Medusas: un problema que va más allá de las picaduras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Fonfría Subirós, Investigadora en Ecología Marina, Institut Multidisciplinar per a l’Estudi del Medi "Ramón Margalef", Universitat d’Alacant, Universidad de Alicante

Medusa de la especie _Rhizostoma pulmo_. Gennaro DiBs/Shutterstock

Con el verano, llega el momento de reencontrarse con las medusas. Estos animales son más antiguos que los dinosaurios y llevan más de 500 millones de años habitando nuestros mares… con luces (su importancia ecológica en el ecosistema marino es innegalbe) y sombras (no solo comportan efectos negativos para la salud pública a causa de sus picaduras, sino que también tienen efectos económicos en sectores como el turismo y la pesca, entre otros).

Luces: depredadoras, refugio y terapéuticas

Las medusas son un componente clave del ecosistema marino. Forman parte de las redes tróficas bien como depredadoras, bien como presas: se alimentan de zooplancton, peces pequeños y otras medusas, y las consumen tortugas marinas, peces más grandes y aves marinas.

Además, proporcionan refugio entre sus tentáculos a peces jóvenes y contribuyen al ciclo del carbono oceánico transportando material orgánico a capas más profundas cuando mueren y se ahogan. Es un proceso conocido como jelly-falls.

Actualmente, también se obtienen a partir de ellas compuestos nutracéuticos: alimentos o ingredientes con propiedades beneficiosas para la salud, que incluyen efectos terapéuticos o preventivos, cosméticos o farmacológicos.

Medusas en el Oceanográfico de Valencia.

En el ámbito de la medicina, gracias a las medusas, también disponemos de la proteína fluorescente verde (Green Fluorescent Protein, GFP) y sus derivados. Fue aislada inicialmente de la especie Aequorea victoria.

El descubrimiento y desarrollo de esta proteína revolucionó la investigación biomédica, ya que permitió visualizar procesos biológicos en células vivas en tiempo real y estudiar enfermedades como el cáncer o ciertas dolencias neurodegenerativas. Para darle cierto contexto, sería conveniente añadir que a sus descubridores les dieron el premio Nobel por esto en 2008.




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Sombras: urticantes y masivas

En la cara más oscura de las medusas, además de las picaduras que provocan a los humanos, algunas de las cuales pueden llegar a ser muy dolorosas, provocar problemas crónicos e incluso, en algunos casos extremos, la muerte, son animales que también nos afectan a nivel socioeconómico.




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El turismo, por razones obvias relacionadas con las picaduras, es un gran perjudicado, pero hay sectores, como la pesca, que también se pueden ver damnificados.

La presencia de medusas en las redes de pesca puede afectar esta actividad de dos formas diferentes: por un lado, pueden estropear el pescado, ya que si aparecen muchas medusas en una calada, la gran cantidad de células urticantes presentes hace que sea inviable comercializarla. Por otro lado, pueden dañar las redes de pesca, obstruyéndolas y comprometiendo la estabilidad del barco. Por ejemplo, en 2009, un banco de medusas hundió un barco de arrastre de 10 toneladas en Japón.

En acuicultura, las medusas también pueden provocar daños en las redes o a los peces. Pero también sufren estos perjuicios actividades industriales tan dispares como desaladoras, centrales térmicas y nucleares. Estas industrias necesitan captar agua para la refrigeración y correcto funcionamiento de sus instalaciones. Las medusas pueden taponar los conductos refrigerantes.

¿Qué puede hacer la ciencia?

En este contexto, la Universidad de Alicante, en colaboración con la Universitat Politècnica de València, ha desarrollado un dispositivo antimedusas. Su objetivo es alejarlas de las zonas susceptibles de causar daños mediante el uso de campos electromagnéticos, sin invadirlas.

Los estudios preliminares se llevaron a cabo con las especies Catostylus mosaicus y Rhizostoma pulmo, procedentes de cultivos del Oceanográfico de Valencia. Se realizaron en diferentes acuarios del Laboratorio Marino UA-Dénia. En él, se generó un campo electromagnético mediante una bobina sumergida y se observó cómo variaba el ritmo de pulsación de las medusas, que es el movimiento que les permite nadar… Las medusas no solo se mueven en función de las corrientes, sino que pueden nadar, incluso contracorriente.

Una medusa blanca bajo el agua azul
Medusa Catostylus mosaicus.
Niki Hubbard/iNaturalist Australia, CC BY

Los resultados mostraron que aproximadamente la mitad de los ejemplares cambiaban significativamente su actividad natatoria cuando estaban expuestos al campo electromagnético. En algunos casos, las medusas prácticamente dejaban de contraer su cuerpo y, al perder la capacidad de mantenerse flotando en la columna de agua, descendían al fondo. Este efecto era completamente reversible, es decir, cuando el campo electromagnético se apagaba, las medusas recuperaban rápidamente su ritmo normal de pulsación. No se observaron ni lesiones ni mortalidad.

Por lo tanto, este dispositivo, instalado en una boya flotante, en lugar de eliminar las medusas, simplemente modifica temporalmente su comportamiento para que se alejen de las zonas que se desea proteger, aprovechando las corrientes marinas presentes para arrastrarlas fuera de las áreas en cuestión.

Otras soluciones: redes o cortinas

Las soluciones actuales para tratar esta problemática se basan en barreras físicas, incluidas principalmente redes antimedusas o cortinas de burbujas. Sin embargo, a parte de tener un coste de mantenimiento elevado, presentan ciertos inconvenientes. En el primer caso, pueden quedarse enganchadas en las redes no solo las medusas, sino también otros animales. En el segundo caso, la cortina puede minimizar el intercambio de agua y promover la hipoxia de la zona. Además, en el caso de los blooms o enjambres de medusas (donde se pueden llegar a juntar miles de medusas en la misma zona), tienen una eficacia limitada.

Aunque hacen falta más experimentos para confirmar la eficacia del nuevo sistema en condiciones reales, esta tecnología espera convertirse en una herramienta respetuosa con el medio ambiente para proteger playas, piscifactorías y zonas de captación subacuática de agua, sin comprometer la supervivencia ni la función ecológica de estos animales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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Acuérdese de respirar por la nariz: su salud (física y mental) se lo agradecerá

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Maria Pilar Pecci Lloret, Profesora Permanente Laboral, Universidad de Murcia

Antonio Guillem/Shutterstock

Respirar es la tarea más automatizada que realizamos de forma cotidiana. Sucede sin pensarlo, miles de veces al día, desde el primer segundo de vida hasta el último. Sin embargo, la forma en la que inspiramos y expiramos el aire (por la nariz o por la boca) puede tener un impacto enorme en nuestra salud no solo a nivel físico, sino también mental y emocional. Y lo sorprendente es que muchas personas lo hacemos “mal” sin saberlo.

La respiración oral, es decir, respirar con la boca abierta, se ha vuelto cada vez más común en la sociedad moderna. Las congestiones nasales, las alergias, el estrés, los hábitos adquiridos o incluso el uso excesivo de pantallas (que altera nuestra postura) contribuyen a que muchas personas mantengan la boca abierta de forma casi constante. Pero lo que parece inofensivo puede provocar una cadena de efectos negativos en el organismo.

La nariz, esa barrera protectora

Para empezar, la nariz no está ahí por casualidad. Es un órgano altamente especializado diseñado para preparar el aire antes de que llegue a los pulmones. Filtra partículas, calienta el aire y lo humedece. Pero cuando respiramos por la boca, nos saltamos todo este proceso: el aire entra más frío, seco y cargado de impurezas, lo que puede irritar las vías respiratorias y aumentar la susceptibilidad a infecciones.

