A la manera de Taylor Swift o J. K. Rowling: cómo adaptarse e innovar en el mundo empresarial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Bocoya Maline, Personal docente e investigador del área de Organización de Empresas (Gestión Estratégica y Negocios Internacionales, Gestión del Conocimiento y Sistemas de Información), Universidad de Cádiz

La cantante estadounidense Taylor Swift. A.PAES/Shutterstock

Robert Galbraith es un conocido escritor cuya saga de novelas policíacas, protagonizadas por el detective Cormoran Strike, ha sido tan exitosa que, desde 2017, la BBC emite la serie de televisión Strike.

La cuestión es que Robert Galbraith no es Robert Galbraith: es el seudónimo que utiliza la conocidísima escritora británica J. K. Rowling, creadora del mundo mágico de Harry Potter. Cerrada la historia del mago, la autora readaptó sus capacidades a un nuevo género. Para ello, investigó en nuevos campos y se documentó profundamente.




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La cantante estadounidense Taylor Swift ha pasado por una reconfiguración de capacidades similar. La artista comenzó su carrera en 2006 con un estilo country. Después incorporó progresivamente nuevos sonidos y colaboraciones, hasta que, en 2014, cambió de dirección musical –pese a las dudas de su propio equipo– con el álbum 1989.

Este cambio consolidó a la artista como estrella mundial del pop. En 2020, con trabajos como Folklore y Evermore, exploró registros más próximos al folk y a sonidos alternativos. Posteriormente, volvió a reconfigurar su propuesta en The Life of a Showgirl (2025) con un pop más directo y bailable. En 2026, dos décadas después de su debut, Swift continúa siendo una de las artistas internacionales más célebres.




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También esta el caso del director de cine Guillermo del Toro. El director ha sabido incorporar nuevas tecnologías y conocimientos alrededor de su predilección por los monstruos. El laberinto del fauno, La forma del agua, Pinocho o Frankenstein muestran cómo ha permanecido su identidad creativa pese a la reconfiguración de técnicas, recursos y equipos.

A diferencia de Rowling y Swift, el mexicano ha logrado mantener un universo creativo reconocible, pero moldeado mediante efectos artesanales, maquillaje, robótica, efectos digitales o animación stop-motion, según sus necesidades creativas.




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Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿qué tienen en común estas tres famosas personalidades artísticas con carreras tan dispares?

Pues que han sabido aprovechar oportunidades, incorporar nuevos conocimientos, detectar cambios, adaptar sus recursos a los nuevos escenarios. En el contexto empresarial, y concretamente en el de la gestión estratégica, esto se explica a través del concepto de capacidades dinámicas, que están estrechamente ligadas con el de innovación.

Capacidades para afrontar entornos cambiantes

En 1998, los investigadores David J. Teece, Gary Pisano y Amy Shuen definieron las capacidades dinámicas como “la capacidad de una organización para integrar, construir y reconfigurar competencias internas y externas ante entornos rápidamente cambiantes”.

La capacidad dinámica invita a revisar los conocimientos, a actualizar los recursos y los modos de trabajar. Y esto es porque el entorno pone a la organización a prueba. Podría llegar el momento en el que repetir aquello que se domina de forma ordinaria comience a no tener los mismos resultados.

Los investigadores Paul Pavlou y Omar El Sawy definieron en 2011 cuatro capacidades dinámicas: detección, aprendizaje, integración y coordinación.

  1. Detección: observar lo que sucede alrededor y descubrir cambios u oportunidades.

  2. Aprendizaje: adquirir conocimientos nuevos.

  3. Integración: combinar esos conocimientos nuevos con los que ya se poseen.

  4. Coordinación: reorganizar recursos, personas y actividades para conseguir que esa combinación pueda llevarse realmente a la práctica.

Así, J. K. Rowling adaptó su capacidad narrativa a un nuevo género en el que se documentó previamente.

Taylor Swift integró nuevos sonidos, colaboraciones y tecnologías diferentes en sus proyectos.

Guillermo del Toro combinó artísticamente literatura, cine, técnicas visuales y nuevas tecnologías, expandiendo su capacidad creativa.

Aplicando estas capacidades, estas tres personalidades artísticas se han adaptado a nuevos entornos sin perder su esencia y siguen siendo referentes en sus respectivos campos.

La fuerza de la inmediatez

Sin embargo, los mercados son cada vez más competitivos y operan bajo la amenaza de lo inmediato. Esta situación obliga a los creativos a producir, innovar y sorprender continuamente y en menor tiempo. Paradójicamente, los artistas necesitan tiempo para descubrir conexiones, experimentar, rediseñar, aprender de los errores. El tiempo necesario para crear no tendría que acortarse para satisfacer antes al mercado.

Pero la dinámica es difícil de parar. En lugar de ralentizar los procesos, se apuesta por nuevas tecnologías que permiten reducir los tiempos de elaboración. Generadores de contenidos a la carta que sustituyen de forma inmediata un proceso que necesita tiempo.

En este sentido, una obra que se consume en minutos puede haber necesitado un tiempo considerable para ser elaborada. En este contexto, el escritor George R. R. Martin ha dado continuas evasivas a sus seguidores, quienes insisten en saber cuándo concluirá la siguiente entrega de la saga Canción de Hielo y Fuego. Es la lucha de la inmediatez contra el proceso creativo.

En estos casos, las capacidades dinámicas de detección, aprendizaje, integración y coordinación juegan un papel relevante, pues adaptarse no siempre implica producir más y más rápido. El creativo debe detectar qué está cambiando, aprender de esos cambios e incorporar nuevos conocimientos.

Todos poseemos capacidades dinámicas

La investigación sobre las capacidades dinámicas ha puesto el foco en las organizaciones, pero su lógica también puede trasladarse al ámbito profesional. Las capacidades de detección, aprendizaje, integración y coordinación ofrecen una forma de reflexionar sobre cómo adaptarse e innovar.

En el mundo en que vivimos es cada vez más útil captar y analizar información del entorno en tiempo real, lo que ayuda a tomar decisiones más acertadas. Interpretar qué cambios, tendencias o factores nos van a influir positiva o negativamente aporta una ventaja competitiva.

Igualmente, acceder a nuevas fuentes de aprendizaje que nos proporcionen nuevos conocimientos puede ayudarnos a ampliar nuestras posibilidades. Integrar esos nuevos conocimientos con los que ya poseemos, y coordinar los recursos disponibles para convertirlos en algo novedoso, puede ayudarnos a atravesar mejor las turbulencias del entorno.

Quizá, mantenerse creativo durante décadas, como han logrado J. K. Rowling, Taylor Swift o Guillermo del Toro, dependa precisamente de conservar la curiosidad para detectar lo que cambia. También de la voluntad para seguir aprendiendo. Cuestiones tan importantes como la capacidad para transformarnos sin perder nuestra esencia.

The Conversation

José Bocoya Maline no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. A la manera de Taylor Swift o J. K. Rowling: cómo adaptarse e innovar en el mundo empresarial – https://theconversation.com/a-la-manera-de-taylor-swift-o-j-k-rowling-como-adaptarse-e-innovar-en-el-mundo-empresarial-289292

La vuelta a la rutina tras el verano también cuesta a las personas mayores: así puede hacerse más llevadera

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Esther Camacho Ortega, Psicóloga experta en envejecimiento, UNIE Universidad

TinaSova20/Shutterstock

El verano rompe la rutina de muchas personas mayores: cambian los horarios, las actividades y los lugares. Aunque este parón suele beneficiar a muchas personas y no tanto a otras, para ambos grupos la vuelta no siempre es sencilla. Recuperar el día a día de forma progresiva, teniendo en cuenta los ritmos, y contar con apoyo es clave para evitar desorientación, malestar o sobrecarga.

Durante el año, la rutina cumple una función importante. No es solo “hacer lo mismo cada día”: también da seguridad, organiza el tiempo y facilita el bienestar emocional. La investigación ha mostrado que mantener una cierta estabilidad en las actividades diarias se asocia con mejor sueño en personas mayores y con menos insomnio.

La rutina ofrece la posibilidad de participar en actividades culturales, formativas y de desarrollo como talleres, cursos de idiomas y de habilidades o voluntariado, así como en actividades de ocio beneficiosas, como paseos a horas concretas, comidas más regulares, ejercicio físico y actividades grupales.

Estas actividades ayudan a mantener la mente activa y el contacto social, y distintos estudios han relacionado la participación en actividades físicas, sociales e intelectuales con un mejor rendimiento cognitivo y una mayor calidad de vida.

