El ataque estadounidense-israelí contra Irán corre el riesgo de sumir al mundo en el caos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Arshin Adib-Moghaddam, Professor in Global Thought and Comparative Philosophies, Inaugural Co-Director of Centre for AI Futures, SOAS, University of London

Estados Unidos e Israel han lanzado amplios ataques coordinados contra numerosos objetivos en Irán, lo que ha provocado represalias en la región. Donald Trump no intentó obtener la aprobación del Congreso ni buscó una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas antes de emprender estas acciones. Para colmo, el ataque se ha producido en pleno proceso de negociaciones entre Teherán y Washington.

Los hechos no dejan lugar a dudas: se trata de una guerra ilegal, tanto según la legislación estadounidense como según los estatutos internacionales.

El presidente estadounidense ha afirmado en repetidas ocasiones que no se puede permitir que Irán desarrolle un arma nuclear. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró tras la última ronda de negociaciones que se estaban realizando “buenos progresos” en un acuerdo para limitar el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de las sanciones. Sin embargo, el organismo de control nuclear de las Naciones Unidas ha comunicado que, dado que Irán ha denegado el acceso a instalaciones clave afectadas durante el conflicto del año pasado, es imposible verificar si Irán ha suspendido todo el enriquecimiento de uranio. Tampoco pueden determinar el tamaño y la composición actuales de sus reservas de uranio enriquecido.

En el momento de publicar este artículo, no cesan de caer bombas sobre varias ciudades de Irán. La tragedia parece inevitable y muchos inocentes sufrirán. ¿Es el asunto nuclear el motivo del ataque? Atendiendo a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, el objetivo ha pasado de intentar llegar a un acuerdo nuclear a forzar un cambio de régimen.

La actual intervención en Irán es el punto final de una larga campaña de la derecha estadounidense e israelí para remodelar Oriente Medio y el mundo musulmán a punta de pistola. Se trata de otra intervención más en una larga historia de desastrosas acciones exteriores que han desestabilizado el país desde que Gran Bretaña y la Unión Soviética derrocaron a Reza Shah Pahlavi en 1941, y la CIA y el MI6 orquestaron un golpe de Estado para derrocar al primer ministro iraní elegido democráticamente, Mohammad Mossadegh, en 1953.

La República Islámica de Irán considera el ataque como una amenaza existencial

Las consecuencias de este ataque probablemente serán nefastas para la región pero también para el resto el mundo. Irán ya ha tomado represalias atacando bases estadounidenses en Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Ya están apareciendo los primeros informes de víctimas, y parece poco probable que Irán se contenga. Está claro que la República Islámica considera esto como una amenaza existencial.

Teherán recurrirá a sus aliados: los hutíes en Yemen, las Fuerzas de Movilización Popular en Irak y Hezbolá en el Líbano, que, a pesar de haber sido debilitados durante dos años de ataques por parte de Israel, con la ayuda y la complicidad de Estados Unidos, tienen capacidad suficiente para expandir el conflicto por toda la región.

Irán ya ha indicado, en recientes maniobras con la Armada rusa, que podría ser capaz de cerrar el estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor de una cuarta parte del petróleo mundial y un tercio del gas natural licuado. Como consecuencia, los precios del petróleo se dispararán y la economía mundial se verá afectada.

Choque de civilizaciones

Esta guerra también tiene un componente cultural. Israel y Estados Unidos están llevando a cabo esta guerra durante el mes del Ramadán. Los musulmanes de todo el mundo están ayunando. Para miles de millones de ellos, este es el mes de la espiritualidad, la paz y la solidaridad.

Las imágenes de musulmanes iraníes muertos por las bombas israelíes y estadounidenses podrían avivar la narrativa del choque de civilizaciones que enfrenta al mundo judeocristiano con el islam.

Los musulmanes de las capitales europeas, junto con los activistas contra la guerra, verán esta contienda como una clara agresión por parte de Estados Unidos e Israel. La opinión pública mundial no se dejará influir fácilmente en la dirección que Trump y Netanyahu desearían.

Efectos en Moscú y Pekín

Y hay que preguntarse: ¿qué pensarán los líderes de Moscú y Pekín al ver esta guerra ilegal y qué podría significar esto para Ucrania y Taiwán? Vladimir Putin y Xi Jinping son cercanos al Gobierno de Irán y condenarán esta guerra. Al mismo tiempo, podría hacer que se sientan autorizados para perseguir sus propios intereses con poderío militar.

Por lo tanto, el ataque de Trump y Netanyahu contra Irán tiene el potencial de sumir al mundo en una profunda crisis. Cabe esperar más refugiados, más agitación económica, más traumas, más muerte y destrucción. La única esperanza ahora es que prevalezcan las mentes más sensatas entre los líderes mundiales para contener este conflicto y limitar las acciones de Trump y Netanyahu.

Hay que dar prioridad a la diplomacia. Intentar forzar un cambio de régimen lanzando una guerra ilegal es una temeridad. Si Irán se desestabiliza aún más, todo Oriente Medio se verá sumido en una agitación total.

A partir de ahí, el resultado para el mundo entero es peligrosamente incierto.

The Conversation

Arshin Adib-Moghaddam no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. El ataque estadounidense-israelí contra Irán corre el riesgo de sumir al mundo en el caos – https://theconversation.com/el-ataque-estadounidense-israeli-contra-iran-corre-el-riesgo-de-sumir-al-mundo-en-el-caos-277178

Del rito de fuego a la sátira urbana: una historia que arde en las Fallas

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Anna Peirats, Catedrática de Humanidades, Universidad Católica de Valencia

Imagen de las Fallas de Valencia en 2023. AnnaBaranova/Shutterstock

Cada 19 de marzo el fuego se convierte Valencia en espectáculo y en memoria histórica. La ciudad y las diversas poblaciones de la Comunidad Valenciana observan cómo se reducen a ceniza monumentos elaborados durante todo un año. Valencia asume como propio el gesto de construir para destruir. Esa secuencia: crear, exhibir y quemar encierra una historia larga, compleja y enraizada en la cultura europea del fuego y del tiempo.

Del fuego estacional al rito urbano

El uso ritual del fuego para señalar el cambio de ciclo se remonta a la Antigüedad europea, cuando distintas comunidades encendían hogueras para clausurar el invierno y dar inicio a la primavera. En regiones de Europa central y del norte se quemaban figuras que representaban el invierno. Esta costumbre aún pervive en festividades como el Sechseläuten de Zúrich.

Un muñeco envuelto en fuego.
La crèma es uno de los momentos más esperados de las Fallas.
Ionov Vitaly/Shutterstock

En España, las hogueras vinculadas al calendario cristiano, especialmente las de San Juan, en el solsticio de verano, o las de San Antón, mantienen esa misma lógica. El fuego marcaba un límite temporal y constituía una forma visible de renovación colectiva.

La cristianización no eliminó esta práctica heredada del ciclo estacional; la integró en el calendario litúrgico y le otorgó un nuevo marco interpretativo dentro de la estructura gremial de la ciudad bajomedieval. Desde el siglo XIV, los gremios organizaban la vida económica y social. Cada oficio celebraba a su patrón con actos festivos. El 19 de marzo, día de San José, patrón de los carpinteros, coincidía con el inicio del equinoccio de primavera.

En los talleres se utilizaban estructuras de madera llamadas parots, para sostener los candiles durante los meses de menor luz. Cuando la claridad primaveral hacía innecesaria esa iluminación, esos soportes podían desmontarse y quemarse. El núcleo de la estructura estaba formado por el parot como soporte, al que se añadían ropas viejas y elementos combustibles para darle forma humana.

Así se originó lo que se denominó “falla”, del latín “facula”, que designaba aquello que estaba destinado a arder: antorcha, luminaria, estructura combustible. La principal finalidad era la quema, no el detalle artístico.

El origen de las Fallas sigue siendo objeto de debate historiográfico. La explicación que vincula la fiesta con el ámbito gremial de los carpinteros y con la figura de san José es una de las interpretaciones más difundidas y aceptadas en la actualidad, aunque convive con otras lecturas que la relacionan con rituales relacionados con el cambio de estación.

