Coexistencia con grandes carnívoros en Europa: cuando el sensacionalismo eclipsa la ciencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Martín Boer-Cueva, Ecologist and Environmental Consultant, Universidad Autónoma de Madrid

Dos ejemplares de lobo ibérico. LFRabanedo/Shutterstock

Los grandes carnívoros siempre han tenido un fuerte valor simbólico en las sociedades humanas. Desde los lobos, retratados como astutos o malvados en cuentos como Caperucita Roja, hasta los osos, que adornan los escudos de ciudades como Berlín, Berna o Madrid, estos animales han formado parte de nuestra cultura durante siglos. Hoy, en Europa, se han convertido además en piezas del tablero político, utilizadas como armas simbólicas y como chivos expiatorios en un contexto cada vez más polarizado.

Durante muchos siglos, los grandes carnívoros europeos estuvieron en declive debido a la persecución y destrucción de sus hábitats, sobreviviendo solo en refugios remotos. En las últimas décadas, especies como el lobo, el oso pardo y los linces –ibérico y euroasiático– están regresando gracias a la protección legal y el abandono rural, que favorece la recuperación de hábitats y de presas naturales.

Este resurgimiento ha despertado entusiasmo, pero también críticas, sobre todo relacionadas con la seguridad de las personas y las pérdidas económicas causadas por sus ataques en comunidades rurales.

Un debate que ignora las evidencias científicas

El debate público, sin embargo, cada vez más sensacionalista y más dominado por el miedo, se está radicalizando y dejando de lado la evidencia científica.

Algunos partidos y grupos de presión han utilizado la conservación de estas especies para impulsar agendas contrarias a las políticas ambientales, presentando el conflicto como un enfrentamiento entre “élites urbanas” y comunidades rurales. Una narrativa simplista que poco ayuda a encontrar soluciones reales.

La percepción de que los lobos se han multiplicado hasta convertirse en una plaga es otra idea errónea. Aunque sus poblaciones han aumentado en algunas regiones, la recuperación ha sido gradual y desigual. Por ejemplo, el censo español 2021–2024 identificó 333 manadas, solo 36 más que en 2014, lejos de las 500 necesarias para garantizar su viabilidad genética. Pese a esta evidencia, el Congreso español ha permitido nuevamente la caza de lobos al norte del río Duero.




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Los osos pardos también generan controversia. Un ejemplo emblemático es el de los Alpes italianos, donde los crecientes conflictos con los humanos amenazan la conservación a largo plazo de la población local de osos, aún pequeña y genéticamente aislada. En 2023, un ataque mortal en Italia protagonizado por una osa con crías volvió a encender el debate sobre la gestión y la coexistencia con los osos y, más en general, sobre los compromisos que conlleva la reintroducción de grandes carnívoros en zonas altamente frecuentadas por el ser humano.

Un tractor con una pancarta que dice en alemán 'el lobo está subvencionado, el granjero está arrunidao' es seguido por otros tractores por una carretera
Pancarta que dice ‘el lobo está subvencionado, el granjero está arruinado’ en una protesta de agricultores en Alemania.
Conceptphoto.info/Flickr, CC BY

Medidas no letales para evitar daños

No obstante, la ciencia es clara: la coexistencia entre humanos y grandes carnívoros es posible y necesaria. Así como las comunidades rurales tienen derecho a mantener su medio de vida, todos tenemos la responsabilidad de conservar los ecosistemas que nos sostienen. Ecosistemas que también dependen de los grandes carnívoros para mantenerse sanos y resilientes.




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Las estrategias no letales para controlar las posibles acciones negativas de estas especies son eficaces y, en muchos casos, más efectivas que las letales. Estudios sobre lobos muestran que las eliminaciones generalizadas o aleatorias, cuando no se dirigen a individuos conflictivos, no reducen la depredación y, a veces, incluso la aumentan.

Medidas como cercados eléctricos, presencia humana en los pastos, perros guardianes y resguardo nocturno del ganado han demostrado reducir los ataques y favorecer la convivencia. Su implementación puede ser costosa o poco conocida, por lo que los gobiernos deberían promoverla mediante ayudas económicas, apoyo técnico y participación comunitaria.

En casos específicos, la eliminación selectiva de individuos conflictivos puede ser necesaria y compatible con la conservación a largo plazo, restaurando la confianza de las comunidades locales.

Un oso observa sobre unas rocas
Oso pardo.
Vincenzo Penteriani, CC BY-SA

Los ataques son raros, pero hay que proteger a las personas

Otro mito común es que los grandes carnívoros representan una amenaza grave para los humanos. Los ataques son muy raros en Europa y suelen derivarse de conductas humanas de alto riesgo. Campañas de información dirigidas a turistas y a quienes viven en zonas con grandes carnívoros pueden enseñar conductas más seguras y ayudar a prevenir accidentes.

No obstante, en los casos de individuos que repetidamente generan conflictos que pueden poner en riesgo vidas humanas, las decisiones sobre gestión no pueden basarse prioritariamente en buscar compromisos con las opiniones de grupos o activistas que, sin conocimientos técnicos, tienden a priorizar al animal de manera estricta. Proteger a un oso que ha causado un ataque mortal sin considerar la seguridad de las personas puede generar rechazo en las comunidades locales y, a la larga, poner en riesgo a más osos si las autoridades no actúan de manera adecuada.

De cara al futuro, la conversación sobre grandes carnívoros debe guiarse por la ciencia y la empatía. La gestión basada en evidencia solo funciona si reconoce a quienes se ven más afectados. Construir confianza requiere políticas transparentes, compensaciones adecuadas y herramientas no letales accesibles.

También es necesario cambiar la narrativa mediática, que a menudo presentan la información sobre los grandes carnívoros de manera exagerada o sesgada, dificultando la convivencia.

Los grandes carnívoros no deberían ser tratados como marionetas políticas entre lo urbano y lo rural o entre la Europa de izquierdas y la de derechas. La verdadera amenaza al medio de vida rural suele encontrarse en la marginación económica y la presión de la agricultura industrial. Sin embargo, los grandes carnívoros se convierten en chivos expiatorios. Si basamos nuestras decisiones en ciencia, equidad y empatía, es posible imaginar una Europa donde humanos y grandes carnívoros coexistan de manera sostenible.

The Conversation

Vincenzo Penteriani es miembro de IBA (International Association for the Bear Conservation and Management, EEUU).

Giulia Bombieri, Marco Salvatori y Martín Boer-Cueva no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. Coexistencia con grandes carnívoros en Europa: cuando el sensacionalismo eclipsa la ciencia – https://theconversation.com/coexistencia-con-grandes-carnivoros-en-europa-cuando-el-sensacionalismo-eclipsa-la-ciencia-268417

¿Tiene fundamentos científicos la resignificación del Valle de los Caídos?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Palacios González, Personal Docente e Investigador, Historia del Arte, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia

Imagen del Valle de Cuelgamuros, antes conocido como el Valle de los Caídos. Ana Martinez de Mingo/Shutterstock

El 11 de noviembre se hizo público el resultado del concurso de proyectos convocado por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana español el pasado mes de abril para la “resignificación” del Valle de los Caídos, antiguo mausoleo de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, que también acoge los cuerpos de otras 33 000 personas llevadas durante la dictadura y la Transición, hasta 1983.

Resultó ganadora la propuesta “La base y la cruz”, de los estudios Pereda Pérez Arquitectos y Lignum S. L., que recibirán 4 millones de euros como honorarios para realizar una intervención que costará otros 26 millones de euros.

Detalle del proyecto ‘La base y la cruz’ para el Valle de los Caídos.

Se propone así una “gran grieta” que, según el secretario general de Agenda Urbana, Iñaqui Carnicero, transformará el Valle y se enfrentará “a la monumentalidad del conjunto existente”. Se eliminará la escalinata vertical que da acceso a la basílica y en su lugar se construirá un nuevo soportal a los pies del templo. Se argumenta desde el Gobierno que dará “más protagonismo a la naturaleza”, así como que “invita al diálogo y a una visión más plural, más democrática, donde se incluyan muchas perspectivas”.