De hecho, diversos estudios han relacionado la respiración oral con una mayor frecuencia de resfriados, infecciones respiratorias y problemas inflamatorios. Al no pasar el aire por el sistema de filtrado de la nariz, el cuerpo queda más expuesto a virus y bacterias. Además, la respiración excesiva por la boca puede provocar sequedad, mal aliento y problemas en la salud bucal, como caries o alteraciones gingivales.

Respirar por la boca altera el sueño

Pero los problemas no terminan ahí. Se ha comprobado que la respiración oral también tiene un impacto directo en la calidad del sueño. Muchos de quienes la practican preferentemente tienden a roncar más, a tener un sueño menos profundo y a despertarse con sensación de cansancio, ya que su descanso no es reparador. Esto se debe a que la respiración nasal favorece un patrón más lento y eficiente, mientras que la bucal suele ser más superficial y desordenada.

En adultos, ese patrón se ha asociado con un mayor riesgo de apnea del sueño, una alteración en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. La apnea no solo afecta al descanso, sino que también está relacionada con problemas cardiovasculares, fatiga crónica y dificultades cognitivas.

Cambios en la fisionomía facial

Por otro lado, los niños que respiran por la boca tienden a desarrollar paladares más estrechos, mandíbulas menos definidas y alteraciones en la alineación dental. Incluso puede afectar al perfil facial a largo plazo.

No es solo es una cuestión estética: también hay implicaciones funcionales importantes. Se ha observado que algunos niños diagnosticados con trastornos de atención o hiperactividad presentan en realidad problemas respiratorios no detectados. La falta de oxigenación eficiente durante el sueño puede afectar al rendimiento cognitivo, la concentración y el comportamiento durante el día.

Un aspecto menos conocido es la relación entre la respiración oral y los problemas auditivos. Coger y exhalar aire con la boca dificulta la ventilación del oído medio y favorece la acumulación de líquido, aumentando el riesgo de otitis media recurrente.

Las múltiples ventajas de respirar por la nariz

Por contra, la respiración nasal ofrece abundantes beneficios. Uno de los más importantes es la producción de óxido nítrico en los senos paranasales. Esta molécula, poco conocida fuera del ámbito científico, tiene propiedades vasodilatadoras, antimicrobianas y reguladoras del sistema inmunológico. Al respirar por la nariz, el aire se enriquece con óxido nítrico, lo que mejora la oxigenación y ayuda a combatir patógenos.

Además, la respiración nasal favorece un ritmo más pausado y profundo, lo que activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de los estados de relajación. En otras palabras, respirar por la nariz no solo es mejor para el cuerpo, sino también para la mente: reduce el estrés, mejora la concentración y favorece un estado de calma.

Cómo cambiar de hábitos

Entonces, si respirar por la nariz es tan beneficioso, ¿por qué tanta gente no lo hace? En muchos casos, se trata de un hábito adquirido. Si alguien ha tenido congestión nasal frecuente en la infancia, es probable que haya desarrollado el patrón de respirar por la boca y lo haya mantenido en la edad adulta, incluso cuando ya no es necesario.

La buena noticia es que esta costumbre se puede reeducar. Existen técnicas sencillas para volver a la respiración nasal, como ejercicios de conciencia respiratoria, mejorar la higiene nasal o incluso trabajar la postura de la lengua (un logopeda nos podría ayudar).

En algunos casos, puede ser necesario consultar con el otorrino para tratar obstrucciones físicas, como desviaciones del tabique o hipertrofia de cornetes (estructuras situadas en el interior de las fosas nasales). E incluso, acudir a un odontopediatra o dentista especializado en ortopedia dentofacial para valorar si es necesario ampliar el maxilar, adelantar la mandíbula o realizar otras intervenciones que favorezcan una correcta respiración.

En el caso de los niños, es especialmente importante prestar mayor atención. Detectar a tiempo la respiración oral puede prevenir muchos problemas futuros, tanto físicos como cognitivos. Observar si duermen con la boca abierta, si roncan o si presentan fatiga durante el día puede ser clave.

Al final, algo tan simple como cerrar la boca y respirar por la nariz puede tener un impacto profundo en nuestra salud. No se trata de una moda ni de una tendencia, sino de volver a un patrón natural para el que nuestro cuerpo está diseñado.
Respirar bien no es solo sobrevivir. Es vivir mucho mejor.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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¿Un problema irresoluble? Crece el número de hogares en España y no el de viviendas disponibles

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alessandro Indelicato, Investigador Posdoctoral, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Manifestación en Madrid por el derecho a una vivienda digna en febrero de 2025. OSCAR GONZALEZ FUENTES/Shutterstock

En el último año, el precio de la vivienda en España ha subido casi un 13 %, según el Instituto Nacional de la Vivienda. La causa principal del encarecimiento es, en palabras del Banco de España, la combinación de “una demanda intensa y una oferta residencial rígida” (es decir, las viviendas puestas en el mercado son las que son y no crecen al ritmo de crecimiento de los hogares).

En 2023, ya calculaba que la diferencia acumulada entre la creación de hogares (el proceso por el cual un individuo o un grupo de personas pasan a constituir una unidad residencial independiente) y la producción de vivienda nueva era de unas 375 000 unidades, y avisaba de que el déficit podría acercarse a las 600 000 viviendas en 2025.

El diagnóstico de la OCDE es similar, al observar que la formación de hogares ha superado ampliamente la producción reciente de vivienda.

De las 20 000 viviendas anunciadas a las 184 000 ‘movilizadas’

El desequilibrio entre demanda y oferta de vivienda no es una cuestión abstracta. Si la construcción no crece y sí lo hace la cantidad de personas que requieren una vivienda, se incrementará la competencia por cada inmueble disponible. Y, como es de esperar, esto se traducirá en un aumento de los precios de compra y de alquiler. Además, cuando la oferta de vivienda avanza lentamente debido a limitaciones urbanísticas, geográficas o administrativas, los aumentos de la demanda se trasladan principalmente a los precios.

En 2018, el Gobierno lanzó el llamado “Plan 20.000” con el fin de incorporar 20 000 viviendas al parque de alquiler asequible , por la escasez de oferta disponible y las dificultades de acceso al alquiler en los mercados tensionados.

Cinco años más tarde el objetivo había crecido mucho. En 2023, el Ejecutivo anunció la habilitación de 184 000 viviendas públicas o de alquiler asequible. La cantidad incluía intervenciones muy diversas: construcción nueva, rehabilitación, financiación a promotores, viviendas procedentes de la Sareb (la entidad que absorbió los inmuebles e hipotecas impagadas tras la crisis de 2010), uso de terrenos pertenecientes al Ministerio de Defensa y convenios con comunidades autónomas y ayuntamientos.

En agosto de 2024, el Ejecutivo informó haber movilizado 80 745 viviendas. Además anunció una partida de 6 000 millones de euros en préstamos y avales para impulsar hasta 43 000 viviendas más para alquiler asequible.




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‘Movilizar’ no es construir ni entregar

Los datos que ha difundido el Ejecutivo no ofrecen un número único y uniforme a partir del cual se pueda conocer cuántas viviendas están ya acabadas, entregadas y habitadas. Las comunicaciones oficiales hablan, sobre todo, de viviendas movilizadas, en marcha, financiadas o incluidas en convenios.

Ese vacío estadístico impide la rendición de cuentas. Se necesita conocer, de forma periódica, cuántas viviendas están proyectadas, financiadas, iniciadas, finalizadas y entregadas. Si se agrupan todas estas etapas en un único bloque, ya no es posible apreciar cuál ha sido el cumplimiento real.




