-253159

¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jose Manuel Olivar Julián, Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Universidad Pública de Navarra

Algunas constituciones ya reconocen derechos relacionados con el medioambiente a las futuras generaciones. AU USAnakul/Shutterstock

Las futuras generaciones heredarán este planeta. Aunque en ocasiones se incluya a los niños en esta definición, lo más adecuado sería referirse solamente a personas que aún no han nacido y de las que no conocemos ni sus nombres ni su apariencia ni sus deseos, pero que vendrán dentro de diez, cien o quizá mil años.

Nos planteamos si las futuras generaciones tienen derechos. La realidad es que casi la mitad de las constituciones de los Estados las mencionan y las vinculan a valores como la libertad, la justicia, la paz, la prosperidad, la democracia o la igualdad. En algunos países como Alemania, Noruega o Brasil incluso se les reconocen derechos en el ámbito del medioambiente.

Hungría, además de derechos relacionados con el medioambiente, reconoce a las futuras generaciones derechos culturales y creó una figura especializada para la defensa de sus derechos: el Comisionado Parlamentario para las Generaciones Futuras. Es de vital importancia, ya que estas no solo no se pueden defenderse por sí mismas, sino que no podemos ni siquiera conocer su voluntad. Debemos interpretarla desde nuestro deseo de legarles un mundo en el que puedan vivir con las mejores condiciones posibles. Algún día formarán parte de la humanidad como nos ocurrió a nosotros.

En el ámbito internacional existen varios tratados que hacen referencia a las futuras generaciones. La primera línea del preámbulo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, el tratado más importante del derecho internacional actual, reconoce: “Nosotros los pueblos de las naciones unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra…”. Tras esta frase, establece el actual diseño de la sociedad internacional de nuestros días.

¿Solo tienes derechos medioambientales?

Mas de 30 tratados que se firmaron tras la Carta hacen referencia a las futuras generaciones. Los derechos que a día de hoy se les reconocen son principalmente los relacionados con los aspectos medioambientales que se han desarrollado desde la Conferencia de Estocolmo en 1972 hasta nuestros días y que pasan por multitud de acuerdos, muchos de ellos potenciados por las diferentes cumbres de la Tierra que han tenido lugar. También se les reconocen algunos derechos culturales, pero aún queda por elaborar un catálogo completo de derechos y que este compendio sea admitido por todos los Estados.

El papel de liderazgo de la ONU respecto al reconocimiento de los derechos de las futuras generaciones se ha acelerado en los últimos años, y no solo por la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2015, que ya tenía su base en acuerdos anteriores, sino por toda una serie de iniciativas, entre las que destaca la Cumbre del Futuro celebrada en septiembre de 2024 en Nueva York.

Entonces, se acordó por consenso una declaración sobre las generaciones futuras sin valor obligatorio. Dicha declaración incluye unos principios que servirán a los Estados e instituciones internacionales a esforzarse para que las futuras generaciones hereden un mundo en paz, con respeto a los derechos humanos y en el que las personas puedan prosperar.

Hay países, especialmente en África, donde lo que se transmite entre generaciones no es la riqueza ni la prosperidad, sino la pobreza, el hambre, la desigualdad y la injusticia, y debemos tratar de evitar que esta sea la herencia. Ciertamente, tenemos que esforzarnos en entregar a las siguientes generaciones un medioambiente limpio, sano y sostenible, pero también, como la declaración señala, un planeta en el que haya igualdad de género, ausencia de racismo y en el que puedan desarrollarse con plenitud las personas con alguna discapacidad.

Un punto fundamental para la ONU

Para cumplir con estas propuestas se hizo un llamamiento a la sociedad civil, al mundo académico y a las empresas. La propia ONU se comprometió, por su parte, a nombrar a un Enviado Especial para las Generaciones Futuras y volver a tratar este tema, esta vez de manera específica, al más alto nivel en la Asamblea de la organización.

Esperemos que esa fuera una verdadera señal de salida para que los derechos de las futuras generaciones ganen en protagonismo y se conviertan un tema central en las agendas políticas nacionales e internacionales. Ojalá que en los próximos años un tratado internacional recoja un completo catálogo de derechos de las futuras generaciones y los haga obligatorios para los Estados firmantes.

The Conversation

Jose Manuel Olivar Julián no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Tienen derechos las futuras generaciones? Los Estados comienzan a legislar para quienes aún no existen – https://theconversation.com/tienen-derechos-las-futuras-generaciones-los-estados-comienzan-a-legislar-para-quienes-aun-no-existen-239790

Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sylvie Pérez Lima, Psicopedagoga. Psicóloga COPC 29739. Profesora tutora de los Estudios de Psicología y Educación, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

fizkes/Shutterstock

No existe relación humana sin comunicación y, por eso, cuando dos amigos se enfadan decimos que “no se hablan”: que alguien nos retire la palabra es la representación más extrema y tangible de que no nos quiere en su vida. Pero cuando el enfado se produce en el seno familiar, cuando un hijo o una hija hace algo que nos altera, nos molesta o incluso nos enfurece, ¿es buena idea ignorarlo, dejar de comunicarnos con él, y “congelar” nuestra relación, aunque sea por unas horas?

Una cosa es tomarse un respiro en un momento de conflicto: esto puede ser una herramienta útil en la crianza. Una pausa breve, consciente, que permita regular las emociones y retomar el diálogo desde la calma. Pero cuando el silencio se convierte en una forma de castigo, repetida y mantenida en el tiempo, aplicamos lo que se conoce como la “ley del hielo”: una práctica relacional que rompe el vínculo y puede dejar huella en la salud emocional de niños y adolescentes.

Tratamiento de silencio y maltrato emocional

Entre adultos, cuando el silencio se impone de forma sistemática como respuesta a un conflicto, genera desconcierto, inseguridad y dolor.
Pero en la infancia, el impacto puede ser aún mayor. Ignorar deliberadamente a un niño o niña tras un conflicto –dejar de hablarle, de mirarle, de nombrarle– no es una pausa: es una exclusión. No se le ofrece una explicación ni una vía de reparación, bloqueando cualquier posibilidad de reconstrucción y enviando el mensaje: “Ya no existes”.

Por eso, cuando este patrón se repite, hablamos de una forma de maltrato emocional, definido por la negación reiterada del afecto y atención del cuidador, lo que vulnera el derecho del niño a ser escuchado, expresar su opinión y, por tanto, de entender qué ha ocurrido.

De hecho, la exclusión emocional activa las mismas zonas cerebrales asociadas al dolor físico: la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, particularmente sensibles a la exclusión social en la infancia. El rechazo y la ignorancia generan también dolor.

