De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Fabian Acosta Rico, Doctor en Antropología Social , Universidad de Guadalajara

El término completo en inglés para therians es therianthropic, que en su desglose etimológico significa animal salvaje (therion) y hombre (anthrōpos). El hombre animal o bestial, así sería su definición literal.

No es tan nuevo. Nos recuerda a Mowgli, el niño lobezno de El libro de la selva, o a Tarzán, el hombre mono. Personajes de la literatura, las historietas anglosajonas y el cine. Y he aquí, en los therians, a sus nuevos y contemporáneos reinventores.

Esta idea persistió en el mito de los licántropos u hombres lobos. Más que seres malignos, estos fungían como guardianes de los bosques.

En tiempos más arcaicos y culturas animistas se creía en la igualdad espiritual entre bestias, plantas, hombres y cualquier otra manifestación de la naturaleza. El nahual, conectado con el animal totémico de la tribu, podía, simbólicamente, romper su forma humana y transformarse chamánicamente en el oso, el cuervo, el lobo o el ciervo. Todo ello envuelto en la sacralidad.

Sobre el tema se puede revisar la obra clásica de Mircea Eliade: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.

Mito y envidia del animal

El movimiento therian no se remonta directamente a estas épocas. Pero si es una reminiscencia de esa ancestral conexión, mezclada con algo de la envidia que ha sentido el hombre por el animal.

Lo vemos en el mito de Epimeteo, el titán que, por encomienda de Zeus, repartió todos los dones a los animales de la creación. El último en la fila, el hombre, no recibió nada. Ni garras afiladas, ni alas, ni colmillos. Un ser indefenso al que rescata otro titán, Prometeo, con el fuego y la razón robados a los dioses.

Esta envida ancestral es superada gracias al imperio de la fe cristiana y sus dos caras. Por un lado, la teocéntrica: Dios, el dispensador de vida, el referente y dador de sentido. Y, por otro, la antropocéntrica, con el hombre Dios encarnado en el Cristo Jesús.

Antes de los therians fue el carnaval

Como dato curioso, cabe recordar que en el Medievo existían precedentes de therians, con permisos acotados para ejercer su vinculación con las bestias. Con la máscara de la bestia que mejor simbolizaba su proclividad pecadora, desfilaban en el carnaval hombres y mujeres disfrazados de cabras lujuriosas, cerdos glotones o urracas chismosas. Se puede consultar el capítulo sobre el significado de las fiestas carnavalescas del libro Símbolos fundamentales de las ciencias sagradas, de René Guénon.

Tuvo que morir Dios, por el imperio de la razón, la ciencia y la tecnología, para que el ser humano, ahora hijo de “natura” y esculpido por la evolución, fuera plenamente libre. Libre moral y ontológicamente. Libre de todo esencialismo creacionista, dispuesto a soñar con toda licencia en ser, deconstruidamente, lo que le viniera en gana.

Soy lo que dicta mi autopercepción. ¿Y si me percibo como un animal desafiando todo humanismo antropocéntrico? ¿Qué me lo impide? Es así como surge, en plena modernidad, allá por los años 90 del siglo pasado, el movimiento therian, en el marco del temprano internet.

La postmodernidad arrastra cierto pesimismo a manera de desencanto de las promesas de la modernidad. El hombre, emancipado de Dios, tomó posesión de “natura” cual tierra de conquista. La misma que, fiel al credo del progreso, expolió hasta el límite. En el afán de crear su propio paraíso terrenal empleando el musculo tecno-científico, conjuró la distopía del cambio climático, del desastre ecológico. Es el antropocentrismo de la modernidad, depredando el mundo sin conciencia.

Generaciones como los milenial y los centenial han reaccionado avergonzándose de su humanidad. Renegaron del piramidal especismo, que colocaba al ser humano en la cumbre de la cadena alimenticia.

Esta misantropía con causa animó al movimiento therian, todavía marginal. Abjurar de mi propia humanidad, comprendiendo que podemos aprender de la sencillez instintiva del animal. En esa admiración moral, algunos vieron viable mimetizarse con las bestias.

Hijos del poshumanismo

Aunque los therians no tienen de momento un credo oficial, podemos atribuirles, uno por uno, los rasgos antropológicos y culturales de su movimiento, que sería el poshumanismo.

Carente de una esencia o forma arquetípica, el poshumanismo dice que el ser humano es un ser arrojado, por naturaleza, al mundo sin un plan o destino. Inexorablemente, está en constante transformación evolutiva. Carente de definición, puede convertirse en cualquier cosa, accidental o deliberadamente.

El therian decide parcialmente identificarse con un animal y las circunstancias culturales lo facultan para hacerlo. Le dan la justificación para montar su postmoderno carnaval, pero no como oda al pecado. Su mascarada es más un juego de niños menores que aman y admiran, no chamánicamente, un animal.

Antes que los therians, los furros, quienes muy probablemente sean sus antecesores en el mundo friki, surgido en este caso entre la comunidad otaku (seguidores y admiradores de la cultura pop japonesa), figuraban en ese mundo cultural como los más repudiados.

“El “furro”, más estético y lúdico

El “furro”, por un asunto estético y lúdico, gusta de disfrazarse de personajes de animales antropomórficos de anime o manga, como los populares Beastar o Retsuko.

Rechazados dentro de la subcultura del cosplay (afición por disfrazarse de personajes de ficción), el furro no lanza manifiestos ni desnuda su alma hablando de su identidad animal. Gusta de ir a convenciones de cómic, vistiendo sus botargas de tiernos personajes de animación.

En contraste con la discrecionalidad del furro, el therian busca escaparate y micrófono sobre todo en las redes sociales e intenta formar manada con otros iguales, que portan máscaras de zorro, perro, gato, etc.

El repudio a los therians los ha puesto en el disparadero como parte del catálogo de neurodivergentes de esta postmodernidad. Pero, sin exageraciones ni alarmismos, no pasan de ser una tribu urbana. Una de muchas, generada por las condiciones culturales, sociales, antropológicas y hasta religiosas de esta modernidad liquida.

No son la joven vanguardia del galopante transhumanismo. Lo suyo no pasa de ser un pasatiempo pueril que hace reminiscencia con el ancestral animismo. Una fusión del primitivo chamanismo con el moderno poshumanismo.

Dando un vaticinio, es muy probable que los therians, igual que ocurrió con los emos, sean sólo una moda pasajera que se magnificó como movimiento de tribu urbana gracias a las redes sociales y a internet. La red siempre esta ávida de sensacionalismo y exotismo y los therians calificaron para ser la noticia del momento, hasta que otra excentricidad de la postmodernidad los destrone.

The Conversation

Fabian Acosta Rico no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. De licántropos y nahuales a ‘furros’ y ‘therians’: la identidad humana siempre fue un poco animal – https://theconversation.com/de-licantropos-y-nahuales-a-furros-y-therians-la-identidad-humana-siempre-fue-un-poco-animal-276608

Más allá de la mirada: ‘Sorda’, ‘Sirāt’ y el poder del sonido cinematográfico

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Manuel Nicolás Meseguer, Profesor titular del Departamento de Comunicación y Director del Aula de Cine, Universidad de Murcia

Imagen de la película _Sorda_. Distinto Films

Dos de las películas españolas más relevantes de 2025, Sorda, de Eva Libertad, y Sirāt, de Oliver Laxe, han situado el sonido en el centro de su desarrollo, hasta el punto de que esta última también ha sido nominada al Óscar a Mejor Sonido. Son obras muy distintas, pero en ambas el tratamiento sonoro ocupa un lugar estructural.

La dimensión sonora es consustancial al lenguaje cinematográfico y su relevancia narrativa, expresiva y sensorial resulta incuestionable. Cuanto más sólido es un proyecto y más riguroso es el trabajo de puesta en escena, mayor atención se concede al diseño sonoro y a su potencial expresivo.

Sin embargo, la atención consciente del espectador al plano sonoro sigue siendo menor que la que presta al plano visual. Se suele decir que la audiencia solo se da cuenta del sonido cuando es malo. Conviene recordar también que solo en una sala de cine, con las condiciones acústicas y técnicas para las que fue concebida la película, puede apreciarse plenamente su experiencia sonora. El minucioso y costoso trabajo de diseño, edición y mezcla está pensado para ese entorno. En el ámbito doméstico, lo que escuchamos es necesariamente una versión reducida de ese trabajo.

¿Seguro que una imagen vale más que mil palabras?

Pocas frases están tan gastadas como esa que asegura que “una imagen vale más que mil palabras”. Una palabra, un silencio, una melodía o una atmósfera sonora pueden poseer la misma potencia estética que cualquier imagen. El valor narrativo o expresivo de un elemento visual o sonoro no depende de la cantidad de estímulos ni de su espectacularidad, sino de su pertinencia dentro del proceso comunicativo.

Nuestra experiencia cotidiana lo confirma: el oído es esencial en la percepción del mundo. El oído construye espacio, anticipa presencias, genera memoria y activa emociones.