Normalmente las políticas públicas están respaldadas por evidencias científicas, ya sea para la planificación de un nuevo viaducto o la próxima campaña de vacunación antigripal. No obstante, esta decisión parece estar basada más en creencias que en datos empíricos.

Políticas públicas y convicciones

La socióloga Sarah Gensburger y la politóloga Sandrine Lefranc, ambas investigadoras del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), han señalado en su trabajo que las políticas de memoria siguen siendo políticas.

Lo que entendemos como políticas de memoria han tendido a ser estrategias que pretenden debilitar la legitimidad de regímenes anteriores y buscan disuadir a quienes apoyan sus ideas. Se sustentan sobre la convicción de que conocer las violencias y tragedias del pasado permitirá construir en el presente sociedades pacíficas y tolerantes, evitando así que conflictos similares vuelvan a producirse.

Sin embargo, esas evocaciones de carácter pedagógico y reconciliador, basadas en la hipótesis de que “el que olvida, repite”, utilizan un argumento político que no es una evidencia psicológica. Los estudios de las últimas décadas han demostrado, de hecho, lo contrario.

Gensburger y Lefranc han trabajado sobre el caso francés y han resuelto que la multiplicación de políticas de memoria discurrió en paralelo al aumento de los votantes de extrema derecha. Ponen ejemplos anteriores que han determinado que las actividades pedagógicas en lugares como Auschwitz-Birkenau en lugar de favorecer el diálogo han dado pie a ideas chovinistas y de aislamiento, especialmente en el caso de jóvenes israelíes. O en Bélgica, donde algunos programas didácticos sobre la Primera Guerra Mundial generaron deseos de venganza y no de pacifismo.

El discurso autorizado del patrimonio

Al mismo tiempo que las decisiones sobre la resignificación del Valle se basan en creencias en lugar de hechos científicos, también se ven mediadas por lo que puede denominarse la ideología del patrimonio.

La historiadora francesa Françoise Choay, especialista en urbanismo y arquitectura, señalaba que la invención del monumento histórico está basada en la oportuna confusión que genera que tanto construcciones conmemorativas como restos antiguos se etiqueten como monumentos, aunque sean figuras opuestas.




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Esto tiene que ver con el hecho de que el origen de los monumentos modernos está en la Italia del siglo XV. En aquel momento se vio en los símbolos de la Roma imperial un medio para legitimar la dominación económica y política por parte de las élites económicas, militares y religiosas.

Estas ideas se extendieron durante la construcción de los estados-nación con lo que el historiador Eric Hobsbawm llamó “tradiciones inventadas”. Así se denominan los artefactos y prácticas que se presentan o perciben como históricos pero que son recientes y están conscientemente “disfrazados” de antiguos para parecer legítimos (como es el mismo Valle de los Caídos con su arquitectura historicista de los años 50).

Además, se adoptaron en marcos legales y protocolos internacionales como la Carta de Atenas (1931), la Carta de Venecia (1964), los convenios de La Haya (1954) y las cartas de ICOMOS y la UNESCO.

Todas iban a la zaga de Alois Riegl, historiador del arte al servicio del Imperio Austrohúngaro. Riegl teorizó los “hechos” y “valores objetivos” por los cuales se determina un monumento como “documento original” a conservar. Al definirlo como “antiguo”, “conmemorativo” o “histórico”, se ocultaba la agenda política detrás de la decisión de conservarlo.

La investigadora australiana Laurajane Smith advierte sin embargo de que la forma dominante y legitimada de pensar, escribir y hablar sobre las prácticas de gestión del patrimonio es solo una: el llamado “discurso autorizado”. Esto imposibilita un debate real que conduzca a cambios en las prácticas de gestión y planificación: puede discutirse la resignificación del monumento pero no el derecho mismo a la existencia.




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En este sentido vemos que la existencia del Valle de los Caídos no ha sido discutida. Al contrario, se le han añadido más capas de valor. Alfredo González-Ruibal, arqueólogo español, afirma que la decisión incluso trata con más “tacto” al monumento que a otro patrimonio de mayor valor. A él no le “apetece dialogar en el Valle de los Caídos”, porque “el Valle es la dictadura. No hay ambigüedad ni matiz. Es un monólogo en el que no cabe diálogo alguno”. En este sentido, lo que la resignificación demuestra es la continuidad en el culto al monumento pero con una nueva capa de aparente “dialogismo”.

La trampa de la resignificación

Monumentos como el dedicado a los “judíos asesinados de Europa” en Berlín, el Museo Sitio de la Memoria ESMA en Buenos Aires o el contra-monumentoFragmentos” en el Museo Nacional de Colombia comparten esa apuesta por hacer de memorias negativas espacios de diálogo y confrontación con el pasado. Al hacerlo asumen que estos monumentos tienen la cualidad dialógica per se, una creencia atribuida a artefactos que acumulan una larga historia cultural.

Monumento por la Memoria de los Judíos Asesinados en Europa en Berlín.
Monumento por la Memoria de los Judíos Asesinados en Europa en Berlín.
Marek Mróz/Wikimedia Commons, CC BY

Esa idea no solo reproduce una relación imaginaria con aquello que etiquetamos como “monumento”, sino que además, como demuestran mis trabajos junto a José María Durán Medraño, ignora que no todas las personas tienen el mismo derecho al espacio público ni lo ocupan de la misma manera. El espacio viene con unas condiciones materiales previas.

Las del Valle de los Caídos, por ejemplo, son las de una dictadura que impuso la desposesión y explotación de millones de personas. Estas personas no van a dialogar con una estructura de estas características porque su memoria –generalmente oral y precaria– no tiene unas dimensiones materiales equiparables a las del Valle para disputar el relato. Por tanto, pensar que un monumento construido por el franquismo puede tener un uso “dialógico” es una ilusión que va más allá de toda fundamentación empírica.

Solo hay que observar el agravio comparativo que surge al ver cómo la memoria de las mujeres que sobrevivieron a la represión estuvo basada en la precariedad. Durante décadas debieron esquivar a los agentes del Estado para poder dejar ofrendas florales clandestinas sobre las fosas comunes donde se habían abandonado los cadáveres de sus compañeros, hijos, maridos, padres. Solo la financiación fruto de la autoorganización familiar, vecinal, militante o la suscripción popular permitió que esos lugares contasen con humildes jardines, placas y monolitos que cambiaran su significado.

De hecho, esta precariedad continúa. Así lo demuestran experiencias como la vivida en Valencia, donde el memorial demandado por la Plataforma de Asociaciones de Familiares de Víctimas del Franquismo de las Fosas Comunes de Paterna para alojar los restos exhumados en uno de los conjuntos de fosas más grandes del estado sigue sin completarse por falta de financiación.

The Conversation

Daniel Palacios González es investigador en la Universidad Nacional de Educación a Distancia como parte del contrato JDC2023-052126-I, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades / Agencia Estatal de Investigación y por el Fondo Social Europeo Plus.

ref. ¿Tiene fundamentos científicos la resignificación del Valle de los Caídos? – https://theconversation.com/tiene-fundamentos-cientificos-la-resignificacion-del-valle-de-los-caidos-269866

Si la inteligencia artificial está sedienta de energía, ¿las nucleares ya no se apagan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carme Frau, Profesora Ayudante Doctora (UIB, Facultad de Economía y Empresa, Área de Finanzas), Universitat de les Illes Balears

Vista de la central de Cofrentes (Valencia). Oksana Klymenko_But/Shutterstock

Hace apenas una década, el futuro de la energía nuclear parecía escrito. Países como Alemania, Bélgica o España habían anunciado planes de cierre gradual de sus centrales. El argumento era claro: riesgo elevado, residuos complejos y un horizonte dominado por las energías renovables, que ya en 2024 representaban el 29,7 % de la producción eléctrica mundial.

Sin embargo, el guion ha cambiado. Hoy, varios gobiernos reconsideran esos cierres, y empresas tecnológicas observan con interés una fuente de energía que muchos daban por amortizada. ¿Qué ha pasado? La respuesta puede resumirse en dos letras: IA.




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Una nueva demanda eléctrica

El auge de la inteligencia artificial generativa ha multiplicado las necesidades de cómputo de los grandes centros de datos. Entrenar modelos de lenguaje o sistemas de visión artificial requiere cantidades ingentes de electricidad.

Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el consumo eléctrico global de los centros de datos podría más que duplicarse hacia 2030, alcanzando unos 945 teravatios-hora (TWh) anuales cuando en 2024 la demanda fue de 415 TWh. Este aumento estaría justo por debajo del 3 % del consumo mundial de electricidad.

En Europa, la Comisión Europea (EC) estima que los centros de datos representarán el 3,2 % de la demanda eléctrica total en 2030, frente al 2,7 % actual.

Una explosión de consumo eléctrico

Esta explosión de consumo llega en un momento en que la disponibilidad continua y estable de electricidad es más crucial que nunca. Las renovables (solar y eólica, principalmente) son esenciales, pero su producción intermitente requiere sistemas de respaldo. Este hecho quedó en evidencia durante el gran apagón del 28 de abril de 2025 en la península ibérica, cuando una caída súbita del sistema eléctrico dejó sin suministro a millones de personas.




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Por ello, la energía nuclear ha encontrado una inesperada segunda oportunidad: ofrece estabilidad, cero emisiones directas y capacidad de operación continua. Pero recordemos también que no es una fuente renovable ni libre de impacto ambiental a largo plazo.

¿El retorno de la nuclear?

Francia y Reino Unido han anunciado programas de extensión de vida útil para sus reactores, y Estados Unidos ha aprobado ayudas para mantener en funcionamiento centrales que estaban al borde del cierre. Incluso países como Japón, donde el accidente de Fukushima marcó profundamente la opinión pública, reactivan sus reactores paralizados.

En España, el Congreso de los Diputados aprobó el 12 de febrero de 2025 una moción impulsada por el PP (con el apoyo de Vox y otros partidos) exigiendo al Gobierno prolongar la operación de las centrales nucleares y facilitar su sostenibilidad económica, censurando el cierre escalonado de centrales previsto entre 2027 y 2035.

El argumento central es el mismo: sin energía firme y baja en carbono la transición energética se tambalea. La energía nuclear, vista hasta ahora como parte del pasado, se presenta como un puente hacia un futuro descarbonizado, especialmente ante el aumento de demanda impulsado por la economía digital y la IA.




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Intereses en juego

Este cambio de rumbo no es solo técnico, sino también económico y político. La industria nuclear (con grandes empresas en Francia, Estados Unidos y Corea del Sur) ve una oportunidad para resurgir con nuevas tecnologías, como los reactores modulares pequeños (SMR), más flexibles y con menores costes iniciales. Por otro lado, las grandes tecnológicas (Microsoft, Google, Amazon) buscan asegurar su propio suministro eléctrico mediante acuerdos directos con operadores nucleares o incluso inversiones en proyectos de nueva generación. La fiabilidad energética se ha convertido en una ventaja competitiva clave en la carrera por la IA.

No faltan, sin embargo, sectores críticos. Organizaciones ecologistas alertan de que prolongar la vida de las centrales nucleares desvía recursos que podrían destinarse a priorizar las renovables y acelerar el almacenamiento energético o la eficiencia, manteniendo abierto un debate sobre los riesgos reales y la percepción pública. Además, continúan sin resolverse del todo los dos grandes desafíos de la energía nuclear:

  • La seguridad en su operación ante el riesgo de fallos humanos, ciberataques o el envejecimiento de los reactores, como ya evidenciaron las catástrofes de Chernóbil y Fukushima.

  • El tratamiento de residuos, que exigen repositorios geológicos seguros por milenios, con elevados costes y riesgos de filtración.




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¿Una vuelta al pasado o solo un ajuste pragmático?

Desde la economía de la energía, la respuesta puede ser intermedia. La IA no ha resucitado la energía nuclear, pero sí ha acelerado el reconocimiento de una realidad: la descarbonización total exige una combinación diversa de fuentes, donde la estabilidad del suministro importa tanto como la limpieza.

El reto, una vez más, no es tecnológico, sino político y social: cómo equilibrar los riesgos y los beneficios de una energía que nunca se fue del todo, pero que ahora regresa con nuevo impulso. La IA promete transformar la economía. Lo que pocos previeron es que, en el proceso, también podría transformar el mapa energético mundial.

The Conversation

Carme Frau no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Si la inteligencia artificial está sedienta de energía, ¿las nucleares ya no se apagan? – https://theconversation.com/si-la-inteligencia-artificial-esta-sedienta-de-energia-las-nucleares-ya-no-se-apagan-268832

¿Qué estrategias usan los mercados tradicionales para resistir ante sus competidores?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Almudena Recio Román, Miembro del grupo de investigación SEJ324 “Nuevas Tendencias en Marketing”, Universidad de Almería

Puesto de frutas y verduras en el Mercado Central de Valencia. Vitalii Biliak/Shutterstock

Los mercados municipales españoles atraviesan un momento decisivo: mientras los supermercados controlan dos tercios del comercio alimentario, se mantienen aproximadamente 1 000 mercados, con unos 40 000 puestos de venta. El contraste con el pasado es brutal: hace apenas dos décadas, el comercio tradicional y los mercados representaban el 50 % del gasto en alimentación fresca frente al 23,4 % de ahora, una hegemonía que se ha desplomado en favor de la gran distribución.

¿Cómo pueden sobrevivir estos espacios tradicionales en la era del comercio digital? La respuesta no está en la nostalgia, sino en su capacidad de reinventarse sin perder su esencia.

Mercados: un espacio comunitario

Los mercados, más que simples lugares de compra, son espacios donde la vida del barrio cobra sentido. Un mercado es un punto de encuentro comunitario, el corazón económico del vecindario.

Pero la realidad es implacable. Se estima que el comercio minorista en España ha perdido cerca de 50 000 establecimientos desde 2019. El Mercado de Torrijos, en Madrid, pasó de 70 negocios a apenas una docena antes de cerrar definitivamente en 2024. La inacción lo condenó.

En el caso del Mercado de la Plana, en Esplugues de Llobregat (Barcelona), en el mismo edificio del mercado se instaló un supermercado, que ocupa toda la planta baja de acceso desde la calle. El resultado fue devastador: solo 2 de los 16 puestos tradicionales sobrevivieron (una ocupación del 12 %).

Esto demuestra algo crucial: mezclar grandes superficies con comercio tradicional sin una estrategia clara no revitaliza, canibaliza. La lección es clara: en un entorno competitivo, la ausencia de un plan activo conduce a la desaparición. Pero algunos mercados han encontrado la fórmula del éxito.

Las cinco claves del renacimiento

Hemos estudiado cómo prosperan los mercados municipales en diferentes contextos. Los resultados revelan cinco pilares fundamentales:

  1. Pertenencia comunitaria: los mercados exitosos funcionan como espacios de encuentro donde persiste la relación personal. El vendedor conoce a sus clientes, da consejos gastronómicos, crea vínculos emocionales. Esto hace que ir al mercado apetezca. Barcelona gestiona 39 mercados desde 1991 con estrategia coordinada. Madrid mantiene 46 que fomentan el empleo territorial. Ambas ciudades han invertido de forma decidida en este formato comercial.

  2. Experiencia gastronómica complementaria: los mercados han añadido zonas de degustación sin abandonar la venta tradicional. Por ejemplo, el de la Ribera, en Bilbao, combina puestos tradicionales en la planta baja con gastrobares arriba. Sin desplazar a comerciantes históricos.

  3. Digitalización inteligente: no se trata de copiar a Amazon, sino de humanizar la teconología. Mercados como el Central de Valencia o el de La Paz, en Madrid, han desarrollado plataformas que permiten comprar en diferentes puestos y recibir todo en un solo pedido. Barcelona creó “Mercats a un clic”, que combina la compra online con la recogida presencial.

  4. Innovación regulatoria: Sevilla simplificó su ordenanza de gestión de mercados. Redujo barreras administrativas y facilitó las alianzas público-privadas. Estas reformas silenciosas aceleran la modernización.

