Del objeto al significado: el nuevo poder cultural de las marcas más conocidas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Herencia, Director Máster en Branding. Profesor en grado de Publicidad y Branding., UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Los Starbucks cambiaron la experiencia de ir a tomar un café. Happycreator/Shutterstock

Starbucks redefinió el café como “el tercer espacio”. El producto –un café de mayor calidad que el del bar tradicional– servido en un entorno cómodo donde se puede pasar un largo tiempo de calidad tras la vivienda y el trabajo. El impacto cultural no se debió a la marca, sino a una propuesta de producto y experiencia que fue revolucionaria en su momento. Además, junto a Nespresso, contribuyó al inicio de la nueva cultura del café de calidad que ha evolucionado mucho después y dejando atrás a estas referencias.

Desde que existe el comercio, las empresas productoras han visto el mercado como una competencia técnica. Ganaba quien hacía el mejor producto: más confiable, más innovador, más eficiente o más barato. Automoción, ropa, alimentación, la batalla se libraba en la fábrica. El producto era el centro del pensamiento empresarial.

Sin embargo, el enorme desarrollo del mercado y la estandarización de la producción y del gusto han modificado esa lógica. Los productos se han vuelto tan parecidos que es difícil distinguirlos: los vehículos de gama media son intercambiables entre marcas, los teléfonos móviles son casi idénticos, la moda usa patrones clonados y el sabor de los refrescos no es el factor de decisión.

En este entorno donde todo se parece, la diferencia ya no está en lo que el producto es, sino en lo que significa cuando lo elegimos. Esto es lo que hace la marca, son las dos caras de una misma moneda: el producto satisface una necesidad; la marca le da un significado.

La visión tradicional habla de cómo el análisis de la cultura social acaba por crear nuevas propuestas de consumo o experiencias diarias, o al menos que la interacción y retroalimentación entre ambos lados es lo que hace evolucionar este ecosistema social. Pero ahora vamos a analizar cómo también puede ser en el orden opuesto.

Las nuevas dinámicas del mercado han traído una consecuencia más profunda: los productos y las marcas pueden estar moldeando la cultura social contemporánea, modificando nuestros hábitos, nuestros imaginarios, nuestra forma de relacionarnos e incluso nuestros valores. Existen dos perspectivas de esto: cuando es el producto el que influye en la cultura y cuando lo hace la marca.

Cuando el producto modifica las costumbres

A veces, no es la marca, sino el producto en sí –el objeto físico, el servicio o la institución– lo que modifica comportamientos y costumbres. Su influencia no depende de una narrativa, sino de la innovación o del diseño que aporta a la vida diaria:

  • Airbnb no transformó el turismo con una marca atractiva, sino ofreciendo un producto y narrativa radicalmente distintos: la posibilidad de “vivir en una ciudad por unos días”. Esto cambió nuestros hábitos de viaje, la relación con las ciudades, la economía de alquileres e incluso las normativas urbanas.

  • BlablaCar permite una nueva forma de desplazarse que no solo es lowcost, sino que además llega donde los servicios de transporte no lo hacen, entre pequeñas ciudades que exigirían una intermodalidad inexistente. Por otro lado, el propio nombre hace referencia a otro de los beneficios: conocer gente y hacer un viaje entretenido.

  • Netflix, Spotify, Amazon y Deliveroo/Glovo trajeron una forma nueva de tener todos los contenidos y productos disponibles en cualquier lugar y dispositivo, y así cumplir con una necesidad de inmediatez, independencia y libertad deseada por los consumidores. Además, modificaron la propia industria de creación del entretenimiento.

En estos ejemplos el producto funcionó como una innovación cultural. No vendían solo una historia; introdujeron una nueva forma de vivir que la marca, en paralelo, se encargó de potenciar.

Del pollo en Navidad a las chanclas brasileñas

En otras ocasiones, no es una innovación funcional lo que transforma la sociedad, sino una postura cultural explícita. La marca, no el producto, genera debates, modifica percepciones y desplaza normas sociales. Los ejemplos más claros proceden de marcas con un propósito activista.

En una época de poca conciencia social por parte de las marcas, Benetton, con las imágenes provocadoras de Oliviero Toscani, convirtió la publicidad en una plataforma global para temáticas sociales difíciles: racismo, VIH y mezcla de culturas/religiones.

La narrativa sobre la idea y el origen de las costumbres de la Navidad actual tiene muchas versiones relacionadas con marcas comerciales. Más desconocida es la historia de cómo llegó a Japón, a mediados de los años 70, la idea de que, para sustituir el típico pavo de la cultura anglo, en Nochebuena se comiera pollo de KFC. La idea cuajó de tal manera que aún sigue siendo un ritual social para gran parte de la población de cualquier religión, no solo de la católica.

  • Dove no cambió el jabón, cambió la conversación sobre la belleza. Con su campaña por la belleza real introdujo narrativas que ampliaron los cánones fuera de la belleza normativa. Fue la marca, no la fórmula del producto, la que abrió el diálogo público y generó impacto cultural.

  • The Body Shop hizo del activismo su seña de identidad, al menos antes de ser comprada por L’Oreal. No vendía productos de belleza, promovía una visión de la sociedad. Sus campañas contra las pruebas en animales y a favor del comercio justo generaron presión política, impulsaron cambios regulatorios y fomentaron una cultura de consumo más ética.

  • Patagonia llevó el propósito ambiental a un nivel casi político. La campaña “No compres esta chaqueta” no promocionaba un producto, cuestionaba el consumismo a través de hacer productos de alta calidad y larga vida. Sus acciones impulsaron a competidores y otras muchas marcas a adoptar prácticas más sostenibles.

En todos estos ejemplos, la marca actúa como un poder fáctico. No innova en lo funcional, innova en la narrativa. Fueron las marcas, y no la idea de producto, las que impulsaron el cambio.

La marca de calzado Havaianas, como muchos otros, es un caso que podría atribuirse a ambos lados, porque aunque rescata el diseño de las populares chanclas, lo hace actualizando la experiencia de producto a través del rediseño, colores, texturas, etc. También con colaboraciones con diseñadores famosos y diseñando un espíritu de marca nuevo y muy atractivo. Especialmente en Brasil, Havaianas cambió el imaginario construido alrededor de la marca, redefinió la informalidad, democratizó el “glamour”, mostró cómo un objeto humilde puede convertirse en un símbolo, reescribiendo normas de estilo aspiracional de la moda.

Propósito social frente a lucro

Si una marca cambia la cultura, ¿lo hace por compromiso genuino o por estrategia comercial? ¿Puede una empresa actuar éticamente sin tener en cuenta los ingresos?

El propósito no es un eslogan, es una promesa de valor a la sociedad que guía cualquier decisión. Cuando el propósito es auténtico, se implementa y se respeta, puede dirigir la influencia cultural hacia resultados positivos. Cuando es superficial, deriva en lavado de imagen y por tanto, en posible pérdida de confianza.

¿Deben las marcas ejercer su poder cultural?

Las marcas ahora comparten estructuras culturales similares a la religión, la política o los deportes más populares. Generan significado, moldean identidades, crean rituales y construyen aspiraciones. Si una marca determina cómo nos vestimos, cómo viajamos o qué causas apoyamos, actúa como una institución social.

Si las marcas tienen el poder de cambiar la sociedad, ¿deberían ejercerlo?

La respuesta es compleja. Las marcas “comerciales” son entidades económicas, no ONG. Su objetivo principal es el lucro. Sin embargo, en un mundo donde los límites entre consumo y cultura se han difuminado y los consumidores buscan marcas con las que compartir valores, ignorar la responsabilidad social sería irresponsable. Cuando una marca puede desactivar estereotipos dañinos o promover narrativas positivas para la sociedad, no posicionarse es, en sí mismo, una elección deseable pero no criticable.

Si las marcas tienen tanto poder, entonces el asunto es que tomen conciencia de si tienen una visión del mundo y con qué compromiso van a desarrollar su misión. Cuando se moldea la cultura, no solo se construye un mercado, se construye el mundo.

The Conversation

Alberto Herencia no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Del objeto al significado: el nuevo poder cultural de las marcas más conocidas – https://theconversation.com/del-objeto-al-significado-el-nuevo-poder-cultural-de-las-marcas-mas-conocidas-271708

Cómo ha cambiado la bahía de Cádiz desde el siglo XVIII: lo que revela una carta náutica de 1789

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Bismarck Jigena Antelo, Profesor Titular de Unversidad, Area de Ciencias y Técnicas de la Navegación y Ciencias Marinas, Universidad de Cádiz

Carta náutica de la bahía de Cádiz (1798). Brigadier de la Real Armada Vicente Tofiño de San Miguel Director de las Academias de Guardias Marinas / Instituto Geográfico Nacional. , CC BY

Acostumbrados a consultar mapas digitales en el móvil o en el coche, puede parecer que los mapas antiguos ya no tienen utilidad práctica. A menudo, se consideran piezas de archivo, valiosas desde el punto de vista histórico, pero poco relevantes para el análisis científico actual. Sin embargo, esta percepción es engañosa. Algunos mapas históricos siguen siendo una fuente fundamental de información para entender cómo ha cambiado el territorio a lo largo del tiempo.

