¿Por qué a los jóvenes les cuesta ahorrar? Una explicación desde el tiempo y la cultura económica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Ángel Ruiz Reina, Profesor de Economía Aplicada, Universidad de Málaga

Krakenimages.com/Shutterstock

Hablar de ahorro entre los jóvenes profesionales suele conducir a un diagnóstico inmediato: salarios bajos, precariedad laboral y vivienda inaccesible. Estos factores son relevantes, pero no suficientes. La investigación económica muestra que el ahorro no depende solo de los ingresos sino también de cómo una sociedad organiza su relación con el tiempo. En otras palabras, ahorrar es una decisión que conecta el presente con el futuro.




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El ahorro y el tiempo: corto, medio y largo plazo

Desde la teoría económica, ahorrar significa renunciar a consumo presente para obtener bienestar futuro. Es una decisión intertemporal. La economía del comportamiento ha demostrado que las personas tienden a dar más peso al corto plazo que al largo, incluso cuando esto perjudica su bienestar futuro.

Este sesgo se intensifica en entornos dominados por la inmediatez. El consumo constante de información, entretenimiento y recompensas rápidas dificulta pensar en horizontes largos. Cuando el corto plazo domina, el ahorro pierde atractivo y la inversión se percibe como algo lejano o inaccesible.

La ruptura del marco tradicional de ahorro

En muchos países, esta dificultad se ha visto reforzada por un cambio estructural. Durante décadas, el ahorro estuvo ligado casi exclusivamente a la vivienda en propiedad. Comprar una casa era una forma de planificar el futuro y de transmitir estabilidad entre generaciones.

Cuando esta vía dejó de ser accesible para muchos jóvenes, no fue sustituida por una cultura alternativa de ahorro financiero. A ello se suma la escasa presencia de educación financiera en el sistema educativo y una entrada tardía y precaria en el mercado laboral. En este contexto, planificar a medio y largo plazo resulta complicado.




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No se trata de una falta de esfuerzo individual, sino de la ausencia de instituciones y aprendizajes sociales que faciliten decisiones financieras sostenidas en el tiempo.

Ahorro e inversión: una relación macroeconómica clave

Desde el punto de vista macroeconómico, el ahorro y la inversión están estrechamente relacionados. Cuando se observa una economía en su conjunto, a posteriori, el ahorro agregado y la inversión agregada terminan siendo iguales. Esta identidad contable no implica que todos los individuos ahorren o inviertan igual, pero sí subraya una idea central: no puede haber inversión sostenida sin una base previa de ahorro.

Cuando el ahorro interno es débil, la inversión depende del endeudamiento externo o de mecanismos financieros que aumentan la vulnerabilidad económica. Por eso, la dificultad para ahorrar no es solo un problema individual, sino también un reto estructural para el crecimiento y la estabilidad.

Cultura y transmisión intergeneracional del largo plazo

Las diferencias en ahorro entre países y grupos sociales no dependen solo del nivel de renta, sino también de normas culturales transmitidas entre generaciones.

La cultura china ha sido analizada como un ejemplo de sociedad con fuerte énfasis en el ahorro y la planificación intergeneracional, lo que se refleja en tasas de ahorro elevadas, incluso en periodos de rápido crecimiento. El elemento común es considerar el futuro como parte del presente.




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Estrategia, incertidumbre y decisiones económicas

Pensar en horizontes largos no significa renunciar al presente. Significa reducir la vulnerabilidad frente a la incertidumbre. Esta idea aparece también en textos clásicos como El arte de la guerra, de Sun Tzu (s. V a.e.c.), donde la anticipación y la preparación se presentan como claves del éxito frente a la improvisación.

En economía cotidiana comprender conceptos como el interés compuesto es fundamental. Este mecanismo favorece el ahorro cuando se aplica al capital acumulado, pero actúa en sentido contrario cuando se trata de deuda. El desconocimiento de este efecto contribuye a decisiones financieras perjudiciales, especialmente entre los jóvenes.

Instituciones, educación e inteligencia artificial

La reconstrucción de una cultura del ahorro no puede recaer únicamente en decisiones individuales. Requiere la implicación de instituciones públicas y privadas que generen entornos favorables a la planificación financiera.

La educación financiera temprana, el diseño de incentivos adecuados y el uso responsable de nuevas tecnologías pueden desempeñar un papel clave. Ya se utilizan herramientas basadas en IA para ayudar a planificar el ahorro, reducir errores conductuales y personalizar decisiones financieras. Su impacto dependerá de cómo se integren en marcos educativos y regulatorios sólidos.

Ahorrar como aprendizaje social

El problema del ahorro entre los jóvenes no se resolverá solo con mejores salarios o productos financieros más sofisticados. La evidencia sugiere que el ahorro es un comportamiento aprendido, reforzado por la familia, la educación y las instituciones. En una sociedad dominada por el corto plazo, recuperar el valor del tiempo es una condición necesaria para mejorar el bienestar económico futuro.

The Conversation

Miguel Ángel Ruiz Reina no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La lección de las pymes manufactureras chilenas: se puede ser sostenible con pocos recursos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Paredes Carrasco, Investigador – área de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad Pablo de Olavide, Universidad Pablo de Olavide

Tienda de ropa en Chile. BearFotos/Shutterstock

Las pymes conforman la mayoría del sector productivo en América Latina. Sin embargo, enfrentan barreras importantes: les cuesta acceder a tecnología, financiar mejoras y adaptarse a los cambios del mercado.

Estas barreras son claras en el sector manufacturero. Muchas empresas trabajan con altos costos de energía, mientras que otras tienen equipos pequeños y poco apoyo técnico. Aun así, buscan mejorar su desempeño y cumplir nuevas exigencias.

Normativa chilena sobre sostenibilidad

En los últimos años, Chile ha aumentado su regulación en materia de sostenibilidad. Se pide más claridad sobre el origen de los materiales y el impacto ambiental de los productos. Esto obliga a las empresas a ordenar su información y revisar sus procesos. Para muchas, este cambio es difícil, pero también una oportunidad para crear sistemas más claros y seguros.

Para entender cómo, pese a contar con pocos recursos, hacen frente a estas demandas, hemos analizado quince casos de pymes chilenas. Las empresas analizadas mostraron que se puede avanzar mediante apoyo externo, redes de trabajo y cambios graduales en sus operaciones.

Qué analizamos

En nuestra investigación, realizamos entrevistas y visitas a las pymes. Conversamos con gerentes, jefes de área y trabajadores; preguntamos qué cambios habían hecho y qué resultados habían visto; y revisamos estudios sobre redes de apoyo y cooperación entre empresas. Esta mirada nos permitió entender mejor sus avances.

Ilustración con cinco columnas que representan etapas de comprensión sobre las pymes: conocimiento limitado, entrevistas con gerentes y trabajadores, visitas para observar operaciones, revisión de estudios y conocimiento profundo.
Entender a las pymes requiere ir más allá de una mirada superficial: combinar entrevistas, observación directa y revisión de estudios permite construir una visión más completa de sus avances.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

Externalización para mejorar la estabilidad

Muchas empresas decidieron contratar servicios externos en áreas como tecnología, logística, limpieza o mantenimiento. Un gerente explicó: “Contratamos tecnología afuera porque ellos lo hacen mejor y más rápido”. Este tipo de apoyo no solo permite mantener la operación estable, sino que también reduce riesgos cuando la empresa no puede contratar más personal.

Innovación gracias a los proveedores

Los proveedores cumplen un rol clave: aportan nuevas ideas, equipos y herramientas actualizadas. En un caso del sector óptico, una empresa chilena creó un pigmento junto a un proveedor extranjero. Hoy ese producto se exporta a Alemania. Este ejemplo muestra que la innovación puede surgir de relaciones simples, basadas en confianza y comunicación.

Diagrama circular que muestra cuatro factores interconectados que impulsan la innovación en la relación con proveedores: comunicación, ideas nuevas, confianza y equipos actualizados. Cada factor aparece representado con un icono y conectado.
Las relaciones con proveedores pueden convertirse en una fuente clave de innovación cuando se basan en comunicación abierta, confianza, intercambio de ideas y actualización tecnológica.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

La Organización Internacional del Trabajo destaca la importancia de estas prácticas.