  5. Sostenibilidad económica: los mercados no pueden sobrevivir indefinidamente con subvenciones públicas. Necesitan diversificar las fuentes de ingresos y aprovechar ventajas competitivas únicas. Por ejemplo, los productos de kilómetro cero generan mayores márgenes al eliminar intermediarios. Además, los mercados tradicionales producen menos desperdicios que los supermercados gracias a la venta directa.

Los cinco pilares de revitalización de los mercados municipales.

Modelos que funcionan

El Mercado de Vallehermoso, en Madrid, representa la “tercera vía”. No busca turismo masivo sino autenticidad local. Muchos puestos los gestionan directamente agricultores y artesanos. Su apuesta por productos ecológicos y de kilómetro cero ha creado una comunidad de clientes fieles.

El Mercado de Benalúa, en Alicante, ha optado por otra estrategia exitosa: la calidad de su oferta gastronómica ha hecho que conseguir mesa sin reserva sea casi imposible. Una buena experiencia culinaria convierte la compra en un plan familiar.

Lo que hace inteligente a un mercado es el uso que le da la gente: la creatividad, las capacidades adicionales, el poder estar en contacto permanente con productores locales.

El riesgo de la ‘parquetematización’

Pero la transformación excesiva puede ser peligrosa. El barcelonés Mercado de La Boquería es, según rankings internacionales, “el mejor mercado del mundo”. Pero su masificación turística lo ha llevado a un punto crítico. Ya en 2015 el Ayuntamiento reguló el acceso a los grupos turísticos durante los fines de semana para proteger su función de abasto local.

En el centro de Madrid y a pocos metros de la Plaza Mayor, el Mercado de San Miguel es 100 % gourmet. Su éxito turístico y comercial es abrumador pero a costa de perder su rol de mercado de barrio. Genera la mayor parte de ingresos a través de la restauración, no con venta tradicional.

Esta es la parquetematización del mercado: cuando se convierte en una especie de parque temático gastronómico y pierde su alma comunitaria. El equilibrio entre atracción turística y función local es delicado pero indispensable.

Lecciones internacionales

El Borough Market, en Londres, tiene sus orígenes en el siglo XI. Su estrategia no se basa en la diversificación gastronómica, sino en profundizar su esencia como mercado de productos frescos. Su programa “Meet-the-producer” (“Conoce al productor”) demuestra que reforzar y no sustituir la función tradicional del mercado puede ser también una estrategia de éxito.

Time Out Market, en Lisboa, adoptó otra estrategia. El Ayuntamiento cedió la gestión a una marca privada que actúa como director de selección de la oferta de servicios. Elige los mejores chefs y crea un destino gastronómico coherente.

En Róterdam, el Markthal, inaugurado en 2014, es la máxima expresión de integración urbana. Su arco arquitectónico alberga un mercado cubierto y 228 apartamentos. La gente vive, literalmente, sobre el mercado. Combina alimentación, ocio, vivienda y parking en una simbiosis perfecta.

El futuro que se construye ahora

Los mercados municipales españoles tienen una ventana de oportunidad histórica. Hay políticas públicas de financiación para modernizarlos y ciudades pioneras con marcos regulatorios más flexibles. Y hemos visto que hay modelos híbridos (venta de producto-restauración) que funcionan.

Lo que está en juego trasciende la economía comercial. Es el tipo de ciudad que queremos construir: una donde los barrios tengan vida propia, comprar sea un acto social y no solo una transacción, y el comercio de proximidad sea viable y deseable.

Que haya mercados municipales no es, en sí, ni bueno ni malo: todo depende del uso que se haga de ellos. Pero solo prosperarán si evitan dos trampas mortales: la inacción, que condenó al de Torrijos, y la canibalización, que destruyó el de Esplugues.

Más que demonizar los supermercados o el comercio electrónico, o idealizar el pasado, es necesario comprender cómo estos espacios pueden evolucionar manteniendo su función social. La pregunta no es si los mercados sobrevivirán, sino si sabremos convertirlos en protagonistas de la transformación urbana y económica del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué estrategias usan los mercados tradicionales para resistir ante sus competidores? – https://theconversation.com/que-estrategias-usan-los-mercados-tradicionales-para-resistir-ante-sus-competidores-268905

SOS por el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada, herramienta clave para estudiar ecosistemas de montaña

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Regino Jesús Zamora Rodríguez, Catedrático de Ecología, Universidad de Granada

Macho de cabra montés en las cumbres de Sierra Nevada (Granada, España). Miguel Perfectti/Shutterstock

Los estudios ecológicos a largo plazo son esenciales para comprender los efectos del cambio climático global sobre los ecosistemas: además de detectar las transformaciones que se producen lentamente o los desfases entre cambios ambientales y respuestas biológicas, sirven para evaluar el impacto de eventos extremos (sequías repentinas, olas de frío o de calor, decaimiento forestal, entradas de polvo sahariano, presencia de turismo masivo y ganadería en zonas sensibles…) que actúan como “experimentos naturales”.

Un buen exponente de este tipo de enfoques científicos es el que posibilita el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada (OBSNEV), en Granada (España), cuyas actividades, si no se pone remedio, podrían tener los días contados.

La importancia del seguimiento ecológico

Como apuntábamos más arriba, las evaluaciones ambientales necesitan una memoria extensa para distinguir las tendencias reales del ruido o las meras fluctuaciones temporales. Conocer el pasado es clave para entender el presente y anticipar el futuro. Estos procesos exigen continuidad institucional y científica, así como la colaboración entre investigadores, técnicos y gestores para decidir qué monitorizar, especialmente en áreas protegidas.

En este marco de lo que se conoce como gestión adaptativa, el conocimiento científico –tanto el básico como el aplicado– proporciona herramientas que permiten diseñar, analizar e interpretar la información que deben cumplir los estándares internacionales FAIR (localizables, accesibles, interoperables y reutilizables). Eso garantiza su valor a largo plazo.

En definitiva, los programas de seguimiento ecológico no solo generan conocimiento, sino que conectan ciencia, gestión y sociedad, lo que facilita la toma de decisiones informadas frente a los retos del cambio global. Este tipo de investigaciones y los observatorios que las sostienen permiten:

  1. Realizar el seguimiento continuado de los ecosistemas, caracterizando su variabilidad natural y las tendencias frente al cambio ambiental.

  2. Identificar y estudiar perturbaciones de origen natural o humano que alteran su funcionamiento.

  3. Proporcionar una infraestructura duradera para la investigación científica, especialmente en el ámbito del cambio global.

  4. Generar y gestionar series temporales de datos para llevar a cabo la modelización de ecosistemas.

  5. Ofrecer herramientas que sustenten una gestión de los ecosistemas basada en evidencia científica.

  6. Fomentar redes de usuarios finales: administraciones, investigadores, empresas y agentes sociales.

  7. Promover acciones estratégicas de investigación sobre el funcionamiento de los ecosistemas en escenarios de cambio global.

  8. Integrarse con otras redes internacionales de observación y seguimiento ambiental a largo plazo.

  9. Fomentar la participación de la ciudadanía y de organizaciones ambientalistas.

  10. Desarrollar marcos integrados de gestión, y contribuir a establecer directrices y normativas más eficaces.

Diez principios para un seguimiento a largo plazo

Basándonos en nuestra experiencia, proponemos diez principios fundamentales donde se resume la esencia que todo seguimiento ecológico duradero debería considerar para cumplir su objetivo principal: generar conocimiento útil en la gestión del cambio global.

  1. Definir objetivos claros, basados en preguntas científicas sólidas.

  2. Mantener protocolos coherentes y comparables a lo largo del tiempo.

  3. Asegurar la calidad y continuidad de los datos, evitando que se vean afectados por la rotación de personal.

  4. Adaptarse a nuevas preguntas e imprevistos, incorporando protocolos que respondan a desafíos emergentes como especies invasoras o eventos extremos.

  5. Documentar rigurosamente los métodos de muestreo, calibración y validación para garantizar interpretaciones fiables.

  6. Desarrollar un sistema de gestión y difusión de datos robusto y flexible, que facilite el acceso y el uso de la información.

