Más allá de ‘la charla’: la educación sexual depende de todos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Teresa Vélez Barquilla, Personal investigador en Global Education: investigación de nuevos escenarios para la ciudadanía global, Universidad de Cantabria

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Ninguna generación tuvo tanto acceso a información. Sin embargo, esto no ha mejorado nuestro bienestar emocional ni relacional. Tener el mundo en la palma de la mano no garantiza construir relaciones sanas, poner límites, reconocer las emociones, comprender el consentimiento…

El acceso a tanta información ha generado, de hecho, una contradicción: circulan más mensajes que nunca, pero faltan herramientas para interpretarlos críticamente, dotarlos de sentido y convertirlos en aprendizajes para la construcción de vínculos saludables.

Una charla puntual en el aula difícilmente puede contrarrestar el aprendizaje informal y constante que genera la pornificación digital, concepto de la experta española Mónica Alario, que señala cómo lo pornográfico se ha filtrado en la cultura digital.

El currículum sexual invisible

La sexualidad se construye a través de múltiples fuentes y estímulos. No se aprende solo cuando un adulto toma la palabra; se construye en los silencios, en la incomodidad percibida ante ciertos temas o en los comentarios cotidianos que escuchamos en casa, en la escuela y en los medios.

Encontramos modelos de relación en series, películas y redes sociales, donde la empatía se diluye frente a la lógica del consumo. En plataformas como Instagram o TikTok las relaciones se exhiben como escaparates: gestos de cariño convertidos en contenido o rupturas narradas para atraer visitas. Esa lógica de exposición también moldea las primeras nociones sobre la sexualidad.




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Este flujo de contenidos facilita un acceso temprano a la pornografía, cuyos contenidos están alejados del cuidado mutuo y del consentimiento y sostenidos por dinámicas de violencia y explotación sexual.

Expectativas y sobreestimulación

Todo ello está acompañado de una narrativa diseñada para la sobreestimulación cerebral, que moldea las expectativas de los más jóvenes y condiciona su respuesta neurológica mucho antes de su primera experiencia física.

Y, sin duda, el aprendizaje también viene de cómo reacciona la sociedad ante sucesos de violencia sexual. Cuando los medios de mayor alcance cuestionan a la víctima o analizan qué hacía, están lanzando un mensaje pedagógico muy potente. Esta narrativa de burla o sospecha cala muy hondo porque les enseña a desconfiar y a perpetuar el silencio en lugar de fomentar el cuidado.

La paradoja de la supervisión

Es común que familias y profesorado se señalen entre sí cuando algo falla. Las familias se sienten desbordadas por el mundo digital y las escuelas sienten que no pueden asumir más carga educativa.

Parece que, por mucho que vigilemos el dispositivo o demos una charla en clase, no es suficiente. Y aquí es donde aparece lo que podemos denominar la paradoja de la supervisión. Creer que blindar el entorno doméstico protege al menor.




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En un mundo hiperconectado, la educación de un adolescente depende de lo que consumen y comparten sus amistades. De poco sirve que un joven no tenga móvil si en su grupo de iguales el código de conducta lo marca el último vídeo viral o el porno.

Al entender que el problema es del entorno y no de la familia a nivel individual, la culpa se transforma en una responsabilidad compartida.

‘Mi hijo no hace eso’

En mis talleres con familias, escucho a menudo una frase: “Mi hijo no ve esas cosas, no le dejo el móvil”. Ante esto, mi respuesta es siempre doble.

Primero, que la educación sexual debe ser para todas las personas: para quienes cuentan con un entorno presente, pero también para quienes no lo tienen. Si la dejamos en manos de cada familia, reproducimos desigualdades y dejamos fuera a quienes viven en silencio o desinformación. En un mismo aula puede haber adolescentes que hablan abiertamente sobre límites y consentimiento y otros que nunca han tenido ese espacio. La educación sexual debe garantizar que nadie dependa de su suerte o de su contexto para acceder a herramientas de cuidado.

Segundo, debemos entender que estos chicos y chicas se relacionan entre sí y se influyen. Ninguna familia es una isla.

Un ejemplo claro lo vemos en las chicas: aunque consumen menos porno, su sexualidad está influida por él. Sus deseos y prácticas se construyen en relación con chicos que sí han educado su mirada desde ese modelo.

Protegernos juntos

La organización social actual, marcada por el individualismo, nos aleja de la comunidad y nos hace delegar la responsabilidad en “otros”: la escuela, la tecnología o las familias. La violencia que vemos en la sexualidad es un reflejo de nuestra sociedad, no solo de quienes la ejercen.

Para ello, debemos entender que la educación sexual no ocurre en una burbuja, sino en un tejido social donde cada hilo cuenta. Una sesión puntual en la escuela puede profundizar en el consentimiento, pero lo que realmente sostiene ese aprendizaje es lo que ocurre fuera del aula: en la familia y en los entornos informales donde los jóvenes socializan; lo que circula en redes y lo que transmitimos los adultos en el ámbito digital. La sexualidad se aprende sobre todo ahí, en lo cotidiano. Los adultos somos responsables de los modelos de relación que mostramos.

Más allá del entorno doméstico

El reto está en comprometernos con el desarrollo saludable de todos: no solo de nuestros hijos, sino también de sus amistades y de cualquier menor que pasa gran parte de su tiempo en entornos digitales.

Preguntémonos qué discursos circulan, qué imaginarios se normalizan, qué herramientas tienen los jóvenes. Ayudémosles a acceder de manera progresiva a la autonomía digital antes de que aparezcan los conflictos y acompañémosles en el uso. Esto obliga a los adultos a conocer códigos, lenguajes y plataformas –por ejemplo, cómo funcionan TikTok, Twitch o Instagram–, a no intervenir desde titulares virales o alarmas descontextualizadas y a hablar sobre vínculos, poder, intimidad, exposición, responsabilidad…

Necesitamos entornos –familiares, escolares, comunitarios y digitales– donde los jóvenes puedan comprenderse, expresarse y pedir ayuda. Cuando toda la sociedad se implica, la sexualidad deja de estar marcada por la lógica del consumo y puede vivirse desde el respeto.

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María Teresa Vélez Barquilla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El póster científico: una propuesta sencilla con multitud de beneficios para el aprendizaje

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María José Madrid Martín, Profesora del área de Didáctica de la matemática, Universidad Pontificia de Salamanca

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¿Se imagina resumir en un solo vistazo el contenido de un artículo científico? ¿Explicar meses de investigación de forma clara, visual y comprensible para cualquiera?

El reto se vuelve aún mayor cuando el tema es complejo: explicar qué es la neuropsicología y cómo aplicarla en educación, diseñar un programa de intervención para estudiantes con dificultades en lectura o presentar estrategias para favorecer el desarrollo de la competencia matemática en estudiantes con discalculia. Y hacerlo en un soporte físico de 70 x 120 centímetros.

Esta propuesta pedagógica puede sorprender en un contexto tan digitalizado como el actual, pero lejos de resultar antigua o anacrónica, permite convertir el aula en un espacio de exposición, diálogo y construcción compartida del conocimiento favoreciendo la capacidad de síntesis, la organización visual de la información o la comunicación oral. Además, potencia el desarrollo de habilidades transversales como el pensamiento crítico, el trabajo en equipo o la competencia investigadora.