La carta náutica de Tofiño de 1789

Vicente de Tofiño de San Miguel, jefe de escuadra de la real Armada. Anónimo.
Wikimedia Commons.

Un buen ejemplo es la carta náutica de la bahía de Cádiz elaborada en 1789 por Vicente Tofiño de San Miguel. A pesar de haber sido realizada hace más de tres siglos, esta cartografía permite reconstruir con notable detalle la configuración del litoral en el siglo XVIII y compararla con la bahía que conocemos hoy.

Vicente Tofiño fue una figura clave de la Ilustración española. Marino y científico, dirigió el proyecto del Atlas Marítimo de España, concebido para mejorar la navegación y el conocimiento de las costas mediante observaciones sistemáticas. La carta de la bahía de Cádiz no fue un dibujo aproximado ni una representación artística, sino un documento técnico elaborado con los métodos más avanzados disponibles en su época.

Combinando la historia con las nuevas tecnologías

Trabajar hoy con este tipo de cartografía plantea, no obstante, algunas dificultades. El mapa de 1789 no incluye coordenadas geográficas modernas, ni especifica su proyección cartográfica. Además, su orientación difiere de la habitual en los mapas actuales. Durante mucho tiempo, estas limitaciones llevaron a considerar los mapas históricos como poco útiles para el análisis espacial riguroso.

Esta situación ha cambiado gracias al desarrollo de nuevas tecnologías. Actualmente, los mapas antiguos pueden integrarse con herramientas como los sistemas de información geográfica (GIS), el posicionamiento por satélite (GNSS), la teledetección y técnicas modernas de cartografía digital. Mediante procesos
de georreferenciación, es posible ajustar la cartografía histórica a los sistemas de referencia actuales, utilizando elementos del territorio que se mantienen reconocibles con el paso del tiempo.

Primera página del Atlas Marítimo de España, obra de Vicente Tofiño en el siglo XVIII.
Biblioteca Nacional de España.

El valor actual de la cartografía antigua

Un ejemplo concreto ayuda a entender el valor de este enfoque. Al superponer el mapa de 1789 con la cartografía actual, se observa que amplias zonas que hoy forman parte del frente urbano y portuario de la bahía eran entonces espacios intermareales o marismas.

La carta de Tofiño, ajustada utilizando metodologías de GNSS y GIS, utilizando 9 puntos de control y la técnica del ajuste elástico (rubbersheeting).
Bismarck Jigena Antelo et al.

En algunos sectores del interior de la bahía, la línea de costa histórica aparece desplazada varios cientos de metros respecto a la actual, lo que permite visualizar con claridad la magnitud de las transformaciones experimentadas por el litoral. Estos cambios no son solo historia: siguen influyendo en el comportamiento actual de la bahía.

Así, la comparación entre ambos momentos históricos pone de manifiesto transformaciones profundas en la bahía de Cádiz. La línea de costa ha sido modificada de forma significativa, especialmente en las áreas más urbanizadas. Zonas que en el siglo XVIII estaban poco alteradas muestran hoy una intensa ocupación y una morfología claramente distinta, fruto de la interacción entre procesos naturales y la acción humana.

Saber cómo era la bahía antes de las grandes obras ayuda a explicar por qué hoy algunas zonas son más vulnerables que otras.

Un testigo de cómo afectan los cambios a la costa

De esta manera, más allá de la simple descripción visual, el mapa de 1789 actúa como una referencia histórica que ayuda a contextualizar las transformaciones del litoral y a comprender mejor su evolución a lo largo de casi tres siglos. Disponer de esta perspectiva temporal amplia resulta especialmente valioso en un entorno costero tan dinámico y sensible como la bahía de Cádiz.

El interés de este enfoque no se limita a este caso concreto. La combinación de cartografía histórica y tecnologías actuales se está utilizando en numerosas zonas costeras para estudiar la evolución de la costa, los cambios en estuarios y puertos históricos y la transformación de frentes urbanos.

Cambios morfológicos en la línea de costa y áreas urbanas de la Bahía de Cádiz.
Bismarck Jigena Antelo et al.

A menudo, los mapas antiguos son la única fuente disponible para conocer el estado del territorio antes de las grandes intervenciones del siglo XX.

En un momento de creciente presión sobre las costas, mirar al pasado con herramientas del presente puede ser una de las mejores formas de tomar decisiones más informadas de cara al futuro.

Imagen satelital de la Bahía de Cádiz.
Google Earth Pro 2026.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Cómo ha cambiado la bahía de Cádiz desde el siglo XVIII: lo que revela una carta náutica de 1789 – https://theconversation.com/como-ha-cambiado-la-bahia-de-cadiz-desde-el-siglo-xviii-lo-que-revela-una-carta-nautica-de-1789-273491

El lado oscuro del glucógeno: lo que revela la enfermedad de Lafora

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pascual Sanz, Chair professor, Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV – CSIC)

shutterstock

Algunas veces ocurre que durante la infancia, o en la adolescencia temprana, se produce una inesperada crisis epiléptica en un paciente previamente asintomático. Después vienen más crisis, que se van haciendo cada vez más frecuentes. Es más, los pacientes pronto se vuelven resistentes al efecto de fármacos antiepilépticos tradicionales. Y todo por una enfermedad rara llamada enfermedad de Lafora que, como describió en 1911 el neurólogo español Gonzalo Rodríguez Lafora, se caracteriza por la acumulación de formas aberrantes de glucógeno en el cerebro de los pacientes. Como fiel discípulo de Santiago Ramón y Cajal, Lafora dibujó estos acúmulos de glucógeno en el interior de las neuronas, que él llamó cuerpos amiloides.

La enfermedad continúa con la aparición progresiva de espasmos musculares constantes, demencia y pérdida de capacidad auditiva y visual. Finalmente, el paciente fallece como consecuencia de crisis epilépticas prolongadas.

Rara entre las raras

Con una prevalencia de menos de 4 pacientes por cada millón de habitantes [https://genotipia.com/revista_gm/revision-enfermedad-de-lafora/], la enfermedad de Lafora forma parte del grupo de enfermedades ultrarraras. Rara entre las raras. De hecho, a día de hoy en España se conocen solo entre 8 y 10 pacientes, según el Centro de Referencia para esta patología,situado en el Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

La enfermedad tiene un origen genético, con una herencia autosómica recesiva, lo que quiere decir que los pacientes afectados son hijos e hijas de portadores asintomáticos de la enfermedad.

Tuvieron que pasar 80 años desde el descubrimiento de Lafora para que, en 1998, se conociera el primer gen cuyas mutaciones estaban asociadas a la enfermedad. En la Universidad de California en Los Ángeles, en Estados Unidos, un equipo de investigadores identificó mutaciones en el gen EPM2 como responsables de la enfermedad [https://genotipia.com/revista_gm/revision-enfermedad-de-lafora/]. Posteriormente, este gen se denominó EPM2A, al descubrirse un segundo gen cuyas mutaciones también estaban asociadas con la patología, el EPM2B o NHLRC1.

Los productos de ambos genes son dos proteínas llamadas laforina y malina, respectivamente. Juntas forman una especie de tándem, un complejo funcional, que regula la síntesis de glucógeno. En el cerebro, este azúcar, además de almacenar energía, tiene propiedades esenciales para el funcionamiento de las neuronas y otras células cerebrales.

Para cumplir su función, el glucógeno necesita estar en una forma soluble. Pero si el complejo laforina/malina falla, como sucede en la enfermedad de Lafora, se acumula una forma aberrante de glucógeno que no se disuelve y que altera la funcionalidad de las neuronas, los astrocitos y la microglia. Las consecuencias son terribles si tenemos en cuenta que los astrocitos y las células de la microglía cumplen un papel regulador esencial para que las neuronas hagan su trabajo. Si se trastocan se inicia, además, un proceso neuroinflamatorio muy típico de la enfermedad.

Dependiendo del efecto de las mutaciones en los genes EPM2A y EPM2B sobre la actividad del tándem laforina/malina, la presentación clínica puede variar desde un cuadro muy grave y de evolución rápida, a cuadros con aparición tardía y evolución más lenta de la enfermedad.

Un ensayo clínico con 10 pacientes

¿Cuál es la solución? Dado que lo que distingue a la enfermedad es la acumulación de un glucógeno aberrante, se han propuesto diferentes estrategias dirigidas a frenar su producción. Por una parte, se han desarrollado diferentes aproximaciones con el fin de reducir la actividad de la proteína que sintetiza el glucógeno, como es el uso de oligonucleótidos antisentido (ASO). Los ASO son compuestos que reducen la expresión genética y, como consecuencia, la producción de la proteína que codifica [https://genotipia.com/revista_gm/revision-enfermedad-de-lafora/].

