Por qué las mujeres tienen que hacer cola para ir al baño y qué dice esto sobre el diseño de las ciudades

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Belen Martinez, Research Fellow, Centre for Regional Economic and Social Research, Sheffield Hallam University

Marcel Derweduwen/Shutterstock

¿Recuerdas la última vez que tuvo que hacer cola para ir al baño? Ya sea en teatros, aeropuertos, centros comerciales o festivales, el patrón se repite: los hombres entran y salen rápidamente del baño sin apenas esperar, mientras que las mujeres suelen guardar cola.

En la mayoría de los edificios públicos, el espacio del baño se reparte en función de la superficie, adjudicando a hombres y mujeres aproximadamente el mismo espacio. Aunque esto pueda parecer “justo”, distintas investigaciones sobre género y diseño de baños han demostrado que una superficie igual no se traduce en un acceso igualitario.

Suponer que varones y mujeres utilizan los baños de la misma manera y durante el mismo tiempo es un claro error.

Los baños masculinos suelen combinar cabinas con urinarios “compartidos”, que ocupan menos espacio y se pueden utilizar más rápidamente. Los baños de mujeres, por el contrario, se basan exclusivamente en cabinas, por lo que, incluso cuando ambos lados ocupan la misma superficie, las instalaciones de los hombres pueden atender a más usuarios.

El tiempo es otro factor a tener en cuenta. Las mujeres suelen tardar más porque necesitan sentarse en lugar de permanecer de pie, con frecuencia llevan ropa más compleja y pueden tener la menstruación o estar embarazadas. También es más frecuente que padezcan afecciones como incontinencia o infecciones del tracto urinario.

Muchas normas de diseño siguen basándose en un “cuerpo masculino por defecto”, asumiendo una entrada y salida rápida a los baños, orinado de pie y pasando un tiempo mínimo dentro. Cuando los espacios se organizan en torno al cuerpo y las rutinas de los hombres, los retrasos se achacan fácilmente al comportamiento de las mujeres –que “tardan demasiado”– en lugar de a un diseño inapropiado de sus baños.

La consecuencia más visible de estas normas de diseño es la cola que se forma fuera de los baños de mujeres. Pero, como muestra mi investigación, también puede haber consecuencias económicas y para la salud. Por ejemplo para quienes trabajan conduciendo taxis, el tiempo que pasan haciendo cola es tiempo que no dedican a ganar dinero.

El coste de la disparidad en los aseos

Y no se trata solo de la cola: la disponibilidad de baños es una decisión de diseño que afecta más a las mujeres que a los hombres, que suelen tener más facilidad para ir al baño donde quieran.

Para la mayoría de las mujeres, hacer cola para ir al WC es una pequeña molestia que aceptan sin darle mucha importancia. Sin embargo, los costes más graves de la disparidad en el acceso a los baños me quedaron claros mientras investigaba a las mujeres que trabajan como taxistas en España.

Cuando les pregunté por las frustraciones del trabajo, su primera respuesta rara vez fue el tráfico, los pasajeros difíciles o los turnos largos, sino los baños. Encontrar uno durante el turno a menudo requería una planificación cuidadosa y largas esperas, lo que les hacía perder ingresos. Sus compañeros masculinos, por su parte, podían entrar y salir en cuestión de minutos.

Rosario, una conductora de Uber de 26 años, describió la necesidad de ir al baño mientras trabajaba como “¡el drama del trabajo!”. Al igual que muchas otras conductoras que participaron en mi investigación, explicó que planificaba su ruta en función de los baños que sabía que había. Otras dijeron que evitaban beber agua para no tener que parar “todo el tiempo”, mientras que algunas relacionaban las infecciones urinarias recurrentes con “aguantar demasiado tiempo”.

Las cosas se complican durante la menstruación. Como explicó Juana: “Tienes que organizarte y obligarte a parar. Así que, después de un servicio, no vas simplemente a la parada de taxis más cercana para conseguir un nuevo cliente. En lugar de eso, tienes que conducir hasta una gasolinera para poder ir primero al baño”.

Un letrero de baño para todos los géneros
Los baños neutros en cuanto al género y otros diseños pueden hacer que los baños públicos sean más equitativos.
Heidi Besen/Shutterstock

Las investigaciones han demostrado desde hace tiempo que los baños públicos no son infraestructuras neutrales: se diseñan en función de qué cuerpos y comportamientos se consideran la norma. Mientras que las instalaciones para hombres priorizan la rapidez y la eficiencia mediante urinarios abiertos, en las mujeres se usan cabinas que priorizan la privacidad.

Además, desde el punto de vista anatómico, es más fácil –y a menudo socialmente aceptado– que los hombres orinen al lado de la carretera o en cualquier otro lugar cuando no hay baños públicos disponibles.

Las investigaciones sobre la “paridad en los baños” muestran solo optando por aumentar el número de cubículos o crear cubículos neutros en cuanto al género podremos reducir significativamente las colas de las mujeres sin apenas afectar a los hombres. Replantearse la capacidad de los urinarios para mujeres puede eliminar prácticamente las esperas.

La frustrante búsqueda de un baño no se trata solo de esperar, sino de dignidad y del derecho a ocupar la ciudad en igualdad de condiciones. Los baños, en este sentido, se comportan como un indicador silencioso pero poderoso de para quién está realmente diseñado el espacio público.

The Conversation

Belen Martinez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué las mujeres tienen que hacer cola para ir al baño y qué dice esto sobre el diseño de las ciudades – https://theconversation.com/por-que-las-mujeres-tienen-que-hacer-cola-para-ir-al-bano-y-que-dice-esto-sobre-el-diseno-de-las-ciudades-277891

¿Cómo se relaciona la identidad latina con el hecho de ser “americano”? La resaca de la Super Bowl de Bad Bunny

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Aurken Sierra Iso, Ayudante Doctor, Departamento de Comunicación Pública, Universidad de Navarra

Momento de la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl. NFL/YoutuBe

El 8 de febrero de 2026, la final de la Super Bowl LX marcó un hito en la historia de Estados Unidos. El espectáculo del descanso, protagonizado por Bad Bunny, fue interpretado íntegramente en español y reunió a una audiencia récord de 128,2 millones de espectadores, desplazando el foco del terreno de juego a la identidad nacional. Más allá de estas cifras y del entretenimiento, la reacción de la opinión pública y de la clase política ha generado un fuerte debate en torno a la identidad latina, abriendo la discusión de qué significa realmente “ser americano” hoy en día.

Un evento mediático como arena política

La Super Bowl es el evento de mayor audiencia en el calendario mediático estadounidense, capaz de superar en número de espectadores a cualquier debate presidencial o ceremonia de investidura. Precisamente por eso, el espectáculo del descanso funciona desde hace décadas como un escenario de negociación cultural: quién actúa, en qué idioma y con qué estética no son decisiones neutras, sino actos comunicativos cargados de significado político.

El lema proyectado en el balón oficial del encuentro, “Together, we are America” (Juntos, somos América), actuó como el detonante de una fractura social latente. En la esfera política, el presidente Donald Trump fue tajante, catalogando el evento como “absolutamente terrible”, “uno de los peores shows de la historia”, y centrando su rechazo en la barrera del idioma: “nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”. Esta crítica, que no es aislada, guarda coherencia con la línea institucional fijada en 2025, cuando la Casa Blanca estableció el inglés como idioma oficial del Gobierno Federal. Para un sector relevante de la población, la lengua es un pilar innegociable de la cohesión nacional.

De hecho, sectores afines al movimiento MAGA como Turning Point organizaron una contraprogramación alternativa.
El impacto del artista en la opinión pública arroja datos que invitan a la reflexión. Una encuesta de YouGov y Yahoo reveló que el 42 % de los encuestados cree que Bad Bunny refleja mejor los valores del país que el presidente Trump, frente a un 39 % de respaldo que obtuvo el republicano. Las diferencias entre los seguidores del presidente y muchos ciudadanos son evidentes.

¿Existe una identidad latina unitaria?