Una propuesta visual que obliga a pensar

El póster académico obliga a presentar la información de manera clara, visual y concisa para que el contenido pueda entenderse con un solo vistazo. A diferencia de una exposición oral más tradicional, el póster permanece expuesto en el aula y puede analizarse con calma, al ritmo de cada persona, atendiendo la diversidad de capacidades en un aula.

Captar la esencia de un trabajo completo en un único formato visual nos obliga a centrarnos en los aspectos más importantes. En el ámbito académico, es una manera eficaz para presentar resultados, generar discusión y recibir retroalimentación.

El aula como congreso científico

Nuestra experiencia se desarrolló en una asignatura del grado en maestro en educación primaria. El reto planteado al alumnado fue en primer lugar, elegir un artículo científico relevante relacionado con la asignatura. A continuación, analizarlo y transformarlo en un póster académico que posteriormente deberían defender públicamente antes sus pares, simulando un congreso.

El proceso implicaba varias fases: búsqueda del documento en una base de datos como Scopus o Web of Science considerando los contenidos de la asignatura. Para evitar que se duplicaran los artículos seleccionados, se creó una wiki en la que fueron poniendo los datos del texto elegido. Para elaborar el póster, era necesario llevar a cabo una lectura comprensiva, identificar los objetivos y la metodología, seleccionar los resultados relevantes y realizar una síntesis de conclusiones.

Lo verdaderamente transformador ocurrió después. Durante las sesiones de exposición, el aula cambió de dinámica. El formato generó un clima de escucha activa y debate académico poco habitual en las clases tradicionales.

Al permanecer expuestos simultáneamente en el aula, los trabajos permitieron comparar enfoques, establecer conexiones entre investigaciones y generar una visión más global del conocimiento. El aprendizaje dejó de ser individual y fragmentado para convertirse en colectivo y relacional.

Profundización y apropiación

Los resultados fueron reveladores. El alumnado manifestó un aumento claro del interés por la asignatura y una percepción elevada de aprendizaje. Especialmente valoraron que la actividad les obligara a profundizar en un tema concreto y a comprender la estructura real de un artículo científico, algo que consideraban últil para futuros trabajos académicos.

La actividad de creación y exposición del póster ha incrementado el interés por la asignatura: en una escala del 1 al 5 se obtiene un resultado de 4,3. A su vez, la pregunta de si las exposiciones de los distintos temas realizadas por los estudiantes han permitido ampliar los conocimientos de la asignatura obtuvo una valoración de 4,42.

Más allá de las cifras, lo más significativo fue el cambio en la actitud: pasaron de estudiar contenidos para reproducirlos en un examen a apropiarse de ellos para explicarlos y defenderlos.

Un recurso con potencial inclusivo

El póster, además, introduce un elemento de inclusión poco visible, pero muy relevante. Al combinar información visual, síntesis escrita y explicación oral, activa distintos canales de aprendizaje para comunicar el contenido.

En lugar de un único formato de evaluación, se abre un espacio donde caben diferentes competencias: análisis, diseño, expresión oral, capacidad argumentativa y trabajo colaborativo.

Este enfoque resulta especialmente pertinente en la formación de futuros docentes. Si aspiramos a que diseñen aulas inclusivas, es necesario que experimenten primero metodologías que contemplen la diversidad de ritmos, estilos y fortalezas. El póster no homogeniza: amplía posibilidades.




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Una manera de representar las matemáticas

El póster científico es una herramienta altamente adaptable a otros niveles educativos, desde primaria hasta secundaria.

Por ejemplo, en el área de Matemáticas en educación primaria el currículo actual en España reconoce la dimensión matemática de la comunicación y de la representación, y la relevancia de fomentarla desde edades tempranas. Los pósteres pueden utilizarse para presentar ideas matemáticas, resolución de problemas o incluso demostraciones, fomentando la creatividad, la síntesis de ideas y la organización visual de la información.

En niveles superiores, su uso puede orientarse a profundizar en la metodología científica y en la presentación rigurosa de resultados, incorporando gráficos, estadísticas o citas bibliográficas.




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Recuperar la profundidad en tiempos de inmediatez

En la era de la inmediatez digital, donde la información se consume en segundos y se olvida con la misma rapidez, el póster académico introduce una pausa necesaria. Obliga a pensar antes de diseñar, a comprender antes de explicar y a dialogar antes de concluir.

Frente a la lógica del “copiar y pegar”, exige elaboración. Frente a la acumulación de diapositivas, demanda síntesis. Frente a la exposición unidireccional, promueve la conversación.

Quizá la verdadera innovación educativa no consista en añadir más pantallas al aula, sino en proponer tareas que exijan mayor profundidad cognitiva. En un entorno saturado de estímulos, detenerse a construir, explicar y debatir en torno a un soporte visible y compartido puede ser, paradójicamente, unas de las experiencias más innovadoras de la educación actual.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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El odio que no desaparece: cómo miles de mensajes siguen activos en X años después

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elías Manuel Said Hung, Catedrático de Ciencias Sociales y Jurídicas, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

En las grandes plataformas, los mensajes de odio se multiplican debido a que los algoritmos premian el contenido más emocional y polarizador. De hecho, la creciente crispación política ha disparado estos ataques en las redes sociales.

Buena parte de la investigación existente hasta la fecha se ha centrado en contar cuántos mensajes de odio aparecen en momentos de tensión, como la pandemia o unas elecciones determinadas. Sin embargo, apenas se ha estudiado por qué tantos logran superar los filtros y siguen visibles durante años. Esos mensajes quedan como “nodos latentes” que podrán reactivarse en cada nueva crisis.

El ecosistema digital difunde el odio, impulsado por los “me gusta” y los retuits, no por su verdad ni por su valor ético. El resultado es una erosión lenta, pero profunda, de la democracia y de la convivencia pacífica.

Varios investigadores de Hatemedia, hemos llevado a cabo un estudio a través del cual queríamos poner de manifiesto si el odio en español es eliminado de la red X y, en su caso, los motivos por los que esto se produce.

Para entender mejor el contexto resulta útil tener en cuenta los experimentos del Stratcom (el Centro de Excelencia en Comunicaciones Estratégicas de la OTAN), realizados desde 2021, como este realizado en 2025.

Con apenas 252 euros se compraron interacciones para difundir miles de mensajes de desinformación y odio para medir su alcance y permanencia. Tras cuatro semanas en las redes, seguían más del 84 % de mensajes de TikTok, 99 % en Vkontakte, el 43,41 % en X o el 84,03 % de Instagram.

Cómo construimos el análisis

En el estudio realizado partimos de 2,1 millones mensajes en X, emitidos como respuesta a contenidos publicados entre 2021 y 2022 en cinco medios de comunicación españoles –20 Minutos, ABC, La Vanguardia, El Mundo y El País–. Nuestro experimento se basó en el seguimiento de 9 894 mensajes de odio, recabados durante el período antes mencionado, durante los meses de noviembre y diciembre de 2024. Dichos mensajes fueron clasificados en cuatro intensidades y en varios tipos.

El objetivo era saber cuánto odio sobrevive en X y qué factores influyeron en su eliminación.

