Quevedo, Bad Bunny y Rawayana conectan con las raíces a través de las letras de sus canciones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Isabel Cristina Alfonzo de Tovar, Doctora en español y su cultura, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

El cantante Quevedo en el Festival Arenal de 2023. Christian Bertrand/Shutterstock

El 13 de febrero de 2026 el cantante canario de música urbana, Quevedo, lanzó su nueva canción, “Ni borracho”. En la semana siguiente al lanzamiento, alcanzó el liderazgo en las listas españolas, tanto en la Chart Spain Songs de Billboard como en Top 100 Canciones de Promusicae, desbancando al omnipresente Bad Bunny.

Precisamente, venimos del espectáculo del puertorriqueño del medio tiempo de la Super Bowl (¿o Súper Tazón?) 2026 el 8 de febrero que generó mucha polémica. En primer lugar, por el uso del español en un contexto que, por tradición, siempre ha sido angloparlante. Además, porque se realizó mientras el país norteamericano atraviesa una difícil situación de polaridad entre los que apoyan o rechazan las acciones del gobierno estadounidense ante la migración. Y, por supuesto, se cuestionó la dificultad para comprender el español de una variedad local como la utilizada por Bad Bunny, incluso por hispanohablantes.

Dos ejemplos del éxito de una misma tendencia

También Quevedo, en su nuevo tema, apuesta por la identidad cultural de las Islas Canarias. Lo hace a través de un derroche de léxico compuesto por estructuras fraseológicas cargadas de referentes culturales que caracterizan al Archipiélago Canario. En las redes sociales se ha debatido mucho esta propuesta y la posible “referencia” al puertorriqueño.

Ambos intérpretes emplean una estrategia en la elaboración de sus canciones que está conectando con un público ávido por sentirse representado en la música que escuchan. Los dos, junto con otros muchos cantantes de todo el ámbito hispanohablante, utilizan sus raíces locales y su léxico más diferencial para que todo el mundo pueda sentirse incluido. Al fin y al cabo, todos tenemos una raíz y podemos conectar con el sentimiento que provoca la música global que nace desde sociedades locales. No es necesario entender lo que se dice; basta con saber que se dice desde dentro y que para el intérprete representa una descarga emocional.

Desde el punto de vista del léxico empleado, se trata en muchos casos de términos que se usan tanto en Canarias como en América, ya que ambos territorios comparten una buena cantidad de palabras y expresiones: pibe-a por chico-a, chance por oportunidad, guagua por autobús, etc.

Pero en su mayoría son vocablos exclusivos de los lugares donde crecieron. Así, Quevedo canta “¿Quién carajos dijo por ahí que en Canarias no hay enrale?”, que significa “diversión”. También dice “Se me está yendo el baifo”, donde “írsele a uno el baifo” quiere decir “despistarse”. Y entona “Mogollones, bailoteo, solo escucho: ‘Chacho, chacho’”. Los “mogollones” son las fiestas de los carnavales, similares a las verbenas, y “chacho” es una fórmula apelativa que se usa entre iguales, generalmente para llamar la atención o expresar sorpresa.

El texto está lleno de referencias culturales canarias: vírgenes locales, fiestas populares, topónimos, marcas comerciales exclusivas de las Islas, etc. Además, tanto él como Bad Bunny emplean múltiples referencias a la familia, sobre todo a la infancia de los músicos, la madre y los abuelos. En ambos casos se siguen reforzando así las conexiones locales.

Volver a las raíces

En este sentido, más que pensar en un plagio de estilo, habría que destacar el movimiento musical que está naciendo. Se trata de generar identidad cultural y reconocimiento de lo propio a través de la lengua y los referentes culturales vernáculos. Por supuesto, en ello ha de reconocerse el impacto mediático, social, cultural y lingüístico que ha provocado Bad Bunny.

Es curioso también el efecto que la Super Bowl ha tenido en el aumento del interés por hablar español en plataformas digitales como Duolingo o Preply, así como en la búsqueda de materiales y recursos para el aprendizaje de esta lengua. Por tanto, es necesario destacar la vinculación entre este movimiento musical y su impacto en la lengua española desde una perspectiva intercultural.

De hecho, esta tendencia musical crece en el ámbito hispanohablante. Muchos artistas se están uniendo a ella, lo que favorece el acercamiento entre culturas, independientemente de la dificultad que pueda presentar el intentar comprender la letra de las canciones.

Rawayana: identidad de una diáspora

Un claro ejemplo lo encontramos el grupo venezolano Rawayana, reconocido con el Premio Grammy en 2025 a Mejor álbum latino de rock o alternativo. La banda despertó, en torno a un vocablo de origen despectivo “veneka”, un movimiento de identidad cultural entre la diáspora venezolana.

“Veneka” (veneco) es un término que nace en los años 70 para referirse a los descendientes de migrantes colombianos que nacieron en Venezuela (Venezuela-Colombia). Durante la diáspora masiva de los últimos años, se recuperó el término para referirse de manera despectiva a los venezolanos migrantes, sobre todo en Colombia, Perú y Chile. En la actualidad, y teniendo la canción homónima como símbolo de reivindicación, el uso del término ha cambiado. Ahora representa la resistencia de, sobre todo, las venezolanas.

Caracterizada por su estilo trippy-pop, Rawayana ha lanzado recientemente su último disco: ¿Dónde es el After?. Muchas de sus canciones ya son trending topic en redes sociales. Por ejemplo, “Inglés en Miami”, una colaboración con el cantante colombiano Manuel Turizo, se volvió viral a partir del juego de palabras “tocotocoto”. El tema también incluye venezolanismos como tremenda nota (“muy agradable”) y expresiones propias del spanglish (“te voy a miss u”), un fenómeno lingüístico muy característico actualmente de la diáspora venezolana, cubana y puertorriqueña en Florida.

Finalmente, el tema “Qué rico PR!” promueve un acercamiento entre Puerto Rico y Venezuela a través del léxico y las referencias culturales, aunque también se incluyen vocablos de otras variedades del español.

Algunos ejemplos son los juegos de palabras entre palta (término utilizado en Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Uruguay y algunas zonas de Paraguay y Ecuador) y aguacate (usado en México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, España, República Dominicana y Puerto Rico); o guineo (Puerto Rico) y cambur (Venezuela) –para referirse al plátano–. Aunque se centra en topónimos puertorriqueños, la letra también hace uso de venezolanismos muy coloquiales –qué lacreo para decir “¡qué bien!”– o de spanglishhoy hay un jangueo (“hoy hay una fiesta”), derivado del inglés hang out (“pasar un rato”)–.

Manual de resistencia musical

Desde hace tiempo la globalización parece estar generando un mundo uniforme y muchos pueblos sienten que están perdiendo su lengua (español frente a inglés), su música (ritmos latinos frente a músicas más comerciales) y, en general, su historia.

Esto está produciendo una reacción en la juventud que no quiere abandonar la globalidad que tantas cosas le proporciona (comercio, internet, movilidad), pero que se niega a renunciar a su cultura. Los artistas latinos están descubriendo una forma de llegar a todo el mundo sin soltar la conexión con lo propio. Todos podemos sentirnos identificados con ellos, sobre todo cuando hacen buena música.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Quevedo, Bad Bunny y Rawayana conectan con las raíces a través de las letras de sus canciones – https://theconversation.com/quevedo-bad-bunny-y-rawayana-conectan-con-las-raices-a-traves-de-las-letras-de-sus-canciones-276487

Si la mayoría de los adolescentes rechazan el acoso, ¿por qué les cuesta defender a la víctima?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Bravo, Investigadora predoctoral Psicología, Universidad de Córdoba

Monkey Business Images/Shutterstock

Cuando un grupo de escolares llaman a una estudiante “la empollona rarita” en el pasillo, decenas de compañeros y compañeras observan la escena. Algunos bajan la mirada para no meterse en problemas. Otros ríen para disimular y no perder su estatus en el grupo. Aunque la mayoría sabe que lo que sucede no está bien, pocos darán el paso de salir en defensa de la ofendida.

La investigación muestra que la mayoría de los adolescentes rechazan actos de acoso escolar como el descrito, y afirman que intentarían detenerlo. Sin embargo, una cosa es lo que uno piensa y sabe que es correcto, y otra muy distinta es actuar contra la violencia llegado el momento.

Defender a una víctima de acoso escolar supone un acto moralmente valiente que requiere de un proceso de toma de decisiones complejo. Y hay ciertos perfiles que tienden a defender a la víctima más que otros.

Dispuestos a intervenir

Lo hemos comprobado tras analizar durante dos años a más de 3 000 estudiantes españoles de entre 9 y 17 años. A diferencia de la mayoría de estudios, que ofrecen una fotografía fija sobre la implicación en el comportamiento, investigamos cómo evoluciona la implicación en defensa de la víctima a lo largo del tiempo.