La pregunta que da título a este artículo –si existe una identidad latina– encuentra en la Super Bowl una respuesta compleja. Desde fuera de Estados Unidos, a menudo se comete el error de tratar lo “latino” como un bloque homogéneo. Sin embargo, la realidad es bien diferente si atendemos a la procedencia, el tiempo de residencia y el nivel de integración.

Esta diversidad tiene incluso reflejo institucional. Las propias comunidades latinas llevan décadas presionando a la Oficina del Censo para que sus categorías reflejen esa pluralidad. Durante cuarenta años, de 1980 a 2020, el origen hispano se trató como una etnicidad separada de la raza, agrupando bajo una misma etiqueta realidades tan dispares como la de un inmigrante mexicano recién llegado, un puertorriqueño con ciudadanía estadounidense de nacimiento o un cubano exiliado.

No en vano, “mexicano” llegó a figurar como categoría racial propia en el censo de 1930, la única vez en la historia. El debate sigue abierto: para 2030 está prevista una reforma que fusionará por primera vez las preguntas de raza y etnicidad en una sola categoría.

Esta complejidad se manifestó con claridad durante la actuación de Bad Bunny. La opinión pública en Latinoamérica, por ejemplo, percibió el show con un sentimiento de orgullo y éxito regional. Para el ciudadano de Bogotá, San Juan o Ciudad de México, Bad Bunny fue un embajador del continente. Para los latinos residentes en Estados Unidos, en cambio, la lectura fue otra: no se trataba de una influencia externa que llega al país, sino de la reivindicación de un espacio que ya consideran propio. Muchos de estos ciudadanos celebraron el evento como una confirmación de su pertenencia.

Esta distinción no es baladí. Los republicanos han demostrado una capacidad creciente para atraer al votante hispano, especialmente en sectores que priorizan la estabilidad económica y los valores tradicionales. La identidad latina en Estados Unidos, por tanto, opera en dos planos: mantiene una vinculación con su herencia lingüística y cultural a la vez que se adapta a las dinámicas sociales y las preocupaciones diarias de la política estadounidense.

Más que una anécdota, el uso del español en la Super Bowl representa la consolidación de un idioma que ya funciona como un motor social y económico en Estados Unidos. Su uso fue una invitación a reconocer una lengua que comparten más de 500 millones de personas en todo el mundo.

Este hecho demográfico se traduce en un impacto económico imposible de ignorar: el peso de la comunidad latina en la riqueza nacional es monumental. Si los latinos en Estados Unidos fueran un país independiente, su Producto Interior Bruto, que ha superado los 4 billones de dólares en 2023, los situaría como una de las mayores economías del planeta, por delante de países como Francia, India o Reino Unido.

Perspectivas ante un año electoral

En el contexto político actual, este choque adquiere un peso mayor. El presidente estadounidense incrementó sustancialmente su apoyo entre el electorado latino en los comicios de 2024. No obstante, su retórica actual podría ser contraproducente para los republicanos, que enfrentan las elecciones intermedias (midterms) de noviembre con cierta desventaja frente a los demócratas y con el reto de consolidar ese voto sin ahuyentar a su base tradicional.

El caso del distrito 34 de Texas lo ilustra bien: con mayoría latina y rediseñado por los republicanos para asegurar su victoria en 2026, sigue siendo una carrera demasiado reñida para darse por ganada. Algunos votantes latinos que apoyaron a Trump en 2024 muestran hoy disposición a cambiar su voto. En un Congreso donde los republicanos no pueden permitirse perder más de dos escaños para mantener su mayoría en la Cámara de Representantes, el voto latino podría resultar determinante.

Al mirar hacia el futuro inmediato, la convivencia bilingüe en el país plantea serios retos. La definición de lo “americano” atraviesa hoy un proceso de redefinición. A través de él, la cohesión nacional debe aprender a convivir con una realidad demográfica y cultural cada vez más heterogénea.

En ese sentido, la actuación de Bad Bunny fue un anticipo de esa disputa. La pregunta de si el español tiene lugar en el espacio público estadounidense y la pregunta de si el voto latino tiene lugar en la coalición republicana son, en el fondo, la misma pregunta formulada en registros distintos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Cómo se relaciona la identidad latina con el hecho de ser “americano”? La resaca de la Super Bowl de Bad Bunny – https://theconversation.com/como-se-relaciona-la-identidad-latina-con-el-hecho-de-ser-americano-la-resaca-de-la-super-bowl-de-bad-bunny-276490

Triple ultimátum energético: cómo Rusia, China y Trump ponen a prueba a Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Profesor de Derecho Internacional y de Relaciones Internacionales, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Planta de perforación de petróleo y gas en el círculo polar ártico. Vladimir Endovitskiy/Shutterstock

Rusia, China y Estados Unidos han convertido la energía en un tablero de poder global, y Europa ha quedado justo en el centro de ese juego. La combinación de un posible corte anticipado del gas ruso, las restricciones chinas ligadas al conflicto en el golfo Pérsico y las amenazas de Donald Trump sobre el comercio y el gas natural licuado (GNL) que llega a nuestros puertos dibuja un escenario de “triple ultimátum” energético para el continente europeo.

Rusia: restringir el suministro

El primer movimiento viene de Moscú. La Unión Europea lleva años aprobando sanciones y diseñando una desconexión gradual del gas ruso: restricciones a nuevos contratos de GNL desde 2026 y veto casi total al gas por gasoducto hacia 2027.

Ante ese calendario, Vladímir Putin ha decidido adelantarse. En varias intervenciones públicas ha deslizado que Rusia se plantea cortar el suministro antes de que la UE cierre definitivamente la puerta, con una lógica sencilla: “Si ellos nos van a dejar de comprar en unos meses, mejor ser nosotros quienes decidamos cuándo se termina la relación”.

Al mismo tiempo, el Kremlin acelera el giro asiático, el gran polo de demanda de hidrocarburos, que depende en buena medida del petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz.

China: garantizar sus reservas

El segundo movimiento llega desde Pekín. La escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto a Ormuz en el centro de todas las alarmas: por ese estrecho pasa en torno a una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo.

China, que importa millones de barriles diarios desde el Golfo, ha reaccionado con rapidez: ha ordenado a sus grandes refinerías suspender las exportaciones de gasolina y diésel, cancelar contratos y dejar de firmar nuevos acuerdos, con una prioridad clarísima: garantizar el suministro interno ante la posibilidad de un cierre parcial o total de Ormuz.

Este cierre del grifo hacia el exterior reduce la oferta global de combustibles refinados y contribuye a empujar al alza los precios que paga Europa, reabriendo el debate sobre su vulnerabilidad energética.

GNL estadounidense, instrumento de poder

El tercer movimiento viene de Washington y golpea directamente a España. En los últimos años, el GNL estadounidense se ha convertido en uno de los pilares del aprovisionamiento español: según los datos más recientes de febrero de 2026, alrededor de un 44 % del gas que se consume en España procede de Estados Unidos, una proporción que se ha ido incrementando tras la reducción drástica de las compras a Rusia.

Ese peso convierte al GNL en una herramienta de influencia política. Tras la negativa del Gobierno español a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en una eventual operación contra Irán, el presidente Trump ha elevado el tono hasta el punto de amenazar con cortar relaciones comerciales, en un contexto en el que el gas forma parte del paquete. La posibilidad de que su suministro pueda usarse como palanca de presión añade un elemento de incertidumbre adicional sobre nuestra seguridad energética.

España tiene las infraestructuras

En este tablero, España ocupa una posición paradójica. Por un lado, es uno de los países europeos con mayor capacidad de regasificación: siete plantas en funcionamiento y una red gasista relativamente mallada convierten el territorio español en una puerta de entrada privilegiada para el GNL, que luego puede ser reexpedido hacia otros mercados europeos.

Esa infraestructura es una ventaja estratégica para la UE, que ve en la Península ibérica un posible hub energético para diversificar sus fuentes de suministro.

Pero, por otro lado, mientras las interconexiones con Francia sigan siendo limitadas, esa misma arquitectura la hace especialmente sensible a los vaivenes del mercado global de GNL y a las decisiones de actores como Estados Unidos o Qatar.

Las opciones de Europa

¿Qué puede hacer Europa –y España en particular– ante este triple ultimátum?

