Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Federico Miozzo, Investigador postdoctoral en neurociencias, Universidad Miguel Hernández

Un experimento con ratones explica el mecanismo por el que los ambientes enriquecidos ayudan a aprender mejor. Andy Luo / Unsplash., CC BY

Desde hace décadas, sabemos que crecer en un entorno rico en estímulos sensoriales, sociales y físicos favorece el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje. Aunque estos beneficios son especialmente importantes durante la infancia y la adolescencia, no se limitan a las primeras etapas de la vida. También en la vejez, un entorno estimulante contribuye a retrasar el deterioro cognitivo y a mantener la mente activa.

A pesar de esta evidencia conductual, todavía conocemos muy poco sobre los mecanismos neuronales y moleculares subyacentes. ¿Cómo convierte el cerebro la experiencia ambiental en cambios duraderos en las habilidades de aprendizaje y en la memoria?

Ratones jugando con un modelo de ADN. Los roedores son modelos clave para entender cómo el ambiente dialoga con los genes y moldea la memoria.
Laboratorio de Neurociencias, Universidad Miguel Hernández.

Desde el Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, hemos publicado recientemente en Nature Communications un estudio hecho en ratones que aporta nuevas claves fundamentales sobre este proceso.

En concreto, muestra que el impacto del entorno no es igual en todas las poblaciones neuronales del cerebro. Además, identifica uno de sus componentes, el complejo proteico AP-1, como un mediador central entre el ambiente y la cognición.

Tres entornos, tres cerebros distintos

Para estudiar cómo el entorno modula la cognición, nuestro equipo, liderado por el doctor Ángel Barco, crió ratones hembra jóvenes durante tres meses en tres condiciones ambientales bien definidas.

El primer grupo vivió en un entorno enriquecido. Los animales compartían grandes cajas que facilitaban la exploración e interactuaban en grupos de 15 a 20 individuos. Además, disponían de ruedas para hacer ejercicio y de juguetes que se cambiaban regularmente para mantener la novedad. Un segundo grupo vivió en un entorno estándar, en grupos pequeños de 4-5 ratones, con material básico para la nidificación como único recurso. El tercer grupo fue criado en un entorno empobrecido, caracterizado por el aislamiento social y la ausencia total de estímulos.

Tras este periodo, los animales fueron sometidos a pruebas de aprendizaje y memoria. Los ratones del entorno enriquecido mostraron un rendimiento cognitivo claramente superior. Esta mejora se observó, por ejemplo, en el test de condicionamiento del miedo, una versión en roedores del clásico condicionamiento de Pavlov.

En cambio, los ratones criados en condiciones empobrecidas presentaron dificultades de memoria. Los déficits de detectaron en pruebas de reconocimiento de objetos, que evalúan la capacidad del animal para distinguir entre un objeto previamente explorado y uno nuevo.

Desentrañar la complejidad celular del cerebro

Comprender qué ocurre a nivel molecular en el cerebro es especialmente complejo, porque hay decenas de tipos neuronales y no neuronales que conviven e interactúan. Los análisis globales tienden a mezclar señales de distintas células, dificultando la interpretación de los resultados. Para superar esta limitación, decidimos centrar nuestro estudio en dos poblaciones neuronales del hipocampo esenciales para la memoria: las neuronas piramidales y las neuronas granulares.

Neurona piramidal humana observada mediante el método de Golgi. Nótese que la dendrita apical se extiende verticalmente por encima del soma y que hay numerosas dendritas basales que surgen de forma lateral desde su base.
Wikimedia Commons., CC BY

Por un lado, separamos cuidadosamente subregiones específicas del hipocampo mediante una disección fina. Por otro, aplicamos una técnica genética para marcar con fluorescencia las neuronas de interés. La combinación de ambos métodos nos permitió aislar las neuronas piramidales y granulares de manera muy precisa. Así, pudimos aplicar técnicas avanzadas de genómica para ver cómo se activan o apagan los genes en cada tipo de neurona.

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue que los distintos entornos no actuaban de la misma manera en ambas poblaciones neuronales. El entorno enriquecido produjo cambios moleculares más pronunciados en las neuronas granulares, mientras que el entorno empobrecido afectó más a las neuronas piramidales.

AP-1 como pieza clave de la plasticidad inducida por el entorno

Además, los autores identificamos un patrón molecular que conectaba estos cambios en las neuronas con el comportamiento: las dos condiciones ambientales inducían efectos opuestos sobre el complejo proteico AP-1, encargado de regular genes claves para la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad de las neuronas de modificar sus conexiones en respuesta a la experiencia. Mientras que el entorno enriquecido activaba AP-1, el entorno empobrecido lo reprimía. Esta correlación estrecha entre la actividad de AP-1 y el rendimiento cognitivo sugería que el complejo actúa como traductor molecular de la experiencia ambiental.

A continuación, nos propusimos comprobar si AP-1 era necesario para los cambios en la memoria inducidos por el entorno. Para ello, inactivamos el gen Fos, que codifica una subunidad esencial del complejo AP-1. Al hacerlo, los beneficios cognitivos del entorno enriquecido se atenuaron significativamente. Este experimento demostró que, sin la activación de AP-1, incluso un entorno rico en estímulos pierde gran parte de su capacidad para potenciar la cognición.

AP-1 funciona, así, como un traductor molecular clave de los efectos del entorno en el cerebro. Activa genes que modifican las sinapsis y remodelan los circuitos, procesos fundamentales para el aprendizaje y la memoria.

Convertir la experiencia en una herramienta clínica

Estos resultados refuerzan la idea de que la estimulación física, social e intelectual durante la infancia y la adolescencia es crucial para el desarrollo cognitivo. Más allá de confirmar una intuición ampliamente aceptada, este estudio identifica un mecanismo molecular concreto que conecta el entorno con la plasticidad cerebral.

Reconocer a AP-1 como un regulador central de este proceso abre la puerta a terapias que imiten o potencien los beneficios de un entorno enriquecido. Modular farmacológicamente esta vía de señalización tiene el potencial de abrir nuevas oportunidades terapéuticas en el futuro. Su aplicación podría ayudar a tratar trastornos de desarrollo del cerebro, la pérdida de memoria relacionada con la edad o situaciones con acceso limitado a entornos estimulantes.

Comprender cómo el entorno “habla” con nuestros genes es un paso esencial para para mejorar la salud del cerebro.

The Conversation

Federico Miozzo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Vivir en entornos ricos en estímulos aumenta la plasticidad del cerebro – https://theconversation.com/vivir-en-entornos-ricos-en-estimulos-aumenta-la-plasticidad-del-cerebro-273142

El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Raquel González Hernández, Profesora sustituta en el área de Didáctica y Organización Escolar. Departamento de Didáctica e Investigación educativa ULL, Universidad de La Laguna

Zoteva/Shutterstock

Lucía, de dos años, suele preferir estar sola en la escuela infantil. Cuando se organizan actividades (canciones, bailes o rodar una pelota en grupo), se queda al margen, sentada en un rincón mirando fijamente al suelo o un objeto propio, o se tapa los oídos y gira sobre sí misma repetidamente.

Sus maestras la animan a unirse al círculo diciendo “¡Vamos, Lucía, tienes que participar con todas!”, insistiendo hasta que consiguen convencerla; a veces incluso la toman en brazos para colocarla en medio del grupo. Pero esto aumenta la irritabilidad de la niña, provocando mayor retraimiento.

Los niños y niñas con autismo presentan un funcionamiento neurológico diverso que influye en cómo perciben el entorno, procesan la información sensorial, regulan sus emociones y se relacionan con los demás.