Consecuencias a medio y largo plazo

Los niños expuestos habitualmente a este tipo de castigo aprenden a asociar el afecto con la aprobación condicional y el silencio con la amenaza o el rechazo. Es decir, aprenden que el afecto está condicionado a aquello que hagan o no hagan y que cuando alguien se calla delante de ellos es porque los rechazan o castigan.

El “tratamiento de silencio” familiar se asocia con menor satisfacción relacional en adultos y baja autoestima. Además, se transmite de generación en generación: si nuestros padres lo usaron con nosotros, es probable que a nosotros nos surja esa reacción de manera espontánea cuando nos enfadamos. Esto último nos recuerda como nunca dejamos de ser modelos y ejemplo de lo que los niños serán en el futuro.

Este patrón de crianza que se basa en ignorar al menor cuando no cumple con nuestras expectativas puede generar ya desde la infancia:

  • Baja autoestima y sensación de no ser suficiente.

  • Dificultades para establecer relaciones seguras y confiables.

  • Miedo al conflicto, evitación emocional o respuestas desproporcionadas en crisis.

  • Problemas de comunicación emocional, mostrando incapacidad para expresar o identificar sentimientos.

Un daño que se produce sin pensar

Uno de los aspectos más insidiosos de la “ley del hielo” es que los padres, madres o cuidadores que la aplican no suelen ser conscientes de estos efectos tan devastadores.




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A menudo, no se realiza con intención voluntaria de dañar. Surge de la frustración, el agotamiento o la falta de recursos educativos. Muchos adultos, desbordados por conflictos diarios, optan por el silencio como forma de imponer autoridad sin enfrentarse al diálogo. Pero aunque no haya intención, el daño está ahí.

Alternativas para gestionar el enfado

Distinguir entre una pausa reguladora y un silencio castigador es fundamental. Parar para afrontar de manera más asertiva la resolución del conflicto es saludable. En cambio, si el silencio impide la reparación del vínculo y excluye emocionalmente al niño o niña, no es educativo: es destructivo.




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Educar implica acompañar los conflictos de forma respetuosa y sana. El apoyo emocional continuo y el contacto positivo actúan como amortiguadores frente a los efectos del maltrato emocional. Algunas estrategias eficaces para evitar la sistematización del silencio pueden ser:

  • Nombrar lo que sentimos, poner palabras antes del silencio y limitarlo en el tiempo: “Estoy muy enfadada, necesito unos minutos para calmarme y después hablamos”.

  • Retomar el diálogo siempre, para que el vínculo no sufra. Esto no implica mantener largas conversaciones donde el niño fácilmente puede desconectar. Permitir hablar, ser escuchado y posteriormente poder argumentar desde la protección y el límite sin fisuras.

  • Cuidar el tono relacional: a veces, el acto de ignorar proviene del lenguaje no verbal (mirada, gesto, postura). Se debe tener en cuenta para evitar dolor innecesario y para reforzar el modelo de conducta que queremos ofrecer a los pequeños.

  • Separar conducta de persona: recordar que el menor no es malo o un desastre o torpe; en todo caso será aquello que ha hecho lo que no está bien.

  • Prever y anticipar consecuencias con los menores: avisarles y explicarles qué ocurrirá si se transgrede una norma, los ayuda a autorregularse pero también sirve a los adultos para no tener que improvisar castigos o silencios impulsivos.

  • Distribuir el cuidado y la gestión de las dificultades: otro adulto puede contener cuando el principal está desbordado.

Y en caso necesario, buscar apoyo externo y soporte profesional.

No podemos obviar que cuando el silencio daña, es violencia emocional. Negar la palabra, la mirada o el acompañamiento emocional no es una técnica educativa, es una forma de violencia psicológica que provoca angustia, confusión y vulnera derechos fundamentales. Como adultos, nuestra responsabilidad incluye proteger, acompañar y asegurarnos de que nuestros hijos y alumnos puedan equivocarse sin perder su espacio emocional, ni sentir la pérdida del vínculo sin entender por qué.

The Conversation

Sylvie Pérez Lima no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Castigar con el silencio hace daño: cómo evitar la ‘ley del hielo’ en la crianza – https://theconversation.com/castigar-con-el-silencio-hace-dano-como-evitar-la-ley-del-hielo-en-la-crianza-260427

¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marcus Pearce, Reader in Cognitive Science, Queen Mary University of London

Pressmaster/Shutterstock

Muchos de nosotros hemos adquirido el hábito de escuchar pódcast, audiolibros y otros contenidos en línea a velocidades de reproducción más altas. Para los jóvenes, incluso podría ser la norma. Por ejemplo, una encuesta realizada a estudiantes de California reveló que el 89 % cambiaba la velocidad de reproducción de las clases online, mientras que en los medios de comunicación han aparecido numerosos artículos sobre cómo se ha generalizado el visionado rápido.

Es fácil pensar en las ventajas de ver las cosas más rápido. Te permite consumir más contenido en el mismo tiempo o repasar el mismo contenido varias veces para sacarle el máximo partido.

Esto podría ser especialmente útil en un contexto educativo, donde podría liberar tiempo para consolidar conocimientos, hacer pruebas prácticas, etc. Ver vídeos rápidamente también es potencialmente una buena forma de asegurarse de mantener la atención y el interés durante todo el tiempo que duran, evitando así que la mente se distraiga.

Pero ¿qué hay de las desventajas? Resulta que también hay más de una.

Cuando una persona se expone a información oral, los investigadores distinguen tres fases de la memoria: codificar la información, almacenarla y, posteriormente, recuperarla. En la fase de codificación, el cerebro necesita cierto tiempo para procesar y comprender el flujo de palabras que recibe. Las palabras deben extraerse y su significado contextual debe recuperarse de la memoria en tiempo real.

Las personas suelen hablar a una velocidad de unas 150 palabras por minuto, aunque duplicar la velocidad a 300 o incluso triplicarla a 450 palabras por minuto sigue estando dentro del rango de lo que podemos considerar inteligible. La cuestión es más bien la calidad y la longevidad de los recuerdos que formamos.

La información entrante se almacena temporalmente en un sistema de memoria llamado memoria de trabajo. Esto permite que los fragmentos de información se transformen, combinen y manipulen hasta alcanzar una forma lista para ser transferida a la memoria a largo plazo. Dado que nuestra memoria de trabajo tiene una capacidad limitada, si llega demasiada información demasiado rápido, esta puede desbordarse. Esto provoca una sobrecarga cognitiva y la pérdida de información.

