El ‘pensamiento crítico’ está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sara Kells, Director of Program Management at IE Digital Learning and Adjunct Professor of Humanities, IE University

MalikNalik/Shutterstock

En cualquier debate o reflexión acerca del impacto de la inteligencia artificial en la educación e inteligencia se acaba hablando de pensamiento crítico. Esta tecnología está cambiando la forma en que los alumnos aprenden y en que los docentes evalúan el aprendizaje, y ante esta transformación, el pensamiento crítico se presenta a menudo como la respuesta pedagógica adecuada.

Pero a medida que la IA cambia la forma en que aprendemos y enseñamos, es fácil pasar por alto una cuestión crucial: ¿qué significa realmente el pensamiento crítico en el mundo actual?

Existe un peligro real de que se convierta en una palabra de moda vacía de contenido, un antídoto excesivamente simplificado y supuestamente universal contra esta nueva realidad en la que la información, las explicaciones y los resultados cada vez más sofisticados están a solo un clic de distancia.

Ampliando las definiciones

El pensamiento crítico se entiende, en términos generales, como un conjunto complejo y valioso de habilidades y hábitos. Incluye la capacidad de evaluar pruebas, valorar argumentos, identificar supuestos, distinguir las afirmaciones más sólidas de las más débiles y extraer conclusiones razonadas.

Estas habilidades siguen siendo vitales, pero no abarcan por completo lo que los estudiantes necesitan para hacer frente a los retos cognitivos de un mundo impulsado por la IA.




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Investigaciones recientes han comenzado a explorar esta distinción a través de conceptos como el pensamiento crítico digital, que incorpora la idea de que los entornos en línea, moldeados por algoritmos opacos, la personalización y la información de las plataformas, exigen que las personas interpreten no solo el contenido con el que se encuentran, sino también cómo han llegado a verlo en primer lugar.

A medida que evolucionan los entornos en los que aprendemos y vivimos, también debería hacerlo nuestra comprensión del pensamiento crítico. Como investigadora en educación cívica, creo que las respuestas no residen en abandonar las definiciones tradicionales del pensamiento crítico, sino en ampliarlas.




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Reflexión y juicio

El pensamiento crítico se desarrolla en dos pasos. El primero es la reflexión, ese micromomento vital de pausa y consideración que precede al segundo paso: la formación de un juicio.

La reflexión exige que las personas cuestionen las pruebas, examinen las suposiciones, comparen interpretaciones contrapuestas, reconozcan los límites de su propia perspectiva y estén dispuestas a revisar sus conclusiones a la luz de argumentos más sólidos o de nueva información.

Pero los espacios digitales modernos moldean agresivamente nuestra atención. Las plataformas digitales deciden qué es visible, fiable y digno de atención, y luego ofrecen contenido a los usuarios en forma de vídeos breves, reseñas cortas y feeds que se pueden desplazar sin fin.




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El pensamiento crítico resulta difícil en estos espacios digitales porque desaparece el tiempo y el espacio necesarios para la reflexión. En su lugar, es probable que los usuarios pasen directamente del consumo al juicio.

La reflexión, intermedio necesario entre consumo y juicio

Sin embargo, aún podemos fomentar la crucial primera etapa de la reflexión fuera de estos entornos digitales. Y, al igual que cualquier objetivo educativo significativo, este hábito no se adquiere únicamente a través de la enseñanza. Se cultiva gradualmente mediante la práctica repetida, la retroalimentación, la reflexión y la revisión a lo largo de todo el plan de estudios.

Aunque el pensamiento crítico comienza con una reflexión disciplinada, no termina ahí. La reflexión nos prepara para ejercer el juicio.

El juicio es donde el pensamiento comienza a orientar la acción. Es donde decidimos qué merece nuestra atención, cuánta confianza depositar en nuestro conocimiento y qué responsabilidades se derivan de ello. Determina cómo participamos en última instancia junto a los demás en situaciones en las que no podemos estar seguros al 100 % de lo que sabemos.




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El ingrediente clave: la humildad intelectual

Uno de los logros menos publicitados de la educación es que ayuda a los alumnos a descubrir los límites de su propia comprensión. Luchar con ideas difíciles, construir argumentos, cometer errores y revisar el propio razonamiento hacen mucho más que simplemente producir conocimiento. Estos procesos calibran gradualmente el juicio al enseñar a los estudiantes la diferencia entre llegar a una respuesta y comprender un tema de forma significativa.

Con las herramientas basadas en la IA, es más fácil que nunca producir trabajos que, a primera vista, parezcan reflexivos, persuasivos y sofisticados. Una persona puede parecer informada y elocuente sin haber realizado nunca el difícil trabajo cognitivo de desarrollar una comprensión real.

Por lo tanto, hay que enseñar a los estudiantes a distinguir entre una respuesta y la comprensión real. La capacidad de escribir un texto fluido y bien construido es una habilidad totalmente distinta a la de elaborar un argumento sólido. De hecho, una prosa ingeniosa a menudo puede enmascarar o distraer la atención de la falta de una comprensión clara.

Apariencia frente a profundidad

Pero el riesgo no es que el uso de la IA genere estudiantes incapaces de pensar. El riesgo es que cada vez resulte más fácil confundir una ejecución pulida con profundidad intelectual, tanto en nosotros mismos como en los demás.

Aquí es donde entra en juego la humildad intelectual. No se trata ni de modestia ni de falta de confianza, sino de la capacidad de reconocer los límites de la propia comprensión, estar abierto a la revisión y calibrar la confianza en función de lo que realmente se sabe. La humildad intelectual es lo que evita que el juicio se endurezca hasta convertirse en una certeza ciega.

Esta capacidad hace que el pensamiento crítico sea algo más que un conjunto de habilidades cognitivas. Se convierte en parte de un proyecto educativo más amplio, que prepara a los estudiantes para ejercer su juicio de forma responsable en relación con otras personas y con el mundo compartido en el que viven.

Proteger la democracia

Las sociedades democráticas dependen de personas capaces de sopesar argumentos contrapuestos, reconocer la incertidumbre sin dejarse paralizar por ella y revisar sus opiniones cuando sea necesario.

Aunque estas capacidades no surgen por sí solas, pueden desarrollarse a través de experiencias educativas que pregunten repetidamente a los estudiantes no solo qué piensan, sino también cómo han llegado a una conclusión concreta, qué pruebas podrían llevarles a reconsiderarla y cuánta confianza merece realmente.

Más allá de una habilidad aislada

Desde esta perspectiva más amplia, el pensamiento crítico no puede reducirse a una habilidad aislada, integrarse en una sola asignatura ni medirse mediante una única evaluación. Se cultiva en todas las disciplinas, a través de experiencias que obligan a los estudiantes a revisar sus conclusiones a la luz de nuevas pruebas, a defender interpretaciones contrapuestas, a explicar el razonamiento que subyace a sus decisiones y a reflexionar con honestidad sobre los límites de su propio entendimiento.

En la práctica, esto se traduce en un experimento científico que refuta la hipótesis de un alumno, una clase de historia en la que se comparan interpretaciones contradictorias de un mismo acontecimiento o un debate literario que explora múltiples lecturas de un texto.

Este tipo de tareas exigen a los alumnos que pongan en práctica el mismo hábito: ejercer el juicio con humildad intelectual. El objetivo no es simplemente llegar a la respuesta correcta, sino aprender a reconocer cuándo su propio razonamiento debe cuestionarse, refinarse o modificarse.

En última instancia, este hábito prepara a los alumnos para el mundo real actual, donde los retos rara vez tienen respuestas claras o información completa. Al igual que todos los adultos, los alumnos tendrán que lidiar con afirmaciones contradictorias y debates públicos, a menudo en plataformas gestionadas mediante algoritmos llenas de contenido generado por IA.

En estos espacios, la confianza tiende a ir por delante de la comprensión.

Cuestionar y reconsiderar

Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que hayan practicado la difícil tarea de revisar sus opiniones. El aula ofrece un entorno seguro y sin grandes riesgos para entrenar esta habilidad antes de ponerla en práctica en el mundo real.

Los colegios y las universidades tienen el deber de enseñar a los alumnos a ejercer un juicio sensato ante la incertidumbre, el desacuerdo y la complejidad. Esa labor no comienza enseñando el pensamiento crítico como una habilidad aislada, sino diseñando experiencias de aprendizaje que inviten repetidamente a los estudiantes a cuestionar, revisar, justificar y reconsiderar su propio pensamiento en todas las disciplinas.

Al hacerlo, la humildad intelectual se convierte no solo en un ejercicio académico, sino en un hábito cívico profundamente arraigado.

The Conversation

Sara Kells no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El ‘pensamiento crítico’ está de moda: ¿qué significa realmente y cómo se enseña? – https://theconversation.com/el-pensamiento-critico-esta-de-moda-que-significa-realmente-y-como-se-ensena-288044

Las olas de calor llegan a los glaciares alpinos, y estas son las consecuencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

El glaciar Findel, en el macizo del Monte Rosa, en los Alpes peninos. YueStock/Shutterstock

Desde la segunda quincena de mayo, Europa está siendo afectada por intensas olas de calor, caracterizadas por periodos prolongados de varios días excepcionalmente cálidos. La ola acontecida a finales de junio fue de gran intensidad y duración, registrándose temperaturas extraordinariamente altas en diferentes zonas, entre las que se incluye el arco alpino.