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Las cifras de construcción siguen siendo discretas

La vivienda protegida muestra cierta recuperación, pero desde niveles muy bajos. En el primer trimestre de 2026 se cerraron 5 215 viviendas protegidas, la mejor cifra para ese periodo en catorce años. Es una mejora, pero insuficiente, frente al déficit acumulado de cientos de miles de unidades.

Esas viviendas tampoco son atribuibles exclusivamente al Gobierno central. Su promoción está en manos de las comunidades autónomas, los ayuntamientos, las empresas públicas, las cooperativas y los promotores privados. En algunos programas, el Estado proporciona financiación y suelo,pero la ejecución queda repartida entre distintas administraciones y entidades.

De ahí que sea imprescindible un sistema común de seguimiento.




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Construir más, no que el Estado lo haga todo

Exigir un aumento de la oferta no significa que toda la vivienda deba (ni pueda) ser construida directamente por el Estado. Las administraciones tienen que ampliar el parque público permanente, especialmente para los hogares vulnerables. Pero también facilitar la promoción privada, cooperativa y protegida a través de suelo disponible, mejorar las infraestructuras y agilizar los procedimientos administrativos previsibles.

Una oferta más elástica permite que el crecimiento de la población se refleje en más construcción y no solamente en precios más elevados.

The Conversation

Alessandro Indelicato no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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La polémica expedición del eclipse que puso a prueba a Einstein

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manel Perucho Pla, Astrofísica relativista i d’altes energies, Universitat de València

En 1905 Albert Einstein publicó la teoría de la relatividad especial. Esta teoría daba solución al problema derivado del hecho de que la velocidad de la luz sea independiente del observador, es decir, que todos midan el mismo valor. A partir de entonces, nuestra percepción del universo cambió para siempre: el espacio y el tiempo se volvieron “flexibles” —podían dilatarse o contraerse—, se fusionaban en el concepto geométrico del espacio-tiempo y, además, la materia y la energía pasaban a ser equivalentes.

Diez años después, en 1915, Einstein publicó la teoría de la relatividad general, con una interpretación geométrica de la gravedad que incluía la dinámica de las partículas sometidas a esta fuerza: el espacio-tiempo es en general plano, pero la masa-energía lo curva. Para empezar, explicaba uno de los problemas no resueltos en la época: la precesión del perihelio de Mercurio. Además, existían predicciones que debían comprobarse para validarla o refutarla.

Desviar la luz

Una de estas predicciones tenía que ver con el hecho de que la gravedad pudiera actuar sobre la luz. El científico alemán Johann Georg von Soldner ya había estimado en 1801, utilizando la teoría de Newton, que un rayo de luz que pasara cerca de la superficie del Sol se desviaría 0,87 segundos de arco. Aunque con inconsistencias conceptuales (la luz no tiene masa), este cálculo podía realizarse. Más tarde, con la relatividad general desarrollada, Einstein rehizo el cálculo y obtuvo 1,74 segundos de arco, es decir, el doble de lo que predecía la gravedad de Newton.

La expedición del eclipse

De izquierda a derecha: Albert Einstein, Paul Ehrenfest, Willem de Sitter, Arthur Stanley Eddington y Hendrik Antoon Lorentz, fotografiados el 26 de septiembre de 1923 en Leiden (Países Bajos)
Wikimedia commons, CC BY

La noticia de la publicación de la teoría de la relatividad general llegó a Arthur S. Eddington, en Cambridge, a través de su amigo neerlandés Willem De Sitter, gracias a que los Países Bajos eran neutrales en un conflicto –la Primera Guerra Mundial– que impedía la comunicación entre científicos alemanes y británicos. Poco tiempo después, Sir Frank W. Dyson, astrónomo real, informó a Eddington de que el 29 de mayo de 1919 habría un eclipse total en una franja que cruzaba el Atlántico, desde Guinea Ecuatorial hasta Brasil.

¿Y qué tenía que ver un eclipse con todo esto? Muy sencillo: para ver algo alrededor del Sol es necesario que alguna cosa lo tape. El gobierno británico financió la expedición con mil libras esterlinas, además de un centenar adicional para material.

Este eclipse tendría una duración de seis minutos (mucho más largo, por ejemplo, que el que disfrutaremos el 12 de agosto), y justo detrás del Sol estaría el cúmulo de las Híades. Así, se esperaba que la luz emitida por esas estrellas pasara cerca de la superficie del Sol y poder realizar las mediciones necesarias. Si los rayos se curvan, la posición aparente del origen (la estrella) estaría desplazada respecto a la real. Había tres posibles resultados del experimento: que no hubiera ningún desplazamiento aparente de la posición de la estrella, que lo hubiera y fuera compatible con la predicción newtoniana, o que se detectara el desplazamiento y cuadrara con la predicción relativista.

Las mejores localizaciones que encontraron fueron la isla de Príncipe, en la costa occidental africana, y Sobral, en el norte de Brasil. A Sobral fueron Charles Davidson y Andrew Crommelin, astrónomos del Observatorio Real de Greenwich. A Príncipe, el citado Eddington y Edwin T. Cottingham, un relojero de Cambridge.

Las expediciones zarparon en febrero de 1919 con el material de observación. Las lentes se separaron de sus estructuras habituales y se colocaron en tubos que facilitaran su transporte. Hubo que incorporar unos espejos conocidos como celóstatos, que pueden moverse para corregir el movimiento de rotación de la Tierra y fijar el campo de visión en la imagen. De lo contrario, las imágenes de las estrellas aparecen como líneas en la placa fotográfica, imposibilitando cualquier medición de su posición relativa.

Instrumentos utilizados en Sobral, Brasil, durante el eclipse solar total del 29 de mayo de 1919, en la expedición organizada por Sir Arthur Eddington.
© The Board of Trustees of the Science Museum, CC BY-SA

El mal tiempo casi arruina el experimento

El 29 de mayo, Eddington y Cottingham sufrieron mal tiempo y solo hacia el final del eclipse pudieron tomar un par de imágenes utilizables. Davidson y Crommelin tuvieron problemas con sus instrumentos, seguramente por el efecto del calor en los tubos metálicos que fabricaron in situ para la lente más grande (unos 25 cm de diámetro) y el espejo celóstato. Así, las imágenes resultaron borrosas. Afortunadamente, las que tomaron con una lente más pequeña, de unos 10 cm, tenían buena calidad. La sugerencia de incorporar estas lentes vino del reverendo Aloysius Cortie, un experto en eclipses solares que no pudo viajar y fue sustituido por Crommelin. Al final, esta idea resultó fundamental.

A pesar de las dificultades, los datos utilizables pudieron analizarse en Cambridge y Greenwich. Los resultados fueron de 1,61 ± 0,40 segundos de arco para la observación de Príncipe y 1,98 ± 0,18 para la de Sobral. El análisis estadístico indicaba que la opción más probable era que representaran la confirmación de la relatividad general.

El error de medida y la polémica

Ciertamente, todos los problemas de los experimentos introdujeron un cierto grado de error en las mediciones, hecho que algunos aprovecharon décadas después para poner en duda el resultado e incluso la manera de hacer ciencia.

Se ha llegado a acusar a Eddington y Dyson de eliminar las imágenes defectuosas sin un criterio objetivo… Aun así, se ha revisado críticamente el procedimiento utilizando no solo herramientas de trabajo científico, sino también la documentación que dejaron los protagonistas, y se ha podido confirmar que los resultados fueron tratados con total honestidad y que, efectivamente, se llegó a la conclusión estadísticamente correcta.

Finalmente, las mediciones posteriores han ratificado que la predicción de la relatividad era ajustada y que este experimento –impugnado por algunos– fue esencialmente correcto en los cálculos y totalmente honesto en su tratamiento. Pero, sobre todo, resultó determinante en la historia de la ciencia y, en concreto, a la hora de confirmar experimentalmente la validez de la teoría de Einstein que revolucionó la física a comienzos del siglo XX.