Cambios estivales

Sin embargo, el verano introduce cambios. Muchas de estas actividades se suspenden. Se viaja al pueblo, se visitan familiares o los familiares vienen a casa. Los horarios, las cantidades de comida y sueño y la organización del día se alteran. En algunos casos, hay más tiempo libre y descanso; en otros, ocurre lo contrario y aumentan las responsabilidades.

Este cambio no es necesariamente negativo. Salir del entorno habitual puede ser estimulante y, en algunos casos, también favorecer el bienestar. Reencontrarse con lugares conocidos, como la casa del pueblo, aporta sensación de continuidad y puede funcionar como una experiencia emocionalmente reconfortante.

Pero no todas las experiencias estivales son iguales. Para algunas personas mayores, el verano implica perder espacios de autocuidado. El cierre de talleres o centros puede suponer dejar de ver a amistades, reducir la actividad física o perder estímulos cognitivos. Además, cuando disminuyen los contactos habituales, puede aumentar la sensación de aislamiento. La evidencia es clara: la soledad y el aislamiento social en personas mayores se asocian con peor salud física y mental.

En otros casos, el verano añade carga. Hay personas mayores que asumen más tareas: cuidar de nietos, encargarse de la casa familiar o atender a otra persona dependiente. Incluso pueden convivir temporalmente con familiares con los que la relación no es fácil. Todo esto puede generar cansancio físico y emocional.

El esfuerzo de adaptación

Después de semanas o meses con horarios más flexibles, el regreso a la rutina exige un esfuerzo de adaptación. A nivel cognitivo, puede aparecer cierta desorientación, sobre todo si ha habido cambios de entorno prolongados. Estudios sobre la organización de la vida diaria en personas mayores sugieren que una mayor rigidez o necesidad de rutina puede asociarse con más vulnerabilidad cognitiva y psicológica.

Además, el contraste puede ser brusco. Se pasa de un periodo con más compañía a otro con más soledad, o al revés: de la tranquilidad a una agenda llena de tareas. También influye el estado emocional con el que se vuelve. No es lo mismo regresar descansado y con ilusión por retomar, que hacerlo agotado o con sensación de sobrecarga.

Claves para una vuelta más fácil

La adaptación no debe ser inmediata ni exigente. Hay algunas pautas que pueden ayudar:

  • Planificar la vuelta antes del verano: plazos de inscripción a talleres, horarios a tener en cuenta a la vuelta… Todo en la medida de lo posible y sin agobios.

  • Recuperar la rutina poco a poco: no es necesario retomar todas las actividades de golpe. Es mejor empezar por aquellas que resultan más significativas, como un dar un paseo diario o leer el periódico.

  • Restablecer horarios estables de sueño y comidas: la regularidad en los horarios de sueño se ha vinculado con mejor descanso y salud en personas mayores.

  • Incorporar un buen hábito: hacer más caminatas, comer más fruta o leer más.

  • Favorecer la socialización: retomar el contacto con amistades o participar en actividades grupales reduce la desconexión y ayuda a combatir la soledad.

  • Hablar sobre la experiencia del verano: compartir y escuchar a otras personas sobre lo vivido facilita integrar el cambio y dar continuidad a la propia historia.

  • Evitar la sobrecarga: intentar “recuperar el tiempo perdido” puede generar fatiga. Es importante alternar actividad y descanso.

  • Contar con el apoyo del entorno: familiares, amistades y personas que ofrecen cuidados deben respetar el ritmo de la persona mayor, sin imponer tiempos ni expectativas.

Una oportunidad para revisar actividades

No hay que olvidar que la rutina no siempre es positiva. Para algunas personas, volver significa retomar obligaciones exigentes: cuidar de otros, encargarse del hogar o asumir responsabilidades sin suficiente apoyo. En estos casos, el malestar no tiene que ver con la adaptación, sino con las condiciones de vida.

Por eso, la vuelta a la rutina también constituye una oportunidad para revisar qué actividades aportan bienestar y cuáles generan carga. Es fundamental mantener lo que cuida (como los espacios sociales o las actividades significativas, que se han relacionado con mejor funcionamiento cognitivo y mayor reserva cognitiva) y buscar apoyo en lo que desgasta.

La clave está en entender que cada persona vive este proceso de forma distinta. Acompañar, respetar los tiempos y recuperar poco a poco aquello que da sentido al día a día facilita una vuelta más amable y saludable, algo coherente con lo que muestran los estudios sobre actividades de ocio, participación social y salud cognitiva en mayores.

The Conversation

Esther Camacho Ortega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Patrones oscuros que nos sacan el dinero (y el tiempo) en internet

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Conde Melguizo, Investigador en el grupo ECSiT, Tecnología e Innovación para la Sociedad, la Cultura y la Educación, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

La “experiencia de usuario” (UX, por sus siglas en inglés) se ha convertido en uno de los elementos fundamentales del diseño digital. Los creadores del concepto –o, al menos, sus mayores divulgadores–, Don Norman y Jakob Nielsen, lo definen como conocer las necesidades del usuario para ofrecerle un producto o servicio sin complicaciones ni molestias, de la manera más simple para que pueda disfrutar de su uso.

Cuando el diseño digital parte de la psicología

Aunque el concepto de UX se popularizó y profesionalizó ampliamente en la década de los 2010 con la expansión del mercado de las app, académicamente es una rama del conocimiento con raíces profundas en la psicología cognitiva, la sociología o la antropología.

Comenzó con modelos técnicos como el Technology Acceptance Model (TAM), que solo tenía en cuenta aceptación o rechazo a una nueva tecnología por parte de las personas mediante indicadores funcionales, como la utilidad o la facilidad de uso. Luego, avanzó hacia modelos que integran variables sociales como las claves culturales de la percepción, la influencia del contexto social, la naturaleza del lenguaje, etc.

Podemos afirmar que este cambio ha mejorado el entendimiento de la tecnología cuando opera en el contexto para el que ha sido diseñada, pasando el usuario de ser un elemento de interacción en una ecuación a ser considerado una persona, con toda su riqueza psicológica, social y cultural. El problema surge cuando se aprovecha este campo de conocimiento para pervertir el trabajo del diseñador UX, como ocurre con los patrones oscuros.

Trampas para engañar al internauta

Se denominan patrones oscuros o dark patterns a aquellas estrategias de diseño concebidas para influir, presionar o engañar a los usuarios, con el fin de que adopten decisiones que probablemente no tomarían si dispusieran de una información clara y de una capacidad de elección plenamente libre.

Se suele atribuir la autoría de este término al diseñador UX Harry Brignull, quien creó en 2010 la plataforma darkpatterns.org –rebautizada luego como deceptive.design– para documentar y denunciar este tipo de prácticas.

Actualmente, se han extendido por otras áreas del diseño, como los videojuegos, donde en los últimos años se ha denunciado su uso para incrementar los pagos por parte de los jugadores, incluso en títulos destinados a menores de edad.

Algunos ejemplos de patrones oscuros son la falsa urgencia (“solo quedan dos habitaciones disponibles”), la culpabilización (“no suscribirme, prefiero seguir desinformado”) o el pay2fast (pagar para acelerar un proceso que se ralentiza innecesariamente). Otros tienen que ver estrictamente con el diseño web, como ocultar el botón para darse de baja en un servicio o como esconder en un complicado laberinto de menús la opción de proteger más nuestra privacidad.

¿Es el objetivo aumentar los ingresos de las plataformas digitales?

En el mundo profesional y académico, solemos afirmar que los patrones oscuros son diseños opuestos a la UX, que está centrada en el beneficio del usuario. Sin embargo, beben de la misma fuente que los estándares de usabilidad: las ciencias sociales. El mismo corpus de conocimiento psicológico puede inducir un diseño sencillo y minimalista o, por el contrario, un comportamiento compulsivo.

Por ejemplo, la usabilidad –facilidad de uso– en una web de apuestas puede ir dirigida a prestar un mejor servicio al cliente o a inducir un mayor número de apuestas por una mayor cantidad.

De igual manera, el embudo de conversión hacia una suscripción –estrategia de marketing digital que guía a los visitantes de un sitio web a lo largo de varias etapas (conciencia, interés, decisión y acción) con el objetivo de convertirlos en clientes reales– puede diseñarse para mejorar la relación con el cliente o para aprovechar el fenómeno de la aversión a la pérdida . Así se retienen jugadores o usuarios con el único fin de mejorar los beneficios trimestrales de la compañía.

Un enfoque ético marcaría la diferencia

Por este motivo, es necesario introducir en los modelos de diseño UX la variable de la ética. Si no, corremos el riesgo de que, en un mundo donde prima la competencia por la atención del usuario, este se convierta en un mero proveedor de tiempo y transacciones. El avance de los patrones oscuros por todos los servicios digitales está detrás de esta perversión.

