¿Es ‘ser hombre’ una competencia oculta para dirigir proyectos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rocío Poveda Bautista, Profesora Titular de proyectos de Ingeniería, Universitat Politècnica de València

fizkes/Shutterstock

En las organizaciones, la persona que liderará un proyecto suele decidirse con información incompleta y bajo presión de tiempo. En ese contexto, los atajos mentales y estereotipos influyen más de lo que pensamos. Empresas y administraciones llevan años promoviendo la diversidad, pero los resultados son dispares: a menudo persisten brechas de género en puestos de liderazgo. Una explicación plausible es el peso de los juicios rápidos y automáticos: lo que denominamos sesgos inconscientes.

Qué investigamos

En verano de 2025 publicamos en la revista Complexity un análisis de cómo operan esos sesgos en profesionales de la dirección de proyectos. Para ello, usamos una técnica psicofísica, la Noise-Based Reverse Correlation (NBRC), que nos ha permitido “hacer visible” la representación mental que una persona tiene de “un buen jefe o jefa de proyecto”.

Mediante esta técnica se puede, por ejemplo, analizar las diferencias en la percepción de distintos grupos étnicos, para relacionar rasgos faciales con rasgos de personalidad percibidos o, como en este estudio, obtener imágenes prototípicas de profesionales como médicos, atletas o banqueros.

El proceso comienza con la creación de una plantilla (el rostro base) a partir de la cual se van a generar variaciones aleatorias (ruido). Para obtener el rostro base se recopilan y seleccionan imágenes de rostros siguiendo las especificaciones del estudio, en escala de grises y con los contornos faciales alineados y difuminados. Esa muestra de imágenes se combina para obtener el rostro base.

Presentamos a los participantes pares de imágenes generadas a partir del rostro base y ruido aleatorio. A partir de miles de elecciones, se reconstruye una imagen prototípica que sintetiza la intuición inconsciente del participante.

Además, pedimos a los mismos participantes que valoraran conscientemente qué competencias percibían en esas caras prototipo. Para establecer dichas competencias tomamos como referencia el estándar ICB4 de la Asociación Internacional de Jefes de Proyecto (IPMA), que las organiza en tres áreas:

  1. People (relaciones interpersonales).

  2. Practice (técnicas).

  3. Perspective (contexto).

En nuestro estudio pusimos el foco en el aspecto interpersonal (liderazgo, comunicación, negociación y resolución de conflictos, trabajo en equipo, integridad, etc.) por su relevancia para el desempeño.

Qué encontramos

Aparecieron dos prototipos nítidos. La imagen reconstruida a partir de elecciones de hombres se percibió como masculina y la obtenida a partir de elecciones de mujeres, como femenina. En la práctica, esto refleja un sesgo de endogrupo (grupo social al cual alguien se adscribe psicológicamente como miembro): tendemos a proyectar la idea de “buen jefe de proyecto” sobre los rasgos de nuestro propio género. Esto resulta relevante en profesiones masculinizadas, en las que las decisiones de contratación y promoción suelen ser tomadas por hombres.


Fuente: elaboración propia

Cuando pasamos de la impresión a la valoración consciente de competencias, la mayoría (hombres y mujeres) vio más claramente en la cara percibida como femenina las competencias de “comunicación”, “negociación y gestión de conflictos y relaciones”, “trabajo en equipo” e “integridad”.

En cambio, la “experiencia” (como señal de pericia técnica), la “capacidad de resolución” y el “liderazgo” se asociaron más a la cara percibida como masculina, sobre todo entre evaluadores varones.

En conjunto, el patrón sugiere que, aunque se reconoce explícitamente el peso de las competencias interpersonales, persisten asociaciones implícitas que vinculan la autoridad técnica con lo masculino.

A la pregunta de quién lo haría mejor, el resultado fue matizado y las respuestas se movieron cerca del empate. Pero, al tener que decidir con quién preferirían trabajar, la balanza se inclinó hacia la cara femenina. Es decir, al deliberar se valora un estilo más colaborativo, pero eso no elimina las primeras impresiones, que pueden sesgar la preselección cuando la información es escasa.

Cómo encaja con la evidencia existente

La técnica utilizada en nuestro trabajo recupera imágenes psicológicamente significativas de cómo juzgamos rostros atribuyéndoles, por ejemplo, “confiabilidad” o “dominancia”, lo que respalda la validez del método para estudiar primeras impresiones.

Por su parte, el estándar ICB4 subraya la importancia de las competencias interpersonales en el éxito de proyecto (People). Estas competencias a menudo son minusvaloradas frente a indicadores más tangibles de experiencia técnica. Nuestro hallazgo de “inconsciente masculino/técnico vs. consciente femenino/relacional-colaborativo” es coherente con ese desajuste.

Finalmente, materiales divulgativos sobre sesgo inconsciente en entornos corporativos describen fenómenos como el sesgo de afinidad (por el que tendemos a favorecer a quien “se parece” a nosotros) y recomiendan estructurar decisiones para limitar la intuición. Este marco ayuda a interpretar el sesgo de endogrupo observado.

Qué pueden hacer las organizaciones

Para reducir los sesgos conviene:

  1. Estandarizar la selección inicial: usar listas de verificación y matrices de criterios antes de mirar fotografías o perfiles sociales, de modo que el primer contacto sea competencial y no visual.

  2. Diversificar los paneles de selección: los equipos con variedad de género y experiencia disminuyen el sesgo de endogrupo y aportan miradas complementarias.

  3. Siempre que sea posible, aplicar la “selección ciega” en las etapas tempranas del proceso de selección (ocultando fotos o nombres) para reducir el riesgo de que la decisión se vea afectada por estereotipos.

  4. Medir y retroalimentar: seguir de cerca las tasas de avance y promoción por género y ajustar el proceso cuando aparezcan asimetrías, priorizando indicadores de desempeño real y no de “apariencia” de competencia.

Un mensaje final

Nuestro estudio no afirma que “los hombres seleccionen siempre a hombres” ni que “las mujeres sean mejores líderes”. Muestra algo más sutil y operativo: cuando decidimos con poca información, la imagen mental que asociamos a “buen jefe o jefa de proyecto” puede sesgarnos (y esa imagen varía por género).

Estructurando las decisiones con criterios competenciales y diseñando procesos que reduzcan la influencia de la primera impresión se puede acortar la brecha entre lo que decimos valorar y lo que efectivamente seleccionamos. De esta forma se evita que, en las profesiones masculinizadas, en las que las decisiones de promoción y contratación las toman principalmente los hombres, los puestos de liderazgo sigan siendo ocupados mayoritariamente por ellos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Es ‘ser hombre’ una competencia oculta para dirigir proyectos? – https://theconversation.com/es-ser-hombre-una-competencia-oculta-para-dirigir-proyectos-267053

Así fortalece el ejercicio físico el poder de nuestro sistema inmune contra el cáncer

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Lucía Mulas, Catedrático de Fisiología del Ejercicio, Universidad Europea

BearFotos/Shutterstock

Alrededor de la mitad de todas las muertes por cáncer podrían prevenirse modificando los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida y el medio ambiente. A este respecto, la inactividad física –que está alcanzado proporciones de pandemia– es un condicionante clave, mientras que la actividad regular se vincula con menos incidencia, recurrencia y mortalidad de la enfermedad en adultos. Además, es una asociación independiente de factores de riesgo conocidos como el tabaquismo o la obesidad.

Primeras evidencias

Hace bastante tiempo que la comunidad científica sigue la pista a esas cualidades benéficas del ejercicio. Ya en 1921, Ivar Sivertsen y A. W. Dahlstrom postularon un efecto preventivo de la “actividad muscular” frente al desarrollo de tumores. Basaron su teoría en la observación de que la incidencia de carcinomas era mayor en granjeros norteamericanos ya jubilados y con un estilo de vida sedentario en comparación con sus coetáneos que permanecían físicamente activos hasta los setenta u ochenta años.

Además, los científicos observaron que los carcinomas rara vez se desarrollan en animales con altos niveles de actividad espontánea; por ejemplo, peces en libertad en comparación con peces de piscifactoría, o ratones frente a humanos.

De todos modos, en el siglo pasado aún no se contemplaba si tales efectos estaban vinculados a la función del sistema inmune, a pesar de que ya se había documentado en el maratón de Boston de 1902 el fenómeno de leucocitosis (proliferación de leucocitos o glóbulos blancos, células fundamentales de nuestras defensas) inducida por el ejercicio.

También se conocía el fenómeno de la inmunovigilancia, o sea, la capacidad del sistema inmunitario para detectar las células tumorales y destruirlas: Rudolf Virchow identificó en 1863 que los tumores a menudo estaban infiltrados por leucocitos, mientras que William Coley (considerado como “el padre de la inmunoterapia”) había intentado “condicionar” o sensibilizar el sistema inmunitario de sus pacientes, a través de la exposición a toxinas bacterianas, para tratar el cáncer en 1891.

Pero ¿qué sabemos hoy al respecto?

Un torrente de moléculas activado por los músculos

En primer lugar, tenemos que fijarnos en las propiedades fisiológicas del músculo esquelético (el que usamos cuando nos movemos), ya que este actúa, en cierta medida, como un órgano endocrino que libera decenas de moléculas señalizadoras al torrente sanguíneo. Incluyen principalmente proteínas o pequeños péptidos –por ejemplo, citocinas como la interleucina-6 (IL-6), IL-7, o IL-15–, ácidos nucleicos, lípidos y metabolitos como el lactato. Estas moléculas, que se denominan colectivamente “miocinas”, pueden circular libremente o viajar empaquetadas en unas vesículas microscópicas llamadas exosomas.