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Manel Perucho Pla no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La polémica expedición del eclipse que puso a prueba a Einstein – https://theconversation.com/la-polemica-expedicion-del-eclipse-que-puso-a-prueba-a-einstein-276786

Cuando el Sol era comido: eclipses y ciclos del mundo en Mesoamérica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco Javier Sánchez Tornero, Profesor de Arqueología, Universidad de Guadalajara

Representación de un eclipse en la novena lámina del _Códice Borbónico_. Linkgua

¿Qué ocurre cuando el Sol se oscurece en pleno día? Hoy sabemos que un eclipse solar se produce cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol. Sin embargo, para distintos pueblos mesoamericanos, ese oscurecimiento se entendía como una alteración visible de un universo vivo, capaz de afectar a las personas, las ciudades y sus gobernantes.

La aparición de un eclipse podía anunciar peligros, motivar acciones rituales y ser objeto de observación y cálculo. Códices y crónicas conservan las huellas de esa mirada y permiten comprender por qué la oscuridad repentina del día podía poner en suspenso el orden del mundo.

Las edades del mundo según los nahuas

Entre los nahuas, el Sol, llamado Tonatiuh, era una potencia fundamental para la vida y la continuidad del tiempo. El lexicógrafo francés Rémi Siméon recogió en su diccionario de náhuatl la expresión Ipalnemohuani, “aquel por quien se vive”, un título divino que se le daba relacionado con la fuerza que sostiene la existencia. El astro recibía también el nombre metafórico Cuauhtlehuanitl, “el águila que se eleva”, imagen de su ascenso cotidiano por el cielo.

En la cosmovisión nahua, según una de las versiones conservadas, las edades anteriores del mundo eran concebidas como distintos soles: Atonatiuh, Sol de Agua; Tlaltonatiuh, Sol de Tierra; Ehecatonatiuh, Sol de Viento, y Tletonatiuh, Sol de Fuego. Cada edad tenía su propio orden y terminaba con una transformación que abría paso a un nuevo ciclo.

Los nahuas llamaban tonatiuh qualo al eclipse solar, expresión que significa “el Sol es comido”. La imagen evocaba un ataque contra el astro y la pérdida temporal de su fuerza.

Imagen del _Códice Florentino_ en el que se describe el eclipse.
Imagen del Códice Florentino en el que se describe el eclipse.
Digital Florentine Codex, CC BY-NC-ND

El misionero franciscano español fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas conservaron una de las descripciones más intensas del fenómeno.

En el libro VII del Códice Florentino, el Sol enrojecía, se turbaba y adquiría un color amarillento. Con la oscuridad se desataban el llanto, los alaridos y el tumulto. Se sacrificaba a cautivos y a personas descritas como “blancas” (de cabello y rostro claros). Algunas personas se extraían sangre mediante perforaciones en las orejas. En los templos se cantaba, se danzaba y se producía un gran estruendo.

El mayor temor era que la luz no regresara. Sahagún menciona que, si el eclipse no terminaba, los tzitzimime, seres nocturnos asociados con el inframundo y la destrucción del mundo, descenderían para devorar a los seres humanos. El eclipse lunar también influía en la vida cotidiana, pues despertaba otros temores, especialmente entre las mujeres embarazadas, que colocaban una navaja de obsidiana sobre el vientre o en la boca para proteger a la criatura en gestación.

Observar el cielo en la civilización maya

Entre los mayas, el Códice de Dresde revela la dimensión calendárica de los eclipses. Sus páginas contienen tablas organizadas a partir de intervalos que permitían reconocer los periodos en que podía producirse uno de estos fenómenos.

Las imágenes del códice representan al Sol y a la Luna bajo figuras oscuras y serpentinas vinculadas con acontecimientos funestos. La observación astronómica, el cómputo calendárico y la interpretación ritual formaban parte de un mismo sistema de conocimiento. Prever un periodo de eclipses permitía identificar un momento delicado y preparar las respuestas ceremoniales correspondientes.

Agotamiento de un ciclo mexica

Las concepciones mesoamericanas del tiempo integraban ciclos de formación, deterioro y renovación. Una alteración extraordinaria del cielo podía adquirir el sentido de un presagio, sobre todo en contextos de guerra, enfermedad, muerte o crisis de gobierno. Los anales indígenas registraron eclipses, terremotos y otros prodigios como parte de una misma memoria mitohistórica.

En los relatos sobre los últimos años de Moctezuma, estas señales aparecen como anuncios del debilitamiento de su poder y el fin de un ciclo. El eclipse, al igual que otros acontecimientos extraordinarios, podía interpretarse como la manifestación visible de esa transformación. Dentro de esta lógica, el cielo, la ciudad y el gobernante participaban de una crisis común que abría paso a una nueva configuración del mundo.

Una memoria que perduró

El 10 de junio de 1611, el cronista chalca Chimalpahin presenció un eclipse total de Sol en la Ciudad de México. Escribió que, como decían los ancianos, “el Sol es comido”. También explicó que la Luna se había colocado frente al astro y había cubierto su resplandor. De pronto, pareció que fuesen las ocho de la noche y las estrellas se vieron en el cielo.

Manuscrito maya en el _Códice de Dresde_ en el que se representan los eclipses como dos alas, una negra y una blanca, unidas en la parte superior y con el signo del Sol en el centro, emergiendo de las fauces del monstruo de la Tierra.
Manuscrito maya en el Códice de Dresde en el que se representan los eclipses como dos alas, una negra y una blanca, unidas en la parte superior y con el signo del Sol en el centro, emergiendo de las fauces del monstruo de la Tierra.
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Su relato entrelaza la memoria nahua, los conocimientos astronómicos europeos y la interpretación cristiana. Indígenas y españoles se encerraron en sus casas; muchas personas lloraron y acudieron a los templos. La expresión tonatiuh qualo continuó nombrando el fenómeno y conservó una antigua manera de comprender la relación entre el cielo y la historia humana.

Los testimonios sobre los eclipses revelan la profundidad del pensamiento mesoamericano: estos fenómenos se observaban, se calculaban y se interpretaban como presagios cuyos posibles efectos podían contrarrestarse mediante acciones rituales. Cuando el Sol era “comido”, la oscuridad señalaba un momento de fragilidad y transformación en la continuidad del mundo.


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Francisco Javier Sánchez Tornero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Cuando el Sol era comido: eclipses y ciclos del mundo en Mesoamérica – https://theconversation.com/cuando-el-sol-era-comido-eclipses-y-ciclos-del-mundo-en-mesoamerica-289409

¿Por qué ha sido tan destructivo el terremoto de Colombia?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ryan Hoult, Senior Lecturer, Structural and Earthquake Engineering, University of Newcastle

Los habitantes y las autoridades de Colombia han puesto en marcha una operación masiva de búsqueda y rescate para localizar a los supervivientes de un potente terremoto que sacudió las cercanías de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y que ha causado graves daños en las ciudades de Cali, Manizales y Pereira.

Ya se han confirmado 132 fallecidos, cifra que se prevé que aumente significativamente en las próximas horas y días. Según los informes, miles de viviendas se han derrumbado o han sufrido daños.

El Servicio Geológico de Estados Unidos ha indicado que el terremoto, de magnitud 7,4, se produjo principalmente debido a una falla de desplazamiento lateral a una profundidad de aproximadamente 110 kilómetros. En términos sencillos, un terremoto de desplazamiento lateral se produce cuando dos bloques de la corteza terrestre se deslizan horizontalmente uno sobre otro, en lugar de moverse hacia arriba o hacia abajo.

