Quiero ser flamenco, ¿por dónde empiezo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pedro Ordóñez Eslava, Profesor Titular de Historia y Ciencias de la Música. Director de la Cátedra de Flamenco de la Universidad de Granada, Universidad de Granada

_El baile_ (1915), de Joaquín Sorolla. Museo Sorolla/Wikimedia Commons

Es altamente probable que si viaja a cualquier parte del mundo y dice que es de España, alguien le endose un sonoro “¡olé!”. Y no será por casualidad. Ese ole tiene un origen muy conocido. Ya sea de nuestro interés o no, el flamenco es sin duda el valor cultural más exportado de España, con permiso de Julio Iglesias y la tortilla de patatas –con o sin cebolla–.

Cartel de finales del siglo 19 en el que se ve a una bailaora.
Cartel de Ramon Casas para el espectáculo ‘Pequeña fiesta flamenca ofrecida a Vincent d’Indy por sus amigos y admiradores’. Barcelona, 1898.
Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques

Y es que más allá del estereotipo que acabo de describir, el primer canon flamenco, descrito allá por 1881, se dio en medio de una oleada de viajeros y curiosos de diverso pelaje que buscaban, sobre todo en Andalucía, el exotismo alhambrista y su idealización nostálgica, el fervor romántico y la sensualidad de una vida despreocupada y flemática –cosa que, lejos de haberse superado, todavía explota la publicidad de la cerveza Cruzcampo–.

En esos años se construye una imagen idealizada de un sur abierto, descuidado, disfrutón y sin ataduras, bohemio y racial, una alternativa –sin salir del continente– a la vida ocupada y angustiosa en el norte. Y el flamenco emerge como la expresión que fagocita toda la cultura popular y todo aquello que se lo ponga por delante.

Nuestro, vuestro

Desde ese momento a finales del siglo XIX, lo flamenco ha vivido un fenómeno progresivo de patrimonialización y promoción exterior; ha sido instrumentalizado hasta la exageración, primero por la dictadura franquista –a partir de los tablaos, que nacieron como entretenimiento para los soldados americanos de las bases recién instaladas en nuestro país– y después por el propio régimen autonómico andaluz y su reivindicación como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Sin embargo, y perdón por la autocita de mi Apología de lo Impuro:

“No hay manera de saber a qué nos referimos si la denominación (de flamenco) no viene acompañada por algún adjetivo que amplíe su descripción y nos aclare de qué estamos hablando. Cualquiera que intente definir qué es el flamenco, sin adjetivarlo, no estará hablando de nada más que de lo que él o ella imagina, de sus pasiones y fobias, de lo que anhela o recuerda y de lo que pretende imponer como su definición personal y, en este caso sí, transferible”.

Apuntes para casa

Si es usted de quienes necesitan una información sistemática para comenzar a empaparse de esto que podemos llamar flamenco, debe visitar las imprescindibles páginas web Flamencópolis, de Faustino Núñez, y Flamencas por derecho, de Ángeles Cruzado.

También es bueno realizar el MOOC (curso en línea) gratuito que lanza cada pocos meses la Universidad de Granada y leer todo lo que pase por sus manos escrito por Cristina Cruces, Guillermo Castro o Fernando López Rodríguez, entre otrxs compañerxs y amigxs que dedican su vida a investigar una práctica artística tan efímera y fugaz como compleja y exuberante de matices, detalles e inflexiones.

Y tan exuberante es que sin duda comenzará a apreciarlo cuando lo vea en vivo. En serio. Más allá del tufillo a atracción turística que desprenden algunos lugares, el flamenco es ante todo un arte escénico. Gana enteros cuando lo podemos disfrutar y sentir en nuestras propias carnes: el cante duele y entusiasma, el baile nos fulmina, la guitarra –y toda la instrumentación que hoy se puede encontrar en un espectáculo flamenco, incluida la electrónica– nos traslada a territorios verdaderamente inexplorados.

Fotografía de un café flamenco a finales del siglo 19.
‘Café cantante’, del fotógrafo Emilio Beauchy, Sevilla (España), circa 1888.
CARLOS TEIXIDOR CADENAS/Wikimedia Commons, CC BY-SA

También puede comenzar por los tangos flamencos, un cante de ritmo binario, sencillo de comprender y atractivo de cantar. Si es guitarrista, sabrá rápidamente que su compás se lleva casi solo y que invita a bailar a todo aquel que lo oye. Como el agua que fluye, podrá sentir que el flamenco le guía también por las alegrías y por las penas, por la tragedia y por la fiesta.

Poco a poco verá que lo que podía parecer algo ajeno, rancio y conservador se convierte en un torrente de emociones que le interpelan de manera profundamente humana.

Otro mundo es posible

Si indaga un poco más, verá que el flamenco es en realidad una maravillosa mezcla de poesía, música y baile, rabia, memoria, protesta y reivindicación de las fatigas que han pasado aquellos que más han sufrido históricamente: gitanos, afrodescendientes, mujeres, población LGTBIQA+, comunidades y colectivos injustamente marginados que, tal y como ocurre con el blues, echaron mano de sus músicas para ganarse la vida.

También podrá comprobar que el flamenco es una herramienta poderosa que le habla directamente a aquellos que ostentan el poder para dejar claro que otro mundo es posible –como bien reclaman las propuestas de artistas como Los Voluble y Raúl Cantizano o el colectivo Flo 6×8–. Y que, en realidad y aunque pueda parecer imposible, lo flamenco está al alcance de cualquiera con ganas de vivir y expresar lo que lleva dentro, como bien reivindica José Galán con su flamenco inclusivo.

Flamenco en una sucursal, por el colectivo colectivo Flo 6×8.

Quizás, y como decía Enrique Morente, la humanidad sea patrimonio del flamenco. Así que puede proclamar “soy flamenco/a” y gritar un sonoro ¡ole! –pero sin tilde en la “e”, por favor, que no queremos torturar a nadie como ocurre en los toros–.

The Conversation

Pedro Ordóñez Eslava no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Quiero ser flamenco, ¿por dónde empiezo? – https://theconversation.com/quiero-ser-flamenco-por-donde-empiezo-265516

¿Llevará el plan de Trump la paz a Gaza?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Armando Alvares Garcia Júnior, Professor de Direito Internacional, Relações Internacionais e Geopolítica/Geoeconomia, UNIR – Universidad Internacional de La Rioja

La guerra en Gaza ha dejado decenas de miles de muertos y una sociedad devastada. Dos años después del inicio del conflicto, la comunidad internacional busca una salida que reduzca la violencia y alivie la crisis humanitaria.

En este contexto, Donald Trump y Benjamín Netanyahu han presentado un plan de veinte puntos que pretenden que sea una hoja de ruta hacia la paz. Ha sorprendido el respaldo obtenido por la propuesta: desde potencias occidentales y Rusia hasta varios Estados árabes y musulmanes. Pero la pregunta central sigue abierta: ¿se trata de una oportunidad real para un acuerdo duradero?

Liberación de rehenes y gobierno de Gaza

El texto arranca con un intercambio inmediato de rehenes y prisioneros. Tras la aceptación del plan, Hamás debería entregar a los últimos rehenes en su poder en un plazo de 72 horas. A cambio, Israel liberaría a más de 1 700 detenidos y 250 condenados a cadena perpetua. Ese primer movimiento funcionaría como el gesto inicial para un alto el fuego. Una vez liberados los rehenes, comenzaría el suministro masivo de ayuda humanitaria, con alimentos, medicinas, agua y electricidad.