Cuando el sonido tomó la palabra

La irrupción del sonido sincronizado en 1927 transformó radicalmente la historia del cine. El cambio afectó a las profesiones creativas –guionistas, intérpretes, directores, músicos– y a los oficios técnicos y de producción. A partir de entonces no bastaba con controlar la luz: también había que dominar el registro y el montaje del sonido. Cambiaron las infraestructuras y se transformó la experiencia del espectador.

Con la banda sonora –conformada por palabras, efectos, atmósferas, música y silencio– el control emocional adquirió una precisión inédita. El montaje incorporó un nuevo instrumental expresivo que ampliaba las posibilidades de significación. No hubo vuelta atrás. Incluso cineastas que han optado por películas prácticamente “no habladas”, como Jacques Tati, Michel Hazanavicius o Pablo Berger, han hecho un uso extraordinariamente creativo del sonido.

Desde entonces, la cuestión no ha sido si el sonido es importante, sino cómo se integra en la construcción del sentido.

‘Sorda’ y la quiebra del punto de escucha

Sorda, escrita y dirigida por Eva Libertad y protagonizada por Miriam Garlo y Álvaro Cervantes, se estrenó en la sección Panorama de la Berlinale en febrero de 2025. La protagonista del film es Ángela, una mujer sorda que afronta la conmoción vital de la maternidad junto a su pareja oyente, Héctor. Con este punto de partida, la percepción sonora se sitúa en el centro de la experiencia.

Ángela nos coloca en la posición de quien debe “escuchar con la mirada”. En su rostro percibimos la dificultad de seguir el ritmo comunicativo de las personas oyentes. La secuencia del parto, con mucha gente hablando a la vez incluso con mascarilla, adquiere una intensidad particular. Igualmente, la de la sobremesa con los compañeros de trabajo de Héctor resulta exasperante. La lectura labial no basta; los audífonos le generan malestar. En los entornos oyentes, el personaje encarna una fricción constante, bien por sobreprotección o bien por una inconsciente falta de consideración.

A lo largo de la primera mitad, la película apela a la empatía del espectador, dirigiendo su mirada hacia situaciones que evidencian la entrañable complicidad de los protagonistas y las actitudes de empoderamiento de Ángela.

Sin embargo, las sensaciones de seguridad de la protagonista se van deteriorando y en el tramo final se produce una ruptura decisiva: se quiebra el “punto de escucha”, utilizando el término del teórico Michel Chion. El espectador es situado abruptamente en la perspectiva auditiva de Ángela. La operación desestabiliza la narración y convierte el silencio en experiencia física. No se trata de una mera ausencia de sonido, sino de un desplazamiento perceptivo que conduce al espectador oyente a una experiencia sensorial que lo vuelve a conectar con Ángela.

La decisión es arriesgada porque altera la comodidad del relato y expone al espectador a una percepción que le es extraña. El sonido –o su supresión– se convierte así en herramienta ética además de estética.

‘Sirāt’: un (alta)voz clama en el desierto

Sirāt, dirigida por Oliver Laxe a partir de un guion coescrito con Santiago Fillol, se estrenó en la Selección Oficial del Festival de Cannes en mayo de 2025. En su recorrido por el desierto, la película reúne a un grupo de raveros y a un padre que, acompañado por su hijo pequeño, busca a su hija. El destino común es una rave perdida entre Marruecos y Argelia. A medida que avanzan, los vehículos, con sus pasajeros, van quedando a la deriva.

En este trayecto exterior e interior, el sonido construye el espacio y la historia tanto como la imagen. En puntos decisivos de la trama, como el momento en el que un grupo de vehículos decide escapar de la escolta militar, la realidad suena en su crudeza y simplicidad. Los ruidos de motores, las bocinas y la fricción de los neumáticos sobre los caminos pedregosos ofrecen un espectáculo épico junto a las imágenes de los camiones a la carrera envueltos por una nube de arena.

Además, el minucioso diseño de sonido de la película entrelaza de forma orgánica esos sonidos ásperos de un entorno hostil con la música trance y drone creada por Kangding Ray. En el inicio del film, los altavoces abren la puerta a la música techno y nos hacen compartir de forma explícita el trance de los que participan en la rave. Desde ese momento, los altavoces acompañan a los protagonistas en su viaje y contribuyen a que la presencia de la música fluya entre lo diegético (que sucede dentro de la película) y lo extradiegético (que solo ocurre para los espectadores) hasta el desenlace.

Es lo que sucede en momentos tan fascinantes como el que nos hace transitar entre las sensaciones místicas de los fieles musulmanes que giran alrededor de la Kaaba (en La Meca) y los camiones rodando por el desierto mientras aparece sobreimpreso el título de la película alrededor del minuto 29.

La experiencia sonora de Sirat, por tanto, articula intensas sensaciones físicas, con emociones viscerales y momentos de conmoción, contribuyendo decisivamente a convertir el viaje en experiencia mística y trascendental.

El cine desde la escucha

Sorda y Sirāt colocan la sensibilidad auditiva en el centro de la experiencia cinematográfica. En ambos casos, el dispositivo sonoro forma parte del relato y se manifiesta de manera explícita, convirtiéndose en una herramienta esencial para que cada película alcance sus objetivos.

En Sorda, se trata de que el espectador reconozca otras formas de conocer el mundo y contribuya a ampliar –y hacer más inclusivo– nuestro ecosistema comunicativo.

En Sirāt, el sonido nos hace participar sensorial y espiritualmente del viaje de los personajes. Los ritmos repetitivos de la música se funden con la realidad y generan una atmósfera envolvente que, como respuesta al impacto emocional de los sucesos, invita a una calmada introspección.


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Manuel Nicolás Meseguer no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Más allá de la mirada: ‘Sorda’, ‘Sirāt’ y el poder del sonido cinematográfico – https://theconversation.com/mas-alla-de-la-mirada-sorda-sirat-y-el-poder-del-sonido-cinematografico-275985

¿Se ha descubierto la primera “luna” fuera del sistema solar?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Carlos Vázquez Monzón, Profesor Ayudante Doctor, especializado en Astrofísica y Astrodinámica, Universidad Loyola Andalucía

“Exoluna” orbitando su planeta (imagen artística). NASA, ESA, and L. Hustak (STScI)., CC BY

En los últimos meses, la comunidad astronómica se ha visto sacudida por una pregunta que muchos aficionados al cosmos se han planteado alguna vez: ¿existen lunas alrededor de planetas fuera del sistema solar? Aunque ya se han confirmado más de 6 000 exoplanetas, hasta ahora ninguna luna extrasolar había sido verificada de forma concluyente. Sin embargo, recientes observaciones sugieren que podríamos estar acercándonos a ese esperado hito científico.

El protagonista de esta historia es HD 206893 B, un objeto masivo situado a unos 133 años luz de la Tierra, en la constelación de Capricornio. Con una masa estimada de unas 23 veces la de Júpiter, se encuentra en una región difusa de la clasificación astronómica, a medio camino entre un planeta gigante y una enana marrón. Observado desde hace años captando directamente su luz con grandes telescopios, este mundo ya era peculiar por su atmósfera rica en polvo y por su juventud.

Ahora, además, ha revelado un movimiento inesperado: un sutil “vaivén” que podría delatar la presencia de un cuerpo acompañante.

Exoplaneta HD 206893 B, con su “luna”.
NASA, CC BY

Cómo se ha “visto” lo invisible

Detectar una luna alrededor de un exoplaneta es un reto formidable. Los planetas suelen descubrirse cuando transitan frente a su estrella o cuando su gravedad hace oscilar ligeramente a la estrella anfitriona. Las lunas, en cambio, son mucho más pequeñas y sus efectos, mucho más débiles. En el sistema solar, los satélites son omnipresentes, pero extrapolar esa experiencia a otros sistemas ha resultado extremadamente difícil.

En este caso, los investigadores han utilizado una técnica llamada astrometría, que consiste en medir con extrema precisión pequeños cambios en la posición de un objeto. Para ello, emplearon el instrumento GRAVITY, instalado en el Very Large Telescope Interferometer (VLTI), en el desierto de Atacama. Este sistema combina la luz de varios telescopios para alcanzar una precisión extraordinaria, capaz de medir desplazamientos diminutos.

El análisis de los datos reveló un pequeño movimiento de ida y vuelta del exoplaneta que se repite cada nueve meses. Ese “bamboleo” es coherente con la idea de que no se mueve solo, sino que está siendo perturbado por otro cuerpo que lo orbita. A diferencia de otros métodos, aquí no se detecta directamente la luz del supuesto satélite, sino su influencia gravitatoria sobre el planeta anfitrión.

Más grande de lo esperado

Si este objeto adicional es realmente una luna, se trataría de algo radicalmente distinto a cualquier satélite conocido. Las estimaciones preliminares apuntan a una masa de alrededor de 0,4 veces la de Júpiter, casi nueve veces la masa de Neptuno. Para hacernos una idea, la masa de la luna más grande del sistema solar, Ganímedes, es apenas una fracción diminuta de la masa de la Tierra.