Esto ocurre apenas un mes después de los terremotos en Venezuela, que podrían haber destruido o dañado más de 58 000 edificios y se cobraron la vida de miles de personas.

Es demasiado pronto para saber si el terremoto de Colombia está relacionado con el de Venezuela. Sin embargo, existen algunas pruebas procedentes de Australia de que las fallas sísmicas cercanas pueden “comunicarse” entre sí. Un deslizamiento sísmico en una falla puede, en la práctica, transferir la tensión a otra falla cercana, provocando un terremoto.

Llevo años realizando ensayos experimentales con estructuras de hormigón armado, algunas diseñadas específicamente según las prácticas constructivas colombianas. Mi investigación sugiere que no debería sorprendernos que tantos edificios se derrumbaran en esta catástrofe, y también que deberíamos preocuparnos por las muchas otras regiones del mundo donde se aplican prácticas similares.

Prácticas de construcción en Colombia

En los edificios, las losas, las vigas y los pilares proporcionan resistencia a las cargas gravitatorias. Sin embargo, se necesitan muros de hormigón armado para resistir las cargas laterales del viento y, en casos excepcionales pero extremos, de los terremotos.

Pero en Colombia muchos edificios tienen muros de hormigón delgados, normalmente de entre 7 y 10 centímetros de espesor. Solo cuentan con una única capa de armadura de acero –por lo general, malla de alambre electrosoldada–, que es muy frágil y se rompe rápidamente.

El escaso espesor de los muros también implica que el “confinamiento” –consistente en colocar aros de acero en los bordes de un muro para ayudar a evitar el aplastamiento del hormigón– es prácticamente imposible de aplicar durante la construcción. Tampoco es un requisito de las normas de construcción.

Pruebas en edificios colombianos

Junto con colegas de tres universidades colombianas, realicé pruebas a escala real en el Laboratorio de Ingeniería Sísmica y Dinámica Estructural de la Escuela Federal de Tecnología de Lausana (Suiza), en muros de hormigón construidos según las prácticas habituales de la construcción colombiana. Queríamos averiguar cómo se comportan estos muros cuando se ven sacudidos de la misma forma en que un terremoto sacude un edificio.

Los resultados eran preocupantes incluso antes del terremoto del lunes.

Cuando un seísmo sacude un edificio, lo ideal es que se formen muchas pequeñas grietas en la base de un muro armado con acero. Esto distribuye la tensión.

Empieza el día con noticias basadas en datos contrastados.

Si se forma una única grieta grande debido a la escasa cantidad de acero, la tensión se concentra. Esto provoca que las barras de refuerzo se rompan y que el muro ceda.

Pero los muros de estos edificios son tan delgados que, aunque hubiera suficiente refuerzo de acero, seguirían siendo propensos a fallar durante un terremoto. Nuestras pruebas experimentales demostraron que esos muros simplemente no tienen la resistencia suficiente para soportar sacudidas sísmicas importantes.

Por desgracia, esto no parece ser una elección de diseño poco común o aislada: es una práctica habitual en toda la región latinoamericana.

Una encuesta de 2018 realizada en nueve edificios de Cali, una de las ciudades afectadas por el terremoto del lunes, reveló que el 90 % tenía muros con una sola capa de armadura, y que el 30 % contaba con muros de 100 mm de espesor o menos.

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Ryan Hoult no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué ha sido tan destructivo el terremoto de Colombia? – https://theconversation.com/por-que-ha-sido-tan-destructivo-el-terremoto-de-colombia-289532

¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Madalin Marian Deliu Dumitru, Docente en la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Católica de Ávila; Universidad de Salamanca

Octavian Lazar/Shutterstock

La especie humana ha creado herramientas para resolver problemas desde tiempos inmemoriales. Pero el ritmo de los avances se vuelve cada vez más vertiginoso. En menos de 100 años hemos pasado de la calculadora electrónica de mano a la inteligencia artificial generativa. Usamos tanto estas herramientas que casi se han convertido en una extensión del ser humano.

Pensémoslo: ¿sabríamos calcular la raíz cuadrada de 2209 o improvisar un cuento para niños? Si el primer impulso es preguntarle a la IA, es porque nuestra mente intenta aligerar su carga externalizando recursos. En realidad, este fenómeno ya fue descrito por la literatura científica de los últimos 30 años como delegación cognitiva, memoria externa o mente extendida.

Sin embargo, muchos científicos, expertos del ámbito clínico y educadores están cada vez más preocupados sobre cómo la IA impactará a largo plazo.

El estudio del MIT

Para averiguar de qué manera nos afecta cognitivamente el uso de herramientas como la inteligencia artificial, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) estudiaron qué ocurre en el cerebro al usar la IA para redactar. Durante tres sesiones, midieron la actividad cerebral de 54 jóvenes y puntuaron la calidad de sus textos. Un tercio de ellos se ayudaron de ChatGPT, otro de Google y el resto solo contó con su cerebro.

Quienes usaron ChatGPT rindieron peor que el resto a nivel neuronal, lingüístico y en la calidad de sus textos. Además, recordaban peor y se sentían menos conectados a las ideas escritas.

Así, plantearon que depender repetidamente de ChatGPT reemplaza el esfuerzo cognitivo para el pensamiento independiente. Esto podría generar una acumulación de lo que llamaron “deuda cognitiva”, con costes cerebrales a largo plazo.




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Limitaciones y viralización de los resultados

Aunque algunas voces señalaron las limitaciones del estudio, múltiples medios de comunicación sugirieron a partir de estos resultados que usar la IA genera inevitablemente una deuda cognitiva. Esto es, una pérdida progresiva de capacidades mentales no visible a corto plazo.

Pero esa repercusión no se ha visto reflejada en trabajos empíricos: la evidencia brilla por su ausencia. La mayoría de los artículos científicos que se publican siguen siendo teóricos, o incluso prescriptivos, aconsejando cómo prevenir los efectos cerebrales del uso continuado de la IA. Los resultados en este campo aún son limitados y preliminares.

¿Por qué recurrimos a la IA?

En cambio, podemos analizar el impacto de la IA en la salud cerebral desde otro prisma. Hace una década, los investigadores Evan Risko y Sam Gilbert desarrollaron un modelo cognitivo para explicar por qué usamos sistemas externos antes que nuestro propio cerebro. En otras palabras, ayudaron a explicar qué procesos mentales seguimos cuando, por ejemplo, decidimos buscar algo en Google o preguntárselo a la inteligencia artificial.

Estos expertos plantearon que el impacto cognitivo depende de los objetivos que perseguimos al utilizar estos sistemas. Así, podemos recurrir a ellos para evitar esforzarnos cognitivamente o porque creemos que mejorarán nuestro rendimiento.

Árbol de autorreflexión sobre los posibles efectos cognitivos de delegar en la IA generativa al realizar una tarea educativa o laboral. Los resultados representan posibilidades teóricas y no efectos inevitables ni diagnósticos sobre la competencia cognitiva.
Elaboración propia a partir del modelo metacognitivo de delegación cognitiva de Risko y Gilbert (2016) y la evidencia preliminar sobre el uso de IA generativa.

Por ejemplo, podemos pedir a ChatGPT que escriba una redacción porque no nos vemos capaces. O bien porque queremos contrastar ideas y buscar nuevas perspectivas que potencien nuestro escrito. Por tanto, para comprender las consecuencias cerebrales de la delegación cognitiva será esencial preguntarse primero por qué delegamos. Este es un aspecto que el estudio del MIT no exploró en absoluto.

Recursos cognitivos ahorrados

Más allá de por qué usamos ChatGPT, importa saber qué hacemos con los recursos “ahorrados”. Es decir, si nos ha costado menos tiempo o esfuerzo terminar una tarea cognitiva (un resumen, una redacción, un esquema, una idea)… ¿qué hacemos con el tiempo y la energía que hemos ahorrado? ¿Simplemente nos dedicamos a la deriva mental? ¿O los destinamos a nuevos aprendizajes?