Metodología del estudio.
Imagen cedida por los autores., CC BY-NC

Hallazgos que cuestionan supuestos

Los resultados obtenidos nos mostraron que solo el 12 % de los mensajes de odio (1 170) fueron eliminados. El 88 % restante (8 724) seguía visible a los 2-3 años.

También observamos cómo la intensidad del mensaje apenas influye en su supervivencia. Las amenazas más graves, de nivel 4, se borraron incluso menos (11,54 %) que los comentarios incívicos de nivel 1 (12,11 %).

Lo que más pesó en la eliminación fue el tipo de odio: se borraron más mensajes de odio general (12,54 %), misóginos (11,97 %), sexuales (11,14 %) y xenófobos (11,10 %) que políticos (10,96 %).

También observamos diferencias según el medio. Los comentarios de odio recogidos en torno a medios informativos como ABC y La Vanguardia se eliminaron con más frecuencia (entre 14 % y 15 %), mientras que los asociados a 20 Minutos fueron los que menos (9 %).

La persistencia del odio en X.
Imagen cedida por los autores., CC BY-NC

Los mensajes que permanecían activos presentaban más interacciones y mostraban emociones más intensas, como la ira. Así, los mensajes más virales, emocionales y ligados a la política tenían más probabilidad de seguir presentes en X.

Que estos mensajes permanezcan en las redes los convierte en “durmientes”, listos para ser reutilizados periódicamente en protestas, campañas o elecciones. Esto tiene la finalidad de normalizar prejuicios y estereotipos. Mientras, los emisores de estos mensajes se aprovechan del contexto comunicativo digital del momento. Se trata de un escenario donde el silencio de algunos usuarios por miedo a sufrir ataques favorece el empobrecimiento del debate público, lo que debilita la democracia.

Rumbo a mejores estrategias

Estos datos nos ayudan a mostrar cómo lo viral y lo emocional prevalecen sobre cualquier otro aspecto. Ni siquiera parece importar la intensidad, aunque sea amenazante, para eliminarlos.

Nos encontramos, por tanto, ante una puerta abierta a la manipulación –además, muy barata– que persiste en el tiempo (el 88 % tras tres años).

No le faltaba razón al presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuando el pasado mes de febrero expresó en el AI Summit de Nueva Delhi que la libertad de expresión en línea puede ser “una porquería” si no hay transparencia algorítmica total cuando se priorizan las interacciones tóxicas sobre la verdad y la democracia. Dicho de otro modo: la libertad sin responsabilidad es imposible.

El reto central es siempre el mismo: evitar que quienes mienten o dañan acaben limitando la libertad de expresión de quienes critican con argumentos. Los filtros son imprescindibles, pero también pueden ser peligrosos si se aplican mal.

Como mínimo, es clave que el odio ya detectado y confirmado se retire. Para ello resulta imprescindible impulsar sistemas de moderación híbridos. Es decir, que sean capaces de combinar la gestión humana con el apoyo de inteligencia artificial. Y esto, especialmente, frente al odio más sutil: el de baja intensidad (que no llega a ser insultante ni amenazante, pero que es incívico o malintencionado). Esos son los mensajes que, poco a poco, llevan a la polarización social.

Los medios de comunicación también tienen un papel clave. Estos actores necesitan buenos protocolos editoriales, alertas preventivas frente a la desinformación y contranarrativas basadas en la empatía. Y, por parte de los usuarios, hace falta una educación digital que fomente el pensamiento crítico y el contraste de la información con fuentes fiables.

Nuestro estudio muestra que el odio persiste porque el sistema actual lo hace rentable. Cambiarlo no depende solo de mejores marcos legales ni de un mejor algoritmo. Se necesita también tomar decisiones colectivas adecuadas. Por ejemplo, que prioricen la dignidad y ética por encima del rendimiento de los contenidos. Si no lo hacemos, los mensajes “durmientes” seguirán marcando la agenda del debate público.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El odio que no desaparece: cómo miles de mensajes siguen activos en X años después – https://theconversation.com/el-odio-que-no-desaparece-como-miles-de-mensajes-siguen-activos-en-x-anos-despues-276692

Amelia, el personaje de un videojuego educativo secuestrado por la extrema derecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio César Moreno Cantano, Doctor en Historia Contemporánea, Universidad Complutense de Madrid

Escena de un momento del videojuego _Pathways_ de SOUK. SOUK

En una ironía que subraya la complejidad de la lucha contra el extremismo en la era digital, Amelia, un personaje diseñado originalmente para disuadir a los jóvenes de la radicalización, se ha transformado en un potente meme de la extrema derecha.

Amelia fue concebida como parte de Pathways: Navigating the Internet and Extremism, un videojuego educativo desarrollado por la empresa social británica Shout Out UK (SOUK) y financiado por el Ministerio del Interior del Reino Unido bajo el programa Prevent.

En el juego, Amelia era una chica gótica de pelo morado, un personaje secundario que incitaba a los jugadores a tomar decisiones controvertidas, como unirse a manifestaciones extremistas. La intención era presentarla como una figura a evitar, un arquetipo de las influencias negativas en línea.

Dibujo de un videojuego donde una chica mira un móvil y otra, con el pelo morado, marcha en una protesta contra los inmigrantes.
En el videojuego, Amelia es el personaje que pone a prueba al jugador, invitándole a unirse a marchas extremistas contra los inmigrantes.
SOUK

Sin embargo, lo que SOUK no anticipó fue la reacción adversa. La extrema derecha percibió el juego como una caricatura estatal que demonizaba sus puntos de vista. Así, en un acto de “guerra memética”, decidió reapropiarse del personaje.

A partir del 9 de enero de 2025, una cuenta anónima en X (anteriormente Twitter) comenzó a difundir versiones de Amelia, transformándola de una figura de advertencia en un icono de “resistencia” contra la inmigración masiva y el establishment. Su estética gótica y su pelo morado, tradicionalmente asociados con subculturas de izquierda, fueron cooptados para crear una waifu política, una figura idealizada y sexualizada que atrae a un público joven masculino.

La pureza como signo

La proliferación de Amelia como meme de extrema derecha ha sido exponencial, en gran parte gracias a la IA generativa. Herramientas como Grok han permitido a los usuarios crear miles de variantes del personaje con facilidad, adaptándola a diversos contextos y narrativas. Se han visto imágenes de Amelia ondeando la bandera británica frente al Parlamento, comiendo salchichas de cerdo en desafío a la cultura musulmana o en estilo manga, todas ellas con mensajes xenófobos y anti-inmigración.

Este fenómeno no se ha limitado al Reino Unido. Han surgido versiones de Amelia en toda Europa, como “Maria” en Alemania (defendiendo tradiciones bávaras), “Emma” en los Países Bajos (abogando por una Navidad tradicional) y una Amelia pelirroja en Irlanda (criticando las políticas de “fronteras abiertas” de Bruselas). Cada una de estas adaptaciones utiliza símbolos nacionales para resonar con audiencias locales, demostrando la versatilidad y el alcance de esta táctica memética.