Cuando el fuego se unió a la sátira

En el siglo XVIII, el término pasó a identificar la estructura plantada en la vía pública con motivo festivo y destinada a ser quemada. Ese desplazamiento de significado resulta clave: la palabra conserva la referencia al fuego como centro, pero identifica ya un acto festivo específico.

Ninot de una vaca.
Ninot Jo Soc la Vaca Lletera, de 1955.
BDFallas/Wikimedia Commons

Durante el siglo XIX, en un contexto de expansión de la prensa, politización creciente y consolidación de la opinión pública, la estructura comenzó a incorporar figuras satíricas y escenas narrativas, con personajes caricaturizados y situaciones que representaban tensiones sociales, políticas o culturales del momento.

La cremà, el acto de prender fuego a los monumentos el 19 de marzo, adquirió una dimensión simbólica más compleja. La quema clausuraba la representación pública y reiniciaba el ciclo anual.

En ese siglo se comenzaron a incorporar armazones de madera más complejos. El cartón piedra permitió dar volumen y expresividad a los ninots (muñecos). La estructura se organizó con un cuerpo central y múltiples ninots que desarrollaban narrativas críticas. En este contexto, el trabajo artesanal se fue especializando y surgió la figura del artista fallero como profesional de una industria cultural singular.

Identidad, industria y organización

A comienzos del siglo XX, las fallas habían adquirido forma reconocible como monumentos satíricos levantados por comisiones.

Imagen de esa abuela y su nieta que representaban al primer _ninot_ indultado.
Imagen de esa abuela y su nieta que representaban al primer ninot indultado.
Wikimedia Commons

En 1934 se introdujo una innovación decisiva en el ritual: la creación del ninot indultat (el “muñeco indultado”), que en su primera edición, y tras una votación ciudadana, representaba la imagen de una abuela con su nieta. El gesto introducía un matiz significativo: la comunidad decidía salvar de la quema una escena de transmisión y memoria.

Desde entonces, cada año se conserva una pieza que pasa a formar parte del Museo Fallero de Valencia. La tradición se amplió más tarde con el ninot indultat infantil. El fuego continúa marcando el sentido profundo de la fiesta, pero estas conservaciones introducen una dimensión de memoria dentro del ciclo de creación y destrucción.

La progresiva profesionalización de los artistas falleros transformó las estructuras de madera y cartón en composiciones escultóricas de gran formato, hasta el punto de que en la actualidad algunas fallas superan los treinta metros de altura.

Durante décadas se trabajó con cartón piedra y madera. En la segunda mitad del siglo XX se incorporaron materiales más ligeros como el corcho blanco (poliespan), que permitió aumentar la escala y complejidad de los monumentos. En la actualidad se han ido incorporando materiales más sostenibles en la construcción, tanto en la arquitectura como en la pintura y los acabados, para reducir el impacto ambiental de la cremà.

Las comisiones falleras, herederas en cierto modo de la lógica gremial de sociabilidad, organizan cada barrio en torno a un proyecto colectivo anual. La Junta Central Fallera coordina el calendario, regula categorías, premios y actos oficiales. La competitividad artística constituye un motor fundamental: los premios a la mejor falla incentivan la innovación estética y técnica. La fiesta moviliza cientos de monumentos en la ciudad de Valencia y en numerosos municipios de la Comunidad Valenciana.

La indumentaria tradicional añade otra capa de significado. La figura de la fallera, con trajes inspirados en modelos del siglo XVIII reinterpretados en el siglo XX, se ha convertido en símbolo de representación institucional y cultural. La música de banda acompaña cada acto y refuerza el carácter comunitario.

Pólvora, rito y memoria

La dimensión sonora es inseparable del proceso festivo. Desde el 1 hasta el 19 de marzo, la plaza del Ayuntamiento acoge diariamente la mascletà, una secuencia pirotécnica que combina ritmo, intensidad y vibración física. La pólvora forma parte del lenguaje simbólico de la fiesta: anuncia, prepara y culmina el ciclo.

El 19 de marzo, día de San José, la cremà consume los monumentos tras un programa ritual que integra desfiles, ofrenda floral (desde 1942), actos musicales y celebraciones nocturnas.

La celebración solo se ha suspendido en seis ocasiones: en 1886, cuando los falleros decidieron no plantar las fallas por no asumir el aumento de las tasas, en 1896 durante la Guerra de Cuba, entre los años 1936 y 1939, por la guerra civil española, y en 2020 a causa de la pandemia de covid-19.

En 2016 la UNESCO declaró las Fallas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El reconocimiento alude tanto al espectáculo visual como al entramado social que lo sostiene: transmisión, organización vecinal, indumentaria, pirotecnia, creatividad artística y ritual colectivo.

La evolución histórica muestra una continuidad transformada. Más que una fiesta, constituyen un sistema histórico de creación efímera donde el fuego opera como lenguaje simbólico, la crítica como mecanismo de reflexión colectiva y la competencia artística como motor de excelencia.

En ellas se condensa una tradición que nació del fuego estacional, pasó por la ciudad gremial y se transformó en sátira urbana. El origen medieval de las Fallas permanece en el gesto esencial: arder para volver a empezar.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Del rito de fuego a la sátira urbana: una historia que arde en las Fallas – https://theconversation.com/del-rito-de-fuego-a-la-satira-urbana-una-historia-que-arde-en-las-fallas-274602

Claves de la nueva estrategia nacional de las soledades: detección temprana y fortalecimiento de redes sociales

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Natalia Martín María, Profesora Ayudante Doctora. Departamento de Psicología Biológica y de la Salud, Universidad Autónoma de Madrid

SvetaZi/Shutterstock

Los sentimientos de soledad acompañan hoy a una de cada cinco personas españolas. Este número aumenta cuando hablamos de jóvenes entre los 18 y los 24 años.

Se trata de una experiencia personal que aparece ante la falta de cantidad y/o calidad en las relaciones sociales. Cuando este sentimiento es desagradable y perdura en el tiempo, puede tener consecuencias en el estado de salud de quien lo sufre, tanto a nivel físico (en forma de enfermedades cardiovasculares o mortalidad prematura) como mental (asociándose a la presencia de síntomas ansioso-depresivos y deterioro cognitivo).

No toda soledad es negativa. Es más, sabemos que en diferentes momentos del ciclo vital es muy probable que la soledad aflore y está justificado que lo haga (si sufrimos acoso escolar en la niñez, ante un divorcio en la edad adulta o si nos llega el momento de ingresar en una institución asistencial en la vejez). El problema aparece cuando esta situación se hace permanente, nos limita y nos causa dolor.

El malestar que puede albergarse tras estas cifras y la creación de ministerios de soledad en países como Reino Unido en 2018 y Japón en 2021 ha impulsado en nuestro país el desarrollo de un Marco Estratégico Estatal de las Soledades. Este marco se dirige a toda la población y tiene el objetivo de ser una herramienta que oriente la planificación y toma de decisiones de las administraciones públicas a nivel estatal, autonómico y local.

Desde hace alrededor de dos años, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 empezó a contactar con diversas personas de todo el territorio relacionadas con el ámbito de la soledad para formar parte del consejo asesor del marco estratégico: desde quienes investigamos este fenómeno hasta personas expertas por experiencia, pasando por profesionales de entidades sociales, de las administraciones públicas y de diferentes plataformas del tercer sector.

Las soledades dejan de ser no deseadas

Son varios los cambios conceptuales relevantes del nuevo marco estratégico:

  • El uso deliberado del plural “soledades”, en reconocimiento del carácter subjetivo de la experiencia, y, por tanto, de su diversidad.

  • No aparece ya el calificativo de “no deseada”, porque no acababa de encajar en una situación en la que el individuo no tiene capacidad previa de elegir (de decidir si la quiere o no), simplemente llega y, en ocasiones, perdura y causa malestar.

  • Se elimina del nombre cualquier acción que implique su desaparición total como “acabar”, “erradicar”, “luchar” o “combatir”, ya que como se ha comentado previamente, la soledad forma parte de la vida y uno de los objetivos del marco es justamente el de sensibilizar y con ello, reducir el estigma asociado al sentimiento de soledad.

