Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jannette Rodríguez Pallares, Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana, Universidade de Santiago de Compostela

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En una mágica escena de la película Ratatouille (2007), el crítico gastronómico Anton Ego, famoso por su carácter hostil y oscuro, viaja instantáneamente al pasado al probar un plato que le revive su infancia. No fueron necesarias imágenes; solo un aroma.

El olfato es el más silencioso de nuestros sentidos, pero también uno de los más poderosos. Puede abrir de golpe la puerta a recuerdos que creíamos olvidados.

También es el más personal y subjetivo. De ahí que sea tan difícil establecer un ranking de los mejores olores. Donde sí parece haber consenso es en el “peor olor del mundo”, y no son sus zapatos. En 1889, en un laboratorio alemán, tras una reacción química con un compuesto químico llamado tioacetona se produjo un hedor tan terrible que causó vómitos y desmayos a kilómetros de distancia, obligando a evacuar la ciudad de Friburgo. Se desconoce en qué se convirtió la tioacetona para generar tal pestilencia, aunque nadie parece interesado en averiguarlo.

¿Pero qué ocurre cuando empieza a fallar? ¿Y si la pérdida de olfato fuera algo más que un síntoma pasajero?

Cuando un aroma habla de lo que sentimos

El olfato es una ventaja evolutiva: nos advierte de peligros invisibles y nos pone en guardia. Pero un aroma también puede influir en nuestras decisiones. Y esto lo saben bien las grandes marcas, que perfuman sus tiendas con fragancias que conectan con nuestras emociones y nos invitan a quedarnos.




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Y es que los olores tienen la capacidad despertar recuerdos y emociones intensas. El responsable es el bulbo olfatorio. Esta pequeña región, localizada muy cerca de la nariz, recibe las señales olfativas y las envía a las zonas del cerebro que manejan nuestra memoria y emociones.

Imagen anatómica con la localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
Localización del bulbo olfatorio y los nervios olfativos.
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A pesar de su importancia, el olfato sigue siendo el más desconocido de los sentidos y, a menudo, el más subestimado. Cuando se desvanece, suele pasar desapercibido.

Y no somos conscientes de su importancia hasta que nos falta. Como le ocurrió a Michele Crippa, un afamado supercatador italiano que perdió su “herramienta de trabajo” durante la pandemia. Aunque recuperó el olfato semanas después, empezó su pesadilla particular. Su olfato se había distorsionado: las naranjas olían a plástico quemado, el melocotón a albahaca y la vainilla le daba asco. Posiblemente porque las neuronas de su bulbo olfatorio se habían dañado.

Sin embargo, su ausencia podría significar más: una señal de alerta que nos envía nuestro cerebro desde lo más profundo.

Pérdida de olfato, ¿resfriado o un signo de párkinson?

Todos, en alguna ocasión, nos hemos quedado sin olfato; basta un simple resfriado. Sin embargo, es mucho menos conocido que puede ser un síntoma temprano de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Es más, se sabe desde hace tiempo. Lo sorprendente es que la pérdida ocurre años antes de que aparezcan los síntomas de estas enfermedades.

Entonces, ¿podría servir la pérdida de olfato para predecir el párkinson? Y la respuesta, como buena gallega, es: depende. Vayamos por partes.

Una señal de socorro cuando los olores se desvanecen

Uno de los grandes problemas de las enfermedades neurodegenerativas es que, en el momento de diagnosticarlas, el daño ya está muy avanzado. En el caso de la enfermedad de Parkinson, cuando aparecen los primeros síntomas, como rigidez y temblores, se han perdido más de la mitad de las neuronas que producen dopamina, neurotransmisor que controla el movimiento.

La identificación de síntomas tempranos como la pérdida de olfato –que afecta hasta al 90 % de los pacientes– podría servir como biomarcador, alertándonos de la presencia de la enfermedad. De esta manera sería posible diagnosticarla mucho antes y acceder a tratamientos más efectivos.

El problema es que no es una manifestación exclusiva del párkinson: también puede aparecer con el envejecimiento, el estrés u otras patologías. Y, a menudo, le restamos importancia.

Aún no sabemos con certeza por qué se produce la pérdida de olfato en las enfermedades neurodegenerativas, aunque tenemos algunas pistas. En algunos pacientes de párkinson, la enfermedad podría comenzar en el bulbo olfatorio mucho antes de extenderse a las zonas que controlan el movimiento. La razón es que ciertos virus, pesticidas o toxinas que inhalamos podrían dañarlo y provocar alteraciones de ese sentido.

En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los daños podrían empezar en una minúscula región azulada del tallo del encéfalo llamada locus coeruleus, como acaba de revelar un reciente estudio. Este “botón de alerta” nos mantiene despiertos y concentrados y conecta con el bulbo olfatorio, relacionando olores y emociones. Cuando esa comunicación se rompe, se producen problemas de olfato mucho antes de que aparezcan los primeros signos de demencia.

En definitiva, la pérdida de la capacidad de oler no sería un síntoma de la enfermedad en sí misma, sino una señal que nos alerta de que el proceso degenerativo ha comenzado.

El olfato al servicio del diagnóstico: cuando la nariz habla

Cuando un paciente llega a la consulta, no siempre es fácil distinguir entre la enfermedad de Parkinson y otras patologías motoras similares. La pérdida de olfato, combinada con otras pruebas y señales, podría ayudar a confirmar el diagnóstico.

Y no solo eso. Esa señal también podría ayudarnos a predecir su progresión, ya que se relaciona con formas más severas de la enfermedad.

Además, la pérdida de olfato en el párkinson es selectiva. Es decir, los pacientes perciben con normalidad olores agradables como el del chocolate, pero tienen dificultades para captar los neutros o desagradables, como el que emana el jabón, el humo o el caucho.

Otros pacientes, sobre todo mujeres, experimentan algo todavía más extraño: alucinaciones olfativas. Perciben olores “fantasma”, como tabaco o leña quemada, cuando realmente no existen.

Incluso, por increíble que parezca, el párkinson tiene su propio aroma: amaderado y almizclado. Y esto lo sabemos gracias a Joy Milne, una escocesa con un olfato extraordinario que logró reconocer este olor particular en su marido, afectado por la enfermedad.

La pérdida de olfato puede parecer solo una cuestión de “nariz”, pero en realidad es una ventana abierta al cerebro, y la ciencia lo sabe. Gracias a ella podremos asomarnos para descifrar sus secretos. Y esa valiosa información nos ayudará a cuidar y mejorar la calidad de vida de quienes padecen estas enfermedades.

The Conversation

Jannette Rodríguez Pallares es miembro de la Sociedad Española de Neurociencia y recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. El grupo de investigación del que forma parte recibe fondos de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Xunta de Galicia y FEDER.

ref. Doctora, no puedo oler: ¿tengo párkinson? – https://theconversation.com/doctora-no-puedo-oler-tengo-parkinson-264946

Cuando romper el techo de cristal no basta: las consejeras ejecutivas en España cobran hasta un 55 % menos que los hombres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

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Aunque cada vez más mujeres llegan a los consejos de administración, la igualdad aún está lejos. En las empresas españolas cotizadas, las consejeras ejecutivas cobran entre un 43 y un 55 % menos que sus colegas masculinos en cargos equivalentes, y hasta un 80 % menos en bonus e incentivos variables.

En otros perfiles de consejeros, como los dominicales o los independientes, no se detectan diferencias significativas, lo que indica que el problema surge donde se concentra el mayor poder y capacidad de negociación.

Más mujeres en los consejos, pero todavía pocas

En España, las mujeres representan apenas el 35 % de los miembros de consejos de administración, aunque su presencia es mayor entre los consejeros independientes (54 %) que entre los ejecutivos (8 %) o los propietarios (27 %). Este dato refleja un patrón común: es más frecuente que las mujeres desempeñen roles externos o de supervisión que puestos ejecutivos, que es donde se toman las decisiones estratégicas y se negocian los salarios más altos.


Elaboración propia

Para 2026, la normativa europea exige que al menos el 40 % de los consejos de administración estén formados por mujeres, un objetivo ambicioso que España deberá cumplir. Sin embargo, el aumento de la presencia femenina no garantiza por sí solo ni igualdad salarial ni influencia real.