Tras esa fase, el plan fija un cambio en la administración de Gaza. La propuesta establece un comité tecnócrata palestino, supervisado por un organismo internacional («Junta de la Paz») encabezado por Trump e integrado, entre otros, por el ex primer ministro británico Tony Blair.

Ese organismo tendría la misión de gestionar los servicios básicos, atraer inversiones y sentar las bases para la reconstrucción. La idea es que, en lugar de instituciones vinculadas a facciones políticas, el enclave sea administrado de forma interina por expertos y supervisores externos.

Seguridad y economía

El plan incluye la desmilitarización completa de Gaza. Bajo la vigilancia de observadores internacionales, se prevé la destrucción de túneles, depósitos de armas y fábricas de municiones. Paralelamente, se crearía una fuerza internacional de estabilización en la que participarían países árabes y estaría coordinada por Israel y Egipto.

Su función sería entrenar a las fuerzas locales de seguridad y garantizar que el territorio no vuelva a convertirse en foco de enfrentamientos armados. Es una fórmula semejante a la desplegada en otras zonas en conflicto, como Líbano tras los acuerdos de 2006, aunque en este caso bajo la supervisión de Estados Unidos y no de la ONU.

Uno de los elementos más llamativos del plan es el componente económico. Trump lo ha presentado como un «plan de desarrollo» que imagina Gaza convertida en un espacio de prosperidad, con proyectos urbanísticos, nuevas infraestructuras y un entorno apto para la inversión.

El texto incluso menciona la posibilidad de una zona económica especial, con condiciones comerciales preferenciales. La narrativa recuerda, aunque con situaciones bastante distintas, a otras transformaciones urbanas rápidas en Oriente Medio, desde Dubái hasta ciudades planificadas en Arabia Saudí. La promesa implícita es que la paz llegaría acompañada de empleos, crecimiento y oportunidades para la población local.




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Más allá de los dos Estados: una cuestión geopolítica

El documento también reconoce, de forma condicional, la aspiración palestina a tener su propio Estado. Ese punto figura hacia el final del plan y aparece formulado como un horizonte posible si se cumplen reformas institucionales en la Autoridad Nacional Palestina y se garantiza la estabilidad en la región.

Aunque no hay plazos ni compromisos concretos, el simple reconocimiento de esa aspiración conecta de alguna manera con la agenda internacional, que sigue defendiendo mayoritariamente la solución de los dos Estados.




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La propuesta ha recibido el apoyo de Estados árabes clave, como Arabia Saudí, Egipto o Turquía, y de la Unión Europea, Rusia y China, entre otros países.

La iniciativa representa una oportunidad de reducir la violencia y de evitar que el conflicto siga desestabilizando la región. Desde una perspectiva geopolítica, el plan reafirma a Estados Unidos como mediador central y otorga a Israel un marco internacional que respalda su seguridad. Al mismo tiempo, permite a los países árabes implicarse en la fase de reconstrucción y presentarse como garantes de estabilidad.

Lo que queda por aclarar

No obstante, el texto deja abiertas varias incógnitas. No se detalla con precisión el calendario de retirada de las fuerzas israelíes, lo que introduce incertidumbre sobre la transición. El organismo internacional que supervisaría Gaza [estaría presidido por un jefe de Estado extranjero], un elemento a tomar en cuenta en la gestión de un territorio en disputa, y que seguramente generará críticas.

Además, la promesa de desarrollo económico enfrenta el desafío de aplicarse en un contexto social marcado por la destrucción, los desplazamientos masivos y las profundas fracturas políticas de estos dos años de ataques.

El plan combina medidas inmediatas, como el intercambio de rehenes y prisioneros, con metas de largo plazo, como la autodeterminación palestina. Esa mezcla de urgencia y horizonte lejano refleja la complejidad del conflicto. Se asemeja a tender un puente sobre un río caudaloso: los primeros tablones buscan estabilizar la estructura, mientras que el tramo final, más ambicioso, depende de que los pilares iniciales resistan.

¿Una estabilidad suficiente?

El desenlace aún es incierto. Si el plan avanza, marcará un punto de inflexión en la región. Si se bloquea, existe el riesgo de que la guerra retome toda su intensidad.

Lo que resulta evidente es que el documento ya se ha convertido en referencia obligada para medir la diplomacia internacional en Oriente Medio. Para una población exhausta, tras dos años de sufrimiento, la propuesta abre al menos la expectativa de un alto el fuego inmediato y de un respiro humanitario.

El reto será transformar esa expectativa en un proceso político con estabilidad suficiente para sostener la paz.

The Conversation

Armando Alvares Garcia Júnior no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Llevará el plan de Trump la paz a Gaza? – https://theconversation.com/llevara-el-plan-de-trump-la-paz-a-gaza-266522

La Flotilla pone de manifiesto la ilegalidad del bloqueo naval israelí sobre Gaza y la complicidad de EE.UU. y Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Rafael Bustos García de Castro, Profesor e investigador, Universidad Complutense de Madrid

Tricani Alessio/Shutterstock

Ni los Estados más sensibilizados ni, por supuesto, los medios de comunicación explican que, más allá de la obligación erga omnes de impedir el genocidio y de detener el uso del hambre como arma de guerra, subyace un bloqueo de la franja de Gaza por tierra, mar y aire que es nulo e ilegal desde que Israel lo estableció.

Es importante recordar por qué estos Estados, muchos de ellos europeos, consideran el bloqueo naval sobre la franja de Gaza un hecho consumado que no deben cuestionar. La razón fundamental es que en 2006, cuando Hamás –tras ganar democráticamente las elecciones legislativas y producirse la ruptura con Fatah– se hizo con el control de facto de la franja, los países europeos y EE. UU. aceptaron de buen grado que Israel aplicara a la franja de Gaza un bloqueo indefinido por tierra desde 2007 y por mar a partir de 2009, que se añadió al control israelí del espacio aéreo desde 1967.

De aquella complacencia occidental que convertía un territorio ya de por sí enclavado en la prisión más grande al aire libre –con dos millones de personas– por el hecho de haber votado a un partido islamista, Hamás, viene ahora un silencio incapaz de levantar la voz contra un bloqueo que nació nulo y sigue siendo ilegal.

La Flotilla fue advertida de no traspasar la llamada “zona de exclusión israelí” de 120 millas náuticas alrededor de la franja porque, como advirtió el propio gobierno, el buque de rescate Furor no podría prestar auxilio a la Flotilla una vez se adentrara en esa zona y sus integrantes pondrían en peligro su propia seguridad.

Comunicado de 16 gobiernos

En un comunicado, 16 gobiernos pidieron a Israel que se abstuviera de actos violentos y, tras su detención, la liberación inmediata de sus nacionales, sobre los cuales dicen ejercer la protección diplomática y consular, a la que por otra parte están obligados. Pero ninguno de ellos quiere entrar en el fondo de la cuestión: la existencia de un bloqueo naval sobre un territorio ocupado.

Israel sostiene que, de acuerdo con el derecho bélico del mar, es lícito mantener un bloqueo naval. Y que como la Flotilla había anunciado su voluntad de romperlo, tiene derecho a asaltar y detener a su tripulación e incluso hacerlo a 80 millas de la costa de Gaza, donde se encontraba.

Ningún Estado parece poner en duda eso y se limitan a pedirle un buen trato a sus ciudadanos, olvidando la exigencia de levantar un bloqueo ilegítimo que supone un castigo colectivo permanente sobre una población, que para mayor agravio está compuesta por refugiados y sus descendientes, ya expulsados por Israel de otras partes de Palestina.

