Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elizabet Fernández Lam-Sen, Profesora de ELE y Literatura Española, Universidad Camilo José Cela

Aún no había emergido la hipermodernidad tan analizada ya por Gilles Lipovetsky. Los síntomas de la cultura globalizada se apreciaban como extraños fenómenos dignos de diseccionar en los sesudos laboratorios de las universidades. En ese tiempo, apareció el celibérrimo superventas El nombre de la rosa (1980). Su autor, el intelectual italiano Umberto Eco, desmontó con soltura los presupuestos y prejuicios que rondaban en torno a la literatura de masas.

¿Y si culpamos a la posmodernidad?

La “nueva edad de las tinieblas”, como la había nombrado y temido el filósofo George Steiner en su libro En el castillo de Barba Azul, aún quedaba lejos para la escéptica y democratizadora posmodernidad. No obstante, se habían producido cambios significativos en el magma de una sociedad que veneraba la cultura televisiva y que aprendió a diluir los límites entre la alta y la baja cultura. Asistíamos al auge de la cultura pop.

Como el buen intelectual sin domesticar que demostró ser con el paso del tiempo, se presentó ante el mundo con el perfil de un novelista primerizo de mediana edad. Pero tan reacio a la etiqueta del “apocalíptico” de pompa y circunstancia aristocrática como a la del “integrado” de un vitalismo sin arraigo. En realidad, ambos apelativos disfrazaban fetichismos aptos para las “polémicas estériles” o las “operaciones mercantiles” y así lo dejó claro en su ensayo Apocalípticos e integrados (1964).

Ese novelista bisoño era Umberto Eco, quien incursionó en el género con “ganas de envenenar a un monje”. Y, de paso, aprovechó para estrenar la posmodernidad literaria. Eran los años ochenta de un cada vez más lejano siglo XX, cuando la aparición de El nombre de la rosa desmintió, sin proponérselo, las apocalípticas voces de academia que alertaban de una “literatura del agotamiento”. Con esa consigna, sólo quedaba esperar la muerte de la novela.

Lo curioso es que El nombre de la rosa no se proyecta desde el cinismo, ni desde el pesimismo. Tampoco desde otro “ismo” que denote hartazgo o recelo personal hacia el futuro del género. Lo hace en cambio desde unas ansias por divertirse a sí mismo y a los lectores, según reveló su autor en Apostillas al nombre de la rosa (1985). Una motivación que le brinda ese halo genuino, surgido de la generosidad, de quien escribe para todos, no sólo para unos cuantos o sus iguales.

Vivir para contarlo y no morir de éxito

Sea como fuere, la novela en cuestión ha vendido 50 millones de ejemplares hasta la fecha. Su éxito y alcance ha llegado a compararse al de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Se hizo con el máximo galardón literario italiano, el Strega, análogo de nuestro Premio Nacional de Literatura. Pero El nombre de la rosa fue más allá. Consiguió revivir a la apagada novela histórica europea.

Portada de El nombre de la rosa (1980).
DEBOLSILLO

Entonces nos asalta una pregunta: ¿Cómo logró la fórmula secreta? Sobresale una particular mezcla de realidad y ficción, que se antoja un precedente de la popularizada posverdad de los años veinte del siglo XXI.

Luego nos sedujo un protagonista medieval de inspiración sherlockiana. Así que aquella intriga novelesca marcó un hito que parecía imposible. Por un lado, se granjeó el aplauso de un público que había sido subestimado con argumentos blandos de ficción. Por el otro, volatizó el tópico por excelencia que aún martillea a todo superventas: la dudosa calidad aliada del consumo rápido.

El nombre de la Rosa se convirtió en un longseller. Tuvo la suerte de contar con una película protagonizada por un recordado Sean Connery. Sin embargo, su éxito inesperado necesitó unas anotaciones posteriores conocidas como Apostillas al nombre de la rosa. Umberto Eco aclaró que las escribió para “evitar tener que morir, para evitar tener que contestar a nuevas preguntas”, como recogió el periodista Igor Reyes-Ortiz en el diario El País.

Pero este pequeño volumen sesudo y puntilloso también encerró una reflexión del posmodernismo. El mismo del que había surgido ese fenómeno libresco imparable y al que el escritor definió de una forma que recordaba a aquellos diálogos noventeros de cualquier personaje de Woody Allen:

“Pienso en la actitud posmoderna como en la del que ama a una mujer muy culta y que sabe que no puede decirle ‘te amo desesperadamentente’, porque él sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esta frase ya la escribió Liala. Sin embargo, hay una solución. Podrá decir: Cómo diría Liala, te amo desesperadamente”.

El mundo sigue necesitando a Eco

Umberto Eco no se detuvo. Continuó escribiendo. Quizás porque “el hombre es un animal fabulador por naturaleza”. Por eso, hay que leerle en otras novelas posteriores: El péndulo de Foucalt (1998), Número cero (2015) o el que fue su libro póstumo De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera (2016).

Porque los grandes relatos parecen fragmentarse y el futuro de la novela pende de un hilo, valoremos regresar a nuestro semiólogo de cabecera. A esos libros que apuestan por una reconfortante evasión placentera e inteligente. De hecho, como siempre estuvo por encima de los mediáticos egos perecederos, Eco pidió en su testamento que, por favor, no se le realizaran homenajes tras los diez años de su fallecimiento.

Sobra decir que éste no es un tributo. Sólo un recordatorio oportuno de cuánto podemos seguir ganando sus lectores.

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Elizabet Fernández Lam-Sen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad – https://theconversation.com/diez-anos-sin-umberto-eco-el-nombre-de-la-rosa-en-la-cumbre-de-la-posmodernidad-275779

Nuevos materiales para alcanzar la eterna juventud

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel Torralba, Catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, IMDEA MATERIALES

Recreación de un hueso artificial bioimprimido. GarryKillian/Shutterstock

Órganos artificiales, implantes que se absorben y se regeneran con nuestro propio hueso, miniórganos para replicar enfermedades y probar tratamientos antes de experimentar en seres vivos… ¿Alcanzaremos el sueño de la eterna juventud?

Sin duda, la salud es el ámbito donde la evolución de la ciencia e ingeniería de materiales resulta más impactante.

Como método de fabricación, la impresión 3D está suponiendo una revolución para la creación de prótesis, la personalización de tratamientos, la bioimpresión o el desarrollo de modelos y herramientas quirúrgicas.

Aleaciones imprimibles

En cuanto a los materiales, los aceros inoxidables o el titanio forman parte desde hace décadas de los catálogos de componentes para prótesis, gracias a su biocompatibilidad y su capacidad de fabricarse en formas complejas adaptadas a las necesidades de cada paciente. Además, ambas familias de materiales son perfectamente “imprimibles”, por lo que han entrado de lleno en la revolución de la fabricación aditiva.

Además, existen dos nuevas familias de aleaciones, menos conocidas, pero que están abriéndose camino en el mundo de la biomedicina por sus singularidades: el nitinol y las aleaciones de magnesio, ambas alineadas con las nuevas tecnologías de fabricación 3D.

Nitinol con memoria de forma

El nitinol es una aleación de niquel-titanio cuya principal singularidad es que posee “memoria de forma”, además de la necesaria biocompatibilidad. Tener memoria de forma implica que, con el paso del tiempo y a causa de un cambio de temperatura o de tensión mecánica, puede recuperar una forma inicial predeterminada e ir adaptándose a un espacio o a unas dimensiones.

Cómo funciona el nitilol con memoria de forma.Thoisoi.

Gracias a la impresión 3D, ya se están fabricando en laboratorio con formas personalizadas según el paciente. Estos implantes se modifican superficialmente para permitir la proliferación de células y su perfecta biocompatibilidad.