En países como Noruega, donde desde 2008 rige una cuota del 40 %, la representación de las mujeres en consejos es una realidad consolidada. Sin embargo, varios estudios apuntan a que la brecha salarial y la infrarrepresentación en puestos ejecutivos siguen siendo un desafío. El caso noruego muestra que la paridad numérica es condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar la igualdad efectiva.

Dónde se concentra la brecha salarial

Hemos visto que tanto la retribución fija como la variable –ligada a incentivos, objetivos y bonos de desempeño, y suele ser la más negociable– de las mujeres pertenecientes a consejos de administración son inferiores a las de los hombres.

Pese a que la brecha en la retribución variable puede alcanzar el 80 %, es más grave la existente en el salario fijo, que debería ser independiente de la negociación y el rendimiento individual. Esta diferencia indica que no solo influyen factores legítimos –como la experiencia o la formación– sino que existen sesgos de género sistemáticos que afectan la valoración del trabajo femenino en la cúspide de la empresa.

Por qué sigue existiendo la brecha

Las causas son múltiples. Por un lado, las mujeres suelen tener menor acceso a redes de influencia y contactos estratégicos, lo que limita su capacidad de negociación frente a sus compañeros masculinos. Por otro, existen estereotipos persistentes que subestiman su contribución en la toma de decisiones corporativas. Estudios previos confirman que los contratos ofrecidos a mujeres suelen ser menos sensibles al rendimiento y más conservadores, adaptándose a una supuesta aversión al riesgo.




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También hay un componente cultural: la presencia histórica de los hombres en la dirección de grandes empresas ha creado patrones que perpetúan la desigualdad. Las negociaciones salariales suelen ocurrir en contextos informales dominados por hombres, lo que coloca a las mujeres en desventaja. A esto se suma el llamado “castigo por maternidad”, que sigue influyendo en la percepción de disponibilidad y compromiso de las consejeras.

El efecto combinado de estas dinámicas genera un doble castigo: menos mujeres acceden a puestos ejecutivos y, cuando lo hacen, reciben compensaciones significativamente menores.




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Impacto y relevancia

Esta desigualdad no solo es injusta: afecta a la competitividad y reputación de las empresas. La presencia femenina en los consejos mejora la toma de decisiones y la reputación corporativa, y se ha asociado a mejores resultados financieros. Además, los inversores y los organismos de gobierno exigen cada vez más transparencia y equidad. Ignorar la brecha salarial no solo es un problema ético, sino también un riesgo reputacional y estratégico para las empresas.

En los últimos años la equidad de género ha sido un criterio clave en la inversión sostenible ESG (siglas de Environmental, Social and Governance). No obstante, este 2025 puede estar marcando un cambio de tendencia: BlackRock, uno de los mayores fondos de inversión a nivel global, ha puesto fin a sus objetivos de diversidad y ha fusionado el área de Diversidad, Igualdad e Inclusión con Talento y Cultura, y ahora se enfoca en crear un entorno “que atraiga a los mejores talentos”. En cambio, en 2021, la carta a los inversores de Larry Flink, su consejero delegado, proponía integrar los criterios de diversidad “en todo lo que hacemos”.




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Qué hacer ahora

Aumentar la presencia femenina en los consejos no es suficiente si no se garantiza la igualdad salarial. Las empresas deben implementar políticas de transparencia en remuneraciones, revisar los criterios de asignación de incentivos y retribuciones fijas, y asegurar que las diferencias no dependan del género. Reguladores y legisladores también pueden impulsar estándares que obliguen no solo a la paridad numérica, sino a la igualdad de condiciones económicas.

Existen ya buenas prácticas en algunos países, como la publicación anual de las brechas salariales de género en el Reino Unido, que obligan a las empresas a rendir cuentas públicamente. Una mayor visibilidad de los datos puede generar incentivos poderosos para el cambio.

Para las consejeras, conocer estas brechas es clave para negociar de manera informada y exigir compensaciones justas. Y para la sociedad en general, estos datos invitan a reflexionar sobre qué tipo de empresas y modelos de liderazgo queremos promover.

Hacia la igualdad real

Romper el techo de cristal es solo el primer paso. Si los sueldos continúan siendo desiguales, la igualdad seguirá siendo solo formal. El desafío es garantizar que las mujeres no solo ocupen los puestos de más poder, sino que también cobren lo mismo que sus colegas varones.

Para 2026, cuando la legislación española exigirá un mínimo del 40 % de mujeres en los consejos de administración, será crucial evaluar si estas medidas se traducen en igualdad salarial efectiva. La verdadera equidad corporativa exige mirar más allá de la foto y atender también a lo que aparece en la nómina.

The Conversation

Este trabajo fue financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2019-104304GB-I00/AEI/10.13039/501100011033) y la Universidad de La Rioja (REGI22-48).

María Dolores Alcaide Ruiz no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando romper el techo de cristal no basta: las consejeras ejecutivas en España cobran hasta un 55 % menos que los hombres – https://theconversation.com/cuando-romper-el-techo-de-cristal-no-basta-las-consejeras-ejecutivas-en-espana-cobran-hasta-un-55-menos-que-los-hombres-265046

La familia unida siempre permanece unida… hace 3 000 años, también

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marina Bretos Ezcurra, Investigadora Predoctoral en Prehistoria, Universidad de Zaragoza

Túmulo 2 de Los Castellets, Mequinenza, en el proceso de excavación. José Ignacio Royo Guillén.

A finales de la Edad del Bronce, hace unos 3 000 años, en el poblado de Los Castellets de Mequinenza (Zaragoza), una familia extensa fue enterrada en un gran túmulo colectivo. Además, dos de las personas allí sepultadas eran hijas de primos, una endogamia asociada a la pervivencia de la identidad de linaje, o a reforzar alianzas familiares.

Sin embargo, el resto de los habitantes del poblado recibieron sepultura de forma individual o se incineraron. ¿Por qué no se enterraron todos de igual forma, siguiendo las mismas prácticas funerarias?

¿Cómo y por qué cambia nuestra cultura?

A lo largo de la historia, la humanidad se ha enfrentado a puntos de inflexión en sus prácticas culturales. Las razones por las que las sociedades adoptan novedades o mantienen tradiciones son muy diversas y dependen del contexto. Algunos factores son el contacto intercultural, las innovaciones internas, las transformaciones económicas, los cambios sociales…

Desde la arqueología, identificar cambios es relativamente sencillo, mientras que las continuidades pueden resultar más sutiles. Ahora bien, desentrañar las razones que explican ambas circunstancias suele ir más allá de lo que podemos aprehender.

En la Edad del Bronce final del continente europeo, en torno al 1300 a. e. c., nos enfrentamos, precisamente, a una de estas épocas de compleja transición.

Una nueva forma de transitar al más allá

Hasta entonces, las prácticas funerarias eran relativamente diversas, con una predominancia del enterramiento. Sin embargo, a partir de ese momento, algo cambió. Se instauró y difundió un nuevo ritual funerario: incinerar a los muertos y depositarlos en urnas enterradas. A este fenómeno se le conoce como la cultura de los campos de urnas.

¿Qué hizo que la mayoría del continente europeo cambiase parte de su cultura, de su tradición? Las teorías al respecto han variado a lo largo del tiempo y todo apunta a que puede tratarse de la combinación de factores sociales, culturales y, quizá, prácticos.

Además, la historiografía también se ha preguntado cómo se difundió esta nueva práctica, pasando desde grandes movimientos de población (con implicaciones de asimilación cultural y conquista) hasta una interpretación más reciente que resalta las diferencias regionales y duda de esa supuesta movilidad.

¿Qué herramientas tiene la arqueología para intentar responder a estas preguntas?

Un yacimiento excepcional

La primera fuente es el registro arqueológico. Y, si lo que nos interesa es el estudio de la transición de una práctica cultural a otra, el mejor escenario es aquel donde se han identificado ambas, la antigua y la moderna, la tradicional y la novedosa.

En el caso particular de la cultura de los campos de urnas, apenas contamos con dos o tres ejemplos en Europa donde se produzcan de forma sincrónica enterramientos e incineraciones. Los Castellets, en Mequinenza, es uno de ellos.