Esto, en la etapa infantil (entre los 0 y los 6 años) afecta a cómo conectan sus emociones con su expresión corporal, y se traduce a menudo en una mayor tendencia al juego solitario, en dificultades para compartir intereses con otras personas y en formas atípicas de mostrar afecto o malestar, como evitar la mirada, buscar los mismos objetos o recurrir a movimientos repetitivos para autorregularse.

Emoción, expresión, cuerpo y juego

En estas edades tan tempranas, es el cuerpo la principal vía de relación con el entorno, y el juego su principal vía de expresión. A través del juego se desarrolla el pensamiento, la creatividad, la autonomía y la socialización.

Una de las metodologías que utilizan el juego como principal herramienta de acompañamiento a niños y niñas con autismo es la psicomotricidad relacional. A continuación explicaremos en qué consiste y cómo se puede aplicar.

Escuchar, comprender y conectar

Las manifestaciones corporales, tanto en la dimensión motriz, como en la cognitiva y la afectivo‑social, proporcionan información valiosa sobre el desarrollo del niño, su bienestar emocional y posibles alteraciones.

En la dimensión motriz se observan, por ejemplo, la coordinación de los movimientos, el equilibrio o la presencia de torpeza y rigidez corporal; en la dimensión cognitiva, la forma en que explora el espacio, mantiene la atención en una actividad o planifica una acción; y en la dimensión afectivo‑social, gestos como acercarse o evitar el contacto, buscar el abrazo del adulto, compartir o no el juego con otros niños y niñas, así como posturas que transmiten seguridad, timidez o malestar.




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Los y las docentes y cuidadoras pueden aprender mucho simplemente observando estos comportamientos: les permite identificar signos de alarma, comprender y acompañar en el desarrollo infantil desde una perspectiva integral.

La psicomotricidad relacional y autismo

La psicomotricidad relacional busca, a través del análisis de la expresividad de cada niño y niña, conectar con sus emociones, ajustando la intervención a sus vivencias corporales. Toma como punto de partida sus competencias y trata de acompañar en la manifestación y transformación de sus necesidades, ayudándole a evolucionar.

A diferencia de enfoques directivos que usan objetivos fijos y muchas palabras e indicaciones para guiar al niño, aquí el psicomotricista se acerca jugando, usa su propio cuerpo para mediar, se fija en lo que hace sin invadirle, y le ofrece opciones que le ayuden a relacionarse mejor con lo que le rodea.

Un entorno que estimule

Así, le da herramientas útiles y con sentido para que su cuerpo sirva para conectar con otros, expresarse y entender el mundo, todo partiendo de su interés y de su propia actividad.

A partir de la observación de cómo el niño usa el espacio, juega con los materiales y se relaciona con otros/as, el psicomotricista crea un entorno que estimula el deseo de comunicarse, compartir y explorar, ampliando las posibilidades de juego y expresión. Esto implica respetar su ritmo, ofrecer materiales que se ajusten a sus intereses sensoriales, participar en el juego de manera respetuosa y ayudarle a tomar conciencia de sí mismo y de las demás personas.

Cuando existe menos integración corporal

Algunos niños y niñas tienen muchas dificultades para relacionarse porque les cuesta sentir y organizar su propio cuerpo. Es decir, no logran percibir bien cómo es su cuerpo ni cómo se mueve. En el caso de niños y niñas con autismo, esto dificulta que puedan iniciar o mantener relaciones, ya que su cuerpo no acompaña su deseo de comunicarse ni les permite percibir o comprender la respuesta de la otra persona.

En estas situaciones, el psicomotricista puede ayudarles a construir una mejor conciencia de su cuerpo. Lo hace acompañándolos en la acción y proponiendo juegos que representen experiencias corporales. Estos juegos les permiten organizarse, reconocer sus límites corporales y, poco a poco, lograr momentos de encuentro con el otro que faciliten la relación y la comunicación.




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Por ejemplo, en un juego de cucú–tras–tras, el psicomotricista acompaña al niño o la niña en la acción, ayudándole a anticipar lo que va a pasar y a reconocer dónde empieza su propio cuerpo y el del otro.

Aislados en sus propias fantasías

Otros niños con autismo, aunque acceden al simbolismo, pueden mostrar una fantasía desbordante que les aísla. El desafío consiste en ofrecer un espacio seguro que les permita organizar y compartir su mundo, conectándolo con la realidad social y emocional que les rodea.

Esto se puede lograr ofreciendo materiales y juegos que vinculen la imaginación con la acción concreta, acompañando sus propuestas sin imponerlas, nombrando y reflejando sus emociones, y favoreciendo interacciones graduales con otros niños y niñas para que la fantasía se conecte con experiencias compartidas.

Por ejemplo, el caso de un niño con autismo que juega solo dentro de una fantasía repetitiva del superhéroe, el psicomotricista le invita a utilizar una tela a modo de capa y, poco a poco, introduce pequeñas interacciones con otros niños y niñas, como pedir ayuda al superhéroe para rescatar a un muñeco o invitar a otro/a niño/a a participar en una misión sencilla, de modo que la fantasía se transforme en una experiencia compartida.

Comenzar por grupos pequeños

La psicomotricidad relacional no solo favorece el desarrollo individual, sino que también proporciona un espacio social rico y significativo donde se promueve la interacción, la cooperación y la empatía.

Las actividades se pueden organizar en parejas o tríos donde resulte posible para el niño con autismo desarrollar un juego compartido y la construcción conjunta de significados, adquiriendo herramientas básicas para la relación. En ocasiones, es posible la ampliación de sus relaciones, accediendo al contexto social que supone jugar en un grupo diverso más numeroso.

Se genera un entorno inclusivo, donde se acoge a la persona tal como es, reconociendo y validando sus características, capacidades y estilos expresivos propios. En definitiva, se crean contextos vivos donde cada niño y niña puede participar, convivir y sentirse parte activa del grupo, construyendo una experiencia de pertenencia, identificación, colaboración y crecimiento mutuo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. El juego como herramienta de socialización de niños y niñas con autismo – https://theconversation.com/el-juego-como-herramienta-de-socializacion-de-ninos-y-ninas-con-autismo-269570

El secreto del bagazo de agave: no es residuo, es riqueza

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Guillermo José Navarro del Toro, Research Professor at the University of Guadalajara – Centro Universitario de Los Altos, Universidad de Guadalajara, Universidad de Guadalajara

Cosecha del agave en el estado de Jalisco (México). T photography/Shutterstock

Cada piña de agave (o magüey) azul que entra en las destilerías de Los Altos de Jalisco, en México, sale convertida en dos productos: tequila y bagazo, una masa fibrosa y húmeda que representa el 40 % del peso de la planta.

La mayor parte de estos restos se consideran un estorbo, un problema ambiental, un costo de disposición. Pero ese desperdicio es, en realidad, un cofre del tesoro repleto de moléculas que valen su peso en oro.

Bagazo de agave: usos históricos

A partir de las fibras maceradas de los agaves o magüeyes los aztecas elaboraban un papel muy similar al papiro. Fray Toribio de Benavente Motolinía (1482-1569), cronista de la Nueva España, contaba: “Hácese del methl (magüey) buen papel; el pliego es tan grande como dos pliegos del nuestro…”.

Durante generaciones, una parte de ese bagazo se ha empleado para el compostaje, la fabricación de ladrillos, papel, alimento de ganado y relleno de colchones. Pero estos usos no son suficientes para la gran cantidad de restos que se generan en la fabricación de tequila.

Fuente de energía y material de vanguardia

En primer lugar, del bagazo de agave se obtienen pélets de biomasa, pequeños cilindros compactos con un enorme poder calorífico. Su uso para la generación de energía representa un ahorro para las empresas tequileras de alrededor del 50 % respecto al coste del fuel. Con respecto a la huella de carbono, las emisiones se reducen en un 37 % en toda la cadena del tequila.