Además de ejercer funciones saludables a nivel metabólico y multisistémico (por ejemplo, mejoras en el control de la glucemia o en la quema de grasas), las miocinas producen efectos específicos sobre el sistema inmunológico. Por ejemplo, el músculo en contracción libera IL-6, que aumenta de manera exponencial con la intensidad y la duración del esfuerzo: de hecho, puede alcanzar un incremento de aproximadamente 100 veces sobre los niveles circulantes normales.

Aunque la IL-6 procedente de otras fuentes –como las células inmunitarias– tiene un papel sobre todo proinflamatorio, cuando se libera en el contexto del ejercicio provoca lo contrario: un efecto antiinflamatorio generalizado. Esto ocurre especialmente al inducir la liberación de otras citocinas con propiedades antiinflamatorias (IL-1RA o IL-10) y, a su vez, disminuir los niveles del factor de necrosis tumoral, que es una citocina con una potente función proinflamatoria.

Además, la IL-6 generada por el ejercicio puede unirse a los linfocitos con mayor capacidad para matar tumores –las células natural killer (NK)– y estimular su migración hacia esos tumores. Así lo demostró un grupo escandinavo en 2016, en un trabajo con ratones que dio la vuelta al mundo. Como en general las células NK infiltran muy poco los tumores, estos hallazgos eran prometedores.

El poder del ejercicio intenso y regular

Es importante señalar la importancia de la intensidad con que nos movemos. En los humanos, cada episodio “agudo” de ejercicio (caminar rápido, correr, pedalear, nadar…) de al menos 20 minutos de duración induce un considerable aumento transitorio de linfocitos. Afecta sobre todo a las células con un mayor número de receptores para la adrenalina –la hormona y neurotransmisor del estrés agudo–, que son precisamente aquellas con más capacidad de eliminar células tumorales: células NK, CD8+T y γδT, así como neutrófilos.

En suma, practicar ejercicio de manera intensa y con frecuencia produce dos efectos interesantes: la liberación regular de miocinas antiinflamatorias –hoy sabemos que la inflamación crónica es un sustrato de muchos tipos de cáncer en adultos– y un aumento de la infiltración de células inmunes en tumores. Esto último se ha demostrado, por ejemplo, en pacientes con cáncer de próstata (células NK) o de páncreas (células CD8+T).

Nuestros hallazgos

Además, a lo largo de dos décadas de investigación conjunta en la sección de Oncohematología del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y la Universidad Europea de Madrid, los autores de este artículo también hemos observado los efectos positivos de la actividad física en niños con cáncer.

Así, hemos mostrado cómo el ejercicio realizado en el hospital acelera la reconstitución de las llamadas células dendríticas (que estimulan la respuesta inmune) en niños que reciben un trasplante de médula ósea. Adicionalmente, el ejercicio puede disminuir el riesgo de infecciones a posteriori y mitigar los efectos debilitantes de la quimioterapia sobre la capacidad física.

Por otra parte, ratones con neuroblastoma de alto riesgo –uno de los tumores pediátricos más agresivos– que realizaron ejercicio en cinta rodante experimentaron un aumento de los infiltrados de células inmunes en el tumor. Este incremento afectó, sobre todo, a células mieloides, es decir, las citadas células dendríticas y los macrófagos M2, que parecen tener una acción antitumoral, al menos en modelos animales.

En resumen, no faltan las pruebas de que el ejercicio es un gran aliado para fortalecer y estimular la acción del sistema inmune contra el cáncer, tanto en niños como en adultos.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Así fortalece el ejercicio físico el poder de nuestro sistema inmune contra el cáncer – https://theconversation.com/asi-fortalece-el-ejercicio-fisico-el-poder-de-nuestro-sistema-inmune-contra-el-cancer-269012

Rafael Yuste: “Nos hallamos al comienzo de una revolución darwiniana de la neurociencia”

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Colado, Redactor jefe / Editor de Salud y Medicina, The Conversation

Director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia e ideador de la iniciativa BRAIN, Rafael Yuste (Madrid, 1963) es actualmente una de las figuras más respetadas de la neurociencia. Entre sus múltiples facetas está la de divulgador, como demuestra con maestría en su libro El cerebro, el teatro del mundo (Paidós, 2024). Además, lidera la defensa de los neuroderechos, es decir, la protección legal y ética de la privacidad de la mente humana frente a dispositivos que ya son capaces de descodificar y almacenar nuestros pensamientos más íntimos.

En su último libro no deja de manifestar asombro por ese pedazo de materia, apenas kilo y medio de masa gelatinosa, que llamamos cerebro. ¿Es de verdad algo tan excepcional en la naturaleza?

Se trata posiblemente del sistema biológico más complejo que existe. La biología es algo todavía misterioso, inexplicable: ¿cómo se desarrolla la vida y cómo se autofabrican los animales? Y de todo esto surge el sistema nervioso, una red de neuronas de cifras astronómicas que forman un trillón de conexiones, más que todo el internet de la Tierra. Que la mente surja de esa maraña, me parece una cosa absolutamente increíble. Es justo decir que es el pedazo de materia conocida más asombroso del cosmos.

¿Y en qué estado del conocimiento del cerebro nos encontramos? ¿Todavía tiene que llegar una revolución como la de Darwin en la evolución, o como la de Einstein en la física, para comprender de verdad cómo funciona?

Justamente nos hallamos al comienzo de una revolución darwiniana en la neurociencia. Llevamos más de 100 años, desde los tiempos de Santiago Ramón y Cajal, destripando cerebros y estudiándolos neurona a neurona. Hemos aprendido muchísimas cosas en el último siglo sobre cómo funcionan las neuronas individualmente, de qué están compuestas, qué tipo de proteínas tienen… Yo diría que hemos acumulado un conocimiento bastante grande a nivel molecular y celular. Pero la pieza que falta es saber qué ocurre cuando esas neuronas se conectan entre sí en redes neuronales.

No obstante, ya se adivina lo que puede ser una teoría general del cerebro. Gracias a ella, de repente, empiezan a encajar todas las piezas que estaban sueltas y podemos vislumbrar cómo funciona ese órgano, cuál es su objetivo y qué papel juega cada una de sus partes y cada una de sus neuronas. De ahí que estemos viviendo un momento tan excepcional en la historia de la neurociencia.

Kant señaló que la razón humana está destinada a afrontar preguntas que no puede ignorar, pero que tampoco puede responder. ¿Es el misterio de la conciencia una de esas preguntas que no se pueden contestar? ¿O no hay nada que se le pueda resistir a la ciencia?

Yo creo que la conciencia será entendible científicamente. Empieza a aparecer alguna teoría con visos de explicarla. Simplemente se trata de otra consecuencia del funcionamiento del sistema nervioso como redes neuronales.

Según mi hipótesis del “teatro del mundo”, el cerebro genera un modelo mental donde cada persona y cada elemento presente en nuestra vida existen también mentalmente, con un grupo de neuronas que los representan. Es bastante “de cajón” que uno de esos elementos sea la propia persona o el propio animal. Si entendemos así el funcionamiento del cerebro, la conciencia sería simplemente la existencia del personaje dentro del modelo del mundo que nos representa a nosotros mismos.

Otro tema de debate “caliente” que involucra actualmente a neurocientíficos y filósofos es el del libre albedrío. Algunos de sus colegas, como Robert Sapolsky, niegan incluso que exista. ¿Cuál es su postura al respecto?

Yo propondría que lo que llamamos libre albedrío o libertad de elección es la consecuencia de un montón de circuitos cerebrales que se involucran en ese tipo de decisiones. La mayor parte del procesamiento de la información es inconsciente; solo somos conscientes de una parte muy pequeña de lo que ocurre en nuestro cerebro. Cuando este toma una decisión, en realidad, somos nosotros los que hacemos esa elección y, de repente, se hace consciente.

Aunque en ese momento pensamos que hemos tomado la decisión libremente, desde cierto punto de vista ha sido determinada por todo el proceso que tenemos en la cabeza. Y, a la vez, no es algo impuesto desde fuera, porque lo hemos escogido nosotros. O sea, yo diría que nos hallamos más bien ante un problema de terminología: lo que llamamos en el lenguaje cotidiano “libre albedrío” es un asunto mucho más complejo que refleja todo un procesamiento, sobre todo en las áreas corticales frontales.

En el lenguaje ordinario, por ejemplo, utilizamos palabras que nos sirven como comodín para describir cosas que no entendemos bien. Luego, cuando las descifra la ciencia, nos damos cuenta de que esas palabras distan de ser exactas. Yo creo que al libre albedrío le ocurrirá algo parecido: en el futuro describiremos cómo tomamos las decisiones de una manera mucho más precisa y rigurosa y no habrá malentendidos.

Según su hipótesis del teatro, el cerebro solo representa una parte de la realidad con el fin de maximizar nuestras probabilidades de sobrevivir y reproducirnos. Por ejemplo, ha escrito: “Lo que percibimos no es lo que existe, sino lo que nuestro cerebro piensa que existe”. ¿No produce un poco de vértigo existencial?

Sí, parece muy paradójico porque nosotros vivimos creyendo que somos parte de una realidad que existe ahí fuera. Precisamente, fue Kant quien planteó la noción revolucionaria de que creamos la realidad en nuestra mente. En vez de decir que la mente humana refleja el mundo, el exterior, Kant propuso lo contrario: que el exterior refleja la mente. Gracias a la neurociencia moderna, sobre todo los estudios de la actividad cerebral espontánea, estamos encontrando cada vez más datos que confirman las hipótesis kantianas.