Localizado en 1976 y excavado en la década de 1980 por José Ignacio Royo Guillén, este yacimiento situado en un espolón rocoso estratégico junto a la confluencia de los ríos Segre y Ebro estuvo ocupado desde el Bronce Medio hasta la Edad del Hierro. Las personas que lo habitaron fueron depositadas en las necrópolis anexas, bien enterradas o incineradas.

Supone, por tanto, un lugar donde se manifestó la aparición, la convivencia y la posterior consolidación de la incineración como ritual único. Los enterramientos se utilizaron como práctica funeraria hasta el 800 a. e. c. Más adelante, las personas fallecidas únicamente eran incineradas.

La arqueogenética, una nueva mirada al pasado

Gracias a los avances en la genética, ahora somos capaces de recuperar parte del ADN de organismos que vivieron hace miles de años. Así, podemos extraer información sobre ascendencia, parentesco, patógenos, procesos de selección natural… Las posibilidades son enormes.

No obstante, hay barreras que todavía no hemos superado. En el caso de la arqueología funeraria, numerosos grupos culturales del pasado optaron por incinerar a sus difuntos, lo que ha acelerado o culminado la degradación del ADN. Todavía no somos capaces de recuperar información genética de las cenizas, por lo que nos tenemos que centrar en el estudio de individuos inhumados.

El túmulo 2, el mausoleo familiar del yacimiento

El túmulo más interesante del yacimiento es el marcado con el número 2. Por un lado, los análisis genómicos realizados por nuestro equipo demuestran que los ancestros de estas personas no provenían de un movimiento poblacional repentino y de gran magnitud, sino que resultaron de un flujo genético continuo de individuos procedentes de más allá de los Pirineos, con un aporte local del sureste de la península ibérica. Hace 3 000 años, la zona de Mequinenza no estaba aislada, sino que constituía un escenario de interacción y mezcla entre personas de ancestrías diversas.

Por otra parte, el túmulo 2 es el único de entidad colectiva y de tradición megalítica. Se han excavado otros con inhumaciones dobles o triples, pero este enterramiento reunía los restos de más de 30 personas. Los análisis genéticos han demostrado que se trata de un mausoleo familiar, donde dos de cada tres individuos estaban emparentados, con predominio de linajes masculinos y casos de endogamia moderada. Estos resultados de consanguinidad aparecen en sociedades donde se busca reforzar alianzas familiares o preservar la identidad de linaje.

Resulta especialmente interesante investigar si esta práctica social se trató de una estrategia específica de esta familia para reforzar su posición o identidad, o si reflejaba un patrón más general dentro de la comunidad. Que sea el único túmulo colectivo de la necrópolis tal vez apunte a la primera opción.

Así, gracias a las nuevas respuestas que obtenemos de la arqueogenética, nos surgen, de nuevo, interesantes interrogantes que resolver.

The Conversation

Marina Bretos Ezcurra recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – Agencia Estatal de Investigación (proyecto PID2022-140671NB-I00).

Jesús Vicente Picazo Millán recibe fondos de proyecto es PID2022-140671NB-I00 Registros funerarios y paleoantropología en la Prehistoria Reciente del valle medio del Ebro, Agencia Estatal de Investigación-Unión Europea.

ref. La familia unida siempre permanece unida… hace 3 000 años, también – https://theconversation.com/la-familia-unida-siempre-permanece-unida-hace-3-000-anos-tambien-265297

Ted Bundy culpó a la pornografía de sus crímenes: ¿y si no estaba tan equivocado?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen María León Márquez, Profesora e Investigadora en Criminología, Universidad de Castilla-La Mancha

Imagen promocional de la serie _Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy_. Netflix

En 1989, días antes de su ejecución, Ted Bundy –uno de los asesinos en serie más notorios de Estados Unidos– concedió una entrevista que aún hoy suscita polémica. Frente a las cámaras, atribuyó el origen de sus despiadados crímenes a su adicción a la pornografía violenta. Muchas personas interpretaron estas palabras como una estrategia para desviar la atención de sus actos. Pero ¿y si su declaración apuntaba, al menos en parte, a un problema real?

Aunque conviene tomar su testimonio con escepticismo, lo cierto es que la relación entre el consumo de pornografía y la violencia contra las mujeres ha sido objeto de estudio durante décadas. Y si bien no existe un consenso absoluto, la evidencia empírica sugiere que este vínculo no puede continuar siendo ignorado.

Las investigaciones sobre este tema han arrojado resultados heterogéneos, aunque existe una tendencia clara: el consumo frecuente de pornografía –especialmente aquella de contenido violento o degradante hacia las mujeres– se asocia con actitudes más permisivas hacia la violencia sexual y con una menor empatía hacia las víctimas.

Como muestra de ello, un metaanálisis de 2016, publicado en Journal of Communication, reveló que el consumo de pornografía se relaciona con una mayor propensión a adoptar conductas sexuales violentas, especialmente entre hombres jóvenes. De forma consistente, una revisión sistemática más reciente encontró que el consumo de pornografía violenta incrementa la probabilidad de cometer agresiones sexuales, particularmente entre varones. Además, otro estudio mostró que quienes consumen este tipo de contenido tienden también a minimizar la gravedad de la agresión sexual, lo que podría contribuir a normalizar este tipo de conductas.

Dinámicas de humillación

Es importante señalar que no toda la pornografía posee el potencial de producir los mismos efectos. De hecho, numerosas investigaciones diferencian entre el contenido no violento y aquel que normaliza dinámicas de dominación, coerción o humillación. Sin embargo, la pornografía más consumida –es decir, la que circula en las principales plataformas digitales gratuitas– responde justamente a estos últimos patrones: relaciones asimétricas de poder, violencia física o verbal, mujeres cosificadas y hombres que ejercen un control absoluto sobre el acto sexual.

La pornografía no es el origen de la violencia sexual contra las mujeres, pero sí la amplifica y la erotiza. Sus imágenes refuerzan estereotipos profundamente arraigados sobre los roles de género: el hombre como sujeto dominante y activo; la mujer, como objeto pasivo y siempre disponible.

En un contexto en el que muchas personas, especialmente adolescentes, acceden a estos contenidos antes de haber recibido cualquier tipo de educación sexual formal, el riesgo de que actúen como una guía distorsionada del deseo es alto.

Numerosos estudios han demostrado que el consumo temprano de pornografía se asocia con expectativas sexuales poco realistas, dificultades para establecer relaciones afectivas saludables y confusión en torno al consentimiento. Más preocupante aún es que muchos y muchas jóvenes tienden a normalizar prácticas sexuales violentas o degradantes bajo la creencia de que forman parte del “sexo real”.

¿Por qué evitamos hablar del tema?

A pesar de su omnipresencia, la pornografía continúa siendo un tema incómodo, incluso en el ámbito académico. Las investigaciones sobre sus potenciales efectos existen, pero a menudo se discuten en círculos especializados, lejos del debate público. Esta distancia no es baladí: tiene consecuencias.

Diversos estudios indican que aproximadamente la mitad de los y las adolescentes han consumido pornografía online antes de los 15 años, y muchos de ellos y ellas manifiestan que estos contenidos modularon su forma de entender el sexo y las relaciones afectivo-sexuales.

Como se desprende de todo esto, el problema es estructural: gran parte de la pornografía más consumida refuerza patrones de dominación masculina, cosificación femenina y naturalización de prácticas sexuales violentas. No se trata de excepciones, sino de una narrativa dominante dentro del contenido pornográfico mainstream. La escasez de representaciones sexuales basadas en la reciprocidad, el consentimiento explícito y el placer mutuo no es casual, sino reflejo de una industria orientada a reproducir modelos hegemónicos del deseo.

Escuchemos a Bundy

El testimonio de Ted Bundy no constituye una prueba científica, pero tampoco debería ser desoído: en cierto modo, actúa como una advertencia. La ciencia ha demostrado que existe una relación, aunque compleja, entre el consumo de pornografía violenta y la normalización de actitudes sexistas, violentas o insensibles hacia las mujeres.