Visualización rápida y recuperación de información

Un metaanálisis reciente examinó 24 estudios sobre el aprendizaje a partir de vídeos de conferencias. Los estudios variaban en su diseño, pero en general consistían en reproducir una videoconferencia a un grupo a velocidad normal (1x) y reproducir la misma videoconferencia a otro grupo a una velocidad mayor (1,25x, 1,5x, 2x y 2,5x).

Al igual que en un ensayo controlado aleatorio utilizado para probar tratamientos médicos, los participantes fueron asignados aleatoriamente a cada uno de los dos grupos. A continuación, ambos grupos realizaron una prueba idéntica después de ver el vídeo para evaluar sus conocimientos sobre el material. Las pruebas consistían en recordar información, responder a preguntas de opción múltiple para evaluar su capacidad de recuerdo, o ambas cosas.

Botones de reproducción
La reproducción más rápida puede no ayudar al estudio.
V.Studio

El metaanálisis mostró que aumentar la velocidad de reproducción tenía efectos cada vez más negativos en el rendimiento de la prueba. A velocidades de hasta 1,5 veces, el coste era muy pequeño. Pero a partir de 2 veces, el efecto negativo era de moderado a grande.

Para poner esto en contexto, si la puntuación media de un grupo de estudiantes era del 75 %, con una variación típica de 20 puntos porcentuales en cualquier dirección, aumentar la velocidad de reproducción a 1,5x reduciría el resultado medio de cada persona en 2 puntos porcentuales. Y aumentar la velocidad a 2,5x supondría una pérdida media de 17 puntos porcentuales.

La edad importa

Curiosamente, uno de los estudios incluidos en el metaanálisis también investigó a adultos mayores (de 61 a 94 años) y descubrió que se veían más afectados por ver contenidos a velocidades más rápidas que los adultos más jóvenes (de 18 a 36 años). Esto puede reflejar un debilitamiento de la capacidad de memoria en personas por lo demás sanas, lo que sugiere que los adultos mayores deberían visualizar los contenidos a velocidad normal o incluso a velocidades de reproducción más lentas para compensar.

Sin embargo, aún no sabemos si se pueden reducir los efectos negativos de la reproducción rápida haciéndolo con regularidad. Por lo tanto, podría ser que los adultos más jóvenes simplemente tengan más experiencia con la reproducción rápida y, por lo tanto, sean más capaces de hacer frente al aumento de la carga cognitiva. Del mismo modo, esto significa que no sabemos si las personas más jóvenes pueden mitigar los efectos negativos sobre su capacidad para retener información utilizando con más frecuencia la reproducción más rápida.

Otra incógnita es si ver vídeos a velocidades de reproducción más altas tiene efectos a largo plazo sobre la función mental y la actividad cerebral. En teoría, estos efectos podrían ser positivos, como una mayor capacidad para manejar una mayor carga cognitiva. O podrían ser negativos, como una mayor fatiga mental derivada del aumento de la carga cognitiva, pero actualmente carecemos de pruebas científicas para responder a esta pregunta.

Una última observación es que, incluso si reproducir el contenido a, por ejemplo, 1,5 veces la velocidad normal no afecta al rendimiento de la memoria, hay evidencia que sugiere que la experiencia es menos agradable. Eso puede afectar a la motivación y la experiencia de las personas a la hora de aprender cosas, lo que podría hacer que encontraran más excusas para no hacerlo. Por otro lado, la reproducción más rápida se ha popularizado, por lo que quizá, una vez que la gente se acostumbre, no haya ningún problema. Esperemos que en los próximos años comprendamos mejor estos procesos.

The Conversation

Marcus Pearce no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué le sucede a nuestro cerebro cuando vemos vídeos a velocidades más rápidas de lo normal? – https://theconversation.com/que-le-sucede-a-nuestro-cerebro-cuando-vemos-videos-a-velocidades-mas-rapidas-de-lo-normal-260870

¿Es verdad que cenar queso provoca pesadillas? La compleja relación entre la dieta y los sueños

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Astasio Picado, Profesor de Enfermería Médico-Quirúrgica. Doctor en Biomedicina Aplicada., Universidad de Castilla-La Mancha

Shining symbols/Shutterstock

Un reciente estudio canadiense ha planteado una posible asociación entre la intolerancia a la lactosa y la frecuencia de las pesadillas, reavivando el viejo mito de que el queso provoca sueños perturbadores.

Aunque el hallazgo resulta intrigante, la investigación presenta, como veremos, limitaciones importantes. Porque a pesar de la atención mediática, aún estamos lejos de poder afirmar que la dieta tenga una influencia directa y comprobada sobre los sueños.

Los “sospechosos habituales”

Desde hace décadas circula la creencia de que comer ciertos alimentos o cenar tarde pueden afectar negativamente la calidad del descanso nocturno y alterar el contenido de los sueños, volviéndolos más vívidos, perturbadores o incluso pesadillescos.

Entre los “sospechosos habituales” se incluyen comidas pesadas, alimentos muy condimentados, dulces ricos en azúcar refinada y, con particular frecuencia, los productos lácteos. ¿Tiene alguna base científica esta percepción?




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¿Por qué soñamos que caemos al vacío o perdemos los dientes? El misterio de los sueños recurrentes


Otra encuesta canadiense realizada en 2015 ya exploró la cuestión. El estudio recogió respuestas de 396 personas y reveló que el 17,8 % de los participantes relacionaban algún tipo de alimento con sueños desagradables. En concreto, los lácteos (leche, queso, helado) y los dulces azucarados eran los productos más frecuentemente señalados.

Por otro lado, algunos participantes también afirmaron que ciertas comidas, como frutas o vegetales, les generaban sueños positivos, lo que apunta a una posible dimensión subjetiva y simbólica de la relación entre alimentación y contenido onírico.

Otro factor relevante es la hora de la cena. Diversas investigaciones han mostrado que cenar tarde –particularmente dentro de las dos horas previas al sueño– puede alterar la calidad del descanso.

El nuevo estudio, publicado en Frontiers in Psychology, retoma el asunto y vuelve a apuntar a los lácteos como principales responsables. ¿Cómo de sólidas son las evidencias?

Más de mil estudiantes entrevistados

Los científicos –liderados por Tore Nielsen, el mismo investigador que dirigió el trabajo de 2015– entrevistaron a 1 082 estudiantes universitarios. El cuestionario incluía preguntas sobre la calidad del sueño, la frecuencia e intensidad de los sueños, los hábitos alimenticios, la salud mental y física, y cualquier relación percibida entre los alimentos consumidos y el contenido de las vivencias oníricas.