Un satélite tan masivo plantea preguntas fundamentales. ¿Tiene sentido llamarlo “luna” o sería más apropiado hablar de un sistema binario de dos cuerpos gigantes? La distinción no es meramente terminológica. Las lunas regulares del Sistema Solar se forman en discos de material alrededor de los planetas, pero generar un objeto de semejante tamaño requeriría condiciones extremas o mecanismos alternativos, como la formación conjunta de ambos cuerpos a partir del mismo colapso gravitatorio.

La posible existencia de una exoluna tan masiva obligaría a revisar los modelos actuales de formación de satélites. También reforzaría la idea de que la arquitectura de los sistemas planetarios puede ser mucho más diversa de lo que sugiere nuestro propio vecindario cósmico. En este sentido, HD 206893 B se suma a una creciente lista de objetos que desafían las categorías tradicionales y difuminan la frontera entre planetas y estrellas fallidas.

¿Es realmente una exoluna?

Aquí es donde la prudencia se vuelve esencial. Aunque los datos son sugerentes, los propios autores del estudio subrayan que no se trata de una confirmación definitiva. La señal detectada podría deberse, en principio, a efectos instrumentales, a variaciones orbitales más complejas o a limitaciones en los modelos empleados para interpretar los datos.

La cautela está respaldada por precedentes. En el pasado, candidatos a exolunas alrededor de Kepler-1625b o Kepler-1708b generaron gran expectación, pero análisis posteriores arrojaron resultados ambiguos o, incluso, negativos. A ellos, se suma el caso de WASP‑49b, donde señales espectroscópicas inusuales –como una nube de sodio desplazada– han sido interpretadas por algunos estudios como posibles indicios indirectos de un satélite, aunque sin consenso ni confirmación definitiva.

La historia reciente recuerda que, en ciencia, las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

Por qué importa

Más allá del impacto mediático, este posible hallazgo es relevante por varias razones. Demuestra el poder de nuevas técnicas observacionales para explorar fenómenos antes inalcanzables y abre una vía independiente a los métodos clásicos de detección. Además, amplía nuestro marco teórico sobre cómo se forman y evolucionan planetas y satélites.

Las lunas también ocupan un lugar especial en la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Aunque el caso de HD 206893 B es demasiado extremo para albergar condiciones habitables, cada nuevo descubrimiento contribuye a comprender mejor la diversidad de entornos que existen en la galaxia.

Así, a pesar de que todavía no hay una exoluna confirmada, el posible compañero de HD 206893 B sitúa a la astronomía en un momento especialmente estimulante. Las próximas observaciones y el escrutinio riguroso de la comunidad científica decidirán si estamos ante una ilusión pasajera o ante el primer ejemplo real de una luna más allá del sistema solar. Mientras tanto, conviene seguir esta historia de cerca: podría marcar el inicio de una nueva etapa en la exploración de otros mundos.

The Conversation

Carlos Vázquez Monzón ha recibido fondos de la Unión Europea-NextGenerationEU, y de la Xunta de Galicia bajo la beca ED 431B 2020/38

– ref. ¿Se ha descubierto la primera “luna” fuera del sistema solar? – https://theconversation.com/se-ha-descubierto-la-primera-luna-fuera-del-sistema-solar-274867

‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto González Casarrubios, Doctorando en Zoología, Universidad Complutense de Madrid

Fósil de _Paleodictyon_, probablyemente _P. imperfectum_, hallado en roca sedimentaria en Punta de San García, Campo de Gibraltar, Algeciras. Wikimedia Commons., CC BY

La vida en la Tierra lleva evolucionando desde hace, al menos, 3 500 millones de años, la mayoría de los cuales ha sido en los océanos. Hasta ahora, una de las mejores herramientas para reconstruir quién vivió y cómo lo hizo han sido los fósiles: restos de organismos pretéritos que han quedado atrapados en rocas sedimentarias.

Sin embargo, los organismos biológicos no solo somos un cuerpo o una anatomía, sino también lo que hacemos con él. Los organismos construyen (y construimos) casas, nidos, trampas, galerías y dejamos huellas de nuestra actividad en el ambiente.

Cuando lo que se conserva en la roca no es el cuerpo del animal, sino el rastro fosilizado de su actividad, hablamos de icnofósiles o fósiles traza. La disciplina encargada de descifrarlos, la paleoicnología, intenta leer estos comportamientos congelados en el tiempo.

El catálogo de icnofósiles es inmenso. De muchos de ellos conocemos al “autor” con certeza, pero en otros casos, el organismo productor sigue siendo una incógnita. Y, entre esos misterios sin resolver, destaca uno por encima de todos.

Palaeodictyon hallado en el río Savio, Italia, perteneciente al mioceno.
Wikimedia Commons., CC BY

Patrones regulares en el mar profundo

Pocos fósiles traza son tan reconocibles como Paleodictyon. A simple vista, parece un panal de abejas fosilizado; una red perfecta de celdas hexagonales. Sin embargo, no se trata de una huella dejada en superficie por un organismo, sino de un sistema de túneles horizontales, regulares e interconectados entre sí, que en ocasiones conectan con la superficie mediante pequeños pozos verticales. Lo que se ve en superficie es únicamente un patrón de agujeros en el sedimento que esconde un sistema oculto mucho más complejo.

Su patrón es tan llamativo que el primer registro visual de este “organismo” se atribuye a Leonardo da Vinci. En sus observaciones sobre los fósiles de los Apeninos, Da Vinci dibujó una serie de patrones hexagonales que coinciden con las redes de Paleodictyon. Sin embargo, el reconocimiento oficial no llegó hasta más de 300 años después, en 1850, cuando el naturalista italiano Giuseppe Meneghini describió formalmente el género en depósitos de flysch –rocas de origen sedimentario–, en Italia.

Esquema de Da Vinci (izquierda) y fósil real (derecha) de Paleodyction.
Alberto González, modificado de Baucon (2010) y Rona et al. (2009).

Durante el siglo XIX, la confusión reinó sobre su naturaleza. A menudo, se clasificaban como “fucoides”, creyéndose restos de algas primitivas.

Sin embargo, a medida que se multiplicaban los hallazgos, surgió una sorpresa mayor que su propia identidad: su asombrosa estabilidad temporal. Paleodictyon aparece en el registro fósil desde principios del Cámbrico (hace más de 500 millones de años) hasta el Eoceno (hace unos 35 millones de años). A diferencia de otros fósiles que surgen y desaparecen, este patrón se mantuvo estable durante eones.

El hallazgo de un fósil viviente

El fósil ya era misterioso de por sí, pero la historia guardaba un giro inesperado. En 1976, el oceanógrafo estadounidense Peter Rona, de la Universidad de Rutgers 8Estados Unidos), se encontraba analizando imágenes del fondo oceánico en el rift de Galápagos y el Atlántico profundo cuando algo captó su atención: cientos de agujeros impresos en el sedimento, con un patrón hexagonal.

Al principio, Rona pensó que sus colegas le estaban gastando una broma, pero tras descartar el engaño, se puso en contacto con los mejores biólogos marinos del momento, consultándoles sobre las extrañas marcas. La respuesta fue unánime; ninguno había visto un patrón similar. En 1978, publicó sus desconcertantes resultados, bautizando las marcas como obra de “invertebrados de identidad desconocida”.

La identificación llegó poco después y no vino de la biología, sino de la paleontología. Adolf Seilacher, un renombrado paleontólogo alemán, vio las fotografías de Rona y reconoció de inmediato lo que tenía delante. Se puso en contacto con el oceanógrafo con un mensaje revelador: aquello que las fotos mostraban “vivo” a miles de metros de profundidad era idéntico a Paleodictyon nodosum, un fósil del Eoceno que él mismo había estudiado.

Esquema de varios tipos de grafoglíptidos, grupo de icnofósiles al que pertenece Paleodictyon.
Alberto González, modificado de Rona et al. (2009).

La conclusión era asombrosa: el organismo desconocido que dejó su rastro en los sedimentos hace 500 millones de años seguía vivo hoy en día, dejando su impronta en sedimentos abisales. El rastro estaba fresco; ahora solo faltaba atrapar al arquitecto.

En búsqueda del arquitecto desconocido

A pesar de la magnitud del descubrimiento, Seilacher y Rona se toparon con un muro habitual en la ciencia: la financiación. La investigación del océano profundo es compleja y costosa y, en aquella época, financiar una expedición para buscar al autor de un fósil traza parecía imposible.

La suerte cambió en 1985, cuando el propio Rona y colaboradores descubrieron fuentes hidrotermales en la dorsal mesoatlántica. Este hallazgo multiplicó el interés y la financiación, lo que permitió realizar hasta cuatro expediciones de 1990 a 2003, incluida la realización de un documental para IMAX (Volcanoes of the Deep Sea).

Aprovechando estas campañas, Rona y Seilacher consiguieron estudiar las misteriosas marcas, que yacían a pocas millas de las fuentes hidrotermales.

Los investigadores tomaron multitud de fotografías, recolectaron numerosos testigos de sedimento para analizar su química y microbiología e, incluso, realizaron reconstrucciones 3D de la red.

