¿Es una buena idea dar de comer a los pájaros?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Gabriel Martínez, Catedrático de Zoología, Universidad de Granada

Tres carboneros comunes (_Parus major_) se alimentan en un comedero. Bachkova Natalia/Shuttesrtock

Hace unos días me encontré en las redes sociales con una cuenta en la que se hablaba de la importancia de colocar comederos con alimento para las aves silvestres. Habitual en algunos países europeos y en Norteamérica, esta práctica se ha considerado durante mucho tiempo beneficiosa para las aves.

En la publicación se explicaba que puede haber algunos efectos negativos, pero que son compensados por los positivos, y que algunos informes muestran que a las poblaciones que acuden a los comederos les va tan bien o mejor que a las que no se les facilitan.

Si eso fuera cierto, tendríamos un problema, ya que beneficiaríamos a aquellas especies más proclives a acercarse a estructuras artificiales. Además, no está claro que proporcionar ese alimento “extra” sea siempre positivo para las aves. Algunos trabajos científicos muestran que, de hecho, puede ser perjudicial.

¿Y qué dice la ciencia al respecto?

Por ejemplo, en un trabajo realizado con herrerillos (Cyanistes caeruleus), los científicos evidenciaron que esa suplementación durante el invierno reducía el éxito de cría durante la siguiente primavera. Los pollos en una población suplementada eran más pequeños y sobrevivían peor que los de aquellos padres sin la comida extra. La hipótesis señala que, quizás, los adultos que se alimentaron mucho en comederos estaban en peores condiciones físicas porque la comida proporcionada es de peor calidad que su dieta natural (puede contener demasiada grasa, como era el caso).

De hecho, en otra investigación donde las aves comieron cacahuetes, no hubo tal efecto negativo. Los investigadores del primer estudio también discutían que el efecto global puede deberse a que la suplementación durante el invierno favorecía la supervivencia de individuos de peor calidad, que al reproducirse (y no contar en primavera con la ayuda de los comederos) obtenían peores resultados.

En otro trabajo que estudió a herrerillos y carboneros (Parus major), no se encontraron efectos claros de la alimentación suplementaria sobre la reproducción de los individuos, pero sí se detectó que el alimento facilitaba la supervivencia y la posterior reproducción de aves menos competitivas. Al entrar a formar parte de la población reproductora, aumentaba la competencia por los recursos.

Los autores sugerían que los comederos posiblemente facilitan que los pájaros críen en territorios marginales o la reproducción de individuos de menor calidad, ya que en su estudio los ejemplares juveniles usaban más la comida aportada que los individuos de mayor edad.




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Hay más expertos que defienden que la alimentación “extra” de aves silvestres es probablemente más perjudicial que beneficiosa. Así, un estudio del 2021 pone el foco en las consecuencias para aquellas especies que no son el objetivo de la alimentación extra. Entre ellas se destaca que se puede favorecer a especies más comunes y adaptables, que usan más los comederos, y que estos además pueden exponer a las destinatarias originales a mayores tasas de depredación y competencia.

Incluso, puede favorecer la transmisión de enfermedades entre especies que no suelen interactuar: en el Reino Unido se detectó cómo una especie de parásito protozoario del género Trichomonas saltó de las palomas a distintos fringílidos, pinzones y verderones que se alimentaban en comederos, provocando una epidemia de tricomoniasis, una gran amenaza para las aves.

Este trabajo también evidencia cómo las tendencias poblacionales de las especies que se alimentan en comederos frecuentemente son favorables, mientras que las de aquellas especies que no suelen acudir a ellos resultan en la mayoría de los casos negativas. Eso plantea si su uso está detrás de dichas diferencias: ¿podría el aprovisionamiento de comida a una escala enorme en los jardines del Reino Unido estar provocando que un conjunto de especies menos comunes, subordinadas y que no usan los comederos sean incapaces de competir con las especies abundantes, dominantes y que sí los utilizan?

El caso de las aves carroñeras

La alimentación suplementaria es una herramienta usada para intentar mejorar la situación de poblaciones amenazadas, especialmente cuando la falta de alimento natural es uno de los factores de amenaza. Pero esta práctica, frecuentemente exitosa, también nos ha enseñado que suplementar no tiene exclusivamente efectos positivos.

En España se han investigado las consecuencias potencialmente negativas de dicha práctica en aves carroñeras. La disminución de los tamaños poblacionales de buitres y otras especies en la península ibérica llevó a las administraciones a facilitarles comida en los llamados muladares, zonas donde tradicionalmente se han abandonado los cadáveres del ganado doméstico.




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Los muladares resultaron fundamentales para la recuperación de las poblaciones de buitres, pero al mirar con detalle se comprobó que la forma en que las administraciones gestionaban los puntos de alimentación podía tener efectos menos positivos. Los muladares se transformaron, en palabras de algunos de los investigadores, en “restaurantes para buitres”, con grandes cantidades de comida concentrada en unos pocos puntos y de forma predecible en el tiempo, modificando así el hábitat en lo que a los recursos alimenticios para las carroñeras respecta.

Si en los muladares la comida es facilitada en puntos predecibles en el tiempo y en el espacio, se favorece la monopolización de las carroñas por parte de unas pocas especies particularmente dominantes y agresivas, como el buitre leonado (Gyps fulvus).

En un estudio realizado en el norte de España se encontró que la diversidad de especies que utilizaban las carroñas dependía del número de buitres leonados que acudían a los muladares: cuantos más buitres, menor diversidad de especies alimentándose.

Cuando las carroñas aparecen en el medio de forma impredecible en el tiempo y el espacio, la cantidad de especies que las aprovechan es más alta, y son más utilizadas por aves de menor tamaño (como alimoches o milanos, algunas de ellas amenazadas

De estos trabajos se deduce que la gestión de los puntos de alimentación es importante. Los especialistas sugieren que la suplementación debe considerarse en casos en los que el mantenimiento de las poblaciones en base a carroñas provenientes de la fauna silvestre o de la ganadería extensiva (impredecibles en el tiempo y en el espacio) se vea comprometido.

En cualquier caso, los puntos de alimentación deberían crearse como una cadena de lugares a los que se aporte comida de forma esporádica para evitar la concentración de recursos y carroñeros.

Aunque es verdad que para ciertos casos los comederos y la alimentación suplementaria pueden ser beneficiosos, habría que plantear su uso solo en aquellos escenarios en los que las poblaciones estén atravesando problemas demográficos. Y, además, intentar que estén dirigidos a aquellas aves que los puedan necesitar, en vez de disponibles para la mayoría de especies proclives a usarlos.

Es decir: si realmente nos importa que la naturaleza mantenga su equilibrio, debemos evitar un uso masivo e indiscriminado de estas prácticas.

The Conversation

Juan Gabriel Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Es una buena idea dar de comer a los pájaros? – https://theconversation.com/es-una-buena-idea-dar-de-comer-a-los-pajaros-272390

Más allá del inglés: cómo potenciar la diversidad lingüística europea a través del Erasmus

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gloria Vázquez García, Profesora Titular del Área de Lingüística General de la Universitat de Lleida, Universitat de Lleida

DavideAngelini/Shutterstock

Cada año, más de un millón de estudiantes universitarios europeos aprovechan el programa de intercambio Erasmus para ir a estudiar a otro país. Creado en 1987, su objetivo ha sido desde el principio promover la movilidad de estudiantes y personal universitario y la cooperación entre instituciones de distintos países como medios para fortalecer la excelencia educativa y la identidad europea.

Uno de los objetivos específicos del programa es promover el aprendizaje de las lenguas y aumentar la conciencia de la diversidad lingüística en Europa. Sin embargo, y aunque la mayor parte de la movilidad académica en Europa tiene lugar entre países de habla no inglesa –Italia es, por ejemplo, el destino preferido de los universitarios españoles–, casi todos los estudiantes extranjeros progresan únicamente con el inglés tras hacer un intercambio.

Las lenguas europeas y la lengua franca europea

¿Qué ocurre con la lengua del país visitado? En un estudio reciente hemos observado que la gran mayoría afronta esta experiencia con ganas de mejorar el inglés, pero con poca motivación por aprender la lengua local, que o bien desconocen totalmente o dominan muy poco. Es decir, los universitarios se van “de Erasmus” a Italia sin saber italiano o a Alemania sin saber alemán. Esto no suele preocuparles, ya que suelen confiar en el inglés como lengua franca en el ámbito académico y social.




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Así, la gran mayoría de los estudiantes, independientemente del país de destino, no ve la experiencia como una oportunidad de aprender o mejorar simultáneamente el inglés y la lengua del país visitado. Sin duda, “irse de Erasmus” debe ser motivador por lo que supone vivir en un país distinto, conocer otras culturas y sus gentes. Ahora bien, parece evidente que también debería aprovecharse para potenciar el aprendizaje lingüístico, una de las prioridades del programa europeo.