Así, una de las aplicaciones del nitinol son los stents que se fabrican al tamaño personalizado de la arteria del paciente. Se disminuyen de tamaño enfriándolos y, cuando alcanzan su posición, gracias a la temperatura de nuestro cuerpo, se expanden para encajar perfectamente.

Ya se utiliza nitinol en alambres dentales, tornillos ortopédicos y otros suministros quirúrgicos. Y, como parte del proyecto HUMANeye, se está probando para fabricar implantes que abren la puerta a solucionar enfermedades de la córnea, una de las principales causas de ceguera en todo el mundo.

Magnesio, exoesqueletos más ligeros

Al magnesio y sus aleaciones, pese a su baja densidad y buenas prestaciones mecánicas, le ha costado reemplazar al aluminio en muchas aplicaciones estructurales, en parte por su coste, en parte por su dificultad de procesado. Esas dificultades están hoy siendo solventadas y hay países, como China, que ya están empezando a implementar su uso de forma masiva.

En el ámbito de la salud, en alianza con la impresión 3D, su implementación está empezando a ser importante. Por un lado, gracias a su baja densidad (1,74 g/cm³ frente a 2,70 g/cm³ del aluminio, aproximadamente un 35 % menor) y por otro su excelente biocompatibilidad, junto a su capacidad de ser absorbido por nuestro organismo.

El potencial del magnesio en aplicaciones para la llamada “micromovilidad” está impulsando su uso en China en pequeños vehículos eléctricos. En un futuro próximo, lo veremos también en robots y en exoesqueletos. Aquí, la utilización de aleaciones de magnesio en vez de aluminio puede reducir el peso en hasta un 30 %, con unas prestaciones mecánicas idénticas a las del aluminio.

Prótesis asimiladas por el cuerpo

Pero la gran revolución será la utilización del magnesio en prótesis fabricadas por impresión 4D. Una prótesis de magnesio que permita su colonización por el hueso, al mismo tiempo que se disuelve en nuestro organismo, hará que, pasado un tiempo, la totalidad del implante habrá sido reemplazado por nuestro propio hueso y no será necesaria una nueva cirugía. Solo hay que acompasar los tiempos de disolución con los de crecimiento del hueso, y es en esa dirección hacia donde van las investigaciones. Las prótesis, además de ser totalmente personalizadas, en un tiempo se convertirían en nuestro propio hueso.

Al igual que en el hombre bicentenario de Asimov, donde un robot fue adaptándose y sobreviviendo a lo largo de los años gracias a la ciencia, ya empezamos a tener tecnologías “suficientes” para prever que, poco a poco, nos vamos acercando al sueño (¿o pesadilla?) de la eterna juventud. ¿Existirán, algún día, seres humanos bicentenarios?

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José Manuel Torralba no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Pornografía, agresiones sexuales y sumisión química: ¿cómo se relacionan?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Pablo Prego Meleiro, Farmacéutico epidemiólogo. Investigador y profesor en Dpto. Salud Pública y Materno-Infantil de la Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

La violencia sexual facilitada por drogas incluye aquellas agresiones en las que el perpetrador se aprovecha de personas inconscientes o incapacitadas por los efectos de sustancias psicoactivas, consumidas voluntaria o involuntariamente. Usualmente, se emplea el término sumisión química para referirse a este fenómeno, diferenciando entre sumisión química oportunista y proactiva.

La sumisión química ha recibido especial atención en la opinión pública a raíz del caso Pelicot, en el que decenas de hombres violaron a una mujer drogada mientras su marido grababa las agresiones. En España, sucesos de este tipo traen a nuestra memoria el caso de La Manada de Pozoblanco, destapado durante la instrucción de la agresión perpetrada en los sanfermines de 2016: la policía encontró la grabación de otra agresión sexual a una joven inconsciente en el teléfono de uno de los acusados.

El impacto social de este tipo de sucesos se plasmó en la serie Alba, que narra la experiencia de una joven agredida, mientras está inconsciente, por un grupo de chicos, quienes graban todo en vídeo. Más allá de la ficción, un estudio reciente indica que una de cada dos mujeres y uno de cada cuatro hombres han sufrido violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta.

El modelo hegemónico de pornografía incluye también escenas de violencia sexual mediante sumisión química, como parte de un repertorio más amplio de contenidos violentos. Un nuevo estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas analiza la relación entre este tipo específico de agresiones y el consumo de pornografía.

Acceso temprano y reiterado

La pornografía está ampliamente extendida entre la población juvenil. Dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 35 años admiten consumirla: el 44,2 % de los hombres la ven a diario o dos o tres veces por semana, mientras que el 27,2 % de las mujeres la consumen menos de una vez al mes. Además, hay que tener en cuenta que la edad media de primer acceso a esos contenidos se sitúa en los 10 años.

La mitad de los jóvenes cree que ve demasiada pornografía y reconoce que ha intentado reducir el consumo sin éxito. Un 40 % afirma que dicho consumo le afecta negativamente en ámbitos como el rendimiento académico o laboral. En algunos usuarios, el visionado repetido puede generar habituación, derivando en la búsqueda progresiva de contenidos de mayor intensidad, de forma similar a la tolerancia observada en adicciones con sustancia. Hablamos de comportamientos en la órbita del trastorno de conducta sexual compulsiva.

Una fuente de desinformación sexual

La pornografía es percibida por muchos jóvenes como una fuente de educación sexual, ante la ausencia de una orientación de calidad. Solo el 12 % está plenamente satisfecho con la educación sexual recibida en su centro educativo. La mitad reconoce utilizar el porno como fuente de inspiración en sus relaciones, en línea con lo indicado en estudios en otros países. Sin embargo, la pornografía puede actuar también como una fuente de desinformación sexual, al difundir mensajes engañosos sobre el consentimiento y mostrar escenas que degradan y cosifican a las mujeres.

Pornografía y violencia sexual facilitada por drogas

El 41 % de los jóvenes reconocen consumir pornografía con contenido violento, degradante o humillante, mientras que el 33 % afirma que es habitual encontrarse con violaciones o abusos sexuales. Respecto a la combinación de pornografía y agresiones sexuales mediante sumisión química, el 22,2 % de los hombres y el 11,3 % de las mujeres reconocen ver escenas que involucran a personas dormidas, inconscientes o bajo los efectos del alcohol u otras drogas.

Este tipo de contenido alimenta la cultura de la violación: presenta como algo erótico y sexualmente excitante las agresiones perpetradas contra mujeres en estado de inconsciencia, conceptualizando como sexo lo que en realidad es violencia sexual.

Cultura de la violación

Sabemos que que la exposición a pornografía violenta puede moldear el comportamiento sexual, reforzando la percepción de conductas violentas como normativas. Esto se relaciona no solo con cometer agresiones, sino también con un mayor riesgo de sufrir violencia sexual. Un tercio de los jóvenes en España piensa que consumir porno configura fantasías sobre perpetrar o sufrir agresiones sexuales.

El citado estudio del Observatorio Universitario de Violencia Sexual Facilitada por Drogas muestra la existencia de una correlación específica entre la violencia sexual por sumisión química y el consumo de pornografía con escenas de violencia sexual facilitada por drogas. Así, la probabilidad de haber cometido una agresión es cuatro veces mayor entre quienes consumen este tipo de contenidos. La relación no se limita a los agresores, sino que se correlaciona también con un mayor riesgo de haber sufrido ese tipo de agresiones.

Resulta crucial generar una mirada crítica sobre el modo en el que se representan las relaciones sexuales en la pornografía. Aunque los jóvenes son relativamente críticos, los contenidos sobre prácticas violentas permean el imaginario colectivo, generando estereotipos asentados sobre la violencia.