El cambio no puede producirse únicamente confiando en el buen hacer del diseñador, sino que debe estar sustentado en un nuevo modelo que sustituya al usuario por el humano.

Humanos, antes que usuarios

La historia de la UX relata la progresiva humanización de la tecnología. En primer lugar, se cambió el lugar del usuario, del final del proceso de diseño al centro. Posteriormente, se incorporaron a su análisis los factores psicológicos, sociales y culturales.

Sin embargo, este conocimiento, explotado en un contexto de alta competencia, nos lleva a la contradicción: cuanto mejor conocemos el comportamiento humano, mayor es también nuestra capacidad para manipularlo.

Por eso, el próximo paso en la humanización del diseño no debería centrarse únicamente en mejorar la experiencia del usuario, sino en proteger la experiencia humana. Pasar de la UX a la HX –Human Experience– es asumir que, detrás de cada cada métrica, hay una persona con suficientes problemas, dudas y necesidades como para centrar nuestros esfuerzos en crearle otros nuevos.

The Conversation

Rafael Conde Melguizo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Patrones oscuros que nos sacan el dinero (y el tiempo) en internet – https://theconversation.com/patrones-oscuros-que-nos-sacan-el-dinero-y-el-tiempo-en-internet-286323

Ratko Mladić sigue siendo considerado un héroe por muchos serbios de Bosnia

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Olivera Simic, Professor in Law, Griffith University

Tenía 19 años y vivía en Banja Luka, la segunda ciudad más grande de Bosnia, cuando Yugoslavia empezó a desmoronarse. Lo que más recuerdo es la conmoción y la rapidez con la que mi vida normal y la de mis amigos se acabaron de repente.

Por aquel entonces, no seguía mucho la política ni veía las noticias, así que no tenía ni idea de lo que se avecinaba: una guerra en toda regla y un genocidio contra los bosnios (la población musulmana de Bosnia), liderado por el general serbobosnio y criminal de guerra condenado Ratko Mladić, que ha fallecido esta semana en una prisión de La Haya.

La etnia no era algo de lo que mis amigos y yo habláramos nunca cuando éramos niños. Dos de mis mejores amigos no eran serbios, algo de lo que solo me di cuenta cuando se marcharon repentinamente de Bosnia en abril y mayo de 1992.

Poco después, me enteré de que iba a ser reclutada para la defensa territorial serbia, sin saber siquiera qué era eso. Fui a recoger mi uniforme y mis botas, y mis padres me subieron al autobús para que saliera del país. No sabía adónde iba.

Así fue como abandoné mi país, por mi cuenta, por primera vez en mi vida: a toda prisa, sin despedidas, sin saber si volvería a ver a mi familia ni cuándo. No fui la única. Casi dos millones de bosnios se vieron desplazados durante la guerra.

Ahora, con la muerte de Mladić, estos recuerdos del conflicto vuelven a aflorar, yuxtapuestos a las escenas desalentadoras en las que los serbios de Bosnia celebran a Mladić como un héroe.

No era un héroe; tampoco sirve de nada referirse a él simplemente como un “loco” o un “carnicero”. Mladić es un recordatorio simbólico de los legados sin resolver de la guerra: las continuas divisiones entre los bosnios y los recuerdos selectivos que muchos tienen sobre las atrocidades que se cometieron.

Rápido ascenso en el escalafón

Mladić era un oficial de carrera del ejército yugoslavo. Su ascenso en el escalafón se aceleró al comienzo de la guerra de Bosnia, cuando fue nombrado comandante en jefe del ejército serbobosnio.

Es importante comprender que este ejército de reciente creación heredó todo su material blindado del antiguo ejército yugoslavo. Contaba con todas las armas y la infraestructura militar de Bosnia, y estaba liderado por un oficial profesional y experimentado como Mladić.

El ejército de Mladić se hizo rápidamente con el control del 70 % del país y sitió la capital, Sarajevo. Más de 100 000 personas murieron en la guerra entre 1992 y 1995. Al menos 8 000 hombres y niños bosnios fueron asesinados por el ejército serbobosnio en el genocidio de Srebrenica, en julio de 1995. Mladić fue el rostro de esta despiadada campaña militar y del auge del nacionalismo serbio de la época.

En mi investigación, he revisado los testimonios de soldados serbios y líderes de la época de la guerra, y he hablado extensamente con Biljana Plavšić, la expresidenta de la República Serbia de Bosnia y la única mujer procesada por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. Plavšić trabajó en estrecha colaboración con Mladić y lo conocía muy bien.

Los soldados y líderes serbios –y, por desgracia, muchos serbios también– lo admiraban por su aparente valentía, su extraordinaria confianza en sí mismo y sus muestras de poder. Por eso, a día de hoy, muchos serbios siguen viéndolo como su protector, como un santo que defendió a los serbios durante la guerra. Ocupa un lugar especial en la mitología del país, debido a la forma en que generaciones de jóvenes serbios han sido adoctrinados con los relatos de su heroísmo durante la guerra.

Cuando el conflicto terminó en 1996, Mladić pasó a la clandestinidad durante casi 16 años, viviendo en la Serbia rural hasta que fue detenido. Fue juzgado en La Haya, declarado culpable de crímenes de guerra y condenado a cadena perpetua en 2017.

Entender a Mladić, el hombre y el criminal de guerra

Como especialista en atrocidades masivas, creo que debemos tener cuidado con la forma en que intentamos comprender o explicar las acciones de los autores de estos crímenes. Los medios de comunicación retratan a Mladić como un monstruo, un loco y el “carnicero de Bosnia”. Pero creo que es importante señalar que no era un psicópata.

Caracterizarlo de esa manera minimiza su responsabilidad penal, así como las estructuras que hicieron posibles sus crímenes. Lo presenta como alguien ajeno a la humanidad.

Mladić fue considerado “extraordinario” por los crímenes que cometió, pero, al mismo tiempo, también era un hombre de familia “corriente”. Su única hija se suicidó en Belgrado, Serbia, en 1994, utilizando su pistola. Algunos afirmaron que se quitó la vida tras descubrir el papel que había desempeñado su padre en la guerra.

Es importante ver a Mladić no como un monstruo que cometió crímenes masivos, sino como un ser humano que lo hizo. Humanizar a alguien condenado por crímenes de guerra y genocidio resulta incómodo para muchos, ya que se corre el riesgo de restar gravedad a sus crímenes y a su culpabilidad. Estas preocupaciones deben tomarse en serio.

Aun así, comprender cómo personas como Mladić pudieron cometer estos crímenes es clave si queremos aprender a evitar que vuelvan a ocurrir en el futuro. Un aspecto importante de todo ello fue la enorme infraestructura militar que lo rodeaba. Él solo no podría haber cometido todas las atrocidades de la guerra. Contaba con un ejército de personas que respaldaban sus decisiones y actuaban siguiendo sus órdenes.

Su complicado legado perdura

La detención y condena de Mladić tuvieron una importancia histórica, pero esta justicia ha sido incompleta. Ninguna sentencia ni condena puede devolver las miles de vidas que se extinguieron, ni puede hacer que las personas desplazadas regresen a sus hogares.

Y lo que es más importante, puede que los bosnios hayan conseguido justicia jurídica con la condena de Mladić, pero muchos siguen sintiendo que no han recibido justicia moral. Ni Mladić ni ningún otro criminal de guerra condenado ha expresado jamás remordimiento ni ha admitido sus crímenes ante las familias de las víctimas. Aún más devastador es el hecho de que muchos los celebren como héroes, en lugar de considerarlos criminales de guerra.

La condena de Mladić tampoco trajo la reconciliación a la Bosnia y Herzegovina actual. El Tribunal Penal Internacional para la desaparecida Yugoslavia esperaba lograrlo mediante su labor, pero nunca sucedió. Las sentencias históricas del tribunal y los testimonios de los testigos no eliminaron la negación que aún existe entre muchos respecto a los crímenes cometidos durante la guerra.

Los procesos judiciales generaron millones de páginas de pruebas, que confirmaron de manera indiscutible que el genocidio de Srebrenica tuvo lugar y fue cometido por determinadas personas. Tanto los tribunales de la ONU como los nacionales también dictaminaron que se trataba de un genocidio.

Sin embargo, muchos serbios siguen sin creer que esto sea cierto. En 2024, miles de serbios bosnios salieron a las calles de mi ciudad natal, Banja Luka, para manifestarse en contra de una propuesta de resolución de la ONU que conmemoraba el genocidio de Srebrenica. El Parlamento serbobosnio también aprobó un informe en el que se niega que el genocidio haya tenido lugar.