La principal conclusión es que esta implicación es, de hecho, bastante estable: ocho de cada diez adolescentes se percibieron como defensores de forma continuada. Es decir, para la mayoría ayudar a quien sufre no es una reacción puntual, sino una disposición relativamente consolidada.




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En el extremo opuesto, un 7 % de los escolares mantuvieron de forma sostenida una actitud pasiva ante la situación, mostrándose indiferentes ante el sufrimiento de la víctima.

Identificamos además dos grupos más pequeños, pero especialmente reveladores, cuya actitud cambió con el tiempo. En torno a un 5 % redujeron su conducta de defensa, mientras que el 4 % aumentó su implicación.

Si la defensa de la víctima es una conducta que puede fortalecerse o debilitarse durante la adolescencia, ¿en función de qué factores lo hace? ¿Se trata de características personales o tienen que ver con el contexto?

La pasividad frente al acoso indica aislamiento

Quienes defienden de forma estable suelen sentirse más integrados en el grupo de iguales. También se perciben como más populares y muestran un mayor respeto por las normas de convivencia. En otras palabras, ayudar a quien sufre no parece aislar socialmente, sino todo lo contrario. Y eso podría generar una dinámica de retroalimentación que permite mantener el comportamiento.

Quienes no suelen salir a defender a sus compañeros, por el contrario, tienden a sentirse peor integrados en el grupo, menos populares y más desconectados de lo normativo. Esto sugiere que la pasividad frente al acoso no es simplemente “no meterse en problemas”, sino que puede ser, además, una señal de aislamiento y desconexión social y moral.




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Quienes aumentan su implicación en la defensa tienden a sentirse cada vez más aceptados y populares dentro del grupo de iguales. Estos resultados cuestionan una idea muy extendida: la de que intervenir en situaciones de acoso supone arriesgar el propio estatus social. Nuestros datos sugieren que, lejos de eso, defendiendo defender a un compañero puede ir de la mano de la cohesión grupal y la popularidad.

Por último, quienes dejan de defender muestran un progresivo distanciamiento de lo normativo. Por lo tanto, los adolescentes saben que defender a la víctima es lo esperable y que no hacerlo genera una falta de implicación con las normas que rigen la convivencia y la dinámica social del grupo de iguales.

En conjunto, los resultados dibujan una idea clara: el clima del aula importa. Cuando los estudiantes se sienten parte del grupo y se identifican con las normas que guían una convivencia sana y segura, aumenta la probabilidad de que ayuden a quien lo necesita. Cuando esa conexión falla, el silencio se vuelve más probable.

Complejidad en el pasillo del instituto

El pasillo del instituto no es un lugar neutro: se desarrolla en él una dinámica compleja de roles, interacción social, criterio moral y manejo de la popularidad. Por eso, no se trata de convencer a los adolescentes de que defender a la víctima es lo correcto. Esto ya lo saben. El reto está en crear un entorno que facilite actuar: que en ese pasillo, en esa aula, haya unas normas no escritas pero con las que todos se identifiquen.

Esto implica crear un contexto donde el ambiente del centro sea participativo, donde las reglas se acuerden de forma consensuadas y sean claras. También supone generar espacios de diálogo y reflexión compartidos a todos los niveles (docentes, estudiantes, familias) desde los que analizar cuáles son las implicaciones de su comportamiento.

Cuando las normas son compartidas y el grupo transmite apoyo y seguridad, la defensa se percibe como una responsabilidad, que les motivará y les dará el coraje de pasar de la intención a la acción real.

The Conversation

Christian Berger recibe fondos de ANID BAND CIN250046

Eva M. Romera Félix recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación (PID2020-113911RB-I00)

Ana Bravo y Rosario Ortega Ruiz no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Si la mayoría de los adolescentes rechazan el acoso, ¿por qué les cuesta defender a la víctima? – https://theconversation.com/si-la-mayoria-de-los-adolescentes-rechazan-el-acoso-por-que-les-cuesta-defender-a-la-victima-270098

Cómo y por qué viajar contamina: una radiografía de la huella de carbono del turismo español

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mario Burgui Burgui, Profesor Ayudante Doctor. Análisis Geográfico Regional., Universidad de Alcalá

A escala global, el turismo genera cerca del 8,8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global. Es decir, unas 5,2 gigatoneladas de CO₂ equivalente (CO₂e), la medida métrica utilizada para cuantificar este impacto. Y, en la última década, las emisiones del sector crecieron casi el doble de rápido que las de la economía mundial.

La Organización Mundial del Turismo y el Foro Internacional del Transporte estiman que, si no se toman medidas, el transporte turístico emitirá un 25 % más entre 2016 y 2030. Para frenar esta trayectoria, la Declaración de Glasgow sobre Acción Climática en el Turismo ha hecho un llamamiento a reducir a la mitad el impacto climático del sector antes de 2030 y lograr “cero emisiones netas” lo antes posible.

España está en el centro de este dilema. El turismo representa más del 12 % del PIB y del empleo, lo que nos sitúa entre los países más dependientes del turismo. Al mismo tiempo, esta actividad es responsable de entre el 10 % y el 15 % de las emisiones nacionales. Para reducirlas, primero debemos saber cómo se producen.




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La primera radiografía detallada de quienes viajan desde España

En un estudio reciente hemos analizado a nivel de consumo la huella de carbono de los turistas españoles. El equipo encuestó a 980 turistas sobre su viaje más caro a lo largo de 2023. Se calcularon sus emisiones en transporte, alojamiento, comida, compras y ocio.

El resultado medio por viaje es de 662 kilos de CO₂e, con una estancia promedio de 6,7 noches. Esto equivale a la décima parte de las emisiones anuales totales per cápita (5,95 toneladas de CO₂e/año). O lo que es lo mismo: en menos de una semana viajando emitimos más que en cinco semanas en casa.

El transporte genera casi la mitad de esas emisiones (48%), siendo la principal causa el viaje hasta y desde el destino. La comida, el ocio y las compras suman un 33 %. El alojamiento aporta cerca del 20 %. Comer y beber, tanto dentro como fuera del hotel, suman en torno a una quinta parte de la huella total del viaje.

La diferencia entre viajar dentro y fuera de España es determinante. Para destinos nacionales, la huella por viaje es de unos 493 kilos de CO₂e. Para destinos internacionales, sube a casi 898 kilos. La razón principal es el uso de avión para los viajes de larga distancia.

No solo importa cuántos viajes se hacen, sino cómo y a dónde

El estudio confirma un patrón claro: a mayor renta, mayor huella turística. Las personas con ingresos mensuales superiores a 3 500 euros generan muchas más emisiones que las personas con menos recursos, porque viajan más lejos y gastan más en el destino. Es decir, lo que gastamos en vacaciones predice bien nuestra huella de carbono.


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También se observan diferencias geográficas. Las personas residentes en las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid presentan las emisiones por viaje más altas, mientras que algunas provincias del interior registran valores mucho más bajos.

Los datos encajan con estudios internacionales, que muestran cómo un porcentaje relativamente pequeño de viajes de larga distancia puede concentrar una parte muy importante de las emisiones del turismo. Y apuntan a una paradoja: las personas con más estudios no emiten menos. Al contrario, pues suelen tener más ingresos y, por ello, viajan más lejos y más a menudo.

En paralelo, España ya está empezando a notar los efectos del calentamiento sobre su modelo turístico. Informes del Banco de España y otras entidades financieras indican que el turismo se está desplazando desde el Mediterráneo a destinos del norte con veranos más frescos. Por tanto, el cambio climático obliga a repensar tanto la oferta turística como la forma de moverse.




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Qué pueden hacer las administraciones y quienes viajan

Este mapa de emisiones informa a las políticas públicas para actuar donde realmente se concentra la huella. Por ejemplo: incentivar el tren frente al avión en trayectos que lo permitan, mejorar el transporte público en los destinos, exigir alojamientos más eficientes en carbono y promover un suministro alimentario con menor huella.

Algunas ciudades, como Valencia, ya han empezado a calcular y certificar la huella de carbono del turismo. Extender estas mediciones a otros destinos ayudaría a mejorar las inversiones y promociones turísticas.

Por otra parte, las decisiones individuales no sustituyen a las políticas, pero son importantes y la mayoría están al alcance de cualquier turista: elegir destinos más cercanos, priorizar el tren cuando sea posible, reducir el número de vuelos a cambio de estancias más largas, evitar compras innecesarias o bufés desproporcionados, así como optar por alojamientos y operadores con planes de reducción de emisiones. La compensación voluntaria de la huella de carbono también puede ser útil como complemento de las reducciones, siempre que se base en proyectos verificados y de calidad. Este mecanismo se explorará con más detalle en la segunda parte de este estudio.

En un país líder en turismo como España, asumir el verdadero coste climático de las vacaciones y cambiar hábitos de viaje ya no es una opción estética. Se trata de una condición indispensable para que el sector siga siendo un motor económico, más competitivo y con menor impacto ambiental.

