Las matemáticas del Mundial de fútbol 2026

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel Villacampa Gutiérrez, Doctora y profesora de Geometría y Topología, Universidad de Zaragoza

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¿Por qué éste Mundial tiene 48 equipos? ¿Por qué en unas ediciones pasan terceros de grupo a las rondas eliminatorias y en otras no? Aunque pueda parecer una decisión puramente deportiva, la respuesta depende de unas reglas matemáticas muy concretas. Detrás del mayor torneo de fútbol del mundo se esconden múltiplos de cuatro, potencias de dos y algunos problemas clásicos de combinatoria.

Las matemáticas están en todas partes y en el deporte son fundamentales tanto en su diseño como en las estadísticas o estrategias que idean los entrenadores para ganar. En el caso del Mundial de fútbol, hay unos números muy concretos que rigen su desarrollo.

Puntos al ganador

Desde 1986, los equipos seleccionados juegan en primer lugar la llamada fase de grupos, en la que se constituyen grupos formados por 4 equipos. Estos juegan todos contra todos y tras acabar los 6 partidos posibles se ordenan según puntuación.

Cada partido (desde el mundial de EE UU de 1994) suma 3 puntos al ganador y 0 al perdedor, o bien 1 punto a cada equipo en caso de empate. Con estos criterios, cada grupo finaliza esta fase con una ordenación de sus 4 equipos, colocando en primera posición a aquel que ha obtenido mayor puntuación, y así sucesivamente.

Una vez finalizada la fase de grupos, los 2 o 3 equipos mejores de cada grupo entran en las rondas eliminatorias en las que se disputan varios partidos simultáneamente, cada uno de los cuales enfrenta a dos equipos en un único partido.

El ganador de cada uno de estos partidos pasa a la ronda siguiente, que se rige por el mismo procedimiento que la anterior, pero con la peculiaridad de que ahora solo participan la mitad de los equipos que había en la ronda anterior.

Cuando solo quedan 4 equipos, se juegan 2 semifinales: los ganadores de las mismas disputan la final (y de allí se obtienen el campeón y el subcampeón del mundial) y los perdedores se disputan el tercer puesto.

A partir de esta base, las matemáticas obligan a determinados sucesos.

¿Cuántos equipos participan en un mundial?

Este número no es fijo y ha ido modificándose a lo largo de los años. Si nos fijamos en los mundiales que tienen la misma estructura que el actual, se ha pasado de 24 (EE UU 1994) a 32 (Francia 1998 – Catar 2022) hasta alcanzar los 48 equipos en el mundial actual. Nos podemos preguntar qué tienen en común estos números, 24, 32 y 48, o porqué se han elegido precisamente esos y no otros.

La respuesta la encontramos en la fase de grupos: el número inicial de participantes debe ser múltiplo de 4 para que sea posible formar grupos de 4 equipos. De este modo, con 24 equipos se forman 6 grupos; con 32 se forman 8 grupos; y con 48 aparecen 12 grupos.

Como vemos, podría haber mundiales con 28 equipos, 36, 40… siempre y cuando se mantengan los grupos de 4 participantes en la fase de grupos. No parece que vaya a haber cambios en esto: la estructura de grupos de 4 equipos se mantiene desde 1950, aunque el desarrollo tras la fase de grupos se ha visto modificado.

¿Cuántos terceros de grupo pasan a las fases eliminatorias tras la fase de grupos?

En el mundial de 1994, además de los 2 primeros de cada grupo, pasaron los 4 mejores terceros de los 6 grupos.

Entre los años 1998 y 2022 no pasó ningún tercero de grupo a la siguiente fase, mientras que este año han sido 8 terceros quienes han pasado a las rondas eliminatorias. ¿Por qué este número va cambiando?

En este caso la clave no está en el número 4, sino en el 2.

Para entenderlo hagamos el recorrido inverso: desde la final del mundial hasta la fase de grupos, recordando que en cada ronda hay el doble de equipos que en la ronda anterior.

La final se la disputan 2 equipos; en las semifinales participan 4; en los cuartos de final hay 8 y en los octavos de final hay 16.

Recordamos que el mundial de 2026 es el primero de la historia en el que se han jugado los dieciseisavos de final, con 32 equipos. Los números 2, 4, 8, 16 y 32 son potencias de 2 pues se consiguen como 2¹ , 2² , 2³ , 2⁴ y 2⁵ respectivamente, siendo cada número doble que el anterior.

Es decir, para entrar en las rondas eliminatorias necesitamos tener un número de equipos clasificados que sea potencia de 2. Si solo se permite que pasen 2 equipos por grupo, puede que no consigamos estos números, ya que va a depender del número de grupos que tengamos. Esto es lo que pasó en 1994, cuando había 6 grupos. Al clasificar 2 equipos por grupo (los 2 primeros), se tienen 12 equipos para las rondas eliminatorias. Como el número 12 no es potencia de 2 fue necesario añadir 4 equipos más (los mejores terceros) para alcanzar el número 16 y poder así iniciar los octavos de final.

Entre 1998 y 2022, con 32 equipos en el mundial no hubo necesidad de elegir a ningún tercero pues directamente con 2 seleccionados por grupo se llegó a los 16 equipos que jugaron los octavos de final.

Este año, se han jugado los dieciseisavos de final, por lo que fue necesario seleccionar 32 equipos tras la fase de grupos. Para alcanzar este número, partiendo de los 48 equipos iniciales repartidos en 12 grupos, se han tenido que seleccionar 8 terceros, que junto a los 24 que vienen de los primeros y segundos de cada grupo hacen los 32 necesarios para los dieciseisavos de final.

Un mundial con 64 equipos (2⁶ ) no necesitaría recurrir a los terceros de cada grupo. ¿Lo veremos dentro de unos años?

Como dato adicional, los 4 torneos del Gram Slam de tenis (Roland Garros, Wimbledon, Abierto de Australia y Abierto de Estados Unidos) se rigen únicamente por rondas eliminatorias y participan 128 (2⁷ ) tenistas en cada cuadro (masculino y femenino).

¿Cuántos puntos puede sumar un equipo en la fase de grupos?

Debemos recordar que cada equipo juega 3 partidos y en cada uno de ellos puede sumar 3 puntos si gana (G), 1 punto si empata (E) o 0 puntos si pierde (P). Por tanto, para responder a esta pregunta debemos averiguar cuántos partidos podemos ganar, empatar o perder si jugamos 3 y luego sumar los puntos asociados a cada posibilidad encontrada. En esta situación no es importante el orden en el que suceden las victorias o derrotas, tan solo importa cuál ha sido el resultado final de los 3 partidos.

El conteo de opciones posibles en un determinado problema es algo habitual en la investigación matemática. La disciplina que lo analiza es la combinatoria y es en general difícil de abordar. Para los problemas combinatorios, como es este que nos ocupa, es importante disponer de una estrategia para asegurarnos de no perder ningún caso ni de repetir ninguno en el conteo. En nuestro problema, contaremos cuántos partidos se pueden ganar (tres, dos, uno y cero) y para cada caso, qué sucede con aquellos que no ganamos, comenzando siempre con el empate. Así, obtenemos la siguiente secuencia de opciones ordenadas de mayor a menor, entendiendo por mayor ganar el partido y por menor perder el partido.

Los puntos asociados a cada posibilidad son: 9, 7, 6, 5, 4, 3, 3, 2, 1, 0.

El resultado más bajo posible

Ningún equipo puede obtener nunca 8 puntos en la fase de grupos y 3 puntos se pueden obtener de dos formas distintas: ganando 1 partido y perdiendo 2 o empatando los 3 partidos.

Una pregunta bastante más difícil es averiguar cuáles pueden ser las puntuaciones finales posibles de los 4 equipos al finalizar la fase de grupos, es decir, cómo se pueden agrupar, siguiendo las reglas de puntuación, los números 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 9 en grupos de 4.

No todas las posibilidades son válidas ya que hay que tener en cuenta, por ejemplo, que si un equipo ha ganado un partido es porque otro equipo lo ha perdido.

En el gráfico se muestran todos los resultados obtenidos por los 74 grupos desde 1994 junto a su frecuencia. El grupo que obtuvo el resultado más bajo fue el grupo E (México, Irlanda, Italia y Noruega) en el mundial de 1994: sus cuatro integrantes obtuvieron 4 puntos, correspondiente a ganar 1 partido y empatar otro, y solo ha ocurrido una única vez.

Dejamos como pregunta abierta: ¿existe alguna combinación de puntos inferior a la (4,4,4,4) con el sistema de puntuaciones actual? ¡Hagamos matemáticas!