Prácticas circulares y uso de energía limpia

Muchas empresas están tomando medidas para reducir residuos y aprovechar mejor sus materiales. Algunas comenzaron a reciclar, y otras ajustaron sus líneas de producción para evitar desperdicios. Una compañía informó que su planta de envases funciona solo con energía de fuentes renovables, lo cual demuestra que los cambios no requieren grandes inversiones. Requieren voluntad y pasos graduales.

Diagrama secuencial compuesto por cinco etapas conectadas por flechas: residuos e ineficiencia en el uso de materiales, reciclaje, ajuste de líneas de producción, energía renovable y uso eficiente de materiales y energía.
La transición hacia prácticas circulares y energía limpia implica pasar de la generación excesiva de residuos a un uso más eficiente de materiales y recursos energéticos.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

El Informe Energético Nacional describe estos avances en Chile.

Más orden interno y trazabilidad

Las empresas muestran mejoras importantes en sus sistemas internos. Usan órdenes de compra claras, guardan certificados de materiales y realizan auditorías dentro de la empresa, prácticas que permiten rastrear cada parte del proceso. También ayudan a detectar fallas antes de que se conviertan en problemas. La trazabilidad se vuelve una herramienta clave para crear confianza.

Un modelo que funciona como un sistema

El estudio mostró que estas prácticas no operan por separado sino que forman un sistema: la externalización mejora la estabilidad, el apoyo de proveedores impulsa la innovación, las prácticas circulares reducen costos y el orden interno asegura calidad y confianza. Cuando estas piezas trabajan juntas, la empresa avanza de manera constante. Esto coincide con estudios recientes sobre pequeñas empresas.

Diagrama circular con cuatro etapas conectadas por flechas: orden interno, externalización, apoyo de proveedores y prácticas circulares. El esquema muestra un ciclo continuo de mejora empresarial.
La mejora empresarial no es un proceso lineal, sino un ciclo continuo que integra orden interno, colaboración con proveedores y prácticas circulares para fortalecer la eficiencia y la innovación.
Imagen elaborada por el autor con apoyo de una herramienta de diseño asistida por IA.

Por qué importa

En muchos países latinoamericanos, las pymes no tienen acceso a programas de apoyo o innovación. Aun así, nuestro estudio muestra que estas empresas pueden avanzar mediante acciones simples:

  • Buscar apoyo técnico.

  • Ordenar su información.

  • Trabajar con proveedores de forma cercana.

  • Compartir el aprendizajes con otras empresas.

Estas prácticas mejoran la eficiencia de las empresas y les permiten enfrentar las crisis con más y mejor preparación.

Beneficios más allá de las pymes

La externalización estratégica y la colaboración en las pymes manufactureras chilenas producen resultados sociales tangibles. Al contratar a proveedores locales, las empresas estimulan el empleo regional y promueven prácticas laborales inclusivas. La optimización circular y la adopción de energías renovables reducen los efectos negativos sobre el medio ambiente, mejorando la salud y el bienestar de la comunidad.

La transferencia de conocimientos fomenta el aprendizaje colectivo, apoyando la innovación social y fortaleciendo los sistemas de producción locales. En conjunto, estas prácticas promueven una conducta empresarial responsable, lo que mejora la confianza de la sociedad en las pymes y refuerza la cohesión social.

El estudio muestra que la colaboración orientada a la sostenibilidad puede generar un valor compartido que va más allá de las empresas, contribuyendo al desarrollo a largo plazo de las economías emergentes.

Reflexión final

La experiencia de estas empresas muestra que es posible avanzar con pocos recursos, ya que lo importante es contar con redes activas, procesos simples y decisiones claras. La mejora surge de muchas acciones pequeñas que se sostienen en el tiempo.

Estas experiencias demuestran que un enfoque gradual puede generar cambios reales: mientras que las alianzas permiten aprender, los controles internos ordenan la operación y el uso cuidadoso de los recursos mejora el rendimiento. En un contexto con mayores exigencias ambientales, estas empresas ofrecen ejemplos concretos y replicables.

Las pequeñas empresas no solo pueden adaptarse. También pueden liderar cambios importantes en sus sectores. Con pasos simples pero constantes, contribuyen a una manufactura más responsable y más preparada para el futuro.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Abellán Hernández, Profesora de Comunicación, Universidad de Murcia

Imagen hecha con IA de Donald Trump colgada en la cuenta de X.com de la Casa Blanca en 2025. Wikimedia Commons.

Por si no teníamos suficiente con los deepfakes y el shitposting –contenido absurdo o incoherente–, ahora llega el slop content, es decir, contenido basura generado con inteligencia artificial. Con la irrupción de la IA como motor creativo y productivo, se ha pasado de un modelo de desinformación artesanal a una producción masiva. Esto asfixia los canales y reduce la respuesta cognitiva de las audiencias.

El contenido slop es creado rápidamente con inteligencia artificial. Tiene poco valor estético y, a veces, poco valor ético. Si lo unimos al término “propaganda”, tenemos la slopaganda, que no intenta convencer con hechos reales sino saturar los medios de contenido. Esta estrategia limita la respuesta crítica de los consumidores de contenido, es decir, de los usuarios de internet y las redes sociales.

Al mismo tiempo, la sobrecarga visual y textual, aunque sea incoherente y extraña, activa más a la audiencia que los hechos contrastados.

Historia de la zombificación de internet

La economía del slop se sustenta en una monetización pasiva dentro de la economía de la atención. Los creadores de contenido, utilizando herramientas de inteligencia artificial generativa, producen flujos interminables de basura visual. Con el objetivo de capturar clics y generar ingresos publicitarios, se llega a una zombificación de internet.

En este entorno, una parte sustancial de la actividad en línea es realizada por máquinas interactuando con contenido generado por otras máquinas. Al final, el ecosistema digital se corrompe y erosiona la conexión social en favor de un simulacro de interacción empobrecida.

Esta zombificación se sustenta sobre un suelo fértil: la pasividad cognitiva con la que los internautas interactúan con el espacio digital. En 2024, un estudio de Nature señalaba que el 75 % de las personas que consumen información online no verifica las noticias. La mayoría las comparte sin tan siquiera haber abierto los enlaces.

En este contexto, el proceso de “slopificación” ha permeado la arena política: los ciudadanos son alimentados con una dieta informativa de poco valor nutricional.

Trump y el triunfo de la memética política

El impacto del contenido slop en la democracia es directo y corrosivo. Expuestas a narrativas incoherentes, pero emocionalmente cargadas, las audiencias se vuelven más extremistas. Además, este tipo de mensajes o posts genera unos niveles mayores de interacción que el contenido de calidad.

Buen ejemplo de ello es cómo la segunda administración de Donald Trump utiliza la IA: su gabinete de comunicación ha sido el primero en adoptar la inteligencia artificial como generadora de contenido oficial. Así, el perfil de la Casa Blanca en X se llena de imágenes meméticas, que muchas veces se suman a tendencias aparentemente inocuas –como las imágenes de “estilo Ghibli” donde se presenta una deportación–, pero cuyo tono es abiertamente beligerante contra sus detractores.

No es solo el contenido, es la forma

El diseño de las redes sociales influye en el mensaje. Las plataformas de contenido hacen que la información tenga menos matices y profundidad. Los mensajes son cortos y directos: son simples en contenido y forma.

Esta simplicidad hace que la información pierda valor ético y humano. No es raro ver vídeos con efectos visuales de baja calidad que se usan para mensajes oficiales.

Ante este panorama, la deshumanización del contenido revela una falta de interés global que debe examinarse. La indiferencia con la que cada vez se consumen más contenidos generados por IA, fuera del entretenimiento, debilita la base democrática de la información. Así, la slopaganda no es solo un error técnico o una moda pasajera: se trata de un cambio en cómo se ejerce el poder y se crea la realidad en el siglo XXI.

Por ejemplo, es común ver intentos de controlar la narrativa sobre la intervención en Irán por parte de Estados Unidos e Israel, usando memes que muestran ataques y bombardeos, junto con videojuegos y escenas de películas, como si fuera una broma o algo sin importancia.

Al final, el resultado es que se frivolizan los eventos políticos y se deshumanizan los conflictos armados. Mientras que las personas en redes sociales y plataformas digitales comparten, comentan e interactúan, ejércitos de bots impulsan los mensajes para llegar a más gente.

El papel de la educación

Para contrarrestar estos fenómenos es clave trabajar desde la educación. Un aumento en inversión en formación y salud digital en las escuelas, así como en estrategias y campañas públicas de concienciación, pueden frenar la propagación de estos contenidos.