‘No me hace falta saber el idioma local’

En nuestro estudio preguntamos a los participantes en diversas ocasiones a lo largo de sus estancias en el extranjero si habían percibido necesidad de aprender la lengua del país, y casi la mitad respondieron negativamente. Esta escasa o nula necesidad de la lengua local la experimentaron tanto fuera como dentro del aula.

Por un lado, más de la mitad de los estudiantes recibieron la formación académica exclusivamente en inglés y solo un tercio exclusivamente en la lengua local.

Por otro lado, la mitad de los estudiantes nos dijeron que habían tenido muy poco contacto con la población del país. En estas circunstancias parece lógico que su idea inicial de que el desconocimiento de la lengua local no iba a ser un problema se viera corroborada una vez finalizada la estancia.

‘Al final sí que aprendí la lengua del país’

Aun sin tener esa intención, la mitad de los participantes de nuestro estudio acabaron la estancia habiendo mejorado el inglés y también habiendo adquirido suficientes conocimientos de la lengua del país visitado como para presentarse de manera oral y escrita.

En países donde se habla una lengua románica, como Italia o Portugal, es donde los estudiantes de nuestro estudio más aprendieron este idioma, ya que sus lenguas nativas –el español y el catalán– son también descendientes del latín. Pero incluso en países de habla no románica, como Alemania o Holanda, los estudiantes que acudían con nociones del idioma también mejoraron su nivel.

En el caso de los estudiantes que hacen poco o ningún uso de la lengua del país durante la estancia y prácticamente no interactúan con su gente, podemos suponer que usan el inglés de forma primordial en sus interacciones con otros estudiantes extranjeros, y cuando no usan el inglés es porque pueden recurrir a su lengua materna.

Proteger la riqueza lingüística

Para proteger la riqueza que supone la diversidad lingüística y cultural europea, este último escenario no es ideal. Cuando el inglés (u otra lengua dominante) se convierte en el filtro de acceso a las oportunidades académicas, sociales o económicas, las otras lenguas –y las culturas que representan– quedan marginadas.




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Esto no solo erosiona el patrimonio cultural, sino que también puede derivar de algún modo en una discriminación económica y social de quienes no son hablantes nativos del inglés, ya que a menudo el predominio de este idioma como lengua franca se enmarca en una ideología dominante sobre el aprendizaje de lenguas que considera el hablante nativo como el modelo ideal y la autoridad última sobre el uso lingüístico.

¿Qué pueden hacer las universidades?

A partir de los resultados obtenidos en nuestro estudio, vemos algunas posibles líneas de actuación. Por un lado, las universidades que acogen cada año a los estudiantes europeos a través del programa Erasmus tienen la capacidad de mejorar el conocimiento del idioma del país, por ejemplo, fomentando la colaboración de los estudiantes locales para aumentar las interacciones con los recién llegados y también promoviendo programas bilingües (en inglés y lengua local).

Por otro lado, las universidades de origen podrían concienciar a los estudiantes sobre las ventajas que supone aprender la lengua local, difundiendo experiencias positivas en las que se establecieron interacciones con la población del país y se disfrutó más plenamente de la experiencia.

En definitiva, dado que el multilingüismo es un valor en alza y que tanto la Unión Europea como las familias invierten cada vez más en subvencionar experiencias de movilidad a los estudiantes, es crucial reflexionar sobre cómo podemos conseguir que la experiencia Erasmus sea lo más provechosa posible también desde el punto de vista lingüístico.

The Conversation

Gloria Vázquez García participa en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref. no. PID2022-141814NB-I00).

Josep M. Cots participa en un proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref. no. PID2022-141814NB-I00).

ref. Más allá del inglés: cómo potenciar la diversidad lingüística europea a través del Erasmus – https://theconversation.com/mas-alla-del-ingles-como-potenciar-la-diversidad-linguistica-europea-a-traves-del-erasmus-268796

Por qué el estado de bienestar está fallando en España a quienes más lo necesitan y cómo solucionarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Andrei Quintiá Pastrana, Investigador Ramón y Cajal, Universidade de Santiago de Compostela

wut62/Shutterstock

Tener derecho a una prestación social en España no garantiza poder acceder a ella. Más de la mitad de los hogares que cumplen los requisitos para recibir ayudas como el Ingreso Mínimo Vital o el bono eléctrico no llegan a percibirlas. Miles de personas esperan años para que se les reconozca su discapacidad, dependencia o tarjetas de residencia. Conseguir una cita se ha convertido en un obstáculo en muchas administraciones. La distancia entre el reconocimiento de derechos sociales y su disfrute se convierte en un abismo.

Nuestra investigación muestra que no se trata de incidencias aisladas, sino de problemas estructurales: largos tiempos de resolución de procedimientos, cargas documentales y requisitos desproporcionados funcionan como barreras en el acceso a derechos que generan una nueva forma de vulnerabilidad.

Esta vulnerabilidad administrativa excluye, precisamente, a quienes más lo necesitan.

La covid-19, un acelerador de desigualdades

La pandemia no es el origen de los problemas sociales en España, pero sí amplificó los que ya existían. En apenas un año, la desigualdad aumentó con mayor rapidez que durante algunos de los peores momentos de la crisis financiera anterior. Muchas familias que ya vivían al límite perdieron repentinamente sus ingresos. Otras descubrieron por primera vez lo frágil que era su red de seguridad.

También aceleró la relación por medios electrónicos con las administraciones, así como la implantación de la cita previa y el teletrabajo en los servicios públicos que impactan directamente en la ciudadanía.

Para hacer frente a la emergencia, se activaron instrumentos cruciales, como el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Este fue diseñado para garantizar un nivel mínimo de ingresos a los hogares con menos recursos. Gracias al IMV se evitó un colapso social mayor, pero también se puso en evidencia una debilidad estructural: no basta con tener derecho a una prestación si no se puede ejercer efectivamente.

Según los análisis más recientes de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, más del 55 % de los hogares que cumplían los requisitos legales en 2023 y 2024 no solicitaron la prestación. Una brecha de cobertura que se mantiene prácticamente inalterada desde su puesta en marcha.

Barreras administrativas

En la última década se han aprobado numerosas leyes que amplían el reconocimiento de derechos sociales. El derecho a la vivienda o nuevas medidas y programas sociales se han reforzado para proteger derechos esenciales en el contexto de reacción a la crisis económica.

Sin embargo, ese avance legal no siempre ha ido acompañado de cambios en la forma en que la Administración funciona en la práctica. Los cambios normativos no han dado paso a cambios organizativos y procedimentales.

Los procedimientos rígidos e hiperformalistas que dan acceso a esas prestaciones apenas se han adaptado. El resultado es que miles de personas quedan fuera del sistema. No tanto por incumplir los requisitos legales, sino por requisitos administrativos que funcionan como filtros excluyentes (largos períodos de empadronamiento, incompatibilidad entre ayudas de cuantías muy bajas…), cargas documentales desproporcionadas, trabas digitales o extensos períodos de respuesta.

Los datos de nuestra investigación muestran ese llamativo contraste. El análisis de las quejas presentadas a la Valedoría do Pobo (el ombudsman o defensor del pueblo gallego) indica que esa brecha atraviesa varias áreas del estado de bienestar.

Entre 2019 y 2023, el 77 % de las quejas en sanidad se relacionaron con retrasos en citas médicas y el 29 % con la acreditación de dependencia y discapacidad. También hemos documentado dificultades en la tramitación de la Renta de Inserción Social Gallega (RISGA), el embargo desproporcionado de ayudas a la vivienda por pequeñas deudas tributarias, atrasos en bonos de alquiler y problemas en la atención a víctimas de violencia de género. Estos problemas se reproducen en informes del Defensor del Pueblo (estatal) y otros defensores autonómicos en parecidos términos.

Las barreras administrativas no son neutrales: filtran, retrasan o directamente excluyen precisamente a quienes más dependen de las prestaciones sociales. Son las víctimas de la mencionada vulnerabilidad administrativa.

Un formulario incompleto o una cita tardía pueden traducirse en la pérdida total del derecho. Un escenario que deja fuera a hogares y personas que cumplen los criterios legales, pero no logran sortear el laberinto burocrático, como relata Sara Mesa en su libro Silencio administrativo. La pobreza ante el laberinto burocrático.

La digitalización como nueva frontera de exclusión

La digitalización, acelerada durante la pandemia, ha introducido una nueva forma de desigualdad. Por un lado, ofrece oportunidades: acceso más rápido y flexible para quienes pueden y saben usarlo. Pero no todas las personas tienen acceso a dispositivos o competencias digitales suficientes para aprovechar estos beneficios.

El informe FOESSA 2022 indica que el riesgo de perder oportunidades para recibir ayudas es cinco veces superior en los hogares en apagón tecnológico que entre aquellos que tienen conectividad plena.