Las prohibiciones de un bloqueo naval

Incluso si diéramos por bueno el argumento del derecho de Israel a mantener un bloqueo naval, las prohibiciones que se imponen en el Manual de San Remo (1994) son claras:

  • El bloqueo no puede tener el objetivo único de hacer pasar una hambruna a la población o privarla de otros artículos esenciales.

  • El daño a la población civil no puede ser desproporcionado en relación con la ventaja militar obtenida con él (art. 102).

Sobre esta última prohibición, los artículos 103 y 104 establecen que, si la población sometida al bloqueo carece de suficiente aprovisionamiento de comida y objetos esenciales, la potencia bloqueante “permitirá libremente el paso” y entrega de comida y medicina “una vez sea inspeccionada la carga y distribuida bajo la supervisión de otro estado o de una ONG humanitaria como el Comité Internacional de la Cruz Roja”.

Sin embargo, Israel no ha pretendido en ningún caso dejar pasar a la Flotilla ni su cargamento humanitario ni ha tratado de fijar las condiciones para la inspección y distribución de alimentos y medicinas con un tercero neutral. Con respecto a la proporcionalidad, es evidente que el daño indiscriminado que produce en una población sumamente vulnerable –con mayoría de mujeres y niños, privada de comercio por mar y de la pesca y con un bloqueo naval de 16 años– excede, con mucho, toda ventaja militar que pueda obtenerse.

Argumentos que demuestran la ilegalidad del bloqueo naval

Pero es que, además, hay al menos tres argumentos que demuestran la ilegalidad y nulidad desde el inicio del bloqueo naval.

Por un lado, la Corte Internacional de Justicia dictó tres órdenes en enero, marzo y mayo de 2024 indicando medidas provisionales en aplicación de la Convención de Genocidio. En ellas ordenaba “permitir toda la ayuda alimentaria y médica necesaria” para responder a la “catastrófica situación” de la población palestina en Gaza. También recordaba la prohibición de “no infligir condiciones de vida que pongan en riesgo la supervivencia parcial o total del grupo” constitutiva de genocidio (CIJ, 26-01-2024 y 28-03-2024).

Por otro lado, la misma corte concluyó en el Dictamen Consultivo de 19 de julio de 2024 que “la continuada presencia de Israel en los Territorios palestinos ocupados es ilegal” y constituye una violación de derecho internacional que genera obligaciones en todos los Estados.

Puesto que Gaza forma parte de los territorios palestinos ocupados, la ocupación de facto de Gaza –después de la desconexión formal israelí de 2005 se evidencia por el control absoluto del territorio y las frecuentes invasiones terrestres, que llegan al punto más extremo a partir de 2023– es también ilegal, de lo que se deduce la ilegalidad del bloqueo sobre Gaza. Por tanto, a Gaza debe aplicarse el derecho internacional de ocupación (IV Convenio de Ginebra).

Además, no caben bloqueos navales en territorios ocupados. El derecho bélico naval consuetudinario concebía los bloqueos exclusivamente sobre puertos o costas de Estados enemigos o capturados por ellos. No hay evidencia de que, posteriormente, la práctica estatal de los bloqueos se haya ampliado a territorios ocupados ni coloniales.

El equivalente a un asedio por tierra

La lógica es que un bloqueo naval es el equivalente a un asedio por tierra. Y ningún Estado ocupante asediaría un territorio que ya controla militarmente. Esto causaría un daño excesivo, así como un castigo colectivo, prohibido expresamente por el IV Convenio de Ginebra (artículo 33).

En consecuencia, debido a la incompatibilidad del derecho del bloqueo y del derecho de la ocupación, Israel no puede legalmente imponer un bloqueo mientras siga siendo potencia ocupante.

Todos los Estados, incluyendo a los que tienen nacionales en la Flotilla Global Sumud, están obligados a exigir el levantamiento inmediato del bloqueo israelí sobre Gaza y no simplemente la liberación de sus integrantes.

Desde su inicio el bloqueo de Gaza es ilegal tanto por su desproporcionalidad (derecho bélico naval) como por constituir una forma de castigo colectivo contra la población ocupada (derecho de la ocupación), al tiempo que contraviene las medidas provisionales ordenadas por la Corte Internacional de Justicia.

The Conversation

Rafael Bustos García de Castro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. La Flotilla pone de manifiesto la ilegalidad del bloqueo naval israelí sobre Gaza y la complicidad de EE.UU. y Europa – https://theconversation.com/la-flotilla-pone-de-manifiesto-la-ilegalidad-del-bloqueo-naval-israeli-sobre-gaza-y-la-complicidad-de-ee-uu-y-europa-266700

Por qué la interceptación de la flotilla de ayuda a Gaza es una clara violación del derecho internacional

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Donald Rothwell, Professor of International Law, Australian National University

Las Fuerzas de Defensa de Israel han interceptado una flotilla de buques humanitarios que intentaban llevar ayuda a Gaza, tomando el control de varios barcos y deteniendo a numerosos activistas, entre ellos Greta Thunberg.

Las interceptaciones tuvieron lugar en el mar Mediterráneo, entre 70 y 80 millas náuticas de la costa de Gaza. Se trata de aguas internacionales en las que existe la libertad de navegación para todos los buques.

Israel ha respondido argumentando que tiene un bloqueo marítimo que prohíbe la entrada a Gaza de buques extranjeros. También ha sugerido que la flotilla contaba con el apoyo de Hamás, una afirmación que los organizadores han desmentido tajantemente.

Flotillas de ayuda humanitaria a Gaza

La Flotilla Global Sumud estaba compuesta por más de 40 barcos que transportaban ayuda humanitaria (alimentos, suministros médicos y otros artículos esenciales), junto con varios cientos de parlamentarios, abogados y activistas de docenas de países.

La flotilla partió de España a finales de agosto y ha estado navegando hacia el este, con escalas en Túnez, Italia y Grecia. Durante el trayecto, los gobiernos italiano, español y griego desplegaron escoltas navales para garantizar su paso seguro.

Los pasajeros de los barcos denunciaron que habían sido acosados por drones en múltiples puntos del viaje.

Esta campaña es la última versión de un movimiento que existe desde hace más de 15 años para desafiar el bloqueo prolongado de Israel sobre la Franja de Gaza.

A principios de este año, un barco llamado Conscience que transportaba activistas y ayuda humanitaria con destino a Gaza fue alcanzado por explosiones frente a la costa de Malta.

Israel interceptó entonces el Madleen, con Thunberg y otros activistas a bordo, en junio, y el Handala en julio.

Y en 2010, una flotilla intentó llegar a Gaza con ayuda humanitaria y cientos de activistas. Comandos israelíes abordaron el Mavi Marmara, de bandera turca, lo que provocó un enfrentamiento violento que causó la muerte de diez activistas. Las muertes provocaron una condena generalizada y tensaron las relaciones entre Israel y Turquía durante años.

La legalidad del bloqueo naval de Gaza

El derecho internacional relativo a las acciones de los barcos de la flotilla y la capacidad de intervención de Israel es complejo.

Israel ha impuesto bloqueos a Gaza de diversas formas durante casi 20 años.

La base jurídica de los bloqueos y su compatibilidad con el derecho internacional, en particular el derecho del mar, ha sido objeto de controversia, lo que se puso de manifiesto durante una investigación de la ONU que siguió al incidente del Mavi Marmara.

Actualmente se considera a Israel una potencia ocupante en Gaza en virtud del derecho internacional.

Las funciones de las potencias ocupantes se codificaron en el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 y se basaron en las obligaciones legales que las potencias aliadas asumieron en Alemania y Japón al final de la Segunda Guerra Mundial. El Convenio de Ginebra establece un marco jurídico claro para las potencias ocupantes.