En estos momentos hay un ensayo clínico en marcha en el Hospital UT Southwestern de Dallas, en Estados Unidos, en el que participan 10 pacientes con enfermedad de Lafora a los que se les administra dosis crecientes de ASO mediante punción lumbar. La asociación americana para la enfermedad de Lafora, Chelsea’s Hope, ha sido capaz de recaudar el dinero suficiente para que este estudio esté en funcionamiento.

Otra aproximación interesante consiste en la utilización de fármacos de reposicionamiento, es decir, fármacos que actualmente usamos para al tratamiento de otras enfermedades. En concreto, la Agencia Europea de Medicamento aprobó [https://european-union.europa.eu/institutions-law-budget/institutions-and-bodies/search-all-eu-institutions-and-bodies/european-medicines-agency-ema_es)] la designación de medicamento huérfano –fármaco desarrollado específicamente para diagnosticar, prevenir o tratar enfermedades raras, graves o crónicas que afectan a un número muy reducido de personas–de la metformina, un antidiabético de uso oral, para el tratamiento de la enfermedad de Lafora. Resultados recientes [https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1878747923001186] indican que la administración de metformina en pacientes Lafora ralentiza la progresión de la enfermedad.

La convergencia de estas diferentes aproximaciones terapéuticas podrían dar fruto y permitir que, más pronto que tarde, la enfermedad de Lafora tenga un tratamiento eficaz.

The Conversation

Pascual Sanz recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI).

ref. El lado oscuro del glucógeno: lo que revela la enfermedad de Lafora – https://theconversation.com/el-lado-oscuro-del-glucogeno-lo-que-revela-la-enfermedad-de-lafora-277167

¿Y si mi sartén contiene una sustancia eternamente tóxica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Vanessa Tabernero, Profesora contratada doctora / Decana Adjunta Grado Química, Universidad de Alcalá

Anastasia Kamysheva/shutterstock

Todos sabemos qué es el teflón o, al menos, sabemos que características tiene: es ignífugo –no arde cuando cocinamos con él–, es hidrófugo –no absorbe el agua– y es resistente. Por eso, las sartenes recubiertas de teflón se presentaron hace unas décadas como la panacea en la cocina, ya que no se pegaba nada y, además, eran muy fáciles de limpiar.

Durante más de 60 años, los polímeros con cadenas de carbono perfluoradas (todos los demás sustituyentes –átomos que se encuentran unidos a una cadena hidrocarbonada– son flúor) o polifluoradas (con algunos enlaces con flúor), PFAS por sus siglas en inglés, han penetrado en todas las industrias. Se usan en la fabricación de productos como espumas contra incendios, ropa protectora, muebles, adhesivos, envases de alimentos, superficies de cocina antiadherentes resistentes al calor y aislamiento de cables eléctricos.

Entre ellos, el más conocido es el politetrafluoroetileno (PTFE), conocido como teflón por la marca que lo comercializó. Sus características responden a las especiales propiedades del enlace carbono-flúor, que es uno de los más fuertes conocidos, lo que le hace bastante inerte y difícil de degradar. De ahí que, por su durabilidad, se llamen sustancias químicas eternas.

Europa pone límites

La Unión Europea (UE) está legislando para disminuir el uso de los PFAS: las clasifica como sustancias persistentes y bioacumulativas que, además, migran en el planeta y se encuentran no solo en suelos, sino también en aguas y en el aire.

Se estima que, solo en Europa, cada año acaban en el medioambiente 75 000 toneladas de PFAS. El proyecto Forever Pollution ha calculado que hay alrededor de 23 000 sitios contaminados con PFAS en Europa y un 10 % de estos son «puntos críticos», con altos niveles de contaminación.

Por qué el tóxico el teflón

Si hemos dicho que son sustancias eternas –que no se descomponen fácilmente en la naturaleza–, ¿por qué son peligrosos? La razón es que, una vez obtenidos, los PFAS son estables, pero las sustancias químicas utilizadas para fabricar los polímeros o las emitidas a lo largo de su ciclo de vida son altamente tóxicas.

En el primer caso, tenemos como ejemplo el trifluorometano (HFC-23), que se forma como subproducto en la obtención de teflón y tiene un potencial de calentamiento global 12 400 veces mayor que el CO₂. En el segundo, podemos considerar los microplásticos que se liberan al lavar textiles que contienen PFAS, terminan en el agua de la naturaleza, provenientes de las plantas de tratamiento de aguas residuales, ya sea por las aguas de descarga o por los lodos de depuradora que a veces se esparcen sobre suelos agrícolas.

¿Qué hago con mi sartén?

¿Debo dejar de usar mis utensilios de cocina? Como este material es muy estable, las sartenes de teflón en buen estado no representan un riesgo, pero si su recubrimiento se deteriora o se expone a temperaturas superiores a 260 °C, pueden liberar partículas con residuos de PFAS.

No podemos demonizar los PFAS, ya que son materiales importantes en nuestra vida diaria. Se usan además en dispositivos médicos, de defensa y aeroespaciales, porque tienen buenas prestaciones y alta durabilidad. Pero sería mejor que buscáramos sustitutos que garanticen estas prestaciones sin afectar nuestra salud a largo plazo.

Por ejemplo, podríamos elegir sartenes de hierro o de porcelana que no tengan este antiadherente.

El problema de los acuíferos

Aparte del menaje de cocina, los niveles de PFAs en aguas están siendo cada vez más preocupantes y las directivas son escasas y muy variables. Pensemos en zonas cercanas a industrias productoras de este tipo de sustancias, pero también en aeropuertos, instalaciones militares, zonas de entrenamiento contra incendios o lugares donde se han producido incendios importantes, en los que se utiliza AFFF fluorado (una espuma contra incendios).

Estos compuestos se pueden filtrar a los acuíferos y la ingestión de agua potable contaminada es una de las principales vías por las que los seres humanos pueden estar expuestos a los PFAS.

Estados Unidos tiene ahora un límite de cuatro nanogramos por litro (ng/L) por producto fabricado con PFAS, mientras que la Directiva sobre agua potable de la UE establece que 20 PFAS muy extendidos no deben superar colectivamente los 100 ng/L.

Cáncer y disfunciones hormonales

Cada vez hay más pruebas de que algunos PFAS conllevan graves riesgos para la salud, y pueden provocar cáncer, enfermedades tiroideas y problemas de fertilidad, así como defectos en el desarrollo de los fetos.

Está en nuestras responsabilidades ciudadanas exigir a los gobiernos un mayor control sobre estas sustancias para que la normativa sea restrictiva al respecto y se garanticen sistemas como el filtrado de aguas, que permita que los niveles sean los suficientemente bajos para no producir daños.

La UE ya ha considerado los PFAS dentro de su Estrategia sostenible de productos químicos, donde se busca minimizar y sustituir a aquellos productos que están en el foco. Sin duda, los PFAS son uno de ellos.

The Conversation

Vanessa Tabernero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Y si mi sartén contiene una sustancia eternamente tóxica? – https://theconversation.com/y-si-mi-sarten-contiene-una-sustancia-eternamente-toxica-277100

Dar una nueva vida a las neuronas para luchar contra el párkinson

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Tania Payo Serafín, Investigadora predoctoral en Biomedicina y Ciencias de la Salud, Universidad de León

Neuronas marcadas con fluorescencia verde bajo microscopio ManuelSchottdorf / Wikimedia Commons, CC BY-SA

La enfermedad de Parkinson afecta a más de diez millones de personas en el mundo. Se trata de un trastorno neurodegenerativo en el que algunas neuronas del cerebro mueren progresivamente. Estas células afectadas se encuentran en una región llamada “sustancia negra” y tienen una función clave: producir dopamina, una molécula esencial para controlar el movimiento. Cuando estas neuronas desaparecen surgen los síntomas más conocidos como temblores, rigidez muscular, lentitud y dificultades para caminar.

Durante décadas, los tratamientos se han basado en compensar la pérdida de dopamina en el cerebro. Si bien es cierto que fármacos como la levodopa pueden mejorar notablemente los síntomas, presentan una limitación: no detienen la enfermedad ni recuperan las neuronas perdidas.

En otras palabras, se actúa sobre las consecuencias del problema (la pérdida de dopamina), pero no se arregla su origen (la muerte de neuronas). Una nueva estrategia está empezando a cambiar ese enfoque. En lugar de limitarse a compensar el daño, intenta repararlo.

¿Y si pudiésemos reemplazar las neuronas?

La terapia celular parte de un concepto sorprendentemente sencillo. Si el párkinson destruye las neuronas que producen la dopamina, ¿por qué no reemplazarlas por otras nuevas?