A corto plazo, las opciones pasan por reforzar los mecanismos de compra conjunta de gas, coordinar mejor el uso de las reservas estratégicas y acelerar proyectos de interconexión que permitan aprovechar plenamente la capacidad de regasificación española en beneficio del conjunto del mercado interior.

A medio y largo plazo, el debate vuelve inevitablemente a la mesa: acelerar la implantación de renovables, desplegar almacenamiento –bombeo hidráulico, baterías, hidrógeno– y avanzar en eficiencia energética. De momento, son las únicas formas de reducir de manera estructural la vulnerabilidad frente a shocks externos.

Autonomía energética europea

El caso europeo ayuda a visualizar algo que a menudo queda diluido en las grandes cifras: tras cada decisión de Moscú, Pekín o Washington hay un impacto directo en la factura de la luz, en el presupuesto de un bar de barrio o en la viabilidad de una fábrica en la periferia de Barcelona o de Bilbao.

Entender cómo se conectan esas piezas –gas ruso, Ormuz, bases militares, GNL estadounidense, China, Europa, regasificadoras españolas– es un paso necesario para participar de manera informada en el debate sobre qué modelo energético y qué grado de autonomía estratégica quiere construir Europa si no quiere que otros sigan decidiendo por ella.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Triple ultimátum energético: cómo Rusia, China y Trump ponen a prueba a Europa – https://theconversation.com/triple-ultimatum-energetico-como-rusia-china-y-trump-ponen-a-prueba-a-europa-277773

Cuando todo tiembla: el papel de las mujeres en las crisis

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miryam Martín Sánchez, Adjunct assistant professor, Universidad Pontificia Comillas

GaudiLab/Shutterstock

Las crisis no son neutrales: reorganizan el poder. Cuando estalla una crisis, ya sea social, política o empresarial, no sólo se ponen a prueba las instituciones y las organizaciones. También se activan expectativas sobre quién debe liderar, quién debe sostener y quién debe cambiar las reglas. Cómo se reparten esos papeles no es casual.

Una investigación reciente ofrece algunas pistas para entenderlo. En ella se muestra que las mujeres tienden a ser interpretadas y posicionadas en tres grandes roles que se repiten de forma recurrente en tiempos de crisis: Autoridad, Infraestructura y Reconfiguración (AIR).

Autoridad: liderazgo bajo la lupa

En situaciones de crisis, la visibilidad y la legitimidad no siempre se distribuyen de la misma manera. Las mujeres que aparecen en primer plano como figuras de autoridad, ya sean presidentas, ministras, consejeras o directivas, suelen ser evaluadas bajo expectativas contradictorias. Se espera de ellas ética y empatía, pero, al mismo tiempo, se cuestionan sus actitudes hacia el riesgo y la incertidumbre.

Esta paradoja se hizo especialmente visible durante la pandemia de COVID-19. Los territorios gobernados por mujeres obtuvieron mejores resultados en indicadores como la tasa de mortalidad. Sus gobiernos fueron, además, más propensos a asumir riesgos económicos, por ejemplo, implementando confinamientos tempranos, para mitigar el coste humano de la crisis. Sin embargo, la percepción sobre su liderazgo no cambió necesariamente en la misma dirección.

Esa tensión convierte el liderazgo femenino en un símbolo que no siempre opera en igualdad de condiciones. Aquí encaja un fenómeno bien documentado: el glass cliff o “acantilado de cristal”. En momentos de crisis, se tiende a colocar a mujeres en puestos de poder, y no necesariamente como reconocimiento pleno de su trayectoria, sino porque la organización necesita transmitir un mensaje de cambio, reparación o renovación. Se las sitúa en primera línea cuando el terreno ya es inestable.

Este patrón se repite en distintos ámbitos: Theresa May en Reino Unido, en plena crisis del Brexit; Kamala Harris en EE. UU., cuando las encuestas ya daban como ganador a Trump o, en España, el caso de Inés Arrimadas que llegó a la presidencia de Ciudadanos después de que su partido perdiera 47 escaños en las elecciones generales de 2019. Fuera del ámbito político, Montse Tomé, la primera mujer al frente de la selección española femenina, fue nombrada tras un escándalo institucional que sacudió al fútbol femenino.

Infraestructura: sosteniendo el sistema

Si en el primer plano aparecen quienes lideran el sistema, en un segundo plano, mucho menos visible, están quienes lo sostienen. En tiempos de crisis, las mujeres actúan como auténticas infraestructuras sociales: sostienen la vida cotidiana, absorben impactos y amortiguan el colapso. Lo hacen en el empleo, en el hogar, en la comunidad y en múltiples espacios intermedios.

Las cifras son contundentes. Según ONU Mujeres, ellas realizan alrededor de tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo. En Europa, durante la pandemia, dedicaban 36 horas semanales a estos cuidados, lo que equivale a unas 2 000 horas al año. En España, las estadísticas muestran que la brecha persiste, incluso en hogares donde ambos miembros trabajan a jornada completa. De hecho, las mujeres emprendedoras y trabajadoras asumen una carga adicional de cuidados, experimentando mayores niveles de estrés y desgaste emocional.

Estos datos no describen una inclinación natural, sino una estructura social que condiciona tanto las oportunidades de liderazgo como la forma en que se distribuyen los costes cuando el entorno se vuelve incierto.

Desde la cultura popular hasta ciertos discursos mediáticos, el trabajo de cuidado a veces se romantiza, por ejemplo, a través del fenómeno viral de las tradwives (“novia que se queda en casa”) o como una mera elección individual. Sin embargo, desde un punto de vista estructural, constituye una base económica y social sin la cual ninguna potencial recuperación sería posible. La cuestión no es solo su valoración simbólica, sino cómo se distribuye y qué reconocimiento institucional recibe.

Reconfiguración: cuando la crisis abre espacio para el cambio

Este tercer rol amplía el marco: no hablamos únicamente de quién lidera ni de quién sostiene, sino de quién redefine las reglas del juego. Esto incluye acciones de innovación social, redes de apoyo mutuo, activismo y propuestas de política pública que cuestionan prioridades previamente asumidas.

Se han documentado colectivos de mujeres que lideran movilizaciones en crisis económicas y redes feministas que articulan planes de recuperación tras la pandemia. Estas iniciativas parten de una idea sencilla pero potente: las crisis no son un paréntesis, sino una intensificación de desigualdades existentes.

En este contexto, no se trata solo de resistir la crisis, sino de decidir qué se protege, qué se prioriza y qué se considera recuperable cuando todo tiembla.

Un mapa más completo

Las crisis no solo revelan desigualdades: reorganizan responsabilidades y expectativas. Comprender el papel múltiple que ocupan las mujeres, como autoridad, como infraestructura y como agentes reconfiguradores es clave para entender cómo responden nuestras sociedades en momentos límite.

Cuando todo tiembla, no basta con mirar quién ocupa el despacho principal. También debemos observar quién sostiene la vida cotidiana, quién absorbe el impacto y quién impulsa su transformación.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cuando todo tiembla: el papel de las mujeres en las crisis – https://theconversation.com/cuando-todo-tiembla-el-papel-de-las-mujeres-en-las-crisis-277119

El nuevo giro tecnológico de Starlink: del internet satelital a plataforma digital en órbita

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Starlink es una empresa que nació como proyecto de SpaceX para la creación de una constelación de satélites de internet. SpaceX, CC BY

Starlink nació con una promesa fácil de vender: internet rápido desde el cielo. Miles de pequeños (y baratos) satélites en órbita baja (LEO) para dar cobertura global y reducir latencia frente a los satélites (tradicionales y caros) geoestacionarios.

Sin embargo, en los últimos meses, la compañía de Elon Musk ha empezado a apuntar en otra dirección. Starlink ya no quiere ser únicamente un sistema de conectividad. Su ambición es convertirse en una infraestructura digital en órbita, capaz de transportar datos, procesarlos y gestionarlos como lo haría una gran plataforma de red. Es decir, Starlink quiere que su constelación se parezca menos a un conjunto de satélites y más a un ordenador distribuido.

Cuando la red empieza a pensar

Durante décadas, la imagen dominante del satélite de comunicaciones fue la de un repetidor. Recibe, amplifica y retransmite. La “inteligencia” de la red estaba en tierra (en estaciones, routers, centros de control y centros de datos).