En las últimas décadas, Israel ha sido tanto una potencia ocupante de jure (reconocida por la ley) como de facto en Palestina.

En 2024, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la ocupación de los territorios palestinos era ilegal según el derecho internacional.

Como potencia ocupante, Israel controla todo el acceso a Gaza, ya sea por tierra, aire o mar. Los camiones de ayuda solo pueden entrar en este territorio palestino bajo estrictos controles. Los lanzamientos de ayuda de las fuerzas aéreas extranjeras que se han producido en los últimos meses también solo se han permitido bajo el estricto control de Israel.

Desde que comenzó la guerra, ha llegado muy poca ayuda por mar, ya que Israel ha restringido severamente el acceso marítimo. En 2024, Estados Unidos construyó un muelle flotante frente a la costa para entregar ayuda, pero pronto se abandonó debido a problemas meteorológicos, de seguridad y técnicos.

Sin embargo, esto indicaba claramente que Israel estaba dispuesto a permitir el flujo de ayuda marítima de su aliado más cercano, Estados Unidos. Esta excepción al bloqueo no se aplicó a otros actores humanitarios.

Interceptación de barcos en aguas internacionales

Aunque la entrega de ayuda por mar es legalmente problemática en este momento, la capacidad de Israel para interrumpir las flotillas tiene sus límites. La libertad de navegación es fundamental para el derecho del mar. Como tal, la flotilla tiene derecho a navegar sin obstáculos por el mar Mediterráneo.

Por lo tanto, cualquier acoso o detención de la flotilla en aguas internacionales constituye una clara violación del derecho internacional.

Israel puede, sin duda, ejercer control sobre las 12 millas náuticas de mar territorial frente a las costas de Gaza. El cierre del mar territorial a los buques extranjeros estaría justificado por el derecho internacional como medida de seguridad, así como para garantizar la seguridad de los buques neutrales debido a la guerra en curso.

Los organizadores de la flotilla afirmaron que sus barcos fueron interceptados entre 70 y 80 millas náuticas de la costa, mucho más allá del mar territorial de Gaza.

Sin duda, esto se hizo por razones operativas. Cuanto más se acercaba la flotilla a la costa de Gaza, más difícil sería para las Fuerzas de Defensa de Israel interceptar con éxito cada barco, lo que aumentaba la posibilidad de que al menos uno de ellos llegara a tierra.

Decenas de activistas a bordo de los barcos han sido detenidos, según se ha informado y serán puestos bajo custodia en el puerto israelí de Ashdod. Es probable que luego sean deportados rápidamente.

Los activistas también gozan de protección en virtud del derecho internacional de los derechos humanos, incluido el acceso a diplomáticos extranjeros que ejercen la protección consular de sus ciudadanos.

The Conversation

Donald Rothwell no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Por qué la interceptación de la flotilla de ayuda a Gaza es una clara violación del derecho internacional – https://theconversation.com/por-que-la-interceptacion-de-la-flotilla-de-ayuda-a-gaza-es-una-clara-violacion-del-derecho-internacional-266667

Excipientes, los actores secundarios que pueden decidir el éxito o el fracaso de un medicamento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alejandro Ruiz-Picazo, Profesor Ayudante Doctor en Biofarmacia y Farmacocinética, Universidad Miguel Hernández

Control de calidad de medicamentos. sergey kolesnikov/Shutterstock

Cuando tomamos un comprimido para aliviar el dolor de cabeza o tratar una infección, pensamos que lo único importante es el principio activo, la sustancia que ejerce el efecto deseado. Sin embargo, esa pastilla contiene algo más: los excipientes. Durante años, se les ha considerado meros acompañantes sin acción farmacológica. Hoy sabemos que pueden ser actores fundamentales en la eficacia de un medicamento.

No curan, pero ayudan a curar

Los excipientes son los ingredientes que acompañan al principio activo en una formulación farmacéutica. Su función no es curar ni tratar enfermedades directamente, sino facilitar la fabricación, conservación y administración del medicamento. Por ejemplo, un excipiente puede ayudar a que un comprimido se disuelva más rápido, tenga mejor sabor o sea más fácil de tragar.

Hasta aquí todo suena técnico pero inofensivo. El problema surge cuando estos “inofensivos” ingredientes modifican, sin que lo sepamos, cómo se absorbe el principio activo en nuestro organismo.




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¿Por qué son tan importantes?

La absorción oral de un fármaco –es decir, cómo pasa del intestino a la sangre– depende de muchas variables: el pH del estómago, la motilidad intestinal, la presencia de enzimas, la capacidad del fármaco para disolverse en agua y su facilidad para atravesar las paredes del intestino. Y en todo este viaje, los excipientes pueden actuar como aliados… o como obstáculos.

Un estudio reciente ha mostrado que algunos pueden alterar la solubilidad o la permeabilidad del fármaco, afectando directamente cuánto del principio activo llega realmente a nuestro organismo. En algunos casos, esta influencia puede ser positiva –mejorando la eficacia del tratamiento–, pero en otros puede provocar una absorción irregular o incluso insuficiente.

Cuando el “actor invisible” deja huella

¿Un ejemplo? El polietilenglicol 400 (PEG 400), un excipiente común en jarabes y cápsulas blandas. En bajas dosis puede mejorar la absorción de ciertos medicamentos, pero en cantidades elevadas puede acelerar tanto el tránsito intestinal que el medicamento no tiene tiempo suficiente para ser absorbido. Algo similar ocurre con el sorbitol, presente en chicles sin azúcar, jarabes y otros productos farmacéuticos.

Otro caso interesante es el de la croscarmelosa sódica, que ayuda a que los comprimidos se desintegren más rápido. En experimentos con animales, se ha observado que este excipiente puede aumentar la permeabilidad intestinal al alterar las uniones entre células, facilitando la entrada del medicamento al torrente sanguíneo.

Implicaciones clínicas y regulatorias

¿Y por qué deberíamos preocuparnos por esto? Porque incluso si dos medicamentos contienen el mismo principio activo y en la misma cantidad, podrían comportarse de forma distinta en nuestro cuerpo si utilizan excipientes diferentes. Como hemos visto, esa diferencia puede influir en la cantidad y velocidad con la que el principio activo llega a la sangre, afectando a la eficacia del tratamiento.

Este fenómeno se conoce como bioequivalencia, y es uno de los requisitos clave para la aprobación de medicamentos genéricos. Para que un fármaco de este tipo sea autorizado, debe demostrar que tiene el mismo efecto terapéutico que el de referencia, lo que implica que la absorción del principio activo debe ser prácticamente igual. Por ello, las agencias reguladoras, como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) o la Agencia Europea del Medicamento (EMA), vigilan también la composición en excipientes, especialmente en casos en los que estos pueden influir en la absorción.

Sin embargo, es importante destacar que dichos casos se detectan precisamente porque existen controles rigurosos antes de que un genérico llegue a las farmacias. Cuando se identifica que un excipiente puede tener un impacto significativo, las autoridades sanitarias pueden exigir estudios adicionales o limitar su uso.

En definitiva, aunque los excipientes pueden ser actores relevantes en la absorción del medicamento, la vigilancia reguladora garantiza que, en los productos disponibles para el paciente, cumplan con los estándares exigidos de calidad, seguridad y eficacia.

¿Qué podemos aprender de esto?

La próxima vez que mire la etiqueta de un medicamento y vea una lista interminable de nombres extraños, recuerde: no están ahí solo para rellenar. Los excipientes son parte integral del tratamiento. Ignorarlos puede llevarnos a resultados inesperados, incluso con medicamentos que conocemos bien.