Además, el uso de pélets de agave permite un modelo circular: las cenizas provenientes de su quema se utilizan como abono orgánico.

Otra peculiaridad del bagazo es que sus fibras contienen nanocristales de celulosa, un biomaterial altamente resistente, flexible y ligero. ¿El resultado? Ya se produce PolyAgave, un bioplástico de fibra de agave con el que se fabrican productos biodegradables que se descomponen en meses sin dejar rastros tóxicos.

Y en 2022, una estudiante de Biotecnología de la Universidad Autónoma de Guadalajara se planteó, si el bagazo pudiera servir para limpiar agua contaminada. Sus experimentos demostraron que, procesado, funciona como una esponja molecular que atrapa contaminantes. En sus pruebas, obtuvo un material bioabsorbente altamente eficiente para la depuración del agua contaminada con colorantes.

De la tierra al botiquín

En el ámbito de la salud, el bagazo contiene sapogeninas, materia prima para la producción de corticosteroides y hormonas esteroideas que se utilizan para tratar inflamaciones, asma y desórdenes hormonales. Además, está cargado de flavonoides y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas.

Y por si fuera poco, el grupo de investigación de bioproductos sostenibles del Instituto Tecnológico de Monterrey descubrió que el bagazo contiene prebióticos que alimentan la microbiota intestinal, reducen el azúcar en sangre, generan saciedad y fortalecen el sistema inmune.

Por tanto, lo que antes se tiraba podría servir para prevenir y curar enfermedades.

La promesa de aprovechamiento

En los campos de agave azul que pintan el paisaje en Los Altos de Jalisco (México) como un océano de espadas plateadas, el bagazo se acumula en cantidades que desafían la imaginación: más 750 000 toneladas al año. Durante décadas, la mayoría terminaba quemado, tirado o pudriéndose en los campos. Hasta ahora.

Los residuos agroindustriales deben ser considerados materia prima para otros procesos. Aprovechar el bagazo de agave implicaría convertirlo en combustible sustentable, nanomateriales, compuestos farmacéuticos, prebióticos, bioplásticos y bioetanol, y dejaría de ser desecho orgánico para convertirse en nuevos materiales y fuente de riqueza para los productores.

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Guillermo José Navarro del Toro no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro Melón Izco, Profesor Permanente Laboral de Economía Financiera y Contabilidad, Universidad de La Rioja

Gorodenkoff/Shutterstock

Las consejeras ejecutivas ganan menos que sus colegas hombres, incluso cuando ocupan el mismo cargo. Hemos analizado las diferencias salariales entre hombres y mujeres en los consejos de administración de las empresas españolas que cotizan en la Bolsa de Madrid entre 2013 y 2021, y hemos llegado a la conclusión de que aplicar correctamente las normas de buen gobierno corporativo puede reducir esa desigualdad.

La brecha existe… pero no siempre por lo mismo

Sabemos que, en España, la brecha salarial llega a ser muy elevada entre consejeros y consejeras ejecutivas. Pero no toda esa diferencia tiene el mismo origen.




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En parte se explica por factores objetivos: el tamaño de la empresa, el puesto que se ocupa dentro del consejo, la participación en comisiones de trabajo o la trayectoria profesional. Todo eso influye en la retribución final de los consejeros y consejeras.

Sin embargo, incluso cuando se comparan perfiles equivalentes, la brecha no desaparece del todo. Una parte significativa no puede explicarse por características observables. Esto indica que también intervienen factores estructurales, organizativos o culturales.

Para entenderlo bien hay que mirar el sueldo con más detalle.

No todos los componentes del salario funcionan igual

El sueldo de un consejero ejecutivo tiene varias partes:

  1. Retribución fija: compuesta por una remuneración fija por pertenencia al consejo, un sueldo por la labor ejecutiva, otra remuneración por pertenencia a comisiones dentro del consejo y las dietas.

  2. Retribución variable: compuesta por retribuciones variables a corto y largo plazo en función de objetivos, retribuciones a través de acciones o similares, y retribuciones a través de sistemas de ahorro.

  3. Otras retribuciones: remuneraciones en especie e indemnizaciones por cese del consejo.

Cuando se analizan por separado, aparecen diferencias importantes.

Si en la retribución fija gran parte de la brecha se relaciona con características del puesto o de la empresa, en la remuneración variable la situación cambia: los incentivos concentran una parte muy relevante de la desigualdad que no puede explicarse por factores objetivos.

Esto es clave. La mayor parte de la diferencia aparece precisamente en la parte del salario donde hay más margen de decisión.

El papel del buen gobierno corporativo

Aquí entra en juego un elemento poco visible fuera del ámbito empresarial: las recomendaciones de buen gobierno sobre remuneraciones.

En España, estas directrices (soft law, no vinculantes pero que sirven de referente) son promovidas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores y establecen principios como:

  • Transparencia en las políticas salariales.

  • Coherencia entre remuneración y resultados.

  • Evaluación independiente de los salarios.

  • Control de la discrecionalidad en los incentivos.

No son simples formalidades. Su objetivo es que las decisiones salariales sean justificables y supervisables.

Qué ocurre cuando se cumplen las reglas

Las empresas que aplican mejor estas recomendaciones presentan una menor brecha salarial entre consejeros y consejeras ejecutivas.

La reducción se observa en todos los componentes de la remuneración. Esto es, tanto en la retribución fija como en la variable, incluso en los otros tipos de retribución menos frecuentes.

Por tanto, el cumplimiento con los estándares de buen gobierno en materia de remuneración no es simbólico: tiene efectos reales y medibles sobre la igualdad salarial.

Por qué el cumplimiento reduce la desigualdad

Las recomendaciones citadas obligan a las empresas a explicar y documentar sus decisiones salariales. Eso limita la arbitrariedad y reduce la influencia de sesgos o inercias históricas.

La transparencia introduce control, que reduce la discrecionalidad. Y menos discrecionalidad significa menos desigualdad.

Además, las empresas con sistemas de gobierno más sólidos suelen tener procesos de decisión más estructurados y culturas organizativas más inclusivas. La igualdad deja de depender de decisiones individuales y pasa a integrarse en el funcionamiento normal de la organización.

El gran punto crítico: los incentivos

Aun así, el principal foco de desigualdad sigue siendo la remuneración variable.

Los bonus y pagos ligados al desempeño son más difíciles de evaluar objetivamente y suelen depender de valoraciones más flexibles. Por eso son también más sensibles a sesgos, conscientes o inconscientes.

Pero no es el único factor. También influye cómo hombres y mujeres tienden, en promedio, a tomar decisiones ante la incertidumbre.

Numerosas investigaciones en economía y comportamiento organizativo muestran que, de media, las mujeres sienten más aversión al riesgo que los hombres. Esto no significa que todas se comporten igual ni que siempre eviten el riesgo, pero sí que, en términos agregados, tienden a preferir ingresos más seguros frente a ganancias potenciales inciertas.

Aplicado a la remuneración de los consejeros ejecutivos, esto puede traducirse en una mayor preferencia por salarios fijos –más estables y predecibles–, incluso si eso implica renunciar a incentivos variables que podrían ser más altos, pero también más inciertos.

En cambio, muchos sistemas de bonus premian la asunción de riesgo, la negociación agresiva o la apuesta por objetivos muy ambiciosos. Si unos profesionales están, en promedio, más dispuestos a aceptar esa incertidumbre que otros, el resultado puede ser una mayor diferencia en la remuneración variable, incluso sin discriminación directa en cada decisión individual.

Esto ayuda a explicar por qué la brecha salarial se concentra especialmente en los incentivos: son el componente donde confluyen tanto la discrecionalidad organizativa como las diferencias promedio en preferencias frente al riesgo.