Para prevenir la normalización de las conductas sexuales violentas, es necesario implementar intervenciones educativas integrales, que aborden críticamente el impacto de la pornografía como fuente de (des)información sexual. Asimismo, debemos visibilizar y valorar la importancia del consentimiento en las relaciones, también en relación a la incapacidad para consentir que se deriva de los efectos del alcohol y otras drogas.

Finalmente, es necesario replantear las responsabilidades y obligaciones de las plataformas de distribución de pornografía, mejorando la vigilancia, filtrado y eliminación de contenido violento.

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Pablo Prego Meleiro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Los relojes inteligentes aún no miden bien la tensión arterial

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jorge Velázquez Saornil, Profesor en Fisioterapia, Universidad Pontificia de Salamanca

Los relojes inteligentes o smartwatches se han convertido en herramientas habituales para controlar algunos aspectos de nuestra salud, y su uso está muy extendido y aceptado. Muchos usuarios miden con ellos sus pasos, frecuencia cardiaca, calidad del sueño e incluso, en los modelos más modernos, la tensión arterial y hasta un electrocardiograma. Esto resulta interesante, ya que la hipertensión afecta a millones de personas a nivel mundial y es un factor de riesgo cardiovascular. Pero ¿esta promesa tan atractiva cuenta con respaldo científico?

La evidencia actual invita a la prudencia. Un artículo reciente analizó si estos dispositivos pueden realmente sustituir a los tensiómetros clínicamente validados. La conclusión es clara: todavía no.

Los tensiómetros tradicionales son aquellos que se utilizan en consultas médicas y en nuestra propia casa. Su funcionamiento se basa en métodos oscilométricos con manguito de presión. Si alguna vez lo han utilizado se habrán fijado en que el manguito se infla, deteniendo temporalmente la circulación. Luego se desinfla y el dispositivo mide la presión conforme la sangre vuelve a fluir.

Lo importante es que estos dispositivos deben superar estrictos protocolos internacionales de validación antes de que puedan usarse con fines clínicos. Por ejemplo, según lo establecido por la Sociedad Europea de Hipertensión o por la norma ISO 81060-2.

Nuestros relojes, en cambio, no miden directamente la presión arterial. Lo que hacen es estimarla a partir de señales indirectas, como la luz que atraviesa la piel o el tiempo que tarda la onda del pulso en desplazarse por las arterias. Estas señales se introducen en algoritmos matemáticos que intentan inferir los valores de presión sistólica y diastólica.

Baja precisión y alta variabilidad

El análisis, publicado en la revista Experimental Physiology en 2025, analizó un reloj que, a priori, puede ser el más efectivo. Su sistema se basa en una minibomba que se hincha para llevar a cabo la medición, a diferencia de otros modelos y marcas. Aun así, los autores mostraron que existen varias limitaciones importantes de los relojes inteligentes a la hora de medir la tensión arterial.

La primera es la precisión. Los errores medios pueden parecer pequeños cuando se analizan en grupos, pero a nivel individual pueden ser clínicamente relevantes. Se observan que diferencias de apenas unos pocos milímetros de mercurio pueden cambiar la clasificación diagnóstica de una persona.

La segunda es la variabilidad entre individuos. Factores como la edad, la rigidez arterial, el grosor de la piel y el nivel de actividad física influyen notablemente en las estimaciones. Por ello, un algoritmo que funciona aceptablemente en un grupo concreto puede fallar en otros.

Además, muchos relojes inteligentes requieren una calibración inicial con un tensiómetro convencional. El problema es que esta calibración pierde validez con el tiempo, a medida que cambian las condiciones fisiológicas del usuario. Esto reduce aún más la fiabilidad de las mediciones a largo plazo.

Una tecnología no exenta de riesgos

Más allá de las limitaciones técnicas, el artículo de 2025 advierte de los riesgos clínicos asociados al uso indiscriminado de estos dispositivos.

Por un lado, los falsos negativos: personas con hipertensión real que reciben valores aparentemente normales y retrasan la consulta médica o el inicio del tratamiento. Y por el otro, los falsos positivos: usuarios sanos que creen tener la tensión elevada, lo que puede generar ansiedad, consultas innecesarias o incluso tratamientos inapropiados.

Las guías clínicas recuerdan que pequeños errores de medición pueden tener consecuencias importantes en la toma de decisiones terapéuticas. Por ello, los investigadores insisten en que estos relojes no deben utilizarse para el diagnóstico ni para ajustar los tratamientos antihipertensivos.

¿Significa esto que los relojes inteligentes no sirven?

No necesariamente. Los smartwatches pueden tener un valor complementario, siempre que se comprendan sus límites. Pueden ayudar a detectar tendencias generales, aumentar la conciencia sobre la salud cardiovascular o motivar a las personas a consultar con un profesional sanitario.

También tienen interés en estudios poblacionales y en programas de salud digital. En estos casos el objetivo no es el diagnóstico individual, sino el análisis de patrones a gran escala. Por lo tanto, la recolección de gran cantidad de datos puede resultar de utilidad para los investigadores, a pesar de las limitaciones explicadas. El problema aparece cuando se confunde una herramienta de seguimiento orientativo con un instrumento médico validado.

La tecnología avanza rápidamente. Es probable que en el futuro existan dispositivos sin manguito capaces de medir la tensión arterial con suficiente precisión. Pero, a día de hoy, la evidencia científica indica que los relojes inteligentes no cumplen los estándares necesarios para sustituir a los tensiómetros validados.

Para la ciudadanía el mensaje es sencillo: si quiere conocer su tensión arterial de forma fiable, debe acudir a un profesional sanitario o utilizar un dispositivo validado. Para los profesionales de la salud, el reto consiste en acompañar a los pacientes en el uso crítico de estas tecnologías. Es importante evitar tanto el alarmismo como las falsas expectativas.

La salud digital ofrece grandes oportunidades, pero, como recuerda la ciencia, en medicina no basta con medir algo: hay que medirlo bien.

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Jorge Velázquez Saornil no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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España seguirá pescando anguilas hasta su extinción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Miguel Clavero Pineda, Científico titular CSIC, Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC)

El mundo está inmerso en una espiral de descrédito del conocimiento científico, promovido por intereses económicos y auspiciado por corrientes políticas populistas. Europa se está subiendo a ese carro, por ejemplo al relajar las regulaciones ambientales que afectan a actividades contaminantes.

El rechazo a la protección de la anguila europea en España por parte de las comunidades autónomas, materializado este martes 17 de febrero, podría considerarse otro ejemplo de esta corriente.

La anguila europea (Anguilla anguilla) se encuentra al borde de la extinción. Desde 1980 su población se ha derrumbado. Los declives superan el 90 % en todos los indicadores, y la tendencia sigue siendo negativa. A pesar de esa pésima situación, la especie es aún objeto de pesca comercial y se vende y se consume con total normalidad.

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) es el organismo asesor de la Unión Europea en temas de pesca. Su grupo de trabajo sobre la anguila lleva 25 años aconsejando que cese la explotación de este animal. Inicialmente se recomendaba “llevar las capturas a valores tan cercanos a cero como sea posible”, pero desde 2021 se pide de forma inequívoca el cierre de las pesquerías.

El pobre estado de conservación de la anguila europea llevó a su catalogación como especie “en peligro crítico de extinción” en 2008, según los criterios de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Recientemente se ha llevado a cabo una evaluación de la especie en España. El resultado, preocupante pero poco sorprendente, ha sido el mismo que el de la evaluación global: “En peligro crítico de extinción”.