Un objetivo importante era analizar las creencias subjetivas sobre si ciertos tipos de comida afectaban o no a su descanso. Este enfoque, aunque útil para identificar percepciones sociales, tiene una limitación crucial: se basa en autoinformes, sin verificación objetiva de las condiciones fisiológicas del sueño o la digestión.

Lo que reportaron los voluntarios

Los resultados revelaron varios datos interesantes:

  • Aproximadamente un tercio de los encuestados declaró experimentar pesadillas frecuentes, si bien las mujeres mostraron una mayor tendencia a recordar sus sueños y reportar trastornos del sueño.

  • En total, un 40 % de los participantes consideró que comer tarde o ciertos alimentos afectaban negativamente su descanso, y un 25 % afirmó que ciertos productos empeoraban la calidad del sueño. Entre los alimentos más señalados se encontraban los dulces, las comidas picantes y los lácteos.

  • Un 5,5% de los encuestados afirmó que lo que comían influía directamente en el contenido o tono de sus sueños, y muchos de ellos describieron que los lácteos y los dulces los volvían más vívidos o inquietantes.

  • Y, por último, uno de los hallazgos más citados fue la relación entre intolerancia a la lactosa y pesadillas: quienes reportaban este trastorno también manifestaban síntomas gastrointestinales nocturnos, peor calidad del sueño y mayor frecuencia de sueños negativos.

Sin relación causa-efecto

La interpretación de estos datos exige cautela. Como ha explicado Tore Nielsen, los resultados apuntan a una asociación, pero no prueban una causalidad. Es decir, que dos fenómenos coincidan (por ejemplo, consumir queso y tener una pesadilla) no implica que uno cause el otro. El trabajo no se diseñó para establecer una relación causa-efecto entre ingerir lácteos y la aparición de sueños angustiosos.

Además, no fue un experimento controlado, sino una encuesta basada en percepciones subjetivas. No se utilizaron mediciones fisiológicas ni registros polisomnográficos del sueño, y tampoco se controló de forma objetiva qué alimentos se consumieron, en qué cantidad o bajo qué condiciones.

Malas noches sin un claro culpable

Otro aspecto a tener en cuenta es que las molestias digestivas nocturnas pueden, efectivamente, alterar el sueño. Estudios en gran escala muestran que síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases y reflujo se asocian con mayor fragmentación del sueño, despertares frecuentes y mala calidad del descanso.

Además, entre pacientes con trastornos funcionales gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable, se ha observado una disminución del sueño profundo (etapa N3) y un aumento de microdespertares. Estas interrupciones, aunque breves o imperceptibles, pueden generar estados intermedios de conciencia durante los cuales los sueños se vuelven más vívidos, fragmentados o emocionalmente intensos, sobre todo si hay malestar físico.

Sin embargo, esto no implica que el queso sea el culpable. Muchas veces, las personas tienden a identificar a los lácteos como la causa de un malestar por influencia de discursos populares y narrativas difundidas en redes sociales, más que por evidencia personal comprobada. Además, en la práctica diaria no solemos ingerir alimentos de manera aislada, lo que dificulta atribuir un efecto específico a un solo ingrediente.

Más preguntas que respuestas

En sus conclusiones, los propios autores de la investigación subrayan la necesidad de replicarla con muestras más amplias y diversas –en edad, cultura y patrones alimentarios–, así como emplear métodos más rigurosos, como estudios experimentales con grupos controlados, monitorización del sueño y administración de alimentos bajo condiciones controladas.

El estudio ofrece una pista interesante sobre cómo la alimentación podría, en algunos casos, interferir con el descanso nocturno, especialmente en personas con intolerancias alimentarias. Sin embargo, aún no hay evidencia concluyente que respalde la afirmación de que los lácteos –ni ningún alimento específico– provoquen pesadillas de forma directa.

The Conversation

Álvaro Astasio Picado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es verdad que cenar queso provoca pesadillas? La compleja relación entre la dieta y los sueños – https://theconversation.com/es-verdad-que-cenar-queso-provoca-pesadillas-la-compleja-relacion-entre-la-dieta-y-los-suenos-260538

Ahora que dos mujeres codirigen ‘Elio’, ¿quiénes fueron las pioneras en el cine de animación de Disney?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Vicens Poveda, Doctora en Comunicación Audiovisual y docente en UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología), UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Princesas, reinas, brujas y hadas madrinas. Las películas de animación están plagadas de personajes femeninos con una enorme carga simbólica. Muchas de ellas ya forman parte de nuestro imaginario colectivo. Sin embargo, a pesar de que en la ficción animada reinan las mujeres, en el ámbito de la producción las creadoras han estado relegadas a un segundo plano.

La nueva película Disney Pixar, Elio, está codirigida por dos mujeres –Madeline Sharafian y Domee Shi, directora de Red– que firman el largometraje animado junto a Adrian Molina (codirector de Coco).

Ante este acontecimiento, conviene recordar a las pioneras del cine de animación, esas mujeres artistas que fueron abriendo un camino necesario para que actualmente tengamos referentes fundamentales como Mérida, en Brave (codirigida por Brenda Chapman), o Mei Lee, en Red.

Mujeres sólo en la pantalla

En la antigua Grecia, había templos y ofrendas diarias dedicados a las diosas. Pero la mujer griega apenas poseía derechos básicos.

Igualmente, las películas más populares de los estudios de animación –desde Blancanieves y los siete enanitos (1937) hasta las últimas producciones de Pixar como Inside Out 2 (2024)– están protagonizadas por personajes femeninos. Pero, como decíamos al inicio, sus creadores han sido, en esencia, masculinos. Y quizá, al igual que las diosas griegas, estos personajes acaban siendo la idealización de una mujer inalcanzable… por lo imposible de hacer realidad su personalidad y físico.

A partir de la evolución actual, parece que a mayor cantidad de mujeres en el equipo de producción, mayor realismo y profundidad existe en los personajes femeninos. Aunque no es el caso de las creaciones del Studio Ghibli japonés (en La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, entre otras), en el cine de animación occidental, salvo excepciones, las protagonistas, a pesar de ser icónicas, no han tenido verdaderos rasgos humanos hasta la llegada de mujeres creadoras.

Incluso cuando se inspiraban en personas reales, sus artífices acababan por eliminar toda la naturalidad de los personajes. Es el caso, por ejemplo, de Ariel en La sirenita. Para crearla se utilizó como modelo de referencia a la actriz y animadora Sherri Stoner. Pero su cuerpo escultural y fuerte fue adelgazado hasta el extremo para conseguir lo que el crítico cultural Henry Giroux definió como una Barbie anoréxica.