Starlink quiere romper ese esquema. ¿Por qué? No se diseñó para trabajar como satélites aislados. Se diseñó como una red en la que cada nodo se mueve a gran velocidad, cambia de vecinos constantemente y tiene que mantener rutas estables en un entorno que no se parece en nada a internet terrestre. Y, aquí, los datos no tienen por qué bajar a la primera estación terrestre disponible. Pueden viajar de satélite en satélite hasta encontrar la salida más eficiente.

Ese detalle transforma el sistema. La constelación deja de ser un grupo de dispositivos que “dan servicio” desde arriba. Empieza a funcionar como una red troncal global, con rutas alternativas y capacidad de adaptación. Y, cuando una empresa controla una red troncal, el paso natural es intentar ofrecer algo más que servicios de conectividad. Ahí aparece el nuevo giro del que estamos hablando.

“Edge computing” versión Star Wars

Hablar de un “ordenador gigante en órbita” puede inducir a error. No significa que SpaceX pretenda entrenar modelos masivos de inteligencia artificial (IA) en satélites ni replicar un centro de datos convencional en el espacio. Eso sería ineficiente y técnicamente difícil por potencia, disipación térmica y logística.

La idea real es mucho más pragmática. Se quiere dotar a la red orbital de capacidad para ejecutar en ella funciones digitales que hoy se hacen en tierra. Es un concepto similar al edge computing: desplazar parte de la inteligencia hacia los extremos de una red, donde se necesita respuesta rápida o donde conviene filtrar datos antes de transmitirlos.

En una red satelital, esto tiene varias ventajas: permite reducir congestión, tomar decisiones en ruta, priorizar tráfico, detectar anomalías y, en ciertos servicios, procesar información antes de bajarla a tierra. En lugar de ser un tubo o una “carretera de paso”, la red se convierte en una plataforma.

¿Y por qué esto es tan interesante? Si Starlink puede ejecutar funciones en órbita, su valor ya no se limita a “más cobertura”. Puede ofrecer otras capacidades digitales a sus clientes.

Empieza la batalla por el servicio

Con tanta competencia en el sector, la conectividad, por sí sola, tiende a convertirse en un producto cada vez menos diferenciable. Cuando varias constelaciones ofrecen cobertura global y velocidades competitivas, el mercado deja de girar alrededor del megabit y el cliente comienza a buscar más servicios distintos.

En concreto, clientes como la industria marítima, la aviación, las emergencias o la logística buscan continuidad, calidad garantizada, priorización, seguridad, integración con sistemas industriales y operación en entornos críticos. Ellos no compran “internet”; compran fiabilidad y control.

Aquí es donde una constelación que toma decisiones desde arriba tiene ventaja. Puede reaccionar mejor a saturaciones regionales, gestionar rutas alternativas, ofrecer priorización dinámica y reducir dependencia de infraestructura terrestre. Ese tipo de capacidades permiten pasar de un servicio de acceso a un servicio gestionado.

¿Y qué pasa con el pequeño consumidor doméstico? Para él, el cambio será menos visible. Pero puede traducirse en estabilidad: menos degradación en horas punta, mejor comportamiento cuando hay congestión, y todo en una experiencia parecida a la de un operador terrestre.

Tenemos un problema: potencia, calor y física

Aparece, entonces, el primer problema. Convertir un satélite en un nodo de computación no es solo una cuestión de software. Obliga a replantear el diseño.
En la Tierra, si una empresa necesita más computación, instala más servidores. Si necesita más refrigeración, amplía su infraestructura de climatización. Si necesita más energía, paga la factura. En órbita, no existe esa flexibilidad.

Un satélite vive con un presupuesto energético rígido. Su energía depende de paneles solares, baterías y electrónica de gestión. No hay enchufe. Y todo lo que consume (por ejemplo, su procesador, un enlace láser o el sistema de comunicaciones), se convierte en calor.

En un ordenador terrestre el calor se evacua con ventilación o refrigeración líquida. En el espacio, el satélite solo puede disiparlo radiándolo. Eso obliga a diseñar superficies térmicas, radiadores y rutas de conducción. Cuanta más potencia se consume, más exigente se vuelve el control térmico. Y cuanto más exigente, más masa necesita, más complejidad tiene y más limitaciones.

Por eso, la energía no es un tema secundario. Es el factor que define cuánto puede “pensar” un satélite.

¿Cómo gestionar la energía?

La cuestión no es solo captar más energía. Es administrarla como un recurso programable.

En un satélite tradicional, la gestión energética se diseña para garantizar primero la supervivencia del sistema y el control básico (especialmente el control de altitud), y después alimentar la carga útil y las comunicaciones. En un satélite que también realiza procesos computacionales, la energía se convierte en un presupuesto dinámico. Es decir, algunas tareas pueden ejecutarse cuando el satélite está iluminado y con excedente, mientras que otras deben limitarse en sombra orbital. Así que la planificación de cargas energéticas se vuelve parte del sistema.

¿Qué es más “caro” energéticamente: transmitir datos o procesarlos? Obviamente, en una constelación, transmitir también cuesta energía. En ciertos casos, gastar vatios en procesar puede ser rentable si reduce el volumen de datos que hay que mover, si evita congestión o si permite tomar decisiones sin depender de estaciones terrestres. Y esto explica por qué el objetivo no es “subir más computación”, sino subir la computación justa, diseñada para mejorar la red.

La constelación se convierte en plataforma

Si Starlink logra este giro, el cambio no será solo técnico. Será industrial. La constelación pasará de ser un sistema de acceso a ser una plataforma. Y una plataforma no se limita a conectar: presta funciones.

Ese es el punto en el que Starlink deja de parecerse a un operador satelital clásico y empieza a parecerse a una infraestructura digital global. Con un matiz decisivo: su hardware se renueva a gran velocidad. Los satélites tienen ciclos de vida relativamente cortos y la constelación se actualiza continuamente. Esto permite que sus capacidades evolucionen de forma acelerada, casi como si se tratara de una red de software.

La consecuencia es evidente: el cielo empieza a parecerse a una red de ordenadores.

El final no es ciencia ficción: es ingeniería

La idea de una constelación que actúa como un ordenador distribuido es tecnológicamente plausible. Pero no es ilimitada. Cada mejora en computación compite con potencia disponible, disipación térmica, vida útil y fiabilidad.

En la Tierra, se puede comprar energía. En órbita, la energía se diseña. Y en ese detalle está el verdadero desafío del nuevo Starlink: no solo conectar el planeta, sino sostener en el espacio una infraestructura que, cada vez más, se comporta como un sistema computacional.

Otra cuestión que surge inevitablemente de todo esto y que debe ser abordada con urgencia es la saturación del espacio con estos dispositivos, con todos los riesgos que ello supone de colisiones y basura espacial.

The Conversation

Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI. También, este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y por FEDER, UE bajo el proyecto de investigación PID2021-128941OB-I00, “Transformación Energética Eficiente en Entornos Industriales”. Además, fue financiado parcialmente por la Consejería de Educación, Formación y Universidades del Gobierno de Cantabria a través del Contrato Programa del Gobierno de Cantabria y la Universidad de Cantabria a través del proyecto 04.50.00.VQ25.541A.646.62, “Habilitando entornos residenciales más sostenibles mediante la transformación inteligente y activa de la energía eléctrica”.

ref. El nuevo giro tecnológico de Starlink: del internet satelital a plataforma digital en órbita – https://theconversation.com/el-nuevo-giro-tecnologico-de-starlink-del-internet-satelital-a-plataforma-digital-en-orbita-276252

Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vladimir Martínez-Bello, Profesor Titular de Didáctica de la Expresión Corporal, Universitat de València

¿Para qué van los niños y niñas de 3 a 6 años a la escuela? ¿Van a descubrir su cuerpo y sus posibilidades de acción? Probablemente a ninguno se nos ocurriría responder esto, pero así consta en el currículo de Educación Infantil español.