La primera quincena de julio ha seguido la misma tendencia de temperaturas inusualmente altas debido al bloqueo de un domo de calor –una especie de “tapadera” que atrapa una masa de aire caliente sobre la superficie terrestre– estabilizado sobre el Viejo Continente.

Seis imágenes de satélite que muestran la evolución de la temperatura de la superficie terrestre
Evolución de la temperatura de la superficie terrestre registrada por el radiómetro de los satélites Sentinel-3 para el periodo del 29 de junio al 3 de julio.
European Union, Copernicus Sentinel-3, CC BY

El deshielo se adelanta y se acelera

La ocurrencia de estas olas de calor está teniendo dramáticos efectos en los glaciares de los Alpes, donde se están produciendo elevadas tasas de fusión. El servicio de monitorización glaciar suizo (Glacier Monitoring in Switzerland, GLAMOS) ha advertido que el pasado 29 de junio fue el día de pérdida glaciar (Glacier Loss Day, GLD) en los glaciares suizos.

El GLD marca el punto de inflexión anual en el que el glaciar pierde toda la masa de nieve y hielo acumulados durante el invierno, y a partir de ese momento entra en pérdida neta irreversible hasta la siguiente temporada invernal. Según GLAMOS, la fecha en 2026 supone un adelanto de dos a tres meses en el ciclo anual de deshielo, durante los cuales se estará produciendo la fusión del hielo glaciar. En otras palabras, en este año se va a acelerar la tasa anual de pérdida de masa glaciar, ya de por sí elevada como consecuencia del cambio climático global.

Gráfico que indica un adelanto del momento del año en que comienza la pérdida de hielo glaciar desde 2013
Tendencias en el balance de masa glaciar en glaciares suizos en el periodo 2010-2026.
GLAMOS, CC BY

La tendencia del balance de las masas glaciares es similar a la observada en 2022, cuando en las montañas alpinas ocurrieron tres olas de calor de mayo a junio que marcaron en los glaciares suizos un adelanto significativo del GLD al 26 de junio. Una trágica consecuencia de estas condiciones climáticas excepcionales en los Alpes fue la gran avalancha ocurrida el 3 de julio de 2022 en el glaciar de la Marmolada.

Evolución de las temperaturas atmósfericas a 2 m. del terreno en las localidades de Chamonix (macizo del Mont Blanc, Francia), Zermatt (Cervino y macizo del Monte Rosa, Suiza) y Gressoney-La Trinité (macizo del Monte Rosa, Italia) en los meses de mayo y junio para los últimos 5 años. Nótese la intensa ola de calor de la segunda quincena de mayo en las tres localidades.
Javier Lillo, a partir de datos de ECMWF – Copernicus Climate Change Service (C3S)-Unión Europea, CC BY-SA

En 2026 parece que nuevamente se han conjugado varias causas para el adelanto del GLD, añadidas a las olas de calor de mayo y junio marcadas por la continuidad de días con elevadas temperaturas: en abril, la capa de nieve alcanzó mínimos históricos en algunos lugares o, en el mejor de los casos, alcanzó la media en unos pocos glaciares. En marzo, se depositó polvo del Sáhara, que redujo el albedo de los glaciares, aumentando con ello la absorción de la radiación solar sobre su superficie.

Aunque en mayo y junio de 2025 también se alcanzaron temperaturas altas en los Alpes, no se llegó al adelanto del GLD que se ha observado este año de 2026. Aparte de la incidencia de otros factores como las nevadas invernales, posiblemente una de las razones de mayor peso para tal adelanto sea la recurrencia de olas de calor.

El 29 de junio la isoterma –línea imaginaria que conecta puntos de la misma temperatura– de 0 ºC en el valle de Aosta (valle alpino que conecta el macizo del Mont Blanc y el Cervino por el sur) se situó a 4 600 metros sobre el nivel del mar, superando así la altitud del Cervino (4478 m) y aproximándose a la del macizo del Monte Rosa (Punta Doufur, 4634 m). Esto implica que, al menos en la superficie de la mayoría de los glaciares, las condiciones eran de fusión ese día.

Corrientes y acumulaciones de agua en el glaciar

El aumento de la fusión glaciar tendría que verse reflejado en un incremento significativo del caudal de los cursos de agua en la cabecera de la cuenca hidrográfica, como consecuencia del aporte del agua de fusión. Sin embargo, no siempre ocurre así, siendo posible que parte del agua de fusión permanezca en el glaciar.

Una mayor cantidad de agua de fusión genera un mayor desarrollo del sistema hidrológico del glaciar. La circulación y el almacenamiento del agua líquida están controlados por los huecos generados tanto por la propia dinámica del flujo glaciar (grietas y rimayas), como por los huecos producidos por la fusión del hielo (lagunas, canales, sumideros, conductos, cuevas).

El hielo actúa, desde el punto de vista hidrológico, como un material impermeable pero que es susceptible de fundirse y, por tanto, de generar huecos por donde el agua circule o se acumule. Este comportamiento dual da lugar a corrientes y acumulaciones sobre la superficie del glaciar (arroyos y lagunas supraglaciares), en su interior (conductos y bolsas endoglaciares) o en la base (corrientes y lagunas subglaciares).

Sistema hidrológico de un glaciar alpino de circo con elevada tasa de fusión
Sistema hidrológico de un glaciar alpino de circo con elevada tasa de fusión. A) Sumidero. B) Laguna supraglaciar. C) Grieta glaciar con agua de fusión intraglaciar. D) Corrientes supraglaciares de agua fusión. F) Afloramiento de agua subglaciar.
Javier Lillo, CC BY-SA

El taponamiento de conductos y cavidades intraglaciares puede ocasionar la acumulación de volúmenes importantes de agua de fusión, quedando así almacenada en el interior de la masa glaciar, sin que sea aportada a lagos o corrientes fluviales. En esas cavidades, el potencial hidráulico (generado por la presión hidrostática o bien por el propio peso del hielo) puede ser muy alto, alcanzándose condiciones de sobrepresión que pueden generar una situación de peligro por la rotura o deslizamiento súbito del hielo glaciar.




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Los riesgos para la población

Unos de los casos más representativos de la peligrosidad de estas acumulaciones intraglaciares de agua de fusión es el del glaciar del Tête Rousse (Alpes franceses), donde en el 11 de julio de 1892 tuvo lugar el reventón y brusco desagüe de una bolsa intraglaciar que causó una gran riada que devastó la población francesa de SaintGervais–Le Fayet con la pérdida de 175 vidas humanas.

El glaciar de Tête Rousse es un pequeño glaciar colgado en la ladera del Mont Blanc. Desde entonces ha sido objeto de monitorización continuada y sometido a actuaciones de drenaje en varias ocasiones al haberse observado acumulaciones o sobrepresiones excesivas en cavidades intraglaciares.




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El adelanto del GLD genera un incremento de la peligrosidad derivada de la acumulación del agua de fusión en estas masas de hielo. Por ello, es fundamental que en los glaciares alpinos se lleve a cabo la vigilancia continua mediante observación satelital, técnicas geofísicas y trabajo de campo con el fin de evaluar el grado de peligrosidad y poder implementar las medidas oportunas para reducirla.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Las olas de calor llegan a los glaciares alpinos, y estas son las consecuencias – https://theconversation.com/las-olas-de-calor-llegan-a-los-glaciares-alpinos-y-estas-son-las-consecuencias-288210

Habituación, agresividad y falta de empatía: cómo afecta a los jóvenes la violencia audiovisual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Milton Merizalde Torres, Psiquiatra de adicciones, experto en TDAH adulto, Universidad Europea Miguel de Cervantes

AYO Production/Shutterstock

Hace apenas unas décadas, la mayoría de las personas conocíamos las guerras a través de los periódicos o de los informativos de televisión. Las imágenes llegaban seleccionadas por periodistas y editores, por lo que el acceso a escenas especialmente crudas era limitado. Hoy, en cambio, cualquiera de nosotros puede acceder a las redes para contemplar, en cuestión de segundos, conflictos armados, atentados o agresiones procedentes de diversas partes del mundo.

Es la primera vez en nuestra historia que una generación crece expuesta, desde la infancia y de forma prácticamente ininterrumpida, a sufrimiento humano en forma de material audiovisual. En algunos casos, estas imágenes provienen de zonas de conflicto y son difundidas por medios informativos o los propios testigos. En otros, muestran agresiones o situaciones de maltrato grabadas por sus propios protagonistas para deliberadamente exponerlo en redes sociales.

Ante esta situación, padres, docentes e investigadores compartimos la preocupación de que la exposición masiva a violencia audiovisual conduzca finalmente a su trivialización.