Estudios sobre el uso de Google indican que, cuando lo usamos para potenciar otros aprendizajes, como dónde localizar la información útil, nuestra habilidad en la tarea puede mejorar. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: usarla de manera deliberada para potenciar el entrenamiento cognitivo, o para dialogar sobre conceptos en lugar de simplemente pedir la respuesta a una tarea, puede mejorar nuestro aprendizaje estratégico.




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El propio estudio del MIT que comentábamos al principio del artículo ofrece evidencia al respecto: los autores invitaron a sus participantes a una cuarta sesión donde los que habían usado ChatGPT ya no podrían hacerlo. En cambio, los que usaron Google o su propio cerebro ahora tenían acceso a la IA. Los primeros siguieron mostrando menor actividad cerebral y rendimiento, mientras que los segundos aumentaron en ambos resultados. Esto indica que usar la IA podría tener beneficios en ciertos escenarios (por ejemplo, cuando integramos nuestras ideas con las sugerencias de ChatGPT), potenciando procesos mentales como la atención y la memoria.

Por esta razón es tan importante, especialmente en el contexto educativo, definir con cuidado qué tareas podrían automatizarse con ayuda de la IA y qué otras más significativas podrían reforzarse con el tiempo y esfuerzo liberados.

No todo es deuda cognitiva

En definitiva, la deuda cognitiva que puede generar el uso continuado de IA es una realidad posible pero aún incierta. El estudio del MIT es prometedor y abre la puerta a un mundo todavía desconocido. Sin embargo, aún estamos lejos de saber cómo la IA afecta a las capacidades mentales a largo plazo.

La citada investigación inició una oleada de conclusiones catastróficas sobre la deuda cognitiva, pero no definió qué formas de uso pueden ser perjudiciales y cuáles, incluso, beneficiosas. Observar cómo y para qué usamos estas herramientas (como puede verse en el árbol de autorreflexión que acompaña a este artículo), ayuda a diseccionar tales condicionantes antes de caer en interpretaciones apocalípticas.

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Patricia Alzola Bordón recibe fondos de Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Ref: FPU22/02012).

Madalin Marian Deliu Dumitru no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Usar ChatGPT perjudica al cerebro? Lo que sabemos, y lo que no, sobre la ‘deuda cognitiva’ – https://theconversation.com/usar-chatgpt-perjudica-al-cerebro-lo-que-sabemos-y-lo-que-no-sobre-la-deuda-cognitiva-287613

Eclipses a la luz de la razón

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gema Hebrero Domínguez, Doctora en historia de la ciencia, física y astrofísica. Profesora Fisicoquímica, Ciencias Experimentales y Didáctica de las Ciencias, Universidad Camilo José Cela

Un filósofo dando una lección sobre el planetario (1766), del pintor inglés Joseph Wright, refleja la idea ilustrada de un universo regido por leyes matemáticas. Se exhibe en el Derby Museum and Art Gallery (Inglaterra). Wikimedia commons, CC BY

José Miguel de Sarasa mira al cielo con preocupación. Las nubes amenazan con impedir la observación del fenómeno celeste previsto para ese día. El profesor de Astronomía Teórica del Real Observatorio de Madrid ha planificado todo minuciosamente junto a José Ramón de Ibarra, encargado desde 1805 del departamento del gran telescopio de Herschel.

Vista del conjunto del Observatorio Astronómico de Madrid hacia 1847.
Francisco Javier Parcerisa. Museo de Historia de Madrid., CC BY

Para sus cálculos ha utilizado las tablas matemáticas elaboradas por el astrónomo austriaco Johann Tobias Bürg y las del francés Jean-Baptiste Joseph Delambre, de las mejores de su época. Sin duda, la elevación del Observatorio respecto a los terrenos circundantes del Paseo del Prado y del Buen Retiro en Madrid facilitará la contemplación minuciosa del evento.

Sin embargo, ese 16 de junio de 1806 la meteorología parece ensombrecer la observación de una de las efemérides más admiradas –y en ocasiones temidas– por la humanidad: un eclipse, en este caso parcial, de Sol.

La razón mira al cielo

Contemplados con miedo y fascinación desde tiempos remotos, los eclipses, tanto de Sol como de Luna, totales o parciales, figuraban también entre los acontecimientos astronómicos que mayor asombro despertaban en el periodo ilustrado. Sin embargo, al igual que ocurría con otros eventos como los tránsitos de Venus, en este tiempo comenzaron a resignificarse a la luz de las ideas ilustradas de razón y utilidad.

En esta línea de pensamiento, los eclipses tenían una explicación que se sustentaba en las nuevas teorías newtonianas, la mecánica celeste y el cálculo infinitesimal. Era una de las pruebas de que las ideas vislumbradas por Galileo y consolidadas por Newton, Laplace y Lagrange describían el movimiento de los astros como si de una máquina bien engrasada se tratara.

A lo largo del siglo XVIII, la mecánica encontró su hogar en el firmamento y su principal apoyo en la astronomía observacional: los datos obtenidos durante los eclipses servían para confirmar con éxito lo predicho por la mecánica celeste.

Eclipses en la prensa ilustrada

Los eclipses, lejos de ser un asunto exclusivo de los astrónomos, también formaron parte del discurso público dieciochesco, en un tiempo en el que la ciencia comenzaba a abrirse a la población. Sin embargo, al igual que otras ideas ilustradas, circularon en espacios y comunidades muy diferentes que convivieron, unas veces en tensión, otras armoniosamente, con antiguas creencias aún en vigor.

La prensa periódica especializada, dirigida a una élite interesada y culta, defendía ideas como la razón, el progreso y la educación, y acercaba a sus lectores los últimos avances científicos y los descubrimientos astronómicos más significativos.

Europa lleva la ciencia a la sociedad

Un ejemplo de este tipo de prensa lo encontramos en Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa. Entre 1787 y 1791, sus páginas reflejaron una selección de noticias y novedades científicas y culturales con la intención de acercar al público las ideas que circulaban por el continente europeo.

El ejemplar del [16 de junio de 1788] se hizo eco de la observación de un eclipse parcial de Sol realizada por el ingeniero Antonio Guilleman junto a su hijo Fernando en presencia del entonces príncipe Carlos, quien en pocos meses reinaría como Carlos IV, junto a su esposa y el infante don Gabriel. Sin duda, se trataba de una muestra del interés que este tipo de acontecimientos suscitaba en las élites ilustradas incluyendo a la propia familia real.

La observación fue realizada mediante la proyección de la imagen del Sol en una superficie. Guilleman utilizó dos tipos de mapas y un reloj de gran calidad –prestado por el príncipe Carlos– con el fin de medir el tiempo de las diferentes fases del eclipse con mayor precisión. De esta manera, pudo comparar los datos obtenidos observacionalmente con los teóricos reflejados en los mapas.

Astronomía en la plaza pública: almanaques y calendarios

Frente a este tipo de publicaciones, los almanaques y calendarios de la época reflejaban contenidos astronómicos junto a otros relacionados con la cultura popular o la astrología. Auténticos best-sellers de su tiempo, eran baratos y muy accesibles para todo tipo de públicos, y solían leerse en voz alta en plazas y cafés para llegar así a una población que, dada la alta tasa de analfabetismo, apenas sabía leer y escribir.