La iniciativa surge del Ministerio de Asuntos Sociales, asumiendo así que la soledad no es un problema único y exclusivamente del individuo si no que se trata de algo estructural, social e institucional. La precariedad económica, los problemas de acceso a la vivienda, la desigualdad de género, la brecha digital, los cambios en las estructuras familiares, la presencia de un urbanismo que dificulta las relaciones, la despoblación rural o el declive de la cultura de cuidados son situaciones que precipitan la aparición de la soledad. De aquí se extrae que las soluciones deben pasar por diseñarse desde un enfoque no solo asistencial, sino también relacional y comunitario.

El marco estratégico propone precisamente esa ampliación de la mirada. Plantea un enfoque transversal y de ciclo vital que integra salud, vivienda, educación, empleo, accesibilidad, cultura y desarrollo comunitario. No se trata solo de “hacer compañía”, sino de coordinarse (a nivel estatal, autonómico y local) para crear nuevos entornos donde el encuentro sea posible.

Detección temprana y concienciación social

El documento se articula en cuatro grandes ejes:

  • Integrar la dimensión relacional de forma transversal en todas las políticas públicas.

  • Fortalecer el tejido social y el desarrollo comunitario como base preventiva; mejorar la detección temprana y los apoyos de proximidad a lo largo del curso vital.

  • Promover la concienciación, el conocimiento y la innovación para cambiar la narrativa y basar las intervenciones en evidencia.

  • Añade además tres experiencias innovadoras que han abordado las soledades desde distinto ámbitos y enfoques (el proyecto RECETAS, comunidades de cuidados, e Itinerarios de Emancipación de Éxito).

Sin proponer acciones concretas difíciles de aterrizar dada la fragmentación existente en cuestiones de gobernanza dentro de España, sí se desprenden posibles vías de actuación que ayudarían a reducir el sentimiento de soledad tales como fortalecer las redes vecinales, favorecer la desinstitucionalización, generar espacios de participación intergeneracional, impulsar servicios de proximidad y facilitar la detección temprana. Más allá del documento, el desafío es ahora garantizar su implementación efectiva y su evaluación rigurosa.

La soledad no es un fracaso personal ni una debilidad individual. Es un fenómeno complejo que requiere de corresponsabilidad institucional y social, así como de una apuesta por una actualización y mejora del sistema de cuidados, basado en una atención centrada no sólo en la persona si no también en la calidad de sus vínculos.

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Natalia Martín María no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Claves de la nueva estrategia nacional de las soledades: detección temprana y fortalecimiento de redes sociales – https://theconversation.com/claves-de-la-nueva-estrategia-nacional-de-las-soledades-deteccion-temprana-y-fortalecimiento-de-redes-sociales-276945

Las enfermedades raras no son tan raras

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lluís Montoliu, Investigador científico del CSIC, Centro Nacional de Biotecnología (CNB – CSIC)

H_Ko/Shutterstock

Solemos pensar que las enfermedades raras son aquellas que afectan a los demás, que no tienen nada que ver con nosotros. Hasta que en nuestra familia o nuestro entorno alguna persona es diagnosticada con una enfermedad rara. A partir de ese momento, el adjetivo “raro” pierde sentido, porque toda nuestra familia y amigos conviven con una persona que padece esa enfermedad, que ya pasa a formar parte de nuestra normalidad. Y más aún si es una dolencia grave y todo empieza a girar alrededor de ella y de los cuidados, atenciones y posibles tratamientos que necesita la persona afectada.

¿Raras o minoritarias?

Usar el adjetivo raro puede tener connotaciones peyorativas, dado que en castellano se emplea como sinónimo de extraño. Su nombre deriva de una traducción, en mi opinión poco acertada, del término inglés rare, que quiere decir “poco frecuente”. Por eso muchos colectivos prefieren referirse a estas enfermedades como minoritarias o de baja prevalencia, términos más amables, sobre todo para los pacientes y sus familiares.

El “corte” para lo que se considera una enfermedad rara y lo que no se estableció en Europa, de forma arbitraria, en 1999, considerándose raras todas aquellas enfermedades que afectaran a menos de una de cada dos mil personas nacidas. Lo único que tienen en común es esa baja prevalencia y que más de un 80 % son de origen genético.

Conocemos miles de estas enfermedades raras, más de 6 000. Las cifras exactas que se manejan varían desde 6 000 hasta 8 000. No es ni mucho menos que los investigadores que nos dedicamos a estudiar estas patologías no sepamos contar. El problema es que la manera de catalogarlas difiere de unos países a otros.

Sin ir más lejos, en EE UU se cuentan como raras aquellas enfermedades que afectan a menos de 200 000 personas (1 de cada 1 750 personas nacidas). Y en Japón, las que afectan a menos de 50 000 personas (menos de 1 de cada 2 500 personas nacidas). Por tanto, podemos decir que las enfermedades raras son menos raras en EE UU que en Europa, mientras que en Japón son más raras que en Europa.

A principios de este siglo, en Europa la comunidad científica se percató de que si combinábamos ambos parámetros (muy pocos pacientes de cada enfermedad rara, pero miles de enfermedades raras conocidas) el resultado no tenía nada de raro y correspondía a aproximadamente el 6,5 % de la población.

Para un país como España, con más de cincuenta millones de habitantes, esto corresponde a tres millones de personas que conviven con alguna de estas dolencias.

A esto hay que sumarle que la mayoría de estas enfermedades son de presentación pediátrica: en edad infantil representan nada menos que un 2-3 % de todos los recién nacidos. Por tanto, quienes conviven también con ellas en ese caso son también sus madres y padres. Y eso amplía en unos cuantos millones el número de afectados.

Esta es una de las principales paradojas de las enfermedades raras: que no son tan minoritarias. Podemos visualizarlo pensando que, cuando caminamos por la calle, una de cada quince personas con quienes nos cruzamos puede padecer una enfermedad rara. Y aunque cada una de ellas afecta a muy pocos pacientes, si las sumamos afectan a unos 30 millones de personas en Europa y más de 300 millones en todo el mundo.

Enfermedades de gravedad variada

La gravedad de las enfermedades raras es muy variada: desde las terribles patologías de origen mitocondrial, habitualmente catastróficas e incompatibles con la vida, a las alteraciones en la visión o audición que pueden ser altamente discapacitantes, pero compatibles con una calidad de vida razonable.

La mayoría (más del 85 %) de las enfermedades raras son ultrarraras, dado que afectan a menos de una persona por cada millón de nacimientos. Si nos quedamos con las más habituales, el 80 % de las personas afectadas lo son de apenas 149 enfermedades raras, entre ellas la fibrosis quística, la fenilcetonuria, el albinismo o la acromaptosia.

El reto del diagnóstico

Los investigadores que estudiamos este tipo de dolencias tenemos dos objetivos nítidamente definidos: diagnóstico y terapia. En este orden.

Poner nombre a la enfermedad que presenta el paciente implica, en la mayoría de los casos, obtener un diagnóstico genético. El tiempo medio de espera para este tipo de diagnósticos en España es de cinco a seis años. ¿Por qué tanto? Pensemos que cada persona tiene de 3 a 6 millones de letras distintas en su ADN, y que cualquiera de ellas puede ser la causante de la enfermedad. Por lo tanto, con frecuencia se necesitan estudios costosos para comprobar qué mutación hay detrás de una patología concreta. Costosos tanto en tiempo como en dinero.

El segundo de los objetivos es la terapia. Una vez sabemos qué gen está afectado necesitamos una terapia génica encaminada a corregir la mutación detectada o a reintroducir una copia correcta del gen afectado. O algún otro tratamiento sintómatico que pueda aliviar alguna de las alteraciones patológicas causadas por la enfermedad. A veces basta adaptar la dieta para evitar el acúmulo de sustancias tóxicas en el cuerpo. Es el caso de la fenilcetonuria, una de las enfermedades metabólicas que se detectan habitualmente en el cribado neonatal, en la llamada prueba del talón.

IMAGEN AVISO FENILALANINA EN ALIMENTO

Lamentablemente, esta prueba sigue arrastrando todavía diferencias inadmisibles e injustificadas entre las distintas regiones españolas, con un número dispar de enfermedades accionables (es decir, que tienen fácil remedio si se detectan a tiempo) detectadas según la comunidad autónoma española de residencia. Algo incomprensible que convendría intentar resolver cuanto antes.