The Conversation

Raquel Villacampa Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las matemáticas del Mundial de fútbol 2026 – https://theconversation.com/las-matematicas-del-mundial-de-futbol-2026-287194

‘Twistrónica’: el ángulo mágico del grafeno y la antipiedra filosofal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Vista de una estructura de nanotecnología molecular de grafeno. Production Perig/Shutterstock

Posiblemente estemos ante una de las historias más fascinantes de los últimos y provechosos años de investigación en física cuántica y desarrollo de materiales avanzados: la rotación (un mínimo twist) en láminas de grafeno del espesor de un átomo generó un ángulo mágico (así lo llaman en física) que nos coloca ante la posibilidad de dar forma a materiales inverosímiles.

La ciencia no es nunca magia, pero a veces lo parece.

Lluvia de premios

El premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, en la categoría de Ciencias Básicas, ha recaído este año en dos físicos, el canadiense Allan McDonald y el español Pablo Jarillo-Herrero (catedrático del MIT), por sus contribuciones en el campo de la llamada “twistrónica”. También en este año 2026, el galardón más importante de Física (después del Nobel), el Premio Kavli de Nanociencia, se ha concedido a estos mismos científicos junto con la física Eva Y. Andrei (rumana) “por su trabajo fundacional en el establecimiento de “twistrónica”.

Pero esta historia empieza en 2009, cuando en el grupo de investigación de Andrei descubren un fenómeno interesante mientras exploraban con grafeno. Las primeras aplicaciones prácticas que se desarrollaron con este nanomaterial ya merecieron un Nobel en 2010.

Compuesto por una sola capa de átomos de carbono dispuestos en un patrón hexagonal (como un panal de abejas), es el primer material bidimensional conocido, increíblemente resistente y ligero.

El hallazgo de un substrato de niquel que generó el twist

Según la receta más extendida en aquel momento para producirlo, los científicos conseguían monocapas haciéndolo crecer sobre un substrato de cobre. Pero necesitaban más cantidad para poder experimentar más cosas. Tras utilizar como substrato el niquel, observaron que se generaron dos capas, pero con un ligero desacople (“twisted”) entre las estructuras de carbono de ambas. Apenas poco más de un grado.

Cuando llevaron la muestra al microscopio de efecto túnel, observaron un “enorme patrón de Moiré” creado por las láminas de grafeno desplazadas entre sí. Un patrón de Moiré (o efecto muaré) es casi una ilusión óptica, un patrón de interferencia geométrica. Se produce cuando dos patrones de líneas, puntos o tramas similares se superponen, pero ligeramente desplazados. El resultado genera formas onduladas, ondas o bandas extrañas.

Pero lo más sorprendente fue que comprobaron que ese pequeño ángulo de desplazamiento que creaba los patrones modificaba de forma sustancial el comportamiento de los electrones en el material, dando lugar a propiedades inesperadas. Aquel descubrimiento totalmente casual fue directo a una publicación de Nature.

Las matemáticas del ángulo mágico

El físico teórico Allan McDonald leyó este paper, y se puso a trabajar en el desarrollo de una teoría matemática que pudiera explicar el fenómeno. Así se determinó que, efectivamente, ese angulo (que bautizaron como “ángulo mágico”) determinaba los periodos de los patrones de Moiré y, por tanto, posibles propiedades distintas (en función del ángulo).

Con un giro de aproximadamente 1,1 grados, el material podría ser superconductor. Pero con distintos ángulos podrían esperarse distintas propiedades (un material totalmente aislante o con propiedades magnéticas). El hallazgo se publicó en el 2011 en la revista PNAS, pero pasó muy desapercibido unos cuantos años, más allá del interés científico, porque parecía imposible fabricar experimentalmente esas capas “desacopladas” de grafeno.

Y llegó la “twistrónica”

El término “twistrónica” (twistronics) se acuñó en 2016, apareciendo por primera vez en un artículo científico (también teórico) en Physical Review B. En él se ampliaban los modelos matemáticos a estructuras distintas a la del grafeno y otros materiales. La nueva palabra combina “twist” (rotar/girar) y “electronics” (electrónica).

Pero el espaldarazo definitivo a la tecnología se lo han dado el español Pablo Jarillo-Herrero y su grupo de investigación del MIT. Jarillo-Herrero ha sido capaz de pasar de las musas al teatro.

El ‘twist’ se hizo materia

En marzo de 2018, publican de forma simultánea dos artículos en Nature donde muestran que son capaces de fabricar grafeno multicapa, con distintas condiciones de rotación y de contorno. Pudieron obtener un material totalmente aislante o superconductor, en función del ángulo de rotación. Así demostraron que todas las predicciones teóricas eran perfectamente demostrables a escala de laboratorio.

Esto viralizó la twistrónica en el mundo de la física, los nanomateriales y, en general, el mundo de la ciencia de materiales.

Una vez más, un acontecimiento vinculado a ciencia fundamental ha abierto las puertas a importantes consecuencias para nuestra sociedad.

La anti piedra filosofal

En la entrega de premios de la Fundación BBVA, Jarillo-Herrero introdujo el concepto de “antipiedra filosofal” refiriéndose a la twistrónica:

“En la Edad Media, los alquimistas buscaban la piedra filosofal, que convirtiera en oro todo lo que tocara. El grafeno de ángulo mágico se parece un poco a eso, salvo que es como una piedra filosofal a la inversa. Con el grafeno de ángulo mágico, cogemos un solo material y hacemos que se comporte como muchos otros materiales”.

Con la twistrónica, al igual que con los metamateriales, cambiando la configuración de un mismo material, cambiamos de forma drástica sus propiedades.

Tras el pistoletazo de salida que supusieron esos dos artículos en Nature, la twistrónica empezó a crecer en diferentes direcciones: primero hacia tres capas de grafeno, luego hacia multicapas, materiales tridimensionales… Por supuesto, el fenómeno ya se estudia en otros materiales distintos al grafeno: dicogenuros de metales de transición (TMD) para aplicaciones en dispositivos optoelectrónicos avanzados o láseres cuánticos de baja energía; el nitruro de boro hexagonal (h-BN) para fabricar memorias de acceso aleatorio ferroeléctricas (FeRAM) ultradelgadas; óxidos complejos de estructura perovskita de capa delgada y otras perovskitas superconductoras para aplicaciones en computación cuántica.

Los materiales prioritarios de la UE

Los materiales desarrollados por twistrónica tienen potencial para cubrir muchas tecnologías que hoy se consideran de gran importancia para nuestro desarrollo como sociedad: la ya mencionada computación cuántica, optoelectrónica y fotónica, la electrónica de bajo consumo y los sensores magnéticos de alta precisión. Todos estos materiales entran dentro de la clasificación de “nanomateriales y materiales 1D y 2D” incluidos como materiales prioritarios a desarrollar en las futuras transiciones de la Unión Europea.

El principal problema para desarrollar todas estas tecnologías es su escalado a la industria. Se necesitarán años para poder fabricar este tipo de materiales a gran escala. Pero quién sabe si la irrupción de la IA en este campo permitirá acercar estos avances a nuestro día día.

The Conversation

José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ‘Twistrónica’: el ángulo mágico del grafeno y la antipiedra filosofal – https://theconversation.com/twistronica-el-angulo-magico-del-grafeno-y-la-antipiedra-filosofal-285825

Dormir bien para envejecer mejor

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Núñez, Profesora de Fisiología, Universidad de Oviedo

Dormir bien es fundamental para mantener una buena salud y resulta especialmente importante en las personas mayores. Mantener un ritmo de vida matutino puede favorecer la movilidad en la vejez, siempre que vaya acompañado de una vida activa. Sin embargo, factores como la contaminación lumínica o el uso de somníferos pueden dificultar un descanso verdaderamente reparador.

En un estudio reciente con 151 personas de entre 62 y 92 años, todas ellas estudiantes del Programa Universitario para Mayores de la Universidad de Oviedo (PUMUO), observamos que incluso en personas físicamente activas, con una intensa vida social y altas puntuaciones en pruebas cognitivas, los ritmos biológicos internos siguen desempeñando un papel determinante en la salud.

En concreto, los sujetos del estudio encarnaban el perfil del envejecimiento activo, realizaban ejercicio físico regular –como caminar, gimnasia de mantenimiento o pilates– y obtenían puntuaciones excelentes en todas las pruebas físicas y cognitivas.

En los test de movilidad, sus medias se situaron en el rango de “bajo riesgo de caídas”, lo que indica una agilidad envidiable. De igual forma, en los test cognitivos sus resultados rozaron el máximo de la escala, lo que demuestra una lucidez y una capacidad mental sobresalientes.

Pero a pesar del envidiable nivel de actividad de los participantes, el sueño seguía siendo el gran talón de Aquiles para muchos de ellos.

¿Alondras o búhos?

Todos conocemos a alguien que salta de la cama con energía al amanecer (llamados “alondras”) y a quien rinde mejor cuando cae el sol (los “búhos”). Esta preferencia natural se llama cronotipo y no es un simple hábito: es la predisposición biológica de nuestro cuerpo para estar alerta o descansar a determinadas horas del día.