Cada vez más trámites imponen identificación y notificaciones electrónicas, el manejo de plataformas digitales y automatizadas o, simplemente, descargar un formulario sólo accesible en una web. Para muchas personas mayores, hogares con escasos recursos tecnológicos o personas que no dominan el lenguaje digital, la administración electrónica es una barrera real. Una aplicación electrónica puede resultar tan inaccesible como una oficina cerrada.

La brecha digital no es solo una cuestión tecnológica. Es una brecha de derechos: determina quién accede a una prestación esencial y quién queda fuera del sistema.

Medidas para acercar el estado del bienestar a quienes más lo necesitan

Reducir esta brecha exige una revisión en profundidad del diseño administrativo (procedimientos, organización y cultura institucional) que vaya más allá de ajustes puntuales o soluciones tecnológicas aisladas. En el marco de nuestro último proyecto de investigación hemos identificado algunas medidas clave para conducir esa reforma:

  • Simplificar los procedimientos ligados a derechos sociales, eliminando cargas documentales innecesarias.

  • Incorporar la trayectoria vital de las personas usuarias al diseño de políticas y servicios. Esto implica la revisión de requisitos discriminatorios con especial atención a la igualdad, la dignidad y la privacidad.

  • Reducir las exigencias de identificación y seguridad digital a lo estrictamente imprescindible, especialmente cuando afectan a personas en situación de vulnerabilidad.

  • Avanzar hacia sistemas de concesión automática y proactiva de prestaciones. Se aprovecha así la información ya disponible en poder de la Administración, bajo una lógica de confianza inicial y controles posteriores proporcionados.

  • Reforzar la atención presencial y el acompañamiento administrativo, garantizando servicios de apoyo a la digitalización.

  • Evaluar de forma sistemática la efectividad real de los derechos sociales. Esto supone el desarrollo de indicadores sobre plazos, recursos y personal asignado que permitan identificar cuellos de botella y sesgos excluyentes.

En definitiva, el estado del bienestar no se mide solo por los derechos que reconoce, sino por su capacidad real para hacerlos efectivos para quienes más los necesitan. De poco sirve ampliar derechos si conseguir las prestaciones sociales reconocidas sigue siendo una carrera de obstáculos para quienes parten en desventaja.

The Conversation

Andrei Quintiá Pastrana recibe fondos de Agencia Estatal de Investigación, Xunta de Galicia.

Alba Nogueira López recibe fondos de Agencia Estatal de Investigación, Xunta de Galicia.

ref. Por qué el estado de bienestar está fallando en España a quienes más lo necesitan y cómo solucionarlo – https://theconversation.com/por-que-el-estado-de-bienestar-esta-fallando-en-espana-a-quienes-mas-lo-necesitan-y-como-solucionarlo-271058

El relato de la IA está roto… y así podemos arreglarlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Sanguinetti, Profesor de IA y Pensamiento Crítico, IE University

¿Es la inteligencia artificial tan inteligente como nos dicen? Ariyana Ahmad & The Bigger Picture /, CC BY-NC-SA

La inteligencia artificial (IA) se compone de datos, chips o código, pero también de los relatos y las metáforas que empleamos para representarla. Las historias importan. El imaginario en torno a una tecnología determina el modo en que el público la entiende y, por lo tanto, guía su uso, su diseño y su impacto social.

Por eso preocupa que, según la mayoría de estudios, la representación dominante de la IA tenga poco que ver con su realidad. Las omnipresentes imágenes de robots humanoides y la narrativa antropomórfica de chatbots como “asistentes” y cerebros artificiales resultan atractivas a nivel comercial o periodístico, pero se basan en mitos que distorsionan la esencia, las capacidades y las limitaciones de los modelos de IA actuales.

Si el modo en que representamos la IA es engañoso, ¿cómo entenderemos de verdad esta tecnología? Y si no la entendemos, ¿cómo podremos usarla, regularla o alinearla con nuestros intereses?

El mito de la tecnología autónoma

La representación distorsionada de la IA se enmarca en una confusión extendida que el teórico Langdon Winner bautizó ya en 1977 como “tecnología autónoma”: la idea de que las máquinas han cobrado una suerte de vida propia y actúan por su cuenta sobre la sociedad de forma determinista y frecuentemente destructiva.

La IA ofrece ahora la encarnación perfecta de esa visión, porque coquetea con el mito de la creación de un ser inteligente y autónomo… y el castigo derivado por arrogarse esa función divina. Un patrón narrativo ancestral que va de Frankenstein a Terminator, de Prometeo a Ex Machina.

El mito de la tecnología autónoma se intuye ya en la ambiciosa denominación de “inteligencia artificial”, acuñada por el informático John McCarthy en 1955. El término resultó ser un éxito a pesar de que provoca numerosos malentendidos, o tal vez gracias a eso.

Como señala Kate Crawford en su libro Atlas de IA: “La IA no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones”.

La mayoría de problemas con el relato dominante de la IA pueden atribuirse a esa tendencia a representarla como un ente independiente, casi alienígena, incomprensible y ya ajeno a nuestro control o nuestras decisiones.

Metáforas que nos confunden

El lenguaje usado por muchos medios, instituciones e, incluso, expertos para hablar sobre IA está plagado de antropomorfismo y animismo, imágenes de robots y cerebros, historias siempre falsas sobre máquinas rebelándose o actuando de forma inexplicable y debates sobre su supuesta conciencia, por no hablar de una sensación de urgencia e inevitabilidad.

Esa visión culmina en el relato que ha impulsado el desarrollo de la IA desde sus inicios: la promesa de la IA general (IAG), una supuesta inteligencia de nivel humano o sobrehumano que cambiará el mundo o incluso la especie. Empresas como Microsoft u Open AI y líderes tecnológicos como Elon Musk vienen pronosticando la IAG como un hito siempre inminente.

Sin embargo, lo cierto es que el camino a esa tecnología no está claro y ni siquiera hay consenso sobre si será posible desarrollarla alguna vez.

Relato, poder y burbuja

El problema no es solo teórico. La visión determinista y animista de la IA construye un futuro determinado. El mito de la tecnología autónoma sirve para inflar las expectativas sobre la IA y desviar la atención de los desafíos reales que plantea, obstaculizando así un debate público más informado y plural sobre la tecnología. En un informe de referencia, el Instituto AI Now se refiere por eso a la promesa de la IAG como “el argumento para acabar con todos los argumentos”, una forma de evitar cualquier cuestionamiento a la tecnología.

Además de una mezcla de expectativas y temores exagerados, estas narrativas son también responsables de haber inflado la posible burbuja económica de la IA sobre la que alertan diversos informes y líderes tecnológicos. Si existe esa burbuja y termina por estallar, interesará recordar que se alimentó no solo de logros técnicos, sino también de una representación tan impactante como engañosa.

Un cambio narrativo

Arreglar el relato roto de la IA requiere poner en primer plano su dimensión cultural, social y política. Es decir, dejar atrás el mito dualista de la tecnología autónoma y adoptar una perspectiva relacional que entienda la IA como fruto de un encuentro entre la tecnología y las personas.

En la práctica, este cambio narrativo consiste en desplazar el foco de la representación de varias maneras: de la tecnología a los humanos que la guían, del futuro tecnoutópico a un presente en construcción, de las visiones apocalípticas a los riesgos presentes, de la IA presentada como única e inevitable al énfasis en la autonomía, la capacidad de elección y la diversidad de las personas.

Diversas estrategias pueden impulsar esos desplazamientos. En mi libro Tecnohumanismo. Por un diseño narrativo y estético de la inteligencia artificial, propongo una serie de recomendaciones de estilo para escapar del relato de la IA autónoma. Por ejemplo, evitar su uso como sujeto de la oración, cuando le corresponde el rol de herramienta, o no atribuirle verbos antropomórficos.

Jugar con el término “IA” ayuda también a ver hasta qué punto las palabras pueden cambiar nuestra percepción de la tecnología. ¿Qué ocurre cuando lo reemplazamos en una frase, por ejemplo, por “procesamiento de tareas complejas”? Este es uno de los nombres menos ambiciosos pero más precisos que se barajaron para designar la disciplina en sus orígenes?

Los debates clave sobre la IA, desde su regulación a su impacto en la educación o el empleo, seguirán apoyándose en terreno pantanoso mientras no se corrija el modo en que la representamos. Diseñar un relato que visibilice la realidad sociotécnica de la IA es un reto ético urgente que beneficiará tanto a la tecnología como a la sociedad.