Uno de los autores de almanaques más famoso del Setecientos fue el salmantino Diego de Torres Villarroel, quien supo combinar en un mismo producto información, entretenimiento y literatura. Entre sus pronósticos más célebres destaca el dedicado al eclipse del 13 de junio de 1760, en el que combinaba datos astronómicos con predicciones de índole astrológica. En él anunciaba que el eclipse provocaría todo tipo de calamidades, como tempestades y granizadas violentas que producirían grandes pérdidas en las cosechas y el ganado. También las personas sufrirían sus efectos, manifestándose un aumento de múltiples dolencias y enfermedades, como hidropesía, fiebres, anginas, disentería, epilepsia o melancolía.

Este pronóstico ya suscitó una gran controversia en su época, siendo objeto de crítica e intenso debate, lo que reflejaba las tensiones que aún pervivían entre las nuevas ideas astronómicas y las más tradicionales basadas en la astrología.

Razón y tradición se unen

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, el Real Observatorio de Madrid también contribuyó a la circulación de los saberes astronómicos a través de periódicos y diversas publicaciones.

José Miguel de Sarasa pudo observar finalmente el eclipse parcial de Sol del 16 de junio de 1806 a pesar de las dificultades meteorológicas y lo difundió en los dos periódicos oficiales de la época: la Gazeta de Madrid y el Mercurio de España.

Ya con anterioridad, José Chaix, miembro también de la misma institución y uno de los mejores astrónomos de su tiempo, había publicado en los Anales de Ciencias Naturales de 1801 los datos de la observación, con un telescopio de 50 aumentos, del eclipse lunar del 2 de octubre de 1800.

Por otra parte, desde 1795, el [Estado encargó al Observatorio la elaboración del Calendario]. En un intento de llegar a un público más amplio, estos calendarios supieron combinar datos astronómicos y científicos –como las fases de la Luna, el movimiento de los planetas o los eclipses lunares y solares– con informaciones prácticas sobre costumbres y creencias populares, incluidos los días de misa obligada, ayuno, festivo y témporas. Esta mezcla de ciencia y tradición hacía que fueran más cercanos y comprensibles para un público más diverso y no necesariamente experto, constituyéndose como un puente entre la cultura popular y la ciencia.

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Gema Hebrero Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Eclipses a la luz de la razón – https://theconversation.com/eclipses-a-la-luz-de-la-razon-277099

Llegó el día de sentir el eclipse: ciencia y experiencia en la bahía de Santander

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Coz Fernández, Director de área de Comunicación Científica, Universidad de Cantabria

Preparativos para el eclipse en la bahía de Santander

Hay acontecimientos que creemos comprender mucho antes de vivirlos y, sin embargo, cuando llegan, consiguen sorprendernos como si los viéramos por primera vez. Podemos calcularlo con una precisión extraordinaria, conocer de antemano cada una de sus fases y explicar perfectamente por qué ocurre. Pero cuando la luz empieza a desaparecer en pleno día, el cuerpo reacciona antes que la razón. Cambia la temperatura, el ambiente se vuelve extraño, el paisaje sonoro se modifica. Durante unos segundos, la experiencia es directa, casi primitiva. No necesitamos comprender la mecánica celeste para sentir el asombro.

Precisamente por eso, el 12 de agosto de 2026, la bahía de Santander será uno de los lugares privilegiados para vivir esa experiencia. Contemplarla desde el mar puede convertir ese momento en un recuerdo difícil de olvidar. El Sol se encontrará muy bajo sobre el horizonte, creando un escenario poco habitual y especialmente espectacular.

La ciencia del eclipse

Sin embargo, el eclipse no es una experiencia completamente inmediata. Sabemos que es el resultado de una alineación precisa entre el Sol, la Luna y la Tierra. Un eclipse total se produce cuando la Luna se interpone exactamente entre ambos astros y llega a cubrir por completo el disco solar. Entonces se hacen visibles estructuras que normalmente permanecen ocultas por el intenso brillo de la fotosfera: fenómenos fugaces como las perlas de Baily o el llamado anillo de diamante y la corona solar.

Esa precisión geométrica permite saber con exactitud dónde será visible la totalidad y anticipar cada una de sus fases casi al segundo. Según el Instituto Geográfico Nacional, el eclipse parcial comenzará a las 19:31:17 (hora oficial), la totalidad empezará a las 20:26:52, alcanzará su máximo apenas 31 segundos después y terminará a las 20:27:55. El parcial se cerrará a las 21:20:03.

El clímax llegará bajo, muy bajo, y la totalidad apenas superará el minuto. En el máximo, el Sol estará a unos 9 grados sobre el horizonte, hacia el oeste-noroeste. No ocurrirá en lo alto del cielo, sino cerca de la línea del mar. Si extiende el brazo y coloca la palma de su mano frente a la cara, su altura equivale aproximadamente a esos 9 grados. Si el dedo meñique coincide con el horizonte, el Sol quedará aproximadamente sobre el índice.

No veremos simplemente un Sol oscurecido, sino una de sus capas más esquivas: la corona, la atmósfera externa solar, normalmente oculta por el intenso resplandor de la fotosfera. Las estructuras que observamos en ella están modeladas por los intensos campos magnéticos del Sol, que dan forma a un plasma de millones de grados. Su aspecto tampoco es siempre el mismo, sino que varía con el ciclo de actividad solar, de modo que ningún eclipse muestra una corona idéntica a otra. Durante apenas un minuto, el brillo de la fotosfera dejará de ocultarla por completo y podremos contemplarla a simple vista.

La luz cambiará de cualidad, la temperatura podrá descender ligeramente y el paisaje adquirirá una extrañeza que no es solo visual, sino también corporal. Aunque la totalidad constituye el momento culminante, el oscurecimiento progresivo del Sol durante casi una hora forma también parte del espectáculo.

Precisamente porque ese resplandor permanece visible durante todas las fases en las que el Sol no está completamente cubierto, el eclipse también exige precaución. Solo es seguro observar el Sol con filtros o gafas homologadas mientras permanezca visible cualquier parte de su superficie brillante.

La mediación simbólica

¿Por qué, entonces, un fenómeno cuya explicación conocemos tan bien sigue produciendo una emoción tan intensa?

La respuesta puede encontrarse en lo que se denomina mediación simbólica. Es el proceso por el cual la experiencia no se produce de forma inmediata, sino a través de sistemas de símbolos –como el lenguaje, las imágenes, las normas o las narrativas– que organizan y dan sentido a lo que vivimos.

Contemplar un eclipse nunca está completamente libre de esa mediación. Llegamos sabiendo cuándo ocurrirá, por qué sucede y qué veremos. Nuestra experiencia está atravesada por la ciencia, las previsiones y las expectativas culturales. Sabemos demasiado para enfrentarnos al fenómeno como si fuera la primera vez.

Pero durante la totalidad ocurre algo interesante. La explicación no desaparece, aunque deja de ocupar el primer plano. Durante unos segundos, el cuerpo recupera el protagonismo y la experiencia precede a la interpretación.

El símbolo y el mar

Quizá por eso el mar sea uno de los lugares privilegiados para asistir a un eclipse total. Frente al horizonte abierto, la densidad simbólica del mundo parece disminuir. No hay fachadas ni pantallas que fragmenten la mirada. Solo la línea entre el mar y el cielo, el ritmo constante de las olas y, por supuesto, las gafas homologadas.

El mar no elimina la mediación simbólica –seguimos sabiendo que asistimos a un fenómeno perfectamente calculado–, pero modifica nuestra disposición. Nos sitúa en una escala más corporal que conceptual. La experiencia se ensancha y el lenguaje tarda un poco más en alcanzarla.

Antes de comprender, sentimos

Algo parecido sucede en la danza y el teatro físico. Estas disciplinas conmueven porque activan mecanismos primarios de percepción y empatía corporal. Antes de comprender, sentimos. Antes de interpretar, el cuerpo responde. El movimiento y el ritmo no necesitan traducirse en palabras para producir un efecto.