¿Nos estamos habituando al dolor ajeno?

Una actitud de desapego o indiferencia hacia el sufrimiento del otro puede estar asociada a varios factores. Uno de ellos es lo que en psicología se conoce como “habituación”. Este es un proceso mediante el cual una persona responde paulatinamente menos a un estímulo reiterado debido a que va perdiendo trascendencia.




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Se trata de una estrategia involuntaria y evolutivamente útil que nos ayuda a convivir con estímulos que no tienen importancia en la supervivencia, por lo que no requieren nuestra atención. Por ejemplo, la habituación es lo que nos permite no hacer caso al zumbido de la nevera o al ruido del tráfico mientras trabajamos. Aunque su utilidad biológica es innegable, existe evidencia que sugiere que la exposición repetida a escenarios violentos podría modificar, al menos temporalmente, la respuesta emocional ante el sufrimiento ajeno.

Este dato cobra especial importancia si consideramos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 10 % de los jóvenes realiza un uso problemático de redes sociales y que, tras la pandemia, los jóvenes consumen cerca de cuatro horas diarias de contenido digital. Esto es especialmente preocupante si se toma en cuenta que las bases de la inteligencia emocional, la empatía y la prosocialidad se cimentan durante la niñez y adolescencia.

Jóvenes agresivos y consumo de violencia audiovisual

Un estudio publicado recientemente muestra un efecto circular de retroalimentación en la relación entre violencia audiovisual y conductas agresivas. Sin embargo, este trabajo –al igual que otros de diseño y conclusiones similares– pone al descubierto otros factores. Por ejemplo, los jóvenes con tendencias agresivas consumen con mayor frecuencia y más temprano violencia audiovisual. Considerando la evidencia actualizada, no parece existir un efecto aislado, unívoco y directo de la exposición a la violencia sobre la conducta agresiva. Lo que existen son factores de riesgo y protección que hacen que se facilite o dificulte que esta exposición se traduzca en conductas violentas.

Desde la perspectiva de la intervención, es interesante reconocer el papel educativo y, en todo caso, correctivo de padres, profesores, sanitarios y de la sociedad en general. Aunque todavía no existen intervenciones específicas dirigidas a prevenir la habituación a violencia audiovisual y posterior conducta agresiva, las investigaciones disponibles respaldan programas que promueven el aprendizaje socioemocional, el entrenamiento en empatía, la alfabetización digital, la toma de perspectiva de las víctimas y la reducción del uso problemático de pantallas.




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Aunque la habituación sea un proceso natural e involuntario, ello no significa que sus posibles consecuencias sobre la conducta de los jóvenes deban aceptarse con resignación. La prioridad debería ser intervenir sobre aquellos predispuestos a la violencia. De este modo, será menos probable que el sufrimiento ajeno sea tan intrascendente como el zumbido de la nevera.

The Conversation

Milton Merizalde Torres no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Habituación, agresividad y falta de empatía: cómo afecta a los jóvenes la violencia audiovisual – https://theconversation.com/habituacion-agresividad-y-falta-de-empatia-como-afecta-a-los-jovenes-la-violencia-audiovisual-284811

Orgullo de Berlín: el ISIS sigue inspirando el terrorismo en Europa, pero ¿quiénes cometen estos atentados?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ibrahim Al-Marashi, Adjunct Professor, IE University; California State University San Marcos

Vista de la Puerta de Brandeburgo tras el atentado terrorista perpetrado durante el Orgullo de Berlín el 25 de julio de 2026. Orator/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El domingo 26 de julio, la policía alemana abatió al presunto autor de un atropello durante la marcha del Orgullo de Berlín, que había dejado un fallecido y 20 heridos el día anterior. El sospechoso ya tenía antecedentes policiales por su anterior intento de unirse al Estado Islámico en Siria e Irak (ISIS).

En la década de 2010, el ISIS reivindicó múltiples atentados contra eventos culturales, en su mayoría conciertos. Algunos de sus atentados más mortíferos en suelo europeo fueron el atentado de 2015 en la sala Bataclan de París y el atentado con bomba de 2017 durante un concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena. Más recientemente, en el verano de 2024, se produjo un complot fallido inspirado por el ISIS para atacar un concierto de Taylor Swift en Viena.

También se han producido anteriormente atentados homófobos inspirados por el ISIS: el grupo también reivindicó la autoría del atentado de 2016 contra el Pulse, una discoteca gay de Orlando, Florida.

Desde el 2018, el ISIS ya no existe como Estado físico. Al carecer de una entidad política que inspire nuevos atentados en Europa, su violencia se ha reducido drásticamente durante la última década.

Sin embargo, la ideología tóxica del ISISismo –que busca resucitar un califato premoderno mediante medios modernos y occidentales, incluidas las redes sociales– ha seguido representando la forma definitiva de rebelión contrahegemónica para un determinado segmento de jóvenes musulmanes. Incluso despojado de su territorio físico, el Estado Islámico sigue desafiando y violando profundamente la soberanía y la seguridad de EE. UU. y Europa.

Muchas personas creían que el atentado frustrado de Viena en 2024 marcaba el fin de la ya menguante tendencia de los musulmanes nacidos en Europa a perpetrar atentados inspirados en el ISIS. Aunque desde entonces ha habido relativamente poca violencia islamista, el atentado de Berlín indica que la radicalización y la violencia ciertamente no son cosa del pasado.




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Los “nuevos yihadistas”

A principios de agosto de 2024, tres jóvenes austriacos presuntamente intentaron atacar a los swifties, los seguidores de la cantante estadounidense Taylor Swift, antes de su concierto en Viena a principios de agosto. Los conspiradores habían declarado específicamente su lealtad al ISIS.

Entre los autores del complot para atentar en el concierto de Swift se encontraban un austriaco originario de Macedonia del Norte y otro de origen turco, ambos musulmanes de segunda generación. El autor del atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín tenía unos antecedentes similares: había nacido en Alemania de padres musulmanes libaneses.

Esta tendencia respalda un argumento expuesto por Olivier Roy en un artículo de The Guardian de 2017 titulado “¿Quiénes son los nuevos yihadistas?” Sostiene que hay dos grupos demográficos que suelen unirse al ISIS para llevar a cabo atentados en Occidente: los musulmanes europeos de segunda generación (que a menudo reclutan a sus hermanos y hermanas) y los europeos conversos.

Según Roy, los hijos de inmigrantes musulmanes nacidos en países europeos suelen llevar una vida laica. Crecen en hogares poco religiosos y pueden ir a discotecas y consumir alcohol y drogas. Los que proceden de entornos socioeconómicos más desfavorecidos pueden acabar involucrándose en delitos menores.

En algún momento –a menudo tras pasar por la cárcel– se convierten en musulmanes “renacidos”, abrazando no solo la fe, sino una versión más austera y radical que la de sus padres. Suelen reunirse en grupos religiosos más reducidos, en lugar de en las grandes mezquitas a las que acuden sus familias.

Hay que destacar que se trata de un pequeño segmento de los musulmanes europeos de segunda generación. Lo que refleja esta tendencia es que los hijos de familias inmigrantes pueden embarcarse en una “rebelión generacional” contra sus padres, con el objetivo de demostrar que son más devotos que ellos.

El ISIS tenía poco atractivo para los inmigrantes de primera generación, que por lo general lo sacrificaban todo para que sus hijos tuvieran una vida mejor en Europa. También hay muy pocos reclutas europeos de tercera generación, ya que, a estas alturas, o bien están bien integrados en su sociedad o bien han encontrado formas de conciliar ambas dimensiones de su identidad.




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Un punto álgido político

Los debates políticos en torno al atentado ya han comenzado, y el ministro alemán Alexander Dobrindt calificó el atentado de “terrorismo islámico” después de que saliera a la luz el pasado del atacante.

Su uso del término islámico en lugar de islamista puede resultar polémico. Islamista se refiere específicamente al islam político –que incluye las creencias de grupos extremistas como el ISIS–, mientras que islámico se refiere a la fe musulmana en su conjunto. Ya sea deliberado o no, el lenguaje utilizado por Dobrindt podría interpretarse como una sugerencia de que existe un vínculo entre el islam y la violencia terrorista.

Los partidos de derecha y las figuras públicas de toda Europa utilizarán sin duda el atentado contra el desfile del Orgullo en Berlín como otra razón para restringir la inmigración, incluso mientras ellos mismos trabajan para desmantelar y socavar activamente los derechos LGBTQIA+.

Pero los Estados Unidos y los miembros de la UE pueden hacer frente a los atentados terroristas extremistas. En lugar de dejarse arrastrar por acusaciones islamófobas, pueden tomar medidas para abordar las condiciones socioeconómicas que llevan a las personas hacia el terrorismo. La desesperación, la falta de esperanza y la ira son las razones por las que el atractivo del islamismo radical persiste aún una década después de la declaración del Estado Islámico.

Las comunidades marginadas y desesperadas constituyen un terreno fértil para que se propague la doctrina del ISIS y otras formas de extremismo violento en todo el espectro político.