Es muy común que, con el paso de los años, las personas experimenten un avance de fase. Esto significa que nuestro reloj biológico se adelanta, empezamos a sentir sueño antes por la noche y nos despertamos de forma natural de madrugada.

Por este motivo, los resultados con nuestros participantes fueron los esperables: casi la mitad de ellos eran del tipo matutino. Lo más revelador es que estas personas demostraron un equilibrio y una movilidad superiores a los de perfil vespertino. Los búhos del grupo obtuvieron puntuaciones satisfactorias, pero más bajas en las pruebas de estabilidad.

Esto sugiere que vivir en sintonía con la luz natural favorece una mejor coordinación motora. En las personas mayores, ese pequeño margen de estabilidad puede ser clave para prevenir caídas.

El sueño no es igual para todos

Dormir bien no es solo un placer: es el “taller” de reparación de nuestro organismo. Durante la noche, el cerebro se limpia de toxinas y los músculos se regeneran para mantenernos ágiles. Sin embargo, este proceso no se desarrolla de la misma manera en todas las personas.

Uno de los hallazgos más llamativos es que las mujeres presentan peor calidad de sueño que los hombres, con más despertares nocturnos asociados, por ejemplo, a dolores físicos o sofocos. Además, se identificaron dos grandes enemigos del descanso:

  1. La luz nocturna. Dormir con claridad en la habitación o usar dispositivos electrónicos antes de acostarse empeora drásticamente la calidad del sueño. Un descanso reparador debe ser ininterrumpido y profundo, permitiendo que el cuerpo complete sus ciclos naturales. Si hay luz, el sueño se vuelve ligero y fragmentado, lo que provoca que nos despertemos con una sensación de agotamiento, como si no hubiéramos descansado.

  2. Los fármacos para dormir. El uso de esta medicación se asocia con un menor rendimiento cognitivo. En términos sencillos, estas pastillas podrían estar nublando la agilidad mental y la memoria de quienes las consumen. Por ello es fundamental que cualquier ajuste o cambio en la medicación se realice siempre bajo supervisión médica.

Claves para un envejecimiento activo

Para que nuestro cuerpo sepa que es hora de dormir, necesitamos mantener una “higiene de luz” un par de horas antes de acostarnos. Lo ideal es usar luces tenues y cálidas en casa y evitar las pantallas de móviles y tablets. En caso de despertarnos a medianoche es importante mantenernos a oscuras lo máximo posible. Esto ayuda a que el cerebro fabrique melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño y facilita el descanso.

En el caso de los adultos mayores, las guías médicas son claras: las pastillas para dormir deben ser la última opción. Si se usan, debe ser por periodos breves y a dosis muy bajas. Lo más recomendable es apostar por estrategias naturales, como rutinas fijas y terapia especializada, que ataquen la raíz del insomnio sin generar dependencia.

Sin duda, para valernos por nosotros mismos -incluso a edades avanzadas- no basta con estudiar y mantenernos activos: también hay que escuchar al reloj biológico y cuidar la calidad del sueño.

The Conversation

Paula Núñez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Dormir bien para envejecer mejor – https://theconversation.com/dormir-bien-para-envejecer-mejor-280217

Algoritmos y precios dinámicos en vuelos, entradas de conciertos y hoteles: ¿por qué compramos lo mismo a diferente precio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Matosas López, Profesor e Investigador Tecnología Aplicada a la Empresa, Universidad Rey Juan Carlos

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Con la gira de conciertos del cantante puertorriqueño Bad Bunny en España, muchos criticaron el sistema de fijación de precios de las entradas: los interesados podían ver cómo el importe aumentaba mientras esperaban para hacer su compra. Algo similar ocurre con vuelos, hoteles, y otros servicios de transporte. La sensación es siempre la misma: alguien decidió subir el precio justo cuando queríamos comprar.

Sin embargo, en la mayoría de estos casos no es una persona quien altera el precio. Generalmente, este tipo de fluctuaciones responde a los dictados de un algoritmo que, dependiendo del caso, podrán actuar de manera automatizada, o bajo supervisión humana.

Oferta, demanda y precios

Las estrategias de precios dinámicos forman parte, cada vez más, de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, todavía generan dudas. ¿Cómo funcionan? ¿Qué información utilizan? ¿Y quién decide realmente cuánto pagamos?

Estas estrategias modifican los precios de productos y servicios según cambian las condiciones del mercado. Así, los precios dejan de ser fijos, pudiendo cambiar varias veces al día. Incluso pueden fluctuar en cuestión de minutos.

La idea no es nueva. Por ejemplo, las compañías aéreas llevan décadas utilizando estas estrategias de precios. La diferencia es que, ahora, los algoritmos son capaces de analizar enormes cantidades de información. Y, lo más importante, lo hacen casi en tiempo real. Además, la inteligencia artificial permite detectar patrones cada vez más complejos en esos conjuntos de datos.

En estas estrategias, el factor más importante suele ser la demanda. Cuando muchas personas quieren comprar al mismo tiempo los precios suben. Por el contrario, cuando la demanda disminuye, los precios bajan.

No obstante, también pueden influir otros elementos. La hora del día, la época del año o la proximidad de una fecha señalada pueden modificar el importe. Lo mismo sucede cuando quedan pocas unidades disponibles. En algunos sectores, los algoritmos también hacen un seguimiento de la competencia. Si otras empresas cambian sus precios, el sistema reacciona casi de inmediato.

¿Por qué las estrategias de precios dinámicos son atractivas para la empresa?

Muchas personas creen que las empresas suben el precio porque saben quiénes somos. Piensan que el sistema detecta que hemos visitado varias veces una página o que utilizamos un determinado dispositivo.

Aunque esto es técnicamente posible, esa explicación no siempre es esta. En muchos casos, los cambios tan solo reflejan que la demanda ha aumentado. Así, dos personas pueden ver precios diferentes simplemente porque consultan un sitio web en momentos distintos. No necesariamente porque el algoritmo haya identificado a cada una de ellas.

De manera general, estas estrategias son enormemente atractivas para muchas empresas porque permiten ajustar el precio a las realidades cambiantes del mercado. Pero, sobre todo, porque posibilitan que esto se produzca de manera automatizada. Si un producto tiene mucha demanda, un precio más alto aumenta los ingresos. Si la demanda es baja, una rebaja puede estimular las ventas.

En muchos sectores, además, existe otro motivo. Algunos productos no pueden almacenarse para venderse más tarde. Un asiento vacío en un avión o una habitación sin ocupar representan ingresos perdidos para siempre. Ajustar continuamente los precios reduce estos riesgos.

Pero los consumidores también pueden beneficiarse de este fenómeno. Comprar con antelación o elegir momentos de menor demanda suele permitir acceder a mejores precios. Muchas ofertas existen, precisamente, porque los algoritmos detectan que la demanda será inferior a la prevista.

Límites a la utilización de estas estrategias

A pesar del atractivo que tiene para una empresa recurrir a estas estrategias, su aplicación también plantea retos éticos y legales. Algunas de las preocupaciones del consumidor están relacionadas con la concepción de lo que puede considerarse justo o injusto. Una de las consecuencias de la aplicación de estrategias de precios dinámicos es que una persona pague más que otra por el mismo producto y se genere una sensación de injusticia que, además, aumenta cuando nada explica el porqué de ese cambio. Esto acaba generando recelo y desconfianza en los consumidores.

Más allá de lo anterior, existen reservas de tipo legal. Las estrategias de precios dinámicos pueden perturbar los mecanismos naturales de la competencia. Si varias empresas utilizan algoritmos similares para ajustar sus precios podrían terminar elevándolos al mismo tiempo y alterando las condiciones de libre competencia (una práctica muy vigilada por los organismos encargados de supervisar los mercados). Pero lo más importante es que esto ocurriría sin que fuera necesario un acuerdo explícito entre compañías.

Por consiguiente, la aplicación de este tipo de estrategias abre la puerta a que varias empresas puedan manipular los mecanismos de fijación de precios a espaldas (y en perjuicio) del consumidor. Y que esto ocurra, además, sin que los organismos reguladores encargados de perseguir y penalizar estas prácticas (ilegales) puedan demostrarlo.

Alguien manda sobre el algoritmo

Sea como sea, los algoritmos no deciden por sí solos qué quieren conseguir. Alguien les dice cuál es el objetivo. Pueden programarse para maximizar beneficios, aumentar las ventas, fidelizar clientes o combinar varios objetivos al mismo tiempo. El algoritmo simplemente busca la mejor forma de alcanzarlos.




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Por eso, la pregunta importante no debería ser si los algoritmos fijan nuestros precios. La cuestión es quién decide los criterios que siguen y qué límites deben respetar. La inteligencia artificial hará estos sistemas cada vez más rápidos y sofisticados. Por eso, el reto no será únicamente desarrollar mejores algoritmos. También será necesario establecer reglas que garanticen la transparencia, la competencia orgánica, y la protección del consumidor.