Algo más de un 5 % de las enfermedades raras tienen ya un tratamiento descrito y disponible. Esta cifra nos recuerda que, para la inmensa mayoría de las enfermedades raras, carecemos todavía de una terapia segura y eficaz, aprobada por las agencias reguladoras.

Por eso es tan importante la investigación, tanto en la optimización de métodos de diagnóstico –por ejemplo utilizando algoritmos de inteligencia artificial– como en el desarrollo de terapias –usando los avances en edición genética con las herramientas CRISPR–. En España, se dedican a ello instituciones como el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER, del ISCIII) o la Red de Enfermedades Raras del CSIC (RER-CSIC). Y todo ello en colaboración con las numerosas asociaciones de pacientes que hay creadas en nuestro país (como ALBA, la asociación de ayuda a personas con albinismo), y sus federaciones correspondientes a nivel nacional (como FEDER, la federación española de enfermedades raras) o a nivel europeo (EURORDIS).

The Conversation

Los contenidos de esta publicación y las opiniones expresadas son exclusivamente las del autor y este documento no debe considerar que representa una posición oficial del CSIC ni compromete al CSIC en ninguna responsabilidad de cualquier tipo. Lluís Montoliu lleva más de 30 años investigando sobre enfermedades raras, como el albinismo. Es miembro y asesor científico de ALBA, la asociación de ayuda a personas con albinismo. Ha colaborado con FEDER, la federación española de enfermedades raras, en diversas ocasiones. Lluís Montoliu es miembro y recibe fondos del CIBER de enfermedades raras (CIBERER-ISCIII) que ayudan a financiar sus investigaciones sobre este tema.

– ref. Las enfermedades raras no son tan raras – https://theconversation.com/las-enfermedades-raras-no-son-tan-raras-275468

Cómo aprenden las familias a convivir con una enfermedad rara: lo que nos enseña el síndrome de Sturge-Weber

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Isabel Buceta Toro, Vicedecana Grado Nutrición Humana y Dietética, Universidad Pontificia de Salamanca

Valery Zotev/Shutterstock

Recibir el diagnóstico de una enfermedad rara en la infancia supone un punto de inflexión para la vida de una familia. Más allá de los aspectos médicos, los padres y madres se enfrentan de forma abrupta a la incertidumbre, al miedo y a la necesidad de reorganizar su vida cotidiana. El impacto no es solo clínico: afecta a la esfera emocional, social, laboral y educativa, y obliga a reconstruir expectativas y proyectos vitales.

Las enfermedades raras, por definición, afectan a un número reducido de pacientes. Sin embargo, en conjunto, se estima que más de 300 millones de personas en el mundo conviven con alguna de ellas. En la mayoría de los casos, aparecen en la infancia y requieren cuidados prolongados. A pesar de ello, el conocimiento sobre cómo experimentan las familias este proceso sigue siendo limitado.

El síndrome de Sturge-Weber es una de estas enfermedades raras, con una prevalencia en Europa de 1 entre 20 000 y 1 entre 50 000 nacimientos. Se trata de un trastorno neurovascular congénito que puede manifestarse con malformaciones faciales, epilepsia, problemas visuales y alteraciones neurológicas. Su evolución es muy variable: cada niño o niña presenta una combinación distinta de síntomas y grados de afectación. Esta incertidumbre clínica se traslada directamente a la experiencia familiar.

De la ruptura biográfica a la adaptación

En un estudio reciente realizado con padres y madres de menores con síndrome de Sturge-Weber, analizamos cómo afrontan el cuidado de sus hijos y cómo construyen sentido en torno a esa experiencia. Más allá de medir niveles de estrés o carga, el objetivo fue comprender los procesos de adaptación psicológica que se desarrollan a lo largo del tiempo.

Los resultados muestran que el afrontamiento no es un proceso inmediato ni lineal. En las primeras etapas, tras el diagnóstico, predominan emociones intensas como el miedo, la culpa, la tristeza o la sensación de pérdida de control, algo ampliamente descrito en familias de niños con enfermedades crónicas.

Muchas familias llegan a describir este momento como una ruptura biográfica: la vida “tal y como se había imaginado” deja de existir, y es necesario reconstruirla desde nuevas coordenadas.

Con el paso del tiempo, sin embargo, aparecen estrategias más adaptativas. La aceptación de la situación, el afrontamiento activo y la búsqueda de información y apoyo social se van consolidando progresivamente. No se trata de una resignación pasiva, sino de un proceso activo en el que las familias aprenden a manejar la incertidumbre, a tomar decisiones complejas y a convivir con la enfermedad en el día a día.

La importancia del apoyo profesional

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el sentido del cuidado –es decir, el significado que los padres atribuyen a su rol como cuidadores– también evoluciona con el tiempo, en línea con los modelos de construcción de significado en contextos de enfermedad y adversidad.

Al inicio, suele prevalecer la sobrecarga y el agotamiento emocional, pero en el transcurso de los años, muchas familias logran integrar ese cuidado en su identidad. Así encuentran un propósito que les permite sostenerlo a largo plazo, aunque las dificultades no desaparezcan.

Este proceso no ocurre en el vacío. Las familias de niños con enfermedades raras se enfrentan a barreras sociales constantes, como dificultades para acceder a recursos especializados o una escasa coordinación entre servicios sanitarios y educativos. Acudir al colegio, participar en actividades extraescolares o, simplemente, salir a espacios públicos pueden convertirse en fuentes de estrés añadido.

En este contexto, el apoyo profesional resulta clave. Nuestro estudio pone de manifiesto la importancia de acompañar a las familias más allá del momento del diagnóstico. Profesionales sanitarios y, especialmente, enfermeras y enfermeros, desempeñan un papel fundamental en la detección de necesidades emocionales, en la orientación sobre estrategias de afrontamiento y en el acompañamiento continuado a lo largo del proceso de cuidado.

Intervenciones ajustadas a la realidad

Pero el apoyo no debe limitarse al ámbito sanitario: el sistema educativo y los servicios sociales también tienen un papel esencial en la inclusión y el bienestar de estos niños y sus familias. Comprender cómo viven el cuidado, qué estrategias desarrollan y qué significado le atribuyen permite diseñar intervenciones más ajustadas a la realidad, evitando enfoques exclusivamente centrados en la patología.

Hablar de enfermedades raras implica, necesariamente, hablar de familias. Poner el foco en sus experiencias no solo contribuye a generar conocimiento científico, sino que también ayuda a visibilizar una realidad a menudo silenciada. Entender que la aceptación y la adaptación son procesos que se construyen con el tiempo –y que requieren apoyo– es un paso imprescindible para avanzar hacia sistemas sanitarios, educativos y sociales más humanos y sensibles a la diversidad de trayectorias vitales.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo aprenden las familias a convivir con una enfermedad rara: lo que nos enseña el síndrome de Sturge-Weber – https://theconversation.com/como-aprenden-las-familias-a-convivir-con-una-enfermedad-rara-lo-que-nos-ensena-el-sindrome-de-sturge-weber-274649

¿Pueden los modelos cuánticos ayudarnos a entender el talento?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By José Manuel de Haro García, Profesor titular, Organización de Empresas (RR.HH. y Comportamiento Organizacional), Universidad Miguel Hernández

En física cuántica, una partícula no tiene una posición definida hasta que se observa. Antes de la medición, existe en una superposición de múltiples estados posibles, descritos por lo que se llama función de onda. Solo al observarla la función de onda colapsa a un estado concreto.




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Aplicado al talento, esto significa que una persona no es líder, analista o experto técnico de forma absoluta. Más bien, tiene el potencial de manifestarse en cualquiera de estos estados, dependiendo del contexto, el estímulo y la oportunidad. Es lo que podemos llamar “talento latente”: un conjunto de posibilidades que aún no se han manifestado.

Cuando reclutamos o evaluamos a alguien, no estamos midiendo una realidad estática sino estimando una función de onda de probabilidades: ¿qué tan probable es que esta persona tenga éxito en este rol específico, con este equipo concreto, en este momento particular?

Un perfil versátil tiene una función de onda extendida (puede manifestarse exitosamente en múltiples contextos), mientras que un especialista tiene una función de onda puntiaguda (excelencia concentrada en un dominio estrecho). En abstracto, ninguno es mejor, todo depende del problema que necesitemos resolver.