Más aún, el futuro de la formulación farmacéutica pasa por aprovechar los excipientes de forma inteligente: como potenciadores de la eficacia, como moduladores del perfil de liberación o, incluso, como herramientas para reducir efectos secundarios.

En resumen, los excipientes pueden ser tanto los héroes silenciosos como los villanos invisibles de la medicina moderna. Tal vez ha llegado el momento de dejar de verlos como simples acompañantes y empezar a reconocer su verdadero papel en el éxito (o fracaso) de los tratamientos que tomamos cada día.

The Conversation

Este artículo fue finalista del Premio Luis Felipe Torrente de Divulgación sobre Medicina y Salud, organizado por la Fundación Lilly y The Conversation

ref. Excipientes, los actores secundarios que pueden decidir el éxito o el fracaso de un medicamento – https://theconversation.com/excipientes-los-actores-secundarios-que-pueden-decidir-el-exito-o-el-fracaso-de-un-medicamento-265767

¿Por qué el aire que expulsamos sale caliente pero el que inspiramos está frío?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jon Irazusta, Profesor e Investigador de Fisiología, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

ANDRANIK HAKOBYAN/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por el curso de 2º de la ESO del Instituto de Educación Secundaria Miguel de Unamuno, en Gasteiz (Álava)


Para comprobarlo, puedes hacer un experimento sencillo mientras lees esto: coloca tu mano frente a tu boca y echa el aliento. Ahora respira profundamente por la boca o la nariz. No es que nuestra boca cambie de temperatura cada vez que inspiramos o expiramos: la clave está en las diferencias que hay entre el aire del exterior y el que ya está dentro de tu cuerpo. Además, la humedad también influye en este fenómeno, como veremos.

La composición del aire cambia en nuestro cuerpo

Cuando inspiramos, normalmente tomamos alrededor de medio litro de aire del ambiente, formado principalmente por nitrógeno y oxígeno. Pero el que expiramos es distinto: contiene menos oxígeno, porque nuestro cuerpo lo ha usado, y más anhídrido carbónico (o dióxido de carbono, CO₂ ), que es un producto del metabolismo.

Gracias a ello, el organismo obtiene el oxígeno que necesita y elimina el exceso de CO₂. Este proceso ayuda a mantener estables las condiciones internas de nuestro cuerpo.

Además, el aire que respiramos suele estar más frío porque tiene la temperatura del sitio en donde estamos, normalmente menor que la del cuerpo. Después, al pasar por la boca y nariz, se calienta hasta acercarse a la temperatura de nuestro interior: unos 36–37 °C.

Saturado de agua

Otro factor, como decíamos al principio, es la humedad. El aire del exterior normalmente es más seco, no está lleno de vapor de agua (técnicamente, se dice que no está saturado). Al inhalarlo, se humedece gracias a las mucosas y a la saliva y, entonces, sí se satura de agua.

Cuando el aire seco del exterior entra en la nariz o la boca, parte de la humedad de nuestras mucosas o saliva se evapora. Y el abundante calor que necesita ese proceso de evaporación “es robado” a nuestro cuerpo, haciendo que baje la temperatura ligeramente. De ahí que sintamos más frío el aire que inspiramos: nos ha quitado parte de nuestro calor.

Jadeos refrigerantes

Seguramente habrás visto que algunos animales, como los perros, respiran muy rápido cuando hace calor. Eso se llama jadear, y consiste en hacer pasar mucho aire por la boca. Al hacerlo, la saliva que recubre la lengua y el interior de la boca se evapora, un proceso que ayuda a los perros a perder calor y a mantener su temperatura corporal dentro de un rango adecuado.

Al contrario, el aire que expulsamos está muy húmedo porque viene de los pulmones, que están recubiertos de agua en su interior. En este caso no hay pérdida de calor desde la saliva o las mucosas hacia el aire. Podemos comprobar la presencia de esa humedad fácilmente cuando soplamos sobre un cristal: el vapor de agua que exhalamos se condensa y lo empaña.

Efecto mentolado

Para que podamos notar los cambios de temperatura del aire que respiramos, la información debe llegar hasta el cerebro. En la lengua, el paladar y, en menor medida, en las fosas nasales, hay unas terminaciones nerviosas llamadas termorreceptores, que son muy sensibles a la temperatura. Lo comprobamos fácilmente al tomar un helado o una sopa caliente: cuando los termorreceptores se activan, envían señales al cerebro que nos permiten sentir su frío o su calor, respectivamente. Y gracias a ellos, también podemos percibir la diferencia de temperatura entre el aire que entra y el que sale al respirar.

Algo parecido ocurre cuando tomamos caramelos de menta. Un compuesto que está en la menta, el mentol, activa las terminaciones sensibles al frío. Esto nos hace sentir una sensación de frescor, aunque la temperatura real en la boca no cambie.

Y antes de terminar, una nota final: gran parte de lo que comentamos aquí vale para condiciones normales, pero en días de calor extremo (más de 37 ºC) puede ocurrir que el aire que entra sea más caliente que el que sale.


La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco colabora en la sección The Conversation Júnior.


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Jon Irazusta no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Por qué el aire que expulsamos sale caliente pero el que inspiramos está frío? – https://theconversation.com/por-que-el-aire-que-expulsamos-sale-caliente-pero-el-que-inspiramos-esta-frio-262049

Misiles, drones y sabotajes: cómo Rusia intensifica su ofensiva ‘silenciosa’ sobre Europa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Priego, Profesor Agregado de la Facultad de Derecho- ICADE, Departamento de Dep. Público. Área DIP y RRII, Universidad Pontificia Comillas

Gorodenkoff/Shutterstock

En el año 2007, en un discurso pronunciado en el club Valdai, Vladimir Putin declaró la guerra a Europa. No fue una declaración abierta y clara, si no una manifestación de voluntad que se ha traducido en una suerte de acciones hostiles que, por el momento, se ha visto culminada con los ataques contra el espacio aéreo europeo que hemos visto en las últimas semanas.

Este conjunto de acciones, que van desde las violaciones del espacio aéreo hasta el sabotaje de las redes de comunicaciones, tienen por objetivo incrementar la desafección de los europeos hacia sus gobiernos, una táctica que quedó perfectamente recogida en las palabras del vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso Dimitri Medvedev cuando publicó en Telegram que Rusia debía convertir la vida de los occidentales en una pesadilla interminable hasta que ya no pudieran distinguir entre ficción y realidad.

Desde un punto de vista técnico esta estrategia ha sido calificada como guerra híbrida, pero quizás sea más claro llamarle “guerra silenciosa”.

Más allá de los daños materiales que se puedan causar con este tipo de acciones, el objetivo de Rusia es lograr que los ciudadanos duden de sus administraciones públicas y, sobre todo, de sus políticos, votando como respuesta a opciones extremas que sean más favorables a los planes imperiales del Kremlin.

En algunos lugares como Hungría, Eslovaquia o Estados Unidos Rusia ya ha conseguido su objetivo y en otros como Reino Unido, Francia o Alemania está trabajando arduamente para lograrlo.

Objetivo: que nada funcione

La meta fundamental de Rusia es hacer que nada funcione en Europa. Para ello, no ha dudado en sabotear las redes de comunicaciones dejando a muchos ciudadanos europeos sin internet o telefonía móvil. Un ejemplo de esto ocurrió en octubre de 2022 en Marsella, cuando la ciudad se quedó sin fibra óptica. Dos años más tarde ocurrió lo mismo en seis departamentos franceses. Detrás de este incidente estaría el Grupo APT28, un comando vinculado a la inteligencia rusa (GRU) que opera en la clandestinidad atacando las redes.