Una versión de este artículo se publicó en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo y por qué viajar contamina: una radiografía de la huella de carbono del turismo español – https://theconversation.com/como-y-por-que-viajar-contamina-una-radiografia-de-la-huella-de-carbono-del-turismo-espanol-275355

Las Capitales Europeas de la Cultura: ¿una herramienta de diplomacia cultural en un mundo inestable?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Elena Buslacchi, socio-anthropologue, chercheuse post-doc à L’Observatoire des publics et pratiques de la culture, MESOPOLHIS UMR 7064, Sciences Po / CNRS / Aix-Marseille Université, Aix-Marseille Université (AMU)

El castillo de Trenčín, en Eslovaquia. La ciudad es Capital Europea de la Cultura en 2026, junto con Oulu, en Finlandia. CC BY

En 2026, las ciudades de Trenčín (Eslovaquia) y Oulu (Finlandia) son las seleccionadas para promover la cultura en Europa. Dentro de un lustro, en 2031, España y Malta serán las encargadas de acoger las Capitales Europeas de la Cultura. Nueve ciudades españolas optan a la candidatura (Burgos, Cáceres, Granada, Jerez de la Frontera, Las Palmas de Gran Canaria, Oviedo, Palma, Potries y Toledo) y las finalistas se darán a conocer a mediados de marzo.

En un momento en que el Viejo Continente debe redefinir su papel en el tablero geopolítico mundial, el programa de Capitales Europeas de la Cultura (CEC) se encuentra en una encrucijada. Recientemente, la Comisión Europea abrió una consulta a los ciudadanos para replantearse colectivamente el futuro del programa después de 2033. Su papel como herramienta de diplomacia cultural es ahora más importante que nunca.

Unión a partir de un contexto

Creado en 1985 en un contexto de distensión de la Guerra Fría y de construcción política del proyecto de la Unión Europea, el título de “Capital Europea de la Cultura” se concibió inicialmente para celebrar la diversidad cultural del continente. Desde entonces, se ha convertido en un laboratorio de políticas contemporáneas, pero también en un termómetro de las esperanzas, contradicciones y retos de la propia Europa.

El lanzamiento de las capitales (inicialmente “ciudades”), las CEC, no puede entenderse sin su contexto histórico: el horizonte del fin de la Guerra Fría, en una Europa dividida en la que el telón de acero comenzaba a desmoronarse y la Comunidad Económica Europea (CEE) se ampliaba progresivamente. El programa vio la luz gracias a una conversación fortuita en el aeropuerto entre dos figuras políticas emblemáticas de la época: Jack Lang, entonces ministro de Cultura francés, y Melina Mercouri, actriz comprometida y ministra de Cultura griega.

Ambos tenían una visión ambiciosa: utilizar la cultura como vector de unidad cuando parece seguir siendo un aspecto ignorado del proyecto político europeo. La elección de las primeras ciudades –Atenas, Florencia, Ámsterdam y luego París– reflejaba la aspiración de dar una legitimación simbólica a la futura Unión Europea. Estas capitales históricas, portadoras de un patrimonio artístico e intelectual emblemático, encarnaban una Europa de las artes, la creación y las tradiciones que trascendía las divisiones políticas y económicas.

La cultura como instrumento de regeneración urbana

Y entonces llegó Glasgow (Reino Unido). Era una ciudad industrial en declive, marcada por la desindustrialización y el desempleo endémico. Pero desde finales de los 80, su administración había estado elaborando una estrategia de reactivación del centro de la ciudad con el objetivo de marcar un punto de inflexión simbólico y preparar el terreno para la CEC 1990.

La campaña de promoción “Glasgow’s Miles Better” asociaba de forma pionera los antiguos espacios industriales y la cultura. Su objetivo era revitalizar algunas instituciones culturales (Ópera, Ballet y Orquesta de Escocia, Orquesta Sinfónica de la BBC, Citizen Theatre) y crear un nuevo centro de exposiciones capaz de acoger a artistas y eventos locales e internacionales. El director artístico de la capital, Robert Palmer, futuro autor del primer informe sobre los CEC en 2004, consideró el evento como el punto de partida de un proceso participativo de redefinición “desde abajo” de la cultura local. Este podía incluir tanto la excelencia artística como la tradición histórica, rural e industrial, y retomar la ya consolidada cultura popular y el ocio.

Junto a los grandes conciertos de Luciano Pavarotti y Frank Sinatra, se subieron al escenario toda una serie de asociaciones y pequeños colectivos locales. En Glasgow, 1990 redefinió los límites de la palabra “cultura”, acabando por incluir la historia industrial de la ciudad y permitiendo a su población identificarse con ella. Este efecto regenerador sobre las imágenes y las identidades locales es el legado más fuerte y duradero de la CEC, más allá de los impactos económicos y materiales.

Este caso pionero, junto con otros como Bilbao o Barcelona en España, ha servido de modelo. En otras ciudades europeas, los espacios industriales se transforman en teatros, museos o acogen festivales: la “ciudad creativa” atrae a millones de visitantes y estimula la economía local.

Lille (Francia), CEC 2004, abrió una docena de “casas de la locura” entre su metrópoli y Bélgica, “fábricas culturales” de proximidad instaladas en su mayoría en sitios abandonados o antiguas zonas industriales en desuso. Liverpool (Reino Unido), en 2008, utilizó la CEC para rehabilitar su paseo marítimo y atraer inversiones. A principios de siglo, el programa de las CEC ya no se limitaba a valorar ciudades que brillaban en la escena cultural internacional, sino que se convertía en una verdadera herramienta de transformación urbana, utilizada por territorios en dificultades económicas o sociales para reinventarse y reposicionarse.

La Maison folie de Wazemmes, en Lille.
Wikimédia, Karlsupart, CC BY

Este cambio marcó una evolución en las políticas urbanas, en las que la cultura se percibía cada vez más como una palanca de desarrollo económico, al igual que las infraestructuras o las políticas de atractivo. Las CEC se convirtieron en un instrumento de esta política, capaz de atraer financiación pública y privada, crear puestos de trabajo en los sectores cultural y turístico y mejorar la imagen de ciudades a menudo estigmatizadas.

Laboratorio de las transiciones contemporáneas

Sin embargo, este enfoque recibió críticas. Los primeros estudios reflexivos realizados sobre las CEC, a principios de la década de 2010, subrayaban cómo estas podían también exacerbar las desigualdades sociales y espaciales si no iban acompañadas de políticas públicas inclusivas.

En Marsella (Francia), en 2013, la cuestión se hizo pública con la organización de una verdadera programación alternativa, es decir, eventos paralelos que denunciaban los efectos secundarios e indeseables de la programación oficial. Si bien la CEC de Marsella seguía siendo la expresión de la regeneración observada en años anteriores, también representó el momento en que la inclusión social emergió como un tema central de estos megaeventos.

El programa de las CEC siempre ha sabido integrar la crítica –entre otras cosas gracias a la propia mecánica del proyecto, que a menudo permite encontrar en los jurados de selección de las nuevas CEC a personas que han desempeñado un papel clave en las anteriores–. La participación, que se había cuestionado con motivo de Marsella-Provenza 2013, se convirtió así en un elemento imprescindible de las sucesivas CEC: en Matera-Basilicata (Italia) 2019, la implicación de los ciudadanos fue uno de los ejes fundamentales del proyecto.

A finales de la década de 2010, las Capitales Europeas de la Cultura se convirtieron también en un foro para los grandes retos del siglo XXI y en un espacio de experimentación de las transiciones ecológicas, sociales y digitales. Rijeka, en Croacia, CEC 2020, ilustra esta evolución.

La ciudad, marcada por un pasado industrial e importantes flujos migratorios, centró su programa en las cuestiones de la migración y las minorías, en respuesta a las crisis humanitarias que atraviesa Europa. Los proyectos culturales puestos en marcha –exposiciones, residencias de artistas, debates públicos reunidos bajo el lema “Puerto de la diversidad”– tenían como objetivo fomentar el diálogo intercultural y cuestionar las múltiples identidades de la Europa contemporánea.

Del mismo modo, en Francia, Bourges, futura CEC en 2028, basó su candidatura en la transición ecológica. El proyecto “Bourges, territorio del futuro” planteó el reto de la neutralidad carbónica de la visita, utilizando la CEC como catalizador de la acción climática a nivel local.


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2033 y más allá

Aunque las CEC están programadas por ahora hasta 2033, el futuro del título es objeto de debate. La Comisión Europea ha lanzado una consulta pública para imaginar las CEC del mañana, en un contexto marcado por crisis geopolíticas y medioambientales.

Las CEC 2025, Chemnitz (Alemania) y Nova Gorica/Gorizia (Eslovenia), han elaborado un “Libro blanco para el futuro de las CEC”, basándose en las observaciones pasadas y futuras. Se proponen cuarenta recomendaciones para influir en el proceso de reforma del programa en el ciclo posterior a 2034.

Entre sus temas clave, el libro blanco insiste en la voluntad de reforzar la dimensión europea. Esto podría hacerse introduciendo un criterio de selección fundamental basado en esa identidad, haciendo hincapié en los valores europeos en la programación, desarrollando una estrategia de marca unificada y reforzando la cooperación transfronteriza.