La llegada de mujeres animadoras, guionistas y artistas ha coincidido –probablemente no de forma casual– con la llegada de una nueva idea de mujer y niña al mundo de la animación.

Como aseguraba la dibujante Joanna Quinn: “El verdadero desafío es la noción de belleza impuesta. Es muy difícil inyectar emoción en personajes femeninos si siempre tratas de mantenerlos como personajes encantadores y resplandecientes”. Eliminando esta belleza angelical, de pronto aparecen personajes con carácter y expresión como Anna (en Frozen) o la ya mencionada Mérida (en Brave), ambas creadas por mujeres.

Fotogramas de las películas Cenicienta (1950), Brave (2012), La Bella durmiente (1959) y Frozen (2013)
De izquierda a derecha, de arriba a abajo: Cenicienta, Mérida en Brave, la Bella Durmiente y Anna, en Frozen: Protagonistas enfadadas y dormidas creadas por hombres frente a las mismas emociones en personajes creados por mujeres.
‘Collage’ creado por la autora a partir de capturas de pantalla de las películas.

Las pioneras Disney

Las primeras mujeres empleadas por la productora Disney se dedicaban exclusivamente al entintado, es decir, a colorear los dibujos de los animadores. Cuando demostraban verdadero talento, pasaban a ser inbetweeners, realizando los dibujos que faltaban entre un fotograma y otro para crear un movimiento más fluido. Poco a poco, estas “niñas” (se referían a su departamento en la compañía como girls department) fueron mostrando verdadero talento y consiguiendo puestos antes reservados para hombres.

En 1936 Bianca Majolie se convirtió en la primera animadora de la productora. Fue contratada por el propio Walt Disney para realizar las aportaciones que, según él, sólo una mujer podía realizar (lazos, hadas y animalitos). Pero Majolie demostró que podía contribuir de otras formas, y su influencia puede observarse en obras clave como Dumbo y Fantasía 2000, basadas en sus dibujos y conceptos.

Precisamente en la primera versión de Fantasía, estrenada en 1940, participó un alto número de mujeres (para la época). Al tratarse de una película compuesta por cortometrajes experimentales, Disney permitió a varios artistas en ciernes colaborar en ella. Majolie trabajó junto a Ethel Kulsar y Sylvia Holland y esta última fue, de hecho, directora del primer equipo femenino artístico de la industria.


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Pero quizás la más conocida de estas pioneras sea Mary Blair. Artista, dibujante y diseñadora, trabajó en distintos conceptos artísticos para películas de Disney tan importantes como Peter Pan y La Cenicienta.

Su interesante uso del color hizo que la contrataran de inmediato, marcando una nueva línea estética para la productora. Muchos de los hombres animadores rechazaban su trabajo, entre otras cosas porque el uso de colores planos hacía muy complicada su animación. En la década de los 50, Blair abandonó los estudios para dedicarse a la ilustración de cuentos infantiles, pero “tío Walt” la volvió a contratarla para distintos proyectos artísticos, entre los que destaca la atracción “It’s a Small World”, diseñada por ella para el parque de atracciones de Disney en 1964.

Un hombre y una mujer sentados ante una mesa con dibujos.
Walt Disney y Mary Blair presentando la atracción ‘It’s a Small World’.
DisneyFanClub

La primera mujer en Disney acreditada como animadora –anteriormente aparecían bajo el paraguas de otros departamentos– acabó siendo Retta Scott. Artista e ilustradora, Scott trabajó como animadora en Pinocho, Dumbo y Bambi. En esta última se centró en las escenas más violentas de la película, diseñando a los perros de caza que asesinan a la madre del protagonista. Rompió así con los prejuicios de la industria que encasillaban a las mujeres en obras dulces y escenas románticas.

Directoras y directivas

A partir de la década de los 60, más mujeres fueron llegando a Disney con puestos relevantes. Y en los 90 comenzaron a formarse grupos artísticos femeninos que trabajaron en la creación de distintos personajes. Cabe destacar entre estos a Frollo, de El jorobado de Notre Dame, uno de los villanos más inquietantes de sus películas –por su realismo y perversión–, diseñado exclusivamente por mujeres.

Con la llegada del nuevo milenio, más directoras y productoras han aparecido en los créditos de distintas obras de la compañía, siendo muchos de estos filmes verdaderos fenómenos como Frozen o Brave. Con su llegada a los puestos directivos, aparecen nuevos personajes femeninos más realistas y complejos, que mantienen relaciones profundas con otras mujeres y superan estereotipos sexistas como la manida rivalidad femenina o la dulzura como única virtud de su género.

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Ana Vicens Poveda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Ahora que dos mujeres codirigen ‘Elio’, ¿quiénes fueron las pioneras en el cine de animación de Disney? – https://theconversation.com/ahora-que-dos-mujeres-codirigen-elio-quienes-fueron-las-pioneras-en-el-cine-de-animacion-de-disney-259202

Los ‘lobbies’ tecnológicos quieren frenar la aplicación de la ley europea de inteligencia artificial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Moisés Barrio Andrés, Profesor de Derecho de Internet, Universidad Carlos III

Ivan Marc/Shutterstock

En las últimas semanas, y debido a las presiones de algunos Estados (con EE. UU. a la cabeza) y ciertas compañías tecnológicas, la Comisión Europea está considerando una pausa en la aplicación del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (el RIA o AI Act) cuya aplicación está pautada para el próximo 2 de agosto.

A primera vista podría parecer una decisión prudente. Pero una mirada más profunda sugiere otra cosa: una pérdida de visión justo en el momento en que Europa necesita un verdadero liderazgo. La UE debería abordar los retos de la regulación jurídica de la IA sin rodeos: no aplazando su ambición, sino redoblando su estrategia digital.

El RIA no es una ley cualquiera. Tanto los responsables políticos de la UE como los observadores internacionales la han celebrado como el buque insignia de la reivindicación del liderazgo mundial de la UE en la elaboración de normas (el efecto Bruselas) para garantizar una visión regulatoria centrada en la persona. En efecto, y desde el Libro Blanco sobre la inteligencia artificial, de febrero de 2020 (“un enfoque europeo orientado a la excelencia y la confianza”), el propósito ha sido no sólo garantizar la seguridad, sino también definir un camino europeo hacia una innovación en IA digna de confianza y centrada en el ser humano. Un retraso significativo o una modificación a gran escala del RIA enviaría el mensaje contrario: que la UE ya no confía en sus propias ambiciones.