El sumergible Alvin en 1978, un año después de su primera exploración de fuentes hidrotermales. El rack que aparece en la proa alberga contenedores de muestras.
Johlman / Wikimedia Commons., CC BY

Cara a cara en submarino

El momento culminante llegó con un experimento in situ, gracias al famoso sumergible DSV Alvin, rociaron un suave chorro de agua sobre un ejemplar de Paleodictyon para “barrer” la capa superficial, con el objetivo de encontrar el organismo responsable escondido en el sedimento.

Al despejarse la nube de fango, apareció lo que Seilacher había predicho: bajo los simples agujeros se escondía una red hexagonal de túneles idéntica a los fósiles de hace millones de años.

Los autores publicaron un extenso artículo con todos sus resultados, en 2009. Sin embargo, la victoria fue incompleta. Ni la observación submarina, ni el análisis de la muestra en superficie, ni la secuenciación genética posterior lograron encontrar al organismo. Tenían la estructura conservada, pero el autor no estaba allí.

Fotografía de Paleodictyon actual y reconstrucción 3D.
Alberto González, modificado de Durden et al., 2020 y Rona et al., 2009.

Distribución actual

Actualmente, Paleodictyon se encuentra en el registro fósil en sedimentos marinos de todos los continentes. Es una herramienta fundamental para los paleontólogos para datar capas geológicas y reconstruir océanos antiguos. Aunque su origen evolutivo se remonta a aguas más someras en el Cámbrico, con el tiempo migró hacia el mar profundo, donde parece haberse asentado.

En cuanto al organismo “vivo”, su presencia actual no se queda atrás. Se ha documentado en los tres grandes océanos, siempre en profundidades abisales: desde la dorsal mesoatlántica hasta la inmensa zona de fractura Clarion-Clipperton en el océano Pacífico, pasando por las dorsales del Índico.

Está en todas partes y, sin embargo, parece no estar en ninguna de sus “madrigueras”.

Un enigma global: teorías sobre su origen

Aunque se han realizado numerosos estudios, desde análisis de imágenes hasta modelos teóricos, todavía nadie ha conseguido detectar al autor de estas marcas. A día de hoy, la comunidad científica baraja tres hipótesis principales:

• Madriguera de invertebrado: propuesta por Seilacher, sugiere que el rastro es una madriguera excavada por un crustáceo o un animal vermiforme, que la utilizaría para el “cultivo” y la recolección de alimento microbiano.

• Protozoo macroscópico: en el mar profundo, son comunes unos organismos unicelulares de un tamaño considerable llamados xenofióforos (Xenophyophorea). Algunos de ellos presentan formas tubulares y viven enterrados en el sedimento. Esta teoría propone que la red no es una excavación, sino la impresión del cuerpo de uno de estos organismos.

Esponja hexantinélida fotografiada durante la expedición MANGAN 26 (SO317).
Alberto González et al.

• Esponja de vidrio: las esponjas hexantinélidas son comunes en el mar profundo, y se han descubierto especies que poseen una arquitectura esquelética interna con patrones hexagonales. Esta teoría sugiere que Paleodictyon es el esqueleto de una esponja adaptada a la vida infaunal –organismos que viven entre las partículas del sedimento en el medio acuático–.

Misterio por resolver

Todas las teorías tienen puntos sólidos y debilidades. No se conocen animales que realicen madrigueras hexagonales regulares y nunca se ha visto ningún crustáceo o animal vermiforme habitando u ocupando estos tubos. Tampoco se han encontrado las espículas de sílice características de las esponjas, además de que no parece la mejor estrategia para un organismo filtrador vivir bajo el sedimento.

La propuesta más razonable parece ser un protista desconocido, quizás emparentado con los xenofióforos (organismos unicelulares gigantes), pero la ausencia total de filamentos de citoplasma en el interior de los tubos impide confirmarlo. En definitiva, todas las propuestas son mera especulación.

El autor de estas marcas permanece desconocido hoy en día. Y no estamos hablando de una rareza biológica confinada a un rincón perdido. El océano profundo es el ecosistema más grande de la Tierra: cubre aproximadamente el 60 % de la superficie del planeta y representa más del 90 % del espacio habitable.

No sabemos qué es Paleodictyon en sí mismo, pero sí sabemos lo que significa para nosotros: un recordatorio bello y simétrico de los muchos misterios que quedan sin resolver en el mar profundo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ‘Paleodictyon’: el misterioso organismo que dibuja patrones en el mar profundo desde hace millones de años – https://theconversation.com/paleodictyon-el-misterioso-organismo-que-dibuja-patrones-en-el-mar-profundo-desde-hace-millones-de-anos-274866

Puede que no consuma suficiente creatina, pero eso no significa que deba suplementarse

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Alberto Pérez-López, Profesor Permanente Laboral. Ejercicio físico, Nutrición y Metabolismo., Universidad de Alcalá

Lazhko Svetlana/Shutterstock

La creatina está de moda. Al principio se asociaba con el deporte de alto rendimiento y los suplementos para aumentar la masa muscular, pero sus aplicaciones parecen ampliarse día a día. Cada vez surgen más estudios que plantean su utilidad en distintos contextos y poblaciones más allá del ámbito deportivo. No en vano esta molécula cumple funciones esenciales que van mucho más allá del gimnasio. Así, participa en la producción rápida de energía en músculos, cerebro y otros tejidos con alta demanda energética.

Como ocurre con casi todos los suplementos, la pregunta clave no debería ser cuánto tomar o cuándo hacerlo para obtener un beneficio. La cuestión inicial es algo mucho más básico: ¿estamos obteniendo suficiente creatina a través de la alimentación cotidiana?

La evidencia científica más reciente sugiere que, probablemente, una proporción significativa de la población no consume suficiente creatina. Esto es así especialmente en el caso de quienes consumen pocos alimentos de origen animal o siguen dietas basadas en plantas. ¿Significa eso que deberíamos tomar suplementos? Comencemos por el principio.

¿Qué es la creatina y por qué importa?

La creatina es un compuesto nitrogenado que el organismo sintetiza de manera natural. Lo hace en cantidades de alrededor de 1 gramo al día en adultos, principalmente en el hígado y los riñones. Se produce a partir de aminoácidos como arginina, glicina y metionina. También se obtiene a través de la dieta, a través del consumo de alimentos de origen animal, pues se almacena en el tejido muscular animal. Por el contrario, los alimentos vegetales (legumbres, cereales, frutas o verduras) no contienen prácticamente creatina.

En condiciones fisiológicas normales el organismo degrada alrededor 1-2% del total de creatina contenido en los músculos por día, unos 2-3 gramos dependiendo de la persona. Considerando que se recomienda ingerir entre 3-5 gramos al día de creatina,resulta necesario reponer entre 2 y 4 gramos diarios de creatina por medio de la alimentación.

En alimentos de origen animal, la creatina se encuentra en concentraciones moderadas:

  • Carne (ternera, cordero o pollo): entre 0,3 y 0,5 gramos por kilogramo de alimento.

  • Pescado (bacalao, atún o salmón): entre 0,3 y 0,5 gramos por kilogramo de alimento. Destacando el arenque con 0,6-0,8 gramos por kilogramo de alimento.

Traslademos estas cantidades a raciones reales. Para hacernos una idea, de manera general, un filete de ternera o salmón (200g) suele contener 0,8-1 g de creatina. Mientras que unos 200 gramos de arenques puede aportar hasta 1,8 gramos de creatina. Por tanto, en teoría, dos o tres raciones diarias de carne y/o pescado podrían cubrir el aporte dietético necesario para complementar la producción endógena (la que produce el organismo de manera natural).

Sin embargo, la realidad poblacional es más compleja.

A menos consumo de alimentos de origen animal, menos creatina

En las últimas décadas, muchas recomendaciones nutricionales han promovido dietas con mayor proporción de proteínas vegetales por razones de salud y sostenibilidad ambiental. Como consecuencia, el consumo de carne y pescado ha disminuido en los países occidentales.

Un análisis reciente de datos nacionales en Estados Unidos, tomados entre 1999 y 2018, incluyó a más de 89 000 participantes. Los resultados mostraron que la ingesta dietética de creatina ha descendido con el tiempo.

Además, aproximadamente dos tercios de la población consumían menos de 1 gramo diario, una cifra inferior a la cantidad estimada como necesaria para reponer las pérdidas diarias. El consumo medio de carne en algunos subgrupos resultó sorprendentemente bajo.

El impacto potencial de esta reducción es mayor en personas que siguen una alimentación vegetariana o vegana. Dado que la creatina se encuentra casi exclusivamente en tejidos animales, las dietas basadas en plantas aportan cantidades mínimas o nulas. Diversos estudios han mostrado que personas vegetarianas presentan menores concentraciones musculares de creatina y que incluso unas semanas sin consumo de carne o pescado pueden reducir las reservas intramusculares.

¿Importa realmente consumir poca creatina?

La creatina es ampliamente conocida por su papel en el rendimiento físico, pero su función en el cerebro está recibiendo creciente atención. El cerebro depende de sistemas de fosfocreatina para mantener la estabilidad energética durante periodos de alta demanda metabólica.

Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre menor ingesta dietética de creatina y peor rendimiento cognitivo en adultos mayores, incluyendo menor velocidad de procesamiento y memoria más débil.. Ensayos clínicos con suplementación también han mostrado beneficios modestos en determinadas tareas cognitivas, especialmente en situaciones de privación de sueño y en población vegetariana, aunque los resultados no son uniformes.

Estos hallazgos han llevado a proponer que la creatina podría considerarse un nutriente “condicionalmente esencial”. Esto significa que el organismo puede sintetizarla, pero no siempre en cantidades suficientes para optimizar funciones fisiológicas en todos los contextos o grupos poblacionales.

¿Deberíamos preocuparnos o suplementarnos?

No se trata de que toda la población necesite tomar suplementos. De hecho, en muchas ocasiones puede ser una pérdida de tiempo y dinero. Antes de hacerlo debemos analizar nuestra alimentación para determinar de forma objetiva si necesitamos ese suplemento o no.

Esta es una regla general para cualquier suplemento, y la creatina no es una excepción. Sin embargo, esta sustancia es una de las estudiadas en nutrición deportiva (junto con la cafeína) y su ingesta en dosis de entre 3 y 5 g/día se considera saludable.

Es más, la evidencia sugiere que una parte considerable de la población podría no estar alcanzando niveles óptimos únicamente a través de la dieta. En especial cuando hablamos de personas mayores e individuos con mayores demandas metabólicas por mayor actividad (deportistas, bomberos, militares, etc) o estar sometidos a diferentes tipos de estrés como alteraciones en sueño (trabajadores a turnos, personal sanitario o cuerpos de seguridad).

En estos grupos la suplementación podría ser una estrategia razonable para apoyar tanto la función muscular como, potencialmente, ciertos aspectos de la función cognitiva. No obstante, todavía se necesitan más estudios a largo plazo para establecer recomendaciones poblacionales formales.

Un nutriente poco visible en la transición alimentaria

También en personas que consumen una reducida cantidad de alimentos de origen animal la suplementación con creatina resulta interesante. La evidencia disponible indica que, especialmente en poblaciones que siguen dietas veganas y vegetarianas, las necesidades de creatina no terminan de cubrirse solo mediante la dieta.

Esto no invalida los beneficios demostrados de las dietas ricas en vegetales para la salud cardiovascular y metabólica. Sí invita a reflexionar sobre cómo asegurar el aporte adecuado de nutrientes menos visibles, como la creatina, en un contexto de transición hacia patrones alimentarios más sostenibles.

A medida que cambian nuestras recomendaciones dietéticas también conviene revisar qué micronutrientes pueden quedar en segundo plano. La creatina, a la luz de las evidencias disponibles, podría ser uno de ellos.

The Conversation

Alberto Pérez-López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Puede que no consuma suficiente creatina, pero eso no significa que deba suplementarse – https://theconversation.com/puede-que-no-consuma-suficiente-creatina-pero-eso-no-significa-que-deba-suplementarse-275415

Lo que el caso de Madrid nos enseña sobre la gestión de residuos: tratarlos no es suficiente

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nicolás Martínez Ramón, Investigador predoctoral en análisis de sistemas energéticos, IMDEA ENERGÍA

RomaMCS/Shutterstock

En 2035 solo el 10 % de los residuos municipales podrán acabar en vertedero, según el objetivo marcado por el Parlamento Europeo. Con menos de diez años por delante, España parte de una situación muy alejada de esta meta: cerca de la mitad de los residuos siguen recalando en en vertedero.

Abordar el tramo que falta hasta alcanzar el objetivo supone un gran esfuerzo, particularmente en aquellos municipios densamente poblados, donde las instalaciones de tratamiento de residuos se encuentran necesariamente cerca de las áreas residenciales.

Ejemplos de otros países europeos

En algunos lugares de Europa, este objetivo se ha alcanzado ya combinando distintos enfoques. Los Países Bajos son un ejemplo claro del uso intensivo de incineradoras. Tanto es así que en periodos puntuales han tenido que importar residuos de otros lugares para mantener la operación de las plantas.

Existen otros casos (por ejemplo, el modelo alemán) en los que se apuesta por sistemas de separación en origen altamente exigentes, acompañados de políticas públicas que reducen los impropios. Estos impropios son los materiales que se depositan en el contenedor equivocado y que dificultan el reciclaje. Aun así, tampoco en estos modelos se prescinde del tratamiento térmico del rechazo, es decir, de aquellos residuos que no pueden reciclarse ni aprovecharse en las primeras etapas de tratamiento. La diferencia no está tanto en las tecnologías disponibles como en dónde se sitúan los mayores esfuerzos en la gestión del sistema.

España presenta realidades muy diversas, desde pequeños municipios rurales hasta grandes áreas metropolitanas con combinaciones de distintas estrategias y tecnologías. En términos generales, la incineración es menos habitual que en los países del norte de Europa y se concentra sobre todo en las grandes ciudades.

El caso de Madrid

Madrid resulta interesante porque dispone de un sistema de tratamiento tecnológicamente complejo donde conviven plantas de reciclaje, compostaje, digestión anaerobia, vertedero e incineración.

Hoy en día, Madrid está todavía lejos del objetivo marcado por la Unión Europea: alrededor del 45 % de los residuos madrileños siguen terminando en vertedero. Buena parte de la reducción conseguida depende de que la incineradora de Valdemingómez opere prácticamente al límite de su capacidad.

Un paisaje verde con montículos y una infraestructura con chimeneas para la gestión de residuos
Parque de gestión de residuos de Valdemingómez.
IES MANUEL GARCÍA BARROS A ESTRADA – PONTEVEDRA/Flickr, CC BY-SA

Además, el cierre previsto de la incineradora en torno a 2035 obliga a plantear alternativas. Prescindir de ella sin una solución equivalente implicaría un aumento inmediato de la deposición en vertedero, mientras que su sustitución por tecnologías emergentes como la gasificación o la pirólisis –descomposición de los residuos a altas temperaturas en ausencia de oxígeno– abre un debate sobre hasta qué punto el problema puede resolverse únicamente desde el tratamiento.

Por todo ello, Madrid constituye un caso de estudio revelador a la hora de evaluar hasta qué punto un sistema apoyado en tecnologías de tratamiento avanzadas puede conseguir una reducción en el vertido sin cambios profundos en la generación de residuos y las políticas públicas que condicionan la aparición del rechazo.

¿Es más efectivo eliminar los residuos o evitarlos y reciclarlos?

Esta tensión entre tecnología y prevención supone un rasgo típico en la gestión de residuos, donde las respuestas se han apoyado principalmente en soluciones de tratamiento, frente a un avance menos ambicioso en las estrategias de prevención, reutilización y reciclaje de calidad.

En este sentido, un estudio que hemos liderado investigadores de la Unidad de Análisis de Sistemas de IMDEA Energía ha demostrado que, incluso sustituyendo la incineradora por tecnologías avanzadas de tratamiento como la gasificación y la pirólisis, un sistema de gestión de residuos como el de Madrid toparía con un límite estructural de alrededor del 40 % de tasa de vertido bajo escenarios optimistas de separación.

A pesar de ese límite, y aunque son necesarias otras soluciones, la incorporación de estas tecnologías resulta interesante dado que amplían la funcionalidad del sistema, contribuyendo a satisfacer la demanda de productos de alto valor como hidrógeno o combustibles circulares avanzados.

Los estudios identifican medidas eficaces para reducir estructuralmente la producción aguas arriba de residuos que no pueden reciclarse: fiscalidad que penalice envases complejos, una responsabilidad ampliada del productor más exigente o requisitos de ecodiseño, es decir, diseñar los productos desde el inicio para que generen menos impacto y sean más fáciles de desmontar y reciclar.




Leer más:
El plástico es inevitable, su desperdicio no


Estas medidas requieren marcos regulatorios de ámbito nacional o europeo, ya que afectan directamente al diseño y comercialización de los productos. Otras, en cambio, pueden activarse a escala local, una vez establecidos esos marcos, mediante el diseño de instrumentos económicos, sistemas de recogida más exigentes o incentivos vinculados a la calidad del residuo.

En este contexto se sitúa la reintroducción de la tasa de residuos urbanos en Madrid en 2023, en aplicación del principio de “quien contamina paga”. Todos los municipios de más de 5 000 habitantes tenían de plazo hasta el 2025 para implantar una tasa de basuras.

Aunque la obligación de implantar esta tasa deriva de la legislación estatal, su configuración a nivel municipal determina en gran medida su capacidad para modificar comportamientos y reducir los impropios.

Buscar las causas para aplicar soluciones

En definitiva, reducir el vertido no es una cuestión solo de elegir la “mejor” tecnología, sino también de abogar por un enfoque integral que actúe sobre las causas del problema. La experiencia muestra que, sin políticas públicas ambiciosas que actúen sobre la prevención, el diseño de productos y la calidad de los residuos que generamos, incluso las soluciones más avanzadas acabarán topando con los mismos muros.