Durante años esta idea fue más un sueño que una posibilidad real. Las neuronas son extremadamente complejas. No basta con introducir cualquier célula en el cerebro: deben ser del tipo correcto, sobrevivir al trasplante, integrarse en los circuitos neuronales y producir dopamina de manera controlada.

El gran salto llegó con el desarrollo de las células madre pluripotentes inducidas (iPSC). Estas fueron descritas por el grupo de investigación liderado por el científico japonés Shinya Yamanaka, que recibió por ello el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2012.

Las iPSC se obtienen reprogramando células adultas, como las de la piel, para devolverlas a un estado similar al embrionario. Desde ahí pueden convertirse en muchos tipos celulares, incluidas las neuronas productoras de dopamina.

Gracias a esta tecnología, la idea de reemplazar neuronas dejó de ser ciencia ficción.

Dos ensayos clínicos que marcan un antes y un después

En 2025 se publicaron en la revista Nature dos ensayos clínicos pioneros que han llevado esta estrategia al cerebro humano.

En uno de ellos los investigadores trasplantaron neuronas productoras de dopamina derivadas de células madre pluripotentes inducidas a pacientes con párkinson. El estudio mostró que el procedimiento era seguro y que las células implantadas podían sobrevivir durante largos periodos de tiempo y producir dopamina en el cerebro humano.

El segundo ensayo utilizó neuronas derivadas de células embrionarias humanas (hES). De nuevo, los resultados indicaron una buena tolerabilidad y mostraron señales de beneficio clínico duradero.

Comprobación de la producción de dopamina por parte de las neuronas trasplantadas en un paciente a los 12 y 24 meses tras la operación. Imagen traducida del estudio https://www.nature.com/articles/s41586-025-08700-0.
CC BY-NC-ND

¿Qué se ha observado en los pacientes?

Aunque todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas, los estudios han mostrado varios resultados prometedores:

  • Las células trasplantadas sobreviven en el cerebro.

  • Producen dopamina de forma detectable.

  • Algunos pacientes presentan mejoría en sus síntomas motores.

  • No se han observado problemas graves de seguridad a corto plazo.

Esto no significa que la terapia esté lista para uso clínico general, pero sí que el enfoque es biológicamente viable.

¿Por qué este avance es tan importante?

El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva. Con el tiempo la pérdida neuronal continúa y los tratamientos actuales se vuelven menos eficaces. La terapia celular podría ofrecer varias ventajas clave:

  1. Actuar sobre la causa del problema, no únicamente sobre sus consecuencias.

  2. Restaurar la producción natural de dopamina en lugar de administrarla de manera externa.

  3. Proporcionar beneficios duraderos, potencialmente durante años.

Pero aún no es una cura

Es importante mantener expectativas realistas: estos avances no significan que exista ya una cura disponible.

Los ensayos realizados hasta ahora incluyen pocos pacientes, y el seguimiento aún es limitado. Es necesario comprobar que las células trasplantadas sobreviven durante muchos años y que los beneficios se mantienen en el tiempo.

Además, no todos los pacientes con párkinson son iguales. La enfermedad evoluciona de forma distinta en cada persona y todavía no está claro quiénes se beneficiarán más del trasplante.

Por último, el párkinson es una enfermedad compleja que, con el tiempo, afecta a más sistemas además de las neuronas productoras de dopamina. Reemplazar estas células podría mejorar mucho los síntomas motores, pero probablemente no resolverá todos los aspectos de la enfermedad.

Un camino largo, pero prometedor

A pesar de las limitaciones, estos ensayos representan un hito histórico. Por primera vez la comunidad científica dispone de evidencia clínica de que reemplazar neuronas productoras de dopamina en humanos es factible y potencialmente beneficioso.

La terapia celular aún está en sus primeras fases, pero marca una dirección clara. La ruta consiste en avanzar desde tratamientos puramente sintomáticos hacia estrategias capaces de reparar el cerebro.

Para millones de personas que viven con la enfermedad de Parkinson este camino todavía es largo. Pero, por primera vez en décadas, la pregunta ya no es si podremos intentar reconstruir las neuronas perdidas, sino cuándo y en qué pacientes podrá hacerse de forma segura y eficaz.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Dar una nueva vida a las neuronas para luchar contra el párkinson – https://theconversation.com/dar-una-nueva-vida-a-las-neuronas-para-luchar-contra-el-parkinson-276099

Dieta antiinflamatoria: ¿ciencia o moda?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Franco Serrano, Profesor de Ciencias de la Salud, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Maren Winter/Shutterstock

Si abre cualquier red social, verá miles de vídeos hablando de batidos verdes, cúrcuma y “cómo desinflamar su barriga”. No se trata de una dieta en el sentido estricto de contar calorías o pasar hambre para perder peso. Es, más bien, un patrón nutricional diseñado para darle al cuerpo los materiales necesarios para apagar las señales de alarma. Está de moda precisamente porque la epidemia de cansancio y problemas digestivos ha hecho tocar fondo a mucha gente que busca soluciones reales.

Todos conocemos la inflamación aguda: cuando se corta un dedo, su sistema inmunitario activa una misión rápida y efectiva para curarlo. Una vez hecho el trabajo, las unidades se retiran y todo vuelve a la calma.

El problema es la microinflamación. Imagine que, en lugar de una misión puntual, su cuerpo mantiene un dispositivo de vigilancia permanente que nunca se desactiva. No hay alarmas ni ruido, pero esa tensión constante, día tras día, acaba agotando sus recursos y dañando el tejido sano.

No es solo lo que coma, sino cómo lo cocine

¿Qué medidas no son ciencia ficción y tienen una base científica real? La respuesta es más sencilla de lo que parece y pasa por dos grandes pilares:

1. Deshacerse de elementos perjudiciales
La medida más efectiva no es añadir cosas extrañas a la dieta, sino retirar lo que nos mantiene alerta constantemente y, por tanto, microinflamados. Se trata de minimizar el consumo de azúcares libres, harinas refinadas, aceites de semillas refinados (palma, girasol), alcohol y productos ultraprocesados.

2. Llenar el plato de aliados naturales
Una vez hemos hecho limpieza, toca introducir los nutrientes que ayudan al cuerpo a recuperar su equilibrio:

  • Omega-3: el rey indiscutible. Presente en el pescado azul, las nueces y las semillas (lino, chía), es clave para reducir los niveles de inflamación sistémica.

  • Antioxidantes naturales: los colores vivos de la fruta y la verdura (como los frutos rojos o las hojas verdes) son nuestro mejor filtro contra la oxidación celular.

  • Especias: el jengibre, la cúrcuma o el ajo no solo aportan sabor; son potentes antiinflamatorios naturales que actúan como un bálsamo para los tejidos.

  • Fibra prebiótica: consumir alimentos reales ricos en fibra es vital para que nuestra flora intestinal (la famosa microbiota) trabaje a nuestro favor y nos proteja desde dentro.

  • Alimentos fermentados: si la fibra prebiótica es el alimento para su microbiota, los alimentos fermentados, como el yogur o el kéfir, son los refuerzos. Aportan bacterias vivas que ayudan a sellar la barrera intestinal y reducen drásticamente la inflamación sistémica.

Ahora bien, la clave no está solo en qué se come, sino en cómo se cocina. Freír, tostar en exceso o cocinar a la brasa a temperaturas muy altas genera unos compuestos llamados AGE (productos de glicación avanzada). Estos compuestos oxidan e inflaman las células. Priorizar cocciones suaves como el vapor, los guisos a fuego lento o el horno a temperaturas moderadas es una medida antiinflamatoria clave.

¿Es buena para todo el mundo?

La base de comer alimentos reales es buena para el 100 % de la población, pero la lista de alimentos antiinflamatorios no es universal. Este es el error más común.

Muchas personas leen que el brócoli, las legumbres, la kombucha o el ajo son fantásticos contra la inflamación. Empiezan a comerlos en grandes cantidades y, de repente, se hinchan más que nunca y tienen dolores terribles. ¿Qué ha pasado?

Si su intestino ya está muy dañado o sufre patologías como el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado), síndrome del intestino irritable u otras patologías inflamatorias más graves, su sistema digestivo no puede gestionar tanta fibra ni ciertos alimentos fermentados. Fermentan demasiado rápido, generan gases atrapados y empeoran la inflamación local.

Antes de atiborrarse de alimentos antiinflamatorios “de moda” o de comprar el probiótico más caro de la farmacia, hay que reparar el intestino. Hacer lo contrario sería como intentar poner muebles nuevos en una casa que todavía tiene grietas en los cimientos. Y para saber dónde están esas grietas, el primer paso innegociable es un buen diagnóstico.

No se puede abordar un SIBO (sobrecrecimiento bacteriano) de la misma manera que una disbiosis (desequilibrio de la microbiota), la presencia de un parásito o una intolerancia alimentaria oculta. De hecho, en casos como el SIBO, donde ya hay un exceso de bacterias donde no corresponde, tomar ciertos probióticos puede empeorar mucho los síntomas; es como añadir más coches a un atasco de tráfico.