Esta etapa establece las bases de la actividad física como parte de una vida saludable, especialmente si el entorno fortalece su autoestima y les permite experimentar la satisfacción del logro. Los beneficios de la actividad física van más allá de lo meramente motor: influye positivamente en el desarrollo cognitivo, en la gestión emocional y en la adquisición de hábitos que configurarán su salud futura.

Más allá del juego libre

Tanto el juego libre como la actividad física estructurada benefician el desarrollo infantil, pero el primero, aunque esencial, no garantiza por sí solo la adquisición de competencias fundamentales en el desarrollo integral.

Las evidencias confirman que, complementando el juego libre, las experiencias estructuradas tienen un impacto más significativo en el desarrollo integral. De hecho, cuando se implementan propuestas estructuradas y participativas, los niños y niñas aumentan su actividad física, reducen conductas sedentarias y exploran nuevas posibilidades motrices.

Diseñar situaciones idóneas

¿Cómo podemos diseñar e implementar estas actividades de manera adecuada a cada edad y con un alto componente participativo? Se trata de fomentar con ellas no solo el reconocimiento del propio cuerpo, la superación de dificultades y la autoestima, sino también de aprender a resolver problemas. En definitiva, de darles las herramientas para sentirse capaces y felices.

La actividad física estructurada en las aulas de educación infantil suele trabajarse con actividades de psicomotricidad, educación física o motricidad. Con cualquiera de estos enfoques, lo que importa es que el profesorado diseñe experiencias en las que el movimiento tenga un sentido. No como un medio para otro fin, sino como un fin en sí mismo. Que sea un espacio de descubrimiento, social y participativo, que nazca también de los intereses de los propios niños y niñas. Así, les estaremos dando la oportunidad de conectar con ellos mismos, de mirarse por dentro.




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En este camino, el profesorado se convierte en un actor clave, un apoyo que ejerce un rol activo (acompaña, juega, anima, demuestra, promueve, instruye, disfruta) durante las oportunidades estructuradas y que ofrece seguridad y confianza para que el niño y la niña vivan el movimiento desde dentro y, a través de él, aprendan a conocerse.

Un desarrollo armónico

Podemos señalar tres claves de este enfoque: recuperar el valor intrínseco del movimiento –como fin en sí mismo y fuente de placer–, educar en el respeto a la diversidad desde la corporalidad y diseñar entornos seguros que aprovechen recursos como el juego simbólico.

A partir de los planteamientos de la psicomotricidad relacional o vivenciada, el objetivo es establecer espacios y rituales en los cuales los niños y niñas entren en una interacción con los objetos y con los otros a partir de sus intereses y que puedan dejar huella de su práctica motriz a través de la expresión plástica.

Acompañar mejor al profesorado

¿Estamos acompañando adecuadamente al profesorado en ejercicio y en formación para este rol? Aunque la actividad física se revela como un pilar indiscutible del desarrollo infantil, el profesorado reconoce sentirse poco preparado para incorporarla de manera efectiva en su práctica diaria. Esta brecha formativa –tal y como lo señalan diversos estudios– limita seriamente la calidad y frecuencia de las experiencias motrices que ofrecemos a los niños y niñas más pequeños.

Existen espacios de conocimiento compartido que permiten diseñar experiencias de movimiento que realmente impacten el desarrollo integral: la realización de proyectos conjuntos de investigación educativa (por ejemplo, la naturalización de patios escolares y los patios coeducativos) entre los centros escolares y las facultades de formación de profesorado; la puesta en marcha de proyectos de aprendizaje-servicio que respondan a las necesidades de la infancia y de los centros escolares; el establecimiento de propuestas interdisciplinarias que convoquen a diversidad de agentes (centros escolares, universidades, administración pública, tercer sector, etc.). En definitiva, fomentar la vinculación del profesorado de los centros en proyectos de investigación e innnovación no como simples reproductores, sino como verdaderos creadores; y el establecimiento de redes de profesorado universitario para mejorar la formación de los docentes.




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Podremos así formar un profesorado activo, capaz de crear entornos motores diversos y estimulantes que acojan cada individualidad desde un enfoque basado en los derechos de la infancia.

The Conversation

Vladimir Martínez Bello recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación, proyecto financiado PID2022-141095NB-100 y de la Generalitat Valenciana, proyecto CIAICO/2023/091.

ref. Cómo lograr que niños y niñas se muevan mejor en la escuela: más allá del juego libre en infantil – https://theconversation.com/como-lograr-que-ninos-y-ninas-se-muevan-mejor-en-la-escuela-mas-alla-del-juego-libre-en-infantil-268545

¿Por qué cuesta tanto ‘desengancharse’ de las redes sociales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Muñoz Romero, Profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación, Universidad Complutense de Madrid

Manolines/Shutterstock

¿Se puede vivir sin redes sociales? Muchos jóvenes (un 30 %, según nuestro último estudio) se plantean eliminar estas aplicaciones de sus móviles o incluso llegan a hacerlo, pero no suele ser duradero. Durante unos días o semanas, quizá en época de exámenes, “resisten” sin TikTok o Instagram. Pero pasado un tiempo no tienen más remedio que volver si no quieren sentirse demasiado aislados. La “culpa” no es de ellos: es el sistema el que hace muy difícil vivir al margen.

Este estudio coincide con otros realizados con anterioridad en los que la depresión, la ansiedad, la confusión o la baja autoestima aparecen como patologías habituales provocadas por la inmersión de jóvenes y adolescentes en este nuevo mundo digital, que para ellos no es “otro” mundo sino el mismo que el mundo físico.




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Esta idea nos ayuda a entender el tremendo efecto de tracción que los medios y redes sociales ejercen en las vidas de todos, y en especial de jóvenes y adolescentes, y a explicar por qué es tan difícil salir de su influencia. El sistema de medios y redes sociales digitales está diseñado para vivir consumiendo. Por eso, más que de uso, se debería hablar de “consumo” de redes sociales.

La sociedad misma es ya una sociedad de redes y no se concibe, salvo marginación y pobreza extrema, a ninguna persona fuera de este sistema: por eso no es tanto que nos “expongamos” a ellas como que vivimos “inmersos” en este ecosistema.

¿Adicción o consumo compulsivo?

Aunque muchos autores, especialmente en el ámbito de la psicología, hablan de “adicción” para referirse a los efectos de consumo compulsivo de redes sociales (con sus picos y déficits de dopamina), el concepto se queda corto para describir su complejidad.




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Porque el impacto negativo en el bienestar y al equilibrio personal es sólo una de las dimensiones actuantes. Hemos apuntado muy brevemente las dimensiones cognitivas y neurológicas, pero hay que considerar también las sociológicas, industriales, económicas, ideológicas y políticas que hacen que no nos estemos enfrentando sólo a “daños colaterales” de las redes sociales en los jóvenes, sino que lo que tenemos delante es un nuevo proceso civilizatorio. Todos estamos adaptándonos a él en una dinámica ensayo–error, y está dando la vuelta a cómo ha sido hasta ahora la construcción de la identidad personal y de la identidad social.

Un nuevo paradigma social, político y económico

No podemos considerar solo “adicción” a algo que ha llegado y que se presenta exactamente como el entorno cultural y social natural en el que se tiene que vivir. No se puede ser “adicto” al conjunto de tecnologías que se han promovido desde la economía como parte esencial del sistema de producción. No se puede ser adicto a las tecnologías que se promueven desde los estados como paradigma de la nueva relación entre ciudadanos y administración.

Esta nueva sociedad en red es la realidad en la que vivimos, y de las que las plataformas de contenidos son parte indivisible. Todo ello configura un nuevo ecosistema social a través del cual nos matriculamos en el instituto, nos empadronamos, pedimos citas médicas, hacemos bizums, compramos la ropa o el abono transporte, organizamos las vacaciones o quedamos con otras personas. Uno no se puede considerar adicto al aire porque respire.

¿Cómo evitar ser atrapado?

Los niños y niñas acceden a las redes sociales a los 12 años y están en ellas, diariamente, una media de cuatro horas en la que recibirán 1 750 contenidos diferentes (uno cada diez segundos) en un mix de información, de ocio y entretenimiento, de promoción comercial, de crítica social, de opiniones políticas: podrán ver las imágenes del asesinato de Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis empotradas entre un vídeo para adoptar gatitos y otro para promocionar un local de copas.