La buena noticia es que las herramientas de apoyo a la gestión existen y están bien documentadas. Tanto modelos matemáticos para dirigir los sistemas de gestión de residuos hacia un desempeño más sostenible, como estrategias para empujar políticas públicas que reduzcan la presencia de impropios y rechazos. Combinar estas herramientas con innovación tecnológica permite no solo cumplir objetivos, sino también avanzar hacia un modelo de gestión de residuos más justo, capaz de contribuir a la transición energética y alineado con los principios de la economía circular.

The Conversation

Nicolás Martínez Ramón recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación.

Diego Iribarren Lorenzo participa en proyectos financiados por entidades como el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Unión Europea.

Javier Dufour Andía participa en proyectos financiados por entidades como el Ministerio de Ciencia e Innovación y la Unión Europea y es miembro del Executive Board de Hydrogen Europe Research

– ref. Lo que el caso de Madrid nos enseña sobre la gestión de residuos: tratarlos no es suficiente – https://theconversation.com/lo-que-el-caso-de-madrid-nos-ensena-sobre-la-gestion-de-residuos-tratarlos-no-es-suficiente-273311

¿Y si lo dejásemos todo y nos fuésemos al desierto? ‘Sirāt’ y la tentación de desaparecer de sí

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Sofía Esteban Moreno, Investigadora Predoctoral Teoría de la Literatura , Universidad de Valladolid

Dos de los _raveros_ de _Sirāt_ en pleno trance. BTEAM Pictures

Estamos solos en el desierto. Cielo sin fronteras, tierra sin agua. Todo es horizonte. ¿Cruzamos? Para no perderse, advertía María Zambrano en Los bienaventurados, hay que interiorizar el desierto, hacerlo carne en el alma y en los sentidos.

En la tradición islámica, el Sirāt es un puente escatológico, más fino que un cabello y más afilado que una espada, suspendido entre la condena y la salvación. No todos lo atraviesan. Con esta advertencia simbólica arranca la aclamada película homónima de Óliver Laxe. Lo que podría parecer una road movie se revela pronto como viaje iniciático hacia el límite interior.

Un padre, acompañado por su hijo, busca a su hija desaparecida entre jóvenes que cruzan el desierto marroquí de rave en rave. Pero aquí la desaparición no es necesariamente muerte ni tragedia. Es fuga. Es retirada. Es la tentación de desvincularse del mundo.

Un grupo de gente y dos camiones en el desierto.
Imagen promocional de Sirāt de Oliver Laxe, con los protagonistas en medio del desierto.
BTEAM Pictures

Desertar: una forma de exilio contemporáneo

Desertar es abandonar el campo de batalla. En Sirāt, esa palabra resuena literalmente cuando Tonin, con la pierna amputada, canta en tono lúdico “Le déserteur” de Boris Vian. La película muestra tres formas de exilio: la del ravero que se retira del mundo productivo en busca de comunión; la del desplazado por la guerra, expulsado sin elección; y la del peregrino que avanza hacia La Meca en busca de orientación. Tres deserciones distintas que convergen en el mismo desierto. Y quizás una cuarta, la deserción ontológica, la retirada del relato que nos sostiene para quedar expuestos, sin garantías, al misterio.

Sirāt convierte en imagen el nihilismo contemporáneo.

Mientras el ritmo techno propone suspensión, el mundo introduce guerra y controles militares. En la rave bailan también jóvenes con amputaciones. El rito los acoge. El trance actúa como un fármaco, remedio y veneno a la vez, amplificado por sustancias que prometen expansión. Los psicoactivos, escribe el sociólogo David Le Breton en Desaparecer de sí, son un filo de navaja: “el objetivo es vivir burlando la muerte, pero aceptando al mismo tiempo que algún día habrá que pagar un precio por ello”.

El trance no borra la violencia, pero abre un espacio precario donde incluso el cuerpo herido es integrado. Las heridas físicas y simbólicas, en lugar de fijarse como estigmas, se convierten en ritmo compartido, y por unos instantes dejan de doler.

La comunidad que surge ahí no se funda en identidades, sino en la necesidad de compartir cuando ya no se tiene nada. Lo que empieza como comunidad estética deviene comunidad de supervivencia. ¿Estamos ante una espiritualidad sin templo ni dogma, o ante su simulacro? ¿Puede surgir una forma de trascendencia en medio de la saturación y del exceso?

La rave como suspensión del yo

Le Breton llamó “desaparecer de sí” a ese deseo contemporáneo de suspender el peso de ser alguien. En sociedades donde debemos afirmarnos constantemente en nuestro personaje, surge la voluntad de ralentizar el pensamiento y dejar de representarnos ante los otros.

La rave en Sirāt ensaya esa ligereza. El techno no se escucha, se baila. La música de Kangding Ray es densa, industrial y casi mineral. La vibración es tectónica, como si el desierto marcara el pulso desde el subsuelo. En la estructura de los altavoces, plantados como monolitos tecnológicos en la arena, se dibuja una cruz; es un cruce de ejes donde la horizontalidad del ritmo roza una verticalidad simbólica. ¿No sostiene el DJ, como un oficiante, ese altar efímero?

La investigación continúa fuera del cine. En su instalación HU/هُوَ. Bailad como si nadie os viera en el Museo Reina Sofía, Laxe trabaja con el término árabe hu, asociado en la tradición sufí al aliento originario, a la vibración primera. Es una instalación audiovisual inmersiva que traslada las cuestiones espirituales y sensoriales planteadas en Sirāt al espacio museístico. El sonido, así entendido, dibuja una arquitectura invisible que ordena el mundo desde la vibración.

Un hombre con una mano amputada baila en el desierto.
Una de las imágenes de la instalación de Oliver Laxe en el Reina Sofía que recupera a uno de los personajes de Sirāt y su entorno.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Cruzar después de haberlo perdido todo

El viaje se radicaliza (y a partir de ahora se dan datos clave del argumento de la película). Los personajes cruzan agua –umbral tradicional de tránsito y purificación– y atraviesan un desfiladero donde el protagonista pierde a su hijo. La noche oscura cae. Cae con ella la inocencia. Se anuncia la apoteosis del héroe.

El desierto, como recordaba Juan Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos, es un paisaje que despoja al sujeto de todo refugio y lo reduce a lo esencial. No es casual que sea el lugar de la prueba en las tradiciones monoteístas; Moisés, Elías o Cristo atraviesan la intemperie antes de recibir la palabra o la misión. La revelación profética pasa por la pérdida del yo.

El campo de minas materializa el Sirāt. Cada paso puede ser el último. Jade, cubierta con una mortaja negra que recuerda a los derviches giróvagos –miembros de cofradías sufíes que buscan la unión con lo divino a través de la danza extática–, grita en trance y estalla. Como en el giro sufí, pensar implica caer.

Imagen de un hombre bailando mientras gira rodeado de otros hombres.
Los derviches giratorios (semazens) realizan la danza mística Sema, que simboliza el viaje espiritual del ser humano y su deseo de alcanzar a Alá.
Turpcan/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Aquí la catarsis opera en sentido aristotélico: el espectador experimenta miedo y compasión sin distancia analítica. No se trata de comprender el límite, sino de sentirlo. La rave había anticipado esa forma de pensamiento encarnado, pues en la danza, el cuerpo precede al juicio. Se siente antes de pensar.

Luis, interpretado por Sergi López, consigue cruzar ese campo porque ya no tiene relato que proteger. El Sirāt exige ligereza. Y esa ligereza es desposesión del yo.

Ir con las imágenes hasta el final de las palabras

Con un cine de silencios, riesgo y gestos mínimos, Laxe devuelve a la pantalla algo infrecuente: el espacio para el misterio, lo sagrado y la fragilidad. En sus entrevistas ha insistido en que mirar hacia dentro es hoy un gesto radicalmente contracultural. En un mundo saturado de representaciones, habitar la herida sin dramatismo –bailarla en lugar de negarla– puede convertirse en una forma de regenerar el imaginario colectivo. En una entrevista reciente, el director afirmaba que Sirāt “visualiza el miedo a morir y te revivifica, porque cuando la muerte irrumpe nos conecta con la vida”.

La herida es la grieta existencial de una época que ya no sabe qué creer. Y creer es crear, como sostenía Unamuno. Crear, dice Laxe, es construir un edificio sabiendo que al final habrá que saltar. Esa es también la posición del espectador; aceptar la entrega, atravesar la vibración y asumir el vacío.

No ofrece respuestas ni paraísos visibles. Pero deja una pregunta abierta:
¿desaparecer de sí es una forma de libertad o el primer paso hacia la intemperie?


¿Quiere recibir más artículos como este? Suscríbase a Suplemento Cultural y reciba la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música, seleccionados por nuestra editora de Cultura Claudia Lorenzo.


The Conversation

Sofía Esteban Moreno recibe fondos de ayudas de Formación del Profesorado Universitario (FPU) financiadas por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, forma parte del proyecto TRANSFERRE. Referencia: PID2023-148361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y cofinanciado por la Unión Europea.