¿Estamos realmente inflamados?

Como no provoca fiebre ni dolor agudo, la inflamación puede pasar desapercibida durante años. Es como conducir con el piloto rojo de avería encendido: el coche funciona, pero el motor está sufriendo. Probablemente esté microinflamado si se reconoce habitualmente en estos síntomas: cansancio crónico, falta de concentración, defensas bajas, digestiones pesadas, dificultad para perder peso, dolores articulares, alteraciones en la piel, cambios de humor y ansiedad.

Pero para saber si hay problemas adicionales a la inflamación, a menudo hay que ir más allá del análisis de sangre de rutina. Según sus síntomas, un especialista puede solicitar pruebas concretas como:

  • Test de aliento: una prueba sencilla en la que se sopla en unos tubos para detectar si hay gases producidos por bacterias donde no deberían estar (clave para diagnosticar el SIBO) o intolerancias a azúcares como la fructosa o la lactosa.

  • Estudio de la microbiota en heces: un análisis profundo para ver qué bacterias protectoras faltan, cuáles sobran o si hay hongos o marcadores de inflamación local en el intestino.

  • Analíticas específicas: buscando marcadores como la proteína C reactiva de alta sensibilidad (PCR-as), que indica el nivel de inflamación real que hay en el cuerpo.

Una vez que se sabe exactamente qué ocurre en su intestino, el proceso terapéutico pasa por fases: primero hay que retirar temporalmente aquello que irrita (aunque sea un alimento considerado “saludable”), después hay que desinflamar y reparar la pared intestinal y, finalmente, ir reintroduciendo estos alimentos ricos en fibra poco a poco para que el cuerpo vuelva a tolerarlos con normalidad.

Por eso, la mejor dieta antiinflamatoria es siempre aquella que se personaliza. Ponerse en manos de profesionales ahorra meses de frustración, dietas restrictivas innecesarias y el agotamiento de jugar al ensayo-error, asegurando una hoja de ruta clara.

Una vida antiinflamatoria más allá del plato

Puede hacer la dieta más perfecta del mundo, pero si duerme cinco horas y vive angustiado, su cuerpo seguirá con el mismo problema. Para apagar la microinflamación de verdad, necesitamos un enfoque de 360 grados que le diga a nuestro sistema inmunitario que estamos fuera de peligro.

El cuerpo humano no está diseñado para estar ocho horas en una silla. Cuando nos movemos, y especialmente cuando hacemos ejercicio de fuerza (levantar peso), los músculos liberan mioquinas, unas sustancias que actúan como un potente antiinflamatorio natural. Por eso el movimiento es una pauta de vida esencial.

También dormir. Durante el sueño profundo, el cerebro y el cuerpo eliminan toxinas y residuos celulares. Además, respetar la luz (recibir sol por la mañana y evitar pantallas por la noche) nos permite segregar melatonina, la hormona del sueño y un gran antioxidante.

Su cerebro reacciona igual delante de un peligro de muerte que delante de un correo electrónico fuera de horas de trabajo. Este estrés constante segrega cortisol y descontrola las defensas. Prácticas como pasear por la naturaleza o hacer respiraciones profundas activan el sistema parasimpático, que actúa como el “freno de mano” del estrés.

The Conversation

Luis Franco Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Dieta antiinflamatoria: ¿ciencia o moda? – https://theconversation.com/dieta-antiinflamatoria-ciencia-o-moda-278220

¿Qué eran las piedras bezoares, el antídoto ‘más admirable contra todo género de veneno’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Francisco López-Muñoz, Catedrático de Farmacología y Vicerrector de Investigación y Ciencia, Universidad Camilo José Cela

Dos piedras bezoares procedentes de animales sin identificar. Wikimedia Commons, CC BY

El “arte del envenenamiento” adquirió una enorme trascendencia durante el Renacimiento, tanto por su utilidad criminal como política y, consecuentemente, también el conocimiento de los antídotos generales o panaceas. Aunque se utilizaban muchos remedios –sobre todo de naturaleza mineral, como la tierra de Lemnos, el marfil, el jacinto, las perlas o las esmeraldas–, los dos antídotos universales considerados como los mejores y más insuperables entre la Edad Media y la Edad Moderna fueron el cuerno de unicornio y las piedras bezoares.

Estas piedras aparecen mencionadas en los escritos hebreos clásicos, con el nombre de Bel Zaard, y sus propiedades antivenenosas son recogidas en la literatura médica árabe desde el siglo VIII, como en la obra de Juan Damasceno o Serapion y posteriormente en la del médico sevillano Ibn Zuhr (Avenzoar). En Oriente, los bezoares recibieron diferentes nombres, como hager, bezar, belzaar o bezahar, mientras en griego se denominó alexipharmacum y en latín contravenenum.

Grabado ilustrativo de la obra A Compleat History of Drugs de Pierre Pomet (Printed for R. Bonwicke et al., Londres, 1712), publicada inicialmente en francés en 1684 (Histoire generale des drogues, Jean-Baptiste Loyson et Augustin Pillon, Paris, 1684). En él se muestra una cabra bezoar (Capra aegagrus) y un corte sagital de una piedra bezoar.

De hecho, la palabra “bezoar” deriva del término persa padzahar, que viene a significar “expelente de venenos” (bad significa “viento” y zahr “veneno”). Al conjunto de agentes alexifármacos se les denominaba también medicinas bezaárticas.

¿Qué son realmente los bezoares?

Inicialmente se pensó que estas piedras procedentes de la India, cuyo tamaño podría alcanzar incluso el de una castaña, eran minerales. Sin embargo, luego se confirmó que se trataba de un cálculo engendrado en cierta zona del estómago o en la vesícula biliar de algunas especies de animales, y con más frecuencia en puercoespines, venados y cabras, como la Capra aegagrus, vulgarmente llamada cabra bezoar.

Hoy en día conocemos que estas concreciones se originan a partir de un núcleo de cuerpos extraños, como fibras vegetales o pelos, generándose capas a su alrededor gracias a los movimientos peristálticos del intestino de los animales, lo que les da también su aspecto redondeado. Desde un punto de vista técnico, están compuestas de carbonato, fosfato de calcio, colesterina, materias vegetales descompuestas y algunos minerales como brushita y estruvita. Posiblemente, su principio activo esencial fuese el calcio, que una vez absorbido puede neutralizar algunas sustancias tóxicas.

Bezoar poroso por sus características vegetales. De 8 cm de longitud y 7,4 cm de anchura, está compuesto por dos fragmentos que encajan perfectamente uno en el otro, observándose una almendra en el interior (Catálogo de las Piedras Bezoares, de D. Pedro Franco Dávila, 1767).

Los bezoares como monopolio comercial del Imperio portugués

Estas piedras, de aspecto aceitunado, se denominaron bezoares orientales, y el monopolio de su riquísimo comercio estuvo en manos portuguesas hasta 1580. De hecho, su gran popularidad en la Edad Moderna y la difusión de sus propiedades se deben al médico judío portugués Garcia da Orta (Coloquios dos simples, 1563). En sus comentarios al Dioscórides (1554), el tratado de terapéutica más influyente de su época, el médico segoviano Andrés Laguna describe de esta manera la piedra oriental:

“La bezahar que ahora traen de Levante los portugueses tiene el color olivastro, y como de berenjena: y toda en sí es escamosa, quiero decir compuesta de varias costras, como cáscaras de bellotas, las cuales vienen unas sobre otras: empero la primera de ellas es muy lisa y lustrosa”.

La administración de este remedio a los sujetos que habían ingerido veneno podía hacerse diluyendo el polvo obtenido de la molienda o raspadura de esta en agua o vino, o bien sumergiendo la piedra entera durante un tiempo en agua que posteriormente se hacía beber al envenenado. Explica Laguna que es “admirable contra todo género de veneno, contra la mordedura de fieras emponzoñadas y finalmente contra la pestilencia […] dado a beber el vino en que se hubiese hervido”.

Muchos fracasos terapéuticos se achacaban a las falsificaciones, debido a la escasez de estas piedras y su elevado valor. Así, en Goa (India) y Malaca (Malasia) se fabricaban piedras falsas al por mayor. Estaban hechas a base de una pasta arcillosa elaborada con polvos conquídeos, resina y algunas hierbas, amasadas con laminillas de oro, decoradas después con escrituras indígenas y comercializadas en Europa en preciosos estuches de madera u otros materiales. En Calcuta se vendían hasta por 50 escudos la unidad.

Piedra de Goa (India), del siglo XVII-XVIII, conservada en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Se decía que sólo el 10 % de las piedras bezoares orientales eran verdaderas. De hecho, muchos galenos y boticarios, antes de adquirirlas, comprobaban su hipotética autenticidad administrándola a animales previamente envenenados.