La buena gobernanza en comunicación institucional pasa po
r impulsar la conciencia de un humanismo digital y por establecer normativas que regulen el tipo de comunicación oficial que se establece en los nuevos canales de información.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica – https://theconversation.com/slopaganda-cuando-el-contenido-basura-anula-nuestra-capacidad-critica-278508

El cine de barrio: cuando una comunidad soñaba unida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Emeterio Diez Puertas, Profesor Doctor, Universidad Camilo José Cela

Entrada al antiguo Cine Colón antiguo de El Entrego (Asturias, España). Memoria digital de Asturias, CC BY-NC

Hubo un tiempo en que el domingo cabía entero en una sala oscura de cine. Por
unas pesetas, uno podía ver dos películas, comerse el bocadillo y salir casi de
noche con la sensación de haber viajado muy lejos sin salir del barrio.

Diferentes fotografías del público de un cine de barrio.
Imágenes de un reportaje sobre los cines de barrio de la revista Cinegramas en 1936.
Cinegramas/BNE, CC BY

Y es que el cine, desde su nacimiento, ha sido una tecnología de lo visible, pero el “cine de barrio” funcionó, sobre todo, como una tecnología de lo convivencial. La experiencia cinematográfica no terminaba en el haz de luz que golpeaba la
pantalla. Mientras alguien abría un cucurucho de pipas o le daba un mordisco a un
bocadillo, la pantalla ofrecía algo más que una película: ofrecía la experiencia
compartida de estar juntos. El espectáculo se construía en la fricción entre los
espectadores. El cine de barrio nos enseñaba que el valor de una película no
residía solo en su calidad artística, sino en el lugar que ocupaba en la vida de la
gente.

De hecho, el debate sobre ese lugar generó visiones muy distintas de lo que era el
cine de barrio. Según quién estuviese en la sala (un padre de familia de misa
semanal, un cineclubista, un vecino con su merienda o un niño), la experiencia
podía ser radicalmente distinta, creando realidades casi paralelas, miradas
sociales que explican la compleja identidad del cine de barrio y que podemos
resumir en cuatro imaginarios: el moralista, el esteticista, el populista y el
nostálgico.

El imaginario moralista: un foco de degradación

La primera gran imagen construida sobre el cine de barrio fue la de un espacio de
peligro y sospecha.

Desde los inicios del cine, sectores conservadores y burgueses acusaron a estas salas de ser “lóbregos túneles” inseguros, sucios y muy peligrosos. Las películas de nitrato ardían con facilidad y los incendios eran frecuentes. A ello se sumaban escaleras estrechas, salidas insuficientes y falsas alarmas que provocaban avalanchas.

Tampoco ayudaba el ambiente. Mientras se veía la película se comían cacahuetes,
pipas, castañas, bocadillos… y no siempre había ventilación. Un articulista
protestaba en 1934
porque había salas que, para combatir el frío, optaban por no ventilar entre sesiones, logrando que no hubiese “el menor átomo de oxígeno”.

Incluso se asociaba la sala de barrio con la criminalidad. Se decía que era un
refugio de maleantes donde, según las crónicas de la época, se cometían desde
pequeños hurtos de abrigos hasta detenciones en plena sesión de atracadores
que se escondían de la policía.

Pero, sobre todo, se acusaba al cine de barrio de ser la mancebía de las parejas, escondidas en la oscuridad de la última fila, y un aula de la mala educación para una infancia abandonada a la sesión continua. El cine de barrio corrompía la mente de los jóvenes y funcionaba casi como un “asilo” donde padres descuidados abandonaban a sus hijos.

El imaginario esteticista: la condena del mal gusto

Desde una postura intelectual, surgió una segunda visión negativa del cine de
barrio. Si el moralista señalaba el peligro físico y psíquico, el esteticista subrayaba el mal gusto.

Para los defensores del cine como “séptimo arte”, la sala de barrio era el último escalafón de la cultura, un lugar donde se proyectaban las “películas de segunda categoría”, “lo peor de la temporada” o un cine “viejo”. Todo ello en unas condiciones técnicas deplorables: copias gastadas, proyecciones desenfocadas o rollos cambiados de orden.

El director José Luis Sáenz de Heredia confesó que un día fue a ver una de sus películas a un cine de barrio y estaba tan estropeada la copia que, cuando el público esperaba con ansiedad ver el momento más emocionante, entonces, tris-tras, la cinta se rompió y la sesión se interrumpió.

Un joven proyecta una película en un cine.
Proyectando cine en la Sociedad de Pedro Vega, Avenida Las Américas en el Tablero de Maspalomas en 1969.
Colección Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana

Para los cinéfilos, el cine de barrio era un negocio de alienación que “olía a colonia de burdel y a chocolatinas”, inundaba el local de publicidad y proyectaba cine de explotación. Despreciaban el comportamiento de un público que pateaba y
gritaba, y que era incapaz de apreciar la profundidad de campo de un plano o el
subtexto de un diálogo.

El imaginario populista: el público en estado puro

El cine de barrio era barato. En ciertos momentos, una entrada costaba lo mismo
que un periódico. Permitía a trabajadores y familias acceder a historias de
aventuras, amores imposibles y mundos lujosos que contrastaban con la rutina
diaria. Era, en palabras de la época, un tiempo de “tinieblas encantadoras” dentro del descanso semanal.

Allí triunfaban Charlot, Maciste, los seriales de persecuciones y, más tarde, los westerns, el terror o el cine de romanos; géneros intensos, directos, físicos, películas que arrancaban un “¡ay!” colectivo. Se iba a ver cine, sí, pero también a estar con otros, a reír en grupo, a comentar en voz alta, a repetir la sesión si hacía falta.

Fotografía en blanco y negro de la fachada de un cine.
Imagen del Cine Delicias en el barrio de Gracia en Barcelona en los años 30.
Arte y cinematografía/BNE, CC BY

Frente a las críticas elitistas de los cinéfilos, sobre esta realidad se erigió el mito populista de que estos espectadores eran el “público en estado puro”. El imaginario populista sostenía que el espectador de barrio, despojado de la pedantería de los críticos, era el único juez sincero y verdadero del valor de una película. En este imaginario, la sala se convertía en una “democracia del barrio” donde el pueblo llano, con su instinto, decidía qué películas merecían pasar a la historia. Se celebraba la sinfonía de gritos, risas y aplausos como la prueba máxima de que allí, y solo allí, el cine cumplía su verdadera función social de conectar con el alma popular.

Cuando un famoso actor, que solía hacer de villano, fue a una sala de barrio y escuchó los insultos que los espectadores le dirigían a su personaje, se lo tomó
como el elogio más sincero que podía recibir por su interpretación.

El imaginario nostálgico: el paraíso perdido

Con la crisis de las salas en los años setenta y ochenta, y la transformación
urbana, el cine de barrio empezó a desaparecer. Entonces nació con fuerza el cuarto imaginario: el nostálgico. Ya no se iba al cine de barrio, pero se le recordaba.

Este imaginario es un retrato embellecido y buenista. La memoria selecciona: borra el olor a cerrado y conserva el brillo del proyector; olvida el humo del tabaco, el ruido de las pipas y las copias rayadas para recordar el programa doble. Joan Manuel Serrat lo resume así en la letra de una de sus canciones:

“Echaban NO-DO y dos películas de esas

que tú detestas y me chiflan a mí”.

El cine de barrio se convierte, finalmente, en sinónimo de magia, cercanía e infancia.

Programa de mano de una película policiaca de 1940, _Ciudad de conquista_.
Programa de mano de una película policiaca de 1940, Ciudad de conquista.
Biblioteca Nacional de España, CC BY

La televisión recogió este legado en un programa titulado, precisamente, Cine de
barrio
, que el año pasado cumplió 30 años en antena. En él, el término ya no designa un local, sino un repertorio emocional ligado al cine popular español.

Una sala, cuatro miradas

En definitiva, el cine de barrio fue una paradoja viva: peligroso y acogedor; modesto en su arquitectura, pero inmenso en su huella emocional; periférico en el mapa urbano y, sin embargo, central en la biografía sentimental de millones de personas. Los imaginarios que lo rodean nos hablan hoy tanto de la sala (sus luces mortecinas, su olor a ambientador, sus butacas maltrechas) como de quienes la habitaban con sus risas, sus lágrimas y sus rutinas compartidas.