Esto no significa que todos los usuarios desarrollarán conductas violentas. Pero sí sugiere que, en contextos donde ya existen factores de riesgo (como déficits empáticos, masculinidades tóxicas o aislamiento social), el consumo habitual de pornografía puede favorecer la internalización de esquemas cognitivos que justifican o trivializan la violencia sexual.

La discusión no debería centrarse únicamente en el caso de un asesino serial, sino en cómo permitimos que millones de personas –en especial adolescentes– asuman la violencia como parte del sexo. ¿Qué se termina deseando cuando la violencia sexual se erotiza? ¿Y qué tipo de relaciones afectivo-sexuales estamos construyendo a partir de esos referentes?

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Ted Bundy culpó a la pornografía de sus crímenes: ¿y si no estaba tan equivocado? – https://theconversation.com/ted-bundy-culpo-a-la-pornografia-de-sus-crimenes-y-si-no-estaba-tan-equivocado-265456

De inmóviles, nada: estas son las plantas más veloces

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Luis Acebes Arranz, Catedrático de Fisiología Vegetal, Universidad de León

Las veloces trampas de _Dionaea muscipula_. Tippitiwichet/Wikimedia Commons, CC BY-NC

“Ser vivo autótrofo y fotosintético, cuyas células poseen pared compuesta principalmente de celulosa y carece de capacidad locomotora”. Es la definición de planta que nos da la RAE. Quizá, esto podría llevarnos a pensar que están condenadas a no cambiar de lugar o posición. Pero nada más lejos de la realidad.

Hace ya casi siglo y medio (en 1880), Charles Darwin y su hijo Francis se interesaron por el tema y publicaron El poder del movimiento de las plantas. Hoy en día se reconocen numerosos movimientos en el mundo de las plantas, y muchos de ellos figuran en los libros de texto de Biología. Entre ellos, destacan el repliegue de los foliolos –hojuelas que forman parte de una hoja compuesta– de las mimosas, que se produce en el orden de un segundo, o el cierre de la trampa de la atrapamoscas –Dionaea muscipula–, que tarda en dispararse entre 0,1 y 0,3 segundos.

Humano provoca el cierre de los foliolos (cada una de las hojitas que forma una hoja compuesta) de la mimosa.
University of Oxford Botanic Garden and Arboretum, CC BY-NC
Drosera glanduligera o hierba del rocío, una de las plantas carnívoras más veloces.
Wikimedia Commons., CC BY

Más rápidos aún son los desplazamientos de los tentáculos de otra planta carnívora, la hierba del rocío o Drosera glanduligera, que vive en Australia y actúa en apenas 75 milisegundos.

Invisibles al ojo humano

Estos ejemplos, aun siendo tan rápidos, pueden ser percibidos sin dificultad por el ojo humano, capaz de detectar cambios en el entorno a partir de los 15 milisegundos (nuestra percepción se sitúa entre 30 y 60 fotogramas por segundo).

Sin embargo, hay ciertos movimientos vegetales que no podemos percibir en el momento exacto en el que se activan, ya que suceden por debajo de ese umbral de percepción humano: en menos de 10 milisegundos.

Un buen exponente es el lanzamiento de polen en especies como la morera (Morus alba) –la misma con la que alimentamos a los gusanos de seda–, que expulsa su polen en apenas 25 microsegundos. Esto supone una velocidad cercana a los 560 km/h.

También es extremadamente rápido el disparo del polen del cornejo canadiense (Cornus canadensis), un arbusto de Norteamérica y el este de Asia, que tiene lugar en menos de 5 milisegundos.

Lanzamiento de polen de Cornus canadensis. Alejandro Acosta, J. Edwards, Marta Laskowski and D. Whitaker.

Cazadoras veloces

También se accionan a una velocidad sorprendente las trampas de algunas plantas carnívoras acuáticas, con las que capturan pequeños animales del tipo de las pulgas de agua. Aquí se llevan la palma la Utricularia sp_, que se cierra en entre 300 y 700 microsegundos, y Aldrovanda vesiculosa, que solo necesita entre 10 y 20 milisegundos.

Además, se han descrito mecanismos explosivos de dispersión de semillas como los del pepinillo del diablo (Ecballium elaterium) y la balsamina del Himalaya (Impatiens glandulifera), que las disparan en apenas 2 milisegundos.

La defensa del tomate

Recientemente, científicos de la Universidad de Ámsterdam han descrito un movimiento más rápido aún, relacionado esta vez con la defensa frente a insectos. Lo han encontrado en una planta tan familiar como el tomate, en la que, cuando la miramos a contraluz, se aprecian multitud de pelos finos llamados tricomas. Algunos son muy largos e impiden el “aterrizaje” de muchos insectos, pero otros de tamaño mucho menor tienen funciones sorprendentes. Entre ellos, están los tricomas glandulares de tipo VI, que constan de un tallo, una célula del cuello y una cabeza glandular compuesta por cuatro células.

Epidermis del tallo de la planta de tomate (Solanum lycopersicum).
Lucía López López.
Una ninfa de trips rompe algunos tricomas tipo VI de la planta de tomate.
Jared Popowski, Lucas Warma, Alicia Abarca Cifuentes, Petra Bleeker, Maziyar Jalaal, Glandular trichome rupture in tomato plants is an ultra-fast and sensitive defense mechanism against insects, Journal of Experimental Botany, 2025.

Cuando esta cabeza pierde su integridad –por ejemplo, al ser tocada por un insecto diminuto–, libera el fluido que contiene en menos de un milisegundo. Este líquido es pegajoso y se adhiere al cuerpo del insecto, inmovilizándolo hasta provocar su muerte. Y es que, aunque no se desplacen, en las plantas la velocidad también puede ser cuestión de vida o muerte.

Los 10 movimientos más rápidos en plantas

Ranking de los movimientos más rápidos reportados en las plantas. En fondo amarillo aquellos movimientos que están por debajo del límite de detección del ojo humano.
Authors provided, CC BY-NC

Este artículo se benefició de la participación de Lucía López López en la aportación de la fotografía y en la búsqueda y revisión del texto y los materiales.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. De inmóviles, nada: estas son las plantas más veloces – https://theconversation.com/de-inmoviles-nada-estas-son-las-plantas-mas-veloces-262153

Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Jesús Navarrete Segado, Personal Docente Investigador, Universidad de Jaén

Baloncici/Shutterstock

De los smartphones a los vehículos eléctricos, las baterías de litio son componentes tecnológicos críticos para una transición energética sostenible.
Como parte de la estrategia europea para lograr la neutralidad climática para 2050, Europa está realizando una firme apuesta por su reciclaje, para contribuir a la economía circular y a la reducción de residuos. España, por su parte, tiene varias plantas y proyectos en marcha para recuperar materias primas con alto valor añadido, como litio, cobalto y níquel.

Contexto global: la demanda crece

La demanda global de baterías, con un crecimiento exponencial impulsado por la movilidad eléctrica y el almacenamiento de energías renovables, requerirá de una producción global equivalente a 2,7 teravatios-hora al año para 2030. Sin embargo, nos enfrentamos a un desafío crítico: la escasez inminente de litio. Porque, a pesar de que las reservas mundiales se estiman en 22 millones de toneladas (suficientes para producir casi 2 500 millones de baterías), la Agencia Internacional de la Energía prevé un desabastecimiento para 2025.

Este hecho se debe principalmente a la dificultad que tiene la industria para extraer litio y procesarlo a un ritmo suficientemente rápido: los nuevos proyectos mineros tardan más de una década en desarrollarse. Ante este desafío, el reciclaje de baterías se presenta como una solución clave, con el potencial de reducir la necesidad de nuevo litio en un 10 % para 2040.

Esto resulta especialmente relevante en Europa, cuya dependencia de la importación de materias primas críticas es muy elevada (100 % en el caso del litio y 98 % en el del grafito natural).

Reciclaje en España

España, aunque sin minas de litio en explotación comercial, demuestra su compromiso con la economía circular a través de iniciativas concretas. Por ejemplo, están las plantas de A.3 Aprofitament Assessorament Ambiental en Granollers (Barcelona) y Novolitio en León –con una capacidad de reciclaje estimada de hasta 25 000 toneladas anuales–, o la iniciativa BeeCycle en Navarra.