Por eso, si se quiere reducir la brecha salarial de forma efectiva, no basta con revisar cuánto se paga, sino también cómo se diseñan los sistemas de incentivos y qué tipo de comportamientos se están premiando.

Más mujeres no basta

Aumentar la presencia femenina en los consejos es necesario, pero no suficiente. La igualdad real no consiste solo en acceder a los cargos, sino en recibir la misma compensación por funciones equivalentes. Si no ocurre así, el techo de cristal desaparece, pero la desigualdad permanece en el salario.

Las conclusiones apuntan a medidas concretas:

  • Auditorías de equidad salarial.

  • Transparencia en los criterios retributivos.

  • Evaluación objetiva del desempeño.

  • Comités de remuneraciones independientes.

  • Supervisión específica de los incentivos variables.

Promover el cumplimiento efectivo de las recomendaciones de buen gobierno no solo mejora la gestión empresarial. También reduce las desigualdades estructurales.

Sabemos que la brecha salarial existe, incluso en la cúspide empresarial. Ahora sabemos algo más importante: puede reducirse.

Cuando las reglas se aplican de verdad, la igualdad deja de ser una promesa y empieza a ser un resultado.

The Conversation

Álvaro Melón Izco recibe fondos de la Universidad de La Rioja (REGI22/55).

– ref. Las consejeras ejecutivas siguen ganando menos que sus colegas masculinos: cómo reducir la brecha – https://theconversation.com/las-consejeras-ejecutivas-siguen-ganando-menos-que-sus-colegas-masculinos-como-reducir-la-brecha-275350

¿A qué llamamos evidencia científica?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Felipe Reyes, Profesor de muy alto prestigio en Enfermedades Infecciosas, Universidad de La Sabana

Roman Samborskyi/Shutterstock

En tiempos de desinformación viral y certezas instantáneas, pocas expresiones se usan con tanta autoridad y, a menudo, con tan poca precisión, como “evidencia científica”. Se invoca en debates políticos, campañas de salud pública, discusiones familiares y hasta anuncios comerciales, como si fuera un sello de verdad absoluta. Pero ¿qué significa realmente este concepto que parece tan evidente y, al mismo tiempo, tan escurridizo?

A simple vista, podríamos decir que la evidencia científica es aquello que “demuestra” algo con base en la ciencia. Sin embargo, basta examinarla para descubrir que no es un objeto estable, sino un proceso complejo, lleno de matices, incertidumbres y revisiones constantes.

Lejos de ser un bloque monolítico, la evidencia científica se construye, se cuestiona y, a veces, se contradice. Comprender su naturaleza es fundamental para navegar debates sobre temas tan diversos como vacunas, inteligencia artificial, cambio climático o nutrición.

¿Quién puede generar evidencia científica?

Existe la creencia de que la ciencia es un territorio exclusivo de profesionales en laboratorios. Pero, en esencia, la ciencia no es un título; es un método. Si una persona formula una pregunta clara, plantea una hipótesis, recoge datos con rigor, controla sesgos y expone sus conclusiones al escrutinio público, está utilizando el método científico, y por ende, está haciendo ciencia.

Lo que determina la validez de un resultado no es quién lo produce, sino cómo se generan y evalúan los datos. Aun así, la ciencia moderna se ha vuelto tan técnica que algunos experimentos requieren equipamiento, financiación o conocimientos especializados. Esta barrera es práctica, no filosófica.

¿Cuánta evidencia es suficiente? La evidencia como gradiente

Una de las ideas más importantes y más difíciles de comunicar es que no toda evidencia pesa igual. Ningún estudio aislado, por sólido que sea, puede cargar por sí solo con el peso de la verdad. La evidencia se acumula y se evalúa como un gradiente.

La jerarquía clásica de evidencia científica –ensayos clínicos aleatorizados, estudios observacionales, series de casos– es una guía útil, pero imperfecta. En la vida real, la “mejor evidencia disponible” depende de la pregunta, del contexto y de la factibilidad de los estudios.

Por ejemplo, no sería ético aleatorizar a personas a fumar o no fumar para estudiar el cáncer de pulmón; por eso, los estudios observacionales cuidadosamente diseñados se convierten en la forma más robusta de evidencia posible para ese tipo de problemas.

Además, la reproducibilidad es clave. Un resultado aislado puede ser interesante; un resultado reproducido por distintos equipos, en distintos lugares y con distintos métodos se vuelve convincente.

Cuando las evidencias se contradicen

Las contradicciones entre estudios pueden parecer desconcertantes para el público, pero son una parte esencial del progreso científico. Diferentes grupos pueden estudiar poblaciones distintas, usar métodos con niveles de precisión variables o analizar los datos con supuestos estadísticos divergentes.

En ocasiones, lo que parece contradicción es simplemente evidencia incompleta. Si cinco estudios pequeños sugieren un efecto y un gran ensayo clínico lo contradice, el peso de la evidencia recae en el estudio más riguroso, no en la suma aritmética de publicaciones.

¿Existe un protocolo único para producir evidencia científica?

Aunque solemos hablar del “método científico” como si fuera una receta única, la realidad es mucho más diversa. La biología, la física, la sociología, la medicina o la astronomía utilizan aproximaciones metodológicas distintas, adaptadas a sus objetos de estudio.

En medicina, los ensayos clínicos aleatorizados son la herramienta más robusta para evaluar intervenciones. En cambio, el estudio del clima depende de modelos matemáticos de enorme complejidad. En ciencias sociales, los métodos cualitativos (entrevistas, etnografías, análisis de discurso) generan evidencia distinta, pero complementaria a la cuantitativa.

Lo que todas estas aproximaciones comparten es la transparencia: describir qué se hizo, cómo se hizo, con qué datos, bajo qué supuestos y con qué limitaciones. La evidencia científica se legitima, en buena medida, por su capacidad de ser revisada y puesta a prueba.

La evidencia científica: provisional por diseño

Sin embargo, quizá la característica más fascinante de la evidencia científica es su carácter provisional. Una afirmación científica es fuerte no porque sea eterna, sino porque está sujeta a revisión, cuando aparezcan datos o métodos mejores. Esta flexibilidad, a veces percibida como debilidad, es, en realidad, uno de los pilares de la ciencia moderna.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a la acción. Significa actuar con la mejor evidencia disponible, mientras se sigue investigando.

En salud pública, durante pandemias o ante avances tecnológicos disruptivos, la evidencia es necesariamente imperfecta y evoluciona rápidamente. Entender esto ayuda a evitar frustraciones, conspiraciones y falsas dicotomías.

La clave: evidencia como punto de partida

Por tanto, la evidencia científica no es un veredicto final, sino un proceso continuo, colectivo y perfectible. Su fuerza radica en su capacidad de autocorregirse, reconocer sus limitaciones y mejorar con el tiempo.

En un mundo saturado de datos, opiniones y pseudocertezas, comprender su naturaleza dinámica resulta esencial. La evidencia científica no cierra debates: los abre. Es, más que una respuesta, una invitación permanente a seguir preguntando.

The Conversation

Luis Felipe Reyes no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿A qué llamamos evidencia científica? – https://theconversation.com/a-que-llamamos-evidencia-cientifica-269831

Suplemento cultural: el español que suena

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Cultura, The Conversation

Portada del álbum de Bad Bunny _Debí tirar más fotos_. Bad Bunny/Facebook

Este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.


Ya sé que ha sido el tema de la semana, pero permítanme que lo trate por última vez, porque celebrar el baile, la herencia cultural y la música siempre viene bien.