Más que un simple local de proyección, el cine de barrio fue un territorio simbólico donde la sociedad ensayó sus jerarquías, sus deseos y sus maneras de convivir. En la penumbra de aquella pantalla no solo se contaban historias: se aprendía a mirar, a estar juntos y a reconocerse o discutirse como comunidad.


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The Conversation

Emeterio Diez Puertas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La actitud desafiante de Pedro Sánchez hacia Trump viene dictada por la política interna, pero también supone una prueba de fuego para Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Waya Quiviger, Professor of Practice of Gobal Governance and Development, IE University

Cartel durante una manifestación celebrada en Logroño el 12 de marzo de 2026. Www.mariomartija.es/Shutterstock

La guerra en Irán ha puesto de manifiesto una vez más las tensiones entre el presidente español, Pedro Sánchez, y Donald Trump. Ambos líderes se han enfrentado en repetidas ocasiones a lo largo del último año, entre otras cosas por la continua oposición de España a la actuación de Israel en Gaza, su negativa a aumentar el gasto en la OTAN por encima del 2 % del PIB, y ahora su negativa a apoyar la guerra de EE. UU. en Irán.

A finales de febrero, España prohibió a EE. UU. utilizar sus bases militares conjuntas en Rota y Morón para operaciones relacionadas con la guerra de Irán. Como resultado, un furioso Trump declaró: “Vamos a cortar todo el comercio con España. No queremos tener nada que ver con España”.




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Desde entonces, Sánchez ha redoblado su oposición en un discurso televisado a nivel nacional, en el que expuso con rotundidad la postura del Gobierno español: “No a la guerra”. En las redes sociales también afirmó: “NO a las violaciones del derecho internacional” y “NO a la ilusión de que podemos resolver los problemas del mundo con bombas”.

Este desafío tan directo a la Administración Trump podría acarrear riesgos políticos. De hecho, las reacciones a la guerra por parte de otros Estados europeos han sido mucho más moderadas. ¿Por qué, entonces, ha adoptado Sánchez una postura tan inusualmente confrontativa?

El enfrentamiento se presenta como una cuestión de geopolítica o de derecho internacional, pero se entiende mejor como política interna que da forma a la política exterior. La cultura política antibélica histórica de España, la dinámica de la actual coalición de gobierno de izquierdas y los incentivos electorales internos ayudan a explicar la firme posición de Madrid.

La sombra de Irak

En su reciente discurso, Sánchez hizo una referencia específica a la guerra de Irak de 2003: “Hace veintitrés años, otra Administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio”, afirmó. “Una guerra que, en teoría, se dijo en aquel momento que se libraba para eliminar las armas de destrucción masiva de Sadam Husein, para llevar la democracia y para garantizar la seguridad mundial, pero desató la mayor ola de inseguridad que nuestro continente había sufrido desde la caída del Muro de Berlín”.

En 2003, el presidente del Gobierno, José María Aznar, se unió a la coalición liderada por Estados Unidos para derrocar a Sadam Husein. La decisión desencadenó protestas masivas en todo el país y contribuyó en parte a la derrota de Aznar en las elecciones de 2004. Su oponente, José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista (PSOE), hizo campaña con la promesa de retirar las tropas de Irak, promesa que cumplió inmediatamente después de asumir el cargo.

La guerra de Irak marcó profundamente la actitud de la opinión pública española hacia la intervención militar en Oriente Medio, y su legado explica el instinto de Sánchez de distanciar a España de la guerra de Irán. Su postura no es solo ideológica: refleja el recuerdo de lo políticamente perjudicial que puede resultar para un Gobierno español alinearse con las intervenciones estadounidenses.

Política de coalición y primeras señales electorales

La postura del presidente sobre la guerra en Irán también puede analizarse a la luz de la actual coyuntura política interna. Sánchez gobierna con el apoyo de partidos de izquierda que se oponen firmemente a la intervención militar estadounidense. Respaldar a Washington, o incluso facilitar la guerra a través de las bases estadounidenses, podría poner en riesgo la estabilidad de esa coalición. Pero el cálculo político puede ir aún más allá.

Sánchez se ha ganado la reputación de sobrevivir repetidamente a crisis políticas. A pesar del descenso en las encuestas y de los continuos escándalos dentro de su partido y su círculo más cercano, parece apostar por que la profunda impopularidad de Trump en España acabará jugando a su favor, especialmente entre su base de votantes de izquierdas.

Los recientes resultados electorales sugieren que la estrategia podría estar calando entre los votantes. En las muy esperadas elecciones autonómicas de Castilla y León celebradas el domingo pasado, el PSOE aumentó su representación, ganando dos escaños adicionales a pesar de que las encuestas sugerían que el partido podría perder terreno de forma significativa.

Aunque unas elecciones no pueden determinar las tendencias nacionales, el resultado ofrece un primer indicio de que una postura firmemente antibélica podría no acarrear los costes políticos internos que predijeron los críticos. En todo caso, puede haber reforzado el atractivo de Sánchez más allá de las líneas partidistas entre los votantes escépticos ante la escalada militar, críticos con Donald Trump y partidarios de una política exterior europea más independiente.

Si se demuestra que el líder del PSOE tiene razón, también se reivindicaría la postura del Gobierno español respecto a la OTAN. En junio de 2025, España se negó a aumentar el gasto en defensa hasta el objetivo del 5 % de la OTAN propuesto por Trump, lo que provocó duras críticas por parte del presidente estadounidense. La disputa refleja una realidad política más amplia: el aumento del gasto en defensa es impopular entre el electorado español.

Visto en este contexto, el enfrentamiento por la guerra de Irán forma parte de una tendencia más prolongada en la que las consideraciones políticas internas determinan la posición de España dentro de la alianza transatlántica.




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Presiones internas en toda Europa

La postura de España puede parecer inusualmente beligerante, pero la respuesta de Europa a la guerra de Irán ha estado lejos de ser unánime. Gran parte de esta variación refleja las diferentes presiones políticas internas a las que se enfrentan los líderes europeos.

En Alemania, el canciller Friedrich Merz evitó inicialmente criticar directamente los ataques estadounidenses y, en general, ha hecho hincapié en la unidad transatlántica. No obstante, ha advertido contra un conflicto prolongado y ha subrayado que Alemania “no es parte en esta guerra” y no quiere convertirse en ella, destacando las preocupaciones sobre la perturbación económica y la inestabilidad regional.

El Reino Unido ha adoptado una postura igualmente cautelosa. El primer ministro Keir Starmer insistió en que se aclararan los objetivos de EE. UU. y la justificación legal antes de comprometerse a prestar apoyo militar, haciendo hincapié en la diplomacia y la seguridad marítima en lugar de la participación directa en el conflicto.

La italiana Giorgia Meloni ha planteado sus preocupaciones sobre la legalidad de la guerra, pero ha evitado condenar abiertamente a Washington. Su Gobierno ha hecho énfasis en el respeto de los acuerdos vigentes que regulan las bases militares estadounidenses en lugar de bloquear su uso de forma tajante, lo que refleja tanto los fuertes lazos de seguridad de Italia con Estados Unidos como la propia alineación política de Meloni con los conservadores transatlánticos.

El panorama general es el de una respuesta europea fragmentada. En todo el continente, los Gobiernos están sopesando sus propias limitaciones políticas internas frente a cálculos estratégicos internacionales más amplios.

Una prueba de fuego para Europa

La respuesta de España a la guerra de Irán puede ofrecer el ejemplo más claro hasta la fecha de cómo la política interna está configurando la reacción de Europa ante el conflicto. El tiempo dirá si la postura de Sánchez resulta políticamente sostenible en el ámbito nacional y si convierte a España en la abanderada de un enfoque europeo más firme hacia Washington o simplemente en un caso aislado.

Si la estrategia tiene éxito, podría animar a otros líderes europeos a plantar cara a Washington. Sin embargo, si sale mal, es probable que la respuesta cautelosa de Europa se afiance aún más.

En cualquier caso, el episodio ilustra una realidad más amplia de las relaciones internacionales. Las decisiones de política exterior pueden presentarse como cuestiones de derecho internacional o de principios, pero en los sistemas democráticos suelen estar determinadas, ante todo, por las presiones de la política interna.