Las piedras del Nuevo Mundo como nuevo tesoro del Imperio español

El descubrimiento de estas piedras en la fauna del Nuevo Mundo (bezoares occidentales), concretamente en la vicuña –aunque también en la llama o el guanaco–, supuso un nuevo estímulo para su uso durante el Renacimiento. De hecho, la medicina indígena americana también las usaba. Los incas, por ejemplo, fabricaban una bebida elaborada con ralladura de ellas, conocida como “jaintilla”, para tratar a mujeres embarazadas o para curar el susto.

De la importancia de este hecho da cuenta el médico sevillano Nicolás Monardes (1493-1588) en una epístola al rey de España:

“Se han descubierto las piedras Bezaares en el Perú, que con tanta estimación traen de la India de Portugal… Que una cosa que tan maravillosa es, y de tanto precio, se haya hallado en las Indias de vuestra Majestad, y sean tan fáciles de haber, y tan ciertas y verdaderas, que no tengamos dudas de sus efectos y virtudes. Lo cual no es así en las que traen de la India Oriental: que si vienen diez verdaderas, vienen ciento falsas”.

Aunque nunca viajó a las Indias Occidentales, Monardes escribió en 1565 un famosísimo tratado titulado Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina, en el que se ocupó de los bezoares y defendió ardientemente sus “propiedades”, afirmando:

“En todo género de veneno, es el más principal remedio que ahora sabemos… Los efectos que hacen son admirables, porque es potentísima su virtud contra veneno, y fiebres pestíferas, y humores venenosos…”. También indicaba que los nobles de la Indias Orientales se purgaban con piedra bezoar dos veces al año “y dicen que esto les conserva la mocedad… y los preserva de enfermedad”.

Monardes describió también su forma y aspecto: “en lo superficial son leonadas, oscuras, lucidas: debajo de dos camisas o capas tienen una cosa blanca que gustada y tratada entre los dientes, es pura tierra, no tiene sabor ni gusto”. Y también experimentó los efectos de estas piedras, que le habían hecho llegar desde Lima en 1568, en diversos enfermos, habiendo “remediado a muchos, con maravillosos sucesos”.

Monardes administraba los polvos de piedra bezoar en diferentes vehículos, según la patología del enfermo: si había fiebre, en agua rosada, pero si no, en agua de azahar. También en caso de pestilencias, lepra, infecciones cutáneas, fiebres cuartanas y otros trastornos, en forma de cordial.

De remedio terapéutico a talismanes y piezas de alta orfebrería y coleccionismo

Al igual que el cuerno de unicornio, las piedras bezoares eran consideradas un bien de lujo y su precio era muy elevado, al tratarse de un producto exótico, llegando a valer hasta 10 veces su peso en oro. Incluso se alquilaban por días en épocas de epidemias cuando su precio de compra no se podía pagar. Un ejemplo puede dar testimonio del alto valor que alcanzaron estas piedras: un manuscrito del Archivo del Hospital de San Roque (Córdoba, Argentina) fechado en 1653 recoge una reclamación ante el obispo para que forzara con censura eclesiástica al cumplimiento de un trueque de 24 mulas por una piedra bezoar.

Otro ejemplo se extrae del tesoro rescatado del galeón español Nuestra Señora de las Maravillas, que naufragó en 1656 a 70 kilómetros de la costa de Bahamas. Entre exquisitas piezas de oro y plata, además de esmeraldas y otras gemas, también se encontraban piedras bezoares. De hecho, dado su carácter pseudomágico, incluso constituían un objeto de arte, al engarzarse, pulidas, en piezas de joyería de oro y plata, a modo de amuletos y talismanes, cuyos portadores experimentarían una felicidad continua.

También se convirtieron en deseados objetos de colección para lucir en los denominados “gabinetes de curiosidades” o “cámaras de las maravillas” de la nobleza y de los potentados europeos. Poseían piedras bezoares en sus colecciones privadas monarcas europeos como el emperador Carlos V, Felipe II, Margarita y Catalina de Austria, Felipe IV, el archiduque Fernando II y Rodolfo II de Austria, o Fernando I de Médici, entre otros.

El declive de su empleo médico

Debido a la gran cantidad de falsificaciones y al desarrollo de la medicina experimental, el declive terapéutico de su uso comenzó a partir del siglo XVII.

El primer científico que mostró públicamente sus críticas a este agente alexifármaco fue el gran cirujano Ambroise Paré, quien realizó un cruel experimento en 1575: tras descubrirse el robo de un recipiente de plata por parte de un cocinero del rey Carlos IX de Francia, Paré acordó conmutar la pena de muerte si consumía acónito, un potente veneno vegetal, y luego ingería polvos de piedra bezoar. Paré observó la ineficiencia del antídoto, pues el sujeto falleció, aunque el rey pensó que el bezoar era falso y continuó confiando en ellos. Experimentos similares fueron realizados en 1631 por el médico francés Philebert Guybert con dos criminales convictos y con similares resultados.

En el siglo XVIII, el padre Benito Jerónimo Feijoo escribía que “la virtud de la piedra bezoar, que entra en casi todas las recetas cardiacas, es pura fábula”. A partir de aquí, cada vez fue creciendo el componente crítico y supersticioso de este remedio, que dejó de emplearse definitivamente como panacea a finales del siglo XVIII.

No obstante, las piedras bezoares se mantuvieron en las farmacopeas europeas hasta el siglo XIX, con el nombre técnico de Lapis bezoardicus off. Su uso ha perdurado hasta hoy en el imaginario literario, como puede verse en la novela Harry Potter y la piedra filosofal (1997) de Joanne K. Rowling, donde Potter le administra un bezoar de cabra a su amigo Weasley cuando es equivocadamente envenenado con hidromiel… Porque la verdad nunca debe estropear una buena historia.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Qué eran las piedras bezoares, el antídoto ‘más admirable contra todo género de veneno’? – https://theconversation.com/que-eran-las-piedras-bezoares-el-antidoto-mas-admirable-contra-todo-genero-de-veneno-277577

El agua como arma de guerra

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Lillo Ramos, Colaborador honorífico en el Grupo de investigación sobre Cambio Global Terrestre y Geología Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Países del golfo Pérsico como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Catar dependen en gran medida de la desalación para obtener recursos hídricos. Stanislav71/Shutterstock

En el conflicto entre Israel-Estados Unidos (EE. UU.) e Irán parece que se han atacado infraestructuras de suministro de agua por los dos bandos. Mientras Irán denuncia el bombardeo estadounidense de la planta desalinizadora de la isla de Qeshm, el mismo Irán parece haber atacado la planta desalinizadora de Bahréin, un pequeño país del golfo Pérsico.

Las fuentes de agua dulce en el golfo Pérsico

El agua es un recurso crítico en los países del Golfo y, en muchos de ellos, son las plantas desalinizadoras las que proveen la mayor parte del suministro de agua potable (el 93 % en Kuwait, 86 % en Oman, 70 % en Arabia Saudi, 48 % en Qatar, 42 % en Emiratos Árabes Unidos).

Las desalinizadoras de Irán, en contraste, solo aportan el 3 % del suministro de agua potable, que se basa fundamentalmente –los embalses están muy por debajo de su capacidad tras cinco años de sequía– en el aprovechamiento de las aguas subterráneas, que ya ha sobrepasado el umbral de sobreexplotación.

En Israel, con más recursos de aguas superficiales, el suministro del 50 % de agua potable es proporcionado por cinco grandes desalinizadoras.

Un recurso bélico en conflictos armados

El uso del agua como arma no es nuevo. Hay numerosos ejemplos que han ocurrido desde la antigüedad en diferentes zonas del globo. Muchos de ellos implican la destrucción de infraestructuras de captación y distribución.

Los ataques más recientes se registraron en los conflictos de Gaza, Siria y Ucrania. Entre ellos se incluyen la supuesta destrucción intencionada de la presa de Kakhovka en Ucrania, de la que se acusan mutuamente Rusia y Ucrania, así como la destrucción y daños de presas en el río Irpin y en Oskil por el ejército ucraniano y de una presa en el río Inhulets por las tropas rusas.

Otros actos relativamente cercanos en el tiempo han sido aquellos perpetrados por el Estado Islámico en Irak y Siria. También en la I Guerra Mundial y en la II Guerra Mundial ocurrieron casos similares en Europa y Asia. Las inundaciones provocadas han sido utilizadas de manera recurrente en los últimos siglos como estrategia ofensiva o defensiva en conflictos en algunas áreas de los Países Bajos.

Implicaciones del uso del agua como arma

El agua empleada como recurso estratégico con fines bélicos tiene diferentes implicaciones que conviene considerar. Una de ellas está relacionada con la rapidez de los efectos generados cuando se produce una intervención (por ejemplo, la destrucción de una instalación). Otra, más importante, tiene que ver con los graves daños extensivos a la población –a corto y largo plazo– que esa intervención puede ocasionar.