  7. Fomentar la participación inclusiva de la comunidad científica, los gestores y la ciudadanía.

  8. Implantar una gobernanza capaz de coordinar la investigación, la gestión y la transferencia de conocimiento.

  9. Asegurar financiación estable y a largo plazo, base indispensable de cualquier programa de seguimiento.

  10. Impulsar la educación ambiental, formando a las generaciones futuras en la comprensión y conservación de los ecosistemas.

La continuidad del Observatorio de Sierra Nevada, en peligro

Tales iniciativas de colaboración entre instituciones y ciudadanía requieren años de esfuerzo, pero pueden desmoronarse rápidamente si falta alguno de sus pilares. El Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada (OBSNEV), creado en 2008 por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Universidad de Granada, corre hoy el riesgo de desaparecer por falta de apoyo institucional y económico. Esto inclumpiría el principio 9 de nuestro decálogo, tras casi dos décadas de trabajo continuo.

Durante este tiempo, y gracias a proyectos como Smart EcoMountains, PRESINMED, Life Adaptamed o EVEREST, el Observatorio ha desarrollado seguimientos a largo plazo de numerosos aspectos de los ecosistemas nevadenses. Entre ellos, cabe mencionar la evolución de la nieve, la productividad de la vegetación, el polvo sahariano o el clima.

Pero, además, OBSNEV también ha creado un sistema de información ambiental integrado (mediante herramientas como Biblionevada, Climanevada, Histonevada o MonitorEO); ha implementado una gestión adaptativa susceptible de ser replicada Life Adaptamed; y ha promovido la participación ciudadana (por ejemplo, en lagunas y ríos de Sierra Nevada).

A pesar de su reconocimiento científico e internacional, la finalización del convenio deja al OBSNEV sin respaldo institucional en plena crisis climática, cuando evaluar la adaptación de los ecosistemas y aplicar el conocimiento científico a la gestión ambiental es más urgente que nunca. De nada han servido de momento las más de 600 firmas de apoyo enviadas por la comunidad científico-técnica, ni las más de una veintena de cartas de respaldo de instituciones científicas a nivel nacional e internacional.

Con su desaparición perderíamos una herramienta clave en la gestión de los ecosistemas de montaña frente al cambio global, un error histórico que supondría renunciar al conocimiento esencial para afrontar los desafíos ambientales del siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. SOS por el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada, herramienta clave para estudiar ecosistemas de montaña – https://theconversation.com/sos-por-el-observatorio-de-cambio-global-de-sierra-nevada-herramienta-clave-para-estudiar-ecosistemas-de-montana-270538

Los cuidadores de enfermos al final de la vida también necesitan cuidarse a sí mismos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ingrid Ramo González, Psicóloga en Cuidados Paliativos y Psicooncóloga Clínica Cuides UIC Barcelona. Coordinadora Equipo Atención Psicosocial (EAPS). Fundación la Caixa, Universitat Internacional de Catalunya

Nayeem6777/Shutterstock

El final de la vida de una persona requiere unos cuidados acordes con la complejidad de ese proceso único e irrepetible. Los cuidadores informales (familiares, amigos o personas con vínculos afectivos), formales (aquellos que reciben una remuneración por su trabajo) o profesionales de la salud (principalmente, equipos especializados en cuidados paliativos) conforman una red básica para reducir el sufrimiento y garantizar el soporte adecuado a la persona enferma durante el trance de morir.

Sin embargo, brindar esa asistencia no resulta algo inocuo y puede tener “efectos secundarios” en todos los que participan.

Contagio emocional y “fatiga por compasión”

Al cuidar de una persona con una enfermedad avanzada es fácil centrarse en la observación y el alivio de las necesidades que tiene o que van apareciendo. Hay incluso quien es capaz de adelantarse a que aparezcan. El inconveniente es que esa atención tan centrada en el otro puede hacer que se pierdan de vista las propias necesidades. “¿Qué necesito yo para estar bien?” es una pregunta que puede parecer egoísta o fuera de lugar en esas circunstancias, pero resulta imprescindible si queremos asegurar una buena calidad en los cuidados y no desgastarnos en exceso.

Frecuentemente, la vivencia de la enfermedad, el final de la vida y la pérdida del ser querido activa un cóctel de emociones: sufrimiento, hostilidad, enfado, culpa, vergüenza, amor, esperanza, decepción, gratitud, etc. Como seres humanos empáticos, no somos inmunes a ninguno de esos sentimientos. Si el cuidador no tiene formación ni las habilidades de gestión adecuadas, puede experimentar un tsunami emocional que le genere desasosiego y le deje una huella psicológica perdurable, difícil de borrar.

El desgaste por empatía o “fatiga por compasión” sería el equivalente del burn out o “síndrome del estar quemado” en aquellas profesiones donde se establece una relación de ayuda. El hecho de estar en contacto permanente con el sufrimiento puede llevar al profesional a sentirse exhausto y a perder el sentido de su trabajo o, incluso, la capacidad de generar un vínculo terapéutico con sus pacientes.

Estar expuesto constantemente a la incertidumbre de la evolución de una enfermedad y, finalmente, a la muerte puede generar impotencia, indefensión (o falta de control sobre las circunstancias) y preocupación constante. Además, la fragilidad y la muerte hacen que el cuidador se cuestione su propia existencia. O sea, es habitual que surjan dudas y preguntas como ¿qué sentido tiene la vida? o ¿qué sentido tiene sufrir? Si bien es cierto que estas reflexiones pueden dar lugar a grandes aprendizajes, al mismo tiempo, pueden abrir un camino introspectivo difícil de recorrer en soledad y sin certezas.

Y, por último, el cuidador también puede experimentar el duelo anticipado, un proceso de aflicción o dolor que comienza antes de que se produzca el fallecimiento del ser querido. Suele estar acompañado de preocupación por el futuro y sentimientos de culpa, enfado e injusticia. Aunque son emociones que nos preparan para la pérdida, pueden dificultar la tarea de cuidado y no aseguran un mejor proceso de duelo una vez la muerte se haya producido. Transitar por esa anticipación, aceptar lo que está ocurriendo, requiere de una mirada compasiva del otro y de uno mismo.

Espacios para cuidar de las propias necesidades

Para mitigar todos estos posibles “efectos secundarios” hay un antídoto: el autocuidado. Este ayuda a preservar pequeños espacios para atender y cuidar de las propias necesidades, ya sean físicas (como comer sano, ducharse o hacer ejercicio), psicológicas (meditar, realizar actividades significativas…) o sociales (compartir con otros, dejarse ayudar…). Crea un espacio de conexión donde recordar que nuestro bienestar es tan importante como el del otro.

En este sentido, el autocuidado también puede considerarse un acto de responsabilidad, puesto que el malestar del cuidador afecta al enfermo. Es decir, al cuidar de uno mismo somos capaces de generar una especie de efecto mariposa que mejora los cuidados que podemos ofrecer a los demás.

Además, sabemos que aquellos profesionales capaces de generar un cambio de mirada hacia su propio rol y su contribución hacia el alivio del sufrimiento ajeno tienen menor riesgo de sufrir fatiga por compasión. A este fenómeno se le conoce como satisfacción por compasión.

Si el profesional se hace consciente de sus propios límites, valora sus esfuerzos de atención hacia el otro, celebra sus logros e incluso amplía su perspectiva y se siente partícipe de un bien mayor, podrá compensar ese desgaste por empatía.

Aplicado a los profesionales de los cuidados paliativos, esto se traduciría, por ejemplo, en tener claro que el objetivo no es curar al enfermo sino aliviar su sufrimiento; ser conscientes de lo que sí se ha podido conseguir (reducir significativamente el dolor físico, emocional o espiritual del enfermo); y sentir que contribuyen al bien de la sociedad mejorando la calidad de vida de las personas (y de sus seres queridos) hasta el final de sus días.