The Conversation

Ibrahim Al-Marashi no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Orgullo de Berlín: el ISIS sigue inspirando el terrorismo en Europa, pero ¿quiénes cometen estos atentados? – https://theconversation.com/orgullo-de-berlin-el-isis-sigue-inspirando-el-terrorismo-en-europa-pero-quienes-cometen-estos-atentados-288532

¿Merece la pena ver ‘La Odisea’ en IMAX? Lo que cambia (y lo que no) en cada pantalla de cine

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nadia McGowan, Vicerrectorado de Investigación y Transferencia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

Matt Damon al frente del ejército en una escena de _La Odisea_. Universal Pictures

Rodar en celuloide es, para una gran parte de los profesionales del cine, un sueño. La gran mayoría del sector audiovisual dejó atrás ese material hace más de diez años y todo se realiza casi íntegramente en formatos digitales. Pero muchos directores siguen creyendo que así es como se filma el cine “de verdad”, el de Steven Spielberg, Alfred Hitchcock y Billy Wilder, el de imágenes bellas y orgánicas que se convierten en arte.

Aunque ya pocos trabajan con este soporte, el uso del celuloide sigue siendo un factor de prestigio. En los años de la transición entre formatos, entre el 2000 y 2015, un 83 % de las obras más taquilleras se rodaron en celuloide y no fue hasta 2012 cuando el número de películas digitales superó a las rodadas de manera tradicional.

Dentro de sus grandes defensores destaca, sin duda, Christopher Nolan. Además de abrazar ese material durante toda su carrera, en 2008, en El caballero oscuro, comenzó a filmar algunas secuencias en IMAX (acrónimo en inglés de Image MAXimum, ‘imagen máxima’), buscando una mayor inmersión en la historia. Este proceso le llevó a rodar Oppenheimer en 65 mm, alternando el color y el blanco y negro, y el formato IMAX con el de película de gran formato.

Con La Odisea va un paso más allá: es el primer filme narrativo rodado íntegramente en IMAX 70 mm. Para poder hacerlo, IMAX tuvo que rediseñar sus propias cámaras puesto que, en su estado normal, sonaban como máquinas de coser industriales y esto hacía imposible poder captar los diálogos de los actores.

Solo hay 41 salas en todo el mundo que pueden proyectar La Odisea en IMAX 70 mm a pantalla completa. El resto de los espectadores la verá en celuloide de 35 mm o 70 mm, IMAX digital o en digital estándar. ¿Cómo cambia esto la experiencia al sumergirnos en la película?

Un fotograma puede tener muchas formas

Imaginemos que fotografiamos una misma imagen con el móvil, pero primero lo hacemos en horizontal y luego en vertical. Lo que hay delante de la cámara no cambia, pero la ventana a través de la cual lo vemos es diferente. En el modo panorámico captamos más información a los lados y menos por arriba. En vertical, encaja mejor la figura humana pero nos perdemos el paisaje.

Esto es lo que en cine conocemos como “relación de aspecto”: la proporción entre el ancho y el alto del fotograma. Es un concepto distinto al del soporte (celuloide o digital) o de la resolución, aunque los tres suelen estar vinculados.

La televisión de casa tiene una proporción de 16:9. El formato IMAX tiene una proporción de 1.43:1, casi cuadrada. Se capta sobre una tira horizontal de película, donde cada fotograma ocupa 15 perforaciones. Este es el negativo más grande que existe hoy en día para cine comercial, lo que implica mayor nitidez, detalle y calidad, porque incluye más información.

Fotograma de 35 mm frente al de 70 mm IMAX.
Fotograma de 35mm frente al de 70 mm IMAX.
Carniolus/Wikimedia Commons, CC BY-SA

El resto de versiones recortan este formato original. El IMAX digital la reduce a 1.90:1; el Dolby Cinema la presenta en 2.39:1 o 1.85:1 según la sala; y la copia en 35 mm anamórfico (la más habitual) se proyecta en un rectángulo mucho más panorámico, de 2.39:1. Hablamos, en todos estos casos, de la relación de aspecto. En el formato 70 mm sin IMAX (posibilidad que se ofrece en algunos cines) también se pierden detalles en las partes superior e inferior de la imagen, pero la copia mantiene la textura de la grabación original en celuloide.

Volviendo al tamaño, cuanto más se aleja del 1.43:1 original, más información se pierde por arriba y por abajo, hasta recortar un tercio de lo que captó originalmente la cámara. El ancho de la escena no cambia, el recorte sólo afecta al eje vertical. El lector que lo desee puede consultar la comparativa ofrecida por la propia página de la película.

Se pierde, sobre todo, información de la periferia de la imagen, como techos y cielos. Estos son los espacios por los que circulan los personajes y que nos permiten sentirnos inmersos en su mundo. Lo que normalmente no se pierde, si el director ha trabajado bien el encuadre, son los elementos narrativos centrales –los rostros, los gestos, la acción principal–, porque estos suelen situarse en la zona que sobrevive a cualquier recorte.

Comparación de formatos en la página de la película.
Comparación de formatos en la página de la película.
Odyssey Movie

La crítica especializada que ha comparado las distintas copias de La Odisea coincide en que la experiencia no cambia tanto como cabría esperar. La versión en 35 mm recorta la imagen y aumenta ligeramente su textura, pero el relato sigue llegando con la misma claridad en todos los formatos.

Esto puede deberse a que Nolan y su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, han tenido en cuenta cómo se recortará la imagen en sus diferentes versiones para que ningún elemento fundamental quede fuera.

¿Para qué?

Sin embargo, esto a su vez plantea una nueva duda. Si el resultado final es tan parecido en cualquier sala: ¿por qué filmar en un formato mucho más caro que casi nadie podrá disfrutar al completo?

La respuesta procede, en parte, de la historia del cine y, en parte, de la estrategia del propio director.

Los grandes formatos han funcionado tradicionalmente como una marca de prestigio, de espectacularidad dentro de la industria, y actúan como reclamo de los espectadores. El fotograma más grande permite decir que se ha rodado con el mejor formato posible, un argumento que en el cine comercial reciente ha pesado tanto como cualquier razón puramente narrativa.

A ello se suma la justificación de la inmersión: cuanto más grande y más “cuadrado” sea el fotograma, menos distancia sentirá el espectador respecto a la pantalla, que ocupa casi completamente su campo de visión.

En este caso, Christopher Nolan, además, lo usa como seña de su identidad como autor. En un mundo digital, es de los pocos que todavía mantiene las raíces del celuloide.

La Odisea resume del deseo de muchos directores de aunar la teoría sobre la pureza del formato original con un razonamiento que impulse el beneficio económico. De hecho, es su expresión más extrema hasta la fecha: una película pensada para el 1.43:1 pero fabricada, fotograma a fotograma, para sobrevivir a todos los recortes que le esperan fuera de esas 41 salas.


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Nadia McGowan no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Merece la pena ver ‘La Odisea’ en IMAX? Lo que cambia (y lo que no) en cada pantalla de cine – https://theconversation.com/merece-la-pena-ver-la-odisea-en-imax-lo-que-cambia-y-lo-que-no-en-cada-pantalla-de-cine-288325

La venganza de acostarnos tarde: por qué robamos a propósito horas al sueño

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Lysenko Andrii/Shutterstock

Son las once y media de la noche. Sabemos que deberíamos irnos a dormir. Mañana sonará el despertador y nos tendremos que enfrentar a trabajo, clases, cuidados, correos, reuniones o tareas pendientes.

Pero nos asalta una frase íntima, casi justificadora: “me merezco un rato para mí”. Ponemos una serie. Miramos el móvil. Encadenamos vídeos. Revisamos redes sociales. Leemos noticias que no necesitábamos leer. Contestamos mensajes. O, simplemente, seguimos despiertos, como si alargar la noche permitiera recuperar algo que el día nos ha quitado.

No es exactamente insomnio, porque no siempre existe una imposibilidad real de dormir. A veces hay cansancio, incluso mucho cansancio, pero también una resistencia extraña a cerrar la jornada. Es lo que popularmente se conoce como “venganza de acostarse tarde”. En psicología, el concepto más asentado es el de procrastinación del sueño: retrasar la hora de irse a la cama sin que exista una causa externa que lo impida.

No es que no queramos dormir: es que no queremos que acabe el día

La explicación fácil sería pensar que nos falta disciplina. Sin embargo, esta conducta suele tener una lógica psicológica más compleja. Muchas personas no retrasan el sueño porque ignoren su importancia, sino porque sienten que el día no les ha pertenecido.

Durante la jornada, el tiempo está lleno de obligaciones: producir, cuidar, responder, desplazarse, organizar, cumplir. La noche aparece entonces como un pequeño territorio de soberanía personal: nadie pide nada, nadie interrumpe, nadie evalúa. Por fin, aunque sea tarde, podemos elegir.

Ahí aparece la palabra “venganza”. No es una venganza contra el sueño, sino contra un día que no ha dejado espacio para uno mismo. El problema es que esa recuperación de libertad tiene un coste: se paga con tiempo de descanso.