En la danza y el teatro físico existe un menor grado de mediación simbólica. La experiencia del espectador descansa en la percepción sensorial y en la resonancia corporal. No es que carezcan de significado, sino que este no pasa necesariamente por la narración ni por el lenguaje articulado. Como señala María Carolina Escudero, la necesidad de lenguaje aparece sobre todo cuando intentamos traducir aquello que ya sabemos por experiencia.

El teatro más narrativo incrementa ese grado de mediación. La emoción se canaliza mediante personajes, tramas y palabras. El espectador ya no solo percibe: interpreta, reconstruye una historia y descifra metáforas.

Con el eclipse ocurre algo similar. Nunca dejamos de saber qué estamos viendo, pero durante ese breve minuto la explicación retrocede. La luz cambia sobre el agua, las sombras se vuelven extrañas, el horizonte se oscurece lentamente y el cuerpo percibe la alteración antes de que el pensamiento la convierta en relato. Quizá esa sea la auténtica singularidad de un eclipse total: que, incluso en una época en la que podemos calcularlo todo, todavía consigue que, durante unos instantes, el cuerpo siga adelantándose a la razón.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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El espejismo del hidrógeno verde: por qué la obsesión por el color oculta una transición injusta

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Silvia María Puerta Moreno, Profesora Sustituta en Ingeniería Química y Ambiental, Universidad de Sevilla

Piyaset/Shutterstock

En la actual carrera global hacia la descarbonización, el hidrógeno se ha posicionado para muchos como el “santo grial” energético, capaz de “limpiar” industrias pesadas y sectores difíciles de electrificar. Sin embargo, bajo este entusiasmo tecnológico, subyace un problema de decisión crítico: la simplificación del debate mediante una paleta de colores. Mientras gobiernos y empresas se obsesionan con el “hidrógeno verde” (producido a partir de energía renovable) o el “azul” (obtenido a partir de combustibles fósiles, pero cuyas emisiones de CO₂ se almacenan), ignoramos una realidad técnica y social mucho más profunda.

Esta clasificación cromática es eficaz como herramienta de marketing. Pero resulta insuficiente para reflejar lo que realmente implica la sostenibilidad. Alcanzar la “descarbonización total” exige ir más allá de la narrativa del color y adoptar marcos de evaluación que integren dimensiones económicas, ambientales y, de manera urgente, sociales.

La etiqueta “verde” no garantiza que un proyecto sea justo, viable localmente o eficiente en términos de recursos. Sin un acuerdo sobre los criterios de evaluación, la política energética corre el riesgo de construir infraestructuras sobre bases metodológicas frágiles, donde un análisis incompleto oculte consecuencias inaceptables para las comunidades.

Más allá de la eficiencia técnica en la producción

La magnitud del reto es considerable. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), para cumplir los objetivos climáticos en 2050, la demanda de hidrógeno de bajas emisiones deberá cuadruplicar la demanda de hidrógeno fósil registrada en 2022. Esta transición no es solo un ajuste técnico. Es también un motor fundamental para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente para la innovación en infraestructuras (ODS 9) y la generación de empleo digno (ODS 8).

Sin embargo, la solución óptima no es universal. Elegir una vía de producción que reduzca las emisiones es un problema complejo en el que la geografía condiciona la viabilidad. Cada país considera en sus estrategias diferentes rutas de generación, tanto con fuentes renovables como usando fuentes fósiles con captura de carbono.

Existen diferencias estratégicas entre regiones. La Unión Europea apuesta por el hidrógeno renovable. En Canadá, tienen la red eléctrica relativamente descarbonizada, por lo que proponen usarla como fuente de electricidad para la electrolisis (ruptura de la molécula de agua para producir hidrógeno). En Australia, apuestan por aprovechar su potencial solar, de forma que dan prioridad a producir el hidrógeno con electrolisis usando electricidad procedente de energía solar. En Japón, se plantean la importación de hidrógeno bajo en carbono, debido a sus limitaciones en cuanto a recursos para producirlo.

Esta diversidad demuestra que elegir una ruta no depende solo de la eficiencia técnica de cada proceso. Entran en juego otros factores como el impacto sobre el agua potable (ODS 6) en zonas de escasez hídrica o el acceso asequible a la energía (ODS 7).




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El factor humano

La solidez de un marco de decisión no reside solo en el resultado, sino en su capacidad de valorar de forma equilibrada todas las dimensiones de la sostenibilidad. Aquí aparece un fallo estructural: la dimensión social está muy poco representada.

Mientras que indicadores como el coste nivelado del hidrógeno (LCOH, el coste de producción de 1 kg de hidrógeno, considerando los costes de inversión y de operación de las tecnologías empleadas) o el potencial de calentamiento global (GWP, que mide el impacto de un producto sobre el efecto invernadero) disponen de métricas consolidadas, los factores sociales se tratan como elementos secundarios y cualitativos.

Esta carencia genera un desequilibrio en el análisis. Factores críticos como la pobreza energética, los derechos humanos y laborales en la cadena de suministro y la participación económica de los actores locales, suelen quedar en segundo plano.

Además, la propia forma de elegir los indicadores condiciona el resultado. Si a un único indicador económico se le da mucho peso frente a varios indicadores sociales, pequeñas variaciones en costes pueden eclipsar un desempeño social sobresaliente.

El sesgo hacia la dimensión económica acaba siendo estructural. Esto explica por qué proyectos técnicamente sólidos encuentran un fuerte rechazo social: se diseñaron sin tener en cuenta adecuadamente la salud de las personas, el impacto en el territorio o la participación de la comunidad desde el principio.




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Hacia una transparencia total

La ciencia aplicada a la toma de decisiones reconoce hoy sus propios límites. Muchos estudios actuales dependen en exceso de la opinión de expertos, lo que introduce una subjetividad inevitable. Para manejar esta incertidumbre, se emplean herramientas matemáticas que permiten reflejar la ambigüedad y la falta de consenso en las opiniones humanas. Algunas de estas herramientas son la “lógica difusa” (fuzzy logic) o los “conjuntos neutrosóficos”.

Sin embargo, el futuro exige mayor rigor y estandarización. Indicadores como el consumo de agua en zonas de escasez o el riesgo para la salud humana deben calcularse con metodologías transparentes y verificables. La falta de detalle en los datos dificulta las comparaciones globales. Una transición justa requiere una ciencia que la sociedad pueda auditar y comprender.

El hidrógeno como motor de una transición justa

El éxito de la economía del hidrógeno no se medirá por la capacidad instalada. Se medirá por nuestra capacidad para implementar marcos de decisión transparentes, inclusivos y metodológicamente honestos. Este éxito, en última instancia, no será tecnológico, sino metodológico.

Para los responsables de políticas, la recomendación es clara: deben abandonar la visión de “solución única para todos” y exigir marcos de evaluación que equilibren las dimensiones económicas, ambientales, técnicas y sociales. Armonizar los criterios es el único camino para asegurar que el hidrógeno sea, verdaderamente, un pilar de la sostenibilidad global. Solo con un marco de decisión robusto que incluya al factor humano podremos garantizar que esta revolución energética sea, además de limpia, justa.

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Silvia María Puerta Moreno ha recibido fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades con el proyecto GH2T (PID2020-114725RA-I00 MCIN /AEI/ 10.13039/50110 0 011033). Además, ha recibido una ayuda FPU del Gobierno de España (FPU22/00366).

ref. El espejismo del hidrógeno verde: por qué la obsesión por el color oculta una transición injusta – https://theconversation.com/el-espejismo-del-hidrogeno-verde-por-que-la-obsesion-por-el-color-oculta-una-transicion-injusta-284519