The Conversation

Pablo Sanguinetti no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El relato de la IA está roto… y así podemos arreglarlo – https://theconversation.com/el-relato-de-la-ia-esta-roto-y-asi-podemos-arreglarlo-267235

Este Año Nuevo en Viena sonará Josephine Weinlich, creadora de la Primera Orquesta Europea de Mujeres

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Virginia Sánchez Rodríguez, Profesora Titular de la UCLM. Doctora en Musicología. Galardonada por sus investigaciones sobre mujeres músicas de los siglos XIX y XX, Universidad de Castilla-La Mancha

Orquesta femenina de Josephine Weinlich, primera orquesta femenina europea 1868-1879. Über Land und Meer, grabado en madera de Vincenz Katzler/Wikimedia Commons

Cada 1 de enero, Europa se despierta a ritmo de valses y polkas procedentes del célebre Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. La primera edición se celebró en diciembre de 1939 pero gracias a la retransmisión, desde hace décadas, estos sones traspasan los muros de la Sala Dorada del Musikverein y se cuelan en nuestros hogares.

A pesar de la tradición que impregna esta cita, en los últimos tiempos se han intentado introducir algunas novedades, acordes con la conciencia social y musical de la época. No fue hasta 1997 cuando una mujer formó parte de los intérpretes. Y todavía hubo que esperar hasta la 85ª edición para contar con obras compuestas por mujeres en el programa musical. Así, el 1 de enero de 2025, escuchamos, por primera vez, la obra de una compositora en el prestigioso evento. Se trató del Fernandus-Walzer, de la vienesa Constanze Geiger, quien, como otras muchas artistas, tuvo que abandonar su carrera profesional al contraer matrimonio.

En 2026 disfrutaremos no de una, sino de dos obras nacidas de la creatividad de sendas mujeres. El Rainbow Waltz está firmado por la estadounidense Florence Price, considerada la primera gran autora sinfónica de origen afroamericano y la primera que logró que su legado fuera interpretado por una orquesta.

La segunda autora es Josephine Weinlich (1848-1887), más desconocida. A pesar de que son muchas las agrupaciones que han compartido, a través de las redes sociales, sus propias interpretaciones de la polka Sirenen Lieder, hasta el día de hoy sus composiciones no han despertado el suficiente interés para ser recogidas en grabaciones comerciales, con alguna excepción puntual en recopilatorios. Y sin embargo, es una figura muy importante en la historia de la música.

Pianista, violinista, compositora y directora de orquesta

Josephine Weinlich nació en la ciudad de Dechtice (Eslovaquia). Recibió su primera educación de su padre, el empresario Franz Weinlich, que era un gran melómano. Más allá de este dato, su formación es, en realidad, un misterio: desconocemos los nombres de sus maestros y, aunque algunos trabajos mencionan que estudió con Clara Schumann, no existen fuentes que lo demuestren.

Además de pianista y violinista, Weinlich se interesó también por la composición. Escribió piezas pianísticas, una obra para violonchelo solista y un Lied, así como numerosas polkas y valses, tan propios de Viena, ciudad en la que creció. Y no solo escribió, sino que podemos imaginar que su obra gozó de cierta visibilidad, pues algunas de sus composiciones fueron publicadas desde 1869. Sin embargo, su principal labor musical estuvo vinculada a la interpretación y, especialmente, a la dirección musical.

Profesionales de los instrumentos de cuerda

En la Europa del siglo XIX, la mayor adscripción femenina a la música se limitaba a los entretenimientos de salón. En ese contexto, se esperaba que las mujeres burguesas se acercaran al arte musical desde el ocio, dedicándose al canto y al piano –frente a otros instrumentos poco apropiados–, pero sin grandes pretensiones intelectuales. Después de todo, sus mayores desvelos debían ir encaminados a su preparación como esposas y madres.

Como parte de las honrosas excepciones, podemos mencionar a la pianista polaca Maria Szymanowska, la pianista y compositora alemana Clara Wieck –posteriormente, Schumann– y la virtuosa del violín Wilma Norman Neruda, entre otras que desarrollaron una carrera profesional.

Josephine Weinlich también logró un espacio prioritario en la realidad musical del momento como fundadora, en 1868, de un cuarteto instrumental exclusivamente femenino en Viena: el Josephine Weinlich’s Damenkapelle. Su hermana Elise, siete años menor, participó como violonchelista y la propia Josephine se ocupó de la interpretación del piano y la dirección desde su instrumento.

La Primera Orquesta Europea de Mujeres

El cuarteto no era un fenómeno realmente novedoso. En el siglo XVIII, existían coros y orquestas femeninas en los conservatorios de Venecia. Sin embargo, se encontraban bajo el amparo de la Iglesia, por lo que su esencia y funcionamiento diferían de la agrupación fundada por Weinlich. También en París, a comienzos de la década de 1860, se habían fundado cuartetos de cuerda femeninos e incluso antes, en los años cuarenta, las hermanas italianas Teresa y María Milanollo llenaban salas de conciertos de toda Europa como prodigios del violín.

No obstante, la gran proeza de Weinlich tiene que ver con el hecho de que el número de componentes de su cuarteto se fue incrementando paulatinamente, hasta que se configuró la Primera Orquesta Europea de Mujeres (Das Erste Europäische Damenorchester), que, en algunos conciertos de los años setenta, superaba los cincuenta músicos.

Su repertorio solía incluir obras cultas, piezas de baile y algunas creaciones de la propia Weinlich, como Gruß an Graz (“Saludo a Graz”), Frühlingsluft (“Aire primaveral”), Josephinen-Polka (“Polca de Josefina”) y Gruß an die Neugablitzer (“Saludo a los habitantes de Neugablitz”), entre otros títulos. Hasta 1874 no incluyeron instrumentos de viento metal, ejecutados por hombres, por lo que en la mayor parte de las ocasiones la orquesta interpretaba arreglos. Precisamente esa ausencia de viento metal –y, salvo algunas flautas, también de viento madera– fue objeto de ciertas críticas, en las que se hablada de un sonido orquestal incompleto.

La actividad profesional de la Primera Orquesta Europea de Mujeres se extendió entre 1869 y 1879, con una buena acogida del público. Se convirtió así en un modelo para la creación de orquestas femeninas en otras ciudades. La agrupación causó un impacto significativo en el panorama cultural del momento, no solo como una rareza sino por sus logros musicales. Esto se constata en las críticas recibidas tras los numerosos recitales ofrecidos en Austria, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Letonia, Países Bajos, República Checa, Reino Unido y Suecia.

Y en julio de 1873, la Primera Orquesta Femenina Europea ofreció conciertos en el Musikverein de Viena.

Ojalá el 1 de enero de 2026, cuando disfrutemos del célebre Concierto de Año Nuevo, e independientemente de las piezas que se interpreten, recordemos la labor de tantas mujeres que, al igual que Josephine Weinlich, encabezaron importantes proyectos en favor de la igualdad y de la dignificación de las artistas a lo largo de la historia.


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Virginia Sánchez Rodríguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Este Año Nuevo en Viena sonará Josephine Weinlich, creadora de la Primera Orquesta Europea de Mujeres – https://theconversation.com/este-ano-nuevo-en-viena-sonara-josephine-weinlich-creadora-de-la-primera-orquesta-europea-de-mujeres-270030

No, nuestro cerebro no se “desarrolla completamente” de golpe a los 25 años: esto es lo que dice la neurociencia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Taylor Snowden, Post-Doctoral Fellow, Neuroscience, Université de Montréal

Si navega por TikTok o Instagram durante el tiempo suficiente, inevitablemente se encontrará en algún momento con la frase: “Tu lóbulo frontal aún no está completamente desarrollado”. Se ha convertido en una explicación habitual de la neurociencia para las malas decisiones, como pedir una copa de más en el bar o enviar un mensaje de texto a ese ex al que juraste no volver a escribir nunca jamás.

Es cierto que el lóbulo frontal desempeña un papel fundamental en funciones de alto nivel como la planificación, la toma de decisiones y el juicio. Y es fácil encontrar consuelo en la idea de que existe una excusa biológica para explicar por qué a veces nos sentimos inestables, impulsivos o como un trabajo en progreso: la inmadurez del lóbulo frontal. La vida entre los 20 y los 30 años es impredecible, y aferrarse a que muchas cosas suceden porque el cerebro no ha terminado de desarrollarse puede resultar extrañamente tranquilizadora.

Pero la idea de que el cerebro, en particular el lóbulo frontal, deja de desarrollarse a los 25 años es un mito. Que como muchos mitos, tiene su origen en hallazgos científicos reales, pero simplificados en exceso. De hecho, las últimas investigaciones sugieren que el desarrollo del lóbulo frontal se prolonga hasta los 30 años.

¿De dónde viene el “mito de los 25 años”?

El número mágico proviene de estudios de imágenes cerebrales realizados a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000. En un estudio de 1999, los investigadores realizaron un seguimiento de los cambios cerebrales mediante repetidas exploraciones en niños y adolescentes. Analizaron la materia gris, que puede considerarse como el componente “pensante” del cerebro.