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Waya Quiviger no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La actitud desafiante de Pedro Sánchez hacia Trump viene dictada por la política interna, pero también supone una prueba de fuego para Europa – https://theconversation.com/la-actitud-desafiante-de-pedro-sanchez-hacia-trump-viene-dictada-por-la-politica-interna-pero-tambien-supone-una-prueba-de-fuego-para-europa-278820

¿Deberíamos educar ciudadanos más empáticos con las desigualdades sociales?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sheila López Prados, PDI didáctica y orientación académica, Universidad de Alcalá

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En algunos discursos mediáticos y políticos, la pobreza se presenta como resultado de una supuesta “falta de esfuerzo individual” o de decisiones personales irresponsables. Estos mensajes sitúan la causa del empobrecimiento en la ausencia de voluntad para trabajar o progresar, o en una dependencia voluntaria de las ayudas sociales.

Así, no se tienen en cuenta circunstancias tan fuera del propio control como la precariedad laboral, la desigualdad de oportunidades o las barreras sociales. En cambio, se apela a la responsabilidad individual, aludiendo a una moralidad o carácter débiles en las personas empobrecidas.

Por ejemplo, al criticar determinadas decisiones económicas como gastos supuestamentes “innecesarios” (ropa de marca, dispositivos electrónicos o pequeños lujos) se da a entender que si las personas pobres simplemente priorizaran mejor sus gastos, podrían “salir adelante”, un tipo de creencia que se denomina “cultura de la pobreza”. Junto con estereotipos como el del “pobre no merecedor”, contribuyen a deslegitimar las demandas sociales de redistribución y justicia.

Prejuicios hacia los desfavorecidos

En los últimos años, diferentes estudios y observaciones muestran un aumento de la aporofobia, entendida como el rechazo o prejuicio hacia las personas con escasos recursos económicos.

La aporofobia es resultado de un ecosistema en el que la dignidad humana se mide con frecuencia por el nivel de consumo. Como advierte la filósofa española Adela Cortina, esta fobia no se basa en el origen étnico o la religión, sino en la pobreza misma. Y su crecimiento está estrechamente ligado a mensajes mediáticos que refuerzan estereotipos y a políticas que perpetúan la desigualdad estructural.

Frente a ello, la escuela emerge como un espacio esencial para formar ciudadanos críticos, empáticos y solidarios capaces de contrarrestar el miedo y el desprecio hacia la pobreza.

Aporofobia y sensibilidad intercultural

Recientemente he investigado la relación entre aporofobia y sensibilidad intercultural a partir de una muestra representativa de 1 031 participantes.

La sensibilidad o competencia intercultural se entiende como la capacidad para reconocer, comprender y gestionar de forma respetuosa las diferencias culturales en la interacción social, integrando dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales, y se evaluó a través de una escala centrada en la empatía, la apertura y la comodidad ante la diversidad cultural.

Así, se pudieron identificar cuatro perfiles sociales que combinan distintos niveles de prejuicio económico y competencia intercultural: el perfil mayoritario corresponde a personas con alta sensibilidad intercultural y baja aporofobia (en torno a un tercio de la muestra), caracterizado por actitudes más inclusivas hacia la diversidad y la pobreza.




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El odio a los pobres, la fobia más común


Le sigue un grupo con baja sensibilidad intercultural y alta aporofobia (aproximadamente una cuarta parte), que concentra las actitudes más excluyentes.

Junto a ellos aparecen dos perfiles intermedios: uno con alta sensibilidad intercultural y también altos niveles de aporofobia, que representa alrededor de una quinta parte de los participantes, y otro con baja sensibilidad intercultural y baja aporofobia. Ambos tienen un peso similar, lo que muestra que la apertura cultural no siempre se traduce automáticamente en menor rechazo hacia la pobreza y que la aporofobia responde a dinámicas sociales más complejas.

Pese a estos dos últimos grupos, los resultados muestran que, en general, cuanto mayor es la sensibilidad intercultural, menor es el rechazo hacia las personas en situación de pobreza.

Las mujeres, las personas con experiencia internacional previa y quienes participaban en voluntariado mostraron actitudes más inclusivas y empáticas. En cambio, los grupos con menor exposición a la diversidad presentaron mayores niveles de prejuicio económico.

Estos hallazgos confirman que la competencia intercultural actúa como un factor protector frente a los estereotipos y el miedo hacia la pobreza. A nivel educativo, los datos sugieren que promover esa sensibilidad intercultural en el alumnado puede reducir significativamente las actitudes aporofóbicas, reforzando la cohesión social y la empatía colectiva.

La escuela como espacio de transformación social

A partir de los resultados de la investigación, se proponen cuatro estrategias educativas con evidencia empírica para aplicar en escuelas, institutos y universidades (trabajándolas de manera trasversal):

  1. Proyectos de aprendizaje-servicio: combinar contenidos curriculares con acciones solidarias en la comunidad (por ejemplo, campañas de apoyo a familias vulnerables o colaboraciones con oenegés). Esta metodología potencia la empatía y reduce el prejuicio al permitir contacto directo con realidades diversas.

  2. Juegos de rol y simulaciones: representar situaciones de desigualdad o exclusión económica favorece la reflexión emocional y cognitiva del alumnado sobre los efectos del rechazo y la injusticia.

  3. Debates éticos y estudios de caso: analizar noticias o productos mediáticos que presenten estereotipos de pobreza, fomentando el pensamiento crítico y la alfabetización mediática.

  4. Proyectos interculturales y cooperativos: promover el trabajo conjunto entre estudiantes de distintos orígenes socioeconómicos y culturales, desarrollando la empatía y la valoración positiva de la diferencia.




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Víctima por ser pobre: la ley debe castigar la discriminación por aporofobia


Sensibilidad y desarrollo sostenible como antídotos

Combatir la aporofobia no es solo un objetivo educativo, sino un compromiso con la dignidad humana, la justicia social y la erradicación de la pobreza, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el fin de la pobreza, la educación de calidad y la reducción de las desigualdades.

En un contexto donde la desigualdad se normaliza, la escuela tiene el potencial de rehumanizar la mirada colectiva, promover la empatía y enseñar a reconocer la vulnerabilidad como parte de nuestra condición común. Así, la formación de ciudadanos sensibles, críticos y solidarios no solo fortalece la cohesión social, sino que contribuye a una sociedad más justa, inclusiva, comprometida con el desarrollo sostenible y libre de pobreza.

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Sheila López Prados no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Deberíamos educar ciudadanos más empáticos con las desigualdades sociales? – https://theconversation.com/deberiamos-educar-ciudadanos-mas-empaticos-con-las-desigualdades-sociales-269301

El 80% de la población vive en zonas áridas: cuatro mensajes clave sobre el alcance de la desertificación en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Cultivo de mangos en regadío en una zona árida (Almería). Jaime Martínez Valderrama, CC BY

Recientemente, hemos publicado el Atlas de la desertificación de España, con el objetivo de dar a conocer el alcance y la complejidad de este problema, los factores que influyen en él (agua, suelo, agricultura, clima…) y sus matices.

El proyecto nos ha permitido analizar diversas situaciones y casos particulares y conocer a fondo un fenómeno que otros mapas anteriores no lograban reflejar con suficiente precisión. Estas son algunas de nuestras principales conclusiones.

El 42,4 % del territorio está degradado

Hay dos antecedentes al mapa de desertificación presentado en el atlas. El primero, denominado mapa de riesgo de desertificación, se basaba en cuatro magnitudes cuya elección no estaba basada en datos estadísticos. El segundo es un mapa de condición de la tierra, y muestra la productividad del suelo de acuerdo a la lluvia. Sin ser un mapa específico de desertificación (evalúa el suelo y no se ciñe a las zonas áridas) ha sido el referente para cuantificar la desertificación en España, arrojando una cifra del 20 % del territorio desertificado.

Según nuestro mapa, elaborado con un algoritmo entrenado con evidencias de degradación y que considera el impacto en otros recursos además del suelo, el 42,4 % del territorio está degradado. Prácticamente toda esta degradación (94,3 %) se concentra en zonas áridas. Siendo rigurosos, y si solo considerásemos como objeto de nuestro estudio las zonas áridas (el 67 % del país), diremos que el 60,9 % de ellas están desertificadas. Pero si nos queremos quedar solo con uno, diremos que el 41 % de España está desertificado en mayor o menor grado.