El principio de incertidumbre aplicado a la gestión

El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que no podemos conocer con precisión infinita tanto la posición como el momento de una partícula simultáneamente. Si medimos una con exactitud, perdemos información sobre la otra.
En gestión del talento, esto se traduce en que no podemos conocer con total precisión y al mismo tiempo tanto el desempeño actual de un empleado como su potencial futuro. Si nos obsesionamos con medir el rendimiento presente con indicadores rígidos y evaluaciones milimetradas, perdemos de vista la capacidad de crecimiento y adaptación de las personas.

Las evaluaciones del desempeño tradicionales, que se centran únicamente en el “qué se logró”, pueden no capturar el cómo ni el hacia dónde se dirige el empleado. Para conocer el potencial, quizás necesitemos sacrificar algo de la precisión en la medición del rendimiento pasado y enfocarnos más en escenarios futuros.

Esto explica por qué muchas organizaciones fracasan cuando promueven a sus mejores ejecutores individuales a posiciones de liderazgo: estaban midiendo desempeño (posición actual) sin evaluar adecuadamente potencial (momento futuro).




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Por qué no funciona la evaluación del desempeño y qué se puede hacer para mejorarla


El entrelazamiento cuántico en los equipos

Uno de los fenómenos más contraintuitivos de la física cuántica es el entrelazamiento: dos partículas pueden estar tan conectadas que el estado de una afecta instantáneamente al estado de la otra, sin importar la distancia que las separe.

En las organizaciones, las personas y los equipos están profundamente entrelazados. El estado emocional, el compromiso y el desempeño de un miembro puede afectar directa e inmediatamente a todo el sistema, incluso si no trabajan físicamente juntos.

Si un miembro clave del equipo se siente desmotivado, el impacto puede ser casi instantáneo en la moral y productividad de sus compañeros. No ese trata solo de que haya mal ambiente, es que sus funciones de onda están entrelazadas. Esto explica por qué la rotación de una sola persona crítica puede desestabilizar completamente un equipo que funcionaba bien.

Este principio también opera entre líder y equipo. Un líder ansioso transmite ansiedad, un líder confiado, confianza. No es carisma ni habilidad de comunicación. Es entrelazamiento sistémico.

Para retener talento es crucial reconocer que no gestionamos individuos aislados sino redes de relaciones entrelazadas, donde el bienestar de uno afecta al sistema completo.




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De la máquina al sistema vivo

La forma en que concebimos la organización determina cómo gestionamos el talento.
Si vemos la organización como una máquina, el talento se convierte en una pieza reemplazable e intercambiable, optimizada para la eficiencia. Esto lleva a descripciones de puestos rígidas, evaluaciones de arriba hacia abajo y una búsqueda de “fit cultural” (“la alineación profunda entre los valores fundamentales, los comportamientos esperados y el propósito” del trabajador y los de la empresa) que en realidad significa uniformidad.

Si la vemos como un sistema vivo y en evolución, el talento se convierte en un componente integral, dinámico e interconectado con potencial inherente. Esto promueve la adaptabilidad, el aprendizaje continuo y la motivación intrínseca.
La diferencia no es semántica. Es operativa. En el modelo máquina contratamos para llenar vacantes. En el modelo sistema vivo contratamos para aumentar la complejidad y la capacidad adaptativa del sistema.




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Los cuantos del desarrollo profesional

En la física cuántica la energía no es continua sino que se presenta en paquetes discretos llamados cuantos. Un electrón no puede tener cualquier nivel de energía; solo están permitidos ciertos niveles específicos (a los que se llama niveles discretos).

Las habilidades y el conocimiento profesional funcionan de forma similar: no se desarrollan de manera continua y lineal sino a través de saltos cuánticos entre niveles discretos. No existe un punto medio entre saber programar con supervisión y ser un desarrollador informático autónomo. Hay un salto cualitativo, un cuanto de competencia que se adquiere o no.

Esto tiene implicaciones. En lugar de pensar en “mejorar un 10 % cada año” (visión continua), deberíamos estructurar el desarrollo como una serie de transiciones entre estados cualitativamente diferentes: de ejecutor a gestor, de especialista a experto, de técnico a estratega.

Cada salto requiere no solo más conocimiento, sino una reorganización fundamental de cómo la persona piensa, actúa y se relaciona. Es un cambio de estado, no una acumulación gradual.




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El efecto del observador en la evaluación

En física cuántica, el acto de medir una partícula cambia su estado. No es que descubramos cómo era, es que al observarla la forzamos a definirse.

En gestión del talento, el acto de evaluar el desempeño de una persona no es neutral. El hecho de que un empleado sepa que está siendo observado y medido cambia su comportamiento, su enfoque y, en última instancia, su desempeño. Es el equivalente organizacional del efecto Hawthorne: las personas se comportan diferente cuando saben que están siendo evaluadas.

Esto sugiere que la gestión del talento debe ser más participativa, donde líderes y empleados son parte activa del sistema y cocrean la realidad organizacional en lugar de ser observadores pasivos y sujetos de medición.

Las conversaciones de desarrollo deberían ser experimentos compartidos (“¿qué pasaría si probaras este rol?”) más que veredictos sobre capacidades fijas (“tu nivel de liderazgo es 3/5”).




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Abundancia latente, escasez manifiesta

La perspectiva cuántica resuelve la paradoja de la guerra por el talento. No hay escasez de talento potencial: hay un exceso de talento latente que no encuentra las condiciones para manifestarse.

El talento manifiesto (lo que llamamos alto desempeño) es escaso porque requiere una combinación única de dotación natural, esfuerzo sostenido y entorno de apoyo. Pero el talento latente es abundante: está en cada persona que no ha tenido la oportunidad, el contexto o el estímulo adecuado para que su función de onda colapse en excelencia observable.

La tarea de la gestión del talento no es encontrar a los pocos talentosos natos, sino crear las condiciones para que el vasto potencial latente se manifieste. No es caza de talentos. Es agricultura de excelencia.




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Más allá de la metáfora

Es importante aclarar que esto es una aplicación metafórica, no literal, de la física cuántica. No estamos aplicando ecuaciones de Schrödinger a evaluaciones de desempeño ni usando computación cuántica en recursos humanos.

Sin embargo, las metáforas no son decorativas. Son herramientas cognitivas que nos permiten pensar diferente. El interés en el liderazgo cuántico ha crecido significativamente: una revisión identificó alrededor de 55 publicaciones sobre el tema solo entre 2010 y 2020.

Lo valioso de esta perspectiva es que nos obliga a abandonar concepciones mecanicistas del talento (“tiene o no tiene”, “sirve o no sirve”) y adoptar una visión más dinámica, contextual y relacional. Nos recuerda que el talento no es una cosa que se posee sino un estado que emerge de la interacción entre capacidades, contextos y relaciones.

En un mundo donde la IA puede asumir cada vez más tareas técnicas, la capacidad humana de adaptarse, cocrear y manifestar nuevas formas de valor en contextos inciertos se vuelve el diferencial crítico.

Entender el talento como función de onda, superposición y entrelazamiento no es física aplicada. Es una invitación a liderar con humildad, reconociendo que el potencial humano es más vasto, dinámico y contextual de lo que nuestros sistemas actuales de medición pueden capturar.


La versión original de este artículo se publicó en la revista Telos de la Fundación Telefónica.

The Conversation

José Manuel de Haro García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Pueden los modelos cuánticos ayudarnos a entender el talento? – https://theconversation.com/pueden-los-modelos-cuanticos-ayudarnos-a-entender-el-talento-275470

Cómo lograr que los jóvenes que más lo necesitan terminen la secundaria obligatoria

Source: The Conversation – (in Spanish) – By María Fernández-Mellizo, Profesora de Sociología, Facultad de Educación, Universidad Complutense de Madrid, Universidad Complutense de Madrid

Aida Lopez Jimenez/Shutterstock

Carlos y Ana se han criado en familias vulnerables, en las que ninguno de sus progenitores ha concluido la educación obligatoria. Los dos jóvenes han encontrado dificultades en el sistema educativo. Sin embargo, mientras Ana ha logrado obtener un título de formación profesional de grado medio y trabaja como auxiliar de enfermería con contrato indefinido en un hospital, Carlos no ha logrado superar la educación secundaria obligatoria, tiene muchas dificultades para encontrar un trabajo y, cuando lo hace, es de carácter temporal.