Por otro lado, el interés de gigantes en el sector, como la empresa china Tianneng, que tiene prevista la implantación de una planta local en Jaén, pone de manifiesto el gran potencial industrial y estratégico de España.

La reutilización de las baterías es otra solución estratégica, ya que darles una segunda aplicación al final de su vida útil puede reducir las emisiones de carbono en 56 millones de toneladas para 2050, según un estudio reciente liderado por la Universidad de Münster (Alemania).

China lleva la delantera

Según un artículo de 2023, solo un reducido número de países tiene empresas capaces de gestionar el ciclo completo del reciclaje, incluyendo recogida, desmontaje y procesado químico y mecánico.

Dos operarios supervisan una gran batería.
Mantenimiento de baterías.
Washburn HM/Shutterstock

Actualmente, China lidera el sector, mientras Europa y Estados Unidos invierten en la ampliación de infraestructuras. En Europa, se reciclan aproximadamente 50 000 toneladas de baterías usadas al año y se estima que, para 2030, alcance una capacidad de unas 420 000 toneladas anuales.

Retos por delante

El proceso de reciclaje presenta importantes desafíos, como las bajas tasas de recolección, los altos costos de transporte y los posibles problemas de seguridad. Este último aspecto se ha puesto de manifiesto por los incidentes ocurridos recientemente en las plantas de reciclado de baterías de Sant Julià de Llor (Girona), el pasado mes de abril, y Azuqueca de Henares (Guadalajara), en julio.

Otro desafío es la baja tasa de reciclaje: solo se da una segunda vida al 12 % de las baterías en el mundo. Esto se debe principalmente a tres factores: la complejidad química de las baterías, la falta de infraestructura y personal técnico cualificado y la ausencia de normativas claras sobre actores y responsabilidades en el reciclaje.

Además, el transporte de las baterías hasta las plantas de reciclaje impacta directamente en la viabilidad económica del proceso y puede suponer más de un 70 % del coste total.

De este modo, diversos estudios ponen de manifiesto que la viabilidad económica se alcanza en aquellos supuestos donde el punto de recolección de las baterías y las plantas de reciclado se encuentran dentro del mismo país.

El reciclaje incluye desde la recogida y desmontaje hasta la separación de materiales críticos.
Pedro Jesús Navarrete.

Hacia una economía circular avanzada

Para superar estos retos, Europa está impulsando activamente la innovación y una sólida política regulatoria. El Reglamento de Baterías de la UE (2023) fija los objetivos de reciclaje y exige un contenido mínimo de componentes reciclados en las baterías.

La tecnología también está evolucionando, con investigaciones centradas en el reciclaje directo, que permite preservar la estructura de la batería a la vez que reduce el coste energético y la complejidad del proceso. Además, la robotización minimiza riesgos y dependencia del trabajo manual.

Otra innovación clave es el pasaporte digital de baterías, que permitirá rastrear cada una con datos de composición, origen e historial. Esto facilitará enormemente los procesos de reutilización y reciclaje al final de su vida útil.

Manos a la obra

Proyectos europeos como BeyondBattRec, RESTORE y RECYCALYSE, buscan desarrollar procesos de reciclaje más sostenibles y rentables.

Así, BeyondBattRec, con la participación de socios españoles como la Universidad de Jaén y Andaltec, aspira a recuperar hasta un 95 % de materiales críticos y a reducir las emisiones de CO₂ del proceso en un 50 %.

Por su parte, RESTORE –liderado por la fundación LEITAT, con participación de las empresas españolas Toratecnica SLU, Indumental Recycling SA y Dlyte Chemicals– tiene como objetivo revolucionar la gestión de los residuos procedentes de baterías al final de su vida útil.

Complementando este esfuerzo, el proyecto RECYCALYSE se enfoca en perfeccionar un sistema de circuito completamente cerrado que recupere y reutilice los materiales directamente, con la empresa española Sustainable Innovations como socio.

Aunque afronta retos significativos, el reciclaje de baterías es clave para la autonomía tecnológica de Europa y España. Con iniciativas locales, regulación ambiciosa y nuevas tecnologías, el desafío se convierte en oportunidad: no basta con extraer, hay que recuperar y reutilizar lo ya consumido para garantizar una transición energética y un futuro más sostenibles.

The Conversation

Pedro J. Navarrete desarrolla su labor como investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión.

Antonio Peñas Sanjuán es investigador en el proyecto BeyondBattRec, referido en este artículo. Esta vinculación no ha condicionado el contenido, que refleja exclusivamente su propio análisis y opinión

ref. Solo una de cada diez se recicla: el reto de introducir las baterías de litio en la economía circular – https://theconversation.com/solo-una-de-cada-diez-se-recicla-el-reto-de-introducir-las-baterias-de-litio-en-la-economia-circular-264506

Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

Login/Shutterstock

“¿Cómo pensamos?”. Aunque parece una pregunta sencilla, en realidad es una de las más profundas que una persona puede plantearse.

La educación puede ayudar a responderla, pero no mediante soluciones prefabricadas sino enseñando a las personas a pensar por sí mismas, a cultivar su autonomía y a convertirse en seres reflexivos y capaces de dirigir su propio aprendizaje. Pensar no es memorizar: requiere de métodos que afinen el juicio y amplíen la mirada.

  • El método socrático, por ejemplo, obliga a justificar las propuestas con argumentos razonables y convincentes.

  • La técnica del juego del rol invita a ponerse en la piel del otro, a asumir sus valores e intereses para comprender cómo toma sus decisiones.

  • El estudio comparado, por su parte, reconoce que la cultura y el idioma moldean el conocimiento: personas de distintas geografías pueden razonar de manera muy distinta, y reconocer esas diferencias enriquece nuestra propia vida intelectual.

En conjunto, todas estas metodologías muestran que existen múltiples maneras de pensar, cada una de las cuales configura la forma en que deliberamos, decidimos y actuamos.

En psicología cognitiva, el análisis de este proceso se denomina metacognición. Practicar la metacognición significa tomar conciencia de nuestros procesos mentales, detectar los patrones que los guían y dar un paso atrás para preguntarnos:

  • ¿Qué problema intento resolver?

  • ¿Cómo lo estoy abordando?

  • ¿Acepto esta respuesta demasiado deprisa?

En educación, la metacognición es lo que permite a los estudiantes planificar sus estrategias, supervisar su aprendizaje y ajustar sus métodos. Pero estas habilidades no surgen de manera espontánea, sino que deben cultivarse de forma deliberada.

Intuición versus análisis

Un avance decisivo en la comprensión de la metacognición llegó de la mano de Daniel Kahneman, Nobel de Economía en 2002, quien sintetizó décadas de investigación en psicología en su libro Pensar rápido, pensar despacio. Kahneman mostró que la mente no funciona como un único motor racional, sino a través de dos sistemas complementarios.

  1. El sistema 1, rápido, intuitivo y automático, permite reconocer al instante el rostro de un amigo, terminar la frase de otra persona o frenar bruscamente antes de que el peligro llegue siquiera a registrarse conscientemente. Es eficaz, pero propenso al error, porque se basa en atajos mentales construidos a partir de la experiencia.

  2. El sistema 2, en cambio, es lento, deliberado y analítico y se activa cuando resolvemos un problema complejo, hacemos una evaluación detallada o cuestionamos nuestras primeras impresiones. Es más preciso, pero también más exigente, razón por la cual solemos evitarlo.

Kahneman y su coautor Amos Tversky demostraron que muchos de nuestros errores de juicio provienen de confiar en exceso en el sistema 1 y no activar el sistema 2 cuando la exactitud resulta crucial.

En este sentido, Kahneman prolonga una tradición filosófica que se extiende de Platón y Aristóteles a Hume, Locke y Wittgenstein: la búsqueda de marcos conceptuales para comprender cómo razonamos, decidimos y actuamos.

Alimentar la experiencia

La llegada de la inteligencia artificial ha alterado el equilibrio. Si se delega demasiado en las máquinas la resolución de problemas, el riesgo no es solo que el sistema 2 quede infrautilizado, sino que el sistema 1 también se debilite. La intuición no surge de la nada: se entrena y se alimenta con el trabajo paciente de la razón.