Junto con las pautas de autocuidado, esta lectura contribuirá a que la balanza del profesional se decante más hacia la satisfacción que hacia el desgaste. Eso le dotará de mayores recursos de afrontamiento ante situaciones de alto impacto emocional y le ayudará resignificar el sentido de su propio rol.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Los cuidadores de enfermos al final de la vida también necesitan cuidarse a sí mismos – https://theconversation.com/los-cuidadores-de-enfermos-al-final-de-la-vida-tambien-necesitan-cuidarse-a-si-mismos-267490

Radiografía de una campana de cocina doméstica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By César Martín-Gómez, Catedrático en instalaciones y sistemas energéticos en arquitectura y urbanismo, Universidad de Navarra

Radovan1/Shutterstock

Los extractores o campanas de cocina domésticas desempeñan un papel fundamental en garantizar la calidad del aire interior de las viviendas, ya que capturan humos, vapores, grasas y contaminantes generados durante la cocción. En espacios cerrados, estos residuos pueden acumularse y afectar la salud respiratoria, provocar olores persistentes y aumentar la humedad del ambiente.

Además, en hogares con personas vulnerables como niños, personas mayores o individuos con asma, su utilización y uso adecuado resultan esenciales para prevenir problemas de salud.

Así, las campanas no son solo un complemento de las cocinas, sino que son una parte esencial del sistema de ventilación de las viviendas. Pero ¿cómo funcionan estos dispositivos?

Componentes de una campana doméstica

Una campana de cocina doméstica está compuesta por varios elementos clave: el cuerpo principal o carcasa, los filtros, un ventilador o extractor, controles de funcionamiento y en la mayoría de los casos, un conducto de evacuación.

De forma general, este dispositivo se instala directamente sobre la zona de cocción, a una altura media de 65-75 cm, para maximizar la captación de humos y vapores sin obstaculizar el uso.

El ventilador genera una depresión dentro de la campana que succiona el aire cargado de aerosoles a través de los filtros y luego lo envía al exterior (en campanas extractoras) o lo devuelve al interior de la vivienda (en campanas de recirculación).

Esquema que señala las partes de una campana de cocina doméstica
Esquema básico de una campana de cocina doméstica.
Arturo H. Ariño, CC BY-NC-SA

Filtros: ¿realmente filtran? ¿qué filtran?

Aunque todavía hay también instalaciones que extraen todo directamente al exterior, como los ventiladores de ventana, el elemento distintivo de la campana moderna es el filtro.

Persona rocía con humo una campana incrustada en la placa de una cocina
Campana de cocina integrada a la encimera.
César Martín Gómez, CC BY-NC-SA

Los filtros más comunes son los filtros de grasa y los de carbón activado. El filtro de grasa es una malla metálica (de aluminio o acero inoxidable) o sintética que atrapa las partículas de grasa suspendidas en el aire durante la cocción, que poseen casi todas las campanas. Es fundamental para proteger el motor y los conductos, y evitar la acumulación de grasa.

El filtro de carbón activado es un añadido común en campanas de recirculación y tiene la función de absorber olores y compuestos orgánicos volátiles que no puede retener el primer filtro. Aunque no elimina la humedad ni partículas muy finas, mejora significativamente el bienestar olfativo.

Un filtro sucio pierde eficacia, puede obstruir el flujo de aire y disminuir el rendimiento general de la campana, afectando tanto a la calidad del aire interior como al consumo energético.

El aire que sale: ¿cómo lo hace y adónde va?

En los sistemas con salida exterior, el aire que ha pasado por el filtro de grasa entra en la campana aspirado por el ventilador y luego es expulsado mediante un conducto que lo lleva al exterior de la vivienda. Este aire puede contener humedad residual, energía en forma de calor y las partículas que estos filtros no son capaces de absorber.

Esta dinámica puede generar un ciclo de retroalimentación donde los contaminantes no filtrados evacuados desde los edificios pueden volver a entrar en las viviendas, estableciéndose un patrón similar al observado en los residuos plásticos oceánicos que retornan a la cadena alimentaria humana.




Leer más:
El aire interior de las viviendas también puede contaminar las ciudades


En los sistemas con recirculación, el aire que ha pasado por el filtro de grasa se debe circular por un segundo filtro de carbón activo que retiene muchos compuestos químicos y algunas partículas grandes, y se devuelve al mismo espacio de la cocina.

Aunque los filtros retienen grasa, compuestos volátiles y olores, no se elimina la humedad ni el calor, y las partículas más finas, como las del hollín, pueden permanecer. Si la recirculación no se acompaña de una ventilación adecuada, estos contaminantes residuales podrían entonces concentrarse en el ambiente del local.

Lo que todavía no sabemos sobre estos equipos

Para mejorar la función de las campanas, es necesario conocer con precisión la capacidad real de extracción y filtración de muchos dispositivos domésticos, especialmente en condiciones de uso cotidiano. También se requiere información sobre la frecuencia y calidad del mantenimiento que reciben, y si los usuarios comprenden su importancia.

Otra cuestión pendiente es evaluar cuántas viviendas tienen sistemas de evacuación exterior frente a recirculación, y cómo afecta esto a la calidad del aire exterior de las zonas urbanas.

Reconocer que las campanas extractoras domésticas inciden en los flujos de contaminantes urbanos abre oportunidades para implementar tecnologías de filtrado más eficientes y sistemas de ventilación que optimicen tanto el bienestar doméstico como la calidad ambiental urbana.

La integración de soluciones tecnológicas avanzadas en el diseño de campanas extractoras, como por ejemplo sistemas ciclónicos o filtros HEPA, eficaces para atrapar partículas, representa una herramienta valiosa para contribuir positivamente a la sostenibilidad urbana mientras se mantiene la funcionalidad esencial de estos equipos en nuestras viviendas.

The Conversation

César Martín-Gómez recibe fondos de la Cátedra Fundación Saltoki. Miembro de la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración (ATECYR).

Robiel Manzueta recibe fondos de Ayudas para la Formación de Profesorado Universitario del Ministerio de Universidades, España (FPU2020/04936). Miembro de la Asociación Técnica Española de Climatizacion y refrigeración (ATECYR).

Arturo H. Ariño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Radiografía de una campana de cocina doméstica – https://theconversation.com/radiografia-de-una-campana-de-cocina-domestica-268418

De jugar a consumir: la publicidad llega a los videojuegos y los convierte en negocio

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Matellanes Lazo, PhD. Full Professor at the University in Communication and Advertising. Department of Social Sciences., Universidad Europea Miguel de Cervantes

Los escenarios inmersivos de los videojuegos no han pasado desapercibidos para las marcas. Gorodenkoff/Shutterstock

En la última década, los videojuegos se han consolidado como una forma de entretenimiento no solo para niños: millones de personas de todas las edades les dedican horas a jugar con ellos cada semana. Ese tiempo y esa atención no han pasado desapercibidos para las marcas, que han encontrado en ellos un terreno fértil para experimentar con nuevos formatos publicitarios.

La clave es simple: si la televisión y las redes sociales ya no garantizan la atención plena del consumidor, quizá los mundos virtuales puedan hacerlo.

Del anuncio estático al ecosistema inmersivo

Uno de los formatos más usados es el in game advertising (publicidad dentro del juego), una estrategia de marketing en la que se inserta contenido publicitario dentro de los videojuegos. Puede ser de forma integrada en la experiencia del juego (como el emplazamiento de producto en series y películas) o en momentos de pausa (como los anuncios de TV tradicionales).

En el universo del videojuego, los anuncios adoptan distintas formas: desde vallas estáticas en un estadio virtual hasta mensajes dinámicos que cambian según la localización del jugador, o incluso marcas integradas en objetos cotidianos del juego. La naturalidad de esa inserción busca que la publicidad no interrumpa la experiencia sino que se perciba como parte del entorno.

A estos formatos se suman los advergames, videojuegos creados directamente por las marcas con fines promocionales, y los anuncios premiados (rewarded ads), que ofrecen monedas, vidas o mejoras a cambio de ver voluntariamente un anuncio. Este último formato ha demostrado ser particularmente eficaz en dispositivos móviles, donde las sesiones de juego son cortas y el usuario valora recompensas inmediatas.

El mercado respalda la tendencia: un 86 % de los anunciantes considera que la publicidad en videojuegos es cada vez más importante y muchos prevén aumentar su inversión. No es casualidad que Roblox haya sellado un acuerdo con el gigante tecnológico Google para ofrecer vídeos publicitarios con recompensa.