La evaluación española fue independiente de la global y se basó exclusivamente en datos españoles. Buena parte de ellos fueron generados por las comunidades autónomas que ahora se oponen a su protección.

La propuesta de protección

El Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA), creado por la Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, incluye los componentes de la biodiversidad amenazada. En él se consideran “en peligro de extinción” las especies “cuya supervivencia es poco probable si los factores causales de su actual situación siguen actuando”.

Parece poco opinable que la anguila cumple las condiciones para estar en este catálogo ya desde su primera versión, publicada en 2011. Pero, por sorprendente que pueda parecer, la anguila no está amparada por ninguna figura de protección. Y seguirá sin estarlo.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuenta con dos dictámenes de su Comité Científico, de 2020 y 2024, que promueven la protección de la anguila.

El último, apoyado unánimemente por las 19 personas que integran ese comité, todas ellas reconocidas expertas en conservación de la biodiversidad, proponía su inclusión en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción. Esta catalogación implicaba el fin de la explotación comercial.

A finales de enero, la ministra del MITECO Sara Aegesen se rodeó de reconocidos chefs para anunciar que propondría a las comunidades autónomas la protección de la anguila siguiendo el consejo del Comité Científico.

El papel de las comunidades autónomas

En España la competencia de los listados estatales de protección es del MITECO, pero éste ha delegado esa responsabilidad en la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Se trata de un organismo consultivo con representación del Estado y las comunidades autónomas. Dentro de éste, los temas de biodiversidad se tratan en el Comité de Flora y Fauna Silvestres, el que se ha reunido este martes y ha decidido, contra toda evidencia científica, aparcar la protección de la anguila.

Durante los días previos a la reunión varios responsables políticos autonómicos se han pronunciado en contra de la protección de la anguila. Usaban dos tipos de argumentos: que la anguila es el medio de vida de muchas familias y que falta información.

La Consellera do Mar de la Xunta de Galicia, Marta Villaverde, decía en Instagram que la protección de la anguila no está avalada por informes técnicos, mientras el Director General de Pesca del Gobierno de Asturias, Francisco J. González, defendía que la gestión de la especie en la región, donde sólo se pesca angula, es “un modelo de sostenibilidad […] cuyos buenos resultados son verificables”.

El director general de Política Marítima y Pesca Sostenible de la Generalitat de Catalunya, Antoni Espanya, también considera que su administración hace una gestión sostenible, que la pesca tiene un efecto “mínimo” sobre la anguila, y que faltan datos completos de la situación.

Estos ejemplos son fácilmente desmentidos con la información disponible. En el Delta del Ebro, por ejemplo, la propia Generalitat tiene un seguimiento científico a largo plazo que debería ser un modelo en el Estado, y que aporta esos “datos completos” de la situación de la anguila que esa misma administración dice necesitar. En la reunión de este martes se ha acordado la creación de un grupo de trabajo para promover nuevos seguimientos y tener más datos científicos, cuando los ya existentes justifican más que de sobra la protección.

Respecto a la importancia socioecómica de la explotación de la anguila, los datos hablan por sí mismos. En el Delta del Ebro, Antoni Espanya habla de 250 familias que “complementan sus ingresos” con la anguila. En Galicia se estima que casi 100 embarcaciones generaron algo menos de 600 000 euros con la pesca de esta especie (no llega a 6000 euros por embarcación). En Euskadi, en la última campaña de pesca de angula, 150 licencias generaron unos 100 000 euros en ventas (ni 1000 euros por licencia). Está claro que en España no se puede vivir de pescar anguilas.

Negar la evidencia

Las comunidades autónomas han negado la protección de la anguila. Se basan en información falsa o tendenciosa y niegan o minimizan el amplio, sólido e inequívoco conocimiento sobre el estado de la especie. El desprecio al saber acumulado para favorecer intereses cortoplacistas resulta en un perjuicio para el bien común.

Las dificultades para proteger a la anguila nos ponen en el espejo de cuánto estamos dispuestos a cambiar como sociedad para paliar las diversas crisis ambientales a las que nos enfrentamos. Parece que es casi nada. Dejar de pescar, vender y comer anguila debería ser muy fácil. Los sacrificios personales de los consumidores son minúsculos y la sociedad puede perfectamente dar alternativas y asumir compensaciones para las personas que pudiesen verse afectadas.

Si no podemos afrontar un cambio tan sencillo y respaldado por una información científica tan abrumadora como es la protección de la anguila, ¿cómo encararemos los retos gigantescos que tenemos por delante? Por ejemplo, la aridificación del territorio, la pérdida de costa y las invivibles olas de calor.

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Miguel Clavero Pineda no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Figura indispensable del cine estadounidense de los 70, Robert Duvall brilló en papeles protagonistas y de reparto

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ben McCann, Associate Professor of French Studies, Adelaide University

Robert Duvall, el actor californiano fallecido a los 95 años el pasado 16 de febrero, será recordado por su larga y brillante carrera. Además de sus intervenciones en dos de las películas más icónicas del cine estadounidense, su trayectoria de más de seis décadas incluye más de cien papeles.

Duvall estaba cómodo tanto en cintas prescindibles, como 60 segundos (2000), como en dramas profundos del estilo de Confesiones verdaderas (1983). En el año 1990, por ejemplo, interpretó al mentor de Tom Cruise en Días de trueno y al Comandante en la versión de Volker Schlöndorff de El cuento de la criada.

Actuar es escuchar

Nacido en 1931 en San Diego (California), su familia esperaba que siguiera los pasos de su padre en la Marina estadounidense. Pero su pasión por la interpretación le llevó al teatro y la televisión. En Nueva York es donde dio sus primeros pasos y aprendió el oficio; en una ocasión afirmó que lo más importante de la interpetación era hablar y escuchar.

Debutó en cine en 1962, con el papel de Boo Radley en Matar a un ruiseñor. Se oxigenó el pelo y evitó que le diera el sol durante seis semanas para capturar el aspecto frágil y demacrado del personaje. Y desde aquel momento, apenas dejó la gran pantalla, apareciendo en películas clásicas de género como Bullitt (1968), Valor de ley (1969) y M*A*S*H (1970).

Historiadores del cine como David Thomson han afirmado que Duvall no era “ni bello ni lo suficientemente imponente para ser el protagonista de una película grande”. Y, sin embargo, fue nominado al óscar siete veces y ganó una, en 1984. Su nominación más reciente fue en 2015, por su papel en El juez (2015), como el dominante y gruñón padre de Robert Downey Jr, acusado de asesinato.

Muy frecuentemente sus papeles fueron históricos: el icónico fuera de la ley Jesse James en el largometraje Sin ley ni esperanza (1972), Adolf Eichmann, Dwight Eisenhower y el general confederado Robert E. Lee.

Trabajo con Coppola

Como muchos de sus contemporáneos, Duvall idolatraba a Marlon Brando.

Qué apropiado entonces que su papel decisivo llegara en 1972 como Tom Hagen, el consigliere del propio Brando como Vito Corleone en El padrino, de Francis Ford Coppola, y la segunda parte (1974).

Su interpretación del impecable Hagen es majestuosa: todo él es amenaza silenciosa y sociabilidad incómoda.

Coppola volvió a contratar a Duvall en Apocalipsis Now (1979) como Kilgore, el coronel con sombrero de vaquero, amante del surf y de Wagner, que se vuelve adicto a la brutalidad de la guerra de Vietnam.

Esta interpretación es apenas un cameo (Duvall aparece menos de 10 minutos en la cinta) pero su aparición con total calma y control en la escena en la que suena la Cabalgata de las valkirias es uno de las más memorables del cine contemporáneo. El discurso de Kilgore es uno de los momentos álgidos de la película.