En otros lugares como Estonia o Finlandia, sus acciones no han sido tan sutiles. En diciembre de 2024 la marina finlandesa capturó a uno de los barcos de la “flota fantasma” rusa –el Eagle S– cuando la embarcación estaba cortando el cable submarino Estlink 2 que conecta al país escandinavo con el resto del continente europeo. Aunque no lo lograron, el objetivo era dejar a Finlandia sin luz en el día de Navidad, justo cuando se produce la visita masiva de europeos a Rovaniemi, la ciudad de Papá Noel.

En las últimas semanas, Rusia ha dado una nueva vuelta de tuerca a la situación en Europa. En esta ocasión, el objetivo no fueron ni las redes de suministro eléctrico ni los cables de datos, sino el espacio aéreo. Rusia parece haber pisado el acelerador llevando a cabo una triple ofensiva: ciberataques contra los aeropuertos, violaciones del espacio aéreo y hackeo de los sistemas de navegación de los líderes europeos.

Comenzando por el final, tenemos que destacar que al menos dos líderes europeos –Úrsula Von Der Layen y Margarita Robles– han tenido que realizar aterrizajes de emergencia cuando sobrevolaban estados limítrofes con Rusia. Se trata de una agresión directa que se enmarca en el desafío ruso para con Europa.

En esta misma línea es imporante mencionar el ataque con misiles que sufrió la delegación diplomática de la UE en Kiev a finales de agosto. Sin duda, una advertencia para la UE.

En segundo lugar, tenemos que destacar los ciberataques que sufrieron los aeropuertos de Berlín, Bruselas, Copenhague y Londres. Debido a un malware, los pasajeros no pudieron ni facturar ni obtener sus tarjetas de embarque, provocando largas colas y gran malestar entre aquellos que iniciaban viaje.

Aunque no se ha podido demostrar que el ataque tuviera origen en Rusia, fuentes de la UE consideran que este comparte metodología con otros ciberataques perpetrados por hackers al servicio de la inteligencia rusa (GRU). De hecho, en 2023 y en 2024 aeropuertos de Alemania e Italia sufrieron ataques similares.

En tercer y último lugar está la aparición de drones rusos en el cielo de diferentes estados europeos. El caso más llamativo ha sido el de Polonia, cuyo cielo se vio invadido por 19 de esos aparatos no tripulados procedentes de Rusia. Además, un MIG-31 ruso estuvo sobrevolando Estonia durante al menos 12 minutos y un avión espía IL-20m hizo lo mismo sobre las aguas del Báltico, obligando a la aviación sueca a expulsarlo de su espacio aéreo.

Poniendo a prueba a la OTAN

Con estas acciones Rusia trata de poner a prueba a la OTAN, sobre todo la cohesión de la alianza y la actitud de los mismos ante una situación en la que un Estado, ante un ataque ruso, pudiera invocar la activación del artículo 5.

Resulta complicado pensar que la Alianza Atlántica activara su mecanismo de defensa colectiva como respuesta a un ataque ruso. Quizás por ello, tanto Estonia como Polonia solo hayan invocado las consultas que están recogidas en el artículo 4 y no el artículo 5.

Por su parte, la OTAN ha aprobado una nueva operación de vigilancia aérea que se une a las ya desplegadas por la Alianza desde 2014.

No obstante, la pregunta es si estamos dispuestos a hacer lo que Turquía hizo cuando un caza ruso entró en sus espacio aéreo en 2015 –es decir, derribarlo– o si vamos a seguir permitiendo que Rusia vaya dando pasitos hacia una situación como la vivida por Ucrania el 23 de febrero de 2022. Tal vez si Putin percibe debilidad, su actitud será cada vez más agresiva.

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Alberto Priego no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Misiles, drones y sabotajes: cómo Rusia intensifica su ofensiva ‘silenciosa’ sobre Europa – https://theconversation.com/misiles-drones-y-sabotajes-como-rusia-intensifica-su-ofensiva-silenciosa-sobre-europa-266331

¿Se aprende mejor participando en clase?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Octavio Díaz Santana, Profesor de Sociología, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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¿Qué hace un “buen estudiante”? Toma apuntes, presta atención y guarda silencio, mientras el docente explica: esta sería una respuesta habitual. Es decir, el profesor o profesora como protagonista, y los estudiantes con una actitud pasiva. A menudo, este se considera el mejor modelo para sacar buenas notas.

Las metodologías activas proponen algo diferente: un aprendizaje basado en la participación del alumnado. Se trata de que tenga una actitud activa, para lo que el profesorado ha de brindarle espacio. Pero ¿realmente este cambio mejoraría el rendimiento?

En una reciente investigación tratamos de responder a esta pregunta centrándonos en las competencias de Comunicación lingüística, Inglés, Matemáticas y Ciencia y Tecnología. Para ello, utilizamos los datos del alumnado que cursa el sexto curso de primaria en las Islas Canarias.

El rol del profesorado

La sociología de la educación señala que impartir las clases de una forma u otra no sólo tiene consecuencias en cómo se aprende: influye en el clima del aula. Y eso se traduce en una mayor o menor atención, respeto, seguridad y confianza.

En nuestra investigación analizamos cómo se comporta el profesorado; es decir, el rol que juega en el aula. En concreto diferenciamos dos estilos docentes: el directivo, como ejemplo de práctica docente tradicional, y el participativo, como práctica docente activa.

También tuvimos en cuenta dos tipos de relaciones. Las afectivas, es decir, el apoyo emocional que recibe el alumnado en forma de seguridad, respeto o escucha. Y las educativas, relacionadas con el apoyo en el aprendizaje, como las respuestas a las preguntas o los consejos para mejorar.

Según nuestros resultados, el estilo docente influye en las relaciones que se dan entre el profesorado y el alumnado. En particular, el estilo participativo genera buenas relaciones con el alumnado; mientras que con el estilo directivo estas relaciones no son tan positivas.

¿Qué da mejores resultados?

A partir de lo anterior, nos preguntamos si el rol del profesor o profesora afecta a las notas del alumnado. Nuestros resultados indican que si el profesorado tiene un rol activo las notas son mejores que si tiene un rol tradicional. Es decir, disponer de espacio para participar en clase y unas buenas relaciones entre profesor y alumno mejora los resultados.

Nuestros datos también subrayan el peso de las relaciones en el rendimiento. Sobre todo, el de las relaciones afectivas. El apoyo emocional del profesorado juega un papel muy importante en el aprendizaje. Por eso es tan necesario prestar atención a los vínculos con el alumnado.

No basta con reflexionar sobre las formas en las que se imparten las clases, también hay que prestar atención al efecto que tiene en el alumnado la forma en la que se le hace llegar la lección. ¿La forma de dar la clase les anima a participar? ¿Les proporciona seguridad y confianza? ¿Les estimula a querer aprender?

Trasladarlo a las aulas

Estos resultados apoyan una mayor presencia de las metodologías activas en las aulas. No solo porque mejoran las notas, sino porque promueven la implicación del alumnado y las buenas relaciones con el profesorado. Es decir, el rol activo genera un clima del aula mucho más positivo que el rol tradicional.

Trasladarlo a las aulas requiere, en primer lugar, del compromiso de las autoridades educativas, pero también de la formación del profesorado. Al fin y al cabo, aumentar la presencia de las metodologías activas supone nuevas maneras de dar las clases y de relacionarse con el alumnado que no todos los docentes conocen y saben aplicar.