Desde esta perspectiva, acostarse tarde no es solo un mal hábito. Puede ser una forma torpe de defender una necesidad legítima: autonomía, placer, silencio, intimidad, desconexión. La literatura científica sobre motivación ha mostrado que la satisfacción o frustración de necesidades psicológicas básicas, como la autonomía o la competencia, se relaciona con indicadores de bienestar y salud. Así lo plantean distintos trabajos inspirados en la teoría de la autodeterminación.

Procrastinar también es regular emociones

La procrastinación suele interpretarse como pereza, pero muchas veces funciona como una estrategia de regulación emocional. No aplazamos solo porque no sepamos organizarnos, sino porque queremos evitar una emoción incómoda ahora mismo. Los investigadores Fuschia Sirois y Timothy Pychyl lo formularon con claridad al explicar la procrastinación como una forma de reparación del estado de ánimo a corto plazo.

En la procrastinación del sueño ocurre algo parecido. Irse a la cama implica aceptar que el día termina, pero también que el día siguiente está cerca. Para algunas personas, dormir no se vive como descanso, sino como rendición: cerrar los ojos significa abandonar el único momento propio y entregarse de nuevo a la rueda de obligaciones.

Por eso el móvil, la serie o el libro no son solo entretenimiento: funcionan como anestesia, recompensa, compensación. Durante un rato, la persona no está cumpliendo expectativas ajenas. Está escapando, descansando a su manera, aplazando mentalmente el mañana. El problema es que el alivio inmediato puede producir malestar diferido. Hoy gano una hora de libertad; mañana pierdo energía, atención, paciencia y capacidad de autocontrol.

El móvil no lo explica todo, pero lo pone mucho más fácil

Sería injusto decir que la culpa es solo de las pantallas, ya que antes del smartphone se retrasaba la hora de dormir con la televisión, la lectura, las llamadas o simplemente dando vueltas a la cabeza. Sin embargo, el móvil ha cambiado la escala del fenómeno.

El teléfono ofrece tres ingredientes muy potentes: recompensa inmediata, variedad infinita y ausencia de punto final. Una serie termina, aunque la plataforma nos sugiera otra, y un libro tiene capítulos. Pero el scroll no acaba nunca. Siempre hay otro vídeo, otra noticia, otro mensaje, otra comparación, otro estímulo.




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Diversos trabajos han relacionado el uso del teléfono antes de dormir con peores indicadores de sueño. En adultos, se ha asociado con peor calidad del descanso, más síntomas de insomnio y más fatiga. Y en adolescentes, investigaciones recientes también han encontrado asociaciones entre uso problemático del teléfono, procrastinación del sueño y peor calidad del descanso.

Hay otro matiz importante: a veces ya no procrastinamos solo antes de acostarnos, sino dentro de la propia cama. Nos metemos bajo las sábanas, apagamos la luz física y encendemos otra jornada digital. La cama deja de ser un espacio asociado al sueño y se convierte en una extensión del salón, la oficina o la vida social.

El círculo: cuanto peor dormimos, más necesitamos evadirnos

La trampa de la venganza nocturna es que parece autocuidado, pero puede convertirse en autosabotaje. Si una persona termina agotada, se queda despierta para recuperar algo de vida personal y duerme poco, al día siguiente estará más cansada. Ese cansancio reducirá su capacidad para gestionar emociones, tomar decisiones, organizarse y tolerar frustraciones. Como consecuencia, llegará de nuevo a la noche con más necesidad de evasión.

Se forma así un círculo difícil de romper: día saturado, necesidad de compensación, retraso del sueño, peor descanso, más agotamiento, más necesidad de compensación. Además, la falta de sueño no afecta solo al cansancio físico. Revisiones sobre descanso nocturno y emoción muestran que dormir poco puede aumentar el estado de ánimo negativo y reducir el positivo.

Por eso no basta con decir “acuéstate antes”. Para muchas personas, esa recomendación suena casi insultante. Claro que saben que deberían dormir más: la cuestión es por qué sienten que no pueden permitirse terminar el día.

Recuperar la noche empieza durante el día

Salir de este patrón no consiste únicamente en fuerza de voluntad, ni en convertir el sueño en otra obligación más que cumplir perfectamente. La clave está en preguntarse qué necesidad estamos intentando satisfacer de madrugada.

Si la respuesta es “necesito silencio”, habrá que buscar pequeñas islas de calma antes. Si la contestación es “necesito ocio”, quizá el día está organizado de manera que no deja espacio para el placer. Y si nos respondemos “necesito sentir que decido algo”, el problema no es solo nocturno: nos enfrentamos a una falta de autonomía acumulada. Algunas medidas ayudan: poner una hora de cierre digital, sacar el móvil de la cama, elegir actividades nocturnas con final claro, reducir tareas pendientes antes de dormir o crear un ritual de transición.

Las investigaciones sobre procrastinación del sueño la han relacionado con procesos de autorregulación y descanso nocturno insuficiente, pero esa autorregulación no ocurre en el vacío: falla más cuando estamos saturados, cansados o emocionalmente sobrecargados.

Quizá la intervención más importante sea anterior: dejar de colocar todo el descanso, todo el placer y toda la vida personal al final del día.

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Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. La venganza de acostarnos tarde: por qué robamos a propósito horas al sueño – https://theconversation.com/la-venganza-de-acostarnos-tarde-por-que-robamos-a-proposito-horas-al-sueno-284889

Por qué los simios no podrán nunca hablar como los humanos: una cuestión de narices

Source: The Conversation – (in Spanish) – By A. Victoria de Andrés Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Biología Animal, Universidad de Málaga

Umesh Jayasekara/Shutterstock

Nuestras narices no nos gustan. O eso es lo que parece desprenderse del informe de la SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética), según la cual la rinoplastia es la quinta intervención quirúrgica más realizada en el planeta, y no precisamente por motivos de salud. De hecho, llega a representar hasta el 10 % de las cirugías estéticas practicadas en Europa y EE. UU., ocupando España uno de los primeros puestos en este ranquin. Los más de 1,08 millones de remodelados nasales practicados en 2024 nos dicen, claramente, que las naricillas pequeñas y respingonas parecen constituir un bien estético de lo más codiciado.

Sin embargo, si supiéramos la cantidad de funciones que desempeña una buena y prominente nariz, muy posiblemente contemplaríamos nuestro apéndice nasal con unos ojos más benevolentes. Especialmente si conociésemos su importancia en la revolución cultural que conllevó la aparición de los humanos.

Para qué sirve la nariz

A priori, podríamos pensar que respirar debería ser perfectamente viable, simplemente, teniendo un orificio de contacto de las vías respiratorias con el exterior. Así, en principio, podríamos tanto oxigenarnos como oler, las dos funciones básicas en las que interviene la nariz. Sin embargo, este vistoso apéndice hace algo importantísimo con el aire: lo acondiciona en temperatura y humedad, antes de que llegue a la nasofaringe.

Si no fuese así, se nos podrían desecar las vías respiratorias en ambientes muy áridos o congelar los epitelios que revisten tráquea, bronquios y pulmones en lugares polares. En ambas circunstancias, moriríamos por imposibilidad de difusión del oxígeno en los epitelios alveolares hacia nuestra sangre. Sin llegar a situaciones tan drásticas, las vías respiratorias resecas disminuyen la función mucociliar, lo que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias.

Pero la evolución de la nariz humana consiguió cosas mucho más sorprendentes.

Los primates tienen una nariz plana

¿Se ha preguntado alguna vez por qué nuestros “primos simiescos” lucen unas narices bastante chatas mientras nosotros paseamos en mitad de nuestros rostro un más que destacado promontorio nasal? En general, todos los primates suelen tener unas narices bastante planas y parece que les basta para realizar las funciones nasales. ¿No podríamos sobrevivir nosotros igualmente con narices más pequeñas?

En realidad, se trata de un trampantojo arquitectónico. No es que bonobos, chimpancés y gorilas apenas tengan nariz sino que su hocico prognato hace que ésta apenas sobresalga del plano. En otras palabras, gran parte de la nariz esta incluida en el morro.

La línea evolutiva que llevó a los humanos, que ya sabemos que revolucionó muchos aspectos anatómicos, también afectó a la forma de la nariz. Lo que en realidad ocurrió fue una revolución en la integración morfológica existente entre diferentes regiones del cráneo de nuestros ancestros (región nasal, maxilar, premaxilar, base del cráneo y mandíbula inferior). De hecho, esta integración desapareció y el maxilar se retrajo.

Como consecuencia de la drástica reducción del prognatismo, la apertura nasal quedó situada en un plano muy anterior de la cara. Los cartílagos laterales y el tabique nasal dejaron de estar embebidos en el perfil del tercio medio facial y terminaron quedándose “al aire”. Así, la nariz dejó de estar “escondida” y pasó a ocupar un indiscutible protagonismo en nuestra fisonomía facial.