Y tras conocer la noticia de la muerte de Mladić esta semana, muchos jóvenes serbobosnios salieron a la calle para celebrar su vida y su legado. Llevaban banderas y carteles con el rostro de Mladić, cantando y coreando su nombre. La mayoría de estos jóvenes nacieron después de la guerra, pero se criaron escuchando narrativas que presentaban a Mladić como el salvador de los serbios.

Hay algo profundamente erróneo en el legado de los juicios de posguerra –concretamente, en cómo el Gobierno no ha logrado reconstruir la sociedad– si no somos capaces de eliminar esta negación o borrar esta percepción sobre las supuestas hazañas heroicas de Mladić. En mi opinión, la culpa de esto recae en los dirigentes serbios que llegaron al poder tras la guerra.

Mladić y los demás líderes de la época de la guerra no aparecen retratados en los libros de texto de historia de los serbios de Bosnia como criminales de guerra. Más bien, se les describe como héroes que fundaron la Republika Srpska, la parte separada de Bosnia y Herzegovina, de mayoría serbia, que surgió tras el conflicto.

Por eso la guerra nunca terminó realmente. Hoy en día sigue librándose de otras formas, a través de narrativas oficiales, símbolos y objetos conmemorativos.

Como investigadora que ha dedicado su carrera a documentar los crímenes de guerra de esta época, resulta devastador comprobar que apenas hay hechos sobre la guerra que sean aceptados por todos los bosnios. Hasta que no lo consigamos, Bosnia seguirá dividida.

The Conversation

Olivera Simic no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Ratko Mladić sigue siendo considerado un héroe por muchos serbios de Bosnia – https://theconversation.com/ratko-mladic-sigue-siendo-considerado-un-heroe-por-muchos-serbios-de-bosnia-290742

¿Ha hecho esto una IA?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Paula Lamo, Profesora e investigadora, Universidad de Cantabria

Que un contenido no lleve marca de haber sido por IA, no garantiza que sea un producto humano. Walls.io / Unsplash. , CC BY

Desde el 2 de agosto de 2026, se aplican en la Unión Europea nuevas obligaciones de transparencia para determinados sistemas de inteligencia artificial (IA). Si los usuarios han visto un aviso en la página principal de herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude o Deepseek, no se trata de una campaña de imagen de las empresas tecnológicas. Es una consecuencia del artículo 50 del Reglamento europeo de inteligencia artificial.

Entre otras obligaciones, los proveedores de sistemas generativos deben incorporar marcas que permitan detectar contenidos generados o manipulados artificialmente. Mientras, quienes utilizan estos sistemas tienen obligaciones específicas de información cuando producen deepfakes y determinados textos sobre asuntos de interés público.

El objetivo parece claro: reducir los riesgos de engaño, manipulación, fraude o desinformación. Sin embargo, ¿qué demuestra realmente encontrar una de esas marcas? ¿Y qué significa no encontrarla?

Qué se está incrustando exactamente en los archivos

El Código de Buenas Prácticas europeo diseñado para facilitar el cumplimiento del artículo 50 contempla diferentes mecanismos de marcado y detección. El objetivo es que las señales sean legibles por máquina, interoperables, robustas y fiables hasta donde resulte técnicamente posible.

Una de las tecnologías que puede utilizarse para acreditar la procedencia son los metadatos, es decir, etiquetas con información detallada sobre un archivo, criptográficamente verificables. Así, el estándar C2PA permite asociar a un archivo un historial de procedencia mediante credenciales firmadas digitalmente, de manera que las modificaciones posteriores puedan quedar registradas o ser detectables. Otra posibilidad son las marcas de agua imperceptibles incorporadas al propio contenido. Un ejemplo es el sistema SynthID, que introduce señales en imágenes, audio, vídeo o texto, destinadas a sobrevivir a determinadas transformaciones del archivo.

Los dos mecanismos persiguen lo mismo, pero funcionan de manera distinta. Los metadatos se parecen a la etiqueta de una chaqueta: viajan con el archivo, aunque pueden desaparecer cuando este se copia, transforma o procesa. La marca de agua se parece más a la filigrana de un billete: está incrustada en el propio contenido y, en principio, resulta más difícil de eliminar.

No obstante, ambas técnicas identifican la procedencia, no la autoría. Se trata de una limitación importante que hace que, aunque estamos empezando a disponer del «número de serie» que permite rastrear de dónde viene un contenido, sigamos sin tener una prueba capaz de determinar de forma fiable si lo creó una persona o una máquina.

Todos los usos de la IA en el mismo saco

Una señal de procedencia puede acreditar que un determinado sistema intervino en la generación o manipulación del contenido. No explica necesariamente cuánto intervino, ni cuál fue la contribución intelectual de la persona.

No es lo mismo pedir a un modelo que genere un trabajo completo desde cero que utilizarlo para traducir un párrafo, mejorar una frase, depurar un fragmento de código, ordenar datos de laboratorio o retocar una imagen.

Desde el punto de vista de la autoría, el esfuerzo y la responsabilidad intelectual pueden conformar situaciones muy distintas. Y una señal técnica de procedencia no nos saca de dudas.

Entonces, ¿interpretaremos socialmente que un trabajo vale menos simplemente porque aparece el aviso de que intervino una IA? Si ocurre, habremos convertido una infraestructura diseñada para informar sobre la procedencia en algo parecido a un detector de fraude. Y no lo es.

La paradoja del que no tiene nada que ocultar

Existe, además, un problema de incentivos. Quien utiliza una herramienta de IA legítimamente puede no tener ningún interés en eliminar su procedencia. Pero ocurre lo contrario con quien pretende hacer pasar un contenido sintético por auténtico.

Y resulta que, en algunos casos, estas marcas pueden eliminarse. Los metadatos son frágiles porque pueden desaparecer cuando el archivo se transforma, se vuelve a guardar o pasa por determinados servicios. Una captura de pantalla, por ejemplo, crea un archivo nuevo que ya no conserva necesariamente la cadena de procedencia original. Por su parte, las marcas de agua incorporadas al propio contenido intentan resolver ese problema: pueden diseñarse para resistir operaciones como compresión, recorte o reescalado.

Pero robusto no significa indestructible. Está demostrado que determinadas marcas invisibles en imágenes pueden eliminarse mediante ataques de regeneración, en los que se añade ruido –errores, imágenes borrosas– para que un modelo generativo reconstruya posteriormente la imagen, debilitando o eliminando la señal original.

Otros trabajos han estudiado un reto todavía más delicado: el compromiso entre hacer una marca suficientemente robusta para sobrevivir a manipulaciones y evitar que el sistema termine detectando como marcados contenidos que no deberían estarlo.

En este contexto, las marcas pueden ser muy útiles para mantener una cadena de procedencia cuando los participantes quieren conservarla. El problema aparece cuando alguien intenta deliberadamente romperla.

Intentos de regulación en una red global

Europa no es la única que intenta afrontar el desafío. China introdujo en 2025 medidas específicas para identificar contenidos generados mediante IA. Corea del Sur también ha incorporado la obligación de etiquetar esta clase de contenidos.

En Estados Unidos, California ha aprobado la ley AI Transparency Act, activa también desde el 2 de agosto de 2026, que obliga a grandes proveedores de IA generativa a incorporar señales latentes en imágenes, vídeo y audio generados por sus sistemas y a proporcionar herramientas que permitan a los usuarios comprobar si un contenido incluye esas señales.

El resultado es un mosaico de obligaciones, tecnologías, excepciones y umbrales desplegado sobre una red que nunca fue diseñada para preguntar por el pasaporte de cada archivo.

Presencia y ausencia no significan lo mismo

Disponer de mecanismos capaces de demostrar de dónde procede un contenido puede convertirse en una pieza importante de la infraestructura digital. El valor no está solo en señalar contenido generado mediante IA: también puede estar en acreditar que una fotografía procede realmente de la cámara o de la organización que afirma haberla producido.

El problema aparece cuando convertimos una señal de procedencia en un veredicto sobre la autoría. Si encontramos una marca fiable, podemos obtener información relevante sobre la intervención de un determinado sistema o sobre el historial del archivo. Pero si no encontramos ninguna, la conclusión no es tan clara. Puede ser un contenido humano. Puede proceder de un sistema que no estaba obligado a incorporar esa señal. Puede haber sufrido transformaciones que rompieron su cadena de procedencia. Puede haberse realizado una captura de pantalla. O alguien puede haber intentado deliberadamente eliminar la marca.