El fenómeno no solo muestra la velocidad con la que los memes se propagan en internet, sino también la existencia de una auténtica “economía del odio”. En torno a su imagen han surgido criptomonedas y tokens que buscan sacar provecho económico de su creciente popularidad. Figuras influyentes como Elon Musk han contribuido a ampliar su alcance y legitimidad al interactuar con publicaciones que promocionan estos activos digitales. En plataformas como X, el humor provocador y el shitposting actúan como mecanismos para atraer al público hacia contenidos más extremos.

Mientras tanto, en espacios menos regulados como Telegram, el discurso se radicaliza, adoptando formas abiertamente racistas o antisemitas. Varias investigaciones han demostrado que distintas comunidades en línea se han apropiado del meme, desde quienes lo comparten con ironía hasta redes abiertamente antiinmigrantes que difunden imágenes deshumanizadoras o violentas. Este proceso ilustra cómo la cultura digital puede transformar el humor en un vehículo de difusión ideológica y de incitación al odio.

Amelia no está sola

No es la primera vez que la extrema derecha coopta símbolos culturales, incluyendo personajes de videojuegos, para sus fines propagandísticos. Esta táctica se basa en la descontextualización y la re-significación, transformando figuras populares en vehículos para ideologías extremistas.

Uno de los casos más conocidos es el de “remove kebab”, un meme que tiene su origen en una canción de propaganda serbia. Fue popularizado en la comunidad de videojuegos de estrategia, especialmente en títulos de la empresa Paradox Interactive como Europa Universalis IV o Crusader Kings II. En este contexto, la expresión se usa para aludir a la eliminación de facciones musulmanas dentro del juego, lo que termina por normalizar, en clave de broma, un imaginario de limpieza étnica en un entorno lúdico.

Algo similar ocurre con “Deus Vult” (“Dios lo quiere”), antiguo grito de guerra de las Cruzadas que ha sido reapropiado por sectores de extrema derecha como consigna identitaria. En combinación con videojuegos como Crusader Kings, esta expresión se convierte en un símbolo de nacionalismo cristiano y de exclusión religiosa. La estética del cruzado medieval –armaduras, escudos, cruces– se utiliza para proyectar una imagen de fuerza, pureza y superioridad ideológica frente a un “otro” percibido como amenaza.

También algunos personajes concretos han sido convertidos en iconos dentro de estos circuitos. Así sucede con Legate Lanius, el brutal líder militar de la Legión de César en Fallout: New Vegas. En determinados memes se le presenta como encarnación de la disciplina férrea y del orden impuesto mediante la violencia, celebrando rasgos autoritarios y vinculándolos a una visión abiertamente fascista que promete “poner fin” a la decadencia social.

El ejemplo de Doomguy, el marine de DOOM que se enfrenta sin descanso a hordas de demonios, sigue la misma lógica. En ciertos espacios extremistas, su figura se reutiliza como metáfora de un “cruzado” moderno contra lo que consideran la “degeneración” de la sociedad: minorías, activistas, feministas u otros colectivos.

El caso de Amelia, en resumen, es una llamada de atención sobre los desafíos que afrontan las estrategias de prevención del extremismo en un paisaje digital en constante evolución. La facilidad con la que la IA generativa puede ser utilizada para subvertir mensajes y crear contenido de odio a gran escala exige una reevaluación de cómo se diseñan y ejecutan estas campañas.


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The Conversation

Antonio César Moreno Cantano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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El arte de tomar el relevo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Santiago Iñiguez de Onzoño, Presidente IE University, IE University

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¿Alguna vez ha tenido que sustituir a un líder admirado y reconocido? ¿Ha sentido el peso, y a la vez el honor, de tomar el relevo de alguien que ha dejado una huella profunda en su equipo de trabajo?

Pocos desafíos en la vida profesional ponen tan a prueba el carácter como ocupar el lugar de una figura admirada. La manera en que asumimos ese relevo dice mucho de nosotros como personas.

En la bahía de Sídney

Voy a poner un ejemplo del que es protagonista la Ópera de Sídney, una de las construcciones más icónicas de la arquitectura moderna. Con sus blancas conchas en forma de vela que se alzan sobre las aguas del puerto de la ciudad de Sídney, el edificio se alza como un símbolo global de diseño audaz y ambición cultural.

Su historia es de genialidad, ruptura y redención, y ofrece lecciones intemporales sobre la sucesión, el legado y la ética del liderazgo.

En 1957, el arquitecto danés Jørn Utzon ganó el concurso internacional para elegir al arquitecto encargado de diseñar el edificio de la ópera. Su propuesta, una serie de bocetos minimalistas y llamativos, carecía de planos técnicos completos o cálculos estructurales. Pero su visión audaz –una constelación de conchas escultóricas sobre Bennelong Point– capturó la imaginación de los jueces y la construcción comenzó con entusiasmo y optimismo.

Sin embargo, a mediados de la década de 1960, la política y los sobrecostes oscurecieron el proyecto. Un nuevo ministro del Gobierno de Nueva Gales del Sur criticó los retrasos y el aumento descontrolado de gastos y suspendió los pagos a Utzon. Frustrado y reacio a comprometer su visión, Utzon dimitió en 1966 y abandonó Australia, sin regresar jamás para supervisar la finalización de su obra más emblemática.

En este clima tenso entró Peter Hall, un joven arquitecto australiano. Hall afrontó la difícil tarea de traducir el concepto etéreo de Utzon en un edificio terminado. Diseñó las fachadas acristaladas que aportan ligereza a la estructura y completó los interiores de la Sala de Conciertos y del Teatro Joan Sutherland. Según se cuenta, aceptó el cargo solo después de confirmar que Utzon no regresaría, en una designación necesaria pero controvertida, ya que muchos en el mundo de la arquitectura creían que solo su autor original debía concluir la obra.

Hoy, los visitantes disfrutan del legado de ambos: la silueta inolvidable de Utzon y los interiores bellos y funcionales de Hall. Sin embargo, el nombre de este último apenas es conocido fuera de los círculos profesionales, mientras que Utzon se convirtió en un icono global y recibió el Premio Pritzker en 2003. Este desequilibrio en el reconocimiento plantea una cuestión mayor: ¿cómo se puede ocupar el lugar de otro, especialmente cuando ese lugar pertenece a un gigante?

Carrera de relevos

La historia muestra que la sucesión es la norma, no la excepción. Si Bramante trazó el primer plano de la romana basílica de San Pedro, luego Miguel Ángel reimaginó radicalmente su cúpula.

La catedral de Notre Dame, en París, ha ido evolucionando a lo largo de siglos, con generaciones de constructores que la modificaron y restauraron según el gusto y la tecnología de cada época.

Incluso en el cine se han dado situaciones similares: la película Lo que el viento se llevó (1939) fue moldeada por cuatro directores distintos –George Cukor, Sam Wood, William Cameron Menzies y Victor Fleming– y sin embargo es una obra maestra coherente y perdurable.

Confianza y respeto

Rendir homenaje a nuestros predecesores –en arquitectura, en gestión, en cine o en cualquier otro campo– es más que un gesto de cortesía. La disposición a reconocer la obra de otro, sin temor a que pueda disminuir la propia, es una muestra de nobleza y madurez emocional. Los líderes que honran públicamente a quienes sustituyen transmiten confianza, autenticidad y respeto. Son indicadores sutiles, pero poderosos, de credibilidad.