Cada vez que nos enfrentamos a un problema, probamos soluciones y refinamos nuestros juicios, estamos nutriendo al sistema 1 con la experiencia que necesita para, en el futuro, elaborar evaluaciones rápidas y certeras. Si la IA hace esos pasos en nuestro lugar, el depósito de experiencias se reduce. El sistema 1 seguirá funcionando, pero su biblioteca de experiencias será más pobre y menos fiable.

El reto es claro: si se usa de manera acrítica, la herramienta que promete liberar nuestra energía mental puede dejarnos con menor capacidad tanto para el análisis profundo como para la intuición rápida. Y dado que la IA no solo refleja sino que puede amplificar los sesgos humanos –y, además, es capaz de generar sus propias alucinaciones–, el ejercicio disciplinado del sistema 2 se vuelve más necesario que nunca.

Sin embargo, usada con criterio, la IA puede ayudar a estructurar el pensamiento, ofrecer perspectivas alternativas y estimular la reflexión. Pero esto exige diseñar experiencias de aprendizaje en las que los usuarios comparen, cuestionen y vuelvan a comparar y cuestionar los resultados que ofrece la máquina.

En cambio, usada sin cuidado la IA se convierte en una muleta cognitiva, una manera de evitar el esfuerzo reflexivo y de conformarse con respuestas fáciles.

La cuestión es el cómo

Un estudio reciente en China ilustra bien esta tensión. En un curso de inglés académico, los estudiantes llevaban diarios reflexivos y participaban en entrevistas. Aplicando la teoría del aprendizaje experiencial –según el cual, el aprendizaje se produce en un ciclo de acción, reflexión, conceptualización y experimentación– los investigadores observaron que los estudiantes que reflexionaban sobre el uso de la IA desarrollaban un conocimiento más profundo e integrado sobre cuándo, por qué y cómo utilizarla. Otros, en cambio, la trataban como un atajo y temían que debilitara sus competencias lingüísticas.

Los autores concluyeron que el uso excesivo de la IA con fines instrumentales puede minar el desarrollo del lenguaje, lo que subraya la necesidad de una utilización reflexiva más que solo funcional. La enseñanza es clara: lo decisivo no es si se usa la inteligencia artificial sino cómo.

¿Por qué?

El método de gestión los cinco porqués de Toyota es una herramienta simple y poderosa para llegar a la raíz de un problema. El principio es directo: al preguntar repetidamente, y al menos cinco veces, “¿por qué?” ante cada explicación, quedan atrás las respuestas superficiales y se llega a sus causas profundas. Este método es un recurso de gestión pero también una forma de metacognición: obliga a ir más allá de la primera respuesta, a interrogar las propias suposiciones y a dirigir de manera consciente el pensamiento.

En un mundo donde la IA puede generar en segundos una respuesta a casi cualquier cuestión, la verdadera ventaja pertenece a quienes saben interrogar esas respuestas, rastrear su propio razonamiento y elegir deliberadamente cómo proceder. La IA puede ser una compañera en ese proceso, pero solo si seguimos siendo los autores de nuestro pensamiento.

Por ello es fundamental adoptar estrategias prácticas que impidan que la IA erosione ese músculo intelectual tan esencial que es la metacognición. Algunas recomendaciones útiles son:

  • Delimitar el problema antes de consultar a la IA: definir el propósito, la pregunta central y la conclusión que se espera alcanzar.

  • Verificar las fuentes que ofrece la IA, seleccionar las más creíbles y leerlas con espíritu crítico.

  • No permitir que la IA dicte las conclusiones; anticiparlas uno mismo.

  • Trabajar en varias iteraciones, idealmente cinco o más, afinando el razonamiento en cada intercambio.

  • Añadir experiencias personales y reflexiones propias para hacer el texto original e inconfundible.

  • Al terminar, reflexionar explícitamente sobre lo que se ha aprendido en el proceso; cada reflexión refuerza la metacognición.

En definitiva, la metacognición no consiste en demorarse ni en dudar por dudar. Consiste en asumir la autoría consciente de nuestros procesos mentales. En una era en la que la IA puede ofrecer una respuesta instantánea a casi cualquier pregunta, la verdadera inteligencia no pertenece a quien responde más rápido, sino a quien es capaz de cuestionar esa respuesta, repensarla y decidir conscientemente cómo avanzar.


Una versión de este artículo se publicó en LinkedIn.

The Conversation

Santiago Iñiguez de Onzoño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Piense en cómo piensa antes de preguntarle nada a la IA – https://theconversation.com/piense-en-como-piensa-antes-de-preguntarle-nada-a-la-ia-265817

El número de Dios o el cuerpo como mapa del universo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Amador Miguel González Crespo, Director ETS Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación-UPM, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

El número áureo esta relacionado con la sucesión de Fibonacci (1,1,2,3,5,8,13,21…) la cual se encuentra presente en proporciones de todo tipo, desde proporciones en el arte, la naturaleza en general hasta estructuras arquitectónicas. Roberta Conti / Wikimedia Commons., CC BY

Hace 2500 años, un griego, cansado de discutir en el ágora sobre justicia, filosofía, política y matemáticas, decidió que lo verdaderamente importante era medir el cuerpo humano. Así germinó el canon de Policleto el Viejo: la obsesión por encontrar la simetría perfecta.

Copia romana del Doríforo («portador de una lanza») de Policleto, conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.
Wikimedia Commons., CC BY

El selfi más famoso de la historia

Veinte siglos después, Leonardo da Vinci dibujó el célebre Hombre de Vitrubio, basado en el canon romano de la arquitectura, como reflejo del orden de la naturaleza. El resultado fue ese señor desnudo atrapado en un círculo y un cuadrado. El mensaje era –y sigue siendo– provocador: si extendemos los brazos, somos tan anchos como altos, con nuestro ombligo en el centro geométrico de este universo de belleza perfecta.

Da Vinci, adelantado a su tiempo en tantos campos, convirtió las proporciones humanas en un diagrama viral cinco siglos antes de Instagram y la cirugía estética masiva.

La fiebre del número de Dios

Detrás de todo esto acechaba la proporción áurea (o divina proporción): 1,618…. Este número parece materializarse por primera vez en varias estelas de Babilonia y Asiria hace 4 000 años, pero también en las conchas marinas, en la Gioconda, [en las pirámides, en los templos griegos y romanos] y en la torre Eiffel.

También aparece al subir una escalera: nuestros pies encuentran un equilibrio natural entre la huella (parte horizontal) y la contrahuella (parte vertical). Curiosamente, la relación entre ambas suele rondar 1,6, muy próxima al número áureo. No es porque los arquitectos lo hayan buscado, sino porque el cuerpo humano dicta medidas cómodas que terminan rozando la divina proporción. Así, igual que con las baldosas de 3,16 decímetros que pisamos, la matemática se nos cuela en lo cotidiano casi sin darnos cuenta.

Receta de la belleza

Este número irracional de infinitos decimales fue descrito detalladamente en el siglo XIII por Leonardo de Pisa, más conocido como Fibonacci. Todo comenzó con un problema aparentemente inofensivo: ¿cuántos pares de conejos pueden nacer de una sola pareja en un año, si cada mes cada pareja madura y empieza a reproducirse? Sin quererlo, dio pie a una de las historias más bellas de las matemáticas. La secuencia de número naturales resultante es la famosa sucesión de Fibonacci:

1 , 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144…

Inicialmente tenemos dos unos, un conejo y una coneja, y cada nuevo término surge de sumar los dos anteriores: como si los números también tuvieran su propio instinto de apareamiento.

Hasta aquí, nada más que una simpática progresión. Pero si dividimos cada número por el anterior, surge la magia: 3/2 = 1,5; 5/3 = 1,66; 8/5 = 1,6… y así hasta alcanzar en el límite del infinito el número de Dios: 1,6180339… Es como si los conejos de Fibonacci, además de multiplicarse seductora y enigmáticamente, hubieran inventado un canon estético.