Almendros en una pendiente con suelo desprovisto de vegetación
Almendros en terrenos con fuerte pendiente y suelo desnudo. Falta que llueva con cierta intensidad para que el suelo sea arrastrado.
Artemi Cerdà, CC BY-SA

Estos números suponen duplicar la cifra que anteriormente manejábamos. La diferencia se debe a la consideración de algo más que el suelo en la estimación de la desertificación.

Por otra parte, es notoria la diferencia según se considere un mapa de aridez u otro. Como hemos visto, la desertificación resulta al acotar el mapa de degradación a las zonas áridas. Si en lugar del mapa de aridez del investigador Santiago Beguería y colegas (con el que sale casi un 61 %), usamos el que presenta el último Atlas Mundial de la Desertificación (AMD), el porcentaje sería del 57 %. Como vemos, no hay un valor definitivo, y por eso es necesario dejar constancia de las hipótesis y cálculos seguidos.

Mapa que muestra la aridez en las diferentes regiones de España por colores, de verde a rojo (mayor aridez).
Índice de aridez medio para el periodo 1991-2020.
Beguería et al. (2025)/Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

La degradación de los recursos hídricos es desertificación

El hecho de que se haya duplicado la desertificación respecto al valor anteriormente aceptado se debe a incluir, explícitamente, el deterioro de los recursos hídricos. En efecto, uno de los principales mensajes de este atlas es que la degradación de este recurso tan fundamental es desertificación.

Llama la atención que cuando se habla de desertificación el foco se ponga, casi en exclusiva, en el suelo. Desde luego este es el otro ingrediente fundamental para la vida, pero es la disponibilidad de agua de los ecosistemas lo que precisamente determina la aridez, allí donde puede ocurrir la desertificación.

Estas simplificaciones se originan de la traducción del término anglosajón land, que no se traduce como tierra, sino como territorio. De hecho, la propia Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) establece en sus definiciones que land se refiere a “un sistema bioproductivo terrestre, que incluye el suelo, el agua, la vegetación, otra biomasa, así como los procesos ecológicos e hidrológicos que tienen lugar dentro del sistema”.




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Qué es y qué no es desertificación


El 80 % de la población vive en zonas áridas

Aunque la mayor parte de los mapas presentados ya existían y nuestra tarea ha sido engarzarlos mediante un hilo argumental que los relaciona con la desertificación, hay algunos mapas originales. Uno de ellos es la población que vive en zonas áridas. Curiosamente, cuando se presenta este problema a nivel mundial se dan cifras de la superficie de zonas áridas y de la población que allí vive. Sin embargo, no es un dato habitual a escala de país o región.

Nuestro análisis revela que cuatro de cada cinco personas en España vive en zonas áridas. Llama la atención la enorme y creciente concentración de la población en el arco mediterráneo y que ya haya 100 000 habitantes en zonas hiperáridas –la categoría más extrema de aridez– que han aparecido por primera vez en España en un mapa de aridez. Se trata, concretamente, del municipio de Arrecife, en Lanzarote (Canarias), frente a las costas del Sahara.

Un ciudad costera con edificios blancos y rodeada de terreno yermo vista desde el cielo
Municipio de Arrecife, en Lanzarote.
Ramon Espiña Fernandez/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Las zonas áridas se perciben como lugares remotos, sin apenas recursos. Sin embargo, son lugares que conocemos todos: Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, etc. Nos gustan los inviernos suaves, el sol y la luz. Esos son los elementos que caracterizan a las zonas áridas, aunque también lo son las sequías y la escasez hídrica, fruto de un uso del agua por encima de su disponibilidad.

Mapa que muestra la población que habita en las regiones áridas y húmedas en España
Población en zonas áridas (2020).
Atlas de la Desertificación de España, CC BY-SA

Atajar la desertificación es sinónimo de seguridad alimentaria

El carácter permanente de la desertificación pone en jaque cuestiones estratégicas de un país, como es la producción de alimentos y el suministro de agua. En efecto, los ecosistemas áridos funcionan más lentamente que otros, debido a que la escasez de agua ralentiza, o detiene por completo, los diversos procesos que llevan a cabo los seres vivos. Los acuíferos se recargan más despacio, el suelo tarda más años en formarse y la acumulación de carbono requiere periodos más largos. De ahí la importancia de atajar los procesos de desertificación antes de que se consoliden.




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Cómo almacenar agua para cuando falte con la ayuda de los agricultores


La prevención es la estrategia prioritaria en este contexto. Por ello, cartografiar el problema cobra especial relevancia, pues permite detectar los territorios más comprometidos. Como hemos podido ver en el atlas, la agricultura es el principal motor de degradación. Y se debe, entre otras razones, a los sistemas de producción intensivos, fomentados por las estrategias cortoplacistas y la estrechez de márgenes económicos en las que operan los agricultores.

Esclarecer los mecanismos que operan tras la desertificación es el siguiente paso en la implantación de la estrategia preventiva. Para ello estamos actualizando los “paisajes de desertificación de España”, que reúnen una serie de casos concretos, la mayoría relacionados con la agricultura. Esta herramienta permite identificar procesos, impulsores y actores involucrados en este complejo problema. Tras ello podrán diseñarse soluciones que, idealmente, ayuden a promover un uso del territorio rentable y duradero.

The Conversation

Jaime Martínez Valderrama ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)

Emilio Guirado ha recibido fondos del proyecto ATLAS financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

Javier Martí Talavera ha recibido fondos de Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, para la elaboración del proyecto Atlas de la Desertificación en España.

Jorge Olcina Cantos ha recibido fondos de Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, para la elaboración del proyecto Atlas de la Desertificación en España.

Juanma Cintas recibe fondos del “Plan Complementario de I + D + i en el área de Biodiversidad (PCBIO)” financiado por la Unión Europea en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (NextGenerationEU) y del gobierno de Andalucía.

Elsa Varela y Manuel Esteban Lucas-Borja no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

ref. El 80% de la población vive en zonas áridas: cuatro mensajes clave sobre el alcance de la desertificación en España – https://theconversation.com/el-80-de-la-poblacion-vive-en-zonas-aridas-cuatro-mensajes-clave-sobre-el-alcance-de-la-desertificacion-en-espana-276238

Mujeres invisibles en los campos: el paradigma de las inmigrantes temporeras en España

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Blanca Obón Azuara, Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y en Medicina Intensiva, Departamento de Sanidad de Aragón

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La agricultura española se sustenta en gran medida en el trabajo estacional. Detrás de los frutos que llegan a las mesas se esconde la realidad de miles de mujeres migrantes temporeras que enfrentan una compleja red de desigualdades en su salud y condiciones laborales.

Un trabajo feminizado y segregado

La segregación de tareas por sexo es una realidad palpable en el campo español. Mientras los hombres se dedican a labores mecanizadas o de mayor carga física, las mujeres se concentran en la recolección y el manipulado.

Esta división no es neutral: ellas se enfrentan a riesgos laborales específicos derivados de la repetición de movimientos y posturas forzadas y agravados por la falta de equipos de protección individual (EPI) que se adapten a su fisonomía.

Además, la contratación en origen, ejemplificada por el programa GECCO del Gobierno español, crea una fuerte dependencia de intermediarios y de los empleadores, acentuando la precariedad y vulnerabilidad de mujeres migrantes en la agricultura.

Este modelo de migración circular, aplicado mayoritariamente a mujeres para la cosecha de frutos rojos, ha sido objeto de críticas por sus condiciones de vulnerabilidad.

Más allá del campo: vivienda y acoso

Las desigualdades no terminan en la jornada laboral. El alojamiento, provisto por el empleador, se convierte en un espacio de control social donde las mujeres están expuestas al acoso sexual y otras formas de violencia de género. A diferencia de los hombres, que suelen habitar en asentamientos informales de extrema precariedad pero con mayor autonomía, las mujeres afrontan una “liminalidad íntima” donde su vida privada queda supeditada al entorno laboral.

A pesar de que el Convenio 190 de la Organizacíón Internacional del Trabajo (OIT) sobre la violencia y el acoso entró en vigor en España en 2023, su implementación en el sector agrario sigue siendo insuficiente. La falta de protocolos efectivos y canales de denuncia protegidos deja a muchas trabajadoras en una situación de desprotección frente a abusos.

El derecho teórico a la salud

España reconoce legalmente el acceso universal al Sistema Nacional de Salud, pero la realidad para las temporeras migrantes es muy distinta. Las barreras idiomáticas, la falta de mediación cultural y el desconocimiento de sus derechos dificultan el acceso a servicios básicos, especialmente en lo que se refiere a salud sexual y reproductiva.