Los investigadores descubrieron que, durante la adolescencia, la materia gris pasa por un proceso denominado “poda”. Es decir, en las primeras etapas de la vida, el cerebro establece una enorme cantidad de conexiones neuronales; pero a medida que envejecemos, va recortando gradualmente las que se utilizan con menos frecuencia y fortaleciendo las que permanecen.

El crecimiento y la posterior la pérdida de volumen de la materia gris son fundamentales para el desarrollo del cerebro.

El cerebro madura por fases

En una investigación dirigida por el neurocientífico Nitin Gogtay, se escaneó el cerebro de una serie de niños de tan solo cuatro años, iniciando un seguimiento de su evolución cada dos. Fue así como los científicos descubrieron que, dentro del lóbulo frontal, las regiones maduran de atrás hacia adelante.

Las regiones más primitivas, como las áreas responsables del movimiento muscular voluntario, se desarrollan primero, mientras que las regiones más avanzadas, importantes para la toma de decisiones, la regulación emocional y el comportamiento social, no habían madurado completamente cuando cumplieron 20 años y terminó el seguimiento.

Dado que la obtención de dato se interrumpió a los 20 años, los investigadores no pudieron determinar con precisión cuándo finalizó el desarrollo. La edad de 25 años se convirtió en la mejor estimación del supuesto punto final.

Lo que revelan las investigaciones más recientes

Desde aquellos primeros estudios, la neurociencia ha avanzado considerablemente. En lugar de examinar regiones individuales de forma aislada, los investigadores ahora estudian la eficiencia con la que las diferentes partes del cerebro se comunican entre sí.

Un importante estudio reciente evaluó la eficiencia de las redes cerebrales, esencialmente cómo está conectado el cerebro, a través de la topología de la materia blanca. La materia blanca está formada por largas fibras nerviosas que conectan diferentes partes del cerebro y la médula espinal, lo que permite que las señales eléctricas viajen en ambos sentidos.

Los investigadores analizaron escáneres de más de 4200 personas, desde la infancia hasta los 90 años, y encontraron varios periodos clave de desarrollo, incluido uno entre los 9 y los 32 años, al que denominaron “adolescencia”.

Para cualquier persona que haya alcanzado la edad adulta, puede resultar chocante que le digan que su cerebro sigue siendo “adolescente” a los 30. Pero este término solo implica que su cerebro se encuentra en una etapa de cambios clave.

Según este estudio, parece que, durante la adolescencia cerebral, el cerebro equilibra dos procesos clave: la segregación y la integración. La segregación consiste en construir “barrios” de pensamientos relacionados. La integración equivale a construir “autopistas” para conectar esos barrios. La investigación sugiere que esta construcción no se estabiliza en un patrón que podemos considerar “adulto” hasta cumplidos los treinta.

El estudio también descubrió que la “pequeña escala” –una medida de la eficiencia de la red– era el mayor predictor para identificar la edad cerebral en este grupo. Si lo comparamos con un sistema de transporte público, e imaginamos rutas que requieren paradas y transbordos, aumentar la «pequeña escala» es como añadir carriles rápidos. Básicamente, los pensamientos más complejos cuentan con rutas más eficientes a través del cerebro.

Sin embargo, esta infraestructura cerebral no dura para siempre. Después de los 32 años, hay un punto de inflexión en el que estas tendencias de desarrollo cambian de dirección. El cerebro deja de dar prioridad a las “autopistas” y vuelve a la segregación para fijar las vías que más utiliza.

En otras palabras, durante la adolescencia y los 20 años se el cerebro se conecta, y cumplidos los 30 se dedican a asentarse y mantener las rutas más utilizadas.

Aprovechar al máximo un cerebro en construcción

Si nuestro cerebro sigue en construcción durante toda la veintena, ¿cómo nos aseguramos de que estamos construyendo la mejor estructura posible? Una respuesta reside en potenciar la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reconfigurarse.




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What is brain plasticity and why is it so important?


Aunque el cerebro sigue siendo cambiante a lo largo de toda la vida, el periodo comprendido entre los 9 y los 32 años representa una oportunidad única para el crecimiento estructural. Las investigaciones sugieren que hay muchas formas de fomentar la neuroplasticidad.

El ejercicio aeróbico de alta intensidad, aprender nuevos idiomas y practicar aficiones que exigen un gran esfuerzo cognitivo, como el ajedrez pueden reforzar las capacidades neuroplásticas de tu cerebro, mientras que el estrés crónico puede obstaculizarlas.

Para quienes pretendan tener un cerebro de alto rendimiento a los 30 años, es útil desafiarlo a los 20, si bien nunca es demasiado tarde para empezar.

The Conversation

Taylor Snowden no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. No, nuestro cerebro no se “desarrolla completamente” de golpe a los 25 años: esto es lo que dice la neurociencia – https://theconversation.com/no-nuestro-cerebro-no-se-desarrolla-completamente-de-golpe-a-los-25-anos-esto-es-lo-que-dice-la-neurociencia-272593

¿Cómo era Villanueva de los Infantes en 1668? Un dibujo de Pier Maria Baldi lo muestra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Novo Sánchez, Profesor Ayudante Doctor de Historia del Arte, Universidad de Málaga

Pier Maria Baldi llega a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real, España) el 2 de diciembre de 1668. El pintor y arquitecto florentino forma parte del cortejo que acompaña al príncipe Cosme III de Médicis en la gira que lo conduce por España y otros reinos de Europa entre 1668 y 1669. Durante su estancia realiza una vista panorámica de la villa, cabeza por aquel entonces de la comarca del Campo de Montiel, que complementa la crónica oficial redactada por el conde Lorenzo Magalotti.

Retrato en bronce del perfil de un hombre.
Antonio Montauti, Retrato de Lorenzo Magalotti, 1712.
Museo di Casa Martelli, Firenze.

Dicho relato se integra en un volumen titulado Relazione ufficiale del viaggio di Cosimo III dei Medici, custodiado hoy en día en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia. La obra incluye, además del diario de ruta, ochenta y seis dibujos de ciudades, monumentos y paisajes rurales de España, delineados por Baldi. El estudio de estos ejemplares se convierte en objetivo principal de un proyecto de investigación que busca profundizar en el conocimiento de la arquitectura y el urbanismo de nuestro país en el siglo XVII.

El dibujo de la localidad manchega constituye el testimonio iconográfico más antiguo que se conoce de su forma urbana. Desde una perspectiva actual nos acercaremos al entorno natural y a la arquitectura civil y religiosa de esta población en aquella época y veremos en qué medida se ha transformado desde entonces.

El viaje

Cosme es el sucesor del Gran Ducado de Toscana y su odisea europea se erige en una de las empresas viajeras más importantes del Siglo de Oro. Esta proeza tan bien diseñada tiene como objetivo su formación como futuro gobernante. Aparte de Baldi y Magalotti, componen el séquito otros cortesanos que también escribieron sobre la ronda hispana. Entre ellos el mayordomo Dante Castiglione, el médico Giovanbattista Gornia, el capellán Felice Monsacchi, el administrador Filippo Marchetti, el responsable de la intendencia Jacopo Ciuti y el aristócrata Filippo Corsini.

Retrato de un hombre elegante con el pelo largo del siglo XVII.
Justus Sustermans, Retrato de Cosme III de Médici, 1665.
Galleria Palatina, Palazzo Pitti, Firenze.

La pequeña corte itinerante parte de Livorno, un enclave portuario situado en la actual Italia, y arriba a Cadaqués, en Cataluña, el 25 de septiembre de 1668. Desde allí recorre numerosas poblaciones hasta Galicia antes de embarcar hacia Inglaterra.

Al heredero le gusta viajar de incógnito y suele pernoctar en conventos. En Villanueva de los Infantes se hospeda en el de los dominicos con sus acompañantes. Magalotti se lleva una grata impresión de la localidad y enfatiza su buena arquitectura y capacidad de alojamiento. La plaza principal le recuerda a una ciudad italiana por el enlosado de piedra y las construcciones regulares sostenidas por arquerías. No obstante, califica la villa como un luoghetto (lugarcito), superior a un pueblo pero inferior a una ciudad.

El dibujo

Baldi utiliza en sus trazas pluma y tinta negra y luego las colorea con aguadas grises. Aunque el papel que sirve de soporte es apaisado, se tiene que doblar por la mitad para adaptarlo al formato vertical del manuscrito. El dibujo de Villanueva de los Infantes se hizo en pleno invierno, y todo parece indicar que la nube que aflora en la parte superior derecha del dibujo presagia tiempo desapacible.

El autor elige un descampado al este de la villa para realizar su obra. El punto de vista se sitúa a nivel del suelo. Ello permite observar de frente la cerca irregular que encierra el caserío y el resto de inmuebles. El paisaje circundante muestra tierras de labor, algunos montículos y una vegetación escasa adaptada al clima riguroso castellano.