En busca de la fama

Tras aquellas cintas, vino Gracias y favores (1983), en la que interpretaba a Mac Sledge, un cantante de música country alcohólico y venido a menos, que intenta rehacer su vida y encontrar la redención tras tocar fondo. Un personaje en las antípodas de Kilgore.

Duvall captura maravillosamente la naturaleza lacónica e introvertida de Sledge, y recibió un óscar a mejor interpretación protagonista.

Sin embargo, la fama no le fue fácil de alcanzar. Al contrario que otros colegas de la época como Al Pacino, Robert de Niro y Jack Nicholson, o Gene Hackman y Dustin Hoffman (con quienes compartió un apartamento en los años 50), Duvall siguió siendo un actor más que una celebrity: con talento, muy versátil, encantado cuando un papel era de reparto y alternando proyectos que lo apasionaban con películas que le permitían subsistir.

Si la señal de un buen actor es la falta de esfuerzo con la que pronuncian sus diálogos, y lo creíbles que resultan, la profesionalidad relajada de Duvall le valió su prestigio como uno de los actores de reparto más deseados en Hollywood.

Observemos esta escena en Network, un mundo implacable (1976): Duvall interpreta al ejecutivo televisivo Frank Hackett con rabia, vulnerabilidad y humor a un tiempo: frente a William Holden, podemos ver cómo mueve sus manos, cómo se seca el sudor de la frente y va levantando la voz.

Actores de alto nivel como él siempre toman caminos arriesgados en el uso del lenguaje corporal, la postura y la voz. En esta película, Duvall hace un trabajo ejemplar.

A lo largo de los noventa, continuó ofreciendo interpretaciones destacables, una tras otra, en diversos géneros. En una ocasión admitió que su papel preferido fue el de Stalin en una película de 1992 de HBO, en parte por el desafío que suponía para él interpretar personajes monstruosos o comprometidos moralmente y encontrar en ellos una chispa de vulnerabilidad.

Una carrera lenta

En 1997 escribió, dirigió y protagonizó Camino al cielo, una sorprendente historia sobre la búsqueda del perdón. Como Sonny Dewey, un pastor apasionado y carismático de Texas que se ve obligado a huir e iniciar una nueva vida en una pequeña localidad de Luisiana, Duvall fue de nuevo nominado a los Óscar.

Un crítico definió su interpretación como una “sublime exploración de lo que supone ser humano, debatirse entre el bien y el mal, el pecado y la redención”. Este fue un proyecto muy querido para Duvall, en el que invirtió cuatro millones de dólares de su propio dinero, y es una de sus mejores películas.

Siguió participando en papeles y proyectos peculiares para sorprender a sus fans. Por ejemplo, estuvo discretamente maravilloso en Assassination Tango (2002), como John J., un matón que viaja a Argentina y se encuentra con el mundo de los clubs de tango (de hecho, este baile obsesionó a Duvall desde entonces, y pasó gran parte de su tiempo en Buenos Aires).

Es un largometraje de ritmo tranquilo que trae a la memoria otros trabajos iniciales de Duvall con Philip Kaufman, Sam Peckinpah y Sidney Lumet.

Preguntado por cómo lograba entender la oscuridad de sus personajes, Duvall describía así su manera de enfocar la interpretación: “Todo tiene que ver con los porcentajes. Quizá el 80 % de cualidades negativas y el 20 % de positivas un día, y el día siguiente al revés”.

Para un actor incapaz de un mal trabajo, esta ecuación suma su carrera completa: auténtica, impredecible y sin ningún ego.

The Conversation

Ben McCann no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Figura indispensable del cine estadounidense de los 70, Robert Duvall brilló en papeles protagonistas y de reparto – https://theconversation.com/figura-indispensable-del-cine-estadounidense-de-los-70-robert-duvall-brillo-en-papeles-protagonistas-y-de-reparto-276220

2026 no será el año del colapso demográfico: ¿qué ha pasado realmente con la población mundial?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antía Domínguez, Profesora de sociología, Universidade da Coruña

Melnikov Dmitriy/shutterstock

En 2026, el planeta ya supera los 8 300 millones de habitantes, según datos de la ONU. La cifra es elevada, pero muy alejada de aquel “crecimiento infinito” que se temía en los años sesenta, reflejado en artículos como Doomsday: Friday, 13 November, AD 2026. El viejo miedo a una superpoblación descontrolada ya no encaja con los datos. Pero ¿por qué?

Hoy sabemos que, si bien la población mundial continúa aumentando, cada vez lo hace a un ritmo más moderado. Si observamos la evolución desde 1960, comprobamos que el número de habitantes se ha duplicado en poco más de medio siglo. El crecimiento ha sido siempre positivo, aunque no constante: tras alcanzar su punto álgido, el ritmo comenzó a descender alrededor de los años setenta, con una desaceleración más marcada en las últimas décadas. En otras palabras, seguimos creciendo, pero cada vez más despacio.

Las transiciones demográficas: clave para entender el cambio

Para entender estos cambios necesitamos introducir el término de transición demográfica, es decir, el proceso histórico por el cual las poblaciones pasan de tener altas tasas de natalidad y mortalidad –típicas de sociedades preindustriales– a bajas tasas de ambos conceptos.

La primera fase es una caída de la mortalidad, impulsada por los avances médicos y sanitarios. En una segunda fase se produce un descenso de la fecundidad por debajo del umbral de reemplazo (2,1 hijos por mujer), acompañado de profundos cambios sociales que retrasan la fecundacion: retraso del matrimonio, aumento de los divorcios, mayor cohabitación y más nacimientos fuera del matrimonio. En muchos casos, los nacimientos son insuficientes para compensar las defunciones, y tiene lugar un crecimiento natural negativo.

La catástrofe maltusiana

El artículo alarmista de 1960, Doomsday: Friday, 13 November, AD 2026, se escribió en pleno auge de la primera transición demográfica, cuando las muertes descendían pero no la natalidad. A este hecho se sumaba un temor social a la superpoblación, alimentado también por las ideas de Thomas Malthus, quien aseguraba que la población humana crece en progresión geométrica (exponencialmente), mientras que los alimentos solo aumentan en progresión aritmética (linealmente).

Eso, anunciaba Malthus, conduce a que la población supere los recursos, causando miseria, hambrunas, guerras y epidemias para regularla, un fenómeno conocido como catástrofe maltusiana.

Nacimientos, defunciones y migraciones

La evolución de la población depende de los nacimientos, las defunciones y las migraciones. La combinación de estos tres fenómenos determina el crecimiento –o decrecimiento– de la población.

En lo que se refiere a las defunciones, la esperanza de vida no ha dejado de aumentar en las últimas décadas. A nivel mundial, ha pasado de 47,8 años en 1960 a 73,8 años en 2026, lo que supone un incremento de casi 26 años, equivalente a unos 0,4 años adicionales por año. Las mujeres presentan sistemáticamente una mayor expectativa que los hombres, una brecha que ha crecido de unos 3 años a alrededor de 5 en la actualidad.

Si miramos por regiones, países como Japón, España o Suiza lideran los valores más altos, mientras que Nigeria, Chad o Sudán del Sur se sitúan en los más bajos, con hasta 30 años de diferencia.

Por el lado de los nacimientos, la baja fecundidad es ya una realidad consolidada, especialmente en los países occidentales. El índice sintético de fecundidad –que estima el número medio de hijos por mujer– ha caído de 4,7 en 1960 a 2,2 en 2026. De nuevo, las diferencias regionales son enormes: mientras países como China, Ucrania o Puerto Rico rondan el hijo por mujer, otros como Somalia, Malí o Chad superan los cinco .