Presencia y ausencia, por tanto, no tienen el mismo valor probatorio. Y entender esa asimetría será imprescindible si estas tecnologías empiezan a utilizarse en educación, periodismo, justicia, redes sociales o propiedad intelectual.

Al mismo tiempo, una marca de procedencia puede ayudarnos a responder a la pregunta: ¿de dónde viene esto? Pero no responde a otra mucho más difícil: ¿quién lo pensó? Para esa segunda pregunta seguimos sin tener un detector automático.

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Este trabajo ha sido apoyado por el Gobierno Regional de Cantabria y financiado por la UE bajo el proyecto de investigación 2023-TCN-008 UETAI.

– ref. ¿Ha hecho esto una IA? – https://theconversation.com/ha-hecho-esto-una-ia-290038

Cuando la foto es lo único que importa: prácticas de los influencers de fauna que ponen en riesgo a los animales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Guerrero Casado, Profesor del Departamento de Zoología, Universidad de Córdoba

Ejemplar de Sapillo pintojo ibérico, un endemismo ibérico. José Guerrero Casado

Cada vez son más las voces críticas que alertan sobre los efectos perjudiciales que tienen las redes sociales en diferentes ámbitos de nuestra vida. También empieza a cambiar la forma en la que la sociedad percibe a los influencers y creadores de contenido. Hemos pasado de la admiración a cierto rechazo, culminando en el reciente movimiento conocido como “la caída de los influencers”.

Uno de los motivos de este rechazo reciente radica en determinadas prácticas éticamente cuestionables, donde el afán por lograr repercusión en las redes sociales se antepone a las consideraciones morales y a los valores que deberían guiar la conducta.

En el caso concreto de los influencers y creadores de contenido sobre fauna silvestre, algunos perfiles buscan producir imágenes visualmente llamativas y capaces de alcanzar una gran repercusión. Esto a menudo lleva a adoptar comportamientos intrusivos o perturbadores.

Molestar a los animales para generar contenido

Molestar, capturar, transportar o manipular animales sin las correspondientes autorizaciones con el único fin de generar contenido llamativo transgrede el respeto por el bienestar animal y no significa interés biológico genuino por las especies. Los animales se convierten así en meros objetos estéticos, y la fotografía de fauna silvestre en una simple “caza de pokémon”.

Detrás de la fotografía perfecta pueden esconderse ciertas prácticas cuestionables desde un punto de vista ético, legal y biológico. Usando los anfibios y reptiles como ejemplo, repasaremos algunas de las consecuencias negativas que pueden tener las perturbaciones generadas para conseguir crear contenido impactante en redes sociales.

Perturbar a la fauna silvestre por una foto es ilegal

Desde una perspectiva legal, tanto la normativa internacional como la nacional son inequívocas al respecto. En la Unión Europea, la Directiva Hábitats prohíbe explícitamente la captura, la muerte o la perturbación deliberadas de especies protegidas.

De hecho, muchas especies de anfibios y reptiles autóctonas están incluidas como especies estrictamente protegidas en la Directiva Hábitats, así como en el Convenio de Berna relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y del Medio Natural en Europa.

En España, la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad en su Artículo 54 establece que “queda prohibido dar muerte, dañar, molestar o inquietar intencionadamente a los animales silvestres”.

Por lo tanto, capturar un anfibio o un reptil y manipularlo para fotografiarlo o grabarlo sin las autorizaciones correspondientes incumple claramente la normativa. Sin embargo, muchos usuarios de redes sociales desconocen o subestiman estas obligaciones legales en grupos menos carismáticos como estos.

Otro problema añadido surge cuando estas malas prácticas se realizan bajo el concepto de turismo de fotografía de naturaleza en países donde las regulaciones son más laxas o la capacidad de control más limitada.

Qué malas prácticas esconden las imágenes virales

Muchas de las fotografías y vídeos de anfibios y reptiles que vemos en redes sociales se obtienen tras capturar a los animales mientras descansan bajo piedras o troncos. Esta práctica, aparentemente inofensiva, altera la estabilidad térmica y la humedad del refugio, reduciendo la probabilidad de que vuelva a ser usado.

El uso de flashes de cámara, focos o linternas durante las búsquedas nocturnas de fauna silvestre puede alterar los ritmos circadianos, reducir los niveles de actividad y afectar a su orientación espacial.

Pero quizás la práctica más perjudicial de todas y éticamente más reprochable sea la de enfriar al animal introduciéndolo en algún recipiente frío para inmovilizarlo. Posteriormente, se ubica en un lugar considerado idóneo para obtener un fondo perfecto. Todo ello afecta severamente a su homeostasis fisiológica y a su capacidad de recuperación una vez liberado.

Además, esta reubicación hace que las imágenes no correspondan con su comportamiento natural. Por ejemplo, al mostrar una especie nocturna expuesta sobre una piedra a plena luz del día. En estas situaciones, el argumento de la divulgación para la conservación pierde toda validez.

El manejo de animales sin medidas profilácticas también incrementa el riesgo de transmisión de enfermedades, como la quitridiomicosis en el caso de los anfibios y la ofidiomicosis en el caso de las serpientes. Estas patologías son capaces de provocar mortalidades elevadas y colapsos de poblaciones, con efectos documentados en múltiples especies.




Leer más:
Las enfermedades emergentes que amenazan la fauna silvestre


Imitar a ciertas personas manipulando animales sin la experiencia y conocimientos adecuados también supone un riesgo tanto para la salud del animal como para la de las propias personas. Especialmente si se manipulan animales venenosos.

Efectos positivos y negativos de las redes sociales

Aunque las redes sociales pueden ser herramientas muy útiles para aumentar la conciencia pública sobre la conservación de la fauna silvestre, este argumento se utiliza a veces como excusa para justificar prácticas legal y éticamente cuestionables. Además, no siempre es fácil distinguir entre un interés real por la conservación de la fauna y la simple búsqueda de visibilidad en estas plataformas. La popularidad de una imagen nunca debe justificar daños a los animales.

Fotógrafos, naturalistas e influencers tienen la responsabilidad de mostrar la naturaleza sin ponerla en peligro. Las redes sociales deberían contribuir a la conservación y no convertirse en una amenaza añadida para las especies vulnerables.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cuando la foto es lo único que importa: prácticas de los influencers de fauna que ponen en riesgo a los animales – https://theconversation.com/cuando-la-foto-es-lo-unico-que-importa-practicas-de-los-influencers-de-fauna-que-ponen-en-riesgo-a-los-animales-290257

Antes de la alta costura: 400 000 años de historia de la moda

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Solange Rigaud, Evolution Humaine, Prehistoire, Université de Bordeaux

Reconstrucciones de rostros adornados con adornos corporales, tal y como se ha documentado para el Gravetiense, hace 30 000 años, en Europa.

Dessins de Sylvaine Jacquinot., Fourni par l’auteur

Aunque hoy en día se encuentra en el centro de numerosos debates, ya sea por su coste ecológico, las condiciones de fabricación de la ropa o la aceleración constante de las tendencias, la moda no es únicamente un fenómeno moderno, nacido con la industrialización, las casas de costura o la sociedad de consumo. Para rastrear su origen en nuestra historia evolutiva, hemos tratado de establecer los criterios que permiten identificarla en el registro arqueológico.

Según estos criterios, la moda surge cuando los miembros de una misma comunidad comparten convenciones comunes sobre la presentación del cuerpo, ya se trate de los tipos de adornos utilizados, determinadas formas de vestirse, peinarse o tatuarse, o las combinaciones, la cantidad o la disposición de los adornos que llevan.

Probablemente, las primeras prendas de vestir aparecieron hace más de 700 000 años con el fin de proteger el cuerpo del frío. Hace unos 400 000 años, diversas poblaciones comenzaron a utilizar habitualmente pigmentos rojos, sobre todo el ocre, para modificar el aspecto del cuerpo.

Posteriormente, hace unos 160 000 años, aparecieron en África los primeros adornos formados por conchas perforadas.

¿Debemos concluir, por tanto, que estas sociedades ya habían desarrollado la moda?

La aparición de las modas en la vestimenta

Hoy en día, algunas prendas de vestir responden a normas muy estrictas. Un uniforme militar, una toga de magistrado, una alianza o unas insignias profesionales transmiten una información social precisa, pero dejan poco margen para las elecciones individuales. Se trata más bien de un código que de moda.

Es probable que muchas formas de transformar el cuerpo mediante la ropa, los tatuajes y los adornos funcionaran de manera similar durante la prehistoria. Estas prácticas permitían mostrar una pertenencia, un estatus o una identidad colectiva. Eso no implica que ofreciesen la libertad de elegir la propia apariencia.