El dibujo otorga un gran protagonismo a las construcciones del clero, que sobresalen tanto en altura como en extensión, y en él se advierten diferentes ejemplos.

Así, en el extremo izquierdo se levanta la pequeña ermita de San Juan, que se emplazaba fuera del recinto amurallado. La siguiente silueta del skyline infanteño corresponde a la iglesia del convento de Santo Domingo. Aunque en la vista presenta ábside semicircular, actualmente posee cabecera plana. Esto podría deberse a una interpretación errónea del dibujante, o bien a una reforma posterior de la cual no tenemos noticias. Fue aquí donde se hospedó el príncipe, en una de sus celdas, junto con su comitiva.

Muy próxima a la anterior se dispone la iglesia del convento de la Encarnación, regentado por dominicas, caracterizada por un cimborrio con tambor cuadrangular. A continuación se distingue la iglesia parroquial de San Andrés, con su galería perimetral por debajo de la cubierta y una esbelta torre-campanario. Esta última se reemplaza quince años después de la visita de la comitiva toscana debido a un incendio.

De la siguiente edificación solo se percibe una parte de la estructura octogonal del cimborrio, perteneciente a la iglesia del convento del Corpus Christi, ocupado por monjas clarisas. Se localiza en un nivel inferior con respecto al resto de construcciones religiosas, de ahí que no podamos ver más de lo que muestra la imagen.

Bernardo de Portuondo, Ruinas de la iglesia del antiguo convento de San Francisco de Villanueva de los Infantes, c. 1913-1917.
Catálogo Monumental de España, Biblioteca Tomás Navarro Tomás, CSIC., CC BY-NC-SA

Ponemos fin al recorrido monumental de Villanueva de los Infantes con el convento de San Francisco, sin duda la construcción más interesante del diseño de Baldi. Lo es, en primer lugar, porque ha desaparecido y solo se conservan fotografías de sus ruinas. Estamos, en ese sentido, ante un dibujo con valor documental. Pero también porque se trata del único centro conventual que muestra sus dependencias –de los que hemos visto hasta ahora únicamente conocemos sus iglesias–.

El enfoque

Tanto Magalotti como Baldi priorizan en sus respectivas obras las edificaciones religiosas, en concordancia con la realidad arquitectónica de Villanueva de los Infantes y los intereses de su patrón, un personaje de educación devota que se siente más a gusto dentro de la celda de un convento que en los aposentos de un palacio.

Demuestran menos apego por las construcciones civiles, en particular los palacios de la aristocracia local –quien durante la Edad Moderna ejercía el mecenazgo de la actividad artística de la villa– y apenas se diferencian del resto de la arquitectura civil. No obstante, en el dibujo asoma la torre cúbica de, al menos, el palacio de la familia Busto.

La vista de Baldi es un testimonio gráfico excepcional. Muestra la elevada planificación urbanística y la evolución arquitectónica de Villanueva de los Infantes en 1668 y también revela la existencia de estructuras que ya no se conservan o se han transformado. Entre estas últimas se encuentran, como se ha dicho, el convento de los frailes franciscanos y la torre del templo parroquial, ya que la actual es distinta de la representada en el dibujo.

El análisis de este dibujo tiene un gran impacto en la comprensión histórica de la antigua capital del Campo de Montiel. A su singularidad hay que sumar su uso como fuente de información valiosa para aproximarnos al urbanismo y a la arquitectura de esta villa en el primer siglo del Barroco y su evolución a lo largo de tres siglos y medio.


El proyecto cuenta con el apoyo del The Medici Archive Project de Florencia, dirigido por Alessio Assonitis, experto internacional en los Medici, y del Centro Interdipartimentale di Ricerca sull’Iconografia della Città Europea, dirigido por Alfredo Buccaro, experto internacional en coreografías urbanas. Además, colaboran la Biblioteca Medicea Laurenziana y el Kunsthistorisches Institut de Florencia.

The Conversation

Francisco Javier Novo Sánchez recibe fondos para el proyecto de investigación PID2023-147647NB-I00 financiado por MCIU /AEI /10.13039/501100011033 / FEDER, UE, concedido para el período 2024-2027.

ref. ¿Cómo era Villanueva de los Infantes en 1668? Un dibujo de Pier Maria Baldi lo muestra – https://theconversation.com/como-era-villanueva-de-los-infantes-en-1668-un-dibujo-de-pier-maria-baldi-lo-muestra-271898

Por qué usar imágenes generadas mediante IA puede espantar a los consumidores

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Daniel Belanche Gracia, Catedrático de Comercialización e Investigación de Mercados, Universidad de Zaragoza

Imagen de un hotel creada por IA. Shutterstock

El auge de la IA generativa está revolucionando el marketing. Herramientas como Midjourney o ChatGPT permiten crear, en segundos, anuncios, catálogos o publicaciones para redes sociales que antes requerían sesiones de fotos, diseñadores y redactores.

Además de ahorrar tiempo y dinero, la IA promete personalizar la comunicación para cada cliente. En teoría, una marca podría mostrar a cada usuario la versión del producto o destino que más se adapte a sus gustos.

Sin embargo, la rapidez y el bajo coste tienen un precio: la pérdida de autenticidad. Cada vez más consumidores se preguntan si pueden confiar en lo que ven. Algunas marcas ya han tenido problemas por este motivo. En 2023, Amnistía Internacional fue criticada por usar imágenes generadas por IA para ilustrar protestas en Colombia. Aunque la intención era proteger la identidad de los manifestantes, muchos interpretaron la campaña como una manipulación.

¿Qué pasa cuando los consumidores descubren que esas imágenes no son reales?

Las imágenes generadas por inteligencia artificial (IA) están cambiando la forma en que las empresas se comunican con sus clientes. Hoteles, restaurantes y agencias de viajes las usan para mostrar destinos o experiencias.

Hemos analizado cómo reaccionan los clientes cuando una empresa promociona sus servicios con imágenes creadas por IA en lugar de fotografías reales. Para estudiar estas percepciones, realizamos dos estudios con consumidores, complementarios entre sí.

En el primero, un experimento con 338 participantes, se presentaron diferentes escenarios de hostelería. Algunos participantes vieron imágenes reales, mientras que otros contemplaron imágenes creadas con IA e identificadas como tales. Además, los casos se dividieron según el tipo de servicio, hedónico (placer, disfrute) o utilitario (práctico, funcional), y según el nivel de implicación del consumidor (si la decisión de compra era importante o trivial).

En el segundo estudio, cualitativo, se pidió a 60 personas que explicaran sus reacciones al ver los escenarios. Sus respuestas ayudaron a entender por qué los consumidores confían más en unas imágenes que en otras en cada situación.

Los resultados: preferimos lo real (aunque no siempre).

Los consumidores prefieren las imágenes reales

Las fotos creadas por IA reducen tanto la intención de usar un servicio como la de recomendarlo. Las personas describieron a las empresas que usan IA como “poco profesionales”, “impersonales” o incluso “engañosas”. Varias comentaron que esas imágenes les dificultaban “imaginar la experiencia real”.

El efecto fue más fuerte en dos casos:

  1. Cuando el consumidor busca servicios de placer o disfrute (por ejemplo, una estancia en un hotel vacacional).

  2. Cuando afronta decisiones importantes, a las que dedica tiempo y atención.

En cambio, en situaciones utilitarias y en las que la decisión no importa demasiado (como una comida rápida), la diferencia entre imágenes reales y creadas por IA no fue significativa.

Qué hay detrás de estas reacciones

El estudio se apoya en la teoría de la fluidez del procesamiento (Processing Fluency Theory, según la cual, las personas valoramos más positivamente lo que entendemos o procesamos con facilidad.

Las imágenes reales (familiares, coherentes con nuestra experiencia) se procesan sin esfuerzo y generan confianza. Las creadas por IA, en cambio, pueden provocar una sensación de extrañeza o irrealidad, incluso cuando parecen perfectas. Esa mínima fricción mental hace que desconfiemos del mensaje o de quien lo emite.

En los servicios hedónicos, en los que buscamos placer y emoción, y en la toma de decisiones importantes, esa falta de fluidez se traduce en una pérdida de atractivo. En cambio, el impacto es menor en los servicios utilitarios, donde lo que importa es la función (rapidez, precio, eficacia), y cuando la decisión no es relevante.

Lecciones para las marcas

El estudio ofrece una advertencia importante para las empresas que buscan incorporar la IA en su comunicación visual. Aunque las imágenes creadas por IA pueden ser más rápidas y económicas, los consumidores siguen valorando la autenticidad de una fotografía original reflejando un servicio real.

Para los servicios en los que los consumidores buscan placer o disfrute y en decisiones de alta implicación, las fotografías reales generan mayor credibilidad y conexión emocional. En cambio, las imágenes sintéticas pueden percibirse como frías, impersonales o incluso engañosas.