No solo los filósofos, sino también los neurobiólogos y los psicólogos nos hemos dado cuenta de que muchas percepciones sensoriales del día a día son difíciles de explicar, a no ser que estemos generando la realidad internamente.

Sería el caso de los sueños, las alucinaciones…

Esos son ejemplos muy dramáticos. La gente puede decir: “Bueno, ya, pero la mayor parte del tiempo no estamos soñando o alucinando”. Yo pongo el ejemplo del punto ciego de la retina. Hay una parte del ojo que no recibe información visual del exterior, pero cuando miramos algo, ese “agujero negro” se rellena con lo que hay a su alrededor. Muchas otras situaciones estudiadas por los neurobiólogos también demuestran cómo las percepciones auditivas, olfativas, táctiles o gustativas, así como la sensación de dolor, se generan internamente.

Usted afirma también que estamos finamente programados para identificar y reaccionar a los cambios, a las novedades. ¿Son de algún modo los algoritmos de las redes sociales un mecanismo sofisticado para manipular esa capacidad?

Sí, yo creo que hay algo de esto. Para mantener bien ajustado su modelo del mundo, para que este sea riguroso y encaje perfectamente con la realidad exterior, nuestro cerebro tiene que estar retocándolo continuamente. Porque si no lo hiciera, estaríamos abocados al fracaso evolutivo. A la evolución le interesa que nuestro modelo del mundo esté siempre al día. Y lo logramos, igual que sucede en ingeniería, con un algoritmo que ajusta los errores en nuestras predicciones de lo que va a ocurrir. Estamos haciendo predicciones continuamente.

Por eso somos hipersensibles al cambio, que puede definirse como algo que no hemos previsto. En este sentido, hay situaciones increíbles. Si exponemos a un paciente anestesiado a una estimulación sensorial (por ejemplo, auditiva) y medimos su actividad cerebral, cuando dicha estimulación cambia, comprobaremos que su cerebro lo ha detectado. Somos una especie volcada hacia la novedad. Y las redes sociales lo explotan utilizando probablemente los mismos mecanismos cerebrales que las personas usamos para ajustar el modelo del mundo.

Hace 10 años experimentó lo que usted ha llamado “momento Oppenheimer”, ¿podría explicarnos en qué consistió esa revelación?

Ocurrió cuando intentábamos probar experimentalmente en el laboratorio de Nueva York la hipótesis de que el cerebro es “el teatro del mundo”. En primer lugar, enseñamos un objeto a un ratón e identificamos el grupo de neuronas de su corteza visual que se activaba cuando lo observaba. Después, activamos las mismas neuronas sin mostrarle nada y el animal se empezó a comportar como si estuviese viendo ese objeto externo.

A mi entender, ha sido una de las demostraciones más nítidas de la hipótesis del teatro del mundo y de la idea kantiana de que la realidad exterior se construye internamente. Desde el punto de vista de la neurociencia, fue un día feliz, porque pusimos el ladrillito crítico en el edificio de una nueva teoría para comprender cómo funciona el cerebro. También lo fue desde el punto de vista clínico, ya que al activar esas neuronas en el cerebro del ratón, estábamos generando una alucinación, uno de los síntomas más notorios de la esquizofrenia. Es interesantísimo poder hacer eso, porque una vez que generas alucinaciones en el cerebro de un animal, puedes estudiarlas e intentar prevenirlas.

Retrato de Rafael Yuste.
Rafael Yuste es presidente de la Fundación de Neuroderechos.
Javier Arias

Sin embargo, esa noche no pude dormir porque también caí en la cuenta de las consecuencias técnicas y sociales del descubrimiento. Al generar percepciones falsas en el cerebro de animales, estábamos abriendo la puerta a la posibilidad de manipular el cerebro humano y manejar el comportamiento de las personas. O sea, me ocurrió un poco lo mismo que narra la película Oppenheimer, cuando este, al encender el reactor nuclear, se da cuenta de los potenciales efectos nefastos de la tecnología que habían creado. Y es una puerta que ya no se puede cerrar.

Desde entonces, estoy involucrado en lo que llamamos neuroderechos, que consiste en generar una serie de reglas jurídicas y éticas para prevenir la manipulación y descodificación de la actividad cerebral. El objetivo es que la neurotecnología se utilice para el bien común por razones científicas y médicas, siempre respetando los derechos humanos.

¿Y qué tipo de tecnología tiene mayor potencial de vulnerar esos neuroderechos? ¿Con qué dispositivos o intervenciones debemos estar más atentos?

Actualmente, el problema más urgente tiene que ver con la privacidad mental. La neurotecnología y la inteligencia artificial se han desarrollado con muchísima rapidez y, cuando ambas se conjugan, permiten descifrar aspectos muy personales de la actividad cerebral. Por ejemplo, las palabras que conjuramos en la mente, las imágenes, las emociones… Incluso, se han podido descifrar los gestos faciales.

Esto ya se aplica en la clínica, por buenas razones. Por ejemplo, la neurotecnología ha descodificado las palabras formadas en la mente de pacientes completamente paralizados, lo que ha permitido que se comuniquen con el exterior. Ahora se empiezan a vender dispositivos no implantables, como cascos o diademas, que pueden medir la actividad cerebral de una manera eléctrica, como lo hace un electroencefalograma, y traducir las palabras que las personas generan internamente en su mente. Es algo muy positivo y, al mismo tiempo, muy preocupante, porque las compañías que empiezan a vender estos dispositivos de neurotecnología portátil no están reguladas en absoluto.

La Fundación de Neuroderechos, que dirijo, llevó a cabo un estudio, publicado hace más de un año, sobre 30 compañías de neurotecnología comercial. Todas ellas acaparan los datos neuronales del consumidor y la mayoría los venden a terceras partes. Ahora estamos involucrados en una campaña global para prevenir esta hemorragia de datos neuronales, porque nos parece que la privacidad mental de las personas tiene que ser un derecho humano básico.

Ya hay seis lugares del mundo donde la actividad cerebral está protegida legalmente: Chile, el estado de Río Grande del Sur de Brasil y los estados de California, Colorado, Montana y Connecticut en Estados Unidos. ¿Cree que existe realmente concienciación pública y voluntad política para que se extienda el establecimiento de marcos jurídicos y el reconocimiento de estos nuevos derechos humanos?

De hecho, todas esas regulaciones han sido aprobadas por unanimidad y de manera transversal. Cuando la gente entiende lo que está en juego, es muy fácil convencer a los representantes de los ciudadanos, a los diputados, senadores o gobernadores para que se involucren. La cuestión es correr la voz, contar las cosas o aprovechar entrevistas como esta para explicar a la gente que es una situación urgente.

Por otra parte, hay quien piensa que ya existen regulaciones que nos amparan contra las amenazas derivadas de las neurotecnologías, como el derecho a la libertad de pensamiento, recogido en el artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Esta postura defiende que no es necesario desarrollar nueva legislación y que, incluso, sería contraproducente. ¿Qué responde a esos reparos?

Creo que es una posición equivocada, basada en el desconocimiento. De hecho, nuestra fundación publicó hace cuatro años un análisis muy extenso sobre todos los tratados internacionales, incluyendo el que has mencionado, con el que demostramos que los neuroderechos no estaban bien protegidos.

Me parece muy arriesgado, incluso poco profesional, decir que todo está atado y bien atado, que las legislaciones son perfectas y no tienen que cambiar nunca. Es bastante lógico pensar que, a la vez que avanzan la ciencia y la tecnología, deben hacerlo las reglas sociales, incluyendo los tratados internacionales de derechos humanos.

Cantabria ha presentado un anteproyecto de salud digital que, entre otras cosas, protegerá neuroderechos y datos generados por el cerebro. ¿Puede convertirse España en la punta de lanza europea en este ámbito?

La idea es esa: que, por un efecto dominó, otros países europeos acaben tomando medidas parecidas. Es lo que está ocurriendo en Estados Unidos, donde actualmente unos diez estados están considerando leyes de datos para proteger la actividad cerebral de las personas.

Dice que el siglo XXI será el de la neurociencia. Afirma que, si descubrimos cómo funciona de verdad el cerebro, eso tendrá repercusiones revolucionarias en la cultura, la educación, la justicia… En el clima, a menudo apocalíptico, que impera, ¿se atreve a ser optimista con el futuro?

Sí, soy optimista. La ciencia y la medicina tienen una hoja de servicios impecable en el pasado. Y el pasado es la mejor predicción del futuro. En mitad de todo este fragor actual, los científicos y los médicos siguen trabajando día tras día, iluminando aspectos de nuestra propia identidad. Creo que el conocimiento es liberador, que despejaremos las telarañas mentales heredadas de los prejuicios de generaciones anteriores.

Yo trabajo con la ilusión de que estos nuevos conocimientos permitan no solo mejorarnos a nosotros mismos mentalmente, sino también como sociedad y como cultura. Puede compararse a lo que ocurrió en el Renacimiento, cuando el conocimiento de la biología, del cuerpo humano y del papel que juega el ser humano en el mundo alumbró una gran revolución en aspectos no solamente científicos, sino también artísticos, culturales, sociales y de organización de los sistemas políticos. Nos hallamos ante una posible nueva revolución comandada por la ciencia y la medicina.


Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, y forma parte de un número monográfico dedicado a los derechos digitales.