Al final, el problema, rara vez, es el algoritmo. Lo verdaderamente importante es decidir para quién trabaja, qué intereses persigue y bajo qué normas debe hacerlo.

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Luis Matosas López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Algoritmos y precios dinámicos en vuelos, entradas de conciertos y hoteles: ¿por qué compramos lo mismo a diferente precio? – https://theconversation.com/algoritmos-y-precios-dinamicos-en-vuelos-entradas-de-conciertos-y-hoteles-por-que-compramos-lo-mismo-a-diferente-precio-286540

Manual de supervivencia visual para el eclipse: qué hacer y qué no para mirar al sol

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Conchi Lillo, Profesora titular de la Facultad de Biología, investigadora de patologías visuales, Universidad de Salamanca

El próximo 12 de agosto de 2026, entre las siete y las nueve de la tarde, España será testigo de un evento astronómico histórico. La Luna ocultará el Sol en una franja que cruzará media península generando un eclipse total, mientras que en el resto del país se vivirá un eclipse parcial muy profundo. Pero ojo porque, si no tenemos cuidado, más de uno se va a llevar un “recuerdo” permanente en la retina, en sentido literal.

Aunque somos conscientes de que mirar el sol directamente es peligroso, al producirse el eclipse al atardecer, cuando ya está muy bajo en el horizonte, a punto de ocultarse, podríamos pensar que, como ya “casi no calienta”, que no es peligroso, y experimentar así una falsa sensación de seguridad que nos tiente a observarlo de forma directa sin protección, poniendo en riesgo nuestra salud visual.

¿Por qué es peligroso mirar directamente al sol?

El peligro radica en que, además de la luz visible, la radiación solar incluye componentes como la luz ultravioleta (UV) y la infrarroja, que, aunque son invisibles para el ojo humano, dañan nuestro órgano visual de formas muy distintas.

En concreto, el Sol genera 3 tipos de radiación ultravioleta: A, B y C. Mientras que la UV-C, más energética y dañina, es bloqueada completamente por la atmósfera, las otras dos sí alcanzan la superficie terrestre. La radiación UV-B es absorbida mayoritariamente por la córnea y la conjuntiva del ojo, pudiendo causar, entre otras complicaciones, fotoqueratitis, una inflamación dolorosa similar a tener “arena en los ojos”.

La UV-A es menos energética pero más penetrante, por lo que llega al cristalino y a la retina. Se sabe que en el cristalino provoca cambios irreversibles en sus proteínas y por eso es uno de los desencadenantes del desarrollo temprano de las catarata. En la retina, constituye un factor de riesgo para una patología visual muy severa: la degeneración macular asociada a la edad (DMAE).

Radiación infrarroja: cuando el ojo se recalienta

La radiación infrarroja alcanza también el fondo del ojo, la retina, provocando un aumento de su temperatura. Al sobrecalentar los tejidos y las células fotorreceptoras, conduce a lo que se conoce como retinopatía solar.

El problema es que la retina no tiene receptores de dolor. Podemos estar sufriendo una quemadura solar en la mácula y no darnos cuenta hasta horas después, cuando descubrimos un borrón negro permanente en el centro de la visión. Lo peor es que, si llegamos a ese punto, el daño ya es irreparable.

La oscuridad engaña

Mirar al sol durante el eclipse no es más peligroso per se que hacerlo en un día normal, pero hay una diferencia clave: durante un día soleado, mirar al astro rey directamente nos molesta (fotofobia) y apartamos la mirada. Además, ante esa alta intensidad luminosa nuestra pupila se cierra, como si fuera el diafragma de una cámara de fotos, reduciendo así la cantidad de luz que llega a nuestra retina.

Durante el eclipse, sin embargo, la intensidad luminosa es mucho menor –sobre todo si es total y se produce al atardecer–, por lo que nuestro cerebro ordena a nuestra pupila dilatarse para ver mejor. El problema es que la radiación infrarroja y los rayos UV-A siguen muy presentes en ese momento. Y al estar la pupila abierta, estas radiaciones no encuentran ningún impedimento para llegar hasta nuestra retina, entran “a chorro” y se concentran en la mácula, el punto de máxima agudeza visual.

Los rojos del atardecer

¿Se ha preguntado alguna vez por qué el cielo se tiñe de tonos rojizos al atardecer? La luz blanca del sol es una mezcla de todos los colores de nuestro espectro visible (y de las radiaciones ultravioletas e infrarroja ya mencionadas). Al entrar en la atmósfera terrestre, esta luz choca con las moléculas de nitrógeno y oxígeno, y se genera un fenómeno conocido como dispersión de Rayleigh.

Durante el día, cuando el sol está alto, la luz recorre una distancia corta y se dispersan principalmente las longitudes de onda más cortas, las más energéticas, que son las azules y violetas, convirtiéndolas en las más abundantes en el cielo. Por eso en días soleados vemos el cielo de color azul.

Al atardecer, sin embargo, la luz atraviesa un espesor de atmósfera mucho mayor para llegar a nuestros ojos. En este trayecto tan largo, la luz azul se dispersa casi por completo antes de alcanzarnos, de manera que, al final del trayecto, solo sobreviven las ondas más largas: los tonos amarillos, naranjas y rojos. Y aunque la intensidad de los rayos UV-B disminuye cuando el sol está bajo, los UV-A –que constituyen el 95 % de la radiación UV que llega a la Tierra– siguen penetrando la atmósfera.

Gafas ISO 12312-2:2015 para una protección total

Para observar este fenómeno de forma segura, las gafas de sol con protección UV convencionales no sirven, por muy buenas que sean, ya que están diseñadas para la luz reflejada, la que rebota, y no para el impacto directo de la radiación solar. Tampoco son útiles las radiografías, los cristales ahumados, los CDs, los negativos fotográficos o el papel de aluminio: ninguno de ellos filtra el infrarrojo.

Por eso necesitamos recurrir a visores que cumplan la norma ISO 12312-2, los únicos que están homologados y garantizados para protegernos de todas las radiaciones peligrosas. Se fabrican con polímero negro, una resina de polietileno infusionada con partículas de carbono que absorbe el 99,99 % de la energía solar. Es común ver que estas gafas incluyen el número 2015 detrás (ISO 12312-2:2015), que hace referencia al año en que se actualizó la versión vigente de la norma.

Técnicamente, estas gafas tienen una densidad óptica 5 (OD 5). Esto significa que su factor de atenuación es tan alto que solo permiten el paso de una parte de cada 100 000 de la luz incidente (en la jerga, se habla una transmitancia del 0,001 %). Para hacernos una idea, son gafas 30 000 veces más oscuras que unas gafas de sol normales.

Existe una única y breve excepción a la regla de protección: la fase de totalidad. Solo cuando la luna cubra por completo el disco solar y aparezca la corona será 100 % seguro retirar las gafas para observar a simple vista el eclipse. Pero ojo porque esta fase dura poco, por lo que hay que extremar la precaución y volver a colocarnos las gafas en el instante en que reaparezca el primer punto de luz.

Que no nos timen con las gafas

Para verificar que las gafas que tenemos son adecuadas, no solo hay que localizar la norma ISO 12312-2:2015 y el marcado CE en la patilla. También deben aparecer el nombre y la dirección del fabricante, para evitar falsificaciones.

Es importante comprobar las gafas antes de usarlas: si al ponérnoslas podemos ver algo con ellas que no sea el sol (los muebles de casa, los árboles de la calle, etc.), son falsas. Con unas homologadas solo deberíamos ver el sol o una bombilla muy potente.

Usar gafas de más de 15 años no es aconsejable, ya que los materiales se degradan con el tiempo y perderían su efectividad. Si el filtro tiene un arañazo o agujero, también es desaconsejable utilizarlas, ya que ese pequeño impacto actuará como un láser que se dirigirá directamente a la retina.

Por otro lado, es esencial guardar las gafas en un estuche protector. Y evitar limpiarlas con líquidos o productos abrasivos que degraden el polímero.

Y en ningún caso se puede mirar a través de telescopios o prismáticos con gafas de eclipse puestas: las lentes de estos equipos actuarían como una lupa gigante para la luz, quemando el filtro en milisegundos y dejando pasar la luz directa al ojo. Si usamos estos equipos, que sea instalando en sus objetivos frontales unos filtros solares especiales.

Un colador, una cámara estenopeica y los cinco sentidos

Si no contamos con gafas que cumplan la norma, se pueden usar métodos de proyección indirecta. Por ejemplo, con un colador de la mano, nos ponemos de espaldas al sol y dejamos que la luz pase por los agujeros, proyectando la sombra hacia el suelo o una pared. Podremos ver cómo cada agujero proyecta un pequeño eclipse. Otra opción es usar una cámara estenopeica, en la que los rayos de luz atraviesan un pequeño agujero para formar la imagen dentro de una caja.