Mientras los hombres hacen frente a obstáculos relacionados con la irregularidad documental o el temor a represalias, las mujeres suman barreras estructurales en la atención ginecológica y el seguimiento del embarazo.

La ausencia de dispositivos de salud sensibles al género en las zonas de campaña agrava esta brecha asistencial.

Discriminación en la selección: el estatus familiar

Un hallazgo particularmente preocupante es la discriminación en los procesos de selección en origen. Se han documentado prácticas que priorizan a mujeres con hijos menores y un estado civil específico, bajo la supuesta finalidad de “garantizar el retorno”. La exigencia del Libro de Familia para acceder a un empleo es discriminatoria por sexo y situación familiar, y vulnera la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva y la Ley 15/2022 integral para la igualdad de trato, además de las directivas europeas y el Convenio 111 de la OIT sobre la discriminación.

Esta selección condicionada refuerza la segregación laboral y la dependencia, limitando la capacidad de las mujeres para denunciar abusos por miedo a no ser contratadas en futuras campañas.

Hacia una acción coordinada

La situación de las temporeras no es un efecto colateral, sino el resultado de un modelo que prioriza la eficiencia económica sobre los derechos humanos. Es urgente implementar políticas públicas efectivas entre las que destacan:

Visibilizar esta doble carga es el primer paso para garantizar que los derechos laborales y de salud sean una realidad para todas las personas que sostienen nuestra agricultura.


Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Mujeres invisibles en los campos: el paradigma de las inmigrantes temporeras en España – https://theconversation.com/mujeres-invisibles-en-los-campos-el-paradigma-de-las-inmigrantes-temporeras-en-espana-275330

Millones de personas tienen la bacteria que causa la tuberculosis sin saberlo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

New Africa/shutterstock

Cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis. Y, sin embargo, es una fecha que pasa casi desapercibida, quizá porque muchos la ven como una enfermedad del pasado. Algo lejano, asociado a otra época, a novelas o a contextos muy específicos.

Pero la realidad es mucho menos cómoda: la tuberculosis sigue siendo una de las principales causas de muerte por infección en el mundo. Y, sorprendentemente, convive silenciosamente con muchos de nosotros.

Una bacteria que vive en millones de personas

Se estima que una de cada cuatro personas en el planeta tiene en su organismo la bacteria que causa la tuberculosis. Sí, una de cada cuatro. En la mayoría de los casos, este microorganismo (Mycobacterium tuberculosis) permanece “dormido”. No causa síntomas, no se detecta fácilmente y no genera enfermedad. Es lo que se conoce como infección latente.

Pero esa aparente tranquilidad es engañosa. En determinadas circunstancias –por ejemplo, cuando el sistema inmune se debilita–, la bacteria puede activarse y provocar una enfermedad que afecta principalmente a los pulmones, pero que también puede comprometer otros órganos.

Esto significa que la tuberculosis no es solo un problema de quienes enferman: es una infección ampliamente distribuida, una especie de “reserva silenciosa” global que puede reactivarse en cualquier momento.

Un problema global, pero profundamente desigual

En 2021, se detectaron alrededor de 9,4 millones de casos nuevos de tuberculosis y se produjeron 1,35 millones de muertes a manos de esta enfermedad en el mundo. Son cifras tremendas, pero por sí solas no cuentan toda la historia. Lo más importante es cómo se distribuyen.

La tuberculosis no afecta a todos por igual. En muchos países de ingresos altos, la enfermedad ha disminuido de forma sostenida en las últimas décadas. Es poco frecuente, suele diagnosticarse de manera temprana y el tratamiento está disponible.

En cambio, en regiones de África, Asia y América Latina sigue siendo una realidad cotidiana. Allí, factores como el hacinamiento, la pobreza, la desnutrición o el acceso limitado a los servicios de salud favorecen la transmisión y progresión de la enfermedad.

En otras palabras, la tuberculosis no es solo una infección: también es un reflejo de las desigualdades globales.

Avances reales… pero demasiado lentos

Sería injusto decir que no ha habido progreso: lo ha habido, y es importante reconocerlo. Desde la década de 1990, la incidencia y la mortalidad por tuberculosis han disminuido a nivel global. La expansión de los programas de control, el acceso a tratamientos eficaces y el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia han contribuido a estos avances. Sin embargo, el ritmo de mejora no es suficiente.

La Organización Mundial de la Salud estableció metas ambiciosas en la estrategia “End TB”, con objetivos intermedios para 2020. Entre ellos, reducir la incidencia en un 20 % y la mortalidad en un 35 % respecto a 2015. Pero el mundo no alcanzó esos objetivos. Entre 2015 y 2020, la incidencia global de tuberculosis disminuyó solo un 6,3 % y la mortalidad un 11,9 %. Avanzamos, pero mucho más despacio de lo necesario.

Si mantenemos este ritmo, será muy difícil alcanzar las metas planteadas para 2035.

No todos avanzan al mismo ritmo

Además, el progreso ha sido desigual. Algunos países han logrado avances notables, gracias a estrategias innovadoras como la búsqueda activa de casos, el uso de tecnologías diagnósticas más rápidas o programas de apoyo social para garantizar que los pacientes completen el tratamiento. Pero estos ejemplos siguen siendo la excepción, no la regla.

También hay diferencias entre las poblaciones. Por ejemplo, los datos muestran que los avances han sido más rápidos en niños, pero lentos en adultos mayores, que corren mayor riesgo de morir por tuberculosiss.

Esto relevante porque la población mundial envejece rápidamente y porque, si no se adoptan las estrategias de control, este grupo podría convertirse en foco creciente de la enfermedad.

Factores que siguen impulsando la enfermedad

Parte del desafío radica en que la tuberculosis no depende únicamente de la bacteria, sino también de factores que aumentan el riesgo de desarrollarla. Entre ellos destacan el tabaquismo, el consumo de alcohol y la diabetes. De hecho, estimaciones recientes sugieren que una proporción importante de las muertes por tuberculosis podría evitarse si estos factores se redujeran. Esto refuerza la idea de que la enfermedad no puede abordarse de forma aislada: requiere un enfoque integral que combine intervenciones médicas, sociales y de salud pública.

A este escenario se suma un problema más preocupante: la tuberculosis resistente a los antibióticos. El tratamiento estándar es largo y complejo, y exige una adherencia estricta. Cuando estos tratamientos no se completan adecuadamente, o cuando los sistemas de salud no garantizan el acceso continuo a los medicamentos, pueden aparecer cepas resistentes.

Estas formas de tuberculosis son mucho más difíciles de tratar: requieren terapias más prolongadas, más costosas y con más efectos adversos. Y lo más preocupante es que ya están presentes en múltiples regiones del mundo.

El reto de implementar de forma equitativa el conocimiento

Más allá de los números, la tuberculosis nos habla de algo más profundo: nos habla de desigualdad, de sistemas de salud que no siempre llegan a quienes más lo necesitan, de condiciones de vida que facilitan la transmisión de enfermedades que podemos prevenir. Pero también nos habla de oportunidades.

La tuberculosis se puede prevenir. Es diagnosticable y tratable. Sabemos qué funciona y cómo reducir su impacto. El problema no es la falta de conocimiento, es la falta de implementación equitativa de ese conocimiento.

Reducir su impacto en América Latina, especialmente en las poblaciones más vulnerables de la región, exige una respuesta global coordinada, equitativa y ambiciosa. Las enfermedades que creemos lejanas suelen ser las que más nos sorprenden cuando vuelven a aparecer.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Millones de personas tienen la bacteria que causa la tuberculosis sin saberlo – https://theconversation.com/millones-de-personas-tienen-la-bacteria-que-causa-la-tuberculosis-sin-saberlo-278578

IA en la universidad, una bomba para el pensamiento crítico: ¿cómo podemos evitar que nos explote en la cara?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miren Gutiérrez, Investigadora, Universidad de Deusto

La inteligencia artificial puede dañar el pensamiento crítico en la universidad, según diversos estudios. Zoya Yasmine / https://betterimagesofai.org , CC BY-SA

La adopción masiva y acrítica de la inteligencia artificial generativa (IAG), con grandes modelos de lenguaje como ChatGPT y otros similares, puede degradar la experiencia universitaria y socavar la misión de la universidad. Aunque esta tecnología ofrece aplicaciones interesantes, cuando se utiliza sin reflexión ni encaje pedagógico, estudios emergentes indican que tiende a vaciar el aprendizaje de contenido, precarizar el trabajo académico y reforzar las desigualdades y las formas de control.