The Conversation

ref. Rafael Yuste: “Nos hallamos al comienzo de una revolución darwiniana de la neurociencia” – https://theconversation.com/rafael-yuste-nos-hallamos-al-comienzo-de-una-revolucion-darwiniana-de-la-neurociencia-270091

Fuego y patrimonio cultural: ¿cómo conservar lo irremplazable tras un incendio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Moreno Falcón, Investigadora en Sistemas de Información Geográfica aplicados a la gestión de riesgos en Patrimonio Cultural , Universidad Pablo de Olavide

El Salón Hipóstilo de la Mezquita-Catedral de Córdoba. jmiguel/Shutterstock

España vivió en 2025 un año complicado para el patrimonio cultural. El 8 de agosto, un incendio accidental, al parecer originado por una barredora eléctrica, afectó a la Mezquita-Catedral de Córdoba y dañó varias de sus capillas.

Este suceso fue el cierre de un verano con grandes incendios forestales en el que Galicia, Castilla y León y Extremadura fueron las regiones más afectadas. El fuego arrasó casi 400 000 hectáreas y puso en riesgo pueblos, parajes naturales y culturales. Entre los lugares amenazados estuvieron las Médulas, antiguo complejo minero romano, o la villa de Itálica.

Ocurrencia de incendios en la península ibérica. A) Hectáreas quemadas anualmente. En rojo se muestran los datos del año 2025; B) Áreas afectadas por incendios en 2025. En verde se muestran las áreas afectadas en 2025 y en azul los incendios ocurridos en septiembre; C) Estaciones del año en la que se activaron grandes incendios entre los años 2000 y 2025.
Global Wildfire Information System, CC BY-NC

Estos hechos han reabierto el debate sobre la gestión del patrimonio cultural dañado por el fuego. Hasta ahora, la mayoría de los incendios en bienes culturales tenían un origen interno y eran causados por fallos eléctricos o accidentes dentro de los edificios. Sin embargo, el cambio climático y el aumento de temperaturas y de corredores vegetales entre bosques y ciudades (la llamada interfaz urbano-forestal) están cambiando el escenario.

La ayuda de la ciencia y la tecnología

En este contexto, la ciencia juega un papel fundamental tanto en la prevención como en su recuperación. Cuando un bien cultural sufre un incendio, las decisiones de los restauradores determinan qué se salva y cómo hacerlo. Por eso, necesitan contar con datos científicos que guíen sus intervenciones y eviten nuevos daños.

Para ello, los especialistas recurren cada vez más a técnicas modernas de laboratorio, que evalúan daños con rapidez y exactitud. Su uso permite planificar la restauración y diseñar estrategias que refuercen la resistencia de estos bienes frente a futuros incendios:

  • La microscopía electrónica de barrido (SEM-EDX) es una de las técnicas más usada en restauración. Un haz de electrones incide sobre una micromuestra del bien, lo que permite obtener imágenes de altísima resolución de la superficie y también ver contrastes en escala de grises según el peso atómico de los materiales. Además, con ella también se pueden realizar análisis químicos elementales.

    Todo esto ayuda a conocer la composición de los pigmentos utilizados y las capas de preparación (por ejemplo, si se ha empleado yeso o carbonato). En obras afectadas por incendios muestra daños en la composición e identifica pigmentos y cargas, que han sido alterados por el fuego y han cambiado de color. También permite observar alteraciones provocadas por el fuego como grietas, fisuras y cavidades generadas por la salida de gases.

Muestra de una escultura policromada dañada por un incendio obtenida por SEM-EDX. En la imagen se observan las diferentes capas que conforman la policromía de la obra. De abajo a arriba: capa de preparación y diferentes capas de pintura. En todas estas capas se aprecian los daños generados en forma de cavidades y grietas.
Imagen obtenida en el laboratorio de las autoras.
  • La espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR) y la espectroscopía Raman son técnicas de análisis molecular en las que se hacen vibrar los enlaces de las moléculas y se registra qué frecuencias se absorben. Así se identifican familias químicas o componentes presentes en las obras de arte. Ambas técnicas son complementarias y permiten identificar aglutinantes, barnices, pigmentos y cargas. Además, cuando estas sustancias se han visto afectadas por altas temperaturas, su estructura puede cambiar y verse en los espectros. Esto ayuda a entender el alcance de los daños.
Espectro obtenido mediante FTIR de una muestra de una escultura policromada. Muestra las bandas asociadas a los grupos funcionales, que permiten identificar los diferentes materiales. Se observa presencia de yeso (preparación), aceite (aglutinante) y blanco de plomo (pigmento).
Imagen obtenida en el laboratorio de las autoras.
  • Las cámaras multiespectrales e hiperespectrales son muy utilizadas para analizar grandes superficies (porque pueden colocarse en drones o satélites) y bienes culturales de diferentes tamaños en laboratorio. Registran la radiación reflejada por la superficie de los materiales en distintas longitudes de onda. Detectan alteraciones invisibles al ojo humano y delimitan con precisión las áreas dañadas.

    Tras un incendio forestal, las cámaras que recogen datos en el infrarrojo cercano diferencian vegetación sana de quemada, ya que las plantas no afectadas reflejan más esta radiación. Para evaluar el grado de los daños, se utiliza el Índice Normalizado de Quemado (NBR) y el dNBR, calculado a partir de imágenes multiespectrales o hiperespectrales antes y después del incendio. Esto permite a los expertos evaluar el impacto del fuego sobre el territorio, guiando en la identificación de las áreas afectadas y su recuperación.

Especialistas y conocimiento científico

Los análisis científicos son herramientas que orientan decisiones críticas. Tras un incendio, los equipos de restauración deben valorar qué materiales pueden estabilizarse, qué intervenciones requieren tratamientos específicos y qué obras, lamentablemente, son irrecuperables.

La información que aportan estas técnicas no evita la pérdida, pero sí reduce el riesgo de agravar daños. Además, sirve para preservar información histórica que de otro modo desaparecería y diseñar estrategias más seguras y efectivas en obras muy delicadas. De este modo, el análisis científico de bienes culturales dañados por el fuego aporta información muy valiosa para su restauración y minimiza riesgos, asegurando su pervivencia en el tiempo.

La tendencia es clara: la ciencia no solo previene, también responde a las emergencias. Este enfoque quedó claro en la restauración de la Catedral de Notre Dame tras el devastador incendio de 2019, donde los trabajos partieron de un sólido respaldo científico. La investigación no fue un lujo sino una necesidad que hizo posible garantizar su recuperación tras el desastre.


Los contenidos del artículo han sido elaborados con la colaboración de David Díaz Jiménez, graduado en Geografía e Historia en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

The Conversation

Mónica Moreno Falcón tiene un contrato de investigación posdoctoral asociado al proyecto ATLAS: Studying symbiotic scenarios linking Heritage assets and green areas to prepare Historic Cities to face Climate Changes (PCI2024-153441) financiado por Joint Programming Initiatives Cultural Heritage and Global Change (JPI CH).
Además, recibe fondos para desarrollar su propia línea de investigación del proyecto “La integración de Recursos Satelitales, Sistemas de Información Geográfica y Evaluación Social para minimizar el impacto del Cambio Climático en Centros Históricos” (PPI-2404) financiado por el VI Plan Propio de Investigación y Transferencia 2023-2026 de la Universidad Pablo de Olavide.

Andrea Gil Torrano recibe fondos de FPU (Formación de Profesorado Universitario, financiado por Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Convocatoria 2023, Referencia FPU23/02357).

Rocío Ortiz Calderón recibe fondos de Art-Risk Difusión: STEM al servicio del Arte ¿Cómo ayudan las ciencias en una emergencia para salvar obras de Arte en un Museo? (FCT-23-19856) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

ref. Fuego y patrimonio cultural: ¿cómo conservar lo irremplazable tras un incendio? – https://theconversation.com/fuego-y-patrimonio-cultural-como-conservar-lo-irremplazable-tras-un-incendio-265417

Por qué la presión de Trump sobre Venezuela no tiene precedentes y podría llevar a una intervención militar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alan McPherson, Professor of History, Temple University

Maduro, en septiembre de 2025. AP Photo/Jesus Vargas

La enorme acumulación militar en el Caribe ha desatado especulaciones de que Estados Unidos está inmerso en su último capítulo de intervención directa en América Latina. Una idea que se ha visto reforzada en las últimas horas por la inclusión del cartel de los Soles en la lista de organizaciones terroristas que maneja el Departamento de Estado. La decisión coloca en la diana al presidente venezolano Nicolás Maduro y a altos cargos de su Gobierno.

Por ahora, al menos, el presidente Donald Trump ha dado marcha atrás en sus insinuaciones de que Washington está considerando lanzar ataques dentro de Venezuela, aparentemente satisfecho con atacar numerosos buques de guerra con el pretexto de una operación antinarcóticos. No obstante, la presencia estadounidense en la región se amplió la semana pasada con la llegada del portaaviones más grande del mundo: el USS Gerald R. Ford.

Como estudioso de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, sé que las acciones de la actual administración estadounidense se inscriben en una larga historia de intervenciones en la región. Si la escalada pasara de los ataques a barcos a una confrontación militar directa con Venezuela, tal agresión parecería algo habitual en las relaciones interamericanas.

Y, sin duda, los gobiernos de toda América Latina, tanto dentro como fuera de Venezuela, la situarán en este contexto histórico.

Pero, aunque recuerda a algunas prácticas cuasi piratas de la Marina de los Estados Unidos, el aumento del poderío militar actual no tiene precedentes en muchos aspectos clave. Y podría dañar las relaciones de Estados Unidos con el resto del hemisferio durante toda una generación.