El proceso de selección y seguimiento, considerado demasiado burocrático, también se cuestiona, y la recomendación principal es dar prioridad a un seguimiento alentador en lugar de punitivo. Se cuestiona el legado del evento: las ciudades deberían ser responsables del cumplimiento de las promesas realizadas en sus candidaturas y los gobiernos nacionales deberían implicarse más en el apoyo a las ciudades durante y después de su año capital. La difusión de buenas prácticas, la evaluación por pares y la tutoría entre las antiguas y futuras CEC, que ya existen de manera informal, deberían reconocerse e institucionalizarse, en particular mediante la posible creación de una plataforma central respaldada por las instituciones europeas.

El reto consiste ahora en conciliar su papel simbólico y estratégico, velando por que las próximas ediciones no se limiten a celebrar, sino que tengan como objetivo reforzar la participación democrática y la solidaridad transnacional en un panorama geopolítico cada vez más fragmentado.

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Maria Elena Buslacchi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Las Capitales Europeas de la Cultura: ¿una herramienta de diplomacia cultural en un mundo inestable? – https://theconversation.com/las-capitales-europeas-de-la-cultura-una-herramienta-de-diplomacia-cultural-en-un-mundo-inestable-277145

La audiencia de los ‘youtubers’ puede tener la palabra sobre su tributación

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antoni Bergas Forteza, Profesor de Derecho Financiero y Tributario, Universitat de les Illes Balears

Sopotnicki/Shutterstock

En los últimos años, el traslado de youtubers e influencers españoles al Principado de Andorra ha generado un debate tan intenso como polarizado. A menudo presentado como una “fuga fiscal”, este fenómeno ha puesto sobre la mesa cuestiones mucho más profundas que la simple comparación entre tipos impositivos.

En realidad, el caso de los creadores de contenido digital evidencia los límites de un sistema fiscal construido sobre categorías del siglo XX y aplicado a profesiones que operan en un entorno global, digitalizado y radicalmente diferente.

¿Hasta qué punto la fiscalidad tradicional es capaz de dar respuesta a estos nuevos modelos de negocio? El convenio para evitar la doble imposición entre España y Andorra introduce matices que a menudo pasan desapercibidos en el debate público.

La idea central es clara: la residencia fiscal es un elemento necesario, pero no suficiente. Para entender dónde deben tributar realmente los youtubers, hay que preguntarse dónde se realiza la actividad artística y dónde se encuentra la audiencia que genera valor económico.

Andorra no es un paraíso fiscal

Aunque en el relato mediático Andorra aparece a menudo como un paraíso fiscal, jurídicamente no lo es. Desde 2011, cuando entró en vigor el acuerdo de intercambio de información fiscal con España, el Principado dejó de ser considerado una jurisdicción no cooperativa, es decir, un país que no comparte información de carácter tributario o que no colabora con otros Estados. En 2015, con la firma del Convenio para evitar la doble imposición, esta integración se hizo aún más profunda.

Esto implica que España y Andorra intercambian información fiscal de manera regular Por tanto, el simple hecho de trasladarse allí no garantiza inmunidad tributaria y la clave pasa a ser determinar dónde se genera realmente la renta.

Aquí el análisis legal se complica y el caso de los creadores de contenido digital se convierte en un auténtico laboratorio para repensar la fiscalidad internacional.




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¿Qué son, fiscalmente hablando, los ‘youtubers’?

El punto de partida es determinar la naturaleza jurídica de su actividad. Tanto la normativa española como la andorrana coinciden en considerar que los creadores de contenido generan rendimientos de actividades económicas, ya que movilizan medios propios –equipo, tiempo, habilidades y, sobre todo, imagen personal– para producir un servicio. Ahora bien, ¿pueden considerarse artistas?

Según el modelo de convenio de la OCDE, la categoría “artista” incluye actores, músicos, deportistas y cualquier profesional que participe en espectáculos que generen entretenimiento. También pueden incluirse perfiles que actúan en anuncios o programas televisivos.

De acuerdo con esta interpretación amplia, los youtubers e influencers pueden perfectamente encajar dentro del concepto de artista. ¿Por qué? Porque basan su actividad en su propia imagen; generan espectáculo, entretenimiento o narrativa personal. Además, monetizan su notoriedad de manera directa o indirecta. Y, por último, obtienen publicidad y contratos derivados de su popularidad.

Si se admite esta consideración, las consecuencias fiscales son muy significativas, como demuestran estudios recientes.

El artículo que lo cambia todo

El convenio entre España y Andorra establece, en su artículo 16, que los artistas y deportistas pueden ser gravados por el país donde ejercen su actividad, aunque sean residentes fiscales en otro Estado. Eso significa que si un creador de contenido es residente en Andorra pero ejerce su actividad artística en España, España puede gravar las rentas generadas en este territorio.

Este punto desmonta parcialmente la percepción de que trasladarse a Andorra implica automáticamente “dejar de tener que pagar impuestos en España”.

La variable decisiva: la audiencia

En la economía digital, el creador de contenidos no actúa en un escenario físico. El escenario es la pantalla del consumidor. Por eso, el lugar donde se realiza la actividad no puede identificarse únicamente con la ubicación física del youtuber, sino con la localización del público que da sentido y valor económico al contenido.

Esto implica que, si se da alguna de las siguientes condiciones, existe un argumento sólido para concluir que la actividad artística se está ejerciendo principalmente en España, aunque la persona viva físicamente en Andorra:

  • Si la mayoría de las visualizaciones proceden de España.

  • Si las marcas contratan al creador porque es relevante en España.

  • Si el contenido se produce en castellano y con referentes culturales españoles.

  • Si los vídeos se graban a menudo en ciudades o entornos españoles.

Residencia fiscal vs realidad económica

Incluso si un creador de contenido cumple formalmente los requisitos para ser residente fiscal en Andorra (183 días, centro de intereses económicos, etc.), eso no tiene por qué impedir que España pueda exigir impuestos sobre las rentas generadas en su territorio, según el Convenio suscrito entre ambos Estados.

La clave está en distinguir que la residencia fiscal determina qué país grava la renta mundial. Pero también que el lugar de realización de la actividad artística determina qué país puede establecer una imposición sobre esas rentas concretas.

En un entorno digital, el segundo criterio gana protagonismo y obliga a reinterpretar conceptos clásicos como “territorialidad” o “fuente de la renta”.

En el caso de los youtubers e influencers, plataformas como YouTube o Twitch facilitan datos detallados sobre la procedencia geográfica de las visualizaciones, lo que permitiría a la Administración acreditar el origen territorial del valor generado.

Profesiones ‘nuevas’ con una fiscalidad ‘antigua’

El caso de los creadores de contenido digital revela que la fiscalidad del siglo XX no puede gestionar de manera eficiente las profesiones del siglo XXI, siendo necesario entender mejor el contexto y las características de la actividad digital.

Los youtubers pueden ser considerados artistas, con consecuencias fiscales específicas. Además, la residencia en Andorra no tiene por qué impedir que España grave rentas generadas por actividades ejercidas (material o virtualmente) en su territorio.

La audiencia, como hemos visto, es un indicador central para determinar dónde se realiza la actividad artística: la lengua, los referentes culturales, la localización percibida del contenido y la notoriedad mediática en un país refuerzan este criterio. Todos ellos son elementos clave en la determinación de la soberanía fiscal de un Estado concreto. De hecho, las plataformas proporcionan datos empíricos que pueden fundamentar esta atribución territorial.

Adoptar una interpretación funcional del convenio de tributación entre Andorra y España evita la desconexión entre la realidad económica y la realidad fiscal.

En definitiva, la fiscalidad de los creadores de contenido digital no es solo un debate sobre dónde tributan los youtubers, sino sobre cómo los Estados pueden adaptarse a una economía sin fronteras físicas pero con impactos económicos territorializados. El criterio de la audiencia puede convertirse en el puente conceptual necesario entre estos dos mundos.

The Conversation

Antoni Bergas Forteza no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La audiencia de los ‘youtubers’ puede tener la palabra sobre su tributación – https://theconversation.com/la-audiencia-de-los-youtubers-puede-tener-la-palabra-sobre-su-tributacion-277679

Punch, el apego y nuestra relación de pareja

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor de Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

Punch y su inseparable peluche. Ichikawa City Zoo

Punch es una encantadora cría de macaco nacida en un zoológico, cerca de Tokio. Los vídeos que se han difundido aferrándose a un oso de peluche, editados e incluso adulterados mediante IA, no permiten completar el contexto real de la historia.

Sabemos que el mono nació en cautividad. Por algún motivo que desconocemos no pudo criarse con la madre y fueron separados tras el parto. También ignoramos cuánto tiempo transcurre entre la separación y el intento de vuelta al grupo que pretenden los cuidadores.