De la innovación a la enshitificación

Las IAG se han introducido en la docencia con la promesa de personalizar el aprendizaje y aumentar la eficiencia, pero pueden acabar por homogeneizar tareas y evaluación y degradar la experiencia pedagógica. Hay ya indicios de que las AIG producen trabajos suficientes –que no excelentes–, plantillas repetitivas y evaluaciones rutinarias que incentivan adaptarse al formato más que reflexionar.

La AIG se vende a las universidades como una herramienta capaz de personalizar la evaluación, ahorrar tiempo, al analizar miles de textos, y generar comentarios inmediatos. Sin embargo, en la práctica, tienden a favorecer estructuras estandarizadas (introducción–tres argumentos–conclusión, frases cortas, vocabulario neutro). Al mismo tiempo, penalizan estilos más complejos, creativos o arriesgados porque sus modelos se han entrenado con textos convencionales.

Como consecuencia, el alumnado aprende qué tipo de redacción gusta al sistema y ajusta sus trabajos para maximizar su puntuación, aunque ello implique empobrecer el contenido y evitar posiciones originales. Es decir, una tecnología presentada como personalización termina por homogeneizar las tareas, estandarizar la evaluación y animar a escribir para la máquina.

El concepto de enshitificación, acuñado por el periodista tecnológico Cory Doctorow a partir de la palabra anglosajona shit (“mierda”), ayuda a entenderlo: al principio, la tecnología parece aportar valor, pero poco a poco su funcionamiento se orienta hacia métricas, extracción de datos y dependencia de proveedores, de modo que sirve más a los intereses corporativos que a los pedagógicos.

Así, las aulas digitales se vuelven espacios saturados de automatismos mediocres, donde se enseña, sobre todo, a generar prompts eficaces y contenidos que pueden rastrearse.

Daños cognitivos

El uso intensivo de la IAG para generar tareas puede desencadenar un proceso de externalización y deuda cognitiva. Algunos estudios asocian un mayor uso de IAG con un deterioro del pensamiento crítico. Su empleo continuado para escribir ensayos podría reducir la implicación cognitiva y generar un peor rendimiento a nivel neuronal, aunque la tarea se perciba como más fluida y fácil.

Surge, así, el concepto de chatversity –una contracción de “universidad” y “chatbot” en inglés–: el objetivo deja de ser comprender el mundo y se transforma en cumplir plazos y producir textos solventes rápidamente. Esta dinámica puede erosionar la tolerancia a la ambigüedad y al esfuerzo intelectual sostenido, pilares de una educación emancipadora, y debilitar los hábitos de verificación, lectura profunda y discusión argumentativa.

Creatividad domesticada

La IAG trabaja recombinando datos históricos que reflejan una sociedad imperfecta, por lo que tiende a reforzar patrones dominantes, sesgos y cánones consolidados, en lugar de impulsar rupturas o perspectivas minoritarias. Esto se traduce en textos pulidos, pero conformistas, poco abiertos a imaginar soluciones radicales o a otorgar centralidad a epistemologías feministas, decoloniales o del Sur Global.

Relacionado con esto, la inteligencia artificial parece aumentar la creatividad percibida, pero limitar la diversidad de las historias producidas. Además, la AIG recomienda menos trabajos de mujeres y reproduce jerarquías de género en la visibilidad de la autoría.

De esta forma, los sistemas educativos basados en IA incorporan supuestos normativos que tienden a privilegiar perfiles y saberes hegemónicos, mientras que su uso acrítico en la docencia puede reforzar exclusiones. En la misma línea, la UNESCO confirma que la IAG en la educación tiende a invisibilizar el trabajo de las autoras y a reforzar estereotipos, lo que alimenta una ecología del conocimiento menos plural.

Cuando docentes y estudiantes la usan para elegir lecturas y generar casos, los sesgos de los datos se cuelan en la selección de referencias y voces. Así, se corre el riesgo de profundizar la invisibilidad de autoras, disciplinas críticas y comunidades marginadas, normalizando una universidad más homogénea.

Autoría fantasma

Redactar trabajos, resolver problemas, escribir código y elaborar comentarios con esta tecnología también pone en cuestión qué significa ser autor o autora. Si una parte sustancial del trabajo la realiza la máquina, los títulos universitarios pueden convertirse en credenciales de pega, cada vez menos vinculadas al esfuerzo intelectual de quien los obtiene.

Para ponerle freno, muchas instituciones están recurriendo a detectores de IA y sistemas de vigilancia poco fiables y discriminatorios que pueden generar falsos positivos y afectar a estudiantes que escriben en una segunda lengua o con estilos no normativos. Esto puede erosionar la confianza entre profesorado y alumnado, en lugar de fortalecer la responsabilidad, la integridad y el acompañamiento.

Extractivismo de datos

Otra preocupación es política y económica: se está viendo cómo algunas universidades norteamericanas se convierten en proveedoras de datos, legitimidad y usuarios/as cautivos/as para grandes empresas de IA, a menudo mediante contratos opacos. Los comportamientos, contenidos docentes y tareas se usan como materia prima para entrenar modelos, con cláusulas de uso indiscriminado o cuyo consentimiento es difícil de ejercer, lo que debilita la autonomía académica.

Además, el mantenimiento de estos sistemas descansa en cadenas de trabajo precarizado en el Sur Global (etiquetado de datos, moderación de contenidos traumáticos) y daño medioambiental. Mientras, en el Norte Global, se justifican recortes de personal y el cierre de programas, en nombre de la modernización. En este escenario, la universidad corre el riesgo de ser reconfigurada como un nodo de distribución y entrenamiento para infraestructuras corporativas, lo que desvía recursos de la docencia y del empleo estable hacia la financiación de plataformas privadas.

Erosión de la misión democrática

Por otro lado, los chatbots y asistentes de IA de apoyo al estudio también pueden generar dependencia emocional, incluso situaciones extremas de autolesión. Para estudiantes vulnerables, la simulación de empatía, las respuestas inadecuadas y la falta de una detección fiable del riesgo pueden agravar la soledad y retrasar el acceso a la ayuda profesional.

En el plano epistemológico y democrático, la expansión de contenidos sintéticos, la cultura posalfabética (leer por encima, centrar las habilidades en la creación de resúmenes y prompts) y la dependencia de infraestructuras cerradas pueden minar la capacidad de la universidad para ser un espacio de reflexión crítica.

Tengamos en cuenta que, en algunos casos, los acuerdos con proveedores de IA a veces se toman sin la participación de estudiantes, sindicatos y profesorado, mientras se recortan precisamente las áreas más capacitadas para cuestionar estos procesos, como los estudios de género, la filosofía o los estudios críticos de medios.

¿Qué hacer desde la universidad?

No se trata de desterrar la IAG de la universidad, sino de subordinarla a un proyecto centrado en el pensamiento crítico, la creatividad y la igualdad. Esto implica al menos tres cosas:

  • Reforzar la alfabetización digital crítica y el trabajo sobre desinformación, sesgos, límites y formas de contestación a los outputs de IA en todos los niveles formativos.

  • Desarrollar marcos de gobernanza de los sistemas de IA basados en derechos fundamentales, transparencia, participación y responsabilidad, especialmente en usos de alto riesgo como la evaluación o el apoyo psicológico.

  • Proteger y financiar las disciplinas y pedagogías que sostienen la lectura profunda, la creatividad, la imaginación política y las perspectivas alternativas. Se trata de resistir el giro hacia una universidad entendida como fábrica de credenciales optimizadas por plataformas.

Hay evidencias de que el abuso de la IAG en la universidad puede causar daños que van más allá del plagio: las AIG pueden reconfigurar qué significa aprender, enseñar e investigar. Esto obliga a decidir si las instituciones se plegarán a la lógica corporativa de la enshitification o si transformarán esta tecnología desde un compromiso con la justicia.

The Conversation

Miren Gutiérrez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. IA en la universidad, una bomba para el pensamiento crítico: ¿cómo podemos evitar que nos explote en la cara? – https://theconversation.com/ia-en-la-universidad-una-bomba-para-el-pensamiento-critico-como-podemos-evitar-que-nos-explote-en-la-cara-273920