Si bien estos daños pueden permanecer y prolongarse en el tiempo –lo cual puede ser contraproducente para quien los ha provocado en el caso de una invasión–, tienen un impacto poco decisivo en el curso del conflicto, incluso en el control de la población a escala local.

Aunque el objetivo sea infligir un grave daño al oponente, hay varias formas de hacerlo, dependiendo de si el propósito es estratégico, táctico, represivo, terrorista o extorsionador. Una de ellas consiste en provocar un corte en el suministro de agua, que a su vez puede estar causado por daños en instalaciones de captación y potabilización –sean presas, pozos, plantas de potabilización, o desalinizadoras–, por daños en infraestructuras de distribución –canales, conducciones, depósitos, etc.– o simplemente por una contención de caudales en cauces de cuencas transfronterizas.

Otra modalidad de ataque consiste en utilizar el agua como un factor de riesgo directo. Por ejemplo, por inundaciones provocadas, contaminación inducida, etc.

Hay que destacar que tanto las intervenciones en el corte de suministro como las inundaciones provocadas pueden causar impactos negativos en infraestructuras de generación de energía y centros de operaciones informáticas, como objetivos adicionales.

La destrucción de infraestructuras de saneamiento –plantas de tratamiento de aguas residuales, alcantarillado, etc.– puede tener impactos muy negativos. No solo afecta al suministro de agua potable, que puede contaminarse, sino que también genera un entorno propicio para el desarrollo de enfermedades que van a tener un mayor impacto en los sectores de la población más vulnerables, especialmente en la infancia.

Todos estos efectos (estén relacionados con cortes en el suministro, con daños en los sistemas de saneamiento, con inundaciones provocadas o con contaminación inducida) van a tener una mayor incidencia en la población en aquellas regiones donde el agua es más escasa. Y donde, además, a la afección directa a la población se añaden otros graves impactos acumulativos en áreas cultivables, con implicaciones en el suministro alimentario, y en ecosistemas.

A la destrucción física de infraestructuras hídricas causada por bombardeos se le suman otro tipo de ataques que están adquiriendo mayor relevancia en los últimos conflictos: aquellos que pueden determinar la parada y bloqueo de tales instalaciones –causados por cortes en el suministro energético y ataques a los sistemas informáticos que controlan las infraestructuras hidrológicas– y aquellos basados en la desinformación a través de medios y redes sociales. Estos últimos tienen como objetivo sembrar el pánico en la población a través de la la diseminación de noticias falsas como, por ejemplo, la posible contaminación biológica del agua potable.




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La necesidad de abandonar el campo de batalla hídrico

Así, considerando los graves impactos que causa emplear el agua como un arma contra la población civil, es crítico que no se utilice como tal. Pero también es esencial proteger los recursos hídricos –incluyendo instalaciones e infraestructuras– y ecosistemas asociados. Por ello, se hace necesaria la aplicación de las normas del derecho internacional humanitario y del derecho internacional sobre medio ambiente con el fin de limitar y mitigar tales impactos en conflictos armados.

Aunque tal y como señalaba al comienzo de este texto, el agua se sigue utilizando como arma, también se está produciendo una mayor reacción internacional ante ello. Así, en 2019 se presentó la Lista de Principios de Ginebra sobre la Protección de las Infraestructuras Hidráulicas como documento de referencia para su uso por las partes en conflictos armados, con recomendaciones que van más allá de la legislación vigente. Pero es imprescindible que los países apoyen y sigan estas iniciativas a escala global. Si no es así, todos perderemos en las guerras.

The Conversation

Javier Lillo Ramos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El agua como arma de guerra – https://theconversation.com/el-agua-como-arma-de-guerra-278447

El barcelonismo entroniza de nuevo a Laporta y le confía un futuro repleto de desafíos económicos e institucionales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Xavier Ginesta, Associate professor, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Joan Laporta saluda a los aficionados durante el partido del Trofeo Joan Gamper entre el FC Barcelona y Como 1907 en el Estadio Johan Cruyff el pasado 12 de agosto. Christian Bertrand/Shutterstock

Los socios y socias del FC Barcelona decidieron el pasado domingo, 15 de marzo, reelegir no solo a un presidente, Joan Laporta, sino también un modelo singular de club. “Defendemos el Barça”, reza el nuevo mantra “laportista”, contra todo y contra todos. El Barça seguirá siendo durante los próximos cinco años una entidad local, apegada a sus raíces históricas, y una multinacional del entretenimiento que crece con la la lógica de la disneyización. El debate sobre la gobernanza y la forma de propiedad, cuestiones clave también para afrontar el debate económico del “fútbol-negocio”, no formó parte de la campaña y queda para más adelante.

Una victoria anunciada

Joan Laporta será presidente del FC Barcelona cinco años más. A pesar de lo que la “opinión publicada” quería, Laporta ya era vencedor antes de empezar estas elecciones. Los buenos analistas sabían que debía cometer muchos errores durante el proceso de recogida de firmas y a lo largo de la campaña electoral para que cayera su cartel de favorito.

La victoria ha sido contundente, aunque se ha producido en el peor de los escenarios: un cara a cara con Víctor Font, quien aglutinaba todo el voto contrario a Laporta. Pese a ello, el abogado barcelonés, de 63 años, ha mejorado los resultados de 2003 y de 2021. Obtiene así una nueva presidencia en 2026 con el 68,18 % de los votos.

Leer el sentimiento culé

Laporta y su equipo leen el sentir mayoritario del aficionado culé (nombre popular por el son conocidos los seguidores barcelonistas) como nadie. El deporte, y por lo tanto el fútbol, a pesar de mover mucho dinero (representa casi el 1,5 % del PIB español), también funciona a partir de dos dimensiones que no tienen nada que ver con la racionalidad que se presupone a la gestión y a la economía: la simbólica y la emocional.

En las elecciones a la presidencia del Barça, de hecho, los debates racionales quedan en segundo plano y los socios votan influidos, básicamente, por cuestiones sentimentales y según la dinámica deportiva del primer equipo masculino de fútbol.

La primera lectura acertada consistió en convocar las elecciones cuando el conjunto entrenado por Hansi Flick funcionaba a pleno rendimiento en todas las competiciones. Aprovechó Laporta el primer momento posible, según los estatutos, para lanzar la convocatoria. La maniobra pilló a la oposición con el pie cambiado, a pesar de que las candidaturas hacía tiempo que se preparaban. Esto obligó a sus rivales a salir a jugar el partido antes de tiempo.

El otro éxito de Laporta ha sido, nuevamente, su narrativa de campaña: “Defendemos al Barça”. Este eslogan sitúa el relato emocional y simbólico por encima de todo, vinculando a su candidatura con los valores fundacionales del club y el catalanismo político. A Laporta le fue fácil, además, “defender” al Barça porque su rival, Víctor Font, tampoco supo elegir bien a sus compañeros de viaje. Su futuro vicepresidente económico debía ser Jaume Guardiola, quien fue uno de los responsables de llevarse de Cataluña la sede social del Banco Sabadell durante el proceso independentista.

Aquí reside otro de los aspectos clave de la campaña, y que puede explicar por qué Font, a pesar de haber mejorado significativamente su oratoria respecto a 2021, ha perdido apoyos. El aspirante Font cometió demasiados errores. Además de situar a Jaume Guardiola a su lado, sabiendo de la necesidad de luchar contra el relato emocional de Laporta, Font cuestionó abiertamente al director deportivo del Barcelona, Deco, y a Dani Olmo, una de las joyas de la cantera barcelonista repescado en agosto de 2024 tras su paso por el fútbol alemán. Estas posturas en contra de dos referentes actuales del club han coincidido, en el plano deportivo, con un momento positivo del equipo. Otro error fue hacer salir a Xavi Hernández, exjugador y exentrenador del Barça, para criticar a Laporta. O, le guste o no, recibir el apoyo de Josep Maria Bartomeu, presidente del Barcelona entre 2014 y 2020, actualmente imputado por el conocido como “Barçagate” y uno de los máximos responsables de haber provocado la delicada situación económica de la entidad azulgrana.

Abrazos con el ministro Urtasun y el ex president Pujol

El día de la votación se comprobó que solo Laporta despertaba pasiones entre quienes iban a votar. Fue una jornada de fiesta culé en la que, a diferencia de lo que sería éticamente reprobable en unas elecciones a instituciones políticas, las personalidades se dejaban acompañar a las urnas por el candidato al que iban a apoyar. Este no era otro que Laporta, quien ejerció todos los papeles posibles: anfitrión, candidato y presidente in pectore.

Solo un hombre como Joan Laporta, con sus aciertos y errores, podía abrazarse a pie de urna con un ministro de Sumar, Ernest Urtasun, y con el expresidente convergente Jordi Pujol i Soley. Ambos políticos acudieron el domingo a votar.