Gracias a la nariz, nuestra voz es clara y profunda

Pero la aparición de una nariz novedosa como la nuestra supuso algo más que una cara nueva. Además de calentar, humidificar y filtrar el aire o servir de soporte al epitelio olfativo, aparecieron novedades funcionales inviables en nuestros antepasados “morrudos”.

Un artículo muy reciente revela que, en la cara de un Homo, se genera una interesantísima separación funcional entre la nariz y la laringe como consecuencia de un doble cambio anatómico. Por una parte, al quedar la cavidad nasal más verticalizada (más alta y estrecha), se establece una complejidad mayor en la vía aérea superior. Por otra, la nasofaringe se amplía y se acorta, lo que supone una separación entre la vía aérea y la oral no factible, por ejemplo, en chimpancés o gorilas.

Nuestro nuevo tracto, así configurado, es más “doble” que el rectilíneo de los simios. Esto no solo permite un flujo de aire más turbulento y eficiente para filtración y acondicionamiento, sino que posibilita más control de resonancias y mayor estabilidad acústica en la emisión de aire. En otras palabras, con esta carambola evolutiva se consiguió un sistema óptimo para modular sonidos complejos y contrastivos, entre ellos, el desarrollo de vocales claramente diferenciadas.

Pero la cosa no quedó aquí. La “independización” de nuestra nariz no solo contribuyó a resonar y modular elevando extraordinariamente nuestra potencialidad de generar sonidos variados, sino que el tracto nasal y los senos paranasales ayudaron a que nuestra voz fuese más clara y más profunda.

Hablamos por narices

Visto lo visto, El planeta de los simios es inviable. Por más que nos guste esta obra fantástica de la ciencia ficción (mucho mejor en su extraordinaria versión de Charlton Heston), la realidad es que orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos, por mucho que un supuesto desarrollo cerebral lo posibilitara, no podrían llegar a articular nunca los sonidos implicados en un lenguaje complejo como el nuestro.

Su nariz está integrada en un sistema facial adaptado a la masticación, no a la optimización acústica. Lo que se suponía antes algo anatómicamente monofactorial (que el habla humana fue resultado de la bajada evolutiva de la laringe), ha resultado ser una consecuencia de muchos elementos implicados. En realidad, fue una reorganización completa del cráneo que cambió las relaciones anatómicas entre tracto nasal, boca y faringe para crear un sistema acústico altamente modulable.

Nuestra protagonista, esta novedosa y protruyente nariz que tenemos, fue claramente trascendental en la adquisición de una fisiología vocal excepcionalmente flexible y acústicamente revolucionaria.

Recuérdelo antes de minusvalorar la estética de su apéndice nasal.

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A. Victoria de Andrés Fernández no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué los simios no podrán nunca hablar como los humanos: una cuestión de narices – https://theconversation.com/por-que-los-simios-no-podran-nunca-hablar-como-los-humanos-una-cuestion-de-narices-282167

Mallorca se revuelve contra el turismo que despoja al habitante de su territorio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Batle Lorente, Profesor Titular de Universidad, Universitat de les Illes Balears

Mistervlad/Shutterstock

El domingo 26 de julio de 2026 se celebró en la ciudad de Palma, capital de las Islas Baleares una protesta no contra los turistas, sino contra un modelo económico que ha empezado a tratar a sus habitantes como un obstáculo.

La manifestación, convocada por la plataforma Menys Turisme, Més Vida, reunió a unas 25 000 personas según la Policía, y a 70 000, según la organización. Pueden discutirse las cifras de asistencia a la protesta, pero resulta más difícil poner en entredicho la escena: salieron a la calle decenas de miles de personas reclamando el derecho a seguir viviendo en uno de los destinos más celebrados del planeta. No pedían que Mallorca dejara de recibir visitantes, no. Pedían que no haya que expulsar a su población para alojarlos.

Participaron vecinos, ecologistas, agricultores y numerosos trabajadores del propio sector turístico. Sus demandas no dejan mucho espacio para la interpretación: limitar las viviendas vacacionales, reducir las plazas de avión y los vuelos disponibles a las islas, y abandonar un monocultivo económico que consume territorio, vivienda y vida cotidiana.

Hubo cargas policiales y heridos, pero reducir la manifestación a esos incidentes sería una manera bastante eficaz de no escucharla. El conflicto de fondo no es entre residentes educados y turistas inocentes. Es entre dos derechos que han dejado de pesar lo mismo: el derecho temporal a disfrutar de un lugar y el derecho permanente a habitarlo.

Una destino turístico puede triunfar y desaparecer

Durante décadas, el éxito de los lugares turísticos se ha medido en términos de llegadas, pernoctaciones, ocupación y gasto. Cuando esas cifras aumentan se habla de una buena temporada. Pero una economía puede crecer mientras desmantela las condiciones que permiten vivir en ella.

Puede aumentar la rentabilidad de cada metro cuadrado y reducir simultáneamente su utilidad social. Puede producir más riqueza y hacer que una enfermera, un policía, un profesor o un camarero no encuentren vivienda. Puede ofrecer al visitante una libertad extraordinaria de movimiento mientras obliga al residente a marcharse. Ese es el dato que rara vez aparece en las estadísticas: un destino puede prosperar como producto y fracasar como sociedad.

El alquiler vacacional no explica por sí solo la crisis de vivienda. Influyen también la inversión internacional, la escasez de suelo, la compra especulativa, la falta de vivienda pública y unas políticas largamente insuficientes. Pero sería intelectualmente tramposo minimizar su papel.

Agustín Cócola-Gant ha descrito las viviendas turísticas como un nuevo frente de la gentrificación. Su investigación muestra que la llamada economía colaborativa encubre con frecuencia una oportunidad de acumulación para inversores y propietarios. En ese proceso, el residente de larga duración deja de ser el destinatario de la vivienda y pasa a convertirse en un impedimento para extraer de ella mayor rentabilidad.

La expulsión, además, no siempre tiene forma de desahucio. Puede ocurrir piso a piso. Una vivienda queda libre y no vuelve al mercado residencial. Desaparece una tienda cotidiana y aparece otra orientada al consumo fugaz. Se marchan los vecinos, cambia el idioma económico del barrio y quien permanece descubre que sigue teniendo domicilio, pero ya no un lugar.

Llamarlo ‘turismofobia’ no fomenta el debate

Mallorca forma parte de una revuelta territorial más amplia.

En Venecia, el movimiento contra los grandes cruceros convirtió aquellos barcos desproporcionados cruzando la laguna en la imagen de una industria cuya escala ya no guardaba relación con la ciudad.

En Canarias, decenas de miles de personas han marchado bajo una frase difícil de mejorar: “Aquí vive gente”.

En Barcelona, las pistolas de agua dirigidas contra algunas terrazas turísticas ocuparon más espacio informativo que los alquileres que motivaban la protesta.

La palabra turismofobia completa la operación. Convierte un conflicto sobre vivienda, salarios, movilidad, agua, suelo y democracia en una reacción emocional contra los extranjeros. Despolitiza el problema y, de paso, infantiliza a quien protesta.

Los expertos en sobreturismo Claudio Milano, Marina Novelli y Joseph Cheer han mostrado que la saturación no consiste solo en la presencia de demasiados visitantes. Aparece cuando el crecimiento altera de manera permanente la vida de los residentes, limita su acceso a servicios y espacios y deteriora su bienestar. Sus trabajos también relacionan las movilizaciones sociales con la impugnación de economías basadas en el monocultivo turístico y en la obligación aparentemente indiscutible de seguir creciendo.

Por tanto, la pregunta no es cuántas personas caben físicamente en una isla. La pregunta es qué debe sacrificar la población para que sigan cabiendo.

Del turismo responsable al turista situado

La academia ha construido conceptos útiles para comprender esta transformación.

El decrecimiento turístico, defendido por los profesores Robert Fletcher, Ivan Murray, Asunción Blanco-Romero y Macià Blázquez-Salom, plantea que algunos territorios no necesitan gestionar mejor el crecimiento, sino reducir materialmente la presión: menos plazas, menos vuelos, menos consumo de suelo y menor dependencia económica del turismo.

No debe confundirse con la fórmula “menos turistas que gasten más”. Puede que esa propuesta reduzca ciertas aglomeraciones, pero también convierte el territorio en un club para rentas altas. Aunque llegue con equipaje discreto, el turismo de lujo ocupa espacio, consume recursos y eleva precios.

La investigadora Freya Higgins-Desbiolles ha desplazado la atención desde la cantidad de riqueza producida hacia su distribución: quién recibe los beneficios, quién soporta los costes y qué derechos deben prevalecer cuando entran en conflicto el negocio turístico y la vida de las comunidades.

La justicia de la movilidad, formulada por Mimi Sheller, permite observar otra desigualdad: no todos los movimientos tienen el mismo poder. El visitante cruza Europa durante un fin de semana pero la camarera de piso debe recorrer cada día decenas de kilómetros porque ya no puede vivir cerca de su empleo. La movilidad fácil de unos puede producir la movilidad forzada de otros.