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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. ¿Se aprende mejor participando en clase? – https://theconversation.com/se-aprende-mejor-participando-en-clase-264611

Crece la demanda de I+D para defensa

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fernando Conesa, Jefe del Servicio de Promoción y Apoyo a la Investigación, Innovación y Transferenc, Universitat Politècnica de València

Explosión nuclear de la bomba estadounidense Castle Bravo en 1954. Wikimedia Commons., CC BY

En la última década, el gasto militar mundial no ha dejado de crecer. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2023 aumentó un 6,8 % respecto al año anterior. El resultado es un ciclo expansivo que está alterando los presupuestos de los Estados.

El argumento para el gasto militar es la búsqueda de una disuasión creíble: si el coste de atacar es inasumible porque el adversario tiene capacidad de responder causando alto daño en vidas y recursos materiales, el atacante se abstendrá de hacerlo. La disuasión consiste no solo en armarse, sino en que el contrario lo sepa.

Sin embargo, esta lógica tiende a convertir la prevención en sospecha y la inversión en defensa del otro en amenaza, alimentando una espiral de rearme. Además de elevar la desconfianza mutua, esto aumenta el riesgo de incidentes, ya sean provocados o por errores.

Y aunque la disuasión también ha operado como contención eficaz del conflicto, como ocurrió bajo la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada durante la Guerra Fría, no resuelve por sí sola las causas políticas y sociales que lo incuban.

Crece la demanda de I+D para defensa

En la actualidad, la ventaja militar no depende tanto del tamaño de los ejércitos y de sus arsenales, sino de su calidad tecnológica. La I+D y las innovaciones que de ella derivan se convierten en un factor estratégico de primer orden para mantener o alterar equilibrios de poder.

Hay, por ello, una creciente demanda de I+D para defensa, que presenta singularidades culturales respecto a su homónima civil. Por un lado, el secreto es, a menudo, un requisito operacional, jurídico e incluso de seguridad nacional. Por otro, es esencial la fiabilidad, pues los sistemas militares operan en entornos extremos y no pueden fallar.

El impacto de la tecnología dual

A diferencia de épocas anteriores, la frontera entre lo militar y lo civil hoy es porosa. No sólo hay innovaciones civiles procedentes del lado militar, sino que un volumen significativo de las capacidades militares deriva de tecnologías de doble uso originadas en la I+D civil: microelectrónica avanzada, inteligencia artificial, 5G/6G, ciberseguridad, materiales compuestos, fabricación aditiva…

Este acercamiento obliga a reforzar los controles sobre la cooperación científica internacional, con cláusulas de acceso selectivo a datos y a instalaciones, restricción de nacionalidades en los equipos o mayor compartimentación de tareas. En este terreno, la gobernanza institucional de la investigación se vuelve tan importante como la excelencia científica y se debe dotar de nuevas políticas, procedimientos y mecanismos para la decisión.

Deeptech, solo para quien puede pagarla

Recientemente, se ha puesto una especial atención en las llamadas tecnologías profundasdeeptech–, caracterizadas por un alto contenido en ciencia, barreras de entrada considerables en inversión y tiempo de desarrollo, y objetivos ambiciosos. No contar con acceso a estas tecnologías punteras aboca a un país a una gran dependencia de terceros y pone en riesgo la soberanía propia.

El interés de las deeptech para defensa es evidente por su capacidad de generar asimetrías estratégicas: aporta innovaciones de las que el adversario carece y que tardará en copiar. Estas tecnologías representan también retos científicos y oportunidades industriales, y pueden dar respuestas a demandas sociales que rebasan con mucho el perímetro estrictamente militar. De ahí su carácter dual.

¿Es ético investigar en armamento?

No se puede negar que la cuestión de la defensa crea una tensión estructural en las instituciones académicas. La demanda de mayor contribución a la seguridad nacional confronta con valores tradicionales en universidades y centros públicos de investigación: la difusión del conocimiento, la libertad para investigar, la colaboración internacional o la transferencia de tecnología a la industria.

Durante décadas, ha existido un pacto social que daba el visto bueno a dedicar más fondos públicos a la I+D a cambio de su orientación a desafíos sociales, económicos y globales ha reforzado la confianza entre ciencia, empresa y sociedad.

Las tensiones geopolíticas, sin embargo, han desplazado parte de las expectativas sociales. Desde los gobiernos democráticos, se busca que la I+D pública aporte más a la defensa. Surge entonces el dilema: ¿cómo responder a esta demanda sin traicionar valores que han hecho de la universidad una institución singularmente útil al bien común?

Claves para una decisión comprometida

Una de las claves pasa por preguntarse en cada caso sobre el objeto y el beneficiario de la investigación. Así, no es lo mismo colaborar en el desarrollo de armas de destrucción masiva que en sistemas de encriptación de comunicaciones; tampoco es igual tener relación con una empresa que exporta armas a una dictadura represora que colaborar con quien provee al propio ejército.

La responsabilidad sobre la decisión a tomar en la academia es compartida. En un entorno en el que rige la libertad de cátedra, la responsabilidad recae, en primer término, en el propio investigador. El científico va a ser quien diseñe y ejecute la investigación, y deberá anticipar los usos plausibles de los resultados de su trabajo.

Compete también a los responsables de las estructuras de I+D, que deben componer una estrategia en la que encaje esa investigación, y al personal de transferencia de conocimiento, que puede precisar las condiciones contractuales de su transferencia. Asimismo, hay una responsabilidad última en la dirección de la institución, que autoriza y vela por el cumplimiento normativo, además de asumir las consecuencias legales. Cada actor debe ser consciente de su parcela de responsabilidad.

Este enfoque de gobernanza se puede operar mediante herramientas que compatibilicen apertura y seguridad. Algunas opciones podrían ser (a) la identificación de proyectos y resultados de doble uso; (b) la formación continua en regulaciones de ciberseguridad, protección de datos o tecnologías duales; (c) la diligencia debida sobre socios y cadenas de valor; (d) las cláusulas que delimiten ámbitos de explotación, territorios, contrapartes y finalidades… Se trata de construir un andamiaje para hacer poder adoptar decisiones con criterio y argumento, al igual que en su día se hizo con la investigación biomédica.

Velar por la paz

Con todo, conviene recordar que preparar o hacer la guerra siempre supone el fracaso de no haber evitado el conflicto por medios pacíficos. Lo que mejor previene la guerra es construir relaciones equilibradas y mutuamente beneficiosas. Europa ofrece un ejemplo notable de construcción de la paz en su interior.

Los fondos estructurales, los programas Erasmus o de I+D han tejido una confianza y cohesión más fuerte que las coyunturas políticas, asentando en su seno un periodo de paz desconocido tras muchos siglos. Desde las instituciones académicas debemos reivindicar y reforzar estos instrumentos de relación e intercambio.

The Conversation

Fernando Conesa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Crece la demanda de I+D para defensa – https://theconversation.com/crece-la-demanda-de-i-d-para-defensa-265968

¿Puede Jonathan Anderson traer de vuelta la ilusión por la moda en Dior?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sandra Bravo Durán, Socióloga y Doctora en Creatividad Aplicada, UDIT – Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología

Un momento del desfile de Dior mujer de primavera-verano 2026. Dior/Facebook

La moda parecía haber perdido su capacidad de sorprender. Demasiados desfiles convertidos en clones de sí mismos, demasiadas colecciones construidas a base de nostalgia reciclada, demasiados logotipos sustituyendo a las ideas. El sistema, atrapado entre la inmediatez de las redes sociales y la presión de los balances trimestrales, parecía condenado a repetir fórmulas hasta el agotamiento. Esa fatiga creativa no es un secreto: la perciben los críticos, la sienten los consumidores y la arrastran incluso las grandes maisons (casas de moda).