La NASA ha difundido un vídeo explicando cómo fabricar de forma casera una cámara estenopeica usando una caja de cereales, un trozo de papel, tijeras, cinta adhesiva y papel de aluminio. Los métodos de proyección son 100 % seguros y muy divertidos de fabricar con niños.

En cualquier caso, lo mejor es vivir el eclipse al completo, sintiendo cómo se refresca el aire cuando se esconde el sol, escuchando cómo los pájaros quedan en silencio y mirando cómo cambian los colores de repente alrededor de nosotros. En definitiva, disfrutar de la experiencia con todo el cuerpo, pero protegiendo los ojos para que sigan intactos para disfrutar, entre otras cosas, de muchos otros eclipses que están aún por llegar.

The Conversation

Conchi Lillo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Manual de supervivencia visual para el eclipse: qué hacer y qué no para mirar al sol – https://theconversation.com/manual-de-supervivencia-visual-para-el-eclipse-que-hacer-y-que-no-para-mirar-al-sol-283403

La cumbre de la OTAN confirma el apoyo a Ucrania, pero evidencia la asimetría de la relación transatlántica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel López Jiménez, Profesor de Derecho Internacional Público, Universidad Pontificia Comillas

Mijansk786/Shutterstock

La reciente Cumbre de Ankara de la OTAN (7 y 8 de julio) se ha ajustado al guión establecido si atendemos en el documento suscrito por los jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros. Más allá de la performance del atrabiliario presidente estadounidense, Donald Trump, impresentable desde la perspectiva diplomática e impredecible en su hoja de ruta, los objetivos marcados inicialmente se han suscrito.

La inversión en necesidades básicas para la defensa se incrementó durante el pasado año 2025 en 140 000 millones de dólares, con el anuncio de compras adicionales por un valor de 50 000 mil millones más. Estas inversiones van destinadas a la consecución de los objetivos planteados en numerosos ámbitos: inteligencia, defensa aérea y antimisiles. Todo ello en un único plan integrado, que incluye sistemas no tripulados y modelos que utilizan la IA en la interconexión en tiempo real del conjunto de efectivos militares sobre el terreno (nube de guerra transatlántica interoperable).

Este modelo le está dando a Ucrania unos resultados muy satisfactorios en los últimos meses del conflicto bélico con Rusia. La capacidad operativa se incrementa gracias a los denominados señuelos electrónicos y al corte del acceso ruso a _Starlink _.

Apoyo sostenido a Ucrania

Por lo que respecta a la continuidad del apoyo a Kiev –la declaración final de la cumbre confirma a Rusia como amenaza–, se consolida la aportación de 70 000 millones de dólares por parte de los aliados. Este aporte se basa, fundamentalmente, en el compromiso de la UE y en la compra de material bélico a Estados Unidos.

Asimismo, se sigue apoyando la soberanía e integridad territorial de Ucrania, algo difícilmente compatible con el último acuerdo de paz propuesto por el propio Trump para acabar con la agresión de Rusia.

El único elemento novedoso ha sido la promesa realizada por Trump (veremos como se sustancia) de conceder las licencias de fabricación de baterías antiaéreas Patriot para que Ucrania puede producirlas en su territorio. De hecho, esta concesión podría integrarse en el marco de una cooperación bilateral en la que Kiev tiene mucho que aportar a Estados Unidos. Concretamente, en todo lo relacionado con la tecnología, producción y diseño para la industria de los drones.

En el marco del conflicto que Trump mantiene con Irán, una intervención tan aventurada y poco meditada como de compleja conclusión, el único compromiso que ha conseguido arrancar a los aliados de la OTAN ha sido la petición de que Teherán respete la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. Es decir, volver a la situación previa al uso ilegal de la fuerza armada estadounidense.

Relaciones trasatlánticas

¿En qué punto se encuentran las relaciones transatlánticas en el marco de la OTAN y qué podemos esperar en el futuro?

Hay que recordar que este vínculo es solo uno de los que afectan a la mayoría de los Estados miembros de la organización regional (a excepción de Canadá y el Reino Unido, que no pertenecen a la Europa continental). Los otros vectores interconectados y afectados por las tensiones derivadas de la pulsión imperial de la actual administración estadounidense son la Unión Europea y cada uno de los socios de la OTAN, a partir de la relación bilateral con Estados Unidos.

El paraguas multilateral (tan denostado por Trump) ofrece una protección a los Estados miembros de la OTAN y la UE. Lo que nació como escudo frente a la agresión de terceros ha virado en redondo y ahora protege frente a la volatilidad del comportamiento errático del presidente estadounidense. Este puede pasar del insulto zafio al halago condescendiente en función de la subordinación expresa de los líderes (entendidos estos como súbditos) del resto de países aliados.

Cualquier escenario sobre la evolución de la OTAN durante lo que resta de mandato presidencial en Estados Unidos queda empañado por la figura omnipresente del líder y por una diplomacia que oscila entre el caos y la pandereta. La sombra de Trump desdibuja y trasciende a los objetivos de los miembros y aliados.

El nulo respeto por el ordenamiento jurídico internacional, como han demostrado las intervenciones en Venezuela y en Irán, las permanentes injerencias en la soberanía territorial de otros Estados (Groenlandia, Cuba, México) y la carrera por hacerse con el control de las “tierras raras” en competencia con China están redefiniendo unas relaciones asimétricas que impregnan al seno de la propia OTAN.

Trump ha escenificado en Ankara una soledad solo interrumpida por la compañía de su fiel escudero y secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y de Turquía, como Estado anfitrión. Sus demandas de apoyo a los aliados en su unilateralismo ilegal contra Irán, así como el uso de las bases militares conjuntas para estas acciones, colocó a cada uno de estos países en una posición incómoda.

Respaldar a Estados Unidos equivalía a convertirse en marionetas de la política exterior depredadora orquestada por Washington. La misma que se alinea coyunturalmente con Putin, Xi Jinping y Netanyahu, volviéndose cómplice de los crímenes de guerra y potenciales genocidios en curso.

Señales de agotamiento frente a la dependencia de EE.UU.

Los miembros de la OTAN tienen una dependencia extrema de Estados Unidos en materia de inteligencia, disuasión nuclear, capacidad industrial en la esfera militar (individual y conjunta), defensa antimisiles, facilitadores estratégicos, sistemas satelitales, mandos conjuntos, cultura estratégica y voluntad política. Pero también empiezan a evidenciar un agotamiento frente a esta dependencia e indicios de querer pasar de los discursos a los hechos para superarla. En concreto, Canadá ha dado la espalda a Estados Unidos adjudicando un contrato de suministro de 12 submarinos al grupo alemán TKMS, con posible intervención de la empresa española Navantia.

Hacer de la necesidad virtud no significa plegarse a la política “del palo y del palo” del principal sostenedor de la OTAN. En un ejercicio de política errática, las continuas amenazas e insultos de Trump hacia España se han traducido, paradójicamente, en el fortalecimiento de la presencia militar estadounidense en la base de Rota, con nuevos buques y efectivos humanos.

¿Qué deberíamos de pedir a la OTAN?

Reformular los objetivos de la alianza con criterios claros, fiables y realistas frente a los desafíos actuales no debe de servir únicamente para ganar tiempo en la construcción de esa autonomía estratégica al margen de Estados Unidos. Hay que pensar en el futuro. Afortunadamente, la Presidencia de Trump acabará y su concepto de una política exterior basada en un desmedido interés económico que arrincona a los supuestos aliados debería pasar a la historia como el recuerdo de una nefasta etapa en las relaciones transatlánticas y en la propia trayectoria de Estados Unidos.

The Conversation

José Ángel López Jiménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La cumbre de la OTAN confirma el apoyo a Ucrania, pero evidencia la asimetría de la relación transatlántica – https://theconversation.com/la-cumbre-de-la-otan-confirma-el-apoyo-a-ucrania-pero-evidencia-la-asimetria-de-la-relacion-transatlantica-287214

El Mundial como ‘guerra sin disparos’: ¿cómo influyen las metáforas en nuestra manera de vivir el fútbol?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Conde Rubio, Investigador predoctoral en formación en el área de Lengua Española, Universidad Carlos III

Inauguración del Mundial de 2026 en el estadio Azteca de Ciudad de México. Omar David Sandoval Sida/Wikimedia Commons, CC BY-NC-SA

Para cualquier aficionado al fútbol, incluso para quienes, sin serlo, siguen las vicisitudes del Mundial, que los comentaristas deportivos y los medios de comunicación se refieran al terreno de juego como un campo de batalla donde hay líneas defensivas, pugnas y estrategias no es ninguna sorpresa. De hecho, la mayoría ni pensamos en ello.