Solo alguien como él podía tener la osadía de saltar con los jugadores del primer equipo cuando acudieron a las urnas después de su partido o situar dentro del “marco laportista” a Aitana Bonmatí, la gran referente del fútbol femenino mundial.

Laporta encarna a la perfección lo que representa el Barça: un club local abrazado a sus raíces históricas y una multinacional del entretenimiento que ha crecido bajo la lógica de la disneyización. ¿Alguien se imaginaría al CEO de una gran compañía celebrando abiertamente sus éxitos en la discoteca Luz de Gas? El aficionado “laportista” esperaba eso precisamente: ver a Laporta en la discoteca para cerrar la noche y escenificar la victoria, como si fuera una Champions más.

Gobernanza y modelo de propiedad

En el Barça todo es posible porque, aunque pueda incomodar a los tecnócratas, es una institución singular. En esta votación, los socios han avalado que siga siéndolo cinco años más. El debate sobre la gobernanza y el modelo de propiedad no ha aparecido en estas elecciones. Ni se le esperaba, a pesar de la delicada situación económica que vive el club todavía, sin olvidar el trabajo realizado en los últimos años para enderezarla. Pero el crecimiento bajo la lógica capitalista del fútbol profesional obligará, tarde o temprano, a recuperarlo. ¿Será Joan Laporta, fortalecido como ha salido de estas elecciones, la persona llamada a afrontarlo definitivamente?

The Conversation

Xavier Ginesta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El barcelonismo entroniza de nuevo a Laporta y le confía un futuro repleto de desafíos económicos e institucionales – https://theconversation.com/el-barcelonismo-entroniza-de-nuevo-a-laporta-y-le-confia-un-futuro-repleto-de-desafios-economicos-e-institucionales-278443

¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rubén Garrido-Yserte, Director del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social, Universidad de Alcalá

Leka Sergeeva/Shutterstock

La guerra en torno a Irán ha vuelto a disparar el petróleo. La economía energética y la economía del comportamiento ayudan a explicar por qué los precios del diésel y la gasolina reaccionan de forma tan desigual.

Un conflicto a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en el precio que pagamos al repostar. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en 2026. La guerra ha alterado profundamente el funcionamiento del mercado petrolero mundial tras la interrupción del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las principales arterias energéticas del planeta.

Según el informe de marzo de 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), casi 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos que normalmente circulan por ese estrecho se han visto afectados por la crisis. Se trata de una perturbación de una magnitud excepcional en el mercado energético mundial.

Los precios que suben

Los mercados reaccionaron rápidamente a esta situación de estrés. Tras el inicio de las hostilidades, el precio del petróleo Brent pasó de los 71 dólares previos al inicio de la contienda a situarse en una horquilla de entre los 90 y 100 dólares.

Pero para muchos consumidores, el fenómeno más visible ocurre después. Cuando el petróleo sube, los precios de la gasolina y el diésel parecen aumentar casi de inmediato en las estaciones de servicio. Y cuando el petróleo baja, el descenso suele ser mucho más lento.

Los economistas conocen bien este patrón. Se denomina “cohetes y plumas” (rockets and feathers): los precios suben como cohetes y bajan como plumas. Este comportamiento ha sido documentado en estudios clásicos, como el de los economistas Severin Borenstein, A. Colin Cameron y Richard Gilbert, publicado en 1997 en el Quarterly Journal of Economics.

Del barril al surtidor

Para entender este fenómeno conviene recordar cómo se forma el precio del combustible.

El primer eslabón es el mercado internacional del petróleo, donde el precio responde a factores geopolíticos, expectativas financieras o decisiones de producción de los grandes países exportadores.

El segundo nivel es el mercado mayorista de productos refinados. El petróleo debe transformarse en gasolina, diésel o queroseno en refinerías. En Europa, uno de los principales mercados de referencia se sitúa en la región Ámsterdam-Róterdam-Amberes.

El tercer nivel es el mercado minorista, donde operan distribuidores y estaciones de servicio. A ese precio se añaden además los impuestos, que en Europa representan una parte considerable del precio final del combustible. La Comisión Europea publica un boletín semanal con estos datos.

Cuando el petróleo sube, los costes mayoristas aumentan rápidamente y las estaciones de servicio suelen trasladar ese incremento con rapidez. Cuando el petróleo baja, el ajuste suele producirse con mayor retraso.

El shock energético de 2026

La crisis actual ilustra bien cómo se transmite un shock energético global.

La Agencia Internacional de la Energía estima que la oferta mundial de petróleo podría reducirse en unos 8 millones de barriles diarios en marzo debido a la paralización de exportaciones y al cierre de infraestructuras energéticas en varios países del Golfo.

La interrupción del transporte marítimo ha obligado también a algunos productores a reducir su producción por la falta de capacidad de almacenamiento o transporte.

Para amortiguar el impacto sobre el mercado, los países miembros de la IEA han acordado liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas, una medida destinada a estabilizar el suministro global.

Sin embargo, estas intervenciones solo pueden suavizar temporalmente las tensiones. La evolución futura de los precios dependerá en gran medida de la duración del conflicto y de la reapertura de las rutas marítimas.

La competencia en el mercado de carburantes

Durante mucho tiempo se pensó que la explicación del fenómeno “cohetes y plumas” estaba únicamente en la estructura del mercado.

Los mercados de carburantes suelen tener características oligopolísticas. Es decir, las grandes compañías petroleras suelen estar integradas verticalmente –refino, transporte y distribución– y el número de estaciones de servicio que compiten directamente en una zona concreta puede ser relativamente limitado.

En este contexto, cuando los costes aumentan, las empresas trasladan rápidamente ese incremento al precio final para evitar una reducción de márgenes. En cambio, cuando los costes disminuyen, reducir precios rápidamente puede resultar menos atractivo si los competidores no lo hacen.

Pero esta explicación, basada únicamente en la competencia, no basta para entender completamente el fenómeno.

El comportamiento de los consumidores

La otra parte de la explicación se encuentra en el comportamiento de los consumidores.

Desde finales del siglo XX, la economía ha incorporado aportaciones de la psicología para entender cómo tomamos decisiones. Herbert Simon introdujo el concepto de racionalidad limitada (a falta de tiempo y conocimientos, las personas no optimizan sus decisiones, buscan soluciones satisfactorias), y Daniel Kahneman desarrolló la teoría de la perspectiva; esto es, que las personas valoran más las pérdidas que las ganancias (en cantidades equivalentes).

En el mercado de carburantes, los consumidores afrontan costes de búsqueda. Encontrar gasolina más barata implica tiempo, información y desviarse de la ruta habitual.

Por eso utilizamos precios de referencia basados en nuestra experiencia reciente. Cuando el precio supera ese nivel, muchos consumidores reaccionan rápidamente y buscan estaciones más baratas.

Cuando el precio baja ligeramente, en cambio, muchos consideran que el ahorro potencial no compensa el esfuerzo de búsqueda. La demanda se vuelve menos sensible al precio y las estaciones de servicio tienen menos incentivos para reducir precios rápidamente.

El resultado agregado de millones de decisiones individuales genera precisamente el patrón observado.

Por qué el diésel se encarece más

La crisis actual también ha puesto de relieve la vulnerabilidad específica del mercado de diésel.

El informe de la IEA advierte de que los mercados de diésel y queroseno son especialmente sensibles a las interrupciones de las exportaciones de Oriente Medio, debido a la limitada capacidad de refino disponible en otras regiones.

Además, el diésel desempeña un papel central en el transporte de mercancías, la maquinaria industrial y la actividad agrícola, lo que hace que su demanda sea menos flexible. Y esta menor flexibilidad (“inelasticidad” en la jerga de los economistas) siempre se paga en forma de mayores precios ante un shock de oferta como el que estamos experimentando.

El precio de la incertidumbre

En última instancia, los precios de los combustibles no reflejan únicamente el coste del petróleo. También incorporan lo que podríamos llamar el precio de la incertidumbre.

La Agencia Internacional de la Energía estima que un aumento sostenido del 10 % en el precio del petróleo puede reducir el PIB mundial alrededor de un 0,1  %, lo que ilustra hasta qué punto el mercado energético está conectado con la economía global.

La guerra en torno a Irán nos recuerda que la seguridad energética sigue siendo un elemento central de la estabilidad económica mundial. Por ello, además de impulsar la transición energética, muchos países están reforzando sus reservas estratégicas y mecanismos de coordinación internacional para amortiguar futuras crisis.

La próxima vez que repostemos, quizá merezca la pena recordarlo: detrás del número que aparece en el surtidor no solo hay petróleo. También hay geopolítica, mercados globales y la forma en que reaccionamos ante la incertidumbre.

The Conversation

Rubén Garrido-Yserte no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué en las crisis los precios de los combustibles suben como cohetes pero caen como plumas? – https://theconversation.com/por-que-en-las-crisis-los-precios-de-los-combustibles-suben-como-cohetes-pero-caen-como-plumas-278484