Una historia de intervenciones

De la forma más evidente, el despliegue de una flotilla de buques de guerra en el sur del Caribe evoca oscuros ecos de la “diplomacia de las cañoneras”, el envío unilateral de marines o soldados para intimidar a gobiernos extranjeros, especialmente frecuente en América Latina. Fuentes fiables recogen hasta 41 casos de este tipo en la región entre 1898 y 1994.

De ellos, 17 fueron casos directos de agresión de Estados Unidos contra naciones soberanas y 24 fueron intervenciones de las fuerzas estadounidenses en apoyo de dictadores o regímenes militares latinoamericanos. Muchos terminaron con el derrocamiento de gobiernos democráticos y la muerte de miles de personas. Entre 1915 y 1934, por ejemplo, Estados Unidos invadió y luego ocupó Haití y pudo haber matado a unas 11 500 personas.

Un hombre se manifiesta en una concentración.
Un partidario venezolano de Maduro participa en una concentración contra la actividad militar estadounidense en el Caribe.
Federico Parra/AFP via Getty Images

Durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Washington siguió dictando la política de América Latina, mostrando su disposición a responder a cualquier amenaza percibida para las inversiones o los mercados estadounidenses y respaldando dictaduras proestadounidenses como el régimen de Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1990.

Los latinoamericanos, en general, se han irritado ante estas muestras tan evidentes del poder de Washington. Esta oposición de los gobiernos latinoamericanos fue la razón principal por la que el presidente Franklin D. Roosevelt renunció a las intervenciones con su política de “buena vecindad” en la década de 1930. Sin embargo, las intervenciones continuaron durante la Guerra Fría, con medidas contra los gobiernos de izquierda en Nicaragua y Granada en la década de 1980.

El fin de la Guerra Fría no supuso el fin definitivo de las intervenciones militares. Algunas fuerzas armadas estadounidenses siguieron operando en el hemisferio, pero, desde 1994, lo hicieron como parte de fuerzas multilaterales, como en Haití, o respondiendo a invitaciones o colaborando con los países anfitriones, por ejemplo, en operaciones antinarcóticos en los Andes y Centroamérica.

El respeto por la soberanía nacional y la no intervención –dos principios sagrados en el hemisferio–, especialmente en el contexto del aumento de la violencia relacionada con las drogas, ha acallado en gran medida la resistencia a la presencia de tropas estadounidenses en los países más grandes del hemisferio, como México y Brasil.

No es un simple reinicio de la Doctrina Monroe

¿Está Trump simplemente reviviendo una postura abandonada hace tiempo sobre el papel de Estados Unidos en la región?

Ni mucho menos. En dos aspectos clave, la agresión contra Venezuela o cualquier otro país latinoamericano en la actualidad, justificada por Washington como respuesta a la insuficiente aplicación de la ley contra el tráfico de drogas, representa un peligro sin precedentes.

En primer lugar, echaría por tierra la antigua justificación de la intervención armada estadounidense conocida como la Doctrina Monroe. Desde 1823, cuando el presidente James Monroe la anunció, Estados Unidos ha tratado de mantener a las potencias extranjeras fuera de las repúblicas del hemisferio.

Washington creía que, una vez que un pueblo latinoamericano ganaba su independencia, tenía derecho a conservarla, y la Marina de los Estados Unidos debía ayudar en la medida de lo posible. A principios del siglo XX, esa supuesta ayuda adoptó la forma de un policía que patrullaba el mar Caribe, ejerciendo lo que el entonces presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, denominó un “gran garrote” e impidiendo que los europeos desembarcaran y, por ejemplo, cobraran deudas. A veces esto se hacía haciendo desembarcar primero a los marines y trasladando el oro de un país a Wall Street.

Una antigua caricatura política muestra un mapa de personas mirando buques de guerra.
Una caricatura de 1904 en el New York Herald muestra a los líderes europeos observando el poder naval estadounidense bajo la Doctrina Monroe.
Bettmann/Getty Images

Una ampliación del precedente de Panamá

Incluso durante la Guerra Fría, la Doctrina Monroe podía invocarse lógicamente para mantener a los soviéticos fuera del hemisferio, ya fuera en Guatemala en 1954, en Cuba en 1961, o en la República Dominicana en 1965.

A menudo, el vínculo soviético era débil, incluso inexistente. Pero aún quedaba un hilo tenue de mantener fuera una “ideología extranjera” que parecía mantener la relevancia de Monroe.

La doctrina murió de forma definitiva en 1989 con la invasión de Panamá para derrocar a su líder rebelde, Manuel Noriega, condenado por tráfico de drogas y culpable de destruir la democracia de su país. Nadie señaló a ningún cómplice fuera del hemisferio.

El derrocamiento de Noriega por unos 26 000 soldados estadounidenses podría ser el paralelismo más cercano a la persecución por parte de Trump de los supuestos barcos de drogas en el Caribe. Trump ya ha afirmado en repetidas ocasiones que el presidente venezolano Nicolás Maduro, al igual que Noriega, no es el jefe de Estado de su propio país y, por lo tanto, es procesable.

Más aún, ha afirmado que el líder venezolano es el jefe de la banda Tren de Aragua, que ha sido designada “organización terrorista extranjera” por las autoridades estadounidenses. De ahí a pedir –y promover– el derrocamiento de Maduro con el pretexto de eliminar a un “narcoterrorista” internacional no hay más que un paso. Un paso que ha quedado confirmado este 24 de noviembre al entrar en vigor la declaración por parte del Departamento de Estado del cartel de los Soles como organización terrorista y situar al frente de la misma a Nicolás Maduro.

Pero incluso ahí, el paralelismo con Panamá diverge de manera crucial: un ataque estadounidense contra Venezuela sería muy diferente en escala y geografía. El país de Maduro es doce veces más grande y tiene aproximadamente seis veces más población. Sus tropas activas suman al menos 100 000 efectivos.

Foto de un vehículo bombardeado.
Foto de 1989 del cuartel general de las Fuerzas de Defensa de Panamá bombardeado tras ser destruido en la invasión estadounidense de Panamá.
AP Photo/Matias Recar

¿Otro Irak?

De todas las invasiones y ocupaciones estadounidenses en América Latina, ninguna ha tenido lugar en Sudamérica ni en un país grande.

Es cierto que las tropas de EE UU invadieron México varias veces, a partir de 1846, pero nunca ocuparon todo el país. En la guerra de México, las tropas estadounidenses se retiraron después de 1848. En 1914, ocuparon una sola ciudad, Veracruz, y en 1916 persiguieron a Pancho Villa en la Expedición Punitiva. En todos estos episodios, se comprobó que tomar zonas de México era costoso e improductivo.

Un cambio de régimen provocado por Estados Unidos en un país soberano hoy en día, como en Venezuela, probablemente desencadenaría una resistencia masiva no solo por parte de su ejército, sino en todo el país.

La amenaza de Maduro de una “república en armas” en caso de que Estados Unidos invadiera podría ser una bravuconada, pero tambien podría no serlo. Muchos expertos predicen que tal invasión sería un desastre. Es más, Maduro ya ha solicitado ayuda militar de Rusia, China e Irán. Incluso sin esa ayuda, la movilización de los activos estadounidenses en el Caribe no garantiza el éxito.

Y aunque a muchos gobiernos del resto del hemisferio sin duda les encantaría expulsar a Maduro, les disgustaría el método utilizado para ello. Los presidentes de Colombia y México han criticado los ataques, y otros han advertido acerca del resentimiento que se generaría en el hemisferio si se produjera una intervención.

En parte, esto se debe al pasado intervencionista de Estados Unidos en América Latina, pero también proviene de un instinto de supervivencia, especialmente entre los gobiernos de izquierda que ya han despertado la ira de Trump. Como dijo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, “si esto se convierte en una tendencia, si cada uno piensa que puede invadir el territorio de otro para hacer lo que quiera, ¿dónde queda el respeto por la soberanía de las naciones?”.

Venezuela, contrariamente a lo que afirma la Casa Blanca, no es un gran productor ni punto de tránsito de narcóticos. ¿Qué pasaría si Trump dirigiera su mirada hacia otros gobiernos aún más comprometidos con la corrupción relacionada con las drogas, como México, Colombia, Bolivia y Perú? Nadie quiere ser la siguiente ficha de dominó.

The Conversation

Alan McPherson no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la presión de Trump sobre Venezuela no tiene precedentes y podría llevar a una intervención militar – https://theconversation.com/por-que-la-presion-de-trump-sobre-venezuela-no-tiene-precedentes-y-podria-llevar-a-una-intervencion-militar-268954

Vivas de milagro: violencias médicas contra las mujeres del siglo XIX

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elena Lázaro Real, Investigadora colaboradora en el Instituto de Estudios de las Mujeres y de Género, Universidad de Granada

Marcha contra la Violencia contra las mujeres en Vigo, Galicia. Olivier Guiberteau/Shutterstock

Hace 25 años que, a instancias de Naciones Unidas, el mundo celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Fue en una resolución específica para la que se eligió el día exacto del calendario: 25 de noviembre, efeméride del asesinato de las hermanas Mirabal, opositoras del dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana.

Aquella resolución publicada en el año 2000 recogía, en realidad, un trabajo previo de la propia Asamblea de Naciones Unidas que, empapada por la Tercera Ola del Feminismo de los años 70, había celebrado una Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer en 1979 y que terminó 24 años después con una declaración específica sobre la violencia de género, el antecedente más próximo de todos los 25N que estarían por llegar.