En la noche del domingo 8 de febrero sucedieron dos cosas que nos interesan para la tesis que vamos a desarrollar. Benito Antonio Martínez Ocasio fue el encargado del espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl (el “Super Tazón”), hecho por primera vez en español (con permiso de Lady Gaga). Además, la aplicación de enseñanza de idiomas Duolingo vio cómo los interesados en aprender esta lengua en ese mismo periodo se incrementaban un 35 %.

No era la primera vez que pasaba. Como cuenta Lourdes Moreno Cazalla, autora del estudio para el Observatorio Nebrija del Español “El boom de la música urbana latina y la expansión del español a nivel global”, cuando se anunció que el puertorriqueño sería el encargado del show, otras aplicaciones que dan clase de idiomas también vieron subidas parecidas.

En un momento en el que el español, el segundo idioma más hablado en Estados Unidos, está siendo relegado a nivel gubernamental (partiendo ya de una posición desfavorable frente a la lengua dominante), ver a un estadounidense haciendo gala de esa herencia cultural (además de muchas otras) puede servir de impulso lingüístico.

Mientras tanto, les recomiendo bailar los 13 minutos de la actuación de Bad Bunny cada vez que sientan que los ánimos decaen. El jolgorio final a ritmo de “Debí tirar más fotos” da ganas de saltar aunque sea por el pasillo de casa.

¿Biología o cultura?

Cómo es lo de la belleza. Muchas veces nos colocamos ante un cuadro o una fotografía y sabemos decir, incluso sin poder argumentarlo, si eso es bonito o feo, si nos gusta o no.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Jaén decidió ir más allá y estudiar si este conocimiento es inherente a la especie o aprendido. Y lo hizo a través de la proporción áurea, esa relación matemática que aparece en un número infinito de obras de arte.

La respuesta no es solo curiosa sino ambigua, porque a veces las preguntas que nos hacemos desembocan en una duda tan tópica como real de si fue primero el huevo o la gallina.

Cuántas canciones

No sé si saben que los vinilos están tan de moda que la estadística indica que un 40 % de los jóvenes estadounidenses compra los discos sin tener un reproductor para ellos. Son cultura pero también estética.

En mi casa el reproductor entró de la mano del LUX de Rosalía. Poco después, cuando completamos la colección con los álbumes que tenía mi familia y que ya no escuchaba, observamos algo curioso: ¿por qué el álbum de Rosalía tenía solo cinco canciones, a veces cuatro, por cara y The Who lograba colar hasta ocho? ¿Cuál era la explicación científica?

La respuesta nos la dio Paula Lamo en su estupendo artículo. Es pura ingeniería.

La IA, pros y contras creativos

A veces no pensar es muy cómodo y descansado. Sin embargo, cognitivamente produce efectos bastante desfavorables. Utilizando como ejemplo la serie Pluribus (porque no se acaba nunca esa maravilla televisiva) Anita Feridouni Solimani explica qué riesgos afrontamos si dejamos que la IA discurra por nosotros y cómo podemos utilizar la tecnología a favor de nuestra mente y no en su contra.

Quienes están también utilizando la IA, no para hacer que los cerebros vagueen sino para que la experiencia de los usuarios sea más rica, son los desarrolladores de videojuegos. Ricardo Fernández Rafael analiza su evolución en la industria y todo lo que todavía puede ofrecer.

El amor no era esto

El viernes se estrenó la nueva adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, justo la víspera de San Valentín. Que la fecha elegida sea esta no deja de resultar curioso si hablamos de una historia en la que la pasión es tóxica y consume a los protagonistas.

Hace unos años Inés García Saillard analizaba la mala salud que transpiraba el amor que narra el libro, y en otoño Lucía Celdrán Noguera repasó, al hilo de la publicación del primer tráiler de la película, las versiones audiovisuales anteriores, lo que ensalzaban y lo que obviaban.

Lo más curioso es que pocas se han acercado a la novela con la complejidad con la que la abordó la autora. Por supuesto, cualquier cineasta es libre de contar la historia como quiera, pero resultaría atrayente que se evitase la simplificación de las narrativas y que, por fin, alguien tratase a Heathcliff y Cathy como los seres multifacéticos y nada idealizados que describió Brontë.

Por cierto, si en este boletín, o en alguno de los artículos, detectan alguna errata, asumo la responsabilidad que me toca. Y la que no me toca se la dejo al diablillo.

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– ref. Suplemento cultural: el español que suena – https://theconversation.com/suplemento-cultural-el-espanol-que-suena-275943

Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Víctor Hugo Pérez Gallo, Assistant lecturer, Universidad de Zaragoza

Acto de Vox en la plaza de Colón (Madrid) en 2019. Enriscapes/Shutterstock

En las últimas elecciones autonómicas en Aragón, la ultraderecha duplicó su representación. No fue un salto aislado: ocurre en distintos territorios de España y Europa. El crecimiento no se explica solo por enfado o protesta, pero tampoco únicamente por cuestiones culturales o identitarias.

Para entenderlo, conviene mirar algo menos evidente.

A primera vista, el marxismo y la ultraderecha parecen opuestos irreconciliables, en objetivos, valores y horizonte político. Uno nació como proyecto emancipador; el otro propone orden, cierre y jerarquía. Pero si observamos cómo analizan el malestar social, aparecen similitudes sorprendentes. No hablamos de equivalencia ideológica, sino de coincidencias en la forma de leer la realidad.

Algunas formaciones de ultraderecha –como Vox en España– utilizan herramientas de análisis que recuerdan a las desarrolladas por Karl Marx, aunque lo rechacen explícitamente. No citan a Marx ni se reconocen en su tradición, pero comparten ciertos mecanismos de interpretación del conflicto social.

Estas son las diez coincidencias:

1. Ven el malestar como algo estructural

No lo reducen a decisiones individuales. Si los salarios no alcanzan, si el alquiler sube, si el empleo es inestable, la explicación no es simplemente “falta de esfuerzo”: hay un sistema que produce ganadores y perdedores. Ambos enfoques parten de la idea de que el problema no es solo personal.

2. Sitúan el conflicto en el centro

Para ambos, la sociedad no es un espacio neutral donde todos ganan. Está atravesada por tensiones. Hay intereses enfrentados, grupos que se benefician y otros que cargan con los costes. Esta mirada conflictiva resulta más clara y movilizadora que los discursos que hablan de consenso permanente.

3. Construyen antagonismos claros

Mientras el marxismo habló de capital y trabajo, la ultraderecha habla de pueblo y élites, nación y globalismo, ciudadanos y burócratas. Aunque cambian los términos, se mantiene la lógica del enfrentamiento. El mapa social se organiza en bloques reconocibles.

4. Señalan responsables

No hablan de “procesos abstractos” ni de fuerzas impersonales: identifican actores. Unos señalaban a la burguesía y los otros apuntan a élites políticas, culturales o económicas. Esta personalización del conflicto facilita la comprensión y la movilización.

5. Reconocen la dimensión material

Detrás de los debates culturales hay facturas, hipotecas y contratos temporales. El malestar económico pesa, y mucho. Cuando una familia llega con dificultad a fin de mes, la discusión sobre modelos abstractos pierde fuerza. Ambos enfoques entienden que la vida cotidiana importa.

6. Crean un “nosotros”

El proletariado en el marxismo; el pueblo o la nación en la ultraderecha. En ambos casos, se construye un sujeto colectivo que se siente perjudicado. Ese “nosotros” da identidad y pertenencia en contextos de incertidumbre.

7. Simplifican el mapa social

Reducen la complejidad, dividen en bloques. En política, la claridad compite con la precisión. Un relato demasiado matizado puede ser intelectualmente sólido, pero menos eficaz. Tanto el marxismo clásico como la ultraderecha han sabido ofrecer explicaciones fáciles de entender.