Es difícil pensar que este nivel de saturación indiscriminada no tenga efecto en el bienestar emocional o en la forma en la que los niños y adolescentes van construyendo su visión del mundo. Si esto es lo que ven y es lo único que ven, es normal que se tome como “lo real”.




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Porque, precisamente, el pensamiento abstracto se desarrolla en los seres humanos a partir de los 11 años y hasta los 15 aproximadamente. Los sistemas de creencias, y la capacidad de análisis y de reflexión profunda (abstracta), se forman en esta etapa en las que las redes sociales ponen delante de sus ojos una realidad algorítmica controlada y diseñada por empresas y corporaciones de derecho privado que atienden sobre todo a su cuenta de resultados.

Concienciación y legislación

Estamos ante un cambio de era en el que la tecnología y la economía se están transformando. Y esto provoca cambios en la organización social y política, como lo hizo también la Revolución Industrial en los siglos XVIII y XIX. Su alcance en todos los órdenes está por ver. Pero ante todos esos cambios, la respuesta tiene que ser democrática, global y coordinada: las familias y los estados tienen un papel decisivo. Además de legislar el acceso de los menores, debemos crear unas reglas de operación responsables en las empresas y supervisar los algoritmos.

La medida de nuestro éxito colectivo llegará por medio de la educación y la concienciación. En la familia, por supuesto, pero también preparando a nuestros jóvenes, dentro del sistema reglado de enseñanza obligatoria, para gestionar técnica y emocionalmente este nuevo mundo.

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Francisco Muñoz Romero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué cuesta tanto ‘desengancharse’ de las redes sociales? – https://theconversation.com/por-que-cuesta-tanto-desengancharse-de-las-redes-sociales-274862

Del 23-F a Kennedy: la política de desclasificar el pasado en las democracias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Francisco Sánchez Barrilao, Profesor Titular de Universidad. Derecho Constitucional., Universidad de Granada

Francesco Segura/Shutterstock

El pasado 23 de febrero, el presidente de España, Pedro Sánchez, anunciaba en redes sociales la intención del Gobierno de desclasificar inmediatamente información sobre el golpe de Estado perpetrado hace 45 años. Para ello, el Consejo de Ministros acordaba al día siguiente la desclasificación de “cualesquiera asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos relativos al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981”. En total, se han dado a conocer 153 documentos el 25 de febrero a través de la propia web del Gobierno.

Al margen del alcance del contenido de esos documentos (no pocos de ellos ya conocidos por muchos expertos) y de la propia desclasificación (pues algunos autores la califican de limitada), el anuncio y el acto de hacer pública la información vinieron a evidenciar nuevamente las deficiencias de la preconstitucional Ley sobre secretos oficiales (Ley 9/1968). También pusieron de relieve la discrecionalidad con la que actúan algunos gobiernos tanto a la hora de clasificar como de desclasificar una información como secreta y extraerla así del circuito democrático e histórico al impedir su debido control social.

En cuanto a lo primero, se ha de recordar que la Ley sobre secretos oficiales se aprobó en 1968, durante la dictadura franquista, y fue parcialmente enmendada ya en 1978 (Ley 48/1978). También es necesario saber que desde entonces se han presentados diversos anteproyectos y proposiciones de ley, sin éxito, con el fin de adecuar la norma a las actuales demandas de publicidad y transparencia.

Los sistemas de plazos y la discrecionalidad

En especial se ha propuesto introducir sistemas de plazos en la desclasificación, tal como lo hacen otras democracias occidentales. Con todo, se advierte que tales sistemas acaban por mantener cierta discrecionalidad a la hora de hacer pública información previamente declarada secreta, ya que permiten a los ejecutivos, con carácter general, retrasar todavía más la desclasificación de aquella información que consideren aún comprometedora para la seguridad nacional.

Esto último, a su vez, enlaza con la discrecionalidad del Gobierno de la que hablaba antes con ocasión de la reciente desclasificación de documentos del 23-F, tanto a tenor de la fecha elegida por el Ejecutivo (el 45.º aniversario del golpe), como en relación a los documentos efectivamente clasificados, ya que ni son hoy significativos para la seguridad nacional ni lo fueron hace diez años.

Pero lo cierto es que esto se produce también en otros Estados. Es usual que los gobiernos de democracias occidentales desclasifiquen información especialmente comprometida desde una perspectiva histórica en momentos relevantes y que las desclasificaciones sean finalmente parciales.

Estados Unidos, Francia, Alemania y otros casos similares

Así sucedió en marzo de 2025 con ocasión de la reciente y sorpresiva desclasificación masiva, pero no total, de documentos relacionados con el asesinato de John F. Kennedy (1963). El Gobierno de Estados Unidos ordenó la liberación de casi todos los archivos todavía retenidos por motivos de seguridad nacional (alrededor de 80 000 páginas).

También unos años antes, en diciembre de 2021, el Gobierno francés decretó una desclasificación parcial de información sobre la no menos traumática Guerra de Argelia.

Siguiendo los ejemplos mencionados en el propio acuerdo del Consejo de Ministros de España por el que se ha desclasificado documentación del 23-F, están los casos de Italia en 2014 y 2021, cuando se hizo pública información referente a grandes atentados terroristas cometidos entre 1969 y 1984; y en 2016, cuando se dio a conocer un archivo de 13 000 páginas sobre crímenes cometidos por tropas nazis y fascistas entre 1943 y 1945.

También tenemos el ejemplo de Grecia en 2024, que consistió en la desclasificación de 58 informes sobre el golpe de Estado de 1974 en Chipre.

En esa tónica de desclasificar información relativa a terceros Estados también está el caso de Alemania en 2012, cuando se hizo pública la transcripción de una reunión privada entre su embajador y Juan Carlos I poco después de los sucesos del 23-F; y el de Estados Unidos, cuyo Gobierno desclasificó en 2016 numerosa documentación sobre la dictadura argentina entre 1976 y 1983.

En esos casos, como en el supuesto que estamos comentado, se han alegado como razones la historia, la memoria e incluso la reparación para responder así a la demanda constante de acceso a documentación relevante y comprender el pasado mediante “una interpretación más completa y contrastada de los hechos”, en el conocimiento mismo “de nuestra historia colectiva”.

Y todo ello, claro, sin poner en riesgo las necesidades de secreto y discreción que exigen en cada momento la seguridad nacional (Ley 36/2015 de Seguridad Nacional).

Esto supone la apertura a una limitación discrecional al acceso público de información relevante para la sociedad; con especial consideración para periodistas e historiadores, que son agentes directos en la conformación de la opinión pública y de la memoria colectiva.

Solo una previsión normativa de desclasificación automático-temporal permitiría, aún de manera diferida en el tiempo, el conocimiento y el control directo por la sociedad de su propia historia. Eso sí, tal control quedaría aún limitado temporalmente, pero al final sería posible, permitiendo así a la ciudadanía reencontrarse con su pasado, en particular con ocasión de hechos potencialmente comprometedores.

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Juan Francisco Sánchez Barrilao no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del 23-F a Kennedy: la política de desclasificar el pasado en las democracias – https://theconversation.com/del-23-f-a-kennedy-la-politica-de-desclasificar-el-pasado-en-las-democracias-276996

La mayoría de los suplementos son innecesarios, posiblemente peligrosos y mueven un gran negocio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Alfonso Revenga Frauca, Director experto, Grado de Nutrición Humana y Dietética, Universidad Internacional de Valencia; Universidad San Jorge

Daniel Krason/Shutterstock

Si Súper Ratón levantara la cabeza, no podría estar más orgulloso al comprobar el éxito de su recomendación después de ochenta años. Sus palabras, “… y no olviden supervitaminarse y mineralizarse”, resuenan hoy en día mientras disfrutamos de una accesibilidad alimentaria sin precedentes.

Sin embargo, actuamos como si este hábitat de superabundancia no fuera suficiente. Cada vez más gente recurre a la suplementación, mientras un creciente número de profesionales sanitarios se adhiere al consejo de Súper Ratón.