Esto no significa que la IA deba descartarse. Para servicios más funcionales y que suponen una baja implicación puede ser una herramienta útil y rentable. Pero recomendamos emplearla con transparencia y coherencia, informando al cliente cuando una imagen ha sido generada artificialmente.

En definitiva, las marcas deberían buscar un equilibrio: usar la IA como aliada creativa, no como sustituta de lo humano.

Una IA más humana

La inteligencia artificial tiene un enorme potencial, pero utilizarla sin tener en cuenta la percepción del cliente puede convertir una gran idea en un error de comunicación.

Los consumidores siguen valorando lo auténtico, lo humano y lo imperfecto. Por eso, las empresas que sepan combinar tecnología y honestidad serán las que consigan mantener su confianza.

The Conversation

Daniel Belanche Gracia recibe fondos de Fundación Ibercaja y Universidad de Zaragoza proyecto JIUZ2023-CSJ-03, y Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, proyecto PID2019-105468RB-I00.

Pau Jordán recibe fondos de Fundación Ibercaja y Universidad de Zaragoza proyecto JIUZ2023-CSJ-03, y Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, proyecto PID2019-105468RB-I00.

Sergio Ibáñez Sánchez recibe fondos de Fundación Ibercaja y Universidad de Zaragoza proyecto JIUZ2023-CSJ-03, y Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, proyecto PID2019-105468RB-I00.

Sergio Matas Roncero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué usar imágenes generadas mediante IA puede espantar a los consumidores – https://theconversation.com/por-que-usar-imagenes-generadas-mediante-ia-puede-espantar-a-los-consumidores-271126

Estudiar más horas no siempre implica aprender más: la trampa de la carga cognitiva

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Noelia Valle, Profesora de Fisiología, Creadora de La Pizarra de Noe, Universidad Francisco de Vitoria

Kyryk Ivan/shutterstock

Imagine intentar llenar una botella de agua con una manguera de bomberos a máxima potencia. La mayor parte del agua se derramaría y la botella seguiría medio vacía. Algo muy similar ocurre en nuestro cerebro cuando intentamos aprender por acumulación y por eso todos nos hemos descubierto alguna vez leyendo un texto una y otra vez sin ser capaz de retener nada.

Ante este tipo de situaciones, creemos que pasando más horas frente a los apuntes o aumentando los materiales de estudio mejorará nuestra comprensión. Pero este enfoque cuantitativo no suele ser eficaz, porque el cerebro humano no aprende por acumulación, sino por integración. En otras palabras, en el aprendizaje menos es más.

¿Por qué ocurre esto, y qué relación tiene con el concepto de “carga cognitiva”?

Carga cognitiva y memoria de trabajo

La carga cognitiva es el esfuerzo mental que hacemos para procesar nueva información. Tiene dos partes: la intrínseca, que es la dificultad inherente del tema; y la extrínseca. Esta segunda puede ser “mala” o ineficaz cuando el esfuerzo mental es inútil porque está provocado por exceso de estímulos, información irrelevante, explicaciones confusas o contenido redundante; o adecuada cuando el esfuerzo mental es el óptimo para seleccionar la información nueva, procesarla y la relacionarla con lo previamente aprendido.




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Los distintos tipos de memoria y su papel en el aprendizaje


Para aprender, lo ideal es reducir la carga extrínseca y modular la intrínseca, para dejar espacio en el lugar donde los aprendizajes se procesan para pasar a la memoria: la memoria de trabajo.

En nuestra “RAM” solo caben entre 5 y 9 elementos

La memoria de trabajo es el procesador o la RAM de nuestro cerebro, es decir, la habilidad para retener y manipular información durante un breve periodo de tiempo. El problema es que su capacidad es muy limitada, solo puede contener entre 5 y 9 elementos. Tanto es así que, si excedemos esa capacidad, si nos llega de golpe más información de la que nuestro cerebro puede procesar, sencillamente se perderá.

Así que nuestra capacidad para aprender depende de usar eficientemente nuestra memoria de trabajo. De hecho, sabemos que ésta es predictiva del rendimiento académico, especialmente en lectura y matemáticas, y que aumenta con el entrenamiento.

¿Cómo mejorar la memoria de trabajo?

Los docentes podemos contribuir a que la memoria de trabajo se desarrolle, mejorando el diseño en nuestra práctica docente. La carga intrínseca es obviamente inevitable, no podemos eliminarla, pero podemos hacer que disminuya, por ejemplo, segmentando la información de lo simple a lo complejo.

La carga extrínseca, sin embargo, sí depende principalmente de nosotros. Algunas acciones sencillas para reducirla son:

  • Eliminar distracciones innecesarias, como exceso de animaciones en una presentación o gamificaciones mal diseñadas.

  • Crear narrativas visuales o lingüísticas que guíen la atención hacia lo esencial.

  • Si se facilitan diferentes materiales para un mismo contenido (presentación, vídeos, textos), orientar a los estudiantes para que seleccionen el que más les estimule, para no caer en la redundancia ni saturar la memoria de trabajo.

  • Evitar la redundancia también en las presentaciones. Si una imagen o un gráfico es autoexplicativo, añadir un texto no solo no ayuda, sino que perjudica, porque obliga a procesar dos fuentes de información.

  • En cuanto a las actividades, asegurarse de ofrecer los pasos necesarios para poder realizarlas de forma clara.

  • Cuando se utilicen ejemplos, mostrar el razonamiento paso a paso en los primeros, y dejar que lo razonen ellos solos en los siguientes.

  • Aplicar el andamiaje en las tareas, es decir, dar apoyo al principio y retirarlo poco a poco conforme los estudiantes vayan ganando autonomía.




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Maneras muy sencillas de entrenar la memoria de trabajo y la atención


Un cerebro fuerte que trabaje menos

Una de las suposiciones más intuitivas es que un cerebro “más fuerte” debería mostrar más actividad, como un músculo que se flexiona. Sin embargo, la neurociencia revela lo contrario. El entrenamiento de la memoria de trabajo conduce a una disminución de la activación en regiones cerebrales clave, especialmente en la red frontoparietal, que es fundamental para las funciones ejecutivas.

De la misma manera que un atleta experimentado utiliza menos energía y realiza movimientos más fluidos y económicos para ejecutar una acción en comparación con un principiante, a medida que el cerebro se vuelve más hábil en una tarea, necesita reclutar menos recursos neuronales para lograr el mismo o incluso un mejor rendimiento.

¿Cómo mejorar el rendimiento?

Cuando nos ponemos a estudiar, el tiempo que invertimos y el tipo de tarea que empleamos son fundamentales para conseguir el máximo rendimiento cerebral. La evidencia apunta a que es más efectivo estudiar un par de horas al día durante varias semanas que estudiar muchas horas seguidas en el mismo día.

En cuanto a las tareas que se realizan para aprender, las de mantenimiento (releer o recordar una lista de elementos) tienen efectos neuronales limitados. Sin embargo, las tareas de actualización (las de pensar), que desafían constantemente al cerebro a manipular la información y no solo a retenerla son las que más consistentemente se asocian con un aumento de la actividad en regiones del cerebro claves para el aprendizaje y la recompensa.

Algunas tareas de este tipo son:

  • Cambiar de formatos: convertir un texto en un esquema o dibujo, o pasar un gráfico a una explicación verbal, obliga a reorganizar mentalmente el contenido.

  • Explicar a alguien lo que recuerdas o grabarte un audio con la explicación, para después revisarlo y corregirlo.

  • Realizar pruebas de autoevaluación y reescribir la respuesta corrigiendo y ajustando el razonamiento.

  • Alternar ejercicios ligeramente distintos sobre el mismo tema, de manera que cada práctica exija adaptar lo que ya se sabía.

  • Actualizar esquemas, resumiendo un concepto y revisándolo después para añadir las ideas claves que faltaban.

  • Practicar el “dos-atrás”. Es decir, mientras se lee una lista de pasos o términos, detenerse y explicar el vínculo entre el concepto actual y el que apareció dos posiciones antes.

El aprendizaje efectivo no se basa en tener más disciplina ni en forzar nuestro cerebro más allá de sus límites, sino en ser más inteligentes en cómo presentamos la información a nuestro cerebro. Se trata de entender y respetar la arquitectura cognitiva con la que todos operamos para minimizar el esfuerzo inútil y maximizar el aprendizaje profundo.

Al reducir la carga innecesaria, gestionar mejor el tiempo y utilizar estrategias más estimulantes, podemos crear un camino de aprendizaje mucho más eficiente, efectivo y menos frustrante.