– ref. ¿Y si lo dejásemos todo y nos fuésemos al desierto? ‘Sirāt’ y la tentación de desaparecer de sí – https://theconversation.com/y-si-lo-dejasemos-todo-y-nos-fuesemos-al-desierto-sirat-y-la-tentacion-de-desaparecer-de-si-273552

Cuando emprender quema: el desapego emocional como paso previo a ‘tirar la toalla’

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Mónica Pellejero, Profesor investigador en Organización de Empresas, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Chay_Tee/Shutterstock

Las pymes son el motor silencioso de la economía: sostienen empleo, oferta y tejido económico a nivel local y regional. Pero hay una parte de la historia que se cuenta poco: qué ocurre cuando emprender deja de vivirse como un proyecto con sentido y empieza a sentirse como una carga.

En un estudio reciente con 231 emprendedores y emprendedoras de pymes del sector turismo ubicadas en los municipios más turísticos de Gran Canaria, se analizó un fenómeno muy concreto: la intención de abandonar el negocio. No hablamos de “quejarse” o de pasar una mala racha, sino de la idea –cada vez más presente en algunos perfiles– de que quizá la opción más viable sea cerrar y dejarlo.

Cansancio + retirada emocional

Cuando se habla de desgaste laboral, suele reducirse a estrés o “muchas horas de curro”. Sin embargo, el burnout se entiende mejor si distinguimos dos componentes que se parecen pero no son lo mismo:

  1. Agotamiento emocional: la sensación de estar sin energía, drenado, “sin gasolina”.

  2. Desapego emocional: lo que los investigadores llaman “cinismo” y que no equivale a sarcasmo o mala intención, sino a una retirada psicológica: me implico menos, me distancio, me cuesta conectar con el trabajo, con los clientes o incluso con mi propio proyecto.

En la práctica, el desapego emocional puede funcionar como un modo supervivencia. A corto plazo alivia (si me implico menos, duele menos), pero a medio plazo erosiona el vínculo con aquello que antes daba sentido: el servicio, el oficio, la experiencia del cliente y el orgullo por sacar adelante el negocio.




Leer más:
El creciente síndrome de estar quemado por el trabajo: ¿qué es y cómo combatirlo?


El camino hacia el abandono pasa por el desapego emocional

Los datos muestran un patrón nítido:

  • El agotamiento emocional se asocia fuertemente con un aumento del desapego emocional.

  • El desapego emocional, a su vez, se relaciona con mayor intención de abandonar el negocio.

Lo interesante es que, cuando observamos el efecto directo del agotamiento sobre la intención de abandonar, no parece decisivo por sí solo. Es decir: estar agotado no implica automáticamente querer dejarlo. Lo que marca la diferencia es si ese agotamiento termina convirtiéndose en desapego emocional.

Dicho de forma simple: muchos emprendedores pueden estar exhaustos y aun así continuar, pero cuando la respuesta al cansancio es la desconexión (“ya me da igual”, “lo hago por inercia”), entonces la idea de abandonar gana terreno.




Leer más:
Si no sentimos que pertenecemos a nuestro lugar de trabajo, rendimos menos


La pieza protectora: la actitud hacia ‘ser emprendedor’

Aquí entra una variable psicológica muy potente y a la vez muy cotidiana: la actitud hacia el emprendimiento propio. No se trata de optimismo ingenuo sino de cómo se valora el propio rol: si la persona se identifica con lo que hace, si cree que merece la pena, si siente que el proyecto encaja con sus metas y valores.

En el estudio, esa actitud cumple dos funciones relevantes:

  1. Se asocia con menor intención de abandonar: quienes puntúan más alto en actitud hacia el emprendimiento tienden a reportar menos ganas de dejar el negocio.

  2. Amortigua el salto del agotamiento al desapego emocional: cuando la actitud hacia el propio emprendimiento es mejor, el vínculo entre agotamiento emocional y desapego emocional se debilita. En otras palabras, una actitud más positiva hacia el rol puede actuar como colchón para que el cansancio no termine traduciéndose en desconexión.

Este punto es clave porque sugiere que la prevención del abandono no pasa solo por “descansar más” (aunque también), sino por evitar que el desgaste rompa el sentido y la conexión con el propio proyecto.




Leer más:
Autoconfianza y educación financiera: la combinación ganadora para el emprendimiento


¿Qué implicaciones prácticas tiene esto?

Este tipo de resultados no deberían usarse para culpabilizar al emprendedor (“si abandonas es porque no tienes buena actitud”). Al contrario: ayudan a identificar en qué tramo del proceso se deteriora la relación con el trabajo y qué apoyos pueden ser más eficaces.

Algunas acciones prudentes serían:

  • Detectar señales tempranas de desapego emocional. No solo “estoy cansado”, sino “me estoy desconectando”: trato más frío, irritabilidad constante, pérdida de orgullo por el servicio, menor cuidado por la experiencia del cliente o sensación de estar “funcionando en automático”.

  • Intervenir sobre el sentido y el rol, no solo sobre la agenda. A veces, recuperar el “para qué” (sin autoexplotación) y redefinir prioridades frena el desapego emocional más que una recomendación genérica de “tomarse vacaciones”.

  • Reducir el aislamiento. Contar con redes profesionales, asociaciones y mentoría puede amortiguar el desgaste.

También es importante recordar que el desapego emocional no surge en el vacío. En muchas pymes la carga de responsabilidad, la exposición constante al cliente y los márgenes ajustados pueden crear un caldo de cultivo donde el agotamiento se cronifica. En ese contexto, la pregunta no es solo “cómo aguantar”, sino “cómo sostener el proyecto” sin perder la conexión con lo que lo hace valioso.




Leer más:
Personalidad resistente: cómo hacer del estrés laboral un motor de crecimiento personal


Una nota final

El estudio se realizó en pymes turísticas de Gran Canaria y utiliza medidas consolidadas para evaluar agotamiento, desapego emocional, actitud hacia el emprendimiento e intención de abandono. Y como toda investigación, invita a replicar en otros destinos y sectores. Pero el mensaje es muy aplicable: si queremos entender por qué algunos negocios acaban abandonándose, miremos el tramo intermedio del proceso.

Porque el problema no siempre empieza cuando falta energía. A veces empieza cuando, para poder seguir, dejamos de sentirnos dentro del propio proyecto.

The Conversation

Mónica Pellejero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Cuando emprender quema: el desapego emocional como paso previo a ‘tirar la toalla’ – https://theconversation.com/cuando-emprender-quema-el-desapego-emocional-como-paso-previo-a-tirar-la-toalla-263843

Lingüística: la ciencia que nos revela el código de la ‘matrix’ en que habitamos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Lorena Pérez Hernández, Catedrática de Filología Inglesa. Lingüística cognitiva, Universidad de La Rioja

CalypsoArt/Shutterstock

Un día cualquiera nos levantamos. Quizás pedimos una taza de té y una tapa en el bar, escribimos la lista de lo que falta en nuestra nevera, hacemos la compra en el supermercado y también leemos en el periódico un titular que dice: “La IA nos va a robar el trabajo”. En todos estos casos, hemos recibido o intercambiado información. Pensamos que esto ocurre en un mundo objetivo, pero en realidad operamos en una realidad construida, una suerte de matrix como la de la película de Keanu Reeves dirigida por las hermanas Wachowski.

Solemos creer que el lenguaje es solo una herramienta de comunicación, pero en realidad es el código que construye nuestra percepción del mundo. La lingüística es la ciencia que nos permite ver y entender ese código. En mi reciente libro, 20 razones para amar la lingüística, explico cómo esta ciencia estudia y desentraña la naturaleza de una de las capacidades más especiales y definitorias del ser humano.

El algoritmo que hace posible entenderse

Cuando pedimos una taza de té, el camarero entiende fácilmente que no queremos la taza, sino un té; tampoco queremos una tapa para cerrar un bote, sino una pequeña porción de algún alimento que acompañe nuestra bebida. El camarero, como cualquier hablante, llega directamente a la interpretación final de esas expresiones.

El lingüista, en cambio, ve el algoritmo que las hace posibles: la metonimia “contenedor por contenido” (taza de té por té) y la metáfora conceptual que utiliza la analogía con las tapas de los botes para referirse al pequeño bocatita que según leyendas varias los taberneros colocaban sobre los vasos de vino o los bebedores usaban para tapar los efectos del alcohol.

Lenguaje y memoria

Si se nos olvida la lista de la compra y somos hablantes de español seguramente recordaremos peor los primeros elementos de la lista que un hablante de japonés o coreano. Los lingüistas saben que se debe a que estas lenguas tienen una estructura SOV (Sujeto-Objeto-Verbo) que acostumbra a poner los modificadores antes que el sustantivo (por ejemplo, en estos idiomas se dice: “el brillante y luminoso, de navidad árbol”).

Esta particularidad hace que los hablantes de estas lenguas retengan mejor la información inicial de un listado de palabras ya que su idioma les ha entrenado para desarrollar su memoria de trabajo a corto plazo, reteniendo los adjetivos en su mente hasta llegar al objeto.

Números y palabras

La lengua que hablamos también puede facilitar el razonamiento y la memoria de trabajo al aprender y realizar cálculos matemáticos.