¿Es el RIA una norma compleja? En efecto, lo es

En un análisis reciente, publicado en el Real Instituto Elcano, he defendido que la Unión Europea debe ir más allá de las políticas fragmentadas o las acciones erráticas y, en su lugar, perseguir una estrategia digital coherente, basada en valores en todo el ámbito digital. Desde el comercio electrónico hasta los espacios de datos, los chips y la computación cuántica, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial es un elemento estratégico de esta visión global. Socavarlo, o retrasar su aplicación, no sólo prolongaría la inseguridad jurídica para las empresas europeas de IA, sino que ahogaría uno de los proyectos reguladores más ambiciosos de la UE en la última década.

Las autoridades públicas de los respectivos Estados miembros están estableciendo sus normas de supervisión de la IA. En este proceso, España ha sido pionera dentro de la UE y ya ha constituido la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial, la AESIA.

No obstante, los estándares técnicos de los sistemas de IA todavía no están listos, si bien ya existe la norma ISO 42001. El código de buenas prácticas de modelos de IA de uso general (GPAI, por sus siglas en inglés) está siendo objeto de una dura batalla de cabildeo, sobre todo debido a las tensiones transatlánticas. Pero ninguno de estos retos justifica que Europa reniegue de sus planes para la IA.




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¿Pueden realizarse algunas reformas? Sin duda

Es necesario simplificar, aclarar e incluso recalibrar el cumplimiento normativo de esta norma para pymes y startups. España, de forma pionera, está llevando a cabo una prueba piloto en un espacio controlado (sandbox) con el objetivo, precisamente, de intercambiar las mejores prácticas mediante la cooperación entre el sector público y el privado. Pero eso no es lo mismo que desregular.




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Sería un grave error estratégico confundir la necesidad de una preparación sólida con una justificación para la suspensión a largo plazo de la aplicación del RIA. En todo caso, confirmaría lo que muchos críticos llevamos tiempo advirtiendo: la UE es fuerte en la elaboración de legislación, pero débil en su aplicación y cumplimiento.

Además, someterse a la presión geopolítica sería una herida autoinfligida. Al parecer, Washington ha pedido a Bruselas que detenga la aplicación de la norma, pero la UE no debe subordinar su autonomía jurídica a una baza negociadora en las negociaciones comerciales con el gobierno estadounidense.

¿Estamos ante un nuevo efecto Washington, una contracción de la gobernanza para fortalecer la supremacía de las empresas?

Los pasos a seguir

Aunque la UE debe mantener firme su compromiso con la asociación transatlántica, también tiene que defender sus valores fundacionales y constitucionales. Al fin y al cabo, es precisamente la insistencia de la UE en los derechos fundamentales, la clasificación de riesgos, la responsabilidad y la transparencia lo que distingue su enfoque del modelo mínimamente intervencionista del laissez-faire o los excesivamente centralizados y estatalistas.

La verdadera lección de este debate no es tanto que la UE haya regulado en exceso el sector tecnológico, sino que ha subestimado lo que realmente implica una estrategia política eficaz. A mi juicio, en lugar de retractarse de la norma, la Comisión debería aprovechar este momento para dar dos pasos audaces y muy urgentes:

  1. Consolidar los esfuerzos dispersos para apoyar a las pequeñas y medianas empresas. Las pymes necesitan un apoyo económico que sea a la vez autorizado y útil, y no un extenso mosaico de guías, algunas de dudosa solvencia técnica, publicadas por numerosas instituciones públicas e iniciativas privadas.

    La Comisión tendría que lanzar un paquete completo de medidas de fácil cumplimiento para las pymes –que incluyera orientaciones jurídicas claras y listas de evaluación y control– y establecer una ambiciosa ventanilla única de la UE y la concesión de incentivos financieros y fiscales atractivos. El cumplimiento normativo debe ser un camino hacia la innovación, no un campo de minas burocrático.

  2. Poner en marcha una estrategia integral para la industria digital, centrada en la construcción de una infraestructura digital soberana allí donde más importa: la computación cuántica, la inteligencia artificial, la nube, las plataformas de datos resilientes y los sistemas de ciberseguridad y defensa digital. No se trata de sustituir a los socios mundiales, sino de garantizar que Europa pueda dar forma –y no solo consumir– las tecnologías del mañana y aprovechar mejor nuestros puntos fuertes, así como nuestras ventajas estratégicas.

Cada uno de estos pasos se enfrentará a una feroz resistencia. Ninguno será fácil. Pero tampoco lo fue la creación del mercado único y el lanzamiento del euro, ni la respuesta unificada de la UE al covid-19 o a la guerra de Rusia contra Ucrania.

Todos los hitos de la integración europea comenzaron con dudas y debates, y terminaron como un momento decisivo de fuerza y solidaridad. La UE se encuentra ahora ante otro momento semejante. Como he afirmado en el pasado, se trata de que Europa no solo siga adelante, sino que contribuya decisivamente a dar forma al presente y futuro. Que no deje su destino a otros, sino que lo tome en sus propias manos.

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Moisés Barrio Andrés no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Los ‘lobbies’ tecnológicos quieren frenar la aplicación de la ley europea de inteligencia artificial – https://theconversation.com/los-lobbies-tecnologicos-quieren-frenar-la-aplicacion-de-la-ley-europea-de-inteligencia-artificial-260475

Cuando ellas tiraban de los barcos: la historia olvidada de las sirgueras de Bilbao

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo Anuarbe, Investigadora en Internet de las Cosas, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Grupo escultórico ‘Las sirgueras’, de Dora Salazar, en Bilbao. Fue inaugurado en 2021 como homenaje a estas sufridas trabajadoras. RICARDO ALGAR/Shutterstock

En la cultura popular y, por supuesto, en los memes, el pueblo vasco es sinónimo de fuerza bruta. Hombres que levantan piedras de media tonelada, que parten nueces con la frente o que hacen competiciones de cortar troncos con hachas más grandes que una maleta de cabina. Pero, curiosamente, cuando se habla de la fuerza legendaria vasca, casi nunca se menciona a las mujeres. Y eso que hace poco más de un siglo hubo mujeres en Bilbao que, literalmente, tiraban de barcos cargados río arriba. A pulso. Sin memes, pero con mucho músculo.

Sí, literalmente: mujeres arrastrando buques por la ría del Nervión a fuerza de brazos, piernas y mucha determinación. Eran las sirgueras.

¿Quién necesita bueyes cuando se tienen mujeres?