Más allá del juego: la lógica del ecosistema

La publicidad ya no se limita a lo que ocurre dentro de la pantalla. Las marcas patrocinan torneos de e-sports, colaboran con streamers y financian eventos virtuales, tejiendo lo que podría llamarse una estrategia de ecosistema. El valor no reside solo en la visibilidad, sino en legitimarse ante la comunidad gamer, integrarse en una narrativa comunicativa compartida y acompañar al jugador en distintos momentos de consumo cultural.

Así, el videojuego deja de ser un soporte aislado para convertirse en un nodo dentro de un entramado mayor: juegos, retransmisiones, eventos, comunidades online y redes sociales. La marca se integra y aparece en la construcción de nuevas historias que atrapan al consumidor

Beneficios estratégicos para las marcas

Este fenómeno se sostiene sobre tres grandes beneficios .

  1. Compromiso (engagement) no intrusivo: los anuncios insertados con coherencia no rompen la experiencia de juego, lo que los hace más aceptables para los consumidores.

  2. Asociación emocional: si un usuario vincula una marca con un momento de logro, emoción o progreso, se produce un “efecto halo” que refuerza la percepción positiva.

  3. Segmentación avanzada: los videojuegos permiten perfilar audiencias según género, geografía, tiempo de juego o patrones de compra, ofreciendo datos valiosos que superan a muchos medios tradicionales.

Además, la frecuencia de juego asegura una longevidad del impacto: la repetida exposición en sesiones recurrentes consolida el recuerdo de marca.

Los dilemas éticos: entre el juego y el consumo

Sin embargo, no todo es positivo. La delgada línea entre entretenimiento y consumo abre un abanico de dilemas éticos. Uno de los más sensibles es la publicidad dirigida a menores y adolescentes, quienes aún no cuentan con plena capacidad crítica para discernir entre juego y anuncio. Cuando a este grupo se le ofrecen recompensas virtuales a cambio de exposición publicitaria el riesgo de manipulación se dispara.

Otro frente es el uso de patrones oscuros (dark patterns): diseños que explotan la psicología del jugador para fomentar el gasto o la exposición forzada a anuncios. Se utilizan temporizadores, recompensas variables o apelaciones sociales que convierten la experiencia en un bucle de presión psicológica difícil de romper.

La transparencia es otro reto a batir. El jugador puede no llegar a distinguir si un objeto del juego es parte del diseño narrativo o una inserción publicitaria. Esa confusión mina la confianza y puede generar rechazo hacia la marca.

Tampoco hay que olvidar la fatiga publicitaria. Un exceso de anuncios puede provocar la huida de los jugadores, o incluso una aversión explícita hacia la marca. El equilibrio entre visibilidad y saturación es frágil y todavía no se ha resuelto del todo.

La regulación: un terreno en construcción

Los reguladores comienzan a prestar atención. En el Reino Unido, por ejemplo, la Advertising Standards Authority (ASA) ha prohibido en juegos móviles anuncios que sexualizaban a mujeres o presentaban relaciones no consentidas. Estas medidas evidencian que la publicidad en entornos digitales necesita límites claros, especialmente cuando los públicos vulnerables están expuestos.

A futuro, será crucial establecer normas de transparencia y frecuencia, así como límites específicos en los juegos infantiles. Las propias empresas también pueden avanzar en prácticas de diseño ético: elaborar experiencias publicitarias explícitas, no basadas en manipulación, y fomentar modelos de intercambio claro, como las recompensas voluntarias.

¿Hacia una publicidad responsable en mundos virtuales?

El potencial de la publicidad en videojuegos es indiscutible. Se trata de un canal capaz de generar experiencias no intrusivas, vínculos emocionales y segmentación precisa. Sin embargo, su crecimiento acelerado plantea riesgos que no deben ignorarse.

La pregunta central es cómo reconciliar eficacia y ética. La clave parece estar en tres ejes: diseño consciente, regulación clara y evaluación continua del impacto real en los jugadores. Solo así los mundos virtuales podrán convertirse en espacios seguros, donde marcas y usuarios convivan sin que el entretenimiento se transforme en manipulación encubierta.

En un contexto en que los jóvenes viven gran parte de su socialización y ocio en entornos digitales, la responsabilidad de empresas y reguladores no es menor. Al final, la publicidad en videojuegos no es solo un modelo de negocio; es también un espejo de cómo concebimos la relación entre consumo, ocio y cultura en el siglo XXI.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. De jugar a consumir: la publicidad llega a los videojuegos y los convierte en negocio – https://theconversation.com/de-jugar-a-consumir-la-publicidad-llega-a-los-videojuegos-y-los-convierte-en-negocio-266091

La IA y el análisis de redes revolucionan el modo de perseguir el fraude y el blanqueo de capitales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Dolores Lagoa Varela, Profesora del departamento de Empresa (Área: Economía Financiera) , Universidade da Coruña

Burdun Iliya/Shutterstock

En 2017, la fundadora de la criptomoneda OneCoin subió a un avión en Sofía (Bulgaria) y desapareció. Se esfumó con una fortuna estimada en más de 4 000 millones de dólares, estafados a millones de personas en todo el mundo en uno de los mayores esquemas piramidales de la historia. Desde entonces, el objetivo del FBI no es solo encontrar la fundadora (incluida en su lista de los diez delincuentes más buscados), sino responder a la pregunta: ¿dónde está el dinero?.

Casos como el de OneCoin, popularizados por pódcasts como Scam Inc. de The Economist (2024), revelan dos crímenes. El primero es la estafa. El segundo, más silencioso y complejo, es el blanqueo de capitales: el proceso de hacer que ese dinero robado parezca legítimo.

El gato y el ratón

El fraude de OneCoin no es un hecho aislado. Cada año se blanquea en el sistema financiero global entre el 2 % y el 5 % del PIB mundial, o hasta 2 billones de dólares. Ese dinero es el combustible del terrorismo, la trata de personas y la corrupción.

Durante décadas, la lucha contra el blanqueo de capitales (Anti-Money Laundering o AML) ha sido un juego del gato y el ratón. Los reguladores creaban una norma y los delincuentes encontraban cómo saltársela.

Tras analizar la vanguardia de esta lucha, hemos comprobado que el tablero de juego ha cambiado. La era de las hojas de cálculo va llegando a su fin y está comenzando la era de la inteligencia artificial.

Capacidad de adaptación

Hasta hace poco, las administraciones públicas obligaban a los bancos y a otras entidades a usar sistemas basados en reglas. Eran simples: si una transacción superaba los 10 000 euros, se marcaba. Si una cuenta recibía de repente 50 transferencias pequeñas, se marcaba.

El problema es que los delincuentes se adaptan. Para evitar ser detectados, comenzaron a dividir el dinero en cientos de transacciones diminutas, logrando así pasar por debajo de los umbrales de alerta.

Los blanqueadores de OneCoin, por ejemplo, usaron redes de empresas fantasma y transferencias opacas para mover el dinero por todo el mundo. El resultado era un caos para las entidades, que se ahogaban en miles de falsos positivos mientras el dinero de origen realmente ilegítimo se colaba por las grietas del sistema.

Nuestro estudio identifica un cambio de paradigma desde la estadística hacia el aprendizaje automático (machine learning). En lugar de seguir reglas rígidas, estos sistemas de IA aprenden patrones de comportamiento. La inteligencia artificial antiblanqueo aprende qué es normal para una cuenta y detecta anomalías: transferencias a paraísos fiscales, operaciones nocturnas o redes de cuentas que parecen diseñadas solo para mover dinero.

Análisis de redes: una herramienta revolucionaria

Las administraciones se han dado cuenta de que el blanqueo de capitales no se realiza en un acto aislado, sino en una red de transacciones. En lugar de mirar cada transacción como un punto individual, el análisis de redes (network analysis) dibuja un mapa que conecta las cuentas.

Imagine: una transferencia de 5 000 euros de la cuenta A a la cuenta B no es sospechosa. Pero el análisis de redes puede mostrar que esos 5 000 euros van de A a B, de B a C, de C a D y, finalmente, de D vuelven a A. Este patrón circular se utiliza para disimular el origen ilícito mediante múltiples capas de transacciones. El análisis de redes detecta el mapa completo.