Dicho de otra forma, el mundo lleva ya casi medio siglo hablando a las claras contra una de las violencias humanas más evidentes: la que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Esa violencia que en pleno siglo XXI muchos se niegan a reconocer como una violencia con motivaciones y formas específicas es fruto de un sistema que ha reconocido al hombre como sujeto de poder, otorgándole la capacidad de violentar, y ha relegado a las mujeres al de víctimas.

Ese sistema que las sociedades democráticas tratan de transformar encontró a partir del siglo XIX en Occidente la manera de legitimarse legal, social e incluso científicamente. Sí, el siglo XIX, el mismo de los grandes avances científicos y tecnológicos de la contemporaneidad, el del nacimiento de los Estados liberales, primero, y las democracias, después, es el mismo que legitimó científicamente el patriarcado y, por tanto, convirtió a las señoras del XIX en las primeras víctimas “oficiales” de sus diferentes formas de violencia.

Ellas, las que parieron el feminismo como una corriente de pensamiento liberador para hombres y mujeres, fueron las primeras en quedar legalmente sujetas al poder de los hombres.

Tuteladas por padres y maridos

Los códigos civiles y penales que regulaban las relaciones sociales nacen en el siglo XIX con la premisa de que las mujeres deben ser tuteladas por sus padres o maridos. Su capacidad de agencia queda negada incluso en sus relaciones románticas gracias a un concepto de honra que las infantiliza.

Al mismo tiempo, sus cuerpos quedan controlados por una medicina sesgada por la moralidad imperante. La ciencia dominante ve a las mujeres como seres inferiores intelectual y sexualmente. Su sexualidad es construida científicamente a base de teorías que patologizan su capacidad para sentir deseo y placer, lo que no significa que no hubiera discursos desde los márgenes que cuestionaran esas ideas.

Y ahí es donde se me ha ocurrido mirar este 25N: al origen de las violencias contra los cuerpos de las mujeres a través de su sexualidad.

A lo largo del siglo XIX, cuando la Ginecología y la Obstetricia se consolidan como materias en las Facultades de Medicina, la teoría médica “inventa” dos enfermedades que atribuye a las mujeres que manifiestan sentir deseo o placer sexual. La histeria –utilizada como cajón de sastre para muchas otras patologías– y la ninfomanía son diagnosticadas ante el más mínimo síntoma. Y se diseñan tratamientos especialmente agresivos.

Según recogen las revistas médicas de la época, existieron tratamientos puramente físicos que en casos extremos llegaron a la extirpación de clítoris, ovarios y útero como medida preventiva.

A esa práctica se sumaban otras como la prohibición de la masturbación, considerada una práctica patológica, al tiempo que en las consultas se practicaban masajes pélvicos aplicados manualmente o mediante vibradores mecánicos y eléctricos, aunque su uso generó controversia por la posibilidad de producir excitación sexual.

Este último asunto fue fruto de una polémica al haber sido planteado por la historiadora de la tecnología Rachel Maines hace años y rebatido con posterioridad, si bien al menos en prensa especializada española sí han aparecido estos vibradores como instrumentos para paliar las “molestias de las mujeres”.

Electroterapia y bromuro contra la “lascivia”

Las señoras del XIX fueron sometidas a tratamientos como la electroterapia, uso de corrientes eléctricas en diferentes partes de la anatomía femenina, incluidos los genitales. Además, fueron tratadas con fármacos como el bromuro de potasio –recetado para combatir pensamientos lascivos y dolores de ovarios y hoy retirado de cualquier práctica sanitaria que no sea veterinaria– y remedios naturales como la quininina, valeriana y la belladona.

También probaron las “histéricas” el platino, la cloretona y hasta sangre de matadero. Cualquier cosa con tal de controlar cualquier manifestación de deseo sexual fuera del interés reproductivo.

Aquellas prácticas más agresivas físicamente fueron cayendo en desuso y sustituidas por terapias psicoanalíticas que igualmente agredían la salud mental de las mujeres. Las mujeres del XIX fueron sometidas a tratamientos mentales como la hipnosis y, lo más radical, el internamiento en manicomios en los que se practicaban también la hidroterapia, duchas frías a presión contra el cuerpo.

La expresión de sus emociones y su condición de ciudadanas tuteladas por padres y maridos las convirtió en víctimas de violencias que hoy suenan lejanas y casi anecdóticas y que fueron destruidas gracias, precisamente, a las conquistas que desde los márgenes hizo el feminismo y la investigación con perspectiva de género.

Aquel mismo feminismo que impregnara la convención de la ONU de 1979 y que este 25N nos hace conscientes de que Vivas nos queremos, aunque estemos “vivas de milagro”.

The Conversation

Elena Lázaro Real es miembro de la Asociación Española de Comunicación Científica y de la Asociación de Periodistas por la Igualdad

ref. Vivas de milagro: violencias médicas contra las mujeres del siglo XIX – https://theconversation.com/vivas-de-milagro-violencias-medicas-contra-las-mujeres-del-siglo-xix-270340

Trump y Putin se reparten el botín de guerra en Ucrania con un plan de paz que pone a la UE contra las cuerdas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Ángel López Jiménez, Profesor de Derecho Internacional Público, Universidad Pontificia Comillas

El borrador de acuerdo de alto el fuego/plan de paz para Ucrania negociado por Donald Trump y Vladimir Putin reproduce las mismas sospechas que en los últimos días han suscitado las resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad sobre el Sáhara Occidental y la Franja de Gaza, estas dos últimas ratificadas con la abstención de China y Rusia.

Tanto el caso de Ucrania como los referidos sobre Sáhara y Gaza revelan que las decisiones nacen al calor de acuerdos negociados entre bambalinas. En el caso del borrador sobre Ucrania, todo indica que los líderes de Rusia y Estados Unidos se están repartiendo negocios y esferas de influencia al margen de los principios estructurales del derecho internacional contemporáneo.

El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, como se encargó de recordar Trump durante su infame encerrona en la Casa Blanca, no tiene buenas cartas en esta partida. Con la supresión de la ayuda norteamericana a Ucrania (financiera, armamentística y en inteligencia), queda sin garantizar la potencial continuidad del apoyo de algunos estados de la UE.

Los 28 puntos trasladan un potencial acuerdo plagado de sombras para el futuro de una Ucrania post-conflicto. Redactado por los dos principales beneficiarios (Rusia y Estados Unidos), deja al margen a la Unión Europea, a la inane Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) y al sistema de Naciones Unidas.

El hecho de ignorar a la Unión Europea supone un agravio flagrante, si tenemos en cuenta que Ucrania es un Estado candidato a la adhesión a la organización internacional de carácter regional.

Una rendición incondicional

El contenido de la propuesta promueve una rendición incondicional del Estado agredido desde la anexión ilegal de Crimea en el año 2014. La publicación del texto ha ido acompañada de un inédito ultimátum de Trump, que exige respuesta definitiva en el margen de una semana. Detallamos a continuación algunas cuestiones recogidas en los diferentes puntos.

1. En primer término, hay que destacar que se presenta como un acuerdo jurídicamente vinculante, cuando viola abiertamente algunos principios estructurales de la Carta de Naciones Unidas, que conforman las reglas básicas del derecho internacional contemporáneo.

El principio de no injerencia en los asuntos internos de Ucrania se vulnera con la imposición de recoger constitucionalmente la prohibición de una potencial adhesión a la OTAN. Esta imposición se hace extensiva también a la misma organización atlántica de defensa, que deberá de recoger esta disposición en sus estatutos.

2. Obliga a la convocatoria de elecciones en Ucrania en un plazo máximo de cien días desde la aceptación del acuerdo. Claramente, Trump y Putin quieren a Zelenski fuera de la ecuación. También plantea una reducción unilateral de las capacidades militares del Estado ucraniano, con un notable debilitamiento sobre los niveles de gasto y contingentes actuales.

3. La integridad territorial de Ucrania se fragmenta, consolidando el control de los cuatro distritos ocupados –aunque no controlados militarmente– y de Crimea. Esto avala los objetivos de la guerra de agresión de Putin.

4. Resultan grotescos los compromisos recogidos en los puntos segundo y tercero, que establecen un pacto de no agresión entre Rusia, Ucrania y Europa. El texto afirma de forma literal que, con este acuerdo, se “resuelven las ambigüedades de los últimos treinta años”. La redacción de estos puntos sitúa al mismo nivel dos obligaciones muy dispares. Por un lado, que Rusia no invada a otros vecinos. Por otro, impone la no expansión de OTAN. Putin ha demostrado el valor de su palabra a través del incumplimiento sistemático de las normas internacionales.

5. Desde la Segunda Guerra Mundial se ha ido construyendo toda una arquitectura normativa y judicial para juzgar la responsabilidad internacional de los estados y de los individuos por la comisión de crímenes internacionales (genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y crímenes de agresión).

Todo este esfuerzo de la comunidad internacional y del ordenamiento jurídico internacional se evapora en el punto 26 del proyecto de acuerdo, que recoge una amnistía total. “Todas las partes implicadas en el conflicto recibirán amnistía total por sus actos durante la guerra y aceptarán no presentar reclamaciones ni examinar denuncias en el futuro”.

Bajo esta premisa, la demanda ucraniana ante la Corte Internacional de Justicia respecto a la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio de 1948, o la orden de detención de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional contra Putin y María Lvova-Belova por la desaparición de los niños ucranianos desde el inicio de la agresión rusa queda en papel mojado. Al igual que los numerosos crímenes de guerra de los que hemos sido testigos y que han quedado documentados.

La Unión Europea, cómplice por inacción

Todo un rosario de concesiones ucranianas se desprenden de este lamentable (e impuesto) proyecto de acuerdo de paz, que puede contar con el apoyo de la UE por inacción.