Este tipo de metáforas frecuentes entorno a las competiciones deportivas en general y el Mundial futbolístico en particular parecen obvias y naturales. Pero su uso tiene un efecto más allá de la comprensión de lo que está pasando en cada partido. Es decir, las palabras con las que se nos cuentan los partidos afectan a cómo nuestro cerebro afronta cada eliminatoria.

En su libro Metáforas de la vida cotidiana (1980), George Lakoff y Mark Johnson propusieron una idea que revolucionó la forma de entender el lenguaje y el pensamiento: no solo usamos metáforas como recurso poético, sino que pensamos y actuamos a través de ellas.

Que el lenguaje condiciona el pensamiento no es solo una teoría filosófica. Investigaciones recientes demuestran, por ejemplo, que si a un grupo de personas se les describe el aumento de la criminalidad de su ciudad como una bestia salvaje, tienden a proponer soluciones punitivas (más policía y cárceles). Sin embargo, si ante los mismos datos exactos se les describe el crimen como un virus, los participantes proponen soluciones sociales y preventivas (más educación y sanidad).

El partido como batalla

El cerebro humano busca coherencia en el marco metafórico que se le presenta. En el caso del fútbol, el vocabulario deportivo que consumimos a diario altera nuestra reacción ante lo que vemos en el campo.




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El escritor George Orwell ya habló de las competiciones deportivas como “guerras sin disparos”. Cuando un partido de fútbol se presenta como una batalla en la que hay que vencer al rival, nuestro cerebro asume inconscientemente los roles de ese escenario: el equipo contrario deja de ser un grupo de compañeros de profesión para convertirse en el “enemigo”; el campo no es una zona de recreo, sino un campo de batalla donde hay líneas defensivas, pugnas y estrategias.

Esta estructura mental legitima comportamientos que en otro contexto serían inaceptables. La hostilidad en las gradas o la agresividad en el campo aparecen bajo el paraguas de la “defensa de los nuestros”. No es solo vocabulario: es un filtro cognitivo que determina nuestra respuesta emocional ante una victoria o una derrota.

El delantero de la selección portuguesa Cristiano Ronaldo y el jugador croata Luka Modric disputan un balón.
El delantero de la selección portuguesa Cristiano Ronaldo y el jugador croata Luka Modric disputan un balón.
Fanny Schertzer. Wikimedia Commons., CC BY-SA

En el plano social, un Mundial funciona como el simulacro perfecto de un conflicto mundial. Los equipos operan como ejércitos regulares respaldados por banderas, himnos y fronteras.

Al adoptar este lenguaje bélico, el fútbol canaliza instintos tribales y nacionalistas muy profundos. Nos identificamos con los equipos nacionales por una cuestión de supervivencia simbólica de nuestra identidad. Por eso una derrota en un Mundial se llora como una tragedia nacional y una victoria saca a millones de personas a celebrar en las calles; el lenguaje nos ha convencido de que estaba en juego el honor del país.

El campo de fútbol como tribunal

Recurrir a la terminología judicial para hablar de un partido de fútbol introduce una dimensión moral. En el plano cognitivo, estamos convirtiendo el terreno de juego en un tribunal de justicia. Bajo este marco mental, una falta no es un simple lance del juego, sino un delito que exige un castigo o una pena máxima (el penalti).




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Esta metáfora explica la intensidad de nuestras reacciones: cuando el árbitro se equivoca en contra de nuestro equipo no sentimos que hayamos tenido mala suerte, sino que hemos sido víctimas de una injusticia. La reciente incorporación del VAR (el videoarbitraje) no ha hecho más que reforzar esta idea, actuando como una especie de “Tribunal Supremo tecnológico” al que se apela buscando una verdad objetiva e inapelable.

Un juez de línea levanta el banderín por fuera de juego.
Un juez de línea levanta el banderín por fuera de juego.
Darz Mol. Wikimedia Commons, CC BY-SA

El equipo como un edificio

En los últimos años, las retransmisiones se han llenado de equipos que construyen desde atrás, de paredes para romper líneas —tirar túneles es para los más habilidosos— y de muros infranqueables de equipos que han puesto el autobús, metáfora tan visual como el catenaccio italiano o el cerrojazo español.

Los propios jugadores también tienen su papel dentro de la obra. Por eso, los jugadores más importantes son considerados los pilares fundamentales del equipo. Y para evitar que el equipo se desmorone, es necesario contar con centrocampistas destructores que presionen en la fase de construcción del rival.




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La elección de estas metáforas arquitectónicas e industriales tampoco es azarosa; refleja a la perfección cómo se ha intelectualizado y racionalizado el deporte moderno. Al hablar de un equipo en términos de muros, pilares, bloques o fases de construcción, estamos transformando lo que originalmente era un juego de calle, caótico y espontáneo, en una obra de ingeniería donde todo debe estar hipercalculado.

Bajo esta perspectiva, el entrenador deja de ser un simple alineador para convertirse en el arquitecto del equipo. Como daño colateral, esta metáfora tiende a deshumanizar a los jugadores: ya no son individuos expresándose con un balón, sino piezas que deben encajar en un engranaje o los cimientos que sostienen el sistema.

¿Y si el fútbol fuera una sinfonía?

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué ocurriría si decidiéramos cambiar las metáforas con las que narramos el fútbol. Si realmente el lenguaje moldea el pensamiento, cambiar nuestras palabras modificaría nuestra forma de experimentar un Mundial.

Imaginemos que adoptamos la metáfora del fútbol como una sinfonía. En lugar de ataques, hablaríamos de coreografías o movimientos. Los jugadores no serían arietes ni destructores, sino solistas o directores de orquesta. Un regate no sería una humillación al enemigo, sino una floritura compartida.

Las implicaciones psicológicas y sociológicas de este cambio de vocabulario serían profundas, pues ambos equipos pasarían a ser colaboradores necesarios para que la obra maestra pudiera existir; después de todo, sin un conjunto que dé una buena réplica, el partido no es más que un ensayo vacío.

Si asimiláramos este vocabulario, nuestra percepción cambiaría radicalmente: aplaudiríamos las buenas jugadas del rival porque enriquecen la sinfonía global, la agresividad en las gradas perdería todo su sentido y la frustración por la derrota se transformaría, simplemente, en la melancolía de una obra que ha llegado a su fin.

The Conversation

Rubén Conde Rubio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El Mundial como ‘guerra sin disparos’: ¿cómo influyen las metáforas en nuestra manera de vivir el fútbol? – https://theconversation.com/el-mundial-como-guerra-sin-disparos-como-influyen-las-metaforas-en-nuestra-manera-de-vivir-el-futbol-287073

Los Gallardos: la gravedad de algunos incendios ya no se mide en hectáreas, sino en vidas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Medina Morales, Profesor de Geografía, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Coches calcinados por el incendio que tuvo lugar en Los Gallardos (Almería) el 9 de julio de 2026. RTVE

El incendio de Los Gallardos (Almería) ocurrido el pasado 9 de julio ha provocado una tragedia de enorme impacto humano y social. Más allá de las cifras provisionales de fallecidos, desaparecidos y heridos, y de las circunstancias concretas del suceso, que deberán ser aclaradas por la investigación oficial, esta tragedia plantea una pregunta de mayor alcance: ¿seguimos utilizando los indicadores adecuados para medir la gravedad de los incendios forestales?

Tradicionalmente, el balance de una campaña se ha basado principalmente en el número de incendios registrados, la superficie quemada y la capacidad de los servicios de extinción para controlar las llamas. Estos indicadores siguen siendo imprescindibles, pero resultan insuficientes cuando el fuego alcanza territorios habitados y pone en peligro directamente a la población.

En un contexto de cambio climático y estrés territorial, el objetivo principal de la gestión de una emergencia ya no está únicamente en apagar el incendio a través de la suma de medios técnicos, sino en que no haya víctimas mortales.

Andalucía venía de campañas favorables

Los datos oficiales del Plan INFOCA, el instrumento de la Junta de Andalucía para la defensa contra los incendios forestales, muestran que esta comunidad ha mantenido durante el último quinquenio una capacidad de respuesta operativa elevada.

Entre 2021 y 2025, el número de intervenciones forestales osciló entre las 613 y las 876 anuales, sin una tendencia claramente creciente. Del mismo modo, el porcentaje de conatos se mantuvo en valores elevados, entre el 75,5 % y el 82 %. Esto significa que aproximadamente cuatro de cada cinco incendios fueron controlados antes de superar una hectárea.

La evolución de la superficie afectada, sin embargo, presenta una variabilidad mucho mayor. Mientras que en 2023 apenas se quemaron 1 827 hectáreas, en 2022 se superaron las 15 500 debido a varios grandes incendios forestales que concentraron la mayor parte de la superficie afectada.