Parece evidente que nuestro protagonista tiene conciencia de especie, no necesariamente de parentesco, y se acerca a sus congéneres. Entre ellos puede, o no, estar la madre. Punch reconoce a los otros macacos, pero no sabe si entre ellos están sus hermanos o su madre; la cual, por otra parte, no tiene por qué recordar al vástago que le fue retirado poco después de nacer.

En ese contexto, hipotético, no es raro que Punch sea rechazado: no deja de ser un desconocido que se acerca al grupo. Una posible amenaza o, cuando menos, un competidor, una boca más que alimentar.

Cierto que la psicología es deudora de la etología. O sea, que la investigación con animales nos permite conocer y entender mejor nuestro comportamiento, pero no siempre es acertado interpretar la conducta animal desde parámetros de la conducta de las personas.

Qué es el apego

Hace más de 60 años se identificaron en humanos, y otros mamíferos, comportamientos de aproximación, representaciones mentales, recuerdos y sentimientos de seguridad (o ansiedad ante la separación) establecidos entre el bebé y quien lo atiende. Diferentes corrientes de la psicología identifican el apego como el principio del desarrollo afectivo y emocional.

Por eso, los cuidadores de Punch, ante el rechazo del grupo, le facilitan un peluche. Los sentidos y la percepción del pequeño macaco le informan: vista, tacto y, quizás, olfato indican que ese prototipo tiene mucho en común con un miembro de su especie.

Si, además, el peluche estuviera calefactado hasta la temperatura corporal de la madre, tuviera un reloj que hiciera tic-tac –imitando el latido que Punch percibía antes del parto– y un pezón artificial que le suministrara alimento, el vínculo maternofilial estaría consolidado.

El psicólogo británico John Bowlby (1907-1990), de orientación psicoanalista, defendió la importancia del vínculo afectivo que el bebé establece durante los primeros meses de vida, sobre todo, con la madre. Analiza los problemas psicosociales y de adaptación que surgen cuando se rompe o no se establece el apego, como puede ocurrir, por ejemplo, con menores institucionalizados.

El dilema entre la madre de alambre y la de felpa

En los años 50, el psicólogo estadounidense Harry Harlow diseñó un experimento con macacos rhesus que hoy bordearía los límites éticos de la investigación con animales.

Separados de la madre al nacer, los monos eran enjaulados en un espacio en el que tenían a su alcance dos prototipos “maternos”. La primera madre era de alambre, fría y llena de aristas, pero tenía una tetina que le suministraba alimento. La textura de la segunda era más acogedora: el armazón estaba recubierto de felpa acolchada y la expresión de la cara era más similar a la de un mono. La diferencia es que no tenía pezón.

El pequeño rhesus aprendió pronto a alimentarse de la progenitora de alambre, pero, después, ya saciado, prefería el contacto de la felpa. Para complicar más la situación, y el trauma del bebé macaco, Harlow introdujo en la jaula un terrible artefacto, de aspecto amenazador y ruidoso, provocando el pánico del mono.

Vídeo del experimento de Harlow.

Si la madre de felpa estaba disponible era en ella donde el mono se cobijaba, y si no lo estaba optaba por acurrucarse, pasivo y asustado, en un rincón.

En tiempos de disputa entre psicoanalistas y conductistas, Harlow parecía dar la razón a Bowlby: el contacto con la figura materna es más importante, incluso, que la necesidad primaria de alimentarse y, en situación de peligro, se busca el cobijo materno, aun siendo ineficaz.

La evolución y el conductismo interpretarían los resultados de otra manera: el condicionamiento operante explica la rapidez con la que el mono aprende a alimentarse de una madre de alambre. Saciado el hambre, el estímulo pierde eficacia y entra en juego la impronta evolutiva, que supone una ventaja adaptativa para los mamíferos: se orienta hacia algo parecido a una madre rhesus, un torso mullido, casi peludo, en el que buscar un nutritivo pezón que ponga en marcha el reflejo de succión del bebé, clave para su supervivencia. Obviamente, no lo consigue, por eso volverá a la mamá de alambre al sentir hambre.

El monstruo que entra en la jaula es automáticamente evaluado como una amenaza ante la que tendría dos opciones, luchar o huir, ambas imposibles en ese contexto. Así entraría en juego el paradigma de la indefensión aprendida, muy relacionada con la depresión: lo que ocurra en esta situación no depende de mi respuesta, no puedo hacer nada para evitar sus consecuencias, por tanto, no tengo más opción que la pasividad.

El apego en una “situación extraña”

Más tarde, la psicóloga norteamericana Mary Ainsworth diseñó a finales de la década de 1960 un elegante experimento con el que aplicó la teoría del apego a los humanos.

En la “situación extraña”, Ainsworth ubicó a los bebés en un espacio en el que ejercen su influencia dos fuerzas contrapuestas. Por una parte, la figura de apego –no necesariamente la madre– cercana, hace que el pequeño se sienta seguro a la vez que puede gatear y moverse libremente por la habitación. Por otra, juguetes de formas y colores atractivos llaman la atención del bebé, incitándolo a explorar el entorno. Se añade a la escena una persona desconocida cuya actitud no es ni amenazante ni reconfortante para el niño.

La investigación analiza la respuesta del pequeño ante la tensión que ejerce el impulso de acercarse a explorar los juguetes, a la vez que necesita certificar la seguridad que le da la presencia cercana de la figura de apego. En el siguiente paso, la mamá se marcha sin avisar y se registran las distintas respuestas que dan los pequeños ante el abandono. Poco después la figura de apego regresa a la habitación y se vuelve a analizar el comportamiento del bebé.

Las respuestas de los pequeños ante las distintas situaciones dan lugar a distintos tipos de apego. La investigadora describió en primer lugar el apego seguro, presente en más del 60 % de la muestra estudiada. Se caracteriza por interés por explorar con confianza el entorno mientras la madre está presente, sabiendo que puede volver, cuando necesite, a su “base segura”. También interactúan con el extraño cuando está presente la figura de apego, pero no le servirá de consuelo cuando la madre se marche.

El abandono provocará enfado, aflicción, llanto y una respuesta manifiesta de malestar que cederá poco después del regreso de la madre. El pequeño “perdonará el abandono” cuando, de nuevo, empiece a dejarse llevar por el impulso de explorar el entorno; comprobando periódicamente, eso sí, que la madre no vuelve a marcharse.

Cualquier otra reacción, de acuerdo con la investigadora, sería una muestra de un apego inseguro, ansioso, evitador, desorganizado o desorientado. Son manifestados por bebés que no se interesan por explorar el entorno, no son capaces de separarse mínimamente de la figura de apego, o, por el contrario, no se inmutan ante su marcha, aceptan igualmente a la persona extraña, o responden de forma indiferente, ambigua o desproporcionada cuando la madre regresa.

Después de la infancia

Una psicóloga contemporánea, Begoña Delgado, profesora de la UNED, ha estudiado cómo se trasvasa la relación de apego de los padres a los iguales, y de estos a la pareja.

Al finalizar la infancia, el vínculo se desplaza de la familia hacia la pandilla.
Las amigas y amigos son refugios a los que regresar tras incursiones, a veces arriesgadas, en un entorno que supone, a la vez, un reto, una oportunidad y una necesidad para el desarrollo adolescente, de acuerdo con el clásico trabajo del profesor Oliva.

Al final de la adolescencia los componentes del apego se traspasan a la relación de pareja, sin que la familia haya dejado de ser la base segura desde la que explorar el mundo. La relación de pareja estará influida por el modelo afectivo desarrollado con la figura de apego, ya que es en la relación familiar donde se aprendió, o no, la cercanía emocional y los intercambios físicos que se darán, con otro significado, en la pareja.

La calidad del apego, primero en familia y después en la relación de amistad, predice las características de la relación de pareja.

Así las cosas ¿de quién somos y a quién necesitamos en la etapa adulta como figura de apego? Será la persona que anime a desenvolvernos con confianza ante los nuevos retos y riesgos, con la garantía de que siempre estará disponible como base segura a la que volver.

Esa figura que Punch anda buscando.

The Conversation

Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Punch, el apego y nuestra relación de pareja – https://theconversation.com/punch-el-apego-y-nuestra-relacion-de-pareja-276901

La narrativa que ha imperado sobre el cambio climático es la occidental

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Zarina Kulaeva, Postdoctoral research fellow, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Manifestación de indígenas mundurukú durante la celebración de la cumbre climática COP30, celebrada en noviembre de 2025. Antonio Scorza/Shutterstock

La historia del cambio climático comenzó a tomar forma a finales de la década de 1960, en un contexto marcado por la creciente preocupación científica y social por los efectos de la actividad humana sobre el medio ambiente.

Un hito clave en este proceso fue la publicación de Primavera silenciosa en 1962, de Rachel Carson, uno de los libros más influyentes sobre el uso indiscriminado de productos químicos agrícolas, pesticidas y otras sustancias sintéticas (DDT) que contaminaban las aguas, afectando gravemente a las poblaciones de aves y fauna silvestre e infligiendo riesgos significativos para la salud humana.