El tercer elemento son las migraciones, cuyo impacto se ha intensificado en un mundo cada vez más global y conectado. A escala mundial, el saldo migratorio es un juego de suma cero –lo que pierde un territorio lo gana otro–. Pero a nivel regional las diferencias son claras: hay zonas netamente receptoras y otras expulsoras o emisoras de población. Estas dinámicas vienen muy condicionadas por las políticas migratorias de cada país.

¿Por qué sigue creciendo la población?

Surgen entonces dos preguntas clave. En primer lugar, ¿cómo puede aumentar la población mundial si la fecundidad no deja de caer? La respuesta está en el aumento de la esperanza de vida. Vivimos más tiempo, lo que hace que cada persona “cuente” durante más años en el total poblacional. Así, el descenso de la fecundidad no tiene un impacto inmediato tan fuerte como cabría esperar.

La segunda pregunta es si seguimos temiendo a la superpoblación. Aunque la población continúa creciendo, el ritmo se está estabilizando y la caída de la fecundidad ha reducido ese temor. De hecho, en muchos países el miedo ha cambiado de signo y en muchos territorios se ha transformado en preocupación por el declive demográfico y el envejecimiento.

Mirando al futuro

Según las proyecciones de Naciones Unidas, en 2100 la población mundial alcanzará los 10 180 millones de personas. La esperanza de vida seguirá aumentando hasta los 81,7 años, con una brecha de género inferior a los cuatro años. La fecundidad, por su parte, continuará descendiendo hasta situarse en torno a 1,84 hijos por mujer.

Ante este escenario, la cuestión no es solo si debemos preocuparnos por la superpoblación o por la desaparición de la población, sino si somos capaces de entender que, en una sociedad global como la actual, la reducción de la mortalidad y el aumento de la longevidad disminuyen la necesidad de un crecimiento basado exclusivamente en los nacimientos. Como ya ocurrió durante la primera transición demográfica, el equilibrio entre fecundidad, mortalidad y migraciones puede dar lugar a un crecimiento poblacional estable.

Eso sí, este equilibrio dependerá de factores clave que habrá que seguir muy de cerca, como el cambio climático, capaz de afectar tanto a la mortalidad como a los movimientos migratorios en las próximas décadas.

The Conversation

Antía Domínguez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. 2026 no será el año del colapso demográfico: ¿qué ha pasado realmente con la población mundial? – https://theconversation.com/2026-no-sera-el-ano-del-colapso-demografico-que-ha-pasado-realmente-con-la-poblacion-mundial-271985

¿Es compatible el ayuno del Ramadán con la seguridad en el trabajo?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Albert Toledo Oms, Profesor de Derecho Laboral en la Facultad de Ciencias Sociales de Manresa, Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya

Ika Rahma/Shuttesrstock

Este año, el Ramadán comienza el 18 de febrero y terminará el 20 o 21 de marzo (cuando sea visible el primer cuarto creciente después de la luna nueva). Durante este mes, el noveno del calendario lunar islámico, los musulmanes adultos y sanos ayunan desde que sale el sol hasta su puesta:

“Y comed y bebed hasta que del hilo negro (de la noche) distingáis con claridad el hilo blanco de la aurora; luego completad el ayuno hasta la noche”.

Esta celebración supone, pues, que cada año miles de personas ayunen (sawn en árabe) durante sus jornadas de trabajo.

En el mundo del fútbol profesional, los equipos de la Premier League han acordado adaptar sus entrenamientos o, si se da el caso, permiten detener momentáneamente los partidos tras la puesta del sol que marca el fin del ayuno diario, para que los jugadores musulmanes puedan ingerir líquidos y comida.

Más allá de este ejemplo, es evidente que el ayuno de Ramadán posee una trascendencia en la relación laboral en muchos sectores económicos.

Ramadán y trabajo

Dada la naturaleza lunar del calendario islámico, el mes de Ramadán puede coincidir con meses más o menos calurosos del año, lo que puede afectar, en mayor o menor medida, las condiciones laborales durante esta celebración. En el islam es muy relevante la disciplina y la obediencia, por lo que, para el trabajador musulmán, es importante cumplir con el precepto de ayuno.

En España, el Acuerdo de Cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España prevé expresamente las necesidades religiosas inherentes al Ramadán, pero no deja de ser una declaración de buenas intenciones al condicionar toda aplicabilidad real del precepto al acuerdo entre empresa y trabajador.

De forma tímida, se ha ido afrontando el reto de facilitar la adaptación de las condiciones de trabajo por causa del Ramadán. Por ejemplo, a través de la previsión de una jornada intensiva que evite toda conflictividad laboral provocada por esta cuestión. En todo caso, los criterios jurídicos son aún escasos en dicha materia y cualquier medida que se tome dependerá siempre de que exista acuerdo entre las partes.

Si tienen la posibilidad, muchos trabajadores musulmanes deciden pasar el Ramadán con la familia, tal y como ocurre con la Navidad cristiana. Es posible que algunos de ellos opten directamente por solicitar las vacaciones anuales en un período coincidente con dicho mes lunar, por lo que puede ser una buena solución tanto para la empresa como para la persona trabajadora, especialmente en aquellos casos en que la familia esté en otro país. La normativa laboral prevé que el período vacacional debe ser acordado entre el trabajador y la empresa.

Prevenir riesgos laborales

La problemática más evidente que supone la celebración del Ramadán para la relación laboral afecta a la prevención de riesgos laborales. El hecho de que muchos trabajadores presten servicios respetando el ayuno preceptivo puede suponer la materialización de riesgos graves. Que el riesgo sea mayor o menor va a depender de factores relativos a la actividad laboral, el estado de salud de la persona trabajadora o el modo de prestación de servicios: trabajo en altura, prestación de servicios en ambiente caluroso, manejo de maquinaria pesada, etc.

De ahí que la empresa debe ser la primera interesada en adaptar, si es posible, las condiciones de trabajo a la celebración del Ramadán, pues sobre la empresa recae el deber de protección del trabajador.

Así, resultan muy relevantes aquellas iniciativas que intentan encontrar soluciones preventivas que no afecten demasiado a la organización laboral:

  • Establecer durante los días del Ramadán jornadas continuadas para finalizar antes la prestación de servicios (una acción que, más allá de la finalidad preventiva, puede ayudar al trabajador musulmán a disfrutar mejor de la festividad).

  • Avanzar la hora de inicio de la jornada de trabajo.

  • Acumular tareas en otros períodos del año.

  • Poner especial cuidado en la utilización de maquinaria.

  • Evitar durante esos días el trabajo en alturas.

  • Facilitar los cambios turnos entre los trabajadores musulmanes y los no musulmanes.

  • Mostrarse especialmente permisivos con las pausas para descansar y refrescarse, si es necesario.

El trabajador no tiene la obligación de manifestar sus convicciones religiosas, pero sí la de cooperar en la prevención de riesgos laborales. Si el trabajador que cumple con el ayuno es consciente del riesgo que esto implica (por la naturaleza de su puesto de trabajo), debe ponerlo en conocimiento de la empresa o del servicio de prevención, pues la empresa no está en capacidad de saber quién va a seguir el ayuno y quién no. Y si es la empresa la que, por la razón que sea, detecta el riesgo, debe actuar en consecuencia para evitarlo.

Favorecer el cumplimiento de la norma

Sería interesante que las empresas, los trabajadores y los servicios de prevención cooperaran para facilitar la implementación de medidas que facilitasen el cumplimiento de las normas relativas al ayuno durante el mes de Ramadán. Así se minimizarían los riesgos en el trabajo sin necesidad de grandes complicaciones en la organización del trabajo.