8. Utilizan el agravio

La explotación, en un caso, y la humillación o la pérdida de estatus, en el otro: el sentimiento de injusticia actúa como motor político. Cuando alguien siente que ha perdido algo –trabajo, reconocimiento, estabilidad–, busca una explicación que dé sentido a esa experiencia.

9. Ofrecen explicaciones globales

No se limitan a propuestas técnicas. Presentan una narrativa amplia sobre cómo funciona el sistema y quién se beneficia de él. En tiempos de incertidumbre, las explicaciones globales generan seguridad cognitiva.

10. Transforman el diagnóstico en acción

No se quedan en el análisis. Organizan, movilizan, convierten el malestar en voto. El relato no es solo interpretativo; es operativo. Sirve para ganar elecciones o construir movimiento.

La diferencia decisiva

Aquí termina la coincidencia.

El marxismo clásico aspiraba a transformar el sistema en clave emancipadora, eliminando desigualdades estructurales, mientras que la ultraderecha actual utiliza diagnósticos estructurales para prometer orden, protección o estabilidad dentro del mismo sistema o para redefinirlo en términos excluyentes.

Parte del éxito de la ultraderecha no se debe solo a la polarización o al escándalo mediático, sino también a que ofrece interpretaciones simples y reconocibles del malestar cotidiano: salarios que no suben, pueblos que pierden servicios, jóvenes que sienten que vivirán peor que sus padres, trabajadores que perciben que el esfuerzo ya no garantiza estabilidad.

Mientras otros discursos se vuelven más técnicos o abstractos, la ultraderecha habla de experiencias concretas. Eso no la hace equivalente al marxismo, pero sí explica por qué su mensaje conecta.

La pregunta, entonces, no es solo por qué crece la ultraderecha. Es otra más incómoda: ¿quién está interpretando mejor lo que la gente siente que le está pasando?

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Víctor Hugo Pérez Gallo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Diez coincidencias inesperadas entre el marxismo y la ultraderecha actual – https://theconversation.com/diez-coincidencias-inesperadas-entre-el-marxismo-y-la-ultraderecha-actual-275992

Cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura: qué dicen las evidencias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jesús Rodríguez de Guzmán, Profesor Psicología del desarrollo y de la educación, Universidad de Cantabria

RafCopy/Shutterstock

Aroa, tres años y medio, tiene sobre la mesa un cuento ilustrado, un lapicero y un folio:

¿Sabes leer?

No, no sabo

¿Y escribir?

Sí, eso sí, mira:

Imagen.

Y ¿qué pone ahí?

¿…? No sé, ya te dije que no sabo leer

Esta situación invita a ponernos en el lugar del aprendiz y a plantearnos cómo percibe el acceso al lenguaje escrito.

Adquirimos las destrezas orales de la lengua materna espontáneamente, por exposición. No necesitamos un aprendizaje formal: basta con tener un modelo a imitar y que nuestros intentos comunicativos sean reforzados cuando se aproximan a palabras del idioma con significado y función; como, por ejemplo, cuando un bebé dice “bá-bá” y recibe la respuesta emocionada de sus progenitores.

El lenguaje escrito, por el contrario, exige un proceso de enseñanza y aprendizaje explícito y formal. Pocas personas asocian significantes (palabras escritas) a significados de manera espontánea, aprovechando el ambiente alfabetizador en que vivimos, y aprenden a leer sin ser enseñados. Aunque las hay que llegan al colegio con un amplio repertorio de palabras que pueden leer en el desarrollo de su etapa logográfica.

Leer y escribir son dos procesos que requieren una intervención educativa guiada por la reflexión profesional, y evidencias didácticas que la acompañen. Destaquemos que se trata de destrezas instrumentales, claves para el resto de aprendizajes, y que pueden generar satisfacción al aprendiz, pero también frustración si no se abordan teniendo en cuenta los aspectos básicos del desarrollo evolutivo.

Nos ocuparemos de cuatro decisiones fundamentales sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura y lo que indican las evidencias recientes más sólidas.

1. ¿Cuándo: infantil o primaria?

El lenguaje oral acompaña a la especie humana en su evolución desde un momento indeterminado de los últimos 200 000 años. Las áreas de Broca y Wernicke, y los órganos bucofonatores, no dejan registro fósil que nos permita ser más precisos, y los hallazgos del hueso hioides, necesario para la fonación, no permiten fechar la aparición del lenguaje oral con más exactitud.

El lenguaje escrito es mucho más reciente, de hace unos 5 000 años. No obstante, la alfabetización generalizada de nos ha llegado mucho más tarde: de hecho es, todavía, un proceso inacabado en determinados contextos.




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Parece razonable que esta diferencia en la evolución de la especie humana sea tenida en cuenta para justificar el desfase cronológico entre ambos aprendizajes en cada individuo.

Por esta razón el currículo de la educación infantil, que en nuestro sistema abarca los seis primeros años de vida, divididos en dos ciclos, se centra en las destrezas orales de la competencia comunicativa.

A partir de los 6 años se aprende a leer de manera mucho más rápida y eficiente, cuando ya se han practicado las destrezas orales. Por esta razón, las aulas de primaria son las que garantizan un aprendizaje gratificante que facilita el desarrollo del hábito lector como fuente de placer.

2. ¿Métodos ascendentes o descendentes?

¿Es necesario conocer el abecedario, grafía y sonido, para captar el significado de palabras escritas? A esto lo llamamos un “método ascendente”, que parte de conocer las partes más pequeñas (grafemas y fonemas) y, a partir de ahí, lograr la capacidad de entender lo que significan juntos en una palabra, frase y párrafo.

Los métodos descendentes, en cambio, priorizan la comprensión de significados, antes que la descomposición en sílabas y letras, reconociendo palabras, globalmente, familiares por forma y su extensión y por el contexto en que aparecen: identifico y diferencio con facilidad los nombres de mis compañeros, Sol y Rigoberto, y la marca de mis cereales favoritos.




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Si fuera necesario el conocimiento de las letras, su asociación a los sonidos del idioma y el desarrollo de la conciencia fonológica, nos deberíamos plantear cómo acceden a la lectura las personas con sordera. Aunque estas no oyen ni pronuncian los sonidos del idioma que aprenden a leer, desarrollan la habilidad sin grandes dificultades, demostrando con la lectura silenciosa que transformar significantes en significados no requiere la asociación previa de letras a sonidos.

Así se explica el acceso a la lectura en idiomas cuya ortografía no es transparente, aquéllos en los que cada grafema no equivale unívocamente a un sonido o fonema, como ocurre por ejemplo con el inglés.

El debate está abierto, pero las evidencias apuntan a que conocer la forma y sonido de cada grafema no garantiza ni es requisito para acceder al lenguaje escrito. Autores clásicos, y actuales, entienden la lectura como un proceso cognitivo superior, que no se limita a descifrar letras. Además, hay que dar sentido funcional y emocional a lo que se ve, y los métodos descendentes promueven, desde el inicio, la comprensión en contextos reales, con textos significativos.

En las primeras etapas del desarrollo cognitivo tendemos a percibir la información del entorno de forma integral: primero captamos el sentido global, después los detalles.

Tendemos a leer globalidades: el significado del color verde o del rojo, las señales que observamos en la calle, los emoticonos… y las palabras en su contexto. No es imprescindible reconocer cada letra para obtener significado. Hagan la prueba:

UN D14 D3 V3R4N0 3574B4 3N L4 PL4Y4 0853RV4ND0 A D05 CH1C45 8R1NC4ND0 3N 14 4R3N4, 357484N 7R484J484ND0 MUCH0 C0N57RUY3ND0 UN C4571LL0 D3 4R3N4 C0N 70RR35, P454D1Z05 0CUL705 Y PU3N735.