The Conversation

Noelia Valle no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Estudiar más horas no siempre implica aprender más: la trampa de la carga cognitiva – https://theconversation.com/estudiar-mas-horas-no-siempre-implica-aprender-mas-la-trampa-de-la-carga-cognitiva-269651

Cómo acaban los plásticos de la agricultura en las profundidades del Mediterráneo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carmen Morales Caselles, Profesora e investigadora del área de Ecología, Universidad de Cádiz

Invernaderos en la costa de Almería (España). Mike Workman/Shutterstock

En un planeta que debe alimentar a más de 8 000 millones de personas, la agricultura es una pieza clave. De ella dependen los alimentos y materias primas que usamos cada día. Y, en ese engranaje, el plástico se ha vuelto una herramienta habitual. Se utiliza en invernaderos, sistemas de riego y cubiertas de cultivo. Gracias a estos materiales, ha sido posible aumentar la productividad y reducir el consumo de agua.

Desde hace años, incluso podemos ver esta realidad desde el espacio. Grandes extensiones agrícolas aparecen como manchas blancas en las imágenes por satélite. Son superficies cubiertas por invernaderos y plásticos agrícolas.

Vista de una zona costera cubierta de pequeños polígonos blancos
Vista de los invernaderos en las inmediaciones de El Ejido, Almería, desde el espacio.
NASA, CC BY-SA

Sin embargo, esta dependencia creciente tiene un coste ambiental. Durante mucho tiempo ha pasado desapercibido. Una parte de estos plásticos no se gestiona adecuadamente y acaba en el medio natural, como residuo.

En el trabajo publicado recientemente en iScience, analizamos por primera vez el recorrido de los plásticos agrícolas fuera de las zonas de cultivo. Nuestro trabajo muestra que muchos de estos materiales no se quedan en tierra.

Con el tiempo, los plásticos utilizados en la agricultura se dispersan en el entorno y acaban lejos de donde se usaron. Hemos detectado estos residuos a más de 100 kilómetros de la costa, en las profundidades del mar.

De las ramblas al mar: la ruta del plástico

Las ramblas son cauces secos que serpentean por nuestra geografía hasta desembocar en el mar. Permanecen secas la mayor parte del año y, cuando llueve, conducen rápidamente el agua hasta la costa. En ese tiempo de espera, también se convierten en depósitos silenciosos de basura.

En muchos de estos cauces, la mitad de los residuos encontrados son plásticos agrícolas. Durante los periodos secos, estos materiales se acumulan sin llamar la atención.

Algo que hemos aprendido es que la situación cambia con las lluvias intensas. En pocas horas, el agua arrastra todo lo que encuentra a su paso. Entre ello, grandes cantidades de plástico.




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Estos residuos llegan directamente al mar. Con el tiempo, algunos se hunden y otros se desplazan mar adentro. Las fuertes lluvias son capaces de movilizar grandes volúmenes de residuos en muy poco tiempo.

Lo que un día se encuentra en tierra, al siguiente puede aparecer en redes de pesca, ser visto por buceadores o volver a la costa con el oleaje. La mayoría, sin embargo, pasa desapercibida y acaba perdida en la inmensidad del mar.

Un problema que se extiende más allá del Mediterráneo

Aunque nuestro estudio se centró en el mar de Alborán, esto puede repetirse en muchas zonas del mundo. En el Mediterráneo, hasta un 38 % de la costa está ocupada por cultivos. Muchos de ellos son de regadío y utilizan grandes cantidades de plástico.

Esta combinación aumenta el riesgo de que los residuos agrícolas acaben en el mar. Regiones de América, Asia o África, con agricultura costera intensiva, podrían enfrentarse a un problema similar.

La mezcla de agricultura cercana a la costa, una gestión deficiente de los residuos y episodios de lluvias extremas está convirtiendo la contaminación por plásticos agrícolas en un fenómeno global. Ya no se trata de un problema local o regional.

Sin embargo, estos residuos han recibido menos atención en los debates internacionales. La conversación suele centrarse en otros tipos de basura marina.

El problema, además, no termina ahí. Con el tiempo, los plásticos se fragmentan en piezas muy pequeñas, conocidas como microplásticos. Estos fragmentos pueden ser ingeridos por organismos marinos. A esto se suma que muchos plásticos contienen sustancias químicas que pueden ser perjudiciales. Cuando entran en los ecosistemas, estos compuestos añaden un riesgo adicional para la vida marina.




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Cuando el plástico agrícola se confunde con el marino

Cuando encontramos una red solitaria en el mar, solemos pensar que viene de la pesca. Una red fantasma, perdida o abandonada por un barco. Sin embrago, no siempre es así.

Hemos descubierto que, en muchos casos, ese material no procede del sector pesquero. Puede tratarse de una malla agrícola utilizada para sujetar cultivos. Estas mallas están hechas de plástico y se usan solo durante una temporada. Su vida útil suele ser de menos de un año, tras el cual pocas veces se reutilizan o reciclan, por falta de un sistema eficaz. Así que, una parte importante acaba dispersándose por el medio.

La confusión entre plásticos agrícolas y plásticos marinos tiene consecuencias importantes. Dificulta su correcta gestión y tratamiento. También afecta a la manera en que entendemos el origen de la contaminación en el mar. Si no se identifican bien estos residuos, se subestima el papel de la agricultura en el problema. Al mismo tiempo, se atribuye el impacto ambiental a otros sectores. Esto impide diseñar soluciones eficaces y justas.

¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué podemos mejorar?

Después de su uso, los agroplásticos suelen someterse a tres métodos de eliminación: vertido en vertederos, reciclaje físico y pirólisis. A pesar de que existen sistemas de gestión de residuos agrícolas en varios países europeos como España (en desarrollo), Francia, Alemania e Irlanda, el estudio muestra que muchos de ellos no funcionan correctamente. Esto sugiere que el problema puede darse en otras regiones del mundo.

Mapa que marca algunos países que han puesto marcha sistemas de gestión de residuos agrícolas para su reciclaje
Países que, según la FAO, han puesto en marcha iniciativas voluntarias u obligatorias para la recuperación selectiva de residuos agrícolas con fines de reciclaje.
Morales-Caselles et al., 2025, CC BY-NC

Hoy en día, la gestión de los plásticos agrícolas se centra sobre todo en la limpieza. Se actúa cuando el residuo ya está en el entorno, pero esto no es suficiente. Es necesario actuar en todo el ciclo de vida del plástico, desde su fabricación, uso y eliminación. Para ello se requieren políticas integradas adaptadas al contexto local que reduzcan la generación de residuos desde el origen.

Una de las medidas más urgentes es reducir el uso de plásticos innecesarios en la agricultura. También es fundamental apostar por alternativas reutilizables y más duraderas. Estas soluciones pueden mantener la productividad sin dañar el medio ambiente.

Otro aspecto clave es reforzar la responsabilidad compartida. Productores y usuarios deben garantizar que todos los materiales se recogen y se gestionan correctamente. Para ello son esenciales sistemas de control que eviten que los residuos acaben en la naturaleza.

Todo esto debe ir acompañado de apoyo al sector agrícola. La formación y la concienciación permiten promover buenas prácticas desde el inicio y evitar pérdidas de material.

Iniciativas internacionales como el Tratado Global sobre la Contaminación por Plásticos, actualmente en negociación en Naciones Unidas, ofrecen una oportunidad única. Pueden establecer normas comunes que aborden el problema en todas las fases del uso del plástico.




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El futuro de la agricultura sostenible no puede apoyarse en materiales que comprometen los mismos ecosistemas de los que depende. Los plásticos agrícolas han sido aliados de la productividad, pero ahora debemos replantearnos cómo los utilizamos. Solo una gestión preventiva, integrada y transparente evitará que los alimentos que cultivamos dejen una huella plástica en la tierra y en el mar.

The Conversation

Parte de este estudio detrás de este artículo ha sido apoyado por los proyectos de investigación liderados por Carmen Morales Caselles: PLAN del programa operativo FEDER 2014-2020 y de la Junta de Andalucía (ref. FEDERUCA18-107828, proyecto PLAN), del proyecto DEEP del programa EMERGIA, del proyecto ISARGO, acción CSN2022-135760, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033 y por la Unión Europea «Next Generation EU»/PRTR, del proyecto COPLA, PCM_00056, financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y por la Unión Europea “Next Generation EU”/PRTR. Gran parte de los datos presentados en el estudio fueron obtenidos gracias a ECOPUERTOS que desde 2016 recibe financiación de Ecoembes-Libera para apoyar sus actividades, incluyendo la clasificación de residuos y el trabajo con pescadores y buceadores. Los pescadores de Motril han colaborado con Ecopuertos recogiendo voluntariamente los residuos de sus capturas. También se ha recibido apoyo de buzos y recolectores de basura voluntarios que apoyaron los muestreos.

ref. Cómo acaban los plásticos de la agricultura en las profundidades del Mediterráneo – https://theconversation.com/como-acaban-los-plasticos-de-la-agricultura-en-las-profundidades-del-mediterraneo-269153