Las sirgueras se dedicaban a arrastrar barcos mercantes por la ría del Nervión desde la orilla, sujetas con arneses al pecho o a la cintura, como si fueran animales de tiro humano. Caminaban por los caminos de sirga, sendas paralelas al cauce del río y diseñadas precisamente para facilitar este tipo de tracción. Solían trabajar en grupos de tres a seis mujeres, sincronizando el paso y la tensión de las cuerdas para mantener el rumbo del barco y evitar que encallara o se desviara con la corriente.

Su trabajo no era solo cuestión de fuerza bruta: requería resistencia física, coordinación y conocimiento del terreno. Tenían que adaptarse a las mareas, al caudal del río y a la forma de cada embarcación. En muchos casos, los barcos estaban sobrecargados de mineral de hierro, carbón o productos industriales, lo que hacía la tarea aún más extenuante. Además, el firme de los caminos era irregular, embarrado y, en ocasiones, peligroso.

En aquella época (segunda mitad del siglo XIX) los remolcadores de vapor todavía eran escasos y caros, y no todas las embarcaciones podían permitirse uno. El motor diésel aún estaba por inventar y los avances tecnológicos no llegaban al mismo ritmo a todas las rutas comerciales. En ese contexto, cuando un barco debía remontar el Nervión hacia los muelles de Bilbao necesitaba un sistema auxiliar de tracción. ¿La solución más lógica? ¿Bueyes? ¿Caballos? No: mujeres.

No era así por romanticismo ni por un alarde de fuerza femenina, sino por una lógica económica descarnada. Mantener animales de tiro implicaba inversión en forraje, espacio para establos, veterinarios y descanso para las bestias. En cambio, las mujeres (víctimas de una pobreza estructural) eran contratadas por jornadas, sin necesidad de alojamiento ni manutención, por un salario muy bajo. Su fuerza de trabajo era más rentable, más disponible y, sobre todo, más desechable.

Así que ahí estaban: tirando de buques con decenas de toneladas de carga, a la intemperie, bajo el sol o la lluvia, sin derechos laborales ni reconocimiento. No aparecían en los registros oficiales. No tenían contrato. Su aportación fue crucial para el desarrollo portuario de Bilbao, pero quedó fuera de los relatos históricos durante décadas. Solo recientemente su figura ha empezado a ser recuperada como parte del legado obrero y femenino de la ría.

Mujeres fuertes sí, pero invisibles

El caso de las sirgueras pone en evidencia una tendencia histórica: la invisibilidad sistemática de las mujeres en sectores físicos, técnicos o tradicionalmente masculinizados, como el marítimo. Durante siglos se vendió la idea de que las mujeres eran criaturas frágiles y delicadas que bordaban pañuelos y se desmayaban en salones decimonónicos. Pero no todas estaban bordando. Algunas estaban sudando, tirando barcos en la ría.

Históricamente, el sector marítimo ha sido un entorno cerrado, excluyente y profundamente masculinizado. La presencia femenina en este ámbito ha sido escasa, marginal y casi siempre narrada en clave de excepcionalidad. Cuando aparecen mujeres en los relatos marítimos, suelen ser figuras secundarias, atadas a roles domésticos o administrativos. Se las menciona como viudas que heredan el negocio tras una guerra, esposas que aguantan la economía familiar o hijas que mantienen el papeleo mientras los hombres van al mar.

El discurso dominante ha insistido en que su presencia era temporal, accidental o asistencial, como si nunca hubieran estado ahí por decisión propia o por méritos propios. Como si no fueran trabajadoras, sino sustitutas provisionales en tiempos difíciles.

Sin embargo, las sirgueras rompen por completo esa narrativa. Ellas no estaban allí por ausencia de los hombres, ni por tradición heredada, ni por caridad. Estaban porque eran necesarias, y porque cumplían una función esencial en la logística fluvial de la época. Realizaban un trabajo físicamente durísimo, sin reconocimiento, en condiciones precarias y por salarios irrisorios. Pero lo hacían con eficacia, con organización y con una capacidad que hoy llamaría la atención en cualquier plataforma viral.

Eran mujeres fuertes, sí, pero no por una esencia mágica o mítica, sino porque la vida y el sistema las empujaban a serlo. Muchas eran madres, otras huérfanas, otras simplemente pobres. Y el único camino disponible era el esfuerzo físico: caminar durante horas por la ribera del río, con los pies hundidos en el barro, tensando una cuerda que arrastraba una mole de hierro flotante.

No eran un fenómeno anecdótico ni pintoresco: eran parte estructural del funcionamiento de la ría de Bilbao en el siglo XIX, al mismo nivel que los estibadores, los marineros o los maquinistas. Solo que a ellas no se les dedicaban canciones ni libros. Hasta hace poco, ni siquiera una mención en los archivos oficiales.

La culpa, como siempre, de las supersticiones

¿Y por qué casi no se las recuerda? Por esa costumbre tan humana de barrer lo incómodo debajo de la alfombra. O, mejor dicho, de la cultura marítima tradicional, plagada de mitos y supersticiones que vetaban la presencia femenina en los barcos.

Durante siglos se creyó que una mujer a bordo traía mala suerte. Y esta creencia se convirtió en una excusa perfecta para limitar su acceso al trabajo marítimo, relegándolas a tareas invisibles o, directamente, excluyéndolas. Tanto es así que las excluyó del sector, de los relatos y de los libros de historia.

Lo irónico es que mientras decían que no podían estar en cubierta, ellas tiraban de la embarcación desde tierra.

¿Y hoy?

Hoy, las cosas han cambiado, pero no tanto. Las mujeres siguen siendo una clara minoría en el sector marítimo. Según datos de la Organización Marítima Internacional (OMI), menos del 1 % de la fuerza laboral en este ámbito son mujeres, y la mayoría se concentran en funciones administrativas, no técnicas ni operativas.

Sin embargo, el olvido no es completo. En Bilbao, frente a la ría, hay una escultura que rinde homenaje a las sirgueras. Es una obra de la escultora navarra Dora Salazar, que muestra la silueta de cuatro mujeres tirando de una cuerda. Es un reconocimiento tardío, pero importante. Recuperar su memoria es una forma de devolverles el lugar que nunca debieron perder.

Las sirgueras no son una anécdota curiosa. Son una prueba palpable de que las mujeres han estado en todos los sectores, incluso en los más duros, aunque no se les haya reconocido. Tiraron de barcos por necesidad, pero también con una fuerza que desmonta cualquier estereotipo sobre fragilidad femenina.