Y, una vez adquirida la destreza, nunca volveremos a ver manchas de tinta donde haya palabras escritas, y no podremos evitar leer globalmente, sea cual sea el tipo de letra utilizada.

3. ¿Aprendizaje simultáneo de lectura y escritura?

Leer requiere de la maduración de procesos perceptivos, sobre todo visuales, pero también táctiles (personas con ceguera), cognitivos (atención, memoria) y lingüísticos (significados, funcionalidad, pragmática). La escritura añade a los anteriores los procesos motrices, que no maduran necesariamente a la vez que los relacionados con la lectura.

Si queremos acompañar el proceso evolutivo del niño, no deben abordarse de forma simultánea. El desarrollo neuromotor se ajusta a las leyes “céfalo–caudal” y “próximo–distal”, según las cuales lo próximo a la cabeza y al eje longitudinal del cuerpo madura antes que lo más lejano: vemos y oímos correctamente antes de alcanzar la motricidad fina necesaria para dominar la pinza y el movimiento coordinado de manos y dedos, coordinamos antes el movimiento de hombros y codos que el de los dedos.

Es decir, los niños de infantil y primer ciclo de primara, de 0 a 7 años, son capaces de leer mucho más que lo que son capaces de escribir. Se puede fomentar la aproximación a la lectura, pero no podemos exigir el mismo ritmo para una tarea que exige una coordinación neuromotora a la que todavía habrá que esperar.

En todo caso, de la misma manera que no solo hay que enseñar a leer, sino a amar la lectura, habría que fomentar la escritura como una tarea gratificante que, más allá de dibujar, copiar y reproducir mensajes, nos conduzca a la tarea creativa de transformar ideas en palabras escritas.

4. ¿Mayúsculas antes que minúsculas?

En algunas escuelas se opta por enseñar a escribir primero las mayúsculas porque, suponen, resultan más fáciles de trazar. Pero la decisión no está basada en la evidencia: las leyes madurativas citadas predicen que se coordinan antes los movimientos amplios del hombro que los de la muñeca, mano y dedos, permitiendo trazos amplios más similares a los bucles de las grafías minúsculas que a los trazos rectos, más rígidos, de las mayúsculas.

Por otra parte, la mayoría de publicaciones infantiles están escritas en minúscula, lo cual implica que el niño percibe y reconoce antes las minúsculas. Por lo tanto, tiene más sentido que practiquen aquello a lo que están más expuestos, lo que antes conecta con la lectura real y con lo que más pueden experimentar de forma natural y fluida.

En definitiva, sigamos buscando evidencias que guíen la práctica docente mientras posponemos el aprendizaje formal del lenguaje escrito hasta los 6 años, aprovechamos las ventajas de los métodos globales, no nos apresuramos con la corrección caligráfica y practicamos con modelos ortográficamente correctos, desde el principio.

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Jesús Rodríguez de Guzmán no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Elizabet Fernández Lam-Sen, Profesora de ELE y Literatura Española, Universidad Camilo José Cela

Aún no había emergido la hipermodernidad tan analizada ya por Gilles Lipovetsky. Los síntomas de la cultura globalizada se apreciaban como extraños fenómenos dignos de diseccionar en los sesudos laboratorios de las universidades. En ese tiempo, apareció el celibérrimo superventas El nombre de la rosa (1980). Su autor, el intelectual italiano Umberto Eco, desmontó con soltura los presupuestos y prejuicios que rondaban en torno a la literatura de masas.

¿Y si culpamos a la posmodernidad?

La “nueva edad de las tinieblas”, como la había nombrado y temido el filósofo George Steiner en su libro En el castillo de Barba Azul, aún quedaba lejos para la escéptica y democratizadora posmodernidad. No obstante, se habían producido cambios significativos en el magma de una sociedad que veneraba la cultura televisiva y que aprendió a diluir los límites entre la alta y la baja cultura. Asistíamos al auge de la cultura pop.

Como el buen intelectual sin domesticar que demostró ser con el paso del tiempo, se presentó ante el mundo con el perfil de un novelista primerizo de mediana edad. Pero tan reacio a la etiqueta del “apocalíptico” de pompa y circunstancia aristocrática como a la del “integrado” de un vitalismo sin arraigo. En realidad, ambos apelativos disfrazaban fetichismos aptos para las “polémicas estériles” o las “operaciones mercantiles” y así lo dejó claro en su ensayo Apocalípticos e integrados (1964).

Ese novelista bisoño era Umberto Eco, quien incursionó en el género con “ganas de envenenar a un monje”. Y, de paso, aprovechó para estrenar la posmodernidad literaria. Eran los años ochenta de un cada vez más lejano siglo XX, cuando la aparición de El nombre de la rosa desmintió, sin proponérselo, las apocalípticas voces de academia que alertaban de una “literatura del agotamiento”. Con esa consigna, sólo quedaba esperar la muerte de la novela.

Lo curioso es que El nombre de la rosa no se proyecta desde el cinismo, ni desde el pesimismo. Tampoco desde otro “ismo” que denote hartazgo o recelo personal hacia el futuro del género. Lo hace en cambio desde unas ansias por divertirse a sí mismo y a los lectores, según reveló su autor en Apostillas al nombre de la rosa (1985). Una motivación que le brinda ese halo genuino, surgido de la generosidad, de quien escribe para todos, no sólo para unos cuantos o sus iguales.

Vivir para contarlo y no morir de éxito

Sea como fuere, la novela en cuestión ha vendido 50 millones de ejemplares hasta la fecha. Su éxito y alcance ha llegado a compararse al de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

Se hizo con el máximo galardón literario italiano, el Strega, análogo de nuestro Premio Nacional de Literatura. Pero El nombre de la rosa fue más allá. Consiguió revivir a la apagada novela histórica europea.

Portada de El nombre de la rosa (1980).
DEBOLSILLO

Entonces nos asalta una pregunta: ¿Cómo logró la fórmula secreta? Sobresale una particular mezcla de realidad y ficción, que se antoja un precedente de la popularizada posverdad de los años veinte del siglo XXI.

Luego nos sedujo un protagonista medieval de inspiración sherlockiana. Así que aquella intriga novelesca marcó un hito que parecía imposible. Por un lado, se granjeó el aplauso de un público que había sido subestimado con argumentos blandos de ficción. Por el otro, volatizó el tópico por excelencia que aún martillea a todo superventas: la dudosa calidad aliada del consumo rápido.

El nombre de la Rosa se convirtió en un longseller. Tuvo la suerte de contar con una película protagonizada por un recordado Sean Connery. Sin embargo, su éxito inesperado necesitó unas anotaciones posteriores conocidas como Apostillas al nombre de la rosa. Umberto Eco aclaró que las escribió para “evitar tener que morir, para evitar tener que contestar a nuevas preguntas”, como recogió el periodista Igor Reyes-Ortiz en el diario El País.

Pero este pequeño volumen sesudo y puntilloso también encerró una reflexión del posmodernismo. El mismo del que había surgido ese fenómeno libresco imparable y al que el escritor definió de una forma que recordaba a aquellos diálogos noventeros de cualquier personaje de Woody Allen:

“Pienso en la actitud posmoderna como en la del que ama a una mujer muy culta y que sabe que no puede decirle ‘te amo desesperadamentente’, porque él sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabe) que esta frase ya la escribió Liala. Sin embargo, hay una solución. Podrá decir: Cómo diría Liala, te amo desesperadamente”.

El mundo sigue necesitando a Eco

Umberto Eco no se detuvo. Continuó escribiendo. Quizás porque “el hombre es un animal fabulador por naturaleza”. Por eso, hay que leerle en otras novelas posteriores: El péndulo de Foucalt (1998), Número cero (2015) o el que fue su libro póstumo De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera (2016).