El impacto de esta obra fue tal que, solo tres años después, en 1965, la Comisión de Contaminación Ambiental de Estados Unidos elaboró un informe exhaustivo sobre la «calidad de nuestro medio ambiente». En él alertaba sobre la contaminación, la gestión del agua y la salud pública, para presentarlo al entonces presidente Lyndon B. Johnson.

Un año más tarde, en 1966, Johnson promulgó la National Traffic and Motor Vehicle Safety Act, legislación que sentó las bases para una regulación más estricta de la industria automotriz en materia de seguridad y control de emisiones. Como resultado de este nuevo marco normativo, y del creciente escrutinio público sobre el impacto ambiental del transporte, la empresa General Motors publicó en 1970 el folleto titulado Progress toward Pollution-Free Cars, en el que reconocía la necesidad de avanzar hacia vehículos menos contaminantes.

Ese mismo año, el 22 de abril de 1970, se instauró oficialmente la celebración del Día de la Tierra, que marcó un punto de inflexión en la articulación de políticas, movimientos sociales y compromisos institucionales en favor de la protección del medio ambiente.




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Dos visiones contrapuestas sobre el clima

La historia del cambio climático tiene, no obstante, precedentes aún más influyentes. Robin Lybbi profesora emérita de la Universidad Nacional de Australia, relata en su último libro The Environment. A History of the Idea que en 1949 se celebraron dos conferencias muy relevantes en el ámbito del medio ambiente y la conservación de los recursos. Por un lado, tuvo lugar la Conferencia Científica de las Naciones Unidas sobre la Conservación y Utilización de los Recursos (UNSCCUR) y por el otro, la Conferencia Técnica Internacional sobre la Protección de la Naturaleza (ITCPN). Ambas se celebraron en Lake Success, Nueva York.

Como describe Lybbi en su libro:

«Más de 500 delegados de unos cincuenta países asistieron a la UNSCCUR. El desarrollo económico fue una de las principales preocupaciones […] Por el contrario, la reunión de la International Technical Conference on the Protection of Nature (ITCPN) fue más pequeña, con representación de más continentes pero con menos delegados de cada uno de ellos, y se centró directamente en la protección de la naturaleza. Las mujeres representaron hasta una décima parte de los asistentes a la ITCPN, mientras que, significativamente, en la U.N. Scientific Conference on Conservation and Utilization of Resources (UNSCCUR) las mujeres fueron casi inexistentes, lo que subraya aún más los vínculos de esta última con la seguridad, la economía y la alta política».

Así, comenzaron a consolidarse dos enfoques diferenciados frente al cambio climático y la gestión ambiental. Por un lado, la UNSCCUR promovía la resolución de los problemas ecológicos mediante la innovación tecnológica y la modernización, mientras que el ITCPN defendía la prevención, subrayando la necesidad de minimizar el impacto de la actividad humana sobre los ecosistemas. Con el paso del tiempo, y con la llegada del siglo XXI, estas perspectivas se reflejaron en las estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático. Inicialmente concebida como un complemento de la mitigación, la adaptación ha adquirido creciente relevancia, consolidándose como una estrategia indispensable para enfrentar los impactos inevitables del cambio climático.

De hecho, como evidencia el nuevo mapa de las narrativas climáticas presentado en recientes estudios, tanto la mitigación como la adaptación encuentran su origen en compromisos internacionales como el Protocolo de Kioto de 1997. Este, a su vez, incorpora gran parte de la conceptualización del desarrollo sostenible propuesta por el Informe Brundtland en 1987.

No sorprende, por tanto, que estas narrativas estén estrechamente interconectadas, dada la complejidad del fenómeno climático y la persistencia de la idea de progreso. Durante estas décadas, la fe ciega en el desarrollo tecnológico sirvió como fuerza unificadora para grandes inversiones en la promoción de nuevas infraestructuras; mientras que el acceso sin restricciones a los recursos naturales facilitó su mercantilización, comodificación y la generación de beneficios a expensas del agotamiento de los mismos.

«Oportunidad de inversión»

En este sentido, el cambio climático se ha convertido en una importante «demanda de innovación mucho más generalizada y poderosa que cualquier programa medioambiental», según Robert W. Fri, subdirector de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos entre 1971 y 1973. Tampoco nos ha de extrañar que la promulgación de la modernización por medio de la conferencia de UNSCCUR se haya materializado años más tarde en las ideas de eco-modernización, estrechamente vinculadas con la idea del desarrollo sostenible.

Por el contrario, los paradigmas centrados en el decrecimiento que orientan hacia la reducción de «la producción y el consumo en el Norte Global, a una construcción autodeterminada de la sociedad en el Sur Global y a desarrollar procesos de decisión democráticos más participativos para solucionar problemas ecológicos, han permanecido más marginales. Y se debe no únicamente a la primacía de la idea de progreso, el desarrollo tecnológico y la maximización de la eficiencia, sino también al uso insaciable de los recursos naturales. Tampoco es nada nuevo. En un diálogo de hace más de 2000 años, Hipócrates conversa con Demócrito sobre este ávido impulso del ser humano que: «por deseos insaciables» llega «hasta los confines de la tierra y sus abismos infinitos, fundiendo plata y oro, sin dejar nunca de adquirir más, y siempre preocupado por tener más, para no caer en la ruina» (Hippocrates, 1839, carta 17).

No resulta sorprendente que el decrecimiento se plantee en abierta contraposición a la apuesta exclusiva por el desarrollo tecnológico y la maximización de la eficiencia como ejes rectores del progreso. Tal como se expone en Degrowth.info—plataforma mediática independiente impulsada por un colectivo político internacional orientado a difundir y articular las perspectivas del decrecimiento—, esta perspectiva pone de relieve hasta qué punto las posturas críticas frente a la concepción lineal del progreso han ocupado históricamente un lugar marginal en el debate público.

En este sentido, Diana M. Liverman, profesora emérita de Geografía en la Universidad de Arizona, ha señalado cómo el cambio climático ha sido conceptualizado en términos económicos como «una oportunidad de inversión». Esta capitalización del cambio climático y de los gases de efecto invernadero se evidencia mediante instrumentos como los mercados de carbono y la influencia del orden neoliberal en la «comodificación» de la naturaleza. Llamamos «comodificación» al fenómeno mediante el cual bienes, servicios, ideas o recursos naturales, anteriormente no comerciales, se transforman en productos básicos intercambiables en el mercado, valorados principalmente por su precio.

Este enfoque revela la tensión persistente entre la gestión ambiental basada en la prevención y la explotación de oportunidades económicas derivadas del cambio climático, un dilema que sigue configurando las políticas climáticas contemporáneas.




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Las consecuencias de una visión occidental imperante

Por último, y no menos relevante, el denominado mapa de las narrativas propuesto en el artículo Climate Change–”The Measure of All Things”: The Missing Map of Climate Narratives, ofrece evidencias del carácter predominantemente occidental y etnocéntrico de la construcción discursiva hegemónica sobre el cambio climático. En particular, pone de manifiesto cómo dicha perspectiva no solo se origina en marcos epistemológicos occidentales, sino que además tiende a proyectarse de manera universalizante sobre territorios y contextos cuyas lógicas y racionalidades socioculturales difieren sustancialmente.

En consecuencia, múltiples narrativas no occidentales —vinculadas a topografías, cosmologías y marcos relacionales alternativos— no se encuentran representadas ni disponen de un lugar claramente identificable dentro de dicho esquema analítico. En contraste, las contribuciones emanadas del Informe Brundtland y del Protocolo de Kioto sí aparecen incorporadas, lo que evidencia un sesgo hacia los marcos institucionales y normativos dominantes y, a su vez, limita la capacidad del mapa para entablar un diálogo verdaderamente plural con narrativas alternativas.

Los hallazgos concuerdan con otros estudios, cuyos principales resultados identifican «factores institucionales y estructurales» que limitan a los autores del Sur Global o de los territorios no occidentales en su capacidad de contribuir en la misma medida que el Norte Global. Es más, existe un riesgo significativo de subestimar o ignorar formas de conocimiento local y enfoques comunitarios, incluyendo los saberes tradicionales de los pueblos indígenas de la Amazonía (por ejemplo, los yanomami y los kayapó en Brasil), de los sami en Finlandia y Noruega, o de los aborígenes australianos, como los yolngu y los noongar, que consagran conocimientos ancestrales sobre la naturaleza y la interdependencia entre los seres humanos y los ecosistemas.

Reconocer y valorar estas perspectivas resulta fundamental para diseñar estrategias climáticas más inclusivas, efectivas y culturalmente pertinentes.