Los jóvenes en contextos vulnerables son quienes presentan una mayor probabilidad de abandonar el sistema educativo antes de obtener una cualificación que les asegure una situación laboral adecuada. Al mismo tiempo, debido a su fragilidad desde el punto de vista del origen socioeconómico, la educación es precisamente para ellos una herramienta de protección y equidad. A medida que aumentan de cualificación, mejoran notablemente sus condiciones laborales y se difuminan las diferencias entre jóvenes vulnerables y no vulnerables.




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¿Cómo podemos entonces, desde los centros escolares, mejorar sus probabilidades de terminar la enseñanza obligatoria o incluso avanzar hacia ciclos formativos de grado medio de formación profesional que les permitan acceder al mercado de trabajo con ciertas garantías?

Abandonar los estudios sin la ESO

En España, el título de ESO (Educación Secundaria Obligatoria) permite continuar una ruta académica que posibilita llegar hasta la universidad. Abandonar la ESO antes de terminar hace más difícil volver al sistema educativo y dificulta enormemente la inserción laboral. Muchos chicos y chicas que no la terminan enlazan trabajos precarios y mal remunerados (como, por ejemplo, mozo de almacén o personal de limpieza). En caso de regresar al sistema educativo, estos jóvenes lo hacen principalmente a través de la formación profesional básica.




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La formación profesional en España se organiza en tres niveles:

  • Los Ciclos Formativos de Grado Básico (CFGB) son para aquellos que no tienen el título de ESO y puede dar acceso a trabajos como, por ejemplo, auxiliar administrativo.

  • Los Ciclos Formativos de Grado Medio (CFGM) requieren tener el título de ESO o hacer una prueba de específica de acceso, y permite trabajar, entre otras ocupaciones, como técnico en gestión administrativa.

  • Los Ciclos Formativos de Grado Superior (CFGS) requieren tener el título de Bachillerato, un CFGM o hacer una prueba específica de acceso, y cualifica para puestos entre los que está el de técnico superior en administración y finanzas.

La FP básica, poco efectiva

Los Ciclos Formativos de Grado Básico atraen a jóvenes que, tras haber abandonado la ESO, vuelven a reincorporarse al sistema educativo. Sin embargo, aunque son muchos los que se matriculan en la FP básica, pocos consiguen este título profesional y menos continúan hacia el ciclo medio de FP; por tanto, su efectividad para conseguir que estos jóvenes logren una adecuada inserción laboral queda en entredicho.




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Las posibilidades de emancipación de estos jóvenes disminuyen considerablemente. Sus primeras experiencias laborales son muy precarias, puesto que, con dificultad, consiguen trabajos temporales con un alto nivel de rotación y mal remunerados.

Se ha comprobado que acceder al mercado laboral mediante empleos precarios genera “cicatrices” profundas que condicionan negativamente la trayectoria laboral de los jóvenes, especialmente en el caso de quienes que han abandonado la ESO y que proceden de ámbitos socioeconómicos vulnerables.

Esto afecta negativamente a su proceso de consolidación como ciudadanos adultos y no les permite tomar decisiones vitales importantes, como puede ser formar una familia. En el caso de faltarles una red de apoyo familiar o si tienen dependientes a su cargo, la probabilidad de caer en una situación de pobreza se eleva.

FP media y superior, verdaderas vías de equidad

El éxito en las trayectorias laborales aumenta considerablemente si los jóvenes se han titulado en formación profesional media o superior. En estos casos se incrementa la probabilidad de estar ocupado, de tener un contrato indefinido y de recibir un salario por encima de los 1 000 euros (en 2019). El porcentaje de jóvenes vulnerables con contrato indefinido en su empleo actual y con un salario superior a los 1 000 euros es 40 puntos (porcentuales) superior al de aquellos que abandonaron la ESO sin lograr titularse.

Además, cuando los jóvenes tienen un título de Formación Profesional de Grado Superior, las diferencias laborales entre los jóvenes vulnerables y no vulnerables prácticamente desaparecen. Por ejemplo, en ambos colectivos, la proporción de contratos indefinidos ronda el 64 %, y la de temporales, el 26 %. La educación estaría, por tanto, actuando como un “escudo protector” ante la precariedad laboral.

¿Cómo lograr reducir el abandono escolar temprano entre los jóvenes que pertenecen a grupos socioeconómicamente vulnerables, y ayudarlos a conseguir un título de FP medio o superior?

Detección precoz y reorientación curricular

Detectar cuanto antes en sus trayectorias académicas
posibles dificultades educativas de los alumnos y ofrecer un refuerzo a quienes lo necesitan es una vía obvia y eficaz para reducir el abandono. En la educación secundaria se pueden impulsar medidas de reorientación curricular que apliquen un enfoque más basado en competencias que en conocimientos, como saber llevar las cuentas de un negocio más que saber hacer cálculos matemáticos complejos.

En general, mejorar y reforzar los servicios de orientación y seguimiento académico de los centros educativos, especialmente en aquéllos localizados en barrios de bajo nivel socioeconómico, para que los jóvenes conozcan todas las posibilidades educativas existentes dentro de los diferentes ciclos de formación profesional y sus ventajas laborales.




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También habría que replantear los ciclos básicos y tratar de que, mediante ellos, los estudiantes sigan estudiando hasta lograr una titulación educativa adecuada para la inserción laboral; por ejemplo, como auxiliar administrativo.

Apoyo económico y orientación laboral

De la misma forma, habría que potenciar las becas a los jóvenes de bajo nivel socioeconómico en los diferentes niveles de FP, tanto para aquellos estudiantes que siguen una trayectoria ininterrumpida como para aquéllos que regresan al sistema educativo tras haberlo abandonado previamente. En la medida de lo posible, debería ampliarse su número y cuantía, para llegar a más estudiantes y que el dinero que reciben contribuya a la economía de su hogar.

Por último, fuera ya del ámbito de la política educativa, se deberían fomentar los servicios orientación laboral a los jóvenes en su acceso al mercado de trabajo, con el fin de facilitarles las herramientas, estrategias y contactos necesarios para conseguir un empleo de calidad.

The Conversation

María Fernández-Mellizo recibe fondos de Ayuda en Acción.

Marta Rahona López recibe fondos de Ayuda en Acción.

– ref. Cómo lograr que los jóvenes que más lo necesitan terminen la secundaria obligatoria – https://theconversation.com/como-lograr-que-los-jovenes-que-mas-lo-necesitan-terminen-la-secundaria-obligatoria-255250

¿Qué pasaría si la Tierra dejara de girar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Julio Ballesta Claver, Profesor Titular de didáctica de las ciencias experimentales, Universidad de Granada

Object99/Shutterstock

Este artículo forma parte de la sección The Conversation Júnior, en la que especialistas de las principales universidades y centros de investigación contestan a las dudas de jóvenes curiosos de entre 12 y 16 años. Podéis enviar vuestras preguntas a tcesjunior@theconversation.com


Pregunta formulada por Ella, de 15 años, del IES Miguel de Cervantes (Granada)


Te subes en un autobús y notas cómo te balanceas cuando el conductor acelera, frena o toma una curva… y dices en voz alta: “¿No hay forma de estar aquí quieto?”. ¿Y es que acaso crees que vives en un planeta que no se mueve?

Parece mentira, pero vivimos sobre un auténtico bólido. Los días y las noches se suceden no porque el Sol se mueva alrededor de la Tierra, sino porque nuestro planeta gira sobre sí mismo a una velocidad de hasta 1600 km/h.

Es cierto que no notamos que nuestro planeta gira. Eso ocurre porque siempre viajamos a la misma velocidad. Es como estar dentro de un tren con raíles nuevos: si las ventanillas estuvieran tapadas, podrías caminar por él sin dificultad y apenas notarías que se está moviendo, salvo por el sonido del traqueteo del tren. Solo percibimos el movimiento cuando cambia. ¿Increíble, no?

¿Y si la Tierra se detuviera de golpe?