Este comportamiento pone de manifiesto una realidad ampliamente observada en los incendios mediterráneos: el riesgo no viene determinado por un aumento continuado del número de incendios sino por la aparición de unos pocos incendios de comportamiento extremo, capaces de generar gran parte de los daños ambientales, económicos y sociales de cada campaña. Una tendencia que también hemos identificado en nuestras investigaciones sobre la evolución de los incendios forestales en Gran Canaria.

En este contexto, el fuego en Los Gallardos no debe interpretarse automáticamente como la consecuencia de una falta generalizada de medios de extinción. La investigación oficial deberá esclarecer cómo evolucionó el incendio y qué factores condicionaron su desarrollo. Lo que sí podemos afirmar es que la creciente complejidad de estos grandes incendios obliga a complementar la capacidad de extinción con una mayor atención a la vulnerabilidad del territorio, la planificación de las evacuaciones y la comunicación del riesgo para proteger a la población.




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Cuando el territorio cambia las consecuencias

En Los Gallardos encontramos una configuración territorial diferente. El paisaje combina vegetación natural, matorral, parcelas agrícolas, caminos rurales, urbanizaciones y viviendas aisladas. No estamos únicamente ante un incendio que avanza por una superficie forestal, sino ante un fuego que puede entrar directamente en los lugares donde vive la población.

Desde la geografía denominamos interfaz urbano-forestal a los espacios en los que las viviendas, las carreteras, los jardines, los cultivos y el monte aparecen mezclados. En estas zonas, gestionar la emergencia no consiste solo en detener las llamas. También hay que localizar a personas distribuidas en un territorio disperso, hacerles llegar instrucciones claras y organizar evacuaciones por una red viaria que puede ser limitada, desconocida o quedar rápidamente comprometida.

La dispersión residencial multiplica la complejidad. Evacuar un núcleo urbano compacto no es lo mismo que proteger viviendas aisladas conectadas mediante caminos secundarios, pistas rurales o accesos privados.

Comunicar no es únicamente enviar una alerta

La comunicación del riesgo adquiere aquí un peso decisivo. Las herramientas de alerta permiten hacer llegar un aviso a miles de personas en pocos segundos. Sin embargo, recibir una alerta no garantiza que la población adopte la conducta más segura.

Esta idea coincide con los resultados obtenidos en nuestras investigaciones sobre la implantación de ES-Alert, el sistema de alerta a la población ante emergencias graves (como incendios o inundaciones) en España. El estudio mostró que, aunque el sistema fue ampliamente aceptado por la población, una parte significativa de los participantes consideró que los mensajes podían ser más claros y manifestó que su respuesta dependería del tipo de emergencia. Esto pone de relieve que la eficacia de una alerta no depende únicamente de su difusión, sino también de cómo es comprendida e interpretada por quienes la reciben.

Este reto es todavía mayor en territorios donde conviven población local, residentes extranjeros, turistas y personas que desconocen la red de carreteras o los procedimientos de protección civil. Los mensajes deben ser sencillos, accionables, coherentes y, cuando resulte necesario, difundirse en diferentes idiomas.

Un mismo aviso, respuestas diferentes

Antes de actuar, las personas se formulan preguntas, aunque sea de manera inconsciente: ¿el peligro es realmente grave?, ¿me afecta a mí?, ¿tengo tiempo para marcharme?, ¿es más seguro quedarme?, ¿puedo abandonar mi vivienda?, ¿por dónde debo salir? Estas decisiones se producen bajo presión, con información incompleta y en un periodo de tiempo muy reducido.

Esta cuestión también aparece en investigaciones desarrolladas por nuestro grupo y presentadas en el Congreso Internacional de Riscos de Portugal. Estos trabajos ponen el foco en la relación entre la percepción del peligro, la interpretación de la información oficial y la adopción de conductas de autoprotección.

Por eso, la eficacia de una alerta no debe evaluarse únicamente comprobando si el mensaje fue enviado o recibido. También hay que estudiar si fue comprendido, si generó confianza y cuánto tiempo transcurrió hasta que la población actuó.




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Preparar a la población antes del incendio

La comunicación durante la emergencia es esencial, pero comienza mucho antes de que aparezca el fuego. La población debe conocer previamente los riesgos del territorio, las rutas de evacuación y las conductas básicas de autoprotección.

Esto requiere cartografiar las viviendas dispersas, planificar evacuaciones, realizar simulacros, identificar a las personas especialmente vulnerables y adaptar los mensajes a los distintos perfiles sociales y culturales.

Los incendios forestales seguirán exigiendo inversión en prevención, gestión del territorio y medios de extinción. Pero también es necesario dedicar más atención al comportamiento humano.

Todavía debemos esperar a que la investigación oficial determine qué ocurrió en Los Gallardos. No sería responsable anticipar fallos ni señalar responsabilidades. Sin embargo, la tragedia ya nos recuerda una lección fundamental: un incendio no se mide únicamente por las hectáreas que quema, sino también por las personas que pone en peligro y por la capacidad del sistema para ayudarlas a tomar decisiones seguras.

The Conversation

Fernando Medina Morales no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Los Gallardos: la gravedad de algunos incendios ya no se mide en hectáreas, sino en vidas – https://theconversation.com/los-gallardos-la-gravedad-de-algunos-incendios-ya-no-se-mide-en-hectareas-sino-en-vidas-287390

La selección: terremoto en Venezuela

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elba Astorga, Editora de Economía, The Conversation

Un rescatista trabaja en el lugar donde se derrumbó un edificio tras los fuertes terremotos mientras continúan las operaciones de búsqueda, rescate y recuperación en La Guaira. ttanni/Shutterstock

“Qué triste está la ciudad, perdida ya de su fe, pero destruida será el día de San Bernabé. Quien lo viviere lo verá”. Con esa tétrica cantinela, el mendigo caraqueño Raposanta anunciaba, en los primeros meses de 1641, la próxima destrucción de la capital de la entonces Capitanía General de Venezuela. Llegó el 11 de junio, día de San Bernabé, y cuentan las crónicas que:

“Entre las ocho y media y las nueve de la mañana, tembló la tierra grandemente e hizo en esta ciudad de Santiago de León de Caracas y en su puerto de La Guaira un destrozo miserabilísimo. No hubo casa, una ni ninguna, que no viniese totalmente al suelo o no hiciese tan grande sentimiento que se pueda en muchos tiempos vivir. La iglesia mayor se abrió por diferentes partes, (…) cayó parte de la iglesia del convento de Las Monjas, cayó casi toda la iglesia de San Francisco…”.

Ese fue el primer terremoto documentado en la ciudad de Caracas, con 74 años de fundada, y se estima que tuvo una magnitud de entre 7,5 y 8.

El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo, se concatenaron tres tremendas sacudidas sísmicas en tres puntos distintos del país en lo que se conoce como el Terremoto de Venezuela. Ocurrido en plena guerra de Independencia, hubo quien adujo que se trataba de un castigo divino por intentar subvertir el orden establecido desde España. Ha quedado para los libros de historia la imagen de Simón Bolívar encaramado sobre los escombros arengando a las gentes:

“Si la Naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

Se estima que la magnitud de esos tres seísmos fue de entre 6,2 y 7.

Pintura en la que muchas personas se lamentan sobre los restos de otros seres humanos.
Oleo sobre tela Terremoto de 1812, del pintor venezolano Tito Salas.
Wikimedia Commons

El último gran terremoto de Caracas, antes del 24-J, ocurrió el 29 de julio de 1967. De magnitud 6,6, hizo colapsar varios edificios en la capital y La Guaira, y hubo 240 fallecidos.

A las 18.04 horas del 24 de junio de 2026, día de San Juan y aniversario de la batalla de Carabobo (1821), la más importante en la guerra de Independencia de Venezuela, volvió a moverse el suelo venezolano. Dos grandes terremotos, de 7,2 el primero y 7,5 el segundo, sacudieron la tierra durante tres minutos eternos. Todos hemos sido testigos, en vivo o vía redes y pantallas desde cualquier lugar del mundo, del grado de destrucción alcanzado. A dos semanas del terremoto ya hay más 3 800 personas muertas y cerca de 17 000 heridas. Y, aunque no hay estimaciones oficiales del número de desaparecidos, se llega a hablar de en torno a los 50 000.

El norte de Venezuela es una de las regiones con mayor actividad sísmica del norte de América del Sur porque allí confluyen la placa del Caribe y la de Sudamérica.

Haití (que sufrió un enorme seísmo en 2010) al norte y Venezuela al sur están situados en los límites de ambas placas, que se mueven lateralmente en una falla de cizalla: una fractura en la corteza terrestre donde dos bloques de roca se desplazan horizontalmente uno respecto al otro, en direcciones contrarias.

La cuestión es que el grueso de la población de Venezuela se concentra en los estados de la franja norte del país, por lo que en ellos conviven vulnerabilidad sísmica y densidad de población.