Estas incluyen la desnuclearización permanente de Ucrania, en una reedición del memorándum de Budapest de 1994, y el reparto energético de la producción de la central nuclear de Zaporiya. También favorecen acuerdos bilaterales de cooperación entre Rusia y Estados Unidos, el “blanqueo de Putin” y el retorno de Rusia al escenario internacional con el levantamiento de las sanciones.

En definitiva, sentencian a Ucrania, que se convierte en objeto de rapiña económica para Trump. Un expolio que se anticipaba hace unos meses, cuando se firmó el acuerdo sobre la explotación de las “tierras raras”.

Incógnitas no resueltas para Ucrania

¿Qué consigue Ucrania de este acuerdo? El cese de las hostilidades en unas condiciones sumamente desfavorables. ¿Hasta cuándo? Hasta que Putin vuelva activar sus ambiciones neoimperiales. No hay explicitada ninguna garantía de seguridad concreta para Kiev. ¿Quién supervisará el alto el fuego excluida la OTAN? Resulta evidente que este eventual papel se traslada a la UE, que incorporará un nuevo Estado miembro con su soberanía territorial fragmentada, la economía quebrada y una inseguridad permanente, con tropas rusas instaladas en sus distritos orientales.

La comisión de ilícitos internacionales muy graves por parte de Rusia en Ucrania y su responsabilidad internacional deberían derivar en un conjunto de obligaciones tendentes a reparar el daño causado. El punto 14 recoge que, tanto Rusia como la UE destinarían 100 000 millones de dólares para la reconstrucción de Ucrania, equiparando las obligaciones del Estado agresor con las que se atribuyen unilateralmente a la UE. En el caso de Rusia, estos fondos provendrán en parte de sus activos congelados por las sanciones.

Todo ello a beneficio de Estados Unidos y, en menor grado, de Rusia, como fruto un acuerdo de cooperación bilateral entre ambos estados.

Si el escenario dibujado por los mencionados acuerdos sobre el Sáhara, la Franja de Gaza y este proyecto de imposición bilateral ruso-norteamericana a Ucrania no representan un escandaloso reparto en esferas de influencia de las grandes potencias dentro de un nuevo orden multipolar, se le parece bastante.

Como dice el aforismo atribuido al filósofo italiano Giordano Bruno, [Si non e vero e ben trovato].

The Conversation

José Ángel López Jiménez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Trump y Putin se reparten el botín de guerra en Ucrania con un plan de paz que pone a la UE contra las cuerdas – https://theconversation.com/trump-y-putin-se-reparten-el-botin-de-guerra-en-ucrania-con-un-plan-de-paz-que-pone-a-la-ue-contra-las-cuerdas-270418

La conversación docente: moverse para aprender a frenar

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

¿Ha pensado alguna vez cuál es su primer recuerdo de infancia? Seguramente tenga que ver con alguna sensación o emoción intensa o novedosa que experimentó alrededor de los 3, 4 o 5 años. Es curioso que guardemos tan pocos recuerdos de una etapa tan importante de nuestro desarrollo. Yo por ejemplo solamente tengo tres recuerdos de mi paso por la guardería: hacer bolas de barro en el patio, cantar en corro y pedirle pan a la cocinera a través del ventanuco con barrotes que daba a la cocina (dudo que nos mataran de hambre, pero justo antes de comer a algunos se nos acababa la paciencia).

Mi guardería era solo eso, una “guardería”, como se llamaban entonces. Los niños más mayores tenían cinco años. Aunque tengo pocos recuerdos, sé que apenas pasaba tiempo sentada en un pupitre. Dibujábamos, nos disfrazábamos, escuchábamos cuentos. Sobre todo, jugábamos.

A mediados de los años 2000 en España esta etapa educativa se trasladó a los centros públicos de primaria, para ofrecer educación infantil universal y gratuita a todos los niños de entre 3 y 6 años,. Fue un enorme hito legislativo, respuesta a una demanda social no solo relativa a la conciliación familiar, sino también al derecho a una atención temprana al desarrollo para garantizar las posibilidades de éxito académico. Y así, los niños y niñas empezaron a ir al colegio a los 3 años. ¿Cómo se adaptaron los espacios para ellos? Básicamente, y en función de las posibilidades de cada centro, se habilitaron aulas con pupitres minúsculos y colchonetas apilables.

Pero reproducir a escala infantil ese mobiliario no basta para adaptar las aulas a las necesidades específicas de esta edad. De hecho, los pupitres deberían estar arrinconados la mayor parte del tiempo. Cuando ocupan el espacio central, tendemos a organizar las actividades del día con cada niño sentado en su sitio. Y esto no es buena idea por varias razones.

Imaginemos la mente de un niño de tres años. Las funciones “ejecutivas” (capacidades esenciales para filtrar información del entorno, procesarla y tomar decisiones adecuadas) no están maduras: apenas están empezando a desarrollarse. Muchos no saben aún cómo concentrarse en una tarea concreta durante demasiado tiempo y cómo ignorar los estímulos no pertinentes. Se distraen con el vuelo de una mosca. O sea: para ellos tiene tanto o mucho más interés ver lo que hace una mosca que observar cómo se traza determinada letra. Y es normal que sea así.

Entender esto tiene implicaciones importantes a la hora de ayudarles a desarrollar sus habilidades cognitivas, empezando por el desarrollo del lenguaje. Si les pedimos cosas para las que no están preparados, como estar demasiado tiempo sentados, estaremos frustrando sus necesidad de experimentar con el movimiento, los sentidos y sus cuerpos. Estaremos limitando su desarrollo físico y mental.

Además, la necesidad de movimiento y espacios menos estructurados no es algo exclusivo de la etapa infantil. Estudiantes de cualquier edad pueden beneficiarse de un diseño más flexible y creativo.

Durante estas pasadas semanas hemos publicado artículos de expertos que explican cómo podemos usar lo que sabemos sobre la psicomotricidad infantil para mejorar la atención que se da a los niños más pequeños, para desarrollar mejor sus capacidades motoras y sus funciones ejecutivas, aquellas que determinarán su mejor o peor ajuste a la carrera académica y a la vida en general. Incluso, para ayudar a tratar algunas dificultades antes de que surjan, como el déficit de atención y la hiperactividad. Porque ayudar a los más “inquietos” a dar salida a su energía es también una manera de ayudarles a aprender a frenar.

En estos quince días hemos publicado además artículos sobre cómo ayudar a los niños con autismo a sentirse mejor en las aulas, lo que se sabe sobre el impacto de los programas bilingües tanto en el aprendizaje de la segunda lengua como en el del resto de materias y competencias, y cómo influye estudiar un grado o master en otro idioma.

The Conversation

ref. La conversación docente: moverse para aprender a frenar – https://theconversation.com/la-conversacion-docente-moverse-para-aprender-a-frenar-270186

Primera muerte en el mundo de una persona infectada con el virus de la gripe aviar H5N5

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología. Miembro de la Sociedad Española de Microbiología., Universidad de Salamanca

ShineTerra/Shutterstock

Las autoridades sanitarias de los Estados Unidos han confirmado la primera muerte humana registrada a causa del virus H5N5, un subtipo de la gripe aviar. El paciente fallecido era una persona adulta, con problemas de salud subyacentes, residente del condado de Grays Harbor, en el estado de Washington. El fallecido había estado hospitalizado desde principios de noviembre, después de desarrollar fiebre alta, confusión y problemas respiratorios.

La vía de transmisión más probable ha sido a través del contacto con una bandada mixta de aves de corral domésticas que poseía y atendía en el patio trasero de su vivienda. Estas aves de corral domésticas habían estado expuestas a aves silvestres.

La gripe aviar es una enfermedad viral causada por virus de la influenza tipo A que circulan de manera natural en las aves acuáticas silvestres a nivel global. Estos virus tienen la capacidad de infectar a otras especies de aves y, con menos frecuencia, a mamíferos. Muchas veces resultan mortales para aves de corral, como pollos y pavos.

La gripe aviar altamente patógena

En los últimos años, los virus de la gripe o influenza aviar altamente patógena (IAAP) se han propagado a una escala sin precedentes, provocando una mortalidad masiva en aves y mamíferos.

En 2023, se detectó una incursión transatlántica de virus de la gripe aviar altamente patógena H5N5 desde Eurasia a Norteamérica, con una modificación genética (sustitución PB2-E627K) que les ayuda a adaptarse a los mamíferos. De hecho, la variante que infectaba a mapaches y zorrillos de Norteamérica era la misma que hacía enfermar a los gatos domésticos en Islandia, provocando letargo, pérdida de apetito, calambres y rigidez. Tres gatos (una hembra adulta y dos gatitos de 10 semanas) murieron en Islandia tras haber estado enfermos sólo unos días.

La cepa H5N5 responsable de su enfermedad fue exactamente la misma que se encontró en aves silvestres y aves de corral en Islandia.

Una paradita en Islandia, Groenlandia o Svalbard

No es casualidad: Islandia es un conocido lugar de escala para gaviotas y otras aves marinas infectadas con gripe aviar. De hecho, está implicada en la posible propagación de virus desde Europa a América del Norte, conectando las rutas migratorias americanas del Atlántico este y del Atlántico norte.

Groenlandia también podría desempeñar un papel similar en la propagación del virus de la gripe aviar, junto con Svalbard, un archipiélago noruego del alto Ártico. Es más, el primer caso documentado de muerte por el virus de la influenza aviar altamente patógena (HPAIV) subtipo H5N5 en una morsa del Atlántico (Odobenus rosmarus rosmarus) fue encontrado muerto en Svalbard en el año 2023.