The Conversation

Zarina Kulaeva no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La narrativa que ha imperado sobre el cambio climático es la occidental – https://theconversation.com/la-narrativa-que-ha-imperado-sobre-el-cambio-climatico-es-la-occidental-275171

¿Qué es la terapia del movimiento rítmico y cuáles son sus beneficios en primaria?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Naroa Uria-Olaizola, Personal Docente Investigador en la Facultad de Educación y Deporte, Universidad de Deusto

Pixel-Shot/Shutterstock

Estamos en un aula de primero de primaria, con escolares de 6 y 7 años. Al poco tiempo de comenzar a explicar la maestra, a Marcos se le cae el lápiz por tercera vez.

No es torpeza. Su cuerpo no termina de “colocarse” en la silla. Se mueve y cambia de postura. Apoya medio cuerpo en la mesa y vuelve a enderezarse. Cuando por fin se decide a escribir, aprieta tanto que rompe la punta del lapicero.

A su lado, Paula tarda mucho en empezar con la tarea. Mira alternativamente al cuaderno, a la pizarra y otra vez al cuaderno. En cada cambio de mirada parpadea y frunce el ceño como si le molestara la luz. Copia despacio y se equivoca. Cuando se le corrige, se encoge como si el cuerpo respondiera antes que la cabeza.

En la fila de atrás, Hugo está siempre en alerta. Si alguien arrastra una silla, gira la cabeza de golpe. Si se le habla un poco más alto que de costumbre, se sobresalta. A veces ríe de manera nerviosa e incluso responde antes de tiempo. No es falta de interés. Es dificultad para controlar sus impulsos cuando el entorno cambia.

A las familias de Marcos, Paula y Hugo la maestra les dice que “se distraen”, que “interrumpen” y que “se enfadan fácilmente”. Desde fuera, estas situaciones pueden parecer falta de voluntad o incluso mala conducta.

El sistema nervioso en desarrollo

Pero desde el punto de vista de las investigaciones en desarrollo cerebral, las reacciones y actitudes de los tres niños pueden considerarse reflejos primitivos no integrados. Cuando el sistema nervioso mantiene respuestas muy básicas y no deliberadas, sentarse, atender o incluso gestionar sus impulsos se vuelven tareas agotadoras.

En palabras del neurocientífico portugués Antonio Damásio: “Cualquier teoría que deje de lado el sistema nervioso a la hora de explicar la existencia de la mente y la consciencia está destinada al fracaso”.




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Esta idea resume por qué no es posible comprender el desarrollo humano sin atender a su base biológica y corporal. A través del movimiento, el cuerpo se convierte en el primer mediador entre el niño y su entorno y establece las bases sobre las que se construyen el pensamiento, la emoción y la relación con los demás entre otros.

El desarrollo infantil consiste en una maduración biológica (crecimiento y desarrollo físico que lleva a un organismo de la infancia a la edad adulta) y en una maduración del sistema nervioso central. En él intervienen tres dimensiones: la física, la cognitiva y la emocional.

Los reflejos primitivos en el bebé

En los primeros meses de vida, el bebé realiza movimientos espontáneos. Son los llamados reflejos primitivos. No son gestos al azar, sino señales de un correcto desarrollo neurológico y de la progresiva organización del sistema nervioso. Su aparición, integración y posterior desaparición responden a un orden determinado. Son indicadores esenciales del desarrollo neuromotor y de la organización progresiva del sistema nervioso.

Cada reflejo está vinculado a uno o más de los sistemas de procesamiento sensorial: el gusto, el tacto, el olfato, la visión, la audición, la capacidad de percibir la posición, el movimiento, el estado de nuestro cuerpo en el espacio (propiocepción) y la capacidad de percibir e interpretar las señales internas del propio cuerpo (interocepción).




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Cuando los reflejos primitivos se mantienen más allá de los doce meses de edad el sistema nervioso central no está madurando correctamente: el niño o la niña puede experimentar una disfunción en uno o varios de los sistemas de procesamiento sensorial motora (oculo–manual) y esto puede desembocar en dificultades en el aprendizaje, la socialización, el rendimiento escolar, el equilibrio hormonal y el control motor, etc.

Integración neurológica

La terapia del movimiento rítmico busca favorecer la integración neurológica y la maduración de aquellos procesos que no se consolidaron adecuadamente. Para ello se repiten patrones de movimiento propios de las primeras etapas del desarrollo que actúan como “organizadores” y favorecen la regulación motora, emocional y atencional, contribuyendo así al desarrollo integral de la persona.

Durante la intervención, expertos con formación en terapia del movimiento rítmico observan cómo se mueve, respira y organiza su cuerpo el niño o niña. Realizan rutinas sencillas pero constantes: movimientos rítmicos y ejercicios de coordinación, de equilibrio y de respiración para ayudarle a regularse.




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La terapia puede ponerse en práctica en los propios centros educativos. Un ejemplo real es el de la Ikastola Andra Mari de Etxarri Aranatz (País Vasco), que ha puesto en marcha en la etapa de Educación Infantil un proyecto basado en la citada terapia del movimiento rítmico. El proyecto parte de una valoración de todo el alumnado de infantil para detectar la presencia de reflejos primitivos activados, y posteriormente, inhibirlos.

El equipo ha observado que además de propiciar beneficios en el alumnado con mayores dificultades, la implementación de la terapia del movimiento rítmico favorece un cambio de mirada: de un enfoque centrado en la carencia a otro centrado en el desarrollo integral del niño.

Precauciones y sentido común

El cuerpo y el sistema nervioso sostienen la atención, la emoción y el aprendizaje. Conocer sus procesos de desarrollo y maduración permite identificar señales tempranas y ajustar la respuesta educativa antes de que las dificultades se consoliden.

Comprender cómo madura el cuerpo ayuda a comprender cómo aprenden los niños. Los conocimientos sobre el desarrollo neuromotor y nervioso y las estrategias para mejorarlo debería formar parte de la formación de los futuros maestros.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué es la terapia del movimiento rítmico y cuáles son sus beneficios en primaria? – https://theconversation.com/que-es-la-terapia-del-movimiento-ritmico-y-cuales-son-sus-beneficios-en-primaria-272370

En Latinoamérica, las ciudades no están diseñadas para las mujeres cuidadoras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Herrera, Directora Centro de Investigación y Desarrollo de Ingeniería, Universidad Católica Andrés Bello

Calle del centro de Medellín (Colombia). DawgTraveler/Shutterstock

En muchas ciudades latinoamericanas, buena parte de los viajes urbanos no son trayectos laborales tradicionales (a una oficina, a una fábrica o una tienda), sino que se hacen para ir a cuidar a otros. Acompañar a niños, asistir a personas mayores, comprar alimentos o ir a un centro de salud forma parte de una movilidad cotidiana que sostiene la vida.

Estos recorridos recaen mayoritariamente en las mujeres y presentan patrones específicos: trayectos encadenados, múltiples paradas, horarios fragmentados y cargas físicas adicionales. Este tipo de movilidad rara vez se incorpora en las estadísticas oficiales. Y como no se mide, tampoco se diseña para ella.

Un nuevo marco: ciudades cuidadoras

En los últimos años, el concepto de ciudad cuidadora ha ganado presencia en la investigación urbanística y en el diseño de políticas públicas. El artículo Caring Cities: Towards a Public Urban Culture of Care?” (2025) analiza cómo distintas ciudades del mundo están incorporando el cuidado en la organización del espacio público, los servicios y la planificación urbana.

En América Latina, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL) ha subrayado que la autonomía económica de las mujeres depende directamente de que haya unas infraestructuras de cuidados suficientes y accesibles. Y es que el cuidado no es solo un asunto doméstico: también es un problema urbano de accesibilidad y de tiempo.

Este enfoque implica un cambio de escala. Se pasa de pensar en viajes individuales a comprender la trama de desplazamientos cotidianos necesarios para sostener la vida. No se trata solo de transporte, sino de equidad urbana.

Qué dice la evidencia

La movilidad del cuidado tiene patrones propios que no encajan bien en el clásico viaje pendular hogar–trabajo–hogar. Un estudio a escala regional publicado en 2021 comparó datos de Bogotá, Medellín y São Paulo. Encontró que las mujeres realizan más viajes encadenados, visitan más destinos y registran trayectorias distintas, muchas vinculadas al cuidado. Esto se traduce en mayor exposición a la inseguridad, más tiempo perdido y menor acceso a oportunidades. Además, la dispersión urbana y la falta de infraestructuras peatonales hacen que cuidar sea más costoso –en tiempo y energía– para quienes ya parten con menos margen.

Durante la pandemia, las mujeres de barrios con ingresos bajos extendieron sus caminatas y reorganizaron sus rutas ante la falta de transporte y de servicios cercanos.

La caminabilidad “promedio”

El índice de caminabilidad impulsado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) mide, con una perspectiva de género, la calidad del entorno construido para desplazarse a pie. La metodología permite la evaluación de las rutas y calles, a través del análisis de 23 variables estructuradas en seis categorías: aceras, conectividad, seguridad vial, fachadas y edificaciones, confort y mobiliario, y señalización.

Aunque este índice es un avance en la evaluación del espacio peatonal, se sigue partiendo del peatón estándar: alguien que se desplaza sin cargas, con plena autonomía física y en un recorrido simple de un punto A a un punto B.