Imaginémonos que ese tren parara en seco. Sin quererlo, haríamos una visita forzosa al conductor desde nuestro asiento, ya que seguiríamos avanzando a la velocidad del tren. Este fenómeno fue descrito por el científico italiano del siglo XVII Galileo Galilei y, más tarde, formulado por Isaac Newton en su primera ley: la inercia, o sea, la tendencia de los cuerpos a mantener su estado de movimiento si nada los frena o acelera.

Ley de inercia en acción.
Casilda Pardo / Wikimedia Commons., CC BY

Si la rotación terrestre se detuviera de golpe, las personas, árboles, edificios y océanos que hay sobre ella seguirían moviéndose por inercia hacia la orientación del sentido de giro, hacia el este, a más de mil kilómetros por hora. A esa velocidad, podrías recorrer la distancia entre Huelva y Sevilla, por ejemplo, ¡en apenas tres minutos!

¿Cómo quedarían el día y la noche?

El planeta quedaría dividido en dos hemisferios, no existiendo alternancia entre el día y la noche. Mientras un hemisferio quedaría permanentemente iluminado por un Sol inmóvil, dando con ello un día eterno y abrasador, el otro estaría sumido en una noche perpetua, extremadamente fría. No habría amaneceres ni atardeceres, solo una franja estrecha de transición entre ambos.

Una región de formación estelar en la Gran Nube de Magallanes.
ESA / Hubble., CC BY

El cielo nocturno también cambiaría y sería mucho más aburrido. Normalmente, las estrellas parecen moverse por el cielo porque la Tierra gira sobre sí misma. Sin ese movimiento, las estrellas quedarían fijas en el firmamento. En el hemisferio nocturno –el único desde el que podrían observarse–, el calendario del zodíaco perdería su sentido, ya que siempre veríamos las mismas constelaciones, como si todos fuéramos Libra o Acuario, según el momento en que la Tierra se detuviera.

Los planetas tampoco cruzarían el cielo cada noche. Sin embargo, sí se percibiría un lento desplazamiento de un día para otro sobre un fondo de estrellas inmóviles, mostrando por fin la Tierra su movimiento real alrededor del Sol.

¿Qué ocurriría con la atmósfera y los océanos?

Mientras el aire seguiría moviéndose como hace hoy, hacia el este y a más de mil kilómetros por hora (formando un muro de viento devastador a su paso), los océanos generarían olas gigantescas a escala planetaria, similares a las que aparecen en el planeta Miller de la película Interstellar (2014). Avanzarían sobre los continentes como tsunamis.

Incluso, la gravedad cambiaría ligeramente: al dejar de girar, pesaríamos un poco más que ahora.

¿Cómo mediríamos el tiempo en una Tierra inmóvil?

Sin amaneceres ni atardeceres, el día de 24 horas dejaría de tener sentido y el tiempo tendría que medirse con relojes artificiales.

Quedarían alterados, de paso, nuestros ritmos biológicos. En un mundo sin rotación, el sueño, la atención y el estado de ánimo se desajustarían profundamente. Solo podríamos adaptarnos creando entornos artificiales de luz y oscuridad para seguir adelante.

¿Podríamos vivir en una Tierra que no gira?

A más largo plazo, a lo largo de millones de años, el campo magnético del planeta se debilitaría. Este campo nos protege del viento solar o radiaciones dañinas del espacio gracias al movimiento del hierro líquido existente en el núcleo terrestre. Sin rotación, ese escudo perdería eficacia y la radiación del Sol y del espacio afectarían a todo el planeta, especialmente a los seres vivos. Dañarían nuestro ADN y aumentaría el riesgo de enfermedades.

Por si fuera poco, en el hemisferio iluminado, las temperaturas extremas y la radiación constante del Sol harían muy difícil la vida, al evaporar el agua y alterar gravemente la atmósfera.

En el hemisferio nocturno, esa radiación podría manifestarse en auroras mucho más frecuentes y visibles fuera de las regiones polares. Como indica Cixin Liu en su cuento La Tierra errante, este hemisferio sería muy frío, tanto que el oxígeno y el nitrógeno se solidificarían en la superficie.

Así que ya sabes: la próxima vez que veas un amanecer, recuerda lo importante del movimiento invisible de nuestra Tierra. Gracias a él son posibles el día y la noche continuos, el clima, el tiempo y toda la vida que conocemos.


El museo interactivo Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Júnior.


The Conversation

Julio Ballesta Claver no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. ¿Qué pasaría si la Tierra dejara de girar? – https://theconversation.com/que-pasaria-si-la-tierra-dejara-de-girar-275135

De Caracas a Teherán: la diplomacia de Trump y su impacto en los mercados de hidrocarburos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas

Clare Louise Jackson/Shutterstock

A principios de 2026 el petróleo cotizaba a 60 dólares por barril, su nivel más bajo en los últimos cuatro años, en medio de expectativas de precios a la baja y un aparente exceso de oferta mundial. Las expectativas de que la intervención estadounidense en Venezuela impulsara la extracción contuvieron los precios, que ni siquiera los esfuerzos de la OPEP+ lograron elevar. Sin embargo, en las últimas semanas el barril ha alcanzado los 70 dólares, reflejando las nuevas tensiones en Oriente Medio.

¿’Déjà vu’ de enero?

La amenaza de Donald Trump de escalar el conflicto militar con Irán ha adquirido en las últimas semanas un tono cada vez más agresivo. Los despliegues navales y aéreos en Oriente Medio recuerdan a las movilizaciones de Washington en Venezuela del pasado enero y al despliegue ruso en la frontera ucraniana hace cuatro años. Una vez que están movilizados equipos y buques, retirarlos sin entrar en combate resulta políticamente costoso, con el riesgo de que la amenaza pierda credibilidad si no desemboca en acciones.

Mientras tanto, las negociaciones entre las autoridades estadounidenses e iraníes en Ginebra sobre el enriquecimiento de uranio siguen estancadas. Los dirigentes iraníes se mantienen firmes y rechazan concesiones significativas, posponiendo cualquier avance.

Queda la incógnita de cómo se desarrollaría una posible intervención estadounidense. La retórica de Trump y el intenso despliegue militar sugieren que su estrategia sería derrocar al régimen de Teherán y ejercer una presión máxima similar a la observada en Venezuela, sustituyendo al líder supremo Ali Khamenei por una figura que esté dispuesta a seguir las órdenes de la Casa Blanca.

El estrecho de Ormuz, epicentro del riesgo… otra vez

Las tensiones entre Trump e Irán se han trasladado inmediatamente a los mercados energéticos a través de la “prima de riesgo geopolítico”, el sobrecoste financiero generado por la inestabilidad y las tensiones.

Un elemento clave es el estrecho de Ormuz: cualquier riesgo de conflicto en la región genera una prima de riesgo porque por ese paso transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, proveniente de los grandes exportadores del Golfo –Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos– y una cuarta parte del gas natural licuado (GNL), mayormente procedente de Catar.

Aunque un conflicto armado podría interrumpir el comercio en el estrecho de forma parcial –de hecho, Irán anunció la semana pasada su cierre temporal para la realización de ejercicios militares–, un cierre total y prolongado de Ormuz es poco probable, tanto por razones militares como económicas. Geográficamente, el estrecho es relativamente ancho y sus rutas de navegación se encuentran en aguas de Irán y Omán, no es un cuello de botella estrechísimo que se pueda bloquear con un par de barcos.

Además, el bloqueo prolongado significaría un suicidio económico para Irán. Su economía depende en gran medida del tránsito libre de mercancías, hidrocarburíferas y no hidrocarburíferas, a través del estrecho. Aunque el país envía al exterior cerca de 23 millones de toneladas de trigo al año, también necesita importar grandes volúmenes de productos agrícolas para abastecer su mercado interno. En caso de cierre, se dispararía el precio del petróleo, pero también devastaría sus ingresos y podría arrastrar a más países vecinos.

En el mercado de gas natural el impacto es más indirecto, pero igualmente relevante. Irán es un productor importante y comparte con Catar el mayor yacimiento del mundo. Las sanciones o posibles daños en sus infraestructuras podrían tensionar el mercado regional y reducir la oferta de GNL, afectando a Europa y Asia. Además, al ser el petróleo y el gas bienes sustitutivos, un repunte del petróleo suele incrementar también la cotización del gas.