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Paula Lamo Anuarbe no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando ellas tiraban de los barcos: la historia olvidada de las sirgueras de Bilbao – https://theconversation.com/cuando-ellas-tiraban-de-los-barcos-la-historia-olvidada-de-las-sirgueras-de-bilbao-260644

Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia López Larrosa, Profesora del departamento de Psicología, Universidade da Coruña

El verano se extiende ante nosotros. Dos meses de vacaciones escolares y la pregunta: ¿qué haremos en este tiempo? Si hay niños y adolescentes en casa, a menudo la pregunta incluye cierta angustia adulta, pues convivir con los más pequeños cuando nosotros estamos ocupados y ellos ociosos puede convertirse en un reto.

Pero las largas vacaciones infantiles del verano ofrecen grandes oportunidades para hacer todas las cosas que no dan tiempo durante el curso, muchas de ellas sin necesidad de moverse del lugar donde vivimos, pagar campamentos caros o hacer largos viajes.

Encontrar y cultivar nuevos intereses

Una posibilidad es aprender algo nuevo, siempre dependiendo de los intereses de cada persona, de las circunstancias familiares y de las opciones que se ofrezcan en el lugar en que nos encontremos.

Puede ser desde tareas tan asequibles como mantener un diario o ejercitar la imaginación escribiendo historias cotidianas o inventadas, hasta recuperar el arte analógico de hacer fotos, pasando por sencillamente visitar museos.




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El verano es el tiempo perfecto para despertar y cultivar la pasión por la lectura. Aprender rimas, en el caso de los más pequeños, escuchar audiolibros en los viajes en coche, leer en voz alta un rato cada día, intercambiar libros y comentarlos entre los miembros de la familia… todas estas son maneras de ayudar a cimentar un hábito lector, algo con un innegable impacto positivo en el cerebro, el vocabulario, la imaginación o la reducción del estrés, además de que contribuirá a un mejor rendimiento académico cuando comience el nuevo curso.

Redescubrir la naturaleza

Los estudios señalan que el contacto con la naturaleza reporta beneficios para la salud física y mental y mejora el bienestar a cualquier edad. El verano parece una época propicia para reencontrarse con la naturaleza y disfrutar de ella y de la familia.

En la naturaleza podemos realizar actividades físicas como deportes acuáticos, tanto en el mar como en ríos o embalses: nos obligan a aprender técnicas y movimientos para evitar lesiones o accidentes, y son un ejercicio perfecto para el calor. Y en el medio terrestre se puede caminar, correr, montar a caballo o andar en bicicleta.




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Atención y ejercicio con plantas y animales

En nuestros paseos por parques, zonas verdes o bosques podemos ver pájaros, flores, árboles, huellas de animales. Si estos paseos se hacen con personas que nos ayuden a leer en la naturaleza y a escucharla, una simple salida al campo puede convertirse en una gran aprendizaje, que nos reporta serenidad y mejora la atención.

Si esta salida se realiza con animales como los caballos, mejoramos nuestro equilibrio, ejercitamos músculos y nos vinculamos con otro ser, al que podemos ensillar, desensillar, bañar o cepillar.

Desarrollar la psicomotricidad fina

En verano, no solo podemos reconectar con la naturaleza, sino que es posible equilibrar la actividad física con otras alternativas de motricidad fina como aprender a coser, dibujar o colorear, hacer manualidades con barro, plastilina, arcilla, hacer cestos, tejer, o usar abalorios para hacer adornos.

Algunas de estas actividades suponen emplear nuevos materiales, pero para otras se usan elementos que nos han acompañado desde hace mucho como el barro, los hilos o el mimbre. Por ello, son una oportunidad para descubrir técnicas antiguas de bordado, cestería o alfarería, y para hablar con nuestros mayores y con los artesanos que mantienen estas tradiciones, que a veces se encuentran precisamente en los lugares donde veraneamos, en pueblos con una tradición, historias y unas costumbres que podemos aprender.

Idiomas veraniegos

En algunos de estos lugares, también es posible adentrarse en su lengua. De hecho, uno de los propósitos del verano suele ser mejorar en un segundo idioma. Viajar permite usar dicha lengua y descubrir formas de vida y costumbres más o menos diferentes.

Para los que prefieran quedarse pero quieran familiarizar el oído a otro idioma, se pueden sintonizar canales de televisión, ver películas, o aprender letras de canciones en otra lengua. Podemos incluso perfeccionar la propia a través, por ejemplo, de clases de oratoria.

Aprender o practicar un instrumento

Un idioma universal es el de la música, que activa nuestro cerebro, produce beneficios atencionales e influye en nuestro estado de ánimo. Los niños más pequeños pueden experimentar creando instrumentos caseros, con elementos como cucharas y vasos, un recipiente con legumbres o una tapa.

Podemos conocer un instrumento para ver si es el que nos gustaría tocar (escuchando, viendo vídeos o localizando a personas que lo toquen) o perfeccionar nuestra técnica en caso de que ya sepamos, adentrarnos en la música de épocas diferentes o en el folclore local, aprender o crear canciones, movernos al ritmo de acordes nuevos e incluso, por qué no, inventar una coreografía.

Tiempo para cocinar y comer mejor

En verano, aunque los adultos estén trabajando, los niños y adolescentes de la casa disponen de más tiempo para disfrutar comprando lo que se va a cocinar, incluso de cultivar a pequeña escala. Aprender a cocinar, a reconocer los alimentos y de dónde proceden son sin duda conocimientos valiosos para adultos y niños que impactan en su salud, autonomía, planificación y organización.

Desaprender también es importante

Como hemos visto, el verano puede ser una época muy propicia para aprender, pero también existe la oportunidad de desaprender. Por ejemplo, desaprender una dependencia excesiva de la tecnología y desaprender la tendencia a hacer las actividades cotidianas a toda prisa y sin pararnos a pensar. Prestar atención a lo que hacemos y disfrutar con ello nos ayuda a estar presentes en el momento y desconectar de los estímulos digitales.

Todo el tiempo que dediquemos a estar en la naturaleza en familia, o permitiendo que los niños exploren y aprendan por sí solos, jugando, haciendo deporte, expandiendo su imaginación, cocinando, escuchando a las personas mayores, haciendo manualidades, cantando o tocando un instrumento, siendo conscientes de dónde estamos y lo que hacemos, es tiempo de calidad que le habremos robado a las pantallas. No se trata de prohibirlas o desecharlas, pero sí de aprovechar para reequilibrar su presencia en nuestra vida.

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Silvia López Larrosa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Actividades veraniegas para niños y adolescentes al alcance de todos – https://theconversation.com/actividades-veraniegas-para-ninos-y-adolescentes-al-alcance-de-todos-259150