Ese mismo año, en Noruega, se encontraron numerosas águilas de cola blanca (Haliaeetus albicilla) infectadas con el H5N5. Y al parecer, la región atlántica de Canadá es un importante punto de entrada a Norteamérica para los virus de la influenza aviar euroasiáticos.

Por el aire y por el agua

Los virus de influenza tipo A pueden dividirse en diferentes subtipos dependiendo de los genes que constituyen las proteínas de superficie, la hemaglutinina (H) y la neuraminidasa (N), que son las que el sistema inmune del individuo infectado reconoce como antígenos “extraños”.

Existen 18 subtipos de hemaglutinina y 11 subtipos de neuraminidasa diferentes, de H1 a H18 y de N1 a N11 respectivamente, por lo que potencialmente existen decenas de combinaciones del subtipo de influenza A, siendo H5N5 una de ellas.

Dentro de cada subtipo existe una considerable variabilidad, lo que repercute en la patogenicidad de la cepa. La mayoría de los subtipos de virus influenza patógenos para los seres humanos se originan en aves, pero también en cerdos, que ofrecen un espacio ideal para que variantes de diversos orígenes se mezclen (recombinación).

En las aves acuáticas, los virus de influenza A se replican y son eliminados del tracto digestivo, lo que permite la transmisión por el agua. En humanos, porcinos y otros modelos de mamíferos, los virus de la influenza se replican en el tracto respiratorio superior o inferior, lo que favorece la transmisión aérea.

La infección a humanos es excepcional

En circunstancias excepcionales, los virus de la gripe aviar pueden infectar a seres humanos y hacerles enfermar. La mayoría de los casos documentados en personas han ocurrido tras la exposición directa a animales infectados.

Hasta ahora los casos mortales en humanos habían sido causados por el linaje euroasiático H5N1. El caso estadounidense es el primero conocido en que el H5N5 causa la muerte de un humano.

A pesar de que existen informes que sugieren la capacidad de los subtipos H5 para infectar a los humanos, la propagación eficiente de estos virus es limitada entre las personas. Pero aunque el riesgo para la población general es bajo, es recomendable tomar medidas preventivas, como evitar el contacto directo con aves silvestres, aves de corral y otros animales enfermos o muertos, observándolos solo a distancia y no tocando superficies o materiales contaminados con su saliva, mucosidad o heces.

En caso de que sea inevitable el contacto cercano o directo con animales enfermos o muertos, es crucial utilizar el equipo de protección personal recomendado. Además, es prudente lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, y abstenerse de tocar y consumir leche cruda y productos lácteos crudos, especialmente aquellos provenientes de animales con una infección confirmada o sospechada, o que se encuentren en áreas con animales infectados.

La vacuna contra la gripe estacional no protege contra la gripe aviar, pero se recomienda su administración para reducir el riesgo de que una persona de infecte de ambas a la vez, porque podría aumentar la posibilidad de que surja un virus de la gripe aviar con mayor capacidad de transmisión entre humanos.

The Conversation

Raúl Rivas González no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Primera muerte en el mundo de una persona infectada con el virus de la gripe aviar H5N5 – https://theconversation.com/primera-muerte-en-el-mundo-de-una-persona-infectada-con-el-virus-de-la-gripe-aviar-h5n5-270439

Borrachera bajo el agua: el misterio de la narcosis por nitrógeno

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Óscar Elía Zudaire, Profesor de Psicología, Universidad Europea

La narcosis por nitrógeno puede afectar a los buceadores a partir de los 30 metros de profundidad. Allexxandar/Shutterstock

Dicen que sabemos más sobre la superficie de Marte que sobre las profundidades de nuestro propio planeta. Y probablemente sea cierto: mientras telescopios y sondas cartografían galaxias lejanas, apenas hemos explorado una mínima fracción del fondo marino.

El océano sigue siendo, en muchos sentidos, nuestro “espacio interior”: oscuro, misterioso y, a veces incluso hostil, donde cada metro de profundidad cambia las reglas de la biología, la física… y también de la mente.

Libertad submarina

El buceo recreativo nació de un sueño romántico: el de poder respirar bajo el agua y moverse entre peces como uno más del océano. Hasta mediados del siglo XX, sumergirse más allá de unos pocos metros era cosa de marinos, científicos o aventureros con escafandras pesadas y mangueras conectadas a la superficie. Todo cambió en 1943, cuando Jacques Cousteau y Émile Gagnan desarrollaron el regulador de aire comprimido, un ingenioso sistema que permitía respirar del tanque sólo cuando se inhalaba. Así nació el Aqua-Lung, predecesor de los actuales reguladores, y con él, la libertad submarina.

En pocas décadas, lo que empezó como una rareza se convirtió en un pasatiempo global, ya sea por trabajo, aventura o simple diversión. Pero a medida que uno desciende, el océano empieza a cobrar su peaje. La luz se desvanece, la presión aumenta, los gases se comportan de forma distinta… y a cierta profundidad, el nitrógeno empieza a “emborrachar” el cerebro.

Paz, euforia y confusión

En ese ambiente hiperbárico (es decir, con más presión de la que tenemos en la superficie) de las profundidades, no solo acechan los tiburones, sino un peligro más sutil e inesperado: la narcosis del nitrógeno. A partir de unos 30 metros de profundidad, el aumento de la presión hace que ese gas, presente en el aire que respiramos durante toda nuestra vida sin ningún tipo de problema, se disuelva en mayor cantidad en la sangre y en los tejidos, afectando al sistema nervioso.

El resultado es una especie de “borrachera del buceador”, una sensación de euforia, lentitud o descoordinación que puede hacer que incluso los más experimentados tomen decisiones absurdas o peligrosas sin darse cuenta.
Los síntomas varían: algunos sienten una paz absoluta, otros no pueden dejar de reír y hay quienes experimentan ansiedad o confusión.

Es un fenómeno curioso, porque el buceador puede sentirse genial justo antes de cometer un error fatal, como quitarse el regulador o perder la orientación. No es casual que Cousteau lo llamara “la embriaguez de las profundidades”: una metáfora perfecta para ese instante en que el cerebro, saturado de nitrógeno, olvida que está a decenas de metros bajo el agua, en un entorno que no perdona los fallos.

La narcosis del nitrógeno no es un hallazgo reciente. Ya en 1930, los fisiólogos británicos Leonard Erskine Hill y John James Rickard Macleod (que recibiría el Nobel en 1923 por el descubrimiento de la insulina) describieron por primera vez este extraño efecto del gas a altas presiones. Desde entonces, sabemos que nadie está realmente a salvo: puede afectar tanto a buceadores novatos como a los más experimentados, porque la susceptibilidad varía entre personas e incluso entre inmersiones.

El cerebro funciona a cámara lenta

¿Y por qué ocurre exactamente? Lo cierto es que aún no lo sabemos del todo. La hipótesis más aceptada es que, al aumentar la presión, el nitrógeno se disuelve en mayor cantidad en las membranas de las neuronas, alterando su funcionamiento y ralentizando la comunicación entre ellas. Es como si el cerebro funcionara en cámara lenta.

Algunos estudios apuntan también a un efecto similar al de ciertos anestésicos, que interfieren con los receptores cerebrales del neurotransmisor GABA y provocan esa mezcla de euforia y torpeza. Además, varios experimentos sugieren que el nitrógeno reduce la liberación de ciertos aminoácidos importantes para la actividad cerebral, como el glutamato, la glutamina y la asparagina, sin afectar a los receptores NMDA. En eso difiere del óxido nitroso (el “gas de la risa”), que sí actúa directamente sobre ellos.

Es decir, ambos gases pueden alterar nuestra conciencia, pero lo hacen por caminos distintos: el óxido nitroso “bloquea” la señal, mientras que el nitrógeno parece simplemente atenuarla, como si bajara el volumen del cerebro. Y cuando bajas el volumen del cerebro…

Por otra parte, un estudio realizado en C. elegans, un pequeño gusano muy utilizado en investigación, sugiere que la dopamina es la responsable de algunos de los cambios de comportamiento bajo presión, pero parece actuar junto a otras vías aún desconocidas. Por ejemplo, los niveles de serotonina, otro neurotransmisor clave, aumentan bajo alta presión de nitrógeno.

La manera en que interactúan exactamente estos neurotransmisores y aminoácidos durante la narcosis del nitrógeno sigue siendo un misterio, pero demuestra que el efecto del gas en el cerebro es mucho más complejo de lo que parece.

Como suele pasar en ciencia, la respuesta completa sigue bajo la superficie: sabemos qué se siente y qué lo desencadena, pero no del todo cómo actúa ese gas aparentemente inocente cuando se convierte en embriagador.

¿Cómo se puede evitar?

La mejor forma de protegerse de la narcosis del nitrógeno es simple: no bajar a más profundidad de la recomendada para cada nivel de experiencia, ascender despacio y mantener siempre la calma. Los buceadores aprenden a reconocer los primeros síntomas y a reaccionar antes de que afecten a la seguridad. Con planificación, entrenamiento y sentido común, la narcosis puede ser solo una curiosidad científica más que una amenaza real.

El buceo recreativo sigue siendo seguro y asombrosamente enriquecedor, siempre que se haga bajo supervisión, con equipos fiables y con profesionales formados que cuiden cada inmersión.

The Conversation

Óscar Elía Zudaire no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Borrachera bajo el agua: el misterio de la narcosis por nitrógeno – https://theconversation.com/borrachera-bajo-el-agua-el-misterio-de-la-narcosis-por-nitrogeno-268547