La ciencia es clara: el uso de suplementos suele ser innecesario, resulta caro y no está exento de peligros. Además, los embajadores que los promocionan suelen incurrir en diversos supuestos ilícitos.

Distintas son las situaciones concretas en las que la suplementación sí estaría indicada de forma protocolizada, como déficits secundarios (cuando a pesar de una ingesta adecuada y debido a condiciones subyacentes no se produce la correcta digestión, absorción, transporte o utilización de un nutriente), vegetarianismo o embarazo, que aquí no se cuestionan.

El origen

A principios del siglo XX se sentaron las bases de la fisiología y se describieron las funciones de diversas sustancias. Hacia 1910 fue identificada la primera vitamina, la tiamina, y en 1948, la última, la cobalamina. Eran tiempos difíciles en los que guerras, recesiones y depresiones se plasmaron en forma de graves hambrunas y deficiencias nutricionales. Esto justificaba el auge de la suplementación: a falta de suficientes alimentos, buenos eran los suplementos.

Hoy debería ser diferente: los suplementos no aportan nada que no podamos obtener de los productos alimenticios, y de estos tenemos abundancia. Sin embargo, el marketing nos ha vendido una falsa ilusión: llevamos siete décadas surfeando la ola del nutricionismo, convencidos de que lo importante es el nutriente, al margen del alimento.

El marco legal

Los popularmente conocidos como “suplementos” y legalmente como “complementos alimenticios” están sujetos a la normativa alimentaria. En sentido contrario a la opinión de muchas personas y profesionales sanitarios, de ellos no se pueden decir más cosas que aquellas que pueden atribuirse a los alimentos. Más allá de la popular –pero errónea– perspectiva hipocrática, los alimentos no son medicamentos legalmente, y los suplementos, por tanto, tampoco.

Pero los últimos cuentan con una baza ganadora: se comercializan en forma de cápsulas, pastillas, polvos, ampollas, cuentagotas, etcétera, lo que recuerda indefectiblemente a un fármaco. Su presentación, unida a ciertos mensajes publicitarios, incita a creer que adquirimos el remedio para combatir astenia, alopecia, debilidad, impotencia, obesidad, dolores articulares, menopausia, etcétera.

Además, a diferencia de los fármacos, no tienen que demostrar una eficacia clínica para ser comercializados. Basta cumplir con la legislación alimentaria, la misma que aplica a una mermelada de albaricoque. Así lo dice el RD 1487/2009: “Las empresas responsables de la producción, transformación, envasado, almacenamiento, distribución, importación y comercialización de complementos alimenticios estarán sujetas a lo dispuesto por el Registro General Sanitario de Alimentos”.

Los riesgos

Un estudio reciente con más de 20 000 consumidores de suplementos no encontró ningún dato objetivo que justificara su uso. Aunque los usuarios informaron que se encontraban mejor al tomarlos, ninguna variable analítica lo confirmaba. Pero hay algo peor que la ineficacia.

Dado el escaso control sobre su composición (a diferencia de los medicamentos), no es raro que algunos complementos contengan sustancias no declaradas, dosis erróneas o incluso fármacos, dando lugar a productos adulterados. Es solo la punta del iceberg: algunas publicaciones han cuantificado en más de un 80 % la adulteración intencionada con inhibidores de la fosfodiesterasa 5 en suplementos “naturales” para el aumento del rendimiento sexual; o en más de un 20 % en suplementos para la pérdida de peso (de nuevo “naturales”) con sibutramina.

Y en el caso de productos para la mejora del rendimiento deportivo, una revisión encontró casos de adulteración con sustancias dopantes entre el 14 y el 50 % de las muestras. Estos ejemplos ponen de relieve el riesgo que, sobre la salud pública, implica el escaso control que se ejerce sobre los suplementos en general.

El negocio

Existe un amplio ecosistema de fabricantes y laboratorios que ofrecen una generosa gama de suplementos listos para usar. No se trata del sistema tradicional de laboratorios que comercializan sus productos, sino el de compañías que venden sus formulaciones para que otros pongan su imagen. Estos intermediarios ofrecen catálogos con infinidad de formulaciones prediseñadas, así como la posibilidad de adaptar envases, etiquetado y mensajes comerciales, centralizando el negocio en la identidad de quien da la cara.

La organización belga sin ánimo de lucro Journalismfund Europe para el periodismo de investigación puso de relieve este entramado y reveló lo fácil que es crear nuestra propia línea de suplementos en unos pocos días. Su estudio se tituló El ‘influencer’ como traficante de pastillas.

El proceso es simple: elegir las categorías de productos, como suplementos deportivos (los de creatina y whey protein son clásicos), productos para aumentar la vitalidad (como el bisglicinato de magnesio) o preparados para hacer frente a la inflamación o para la salud femenina. A partir de ahí, la empresa fabricante se ocupa de la parte técnica y regulatoria, mientras la marca visible (el prescriptor-influencer) se centra en su promoción, habitualmente en redes sociales.

El quid de la cuestión está en que, legalmente, estos productos se regulan como alimentos, no como medicamentos: no se exige demostrar su eficacia. Sí será necesario inscribirse cuando proceda como operador alimentario y asumir las obligaciones fiscales. Pero no se requiere una titulación sanitaria específica –ni de ningún tipo– para poner tu marca de suplementos en el mercado.

El valor intrínseco del suplemento se concentra en el relato: promesas de “alta calidad”, “formulación propia” o “ingredientes prémium” que buscan diferenciar productos virtualmente idénticos. En este mercado, la capacidad de construir una historia atractiva alrededor de los suplementos pesa más que la consagración de su eficacia.

El problema

El 90 % de las afirmaciones de salud de influencers vinculadas a la promoción de suplementos en Instagram son inadmisibles. Este fue uno de los hallazgos de una evaluación llevada a cabo por un centro oficial alemán de control de alimentos. Además, son ilegales en el marco de la UE, empezando por el Reglamento 1924/2006. Esta normativa prohíbe de forma explícita (artículo 12) las recomendaciones comerciales provenientes de cualquier profesional de la salud.

En España, cerca de la mitad de las resoluciones y dictámenes de Autocontrol de la Publicidad del último año estuvieron relacionados con ilícitos vinculados a influencers. En el último, una farmacéutica quedó señalada al promocionar un suplemento “para las defensas” incumpliendo tres normas: el Reglamento 1924/2006, el Real Decreto 1907/1996, sobre publicidad […] con pretendida finalidad sanitaria y la Ley 17/2011, de seguridad alimentaria y nutrición.

El problema es que hoy en día la capacidad real de vigilancia queda muy por detrás del volumen de mensajes en redes y medios, de modo que la mayoría de estos actos ilícitos nunca se pondrá de relieve y casi ninguno llegará a tramitarse.

The Conversation

Juan Alfonso Revenga Frauca no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La mayoría de los suplementos son innecesarios, posiblemente peligrosos y mueven un gran negocio – https://theconversation.com/la-mayoria-de-los-suplementos-son-innecesarios-posiblemente-peligrosos-y-mueven-un-gran-negocio-274876

Cómo cambia el impacto ambiental de los mejillones si los consumimos frescos, congelados o en lata

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Saralegui-Díez, Assistant researcher, Universidad Pablo de Olavide

VicVa/Shutterstock

En España hablamos de “comer más pescados y mariscos” casi como un mantra: menos productos cárnicos, más productos de origen marino. La recomendación tiene una base de salud pública, pero también climática.

En términos globales, los sistemas alimentarios contribuyen de forma relevante a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero, y la ganadería es una fuente importante de estas. En este marco, las proteínas de origen marino se presentan a menudo como una alternativa con un menor impacto ambiental –consumo de energía y agua, emisiones o huella de carbono, contaminación, pérdida de biodiversidad…– por kilogramo de proteína.

El problema es que “producto acuático” no es una categoría homogénea. No tiene el mismo impacto un alimento fresco de proximidad que uno sometido a varias etapas de procesado hasta ser comercializado. Cuando analizamos toda la cadena de valor que lleva el alimento del mar al plato, vemos que el impacto ambiental de la transformación es mayor. Y esto vale incluso para el mejillón, un icono de la acuicultura.