Aunque es difícil saber si algunas de estas primeras modificaciones corporales pudieron ser resultado de la existencia de modas en esos períodos más antiguos, sí que reflejan una innovación importante: el cuerpo se convierte progresivamente en un soporte de comunicación.

Esta hipótesis, formulada a partir de datos arqueológicos, se ve respaldada por la neurociencia.

Portadora de información compleja

Un equipo de neurocientíficos y arqueólogos utilizó la resonancia magnética funcional (RMf) para observar la actividad cerebral de los participantes encargados de atribuir un estatus social a rostros adornados con pinturas y adornos.

El experimento demuestra que esta interpretación moviliza una red de regiones especializadas: el giro fusiforme, implicado en el reconocimiento de rostros; la corteza orbitofrontal y la red de saliencia, que evalúan la relevancia social de la información; además del hipocampo y el parahipocampo, implicados en la memoria asociativa.

Los investigadores también observaron la activación del giro frontal inferior, una región habitualmente asociada al procesamiento del lenguaje. Esto sugiere que el cerebro trata los adornos como signos portadores de información compleja.

Así, plantearon la hipótesis de que estas conexiones ya debían de estar parcialmente establecidas en las poblaciones de Homo, que utilizaban el ocre rojo hace 300 000 años. Posteriormente, debieron alcanzar un grado de integración similar al nuestro hace 140 000 años entre los Homo sapiens, que combinaban el uso del ocre para pinturas corporales con el uso de adornos de concha.

A lo largo de los milenios, las prendas se fueron perfeccionando y las técnicas de costura evolucionaron con la aparición de las agujas con ojo, a partir de hace unos 40 000 años en Asia oriental y hacia los 26 000 años en Europa. Esto permitió confeccionar prendas ajustadas, probablemente de varias capas, pero también coser cuentas y colgantes en la ropa.

La ropa dejó entonces de ser únicamente una protección contra el frío para convertirse en un medio de expresión social. Los adornos se diversificaron, los materiales circulaban a largas distancias y la apariencia adquirió una importancia creciente en las interacciones sociales.

Hacia la individualización de los adornos

En el Paleolítico Superior –a partir de hace 45 000 años–, varias comunidades de diferentes regiones de Europa utilizaron durante miles de años los mismos tipos de cuentas elaboradas a partir de diversos materiales (dientes de animales, conchas fósiles y marinas, rocas, marfil). Estas tradiciones revelan la existencia de convenciones ampliamente compartidas sin que sea posible identificar variaciones individuales.

Pero desde hace 34 000 años, con los primeros enterramientos paleolíticos, es posible observar individuos que comparten tradiciones ornamentales comunes, al tiempo que presentan diferencias individuales en la selección, la combinación o la disposición de los objetos de adorno. Esta dinámica se hace especialmente evidente en el Mesolítico (hace 8 000 años) y en las primeras sociedades agrícolas del Neolítico (hace 6 000 años).

Los grandes conjuntos funerarios, que permiten comparar a individuos pertenecientes a una misma comunidad y a un mismo período, revelan que la apariencia ya no solo refleja la pertenencia a un grupo o un estatus social, sino también formas de diferenciación individual integradas en un sistema colectivo de representación del cuerpo. Los adornos fabricados localmente se combinan con objetos importados desde cientos de kilómetros de distancia. Los mismos elementos se ensamblan de múltiples formas, sin dejar de ser inmediatamente reconocibles para los demás miembros de la comunidad.


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Las primeras técnicas de vestimenta evolucionaron, en un primer momento, para proteger el cuerpo. Pero el uso del ocre y de los adornos personales transformó progresivamente la apariencia en un medio de comunicación social. A medida que la fabricación de adornos se diversificaba y las prendas a medida ampliaban las posibilidades de expresión corporal, las diferentes tradiciones convergieron hacia sistemas de apariencia cada vez más complejos.

Así, la moda surgió cuando los miembros de una misma comunidad adoptaron convenciones comunes en materia de vestimenta y adornos, al tiempo que expresaban sus diferencias individuales a través de la forma en que se combinaban estos elementos.

Estos resultados nos llevan a replantearnos profundamente nuestra visión de la moda, que a menudo se percibe como un fenómeno superficial. Para los arqueólogos, es todo lo contrario: es un magnífico indicador de cómo los seres humanos han aprendido a comunicarse, a mostrar su identidad y a vivir en sociedades cada vez más amplias y anónimas.

Comprender los orígenes de la moda no solo nos permite conocer mejor a nuestros antepasados. También nos ayuda a distinguir entre lo que forma parte de un comportamiento profundamente arraigado en nuestra evolución cultural y lo que es resultado de los modelos económicos contemporáneos. Esta distinción es esencial si hoy en día queremos imaginar formas de consumo más sostenibles, sin renunciar a esa capacidad tan humana de expresar nuestra identidad a través de nuestra apariencia.


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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Antes de la alta costura: 400 000 años de historia de la moda – https://theconversation.com/antes-de-la-alta-costura-400-000-anos-de-historia-de-la-moda-290466

¿Quién decide qué es realmente un vino ‘natural’?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Parga Dans, Científica Titular, Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC)

Alexdov/Shutterstock

En plena vendimia, la expresión “vino natural” vuelve a aparecer en ferias, tiendas especializadas, cartas de restaurantes y conversaciones entre aficionados. Parece una categoría fácil de entender, pero no lo es. Dos botellas pueden presentarse como naturales y haberse elaborado con criterios bastante distintos.

A diferencia del vino ecológico, el vino natural no cuenta con una definición legal aceptada internacionalmente. Suele asociarse con uvas ecológicas o biodinámicas, fermentaciones espontáneas, poca intervención en bodega y un uso muy limitado de aditivos.




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Orgánico, ecológico, biodinámico, vegano… ¿cómo es un vino natural?


La dificultad de nombrarlo

El problema empieza cuando se intenta concretar qué significa todo eso: cuántos sulfitos pueden añadirse, si el vino puede filtrarse, qué levaduras son aceptables o qué tratamientos siguen siendo compatibles con la idea de mínima intervención.

Los sulfitos son un buen ejemplo. Se utilizan para conservar el vino, pero también se producen de forma natural durante la fermentación. Por eso, “sin sulfitos” y “sin sulfitos añadidos” no quieren decir lo mismo, aunque para muchos compradores la diferencia no sea evidente.

Desde diciembre de 2023, la Unión Europea exige que los vinos informen de sus ingredientes y valores nutricionales, aunque parte de esa información pueda consultarse mediante un código QR. La norma ha aumentado la transparencia, pero no ha resuelto la cuestión de fondo: sigue sin existir una definición común de vino natural, y expresiones como ecológico, biodinámico, sin sulfitos añadidos o mínima intervención siguen remitiendo a cosas distintas.

Una certificación específica podría ayudar a ordenar ese terreno. También podría, sin embargo, transformar un movimiento que surgió en buena medida como reacción frente a la estandarización de la industria convencional.

Qué piensan quienes consumen y quienes producen

En nuestro estudio, publicado en Journal of Consumer Culture, encuestamos presencialmente a 415 asistentes a las ediciones de 2023 y 2024 de la feria de vino natural más veterana de España, celebrada en Barcelona desde 2005. El 58,3 % eran consumidores y el 41,7 % trabajaban en producción, distribución, hostelería o comunicación especializada.

No se trata de una muestra representativa del consumidor español. Quienes acuden a una feria de este tipo conocen mejor el producto y muestran un interés por el vino bastante superior al habitual. Precisamente por eso resultan útiles para observar las diferencias dentro del propio mundo del vino natural.

La distancia entre ambos grupos era clara. El 90,2 % de los profesionales consumía vino natural con frecuencia, frente al 42,6 % de los consumidores. Esa diferencia de experiencia importa, porque no todos necesitan las mismas señales para confiar en una botella.

Cuando les pedimos que dijeran las tres primeras palabras que asociaban con “vino natural”, los consumidores tendieron a mencionar rasgos fáciles de reconocer: “ecológico”, “sin sulfitos” o “sin aditivos”. Entre los profesionales las respuestas estuvieron más repartidas y apareció con más fuerza la idea de “mínima intervención”.

No se trata de dos concepciones opuestas. Ambos grupos comparten buena parte del mismo vocabulario: ecología, naturaleza, autenticidad, sulfitos. La diferencia está más bien en qué consideran importante y en cómo creen que debe demostrarse.