Y es que la sucesión de Fibonacci también parece habitar en nuestro cuerpo: la relación entre nuestra altura y la altura hasta el ombligo, entre la distancia del hombro a los dedos y la distancia del codo a los dedos, entre la altura de la cadera y la altura de la rodilla, entre el primer hueso de los dedos (metacarpiano) y la primera falange. Y también la relación entre falanges sucesivas, entre nuestra sonrisa y nuestra mandíbula. Un festival matemático que algunos presentan como la “receta secreta” de la belleza.

El Hombre de Vitrubio, dibujado por Leonardo da Vinci en 1492.
Wikimedia Commons., CC BY

El eco cósmico de una proporción humana

Incluso, algunos astrofísicos nos muestran que patrones parecidos aparecen en lugares inesperados: algunas galaxias espirales o las vibraciones ocultas de las estrellas parecen resonar con el mismo número misterioso.

La proporción áurea parece tan ubicua que uno empieza a sospechar que hay trampa. ¿De verdad está en todo o simplemente la buscamos con la misma fe con la que algunos encuentran a su signo zodiacal en el horóscopo?
¿Cuánto hay de verdad y cuánto de necesidad humana en reducir todo a relaciones sencillas que podamos entender?

La proporción áurea no es un patrón demostrado en la estructura del cosmos, aunque pueda aparecer como aproximación en múltiples sistemas naturales. Su fuerza divina reside más en lo metafórico y lo simbólico: un puente entre la escala humana (arte, cuerpo, arquitectura) y el universo (galaxias, dinámica natural).

Sin embargo, el debate inveterado persiste entre el deseo de un dios matemático perfecto que da sentido a la existencia y la cuantificación matemática de la realidad.

Medirse para entenderlo todo

El número de Fibonacci, aplicado al Quijote.
Armando Ríos Almarza. Medir sin metro, Ayuntamiento de Ávila, 2006.

El hecho de llamar a las matemáticas “un lenguaje universal que conecta al ser humano con los patrones del arte, la biología y el cosmos” no significa que exista un único número mágico gobernándolo todo. Lo que realmente conecta esas dimensiones es la tendencia de la naturaleza y del ser humano a generar proporciones, simetrías y regularidades que nos ayudan a entender el mundo y predecir el incierto futuro. La proporción áurea es solo una de tantas fórmulas posibles, quizá la más célebre por su elegancia y por las veces que parece aproximarse a fenómenos naturales y creaciones humanas.

La incógnita interesante no es si el número áureo está realmente en todas partes, sino por qué seguimos buscándolo, por qué nos atrae tanto la idea de que una simple proporción pueda tender un puente entre nuestra anatomía, los templos griegos y las espirales galácticas.

La pregunta queda flotando

Tal vez todo sea fruto de nuestra obstinación en encontrar sentido donde, quizás, solo hay azar. ¿De verdad compartimos un patrón secreto con las estrellas, o lo inventamos porque nos fascina reconocernos en todo lo que brilla?

Esa respuesta, queridos lectores, nos obligaría a desplegar toda la artillería del pensamiento, la filosofía, el arte, la historia, la física y, por supuesto, las matemáticas. Habría que escribir tratados enteros, organizar congresos y quizá hasta invocar a los mismísimos Policleto y Fibonacci para que nos marquen el compás. Difícil, ¿verdad?

Aunque, si lo pensamos bien, más difícil todavía es resistirse a seguir midiéndonos la nariz frente al espejo con la esperanza de descubrir en ella los secretos del universo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El número de Dios o el cuerpo como mapa del universo – https://theconversation.com/el-numero-de-dios-o-el-cuerpo-como-mapa-del-universo-263289

Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Soto Carballo, Profesor Contratado Doctor, Universidade de Vigo

Unai Huizi Photography/Shutterstock

En las escuelas conviven culturas, idiomas y trayectorias diversas. Los espacios escolares, sin embargo, no están a salvo de determinadas actitudes de hostilidad de mayor o menor intensidad hacia el diferente, que pueden traducirse en chistes repetidos en el recreo, silencios incómodos en clase cuando alguien alza la voz contra un estereotipo o la infravaloración académica de estudiantes por su origen.

¿Qué sucede cuando una niña migrante escucha que “viene a quitarnos las ayudas”? ¿O cuando un adolescente racializado es excluido de ciertos espacios escolares? El aumento de la xenofobia, el racismo o la islamofobia está documentado por organismos internacionales, y ese odio se cuela en los pasillos de los centros escolares y en las pantallas de los móviles, reforzado por algoritmos que premian el contenido sensacionalista y polarizador.

Según datos del Consejo de Europa, los mensajes de odio en línea han crecido de forma exponencial en la última década. La OSCE advierte que estos discursos están vinculados al aumento de delitos motivados por prejuicios. Y las Naciones Unidas lo señalan como una de las amenazas más serias para la convivencia democrática del siglo XXI en su United Nations Human Rights Report 2022 (OHCHR).

¿Qué entendemos por discurso del odio?

El discurso del odio no es solo una opinión desagradable. Es una forma de comunicación, verbal, escrita o simbólica, que ataca a personas o colectivos por lo que son: su color de piel, su religión, su orientación sexual, su procedencia… Su objetivo no es debatir, sino deshumanizar. Y cuando esto ocurre, lo que viene después rara vez es pacífico.

No hay una definición única aceptada a nivel internacional, pero sí un consenso creciente: el odio no es una emoción neutra. Es un acto político, social y comunicativo que deja huellas profundas en quienes lo sufren y en quienes lo reproducen. La frontera entre libertad de expresión y fomento del odio sigue siendo espinosa. Mientras en Europa existen límites legales claros al discurso del odio, en Estados Unidos prima la Primera Enmienda, que lo protege como una manifestación de la libertad de expresión.

Inmigración, adolescencia y resiliencia

Los menores migrantes no acompañados son a menudo los más expuestos a estereotipos negativos. En España, más de 10 000 jóvenes estuvieron tutelados por las comunidades autónomas. Muchos llegan tras trayectos marcados por el desarraigo y la violencia. Frente a la narrativa de la amenaza, es urgente visibilizar su resiliencia, su esfuerzo y su deseo de construir un futuro digno.

Pero el sistema no siempre está preparado. Al cumplir 18 años, muchos jóvenes quedan fuera de las redes de protección y se enfrentan a un mercado laboral hostil, sin apoyos suficientes.




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Cuando el odio se cuela en el aula

Aunque hay iniciativas positivas, aún falta investigación sobre cómo el odio opera entre el alumnado y cómo contrarrestarlo. Sabemos que los mensajes de odio se propagan más rápido que las estrategias pedagógicas para frenarlos. Pero también sabemos que el aula es un espacio privilegiado para construir ciudadanía crítica, empática y plural. Esto requiere profesorado formado, con recursos didácticos adecuados y apoyo institucional para abordar la diversidad desde la inclusión y no desde la mera tolerancia.

La respuesta no puede ser solo jurídica o policial. El discurso del odio se combate también con educación: una educación que enseñe a pensar, a convivir y a empatizar. Proyectos pedagógicos que incorporen testimonios migrantes, análisis críticos del lenguaje, experiencias de aprendizaje-servicio o formación docente en justicia social son caminos posibles.




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Muchas escuelas han implementado talleres de alfabetización mediática y programas de convivencia intercultural. En Galicia, por ejemplo, algunos centros han trabajado con asociaciones locales en proyectos de aprendizaje servicio que conectan alumnado y comunidades migrantes.

Iniciativas para estudiantes

En el ámbito educativo se han desarrollado distintas iniciativas orientadas a contrarrestar el discurso de odio y favorecer la inclusión. Un ejemplo es Break the Hate Chain!, guía educativa impulsada en España por la Fundación FAD Juventud (FAD) y Maldita.es con el apoyo de Google.org, que propone actividades dirigidas a jóvenes de entre 14 y 19 años con el objetivo de trabajar la convivencia, el pensamiento crítico y la construcción de discursos inclusivos.