Por el contrario, apropiarse de méritos ajenos, o no reconocerlos, genera sospecha y erosiona silenciosamente la confianza. Los líderes que desprecian las contribuciones pasadas suelen ser recordados menos por lo que construyeron que por los puentes que quemaron.

Un error frecuente es caer en el síndrome del Mesías por el que algunos líderes recién llegados se definen rechazando todo lo anterior. Descartan logros previos, ignoran la continuidad y se presentan como salvadores de un pasado defectuoso. Aunque pueda parecer audaz, este enfoque nace a menudo de la inseguridad y, salvo en casos de crisis total, un inicio de tierra quemada rara vez es la opción de inicio más sabia.

Esto no significa que un nuevo líder deba evitar el cambio. Recibir una hoja en blanco puede ser estimulante. Cuestionar el statu quo, repensar procesos e introducir perspectivas frescas es esencial para el progreso. Pero hay una delgada línea entre la innovación y la arrogancia. En las grandes organizaciones, los giros radicales son pocas veces sostenibles. Más dañino aún es el golpe de Estado cultural, en el que el nuevo liderazgo no busca tanto mejorar como borrar lo que estuvo antes.

La tradición no siempre es un lastre que hunde; a menudo es un lastre que estabiliza. El líder perspicaz distingue entre el peso que frena y el peso que sostiene.

El valor del sucesor

En el mundo corporativo, es habitual que los directivos entrantes se distancien simbólicamente de sus predecesores: cambiando logotipos, reescribiendo la misión, reestructurando equipos. A veces estas medidas son necesarias, otras, meramente performativas. Los observadores suelen percibir la diferencia.

Y aquí reside una verdad crucial, a menudo pasada por alto: los sucesores también merecen reconocimiento. Completar una visión fundacional puede ser tan exigente como concebirla, y a veces más. Requiere una combinación de dominio técnico, habilidad diplomática y humildad para trabajar dentro de parámetros fijados por otro, dejando al mismo tiempo una huella propia. Las competencias necesarias para finalizar, consolidar y custodiar una misión heredada no son menores que las del fundador: son simplemente diferentes.

Mantenerse en la órbita

Lo hemos visto en el arte, donde intérpretes posteriores dan vida a obras de formas que sus creadores quizá nunca imaginaron, y en los negocios, donde la continuidad puede ser tan vital como la innovación. Sin el liderazgo de Tim Cook, por ejemplo, quizá Apple no habría alcanzado el éxito global y sostenido que comenzó a construir Steve Jobs. A menudo, los sucesores complementan a los fundadores: uno lanza el cohete, el otro asegura que alcance la órbita y se mantenga allí.

Este equilibrio entre respeto y renovación es la esencia de la sucesión con gracia. El liderazgo no es un acto en solitario sino una carrera de relevos. Sostenemos el testigo durante un tiempo, corremos nuestro tramo con propósito y lo pasamos.

Honrar a quienes nos precedieron no es pasividad; es nobleza. Y honrar a quienes nos suceden es igualmente vital, pues serán ellos quienes mantengan viva la llama. Como escribió Esopo, “la gratitud es la señal de las almas nobles”. La gratitud pública y sincera –tanto hacia predecesores como hacia sucesores– amplifica la credibilidad de un líder, denota autoconciencia, profundidad emocional y la comprensión de que el liderazgo no consiste en eclipsar a otros, sino en contribuir a un continuo más amplio.

La elegancia en la sucesión no es un protocolo, es una mentalidad. Es la convicción de que la mayor expresión del liderazgo no radica en demostrar ser superior a un predecesor, sino en honrar el pasado, empoderar el futuro y conocer el propio lugar en el largo arco de un esfuerzo compartido.

En una época obsesionada con la disrupción, esta forma de liderazgo tranquila y elegante puede ser el acto más radical de todos.


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La conversación docente: aprender a enseñar en secundaria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

Daniel Hoz/Shutterstock

Tengo un amigo que cocina fenomenal. A menudo nos invita a probar en su casa elaboraciones exquisitas. Tiene un arsenal de hierbas, especias y productos de los que nunca había oído hablar y multitud de libros especializados en distintas técnicas culinarias. Pero no se le pueden pedir instrucciones para reproducir alguno de sus deliciosos platos. No es que sean secretas, o que no quiera darlas: es que no sabe explicar una receta paso a paso. Su nivel de virtuosismo culinario es tal, que cuando se trata de cuestiones básicas (¿esto va pelado o no? ¿cómo de pequeño se corta? ¿tiene que estar ya caliente el aceite? ¿a qué le llamamos “denso”?) a menudo se olvida de ellas, o las da por hecho, con resultados catastróficos.

Pasa exactamente lo mismo con la docencia. Dominar una materia no es para nada lo mismo que saber explicarla. ¿Preferimos a la profe de Literatura que se emociona con un verso, que domina todas las figuras estilísticas, y que puede pasar horas hablando sobre el amor cortés en la literatura medieval; o a la profe de Geografía que pone películas, propone juegos y escape rooms, nos lleva de excursión a museos y plantea debates en clase?

La pregunta es capciosa. Queremos ambas cosas, ¿no? Un “qué bien explica” con un “se nota que le importo”; un “cómo le gusta la materia” con un “disfruta dando clase”. ¿Cómo se consigue? La clave es la manera de formar a los futuros docentes.

En España, para primaria se acentúa la segunda parte (las herramientas pedagógicas, los conocimientos procedimentales), y para secundaria, sobre todo la primera (dominar la materia que se va a enseñar). Es un modelo “consecutivo”. Primero, el grado de Matemáticas, Física, Geografía o Lengua; después un máster de un año que concentra todo lo que tiene que ver con enseñarlo.

En el resto de Europa, el itinerario para llegar a dar clase en un instituto es a menudo “concurrente”: el futuro docente aprende simultáneamente el contenido y las estrategias para enseñarlo. Y en cuanto a la manera de estrenarse en la docencia, un 60 % de los centros cuenta con programas para la atención a profesores noveles, como mentorías, algo mucho más común en otros países.

¿Es suficiente este modelo consecutivo? A juzgar por los resultados de uno de los informes más completos que se realiza en el ámbito europeo sobre el bienestar y la calidad de la docencia, y como nos explican Javier M. Valle y Laura Vellaz Pérez de la Universidad Autónoma de Madrid, la respuesta a esta pregunta es no.

Y no es solo que los docentes de secundaria estén poco preparados en el aspecto práctico, y les toque aprender “sobre la marcha” cómo gestionar las emociones adolescentes, cuál es la mejor manera de que un concepto aterrice en sus mentes, o cómo alternar estrategias para evitar una clase rutinaria.

Es que en esos primeros años se establece la “identidad” del docente: cómo entiende su rol, con qué seguridad se enfrenta a los retos educativos y qué concepción tiene de su capacidad para enseñar. Una identidad frágil es más probable que desemboque en estrés laboral, síndrome de estar quemado y, eventualmente, abandono de la profesión.

Por eso los expertos recomiendan equilibrar mejor conocimientos sobre la materia y conocimientos sobre cómo enseñarla, un binomio básico no sólo para transmitir pasión por una asignatura, sino para desarrollar algo todavía más valioso para quien se dedica a la docencia: amor por la enseñanza, y las mejores habilidades para desarrollarlo.