Para un comprador que no conoce al productor, una etiqueta o un sello pueden servir como garantía. Para alguien que trabaja habitualmente con estos vinos, la confianza puede basarse en otras cosas: conocer la bodega, saber cómo se trabaja una parcela, haber probado otras añadas o moverse dentro de redes profesionales donde circula información que difícilmente cabe en una etiqueta.

En la certificación está la verdadera diferencia

El contraste más claro surgió cuando preguntamos por la posibilidad de crear una certificación específica para el vino natural. En una escala de uno a cinco, el apoyo medio entre los consumidores fue de 4,14. Entre los profesionales bajó a 3,37 y, entre los productores, a 2,74.

La diferencia entre consumidores y productores alcanza así 1,4 puntos en una escala de cinco. Y tampoco todos los profesionales piensan igual: quienes trabajan en comunicación y opinión se situaron mucho más cerca de los consumidores que los propios productores.

El desacuerdo tiene además una dimensión económica. La mitad de los consumidores estaría dispuesta a pagar un 10 % más por un vino natural certificado. Entre los profesionales, en cambio, el 44,5 % no pagaría ningún sobreprecio.

Eso ayuda a entender qué valor tiene una certificación para cada grupo. Para quien compra, puede reducir dudas y facilitar una elección sin necesidad de conocer personalmente a quien hizo el vino. Para muchos productores y distribuidores, que ya cuentan con experiencia y redes propias de confianza, un sello aporta menos y puede incluso plantear nuevos problemas.

Entre esos problemas aparece uno recurrente: que una certificación termine favoreciendo a las bodegas con más recursos, mejor preparadas para asumir costes administrativos y adaptarse a una lista cerrada de requisitos. También existe el temor de que una práctica flexible y basada en decisiones concretas de viña y bodega acabe convertida en una receta.

Más que una preferencia por un tipo de vino

El vino natural tampoco aparece aislado de otras formas de consumo. El 83,2 % de los profesionales y el 64,5 % de los consumidores declararon comprar productos ecológicos siempre o con frecuencia. En el caso de los alimentos locales, los porcentajes alcanzaron el 91,9 % y el 82,2 %.

Estos datos no describen un estilo de vida único, pero sí sugieren que el vino natural suele formar parte de preferencias más amplias por los productos locales, la producción ecológica y formas de elaboración percibidas como menos industriales.

Esto ayuda a explicar por qué la discusión sobre su definición genera tanto interés. No se trata solo de decidir qué debe poner una etiqueta, sino también de fijar qué prácticas se consideran legítimas y quién tiene autoridad para establecer esas reglas.

¿Quién puede decidir qué es un vino natural?

Ahí está, probablemente, la cuestión central. Una certificación tendría que ofrecer al consumidor criterios claros y controles fiables. Pero, al mismo tiempo, tendría que evitar costes y exigencias que excluyan a los pequeños productores o reduzcan a una definición única un movimiento que siempre ha sido diverso.

El debate, por tanto, no consiste únicamente en decidir qué técnicas pueden utilizarse o cuántos sulfitos son aceptables. También está en juego quién tiene capacidad para definir la categoría: las administraciones, las asociaciones de productores, los organismos certificadores, los especialistas, el mercado o los propios consumidores.

Nuestros resultados muestran que esa respuesta cambia según la posición que se ocupa. Quien compra reclama garantías que le permitan orientarse en un mercado poco definido. Quien produce teme que esas mismas garantías terminen trasladando a otros la capacidad de decidir qué cuenta como vino natural.

El futuro de esta categoría dependerá, en buena medida, de cómo se resuelva esa tensión: cómo ofrecer confianza a quien compra sin vaciar de autonomía a quienes han construido el movimiento.

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Eva Parga Dans recibió financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Agencia Estatal de Investigación mediante el proyecto «El reto de la certificación del vino natural: controversias culturales, asimetrías de información y patrones de consumo» (NAWICERT, PID2021-126272OA-I00); y de «Radical Urban Cultures: Exploring the political ecologies of urban-food-soil entanglements in the Anthropocene through Natural Wine», financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia de Portugal (2024.15482.PEX).

recibió financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Agencia Estatal de Investigación mediante el proyecto «El reto de la certificación del vino natural: controversias culturales, asimetrías de información y patrones de consumo» (NAWICERT, PID2021-126272OA-I00); y de «Radical Urban Cultures: Exploring the political ecologies of urban-food-soil entanglements in the Anthropocene through Natural Wine», financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia de Portugal (2024.15482.PEX).

– ref. ¿Quién decide qué es realmente un vino ‘natural’? – https://theconversation.com/quien-decide-que-es-realmente-un-vino-natural-290120

‘Aceite de Aparicio’: la ciencia devuelve a la vida el remedio que curó a Don Quijote

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ignacio Briceño Balcázar, Profesor titular grupo de genética humana, Universidad de La Sabana

vm2002/Shutterstock

En el capítulo XLVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes narra cómo curan al hidalgo manchego tras el ataque de unos gatos. El método sanador consiste en la aplicación de “Aceite de Aparicio”, un remedio real y ampliamente usado en la España de la época para tratar heridas. Ese ungüento, que durante siglos cayó en el olvido, especialmente a partir de la llegada de la farmacología moderna, se ha convertido en objeto de un nuevo estudio.

“Quedó Don Quijote acribillado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le había dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y la misma Altisidora, con sus blanquísimas manos, le puso unas vendas por todo lo herido”.

El interés por comprender los fundamentos científicos de antiguos tratamientos ha llevado a revisar nuevamente esta receta tradicional. Para hacerlo, analizamos la composición original del aceite y la evidencia científica disponible sobre cada uno de sus ingredientes. El objetivo era determinar si las propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias y antimicrobianas que le atribuyó la medicina de su tiempo encuentran respaldo en el conocimiento actual.

Descifrar la receta en español antiguo

La primera y mayor dificultad consistió en traducir del español antiguo la receta, tomada del Formulario Universal o Guía práctica del Médico, del Cirujano y del Farmacéutico de Don Francisco Álvarez Algala, ya que el uso de algunas palabras era distante. El proceso supuso una actualización para interpretar arcaismos y realizar ajustes en la grafía, fonética y sintaxis.

Posteriormente se indagó en la preparación. La composición consistía en una mezcla de plantas medicinales, resinas y aceites usados históricamente para tratar heridas y prevenir infecciones. Según el Formulario Universal de Álvarez Algala, esta incluía aceite de oliva, romero, ruda, hierba de San Juan (también conocida como hipérico), mirra, trementina, resina de enebro y lombrices terrestres.

Si analizamos la literatura científica encontramos referencias a que este aceite contenía elementos antioxidantes y antiinflamatorios que mejoraban la respuesta celular y que, en ese entonces, se consideraba que curaban las heridas. Pero si bien algunos de estos principios activos favorecen la cicatrización y la reconstrucción de tejidos, otros no son tan efectivos y conllevan efectos adversos, a decir de la ciencia actual

El secreto de la preparación

En la antigüedad, los boticarios usaban como base el aceite de oliva, un soporte al que añadían otros ingredientes. Después de calentar todo, filtraban la composición, que era usada como un ungüento.

Como punto de partida, el aceite es un elemento que puede mantener las heridas húmedas y limpias. Si se le añade romero, resulta que tiene efectos antiinflamatorios, mientras que la ruda cuenta con propiedades antisépticas y antinflamatorias. Por su parte, el hipérico o hierba de San Juan favorece la cicatrización, por ser rica en antioxidantes y por su acción antiinflamatoria. Además, contribuye a la producción de colágenos y estimula los fibroblastos (fundamentales para mantener la estructura y elasticidad de la piel).

En cuento a la mirra, esta cuenta con propiedades antisépticas y es capaz de curar heridas y úlceras. Por lo que respecta a la resina de enebro, resulta crucial para la limpieza de heridas debido a sus efectos antiinflamatorios y acción antimicrobiana.

Sin embargo, la inclusión de la trementina resultaba un tanto desacertada. Si bien solía utilizarse como antiséptico, su uso también implica una alta toxicidad, ya que irrita la piel y las mucosas. Finalmente, el uso de lombrices terrestres estaba asociado con la actividad enzimática, que mejora la circulación y puede acelerar el cierre de heridas FALTA ENLACEC.

Una historia con intervención de la corona

Cuenta la leyenda que el origen del aceite se debe a Aparicio de Zubiria, un curandero morisco que nació en Lekeitio (Vizcaya) a comienzos del siglo XVI, y que murió en 1566. Al fallecer, su esposa, Isabel Pérez de Peromato, quiso vender la famosa receta. Negoció entonces con el Rey Felipe II y, a cambio de una pensión vitalicia no muy grande, reveló los componentes y preparación de la receta.