Nadie tiene la imagen completa

En nuestro estudio identificamos un problema crítico que llamamos “ceguera de red” (network blindness). Esto ocurre cuando cada banco ve solo su parte de las transacciones, sin acceso a la foto completa del flujo ilícito. Si el dinero de la trama salta del banco A al banco B, la primera entidad solo registra la salida y la segunda solo la entrada, perdiendo así el rastro global.

Aquí, la acción de la administración pública es crucial. Para encontrar a los blanqueadores las autoridades financieras deben convertirse en tecnólogos. Nuestro análisis de las investigaciones sobre el tema apunta a un nuevo kit de herramientas para estos organismos:

  • Marcos para compartir datos y homogenización: la ceguera de red solo se cura si las entidades pueden compartir información de forma segura y colaborativa. La nueva Autoridad Europea contra el Blanqueo (AMLA) es un paso en esta dirección.

  • Sandboxes regulatorios: se deben crear entornos de prueba seguros para que los entidades obligadas puedan experimentar de forma controlada con nuevas IA antiblanqueo.

  • Medir lo que importa: abandonar los indicadores simples de cumplimiento (como el número de informes de sospecha rellenados) o las lista de comprobación, y empezar a medir la efectividad real, con métricas orientadas a resultados.

  • Afrontar la privacidad: el equilibrio entre vigilancia y privacidad es el gran reto. La solución pasa por nuevas tecnologías, como el aprendizaje federado (federated learning), que permite a las IA de varias entidades aprender de patrones comunes sin compartir nunca los datos personales de los clientes.

La lucha contra el blanqueo de capitales ha dejado de ser un asunto de contables para convertirse en una batalla del big data. La mejor forma para encontrar los miles de millones de OneCoin y frenar a las próximas redes de delincuencia es usar redes de inteligencia para desmantelarlas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. La IA y el análisis de redes revolucionan el modo de perseguir el fraude y el blanqueo de capitales – https://theconversation.com/la-ia-y-el-analisis-de-redes-revolucionan-el-modo-de-perseguir-el-fraude-y-el-blanqueo-de-capitales-269837

¿Es posible la transición verde sin silicio y litio?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Davide Consoli, Cientifico Titular en Ciencias Sociales, INGENIO (CSIC – UPV)

miex/Shutterstock

La lucha contra el cambio climático y el tránsito hacia una economía verde, como la promovida por el Pacto Verde Europeo, se basa en la adopción masiva de tecnologías limpias, desde la energía renovable y los vehículos eléctricos hasta la gestión avanzada de residuos. Sin embargo, un análisis reciente que analiza datos de patentes y de producción de materiales revela una paradoja crucial: aunque se busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles, la transición está creando una nueva y marcada dependencia de minerales críticos, cuya cadena de suministro es inherentemente vulnerable a interrupciones.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la necesidad mundial de minerales críticos podría cuadruplicarse para 2040. Este aumento drástico traslada la presión ambiental, social y geopolítica de los hidrocarburos a la producción y el comercio de minerales, que no está exenta de dificultades.

¿Hay suficiente?

El primer obstáculo es la propia disponibilidad física y la infraestructura necesaria. Las reservas mundiales actuales y conocidas de muchos minerales podrían no ser suficientes para cubrir la demanda proyectada. A esto se añade que la extracción y el procesamiento de los volúmenes requeridos para la transición verde exigen una infraestructura que hoy no existe a la escala necesaria.

Además, muchos de los insumos necesarios nunca se han extraído ni procesado a gran escala. Construir y operar la infraestructura minera y de refinado con los estrictos estándares de seguridad y continuidad necesarios para el suministro de energía limpia representa un desafío técnico y económico aún inexplorado. Esta incertidumbre pone en duda la viabilidad de los objetivos ambientales más ambiciosos.

Cuellos de botella

A pesar de los deseables objetivos de reciclaje y nuevas exploraciones, la aceleración de los plazos que exigen las recientes promesas políticas amenaza con generar serios cuellos de botella en el suministro.

La accesibilidad a los minerales está intrínsecamente ligada a su distribución geográfica, lo que expone la cadena de suministro a tensiones geopolíticas y a marcados desequilibrios.

Los minerales más demandados

Nuestro estudio revela tres patrones empíricos.

Primero, destacamos el papel central de dos elementos: el silicio y el litio. Sus vínculos con las tecnologías esenciales de la transición energética son notables y multifacéticos.

El silicio destaca por su importancia crítica en múltiples ámbitos cómo la energía renovable, concretamente, las células fotovoltaicas, las tecnologías de almacenamiento de energía, como las baterías, o la gestión de residuos.

El litio también es de gran interés, pero por una peculiaridad: se encuentra fuertemente representado en tecnologías verdes que dependen, en promedio, de menos minerales críticos en comparación con otras tecnologías analizadas. Un ejemplo claro es el transporte por carretera, donde las baterías y los dispositivos de almacenamiento de energía dependen de forma extensa y casi exclusiva del litio, lo que impulsa el despliegue de los vehículos eléctricos.

Otras tecnologías verdes que exigen grandes cantidades de litio incluyen el calentamiento, la ventilación o el aire acondicionado de alta eficiencia energética, así como las tecnologías de conservación del agua.

El denominador común entre el litio y el silicio es su papel crucial en las baterías, de lejos el componente habilitador más importante. Las baterías son esenciales tanto para el almacenamiento de energía en plantas renovables como para la movilidad eléctrica. Asimismo, su recuperación mediante una gestión de residuos eficaz es vital para prevenir escasez y mitigar riesgos ambientales y de salud.

Países más vulnerables

El segundo hallazgo de nuestro estudio consiste en desvelar patrones geográficos de la codependencia entre minerales y tecnologías verdes. Países con carteras de patentes menos diversificadas, como Rusia, Australia, Taiwán y Japón, están potencialmente más expuestos a interrupciones en el suministro de recursos naturales clave.

Por otro lado, la Unión Europea en su conjunto destaca como consumidora neta de materias primas críticas debido a su bajo volumen de producción. Dentro de Europa, el estudio diferencia entre países con una alta dependencia y un insuficiente abastecimiento interno (como Austria o República Checa) y aquellos con una dependencia menor, gracias a una base tecnológica más diversificada o una mayor producción de ciertos materiales (como España, Alemania y Francia).

Desequilibrio entre producción e innovación

En este contexto, existe una notable asimetría entre los países que sustentan la oferta de insumos y los que impulsan la demanda a través de innovación verde. Países de ingresos predominantemente bajos o medios, como Chile, la República Democrática del Congo o Zambia, se encuentran a la vanguardia del suministro de insumos críticos (los “meros proveedores”), pero apenas participan en las actividades de innovación verde.

Este desequilibrio plantea serias preocupaciones éticas. La dependencia de los productores europeos de tecnología verde en la minería de regiones menos desarrolladas, que ya enfrentan circunstancias socioeconómicas y ambientales precarias, sugiere que las políticas verdes actuales podrían exacerbar las disparidades globales, socavando la percepción pública y el compromiso a largo plazo con la lucha contra el cambio climático.

Ante este panorama, la transición energética limpia, aunque vital, tiene un lado oscuro y complejo. Nuestro estudio no solo identifica los puntos críticos (la escasez física, la escalabilidad de la infraestructura y la distribución geográfica), sino que también abre una hoja de ruta para la investigación futura.

Es crucial que el debate sobre la sostenibilidad incorpore de manera frontal los altos costes e incertidumbres asociados a la extracción minera. La solución requiere no solo diversificar las fuentes de suministro y optimizar el reciclaje, sino también abordar las consecuencias socioeconómicas y laborales en los países de origen para garantizar que la transición verde sea verdaderamente justa y global.

The Conversation

Davide Consoli recibió la financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación dentro de los Programas Estatales de Generación de Conocimiento y Fortalecimiento Científico y Tecnológico del Sistema de I+D+i y de I+D+i Orientada a los Retos de la Sociedad, en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020 (PID2020-119096RB-I00/MCIN/AEI/10.13039/ 501100011033).

ref. ¿Es posible la transición verde sin silicio y litio? – https://theconversation.com/es-posible-la-transicion-verde-sin-silicio-y-litio-270195