Estas semanas hemos hablado también de modernizar la enseñanza de lenguas clásicas, cambiar nuestra mirada hacia las matemáticas, la oportunidad o necesidad de que sí se hable de política en los centros escolares, la cantidad y calidad de los conocimientos sobre democracia que se transmite en la escuela, las dinámicas del pasillo del instituto y cómo influyen en si se defiende o no a la víctima en una situación de acoso, y estrategias muy concretas para conseguir que los universitarios no falten a clase e integrar la inteligencia artificial sin perder capacidades cognitivas.

The Conversation

ref. La conversación docente: aprender a enseñar en secundaria – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-aprender-a-ensenar-en-secundaria-278436

Suplemento cultural: ¿esto no lo he escuchado en otra parte?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Amy Adams y Jeremy Renner en una escena de _La llegada_. Paramount Pictures

Hace poco me di cuenta de que la melodía que acompaña el duelo de Agnes en Hamnet (en versión orquestal) es la misma que me pone los pelos de punta en La llegada. Me pareció fascinante y rebusqué algo más sobre ella. Descubrí que no solo la había escuchado en esas películas, sino en muchas otras (y en varias series). Y me hice muchas preguntas, porque si la pongo a solas en casa su sonido me retrotrae irremediablemente a la historia de Amy Adams y los extraterrestres (breve recordatorio para sugerir que, si no han visto La llegada, les recomiendo hacerlo en cuanto acaben de leer el boletín). Es decir, ¿tiene sentido reutilizar una pieza en un filme si su sonido está tan íntimamente ligado a otro? ¿O a tantos otros?

Por lo visto, sí. Ni Max Richter es el primero en hacerlo con “On the Nature of Daylight” (qué bella es en cada una de sus versiones) ni yo soy la primera en cuestionarlo. Juan José Pastor Comín decidió ponerse manos a la obra y explicar el origen de la pieza, sus usos y, también, qué implicaciones tiene que a mí, como espectadora, “ya me suene”.

Por cierto, una de las películas del año es la brasileña El agente secreto, con el país sudamericano buscando su segundo óscar consecutivo. Es un filme que, analizando el ambiente de la dictadura militar, resuena con el gobierno no tan lejano de Jair Bolsonaro.

Los bailes de los Bridgerton

Es algo que me fascina desde que empecé a ver (y leer) historias situadas en la Regencia: ¿cómo sabía todo el mundo qué pasos dar en esas danzas establecidas en las que los protagonistas suelen enamorarse?

Lara López explica en su artículo que la sociedad británica de la época tenía unas convenciones sociales muy definidas, mucho más rígidas que las de las adaptaciones audiovisuales. ¿Lo de conocer de pe a pa el baile al que las acaban de sacar? Parte de la formación de los jóvenes.

La ternura del macaco

Confesaré que yo entré al trapo de la historia de Punch completamente. No dejé de ver vídeos en tres días, preocupada por el destino del macaco y su peluche y a la vez consciente de que estaba antropomorfizando al animal. Pero no me importaba, me invadía la ternura viéndolo y observando su necesidad de sobrevivir socialmente.

Lo fascinante es que mi caso no fue nada extraño; la historia del mono generó tanto interés global que su construcción debía tener algún sentido narrativo, más allá de nuestra percepción de que era un niño desvalido. Y, efectivamente, Carlos José Monroy desgrana la serie de mecanismos que se han activado en nosotros al ver a Punch, algunos más obvios y otros más sutiles.

Lo que queda en Gaza

Está el mundo como para meterse bajo la colcha y no salir. Pero que la acumulación de conflictos no nos impida ver que algunos siguen activos. Uno de ellos es Gaza. Y aunque la importancia siempre la tienen las vidas perdidas y heridas durante los bombardeos israelíes, no es menos cierto que al destruir una tierra se desarman su presente, su futuro y también su pasado.

El patrimonio histórico y cultural de Gaza ha sido diezmado y el problema es que el organismo encargado de establecer las reglas para su protección, la UNESCO, no ha alzado la voz como sí lo hizo en otros conflictos. ¿Qué implicaciones tiene esto?

Un fallo artificial

La IA está aquí, siempre está aquí, ya nunca se va. Pero en ocasiones sus resultados no dejan de ser, como mínimo, algo chapuceros. Es lo que sucede cuando se erige en traductora pero es incapaz de trasladar a otro idioma los diferentes matices de una voz narrativa original. El trabajo de los humanos, que sopesa alternativas e intenta proporcionar un contexto parecido al de la lengua madre en la traducida, choca contra la uniformidad de las máquinas.

Me pregunto si se le ha ocurrido a alguien pasar por la IA las letras de Quevedo, Rawayana o Bad Bunny, y analizar si siguen teniendo su efecto original en otro idioma…

The Conversation

ref. Suplemento cultural: ¿esto no lo he escuchado en otra parte? – https://theconversation.com/suplemento-cultural-esto-no-lo-he-escuchado-en-otra-parte-278225

La selección: las implicaciones en la economía global de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elba Astorga, Editora de Economía, The Conversation

Mapa del estrecho de Ormuz y sus alrededores. La Terase/Shutterstock

En 2026, geopolítica y geoeconomía van de la mano. Marzo comenzó con otro conflicto: la guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel con el fin de deponer el régimen de los ayatolás. Con esta acción, Trump continúa dando forma a su plan de imponer un nuevo orden mundial, en el que se impone el “realismo legal de la jungla” y el poder hace el derecho.

Dos semanas después del arranque de la operación Furia Épica, que el presidente estadounidense supervisó desde sus cuarteles de invierno de Mar-A-Lago, Florida, hay una cosa clara: el cierre del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, está haciendo temblar los mercados energéticos y está poniendo en peligro (una vez más en lo que va de década) la economía mundial.

A nivel local, un cierre prolongado de Ormuz estrangularía la economía iraní al hacer caer sus ingresos petroleros, ya que depende del paso de hidrocarburos por el estrecho. Además también pasan, en sentido contrario, las importaciones que abastecen su mercado interno. A nivel regional, el cierre arrastraría las economías de los países vecinos: Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Catar, Baréin y Emiratos Árabes Unidos.

La guerra que se está librando en estos momentos tiene un elemento diferencial que añade presión sobre la economía mundial: se están atacando infraestructuras de producción y transporte por lo que, acabada la contienda, cuando sea que esto suceda, no parece probable que la industria petrolera de la región pueda recuperar su ritmo inmediatamente.

Ante el descalabro, la Agencia Internacional de la Energía ha decidido tomar una medida drástica y extrema: ha anunciado la salida al mercado de un tercio de sus reservas estratégicas: 400 millones de barriles de petróleo. Pero esta ofrenda no ha sido suficiente para calmar los precios y el mercado la ha tomado como una advertencia de que se avecinan tiempos inestables.

El 27 de febrero, último día de cotización antes del estallido de la guerra, el petróleo Brent cotizaba a 73,21 dólares el barril; casi dos semanas después lo hace a unos 99,38 dólares. Es un porcentaje de subida de poco más del 35 % que, al influir en el precio de los combustibles, acabará determinando los costes del transporte y la producción, lo que va a generar inflación, menor crecimiento económico y más desempleo.