La magnitud del desastre es tal que se ha decretado el estado de emergencia a escala nacional y La Guaira ha sido calificada “zona de desastre”, por la cantidad de viviendas derrumbadas e infraestructuras colapsadas. Además, los daños han obligado al cierre del aeropuerto de Maiquetía, el más importante del país.

La cuestión que se plantea ahora es cuál es la calidad real, cómo es el mantenimiento y qué condiciones de uso tienen las construcciones en Venezuela. En La Guaira y en Caracas, decisiones de construcción discutibles, ampliaciones informales y ausencia de programas sostenidos de mantenimiento han provocado el colapso de muchas infraestructuras en este gran terremoto de 2026.

Ante esta tragedia, hemos visto desde muy pronto la movilización de la ciudadanía venezolana: desde los primeros rescates improvisados y sin medios a las pocas horas de los derrumbes pasando por la organización de cocinas colectivas, la recaudación de insumos, el transporte de medicamentos y materiales. Esta enorme movilización no ha ocurrido solo dentro del territorio venezolano: también han participado los miembros de la diáspora venezolana, casi 8 millones de personas que en la última década se vieron obligadas a abandonar el país por razones políticas o de pobreza y falta de oportunidades.

La reconstrucción del país será una tarea de la patria global o no será. Una característica fundamental de la Venezuela de 2026 es que su sociedad ya no coincide con su territorio sino que lo sobrepasa.

Sin embargo, no nos engañemos: en estas dos semanas no todo ha sido bondad. En las zonas afectadas por los seísmos se han producido robos y saqueos. En medio del caos, han coincidido tres elementos esenciales para que se produzca un delito: infractores motivados, objetivos valiosos y accesibles, y la ausencia de guardianes eficaces y control social. Así, el caos elimina la barrera del riesgo y maximiza la oportunidad de beneficio: el espacio público, antes regulado, se convierte temporalmente en un escenario de total impunidad.

A más de dos semanas de los terremotos del día de San Juan, se abre el largo camino hacia la recuperación de la confianza y la reconstrucción de las regiones afectadas. La ayuda humanitaria seguirá siendo necesaria y vale la pena conocer las distintas opciones disponibles para decidir cómo ayudar a Venezuela desde España de forma segura, responsable y eficaz.

The Conversation

– ref. La selección: terremoto en Venezuela – https://theconversation.com/la-seleccion-terremoto-en-venezuela-287150

Por qué seguimos pensando que nuestra vida es una ‘odisea’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Sevilla-Vallejo, Profesor Contratado Doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura, Universidad de Salamanca

Matt Damon como Ulises y Zendaya como Atenea en la última adaptación de la _Odisea_. Universal Pictures

Cuando Christopher Nolan estrene su versión de la Odisea, millones de espectadores volverán a encontrarse con cíclopes, naufragios, sirenas y dioses caprichosos. Sin embargo, la verdadera razón por la que el poema de Homero sigue fascinándonos casi tres mil años después quizá no tenga que ver con sus monstruos ni con sus aventuras. Su legado más profundo podría ser otro: enseñarnos a interpretar nuestra propia vida como una historia.

Último tráiler oficial de la Odisea de Nolan.

Hoy es habitual escuchar expresiones como “he aprendido de mis errores”, “esa experiencia me cambió para siempre”, “necesitaba encontrar mi camino” o “ya no soy la misma persona que era entonces”. Todas ellas comparten una idea aparentemente sencilla: que la vida tiene una dirección y que las experiencias contribuyen a transformarnos. Sin embargo, esta forma de comprender la existencia no es universal ni inevitable. Es también una construcción cultural. Y una de sus raíces más influyentes se encuentra en la Odisea.

El primer gran relato de transformación

A diferencia de la Ilíada, centrada en la guerra y la gloria heroica, la Odisea cuenta un regreso. Ulises desea volver a su hogar, Ítaca, después de la guerra de Troya, pero el viaje se prolonga durante años. En el camino pierde compañeros, comete errores, supera peligros y se enfrenta continuamente a situaciones que ponen a prueba quién es. La historia no trata únicamente de llegar a casa. Trata de convertirse en alguien capaz de regresar. Por eso muchos estudiosos consideran que la Odisea inauguró un modelo narrativo extraordinariamente duradero: el del personaje que abandona su mundo conocido, atraviesa una serie de pruebas y regresa transformado por la experiencia.

Desde entonces, innumerables relatos han reproducido esta estructura. La encontramos en novelas, películas, series y videojuegos. También aparece en historias tan diferentes como El Señor de los Anillos, Harry Potter, Star Wars o muchos videojuegos de aventuras contemporáneos. Pero su influencia va más allá de la ficción.

Cuando contamos nuestra vida como un viaje

Durante las últimas décadas, diversas investigaciones sobre identidad narrativa han mostrado que las personas construyen parte de su identidad mediante relatos sobre sí mismas.

Pintura en la que un hombre de barba blanca habla, de pie, ante un hombre más joven agachado que lo mira.
Tiresias le cuenta a Ulises cómo será su futuro, en un cuadro de Henry Fuseli.
Albertina/Google Art Project

El psicólogo Dan McAdams propuso que no solo tenemos recuerdos o rasgos de personalidad: también elaboramos narraciones que ayudan a dar coherencia y significado a nuestra experiencia. Cuando alguien explica cómo superó una enfermedad, cómo cambió tras una ruptura o qué aprendió de una etapa difícil, suele organizar esos acontecimientos siguiendo estructuras narrativas reconocibles.

Y una de las más poderosas es precisamente la que encontramos en la Odisea. Las dificultades dejan de ser simples obstáculos para convertirse en pruebas. Los errores pasan a formar parte de un aprendizaje. El sufrimiento adquiere sentido porque contribuye a una transformación personal. La vida comienza a interpretarse como un recorrido. No es casualidad que palabras tan populares hoy como “crecimiento personal”, “resiliencia” o “desarrollo” remitan, de una u otra forma, a la idea de un viaje.

El regreso importa más que la aventura

Hay un aspecto especialmente llamativo en el poema homérico. Ulises no regresa siendo exactamente la misma persona que partió, pero tampoco se convierte en alguien completamente diferente.

La transformación consiste en integrar las experiencias vividas sin perder la propia identidad. Este equilibrio sigue siendo una de las grandes preguntas humanas. Cambiamos constantemente: estudiamos, trabajamos, nos enamoramos, perdemos seres queridos, atravesamos crisis y descubrimos nuevas facetas de nosotros mismos. Sin embargo, seguimos sintiendo que existe una continuidad entre quienes fuimos y quienes somos. La identidad narrativa intenta explicar precisamente ese fenómeno.

Según diversos estudios en psicología y ciencias humanas, las personas no recordamos simplemente hechos aislados: los conectamos, les atribuimos significado y los incorporamos a una historia sobre quiénes somos. Gracias a ello, experiencias muy distintas pueden formar parte de una misma trayectoria vital.

La Odisea ofrece uno de los primeros modelos culturales para resolver ese desafío. El viaje de Ulises no solo representa una sucesión de aventuras, sino un proceso de interpretación de la experiencia. Cada encuentro, cada pérdida y cada obstáculo contribuyen a redefinir la relación del personaje con los demás y consigo mismo. Lo importante no es únicamente lo que le ocurre, sino cómo esas vivencias terminan integrándose en la persona que llega a Ítaca.

Pintura en la que se ve un barco con hombres remando y otro atado a un mástil que observa a unas mujeres que se esconden tras un árbol.
Ulises intentando evitar escuchar el canto de las sirenas, según Otto Greiner.
Bridgeman Art Library

Quizá por eso seguimos identificándonos con este relato. La mayoría de nosotros no lucharemos contra cíclopes ni escucharemos el canto de las sirenas, pero todos intentamos comprender qué significado tienen las pruebas que hemos atravesado y qué papel desempeñan en la historia de nuestra vida. Como Ulises, buscamos una forma de regresar a nosotros mismos después del cambio.

Lo que quizá vivamos de nuevo con la Odisea de Nolan

Cuando la nueva adaptación llegue a los cines, es probable que la conversación pública se centre en los efectos visuales, el reparto o la fidelidad al texto clásico.

Pero existe otra lectura posible. Quizá la vigencia de la Odisea no dependa tanto de sus aventuras extraordinarias como de algo mucho más cercano. Seguimos regresando a ella porque habla de una experiencia que todos compartimos: la necesidad de dar sentido a nuestra vida mediante historias.

Tres mil años después, seguimos buscando nuestra Ítaca. Seguimos enfrentándonos a pruebas que nos cambian. Y seguimos intentando responder a la misma pregunta que acompaña a Ulises durante todo su viaje: quiénes somos después de todo lo que nos ha ocurrido.


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The Conversation

Santiago Sevilla-Vallejo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué seguimos pensando que nuestra vida es una ‘odisea’ – https://theconversation.com/por-que-seguimos-pensando-que-nuestra-vida-es-una-odisea-285011