Además, este ajuste podría ayudar a incrementar la participación de las mujeres musulmanas en el mercado de trabajo, pues en ellas recae a veces un doble factor de discriminación (por pertenecer a una religión minoritaria y por su género), y son las más necesitadas de gozar de flexibilidad en el puesto de trabajo. Además, las mujeres trabajadoras, en contraposición a los hombres, soportan todavía la mayor parte de las cargas familiares.

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Albert Toledo Oms trabaja como abogado laboralista en la oficina de Barcelona de CECA MAGÁN Abogados.

– ref. ¿Es compatible el ayuno del Ramadán con la seguridad en el trabajo? – https://theconversation.com/es-compatible-el-ayuno-del-ramadan-con-la-seguridad-en-el-trabajo-274870

Orcos, rugidos y música élfica: el fonosimbolismo en acción

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Celia Martínez Tomás, Investigadora predoctoral FPU en el Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

El río Anduin, uno de los lugares fantásticos de la novela _El señor de los anillos_, cuyo sonido nos transporta a un lugar hermoso e idílico. Tolkienpedia-Fandom., CC BY-SA

En los senderos sombríos de Mordor, las palabras no solo cuentan lo que ocurre, sino que nos hacen sentir el lugar como amenazante. Este es uno de los lugares que se describen en la novela El señor de los anillos, en la que J. R. R. Tolkien describe de forma magistral a los orcos gruñendo o al viento feroz silbando entre las ruinas de Minas Morgul, donde el propio sonido de las palabras parece ajustarse a la dureza y oscuridad del paisaje. ¿Por qué, solo por cómo suenan, algunos términos nos generan más inquietud que otros?

En la comarca de las palabras

Durante mucho tiempo, la lingüística asumió que la relación entre la forma de las palabras y su significado era, en esencia, arbitraria. Nada en el sonido de mesa nos conduce a imaginar un mueble con cuatro patas y un tablero. Sin embargo, esta idea empezó a cuestionarse al observarse que tendemos a asociar de forma sistemática ciertos fonemas con conceptos relacionados con tamaños, texturas, movimientos e, incluso, estados emocionales.

Esta relación entre cómo suenan las palabras y su significado se conoce como fonosimbolismo.

Experimentos que ponen a prueba nuestra intuición

Si todo esto fuera solo una intuición literaria, bastaría atribuirlo al talento de Tolkien. Pero, la ciencia ha mostrado que estas asociaciones no son solo una impresión subjetiva.

Algunos experimentos han revelado que la mayoría de las personas asocian sonidos suaves y redondeados, como en la palabra inventada bouba, con figuras que muestran formas curvas, mientras que los sonidos agudos y cortantes de una palabra nueva, como kiki, se asocian con mayor facilidad a formas puntiagudas.

Las vocales y consonantes también exhiben patrones similares. La vocal /i/, cerrada y frontal, se asocia sistemáticamente con palabras que expresan conceptos referidos a objetos pequeños, ligeros o con una connotación afectiva positiva. En muchas lenguas, términos relacionados con diminutivos, delicadeza o cercanía contienen este sonido: desde el mini y chiquito del español, hasta palabras como little o tiny en inglés. Esto no es casual: al pronunciar la /i/, los labios se estiran y se activa el músculo cigomático, el mismo que participa en la sonrisa, reforzando así su asociación con emociones agradables. Además, existe una similitud entre el sonido agudo de la /i/ y las vocalizaciones producidas por animales pequeños y sus crías –más altas en frecuencia y menos intensas–, que los seres humanos tendemos a percibir como no amenazantes o, incluso, como adorables.

Rivendell, hogar de Frodo, es uno de los nombres fantásticos creados por Tolkien para El señor de los anillos. Su sonido evoca sentimientos de belleza y serenidad.
El señor de los anillos / New Line Cinema.

Alerta: animales peligrosos

Las consonantes tampoco se quedan atrás. El fonema /r/, vibrante y áspero, aparece con frecuencia en palabras que se refieren a animales peligrosos, acciones violentas o sonidos intimidantes. Esto ocurre en idiomas muy distintos como el inglés (growl, roar), el español (rugir) o el japonés (グルル, gururu), donde ciertos sonidos vibrantes se asocian igualmente con fuerza o agresividad.

¿Por qué tantos rugidos, gruñidos y criaturas temibles “suenan” parecido? Algunos investigadores sugieren que ciertos rasgos acústicos activan respuestas de alerta profundamente arraigadas en nuestro pasado evolutivo. En esta misma línea, las consonantes sibilantes, como /s/ o /ʃ/, se caracterizan por una fricción continua que recuerda al siseo que emiten algunos animales peligrosos para los seres humanos, como las serpientes.

¿A qué huele una palabra?

Pero las asociaciones no se limitan a la vista o al oído. ¿A qué te sonaría un olor agradable? ¿Y uno repulsivo? Cuando se pide a los participantes que emparejen palabras inventadas con olores, emergen patrones consistentes: ciertos sonidos se juzgan más compatibles con aromas suaves o dulces, mientras que otros se asocian con olores intensos o desagradables. Algo similar ocurre con el tacto, donde sonidos suaves se asocian con superficies lisas o blandas, mientras que sonidos abruptos se vinculan con texturas rugosas o duras.

A pesar de que la arbitrariedad sigue siendo la propiedad dominante en el lenguaje, el fonosimbolismo no es una rareza de un idioma ni una curiosidad cultural aislada. Es una pista de que algunos aspectos del significado, pese a su diversidad, se apoyan en experiencias perceptivas y corporales compartidas.

Mientras, ¿qué ocurre en el cerebro?

¿Qué sucede cuando escuchamos o leemos una palabra que “suena” a lo que significa? Los estudios con técnicas de neuroimagen muestran que, cuando leemos palabras positivas, se activan tanto regiones implicadas en el lenguaje –el giro temporal superior o el giro frontal inferior– como áreas relacionadas con el procesamiento emocional, incluyendo la amígdala.

Lo más interesante es que estas redes no funcionan de manera aislada. Cuando palabras que expresan emociones agradables contienen la vocal /i/, como victoria, aumenta la comunicación entre las áreas lingüísticas y emocionales. Sin embargo, este incremento no se observa en palabras positivas que contienen vocales como la o, como en el caso de sexo. Esto es debido a que esta letra aparece con mayor frecuencia en palabras que expresan significados negativos.

Así, nuestro cerebro también tiene en cuenta cómo suenan las palabras a la hora de acceder a su significado, lo que amplifica o atenúa la emoción que experimentamos al leerla.

Los sonidos de la Tierra Media

Después de todo, no resulta tan sorprendente que Tolkien cuidara con tanto esmero la sonoridad de sus mundos. Así, basta con leer “¡Ob, globûrz krâsh snaga!” para imaginarnos orcos gruñendo o la sombría atmósfera de Mordor cargada de amenaza y peligro. En cambio, “A Elbereth Gilthoniel o menel palan diriel” nos evoca a los elfos y lugares llenos de calma, cercanía y belleza, como Rivendell o Lothlórien. Quizá, es por eso que, al adentrarnos en la Tierra Media, entendemos muchas cosas antes de que el texto nos las explique.

The Conversation

Celia Martínez Tomás recibe fondos de Ministerio de Universidades con una ayuda para la Formación de Profesorado Universitario (FPU)

José Antonio Hinojosa Poveda recibe fondos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

Rocío Calvillo Torres no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Orcos, rugidos y música élfica: el fonosimbolismo en acción – https://theconversation.com/orcos-rugidos-y-musica-elfica-el-fonosimbolismo-en-accion-275479

Evolución del acicalamiento: de la higiene animal a la prevención de la violencia de género

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Myriam Catalá Rodríguez, Profesora Titular de Universidad, Área de Biología Celular, Especialista en Ecotoxicología y Sanidad Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

PeopleImages.com/Shutterstock

Imaginemos esta escena: una chica se arregla para salir y su pareja le dice que no se maquille, que no se vista “así”, que “no hace falta que se ponga tan guapa para los demás”. Puede parecer una anecdótica muestra de “celos románticos”, desde la biología es todo lo contrario.