Gracias a los registros, hoy tenemos la certeza de que el “Aceite de Aparicio” sí era relativamente efectivo, especialmente si se compara con las pocas opciones médicas disponibles entre los siglos XVI y XVII.

Según lo analizado, sería posible el desarrollo de nuevos productos que integren los beneficios de los ingredientes más efectivos, descartando los elementos que pueden acarrear posibles efectos adversos.

Entre páginas antiguas y recetas olvidadas, pero con el rigor de la ciencia moderna, el “Aceite de Aparicio” vuelva a la modernidad. Su eco resuena en los laboratorios del presente, donde se buscan fármacos o curas para heridas y dolores como los que sufrió Don Quijote y que muchos pacientes siguen sintiendo en la actualidad.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ‘Aceite de Aparicio’: la ciencia devuelve a la vida el remedio que curó a Don Quijote – https://theconversation.com/aceite-de-aparicio-la-ciencia-devuelve-a-la-vida-el-remedio-que-curo-a-don-quijote-284601

Leche materna: cada madre es diferente e influye en el crecimiento del bebé

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Catalina Amadora Pomar Oliver, Profesora Tilular de Bioquímica y Biología Molecular. Grupo de Nutrigenómica, Biomarcadores y Evaluación de riesgos (NuBE). UIB, CIBEROBN, IdISBa, Universitat de les Illes Balea, Universitat de les Illes Balears

shutterstock Veronica Trevo/Shutterstock

La primera vez que tuve a Nil en brazos sentí lo mismo que sienten millones de madres: una mezcla indescriptible de amor, responsabilidad y vulnerabilidad. A pesar de llevar años investigando la leche materna, en aquel momento no me hacía preguntas científicas. Me planteaba si sería capaz, si produciría suficiente leche y si todo iría bien. Sabía que la lactancia era uno de los mejores regalos que podía ofrecerle para empezar la vida, pero eso no evitaba las inseguridades que acompañan a tantas madres durante esos primeros días.

Con el tiempo comprendí que aquella preocupación tan personal estaba estrechamente relacionada con una de las preguntas que también intentamos responder desde la ciencia: ¿qué transmite realmente una madre a su hijo a través de la leche? ¿Solo nutrientes o también información capaz de influir en su desarrollo y en su salud futura?

Sabía que la leche materna era mucho más que un alimento. Además de aportar la energía y los nutrientes necesarios para crecer, contiene compuestos bioactivos que participan en el desarrollo del sistema inmunitario, del metabolismo y de otros procesos esenciales durante los primeros meses de vida.

De hecho, los primeros meses constituyen un periodo crítico para la salud del bebé en el futuro. Diversos estudios han demostrado que las trayectorias de crecimiento durante esta etapa pueden influir en el riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad más adelante. Por eso, la lactancia representa una ventana de oportunidad especialmente importante para la salud a lo largo de la vida.

¿Misma composición de la leche en todas las madres?

Si cada madre es diferente, ¿por qué deberíamos esperar que su leche fuera exactamente igual?

La investigación científica sugiere que no lo es. Factores como el peso corporal, el estado metabólico o los hábitos alimentarios pueden modificar algunos de los componentes presentes en la leche materna. Es decir, la leche no es una receta inmutable, sino un fluido vivo y dinámico que refleja, al menos en parte, el estilo de vida y las características de la madre.

Para comprender mejor este fenómeno, desde el grupo de Nutrigenómica, Biomarcadores y Evaluación de Riesgos (NuBE) de la Universidad de las Islas Baleares, estudiamos la composición de la leche de 52 mujeres durante el primer mes de lactancia. Mediante técnicas de metabolómica, una herramienta que permite identificar cientos de compuestos presentes en una muestra biológica, analizamos 160 metabolitos diferentes.

El objetivo era sencillo de formular, aunque complejo de responder: descubrir si determinadas características maternas dejan una huella detectable en la leche.

El sobrepeso u obesidad de la madre se refleja en la leche

Una de las primeras preguntas que nos planteamos fue si el sobrepeso o la obesidad maternos podían influir en esta composición.

La respuesta fue que sí, al menos en algunos componentes. Por ejemplo, en las madres con sobrepeso u obesidad detectamos niveles más elevados de lactosa y niveles más bajos de ácido orótico en comparación con las madres con normopeso, además de diferencias en otros componentes.

La lactosa es bien conocida: es el principal azúcar de la leche materna y una fuente esencial de energía para el bebé. El ácido orótico, en cambio, es una molécula mucho menos familiar fuera del ámbito científico. Aun así, participa en procesos metabólicos importantes y podría tener funciones relacionadas con el desarrollo y la regulación del metabolismo.

Todavía no sabemos si estas diferencias tienen consecuencias directas sobre la salud infantil. Pero sí indican que el estado materno puede influir en algunos de los mensajes biológicos que transporta la leche.

¿Puede la dieta de la madre dejar huella en el futuro del bebé?

Lo que come la madre no solo contribuye a su bienestar. También parece dejar huella en la composición de la leche.

Cuando analizamos el grado de adhesión a la dieta mediterránea de las participantes en el estudio, observamos diferencias significativas en varios metabolitos. Las mujeres que seguían más de cerca este patrón alimentario presentaban niveles más altos de ácido cítrico y de otros compuestos relacionados con el metabolismo energético.

Este resultado encaja con una idea cada vez más aceptada: la dieta mediterránea no solo protege la salud cardiovascular y metabólica de quien la sigue, sino que también podría contribuir a una composición más favorable de la leche materna. Dicho de otro modo, una alimentación saludable podría beneficiar simultáneamente a dos generaciones.

¿Puede influir en el crecimiento?

Esta era probablemente la pregunta más relevante de todas. Al fin y al cabo, lo que realmente nos interesa es saber si estas diferencias tienen consecuencias reales para los niños.

Si la leche cambia en función de la madre, ¿estos cambios tienen alguna repercusión sobre el bebé?

Para intentar responderla, estudiamos la evolución del peso de los bebés durante el primer mes de vida. Observamos que algunos metabolitos de la leche se asociaban a patrones de crecimiento diferentes. Una vez más, el ácido orótico surgió como uno de los protagonistas: los bebés que recibían leche con niveles más bajos de ácido orótico presentaban un crecimiento más acelerado durante el primer mes.

También encontramos una observación especialmente interesante desde un punto de vista práctico. Las madres de los bebés que mantenían una trayectoria de crecimiento más estable consumían más fruta. Además, una mayor ingesta de pescado se relacionaba con una menor probabilidad de desviaciones importantes en el patrón de crecimiento.

Naturalmente, esto no significa que comer una pieza de fruta o una ración de pescado determine el peso de un bebé. El crecimiento infantil es extraordinariamente complejo y depende de factores genéticos, ambientales, sociales y relacionados con el embarazo y el parto. Pero estas asociaciones nos ofrecen pistas valiosas sobre posibles mecanismos biológicos que hasta ahora desconocíamos.

Una conversación biológica sin interpretar

Nuestros resultados sugieren que características como el sobrepeso materno o la adhesión a la dieta mediterránea pueden modificar algunos de los componentes de la leche durante el primer mes de vida. También indican que determinados metabolitos podrían estar relacionados con las primeras trayectorias de crecimiento de los bebés.

Todavía necesitamos más estudios, especialmente seguimientos a más largo plazo, para confirmar estas observaciones y comprender mejor los mecanismos que hay detrás. La ciencia aún está lejos de descifrar todos los mensajes que contiene la leche materna.

Pero cada nuevo descubrimiento refuerza una idea fascinante: la lactancia no es solo una forma de alimentar a un bebé. Es también una conversación. Y apenas estamos empezando a entender cuáles son los mensajes.

Esta investigación también nos recuerda otra cosa importante: cuidar la salud de la madre durante la lactancia es, en cierto modo, una manera de cuidar la salud de su hijo o hija. Mantener unos hábitos saludables, seguir una alimentación equilibrada y rica en alimentos propios de la dieta mediterránea no solo beneficia el bienestar materno, sino que podría contribuir a configurar un entorno más favorable para el desarrollo del bebé.

The Conversation

Catalina Amadora Pomar Oliver ha participado y participa como investigadora en proyectos de investigación relacionados con la nutrición, la obesidad y la salud, financiados por el Gobierno de España y por la Unión Europea.

– ref. Leche materna: cada madre es diferente e influye en el crecimiento del bebé – https://theconversation.com/leche-materna-cada-madre-es-diferente-e-influye-en-el-crecimiento-del-bebe-290563