Estas circunstancias colocan a los bancos centrales en una encrucijada: aumentar los tipos de interés reduciría la inflación pero encarecería los préstamos a las empresas, haciendo reducir su actividad y dando lugar a despidos.

Para los países que ni son productores ni controlan las rutas de suministro, esta crisis es un recordatorio de la importancia de acelerar la transición energética. En el caso de Europa, la UE importa la mayor parte de petróleo y el gas que consume. Pero la buena noticia es que se ha estado trabajando en mejorar la tecnología de las energías renovables.

Con su Furia Épica, Trump probablemente buscaba un cambio rápido en Irán: colocar un líder dócil, forzar un acuerdo de paz, desmilitarizar el país. En cambio, se ha encontrado con un régimen que brama que la guerra será larga. Además, los ataques iraníes están afectando a países de la región, hasta ahora cercanos a Estados Unidos. Y, como colofón, sin el petróleo y el gas proveniente de Oriente Medio y con los precios subiendo, Rusia gana terreno en el mercado energético.

The Conversation

ref. La selección: las implicaciones en la economía global de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz – https://theconversation.com/la-seleccion-las-implicaciones-en-la-economia-global-de-la-guerra-en-iran-y-el-cierre-del-estrecho-de-ormuz-278277

El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Prieto Campos, Investigador Doctor, Universidad de Sevilla

Playa de Málaga. Xbrchx/Shutterstock

Cada temporal fuerte deja imágenes parecidas: playas sin arena y paseos marítimos descalzos por el avance del mar “de golpe”. Pero ese “golpe” visible suele apoyarse en un proceso mucho más lento: un litoral cada vez más influido por la acción humana, justo cuando el nivel del mar sube y los episodios extremos aprietan.

Andalucía es un claro ejemplo de este fenómeno. En esta región conviven dos fachadas diferenciadas:

  • Una atlántica baja y arenosa, con playas extensas y sistemas dunares bien desarrollados.

  • Una mediterránea más abrupta, con playas más cortas (a menudo en forma de calas) que se alternan con acantilados y aportes sedimentarios torrenciales y discontinuos.

Dicho de forma simple: el Atlántico suele disponer de más arena y más espacio; el Mediterráneo, de menos sedimento y menor margen para absorber cambios.

Erosión costera: ni desastre ni excepción

Las playas son un sistema altamente dinámico: buscan continuamente un equilibrio constante entre su morfología, los materiales que las forman y las condiciones impuestas por los agentes externos. Se mantienen gracias al intercambio de arena entre playa y duna y al transporte a lo largo de la costa (la llamada “deriva litoral”).

Así, las dunas cumplen un papel clave como reserva sedimentaria y como amortiguador: durante temporales ceden arena a la playa y disipan parte de la energía del oleaje.

La erosión es, al igual que la acumulación de sedimentos, un proceso natural y común a nivel global. Cuando la erosión es constante, el sistema litoral tiende a adaptarse migrando hacia el interior. Es el llamado “espacio de acomodación”: ese colchón de espacio tierra adentro del que dispone la costa para ajustarse a nuevas condiciones. Es algo normal y no hay problema en que esto ocurra.

La costa ahora está limitada por muros

Sin embargo, cuando las reservas naturales de sedimentos se sellan o se fijan mediante edificaciones, paseos o muros, el sistema pierde su capacidad de reajuste natural. Entonces, el mar utiliza su única reserva disponible: la propia playa. Y aquí es donde comienzan los problemas: pérdida (progresiva o súbita) de arena, con la consecuente exposición directa al oleaje de infraestructuras, como los paseos marítimos y edificaciones.

La ocupación del frente costero ha crecido desde mediados del siglo XX. En Andalucía, la longitud de playas afectadas por construcciones pasó de 40 km a 240 km entre 1956 y la actualidad. El dato es contundente: más de un tercio de las playas andaluzas (37,5 %) se encuentra bajo la influencia directa del hormigón, de las cuales más del 80 % se encuentra en la fachada mediterránea.

Efectos de la subida del nivel del mar

A esa rigidez se suma el aumento del nivel medio del mar. En series de medidas recientes se observan tasas de pocos milímetros por año: 3,81 milímetros/año en Huelva (1998–2024), 3,32 mm/año en Cádiz (1961–2018) y 2,45 mm/año en Málaga (1993–2024). Una tasa cercana a 4 mm/año equivale a 4 centímetros por década.

Aunque esos 4 centímetros parecen poco, en playas con pendientes suaves –cerca del 1 %– esos 4 cm pueden traducirse, por pura geometría, en un desplazamiento potencial de unos 4 metros hacia tierra cada diez años. La cifra exacta varía según oleaje y sedimentos, pero la idea es potente: milímetros verticales pueden convertirse en metros horizontales.

A ello se le unen los temporales, porque el cambio climático no actúa por una sola vía. Un mar más alto funciona como una “tarima” sobre la que se “montan” los temporales: con el punto de partida más elevado, la misma tormenta penetra más e impacta más tierra adentro en el perfil de playa. Si además los episodios extremos son más frecuentes o intensos, el sistema tiene menos tiempo para recuperarse entre golpes.




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Playas que desaparecen

En zonas donde tradicionalmente hay mucha erosión, se han construido infraestructuras de estabilización (como los espigones) para supuestamente frenar la desaparición de las playas. Sin embargo, estas dan una falsa sensación de seguridad, a menudo reforzada por las propias Administraciones públicas.

Una playa que hoy parece “estable” puede ser un espejismo. En algunos tramos, la obra no elimina la erosión, solo impide que se manifieste en la posición visible de la línea de costa, afectando a su estabilidad sedimentaria. Así ocurre, por ejemplo, con el sector occidental de la playa de Torre del Mar (Vélez-Málaga), Balerma (El Ejido) y los Cerrillos (Roquetas de Mar) en la vertiente mediterránea; y El Portil (Punta Umbría), Matalascañas (Almonte) y Punta Montijo (Chipiona) en su homóloga atlántica, entre muchas otras. En la mayoría de estas playas destaca la presencia de infraestructuras de estabilización.

Torre del Mar, Málaga.
BearFotos/Shutterstock

Entonces, ¿más arena o más costa?

Cuando llegan los daños, la reacción habitual es “reparar” la playa: aportar arena y reforzar defensas. A veces es inevitable a corto plazo, pero como estrategia única suele ser pan para hoy y hambre para mañana si no se restaura la dinámica natural del sistema.




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Dos líneas ayudan a orientar la gestión. La primera es respetar el espacio donde sea posible: proteger y restaurar dunas, evitar nuevas construcciones en primera línea, planificar asumiendo que la costa necesita moverse. La segunda es priorizar por tramos, porque no todas las playas cuentan con el mismo aporte de sedimento ni el mismo margen de migración.