El cultivo del mejillón se considera una forma de acuicultura de bajo impacto ambiental, ya que se alimenta de fitoplancton –diminutos organismos fotosintéticos– y no requiere de alimentación artificial. Además, aporta proteínas y micronutrientes a las dietas, y genera empleo en las zonas costeras.

Aun así, el impacto climático del mejillón no depende únicamente de su cultivo. Depende también del procesado industrial, del tipo de presentación comercial, de los flujos de transporte y de la lógica del comercio, incluida la exportación e importación del producto en sus distintas formas.

La huella de carbono de toda la cadena del mejillón

Un equipo multidisciplinar hemos cuantificado la huella de carbono de la cadena alimentaria del mejillón en España, desde la fase de producción hasta el consumo, distinguiendo las principales presentaciones comerciales: fresco, congelado y en conserva. Nuestra investigación está disponible en acceso abierto en Resources, Conservation and Recycling.

La novedad es que hemos calculado por primera vez la huella de la cadena completa, integrando producción, depuración, transformación industrial, comercio y transporte a distintas escalas (internacional, nacional e intraprovincial).

El mejillón tiene asociada una baja huella de carbono en su producción, pero cuando se incorpora la realidad de la industria, el comercio y la logística, ésta cambia lo suficiente como para que el formato de presentación y la cadena de suministro sean las protagonistas de sus impactos.

Una producción concentrada y un consumo distribuido

La producción nacional de mejillón en sus tres presentaciones se concentra casi por completo en Galicia, con una serie de implicaciones ambientales y económicas. Por un lado, permite economías de escala y especialización productiva. Por otro lado, obliga a mover grandes volúmenes para abastecer el consumo en el resto de España. Todo ello, con flujos de exportación e importación que varían dependiendo de la presentación.

Aquí aparece la clave que a menudo se pierde en el debate público: la geografía de la producción no coincide con la geografía del consumo. El resultado es una cadena conectada, con múltiples trayectos, entradas y salidas, donde el producto puede cambiar de forma varias veces antes de llegar al consumidor.

El destino del mejillón fresco español ilustra esa dinámica. Solo el 25% de la producción de mejillón fresco se dirige al consumo doméstico. El resto se orienta a procesamiento industrial o se exporta. Y una fracción significativa del mejillón ya procesado también se exporta. Este comportamiento, que es habitual en otras cadenas alimentarias, tiene una consecuencia climática: una parte del impacto se desplaza hacia actividades industriales y logísticas.




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Impacto ambiental de la cadena del mejillón en España

Según nuestras estimaciones, la cadena alimentaria del mejillón en España genera alrededor de 288 000 toneladas de CO₂ equivalente al año (una medida del conjunto de gases de efecto invernadero equiparándolos al CO₂). Pero lo más interesante no es solo el total, sino cómo se reparte.

Aproximadamente el 45 % se asocia a la producción acuícola, incluyendo la depuración. Cerca del 43 % corresponde al procesamiento industrial y en torno al 12 % proviene del transporte. Dicho de otra forma: más de la mitad de las emisiones se relacionan con transformación industrial y logística, no con la fase de cultivo.

Este patrón tiene implicaciones claras para la política climática del sector. Si una estrategia se concentra exclusivamente en mejorar la producción acuícola, dejará fuera una parte importante del margen de reducción. En cambio, una estrategia que actúe sobre energía, eficiencia industrial, refrigeración, materiales y planificación logística puede recortar emisiones sin comprometer el papel del mejillón como alimento saludable.

La presentación cambia las emisiones por kilogramo

La comparación por kilogramo consumido muestra diferencias relevantes entre presentaciones, situándose las conservas en valores más altos que el producto fresco y el congelado. Así, las conservas oscilan entre 8,5 kg de CO₂eq por kg en escabeche y 6,7 kg de CO₂eq por kg en salmuera. El mejillón fresco ronda 4,1 kg de CO₂eq por kilogramo, mientras que el congelado supone en torno a 3,6 kg de CO₂eq por kilogramo.

En el caso del congelado, influye un factor logístico: el mejillón congelado se transporta sin concha, reduciendo la masa que se mueve por la cadena. Si se transporta sin esa parte no comestible, el impacto del transporte por kilogramo consumido baja. Esto no convierte al congelado en una solución universal, pero explica por qué puede tener un perfil climático competitivo cuando la logística está bien organizada.

Para poner estas cifras de emisiones en contexto, conviene recordar la huella de otros alimentos habituales. La carne de vacuno se sitúa muy por encima, con valores del orden de decenas de kg de CO₂eq por kg. El cerdo se acerca a rangos intermedios, alrededor de 7 kg de CO₂eq por kg. Y algunos pescados, como la merluza, pueden estar cerca de 4,4 kg de CO₂eq por kg. En esa comparación, el mejillón destaca como proteína marina de emisiones moderadas, pero con sensibilidad fuerte al nivel de industrialización y de flujos comerciales.

Consumo, exportación e importación: una cadena global

El balance de emisiones no se explica únicamente por el consumo interno. El estudio estima que la parte asociada al consumo ronda 190 000 toneladas de CO₂eq, mientras que la exportación suma unas 98 000 mil toneladas de CO₂eq. Además, alrededor del 21 % de las emisiones totales procede de productos importados en distintas presentaciones, en especial procesados desde países como Chile o Nueva Zelanda.

Este punto es relevante porque rompe una idea habitual: que el mejillón “es local” por definición. Puede serlo en su fase de cultivo en España, pero la cadena de valor funciona como una red global. En algunos formatos, como conservas, la materia prima importada puede tener un peso apreciable. El resultado es que el impacto climático del consumo depende no solo de la especie o del método de producción, sino de la ruta, el procesado, el origen y la logística asociada.

¿Qué significa todo esto para la transición alimentaria?

El mensaje final es sencillo: el mejillón es una buena opción en dietas con menor impacto climático, pero su potencial real depende de cómo se organice la cadena.

Para el sector, el margen de mejora está en reducir el grado de transformación y en optimizar la logística. Esto incluye eficiencia en calor y electricidad, mejora de materiales de envasado, organización de cargas, planificación de rutas y, cuando sea posible, reducir movimientos redundantes entre lugares de cultivo, plantas de procesado y centros de distribución.

Para el consumo, la recomendación no es “abandonar” las conservas. Tienen ventajas reales: vida útil, precio, disponibilidad. El consejo es entender que el formato importa y que, cuando se busca minimizar huella ambiental, el consumo de mejillón fresco o congelado puede ser una opción más favorable si procede de cadenas eficientes. En paralelo, es importante un etiquetado que haga visibles origen y rutas.

Los resultados ponen el foco en la importancia de las políticas públicas industriales y logísticas. Es necesaria una aproximación integral que permita relocalizar las cadenas, priorizar el abastecimiento doméstico y centrarse en premiar la eficiencia industrial y logística para alinear salud, economía costera y clima.

La huella ambiental del mejillón no se decide solo en la batea. Se decide también en la fábrica, en la cadena de frío y en la forma concreta en la que el producto viaja y llega a nuestros hogares.

The Conversation

Pablo Saralegui-Díez es miembro de Alimentta. Think Tank para la transición alimentaria.

Andrés Ospina-Álvarez es beneficiario de un contrato Ramón y Cajal financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (RyC2023–043454-I). Este trabajo es una contribución del “Centro de Excelencia” IMEDEA, María de Maetzu (CEX2021-001198). Andrés es miembro de Alimentta, think tank para la transición alimentaria.

Joan Moranta Mesquida recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y del proyecto de I+D+i PID2022-137648OB-C21 financiado por MICIU/AEI/10.13039/501100011033 y “FEDER, UE”. Es miembro de Alimentta Think Tank para la transición alimentaria..

Sebastian recibe fondos de la Fundación Daniel y Nina Carasso y es miembro de Alimentta, Think Tank para la Transición Allimentaria; y de la Red CIGUS de la Xunta de Galicia.

Montserrat Ramón Herrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo cambia el impacto ambiental de los mejillones si los consumimos frescos, congelados o en lata – https://theconversation.com/como-cambia-el-impacto-ambiental-de-los-mejillones-si-los-consumimos-frescos-congelados-o-en-lata-276132