Y, sin embargo, en París ocurrió algo distinto. El diseñador Jonathan Anderson debutó esta semana al frente de Dior mujer presentando la colección de primavera-verano. Y podemos decir que el suyo no fue un desfile más: fue una demostración de que la moda aún puede ilusionar. ¿Por qué? Porque frente a la repetición habitual, Anderson propuso un diálogo vivo con el archivo de Dior, ofreciendo nuevas lecturas de símbolos históricos de la casa y una puesta en escena que convertía la pasarela en un relato cultural.

El archivo como motor creativo

Una mujer desfilando con un vestido negro.
Uno de los modelos de la nueva colección de Dior mujer para la primavera-verano 2026.
Dior/Facebook

La clave de su éxito reside en una habilidad poco frecuente: la de transformar el archivo histórico en una plataforma para el futuro. Dior es una maison cargada de símbolos –la chaqueta Bar, el vestido Junon, las siluetas del New Look– y cualquier intento de revisitarla corre el riesgo de quedarse en homenaje vacío o, peor aún, en repetición nostálgica. Anderson evita esa trampa. No copia ni reverencia: distorsiona, desarma, multiplica.

Así, la clásica chaqueta Bar apareció recortada y sobredimensionada en proporciones inesperadas; las faldas de aire New Look se mostraron con cortes irregulares y tejidos técnicos, desmontando la idea de feminidad cerrada y rígida; e incluso la invitación al desfile reforzaba esta idea de archivo vivo: un plato de cerámica reeditado de los archivos de Dior, acompañado por tres huevos, que convertía un objeto doméstico en pieza de lujo y en clave de lectura de la colección. Un gesto irónico y a la vez simbólico, que recordaba cómo lo cotidiano puede convertirse en emblema cultural cuando pasa por el filtro de la moda.

Una mujer con un traje chaqueta con minifalda.
Uno de los trajes de la nueva colección de Dior.
Dior/Facebook

En términos sociológicos, el filósofo francés Roland Barthes definió la moda como un lenguaje en constante resignificación. Anderson entiende esa lógica: un mismo signo puede transformarse en otro al ser leído en un nuevo contexto. El archivo no es museo, es laboratorio. Y esa alquimia entre pasado y presente es lo que permite que Dior vuelva a ilusionar.

Su llegada a la maison no ha sido casualidad. Al frente de Loewe, donde estuvo 11 años, demostró una capacidad extraordinaria para redefinir el lujo contemporáneo, conectando la artesanía española con códigos globales y con un imaginario cercano a las nuevas generaciones. En su propia firma, JW Anderson, lleva años explorando volúmenes distorsionados, géneros fluidos y referencias visuales híbridas.

Ahora, en Dior, no se disfraza de guardián del archivo, sino que conversa con él desde su propia voz. Y esa voz es inconfundible: audaz, juguetona, intelectual sin perder lo popular, teatral sin perder lo funcional. Como ya demostraron Yves Saint Laurent en los sesenta, Karl Lagerfeld en Chanel o John Galliano en los noventa, enfrentarse a un archivo tan cargado significa medirse con la sombra de la historia. Anderson ha aceptado ese desafío y, como subraya Vogue, lo ha resuelto con un sello propio, reconocible y contemporáneo.

Moda como dramaturgia

Pero Anderson no solo diseña ropa: diseña escenas. Su debut en París incluyó una película que mezclaba imágenes de archivo de Dior con atmósferas inquietantes y una pasarela convertida en escenario simbólico. La pirámide invertida que dominaba el espacio podía leerse como metáfora del archivo visto del revés, invitando a releer la historia desde un ángulo distinto; la película, entre onírica y perturbadora, yuxtaponía memoria y futuro. Cada detalle hablaba de la moda no solo como presentación de prendas, sino como relato cultural expandido.

Puesta en escena del desfile Dior primavera-verano 2026.
Puesta en escena del desfile Dior primavera-verano 2026.
Dior/YouTube

El filósofo alemán Georg Simmel ya señalaba que la moda es, ante todo, un fenómeno social de diferenciación y pertenencia. En tiempos digitales, esa pertenencia no pasa solo por vestir Dior, sino por compartir el “relato Dior”: una narrativa que asocia la marca con su legado, feminidad, elegancia parisina y poder cultural.

Vestir Dior significa entrar en una comunidad simbólica, pero también participar de un ecosistema digital donde todo se multiplica. Anderson entiende esa dimensión contemporánea de la moda como dramaturgia expandida: cada desfile es también contenido cultural; cada look, imágenes y hashtags para Instagram o TikTok y titulares globales en los medios de comunicación.

Lo más seductor de su propuesta es que se mueve en la tensión: entre lo masculino y lo femenino, lo estructural y lo etéreo, lo histórico y lo pop. No resuelve esas dicotomías, las pone en juego. Y esa ambigüedad es profundamente contemporánea. Como apuntaba el sociólogo Zygmunt Bauman al hablar de la modernidad líquida, vivimos en un tiempo donde las fronteras son difusas, donde la solidez se disuelve en fluidez. Anderson traduce esa condición en siluetas y tejidos que dialogan con la inestabilidad del presente.

Cuatro modelos desfilan con diferentes vestidos en la pasarela.
Imagen del último desfile de Dior mujer.
Dior/Facebook

Por supuesto, no todos ven en él a un mesías de la moda. Reuters destaca que la transformación de la icónica chaqueta Bar con un encaje más holgado y volúmenes en la espalda es un “salto creativo” para Dior. AP News, por su parte, subraya que, aunque la colección generó entusiasmo, la ausencia de una silueta dominante deja la sensación de que falta una idea central que cohesione el conjunto. Desde Vogue Hong Kong se insiste en que Anderson ha conseguido combinar elementos históricos –la silueta princesa, los volúmenes arquitectónicos, las texturas características de Dior– con propuestas radicalmente contemporáneas.

Más allá de estas reservas, lo cierto es que Anderson ha logrado devolver a la pasarela el riesgo y la experimentación, en un sistema que a menudo tiende a repetirse. Y en ese equilibrio entre aplauso y crítica reside precisamente la fuerza de su propuesta: la moda vuelve a debatirse, a provocar conversación, a ilusionar.

El poder de ilusionar

En un momento de fatiga creativa, de consumidores desencantados y de tendencias que se agotan casi antes de empezar, Anderson representa una rareza: un diseñador capaz de emocionar. El filósofo francés Gilles Lipovetsky ha descrito la moda como el motor de la ilusión de novedad en la sociedad contemporánea. Durante años, esa promesa pareció desinflarse en un mercado saturado. Con Anderson en Dior, esa ilusión renace.

Su trabajo es, al mismo tiempo, un homenaje a la historia de la maison y una apuesta por un futuro aún posible para la moda: un futuro en el que el archivo no es peso muerto, sino semilla viva; en el que la pasarela no es solo comercio, sino cultura; en el que un diseñador puede devolvernos la sensación de estar viendo algo realmente nuevo.

En tiempos de fatiga, Anderson parece haber dejado patente que la moda todavía puede enamorar. Ese gesto no es solo un triunfo creativo: es un acto de fe en lo que el sector puede llegar a ser.

The Conversation

Sandra Bravo Durán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. ¿Puede Jonathan Anderson traer de vuelta la ilusión por la moda en Dior? – https://theconversation.com/puede-jonathan-anderson-traer-de-vuelta-la-ilusion-por-la-moda-en-dior-266620