En este hilo de X se critica, por su realismo, la dramatización de una escena demasiado habitual en la que un joven presiona a su pareja para que no se acicale:

En casi todos los vertebrados existe el acicalamiento, aseo o toilette, un comportamiento animal con funciones esenciales: cuida piel y estructuras protectoras (pelo, uñas, plumas, escamas), mantiene limpios orificios corporales (boca, oídos, zona genital, etc.) y facilita el buen funcionamiento del organismo.

Es, en esencia, una estrategia de autocuidado y autoestima corporal. Aunque se originó para eliminar parásitos y mantener la integridad de la piel, el acicalamiento ha evolucionado y también transmite información sobre el estado de salud, el estado de ánimo y la vitalidad y aptitud o eficacia biológica (fitness).

Ese mensaje llega a amigos, competidores, depredadores, y, por supuesto, a posibles parejas sexuales.

Mucho más que ponerse guapos

En especies sociales, este comportamiento ha evolucionado para fortalecer vínculos y facilitar la cooperación, aspectos que influyen directamente en la supervivencia y el éxito reproductivo, porque refuerzan la confianza y la familiaridad, favorecen la cooperación y la reconciliación, y consolidan lazos afectivos duraderos.

Dos linces acicalándose mutuamente.
Los felinos son un ejemplo de acicalamiento mutuo.
Matthias, via Wikimedia Commons, CC BY

En primates, el acicalamiento social o allo-grooming es un acto con patrones claros: progenitores que acicalan a sus crías, individuos que se acicalan entre sí como gesto de amistad o alianza, y parejas que usan el acicalamiento para fortalecer su relación.

En bonobos y chimpancés, nuestros parientes más cercanos, el acicalamiento suele preceder o seguir al apareamiento, funcionando como un verdadero ritual de intimidad. Algunos estudios sugieren que el beso humano podría derivar de esos rituales primates de limpieza mutua.

Del acicalamiento a los ornamentos

Dos chimpancés unen sus labios.
Gesto de acicalamiento similar al beso en chimpancés.

En humanos, el acicalamiento ha adquirido dimensiones culturales, manifestándose en rituales y dando lugar desde productos de higiene y cuidado personal, hasta cosméticos, adornos y ornamentos (peinados, maquillaje, joyería, moda). Posee un fuerte carácter simbólico y cultural, pero conserva sus objetivos biológicos: mostrar autoestima y salud al grupo.

Muchos ornamentos culturales que usamos tienen un significado sexual específico, remarcando rasgos sexuales secundarios ya presentes en nuestra anatomía. Por ejemplo, en los hombres, el recorte de pelo y barba o la ropa que resalta hombros y musculatura. En mujeres, dejarse la melena larga y cuidada, tener la piel tersa o llevar ropa que remarca caderas.

Personajes clásicos de Disney: Megara y Hércules
Personajes clásicos de Disney: Megara y Hércules.

Estos ornamentos no son para la infancia

En la infancia resultan perjudiciales y están reservados a la edad adulta porque pueden facilitar dinámicas de abuso conocidas como grooming. No es casual que este término anglosajón, utilizado para describir el proceso de manipulación en el abuso sexual infantil, signifique literalmente “acicalamiento”. Es una forma de control que tiene graves consecuencias para el bienestar de los menores.

La hipersexualización infantil precoz se ha demostrado muy dañina y parece tener una base en la selección natural.




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Menores en las redes sociales: ¿sexualización o empoderamiento sexual?


Autoestima, atractivo sexual y regalos de pareja

En nuestra especie, la autoestima y la eficacia biológica percibida de una persona forman parte intrínseca de su atractivo sexual. Por eso, en las relaciones de pareja son tan frecuentes los obsequios relacionados con el acicalamiento como perfumes, ropa favorecedora o íntima, maquillaje, joyería, o servicios de estética.

En condiciones saludables, estos regalos se entienden como un mensaje de: “Quiero que te sientas bien, fuerte, atractiva/o, segura/o”.

¿Por qué evitar el acicalamiento de la pareja?

Volvamos a la escena del vídeo: un joven pide a su compañera que no se arregle para salir, que “así llama la atención”. Cuando intenta controlar el acicalamiento de su pareja, está atentando contra su autoestima y dignidad, constituyendo un indicio de violencia psicológica que a menudo escala hacia la violencia machista.

Desde la biología evolutiva y la psicología de la sexualidad, este comportamiento indica una clara disfuncionalidad sexual y afectiva porque socava el valor social de la mujer, su dignidad y su imagen en el grupo y perjudica indirectamente a cualquier descendencia común, al minar el estatus de la madre.

El modelo de selección sexual supone que quien asume mayor coste reproductivo (la hembra) es quien elige pareja. Los machos, en cambio, se esfuerzan en demostrar que serán una buena inversión para compensar los costes de gestación, parto y crianza.

Ritual de cortejo de los pavos reales.
Wikimedia Commons., CC BY

Desde el punto de vista evolutivo, no es sencillo justificar que una mujer mantenga una relación con un hombre que deteriora su imagen social y su bienestar. Para entender un comportamiento así debemos tener en cuenta factores culturales y sociales que normalizan el control del cuerpo femenino. Algunas creencias románticas basadas en la posesión y los celos, por ejemplo, normalizan el control y la sumisión en la pareja. La falta de modelos sanos de relación afectivo-sexual pueden también contribuir a ello.

De la inseguridad masculina a la violencia machista

Los comportamientos como los del vídeo citado no son saludables y se apoyan en una base cultural perversa, desde estereotipos que fomentan la inseguridad de los chicos respecto a su atractivo y su capacidad para “retener” a una pareja, a modelos masculinos que recurren al chantaje emocional, la vigilancia, el control y la humillación, pasando por modelos femeninos que premian la sumisión, el sacrificio y la renuncia al propio brillo.

Estos comportamientos hacen imposible una relación sana y constituyen a menudo el punto de partida del maltrato psicológico y la violencia machista sistemática.

Claves para la intervención educativa y clínica

Podemos pensar en la responsabilidad de las familias, y en algunos casos es así. Pero hoy la influencia principal proviene de redes sociales y creadores de contenido, música y videoclips, y pornografía violenta de fácil acceso.

Estos referentes normalizan comportamientos disfuncionales como el control y celos como pruebas de amor, el mito del amor predestinado y la violencia física y sexual como “juego” o “fantasía”.

Para familias y profesionales de la educación y la salud mental, algunas líneas de trabajo concretas pueden ser:

En conclusión, la biología sexual evolutiva nos ayuda a identificar, entender y prevenir el impacto de la cultura en los rituales sexuales humanos y la construcción del cuerpo infantil y adolescente. Su integración en los programas de psicología, psicopedagogía y sexología ayudaría a implementar intervenciones más eficaces contra la violencia de género.

The Conversation

Myriam Catalá Rodríguez trabaja para la Universidad Rey Juan Carlos e imparte docencia en el posgrado Experto en Prevención e Intervención sobre el Impacto de la Pornografía en Infancia y Adolescencia

– ref. Evolución del acicalamiento: de la higiene animal a la prevención de la violencia de género – https://theconversation.com/evolucion-del-acicalamiento-de-la-higiene-animal-a-la-prevencion-de-la-violencia-de-genero-272647