Para los trayectos del cuidado, eso rara vez ocurre. Quien empuja un coche de bebé o acompaña a un adulto mayor necesita aceras continuas y anchas, rampas bien resueltas, cruces seguros y sombra. Quien camina encadenando actividades necesita buena conectividad, proximidad a los servicios y sensación de seguridad en horarios diversos. En muchos barrios latinoamericanos, esas condiciones no están garantizadas.

Si estas realidades no se miden, permanecen invisibles. Y lo que no se ve, no se planifica.

Nuevas metodologías

A nivel internacional están surgiendo herramientas para integrar el cuidado en la medición urbana e identificar brechas entre servicios, movilidad y disponibilidad de tiempo de quienes cuidan.

Este tipo de modelos puede dialogar con métricas ya existentes, como las del BID, y ampliarlas para capturar mejor las desigualdades territoriales.
Incorporar estas variables no es sumar indicadores por sumar, sino reformular la pregunta sobre qué significa “una ciudad caminable” y para quién.

Hacia una medición que cuide

Medir la caminabilidad con enfoque de cuidados permitiría identificar distancias excesivas andando para ir a escuelas y centros de salud, aceras discontinuas que impiden empujar un coche de bebé, cruces peligrosos en rutas escolares, falta de iluminación o barreras para personas con movilidad reducida. Estos obstáculos pequeños en el mapa son, en la práctica, grandes barreras para la igualdad.

Esto mejoraría la vida de mujeres, personas mayores, niños, personas con discapacidad y hogares de bajos ingresos. Además, permitiría diseñar políticas más eficientes, porque atender el cuidado reduce desigualdades desde su raíz temporal y territorial.

La infraestructura del cuidado ya está en la ciudad, pero a menudo es precaria e invisible. Medir accesibilidad y caminabilidad sin cuestionar la ficción del peatón estándar equivale a seguir planificando para una minoría. Cuando una ciudad decide qué mide, también decide a quién prioriza.

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Celia Herrera no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. En Latinoamérica, las ciudades no están diseñadas para las mujeres cuidadoras – https://theconversation.com/en-latinoamerica-las-ciudades-no-estan-disenadas-para-las-mujeres-cuidadoras-271926

Inmunoterapia en oncología: grandes éxitos, grandes retos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Martínez Sánchez, Biomedicine and Molecular Oncology Researcher, Universidad de Oviedo

Durante décadas, hemos centrado todos nuestros esfuerzos en tratar el cáncer atacando directamente a las células tumorales. Hoy sabemos que una de las herramientas más valiosas y potentes para combatirlo estaba ya en nuestro propio cuerpo: el sistema inmunitario. Convertirlo en nuestro aliado es una interesante opción en la lucha contra el cáncer.

¿Qué es la inmunoterapia?

A diferencia de los tratamientos como la quimioterapia o las terapias dirigidas, la inmunoterapia no ataca directamente al tumor. Su objetivo es otro: reactivar el sistema inmunitario del paciente para que “haga el trabajo” y elimine las células tumorales.

Nuestro sistema inmunitario está diseñado para detectar y eliminar amenazas, como bacterias, virus o células dañadas. Y en teoría, también debería ser capaz de reconocer y eliminar las células tumorales. El problema es que el cáncer aprende a frenar, engañar o desactivar estas defensas, logrando pasar desapercibido y progresar.

Ahí es donde entra en juego la inmunoterapia: en lugar de actuar directamente sobre el tumor, retira esos frenos y refuerza la respuesta inmunitaria. Esto permite que el propio organismo recupere su capacidad natural para combatir la enfermedad.

Una idea antigua, una revolución reciente

La idea de utilizar el sistema inmunitario para combatir el cáncer no es nueva. A finales del siglo XIX, el médico estadounidense William Coley observó que algunos pacientes oncológicos mejoraban tras sufrir infecciones graves. A partir de esa observación, intentó provocar respuestas inmunes intensas mediante la inyección de bacterias inactivadas, conocidas como las toxinas de Coley.

Los resultados fueron variables y la técnica acabó abandonándose, pero dejó una idea fundamental: activar el sistema inmunitario podía convertirse en una estrategia antitumoral muy eficaz.

Con el tiempo, y gracias a los avances en biología e inmunología, ya no fue necesario recurrir a bacterias para activar las defensas. La investigación permitió identificar formas mucho más precisas y eficaces de activar el sistema inmunitario, y fue entonces cuando la inmunoterapia empezó a mostrar todo su potencial clínico.

No existe una sola inmunoterapia

Solemos hablar de la inmunoterapia como si fuera un único tratamiento, pero en realidad engloba estrategias muy diferentes.

Entre las más utilizadas se encuentran los inhibidores de puntos de control inmunitario, que quitan los “frenos” que impiden al sistema inmunitario atacar a las células tumorales. También están los anticuerpos monoclonales, que reconocen específicamente esas células y permiten su eliminación. En cuanto a las terapias celulares adoptivas, como las CAR-T y TCR-T, se basan en modificar los propios linfocitos T del paciente para que reconozcan y destruyan las células malignas.

A ello se suman las vacunas terapéuticas y otros fármacos en desarrollo cuyo objetivo es estimular la respuesta inmunitaria.

Los grandes éxitos: por qué la inmunoterapia fue una revolución

El impacto de la inmunoterapia se hizo especialmente evidente en tumores como el melanoma metastásico o el cáncer de pulmón. En algunos pacientes, tratamientos que antes apenas lograban ganar unos meses de vida, dieron paso a algo inesperado: respuestas que se mantienen en el tiempo.

Este concepto de “respuesta duradera” es la clave de la revolución. No se trata solo de que el tumor disminuya de tamaño, sino de que permanezca controlado a largo plazo, algo poco habitual con las terapias clásicas. Por eso, con la inmunoterapia en nuestro arsenal, se puede hablar de un cambio de paradigma en oncología.

Entonces, ¿por qué no todos los cánceres se tratan con inmunoterapia?

Aquí surge la gran pregunta. Si funciona tan bien en algunos casos, ¿por qué no tratar con inmunoterapia a todos los pacientes?

Para entenderlo es necesario distinguir entre tumores “calientes” y tumores “fríos”. Los tumores calientes tienen el sistema inmune “despierto”: presentan infiltración de linfocitos T e inflamación. En estos casos, la inmunoterapia tiene más posibilidades de funcionar. Los tumores fríos, en cambio, carecen de actividad inmune y no responden a estos tratamientos.

A esto se suma la enorme capacidad de adaptación que presentan algunos tumores. Las células tumorales pueden “esconderse” del sistema inmunitario, y hacerse menos visibles. Otras impiden la entrada de células inmunes en el tumor o bloquean su actividad.

Además, algunos tumores “modifican” su entorno para crear un ambiente hostil a la respuesta inmune. En estos casos, la inmunoterapia tiene poco margen de actuación, porque no hay una respuesta inmunitaria eficaz sobre la que actuar.

¿Y si el sistema inmunitario se activa en exceso?

Activar el sistema inmunitario tiene un precio. En algunos pacientes, la respuesta inmune puede dirigirse también contra tejidos sanos, provocando efectos secundarios como inflamación de la piel, el intestino o la glándula tiroides.

En algunos casos, estos efectos secundarios pueden ser graves y aparecer incluso meses después de finalizar el tratamiento. Por eso, la inmunoterapia requiere un seguimiento médico estrecho y una vigilancia continua.

No es una cura universal, pero sí un cambio profundo

La inmunoterapia no ha sustituido a los tratamientos oncológicos clásicos ni funciona en todos los pacientes. Pero ha demostrado algo clave: el cáncer puede tratarse de otra manera.

Hoy sabemos que su éxito no es casual y depende de varios factores. Primero, investigación continua para entender por qué funciona en algunos tumores y falla en otros, y cómo las células cancerosas logran escapar del sistema inmunitario. Segundo, una mejor selección de pacientes, basada en biomarcadores que ayuden a predecir quién puede beneficiarse del tratamiento.

En tercer lugar, resulta esencial el seguimiento a largo plazo, necesario tanto para controlar la enfermedad como para vigilar posibles efectos secundarios.

Mirando al futuro de la investigación oncológica

La inmunoterapia no es una solución “mágica”, pero sí ha supuesto una auténtica revolución en oncología. Ha demostrado que el sistema inmunitario puede convertirse en un aliado terapéutico muy poderoso.

Su futuro no está en aplicarla de manera indiscriminada, sino en entender mejor en qué pacientes funciona, por qué y en combinación con qué tratamientos. De esta forma, la oncología se dirige hacia una medicina de precisión. Porque el verdadero progreso no está en tratar más, sino en tratar mejor.

The Conversation

Claudia Martínez Sánchez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Inmunoterapia en oncología: grandes éxitos, grandes retos – https://theconversation.com/inmunoterapia-en-oncologia-grandes-exitos-grandes-retos-274320