El precio del gas natural de referencia en Estados Unidos (Henry Hub) ha registrado gran volatilidad en 2026, en parte debido a la ola de frío que azota al país. En el TTF neerlandés, el mercado gasista de referencia para Europa, el gas subió esta semana de los 29 € por megavatio hora a 33,5 €.

¿Estará Trump tensando la cuerda más de lo que le conviene?

Un bloqueo del estrecho, aunque fuera breve, encarecería el petróleo y crearía una espiral inflacionista global, incluida la de EE. UU. Dicho escenario sería incompatible con la prioridad de Trump de aliviar el alza de precios antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato para retener el máximo de escaños para los republicanos.

Sin embargo, la lógica política puede ser más compleja: la Casa Blanca podría confiar en que el shock fuese breve, liberando reservas estratégicas o pidiendo aumentos de producción a países aliados. Trump incluso podría confiar en que el coste económico fuese compensado por una política exterior exitosa. El problema es que los mercados hidrocarburíferos tienden a reaccionar con rapidez y a corregirse con lentitud, de modo que incluso una interrupción corta puede dejar efectos persistentes en las expectativas y precios.

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Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De Caracas a Teherán: la diplomacia de Trump y su impacto en los mercados de hidrocarburos – https://theconversation.com/de-caracas-a-teheran-la-diplomacia-de-trump-y-su-impacto-en-los-mercados-de-hidrocarburos-276683

De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Acosta Rico, Doctor en Antropología Social , Universidad de Guadalajara

El término completo en inglés para therians es therianthropic, que en su desglose etimológico significa animal salvaje (therion) y hombre (anthrōpos). El hombre animal o bestial, así sería su definición literal.

No es tan nuevo. Nos recuerda a Mowgli, el niño lobezno de El libro de la selva, o a Tarzán, el hombre mono. Personajes de la literatura, las historietas anglosajonas y el cine. Y he aquí, en los therians, a sus nuevos y contemporáneos reinventores.

Esta idea persistió en el mito de los licántropos u hombres lobos. Más que seres malignos, estos fungían como guardianes de los bosques.

En tiempos más arcaicos y culturas animistas se creía en la igualdad espiritual entre bestias, plantas, hombres y cualquier otra manifestación de la naturaleza. El nahual, conectado con el animal totémico de la tribu, podía, simbólicamente, romper su forma humana y transformarse chamánicamente en el oso, el cuervo, el lobo o el ciervo. Todo ello envuelto en la sacralidad.

Sobre el tema se puede revisar la obra clásica de Mircea Eliade: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.

Mito y envidia del animal

El movimiento therian no se remonta directamente a estas épocas. Pero si es una reminiscencia de esa ancestral conexión, mezclada con algo de la envidia que ha sentido el hombre por el animal.

Lo vemos en el mito de Epimeteo, el titán que, por encomienda de Zeus, repartió todos los dones a los animales de la creación. El último en la fila, el hombre, no recibió nada. Ni garras afiladas, ni alas, ni colmillos. Un ser indefenso al que rescata otro titán, Prometeo, con el fuego y la razón robados a los dioses.

Esta envida ancestral es superada gracias al imperio de la fe cristiana y sus dos caras. Por un lado, la teocéntrica: Dios, el dispensador de vida, el referente y dador de sentido. Y, por otro, la antropocéntrica, con el hombre Dios encarnado en el Cristo Jesús.

Antes de los therians fue el carnaval

Como dato curioso, cabe recordar que en el Medievo existían precedentes de therians, con permisos acotados para ejercer su vinculación con las bestias. Con la máscara de la bestia que mejor simbolizaba su proclividad pecadora, desfilaban en el carnaval hombres y mujeres disfrazados de cabras lujuriosas, cerdos glotones o urracas chismosas. Se puede consultar el capítulo sobre el significado de las fiestas carnavalescas del libro Símbolos fundamentales de las ciencias sagradas, de René Guénon.

Tuvo que morir Dios, por el imperio de la razón, la ciencia y la tecnología, para que el ser humano, ahora hijo de “natura” y esculpido por la evolución, fuera plenamente libre. Libre moral y ontológicamente. Libre de todo esencialismo creacionista, dispuesto a soñar con toda licencia en ser, deconstruidamente, lo que le viniera en gana.

Soy lo que dicta mi autopercepción. ¿Y si me percibo como un animal desafiando todo humanismo antropocéntrico? ¿Qué me lo impide? Es así como surge, en plena modernidad, allá por los años 90 del siglo pasado, el movimiento therian, en el marco del temprano internet.

La postmodernidad arrastra cierto pesimismo a manera de desencanto de las promesas de la modernidad. El hombre, emancipado de Dios, tomó posesión de “natura” cual tierra de conquista. La misma que, fiel al credo del progreso, expolió hasta el límite. En el afán de crear su propio paraíso terrenal empleando el musculo tecno-científico, conjuró la distopía del cambio climático, del desastre ecológico. Es el antropocentrismo de la modernidad, depredando el mundo sin conciencia.

Generaciones como los milenial y los centenial han reaccionado avergonzándose de su humanidad. Renegaron del piramidal especismo, que colocaba al ser humano en la cumbre de la cadena alimenticia.

Esta misantropía con causa animó al movimiento therian, todavía marginal. Abjurar de mi propia humanidad, comprendiendo que podemos aprender de la sencillez instintiva del animal. En esa admiración moral, algunos vieron viable mimetizarse con las bestias.

Hijos del poshumanismo

Aunque los therians no tienen de momento un credo oficial, podemos atribuirles, uno por uno, los rasgos antropológicos y culturales de su movimiento, que sería el poshumanismo.

Carente de una esencia o forma arquetípica, el poshumanismo dice que el ser humano es un ser arrojado, por naturaleza, al mundo sin un plan o destino. Inexorablemente, está en constante transformación evolutiva. Carente de definición, puede convertirse en cualquier cosa, accidental o deliberadamente.

El therian decide parcialmente identificarse con un animal y las circunstancias culturales lo facultan para hacerlo. Le dan la justificación para montar su postmoderno carnaval, pero no como oda al pecado. Su mascarada es más un juego de niños menores que aman y admiran, no chamánicamente, un animal.

Antes que los therians, los furros, quienes muy probablemente sean sus antecesores en el mundo friki, surgido en este caso entre la comunidad otaku (seguidores y admiradores de la cultura pop japonesa), figuraban en ese mundo cultural como los más repudiados.

“El “furro”, más estético y lúdico

El “furro”, por un asunto estético y lúdico, gusta de disfrazarse de personajes de animales antropomórficos de anime o manga, como los populares Beastar o Retsuko.

Rechazados dentro de la subcultura del cosplay (afición por disfrazarse de personajes de ficción), el furro no lanza manifiestos ni desnuda su alma hablando de su identidad animal. Gusta de ir a convenciones de cómic, vistiendo sus botargas de tiernos personajes de animación.

En contraste con la discrecionalidad del furro, el therian busca escaparate y micrófono sobre todo en las redes sociales e intenta formar manada con otros iguales, que portan máscaras de zorro, perro, gato, etc.

El repudio a los therians los ha puesto en el disparadero como parte del catálogo de neurodivergentes de esta postmodernidad. Pero, sin exageraciones ni alarmismos, no pasan de ser una tribu urbana. Una de muchas, generada por las condiciones culturales, sociales, antropológicas y hasta religiosas de esta modernidad liquida.

No son la joven vanguardia del galopante transhumanismo. Lo suyo no pasa de ser un pasatiempo pueril que hace reminiscencia con el ancestral animismo. Una fusión del primitivo chamanismo con el moderno poshumanismo.

Dando un vaticinio, es muy probable que los therians, igual que ocurrió con los emos, sean sólo una moda pasajera que se magnificó como movimiento de tribu urbana gracias a las redes sociales y a internet. La red siempre esta ávida de sensacionalismo y exotismo y los therians calificaron para ser la noticia del momento, hasta que otra excentricidad de la postmodernidad los destrone.

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Fabian Acosta Rico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal – https://theconversation.com/de-licantropos-y-nahuales-a-furros-y-therians-la-identidad-humana-siempre-fue-un-poco-animal-276608