Por ejemplo, cuando por fin nos acordamos de lo que queríamos comprar y vamos a pagar, puede que necesitemos contar las monedas de 20 céntimos que tenemos en la cartera. Si somos hablantes de euskera podremos sumarlas un poquito más rápidamente que si hablamos italiano o español.

De nuevo, la lingüística puede explicar esta curiosidad. El euskera es una lengua que tiene un sistema numérico en base 20. El español y el italiano son sistemas decimales (base 10). Otros idiomas, como el francés, mezclan estas dos bases.

El ekari de Papúa Nueva Guinea tiene un sistema en base 60, y otras lenguas ni siquiera tienen palabras para nombrar cantidades mayores de 3 unidades. El pirahã, una lengua amazónica, carece de números. Este agujero lingüístico parece estar ligado a la dificultad que tienen sus hablantes de reconocer cantidades exactas mayores de tres.

Narrativas y metáforas

Por cierto, el yogur que elegimos porque es un 80 % libre de grasa es exactamente igual que el que no hemos comprado porque en su etiqueta nutricional declaraba un 20 % de grasa. Los especialistas en marketing, entre los que suelen encontrarse lingüistas, manipulan así las narrativas publicitarias, mostrándonos el producto desde el marco lingüístico más atractivo para influir en nuestra decisión de compra.

Algo parecido hacen los políticos y los periodistas. Cuando leemos en el periódico que “la IA nos va a robar el trabajo”, se nos está presentando lingüísticamente la inteligencia artificial como un ser con capacidad de decisión y acción. Esta personificación metafórica oculta al verdadero agente (grandes tecnológicas) y diluye la responsabilidad de los efectos de la IA sobre el mercado laboral.




Leer más:
¿Por qué a menudo suenan igual todos los políticos?


Influencia en la salud física y mental

Como muestran estos ejemplos cotidianos, el lenguaje es el código con el que se construye la matrix en la que habitamos.

Pero además, tiene efectos beneficiosos sobre la salud, ordena y da sentido al mundo en el que vivimos, permite trascender la inmediatez del aquí y el ahora, nos ayuda a coordinarnos para defendernos de amenazas y evolucionar como especie; es un instrumento de opresión, pero también de liberación; es nuestra piel, nuestra tarjeta de presentación, nos protege y también nos delata, desenmascarando a tramposos, criminales y falsificadores.

Una ciencia fundamental

La lingüística, la disciplina que nos ayuda a entender el lenguaje, es como cualquier otra ciencia que estudia aspectos fundamentales del ser humano. Y sin embargo, a menudo su naturaleza científica se pone en duda.

Quizás esto es así porque su objeto de estudio no es observable ni medible. El lenguaje es una capacidad intangible e invisible. Sin embargo, físicos y matemáticos buscan descubrir la naturaleza de la materia oscura del universo, también invisible, y predijeron la existencia de los agujeros negros antes de poder verlos a través de un telescopio, y nadie cuestionaría el carácter científico de estos estudios.




Leer más:
Cómo pueden los lingüistas forenses resolver crímenes, detectar bulos y mucho más


La materia oscura de nuestro universo comunicativo

Los lingüistas estudiamos el lenguaje, la materia oscura de nuestro universo comunicativo, invisible e inmaterial, observando su reflejo sobre lenguas concretas. Analizamos su uso en situaciones reales (habla) llevando a cabo estudios estadísticos basados en corpus informáticos de millones de palabras.

También realizamos complejos experimentos psicolingüísticos y neurolingüísticos mediante resonancias magnéticas funcionales y electroencefalogramas, sensores de sudoración, pupilometrías y oculometrías. Gracias a ello sabemos que el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad, en nuestra toma de decisiones, en nuestra creatividad, salud, memoria y capacidad de razonamiento y cálculo, entre otros muchos aspectos de nuestra vida diaria.

Parecen razones más que suficientes para amar la lingüística. Pero si aún no he logrado resultar convincente, hay muchas más.

The Conversation

Lorena Pérez Hernández es Investigadora Principal del proyecto OTRI “Research Project on Cognitive Models in Branding” (OTEM240725), investigadora en el proyecto “Partnership on University Plagiarism Prevention” (Social Sciences and Humanities Research Council of Canada #895-2021-1016) y miembro del Grupo GRISSU (Grupo Riojano de Investigación en Semántica, Sintaxis y Uso del Lenguaje; Universidad de La Rioja) y del Grupo de Acción ICON (Campus Iberus).

– ref. Lingüística: la ciencia que nos revela el código de la ‘matrix’ en que habitamos – https://theconversation.com/linguistica-la-ciencia-que-nos-revela-el-codigo-de-la-matrix-en-que-habitamos-276657

Aranceles de ida y vuelta: el coste económico de la incertidumbre

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan de Lucio, Investigador – profesor. Economista, Universidad de Alcalá

Donald Trump pronuncia un discurso económico en Iowa el pasado 27 de enero. Robert V Schwemmer/Shutterstock

El Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló por ilegales los mal llamados “aranceles recíprocos”, impuestos por el presidente Trump en abril de 2025 al amparo de poderes de emergencia nacional.

Los aranceles desaparecen y lo cobrado deberá ser reembolsado a las empresas, ¿o no? Sería tentador pensar que volvemos al punto de partida, al 2 de abril de 2024, cuando desde la Casa Blanca se anunció una política generalizada de gravámenes. Nada más lejos de la realidad. En economía no hay un botón de “deshacer”.

Seguimos en un contexto negativo

En primer lugar, la lejía económica en forma de aranceles que han tenido que ingerir empresas y consumidores ha causado heridas en decisiones, cadenas de suministro y expectativas. Y eso deja cicatrices. Empresas extranjeras han dejado de exportar o han tenido que renunciar a sus planes de expansión en EE. UU., mientras que compañías importadoras estadounidenses han visto aumentar sus costes y los riesgos regulatorios.

Pero las decisiones políticas no han conseguido corregir el déficit comercial de EE. UU., que mantiene niveles similares a los del año anterior. Además, cabe esperar que las arcas públicas tengan que devolver lo recaudado, que se calcula sea un 1 % del PIB aproximadamente.

Los precios internos crecen como consecuencia de los aranceles y las represalias internacionales, pero la pérdida de poder adquisitivo y de empleo no va a ser devuelta a los consumidores. Los estudios (Fed New York y Kiel Institute) indican que los consumidores americanos soportan casi todo el coste del incremento de los aranceles (entre el 94 y el 96 %), mientras que los exportadores extranjeros soportan apenas entre el 6 y el 4 % restante.

Tras el fallo, muchas compañías no prevén bajar precios: si llega el reembolso, lo usarán para cubrir pérdidas pasadas.

Se mantiene la incertidumbre

En segundo lugar, la administración Trump ya ha anunciado que adoptará nuevas medidas. Impondrá nuevos aranceles, que tendrán una duración de 150 días, aludiendo esta vez a una cláusula de la Ley de Comercio de 1974.

De esta forma, en cuestión de horas, Estados Unidos ha pasado, de tener aranceles del 16 % (los más elevados desde 1936), al 9 % tras la decisión del Tribunal Supremo, para nuevamente subirlos, hasta el 15 %, durante 150 días. Tras este plazo volverían al 9 %, o al nivel que determinasen nuevas medidas.

La administración Trump afirma que, antes de que expiren, encontrará nuevas maneras de reconstruir los aranceles utilizando otros resquicios legales.

Los cambios son constantes e impredecibles. El peor aliado del crecimiento y el bienestar es la incertidumbre. Así lo apunta el juez del Tribunal Supremo Neil Gorsuch en su voto particular, página 73 del documento, al señalar que los aranceles deben ser aprobados por el Congreso pues al obtener “un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, tienden a perdurar, permitiendo a la gente común planificar sus vidas de maneras que no pueden cuando las reglas cambian día a día”_.

El actual gobierno estadounidense no parece entender este argumento, por lo que es probable que los cambios arbitrarios y repentinos sigan afectando negativamente a la economía y, con ella, a la vida de las personas.

Tensiones y volatilidad a escala global

Finalmente, el resto del mundo no sabe a qué atenerse. Los lazos comerciales y la confianza han desaparecido. Los acuerdos son tales por un tiempo incierto. China continua su avance estratégico y Europa mantiene su desconcierto. El resultado es un clima de inversión más volátil, cadenas de valor más caras y una economía mundial un poco menos eficiente y más tensa.

En resumen: el fallo judicial es una llamada de atención sobre la necesidad de certidumbre y respeto institucional. Aún así, la dirección política sigue siendo la misma. Mientras tanto, las empresas seguirán a la espera de certidumbre, las inversiones retenidas, los beneficios esperados reduciéndose, los riegos en la economía de EE. UU. al alza y el dólar perdiendo valor frente a otras monedas refugio. La política comercial puede ser dura, pero lo que no puede ser es volátil.

The Conversation

Juan de Lucio no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Aranceles de ida y vuelta: el coste económico de la incertidumbre – https://theconversation.com/aranceles-de-ida-y-vuelta-el-coste-economico-de-la-incertidumbre-276797