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En el plano europeo, la iniciativa Education Stops Hate genera recursos educativos abiertos, guías prácticas y kits pedagógicos que permiten al profesorado abordar el odio en las aulas y promover el diálogo intercultural. Finalmente, el proyecto Inmigración, adolescencia y resiliencia centra su atención en los desafíos que atraviesan los adolescentes en contextos migratorios, al tiempo que pone en valor los factores de resiliencia como claves para avanzar en la inclusión social y educativa.

Contra el odio, una pedagogía del cuidado

Frente a la banalización del odio, necesitamos pedagogías del cuidado, de la escucha, de la palabra compartida. Una ciudadanía capaz de detectar y desmontar el odio no se construye solo con leyes o con tuits. Se construye en las aulas, con vínculos, con presencia, con proyectos como los ya citados, que demuestran que es posible.

La Agenda 2030, en su Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), recuerda que una educación inclusiva y de calidad es clave para promover la igualdad y la paz. Combatir el odio no es únicamente frenar un problema puntual: es apostar por un futuro en el que la diversidad sea reconocida como una riqueza y no como una amenaza.

Porque el odio no se combate con silencio: se combate con una educación que no deja a nadie atrás.

The Conversation

Jorge Soto Carballo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cómo afrontar el discurso de odio en la escuela – https://theconversation.com/como-afrontar-el-discurso-de-odio-en-la-escuela-223891

¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olga Cruz Moya, Profesora titular de universidad, área de Lengua española, Universidad Pablo de Olavide

Gazatíes desplazados a las escuelas de UNRWA de Khan Yunis desde Ciudad de Gaza, siguiendo las órdenes del ejército israelí en preparación para una operación y ocupación terrestre, el 7 de septiembre de 2025. Anas-Mohammed/Shutterstock

El pasado 1 de septiembre, la ONG Reporteros sin Fronteras publicó un informe que comenzaba con una frase estremecedora: “Si el Ejército israelí sigue asesinando periodistas a este ritmo, pronto no quedará ninguno en Gaza para informarte”.

Declaración de Reporteros sin Fronteras (1 de septiembre de 2025).
Declaración de la ONG Reporteros sin Fronteras del 1 de septiembre de 2025.
Reporteros sin Fronteras

Días después, la Franja sufrió un corte de comunicaciones que la mantuvo aislada durante más de 24 horas. De no haberse restablecido, desde fuera nos hubiésemos quedado sin imágenes de lo que sucede dentro (Israel prohíbe el acceso a periodistas internacionales; los únicos que están sobre el terreno son los gazatíes).

Y ¿qué consecuencias tiene que dejemos de recibir noticias sobre acontecimientos que implican la pérdida violenta de vidas humanas, como guerras, catástrofes humanitarias o masacres genocidas como la actual?

En la era de la información global, que un conflicto lejano como el de Gaza tenga relevancia en la agenda informativa depende de una compleja cadena de decisiones editoriales. Desde la perspectiva de análisis crítico del discurso, poder-decir es una forma de poder simbólico que se manifiesta en la capacidad de definir la realidad que se expone en el espacio público, lo que influye directamente en la conformación de la opinión pública o el consenso social.

Los medios son nuestras ventanas al mundo

El papel de los medios resulta crucial en todo aquello que queda más allá de la experiencia directa de las personas. Seleccionar lo que se considera noticia implica, necesariamente, silenciar otros hechos. Los criterios de publicación suelen priorizar la imprevisibilidad, lo inusual, la “convulsión informativa” y las situaciones de urgencia.

Este sesgo favorece una cobertura intensiva y circunstancial, pero efímera: las crisis humanitarias irrumpen con fuerza en la agenda mediática durante sus momentos más dramáticos, pero rara vez se sostienen en el tiempo. La atención inicial contrasta con el olvido posterior, lo que debilita la comprensión de las consecuencias a largo plazo.

En el caso de un conflicto prolongado, como el palestino-israelí, cobra especial relevancia el recuerdo mediático, entendido como el proceso mediante el cual la prensa reactualiza episodios pasados, construyendo una memoria compartida que legitima actores y orienta la percepción pública. Así, los medios no solo registran hechos: también sedimentan visiones que configuran el imaginario colectivo.

La importancia de la imagen y el riesgo de saturación

Las imágenes transmitidas desde zonas en conflicto permiten dimensionar la destrucción y el sufrimiento humano, despertando empatía, reacción ciudadana e incluso presión política sobre los gobiernos. Sin embargo, en muchos casos, los medios privilegian el impacto visual por encima de la explicación o el análisis. La televisión, en particular, tiende a conmover antes que a contextualizar, movilizando emociones inmediatas más que comprensión crítica.

En lugar de explicar, informar, educar o analizar, a menudo se busca sacudir al espectador por motivos fundamentalmente humanos y psicológicos, pero también de mero espectáculo. Así sucedió con la retransmisión de la primera guerra de Irak. La prensa puede dar margen a la reflexión y la profundidad, pero la televisión establece el puente hacia los sentimientos, la emoción y la subjetividad.

Imagen de diferentes mujeres con bebés en brazos.
Mujeres con niños con desnutrición en la clínica ambulatoria del Hospital Nasser en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza, el 13 de septiembre de 2025.
Anas-Mohammed/Shutterstock

Como señaló el filósofo francés Roland Barthes, la imagen funciona como un anclaje semiótico que otorga prueba y densidad al discurso. En España, diversos estudios muestran que la violencia televisada intensifica la implicación moral cuando las víctimas se presentan como cercanas y humanizadas. Pero la abundancia de imágenes puede tener el efecto contrario: la llamada “fatiga compasiva” transforma la tragedia en un espectáculo rutinario, incapaz ya de conmover ni movilizar.

El peso del relato

La manera en la que se describen las crisis no es casual. La información se elabora según una estructura en torno a un “molde” o marco interpretativo (framing) preestablecido que condiciona la interpretación de los hechos.

En los picos de atención mediática, el énfasis suele recaer en el despliegue armamentístico y el sufrimiento de los civiles, mientras se silencian las raíces de los conflictos, de carácter político y económico. Las estrategias discursivas importan: las representaciones personalizadas y humanizadas favorecen la empatía, mientras que las metáforas deshumanizadoras o expresiones connotadas negativamente refuerzan estereotipos y limitan la compasión.

En el caso palestino-israelí, la prensa española ha mostrado una atención intermitente en estos últimos setenta años, recurriendo a denominaciones que fluctúan entre la amplificación y la minimización de estos episodios: “conflicto”, “oleada de ataques”, “espiral de violencia”, “escalada de tensión”, “terrorismo”, “intifada”. Cada elección léxica moldea la forma en que el público percibe la magnitud y legitimidad de los hechos.

Un hombre camina por una calle llena de escombros.
Destrucción en Hamad City, en Khan Yunis, al sur de la Franja de Gaza.
Mohammad Abu Elsebah/Shutterstock

Matar al mensajero: censura, bloqueo y desinformación

La información en contextos de guerra es también un campo de disputa política. Gobiernos y actores en conflicto buscan controlar el flujo de imágenes o manipular narrativas para justificar sus acciones o evitar el descrédito internacional. Esto queda claramente ejemplificado en el hecho de que los periodistas internacionales no puedan acceder a Gaza. La censura y la desinformación niegan a la ciudadanía la posibilidad de formarse una opinión crítica, debilitando los pilares democráticos y desmovilizando la solidaridad internacional.

En el ecosistema digital, además, la lógica algorítmica y la circulación acrítica de fuentes multiplican la fragmentación y la distorsión de los hechos. La verificación periodística y la autorregulación profesional se vuelven, por ello, herramientas imprescindibles para contrarrestar la manipulación interesada y la polarización.

Ojos que no ven…

Dejar de recibir imágenes de Gaza no implica únicamente ignorar lo que ocurre: supone perder los marcos discursivos que sostienen la memoria social y la empatía ciudadana. Cortar las comunicaciones es cortar narrativas, y sin narrativas se debilitan tanto la solidaridad como la rendición de cuentas en la esfera internacional. Y también significa darles la espalda a los periodistas que han muerto para que el mundo pueda ver lo que allí sucede.

The Conversation

Olga Cruz Moya no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Qué pasaría si dejásemos de recibir imágenes de Gaza? – https://theconversation.com/que-pasaria-si-dejasemos-de-recibir-imagenes-de-gaza-265721