Y la soberanía turística, vinculada por Carter Hunt, María José Barragán-Paladines, Juan Carlos Izurieta y Andrés Ordóñez a las luchas comunitarias por el control de sus medios de vida, formula la pregunta decisiva: ¿quién tiene autoridad para determinar el futuro de un destino?

A partir de estas aportaciones propongo una figura adicional: el turista situado.

El turista situado reconoce que no llega a un decorado disponible, sino a un territorio ya habitado, atravesado por relaciones de poder y conflictos concretos. Entiende que su libertad de movimiento sucede dentro de la vida menos móvil de otros. Y acepta algo que el turismo responsable suele evitar: hay alojamientos, actividades e incluso destinos que pueden dejar de estar moralmente disponibles.

No se limita a reducir su huella. Está dispuesto a renunciar.

La conciencia empieza con un ‘no’

Un turista situado dejaría de elegir Mallorca para hacer cicloturismo. No porque pedalear sea inmoral ni porque cada ciclista constituya un problema. Lo haría porque una actividad deja de ser inocente cuando su concentración deteriora la movilidad cotidiana de quienes usan esas carreteras para trabajar, estudiar, cuidar o regresar a casa. Elegiría otro territorio menos saturado. Otra época. Otra actividad.

Y no usaría Airbnb –ni cualquier otra plataforma equivalente– en zonas gentrificadas, donde la vivienda turística contribuye a que los jóvenes nacidos allí deban marcharse porque no pueden pagarse una casa.

Podemos discutir la intensidad concreta de cada efecto, la regulación más eficaz o el peso relativo de las distintas causas. Pero cuando existe un proceso visible de expulsión residencial, utilizar una vivienda como alojamiento vacacional deja de ser una elección privada sin consecuencias.

La conciencia turística consiste en viajar sabiendo cuándo uno debe escoger otro destino.

El turista situado se hace una pregunta previa a todas las recomendaciones, certificaciones y listas de buenas prácticas:

“¿Debo estar aquí, haciendo esto?”.

A veces la respuesta será sí. Otras exigirá cambiar de temporada, alojamiento o actividad. En determinados lugares y momentos será sencillamente no.

El derecho a retirar un territorio del mercado

La soberanía turística significa que una comunidad puede decidir cuánto turismo quiere, dónde, cuándo y bajo qué condiciones.

Puede determinar que determinadas viviendas deben servir para vivir. Puede limitar cruceros, vehículos, plazas turísticas o vuelos. Puede cerrar un espacio saturado, retirar licencias y anteponer la continuidad de una comunidad al rendimiento máximo de sus activos.

No equivale a cerrar fronteras. La soberanía turística no es pureza identitaria sino capacidad democrática.

Venecia pertenece prioritariamente a su población, no a las navieras. Barcelona, a quienes la habitan, no a las plataformas turísticas. Mallorca, a quienes sostienen aquí una vida, no a una industria que comercializa su disponibilidad.

El visitante merece hospitalidad, no soberanía. Una población debe poder conservar el derecho a retirar partes de su territorio del mercado turístico, aunque exista demanda y aunque alguien esté dispuesto a pagar.

Turismo, un poder no elegido

El turismo no es ya únicamente una actividad económica. Ha adquirido capacidad para organizar el territorio, el empleo, la vivienda, las infraestructuras y el calendario político. Ha empezado a actuar como un poder constituyente sin haber sido elegido.

La cuestión no es ya si el turismo genera riqueza. La genera. La cuestión es qué clase de pobreza puede producir al hacerlo: pobreza de vivienda, de tiempo, de espacio público, de expectativas y de futuro.

Se empiezan a ver pintadas y carteles en los coches de los habitantes locales. Incluso yo he usado uno –una vez–, que escribí en alemán, harto ya de carreteras terciarias colapsadas por cicloturistas:

Es patético, sí. Es cutre, también. Y es delicado. Pero los turistas, e incluso los residentes extranjeros de los lugares que se han gentrificado, necesitan recibir urgentemente ciertos mensajes, respetuosos pero claros.

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Julio Batle Lorente no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Mallorca se revuelve contra el turismo que despoja al habitante de su territorio – https://theconversation.com/mallorca-se-revuelve-contra-el-turismo-que-despoja-al-habitante-de-su-territorio-288566

¿Hacen falta más medios de extinción para luchar contra los incendios forestales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María-Luisa Chas-Amil, Catedrática de Economía Aplicada, Universidade de Santiago de Compostela

Dos avionetas vierten agua sobre el incendio forestal de La Mierla, Guadalajara, en julio de 2026. Staurrahmanstudio/Shutterstock

Ante la creciente gravedad que están alcanzando los incendios forestales en España en este mes de julio de 2026, surge la pregunta sobre si los medios de extinción disponibles son suficientes. La respuesta es compleja, especialmente en situaciones de emergencia, cuando están en juego viviendas y vidas humanas. Sin embargo, existe un amplio consenso científico que indica que la clave no reside en aumentar los recursos destinados a la extinción, sino en invertir más en prevención y gestión del territorio.

¿Cuánto se gasta en extinción?

La percepción generalizada en momentos de emergencia es que se necesitan más aviones o brigadas para combatir el fuego. No obstante, la realidad es que ya se destina una cuantía muy elevada del presupuesto público a este fin. El caso de España es paradigmático: dispone de un sólido sistema de extinción que absorbe un creciente presupuesto y, pese a ello, registra un aumento de grandes incendios de elevada peligrosidad.

En España, la gestión de los incendios forestales es una competencia descentralizada en la que cada comunidad autónoma tiene la responsabilidad exclusiva de la gestión forestal y de diseñar sus planes anuales de prevención y extinción.

Al no existir un fondo único, los presupuestos dependen de las decisiones de cada comunidad, la información disponible está fragmentada y es difícilmente comparable, ya que los criterios de imputación del gasto no son homogéneos. Asimismo, existe falta de transparencia y gran dificultad de acceso a la información sobre los gastos ejecutados. Esto impide, en la práctica, llevar a cabo análisis rigurosos de la eficiencia y eficacia de las políticas de extinción.

Teniendo en cuenta estas limitaciones, cualquier aproximación al gasto total debe interpretarse con cautela. Con esta salvedad, según los datos disponibles que hemos podido consultar, en Cataluña el presupuesto para prevención y extinción de incendios forestales en 2025 fue de 327 millones de euros. Este año, la Generalitat Valenciana destinará 298,47 millones de euros a este fin; Andalucía, 271 millones y Galicia, 213 millones.

El presupuesto total estimado para el conjunto del Estado podría superar los 1 800 millones de euros anuales. De ellos, alrededor del 78 % se destina a labores de extinción y el 22 % a prevención.

Por su parte, la Administración General del Estado ejerce funciones de apoyo y coordinación a través del Ministerio para la Transición Ecológica, para lo que destina unos 109 millones de euros.

A todo esto hay que añadir el coste de los medios empleados en tareas de logística, seguridad y evacuación y los gastos soportados por administraciones locales, además de los recursos activados a través del Mecanismo de Protección Civil de la UE, no financiados con estas partidas presupuestarias.

La reciente declaración de emergencia de interés nacional como consecuencia de los incendios de la Comunidad de Madrid, Ávila y Toledo –la segunda vez que se activa en España y la primera motivada por incendios– constituye un ejemplo de la movilización de todos los recursos necesarios, bajo el mando operativo de la Unidad Militar de Emergencias y la coordinación del Ministerio del Interior.

Un incremento continuado del gasto no es sostenible económicamente. Baste señalar que la dotación estimada para extinción supera el presupuesto anual de la Agencia Estatal de Investigación o, sólo en el caso de Galicia, ampliamente los presupuestos de algunas consellerías, como la de Medio Ambiente y Cambio Climático.

Ello no significa, por supuesto, que el gasto en extinción no sea necesario. Además de evitar daños y grandes pérdidas económicas y proteger a la población, su eficacia es incuestionable en los ataques iniciales, ya que gran parte de los incendios se extinguen en fase de conato (menos de 1 hectárea).

Esta realidad, sin embargo, es compatible con la famosa paradoja de la extinción: cuanto más eficaz es un sistema en eliminar fuegos pequeños y moderados, mayor es la proporción de incendios extremos. Y estos últimos son precisamente los más costosos, peligrosos y difíciles de controlar. Por ello, aunque la extinción seguirá siendo imprescindible, la prevención ofrece una rentabilidad social y económica superior a largo plazo.




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La prevención es la inversión más rentable

La investigación identifica escenarios específicos donde la capacidad de lucha contra el fuego resulta insuficiente o requiere de una preparación específica:

  • Los incendios extremos, con comportamientos impredecibles y gran virulencia: requieren de recursos especializados que a menudo superan los disponibles. Sin embargo, dimensionar un sistema de extinción para el peor escenario posible es inviable, ya que ello supondría un coste económicamente inasumible.