La erosión no es un fallo: es parte del funcionamiento normal de la costa. Con un mar que sube, temporales más exigentes, menos sedimento disponible por la regulación de las cuencas hidrográficas y un litoral “rigidizado” por la construcción, la pregunta ya no es si la costa cambiará, sino si la ordenación del territorio permitirá que lo haga de forma natural… o si seguirá chocando contra un muro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. El hormigón y el cambio climático estrangulan las playas de Andalucía, pero la solución no son más espigones – https://theconversation.com/el-hormigon-y-el-cambio-climatico-estrangulan-las-playas-de-andalucia-pero-la-solucion-no-son-mas-espigones-275956

El reto de cuidar la salud mental en niños con autismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gema P. Sáez-Suanes, Profesora Ayudante Doctora. Psicología evolutiva y de la educación., Universidad Autónoma de Madrid

Niño dibujando el puzzle que se utiliza para simbolizar la complejidad del espectro autista. meirijanz/Shutterstock

Desde hace un par de semanas Martín ha dejado de cantar en la asamblea, algo que antes pedía y disfrutaba. Ahora permanece apartado del grupo y juguetea con sus manos más de lo habitual. A veces no responde cuando se le habla y parece cada vez más aislado.

Su maestro piensa que quizá esté cansado o pasando una mala racha. Sin embargo, hay un elemento importante en esta historia: Martín tiene autismo. Aquí surge una pregunta difícil: ¿está actuando así porque forma parte de su forma habitual de relacionarse con el mundo o porque algo no va bien en su estado emocional?

En los niños y niñas con autismo, las tasas de ansiedad y depresión son más altas, pero a menudo sus síntomas pasan desapercibidos. Las propias características del autismo dificultan su detección y tratamiento.

Una realidad común pero invisible

Hasta el 80 % de los niños y adultos con trastorno del espectro autista viven con síntomas de ansiedad, mientras que aproximadamente el 40 % lo hace con síntomas depresivos.

Esto quiere decir que los niños y niñas con este trastorno no solo están afrontando a diario retos sociales, comunicativos o de adaptación, sino que, además, lo hacen lidiando con un importante malestar emocional.

El principal problema es que este sufrimiento no siempre se expresa a través de las señales que tradicionalmente reconocemos. Por ello, en la mayoría de los casos permanece invisible.

Cuando todo parece ‘parte del autismo’

Uno de los grandes retos en la detección de estos síntomas es el llamado “ensombrecimiento diagnóstico” , es decir, la común atribución errónea de los síntomas de ansiedad o depresión al propio autismo. Pongamos un ejemplo: un niño que comienza a evitar el recreo puede estar mostrando síntomas de ansiedad y no solo dificultades sociales.

A todo esto, se suman otros obstáculos como el hecho de que a muchos niños con autismo les cuesta identificar y describir sus propios estados emocionales, un fenómeno conocido como alexitimia.

Si a esto añadimos discapacidad intelectual, ausencia de lenguaje u otra condición comúnmente asociada a algunos casos de autismo, el reto diagnóstico es aún mayor.

Por eso, debemos aprender a leer las señales.




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A qué tenemos que prestar atención

Dentro del espectro autista, especialmente en niños con mayores dificultades comunicativas, los problemas emocionales pueden expresarse casi exclusivamente a través de la conducta.

Por ello, cualquier cambio de comportamiento debe entenderse como un síntoma, como una vía de comunicación del niño y no como un problema en sí. Por ejemplo, si nos encontramos con una niña que últimamente se enfada más y ha dejado de jugar con sus juguetes favoritos, deberíamos de intentar entender el porqué de esa conducta.

Conductas repetitivas y ansiedad

Muchos otros comportamiento infantiles no deberían tratarse como problemas en sí, sino como consecuencias o como peticiones de ayuda.

Un signo de alarma que nos puede estar alertando de altos niveles de ansiedad es el aumento de las conductas repetitivas, una mayor respuesta negativa ante cambios, la aparición o incremento de conductas autolesivas y de problemas de conducta que antes no estaban.

Depresión no es solo tristeza

Por su parte, la depresión infantil puede ser todavía más difícil de detectar ya que no siempre aparece como tristeza manifiesta. A menudo se observa como una irritabilidad que se mantiene: a través de dolores (de cabeza, molestias digestivas), pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba, aumento del aislamiento, descenso en el rendimiento escolar.

Los cambios en los patrones de sueño y alimentación también pueden significar un signo de malestar emocional. Por ello, la clave está en observar cambios respecto al funcionamiento habitual del niño. Si algo se intensifica sin causa aparente, conviene preguntarse: ¿qué está generando esta conducta?




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Incertidumbre y desregulación emocional

Para comprender por qué la ansiedad y la depresión son tan frecuentes en el autismo, es importante entender cómo muchas personas con autismo experimentan el mundo. Les resulta impredecible, caótico e intenso para los sentidos: ruidos inesperados, dobles sentidos o dinámicas sociales ambiguas. Esto genera sensación de incertidumbre y un estado de alerta sostenido que, a largo plazo, aumenta el riesgo de ansiedad y depresión.

Sumado a esto, las personas con autismo presentan una mayor dificultad para regular sus emociones. En general, suelen utilizar estrategias que resultan poco eficaces para gestionar el malestar emocional. De hecho, lejos de ayudar, mantienen o agravan el malestar interno.

Las personas con autismo, incluidos los niños, suelen padecer altos niveles de activación: es decir, un estado elevado de alerta física y emocional (por ejemplo, mayor tensión, nerviosismo o sensibilidad ante lo que ocurre alrededor). Este nivel de activación difícilmente se gestiona de forma adaptativa, esto es, mediante estrategias que permitan regular esas emociones de manera eficaz y ajustada a la situación.

Algunos expertos alertan de que, en el caso de las niñas y en los contextos urbanos, pueden haber mayor predisposición a sufrir ansiedad o depresión.




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¿Qué podemos hacer?

Comprender el perfil individual es fundamental para no generalizar y ser capaces de detectar diferencias sutiles. En el caso de los menores, hay que hacer un esfuerzo por conocer al niño y no generalizar. Cada niño con autismo presenta una combinación propia de fortalezas, dificultades, intereses, formas de comunicación y maneras de regular sus emociones. Conocer ese perfil implica observar cómo se relaciona con los demás, cómo expresa el malestar, qué situaciones le generan estrés, qué apoyos le ayudan a calmarse y qué cambios respecto a su comportamiento habitual pueden indicar que algo no va bien.

Una vez conocemos bien al niño y su forma particular de experimentar el mundo, también podemos poner en marcha estrategias que ayuden a prevenir o reducir la aparición de síntomas ansiosos o depresivos. Por ejemplo:

  • Observar y analizar cambios en su contexto y su comportamiento.

  • Dar valor e importancia a las emociones que los niños experimentan, aunque no las expresen verbalmente: “Veo que esto está siendo muy difícil, te puedo ayudar”.

  • Reducir la incertidumbre en sus contextos cotidianos. Anticipar cambios, usar apoyos visuales y estructurar el entorno.

  • Apoyar la regulación emocional de forma explícita. Identificar emociones, usar apoyos visuales, practicar técnicas de respiración, etc.

  • Explicar y hacer explícito lo que para nosotros es obvio.

Vivir con este trastorno supone muchos desafíos en el día a día, pero no significa que no se pueda aspirar al máximo bienestar. Familias y maestros tienen el papel fundamental de observar, comprender y acompañar.

The Conversation

Gema P. Sáez-Suanes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El reto de cuidar la salud mental en niños con autismo – https://theconversation.com/el-reto-de-cuidar-la-salud-mental-en-ninos-con-autismo-276205