Porque los grandes relatos parecen fragmentarse y el futuro de la novela pende de un hilo, valoremos regresar a nuestro semiólogo de cabecera. A esos libros que apuestan por una reconfortante evasión placentera e inteligente. De hecho, como siempre estuvo por encima de los mediáticos egos perecederos, Eco pidió en su testamento que, por favor, no se le realizaran homenajes tras los diez años de su fallecimiento.

Sobra decir que éste no es un tributo. Sólo un recordatorio oportuno de cuánto podemos seguir ganando sus lectores.

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Elizabet Fernández Lam-Sen no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Diez años sin Umberto Eco: ‘El nombre de la rosa’ en la cumbre de la posmodernidad – https://theconversation.com/diez-anos-sin-umberto-eco-el-nombre-de-la-rosa-en-la-cumbre-de-la-posmodernidad-275779

Las juventudes nicaragüenses en el exilio crean nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicté Soledad Castañeda Camey, Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara

Desde abril de 2018 en Nicaragua se vive una profunda crisis política marcada por la represión estatal contra el movimiento cívico que emergió a partir de protestas estudiantiles. La respuesta del Gobierno fue contundente: criminalización, encarcelamientos, cierre de espacios ciudadanos y persecución sistemática. Para miles de jóvenes, la migración forzada y el exilio político se han convertido en estrategias que trascienden las fronteras nacionales.

Entre el desarraigo y la recomposición colectiva

El exilio no es solo un proceso político. Implica para las juventudes activistas nicaragüenses un desgaste emocional. Otras veces ha representado la ruptura de proyectos de vida, la separación familiar y la precariedad económica. Todo ello unido a la compleja realidad vital que acarrean los procedimientos migratorios para solicitar asilo o acceder a la condición de refugiado político.

Pero también ha sido un espacio de recomposición colectiva. Más allá de los procesos individuales, se desarrollan formas alternativas de activismo, de protesta y de participación, en los que se plantean nuevos desafíos, proyectos personales, oportunidades laborales, académicas, artísticas y literarias. También nacen formas inéditas para organizarse y actuar en territorios simbólicos. Allí se resignifica el exilio, al tiempo que se consolidan otras formas de activismo transnacional.

En pocas palabras, el exilio no ha implicado una desconexión con el país ni con el proceso político, sino una oportunidad de rearticular la disidencia desde nuevos contextos y estrategias.

La resistencia transnacional

Antes de abril de 2018, gran parte del activismo juvenil nicaragüense se articulaba en universidades, barrios y organizaciones locales. Estos movimientos convergían con otras protestas sociales. La represión desmanteló esos espacios y obligó a una migración forzada sin precedentes. Costa Rica, México, Estados Unidos, España y otros países de América Latina se convirtieron en destinos clave del exilio juvenil.

La migración forzada y el exilio, lejos de significar el fin o una pausa en su participación política, ha dado lugar a nuevas formas de resistencia para las juventudes. Estas han generado propuestas diferentes y alternativas, que incluyen el uso creativo de herramientas digitales, narrativas de memoria y la construcción de redes. También han puesto en marcha prácticas artísticas y literarias que emergen como otras formas de organización transnacional. Una dimensión que cuestiona los límites de la ciudadanía y el sentido de pertenencia.

La Digna Rabia y sus “Trazos de memoria”

Un ejemplo son espacios multimedia como la colectiva La Digna Rabia. (18 de abril 2021). Nada está olvidado. Esta incluye entre sus contenidos el fanzine digital Trazos de memoria, una publicación que ha generado espacios para conmemorar a todas las personas que han dejado Nicaragua. A partir de una serie de talleres de collage y escritura, construye narrativas, poesías, relatos, pensamientos e imágenes sobre la memoria viva de lo que significa “migrar desde los cuerpos feminizados”.

En ciudades de acogida, las juventudes nicaragüenses han creado redes de apoyo mutuo, colectivos y plataformas informales que funcionan como espacios de resistencia. Al respecto se puede mencionar la plataforma digital Hora Cero. Se trata de un medio de comunicación que incluye opinión, análisis político y reportajes de Centroamérica. Destaca por el uso creativo de herramientas digitales, redes sociales, plataformas y espacios virtuales que promueven la acción política.

Impulsadas por jóvenes nicaragüenses desde el exilio, este tipo de iniciativas, generan contenido audiovisual, campañas informativas y denuncias. Con ello, los creadores buscan romper el cerco mediático impuesto por el Gobierno dentro de Nicaragua.

Cultura digital para renacer

Las tecnologías digitales han representado un recurso fundamental para la creación de comunidad, la denuncia, la protesta y la construcción de narrativas alternativas. Estas operan no solo como medio de expresión, sino como espacio de resistencia y como ruta para sostener e impulsar la lucha social desde otros lugares y lenguajes.

Más allá de la denuncia política directa, muchas juventudes han encontrado en la creación artística y literaria un lenguaje potente, que construye sentido en medio de una realidad hostil. La poesía, la música, la ilustración y la performance han sido utilizados para expresar el dolor del exilio, la esperanza y la persistencia de la lucha hacia la vida.

Así, los espacios digitales se han convertido en una trinchera para protestar, recuperar testimonios y expresiones a través de la música, la sátira y la comedia. Por ejemplo, la cuenta Chigüina Nica considera que el activismo digital permite que “puedan ser escuchadas y tomadas en cuenta sus opiniones como jóvenes”.

Con ese mismo propósito, el joven Locuin (Locos Cuerdos Intencionados), un humorista de barrio, hace sátiras en sus redes sociales de los gobernantes de Nicaragua. Él concibe que su mejor manera de aportar es darle al pueblo risa, y confiesa que es “un poco mezquino, pero aliviador”.

Memorias individuales y causas colectivas

Estas prácticas artísticas cumplen una doble función. Por un lado, permiten procesar emocionalmente la experiencia del desplazamiento forzado. Por otro, generan espacios de encuentro con otras diásporas y con públicos internacionales. El arte se convierte así en una herramienta que conecta memorias individuales con causas colectivas.

Tanto la reconstrucción de memorias como la consiguiente resignificación de la identidad política generan nuevos espacios de resistencia simbólica y construcción de paz. En diversas plataformas digitales e itinerantes alrededor del mundo han documentado violencias, narrado experiencias y preservado la memoria de las víctimas de represión estatal.

Al respecto se puede mencionar la plataforma digital e itinerante Ama y no olvida, Museo de la Memoria contra la Impunidad, que fue creada por una joven activista nicaragüense en el exilio. Es todo un ejemplo de cómo desarrollar memoria colectiva digital, al reunir testimonios, retratos y materiales audiovisuales que buscan preservar la verdad histórica y resistir la impunidad.

Repensar la ciudadanía y el sentido de pertenencia

Para las juventudes nicaragüenses en el exilio, la ciudadanía ya no se define solo por el lugar de residencia, sino por la participación activa en la defensa de derechos, la memoria y la justicia. La resistencia transnacional muestra que el exilio no es únicamente un espacio de pérdida. También representa un marco de construcción de propuestas inéditas de acción colectiva que amplían los horizontes del activismo y cuestionan las fronteras tradicionales de la política.

El activismo puede impulsar una redefinición del concepto de ciudadanía, mostrando que la participación política no limita a un territorio geográfico o a una misma forma de organización, sino puede desplegar alternativas para generar impacto local y global. En definitiva, el exilio no ha supuesto una interrupción del proceso político juvenil, sino una transformación profunda desde esta nueva territorialidad.

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Nicté Soledad Castañeda Camey no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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