  • Los incendios en zonas de interfaz urbano-forestal: suelen colapsar a los servicios de extinción, que deben suprimir el fuego, evacuar poblaciones y proteger estructuras simultáneamente. Este escenario exige capacidades específicas y una preparación especializada, más que un simple aumento del volumen de recursos. Se requieren protocolos de actuación, formación en protección de estructuras y planes de autoprotección para la población, así como una ordenación del territorio que evite la expansión de viviendas en zonas de alto riesgo.

  • Cuando coinciden numerosos incendios en el tiempo: los recursos disponibles se dispersan y su eficacia disminuye de forma significativa, agravando la falta de medios ante la multiplicación de frentes. En estas circunstancias, la preparación previa del territorio –mediante áreas estratégicas de gestión, cortafuegos, puntos de agua y una adecuada red de accesos– resulta más determinante que el número de efectivos disponibles.




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En definitiva, más que aumentar indiscriminadamente los medios de extinción, es necesario disponer de capacidades especializadas y bien coordinadas para responder a los escenarios más complejos y, al mismo tiempo, gestionar el territorio y aprender a convivir con el fuego. No se trata de elegir entre extinción o prevención, sino de comprender que la prevención constituye la gran asignatura pendiente y la inversión más rentable.

Mientras los medios de extinción actúan una vez iniciado el fuego, la prevención aborda las causas estructurales del problema y reduce el riesgo de que los incendios evolucionen hasta convertirse en grandes catástrofes. El desafío de los grandes incendios forestales no se resolverá únicamente con más helicópteros o más brigadas, sino con una gestión sostenible del territorio que arde.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Hacen falta más medios de extinción para luchar contra los incendios forestales? – https://theconversation.com/hacen-falta-mas-medios-de-extincion-para-luchar-contra-los-incendios-forestales-288427

De tormentas eléctricas a remolinos de fuego: los incendios forestales pueden generar su propio clima

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Kyle Hilburn, Research Scientist in Atmospheric Science, Colorado State University

En 2018 se formó una gran nube de pirocúmulo sobre un incendio forestal cerca de Redding, California. Josh Edelson/AFP vía Getty Images

Explosiones, remolinos de fuego, tormentas eléctricas gigantescas: cuando los incendios alcanzan un tamaño y una temperatura suficientes, pueden llegar a generar su propio clima.

En estas condiciones extremas, los métodos habituales de los bomberos para controlar directamente el fuego no funcionan, y los incendios forestales arden sin control.

Pero ¿cómo puede un incendio crear su propio clima?

Las imágenes de satélite muestran cómo el incendio conocido como “Park Fire”, cerca de Chico (California), generó intensas columnas de pirocumulonimbos, visibles en blanco, en julio de 2024. CSU/CIRA y NOAA

Soy científico atmosférico y utilizo datos recopilados por satélites en modelos de predicción para anticipar mejor los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con los incendios. La información de los satélites muestra que las tormentas eléctricas provocadas por los incendios son mucho más frecuentes que hace tan solo unos años. Esto es lo que está ocurriendo.

La relación entre los incendios forestales y el clima

Imagine un paisaje natural con hierba seca, matorrales y árboles. Cae una chispa, tal vez provocada por un rayo o por una rama que golpea un cable eléctrico. Si hace calor, el tiempo es seco y hay viento, esa chispa podría provocar rápidamente un incendio forestal.

Cuando la vegetación arde, se liberan grandes cantidades de calor. Esto calienta el aire cerca del suelo, y ese aire asciende como un globo aerostático, ya que el aire caliente es menos denso que el aire frío. A continuación, el aire más frío entra rápidamente para llenar el vacío dejado por el aire ascendente.

Así es como los incendios forestales crean sus propios patrones de viento.

Una ilustración muestra un incendio, humo y nubes que se elevan a partir del humo.
Los incendios crean sus propios patrones de viento y condiciones meteorológicas a medida que su calor asciende. La ilustración se basa en un modelo informático acoplado de incendios y atmósfera, el WRF-SFIRE-CHEM.
Adam Kochanski/Universidad Estatal de San José/WIRC

Lo que ocurre a continuación depende de la estabilidad de la atmósfera. Si la temperatura desciende rápidamente a medida que se gana altura sobre el suelo, el aire ascendente siempre será más cálido que el que lo rodea y continuará subiendo. Si lo hace lo suficiente, la humedad se condensará, formando una nube conocida como pirocúmulo o flammagenitus.

Si el aire sigue ascendiendo, en algún momento la humedad condensada se congelará.

Una vez que una nube contiene partículas de agua tanto líquidas como congeladas, las colisiones entre estas partículas pueden provocar una separación de cargas eléctricas. Si la acumulación de carga es lo suficientemente grande, se producirá una descarga eléctrica –más conocida como rayo– para neutralizar las cargas.

Que una nube provocada por un incendio se convierta en una tormenta depende de tres factores clave: una fuente de ascensión, inestabilidad y humedad.

Rayos secos

Los entornos de incendios forestales suelen tener poca humedad. Cuando las condiciones en la atmósfera inferior son secas, esto puede dar lugar a lo que se conoce como rayos secos.

Nadie que viva en un entorno propenso a los incendios forestales quiere ver este fenómeno. Se producen cuando una tormenta eléctrica genera rayos, pero la precipitación se evapora antes de llegar al suelo. Eso significa que no hay lluvia que ayude a extinguir los incendios provocados por los rayos.

Remolinos de fuego

A medida que el aire asciende en la atmósfera, puede encontrarse con diferentes velocidades y direcciones del viento, una condición conocida como cizalladura del viento. Esto puede hacer que el aire gire. El aire ascendente puede inclinar el giro hasta hacerlo vertical, pareciéndose a un tornado.

Estos remolinos de fuego pueden tener vientos potentes capaces de esparcir cenizas todavía encendidas, provocando nuevos focos de incendio. Sin embargo, no suelen ser auténticos tornados, ya que no están asociados a tormentas eléctricas giratorias.

Un vídeo en cámara rápida muestra un gran remolino de fuego durante el incendio “Park Fire”, cerca de Chico (California), en julio de 2024. UC San Diego, The Guardian.

Tormentas en desvanecimiento

Con el tiempo, la tormenta eléctrica provocada por el incendio forestal comenzará a desvanecerse, y lo que subió volverá a bajar. La corriente descendente de la tormenta en desvanecimiento puede producir vientos erráticos en el suelo, lo que propaga aún más el fuego en direcciones que pueden ser difíciles de predecir.

Cuando los incendios generan su propio clima, su comportamiento puede volverse más impredecible y errático, lo que no hace sino amplificar la amenaza que suponen para los residentes y los bomberos que luchan contra las llamas. Anticiparse a los cambios en el comportamiento del fuego es importante para la seguridad de todos.

Un fenómeno no tan infrecuente

Los meteorólogos reconocieron la capacidad de los incendios para generar tormentas eléctricas a finales de la década de 1990. Pero no fue hasta el lanzamiento de los satélites de la serie GOES-R en 2017 cuando los científicos dispusieron de las imágenes de alta resolución necesarias para constatar que los fenómenos meteorológicos provocados por los incendios son, en realidad, algo habitual.

Hoy en día, estos satélites pueden alertar a los bomberos de un nuevo incendio incluso antes de que se reciban llamadas al 911. Esto es importante, ya que existe una tendencia al alza en el número, la extensión y la frecuencia de los incendios forestales en regiones con riesgo.

El cambio climático y el aumento del riesgo de incendios

Como en otras partes del mundo, las olas de calor y el riesgo de sequía han ido en aumento en América del Norte, y el aumento de las temperaturas globales hace que, cada vez con mayor frecuencia, los paisajes y bosques secos sean propensos a arder. Además, los experimentos con modelos climáticos indican que el cambio climático provocado por el ser humano seguirá aumentando ese riesgo.

A medida que más personas se trasladan a zonas de riesgo en este clima cada vez más cálido, las probabilidades de que se produzcan incendios también van en aumento.

Los incendios traen consigo riesgos en cadena que persisten mucho tiempo después de que el fuego se haya extinguido. Por ejemplo, los paisajes afectados por las llamas son mucho más propensos a sufrir deslizamientos de tierra y corrimientos de escombros que pueden afectar a la calidad del agua y a los ecosistemas.




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Las comunidades pueden reducir su vulnerabilidad ante los daños causados por los incendios creando espacios defendibles y cortafuegos, y haciendo que las viviendas y las propiedades sean menos vulnerables. Los bomberos también pueden reducir la carga de combustible circundante mediante quemas controladas.

Es importante recordar que el fuego es una parte natural del sistema terrestre. Como escribe el científico especializado en incendios Stephen J. Pyne, nosotros, como seres humanos, tendremos que reorientar nuestra relación con el fuego para aprender a convivir con él.

The Conversation

Kyle Hilburn recibe financiación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos.

– ref. De tormentas eléctricas a remolinos de fuego: los incendios forestales pueden generar su propio clima – https://theconversation.com/de-tormentas-electricas-a-remolinos-de-fuego-los-incendios-forestales-pueden-generar-su-propio-clima-288461